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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristina Ros]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristina-ros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristina Ros]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Querida Angela Merkel, líbranos del apocalipsis: el Nobel Krasznahorkai se zambulle en el mundo del odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/querida-angela-merkel-libranos-apocalipsis-nobel-krasznahorkai-zambulle-mundo-odio_1_13323522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9ab6c50-027f-4feb-b3c5-edda66f99616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Querida Angela Merkel, líbranos del apocalipsis: el Nobel Krasznahorkai se zambulle en el mundo del odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ‘Herscht 07769’, el premio Nobel de Literatura 2025 se adentra en la mente de un protagonista inocentón que se mueve entre neonazis</p><p class="subtitle">László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La esperanza es un error&rdquo;. Con esta sentencia, m&aacute;s provocadora que pesimista, se abre <em>Herscht 07769</em> (2021; Acantilado, 2026, trad. Adam Kovacsics), la &uacute;ltima novela en traducirse al castellano de L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai (Gyula, Hungr&iacute;a, 1954), autor galardonado con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/laszlo-krasznahorkai-gana-premio-nobel-literatura-2025_1_12669502.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel de Literatura 2025</a>. Y, en efecto, lo que sigue despu&eacute;s de esa frase es un viaje sin tregua por lo peor y lo mejor de la naturaleza humana, una deriva que invita a cuestionarse de forma constante si el enunciado tiene raz&oacute;n o no.
    </p><p class="article-text">
        Desde un pueblo de Turingia, Florian Herscht, un tipo grandull&oacute;n cuya imponencia f&iacute;sica contrasta con la candidez de su car&aacute;cter, escribe cartas a Angela Merkel, siempre con su apellido y el c&oacute;digo postal como remitente, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de la novela. En sus misivas, le pide ayuda para salvar el mundo de lo que percibe como una amenaza que, al contrario de lo que podr&iacute;a parecer, no se fundamenta en la realidad que observa en su d&iacute;a a d&iacute;a, sino en lo que ha averiguado gracias al estudio de las ciencias del universo (la excanciller es f&iacute;sica de formaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de redactar esas cartas que en la oficina de correos nunca se toman en serio, el protagonista dedica su tiempo a acompa&ntilde;ar a un hombre apodado el Jefe, un neonazi para el que trabaja limpiando grafitis. Este Jefe y sus secuaces encarnan los principios de la ultraderecha contempor&aacute;nea: odio, discriminaci&oacute;n, machismo, violencia, groser&iacute;a. Esos rasgos, sin embargo, conviven con un gusto exquisito por Bach, una &iquest;paradoja? que, s&iacute;, remite al culto de Hitler por Wagner.
    </p><p class="article-text">
        Junto al Jefe, el protagonista se convierte en una esponja que absorbe lo que lo rodea. No se convierte en un neonazi al uso &mdash;su interior se mantiene, en cierto modo, &ldquo;puro&rdquo;; no nace de &eacute;l un impulso hacia el odio o la brutalidad&mdash;; pero, a su manera, comienza a asumir que su superior tiene raz&oacute;n, que su visi&oacute;n del mundo es acertada. Como un alumno que conf&iacute;a en su maestro, cree sin dar r&eacute;plica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e2d9708c-777a-4828-a650-17995274afc3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El protagonista recibe m&aacute;s influencias, como la de un viejo profesor de f&iacute;sica retirado, de quien aprendi&oacute; esa curiosidad por la astronom&iacute;a. &Eacute;l es solo uno de los (abundantes y jugosos) personajes secundarios que pueblan esta novela, y, si el Jefe representa esa ola ultra, el profesor es el intelectual pesimista que ve c&oacute;mo sus esfuerzos, concretados en la educaci&oacute;n de Herscht, caen en saco roto en cuanto el chico sale del microcosmos de la escuela para perderse en los confines de la vida adulta, donde no mandan ni gu&iacute;an los sabios, sino los espec&iacute;menes como el Jefe.
    </p><p class="article-text">
        El libro, que conserva la iron&iacute;a y el humor negro distintivos del autor, puede leerse como una met&aacute;fora de la sociedad occidental contempor&aacute;nea, con ese protagonista que teme m&aacute;s lo incierto, lo que no ve (las fuerzas del universo), que lo que sucede ante sus ojos. Porque el discurso neonazi siembra miedo, y, por eso mismo, adeptos: lugare&ntilde;os que comienzan a temer al vecino, que extienden el peligro al dar p&aacute;bulo a quienes justifican sus acciones en prejuicios. Como una onda expansiva, la ideolog&iacute;a ultra se extiende sin que Herscht tome conciencia de sus implicaciones. Y Herscht no es &uacute;nico: para cuando la poblaci&oacute;n se da cuenta, ya es demasiado tarde para reaccionar; de hecho, a sus temores se ha a&ntilde;adido ese, el de plantar cara.
    </p><h2 class="article-text">La salvaci&oacute;n v&iacute;a Bach</h2><p class="article-text">
        No es casualidad que Krasznahorkai elija como localizaci&oacute;n un territorio que integr&oacute; la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica de Alemania (RDA), es decir, un pa&iacute;s que en apenas un siglo ha vivido la decadencia de un imperio, una rep&uacute;blica fr&aacute;gil atenazada por numerosas crisis, el totalitarismo del Tercer Reich, el desencantado sue&ntilde;o comunista y una reunificaci&oacute;n que, a pesar de la ilusi&oacute;n, no ha cumplido las expectativas. Y, dentro de ese pa&iacute;s, en un pueblo ficticio imaginario que podr&iacute;a ser cualquier rinc&oacute;n de Occidente: un lugar donde todos se conocen y, tal vez precisamente por tenerse tan vistos, no perciben la amenaza que se va fraguando, no perciben la gravedad del cambio en curso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre hoy es inseparable del pasado reciente, en el que la estabilidad pol&iacute;tica ha durado menos que sus promesas; el autoritarismo dej&oacute; secuelas que la democracia no ha sabido resolver. &iquest;Est&aacute; a tiempo a&uacute;n de frenar ese cataclismo inminente? En contra de la afirmaci&oacute;n inicial, Krasznahorkai sugiere una posible redenci&oacute;n a trav&eacute;s de Bach, de la m&uacute;sica que transforma al protagonista de forma mucho m&aacute;s profunda que los discursos tan airados como superficiales del Jefe. Porque Bach, que naci&oacute; en el mismo Estado que &eacute;l, demostr&oacute; que incluso desde ah&iacute;, desde esas mismas ra&iacute;ces, uno se puede forjar otro camino: el de la elevaci&oacute;n espiritual a trav&eacute;s de la sublimaci&oacute;n art&iacute;stica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai en Barcelona, en su primer acto público fuera de Hungría tras recibir el galardón                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Es la fuerza del arte en todas sus manifestaciones: la m&uacute;sica, pero tambi&eacute;n la literatura, la pintura, la escultura, el cine, la arquitectura, la danza, la fotograf&iacute;a y un largo etc&eacute;tera. Todo escritor, como todo artista, sabe que, si hay una salvaci&oacute;n posible, es a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n, de la entrega a un cometido que le llevar&aacute;, no solo a trascender lo mundano y caduco, sino a conectar con sus semejantes en lo m&aacute;s &iacute;ntimo, a entregarles un sentido, un anclaje, una pertenencia que no encuentran en un entorno donde cada vez se sienten m&aacute;s solos, m&aacute;s perdidos, m&aacute;s asustados.
    </p><p class="article-text">
        Escribir a pesar de todo, seguir escribiendo despu&eacute;s de las calamidades, es en s&iacute; un salto (laico) de fe en pos de la esperanza. Y leer, al igual que escuchar las composiciones de Bach, un acto de resistencia. Porque se oponen al ruido, lo silencian o lo contrarrestan, aunque sea por un rato, y proporcionan herramientas para protegerse ante &eacute;l. El hecho de que Krasznahorkai siga escribiendo es en s&iacute; mismo un gesto de esperanza. Que los lectores podamos contar con sus libros nos garantiza otro puerto seguro donde arraigar, si estamos dispuestos a emprender una traves&iacute;a arriesgada sobre aguas turbulentas.
    </p><h2 class="article-text">Hipn&oacute;tico y adictivo</h2><p class="article-text">
        Porque Krasznahorkai hace honor a esa fama del Nobel de premiar a autores &ldquo;dif&iacute;ciles&rdquo;. La dificultad de lectura puede ser, hasta cierto punto, un concepto relativo, que depende de la experiencia previa del lector, de sus preferencias e incluso de su receptividad en el momento de comenzar a leer. Aun as&iacute;, hay aspectos objetivos que permiten delimitar el grado de complejidad, y en el caso de este escritor son siempre evidentes. En primer lugar, su estilo, de frases largas, ramificadas, que, m&aacute;s que trazar una l&iacute;nea recta, cavan socavones, giran para captar otros &aacute;ngulos, se disgregan hasta que parece que se pierden para luego enderezar de nuevo el rumbo, m&aacute;s pesadas, eso s&iacute;, con nuevas piedras en los hombros, que hacen ir despacio pero tambi&eacute;n proporcionan una solidez desconocida.
    </p><p class="article-text">
        Esta prosa, que para muchos lectores puede resultar ardua, es, sin embargo, para quien conecta con el narrador h&uacute;ngaro, hipn&oacute;tica e incluso adictiva, capaz de envolver en una atm&oacute;sfera que no por inquietante y oscura deja de ser fascinante; basta pensar en <em>Tango sat&aacute;nico</em> (1985), su primera novela y la brillante adaptaci&oacute;n de B&eacute;la Tarr, para entender ese magnetismo, ese esplendor de un mundo decadente, esa <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/laszlo-krasznahorkai-premio-nobel-literatura-deberia-haber-dedicado-obra-no_1_13020426.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">b&uacute;squeda de un lenguaje sin concesiones</a> que sacude convenciones y alcanza planos metaf&iacute;sicos. Porque las obras de Krasznahorkai, y <em>Herscht 07769</em> no es una excepci&oacute;n, son tambi&eacute;n y ante todo una exploraci&oacute;n del alma humana, una meditaci&oacute;n existencial que, m&aacute;s que revelarse de inmediato, se desvela poco a poco, como una ara&ntilde;a que se va adhiriendo al cuerpo casi de forma inapreciable, hasta llegar a un punto en el que ya no es posible liberarse.
    </p><p class="article-text">
        Esta larga frase que es <em>Herscht 07769</em> deja respirar en algunos momentos, con unos sintagmas separados del cuerpo del texto que se perciben como cambios de cap&iacute;tulo. Estos conjuntos de palabras, cuando se ponen uno detr&aacute;s de otro, componen una suerte de poema que condensa la esencia de la novela: &ldquo;de la nada en la nada / de alguna parte a alguna parte / el mundo desaparece / [&hellip;] en Bach no hay nada f&aacute;cil / ofrec&iacute;a un consuelo m&aacute;s profundo / serv&iacute;a bolas de helado grandes / [&hellip;] no hay nada m&aacute;s perfecto que / pero de color celeste / el vac&iacute;o absoluto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No, en Bach no hay nada f&aacute;cil, y en Krasznahorkai tampoco; por eso mismo leerlo deja una huella m&aacute;s profunda que muchas publicaciones contempor&aacute;neas. <em>Herscht 07769</em>, en concreto, adem&aacute;s de dialogar con el presente con un ojo cl&iacute;nico poco habitual, sintetiza todas las obsesiones del autor &mdash;la danza tambaleante hacia el abismo que es la existencia humana, la desintegraci&oacute;n de un orden pol&iacute;tico a trav&eacute;s del retrato de una peque&ntilde;a comunidad, la atm&oacute;sfera l&uacute;gubre, por el espacio pero sobre todo por la negrura de quienes lo pueblan&mdash; y es, en s&iacute; mismo, un ant&iacute;doto contra el conformismo, contra la vacuidad, la furia y lo vol&aacute;til que se imponen en estos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Porque Florian Herscht es un personaje especial: bonach&oacute;n, manipulable y, por eso mismo, peligroso; pero tambi&eacute;n es sensible, atento, receptivo para escuchar a Bach y dejar que anide en &eacute;l con m&aacute;s fuerza que el odio; un hombre-esponja, para lo bueno y para lo malo. Todos, a nuestra manera, lo somos; de nosotros depende permitir que nos cale: el miedo&hellip; o las novelas de un autor como Krasznahorkai.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/querida-angela-merkel-libranos-apocalipsis-nobel-krasznahorkai-zambulle-mundo-odio_1_13323522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:01:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Premios Nobel,Nobel de Literatura,Hungría,Angela Merkel,Literatura,Neonazis,Alemania,Libros,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasion-salvaje-revuelta-obrera-jack-london-escritor-hoy_1_13302307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6f0aae0-d93d-47cb-ab3e-bbc4d906598c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y276.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de ‘Colmillo Blanco’ y 'La llamada de lo salvaje', nacido hace 150 años, fue un creador versátil que llegó hacer incluso ciencia ficción, aunque se le conozca sobre todo por sus narraciones de aventuras en la naturaleza</p><p class="subtitle">Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo
</p></div><p class="article-text">
        Puede que no todo el mundo conozca a Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, California, 1916), pero qui&eacute;n m&aacute;s, qui&eacute;n menos ha visto u o&iacute;do hablar de las pel&iacute;culas basadas en sus novelas; en particular, las adaptaciones de t&iacute;tulos como <em>La llamada de lo salvaje</em> (1903) o <em>Colmillo Blanco</em> (1906). Pese a su temprana (y controvertida) muerte, el escritor tuvo tiempo de escribir m&aacute;s de veinte novelas, adem&aacute;s de numerosos cuentos, ensayos, teatro y memorias. Este 150&ordm; aniversario de su nacimiento es un buen pretexto para revisitar su obra y recordar algunas claves que hoy hacen de &eacute;l un autor vigente.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de la obra del autor ha sido editada en castellano por <a href="https://www.alianzaeditorial.es/busqueda.php?tipobusqueda=autor&amp;precioMin=0&amp;precioMax=200&amp;texto=Jack%20London&amp;filtro=fecha_publicacion%20desc&amp;pagina=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alianza</a>, en enero,  Montesinos ha publicado La peque&ntilde;a dama de la casa grande y hace pocos d&iacute;as <a href="https://nordicalibros.com/product/la-llamada-de-lo-salvaje-3/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">N&oacute;rdica </a>ha llevado a las librer&iacute;as <em>La llamada de lo salvaje, </em>traducida por H&eacute;ctor Arnau.
    </p><h2 class="article-text">1. Pionero de la 'nature writing'</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/30b9b05c-a13d-4d19-8847-57f77ee9d407_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La <em>nature writing</em>, ese g&eacute;nero de narraciones de ficci&oacute;n o no ficci&oacute;n inscritas en un medio natural, desde una conciencia ecologista y animalista, del que se considera fundadores a los pensadores y naturalistas estadounidenses <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/superar-perdida-querido-aprender-emerson-henry-david-thoreau-william-james_1_11687735.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ralph Waldo Emerson</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry David Thoreau</a>, John Muir y John Borroughs, ha vivido un gran repunte en la &uacute;ltima d&eacute;cada gracias a la preocupaci&oacute;n por la emergencia clim&aacute;tica y al retorno, literal o al menos de esp&iacute;ritu, a un estilo de vida m&aacute;s pr&oacute;ximo a lo primigenio, frugal, alejado del ruido y en armon&iacute;a con los ciclos de la naturaleza. En este sentido, el peso que la naturaleza tiene en las narraciones de Jack London, y sobre todo la mirada desde la que se acerca a ella, hacen de &eacute;l un escritor af&iacute;n a este g&eacute;nero.
    </p><h2 class="article-text">2. Animales en estado salvaje</h2><p class="article-text">
        El escritor destaca por su capacidad para ponerse en el lugar del animal protagonista sin caer en la adjudicaci&oacute;n de atributos humanos: tanto el perro domesticado que debe sobrevivir en el bosque de <em>La llamada de lo salvaje</em> como el perro lobo en estado salvaje que se acerca a los humanos en <em>Colmillo Blanco</em> est&aacute;n caracterizados con una cuidada recreaci&oacute;n de su entorno, los instintos por los que se mueven, la vida en manada y la percepci&oacute;n que tienen del mundo humano. A pesar de que el desenlace de algunas de sus historias prioriza la lecci&oacute;n moral, intr&iacute;nsecamente humana, por encima del estado natural, el tratamiento que hace de los animales, junto con el hecho de colocarlos en el centro de la narraci&oacute;n, lo convierten en un referente.
    </p><h2 class="article-text">3. Hombre de mar</h2><p class="article-text">
        Otra de sus novelas m&aacute;s conocidas, <em>El lobo de mar</em> (1904), es fruto de su experiencia como marinero: en su juventud se embarc&oacute; en una goleta con rumbo a Jap&oacute;n y tambi&eacute;n trabaj&oacute; como ostrero. Como ocurre con sus narraciones ambientadas en el bosque &ndash;que tienen asimismo una inspiraci&oacute;n en sus vivencias, por las que conoci&oacute; de primera mano la hostilidad del medio natural&ndash;, la imagen que da del mar dista mucho de ser edulcorada; al contrario, pone de relieve sus peligros, los momentos de lucha contra las inclemencias y el abismo en el que su inmensidad sume al ser humano. Fruto de esta experiencia escribi&oacute; <em>El lobo de mar</em> (1904), otra de sus novelas m&aacute;s emblem&aacute;ticas.
    </p><h2 class="article-text">4. Novela de aventuras</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/710f56c7-5209-4087-a14d-285594fea4ba_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Jack London forma parte de los escritores cl&aacute;sicos del g&eacute;nero de aventuras, como Jules Verne, R. L. Stevenson, Emilio Salgari o Walter Scott. Como suele ser habitual, estas peripecias nacen del propio periplo del autor, que fue un escritor en gran medida autodidacta, encaden&oacute; trabajos precarios, llev&oacute; una existencia errabunda y se code&oacute; con piratas, delincuentes y buscadores de fortuna en plena fiebre del oro (&eacute;l mismo se intern&oacute; en los yacimientos de oro de Klondike, de donde sali&oacute; enfermo y con una mayor conciencia de la proximidad de la muerte). Sin duda, un material perfecto para captar las sensaciones de un personaje que emprende su camino en un entorno que le es desconocido y que esconde numerosas amenazas.
    </p><h2 class="article-text">5. Trasfondo de gran complejidad moral</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las aventuras, las obras de Jack London, al igual que sucede con las de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joseph-conrad-forastero-desencantado-denuncio-abusos-occidente-africa_1_11566726.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joseph Conrad</a> o Rudyard Kipling, contienen un profundo dilema moral, por lo general en torno a la confrontaci&oacute;n entre la naturaleza y la civilizaci&oacute;n, entre el instinto de supervivencia de los animales y el orden humano. El autor no se libra del todo del antropocentrismo, pero aun as&iacute; va bastante m&aacute;s all&aacute; que muchos de sus contempor&aacute;neos y escritores posteriores en su acercamiento al &ldquo;estado salvaje&rdquo; de la realidad. No elude tampoco cuestiones inc&oacute;modas como la muerte o la violencia, que conoci&oacute; desde bien peque&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text">6. Literatura &ldquo;como la de antes&rdquo;</h2><p class="article-text">
        No hay que perder de vista que Jack London es un autor del siglo XIX, y, aunque las aventuras pueden ser susceptibles de asociarse con lo ligero, con el entretenimiento superficial, los grandes escritores del g&eacute;nero hicieron gala de una prosa rica, descriptiva y envolvente, con las caracter&iacute;sticas propias de la &eacute;poca y la narraci&oacute;n epis&oacute;dica que facilitaba la publicaci&oacute;n por entregas. Le&iacute;da hoy, <em>Colmillo Blanco</em> no solo impresiona por su retrato del animal, sino por la suntuosidad de la prosa, que se demora en recrear el paisaje, con un estilo exuberante, pr&oacute;digo en matices, que poco o nada tiene que ver con las voces depuradas (cuando no endebles) del presente.
    </p><h2 class="article-text">7. Lucha de clases</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/868bec79-dc83-4f03-b55e-acd0fd31300c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de emprender aventuras y cultivar una carrera literaria, Jack London se implic&oacute; en pol&iacute;tica. En concreto, sus or&iacute;genes humildes, junto con todas las experiencias que le descubrieron los bajos fondos de la sociedad, le hicieron sensible a las desigualdades y partidario del socialismo, en cuyo partido lleg&oacute; a afiliarse. Y, dado que para un escritor la vida (y sus valores) es inseparable de la literatura, esta conciencia se refleja de forma m&aacute;s o menos directa en muchas de sus obras, por ejemplo, en la novela <em>El tal&oacute;n de hierro </em>(1908), inspirada en la rebeli&oacute;n de unos obreros de una corporaci&oacute;n industrial; o en <em>La gente del abismo</em> (1903), una cr&oacute;nica de sus a&ntilde;os en la calle. Este a&ntilde;o, adem&aacute;s, la editorial El Desvelo ha publicado recopilaciones de art&iacute;culos como <em>&iquest;Qu&eacute; es el socialismo?</em> o <em>La Revoluci&oacute;n mexicana</em>.
    </p><h2 class="article-text">8. Mucho m&aacute;s que un escritor de formaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las novelas de aventuras suelen ser el primer contacto de muchos ni&ntilde;os con la lectura (o, al menos, as&iacute; era hasta que existiera una literatura infantil y juvenil al margen, con su propio circuito), por lo que, al echar la vista atr&aacute;s, estas lecturas pueden ser vistas con cierta condescendencia, como una obra de entretenimiento pero sin el calado que uno descubre al leer m&aacute;s adelante a Proust o a Tolst&oacute;i. Craso error: puede que ocurra as&iacute; con las novelas de consumo, pero, cuando se trata de cl&aacute;sicos como Jack London (o Alexandre Dumas, o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joseph-conrad-forastero-desencantado-denuncio-abusos-occidente-africa_1_11566726.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joseph Conrad</a>, o&hellip;, la lista es infinita), no solo resisten el paso del tiempo, sino que tienen esa cualidad de ganar en matices con cada nueva lectura. As&iacute; que no, no es (solo) un autor para j&oacute;venes, aunque sin duda muchos j&oacute;venes le deban su afici&oacute;n por los libros.
    </p><h2 class="article-text">9. El desclasamiento</h2><p class="article-text">
        Como muchos otros autores, Jack London vio en la literatura un camino con el que solventar sus problemas econ&oacute;micos y dejar atr&aacute;s la vida proletaria. Para ello, se form&oacute; de manera autodidacta, leyendo libros de la biblioteca p&uacute;blica. Si bien logr&oacute; ser admitido en la universidad, no lleg&oacute; a graduarse por la imposibilidad de costearse los estudios. Aun as&iacute;, sali&oacute; adelante gracias al &eacute;xito de sus publicaciones. Su novela <em>Martin Eden</em>, publicada por entregas entre 1908 y 1909, recoge buena parte de sus lucha por el ascenso social, aunque las vivencias del protagonista lo conducen a un desenlace mucho m&aacute;s pesimista y cr&iacute;tico con el individualismo del sue&ntilde;o americano.
    </p><h2 class="article-text">10. Su lado menos conocido</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/796a03dc-90fe-4ff9-bef3-d82f99944174_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Jack London fue un escritor vers&aacute;til, de modo que quien quiera conocerlo a fondo descubrir&aacute; que hay vida mucho m&aacute;s all&aacute; de <em>La llamada de lo salvaje</em> o <em>Colmillo Blanco</em>. Por ejemplo, <em>La peste escarlata</em> (1912), una obra de ciencia ficci&oacute;n postapocal&iacute;ptica que no tiene nada que envidiar a los maestros del g&eacute;nero; <em>La peque&ntilde;a dama de la casa grande</em> (1916), una novela sobre una mujer entre dos mundos, el de las convenciones sociales del matrimonio y el del extrav&iacute;o al que la condenar&iacute;a la libertad individual, recientemente recuperada por la editorial Montesinos; o <em>El vagabundo de las estrellas</em> (1915), una novela de trasfondo existencialista sobre el descenso a los infiernos de un profesor, con un cuestionamiento contundente del sistema penitenciario estadounidense.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasion-salvaje-revuelta-obrera-jack-london-escritor-hoy_1_13302307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 20:14:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Naturaleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/todavia-tiempo-frenar-cambio-climatico-matthew-t-hubert-revolucion-viene_1_13288920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b26135e-c3f9-498e-91cf-675baa0a8ad3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ‘El futuro de la revolución’, el investigador insta a una gran movilización social para apostar por la inversión pública como antídoto para la emergencia climática</p><p class="subtitle">El anterior Rincón de pensar - A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos</p></div><p class="article-text">
        Muchos estudios sobre la emergencia clim&aacute;tica tienen dos problemas. El primero es la falta de propuestas: realizan un diagn&oacute;stico m&aacute;s o menos atinado de la situaci&oacute;n, pero se quedan ah&iacute;, incapaces de plantear posibles soluciones. En el segundo caso, s&iacute; se apuntan ideas pr&aacute;cticas, aunque est&aacute;n tan limitadas a la acci&oacute;n individual (reducir el consumo de energ&iacute;a, optar por el transporte p&uacute;blico, reciclar o adquirir alimentos de proximidad) que se quedan cortas a la hora de concebir una transformaci&oacute;n a fondo de todo el sistema. Esto deriva en un pesimismo colectivo que puede conducir a la inacci&oacute;n y el des&aacute;nimo, algo que ya est&aacute; perjudicando <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ecoansiedad-afecta-cambio-climatico-salud-mental_1_8553351.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la salud mental de la poblaci&oacute;n, sobre todo de los j&oacute;venes</a>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo revertir este panorama? Todo cambio comienza con la capacidad de imaginar un futuro distinto, de no resignarse al desaliento solo porque hasta ahora nos han dicho que no se puede hacer m&aacute;s. El siguiente paso consiste en buscar alternativas y refrendarlas con situaciones en las que hayan demostrado su eficacia. Puede que la humanidad no se haya enfrentado a un desaf&iacute;o semejante, pero ha habido otros retos que en su momento tambi&eacute;n parec&iacute;an imposibles de asumir y que sin embargo se superaron o, como m&iacute;nimo, mejoraron sus pron&oacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo paso, quiz&aacute; el m&aacute;s dif&iacute;cil, es comunicar esa posible soluci&oacute;n al p&uacute;blico para instarlo a actuar. Porque, esto hay que tenerlo claro, los cambios solo se consiguen al ponerse en marcha. Para ello es necesario contar con una ciudadan&iacute;a concienciada y lo bastante preocupada por el tema como para atender la llamada de atenci&oacute;n. Esa masa social, formada por un conjunto numeroso de individuos unidos por una causa com&uacute;n, es clave en este proceso, tal y como defiende el investigador Matthew T. Huber (Chicago, 1970) en<em> </em><a href="https://erratanaturae.com/product/el-futuro-de-la-revolucion/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El futuro de la revoluci&oacute;n </em></a>(2022; Errata naturae, 2024, trad. Silvia Moreno Parrado). Este profesor de Geograf&iacute;a de la Universidad de Siracusa lleva a&ntilde;os estudiando las relaciones geoecon&oacute;micas con el capitalismo y las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas, y en este libro propone una insurrecci&oacute;n colectiva para combatir la inercia pol&iacute;tica actual.
    </p><h2 class="article-text">Hacia un nuevo paradigma</h2><p class="article-text">
        Los trabajos sobre la crisis clim&aacute;tica se inscriben en el &aacute;mbito cient&iacute;fico, en &aacute;reas como la ecolog&iacute;a, las ciencias atmosf&eacute;ricas o la geolog&iacute;a; pero las ciencias humanas tienen un papel clave en la emergencia, por cuanto las tendencias sociopol&iacute;ticas y econ&oacute;micas son las responsables de la respuesta (o la indiferencia) hacia el fen&oacute;meno. La ideolog&iacute;a que m&aacute;s se compromete con el desarrollo sostenible, respetuoso con el medio ambiente, que trata de contrarrestar los excesos capitalistas que han llevado a este l&iacute;mite, es la pol&iacute;tica verde, alineada en general con los partidos progresistas partidarios de la justicia social.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sucede? Por un lado, el problema de circunscribir esta preocupaci&oacute;n a un espectro del arco pol&iacute;tico reduce el n&uacute;mero de ciudadanos concienciados: o se est&aacute; a favor de una regeneraci&oacute;n verde urgente, o se es un negacionista clim&aacute;tico. La polarizaci&oacute;n creciente en el debate p&uacute;blico y la proliferaci&oacute;n de bulos en los medios de comunicaci&oacute;n tampoco ayudan. No obstante, ser&iacute;a un error creer que el negacionismo es el &uacute;nico obst&aacute;culo para tomar medidas: dentro de las agrupaciones de izquierda y socialdem&oacute;cratas tampoco se ha dado una respuesta unitaria y ha faltado, en general, contundencia.
    </p><p class="article-text">
        Puede que los negacionistas no sean muchos, pero tampoco el cambio clim&aacute;tico es una prioridad para la mayor&iacute;a. En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_12456092_1114816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el bar&oacute;metro del CIS</a>, las principales preocupaciones de la poblaci&oacute;n son la vivienda, la corrupci&oacute;n y el fraude pol&iacute;ticos, el paro, la crisis econ&oacute;mica, la inmigraci&oacute;n y la sanidad; hay que bajar unos cuantos puestos de la lista para encontrar el cambio clim&aacute;tico. Por mucho que se intente sensibilizar sobre la urgencia que requiere la situaci&oacute;n medioambiental, la percepci&oacute;n dominante es que se trata de un asunto secundario, algo que puede esperar y, un punto determinante, que est&aacute; desligado del resto de problemas sociales.
    </p><p class="article-text">
        De esto &uacute;ltimo surge la tesis de Matthew T. Huber: es un error creer que el empleo o los servicios p&uacute;blicos, por ejemplo, resultan indiferentes a la emergencia clim&aacute;tica. Frente al desprestigio de las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas entre buena parte de la poblaci&oacute;n, propone una visi&oacute;n transversal que ponga de relieve su conexi&oacute;n con los problemas que resultan m&aacute;s inmediatos y graves. Porque sucede que los ciudadanos se movilizan, deciden su voto y presionan a sus dirigentes en funci&oacute;n de lo que les preocupa m&aacute;s en cada momento. Para tomar otro rumbo, es preciso que la lucha clim&aacute;tica sea una prioridad para la mayor&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">El cambio clim&aacute;tico como lucha de clases</h2><p class="article-text">
        Hablar de &ldquo;mayor&iacute;a&rdquo;, sin m&aacute;s, resulta vago. &iquest;Qui&eacute;n deber&iacute;a conformarla? Si pensamos en la estructura de clases sociales, la base de la pir&aacute;mide la componen los trabajadores no cualificados o precarios, los desempleados, los pensionistas con menor retribuci&oacute;n y otros sectores con un n&uacute;mero bajo de ingresos. Sin embargo, tal como analiza Huber, el compromiso por el clima viene, sobre todo, por parte de una clase profesionalizada que no solo se define por un mayor poder adquisitivo, sino por un soporte intelectual. Dicho de otro modo: la concienciaci&oacute;n surge como respuesta a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, que constituye el credo de este grupo social.
    </p><p class="article-text">
        Esta clase profesional tambi&eacute;n intenta convencer a los dem&aacute;s con ese mismo discurso: hay que luchar contra el cambio clim&aacute;tico porque as&iacute; lo dice la ciencia, y la ciencia est&aacute; por delante de todo lo dem&aacute;s. Es una teor&iacute;a cargada de raz&oacute;n, pero poco efectiva, con el riesgo de quedarse en las buenas intenciones. Las dificultades que de un tiempo a esta parte tienen los partidos de izquierda para aumentar sus bases se extienden a la sensibilizaci&oacute;n por el clima: si antes eran los obreros quienes protagonizaban los movimientos sociales, ahora el perfil t&iacute;pico de su votante es un universitario que entiende la jerga acad&eacute;mica y se muestra sensible no solo a las desigualdades econ&oacute;micas de clase, sino tambi&eacute;n a causas identitarias como el feminismo, el racismo o la representaci&oacute;n LGTBIQA+.
    </p><p class="article-text">
        Los activistas por el clima se enfrentan a un reto: conectar con esa gran masa social que conforman los menos privilegiados. Son una pieza esencial para la revoluci&oacute;n, y ah&iacute; es donde el autor da un giro al planteamiento del problema: la emergencia clim&aacute;tica debe entenderse como una lucha de clases. Ni como algo que dependa en &uacute;ltima instancia de los gestos individuales, ni como un entretenimiento de ciudadanos cultos con poca calle y mucho discurso. Solo as&iacute; se puede tener &eacute;xito. &iquest;C&oacute;mo lo sabemos? Porque la historia tiene numerosos ejemplos de triunfos cuando la masa social se une por el bien colectivo.
    </p><h2 class="article-text">Ecolog&iacute;a proletaria</h2><p class="article-text">
        Matthew T. Huber lo explica redefiniendo las clases sociales. Sigue tomando las fuerzas de producci&oacute;n y c&oacute;mo se relaciona cada colectivo con ellas como medida, pero va m&aacute;s all&aacute; del esquema tradicional de ricos, clase media y pobres. En primer lugar, identifica la &ldquo;clase capitalista&rdquo;, la de los grandes propietarios, los que controlan el capital industrial y los capitales f&oacute;siles. Ah&iacute; est&aacute; la ra&iacute;z del problema: son los causantes de la mayor&iacute;a de emisiones t&oacute;xicas que han llevado el planeta a este estado, y, mientras solo miren por el rendimiento econ&oacute;mico, nada va a cambiar de manera sustancial.
    </p><p class="article-text">
        El segundo grupo es el que denomina &ldquo;clase profesional&rdquo;. Aqu&iacute; tienen cabida tanto los dirigentes pol&iacute;ticos como el segmento de la poblaci&oacute;n m&aacute;s comprometido con el clima, es decir, los activistas, cient&iacute;ficos, profesores, periodistas y estudiantes, entre otros, que se mantienen informados, difunden las investigaciones e intentan alertar a la poblaci&oacute;n. Este estrato no siempre tiene las mejores condiciones salariales, pero aun as&iacute; se aleja del obrero raso por la formaci&oacute;n acad&eacute;mica, los h&aacute;bitos de consumo y el estilo de vida. Este grupo, como se&ntilde;ala Huber, cree en la meritocracia, o al menos se ha educado en funci&oacute;n de este principio, y act&uacute;a de manera individualista al centrarse en su ascenso social.
    </p><p class="article-text">
        El tercer segmento, y el m&aacute;s numeroso, es la &ldquo;clase trabajadora&rdquo;. Como indica el autor, la clasificaci&oacute;n no se basa solo en la situaci&oacute;n profesional: &ldquo;La clase es una relaci&oacute;n de propiedad y poder&rdquo;. Hay profesiones que se est&aacute;n proletarizando, como el periodismo o la ense&ntilde;anza universitaria; en cambio, entre los trabajos no cualificados, un fontanero due&ntilde;o de su propio negocio se sit&uacute;a en una clase distinta de la del que trabaja para otros. Adem&aacute;s, es importante no olvidar a la poblaci&oacute;n inactiva: &ldquo;c&oacute;nyuges que no trabajan, dependientes, familiares y desempleados&rdquo; que dependen de los servicios sociales o del dinero del trabajo asalariado de otros.
    </p><p class="article-text">
        Para Huber, el problema principal del cambio clim&aacute;tico est&aacute; en el primer grupo, el de los inversores: mientras solo miren por su beneficio, todo seguir&aacute; igual o peor. La clave, seg&uacute;n &eacute;l, es que el sector m&aacute;s cr&iacute;tico para las emisiones pase a manos p&uacute;blicas, es decir, se trata de conseguir una infraestructura energ&eacute;tica p&uacute;blica que no tenga como prioridad el rendimiento econ&oacute;mico sino mejorar las condiciones de la poblaci&oacute;n y el ecosistema. Frente a las pol&iacute;ticas de enriquecimiento r&aacute;pido, deben implementarse proyectos a largo plazo que garanticen una transici&oacute;n energ&eacute;tica &eacute;tica, sostenible y en beneficio de todos. &iquest;Qu&eacute; puede hacer la poblaci&oacute;n para lograrlo? Ejercer fuerza social colectiva.
    </p><h2 class="article-text">Presi&oacute;n social y el poder del sindicato</h2><p class="article-text">
        Hay que presionar a los gobiernos, pero no solo con el argumento cient&iacute;fico, que hasta ahora se ha demostrado insuficiente a la hora de establecer prioridades. El componente de clase debe estar ah&iacute;: la presi&oacute;n, cuando ha logrado resultados, ha sido desde abajo, desde una masa social integradora en la que tienen cabida tanto los trabajadores como los miembros de la clase profesional. Entre otras cosas, porque ellos tienen el poder, si se organizan, de paralizar el sistema el&eacute;ctrico u otra infraestructura, un gesto de boicot que llame m&aacute;s la atenci&oacute;n que un corte de carreteras puntual o una acci&oacute;n en un museo. Para ello, el autor reivindica el papel de los sindicatos, tan devaluados, como garant&iacute;a de la protecci&oacute;n de los trabajadores y la organizaci&oacute;n de protestas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es necesario convencer a la clase obrera de que trasladar el imperio energ&eacute;tico a manos p&uacute;blicas ser&aacute; positivo para ellos: la transici&oacute;n generar&aacute; otros empleos para construir las nuevas redes, unos empleos m&aacute;s seguros, en proyectos a largo plazo que no depender&aacute;n del mercado. Adem&aacute;s, aunque Huber pone el foco en el sector energ&eacute;tico, no hay que olvidar que el cambio clim&aacute;tico repercute en todas las &aacute;reas: la salud empeora, las temperaturas en las aulas dificultan el desarrollo del curso, aumentan los temporales extremos que causan estragos, etc. Todo eso perjudica de forma directa al trabajador, y la transici&oacute;n energ&eacute;tica tambi&eacute;n garantiza los trabajos de prevenci&oacute;n para contrarrestarlos.
    </p><p class="article-text">
        Ni culpar al ciudadano ni resignarse: para luchar contra el cambio clim&aacute;tico, hay que combatir el liberalismo individualista del capitalismo tard&iacute;o y recuperar el esp&iacute;ritu de los movimientos de la primera mitad del siglo XX, o de causas m&aacute;s recientes como los chalecos amarillos en Francia. Movimientos sustentados en la solidaridad, en el frente com&uacute;n por encima de las diferencias identitarias, porque sobre todos ellos se cierne una amenaza m&aacute;s grande. Esto pasa por ver el bosque en lugar del &aacute;rbol, recuperar el p&oacute;ster completo y ser conscientes de qui&eacute;n maneja los hilos de verdad en esta historia.
    </p><p class="article-text">
        Hay que volver a creer, volver a motivar a la gente. Un trabajador desmotivado se cruza de brazos, mira por sus intereses a corto plazo y, harto de la palabrer&iacute;a de los partidos de izquierda, pierde el inter&eacute;s por la pol&iacute;tica y se desconecta de la lucha por el bien com&uacute;n. De esa insatisfacci&oacute;n se nutren las corrientes reaccionarias. Los activistas clim&aacute;ticos no pueden permitirse el lujo de renunciar a este colectivo social: recuperarlo para la causa ha de ser el primer objetivo para vertebrar una presi&oacute;n social fuerte, capaz de intervenir en las decisiones de arriba. No estamos en un callej&oacute;n sin salida: a&uacute;n se puede cambiar el rumbo. Pero no basta con la teor&iacute;a: hace falta una revoluci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/todavia-tiempo-frenar-cambio-climatico-matthew-t-hubert-revolucion-viene_1_13288920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Libros,Liberalismo,Política,Trabajadores,Transición ecológica,Transición energética]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 50 años de 'Entrevista con el vampiro', una novela ya inmortal como sus personajes, que reaparecen en la serie 'El vampiro Lestat' de AMC </p><p class="subtitle">El vampiro Lestat, entre las 13 series de la semana</p></div><p class="article-text">
        Mucho hab&iacute;a llovido desde que Bram Stoker public&oacute; su obra maestra cuando Anne Rice (Nueva Orleans, 1941 - Rancho Mirage, California, 2021), por entonces una escritora en ciernes que acababa de perder a su hija de cinco a&ntilde;os por una leucemia, decidi&oacute; escribir una novela sobre vampiros. <em>Entrevista con el vampiro</em> (1976), cuyo &eacute;xito fue fulgurante, dio comienzo a un ciclo que sumar&iacute;a un total de trece vol&uacute;menes, <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> (1976-2018), que no hay que confundir con la saga hom&oacute;nima de L. J. Smith. La autora, que durante el intenso proceso de redacci&oacute;n se documentaba de d&iacute;a y escrib&iacute;a de noche, se alej&oacute; del arquetipo de <em>Dr&aacute;cula</em> (1897) e introdujo un nuevo modelo de vampiro en la cultura popular que influy&oacute; en autoras como Stephenie Meyer o Charlaine Harris.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la publicaci&oacute;n estuvo en manos de Ediciones B, con traducci&oacute;n de Marcelo Covi&aacute;n Fasce. No obstante, es probable que muchos conozcan la obra no por el original de Anne Rice, sino por la adaptaci&oacute;n de 1994 a cargo de Neil Jordan, que inmortaliz&oacute; a unos j&oacute;venes Tom Cruise, Brad Pitt, Antonio Banderas y Kirsten Dunst como los cuatro vampiros protagonistas, unas criaturas de aspecto andr&oacute;gino y sensual que cautivaron al p&uacute;blico juvenil y establecieron, con su est&eacute;tica g&oacute;tica, un nuevo paradigma del g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        De forma m&aacute;s reciente, en 2022, se hizo una serie de televisi&oacute;n dirigida por Rolin Jones y <a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este lunes 8 de junio AMC+ estrena </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El vampiro Lestat,</em></a> adaptaci&oacute;n del segundo volumen de <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> en el que el inmortal al que hace referencia el t&iacute;tulo se convierte en estrella del rock. De un modo u otro, su historia sigue presente cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n, por lo que merece la pena analizar algunas claves de esta reinvenci&oacute;n del mito.
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n invent&oacute; al vampiro</h2><p class="article-text">
        En su origen, y aunque cada cultura tiene sus variantes, el vampiro se presentaba como una criatura siniestra, poco m&aacute;s que un monstruo macabro que atacaba con sa&ntilde;a a unas v&iacute;ctimas inocentes. Durante la Edad Media, a ra&iacute;z de las grandes epidemias, arraig&oacute; en el folclore europeo la figura del vampiro ligada a personajes hist&oacute;ricos, que dio lugar a numerosas supersticiones y acusaciones. Sin embargo, fue en la regi&oacute;n de Transilvania donde se fragu&oacute; el mito que ha moldeado el imaginario occidental, gracias al legendario pr&iacute;ncipe Vlad III de Valaquia, el Empalador, la base del Conde Dr&aacute;cula de Bram Stoker. Un vampiro cruel y poderoso que se debilita con el sol, el ajo y los crucifijos.
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                Béla Lugosi interpretando a Drácula.                            </span>
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        Junto con <em>Dr&aacute;cula</em> (1897), hubo dos t&iacute;tulos en la literatura moderna que asentaron esta figura: el cuento <em>El vampiro</em> (1816), del malogrado John Polidori &ndash;que surgi&oacute; en aquel emblem&aacute;tico verano en Villa Diodati orquestado por <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/crueldad-adulterio-e-incesto-byron-enamorado-perfila-edna-brien_1_11383925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lord Byron</a> que tambi&eacute;n inspir&oacute; el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (1818) de Mary Shelley</a>&ndash;, y <em>Carmilla</em> (1872), de J. T. Sheridan Le Fanu, inspirada en la legendaria condesa Elizabeth B&aacute;thory, a quien se atribuye la tortura y la muerte de miles de chicas j&oacute;venes, de quienes se dec&iacute;a que extra&iacute;a la sangre para usarla como ant&iacute;doto de belleza, una suerte de fuente de la eterna juventud. 
    </p><p class="article-text">
        Esos vampiros decimon&oacute;nicos ya ten&iacute;an un lado seductor, que Anne Rice potencia con sus libros. <em>Entrevista con el vampiro</em> parte de la t&aacute;ctica cl&aacute;sica del personaje que cuenta su historia a un interlocutor que solo interviene de forma t&iacute;mida al comienzo y al final del relato &ndash;como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a>, a prop&oacute;sito&ndash; para contar la vida de Louis de Pointe, un vampiro de m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Su periplo comenz&oacute; en Nueva Orleans en el siglo XVIII, cuando era el propietario de una plantaci&oacute;n. La muerte de su hermano menor le sumi&oacute; en una crisis, y en ese estado se cruz&oacute; en su camino el misterioso Lestat de Lioncourt, un vampiro que lo convierte en uno de los suyos, y con quien vive un intenso romance a lo largo de un siglo.
    </p><h2 class="article-text">Criaturas de la noche sure&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Los vampiros de Anne Rice siguen ligados a la noche, la transgresi&oacute;n y la sangre, pero ni el ajo, ni las estacas, ni la luz los da&ntilde;an. La autora introduce variaciones con respecto al modelo europeo; del mismo modo, el escenario difiere tambi&eacute;n del paraje donde vive el Conde Dr&aacute;cula: una plantaci&oacute;n del sur de Estados Unidos, que da pie a tratar la cuesti&oacute;n de la esclavitud, las supersticiones y los rituales del lugar. En cierto punto de la historia, los protagonistas viajan a Europa en busca de sus ancestros. All&iacute;, entran en escena otros vampiros, con particularidades diferentes en sus costumbres, como el seductor Armand, que enreda todav&iacute;a m&aacute;s el conflicto amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La principal novedad, con todo, es la &ldquo;humanizaci&oacute;n&rdquo; del vampiro, al menos del reci&eacute;n convertido Louis: a diferencia de Lestat, que se alimenta de sangre humana, lo hace con animales; como har&aacute;n sus hom&oacute;logos de <em>Crep&uacute;sculo</em> (2005), de Stephenie Meyer. Su nueva condici&oacute;n le genera un problema moral: su mente sigue funcionando seg&uacute;n los valores de la sociedad humana, pero el cuerpo, el <em>instinto</em>, lo empuja en una direcci&oacute;n que no le gusta, porque, para &eacute;l, matar sigue siendo un pecado. En su intento por no degradarse, se reprime, pese a la tensi&oacute;n constante en la que vive.
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            <span class="title">
                Lestat haciendo crowdsurfing en la nueva serie de AMC+.                            </span>
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        El hecho de conseguir que los vampiros resulten, adem&aacute;s, sensuales y atractivos, tiene algo que ver con esta dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica: es necesario dotarlos de personalidad, de matices, de sombras, para que fascinen al lector y no sean meros monstruos matarifes. La atracci&oacute;n, los remordimientos, la culpa, la tentaci&oacute;n o el trauma son algunas de las emociones que experimentan, y que hacen del libro una novela llena de pasiones, unas pasiones que tambi&eacute;n despierta &mdash;en un polo u otro: las cr&iacute;ticas nunca fueron un&aacute;nimes&mdash; en los lectores. Y, por supuesto, est&aacute; la erotizaci&oacute;n del vampiro, aqu&iacute; un ser asexuado para el que no existen tab&uacute;s cuando se trata de amar.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;t&oacute;xico&rdquo; se quedar&iacute;a corta si tuvi&eacute;ramos que juzgar el tipo de relaci&oacute;n que establecen los personajes. Buena parte de la pol&eacute;mica que rodea la obra se debe, no en vano, a todas las fronteras que cruza, como el homoerotismo o, incluso, cierta pederastia al introducir el personaje de Claudia, una vampira convertida a los cinco a&ntilde;os, que madura como cualquier mujer pero que mantiene el mismo cuerpo, que no crece ni crecer&aacute;; otro ejemplo del sufrimiento que padecen estos vampiros. Y hay, adem&aacute;s, tri&aacute;ngulos, alianzas entre amantes y tentativas de venganza; todo gira en la corriente de un amor obsesivo, que en un periodo tan largo da tantos giros que el inter&eacute;s del lector no decae.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tom Cruise en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
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        Y, cuando se habla de amor, hay que hablar tambi&eacute;n de soledad. La herida incurable del vampiro, una criatura que se siente tentada por la inmortalidad para luego descubrir que, en la pr&aacute;ctica, trae m&aacute;s desdicha que placer. La naturaleza eterna, adem&aacute;s, frustra sus pretensiones de romper por completo con el otro cuando la situaci&oacute;n no es grata. Y, en otro orden de cosas, los empuja a matar a m&aacute;s humanos, en un intento desesperado por tener compa&ntilde;&iacute;a. El vampiro es, desde esta perspectiva, un ser d&eacute;bil, impulsivo, voluble, con un profundo dolor enquistado imposible de sanar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Entrevista con el vampiro</em> es una novela oscura, porque oscuras eran las circunstancias de la autora cuando la escribi&oacute;: sumida en una grave depresi&oacute;n por la p&eacute;rdida de su hija, el libro, que tuvo su origen en un relato escrito a&ntilde;os antes, fue un refugio y a la vez tuvo un efecto cat&aacute;rtico en ella. De alg&uacute;n modo, su inclinaci&oacute;n por los extremos &mdash;la soledad y el apego enfermizo, la muerte y la pulsi&oacute;n sexual, el amor y la destrucci&oacute;n, la culpa y el castigo, la carnalidad y el esp&iacute;ritu, la lujuria y la moral&mdash; act&uacute;a asimismo sobre el lector como la buena narrativa g&oacute;tica, que a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, de las atm&oacute;sferas l&uacute;gubres, la pasi&oacute;n encendida y los escenarios t&eacute;tricos, canaliza el lado m&aacute;s turbio del ser humano.
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                Brad Pitt y Kirsten Dunst en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
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        Y es que los vampiros, como los zombis, son las criaturas que mejor parecen captar el aire de estos tiempos: seres narcisistas, atractivos en la apariencia y seductores por sus promesas, pero atormentados consigo mismos y chup&oacute;pteros con los dem&aacute;s. La est&eacute;tica s&oacute;rdida de su mundo no deja de ser un reflejo de su alma doliente y p&eacute;rfida, que ejerce tanta fascinaci&oacute;n como miedo. Nadie quiere toparse con un &ldquo;vampiro&rdquo; de carne y hueso, pero disfrutarlo en los mundos de la imaginaci&oacute;n es, nunca mejor dicho, otra historia. Y, adem&aacute;s de las nuevas versiones que llegan a las librer&iacute;as y al cine, esta <em>Entrevista con el vampiro </em>de Anne Rice, convertida ya en todo cl&aacute;sico moderno, sigue siendo una lectura capaz de levantar pasiones entre los lectores, para bien o para mal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura de terror,Cine de terror,Series de televisión,Series,Novela,Fantasía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/edad-renovarnos-dejarnos-llevar-ardores-creiamos-extintos_1_13273027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7376e688-34ea-44df-ac9d-b87baebe81b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La filósofa francesa Claire Marin reflexiona en su ensayo ‘Los comienzos’ sobre los nuevos inicios y la esperanza que se acostumbra a depositar en esos momentos vitales</p><p class="subtitle">El último rincón de pensar - Cristian Olivé, de defender las pantallas en el aula a alertar contra la IA: “Deja el aprendizaje en una situación letal”</p></div><p class="article-text">
        Un cuaderno en blanco, con las hojas a rayas; un sencillo l&aacute;piz amarillo, cl&aacute;sico, con la punta afilada. As&iacute; de sobria es la cubierta del ensayo <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/los-comienzos/9788433948700/A_634" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Los comienzos</em></a><em> </em>(2023; Anagrama, 2026, trad. &Aacute;lex Gibert), un libro en el que la doctora en Filosof&iacute;a Claire Marin (Par&iacute;s, 1974) explora un tema tan atemporal, universal, heterog&eacute;neo y relativo como el inicio, o, mejor dicho, el acto de iniciar. De la misma autora, la editorial ya public&oacute; <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/estar-en-su-lugar/9788433927231/A_612" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Estar en su lugar</em></a><em> </em>(2022), otro sugerente an&aacute;lisis en clave human&iacute;stica sobre un asunto que nos ata&ntilde;e a todos como son los espacios que habitamos.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s preciso emplear los verbos (<em>iniciar, comenzar, empezar, inaugurar, emprender, abrir, germinar</em>) porque lo que se propone Claire Marin no es tanto consignar c&eacute;lebres inicios de nada &mdash;un poco a la manera de lo que hizo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ultima-frase-libro-postumo-camila-caneque-reivindica-reflexiona-final-cosas_1_11401660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Camila Ca&ntilde;eque con los finales en </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/ultima-frase-libro-postumo-camila-caneque-reivindica-reflexiona-final-cosas_1_11401660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La &uacute;ltima frase</em></a> (La U&ntilde;a Rota, 2024)&mdash; como reflexionar sobre el hecho de comenzar. &iquest;Comenzar el qu&eacute;? Pueden ser tantas cosas: una novela, una conversaci&oacute;n, un viaje, un trabajo, un h&aacute;bito. No importa si es peque&ntilde;o o grande; el concepto tiene cabida en estas p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nacer: el primer comienzo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque, puestos a pensar en comienzos transformadores, de los que cambian la vida sin vuelta atr&aacute;s, es probable que ninguno supere el nacimiento de un hijo. En realidad, suma varios comienzos en uno: el del beb&eacute; que llega al mundo; el de quienes se convierten, a partir de ese momento, en padres, hermanos, abuelos, t&iacute;os; el del cuerpo de la madre, en una nueva etapa del ciclo reproductivo; y, claro, los comienzos que se suceder&aacute;n al lado de la criatura, su primera palabra, sus primeros pasos, sus primeras miradas al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Es esa mirada asombrada del ni&ntilde;o que mira por primera vez, sin haber interiorizado a&uacute;n los convencionalismos sociales, la que trata de recuperar la autora, que empieza el texto (hermosa forma de comenzar) dirigi&eacute;ndose a su hija, todav&iacute;a muy peque&ntilde;a; de ah&iacute; parte esta meditaci&oacute;n, este aprendizaje que cristaliza en forma de cap&iacute;tulos breves que bucean en diferentes particularidades del acto de iniciar, vali&eacute;ndose tanto de observaciones de la vida cotidiana como de citas literarias e ideas filos&oacute;ficas, en un tono erudito y ameno a la vez que, m&aacute;s que ofrecer conclusiones, alienta a cada lector a hacerse preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Preguntas, por ejemplo, sobre las maneras en las que algo puede comenzar: deliberada o improvisada, voluntaria o impuesta, repentina o esperada. A menudo los comienzos que marcan una existencia, bien porque se convierten en h&aacute;bitos, bien porque son explosivos como, valga la redundancia, una explosi&oacute;n que arrasa todo a su alrededor, irrumpen sin que uno sea del todo consciente de ellos, incluso sin que uno los quiera, los busque. Un despido, por ejemplo, que es un final que va seguido por unos inicios; o el libro que se tom&oacute; por azar y que al leerlo se revela inspirador; o conocer a alguien en un encuentro casual.
    </p><p class="article-text">
        Pero el mejor ejemplo es el del ni&ntilde;o: todos comenzamos a vivir sin ser conscientes de la proeza de la vida; crecemos, cambiamos, por dentro y por fuera, sin pararnos a meditar &mdash;al menos hasta que la memoria se conforma&mdash; sobre cada paso que damos, sobre cada cent&iacute;metro que se suma, cada letra que se memoriza, cada juego que se aprende o cada paisaje que se contempla por primera vez.
    </p><h2 class="article-text">El comienzo como esperanza</h2><p class="article-text">
        Es frecuente, aun as&iacute;, sobre todo en el comienzo de un a&ntilde;o nuevo o en septiembre, que se discurra mucho sobre la necesidad de nuevos comienzos, de aquello que cada uno se propone hacer o conseguir, que no obstante se parece sospechosamente a los deseos del vecino, del colega, del desconocido que lee sus comentarios tras la pantalla. Esto lleva a otra pregunta: &iquest;de d&oacute;nde surge el motor de un comienzo, esos empe&ntilde;os para emprender, para cambiar algo? &iquest;Puede un comienzo ser de veras <em>genuino</em>?
    </p><p class="article-text">
        Es normal, en cualquier caso, plantearse nuevos comienzos de forma consciente, por la esperanza que se deposita en ellos: la posibilidad de hacer real una vida imaginada, de convertirnos en la persona que nos gustar&iacute;a ser. Los comienzos, entonces, van ligados a la idea de esperanza, tan importante cuando uno no est&aacute; satisfecho con su empleo, con su vivienda o con su situaci&oacute;n personal. Tambi&eacute;n van unidos a la emoci&oacute;n: comenzar la afici&oacute;n tantas veces postergada o aceptar una invitaci&oacute;n con la que no se contaba pueden encender la llama de las rutinas mon&oacute;tonas. En tales casos, la novedad se recibe como un placer, como algo de lo que se espera disfrutar.
    </p><p class="article-text">
        La autora lo compara con la escritura: tambi&eacute;n se ha escrito mucho sobre los comienzos de libros, fuentes de inspiraci&oacute;n y consejos para empezar un manuscrito. Como sucede con la vida, lo que llegar&aacute; en la p&aacute;gina siguiente es impredecible; incluso el escritor m&aacute;s organizado y planificador no puede anticipar las palabras exactas con las que narrar&aacute; la escena que ha previsto en su escaleta. Escribir siempre implica incertidumbre; la idea que se tiene en mente nunca ser&aacute; id&eacute;ntica al resultado. Y esto no es malo <em>per se</em>: hay una parte de aventurarse, de jugar, de ensayar, de tomar riesgo en cada acci&oacute;n emprendida. No existe el fracaso si, al menos, se ha tenido la valent&iacute;a de atreverse a hacerlo. De cambiar.
    </p><p class="article-text">
        La palabra escrita tambi&eacute;n provoca tantos inicios como lectores suscita; y los lectores, al elegir qu&eacute; libro o art&iacute;culo van a leer, depositan una expectativa, que puede cumplirse, no cumplirse o, por qu&eacute; no, sorprender. Esos inicios son otra promesa de placer: la decisi&oacute;n de qu&eacute; leer y lo que la acompa&ntilde;a (el comentario de la contracubierta, la recomendaci&oacute;n de un librero, la experiencia previa con un escritor que nos gusta) puede llegar a ser tan placentera como la lectura misma. Cada novela, adem&aacute;s, es una inyecci&oacute;n de novedad, de posibilidades infinitas en una vida corriente: la oportunidad de zarpar en un barco del siglo XIX, de vivir el primer amor cuando ya se peinan canas, de conocer la barbarie de los campos de concentraci&oacute;n, de re&iacute;r por enredos y casualidades imposibles.
    </p><h2 class="article-text">Comienzos interiores y comienzos compartidos</h2><p class="article-text">
        Claire Marin define la vida como una suma de repeticiones o h&aacute;bitos en la que de vez en cuando se producen imprevistos en forma de nuevos comienzos. La importancia que les damos al echar la vista atr&aacute;s no tiene por qu&eacute; coincidir con la que se les dio (si es que se les dio) en su d&iacute;a; y en ocasiones el comienzo no se distingue por fuera, porque se trata de una decisi&oacute;n, de una especie de revelaci&oacute;n interior que tardar&aacute; en mostrarse, como la semilla que germina bajo tierra pero a&uacute;n tardar&aacute; en asomar sus brotes a la superficie.
    </p><p class="article-text">
        Hay comienzos dolorosos: una enfermedad (tambi&eacute;n la enfermedad de un ser querido), una p&eacute;rdida, determinados cambios incontrolables en el cuerpo, sufrir un accidente, ser v&iacute;ctimas de una tragedia colectiva, ser testigos de una declaraci&oacute;n de guerra. La autora sostiene que, ante el devenir del tiempo, m&aacute;s que <em>recuperarnos</em>, nos convertimos en alguien nuevo, tanto en un sentido casi literal, por la renovaci&oacute;n celular, como por el proceso de madurar o de cambiar de ideas. Y uno no tiene por qu&eacute; estar solo ante el comienzo: ante ciertos sucesos, se comparte el miedo, la incertidumbre, el dolor.
    </p><p class="article-text">
        La autora no se olvida del amor, del inicio del amor, unos instantes inconscientes a los que resulta imposible regresar m&aacute;s que con la memoria (y sus trampas). El amor, tanto el de la madre por su beb&eacute;, &uacute;nico, que el hijo no reencontrar&aacute; jam&aacute;s, como el amor rom&aacute;ntico, con la imposibilidad de especificar qu&eacute;, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se despert&oacute; una atracci&oacute;n, un sentimiento.
    </p><p class="article-text">
        Cita a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/making-of-nobel-literatura-annie-ernaux-dialogo-interminable_1_12562836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Annie Ernaux</a> para ahondar en el concepto de &ldquo;estar en la primera vez de las cosas&rdquo;: uno no puede revivir una inicio, pero s&iacute; puede vivirlo como repetici&oacute;n cuando es alguien pr&oacute;ximo quien lo experimenta. Para Ernaux, un amante joven. Para la autora, la hija. Para un maestro, cada inicio de curso, cada nueva clase. Formar parte de los comienzos de otros, incluso colaborar en ellos, es otra forma de renovaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A veces se comienza en el medio (<em>in medias res</em>, por su denominaci&oacute;n literaria): en el medio de la lecci&oacute;n, para el alumno que ha estudiado por su cuenta; de la vivienda que se adquiere medio amueblada; de la serie de la que ya se han emitido un par de cap&iacute;tulos cuando se empieza a verla. O, lo m&aacute;s extremo, todas las vidas que existieron antes de uno, en ese universo imposible de concebir; cada ser vivo no deja de ser parte del gran ciclo.
    </p><h2 class="article-text">La sorpresa en la era del algoritmo</h2><p class="article-text">
        Este estimulante ensayo invita en &uacute;ltima instancia a interrogarnos por el presente: &iquest;cabe lo inesperado en un mundo tan controlado (y no siempre por nosotros mismos)? &iquest;Existe la sorpresa en la era del algoritmo, la novedad en el sistema capitalista? Sea como sea, el registro de Claire Marin, como buena profesora, suscita m&aacute;s iniciativa que pesimismo o conformismo. Porque, al convertirse en madre, redescubre la importancia del juego en el camino del aprendizaje: para enfrentarse al miedo al fracaso, nada mejor que recordar los balbuceos ininteligibles o las m&uacute;ltiples ca&iacute;das de cuando nos inici&aacute;bamos en la vida.
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o se equivoca, tropieza, pero lo vuelve a intentar; a&uacute;n no tiene memoria del da&ntilde;o El adulto s&iacute;, pero est&aacute; en las manos de cada uno mantenerse en lo previsible u optar por el riesgo. A veces nos sentiremos impostores, pero con perseverancia (lo que en ingl&eacute;s se conoce como <em>fake it until you make it</em>: finge hasta hacerlo real), sin rendirse ante los contratiempos, se puede construir una identidad, s&iacute;, nueva: &ldquo;A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que cre&iacute;amos extintos&rdquo;. De nosotros depende. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/edad-renovarnos-dejarnos-llevar-ardores-creiamos-extintos_1_13273027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 19:52:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Filosofía,Humanismo,Ensayos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" width="1200" height="675" alt="Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor francés rehúye las entrevistas y las fotografías, no ha dejado que la obtención del galardón más prestigioso de la literatura le desvíe de su camino</p><p class="subtitle">Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal</p></div><p class="article-text">
        Hay escritores que parecen escribir siempre el mismo libro, como si cada nuevo intento fuera un paso m&aacute;s hacia esa obra maestra que (casi) todo autor aspira a escribir. O, m&aacute;s bien, como si su relaci&oacute;n con la literatura fuera inseparable de una determinada materia, de un universo literario que condensa las obsesiones de su creador, y que suele tener sus ra&iacute;ces en la memoria de quien escribe. En el fondo, la obra maestra no es tanto un t&iacute;tulo en particular como el conjunto que conforman todos sus trabajos, del primero al &uacute;ltimo. Porque cada uno se acerca al misterio desde un &aacute;ngulo distinto: el escritor se convierte en una suerte de cineasta que, c&aacute;mara en mano, se acerca y se aleja del objetivo, tantea, da vueltas, crea efectos visuales, corre, va despacio, se marea. 
    </p><p class="article-text">
        El objetivo siempre es el mismo, y quien lo graba tambi&eacute;n; lo &uacute;nico que cambia es la perspectiva, que juega con la luz y la sombra, reflejo de la inexactitud de esa memoria-fuente de donde brota todo. El escritor teje diferentes relatos que dialogan entre ellos, que van encajando como piezas de un rompecabezas que conforma una imagen siempre incompleta de s&iacute; mismo. A ese tipo de autor, o se le ama o se le odia. Es comprensible: o cada nueva incursi&oacute;n en su obra es un regreso a un territorio, un lenguaje, que el lector percibe como propios, que ha hecho suyos; o bien son diferentes accesos a un laberinto del que no se halla la salida porque no entiende las indicaciones.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), flamante <a href="https://www.eldiario.es/cultura/patrick-modiano-nobel-literatura_1_4598712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ganador del Premio Nobel de Literatura 2014</a>, en una decisi&oacute;n que gener&oacute; bastante consenso entre cr&iacute;tica y lectores, pertenece a esa estirpe de literatos. En su caso, sus temas gravitan en torno al Par&iacute;s de mediados del siglo XX, desde la Ocupaci&oacute;n alemana &ndash;que &eacute;l no conoci&oacute;, pero que explora porque ese fue el Par&iacute;s donde se conocieron sus padres&ndash; a los a&ntilde;os sesenta, la &eacute;poca de su juventud; la figura del padre, rodeada de preguntas; y, por extensi&oacute;n, los personajes marginales de ese pasado, que emergen como espectros que el narrador trata de interrogar sin llegar a conocerlos nunca del todo.
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        Esos motivos literarios son el medio por el que canaliza su b&uacute;squeda de identidad, la del autor-narrador, porque el protagonista suele ser un <em>alter ego</em> que, a partir de un hallazgo o un encuentro, comienza a excavar en la memoria, no con el rigor del documentalista, sino con la cualidad personal del escritor literario, ese ejercicio en el que los recuerdos se funden con el sue&ntilde;o, la imaginaci&oacute;n y la ilusi&oacute;n. Gracias a esta confluencia, Modiano ha (re)creado un Par&iacute;s &uacute;nico, de atm&oacute;sfera <em>noir</em>, con la elegancia del cine cl&aacute;sico, donde la investigaci&oacute;n detectivesca no es sino un pretexto para ir al encuentro de esa b&uacute;squeda de identidad que, al final, es la b&uacute;squeda de identidad colectiva, de una sociedad, de un tiempo, de un lugar; de un mundo que fue y, de alg&uacute;n modo, forma parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Como suele sucederles a los autores distinguidos por la Academia Sueca, los libros que escriben tras recibir el galard&oacute;n no llegan a contarse entre los m&aacute;s emblem&aacute;ticos de su trayectoria, a pesar de la atenci&oacute;n medi&aacute;tica que genera cada nuevo lanzamiento suyo. Como si, cuando se logra el Nobel, ya estuviera todo hecho, los t&iacute;tulos destacados de su carrera se repiten un art&iacute;culo tras otro: la <em>Trilog&iacute;a de la Ocupaci&oacute;n</em> (1968-1972), <em>Calle de las tiendas oscuras</em> (1978), <em>Dora Bruder</em> (1997), <em>Un pedigr&iacute;</em> (2005), <em>En el caf&eacute; de la juventud perdida</em> (2007). Y, aunque tal vez merezcan ese honor; el autor no termina ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos escritores admiten que el Premio Nobel los bloque&oacute;, que escribir ya no volvi&oacute; a ser lo mismo, por no hablar de una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica: Abdulrazak Gurnah, distinguido en 2021, dijo que fue tal la atenci&oacute;n recibida (petici&oacute;n de entrevistas, conferencias, etc.) que durante meses las obligaciones derivadas de la literatura le robaron el tiempo para escribir. Claro que Modiano no tiene ese problema, porque siempre ha sido, como sus personajes, un tanto esquivo: no hace viajes de promoci&oacute;n y apenas concede entrevistas. T&iacute;mido y discreto, ir a Estocolmo para recoger el premio fue toda una haza&ntilde;a para &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Patrick Modiano posa con la medalla y el diploma de durante la ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre de 2014                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El lugar natural de un escritor no es otro que su escritorio, y a este ha permanecido fiel Modiano todos estos a&ntilde;os. La proyecci&oacute;n mundial del Nobel no lo nubl&oacute;, porque hab&iacute;a algo m&aacute;s fuerte que los <em>flashes:</em> su compromiso con la literatura, su voluntad de escribir, de continuar expandiendo ese universo de sombras y extra&ntilde;amiento de su literatura, esas circunvalaciones por el pasado que en el fondo son caminos para descubrirse a s&iacute; mismo y a quienes lo rodean. Comenz&oacute; a escribir (y a publicar) tan joven &ndash;ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os cuando vio la luz <em>El lugar de la estrella</em> (1968)&ndash; que no concibe vivir sin hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2014, a&ntilde;o de la concesi&oacute;n del Nobel, ha publicado cinco libros, que Anagrama edita en castellano a buen ritmo, y siempre de la mano de la traductora Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia, que es una garant&iacute;a de buen hacer en s&iacute; misma <em>(La bailarina</em> ha sido traducida al catal&aacute;n por Merc&egrave; Ubach). Apenas unos d&iacute;as antes del fallo del premio, se public&oacute; la edici&oacute;n en franc&eacute;s de <em>Para que no te pierdas en el barrio</em>, que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a al a&ntilde;o siguiente: este texto es un concentrado de Modiano en estado puro, con su <em>alter ego</em> Jean como protagonista, un escritor que, a partir de un encuentro, comienza a divagar, rebuscando en el pasado de ese hombre, tratando de evocar im&aacute;genes de un mundo que ya no existe.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/446ff92b-3c4a-451d-9bdf-bded5eea759f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Luego vino <em>Recuerdos durmientes</em> (2017), una exploraci&oacute;n de las relaciones de un joven introvertido con seis mujeres durante los a&ntilde;os sesenta en Par&iacute;s. El t&iacute;tulo resume bien su concepci&oacute;n del hecho literario: a ra&iacute;z de un encuentro o un hallazgo fortuito, se desvela algo que permanec&iacute;a dormido, y ese es el billete para volver a adentrarse en la memoria. En <em>Tinta simp&aacute;tica</em> (2019), vuelve a ser una mujer el objetivo de sus pesquisas, esta vez motivadas por el encargo de una agencia de detectives. <em>Chevreuse</em> (2021) lleva a Jean a un lugar, a la casa donde creci&oacute;, y, de ah&iacute;, a esas zonas borrosas que solo vio de refil&oacute;n, a los misterios del hogar y de quienes lo habitan.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4b46d8ff-1a03-4954-bc67-ab26857a16fa_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El pasado mayo se ha publicado en castellano y catal&aacute;n <em>La bailarina</em> (2023), otro ejemplo de Modiano en estado puro: el narrador, un hombre enamorado de una bailarina, se acerca a ese mundo en el Par&iacute;s de los a&ntilde;os sesenta. La danza, la disciplina, la vida de entrega y sacrificio de la mujer por consagraci&oacute;n a un arte; pero tambi&eacute;n, y sobre todo, la evocaci&oacute;n de un ayer que dej&oacute; cicatrices, de los locales nocturnos, de los pasajes fr&iacute;os y oscuros. Como en todas sus novelas, estos viajes por el pasado devienen una forma de interrogarse c&oacute;mo vivir, c&oacute;mo seguir viviendo en el presente, con esas heridas que a&uacute;n escuecen.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9232cd3c-e574-4466-b508-e059a8348e6e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En 2025 se public&oacute; <em>70 bis, entr&eacute;e des artistes</em>, un libro escrito junto al m&uacute;sico Christian Mazzalai en el que el hallazgo de una caja de recuerdos (fotograf&iacute;as, cartas, anuncios y otros documentos a&ntilde;ejos) impulsa la investigaci&oacute;n de un edificio de Montparnasse por el que se cruzaron artistas, diletantes y bohemios de toda &iacute;ndole. Modiano se convierte en un arque&oacute;logo de la memoria que no aspira a la exactitud ni a comprenderlo todo, sino a seguir interrog&aacute;ndose, como el poeta so&ntilde;ador en su eterna exploraci&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que el proyecto le entusiasmara: le dio la oportunidad de hacer algo nuevo sin dejar de hacer lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Modiano, aun apoy&aacute;ndose a menudo en los planteamientos del g&eacute;nero polic&iacute;aco, se sabe llevar esa b&uacute;squeda a su terreno, porque, m&aacute;s que esclarecer un misterio, lo suyo va de seguir dando vueltas en torno a &eacute;l, como el <em>fl&acirc;neur</em> que no se cansa de pasear aunque las calles est&eacute;n a oscuras y no distinga los rostros, apenas las siluetas. Con estos mimbres, el autor logra acercarse a una verdad m&aacute;s profunda que cualquier explicaci&oacute;n concreta; eso es, ni m&aacute;s ni menos, que la literatura.
    </p><p class="article-text">
        El lector que le perdiera la pista tras el Nobel puede regresar a &eacute;l tranquilo: Modiano ha seguido su rumbo, sin perder fuelle. Todas sus novelas, las de hoy como las de ayer, son puertas de acceso a ese Par&iacute;s de la juventud perdida, tierra de fantasmas y h&eacute;roes ca&iacute;dos. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry David Thoreau</a> dec&iacute;a que lo m&aacute;s importante, en la vida, es comportarse de forma coherente con respecto a los principios propios. En ese sentido, Modiano ha cumplido a rajatabla: ha seguido vagando por la memoria, y ha creado un lugar que los lectores han hecho suyo, un lugar seguro. Ya pueden venir modas, pol&eacute;micas, ruido, envidias y otras hierbas del c&iacute;rculo literario; pase lo que pase, &eacute;l seguir&aacute; ah&iacute;, faro de solitarios errantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nobel de Literatura,Premios Nobel,Literatura,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" width="1080" height="608" alt="Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘El volumen del tiempo’ es el proyecto narrativo de esta autora danesa compuesto por siete volúmenes que explora algunos de los conflictos existenciales más acuciantes de nuestra sociedad</p><p class="subtitle">Entrevista - Teo Lucadamo: “Claro que hay música para fascistas, los conciertos de esa peña son mítines de Vox”</p></div><p class="article-text">
        No ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que, m&aacute;s pronto que tarde, el Premio Nobel de Literatura volviera a recaer, despu&eacute;s de distinguir al noruego <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/leer-jon-fosse-premio-nobel-puntos-aparte_1_10573378.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jon Fosse</a> en 2023, en un escritor n&oacute;rdico, y no porque los suecos tengan predilecci&oacute;n por sus vecinos: autores como la islandesa Au&eth;ur Ava &Oacute;lafsd&oacute;ttir, la finesa Sofi Oksanen, la danesa Kristen Thorup y los noruegos Vigdis Hjorth, Karl Ove Knausg&aring;rd y Per Petterson llevan a&ntilde;os acumulando m&eacute;ritos. Y, a ellos, hay que sumarles otro nombre, el de la danesa que est&aacute; escribiendo uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la actualidad, una obra con potencial para hacer historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> es el nombre con el que la Solvej Balle (Bovrup, S&oslash;nderjylland, 1962) ha bautizado su ciclo narrativo en curso, del que est&aacute;n previstos siete tomos. En dan&eacute;s, comenzaron a editarse en 2020, y en 2025 ya se hab&iacute;an publicado seis; mientras que en Espa&ntilde;a disponemos por ahora de los tres primeros, publicados por Anagrama con traducci&oacute;n al castellano de Victoria Alonso y al catal&aacute;n de Maria Rosich. Solvej Balle ya ten&iacute;a una trayectoria a sus espaldas cuando comenz&oacute; a escribirlo, pero ha sido este proyecto el que le ha permitido consagrarse y darse a conocer a nivel internacional. Entre los reconocimientos que ha recibido, destacan el Premio de Literatura del Consejo N&oacute;rdico 2022 y, por su traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, la nominaci&oacute;n al Premio Booker 2025.
    </p><p class="article-text">
        Una obra literaria de esta magnitud suele acaparar la atenci&oacute;n de inmediato; al fin y al cabo, su creadora est&aacute; dedicando una parte sustancial de sus a&ntilde;os a ella &ndash;incluso cuando los vol&uacute;menes no son demasiado extensos: estos tienen en torno a doscientas p&aacute;ginas&ndash;, por lo que se tiende a pensar que, como m&iacute;nimo, algo tendr&aacute;, no ser&aacute; un librito trivial. Ahora bien, amplitud no es sin&oacute;nimo de excelencia: algunos escritores, precisamente, naufragan cuando emprenden &ldquo;la gran novela&rdquo; por un exceso de autoconciencia. Por fortuna, no es el caso de Solvej Balle con <em>El volumen del tiempo</em>.
    </p><h2 class="article-text">Atrapada en el tiempo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Era dieciocho de noviembre por cuarta vez y en aquel momento ya supe que aquel d&iacute;a tampoco iba a permanecer en su recuerdo&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara Selter y su marido Thomas son una pareja de anticuarios especializados en libros ilustrados del siglo XVIII. Durante un viaje de trabajo a Par&iacute;s, ella, que viajaba sola, se hace una peque&ntilde;a quemadura con una estufa de gas. Despu&eacute;s, se acuesta en el hotel con la intenci&oacute;n de continuar su itinerario la pr&oacute;xima jornada. Sin embargo, cuando a la ma&ntilde;ana siguiente se despierta, se da cuenta de que el calendario sigue marcando el mismo d&iacute;a: 18 de noviembre. Ella recuerda que ya ha vivido esa fecha, pero todo se repite. Los dem&aacute;s, los que est&aacute;n a su alrededor, no la han vivido; para ellos, es 18 de noviembre por primera vez, las horas no han transcurrido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d9a5974d-f39f-4d84-8cdb-dee8f7a78e6d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando comienza la narraci&oacute;n, donde nos habla ella misma en primera persona, la protagonista ya lleva m&aacute;s de cien repeticiones de aquel fat&iacute;dico 18 de noviembre, su particular d&iacute;a de la marmota. Ese es el primer acierto de la autora: nos ahorra todo el momento de incredulidad, conocemos a una protagonista ya curtida en lo que ocurre, que ha tenido oportunidades para poner a prueba su situaci&oacute;n y tratar de solucionarla. Sin &eacute;xito, claro: al inicio de la narraci&oacute;n, ha regresado a su casa, donde se instala en la habitaci&oacute;n de invitados, que ha convertido en una especie de b&uacute;nker.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;c&oacute;mo ha llegado hasta ah&iacute;? En un principio, Tara repasa cada paso que dio aquel d&iacute;a, en el que solo detecta dos posibles anomal&iacute;as: el sestercio romano que adquiri&oacute; y la quemadura. Sin embargo, aun introduciendo min&uacute;sculas variaciones &ndash;las que dependen tan solo de ella misma, no de los dem&aacute;s&ndash;, permanece en el bucle. No encuentra la causa, si es que la hay, de modo que no sabe c&oacute;mo actuar, d&oacute;nde hallar la rendija por la que se col&oacute;, si es que se puede hablar en estos t&eacute;rminos. La tragedia es que no existe siquiera un lenguaje con el que referirse a lo que le ocurre; esto solo era algo de ciencia ficci&oacute;n 
    </p><h2 class="article-text">Soledad, envejecimiento, miedo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Viv&iacute;amos en dos tiempos diferentes, simplemente eso. Eran dos tiempos cuyos m&aacute;rgenes se hab&iacute;an desbordado. Y en alg&uacute;n punto los r&iacute;os se encuentran y corren juntos&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara es consciente de que, mientras ella permanece atrapada, es probable que el resto de la humanidad est&eacute; <em>avanzando</em>, es decir, que en una suerte de dimensi&oacute;n paralela los d&iacute;as transcurran con normalidad y la gente viva nuevas experiencias. Esa &ldquo;gente&rdquo; incluye su c&iacute;rculo &iacute;ntimo: su marido. La gesti&oacute;n de una pareja en la que sus integrantes no pueden acoplarse es un punto fuerte de este ciclo: de entrada, al ver que por s&iacute; misma no logra revertir la situaci&oacute;n, Tara decide regresar a casa (aunque el 18 de noviembre se repita en el calendario, ella tiene libertad de movimiento para no hacer las mismas acciones que la primera vez) para contarle lo que le ocurre.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/122af901-d44e-4164-b139-ee0445e5a115_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por supuesto, eso implica muchos intentos, porque a la incredulidad esperable se suma la dificultad a&ntilde;adida de tener que repetirle lo mismo durante d&iacute;as, hasta que, por fin, se dan las circunstancias para tramar un plan juntos que la saque del limbo. Solo que &ndash;y se sabe de antemano&ndash; nada da sus frutos; la protagonista sigue en el mismo d&iacute;a. Con todo, estos intentos, y, por extensi&oacute;n, las tensiones emocionales que generan, son lo que nutre la novela: aunque carezca de una acci&oacute;n progresiva al uso, en ese dar vueltas en c&iacute;rculos mantiene la atenci&oacute;n del lector (y tiene m&eacute;rito, dada la vastedad del ciclo).
    </p><p class="article-text">
        Tara se da cuenta de que, a diferencia de las personas con quienes interact&uacute;a, que siguen igual que estaban ese 18 de noviembre original, ella cambia, el cuerpo sigue el curso de la naturaleza: la quemadura se quema, el cabello crece. Hay un momento en el que Tara teme envejecer mientras su marido &ndash;el marido con el que puede interactuar desde su plano&ndash; permanece congelado en la mediana edad. Claro que no hace falta irse al plano f&iacute;sico para temer el distanciamiento entre ellos: si ella se reincorporara al orden natural, se habr&iacute;a perdido tantas vivencias que ser&iacute;a casi como despertar de un coma. No puede compararse con un preso, porque ni siquiera desde la c&aacute;rcel est&aacute;n tan desconectados.
    </p><p class="article-text">
        El miedo a que su marido perciba el desajuste &ndash;los cambios en ella, comportamientos dif&iacute;ciles de justificar incluidos&ndash;, junto con su propia frustraci&oacute;n por no poder disfrutar de su relaci&oacute;n como deber&iacute;a, la conducen a confinarse en ese cuarto. Est&aacute; sola, porque no conoce a nadie que se halle en aquel estado. Como quien no quiere la cosa, Solvej Balle condensa muchos terrores contempor&aacute;neos en este planteamiento imposible: la soledad no deseada; la inseguridad en muchos niveles; la sensaci&oacute;n de vivir como un h&aacute;mster en la rueda, repitiendo d&iacute;a tras d&iacute;a lo mismo sin estar <em>en el presente</em>; la falta de conexi&oacute;n con los dem&aacute;s, pese a encontrarnos rodeados de sus identidades virtuales.
    </p><h2 class="article-text">Entre la supervivencia y la b&uacute;squeda interior</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En lugar de movernos vacilantes, con precauci&oacute;n, en un asombro continuo, vamos por la vida como si nada hubiera pasado, subestimamos lo extraordinario, y el v&eacute;rtigo solo aparece cuando la existencia se muestra como lo que es: inveros&iacute;mil, imprevisible, extraordinaria&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de envejecer, se produce otra evoluci&oacute;n de naturaleza fisiol&oacute;gica: la comida que toma desaparece, lo que implica que los estantes de los supermercados y tiendas se van vaciando a medida que consume. Esto, adem&aacute;s de un problema log&iacute;stico, amenaza su supervivencia, por lo que, a la manera de un Robinson Crusoe, Tara debe convertirse en una superviviente, solo que en una isla tan grande como el planeta Tierra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/50785722-d454-4129-a43d-1fa267bf6e56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Estas dificultades que se van a&ntilde;adiendo a la historia, como el jugador que supera niveles de un videojuego &ndash;otro paralelismo con la realidad&ndash;, o como el viejo juego de las sillas en el que cada vez quedan menos sitios donde sentarse, son esenciales para mantener e incluso incrementar la tensi&oacute;n narrativa; y, cuando hablamos del salto de un libro a otro, el reto se vuelve m&aacute;s importante. La autora consigue algo muy complicado, como es dotar de dinamismo una trama est&aacute;tica: la receta del cambio en la continuidad funciona.
    </p><p class="article-text">
        Y funciona porque va acompa&ntilde;ada de una prosa clara, incisiva y nada proclive al sentimentalismo, ni siquiera al hablar de amor (porque, y esto es todo un acontecimiento en una obra literaria actual, Tara y Thomas se quieren, son un matrimonio bien avenido que no estaba atravesando ninguna crisis aquel 18 de noviembre). Reflexiva, tambi&eacute;n, porque la b&uacute;squeda de Tara tiene mucho de meditaci&oacute;n existencial: parad&oacute;jicamente (o no), ha tenido que pararse el tiempo para que pudiera detenerse a analizar su vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> no puede inscribirse en el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n seg&uacute;n los c&oacute;digos tradicionales, pero es, como las buenas novelas de esta categor&iacute;a, filos&oacute;fica e inquietante, porque interpela de forma directa nuestro presente. Captar ese c&uacute;mulo de malestares y concentrarlos en la peripecia de un solo personaje es otro de sus m&eacute;ritos. Sin duda, hay mucho que decir &ndash;y habr&aacute; m&aacute;s cuando se haya publicado por completo&ndash; de esta obra. De momento, qu&eacute;dense con el nombre de la autora, Solvej Balle, porque ella s&iacute; que tiene un futuro real por vivir, y va a estar lleno de reconocimientos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 19:35:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" width="2366" height="1331" alt="Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La investigadora Urmila Seshagiri encontró una versión de un manuscrito de 1908 desconocida hasta la fecha, que se presenta como una tentativa de primera novela</p><p class="subtitle">Entrevista - Shego: “Si el PP no nos llama para tocar por decir lo que pensamos, qué pena, es lo que hay”
</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos muchas identidades a lo largo de la vida. Por eso hubo un tiempo en el que los genios (a&uacute;n) no eran genios, sino seres humanos corrientes que trabajaban codo con codo para ofrecer lo mejor de s&iacute; mismos al mundo. Por eso, aunque no lo parezca, hubo un tiempo en el que <a href="https://www.eldiario.es/spin/libro-inedito-virginia-woolf-publicado-trabajo-perdido-the-life-of-violet-pm_1_12686873.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> (Londres, 1882 - Sussex, 1941) no era (todav&iacute;a) Virginia Woolf, y no (solo) porque no se hubiera casado con Leonard Woolf, de quien tomar&iacute;a el apellido, sino por hallarse en la fase embrionaria de una escritora en potencia, esto es, la fase de ensayo y error; de escribir sin la expectativa de publicar, tan solo de continuar aprendiendo.
    </p><p class="article-text">
        Urmila Seshagiri, estudiosa de la escritora inglesa, dio por casualidad con el manuscrito de un texto titulado <em>La vida de Violet</em>, conservado en una casa de campo de Wiltshire y fechado en 1908. La Biblioteca P&uacute;blica de Nueva York (NYPL) guardaba un relato con el mismo t&iacute;tulo, pero correspondiente a una versi&oacute;n de 1907. Este primer borrador ya se conoc&iacute;a entre los acad&eacute;micos, y no pasaba de considerarse una composici&oacute;n primeriza. Sin embargo, la edici&oacute;n revisada de 1908 inclu&iacute;a nuevas correcciones que, a juicio de la investigadora, otorgan valor al original y hacen de &eacute;l una obra m&aacute;s acabada.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se public&oacute; por primera vez en ingl&eacute;s, y ahora llega a nuestras librer&iacute;as de la mano de Lumen, en esa misma edici&oacute;n de Urmila Seshagiri y con traducci&oacute;n de Ana Mata Buil. <em>La vida de Violet</em> puede leerse como el embri&oacute;n de una novela, dividida en tres partes que son casi cuentos independientes, vinculados solo por girar en torno a un mismo personaje. Este personaje, precisamente, es lo m&aacute;s revelador de este manuscrito: Violet, una &ldquo;giganta&rdquo; que rompe algo m&aacute;s que las convenciones est&eacute;ticas de su tiempo. Est&aacute; inspirada en Mary Violet Dickinson (1865 - 1948), amiga de la autora (que en efecto med&iacute;a m&aacute;s de un metro ochenta). Se conocieron en 1902, cuando Virginia Woolf ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y todav&iacute;a no hab&iacute;a comenzado a publicar.
    </p><p class="article-text">
        En el primer cap&iacute;tulo, o relato, se narra la llegada al mundo de esta hero&iacute;na tan curiosa y su posterior presentaci&oacute;n en sociedad, que no deja de ser un segundo nacimiento. Pero, lejos de repetir el patr&oacute;n de la comedia de costumbres al uso, la autora &ldquo;revienta&rdquo; todas las convenciones con una voz narrativa burlesca, que a trav&eacute;s de un humor afilado saca punta a los usos de la alta sociedad, y siempre con el foco puesto en la situaci&oacute;n de las mujeres, aunque sin dramatizar. Por ejemplo, escribe: &ldquo;La dama sacudi&oacute; el abanico como un abanico sacudir&iacute;a la trompa, y, en efecto, su posici&oacute;n en el sal&oacute;n de baile era tan se&ntilde;alada que se le permit&iacute;an las libertades que los monos, las ovejas y los burros conceden al Rey de las Bestias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s sugerentes y refinados son los pasajes en los que describe las flores, importantes en la vida de la protagonista (y de la autora, como se refleja en su obra). La segunda parte se titula, precisamente, <em>El jard&iacute;n m&aacute;gico</em>, y lleva a la giganta a otro escenario: &ldquo;Si hay dos cosas que s&eacute; acerca de las damas aristocr&aacute;ticas inglesas, y una es que tienen salud, y la otra que tienen casas en el campo&rdquo;. En esa casa, Violet lee libros y se pierde entre las plantas (no es de extra&ntilde;ar que se entendiera tan bien con Woolf). En un momento dado, deja caer una sentencia que parece un anticipo del ensayo m&aacute;s influyente de la escritora: &ldquo;&ndash;&iquest;No le parece, Violet&hellip;, que ser&iacute;a muy bonito&hellip;? / &ndash;&iquest;Tener una casa propia? &iexcl;S&iacute;, mi querida se&ntilde;ora!&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2ba299d1-21a3-46d6-b707-41535646957c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El aire de cuento de estas tres piezas breves (o, para ser exactos, del personaje principal, de quien se enfatizan los atributos a trav&eacute;s del lenguaje aleg&oacute;rico), se refuerza en la tercera, <em>Cuento para dormir</em>, que reviste una atm&oacute;sfera m&aacute;s m&aacute;gica, aunque sin perder ese tono mordaz. Adem&aacute;s del retrato de una protagonista que rompe moldes, la novela destaca porque ya se entrev&eacute; la mirada incisiva de la autora hacia el universo femenino, y en concreto el de la amistad entre mujeres &ndash;la editora ve en Violet una predecesora de Vita Sackville-West, la amiga m&aacute;s especial de Woolf&ndash;, unas mujeres que no se limitan a hacer sus labores y practicar los pasos de baile con primor, sino que se r&iacute;en con fuerza, tienen una mente inquieta y cultivan una vida (exterior) m&aacute;s rica de lo que se espera de ellas y una vida (interior) menos d&oacute;cil de lo que sus mayores querr&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, como se suele decir de las primeras obras, <em>La vida de Violet</em> contiene las semillas de lo que luego germinar&aacute;. El estilo a&uacute;n est&aacute; por pulir, pero incluso en este tono que roza la caricatura se atisban sutilezas, alumbramientos y digresiones muy propios de Woolf, de la Woolf que en su plenitud renov&oacute; las formas y firm&oacute; obras como <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em> (1925) o <em>Las olas</em> (1931). Le falta empaque en la construcci&oacute;n narrativa, pero el nervio ya estaba ah&iacute;. Resulta curioso, adem&aacute;s, descubrir el lado c&oacute;mico de la joven Woolf, una escritora de quien ha trascendido una imagen seria, incluso imponente, en parte por la exigencia de su obra, en parte porque, al igual que ocurre con <a href="https://www.eldiario.es/spin/tragedia-personal-legado-marco-generaciones-poeta-cambio-mirada-salud-mental-sylvia-plath-pm_1_12982644.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sylvia Plath</a>, su suicidio parece haberle dejado para la posteridad una fama de mujer atormentada y triste, aunque (y sus diarios y cartas lo prueban, lo mismo que Plath) tuvo etapas muy luminosas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una escritora en construcci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de <em>La vida de Violet</em> coincide con una nueva selecci&oacute;n de sus primeros relatos, <em>La marca de la pared</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Ainize Salaberri, Magdalena Palmer y Colectivo Woolf BdL), acompa&ntilde;ada de un <a href="https://elpais.com/cultura/2012/02/10/actualidad/1328869927_186909.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, que se recupera a modo de pr&oacute;logo. Este peque&ntilde;o volumen comprende siete textos, fechados entre 1892 y 1924 &ndash;es decir, terminan justo antes de la publicaci&oacute;n de su primera gran novela, <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em>, en 1925&ndash; y permite ver la evoluci&oacute;n de una escritora en ciernes, que va experimentando hasta lograr, en las &uacute;ltimas piezas, un nivel excelso.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e69a554e-b1ee-4983-b232-78f7fc2a3634_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El primer relato, y su continuaci&oacute;n, escritos cuando era apenas una ni&ntilde;a, se lee un poco en consonancia con <em>La vida de Violet</em>: tiene una gran dosis de comicidad, pero incluso en este intento tan juvenil se vislumbran fogonazos, detalles que denotan una capacidad inusual para la observaci&oacute;n de la naturaleza humana, para ir m&aacute;s all&aacute; de las turbulencias de una misma. Es una Virginia Woolf irreverente y juguetona; probablemente esa es la clave, que <em>juega</em>, aprende jugando, se divierte al escribir, y en esa disposici&oacute;n es cuando se puede explorar la creatividad y, a la larga, llegar a aportar algo de veras novedoso.
    </p><p class="article-text">
        Su universo narrativo es el mismo de siempre: aristocracia, casas se&ntilde;oriales, vicisitudes de las din&aacute;micas dom&eacute;sticas, flores; pero &mdash;y esto tambi&eacute;n es lo mismo de siempre&mdash; en ella no importa tanto el qu&eacute; como el c&oacute;mo, puesto que es la cadencia de su voz, las sinuosidades del punto de vista, la fluidez de esa cadena que rompe los preceptos cl&aacute;sicos sobre los tiempos narrativos, lo que arrastra al lector por sus p&aacute;ginas. Como en <em>La marca en la pared</em> (1917), donde basta una mujer observando lo que parece una mancha en la pared para hilvanar una meditaci&oacute;n hipn&oacute;tica y de culminaci&oacute;n magistral. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n <em>La se&ntilde;ora Dalloway en Bond Street</em> (1923) y <em>El vestido nuevo </em>(1924), dos textos espl&eacute;ndidos que complementan su novela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/27e80b9b-5512-4159-80ef-c75afa988f65_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; somos con respecto a los escritores que nos han inspirado?&rdquo;, se pregunta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/reivindicacion-bibliotecas-publicas-hizo-ali-smith-refugio-brujula-azar_1_11689469.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ali Smith</a> en la conferencia que pronunci&oacute; en el Festival Literario de Cambridge en 2023, a prop&oacute;sito de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> (1929), editada como <em>Una Woolf propia</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Magdalena Palmer). Ella quiz&aacute; sea, junto con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/jeanette-winterson-gran-autora-transgrede-limites-lenguaje-generos_1_11486816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jeanette Winterson</a> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/rachel-cusk-pregunta-origen-creadoras-desfile-mujeres-deban-volverse-violentas_1_12148835.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rachel Cusk</a>, la heredera m&aacute;s clara de Virginia Woolf: lleva un paso m&aacute;s all&aacute; &mdash;porque para ser heredera de Woolf no basta, desde luego, con imitarla&mdash; su b&uacute;squeda de nuevas formas de expresi&oacute;n, sus rupturas, su evocaci&oacute;n de un imaginario magn&eacute;tico y genuino, hasta en un g&eacute;nero como el ensayo. Y, como ella, tiene tambi&eacute;n su lado humor&iacute;stico, que se divierte explorando, probando, <em>jugando</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno tiene con un escritor esa suerte de &ldquo;entendimiento&rdquo; que la autora escocesa experiment&oacute; con Woolf, de inmediato surge la necesidad de leer <em>todo</em> lo publicado por &eacute;l, y todo es todo, desde sus inicios torpes hasta sus finales indignos (si los hubiera). Hoy, gracias al rescate de <em>La vida de Violet</em>, la cohorte de seguidores de Woolf puede penetrar a&uacute;n m&aacute;s en su proceso de formaci&oacute;n, a&ntilde;adir un nombre m&aacute;s al mapa de las amigas que conformaron su mundo y nutrieron su narrativa. Sin exagerar en cuanto a sus m&eacute;ritos &mdash;no se convertir&aacute; en una obra imprescindible&mdash;, no deja de ser un aperitivo de lo que estaba por venir; un diamante en bruto, en definitiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 20:05:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,Relato,Virginia Woolf,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la iniciativa de la editorial Barrett de publicar una colección de libros ‘a ciegas’, analizamos otros casos recientes de obras de autoría desconocida</p><p class="subtitle">Entrevista - Alberto Velasco, bailarín: “Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos”</p></div><p class="article-text">
        Cuando somos ni&ntilde;os, no nos preguntamos por la autor&iacute;a de una obra literaria: nuestro primer contacto con la literatura suelen ser esos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuentos</a> que, aunque se editen bajo el nombre de quien los recopil&oacute;, son el resultado de una larga tradici&oacute;n oral en la que han sufrido numerosas variaciones. M&aacute;s adelante, con los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-literatura-infantil-juvenil-regalar-dia-libro_1_13160834.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libros para primeros lectores</a>, los escritores son percibidos como poco m&aacute;s que un nombre que aparece en la cubierta, el nombre de alguien vivo o muerto, qu&eacute; m&aacute;s da; lo &uacute;nico que nos importa es el relato.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con los a&ntilde;os esa &ldquo;pureza&rdquo;, por as&iacute; decir, se pierde. El autor comienza a ser un elemento destacado en torno al acto de leer, bien porque desde las clases de literatura obligan a aprenderse unas l&iacute;neas de su biograf&iacute;a, bien porque como lectores aficionados nos interesamos por ellos e incluso acudimos a sus firmas. El anonimato queda relegado a cl&aacute;sicos como el <em>Lazarillo de Tormes</em>, sobre los que de hecho ya existen indicios sobre su autor&iacute;a; o como un fen&oacute;meno hist&oacute;rico, como las escritoras que se escondieron bajo un seud&oacute;nimo masculino para que sus publicaciones se tomaran en serio, como Caterina Albert (V&iacute;ctor Catal&agrave;) o Mary Ann Evans (George Eliot).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los grandes cl&aacute;sicos, hoy es muy dif&iacute;cil dar con un libro del que no se sepa nada sobre el autor. A las transformaciones socioculturales &mdash;la consolidaci&oacute;n de la obra de autor en la narrativa moderna frente a la tradici&oacute;n oral&mdash; se ha sumado la exposici&oacute;n (&iquest;explotaci&oacute;n?) medi&aacute;tica, que desde la existencia de Internet y las redes sociales va en aumento. El escritor no se limita a escribir: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/sally-rooney-sara-mesa-nuevos-escritores-no-necesitan-redes-sociales-triunfar_1_12900220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n se dedica a promocionarse</a>, por su cuenta o siguiendo las indicaciones de su editorial (entrevistas, presentaciones, v&iacute;deos, conferencias y cualquier tipo de evento). A veces, el n&uacute;mero de seguidores que acumula en las redes se convierte en un valor a&ntilde;adido para que las editoriales apuesten por &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">El reto de no comprometer la propia imagen</h2><p class="article-text">
        En estas circunstancias, el lector puede a&ntilde;orar la ingenuidad del ni&ntilde;o que se enfrentaba a la lectura sin prejuicios de ning&uacute;n tipo. Ahora, es inevitable tener alguna referencia del escritor, sea por una entrevista que hemos le&iacute;do, porque nos resulta simp&aacute;tico en Twitter o porque ha salido en televisi&oacute;n. No llegamos v&iacute;rgenes al libro. El escritor, por su parte, debe sacrificar tiempo de escritura en hacer de promotor de s&iacute; mismo, a riesgo de que la imagen proyectada perjudique la percepci&oacute;n del lector sobre su obra. No todos se saben desenvolver con la prensa, ni son derroches de simpat&iacute;a, ni est&aacute;n siempre de humor para escribir largas dedicatorias o pararse a charlar con el lector. Sus atributos personales no mejoran ni empeoran el libro, pero condicionan su recorrido.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es: &iquest;se puede publicar un libro e incluso desarrollar una carrera literaria en pleno siglo XXI sin comprometer la propia imagen? La respuesta es que, aunque no sea sencillo ni habitual, no es imposible, no. Ah&iacute; van algunos ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Los libros &lsquo;a ciegas&rsquo; de Barrett. </strong>Esta peque&ntilde;a editorial sevillana, ya conocida por asumir riesgos como su <a href="https://editorialbarrett.org/catalogo/editora-por-un-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">editor por un libro</a>, celebra su d&eacute;cimo aniversario con el <a href="https://www.eldiario.es/sevilla/catalogo-ciegas-libros-anonimos-exito-fracaso-novelista-no-depende-promocion_1_13168715.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lanzamiento de ocho t&iacute;tulos sin identificar a su autor</a>, que puede ser un debutante o un veterano que ha mostrado su complicidad con el proyecto. No obstante, cabe preguntarse si este anonimato se mantendr&aacute;, o las identidades saldr&aacute;n a la luz al cabo de un a&ntilde;o (de momento, la editorial ya impulsa <a href="https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1458681409597063&amp;set=pb.100063656547001.-2207520000&amp;type=3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juegos para adivinarlas</a>), por no hablar de que una iniciativa como esta ser&iacute;a dif&iacute;cil de hacer en un sello grande e influyente.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c698fd9-bbc2-41cc-94f1-00cbaf68f797_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>2. El caso Elena Ferrante.</strong> Ella &mdash;en femenino porque, sea quien sea, ha elegido firmar como mujer&mdash; es el paradigma de c&oacute;mo dejar que la obra circule verdaderamente sola. Al contrario de la sospecha de que se trata de una estrategia de <em>marketing</em>, la autora empez&oacute; a publicar en los a&ntilde;os noventa, pero la fama internacional no le lleg&oacute; hasta cerca de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La amiga estupenda</em></a> (2011-2014); de ser una estrategia, ser&iacute;a la peor de todas, porque adem&aacute;s se cree, no sin fundamento, que le ha costado premios (algunas organizaciones exigen la asistencia de los autores premiados). 
    </p><p class="article-text">
        En entrevistas por escrito, ha dejado entrever que en su juventud tuvo una mala experiencia con algo relacionado con la exposici&oacute;n medi&aacute;tica, de ah&iacute; que optara por estar al margen. Y aun as&iacute;, no la han dejado tranquila: en cuanto comenz&oacute; a despegar, se sucedieron los rumores, y el summum lleg&oacute; con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/elena-ferrante-anita-raja_1_3805140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la bochornosa investigaci&oacute;n de las cuentas bancarias de una colaboradora de la editorial</a> para se&ntilde;alarla como el nombre detr&aacute;s de Ferrante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La pol&eacute;mica de Carmen Mola. </strong>En este caso, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/carmen-mola-fenomeno-sangriento-no-penalizo-gran-secreto_1_9612042.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al tr&iacute;o Jorge D&iacute;az, Agust&iacute;n Mart&iacute;nez y Antonio Mercero</a> s&iacute; le interes&oacute; salir del anonimato: para embolsarse el Premio Planeta, por un lado, y para impulsar sus carreras individuales, que hasta entonces hab&iacute;an pasado desapercibidas. Mucha gente se llev&oacute; las manos a la cabeza porque tres hombres osaran firmar con un nombre de mujer &mdash;se dijo que formaba parte de una campa&ntilde;a, como si por ser mujer hoy fuera m&aacute;s f&aacute;cil publicar ficci&oacute;n criminal; como si a Lorenzo Silva, V&iacute;ctor del &Aacute;rbol, Juan G&oacute;mez-Jurado, C&eacute;sar P&eacute;rez Gellida y Javier Castillo no les leyera nadie&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, ten&iacute;a tambi&eacute;n un sentido pr&aacute;ctico: un libro con tres autores desconocidos, para m&aacute;s inri de nombres y apellidos comunes, ser&iacute;a de todo menos comercial. En las obras de autor&iacute;a m&uacute;ltiple, el seud&oacute;nimo tiene justificaci&oacute;n, tanto si se conoce a los escritores como si no (otro ejemplo reciente es el de Trist&aacute;n Paniagua y <em>Yo presidente</em>, obra basada en hechos reales de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/1001818-tristan-paniagua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tres autores</a> que han trabajado en pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. El famoso enmascarado.</strong> Durante su primera etapa como escritor, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/maximo-pradera-no-falta-ignorante-retrogrado-ayuda_1_13170274.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;ximo Pradera</a> se ocult&oacute; bajo el seud&oacute;nimo Joseph Jelinek para publicar una serie de novelas de intriga en las que la m&uacute;sica ten&iacute;a un papel destacado. Cuando alguien popular tiene intenci&oacute;n de labrarse una carrera literaria, o al menos de ser tomado en serio al publicar un libro, puede optar por renunciar a las ganancias que le reportar&iacute;a su nombre aut&eacute;ntico (y su presencia f&iacute;sica en la campa&ntilde;a de lanzamiento) y firmar con seud&oacute;nimo. Eso s&iacute;, como le ocurri&oacute; a M&aacute;ximo Pradera, es posible que los rumores (fundados) sobre su identidad no tardaran en aparecer. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/j-k-rowling-trans-incomoda-harry-potter_1_8895179.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J. K. Rowling</a> &mdash;por aquel entonces toda una estrella medi&aacute;tica&mdash;, quiso saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a con sus manuscritos si no los firmara ella, as&iacute; que se camufl&oacute; como Robert Galbraith para publicar un ciclo de novelas de intriga de corte m&aacute;s adulto. La descubrieron pronto, pero mantiene el seud&oacute;nimo para diferenciar esta obra de su narrativa para ni&ntilde;os y j&oacute;venes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3e7fc0e6-d6d2-4fb8-8aae-fd692dec92f1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>5. Protecci&oacute;n del periodista de investigaci&oacute;n.</strong> A principios de este siglo, t&iacute;tulos como <em>Diario de un skin</em> (2003) o <em>El a&ntilde;o que trafiqu&eacute; con mujeres</em> (2004) se colaron entre los &eacute;xitos de ventas. Los firmaba un tal Antonio Salas, seud&oacute;nimo de, dice la biograf&iacute;a, un periodista de investigaci&oacute;n espa&ntilde;ol que, por los riesgos asumidos durante su trabajo, no puede revelar su nombre. Los hay que, en cambio, publicaron a cara descubierta, como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-no-justicia-condena-tarda-16-anos-llegar_128_12472936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roberto Saviano</a> (<em>Gomorra</em>) o, sin salir de Espa&ntilde;a, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/justicia-alejarse-pulsiones-taparse-sociedad_128_1920383.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nacho Carretero</a> (<em>Fari&ntilde;a</em>) o <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/ejercito-esencia-franquista-gobierno_128_2911352.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Gonzalo Segura</a> (<em>Un paso al frente</em>); aunque, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-logra-condena-mafiosos-amenazaron-muerte-inicios-rompe-llorar-juicio_1_12463937.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a juzgar por el coste personal que puede tener para ellos</a>, quiz&aacute; alguno hoy optar&iacute;a por hacer como Antonio Salas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Protecci&oacute;n de la intimidad propia o de la familia.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a> debut&oacute; con <em>D&iacute;as sin hambre</em> (2001), una novela inspirada en la anorexia que sufri&oacute; en su juventud, por la que lleg&oacute; a estar ingresada en una cl&iacute;nica. Ese primer libro, tan doloroso para ella y para su familia, se public&oacute; bajo el seud&oacute;nimo de Lou Delvig. Como la autora ten&iacute;a la intenci&oacute;n de seguir escribiendo, sin embargo, el seud&oacute;nimo desapareci&oacute; en las ediciones sucesivas. De haberse quedado en la autora de ese &uacute;nico libro, ser&iacute;a entendible que ella, con una vida ajena al mundo de las letras, prefiriera mantenerse al margen de &eacute;l una vez ya hab&iacute;a volcado sus recuerdos en &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Los escritores profesionales no suelen esconderse al exponer su intimidad, por mucho que en ocasiones algunos familiares se molesten, como le ocurri&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/karl-ove-knausgaard-escritura-constante-sentimiento-fracaso_1_10160653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Karl Ove Knausg&aring;rd</a> o a la propia <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a>, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con su obra m&aacute;s celebrada, <em>Nada se opone a la noche</em> (2011). Otro caso es el de Freida McFadden, autora del <em>thriller</em> superventas <em>La asistenta</em> (2022): siempre admiti&oacute; el uso de ese seud&oacute;nimo para separar su carrera literaria, con esa inclinaci&oacute;n por los temas oscuros, de su trabajo como m&eacute;dica especializada en lesiones cerebrales. Tem&iacute;a que un &aacute;mbito interfiriera en su proyecci&oacute;n profesional, de modo que, aun escribiendo ficci&oacute;n, no ha revelado <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/autora-asistenta-freida-mcfadden-desvela-identidad-cansada-secreto_1_13129982.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su verdadero nombre, Sara Cohen, hasta este 2026</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. El se&ntilde;or que se hizo pasar por jovencita.</strong> Sergi Puertas rondaba la cincuentena cuando, con algunas novelas publicadas en editoriales peque&ntilde;as sin repercusi&oacute;n, llam&oacute; a la puerta de Impedimenta firmando con un nombre de mujer y adjuntando la fotograf&iacute;a de una joven atractiva. Hab&iacute;a movido ese manuscrito por diferentes editoriales, Impedimenta incluida, sin &eacute;xito, de modo que, frustrado, y viendo que las escritoras parec&iacute;an estar en un momento de eclosi&oacute;n, decidi&oacute; intentarlo con un seud&oacute;nimo. Esta vez, la editorial quiso publicarlo.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica no se desat&oacute; porque el autor se sincer&oacute; con sus editores y el libro <a href="https://impedimenta.es/producto/estabulario" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue publicado con su nombre</a>, pero luego ha contado su historia <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-10-19/carmen-mola-planeta-impedimenta_3308954/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en los medios</a>. A su lado, lo de Carmen Mola no pasa de juego inocente. Y, s&iacute;, este caso deber&iacute;a hacernos pensar: a las editoriales, pero tambi&eacute;n a nosotros como lectores: &iquest;Hasta qu&eacute; punto nos influyen los factores de afinidad (de g&eacute;nero, ideolog&iacute;a, edad u otros) a la hora de elegir a qu&eacute; autor leemos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo más probable es que quien publique hoy bajo seudónimo tenga, en la práctica, poca repercusión, lo mismo que la inmensa mayoría de escritores no anónimos que publican todos los años</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>8. Una faceta secundaria.</strong> Algunos escritores eligen separar de forma deliberada, por motivos de g&eacute;nero, una parte de su producci&oacute;n: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/john-banville-irlandes-latigo-catolica_1_4840764.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Banville</a> se convierte en Benjamin Black cuando escribe novela negra, al igual que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a> en las novelas que firm&oacute; como Rosamond Smith y Lauren Kelly; Flavia Company se desdobla en Haru o Andrea Mayo para explorar diferentes registros; la escritora de literatura infantil y webc&oacute;mic Ursula Venon adopt&oacute; el seud&oacute;nimo T. Kingfisher al comenzar a publicar para j&oacute;venes y adultos; Luisa Etxenike es Antonia Lassa cuando publica historias de suspense. Son solo unos pocos ejemplos de una pr&aacute;ctica bastante extendida, sobre todo en &aacute;mbitos como la novela negra o la rom&aacute;ntica. Eso s&iacute;, rara vez el autor se esconde de verdad; tan solo utiliza un seud&oacute;nimo para separar estilos o g&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. El escritor tan prol&iacute;fico que su editorial no da abasto.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a> ha publicado algunas novelas como Richard Bachman. Por una parte, en la industria editorial no es habitual publicar m&aacute;s de un libro al a&ntilde;o de un mismo autor (y esto ya es excepcional, al alcance solo de privilegiados como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/metamorfosis-amelie-nothomb-jesucristo-enfurece-laicos-religiosos_1_8729534.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Am&eacute;lie Nothomb</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a>), y ya se sabe que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a>, sobre todo en su juventud, escrib&iacute;a a un ritmo desaforado. Por otro lado, dado que el &eacute;xito le lleg&oacute; muy pronto, sent&iacute;a curiosidad por saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a si sus libros no llevaran su nombre (hoy podr&iacute;a apuntarse al experimento de Barrett). Se invent&oacute; una biograf&iacute;a que justificara la ausencia medi&aacute;tica del autor, y public&oacute; varias novelas. Sin embargo, le ocurri&oacute; como a Elena Ferrante: dieron con &eacute;l tras investigar sus cuentas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Lorenzo C. Acebedo, &iquest;el pr&oacute;ximo en seguir los pasos de Carmen Mola?</strong> La biograf&iacute;a de este autor asegura que bajo el seud&oacute;nimo se esconde alguien que &ldquo;abandon&oacute; en su juventud los estudios teol&oacute;gicos por el retiro monacal y, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, el retiro monacal por una mujer&rdquo;. En 2023, public&oacute; <em>La taberna de Silos</em>, la primera entrega de una trilog&iacute;a con ecos de Umberto Eco, cuyo protagonista, nada menos que Gonzalo de Berceo, trata de resolver el asesinato de un monje en el monasterio. Se trata de una novela con mayor textura literaria, adem&aacute;s de humor inteligente, de lo que el argumento deja entrever, por lo que enseguida se sospech&oacute; que quien firma es en realidad un escritor consumado, tal vez alguien que con su nombre no vende demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Las pesquisas apuntan a nombres como <a href="https://www.eldiario.es/autores/rafael_reig/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rafael Reig</a>, <a href="https://www.eldiario.es/autores/antonio_orejudo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Orejudo</a> u <a href="https://www.eldiario.es/autores/oscar-esquivias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Oacute;scar Esquivias</a>; los dos primeros publican en Tusquets, la misma editorial que ha dado a conocer al misterioso Lorenzo C. Acebedo. Un sello que, por cierto, forma parte del Grupo Planeta. Qui&eacute;n sabe, como a veces el Premio Planeta distingue a <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/eduardo-mendoza-gana-premio-planeta_1_5191573.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un escritor de verdad,</a> y no tiene reparos en premiar libros que son <a href="https://www.rtve.es/noticias/20121015/lorenzo-silva-gana-premio-planeta-2012-mara-torres-finalista/570400.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la continuaci&oacute;n de una serie en curso</a>, tal vez aprovechen la publicaci&oacute;n de la tercera entrega del improvisado detective riojano para desvelar el secreto.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, estos son solo casos que han tenido cierta trascendencia. Lo m&aacute;s probable es que quien publique hoy bajo seud&oacute;nimo tenga, en la pr&aacute;ctica, poca repercusi&oacute;n, lo mismo que la inmensa mayor&iacute;a de escritores no an&oacute;nimos que publican todos los a&ntilde;os. Abrirse camino en el mundo literario cuesta, y jugar a hacerse el misterioso no garantiza ni mucho menos el &eacute;xito, como tampoco lo aseguran un gran n&uacute;mero de seguidores en las redes o una significativa presencia medi&aacute;tica (m&aacute;s de uno se asombrar&iacute;a al conocer las cifras de ventas reales de algunos de estos autores). En definitiva, al final, como siempre, lo &uacute;nico que cuenta es tener una verdadera devoci&oacute;n por el oficio; de lo contrario, entrar en el circuito editorial, con o sin m&aacute;scara, no compensa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" width="1600" height="900" alt="Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siruela recupera ‘Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido’ (1973), que analiza cómo la ficción perpetúa el rol de víctima de la mujer de clase media</p><p class="subtitle">El cine seguirá costando dos euros los martes para los mayores de 65 años
</p></div><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de este libro lo podr&iacute;a pronunciar una mujer de hoy, porque, por desgracia, <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/hombre-mata-expareja-pleno-dia-calle-figueres-policia-le-detiene-lugar-hechos_1_13233392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cr&iacute;menes machistas no dejan de poblar los titulares</a>. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que estos asesinatos, estas din&aacute;micas de violencia contra las mujeres, se camuflaban, se escond&iacute;an (algo que a&uacute;n sucede en algunas partes del mundo). En el siglo XX, estaban tan normalizadas en las conductas sociales que ni siquiera se percib&iacute;an como los abusos que son. En ese contexto, muchas obras culturales, de forma consciente o inconsciente, actuaron como una herramienta para perpetuar el <em>statu quo</em>, incluso cuando esta cultura era producida por y para ellas. Es m&aacute;s: <em>sobre todo</em> actuaba as&iacute; cuando se dirig&iacute;a a ellas; para ser exactos, al subgrupo de mujeres blancas de clase media.
    </p><p class="article-text">
        El ama de casa de clase media encarnaba el tipo de p&uacute;blico con cierta formaci&oacute;n (pero no demasiada) e inquietudes culturales (o m&aacute;s bien mucho tiempo libre, mucho tiempo para aburrirse) que, adem&aacute;s, contaba con el dinero (del salario del marido) para adquirir, en este caso, las novelitas con las que entretenerse. &ldquo;Novelitas&rdquo;, porque de lo que se ocupa <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/formas-historicas-ridiculizar-escritoras_1_1853978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joanna Russ</a> (Nueva York, 1937-Tucson, 2011) en el ensayo <em>Alguien me quiere asesinar&hellip; y creo que es mi marido</em> (1973) es de ese corpus de ficci&oacute;n de consumo, tan abundante en clich&eacute;s, que, m&aacute;s que por su calidad, interesa como fuente de estudio de los valores y costumbres inherentes a una &eacute;poca, una clase social, un pa&iacute;s: mujer blanca occidental de clase media, a mediados del siglo XX, en Estados Unidos.
    </p><h2 class="article-text">La virtud de la mujer casada</h2><p class="article-text">
        El llamado &ldquo;g&oacute;tico moderno&rdquo; vivi&oacute; una eclosi&oacute;n en la novela popular de aquel tiempo, de forma similar a la que han experimentado el romance o los relatos de testimonios en otros periodos. Eran publicaciones baratas, en edici&oacute;n de bolsillo, con cubiertas <em>kitsch</em> que identificaban el g&eacute;nero de manera f&aacute;cil e inmediata. Su contenido era tan previsible como su dise&ntilde;o: un tipo de ficci&oacute;n que, siguiendo la estela de cl&aacute;sicos como <em>Jane Eyre</em> o <em>Rebecca</em>, presenta a una hero&iacute;na que, desde que contrae matrimonio y convive con su marido, comienza a descubrir que este no es quien pensaba que era.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d1f7fd23-b801-4f65-8972-db0418cb1ca9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La rutina de la mujer, lejos de emular la imagen id&iacute;lica de una joven reci&eacute;n casada, se vuelve inquietante. La protagonista se halla recelosa, sospecha de todo. En su centro se debate una contradicci&oacute;n: est&aacute; entre el amor hacia su esposo y el miedo que empieza a sentir. Adem&aacute;s, los clich&eacute;s del g&eacute;nero llevan la situaci&oacute;n al extremo: el hombre, por definici&oacute;n, es siempre una figura poderosa, alguien m&aacute;s maduro, resolutivo, un agente activo en la sociedad; mientras que ella, condenada a ser la eterna <em>chica</em>, es, adem&aacute;s de inexperta y sin opciones de escapar del hogar, una joven sin familia que la apoye, sin amigos, sin referentes; en suma, est&aacute; desamparada. Incluso la casa se le revela hostil: una vivienda grande, imponente y misteriosa, donde ya se hab&iacute;an establecido unas normas antes de su llegada, y donde ella no deja de sentirse una intrusa.
    </p><p class="article-text">
        Situaciones extremas para apelar al dramatismo m&aacute;s barato y sentimental: ah&iacute; estaba la receta para despertar emociones en las vidas mon&oacute;tonas de las lectoras. En las novelas que analiza la autora, el enigma en torno al hombre tiene que ver, como en los cl&aacute;sicos, con una cuesti&oacute;n moral: un tab&uacute; que se intenta encubrir, lo que da pie al miedo, a esas elucubraciones de la mujer ingenua a quien no se revela nada, que solo puede escuchar a hurtadillas y completar lo que no sabe con la imaginaci&oacute;n, que suele inducir m&aacute;s de la cuenta. La actividad il&iacute;cita del marido, por consiguiente, a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n de lo &ldquo;prohibido&rdquo; al relato, esto es, una perversi&oacute;n del orden apacible que buscaba la hero&iacute;na.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una expresi&oacute;n directa de la situaci&oacute;n tradicional de la mujer [&hellip;] y ofrece la clase exacta de lectura de evasi&oacute;n que necesitan las mujeres de clase media creyentes en la m&iacute;stica de la feminidad, sin conllevar elementos que vayan m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, afirma Joanna Russ, escritora, acad&eacute;mica y cr&iacute;tica literaria conocida sobre todo por su novela de ciencia ficci&oacute;n feminista <em>El hombre hembra</em> (1975) y el ensayo <em>C&oacute;mo acabar con la escritura de las mujeres</em> (1983). De alg&uacute;n modo, con su desarrollo previsible y la condici&oacute;n de v&iacute;ctima sin remedio de la protagonista, que no pasa de ser un sujeto pasivo, esas ficciones <em>confirman</em> el corpus de creencias socialmente aceptadas sobre el matrimonio, la vida conyugal y la moral puritana.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d93e4538-2006-4614-a7cb-2098c8e5fca0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Son textos que no esquivan la sexualidad, pero esta se plantea siempre desde un enfoque conservador, con la protagonista como la joven virgen e inmaculada que se escandaliza ante cualquier sospecha de desviaci&oacute;n moral. En contraste con esos picos emocionales, las novelas se prodigan en descripciones del vestuario y la decoraci&oacute;n (siempre de lujo), adem&aacute;s de las comidas: esos elementos en los que la mujer de casa media se sostiene en su d&iacute;a a d&iacute;a, aquello en lo que deviene una experta, que puede mantener bajo control y le confiere una seguridad de la que carece en el aspecto &iacute;ntimo. El mensaje impl&iacute;cito es claro: reforzar la imagen de la mujer como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pucheros-libros-amas-casa-impulsaron-clubes-lectura-80_1_12234840.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ama de casa</a>, de se&ntilde;ora feliz con sus labores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una suerte de paranoia justificada&rdquo;, concluye la autora, &ldquo;la gente <em>tiene </em>la intenci&oacute;n de hacerte cosas horribles; <em>no puedes</em> confiar en tu marido [&hellip;]; las motivaciones de todo el mundo <em>son</em> ladinas y retorcidas, y solo estando en guardia de forma <em>sumamente</em> rigurosa podr&aacute;s arrancar alguna migaja de felicidad en las fauces de la destrucci&oacute;n&rdquo;. En otras palabras: se promueve el rol de una mujer pasiva, miedosa y desconfiada, lo que la lleva a encerrarse m&aacute;s en s&iacute; misma y a renunciar a la rebeld&iacute;a. Es lo contrario de lo que fomentan los relatos de sororidad: tejer v&iacute;nculos para saber que no est&aacute;n solas, que no son las &uacute;nicas que sufren, que existen otras formas de estar en el mundo y que est&aacute; en sus manos la posibilidad de cambiar su realidad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ac832931-9c0f-49ed-954b-11d6eca7af56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A diferencia de la gran literatura, donde las protagonistas, pese a enfrentarse a situaciones amenazantes, se distingu&iacute;an por su determinaci&oacute;n &mdash;la propia Jane Eyre es un ejemplo de ello&mdash;, las novelitas de consumo r&aacute;pido no corren riesgos, perpet&uacute;en el clich&eacute;, por lo que no suponen ning&uacute;n desaf&iacute;o para la lectora. No pretenden provocar en ella una reacci&oacute;n ni despertar su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico; al contrario: velan por su supuesta integridad, le confirman lo que ya conoce o intuye por otros medios. Su &uacute;nica &ldquo;aventura&rdquo; posible es la historia de amor, y en ella concentran sus pensamientos, mientras procuran vestir bien y mantener la casa arreglada para actuar conforme a lo que se espera de ellas. En suma, se persiste en el concepto tradicional de &ldquo;virtud&rdquo;: &ldquo;Mi valor sexual es mi valor personal y es respetado por todo el mundo, salvo por los malvados y las malvadas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Del g&oacute;tico moderno a la novela negra contempor&aacute;nea</h2><p class="article-text">
        Hoy la ficci&oacute;n popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato econ&oacute;mico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales. Del mismo modo que la novela rom&aacute;ntica cambi&oacute; de traje y pas&oacute; a primera l&iacute;nea tras el fen&oacute;meno de <em>Cincuenta sombras de Grey</em> (2011), de E. L. James, los relatos de tintes oscuros, que remueven los bajos fondos de la sociedad, ya no corresponden al g&oacute;tico de los a&ntilde;os cincuenta, sino que han adoptado las pautas de la novela negra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy la ficción popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato económico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&iacute;, hace a&ntilde;os que la novela negra y el <em>thriller</em> son los g&eacute;neros de moda, le&iacute;dos tanto por ellos como por ellas, pero los estudios confirman que la mayor&iacute;a de lectores de ficci&oacute;n son <a href="https://www.gremieditors.cat/wp-content/uploads/2020/07/2020-Informe-Mujeres-Que-Leen-en-Espan%CC%83a-Julio-2020-EntreEditores.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres de mediana edad</a>. El an&aacute;lisis de Joanna Russ, hoy, podr&iacute;a trasladarse ah&iacute;, porque estas obras suelen tener un elemento en com&uacute;n muy significativo: las v&iacute;ctimas del crimen, con frecuencia, son mujeres, casi siempre j&oacute;venes de las que, adem&aacute;s, han abusado, cuyos cuerpos aparecen con se&ntilde;ales de una violencia que roza el sadismo. Hay autores (y autoras) que se recrean en la descripci&oacute;n escabrosa del cuerpo y la pulsi&oacute;n sexual hasta extremos que van m&aacute;s all&aacute; de lo que justifica el hecho literario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe un sesgo patriarcal en el t&oacute;pico de la chica asesinada? Podemos aventurarnos a decir que s&iacute;: no deja de ser una versi&oacute;n actual del martirio de la virgen beatificada, una muchacha &ldquo;inocente&rdquo;, &ldquo;bella&rdquo; y &ldquo;en la flor de la vida&rdquo;, cuyo asesinato escandaliza m&aacute;s, causa m&aacute;s conmoci&oacute;n social que si se tratara de alguien m&aacute;s maduro, de vuelta de todo; alguien que, quiz&aacute;, se defendi&oacute;. Tampoco se puede obviar la naturaleza morbosa de la descripci&oacute;n del cad&aacute;ver: a pesar de narrar una atrocidad (o quiz&aacute; precisamente por ello), se busca, con el detalle, perturbar a&uacute;n m&aacute;s al lector, recalcando la dimensi&oacute;n obscena del crimen, del criminal, sobre el que no existe redenci&oacute;n posible.
    </p><p class="article-text">
        Este clich&eacute; persiste incluso cuando la investigadora al mando es una mujer. El caso de <em>Los hombres que no amaban a las mujeres</em> (2005), el libro de Stieg Larsson con el que se inici&oacute; esta tendencia (o que, al menos, la pone en el centro del mercado), resulta paradigm&aacute;tico en este sentido: el periodista Mikael Blomkvist recurre, para investigar el caso, a Lisbeth Salander, una joven <em>hacker</em>. Adem&aacute;s de situar a la mujer <em>por debajo</em> del protagonista (es su <em>colaboradora</em>, no la investigadora principal; y es m&aacute;s joven, y con menos contactos, y se la toman menos en serio que a &eacute;l), ella re&uacute;ne la doble condici&oacute;n de v&iacute;ctima, por su pasado, y vengadora, por el modo en el que canaliza ese trauma.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/025e37aa-eb22-4754-af4e-d28d3ab0d339_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Lisbeth Salander, a diferencia de la mujer casada del g&oacute;tico moderno, es una chica con estudios, de mente brillante y con una profesi&oacute;n pionera, unos valores m&aacute;s acordes con los de la lectora media de hoy, que, como ella, es una mujer formada, con inquietudes y una vida m&aacute;s all&aacute; del hogar. Lisbeth, adem&aacute;s, no viste seg&uacute;n los c&aacute;nones asociados a la feminidad, sino que usa la ropa como expresi&oacute;n de una identidad subversiva, rebelde a conciencia, que no busca complacer la mirada masculina heterosexual. Sus aficiones, la inform&aacute;tica, no se corresponden tampoco a las actividades de esparcimiento que se han asociado por tradici&oacute;n a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Por estos motivos, se ha aplaudido a Lisbeth Salander como referente del feminismo, un modelo m&aacute;s inspirador e independiente que las mujeres tradicionales. Sin embargo, ese mito es cuestionable, porque la joven tambi&eacute;n representa una serie de fragilidades, marcadas por los abusos sufridos, como el car&aacute;cter antisocial, el miedo a los hombres (disfrazado de odio) o el temor a comprometerse. Su identidad se articula por reacci&oacute;n a lo que le ha hecho da&ntilde;o, no tanto por una b&uacute;squeda interior de s&iacute; misma. En s&iacute;ntesis: no es pasiva, como las hero&iacute;nas de anta&ntilde;o, y su mundo es m&aacute;s expansivo; ahora bien, su perfil psicol&oacute;gico y su <em>modus operandi</em> distan mucho de ser mod&eacute;licos, salvo que una aspire a (re)construirse sobre la rabia y la venganza.
    </p><p class="article-text">
        De un modo u otro, el miedo, el crimen y el esc&aacute;ndalo siguen abundando en la ficci&oacute;n comercial. Por mucho que a menudo se venda como entretenimientos intrascendentes, cuando un t&oacute;pico se repite tanto y tiene una amplia acogida cabe preguntarse qu&eacute; nos est&aacute; diciendo de nosotros como sociedad, qu&eacute; nos quiere transmitir. Joanna Russ respondi&oacute; a esta pregunta con respecto al g&eacute;nero predominante a mediados del siglo XX; en la actualidad los desaf&iacute;os para las mujeres han cambiado, y la literatura tambi&eacute;n, pero ensayos como el suyo ponen de relieve la necesidad de no perder de vista la ideolog&iacute;a impl&iacute;cita, de ra&iacute;z patriarcal, que mantienen buena parte de esas novelas, por mucho que sus autoras o sus protagonistas se presenten como &ldquo;feministas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Novela,Literatura,Novela negra,Feminismo,Escritores,Libros,Mujer,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 30 años de la publicación de esta emblemática novela de fantasía épica que marcó el regreso literario de la barcelonesa tras décadas de silencio</p><p class="subtitle">La “libertad radical” de Ana María Matute, una escritora siempre al lado de los débiles</p></div><p class="article-text">
        La historia se ha contado muchas veces: tras su separaci&oacute;n, en una &eacute;poca en la que las mujeres perd&iacute;an todo derecho de custodia, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Mar&iacute;a Matute</a> (Barcelona, 1925-2014) tuvo que bregar para mantener la relaci&oacute;n con su hijo, que hab&iacute;a quedado a cargo de su ex (siempre le estuvo agradecida a su suegra, a prop&oacute;sito, que le permit&iacute;a verlo: al final, el entendimiento llega entre mujeres, entre madres). Como resultado, cay&oacute; en una grave depresi&oacute;n, que fren&oacute; su hasta entonces fulgurante carrera literaria &ndash;antes de cumplir los cuarenta a&ntilde;os ya hab&iacute;a publicado t&iacute;tulos tan emblem&aacute;ticos como <em>Peque&ntilde;o teatro</em> (1954), <em>Luci&eacute;rnagas</em> (1955), <em>Los hijos muertos</em> (1958) o <em>Primera memoria</em> (1960)&ndash;, que la llev&oacute; a un periodo de bloqueo creativo que se alarg&oacute; m&aacute;s de dos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Durante ese tiempo, su agente, Carmen Balcells, esa mezcla de hada madrina y abogada irredenta cuando se trataba de defender los derechos de sus autores, la mantuvo durante sus problemas econ&oacute;micos y la anim&oacute; a perseverar en la escritura de la gran novela que ten&iacute;a entre manos. No era, como sus obras previas, una evocaci&oacute;n de la Guerra Civil o la posguerra, periodos negros que marcaron a la escritora, sino algo distinto, una novela de fantas&iacute;a de tintes medievales a la vieja usanza, como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquellos relatos que fascinaron a Ana Mar&iacute;a Matute desde peque&ntilde;a</a>. Teniendo en cuenta que el g&eacute;nero no contaba con demasiados adeptos en Espa&ntilde;a, y no era habitual que lo cultivaran los novelistas de las corrientes principales, aquel apoyo parec&iacute;a un salto de fe, una confianza ciega absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Y, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, se puede decir que vali&oacute; la pena. Una vez m&aacute;s, Carmen Balcells acert&oacute; de lleno: esa novela, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> (1996), no solo ser&iacute;a el gran libro de la vida de Ana Mar&iacute;a Matute, sino que se convirti&oacute; en el favorito de muchos lectores, que en muchos casos la descubrieron siendo j&oacute;venes, gracias a las aventuras de este elenco de personajes. La escritora regres&oacute; por la puerta grande, haciendo lo que siempre hab&iacute;a querido hacer, sin ce&ntilde;irse a modas ni a lo que le hab&iacute;a funcionado antes. En realidad, lo que le hab&iacute;a funcionado era su buen hacer literario, algo que no desapareci&oacute;, sino que alcanz&oacute; otras cotas. Los lectores veteranos comprobaron que segu&iacute;a siendo una de las mejores; y los j&oacute;venes descubrieron en ella a una aliada que entend&iacute;a su mundo.
    </p><h2 class="article-text">Las claves de una lectura capaz de salvar de muchos des&aacute;nimos</h2><p class="article-text">
        <strong>1. Un cuento de hadas para adultos.</strong> Ana Mar&iacute;a Matute llev&oacute; el imaginario fant&aacute;stico de los Hermanos Grimm y compa&ntilde;&iacute;a (el original, es decir, el <em>oscuro</em>, el que no tiene un final feliz) a un nivel superlativo. <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela redonda, <em>total</em>, en la que tienen cabida batallas, romances, hechizos, metamorfosis, viajes, amores y lujurias, matrimonios e incestos, conquistas y traiciones, princesas, caballeros, magos, trasgos y otras criaturas fascinantes. Es algo as&iacute; como la novela que todo adulto que una vez fue un ni&ntilde;o embelesado por los cuentos quiere leer. Un regalo. Y un reto, porque no es una obra f&aacute;cil de leer, pero conf&iacute;a en el lector (y eso es otra forma de regalo).
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Un viaje de resistencia, tambi&eacute;n para el lector. </strong>Umberto Eco escribi&oacute;, en las notas finales de <em>El nombre de la rosa</em> (1980), que hab&iacute;a concebido la novela como un viaje en el que el lector deb&iacute;a ascender unos primeros escalones arduos, de modo similar al mito de la caverna de Plat&oacute;n, para llegar m&aacute;s tarde a disfrutarla en plenitud. Con esta novela puede suceder algo parecido: los primeros episodios narran la g&eacute;nesis del reino, todo su legado, una parte en la que las historias personales apenas tienen continuidad. Eso, junto con la complejidad del estilo, que evoca el tono de las narraciones medievales, puede de entrada desalentar a algunos lectores. Aun as&iacute;, merece la pena seguir, porque llegar&aacute; un momento en el que esos hilos confluyan al final y toda la historia cobre un gran sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La Reina Ardid, una extraordinaria protagonista femenina.</strong> Se podr&iacute;a decir que la autora jug&oacute; al despiste al poner el nombre del monarca en el t&iacute;tulo, cuando de hecho la gran protagonista de la novela, y sin duda uno de los mejores personajes femeninos que jam&aacute;s se han escrito, es la excepcional Ardid. Desde su entrada en escena, como la ni&ntilde;a desamparada con sed por aprender, somos testigos de su evoluci&oacute;n hasta convertirse en una mujer poderosa, aunque no por ello imbatible, ni exenta de equivocarse. Ardid es el personaje m&aacute;s inteligente, pero tambi&eacute;n tiene miedos, es vulnerable. No le faltan aliados ni amigos: ni est&aacute; sola ni niega la necesidad constante de aprender de los dem&aacute;s. Es leal, pac&iacute;fica; y en su trayectoria se intuye mucho la de la propia Ana Mar&iacute;a Matute.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Ana María Matute                            </span>
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        <strong>4. Reivindicaci&oacute;n del g&eacute;nero.</strong> Durante muchos a&ntilde;os se ha escuchado, incluso en boca de pretendidos eruditos, que en Espa&ntilde;a no se escribe (buena) fantas&iacute;a. No solo es falso, sino que ignoran que una de sus mejores autoras inscribi&oacute; una de sus obras maestras en &eacute;l. Porque Ana Mar&iacute;a Matute amaba la maravilla de los cuentos de hadas, el imaginario medieval, las novelas de caballer&iacute;as, todo ese universo m&aacute;gico que de peque&ntilde;a le hab&iacute;a permitido sobrellevar su etapa de ni&ntilde;a enfermiza y m&aacute;s adelante escapar por un rato de la desolaci&oacute;n de la guerra. Con esta novela construy&oacute; un mundo propio con gui&ntilde;os a los cl&aacute;sicos que se erige como un monumento del g&eacute;nero para lectores asiduos y puntuales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. El ingenio por delante de la fuerza bruta.</strong> No es una novela sobre la Guerra Civil ni la posguerra, o al menos no de forma realista, pero, desde luego, los hechos que marcaron a la autora est&aacute;n presentes en ella, lo mismo que su mensaje pacifista. La Reina Ardid, a diferencia de sus predecesores, no aspira a sumar territorios a sus feudos ni a aniquilar a los dem&aacute;s con su ej&eacute;rcito; al contrario, aboga por el entendimiento, el respeto que puede dar pie a intercambios enriquecedores para ambas partes, empezando por una existencia tranquila en la que la gente sencilla pueda prosperar. Desde el principio, a trav&eacute;s de este personaje se lanza un alegato a favor del estudio, el aprendizaje y el cultivo de la mente, que por supuesto exige esfuerzo, dedicaci&oacute;n y paciencia, en contraste con el entreno de la fuerza bruta. Es asimismo un elogio de la (hoy tan denostada) figura del maestro.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La fantasía épica ha sido, a lo largo de su historia, un género muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>6. Conciencia feminista.</strong> La fantas&iacute;a &eacute;pica ha sido, a lo largo de su historia, un g&eacute;nero muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes. Sin renunciar a buena parte de ese imaginario de luchas y espadas &ndash;merecen una menci&oacute;n especial los dibujos que la propia autora hizo, durante el proceso de escritura, de las armaduras y la disposici&oacute;n de los ej&eacute;rcitos&ndash;, Ana Mar&iacute;a Matute los narra con otro enfoque, en el que Ardid y otros personajes femeninos memorables (como Tontina, Ondina o Gudrilkja) dan cabida a asuntos menos tratados en el g&eacute;nero, como el rol de una reina madre, las ambiciones de las mujeres o la relaci&oacute;n con su imagen y el envejecimiento. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n los personajes masculinos que se salen del canon del h&eacute;roe y se definen por otras cualidades, como la emoci&oacute;n (Alm&iacute;bar) o la sabidur&iacute;a (Hechicero).
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. La madurez como etapa de plenitud.</strong> En el g&eacute;nero fant&aacute;stico abundan asimismo los protagonistas j&oacute;venes, tanto en los h&eacute;roes que afrontan su particular viaje de iniciaci&oacute;n a la vida adulta como en las (bellas) doncellas en apuros que son salvadas por un pr&iacute;ncipe encantador (e igualmente hermoso). En <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em>, no obstante, vemos a Ardid crecer hasta convertirse en una mujer madura, que, lejos de hacerse a un lado, contin&uacute;a activa, como la reina soberana poderosa que es. Es interesante conocerla en diferentes etapas, con sus consiguientes retos, sin idealizar ni la juventud ni la veteran&iacute;a, porque en todo momento somos humanos imperfectos. Tampoco es casual que los personajes m&aacute;s instruidos, los <em>brujos</em>, sean el Hechicero y la abuela de Ondina, ambos ancianos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Mensaje poderoso sobre el amor y el olvido.</strong> Es dif&iacute;cil resumir en pocas l&iacute;neas todo lo abarca esta monumental novela, pero se pueden destacar dos puntos: la imposibilidad de Gud&uacute; de sentir amor de verdad, del apego a alguien por un sentimiento genuino, algo que contrasta con la trayectoria de otros personajes. Todos, sin embargo, son una suerte de n&aacute;ufragos condenados al olvido, con un final similar al de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>. De alg&uacute;n modo, nos recuerda la naturaleza ef&iacute;mera de la existencia humana; y nos recuerda que, puestos a desaparecer, m&aacute;s vale haber vivido sin coraza, y sin estar pendiente de la pretendida posteridad, que dedicarse a sembrar el odio y el temor en los semejantes. En otras palabras: un s&iacute; rotundo al amor y a las segundas oportunidades en etapas tard&iacute;as de la vida (la autora lo sab&iacute;a bien), aunque su desenlace no sea el de un cuento de Disney.
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                La escritora Ana María Matute                            </span>
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        <strong>9. El sentido del humor.</strong> <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela muy oscura, muy cruenta, con personajes toscos, hura&ntilde;os y vengativos que act&uacute;an con una ferocidad despiadada. Y en su trasfondo se tratan asuntos complejos, llenos de aristas y controvertidos; nada de moralejas amables. Con todo, como los grandes maestros, la autora salpica la obra con un sano sentido del humor, por ejemplo, en la original elecci&oacute;n de los nombres de los personajes, que tanto por significado como por sonoridad dan pistas (o trampas) sobre su car&aacute;cter (Ardid, Alm&iacute;bar, Predilecto Furcio, Tontina). Esas humoradas, en forma de iron&iacute;a, tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en la narraci&oacute;n, que no da puntada sin hilo y deja caer alg&uacute;n que otro gui&ntilde;o. Ana Mar&iacute;a Matute no tiene un estilo simple, pero, cuando se conecta con ella, cada frase de su prosa deviene un aut&eacute;ntico deleite.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. La fantas&iacute;a como met&aacute;fora del trauma.</strong> &iquest;Qu&eacute; son los cuentos de hadas sino un armaz&oacute;n de s&iacute;mbolos con los que el ni&ntilde;o comienza a entender los misterios humanos? &iquest;Acaso no son las novelas de fantas&iacute;a y ciencia ficci&oacute;n unos retratos atinad&iacute;simos de los conflictos presentes en la sociedad contempor&aacute;nea? Los hechizos, las metamorfosis, los personajes mitol&oacute;gicos y el sentido de la maravilla en general nunca han sido un recurso decorativo, sino que est&aacute;n cargados de significado, y, cuando se eligen con inteligencia, pueden alcanzar tanta o m&aacute;s penetraci&oacute;n que una novela realista. Por ello, en el fondo, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> no es tan distinta de sus predecesoras: difiere en la forma, pero en el fondo no deja de ser la culminaci&oacute;n de lo que siempre estuvo en su obra: la infancia rota por la guerra, la violencia del ser humano hacia sus semejantes, la fuerza del amor para elevar el esp&iacute;ritu humano, el desgarro de la p&eacute;rdida, la depresi&oacute;n, el refugio de los libros y el estudio, la amistad, el olvido, la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Bonus track</strong></em>. Para quienes ya hayan le&iacute;do <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> &ndash;o quienes se nieguen en redondo a sumergirse en una novela de fantas&iacute;a (&iexcl;all&aacute; ellos!)&ndash;, ah&iacute; van dos sugerencias de la misma autora: <em>Los hijos muertos</em> (1958), otra novela extensa, escrita con esa prosa rica en matices, s&iacute;mbolos e im&aacute;genes, que, como bien dec&iacute;a Almudena Grandes, es una de las&nbsp;mejores obras que se han escrito sobre la Guerra Civil espa&ntilde;ola; y, para los que no tengan &aacute;nimo para una aventura de largo aliento, pero no renuncien a un toque de maravilla, los cuentos reunidos en el volumen <em>La puerta de la luna</em>: Ana Mar&iacute;a Matute tambi&eacute;n fue una cuentista fabulosa, una faceta que no se le reconoce lo suficiente. Sea como sea, no hay que dejar de leer a la autora. Ella s&iacute; que no debe caer en el olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Escritores,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La doble jornada, el cansancio, el 'mansplaining': réquiem por todas las escritoras que no fueron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/doble-jornada-cansancio-mansplaining-requiem-escritoras-no_1_13213561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/770f6a36-6c1c-45e9-afc6-302d5b25427a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La doble jornada, el cansancio, el &#039;mansplaining&#039;: réquiem por todas las escritoras que no fueron"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La suiza Alice Rivaz fue una pionera por su radiografía de la conciliación, como demuestra su novela ‘Lanza tu pan’ </p><p class="subtitle">Eva Baltasar, escritora: “Aunque ves las señales del amor tóxico, a veces estás dispuesta a pagar el precio”
</p></div><p class="article-text">
        Ya lo dijo <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-lobitos_129_9060874.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tillie Olsen</a>: muchas mujeres tardan en iniciar su carrera literaria porque la mayor parte de su vida transcurre entregada al matrimonio, la crianza y las tareas dom&eacute;sticas, y tambi&eacute;n al trabajo, a <em>otro</em> trabajo, el que les reporta unos ingresos m&aacute;s o menos estables, aunque, para las mujeres de clase trabajadora del siglo XX, sean siempre magros. Y eso, con suerte: muchas se quedan por el camino, no <em>llegan a ser</em>, reprimen o dejan morir (dejan <em>matar)</em> a la escritora que llevan dentro. No por falta de vocaci&oacute;n, ni de ambici&oacute;n, ni de ganas; sino de tiempo, energ&iacute;a, confianza.
    </p><p class="article-text">
        Olsen, en una suerte de continuaci&oacute;n de lo expuesto por Virginia Woolf en <em>Un cuarto propio</em> (1929), reflexion&oacute; en <em>Silencios</em> (1978; Las Afueras, 2022) sobre esas voces que no tienen la oportunidad de desarrollarse por condicionamientos como el g&eacute;nero, la etnia o la clase social, algo que, a lo largo de la historia, ha afectado, sobre todo, a las mujeres. Porque, y sobre esto tambi&eacute;n escribi&oacute; Joanna Russ en el ensayo <em>C&oacute;mo acabar con la escritura de las mujeres</em> (1983; Dos Bigotes, 2018), a veces no solo se impide por prohibici&oacute;n o rechazo obvio, sino por hacer del camino una pista de obst&aacute;culos interminable, que consume todo el vigor, limita los horizontes, enferma el cuerpo y la mente, y provoca no pocas rendiciones.
    </p><p class="article-text">
        Por consiguiente, muchas escritoras, como la propia Tillie Olsen, no pueden comenzar de veras su carrera literaria hasta bien entrada la madurez, cuando las responsabilidades familiares han disminuido, tienen m&aacute;s seguridad en s&iacute; mismas y, por fortuna, algo m&aacute;s de tranquilidad financiera. Hasta entonces, quiz&aacute; escriben relatos, cuentos infantiles y otras piezas breves que puedan culminar en un periodo razonable (Alice Munro lo visibiliz&oacute; mejor que nadie al explicar que cultivaba el relato porque comenz&oacute; a escribir mientras sus hijas dorm&iacute;an la siesta). Y, aunque sin duda se puede brillar en el formato corto, la obra magna con la que sue&ntilde;an muchas se hace esperar, si es que llega.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/645abbec-5b92-47e1-add7-fe6f13dbbb51_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Para la escritora suiza Alice Rivaz (Rovray, 1901 - Genthod, 1998), el momento lleg&oacute; en 1979, cuando vio la luz <em>Lanza tu pan</em>, que ahora Errata Naturae publica por primera vez en castellano con una impecable traducci&oacute;n de Regina L&oacute;pez Mu&ntilde;oz. No es casual que su fecha de publicaci&oacute;n coincida con los ensayos antes mencionados: son el resultado, se puede aventurar, del feminismo de la segunda ola, que hizo hincapi&eacute; en la igualdad de derechos, la conciliaci&oacute;n familiar y las pol&iacute;ticas reproductivas. Esto, trasladado al &aacute;mbito creativo, supone hacer expl&iacute;citos los problemas adicionales que enfrentan las mujeres que aspiran a desarrollar una profesi&oacute;n literaria o art&iacute;stica sin un respaldo econ&oacute;mico detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No basta con que se les permita el acceso a las instituciones; antes de eso, necesitan un espacio, un tiempo, una dedicaci&oacute;n para poder crear esa obra. Los hombres, al alejarse del hogar, se pueden volcar en ello; sin embargo, de ellas se espera que se encarguen de los cuidados de la familia y de las tareas de la casa al tiempo que desempe&ntilde;an un cargo remunerado. Y, si despu&eacute;s se les ocurre escribir o pintar o cantar sobre esas vivencias de puertas adentro &ndash;la maternidad, el matrimonio, el trabajo, el universo cotidiano de la vida dom&eacute;stica&ndash;, a menudo se las ningunea por no ocuparse de los &ldquo;grandes asuntos&rdquo;, a saber, la pol&iacute;tica, la guerra, el mundo de <em>afuera</em>, es decir, el mundo de los hombres. (Al menos, ya hemos entendido que lo personal es pol&iacute;tico; en algo hemos progresado).
    </p><p class="article-text">
        Alice Rivaz, con estudios musicales e hija de un profesor militante del Partido Socialista suizo, desempe&ntilde;&oacute; trabajos como maestra de piano, periodista cultural y funcionaria de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo. En 1940, a los 39 a&ntilde;os, debut&oacute; en la narrativa con <em>Nuages dans la main</em>, a la que siguieron tres novelas m&aacute;s, en general bien recibidas por la cr&iacute;tica. Despu&eacute;s de esa primera etapa, tuvo que paralizar su carrera por la conciliaci&oacute;n familiar, y no la retom&oacute; hasta que se jubil&oacute;. Su segunda y definitiva fase se reanud&oacute; en 1966, y desde entonces ya no se detuvo hasta los a&ntilde;os ochenta. Tanto en su juventud como en su madurez sus temas giraron alrededor de las mujeres en esas tensiones entre la vida personal y las obligaciones que la sociedad les impone.
    </p><p class="article-text">
        Su primer libro traducido al castellano, <em>La paz de las colmenas</em> (1947; Errata Naturae, 2023), es una <em>nouvelle</em> que, bajo la forma de un diario confesional, condensa las inquietudes de una mujer en esa edad entre la juventud y la madurez en la que pasa revista a todas las facetas de su existencia, comenzando por su esposo (&ldquo;Creo que ya no quiero a mi marido&rdquo;, anuncia en la primera frase), pero continuando con asuntos poco tratados hasta entonces en la literatura: la relaci&oacute;n con las amigas, la imagen personal, la presi&oacute;n en las mujeres de conservarse j&oacute;venes, el trabajo. Una obra intimista y elegante que puso una lupa sobre cuestiones que toda mujer se plantea alguna vez, con la que se gan&oacute; la complicidad de las lectoras (entre ellas, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/making-of-nobel-literatura-annie-ernaux-dialogo-interminable_1_12562836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Annie Ernaux</a>, otra gran escritora de lo &iacute;ntimo).
    </p><p class="article-text">
        Esas cualidades alcanzan su m&aacute;ximo esplendor en <em>Lanza tu pan</em>, una obra m&aacute;s extensa, penetrante y delicada que se adentra en los meandros de la psique de la protagonista con una voz digna de Virginia Woolf, que se recrea con sutileza en los vaivenes de la mujer con una sagacidad psicol&oacute;gica y una precisi&oacute;n en el estilo solo al alcance de unos pocos. El n&uacute;cleo del conflicto es bien conocido por la autora: Christine, una mujer de mediana edad, soltera y sin hijos, ha postergado su vocaci&oacute;n literaria para dedicarse a su trabajo, que al menos le ha proporcionado una precaria independencia. Ahora, no obstante, tiene la oportunidad de ponerse a escribir al fin, pero su madre se interpone en sus planes: la anciana, con achaques de salud, pretende que su hija se vuelque en los cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Christine siempre ha sido, a ojos de los dem&aacute;s (esto es, de la sociedad), una mujer casi ejemplar: estudiante solvente, empleada diligente, hija atenta, mujer discreta en general. El &ldquo;casi&rdquo; se debe a sus fracasos amorosos: aunque cuenta con una reputaci&oacute;n respetable, sus decepciones rom&aacute;nticas, la espera de hombres que no le correspondieron como ella esperaba, es una fractura abierta que la corroe en las noches de insomnio. La otra gran preocupaci&oacute;n es su madre, una madre que pone en jaque los t&oacute;picos de la progenitora como una figura bondadosa, tierna y entregada: pretende que su hija renuncie por ella a la libertad que conseguir&aacute; con la jubilaci&oacute;n; exige compa&ntilde;&iacute;a, es ego&iacute;sta, le hace chantaje emocional, la acapara durante todo el d&iacute;a y, a sus a&ntilde;os, sigue juzgando sus decisiones.
    </p><p class="article-text">
        La protagonista no es ingenua, pero carece de picard&iacute;a, le faltan agallas para plantarse. O, al menos, as&iacute; ha sido hasta ahora. Siente que ha llegado a un punto de inflexi&oacute;n: ya no puede retrasar m&aacute;s sus propios deseos, o no se sentir&aacute; nunca realizada. Escribir, no un diario para desahogarse ni textos sueltos, sino una novela, <em>la</em> novela, el proyecto que lleva dentro, que durante tantos a&ntilde;os (&iexcl;toda la vida!) ha contenido en pos de su sentido del deber: los estudios, la estabilidad laboral, la independencia econ&oacute;mica, los cuidados. Seguir las pautas sociales no le ha dado la plenitud por cuanto la obliga a sacrificar algo esencial: su voluntad, su ambici&oacute;n. En otras palabras: se anula a s&iacute; misma, su yo genuino.
    </p><p class="article-text">
        La novela se divide en dos partes, dos noches en las que Christine medita acerca de su pasado, primero, y el futuro, despu&eacute;s, encabalgando recuerdos como una remembranza proustiana. Sin que el vigor narrativo decaiga, se desgrana desde la pegajosa intimidad con la madre hasta sus amores, c&oacute;mo las expectativas moldearon su vida para dejarla al final sola, mustia, con esa sensaci&oacute;n de haber perdido el tiempo. Con todo, aun con esa radiograf&iacute;a minuciosa de la resignaci&oacute;n de una mujer, <em>Lanza tu pan</em> no reviste un tono lastimero ni se conforma con la cr&iacute;tica: ese latido que persiste en Christine por escribir demuestra que su historia todav&iacute;a no ha terminado, y que en sus manos est&aacute; elegir a qu&eacute; dedicar&aacute; los a&ntilde;os venideros.
    </p><p class="article-text">
        Esa reivindicaci&oacute;n de sus deseos, lejos de percibirse como un individualismo ego&iacute;sta, es la fuerza que puede liberarla. Solo le falta superar un &uacute;ltimo escollo, que no es tanto su madre como el miedo: el miedo al cambio, a asumir las consecuencias de sus decisiones y tomar riesgos. Porque, si repite lo que ha hecho siempre, nunca escribir&aacute;; y no escribir ser&aacute; como darles la raz&oacute;n a todos los que no han cre&iacute;do en ella, todos los que no la han apoyado, todos los que se han beneficiado de su fuerza de trabajo en sus a&ntilde;os de mayor actividad, todos los que recibieron su entrega sin devolverle ni unas migajas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; har&aacute; Christine? La respuesta, en las p&aacute;ginas de <em>Lanza tu pan</em>, una novela brillante que concentra los temas que la autora ya explor&oacute; en su obra previa. Si con <em>La paz de las colmenas</em> qued&oacute; patente la potencia de su voz introspectiva y su perspicacia para captar con sutileza los desajustes cotidianos de las vidas de las mujeres, <em>Lanza tu pan</em> revela a una escritora en su c&uacute;spide, con una prosa esplendorosa y una sensibilidad que conecta con la conciencia del lector de hoy, y el de ma&ntilde;ana, porque tiene esa cualidad imperecedera de los grandes libros. Alice Rivaz no tiene nada que envidiar a autores m&aacute;s reconocidos; es, sin ninguna duda, una escritora excepcional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/doble-jornada-cansancio-mansplaining-requiem-escritoras-no_1_13213561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 20:19:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La doble jornada, el cansancio, el 'mansplaining': réquiem por todas las escritoras que no fueron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,Feminismo,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora vas y lo tuiteas: Clarice Lispector, una maestra de la frase breve que conecta con las nuevas generaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ahora-vas-tuiteas-clarice-lispector-maestra-frase-breve-conecta-nuevas-generaciones_1_13210758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c7c56c4-9be9-458f-9fe2-16f5ea01f283_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ahora vas y lo tuiteas: Clarice Lispector, una maestra de la frase breve que conecta con las nuevas generaciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siruela publica ‘Las palabras y el tiempo’, un libro-biblia de la escritora brasileña que reúne más de 4.500 citas de su obra</p><p class="subtitle">Entrevista - Santiago Alba Rico: “Cuando tu propósito en la literatura es transformar el mundo, no lo transformas”
</p></div><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil adivinar c&oacute;mo se habr&iacute;an relacionado los escritores de anta&ntilde;o con las redes sociales: Marcel Proust podr&iacute;a dar rienda suelta a sus peroratas en un <em>post</em> de Facebook; Emily Dickinson compartir&iacute;a sus ilustraciones de plantas y sus versos en una cuenta de Instagram de las que emanan paz; Virginia Woolf mantendr&iacute;a una <em>newsletter</em> con suma diligencia para informar al p&uacute;blico de las novedades de la esfera cultural londinense; Charles Dickens enredar&iacute;a a Wilkie Collins, Elizabeth Gaskell y unos cuantos colegas m&aacute;s para narrar historias epis&oacute;dicas de misterio a trav&eacute;s de un controvertido podcast.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qui&eacute;n se mover&iacute;a como pez en el agua en el reino de la brevedad, esto es, de la frase ingeniosa, redonda y precisa, de la ocurrencia r&aacute;pida, aguda y punzante? En ese terreno fangoso antes conocido como Twitter, reinar&iacute;a, desde su casa en R&iacute;o de Janeiro o desde sus viajes con su marido diplom&aacute;tico, la inigualable Clarice Lispector. Y lo har&iacute;a, claro, sin faltar el respeto, sin caer jam&aacute;s en lo soez, con una exposici&oacute;n cuidada de s&iacute; misma; solo de ese modo podr&iacute;a ser la reina: para lo otro, habr&iacute;a <em>overbooking</em> de candidatos.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en Chechelnik, en la actual Ucrania, en 1920, de familia jud&iacute;a, el clan enseguida se traslad&oacute; a Brasil para dejar atr&aacute;s los estragos de la Primera Guerra Mundial. En Brasil transcurri&oacute; su infancia, y se enraiz&oacute; tanto en el pa&iacute;s que siempre se reivindic&oacute; brasile&ntilde;a, esa era la &uacute;nica identidad con la que se reconoc&iacute;a. Mientras estudiaba Derecho, hizo sus pinitos en el mundo literario, con la publicaci&oacute;n de cuentos y art&iacute;culos en revistas. Esa vocaci&oacute;n temprana no tard&oacute; en consolidarse con un proyecto m&aacute;s ambicioso: su primera novela, <em>Cerca del coraz&oacute;n salvaje </em>(1944), publicada cuando solo ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9ef88668-f83f-4dfe-99dc-0b1267e305b1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Fue el comienzo de lo que ser&iacute;a una de las carreras m&aacute;s brillantes, finas e innovadoras de la historia de la literatura universal, que si hoy no es tan reconocida como Virginia Woolf, Marcel Proust o James Joyce tal vez sea por no haber escrito en ninguna de las lenguas dominantes ni en suelo occidental, sino en portugu&eacute;s, ese portugu&eacute;s que tanto y tan bien moldea en sus escritos, y con Brasil como &uacute;nica patria, m&aacute;s all&aacute; de las palabras. En la vida de un lector avezado hay pocos momentos de verdadera sacudida, momentos en los que uno toma conciencia de haber le&iacute;do algo <em>distinto</em>, algo que expande su mirada literaria, que rompe los esquemas preconcebidos. Quiz&aacute; Kafka, quiz&aacute; Garc&iacute;a M&aacute;rquez&hellip; Y, s&iacute;, Clarice Lispector.
    </p><p class="article-text">
        Quien la ha le&iacute;do &ndash;en cualquiera de sus libros&ndash; lo sabe. Y sabe tambi&eacute;n que sus obras lo tienen todo para acabar hechas polvo de tanto subrayarlas o de tanto marcar sus p&aacute;ginas; lo que se dice amortizar bien una lectura. Tanto en sus novelas como en sus cuentos, esa m&aacute;xima de que lo importante es el c&oacute;mo, no el qu&eacute;, adquiere un sentido pleno: el fraseo, la cadencia, la naturaleza reflexiva de la prosa, son su mayor talento. Sus textos, que son una exploraci&oacute;n del yo subjetivo, est&aacute;n llenos de oraciones que invitan a tomar nota. Sin ser aforismos, porque se enmarcan en narraciones de mayor alcance, como golpes de una azada que va excavando, posee el don nada com&uacute;n de dejar frases para el recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        En Siruela, la editorial que se ha ocupado siempre de su obra con verdadera devoci&oacute;n &ndash;le dedica una vasta colecci&oacute;n, la <a href="https://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&amp;b_coleccion=33" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biblioteca Clarice Lispector</a>, que re&uacute;ne desde la ficci&oacute;n a los escritos m&aacute;s personales, adem&aacute;s de la biograf&iacute;a de referencia, <em>Por qu&eacute; este mundo</em>, escrita por Benjamin Moser, tambi&eacute;n bi&oacute;grafo de Susan Sontag&ndash;, es consciente de esta rara virtud, y ha editado un libro que recopila m&aacute;s de 4.500 citas, organizadas por obra, desde sus cuentos y novelas a sus cartas, cr&oacute;nicas y otros escritos. El volumen se titula <em>Las palabras y el tiempo</em> (2026): m&aacute;s de quinientas p&aacute;ginas de una genialidad absoluta.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta conocer el contexto de los textos de origen ni seguir ning&uacute;n hilo narrativo para apreciar el valor de estas sentencias; son como el destilado de algo puro e intenso, que no calma la sed pero vivifica. Como esas p&iacute;ldoras de Twitter que nos hacen sonre&iacute;r con complicidad, como diciendo &ldquo;S&iacute;, es eso, justamente eso&rdquo; (ella lo expresar&iacute;a con m&aacute;s gracia). Esta selecci&oacute;n pone a&uacute;n m&aacute;s de relieve lo que ya se insin&uacute;a en sus narraciones enteras: que Clarice Lispector llevaba dentro a una fil&oacute;sofa, adem&aacute;s de una poeta, una artista del lenguaje (sin rastro de afectaci&oacute;n ni artificio, por descontado).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sentido tiene, hoy, un libro as&iacute;? No, no es (solo) que los lectores pasen por caja. Para sus devotos, no har&aacute; falta justificar su inter&eacute;s: tal como suponen, este volumen es una biblia, una obra que se puede abrir al azar como los aforismos de Kafka, Pessoa o Tolst&oacute;i: a una vez literatura, pensamiento y observaci&oacute;n de la vida en su cotidianeidad. Para quienes a&uacute;n no la conozcan, puede ser una puerta de entrada, m&aacute;s &aacute;gil y acogedora que sus novelas; pero, ante todo, <em>Las palabras y el tiempo</em> tiene entidad por s&iacute; mismo, como una pieza m&aacute;s de la bibliograf&iacute;a Lispector. Porque, s&iacute;, se puede a&ntilde;adir un t&iacute;tulo a la obra de un autor aun despu&eacute;s de su muerte: cambia la &eacute;poca, cambia la mirada, y esto, ni m&aacute;s ni menos, es crear una obra de nuevo. El lector-editor tiene la capacidad de crear; y el receptor, de elegir su propio camino por sus m&aacute;ximas.
    </p><p class="article-text">
        Es, adem&aacute;s, un libro muy recomendable para regalar; y, para ser exactos, para regalar a gente joven. S&iacute;, esos de quienes se dice que han perdido capacidad de atenci&oacute;n, que ya no pueden leer textos largos o complejos; esos j&oacute;venes que disfrutan con la poes&iacute;a viral. <em>Las palabras y el tiempo</em> no es una pieza literaria rebajada, sino una invitaci&oacute;n a pensar, un interruptor que, parafraseando a la propia Lispector, enciende la vida. Y, a diferencia de la protagonista de <em>La hora de la estrella</em> (1977), ellos s&iacute; sabr&aacute;n qu&eacute; bot&oacute;n pulsar.
    </p><p class="article-text">
        Si viviera ahora, sus reflexiones acumular&iacute;an <em>likes</em> y <em>retuits</em>&hellip;, al menos, si consiguieran solventar la censura. Porque ese es otro de sus rasgos: la valent&iacute;a, el no callarse. Era de todo menos una mujer conformista, tanto en la literatura como en la vida; es de esperar que, a un esp&iacute;ritu independiente como el suyo, le salieran <em>ofendiditos</em>. M&aacute;s motivo a&uacute;n para abrir el libro: la libertad de pensamiento, cuando proviene de una mente perspicaz e ind&oacute;mita, no abunda, de modo que m&aacute;s vale transmitirla, <em>contagiarla</em>, si se pretende preservar la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A veces escribir una sola l&iacute;nea basta para salvar el propio coraz&oacute;n&rdquo;, escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; al lector le baste con leerla. Cuando menos, ser&aacute; un primer paso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ahora-vas-tuiteas-clarice-lispector-maestra-frase-breve-conecta-nuevas-generaciones_1_13210758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ahora vas y lo tuiteas: Clarice Lispector, una maestra de la frase breve que conecta con las nuevas generaciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Brasil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Concha, la mujer soltera, intelectual y trabajadora de la España del siglo XIX desconocida por la literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/concha-mujer-soltera-intelectual-trabajadora-espana-siglo-xix-desconocia-literatura_1_13186641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b506efe2-15bf-4f4c-bdaa-073989949977_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Concha, la mujer soltera, intelectual y trabajadora de la España del siglo XIX desconocida por la literatura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se recupera por primera vez ‘Concha. Historia de una librepensadora’, una novela de la escritora y periodista Matilde Fernández de Ras publicada en 1885</p><p class="subtitle">Entrevista - Dahlia de la Cerda, escritora: “Si fuéramos más malas ni los hombres ni otras mujeres abusarían tanto de nosotras”</p></div><p class="article-text">
        El franquismo hizo tantos estragos en la sociedad, la cultura y la historia de Espa&ntilde;a que nunca se termina de hacer justicia a la memoria de tantas voces silenciadas. Entre ellas, las de las mujeres que, desde finales del siglo XIX y hasta la irrupci&oacute;n de la guerra civil, lucharon por la igualdad, crearon espacios propios en los que desarrollarse y rompieron techos de cristal en &aacute;mbitos como la pol&iacute;tica, el derecho, la ciencia o el arte. <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/tetuan/historia/josephine-baker-diosa-vino-actuar-periferia-madrilena_1_8565605.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Almudena Grandes</a> sol&iacute;a recordar que <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/tetuan/historia/josephine-baker-diosa-vino-actuar-periferia-madrilena_1_8565605.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su abuela, que a principios del siglo XX hab&iacute;a visto bailar a Josephine Baker desnuda en Madrid</a>, era m&aacute;s &ldquo;moderna&rdquo; que su madre, como resultado del borrado hist&oacute;rico y del retroceso social que llev&oacute; a cabo la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Sigue pesando tanto ese olvido que a&uacute;n es habitual sorprenderse al descubrir que antes de las revueltas de los a&ntilde;os sesenta ya hubo mujeres que rompieron moldes y abrieron el camino. Entre ellas, la escritora y periodista Matilde Fern&aacute;ndez de Ras (c. 1860-Madrid, 1935), de quien la editorial Renacimiento ha recuperado una espl&eacute;ndida novela de tintes autobiogr&aacute;ficos, <em>Concha. Historia de una librepensadora</em> (1885), en una edici&oacute;n a cargo de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Fraga &ndash;que tambi&eacute;n se ha ocupado de obras de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/amigos-elena-fortun-reivindican-libro-importancia-e-influencia-creadora-celia_1_10814565.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elena Fort&uacute;n</a>, entre otras autoras&ndash;, con pr&oacute;logo de Elena Hern&aacute;ndez Sandoica e introducci&oacute;n de Dolors Mar&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Matilde Fern&aacute;ndez de Ras &ndash;no hay que confundirla con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/amigos-elena-fortun-reivindican-libro-importancia-e-influencia-creadora-celia_1_10814565.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su hija, Matilde Ras</a> (Tarragona, 1881-Madrid, 1969), una graf&oacute;loga de prestigio cuyo nombre se ha dado a conocer estos &uacute;ltimos a&ntilde;os por ser <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/amigos-elena-fortun-reivindican-libro-importancia-e-influencia-creadora-celia_1_10814565.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la compa&ntilde;era de Elena Fort&uacute;n y escribir junto a ella de la novela de internado </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/amigos-elena-fortun-reivindican-libro-importancia-e-influencia-creadora-celia_1_10814565.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El pensionado de Santa Casilda</em></a> (Renacimiento, 2022)&ndash; enviud&oacute; joven, y este libro surgi&oacute; de una promesa a su marido, el arquitecto tarraconense Antonio Ras. Antes, hab&iacute;a estudiado Magisterio y colaboraba con diversas revistas. Tras quedarse viuda, con dos hijos peque&ntilde;os a su cargo, se vio forzada a retomar el trabajo de institutriz en varios lugares de Espa&ntilde;a, un empleo mal pagado que compaginaba con la escritura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/bfe42d82-4ff3-4fb5-ace4-7a39ee5ac68c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Desde su juventud form&oacute; parte del <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/cuando-los-espiritistas-luchaban-por-la-igualdad-de-la-mujer-el-desconocido-programa-social-de-amalia-domingo-soler_1_6412714.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&iacute;rculo espiritista de Amalia Domingo Soler</a> (Sevilla, 1835-Barcelona, 1909). Es importante recordar que entonces el &ldquo;espiritismo&rdquo; no era una mera supercher&iacute;a, sino que, m&aacute;s all&aacute; de la curiosidad por lo que ahora conocemos como pseudociencias, estaba ligado a diferentes movimientos sociales, como el anarquismo o el feminismo, adem&aacute;s de poseer un gran revestimiento intelectual (sus integrantes eran, por lo general, gente con formaci&oacute;n superior e inquietudes art&iacute;sticas y/o cient&iacute;ficas). El grupo, adem&aacute;s, favorec&iacute;a la emancipaci&oacute;n de las mujeres y fue un fuerte apoyo para la autora durante el complicado proceso de redacci&oacute;n de <em>Concha</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil identificar los rasgos autobiogr&aacute;ficos en la novela, no solo en los hechos, sino, y m&aacute;s interesante a&uacute;n, en los conflictos internos a los que se enfrenta la protagonista. Hija de una viuda pobre, la ni&ntilde;a Concha sobresale en los estudios y gracias a su tes&oacute;n puede formarse como maestra, uno de los pocos trabajos al alcance de una mujer. La primera espina, por lo tanto, le viene de la cuna: el contraste entre las estrecheces del hogar y el ambiente en el que se desenvuelve, m&aacute;s pr&oacute;ximo a la clase media cultivada, con amigas que, a diferencia de ella, no tendr&aacute;n que desempe&ntilde;ar empleos precarios para subsistir.
    </p><h2 class="article-text">&lsquo;Concha&rsquo;, la espa&ntilde;ola intelectual del siglo XIX</h2><p class="article-text">
        Tras completar sus estudios en un internado europeo donde se relaciona con alumnas de diferentes nacionalidades, Concha regresa a Espa&ntilde;a pero, ante la frustraci&oacute;n por la falta de oportunidades para una joven y su negativa firme a casarse, termina por aceptar un trabajo de institutriz para una familia inglesa. Imparte clases a dos chicas adolescentes con las que hace buenas migas y pronto las tres empiezan a moverse juntas por la ciudad. Adem&aacute;s de un buen sueldo, el talante amistoso y el dominio de los idiomas de Concha le granjean la simpat&iacute;a de los dem&aacute;s (los ingleses le hacen peticiones tan rocambolescas como unas clases para aprender a usar el abanico).
    </p><p class="article-text">
        Si algo caracteriza a Concha es la claridad del pensamiento: es una mujer culta que no renuncia a continuar form&aacute;ndose, de ah&iacute; que sea fundamental para ella recibir est&iacute;mulos, no resignarse a ser una esposa-madre-ama de casa cien por cien dedicada al hogar. Y no teme exponer sus ideas, por mucho que susciten discrepancias, sobre todo con respecto a la posibilidad del matrimonio. Sea como sea, con apenas veinte a&ntilde;os es una joven muy cultivada, cosmopolita y con sed de m&aacute;s, una mente inquieta que se hace preguntas, una educadora que, mientras ense&ntilde;a a las muchachas, no deja de instruirse a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Concha tiene esa vocaci&oacute;n humanista de integrar todos los espectros del conocimiento: no solo se centra en las artes y las letras, el campo habitual de las poqu&iacute;simas mujeres que pudieron estudiar, sino que da mucha relevancia a la ciencia, le parece b&aacute;sico que las chicas se formen en matem&aacute;ticas, que la poblaci&oacute;n en general se interese estas y sus avances. Estamos a finales del siglo XIX, y aunque parezca dif&iacute;cil de creer &ndash;otra vez el fantasma del franquismo&ndash; la Iglesia hab&iacute;a perdido influencia social a favor de la nueva ciencia. En algunos cap&iacute;tulos, la prosa se vuelve m&aacute;s reflexiva, Concha comparte sus cavilaciones sobre diversos asuntos mientras la narraci&oacute;n avanza m&aacute;s despacio.
    </p><h2 class="article-text">Entre la raz&oacute;n y la espiritualidad</h2><p class="article-text">
        En sus reflexiones no falta, por supuesto, la religi&oacute;n. Concha se cr&iacute;a en el catolicismo espa&ntilde;ol, aunque desarrolla cierta simpat&iacute;a por el protestantismo gracias a sus v&iacute;nculos con el continente, sin llegar a ser devota de ning&uacute;n credo. No participa en los ritos de la Iglesia y no comparte el posicionamiento de la instituci&oacute;n, que a su parecer se ha alejado de los verdaderos cimientos del cristianismo, basados en valores como la solidaridad o la pobreza. Los estudios y los viajes le abren horizontes, que la llevan a interesarse por otras religiones. En &uacute;ltima instancia, Concha rechaza la devoci&oacute;n por una sola fe, pero se muestra receptiva con una concepci&oacute;n m&aacute;s amplia e integradora de la vida espiritual.
    </p><p class="article-text">
        En cierto momento, entra en contacto con el espiritismo, como hizo la autora. En ese entorno de mujeres (y alg&uacute;n hombre) cultos e inquietos, halla la horma de su zapato: un espacio donde intercambiar pareceres, ampliar conocimientos de acuerdo con las nuevas corrientes de pensamiento. Se insiste en la confianza en la ciencia, creen que la sociedad prosperar&aacute; si fortalece esa disciplina. Hoy esas ideas progresistas se han puesto en duda, pero en ese marco &ndash;finales del siglo XIX&ndash; todav&iacute;a no hab&iacute;an visto el mal uso que el ser humano puede hacer de las invenciones cient&iacute;ficas con las grandes guerras del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Sus intuiciones anticipan las mejoras t&eacute;cnicas que vendr&iacute;an en los a&ntilde;os posteriores, que tambi&eacute;n trajeron ventajas, como la agilidad de determinados trabajos pesados. Todo eso fue de la mano de la consecuci&oacute;n de derechos que llevaban tiempo reclamando para las mujeres y los trabajadores en general; esa confluencia de la ciencia y el activismo no era, pues, descabellada. Ese pensamiento repercute en la esfera &iacute;ntima: se convencen de que un matrimonio solo funciona entre iguales, es decir, entre un hombre y una mujer maduros y educados, emancipados en el aspecto emocional, con ideas propias, que se enriquecen el uno al otro. Eso solo es posible si nadie est&aacute; por debajo del otro.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La parte afectiva</h2><p class="article-text">
        Las mujeres que priorizan su formaci&oacute;n suelen tener, o lo han tenido hist&oacute;ricamente, un h&aacute;ndicap: les cuesta encontrar el equilibrio con la parte personal, ser correspondidas por un hombre que entienda sus ambiciones, formar una familia sin renunciar a su carrera, a su desarrollo. La protagonista tiene, adem&aacute;s, otro inconveniente: la pobreza, porque, por mucho que se empe&ntilde;e en trabajar, una mujer sola no puede prosperar tanto con empleos de institutriz o maestra como para desclasarse. Es, en sus propias palabras, una &ldquo;mujer de mucho saber y poco poseer&rdquo;. En un determinado momento, echa en falta la presencia del amor en su vida, pero no se hunde, se mantiene l&uacute;cida, fiel a sus convicciones.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, ve la evoluci&oacute;n de sus compa&ntilde;eras de internado, que de entrada parec&iacute;an tan enfocadas al crecimiento intelectual como ella misma, pero que tras casarse muy j&oacute;venes abandonan esa senda para adoptar un estilo de vida m&aacute;s tradicional. Los reencuentros tienen una p&aacute;tina de disgusto: aquellas amigas a las que estuvo tan unida han tomado un camino que las separa, pertenecen a mundos distintos. Concha percibe las decepciones que han sufrido con respecto a sus maridos, la naturaleza agotadora de la crianza o las cargas del hogar; c&oacute;mo les va a preocupar seguir estudiando si siempre est&aacute;n cansadas.
    </p><p class="article-text">
        Concha es consciente de que sus elecciones vitales la apartan de la mayor&iacute;a, implican una renuncia en forma de soledad, adem&aacute;s de la vulnerabilidad por la falta de un anclaje a un espacio propio, una estabilidad material. La novela radiograf&iacute;a la trayectoria de una mujer sola, independiente, ilustrada en el doble sentido de tener una formaci&oacute;n y de compartir los principios ideol&oacute;gicos del movimiento. La traves&iacute;a de Concha muestra los sinsabores, pero sin regodearse en la l&aacute;stima, sin margen para la autocompasi&oacute;n; al contrario: los obst&aacute;culos parecen reforzar sus principios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No es el viaje de una heroína que triunfa frente a la adversidad, sino un periplo realista, con altibajos, una novela de ideas pionera en su denuncia de ciertas desigualdades</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El libro puede leerse como el relato de una formaci&oacute;n de identidad con la consiguiente b&uacute;squeda de pertenencia, un camino por el que cuestiona valores sobre el matrimonio, la maternidad o la independencia de las mujeres. La amistad, sea con sus compa&ntilde;eras del colegio, sea con sus j&oacute;venes alumnas, a ratos compensa la soledad, pero aun as&iacute; le falta algo, no dejan de ser compa&ntilde;&iacute;as pasajeras, sin la perennidad de la sangre (y que ella ya no tiene tras perder a su madre). No es, por lo tanto, el viaje de una hero&iacute;na que triunfa frente a la adversidad, sino un periplo realista, con altibajos, una novela de ideas pionera en su denuncia de ciertas desigualdades.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, <em>Concha. Historia de una librepensadora</em> es un libro, un personaje, de los que merece la pena leer, de los que incluso marcan un antes y un despu&eacute;s, porque no se vuelve a ver el pasado reciente de Espa&ntilde;a del mismo modo cuando se sabe que hubo mujeres como ella, como Matilde Fern&aacute;ndez de Ras, feministas, cultas, luchadoras, que no dejaron que nadie callara su voz y no dudaron en escribir p&aacute;ginas de una admirable densidad intelectual, como algunas de las reflexiones vertidas en esta novela a prop&oacute;sito de las matem&aacute;ticas como base cient&iacute;fica o del elogio de la lengua castellana. Aun con la prosa &ldquo;recargada&rdquo; de la &eacute;poca, se lee con mucho placer, Concha resulta cercana.
    </p><p class="article-text">
        Es, de hecho, una suerte de Jane Eyre a la espa&ntilde;ola, al menos en la primera parte, con ese car&aacute;cter firme, obstinado, coherente con sus ideales, que la lleva a tocar fondo sin dejarse hundir. Carece de su vertiente rom&aacute;ntica, eso s&iacute;; es una novela posterior en el tiempo, y desconf&iacute;a m&aacute;s del matrimonio, en la l&iacute;nea de algunas protagonistas de Henry James. A la larga lista de escritores del siglo XIX espa&ntilde;ol, hay que sumarles, sin duda, el nombre de Matilde Fern&aacute;ndez de Ras: incluso a pesar de las dificultades adheridas a su g&eacute;nero, tambi&eacute;n entonces hubo mujeres brillantes, escritoras dotadas que firmaron novelas tan interesantes &ndash;y con tanta vigencia&ndash; como esta. Y eso hay que celebrarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/concha-mujer-soltera-intelectual-trabajadora-espana-siglo-xix-desconocia-literatura_1_13186641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 19:35:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Concha, la mujer soltera, intelectual y trabajadora de la España del siglo XIX desconocida por la literatura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Han Kang utiliza la violencia de la tinta y la sangre contra el trauma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/han-kang-utiliza-violencia-tinta-sangre-trauma_1_13185642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4823f26-82b4-4103-a401-565b04098519_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142046.jpg" width="7428" height="4178" alt="Han Kang utiliza la violencia de la tinta y la sangre contra el trauma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La premio Nobel de Literatura 2024 participó en los Diálogos de Sant Jordi con motivo de la recuperación de su novela publicada en 2010</p><p class="subtitle">Poesías perturbadoras y un optimista cuento infantil, el lado más desconocido de la premio Nobel Han Kang
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesias-perturbadoras-optimista-cuento-infantil-lado-desconocido-premio-nobel-han-kang_1_12465335.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Han Kang</a> (Gwangju, 1970) asegura que escribe con todo el cuerpo, y esa conciencia de la corporeidad se filtra en primera fila en su narrativa. El caso m&aacute;s paradigm&aacute;tico es, sin duda, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/vegetariana-metamorfosis-femenina-sangrienta_128_3495860.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La vegetariana</em></a> (2007), una novela de la que pocos ser&iacute;an capaces de describir con precisi&oacute;n la apariencia externa de su protagonista, pero de quien, sin embargo, es sencillo evocar la sensaci&oacute;n de angustia creciente que surge desde dentro, desde las entra&ntilde;as. Y, no menos importante, c&oacute;mo sus decisiones vitales tienen efectos en el cuerpo, que, lejos de manifestar un control de s&iacute; misma, canaliza toda la presi&oacute;n social, toda la violencia.
    </p><p class="article-text">
        La violencia (o, mejor, las violencias) es otro elemento clave en la obra de la ganadora del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/han-kang-nobel-mirada-insolita-cruda-violencia-humana_1_11724452.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nobel de Literatura 2024</a>. Una violencia que puede ser de muchos tipos, pero que, incluso cuando va acompa&ntilde;ada de agresi&oacute;n f&iacute;sica &ndash;a menudo ilustrado con la imagen de un animal herido, siempre reviste un calado m&aacute;s hondo, trascendental. La violencia de la sociedad cuando el individuo se atreve a desafiar sus normas, como la protagonista de <em>La vegetariana</em>; la violencia de las guerras, que lastra a sus v&iacute;ctimas directas y lega una herencia de heridas sin cicatrizar a los descendientes, como sucede en <em>Actos humanos</em> (2014) con la masacre de Gwanju de 1980 y en<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/leer-han-kang-mane-sangre-nieve-ultima-premio-nobel-llega-librerias_1_11924364.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Imposible decir adi&oacute;s</em></a><em> </em>(2021) con la guerra de Corea (1950-1953); o la violencia de los desgarros personales, las p&eacute;rdidas &iacute;ntimas como el duelo o la separaci&oacute;n, en el caso de <em>La clase de griego</em> (2011) y <em>Blanco</em> (2016).
    </p><p class="article-text">
        La violencia surge siempre del ser humano, de esos seres intensamente corp&oacute;reos que en las narraciones de Han Kang suelen experimentar, adem&aacute;s, una manifestaci&oacute;n f&iacute;sica que responde a ese da&ntilde;o (amputaciones, mudez, v&oacute;mitos, fiebre, deterioro general). Hay sangre, tambi&eacute;n, en sus libros; no es de las que corren un tupido velo ante las escenas m&aacute;s crudas (abusos, mutilaciones, descomposici&oacute;n), sino que se recrea, aunque nunca de manera gratuita. Su &uacute;ltimo libro traducido al castellano ya lo anuncia desde su t&iacute;tulo: <em>Tinta y sangre</em> (Random House, 2026, trad. Sunme Yoon), que no es el m&aacute;s reciente, sino que lo public&oacute; en 2010, justo despu&eacute;s de <em>La vegetariana</em>.
    </p><h2 class="article-text">La conexi&oacute;n con 'Imposible decir adi&oacute;s'</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s que a <em>La vegetariana</em>, sin embargo, el parecido hay que busc&aacute;rselo con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/leer-han-kang-mane-sangre-nieve-ultima-premio-nobel-llega-librerias_1_11924364.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Imposible decir adi&oacute;s</em></a>, que puede leerse como la culminaci&oacute;n del planteamiento de <em>Tinta y sangre</em>. En ambos, la protagonista es una escritora de mediana edad de Se&uacute;l que apenas revela informaci&oacute;n de s&iacute; misma; una mujer discreta, que casi querr&iacute;a hacerse invisible, hasta que ocurre algo que la fuerza a salir de su rutina. Ese algo tiene que ver con una amiga, una amiga con una vocaci&oacute;n art&iacute;stica (la pintura en <em>Tinta y sangre</em>, el cine en <em>Imposible decir adi&oacute;s</em>), que, parece, ha osado arriesgar m&aacute;s que ella y ha salido trasquilada.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a19cdd14-3868-4df0-a4f0-ddc3fe527c5e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es entonces, cuando la amiga pierde pie, cuando la voz principal entra en escena, toma las riendas: en <em>Imposible decir adi&oacute;s, </em>la amiga se hallaba convaleciente y le ped&iacute;a ayuda; pero, en <em>Tinta y sangre,</em> la amiga ha muerto de manera repentina, y es su negaci&oacute;n ante la explicaci&oacute;n dada &ndash;un supuesto suicidio&ndash; lo que hace que la narradora reaccione para tratar de esclarecer las causas del suceso y, como consecuencia, rendir cuentas. Esa b&uacute;squeda, no obstante, act&uacute;a como un espejo en el que no puede evitar mirarse, y al final son sus propias heridas, las que acall&oacute;, las que salen a la luz.
    </p><p class="article-text">
        La escritora y la pintora se conoc&iacute;an desde ni&ntilde;as; de hecho, la protagonista conoce m&aacute;s a la joven que fue su amiga en el pasado que a la artista en la que se convirti&oacute;. Por eso, sus pasos son titubeantes: se enfrenta a un cr&iacute;tico, un especialista en sus pinturas, que es quien defiende que la muerte fue un suicidio. La protagonista se entrevista con &eacute;l, visita el taller de su amiga, recuerda la etapa en la que ella tambi&eacute;n pintaba, cuando aprend&iacute;an juntas. Su mentor fue el t&iacute;o de su compa&ntilde;era, un hombre enfermizo y solitario con una pasi&oacute;n por la astrof&iacute;sica; esas reflexiones sobre el universo se trasladan a la escritura.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, a primera vista, se podr&iacute;a tener la tentaci&oacute;n de calificar la historia como <em>thriller </em>(la editorial utiliza el t&eacute;rmino, consciente de su valor comercial), no hay que enga&ntilde;arse: la narraci&oacute;n de Han Kang, y esto es algo muy bueno, no se amolda a ning&uacute;n g&eacute;nero; es enemiga de la rapidez, de las emociones fuertes programadas; y siempre, siempre, va m&aacute;s all&aacute; de lo aparente, se ramifica por recovecos imposibles de adivinar de entrada. Es profunda, compleja, desconcertante. Crece de manera org&aacute;nica, como una expansi&oacute;n de la mente de la autora, torturada por las migra&ntilde;as y enmara&ntilde;ada por los sue&ntilde;os, que con frecuencia salpimientan sus trabajos.
    </p><h2 class="article-text">Una prosa m&aacute;s suave</h2><p class="article-text">
        Como la rama de un &aacute;rbol, la trayectoria de los personajes puede alargarse, robustecerse, enredarse, florecer&hellip; o quebrarse. No es una l&iacute;nea recta ni una carrera de obst&aacute;culos; se trata, m&aacute;s bien, de un descenso a diferentes ritmos, sobre distintas superficies. Una ca&iacute;da de la que, como en la vida misma, se puede emerger o no. Ese &ldquo;o no&rdquo; no significa tanto desaparecer o morir como dejar de avanzar, dejar de progresar en la existencia; ese estado de anclaje perpetuo en el pasado en el que quedan quienes han sobrevivido a un gran trauma o de quienes han sufrido una p&eacute;rdida irreparable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como la rama de un árbol, la trayectoria de los personajes puede alargarse, robustecerse, enredarse, florecer… o quebrarse. No es una línea recta, no es una carrera de obstáculos; se trata, más bien, de un descenso a diferentes ritmos, sobre distintas superficies</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En comparaci&oacute;n con <em>Imposible decir adi&oacute;s</em> &ndash;que, a todo esto, no es del todo justa, dado que, m&aacute;s all&aacute; de los rasgos en com&uacute;n, esta ahonda en la memoria de la guerra, un tema ausente en <em>Tinta y sangre</em>&ndash;, esta nueva recuperaci&oacute;n es una novela menos penetrante, que adolece quiz&aacute; de un final un tanto apresurado. Se le pueden atribuir los calificativos habituales a su prosa &ndash;desasosegante, hipn&oacute;tica, dura, de intensidad creciente&ndash;; pero lo son, por as&iacute; decir, en un nivela m&aacute;s suave que en otras ocasiones, aunque un &ldquo;nivel m&aacute;s suave&rdquo;, en Han Kang, sigue siendo literatura de alto voltaje, de la que quiz&aacute; no se llega a entender del todo, envuelta en la nebulosa eterna del misterio de la creaci&oacute;n, como aquello de lo que se ocupa: el otro, el arte, el universo y hasta los abismos propios.
    </p><p class="article-text">
        Un &uacute;ltimo elemento recurrente: el uso del color blanco con el contraste de la sangre; el color de la inocencia manchado, corrompido para siempre, como met&aacute;fora de la vida, de toda vida. Como el blanco de los p&aacute;jaros que fascinan a Han Kang o el blanco la nieve; la novela transcurre durante el invierno, en esa Corea del Sur nevada y g&eacute;lida. Hay algo en la naturaleza de la autora que conjuga a la perfecci&oacute;n con ese tiempo de pausa, de hibernaci&oacute;n, que representa esta estaci&oacute;n. Y con el fr&iacute;o, no como cualidad inherente a su voz narrativa sino como desregulador de la temperatura corporal y emocional de los personajes, de factor que los vuelve (m&aacute;s) vulnerables, los expone.
    </p><h2 class="article-text">Una literatura que no responde a f&oacute;rmulas</h2><p class="article-text">
        Siempre es dif&iacute;cil hablar de los libros de Han Kang, lo que tambi&eacute;n dice mucho a su favor: no se la puede encasillar, su literatura no responde a f&oacute;rmulas. Ella tampoco se prodiga en explicaciones: no frecuenta el circuito literario, concede pocas entrevistas y carece de redes sociales. Se dedica a lo importante, que es la literatura; literatura hecha con calma, con precisi&oacute;n, y que tal vez por eso mismo pide relectura, pide volver a ella. <em>Ce que l'on fait avec le temps, le temps le respecte</em> (Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta), dec&iacute;a Auguste Rodin. Cada palabra de Han Kang lo certifica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/han-kang-utiliza-violencia-tinta-sangre-trauma_1_13185642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Han Kang utiliza la violencia de la tinta y la sangre contra el trauma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Nobel de Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[25 años de ‘La sombra del viento’, el fenómeno literario que llevó la Barcelona gótica por todo el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/25-anos-sombra-viento-fenomeno-literario-llevo-barcelona-gotica-mundo_1_13186578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88348354-d72a-4737-a18c-02563e67ad84_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142052.jpg" width="2000" height="1125" alt="25 años de ‘La sombra del viento’, el fenómeno literario que llevó la Barcelona gótica por todo el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Planeta publica una edición conmemorativa del gran éxito de Carlos Ruiz Zafón, que vendió más de veinticinco millones de ejemplares en todo el mundo</p><p class="subtitle">Jordi Évole: “Estoy orgulloso de que ‘Sidosa’ esté en los cines al lado de películas como ‘Torrente’ o ‘Mario Bros’”
</p></div><p class="article-text">
        En los albores del nuevo milenio, el manuscrito de un escritor desconocido, presentado al Premio Fernando Lara de Novela que convoca el Grupo Planeta, llam&oacute; la atenci&oacute;n de Enrique Murillo, uno de los lectores encargados de filtrar los textos para el jurado. En realidad, su autor no era un novato: llevaba cerca de diez a&ntilde;os curti&eacute;ndose en el &aacute;mbito juvenil, donde debut&oacute; con gran &eacute;xito en 1993 con <em>El pr&iacute;ncipe de la niebla</em>, novela ganadora de la primera edici&oacute;n del prestigioso Premio Edeb&eacute; en esta categor&iacute;a, reeditada muchas veces ya desde antes del salto a la fama de su art&iacute;fice. 
    </p><p class="article-text">
        En aquella &oacute;pera prima, como en los tres t&iacute;tulos que la siguieron, ya se perfilaban los rasgos que hab&iacute;an de definir el universo narrativo de su creador, a saber: la atm&oacute;sfera g&oacute;tica, deudora de la novela inglesa del siglo XIX; un misterio que coquetea sin pudor con lo sobrenatural, aunque sin entrar de lleno en la literatura fant&aacute;stica; un protagonista adolescente, en esa edad de los descubrimientos que contiene tanta emoci&oacute;n como esp&iacute;ritu de la aventura; y, en general, una historia en la que la acci&oacute;n convive en una dimensi&oacute;n &iacute;ntima que permite empatizar con los personajes y crecer con ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, cuando Enrique Murillo ley&oacute; el manuscrito, a&uacute;n no se sab&iacute;a nada de eso. La literatura infantil y juvenil habita su propio circuito al margen, al que pocos adultos se asoman (y no sin condescendencia). Quiz&aacute; este desconocimiento de su trayectoria previa jug&oacute; incluso a favor del autor, porque evit&oacute; que su nueva obra se encasillara en la misma categor&iacute;a, lo que, a efectos pr&aacute;cticos, habr&iacute;a reducido su p&uacute;blico potencial. Sin embargo, esta vez el camino iba a ser diferente. 
    </p><p class="article-text">
        Porque <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/claves-literarias-carlos-ruiz-zafon_1_6067026.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carlos Ruiz Zaf&oacute;n</a> (Barcelona, 1964-Los &Aacute;ngeles, 2020), ese autor tan discreto como omnipresentes fueron sus libros, quiso que aquel manuscrito tomara otro camino. No gan&oacute; el premio &ndash;es uno de aquellos casos en los que tiene mucha m&aacute;s relevancia la novela no ganadora que la premiada&ndash;, pero gan&oacute; un primer lector (y defensor) de lujo. Enrique Murillo no era un tipo cualquiera en el mundo editorial: recomend&oacute; al editor que publicara aquella novela, y as&iacute; se hizo. <em>La sombra del viento</em> (2001) dej&oacute; de ser un mont&oacute;n de papeles en los despachos y lleg&oacute; al mercado, al alcance de todos. 
    </p><h2 class="article-text">Una apuesta por la literatura comercial</h2><p class="article-text">
        El libro, envuelto en una cubierta en blanco y negro de aire nost&aacute;lgico, lleg&oacute; al mercado en 2001 con plena conciencia de lo que era: una apuesta por la literatura comercial, por las historias que hacen disfrutar, que proporcionan un entretenimiento sin pretensiones. Se le dedicaron escaparates y <em>stands </em>en las grandes cadenas de librer&iacute;as, cont&oacute; con una gran visibilidad pese a tener un autor desconocido. Aun as&iacute;, podr&iacute;a haber fracasado: no era la primera ni la &uacute;ltima apuesta en clave popular de Planeta; de hecho, cada a&ntilde;o hay alguna que otra. No es tan f&aacute;cil gestar un <em>best-seller</em>, aunque analizar las claves de su &eacute;xito<em> a posteriori </em>lo haga parecer as&iacute;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/212416f7-36e7-4fb9-91f5-c6214f6f65b6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Sea como sea, aquel lanzamiento segu&iacute;a acompa&ntilde;ado de la buena fortuna, que le hizo llamar la atenci&oacute;n de numerosos lectores y colarse en los hogares entre los regalos de Navidad. Y no solo se vendi&oacute;, sino que ocurri&oacute; algo mucho m&aacute;s m&aacute;gico: se ley&oacute;, se ley&oacute; y mucho. Y r&aacute;pido: ten&iacute;a la insondable virtud de &ldquo;atrapar&rdquo;, contaba con un &ldquo;ritmo trepidante&rdquo; antes de que esta expresi&oacute;n se volviera manida. Se notaba el oficio del autor, curtido en mil lecturas de aventuras y suspense psicol&oacute;gico. No invent&oacute; ninguna t&eacute;cnica que no hubieran usado ya Wilkie Collins o Sir Arthur Conan Doyle, pero supo asimilar bien esas herramientas, hacerlas suyas e integrarlas en un relato m&aacute;s af&iacute;n a su tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Y hab&iacute;a algo m&aacute;s: emoci&oacute;n. El suyo no era el entretenimiento vac&iacute;o que traer&iacute;a pocos a&ntilde;os despu&eacute;s Dan Brown con<em> El c&oacute;digo Da Vinci </em>(2003); en <em>La sombra del viento</em> hab&iacute;a algo m&aacute;s que la mera trama de b&uacute;squeda de pistas y resoluci&oacute;n del misterio, por mucho que el papel de esta no pueda infravalorarse. Ten&iacute;a algo m&aacute;s importante: personajes con entidad, con carisma, memorables. En concreto, una voz narrativa, la del joven Daniel Sempere, al que enseguida se toma afecto. Un chico humilde, hu&eacute;rfano de madre, que en las primeras p&aacute;ginas sufre por no ser capaz de recordar ya el rostro de su progenitora. 
    </p><p class="article-text">
        El Daniel del primer libro es un muchacho t&iacute;mido, que ha crecido entre los vol&uacute;menes de la librer&iacute;a de viejo de su padre, en un barrio discreto donde ha conocido de primera mano c&oacute;mo la polic&iacute;a franquista se ceba con los m&aacute;s vulnerables. Los libros, la ficci&oacute;n, le permiten forjarse un universo paralelo mientras crece, pero convertirse en adulto lo lleva a enfrentar el mundo de verdad, tras un singular rito de paso: el descubrimiento del Cementerio de los Libros Olvidados, una ocurrencia que termin&oacute; bautizando esta saga. 
    </p><h2 class="article-text">No es un pasa p&aacute;ginas inocuo</h2><p class="article-text">
        Dicen que la ficci&oacute;n comienza cuando lo extraordinario aparece en una vida ordinaria, y a Daniel se le cruza un enigma envuelto de peligro cuando toma prestado el libro de un tal Juli&aacute;n Carax. Lo que vive a partir de entonces lo empuja a crecer, de la mano de esa intriga de tintas paranormales, enraizada, eso s&iacute;, en la cruda realidad de la sociedad de posguerra. Por el camino, se enamora de Beatriz, la se&ntilde;orita que parece inalcanzable; y conoce al simpar Ferm&iacute;n Romero de Torres, un personaje que camufla las heridas bajo la m&aacute;scara del humor, y que podr&iacute;a haber salido de las p&aacute;ginas m&aacute;s inspiradas de Francisco Ib&aacute;&ntilde;ez. Este singular mentor gu&iacute;a a Daniel por la ciudad al tiempo que le abre los ojos sobre la cara m&aacute;s cruel del r&eacute;gimen. 
    </p><p class="article-text">
        Ese es un aspecto que se suele pasar por alto al enumerar sus cualidades: hay una cr&iacute;tica nada velada a los abusos del franquismo, al estado de pobreza y desamparo en el que qued&oacute; la mayor parte de la sociedad. Ferm&iacute;n, tan querido por los lectores por su lengua afilada, es un hombre que, como se revelar&aacute; con detalle a su debido tiempo, ha sufrido torturas y todo tipo de humillaciones. Es, m&aacute;s que nada, un superviviente. S&iacute;,<em> La sombra del viento </em>es un estupendo pasa p&aacute;ginas, con sus misterios y sus pasiones; pero no es inocuo, no del todo, y esto le confiere una humanidad conmovedora. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho,<em> La sombra del viento tiene </em>muchos aciertos: la construcci&oacute;n al estilo de los cl&aacute;sicos decimon&oacute;nicos, que asegura la tensi&oacute;n narrativa y es amable con el lector, al proporcionarle unos patrones conocidos; un elenco de personajes s&oacute;lido, representantes de diferentes capas de la sociedad, que evolucionan libro a libro; su condici&oacute;n de libro sobre libros <em>(bookish book),</em> con hallazgos como el Cementerio de los Libros Olvidados, que es como darle una palmadita en la espalda al lector ac&eacute;rrimo, es estar entre amigos; y, por supuesto, la recreaci&oacute;n de una Barcelona oscura y fascinante. 
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                El escritor Carlos Ruiz Zafón, autor de &#039;La sombra del viento&#039;                            </span>
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        Quiz&aacute; esa sea la aportaci&oacute;n m&aacute;s genuina del autor: su mirada sobre Barcelona, la ciudad en la que creci&oacute; y con la que ya realiz&oacute; un primer esbozo en <em>Marina</em> (1999), la novela que precede a <em>La sombra en el viento</em> y que, m&aacute;s breve e intimista, el propio Carlos Ruiz Zaf&oacute;n consideraba su favorita. La clave de esa Barcelona reside, tal vez, en el hecho de que es sombr&iacute;a no solo por la posguerra, un dolor que impregna los sue&ntilde;os y las expectativas de los personajes; sino por un componente arcano, que juega con la ambig&uuml;edad de lo sobrenatural. No invent&oacute; el g&eacute;nero g&oacute;tico, pero lo trajo a su casa; y, de ah&iacute;, al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Porque <em>La sombra del viento</em> cruz&oacute; fronteras, se convirti&oacute; en un &eacute;xito internacional sin precedentes. La elogi&oacute; <a href="https://www.carlosruizzafon.com/la-sombra-del-viento/historia-del-exito.php?seccion=que-opinan-los-criticos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hasta Stephen King</a>, que es como recibir el aplauso del Dickens del siglo XXI. Llev&oacute; Barcelona, la Barcelona zafoniana, por todo el globo; y a&uacute;n hoy sigue siendo una de las obras que m&aacute;s han hecho por descubrir la ciudad al mundo, signifique eso lo que signifique. Una Barcelona que &eacute;l ve&iacute;a como un mapa de t&uacute;neles laber&iacute;nticos, carriles de tren que conectan algo m&aacute;s que simples estaciones y puertas a almacenes insospechados y otros secretos cautivadores. 
    </p><h2 class="article-text">Virtudes y objeciones</h2><p class="article-text">
        Frente a ese imaginario seductor, sus cr&iacute;ticos se fijaron en la debilidad del estilo: que si un l&eacute;xico poco preciso, que si una expresi&oacute;n manida por aqu&iacute;, que si una cursiler&iacute;a por all&aacute;. Tambi&eacute;n se le reproch&oacute; alg&uacute;n anacronismo, aunque su prop&oacute;sito no fue nunca firmar una novela hist&oacute;rica o realista. O ciertas trampas en la resoluci&oacute;n del misterio, cierta falta de recursos (no deja de ser una sucesi&oacute;n de personajes que van confesando secretos, con m&aacute;s o menos mentiras). Y luego est&aacute;n los m&aacute;s exquisitos, claro, los que lo critican por su condici&oacute;n de novela popular, por no jugar en la liga de la gran literatura. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los prejuicios elitistas, no se puede negar que las objeciones tienen, en su mayor&iacute;a, fundamento. Con todo, que los &aacute;rboles no impidan ver el bosque: Carlos Ruiz Zaf&oacute;n no era el prosista m&aacute;s brillante, ni el novelista m&aacute;s innovador, ni el mejor art&iacute;fice de tramas de suspense; aun as&iacute;, ten&iacute;a algo. Ten&iacute;a dos virtudes poco comunes: por un lado, unas dotes de narrador que sumergen al lector en la historia; y, por otro, la evocaci&oacute;n de una atm&oacute;sfera absolutamente embriagadora, que deja poso m&aacute;s all&aacute; de la lectura (y que le ha reportado alg&uacute;n que otro imitador). 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no estir&oacute; el chicle con los cuatro vol&uacute;menes: desde el principio ten&iacute;a la historia montada en su cabeza, con el acierto de &ldquo;renovar&rdquo; cada nueva entrega al narrarla seg&uacute;n los par&aacute;metros de un g&eacute;nero distinto:<em> La sombra del viento</em>, la novela de formaci&oacute;n: <em>El Juego del &Aacute;ngel</em>, la novela g&oacute;tica m&aacute;s truculenta y sobrenatural; <em>El prisionero del cielo</em>, la novela picaresca; y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/toda-literatura-carlos-ruiz-zafon_1_3720927.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El laberinto de los esp&iacute;ritus</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/toda-literatura-carlos-ruiz-zafon_1_3720927.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> la novela polic&iacute;aca. Gui&ntilde;os a autores como Oscar Wilde, Mary Shelley, Emily y Charlotte Bront&euml;, Charles Dickens, Victor Hugo, Sir Arthur Conan Doyle, Alexandre Dumas o Henry James. 
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n era Carlos Ruiz Zaf&oacute;n</h2><p class="article-text">
        De &eacute;l, de Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, se sabe lo poco que &eacute;l quiso que se supiera. Particip&oacute; en las campa&ntilde;as de lanzamiento de sus libros, pero, por lo dem&aacute;s, mantuvo un perfil bajo, no quiso ser columnista ni formar parte de la esfera p&uacute;blica. Durante su primera etapa profesional, se gan&oacute; la vida (y nada mal) como publicista. El Premio Edeb&eacute; le permiti&oacute; dar un giro a su carrera y a su vida, y se march&oacute; a la ciudad de los sue&ntilde;os, Los &Aacute;ngeles, donde residi&oacute; hasta su muerte. Trabaj&oacute; en la industria del cine y continu&oacute; escribiendo. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ceaea47d-0775-4c68-880c-bdda228fd3c1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Como ni&ntilde;o de la Barcelona de posguerra &ndash;aquella que tan bien retrat&oacute; en <em>Marina</em>, quiz&aacute; su obra m&aacute;s autobiogr&aacute;fica&ndash;, el arte de Gaud&iacute; y una temprana fascinaci&oacute;n por los dragones &ndash;ten&iacute;a una colecci&oacute;n con figuras de todo tipo&ndash; avivaron su imaginaci&oacute;n y le permitieron cruzar los muros de la realidad gris que lo rodeaba. El cine, otra influencia clave, termin&oacute; de estimular su mente, una mente que, aunque impregnada de letras, &eacute;l dec&iacute;a que le funcionaba m&aacute;s bien como la de un arquitecto, entend&iacute;a la ciudad como una capa de planos, con cada engranaje tan bien encajado como en sus ficciones. 
    </p><p class="article-text">
        Esa ciudad le llev&oacute; a vender m&aacute;s de veinticinco millones de ejemplares en todo el mundo, en m&aacute;s de treinta idiomas, adem&aacute;s de recibir <a href="https://www.carlosruizzafon.com/reconocimientos.php" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">numerosos galardones</a>. Ahora vuelve a las librer&iacute;as con una <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-sombra-del-viento-edicion-con-cantos-tintados/446456" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">edici&oacute;n especial</a> que, siguiendo las &uacute;ltimas tendencias, tiene los cantos tintados. Hay obras que no valen un Nobel, quiz&aacute;, pero que generan un fen&oacute;meno social que, a su modo, tiene tambi&eacute;n un valor incuestionable. Porque influye, en la vida y en quienes escribir&aacute;n despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez porque conoci&oacute; las telara&ntilde;as del s&eacute;ptimo arte, nunca quiso vender los derechos para una adaptaci&oacute;n audiovisual; tampoco quiso inaugurar un Cementerio de los Libros Olvidados real. Defend&iacute;a que no todo tiene que convertirse en materia de cine, no todo se deb&iacute;a explotar hasta el infinito solo porque se presente la oportunidad; hay historias, imaginarios, que pertenecen a la palabra escrita, y ah&iacute; deben permanecer. Por eso, hoy, para volver a esa Barcelona hipn&oacute;tica, o para entrar en ella por primera vez, no vale ning&uacute;n atajo, ning&uacute;n suced&aacute;neo: tan solo queda el camino, viejo pero seguro, de leer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/25-anos-sombra-viento-fenomeno-literario-llevo-barcelona-gotica-mundo_1_13186578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 20:09:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[25 años de ‘La sombra del viento’, el fenómeno literario que llevó la Barcelona gótica por todo el mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Barcelona,Escritores,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La novela póstuma de Camila Cañeque confirma a la escritora inclasificable que hizo de las palabras y el silencio un arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/novela-postuma-camila-caneque-confirma-escritora-inclasificable-hizo-palabras-silencio-arte_1_13166448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19b21c97-7e83-45e9-a1c3-86f3f7880af5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La novela póstuma de Camila Cañeque confirma a la escritora inclasificable que hizo de las palabras y el silencio un arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Uña Rota publica ‘Anuncios’, una novela que se encontró entre los papeles de la autora poco después de la publicación de su primer libro
</p><p class="subtitle">No, no es cierto que la mitad de los libros publicados en España no venda ni un ejemplar al año
</p></div><p class="article-text">
        Hay que tener algo m&aacute;s que talento para escribir determinadas obras. No basta con la voluntad de encadenar una palabra detr&aacute;s de otra con una conciencia de estilo, ni con tener la resoluci&oacute;n de convertirse en escritor. M&aacute;s all&aacute; de eso, antes de eso, hace falta algo que podr&iacute;a denominarse visi&oacute;n: la capacidad para concebir un texto, un artefacto literario que pueda expresar, por s&iacute; mismo, aquello que su creador lleva dentro, lo que suele llamarse su mirada, su forma de habitar el mundo, o, yendo al fondo, su &ldquo;verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno querr&iacute;a saber qu&eacute; rondaba por la cabeza <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/novela-inedita-camila-caneque-aparece-ordenador-sera-publicada-editorial_1_12993641.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Camila Ca&ntilde;eque</a> (Barcelona, 1984-2024) mientras perfilaba sus dos &uacute;nicos libros, ambos publicados de manera p&oacute;stuma: primero, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ultima-frase-libro-postumo-camila-caneque-reivindica-reflexiona-final-cosas_1_11401660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La &uacute;ltima frase</em></a> (2024), ese compendio singular de &uacute;ltimas frases de libros, hilados con verdadero genio por su voz; y, despu&eacute;s, <em>Anuncios</em> (2026), una novela que fue encontrada en su archivo unos meses despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del anterior y que llega ahora a las librer&iacute;as. Ambos est&aacute;n editados por La U&ntilde;a Rota, una editorial que se ha convertido en toda una referencia de poes&iacute;a, teatro y textos poco convencionales.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La artista ausente</strong></h2><p class="article-text">
        Camila Ca&ntilde;eque muri&oacute; de forma s&uacute;bita poco antes de la publicaci&oacute;n de su primer libro. Ten&iacute;a 39 a&ntilde;os. Estas circunstancias envolvieron la recepci&oacute;n de <em>La &uacute;ltima frase</em>, pero si la obra se gan&oacute; la admiraci&oacute;n de tantos lectores &ndash;en estos momentos ya va por la cuarta edici&oacute;n&ndash; no fue por compasi&oacute;n, sino por el reconocimiento de una originalidad genuina, una propuesta que de veras se distingue del mont&oacute;n. No solo se distingue, sino que el libro sobresale, sorprende, alumbra caminos literarios ins&oacute;litos.
    </p><p class="article-text">
        Claro que, conociendo su trayectoria, no era de extra&ntilde;ar: Camila Ca&ntilde;eque no pertenec&iacute;a (al menos todav&iacute;a) al &ldquo;c&iacute;rculo literario&rdquo;, en ocasiones tan viciado; sino que proven&iacute;a del mundo del arte contempor&aacute;neo, es decir, de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/legado-fallecida-camila-canete-expulsaron-arco-performance-permiso-vuelve-feria_1_10998154.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/legado-fallecida-camila-canete-expulsaron-arco-performance-permiso-vuelve-feria_1_10998154.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>performance</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/legado-fallecida-camila-canete-expulsaron-arco-performance-permiso-vuelve-feria_1_10998154.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, la escultura, la fotograf&iacute;a y todo lo que se le ocurriera</a>. Porque en su obra, de las exposiciones a la imprenta, cabe de todo; en sus manos nunca es un caj&oacute;n de sastre, sino que, en esa relaci&oacute;n de elementos inconexos en apariencia, establec&iacute;a un nuevo sentido, provocaba una reflexi&oacute;n acerca de lo que nos rodea. S&iacute;, <em>creaba</em>. Y se lo tomaba en serio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2025dcd2-972a-4ad4-8d19-bb0e70dd5912_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hab&iacute;a estudiado Humanidades y Filosof&iacute;a: un corpus de ideas para estimular una mente &aacute;vida de alimento intelectual. Y hab&iacute;a viajado por las grandes ciudades, de Par&iacute;s a Nueva York pasando por Berl&iacute;n y S&atilde;o Paulo, donde expuso sus creaciones y continu&oacute; form&aacute;ndose. Uno se la imagina como una mujer brillante, pero sobre todo inquieta, con sed de explorar, de no conformarse. Y, sobre todo, con capacidad de escucha, capacidad de observaci&oacute;n atenta, porque solo de ah&iacute; pueden esbozarse nuevas sendas.
    </p><p class="article-text">
        Quienes la vieron en acci&oacute;n cuentan que sus <em>performances</em> y su concepci&oacute;n del arte en general denunciaban la hipocres&iacute;a del capitalismo, las din&aacute;micas de productividad que se imponen en estos tiempos. Frente a ello, propon&iacute;a una suerte de filosof&iacute;a de la espera, la renuncia, la pausa como rebeld&iacute;a al orden que nos esclaviza, nos enferma; la pol&iacute;tica en la inacci&oacute;n, podr&iacute;a llamarse: no entrar, no hablar, ni actuar pese a poder hacerlo; tal vez ese sea, s&iacute;, el mayor acto de resistencia de nuestra era hiperconectada y cacof&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Su muerte precoz parec&iacute;a una triste culminaci&oacute;n de ese proyecto vital: frente al habitual despliegue de medios de una campa&ntilde;a de promoci&oacute;n, ella no pudo presentar su libro ni responder entrevistas; tampoco se le pudo subir el &eacute;xito a la cabeza. Permanece, incluso m&aacute;s que los ausentes deliberados (<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elena Ferrante</a>, J. D. Salinger, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/nuevo-libro-thomas-pynchon-escritor-misterioso-contracultura-literaria_1_12772979.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Thomas Pynchon</a>), al margen de esa caja de resonancia que son las interpretaciones ajenas, permanece ajena a la tentaci&oacute;n del ego. Hay un extra&ntilde;o regalo para el lector en ello: poder leerla sin dejarse condicionar por las declaraciones de un titular, poder opinar del libro y no de la autora.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Hablar con el silencio</strong></h2><p class="article-text">
        Parec&iacute;a que Camila Ca&ntilde;eque iba a quedar como la escritora de una &uacute;nica obra, pero esta nueva publicaci&oacute;n, <em>Anuncios</em>, presentada como &ldquo;novela&rdquo; y acompa&ntilde;ada por una nota de presentaci&oacute;n que dej&oacute; la propia autora, suma una pieza m&aacute;s &ndash;una inc&oacute;gnita m&aacute;s&ndash; a ese misterio insondable de su arte, de su n&uacute;cleo de irradiaci&oacute;n. Porque, otra vez, brilla ese car&aacute;cter singular, inclasificable, &uacute;nico, que confunde al lector al tiempo que emana una especie de belleza, una autenticidad de la palabra literaria.
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento del libro ya resulta clarividente: un hombre, llamado Don, habla solo. En realidad, se dirige a una mujer, pero ella no responde; es una oyente silenciosa, como Camila Ca&ntilde;eque en sus representaciones. El texto es una sucesi&oacute;n de rayas de di&aacute;logo que no llegan a conformar ning&uacute;n di&aacute;logo; no hay interacci&oacute;n, solo un mon&oacute;logo, pero un mon&oacute;logo fragmentado, de ocurrencias dispersas, siguiendo el vaiv&eacute;n err&aacute;tico de los circuitos neuronales. Algo as&iacute; como una cuenta de Twitter convertida en libro, en arte; la m&aacute;xima expresi&oacute;n del ego en la actualidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Otra vez brilla ese carácter singular, inclasificable, único, que confunde al lector al tiempo que emana una especie de belleza, una autenticidad de la palabra literaria</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La cubierta, sobria, va en consonancia: dos rostros), como sombras, mir&aacute;ndose, frente a frente, sobre un fondo blanco; la &uacute;nica nota de color, el t&iacute;tulo, <em>Anuncios</em>, en rojo, como esos paneles publicitarios que irrumpen con chiribitas en el paisaje urbano. El &ldquo;anuncio&rdquo; se relaciona con el comportamiento del protagonista: es un hombre-anuncio, un hombre <em>que se anuncia</em>, un hombre de muchos anuncios, aunque &eacute;l no sea consciente de que se est&aacute; vendiendo, aunque ella no lo <em>compre</em>. Una met&aacute;fora de nuestra era: la atenci&oacute;n del internauta como mercanc&iacute;a, cada individuo como vendedor-producto en s&iacute; mismo en un teatro de marionetas que esconde la identidad del titiritero.
    </p><p class="article-text">
        La estructura tambi&eacute;n reviste ingenio: los cap&iacute;tulos en los que se expresa Don llevan un n&uacute;mero 1 (un personaje al habla); hay otros, con el n&uacute;mero 2, en los que se evoca un bar cosmopolita de donde entran y salen unos figurantes que, como el protagonista, alzan la voz sin establecer una comunicaci&oacute;n rec&iacute;proca. Por &uacute;ltimo, hay tambi&eacute;n unas pocas partes con un 0, en las que, al menos de entrada, no hay &ldquo;nada que mostrar&rdquo; (sic). Los tres n&uacute;meros (0, 1, 2) pueden entenderse como un gui&ntilde;o a los c&oacute;digos de programaci&oacute;n: frente al discurso complejo y ramificado de las narrativas cl&aacute;sicas, la categorizaci&oacute;n, la ruptura del relato, la descomposici&oacute;n en fragmentos inconexos como rasgo de la cultura capitalista. Imposible una historia <em>continuada</em>; imposible una novela <em>total</em>.
    </p><p class="article-text">
        Entrando en el contenido, del protagonista se van dejando entrever algunos datos: est&aacute; inspirado en un artista lituano que la autora conoci&oacute; en Nueva York, la ciudad donde se mueve a&uacute;n; un hombre que elige vivir fuera del orden y las convenciones, que transita, en su discurso, de lo alto a lo bajo, de lo existencial a lo trivial, de la filosof&iacute;a al sexo, de la denuncia social al capricho, de la m&uacute;sica al humo de los cigarrillos. No compone un relato; es la manifestaci&oacute;n de una divagaci&oacute;n, que encarna el esp&iacute;ritu de este tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Camila Ca&ntilde;eque hace de la literatura, <em>performance</em>; o, mejor, convierte la <em>performance</em> en obra literaria, en palabras, una expansi&oacute;n de lo que ya hac&iacute;a con su cuerpo. Con ello, la fija para la posteridad, porque en el futuro, quien quiera respirar nuestro <em>air du temps</em>, el del &aacute;mbito de los artistas por lo menos, lo podr&aacute; hallar en sus p&aacute;ginas. Y con humor, tambi&eacute;n, porque todo monologuista-comediante tiene un punto de re&iacute;rse de s&iacute; mismo, incluso (o sobre todo) al hablar de cuestiones que se asumen serias. Porque esta &eacute;poca tiene, tambi&eacute;n, esa comicidad grotesca de la s&aacute;tira tan arraigada en el canon espa&ntilde;ol.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Artefactos prodigiosos</strong></h2><p class="article-text">
        Son muchos los escritores que llevan a cabo un proyecto experimental, o que reciben este calificativo (o sus afines &ldquo;h&iacute;brido&rdquo; o &ldquo;artefacto&rdquo;) por parte de la cr&iacute;tica. A veces, sin embargo, lo que se presenta como &ldquo;experimental&rdquo; no son m&aacute;s que intentos fallidos, por lo general amalgamas de discursos con demasiadas pretensiones intelectuales, que bajo la fragmentaci&oacute;n formal encubren incapacidad para la narraci&oacute;n y la construcci&oacute;n de personajes. En suma, son libros mediocres y sin alma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Camila Cañeque, autora de &#039;La última frase&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <em>Anuncios</em>, por suerte, no va por ah&iacute;: bajo su aparente simplicidad (un hombre hablando) va trenzando una cadencia, mantiene una coherencia interna que funciona como el hilo sobre el que un funambulista avezado (la autora) discurre sin trastabillarse, incluso con elegancia. Encadena frases que son como perlas, en ocasiones una ocurrencia, en otras una reflexi&oacute;n, con frecuencia comentarios mundanos; el personaje se construye por sus palabras, es un <em>ser que habla</em>, discursivo, como somos al comunicarnos por la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Camila Ca&ntilde;eque no es la &uacute;nica autora que descoloca el panorama literario despu&eacute;s de hacer carrera en las bellas artes: algunas de las voces m&aacute;s personales y disruptivas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el panorama literario vienen del mundo del arte o tienen formaci&oacute;n af&iacute;n, como Mar&iacute;a Gainza, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/irene-sola-lugar-vivir-aventuras-novela-quedamos-casa-mujeres-esconden-esperan_1_10569547.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Irene Sol&agrave;</a> o Alicia Kopf. Irene Sol&agrave;, por cierto, explica que de las bellas artes aprendi&oacute; a trabajar sola en una obra que nadie le hab&iacute;a pedido que hiciera. Seguro que Camila Ca&ntilde;eque estar&iacute;a de acuerdo: comparte con ella esa libertad absoluta, esa independencia que, bien encauzada, es lo que seduce al lector.
    </p><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o que entre sus devotos se encuentre Enrique Vila-Matas: ella podr&iacute;a ser su heredera, no porque su obra se <em>parezca</em> a la de &eacute;l, sino porque comparten la irreverencia, por expresarlo de alg&uacute;n modo, la intenci&oacute;n de crear un estilo propio jugando a mezclar ficci&oacute;n y realidad, dej&aacute;ndose influir por otras artes, buscando un tipo de narrativa que revienta la definici&oacute;n tradicional de novela, y siempre con mucha iron&iacute;a y lucidez, una inteligencia insobornable para detectar puntos de quiebre personales y colectivos. (Ah, qu&eacute; gran conversaci&oacute;n entre ambos nos hemos perdido.)
    </p><p class="article-text">
        Hay pocas obras, y a&uacute;n menos creadores, que marquen un punto de inflexi&oacute;n en la trayectoria del lector. De cualquier &aacute;mbito: literatura, artes pl&aacute;sticas, cine, m&uacute;sica, danza, teatro. Obras que irrumpen contra la inercia en el modo de leer, de entender, acaso de <em>disfrutar</em>; que obligan a reaccionar desde otra perspectiva, que desempolvan y proponen nuevas rutas. No es un arte siempre comprendido por sus coet&aacute;neos, pero al menos no se le puede negar el arrojo de salirse del molde, con ambici&oacute;n e inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Esos atributos tambi&eacute;n los re&uacute;ne, por supuesto a su manera, otra artista de hoy: Rosal&iacute;a, que, adem&aacute;s de componer y cantar y bailar, es una gran lectora. Ser&iacute;a interesante hacerle llegar los libros de Camila Ca&ntilde;eque, si es que no los ha le&iacute;do ya. No es que se parezcan (ambas son demasiado <em>&uacute;nicas</em> para admitir comparaciones), pero, desde sus respectivos campos, se entender&iacute;an. De ah&iacute; tambi&eacute;n saldr&iacute;a un fruct&iacute;fero di&aacute;logo (art&iacute;stico); qui&eacute;n sabe si una colaboraci&oacute;n entre <em>genias</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto son solo apreciaciones de una lectora que, como los personajes de <em>Anuncios</em>, entra al ruedo, suelta una retah&iacute;la de frases con m&aacute;s o menos sentido y espera (o no) la respuesta del lector (si es que hay un lector, si es que emite una respuesta). Al no estar ella para las declaraciones, todo lo que se dice sobre el libro queda en manos de otros. Si su ausencia fuera voluntaria, este ser&iacute;a el mejor modo de dar vida a la obra literaria: dejar que circule sola, como dice <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elena Ferrante</a>, que cada lector la haga suya (o no) a su manera. Porque, esto lo dec&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Mar&iacute;a Matute</a>, nadie lee nunca el mismo libro.
    </p><p class="article-text">
        Y seguro que Camila Ca&ntilde;eque estar&iacute;a de acuerdo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/novela-postuma-camila-caneque-confirma-escritora-inclasificable-hizo-palabras-silencio-arte_1_13166448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 19:47:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La novela póstuma de Camila Cañeque confirma a la escritora inclasificable que hizo de las palabras y el silencio un arte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[20 títulos de literatura infantil y juvenil para regalar el Día del Libro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-literatura-infantil-juvenil-regalar-dia-libro_1_13160834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b889bc5-362e-4bd2-bc0d-85c752dd85a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="20 títulos de literatura infantil y juvenil para regalar el Día del Libro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura infantil y juvenil es uno de los motores de la industria editorial. Bucemos entre todo lo publicado en 2026 para encontrar las joyas que regalar este Sant Jordi</p><p class="subtitle">20 títulos de no ficción para regalar el Día del Libro</p></div><p class="article-text">
        Aqu&iacute; va una selecci&oacute;n ordenada por edad recomendada de lectura, de menor a mayor, para comprar o regalar este D&iacute;a del Libro y Sant Jordi. De esta forma, es posible encontrar opciones para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as a partir de los tres a&ntilde;os: elecciones infalibles  para que crezcan con un libro en la mano.
    </p><p class="article-text">
        La colaboradora de elDiario.es Cristina Ros ha realizado una selecci&oacute;n impecable que va de las aventuras al romance, del misterio a la amistad. Para leerles o para que lean de manera aut&oacute;noma. Y con opciones para lectores y lectoras adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esta selecci&oacute;n infantil y juvenil, este D&iacute;a del Libro y Sant Jordi proponemos tambi&eacute;n estos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-ficcion-regalar-dia-libro_1_13157631.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">20 libros de ficci&oacute;n</a> y estos otros <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-no-ficcion-regalar-dia-libro_1_13155926.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">20 libros de no ficci&oacute;n</a>. Todo novedades recientes para encontrar f&aacute;cilmente en librer&iacute;as y paradas callejeras.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;&iexcl;Esto no es un libro!&rsquo;, de Carles Sala, con ilustraciones de Laia P&agrave;mpols (La Galera) / &lsquo;Aix&ograve; no &eacute;s un llibre&rsquo; (La Galera)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ed32a2cf-7e30-4f61-9572-932fb90b745f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No solo de animales, princesas y dragones se nutre el imaginario de los m&aacute;s peque&ntilde;os: este libro es un homenaje al libro, valga la redundancia, que reivindica con ingenio y desenfado las cualidades del libro impreso frente a las omnipresentes pantallas. Un &aacute;lbum muy divertido, eficaz para empezar a fidelizar bibli&oacute;filos, pero sobre todo para leer en compa&ntilde;&iacute;a y proponer una conversaci&oacute;n sobre los usos del libro frente a las nuevas tecnolog&iacute;as. A partir de tres a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Bienvenidos a Planeta casa&rsquo;, de Mireia Pons (Alba) / &lsquo;Benvinguts a Planeta Casa&rsquo; (Alba)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4b836c11-7e78-40bd-a6df-7152aee2c08b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El protagonista de este cuento es un extraterrestre. O eso dice. En realidad, parece m&aacute;s bien un ni&ntilde;o normal, con una casa como cualquier otra y una familia que lo quiere. Y, sin embargo, cada noche viaja en un cohete supers&oacute;nico que lo lleva a lugares donde todo cuento que imagina es posible. Porque de eso va este libro, de la imaginaci&oacute;n y su poder. Y del valor de las cosas peque&ntilde;as, de lo que tenemos m&aacute;s cerca. No es necesario irse lejos para vivir experiencias emocionantes. A partir de tres a&ntilde;os,
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Tres deseos&rsquo;, de Chris Saunders (NubeOcho, trad. Luis Amavisca) / &lsquo;Tres desitjos&rsquo; (NubeOcho, trad. Neus Aymerich)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8114889b-b8a3-467f-b348-4936d1dc1570_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; har&iacute;as si pudieras pedir tres deseos? El conejo que protagoniza este cuento no lo sabe, y pide consejo a sus tres amigos: una ratona con ganas de conocer el mundo, un zorro que devora libros y una osa que anhela navegar. El protagonista, al final, toma una decisi&oacute;n que nos recuerda que, a menudo, los regalos que nos traen m&aacute;s felicidad no son posesiones, sino experiencias compartidas con nuestros seres queridos. A partir de cuatro a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El gran libro de Gaud&iacute;. Busca y aprende&rsquo;, de Alba Olmedo y Marina Montenegro (Beascoa) / &lsquo;El gran llibre de Gaud&iacute;. Busca i apr&egrave;n&rsquo; (Beascoa, trad. Mariona Barrera)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/0f061498-0b21-4ec3-907b-67277c1f41dd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Estamos en el A&ntilde;o Gaud&iacute; 2026, que conmemora el centenario de la muerte del c&eacute;lebre arquitecto. Entre la monta&ntilde;a de libros que se han publicado para la ocasi&oacute;n, merece la pena destacar, para el p&uacute;blico infantil, este, que descubre los secretos de sus edificios m&aacute;s emblem&aacute;ticos y otras an&eacute;cdotas sobre la vida del artista. Todo ello, bajo un gu&iacute;a de excepci&oacute;n: el drag&oacute;n del Parc G&uuml;ell, que invita a los lectores a jugar mientras aprenden, con retos de buscar y encontrar en estas magn&iacute;ficas ilustraciones. A partir de cuatro a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La princesa y el drag&oacute;n&rsquo;, de M&iacute;riam Bonastre Tur (EntreDos, trad. Yannick Garcia) / &lsquo;La princesa i Sant Jordi&rsquo; (EntreDos)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/6ef7638d-24c6-4a6e-b032-215c6d4fa479_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os, la <em>mangaka</em> M&iacute;riam Bonastre Tur (autora del &eacute;xito internacional <em>Hooky)</em> public&oacute; esta versi&oacute;n de la leyenda de Sant Jordi en la que la princesa es la protagonista y no falta el sentido del humor. Hoy, ese personaje ha inspirado la serie de animaci&oacute;n de la televisi&oacute;n auton&oacute;mica catalana <em>Valentina de Montblanc</em>, que se ha estrenado estos d&iacute;as. Una serie que tambi&eacute;n va acompa&ntilde;ada de un libro (a&uacute;n no traducido al castellano) y sigue las aventuras de la princesa junto a diferentes criaturas del folclore catal&aacute;n. Sin duda, muchos ni&ntilde;os querr&aacute;n saber m&aacute;s de esta simp&aacute;tica hero&iacute;na. A partir de seis a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La bruja en la torre&rsquo;, de J&uacute;lia Sard&agrave; (Blackie Books, trad. Rebeca Gonz&aacute;lez Izquierdo) / &lsquo;La br&uacute;ixa a la torre&rsquo; (Blackie Books, trad. Tina Vall&egrave;s)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5bd94eb5-5e72-4c28-970e-88629976b9f7_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Ser la hermana del medio es un rollo: la mayor no te hace caso, y la peque&ntilde;a vive en su mundo. Aburrida, la protagonista decide emprender su propio camino, que la lleva a la casa de una peculiar bruja. En su casa, con estancias que son verdaderos cuartos de maravillas (una biblioteca polvorienta, un coro de animales, un herbario, una sala de espejos), aprende a alzar el vuelo por s&iacute; misma. Un cuento de aire g&oacute;tico en la est&eacute;tica y ternura en el coraz&oacute;n, que recuerda el valor de la independencia, nunca re&ntilde;ida con el afecto por los dem&aacute;s. A partir de seis a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Nessa Princesa 1. Escuela de princesas&rsquo;, de Fer Alcal&aacute; y Ge&ograve;rgia Costa, con ilustraciones de Mar&iacute;a Serrano (Algar)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5810b3ed-4773-400c-8591-73914e46687c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Nessa, la princesa del pa&iacute;s m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo, no es una princesa cualquiera: lleva un vestido con muchos bolsillos, nunca se separa de su caja de herramientas y va al colegio en bicicleta, porque, otra cosa no, pero sentido pr&aacute;ctico le sobra. Y humor, tambi&eacute;n. Las aventuras de esta princesa y sus amigos desmontan los t&oacute;picos de los cuentos de hadas con mucho desparpajo, y es que eso de vivir seg&uacute;n las normas de la tradici&oacute;n de la realeza es, para qu&eacute; enga&ntilde;arnos, un rollo.&nbsp;A partir de siete a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;De d&oacute;nde vienen los cuentos&rsquo;, de Ignasi Font (Lumen)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c32198e0-b373-4c14-8531-afab6cf007d9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Un ni&ntilde;o se muda con su familia a una vieja casa que guarda un tesoro: unos libros que le abren la puerta a una biblioteca m&aacute;gica, donde puede conocer a los protagonistas de los cuentos y descubrir su origen. Una obra para despertar la curiosidad de los lectores, con una nueva mirada a los cl&aacute;sicos y un estilo que invita a la lectura compartida con un adulto. El formato, de &aacute;lbum ilustrado de gran tama&ntilde;o, lo convierte adem&aacute;s en un volumen id&oacute;neo para regalar, y para volver a sus p&aacute;ginas un sinf&iacute;n de veces. A partir de siete a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El jard&iacute;n de los balones perdidos&rsquo;, de Lola Llatas, con ilustraciones de Ana Sanfelippo (Edelvives)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/94d6d5df-ef15-4779-8f56-409c6c28236c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La escritora Lola Llatas, que cuenta con una dilatada trayectoria como autora de fantas&iacute;a y ciencia ficci&oacute;n, explora su faceta m&aacute;s tierna y realista (al menos en apariencia) en esta novela, por la que ha recibido el Premio Ala Delta. El protagonista es un ni&ntilde;o que pierde un bal&oacute;n, su mejor bal&oacute;n. Ha ido a parar al jard&iacute;n de una &ldquo;bruja&rdquo;&hellip; Y habr&aacute; que ir a buscarlo. El jard&iacute;n, aqu&iacute;, es un poco como el bosque de los cuentos: asusta, pero est&aacute; lleno de secretos por los que merece la pena dar el paso. A partir de ocho a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Heidi&rsquo; (novela gr&aacute;fica), de Mariah Marsden y Ofride (Maeva, trad. Xavier Beltr&aacute;n Palomino)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5c451265-8741-42af-8e2a-ca72365d3a08_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no se acuerda de Heidi? La m&iacute;tica hero&iacute;na de Johanna Spyri se hizo un lugar en los hogares de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de los ochenta gracias a la adaptaci&oacute;n de <em>anime</em> a la peque&ntilde;a pantalla, a la que han seguido diferentes versiones tanto para cine como para televisi&oacute;n. Las generaciones de ni&ntilde;os de hoy tienen la oportunidad de conocer a Heidi, Pedro y Clara con esta nueva novela gr&aacute;fica, un prodigio que mantiene el esp&iacute;ritu del <em>anime</em> y transporta a los inacabables montes de los Alpes suizos, a las faenas en la casa del abuelo y, c&oacute;mo no, a las adorables cabritas. A partir de ocho a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Oskar y yo. Lo m&aacute;s importante&rsquo;, de Maria Parr con ilustraciones de Zuzanna Celej (N&oacute;rdica, trad. Cristina G&oacute;mez-Baggethun) / &lsquo;L&rsquo;Oscar i jo. Tot el que tenim&rsquo; (N&oacute;rdica, trad. Meritxell Salvany)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/da7ea49b-4c2f-42c9-971b-dc56938abb52_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Maria Parr es una de las mejores escritoras contempor&aacute;neas de literatura infantil. En esta nueva entrega de los hermanos Oskar e Ida, vuelve a sumergirse en el universo del hogar de una familia sencilla con calidez, sutileza y un humor suave, para el que las ilustraciones de Zuzanna Celej, evocadoras de los paisajes n&oacute;rdicos, se amoldan a la perfecci&oacute;n. Un libro, sencillamente, precioso. A partir de nueve a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Miss Charity&rsquo;, de Marie-Aude Murail, Lo&iuml;c Cl&eacute;ment y Anne Montel (Errata Naturae, trad. Regina L&oacute;pez Mu&ntilde;oz)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3165af15-c18d-4cef-968c-896ef18391cb_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Un c&oacute;mic tierno, simp&aacute;tico y absolutamente encantador sobre la infancia de Beatrix Potter, la inolvidable escritora e ilustradora de literatura infantil, creadora del conejo Peter Rabbit. Tanto si se la conoce como si no, el lector cae rendido ante esta ni&ntilde;a de esp&iacute;ritu aventurero, que muy pronto desaf&iacute;a los c&oacute;digos de la sociedad victoriana para erigirse en defensora (y observadora atenta) de los animales, a los que cuida y dibuja con la pasi&oacute;n de una artista-cient&iacute;fica incipiente. A partir de 10 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Amigas 100%. Abril es oto&ntilde;o&rsquo;, de Bego&ntilde;a Oro (SM)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/461401b9-806d-44af-a042-5c3d7a4bd0ff_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Bego&ntilde;a Oro, probablemente la autora espa&ntilde;ola que mejor se maneja con las relaciones afectivas en la adolescencia, escribe una novela sobre cuatro amigas que se van a ganar el coraz&oacute;n de los lectores. Se trata de la primera parte de un proyecto concebido para preadolescentes (aunque, como toda buena literatura, se puede disfrutar a cualquier edad), por lo que est&aacute; lleno de primeras veces, tropiezos y mucha, mucha risa. El libro que muchos hubi&eacute;ramos querido leer al comenzar el instituto. A partir de 10 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El asesinato del profesor de matem&aacute;ticas&rsquo;, de Jordi Sierra i Fabra (Anaya) / &lsquo;L&rsquo;assassinat del professor de matem&agrave;tiques&rsquo; (Barcanova)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c9004c28-031e-4c06-9620-e445a78c4df5_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una nueva edici&oacute;n de una de las mejores novelas de Jordi Sierra i Fabra, una historia divertida y original, con ese ritmo fren&eacute;tico que &eacute;l sabe imprimir como nadie. Cuando su profesor de matem&aacute;ticas aparece muerto, los tres j&oacute;venes protagonistas tendr&aacute;n que resolver una serie de enigmas de l&oacute;gica para desenmascarar al asesino. &iquest;El problema? Nunca se les dieron bien los n&uacute;meros. El libro, todo un <em>long-seller</em>, ya ha cautivado a m&aacute;s de 800.000 lectores. A partir de 12 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El Ej&eacute;rcito Negro&rsquo;, de Santiago Garc&iacute;a-Clairac (Serendipias de Tinta)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5225bf18-9421-4f0b-acb3-63b5f3f12936_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La realidad se mezcla con el mundo de los sue&ntilde;os en este libro, primera parte de una trilog&iacute;a que el autor public&oacute; hace ahora veinte a&ntilde;os, y que la reci&eacute;n creada editorial Serendipias de Tinta recupera como carta de presentaci&oacute;n de su proyecto. Y es un acierto: el protagonista, un chico que sufre acoso escolar, hijo de un bibliotecario que custodia unos misteriosos manuscritos medievales, por la noche tiene unos sue&ntilde;os que parecen llevarlo a otra &eacute;poca, otro lugar, en el que la magia es posible. All&iacute;, el joven vive una vida paralela que le plantea muchos interrogantes. A partir de 12 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La hija de la noche&rsquo;, de Laura Gallego (Edeb&eacute;) / &lsquo;La filla de la nit&rsquo; (Edeb&eacute;, trad. Imma Blanco)</strong></h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Una edici&oacute;n especial, con los cantos tintados &ndash;el &uacute;ltimo grito del fetichismo literario&ndash;, de una de las novelas m&aacute;s le&iacute;das de la autora valenciana. Siguiendo la escuela de los relatos g&oacute;ticos del siglo XIX, narra una historia de misterio y terror sobrenatural que se desarrolla en un peque&ntilde;o pueblo franc&eacute;s. Muertes en extra&ntilde;as circunstancias, una mansi&oacute;n por largo tiempo abandonada que de pronto tiene una inquilina y un amor tan intenso como arriesgado&hellip; &iquest;Qui&eacute;n da m&aacute;s? A partir de 12 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Tama Puia. Los hijos del volc&aacute;n&rsquo;, de Chiki Fabregat (Siruela)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2de63f2e-ad5f-4215-85bf-2084beb01e4b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Chiki Fabregat es una autora que se ha labrado una carrera a fuego lento, y uno puede estar seguro de que con cada nuevo libro no solo garantiza la calidad, sino que da un paso adelante en su universo narrativo. Esta vez, como buena conocedora del folclore, mezcla los mitos fundacionales con la realidad cotidiana en el Madrid del siglo XXI. Leyendas, profec&iacute;as y unos personajes con los que resulta f&aacute;cil empatizar en una novela de prosa po&eacute;tica y sugerente. A partir de 14 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Nara&rsquo;, de M&oacute;nica Rodr&iacute;guez (Edelvives)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ce22f3fe-ee83-4293-9f28-8c0ddd4a603b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Nadie como M&oacute;nica Rodr&iacute;guez para narrar con elegancia, sutileza y un halo po&eacute;tico las inquietudes de ni&ntilde;os y j&oacute;venes. Esta vez, la protagonista es una muchacha que, en plena Guerra Civil espa&ntilde;ola, busca a su hermano, que ha sido reclutado. Su camino, en el que no faltan los nuevos amigos y el refugio del bosque, es ante todo un viaje transformador que conmueve sin sentimentalismo y nos recuerda por qu&eacute; las contiendas nunca pueden ser sin&oacute;nimo de hero&iacute;smo. Novela ganadora del Premio Alandar. A partir de 14 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Un mago en la corte&rsquo;, de Alba Quintas Garciandia (Bamb&uacute;)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d86c6dbd-7a4f-4cab-b4f5-492526f17cca_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Alba Quintas, que la semana pasada se proclam&oacute; ganadora del Premio Angular por <em>La cuarta vida de Blanca Cuervo</em> (SM), tambi&eacute;n publica este a&ntilde;o esta novela, ambientada en la Navidad de 1870, que imagina en clave de realismo m&aacute;gico la llegada del futuro rey Amadeo de Saboya a Espa&ntilde;a. Porque lo acompa&ntilde;a un mago, que se cruzar&aacute; en el camino con un chico humilde llamado Ventura. Una novela llena de claroscuros, con personajes que hacen frente a la adversidad, la que llega de las conspiraciones de la corte, pero sobre todo la que nace de sus demonios internos. A partir de 14 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;En 27 d&iacute;as&rsquo;, de Alison Gervais (Libros de Seda, trad. Rosa Fragua Corbacho)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e8f3be75-583f-4829-95a6-02167dbfeb41_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La literatura juvenil puede (y debe) atreverse con cualquier tema, incluido uno que por desgracia no es ajeno a los adolescentes: el suicidio. La protagonista de esta novela tiene la oportunidad de retroceder 27 d&iacute;as para evitar que su amigo tome esa decisi&oacute;n, pero su misi&oacute;n no resultar&aacute; tan sencilla como esperaba. La historia surgi&oacute; en Wattpad, lo que demuestra su capacidad para conectar con los lectores. Hermosa, emocionante y con toques de suspense. Dos personajes dif&iacute;ciles de olvidar. A partir de 14 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-literatura-infantil-juvenil-regalar-dia-libro_1_13160834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:52:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20 títulos de literatura infantil y juvenil para regalar el Día del Libro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Día del Libro,Sant Jordi,Libros,Adolescentes,Literatura infantil,Literatura juvenil,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[20 títulos de ficción para regalar el Día del Libro 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-ficcion-regalar-dia-libro_1_13157631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7886e3d2-3e00-4e4f-9d22-11d63cdc524c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="20 títulos de ficción para regalar el Día del Libro 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para celebrar el Día del Libro y Sant Jordi os recomendamos 20 libros de ficción para regalar. Una selección de novedades variadas para acertar siempre</p><p class="subtitle">20 títulos de no ficción para regalar el Día del Libro
</p></div><p class="article-text">
        En abril libros, libreros y lectores salen a la calle. Paradas de puestos en Sant Jordi, librer&iacute;as que anuncian descuentos, ferias del libro en ciudades y pueblos. &iquest;Qui&eacute;n se resiste?
    </p><p class="article-text">
        En elDiario.es te proponemos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-no-ficcion-regalar-dia-libro_1_13155926.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">20 libros de no ficci&oacute;n</a> de entre las novedades m&aacute;s recientes, por si tienes dudas y quieres apostar a lo seguro.
    </p><p class="article-text">
        Si te gusta m&aacute;s la narrativa de ficci&oacute;n, aqu&iacute; tienes otros 20 t&iacute;tulos seleccionados por Cristina Ros, una de las grandes lectoras del equipo de colaboradores de elDiario.es.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Solo tierra, solo lluvia, solo barro&rsquo;, de Montse Albets (Hoja de Lata, trad. Nat&agrave;lia Cerezo / &lsquo;Nom&eacute;s terra, nom&eacute;s pluja, nom&eacute;s fang&rsquo; (Periscopi)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/48ced93a-f3b1-41b5-9c53-21473b630054_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/10-mejores-novelas-espanolas-debut-2025_1_12849559.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera novela</a> cocinada a fuego lento que indaga en el duelo, la soledad y la importancia de los v&iacute;nculos siguiendo los pasos de una mujer que llega a un peque&ntilde;o pueblo cargando con el peso de la p&eacute;rdida. Escrita con delicadeza y vocaci&oacute;n intimista, la autora sobresale en la exploraci&oacute;n de la psique de la protagonista al tiempo que evoca con viveza el ambiente de la comunidad. Fue distinguida con el Premi Llibreter de los libreros catalanes. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Distancia de fuga&rsquo;, de Cristina Ara&uacute;jo G&aacute;mir (Tusquets)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f424a3bf-dca6-4180-adb2-6a13c8dc5adc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Tras darse a conocer con <em>Mira a esa chica</em> (Premio Tusquets 2022), donde se inspira en el caso de La Manada para narrar las secuelas de una violaci&oacute;n, la autora madrile&ntilde;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/cristina-araujo-he-pasado-vida-saboteandome-he-conseguido-salir-adelante_128_12996875.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cristina Ara&uacute;jo</a> sigue bebiendo del presente para recrear una historia de amor entre dos personajes que se encuentran en ese tr&aacute;nsito de la juventud a la vida adulta, cuando se tiene ambici&oacute;n, pero pocas certezas. Como en su &oacute;pera prima, maneja a la perfecci&oacute;n la estructura y los tiempos, y desmiente aquello de que la segunda novela siempre es un tropiezo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La chica m&aacute;s lista que conozco&rsquo;, de Sara Barquinero (Lumen)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a1084b7a-ea18-465c-a0bd-bb928c8d5f4a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Si alguien pensaba que el &eacute;xito de <em>Los Escorpiones</em> iba a obnubilar a su autora, se equivocaba de lleno: con <em>La chica m&aacute;s lista que conozco</em> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/sara-barquinero-universidad-hay-profesores-dicen-guarro-sistemico_1_13078213.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Barquinero</a> firma otra novela de alto voltaje literario que conecta temas del debate contempor&aacute;neo &ndash;en este caso, las relaciones de poder en la universidad espa&ntilde;ola&ndash; con cuestiones tan atemporales como la entrada en el mundo adulto, el paso de la provincia a la ciudad o la amistad entre mujeres j&oacute;venes.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Maqluba. Amor a dos voces&rsquo;, de Sari Bashi (Libros de Seda, trad. Jorge Fern&aacute;ndez Cienfuegos)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/affc4524-1df2-4818-825f-e19738a325c9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Esta novela, que se public&oacute; en 2021 y ahora se traduce por primera vez al castellano, narra una conmovedora historia de amor, inspirada en las vivencias de la propia autora, entre un profesor gazat&iacute; retenido en la Cisjordania ocupada y la abogada israel&iacute;-estadounidense que se encarga de defenderlo. Con el hilo de su relaci&oacute;n, subyacen muchos conflictos no resueltos: el conflicto israel&iacute;-palestino, por supuesto, pero tambi&eacute;n el desarraigo, el choque entre generaciones, las diferencias &eacute;tnicas o las desigualdades de g&eacute;nero. Una novela que deleita e instruye, y que merece tener un largo recorrido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Kolj&oacute;s&rsquo;, de Emmanuel Carr&egrave;re (Anagrama, trad. Juan de Sola) / &lsquo;Kolkhoz&rsquo; (Anagrama, trad. Ferran R&agrave;fols)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b92f53a3-7b6c-4683-8627-144e43cb1abe_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No es una novela, pero tampoco un ensayo; es Carr&egrave;re haciendo lo que mejor sabe, y a un nivel excelso. Despu&eacute;s de la muerte de su madre, H&eacute;l&egrave;ne Carr&egrave;re d&rsquo;Encausse, figura prominente de la cultura francesa &ndash;donde se convirti&oacute; en la primera mujer en dirigir la Academia, entre otros m&eacute;ritos&ndash;, el escritor revisa los documentos de su archivo personal para reconstruir la historia de su familia, que es a la vez un recorrido por el pasado de Europa y un di&aacute;logo intergeneracional lleno de aristas, pero tambi&eacute;n de amor.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La comadrona&rsquo;, de Bibbiana Cau (Duomo, trad. Noelia Pousada)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/bf34b297-ebe0-492b-9bf6-002d392f6756_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Como lectores, no siempre buscamos la exigencia literaria. A veces nos apetece una novela distendida, que nos entretenga sin experimentos. <em>La comadrona</em> es un excelente ejemplo de ello: una historia ambientada en la Cerde&ntilde;a de principios del siglo XX, con mujeres fuertes que desaf&iacute;an el orden establecido y un hermoso homenaje al oficio, transmitido de generaci&oacute;n a generaci&oacute;n, de las profesionales que asisten el parto.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Peque&ntilde;a guerra perfecta&rsquo;, de Elvira Dones (Errata Naturae, trad. Regina L&oacute;pez Mu&ntilde;oz)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3b248378-5708-412c-99aa-bb24515f6720_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Se ha escrito mucho sobre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra civil espa&ntilde;ola, pero no tanto &ndash;o al menos no ha tenido tanto arraigo aqu&iacute;&ndash; de las guerras yugoslavas. En este libro, la escritora albanesa Elvira Dones transita por el Kosovo de 1999, en medio del genocidio perpetrado por Slobodan Milo&scaron;evi&#263;. La particularidad es que el centro est&aacute; puesto en un grupo de mujeres de diferentes edades, en c&oacute;mo tiran adelante entre el miedo y la incertidumbre.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Abril o nunca&rsquo;, de Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena (Seix Barral)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9378b2cd-5e64-4b9b-829f-48127d5ee52d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El escritor c&aacute;ntabro <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/juan-gomez-barcena-escritor-hombre-despues-adolescencia-punto-critico-mediana-edad_1_13114445.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena</a> se propone (y con ello propone al lector) un nuevo reto con cada nueva novela. Despu&eacute;s de la extraordinaria <em>Lo dem&aacute;s es aire</em> y del personal ensayo <em>Mapa de soledades</em>, esta vez le toca el turno a un libro donde se atreve con los viajes en el tiempo, que le sirven de canal para exorcizar el dolor de un padre por la p&eacute;rdida de la hija. Sensibilidad, inteligencia y mordacidad en otro despliegue de narrativa portentosa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;F&iacute;sica de la tristeza&rsquo;, de Gueorgui Gospod&iacute;nov (Impedimenta, trad. Mar&iacute;a V&uacute;tova)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7e11cb36-f299-49d7-8741-9bac0820fcad_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El autor b&uacute;lgaro, firme candidato al Premio Nobel de Literatura, se ha ido afianzando entre el p&uacute;blico espa&ntilde;ol desde que gan&oacute; el prestigioso Premio Booker Internacional por <em>Las tempest&aacute;lidas</em> (2020), que tambi&eacute;n recibi&oacute; el Premio Strega europeo. Impedimenta recupera otra de sus obras mayores, una original exploraci&oacute;n de la memoria escrita con una prosa hipn&oacute;tica, de meandros e im&aacute;genes poco habituales en la tradici&oacute;n occidental. Leerlo es entrar en un cuarto oscuro del que se emerge profundamente conmovido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Albi&oacute;n&rsquo;, de Anna Hope (Libros del Asteroide, trad. Regina L&oacute;pez Mu&ntilde;oz) / &lsquo;Albi&oacute;&rsquo; (Amsterdam, trad. Esther Roig)&nbsp;</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4b5fa42c-6904-4760-87ab-bf226f40bac1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una novela de las de antes, de las de siempre, solo que escrita por una autora de hoy, con la perspectiva de hoy, que no pierde de vista los conflictos m&aacute;s actuales. Anna Hope firma una saga familiar de largo aliento, que invita a sumergirse en las vidas de los personajes durante unos cuantos d&iacute;as, con la pasi&oacute;n con que le&iacute;mos a los cl&aacute;sicos. Una historia sobre la familia, el legado y la diferencia de clases de lo m&aacute;s entretenida.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La edad rid&iacute;cula&rsquo;, de Maryam Madjidi (Min&uacute;scula, trad. Palmira Feixas)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c97cbd7-bbf3-44b6-a7e3-60deca2d0e97_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En la periferia de Par&iacute;s, una adolescente de origen iran&iacute;, hija de exiliados pol&iacute;ticos, se enfrenta a los imperecederos conflictos de esta etapa con el a&ntilde;adido de la complejidad de navegar entre dos culturas. La falta de referentes que iluminen el camino, junto con el acoso escolar, la hacen avanzar a tientas, pero la protagonista tiene un basti&oacute;n al que agarrarse: el estudio. Y, como tantas generaciones, esta joven, trasunto de la autora, hace de los libros y su rico mundo interior un veh&iacute;culo de desclasamiento.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La hija&rsquo;, de Sergio del Molino (Alfaguara)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9e5d3b55-4aa3-488c-b143-ee309166e43f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A riesgo de que el &uacute;ltimo cuatrimestre del a&ntilde;o lo borre de la memoria de los cr&iacute;ticos, hay que reivindicarlo ya como uno de los libros del a&ntilde;o, y a&uacute;n m&aacute;s: uno de los libros m&aacute;s importantes de <a href="https://librotea.eldiario.es/estanterias/sergio-molino-libros-fascinacion-arte-vida" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Sergio del Molino</a>, que no es que anduviera corto de m&eacute;ritos. En esta ocasi&oacute;n, la novela parte de la curiosidad por la supuesta hija ileg&iacute;tima de Goya, la pintora Rosario Weiss, pero en el fondo no deja de ser un paso m&aacute;s para seguir escribiendo sobre lo que le ha interesado siempre, a saber: el narrador subjetivo, la p&eacute;rdida, la memoria personal y colectiva, el poder del arte, con el a&ntilde;adido de la voz de un hombre enamorado y un espl&eacute;ndido fresco del siglo XIX.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;P&aacute;ramo herido&rsquo;, de Fabio Neri (Ned Ediciones)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/06872a01-451e-43d9-98e8-59552f4832b3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La primera novela de Fabio Neri, escritor chileno afincado en Barcelona, retoma el viejo motivo del viaje inici&aacute;tico para narrar la tumultuosa peripecia de un joven en la Patagonia hostil. Con aire de w&eacute;stern y una prosa viva, que fluye como un r&iacute;o, el relato es a la vez una novela de formaci&oacute;n, una radiograf&iacute;a de la violencia en la historia del pa&iacute;s y una meditaci&oacute;n existencial de la que el lector sale tan estremecido como su protagonista.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Arroyo Flint Kill&rsquo;, de Joyce Carol Oates (Altamarea, trad. Antonio J. Ant&oacute;n Fern&aacute;ndez)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/16e89305-db0c-457b-bdb7-6f0b7cbd7936_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Se celebran tanto (y no sin raz&oacute;n) sus grandes novelas, como <em>Blonde</em>, <em>Qu&eacute; fue de los Mulvaney</em> o <em>Un libro de m&aacute;rtires</em> <em>americanos</em>, que se corre el riesgo de pasar por alto sus (por lo general) no menos extraordinarios relatos. He aqu&iacute; una nueva muestra de destreza y plasticidad narrativa de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a>: violencia, miedo, desarraigo; una pieza m&aacute;s en ese inventario de los rincones oscuros del alma humana que ha construido libro a libro.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Una madre trabajadora&rsquo;, de Agnes Owens (Mu&ntilde;eca Infinita, trad. Blanca Gago)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c4953ef8-5d6c-46bf-a60c-589d6a9773f8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n de una autora escocesa que, con su humor corrosivo, traza una s&aacute;tira sobre las trampas de la pretendida conciliaci&oacute;n. La protagonista, madre de dos hijos, decide volver a trabajar, una decisi&oacute;n que le trae consecuencias en su matrimonio. Estamos en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta, y adem&aacute;s del patriarcado, las secuelas de la guerra, la pobreza y el alcohol hacen estragos en la sociedad. La autora, de quien este 1926 se conmemora el centenario, teje una trama sorprendente que invita a la reflexi&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Pueblo blanco azul&rsquo;, de Azahara Palomeque (Cabaret Voltaire)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b7761b4c-5b15-4443-8c0a-e7129b8bdd5e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una mujer regresa a su pueblo para escribir una novela. Busca un nuevo comienzo, pero lleva la mochila cargada de heridas. En su relato se teje la memoria personal con las voces de la comunidad, en una novela po&eacute;tica y con gusto por el detalle que rinde homenaje a ese mundo perdido de los que ya no est&aacute;n, pero de alg&uacute;n modo forman parte de nosotros. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/azahara-palomeque-escritora-memoria-guerra-civil-cambiado-momento-termino_128_13019263.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Azahara Palomeque,</a> una nueva y primorosa voz narrativa que ha llegado para quedarse.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La parte f&aacute;cil&rsquo;, de Ismael Ramos (Las Afueras) / &lsquo;A parte f&aacute;cil&rsquo; (Xerais)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a8774178-0b65-4627-b07e-ed6c686c442a_source-aspect-ratio_default_1141240.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Dicen sus editores que publicar libros de relatos en Espa&ntilde;a es llorar, pero el &uacute;ltimo llanto que les ha dado <a href="https://www.eldiario.es/galicia/gallego-ismael-ramos-obtiene-prestigiosos-premios-relatos-estados-unidos_1_13142936.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ismael Ramos</a> ha sido de alegr&iacute;a, al convertirse en el primer espa&ntilde;ol en ganar el prestigioso Premio O. Henry &ndash;un galard&oacute;n con m&aacute;s de cien a&ntilde;os de historia&ndash; por<em> La liebre,</em> uno de los cuentos contenidos en este volumen. Ismael Ramos tiene ojo cl&iacute;nico para retratar las precariedades contempor&aacute;neas, materiales y emocionales, pero sobre todo tiene estilo, mirada, mundo propio, y ah&iacute; est&aacute; todo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Joi&rsquo;, de &Aacute;ngela Segovia (La U&ntilde;a Rota)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/db72595d-e76b-46a1-9f47-002499c4aa60_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &Aacute;ngela Segovia es una de las poetas m&aacute;s interesantes del panorama espa&ntilde;ol, y con este libro se estrena en la novela. Como era de esperar, hace un despliegue de lenguaje prodigioso, que da voz a una ni&ntilde;a de doce a&ntilde;os que se pierde en el bosque. La inocencia se funde con el lado sombr&iacute;o de la realidad en un texto que navega entre la oralidad de lo local con la mirada reflexiva de la narradora. &Iacute;ntima, delicada y salvaje a un tiempo. Otro nombre del que tomar nota.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La casa del mago&rsquo;, de Emanuele Trevi (Sexto Piso, trad. Miguel Ros Gonz&aacute;lez)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/84a44f33-747c-4151-97f8-e143447a0b3d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Emanuele Trevi, uno de los autores italianos contempor&aacute;neos m&aacute;s importantes, vertebra su narrativa en torno a figuras reales. En este caso, el protagonista es su padre, Mario Trevi (1924-2011), un reputado psicoanalista que, como en toda relaci&oacute;n paternofilial, dej&oacute; heridas en forma de silencios, ausencias y otros misterios. El autor lleva a cabo un viaje &iacute;ntimo de reencuentro y redenci&oacute;n que explora temas como la paternidad o el hecho de crecer a la sombra de un padre c&eacute;lebre.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La sombra del loto negro&rsquo;, de &Aacute;frica V&aacute;zquez Beltr&aacute;n (Minotauro)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/15a0815e-0a22-4699-8066-eb25580b9d13_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Los amantes de la fantas&iacute;a hist&oacute;rica y el Antiguo Egipto est&aacute;n de enhorabuena: &Aacute;frica V&aacute;zquez Beltr&aacute;n, flamante ganadora del Premio Minotauro 2026, firma una novela en la que el rico universo mitol&oacute;gico se filtra en el d&iacute;a a d&iacute;a de la protagonista, una joven a la que seguimos en su particular viaje del h&eacute;roe, solo que, en su caso, no es una hero&iacute;na al uso, sino una sencilla, imperfecta, compleja como cualquier ser humano, que despierta la empat&iacute;a del lector e invita a acompa&ntilde;arla en su periplo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-ficcion-regalar-dia-libro_1_13157631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 19:41:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20 títulos de ficción para regalar el Día del Libro 2026]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Escritores,Día del Libro,Sant Jordi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[20 títulos de no ficción para regalar el Día del Libro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-no-ficcion-regalar-dia-libro_1_13155926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31920024-a32d-4a8d-9e2f-2324fad66e9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="20 títulos de no ficción para regalar el Día del Libro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo de la celebración del día del libro y Sant Jordi comenzamos una serie de recomendaciones para facilitar la elección de la obra que regalar</p><p class="subtitle">20 títulos de ficción para regalar el Día del Libro 2026
</p></div><p class="article-text">
        El <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eduardo-mendoza-he-considerado-artista-si-artesano_1_13139711.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">D&iacute;a del Libro y Sant Jordi</a> es la fecha que muchos eligen para regalar libros a sus seres queridos. Ensayos, novelas, literatura juvenil... Todo cabe en una semana en donde los autores y sus obras se colocan en el centro. 
    </p><p class="article-text">
        En Barcelona el discurso de Sant Jordi lo dar&aacute; Ali Smith y la Nobel Han Kang presentar&aacute; su nueva novela en el CCCB. En Madrid ser&aacute; el turno del &uacute;ltimo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/gonzalo-celorio-premio-cervantes-2025_1_12737343.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Cervantes, Gonzalo Celorio</a>, que recoger&aacute; su galard&oacute;n en la tradicional ceremonia que tendr&aacute; lugar, como cada a&ntilde;o, el 23 de abril.
    </p><p class="article-text">
        Para facilitar la labor de elegir entre el tsunami de novedades que llega cada d&iacute;a, desde elDiario.es vamos a realizar una serie de recomendaciones de obras publicadas este a&ntilde;o 2026 en no ficci&oacute;n, ficci&oacute;n y juvenil e infantil. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Cuando el mundo duerme&rsquo;, de Francesca Albanese (Galaxia Gutenberg, trad. M&oacute;nica Monteys)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d3717ce0-2a73-4544-93f8-249f120cc1c1_source-aspect-ratio_default_1141187.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        La relatora de la ONU lleva tiempo denunciando con voz firme el genocidio perpetrado por el ej&eacute;rcito israel&iacute; en Palestina. Este libro es una extensi&oacute;n de su compromiso por la defensa de las v&iacute;ctimas y de los derechos humanos: diez testimonios que han vivido la invasi&oacute;n de primera mano y conversan con la autora, en unos di&aacute;logos que aportan luz al lector occidental sobre la realidad palestina y la necesidad de no permanecer indiferentes ante la barbarie.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Sirenas, leones y otros encuentros inesperados&rsquo;, de Jacinto Ant&oacute;n (Salamandra)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ca6c7d81-b44c-49e4-8cf7-3fa248314424_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        Jacinto Ant&oacute;n, periodista reconocido con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, lleva a&ntilde;os deleitando a los lectores con sus cr&oacute;nicas en El Pa&iacute;s, en las que la erudici&oacute;n se combina con una suerte de sentido de la maravilla, de la aventura, que da lugar a piezas de lo m&aacute;s sugerentes. La originalidad, ya se sabe, reside en la capacidad de relacionar elementos en apariencia inconexos, y en eso &eacute;l es un experto. Este libro recopila una serie de art&iacute;culos que, entre literatura, antropolog&iacute;a e historia, dan cuenta de una insobornable (y p&iacute;cara) curiosidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Espejo de sombras&rsquo;, de Felicidad Blanc (C&aacute;tedra)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/190367cd-0366-45db-aa59-94c017548217_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        Unas memorias escritas en 1977, tras el &eacute;xito de <em>El desencanto</em> (1976), <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/desencanto-reflejo-cine-miseria-moral-burguesia-franquista_1_13096431.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el documental de Jaime Ch&aacute;varri</a> sobre la familia Panero en el que ella misma, intelectual y escritora a su vez, brill&oacute; con luz propia. Nacida en Madrid en 1919, su recorrido vital es &ndash;no pod&iacute;a ser de otro modo&ndash; una radiograf&iacute;a social de los estragos de la guerra y el franquismo. Sin duda, Felicidad Blanc fue una figura fascinante de las letras espa&ntilde;olas que esta recuperaci&oacute;n brinda la oportunidad de reivindicar.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La fiesta del fin del mundo&rsquo;, de Natalia Castro Pic&oacute;n (Anagrama)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ccdec853-76fb-4a7a-b3b8-4724d497d1d5_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        El Premio Anagrama de Ensayo 2025 ofrece un enfoque particular a este clima de crisis permanentes que se ha instalado en la sociedad occidental desde 2008.&nbsp;La autora, lejos de resignarse en el diagn&oacute;stico habitual, que lleva al desencanto y la inacci&oacute;n, propone un an&aacute;lisis de los sucesivos &ldquo;apocalipsis&rdquo; que se han pregonado desde entonces (la crisis econ&oacute;mica, la emergencia clim&aacute;tica, el acceso a la vivienda, la pandemia o el resurgir de la ultraderecha, entre otros) para subrayar que, ante la incertidumbre, existe, como se ha demostrado, la posibilidad de una revoluci&oacute;n; porque creer que no hay salida no deja de ser otra herramienta de control pol&iacute;tico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Los nombres del mundo. Una historia de la escritura&rsquo;, de Ewan Clayton (Siruela, trad. Mar&iacute;a Condor)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/eb964a71-7be9-432f-9852-b34129e16e93_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        Un libro que parece hecho a medida de los amantes de los libros y la lectura: un ensayo que recorre toda la historia de la escritura, desde los pictogramas del Antiguo Egipto a las infinitas posibilidades de la era inform&aacute;tica. Hablar de la creaci&oacute;n de un c&oacute;digo de comunicaci&oacute;n compartida implica, por supuesto, ahondar en la evoluci&oacute;n cultural de las civilizaciones, el impacto de fen&oacute;menos como la fijaci&oacute;n de un alfabeto o la aparici&oacute;n de la imprenta. Instructivo, accesible y de lo m&aacute;s enriquecedor.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Ernestina Gonz&aacute;lez. Un pulso antifranquista&rsquo;, de Ana Mar&iacute;a D&iacute;az Marcos (Espuela de Plata)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/dc97216c-fe7d-4458-b4aa-e740273cbd6b_source-aspect-ratio_default_1141190.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><p class="article-text">
        Los lectores interesados en la memoria hist&oacute;rica, y en las figuras de mujeres olvidadas en particular, tienen un nuevo nombre del que tomar nota: Ernestina Gonz&aacute;lez (1896-1976), una de las primeras universitarias espa&ntilde;olas, amiga de Lorca, Dal&iacute; y Bu&ntilde;uel, una bibliotecaria que desde su exilio en Estados Unidos se implic&oacute; en el movimiento antifranquista, por lo que fue vigilada por el FBI durante d&eacute;cadas y hasta llevada a juicio por el Comit&eacute; de Actividades Antiamericanas. Una voz valiente a la que, sin duda, vale la pena descubrir.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Buscando a Rosal&iacute;a: la promesa, la voz, la empoderada, la motomami, la santa&rsquo;, de Oriol Dom&iacute;nguez y Yeray S. Iborra</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4c17a358-11d7-4237-8e3d-d3debda4737a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A juzgar por la velocidad con la que se agotaron las entradas de su &uacute;ltima gira, existe un gran n&uacute;mero de lectores potenciales para este libro, el m&aacute;s reciente y completo sobre la inconmensurable Rosal&iacute;a. Los autores, periodistas musicales especializados en cultura popular, recogen diferentes testimonios para plantear un retrato a lo largo del tiempo de la gran artista de nuestra era, que, como ella misma canta, se transforma, y de sus sucesivas reinvenciones se da cuenta en estas p&aacute;ginas. Imprescindible para seguidores y muy recomendable para los que la aborrecen, si tienen, al menos, amplitud de miras.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Mujeres grises sobre fondo negro&rsquo;, de Marisol Donis (Alrev&eacute;s)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d4a3e465-0a97-4c70-8156-7e47735ac209_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de t&iacute;tulos como <em>Emilia Pardo Baz&aacute;n y su fascinaci&oacute;n por la criminolog&iacute;a</em> (2023) y <em>Envenenadoras</em> (2025), la farmac&eacute;utica y crimin&oacute;loga Marisol Donis sigue investigando la cr&oacute;nica negra con perspectiva de g&eacute;nero para analizar, en este nuevo ensayo, c&oacute;mo la psiquiatr&iacute;a, encarnada en los manicomios de anta&ntilde;o, se us&oacute; como herramienta de control social para anular a las mujeres que osaban salirse del canon. A trav&eacute;s de diferentes casos, unos conocidos &ndash;Charlotte Perkins, Leonora Carrington, Unica Z&uuml;rn, Janet Frame&ndash; y otros no tanto, reivindica su esp&iacute;ritu libre e indomable.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protecci&oacute;n a la Mujer (1941-1985)&rsquo;, de Carmen Guill&eacute;n (Cr&iacute;tica)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c313476-4704-4a9a-b785-af277d59410b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n m&aacute;s completa hasta la fecha sobre los engranajes de esta organizaci&oacute;n franquista, que sirvi&oacute; para encubrir abusos, tr&aacute;fico de beb&eacute;s, trabajos forzados y todo tipo de vejaciones contra las mujeres con el pretexto de velar por su moralidad. La autora desentra&ntilde;a los mecanismos de adoctrinamiento por los que la instituci&oacute;n anul&oacute; la voluntad y reprendi&oacute; a mujeres de toda condici&oacute;n, uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s oscuros del (ya de por s&iacute; oscuro) franquismo, que se prolong&oacute; hasta los primeros a&ntilde;os de la democracia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El impacto de la IA. Sam Altman y su carrera por dominar el mundo&rsquo;, de Karen Hao (Pen&iacute;nsula, trad. Jorge Paredes)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a9aae172-d6d2-459a-b7d2-19eede46c7a4_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No puede faltar una recomendaci&oacute;n para comprender mejor uno de los retos m&aacute;s importantes del presente, sino el que m&aacute;s: un estudio exhaustivo sobre la carrera tecnol&oacute;gica que llev&oacute; a cabo el empresario Sam Altman, una figura clave en el desarrollo de la inteligencia artificial. La autora se empapa de testimonios para reconstruir c&oacute;mo se rompi&oacute; la promesa de una tecnolog&iacute;a que en principio nos iba a hacer la vida m&aacute;s f&aacute;cil, pero que se revel&oacute; un sistema de trabajo abusivo y t&oacute;xico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El romance de la V&iacute;a L&aacute;ctea&rsquo;, de Lafcadio Hearn (Satori, trad. Emilio Jaramillo)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c7a3ff04-935a-4d0f-9d47-26901a25a759_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno internacional de la cultura japonesa es mucho m&aacute;s que una moda pasajera. El manga, el <em>anime</em>, la comida, los videojuegos, la est&eacute;tica kawaii o el j-pop son tan solo una pieza m&aacute;s de una fascinaci&oacute;n que existe desde hace siglos: esta preciosa edici&oacute;n del cl&aacute;sico de Lafcadio Hearn se sumerge en el Jap&oacute;n m&aacute;s m&aacute;gico y sugerente, el Jap&oacute;n de las leyendas, los ritos ancestrales, ese espacio m&iacute;tico entre dos mundos. Con su prosa evocadora y su mirada etnol&oacute;gica, su voz sigue siendo, para el lector occidental, una de las mejores puertas a la civilizaci&oacute;n nipona.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Nuestros silencios&rsquo;, de Laurence Joseph (Gatopardo, trad. Palmira Feixas)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9e34db0c-c9a4-4bbf-abe2-ed28f3c42b0e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Nadie lo pone en duda: vivimos en una sociedad del ruido. Entre mensajes instant&aacute;neos y esa necesidad de opinar de todo a todas horas, el silencio emerge como una elecci&oacute;n revolucionaria en pos del sosiego, la contemplaci&oacute;n, el establecimiento de unos l&iacute;mites. Ahora bien, el silencio tambi&eacute;n se asocia a lo silenciado, lo que se ha callado u ocultado por miedo, verg&uuml;enza o represi&oacute;n. La autora, psic&oacute;loga cl&iacute;nica y psicoanalista francesa, lleva a cabo un estimulante estudio sobre los usos individuales y colectivos del silencio y su imaginario cultural.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Un himno a la vida. Mi historia&rsquo;, de Gis&egrave;le Pelicot (Lumen, trad. Noem&iacute; Sobregu&eacute;s Arias)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f731eb18-f20e-4877-9e24-d30dda2f39b1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La historia de Gis&egrave;le Pelicot bastar&iacute;a para justificar el inter&eacute;s de este libro; pero resulta que, adem&aacute;s, contiene un poderoso mensaje de reconstrucci&oacute;n personal y derecho a la reparaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas que, en esta era posterior al #MeToo, es muy alentador. Con claridad, sin temor a llamar las cosas por su nombre, la autora reconstruye su pasado y cuenta c&oacute;mo fue capaz de dar la vuelta a la verg&uuml;enza para defender, en esa frase que se ha convertido en un principio de dignidad, que &ldquo;la verg&uuml;enza debe cambiar de bando&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El cerebro enamorado&rsquo;, de Miguel Pita (Perif&eacute;rica)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/6428af4f-a367-40f1-85c1-e8914f3252fe_source-aspect-ratio_default_1141196.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El mundo est&aacute; lleno de historias de amor. Las de verdad, en la calle o en las casas; y las de mentira, en el cine, las novelas o las canciones, que sin embargo tienen un impacto enorme en nuestra forma de vivir la experiencia amorosa. No nos cansamos del amor; sin embargo, &iquest;qu&eacute; sabemos del asunto? Miguel Pita, doctor en Gen&eacute;tica y Biolog&iacute;a Molecular, escribe un ensayo ameno sobre el proceso neurol&oacute;gico que se desencadena desde que nos enamoramos hasta el final de la relaci&oacute;n. Porque amor y ciencia no solo no est&aacute;n re&ntilde;idos, sino que, como se demuestra, no hay amor sin una compleja ciencia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;La trampa del velo&rsquo;, de &Aacute;ngeles Ram&iacute;rez (Catarata)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/99cece64-973c-407e-a766-0662a1f15218_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es un debate que resurge cada cierto tiempo, lo que demuestra, adem&aacute;s de una falta de comprensi&oacute;n por parte de Occidente, que el conflicto est&aacute; lejos de resolverse. &iquest;Imponer el pa&ntilde;uelo o prohibirlo? Ni lo uno ni lo otro: la autora, antrop&oacute;loga especializada en el estudio del islam desde una perspectiva de g&eacute;nero, sostiene que ambas medidas esconden un mecanismo de control sobre el cuerpo de las mujeres. Frente a los argumentos simples, examina las trampas tanto del propio mundo musulm&aacute;n como del Occidente que se pretende salvador. Imprescindible para profundizar en el debate.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Historia de una monta&ntilde;a&rsquo;, de &Eacute;lis&eacute;e Reclus (Errata Naturae; trad. Marcos Nava)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b36dea2e-60db-4044-881e-e3661ff440fc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la bell&iacute;sima edici&oacute;n de <em>Walden</em> ilustrada por Cl&eacute;ment Thoby, Errata naturae suma un nuevo t&iacute;tulo a su colecci&oacute;n de cl&aacute;sicos en ediciones de lujo con este t&iacute;tulo del ge&oacute;grafo, aventurero y militante anarquista &Eacute;lis&eacute;e Reclus, con ilustraciones de Cl&eacute;ment Vuillier. He aqu&iacute; un canto de amor a la monta&ntilde;a, donde el autor encuentra la reparaci&oacute;n tras unas p&eacute;rdidas desgarradoras; pero no se limita a narrar su viaje personal, sino que, combinando conocimientos de diferentes disciplinas, traza una historia de las monta&ntilde;as que har&aacute; las delicias de todo aquel que, como &eacute;l, encuentre en la ascensi&oacute;n un refugio.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Un metro cuadrado&rsquo;, de Llucia Ramis (Libros del Asteroide)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/80c6d1f3-3137-4668-a7a3-4efa567b4151_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Llucia Ramis, escritora y periodista mallorquina, lleva muchos a&ntilde;os contando sus idas y venidas con la vivienda, la precariedad del oficio y la turistificaci&oacute;n de su isla natal, que no dejan de ser las ramificaciones de un mismo problema. Con este libro, IV Premio de No Ficci&oacute;n de Libros del Asteroide, pone orden a ese conflicto partiendo de su memoria personal, como hace en todas sus obras, para, desde lo particular, esbozar una radiograf&iacute;a de una crisis colectiva de la sociedad espa&ntilde;ola para la que a&uacute;n no hay respuesta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Galleteras&rsquo;, de Laura Sanz Corada (La Caja Books)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2bbb2998-48ca-4e37-8892-b1def83c7b90_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n se resiste a una cr&oacute;nica cultural sobre la galleta Mar&iacute;a? Laura Sanz Corada naci&oacute; en Aguilar de Campoo (Palencia), la localidad donde Galletas Fontaneda se estableci&oacute;, que ha quedado ligada de forma inevitable a los avatares de esta f&aacute;brica de dulces. Es, adem&aacute;s, hija de una de sus trabajadoras, las &ldquo;galleteras&rdquo;, y nieta de uno de los jefes de secci&oacute;n. Y, precisamente porque lo conoce desde dentro, lejos de escribir una memoria nost&aacute;lgica, lo que hace es sacar a la luz las condiciones abusivas en las que trabajaron las mujeres, adem&aacute;s del desamparo al que han quedado los vecinos tras el cierre. Un libro iluminador y honesto sobre lo que se esconde detr&aacute;s de cada bocado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;El arte de escribir ficci&oacute;n. Apuntes de escritores contempor&aacute;neos&rsquo;, de VV. AA. (Alba)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/44b8955c-c3e0-4a73-afe5-fb0d44d97226_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Quiz&aacute; porque vivimos en un pa&iacute;s en el que hay m&aacute;s aspirantes a escritores que lectores &ldquo;a secas&rdquo;, los libros sobre los pormenores de la creaci&oacute;n literaria tienen un p&uacute;blico fiel. Y este es una incorporaci&oacute;n valiosa para la colecci&oacute;n: re&uacute;ne las reflexiones de autores actuales en lengua espa&ntilde;ola, escritores en activo que conocen mejor que nadie lo que significa escribir (y publicar) hoy. Rodrigo Fres&aacute;n, Brenda Navarro, Sara Barquinero, Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena, Lara Moreno o Andr&eacute;s Barba son algunos de ellos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&lsquo;Si las paredes hablaran&rsquo;, de Lucy Worsley (Capit&aacute;n Swing, trad. Luc&iacute;a Barahona)</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c5d7cfe9-cea9-444f-9e2a-281112c84807_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es lo que tenemos m&aacute;s cerca, pero, quiz&aacute; precisamente por eso, somos unos grandes ignorantes en la materia. Este libro teje una memoria de los objetos que han marcado la vida dom&eacute;stica occidental a lo largo de los siglos, desde los tab&uacute;s de la &eacute;poca victoriana a la llegada de la nevera, pasando por los tipos de inodoro, la forma de cocinar o los secretos de alcoba. La autora recorre estancia por estancia, se detiene en las actividades que se realizan en cada una y, a trav&eacute;s de su an&aacute;lisis, traza una historia sociocultural que divierte, instruye y sacia unas curiosidades que no sab&iacute;amos que ten&iacute;amos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-no-ficcion-regalar-dia-libro_1_13155926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:53:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20 títulos de no ficción para regalar el Día del Libro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Día del Libro,Sant Jordi,Escritores,Ensayos,Literatura]]></media:keywords>
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