El final de 'El caballero de los Siete Reinos' explora con humor las trágicas consecuencias del juicio por combate
“Necesito buenos hombres, ser Duncan. El reino…”. Baelor Targaryen.
El caballero de los Siete Reinos nos dejó en shock con su espectacular juicio a siete, pero también con su doloroso giro final. George R. R. Martin ha calificado en alguna ocasión la muerte de Baelor Targaryen como uno de los acontecimientos que marcarían la historia de Poniente. Tantas cosas habrían sido diferentes si Baelor hubiera sobrevivido al combate en Vado Ceniza... “Habría sido un rey muy fuerte y competente. Pero muere por defender el honor de un caballero errante”, en palabras del propio autor.
Baelor no solo era el heredero al trono y mano del rey, sino que se había ganado un hueco muy especial entre los seguidores como uno de los personajes más honorables y admirables, como Ned Stark: los dos sufren un fúnebre destino por actuar de manera honorable. Sin embargo, y a pesar la creencia popular, las ficciones de Martin no son cínicas y nihilistas, se centran en cómo los personajes son capaces de reponerse a los golpes de la fortuna o el destino y a dar algún tipo de sentido a esas pérdidas tan dolorosas. Porque si Martin muestra en muchas ocasiones que quienes hacen lo que deben pagan un precio enorme, tambíén nos enseña que a la larga pueden haber contribuido a un bien mayor.
Y así nos encontramos al principio de este episodio 6, con unos personajes destrozados física y mentalmente después del brutal juicio a siete. El capítulo se hace preguntas tristes y profundas, pero desde el primer segundo nos deja claro que quiere alejarse de la solemnidad y volver al tono más lúdico y cómico de las primeras entregas. Ese contraste sorprende y puede hacerse algo extraño por momentos, pero ya se asume como una de las señas de identidad de esta serie. Y se agradece por su originalidad y frescura.
A partir de aquí, hay spoilers del capítulo 6 de El caballero de los Siete Reinos
El episodio 6 de El caballero de los Siete Reinos se titula La mañana, y hace referencia a una frase que ser Arlan le solía decir a Dunk: “A saber qué nos deparará la mañana”. El capítulo comienza con uno de los personajes más carismáticos de toda la serie, ser Lyonel Baratheon, al que no habíamos visto después de todo el combate. A su lado tiene a un maestre bastante mayor. Los dos se agachan y miran a algo o alguien. Los vemos en un plano contrapicado, desde la perspectiva de alguien que estuviera en el suelo.
De fondo suena un tema de jazz (Alone Together de Rudy Van Gelder), en una decisión musical a la vez extraña y original: en todo el universo de Juego de tronos siempre habían empleado melodías que encajaran con el imaginario de la Edad Media. La música de los primeros episodios ya dejaba claro que estábamos ante algo diferente, incorporando elementos que asociábamos más al western (destacando por encima de todos ellos los silbidos). Pero creo que la elección de ahora constituye un paso más, porque es la primera vez que se emplea un tema del siglo XX, existente ya en nuestro mundo, como banda sonora.
La música de jazz sirve para tres cosas, creo. Rompe de forma muy tajante con el tono anterior y las expectativas. Puede que los personajes lloren a Baelor, pero la vida sigue. Nos recuerdan que, pese a lo intenso que se ha puesto todo últimamente, la serie pretende ser otra cosa: las aventuras aparentemente más ligeras de dos personajes encantadores. La música de jazz, además, creo que representa bastante bien al personaje de Lyonel Baratheon, que es al primero que vemos al empezar el capítulo. De alguna forma, hace que asociemos la melodía a su figura.
Además, la música se utiliza también para generar humor en esos primeros instantes, en los que Lyonel tiende un cuero lleno de agua o de vino (probablemente sea más lo segundo) hacia a la persona que estaba sentada junto a un árbol, y que después vemos que es Dunk, con la cara y el cuerpo bastante reventados. Entra el título de la serie sobre fondo negro, El caballero de los Siete Reinos, y allí la música desaparece. Un chiste para rebajar la tensión antes de retomar las consecuencias de la batalla.
Lyonel Baratheon le comenta a Dunk que el combate ha sido una maravilla, y que no lleva nada bien tener que volver ahora a llevar una vida mucho más aburrida en sus tierras. El anciano maestre comentaque las heridas de Dunk no tienen buena pinta, y que probablemente este no va a sobrevivir. Lyonel Baratheon responde con un estallido de rabia, y echa al viejo con malos modales. Lyonel cree que se avecina una guerra, y que Dunk y él pueden unir sus fuerzas para hacer algo grande. Le pide que se vaya con él a Bastión de Tormentas: una oferta de trabajo en toda regla. Y a continuación, le dice una frase que me parece maravillosa y que es invención de la serie (como casi todo lo de Lyonel, que en el libro apenas habla): “Acéptala (la oferta) y te querré como a un hermano. O recházala y te odiaré como a un hermano”.
Lyonel y Dunk tienen también, desde el cariño, un enganchón bastante fuerte. Dunk está muy triste por la muerte de Baelor, y a Lyonel no se le ocurre más que decirle que a la larga se dará cuenta de que le ha hecho un favor al reino, y que el único dragón bueno es el dragón muerto, en referencia a los Targaryen. Duncan se enfada y le exige respeto para Baelor, que acaba dar su vida por ayudarlo. Y ahí Lyonel estalla de nuevo: señala que Baelor se enfrentaba a guardias reales habían jurado no herirlo. Que no se jugaba nada, al contrario que los dos Humfreys (Beesbury y Harding), que también murieron, o el chico de la manzana (en referencia a Raymun Fossoway, que acababa de ser nombrado caballero). Y hace una acusación muy dura pero que, en la mentalidad de Poniente, quizá sí tiene sentido: que los dioses quisieron castigar la hipocresía de Baelor. Ser Robyn Rhysling también se preguntaba antes de la pelea de si era honorable utilizar la presencia del príncipe heredero para anular a los guardias reales, a lo que Baelor respondía: “Los dioses nos lo dirán”. Según esa lógica, los dioses hablaron.
Dunk se pregunta entonces por qué los dioses han castigado a alguien tan bueno y honorable como Baelor, pero han premiado a un caballero errante. Pero Lyonel, recreándose en lo hecho polvo que está Duncan en ese momento, le señala que los dioses no le han dado una recompensa, sino que en todo caso se han burlado de él. Una frase que conecta con unas líneas que pronuncia Maekar Targaryen en el libro y que aquí le dan a Lyonel, parafraseándolas: “Es posible que los dioses tengan querencia por las bromas crueles. O que no haya dioses. Quizá lo ocurrido carezca de sentido”.
Después se nos muestra en pantalla es el funeral de Baelor Targaryen. En un entorno quizá más íntimo de lo que esperábamos, pues solamente los acompañan unos pocos miembros de la alta nobleza, vemos a los Targaryen, entre los que destacan Maekar y Egg. Junto a ellos, y en una pira, arde el cadáver del que hasta hace poco era el heredero al trono. Cuando Dunk llega a presentar sus respetos, más tarde, solo se encuentra junto al cuerpo a las hermanas silenciosas, que se harán cargo de los restos, y al príncipe Valarr, hijo de Baelor, primo de Egg. Valarr acaba de convertirse en heredero directo al trono, pero a un alto precio. Valarr es el caballero apuesto y joven, y no muy fornido, al que Aerion estuvo a punto de retar en el tercer episodio. Su armadura y su yelmo son, según el libro, los que utilizó Baelor en el juicio por combate, pues él no pensaba participar en las justas. Pero su hijo sí y, quizá por eso, el yelmo no cumplió su función: a Baelor le quedaba algo pequeño o no se le ajustaba correctamente.
Valarr parece sorprendido por la visita de Duncan. Muestra tristeza, sí, pero parece ensimismado en sus pensamientos más que otra cosa. Dunk le habla de lo buen hombre que fue su padre. Valarr le dice que Baelor aún era joven, y que llegado el momento habría sido un rey excelente. Dunk parece estar de acuerdo. En ese momento, de forma muy humana (aunque mezquina también), Valarr se pregunta qué sentido tiene que los dioses se hayan llevado a Baelor y hayan salvado a alguien como Duncan, básicamente recordándole que es un don nadie. Al caballero le duele, pero no responde nada, porque tristemente él también está de acuerdo.
Por suerte Dunk tiene algo de alivio al encontrarse con Raymun Fossoway, uno de sus mejores amigos. Se funden en un largo abrazo. Duncan le dice que todo el mundo le culpa por la muerte de Baelor, y Raymun responde que él no lo hace. Raymun le cuenta que su primo le ha echado del pabellón familiar, pues no podía soportar que le hubiera ganado en el primer juicio a siete que se celebraba en cien años. Él ha decidido adoptar otro escudo de armas: conserva la manzana de los Fossoway, sí, pero será de color verde, y no roja, como la de Steffon.
Del pabellón de Raymun sale Red, la joven prostituta pelirroja que conoció Dunk en el primer capítulo. La serie nos ha mostrado en varias ocasiones a Red apoyando al bando de Duncan y de Baelor. Raymun la presenta con otro nombre. Duncan parece comprender qué ha sucedido: Red ha visto la opción de ascender socialmente y lograr un lugar más seguro haciéndole creer a Raymun que ella también es noble. Dunk se siente identificado con ella porque él tampoco es quién dice ser: él nunca ha sido ordenado caballero. Sabe que hay mentiras o engaños que pueden servir para lograr un bien mayor y que lo que importa es ser buena persona, y cree que Red lo es. Por tanto, hace como que no la conoce, y se alegra del amor entre ella y su amigo Raymun, al que ve muy ilusionado.
Los hombres de Maekar Targaryen aparecen para llamar a Duncan, pues el príncipe quiere verlo. Raymun sale de nuevo en defensa de su amigo, al que pide que dejen en paz de una vez, pero Dunk le dice que no se preocupe, y acude a la llamada. Maekar lo recibe en la misma sala en la que Baelor se reunió con él en el capítulo 4. Pero lo que allí parecía acogedor y cálido (con un gran fuego y unas velas encendidas) en este capítulo se ve frío y sombrío: un ambiente que refleja tanto la situación que viven los personajes en su interior como la diferencia de carácter entre Baelor y Maekar.
Maekar está destrozado. Le cuenta a Duncan que ha decidido enviar a Aerion a las Ciudades Libres. Piensa que le puede venir bien a su hijo para corregir su carácter. Pero puede que Maekar lo quiera lejos también porque lo culpa de la muerte de Baelor. Maekar quería proteger a sus hijos, y ha acabado perdiendo a su hermano. Con todos los años que ha vivido a su sombra, con toda la envidia que ha sentido a lo largo de su vida hacia ese heredero perfecto, puede que hasta Maekar se pregunte si no había una pequeña parte de él que en realidad deseaba matar a Baelor. Pero, así como Baelor nunca culparía a su hermano, Maekar sabe que él también quería profundamente a su hermano mayor, aunque quizá nunca llegue a entender por qué decidió ir contra su familia por ayudar a un caballero errante.
Quienes dicen que Maekar pudo haber matado a Baelor por convertirse él en heredero al trono parecen olvidar que sigue estando bastante abajo en la línea sucesoria. Baelor tiene hijos y, además, Maekar tiene otros hermanos que heredarían el reino antes que él, al menos en ese momento. Pero sentirá una gran culpa el resto de sus días. De hecho, en uno de los últimos pasajes en los que aparece el maestre Aemon en los libros de Canción de hielo y fuego (concretamente en Festín de cuervos), de George R. R. Martin, el anciano nos dice esto (recordemos que Aemon es hermano de Egg y, por tanto, hijo de Maekar): “Y mi padre… Nunca pensó que el trono sería para él, pero así fue. Decía que era su castigo por el golpe que mató a su hermano. Rezo por que encontrara en la muerte la paz que nunca tuvo en vida”.
Maekar le recuerda a Dunk que el rey es anciano y que, cuando muera, y el reino tenga problemas (guerras, malas cosechas), los idiotas les culparán a ellos dos de todos los males por haber matado a Baelor. Duncan comparte con Maekar que ha pensado mucho sobre lo que ha sucedido. Si hubiera renunciado a un juicio por combate, habría perdido probablemente una mano y un pie, y ahí habría quedado todo. Y reconoce haberse preguntado mucho si no habría podido renunciar a sus miembros a cambio de la vida de Baelor. Y reconoce que a la única posible solución que ha llegado es a esta: “¿Y si llega el día en que necesito ese pie? ¿El día en que le haga falta al reino más aún que la vida de un príncipe?”. Maekar desprecia la respuesta, pues considera que el reino está lleno de caballeros errantes. Sin embargo, y a pesar de la circunstancia, es innegable que se respira cierta simpatía entre estos dos hombres, quizá las circunstancias.
Maekar le dice a Dunk que su hijo Egg no quiere servir como escudero a otro caballero que no sea ser Duncan, y le hace una oferta: que le sirva y se vaya con ellos a Refugio Estival, donde terminarán de formarlo en el manejo de las armas. Duncan valora la oferta, pero recuerda que el hombre al que juró servir era Baelor, y ahora está muerto. Le dice a Maekar que él ya no quiere saber nada de príncipes. Cuando sale de la estancia, Duncan se encuentra con Egg. El caballero errante sabe que el niño ha estado espiando su conversación. Le explica que no puede aceptarlo como escudero. Egg responde entonces, triste y dolido, que quizá Duncan no sea el caballero que él pensaba que en realidad era.
Más adelante Daeron, el hermano mayor de Egg, intervendrá para ayudar al niño. Daeron tiene muchos defectos, pero parece alguien sensible e inteligente. Le hace ver a Duncan que Egg puede ser un hombre si recibe la educación adecuada. Básicamente le da a entender el caballero errante que Aerion, por terrible que pueda parecer ahora, en su día también fue un chiquillo con cierta ternura. ¿Nuestro carácter viene dado por nuestra naturaleza o por nuestro contexto? La duda le sirve a Duncan para replantearse las cosas.
En la fortaleza de los Ashford, Egg se mira la cabeza. Le está empezando a salir ya el cabello blanco de los Targaryen. El niño siente un gran rechazo, y coge un cuchillo. Se mete en el cuarto en el que Aerion se recupera, como puede, de sus heridas. Y se plantea matar a su hermano. Pero Maekar también está, silencioso, en el cuarto. Mira a Egg con dureza, pero parece comprenderlo. Y sí, su mirada también transmite una súplica: no solo que no mate a Aerion, sino que no se convierta en un monstruo. Justo en ese momento emocionalmente tan intenso, y a la vez tan íntimo, entre Maekar y Egg, llaman al padre: Dunk le pide audiencia.
Duncan se ha pensado mejor la oferta del príncipe, y dice estar dispuesto a aceptar a Egg de escudero, pero con sus condiciones. El chico le seguirá por Poniente y vivirá como un caballero errante, durmiendo en zanjas y comiendo tasajo si es necesario. Maekar parece furioso y se opone a que un hijo suyo, todo un príncipe, viva así. Es entonces cuando Dunk le golpea donde más le duele: en el amor por sus hijos. Duncan le dice que está seguro que tanto Daeron como Aerion han vivido con todos los lujos y comodidades. Y no hace falta decir mucho más, porque hasta un caballero errante se da cuenta de que Maekar sabe que podrían haber llegado a ser mejores hombres. Y quizá el camino que le abre Dunk es una opción para lograr por fin un mejor futuro para Egg.
No sabemos qué respuesta le da Maekar a Duncan, porque lo siguiente que vemos es a Dunk, que saca el penique que llevaba la empuñadura de la espada de ser Arlan, para después dejarlo clavado en un árbol: cumple así con la costumbre que tantas veces le contó su maestro que seguían en su lugar de origen (de ahí el Árbol de la Moneda). Duncan cierra así, al menos un poco, el duelo por la pérdida por ser Arlan con el que empezamos la serie, justo antes de dirigirse a nuevos parajes.
Pronto vemos a otro viejo conocido: el caballo Pasoquedo, al que Duncan se vio obligado a vender al principio de la historia. Lo ha recuperado para él Raymun Fossoway. Duncan se alegra muchísimo de reencontrarse con ese caballo al que tanto quería. Pero el animal era de ser Arlan, así que decide darle un destino que cree mejor: se lo regala al propio Fossoway. Sabe que va a estar bien cuidado con él: a pesar de su fiereza en el combate, es un tipo tierno. Y, además, como buen Fossoway, va a tener siempre a mano manzanas para el animal. De hecho, su plan de futuro es continuar en el negocio de la sidra. Dunk le cuenta que ha decidido no marcharse con Lyonel Baratheon a Bastión de Tormentas: quiere seguir su propio camino.
Y sí, poco después aparece Egg, y el caballero errante se emociona al ver llegar al niño. Egg dice que su padre le ha ordenado ponerse a su servicio. Egg viajará de incógnito, de nuevo con su cabeza afeitada. Dunk le recuerda las tareas que va a tener que cumplir. Cuando hablan de hacia dónde dirigirse, Egg le propone ir hacia Dorne, ya que es un lugar en el que el príncipe nunca ha estado, y en el que ha oído que hay buenos espectáculos de marionetas (recordemos que es el lugar al que se dirigió la titiritera Tanselle después del incidente con Aerion).
Dunk y Egg discuten sobre el número real de reinos que hay en Poniente, y de nuevo queda claro que el niño sabe más del mundo que el caballero. Y, en un plano muy poético, se nos muestra cómo Dunk y Egg cabalgan sobre Trueno y Castaño, acompañados por Arlan, montado en Pasoquedo. Al llegar a la altura del árbol donde está enterrado, ser Arlan y Pasoquedo se desvían, mientras que los protagonistas continúan su camino, rumbo hacia nuevas aventuras por vivir y nuevas mañanas por descubrir.
A continuación, empieza a sonar una canción mítica de country (que, de nuevo, extraña escuchar en este universo) como Sixteen Tons de Tennessee Ernie Ford. El tema transmite enseguida la idea de viaje y de vida errante que la historia parece anticipar para los protagonistas. Y sobre ese sentimiento de extrañeza que nos produce escuchar un tema musical con letra tan reconocible sirve para preparar la broma final: los Targaryen se marchan de Vado Ceniza. Allí se ve a Daeron, a Aerion… y al príncipe Maekar, que monta a caballo, con aire preocupado. El hombre parece buscar a Egg, por el que pregunta a un guardia, que le dice que no le han visto por ninguna parte. Maekar está que echa humo.
Aquí, al contrario que en el libro, se nos da a entender que Maekar no le ha dado permiso, y que Egg ha decidido de nuevo su camino por su cuenta. Un buen gag, sí, sobre todo para cerrar, que le da todavía más personalidad al niño, pero que espero que más adelante la serie se nos dé a entender que Duncan sigue con Egg ya con permiso explícito de su padre: en primer lugar, porque que Maekar lo autorice creo que es importante, porque significa que ha decidido hacer las cosas con este hijo de manera diferente. Es decir, que no solo entiende por qué es conveniente, sino que es lo suficientemente valiente como para arriesgarse a hacerlo. Y, segundo, porque no es muy sostenible que sigan sus aventuras sin permiso, porque Maekar puede movilizar a los hombres que considere hasta encontrar a su niño.
Una adaptación fiel y una excelente primera temporada
Ahora que ya hemos llegado al final, podemos valorar esta temporada 1 en su conjunto. El caballero de los Siete Reinos es una serie excelente y fiel al material original. Es normal que George R. R. Martín esté contento, pues las novelas cortas de Dunk y Egg contienen algunas de sus historias favoritas: en alguna ocasión ha dicho que la primera de ellas, El caballero errante, que es la que abarca la primera temporada, es uno de los 'hijos' a los que más quiere. La adaptación sigue casi punto por punto todo lo que se narra en el libro, pero es verdad que también se aleja un poco del tono original del cuento en ocasiones, y potencia mucho más el sentido del humor.
A veces esto puede originar algunos pequeños problemas, como en mi opinión sucede con el personaje de ser Arlan, que en la serie se nos muestra mucho más desquiciado que en los libros. Dunk nos repite una y otra vez que Arlan le enseñó a ser un buen hombre, pero quizá se habría agradecido que viéramos más la nobleza de ser Arlan en algunas de sus acciones, como sucede precisamente en la escena en la que salva al niño en el capítulo 5, que nos recuerda precisamente la idea de que un caballero que recuerda sus votos puede ser también un viejo borracho si está dispuesto a hacer lo correcto. Quizá ese contraste entre cómo Duncan nos dice que era su mentor y cómo lo vemos nosotros en pantalla habría funcionado todavía mejor si tuviéramos alguna pincelada más de contexto: los lectores del libro sabemos que ha perdido a su sobrino, que era su antiguo escudero, en la guerra. Quizá su alcoholismo es una forma con la que intenta lidiar con su trauma.
A pesar de ello, uno de los principales méritos de la serie es el desarrollo de personajes y del mundo en el que viven: Lyonel Baratheon (Tormentalegre); lord Ashford, su maestro de armas y su hija; o incluso ser Robyn Rhysling. Apenas están esbozados en el libro, y aquí les dan una presencia mayor y una personalidad más marcada. A través de nuevas escenas y diálogos profundizan en su forma de ser y nos los hacen sentir más reales. A otros personajes que sí aparecen más en el libro, como el encantador Raymun Fossoway, le dan también matices como ese discurso político antitargaryen que parece que comparte con el propio Lyonel Baratheon (aunque Raymun luego no puede evitar sentir simpatía y admiración por Baelor). También son interesantes las referencias que añaden a la rebelión de los Fuegoscuro, que en la primera novela corta todavía no se menciona, pero que en la segunda y en la tercera adquiere mucha importancia.
La serie ha sido muy valiente también en atreverse a hacer algo diferente a fuego lento, sin necesidad de apresurarse, y sin tener ningún gran giro hasta su tercer capítulo (el ecuador de la misma, ni más ni menos). Uno de sus principales aciertos es su estructura, pues el formato elegido de 6 capítulos de aproximadamente media hora le permite tener finales de episodios relevantes: la aceptación de Egg como escudero y el paso de la estrella fugaz; la frustración de Dunk por el olvido de ser Arlan por parte de los nobles; la revelación del secreto de Egg; la intervención salvadora de Baelor; la muerte del príncipe heredero; y, finalmente, el reencuentro entre Egg y ser Duncan. El punto de vista de la historia es fundamentalmente el de sus protagonistas, pero cada capítulo se centra algo más en un personaje, que se permite explorar: el primero lo hace con Dunk; el segundo, con ser Arlan; el tercero, con Egg; el cuarto, con Baelor; el quinto, con ser Duncan de nuevo (mostrando su origen); y el sexto, con Maekar.
Pero el éxito que ha tenido El caballero de los Siete Reinos creo que se debe, en gran medida, a lo mucho que el público ha conectado con sus protagonistas. En un momento político tan convulso, cada vez más violento y lleno de incertidumbre, es todo un alivio ver a personajes que hacen frente a los reveses de la vida (algunos de ellos muy duros) desde la honradez, la inocencia y la esperanza, apoyándose en la gente que les aprecia. Un poco como pasaba con el Superman de James Gunn, ser Duncan reivindica la bondad y la sencillez del héroe clásico, sin dejar de dotarle de complejidad. Verlo disfrutar junto a personajes entrañables o carismáticos lejos de guerras de todo tipo es un soplo de aire fresco que se agradece. Igual que es reconfortante ver a Dunk defender al débil o a un gobernante como Baelor tomar partido por el inocente. Seguro que Duncan y Egg evolucionan en un futuro, pero ojalá no pierdan esa esencia.
Será curioso ver en la siguiente temporada qué añaden y qué cambian, pues la segunda novela, La espada leal, es más calmada y tranquila, aunque su historia es también muy profunda. Habrá que esperar para ver si nos muestran los acontecimientos que suceden entre el primer libro y el segundo, pues ahí sí que pasan bastantes cosas, o si se nos dan más detalles de la rebelión de los Fuegoscuro. A largo plazo, además, podemos preguntarnos por las implicaciones de un ligerísimo cambio que hacen en la profecía que le cuenta Daeron a Duncan en el capítulo 4, en el que lo ve victorioso sobre un enorme dragón muerto. En El caballero errante siempre se interpretaba como una anticipación de la muerte de Baelor, pero como en la serie le añaden un nuevo elemento, el fuego, e incluyen una nueva y siniestra profecía en el episodio anterior, se especula sobre la posibilidad de que ese sueño hable también del destino de los protagonistas en un futuro.
Incluso si un destino trágico sobrevolara en el horizonte, nos faltaría todavía mucho para llegar hasta allí y, como en la vida, lo que importa es el viaje. Esperemos que la serie siga siendo tan valiente y sencilla, porque desde luego Ira Parker y su equipo aquí han hecho un gran trabajo, y se nota el cuidado y el cariño que han puesto en cada detalle. Nosotros seguiremos con hambre de vivir nuevas aventuras junto a estos tiernos protagonistas y, mientras esperamos, siempre que queramos visitar a Dunk y a Egg lo podremos hacer en los libros, en un nuevo visionado de esta temporada o en nuestra imaginación.