Claves de la nueva guerra entre Afganistán y Pakistán
Durante los últimos años ha sido habitual ver el desarrollo de conflictos históricos a través de escaramuzas en las fronteras de Pakistán, tanto con India como con Afganistán. 2025 supuso un salto cualitativo en la escalada de esas hostilidades. De hecho, las fronteras del Indostán fueron escenario el pasado mayo de la Operación Sindoor, que reforzó el peso de Pakistán tras salir razonablemente bien parado del conflicto más grande con India en años.
Desde la caída de la República Islámica de Afganistán en 2021, las relaciones con Pakistán han variado ostensiblemente y se ha producido una reconfiguración completa de la región que ha sentado las bases para un estallido como el que viene fraguándose entre Kabul e Islamabad, especialmente desde el mes de octubre.
¿Por qué ahora?
Tras la llegada al poder de los talibanes a Afganistán en 2021 se truncó la antigua relación en la que Pakistán había permitido que los militantes del grupo empleasen su territorio durante la guerra. Desde ese momento surgió una contradicción en Kabul.
Los talibanes afganos habían evolucionado desde los movimientos islamistas más radicales de principios de siglo. Se esperaba incluso una moderación para lograr la aceptación internacional basada en el pragmatismo. No sucedió ni lo uno ni lo otro.
El núcleo talibán ahora residía en un nacionalismo pastún que abarcaba un territorio más amplio del que marcaban las fronteras heredadas del colonialismo británico. La línea Durand, que es como se conoce a la frontera afgano-pakistaní, separaba a población pastún que los talibanes consideran el mismo pueblo.
Durante los siguientes años, el grupo armado Tehrik-e Taliban Pakistan (TTP), los talibanes pakistaníes, han incrementado la intensidad de sus ataques al tiempo que han sido acogidos en Afganistán, como antaño ocurriera en dirección contraria. La relación se convertía en un juego de suma cero donde sus relaciones con los talibanes pakistaníes y el Gobierno de Islamabad se volvían incompatibles.
Tras numerosos atentados en Pakistán, las escaramuzas del ejército pakistaní se volvieron habituales en la frontera con Afganistán. Pero el detonante en casi todos los casos eran las incursiones o bombardeos que Islamabad realizaba dentro de Afganistán en busca del TTP y otros grupos como el Estado Islámico del Jorasán (ISIS-K), que también lleva a cabo ataques reclamando para su provincia ambos lados de la línea Durand.
La guerra abierta
Como ya era recurrente, Islamabad continuó desde la semana pasada con los bombardeos que ya venía realizando contra los grupos insurgentes en Afganistán.
Afganistán lanzó unos días después su prometida respuesta a través de una ofensiva terrestre en la frontera y la confusión ha seguido a las amenazas. Pakistán aseguró que ha matado a centenares de combatientes talibanes.
Sin duda, Pakistán ha lanzado el golpe más importante de la refriega actual, apoyado por su superioridad aérea. “Nuestra paciencia se ha agotado. Ahora es una guerra abierta entre nosotros y [Afganistán]”, ha señalado el Ministro de Defensa pakistaní.
Mientras Islamabad asegura haber destruido infraestructura militar del Emirato Islámico en zonas como Kabul, Paktia o Kandahar, también ha señalado haber apuntado sobre objetivos en su propio territorio, en la región fronteriza de Khyber Pakhtunkhwa, donde reside el núcleo tribal de los pastunes pakistaníes.
Ante la falta de capacidad aérea tradicional, Afganistán ha reivindicado ataques con drones y haber impactado incluso en la capital pakistaní. Pero la escalada se ve exacerbada en los cuadros militares. Los talibanes han amenazado con el uso de batallones suicidas talibanes y Pakistán ha lanzado acusaciones directas contra India.
Los ecos regionales del choque armado
En un signo de la extensión de las tensiones regionales y como muestra del discurso de defensa nacional interno, el ejército de Pakistán ha señalado que “detrás de cada incidente terrorista en Pakistán hay financiación, complicidad y diseño indio”.
Aunque pueda parecer poco intuitivo, las relaciones entre Nueva Delhi y Kabul han mejorado notablemente desde el auge del Emirato Islámico. Pero además de por un ejercicio de pragmatismo, la sintonía se ha asentado gracias a los conflictos constantes que ambos países han vivido con Pakistán.
Pero aunque en estos momentos es improbable la extensión del conflicto armado hacia India, los ecos de la Operación Sindoor resuenan y desde 2025 se ha lanzado una campaña regional por la influencia. Pakistán e India no solo compiten por sostener un colchón de intereses en Afganistán sino también en Bangladés y en su red de socios en Oriente Medio.
Mientras Israel y Emiratos Árabes apuestan por incrementar su posición estratégica con India, Pakistán ha firmado una importante alianza reciente con Arabia Saudí y un acuerdo con Turquía, ambos en mitad de una fuerte tensión con Tel Aviv y Abu Dhabi.
Pero precisamente Arabia Saudí y Turquía, los socios pakistaníes, son los países que han mediado en las disputas de Afganistán y Pakistán en el pasado reciente, junto con Qatar, que siempre ha tenido línea directa con los talibanes afganos.
El conflicto afgano-pakistaní es tan importante precisamente por situarse en el epicentro de todas estas dinámicas regionales que les tocan tangencialmente, por la capacidad de catapultar sencillas interrelaciones con los movimientos de India e Irán y por correr el riesgo de coincidir con un gran conflicto en sus fronteras donde se vean implicados Israel, Irán y Estados Unidos.
0