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CRÓNICA

Donald Trump incendia el discurso del estado de la Unión con insultos a la oposición, al Tribunal Supremo y a los migrantes

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión durante una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes del Capitolio el 24 de febrero de 2026 en Washington, DC.
25 de febrero de 2026 05:51 h

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Trump es Trump. Y no puede evitarlo. Por mucho que su actitud, insultando a todo quien no le baila el agua, incluso a todo aquel que expresa dudas sobre sus políticas, se pueda convertir en el mayor enemigo para mantener su poder total en Washington a partir de las elecciones legislativas de mitar de mandato del próximo noviembre.

Muchos de los que se levantaron hasta 103 veces para aplaudir el discurso del estado de la Unión más largo de la historia, de 1:47 minutos, saben que pueden perder su asiento en el Congreso de EEUU por las políticas excesivas del presidente de EEUU, incluso en temas propios de la agenda republicana como la migración.

El presidente de EEUU ha sido incapaz de tener un recuerdo para Renee Good y Alex Pretti, asesinados por agentes federales en Minneapolis, al mismo tiempo que ha afirmado sentirse “avergonzado” de la bancada demócrata por no levantarse a aplaudir su discurso populista sobre la defensa de los estadounidenses sobre los que vienen de fuera, como si EEUU no se hubiera fundado por colonos y migrantes.

Es más, las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib han respondido gritando al presidente: “Estás matando a ciudadanos americanos”. Ellas sí han recordado a Good y Pretti.

Y no ha sido la última vez en la que Trump se ha dirigido desde su atril directamente a la bancada demócrata: les ha insultado por el Obamacare, por no renovar la financiación del Departamento de Seguridad Nacional hasta que se ponga coto a las prácticas autoritarias del ICE y, también, por los elevados costes de vida. “Esta gente está enferma, está loca”, ha dicho Trump varias veces.

Y ahí, en lo económico, es donde el presidente de EEUU ha querido sacar pecho, con medias verdades y retorciendo los datos, como cuando dijo que había heredado la inflación más alta de la historia, cuando el IPC estaba en el 3% hace un año cuando llegó al Despacho Oval, por ejemplo.

Trump, además, ha tirado de clásicos en sus discursos, como cuando ha dicho que EEUU era un país “muerto” hace un año y que ahora es “el más potente” del mundo gracias a sus políticas centradas en las fronteras que, según Trump, eran un coladero en época de su predecesor, Joe Biden, que permitió una “invasión” de “25 millones de delincuentes y personas de instituciones mentales y cárceles”.

Las cifras las repite cada día, pero no por eso son verdad. El número de 25 millones de personas irregulares que entraron en tiempos de Biden no es real, y mucho menos que todas esas personas acometieran una “invasión” y fueran delincuentes.

El presidente de EEUU ha reafirmado su política arancelaria en el Capitolio, a pesar de que el Supremo le parara los pies por haberse extralimitado en el modo de aplicarlos de forma generalizada. El tribunal le ha dicho que no puede hacerlo amparándose en la emergencia internacional, que hay mecanismos legales para ello, y en eso se ha puesto el presidente de EEUU con un año de retraso.

La dosis populista de Trump ha estado muy colmada con la presencia del equipo de hockey sobre hielo, campeón olímpico, en el pleno, así como con el reconocimiento a víctimas de ataques cometidos por migrantes irregulares, la viuda de Charlie Kirk, veteranos de la Segunda Guerra Mundial y hasta un participante en el secuestro de Nicolás Maduro.

Y es que, en política internacional, Donald Trump ha presumido de los ataques a Venezuela e Irán, al tiempo que ha alabado su relación con la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez –“Acabamos de recibir de nuestro nuevo amigo y socio, Venezuela, más de 80 millones de barriles de petróleo”–, y de la amenaza permanente sobre Teherán –: “Solo en los últimos meses, con las protestas, han matado al menos a 32.000 manifestantes en su propio país. Les impedimos que colgaran a muchos de ellos con la amenaza de violencia grave, pero se trata de gente terrible. Ya han desarrollado misiles que pueden amenazar a Europa y a nuestras bases en el extranjero, y están trabajando para construir misiles que pronto llegarán a los Estados Unidos. Se les advirtió que no intentaran reconstruir su programa de armas, en particular, las armas nucleares. Sin embargo, siguen empezando de nuevo. Estamos negociando con ellos. Quieren llegar a un acuerdo, pero no hemos oído esas palabras secretas: nunca tendremos un arma nuclear. Mi preferencia es resolver este problema mediante la diplomacia, pero una cosa es segura: nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo, que es lo que son con diferencia, tenga un arma nuclear. No puedo permitir que eso suceda”.

La duda de qué pasará en los próximos días con Irán, en cuyas proximidades EEUU ha desplegado dos portaaviones, marca una agenda política estadounidense atravesada por el fallo del Supremo del viernes pasado contra el uso de la ley de emergencia internacional para desatar una guerra comencial mundial: “Se acaba de producir una decisión muy desafortunada del Tribunal Supremo. Así que, a pesar de la decepcionante sentencia, creo que los aranceles pagados por los países extranjeros sustituirán, como en el pasado, al sistema actual del impuesto sobre la renta, lo que supondrá un gran alivio financiero para las personas que quiero. En el futuro, las fábricas, los puestos de trabajo, las inversiones y billones y billones de dólares seguirán llegando a los Estados Unidos de América, porque por fin tenemos un presidente que pone a Estados Unidos en primer lugar. Amo a Estados Unidos”.

Mientras, el congresista demócrata por Texas Al Green era expulsado del discurso por exhibir un cartel afirmando que “las personas negras no son monos” en respuesta al vídeo racista contra los Obama difundido por Trump en sus redes sociales.

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