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ANÁLISIS

Represión, una crisis de régimen y un Trump envalentonado: qué significan las protestas en Irán

Ciudadanos iraníes se manifiestan en Teherán el 10 de enero.
12 de enero de 2026 22:02 h

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Irán se enfrenta a una importante oleada de protestas. En mitad de cortes casi totales en el acceso a internet durante días, aflora el debate sobre las demandas de los manifestantes que alcanzan el carácter político de más alto nivel.

En el país persa no es extraño ver movimientos de masas impugnando el sistema y que comienzan alternativamente por uno u otro motivo. Desde protestas por problemas en el suministro energético hasta por la falta de acceso al agua, que en 2025 llegó a uno de los momentos críticos más acuciantes de su historia ante la severa sequía que asolaba Teherán.

Muchos son los asuntos que han calentado la llama de la protesta. Entre ellos destacan las críticas a la base de poder de la República Islámica desde sectores liberales, encabezados por el movimiento en favor de los derechos de las mujeres como el vivido en 2022, o desde las diferentes etnias no pérsicas que habitan el país, especialmente en las regiones periféricas.

Antes de 2023 –cuando finalizó la época de crisis con Arabia Saudí–, era habitual especular con levantamientos en zonas árabes del suroeste del país como el Juzestán. Especialmente durante las crisis con Afganistán y Azerbaiyán se vivieron más tensiones en regiones colindantes como el Sistán y Baluchistán oriental o en el Kurdistán y Azerbaiyán noroccidentales.

La crisis de régimen de Irán

En este momento Irán debe sumar otra crisis a la larga lista. Lo que inicialmente fue una movilización de comerciantes con ecos en problemas de fondo como la inflación y el cambio de divisa fue ganando peso en ciudades medianas hasta que, como ocurre en países tan divididos, las protestas fueron ganando momentum y evolucionaron hacia una mayor impugnación del sistema.

En el punto en que el Gobierno subió el nivel de la represión y los manifestantes se organizaron de forma masiva, empezaron a elevarse las cifras de muertos entre los civiles que protestaban y las fuerzas de seguridad, especialmente entre los primeros.

La incapacidad del Gobierno iraní para atajar los problemas del país es evidente

El Gobierno acusa a Israel y EEUU de infiltrar a agentes en los movimientos en las calles, sin que esta afirmación se haya verificado de manera independiente. Hasta donde es contrastable, Israel ha apoyado abiertamente corrientes que buscan un cambio de régimen en Irán, especialmente magnificando la influencia real que el heredero monárquico del sah pueda tener en el país. Durante la “guerra de los 12 días” lanzada por el Gobierno de Benjamin Netanyahu en 2025, el gabinete israelí llegó a plantear en abierto el asesinato del ayatolá Ali Jamenei.

Estados Unidos atacó los principales sitios nucleares iraníes, pero buscando frenar la escalada descontrolada por parte de Israel. Irán en aquel momento recogió el guante con un ataque controlado sobre la base estadounidense en Qatar. Pero las cosas han cambiado con la impunidad que tanto Tel Aviv como Washington han demostrado en sus diferentes intervenciones recientes, siendo la de Venezuela la que ha terminado de envalentonar a Donald Trump. A finales de 2025, Netanyahu ya acudió al encuentro de Trump para presentar sus propuestas de intervención en diferentes países de Oriente Medio durante el año que llegaba, con Líbano e Irán a la cabeza.

Imagen de las protestas en Teherán (Irán) el 10 de enero.

La incapacidad del Gobierno iraní de Masoud Pezeshkian para atajar los problemas del país es evidente. El propio presidente, del ala moderada, ha señalado que no puede hacer nada para solucionar problemas como la inflación. Si el jefe del Gobierno apenas pudo reemplazar al encargado del Banco Central, el descontento seguirá aumentando incluso aunque el sistema sobreviva a la actual corriente de protestas.

De hecho, la llegada de Pezeshkian ya era vista como un parche para esa crisis de régimen abierta desde hace años. Con un sector reclamando mayor dureza en torno a la élite clerical y la Guardia Revolucionaria, con propuestas menos apaciguadoras ante un Occidente que sanciona a Irán incluso cuando se encuentra dispuesto a negociar; el sector de Pezeshkian ganó unas elecciones complejas en 2024. Y a diferencia de los anteriores comicios, estos en los que venció el sector moderado fueron notablemente más competitivos que los que ganó el sector más duro con Ebrahim Raisi.

Pezeshkian logró apoyarse en los movimientos liberales y en las minorías nacionales periféricas para ganar a los dos candidatos con mayor apoyo del establishment y el entorno del ayatolá. Su victoria fue vista como una oportunidad para ofrecer un cambio en dirección a esas demandas que en 2022 llenaron las calles de mujeres.

A pesar de todo, no ha habido cambios sustanciales durante este periodo y no se consolidó ninguna recuperación de la confianza en el sistema. Se intentó llevar a la Vicepresidencia a uno de los pesos reformistas de la Administración de Hasan Rouhani, Javad Zarif. Pero la disposición iraní a contestar ante Occidente y, especialmente, ante Israel, terminó por romper dicho equilibrio. El ayatolá tomó las riendas de la acción frente a Tel Aviv gracias a sus prerrogativas en defensa nacional.

Una inestabilidad que casi nadie quiere

Un nuevo ataque contra Irán podría desencadenar varios escenarios de difícil encaje. Ni siquiera ante el histórico ataque de Israel y Estados Unidos, que llegó a apuntar al programa nuclear iraní de manera directa, se produjeron, hasta donde se sabe, los cambios necesarios para avanzar en serio hacia un arma nuclear. Irán mantuvo la prohibición religiosa y el Tratado de No Proliferación con la esperanza de retomar las negociaciones nucleares que el Gobierno quiso sacar adelante. Entonces Francia, Reino Unido y Alemania devolvieron las sanciones.

Ahora Estados Unidos y la Unión Europea refuerzan dicha presión contra Irán apoyándose en el último movimiento de protesta significativo. La crisis de régimen se acentúa evitando el cierre de filas que, sorprendentemente para muchos, provocaron en Irán los ataques israelíes y estadounidenses de junio de 2025.

Una caída de la República Islámica resulta un escenario de potencial caos y conflicto civil

En este momento un ataque israelí podría volver a unir a ciertos opositores. Liberales, comunistas, nacionalistas, kurdos, etc. Muchos fueron los que dejaron algunas diferencias de lado para condenar la agresión israelí. Pero precisamente por estos proyectos contrapuestos de país que se percibe incluso entre la diáspora, más proclive a un cambio de régimen, es por lo que una caída de la República Islámica resulta un escenario de potencial caos y conflicto civil.

Trump parece querer algo distinto; asentar hegemonía y proyectar poder sin “botas sobre el terreno”, es decir, evitando una invasión y ocupación permanente como la vivida en décadas de naufragios en Afganistán. Más aún en un contexto de salida de Oriente Medio como tablero prioritario para Estados Unidos.

Pero Israel siempre ha querido la guerra con Irán en mayor medida que Washington, apostando por pretextos como un arma nuclear de inminente desarrollo desde hace décadas. En estos momentos no está claro qué proyecto podría suceder a la República Islámica. Tampoco se sabe si ese régimen sería más beneficioso para los intereses de Israel o Estados Unidos, salvo por la evidente eliminación del mayor reto simbólico al proyecto sionista y a la ocupación palestina.

El caos en Irán sí podría servir a estos intereses inciertos, permitiendo acabar con todo el área de influencia iraní en Oriente Medio que ya se encuentra en plena descomposición. El 'Eje de la Resistencia' se podría caer del todo en tal escenario, especialmente si Israel lograse asentar una base frente a las costas de Yemen y llevar a cabo una operación sin oposición en Líbano. Para Oriente Medio, una guerra civil en Irán como consecuencia de un cambio de régimen desordenado podría suponer asomarse a un sombrío precipicio.

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