La carrera por suceder a Maduro: cómo es la batalla interna del chavismo por el poder en Venezuela
Nueva y vieja élite en Venezuela tras la intervención de Estados Unidos en el país caribeño. La madrugada del 3 de enero ha dejado en shock al continente americano y al mundo, entre celebraciones y preocupación por la creciente agresividad de Donald Trump.
Sin embargo, aunque muchas cosas parecen haber cambiado, el régimen político de la República Bolivariana seguirá adelante por el momento. La tutela que la Administración Trump pretende imponer en el país se basa precisamente en esa sensación de dominación estadounidense sobre el hemisferio occidental.
Trump quería lanzar su mensaje de proyección de poder sobre el continente sin enfangarse en una de esas “guerras interminables” que tanto criticaba en su primer mandato. En parte esto explica el porqué de que Trump se haya negado a un cambio de régimen y a la llegada de la oposición de María Corina Machado al Palacio de Miraflores. Es más útil para sus objetivos manejar un círculo interno chavista que se pueda disputar el poder.
La larga lucha por la sucesión
En medio de rumores no resueltos sobre una posible traición a Nicolás Maduro, las principales piezas del chavismo sostienen la fuerte implantación que el líder secuestrado forjó entre los distintos poderes del Estado. De hecho, esta ha sido una de las claves de su solidez, sin que se diera un golpe de Estado en las horas posteriores a la caída de Maduro.
Desde la muerte de Hugo Chávez ha habido numerosas disputas internas entre el círculo más cercano al exmandatario, con Nicolás Maduro heredando el poder político y Diosdado Cabello quedando fuera de la carrera sucesoria.
Los hermanos Rodríguez han ido ganando fuerza de manera sostenida hasta alcanzar el liderazgo ejecutivo y legislativo
Cabello pasó por un periodo de menor influencia relativa, aunque quedando al cargo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), hasta que resurgió especialmente durante la crisis de legitimidad internacional del chavismo en 2018.
Desde ese momento, Cabello ayudó a ganar el poder legislativo por la puerta de atrás, liderando una Asamblea Constituyente que no llevó a cabo su proposición inicial, sino que sirvió para que la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, perdiera gran parte de su poder.
Con la ruptura definitiva de la convivencia política, Cabello recuperó el poder institucional que había ostentado desde el Ministerio del Interior durante los primeros tiempos de Chávez. Además de ese cargo, que aún ejerce, ha podido conservar un gran poder orgánico en el partido, convirtiéndose en un peso pesado ideológico del chavismo. La herencia del poder por parte de Delcy Rodríguez vuelve a dejarle fuera de la carrera temporalmente.
El potente círculo interno chavista
Los hermanos Rodríguez han ido ganando fuerza de manera sostenida hasta alcanzar el liderazgo ejecutivo y legislativo. Delcy como presidenta interina, formalmente “encargada”, y Jorge como líder de la cámara. La actual presidenta tiene experiencia en la gestión de la economía y los hidrocarburos, perfil con el que parece haber impresionado a Donald Trump y a su secretario de Estado, Marco Rubio. Del mismo modo que Cabello, Delcy Rodríguez ha sido clave para el control del poder legislativo durante el periodo constituyente.
Jorge Rodríguez, sin embargo, ha visto evolucionar su posición desde el Ministerio de Comunicación, uno de los más vinculados a presidencia, hasta liderar la Asamblea Nacional en 2021. Pero ha destacado por ser uno de los asesores más íntimos de Nicolás Maduro y del rumbo del sistema político. Su presencia en el entorno de su hermana es un elemento clave para el futuro.
Pero esta carrera se ha ido moldeando notablemente durante el mandato de Maduro, lo cual puede hacer que restallen las chispas en caso de inestabilidad en el periodo posterior al 3 de enero.
En los primeros años, el que fuera yerno de Hugo Chávez, Jorge Arreaza, ostentó posiciones clave que le situaban en primera línea desde la Cancillería y la Vicepresidencia. Tareck El Aissami fue otro de los grandes nombres de este periodo, controlando áreas clave como el petróleo y, años después que Arreaza, la Vicepresidencia.
Nicolás Maduro y su círculo interno acabaron rompiendo su estrecha relación con Arreaza, quien también quedó relegado a posiciones menores desde 2021 hasta acabar luchando por elecciones regionales. El Aissami cayó en el ostracismo hasta acabar detenido en 2024 entre cargos de corrupción petrolera y conspiración contra el presidente.
Con el precedente tan reciente de la caída de dos hombres fuertes, el ascenso de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello reequilibró las fuerzas en el chavismo. Las rencillas personales habían ayudado a moldear la élite que a día de hoy resiste en Venezuela.
A todos ellos hay que sumar a Vladimir Padrino, clave absoluta para el cierre de filas militar que ha sostenido a Maduro ante los numerosos intentos de derrocamiento que ha denunciado haber sufrido por parte de fuerzas internas y externas. De esta manera, Padrino ha aumentado una influencia que ya era notable con el exmandatario Hugo Chávez.
El encaje de todas las piezas
Durante la última etapa de Maduro, tras la caída de varios nombres importantes y una deriva económica y política que contrastaba con los tiempos de Chávez, se fue consolidando una suerte de “madurismo” donde se bunkerizó sobre sus fieles y ganó peso la presencia de Cilia Flores, su mujer, también secuestrada por Estados Unidos.
Viejos enfrentamientos entre grandes nombres caídos del chavismo, disputas soterradas en función del grado de cierre de filas –como el que se vivió entre Padrino y Cabello por el reconocimiento de la derrota legislativa de 2015– y el engrase de todas las piezas para sostener el régimen político sin Maduro. Todos esos elementos serán clave a la hora de evaluar la pervivencia de Delcy Rodríguez.
En un primer momento, todas estas piezas encajan. La fortaleza del aparato ideológico de Cabello y el control de las Fuerzas Armadas de Padrino será esencial. Por si fuera poco, Maduro se ocupó de potenciar la movilización civil para la defensa del país, apostando porque un cambio de régimen drástico implicase un conflicto civil, lo que ha servido como disuasor en Washington.
La liberación de presos, la apertura del sector petrolero a inversiones estadounidenses y una transición poco estruendosa a pesar del mensaje interno que Delcy Rodríguez está lanzando son algunos ejemplos del equilibrismo al que se enfrenta la presidenta
Pero ese encaje de bolillos puede hacer que, en caso de cesiones ante Estados Unidos fuera de lo asumible para los sectores más ideologizados, estos salten. Ahí se puede ver la doble forma de actuar de la nueva presidenta de Venezuela, asumiendo la nueva relación con Estados Unidos como un control de daños y una rampa de desescalada mientras lanza mensajes de firmeza a nivel interno.
La liberación de presos, la apertura del sector petrolero a inversiones estadounidenses y una transición poco estruendosa a pesar del mensaje interno que Delcy Rodríguez está lanzando son algunos ejemplos del equilibrismo al que se enfrenta la presidenta.
El control de la cámara de Jorge Rodríguez es esencial para la pervivencia de su hermana. La Constitución permitía reconocer su sucesión a través de varios mecanismos, sin embargo, se ha escogido el de la ausencia temporal de Maduro para no forzar a la presidenta a acudir a las urnas por el momento. Será la asamblea liderada por él la que, bajo este supuesto, deba renovar su gobierno interino a los 90 días.
Pero si la presión estadounidense sigue arreciando y va más allá del control absoluto del continente, expulsando a sus competidores, y llegando a exigencias que pongan en riesgo el régimen tal y como se entiende hoy, quizá las costuras salten. Especialmente si se fuerza un escenario donde la oposición acabe ganando peso. Trump sabía que una transición sin cambios drásticos era clave para la estabilidad que requiere su proyecto en Venezuela.
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