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ENTREVISTA

James Tilley, politólogo: “El Brexit no fue un rechazo a las élites”

El profesor James Tilley en Oxford.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
25 de febrero de 2026 22:19 h

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Antes del 23 de junio de 2016, el debate del Brexit apenas estaba en la calle en el Reino Unido. En los siguientes diez años, dividiría familias, hundiría partidos políticos y definiría al electorado como ningún partido es ya capaz de hacerlo. Lo cambió todo el hecho de celebrar el referéndum, el resultado y las largas negociaciones del tipo de ruptura elegido por el Gobierno británico. La palabra Brexit apenas existía antes de la votación. En 2018 y 2019, sin embargo, se pronunció de media cada cinco minutos de debate parlamentario en la Cámara de los Comunes.

La Unión Europea era un debate de élites –fundamentalmente por la división del Partido Conservador– hasta que el referéndum centró la atención del país y lo partió en dos, según explican en su nuevo libro, Tribal Politics: How Brexit Divided Britain, James Tilley y Sarah Hobolt, dos grandes expertos en el Brexit que llevan una década estudiando la opinión pública alrededor de este asunto. 

Hablo con Tilley, catedrático de Políticas de la Universidad de Oxford, en su despacho de Jesus College, donde lleva dos décadas estudiando y trabajando. Encima de su mesa, un cartel de Batman con el Joker amenazante, anuncia: “Vote for me or I will kill you”. Tilley explica que lo tiene para impresionar a sus alumnos. Alrededor, además de libros académicos, hay novelas apiladas. La ciencia ficción es lo que, según él, ha explicado hasta ahora mejor el Brexit.

Esta es una parte de nuestra conversación, editada por extensión y claridad.

¿Le sorprendió que 10 años después del referéndum sigan existiendo en el electorado dos identidades tan marcadas entre quienes votaron a favor y en contra del Brexit?

El subtítulo original de este libro, cuando lo pensamos por primera vez hace cuatro o cinco años, era “El ascenso y la caída de la identidad del Brexit”. La caída no ha sucedido. Así que nos sorprendió. Pensamos que el tema moriría. Pero el Brexit es un asunto que vuelve a ser relevante de vez en cuando, y eso se filtra... Con el tiempo, lo esperable es que estas identidades desaparezcan, pero ha sido mucho más gradual de lo que pensábamos. 

¿Por qué? En las últimas elecciones, en 2024, laboristas y conservadores apenas hablaron del Brexit y esta división se mantuvo de todos modos. 

Son identidades de grupo de abajo arriba. Ahora nadie las adquiere. Son solo las personas que las tenían y las conservan. Esa es la diferencia con cómo solemos pensar sobre las identidades de partido. Hay personas que adquirieron esta identidad en el referéndum y durante al menos los cinco años siguientes, cuando éste era el gran tema en Gran Bretaña. Era muy relevante. Si ibas a una barbacoa o hablabas con gente en un pub, el tema salía. Esto se ha reforzado también después, en los últimos cinco años, aunque no en la misma medida.

Es como ser hincha de un equipo deportivo. De adolescente, te apasiona el Chelsea o el Nottingham Forest. Y durante esos cinco años es importantísimo para ti. No pierdes esto de repente 20 años después. Sigue siendo tu equipo, aunque no hagas nada al respecto. Si gana, te pones contento porque gana tu equipo. 

Es como ser hincha de un equipo deportivo. De adolescente, te apasiona el Chelsea o el Nottingham Forest. Y durante esos cinco años es importantísimo. No pierdes esto de repente 20 años después. Sigue siendo tu equipo, aunque no hagas nada al respecto. Si gana, te pones contento porque gana tu equipo.

¿Pero si no se une más gente a esas identidades, esta división desaparecerá?

Sí, pero eso va a llevar mucho tiempo. Incluso en los últimos diez años, los nuevos votantes, los que no pudieron votar en 2016, sólo representan alrededor del 12% del electorado. No son muchas personas y, pensando en el rango de edad, no son tan relevantes para la política porque no votan.

Pero habrá un declive. También hay un declive porque sobre todo los partidarios del Brexit está perdiendo esta identidad.

Las encuestas muestran que la mayoría de las personas cree que fue un error salirse de la UE. ¿Es esa una de las razones por las que las personas que votaron a favor del Brexit están perdiendo esta identidad?

Sí, de ahí viene la mayor parte del cambio. La mayoría de la gente dice que quiere reincorporarse a la UE. De todas formas, el Reino Unido no se reincorporaría en los mismos términos; en la práctica, cuando se da a la gente más información sobre lo que significaría la reincorporación, esto no suena tan bien. Si simplemente preguntas: “¿Quieres reincorporarte?”. Entonces sí, ese número ha aumentado.

En los últimos diez años, los nuevos votantes, los que no pudieron votar en 2016, sólo representan alrededor del 12% del electorado actual. No son muchas personas y, pensando en el rango de edad, no son tan relevantes para la política porque no votan.

¿Las negociaciones del Brexit crearon más tensión?

Probablemente. Imagine que hay otro referéndum y que la mayoría está a favor de reincorporarse. Luego está el proceso de reincorporación. Lo que sucederá es que muchas de las personas que voten por la reincorporación estarán bastante insatisfechas. Es la naturaleza de ganar y perder. Si ganas, puedes sentirte decepcionado. Si pierdes, no puedes, de alguna manera, porque crees que todo habría salido bien si hubieras ganado.

Su libro cuenta que las diferencias socioeconómicas de partidarios y detractores del Brexit no son tan marcadas. ¿No valen como explicación sobre quién votó a favor y en contra?

Lo que no vale es equipararlas. La clase social es algo que solía importar mucho. Es cierto que las personas de clase media y clase trabajadora eran ligeramente más propensas a votar por la permanencia en la Unión Europea. Pero si eligiera a una persona al azar con una ocupación de clase media de la población, esto no predeciría muy bien cómo votó. Acertaría más que al azar, pero no sería mucho mejor.

Si consideramos todas las características sociales, como la edad, la educación, la clase social, la raza, o incluso la región, las ponemos todas en un modelo para intentar predecir el voto, no sale una predicción demasiado buena. Es mejor que el azar, pero no mucho mejor. Algunos de esos modelos tienen un 60% de probabilidades de acertar. Eso significa que el 40% de las veces se equivocan.

¿Por qué?

Una de las razones es que estos factores no están tan estrechamente relacionados como se podría pensar. La otra es que, por ejemplo, cuando hablamos de edad, nos referimos al grupo de mayor edad y al de menor edad y los comparamos. Hay una diferencia relativamente grande, pero la mayoría de las personas no están en el grupo de menor edad: están en el medio. Solo afecta a las personas en los extremos. 

Se trata más de gente que en 2015 o 2016 tenía una visión genérica de la UE, vagamente influenciada por su clase social, educación, edad o incluso la fuerza de su identidad nacional. Muchas de esas personas tenían opiniones bastante similares, que se situaban en un punto intermedio. La visión más habitual era “no me gusta mucho la UE; no quiero irme de ella”.

Una manera clásica de preguntar es dar más opciones. En un extremo, tienes un Estado federal de la UE. Y en el otro extremo, la salida de la UE. La respuesta más común elegida era quedarse y reducir las competencias de la UE. Pero esa no era una opción en la votación.

Una vez que has elegido, ese es el punto en el que diverges, porque entonces estás en un lado o en el otro en lugar de estar en un punto medio donde podrías cambiar de opinión con el tiempo. Hay características que apoyan esas opiniones y que forman el voto. Pero, en última instancia, lo importante es el voto en sí, porque eso separa a las personas en dos grupos.

En última instancia, lo importante es el voto en sí, porque eso separa a las personas en dos grupos.

¿No es correcto el cliché más común de que el Brexit fue el voto de la clase trabajadora contra la élite?

No me convence ese argumento. Por dos razones. Por un lado, la clase social, por sí sola, no predice bien el voto. La educación sí lo hace mucho mejor. No se trata de la clase social, al menos no de la posición económica.

Por otro lado, hay buenas razones por las que personas con diferentes trabajos o niveles educativos tienen opiniones diferentes sobre la pertenencia a la UE. Simplificando, si soy de clase media y tengo un alto nivel de cualificación, me beneficio de la pertenencia a la UE. En general, me beneficio de la mano de obra barata que viene del extranjero. Me beneficio de poder ir a trabajar al extranjero. Si tienes un trabajo de clase obrera, no te beneficias. Te enfrentas a una mayor competencia laboral. 

Pero la mayoría de la gente no hace asociaciones fuertes entre costes y beneficios. No veo que esto [el Brexit] fuera un rechazo a las élites. La evidencia de esto es muy débil. De hecho, no se trató de la desconfianza en el Gobierno, que sería lo obvio. Se trató más bien de la actitud de la gente hacia la pertenencia a la UE.

Su libro explica lo poco relevante que era la Unión Europea antes del referéndum más allá de las élites. ¿Tienen las élites políticas tanto poder todavía en el Reino Unido?

Cierto, la UE no era un tema relevante antes del referéndum… ¿Por qué me debería importar comparado con el servicio de salud, la situación económica o la inmigración? No es sorprendente. Tampoco es sorprendente que las élites se preocupen más al respecto, porque la UE siempre ha sido un proyecto liderado por las élites, basado en la idea del consenso permisivo, donde las élites deciden hacer algo y luego el público lo acepta... Además, si eres político, te interesan mucho los asuntos constitucionales y la soberanía de tu propio país, porque eres quien hace las leyes.

El referéndum de 1975 fue parecido. Había una gran mayoría a favor de quedarse para mantener el statu quo.

¿Podría estar ocurriendo esto de nuevo en el caso de la migración cuando las élites están poniendo tanto el foco ahí? 

Diría que siempre ha sido un tema muy relevante debido a las altas tasas de migración. Eso se volverá menos relevante si disminuyen. A la gente no le gusta y sigue sucediendo. Obviamente, la pandemia le restó importancia, igual que la guerra en Ucrania y los precios altos del gas y el petróleo, pero el tema ha vuelto porque esos otros factores han desaparecido o se han atenuado. 

Es una prioridad para la gente porque de verdad le importa. Y por eso los políticos hablan tanto de ello. Algunos preferirían no hacerlo, pero se han visto obligados.

¿Se puede hacer con la migración una equivalencia con la división de los bloques del Brexit?

Sí. Si nos fijamos en el apoyo a Reform, una gran parte corresponde a quienes votaron por la salida en el referéndum. Hay varias razones, pero una de ellas es que las actitudes de la gente hacia la inmigración coinciden hasta cierto punto con esa división, aunque mucha gente que votó por la permanencia también quiere reducir las tasas de inmigración. ¿Es a causa de los grupos identitarios? No estoy seguro. Pero hay correlación.

Las actitudes de la gente hacia la inmigración coinciden hasta cierto punto con esa división del Brexit

¿Cómo ve el resurgimiento de Farage en este contexto, con un tema tan difícil y divisivo en su pasado como el Brexit?

Quizás limite su apoyo. Sin el bagaje del Brexit, Reform lo tendría más fácil por el descontento con los partidos grandes. El reemplazo del Partido Conservador podría ocurrir, como ocurrió en Canadá. Pero esto lo dificulta, en cierto modo. Probablemente, hay un techo de los votantes que Reform puede atraer debido a la trayectoria de Farage como líder del UKIP y del Partido del Brexit. Si votaste por la permanencia, será difícil que votes por este partido.

Sin el bagaje del Brexit, Reform lo tendría más fácil por el descontento con los partidos grandes. El reemplazo del Partido Conservador podría ocurrir, como ocurrió en Canadá. Pero probablemente, hay un techo de los votantes que Reform puede atraer debido a la trayectoria de Farage como líder del UKIP y del Partido del Brexit. Si votaste por la permanencia, será difícil que votes por este partido.

¿Será entonces el Brexit un problema para Reform en última instancia?

Depende. Si el Partido Laborista ha logrado una mayoría con el 30% de los votos, quizás Reform también puede. Se trata más de cómo estén de divididas la izquierda y la derecha. Si hubiera un pacto electoral entre los conservadores y Reform, eso lo cambiaría todo y podrían obtener una gran mayoría.

El libro describe el Brexit como doloroso para mucha gente ¿La decisión de convocar un referéndum causó un problema comunitario?

¿Las elecciones causan problemas? También hay identidades partidistas y suelen ser bastante conflictivas. A la gente no le gusta la gente del partido contrario. Vemos esto históricamente en Gran Bretaña entre conservadores y laboristas. No hay mucha diferencia. La magnitud es un poco mayor en algunos casos. 

Tengo un proyecto que analiza la tolerancia política por partidos y vemos niveles bastante altos de intolerancia hacia la gente del otro bando. Damos a la gente dos descripciones de una manifestación. La mitad recibe una descripción de la manifestación organizada por los conservadores, la otra mitad por los sindicatos, y todo lo demás es exactamente igual. Decimos que hay mucha gente, los policías involucrados, calles cerradas… Si eres conservador, es mucho más probable que digas: “Sí, la protesta conservadora debería seguir adelante”, y viceversa. Son libertades civiles básicas, y, todavía peor, la gente le dice “no” al otro bando. 

No hacemos una comparación en términos de tolerancia con las identidades del Brexit. ¿Es malo que hayamos terminado con este tipo de división? Sí, pero solo en el mismo sentido en que es malo que terminemos con divisiones entre las etiquetas de partidos o los hinchas de equipos de fútbol. 

La mayoría de la gente hoy no estaría dispuesta a discriminar a las personas por su raza, sexo o religión. Pero está mucho más dispuesta a decir que lo haría y a hacerlo por creencias políticas. Si es un atributo selectivo, está bien; si es un atributo predefinido, está mal. ¿En realidad, cuál es la diferencia? Se trata de alguien diferente a ti.

En Gran Bretaña hace 50 años había mucha más discriminación racial. Y la gente estaba bastante dispuesta a admitirlo y a decir que pensaban que las personas de otra raza eran inferiores. Hoy muy pocos dirían eso, pero dirían frases parecidas sobre un grupo político opositor.

La mayoría de la gente hoy no estaría dispuesta a discriminar a las personas por su raza, sexo o religión. Pero está mucho más dispuesta a decir que lo haría y a hacerlo por creencias políticas

Pero ¿lo nuevo es la polarización afectiva, la pasión por la política como si fuera el fútbol? 

La mayor parte de la literatura académica sobre este tema está escrita por estadounidenses y se centra en Estados Unidos, donde, en el pasado, las personas tenían una identidad partidista muy fuerte, pero no se reflejaba en hostilidad hacia el otro bando. 

En cambio, en los países europeos, la situación era diferente: las personas tenían una afinidad ligeramente menor con su partido, estaba basado más en características sociales como la clase y la religión, y había mucha más animosidad hacia la gente del otro bando. En Gran Bretaña, era la distinción entre la clase trabajadora y la clase media. Había fricción que no existía en Estados Unidos, porque los demócratas y republicanos no se definían tanto por su clase y religión, o al menos la gente no los percibía así.

Lo que ha sucedido en Estados Unidos es que algunas de estas cosas se han alineado cada vez más. Tu religión, raza e ingresos predicen mejor tu voto que antes. Así la gente tiene una idea mejor de quién es ese tipo de persona en el otro bando. Y eso los hace más propensos a ser antagónicos.

¿Hay algo que aprender para otros países de lo que ocurrió en el Reino Unido?

Que las decisiones de élite, como las de Cameron para mantener a diputados de base de su lado… las decisiones relativamente apresuradas, pueden tener repercusiones masivas y duraderas. No solo en términos de la salida de Gran Bretaña de la UE, que, dependiendo de tu punto de vista, ha tenido un impacto grande o pequeño, sino en términos de cómo eso configura el escenario político para la próxima década de una manera bastante impredecible. 

La segunda cosa es que si hay un evento aislado, como un referéndum, que divide a la población de forma clara, mantiene su relevancia durante un tiempo. Si los partidos no están bien alineados, se dará una situación en la que se producirá una nueva división que se afianzará. Va a ser algo que perturbará el sistema de partidos existente.

Es irónico cómo algunos diputados conservadores estaban preocupados por el buen desempeño del UKIP en sus circunscripciones. Cuidado con lo que deseas. UKIP ha sido reemplazado por un partido mucho más exitoso. Al lidiar con ese problema, usaste un mazo para matar al ratón y derribaste tu propia casa. 

¿Diez años después del Brexit, cuál cree que es el mayor malentendido sobre lo que sucedió?

El mayor malentendido es que la opinión pública piensa que el problema es la otra parte…. No digo que todos sean teóricos de la conspiración. Muy pocas personas lo son. Se trata de pensar que la razón por la que esto sucedió de esta manera se debe a la ignorancia, la desinformación o a malas intenciones. ¿Y qué hay de tu lado? 

Cuando la gente habla de desinformación, nunca habla de que la desinformación se aplique a uno mismo. Siempre se aplica a otras personas, al otro bando. ¿Por qué va a ser diferente? Todos estamos involucrados en lo mismo, que es buscar lo que respalda nuestras opiniones, en última instancia. Y cada uno está en su propia burbuja de opiniones similares. 

¿Y entonces?

En cierto modo, se pierde el punto de que simplemente no estás de acuerdo y no pasa nada. Ambos grupos pueden llegar a conclusiones diferentes sobre una pregunta por intereses personales o puntos de vista diferentes sobre cómo debería ser el mundo.

Hay un estudio publicado sobre cómo las opiniones políticas de las personas son, al menos en parte, biológicas. Genéticamente, diferimos en lo que queremos y en cómo pensamos. Y hasta cierto punto, eso explica el tipo de política que quieres. Si eres una persona muy trabajadora, querrás un sistema de bienestar diferente al que buscas si eres muy perezoso.

Si le dices a la gente que hay una base genética, entonces ve la otra cara de una manera mucho mejor. El otro no es una mala persona; no es ignorante; no es estúpido; solo quiere algo diferente. El problema con el debate sobre la UE fue que no estaba enmarcado en términos de interés propio. Estaba enmarcado en términos de lo correcto. Lo correcto está en el ojo del observador.

Pero si nos remontamos 20 ó 30 años, se trataba de política de clases, y eso es diferente. Si eres de clase trabajadora, quieres algo porque te beneficiará. Si eres de clase media, quieres otra cosa porque te beneficiará. Puedes respetar a la persona del otro lado. Solo defiende sus propios intereses. Es una idea diferente a decir qué está bien y qué está mal.

¿Le parece una política más saludable?

Sí, en cierto modo lo es. Significa que ambos pueden respetar lo que la otra parte quiere, entenderlo y llegar a un acuerdo. Pero si piensas que la otra parte es estúpida o malvada, ¿por qué vas a tratar con ella? De hecho, no deberías ceder. ¿Por qué cederías con una persona malvada? Cuanto más te acercas a ese tipo de manera de ver a los otros, como actores egoístas, personas desinformadas y un poco estúpidas, más difícil es llegar a acuerdos.

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