¿Por qué deberías (o no) ver 'The Crown'? La serie de la que todo el mundo habla

Por SergiTomás

Muchas veces nos preguntamos los motivos del éxito o fracaso de una serie y, la verdad sea dicha, son desconocidos. En más de una ocasión nos habremos enfadado al no comprender como esa serie que nos encanta sólo parece haber tocado nuestro corazón y es cancelada antes de finalizar la primera temporada, o dudamos de los datos de audiencia que encumbran a esa serie que abandonamos a los diez minutos y ya va por la séptima temporada.

Es cierto, no se sabe qué hará triunfar o no a una serie. Pero, en cambio, sí que sabemos cuándo una serie es buena. Hace falta cuidar la historia, tratar bien a los personajes, adornarla en un contexto idóneo y cuidarla hasta el detalle. Y “The Crown” no es buena. Es excelente.

Una de las vidas públicas más desconocidas

Peter Morgan (escritor nominado por “The Queen”) se enfrasca en un proyecto continuista dedicado a contarnos la vida de una de las figuras públicas más desconocidas; la reina Isabel II del Reino Unido. Un drama histórico construido desde uno de los personajes emblemáticos del siglo XX, e interpretado por Claire Foy, que narra la vida de la monarca desde su matrimonio con el duque de Edimburgo. Así, desde la primera escena que nos muestra a un rey Jorge VI débil y enfermo (brillantemente interpretado por Jared Harris), acercándose lentamente hacia la muerte, veremos cómo es el proceso de formación de una reina.

Parece que hoy en día es un buen tiempo para apostar por los dramas históricos y biopics, y Netflix no dudó en poner el dinero en la mesa (se estima que más de 100 millones de dólares) para desarrollar uno con todos los ingredientes necesarios para hacer un buen producto.

La perfección está en los pequeños detalles

La historia de los reyes siempre nos ha atraído; el poder, las mentiras, las intrigas… lo desconocido de las figuras de las que tanto hemos oído hablar y que permanecen con un halo de misticismo sólo alcanzado por los grandes protagonistas de la historia. Y es allí donde la serie encuentra un punto de inicio para llegar al espectador.

Es cierto que la historia brinda un gran contexto y que los protagonistas (la garantía británica) desarrollan su parte de forma brillante, pero es en el exquisito cuidado en los detalles en los que una obra transciende la pantalla y llega más allá, al imaginario del espectador que llega a sentir que la fría historia se convierte en un conjunto de sueños, emociones, envidias y miradas que se fusionan con la realidad.

En “The Crown” veremos cómo las más grandes ceremonias son tratadas con una pomposidad ostentosa y con una cantidad de recursos desmesurada, pero, al mismo tiempo, identificaremos el vacío de la soledad del enfermo, la fingida alegría del prójimo y toda suerte de sentimientos y reacciones primarios, ajenos de las calificaciones humanas que confieren a la persona la condición de rey… al fin y al cabo, todos somos iguales, ¿no? Y es en esta suerte de cuidado por los detalles nimios donde la serie obtiene una grandeza destacada, ya que, no sólo el contexto se ha tratado con cuidado sino que los personajes también han sido construidos de manera identificable, lo que les dota de un gran realismo.

La mujer como protagonista en todas sus facetas

Es relevante descubrir que cobra mucha importancia, como debe ser, la figura de la mujer como protagonista principal en la vida política y pública. A pesar de ofrecernos múltiples ejemplos de “la mujer detrás del hombre”, en este caso el poder recae en ella, que no se escudará detrás de ninguna figura y adoptará el rol que le ha sido asignado. Esta suerte llega a ser una constante en la serie, la adaptación a las circunstancias que tiene que hacer una persona que no estaba destinada a ser la reina de un Imperio y que será obligada a hacerlo.

En 'The Crown' veremos cómo las más grandes ceremonias son tratadas con una pomposidad ostentosa y con una cantidad de recursos desmesurada, pero, al mismo tiempo, identificaremos el vacío de la soledad del enfermo, la fingida alegría del prójimo y toda suerte de sentimientos y reacciones primarios, ajenos de las calificaciones humanas que confieren a la persona la condición de rey… al fin y al cabo, todos somos iguales, ¿no? Y es en esta suerte de cuidado por los detalles nimios donde la serie obtiene una grandeza destacada, ya que, no sólo el contexto se ha tratado con cuidado sino que los personajes también han sido construidos de manera identificable, lo que les dota de un gran realismo.

Winston Churchill, protagonizado por el eterno secundario John Lithgow, ocupa un papel preponderante en la trama y es uno de los ejemplos del sempiterno conflicto entre lo público y lo privado. Una extensión de la vida de la realeza en la que se debe mantener el misticismo de la figura por delante de la persona. Es más importante el cómo ante el qué y controlar la manera en la que se es percibido ante la sociedad. No habrá mejor ejemplo para una joven reina que aspira a liderar a un pueblo ávido de buenas noticias, aunque, al mismo tiempo, deba aprender a desconfiar de todos, incluido (y sobre todo) Winston Churchill.

Matt Smith (conocido por su papel en 'Dr. Who') representará al duque de Edimburgo en un matrimonio que romperá los roles tradicionales en la sociedad del momento. Felipe deberá no sólo ser el marido de Isabel, sino parecerlo, lo que le representará un esfuerzo de superación ante su independencia y aversión a la vida diplomática. Vicisitudes que complicarán una vida que se presumía sencilla y cómoda y le colocarán en un papel de ostracismo y leyes de obligado cumplimiento que pondrán en liza su matrimonio.

La serie puede entrar en momentos que pueden ser calificados de lentos, o incluso aburridos, pero bien pueden ser interpretados como parte de un contexto mayor que nos permite comprender no sólo a la monarca, sino también a la persona que está debajo de la corona y a la sociedad que representa. Quizás es una suerte de serie de época como 'Downton Abbey' en un formato más realista (y áspero a la vez) con los toques justos de intriga política de 'House of Cards', eso sí, envueltas con un hermoso envoltorio, llamado en este caso vestuario, música, interpretaciones y decorados. La típica serie de la que uno puede apreciar el trabajo bien hecho que ha sido necesario para crearla.

Diez capítulos que forman una temporada que narra el inicio del reinado de Isabel II; una reina que no lo sabía todo, que tenía sus defectos y tuvo que sacrificar a la persona que era para reinar. ¡Un lujo para nuestros sentidos!

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