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Análisis

El callejón sin salida de Trump con Irán ante las elecciones de noviembre que amenaza con enfadar a los suyos

Una mujer iraní camina junto a un mural antiestadounidense cerca de la antigua embajada de EEUU en Teherán. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH
29 de mayo de 2026 22:31 h

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Las condiciones de un supuesto acuerdo de 60 días para negociar la paz en la guerra con Irán han dejado a la Administración Trump atrapada entre los crecientes costes económicos de cara a las elecciones de mitad de mandato y la ira de los halcones republicanos, que acusan al Gobierno estadounidense de rendirse ante Irán.

La ruptura pública entre Trump y los republicanos del Senado por su giro hacia la diplomacia con Irán también se ha reflejado dentro de su Administración, donde JD Vance y Marco Rubio se han visto obligados a hacer malabarismos con las políticas de Trump, a medida que este se inclina por salir de la guerra lo antes posible.

Los medios de comunicación estadounidenses informaron el jueves de que los negociadores de Estados Unidos e Irán habían llegado a un acuerdo sobre un memorándum de entendimiento (MOU) de 60 días que prorrogaría el alto el fuego y daría inicio a las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, Irán no ha confirmado el acuerdo y los enfrentamientos han aumentado en el estrecho de Ormuz. Las condiciones acordadas, según se ha publicado, parecen favorecer a Washington, a pesar de que Teherán ha indicado que exigiría más concesiones para abrir esta vía navegable estratégica.

Si ese acuerdo se ha alcanzado, la Casa Blanca no tiene prisa por firmarlo, ya que Donald Trump pretende amortiguar el impacto político que tendría un acuerdo provisional para iniciar las negociaciones con los iraníes. “El presidente ha comunicado a los mediadores que quiere un par de días para pensárselo”, declaró un funcionario estadounidense a Axios.

Los detalles de un acuerdo que se filtraron a principios de esta semana incluían un posible alivio de las sanciones y la liberación de los activos iraníes congelados, así como el cese de las operaciones israelíes contra Hizbulá en el Líbano, una condición que había enfurecido al aliado de Estados Unidos, Benjamin Netanyahu.

Los republicanos consideran que, dada la inversión de recursos militares y los logros operativos alcanzados, se trataba de una propuesta muy débil por parte del presidente Trump

Dana Stroul Institute for Near East Policy

El traslado de las negociaciones de Pakistán a Qatar —país que el gobernador del Banco Central de Irán y otros altos cargos visitaron esta semana— probablemente también indica que Irán busca, como parte de un acuerdo, la liberación de miles de millones de dólares en activos congelados que se encuentran allí, según señalan varios analistas.

La liberación de los fondos también podría avivar las críticas de que el nuevo memorando de entendimiento era similar —o incluso peor— que el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) firmado por Obama en 2015. Trump se retiró de ese acuerdo nuclear en 2018.

“Es como un Obama a la inversa”, afirma David Schenker, exsubsecretario de Estado para Asuntos de Oriente Proóximo durante la primera Administración Trump y actualmente investigador principal del Washington Institute for Near East Policy.

La creciente onda expansiva económica provocada por el cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo mundial— ayuda a explicar la impaciencia de Trump por 'cerrar el trato'. Sin embargo, “el presidente es muy sensible a las críticas procedentes de la derecha”, señala Schenker, quien añade que Trump ha tenido que pensar “de forma creativa” en cómo vender un acuerdo que dejará insatisfechos a muchos miembros de su propio partido.

“Los desafíos son los objetivos que el presidente Trump planteó, que abarcaban desde la rendición total del régimen hasta la protección del pueblo iraní, pasando por la eliminación del programa nuclear”, afirma Dana Stroul, directora de investigación del think tank. “Ninguno de estos objetivos estratégicos se ha logrado”.

Iraníes conducen frente a un gran cartel antiestadounidense que muestra al presidente estadounidense Donald Trump y el estrecho de Ormuz en la plaza Valiasr en Teherán, Irán, el 28 de mayo de 2026. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH RESTRICTIONS: NO Access Israel Media/Persian Language TV Stations Outside Iran/Strictly No Access BBC Persian/VOA Persian/Manoto TV/Iran International TV. (As mandated by Iran's Directorate General for Foreign Media) --

Según ella, las noticias sobre el acuerdo que se han publicado esta semana provocaron una reacción negativa inmediata en Washington, ya que los republicanos “consideran que —dada la inversión de recursos militares y los logros operativos alcanzados— se trataba de una propuesta muy débil por parte del presidente Trump”.

“El supuesto alto el fuego de 60 días —partiendo de la creencia de que Irán actuará alguna vez de buena fe— sería un desastre”, escribió el senador Roger Wicker, presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado. “¡Todo lo logrado con la Operación Furia Épica se habría echado a perder!”.

“Es un momento pésimo”, afirmó un estratega político republicano. “Ya hay malestar por el fondo [de 1.800 millones de dólares contra la militarización] y por las elecciones de mitad de mandato. [Los republicanos] ya se sienten traicionados por Trump y ahora les preocupa que esté cediendo demasiado” para reabrir el estrecho de Ormuz.

Los senadores Ted Cruz y Lindsey Graham —este último, quien ha sido un influyente asesor de Trump en materia de política exterior— también criticaron inicialmente el acuerdo.

Desde entonces, la Administración Trump ha intentado restablecer las relaciones con los senadores republicanos de línea dura, entre ellos Graham, con una propuesta inusual: en una llamada telefónica de gran importancia con líderes del Golfo y de otros países de Oriente Medio, Trump sugirió que todas las partes implicadas en el acuerdo se sumaran a los Acuerdos de Abraham mediante el reconocimiento de Israel.

“Eso no tenía ninguna posibilidad”, afirmaron los observadores, y ha aumentado las tensiones entre el Gobierno y los aliados en el Golfo que pueden considerar que Estados Unidos está cada vez más desconectado de la realidad de la región.

“No es realista”, dice Schenker. “Se trata de un intento de sacar partido de una situación adversa… de impulsar una transformación regional positiva, pero está claro que aún no se dan las condiciones para que se produzca ese tipo de avance. Estos estados se preocupan por mantenerse en el lado correcto del presidente; él es voluble y tiende a guardar rencor, pero esto no es algo en lo que vayan a ceder”.

Ese rechazo ha dejado a la Administración Trump en una encrucijada: o bien arriesgarse a provocar el enfado de los republicanos impulsando un acuerdo que refuerza la posición de Irán y sus pretensiones sobre el estrecho de Ormuz, o bien dejar que el estancamiento continúe tal y como está, con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina.

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