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Las recetas de Tony Blair para los líderes del Reino Unido: parecerse a Trump y entregarse a la IA

El exprimer ministro británico Tony Blair y el presidente Donald Trump en una cumbre en Sharm El-Sheikh, Egipto, en octubre de 2025.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
28 de mayo de 2026 21:54 h

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La residencia habitual de Tony Blair en Londres se parece mucho al 10 de Downing Street. La casa de estuco claro y ladrillo oscuro y las ventanas simétricas del neoclasicismo británico tiene hasta una puerta negra enmarcada por columnas blancas y coronada por un ventanal en forma de abanico. Es una de las más de 20 propiedades del ex primer ministro laborista y su familia.

Su mansión campestre está en el condado de Buckingham, cerca de Chequers, la residencia utilizada por los primeros ministros del Reino Unido en el cargo para descansar o recibir a otros líderes. Aquí o donde quiera que esté, Blair recibe cada semana un informe con documentos de políticas públicas y debates sensibles. No es una caja roja en forma de cofre como la que recibía cuando era el líder del país, pero la rutina y el contenido se asemejan.

Han pasado casi 20 años desde que Tony Blair dejó el Gobierno y el Parlamento británico. Pero nunca ha estado desconectado del poder. Pese a su impopularidad por la invasión de Irak, sigue siendo el líder laborista favorito entre los militantes de su partido, el político que ganó tres elecciones seguidas –dos con mayoría aplastante– después de cuatro derrotas de sus predecesores y antes de otras cuatro de sus sucesores. 

La autoestima por sus victorias electorales y los niveles inéditos de apoyo que mantuvo durante años le han empujado ahora a dar lecciones a los laboristas, en plena crisis por el derrumbe en las elecciones locales y un posible relevo de Keir Starmer como primer ministro.

En medio de las turbulentas semanas que viven los laboristas, Blair ha irrumpido en la campaña para suceder a Starmer con un artículo de más de 5.000 palabras en el que critica al actual primer ministro y a sus rivales para sucederle. El Gobierno de Starmer, según Blair, “a menudo parece tambalearse al vaivén del viento, a menudo falto de firmeza y estabilidad”, “no tiene un plan coherente y bien trabajado para el país en un mundo que cambia rápido” y está lleno de “laboristas tradicionales de izquierdas”.

Blair describe a Andy Burnham, el actual alcalde de Manchester y favorito para suceder a Starmer, como un “extraordinario” miembro de su Gobierno (en 2007 llegó a secretario de jefe de Tesoro), y a Wes Streeting, el exministro de Sanidad, como “un enorme talento político”, pero dice que sus debates “tienen un aire retro del siglo XX” y que son solo unos políticos más aunque se quieran identificar como fuera de la “burbuja” de Londres. También les acusa de caer en la “fantasía” de que moviéndose hacia la izquierda el partido ganará o de confiar demasiado en una futura vuelta a la Unión Europea como solución al declive del país. 

Starmer le contestó este jueves: “No estoy de acuerdo con mucho de lo que dice Tony sobre qué está haciendo el Gobierno. Podemos debatir sobre políticas particulares”. El primer ministro dice esta de acuerdo en que el debate en el laborismo debería estar centrado en ideas, no en líderes, y le recuerda que la situación que se encontró al ganar las elecciones en 2024 –un país aislado y en declive económico– es “muy diferente” de la que se encontró Blair en 1997. Burnham y Streeting también han criticado a Blair por no entender los desafíos actuales, como la desigualdad.

Keir Starmer, ahora primer ministro del Reino Unido, y los exprimeros ministros Tony Blair y Gordon Brown durante la proclamación de Carlos III el 10 de septiembre de 2022, tras la muerte de la reina Isabel II, en Londres.

Las recetas de Blair

Las recetas de Tony Blair suenan, de hecho, al siglo XX, el suyo.

Uno de sus mensajes constantes es que la ideología tradicional con la que se identifican los partidos ya no importa y hay que inventar otra “vía” basada en el pragmatismo mirando hacia adelante. Ese es el mensaje que también estaba en su primer discurso como líder laborista en julio de 1994, cuando dijo: “No necesitamos ni las políticas de la vieja izquierda ni de la nueva derecha, sino una nueva agenda de centro-izquierda para el futuro, una que rompa esquemas, no una que ponga un dogma en lugar de otro”.

Sus tiempos son muy diferentes de los actuales. Su llegada al poder sucedió en medio de la efervescencia de los laboristas, la expansión económica y la promesa de un mundo más abierto y democrático.

Las soluciones prácticas que Blair defiende ahora son entregarse a la inteligencia artificial, apostar por el petróleo, mantener la relación con Estados Unidos por encima de todo (también critica la resistencia de Starmer a meterse en la guerra de Irán) y aprender del estilo de Trump.

Blair alaba a Trump por “actuar sin ataduras”. “El líder no convencional avanza por la carretera, ve el muro y acelera”, dice, citando al presidente de Estados Unidos. “Sí, salen despedidos pedazos del autobús, hay bastantes escombros y daños, los pasajeros sienten un ligero mareo, pero, con suerte, logra atravesar el muro. Es un enfoque que combina, al mismo tiempo, un enorme potencial de riesgo y de eficacia”.

En una entrevista con la radio de la BBC, Blair alabó después la apariencia de hiperactividad de Trump como un modelo para los políticos europeos. Acusó al diario The Guardian de simplificar su posición sobre el presidente de Estados Unidos y desdeñó al periódico como “la mejor fuente de consejos para perder elecciones”.

Blair también defiende invertir en el gas y el petróleo en lugar de en las energías renovables y abandonar los objetivos de reducción de emisiones contaminantes, en lo que expertos en energía y cambio climático describen como una propuesta “excéntrica”. Esa es también la idea que más repite Trump sobre el Reino Unido.

Sus principales mensajes ahora para salir del bache para el partido y para el país, la tecnología y el aprendizaje del líder de Estados Unidos, también se parecen a sus prioridades de los años 90. La creencia en el progreso unido a la tecnología, con el optimismo sobre Internet en esa década, ahora se ha convertido en una defensa con pocos matices de la inteligencia artificial. Y la imitación del estilo de Bill Clinton después de su victoria de 1992 y la derrota laborista ese mismo año es ahora la atención a las formas de Donald Trump. 

Ni el naciente Internet abierto y lleno de promesas para el bien público es la inteligencia artificial en manos de unos pocos millonarios y de desarrollos llenos de riesgos, ni el Clinton que Blair fue a visitar admirado por primera vez en 1993 es el Trump de 2026 con el que el exprimer ministro ha colaborado ahora en Oriente Próximo

Trump y Ellison

La diferencia esencial también en las actuales recetas de Blair es que tiene un interés económico y personal directo en lo que recomienda. En enero, Trump lo nombró como miembro de un comité de supervisión de Gaza llamado “de la paz”, y ha mantenido una relación fluida con la Casa Blanca. Su interés personal por la tecnología desde los 90 también es ahora transaccional. 

“No tiene ningún sentido debatir si esta revolución tecnológica es una cosa buena o mala. Simplemente, hay que saber que es una cosa. De hecho, es ‘la cosa’... Las empresas y los países triunfarán o caerán por ella. Revolucionará el sector privado y debe revolucionar a su tiempo los servicios públicos y el Gobierno”, escribe Blair, que ha dedicado ahora gran parte del esfuerzo de su consultora a la inteligencia artificial con el apoyo de Larry Ellison, uno de los hombres más ricos del mundo, el fundador de Oracle, donante de Trump y propietario de un imperio mediático cada vez más extendido. 

El empresario Larry Ellison en la Casa Blanca, en febrero de 2025.

Los negocios y Oxford

Blair ha virado hacia la inteligencia artificial a la vez que Ellison ponía su foco ahí, por ejemplo en el uso de la IA en los servicios públicos y su relación, en particular, con la salud, uno de los focos del gran centro de investigación que el multimillonario está construyendo en la Universidad de Oxford

Uno de los ejemplos que cita Blair del uso de la IA es para el sector de salud, como parte de las reformas que propone de más colaboración con proveedores privados en el Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés). 

Blair, de hecho, ya lleva meses asesorando al Gobierno de Starmer sobre el uso de la IA en los servicios públicos a través de su consultora, el Tony Blair Global Institute, que se identifica como centro de estudios y aconseja a gobiernos y empresas. El vínculo entre funcionarios públicos y empleados de su instituto ha se ha intensificado. 

Blair, europeísta que intentó meter a su país en el euro y fue muy crítico con el Brexit, ahora advierte contra el acercamiento a la Unión Europea por su intento de regular la IA.

La dimensión de las cuentas de su instituto, una rareza para empresas de este tipo en el país, tiene que ver mucho con la relación con Ellison, que en 2021 cerró la fundación que tenía en el Reino Unido y le pasó gran parte del dinero remanente a la consultora de Blair. El instituto ha recibido donaciones o promesas de donaciones de Ellison por un equivalente a unos 300 millones de euros, según una investigación publicada en la revista The New Statesman, entre otros. 

El instituto de Blair insiste en que Ellison es sólo uno de sus donantes, si bien sus intereses se entrelazan cada vez más ahora que el multimillonario estadounidense ha fundado el instituto en Oxford, una vía también para desarrollar tecnología con empresas privadas que puedan ser contratadas por el Estado.

Chuck Collins explica a elDiario.es que en la relación de Ellison en particular con Oxford “no se puede infravalorar la conexión con Tony Blair”, con quien suele pasar tiempo cuando está en el Reino Unido. “Blair estudió en Oxford y Ellison es un enorme financiador del Tony Blair Institute, que es un arma clave de su trabajo en políticas públicas de manera global”, dice. 

Lecciones de derrotas

Para entender la intervención de Blair ahora también hay que tener en cuenta sus orígenes en el partido.

El éxito político de Blair estuvo marcado por el trauma de las derrotas laboristas que le precedieron. Cuando llegó al liderazgo del partido tras la muerte repentina de John Smith en 1994, Blair “se había convertido en el experto mundial del laborismo en los años 70 y 80, y en por qué su partido perdía elecciones”, según escribe el autor de la última biografía sobre Blair, el periodista Steve Richards. Creía que sus líderes se habían ido demasiado a la izquierda en un país conservador y que eran incapaces de comunicar de manera atractiva o incluso inteligible. 

Los políticos que más admiraba eran los que eran capaces de mantener la atención del público, incluso aunque no estuviera de acuerdo con sus ideas. Su hiperactividad le ayudó a mantenerse en el poder, igual que su capacidad de inspirar con un tono a veces algo mesiánico. 

La madrugada de su victoria electoral en 1997 —todavía tiene el récord de la mayoría más abultada en número de diputados— mientras despuntaba el alba a orillas del Támesis, pronunció la frase: “Ha llegado un nuevo amanecer”. Podía ser simplemente una referencia al sol. En sus memorias, Blair cuenta que se arrepintió nada más pronunciarla, asustado como estaba, en realidad, de las expectativas. 

Blair habla hoy de disrupción y de cambio radical igual que cuando él estaba en el poder. Sus gobiernos en momentos de prosperidad económica trajeron más educación pública, mejoras en la salud pública, el salario mínimo, la paz en Irlanda del Norte y un acercamiento a la UE. Pero, como dice su biógrafo, “llegó al poder aceptando las ortodoxias de 18 años de gobiernos conservadores” y su legado fue casi totalmente destruido por los recortes de David Cameron y el Brexit. “Pronto, el optimismo de 1997 pareció una historia remota. Pero Blair no es para nada una historia remota”, escribe Richards. “El líder más elocuente en tiempos modernos ha seguido opinando, intentando dar sentido a su pasado complejo y mirando hacia el futuro nebuloso”.

La mayoría de los británicos cree que al Gobierno le conviene escuchar los consejos de Blair, según una encuesta de More in Common de marzo de este año. El exprimer ministro que consideran más digno de ser escuchado es Gordon Brown, el colega, amigo y archirrival de Blair. Starmer lo fichó como asesor de economía internacional después de la derrota en las elecciones locales.

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