<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristina Ros]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristina-ros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristina Ros]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1049831/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La ganadora más joven del Booker que pasó 20 años sin querer publicar está de regreso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ganadora-joven-booker-paso-20-anos-publicar-regreso_1_13432016.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98df9742-e16d-44d5-8146-21ec7af40002_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148820.jpg" width="4278" height="2406" alt="La ganadora más joven del Booker que pasó 20 años sin querer publicar está de regreso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Kiran Desai consiguió en 2006 el premio que a su madre, Anita Desai, referente de la literatura india escrita en inglés, se le escapó tres veces. No tuvo prisa en su regreso, que se ha producido con 'La soledad de Sonia y Sunny', una novela con la quedó finalista del gran premio de la literatura en Reino Unido</p><p class="subtitle">Cincuenta años sin Agatha Christie: diez cosas que los escritores (y la industria editorial) deberían aprender de ella
</p></div><p class="article-text">
        Kiran Desai (Nueva Delhi, 1971) creci&oacute; viendo c&oacute;mo su madre, la novelista Anita Desai (Mussoorie, 1937), se convert&iacute;a en una de las primeras mujeres de su generaci&oacute;n en dar a su carrera literaria toda la atenci&oacute;n que requer&iacute;a, sin descuidar por ello la crianza ni las tareas dom&eacute;sticas. Para su hija, la menor de cuatro hermanos, se volvi&oacute; normal ver a su madre dedicar horas y horas a la escritura, una rutina obstinada de silencio y creatividad que contrastaba con el ajetreo de las calles de la India. En un momento dado, le hicieron una oferta para impartir clase en el extranjero, primero en el Reino Unido y luego en los Estados Unidos, para lo que no dud&oacute; en hacer las maletas y llevarse a su hija peque&ntilde;a, la &uacute;nica que a&uacute;n viv&iacute;a en la casa familiar, que comenz&oacute; a estudiar en dichos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, Kiran Desai lleva veinticinco a&ntilde;os establecida en Nueva York, donde tambi&eacute;n vive su madre, con la que sigue muy unida. Su progenitora no solo es un apoyo indispensable para su propia carrera, sino que, con su ejemplo vital, le mostr&oacute; un camino de libertad e independencia absolutas. La separaci&oacute;n de su marido, un empresario, poco despu&eacute;s del traslado, fue determinante: la sociedad solo esperaba de ella que se comportara como la esposa convencional, pero no se resign&oacute; a ese papel. El cambio de pa&iacute;s, por otra parte, le abri&oacute; horizontes a su hija, aunque tambi&eacute;n le provoc&oacute; esa disociaci&oacute;n de identidades que experimentan quienes crecen entre dos culturas, sin encajar del todo en ninguna de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Esa tensi&oacute;n entre la educaci&oacute;n occidental y los valores tradicionales que persisten en la India contempor&aacute;nea constituyen el n&uacute;cleo de su propia obra, no tan vasta como la de su madre, pero exquisita y cuidada al mil&iacute;metro. Se dio a conocer en 1998 con <em>Alboroto en el guayabal</em>, una alegor&iacute;a mordaz sobre las costumbres indias, pero fue con <em>El legado de la p&eacute;rdida</em> (2006) que se consolid&oacute; como una de las voces m&aacute;s importantes de su &eacute;poca, al convertirse en la ganadora m&aacute;s joven del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-paula-maia-finalista-premio-booker-mundo-sigue-cruel-peligroso-cambiado_1_13222643.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prestigioso Premio Booker</a>, un galard&oacute;n que su madre no hab&iacute;a logrado nunca, pese a haber sido nominada en tres ocasiones.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ad84b56c-4f15-4687-ab87-78ecdb3f2702_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Son muchas las expectativas que se ponen en un autor cuando recibe un premio de esta relevancia, que conlleva el lanzamiento de su obra en todo mundo acompa&ntilde;ado de una promoci&oacute;n intensa. La autora reconoce que al principio le pes&oacute;, pero despu&eacute;s se limit&oacute; a seguir su camino, sin ceder a las presiones habituales de la industria editorial. Prueba de ello es que tard&oacute; cerca de veinte a&ntilde;os en publicar su siguiente novela, <em>La soledad de Sonia y Sunny</em> (Salamandra, 2026), un libro de m&aacute;s de setecientas p&aacute;ginas que aspira a convertirse en su obra magna. Fue nominada de nuevo al Booker &ndash;que esta vez gan&oacute; David Szalay con <em>Flesh</em>&ndash; y los medios anglosajones la destacaron como uno de los t&iacute;tulos del a&ntilde;o. En Espa&ntilde;a llega de la mano de la editorial Salamandra, traducida por Aurora Echeverr&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">La mirada occidental hacia Oriente</h2><p class="article-text">
        Kiran Desai es una autora de personajes e ideas: primero concibe el tipo de conflictos que quiere plantear y el perfil de los protagonistas que mejor pueden encarnarlos, y solo mucho m&aacute;s tarde les da forma de trama. M&aacute;s que mecanismos de relojer&iacute;a, sus novelas &ndash;y <em>La soledad de Sonia y Sunny</em> en particular&ndash; son historias expansivas, que adquieren nuevas capas en cada episodio. A trav&eacute;s de la psique del personaje, se entrev&eacute; la tensi&oacute;n social de toda una comunidad, con lo que realiza un retrato pormenorizado e incisivo de las tribulaciones y las contradicciones internas del mundo contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Como en las novelas de Zadie Smith o en <em>Americanah</em> (2013), de Chimamanda Ngozi Adichie, el conflicto racial, el encaje complejo de los inmigrantes, es un asunto crucial; narra la relaci&oacute;n a lo largo del tiempo de Sonia y Sunny, dos j&oacute;venes indios de su quinta que rechazan las convenciones indias y se marchan al extranjero, donde, sin embargo, se enfrentan a la discriminaci&oacute;n en su d&iacute;a a d&iacute;a, un racismo sutil que a menudo se camufla en pr&aacute;cticas de apariencia bienintencionada, como la recomendaci&oacute;n a Sonia, que quiere ser escritora, de que evite los temas genuinamente orientales y el realismo m&aacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de Sonia, que tiene mucho de la propia autora, se introduce una reflexi&oacute;n sobre los prejuicios occidentales, sobre lo que esperan, en este caso los lectores, de las novelas de un escritor indio (algo que remite al cl&aacute;sico de Edward Said, <em>Orientalismo</em>, 1978, que advirti&oacute; las estructuras de poder detr&aacute;s de las representaciones que Occidente ha hecho de Oriente en su narrativa). Es interesante subrayar aqu&iacute; la deuda que Kiran Desai dice sentir hacia narradores hispanos como Jorge Luis Borges, Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez o Juan Rulfo: ir m&aacute;s all&aacute; del canon ingl&eacute;s la provee no solo de otras t&aacute;cticas estil&iacute;sticas, sino que ensancha su mirada, su comprensi&oacute;n del entorno.
    </p><p class="article-text">
        Esa amplitud de miras tambi&eacute;n se aplica a las diferentes generaciones: en su ambici&oacute;n de novela total, <em>La soledad de Sonia y Sunny</em> recorre d&eacute;cadas y continentes siguiendo los azares de las familias de los protagonistas, con sus consiguientes confrontaciones generacionales. Es llamativo el hecho de que, en principio, Sonia y Sunny iban a estar unidos por una propuesta de matrimonio concertado, pero ellos se oponen a ese tipo de uni&oacute;n, si bien por s&iacute; mismos experimentar&aacute;n idas y venidas en su relaci&oacute;n. Esta decisi&oacute;n los aleja de sus ra&iacute;ces, algo as&iacute; como renunciar a su pasado, con el inconveniente de que tampoco su presente, junto a sus pares occidentales, les resulta propio.
    </p><h2 class="article-text">Anatom&iacute;a de la(s) soledad(es) contempor&aacute;nea(s)</h2><p class="article-text">
        Esa ruptura entre culturas, entre el mundo de la infancia y el de su vida como adultos, es solo una de las soledades que la autora quiso reflejar en <em>La soledad de Sonia y Sunny</em>. El t&iacute;tulo no enga&ntilde;a: m&aacute;s que esbozar un fresco social, la radiograf&iacute;a de la sociedad actual en diferentes escenarios le sirve para inducir una profunda meditaci&oacute;n sobre la soledad, ese sentimiento omnipresente en nuestra era, que aqu&iacute; se entiende m&aacute;s all&aacute; de la falta de compa&ntilde;&iacute;a afectiva o de las consecuencias del uso excesivo de dispositivos digitales: est&aacute; la soledad como falta de entendimiento con la generaci&oacute;n precedente, la soledad de no reconocerse del todo en una identidad &eacute;tnica, la soledad de un inmigrante en el territorio extranjero, la soledad del oficio del escritor, la soledad de los v&iacute;nculos sin compromiso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para la autora, que vive sola y dice sentirse a gusto con su soledad buscada, la novela ofrece una suerte de consuelo cuando propicia una introspección de la que uno emerge renovado, más fuerte, más dueño de su rutina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pese a ello, para la autora &ndash;que vive sola y dice sentirse a gusto con su soledad buscada&ndash;, la novela ofrece una suerte de consuelo cuando propicia una introspecci&oacute;n de la que uno emerge renovado, m&aacute;s fuerte, m&aacute;s due&ntilde;o de su rutina. La soledad, las soledades, pueden doler, pero tambi&eacute;n pueden ser una palanca para aprender a estar con nosotros mismos, como la fase de cris&aacute;lida imprescindible antes de que el insecto pueda echar a volar. Y todo ello, aderezado con esos suaves toques de humor que amenizan el d&iacute;a a d&iacute;a; no es, pese a su extensi&oacute;n y complejidad, una novela ardua, sino que se lee con placer, sin que el inter&eacute;s decaiga, como un Dickens de hoy.
    </p><p class="article-text">
        Si se le puede hacer alguna objeci&oacute;n, es precisamente que, al pretender abarcar tanto, al aspirar de forma tan consciente a hacer una &ldquo;gran novela&rdquo;, una &ldquo;novela total&rdquo;, se pierde el control de la narraci&oacute;n, que se dispersa por momentos en sus m&uacute;ltiples ramificaciones sin terminar de encauzar la direcci&oacute;n. Es inteligente, es elegante, tiene unos personajes complejos memorables y m&aacute;s hondura que muchas novedades que llegan a las librer&iacute;as; pero es tambi&eacute;n excesiva, desbordante en su querer ser demasiado a la vez. La novela se resiente por estos detalles, que le restan fuerza. De todos modos, la riqueza de su retrato multicultural e intergeneracional, junto con el espl&eacute;ndido ejercicio de introspecci&oacute;n en los dos protagonistas, son un aliciente m&aacute;s que suficiente para alentar su lectura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ganadora-joven-booker-paso-20-anos-publicar-regreso_1_13432016.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2026 19:18:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/98df9742-e16d-44d5-8146-21ec7af40002_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148820.jpg" length="11213780" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/98df9742-e16d-44d5-8146-21ec7af40002_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148820.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11213780" width="4278" height="2406"/>
      <media:title><![CDATA[La ganadora más joven del Booker que pasó 20 años sin querer publicar está de regreso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/98df9742-e16d-44d5-8146-21ec7af40002_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148820.jpg" width="4278" height="2406"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Premios literarios,India]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cincuenta años sin Agatha Christie: diez cosas que los escritores (y la industria editorial) deberían aprender de ella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cincuenta-anos-agatha-christie-diez-cosas-escritores-industria-editorial-deberian-aprender_1_13421724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b0bd77d-0abc-4a1a-9512-5ada9b46b508_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148574.jpg" width="3609" height="2030" alt="Cincuenta años sin Agatha Christie: diez cosas que los escritores (y la industria editorial) deberían aprender de ella"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Analizamos las claves de la narrativa de la gran maestra del género policíaco a partir de su clásico ‘El asesinato de Roger Ackroyd’, publicado hace ahora un siglo</p><p class="subtitle">15 libros para meter en la maleta este verano
</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute; no tiene la popularidad de <em>Asesinato en el Orient Express</em> (1934) o <em>Diez negritos</em> (1939) &ndash;ahora traducido como <em>Y no qued&oacute; ninguno</em>, m&aacute;s fiel al original <em>And Then There Were None</em> (y menos racista)&ndash;, pero <em>El asesinato de Roger Ackroyd</em> (1926) es para muchos la obra maestra de Agatha Christie (1890-1976); de hecho, <a href="https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/books/news/agatha-christie-s-the-murder-of-roger-ackroyd-voted-best-crime-novel-ever-8923395.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en 2013, la Crime Writers&rsquo; Association (CWA), de seiscientos miembros, la eligi&oacute; como la mejor novela del g&eacute;nero jam&aacute;s escrita</a>. Tal vez lo que le ha faltado es una (buena) adaptaci&oacute;n al cine que la diera m&aacute;s a conocer, pero es que precisamente la gracia de la novela hace dif&iacute;cil trasladarla a la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se cumple un siglo de la edici&oacute;n del libro, que en sus primeras ediciones en castellano se public&oacute;, siguiendo esa vieja costumbre por fortuna extinta de traducir los nombres propios, como <em>El asesinato de Rogelio Ackroyd</em>, adem&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os de la desaparici&oacute;n (la de verdad, es decir, la <em>definitiva</em>) de su autora, revisamos algunas de sus claves que se echan de menos en la ficci&oacute;n popular de hoy. Escritores, tomen nota, porque si algo no ha dejado de tener nunca la gran maestra del crimen son lectores, esa especie en peligro de extinci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. La importancia del punto de vista</strong>. S&iacute;, incluso en un g&eacute;nero en el que el argumento (y, para ser exactos, la identidad del culpable) es fundamental, no se puede descuidar la forma, la perspectiva desde la que se van a narrar los hechos. Seg&uacute;n sea un narrador en tercera persona omnisciente o uno en primera persona (investigador, v&iacute;ctima, testigo o personaje no confiable), se a&ntilde;aden variables que aumentan la intriga y le sacan jugo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Sin mancharse las manos.</strong> Hoy abundan m&aacute;s la novela negra y el thriller psicol&oacute;gico que la tradicional novela polic&iacute;aca o de detectives, que se recrea m&aacute;s de lo necesario en escenas de violencia y descripciones escabrosas, bajo el pretexto de mostrar la cara m&aacute;s turbia de la sociedad. Sin embargo, Agatha Christie &ndash;y la escuela inglesa en general&ndash; es un ejemplo de que se pueden crear misterios apasionantes solo con el juego intelectual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. El arte (&iquest;olvidado?) del </strong><em><strong>whodunit</strong></em><strong>.</strong> El m&eacute;todo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Whodunit" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>whodunit</em></a> (literalmente, &ldquo;&iquest;qui&eacute;n lo ha hecho?&rdquo;) describe el tipo de narraci&oacute;n que se construye en torno a averiguar la identidad del culpable, por lo general ligada al concepto de &ldquo;crimen de la habitaci&oacute;n cerrada&rdquo;, por cuanto los sospechosos se encuentran encerrados en el mismo espacio. Esta estructura ha perdido fuelle en la narrativa contempor&aacute;nea frente a la novela negra m&aacute;s expansiva; pero no es imprescindible aumentar el espacio ni el tiempo para narrar un buen misterio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Sentido del humor.</strong> &iquest;Qui&eacute;n dijo que la literatura criminal tiene que ser seria? Puede que en sus variantes m&aacute;s oscuras cueste m&aacute;s introducir una broma, de acuerdo, pero si algo bueno tiene la localizaci&oacute;n el caso en la (fina) aristocracia brit&aacute;nica es un ambiente de ligereza que se presta al humor, con frecuencia en boca de los siempre agudos Poirot y Miss Marple. Este g&eacute;nero busca la evasi&oacute;n; que sea, pues, una evasi&oacute;n para sonre&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Giros sorprendentes (y no solo al final).</strong> Es importante guardar un as en la manga para sorprender al lector al revelar la identidad del culpable en el desenlace, pero no lo es menos hacer dudar a lo largo del relato: es b&aacute;sico que los sospechosos tengan todos un buen motivo para matar, adem&aacute;s de una personalidad que permita explorar qu&eacute; tipo de reacci&oacute;n tiene cada uno ante el suceso y al saberse investigado. Hacer dudar al lector, a veces de una p&aacute;gina a otra, es una de las claves de su &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. El cambio en la continuidad.</strong> Agatha Christie fue, para alegr&iacute;a de sus lectores, una escritora muy prol&iacute;fica (public&oacute; m&aacute;s de sesenta novelas, adem&aacute;s de numerosos relatos, obras de teatro, poes&iacute;a y su monumental <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-autobiografia/299294" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autobiograf&iacute;a</a>). Sin embargo, escribir mucho suele llevar aparejada, y m&aacute;s en el g&eacute;nero, la repetici&oacute;n de ciertas f&oacute;rmulas. La autora demuestra que se puede sobrellevar introduciendo peque&ntilde;os cambios cosm&eacute;ticos que le dan otro aire, como los t&iacute;tulos que, fruto de sus viajes y su pasi&oacute;n por la arqueolog&iacute;a, sit&uacute;a en Egipto o Mesopotamia, e incluso en un marco hist&oacute;rico, como <em>La venganza de Nofret</em> (1944).
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Lo bueno, si breve&hellip;</strong> En la industria editorial, cuando se trata de publicar ficci&oacute;n del tipo m&aacute;s comercial, parece prevalecer la m&aacute;xima del engorde: cuanto m&aacute;s largo, m&aacute;s dinero se puede cobrar por un libro, aunque se tenga que &ldquo;engordarlo&rdquo; con tipograf&iacute;a grande, muchos blancos, papel grueso&hellip; y cero trabajo de edici&oacute;n del manuscrito. A&uacute;n existe, adem&aacute;s, cierto prestigio en torno a la obra extensa, como si fuera <em>mejor</em>, o <em>m&aacute;s profunda</em>, <em>m&aacute;s interesante</em>, por el mero hecho de alargarse m&aacute;s. No obstante, el &eacute;xito de Agatha Christie demuestra que el lector agradece la novela que puede leer en dos o tres sentadas. Quiz&aacute; convendr&iacute;a retomar el concepto del formato de consumo: no huir de la concisi&oacute;n y apostar por editar en ediciones asequibles; mejor eso que condenar las de tapa dura y brilli-brilli a venderse a precio de saldo dos a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. La persistencia es la clave del triunfo. </strong>Aunque ahora no lo parezca, los comienzos de Agatha Christie no fueron f&aacute;ciles: no debut&oacute; hasta los treinta a&ntilde;os, despu&eacute;s de bregar mucho con la p&aacute;gina en blanco. Como en todo, la pr&aacute;ctica hace al maestro, y ella tuvo que trabajar duro, primero aprendiendo de los grandes (Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle, C. K. Chesterton, entre otros) y luego con un trabajo de planificaci&oacute;n minuciosa antes de sentarse a escribir. Y no una sola vez, sino tantas como ficciones escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. El lector es un ser inteligente</strong>, y se le debe tratar como tal. Nada de meter paja que le haga perder el tiempo, nada de concesiones en forma de frases baratas o subrayados, nada de trampas narrativas para prolongar la acci&oacute;n, nada de escenas tr&aacute;gicas sin venir a cuento para darle dramatismo. El lector ha venido a divertirse: hay que hacerle disfrutar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Literatura popular sin complejos.</strong> A diferencia de lo que ocurre con el cine, donde es habitual que se dediquen amplios an&aacute;lisis a los estrenos m&aacute;s comerciales, los medios apenas se ocupan de la narrativa de consumo; o, si acaso, lo hacen con condescendencia (las cr&iacute;ticas a las novelas ganadoras del Premio Planeta). En aras de buscar la evasi&oacute;n y carecer de mimbres literarios, adem&aacute;s, se les &ldquo;perdona&rdquo; todo, porque han conseguido &ldquo;atrapar al lector&rdquo; y eso parece ser lo &uacute;nico que importa. Agatha Christie, en cambio, demuestra que puede existir una literatura popular de calidad, bien hecha, que tambi&eacute;n interesa al lector que se fija en cuestiones como el modo en el que est&aacute; escrita la novela. No permitamos que baje (m&aacute;s) el list&oacute;n: escribir una (buena) novela comercial no es f&aacute;cil; hay que tom&aacute;rsela en serio, por parte de los lectores y por parte de los cr&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Bonus track: </strong></em><strong>Agatha Christie no estuvo sola.</strong> Ella es el mayor exponente de la escuela inglesa, pero hubo m&aacute;s novelistas que sobresalieron en la ficci&oacute;n polic&iacute;aca y, por suerte, cada vez se apuesta m&aacute;s por ellas: Dorothy L. Sayers, Ngaio Marsh, Christianna Brand, Josephine Tey, Margery Allingham, Elizabeth Daly, Anna Katharine Green y Annie Hayne son algunas de ellas. Y, sin necesidad de irse lejos, <em>La gota de sangre</em> (1911), de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/emilia-pardo-bazan-escritora-acabo-inevitable-pesar-obstaculos-patriarcado_1_8040143.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emilia Pardo Baz&aacute;n</a>, considerada la primera novela de detectives espa&ntilde;ola escrita por una mujer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cincuenta-anos-agatha-christie-diez-cosas-escritores-industria-editorial-deberian-aprender_1_13421724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 21:18:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7b0bd77d-0abc-4a1a-9512-5ada9b46b508_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148574.jpg" length="5316745" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7b0bd77d-0abc-4a1a-9512-5ada9b46b508_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148574.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5316745" width="3609" height="2030"/>
      <media:title><![CDATA[Cincuenta años sin Agatha Christie: diez cosas que los escritores (y la industria editorial) deberían aprender de ella]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7b0bd77d-0abc-4a1a-9512-5ada9b46b508_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148574.jpg" width="3609" height="2030"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela negra,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Fantasía’ es la novela sobre dos amigas que se adelantó a Elena Ferrante 120 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/fantasia-novela-amigas-adelanto-elena-ferrante-120-anos_1_13421251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98e58cd8-c6e3-4c43-af26-7a19b9fa7b52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1096y723.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Fantasía’ es la novela sobre dos amigas que se adelantó a Elena Ferrante 120 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El libro de Matilde Serao se había mantenido inédito en castellano hasta ahora y narra una historia de amistad entre dos mujeres jóvenes que toman caminos muy distintos</p><p class="subtitle">Entrevista - Álvaro Pombo: “Espero con diversión las revelaciones estrambóticas y terribles que se publicarán en mi biografía”
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/elena-ferrante-anita-raja_1_3805140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elena Ferrante</a>, con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La amiga estupenda</em></a> (2011), situ&oacute; el tema de la <a href="https://www.eldiario.es/era/amigas-vivan-cerca-cambia-vida-compartir-cotidiano_1_13233481.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amistad femenina</a> en la literatura en un primer plano. No era, sin embargo, la primera en hacerlo; y si el lector no tiene un hilo del que tirar para adentrarse en esta genealog&iacute;a se debe, como de costumbre, al hecho de que sus autoras suelen ser mujeres, y muchas de ellas han permanecido durante a&ntilde;os en el olvido, ignoradas, cuando no despreciadas por considerar que trataban asuntos &ldquo;menores&rdquo;; &iexcl;c&oacute;mo si en la historia de dos amigas no cupiera un universo entero!
    </p><p class="article-text">
        La propia Ferrante se reconoce deudora de escritoras como Elsa Morante, Alba de C&eacute;spedes y Anna Maria Ortese, adem&aacute;s de identificarse con la corriente literaria del realismo decimon&oacute;nico, con ese gusto por la novela extensa, total, que abarca la vida entera del protagonista y tiene una trama con giros argumentales que mantienen la atenci&oacute;n del lector, sin renunciar al revestimiento literario. Y en el siglo XIX hay que situar, a prop&oacute;sito, a otra napolitana ilustre de la que tambi&eacute;n podr&iacute;a haber aprendido mucho: la periodista y narradora Matilde Serao (Patras, 1857-N&aacute;poles, 1927).
    </p><h2 class="article-text">Matilde Serao, una escritora todoterreno</h2><p class="article-text">
        Qui&eacute;n m&aacute;s, qui&eacute;n menos ha le&iacute;do a las Bront&euml;, a Mary Shelley, a Elizabeth Gaskell y a George Eliot; ahora bien, en cuanto salimos del territorio ingl&eacute;s, el conocimiento de las escritoras del siglo XIX se difumina (quiz&aacute; con la excepci&oacute;n de George Sand y, por la cuenta que nos trae, Emilia Pardo Baz&aacute;n). En Italia, hay dos nombres imprescindibles, que tambi&eacute;n en su momento disfrutaron del reconocimiento, hasta el punto de ser propuestas al Premio Nobel en varias ocasiones. Una de ellas lo gan&oacute; hace justo un siglo, en 1926: la sarda Grazia Deledda (Nuoro, 1871-Roma, 1936), hoy tambi&eacute;n poco le&iacute;da.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/188f9c16-bd59-46f3-a7da-f684e3b39e89_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es posible que aquel galard&oacute;n a su compatriota influyera en las posibilidades de Matilde Serao, puesto que no lleg&oacute; a recibirlo a pesar de haber sido nominada <a href="https://www.nobelprize.org/nomination/archive/show_people.php?id=8411" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en seis ocasiones</a>; aunque es posible que su firme oposici&oacute;n al fascismo tambi&eacute;n tuviera bastante que ver. En cualquier caso, con o sin premio, sigue siendo una figura crucial de las letras, y se podr&iacute;a decir que tambi&eacute;n de la vida en general, porque su labor m&aacute;s all&aacute; de la literatura revela una naturaleza audaz, inteligente, inquieta y tenaz, que se comprometi&oacute; con los m&aacute;s desfavorecidos e hizo suya la misi&oacute;n de comunicar con rigor aquellas injusticias.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Matilde Serao, adem&aacute;s de cultivar la ficci&oacute;n, fue una periodista extraordinaria, una figura clave de la Italia de la &eacute;poca. Junto a su marido, Edoardo Scarfoglio, tambi&eacute;n periodista, fund&oacute; varios peri&oacute;dicos, entre ellos <em>Il Mattino</em>, en 1892, que se convirti&oacute; en el m&aacute;s le&iacute;do del sur del pa&iacute;s. Escribi&oacute; cr&oacute;nicas tan brillantes como <em>El vientre de N&aacute;poles</em> (1884), una radiograf&iacute;a de la sociedad napolitana, sin temor a se&ntilde;alar sus carcomas (la pobreza, el hambre, la corrupci&oacute;n, la fiebre por la loter&iacute;a, la usura), un retrato v&iacute;vido que todav&iacute;a resuena en el N&aacute;poles contempor&aacute;neo (y en otros lugares del mundo).
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a olfato para detectar la ra&iacute;z de los conflictos enquistados, arrojo para denunciarlos y estilo para contarlos sin perder el nervio literario; de ah&iacute; que sus reportajes todav&iacute;a se lean hoy como el gran despliegue de periodismo literario que son. Hab&iacute;a tenido un referente en casa: su padre, un periodista italiano que se exili&oacute; por discrepancias pol&iacute;ticas. Por ese motivo, Matilde naci&oacute; en Grecia, de donde era su madre, aunque la familia no tard&oacute; en volver a Italia, donde creci&oacute; en medio de estrecheces econ&oacute;micas &ndash;el periodismo no era un oficio bien remunerado&ndash;, en un N&aacute;poles donde los trabajadores malviv&iacute;an y las mujeres, limitadas en sus opciones profesionales, se desga&ntilde;itaban para sacar los hogares adelante.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/07377e20-4f20-4319-850a-e5362414eea2_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Antes de volcarse en la escritura, trabaj&oacute; como maestra y telegrafista. Con veinte a&ntilde;os, comenz&oacute; a colaborar con la prensa: sus art&iacute;culos llamaron la atenci&oacute;n porque se fijaba en aquello que otros prefer&iacute;an no ver, a saber, la miseria, las condiciones laborales indignas, la violencia, la desnutrici&oacute;n, el machismo. 
    </p><p class="article-text">
        En particular, era una observadora atenta del comportamiento humano: le interesaban las personas, ir de lo personal a lo colectivo: mujeres, ni&ntilde;os, obreros, desarraigados, pobres, delincuentes; su lupa estaba puesta en los marginados por la sociedad dominante. Ten&iacute;a el don de dotar sus escritos de una emoci&oacute;n bien medida, una hondura &iacute;ntima nada habitual en un g&eacute;nero que por lo general tiende a adoptar un tono as&eacute;ptico. Esta calidad la acerc&oacute; m&aacute;s a los lectores.
    </p><p class="article-text">
        Sus coet&aacute;neos vieron que ten&iacute;a talento. Adem&aacute;s, pose&iacute;a algo a&uacute;n m&aacute;s importante si cabe: una disciplina de trabajo implacable, fruto de los a&ntilde;os de escasez en su ni&ntilde;ez y juventud. Se cas&oacute;, tuvo cuatro hijos, se convirti&oacute; en una madre trabajadora a tiempo completo, se divorci&oacute;. Prosper&oacute;, y, sin dejar el periodismo &ndash;lleg&oacute; a cubrir la guerra desde la posici&oacute;n de las mujeres&ndash;, desarroll&oacute; una prol&iacute;fica carrera literaria, con m&aacute;s de treinta novelas y numerosos relatos, en los que, en consonancia con sus art&iacute;culos, se ocupaba sobre todo de los &ldquo;invisibles&rdquo; de la sociedad. Escribi&oacute; incluso unos tempranos guiones cinematogr&aacute;ficos, que por desgracia fueron destruidos por el r&eacute;gimen fascista.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7a120cf2-911c-41c3-aca1-843ce3148cdf_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        De esa extensa producci&oacute;n, apenas disponemos de un pu&ntilde;ado de t&iacute;tulos traducidos, por eso es de agradecer que la editorial Libros de Seda, dentro de su espl&eacute;ndido cat&aacute;logo de cl&aacute;sicos &ndash;donde comparte colecci&oacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/siglo-sociedad-nieve-primera-mujer-ganar-nobel-literatura-abordo-moralidad-canibalismo_1_11605432.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Selma Lagerl&ouml;f</a>, Elizabeth Gaskell y Mar&iacute;a de Zayas, entre otras&ndash;, sume ya tres libros suyos: <em>La tierra de la abundancia</em> (1891), <em>La bailarina</em> (1899), y, desde este a&ntilde;o, <em>Fantas&iacute;a</em> (1883), su segunda novela.
    </p><h2 class="article-text">Dos amigas y el amor</h2><p class="article-text">
        En las primeras p&aacute;ginas de <em>Fantas&iacute;a</em>, dos colegiadas, a punto de terminar la educaci&oacute;n secundaria, leen en voz alta sus redacciones. Ambas han escrito sobre una mujer hist&oacute;rica, pero con enfoques distintos: mientras que Caterina Spaccapietra ha reproducido poco m&aacute;s que la cr&oacute;nica oficial de su vida, la so&ntilde;adora Luc&iacute;a Altimare ha ahondado en el lado &iacute;ntimo e incluso le ha dado un enfoque protofeminista. Al profesor, sin embargo, no termina de convencerle ninguna: mientras que a Caterina le reprocha su falta de imaginaci&oacute;n, de Luc&iacute;a considera que es demasiado fantasiosa.
    </p><p class="article-text">
        Esta an&eacute;cdota simboliza las diferencias entre las dos chicas, dos mujeres muy distintas pero unidas por la amistad. Ya entonces tienen claro qu&eacute; camino van a tomar: Caterina espera casarse y llevar la existencia mon&oacute;tona pero estable de una madre ama de casa, como era habitual en las mujeres de la &eacute;poca; Luc&iacute;a, por el contrario, no quiere saber nada del matrimonio y desea consagrarse a una actividad que le permita hacer el bien por la humanidad, siempre dentro de las posibilidades de las mujeres, quiz&aacute; trabajando en el &aacute;mbito de la beneficencia o como maestra.
    </p><p class="article-text">
        Pasa el tiempo, y reencontramos a ambas convertidas en aquello que quer&iacute;an, m&aacute;s o menos. Caterina est&aacute; casada, tiene hijos y se dedica en cuerpo y alma a complacer los caprichos de su esposo, un hombre que no aprueba su amistad con Luc&iacute;a. Esta, por su parte, no se ha casado, pero no se puede decir que haya encontrado el solaz; su rumbo est&aacute; a punto de cambiar. La narraci&oacute;n sigue a ambas amigas a lo largo de los a&ntilde;os, una obediente y pasiva, la otra d&iacute;scola e imprevisible. Solo que &ndash;y esto lo ense&ntilde;&oacute; muy bien Elena Ferrante&ndash; a veces los roles hipot&eacute;ticos se intercambian, y ah&iacute; es donde reside la prueba de la verdadera amistad.
    </p><p class="article-text">
        Bajo este argumento centrado en la relaci&oacute;n de ambas mujeres con el amor &ndash;al fin y al cabo, en el siglo XIX no pod&iacute;an concebir grandes futuros que no pasaran por el altar&ndash;, late una cr&iacute;tica social que, m&aacute;s all&aacute; de se&ntilde;alar la opresi&oacute;n de las mujeres y las carencias de su educaci&oacute;n &ndash;las escenas en la escuela las muestran entre clases de religi&oacute;n, labores y redacci&oacute;n, con profesores m&aacute;s pendientes de su dimensi&oacute;n moral que del aprendizaje&ndash;, indaga en el poder de las decisiones para forjar nuestro camino, esa b&uacute;squeda personal entre las normas que impone la sociedad y la (en este caso escasa) libertad de elecci&oacute;n individual. Tambi&eacute;n, aunque desde la perspectiva actual resulte instintivo conectar de inmediato con la amiga irreverente, invita a valorar las cualidades del car&aacute;cter de cada una, porque, como en toda buena novela, no son personajes maniqueos y evolucionan.
    </p><p class="article-text">
        <em>Fantas&iacute;a</em>, en la tradici&oacute;n de la mejor narrativa social del siglo XIX, narra una historia m&aacute;s rica de lo que puede parecer de entrada. Para Matilde Serao, el conflicto amoroso es un pretexto para cuestionar los imperativos sociales; y las protagonistas femeninas, una manera de penetrar en la psique de las mujeres y demostrar que su mundo es m&aacute;s amplio de lo que se pretende hacer creer. Todo ello, con una prosa elegante, llena de pasajes de un lirismo evocador, y con ciertos toques de humor. Una lectura de las que hacen leer como antes: con pasi&oacute;n, con ganas de seguir pasando p&aacute;ginas; una lectura que tiene cr&iacute;tica, pero no olvida las emociones ni el carisma.
    </p><p class="article-text">
        Matilde Serao muri&oacute; de un infarto el 25 de julio de 1927, a los setenta y un a&ntilde;os. Hasta cierto punto, puede decirse que falleci&oacute; tal como quer&iacute;a: trabajando, porque se hallaba sentada a su escritorio, bol&iacute;grafo en mano. Su funeral fue todo un acontecimiento: la sociedad napolitana, esa que tan bien comprendi&oacute; en sus cr&oacute;nicas, y por la que tanto se implic&oacute;, le dio una despedida de honor. No recibi&oacute; el Premio Nobel, pero gan&oacute; algo m&aacute;s valioso: el respeto y el cari&ntilde;o de los lectores. Y hoy, gracias a novelas como <em>Fantas&iacute;a</em>, podemos recordar por qu&eacute;, y volver a caer en el encanto y la fuerza de sus palabras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/fantasia-novela-amigas-adelanto-elena-ferrante-120-anos_1_13421251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 21:12:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/98e58cd8-c6e3-4c43-af26-7a19b9fa7b52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1096y723.jpg" length="260584" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/98e58cd8-c6e3-4c43-af26-7a19b9fa7b52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1096y723.jpg" type="image/jpeg" fileSize="260584" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Fantasía’ es la novela sobre dos amigas que se adelantó a Elena Ferrante 120 años]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/98e58cd8-c6e3-4c43-af26-7a19b9fa7b52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1096y723.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Amistad,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué pasa después de la guerra: la novela de la que renegó uno de los grandes de la ciencia ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasa-despues-guerra-novela-renego-grandes-ciencia-ficcion_1_13411131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4304c4f1-bb7a-4d8a-9d9a-aa529c48484b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x582y252.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué pasa después de la guerra: la novela de la que renegó uno de los grandes de la ciencia ficción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Stanislaw Lem cerró con 'El regreso' su tríptico sobre la Segunda Guerra Mundial 'Tiempo no perdido', que publica Impedimenta</p><p class="subtitle">Una prestigiosa traductora de Homero ataca 'La Odisea' de Nolan: “Me avergonzaría haber escrito algo de eso”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Lo pasado, pasado; ahora es cuando empieza el trabajo duro&rdquo;, afirma un personaje de <em>El regreso</em> (1950), la &uacute;ltima parte de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stanislaw-lem-recordado-ciencia-ficcion-retrato-horror-invasion-polonia_1_11805170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tiempo no perdido</em></a>, la trilog&iacute;a sobre la Segunda Guerra Mundial del escritor polaco Stanislaw Lem (Le&oacute;polis, 1921 - Cracovia, 2006), que Impedimenta, principal valedora de la obra del autor en Espa&ntilde;a, acaba de publicar con traducci&oacute;n de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Se cierra as&iacute; el tr&iacute;ptico que supuso la entrada en el panorama literario de una de las grandes voces de la literatura del siglo XX; un ciclo que, pese a no inscribirse en el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n que m&aacute;s adelante lo consagrar&iacute;a, sobre todo a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n de <em>Solaris</em> (1961), se caracteriza ya por una mirada cr&iacute;tica a la realidad que suscita numerosas reflexiones.
    </p><p class="article-text">
        Si en el primer volumen, <em>El hospital de la transfiguraci&oacute;n</em> (1948) conocimos al joven Stefan Trzyniecki, un m&eacute;dico reci&eacute;n graduado que comenz&oacute; a trabajar en un hospital psiqui&aacute;trico en pleno inicio de la invasi&oacute;n de Polonia por parte del ej&eacute;rcito nazi, y en <em>Entre los muertos</em> (1949) lo reencontramos en un campo de concentraci&oacute;n al que fue a parar tras ser tomado por jud&iacute;o, en el tercer libro, con la guerra ya concluida, el chico, que ya no es tan chico, vive su particular retorno a una Cracovia donde las heridas del pasado se resisten a cicatrizar. All&iacute;, retoma su trabajo como m&eacute;dico, esta vez como un obstetra tenaz, y vuelve a tener noticias de algunos personajes de su pasado.
    </p><p class="article-text">
        Esta trilog&iacute;a es importante por la radiograf&iacute;a que hace de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias m&aacute;s inmediatas en el pa&iacute;s donde todo comenz&oacute;, y por hacerlo desde la inmediatez de un narrador que ha conocido esta realidad en primera persona y se ha puesto a contarla antes de que el paso del tiempo aten&uacute;e sus impresiones m&aacute;s v&iacute;vidas. Tiene, adem&aacute;s, un trasfondo autobiogr&aacute;fico en la figura del protagonista: al igual que Stefan Trzyniecki, Stanislaw Lem tambi&eacute;n se matricul&oacute; en Medicina, aunque no lleg&oacute; a concluir sus estudios; y, aunque en su caso logr&oacute; evitar la deportaci&oacute;n con una identidad falsa, algunos de sus familiares s&iacute; sufrieron la crudeza de los campos de exterminio. El autor se implic&oacute; en la resistencia, que tambi&eacute;n retrata en la trilog&iacute;a, y logr&oacute; escapar del gueto de su ciudad. Ya en 1946, fue &ldquo;repatriado&rdquo; a Cracovia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a4cd7083-287d-4152-a515-75c016414cde_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer que la pesadilla termin&oacute;, pero no fue as&iacute;, ni para el propio Lem &ndash;que en aquel regreso forzado abandon&oacute; la carrera por discrepancias ideol&oacute;gicas con el r&eacute;gimen sovi&eacute;tico&ndash;, ni para el protagonista de la novela. A los recuerdos de lo vivido en el centro psiqui&aacute;trico y en el campo de concentraci&oacute;n, se suma la reaparici&oacute;n de alguien que, con la informaci&oacute;n que posee sobre el pasado, pone a Stefan Trzyniecki en un aprieto. No se puede dejar atr&aacute;s una experiencia tan devastadora, como tampoco se puede librar de esa sensaci&oacute;n, tan com&uacute;n en los supervivientes, de &ldquo;culpa&rdquo; por haberse salvado. Ese m&eacute;dico tan seguro que reencontramos atendiendo a una parturienta &ndash;es significativo que, tras la guerra, se especialice en la rama de la medicina que da m&aacute;s luz, en cierto modo, aunque tambi&eacute;n se muestre su lado amargo&ndash; sigue guardando dentro de s&iacute; una llaga incurable.
    </p><p class="article-text">
        Como las novelas precedentes, <em>El regreso</em> tiene una naturaleza coral, y retoma a alg&uacute;n personaje del pasado e introduce otros nuevos. Esos reencuentros, lejos de celebrar la nueva vida o suponer un consuelo, sirven para propiciar una suerte de ajuste de cuentas: son un recordatorio de lo que cada uno de ellos fue durante el conflicto, lo que cada uno hizo o dej&oacute; de hacer; y no hace falta ser un criminal para que esa confrontaci&oacute;n duela. Puede que los bombardeos cesaran, que la ciudad ya no est&eacute; ocupada, que los campos de concentraci&oacute;n se clausuraran; ahora bien, nada puede borrar el trauma, nada puede restaurar la persona que hubieran sido de no haber descendido a ese infierno.
    </p><p class="article-text">
        El retorno queda claro enseguida, es imposible; porque ni el hombre que regresa es el mismo que se fue, ni la ciudad ni el pa&iacute;s son los de anta&ntilde;o. Se ha impuesto, adem&aacute;s, un nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico: los personajes afrontan la tensi&oacute;n entre su antigua fidelidad a la resistencia y la adaptaci&oacute;n a este gobierno, con un particular juego de lealtades que pone de relieve que las tretas y abusos del poder no terminaron en 1945. Frente al Partido, un ciudadano corriente como querr&iacute;a ser Stefan Trzyniecki deviene sospechoso; todos son sospechosos, es decir materia de investigaci&oacute;n, de detenci&oacute;n, por lo que hicieron en los a&ntilde;os de la contienda. La guerra no termina; vive instalada en sus vidas, en su sangre.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; se acaba, y de forma brillante, es esta trilog&iacute;a, una parte de la bibliograf&iacute;a de Stanislaw Lem que, aunque no sea tan conocida como su ciencia ficci&oacute;n &ndash;en particular, <em>Solaris</em> (1961)&ndash;, constituye una pieza clave para entender su trayectoria y c&oacute;mo se gest&oacute; ese germen cr&iacute;tico con el sistema que desarroll&oacute; a lo largo de su carrera. El propio autor reneg&oacute; en su d&iacute;a de este tr&iacute;ptico, por considerarlo demasiado pegado a la realidad, hasta el punto de impedir que se reimprimieran. Sin duda, se sinti&oacute; m&aacute;s c&oacute;modo al disfrazar sus preocupaciones de un marco imaginario, es decir, simb&oacute;lico; pero, desde luego, era tambi&eacute;n h&aacute;bil en el relato realista, casi testimonial. Y, ahora que ya puede leerse entera, cabe aplaudirlo no solo como un maestro de la ciencia ficci&oacute;n, sino como el art&iacute;fice de una de las aproximaciones m&aacute;s incisivas en la Segunda Guerra Mundial y la posguerra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasa-despues-guerra-novela-renego-grandes-ciencia-ficcion_1_13411131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 20:25:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4304c4f1-bb7a-4d8a-9d9a-aa529c48484b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x582y252.jpg" length="47029" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4304c4f1-bb7a-4d8a-9d9a-aa529c48484b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x582y252.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47029" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué pasa después de la guerra: la novela de la que renegó uno de los grandes de la ciencia ficción]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4304c4f1-bb7a-4d8a-9d9a-aa529c48484b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x582y252.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Segunda Guerra Mundial,Polonia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El regreso de Fleur Jaeggy, la mujer discreta que escribe libros perversos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/regreso-fleur-jaeggy-mujer-discreta-escribe-libros-perversos_1_13402230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/098b6259-2f90-45cc-afe2-41c7b007279b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148057.jpg" width="2702" height="1520" alt="El regreso de Fleur Jaeggy, la mujer discreta que escribe libros perversos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tusquets recupera cuatro obras de la escritora suiza, una de las voces más importantes de la literatura europea contemporánea</p><p class="subtitle">‘La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas’: el libro de culto sobre niños salvajes, poder y sexualidad reprimida</p></div><p class="article-text">
        Los escritores m&aacute;s misteriosos no son los que se ocultan del todo (<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y que sin pretenderlo alientan la investigaci&oacute;n en torno a su identidad</a>), sino los que, sin dejar de dar sus se&ntilde;as biogr&aacute;ficas ni de mostrar el rostro, se apartan del foco para dejar que la literatura se abra camino, a su ritmo. La paciencia trae sus recompensas, al menos cuando la calidad de la obra avala la permanencia del autor en las librer&iacute;as. Al fin y al cabo, al final solo quedan los libros, no el n&uacute;mero de presentaciones ni de entrevistas de promoci&oacute;n. Los libros, lo &uacute;nico que importa al lector, lo &uacute;nico capaz de derrotar al tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Fleur Jaeggy, nacida en Z&uacute;rich (Suiza) en 1940, nadie que la haya le&iacute;do lo pone en duda: es lo que se llama una autora de culto, tal vez la &uacute;ltima de una estirpe, la de Ingeborg Bachmann, Marlen Haushofer, Unica Z&uuml;rn, escritoras centroeuropeas a las que se puede sumar la brasile&ntilde;a Clarice Lispector, todas ellas maestras del estilo, de la prosa concentrada y elusiva, especialistas en la recreaci&oacute;n de atm&oacute;sferas opresivas. En Espa&ntilde;a, la admiran escritores como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/enrique-vila-matas-ultimo-libro-busqueda-habitacion-propia-virginia-woolf_128_9282679.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enrique Vila-Matas</a>, otro autor que se inscribe en una tradici&oacute;n transfronteriza, o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pilar-adon-idealizamos-ninas-inocencia-quiero-retratar-tormenta-interior-brutal_128_12027394.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pilar Ad&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Fleur Jaeggy se estableci&oacute; en Italia tras completar sus estudios en Suiza, y all&iacute; desarroll&oacute; toda su carrera. Se cas&oacute; en 1968 con Roberto Calasso, escritor y editor de la prestigiosa Adelphi, la editorial donde ha publicado todos sus libros y para la que ella ha traducido al italiano a autores como Marcel Schwob, Thomas de Quincey y Robert Schumann. La muerte de su marido, en 2021, la convirti&oacute; en copropietaria de la editorial junto con los otros herederos. Adem&aacute;s de todo eso, su nombre est&aacute; detr&aacute;s de unas cuantas canciones de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/canciones-franco-battiato-hizo-historia-pop-mundial_1_7947631.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franco Battiato</a>, con quien colabor&oacute; como letrista bajo el seud&oacute;nimo Carlota Wieck.
    </p><p class="article-text">
        Jaeggy escribe en italiano, pero su estilo se aleja tanto de la verbosidad a la que tienden las lenguas rom&aacute;nicas que se hace dif&iacute;cil considerarla &ldquo;literatura italiana&rdquo;. Tampoco su imaginario literario se corresponde con el usual en el sur de Europa, no por una cuesti&oacute;n geogr&aacute;fica, sino, y sobre todo, por un modo de mirar, de estar en el mundo. Su car&aacute;cter es m&aacute;s af&iacute;n a las culturas centroeuropeas, incluso n&oacute;rdicas, por su tono g&eacute;lido, punzante, y esas recreaciones sutiles de relaciones de dominaci&oacute;n y dependencia, de reclusi&oacute;n y de amenazas que no se anuncian pero se respiran, con los personajes siempre al borde de un abismo, de una tragedia silenciosa.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco en el ritmo de publicaci&oacute;n se asemeja a los escritores que copan las secciones de libros: cuenta con cinco novelas breves, dos libros de relatos y una obra de teatro; es una autora poco prol&iacute;fica. Y no es un nombre habitual en los medios, en cualquier caso; no se prodiga en entrevistas ni art&iacute;culos, ni ha tenido el af&aacute;n de erigirse en portavoz de los intelectuales o intervenir en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Una mujer discreta, pero solo en lo extraliterario; en las p&aacute;ginas, la m&aacute;xima exigencia, como la buscaban <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-ibarz-retrata-merce-rodoreda-escritora-punk-cruel-acusaron-cursi_1_11253865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Merc&egrave; Rodoreda</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> o Thomas Bernhardt, la misma devoci&oacute;n por el lenguaje, por la voz. Ha publicado poco, pero nada que desmerezca, ni una sola palabra de m&aacute;s. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/21f530c8-2bfd-4c06-8355-8538fe162000_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Tiene, como m&iacute;nimo, una obra maestra, <em>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</em> (1989), el relato de una joven en un internado de se&ntilde;oritas. Es una de esas novelas hipn&oacute;ticas, extra&ntilde;as, que envuelven al lector en una atm&oacute;sfera enrarecida, en medio de las relaciones entre las adolescentes, los juegos de dominio y dependencia, la sensualidad y la violencia reprimidas. No es amable; tampoco es tr&aacute;gica en el sentido de derramarse. Y, antes del hachazo, sabe hechizar como con un narc&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tusquets est&aacute; publicando nuevas ediciones de sus libros: los dos primeros, <em>El dedo en la boca </em>(1968) y <em>Las estatuas de agua</em> (1980), en un solo volumen; <em>Proleterka</em> (2001), otra de sus mejores novelas, y una obra de teatro, <em>El &aacute;ngel de la guarda</em> (1971). Todas comparten ciertos rasgos, m&aacute;s all&aacute; de la brevedad y el estilo incisivo, a saber: los protagonistas ni&ntilde;os o adolescentes, la edad de tr&aacute;nsito, carne de descubrimientos que los hieren para siempre; el aislamiento, esa sensaci&oacute;n de vivir, m&aacute;s que en el margen de la sociedad, en una especie de limbo, un agujero con el tiempo suspendido, un espacio con sus propias din&aacute;micas; y las emociones de sospecha, miedo, inquietud, peligro.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El dedo en la boca</em>, sigue a una muchacha que ha pasado muchos a&ntilde;os encerrada en una cl&iacute;nica. Nos habla mientras pasea por la naturaleza, solitaria, entremezclando los recuerdos; con sus palabras desaf&iacute;a al lector, trata de inquietarlo: &ldquo;Tal vez el hecho de que me atasen me daba placer; imped&iacute;an que me asomara a ver qu&eacute; me rodeaba&rdquo;. <em>Las estatuas de agua</em>, por su parte, se vehicula en torno a la relaci&oacute;n entre un joven, con una singular fascinaci&oacute;n por las estatuas, y su criado, imitando a ratos el mon&oacute;logo teatral. Soledad, apegos, corrupci&oacute;n de la pureza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida en común acaba por eliminar esa especie de inocencia que tienen las personas solas”</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esos primeros textos son interesantes por cuanto contienen la semilla de todo lo que despliega despu&eacute;s. Y si <em>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</em> es extraordinaria, <em>Proleterka</em>, la novela que public&oacute; posteriormente, no la desluce: el <em>Proleterka</em>, ese nombre raro para los oriundos de estas latitudes, es el barco en el que viajan un padre y su hija. Son, en realidad, dos desconocidos que viven su particular tira y afloja. Ella intenta llenar los huecos de su historia familiar, al tiempo que experimenta, a lo largo del crucero, entre sus pasajeros, lo que se conoce como iniciaci&oacute;n a la vida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jane y Rachel conversaban: otro juego de paciencia&rdquo;. As&iacute; se introduce la escena teatral en <em>El &aacute;ngel de la guarda</em>, la &uacute;ltima de las recuperaciones. De nuevo dos ni&ntilde;as, de nuevo un entorno aislado, de nuevo un mundo en el que la inocencia se ha corrompido. Ni&ntilde;as, con esa naturaleza extravagante de quien ha crecido solo, sin la presi&oacute;n de acompasarse con las normas sociales, que tan pronto da muestras de una fr&iacute;a madurez como de una inconsciencia temeraria. Hasta que la presencia de ese &aacute;ngel de la guarda resquebraja el equilibrio t&oacute;xico en el que han construido su jaula.
    </p><p class="article-text">
        Fleur Jaeggy no hace concesiones; es el lector quien tiene que darse entero, renunciar a la pretensi&oacute;n de entenderlo todo, renunciar a la complacencia, a la narrativa f&aacute;cil que lo da todo masticado y hasta regala sonrisas. Con ella, no. Ella no escribe para gustar; est&aacute; bien en sus confines, como lo est&aacute;n sus personajes, inmersos en un territorio donde el lector se mueve con paso titubeante. No parece que a estas alturas vaya a convertirse en protagonista de la escena literaria, aunque si le dieran el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/han-kang-nobel-mirada-insolita-cruda-violencia-humana_1_11724452.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel</a> no le faltar&iacute;an aplausos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/regreso-fleur-jaeggy-mujer-discreta-escribe-libros-perversos_1_13402230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 20:46:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/098b6259-2f90-45cc-afe2-41c7b007279b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148057.jpg" length="3245756" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/098b6259-2f90-45cc-afe2-41c7b007279b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148057.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3245756" width="2702" height="1520"/>
      <media:title><![CDATA[El regreso de Fleur Jaeggy, la mujer discreta que escribe libros perversos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/098b6259-2f90-45cc-afe2-41c7b007279b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148057.jpg" width="2702" height="1520"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Suiza,Cultura,Novela,Tusquets,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Jenny', la novela de Sigrid Undset que desmontó el mito del amor romántico hace más de un siglo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/jenny-novela-sigrid-undset-desmonto-mito-amor-romantico-siglo_1_13384983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5abd708-e79e-4edc-b13c-987f8757d791_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x603y162.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Jenny&#039;, la novela de Sigrid Undset que desmontó el mito del amor romántico hace más de un siglo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Espinas recupera la novela más autobiográfica de la escritora noruega, inédita hasta el momento en castellano</p><p class="subtitle">Pino Aprile, autor de 'Elogio del error': “Si el cristianismo nos convirtiera a todos en santos, la Iglesia dejaría de existir”</p></div><p class="article-text">
        La noruega Sigrid Undset (Kalundborg, Dinamarca,1882-Lillehammer, Noruega, 1949) fue la tercera mujer galardonada con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/laszlo-krasznahorkai-gana-premio-nobel-literatura-2025_1_12669502.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel de Literatura</a>, en 1928, despu&eacute;s de la sueca <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/siglo-sociedad-nieve-primera-mujer-ganar-nobel-literatura-abordo-moralidad-canibalismo_1_11605432.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Selma Lagerl&ouml;f</a> (1909) y la italiana Grazia Deledda (1926). Pese a haber nacido en Dinamarca, su familia se traslad&oacute; pronto a Oslo, donde creci&oacute; la futura escritora. All&iacute;, su ni&ntilde;ez estuvo marcada por la muerte temprana del padre, que sumi&oacute; a la familia en las dificultades econ&oacute;micas. Undset tuvo que interrumpir sus estudios para trabajar, aunque no cej&oacute; en su empe&ntilde;o de escribir y consigui&oacute; una beca para formarse en Roma, donde conoci&oacute; a su marido, el pintor noruego Anders Castus Svarstad (1869-1943).
    </p><p class="article-text">
        En esa estancia en la capital italiana se basa su novela <em>Jenny. Retrato de una mujer libre</em> (1911; Espinas, 2024, trad. Lourdes Crespo S&aacute;nchez), que desde hace unos meses puede disfrutarse por fin en castellano. La autora es m&aacute;s conocida por su faceta hist&oacute;rica, sobre todo por <em>Cristina, hija de Lavrans</em> (1920-1922), una monumental trilog&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/libro-rompe-imagen-oscura-edad-media-descubre-mundo-globalizado-viajero_1_12646796.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ambientada en la Edad Media</a> que sigue los pasos de una mujer; este a&ntilde;o, la editorial Encuentro, que ya la hab&iacute;a publicado hace a&ntilde;os en edici&oacute;n de bolsillo, la ha reeditado en tres vol&uacute;menes en r&uacute;stica con una tipograf&iacute;a m&aacute;s c&oacute;moda. Antes de lanzarse al pasado, no obstante, Undset escribi&oacute; sobre las mujeres de su tiempo, y merece la pena detenerse en esa vertiente.
    </p><p class="article-text">
        Jenny Winge es una joven pintora noruega que a principios del siglo XX disfruta de una estancia en Roma para dedicarse de lleno a su arte. Junto a su amiga Francesca Jahrman, vagan por la ciudad en busca de experiencias que nutran su creatividad y sacien esa sed de vida de la juventud. En una de esas conocen a un compatriota, Helge Gram, un reci&eacute;n llegado a la <em>citt&agrave; </em>eterna que, pese a fijarse primero en la llamativa y desenvuelta Cesca, estrechar&aacute; su relaci&oacute;n con la m&aacute;s discreta Jenny.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/da447874-c4c0-4c1b-9219-fa45baec355b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A partir de la figura de Jenny, que puede verse como el <em>alter ego</em> de la autora en muchos aspectos, Undset retrata a las mujeres contempor&aacute;neas en su b&uacute;squeda de emancipaci&oacute;n: familiar &ndash;dos j&oacute;venes solteras que pasan una temporada en Roma, lejos de sus familias&ndash;, profesional &ndash;tienen una vocaci&oacute;n y es importante para ellas sentirse reconocidas en su trabajo&ndash;, econ&oacute;mica &ndash;aspiran a ganarse la vida por sus propios medios, sin depender de nadie&ndash; y, no menos importante, emocional &ndash;sin cerrarse al amor, no quieren que una hipot&eacute;tica pareja o matrimonio las aparte de sus otras facetas, del arte en particular&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca, las chicas como Jenny no dejaban de ser una minor&iacute;a privilegiada, las que hab&iacute;an recibido una formaci&oacute;n intelectual y art&iacute;stica que despert&oacute; en ellas el esp&iacute;ritu independiente. Sus preocupaciones iban en sinton&iacute;a con el movimiento de la primera ola feminista, en cuyos debates particip&oacute; la autora, y que culmin&oacute; con el sufragio femenino en varios pa&iacute;ses. Undset capta esos vientos de cambio en su novela, y con ellos sus torbellinos, porque, como se puede suponer, el camino estaba lleno de obst&aacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        En los primeros cap&iacute;tulos, que ponen de relieve los contrastes entre las dos amigas, la protagonista parece recelar del amor: mientras que Cesca se entrega al coqueteo y a los placeres de la vida romana, Jenny tiene un car&aacute;cter m&aacute;s introspectivo y prudente, es una trabajadora disciplinada que no quiere que nada perturbe sus horas en el taller. Se toma en serio a s&iacute; misma como artista, aunque sepa que a&uacute;n le queda mucho por aprender, y esta actitud ya es un desaf&iacute;o al <em>statu quo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es una ermita&ntilde;a, ni una mis&aacute;ntropa; no se cierra en banda, aunque le d&eacute; m&aacute;s vueltas a todo que su colega. Se abre a Helge, y al principio las cosas parecen fluir, pero despu&eacute;s de los d&iacute;as felices en Roma se topan con la realidad, una realidad en la que hab&iacute;a pocos hombres dispuestos a aceptar a una mujer comprometida con su carrera y su arte: &ldquo;No comparto esa pasi&oacute;n por tu trabajo, y siento celos. Ya ves, si no me convences de que lo soy todo para ti, no dejar&eacute; de sentir celos y tendr&eacute; miedo a que un d&iacute;a me dejes por otro a quien ames m&aacute;s y te entienda mejor&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Las relaciones t&oacute;xicas</h2><p class="article-text">
        Por desgracia, m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s las contrariedades que enfrenta Jenny siguen a la orden del d&iacute;a para muchas mujeres (y no solo en pa&iacute;ses donde carecen de unos derechos elementales). Tal vez ahora, en Occidente, no exista ese dilema entre la vida en pareja o la realizaci&oacute;n profesional en la juventud, pero &iquest;cu&aacute;ntas renuncian o postergan su carrera al convertirse en madres o para cuidar de los parientes mayores? La conciliaci&oacute;n es a&uacute;n un reto, por mucho que en lo ideol&oacute;gico el debate est&eacute; (m&aacute;s o menos) superado.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s interesante todav&iacute;a es su radiograf&iacute;a de lo que hoy se llamar&iacute;a amor &ldquo;t&oacute;xico&rdquo;, con un Helge que mide el sentimiento en celos, exclusividad y sacrificio de la otra parte. La amiga de Jenny, por otro lado, tampoco se puede considerar paradigma de hero&iacute;na para el feminismo; no todas ten&iacute;an un compromiso con su obra tan fuerte como el de Jenny. En medio del conflicto, aparece el padre de Helge, que, a diferencia del hijo, con el que no se entiende desde hace tiempo, comprende bien a la muchacha porque comparte su sensibilidad art&iacute;stica, lo que termina por enturbiar m&aacute;s el malestar de la pareja.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La caída en desgracia de Jenny es una advertencia de que ni las buenas intenciones colectivas ni la firmeza individual bastan para garantizar un futuro cimentado en la igualdad de oportunidades</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La novela, que se inscribe en la tradici&oacute;n del realismo, est&aacute; contada al estilo cl&aacute;sico, con pulso para la narraci&oacute;n, estructura en orden cronol&oacute;gico y unos personajes s&oacute;lidos, de la protagonista al secundario menor. A la manera de una tragedia griega, la protagonista se ve atrapada en unas circunstancias adversas cuando se atreve a romper su rutina, vive su particular descenso a los infiernos &ndash;aunque no ponga nombres cl&iacute;nicos, se podr&iacute;a hablar tambi&eacute;n de salud mental, de depresi&oacute;n&ndash; y, a partir de ah&iacute;, la pregunta ser&aacute; c&oacute;mo salir de nuevo a la superficie, c&oacute;mo retomar sus prop&oacute;sitos vitales. Si es que a&uacute;n puede.
    </p><p class="article-text">
        Poco tiene que ver la Jenny terca e indomable del principio con la que se revela despu&eacute;s de los acontecimientos, pero al fin y al cabo nadie sale inc&oacute;lume de la aventura de vivir, y a veces quien parece m&aacute;s fuerte puede perder pie, m&aacute;s a&uacute;n en un mundo que es como una pista de obst&aacute;culos para las mujeres que se atreven a rebelarse al orden establecido. La ca&iacute;da en desgracia de Jenny es una llamada de atenci&oacute;n, una advertencia de que ni las buenas intenciones colectivas ni la firmeza individual bastan para garantizar un futuro cimentado en la igualdad de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, Sigrid Undset tuvo m&aacute;s fortuna (o tom&oacute; mejores decisiones, seg&uacute;n se mire) que su personaje, y no solo no se achant&oacute; nunca &ndash;tampoco al denunciar la barbarie nazi, por la que perdi&oacute; a un hijo tras la ocupaci&oacute;n de Noruega, adem&aacute;s de sufrir la prohibici&oacute;n de sus libros en las universidades bajo dominio nazi y verse obligada a exiliarse a Estados Unidos hasta el final de la guerra&ndash;, sino que dej&oacute; para la posteridad novelas tan ricas e interesantes, tan representativas de una &eacute;poca y sus contradicciones como <em>Jenny</em>. Dos mujeres, autora y personaje, dignas de descubrir, dignas de no olvidar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/jenny-novela-sigrid-undset-desmonto-mito-amor-romantico-siglo_1_13384983.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 19:33:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c5abd708-e79e-4edc-b13c-987f8757d791_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x603y162.jpg" length="177838" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c5abd708-e79e-4edc-b13c-987f8757d791_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x603y162.jpg" type="image/jpeg" fileSize="177838" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Jenny', la novela de Sigrid Undset que desmontó el mito del amor romántico hace más de un siglo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c5abd708-e79e-4edc-b13c-987f8757d791_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x603y162.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Premios Nobel,Nobel de Literatura,Literatura,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cien-anos-entrar-castillo-kafka-sueno-frustrado-inmigrante_1_13371090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" width="1200" height="675" alt="Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un siglo después de su publicación, esta novela póstuma puede leerse como una alegoría de un inmigrante en su intento de instalarse en un país extranjero
</p><p class="subtitle">Librerías y editoriales apoyan a Eva Orúe tras su destitución como directora de la Feria del Libro y piden una explicación
</p></div><p class="article-text">
        Solo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/nacio-k-castillo-kafka-le-carre-tardo-cuatro-meses-escribir-arranque-topo_1_10968931.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se le conoce por K.</a>, como si fuera un individuo tan insignificante que no merece siguiera una identidad, un nombre propio. Es uno m&aacute;s, uno de tantos que chocan contra un muro: el hombre, agrimensor de oficio, intenta acceder al castillo de una localidad, adonde ha llegado con el prop&oacute;sito de encontrar trabajo. Pero no logra siquiera que le abran las puertas de la muralla, de modo que no puede ni pedir ese empleo. De entrada, no se resigna: intenta entrar una y otra vez, mantiene su buena predisposici&oacute;n, conf&iacute;a en la humanidad de quien est&aacute; al otro lado. Solo que la fortaleza, inexpugnable, permanece indiferente a su llamada. La suya, y la de los dem&aacute;s: porque no es el &uacute;nico que no puede entrar. En realidad, lo raro, lo excepcional, ser&iacute;a poder hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        El protagonista de <em>El castillo</em> (1926), una de las obras p&oacute;stumas de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/raices-kafka-praga-tirania-padre_1_1592842.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franz Kafka </a>(Praga, 1883-Klosterneuburg, Austria, 1924) y que ahora cumple cien a&ntilde;os desde su publicaci&oacute;n, no ha nacido para ser esa excepci&oacute;n: la naturaleza impersonal de esa letra que lo identifica ya advierte su condici&oacute;n de otro individuo m&aacute;s entre la masa. Para qu&eacute; personificarlo, si total, no va a quedarse, si no se le permitir&aacute; ni pasar. Para qu&eacute; ponerle un nombre, unos atributos, un c&iacute;rculo de allegados, un car&aacute;cter, unas emociones; todo aquello que cualquiera tiene, pero que a la vez lo distinguir&iacute;a del resto, le hace dejar de ser un bulto borroso entre la multitud. Es m&aacute;s seguro no saberlo: as&iacute; no le tomaremos cari&ntilde;o. Es peligroso, el afecto: puede abrir puertas. Y aqu&iacute;, desde el principio, queda claro que quien dirige el castillo no tiene intenci&oacute;n de recibir a nadie.
    </p><p class="article-text">
        <em>El castillo</em>, como el libro que lo antecede en el orden de publicaci&oacute;n, <em>El proceso</em> (1925) &ndash;como gran parte de la obra de Kafka, de hecho&ndash;, se lee como una met&aacute;fora atemporal del individuo ante la Administraci&oacute;n: los arduos pero vanos empe&ntilde;os por acceder a ella se leen como una representaci&oacute;n del tedio, la frustraci&oacute;n y a la postre la resignaci&oacute;n de quien batalla con la burocracia. El sujeto que, frente a una ventanilla (o, m&aacute;s com&uacute;n en estos d&iacute;as, frente a una pantalla) trata de hacerse entender, trata de encontrar ayuda para resolver alg&uacute;n asunto. Solo que quien est&aacute; al otro lado no lo comprende. Le responde en piloto autom&aacute;tico (tal vez sea, en efecto, una m&aacute;quina, como las que atienden a menudo por tel&eacute;fono) que su reclamaci&oacute;n no encaja en los tr&aacute;mites, que es como decirle que se expresa en un idioma distinto al oficial, el de los papeles; un idioma incomprensible.
    </p><p class="article-text">
        El individuo sabe que no conoce la lengua, pero conf&iacute;a en la bondad humana, en aquel atributo llamado empat&iacute;a que le ense&ntilde;aron de peque&ntilde;o; que nos ense&ntilde;aron a todos de peque&ntilde;os, vaya, porque los cuentos est&aacute;n m&aacute;s cargados de moralejas que la vida real. Ese hombre conf&iacute;a en que quien le escucha, quien est&aacute; al otro lado, tendr&aacute; la paciencia, de ense&ntilde;arle, ya que quien le atiende s&iacute; domina esa jerga. Pero se equivoca al creer que lo escuchan: como mucho, lo <em>oyen</em>. Es un ruido de fondo, apenas un cacareo. Nada que genere la suficiente incomodidad como para prestarle atenci&oacute;n. Hay muchos como &eacute;l, que cacarean ante el muro administrativo; pero est&aacute;n tan solos que no logran enarbolar un grito estridente que rompa el cristal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_50p_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_50p_1147172.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_75p_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_75p_1147172.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.jpg"
                    alt="Retrato de Franz Kafka en 1923."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retrato de Franz Kafka en 1923.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Si en <em>El proceso</em> el protagonista (tambi&eacute;n con una K., aunque algo m&aacute;s completo: Josef K.) era perseguido por la ley, lo que lo abocaba a un espiral de angustia sin soluci&oacute;n a la vista, en <em>El castillo</em> sucede lo opuesto: es el individuo quien intenta penetrar el Estado, y su malestar procede de no conseguirlo. Son las dos caras de la misma moneda: la &uacute;ltima palabra siempre la tiene el lado del poder, de las instituciones, del tr&aacute;mite indescifrable, del silencio como respuesta. Kafka supo leer con astucia la vulnerabilidad del individuo frente a estructuras creadas por &eacute;l mismo, que en teor&iacute;a representan un progreso, que (se supone) surgieron para ponerlo todo m&aacute;s f&aacute;cil, para hacer la vida, las vidas de todos los K., m&aacute;s c&oacute;moda y apacible. No fue as&iacute;: la ara&ntilde;a cae atrapada en su red.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del viaje del protagonista como alegor&iacute;a de la burocracia, de la imposibilidad de franquear las paredes de quien posee la llave, puede leerse tambi&eacute;n como el periplo de un inmigrante en su esfuerzo por establecerse en un lugar, algo que, en fin, lleva ya impl&iacute;cita esa confrontaci&oacute;n con el idioma de la legalidad, aunque se le a&ntilde;aden matices. Por ejemplo, unas circunstancias: el reci&eacute;n llegado dej&oacute; a una familia atr&aacute;s, seg&uacute;n se va contando. Y un prop&oacute;sito: mejorar sus condiciones, las de s&iacute; mismo y las de los suyos, mediante ese trabajo que aspira a desempe&ntilde;ar. Llega dispuesto a ponerse manos a la obra, no pretende que le regalen nada. Quiere ser uno m&aacute;s, pero del pueblo: hablar su lengua, conocer sus costumbres. Y que ellos lo conozcan a &eacute;l, que le pongan nombre.
    </p><p class="article-text">
        Esa poblaci&oacute;n es otro elemento clave de <em>El castillo</em>, por cuanto la comunidad queda representada al margen de la fortaleza. Entre ellos se entretiene el forastero, que poco a poco descubre sus historias, es decir: les va poniendo nombre. El nombre lleva pasado, lleva familia, lleva sue&ntilde;os. Vida. Todo lo que no cabe en la fortificaci&oacute;n; que no quieren que quepa, vaya, porque espacio hay, y cosas que mejorar &ndash;tareas que requieren manos&ndash; le sobran. Cuando est&aacute;n entre el grupo, tienen un nombre, una voz, se entienden; no son una inicial sola frente a un muro. Sin embargo, cuando uno de ellos se marcha, solo, al castillo, pierde esa condici&oacute;n, se vuelve ese cacareo que nadie atiende. Despreciable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;As&iacute; que como resultado &mdash;dijo K&mdash; solo queda que todo es muy confuso e insoluble, salvo mi expulsi&oacute;n&rdquo;. Porque, cuando quiere, la Administraci&oacute;n se hace entender. Sus mensajes con como las llamadas a plena noche: no traen buenas noticias. K. no solo se siente rechazado, sino que su frustraci&oacute;n aumenta por no haber tenido la oportunidad. Como el inmigrante de quien se tramita la &ldquo;devoluci&oacute;n&rdquo;. Como el que recibe azotes de la polic&iacute;a en la frontera. Como el que naufraga en su lucha por alcanzar la costa. De &eacute;l dir&aacute;n algunos que es un delincuente, que viene a imponer sus tradiciones, que pretende robar trabajos y novias y subvenciones, que incluso huele mal. Y &eacute;l les responder&aacute; que no pueden saber nada de eso, porque no le han dado la oportunidad de conocerlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero nadie lo escuchar&aacute;. Y esa es la paradoja del sistema (in)humano llamado sociedad, vigente hoy como en los a&ntilde;os en los que el autor dio forma a estas p&aacute;ginas, que llegaron inconclusas a su amigo Max Brod, que, incumpliendo la petici&oacute;n del escritor de quemar todos sus manuscritos tras su muerte, hizo un servicio para la humanidad al ponernos al alcance libros tan inteligentes e imperecederos como <em>El castillo</em>. Tiene algo de imp&uacute;dico leer un texto que su creador no dio por terminado ni quiso que viera la luz, aunque lo que de verdad deber&iacute;a avergonzarnos es que, un siglo despu&eacute;s, no hayamos hecho nada. Bueno, hacer, hacemos mucho: viajar a la Luna, inventar artilugios, optimizar nuestro cuerpo; hacemos, hacemos cosas todo el rato, pero seguimos igual. O peor.
    </p><p class="article-text">
        Kafka, al menos, sigue ah&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cien-anos-entrar-castillo-kafka-sueno-frustrado-inmigrante_1_13371090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 20:07:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" length="161441" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" type="image/jpeg" fileSize="161441" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Kafka,Escritores,Migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felicidad Blanc, mucho más que la madre de ‘El desencanto’: las memorias de una mujer que quiso alzar la voz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/felicidad-blanc-madre-desencanto-memorias-mujer-quiso-alzar-voz_1_13340662.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/017df5fd-900e-4e15-8428-dc041e8fb5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146299.jpg" width="2754" height="1549" alt="Felicidad Blanc, mucho más que la madre de ‘El desencanto’: las memorias de una mujer que quiso alzar la voz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo del 50.º aniversario del filme ‘El desencanto’, se reedita ‘Espejo de sombras’, la autobiografía que escribió poco después del rodaje del documental
</p><p class="subtitle">'El desencanto', el reflejo en el cine de la miseria moral de la burguesía franquista
</p></div><p class="article-text">
        <em>El desencanto</em> (1976), el c&eacute;lebre documental <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/jaime-chavarri-no-interesa-ingmar-bergman_1_10469248.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Jaime Ch&aacute;varri </a>sobre la familia Panero, marc&oacute; un hito en la cinematograf&iacute;a espa&ntilde;ola, pero tambi&eacute;n sobresali&oacute; por su impacto en la sociedad. Una sociedad que, por aquel entonces, a&uacute;n emerg&iacute;a tambaleante de entre las sombras, con sed de nuevos vientos pero todav&iacute;a lastrada por yugos no siempre visibles. En ese contexto, el filme trascendi&oacute; el g&eacute;nero documental para dialogar de forma directa (e inc&oacute;moda) con el sentir general<a href="https://www.eldiario.es/cultura/seis-fotografias-transicion-muestran-confrontacion-consenso_1_12361443.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de la Transici&oacute;n</a>, ese periodo entre dos mundos, en el viejo que se resiste a morir y nuevo que ara&ntilde;a con fuerza aunque sin enclavarse.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula iba a mostrar el reencuentro del clan Panero para recordar a su patriarca, el poeta Leopoldo Panero (1909-1962), un miembro de la Generaci&oacute;n del 36 que termin&oacute; abrazando el franquismo. Sin embargo, en ese di&aacute;logo entre los hijos &ndash;tambi&eacute;n literatos: los poetas Juan Luis (1942-2013) y Leopoldo Mar&iacute;a (1948-2014), y el escritor diletante Jos&eacute; Mois&eacute;s &ldquo;Michi&rdquo; (1951-2004)&ndash; y la viuda, se produce un cruce de acusaciones nada veladas, una serie de reproches, se&ntilde;alamientos y expurgaci&oacute;n de heridas que romp&iacute;a con un silencio en torno a la instituci&oacute;n familiar arraigado durante d&eacute;cadas, y que se entendi&oacute; como la expresi&oacute;n de un malestar colectivo, que iba m&aacute;s all&aacute; de este linaje.
    </p><p class="article-text">
        Y, en medio de ese elenco, sobresali&oacute; ella, la mujer, Felicidad Blanc (Madrid, 1913-San Sebasti&aacute;n, 1990), por fuera la hija bien educada de la burgues&iacute;a, la esposa ejemplar y la madre protectora, por dentro un alma reconcomida que no sac&oacute; todo su potencial. En el documental se expresaba en un lenguaje formal casi impostado, falto de naturalidad, que contrataba con la vehemencia, rozando la enajenaci&oacute;n, de algunos de sus hijos. Era una voz, una manera de hacer, de otra &eacute;poca, la que desaparecer&iacute;a con ella, la que el propio filme, al saltar a la palestra las miserias de una familia, comenz&oacute; a romper.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-__yd8apAo9Y-2974', 'youtube', '__yd8apAo9Y', document.getElementById('yt-__yd8apAo9Y-2974'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-__yd8apAo9Y-2974 src="https://www.youtube.com/embed/__yd8apAo9Y?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la imagen dada en <em>El desencanto</em>, Felicidad Blanc quiso contar su versi&oacute;n de los hechos, esto es, compartir su vida, desde sus or&iacute;genes hasta el camino que hab&iacute;a tomado tras enviudar y que le dio, aun siendo una escritora de escasa obra, un lugar en el c&iacute;rculo bohemio de la &eacute;poca. Para ello, narr&oacute; sus vivencias a la periodista Natividad Massan&eacute;s, pieza determinante en la gestaci&oacute;n de <em>Espejo de sombras</em> (1977); un libro de memorias que, no por t&oacute;pico deja de ser cierto, se lee como una novela.
    </p><p class="article-text">
        La colaboradora &ndash;una figura, la del escritor de autobiograf&iacute;as en la sombra que, no solo en este caso, merece m&aacute;s cr&eacute;dito&ndash; sin duda tuvo mucho que ver en el ritmo, la emoci&oacute;n y, tambi&eacute;n, la naturalidad de la voz de esta Felicidad Blanc que se resarce del mal sabor de boca del documental, una naturalidad que compensa su tendencia, como en el filme, a preparar sus intervenciones, a ese lenguaje un tanto artificioso fruto de su educaci&oacute;n. La editorial C&aacute;tedra reedita ahora la obra, en edici&oacute;n de Virginia Trueba Mira, cuando se cumplen 50 a&ntilde;os del estreno de la pel&iacute;cula.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Historia de una mujer, historia de un siglo</strong></h2><p class="article-text">
        Felicidad Blanc naci&oacute; en el barrio de Salamanca de Madrid en 1913, en el seno de una familia burguesa. El primer cap&iacute;tulo de estas memorias est&aacute; dedicado a una galer&iacute;a de familiares, algunos bastante pintorescos, que encarnan los valores del mundo de ayer. Ella era hija de un m&eacute;dico que se enamor&oacute; de una mujer siete a&ntilde;os mayor que &eacute;l, una apasionada del teatro a quien la r&iacute;gida educaci&oacute;n le inculc&oacute; el gusto por el escenario, pero no le permiti&oacute; convertirse en actriz. Por ella, el m&eacute;dico dej&oacute; Barcelona, donde se form&oacute; y donde vivi&oacute; sucesos que le marcaron como la bomba del Liceo en 1893, del que le toc&oacute; atender a los heridos en el hospital.
    </p><p class="article-text">
        La autora fue su cuarta hija, a quien bautizaron como su madre: &ldquo;Pienso que ese nombre fue como un desaf&iacute;o al destino, pues ni mi madre ni yo fuimos demasiado felices&rdquo;. En el libro rememora su vida desde su ni&ntilde;ez hasta poco despu&eacute;s del documental, a finales de los a&ntilde;os setenta. Ella es la &uacute;ltima representante de un estamento social que, en el marco de la incipiente democracia, aparece caduco, anquilosado. La pel&iacute;cula, con la crudeza de las hostilidades entre una familia de apariencia mod&eacute;lica, seg&uacute;n los c&aacute;nones de la &eacute;poca, ya contribuy&oacute; al derrumbe, sin forzarlo, porque la grieta estaba ah&iacute; desde hac&iacute;a mucho.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Más allá de su papel en el clan de los Panero, Felicidad Blanc fue, por ella misma, una intelectual con aptitudes más que demostradas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los problemas comenzaron con el matrimonio: se cas&oacute; con Leopoldo Panero en 1941, y confiesa que hasta el &uacute;ltimo momento dud&oacute;, como si tuviera una premonici&oacute;n acerca de la existencia que le esperaba al lado de ese hombre, que durante la Guerra Civil pas&oacute; de estar a punto de morir a manos de los sublevados por su colaboraci&oacute;n con el marxismo a alistarse en ese bando y adherirse al r&eacute;gimen conservador de la dictadura. M&aacute;s all&aacute; de la controversia, para Felicidad Blanc fue el car&aacute;cter d&eacute;spota de su marido, su desapego y sus problemas con el alcohol, lo que rompieron el hogar, y a ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del matrimonio, impresionan las idas y venidas por su hijo Leopoldo Mar&iacute;a, siempre una causa de sufrimiento: &ldquo;Mientras tanto la vida de Leopoldo Mar&iacute;a sigue su curso irregular. Y yo, desorientada, ya no s&eacute; si hago bien o hago mal. Lucho conmigo mismo tratando de comprender lo que ya no comprendo, imponi&eacute;ndome a &eacute;l seguramente con desacierto&rdquo;. Los trapos sucios se lavan en casa, hasta que lleg&oacute; el documental, y luego las memorias. En estas p&aacute;ginas la autora se vac&iacute;a, y saca a la luz conflictos que por aquel entonces no era nada habitual exponer, como el malestar f&iacute;sico del embarazo o el dolor por la p&eacute;rdida de un hijo reci&eacute;n nacido.
    </p><p class="article-text">
        Dramas que a menudo ella tuvo que llorar a solas, porque su esposo no estaba presente. Lo sobrelleva con resignaci&oacute;n: &ldquo;A veces creo que Leopoldo es m&aacute;s feliz con sus hermanas y sus amigos. Y cuando vuelve y oigo las risas de ellos entre las encinas, no siento pesar por ello&rdquo;. Por el ejemplo que hab&iacute;a vivido en casa, con su padre, Felicidad Blanc era consciente de la violencia institucionalizada en la familia antes de casarse, como tambi&eacute;n era consciente de que, de determinados temas, no se habla.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La mujer que no fue</strong></h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su papel en el clan de los Panero, Felicidad Blanc fue, por ella misma, una intelectual con aptitudes m&aacute;s que demostradas: gran lectora desde la infancia, se dedic&oacute; a la traducci&oacute;n y cultiv&oacute; la escritura, aunque a pesar de su vocaci&oacute;n solo public&oacute; varios cuentos en revistas. En ella pesa la sensaci&oacute;n de que podr&iacute;a haber sido, no exactamente <em>m&aacute;s </em>(concepto tan relativo, por otra parte), sino <em>distinta</em>. Como todos, s&iacute;, porque todos dejamos atr&aacute;s muchos &ldquo;y si&rdquo; cada vez que tomamos una decisi&oacute;n. Solo que el suyo es m&aacute;s restrictivo si cabe, porque reprimi&oacute; algo que la llenaba.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/39acaf0e-8b9a-41e3-a5a6-ecf57132704f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El mundo de las letras, no obstante, le proporcion&oacute; el solaz de otras maneras, como los amigos. Su recuerdo de Luis Cernuda, por ejemplo, es uno de los m&aacute;s hermosos, aunque no exento de tristeza: &ldquo;Han pasado los a&ntilde;os, &eacute;l ha muerto, Leopoldo tambi&eacute;n. Pero hay algo que quedar&aacute; para siempre mientras yo viva: la ma&ntilde;ana de aquel d&iacute;a de sol, con toda la primavera de Londres para nosotros&rdquo;. Sobre D&aacute;maso Alonso, dice: &ldquo;Es una especie de doctor Jeckyll y m&iacute;ster Hyde: pod&iacute;a ser el trabajador infatigable de d&iacute;as y d&iacute;as encerrado en su despacho, o el ni&ntilde;o travieso y terrible que se desata como un r&iacute;o y se desborda y que nos hace temblar a todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se dice de Felicidad Blanc que era una gran conversadora, y cabe pensar que quiz&aacute; sus virtudes m&aacute;s apreciadas son de las que no pueden reproducirse por escrito. En el rodaje del documental, al que llegaba con sus intervenciones preparadas &ndash;lo mismo que en sus encuentros con Natividad Massan&eacute;s para preparar estas memorias&ndash; lo demostr&oacute; pese a sus titubeos iniciales: &ldquo;S&iacute;, hay que seguir y poco a poco me olvidar&eacute; de la c&aacute;mara. Lo har&eacute; con tanta naturalidad y hablar&eacute; con tanta soltura que Jaime tendr&aacute; que parar mi charla inagotable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Espejo de sombras</em> es un libro encomiable sobre una mujer digna de conocer, una mujer que dedic&oacute; su vida a los dem&aacute;s &ndash;su padre, su marido, sus hijos&ndash;, probablemente sin que nadie le diera las gracias; pero que tuvo la osad&iacute;a (y la generosidad) de quitarse capas de naftalina en la madurez, primero ante las c&aacute;maras y luego con esta autobiograf&iacute;a. Si bien los cr&iacute;ticos tienen parte de raz&oacute;n al objetar que se trata de unas memorias sesgadas &ndash;en ning&uacute;n momento reconoce su posici&oacute;n privilegiada, por ejemplo&ndash;, su propia naturaleza testimonial ya la redime de cualquier pretensi&oacute;n de objetividad. No importan tanto los hechos como el modo en el que ella los vivi&oacute; y la impronta que le dejaron; es su punto de vista, lo que podr&iacute;amos llamar su &ldquo;verdad&rdquo;, lo que importa.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, aun retratando realidades muy duras, Felicidad Blanc no va de v&iacute;ctima ni de hero&iacute;na. Aunque sus recuerdos rezuman amargura, tambi&eacute;n revisten fortaleza, dominio de s&iacute; misma, una lucidez sin parang&oacute;n para analizar sin concesiones lo que ha vivido y lo que tiene a su alrededor. &ldquo;Yo soy diferente, mi vida ha sido diferente&rdquo;, reflexiona a prop&oacute;sito de los Panero, &ldquo;el dolor me ha marcado m&aacute;s que a los dem&aacute;s, no brota en m&iacute; la risa espont&aacute;nea que a ellos les brota, y no disfruto con las cosas que ellos disfrutan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al pensar en los lectores potenciales de este libro, de esta nueva edici&oacute;n, es inevitable asociarlo a quienes vieron el documental y se dejaron deslumbrar, por las im&aacute;genes y por ella. No obstante, ser&iacute;a muy interesante que tambi&eacute;n los j&oacute;venes la descubrieran, aunque fuera en otro formato &ndash;estas memorias podr&iacute;an adaptarse a novela gr&aacute;fica, por ejemplo, un g&eacute;nero en el que hoy se hacen aut&eacute;nticas obras de arte, y muy did&aacute;cticas&ndash;, no tanto porque Felicidad Blanc resulte inspiradora (no del modo en el que puede serlo un inventor o un deportista de &eacute;lite, al menos) como porque su existencia, y su forma de verla, son un reflejo muy v&iacute;vido de un mundo de ayer cuyos ecos todav&iacute;a resuenan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/felicidad-blanc-madre-desencanto-memorias-mujer-quiso-alzar-voz_1_13340662.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 19:48:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/017df5fd-900e-4e15-8428-dc041e8fb5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146299.jpg" length="800129" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/017df5fd-900e-4e15-8428-dc041e8fb5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146299.jpg" type="image/jpeg" fileSize="800129" width="2754" height="1549"/>
      <media:title><![CDATA[Felicidad Blanc, mucho más que la madre de ‘El desencanto’: las memorias de una mujer que quiso alzar la voz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/017df5fd-900e-4e15-8428-dc041e8fb5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146299.jpg" width="2754" height="1549"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Películas,Franquismo,Biografías,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ingeborg-bachmann-busqueda-nuevo-lenguaje-escribir-despues-auschwitz_1_13335253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nórdica recupera ‘Malina’ en el centenario del nacimiento de su autora, una novela en la que explora los límites del lenguaje para hablar de las relaciones con los hombres y el trauma del nazismo</p><p class="subtitle">La escritora favorita de Almodóvar que ocupa espacios de la derecha y renuncia al caché de llamarse novelista
</p></div><p class="article-text">
        Tan breve fue su vida como fulgurante su proyecto de renovar el lenguaje literario de la literatura en alem&aacute;n de posguerra. Nacida el 25 de junio de 1926, en la ciudad austr&iacute;aca de Klagenfurt, Ingeborg Bachmann se consagr&oacute; desde bien joven a la creaci&oacute;n literaria, hasta convertirse en una de las escritoras centroeuropeas m&aacute;s importantes de la segunda mitad del siglo XX. Con formaci&oacute;n en filosof&iacute;a, conoc&iacute;a bien a Ludwig Wittgenstein y otros pensadores del lenguaje, una influencia decisiva para entender su obra literaria.
    </p><p class="article-text">
        Bachmann ha tenido una presencia un tanto err&aacute;tica en el circuito espa&ntilde;ol: sus obras, de por s&iacute; escasas, han pasado por diferentes editoriales a lo largo del tiempo, sin alcanzar un gran inter&eacute;s por parte del p&uacute;blico. En parte, esta dificultad para llegar a los lectores puede entenderse por la naturaleza de su obra, nada sencilla; tampoco el idioma alem&aacute;n ha contado con una tradici&oacute;n tan asentada en nuestra cultura como el franc&eacute;s o el ingl&eacute;s, salvo excepciones como Franz Kafka, con el que, por cierto, Bachmann guarda afinidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se cumple un siglo de su nacimiento, N&oacute;rdica recupera, dentro de su colecci&oacute;n Otras latitudes, el que se considera su t&iacute;tulo m&aacute;s significativo, el &uacute;ltimo que public&oacute; en vida: <em>Malina</em> (1971), con una nueva traducci&oacute;n a cargo de Isabel Hern&aacute;ndez Gonz&aacute;lez. Es la primera parte de un ciclo de novelas inconcluso, que la autora emprendi&oacute; tras una primera etapa dedicada a la poes&iacute;a. Tambi&eacute;n escribi&oacute; obras radiof&oacute;nicas, que se emit&iacute;an en la emisora donde trabajaba, y cuentos como los de <em>A los treinta a&ntilde;os</em> (1961). Tanto sus poemas completos como este volumen de relatos se pueden encontrar en castellano en Tresmolins, con edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Cecilia Dreym&uuml;ller.
    </p><p class="article-text">
        <em>Malina</em> supuso una ruptura en diferentes aspectos. Para entender lo que implicaba esa transgresi&oacute;n, hay que conocer el contexto: en un principio, Bachmann formaba parte del Grupo 47, un c&iacute;rculo de autores que promovi&oacute; la experimentaci&oacute;n formal en busca de una lengua que no estuviera contaminada por el nazismo. Para ellos, el medio con el que lograr ese objetivo era la poes&iacute;a, m&aacute;s proclive a los juegos de la forma. Este colectivo, en el que hab&iacute;a escritores como Heinrich B&ouml;ll, G&uuml;nter Grass o Ilse Aichinger, impuls&oacute; a muchos j&oacute;venes, como la propia Bachmann, que buscaban diferenciarse de los literatos precedentes con una propuesta radical, a la manera de los vanguardistas franceses.
    </p><p class="article-text">
        Pasar del poema o el texto breve a la novela supon&iacute;a un cambio, se distanciaba de los principios iniciales, aunque Bachmann no fue la &uacute;nica en vivir esa transici&oacute;n. Lo que marc&oacute; su diferencia con algunos de sus colegas fue la incorporaci&oacute;n progresiva de otras preocupaciones; en particular, de una perspectiva de g&eacute;nero. Bachmann ya no solo buscaba un lenguaje que rompiera con el Holocausto, sino un lenguaje que a su vez fuera propio de las mujeres, y no una r&eacute;plica de las palabras que hab&iacute;an usado los hombres para escribir sobre ellas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Bachmann ya no solo buscaba un lenguaje que rompiera con el Holocausto, sino un lenguaje que a su vez fuera propio de las mujeres, y no una réplica de las palabras que habían usado los hombres para escribir sobre ellas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como Virginia Woolf, Bachmann era consciente de que muchas grandes escritoras hab&iacute;an cultivado una literatura &ldquo;masculina&rdquo;, en el sentido de tomar como referencia a los escritores can&oacute;nicos, que eran todos hombres. Cuando la segunda ola feminista irrumpi&oacute; en los a&ntilde;os sesenta, ella y otras autoras tomaron conciencia de que no deb&iacute;an resignarse a repetir viejas f&oacute;rmulas, que pod&iacute;an buscar un lenguaje propio para hablar, con sus singularidades, de aquello que las ata&ntilde;e, de su mundo &iacute;ntimo.
    </p><p class="article-text">
        Esto, que la emparenta con coet&aacute;neas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ahora-vas-tuiteas-clarice-lispector-maestra-frase-breve-conecta-nuevas-generaciones_1_13210758.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Clarice Lispector </a>o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eterno-retorno-marguerite-duras-escritora-rompio-reglas-no-renuncio-placer-siguio-instinto_1_12767829.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marguerite Duras </a>y hoy nos parece un gran paso adelante para dignificar la literatura escrita por mujeres, en su momento no fue bien entendido por todos sus colegas, aunque hubo m&aacute;s mujeres que, de manera consciente o inconsciente, tomaron ese mismo rumbo, como Unica Z&uuml;rn o Marlen Haushofer. En sus p&aacute;ginas, como en las de Bachmann, la experiencia de las mujeres se convierte en el centro y examina cuestiones como las relaciones afectivas, los trastornos mentales o la misma expresi&oacute;n del yo a trav&eacute;s de la literatura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/1cee12c8-86bd-44e7-befb-52387f435b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Y de todo eso va, nada m&aacute;s y nada menos, <em>Malina</em>. Est&aacute; planteada como un tri&aacute;ngulo amoroso entre una mujer y dos hombres. La narradora, sin nombre, puede entenderse como un <em>alter ego</em> de la autora: a lo largo de tres partes revisa, con un registro entre la meditaci&oacute;n existencial y el di&aacute;logo teatral, con una voz muy introspectiva, su relaci&oacute;n con cada hombre, con su pasado y, a la postre, con la escritura.
    </p><p class="article-text">
        Todo est&aacute; relacionado, de hecho: su relaci&oacute;n insatisfactoria con ellos (Iv&aacute;n, un hombre poco emocional que trabaja en el sector financiero y no se compromete como lo hace ella; y Malina, funcionario e intelectual, m&aacute;s atento, que le hace de interlocutor, pero que tampoco termina de encajar con ella) se entreteje con las heridas del pasado, tanto &iacute;ntimas (el n&uacute;cleo familiar, el padre) como hist&oacute;rico-pol&iacute;ticas (el trauma del nazismo); todo ello, a su vez, se canaliza en la escritura, porque la identidad de la protagonista es inseparable de su identidad como narradora, su literatura es un ejercicio constante de <em>escribirse</em>, de hallar una expresi&oacute;n &uacute;nica y po&eacute;tica y precisa para contar su herida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ingeborg Bachmann en 1962"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ingeborg Bachmann en 1962                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Explorar los l&iacute;mites del lenguaje con esa motivaci&oacute;n es m&aacute;s arduo en una novela que en las distancias cortas o el poema; o, cuando menos, resulta m&aacute;s arduo para el lector, que se encuentra con una obra densa, reflexiva, l&iacute;rica y de resonancias existenciales que no es f&aacute;cil de seguir ni de interpretar; &ldquo;cr&iacute;ptica&rdquo;, podr&iacute;a decirse, aunque esto no deber&iacute;a ser un pretexto para no leerla, sino, al contrario, un est&iacute;mulo: en ocasiones (&iquest;siempre?), la dificultad puede resultar atractiva, un reto que tiene la recompensa de llevar al lector a terrenos literarios que se salen de lo habitual, que le revelan hasta qu&eacute; punto se puede jugar con el lenguaje. (S&iacute;: es un libro del que Virginia Woolf habr&iacute;a estado orgullosa).
    </p><p class="article-text">
        Bachmann muri&oacute; en Roma en 1973, en un accidente dom&eacute;stico que nunca se ha llegado a aclarar del todo: al parecer, hubo un incendio en su habitaci&oacute;n y no super&oacute; las graves quemaduras, pero un intento de suicidio previo, tras la ruptura con quien fue su pareja, Max Frisch, junto con la inestabilidad emocional que ella misma manifestaba a trav&eacute;s de su obra, dejan margen para cualquier hip&oacute;tesis.
    </p><p class="article-text">
        Solo ten&iacute;a 47 a&ntilde;os, y dej&oacute; el ciclo novel&iacute;stico que deb&iacute;a completar <em>Malina</em> sin terminar. Fue una gran p&eacute;rdida para la literatura, pero los libros que tuvo tiempo de escribir, desde los poemas a <em>Malina</em>, basaron para situarla entre lo m&aacute;s destacado de la literatura de su tiempo. Merece la pena volver a ella y, de paso, recordar la adaptaci&oacute;n que hizo Werner Schroeder en 1991, con Isabelle Huppert en el papel protagonista y la Nobel <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/venganza-premio-nobel-literatura-2004-acusada-absuelta-evasion-fiscal_1_11824042.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elfriede Jelinek</a>, admiradora confesa de Bachmann, como guionista. Literatura y cine que hacen temblar, que inquietan, que desaf&iacute;an; que son la expresi&oacute;n de un mundo propio y &uacute;nico, en definitiva, y que hacen de este un arte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ingeborg-bachmann-busqueda-nuevo-lenguaje-escribir-despues-auschwitz_1_13335253.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="182842" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="182842" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Auschwitz,Austria,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Querida Angela Merkel, líbranos del apocalipsis: el Nobel Krasznahorkai se zambulle en el mundo del odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/querida-angela-merkel-libranos-apocalipsis-nobel-krasznahorkai-zambulle-mundo-odio_1_13323522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9ab6c50-027f-4feb-b3c5-edda66f99616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Querida Angela Merkel, líbranos del apocalipsis: el Nobel Krasznahorkai se zambulle en el mundo del odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ‘Herscht 07769’, el premio Nobel de Literatura 2025 se adentra en la mente de un protagonista inocentón que se mueve entre neonazis</p><p class="subtitle">László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La esperanza es un error&rdquo;. Con esta sentencia, m&aacute;s provocadora que pesimista, se abre <em>Herscht 07769</em> (2021; Acantilado, 2026, trad. Adam Kovacsics), la &uacute;ltima novela en traducirse al castellano de L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai (Gyula, Hungr&iacute;a, 1954), autor galardonado con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/laszlo-krasznahorkai-gana-premio-nobel-literatura-2025_1_12669502.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel de Literatura 2025</a>. Y, en efecto, lo que sigue despu&eacute;s de esa frase es un viaje sin tregua por lo peor y lo mejor de la naturaleza humana, una deriva que invita a cuestionarse de forma constante si el enunciado tiene raz&oacute;n o no.
    </p><p class="article-text">
        Desde un pueblo de Turingia, Florian Herscht, un tipo grandull&oacute;n cuya imponencia f&iacute;sica contrasta con la candidez de su car&aacute;cter, escribe cartas a Angela Merkel, siempre con su apellido y el c&oacute;digo postal como remitente, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de la novela. En sus misivas, le pide ayuda para salvar el mundo de lo que percibe como una amenaza que, al contrario de lo que podr&iacute;a parecer, no se fundamenta en la realidad que observa en su d&iacute;a a d&iacute;a, sino en lo que ha averiguado gracias al estudio de las ciencias del universo (la excanciller es f&iacute;sica de formaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de redactar esas cartas que en la oficina de correos nunca se toman en serio, el protagonista dedica su tiempo a acompa&ntilde;ar a un hombre apodado el Jefe, un neonazi para el que trabaja limpiando grafitis. Este Jefe y sus secuaces encarnan los principios de la ultraderecha contempor&aacute;nea: odio, discriminaci&oacute;n, machismo, violencia, groser&iacute;a. Esos rasgos, sin embargo, conviven con un gusto exquisito por Bach, una &iquest;paradoja? que, s&iacute;, remite al culto de Hitler por Wagner.
    </p><p class="article-text">
        Junto al Jefe, el protagonista se convierte en una esponja que absorbe lo que lo rodea. No se convierte en un neonazi al uso &mdash;su interior se mantiene, en cierto modo, &ldquo;puro&rdquo;; no nace de &eacute;l un impulso hacia el odio o la brutalidad&mdash;; pero, a su manera, comienza a asumir que su superior tiene raz&oacute;n, que su visi&oacute;n del mundo es acertada. Como un alumno que conf&iacute;a en su maestro, cree sin dar r&eacute;plica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e2d9708c-777a-4828-a650-17995274afc3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El protagonista recibe m&aacute;s influencias, como la de un viejo profesor de f&iacute;sica retirado, de quien aprendi&oacute; esa curiosidad por la astronom&iacute;a. &Eacute;l es solo uno de los (abundantes y jugosos) personajes secundarios que pueblan esta novela, y, si el Jefe representa esa ola ultra, el profesor es el intelectual pesimista que ve c&oacute;mo sus esfuerzos, concretados en la educaci&oacute;n de Herscht, caen en saco roto en cuanto el chico sale del microcosmos de la escuela para perderse en los confines de la vida adulta, donde no mandan ni gu&iacute;an los sabios, sino los espec&iacute;menes como el Jefe.
    </p><p class="article-text">
        El libro, que conserva la iron&iacute;a y el humor negro distintivos del autor, puede leerse como una met&aacute;fora de la sociedad occidental contempor&aacute;nea, con ese protagonista que teme m&aacute;s lo incierto, lo que no ve (las fuerzas del universo), que lo que sucede ante sus ojos. Porque el discurso neonazi siembra miedo, y, por eso mismo, adeptos: lugare&ntilde;os que comienzan a temer al vecino, que extienden el peligro al dar p&aacute;bulo a quienes justifican sus acciones en prejuicios. Como una onda expansiva, la ideolog&iacute;a ultra se extiende sin que Herscht tome conciencia de sus implicaciones. Y Herscht no es &uacute;nico: para cuando la poblaci&oacute;n se da cuenta, ya es demasiado tarde para reaccionar; de hecho, a sus temores se ha a&ntilde;adido ese, el de plantar cara.
    </p><h2 class="article-text">La salvaci&oacute;n v&iacute;a Bach</h2><p class="article-text">
        No es casualidad que Krasznahorkai elija como localizaci&oacute;n un territorio que integr&oacute; la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica de Alemania (RDA), es decir, un pa&iacute;s que en apenas un siglo ha vivido la decadencia de un imperio, una rep&uacute;blica fr&aacute;gil atenazada por numerosas crisis, el totalitarismo del Tercer Reich, el desencantado sue&ntilde;o comunista y una reunificaci&oacute;n que, a pesar de la ilusi&oacute;n, no ha cumplido las expectativas. Y, dentro de ese pa&iacute;s, en un pueblo ficticio imaginario que podr&iacute;a ser cualquier rinc&oacute;n de Occidente: un lugar donde todos se conocen y, tal vez precisamente por tenerse tan vistos, no perciben la amenaza que se va fraguando, no perciben la gravedad del cambio en curso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre hoy es inseparable del pasado reciente, en el que la estabilidad pol&iacute;tica ha durado menos que sus promesas; el autoritarismo dej&oacute; secuelas que la democracia no ha sabido resolver. &iquest;Est&aacute; a tiempo a&uacute;n de frenar ese cataclismo inminente? En contra de la afirmaci&oacute;n inicial, Krasznahorkai sugiere una posible redenci&oacute;n a trav&eacute;s de Bach, de la m&uacute;sica que transforma al protagonista de forma mucho m&aacute;s profunda que los discursos tan airados como superficiales del Jefe. Porque Bach, que naci&oacute; en el mismo Estado que &eacute;l, demostr&oacute; que incluso desde ah&iacute;, desde esas mismas ra&iacute;ces, uno se puede forjar otro camino: el de la elevaci&oacute;n espiritual a trav&eacute;s de la sublimaci&oacute;n art&iacute;stica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/920baa83-6f9f-4c21-9d2d-30dea22e22a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai en Barcelona, en su primer acto público fuera de Hungría tras recibir el galardón"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai en Barcelona, en su primer acto público fuera de Hungría tras recibir el galardón                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es la fuerza del arte en todas sus manifestaciones: la m&uacute;sica, pero tambi&eacute;n la literatura, la pintura, la escultura, el cine, la arquitectura, la danza, la fotograf&iacute;a y un largo etc&eacute;tera. Todo escritor, como todo artista, sabe que, si hay una salvaci&oacute;n posible, es a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n, de la entrega a un cometido que le llevar&aacute;, no solo a trascender lo mundano y caduco, sino a conectar con sus semejantes en lo m&aacute;s &iacute;ntimo, a entregarles un sentido, un anclaje, una pertenencia que no encuentran en un entorno donde cada vez se sienten m&aacute;s solos, m&aacute;s perdidos, m&aacute;s asustados.
    </p><p class="article-text">
        Escribir a pesar de todo, seguir escribiendo despu&eacute;s de las calamidades, es en s&iacute; un salto (laico) de fe en pos de la esperanza. Y leer, al igual que escuchar las composiciones de Bach, un acto de resistencia. Porque se oponen al ruido, lo silencian o lo contrarrestan, aunque sea por un rato, y proporcionan herramientas para protegerse ante &eacute;l. El hecho de que Krasznahorkai siga escribiendo es en s&iacute; mismo un gesto de esperanza. Que los lectores podamos contar con sus libros nos garantiza otro puerto seguro donde arraigar, si estamos dispuestos a emprender una traves&iacute;a arriesgada sobre aguas turbulentas.
    </p><h2 class="article-text">Hipn&oacute;tico y adictivo</h2><p class="article-text">
        Porque Krasznahorkai hace honor a esa fama del Nobel de premiar a autores &ldquo;dif&iacute;ciles&rdquo;. La dificultad de lectura puede ser, hasta cierto punto, un concepto relativo, que depende de la experiencia previa del lector, de sus preferencias e incluso de su receptividad en el momento de comenzar a leer. Aun as&iacute;, hay aspectos objetivos que permiten delimitar el grado de complejidad, y en el caso de este escritor son siempre evidentes. En primer lugar, su estilo, de frases largas, ramificadas, que, m&aacute;s que trazar una l&iacute;nea recta, cavan socavones, giran para captar otros &aacute;ngulos, se disgregan hasta que parece que se pierden para luego enderezar de nuevo el rumbo, m&aacute;s pesadas, eso s&iacute;, con nuevas piedras en los hombros, que hacen ir despacio pero tambi&eacute;n proporcionan una solidez desconocida.
    </p><p class="article-text">
        Esta prosa, que para muchos lectores puede resultar ardua, es, sin embargo, para quien conecta con el narrador h&uacute;ngaro, hipn&oacute;tica e incluso adictiva, capaz de envolver en una atm&oacute;sfera que no por inquietante y oscura deja de ser fascinante; basta pensar en <em>Tango sat&aacute;nico</em> (1985), su primera novela y la brillante adaptaci&oacute;n de B&eacute;la Tarr, para entender ese magnetismo, ese esplendor de un mundo decadente, esa <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/laszlo-krasznahorkai-premio-nobel-literatura-deberia-haber-dedicado-obra-no_1_13020426.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">b&uacute;squeda de un lenguaje sin concesiones</a> que sacude convenciones y alcanza planos metaf&iacute;sicos. Porque las obras de Krasznahorkai, y <em>Herscht 07769</em> no es una excepci&oacute;n, son tambi&eacute;n y ante todo una exploraci&oacute;n del alma humana, una meditaci&oacute;n existencial que, m&aacute;s que revelarse de inmediato, se desvela poco a poco, como una ara&ntilde;a que se va adhiriendo al cuerpo casi de forma inapreciable, hasta llegar a un punto en el que ya no es posible liberarse.
    </p><p class="article-text">
        Esta larga frase que es <em>Herscht 07769</em> deja respirar en algunos momentos, con unos sintagmas separados del cuerpo del texto que se perciben como cambios de cap&iacute;tulo. Estos conjuntos de palabras, cuando se ponen uno detr&aacute;s de otro, componen una suerte de poema que condensa la esencia de la novela: &ldquo;de la nada en la nada / de alguna parte a alguna parte / el mundo desaparece / [&hellip;] en Bach no hay nada f&aacute;cil / ofrec&iacute;a un consuelo m&aacute;s profundo / serv&iacute;a bolas de helado grandes / [&hellip;] no hay nada m&aacute;s perfecto que / pero de color celeste / el vac&iacute;o absoluto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No, en Bach no hay nada f&aacute;cil, y en Krasznahorkai tampoco; por eso mismo leerlo deja una huella m&aacute;s profunda que muchas publicaciones contempor&aacute;neas. <em>Herscht 07769</em>, en concreto, adem&aacute;s de dialogar con el presente con un ojo cl&iacute;nico poco habitual, sintetiza todas las obsesiones del autor &mdash;la danza tambaleante hacia el abismo que es la existencia humana, la desintegraci&oacute;n de un orden pol&iacute;tico a trav&eacute;s del retrato de una peque&ntilde;a comunidad, la atm&oacute;sfera l&uacute;gubre, por el espacio pero sobre todo por la negrura de quienes lo pueblan&mdash; y es, en s&iacute; mismo, un ant&iacute;doto contra el conformismo, contra la vacuidad, la furia y lo vol&aacute;til que se imponen en estos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Porque Florian Herscht es un personaje especial: bonach&oacute;n, manipulable y, por eso mismo, peligroso; pero tambi&eacute;n es sensible, atento, receptivo para escuchar a Bach y dejar que anide en &eacute;l con m&aacute;s fuerza que el odio; un hombre-esponja, para lo bueno y para lo malo. Todos, a nuestra manera, lo somos; de nosotros depende permitir que nos cale: el miedo&hellip; o las novelas de un autor como Krasznahorkai.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/querida-angela-merkel-libranos-apocalipsis-nobel-krasznahorkai-zambulle-mundo-odio_1_13323522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:01:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c9ab6c50-027f-4feb-b3c5-edda66f99616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3816570" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c9ab6c50-027f-4feb-b3c5-edda66f99616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3816570" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Querida Angela Merkel, líbranos del apocalipsis: el Nobel Krasznahorkai se zambulle en el mundo del odio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c9ab6c50-027f-4feb-b3c5-edda66f99616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Premios Nobel,Nobel de Literatura,Hungría,Angela Merkel,Literatura,Neonazis,Alemania,Libros,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasion-salvaje-revuelta-obrera-jack-london-escritor-hoy_1_13302307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6f0aae0-d93d-47cb-ab3e-bbc4d906598c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y276.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de ‘Colmillo Blanco’ y 'La llamada de lo salvaje', nacido hace 150 años, fue un creador versátil que llegó hacer incluso ciencia ficción, aunque se le conozca sobre todo por sus narraciones de aventuras en la naturaleza</p><p class="subtitle">Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo
</p></div><p class="article-text">
        Puede que no todo el mundo conozca a Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, California, 1916), pero qui&eacute;n m&aacute;s, qui&eacute;n menos ha visto u o&iacute;do hablar de las pel&iacute;culas basadas en sus novelas; en particular, las adaptaciones de t&iacute;tulos como <em>La llamada de lo salvaje</em> (1903) o <em>Colmillo Blanco</em> (1906). Pese a su temprana (y controvertida) muerte, el escritor tuvo tiempo de escribir m&aacute;s de veinte novelas, adem&aacute;s de numerosos cuentos, ensayos, teatro y memorias. Este 150&ordm; aniversario de su nacimiento es un buen pretexto para revisitar su obra y recordar algunas claves que hoy hacen de &eacute;l un autor vigente.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de la obra del autor ha sido editada en castellano por <a href="https://www.alianzaeditorial.es/busqueda.php?tipobusqueda=autor&amp;precioMin=0&amp;precioMax=200&amp;texto=Jack%20London&amp;filtro=fecha_publicacion%20desc&amp;pagina=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alianza</a>, en enero,  Montesinos ha publicado La peque&ntilde;a dama de la casa grande y hace pocos d&iacute;as <a href="https://nordicalibros.com/product/la-llamada-de-lo-salvaje-3/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">N&oacute;rdica </a>ha llevado a las librer&iacute;as <em>La llamada de lo salvaje, </em>traducida por H&eacute;ctor Arnau.
    </p><h2 class="article-text">1. Pionero de la 'nature writing'</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/30b9b05c-a13d-4d19-8847-57f77ee9d407_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La <em>nature writing</em>, ese g&eacute;nero de narraciones de ficci&oacute;n o no ficci&oacute;n inscritas en un medio natural, desde una conciencia ecologista y animalista, del que se considera fundadores a los pensadores y naturalistas estadounidenses <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/superar-perdida-querido-aprender-emerson-henry-david-thoreau-william-james_1_11687735.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ralph Waldo Emerson</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry David Thoreau</a>, John Muir y John Borroughs, ha vivido un gran repunte en la &uacute;ltima d&eacute;cada gracias a la preocupaci&oacute;n por la emergencia clim&aacute;tica y al retorno, literal o al menos de esp&iacute;ritu, a un estilo de vida m&aacute;s pr&oacute;ximo a lo primigenio, frugal, alejado del ruido y en armon&iacute;a con los ciclos de la naturaleza. En este sentido, el peso que la naturaleza tiene en las narraciones de Jack London, y sobre todo la mirada desde la que se acerca a ella, hacen de &eacute;l un escritor af&iacute;n a este g&eacute;nero.
    </p><h2 class="article-text">2. Animales en estado salvaje</h2><p class="article-text">
        El escritor destaca por su capacidad para ponerse en el lugar del animal protagonista sin caer en la adjudicaci&oacute;n de atributos humanos: tanto el perro domesticado que debe sobrevivir en el bosque de <em>La llamada de lo salvaje</em> como el perro lobo en estado salvaje que se acerca a los humanos en <em>Colmillo Blanco</em> est&aacute;n caracterizados con una cuidada recreaci&oacute;n de su entorno, los instintos por los que se mueven, la vida en manada y la percepci&oacute;n que tienen del mundo humano. A pesar de que el desenlace de algunas de sus historias prioriza la lecci&oacute;n moral, intr&iacute;nsecamente humana, por encima del estado natural, el tratamiento que hace de los animales, junto con el hecho de colocarlos en el centro de la narraci&oacute;n, lo convierten en un referente.
    </p><h2 class="article-text">3. Hombre de mar</h2><p class="article-text">
        Otra de sus novelas m&aacute;s conocidas, <em>El lobo de mar</em> (1904), es fruto de su experiencia como marinero: en su juventud se embarc&oacute; en una goleta con rumbo a Jap&oacute;n y tambi&eacute;n trabaj&oacute; como ostrero. Como ocurre con sus narraciones ambientadas en el bosque &ndash;que tienen asimismo una inspiraci&oacute;n en sus vivencias, por las que conoci&oacute; de primera mano la hostilidad del medio natural&ndash;, la imagen que da del mar dista mucho de ser edulcorada; al contrario, pone de relieve sus peligros, los momentos de lucha contra las inclemencias y el abismo en el que su inmensidad sume al ser humano. Fruto de esta experiencia escribi&oacute; <em>El lobo de mar</em> (1904), otra de sus novelas m&aacute;s emblem&aacute;ticas.
    </p><h2 class="article-text">4. Novela de aventuras</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/710f56c7-5209-4087-a14d-285594fea4ba_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Jack London forma parte de los escritores cl&aacute;sicos del g&eacute;nero de aventuras, como Jules Verne, R. L. Stevenson, Emilio Salgari o Walter Scott. Como suele ser habitual, estas peripecias nacen del propio periplo del autor, que fue un escritor en gran medida autodidacta, encaden&oacute; trabajos precarios, llev&oacute; una existencia errabunda y se code&oacute; con piratas, delincuentes y buscadores de fortuna en plena fiebre del oro (&eacute;l mismo se intern&oacute; en los yacimientos de oro de Klondike, de donde sali&oacute; enfermo y con una mayor conciencia de la proximidad de la muerte). Sin duda, un material perfecto para captar las sensaciones de un personaje que emprende su camino en un entorno que le es desconocido y que esconde numerosas amenazas.
    </p><h2 class="article-text">5. Trasfondo de gran complejidad moral</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las aventuras, las obras de Jack London, al igual que sucede con las de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joseph-conrad-forastero-desencantado-denuncio-abusos-occidente-africa_1_11566726.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joseph Conrad</a> o Rudyard Kipling, contienen un profundo dilema moral, por lo general en torno a la confrontaci&oacute;n entre la naturaleza y la civilizaci&oacute;n, entre el instinto de supervivencia de los animales y el orden humano. El autor no se libra del todo del antropocentrismo, pero aun as&iacute; va bastante m&aacute;s all&aacute; que muchos de sus contempor&aacute;neos y escritores posteriores en su acercamiento al &ldquo;estado salvaje&rdquo; de la realidad. No elude tampoco cuestiones inc&oacute;modas como la muerte o la violencia, que conoci&oacute; desde bien peque&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text">6. Literatura &ldquo;como la de antes&rdquo;</h2><p class="article-text">
        No hay que perder de vista que Jack London es un autor del siglo XIX, y, aunque las aventuras pueden ser susceptibles de asociarse con lo ligero, con el entretenimiento superficial, los grandes escritores del g&eacute;nero hicieron gala de una prosa rica, descriptiva y envolvente, con las caracter&iacute;sticas propias de la &eacute;poca y la narraci&oacute;n epis&oacute;dica que facilitaba la publicaci&oacute;n por entregas. Le&iacute;da hoy, <em>Colmillo Blanco</em> no solo impresiona por su retrato del animal, sino por la suntuosidad de la prosa, que se demora en recrear el paisaje, con un estilo exuberante, pr&oacute;digo en matices, que poco o nada tiene que ver con las voces depuradas (cuando no endebles) del presente.
    </p><h2 class="article-text">7. Lucha de clases</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/868bec79-dc83-4f03-b55e-acd0fd31300c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de emprender aventuras y cultivar una carrera literaria, Jack London se implic&oacute; en pol&iacute;tica. En concreto, sus or&iacute;genes humildes, junto con todas las experiencias que le descubrieron los bajos fondos de la sociedad, le hicieron sensible a las desigualdades y partidario del socialismo, en cuyo partido lleg&oacute; a afiliarse. Y, dado que para un escritor la vida (y sus valores) es inseparable de la literatura, esta conciencia se refleja de forma m&aacute;s o menos directa en muchas de sus obras, por ejemplo, en la novela <em>El tal&oacute;n de hierro </em>(1908), inspirada en la rebeli&oacute;n de unos obreros de una corporaci&oacute;n industrial; o en <em>La gente del abismo</em> (1903), una cr&oacute;nica de sus a&ntilde;os en la calle. Este a&ntilde;o, adem&aacute;s, la editorial El Desvelo ha publicado recopilaciones de art&iacute;culos como <em>&iquest;Qu&eacute; es el socialismo?</em> o <em>La Revoluci&oacute;n mexicana</em>.
    </p><h2 class="article-text">8. Mucho m&aacute;s que un escritor de formaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las novelas de aventuras suelen ser el primer contacto de muchos ni&ntilde;os con la lectura (o, al menos, as&iacute; era hasta que existiera una literatura infantil y juvenil al margen, con su propio circuito), por lo que, al echar la vista atr&aacute;s, estas lecturas pueden ser vistas con cierta condescendencia, como una obra de entretenimiento pero sin el calado que uno descubre al leer m&aacute;s adelante a Proust o a Tolst&oacute;i. Craso error: puede que ocurra as&iacute; con las novelas de consumo, pero, cuando se trata de cl&aacute;sicos como Jack London (o Alexandre Dumas, o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joseph-conrad-forastero-desencantado-denuncio-abusos-occidente-africa_1_11566726.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joseph Conrad</a>, o&hellip;, la lista es infinita), no solo resisten el paso del tiempo, sino que tienen esa cualidad de ganar en matices con cada nueva lectura. As&iacute; que no, no es (solo) un autor para j&oacute;venes, aunque sin duda muchos j&oacute;venes le deban su afici&oacute;n por los libros.
    </p><h2 class="article-text">9. El desclasamiento</h2><p class="article-text">
        Como muchos otros autores, Jack London vio en la literatura un camino con el que solventar sus problemas econ&oacute;micos y dejar atr&aacute;s la vida proletaria. Para ello, se form&oacute; de manera autodidacta, leyendo libros de la biblioteca p&uacute;blica. Si bien logr&oacute; ser admitido en la universidad, no lleg&oacute; a graduarse por la imposibilidad de costearse los estudios. Aun as&iacute;, sali&oacute; adelante gracias al &eacute;xito de sus publicaciones. Su novela <em>Martin Eden</em>, publicada por entregas entre 1908 y 1909, recoge buena parte de sus lucha por el ascenso social, aunque las vivencias del protagonista lo conducen a un desenlace mucho m&aacute;s pesimista y cr&iacute;tico con el individualismo del sue&ntilde;o americano.
    </p><h2 class="article-text">10. Su lado menos conocido</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/796a03dc-90fe-4ff9-bef3-d82f99944174_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Jack London fue un escritor vers&aacute;til, de modo que quien quiera conocerlo a fondo descubrir&aacute; que hay vida mucho m&aacute;s all&aacute; de <em>La llamada de lo salvaje</em> o <em>Colmillo Blanco</em>. Por ejemplo, <em>La peste escarlata</em> (1912), una obra de ciencia ficci&oacute;n postapocal&iacute;ptica que no tiene nada que envidiar a los maestros del g&eacute;nero; <em>La peque&ntilde;a dama de la casa grande</em> (1916), una novela sobre una mujer entre dos mundos, el de las convenciones sociales del matrimonio y el del extrav&iacute;o al que la condenar&iacute;a la libertad individual, recientemente recuperada por la editorial Montesinos; o <em>El vagabundo de las estrellas</em> (1915), una novela de trasfondo existencialista sobre el descenso a los infiernos de un profesor, con un cuestionamiento contundente del sistema penitenciario estadounidense.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasion-salvaje-revuelta-obrera-jack-london-escritor-hoy_1_13302307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 20:14:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b6f0aae0-d93d-47cb-ab3e-bbc4d906598c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y276.jpg" length="178272" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b6f0aae0-d93d-47cb-ab3e-bbc4d906598c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y276.jpg" type="image/jpeg" fileSize="178272" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b6f0aae0-d93d-47cb-ab3e-bbc4d906598c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y276.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Naturaleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/todavia-tiempo-frenar-cambio-climatico-matthew-t-hubert-revolucion-viene_1_13288920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b26135e-c3f9-498e-91cf-675baa0a8ad3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ‘El futuro de la revolución’, el investigador insta a una gran movilización social para apostar por la inversión pública como antídoto para la emergencia climática</p><p class="subtitle">El anterior Rincón de pensar - A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos</p></div><p class="article-text">
        Muchos estudios sobre la emergencia clim&aacute;tica tienen dos problemas. El primero es la falta de propuestas: realizan un diagn&oacute;stico m&aacute;s o menos atinado de la situaci&oacute;n, pero se quedan ah&iacute;, incapaces de plantear posibles soluciones. En el segundo caso, s&iacute; se apuntan ideas pr&aacute;cticas, aunque est&aacute;n tan limitadas a la acci&oacute;n individual (reducir el consumo de energ&iacute;a, optar por el transporte p&uacute;blico, reciclar o adquirir alimentos de proximidad) que se quedan cortas a la hora de concebir una transformaci&oacute;n a fondo de todo el sistema. Esto deriva en un pesimismo colectivo que puede conducir a la inacci&oacute;n y el des&aacute;nimo, algo que ya est&aacute; perjudicando <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ecoansiedad-afecta-cambio-climatico-salud-mental_1_8553351.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la salud mental de la poblaci&oacute;n, sobre todo de los j&oacute;venes</a>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo revertir este panorama? Todo cambio comienza con la capacidad de imaginar un futuro distinto, de no resignarse al desaliento solo porque hasta ahora nos han dicho que no se puede hacer m&aacute;s. El siguiente paso consiste en buscar alternativas y refrendarlas con situaciones en las que hayan demostrado su eficacia. Puede que la humanidad no se haya enfrentado a un desaf&iacute;o semejante, pero ha habido otros retos que en su momento tambi&eacute;n parec&iacute;an imposibles de asumir y que sin embargo se superaron o, como m&iacute;nimo, mejoraron sus pron&oacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo paso, quiz&aacute; el m&aacute;s dif&iacute;cil, es comunicar esa posible soluci&oacute;n al p&uacute;blico para instarlo a actuar. Porque, esto hay que tenerlo claro, los cambios solo se consiguen al ponerse en marcha. Para ello es necesario contar con una ciudadan&iacute;a concienciada y lo bastante preocupada por el tema como para atender la llamada de atenci&oacute;n. Esa masa social, formada por un conjunto numeroso de individuos unidos por una causa com&uacute;n, es clave en este proceso, tal y como defiende el investigador Matthew T. Huber (Chicago, 1970) en<em> </em><a href="https://erratanaturae.com/product/el-futuro-de-la-revolucion/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El futuro de la revoluci&oacute;n </em></a>(2022; Errata naturae, 2024, trad. Silvia Moreno Parrado). Este profesor de Geograf&iacute;a de la Universidad de Siracusa lleva a&ntilde;os estudiando las relaciones geoecon&oacute;micas con el capitalismo y las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas, y en este libro propone una insurrecci&oacute;n colectiva para combatir la inercia pol&iacute;tica actual.
    </p><h2 class="article-text">Hacia un nuevo paradigma</h2><p class="article-text">
        Los trabajos sobre la crisis clim&aacute;tica se inscriben en el &aacute;mbito cient&iacute;fico, en &aacute;reas como la ecolog&iacute;a, las ciencias atmosf&eacute;ricas o la geolog&iacute;a; pero las ciencias humanas tienen un papel clave en la emergencia, por cuanto las tendencias sociopol&iacute;ticas y econ&oacute;micas son las responsables de la respuesta (o la indiferencia) hacia el fen&oacute;meno. La ideolog&iacute;a que m&aacute;s se compromete con el desarrollo sostenible, respetuoso con el medio ambiente, que trata de contrarrestar los excesos capitalistas que han llevado a este l&iacute;mite, es la pol&iacute;tica verde, alineada en general con los partidos progresistas partidarios de la justicia social.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sucede? Por un lado, el problema de circunscribir esta preocupaci&oacute;n a un espectro del arco pol&iacute;tico reduce el n&uacute;mero de ciudadanos concienciados: o se est&aacute; a favor de una regeneraci&oacute;n verde urgente, o se es un negacionista clim&aacute;tico. La polarizaci&oacute;n creciente en el debate p&uacute;blico y la proliferaci&oacute;n de bulos en los medios de comunicaci&oacute;n tampoco ayudan. No obstante, ser&iacute;a un error creer que el negacionismo es el &uacute;nico obst&aacute;culo para tomar medidas: dentro de las agrupaciones de izquierda y socialdem&oacute;cratas tampoco se ha dado una respuesta unitaria y ha faltado, en general, contundencia.
    </p><p class="article-text">
        Puede que los negacionistas no sean muchos, pero tampoco el cambio clim&aacute;tico es una prioridad para la mayor&iacute;a. En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_12456092_1114816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el bar&oacute;metro del CIS</a>, las principales preocupaciones de la poblaci&oacute;n son la vivienda, la corrupci&oacute;n y el fraude pol&iacute;ticos, el paro, la crisis econ&oacute;mica, la inmigraci&oacute;n y la sanidad; hay que bajar unos cuantos puestos de la lista para encontrar el cambio clim&aacute;tico. Por mucho que se intente sensibilizar sobre la urgencia que requiere la situaci&oacute;n medioambiental, la percepci&oacute;n dominante es que se trata de un asunto secundario, algo que puede esperar y, un punto determinante, que est&aacute; desligado del resto de problemas sociales.
    </p><p class="article-text">
        De esto &uacute;ltimo surge la tesis de Matthew T. Huber: es un error creer que el empleo o los servicios p&uacute;blicos, por ejemplo, resultan indiferentes a la emergencia clim&aacute;tica. Frente al desprestigio de las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas entre buena parte de la poblaci&oacute;n, propone una visi&oacute;n transversal que ponga de relieve su conexi&oacute;n con los problemas que resultan m&aacute;s inmediatos y graves. Porque sucede que los ciudadanos se movilizan, deciden su voto y presionan a sus dirigentes en funci&oacute;n de lo que les preocupa m&aacute;s en cada momento. Para tomar otro rumbo, es preciso que la lucha clim&aacute;tica sea una prioridad para la mayor&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">El cambio clim&aacute;tico como lucha de clases</h2><p class="article-text">
        Hablar de &ldquo;mayor&iacute;a&rdquo;, sin m&aacute;s, resulta vago. &iquest;Qui&eacute;n deber&iacute;a conformarla? Si pensamos en la estructura de clases sociales, la base de la pir&aacute;mide la componen los trabajadores no cualificados o precarios, los desempleados, los pensionistas con menor retribuci&oacute;n y otros sectores con un n&uacute;mero bajo de ingresos. Sin embargo, tal como analiza Huber, el compromiso por el clima viene, sobre todo, por parte de una clase profesionalizada que no solo se define por un mayor poder adquisitivo, sino por un soporte intelectual. Dicho de otro modo: la concienciaci&oacute;n surge como respuesta a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, que constituye el credo de este grupo social.
    </p><p class="article-text">
        Esta clase profesional tambi&eacute;n intenta convencer a los dem&aacute;s con ese mismo discurso: hay que luchar contra el cambio clim&aacute;tico porque as&iacute; lo dice la ciencia, y la ciencia est&aacute; por delante de todo lo dem&aacute;s. Es una teor&iacute;a cargada de raz&oacute;n, pero poco efectiva, con el riesgo de quedarse en las buenas intenciones. Las dificultades que de un tiempo a esta parte tienen los partidos de izquierda para aumentar sus bases se extienden a la sensibilizaci&oacute;n por el clima: si antes eran los obreros quienes protagonizaban los movimientos sociales, ahora el perfil t&iacute;pico de su votante es un universitario que entiende la jerga acad&eacute;mica y se muestra sensible no solo a las desigualdades econ&oacute;micas de clase, sino tambi&eacute;n a causas identitarias como el feminismo, el racismo o la representaci&oacute;n LGTBIQA+.
    </p><p class="article-text">
        Los activistas por el clima se enfrentan a un reto: conectar con esa gran masa social que conforman los menos privilegiados. Son una pieza esencial para la revoluci&oacute;n, y ah&iacute; es donde el autor da un giro al planteamiento del problema: la emergencia clim&aacute;tica debe entenderse como una lucha de clases. Ni como algo que dependa en &uacute;ltima instancia de los gestos individuales, ni como un entretenimiento de ciudadanos cultos con poca calle y mucho discurso. Solo as&iacute; se puede tener &eacute;xito. &iquest;C&oacute;mo lo sabemos? Porque la historia tiene numerosos ejemplos de triunfos cuando la masa social se une por el bien colectivo.
    </p><h2 class="article-text">Ecolog&iacute;a proletaria</h2><p class="article-text">
        Matthew T. Huber lo explica redefiniendo las clases sociales. Sigue tomando las fuerzas de producci&oacute;n y c&oacute;mo se relaciona cada colectivo con ellas como medida, pero va m&aacute;s all&aacute; del esquema tradicional de ricos, clase media y pobres. En primer lugar, identifica la &ldquo;clase capitalista&rdquo;, la de los grandes propietarios, los que controlan el capital industrial y los capitales f&oacute;siles. Ah&iacute; est&aacute; la ra&iacute;z del problema: son los causantes de la mayor&iacute;a de emisiones t&oacute;xicas que han llevado el planeta a este estado, y, mientras solo miren por el rendimiento econ&oacute;mico, nada va a cambiar de manera sustancial.
    </p><p class="article-text">
        El segundo grupo es el que denomina &ldquo;clase profesional&rdquo;. Aqu&iacute; tienen cabida tanto los dirigentes pol&iacute;ticos como el segmento de la poblaci&oacute;n m&aacute;s comprometido con el clima, es decir, los activistas, cient&iacute;ficos, profesores, periodistas y estudiantes, entre otros, que se mantienen informados, difunden las investigaciones e intentan alertar a la poblaci&oacute;n. Este estrato no siempre tiene las mejores condiciones salariales, pero aun as&iacute; se aleja del obrero raso por la formaci&oacute;n acad&eacute;mica, los h&aacute;bitos de consumo y el estilo de vida. Este grupo, como se&ntilde;ala Huber, cree en la meritocracia, o al menos se ha educado en funci&oacute;n de este principio, y act&uacute;a de manera individualista al centrarse en su ascenso social.
    </p><p class="article-text">
        El tercer segmento, y el m&aacute;s numeroso, es la &ldquo;clase trabajadora&rdquo;. Como indica el autor, la clasificaci&oacute;n no se basa solo en la situaci&oacute;n profesional: &ldquo;La clase es una relaci&oacute;n de propiedad y poder&rdquo;. Hay profesiones que se est&aacute;n proletarizando, como el periodismo o la ense&ntilde;anza universitaria; en cambio, entre los trabajos no cualificados, un fontanero due&ntilde;o de su propio negocio se sit&uacute;a en una clase distinta de la del que trabaja para otros. Adem&aacute;s, es importante no olvidar a la poblaci&oacute;n inactiva: &ldquo;c&oacute;nyuges que no trabajan, dependientes, familiares y desempleados&rdquo; que dependen de los servicios sociales o del dinero del trabajo asalariado de otros.
    </p><p class="article-text">
        Para Huber, el problema principal del cambio clim&aacute;tico est&aacute; en el primer grupo, el de los inversores: mientras solo miren por su beneficio, todo seguir&aacute; igual o peor. La clave, seg&uacute;n &eacute;l, es que el sector m&aacute;s cr&iacute;tico para las emisiones pase a manos p&uacute;blicas, es decir, se trata de conseguir una infraestructura energ&eacute;tica p&uacute;blica que no tenga como prioridad el rendimiento econ&oacute;mico sino mejorar las condiciones de la poblaci&oacute;n y el ecosistema. Frente a las pol&iacute;ticas de enriquecimiento r&aacute;pido, deben implementarse proyectos a largo plazo que garanticen una transici&oacute;n energ&eacute;tica &eacute;tica, sostenible y en beneficio de todos. &iquest;Qu&eacute; puede hacer la poblaci&oacute;n para lograrlo? Ejercer fuerza social colectiva.
    </p><h2 class="article-text">Presi&oacute;n social y el poder del sindicato</h2><p class="article-text">
        Hay que presionar a los gobiernos, pero no solo con el argumento cient&iacute;fico, que hasta ahora se ha demostrado insuficiente a la hora de establecer prioridades. El componente de clase debe estar ah&iacute;: la presi&oacute;n, cuando ha logrado resultados, ha sido desde abajo, desde una masa social integradora en la que tienen cabida tanto los trabajadores como los miembros de la clase profesional. Entre otras cosas, porque ellos tienen el poder, si se organizan, de paralizar el sistema el&eacute;ctrico u otra infraestructura, un gesto de boicot que llame m&aacute;s la atenci&oacute;n que un corte de carreteras puntual o una acci&oacute;n en un museo. Para ello, el autor reivindica el papel de los sindicatos, tan devaluados, como garant&iacute;a de la protecci&oacute;n de los trabajadores y la organizaci&oacute;n de protestas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es necesario convencer a la clase obrera de que trasladar el imperio energ&eacute;tico a manos p&uacute;blicas ser&aacute; positivo para ellos: la transici&oacute;n generar&aacute; otros empleos para construir las nuevas redes, unos empleos m&aacute;s seguros, en proyectos a largo plazo que no depender&aacute;n del mercado. Adem&aacute;s, aunque Huber pone el foco en el sector energ&eacute;tico, no hay que olvidar que el cambio clim&aacute;tico repercute en todas las &aacute;reas: la salud empeora, las temperaturas en las aulas dificultan el desarrollo del curso, aumentan los temporales extremos que causan estragos, etc. Todo eso perjudica de forma directa al trabajador, y la transici&oacute;n energ&eacute;tica tambi&eacute;n garantiza los trabajos de prevenci&oacute;n para contrarrestarlos.
    </p><p class="article-text">
        Ni culpar al ciudadano ni resignarse: para luchar contra el cambio clim&aacute;tico, hay que combatir el liberalismo individualista del capitalismo tard&iacute;o y recuperar el esp&iacute;ritu de los movimientos de la primera mitad del siglo XX, o de causas m&aacute;s recientes como los chalecos amarillos en Francia. Movimientos sustentados en la solidaridad, en el frente com&uacute;n por encima de las diferencias identitarias, porque sobre todos ellos se cierne una amenaza m&aacute;s grande. Esto pasa por ver el bosque en lugar del &aacute;rbol, recuperar el p&oacute;ster completo y ser conscientes de qui&eacute;n maneja los hilos de verdad en esta historia.
    </p><p class="article-text">
        Hay que volver a creer, volver a motivar a la gente. Un trabajador desmotivado se cruza de brazos, mira por sus intereses a corto plazo y, harto de la palabrer&iacute;a de los partidos de izquierda, pierde el inter&eacute;s por la pol&iacute;tica y se desconecta de la lucha por el bien com&uacute;n. De esa insatisfacci&oacute;n se nutren las corrientes reaccionarias. Los activistas clim&aacute;ticos no pueden permitirse el lujo de renunciar a este colectivo social: recuperarlo para la causa ha de ser el primer objetivo para vertebrar una presi&oacute;n social fuerte, capaz de intervenir en las decisiones de arriba. No estamos en un callej&oacute;n sin salida: a&uacute;n se puede cambiar el rumbo. Pero no basta con la teor&iacute;a: hace falta una revoluci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/todavia-tiempo-frenar-cambio-climatico-matthew-t-hubert-revolucion-viene_1_13288920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6b26135e-c3f9-498e-91cf-675baa0a8ad3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="330026" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6b26135e-c3f9-498e-91cf-675baa0a8ad3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="330026" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático? Matthew T. Huber y la revolución que viene]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6b26135e-c3f9-498e-91cf-675baa0a8ad3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Libros,Liberalismo,Política,Trabajadores,Transición ecológica,Transición energética]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 50 años de 'Entrevista con el vampiro', una novela ya inmortal como sus personajes, que reaparecen en la serie 'El vampiro Lestat' de AMC </p><p class="subtitle">El vampiro Lestat, entre las 13 series de la semana</p></div><p class="article-text">
        Mucho hab&iacute;a llovido desde que Bram Stoker public&oacute; su obra maestra cuando Anne Rice (Nueva Orleans, 1941 - Rancho Mirage, California, 2021), por entonces una escritora en ciernes que acababa de perder a su hija de cinco a&ntilde;os por una leucemia, decidi&oacute; escribir una novela sobre vampiros. <em>Entrevista con el vampiro</em> (1976), cuyo &eacute;xito fue fulgurante, dio comienzo a un ciclo que sumar&iacute;a un total de trece vol&uacute;menes, <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> (1976-2018), que no hay que confundir con la saga hom&oacute;nima de L. J. Smith. La autora, que durante el intenso proceso de redacci&oacute;n se documentaba de d&iacute;a y escrib&iacute;a de noche, se alej&oacute; del arquetipo de <em>Dr&aacute;cula</em> (1897) e introdujo un nuevo modelo de vampiro en la cultura popular que influy&oacute; en autoras como Stephenie Meyer o Charlaine Harris.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la publicaci&oacute;n estuvo en manos de Ediciones B, con traducci&oacute;n de Marcelo Covi&aacute;n Fasce. No obstante, es probable que muchos conozcan la obra no por el original de Anne Rice, sino por la adaptaci&oacute;n de 1994 a cargo de Neil Jordan, que inmortaliz&oacute; a unos j&oacute;venes Tom Cruise, Brad Pitt, Antonio Banderas y Kirsten Dunst como los cuatro vampiros protagonistas, unas criaturas de aspecto andr&oacute;gino y sensual que cautivaron al p&uacute;blico juvenil y establecieron, con su est&eacute;tica g&oacute;tica, un nuevo paradigma del g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        De forma m&aacute;s reciente, en 2022, se hizo una serie de televisi&oacute;n dirigida por Rolin Jones y <a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este lunes 8 de junio AMC+ estrena </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El vampiro Lestat,</em></a> adaptaci&oacute;n del segundo volumen de <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> en el que el inmortal al que hace referencia el t&iacute;tulo se convierte en estrella del rock. De un modo u otro, su historia sigue presente cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n, por lo que merece la pena analizar algunas claves de esta reinvenci&oacute;n del mito.
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n invent&oacute; al vampiro</h2><p class="article-text">
        En su origen, y aunque cada cultura tiene sus variantes, el vampiro se presentaba como una criatura siniestra, poco m&aacute;s que un monstruo macabro que atacaba con sa&ntilde;a a unas v&iacute;ctimas inocentes. Durante la Edad Media, a ra&iacute;z de las grandes epidemias, arraig&oacute; en el folclore europeo la figura del vampiro ligada a personajes hist&oacute;ricos, que dio lugar a numerosas supersticiones y acusaciones. Sin embargo, fue en la regi&oacute;n de Transilvania donde se fragu&oacute; el mito que ha moldeado el imaginario occidental, gracias al legendario pr&iacute;ncipe Vlad III de Valaquia, el Empalador, la base del Conde Dr&aacute;cula de Bram Stoker. Un vampiro cruel y poderoso que se debilita con el sol, el ajo y los crucifijos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Béla Lugosi interpretando a Drácula."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Béla Lugosi interpretando a Drácula.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Junto con <em>Dr&aacute;cula</em> (1897), hubo dos t&iacute;tulos en la literatura moderna que asentaron esta figura: el cuento <em>El vampiro</em> (1816), del malogrado John Polidori &ndash;que surgi&oacute; en aquel emblem&aacute;tico verano en Villa Diodati orquestado por <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/crueldad-adulterio-e-incesto-byron-enamorado-perfila-edna-brien_1_11383925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lord Byron</a> que tambi&eacute;n inspir&oacute; el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (1818) de Mary Shelley</a>&ndash;, y <em>Carmilla</em> (1872), de J. T. Sheridan Le Fanu, inspirada en la legendaria condesa Elizabeth B&aacute;thory, a quien se atribuye la tortura y la muerte de miles de chicas j&oacute;venes, de quienes se dec&iacute;a que extra&iacute;a la sangre para usarla como ant&iacute;doto de belleza, una suerte de fuente de la eterna juventud. 
    </p><p class="article-text">
        Esos vampiros decimon&oacute;nicos ya ten&iacute;an un lado seductor, que Anne Rice potencia con sus libros. <em>Entrevista con el vampiro</em> parte de la t&aacute;ctica cl&aacute;sica del personaje que cuenta su historia a un interlocutor que solo interviene de forma t&iacute;mida al comienzo y al final del relato &ndash;como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a>, a prop&oacute;sito&ndash; para contar la vida de Louis de Pointe, un vampiro de m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Su periplo comenz&oacute; en Nueva Orleans en el siglo XVIII, cuando era el propietario de una plantaci&oacute;n. La muerte de su hermano menor le sumi&oacute; en una crisis, y en ese estado se cruz&oacute; en su camino el misterioso Lestat de Lioncourt, un vampiro que lo convierte en uno de los suyos, y con quien vive un intenso romance a lo largo de un siglo.
    </p><h2 class="article-text">Criaturas de la noche sure&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Los vampiros de Anne Rice siguen ligados a la noche, la transgresi&oacute;n y la sangre, pero ni el ajo, ni las estacas, ni la luz los da&ntilde;an. La autora introduce variaciones con respecto al modelo europeo; del mismo modo, el escenario difiere tambi&eacute;n del paraje donde vive el Conde Dr&aacute;cula: una plantaci&oacute;n del sur de Estados Unidos, que da pie a tratar la cuesti&oacute;n de la esclavitud, las supersticiones y los rituales del lugar. En cierto punto de la historia, los protagonistas viajan a Europa en busca de sus ancestros. All&iacute;, entran en escena otros vampiros, con particularidades diferentes en sus costumbres, como el seductor Armand, que enreda todav&iacute;a m&aacute;s el conflicto amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La principal novedad, con todo, es la &ldquo;humanizaci&oacute;n&rdquo; del vampiro, al menos del reci&eacute;n convertido Louis: a diferencia de Lestat, que se alimenta de sangre humana, lo hace con animales; como har&aacute;n sus hom&oacute;logos de <em>Crep&uacute;sculo</em> (2005), de Stephenie Meyer. Su nueva condici&oacute;n le genera un problema moral: su mente sigue funcionando seg&uacute;n los valores de la sociedad humana, pero el cuerpo, el <em>instinto</em>, lo empuja en una direcci&oacute;n que no le gusta, porque, para &eacute;l, matar sigue siendo un pecado. En su intento por no degradarse, se reprime, pese a la tensi&oacute;n constante en la que vive.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lestat haciendo crowdsurfing en la nueva serie de AMC+."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lestat haciendo crowdsurfing en la nueva serie de AMC+.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El hecho de conseguir que los vampiros resulten, adem&aacute;s, sensuales y atractivos, tiene algo que ver con esta dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica: es necesario dotarlos de personalidad, de matices, de sombras, para que fascinen al lector y no sean meros monstruos matarifes. La atracci&oacute;n, los remordimientos, la culpa, la tentaci&oacute;n o el trauma son algunas de las emociones que experimentan, y que hacen del libro una novela llena de pasiones, unas pasiones que tambi&eacute;n despierta &mdash;en un polo u otro: las cr&iacute;ticas nunca fueron un&aacute;nimes&mdash; en los lectores. Y, por supuesto, est&aacute; la erotizaci&oacute;n del vampiro, aqu&iacute; un ser asexuado para el que no existen tab&uacute;s cuando se trata de amar.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;t&oacute;xico&rdquo; se quedar&iacute;a corta si tuvi&eacute;ramos que juzgar el tipo de relaci&oacute;n que establecen los personajes. Buena parte de la pol&eacute;mica que rodea la obra se debe, no en vano, a todas las fronteras que cruza, como el homoerotismo o, incluso, cierta pederastia al introducir el personaje de Claudia, una vampira convertida a los cinco a&ntilde;os, que madura como cualquier mujer pero que mantiene el mismo cuerpo, que no crece ni crecer&aacute;; otro ejemplo del sufrimiento que padecen estos vampiros. Y hay, adem&aacute;s, tri&aacute;ngulos, alianzas entre amantes y tentativas de venganza; todo gira en la corriente de un amor obsesivo, que en un periodo tan largo da tantos giros que el inter&eacute;s del lector no decae.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tom Cruise en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tom Cruise en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y, cuando se habla de amor, hay que hablar tambi&eacute;n de soledad. La herida incurable del vampiro, una criatura que se siente tentada por la inmortalidad para luego descubrir que, en la pr&aacute;ctica, trae m&aacute;s desdicha que placer. La naturaleza eterna, adem&aacute;s, frustra sus pretensiones de romper por completo con el otro cuando la situaci&oacute;n no es grata. Y, en otro orden de cosas, los empuja a matar a m&aacute;s humanos, en un intento desesperado por tener compa&ntilde;&iacute;a. El vampiro es, desde esta perspectiva, un ser d&eacute;bil, impulsivo, voluble, con un profundo dolor enquistado imposible de sanar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Entrevista con el vampiro</em> es una novela oscura, porque oscuras eran las circunstancias de la autora cuando la escribi&oacute;: sumida en una grave depresi&oacute;n por la p&eacute;rdida de su hija, el libro, que tuvo su origen en un relato escrito a&ntilde;os antes, fue un refugio y a la vez tuvo un efecto cat&aacute;rtico en ella. De alg&uacute;n modo, su inclinaci&oacute;n por los extremos &mdash;la soledad y el apego enfermizo, la muerte y la pulsi&oacute;n sexual, el amor y la destrucci&oacute;n, la culpa y el castigo, la carnalidad y el esp&iacute;ritu, la lujuria y la moral&mdash; act&uacute;a asimismo sobre el lector como la buena narrativa g&oacute;tica, que a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, de las atm&oacute;sferas l&uacute;gubres, la pasi&oacute;n encendida y los escenarios t&eacute;tricos, canaliza el lado m&aacute;s turbio del ser humano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Brad Pitt y Kirsten Dunst en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Brad Pitt y Kirsten Dunst en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y es que los vampiros, como los zombis, son las criaturas que mejor parecen captar el aire de estos tiempos: seres narcisistas, atractivos en la apariencia y seductores por sus promesas, pero atormentados consigo mismos y chup&oacute;pteros con los dem&aacute;s. La est&eacute;tica s&oacute;rdida de su mundo no deja de ser un reflejo de su alma doliente y p&eacute;rfida, que ejerce tanta fascinaci&oacute;n como miedo. Nadie quiere toparse con un &ldquo;vampiro&rdquo; de carne y hueso, pero disfrutarlo en los mundos de la imaginaci&oacute;n es, nunca mejor dicho, otra historia. Y, adem&aacute;s de las nuevas versiones que llegan a las librer&iacute;as y al cine, esta <em>Entrevista con el vampiro </em>de Anne Rice, convertida ya en todo cl&aacute;sico moderno, sigue siendo una lectura capaz de levantar pasiones entre los lectores, para bien o para mal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="394588" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="394588" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura de terror,Cine de terror,Series de televisión,Series,Novela,Fantasía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/edad-renovarnos-dejarnos-llevar-ardores-creiamos-extintos_1_13273027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7376e688-34ea-44df-ac9d-b87baebe81b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La filósofa francesa Claire Marin reflexiona en su ensayo ‘Los comienzos’ sobre los nuevos inicios y la esperanza que se acostumbra a depositar en esos momentos vitales</p><p class="subtitle">El último rincón de pensar - Cristian Olivé, de defender las pantallas en el aula a alertar contra la IA: “Deja el aprendizaje en una situación letal”</p></div><p class="article-text">
        Un cuaderno en blanco, con las hojas a rayas; un sencillo l&aacute;piz amarillo, cl&aacute;sico, con la punta afilada. As&iacute; de sobria es la cubierta del ensayo <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/los-comienzos/9788433948700/A_634" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Los comienzos</em></a><em> </em>(2023; Anagrama, 2026, trad. &Aacute;lex Gibert), un libro en el que la doctora en Filosof&iacute;a Claire Marin (Par&iacute;s, 1974) explora un tema tan atemporal, universal, heterog&eacute;neo y relativo como el inicio, o, mejor dicho, el acto de iniciar. De la misma autora, la editorial ya public&oacute; <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/estar-en-su-lugar/9788433927231/A_612" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Estar en su lugar</em></a><em> </em>(2022), otro sugerente an&aacute;lisis en clave human&iacute;stica sobre un asunto que nos ata&ntilde;e a todos como son los espacios que habitamos.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s preciso emplear los verbos (<em>iniciar, comenzar, empezar, inaugurar, emprender, abrir, germinar</em>) porque lo que se propone Claire Marin no es tanto consignar c&eacute;lebres inicios de nada &mdash;un poco a la manera de lo que hizo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ultima-frase-libro-postumo-camila-caneque-reivindica-reflexiona-final-cosas_1_11401660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Camila Ca&ntilde;eque con los finales en </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/ultima-frase-libro-postumo-camila-caneque-reivindica-reflexiona-final-cosas_1_11401660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La &uacute;ltima frase</em></a> (La U&ntilde;a Rota, 2024)&mdash; como reflexionar sobre el hecho de comenzar. &iquest;Comenzar el qu&eacute;? Pueden ser tantas cosas: una novela, una conversaci&oacute;n, un viaje, un trabajo, un h&aacute;bito. No importa si es peque&ntilde;o o grande; el concepto tiene cabida en estas p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nacer: el primer comienzo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque, puestos a pensar en comienzos transformadores, de los que cambian la vida sin vuelta atr&aacute;s, es probable que ninguno supere el nacimiento de un hijo. En realidad, suma varios comienzos en uno: el del beb&eacute; que llega al mundo; el de quienes se convierten, a partir de ese momento, en padres, hermanos, abuelos, t&iacute;os; el del cuerpo de la madre, en una nueva etapa del ciclo reproductivo; y, claro, los comienzos que se suceder&aacute;n al lado de la criatura, su primera palabra, sus primeros pasos, sus primeras miradas al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Es esa mirada asombrada del ni&ntilde;o que mira por primera vez, sin haber interiorizado a&uacute;n los convencionalismos sociales, la que trata de recuperar la autora, que empieza el texto (hermosa forma de comenzar) dirigi&eacute;ndose a su hija, todav&iacute;a muy peque&ntilde;a; de ah&iacute; parte esta meditaci&oacute;n, este aprendizaje que cristaliza en forma de cap&iacute;tulos breves que bucean en diferentes particularidades del acto de iniciar, vali&eacute;ndose tanto de observaciones de la vida cotidiana como de citas literarias e ideas filos&oacute;ficas, en un tono erudito y ameno a la vez que, m&aacute;s que ofrecer conclusiones, alienta a cada lector a hacerse preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Preguntas, por ejemplo, sobre las maneras en las que algo puede comenzar: deliberada o improvisada, voluntaria o impuesta, repentina o esperada. A menudo los comienzos que marcan una existencia, bien porque se convierten en h&aacute;bitos, bien porque son explosivos como, valga la redundancia, una explosi&oacute;n que arrasa todo a su alrededor, irrumpen sin que uno sea del todo consciente de ellos, incluso sin que uno los quiera, los busque. Un despido, por ejemplo, que es un final que va seguido por unos inicios; o el libro que se tom&oacute; por azar y que al leerlo se revela inspirador; o conocer a alguien en un encuentro casual.
    </p><p class="article-text">
        Pero el mejor ejemplo es el del ni&ntilde;o: todos comenzamos a vivir sin ser conscientes de la proeza de la vida; crecemos, cambiamos, por dentro y por fuera, sin pararnos a meditar &mdash;al menos hasta que la memoria se conforma&mdash; sobre cada paso que damos, sobre cada cent&iacute;metro que se suma, cada letra que se memoriza, cada juego que se aprende o cada paisaje que se contempla por primera vez.
    </p><h2 class="article-text">El comienzo como esperanza</h2><p class="article-text">
        Es frecuente, aun as&iacute;, sobre todo en el comienzo de un a&ntilde;o nuevo o en septiembre, que se discurra mucho sobre la necesidad de nuevos comienzos, de aquello que cada uno se propone hacer o conseguir, que no obstante se parece sospechosamente a los deseos del vecino, del colega, del desconocido que lee sus comentarios tras la pantalla. Esto lleva a otra pregunta: &iquest;de d&oacute;nde surge el motor de un comienzo, esos empe&ntilde;os para emprender, para cambiar algo? &iquest;Puede un comienzo ser de veras <em>genuino</em>?
    </p><p class="article-text">
        Es normal, en cualquier caso, plantearse nuevos comienzos de forma consciente, por la esperanza que se deposita en ellos: la posibilidad de hacer real una vida imaginada, de convertirnos en la persona que nos gustar&iacute;a ser. Los comienzos, entonces, van ligados a la idea de esperanza, tan importante cuando uno no est&aacute; satisfecho con su empleo, con su vivienda o con su situaci&oacute;n personal. Tambi&eacute;n van unidos a la emoci&oacute;n: comenzar la afici&oacute;n tantas veces postergada o aceptar una invitaci&oacute;n con la que no se contaba pueden encender la llama de las rutinas mon&oacute;tonas. En tales casos, la novedad se recibe como un placer, como algo de lo que se espera disfrutar.
    </p><p class="article-text">
        La autora lo compara con la escritura: tambi&eacute;n se ha escrito mucho sobre los comienzos de libros, fuentes de inspiraci&oacute;n y consejos para empezar un manuscrito. Como sucede con la vida, lo que llegar&aacute; en la p&aacute;gina siguiente es impredecible; incluso el escritor m&aacute;s organizado y planificador no puede anticipar las palabras exactas con las que narrar&aacute; la escena que ha previsto en su escaleta. Escribir siempre implica incertidumbre; la idea que se tiene en mente nunca ser&aacute; id&eacute;ntica al resultado. Y esto no es malo <em>per se</em>: hay una parte de aventurarse, de jugar, de ensayar, de tomar riesgo en cada acci&oacute;n emprendida. No existe el fracaso si, al menos, se ha tenido la valent&iacute;a de atreverse a hacerlo. De cambiar.
    </p><p class="article-text">
        La palabra escrita tambi&eacute;n provoca tantos inicios como lectores suscita; y los lectores, al elegir qu&eacute; libro o art&iacute;culo van a leer, depositan una expectativa, que puede cumplirse, no cumplirse o, por qu&eacute; no, sorprender. Esos inicios son otra promesa de placer: la decisi&oacute;n de qu&eacute; leer y lo que la acompa&ntilde;a (el comentario de la contracubierta, la recomendaci&oacute;n de un librero, la experiencia previa con un escritor que nos gusta) puede llegar a ser tan placentera como la lectura misma. Cada novela, adem&aacute;s, es una inyecci&oacute;n de novedad, de posibilidades infinitas en una vida corriente: la oportunidad de zarpar en un barco del siglo XIX, de vivir el primer amor cuando ya se peinan canas, de conocer la barbarie de los campos de concentraci&oacute;n, de re&iacute;r por enredos y casualidades imposibles.
    </p><h2 class="article-text">Comienzos interiores y comienzos compartidos</h2><p class="article-text">
        Claire Marin define la vida como una suma de repeticiones o h&aacute;bitos en la que de vez en cuando se producen imprevistos en forma de nuevos comienzos. La importancia que les damos al echar la vista atr&aacute;s no tiene por qu&eacute; coincidir con la que se les dio (si es que se les dio) en su d&iacute;a; y en ocasiones el comienzo no se distingue por fuera, porque se trata de una decisi&oacute;n, de una especie de revelaci&oacute;n interior que tardar&aacute; en mostrarse, como la semilla que germina bajo tierra pero a&uacute;n tardar&aacute; en asomar sus brotes a la superficie.
    </p><p class="article-text">
        Hay comienzos dolorosos: una enfermedad (tambi&eacute;n la enfermedad de un ser querido), una p&eacute;rdida, determinados cambios incontrolables en el cuerpo, sufrir un accidente, ser v&iacute;ctimas de una tragedia colectiva, ser testigos de una declaraci&oacute;n de guerra. La autora sostiene que, ante el devenir del tiempo, m&aacute;s que <em>recuperarnos</em>, nos convertimos en alguien nuevo, tanto en un sentido casi literal, por la renovaci&oacute;n celular, como por el proceso de madurar o de cambiar de ideas. Y uno no tiene por qu&eacute; estar solo ante el comienzo: ante ciertos sucesos, se comparte el miedo, la incertidumbre, el dolor.
    </p><p class="article-text">
        La autora no se olvida del amor, del inicio del amor, unos instantes inconscientes a los que resulta imposible regresar m&aacute;s que con la memoria (y sus trampas). El amor, tanto el de la madre por su beb&eacute;, &uacute;nico, que el hijo no reencontrar&aacute; jam&aacute;s, como el amor rom&aacute;ntico, con la imposibilidad de especificar qu&eacute;, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se despert&oacute; una atracci&oacute;n, un sentimiento.
    </p><p class="article-text">
        Cita a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/making-of-nobel-literatura-annie-ernaux-dialogo-interminable_1_12562836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Annie Ernaux</a> para ahondar en el concepto de &ldquo;estar en la primera vez de las cosas&rdquo;: uno no puede revivir una inicio, pero s&iacute; puede vivirlo como repetici&oacute;n cuando es alguien pr&oacute;ximo quien lo experimenta. Para Ernaux, un amante joven. Para la autora, la hija. Para un maestro, cada inicio de curso, cada nueva clase. Formar parte de los comienzos de otros, incluso colaborar en ellos, es otra forma de renovaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A veces se comienza en el medio (<em>in medias res</em>, por su denominaci&oacute;n literaria): en el medio de la lecci&oacute;n, para el alumno que ha estudiado por su cuenta; de la vivienda que se adquiere medio amueblada; de la serie de la que ya se han emitido un par de cap&iacute;tulos cuando se empieza a verla. O, lo m&aacute;s extremo, todas las vidas que existieron antes de uno, en ese universo imposible de concebir; cada ser vivo no deja de ser parte del gran ciclo.
    </p><h2 class="article-text">La sorpresa en la era del algoritmo</h2><p class="article-text">
        Este estimulante ensayo invita en &uacute;ltima instancia a interrogarnos por el presente: &iquest;cabe lo inesperado en un mundo tan controlado (y no siempre por nosotros mismos)? &iquest;Existe la sorpresa en la era del algoritmo, la novedad en el sistema capitalista? Sea como sea, el registro de Claire Marin, como buena profesora, suscita m&aacute;s iniciativa que pesimismo o conformismo. Porque, al convertirse en madre, redescubre la importancia del juego en el camino del aprendizaje: para enfrentarse al miedo al fracaso, nada mejor que recordar los balbuceos ininteligibles o las m&uacute;ltiples ca&iacute;das de cuando nos inici&aacute;bamos en la vida.
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o se equivoca, tropieza, pero lo vuelve a intentar; a&uacute;n no tiene memoria del da&ntilde;o El adulto s&iacute;, pero est&aacute; en las manos de cada uno mantenerse en lo previsible u optar por el riesgo. A veces nos sentiremos impostores, pero con perseverancia (lo que en ingl&eacute;s se conoce como <em>fake it until you make it</em>: finge hasta hacerlo real), sin rendirse ante los contratiempos, se puede construir una identidad, s&iacute;, nueva: &ldquo;A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que cre&iacute;amos extintos&rdquo;. De nosotros depende. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/edad-renovarnos-dejarnos-llevar-ardores-creiamos-extintos_1_13273027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 19:52:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7376e688-34ea-44df-ac9d-b87baebe81b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1026717" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7376e688-34ea-44df-ac9d-b87baebe81b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1026717" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[A cualquier edad podemos renovarnos y dejarnos llevar por ardores que creíamos extintos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7376e688-34ea-44df-ac9d-b87baebe81b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Filosofía,Humanismo,Ensayos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" width="1200" height="675" alt="Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor francés rehúye las entrevistas y las fotografías, no ha dejado que la obtención del galardón más prestigioso de la literatura le desvíe de su camino</p><p class="subtitle">Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal</p></div><p class="article-text">
        Hay escritores que parecen escribir siempre el mismo libro, como si cada nuevo intento fuera un paso m&aacute;s hacia esa obra maestra que (casi) todo autor aspira a escribir. O, m&aacute;s bien, como si su relaci&oacute;n con la literatura fuera inseparable de una determinada materia, de un universo literario que condensa las obsesiones de su creador, y que suele tener sus ra&iacute;ces en la memoria de quien escribe. En el fondo, la obra maestra no es tanto un t&iacute;tulo en particular como el conjunto que conforman todos sus trabajos, del primero al &uacute;ltimo. Porque cada uno se acerca al misterio desde un &aacute;ngulo distinto: el escritor se convierte en una suerte de cineasta que, c&aacute;mara en mano, se acerca y se aleja del objetivo, tantea, da vueltas, crea efectos visuales, corre, va despacio, se marea. 
    </p><p class="article-text">
        El objetivo siempre es el mismo, y quien lo graba tambi&eacute;n; lo &uacute;nico que cambia es la perspectiva, que juega con la luz y la sombra, reflejo de la inexactitud de esa memoria-fuente de donde brota todo. El escritor teje diferentes relatos que dialogan entre ellos, que van encajando como piezas de un rompecabezas que conforma una imagen siempre incompleta de s&iacute; mismo. A ese tipo de autor, o se le ama o se le odia. Es comprensible: o cada nueva incursi&oacute;n en su obra es un regreso a un territorio, un lenguaje, que el lector percibe como propios, que ha hecho suyos; o bien son diferentes accesos a un laberinto del que no se halla la salida porque no entiende las indicaciones.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), flamante <a href="https://www.eldiario.es/cultura/patrick-modiano-nobel-literatura_1_4598712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ganador del Premio Nobel de Literatura 2014</a>, en una decisi&oacute;n que gener&oacute; bastante consenso entre cr&iacute;tica y lectores, pertenece a esa estirpe de literatos. En su caso, sus temas gravitan en torno al Par&iacute;s de mediados del siglo XX, desde la Ocupaci&oacute;n alemana &ndash;que &eacute;l no conoci&oacute;, pero que explora porque ese fue el Par&iacute;s donde se conocieron sus padres&ndash; a los a&ntilde;os sesenta, la &eacute;poca de su juventud; la figura del padre, rodeada de preguntas; y, por extensi&oacute;n, los personajes marginales de ese pasado, que emergen como espectros que el narrador trata de interrogar sin llegar a conocerlos nunca del todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Anuncio del Premio Nobel de Literatura 2014"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Anuncio del Premio Nobel de Literatura 2014                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esos motivos literarios son el medio por el que canaliza su b&uacute;squeda de identidad, la del autor-narrador, porque el protagonista suele ser un <em>alter ego</em> que, a partir de un hallazgo o un encuentro, comienza a excavar en la memoria, no con el rigor del documentalista, sino con la cualidad personal del escritor literario, ese ejercicio en el que los recuerdos se funden con el sue&ntilde;o, la imaginaci&oacute;n y la ilusi&oacute;n. Gracias a esta confluencia, Modiano ha (re)creado un Par&iacute;s &uacute;nico, de atm&oacute;sfera <em>noir</em>, con la elegancia del cine cl&aacute;sico, donde la investigaci&oacute;n detectivesca no es sino un pretexto para ir al encuentro de esa b&uacute;squeda de identidad que, al final, es la b&uacute;squeda de identidad colectiva, de una sociedad, de un tiempo, de un lugar; de un mundo que fue y, de alg&uacute;n modo, forma parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Como suele sucederles a los autores distinguidos por la Academia Sueca, los libros que escriben tras recibir el galard&oacute;n no llegan a contarse entre los m&aacute;s emblem&aacute;ticos de su trayectoria, a pesar de la atenci&oacute;n medi&aacute;tica que genera cada nuevo lanzamiento suyo. Como si, cuando se logra el Nobel, ya estuviera todo hecho, los t&iacute;tulos destacados de su carrera se repiten un art&iacute;culo tras otro: la <em>Trilog&iacute;a de la Ocupaci&oacute;n</em> (1968-1972), <em>Calle de las tiendas oscuras</em> (1978), <em>Dora Bruder</em> (1997), <em>Un pedigr&iacute;</em> (2005), <em>En el caf&eacute; de la juventud perdida</em> (2007). Y, aunque tal vez merezcan ese honor; el autor no termina ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos escritores admiten que el Premio Nobel los bloque&oacute;, que escribir ya no volvi&oacute; a ser lo mismo, por no hablar de una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica: Abdulrazak Gurnah, distinguido en 2021, dijo que fue tal la atenci&oacute;n recibida (petici&oacute;n de entrevistas, conferencias, etc.) que durante meses las obligaciones derivadas de la literatura le robaron el tiempo para escribir. Claro que Modiano no tiene ese problema, porque siempre ha sido, como sus personajes, un tanto esquivo: no hace viajes de promoci&oacute;n y apenas concede entrevistas. T&iacute;mido y discreto, ir a Estocolmo para recoger el premio fue toda una haza&ntilde;a para &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Patrick Modiano posa con la medalla y el diploma de durante la ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre de 2014"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Patrick Modiano posa con la medalla y el diploma de durante la ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre de 2014                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El lugar natural de un escritor no es otro que su escritorio, y a este ha permanecido fiel Modiano todos estos a&ntilde;os. La proyecci&oacute;n mundial del Nobel no lo nubl&oacute;, porque hab&iacute;a algo m&aacute;s fuerte que los <em>flashes:</em> su compromiso con la literatura, su voluntad de escribir, de continuar expandiendo ese universo de sombras y extra&ntilde;amiento de su literatura, esas circunvalaciones por el pasado que en el fondo son caminos para descubrirse a s&iacute; mismo y a quienes lo rodean. Comenz&oacute; a escribir (y a publicar) tan joven &ndash;ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os cuando vio la luz <em>El lugar de la estrella</em> (1968)&ndash; que no concibe vivir sin hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2014, a&ntilde;o de la concesi&oacute;n del Nobel, ha publicado cinco libros, que Anagrama edita en castellano a buen ritmo, y siempre de la mano de la traductora Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia, que es una garant&iacute;a de buen hacer en s&iacute; misma <em>(La bailarina</em> ha sido traducida al catal&aacute;n por Merc&egrave; Ubach). Apenas unos d&iacute;as antes del fallo del premio, se public&oacute; la edici&oacute;n en franc&eacute;s de <em>Para que no te pierdas en el barrio</em>, que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a al a&ntilde;o siguiente: este texto es un concentrado de Modiano en estado puro, con su <em>alter ego</em> Jean como protagonista, un escritor que, a partir de un encuentro, comienza a divagar, rebuscando en el pasado de ese hombre, tratando de evocar im&aacute;genes de un mundo que ya no existe.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/446ff92b-3c4a-451d-9bdf-bded5eea759f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Luego vino <em>Recuerdos durmientes</em> (2017), una exploraci&oacute;n de las relaciones de un joven introvertido con seis mujeres durante los a&ntilde;os sesenta en Par&iacute;s. El t&iacute;tulo resume bien su concepci&oacute;n del hecho literario: a ra&iacute;z de un encuentro o un hallazgo fortuito, se desvela algo que permanec&iacute;a dormido, y ese es el billete para volver a adentrarse en la memoria. En <em>Tinta simp&aacute;tica</em> (2019), vuelve a ser una mujer el objetivo de sus pesquisas, esta vez motivadas por el encargo de una agencia de detectives. <em>Chevreuse</em> (2021) lleva a Jean a un lugar, a la casa donde creci&oacute;, y, de ah&iacute;, a esas zonas borrosas que solo vio de refil&oacute;n, a los misterios del hogar y de quienes lo habitan.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4b46d8ff-1a03-4954-bc67-ab26857a16fa_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El pasado mayo se ha publicado en castellano y catal&aacute;n <em>La bailarina</em> (2023), otro ejemplo de Modiano en estado puro: el narrador, un hombre enamorado de una bailarina, se acerca a ese mundo en el Par&iacute;s de los a&ntilde;os sesenta. La danza, la disciplina, la vida de entrega y sacrificio de la mujer por consagraci&oacute;n a un arte; pero tambi&eacute;n, y sobre todo, la evocaci&oacute;n de un ayer que dej&oacute; cicatrices, de los locales nocturnos, de los pasajes fr&iacute;os y oscuros. Como en todas sus novelas, estos viajes por el pasado devienen una forma de interrogarse c&oacute;mo vivir, c&oacute;mo seguir viviendo en el presente, con esas heridas que a&uacute;n escuecen.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9232cd3c-e574-4466-b508-e059a8348e6e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En 2025 se public&oacute; <em>70 bis, entr&eacute;e des artistes</em>, un libro escrito junto al m&uacute;sico Christian Mazzalai en el que el hallazgo de una caja de recuerdos (fotograf&iacute;as, cartas, anuncios y otros documentos a&ntilde;ejos) impulsa la investigaci&oacute;n de un edificio de Montparnasse por el que se cruzaron artistas, diletantes y bohemios de toda &iacute;ndole. Modiano se convierte en un arque&oacute;logo de la memoria que no aspira a la exactitud ni a comprenderlo todo, sino a seguir interrog&aacute;ndose, como el poeta so&ntilde;ador en su eterna exploraci&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que el proyecto le entusiasmara: le dio la oportunidad de hacer algo nuevo sin dejar de hacer lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Modiano, aun apoy&aacute;ndose a menudo en los planteamientos del g&eacute;nero polic&iacute;aco, se sabe llevar esa b&uacute;squeda a su terreno, porque, m&aacute;s que esclarecer un misterio, lo suyo va de seguir dando vueltas en torno a &eacute;l, como el <em>fl&acirc;neur</em> que no se cansa de pasear aunque las calles est&eacute;n a oscuras y no distinga los rostros, apenas las siluetas. Con estos mimbres, el autor logra acercarse a una verdad m&aacute;s profunda que cualquier explicaci&oacute;n concreta; eso es, ni m&aacute;s ni menos, que la literatura.
    </p><p class="article-text">
        El lector que le perdiera la pista tras el Nobel puede regresar a &eacute;l tranquilo: Modiano ha seguido su rumbo, sin perder fuelle. Todas sus novelas, las de hoy como las de ayer, son puertas de acceso a ese Par&iacute;s de la juventud perdida, tierra de fantasmas y h&eacute;roes ca&iacute;dos. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry David Thoreau</a> dec&iacute;a que lo m&aacute;s importante, en la vida, es comportarse de forma coherente con respecto a los principios propios. En ese sentido, Modiano ha cumplido a rajatabla: ha seguido vagando por la memoria, y ha creado un lugar que los lectores han hecho suyo, un lugar seguro. Ya pueden venir modas, pol&eacute;micas, ruido, envidias y otras hierbas del c&iacute;rculo literario; pase lo que pase, &eacute;l seguir&aacute; ah&iacute;, faro de solitarios errantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" length="1808319" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1808319" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nobel de Literatura,Premios Nobel,Literatura,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" width="1080" height="608" alt="Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘El volumen del tiempo’ es el proyecto narrativo de esta autora danesa compuesto por siete volúmenes que explora algunos de los conflictos existenciales más acuciantes de nuestra sociedad</p><p class="subtitle">Entrevista - Teo Lucadamo: “Claro que hay música para fascistas, los conciertos de esa peña son mítines de Vox”</p></div><p class="article-text">
        No ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que, m&aacute;s pronto que tarde, el Premio Nobel de Literatura volviera a recaer, despu&eacute;s de distinguir al noruego <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/leer-jon-fosse-premio-nobel-puntos-aparte_1_10573378.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jon Fosse</a> en 2023, en un escritor n&oacute;rdico, y no porque los suecos tengan predilecci&oacute;n por sus vecinos: autores como la islandesa Au&eth;ur Ava &Oacute;lafsd&oacute;ttir, la finesa Sofi Oksanen, la danesa Kristen Thorup y los noruegos Vigdis Hjorth, Karl Ove Knausg&aring;rd y Per Petterson llevan a&ntilde;os acumulando m&eacute;ritos. Y, a ellos, hay que sumarles otro nombre, el de la danesa que est&aacute; escribiendo uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la actualidad, una obra con potencial para hacer historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> es el nombre con el que la Solvej Balle (Bovrup, S&oslash;nderjylland, 1962) ha bautizado su ciclo narrativo en curso, del que est&aacute;n previstos siete tomos. En dan&eacute;s, comenzaron a editarse en 2020, y en 2025 ya se hab&iacute;an publicado seis; mientras que en Espa&ntilde;a disponemos por ahora de los tres primeros, publicados por Anagrama con traducci&oacute;n al castellano de Victoria Alonso y al catal&aacute;n de Maria Rosich. Solvej Balle ya ten&iacute;a una trayectoria a sus espaldas cuando comenz&oacute; a escribirlo, pero ha sido este proyecto el que le ha permitido consagrarse y darse a conocer a nivel internacional. Entre los reconocimientos que ha recibido, destacan el Premio de Literatura del Consejo N&oacute;rdico 2022 y, por su traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, la nominaci&oacute;n al Premio Booker 2025.
    </p><p class="article-text">
        Una obra literaria de esta magnitud suele acaparar la atenci&oacute;n de inmediato; al fin y al cabo, su creadora est&aacute; dedicando una parte sustancial de sus a&ntilde;os a ella &ndash;incluso cuando los vol&uacute;menes no son demasiado extensos: estos tienen en torno a doscientas p&aacute;ginas&ndash;, por lo que se tiende a pensar que, como m&iacute;nimo, algo tendr&aacute;, no ser&aacute; un librito trivial. Ahora bien, amplitud no es sin&oacute;nimo de excelencia: algunos escritores, precisamente, naufragan cuando emprenden &ldquo;la gran novela&rdquo; por un exceso de autoconciencia. Por fortuna, no es el caso de Solvej Balle con <em>El volumen del tiempo</em>.
    </p><h2 class="article-text">Atrapada en el tiempo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Era dieciocho de noviembre por cuarta vez y en aquel momento ya supe que aquel d&iacute;a tampoco iba a permanecer en su recuerdo&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara Selter y su marido Thomas son una pareja de anticuarios especializados en libros ilustrados del siglo XVIII. Durante un viaje de trabajo a Par&iacute;s, ella, que viajaba sola, se hace una peque&ntilde;a quemadura con una estufa de gas. Despu&eacute;s, se acuesta en el hotel con la intenci&oacute;n de continuar su itinerario la pr&oacute;xima jornada. Sin embargo, cuando a la ma&ntilde;ana siguiente se despierta, se da cuenta de que el calendario sigue marcando el mismo d&iacute;a: 18 de noviembre. Ella recuerda que ya ha vivido esa fecha, pero todo se repite. Los dem&aacute;s, los que est&aacute;n a su alrededor, no la han vivido; para ellos, es 18 de noviembre por primera vez, las horas no han transcurrido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d9a5974d-f39f-4d84-8cdb-dee8f7a78e6d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando comienza la narraci&oacute;n, donde nos habla ella misma en primera persona, la protagonista ya lleva m&aacute;s de cien repeticiones de aquel fat&iacute;dico 18 de noviembre, su particular d&iacute;a de la marmota. Ese es el primer acierto de la autora: nos ahorra todo el momento de incredulidad, conocemos a una protagonista ya curtida en lo que ocurre, que ha tenido oportunidades para poner a prueba su situaci&oacute;n y tratar de solucionarla. Sin &eacute;xito, claro: al inicio de la narraci&oacute;n, ha regresado a su casa, donde se instala en la habitaci&oacute;n de invitados, que ha convertido en una especie de b&uacute;nker.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;c&oacute;mo ha llegado hasta ah&iacute;? En un principio, Tara repasa cada paso que dio aquel d&iacute;a, en el que solo detecta dos posibles anomal&iacute;as: el sestercio romano que adquiri&oacute; y la quemadura. Sin embargo, aun introduciendo min&uacute;sculas variaciones &ndash;las que dependen tan solo de ella misma, no de los dem&aacute;s&ndash;, permanece en el bucle. No encuentra la causa, si es que la hay, de modo que no sabe c&oacute;mo actuar, d&oacute;nde hallar la rendija por la que se col&oacute;, si es que se puede hablar en estos t&eacute;rminos. La tragedia es que no existe siquiera un lenguaje con el que referirse a lo que le ocurre; esto solo era algo de ciencia ficci&oacute;n 
    </p><h2 class="article-text">Soledad, envejecimiento, miedo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Viv&iacute;amos en dos tiempos diferentes, simplemente eso. Eran dos tiempos cuyos m&aacute;rgenes se hab&iacute;an desbordado. Y en alg&uacute;n punto los r&iacute;os se encuentran y corren juntos&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara es consciente de que, mientras ella permanece atrapada, es probable que el resto de la humanidad est&eacute; <em>avanzando</em>, es decir, que en una suerte de dimensi&oacute;n paralela los d&iacute;as transcurran con normalidad y la gente viva nuevas experiencias. Esa &ldquo;gente&rdquo; incluye su c&iacute;rculo &iacute;ntimo: su marido. La gesti&oacute;n de una pareja en la que sus integrantes no pueden acoplarse es un punto fuerte de este ciclo: de entrada, al ver que por s&iacute; misma no logra revertir la situaci&oacute;n, Tara decide regresar a casa (aunque el 18 de noviembre se repita en el calendario, ella tiene libertad de movimiento para no hacer las mismas acciones que la primera vez) para contarle lo que le ocurre.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/122af901-d44e-4164-b139-ee0445e5a115_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por supuesto, eso implica muchos intentos, porque a la incredulidad esperable se suma la dificultad a&ntilde;adida de tener que repetirle lo mismo durante d&iacute;as, hasta que, por fin, se dan las circunstancias para tramar un plan juntos que la saque del limbo. Solo que &ndash;y se sabe de antemano&ndash; nada da sus frutos; la protagonista sigue en el mismo d&iacute;a. Con todo, estos intentos, y, por extensi&oacute;n, las tensiones emocionales que generan, son lo que nutre la novela: aunque carezca de una acci&oacute;n progresiva al uso, en ese dar vueltas en c&iacute;rculos mantiene la atenci&oacute;n del lector (y tiene m&eacute;rito, dada la vastedad del ciclo).
    </p><p class="article-text">
        Tara se da cuenta de que, a diferencia de las personas con quienes interact&uacute;a, que siguen igual que estaban ese 18 de noviembre original, ella cambia, el cuerpo sigue el curso de la naturaleza: la quemadura se quema, el cabello crece. Hay un momento en el que Tara teme envejecer mientras su marido &ndash;el marido con el que puede interactuar desde su plano&ndash; permanece congelado en la mediana edad. Claro que no hace falta irse al plano f&iacute;sico para temer el distanciamiento entre ellos: si ella se reincorporara al orden natural, se habr&iacute;a perdido tantas vivencias que ser&iacute;a casi como despertar de un coma. No puede compararse con un preso, porque ni siquiera desde la c&aacute;rcel est&aacute;n tan desconectados.
    </p><p class="article-text">
        El miedo a que su marido perciba el desajuste &ndash;los cambios en ella, comportamientos dif&iacute;ciles de justificar incluidos&ndash;, junto con su propia frustraci&oacute;n por no poder disfrutar de su relaci&oacute;n como deber&iacute;a, la conducen a confinarse en ese cuarto. Est&aacute; sola, porque no conoce a nadie que se halle en aquel estado. Como quien no quiere la cosa, Solvej Balle condensa muchos terrores contempor&aacute;neos en este planteamiento imposible: la soledad no deseada; la inseguridad en muchos niveles; la sensaci&oacute;n de vivir como un h&aacute;mster en la rueda, repitiendo d&iacute;a tras d&iacute;a lo mismo sin estar <em>en el presente</em>; la falta de conexi&oacute;n con los dem&aacute;s, pese a encontrarnos rodeados de sus identidades virtuales.
    </p><h2 class="article-text">Entre la supervivencia y la b&uacute;squeda interior</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En lugar de movernos vacilantes, con precauci&oacute;n, en un asombro continuo, vamos por la vida como si nada hubiera pasado, subestimamos lo extraordinario, y el v&eacute;rtigo solo aparece cuando la existencia se muestra como lo que es: inveros&iacute;mil, imprevisible, extraordinaria&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de envejecer, se produce otra evoluci&oacute;n de naturaleza fisiol&oacute;gica: la comida que toma desaparece, lo que implica que los estantes de los supermercados y tiendas se van vaciando a medida que consume. Esto, adem&aacute;s de un problema log&iacute;stico, amenaza su supervivencia, por lo que, a la manera de un Robinson Crusoe, Tara debe convertirse en una superviviente, solo que en una isla tan grande como el planeta Tierra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/50785722-d454-4129-a43d-1fa267bf6e56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Estas dificultades que se van a&ntilde;adiendo a la historia, como el jugador que supera niveles de un videojuego &ndash;otro paralelismo con la realidad&ndash;, o como el viejo juego de las sillas en el que cada vez quedan menos sitios donde sentarse, son esenciales para mantener e incluso incrementar la tensi&oacute;n narrativa; y, cuando hablamos del salto de un libro a otro, el reto se vuelve m&aacute;s importante. La autora consigue algo muy complicado, como es dotar de dinamismo una trama est&aacute;tica: la receta del cambio en la continuidad funciona.
    </p><p class="article-text">
        Y funciona porque va acompa&ntilde;ada de una prosa clara, incisiva y nada proclive al sentimentalismo, ni siquiera al hablar de amor (porque, y esto es todo un acontecimiento en una obra literaria actual, Tara y Thomas se quieren, son un matrimonio bien avenido que no estaba atravesando ninguna crisis aquel 18 de noviembre). Reflexiva, tambi&eacute;n, porque la b&uacute;squeda de Tara tiene mucho de meditaci&oacute;n existencial: parad&oacute;jicamente (o no), ha tenido que pararse el tiempo para que pudiera detenerse a analizar su vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> no puede inscribirse en el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n seg&uacute;n los c&oacute;digos tradicionales, pero es, como las buenas novelas de esta categor&iacute;a, filos&oacute;fica e inquietante, porque interpela de forma directa nuestro presente. Captar ese c&uacute;mulo de malestares y concentrarlos en la peripecia de un solo personaje es otro de sus m&eacute;ritos. Sin duda, hay mucho que decir &ndash;y habr&aacute; m&aacute;s cuando se haya publicado por completo&ndash; de esta obra. De momento, qu&eacute;dense con el nombre de la autora, Solvej Balle, porque ella s&iacute; que tiene un futuro real por vivir, y va a estar lleno de reconocimientos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 19:35:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" length="253106" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" type="image/jpeg" fileSize="253106" width="1080" height="608"/>
      <media:title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" width="1080" height="608"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" width="2366" height="1331" alt="Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La investigadora Urmila Seshagiri encontró una versión de un manuscrito de 1908 desconocida hasta la fecha, que se presenta como una tentativa de primera novela</p><p class="subtitle">Entrevista - Shego: “Si el PP no nos llama para tocar por decir lo que pensamos, qué pena, es lo que hay”
</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos muchas identidades a lo largo de la vida. Por eso hubo un tiempo en el que los genios (a&uacute;n) no eran genios, sino seres humanos corrientes que trabajaban codo con codo para ofrecer lo mejor de s&iacute; mismos al mundo. Por eso, aunque no lo parezca, hubo un tiempo en el que <a href="https://www.eldiario.es/spin/libro-inedito-virginia-woolf-publicado-trabajo-perdido-the-life-of-violet-pm_1_12686873.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> (Londres, 1882 - Sussex, 1941) no era (todav&iacute;a) Virginia Woolf, y no (solo) porque no se hubiera casado con Leonard Woolf, de quien tomar&iacute;a el apellido, sino por hallarse en la fase embrionaria de una escritora en potencia, esto es, la fase de ensayo y error; de escribir sin la expectativa de publicar, tan solo de continuar aprendiendo.
    </p><p class="article-text">
        Urmila Seshagiri, estudiosa de la escritora inglesa, dio por casualidad con el manuscrito de un texto titulado <em>La vida de Violet</em>, conservado en una casa de campo de Wiltshire y fechado en 1908. La Biblioteca P&uacute;blica de Nueva York (NYPL) guardaba un relato con el mismo t&iacute;tulo, pero correspondiente a una versi&oacute;n de 1907. Este primer borrador ya se conoc&iacute;a entre los acad&eacute;micos, y no pasaba de considerarse una composici&oacute;n primeriza. Sin embargo, la edici&oacute;n revisada de 1908 inclu&iacute;a nuevas correcciones que, a juicio de la investigadora, otorgan valor al original y hacen de &eacute;l una obra m&aacute;s acabada.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se public&oacute; por primera vez en ingl&eacute;s, y ahora llega a nuestras librer&iacute;as de la mano de Lumen, en esa misma edici&oacute;n de Urmila Seshagiri y con traducci&oacute;n de Ana Mata Buil. <em>La vida de Violet</em> puede leerse como el embri&oacute;n de una novela, dividida en tres partes que son casi cuentos independientes, vinculados solo por girar en torno a un mismo personaje. Este personaje, precisamente, es lo m&aacute;s revelador de este manuscrito: Violet, una &ldquo;giganta&rdquo; que rompe algo m&aacute;s que las convenciones est&eacute;ticas de su tiempo. Est&aacute; inspirada en Mary Violet Dickinson (1865 - 1948), amiga de la autora (que en efecto med&iacute;a m&aacute;s de un metro ochenta). Se conocieron en 1902, cuando Virginia Woolf ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y todav&iacute;a no hab&iacute;a comenzado a publicar.
    </p><p class="article-text">
        En el primer cap&iacute;tulo, o relato, se narra la llegada al mundo de esta hero&iacute;na tan curiosa y su posterior presentaci&oacute;n en sociedad, que no deja de ser un segundo nacimiento. Pero, lejos de repetir el patr&oacute;n de la comedia de costumbres al uso, la autora &ldquo;revienta&rdquo; todas las convenciones con una voz narrativa burlesca, que a trav&eacute;s de un humor afilado saca punta a los usos de la alta sociedad, y siempre con el foco puesto en la situaci&oacute;n de las mujeres, aunque sin dramatizar. Por ejemplo, escribe: &ldquo;La dama sacudi&oacute; el abanico como un abanico sacudir&iacute;a la trompa, y, en efecto, su posici&oacute;n en el sal&oacute;n de baile era tan se&ntilde;alada que se le permit&iacute;an las libertades que los monos, las ovejas y los burros conceden al Rey de las Bestias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s sugerentes y refinados son los pasajes en los que describe las flores, importantes en la vida de la protagonista (y de la autora, como se refleja en su obra). La segunda parte se titula, precisamente, <em>El jard&iacute;n m&aacute;gico</em>, y lleva a la giganta a otro escenario: &ldquo;Si hay dos cosas que s&eacute; acerca de las damas aristocr&aacute;ticas inglesas, y una es que tienen salud, y la otra que tienen casas en el campo&rdquo;. En esa casa, Violet lee libros y se pierde entre las plantas (no es de extra&ntilde;ar que se entendiera tan bien con Woolf). En un momento dado, deja caer una sentencia que parece un anticipo del ensayo m&aacute;s influyente de la escritora: &ldquo;&ndash;&iquest;No le parece, Violet&hellip;, que ser&iacute;a muy bonito&hellip;? / &ndash;&iquest;Tener una casa propia? &iexcl;S&iacute;, mi querida se&ntilde;ora!&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2ba299d1-21a3-46d6-b707-41535646957c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El aire de cuento de estas tres piezas breves (o, para ser exactos, del personaje principal, de quien se enfatizan los atributos a trav&eacute;s del lenguaje aleg&oacute;rico), se refuerza en la tercera, <em>Cuento para dormir</em>, que reviste una atm&oacute;sfera m&aacute;s m&aacute;gica, aunque sin perder ese tono mordaz. Adem&aacute;s del retrato de una protagonista que rompe moldes, la novela destaca porque ya se entrev&eacute; la mirada incisiva de la autora hacia el universo femenino, y en concreto el de la amistad entre mujeres &ndash;la editora ve en Violet una predecesora de Vita Sackville-West, la amiga m&aacute;s especial de Woolf&ndash;, unas mujeres que no se limitan a hacer sus labores y practicar los pasos de baile con primor, sino que se r&iacute;en con fuerza, tienen una mente inquieta y cultivan una vida (exterior) m&aacute;s rica de lo que se espera de ellas y una vida (interior) menos d&oacute;cil de lo que sus mayores querr&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, como se suele decir de las primeras obras, <em>La vida de Violet</em> contiene las semillas de lo que luego germinar&aacute;. El estilo a&uacute;n est&aacute; por pulir, pero incluso en este tono que roza la caricatura se atisban sutilezas, alumbramientos y digresiones muy propios de Woolf, de la Woolf que en su plenitud renov&oacute; las formas y firm&oacute; obras como <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em> (1925) o <em>Las olas</em> (1931). Le falta empaque en la construcci&oacute;n narrativa, pero el nervio ya estaba ah&iacute;. Resulta curioso, adem&aacute;s, descubrir el lado c&oacute;mico de la joven Woolf, una escritora de quien ha trascendido una imagen seria, incluso imponente, en parte por la exigencia de su obra, en parte porque, al igual que ocurre con <a href="https://www.eldiario.es/spin/tragedia-personal-legado-marco-generaciones-poeta-cambio-mirada-salud-mental-sylvia-plath-pm_1_12982644.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sylvia Plath</a>, su suicidio parece haberle dejado para la posteridad una fama de mujer atormentada y triste, aunque (y sus diarios y cartas lo prueban, lo mismo que Plath) tuvo etapas muy luminosas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una escritora en construcci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de <em>La vida de Violet</em> coincide con una nueva selecci&oacute;n de sus primeros relatos, <em>La marca de la pared</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Ainize Salaberri, Magdalena Palmer y Colectivo Woolf BdL), acompa&ntilde;ada de un <a href="https://elpais.com/cultura/2012/02/10/actualidad/1328869927_186909.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, que se recupera a modo de pr&oacute;logo. Este peque&ntilde;o volumen comprende siete textos, fechados entre 1892 y 1924 &ndash;es decir, terminan justo antes de la publicaci&oacute;n de su primera gran novela, <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em>, en 1925&ndash; y permite ver la evoluci&oacute;n de una escritora en ciernes, que va experimentando hasta lograr, en las &uacute;ltimas piezas, un nivel excelso.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e69a554e-b1ee-4983-b232-78f7fc2a3634_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El primer relato, y su continuaci&oacute;n, escritos cuando era apenas una ni&ntilde;a, se lee un poco en consonancia con <em>La vida de Violet</em>: tiene una gran dosis de comicidad, pero incluso en este intento tan juvenil se vislumbran fogonazos, detalles que denotan una capacidad inusual para la observaci&oacute;n de la naturaleza humana, para ir m&aacute;s all&aacute; de las turbulencias de una misma. Es una Virginia Woolf irreverente y juguetona; probablemente esa es la clave, que <em>juega</em>, aprende jugando, se divierte al escribir, y en esa disposici&oacute;n es cuando se puede explorar la creatividad y, a la larga, llegar a aportar algo de veras novedoso.
    </p><p class="article-text">
        Su universo narrativo es el mismo de siempre: aristocracia, casas se&ntilde;oriales, vicisitudes de las din&aacute;micas dom&eacute;sticas, flores; pero &mdash;y esto tambi&eacute;n es lo mismo de siempre&mdash; en ella no importa tanto el qu&eacute; como el c&oacute;mo, puesto que es la cadencia de su voz, las sinuosidades del punto de vista, la fluidez de esa cadena que rompe los preceptos cl&aacute;sicos sobre los tiempos narrativos, lo que arrastra al lector por sus p&aacute;ginas. Como en <em>La marca en la pared</em> (1917), donde basta una mujer observando lo que parece una mancha en la pared para hilvanar una meditaci&oacute;n hipn&oacute;tica y de culminaci&oacute;n magistral. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n <em>La se&ntilde;ora Dalloway en Bond Street</em> (1923) y <em>El vestido nuevo </em>(1924), dos textos espl&eacute;ndidos que complementan su novela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/27e80b9b-5512-4159-80ef-c75afa988f65_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; somos con respecto a los escritores que nos han inspirado?&rdquo;, se pregunta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/reivindicacion-bibliotecas-publicas-hizo-ali-smith-refugio-brujula-azar_1_11689469.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ali Smith</a> en la conferencia que pronunci&oacute; en el Festival Literario de Cambridge en 2023, a prop&oacute;sito de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> (1929), editada como <em>Una Woolf propia</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Magdalena Palmer). Ella quiz&aacute; sea, junto con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/jeanette-winterson-gran-autora-transgrede-limites-lenguaje-generos_1_11486816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jeanette Winterson</a> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/rachel-cusk-pregunta-origen-creadoras-desfile-mujeres-deban-volverse-violentas_1_12148835.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rachel Cusk</a>, la heredera m&aacute;s clara de Virginia Woolf: lleva un paso m&aacute;s all&aacute; &mdash;porque para ser heredera de Woolf no basta, desde luego, con imitarla&mdash; su b&uacute;squeda de nuevas formas de expresi&oacute;n, sus rupturas, su evocaci&oacute;n de un imaginario magn&eacute;tico y genuino, hasta en un g&eacute;nero como el ensayo. Y, como ella, tiene tambi&eacute;n su lado humor&iacute;stico, que se divierte explorando, probando, <em>jugando</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno tiene con un escritor esa suerte de &ldquo;entendimiento&rdquo; que la autora escocesa experiment&oacute; con Woolf, de inmediato surge la necesidad de leer <em>todo</em> lo publicado por &eacute;l, y todo es todo, desde sus inicios torpes hasta sus finales indignos (si los hubiera). Hoy, gracias al rescate de <em>La vida de Violet</em>, la cohorte de seguidores de Woolf puede penetrar a&uacute;n m&aacute;s en su proceso de formaci&oacute;n, a&ntilde;adir un nombre m&aacute;s al mapa de las amigas que conformaron su mundo y nutrieron su narrativa. Sin exagerar en cuanto a sus m&eacute;ritos &mdash;no se convertir&aacute; en una obra imprescindible&mdash;, no deja de ser un aperitivo de lo que estaba por venir; un diamante en bruto, en definitiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 20:05:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" length="1398715" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1398715" width="2366" height="1331"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" width="2366" height="1331"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,Relato,Virginia Woolf,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la iniciativa de la editorial Barrett de publicar una colección de libros ‘a ciegas’, analizamos otros casos recientes de obras de autoría desconocida</p><p class="subtitle">Entrevista - Alberto Velasco, bailarín: “Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos”</p></div><p class="article-text">
        Cuando somos ni&ntilde;os, no nos preguntamos por la autor&iacute;a de una obra literaria: nuestro primer contacto con la literatura suelen ser esos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuentos</a> que, aunque se editen bajo el nombre de quien los recopil&oacute;, son el resultado de una larga tradici&oacute;n oral en la que han sufrido numerosas variaciones. M&aacute;s adelante, con los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-literatura-infantil-juvenil-regalar-dia-libro_1_13160834.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libros para primeros lectores</a>, los escritores son percibidos como poco m&aacute;s que un nombre que aparece en la cubierta, el nombre de alguien vivo o muerto, qu&eacute; m&aacute;s da; lo &uacute;nico que nos importa es el relato.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con los a&ntilde;os esa &ldquo;pureza&rdquo;, por as&iacute; decir, se pierde. El autor comienza a ser un elemento destacado en torno al acto de leer, bien porque desde las clases de literatura obligan a aprenderse unas l&iacute;neas de su biograf&iacute;a, bien porque como lectores aficionados nos interesamos por ellos e incluso acudimos a sus firmas. El anonimato queda relegado a cl&aacute;sicos como el <em>Lazarillo de Tormes</em>, sobre los que de hecho ya existen indicios sobre su autor&iacute;a; o como un fen&oacute;meno hist&oacute;rico, como las escritoras que se escondieron bajo un seud&oacute;nimo masculino para que sus publicaciones se tomaran en serio, como Caterina Albert (V&iacute;ctor Catal&agrave;) o Mary Ann Evans (George Eliot).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los grandes cl&aacute;sicos, hoy es muy dif&iacute;cil dar con un libro del que no se sepa nada sobre el autor. A las transformaciones socioculturales &mdash;la consolidaci&oacute;n de la obra de autor en la narrativa moderna frente a la tradici&oacute;n oral&mdash; se ha sumado la exposici&oacute;n (&iquest;explotaci&oacute;n?) medi&aacute;tica, que desde la existencia de Internet y las redes sociales va en aumento. El escritor no se limita a escribir: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/sally-rooney-sara-mesa-nuevos-escritores-no-necesitan-redes-sociales-triunfar_1_12900220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n se dedica a promocionarse</a>, por su cuenta o siguiendo las indicaciones de su editorial (entrevistas, presentaciones, v&iacute;deos, conferencias y cualquier tipo de evento). A veces, el n&uacute;mero de seguidores que acumula en las redes se convierte en un valor a&ntilde;adido para que las editoriales apuesten por &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">El reto de no comprometer la propia imagen</h2><p class="article-text">
        En estas circunstancias, el lector puede a&ntilde;orar la ingenuidad del ni&ntilde;o que se enfrentaba a la lectura sin prejuicios de ning&uacute;n tipo. Ahora, es inevitable tener alguna referencia del escritor, sea por una entrevista que hemos le&iacute;do, porque nos resulta simp&aacute;tico en Twitter o porque ha salido en televisi&oacute;n. No llegamos v&iacute;rgenes al libro. El escritor, por su parte, debe sacrificar tiempo de escritura en hacer de promotor de s&iacute; mismo, a riesgo de que la imagen proyectada perjudique la percepci&oacute;n del lector sobre su obra. No todos se saben desenvolver con la prensa, ni son derroches de simpat&iacute;a, ni est&aacute;n siempre de humor para escribir largas dedicatorias o pararse a charlar con el lector. Sus atributos personales no mejoran ni empeoran el libro, pero condicionan su recorrido.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es: &iquest;se puede publicar un libro e incluso desarrollar una carrera literaria en pleno siglo XXI sin comprometer la propia imagen? La respuesta es que, aunque no sea sencillo ni habitual, no es imposible, no. Ah&iacute; van algunos ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Los libros &lsquo;a ciegas&rsquo; de Barrett. </strong>Esta peque&ntilde;a editorial sevillana, ya conocida por asumir riesgos como su <a href="https://editorialbarrett.org/catalogo/editora-por-un-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">editor por un libro</a>, celebra su d&eacute;cimo aniversario con el <a href="https://www.eldiario.es/sevilla/catalogo-ciegas-libros-anonimos-exito-fracaso-novelista-no-depende-promocion_1_13168715.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lanzamiento de ocho t&iacute;tulos sin identificar a su autor</a>, que puede ser un debutante o un veterano que ha mostrado su complicidad con el proyecto. No obstante, cabe preguntarse si este anonimato se mantendr&aacute;, o las identidades saldr&aacute;n a la luz al cabo de un a&ntilde;o (de momento, la editorial ya impulsa <a href="https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1458681409597063&amp;set=pb.100063656547001.-2207520000&amp;type=3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juegos para adivinarlas</a>), por no hablar de que una iniciativa como esta ser&iacute;a dif&iacute;cil de hacer en un sello grande e influyente.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c698fd9-bbc2-41cc-94f1-00cbaf68f797_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>2. El caso Elena Ferrante.</strong> Ella &mdash;en femenino porque, sea quien sea, ha elegido firmar como mujer&mdash; es el paradigma de c&oacute;mo dejar que la obra circule verdaderamente sola. Al contrario de la sospecha de que se trata de una estrategia de <em>marketing</em>, la autora empez&oacute; a publicar en los a&ntilde;os noventa, pero la fama internacional no le lleg&oacute; hasta cerca de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La amiga estupenda</em></a> (2011-2014); de ser una estrategia, ser&iacute;a la peor de todas, porque adem&aacute;s se cree, no sin fundamento, que le ha costado premios (algunas organizaciones exigen la asistencia de los autores premiados). 
    </p><p class="article-text">
        En entrevistas por escrito, ha dejado entrever que en su juventud tuvo una mala experiencia con algo relacionado con la exposici&oacute;n medi&aacute;tica, de ah&iacute; que optara por estar al margen. Y aun as&iacute;, no la han dejado tranquila: en cuanto comenz&oacute; a despegar, se sucedieron los rumores, y el summum lleg&oacute; con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/elena-ferrante-anita-raja_1_3805140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la bochornosa investigaci&oacute;n de las cuentas bancarias de una colaboradora de la editorial</a> para se&ntilde;alarla como el nombre detr&aacute;s de Ferrante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La pol&eacute;mica de Carmen Mola. </strong>En este caso, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/carmen-mola-fenomeno-sangriento-no-penalizo-gran-secreto_1_9612042.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al tr&iacute;o Jorge D&iacute;az, Agust&iacute;n Mart&iacute;nez y Antonio Mercero</a> s&iacute; le interes&oacute; salir del anonimato: para embolsarse el Premio Planeta, por un lado, y para impulsar sus carreras individuales, que hasta entonces hab&iacute;an pasado desapercibidas. Mucha gente se llev&oacute; las manos a la cabeza porque tres hombres osaran firmar con un nombre de mujer &mdash;se dijo que formaba parte de una campa&ntilde;a, como si por ser mujer hoy fuera m&aacute;s f&aacute;cil publicar ficci&oacute;n criminal; como si a Lorenzo Silva, V&iacute;ctor del &Aacute;rbol, Juan G&oacute;mez-Jurado, C&eacute;sar P&eacute;rez Gellida y Javier Castillo no les leyera nadie&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, ten&iacute;a tambi&eacute;n un sentido pr&aacute;ctico: un libro con tres autores desconocidos, para m&aacute;s inri de nombres y apellidos comunes, ser&iacute;a de todo menos comercial. En las obras de autor&iacute;a m&uacute;ltiple, el seud&oacute;nimo tiene justificaci&oacute;n, tanto si se conoce a los escritores como si no (otro ejemplo reciente es el de Trist&aacute;n Paniagua y <em>Yo presidente</em>, obra basada en hechos reales de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/1001818-tristan-paniagua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tres autores</a> que han trabajado en pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. El famoso enmascarado.</strong> Durante su primera etapa como escritor, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/maximo-pradera-no-falta-ignorante-retrogrado-ayuda_1_13170274.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;ximo Pradera</a> se ocult&oacute; bajo el seud&oacute;nimo Joseph Jelinek para publicar una serie de novelas de intriga en las que la m&uacute;sica ten&iacute;a un papel destacado. Cuando alguien popular tiene intenci&oacute;n de labrarse una carrera literaria, o al menos de ser tomado en serio al publicar un libro, puede optar por renunciar a las ganancias que le reportar&iacute;a su nombre aut&eacute;ntico (y su presencia f&iacute;sica en la campa&ntilde;a de lanzamiento) y firmar con seud&oacute;nimo. Eso s&iacute;, como le ocurri&oacute; a M&aacute;ximo Pradera, es posible que los rumores (fundados) sobre su identidad no tardaran en aparecer. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/j-k-rowling-trans-incomoda-harry-potter_1_8895179.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J. K. Rowling</a> &mdash;por aquel entonces toda una estrella medi&aacute;tica&mdash;, quiso saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a con sus manuscritos si no los firmara ella, as&iacute; que se camufl&oacute; como Robert Galbraith para publicar un ciclo de novelas de intriga de corte m&aacute;s adulto. La descubrieron pronto, pero mantiene el seud&oacute;nimo para diferenciar esta obra de su narrativa para ni&ntilde;os y j&oacute;venes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3e7fc0e6-d6d2-4fb8-8aae-fd692dec92f1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>5. Protecci&oacute;n del periodista de investigaci&oacute;n.</strong> A principios de este siglo, t&iacute;tulos como <em>Diario de un skin</em> (2003) o <em>El a&ntilde;o que trafiqu&eacute; con mujeres</em> (2004) se colaron entre los &eacute;xitos de ventas. Los firmaba un tal Antonio Salas, seud&oacute;nimo de, dice la biograf&iacute;a, un periodista de investigaci&oacute;n espa&ntilde;ol que, por los riesgos asumidos durante su trabajo, no puede revelar su nombre. Los hay que, en cambio, publicaron a cara descubierta, como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-no-justicia-condena-tarda-16-anos-llegar_128_12472936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roberto Saviano</a> (<em>Gomorra</em>) o, sin salir de Espa&ntilde;a, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/justicia-alejarse-pulsiones-taparse-sociedad_128_1920383.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nacho Carretero</a> (<em>Fari&ntilde;a</em>) o <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/ejercito-esencia-franquista-gobierno_128_2911352.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Gonzalo Segura</a> (<em>Un paso al frente</em>); aunque, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-logra-condena-mafiosos-amenazaron-muerte-inicios-rompe-llorar-juicio_1_12463937.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a juzgar por el coste personal que puede tener para ellos</a>, quiz&aacute; alguno hoy optar&iacute;a por hacer como Antonio Salas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Protecci&oacute;n de la intimidad propia o de la familia.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a> debut&oacute; con <em>D&iacute;as sin hambre</em> (2001), una novela inspirada en la anorexia que sufri&oacute; en su juventud, por la que lleg&oacute; a estar ingresada en una cl&iacute;nica. Ese primer libro, tan doloroso para ella y para su familia, se public&oacute; bajo el seud&oacute;nimo de Lou Delvig. Como la autora ten&iacute;a la intenci&oacute;n de seguir escribiendo, sin embargo, el seud&oacute;nimo desapareci&oacute; en las ediciones sucesivas. De haberse quedado en la autora de ese &uacute;nico libro, ser&iacute;a entendible que ella, con una vida ajena al mundo de las letras, prefiriera mantenerse al margen de &eacute;l una vez ya hab&iacute;a volcado sus recuerdos en &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Los escritores profesionales no suelen esconderse al exponer su intimidad, por mucho que en ocasiones algunos familiares se molesten, como le ocurri&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/karl-ove-knausgaard-escritura-constante-sentimiento-fracaso_1_10160653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Karl Ove Knausg&aring;rd</a> o a la propia <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a>, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con su obra m&aacute;s celebrada, <em>Nada se opone a la noche</em> (2011). Otro caso es el de Freida McFadden, autora del <em>thriller</em> superventas <em>La asistenta</em> (2022): siempre admiti&oacute; el uso de ese seud&oacute;nimo para separar su carrera literaria, con esa inclinaci&oacute;n por los temas oscuros, de su trabajo como m&eacute;dica especializada en lesiones cerebrales. Tem&iacute;a que un &aacute;mbito interfiriera en su proyecci&oacute;n profesional, de modo que, aun escribiendo ficci&oacute;n, no ha revelado <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/autora-asistenta-freida-mcfadden-desvela-identidad-cansada-secreto_1_13129982.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su verdadero nombre, Sara Cohen, hasta este 2026</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. El se&ntilde;or que se hizo pasar por jovencita.</strong> Sergi Puertas rondaba la cincuentena cuando, con algunas novelas publicadas en editoriales peque&ntilde;as sin repercusi&oacute;n, llam&oacute; a la puerta de Impedimenta firmando con un nombre de mujer y adjuntando la fotograf&iacute;a de una joven atractiva. Hab&iacute;a movido ese manuscrito por diferentes editoriales, Impedimenta incluida, sin &eacute;xito, de modo que, frustrado, y viendo que las escritoras parec&iacute;an estar en un momento de eclosi&oacute;n, decidi&oacute; intentarlo con un seud&oacute;nimo. Esta vez, la editorial quiso publicarlo.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica no se desat&oacute; porque el autor se sincer&oacute; con sus editores y el libro <a href="https://impedimenta.es/producto/estabulario" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue publicado con su nombre</a>, pero luego ha contado su historia <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-10-19/carmen-mola-planeta-impedimenta_3308954/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en los medios</a>. A su lado, lo de Carmen Mola no pasa de juego inocente. Y, s&iacute;, este caso deber&iacute;a hacernos pensar: a las editoriales, pero tambi&eacute;n a nosotros como lectores: &iquest;Hasta qu&eacute; punto nos influyen los factores de afinidad (de g&eacute;nero, ideolog&iacute;a, edad u otros) a la hora de elegir a qu&eacute; autor leemos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo más probable es que quien publique hoy bajo seudónimo tenga, en la práctica, poca repercusión, lo mismo que la inmensa mayoría de escritores no anónimos que publican todos los años</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>8. Una faceta secundaria.</strong> Algunos escritores eligen separar de forma deliberada, por motivos de g&eacute;nero, una parte de su producci&oacute;n: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/john-banville-irlandes-latigo-catolica_1_4840764.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Banville</a> se convierte en Benjamin Black cuando escribe novela negra, al igual que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a> en las novelas que firm&oacute; como Rosamond Smith y Lauren Kelly; Flavia Company se desdobla en Haru o Andrea Mayo para explorar diferentes registros; la escritora de literatura infantil y webc&oacute;mic Ursula Venon adopt&oacute; el seud&oacute;nimo T. Kingfisher al comenzar a publicar para j&oacute;venes y adultos; Luisa Etxenike es Antonia Lassa cuando publica historias de suspense. Son solo unos pocos ejemplos de una pr&aacute;ctica bastante extendida, sobre todo en &aacute;mbitos como la novela negra o la rom&aacute;ntica. Eso s&iacute;, rara vez el autor se esconde de verdad; tan solo utiliza un seud&oacute;nimo para separar estilos o g&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. El escritor tan prol&iacute;fico que su editorial no da abasto.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a> ha publicado algunas novelas como Richard Bachman. Por una parte, en la industria editorial no es habitual publicar m&aacute;s de un libro al a&ntilde;o de un mismo autor (y esto ya es excepcional, al alcance solo de privilegiados como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/metamorfosis-amelie-nothomb-jesucristo-enfurece-laicos-religiosos_1_8729534.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Am&eacute;lie Nothomb</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a>), y ya se sabe que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a>, sobre todo en su juventud, escrib&iacute;a a un ritmo desaforado. Por otro lado, dado que el &eacute;xito le lleg&oacute; muy pronto, sent&iacute;a curiosidad por saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a si sus libros no llevaran su nombre (hoy podr&iacute;a apuntarse al experimento de Barrett). Se invent&oacute; una biograf&iacute;a que justificara la ausencia medi&aacute;tica del autor, y public&oacute; varias novelas. Sin embargo, le ocurri&oacute; como a Elena Ferrante: dieron con &eacute;l tras investigar sus cuentas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Lorenzo C. Acebedo, &iquest;el pr&oacute;ximo en seguir los pasos de Carmen Mola?</strong> La biograf&iacute;a de este autor asegura que bajo el seud&oacute;nimo se esconde alguien que &ldquo;abandon&oacute; en su juventud los estudios teol&oacute;gicos por el retiro monacal y, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, el retiro monacal por una mujer&rdquo;. En 2023, public&oacute; <em>La taberna de Silos</em>, la primera entrega de una trilog&iacute;a con ecos de Umberto Eco, cuyo protagonista, nada menos que Gonzalo de Berceo, trata de resolver el asesinato de un monje en el monasterio. Se trata de una novela con mayor textura literaria, adem&aacute;s de humor inteligente, de lo que el argumento deja entrever, por lo que enseguida se sospech&oacute; que quien firma es en realidad un escritor consumado, tal vez alguien que con su nombre no vende demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Las pesquisas apuntan a nombres como <a href="https://www.eldiario.es/autores/rafael_reig/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rafael Reig</a>, <a href="https://www.eldiario.es/autores/antonio_orejudo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Orejudo</a> u <a href="https://www.eldiario.es/autores/oscar-esquivias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Oacute;scar Esquivias</a>; los dos primeros publican en Tusquets, la misma editorial que ha dado a conocer al misterioso Lorenzo C. Acebedo. Un sello que, por cierto, forma parte del Grupo Planeta. Qui&eacute;n sabe, como a veces el Premio Planeta distingue a <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/eduardo-mendoza-gana-premio-planeta_1_5191573.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un escritor de verdad,</a> y no tiene reparos en premiar libros que son <a href="https://www.rtve.es/noticias/20121015/lorenzo-silva-gana-premio-planeta-2012-mara-torres-finalista/570400.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la continuaci&oacute;n de una serie en curso</a>, tal vez aprovechen la publicaci&oacute;n de la tercera entrega del improvisado detective riojano para desvelar el secreto.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, estos son solo casos que han tenido cierta trascendencia. Lo m&aacute;s probable es que quien publique hoy bajo seud&oacute;nimo tenga, en la pr&aacute;ctica, poca repercusi&oacute;n, lo mismo que la inmensa mayor&iacute;a de escritores no an&oacute;nimos que publican todos los a&ntilde;os. Abrirse camino en el mundo literario cuesta, y jugar a hacerse el misterioso no garantiza ni mucho menos el &eacute;xito, como tampoco lo aseguran un gran n&uacute;mero de seguidores en las redes o una significativa presencia medi&aacute;tica (m&aacute;s de uno se asombrar&iacute;a al conocer las cifras de ventas reales de algunos de estos autores). En definitiva, al final, como siempre, lo &uacute;nico que cuenta es tener una verdadera devoci&oacute;n por el oficio; de lo contrario, entrar en el circuito editorial, con o sin m&aacute;scara, no compensa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="479820" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="479820" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" width="1600" height="900" alt="Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siruela recupera ‘Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido’ (1973), que analiza cómo la ficción perpetúa el rol de víctima de la mujer de clase media</p><p class="subtitle">El cine seguirá costando dos euros los martes para los mayores de 65 años
</p></div><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de este libro lo podr&iacute;a pronunciar una mujer de hoy, porque, por desgracia, <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/hombre-mata-expareja-pleno-dia-calle-figueres-policia-le-detiene-lugar-hechos_1_13233392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cr&iacute;menes machistas no dejan de poblar los titulares</a>. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que estos asesinatos, estas din&aacute;micas de violencia contra las mujeres, se camuflaban, se escond&iacute;an (algo que a&uacute;n sucede en algunas partes del mundo). En el siglo XX, estaban tan normalizadas en las conductas sociales que ni siquiera se percib&iacute;an como los abusos que son. En ese contexto, muchas obras culturales, de forma consciente o inconsciente, actuaron como una herramienta para perpetuar el <em>statu quo</em>, incluso cuando esta cultura era producida por y para ellas. Es m&aacute;s: <em>sobre todo</em> actuaba as&iacute; cuando se dirig&iacute;a a ellas; para ser exactos, al subgrupo de mujeres blancas de clase media.
    </p><p class="article-text">
        El ama de casa de clase media encarnaba el tipo de p&uacute;blico con cierta formaci&oacute;n (pero no demasiada) e inquietudes culturales (o m&aacute;s bien mucho tiempo libre, mucho tiempo para aburrirse) que, adem&aacute;s, contaba con el dinero (del salario del marido) para adquirir, en este caso, las novelitas con las que entretenerse. &ldquo;Novelitas&rdquo;, porque de lo que se ocupa <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/formas-historicas-ridiculizar-escritoras_1_1853978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joanna Russ</a> (Nueva York, 1937-Tucson, 2011) en el ensayo <em>Alguien me quiere asesinar&hellip; y creo que es mi marido</em> (1973) es de ese corpus de ficci&oacute;n de consumo, tan abundante en clich&eacute;s, que, m&aacute;s que por su calidad, interesa como fuente de estudio de los valores y costumbres inherentes a una &eacute;poca, una clase social, un pa&iacute;s: mujer blanca occidental de clase media, a mediados del siglo XX, en Estados Unidos.
    </p><h2 class="article-text">La virtud de la mujer casada</h2><p class="article-text">
        El llamado &ldquo;g&oacute;tico moderno&rdquo; vivi&oacute; una eclosi&oacute;n en la novela popular de aquel tiempo, de forma similar a la que han experimentado el romance o los relatos de testimonios en otros periodos. Eran publicaciones baratas, en edici&oacute;n de bolsillo, con cubiertas <em>kitsch</em> que identificaban el g&eacute;nero de manera f&aacute;cil e inmediata. Su contenido era tan previsible como su dise&ntilde;o: un tipo de ficci&oacute;n que, siguiendo la estela de cl&aacute;sicos como <em>Jane Eyre</em> o <em>Rebecca</em>, presenta a una hero&iacute;na que, desde que contrae matrimonio y convive con su marido, comienza a descubrir que este no es quien pensaba que era.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d1f7fd23-b801-4f65-8972-db0418cb1ca9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La rutina de la mujer, lejos de emular la imagen id&iacute;lica de una joven reci&eacute;n casada, se vuelve inquietante. La protagonista se halla recelosa, sospecha de todo. En su centro se debate una contradicci&oacute;n: est&aacute; entre el amor hacia su esposo y el miedo que empieza a sentir. Adem&aacute;s, los clich&eacute;s del g&eacute;nero llevan la situaci&oacute;n al extremo: el hombre, por definici&oacute;n, es siempre una figura poderosa, alguien m&aacute;s maduro, resolutivo, un agente activo en la sociedad; mientras que ella, condenada a ser la eterna <em>chica</em>, es, adem&aacute;s de inexperta y sin opciones de escapar del hogar, una joven sin familia que la apoye, sin amigos, sin referentes; en suma, est&aacute; desamparada. Incluso la casa se le revela hostil: una vivienda grande, imponente y misteriosa, donde ya se hab&iacute;an establecido unas normas antes de su llegada, y donde ella no deja de sentirse una intrusa.
    </p><p class="article-text">
        Situaciones extremas para apelar al dramatismo m&aacute;s barato y sentimental: ah&iacute; estaba la receta para despertar emociones en las vidas mon&oacute;tonas de las lectoras. En las novelas que analiza la autora, el enigma en torno al hombre tiene que ver, como en los cl&aacute;sicos, con una cuesti&oacute;n moral: un tab&uacute; que se intenta encubrir, lo que da pie al miedo, a esas elucubraciones de la mujer ingenua a quien no se revela nada, que solo puede escuchar a hurtadillas y completar lo que no sabe con la imaginaci&oacute;n, que suele inducir m&aacute;s de la cuenta. La actividad il&iacute;cita del marido, por consiguiente, a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n de lo &ldquo;prohibido&rdquo; al relato, esto es, una perversi&oacute;n del orden apacible que buscaba la hero&iacute;na.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una expresi&oacute;n directa de la situaci&oacute;n tradicional de la mujer [&hellip;] y ofrece la clase exacta de lectura de evasi&oacute;n que necesitan las mujeres de clase media creyentes en la m&iacute;stica de la feminidad, sin conllevar elementos que vayan m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, afirma Joanna Russ, escritora, acad&eacute;mica y cr&iacute;tica literaria conocida sobre todo por su novela de ciencia ficci&oacute;n feminista <em>El hombre hembra</em> (1975) y el ensayo <em>C&oacute;mo acabar con la escritura de las mujeres</em> (1983). De alg&uacute;n modo, con su desarrollo previsible y la condici&oacute;n de v&iacute;ctima sin remedio de la protagonista, que no pasa de ser un sujeto pasivo, esas ficciones <em>confirman</em> el corpus de creencias socialmente aceptadas sobre el matrimonio, la vida conyugal y la moral puritana.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d93e4538-2006-4614-a7cb-2098c8e5fca0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Son textos que no esquivan la sexualidad, pero esta se plantea siempre desde un enfoque conservador, con la protagonista como la joven virgen e inmaculada que se escandaliza ante cualquier sospecha de desviaci&oacute;n moral. En contraste con esos picos emocionales, las novelas se prodigan en descripciones del vestuario y la decoraci&oacute;n (siempre de lujo), adem&aacute;s de las comidas: esos elementos en los que la mujer de casa media se sostiene en su d&iacute;a a d&iacute;a, aquello en lo que deviene una experta, que puede mantener bajo control y le confiere una seguridad de la que carece en el aspecto &iacute;ntimo. El mensaje impl&iacute;cito es claro: reforzar la imagen de la mujer como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pucheros-libros-amas-casa-impulsaron-clubes-lectura-80_1_12234840.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ama de casa</a>, de se&ntilde;ora feliz con sus labores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una suerte de paranoia justificada&rdquo;, concluye la autora, &ldquo;la gente <em>tiene </em>la intenci&oacute;n de hacerte cosas horribles; <em>no puedes</em> confiar en tu marido [&hellip;]; las motivaciones de todo el mundo <em>son</em> ladinas y retorcidas, y solo estando en guardia de forma <em>sumamente</em> rigurosa podr&aacute;s arrancar alguna migaja de felicidad en las fauces de la destrucci&oacute;n&rdquo;. En otras palabras: se promueve el rol de una mujer pasiva, miedosa y desconfiada, lo que la lleva a encerrarse m&aacute;s en s&iacute; misma y a renunciar a la rebeld&iacute;a. Es lo contrario de lo que fomentan los relatos de sororidad: tejer v&iacute;nculos para saber que no est&aacute;n solas, que no son las &uacute;nicas que sufren, que existen otras formas de estar en el mundo y que est&aacute; en sus manos la posibilidad de cambiar su realidad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ac832931-9c0f-49ed-954b-11d6eca7af56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A diferencia de la gran literatura, donde las protagonistas, pese a enfrentarse a situaciones amenazantes, se distingu&iacute;an por su determinaci&oacute;n &mdash;la propia Jane Eyre es un ejemplo de ello&mdash;, las novelitas de consumo r&aacute;pido no corren riesgos, perpet&uacute;en el clich&eacute;, por lo que no suponen ning&uacute;n desaf&iacute;o para la lectora. No pretenden provocar en ella una reacci&oacute;n ni despertar su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico; al contrario: velan por su supuesta integridad, le confirman lo que ya conoce o intuye por otros medios. Su &uacute;nica &ldquo;aventura&rdquo; posible es la historia de amor, y en ella concentran sus pensamientos, mientras procuran vestir bien y mantener la casa arreglada para actuar conforme a lo que se espera de ellas. En suma, se persiste en el concepto tradicional de &ldquo;virtud&rdquo;: &ldquo;Mi valor sexual es mi valor personal y es respetado por todo el mundo, salvo por los malvados y las malvadas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Del g&oacute;tico moderno a la novela negra contempor&aacute;nea</h2><p class="article-text">
        Hoy la ficci&oacute;n popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato econ&oacute;mico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales. Del mismo modo que la novela rom&aacute;ntica cambi&oacute; de traje y pas&oacute; a primera l&iacute;nea tras el fen&oacute;meno de <em>Cincuenta sombras de Grey</em> (2011), de E. L. James, los relatos de tintes oscuros, que remueven los bajos fondos de la sociedad, ya no corresponden al g&oacute;tico de los a&ntilde;os cincuenta, sino que han adoptado las pautas de la novela negra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy la ficción popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato económico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&iacute;, hace a&ntilde;os que la novela negra y el <em>thriller</em> son los g&eacute;neros de moda, le&iacute;dos tanto por ellos como por ellas, pero los estudios confirman que la mayor&iacute;a de lectores de ficci&oacute;n son <a href="https://www.gremieditors.cat/wp-content/uploads/2020/07/2020-Informe-Mujeres-Que-Leen-en-Espan%CC%83a-Julio-2020-EntreEditores.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres de mediana edad</a>. El an&aacute;lisis de Joanna Russ, hoy, podr&iacute;a trasladarse ah&iacute;, porque estas obras suelen tener un elemento en com&uacute;n muy significativo: las v&iacute;ctimas del crimen, con frecuencia, son mujeres, casi siempre j&oacute;venes de las que, adem&aacute;s, han abusado, cuyos cuerpos aparecen con se&ntilde;ales de una violencia que roza el sadismo. Hay autores (y autoras) que se recrean en la descripci&oacute;n escabrosa del cuerpo y la pulsi&oacute;n sexual hasta extremos que van m&aacute;s all&aacute; de lo que justifica el hecho literario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe un sesgo patriarcal en el t&oacute;pico de la chica asesinada? Podemos aventurarnos a decir que s&iacute;: no deja de ser una versi&oacute;n actual del martirio de la virgen beatificada, una muchacha &ldquo;inocente&rdquo;, &ldquo;bella&rdquo; y &ldquo;en la flor de la vida&rdquo;, cuyo asesinato escandaliza m&aacute;s, causa m&aacute;s conmoci&oacute;n social que si se tratara de alguien m&aacute;s maduro, de vuelta de todo; alguien que, quiz&aacute;, se defendi&oacute;. Tampoco se puede obviar la naturaleza morbosa de la descripci&oacute;n del cad&aacute;ver: a pesar de narrar una atrocidad (o quiz&aacute; precisamente por ello), se busca, con el detalle, perturbar a&uacute;n m&aacute;s al lector, recalcando la dimensi&oacute;n obscena del crimen, del criminal, sobre el que no existe redenci&oacute;n posible.
    </p><p class="article-text">
        Este clich&eacute; persiste incluso cuando la investigadora al mando es una mujer. El caso de <em>Los hombres que no amaban a las mujeres</em> (2005), el libro de Stieg Larsson con el que se inici&oacute; esta tendencia (o que, al menos, la pone en el centro del mercado), resulta paradigm&aacute;tico en este sentido: el periodista Mikael Blomkvist recurre, para investigar el caso, a Lisbeth Salander, una joven <em>hacker</em>. Adem&aacute;s de situar a la mujer <em>por debajo</em> del protagonista (es su <em>colaboradora</em>, no la investigadora principal; y es m&aacute;s joven, y con menos contactos, y se la toman menos en serio que a &eacute;l), ella re&uacute;ne la doble condici&oacute;n de v&iacute;ctima, por su pasado, y vengadora, por el modo en el que canaliza ese trauma.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/025e37aa-eb22-4754-af4e-d28d3ab0d339_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Lisbeth Salander, a diferencia de la mujer casada del g&oacute;tico moderno, es una chica con estudios, de mente brillante y con una profesi&oacute;n pionera, unos valores m&aacute;s acordes con los de la lectora media de hoy, que, como ella, es una mujer formada, con inquietudes y una vida m&aacute;s all&aacute; del hogar. Lisbeth, adem&aacute;s, no viste seg&uacute;n los c&aacute;nones asociados a la feminidad, sino que usa la ropa como expresi&oacute;n de una identidad subversiva, rebelde a conciencia, que no busca complacer la mirada masculina heterosexual. Sus aficiones, la inform&aacute;tica, no se corresponden tampoco a las actividades de esparcimiento que se han asociado por tradici&oacute;n a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Por estos motivos, se ha aplaudido a Lisbeth Salander como referente del feminismo, un modelo m&aacute;s inspirador e independiente que las mujeres tradicionales. Sin embargo, ese mito es cuestionable, porque la joven tambi&eacute;n representa una serie de fragilidades, marcadas por los abusos sufridos, como el car&aacute;cter antisocial, el miedo a los hombres (disfrazado de odio) o el temor a comprometerse. Su identidad se articula por reacci&oacute;n a lo que le ha hecho da&ntilde;o, no tanto por una b&uacute;squeda interior de s&iacute; misma. En s&iacute;ntesis: no es pasiva, como las hero&iacute;nas de anta&ntilde;o, y su mundo es m&aacute;s expansivo; ahora bien, su perfil psicol&oacute;gico y su <em>modus operandi</em> distan mucho de ser mod&eacute;licos, salvo que una aspire a (re)construirse sobre la rabia y la venganza.
    </p><p class="article-text">
        De un modo u otro, el miedo, el crimen y el esc&aacute;ndalo siguen abundando en la ficci&oacute;n comercial. Por mucho que a menudo se venda como entretenimientos intrascendentes, cuando un t&oacute;pico se repite tanto y tiene una amplia acogida cabe preguntarse qu&eacute; nos est&aacute; diciendo de nosotros como sociedad, qu&eacute; nos quiere transmitir. Joanna Russ respondi&oacute; a esta pregunta con respecto al g&eacute;nero predominante a mediados del siglo XX; en la actualidad los desaf&iacute;os para las mujeres han cambiado, y la literatura tambi&eacute;n, pero ensayos como el suyo ponen de relieve la necesidad de no perder de vista la ideolog&iacute;a impl&iacute;cita, de ra&iacute;z patriarcal, que mantienen buena parte de esas novelas, por mucho que sus autoras o sus protagonistas se presenten como &ldquo;feministas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" length="255178" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" type="image/jpeg" fileSize="255178" width="1600" height="900"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" width="1600" height="900"/>
      <media:keywords><![CDATA[Novela,Literatura,Novela negra,Feminismo,Escritores,Libros,Mujer,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 30 años de la publicación de esta emblemática novela de fantasía épica que marcó el regreso literario de la barcelonesa tras décadas de silencio</p><p class="subtitle">La “libertad radical” de Ana María Matute, una escritora siempre al lado de los débiles</p></div><p class="article-text">
        La historia se ha contado muchas veces: tras su separaci&oacute;n, en una &eacute;poca en la que las mujeres perd&iacute;an todo derecho de custodia, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Mar&iacute;a Matute</a> (Barcelona, 1925-2014) tuvo que bregar para mantener la relaci&oacute;n con su hijo, que hab&iacute;a quedado a cargo de su ex (siempre le estuvo agradecida a su suegra, a prop&oacute;sito, que le permit&iacute;a verlo: al final, el entendimiento llega entre mujeres, entre madres). Como resultado, cay&oacute; en una grave depresi&oacute;n, que fren&oacute; su hasta entonces fulgurante carrera literaria &ndash;antes de cumplir los cuarenta a&ntilde;os ya hab&iacute;a publicado t&iacute;tulos tan emblem&aacute;ticos como <em>Peque&ntilde;o teatro</em> (1954), <em>Luci&eacute;rnagas</em> (1955), <em>Los hijos muertos</em> (1958) o <em>Primera memoria</em> (1960)&ndash;, que la llev&oacute; a un periodo de bloqueo creativo que se alarg&oacute; m&aacute;s de dos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Durante ese tiempo, su agente, Carmen Balcells, esa mezcla de hada madrina y abogada irredenta cuando se trataba de defender los derechos de sus autores, la mantuvo durante sus problemas econ&oacute;micos y la anim&oacute; a perseverar en la escritura de la gran novela que ten&iacute;a entre manos. No era, como sus obras previas, una evocaci&oacute;n de la Guerra Civil o la posguerra, periodos negros que marcaron a la escritora, sino algo distinto, una novela de fantas&iacute;a de tintes medievales a la vieja usanza, como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquellos relatos que fascinaron a Ana Mar&iacute;a Matute desde peque&ntilde;a</a>. Teniendo en cuenta que el g&eacute;nero no contaba con demasiados adeptos en Espa&ntilde;a, y no era habitual que lo cultivaran los novelistas de las corrientes principales, aquel apoyo parec&iacute;a un salto de fe, una confianza ciega absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Y, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, se puede decir que vali&oacute; la pena. Una vez m&aacute;s, Carmen Balcells acert&oacute; de lleno: esa novela, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> (1996), no solo ser&iacute;a el gran libro de la vida de Ana Mar&iacute;a Matute, sino que se convirti&oacute; en el favorito de muchos lectores, que en muchos casos la descubrieron siendo j&oacute;venes, gracias a las aventuras de este elenco de personajes. La escritora regres&oacute; por la puerta grande, haciendo lo que siempre hab&iacute;a querido hacer, sin ce&ntilde;irse a modas ni a lo que le hab&iacute;a funcionado antes. En realidad, lo que le hab&iacute;a funcionado era su buen hacer literario, algo que no desapareci&oacute;, sino que alcanz&oacute; otras cotas. Los lectores veteranos comprobaron que segu&iacute;a siendo una de las mejores; y los j&oacute;venes descubrieron en ella a una aliada que entend&iacute;a su mundo.
    </p><h2 class="article-text">Las claves de una lectura capaz de salvar de muchos des&aacute;nimos</h2><p class="article-text">
        <strong>1. Un cuento de hadas para adultos.</strong> Ana Mar&iacute;a Matute llev&oacute; el imaginario fant&aacute;stico de los Hermanos Grimm y compa&ntilde;&iacute;a (el original, es decir, el <em>oscuro</em>, el que no tiene un final feliz) a un nivel superlativo. <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela redonda, <em>total</em>, en la que tienen cabida batallas, romances, hechizos, metamorfosis, viajes, amores y lujurias, matrimonios e incestos, conquistas y traiciones, princesas, caballeros, magos, trasgos y otras criaturas fascinantes. Es algo as&iacute; como la novela que todo adulto que una vez fue un ni&ntilde;o embelesado por los cuentos quiere leer. Un regalo. Y un reto, porque no es una obra f&aacute;cil de leer, pero conf&iacute;a en el lector (y eso es otra forma de regalo).
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Un viaje de resistencia, tambi&eacute;n para el lector. </strong>Umberto Eco escribi&oacute;, en las notas finales de <em>El nombre de la rosa</em> (1980), que hab&iacute;a concebido la novela como un viaje en el que el lector deb&iacute;a ascender unos primeros escalones arduos, de modo similar al mito de la caverna de Plat&oacute;n, para llegar m&aacute;s tarde a disfrutarla en plenitud. Con esta novela puede suceder algo parecido: los primeros episodios narran la g&eacute;nesis del reino, todo su legado, una parte en la que las historias personales apenas tienen continuidad. Eso, junto con la complejidad del estilo, que evoca el tono de las narraciones medievales, puede de entrada desalentar a algunos lectores. Aun as&iacute;, merece la pena seguir, porque llegar&aacute; un momento en el que esos hilos confluyan al final y toda la historia cobre un gran sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La Reina Ardid, una extraordinaria protagonista femenina.</strong> Se podr&iacute;a decir que la autora jug&oacute; al despiste al poner el nombre del monarca en el t&iacute;tulo, cuando de hecho la gran protagonista de la novela, y sin duda uno de los mejores personajes femeninos que jam&aacute;s se han escrito, es la excepcional Ardid. Desde su entrada en escena, como la ni&ntilde;a desamparada con sed por aprender, somos testigos de su evoluci&oacute;n hasta convertirse en una mujer poderosa, aunque no por ello imbatible, ni exenta de equivocarse. Ardid es el personaje m&aacute;s inteligente, pero tambi&eacute;n tiene miedos, es vulnerable. No le faltan aliados ni amigos: ni est&aacute; sola ni niega la necesidad constante de aprender de los dem&aacute;s. Es leal, pac&iacute;fica; y en su trayectoria se intuye mucho la de la propia Ana Mar&iacute;a Matute.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La escritora Ana María Matute"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Ana María Matute                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>4. Reivindicaci&oacute;n del g&eacute;nero.</strong> Durante muchos a&ntilde;os se ha escuchado, incluso en boca de pretendidos eruditos, que en Espa&ntilde;a no se escribe (buena) fantas&iacute;a. No solo es falso, sino que ignoran que una de sus mejores autoras inscribi&oacute; una de sus obras maestras en &eacute;l. Porque Ana Mar&iacute;a Matute amaba la maravilla de los cuentos de hadas, el imaginario medieval, las novelas de caballer&iacute;as, todo ese universo m&aacute;gico que de peque&ntilde;a le hab&iacute;a permitido sobrellevar su etapa de ni&ntilde;a enfermiza y m&aacute;s adelante escapar por un rato de la desolaci&oacute;n de la guerra. Con esta novela construy&oacute; un mundo propio con gui&ntilde;os a los cl&aacute;sicos que se erige como un monumento del g&eacute;nero para lectores asiduos y puntuales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. El ingenio por delante de la fuerza bruta.</strong> No es una novela sobre la Guerra Civil ni la posguerra, o al menos no de forma realista, pero, desde luego, los hechos que marcaron a la autora est&aacute;n presentes en ella, lo mismo que su mensaje pacifista. La Reina Ardid, a diferencia de sus predecesores, no aspira a sumar territorios a sus feudos ni a aniquilar a los dem&aacute;s con su ej&eacute;rcito; al contrario, aboga por el entendimiento, el respeto que puede dar pie a intercambios enriquecedores para ambas partes, empezando por una existencia tranquila en la que la gente sencilla pueda prosperar. Desde el principio, a trav&eacute;s de este personaje se lanza un alegato a favor del estudio, el aprendizaje y el cultivo de la mente, que por supuesto exige esfuerzo, dedicaci&oacute;n y paciencia, en contraste con el entreno de la fuerza bruta. Es asimismo un elogio de la (hoy tan denostada) figura del maestro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La fantasía épica ha sido, a lo largo de su historia, un género muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>6. Conciencia feminista.</strong> La fantas&iacute;a &eacute;pica ha sido, a lo largo de su historia, un g&eacute;nero muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes. Sin renunciar a buena parte de ese imaginario de luchas y espadas &ndash;merecen una menci&oacute;n especial los dibujos que la propia autora hizo, durante el proceso de escritura, de las armaduras y la disposici&oacute;n de los ej&eacute;rcitos&ndash;, Ana Mar&iacute;a Matute los narra con otro enfoque, en el que Ardid y otros personajes femeninos memorables (como Tontina, Ondina o Gudrilkja) dan cabida a asuntos menos tratados en el g&eacute;nero, como el rol de una reina madre, las ambiciones de las mujeres o la relaci&oacute;n con su imagen y el envejecimiento. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n los personajes masculinos que se salen del canon del h&eacute;roe y se definen por otras cualidades, como la emoci&oacute;n (Alm&iacute;bar) o la sabidur&iacute;a (Hechicero).
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. La madurez como etapa de plenitud.</strong> En el g&eacute;nero fant&aacute;stico abundan asimismo los protagonistas j&oacute;venes, tanto en los h&eacute;roes que afrontan su particular viaje de iniciaci&oacute;n a la vida adulta como en las (bellas) doncellas en apuros que son salvadas por un pr&iacute;ncipe encantador (e igualmente hermoso). En <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em>, no obstante, vemos a Ardid crecer hasta convertirse en una mujer madura, que, lejos de hacerse a un lado, contin&uacute;a activa, como la reina soberana poderosa que es. Es interesante conocerla en diferentes etapas, con sus consiguientes retos, sin idealizar ni la juventud ni la veteran&iacute;a, porque en todo momento somos humanos imperfectos. Tampoco es casual que los personajes m&aacute;s instruidos, los <em>brujos</em>, sean el Hechicero y la abuela de Ondina, ambos ancianos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Mensaje poderoso sobre el amor y el olvido.</strong> Es dif&iacute;cil resumir en pocas l&iacute;neas todo lo abarca esta monumental novela, pero se pueden destacar dos puntos: la imposibilidad de Gud&uacute; de sentir amor de verdad, del apego a alguien por un sentimiento genuino, algo que contrasta con la trayectoria de otros personajes. Todos, sin embargo, son una suerte de n&aacute;ufragos condenados al olvido, con un final similar al de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>. De alg&uacute;n modo, nos recuerda la naturaleza ef&iacute;mera de la existencia humana; y nos recuerda que, puestos a desaparecer, m&aacute;s vale haber vivido sin coraza, y sin estar pendiente de la pretendida posteridad, que dedicarse a sembrar el odio y el temor en los semejantes. En otras palabras: un s&iacute; rotundo al amor y a las segundas oportunidades en etapas tard&iacute;as de la vida (la autora lo sab&iacute;a bien), aunque su desenlace no sea el de un cuento de Disney.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_50p_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_50p_1143235.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_75p_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_75p_1143235.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.jpg"
                    alt="La escritora Ana María Matute"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Ana María Matute                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>9. El sentido del humor.</strong> <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela muy oscura, muy cruenta, con personajes toscos, hura&ntilde;os y vengativos que act&uacute;an con una ferocidad despiadada. Y en su trasfondo se tratan asuntos complejos, llenos de aristas y controvertidos; nada de moralejas amables. Con todo, como los grandes maestros, la autora salpica la obra con un sano sentido del humor, por ejemplo, en la original elecci&oacute;n de los nombres de los personajes, que tanto por significado como por sonoridad dan pistas (o trampas) sobre su car&aacute;cter (Ardid, Alm&iacute;bar, Predilecto Furcio, Tontina). Esas humoradas, en forma de iron&iacute;a, tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en la narraci&oacute;n, que no da puntada sin hilo y deja caer alg&uacute;n que otro gui&ntilde;o. Ana Mar&iacute;a Matute no tiene un estilo simple, pero, cuando se conecta con ella, cada frase de su prosa deviene un aut&eacute;ntico deleite.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. La fantas&iacute;a como met&aacute;fora del trauma.</strong> &iquest;Qu&eacute; son los cuentos de hadas sino un armaz&oacute;n de s&iacute;mbolos con los que el ni&ntilde;o comienza a entender los misterios humanos? &iquest;Acaso no son las novelas de fantas&iacute;a y ciencia ficci&oacute;n unos retratos atinad&iacute;simos de los conflictos presentes en la sociedad contempor&aacute;nea? Los hechizos, las metamorfosis, los personajes mitol&oacute;gicos y el sentido de la maravilla en general nunca han sido un recurso decorativo, sino que est&aacute;n cargados de significado, y, cuando se eligen con inteligencia, pueden alcanzar tanta o m&aacute;s penetraci&oacute;n que una novela realista. Por ello, en el fondo, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> no es tan distinta de sus predecesoras: difiere en la forma, pero en el fondo no deja de ser la culminaci&oacute;n de lo que siempre estuvo en su obra: la infancia rota por la guerra, la violencia del ser humano hacia sus semejantes, la fuerza del amor para elevar el esp&iacute;ritu humano, el desgarro de la p&eacute;rdida, la depresi&oacute;n, el refugio de los libros y el estudio, la amistad, el olvido, la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Bonus track</strong></em>. Para quienes ya hayan le&iacute;do <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> &ndash;o quienes se nieguen en redondo a sumergirse en una novela de fantas&iacute;a (&iexcl;all&aacute; ellos!)&ndash;, ah&iacute; van dos sugerencias de la misma autora: <em>Los hijos muertos</em> (1958), otra novela extensa, escrita con esa prosa rica en matices, s&iacute;mbolos e im&aacute;genes, que, como bien dec&iacute;a Almudena Grandes, es una de las&nbsp;mejores obras que se han escrito sobre la Guerra Civil espa&ntilde;ola; y, para los que no tengan &aacute;nimo para una aventura de largo aliento, pero no renuncien a un toque de maravilla, los cuentos reunidos en el volumen <em>La puerta de la luna</em>: Ana Mar&iacute;a Matute tambi&eacute;n fue una cuentista fabulosa, una faceta que no se le reconoce lo suficiente. Sea como sea, no hay que dejar de leer a la autora. Ella s&iacute; que no debe caer en el olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1063098" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1063098" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Escritores,Novela]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
