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The Guardian en español

Confesiones de un mercenario del Grupo Wagner, el ejército en la sombra del Kremlin

Una mujer pasa junto a la obra 'Mercenarios IV' del artista Leon Golub de la Serpentine Sackler Gallery de Londres.

Pjotr Sauer

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Sentado en una cafetería de un lujoso barrio de Moscú semanas antes de la invasión rusa de Ucrania, el exmercenario Marat Gabidullin parece estar muy lejos de los campos de batalla en Siria donde luchó media década atrás. Con un ejemplar de sus memorias recién terminadas, Dos veces mismo río –el primer testimonio publicado sobre los combates para la agencia secreta de mercenarios rusos Wagner–, Gabidullin dice: “Lo escribí porque me di cuenta de que es hora de que nuestro país afronte la verdad: los mercenarios existen”.

A sus 55 años, es una figura imponente, con el rostro y los brazos musculosos cubiertos de cicatrices. “En Rusia preferimos no hablar de nuestros mercenarios”, dice. “No encajan con el relato oficial”. En 2015, Gabidullin, veterano de las Tropas Aerotransportadas de Rusia y antiguo guardaespaldas, se unió a Wagner, que en aquel momento era un grupo mercenario relativamente desconocido. Pronto fue enviado a Siria para luchar junto al Ejército ruso en apoyo al presidente Bashar al-Asad. Allí, escaló rápidamente hasta llegar a comandar una de las cinco unidades de Wagner localizadas en el país.

Creada en 2014 para apoyar a los separatistas prorrusos en el este de Ucrania, el Grupo Wagner se cree que está financiado por Yevgeny Prigozhin, un poderoso empresario estrechamente vinculado a Vladímir Putin y que ha sido sancionado por Occidente.

En las semanas anteriores a la invasión rusa de toda Ucrania, unos 300 efectivos rusos del Grupo Wagner llegaron hasta los enclaves separatistas de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, vestidos de civil, según autoridades de la UE citadas por el New York Times, en lo que voces expertas interpretaron como una señal de que la guerra se acercaba. Si bien sus funciones no están claras, se ha detectado la presencia de estos mercenarios rusos desde entonces en Ucrania y han sido señalados por sus vínculos con la extrema derecha.

En teoría, Wagner no existe

Desde su creación, la empresa ha estado rodeada de misterio. Si se mira al papeleo, la empresa no existe: no se encuentra el registro de la compañía, ni declaraciones de impuestos, ni un organigrama. Gobiernos y académicos de Occidente sostienen que Wagner es una herramienta no oficial de política exterior del Kremlin, desplegada allí donde Rusia busca extender su influencia o crear agitación. Prigozhin y Moscú han negado tener conocimiento de Wagner. Oficialmente, las empresas militares privadas siguen siendo ilegales en Rusia. Los representantes de Prigozhin no han respondido a las peticiones de entrevistas para este artículo.

Gabidullin no intenta negar la existencia de Wagner ni su papel activo en los intereses de seguridad rusos. Por el contrario, dice que una de sus principales motivaciones para escribir el libro fue sacar a las empresas mercenarias como Wagner “de las sombras” y destaca sus potenciales beneficios para los objetivos de la política exterior rusa.

“Los grupos de mercenarios no son nada de lo que avergonzarse, existen en todas partes, pero mentimos sobre ellos”, dice. “Tenemos habilidades especializadas de las que un ejército común carece”.

Las memorias, basadas en hechos de los que Gabidullin afirma haber sido testigo, abarcan tres años de la campaña de Wagner en Siria. Se describen algunas de las grandes batallas de los mercenarios, incluidas dos operaciones para liberar la ciudad antigua de Palmira. Se cree que un gran número de soldados de Wagner han luchado y muerto en Siria desde el inicio del conflicto en 2011.

“Los logros del Ejército ruso en Siria resultaron, en gran medida, de los sacrificios de los mercenarios. Este hecho es completamente ignorado por el establishment militar y desconocido para el público en general”, dice Gabidullin. Él se queja de que generales “mediocres” del Ejército ruso hayan recibido ascensos fundados en los éxitos de Wagner.

Las memorias también describen el día a día de los mercenarios, incluidos los saqueos ocasionales y los errores de sus comandantes.

Gabidullin, cuya audición se ha resentido tras años de combates, también dice que en 2018 participó de la batalla de Khasham, en la que cientos de mercenarios rusos murieron por los ataques aéreos de Estados Unidos contra las fuerzas prorrégimen, en lo que se considera el enfrentamiento más letal entre Rusia y Estados Unidos desde la Guerra Fría.

“Nunca deberíamos haber estado allí; nuestros dirigentes lo estropearon. Los estadounidenses sabían exactamente dónde estábamos”, dice el autor mientras rememora aquellos acontecimientos.

Después de Siria, la notoriedad de Wagner ha ido en aumento tras la información publicada sobre operaciones en República Centroafricana y Libia, países ricos en recursos en los que Rusia tiene intereses estratégicos. La creciente influencia del grupo también ha dividido a Mali y a sus socios europeos después de que el país de África occidental desplegara combatientes de Wagner en diciembre.

En diciembre, en medio del aumento de la tensión sobre Ucrania, Reuters informó que mercenarios rusos no identificados habían sido enviados al este de Ucrania, bajo control de los separatistas. A principios de febrero, el periódico estadounidense Daily Beast afirmó que soldados de Wagner estaban siendo trasladados desde África.

“Estoy en la cuerda floja”

Gabidullin decía en la entrevista, antes de la invasión rusa del 24 de febrero, que había “oído vagamente” sobre el despliegue de mercenarios en Ucrania y añadía rápidamente que una invasión rusa sería un error “fatal”. “Creo que la guerra entre Ucrania y Rusia será un completo desastre para Rusia. Esto no debe permitirse bajo ninguna circunstancia. Ucrania es nuestra hermana”, decía.

A lo largo de la conversación, Gabidullin parece algo agitado, con sus penetrantes ojos azules recorriendo el café vacío. Dice que le preocupan las consecuencias de la publicación de su libro y evita mencionar a su presunto antiguo jefe, Prigozhin.

“Sospecho que [Prigozhin] intentará desacreditarme. Estoy caminando en la cuerda floja”, dice.

La primera vez que quiso publicar las memorias fue en 2020, pero no tardó en retirar el libro tras la presión de “cierta gente”. Esta vez, sin embargo, decidió no contenerse y encontró un editor “valiente” en la ciudad de Ekaterimburgo. La editorial Michel Lafon, con sede en París, tiene previsto publicar una versión en francés.

“Me dije: ‘Basta, es hora de salir de las sombras’. No volverán a disuadirme de publicar. Porque no se trata solo de mí”, dice Gabidullin.

Señala cómo la prohibición de las empresas militares privadas en Rusia presiona a los familiares de los mercenarios fallecidos a guardar silencio sobre sus seres queridos. Gabidullin espera que su libro ayude a levantar el velo de secretismo que cubre a su antigua profesión.

“La situación actual no conviene a muchos de mis compañeros. Y lo que es más importante, no conviene a los padres y familiares de los mercenarios muertos, que ni siquiera pueden hablar abiertamente de cómo murió su hijo o su hermano. Solo pueden susurrarlo”.

Mientras que, por un lado, las memorias de Gabidullin desafían el relato oficial sobre la existencia de mercenarios en Rusia, el año pasado también surgió una campaña de relaciones públicas para promover las actividades de grupos como Wagner.

La televisión estatal rusa transmitió recientemente numerosas películas de acción patrióticas, producidas por empresas vinculadas a Prigozhin, en las que aparecían “instructores militares y voluntarios” rusos no identificados que luchaban en el este de Ucrania, en República Centroafricana y en Mozambique, lugares en los que, supuestamente, combatientes de Wagner han estado activos.

Las películas, que Gabidullin califica de “basura”, presentan a rusos heroicos que salvan a la población local de los rebeldes violentos. Contrasta con los recientes informes de la ONU que acusan a los agentes de Wagner de haber violado a civiles en República Centroafricana y con las denuncias de que los soldados de Wagner torturaron y mataron a un prisionero en Siria.

Ante estas acusaciones, Gabidullin dice no haber visto nunca a sus compañeros participar en tales actos, pero añade que crímenes como esos eran de esperar dada la actual condición de secretismo del grupo. “El Estado pone a los mercenarios en una situación en la que pueden actuar al margen de la ley y un soldado se ve obligado a establecer sus propias normas morales. Pero, por supuesto, debemos investigar esos asuntos retorcidos”, dice.

Traducción de Julián Cnochaert.

Esta entrevista fue publicada originalmente en The Guardian antes de la invasión rusa de Ucrania del 24 de febrero y elDiario.es ha actualizado el texto para incluir información al respecto.

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