<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Primavera Árabe]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/primavera-arabe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Primavera Árabe]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1003854/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/jalifa-hafter-exagente-cia-rey-trono-libia_1_13111517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/214acd5c-ee3a-443f-b0a3-0855ec0dc094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Casi 15 años después del derrocamiento de Gadafi, Hafter no tiene ningún cargo pero gobierna de facto el país, y convierte a Libia en otra flagrante lección sobre las consecuencias imprevistas de una intervención extranjera
</p><p class="subtitle">La venta de migrantes de Túnez a Libia: “Intentas escapar, pero si te levantas, ven que eres fuerte y te vuelven a golpear”</p></div><p class="article-text">
        En julio de 2025, cuatro representantes europeos del m&aacute;s alto nivel aterrizaron en el este de Libia para una reuni&oacute;n urgente. Uno era el ministro de Interior de Italia, que en los &uacute;ltimos seis meses hab&iacute;a registrado un aumento en la llegada de migrantes. De Grecia ven&iacute;a el responsable de inmigraci&oacute;n, consternado tras el arribo a Creta de 2.000 personas en solo una semana. Y de Malta, el ministro de Interior, temeroso de que a su isla le tocara despu&eacute;s. Completaba la comitiva el comisario de Migraci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea (UE), con el encargo de reflotar un acuerdo de cientos de millones de euros que, evidentemente, no estaba logrando detener a los barcos.
    </p><p class="article-text">
        Libia es el lugar donde convergen las crisis. Con 1.770 kil&oacute;metros de longitud, su costa es la m&aacute;s larga del Mediterr&aacute;neo africano y el principal punto de partida de los migrantes que viajan al norte. Sucesivas guerras civiles han desangrado al pa&iacute;s desde el derrocamiento en 2011 de Muamar el Gadafi, con Rusia, Turqu&iacute;a, Egipto y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos armando a las facciones rivales.
    </p><p class="article-text">
        La contienda ya no se limita a las fronteras de Libia. Tanto Rusia como los Emiratos &Aacute;rabes Unidos est&aacute;n enviando armas y combatientes desde sus bases militares del sur de Libia a la guerra civil de Sud&aacute;n, forzando el desplazamiento de otros cientos de miles de refugiados que tambi&eacute;n viajar&aacute;n hacia el norte, hacia la costa mediterr&aacute;nea de Libia.
    </p><p class="article-text">
        Quien controla Libia ejerce poder sobre Europa. Pero la crisis pol&iacute;tica de Libia es tan compleja que confunde incluso a las autoridades europeas m&aacute;s experimentadas. El pa&iacute;s est&aacute; dividido entre dos gobiernos, uno en el oeste y otro en el este, y ninguno de los dos es un gobierno de verdad.
    </p><h2 class="article-text">Ni Tr&iacute;poli ni Bengasi </h2><p class="article-text">
        El gobierno de Unidad Nacional de Tr&iacute;poli, formado en 2021 para supervisar unas elecciones que nunca se celebraron, es el reconocido por Naciones Unidas (ONU) y la UE. En respuesta, y aunque ning&uacute;n pa&iacute;s lo haya reconocido oficialmente, la C&aacute;mara de Representantes (el parlamento libio, elegido en 2014) nombr&oacute; en 2022 a un gobierno rival en la ciudad oriental de Bengasi.
    </p><p class="article-text">
        Ambas administraciones, la del este y la del oeste, reclaman su autoridad sobre todo el territorio nacional, pero ninguna de las dos controla el petr&oacute;leo, las bases militares, ni las rutas migratorias que hacen a Libia tan importante para Europa. Solo un hombre lo hace. Su nombre es Jalifa Hafter.
    </p><p class="article-text">
        Hafter tiene 82 a&ntilde;os y es el comandante general del Ej&eacute;rcito Nacional Libio, una coalici&oacute;n de milicias reunidas en 2014 y ratificadas despu&eacute;s por el parlamento oriental. Pero el t&iacute;tulo oficial no hace justicia a la extensi&oacute;n de su poder. Sus fuerzas controlan los yacimientos petroleros y las terminales de exportaci&oacute;n del centro de Libia. Sus unidades costeras vigilan la costa oriental y controlan las rutas del contrabando que alimenta la crisis migratoria de Europa. Sus bases militares acogen a los ej&eacute;rcitos extranjeros que espolean la guerra de Sud&aacute;n. Hafter controla todo lo que importa a los europeos preocupados por la inmigraci&oacute;n, la inseguridad energ&eacute;tica, y la estabilidad regional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6f267ddf-2c60-4acb-aa28-cfdc6464a32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud (derecha) se reúne con el comandante militar libio Jalifa Hafter en el Palacio de Al Yamamah, en 2019."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud (derecha) se reúne con el comandante militar libio Jalifa Hafter en el Palacio de Al Yamamah, en 2019.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los miembros de la delegaci&oacute;n europea hab&iacute;an acudido a Bengasi con la esperanza de ser recibidos por Hafter en privado. Al llegar, se enteraron de que &eacute;l impon&iacute;a una nueva condici&oacute;n: antes de verse ten&iacute;an que celebrar un encuentro p&uacute;blico y frente a las c&aacute;maras con los ministros de la administraci&oacute;n oriental a la que Hafter dice servir.
    </p><p class="article-text">
        El problema era que Europa no reconoc&iacute;a oficialmente a ese gobierno. Si reunirse con sus ministros legitimaba al gobierno oriental, negarse a hacerlo significaba perder el acceso a Hafter. Los europeos dijeron no y se les deneg&oacute; la entrada. La delegaci&oacute;n nunca pas&oacute; de la sala del aeropuerto, una humillaci&oacute;n que dejaba al descubierto la ficci&oacute;n central de Libia: para llegar al hombre m&aacute;s poderoso del pa&iacute;s, hay que fingir que no es el hombre m&aacute;s poderoso del pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">La par&aacute;bola que nadie quiere leer</h2><p class="article-text">
        En 2011, las potencias extranjeras intervinieron para derrocar a Gadafi y esto es lo que lograron. Ahora caen bombas sobre Ir&aacute;n y los responsables de esta nueva intervenci&oacute;n prometen que la fuerza traer&aacute; la libertad, pero ah&iacute; est&aacute; Libia como la par&aacute;bola que nadie quiere leer. Todas las intervenciones hacen la misma promesa: derrocar al dictador para que el pueblo sea libre. Libia es lo que ocurre cuando se derriba al dictador y se olvida al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, mientras los pol&iacute;ticos libios se disputaban el reconocimiento diplom&aacute;tico, Hafter interven&iacute;a en la realidad sobre el terreno, acumulando el petr&oacute;leo, el territorio y los apoyos extranjeros que representan el poder real. Afirma ser un servidor del gobierno oriental libio, pero ese gobierno es una administraci&oacute;n cuyos ministros deben ser aprobados por Hafter, cuyo parlamento es protegido por los soldados de Hafter, y cuyas leyes solo se aplican cuando Hafter as&iacute; lo permite.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las potencias extranjeras mantienen la farsa tanto como Hafter. Pueden sostener que apoyan la soberanía de Libia mientras respaldan al hombre que la está minando</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Tarek Megerisi</span>
                                        <span>—</span> investigador principal en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el lado occidental, el gobierno rival de Tr&iacute;poli tambi&eacute;n sobrevive gracias a los ingresos de un petr&oacute;leo que depende de infraestructuras en el territorio de Hafter y que el comandante puede cerrar a su antojo. Oficialmente, los dos gobiernos son los responsables de todo, pero en lo esencial ninguno tiene poder de verdad. As&iacute; es el sistema de Hafter: controlar todo lo relevante, no responder por nada, y obligar a todos a fingir que as&iacute; no es como funcionan las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Desde el exterior, el sistema cuenta con el respaldo de potencias extranjeras mientras que desde dentro se mantiene gracias a este silencio impuesto. Tanto Egipto, como Rusia y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos reconocen oficialmente al gobierno de Tr&iacute;poli, aunque en los hechos a quien apoyan es a Hafter. Emiratos financia sus operaciones y proporciona las armas que le permiten imponerse. Egipto le ofrece informaci&oacute;n obtenida por sus servicios de espionaje y el uso de una base militar dentro de su territorio. Rusia suministra mercenarios para proteger sus campos petroleros y luchar en sus guerras.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2025, Vlad&iacute;mir Putin recibi&oacute; en el Kremlin a Hafter y le ofreci&oacute; protecci&oacute;n diplom&aacute;tica en el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin estos patrocinadores, el sistema de Hafter se derrumbar&iacute;a. Con ellos, es intocable. &ldquo;Las potencias extranjeras mantienen la farsa tanto como Hafter&rdquo;, explica Tarek Megerisi, investigador principal en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. &ldquo;Pueden sostener que apoyan la soberan&iacute;a de Libia mientras respaldan al hombre que la est&aacute; minando&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Impunidad total</h2><p class="article-text">
        En el este de Libia, nadie se llama a enga&ntilde;o. Desde las vallas publicitarias y desde las oficinas de gobierno de Bengasi, el retrato de Hafter vigila. En mayo de 2025, el gobierno oriental le puso su nombre a una nueva ciudad. Sus hijos dirigen unidades militares, supervisan contratos de reconstrucci&oacute;n, y organizan como los herederos que son reuniones en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Pero decir la verdad que todo el mundo sabe es peligroso en el este de Libia, donde la vigilancia es total. &ldquo;La gente cree que el poder de Hafter no tiene l&iacute;mite&rdquo;, opina Hanan Salah, subdirectora en Human Rights Watch para el norte de &Aacute;frica y Oriente Medio. &ldquo;Sus hombres pueden llevarse a una persona de su casa, tanto si es un ciudadano como un parlamentario, y hacerla desaparecer; controla los tribunales, controla las investigaciones, y act&uacute;a con impunidad total porque la comunidad internacional ha optado por el apaciguamiento antes que por hacerle rendir cuentas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/30b94802-2702-469f-9465-4d15d4a25d33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jalifa Hafter durante una reunión con el ministro de Defensa ruso, en 2025."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jalifa Hafter durante una reunión con el ministro de Defensa ruso, en 2025.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Todo el mundo puede ver la realidad, pero nadie se atreve a nombrarla. Hafter es el gran impostor de Libia. Como me dijo el exenviado especial de Estados Unidos, Jonathan Winer, Hafter se ve a s&iacute; mismo como &ldquo;el mes&iacute;as de [la novela] <em>Dune</em>, una figura mesi&aacute;nica salida del desierto que controla el destino de las naciones mientras finge ser un instrumento del pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hafter pas&oacute; 50 a&ntilde;os estudiando de cerca el funcionamiento del poder. Junto a Gadafi, mientras el dictador gobernaba a trav&eacute;s de comit&eacute;s y consejos sin ning&uacute;n t&iacute;tulo para &eacute;l. En un campo de prisioneros de Chad, donde se hizo indispensable para sus captores tanto como para los cautivos. Como agente de la CIA en Virginia, donde luego puso a la CIA contra el r&eacute;gimen de Gadafi. Y tambi&eacute;n como comandante fracasado de una revoluci&oacute;n donde todos lo rechazaron hasta que los sobrevivi&oacute; a todos.
    </p><p class="article-text">
        Cada experiencia le ha ense&ntilde;ado la misma verdad: el poder no requiere un trono. &Eacute;l gobierna justo ah&iacute;: en el espacio que se forma entre lo que todos saben y lo que nadie puede decir.
    </p><h2 class="article-text">La traici&oacute;n inicial</h2><p class="article-text">
        La vida pol&iacute;tica de Hafter comienza con una traici&oacute;n. El 1 de septiembre de 1969, Hafter ten&iacute;a 25 a&ntilde;os y se hab&iacute;a alineado con Muamar el Gadafi como uno de los suboficiales que derrocaron al rey Idris de Libia, af&iacute;n a las naciones occidentales. Despu&eacute;s de eso vinieron los a&ntilde;os de ascenso dentro de las filas del Estado revolucionario, hasta convertirse en uno de los comandantes militares en los que m&aacute;s confiaba Gadafi.
    </p><p class="article-text">
        En 1986 Gadafi lo ascendi&oacute; a coronel y lo mand&oacute; al vecino Chad para comandar a las fuerzas libias. Las dos naciones llevaban casi diez a&ntilde;os librando una guerra que se hab&iacute;a convertido en una lucha por el control de las rutas de contrabando y las redes armadas del Sahel, una zona estrat&eacute;gica para Libia, N&iacute;ger y Sud&aacute;n. Gadafi quer&iacute;a asegurar la frontera y Hafter era el coronel elegido para lograrlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_50p_1139856.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_50p_1139856.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_75p_1139856.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_75p_1139856.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_default_1139856.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_default_1139856.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa7dcc97-859e-4df0-87af-c568d0534e79_16-9-aspect-ratio_default_1139856.jpg"
                    alt="El expresidente español José María Aznar y Muamar El Gadafi, en Trípoli en 2003."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El expresidente español José María Aznar y Muamar El Gadafi, en Trípoli en 2003.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El nombramiento termin&oacute; en desastre. En marzo de 1987, el ej&eacute;rcito de Hafter en la remota base a&eacute;rea de Ouadi Doum fue derrotado por las fuerzas chadianas, respaldadas por la fuerza a&eacute;rea francesa y estadounidense. Cientos de soldados libios murieron. Hafter y m&aacute;s de 1.000 hombres a sus &oacute;rdenes fueron llevados a un complejo penitenciario en las afueras de Yamena, la capital.
    </p><p class="article-text">
        Gadafi, que siempre neg&oacute; la presencia militar libia en Chad, no reconoci&oacute; la humillaci&oacute;n de Ouadi Doum. Tras la derrota, si alg&uacute;n funcionario mencionaba el nombre de Hafter, Gadafi respond&iacute;a con una burla: &ldquo;&iquest;Tenemos a alguien en el ej&eacute;rcito con ese nombre? Es posible que te est&eacute;s refiriendo a un pastor del desierto llamado Hfaytar&rdquo;. Con una sola frase traicionaba as&iacute; las casi dos d&eacute;cadas de lealtad de Hafter.
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de los prisioneros de guerra, la historia habr&iacute;a terminado en el campo de prisioneros de Chad. Para Hafter, aquella fue solo la siguiente etapa en su aprendizaje sobre el funcionamiento del poder.
    </p><h2 class="article-text">El orgullo herido</h2><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n Reagan quer&iacute;a acabar con Gadafi, l&iacute;der de un estado que desde la perspectiva estadounidense se hab&iacute;a alineado con la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Tras estudiar los acontecimientos sobre el terreno, la CIA vio en Hafter a un comandante entrenado, con mil soldados resentidos y un resentimiento que la agencia podr&iacute;a usar en beneficio propio.
    </p><p class="article-text">
        En la primavera de 1987, agentes de los servicios estadounidenses de espionaje se infiltraron en el campo de prisioneros junto a un grupo de inspectores humanitarios. Llevaban comida, medicinas, y grabaciones de los discursos de Gadafi que reprodujeron ante los prisioneros con el objetivo de enfrentarlos al l&iacute;der que negaba su existencia y se burlaba de ellos. La estratagema funcion&oacute;. &ldquo;Los estadounidenses plantaron la semilla&rdquo;, explica un antiguo miembro de la oposici&oacute;n libia afincado en Chad. &ldquo;Pero lo que la hizo germinar fue el orgullo herido de Hafter&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Había contribuido al sistema de Gadafi y ahora quería ser un aliado; no sabíamos donde situarlo, pero vimos una oportunidad para hacerle daño al régimen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mukhtar Murtadi</span>
                                        <span>—</span> exmiembro del Frente Nacional para la Salvación de Libia (FNSL)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los estadounidenses comenzaron a visitar a Hafter con regularidad. En ocasiones, se le permit&iacute;a salir del campo de prisioneros para reunirse con Hiss&egrave;ne Habr&eacute;, el dictador que entonces gobernaba Chad. Seg&uacute;n antiguos detenidos y figuras de la oposici&oacute;n, Hafter se hizo en seguida con el control de la distribuci&oacute;n de alimentos, medicinas y comunicaciones dentro del campo, imponiendo la disciplina entre los prisioneros. Para sobrevivir hab&iacute;a que obedecer a Hafter.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 1987, Habr&eacute; comunic&oacute; al l&iacute;der del movimiento opositor libio m&aacute;s relevante en el exilio que Hafter y el resto de prisioneros quer&iacute;an unir sus fuerzas a las de ellos. &ldquo;Fue una sorpresa&rdquo;, record&oacute; Mukhtar Murtadi, entonces miembro destacado del Frente Nacional para la Salvaci&oacute;n de Libia (FNSL). &ldquo;Hab&iacute;a contribuido al sistema de Gadafi y ahora quer&iacute;a ser un aliado; no sab&iacute;amos donde situarlo, pero vimos una oportunidad para hacerle da&ntilde;o al r&eacute;gimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Murtadi visit&oacute; a Hafter poco despu&eacute;s en Chad asisti&oacute; a un espect&aacute;culo perturbador. El complejo penitenciario era una ventana al horror: barracones abarrotados con 50 o 60 reclusos por celda; hombres consumidos por el hambre y por el calor; con el hedor de las aguas residuales y las enfermedades. Y en el centro, ajeno a todo, una peque&ntilde;a villa con porche, cocina y agua corriente. All&iacute; viv&iacute;a Hafter, que para la reuni&oacute;n apareci&oacute; duchado, la barba reci&eacute;n recortada, y vestido con un caft&aacute;n blanco impecable. &ldquo;No parec&iacute;a un prisionero&rdquo;, dijo Murtadi. &ldquo;Parec&iacute;a un invitado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Su propio ej&eacute;rcito</h2><p class="article-text">
        En junio de 1988, Hafter anunci&oacute; que iba a crear el brazo armado del FNSL, un ej&eacute;rcito sin territorio ni Estado al que bautiz&oacute; Ej&eacute;rcito Nacional Libio (el nombre lo recuperar&iacute;a d&eacute;cadas despu&eacute;s). El prisionero desechado volv&iacute;a a ser comandante y daba a la CIA el pretexto de un ej&eacute;rcito al que reconocer y apoyar. En campamentos a las afueras de Yamena, la CIA se puso a entrenar a Hafter y a sus hombres en la guerra de guerrillas. Los Contras de Libia, los llamaban en Washington.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;[Hafter] ten&iacute;a una presencia que dominaba el espacio&rdquo;, recuerda un antiguo miembro del FNSL que se entren&oacute; con &eacute;l. &ldquo;Alto, de hombros anchos, r&iacute;gido; incluso en una tienda de campa&ntilde;a polvorienta, te hac&iacute;a sentir que estaba al mando&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1109f7c1-5c23-47fd-ae94-c009d9ad7241_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Combatientes respaldados por la ONU toman posiciones durante los enfrentamientos con las fuerzas del Ejército Nacional Libio de Hafter, en 2019."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Combatientes respaldados por la ONU toman posiciones durante los enfrentamientos con las fuerzas del Ejército Nacional Libio de Hafter, en 2019.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El acuerdo se rompi&oacute; en diciembre de 1990, cuando un general chadiano respaldado por Gadafi derroc&oacute; repentinamente a Habr&eacute; y los estadounidenses se apresuraron a sacar a su gente del pa&iacute;s. &ldquo;Subimos a 300 hombres de Hafter sin equipaje a un C-130. Aplaudimos cuando el avi&oacute;n despegaba&rdquo;, me cont&oacute; un exagente de la CIA que en ese entonces trabajaba en la oficina de Libia. En los seis meses siguientes, Hafter y sus hombres fueron trasladados por &Aacute;frica de capital a capital. Gadafi quer&iacute;a capturarlos y los gobiernos del continente trataban de decidirse entre la presi&oacute;n de Estados Unidos y las amenazas de Libia.
    </p><p class="article-text">
        Para Gadafi, la amenaza de un ej&eacute;rcito que reclutaba a desertores anunci&aacute;ndose en Libia, entrenado por la CIA y liderado por su antiguo coronel, se convirti&oacute; en una obsesi&oacute;n. Su paranoia creci&oacute; y comenz&oacute; a enviar escuadrones de la muerte por Europa y el mundo &aacute;rabe para dar caza a figuras de la oposici&oacute;n. &ldquo;Perros callejeros&rdquo;, los llamaba.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de Libia, un rumor o una broma bastaban para que la gente desapareciera. De los m&aacute;s de 1.000 soldados libios capturados en Chad, a Estados Unidos solo llegaron unos 300 en mayo de 1991. El resto se dispers&oacute; o regres&oacute; a Libia. Muchos no han vuelto a ser vistos.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Sobrevivir en Tr&iacute;poli significaba fingir&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Mi padre, uno de los f&iacute;sicos m&aacute;s distinguidos de Libia, abandon&oacute; Tr&iacute;poli en los a&ntilde;os setenta para completar en Inglaterra su doctorado. En las universidades que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s, las puertas del campus aparec&iacute;an con estudiantes ahorcados por sus ideas pol&iacute;ticas. Eso lo marc&oacute;, y decirlo hizo que se ganara enemigos dentro del r&eacute;gimen. Desde la ciudad de York donde me cri&eacute; en el norte de Inglaterra, me iba todo los veranos de los a&ntilde;os noventa a pasar las vacaciones con mi madre en Tr&iacute;poli. Mi padre se quedaba en Inglaterra. Regresar era demasiado peligroso para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Sobrevivir en Tr&iacute;poli significaba fingir. Si desaparec&iacute;a un pariente, mi t&iacute;a dec&iacute;a a los vecinos que se hab&iacute;a marchado de vacaciones. Una medianoche la encontr&eacute; llorando sola en la cocina. Las manos sobre la boca para que nadie la escuchara. Recuerdo una cena en la que mi primo me dio una patada debajo de la mesa porque mencion&eacute; el nombre de Hussein, el amigo desaparecido de mi padre. Aprend&iacute; a fingir que no exist&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A finales de 1995, mi madre salió de nuestra casa en Inglaterra y voló a Trípoli por el funeral de su hermano. Pasaron semanas y luego meses. La habían detenido en el aeropuerto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras est&aacute;bamos en la casa de mi t&iacute;o en Tr&iacute;poli, un Peugeot con cristales tintados aparcaba enfrente todas las ma&ntilde;anas. All&iacute; segu&iacute;a cuando empezaban a encenderse las farolas. Nosotros fing&iacute;amos no ver a los hombres dentro, y ellos fing&iacute;an no mirarnos.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 1995, mi madre sali&oacute; de nuestra casa en Inglaterra y vol&oacute; a Tr&iacute;poli por el funeral de su hermano. Pasaron semanas y luego meses. Supimos que la hab&iacute;an detenido en el aeropuerto de Tr&iacute;poli. Los agentes de los servicios de espionaje le hab&iacute;an ordenado que dijera a mi padre que fuera a Libia, que solo quer&iacute;an hablar con &eacute;l. A trav&eacute;s de un amigo de la familia, mi madre envi&oacute; el mensaje contrario: no es seguro, no vengas, cuida de los ni&ntilde;os. Se estaba despidiendo. No sab&iacute;a si volver&iacute;a a vernos.
    </p><p class="article-text">
        La mantuvieron bajo arresto domiciliario hasta mediados de 1996, cuando un familiar soborn&oacute; a un alto mando del ej&eacute;rcito para que le devolviera el pasaporte. Le daban unas horas para marcharse. Cruz&oacute; la frontera terrestre hacia T&uacute;nez y vol&oacute; a casa. Nos encontramos en el aeropuerto. Nunca la hab&iacute;a visto tan delgada. Me abraz&oacute; durante mucho tiempo y luego me pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;a para cenar. Hablamos de todo, pero no hablamos de d&oacute;nde hab&iacute;a estado.
    </p><p class="article-text">
        Hafter construir&iacute;a su propio sistema sobre esos mismos cimientos. Desapariciones, silencio, y la ficci&oacute;n de que nada pasaba.
    </p><h2 class="article-text">Hafter en Estados Unidos</h2><p class="article-text">
        Mientras los libios de todo el oeste se enfrentaban a esos temores, Hafter se constru&iacute;a una nueva vida en Estados Unidos. En el verano de 1991 resid&iacute;a en un apartamento de la residencia Skyline House, en Falls Church (Virginia). No muy lejos de la sede de la CIA en Langley. Nunca lleg&oacute; a adaptarse por completo a la vida estadounidense, desplaz&aacute;ndose en coche a los encuentros en Langley y a las reuniones comunitarias, donde parec&iacute;a retra&iacute;do y socialmente torpe.
    </p><p class="article-text">
        Salah Elbakkoush, un disidente libio que viv&iacute;a en el mismo edificio, me relat&oacute; una escena en el apartamento de Hafter que describe bien sus a&ntilde;os estadounidenses. Un antiguo prisionero de guerra libio les serv&iacute;a el t&eacute; en silencio y con la cabeza gacha, tal y como lo hab&iacute;a hecho en el campo de prisioneros de Chad. &ldquo;Est&aacute;bamos en la periferia residencial de Virginia y este hombre destrozado nos serv&iacute;a como si nada hubiera cambiado&rdquo;, me cont&oacute; Bakoush. &ldquo;Eso me lo dijo todo sobre Hafter: no estaba construyendo una vida nueva, estaba recreando la anterior&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La CIA hab&iacute;a reasentado a Hafter, pero el acuerdo inclu&iacute;a lo que esperaban de &eacute;l. &ldquo;Washington estaba lleno de disidentes in&uacute;tiles&rdquo;, me dijo el exagente de la CIA. &ldquo;La agencia quer&iacute;a m&aacute;s: informaci&oacute;n &uacute;til de dentro del pa&iacute;s; la contrapartida era sencilla, &lsquo;estamos encantados de reubicarte pero necesitamos informaci&oacute;n &uacute;til de tus redes; de lo contrario, solo eres una carga&rsquo;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hafter estaba jugando a dos bandas. A los estadounidenses les decía que se veía con figuras del régimen para recabar información, y a la gente de Gadafi les ofrecía el nombre de todos los oficiales que se habían comprometido a traicionar al régimen</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 1992, la CIA y el FNSL comenzaron a planear un golpe de Estado en Libia. A Hafter le encomendaron la tarea de reclutar a oficiales del r&eacute;gimen dispuestos a desertar. Estuvo viajando durante m&aacute;s de un a&ntilde;o a Z&uacute;rich para encontrarse con oficiales libios dispuestos a arriesgarlo todo con tal de derrocar a Gadafi. Seg&uacute;n se supo luego, en esos mismos viajes Hafter tambi&eacute;n aprovechaba para reunirse en secreto con un alto cargo del r&eacute;gimen libio Ahmad Gaddaf al-Dam, primo de Gadafi.
    </p><p class="article-text">
        Hafter estaba jugando a dos bandas, seg&uacute;n el testimonio de dos personas que en ese momento eran sus colaboradores estrechos: Mukhtar Murtadi y el entonces l&iacute;der del FNSL, Mohamed Megareyef. A los estadounidenses y al FNSL les dec&iacute;a que se ve&iacute;a con figuras del r&eacute;gimen para recabar informaci&oacute;n, una parte esencial de los preparativos para el golpe. Y a la gente de Gadafi les ofrec&iacute;a algo m&aacute;s valioso: el nombre de todos los oficiales que se hab&iacute;an comprometido a traicionar al r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 1993 se lanz&oacute; el golpe dentro de Libia. Fall&oacute; en cuesti&oacute;n de horas y el r&eacute;gimen arrest&oacute; a cientos de conspiradores. La mayor&iacute;a fueron ejecutados.
    </p><h2 class="article-text">Una villa en El Cairo</h2><p class="article-text">
        Es posible que nunca se sepa toda la verdad, pero lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s es muy revelador. En 1995 Hafter recibi&oacute; en El Cairo una villa que le regalaba personalmente Gadafi, algo que el propio Hafter admiti&oacute; abiertamente d&eacute;cadas despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo a&ntilde;o de 1995, Hafter rompi&oacute; con el FNSL para fundar una organizaci&oacute;n rival: el Movimiento Libio por el Cambio y la Reforma. Una escisi&oacute;n que result&oacute; fatal para la oposici&oacute;n, con las luchas internas acabando con lo que quedaba del FNSL. Gadafi quer&iacute;a dividir a los exiliados y justo eso era lo que hab&iacute;a sucedido.
    </p><p class="article-text">
        El exagente de la CIA con el que habl&eacute; no fue claro a la hora de confirmar c&oacute;mo hab&iacute;a terminado la relaci&oacute;n de la agencia con Hafter, si es que hab&iacute;a terminado. De lo que no hay duda es de que a mediados de los noventa los servicios estadounidenses de espionaje lo consideraban un activo poco fiable heredado de la Guerra Fr&iacute;a cuando no hab&iacute;a ninguna guerra que librar.
    </p><p class="article-text">
        Los v&iacute;nculos con Gadafi perduraron. Aunque Hafter no estaba en su villa de El Cairo cuando Gadafi fue all&iacute; en 2005, en una grabaci&oacute;n filtrada de aquella visita se escucha al l&iacute;der libio decirle a su hijo mayor que Hafter era como un hermano para &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">La revoluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En 2011, Hafter llevaba dos d&eacute;cadas viviendo en Virginia. La CIA lo hab&iacute;a abandonado hac&iacute;a tiempo pero &eacute;l conservaba la ciudadan&iacute;a estadounidense. El resentimiento, tambi&eacute;n. Vio por televisi&oacute;n la revoluci&oacute;n libia cuando estall&oacute; en febrero de ese a&ntilde;o. &ldquo;No apartaba los ojos de la pantalla&rdquo;, recuerda un disidente libio que se reuni&oacute; con &eacute;l entonces.
    </p><p class="article-text">
        Aly Abuzaakouk, un destacado disidente que luego fue parlamentario, lo llev&oacute; a principios de marzo al aeropuerto de Dulles para que cogiera un avi&oacute;n a Bengasi. Abuzaakouk lo conoc&iacute;a desde hac&iacute;a m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. &ldquo;Nos abrazamos&rdquo;, cuenta Abuzakook. &ldquo;Pero el hombre que lleg&oacute; a Libia era diferente al que yo dej&eacute; all&iacute;; yo cre&iacute;a que iba a unirse a la revoluci&oacute;n, pero iba a hacerse con el control&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hafter aterriz&oacute; en Bengasi el 15 de marzo de 2011. Llegaba tarde a una revoluci&oacute;n que no lo necesitaba. Gadafi a&uacute;n controlaba el oeste y Tr&iacute;poli. En el este, los revolucionarios hab&iacute;an formado un consejo de transici&oacute;n: una coalici&oacute;n informal integrada por desertores, abogados y acad&eacute;micos decididos a reemplazar al r&eacute;gimen militar por un gobierno civil. En el terreno, el poder lo ten&iacute;an los manifestantes que hab&iacute;an levantado brigadas armadas y pagado con su sangre. Desconfiaban de los militares de carrera, de las personas con v&iacute;nculos extranjeros, y de los funcionarios con alg&uacute;n tipo de pasado en el antiguo r&eacute;gimen. Las tres condiciones se daban en Hafter.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/228d83a1-4a0f-464d-a46c-baa0c6157424_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Combatientes rebeldes responden al fuego durante un bombardeo de soldados leales al líder libio Muamar Gadafi en una batalla cerca de Ras Lanuf, el 4 de marzo de 2011."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Combatientes rebeldes responden al fuego durante un bombardeo de soldados leales al líder libio Muamar Gadafi en una batalla cerca de Ras Lanuf, el 4 de marzo de 2011.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de d&iacute;as, los hijos de Hafter comenzaron a acercar a los comandantes de brigada el deseo de su padre de &ldquo;proteger a la revoluci&oacute;n&rdquo;. Una semana despu&eacute;s, y sin consultar a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos, el portavoz militar del consejo present&oacute; a Hafter como su nuevo comandante. &ldquo;Yo controlo a todo el mundo&rdquo;, dijo en abril Hafter al peri&oacute;dico The New York Times. &ldquo;A los rebeldes y a las fuerzas del ej&eacute;rcito regular&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Era pura fanfarroner&iacute;a. En aquel momento, Hafter no controlaba a nadie.
    </p><p class="article-text">
        La guerra sigui&oacute; avanzando sin &eacute;l. A finales de marzo comenz&oacute; la campa&ntilde;a de bombardeos de la OTAN, respaldada por Estados Unidos y liderada por Francia y Gran Breta&ntilde;a, contra las fuerzas de Gadafi. En agosto los rebeldes tomaron Tr&iacute;poli y en octubre Gadafi fue capturado y ejecutado. En julio de 2012 los libios volvieron a las urnas por primera vez desde 1969, eligiendo como presidente del parlamento a Mohamed Megareyef, antiguo jefe de Hafter en el exilio.
    </p><p class="article-text">
        Hafter se retir&oacute; a una granja al sur de Tr&iacute;poli. Igual que en Chad, parec&iacute;a acabado. Pero el fracaso le hab&iacute;a ense&ntilde;ado paciencia. &ldquo;Lo que le mov&iacute;a no era solo la ideolog&iacute;a, como a Gadafi, ni siquiera el poder puro y duro&rdquo;, explica Mohamed Buisier, asesor pol&iacute;tico de Hafter entre 2014 y 2016, cuando rompi&oacute; con &eacute;l. &ldquo;Era algo m&aacute;s personal que eso, quer&iacute;a saber que su nombre ser&iacute;a recordado en la historia de Libia; no como el comandante derrotado de Chad, sino como el hombre que salv&oacute; a Libia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Operaci&oacute;n Dignidad</h2><p class="article-text">
        Lo que sigui&oacute; fue el derrumbe del orden que hab&iacute;a rechazado a Hafter. Las brigadas revolucionarias del oeste se convirtieron en milicias, dividiendo a Tr&iacute;poli en feudos armados. En el este fueron asesinados jueces, activistas y oficiales militares. Con grupos armados operando abiertamente bajo la bandera yihadista, el t&eacute;rmino &ldquo;islamista&rdquo; se convirti&oacute; en una acusaci&oacute;n tan com&uacute;n que perdi&oacute; todo significado. Era una forma de se&ntilde;alar al enemigo, tanto si era un yihadista de verdad como si no.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el estado de &aacute;nimo en la regi&oacute;n hab&iacute;a empezado a cambiar. En julio de 2013, el gobierno de los Hermanos Musulmanes en El Cairo era derrocado por el ej&eacute;rcito egipcio con el apoyo de Arabia Saud&iacute; y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos. Se empezaba a imponer una nueva forma de entender la regi&oacute;n: los islamistas eran la enfermedad y los generales, su cura.
    </p><p class="article-text">
        Hafter vio su oportunidad. En febrero de 2014, y tras un golpe de Estado fracasado (no consigui&oacute; que ninguna tropa se uniera a su causa), se vio obligado a huir a Bengasi con una orden de arresto contra &eacute;l. Desde all&iacute; comenz&oacute; a construir una base de poder real que le permitiera conseguir lo que quer&iacute;a. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con el apoyo de los bombardeos egipcios y emiratíes, las fuerzas de Hafter sumieron al país en una guerra civil. Todos los que se oponían a Hafter fueron tachados de islamistas
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como en el campo de prisioneros de Chad, Hafter vio en Bengasi un lugar lleno de hombres abandonados, humillados y excluidos. Antiguos oficiales del r&eacute;gimen alejados del poder. Grupos armados que hab&iacute;an luchado contra Gadafi y ahora estaban marginados. Hafter comprendi&oacute; que solo ten&iacute;a que encontrar una causa que los uniera.
    </p><p class="article-text">
        El 16 de mayo de 2014, Hafter lanz&oacute; la Operaci&oacute;n Dignidad, declarando la &ldquo;guerra contra el terrorismo&rdquo; de los islamistas y reviviendo al Ej&eacute;rcito Nacional Libio, el nombre que hab&iacute;a utilizado por primera vez en 1988. Si en Chad el nombre hab&iacute;a servido como un pretexto a la CIA, para tener una ficci&oacute;n a la que apoyar, ahora le daba esa misma cobertura a Egipto y a los Emiratos &Aacute;rabes Unidos. No estaban respaldando a un se&ntilde;or de la guerra con sus milicias, sino a un ej&eacute;rcito que luchaba contra el terrorismo.
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo de los bombardeos egipcios y emirat&iacute;es, las fuerzas de Hafter fueron ese mismo d&iacute;a contra las facciones yihadistas y las brigadas revolucionarias de Tr&iacute;poli y Bengasi, sumiendo al pa&iacute;s en una guerra civil. Todos los que se opon&iacute;an a Hafter fueron tachados de islamistas.
    </p><h2 class="article-text">La divisi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las divisiones se profundizaron semanas m&aacute;s tarde, con las segundas elecciones parlamentarias del pa&iacute;s. El nuevo parlamento se constituy&oacute; en el este, mientras que el antiguo, en Tr&iacute;poli, se neg&oacute; a disolverse. A finales de a&ntilde;o, el pa&iacute;s ten&iacute;a dos gobiernos, dos parlamentos, dos pretensiones de legalidad y ning&uacute;n mecanismo para sustituirlos o hacer que llegaran a un acuerdo. Una divisi&oacute;n que en gran medida sigue vigente hoy.
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2015, Aguila Saleh, jefe del parlamento oriental, aprovech&oacute; el pretexto de los atentados del Estado Isl&aacute;mico para nombrar jefe del ej&eacute;rcito a Hafter. Sobre el papel, Hafter respond&iacute;a ante Saleh, pero la realidad era que los miembros del parlamento se reun&iacute;an en un territorio controlado por sus fuerzas. Los pol&iacute;ticos que no estuvieron de acuerdo huyeron o desaparecieron.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a361dcfa-58ad-4a4a-b1a3-a35b8538e0f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Combatientes del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) durante los enfrentamientos con las fuerzas del autodenominado Ejército Nacional Libio en los suburbios de Trípoli, en 2020."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Combatientes del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) durante los enfrentamientos con las fuerzas del autodenominado Ejército Nacional Libio en los suburbios de Trípoli, en 2020.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El parlamento oriental proporcion&oacute; a las milicias de Hafter lo que la FNSL le hab&iacute;a proporcionado en Chad: una cobertura legal. Cuando la ONU negoci&oacute; un gobierno de unidad en diciembre de ese a&ntilde;o, lo hizo degradando al parlamento occidental y exigiendo que hubiera un voto de confianza en el de Saleh. Su parlamento se neg&oacute; y nombr&oacute; a un gobierno rival. La ONU no hab&iacute;a unificado Libia. Le hab&iacute;a dado a Hafter poder de veto.
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n hab&iacute;a intentado construir algo sin Hafter y hab&iacute;a fracasado. Ahora &eacute;l ten&iacute;a lo que necesitaba: un ej&eacute;rcito que le respond&iacute;a, un parlamento que depend&iacute;a de &eacute;l y apoyos extranjeros, con los Emiratos &Aacute;rabes Unidos, Egipto, y Rusia, despu&eacute;s, interesados en su supervivencia. No gobernaba ni ocupaba ning&uacute;n cargo, pero controlaba a los hombres que lo hac&iacute;an. Se completaba as&iacute; lo que hab&iacute;a ensayado en Chad, perfeccionado en el exilio, y puesto a prueba en Bengasi. El sistema hab&iacute;a encontrado a su pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El petr&oacute;leo</h2><p class="article-text">
        En la actualidad, Hafter dirige su sistema desde una antigua base a&eacute;rea sovi&eacute;tica en Rajma, a las afueras de Bengasi. Visto desde fuera, el complejo no tiene nada de especial. Por dentro, funciona como la sede de un poder del que no hay ning&uacute;n registro en papel y que controla todo lo que importa: los yacimientos petroleros, las terminales de exportaci&oacute;n, el parlamento, los tribunales, y los hombres armados.
    </p><p class="article-text">
        El petr&oacute;leo es la base de su poder. En septiembre de 2016, las fuerzas de Hafter se apoderaron de la &ldquo;media luna petrolera&rdquo;: 400 kil&oacute;metros de la costa donde est&aacute;n las cuatro terminales de exportaci&oacute;n m&aacute;s importantes de Libia (dos tercios del crudo libio pasan por ellas). Aunque la presi&oacute;n internacional haya obligado a Hafter a devolver su control operativo a la Corporaci&oacute;n Nacional del Petr&oacute;leo en Tr&iacute;poli (el &uacute;nico exportador libio reconocido por el resto del mundo), el mando militar del territorio responde a &eacute;l, lo que le da una influencia extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 2024, Aguila Saleh advirti&oacute; de que reemplazar al gobernador del banco central de Libia, una medida que era resistida por Hafter, &ldquo;podr&iacute;a provocar el cierre del petr&oacute;leo&rdquo;. Las embajadas occidentales condenan sistem&aacute;ticamente cualquier interrupci&oacute;n del flujo de petr&oacute;leo sin nombrar al comandante cuyas fuerzas controlan las terminales de exportaci&oacute;n. Todas las partes mantienen la ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2016 y 2019, mientras los dos gobiernos reclamaban la legitimidad en Libia, Hafter era cortejado en cumbres de Par&iacute;s y Abu Dabi. En repetidas reuniones con Fayez al-Sarraj, el primer ministro respaldado por la ONU, Hafter rechazaba todos los arreglos posibles. &ldquo;Le ofrecimos un poder leg&iacute;timo&rdquo;, me dijo el exenviado especial de Estados Unidos, Jonathan Winer. &ldquo;El control de un consejo militar bajo supervisi&oacute;n civil, o el liderazgo a trav&eacute;s de elecciones, si el pueblo libio lo eleg&iacute;a; &eacute;l simplemente negaba con la cabeza, no estar&iacute;a subordinado a nadie, fuera elegido o no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del territorio de Hafter, el sistema era m&aacute;s sencillo. Desde 2014, toda disidencia era clasificada como terrorismo: una protesta, una conversaci&oacute;n, o una publicaci&oacute;n en Facebook. Cualquier cr&iacute;tica pod&iacute;a acarrear la pena de muerte. En octubre de 2016 aparecieron un mont&oacute;n de cad&aacute;veres a las afueras de Bengasi. Atados y tiroteados, hab&iacute;an sido abandonados en la basura. Eran tantos que los lugare&ntilde;os rebautizaron la calle Al-Zayt donde hab&iacute;an sido encontrados como &ldquo;la calle de los cad&aacute;veres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pregunt&eacute; por un chico de 16 a&ntilde;os desaparecido en Bengasi a principios de 2016, me dijeron, con toda naturalidad, que hab&iacute;a sido asesinado por espionaje&rdquo;, me cont&oacute; Buisier, el exasesor pol&iacute;tico de Hafter. &ldquo;Protest&eacute;, se supon&iacute;a que est&aacute;bamos construyendo un Estado de instituciones, un Estado de derecho; me miraron como si fuera ingenuo y un oficial sugiri&oacute; que tal vez yo mismo fuera simpatizante de los terroristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s de eso Buisier abandon&oacute; el c&iacute;rculo de Hafter y regres&oacute; a Estados Unidos.
    </p><h2 class="article-text">El apoyo de Trump</h2><p class="article-text">
        En 2019, Hafter hab&iacute;a acumulado una deuda de 25.000 millones de d&oacute;lares [unos 21.600 millones de euros, al cambio actual], financiando su ej&eacute;rcito con bonos no oficiales, pr&eacute;stamos de bancos comerciales, y hasta dinares impresos en Rusia que circulaban en su territorio. Como necesitaba que el banco central en Tr&iacute;poli abriera sus arcas, el 4 de abril de 2019 lanz&oacute; un ataque total contra la ciudad. Contaba con la autorizaci&oacute;n efectiva de la Administraci&oacute;n Trump. John Bolton: el entonces asesor de Seguridad Nacional le hab&iacute;a dicho que actuara &ldquo;r&aacute;pidamente&rdquo; si quer&iacute;a tomar la capital y unificar el pa&iacute;s bajo su control. D&iacute;as despu&eacute;s del comienzo del asalto, el propio Trump telefone&oacute; para elogiar los esfuerzos &ldquo;antiterroristas&rdquo; de Hafter. En verano, a las fuerzas terrestres de Hafter se les unieron mercenarios rusos. Lo que se hab&iacute;a concebido como un golpe rel&aacute;mpago se estaba convirtiendo en un asedio prolongado.
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de infructuosas conversaciones de paz, Hafter abandon&oacute; por completo la ficci&oacute;n del acercamiento diplom&aacute;tico. Seham Sergiwa, diputada de Bengasi, apareci&oacute; en julio en un canal de televisi&oacute;n af&iacute;n a Hafter pidiendo el di&aacute;logo en lugar de la guerra. La emisi&oacute;n se interrumpi&oacute; dej&aacute;ndola a mitad de frase. Esa noche, unos hombres armados la sacaron a rastras de su casa y sobre el edificio pintaron con spray &ldquo;el ej&eacute;rcito es una l&iacute;nea roja&rdquo;. No ha sido vista desde entonces. Su familia sospecha que fue secuestrada por fuerzas leales a Hafter.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3460f3a5-4ead-43dd-a47c-1df382fec9ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La bandera libia en el centro de la ciudad de Misrata, a vista de dron."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La bandera libia en el centro de la ciudad de Misrata, a vista de dron.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Finalmente, el asalto de Hafter a Tr&iacute;poli no tuvo &eacute;xito. A finales de 2019, Turqu&iacute;a intervino en nombre del gobierno respaldado por la ONU tratando de forzar a Hafter a una paz negociada. Al mes siguiente se celebr&oacute; en Berl&iacute;n una conferencia para poner fin a la guerra. Los l&iacute;deres mundiales esperaban para anunciar el acuerdo, pero Hafter no aparec&iacute;a por ninguna parte. Se hab&iacute;a ido a echar una siesta. &ldquo;No era porque estuviera cansado&rdquo;, me dijo la ex enviada de la ONU Stephanie Williams. &ldquo;Era una puesta en escena, dise&ntilde;ada para demostrar que &eacute;l actuaba al margen de las normas&rdquo;. No se lleg&oacute; a ning&uacute;n acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 2020, la ONU negoci&oacute; un alto el fuego para poner fin a la guerra. El acuerdo exig&iacute;a de Hafter que pusiera a sus fuerzas bajo mando civil; y, una vez m&aacute;s, &eacute;l se neg&oacute;. Se prometi&oacute; que en diciembre de 2021 habr&iacute;a elecciones. Pero las disputas sobre las leyes electorales y la elegibilidad de los candidatos terminaron por hacerlas fracasar. No ha habido ninguna elecci&oacute;n desde entonces y el pa&iacute;s ha vuelto a la divisi&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Billetes falsos</h2><p class="article-text">
        El control financiero de Hafter no ha hecho m&aacute;s que crecer. A finales de 2024, los funcionarios del Banco Central de Tr&iacute;poli descubrieron que circulaban casi 10.000 millones de dinares [unos 1.360 millones de euros, al cambio actual] con n&uacute;meros de serie que no hab&iacute;an sido registrados por sus sistemas. Los billetes falsos del este inundaban la econom&iacute;a, un plan que hab&iacute;a contribuido a financiar a los soldados de Hafter y a pagar las deudas con sus mercenarios rusos. En el este de Libia los billetes falsos circulaban como moneda real y en el mercado negro se cambiaban por d&oacute;lares estadounidenses, permitiendo a Mosc&uacute; el acceso a divisas duras que tras la invasi&oacute;n de Ucrania hab&iacute;a perdido por las sanciones occidentales.
    </p><p class="article-text">
        El banco central se enfrent&oacute; a una elecci&oacute;n: denunciar el fraude y provocar otra crisis financiera, o absorber la p&eacute;rdida en silencio. &ldquo;Sab&iacute;amos exactamente de d&oacute;nde proced&iacute;an los billetes&rdquo;, dijo una persona del Banco Central. &ldquo;Pero decirlo significaba una confrontaci&oacute;n, y la confrontaci&oacute;n significaba detener el flujo del petr&oacute;leo y hacer que el dinar pierda m&aacute;s valor, as&iacute; que los absorbimos y no dijimos nada; as&iacute; es como sobreviven las instituciones en Libia, aceptando lo que no puedes enfrentar&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A sus 82 años, Hafter enfrenta ahora el dilema definitivo de su mundo: cómo transferir el poder. ¿Qué pasa cuando el hombre detrás de la farsa se va?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En octubre de 2025, los billetes falsos se retiraron discretamente. Se hicieron las anotaciones en los libros del banco central y la riqueza de Hafter creci&oacute;. Como me dijo un exfuncionario de un pa&iacute;s occidental, &ldquo;es m&aacute;s f&aacute;cil lidiar con una mentira que puedes manejar que con una verdad que no puedes arreglar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El dilema: la herencia</h2><p class="article-text">
        A sus 82 a&ntilde;os, Hafter enfrenta ahora el dilema definitivo de su mundo: c&oacute;mo transferir el poder en un sistema que depende de instituciones cuyo funcionamiento necesita que nadie reconozca oficialmente el nombre de la persona que las controla. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando el hombre detr&aacute;s de la farsa se va?
    </p><p class="article-text">
        Los expertos coinciden en un an&aacute;lisis: Hafter quiere usar a sus hijos para asegurar su legado. &ldquo;Sus ojos se iluminaban cuando te presentaba a sus hijos&rdquo;, record&oacute; Williams, el antiguo enviado de la ONU. Seg&uacute;n las personas que conocen a la familia, uno de los hijos ocupa un lugar especial. &ldquo;Saddam siempre fue su favorito&rdquo;, me cont&oacute; Buisier. &ldquo;Tal vez porque era el que se parec&iacute;a m&aacute;s al padre en porte y estatura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los hijos de Hafter se han repartido el sistema entre ellos para un a&ntilde;o que seg&uacute;n los rumores podr&iacute;a ser el de la sucesi&oacute;n. Saddam, el heredero natural, fue nombrado vicecomandante en jefe en agosto de 2025 y est&aacute; al mando de la brigada m&aacute;s poderosa de su padre. Khaled es jefe del Estado Mayor y mantiene bajo control al ej&eacute;rcito de su padre. Belkacem, un ingeniero devenido en empresario, est&aacute; a cargo de miles de millones en contratos de reconstrucci&oacute;n para las ciudades destrozadas por las guerras de su padre. Al-Siddiq es poeta y gestiona la pol&iacute;tica tribal creando comisiones de reconciliaci&oacute;n que prometen la paz y el perd&oacute;n pero no la traen. Okba supervisa el sector de inteligencia artificial y criptomonedas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En una Libia fragmentada, los hijos de Hafter deben dividirse lo que el padre nunca compartió: territorio, dinero, mercenarios, y una economía remendada con moneda falsa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada uno tiene su t&iacute;tulo y ninguno de ellos ocupa un cargo electo. La sucesi&oacute;n se ha ensayado tan abiertamente que apenas puede considerarse un secreto. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos informes, hasta los diplom&aacute;ticos estadounidenses participan ahora en las negociaciones para un acuerdo que unifique a los gobiernos rivales de Libia con Saddam como presidente.
    </p><p class="article-text">
        Pero Hafter construy&oacute; su sistema para un solo hombre, no para cinco. En una Libia fragmentada, donde un gobierno rival cuenta con sus propias milicias y apoyos extranjeros, los hijos de Hafter deben dividirse lo que el padre nunca comparti&oacute;: territorio, dinero, mercenarios, y una econom&iacute;a remendada con moneda falsa
    </p><p class="article-text">
        Gadafi pas&oacute; d&eacute;cadas preparando a sus hijos. Por vac&iacute;a que estuviera, les dio una ideolog&iacute;a que contarse a s&iacute; mismos y aun as&iacute; se destrozaron entre ellos antes de ser barridos por la revoluci&oacute;n. Los hijos de Hafter no tienen ning&uacute;n credo que compartir, solo el pragmatismo de la supervivencia. Gadafi se atribu&iacute;a presidir un sistema basado en el gobierno popular. Hafter no se atribuye nada. Solo el consentimiento silencioso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anas El Gomati]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/jalifa-hafter-exagente-cia-rey-trono-libia_1_13111517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/214acd5c-ee3a-443f-b0a3-0855ec0dc094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2752597" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/214acd5c-ee3a-443f-b0a3-0855ec0dc094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2752597" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/214acd5c-ee3a-443f-b0a3-0855ec0dc094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libia,Muamar El Gadafi,Primavera Árabe,CIA,Estados Unidos,ONU - Organización de las Naciones Unidas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vincent Bevins, periodista: "El problema de las revueltas de 2011 es que se quiso crear una plaza Tahrir en cada ciudad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vincent-bevins-problema-revueltas-2011-quiso-replicar-plaza-tahrir-sitios-dispares-madrid-sao-paulo-nueva-york-cat_1_12356888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9e7ec25-7a69-4cae-83c9-6bea10602c41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vincent Bevins, periodista: &quot;El problema de las revueltas de 2011 es que se quiso crear una plaza Tahrir en cada ciudad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista estadounidense, que anteriormente publicó 'El método Yakarta' sobre la masacre de más de un millón de personas en la Indonesia en los 60, retoma el análisis histórico con 'Si ardemos', donde estudia la oleada de protestas surgidas la primera década del siglo XXI y el motivo de su fracaso</p><p class="subtitle">El último 'Rincón de pensar' - Emilio Lledó, los libros y la lectura como principio de libertad</p></div><p class="article-text">
        Periodista y escritor estadounidense, Vincent Bevins estuvo en Brasil entre 2011 a 2016 como corresponsal para <em>Los Angeles Times</em>, tras haber trabajado en Londres para el <em>Financial Times</em> o en Venezuela para <em>The Daily Journal</em>. En 2017 se mud&oacute; a Yakarta y comenz&oacute; a cubrir el Sudeste Asi&aacute;tico para el <em>Washington Post</em>, y en 2018 empez&oacute; a escribir un libro sobre la violencia en Indonesia y en Am&eacute;rica Latina durante la Guerra Fr&iacute;a: <a href="https://www.eldiario.es/internacional/vincent-bevins-asesinato-masivo-izquierdistas-tercer-mundo-fundamental-ganar-guerra-fria_128_8549923.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El m&eacute;todo Yakarta</em></a> (Capit&aacute;n Swing, 2022). 
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo se ha centrado principalmente en la pol&iacute;tica internacional, la econom&iacute;a mundial y la cultura global, por lo que siempre ha estado interesado en los movimientos sociales en aquellos pa&iacute;ses donde ha residido. Fruto de este inter&eacute;s fue su investigaci&oacute;n sobre la oleada de protestas iniciadas en el mundo &aacute;rabe en 2011 y que como un reguero de p&oacute;lvora se extendieron por todo el planeta, Espa&ntilde;a incluida. Pero aquellas primaveras reivindicativas han quedado en nada, cuando no en situaciones incluso peores de las que las motivaron. 
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://capitanswing.com/libros/si-ardemos/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Si ardemos</em></a><a href="https://capitanswing.com/libros/si-ardemos/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> </a>(Capit&aacute;n Swing, 2025)<em>,</em> el libro resultado de sus pesquisas con m&aacute;s de 200 entrevistas, Bevins nos describe los mecanismos defectuosos de aquella oleada de protestas, algunos forzados por las &eacute;lites medi&aacute;ticas, militares, judiciales y financieras de los distintos pa&iacute;ses, pero otros resultado de la propia idiosincrasia de las revueltas: ca&oacute;ticas, espont&aacute;neas y con las redes sociales como &uacute;nico l&iacute;der de la movilizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se decidi&oacute; a estudiar las oleadas de protestas populares de la primera d&eacute;cada del siglo XXI, especialmente en Am&eacute;rica Latina y el mundo &aacute;rabe, pero tambi&eacute;n en Estados Unidos, el sur y el este de Europa? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Con <em>Si ardemos</em> intent&eacute; escribir la historia de las protestas de la d&eacute;cada de los diez de este siglo, que en realidad se volvieron tan grandes que se pueden definir como una sola protesta que derroc&oacute; gobiernos establecidos y desestabiliz&oacute; profundamente las sociedades existentes. Y lo hice porque creo que sus consecuencias a&uacute;n se pueden apreciar hoy porque el estado del mundo en el que nos encontramos ahora es heredero de aquel periodo de primaveras y levantamientos. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/eee9999e-983d-443c-adb1-c7268d3b3c70_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" />
    </figure><p class="article-text">
        A&uacute;n vivimos con las consecuencias del Euromaid&aacute;n en Ucrania, y la cuesti&oacute;n de Palestina no se estar&iacute;a desarrollando como lo hace ahora sin la resoluci&oacute;n final impuesta a la Primavera &Aacute;rabe en aquellos pa&iacute;ses donde se dio. En el libro analizo una docena de casos de levantamientos y en total entrevist&eacute; a entre 200 y 250 personas que participaron en ellos. Trat&eacute; entender c&oacute;mo se desarroll&oacute; cada caso, qu&eacute; sucedi&oacute; durante el episodio y cu&aacute;les fueron los resultados finales. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; provoc&oacute; esa oleada de protestas, cada una fue diferente o tuvieron todas un origen similar? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Muy rara vez en la historia, cuando estudias los periodos revolucionarios que sacuden varias naciones, va a haber una sola causa. Siempre hay diferentes motivos, incluso dentro de una misma revuelta, y creo que es importante comprender la causalidad m&uacute;ltiple. As&iacute; que en cada caso dado, puede haber habido cinco, seis o siete factores diferentes que llevaron a la ciudadan&iacute;a masivamente a la calle. Y esas cinco, seis o siete causas pueden haber diferido ampliamente de un pa&iacute;s a otro, porque los contextos nacionales y pol&iacute;ticos eran muy diferentes en cada pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Pero creo que probablemente hubo dos elementos presentes en casi todos ellos. Uno es la respuesta a la crisis financiera de 2008. O, mejor dicho, la falta de respuesta a la crisis financiera de 2008; esto es las condiciones econ&oacute;micas globales posteriores a 2008. Creo que en este sentido es &uacute;til hablar de una crisis global de representaci&oacute;n en los &uacute;ltimos quince a veinte a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Si le preguntas a la gente si se siente representada por la clase pol&iacute;tica existente, las &eacute;lites de su pa&iacute;s, te dicen que no. Y tambi&eacute;n los polit&oacute;logos se&ntilde;alan que las &eacute;lites ya no representan realmente a la gente, sino que tienden a responder ante las &eacute;lites econ&oacute;micas m&aacute;s que ante cualquier ciudadano com&uacute;n. Y en segundo lugar est&aacute; la introducci&oacute;n de las redes sociales, que facilitaron la comunicaci&oacute;n de la indignaci&oacute;n social y, por tanto, el que la gente saliera a la calle en masa. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se explica que las revueltas saltaran de un pa&iacute;s a otro como si fueran explosiones por simpat&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a de las comunicaciones, operada con fines de lucro por poderosos capitalistas en California, mi estado natal, fue uno de los factores presentes en casi todos los casos. Por supuesto, no fue la &uacute;nica causa; pero es innegable que la tecnolog&iacute;a hizo posible que la gente viera en tiempo real lo que suced&iacute;a en otra parte del mundo. A diferencia del primer periodo revolucionario denominado &ldquo;primavera&rdquo;, la Primavera de las Naciones de 1848, donde un trozo de papel ten&iacute;a que viajar literalmente de una capital europea a otra para que un pa&iacute;s se inspirara en lo que podr&iacute;a haber estado sucediendo en Francia o Suiza, etc., en 2011 se dio el proceso instant&aacute;neo de circulaci&oacute;n de palabras, im&aacute;genes y mensajes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fue realmente positivo el papel de las redes sociales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No del todo, porque, por un lado, permitieron que la solidaridad se transmitiera de inmediato. Pero eso no fue necesariamente productivo para la revuelta en s&iacute;, porque se hac&iacute;a una especie de <em>copy paste </em>de lo que se ve&iacute;a en otro lugar, por ejemplo de Egipto a Turqu&iacute;a y de ah&iacute; Espa&ntilde;a, Brasil o Ucrania, sin tener en cuenta el contexto. En Espa&ntilde;a o Brasil pudo haber existido la sensaci&oacute;n de que las &eacute;lites no hac&iacute;an lo suficiente para representar a la ciudadan&iacute;a, mientras que en T&uacute;nez o Egipto el sistema era muy diferente: no hab&iacute;a ning&uacute;n m&eacute;todo para que la ciudadan&iacute;a insistiera en que sus demandas fueran representadas. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que lo que vimos, especialmente entre 2011 y 2014, es que una serie de im&aacute;genes incre&iacute;blemente inspiradoras, sobre todo en la plaza Tahrir de El Cairo en enero y febrero de 2011, llevaron a otras personas de todo el mundo no solo a protestar, sino a hacerlo de la misma manera, a pesar de operar en circunstancias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas muy diferentes. Por ejemplo, el modelo Tahrir quiso llevarse a Estados Unidos con el movimiento Occupy Wall Street. Y en Hong Kong en 2014, surgi&oacute; un movimiento que era expl&iacute;citamente una copia de Occupy Wall Street, que a su vez era una copia de la Plaza Tahrir, inspirada a su vez en T&uacute;nez... Por un lado, emergi&oacute; una fuerza de inspiraci&oacute;n, energ&iacute;a y solidaridad que se extendi&oacute; por todo el mundo de inmediato y fue muy positiva. Pero se produjo una especie de cortocircuito en el que las personas hicieron exactamente lo mismo en contextos muy diferentes, lo que llev&oacute; al fracaso. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Existe alg&uacute;n v&iacute;nculo de estos movimientos con las protestas antiglobalizaci&oacute;n de inicios del siglo XX?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En los casos en los que previamente se hab&iacute;a vivido una emergencia antiglobalizaci&oacute;n, como Brasil o estados Unidos, hubo cierta herencia en personas, m&eacute;todos y reivindicaciones, al menos iniciales. En el caso de Brasil, el grupo de izquierdistas y anarquistas que organiz&oacute; las protestas callejeras a principios de junio de 201, ten&iacute;a una ascendencia bastante directa. Todos hab&iacute;an trabajado para Indymedia Brasil, el medio que informaba sobre lo que callaban las grandes corporaciones. As&iacute; que algunos de los enfoques t&aacute;cticos e ideol&oacute;gicos del movimiento antiglobalizaci&oacute;n se adoptaron en el movimiento de las primaveras. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n es cierto que el tipo de protesta masiva descentralizada, horizontalmente estructurada y aparentemente espont&aacute;nea que vemos volverse hegem&oacute;nica a partir de 2011 es una novedad que no exist&iacute;a diez o quince a&ntilde;os atr&aacute;s. Hay una cita famosa de Kwame Ture [nacido como Stokely Carmichael, l&iacute;der y fundador de los Panteras Negras]: &ldquo;El Partido Pantera Negra en Estados Unidos distingue entre organizaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n&rdquo;. Pues bien, siguiendo esa divisi&oacute;n, creo que en las primaveras la movilizaci&oacute;n se volvi&oacute; m&aacute;s f&aacute;cil que nunca y la organizaci&oacute;n se volvi&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil que nunca. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Emergió una fuerza de inspiración, energía y solidaridad que se extendió por todo el mundo de inmediato y fue muy positiva. Pero se produjo una especie de cortocircuito en el que las personas hicieron exactamente lo mismo en contextos muy diferentes, lo que llevó al fracaso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En las primaveras existe un rechazo a las jerarqu&iacute;as de la izquierda anticapitalista cl&aacute;sica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vemos organizaciones comprometidas ideol&oacute;gicamente con el rechazo de la jerarqu&iacute;a, como sucedi&oacute; en Brasil y en Espa&ntilde;a. Pero en otros casos, como en Egipto, no se trata de un rechazo expl&iacute;cito, sino que resultaba imposible construir organizaci&oacute;n y representaci&oacute;n en las condiciones existentes. Lo que era viable en el mundo &aacute;rabe era la protesta masiva aparentemente espont&aacute;nea, sin l&iacute;deres, coordinada digitalmente y estructurada horizontalmente en una plaza o espacio p&uacute;blico. Esto se hizo y funcion&oacute;. Aunque tambi&eacute;n se incorporaron algunos elementos de la izquierda antiautoritaria posterior a 1968, procedentes del movimiento antiglobalizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, no hay que ver las protestas como una respuesta &uacute;nicamente de la izquierda porque eso es muy incierto. Algunas de ellas se inspiran en las revueltas que se dan tras la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1989. En este sentido, el Muro de Berl&iacute;n se cita a veces como punto de referencia. As&iacute;, se obtiene esta mezcla de revoluciones liberales que tuvieron lugar en la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, pero tambi&eacute;n se debe incluir las llamadas revoluciones de color de principios de siglo como la revoluci&oacute;n naranja ucraniana. Y estas son revueltas que distan de ser de naturaleza izquierdista. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque ha apuntado algunas ideas en sus respuestas en esta direcci&oacute;n, quisiera preguntarle la causa de que la gran mayor&iacute;a, acaso excepto en Chile, terminaran, cuando no en fracaso, en gobiernos mucho peores que los que derrocaron. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta es la pregunta fundamental que me inquiet&oacute; y me impuls&oacute; a realizar la investigaci&oacute;n exhaustiva que refleja el libro. Hemos comentado que la gente que vio Tahrir crey&oacute; acr&iacute;ticamente que aquello pod&iacute;a funcionar en otros lugares y luego reprodujo ese enfoque t&aacute;ctico en otros lugares. Tambi&eacute;n que las protestas eran m&aacute;s f&aacute;ciles de movilizar que de organizar debido a la ausencia de l&iacute;deres y jerarqu&iacute;as; adem&aacute;s proced&iacute;an de una demanda instant&aacute;nea, pero no se apoyaban en proyecto de gobierno o ideolog&iacute;a alguna. 
    </p><p class="article-text">
        Buscaban protestar, tumbar a los aut&oacute;cratas o a los gobiernos que nos les gustaban, pero no pensaron que c&oacute;mo sustituirlos una vez expulsados del poder, especialmente en el caso de Egipto o T&uacute;nez, pero es v&aacute;lido para Brasil o Turqu&iacute;a, donde desestabilizan los gobiernos, pero permiten que estos se rehagan. Personas que participaron me comentaban que sent&iacute;an que estaban haciendo historia, y ciertamente fue as&iacute; porque expulsaron a varios aut&oacute;cratas, como en Egipto y T&uacute;nez. Pero claro, al irse el tirano en avi&oacute;n, queda un gran vac&iacute;o de poder que nadie de la calle est&aacute; preparado para llenar. Y l&oacute;gicamente lo llenan las &eacute;lites preparadas y respaldadas financieramente, a las que no les gustan las protestas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la lecci&oacute;n que se puede aprender de las primaveras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los cientos de entrevistas que realic&eacute; las cerr&eacute; precisamente con esta pregunta, y la respuesta que obtuve con m&aacute;s frecuencia fue: &ldquo;Desear&iacute;amos haber estado m&aacute;s organizados antes de las revueltas&rdquo;. Porque una vez iniciadas, en medio del calor, el fuego y la emoci&oacute;n de la revuelta, es imposible crear una nueva organizaci&oacute;n con la suficiente rapidez para llenar los vac&iacute;os de poder. Y los grupos que s&iacute; las aprovecharon fueron organizaciones con la capacidad de actuar verdaderamente colectivamente y de ser t&aacute;cticamente flexibles ante circunstancias cambiantes. As&iacute; que la gente s&iacute; sali&oacute; ganando con estas revueltas en la mayor&iacute;a de los casos no fueron las personas las que realmente salieron a las calles, sino otros grupos que lograron apropiarse de sus victorias e impulsar las cosas hacia sus intereses.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Al irse el tirano en avión, queda un gran vacío de poder que nadie de la calle está preparado para llenar. Y lógicamente lo llenan las élites preparadas y respaldadas financieramente, a las que no les gustan las protestas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Cita en el libro el caso de Brasil, donde se da una especie de golpe de estado judicial contra Dilma, apoyado en los medios de comunicaci&oacute;n y el poder econ&oacute;mico. En Espa&ntilde;a actualmente parecen existir movimientos en ese sentido. &iquest;Cree que se est&aacute; exportando el modelo brasile&ntilde;o? </strong>
    </p><p class="article-text">
        El papa Francisco public&oacute; un an&aacute;lisis de lo que llam&oacute; <em>lawfare</em> en las primeras d&eacute;cadas del siglo XXI. Es un discurso muy interesante que pronunci&oacute; ante una asociaci&oacute;n de juristas de Latinoam&eacute;rica y, resumiendo, vino a decir algo como: &ldquo;En el siglo XX, llegaban con tanques para arrebatar el poder a los gobiernos elegidos democr&aacute;ticamente; e el siglo XXI, cada vez m&aacute;s, recurren a los jueces&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que s&iacute;: el <em>lawfare</em> es una forma de intervenir o subvertir el proceso democr&aacute;tico y se ha convertido cada vez m&aacute;s en una forma de hacer pol&iacute;tica en el siglo XXI. Creo que es algo que ha ocurrido fuera de Brasil y que podr&iacute;a seguir ocurriendo en otros lugares... Destituci&oacute;n de candidatos, cancelaci&oacute;n de elecciones y, adem&aacute;s, una aplicaci&oacute;n muy selectiva de la ley en sistemas donde cualquiera puede ser culpable de infringir alguna ley menor son algunos de sus m&eacute;todos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para terminar: &iquest;cree que el fracaso de aquellas protestas tiene que ver con el auge actual de la extrema derecha en Occidente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aquellos fracasos dejaron una crisis de representaci&oacute;n en el sistema global y la gente com&uacute;n cree desde entonces que las &eacute;lites no la representan como deber&iacute;an. El resultado de aquellos fracasos ha sido una sociedad muy atomizada, individualizada y neoliberal que tiene dificultades para organizarse. La organizaci&oacute;n social del tipo que vimos en el siglo XX se est&aacute; volviendo m&aacute;s dif&iacute;cil que nunca, vemos menos gente involucrada en sindicatos, partidos pol&iacute;ticos, movimientos sociales o incluso organizaciones comunitarias. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, por otro lado, las &eacute;lites econ&oacute;micas siguen estando muy organizadas y siempre se asociar&aacute;n para defender sus intereses. &iquest;Qu&eacute; significa esto? Que debemos esperar que act&uacute;en para bloquear las reformas sociales que obstaculizan su poder econ&oacute;mico. Vimos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/michel-j-sandel-filosofo-politico-clinton-blair-schoreder-gran-parte-culpa-auge-populismos-extrema-derecha-cat_1_12301605.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un impulso muy leve para reintroducir los principios socialdem&oacute;cratas en los partidos de centroizquierda de Estados Unidos, el Reino Unido y algunas partes de Europa Occidental</a>. Y eso fue aplastado por las &eacute;lites. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, ante esta falta de credibilidad de la izquierda, se ha vuelto dominante la respuesta populista a la crisis de representaci&oacute;n. Esto es un hombre como Trump diciendo: &ldquo;No se preocupen por la representaci&oacute;n. No se preocupen por el tipo de representaci&oacute;n densa y real que ha existido en las democracias en el siglo XX. Yo simplemente los representar&eacute;. Ser&eacute; su avatar&rdquo;. Y, por supuesto, esta es la idea b&aacute;sica del pensamiento fascista. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Sabaté]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vincent-bevins-problema-revueltas-2011-quiso-replicar-plaza-tahrir-sitios-dispares-madrid-sao-paulo-nueva-york-cat_1_12356888.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jul 2025 19:23:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9e7ec25-7a69-4cae-83c9-6bea10602c41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="100574" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9e7ec25-7a69-4cae-83c9-6bea10602c41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="100574" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vincent Bevins, periodista: "El problema de las revueltas de 2011 es que se quiso crear una plaza Tahrir en cada ciudad"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9e7ec25-7a69-4cae-83c9-6bea10602c41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Globalización,Capitalismo,Fascismo,15M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[🎙 PODCAST | Qué fue de la Primavera Árabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-que-fue-primavera-arabe_132_11906109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f9f5152-9100-4901-b6b9-9d1ec7189147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="🎙 PODCAST | Qué fue de la Primavera Árabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue el estallido de una indignación internacional. Era la promesa del cambio para pueblos que se manifestaban por el precio de una barra de pan. Parecía el fin de dictadores y corruptos. Los años han pasado y el frío arrecia de nuevo</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/qu-fue-de-la-primavera-rabe/embed?style=cover&image=1&description=0&download=0&playlistImages=1&playlistShare=0&share=0&subscribe=0&background=f5f5f5&foreground=008ee5&highlight=000000" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="Qué fue de la Primavera Árabe"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Hoy se cumplen 14 a&ntilde;os del gesto de desesperaci&oacute;n de un ciudadano tunecino que desencaden&oacute; una de las revueltas m&aacute;s importantes en lo que llevamos de siglo. Un 17 de diciembre de 2010 Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante se quemaba a lo bonzo impotente ante la corrupci&oacute;n policial y la pobreza end&eacute;mica. Los tunecinos reaccionaron saliendo a la calle para protestar, desafiando un d&iacute;a tras otro la represi&oacute;n brutal de un r&eacute;gimen que termin&oacute; cayendo un mes despu&eacute;s con la huida del pa&iacute;s del presidente Ben Al&iacute;. Enseguida estas protestas se reprodujeron en Egipto, y acabaron con el r&eacute;gimen de Mubarak, y de ah&iacute; pasaron a Libia, Siria y otros pa&iacute;ses &aacute;rabes incluso en el Golfo P&eacute;rsico en un fen&oacute;meno que desde Occidente bautizamos como la Primavera &Aacute;rabe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos con Francesca Cicardi, periodista de elDiario.es especializada en esta parte del mundo y testigo de las hist&oacute;ricas acampadas ciudadanas en la plaza Tahrir de El Cairo y de la ca&iacute;da del r&eacute;gimen de Gadafi en Libia, para recordar en qu&eacute; consistieron estas revueltas y c&oacute;mo han terminado cuando en Siria se acaba de producir la hist&oacute;rica ca&iacute;da del r&eacute;gimen de Bashar Al Asad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>***</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Env&iacute;anos una nota de voz por Whatsapp</strong> cont&aacute;ndonos <strong>alguna historia que conozcas</strong> o <strong>alg&uacute;n sonido</strong> que tengas cerca y que te llame la atenci&oacute;n. Lo importante es que sea algo que tenga que ver contigo. <strong>Gu&aacute;rdanos en la agenda como &ldquo;Un tema Al d&iacute;a</strong>&rdquo;. El n&uacute;mero es el <strong>699 518 743</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo escuchar 'Un tema Al d&iacute;a'?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &#9654; Si eres socio/a, puedes escuchar los nuevos cap&iacute;tulos del podcast cada noche en elDiario.es con unas horas de antelaci&oacute;n respecto al resto de lectores. Recibir&aacute;s el enlace en tu correo electr&oacute;nico en el bolet&iacute;n del Adelanto de noticias.
    </p><p class="article-text">
        &#9654; Si no eres socio/a, el episodio est&aacute; disponible&nbsp;<strong>a primera hora de la ma&ntilde;ana en cualquier aplicaci&oacute;n</strong>&nbsp;que uses habitualmente.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://open.spotify.com/show/54Vnd9qwrTaINwzCkTTIWO?si=dwfgtj3_QNC8ZyKejFcSjQ&amp;dl_branch=1&amp;nd=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Spotify</a></li>
                                    <li><a href="https://podcasts.apple.com/us/podcast/un-tema-al-d%C3%ADa/id1586302997" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Apple Podcast</a></li>
                                    <li><a href="https://www.ivoox.com/podcast-un-tema-al-dia_sq_f11360990_1.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Ivoox</a></li>
                                    <li><a href="https://podimo.com/es/aldia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Podimo </a></li>
                                    <li><a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=7b609ffcf1&amp;e=37e93612d2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Amazon Music</a></li>
                                    <li><a href="https://www.omnycontent.com/d/playlist/554539c9-b3b2-431a-9f3a-ada4006d04a0/fdb7ac24-1c3a-4a0d-b03b-ada400b2e7a1/161b26db-5f85-42a9-abc8-ada6008a528b/podcast.rss" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Feed RSS</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &#9654; Acu&eacute;rdate de suscribirte al podcast 'Un tema al d&iacute;a' en tu app para que te lleguen autom&aacute;ticamente los nuevos cap&iacute;tulos. Es gratis.
    </p><p class="article-text">
        &#9654; Tendr&aacute;s disponibles tambi&eacute;n todas las entregas de 'Un tema Al d&iacute;a' en&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/aldia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es/aldia</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/playlists/podcast/embed?style=cover" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="500" frameborder="0" title="Un tema Al Día"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Luis Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-que-fue-primavera-arabe_132_11906109.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Dec 2024 07:30:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8f9f5152-9100-4901-b6b9-9d1ec7189147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="335520" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8f9f5152-9100-4901-b6b9-9d1ec7189147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="335520" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[🎙 PODCAST | Qué fue de la Primavera Árabe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8f9f5152-9100-4901-b6b9-9d1ec7189147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Dictadura,Túnez,Egipto,Libia,Siria,Muamar El Gadafi,Bashar Al Asad,Derechos Humanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mientras Gaza es bombardeada, el mundo árabe observa... y está airado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gaza-bombardeada-mundo-arabe-observa-airado_129_10619953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b4a0d15-e1ac-47a2-b12f-70d1799abf09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mientras Gaza es bombardeada, el mundo árabe observa... y está airado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El agravio palestino resucita entonces de la peor manera posible: sin solución para los palestinos, con vulnerabilidad permanente para Israel y la agitación de una región cuya capacidad de rebelión nunca se quedó dormida después de 2011</p></div><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s del final de la guerra civil de L&iacute;bano, cuando el pa&iacute;s parec&iacute;a haber enterrado su pasado de conflicto para siempre, escuch&eacute; una entrevista en la BBC con una mujer libanesa de Beirut que ha permanecido en m&iacute; durante 30 a&ntilde;os. Se le pregunt&oacute; si el pa&iacute;s, entonces un floreciente centro cultural que parec&iacute;a apoderarse de las ondas de radio y la televisi&oacute;n por sat&eacute;lite &aacute;rabes de la noche a la ma&ntilde;ana, hab&iacute;a sanado las profundas divisiones que alimentaron la guerra. &ldquo;Est&aacute;n enterradas&rdquo;, dijo. &ldquo;Pero si me aprietas muy fuerte, todo sigue ah&iacute;, muy dentro de m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s todav&iacute;a era demasiado pronto tras el final de la guerra civil, y esa mujer se sentir&iacute;a diferente hoy. Pero sus palabras me inculcaron una conciencia formativa de que, por muy latentes que est&eacute;n los agravios, a&uacute;n pueden, bajo presi&oacute;n, para bien o para mal, volver a la vida. Peque&ntilde;os destellos y grandes convulsiones han validado esa visi&oacute;n, una y otra vez. La Primavera &Aacute;rabe fue un levantamiento de agravios que varios hombres fuertes y Estados profundos pensaban que hab&iacute;an sido adormecidos para siempre. Pero incluso cuando las fuerzas del <em>statu quo</em> se reagruparon y la Primavera &Aacute;rabe qued&oacute; relegada al tr&aacute;gico archivo de la historia, los rumores en lugares como Egipto muestran que, no importa cu&aacute;n fuerte sea la represi&oacute;n, la amenaza de erupci&oacute;n persiste.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de Palestina es una constante. Durante a&ntilde;os puede quedar olvidada, incluso cerrada, como ocurri&oacute; con los sucesivos tratados de paz y normalizaci&oacute;n firmados entre Israel y los pa&iacute;ses &aacute;rabes. Pero no hace falta mucho para volver a abrirlo. Las generaciones que vivieron las guerras con Israel ahora est&aacute;n falleciendo, y con ellas se va la experiencia vivida que demostr&oacute; que la guerra con Israel siempre ser&iacute;a una causa perdida. En su lugar, las nuevas generaciones han conocido Palestina s&oacute;lo como una injusticia implacable, que han tenido que aceptar como una amarga herencia de sus antepasados.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Ham&aacute;s lanz&oacute; los ataques del 7 de octubre, sus acciones ten&iacute;an como objetivo alterar el <em>statu quo </em>dentro y fuera de Israel. Gran parte de esa perturbaci&oacute;n tiene que ver con c&oacute;mo reaccionar&iacute;an los &aacute;rabes ante la inevitable respuesta israel&iacute;, con el tipo de ira que forzar&iacute;a o detendr&iacute;a la mano de sus gobiernos.
    </p><p class="article-text">
        Solo dos semanas despu&eacute;s, eso se ha desarrollado de manera predecible y m&aacute;s dr&aacute;stica en los pa&iacute;ses &aacute;rabes que han normalizado sus relaciones con Israel: los signatarios de los Acuerdos de Abraham de 2020, y Egipto (1979) y Jordania (1994). La polic&iacute;a jordana se enfrent&oacute; a los manifestantes que se dirig&iacute;an a asaltar la embajada de Israel en Amm&aacute;n. En Beirut hubo otro enfrentamiento entre manifestantes y polic&iacute;a, esta vez en la embajada de Estados Unidos. El viernes pasado, como el viernes anterior, los egipcios protestaron contra la estrategia de Israel de &ldquo;reubicar y desplazar&rdquo; a los palestinos en su pa&iacute;s. Miles de personas se manifestaron en Marruecos gritando: &ldquo;El pueblo quiere la criminalizaci&oacute;n de la normalizaci&oacute;n&rdquo;. Se cerr&oacute; la oficina de enlace israel&iacute; en Rabat y se repatri&oacute; a su personal. Los manifestantes que marchaban hacia la embajada de Israel fueron dispersados por la polic&iacute;a en Bahr&eacute;in. Si Sud&aacute;n no estuviera inmerso en su propia guerra, seguramente habr&iacute;an estallado protestas como las que surgieron cuando el gobierno normaliz&oacute; las relaciones con Israel en 2020.
    </p><p class="article-text">
        Estos no son s&oacute;lo ataques de resentimiento. No son s&oacute;lo un espasmo de la memoria muscular de las protestas habituales que estallan y se apagan cada vez que la cuesti&oacute;n palestina cobra vida. Son grandes cambios que amenazan la estabilidad de los propios reg&iacute;menes &aacute;rabes. &Eacute;se es un dolor de cabeza del que podr&iacute;an prescindir. Hay algo en la ira pro Palestina que en realidad no tiene que ver con Palestina en absoluto, sino con lo que representa la situaci&oacute;n de los palestinos. Las protestas son cada vez m&aacute;s un estado cat&aacute;rtico de duelo por todas las p&eacute;rdidas con las que muchos tienen que reconciliarse; la debilidad y la falta de solidaridad y unidad entre un gran bloque de pa&iacute;ses que han optado por perseguir el inter&eacute;s propio en lugar del panarabismo, la escasez de democracia en la regi&oacute;n y la falta de dignidad y derechos humanos que conlleva. Ese espacio reducido para la protesta y la expresi&oacute;n c&iacute;vicas convierte a las manifestaciones palestinas en un espacio autorizado para canalizar la frustraci&oacute;n nacional que, de nombrarse, provocar&iacute;a no s&oacute;lo la reacci&oacute;n de las fuerzas de seguridad sino tambi&eacute;n la detenci&oacute;n, la desaparici&oacute;n y, notoriamente en el caso de Jamal Khashoggi, la muerte y el enfrentamiento.
    </p><p class="article-text">
        Las protestas por Palestina ya se han extendido a ese territorio prohibido. El viernes, un intento del presidente egipcio, Abdel Fatah al-Sisi, de canalizar la ira en apoyo a su persona &ndash;autorizando un d&iacute;a de manifestaciones pro Palestina&ndash; result&oacute; contraproducente, ya que los manifestantes abandonaron los lugares designados y se dirigieron a la plaza Tahrir. Gritaron &ldquo;pan, libertad, justicia social&rdquo;, un eslogan de las protestas de 2011, expresadas en un punto focal ic&oacute;nico, que habr&iacute;an provocado escalofr&iacute;os en la columna vertebral del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El mundo &aacute;rabe ha cambiado desde la &uacute;ltima guerra en Gaza, hace casi una d&eacute;cada. Egipto est&aacute; sumido en una crisis econ&oacute;mica bajo un gobierno nervioso. Tambi&eacute;n lo est&aacute; Jordania. Y, al igual que Arabia Saudita, es una monarqu&iacute;a que constantemente equilibra las tiran&iacute;as del poder absoluto e irresponsable con los apaciguamientos, subsidios, patrocinios y opresiones sobre los que se basa ese estilo de gobierno. Qatar, sede de la oficina pol&iacute;tica de Ham&aacute;s, es poderoso y est&aacute; en ascenso, ya que se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural en la &uacute;ltima d&eacute;cada; ahora est&aacute; compitiendo con Estados Unidos para reemplazar el suministro de Rusia a Europa. Estados Unidos, el punto de apalancamiento de Israel en la regi&oacute;n, ya no es tan influyente como antes: la combinaci&oacute;n de una pol&iacute;tica escler&oacute;tica en Oriente Medio, unos altos precios de la energ&iacute;a que generan a los pa&iacute;ses productores de petr&oacute;leo y gas una ganancia inesperada y un aumento de confianza, y una disminuci&oacute;n de las tensiones distractoras dentro de y entre los propios pa&iacute;ses &aacute;rabes, han reducido la necesidad del perfil de seguridad de Estados Unidos en la regi&oacute;n. Su influencia remanente puede verse seriamente limitada por c&aacute;lculos y presiones dom&eacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        No es dif&iacute;cil ver c&oacute;mo se revierte un acercamiento logrado con tanto esfuerzo. La normalizaci&oacute;n con Arabia Saudita, una gran ventaja para los israel&iacute;es si se hubiera logrado, est&aacute; en pausa y probablemente muerta en el futuro previsible. En cambio, el pr&iacute;ncipe heredero saud&iacute;, Mohammed bin Salman, habl&oacute; con el presidente iran&iacute;, Ebrahim Raisi, en la que ser&iacute;a su primera llamada telef&oacute;nica desde que se restablecieron las relaciones en marzo.
    </p><p class="article-text">
        Esto deja a Israel en una mala posici&oacute;n, que hace que su respuesta en Gaza no s&oacute;lo sea brutal &ndash;sin plan ni final&ndash; sino tambi&eacute;n tonta. Bombardear Gaza, aislarla y arremeter contra ella, ha provocado no s&oacute;lo la ira de la &ldquo;calle &aacute;rabe&rdquo;, que con demasiada facilidad se desprecia como un lugar de ira in&uacute;til para quemar banderas, sino tambi&eacute;n de las organizaciones mundiales de derechos humanos en Nueva York y Londres, que hora acusan a Israel de cr&iacute;menes de guerra.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses &aacute;rabes no ir&aacute;n a la guerra con Israel. Pero no es necesario que lo hagan para que la posici&oacute;n de Israel se debilite significativamente, para que los intermediarios regionales se retiren como ya lo hicieron cuando se cancel&oacute; una cumbre con Joe Biden en Amm&aacute;n, y para que los actores no estatales se vean arrastrados a&uacute;n m&aacute;s a la guerra. El agravio palestino resucita entonces de la peor manera posible: sin resoluci&oacute;n ni paz para los palestinos, con vulnerabilidad permanente para Israel y la agitaci&oacute;n de una regi&oacute;n cuya capacidad de rebeli&oacute;n nunca se qued&oacute; dormida despu&eacute;s de 2011. Apretar a la gente lo suficiente, y todo sigue ah&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gaza-bombardeada-mundo-arabe-observa-airado_129_10619953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2023 19:32:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7b4a0d15-e1ac-47a2-b12f-70d1799abf09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="394549" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7b4a0d15-e1ac-47a2-b12f-70d1799abf09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="394549" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mientras Gaza es bombardeada, el mundo árabe observa... y está airado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7b4a0d15-e1ac-47a2-b12f-70d1799abf09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Conflicto Palestina-Israel,Primavera Árabe,Gaza,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Wassyla Tamzali, escritora y activista argelina: "Una revolución sin mujeres no existe"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/wassyla-tamzali-escritora-activista-argelina-revolucion-mujeres-no-existe_1_10077835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75017fe9-b2ea-4db3-955d-152142c8e79a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070048.jpg" width="1235" height="695" alt="Wassyla Tamzali, escritora y activista argelina: &quot;Una revolución sin mujeres no existe&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La abogada y activista argelina denuncia el "sentimiento de culpabilidad en los occidentales" en relación al uso del velo y se muestra esperanzada con las protestas en Irán: "Por la primera vez en un país islámico, las mujeres pueden cambiar el mundo para las mujeres"</p><p class="subtitle">Voces del levantamiento de las mujeres en Irán: “Caminamos frente a la policía sin velo”</p></div><p class="article-text">
        Wassyla Tamzali es abogada, feminista, periodista, activista, escritora, argelina, d&iacute;gase en el orden que se prefiera. Nacida en Bug&iacute;a en 1941, en plena colonizaci&oacute;n francesa, vivi&oacute; de cerca la Guerra de la Independencia, tanto que sufri&oacute; el asesinato de su padre en 1957, un firme defensor de la descolonizaci&oacute;n, a manos de un militante del Frente de Liberaci&oacute;n Nacional. 
    </p><p class="article-text">
        Desde su juventud, Tamzali reclama con valor y tenacidad los derechos de las mujeres. Lo hizo como abogada y como redactora jefe de la revista <em>Contact,</em> a trav&eacute;s de sus libros (<em>El burka como excusa -2010-, Mi tierra argelina -2012-, Carta de una mujer indignada -2011- </em>est&aacute;n traducidos al espa&ntilde;ol), y como funcionaria internacional de UNESCO. Es autora del informe sobre la violaci&oacute;n como arma de guerra en Bosnia-Herzegovina y fue directora del Programa para la promoci&oacute;n de la condici&oacute;n de las mujeres del Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Con voz suave y delicada, cerca del susurro y con la ayuda de la int&eacute;rprete Isabel Moyano, envuelve con precisi&oacute;n palabras firmes e ideas robustas, casi siempre de alerta contra el fanatismo religioso y en defensa de la libertad de conciencia y el feminismo. Tamzali est&aacute; en M&aacute;laga para hablar de las revoluciones y coordinar <em>Mujer, vida, libertad, </em>unas jornadas de <a href="https://cclamalagueta.com/jornadas-mujer-vida-libertad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencias en el Centro Cultural La Malagueta de la Diputaci&oacute;n</a> en torno al &ldquo;fracaso de la Primavera &Aacute;rabe&rdquo; y su legado: &ldquo;el protagonismo de la ideolog&iacute;a islamista como polo unificador&rdquo; y la ausencia de debate sobre el papel de la religi&oacute;n, el laicismo, las libertades y, sobre todo, el papel de la mujer. 
    </p><p class="article-text">
        El ciclo se construye a la vez sobre la constataci&oacute;n del fracaso pero tambi&eacute;n de una esperanza: &ldquo;Doce a&ntilde;os despu&eacute;s, las protestas de Ir&aacute;n por la muerte de Mahsa Amini s&iacute; plantean el debate, rechazan que la religi&oacute;n gu&iacute;e la pol&iacute;tica, se oponen a la teocracia y al s&iacute;mbolo que ha impuesto a la mujer, el velo islamista&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El t&iacute;tulo de su conferencia es 'Sin mujeres no hay revoluci&oacute;n'. &iquest;Qu&eacute; es una revoluci&oacute;n sin mujeres? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una revoluci&oacute;n fallida. Es decir, ni siquiera podemos decir que fracasa, sino que habr&iacute;a que decir si logra existir o no. Y si no existe, no hay revoluci&oacute;n. Ni siquiera es una revoluci&oacute;n que fracasa. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; es una revoluci&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Una revoluci&oacute;n tiene que existir para estar ah&iacute;. Si no logra hacer lo que quer&iacute;a, es decir, derribar el r&eacute;gimen, generalmente despu&eacute;s de una revoluci&oacute;n viene una contrarrevoluci&oacute;n. Por ejemplo, en T&uacute;nez hay una contrarrevoluci&oacute;n. O con la Revoluci&oacute;n Francesa: hubo una revoluci&oacute;n en 1789 y luego contrarrevoluciones con el Imperio. Napole&oacute;n es una contrarrevoluci&oacute;n. Hay levantamientos, rebeliones y est&aacute;n, por ejemplo, las revueltas por el pan. Revueltas de la pobreza ha habido muchas, pero eso no es una revoluci&oacute;n. Solo es una revoluci&oacute;n cuando cambia profundamente el r&eacute;gimen vigente. Entre tanto, ser&aacute; un movimiento, una revuelta, un levantamiento. La revoluci&oacute;n es algo profundo y cuando exista, siempre tendr&aacute; efectos muy significativos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Trece a&ntilde;os despu&eacute;s, &iquest;cu&aacute;l es su balance de la Primavera &Aacute;rabe? &iquest;Fue aquello una verdadera revoluci&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, la hubo primero en Egipto y luego en T&uacute;nez. Hubo una revoluci&oacute;n, pero hubo inmediatamente una contrarrevoluci&oacute;n. El ej&eacute;rcito ha tomado el poder porque la revoluci&oacute;n hab&iacute;a llevado a los islamistas al poder. Hubo una contrarrevoluci&oacute;n, apoyada por los intelectuales egipcios porque hab&iacute;a que evitar a toda costa la llegada de los islamistas al poder. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Han logrado las mujeres mayores cotas en el espacio p&uacute;blico? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Una cosa es el protagonismo de las mujeres y otra la cuesti&oacute;n de las mujeres. Las mujeres han estado muy presentes en la revoluci&oacute;n tunecina, en las manifestaciones, y en seguida en las instituciones que se pusieron en pie para reemplazar al antiguo r&eacute;gimen. Tras la ca&iacute;da de Ben Ali, se puso en marcha una comisi&oacute;n en la que muchas de sus integrantes eran mujeres. Esa comisi&oacute;n deb&iacute;a elaborar la Constituci&oacute;n, e integr&oacute; todas las antiguas presidentas de la Uni&oacute;n Femenina Democr&aacute;tica, intelectuales, y militantes, presidida por un gran jurista, Yadh Ben Achour. Se le pregunt&oacute; cu&aacute;l era su idea para la Constituci&oacute;n y dijo que el C&oacute;digo de Familia tunecino es la Constituci&oacute;n: un c&oacute;digo que hab&iacute;a supuesto una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n en t&eacute;rminos de derecho en T&uacute;nez y en el mundo &aacute;rabe, ya que es un texto que garantizaba la igualdad entre mujeres y hombres, rompe totalmente con la tradici&oacute;n isl&aacute;mica y es un texto &uacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted, que vivi&oacute; en su juventud la revoluci&oacute;n en Argelia&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nunca hubo una revoluci&oacute;n en Argelia. La liberaci&oacute;n no fue una revoluci&oacute;n, fue una guerra de descolonizaci&oacute;n, y a continuaci&oacute;n obtuvo la independencia y afront&oacute; un proceso de reconstrucci&oacute;n. Pero no una revoluci&oacute;n. Reconstruimos el pa&iacute;s con cambios, hac&iacute;a falta inventarlo todo. La mitolog&iacute;a, dir&iacute;a que mundial, es hablar de la revoluci&oacute;n argelina, pero no hubo revoluci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; lecciones cabe extraer de aquella experiencia y de otras m&aacute;s recientes que sirvan para quienes protestan hoy, como ocurre en su pa&iacute;s con la Hirak desde 2019?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito de estas conferencias es mostrar c&oacute;mo triunf&oacute; una revoluci&oacute;n en T&uacute;nez, incluso si hoy hay una contrarrevoluci&oacute;n. Y mostrar que l<a href="https://elpais.com/internacional/2021-04-13/una-corriente-islamista-divide-en-argelia-al-movimiento-de-protestas-que-desafia-al-regimen.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a Hirak ten&iacute;a todas las condiciones para hacer una revoluci&oacute;n y no pudo</a>. La Hirak no ha enunciado ning&uacute;n principio nuevo. Quer&iacute;a derrocar al poder, pero en t&eacute;rminos de valores la Hirak no ha tomado posici&oacute;n. Cuando los tunecinos hicieron la revoluci&oacute;n fue porque el pueblo estaba siendo humillado por el Gobierno. No porque fuese pobre, sino porque estaba siendo humillado y de esa humillaci&oacute;n naci&oacute; este movimiento que exige el reconocimiento de la dignidad y la igualdad de todos los tunecinos. Esa es una verdadera revoluci&oacute;n porque es un movimiento que incorpora valores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, &iquest;la Hirak no puede ser una revoluci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el discurso de la Hirak hubo exigencias. Rechazaban que Buteflika volviera a ser presidente, despu&eacute;s fueron contra el ej&eacute;rcito, pero no hemos o&iacute;do hablar de ning&uacute;n valor nuevo. Hicimos mucha referencia a la guerra, para demostrar que el pueblo argelino es un pueblo orgulloso, que ya hab&iacute;a derrotado a Francia. Al final, la gente estaba muy pendiente de decir lo que era, pero no lo que quer&iacute;a ser. Y esa es la clave de la revoluci&oacute;n, tambi&eacute;n a t&iacute;tulo individual. Cuando los tunecinos iban a la calle, le dec&iacute;an no al poder porque les hab&iacute;a humillado. No hace falta indicaciones muy precisas, quieren echar al poder por una cuesti&oacute;n de dignidad y de valores. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; ocurri&oacute; en Argelia? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En Argelia quer&iacute;an echar al poder para poner a otro. Quer&iacute;an un cambio de r&eacute;gimen. Pero el papel de la calle no es cambiar las instituciones, sino enunciar valores. Es decir: este valor que determinar&aacute; el orden del mundo. No es solo una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica. &ldquo;T&uacute; vas a ser diputado, yo voy a ser...&rdquo;. No es eso. Una revoluci&oacute;n, como en 1789, aboli&oacute; los privilegios. &ldquo;Nosotros cambiamos el mundo&rdquo;. Y en Argelia hab&iacute;a dos cosas a cambiar. Primero, la igualdad entre hombres y mujeres, un principio humanista. Y lo segundo, una pregunta que ha quedado sin respuesta: &iquest;qu&eacute; hacemos con la religi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; se juegan las mujeres en Ir&aacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez en un pa&iacute;s isl&aacute;mico, las mujeres pueden cambiar el mundo para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>All&iacute;, no llevar hiyab es un desaf&iacute;o que puede costar la vida o la libertad. En Europa, la cuesti&oacute;n est&aacute; en su uso en el espacio p&uacute;blico. </strong>
    </p><p class="article-text">
        No son cosas comparables. En Europa, llevar hiyab es una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica, no religiosa. Se trata de afianzar el lugar en la comunidad espa&ntilde;ola, que la rechaza. Es como los jud&iacute;os cuando llevaban la kip&aacute;. Hay dos cosas que decir: quienes vinieron en los a&ntilde;os cincuenta, sesenta o setenta abandonaron su pa&iacute;s, eligieron una cultura y un modo de vida. Pero la poblaci&oacute;n marroqu&iacute; que migr&oacute; a Espa&ntilde;a es pobre y campesina, muy atrasada en comparaci&oacute;n con la urbana. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y la segunda? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un sentimiento de culpabilidad en los occidentales y las feministas occidentales, para luchar contra la intolerancia y el racismo, que defienden la apariencia de las magreb&iacute;es. Los islamistas, que son la fuerza pol&iacute;tica tras <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/hablar-feminismo-islamico-contradiccion-absoluta_128_3528608.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las mujeres que se ponen el velo</a>, juegan muy bien con ese sentimiento de culpabilidad y con la libertad en Occidente. Los europeos progresistas est&aacute;n por la libertad, pero el problema es que unos y otros hablan de libertad, y no es la misma cosa. En realidad, es un malentendido solo de los occidentales, porque los islamistas saben perfectamente lo que est&aacute;n haciendo: dicen estar por la laicidad porque piensan que es el respeto de las religiones, y no es verdad. La laicidad es, antes que nada, el respeto de la libertad de conciencia. Si hay libertad de conciencia, hay respeto a las religiones. Pero si yo, como religioso, no reconozco la libertad de conciencia, no puedo reclamar la laicidad. Hoy, el movimiento islamista conservador usa la laicidad para exigir su espacio p&uacute;blico, pero no acepta la libertad de conciencia del individuo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/wassyla-tamzali-escritora-activista-argelina-revolucion-mujeres-no-existe_1_10077835.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Apr 2023 19:25:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/75017fe9-b2ea-4db3-955d-152142c8e79a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070048.jpg" length="388000" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/75017fe9-b2ea-4db3-955d-152142c8e79a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070048.jpg" type="image/jpeg" fileSize="388000" width="1235" height="695"/>
      <media:title><![CDATA[Wassyla Tamzali, escritora y activista argelina: "Una revolución sin mujeres no existe"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/75017fe9-b2ea-4db3-955d-152142c8e79a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070048.jpg" width="1235" height="695"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Argelia,Islam,Hiyab,Andalucía,Feminismo,Igualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Primavera Árabe, 12 años después: sueños rotos, autoritarismo y conflictos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-12-anos-despues-suenos-rotos-autoritarismo-conflictos_129_9900495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6edff22f-7da1-4928-b7e5-54ae3150e487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Primavera Árabe, 12 años después: sueños rotos, autoritarismo y conflictos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras algunos regímenes se han consolidado, como el egipcio; otros se han mantenido en el poder por la fuerza, como en el caso de Siria; y en algunos como Libia y Yemen reina el caos y la violencia</p><p class="subtitle">Por qué fracasó la Primavera Árabe
</p></div><p class="article-text">
        Doce a&ntilde;os despu&eacute;s de las revueltas contra los l&iacute;deres &aacute;rabes m&aacute;s longevos, s&oacute;lo uno de ellos permanece en el poder, el sirio Bashar al Assad, tras una guerra de alcance internacional. Mientras, en Libia y en Yemen, el derrocamiento de sus l&iacute;deres llev&oacute; a una lucha encarnizada por el poder y a conflictos que contin&uacute;an hoy en d&iacute;a, sin vistas de una pronta soluci&oacute;n. Los generales egipcios &ndash;que sacrificaron al presidente Hosni Mubarak en 2011&ndash; han restablecido en los pasados a&ntilde;os un r&eacute;gimen m&aacute;s restrictivo todav&iacute;a; y la &uacute;ltima esperanza de la Primavera &Aacute;rabe, T&uacute;nez, ha dado un giro autoritario desde 2021.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Las primeras fichas del domin&oacute;</h3><p class="article-text">
        Los primeros que bajaron a la calle y pidieron &ldquo;la ca&iacute;da del r&eacute;gimen&rdquo; <a href="https://www.theguardian.com/world/2011/jan/14/tunisian-president-flees-country-protests" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">fueron los tunecinos</a>, en diciembre de 2010. La llamada &ldquo;revoluci&oacute;n de los jazmines&rdquo; triunf&oacute; r&aacute;pidamente y el dictador Zin Al Abidine Ben Ali dej&oacute; el poder despu&eacute;s de 23 a&ntilde;os y huy&oacute; del pa&iacute;s. Los &aacute;rabes de pa&iacute;ses vecinos, sobre todo los j&oacute;venes &ndash;que son m&aacute;s del 50% de la poblaci&oacute;n&ndash;, se inspiraron en los acontecimientos de T&uacute;nez y el efecto domin&oacute; dio comienzo.
    </p><p class="article-text">
        El 25 de enero de 2011 estallaron las primeras protestas contra el dictador egipcio, que llevaba en el poder 30 a&ntilde;os. El 11 de febrero, 18 d&iacute;as despu&eacute;s, Mubarak entreg&oacute; el poder al Ej&eacute;rcito, al que &eacute;l mismo pertenec&iacute;a y que ha sido la columna vertebral del r&eacute;gimen egipcio desde el fin de la monarqu&iacute;a en 1952. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los militares dieron un golpe de Estado contra el primer presidente de la rep&uacute;blica civil elegido en las urnas (el islamista Mohamed Mursi), reafirmando su poder y control sobre el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos viendo una tendencia autoritaria en ambos pa&iacute;ses, las libertades se han restringido, las fuerzas de seguridad llevan a cabo violaciones de los derechos humanos a gran escala con impunidad absoluta&rdquo;, explica Hussein Baoumi, miembro de Amnist&iacute;a Internacional para Norte de &Aacute;frica y Oriente Medio en la UE.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;T&uacute;nez est&aacute; en transici&oacute;n hacia un sistema m&aacute;s autoritario, mientras que en Egipto existe un r&eacute;gimen militar muy consolidado que controla todos los aspectos de la vida&rdquo;, detalla Baoumi. En su pa&iacute;s, Egipto, &ldquo;el r&eacute;gimen ha conseguido silenciar todas las formas de disenso y la sociedad civil est&aacute; en riesgo de desaparecer&rdquo;. &ldquo;En T&uacute;nez todav&iacute;a hay espacio: los medios no est&aacute;n controlados por completo, hay partidos de oposici&oacute;n y la judicatura no est&aacute; en manos del presidente Kais Said&rdquo;, agrega. El mandatario, que <a href="https://www.eldiario.es/internacional/golpe-timon-tunez-malestar-popular-bloqueo-institucional-e-inestabilidad-politica_129_8171312.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en julio de 2021 asumi&oacute; poderes extraordinarios</a>, &ldquo;est&aacute; intentando hacer lo mismo que hizo el presidente Abdelfatah al Sisi en Egipto en 2014 y 2015&rdquo; para controlar todas las instituciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/06090989-5dda-49ea-b69e-aa5455914cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un grafiti recuerda en Túnez a Mohaamad Bouauzizi, el joven vendedor de frutas ambulante, que se quemo a lo bonzo en la plaza de su pueblo y desatara con esa protesta, las llamadas &quot;primaveras árabes&quot;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un grafiti recuerda en Túnez a Mohaamad Bouauzizi, el joven vendedor de frutas ambulante, que se quemo a lo bonzo en la plaza de su pueblo y desatara con esa protesta, las llamadas &quot;primaveras árabes&quot;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las elecciones legislativas, convocadas por Said para elegir un nuevo Parlamento tras haberlo suspendido hace un a&ntilde;o y medio, han registrado los &iacute;ndices de abstenci&oacute;n m&aacute;s altos de todas las citas electorales desde la marcha de Ben Ali. En la segunda ronda, el pasado 29 de enero, la participaci&oacute;n volvi&oacute; a quedarse por debajo del 12% y la oposici&oacute;n ha pedido la renuncia del presidente porque carece de &ldquo;legitimidad&rdquo;.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Baoumi cree que a&uacute;n es posible &ldquo;cambiar el rumbo en T&uacute;nez (&hellip;), pero los Gobiernos europeos y la UE no est&aacute;n haciendo todo lo posible para presionar al presidente Said y su r&eacute;gimen&rdquo;. &ldquo;Sin una postura fuerte y coordinada en contra del autoritarismo en T&uacute;nez, nos arriesgamos a que se vuelva tan represivo como Egipto&rdquo;, advierte desde Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        El peor balance lo hacen los egipcios, con un r&eacute;gimen mucho m&aacute;s severo que el de Mubarak, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su gobierno permiti&oacute; cierta oposici&oacute;n en el Parlamento y en la prensa, y un espacio limitado para la sociedad civil, los sindicatos y otros grupos de base.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los sue&ntilde;os y las esperanzas de millones de j&oacute;venes en Egipto y T&uacute;nez han sido hecho a&ntilde;icos&rdquo;, dice amargamente el representante de Amnist&iacute;a Internacional. &ldquo;No ven ninguna perspectiva ni posibilidad real de una mejora pol&iacute;tica, social o econ&oacute;mica&rdquo; y las principales causas de las revueltas &ndash;que llevaron a prenderse fuego al vendedor de frutas ambulante Mohamed Bouazizi en T&uacute;nez&ndash; siguen afligiendo a la poblaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Conflictos armados enquistados</h3><p class="article-text">
        Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de los egipcios, los yemen&iacute;es empezaron a protestar contra Ali Abdal&aacute; Saleh, que hab&iacute;a ocupado por primera vez la presidencia en 1978. La entrega del poder a su vicepresidente, en febrero de 2012, no trajo la estabilidad al pa&iacute;s, que ya en aquel entonces era el m&aacute;s pobre del mundo &aacute;rabe. La toma de la capital por los rebeldes hut&iacute;es chi&iacute;es llev&oacute; en marzo de 2015 a una intervenci&oacute;n militar de Arabia Saud&iacute; y sus aliados, que exacerb&oacute; el conflicto y dio lugar a una grave crisis humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La poblaci&oacute;n est&aacute; sufriendo los efectos de casi ocho a&ntilde;os de conflicto: pocos tienen ahorros y muchas familias venden lo que les queda para poder comer, y muchos sobreviven con una comida al d&iacute;a&rdquo;, relata a elDiario.es el portavoz del <a href="https://www.icrc.org/es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Comit&eacute; Internacional de la Cruz Roja </a>(CICR) para Yemen, Ali Daoudi. Se estima que m&aacute;s de<a href="https://unsdg.un.org/es/latest/stories/photos-17-million-brink-starvation-yemen" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> 17 millones de personas </a>(m&aacute;s del 50% de la poblaci&oacute;n) se encuentran al borde la hambruna. &ldquo;El CICR busca que los yemen&iacute;es puedan tener una fuente de ingresos estable y sustentarse de manera independiente, protegi&eacute;ndoles y ayud&aacute;ndoles a reconstruir sus vidas devastadas por la guerra&rdquo;, afirma Daoudi, pero para que eso ocurra &ldquo;Yemen necesita una soluci&oacute;n pac&iacute;fica duradera&rdquo;, algo que parece cada vez m&aacute;s lejano a medida que el conflicto se va enquistando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/70c89c13-fdc2-48c1-ab9c-907376704bc6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Yemeníes inspeccionan un sitio de ataques aéreos contra dos casas, en Saná, Yemen, en una fotografía de archivo."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Yemeníes inspeccionan un sitio de ataques aéreos contra dos casas, en Saná, Yemen, en una fotografía de archivo.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La guerra ha tenido un gran impacto en las pobres infraestructuras del pa&iacute;s, dejando fuera de servicio m&aacute;s de la mitad de las instalaciones sanitarias y muchas escuelas. &ldquo;Los yemen&iacute;es mueren cada d&iacute;a por enfermedades curables debido a la falta de servicios m&eacute;dicos&rdquo; y los ni&ntilde;os no reciben una &ldquo;educaci&oacute;n adecuada&rdquo;, agrega el portavoz, alertando de que de esta &ldquo;generaci&oacute;n perdida&rdquo; depender&aacute; el futuro del pa&iacute;s. <a href="https://www.europapress.es/internacional/noticia-onu-alerta-dos-tercios-poblacion-yemen-necesita-ayuda-humanitaria-proteccion-20230126125533.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Seg&uacute;n la ONU</a>, en 2023 m&aacute;s de 21 millones de yemen&iacute;es (de una poblaci&oacute;n de unos 33) necesitar&aacute;n ayuda humanitaria, mientras la guerra en Ucrania ha desviado la atenci&oacute;n y los fondos internacionales.
    </p><p class="article-text">
        La violencia tambi&eacute;n ha asolado Libia, donde la revoluci&oacute;n del 17 de febrero de 2011 degener&oacute; r&aacute;pidamente en un conflicto armado debido a la represi&oacute;n del r&eacute;gimen de <a href="https://www.theguardian.com/world/2011/oct/20/gaddafi-dead-says-libyan-pm" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Muammar al Gadafi</a>, en el poder desde 1969. El pa&iacute;s qued&oacute; dividido entre el este, que se levant&oacute; en armas contra el dictador, y el oeste. Tras el asesinato de Al Gadafi a manos de los rebeldes, en octubre de 2011, la lucha por el poder hizo que el pa&iacute;s se fracturara a&uacute;n m&aacute;s. Actualmente, existe una l&iacute;nea divisoria en Sirte, dos autoridades enfrentadas en el este y el oeste, un fr&aacute;gil alto el fuego y una mir&iacute;ada de grupos armados con intereses y lealtades cambiantes. Adem&aacute;s, los dos bandos cuentan con el apoyo pol&iacute;tico y militar de terceros pa&iacute;ses, incluida Rusia, con <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/confesiones-mercenario-grupo-wagner-ejercito-sombra-kremlin_1_8748029.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los milicianos de Wagner</a> sobre el terreno.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_50p_1055683.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_50p_1055683.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_75p_1055683.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_75p_1055683.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_default_1055683.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_default_1055683.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/511b4a0f-7f1a-4742-a21f-499e8ce68673_source-aspect-ratio_default_1055683.jpg"
                    alt="Las fuerzas leales al Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia respaldado por la ONU disparan un cohete contra los combatientes del Estado Islámico. Sirte, Libia, 4 de agosto de 2016. "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Las fuerzas leales al Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia respaldado por la ONU disparan un cohete contra los combatientes del Estado Islámico. Sirte, Libia, 4 de agosto de 2016.                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Las hostilidades a gran escala han cesado desde mediados de 2020, gracias al alto el fuego entre las partes beligerantes; sin embargo, la incertidumbre pol&iacute;tica y los enfrentamientos armados espor&aacute;dicos ensombrecen la vida diaria de la poblaci&oacute;n, en un entorno inseguro desde 2011&rdquo;, explica a elDiario.es el portavoz del CICR para Libia, Basheer al Selwi. &ldquo;Libia est&aacute; sufriendo las consecuencias de una crisis prolongada, con menos emergencias (humanitarias) pero muchas necesidades para poder adaptarse a esas consecuencias&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la ONU, unas 300.000 personas (de unos siete millones de habitantes) necesitan asistencia y m&aacute;s de 140.000 no han podido volver a sus hogares, que abandonaron en la pasada d&eacute;cada. &ldquo;Los desplazados internos y los que han regresado son los m&aacute;s vulnerables, pero la vida diaria es dif&iacute;cil para todo el mundo, en una econom&iacute;a que depende del petr&oacute;leo&rdquo;, dice Al Selwi. Las infraestructuras petrol&iacute;feras, as&iacute; como las sanitarias y otras b&aacute;sicas se han visto muy da&ntilde;adas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el caos y el vac&iacute;o de poder han convertido a Libia en un importante punto de partida para los migrantes africanos hacia Europa. Unos 680.000 residen en el pa&iacute;s, entre los que esperan cruzar el Mediterr&aacute;neo y los que intentan buscarse la vida, seg&uacute;n el portavoz. &ldquo;Aquellos que est&aacute;n en tr&aacute;nsito son particularmente vulnerables y sus necesidades, m&uacute;ltiples y agudas&rdquo;, destaca. Ellos tambi&eacute;n sufren las consecuencias del conflicto y se encuentran a merced de los grupos armados y mafias.
    </p><h3 class="article-text">Siria, el &uacute;nico superviviente</h3><p class="article-text">
        Doce a&ntilde;os despu&eacute;s de la Primavera &Aacute;rabe,<a href="https://www.eldiario.es/temas/bashar-al-asad/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Bashar al Assad</a> es el &uacute;nico dictador (excluyendo reyes y emires) que sigue en el poder, al que se aferr&oacute; desde el estallido de las protestas en Siria en marzo de 2011. Al a&ntilde;o siguiente, la revuelta desemboc&oacute; en un conflicto armado y la situaci&oacute;n degener&oacute; con el auge de grupos armados radicales, como el Estado Isl&aacute;mico, que lleg&oacute; a ocupar amplias &aacute;reas del noreste de Siria. Actualmente sigue activo en el pa&iacute;s pero no domina ning&uacute;n territorio, mientras que la &uacute;nica regi&oacute;n que escapa al control del r&eacute;gimen &ndash;la de Idlib, en el noroeste del pa&iacute;s&ndash; est&aacute; en manos de otras milicias, incluida la exfilial de Al Qaeda en Siria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ganar la guerra, Al Assad ha contado con la fundamental ayuda militar de Mosc&uacute;, sin embargo, el conflicto no resuelto y sus consecuencias han hecho que Siria presente hoy &ldquo;una de las emergencias humanitarias m&aacute;s complejas del mundo&rdquo;, seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de la OCHA. Es el pa&iacute;s con el mayor n&uacute;mero de desplazados internos (6,8 millones) y este a&ntilde;o alcanzar&aacute; su cifra m&aacute;s alta de personas que necesitan ayuda (15,3 millones de una poblaci&oacute;n de 22 millones). La agencia de la ONU explica que se debe al deterioro de la econom&iacute;a, con el encarecimiento de los bienes b&aacute;sicos y la falta de fondos internacionales por la guerra en Ucrania. A&ntilde;ade que los servicios b&aacute;sicos y las infraestructuras sanitarias est&aacute;n &ldquo;al borde del colapso&rdquo; y los combates espor&aacute;dicos, ataques y bombardeos contra civiles afectan a la seguridad y a la salud mental de los sirios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por primera vez, los sirios de todos los distritos del pa&iacute;s est&aacute;n sufriendo alg&uacute;n tipo de estr&eacute;s humanitario&rdquo;, afirma el informe, tambi&eacute;n los que residen en los bastiones del r&eacute;gimen. Ante la grave crisis, Al Assad busca restablecer y <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/erdogan-acerca-bashar-asad-decada-firme-oposicion-siria_1_9265752.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mejorar sus relaciones con pa&iacute;ses poderosos de la zona, como Turqu&iacute;a</a> y Emiratos, ahora que los dos aliados que le han mantenido a flote &ndash;Rusia e Ir&aacute;n&ndash; tienen que ocuparse de sus propios problemas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesca Cicardi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-12-anos-despues-suenos-rotos-autoritarismo-conflictos_129_9900495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Feb 2023 21:04:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6edff22f-7da1-4928-b7e5-54ae3150e487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3181458" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6edff22f-7da1-4928-b7e5-54ae3150e487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3181458" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Primavera Árabe, 12 años después: sueños rotos, autoritarismo y conflictos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6edff22f-7da1-4928-b7e5-54ae3150e487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Túnez,Egipto,Yemen,Libia,Siria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elecciones en Túnez: un inmenso capital político tirado por la borda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-tunez-inmenso-capital-politico-tirado-borda_129_9809565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cc54255-befd-4027-9156-76284e00020e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elecciones en Túnez: un inmenso capital político tirado por la borda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con una participación de solo el 11%, el presidente, Kais Saeid, se ha encontrado con un sonoro revés en su afán por establecer un régimen presidencialista omnipotente</p><p class="subtitle">Las feministas de Túnez alertan de una regresión en las elecciones que dejarán un Parlamento dominado por hombres
</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones legislativas <a href="https://www.eldiario.es/internacional/feministas-tunez-alertan-regresion-elecciones-dejaran-parlamento-dominado-hombres_1_9800694.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">celebradas en T&uacute;nez el pasado d&iacute;a 17</a> no dejan lugar a duda sobre el desprecio con el que los nueve millones de tunecinos llamados a votar &ndash;de una poblaci&oacute;n total de 12&ndash; han respondido a la propuesta del presidente, Kais Saied, para elegir a los 161 diputados de la nueva Asamblea de Representantes del Pueblo: la participaci&oacute;n se qued&oacute; en un paup&eacute;rrimo 11,2%.
    </p><p class="article-text">
        Es triste reconocer que se trata del mismo pa&iacute;s que logr&oacute; en 2011 no solo derribar a un dictador sino instaurar la primera democracia del mundo &aacute;rabe, en un proceso pilotado en buena medida por el Cuarteto Nacional de Di&aacute;logo &ndash;integrado por la Uni&oacute;n General de Trabajadores de T&uacute;nez (UGTT), la Confederaci&oacute;n de Industria, Comercio y Artesan&iacute;as, la Liga de Derechos Humanos y la Orden de Abogados&ndash;, merecedor del premio Nobel de la Paz en 2015. Fue, asimismo, el pa&iacute;s que mostr&oacute; en la pr&aacute;ctica la compatibilidad entre el islam pol&iacute;tico y la democracia, con Ennahda &ndash;partido pol&iacute;tico isl&aacute;mico y democr&aacute;tico&ndash; en cabeza, y la voluntad de lograr una igualdad de g&eacute;nero en la representaci&oacute;n parlamentaria, con listas paritarias obligatorias para todos los partidos.
    </p><h3 class="article-text">Hace diez a&ntilde;os</h3><p class="article-text">
        No puede ser casual que la fecha elegida por el presidente tunecino para las elecciones coincida exactamente con los diez a&ntilde;os de la inmolaci&oacute;n de Mohamed Buazizi, que puso en marcha lo que luego se conoci&oacute; como '<a href="https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-diez-anos-despues_129_6515872.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primavera &aacute;rabe</a>'. Saied pretend&iacute;a enterrar definitivamente un proceso que gener&oacute; tantas expectativas dentro y fuera de T&uacute;nez. Tantas que, con el paso de los a&ntilde;os, la cruda realidad termin&oacute; por frustrar a una poblaci&oacute;n que lleva mucho tiempo <a href="https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-decada-perdida_129_6508673.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sin percibir una mejora real en sus condiciones de vida</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, con el a&ntilde;adido de una violencia creciente por parte de quienes internamente buscaban descarrilar el proceso y de la falta de atenci&oacute;n de una Uni&oacute;n Europea que no ha estado a la altura de las circunstancias, se lleg&oacute; al punto en el que Saied &ndash;un acad&eacute;mico especialista en derecho constitucional y popular gracias a su perfil como tertuliano televisivo ajeno al sistema de partidos&ndash; fue primero elegido presidente en octubre de 2019, y posteriormente aclamado en las calles, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/golpe-timon-tunez-malestar-popular-bloqueo-institucional-e-inestabilidad-politica_129_8171312.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando decidi&oacute; dar un golpe de tim&oacute;n, en julio del pasado a&ntilde;o</a>.
    </p><p class="article-text">
        Es el mismo presidente que, en su af&aacute;n por establecer un r&eacute;gimen presidencialista omnipotente, se ha encontrado ahora con un rev&eacute;s tan sonoro, derivado del generalizado hast&iacute;o ciudadano y de la llamada al boicot por parte de todas las fuerzas de oposici&oacute;n m&iacute;nimamente significativas, encabezadas por la UGTT y el Frente de Salvaci&oacute;n Nacional, integrado, entre otros, por Ennahda, Qalb Tounes, Coalici&oacute;n por la Dignidad, Partido del Movimiento y Al Amal. 
    </p><p class="article-text">
        Con un sesgo cada vez m&aacute;s autoritario, y con el apoyo de los cuerpos de seguridad y del ej&eacute;rcito, Saied se ha encargado de vaciar de contenido tanto el cargo de primer ministro como el Parlamento. El nuevo sistema, si logra superar el rechazo que la oposici&oacute;n tratar&aacute; obviamente de capitalizar a partir del p&eacute;simo resultado electoral, no solo suprime los partidos pol&iacute;ticos, sino que impide al Parlamento las labores b&aacute;sicas de control de la acci&oacute;n gubernamental o poner fin al mandato del propio Saied. De ese modo, la labor de los parlamentarios en una c&aacute;mara extremadamente fragmentada en la que solo <a href="https://www.tap.info.tn/en/Portail-EN-Legislative-elections-2022/15849373-23-constituencies" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una treintena</a> han logrado obtener un esca&ntilde;o en esta primera vuelta apenas consistir&aacute; en refrendar los proyectos de ley que presente directamente el gabinete de la presidencia.
    </p><h3 class="article-text">Saeid, sin confianza y sin dinero</h3><p class="article-text">
        A la espera de lo que pueda deparar la segunda vuelta de las elecciones, prevista para la <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2022-12-19/tunisia-sets-runoff-assembly-vote-for-february-after-mass-snub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera semana de febrero</a>, son muchos los interrogantes que se abren de inmediato. De momento, no parece que Saied haya logrado ni unir al pa&iacute;s ni dotarse de una base s&oacute;lida para hacer frente a la dura crisis pol&iacute;tica y socioecon&oacute;mica que asola a T&uacute;nez desde hace tiempo. La insistencia del presidente en que la corrupci&oacute;n de la clase pol&iacute;tica, la mala gesti&oacute;n de la pandemia y el peligro de guerra civil le han obligado a tomar estas decisiones, no parece que haya logrado convencer a los mismos que le dieron la bienvenida hace apenas 18 meses y que ahora piden su dimisi&oacute;n inmediata.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, lo que acaba de ocurrir en las urnas es una muestra m&aacute;s de que los tunecinos han agotado su confianza en que Saied fuera el revulsivo pol&iacute;tico necesario para hacer frente a la corrupci&oacute;n, la inflaci&oacute;n, la falta de oportunidades y de empleos, la creciente desigualdad y la ineficaz respuesta a la pandemia. Peor a&uacute;n, la mala situaci&oacute;n econ&oacute;mica ha llevado a eliminar las subvenciones a productos de primera necesidad, empezando por el pan, y al anuncio de inminentes recortes en el gasto p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello dibuja un panorama en el que, mirando hacia el exterior, tampoco parece f&aacute;cil que el presidente vaya a convencer a los negociadores del Fondo Monetario Internacional para que finalmente concedan al pa&iacute;s un pr&eacute;stamo de 1.900 millones de d&oacute;lares que podr&iacute;a servir para aliviar moment&aacute;neamente la crisis. Por su parte, la Uni&oacute;n Europea tambi&eacute;n parece enviar se&ntilde;ales de p&eacute;rdida de confianza en Saied (sirva el gesto de no enviar observadores a la cita electoral como muestra), y lo mismo cabe decir de Estados Unidos, que ha decidido cortar la ayuda civil y militar a partir de mediados del pr&oacute;ximo a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        A Saied, en definitiva, se le agota el cr&eacute;dito y el tiempo. A T&uacute;nez, la paciencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Jes&uacute;s A. N&uacute;&ntilde;ez Villaverde es codirector del </em><a href="https://iecah.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acci&oacute;n Humanitaria </em></a><em>(IECAH).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús A. Núñez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-tunez-inmenso-capital-politico-tirado-borda_129_9809565.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Dec 2022 21:48:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5cc54255-befd-4027-9156-76284e00020e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1652487" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5cc54255-befd-4027-9156-76284e00020e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1652487" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Elecciones en Túnez: un inmenso capital político tirado por la borda]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5cc54255-befd-4027-9156-76284e00020e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Túnez,Elecciones,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El expresidente del Louvre, imputado en un caso de tráfico de antigüedades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/imputado-caso-trafico-antiguedades-expresidente-louvre_1_9025475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc14c62d-7a36-4e07-a6c5-9980259a917f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048711.jpg" width="4000" height="2250" alt="El expresidente del Louvre, imputado en un caso de tráfico de antigüedades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Jean-Luc Martinez, cabeza del museo francés entre 2013 y 2021, fue arrestado este lunes junto al conservador del departamento de antigüedades egipcias de la pinacoteca y un egiptólogo, en la investigación de un caso de objetos saqueados durante las revueltas de la Primavera Árabe</p><p class="subtitle">Christie's desoye a los gobiernos latinoamericanos y vende patrimonio prehispánico por tres millones de euros</p></div><p class="article-text">
        El expresidente del Museo del Louvre, Jean-Luc Martinez, que ocup&oacute; el cargo hasta el pasado mes de agosto, ha sido imputado por blanqueo y c&oacute;mplice de estafa en un caso de tr&aacute;fico de antig&uuml;edades, <a href="https://www.lemonde.fr/culture/article/2022/05/25/jean-luc-martinez-mis-en-examen-dans-une-affaire-de-trafic-d-antiquites_6127696_3246.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">seg&uacute;n informa el diario Le Monde</a>.
    </p><p class="article-text">
        Martinez fue arrestado el pasado lunes junto al conservador del departamento de antig&uuml;edades egipcias del c&eacute;lebre museo, Vincent Rondot, y el egipt&oacute;logo Olivier Perdu. Mientras que los dos &uacute;ltimos fueron puestos en libertad el martes por la noche, el que fuera dirigente del Louvre entre 2013 y 2021 fue imputado en la noche del mi&eacute;rcoles.
    </p><p class="article-text">
        El arque&oacute;logo e historiador del arte ha sido puesto en libertad pero permanece bajo control judicial en el marco de una amplia investigaci&oacute;n internacional sobre tr&aacute;fico de antig&uuml;edades que habr&iacute;a afectado al Louvre de Abu Dabi y al Museo Metropolitano de Nueva York.
    </p><h3 class="article-text">Saqueo durante la Primavera &Aacute;rabe</h3><p class="article-text">
        Varios comerciantes de arte y expertos son sospechosos de haber producido documentos falsos para inventar los or&iacute;genes de objetos saqueados en distintos pa&iacute;ses de Oriente Medio durante las revueltas de la llamada Primavera &Aacute;rabe.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades investigan ahora la procedencia de la <a href="https://www.louvreabudhabi.ae/Explore/highlights-of-the-collection/toutankhamon" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Estela de granito rosa dedicada al fara&oacute;n Tutankam&oacute;n</a> que se expone en Abu Dabi y cuyo origen ha sido cuestionado por el profesor de la Universidad Paul-Val&eacute;ry de Montpellier Marc Gabolde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b6a06f2a-864a-47bf-aef6-636354905edf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El expresidente del Museo del Louvre, Jean Luc Martinez, en una imagen de archivo. EFE/MARTIN DOKOUPIL"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El expresidente del Museo del Louvre, Jean Luc Martinez, en una imagen de archivo. EFE/MARTIN DOKOUPIL                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El <a href="https://poj.peeters-leuven.be/content.php?id=3287255&amp;url=article" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">perfecto estado del monumento</a> es &ldquo;inusual para un rey cuyos edificios, a excepci&oacute;n de su tumba, han sido derribados a martillazos&rdquo;, destacaba Gabolde en una s&oacute;lida investigaci&oacute;n de 47 p&aacute;ginas publicada en Revue d'Egyptologie, en marzo de 2020. El Louvre de Abu Dabi se hizo con el objeto en 2016 junto a otras cuatro piezas por un total de 15,2 millones de euros.
    </p><h3 class="article-text">Falta de vigilancia a los certificados</h3><p class="article-text">
        A Martinez, que ha sido interrogado por los agentes de la Oficina central de Lucha contra Tr&aacute;fico de Bienes Culturales, le reprochan que no mostrara especial vigilancia ante las incoherencias de los certificados de los cinco objetos adquiridos por Abu Dabi.
    </p><p class="article-text">
        Una noticia que cae como un mazazo en el Ministerio de Cultura, que en 2021 nombr&oacute; a Martinez embajador para la cooperaci&oacute;n internacional en el &aacute;mbito del patrimonio, y que trabaja en otros colectivos por la protecci&oacute;n del patrimonio en zonas de conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En las p&aacute;ginas de Le Monde, Gabolde conf&iacute;a en que sus colegas del Louvre hayan sido v&iacute;ctimas de esta estafa y no sean traficantes.
    </p><h3 class="article-text">Ventas millonarias</h3><p class="article-text">
        En el origen de la documentaci&oacute;n de esta Estela se encuentra Christophe Kunicki, especialista de arqueolog&iacute;a que fue imputado en junio de 2020 junto a su marido, Richard Semperont, en el inicio de esta investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las pesquisas han salpicado ya a numerosas personalidades del mundo de arte en Par&iacute;s, como la casa de ventas del empresario Pierre Berg&eacute;, fallecido en 2017, Berg&eacute; &amp; Associ&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A Kunicki, que trabajaba para Berg&eacute;, las autoridades le siguen la pista desde la venta en 2017 del sarc&oacute;fago dorado de Nedjemankh vendido entonces al Museo Metropolitano de Nueva York por 3,5 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Kunicki asegur&oacute; que la obra hab&iacute;a salido de Egipto de manera leg&iacute;tima en 1971 pero una investigaci&oacute;n prob&oacute; que hab&iacute;a sido robado durante el levantamiento contra el presidente Hosni Moubarak en 2011, y fue devuelto al pa&iacute;s en 2019.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[EFE]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/imputado-caso-trafico-antiguedades-expresidente-louvre_1_9025475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 May 2022 08:04:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bc14c62d-7a36-4e07-a6c5-9980259a917f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048711.jpg" length="5617113" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bc14c62d-7a36-4e07-a6c5-9980259a917f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048711.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5617113" width="4000" height="2250"/>
      <media:title><![CDATA[El expresidente del Louvre, imputado en un caso de tráfico de antigüedades]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bc14c62d-7a36-4e07-a6c5-9980259a917f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048711.jpg" width="4000" height="2250"/>
      <media:keywords><![CDATA[Arte,Egipto,Louvre,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leila Nachawati, escritora y activista: "Son mujeres las que están saliendo a la calle a dar la batalla"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/leila-nachawati-escritora-activista-son-mujeres-saliendo-calle-dar-batalla_1_8862373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e07c673f-c863-41f8-a60e-0e3bcc661a30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leila Nachawati, escritora y activista: &quot;Son mujeres las que están saliendo a la calle a dar la batalla&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las aspiraciones democratizadoras de hace una década se han ido convirtiendo, como en la Ucrania post-Maidan, en otras cosas, algunas esperanzadoras, otras -como el conflicto en Siria- terribles</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; fue de la Primavera &Aacute;rabe? Uno de los acontecimientos m&aacute;s importantes y transformadores de la historia del presente siglo ha ido mutando y ramific&aacute;ndose, las aspiraciones democratizadoras de hace una d&eacute;cada se han ido convirtiendo, como en la Ucrania post-Maidan, en otras cosas, algunas esperanzadoras, otras -como el conflicto en Siria- terribles. <a href="https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/egipcios-diez-anos-primavera-arabe-lectura-egipto-siria-2011-mamadou-ly-dario-renzi_132_8152180.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un libro, 'De Egipto a Siria (2011). El principio de una revoluci&oacute;n humana' (Ruta Ediciones, 2021),&nbsp; de Mamadou Ly y Dario Renzi</a>, recoge un compendio de aportaciones cruciales para introducirnos en la complejidad del proceso. Charlamos con la escritora, experta en Oriente Medio, profesora universitaria de la UC3M y activista hispano-siria Leila Nachawati, autora del estudio introductorio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El desarrollo de los acontecimientos en Afganist&aacute;n nos invita, una vez m&aacute;s, a reflexionar sobre el devenir de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os en Oriente Pr&oacute;ximo &iquest;Considera que lo ocurrido en Afganist&aacute;n es el fin de una estrategia y el inicio de otra por parte de EE.UU.?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido es una manera m&aacute;s honesta y brutal con respecto a la que ya llevan un tiempo desarrollando: la dejaci&oacute;n de cualquier tipo de responsabilidad con las poblaciones locales. Ha habido un momento en el que ten&iacute;an una inversi&oacute;n de energ&iacute;a, tiempo y recursos en la capital, Kabul. Pero en todo este tiempo, no han dejado de bombardear zonas rurales y de violar los derechos humanos, en una situaci&oacute;n en la que los Estados Unidos se ha visto empantanado. Llevaba un tiempo queriendo salir y lo ha hecho de la peor manera, dejando a las poblaciones locales a su suerte. Para m&iacute; esto es problem&aacute;tico, sobre todo porque el mecanismo de la responsabilidad de proteger que tanto cost&oacute; conquistar, se est&aacute; dividiendo y se est&aacute; perdiendo. Y adem&aacute;s sienta un precedente no solo para los Estados Unidos sino para otros pa&iacute;ses, europeos y otros, que no consideran que tengan alguna responsabilidad en atender a las v&iacute;ctimas de conflictos que ellos mismos contribuyen a crear.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; horizonte se vislumbra para el pa&iacute;s y la regi&oacute;n, teniendo en cuenta otros conflictos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues con la ola de aceptaci&oacute;n de los talibanes, ning&uacute;n horizonte que no sea oscuro para la poblaci&oacute;n local y, en particular, para las mujeres, que son las que est&aacute;n dando la batalla en Afganist&aacute;n contra los talib&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este a&ntilde;o tambi&eacute;n nos invita a recordar c&oacute;mo hace una d&eacute;cada desde T&uacute;nez hasta Yemen se produjo el levantamiento de la poblaci&oacute;n civil, &iquest;cree que es un proceso concluido o, por el contrario, sigue vivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que podemos hablar de muchos flujos distintos. No es una cosa monol&iacute;tica. El problema con el seguimiento que se hace desde los medios de comunicaci&oacute;n y desde visiones que buscan la inmediatez, es de hablar en t&eacute;rminos absolutos de victoria y de derrota, cuando se trata de flujos humanos en los que hay tensiones econ&oacute;micas, sociales, de derechos humanos, de g&eacute;nero. Hay batallas que se est&aacute;n librando hoy, mientras hablamos, en pa&iacute;ses como L&iacute;bano o Irak. En Sud&aacute;n hemos visto el tremendo ejemplo que ha dado la poblaci&oacute;n local de luchar contra una de las dictaduras m&aacute;s enquistadas de la regi&oacute;n y avanzar hacia un proceso que intenta ser m&aacute;s representativo para la gente com&uacute;n. Entonces hay muchos flujos que est&aacute;n ocurriendo y que no se corresponden con ese reduccionismo de primavera, oto&ntilde;o, invierno. La cuesti&oacute;n es que hay muchos intereses regionales y pol&iacute;ticos y tambi&eacute;n locales que no permiten que las aspiraciones de vida digna de todos estos pueblos se vean satisfechas, ya sean por dictaduras locales como la de Siria o Egipto, ya sea por intereses regionales como los de Arabia Saud&iacute; o Ir&aacute;n &ndash;que contaminan todo con su discurso sectario-, ya sea por los intereses geopol&iacute;ticos de potencias como Rusia o Estados Unidos. Digamos que no se permite que avancen procesos que eran muy prometedores en un lenguaje de emancipaci&oacute;n de los pueblos de la regi&oacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/73679946-57a3-423c-bef2-7fa27bbd8842_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        <strong>El conflicto sirio es tal vez el paradigma de la evoluci&oacute;n de las protestas civiles en una guerra civil internacionalizada &iquest;Qu&eacute; papel puede jugar la realidad que se vive en Siria en el nuevo escenario que se abre en la regi&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siria es el fracaso del internacionalismo o la ausencia del internacionalismo, de la solidaridad internacional. Es un conflicto en el que una poblaci&oacute;n local, despu&eacute;s de sufrir torturas y represi&oacute;n durante d&eacute;cadas, sali&oacute; a reivindicar derechos, justicia, dignidad y libertad, de una forma muy afirmativa y se ha enfrentado a la mayor brutalidad de la propia estructura local del r&eacute;gimen sirio. Y tambi&eacute;n a grupos extremistas, de todo color y pelaje, que han buscado aprovechar la situaci&oacute;n de caos y que tambi&eacute;n se han alimentado desde intereses regionales y geopol&iacute;ticos. Cada potencia ha movido sus fichas para dirigir la situaci&oacute;n, en una direcci&oacute;n u otra, siempre a costa de la poblaci&oacute;n local que qued&oacute; secuestrada por un lado por su propia dictadura y, por otro, por los enfrentamientos sectarios, principalmente con Ir&aacute;n a la cabeza, y por las luchas geopol&iacute;ticas entre Rusia y Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Consideras que los feminismos pueden ser un elemento clave en la regi&oacute;n como movimiento que puede acercar una posibilidad de cambio o de lucha ante el avance de posturas m&aacute;s radicales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si lo plantear&iacute;a como feminismos, soy m&aacute;s de utilizar el singular, feminismo, pero planteado desde necesidades y contextos diferentes. Yo no s&eacute; si es lo mismo pero las mujeres han sido una vanguardia en la lucha por los derechos de todos y de todas. Cuando piensas en Afganist&aacute;n, piensas en que ellas est&aacute;n luchando por el futuro de su pa&iacute;s, de su pueblo y, de alg&uacute;n modo, de toda la humanidad porque hay mucho del futuro que nos jugamos todos como humanidad que se est&aacute; perdiendo en Afganist&aacute;n y son mujeres las que est&aacute;n saliendo, dando la cara, jug&aacute;ndose la vida y, en muchos casos, perdi&eacute;ndola. Entonces son una vanguardia en muchos sentidos y desde luego en los procesos de reconciliaci&oacute;n, en los procesos de justicia transicional, cuando termina una guerra, cuando termina un conflicto y llega otra etapa, sabemos porque nos lo dice la historia que las mujeres juegan un papel fundamental en reconstruir ese tejido social que todas esas guerras y fracturas han ido produciendo. Por eso el papel de las mujeres suele funcionar mejor como mediador a la hora de esos procesos de b&uacute;squeda de justicia.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de esto es <a href="https://syrianfamilies.org/en/)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Family for freedom</em></a><em> </em>grupos de mujeres que b&aacute;sicamente piden cosas muy b&aacute;sicas como es saber si sus familiares est&aacute;n vivos o no, un m&iacute;nimo de informaci&oacute;n y de defensa de derechos de las personas que est&aacute;n detenidas en esos campos de concentraci&oacute;n que son las c&aacute;rceles de Asad en Siria. Y son mujeres las que lo est&aacute;n llevando a cabo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Gracia Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/leila-nachawati-escritora-activista-son-mujeres-saliendo-calle-dar-batalla_1_8862373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Mar 2022 05:01:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e07c673f-c863-41f8-a60e-0e3bcc661a30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2234455" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e07c673f-c863-41f8-a60e-0e3bcc661a30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2234455" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Leila Nachawati, escritora y activista: "Son mujeres las que están saliendo a la calle a dar la batalla"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e07c673f-c863-41f8-a60e-0e3bcc661a30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Siria,Afganistán,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué significa para las mujeres el nombramiento de Najla Bouden como primera jefa de Gobierno de Túnez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/significa-mujeres-nombramiento-najla-bouden-primera-jefa-gobierno-tunez_1_8376513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40ef2828-4abc-40b3-a9f8-e4eb45ae5d45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué significa para las mujeres el nombramiento de Najla Bouden como primera jefa de Gobierno de Túnez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La designación de la profesora universitaria marca un hito en el mundo árabe. Sin embargo, llega en medio de una crisis política que golpea al presidente Kais Saied y puede que la primera ministra tenga poco margen de maniobra</p><p class="subtitle">Una mujer asumirá por primera vez en la historia la jefatura del Gobierno en Túnez</p></div><p class="article-text">
        Sara Medini, analista de la organizaci&oacute;n feminista Aswat Nissa de T&uacute;nez, estaba en una reuni&oacute;n cuando vio la noticia en su tel&eacute;fono. Primero se sorprendi&oacute;, despu&eacute;s se alegr&oacute;. &ldquo;No cre&iacute;a lo que ve&iacute;an mis ojos. Pens&eacute; que hab&iacute;a le&iacute;do mal. Le dije a mis colegas: '&iexcl;Ha nombrado a una mujer! &iexcl;Ha nombrado a una mujer! Est&aacute;bamos todas encantadas. Ten&iacute;amos la piel de gallina. Es un momento hist&oacute;rico, aunque esto no significa que el Gobierno tenga carta blanca&rdquo;, dice Medini.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n del presidente <a href="https://www.eldiario.es/internacional/mujer-asumira-primera-vez-historia-jefatura-gobierno-tunez_1_8349812.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kais Saied de nombrar a Najla Bouden</a>, una alta funcionaria del Ministerio de Educaci&oacute;n Superior e Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica y profesora de ingenier&iacute;a geol&oacute;gica, como jefa de Gobierno de T&uacute;nez la convierte en la primera mujer de ese pa&iacute;s y de cualquier otro del mundo &aacute;rabe en ocupar ese cargo.
    </p><p class="article-text">
        La noticia ha sido recibida con alivio por parte de aquellos que esperan que &eacute;ste sea un paso hacia la normalidad en el pa&iacute;s, despu&eacute;s de que el presidente decidiera<a href="https://www.eldiario.es/internacional/crisis-tunez-presidente-cesa-primer-ministro-suspende-parlamento_1_8169517.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> echar a su primer ministro en julio y suspender el Parlamento</a> en lo que muchos calificaron como un &ldquo;golpe de Estado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero todav&iacute;a no est&aacute; claro qu&eacute; significar&aacute; este nombramiento para las mujeres tunecinas. &ldquo;Que una mujer haya sido nombrada es excelente, es un paso adelante y rompe con estereotipos. Pero no es suficiente. El programa pol&iacute;tico del <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/peligrosa-transicion-lgtbi-tunez-libres-miedo_1_6753495.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gobierno debe seguir principios igualitarios</a>&rdquo;, dice Medini. &ldquo;Ha llegado en un momento incre&iacute;blemente cr&iacute;tico. Tiene mucho trabajo por delante&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Excepci&oacute;n en el mundo &aacute;rabe</h3><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, T&uacute;nez ha sido considerado un pa&iacute;s abanderado de los derechos de las mujeres en el mundo &aacute;rabe, con un paquete de leyes familiares, aprobado apenas meses despu&eacute;s de la independencia de 1956, que abol&iacute;a la poligamia y permit&iacute;a que las mujeres presentaran el divorcio.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres ganaron el derecho a votar en 1957 y pudieron empezar a presentarse a cargos electos a partir de 1959. En 2011, mientras el pa&iacute;s se daba la primera revoluci&oacute;n de la primavera &aacute;rabe, aquella que derroc&oacute; al dictador Zine El Abidine Ben Ali, hubo mujeres en las manifestaciones.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos sienten que el camino hacia la igualdad se ha detenido. Saied est&aacute; en contra de reformar las leyes que brindar&iacute;an derechos igualitarios a la herencia para las mujeres, algo que el difunto presidente Beji Caid Essebsi hab&iacute;a prometido causando ira entre los conservadores y las figuras religiosas.
    </p><p class="article-text">
        Desde la revoluci&oacute;n, ha habido victorias legislativas entre las que destaca una ley de 2017 que apunta a reducir la violencia contra las mujeres. Pero Medini dice que todav&iacute;a hay una gran cantidad de trabajo pendiente &ldquo;a nivel pr&aacute;ctico&rdquo; para asegurar que los cambios sean aplicados.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esto, la grave crisis econ&oacute;mica de T&uacute;nez <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/miles-tunecinos-migran-europa-empujados-golpe-covid-19-turismo_1_8347942.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exacerbada por la pandemia de la COVID-19</a> ha golpeado de manera desproporcionada a las mujeres. Seg&uacute;n el &iacute;ndice de desigualdad de g&eacute;nero del Foro Econ&oacute;mico Mundial de 2020, T&uacute;nez cay&oacute; del puesto 90 al 124 entre 2006 y 2020. 
    </p><p class="article-text">
        La crisis &ldquo;ha acentuado las debilidades econ&oacute;micas de las mujeres y as&iacute; tambi&eacute;n la dependencia de sus familias, de sus maridos&rdquo;, dice Medini. &ldquo;Por ejemplo, una mujer que es v&iacute;ctima de violencia a manos de su marido no puede escapar de su casa o presentar un divorcio, porque no tiene el dinero necesario&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El precio de sus zapatos</h3><p class="article-text">
        Para Halima Ouanada, profesora de la Universidad El Manar de T&uacute;nez, algunas de las reacciones al nombramiento de Bouden evidencian los desaf&iacute;os que todav&iacute;a afrontan las mujeres en el poder.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;s que insistir en su rol como profesora universitaria, en su reputaci&oacute;n internacional como acad&eacute;mica, despu&eacute;s de m&aacute;s de 13 a&ntilde;os de experiencia en la administraci&oacute;n de proyectos a gran escala, el debate se centr&oacute; en comentarios sobre el precio de sus zapatos o de sus gafas&rdquo;, escribe Ouanada en <em>Le Temps News</em>. &ldquo;Fue presentada como la hija de tal y la mujer de tal ... como si nada se debiera a ella misma, a su inteligencia y a su perseverancia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de Bouden en el centro de atenci&oacute;n tom&oacute; a muchos por sorpresa. Con 63 a&ntilde;os, su carrera en T&uacute;nez se centr&oacute; en el Ministerio de Educaci&oacute;n Superior e Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica y como profesora universitaria.
    </p><p class="article-text">
        Para H&egrave;la Yousfi, profesora de sociolog&iacute;a en la Universidad Dauphine en Par&iacute;s, su nombramiento no fue sorprendente dada la carrera del mismo Saied como <a href="https://www.theguardian.com/world/2021/jul/26/kais-saied-robocop-president-accused-launching-tunisia-coup" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">profesora de derecho convertido en pol&iacute;tico</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Kais Saied lleg&oacute; al poder por un movimiento popular extraparlamentario, que expres&oacute; su desconfianza total por la clase pol&iacute;tica&rdquo;, dice Yousfi. &ldquo;As&iacute;, hay consistencia entre el nombramiento de alguien ajeno a la clase pol&iacute;tica. Es consistente con la crisis absoluta de fe que siente el pueblo tunecino por la clase pol&iacute;tica, que durante 10 a&ntilde;os no ha logrado realizar las aspiraciones de la revoluci&oacute;n tunecina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Temen que Bouden tenga poco margen de maniobra. Saied ha mantenido las medidas de emergencia presentadas en julio, asegurando as&iacute; que la primera ministra responder&aacute; exclusivamente a &eacute;l. Algunos aseguran que ser&aacute; apenas un pe&oacute;n del presidente.
    </p><p class="article-text">
        Yousfi reconoce ese riesgo, pero dice que es demasiado pronto para anticipar un resultado en el impredecible paisaje pol&iacute;tico del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si mi experiencia en la pol&iacute;tica tunecina me ha ense&ntilde;ado algo, es a esperar y ver&rdquo;, dice. &ldquo;Nadie hab&iacute;a pensado que Kais Saied apuntar&iacute;a a una mujer como jefa de Gobierno. Es posible que su papel se vea limitado: &eacute;l tiene una concepci&oacute;n org&aacute;nica del poder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero no puedes predecir qu&eacute; suceder&aacute;. Debemos esperar al programa [pol&iacute;tico], a la visi&oacute;n, y tambi&eacute;n a su propuesta en t&eacute;rminos de una hoja de ruta institucional. Ahora estamos en un limbo. Hay que esperar y ver&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Ignacio Rial-Schies
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lizzy Davies]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/significa-mujeres-nombramiento-najla-bouden-primera-jefa-gobierno-tunez_1_8376513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Oct 2021 19:53:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/40ef2828-4abc-40b3-a9f8-e4eb45ae5d45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="200269" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/40ef2828-4abc-40b3-a9f8-e4eb45ae5d45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="200269" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué significa para las mujeres el nombramiento de Najla Bouden como primera jefa de Gobierno de Túnez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/40ef2828-4abc-40b3-a9f8-e4eb45ae5d45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Túnez,Primavera Árabe,Igualdad de género,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mujer asumirá por primera vez en la historia la jefatura del Gobierno en Túnez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mujer-asumira-primera-vez-historia-jefatura-gobierno-tunez_1_8349812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0582c898-bd22-4cec-82d4-0e348b4a63b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mujer asumirá por primera vez en la historia la jefatura del Gobierno en Túnez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Najla Bouden Romdhane, ingeniera y alta funcionaria, llega al cargo de primera ministra tras ser designada por el cuestionado presidente de la república tunecina, Kais Said</p><p class="subtitle">Análisis - 'Golpe de timón en Túnez: malestar popular, bloqueo institucional e inestabilidad política', por Jesús A. Núñez</p></div><p class="article-text">
        El presidente tunecino, Kais Said, ha nombrado este mi&eacute;rcoles como primera ministra a Najla Bouden Romdhane, una alta funcionaria del Departamento de Educaci&oacute;n Superior e Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica, que se convierte en la primera mujer en ocupar este cargo -vacante desde hac&iacute;a dos meses- en la historia del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En un escueto comunicado de la Presidencia, el mandatario declar&oacute; que su decisi&oacute;n se enmarca dentro de las medidas excepcionales anunciadas el pasado 22 de septiembre, que incluyen la suspensi&oacute;n de la casi totalidad de la Constituci&oacute;n de 2014 y, por lo tanto, se arroga el poder legislativo y ejecutivo. Seg&uacute;n esta fuente, la nueva responsable ser&aacute; la encargada de formar un nuevo Gobierno &ldquo;lo antes posible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Romdhane, de 63 a&ntilde;os, ocupaba el puesto de directora general del proyecto &ldquo;Promesa&rdquo;, con el objetivo de modernizar la educaci&oacute;n superior, y una d&eacute;cada antes fue nombrada directora general encargada de la calidad de dicho ministerio. En 2015 trabaj&oacute; adem&aacute;s como responsable del gabinete del ministro de Educaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1443158676420939780?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La clase pol&iacute;tica, la sociedad civil y la comunidad internacional han denunciado el peligro que supone el poder absoluto del presidente desde que el pasado 25 de julio <a href="https://www.eldiario.es/internacional/crisis-tunez-presidente-cesa-primer-ministro-suspende-parlamento_1_8169517.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">destituyera al primer ministro, suspendiera la Asamblea y la inmunidad parlamentaria de sus 217 miembros</a>.
    </p><p class="article-text">
        En el poder desde finales de 2019, Said decret&oacute; el Estado de excepci&oacute;n de manera indefinida y se atribuy&oacute; plenos poderes invocando la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 80 de la Constituci&oacute;n, que le permite asumir poderes excepcionales en caso de &ldquo;amenaza&rdquo; para el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Una iniciativa calificada por la mayor&iacute;a de formaciones como &ldquo;golpe de Estado&rdquo; mientras que otras consideran que se trata de una &ldquo;rectificaci&oacute;n&rdquo; de la revoluci&oacute;n de 2011 que puso fin a las dos d&eacute;cadas de dictadura de Zine El Abidine Ben Ali.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[EFE]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mujer-asumira-primera-vez-historia-jefatura-gobierno-tunez_1_8349812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Sep 2021 12:32:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0582c898-bd22-4cec-82d4-0e348b4a63b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="75602" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0582c898-bd22-4cec-82d4-0e348b4a63b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="75602" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una mujer asumirá por primera vez en la historia la jefatura del Gobierno en Túnez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0582c898-bd22-4cec-82d4-0e348b4a63b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Túnez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yemen, una década después de la primavera árabe: guerra, cólera y ahora la peor hambruna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/sueno-acabo-desastre-humanitario-10-anos-despues-no-hay-esperanza-yemen_1_7186619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed33080b-61d9-447a-9ac9-e6b88cb71c2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yemen, una década después de la primavera árabe: guerra, cólera y ahora la peor hambruna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El país sufre la represión de los ocupadores y se enfrenta a una crisis humanitaria por la peor hambruna en 40 años</p><p class="subtitle">ANÁLISIS - Primavera árabe, ¿una década perdida?</p></div><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de que la rabia y la esperanza de la Primavera &Aacute;rabe llenara los espacios p&uacute;blicos de San&aacute;, la capital de Yemen se ha convertido en un sitio curiosamente tranquilo. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto comerciantes como clientes arrastran los pies por las calles de la ciudad vieja, destrozada por la represi&oacute;n de la ocupaci&oacute;n a manos de los <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/huties-luchan-coalicion-saudi-yemen_1_1828636.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rebeldes hut&iacute;es</a> y la crisis econ&oacute;mica provocada por el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/bloqueo-yemen-intensifica-hambruna-poblacion_1_3072800.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bloqueo</a> impuesto por la coalici&oacute;n liderada por Arabia Saud&iacute; y Emiratos &Aacute;rabes Unidos (EAU). 
    </p><p class="article-text">
        Han desaparecido las canciones y los poemas de la revoluci&oacute;n que alguna vez resonaron bajo la encantadora arquitectura medieval de la ciudad. En su lugar, solo se escucha el grito de guerra hut&iacute;: &ldquo;Dios es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, malditos los jud&iacute;os, victoria al islam&rdquo;. A veces, y siempre sin preaviso, los ataques a&eacute;reos de la coalici&oacute;n atraviesan el ambiente de tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una d&eacute;cada despu&eacute;s de los levantamientos de 2011, que se propagaron por todo el mundo &aacute;rabe y durante los cuales los yemen&iacute;es se atrevieron a so&ntilde;ar, y seis a&ntilde;os despu&eacute;s de que los actores extranjeros se unieran para desatar una guerra de proporciones devastadoras, Yemen parece un puzle para el que no existe una soluci&oacute;n simple.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el conflicto avanza lentamente, la crisis humanitaria est&aacute; a punto de alcanzar una nueva cima terrible: la peor hambruna que el mundo haya visto en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os. Cada vez parece m&aacute;s lejana la posibilidad de que las piezas del puzle puedan volver a encajar.
    </p><p class="article-text">
        El mes pasado se cumplieron 10 a&ntilde;os de la primera gran manifestaci&oacute;n contra la corrupci&oacute;n y la crueldad del r&eacute;gimen de Ali Abdal&aacute; Sal&eacute;, que llevaba 32 a&ntilde;os en el poder. M&aacute;s de 10.000 personas salieron a las calles de San&aacute;. Inspirados por los &eacute;xitos del movimiento revolucionario en T&uacute;nez, ciudadanos de todo tipo participaron en una manifestaci&oacute;n pac&iacute;fica por toda la ciudad ondeando banderas y con brazaletes y pa&ntilde;uelos rosados en se&ntilde;al de unidad.
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2012, Sal&eacute; finalmente dej&oacute; el cargo, que &eacute;l mismo describi&oacute; como &ldquo;bailar sobre cabezas de serpientes&rdquo;. (En 2017, cuando intent&oacute; cambiar de bando en la guerra, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/yemen-saleh_1_3023176.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le lleg&oacute; la muerte</a> igual que a Muamar el Gadafi: un cad&aacute;ver ensangrentado arrastrado por las calles).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue una sensaci&oacute;n potente y excitante sentir que por primera vez en la historia, el pueblo de Yemen estaba unido. No importaba a qu&eacute; tribu, a qu&eacute; religi&oacute;n o a qu&eacute; partido pol&iacute;tico pertenecieras, ni la din&aacute;mica de g&eacute;nero, todos salimos a las calles juntos, semana tras semana&rdquo;, dice Raja al-Thaibani, ciudadana yemen&iacute;-estadounidense que en 2011 puso en pausa sus estudios universitarios para participar en el levantamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Unos meses m&aacute;s tarde, comenzaron a verse las grietas en aquella unidad, pero creo que muchos de nosotros nos negamos a reconocerlas&rdquo;, admite.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3cb0d543-0171-4053-8d4b-36001ca328cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una mujer sostiene a su hijo desnutrido en la ciudad de Hodeidah."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una mujer sostiene a su hijo desnutrido en la ciudad de Hodeidah.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el vac&iacute;o pol&iacute;tico y de seguridad que sobrevino despu&eacute;s, ganaron terreno varios actores que representaban una amenaza para la integridad de este fr&aacute;gil pa&iacute;s: en la zona monta&ntilde;osa del norte, la insurgencia hut&iacute; que llevaba tiempo prepar&aacute;ndose; en los desiertos del centro del pa&iacute;s, Al Qaeda; y en Ad&eacute;n, la segunda ciudad m&aacute;s importante de Yemen, un movimiento recuper&oacute; el reclamo de independencia del sur del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto acab&oacute; estallando cuando los hut&iacute;es, un grupo de combatientes del chi&iacute;smo zaid&iacute;, decidieron atacar la capital, obligando al presidente interino Abd Rabbuh Mansur Al-Hadi a huir a la vecina Arabia Saud&iacute; a principios de 2015.
    </p><h3 class="article-text">Un conflicto que ha causado 233.000 muertos</h3><p class="article-text">
        Al-Hadi lleg&oacute; en un momento en el que un pr&iacute;ncipe de 29 a&ntilde;os llamado <a href="https://www.eldiario.es/internacional/principe-heredero-arabia-saudi-consolidar_1_1034309.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mohamed bin Salm&aacute;n</a> estaba ascendiendo al poder en Riad alentado por su mentor, el jeque Mohamed bin Zayed Al-Nahyan, gobernante de facto de EAU.
    </p><p class="article-text">
        Bajo el liderazgo del pr&iacute;ncipe Mohamed, primero como ministro de Defensa y luego como pr&iacute;ncipe heredero, los saud&iacute;es &ndash;alarmados ante la posibilidad de tener un aliado de Ir&aacute;n empoderado al otro lado de la frontera&ndash; atendieron a las peticiones de ayuda del Gobierno yemen&iacute; en el exilio. 
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo y las sugerencias de aliados occidentales como &iexcl;Reino Unido y Estados Unidos, los comandantes militares saud&iacute;es &ndash;que no hab&iacute;an participado nunca antes en ninguna guerra&ndash; decidieron lanzar una campa&ntilde;a de tres semanas de bombardeos para echar a los hut&iacute;es de San&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que sucedi&oacute; fue que la Operaci&oacute;n Tormenta Decisiva se ha convertido en un conflicto en punto muerto que ahora se extiende a 47 frentes y ya ha se ha cobrado 233.000 vidas. La semana pasada, el presidente <a href="https://www.eldiario.es/internacional/biden-retira-apoyo-eeuu-arabia-saudi-guerra-yemen_1_7194333.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biden anunci&oacute; la retirada del apoyo a Arabia Saud&iacute; en su ofensiva</a>.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de los relucientes palacios de Riad y Abu Dabi, las ambiciones militares de la coalici&oacute;n han fracasado en las tierras yermas de la pen&iacute;nsula ar&aacute;biga, pero el precio lo ha pagado la poblaci&oacute;n civil yemen&iacute;. Bodas, hospitales y un autob&uacute;s lleno de ni&ntilde;os que iban a escuela se convirtieron en objetivo: en la provincia de Saada, basti&oacute;n hut&iacute;, los ataques a&eacute;reos se han convertido en parte de la vida cotidiana hasta el punto de que la gente ya no le presta atenci&oacute;n al rugido de los aviones de combate.
    </p><p class="article-text">
        La desnutrici&oacute;n, c&oacute;lera, dengue y el coronavirus persigue a los j&oacute;venes y a las personas fr&aacute;giles en lo que la ONU ha llamado &ldquo;la peor crisis humanitaria del mundo&rdquo;. La raz&oacute;n principal por la que no se ha declarado la hambruna general es que para cumplir con esa compleja definici&oacute;n t&eacute;cnica hacen falta datos de calidad, algo que Yemen no tiene.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los hut&iacute;es en el norte y los iran&iacute;es que los respaldan no se ir&aacute;n a ninguna parte&rdquo;, dijo en noviembre Mahdi Balghaith, analista del Centro de San&aacute; de Estudios Estrat&eacute;gicos, durante la &uacute;ltima visita de The Guardian a Yemen. &ldquo;Est&aacute;n preparados para jugar a largo plazo de una forma en que las potencias del Golfo no lo est&aacute;n. En el futuro, Estados Unidos ya no depender&aacute; del Golfo para conseguir gas y petr&oacute;leo y esa asociaci&oacute;n se disolver&aacute; &iquest;Y entonces qui&eacute;n le impedir&aacute; a Teher&aacute;n que marche hacia La Meca?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el diverso sur de Yemen, el polvo a&uacute;n no se ha asentado, pero Mohamed bin Salm&aacute;n y Mohamed bin Zayed ya se han enemistado con han aliados potenciales.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Si no hay Estado, debemos confiar en las redes tribales&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En un atardecer fr&iacute;o del a&ntilde;o pasado, en la provincia de Shabwa, un eje geogr&aacute;fico rico en combustibles f&oacute;siles que conecta el norte del pa&iacute;s con el sur, sombras color p&uacute;rpura bailaban en el aire. Entre el resplandor de carbones al rojo vivo y un cielo que se iba oscureciendo, los l&iacute;deres tribales se alineaban para darle la bienvenida al convoy de Land Cruisers que se acercaba por el desierto.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 100 hombres de los 10 clanes de Shabwa se hab&iacute;an reunido para hacer una sentada de protesta cerca de una base militar de EAU reclamando justicia por nueve hombres y ni&ntilde;os asesinados en un ataque a&eacute;reo a manos de las fuerzas apoyadas por Emiratos. Dec&iacute;an que, a veces, un avi&oacute;n de combate emirat&iacute; pasaba volando bajo sobre el campamento con la intenci&oacute;n de ahuyentarlos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando llegaron los emirat&iacute;es y los saud&iacute;es dijeron que iban a invertir en proyectos de agua potable. Los emirat&iacute;es quer&iacute;an que envi&aacute;ramos a nuestros hombres a luchar por ellos. Cuando nos negamos, decidieron que lo lograr&iacute;an aterroriz&aacute;ndonos&rdquo;, dice el jeque Ahmed Abdulqadir Hossein al-Mehdar, poni&eacute;ndose un chubasquero sobre la t&uacute;nica blanca mientras la &uacute;ltima luz del d&iacute;a desaparece en el horizonte lleno de arbustos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora Yemen est&aacute; lleno de pandillas. Nadie nos pide disculpas. No tenemos ning&uacute;n tribunal donde llevar nuestros reclamos. La guerra nos ha obligado a recurrir a los viejos m&eacute;todos&hellip;Si no hay Estado, debemos confiar en las redes tribales y en la justicia tribal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La propia coalici&oacute;n se rompi&oacute; desde que EAU decidi&oacute; en 2017 apoyar al separatista Consejo de Transici&oacute;n del Sur (STC, por sus siglas en ingl&eacute;s) y ahora b&aacute;sicamente depende de la fuerza de la relaci&oacute;n personal entre las dos potencias, pero la guerra no da se&ntilde;ales de acabar por ahora. Riad ha estado manteniendo conversaciones extraoficiales con los l&iacute;deres hut&iacute;es desde el verano de 2019. Al mismo tiempo, Emiratos retiraba la mayor parte de sus tropas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, mientras los l&iacute;deres de la coalici&oacute;n buscan estrategias de salida, los choques entre los hut&iacute;es y las fuerzas oficiales yemen&iacute;es se han intensificado. Tras varias rondas de feroces disputas internas, la ahora enmendada relaci&oacute;n entre el STC y el gobierno yemen&iacute; sigue siendo fr&aacute;gil.
    </p><p class="article-text">
        El reci&eacute;n inaugurado presidente estadounidense, Joe Biden, <a href="https://www.theguardian.com/world/2021/jan/28/uk-under-pressure-to-freeze-arms-sales-to-saudi-arabia-and-uae" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha suspendido por ahora la venta de armas a la campa&ntilde;a liderada por Arabia Saudita</a> y <a href="https://www.eldiario.es/internacional/biden-retira-apoyo-eeuu-arabia-saudi-guerra-yemen_1_7194333.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha anunciado que retirar&aacute; el apoyo de EEUU a la coalici&oacute;n</a>. El presidente tambi&eacute;n ha anunciado la <a href="https://www.theguardian.com/world/2021/feb/06/biden-cancels-houthi-terror-designation-restoring-yemen-aid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revocaci&oacute;n de una de las &uacute;ltimas decisiones de Donald Trump</a>: la designaci&oacute;n de los hut&iacute;es como organizaci&oacute; terrorista. Esta designaci&oacute;n dificulta la entrega de ayuda humanitaria e importaciones a Yemen, que representan el 90% de la comida y el combustible del pa&iacute;s. Por su parte, el Programa Mundial de Alimentos calcula que las sanciones ya est&aacute;n sumergiendo al 80% del pa&iacute;s (unos 24 millones de personas) en una hambruna severa.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el Gobierno del Reino Unido ha continuado vendi&eacute;ndole armas a la coalici&oacute;n, <a href="https://www.theguardian.com/law/2019/jun/20/uk-arms-sales-to-saudi-arabia-for-use-in-yemen-declared-unlawful" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a pesar de un fallo hist&oacute;rico de 2019</a> de un tribunal de apelaciones que concluy&oacute; que el Gobierno brit&aacute;nico no hab&iacute;a analizado si la coalici&oacute;n viola continuamente las leyes humanitarias internacionales.
    </p><p class="article-text">
        En una de las playas v&iacute;rgenes de arena blanca de Shabwa, un hombre a&uacute;n alberga sue&ntilde;os de un futuro mejor. El emprendedor Saeed al Kaladi, vestido elegantemente con traje y corbata, se entusiasma al mostrar lo que se puede lograr: est&aacute; construyendo bungalows para que las familias locales disfruten de las aguas transparentes del Golfo de Ad&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes ven&iacute;an muchos turistas, y volver&aacute;n a visitarnos&rdquo;, dice. &ldquo;Siempre hay que tener esperanza&rdquo;. Por ahora, las casas tur&iacute;sticas siguen a medio terminar, vac&iacute;as y silenciosas.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Luc&iacute;a Balducci
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bethan McKernan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/sueno-acabo-desastre-humanitario-10-anos-despues-no-hay-esperanza-yemen_1_7186619.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Feb 2021 21:00:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ed33080b-61d9-447a-9ac9-e6b88cb71c2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="722300" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ed33080b-61d9-447a-9ac9-e6b88cb71c2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="722300" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Yemen, una década después de la primavera árabe: guerra, cólera y ahora la peor hambruna]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ed33080b-61d9-447a-9ac9-e6b88cb71c2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe,Yemen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La primavera árabe diez años después: decepciones, represión y un proceso que continúa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-diez-anos-despues_129_6515872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56a86a4c-f6e7-40c1-a42e-9834bae2d325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La primavera árabe diez años después: decepciones, represión y un proceso que continúa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La situación actual de los países que protagonizaron los levantamientos populares va desde un retorno al statu quo, procesos de transición democrática o, en el peor de los casos, una guerra abierta</p><p class="subtitle">ANÁLISIS - Primavera árabe, ¿una década perdida?</p></div><p class="article-text">
        Han pasado diez a&ntilde;os desde que el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se inmolase en plena calle despu&eacute;s de que las autoridades tunecinas le confiscasen su herramienta de trabajo. Aquella injusticia que, en menor o mayor medida, las poblaciones de la regi&oacute;n han sufrido bajo reg&iacute;menes autoritarios desde hace d&eacute;cadas, provoc&oacute; una sacudida de movilizaciones en T&uacute;nez, que enseguida se extendi&oacute; a Egipto, a otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n y, con distintos ecos, al resto del mundo. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de ese estallido revolucionario, &iquest;en qu&eacute; punto se encuentra la regi&oacute;n y qu&eacute; nos han dejado estos procesos revolucionarios?
    </p><h3 class="article-text">Tres grandes escenarios</h3><p class="article-text">
        Si nos acercamos a la situaci&oacute;n actual de los pa&iacute;ses que en 2011 protagonizaron los levantamientos populares, nos encontramos, a grandes rasgos, ante tres tipos de escenarios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Procesos de transici&oacute;n democr&aacute;tica</strong>. En su b&uacute;squeda de cauces de mayor justicia social, una de las formas de canalizar el descontento pasaba por iniciar procesos de transici&oacute;n democr&aacute;tica. En la actualidad, solo T&uacute;nez ha logrado avanzar en ese proceso tras la ca&iacute;da de Ben Ali, aunque en la actualidad esa transici&oacute;n pasa por momentos muy dif&iacute;ciles. Seg&uacute;n el periodista afincado en T&uacute;nez Javier Mart&iacute;n, la transici&oacute;n pol&iacute;tica exitosa que vivi&oacute; el pa&iacute;s &ldquo;ahora se tambalea por la irrupci&oacute;n del movimiento neo-benalista y por una econom&iacute;a en crisis que adolece de las mismas cuestiones que desencadenaron las protestas en 2011&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Retorno del </strong><em><strong>statu quo</strong></em>. Otro de los escenarios que se ha impuesto en la regi&oacute;n es el del regreso de fuerzas reaccionarias que se impusieron a las ansias revolucionarias. Es el caso de Egipto, donde la dictadura de Mubarak dio paso, despu&eacute;s de unos meses de gobierno de la Hermandad Musulmana, al golpe de estado del general Sisi, con un aumento de la represi&oacute;n, la censura y el control de la ciudadan&iacute;a que hoy no tiene nada que envidiar al de Mubarak. En este contexto, Europa contin&uacute;a siendo uno de los principales inversores y socios comerciales del pa&iacute;s, y los lazos con el estado egipcio en torno a cuestiones tan estrat&eacute;gicas como el gas y las migraciones se han reforzado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Guerra abierta</strong>. Es el caso de Siria, Libia o Yemen, cuyo tejido social, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y pr&aacute;cticamente todas sus infraestructuras han quedado destruidas. En estos contextos, los levantamientos leg&iacute;timos contra dictaduras que gobernaron con pu&ntilde;o de hierro durante d&eacute;cadas quedaron aplastados bajo el peso de la reacci&oacute;n brutal de las propias dictaduras y de potencias como Rusia, Estados Unidos, Ir&aacute;n o Arabia Saud&iacute;, que avanzaban sus intereses a costa de las tensiones populares. Seg&uacute;n el periodista liban&eacute;s Joey Ayoub, &ldquo;la deriva actual de estos pa&iacute;ses es una muestra del poder devastador de la alianza entre gobiernos autoritarios e injerencias geopol&iacute;ticas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s<strong> impunidad </strong></h3><p class="article-text">
        Los distintos escenarios dibujan una panor&aacute;mica regional en la que los abusos y las violaciones de derechos humanos no dejan de aumentar. En estos diez a&ntilde;os se ha multiplicado el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas civiles en los conflictos de la regi&oacute;n, con cifras que, en casos extremos como el sirio, son tan altas que incluso las Naciones Unidas se han declarado <a href="http://america.aljazeera.com/articles/2014/1/7/un-abandons-deathcountinsyria.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">incapaces de seguir el recuento</a>.
    </p><p class="article-text">
        Michelle Bachelet, alta comisionada de derechos humanos de la ONU, dijo en julio de 2019 que <a href="https://ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=24851&amp;LangID=E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los bombardeos en Siria est&aacute;n siendo ignorados</a>. Tambi&eacute;n en Yemen la poblaci&oacute;n sufre desde hace a&ntilde;os bombardeos indiscriminados, que se han recrudecido en las &uacute;ltimas semanas, <a href="https://www.msf.es/actualidad/yemen/una-pesadilla-que-se-repite-victimas-civiles-ataques-indiscriminados-la-linea" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como denuncia M&eacute;dicos sin Fronteras</a>. Seg&uacute;n <a href="https://news.un.org/es/story/2019/05/1456531" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Naciones Unidas</a>, en la actualidad los civiles conforman &ldquo;la vasta mayor&iacute;a de las v&iacute;ctimas en los conflictos&rdquo; y el &ldquo;90% de los abatidos o lesionados por armas explosivas utilizadas en &aacute;reas pobladas en todos los conflictos del momento eran civiles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este per&iacute;odo ha aumentado la represi&oacute;n de manifestantes, periodistas y defensores/as de derechos humanos en contextos tan autoritarios como el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/egipto-mubarak-represion-legitimidad-internacional_1_1052571.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Egipto de Sisi</a>, la <a href="https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/prision-siria-de-saydnaya-un-matadero-humano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Siria de Asad</a> o el <a href="https://www.hrw.org/news/2019/01/17/bahrain-unabated-repression" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bahr&eacute;in de los Jalifa</a>. Las bombardeos para reprimir focos de insurrecci&oacute;n se han cebado con <a href="https://tcf.org/content/report/un-made-list-hospitals-syria-now-theyre-bombed/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hospitales</a>, escuelas y <a href="https://www.msf.es/conocenos/proyectos/siria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otras infraestructuras civiles</a>, y han llegado a emplearse <a href="http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/SalaDePrensa/Comunicados/Paginas/2020_COMUNICADOS/20200414_COMU030.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">armas qu&iacute;micas contra n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n civil</a>. La lista de abusos es interminable y apunta a un retroceso en los mecanismos de protecci&oacute;n de la poblaci&oacute;n civil, en l&iacute;nea con la represi&oacute;n de los levantamientos populares y la impunidad de que han gozado estos abusos.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2011, durante un encuentro con responsables del Parlamento Europeo en el que <a href="https://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/eu-affairs/20111021STO30027/la-primavera-arabe-gana-el-premio-sajarov-2011" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se homenajeaba a activistas de la Primavera &aacute;rabe</a>, una de las responsables del acto nos confes&oacute; a quienes hab&iacute;amos acudido que Europa hab&iacute;a cometido el error de estrechar lazos con dictaduras que reprim&iacute;an a sus poblaciones, y que de estos procesos las democracias europeas deb&iacute;an aprender la importancia de no legitimar a gobiernos autoritarios. Recuerdo que insisti&oacute; en la err&oacute;nea idea de &ldquo;seguridad&rdquo; que supon&iacute;a aceptar la &ldquo;paz militar&rdquo; que imponen estas dictaduras y en la necesidad de trabajar en una seguridad que parta del respeto de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, vemos que los gobiernos autoritarios de la regi&oacute;n contin&uacute;an contando con el respaldo de aliados como la Uni&oacute;n Europea, un respaldo que les da alas para continuar sus abusos y dificulta que puedan darse procesos de rendici&oacute;n de cuentas. As&iacute; lo recalcaban en <a href="https://www.eldiario.es/internacional/egipto-mubarak-represion-legitimidad-internacional_1_1052571.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista con elDiario.ese</a> Ahmad Abdallah, de la comisi&oacute;n egipcia de Derechos y Libertades, y Luc&iacute;a Alonso P&eacute;rez, de Euromed Rights, que alertaban de que hab&iacute;a en Egipto m&aacute;s de 150.000 presos pol&iacute;ticos dispersos en 60 c&aacute;rceles, una cifra que no ha dejado de aumentar en el contexto actual de pandemia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La presi&oacute;n internacional, si se toma en serio, es efectiva&rdquo;, insist&iacute;a Abdallah, a la vez que lamentaba la escasa presi&oacute;n a la que se ve sometido el r&eacute;gimen de Sisi en su cruzada contra activistas y defensores/as de derechos humanos. La efectividad de la presi&oacute;n internacional como garante de los derechos humanos, y lo peligroso de no ejercerla, es otra de las lecciones que nos dejan las Primaveras &Aacute;rabes.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Los resultados</strong></h3><p class="article-text">
        En este contexto de violencia e impunidad, es tentador volver la vista atr&aacute;s y recordar con nostalgia los contextos pre-2011. &ldquo;&iquest;No era mejor una dictadura, por terrible que fuese, que este caos?&rdquo;, nos preguntan a menudo a quienes seguimos de cerca los procesos en la regi&oacute;n. Y, sin embargo, se trata de una pregunta trampa que lleva a avalar la legitimidad o ilegitimidad de un proceso en funci&oacute;n de sus resultados.
    </p><p class="article-text">
        Pocas luchas y reivindicaciones populares resistir&iacute;an el escrutinio de una valoraci&oacute;n basada s&oacute;lo en sus resultados. As&iacute; se refer&iacute;a el escritor Albert Camus a un contexto que vivi&oacute; de cerca y que no por ser derrotado militarmente dej&oacute; de ser leg&iacute;timo: &ldquo;Fue en Espa&ntilde;a donde mi generaci&oacute;n aprendi&oacute; que se puede tener raz&oacute;n y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa&rdquo;. Esta misma conclusi&oacute;n podr&iacute;a extraer toda una generaci&oacute;n del sur del Mediterr&aacute;neo, que ha visto sus luchas derrotadas militarmente sin que eso anule la legitimidad de las reivindicaciones de libertad, justicia y dignidad que llevaron a millones de personas a las calles hipermilitarizadas de sus pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Rocco Rossetti, editor del libro <a href="http://www.rutaediciones.com/principio-de-una-revolucion-humana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">De Egipto a Siria: Un principio de una revoluci&oacute;n humana</a>, en conversaci&oacute;n con elDiario.es, las revoluciones de 2011 han sido derrotadas, pero no las ideas que la inspiraron porque &ldquo;esas fuerzas contrarrevolucionarias que son Asad, Sisi o Putin no tienen otra legitimidad que su dominio militar, es decir no han podido ni encauzar ni reemplazar los ideales revolucionarios&rdquo;. Sostiene Rossetti que los movimientos de 2011, en sus expresiones m&aacute;s avanzadas, ten&iacute;an un contenido revolucionario que iba a la ra&iacute;z de cuestiones que conciernen a la vida y las relaciones de las comunidades y reivindicaban valores profundamente humanos y universales en una regi&oacute;n que se ha representado como movida por pulsiones sectarias e identitarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por eso las exigencias de 2011 no es que no tengan ya validez ni vigencia, es que la tienen m&aacute;s que nunca. La represi&oacute;n que ha sufrido la gente de estos pa&iacute;ses demuestra hasta qu&eacute; punto era leg&iacute;timo su deseo de cambio&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La represi&oacute;n no ha funcionado</strong></h3><p class="article-text">
        Si la pobreza, la falta de oportunidades y las ansias de libertad fueron el caldo de cultivo de las movilizaciones en T&uacute;nez, Egipto, Siria y el resto de la regi&oacute;n, el hecho de que esas condiciones se mantengan, o sean hoy m&aacute;s extremas si cabe, hacen a&uacute;n m&aacute;s relevantes las reivindicaciones de 2011. Pese al aumento de la represi&oacute;n y la impunidad, la dif&iacute;cil situaci&oacute;n que atraviesan poblaciones como las de Libia, Yemen o Siria no ha tenido el efecto disuasorio que los reg&iacute;menes de los pa&iacute;ses vecinos esperaban.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La consigna m&aacute;s repetida por las autoridades durante las movilizaciones en Sud&aacute;n entre 2018 y 2019 fue la de <em>Tened cuidado si no quer&eacute;is acabar como Libia o Siria</em>&rdquo;, se&ntilde;ala Ahmed, activista local sudan&eacute;s que nos pide que no desvelemos su apellido. Este ha sido el mantra que han enarbolado las dictaduras de la regi&oacute;n para advertir contra potenciales cuestionamientos de sus pol&iacute;ticas, asumiendo que la devastaci&oacute;n sufrida en los pa&iacute;ses vecinos ser&iacute;a ejemplarizante para sus poblaciones. Sin embargo, a&ntilde;os despu&eacute;s de los procesos de 2011, continuaron sum&aacute;ndose nuevos pa&iacute;ses a la ola de protestas que canalizaban un descontento social de ra&iacute;ces profundas.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s recientes, Argelia y Sud&aacute;n, donde millones de personas se manifestaron desde finales de 2018 contra unos reg&iacute;menes con fuerte presencia militar. Tambi&eacute;n L&iacute;bano e Irak, donde el estallido popular se centr&oacute; en los sistemas corruptos y sectarios de distribuci&oacute;n del poder y los recursos. Ni la destrucci&oacute;n de los pa&iacute;ses vecinos logr&oacute; extinguir la mecha del descontento social de esta regi&oacute;n maltratada, en lo que pueden considerarse ecos o rebrotes de esa oleada revolucionaria de 2011.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el periodista liban&eacute;s Kareem Chehayeb, &ldquo;los procesos de la regi&oacute;n son eso: procesos, y es simplista darlos por vivos, muertos o enterrados&rdquo;. Se&ntilde;ala Chehayeb el ejemplo de L&iacute;bano, &ldquo;un contexto terriblemente complejo donde vivimos un proceso de cuestionamiento del sistema sectario actual, que no se ha detenido pese al <a href="https://www.eldiario.es/internacional/enorme-explosion-origen-desconocido-deja-sentir-beirut_1_6147482.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estallido en el puerto de Beirut</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es importante salir de esta l&oacute;gica de fracasos y victorias absolutas y simplistas y reconocer los matices&rdquo;, recalca. &ldquo;Los avances que se est&aacute;n desarrollando con tantas dificultades y en contextos tan corruptos son m&aacute;s importantes que nunca, igual que el hecho de que ni toda la represi&oacute;n del mundo ha logrado anular las aspiraciones de una vida digna&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leila Nachawati]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-diez-anos-despues_129_6515872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Dec 2020 22:05:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/56a86a4c-f6e7-40c1-a42e-9834bae2d325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="434249" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/56a86a4c-f6e7-40c1-a42e-9834bae2d325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="434249" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La primavera árabe diez años después: decepciones, represión y un proceso que continúa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/56a86a4c-f6e7-40c1-a42e-9834bae2d325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera árabe, ¿una década perdida?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-decada-perdida_129_6508673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5650f366-cb9d-40b3-b758-5db792da529a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primavera árabe, ¿una década perdida?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El balance político general de estos 10 años ha sido negativo, pero las protestas ciudadanas fueron un paso en un largo camino que ha mostrado algunos resultados positivos en Irak o Líbano</p><p class="subtitle">Los dictadores de la primavera árabe, 10 años después: derrocados, asesinados o aún en el poder</p></div><p class="article-text">
        La fuerza de los hechos, cuando se cumplen exactamente diez a&ntilde;os de la inmolaci&oacute;n de Mohamed Bouazizi ante una comisar&iacute;a de la ciudad tunecina de Sidi Bouzid, no parece invitar a la celebraci&oacute;n festiva de lo que en su d&iacute;a se denomin&oacute;, quiz&aacute; con demasiada premura, &ldquo;primavera &aacute;rabe&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Fue, desde luego, un sugerente recurso medi&aacute;tico para atraer la atenci&oacute;n sobre una sucesi&oacute;n de movilizaciones ciudadanas en diferentes pa&iacute;ses como muestra del hartazgo con unos reg&iacute;menes pol&iacute;ticos escasamente sensibles a las demandas de dignidad, libertad y trabajo que reclamaban unas sociedades j&oacute;venes y sin futuro a la vista. Muy pronto se hizo evidente que esa expresi&oacute;n no reflejaba lo que realmente ocurri&oacute;, hasta el punto de que hay quien habla, por contraposici&oacute;n, de un &ldquo;invierno &aacute;rabe&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una mayor&iacute;a sin cambios</h3><p class="article-text">
        Es un hecho que solo en cuatro (T&uacute;nez, Egipto, Libia y Yemen) de los 22 pa&iacute;ses &aacute;rabes se produjo la ca&iacute;da del dictador de turno. Una buena noticia que, en cualquier caso, indica que en los otros 18 ni siquiera se ha llegado a ese punto, a pesar de que en muchos de ellos se registre un similar deterioro socioecon&oacute;mico, pol&iacute;tico y de seguridad. Aunque Sud&aacute;n y Argelia se han a&ntilde;adido m&aacute;s recientemente a ese reducido grupo, mientras el genocida r&eacute;gimen sirio de Bashar el Asad parece hoy respirar m&aacute;s aliviado, siguen siendo mayor&iacute;a los pa&iacute;ses &aacute;rabes sin cambios estructurales en unos sistemas de gobierno crecientemente deslegitimados.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, un m&iacute;nimo repaso a la evoluci&oacute;n seguida por los ya citados refuerza la percepci&oacute;n de que el balance de la d&eacute;cada es netamente negativo. As&iacute;, nos encontramos con Yemen y Libia convertidos en dos Estados fallidos, en los que cualquier atisbo de bienestar y seguridad es una enso&ntilde;aci&oacute;n irreal. 
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, en Egipto, tras un m&iacute;nimo periodo de esperanza, se ha consolidado un r&eacute;gimen golpista que no duda en reprimir violentamente cualquier disidencia; todo ello con las bendiciones occidentales, en un ejemplo m&aacute;s de defensa a ultranza del <em>statu quo</em>, aunque eso suponga abandonar a una sociedad civil que se alineaba con los valores y principios que occidente dice defender y, de paso, alimentar a&uacute;n m&aacute;s un sentimiento antioccidental que nace del apoyo a personajes como Abdelfatah al Sisi (<a href="http://www.guerraeterna.com/macron-decide-que-vender-armamento-a-sisi-es-mas-importante-que-los-derechos-humanos-en-egipto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Legi&oacute;n de Honor francesa, incluida</a>) y tantos otros. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Sud&aacute;n genera a&uacute;n muchas incertidumbres con un <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/sudan-da-primeros-pasos-romper-leyes-machistas-regimen-omar-bashir-gracias-gloriosa-revolucion_1_6109157.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proceso de transici&oacute;n en el que los militares retienen demasiado pode</a>r, y lo mismo ocurre en Argelia, con una f&eacute;rrea resistencia de los uniformados y sus colaboradores a ceder en sus privilegios. En definitiva, T&uacute;nez es el &uacute;nico caso en el que no solo se ha producido un mero cambio de cara, sino que est&aacute; viviendo un cambio de modelo pol&iacute;tico con mejoras democr&aacute;ticas.
    </p><h3 class="article-text">El camino recorrido</h3><p class="article-text">
        Frente a esa insatisfactoria imagen muchos aceptar&aacute;n la peregrina idea de que hay pueblos que no est&aacute;n preparados para la democracia y que gustan de estar sometidos por gobernantes autoritarios. Pero tambi&eacute;n cabe valorar el camino recorrido desde otro enfoque, empezando por recordar que ni las m&aacute;s s&oacute;lidas democracias del planeta hoy en d&iacute;a lograron ese objetivo de una sola tacada. 
    </p><p class="article-text">
        Las movilizaciones fueron espont&aacute;neas (no prefabricadas en ning&uacute;n laboratorio pol&iacute;tico, sino nacidas del malestar ciudadano), pac&iacute;ficas (la violencia ha surgido siempre de los reg&iacute;menes interesados en reprimir cualquier cr&iacute;tica), j&oacute;venes (como no puede ser menos en unas sociedades en las que la edad media est&aacute; en torno a los 26 a&ntilde;os) y muy alejadas de las proclamas yihadistas (de hecho son, en s&iacute; mismas, el reconocimiento del fracaso de Al Qaeda y D&aacute;esh, que no han logrado derribar a ning&uacute;n dirigente). 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, con perspectiva hist&oacute;rica, se debe entender como un paso m&aacute;s de una senda que necesariamente apunta a un cambio que permita una vida digna al conjunto de los m&aacute;s de 400 millones &aacute;rabes. Sirva el ejemplo diario, sin tanta atenci&oacute;n medi&aacute;tica, de libaneses e iraqu&iacute;es como una se&ntilde;al clara de que el proceso no se ha detenido.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, no puede darse por hecho que basta con esa movilizaci&oacute;n para lograr el objetivo perseguido. En realidad, hoy los que se mueven a favor del cambio son la parte m&aacute;s d&eacute;bil de una ecuaci&oacute;n en la que pesan a la contra dos importantes factores. 
    </p><p class="article-text">
        El primero se concreta en un poderoso movimiento contrarrevolucionario liderado por Arabia Saud&iacute; y EAU, pero al que tambi&eacute;n se apuntan los gobernantes de Egipto, Siria y muchos otros pa&iacute;ses. Este movimiento suma fuerzas para frenar cualquier deriva que pueda desestabilizar su posici&oacute;n dominante. Gobernantes que no tienen reparos en reprimir violentamente a sus cr&iacute;ticos y disidentes, violar sistem&aacute;ticamente sus derechos b&aacute;sicos y censurar los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo se&ntilde;ala a los gobiernos occidentales que, como m&iacute;nimo, asisten pasivamente a ese c&uacute;mulo de desprop&oacute;sitos o incluso apoyan activamente a quienes han sido sus aliados tradicionales, percibi&eacute;ndolos en todo caso como un mal menor, creyendo equivocadamente que siguen siendo &uacute;tiles para bloquear cambios que aborrecen, como el que pueda permitir la llegada al poder del interesadamente demonizado islamismo pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Atrapadas en un esquema que ya no da m&aacute;s de s&iacute;, las potencias occidentales siguen apostando hoy por algunos socios y aliados escasamente presentables que van en contra de sus propias poblaciones. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús A. Núñez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/primavera-arabe-decada-perdida_129_6508673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Dec 2020 21:49:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5650f366-cb9d-40b3-b758-5db792da529a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="110501" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5650f366-cb9d-40b3-b758-5db792da529a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="110501" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Primavera árabe, ¿una década perdida?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5650f366-cb9d-40b3-b758-5db792da529a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Un diván en Túnez': psicoanálisis para entender las contradicciones de la Primavera Árabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/divan-tunez-psicoanalisis-entender-contradicciones-primavera-arabe_1_6215284.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d51ff1e2-0b98-4110-ae5c-80460173b0d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Un diván en Túnez&#039;: psicoanálisis para entender las contradicciones de la Primavera Árabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La realizadora Manele Labidi estrena su primer largometraje: una historia bienintencionada sobre el desarraigo y las contradicciones actuales de la sociedad tunecina</p></div><p class="article-text">
        Selma Derwich dej&oacute; T&uacute;nez siendo una adolescente. Estudi&oacute; psicolog&iacute;a en Par&iacute;s y se plante&oacute; abrir una peque&ntilde;a consulta en la inmensa ciudad. Pero en la misma calle en la que viv&iacute;a hab&iacute;a muchas m&aacute;s, y ella no era nadie.La ciudad de la luz la ilumin&oacute; tanto que tuvo que taparse los ojos para protegerse. Hasta que un d&iacute;a decidi&oacute; volver a su tierra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el T&uacute;nez del que se fue no es el mismo T&uacute;nez que la recibe. La Primavera &Aacute;rabe y la Revoluci&oacute;n de los jazmines que precipit&oacute; el derrocamiento de Ben Al&iacute;, han dejado un panorama muy distinto. Un joven estado de derecho lleno de contradicciones y pr&aacute;cticas autoritarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; Selma decide montar su consulta. Y para su sorpresa y la de sus vecinos, que desconf&iacute;an de su trabajo, empieza a tener un &eacute;xito inesperado. Por el sof&aacute; en el que trata a sus pacientes pasan los miedos y las inquietudes del T&uacute;nez contempor&aacute;neo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="643" height="362" src="https://www.youtube.com/embed/4W83iAiPFXE" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Miedos y man&iacute;as en el T&uacute;nez de hoy</h3><p class="article-text">
        Manele Labidi Labb&eacute; apuesta en su puesta de largo por un filme que no esconde en ning&uacute;n momento sus buenas intenciones. Que se viste de <em>feel good movie</em> y apunta a comedia francesa protot&iacute;pica y exportable, con un a&ntilde;adido de exotismo para el espectador europeo. De hecho, el filme compiti&oacute; en la Secci&oacute;n Oficial de la Seminci y se llev&oacute; el Premio del P&uacute;blico en las Giornate degli Autori de la &uacute;ltima Mostra de Venecia.
    </p><p class="article-text">
        Pero pronto demuestra la inteligencia suficiente para encontrar su propio lugar entre la marabunta de &lsquo;comedias francesas del a&ntilde;o&rsquo; &mdash;parece que todas las que llegan a nuestros cines son ya &lsquo;la comedia del a&ntilde;o en Francia&rsquo; y el espectador empieza a estar cansado, comprensivamente&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A medida que los pacientes de Selma adoptan formas narrativas de peso, Labidi construye un interesante discurso moderadamente cr&iacute;tico sobre las inquietudes pol&iacute;ticas de la sociedad tunecina post-primavera &aacute;rabe. <em>Un div&aacute;n en T&uacute;nez </em>es un collage de miedos, de viejas actitudes aprehendidas, de nuevas formas de comprender el lugar que ocupa cada uno en una sociedad que pretende ser democr&aacute;tica y moderna pero no sabe c&oacute;mo serlo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d7fef8ec-34e1-431f-bfe6-cb5fe0fb8787_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La tía de Selma busca desesperada a su hija, expulsada del instituto y escondida detrás del sofá de la consulta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La tía de Selma busca desesperada a su hija, expulsada del instituto y escondida detrás del sofá de la consulta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La posici&oacute;n de la mujer en la nueva T&uacute;nez, por ejemplo, se aborda a trav&eacute;s de varios personajes. La prima de Selma es una joven expulsada de su instituto por mostrar sus pechos cual integrante de Pussy Riot en protesta por la actitud machista de su profesor de educaci&oacute;n f&iacute;sica. La peluquera del barrio intenta comprender la estricta educaci&oacute;n que le dio su madre mientras se abre a la modernidad parisina que, intuye, debe de destilar Selma. Y la misma joven psic&oacute;loga protagonista se debate entre su desarraigo para con la tierra en la que ha decidido establecerse, y su inoperante hast&iacute;o debido a las terriblemente lentas y complejas instituciones burocr&aacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asoma tambi&eacute;n el drama de varios personajes masculinos que buscan su lugar enfrentando el alcoholismo y la paulatina p&eacute;rdida de privilegios como figura central de la familia nuclear. Tambi&eacute;n la comunidad LGTBI, que busca el respeto y la aceptaci&oacute;n de quienes les rodean, a pesar de que lo haga con un personaje en exceso caricaturizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Labidi se atreve incluso con la religi&oacute;n y sus estrechez de miras, que toman forma en el personaje de un im&aacute;n declarado<em> persona non grata</em> por la comunidad religiosa. Y ni siquiera evita la s&aacute;tira pol&iacute;tica, a trav&eacute;s de un personaje obsesionado con el fantasma del Mossad, el servicio de inteligencia israel&iacute;. Una demostraci&oacute;n, t&iacute;mida aunque fuere, de que hay heridas a&uacute;n abiertas tras la Operaci&oacute;n Pata de Palo y otras tantas huellas de la presencia israel&iacute; m&aacute;s all&aacute; de oriente medio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/99e78c99-a8b1-4eeb-827f-ac52b21778e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Raouf (Hichem Yacoubi) es uno de los pacientes de Selma en &#039;Un diván en Túnez&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Raouf (Hichem Yacoubi) es uno de los pacientes de Selma en &#039;Un diván en Túnez&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Una mirada compasiva</h3><p class="article-text">
        La realizadora Manele Labidi Labb&eacute; debut&oacute; en el cine con el cortometraje <em>Une chambre &agrave; moi</em>, en clara consonancia con la celeb&eacute;rrima obra de Virginia Woolf <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>. En ella, una madre hastiada se encierra en su casa y se decide a tomar medidas para superar el tedio y la falta de inspiraci&oacute;n que se ha instalado en su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo le ocurre al personaje protagonista de su primer largometraje. Selma, interpretada por una Golshifteh Farahani que pr&aacute;cticamente sostiene el filme al completo, busca una soluci&oacute;n a su situaci&oacute;n vital. Y se convence a s&iacute; misma de que lla soluci&oacute;n est&aacute; en su pa&iacute;s porque all&iacute; ser&aacute; m&aacute;s &uacute;til que en Par&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero a la incomprensi&oacute;n de los dem&aacute;s sobre su trabajo, se suma a su constante b&uacute;squeda de una raz&oacute;n &uacute;ltima que justifique lo que hace. Su independencia, arma de doble filo utilizada tambi&eacute;n por quienes la critican, es tambi&eacute;n su &uacute;nica forma de entenderse y establecer relaciones con los dem&aacute;s. Pero confiar en ella en exceso hace que se sienta siempre desarraigada.
    </p><p class="article-text">
        El gran hallazgo de Manele Labidi es utilizar una mirada compasiva y abierta al di&aacute;logo para con los problemas del T&uacute;nez actual. Y gracias a la actuaci&oacute;n de Golshifteh Farahani, a quien muchos recordar&aacute;n por su personaje en <em>Paterson</em> o en la gran <em>A prop&oacute;sito de Elly</em> de Asghar Farhadi, todo cobra un cariz humano palpable. Un car&aacute;cter propio entre la desaz&oacute;n vital y las ansias de cambio.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un div&aacute;n en T&uacute;nez</em> se resuelve, gracias al trabajo de realizadora y actriz, como una comedia amable que, sin embargo, no pierde fuelle en su retrato de una sociedad profundamente contradictoria. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3fe1c169-f914-4cc4-ab1d-c2485f0d2966_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Raouf (Hichem Yacoubi) en la consulta de Selma (Golshifteh Farahani)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Raouf (Hichem Yacoubi) en la consulta de Selma (Golshifteh Farahani)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Miró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/divan-tunez-psicoanalisis-entender-contradicciones-primavera-arabe_1_6215284.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2020 20:08:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d51ff1e2-0b98-4110-ae5c-80460173b0d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="413355" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d51ff1e2-0b98-4110-ae5c-80460173b0d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="413355" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Un diván en Túnez': psicoanálisis para entender las contradicciones de la Primavera Árabe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d51ff1e2-0b98-4110-ae5c-80460173b0d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Estrenos,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós a la joven heroína de la 'Revolución de los jazmines' que derrocó a Ben Alí en Túnez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/adios-revolucion-tunecina-ben-ali_1_1057684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ee1c676-9206-458f-a0be-ee6e760d8f5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós a la joven heroína de la &#039;Revolución de los jazmines&#039; que derrocó a Ben Alí en Túnez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La bloguera y activista tunecina Lina Ben Mhenni ha fallecido este lunes a los 36 años a causa de una larga enfermedad</p><p class="subtitle">Su blog sirvió de altavoz a los manifestantes que salieron a la calle contra el régimen de Ben Alí en 2011, detonante de la llamada 'Primavera árabe'</p><p class="subtitle">"Es un símbolo de la revolución tunecina, es la cara luminosa de esta Túnez nueva que aglutina a los jóvenes ambiciosos y talentosos que no aceptan la injusticia"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Somos un pueblo &ndash;T&uacute;nez&ndash; que no aprende de su pasado y no memoriza las lecciones de la historia, como si fu&eacute;ramos personas de corta duraci&oacute;n, o me permito decir que no hay memoria&rdquo;. En su &uacute;ltimo mensaje este domingo, Lina Ben Mhenni se dirig&iacute;a a los pol&iacute;ticos tunecinos, que a&uacute;n no han logrado aprobar un gobierno cuatro meses despu&eacute;s de la elecci&oacute;n del presidente Kais Saad. La activista volv&iacute;a a centrarse en la corrupci&oacute;n, la represi&oacute;n y la violencia, lo mismo que ven&iacute;a denunciando en los &uacute;ltimos meses.
    </p><p class="article-text">
        Pocas horas despu&eacute;s, fallec&iacute;a tras una larga enfermedad que se hab&iacute;a agudizado en las &uacute;ltimas semanas. Ten&iacute;a 36 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje figura en la &uacute;ltima entrada de su <a href="http://atunisiangirl.blogspot.com/2020/01/blog-post_26.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">blog </a><a href="http://atunisiangirl.blogspot.com/2020/01/blog-post_26.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una ni&ntilde;a tunecina</em></a>, desde donde, una vez m&aacute;s, lanzaba una llamada de atenci&oacute;n a los dirigentes pol&iacute;ticos del pa&iacute;s. Fue en esa misma bit&aacute;cora en &aacute;rabe, franc&eacute;s e ingl&eacute;s, donde Lina Ben Mhenni comenz&oacute; su denuncia y su activismo contra el r&eacute;gimen del entonces presidente Zine El Abidine Ben Al&iacute;, que censur&oacute; su blog y cerr&oacute; sus cuentas en redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, poco despu&eacute;s, en 2011, estall&oacute; la llamada 'Revoluci&oacute;n de los jazmines' en T&uacute;nez &ndash;detonante de la conocida como 'Primavera &Aacute;rabe'&ndash; y la bloguera se convirti&oacute; en una de sus hero&iacute;nas. Informaba desde el centro del pa&iacute;s de las multitudinarias manifestaciones contra el dirigente, compart&iacute;a las im&aacute;genes de las operaciones de la Polic&iacute;a, de los heridos y los muertos. Tambi&eacute;n difundi&oacute; las listas de las v&iacute;ctimas de ese estallido social, visit&oacute; los hospitales y dio voz a los familiares a trav&eacute;s de sus entrevistas.
    </p><p class="article-text">
        Ben Al&iacute; huy&oacute; como consecuencia de las revueltas populares, pero ella no dej&oacute; de luchar por la libertad en su pa&iacute;s, por los derechos civiles, por la igualdad. En lo privado, hac&iacute;a frente a su enfermedad. A Ben Mhenni le diagnosticaron lupus a los 11 a&ntilde;os y hab&iacute;a sido trasplantada de un ri&ntilde;&oacute;n. Su estado de salud se hab&iacute;a deteriorado en las &uacute;ltimas semanas. Pero ella segu&iacute;a respondiendo lo mismo hasta el &uacute;ltimo momento: &ldquo;Estoy en plena forma&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/134d7359-60d4-499a-b04f-2266e7c5cc28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La activista no hab&iacute;a votado jam&aacute;s hasta las &uacute;ltimas elecciones presidenciales. Tampoco una vez derrocado Ben Al&iacute;, porque no le convenc&iacute;a ninguna de las opciones pol&iacute;ticas. Pero, como muchos j&oacute;venes, ten&iacute;a puesta su esperanza en el nuevo presidente, Kais Saad, que prometi&oacute; emprender una campa&ntilde;a de lucha contra la corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n le preocupaba &ldquo;su faceta conservadora con un posicionamiento retrogrado en cuanto a las libertades individuales&rdquo;. <a href="https://play.cadenaser.com/audio/001RD010000005853195/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En una entrevista reciente con la Cadena SER</a>, describ&iacute;a al l&iacute;der pol&iacute;tico como &ldquo;un profesor universitario que nosotros hemos conocido en la Plaza Al-Kashah [uno de los epicentros de las protestas], que estaba cerca de los revolucionarios, que particip&oacute; en algunas manifestaciones, en algunos movimientos revolucionarios notablemente contra el r&eacute;gimen de la troica [gobierno de coalici&oacute;n formado tras la ca&iacute;da de Ben Al&iacute;] en el pasado y que ha sabido escuchar a los j&oacute;venes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sobre todo no ha hecho promesas&rdquo;, remarcaba entonces Lina Ben Mhenni, siempre honesta y directa. La tambi&eacute;n profesora de la Universidad de T&uacute;nez acudi&oacute; a aquella conversaci&oacute;n acompa&ntilde;ada de su padre porque ya no pod&iacute;a conducir. Hab&iacute;a despistado a los escoltas que le puso el ministerio de Interior por los riesgos de sufrir un atentado, seg&uacute;n explic&oacute;. &ldquo;Normalmente los tengo que llamar media hora antes&hellip; pero hoy no los avis&eacute;&rdquo;, asegur&oacute; con esa sonrisa que le caracterizaba.
    </p><h3 class="article-text">Distribuy&oacute; 30.000 libros por las c&aacute;rceles tunecinas</h3><p class="article-text">
        A pesar de su enfermedad, que llevaba en la m&aacute;s estricta intimidad, Lina Ben Mhenni siempre destilaba energ&iacute;a. La volcaba en varios proyectos. Una de sus &uacute;ltimas apariciones p&uacute;blicas fue el 18 de enero en el Festival de Literatura de las mujeres &aacute;rabes en la antigua medina de T&uacute;nez. All&iacute; dio las gracias al apoyo y las muestras de cari&ntilde;o recibidas durante un ingreso reciente en el hospital.
    </p><p class="article-text">
        La lucha le ven&iacute;a de familia. Su padre, Sadok Ben Mhenni, miembro del movimiento &lsquo;Perspectivas tunecinas&rsquo; y cofundador de la oficina de Amnist&iacute;a Internacional de T&uacute;nez, es un exdetenido pol&iacute;tico que ha trabajado codo con codo con su hija para montar bibliotecas en las prisiones en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ella misma recordaba con orgullo recientemente que ya hab&iacute;an llevado &ldquo;30.000 libros por todas las c&aacute;rceles tunecinas&rdquo;. Su madre, Emna Ben Ghorbal, la acompa&ntilde;&oacute; en cada manifestaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ambos han informado en un breve comunicado que este martes se va a celebrar &ldquo;un funeral nacional popular para que se re&uacute;nan todas las fuerzas democr&aacute;ticas y progresistas tunecinas e internacionales y todos los que han acompa&ntilde;ado a Lina en su defensa de los derechos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;S&iacute;mbolo de la revoluci&oacute;n y cara luminosa de T&uacute;nez&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Omar Jlassi fue su alumno en 2013. Le imparti&oacute; la asignatura &lsquo;Civilizaci&oacute;n y literatura inglesa&rsquo; en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de T&uacute;nez (FSHST). &ldquo;Siempre se dedic&oacute; a mejorar las condiciones de vida de cada ciudadano y de garantizar la protecci&oacute;n de sus derechos independientemente de sus condiciones&rdquo;, explica a eldiario.es. Por esta raz&oacute;n, considera que &ldquo;tal vez no tuvo los reconocimientos que se merec&iacute;a en vida, pero su vela nunca se apagar&aacute;&rdquo;. Este joven la define como una &ldquo;profesora y persona generosa&rdquo; y recuerda que &ldquo;su puerta siempre estaba abierta para ayudarnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros del caf&eacute; Teatro en el centro de T&uacute;nez, un local alternativo donde los j&oacute;venes alargan el t&eacute; entre ordenadores y cascos, una mujer de la edad de Lina Ben Mhenni, tambi&eacute;n profesora en la universidad, no encuentra palabras para explicar &ldquo;la gran p&eacute;rdida y tristeza&rdquo; que siente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No la conoc&iacute;a en persona, pero representa a la mujer tunecina y tambi&eacute;n a la joven generaci&oacute;n que sue&ntilde;a por una buena y mejor T&uacute;nez. Es parte de nosotros porque ella se expresaba como lo que una quisiera decir&rdquo;, confiesa a este medio antes de hacer una pausa. &ldquo;Adem&aacute;s, durante los &uacute;ltimos meses y los &uacute;ltimos d&iacute;as sufri&oacute; mucho&hellip; pero siempre estuvo dando buenas cosas, defendiendo a la gente y los derechos humanos&rdquo;, asegura sin poder contener las l&aacute;grimas. &ldquo;Ahora va a descansar en paz&rdquo;, agrega por su parte Jlassi.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e320adb1-1ccf-4f09-939d-b59d2299055b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Debajo de ese cuerpo peque&ntilde;o y delgado se escond&iacute;a una mujer con una fortaleza ilimitada que sacaba las garras para defender todos los rincones de la libertad. Pero su labor en defensa de los derechos humanos no conoc&iacute;a fronteras, por lo que sol&iacute;a relacionarse con defensores de otros pa&iacute;ses. &ldquo;Te has peleado hasta el final, por la libertad &ndash;las libertades&ndash; y contra la enfermedad. &iexcl;Y eso, con coraje y fuerza sin fisuras! Adi&oacute;s amiga&rdquo;, escrib&iacute;a en las redes pocas horas despu&eacute;s de su muerte la activista marroqu&iacute; Ibttisame Lachgar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era una figura emblem&aacute;tica de la lucha por la democracia, la libertad, la justicia social, la igualdad. Adem&aacute;s como persona, era muy amable, muy dulce&hellip; fue candidata al premio Nobel de la Paz -por su contribuci&oacute;n a la revoluci&oacute;n-&rdquo;, recuerda Ibttisame Lachgar, que la conoc&iacute;a desde 2011.
    </p><p class="article-text">
        El escritor y guionista tunecino Walid Soliman no pudo evitar las l&aacute;grimas al conocer la noticia de su muerte. &ldquo;Es un s&iacute;mbolo de la revoluci&oacute;n tunecina, es la cara luminosa de esta T&uacute;nez nueva que aglutina a los j&oacute;venes ambiciosos y talentosos que no aceptan la injusticia y que luchan por un pa&iacute;s mejor donde todos los ciudadanos son iguales delante de la ley y de las instituciones&rdquo;, lamenta a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Se encontraron por &uacute;ltima vez el 6 de enero en un debate sobre donaci&oacute;n de &oacute;rganos. &ldquo;Su testimonio fue muy emotivo. Trataba sobre su lucha contra la enfermedad y la dificultad de tener una enfermedad incurable en T&uacute;nez, porque se convierte en una discapacidad para la vida activa de la persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A pesar de su enfermedad siempre se ha dedicado a ayudar a los otros con mucha generosidad y abnegaci&oacute;n&rdquo;, apuntala Soliman.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/adios-revolucion-tunecina-ben-ali_1_1057684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jan 2020 20:21:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8ee1c676-9206-458f-a0be-ee6e760d8f5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="32273" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8ee1c676-9206-458f-a0be-ee6e760d8f5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="32273" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Adiós a la joven heroína de la 'Revolución de los jazmines' que derrocó a Ben Alí en Túnez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8ee1c676-9206-458f-a0be-ee6e760d8f5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Túnez,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Coletazos de la primavera árabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/coletazos-primavera-arabe_132_1186286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec5d1b5e-1273-4b5a-a08c-8ed269c48466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coletazos de la primavera árabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las revueltas en Oriente Próximo y el Magreb no ofrecen alternativas a las dictaduras ni soluciones a las demandas populares de libertad y justicia</p><p class="subtitle">Hay un vacío de liderazgo tanto en los regímenes como en la oposición</p><p class="subtitle">El islam político únicamente ha conseguido llegar al poder en Túnez</p><p class="subtitle">Europa parece más interesada en promover el negocio de la militarización que en una verdadera democracia</p></div><p class="article-text">
        Inducidos por el estallido de protestas populares en pa&iacute;ses como Sud&aacute;n, Argelia, Irak y L&iacute;bano, analistas y medios de comunicaci&oacute;n internacionales han comenzado a preguntarse si el mundo &aacute;rabe es escenario de una segunda <em>primavera revolucionaria</em>, similar a la que fascin&oacute; al mundo en el invierno de 2011. Observadas con detalle, estas revueltas no parecen, sin embargo, algo novedoso, sino m&aacute;s bien el &uacute;ltimo coletazo de aquel movimiento libertario y antisistema que sacudi&oacute; T&uacute;nez, Egipto, Libia, Siria y Yemen y con el que comparten errores, carencias y fiascos: principalmente, la ausencia de una alternativa pol&iacute;tica a las dictaduras capaz de ofrecer soluciones reales a demandas de libertad, derechos y justicia social. Es una alternativa igualmente inexistente frente a la ola contrarrevolucionaria lanzada desde potencias regionales como Arabia Saud&iacute;, que entendi&oacute; el ascenso del llamado islam pol&iacute;tico y de la democracia como un desaf&iacute;o medular a su propia existencia y a su influencia en la regi&oacute;n y opt&oacute; por financiar a las corrientes retr&oacute;gradas y represivas.
    </p><p class="article-text">
        Dejando aparte la <em>excepci&oacute;n tunecina</em>, el resultado de la Primavera &Aacute;rabe fue que la dictadura retorn&oacute; con m&aacute;s dureza en Egipto, que las guerras ensangrentaron Siria, Yemen y Libia, que se abri&oacute; una brecha total con el islam pol&iacute;tico fomentado desde Qatar y que movimientos de protesta en naciones como Argelia y Sud&aacute;n fueron asfixiados incluso antes de nacer. &ldquo;El desaf&iacute;o en el mundo &aacute;rabe de hoy es que el viejo orden, basado en el mecenazgo del petr&oacute;leo y la fuerza bruta, ha muerto. Y que el nuevo orden, cimentado en la buena gobernanza, el m&eacute;rito y la productividad, experimenta problemas para poder crearse&rdquo;, explica Marwan Muasher, vicepresidente del instituto de an&aacute;lisis Carnegie Endowment for International Peace, con sede en Washington. &ldquo;La prolongada represi&oacute;n de los gobiernos &aacute;rabes para impedir el desarrollo de instituciones inclusivas, democr&aacute;ticas y efectivas ha generado un vac&iacute;o de liderazgo tanto en el seno de los reg&iacute;menes como en el de la oposici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto se explican los movimientos de protesta surgidos este a&ntilde;o tanto en Argelia como en Sud&aacute;n, dos conflictos sociales en los que la prensa extranjera ha estado casi ausente y que siguen un patr&oacute;n casi calcado a lo ocurrido en Egipto hace algo m&aacute;s de un lustro. Como en la tierra del panarabismo, las protestas populares, nacidas de un sentimiento genuino de oprobio social, han sido aprovechadas por los ej&eacute;rcitos argelino y sudan&eacute;s para enmascarar sendos golpes de Estado incruentos urdidos desde las entra&ntilde;as de las propias dictaduras militares con el objetivo de sobrevivir a la sublevaci&oacute;n de un pueblo empobrecido y cansado tras d&eacute;cadas de plomo y miedo.
    </p><p class="article-text">
        Las protestas comenzaron de manera inesperada el 22 de febrero en Argelia, un pa&iacute;s donde hasta entonces la polic&iacute;a dispersaba a la fuerza cualquier tipo de concentraci&oacute;n en la calle. Ese d&iacute;a, sin embargo, decenas de j&oacute;venes, en su mayor&iacute;a ultras del f&uacute;tbol, marcharon por el centro de la capital sin que los temidos cuerpos de seguridad intervinieran y entre el pasmo de la poblaci&oacute;n, que les observaba alelada desde aceras y ventanas. A finales de abril, en pleno auge de las protestas, el general Ahmed Ga&iuml;d Salah, jefe del Ej&eacute;rcito y antiguo hombre de confianza del presidente Abdelaziz Bouteflika, forz&oacute; la ca&iacute;da de su mentor al mudar la l&iacute;nea pol&iacute;tica tradicional y sugerir la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n que permite destituir al mandatario por motivos de salud. Con Bouteflika fuera de escena, Ga&iuml;d Salah respald&oacute;, adem&aacute;s, una campa&ntilde;a de<em> manos limpias</em> que llev&oacute; a la c&aacute;rcel a decenas de oficiales, pol&iacute;ticos, empresarios y periodistas afines al clan del presidente, entre ellos al hermano del mandatario, Said, considerado el verdadero poder en la sombra, y al antiguo jefe de los servicios secretos, Mohamad Mediane <em>Tawfik</em>, su presunto sucesor. El jueves pasado se celebraron unas elecciones presidenciales -rechazadas por el clamor de la calle- con la victoria de Abdelmajid Tebboun, que fue primer ministro con Bouteflika. Miles de personas protestaron al d&iacute;a siguiente contra los resultados y reclamaron por cuadrag&eacute;simo tercer viernes una verdadera transici&oacute;n en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El nuevo L&iacute;bano</strong>
    </p><p class="article-text">
        Similar fue la sucesi&oacute;n de hechos en Sud&aacute;n, donde el Ej&eacute;rcito fue m&aacute;s veloz y no dud&oacute; en destituir a un Omar Hasan al Bachir en declive, desprestigiado tanto en el interior como en el exterior del pa&iacute;s, abandonado por sus aliados tradicionales (es el caso de Arabia Saud&iacute;) y confinado en su laberinto a causa de la orden internacional de arresto por supuestos cr&iacute;menes de lesa humanidad. Las protestas fueron apagadas con contundencia, y 10 meses despu&eacute;s ni el Gobierno interino, bajo la tutela del Ej&eacute;rcito, ni la oposici&oacute;n han hecho siquiera el adem&aacute;n de desmontar el viejo sistema que demanda la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En L&iacute;bano, el agravamiento de la crisis econ&oacute;mica ha sido el detonante de una protesta popular que en el fondo lo que exige es el cambio del actual sistema de reparto del poder, aplazado por las consecuencias de la ocupaci&oacute;n israel&iacute; del sur del pa&iacute;s. Diez a&ntilde;os de paz y mala gesti&oacute;n, sumados al impacto corrosivo de la guerra en la vecina Siria, han erosionado la supremac&iacute;a del movimiento chi&iacute;ta Hizbul&aacute; y han despojado de sentido un armaz&oacute;n pol&iacute;tico forjado hace casi un siglo sobre un equilibrio sectario que ya no responde a la radiograf&iacute;a de la nueva sociedad libanesa.
    </p><p class="article-text">
        En Irak, el apaciguamiento temporal de la amenaza del grupo yihadista Estado Isl&aacute;mico y la nueva guerra kurda han dirigido el foco hacia la corrupci&oacute;n, la brecha social y mala gobernanza que caracterizan a un Gobierno chi&iacute; emergido del vac&iacute;o de poder que dej&oacute; la invasi&oacute;n ilegal de Estados Unidos en 2003 y que, desde entonces, ha sido incapaz de reconstruir el pa&iacute;s pese a lluvia de millones de ayuda internacional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que hace diferentes las protestas es que por primera vez los manifestantes de todas las sensibilidades critican a los l&iacute;deres de su propia secta&rdquo;, destaca Maha Yahya, directora de la secci&oacute;n de Oriente Medio de Carnegie. En la misma l&iacute;nea se expresa Harith Hasan, experto iraqu&iacute; para quien la &ldquo;mayor&iacute;a de los que protestan se han dado cuenta de que la oligarqu&iacute;a multisectaria dominante, que reparte el pillaje entre los diferentes se&ntilde;ores, es en realidad la que frena sus demandas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esl&oacute;ganes vac&iacute;os</strong>
    </p><p class="article-text">
        El drama para el L&iacute;bano e Irak es que en ninguno de ellos se atisba una alternativa a un sistema desgastado y obsoleto, en el que ni siquiera ha sido capaz de desarrollarse el islam pol&iacute;tico, una ideolog&iacute;a globalmente en retroceso, excepto en T&uacute;nez, donde ha sabido evolucionar y reinventarse hasta alcanzar el poder. &ldquo;Lo que est&aacute; ocurriendo en la regi&oacute;n, desde el fracaso de los Hermanos Musulmanes en Egipto y T&uacute;nez hasta las actuales protestas contra la corrupci&oacute;n en el L&iacute;bano nos debe hacer preguntarnos: &iquest;Est&aacute; el islam pol&iacute;tico desapareciendo gradualmente de la regi&oacute;n?&rdquo;, se&ntilde;ala Najat al Saeed, escritora y analista pol&iacute;tica emirat&iacute;. &ldquo;El fin del islam pol&iacute;tico depender&aacute; de si los l&iacute;deres nacionales adoptan un proyecto alternativo. Deben invertir en desarrollo econ&oacute;mico, especialmente entre los j&oacute;venes. La era de los esl&oacute;ganes vac&iacute;os est&aacute; a punto de extinguirse. Ha llegado el momento para una verdadera rendici&oacute;n de cuentas pol&iacute;tica en Oriente Pr&oacute;ximo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La hora, sin embargo, parece a&uacute;n lejana. A la falta de alternativas, las poblaciones &aacute;rabes suman el desafecto de los pa&iacute;ses occidentales, especialmente de Europa, que, al contrario que en 2011, parecen m&aacute;s interesados en que la estabilidad y las pol&iacute;ticas de seguridad engrosen y justifiquen el magro negocio de la militarizaci&oacute;n que en una verdadera promoci&oacute;n de la democracia. El apoyo a dictaduras de nuevo cu&ntilde;o como Egipto (o de viejo, como Siria) es una muestra. Otra, la apuesta por personajes del ayer como el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte de Libia que cuenta con el benepl&aacute;cito de Francia y otros Estados europeos. La decisi&oacute;n de la Administraci&oacute;n de Trump de reducir su inter&eacute;s en Oriente no solo ha abierto un pasillo a Rusia; hace que las guerras de hoy las libren &aacute;rabes y musulmanes en pa&iacute;ses &aacute;rabes y musulmanes, como ocurre en Yemen, Siria y Libia, donde la coalici&oacute;n saud&iacute;-egipcio-emirat&iacute; combate a Turqu&iacute;a y Qatar. Viene un largo invierno de sangre que a&uacute;n se resiste a dejar paso a una nueva primavera que necesitar&aacute; de nuevas y m&aacute;s robustas flores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Mart&iacute;n</strong> es corresponsal de la Agencia Efe en el Norte de &Aacute;frica y autor de <em>Estado Isl&aacute;mico, geopol&iacute;tica del caos</em> (Catarata).
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 75 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/coletazos-primavera-arabe_132_1186286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Dec 2019 21:21:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ec5d1b5e-1273-4b5a-a08c-8ed269c48466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="475115" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ec5d1b5e-1273-4b5a-a08c-8ed269c48466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="475115" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Coletazos de la primavera árabe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ec5d1b5e-1273-4b5a-a08c-8ed269c48466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acordes y desacuerdos en Túnez tras la muerte del presidente Essebsi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/acordes-desacuerdos-tunez-presidente-essebsi_1_1480626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e63a508c-eb17-4a55-8abd-b61369a3f0d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fallecimiento del presidente tunecino ha adelantado las elecciones legislativas y presidenciales previstas para este año, en el contexto del descontento social con la política de austeridad forzada por el FMI</p><p class="subtitle">El partido de Essebsi se debe enfrentar en los comicios no solo a su opositor, el partido islamista Ennehda, sino también a su propia crisis interna</p><p class="subtitle">Las elecciones del 15 de septiembre se avecinan sin que el país tenga una nueva ley electoral, la cual Essebsi dejó sin ratificar, ni un Tribunal Constitucional</p></div><p class="article-text">
        Sin prejuzgar lo que pueda dar de s&iacute; el proceso de cambio que ahora se inicia en Argelia y Sud&aacute;n, hace ya varios a&ntilde;os que T&uacute;nez destaca como el &uacute;nico caso de la mal llamada &ldquo;primavera &aacute;rabe&rdquo; en el que no solo se ha evitado caer en el abismo en el que se encuentran tanto Libia, como Yemen, Siria o Egipto, sino que se ha ido m&aacute;s all&aacute; de un simple de cambio de caras al frente del pa&iacute;s en un proceso que apunta hacia un sistema plenamente democr&aacute;tico. Eso no quiere decir, que los casi 12 millones de tunecinos tengan garantizado un presente y un futuro esplendoroso, justo en el momento en el que se ha producido <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Muere-Tunez-Beji-Caid-Essebsi_0_924257931.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el fallecimiento del presidente Beji Ca&iuml;d Essebsi.</a>
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, la situaci&oacute;n econ&oacute;mica sigue siendo preocupante, sobre todo en la medida en que no se logra crear empleo suficiente. Como qued&oacute; ya bien claro a principios de este mismo a&ntilde;o, con <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/UGTT-paralizar-Tunez-gobierno-FMI_0_858114853.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una huelga general de la funci&oacute;n p&uacute;blica convocada por la poderosa UGTT</a>, el descontento con la pol&iacute;tica de austeridad forzada por el Fondo Monetario Internacional (como resultado del pr&eacute;stamo de 2.500 millones de d&oacute;lares concedido en 2017) ha derivado en protestas cada vez m&aacute;s intensas, sin que las medidas adoptadas &mdash;t&iacute;mida reforma fiscal, relativa apertura de mercados y sostenido recorte del gasto p&uacute;blico&mdash; hayan servido para contrarrestar las cr&iacute;ticas contra el gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la inflaci&oacute;n muestra ciertas se&ntilde;ales de ca&iacute;da (rondando todav&iacute;a el 7%) y el PIB ha crecido un 1,1% en el primer trimestre del a&ntilde;o, esos resultados no bastan para acallar <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/FMI-asfixiado-Tunez-claro-protestando_0_731077258.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las cr&iacute;ticas</a> contra unos gobernantes que en estos &uacute;ltimos tiempos han dedicado m&aacute;s tiempo a pelearse entre ellos que a atender a los problemas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y es que en el terreno pol&iacute;tico el panorama no es mucho mejor. Por un lado, Essebsi (92 a&ntilde;os) hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a agotado ya su margen de maniobra, enfrascado en una amarga disputa con su propio primer ministro, Yusef Chaheb, que ha llevado a la fractura total del partido gubernamental, Nida Tunis (que ahora est&aacute; en las manos de Hafez Caid Essebsi, hijo del fallecido presidente), <a href="https://www.eldiario.es/politica/Primer-ministro-tunecino-congreso-anunciar_0_894860541.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con la aparici&oacute;n de un nuevo partido, Tahya Tunis, encabezado por el propio Chaheb.</a>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de luchas personales internas en un partido que, en realidad, fue en su origen (2014) apenas un intento por parte de una heterog&eacute;nea amalgama de antiislamistas con muy diversos grados de convicci&oacute;n democr&aacute;tica de no quedarse fuera de juego ante el ascenso del islamismo pol&iacute;tico encarnado por Ennahda, el n&uacute;cleo de la disputa tiene que ver con la pretensi&oacute;n de Essebsi de consolidar un sistema presidencialista (procurando colocar a su hijo en posici&oacute;n ventajosa), en oposici&oacute;n a la visi&oacute;n parlamentarista de Chaheb.
    </p><p class="article-text">
        El hecho es que ahora, con la muerte de Essebsi el pasado 25 de julio, la decisi&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/politica/Tunez-adelanta-elecciones-septiembre-presidente_0_924258592.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adelantar las primeras elecciones al 15 de septiembre</a> acelera un proceso electoral doble, con presidenciales y legislativas previstas para el pr&oacute;ximo oto&ntilde;o. Es evidente que T&uacute;nez no llega a este punto en las mejores condiciones a pesar de haber sido capaz de lograr una cohabitaci&oacute;n inaudita entre fuerzas aparentemente irreconciliables (Nida Tunis y Ennahda), de instaurar la necesidad de que todos los partidos presenten listas paritarias a las elecciones, de realizar un relevo pac&iacute;fico en el poder como resultado de las elecciones de 2014 &mdash;cuando Ennahda pas&oacute; el testigo a Nida Tunis, desmontando as&iacute; uno de los t&oacute;picos m&aacute;s difundidos sobre el islamismo pol&iacute;tico&mdash; y de aprobar una legislaci&oacute;n que acercan a las mujeres a una verdadera igualdad de derechos.
    </p><p class="article-text">
        Pero frente a ese c&uacute;mulo de avances, no es menor el hecho de que, junto a los retos de seguridad que supone el previsible retorno de buena parte de los m&aacute;s de 6.000 tunecinos que se han apuntado al yihadismo, el pa&iacute;s se aboca a unos comicios presidenciales sin haber sacado adelante una nueva ley electoral y sin contar con un Tribunal Constitucional operativo. Eso significa que se avecina un peligroso forcejeo sobre cu&aacute;l debe ser la ley que regule la nueva convocatoria, con unos candidatos apostando por la actual y otros prefiriendo la que Essebsi ha dejado sin ratificar, contando con que esta &uacute;ltima contempla facilitar la vuelta a la escena pol&iacute;tica a personajes muy ligados a la dictadura y, sobre todo, impedir la participaci&oacute;n a candidatos en alza tan populares como el magnate de la televisi&oacute;n, Nabil Kadouri.
    </p><p class="article-text">
        Kadouri, al frente de Nessma TV, se ha creado una potente imagen de cr&iacute;tico con el poder que seg&uacute;n las encuestas puede acabar convirti&eacute;ndolo en el pr&oacute;ximo presidente, frente a otros candidatos que todav&iacute;a aparecen muy lastrados por su pasado de colaboraci&oacute;n con la dictadura. Y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n es adivinar c&oacute;mo podr&aacute;n resolverse las disputas entre los posibles candidatos, cuando no existe un Tribunal Constitucional que pueda hacer valer la letra y el esp&iacute;ritu de la norma fundamental aprobada en enero de 2014.
    </p><p class="article-text">
        Solo queda desearle suerte a T&uacute;nez para que el proceso no descarrile.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús A. Núñez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/acordes-desacuerdos-tunez-presidente-essebsi_1_1480626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2019 18:37:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e63a508c-eb17-4a55-8abd-b61369a3f0d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43540" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e63a508c-eb17-4a55-8abd-b61369a3f0d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43540" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Acordes y desacuerdos en Túnez tras la muerte del presidente Essebsi]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e63a508c-eb17-4a55-8abd-b61369a3f0d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[África,Túnez,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chalecos rojos: Túnez toma el relevo del amarillo francés en el aniversario de una revolución cuestionada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/chalecos-tunez-aniversario-revolucion-cuestionada_1_1788576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54c008a8-8445-4ed6-8051-f716cfd2f20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chalecos rojos: Túnez toma el relevo del amarillo francés en el aniversario de una revolución cuestionada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tomando como ejemplo los chalecos amarillos franceses, los chalecos rojos prometen manifestaciones en protesta por la grave crisis política y económica que sufre el país en el octavo aniversario de la revolución</p><p class="subtitle">"Estoy muy orgullosa de la revolución, pero económicamente estábamos mejor antes", cuenta Amina Mansour, activista del movimiento recién creado</p><p class="subtitle">El grupo ha convocado la primera manifestación para el lunes, ocho años después de que Bouazizi se quemase a lo bonzo iniciando la revolución</p><p class="subtitle">La policía ha detenido a uno de sus líderes y ha requisado 50.000 chalecos</p></div><p class="article-text">
        T&uacute;nez, el ejemplo exitoso de la llamada Primavera &Aacute;rabe. Una transici&oacute;n democr&aacute;tica pac&iacute;fica, gobiernos de coalici&oacute;n, una comisi&oacute;n de la verdad y la justicia sin precedentes... Aun as&iacute;, el hermano mayor y triunfador de una ola de protestas que sacudi&oacute; el mundo &aacute;rabe no est&aacute; contento y celebra el octavo aniversario de la revoluci&oacute;n adoptando l<a href="https://www.eldiario.es/internacional/chalecos-amarillos-Francia-suburbios-presidente_0_840616740.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">as protestas de los chalecos amarillos surgidas Par&iacute;s.</a>&nbsp;&ldquo;Si ellos se ponen el amarillo, nosotros nos deber&iacute;amos poner el rojo, ya que todos nuestros indicadores est&aacute;n en rojo&rdquo;, cuenta a eldiario.es Amina Mansour, activista que participa en la organizaci&oacute;n del grupo de protesta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy muy orgullosa de la revoluci&oacute;n, pero econ&oacute;micamente est&aacute;bamos mejor antes&rdquo;, confiesa Mansour. T&uacute;nez vive una grave crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, y una activa e inconformista sociedad civil ha aprovechado la coyuntura en Francia para captar la atenci&oacute;n internacional y lanzar un nuevo grupo que exige reformas y promete manifestaciones pac&iacute;ficas. Adem&aacute;s, hay convocada una huelga general para el 17 de enero. &ldquo;Todos los indicadores son malos: la tasa de cambio; el desempleo: el nivel de pobreza; escasez de medicinas, leche, aceite y harina... todo con un Parlamento que ya no representa a nadie salvo a sus intereses. Es un fracaso total&rdquo;, explica Mansour.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de los chalecos amarillos, <a href="https://www.facebook.com/GiletsRougesTNOfficielle/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los chalecos rojos</a>&nbsp;tunecinos s&iacute; est&aacute;n organizados y se han presentado al mundo en una rueda de prensa celebrada este viernes. De rojo, tras una barrera de micr&oacute;fonos de cadenas nacionales e internacionales y con la bandera de T&uacute;nez de fondo, los portavoces anunciaron sus planes y sus demandas. En la pared, un p&oacute;ster que compara el precio de varias verduras y legumbres entre 2016 y 2018.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8498fc8e-c2a1-4864-9f47-65ae01df5b58_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Apoyo los chalecos rojos por su voluntad de cambiar T&uacute;nez, que desde la revoluci&oacute;n no ha cambiado mucho, sino al contrario, ha sufrido una gran degradaci&oacute;n&rdquo;, cuenta Mohamed Ali Trabelsi, simpatizante del movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Los dirigentes del movimiento han denunciado el arresto este jueves de uno de los organizadores,&nbsp;Borhen Ajleni. Adem&aacute;s, la polic&iacute;a ha requisado este viernes a un empresario 50.000 chalecos rojos y amarillos alegando que se trata de un control sobre la legalidad de la importaci&oacute;n de estos productos. Entre sus peticiones hay un aumento del salario m&iacute;nimo de 450 a 600 dinares, una reducci&oacute;n del precio de los productos de primera necesidad, aumento de las pensiones, limitar el precio del alquiler y acabar con la indigencia, entre otras muchos.
    </p><h3 class="article-text">Un rescate del FMI y graves luchas pol&iacute;ticas internas</h3><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la aclamada transici&oacute;n tunecina hay un rescate internacional con sus respectivos recortes, una<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> inflaci&oacute;n del 7,5%</a>, un desempleo del 15% (superior al 30% entre los j&oacute;venes, m&aacute;s que en 2011, a&ntilde;o de las revueltas), seis primeros ministros en ocho a&ntilde;os y una actual lucha de poder que ha quebrado la coalici&oacute;n gobernante. No suficiente con ello, los dirigentes pol&iacute;ticos se acusan ahora unos a otros de terroristas y golpistas y est&aacute;n llevando su batalla a los tribunales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3df1185d-0e24-4399-8ab5-ba6d7268066f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        T&uacute;nez pidi&oacute; el <a href="https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2018/10/08/Tunisia-Fourth-Review-Under-the-Extended-Fund-Facility-Arrangement-and-Request-for-46285" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rescate econ&oacute;mico al FMI en 2016</a>&nbsp;y desde entonces ha adoptado las c&eacute;lebres medidas de austeridad que el organismo exige como condici&oacute;n. Recortes en los subsidios al combustible, reducci&oacute;n de salarios p&uacute;blicos y aumento de los impuestos, entre otras. En su &uacute;ltima revisi&oacute;n de la situaci&oacute;n del pa&iacute;s, el organismo reconoce que &ldquo;el poder adquisitivo de los tunecinos se est&aacute; erosionando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el primer ministro del pa&iacute;s, Youssef Chahed, elegido como jefe de Gobierno de consenso por la coalici&oacute;n gobernante entre su propio partido, el nacionalista Nidaa Tounes, y los islamistas moderados, Ennahda, ha sido expulsado de su formaci&oacute;n, provocando una crisis pol&iacute;tica por luchas internas de poder en el momento m&aacute;s inoportuno.
    </p><p class="article-text">
        Los hombres fuertes de Nidaa Tounes, Beji Caid Essebsi, una figura importante del antiguo r&eacute;gimen que sirvi&oacute; como ministro de Exteriores bajo la dictadura de Ben Ali y actual presidente del pa&iacute;s, y su hijo, expulsaron en septiembre a Chahed del partido supuestamente por no cumplir las reformas econ&oacute;micas, pero algunos analistas sugieren que Chahed estaba preparando su candidatura a las elecciones presidenciales de 2019, desafiando as&iacute; al clan Essebsi.
    </p><p class="article-text">
        El presidente y su hijo intentaron expulsar a Chahed del poder, pero necesitaban los votos de su socio de coalici&oacute;n, los islamistas de Ennahda, cuyos diputados no estaban de acuerdo con la maniobra.
    </p><p class="article-text">
        Tras la expulsi&oacute;n, el primer ministro ha formado su propio bloque parlamentario, Alianza Nacional, con muchos diputados desertores de la formaci&oacute;n liderada por Essebsi. Como resultado, Nidaa Tounes ha perdido la mayor&iacute;a parlamentaria en favor de los islamistas de Ennahda, con quien ha roto su coalici&oacute;n, y Alianza Nacional se ha situado como la tercera fuerza del Parlamento y se constituir&aacute; oficialmente como partido pol&iacute;tico a principios de 2019.
    </p><h3 class="article-text">Batallas pol&iacute;ticas en los tribunales</h3><p class="article-text">
        A las tensiones pol&iacute;ticas se suman las judiciales. En 2013 fueron asesinados el abogado izquierdista Chokri Belaid y el pol&iacute;tico progresista Mohamed Brahmi. Los representantes legales de las v&iacute;ctimas culparon en octubre directamente a Ennahda de tener un &ldquo;aparato secreto&rdquo; utilizado para asesinatos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Essebsi no ha dudado en aprovechar la ocasi&oacute;n para sacar ventaja sobre su antiguo aliado islamista y se reuni&oacute; con los equipos de defensa el pasado 26 de noviembre. El presidente y su partido, Nidaa Tounes se han hecho eco de las reivindicaciones de los abogados de Belaid y Brahmi, que el uno de diciembre anunciaron una demanda contra Ennahda por supuestos &ldquo;v&iacute;nculos terroristas&rdquo;. Adem&aacute;s Essebsi recibi&oacute; a la viuda de Belaid y a su abogado en el palacio presidencial tres d&iacute;as despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este martes, un tribunal militar ha <a href="https://www.middleeasteye.net/news/tunisia-military-court-turns-down-coup-attempt-case-filed-against-prime-minister-597230588" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desestimado una demanda presentada por el secretario general de Nidaa Tounes</a>, Slim Riahi, en la que acusaba a Chahed de orquestar un golpe de Estado contra el presidente Essebsi.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto se suma la <a href="https://elpais.com/internacional/2018/11/27/actualidad/1543317010_402970.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">indignaci&oacute;n popular desencadenada tras la visita a t&uacute;nez del pr&iacute;ncipe heredero de Arabia Saud&iacute;, Mohamed bin Salm&aacute;n</a>, tras el asesinato del periodista Jamal Khassoghi. &ldquo;El presidente de T&uacute;nez es un padre para m&iacute;&rdquo;, afirm&oacute; Bin Salm&aacute;n en relaci&oacute;n a Essebsi. Las manifestaciones en las calles no debieron importar mucho a las autoridades y esta semana, Chahed ha realizado una visita oficial a la monarqu&iacute;a del Golfo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FMiddleEastEye%2Fvideos%2F197777997828300%2F&amp;show_text=0&amp;width=476" width="476" height="476" style="border: none; overflow: hidden;" scrolling="no" frameborder="0" allowtransparency="true" allowfullscreen="true"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        La crispaci&oacute;n popular ante los dos grandes partidos del pa&iacute;s, Nidaa Tounes y Ennahda, qued&oacute; reflejada en las elecciones locales de mayo de este a&ntilde;o, cuando el primer partido perdi&oacute; dos terceras partes de su apoyo en comparaci&oacute;n con las elecciones de 2014 y los islamistas perdieron la mitad. La huelga general del 17 de enero ser&aacute; otro buen indicador de la indignaci&oacute;n nacional, pero los chalecos rojos ya han convocado su primera manifestaci&oacute;n para este lunes, justo cuando se cumplen 8 a&ntilde;os desde que un joven inform&aacute;tico en paro se quem&oacute; a la bonzo, encendiendo la chispa de la llamada Primavera &Aacute;rabe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Biosca Azcoiti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/chalecos-tunez-aniversario-revolucion-cuestionada_1_1788576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Dec 2018 20:35:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/54c008a8-8445-4ed6-8051-f716cfd2f20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="727457" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/54c008a8-8445-4ed6-8051-f716cfd2f20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="727457" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Chalecos rojos: Túnez toma el relevo del amarillo francés en el aniversario de una revolución cuestionada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/54c008a8-8445-4ed6-8051-f716cfd2f20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Túnez,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El Cairo confidencial': poder, corrupción y sexo en la eclosión de la Primavera Árabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cairo-confidencial-corrupcion-primavera-arabe_1_2202556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa1ebbc0-2dfb-4c8f-8637-12a5db1c33b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un policía corrupto, antihéroe de &#039;El Cairo confidencial&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tarik Saleh (</p><p class="subtitle">Tommy</p><p class="subtitle">) firma una intriga sobria que remite a clásicos del</p><p class="subtitle">film noir</p><p class="subtitle">y tiene lugar durante los últimos días del Egipto de Hosni Mubarak</p></div><p class="article-text">
        Una cantante aparece muerta en un hotel de la capital de Egipto. Un oligarca del sector inmobiliario manten&iacute;a un aparente romance con ella, pero las autoridades no parecen dispuestas a investigarlo. En paralelo, las protestas en T&uacute;nez encienden la mecha de la Primavera &Aacute;rabe de 2011. Esta es la premisa de<em> El Cairo confidencial</em>, una calmosa intriga firmada por el realizador sueco Tarik Saleh (<em>Tommy</em>) e inspirada en el asesinato real de la cantante libanesa Suzanne Tamim.
    </p><p class="article-text">
        En multitud de cl&aacute;sicos del cine negro, un crimen sacude la vida de una comunidad y facilita que afloren sus secretos m&aacute;s oscuros. <em>El Cairo confidencial</em>' no sigue exactamente este camino: todos los personajes son conscientes de vivir en una sociedad corrupta hasta la m&eacute;dula y fuertemente condicionada por la arbitrariedad en el ejercicio del poder. Lo novedoso es que alguien se plante y decida rebelarse contra ello.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula puede resultar muy estimulante para aquellos espectadores que rechazen las intrigas dopadas con los esteroides del cine de acci&oacute;n. Saleh se toma su tiempo tanto en el despliegue de la trama como en la materializaci&oacute;n de las escenas. El resultado tiene algo de versi&oacute;n m&aacute;s costumbrista, menos marcadamente estilizada, del <em>noir</em> lac&oacute;nico de autores como Jean-Pierre Melville (<em>El c&iacute;rculo rojo</em>). Destaca, por ejemplo, la escenificaci&oacute;n distante y seca de las situaciones m&aacute;s violentas.
    </p><p class="article-text">
        <span id="2670132_1522165572351"></span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe id="2670132_1522165572351" width="643" height="362" src="//widget.smartycenter.com/webservice/embed/9349/2670132/643/362/0/0/0/100/1/1" frameborder="0" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Un antih&eacute;roe surgido de las cloacas del sistema</h3><p class="article-text">
        El protagonista del filme es Noredin Mostafa, un polic&iacute;a acostumbrado a la corrupci&oacute;n generalizada. Este antih&eacute;roe es un viudo de vida hueca que deja pasar la vida mientras cobra sobornos y ve la televisi&oacute;n. A medida que investiga el caso del Hotel Hilton, algo va cambiando en su mentalidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese cambio proviene de peque&ntilde;as cosas. Del desprecio del padre ante sus robos y sobornos (&ldquo;no se puede comprar la dignidad&rdquo;, le espeta), de conocer personalmente a las v&iacute;ctimas de algunos cr&iacute;menes. Y de valorar, quiz&aacute;, que encubrir un asesinato no es lo mismo que exigir una mordida a los comerciantes locales.
    </p><p class="article-text">
        Saleh representa este cambio del personaje sin subrayados dram&aacute;ticos ni grandes epifan&iacute;as. No hay un momento clave en que Mostafa marque una linea roja &eacute;tica y decida emprender un camino sin retorno. Este sutil viaje interior se observa con la misma c&aacute;mara distante que registra algunos de los principales acontecimientos del filme. El asesinato que propulsa la ficci&oacute;n tiene lugar fuera de la vista del espectador. Y las escenas de acci&oacute;n se suelen escenificar con sobriedad y sin grandes &eacute;nfasis adrenal&iacute;nicos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/50b4654e-5b18-4402-b150-ea5ef909241e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Con la excepci&oacute;n de unas pocas escenas m&aacute;s din&aacute;micas, el realizador parece reproducir el abatido estoicismo de su protagonista. De alguna manera, la naturaleza el&iacute;ptica de la propuesta tambi&eacute;n reproduce el esp&iacute;ritu de muchos de los personajes, capaces de mirar hacia otro lado cuando alguien mata, capaces de ser testigos de torturas sin inmutarse. Es una est&eacute;tica de la naturalizaci&oacute;n de la violencia.
    </p><h3 class="article-text">Un noir de fondo cl&aacute;sico</h3><p class="article-text">
        <em>noir</em>&iquest;Qu&eacute; nos cuenta <em>El Cairo confidencial</em> sobre el Egipto moderno? En realidad, poca cosa: la audiencia no aprender&aacute; ninguna particularidad concreta sobre el r&eacute;gimen de Hosni Mubarak, sino que disfrutar&aacute; una historia bastante gen&eacute;rica de corrupci&oacute;n generalizada, arbitrariedad y redenciones presumiblemente futiles. Sateh sit&uacute;a su obra en un contexto hist&oacute;rico real, pero no lo contempla a trav&eacute;s de lentes panor&aacute;micas, sino que se limita a las percepciones y vivencias del protagonista.
    </p><p class="article-text">
        El personaje de una camarera de piso sudanesa supone la inclusi&oacute;n de peque&ntilde;as pinceladas sobre la vida de los m&aacute;s oprimidos, los que est&aacute;n completamente excluidos de las redes clientelares del Estado. Es una de las pinceladas sociopol&iacute;ticas dentro de un <em>noir</em> muy sobrio y de fondo cl&aacute;sico, con el inevitable detective arisco (y, en esta ocasi&oacute;n, muy poco carism&aacute;tico) que se enfrenta a enemigos que le superan.
    </p><p class="article-text">
        Tamb&iacute;&eacute;n aparece de manera fugaz otro arquetipo del g&eacute;nero: una especie de mujer fatal.<em> El Cairo confidencial</em> no deja de seguir a modelos como <em>El sue&ntilde;o eterno</em> o <em>Chinatown</em>: sus tramas de chantaje sexual y desarrollismo urban&iacute;stico son universales y podr&iacute;an ubicarse tanto una dictadura o en una democracia liberal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b82922ed-2dc8-460b-b93c-57d4f0c2f9e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En este sentido, quiz&aacute; el elemento m&aacute;s particular del filme es la manera en la que los personajes se autocensuran y cambian sus opiniones sobre la marcha, a veces en la misma frase, para adecuarse a lo que creen que debe decirse. Ejercitan esa gimnasia verbal desde el superior de Mostafa hasta un taxista simpatizante de las protestas antigubernamentales. Esa adecuaci&oacute;n constante a la versi&oacute;n oficial, ese miedo a disentir, sobrevuela unos di&aacute;logos que llegan a te&ntilde;irse de una comicidad negr&iacute;sima. Es la superficie absurda del drama totalitario.
    </p><p class="article-text">
        La desigual pugna del protagonista, su enfrentamiento con poderes inescrutables e incomprensibles, puede remitir al Kafka de <em>El proceso</em> o al Ismail Kadare de <em>El palacio de los sue&ntilde;os</em>. Saleh neutraliza esta vertiente de su propuesta mediante un desenlace que ata cabos sueltos y pone alg&uacute;n rostro a parte de esas fuerzas invisibles.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo a estas explicaciones, el realizador liga la trama con aquella Primavera &Aacute;rabe de la que el protagonista apenas se hab&iacute;a dado por enterado. Parec&iacute;a que nac&iacute;a un mundo nuevo, pero los viejos monstruos segu&iacute;an libres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cairo-confidencial-corrupcion-primavera-arabe_1_2202556.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Mar 2018 18:41:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/aa1ebbc0-2dfb-4c8f-8637-12a5db1c33b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1198050" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/aa1ebbc0-2dfb-4c8f-8637-12a5db1c33b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1198050" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA['El Cairo confidencial': poder, corrupción y sexo en la eclosión de la Primavera Árabe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/aa1ebbc0-2dfb-4c8f-8637-12a5db1c33b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
