Del radón al agua mineral: un experto en seguridad nuclear indica la radiación a la que nos exponemos en el día a día

El especialista recuerda que las aguas minerales también suelen tener sustancias radioactivas.

Paloma Martínez Varela

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Han pasado cuarenta años desde aquel día en el que el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil saltó por los aires originando la mayor catástrofe nuclear hasta el día de hoy y, aunque en el imaginario colectivo sigue ligada a esa idea de peligrosidad, la radiación es un elemento intrínseco de nuestro entorno que nos acompaña en el día a día.

“Vivimos en un entorno que es radiactivo”, asegura con naturalidad Eduardo Gallego, catedrático de Ingeniería Nuclear en la Universidad Politécnica de Madrid, que explica que la propia Tierra es la principal fuente de emisión. 

El principal responsable de la exposición diaria del ciudadano medio es el gas radón, “que está presente en el aire porque es un fruto de la desintegración del uranio que se encuentra prácticamente en toda la corteza terrestre”, señala Gallego. “Probablemente sea el producto que más contribuye a la radiación de la población en su conjunto”, apunta.

En España, la exposición no es uniforme, depende mucho de si el territorio que estamos pisando es granítico o más sedimentario y arenoso. “En las zonas de la cordillera central, incluida la Comunidad de Madrid, el norte de Cáceres y Salamanca hay un fondo radiactivo natural bastante importante”, advierte el experto en seguridad nuclear. Por el contrario, en el Mediterráneo o el sur de la península, los niveles son mínimos. 

Desde 2024 existe un Plan Nacional contra el Radón, que lleva a cabo mediciones y medidas de acción en municipios identificados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). “Se estima que el radón es, junto con el tabaco, y en particular si se unen ambos factores, uno de los mayores contribuyentes al cáncer de pulmón”, afirma Gallego, sin caer en el alarmismo, ya que añade que las soluciones suelen ser sencillas y poco costosas. “Es bien conocido, está bien caracterizado y eso es lo importante”, valora.

Otra fuente importante de radiación es la cósmica, “que viene sobre todo el sol y que afortunadamente el campo magnético terrestre la desvía, por lo que es variable hacia los polos y en cordilleras muy elevadas hay más dosis y, por supuesto, cuando volamos en avión”, explica el experto, que añade que un tripulante de vuelos transoceánicos puede acumular entre 3 y 5 milisievert (mSv) al año, “pero el riesgo es muy muy bajo”, insiste el ingeniero.

En cuanto al ámbito de las fuentes de radiación artificiales, la medicina es la que más exposición aporta, aunque Gallego destaca la importancia de poner en perspectiva el valor de un tratamiento, como la radioterapia, o una prueba médica, como un TAC: “Lo que supone la radiación en ese caso es insignificante frente al riesgo de no curarse”.

Por último, habría que tener en cuenta las emisiones de las centrales nucleares en funcionamiento, que aportan una “fracción insignificante”, según el experto, a la exposición global. “Y ya en último lugar vendrían otras fuentes como puede ser la presencia de algunos isótopos radiactivos naturales como el potasio 40 o el propio uranio que están en algunos alimentos y bebidas”, añade Gallego, como el agua o el marisco. “Las aguas minerales suelen tener presencia de sustancias radioactivas también”, concreta.

Comparar la exposición cotidiana en nuestro país con el desastre de Chernóbil deja cifras desorbitadas. La dosis media de radiación que estima el Consejo de Seguridad Nuclear para la población española es en total de 3,7 mSv cada año. “En Chernóbil la mayoría de la gente que vivía cerca recibió más de 100 msv en unas pocas horas, algunos incluso más de 1.000 mSv, más de un Sv”, aclara el experto, que recuerda que la zona de exclusión sigue siendo inhabitable a escala humana debido a productos de vida larga como el plutonio, cuyo periodo de semidesintegración es de 24.000 años.

Sobre la lección aprendida tras aquel desastre de 1986, Gallego es claro: “La energía nuclear no sé si será barata, pero desde luego tiene que ser segura, porque si no es segura, no se debe de usar”. La seguridad no solo es posible, sino también exigible, concluye el experto en seguridad, que subraya que España no ha registrado nunca ningún percance que haya supuesto riesgo para la población en más de 40 años de uso de nucleares. 

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