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El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca
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El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca: “Dormimos bajo el zumbido de los drones”

Iván frente a su casa destruida por el impacto de dos drones tipo Shahed hace unos meses.

Gabriela Sánchez / Jairo Vargas

27 de febrero de 2026 22:11 h

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La proporción de coches civiles frente a los militares se desploma una vez atravesada la frontera invisible que da paso a la región del Donbás. A los habituales blindados, se suman los nuevos vehículos de la nueva guerra electrónica: picks-ups con inhibidores de señal para evitar la aproximación de drones regulares o todoterrenos encerrados en jaulas para tratar de reducir riesgos ante cualquier ataque de los aparatos aéreos no tripulados de fibra óptica, a los que el bloqueo de las señales no logra doblegar. De un primer vistazo, en el centro de Oleksandrivca, uno de los últimos pueblos convertidos en retaguardia del Donbás, parece no haber civiles entre tanto uniformado en los escasos restaurantes, cafeterías y comercios con los que cuenta la ciudad, pero están, aunque cada vez son más los que se van.

Oleksandrivka se encuentra a unos 50 kilómetros de Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos que Rusia ansía pero no ha podido conquistar en cuatro años de guerra en la región de Donetsk, en el Donbás. Se trata de importantes centros logísticos, y ambas localidades forman la mitad norte del ‘cinturón de fortalezas’ que Ucrania comenzó a construir tras el conflicto que estalló en 2014 y ha reforzado desde entonces. Oleksandrivka, junto a Dobropillya, Bilozerske y Novodonetske, forma parte de una línea defensiva más occidental, que se extiende de norte a sur.

Este es el territorio estratégico y densamente fortificado que el Kremlin quiere. El 20% de Donetsk que aún está en manos ucranianas y que aún no ha podido arrebatarle por la vía militar a Kiev. El mismo cuya defensa con uñas y dientes ha costado la vida de miles de soldados. Los analistas creen que una cesión de las partes de la región controladas por Ucrania, y de sus posiciones defensivas, colocaría a las fuerzas rusas en zonas desde las que podrían atacar con más ventajas otras regiones –en el caso de entregar Oleksandrivka, se acercarían a Dnipropetrovsk–. 

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, EEUU ha intentado impulsar un proceso de negociación con rondas de conversaciones que hasta ahora siguen encalladas en cuestiones espinosas. La principal es el control territorial. Rusia no ha dado muestras públicas de ceder en sus exigencias y pretende, entre otras cosas, controlar todo el Donbás –las regiones de Donetsk y Lugansk–. Esto es algo que Ucrania no se muestra dispuesta a aceptar. En cambio, ha ofrecido repetidamente congelar la línea del frente como base de las conversaciones sobre el territorio. “Estamos dispuestos a hablar de paz en este momento, sobre la base de quedarnos donde estamos. Este es un gran compromiso”, reiteró Zelenski hace unos días. Las autoridades ucranianas también se han abierto a explorar soluciones como la creación de una zona desmilitarizada.

Según la última encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), de enero, el 52% de los ucranianos rechaza la propuesta de transferir estas regiones orientales a Moscú a cambio de garantías, y otro 31% está dispuesto a aceptarla como un compromiso difícil. 

Donetsk sigue siendo la zona más conflictiva del campo de batalla, ahora dominado por los drones. Pero, en su guerra de desgaste, el avance ruso es lento y costoso –se calcula que, en 2025, se apoderó de menos del 1% del territorio de Ucrania–. No lograron tomar la mayor parte de la ciudad de Pokrovsk hasta el pasado diciembre, 21 meses después de iniciar su asalto. Se trataba de un importante centro logístico, pero los ataques rusos negaron a las fuerzas ucranianas, condición que perdió cuando las tropas de Moscú intensificaron su impulso para capturar la ciudad en el invierno de 2025. Aunque el progreso es metro a metro, la presión es constante. En la parte central de la región industrializada, las fuerzas de Putin continuaron adentrándose hacia el centro logístico de Kostiantynivka y hacia Lyman desde el norte y el este. Los soldados de Zelenski también perdieron la asediada localidad de Siversk. Según el Ejército, Rusia pudo avanzar gracias a una importante ventaja numérica y a la constante presión de pequeños grupos de asalto. Moscú presenta sus conquistas territoriales como una “liberación”. Gran parte del frente es una zona gris, así que muchas veces los analistas discrepan sobre cómo evaluar el control territorial.

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