Meta obliga a guardar silencio en el Hay Festival a la autora del libro que Zuckerberg no quiere que leas
Sarah Wynn-Williams, abogada y antigua jefa de política pública global de Facebook, se subió este domingo al escenario del Hay Festival, el encuentro literario anual en un pueblo de Gales. Se sentó entre Tim Wu, catedrático de la Universidad de Columbia, y la periodista Carole Cadwalladr. Wynn-Williams permaneció en silencio todo el evento para evitar una sanción de Meta, la propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp.
Era una de las charlas más esperadas del festival, y se presentaba como una conversación con Wynn-Williams y Wu, que acaba de publicar The Age of Extraction, un ensayo sobre cómo las grandes plataformas se han convertido en un factor de inestabilidad y desigualdad. Hace dos décadas, Wu acuñó el término neutralidad de la red como un principio por el que los proveedores de Internet deben tratar el tráfico de datos sin discriminar ni priorizar contenidos para garantizar una red abierta donde los operadores no favorezcan sus propios servicios o no cobren extra a otros. Cadwalladr es la reportera que en 2018 reveló en el Observer el escándalo de Cambridge Analytica, una consultora que utilizó datos personales de millones de usuarios de Facebook sin consentimiento para la campaña de Donald Trump en 2016.
Wynn-Williams es la autora de Los irresponsables, una crónica de sus siete años en Facebook (ahora la empresa se llama Meta) que denuncia el desdén de líderes egocéntricos y superficiales ante el impacto negativo de la red en la política y la salud, la complicidad con regímenes autoritarios y un ambiente de supuestos abusos laborales y sexuales que llegaba hasta la cúpula, incluida Sheryl Sandberg, la exdirectora ejecutiva. El retrato de Mark Zuckerberg es el de un líder caprichoso, deseoso de atención de los políticos y de la adulación constante de sus empleados. El título original en inglés, Careless People (gente descuidada) viene de una cita de El gran Gatsby, la novela de Scott Fitzgerald: “Eran gente descuidada. Tom y Daisy destrozaban cosas y criaturas y luego se refugiaban en su dinero o en su inmensa despreocupación, o lo que quiera que los mantuviera juntos, y dejaban que otras personas limpiaran el desastre que habían causado”.
Meta dice que el libro de Wynn-Wlliams contiene información “falsa y difamatoria”, aunque no entra en detalles.
El evento en el Hay Festival prometía ser una “conversación abierta y sincera” sobre “los entresijos de la influencia sin precedentes de las redes sociales, las fuerzas ocultas que moldean nuestra vida online y las preguntas urgentes sobre la democracia, la privacidad y la rendición de cuentas en la era digital”. En cambio, la exempleada de Facebook no pudo pronunciar palabra.
Silencio
Wynn-Williams está acostumbrada al silencio sobre su libro, que se publicó en marzo de 2025 en inglés. Entonces Meta acudió al sistema de arbitraje que en Estados Unidos se ocupa de disputas comerciales y argumentó que su antigua trabajadora no debería poder hablar sobre el libro por el contrato que firmó para recibir una indemnización por despido en 2017.
Unas horas después de que el libro llegara a las librerías en Estados Unidos, Meta logró una orden legal para impedir que Wynn-Williams lo promocionara. La decisión del árbitro no afectaba a la editorial ni a la publicación de libro, que ha vendido más de 150.000 ejemplares y que la editorial Península editó el pasado julio en español. Pero Wynn-Williams no podía “amplificar” de ninguna manera el contenido de su libro que podría ser considerado una forma de “comentarios críticos o dañinos” para su antigua empresa.
La autora no dio entonces las habituales entrevistas para la promoción de su libro y no apareció durante casi un año en eventos públicos para hablar de su libro. En marzo de este año, Wynn-Williams, que es diplomática neozelandesa y ahora vive en el Reino Unido, se atrevió a participar en algunas charlas públicas para hablar sobre tecnología, democracia y la inteligencia artificial, su campo de especialización ahora, pero sin mencionar a Meta o lo que cuenta su libro.
En uno de los pocos eventos que hizo a principios de marzo, en una pequeña sala de la librería Blackwell’s en Oxford, sin streaming ni apenas cobertura (por la pobre infraestructura local), Wynn-Williams permaneció en silencio, con aire impasible, mientras la moderadora leía pasajes de Los irresponsables. Incluso esos párrafos fueron elegidos con cuidado para evitar las partes más polémicas o críticas con Facebook.
Pero eventos como el de Oxford molestaron a Meta, que volvió a pedir la intervención de urgencia del árbitro para impedir que Wynn-Williams participara en foros públicos donde se mencionara o se vendiera su libro. Después de los renovados esfuerzos de Meta, la abogada de Wynn-Williams le aconsejó que no dijera nada de nada en el evento ya previsto en Gales. El festival, en lugar de cancelar la charla o quitar a la autora del panel, optó por escenificar el silencio por mandato legal.
La directora de programación del festival, Helen Bagnell, anunció al público que, siguiendo el consejo legal, la autora no podía hablar, pero acompañaba a los ponentes en el escenario, y así los espectadores estaban presenciando “un acto importante de solidaridad con los silenciados”.
Wu, el catedrático de Derecho de la Universidad de Columbia, criticó lo que estaba pasando: “Esto es un ejemplo vivo de censura. Tenemos que llamarlo por su nombre. Esta es la era de la censura privada. Es una imposición de poder”, dijo. “Demuestra que algunos de los peores abusos de nuestro tiempo no se limitan a reyes, emperadores o gobiernos, sino que los comete un tipo de empresas que han asumido la soberanía y buscan imponer su poder del mismo modo que lo hacen los Estados despóticos”.
“Parpadea dos veces”
La autora se sentó en silencio y no se atrevió ni a mover la cabeza en forma de asentimiento o negación. “Esto podría ser una primera vez para el Hay, tenemos a un autor en una situación de secuestro”, dijo Cadwalladr, la periodista. “Parpadea una vez si nos oyes, Sarah; dos veces si Zuckerberg es un imbécil”.
La autora apenas se movía. Ya tiene práctica en no parpadear ni hacer gestos cuando hay referencias a Meta o a su libro. Al final del evento, el público le dedicó una ovación de aplausos tan intensa que la hizo llorar.
El camino tomado por Meta puede sentar precedente para la libertad de expresión especialmente en Silicon Valley, donde son habituales los contratos como el de Wynn-Williams para evitar críticas de sus prácticas.
La empresa ha descrito el libro como “una mezcla de denuncias anticuadas y ya contadas” sobre la compañía y “acusaciones falsas” sobre sus ejecutivos, y asegura que la despidió por sus “pobres resultados” y que sus denuncias de acoso estaban infundadas. Pero la empresa ha optado por denunciarla no por contenido del libro, sino por el contrato que firmó al marcharse y que le prohíbe decir una palabra despectiva sobre su antiguo empleador o cualquier persona que trabaje allí. Hay un proceso judicial en curso sobre la legitimidad de esta práctica y si ese contrato sigue vigente para siempre. Entretanto, Meta sigue intentando que la abogada y su libro tengan la menor difusión posible.
Durante el evento en el Hay Festival, Cadwalladr leyó la carta de la abogada de Wynn-Williams que detallaba las últimas quejas ante el tribunal de Meta. En marzo, justo cuando la autora habló en Oxford y se publicó la edición de bolsillo en inglés, Meta acudió al árbitro designado en su caso en Estados Unidos para pedir una sanción económica contra Wynn-Williams por supuestamente violar la orden preventiva por su contrato.
Según la explicación ofrecida en la carta de la abogada, Meta sostiene que la autora viola la orden “cada vez que aparece en público en un lugar donde debería saber que su libro está en venta y su presencia podría llamar la atención sobre él”, por ejemplo, en una librería. Meta identificaba la participación en el Hay Festival de manera preventiva “como una conducta que debe ser sancionada de manera formal”.
El abogado encargado del arbitraje rechazó levantar la orden temporal que pesa sobre la autora desde hace más de un año y advirtió que no debe hablar en ningún evento “donde su presencia probablemente animaría a las ventas” de su libro.
Una ministra del Gobierno británico aseguró durante un debate sobre derechos laborales en la Cámara de los Comunes que cada infracción le puede costar a la autora 50.000 dólares (más de 43.000 euros). Por precaución, el festival de Gales retiró el libro de la venta.
Meta aseguró este lunes en un comunicado compartido con elDiario.es y otros medios que “se trata de una resolución del árbitro, no de una decisión de Meta para silenciar a nadie”. “Tenemos derecho a pedir que los términos de esa resolución se cumplan”, dice la empresa, que insiste que existe una resolución de arbitraje provisional que Wynn-Williams aceptó y que “prohíbe explícitamente la promoción de su libro”. También destaca que el texto es público.
La amenaza de la IA
En los eventos que molestaron a Meta en marzo, la autora se concentraba en un discurso general y más relacionado con el momento actual, en particular la inteligencia artificial y los centros de datos que está intentando atraer el Reino Unido.
La autora se preguntaba sobre el entusiasmo del primer ministro británico, Keir Starmer, para atraer estos centros como supuesto generador de puestos de trabajo.
“¿Alguna vez ha estado en un centro de datos? No hay nadie allí. Me pregunto si en su cabeza es como un almacén de Amazon y piensa en gigantescos almacenes llenos de gente trabajando”, explicaba Wynn-Williams en la librería de Oxford. “Después de haber pasado mucho tiempo en condiciones gélidas, intentando negociar todo tipo de cosas relacionadas con centros de datos, lo que más te sorprende de estos lugares es su silencio. Son tan silenciosos y están tan vacíos... Y la falta de empleos es tan evidente que me pregunto: ¿es ingenuidad? En mis días más sombríos, pienso en que el ex primer ministro [Rishi Sunak] ahora es asesor de Anthropic y de Microsoft, y que un exministro de Hacienda [George Osborne] ahora trabaja en OpenAI... Si no es ingenuidad, ¿será complicidad?”
Uno de sus principales mensajes en 2026 es que la experiencia de las redes sociales y cómo han alterado nuestro mundo debería servir ahora de lección para la regulación de las empresas de inteligencia artificial. “Muchos de los problemas que surgieron con las redes sociales y la dificultad de regularlas y equilibrarlas con la libertad de expresión y con empresas que son transnacionales o que tienen un alcance global y no necesariamente están sujetas a las leyes locales vienen del hecho que políticos no provenían de ese entorno y, por lo tanto, tardaron en comprender las implicaciones”, dijo la abogada y diplomática. “Y eso parece ser doblemente cierto para la IA”.
En el coloquio después de la conversación en Oxford, Sarah Wynn-Williams explicó a elDiario.es que la mayor amenaza que representa la IA ahora se encuentra en sus usos militares: “La idea de abdicar de la toma de decisiones humanas en torno a armas autónomas letales es enorme, y cambia fundamentalmente la geopolítica”, dijo. Entonces, animó a los ciudadanos a implicarse más porque los problemas que plantea la IA “son existenciales de una manera en la que las redes sociales no lo eran”.
¿Tiene Facebook?
A la pregunta de este periódico de si todavía utiliza redes sociales, Wynn-Williams contestó con otro interrogante: “¿Hay alguien en esta sala porque vio algo en mis redes sociales esta noche?” No, la escritora no comparte nada en redes. Pero también dijo que, más allá del hecho de que ella las haya abandonado, es muy cautelosa al denostarlas y puso el ejemplo a progenitores que se organizan en grupos de redes sociales para hacer campañas para limitar el uso de las redes o de móviles para los menores.
Lo que la anima es la reacción que no veía antes contra el mal uso de la tecnología porque hay muchas personas “que están pensando seriamente en su propio uso de estas tecnologías”, por ejemplo con la reacción contra X de Elon Musk. Se trata, según ella, de decisiones personales y también de regulación: “Necesitamos que las cosas sucedan en todos los niveles de la sociedad”, dijo.
La presión ciudadana a los representantes públicos a veces comienza con conversaciones entre amigos y compañeros sobre el uso personal de la tecnología. “Todos estos procesos son complicados. Así que no sabes cuál es la última pequeña grieta en el parabrisas que hace que todo se venga abajo”, dijo. “Pero cuanto más hagas, cuanto más hables de ello, más probable es que el cambio ocurra rápido”.
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