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REINO UNIDO

Terremoto en la política británica desde la izquierda: el triunfo de los verdes pone en apuros a Starmer y abre una nueva era

Hannah Spencer, la nueva diputada del Partido Verde, este viernes con sus seguidores en Manchester.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
27 de febrero de 2026 22:18 h

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Por primera vez desde 1935, no será un diputado laborista quien represente en la Cámara de los Comunes a Gorton, un barrio del sur de Manchester. El escaño lo ocupará una diputada del Partido Verde, Hannah Spencer, fontanera de 34 años y hasta ahora concejala local, tras unas elecciones descritas como un terremoto para la política británica.

El de Gorton y Denton –así se llama ahora la circunscripción que aúna dos zonas de la periferia de la ciudad– era uno de los lugares considerados más seguros para los laboristas. En las elecciones de este jueves, convocadas para sustituir al diputado laborista que se retiró de un escaño que había ganado por 45 puntos en 2024, el partido del primer ministro Keir Starmer ha acabado en tercer lugar, por detrás de la extrema derecha de Reform. Se trata de un escaño de los 650 del Parlamento nacional –el quinto para los verdes– y el Partido Laborista conserva su mayoría abrumadora con un margen de 167 sitios, pero el resultado refleja los problemas del partido de Starmer con casi todos los segmentos más fieles de su electorado tradicional.

“Es un escenario de pesadilla para el Gobierno actual. Han caído en el valle de la muerte electoral. Rechazados por el centro. Rechazados por la derecha. Y ahora rechazados por la izquierda”, explica Rob Ford, catedrático de Políticas de la Universidad de Manchester y académico de la red de expertos UK in a Changing Europe.

La nueva diputada

Parte del éxito del Partido Verde tiene que ver con la candidata, una cara nueva en esta circunscripción porque era concejal en otra localidad, pero que hizo una intensa campaña puerta a puerta con un mensaje poderoso de cambio y protesta. También ha ayudado su perfil, diferente al de los políticos en el poder nacional.

Spencer dejó el colegio a los 16 años, se formó en fontanería y abrió su propia empresa, Hannah's Household Plumbing, con 24 años. Entró en política en 2022 con el Partido Verde y se presentó a las elecciones a la alcaldía de Manchester. Hasta ahora, seguía dedicada también a su profesión de fontanería. Mientras hacía campaña por el escaño en el Parlamento, completó sus estudios para tener la especialización de yesera, como presumió en su discurso de victoria.

En sus primeras palabras tras conocer el resultado pasadas las cuatro de la mañana del viernes se dirigió también a sus clientes: “Me parece que voy a tener que cancelar trabajos que habéis pedido, porque me voy al Parlamento… Cuando llegue allí, haré espacio para todo el mundo que tiene trabajos como el mío. Por fin, tendremos un asiento en la mesa”, dijo.

Los diputados con trabajos manuales son cada vez más excepcionales en Westminster en la época moderna. Quedan unos pocos, la mayoría laboristas, la mayoría hombres. Durante la campaña, la recién elegida diputada sufrió críticas por algunos clichés atribuidos a su profesión. Spencer ha sido atacada por su trabajo –un hombre entró en su sede de campaña al grito de “falsa fontanera”–, por su bienestar económico –tiene dos viviendas en propiedad que ella misma ha reformado– o por su expareja, un investigador médico de la farmacéutica AstraZeneca. 

El mensaje contra la inmigración

La repercusión de esta votación va mucho más allá de Manchester y del empujón para un partido hasta ahora con poca presencia en la política nacional. La derrota de los laboristas en un bastión tradicional de la izquierda cuestiona la estrategia de Starmer de combatir a la extrema derecha endureciendo sus propios mensajes y medidas sobre la inmigración pese al daño económico.

Una de las claves del éxito de los verdes ha sido la movilización de votantes de minorías del sudeste asiático que tradicionalmente han apoyado a los laboristas. Spencer, además, hizo campaña criticando explícitamente al Gobierno de Starmer por no haber sido más contundente ante el Gobierno israelí en la guerra de Gaza. 

Luke Tryl, director en Reino Unido de la encuestadora More In Common, explica que en sus paneles de entrevistas con votantes en el distrito las quejas más frecuentes de los vecinos eran “impaciencia con el ritmo lento del cambio”, el escándalo de Peter Mandelson, el exembajador del Reino Unido en Washington y detenido esta semana por su relación con Jeffrey Epstein, “frustración con un sistema amañado” y preocupaciones por los servicios públicos, la inmigración, el racismo y la gestión de la guerra en Oriente Próximo. Muchos votantes, según More in Common, hablaban de “parar a la extrema derecha” y alababan de manera personal a Spencer.

El distrito está compuesto, según explica Rob Ford, por dos zonas, una más blanca y de clase obrera, y otra más poblada y diversa, con jóvenes, estudiantes y cerca de un 40% de personas que se identifican como musulmanas. 

Reform, que se quedó con el 28% de los votos, presentó a un político y locutor del canal GB News, Matt Goodwin, que ha hecho campaña con mensajes contra “la islamización de la sociedad” y que cuestionó en noviembre que tener un pasaporte británico equivalga a ser “británico”. El partido de extrema derecha se quedó por debajo de las expectativas, pero sigue avanzando para sustituir al Partido Conservador, que no llegó en Manchester al 2% de los votos y perdió el depósito de 500 libras (570 euros) que pagan los candidatos por presentarse y no recuperan si no llegan al umbral del 5%.

En una referencia al candidato de la extrema derecha, Spencer criticó a los políticos que intentan “dividir” a las comunidades. “Hoy la gente en este distrito ha mandado un mensaje muy claro. Hemos rechazado el odio y abrazado la política de la esperanza, no una esperanza ciega, sino una enraizada en un plan ambicioso y realista para cambiar nuestro país juntos a mejor”, dijo.

Fragmentación impredecible

La fragmentación a la izquierda y a la derecha de los partidos grandes se está intensificando en medio del descontento de la población en un país en declive y cuyos problemas se han agudizado desde el Brexit.

“Con ambos partidos alrededor del 20% o menos en las encuestas, el duopolio conservador-laborista que ha dominado la política británica de posguerra nunca había estado tan débil”, explicaba tras el resultado de Manchester John Curtice, catedrático de la Universidad de Strathclyde, en Escocia, y gurú de encuestas de la BBC. 

Los problemas para Starmer, uno de los primeros ministros más impopulares de la historia, pueden volver a multiplicarse mientras crece el descontento con su gobierno y el país. No hay elecciones generales hasta 2029 y tiene mayoría suficiente para gobernar y aprobar sus medidas, pero su partido puede intentar cambiar de líder –y así de primer ministro– de aquí a los comicios del 7 de mayo, cuando se vota en ayuntamientos de todo el país y en los parlamentos de Escocia y Gales. 

En el caso de las elecciones locales, los verdes ya tienen una presencia sustancial de concejales en Londres, Bristol, Brighton, Oxford y otras ciudades del sur de Inglaterra, pero ahora su victoria en el norte puede fomentar la expansión en otras regiones.

Entretanto, Reform ya avanzó en las elecciones locales del año pasado y puede sustituir al Partido Conservador en muchos municipios. 

“Decepcionante”

“Es un resultado muy decepcionante”, dijo Starmer este viernes en referencia a las elecciones en Manchester. “Los gobiernos en el cargo a menudo tienen estos resultados a mitad de mandato. Pero entiendo que los votantes estén frustrados, que estén impacientes por un cambio”. 

El primer ministro aseguró que le mueve mejorar la sanidad pública y asegurarse de que la gente trabajadora tiene “una vida mejor”, y que seguirá en política por eso. “También lucharé contra los extremos en política en la derecha y en la izquierda, partidos que quieren dividir nuestro país… El Partido Laborista es el único que puede unir nuestro país y nuestras comunidades. Estaremos juntos en esa lucha contra los extremos de la izquierda y la derecha”, dijo.

El primer ministro, Keir Starmer, durante una reunión con miembros del Partido Laborista local en Londres, este viernes.

Varios diputados laboristas críticos le acusan de acercarse demasiado a las políticas conservadoras, en particular en inmigración, y de tomar decisiones equivocadas, como el bloqueo de la candidatura al escaño en juego del alcalde de Manchester, Andy Burnham, un potencial rival que sólo se puede presentar a líder del partido si es diputado. Sólo unos pocos han pedido hasta ahora la dimisión de Starmer y hacen falta al menos 80 diputados para sustituir al líder.

Angela Rayner, ex viceprimera ministra y otra posible candidata si se abre un proceso para sustituir a Starmer, dijo este viernes que los laboristas tenían que aprender de esta derrota. Rayner, que es de Manchester y representa a otra circunscripción cercana, publicó en X: “Este resultado es una llamada de atención. Ha llegado el momento de escuchar de verdad y reflexionar. Los votantes quieren el cambio que prometimos y por el que votaron… Tenemos que ser más valientes”.

“Este Gobierno ha quemado a su propia base, ha alienado a su principal electorado, ha apartado a sus activistas y ha hecho un corte de mangas precisamente a las personas por las que entramos en política. ¿Y nos sorprende que los votantes se estén marchando?”, dijo de manera más cruda el diputado laborista Clive Lewis, de un distrito de Norwich, en el norte de Inglaterra. También dijo que más que cambiar de líder, el Partido Laborista tiene que cambiar “de política”.

Con o sin Starmer, se avecinan tiempos complicados para los laboristas igual que para los conservadores.

La fragmentación es la nueva realidad que, mezclada con el sistema electoral británico que atribuye un solo escaño por circunscripción, produce resultados imprevisibles. Incluso aunque pierdan apoyo, los verdes son una nueva fuerza ascendente igual que Reform, y los liberaldemócratas, ahora el tercer mayor partido en el Parlamento, siguen teniendo músculo en todo el país.

“El cambio a un sistema de cinco partidos complica enormemente las cosas en términos de qué puede pasar. Y se vuelve mucho más dependiente de las decisiones de las élites, de lo que elijan hacer”, explica a elDiario.es James Tilley, catedrático de Política de la Universidad de Oxford. “Depende de si Reform y los conservadores pueden llegar a algún tipo de pacto electoral que cambie las cosas por completo, de si los verdes y los laboristas pueden ponerse de acuerdo –improbable, pero es posible–... El resultado tiene mucho más que ver con decisiones de la élite, que son imposibles de predecir.”

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