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    <title><![CDATA[elDiario.es - Isaac Rosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/isaac-rosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Isaac Rosa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El escritor está presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/escritor-presente_129_9058400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39a28ccc-b41f-4ef2-8f44-5ea8cefb8c56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El escritor está presente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Isaac Rosa ha firmado sus libros, pero en especial su última novela, 'Lugar seguro' (Seix Barral) durante cinco incansables jornadas en la Feria del Libro de Madrid, en las casetas de Fnac, La Mistral, Diógenes, Muga, Enclave de Libros, Miraguano y Jarcha; de la intensa experiencia de encuentro con sus lectores, asoma esta crónica personal</p><p class="subtitle">Desde la Feria del Libro - Polos opuestos: la jubilada “cansada” y el argentino “apasionado” que acaba de llegar</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El escritor, la escritora, llega a su hora y se sienta en una caseta de la Feria del Libro. As&iacute; pasar&aacute; varias horas seguidas durante unos cuantos d&iacute;as, en un sitio p&uacute;blico y abierto, sin filtros ni barreras, al alcance de cualquiera que pase por all&iacute; y quiera acercarse y decirle algo, lo que le apetezca, saludarle, felicitarle, menospreciarlo, ignorarlo. &iquest;Os imagin&aacute;is algo similar en otras actividades: un cineasta sentado a la puerta del cine durante horas para atender a los espectadores; un dirigente pol&iacute;tico en mitad de la calle a merced de cualquier votante; un deportista a la salida del estadio, una conocida periodista, un cantante de &eacute;xito?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">No, en ninguna otra actividad p&uacute;blica existe un espacio comparable a la Feria del Libro, esa posibilidad de contacto libre e ilimitado, esa cercan&iacute;a total y prolongada con el p&uacute;blico. Bueno, s&iacute;: cuando esos mismos cineastas, dirigentes pol&iacute;ticos, deportistas, periodistas o cantantes escriben un libro y acuden a la Feria del Libro. Miguel &Aacute;ngel Revilla, Gervasio Deferr, Miguel Bos&eacute; o Pedro J. Ram&iacute;rez andan tambi&eacute;n por el Retiro estos d&iacute;as. Y hasta un tal Mariano Rajoy, tan al&eacute;rgico a las comparecencias p&uacute;blicas, se sienta en un taburete y acepta que te hagas un selfie con &eacute;l.</span>
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            <span class="title">
                Isaac Rosa firmando en La Mistral junto a la perra Aurora, emblema de la librería, el pasado 28 de mayo                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ocurre solo con quienes escribimos libros, varias veces al a&ntilde;o en distintas ferias por todo el pa&iacute;s, pero muy especialmente en las dos semanas y pico de la feria madrile&ntilde;a. En pocos d&iacute;as y en menos de un kil&oacute;metro nos concentramos novelistas, poetas, ensayistas, investigadores, dibujantes y tambi&eacute;n, s&iacute;, youtubers, famosos de toda condici&oacute;n, viejas glorias, personajes del momento, pol&iacute;ticos en campa&ntilde;a y cualquiera que haya rellenado unas cuantas p&aacute;ginas encuadernadas. Lo mismo autores noveles que cl&aacute;sicos vivos, todas y todos sentados a la vista, anunciados por un cartel, en un paseo por donde circulan decenas de miles de personas. Sin filtro alguno, sin m&aacute;s impedimento para el lector que tener que esperar turno, a veces m&aacute;s de una hora de cola bajo el sol -no es mi caso-.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Insisto en mi asombro, intento contagi&aacute;roslo: no hay nada comparable a la Feria del Libro, esta alegre promiscuidad no existe en ninguna otra actividad p&uacute;blica. Es la versi&oacute;n dominguera, festiva, de aquella c&eacute;lebre performance de Marina Abramovic en el MOMA, </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>The Artist is Present</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, cuando la artista serbia se sent&oacute; durante meses en una sala del museo e invit&oacute; a los visitantes a que se sentasen frente a ella. En el Retiro </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>el escritor est&aacute; presente</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, pero sin gravedad ni excepcionalidad, sin &iacute;nfulas art&iacute;sticas, en manga corta y simp&aacute;tico, aunque a veces sea una simpat&iacute;a mercantil, de viajante de comercio -no es mi caso, creo-.</span>
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                Un rato de descansado en la caseta de Diógenes                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Nosotros estamos quietos y sois vosotros los que os mov&eacute;is a lo largo de las casetas, aunque desde dentro la impresi&oacute;n es la contraria: uno se siente a bordo de un trenecito que le pasease a ojos de todos, o en una lenta cinta de aeropuerto, con esa cara de maleta abandonada que se nos pone cuando pasan varios minutos sin que os acerqu&eacute;is -es mi caso, a veces-. Nos mir&aacute;is y nos sentimos fotos de una app de citas que vais pasando con el dedo en la pantalla, hasta que os deten&eacute;is y nos eleg&iacute;s. Nos vemos reflejados en vuestros ojos, nos vemos mendicantes y vulnerables, con la vanidad a flor de piel y la autoestima en fase bipolar. Nos empeque&ntilde;ecemos tras el mostrador cuando nos ignor&aacute;is, crecemos monstruosamente y reventamos el espacio de la caseta como Alicias si form&aacute;is una peque&ntilde;a pero halagadora cola -a veces es mi caso-.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La mayor&iacute;a pas&aacute;is de largo, pero algunas os acerc&aacute;is, algunos os deten&eacute;is, me reconoc&eacute;is, tal vez incluso me busc&aacute;bais. Cruzamos inicialmente f&oacute;rmulas de cortes&iacute;a, que esto no deja de ser una feria, un intercambio comercial, estamos aqu&iacute; para que compr&eacute;is libros, nuestros libros. A veces resolvemos con un par de frases, saludo, firma, agradecimiento, despedida, un tr&aacute;mite fr&iacute;o, casi un besamanos respetuoso, solemne. Pero la mayor&iacute;a no ven&iacute;s a cumplir un tr&aacute;mite, ten&eacute;is ganas de algo m&aacute;s, y no sab&eacute;is c&oacute;mo os agradezco ese algo m&aacute;s, esas pocas o muchas palabras que me dirig&iacute;s. Y por eso estoy escribiendo esta pieza, para daros las gracias, pues un autor en la feria no puede dejar de agradecer, tanto si tiene colas kilom&eacute;tricas -no es mi caso- como si solo viene a verle su familia -tampoco es mi caso-.</span>
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1533011764237029376?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Lectora, lector: no hay agradecimiento bastante para la enorme generosidad y cari&ntilde;o que me dedicas. Gracias por comprar mi &uacute;ltimo libro. Gracias por contarme que ya lo tienes y que quieres uno anterior. Gracias por no comprar ninguno pero venir de casa con varios ya le&iacute;dos para que te los firme. Gracias por acercarte solo a decirme que te gusta lo que escribo, y otras palabras que no reproduzco para no pavonearme demasiado. Gracias por detenerte sin saber nada de m&iacute;, solo porque me has visto solo, sin firmar, y te has acercado a mostrar inter&eacute;s y hemos hablado un rato y lo has acabado comprando; si fue por pena la disimulaste bien. Gracias por compartirme que lloraste leyendo este libro, que lo pasaste en grande con aquel otro, que te sirvi&oacute; en tu proyecto, que te hizo pensar. Gracias por confesarme que se lo regalaste a tu pareja cuando os separasteis, que lo has rele&iacute;do y subrayado, que te lo pusieron de lectura obligatoria en clase y ahora quieres m&aacute;s, que fue el primer regalo que te hizo tu hijo, que ya lo tienes pero se lo quieres regalar a tu amiga. Gracias por presentarme a tus ni&ntilde;os. Gracias por venir desde M&aacute;laga, Fuerteventura o C&aacute;ceres, y gracias por decirme que has venido por m&iacute;, aunque los dos sepamos que no es verdad. Gracias por confundirme con el librero pero acabar llev&aacute;ndote mi libro. Gracias por ponerte nervioso al hablar conmigo como si fueses un fan; gracias por presentarte as&iacute;: </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>soy fan tuyo</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Gracias por contarme que eres invidente pero has le&iacute;do todos mis libros en la fabulosa biblioteca de la ONCE. Gracias por lo que escribiste en tu blog. Gracias por invitarme a tu club de lectura. Gracias por animarme a seguir escribiendo.</span>
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1533468815836827648?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El escritor est&aacute; presente en la feria, s&iacute;, pero sobre todo est&aacute;s presente t&uacute;, lector, lectora. Fantasmal el resto del a&ntilde;o, corporeizado brevemente en alguna presentaci&oacute;n, te siento durante meses a lo lejos, oigo el runr&uacute;n de tu lectura, leo tus comentarios en redes sociales, eres un n&uacute;mero en la liquidaci&oacute;n anual de libros vendidos. Hasta que empieza la feria y entonces s&iacute;, entonces llego a mi hora y me siento a esperar, a esperarte. En la mencionada performance de Abramovic hab&iacute;a un momento en que aparec&iacute;a de pronto su ex pareja de muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, se sentaba frente a ella y la emocionaba hasta romper la m&aacute;scara inm&oacute;vil que hab&iacute;a aguantado tantas horas. Los dos se cog&iacute;an las manos y el p&uacute;blico aplaud&iacute;a conmovido. No s&eacute; si en la Feria del Libro te puedes cruzar a tu ex, que esto es Madrid, pero te juro que he tenido encuentros igual de emocionantes. Gracias.</span>
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            <span class="title">
                Isaac Rosa firmando el pasado fin de semana en la Feria del Libro, en la caseta de la librería Diógenes, su último libro, &#039;Lugar seguro&#039;                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/escritor-presente_129_9058400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jun 2022 20:12:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El escritor está presente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feria del Libro,Madrid,Literatura,Isaac Rosa,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa: "El lugar seguro que necesitamos es colectivo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/isaac-rosa-lugar-seguro-necesitamos-colectivo_1_8824004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d71475ce-c44a-4ce9-ac4b-edce0ca20a81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isaac Rosa: &quot;El lugar seguro que necesitamos es colectivo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de 'El vano ayer', 'La mano invisible' o 'La habitación oscura' tiene una nueva novela con la que ha ganado el Premio Biblioteca Breve y que sitúa la acción en un futuro cercano en el que se venden búnkeres 'low cost'</p><p class="subtitle">Isaac Rosa en Zona Crítica - Otra lista de consejos para ahorrar en la factura de la luz</p></div><p class="article-text">
        Los Garc&iacute;a son una de esas sagas de hombres que se dan menos cari&ntilde;o que vigilancia. Dedicados durante d&eacute;cadas a buscarle las grietas al sistema, no para ensancharlas y reventarlo, sino para colarse en ellas y cerrar por dentro. Siempre asegur&aacute;ndose de que por fuera el ascensor social parec&iacute;a seguir funcionando. Creyentes &uacute;nicamente de medrar a trav&eacute;s de la necesidad de seguridad de los dem&aacute;s. El abuelo, de la de poder sonre&iacute;r sin dar pena o rechazo. Mont&oacute; una cl&iacute;nica dental a precios populares. Su hijo vende el desastre inminente al tiempo que b&uacute;nkeres <em>low cost.</em> El peque&ntilde;o trapichea con apuestas deportivas cuyo acierto parece m&aacute;s alcanzable que un contrato indefinido para los j&oacute;venes. 24 horas en la vida de los Garc&iacute;a, Segismundo de nombre los tres, dan para mucho. Tanto como para imaginar un futuro cercano que no sea peor que este. Es lo que se ha propuesto el escritor y colaborador de elDiario.es Isaac Rosa (Sevilla, 1974) en su nueva novela <em>Lugar seguro</em> (Seix Barral), &uacute;ltima ganadora del Premio Biblioteca Breve.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La voz que lleva el peso narrativo de la novela es la de Segismundo Garc&iacute;a. Un tipo descre&iacute;do, no especialmente simp&aacute;tico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Buscaba construir una voz que no fuera excesivamente antip&aacute;tica al lector. Quiz&aacute; parte del rechazo que pueda provocar es por las cosas en las que nos reconozcamos en &eacute;l. O por momentos en los que hasta le demos la raz&oacute;n. Quer&iacute;a un personaje que pudiera tambi&eacute;n despertar cierta compasi&oacute;n. No quer&iacute;a un panfleto ni algo ingenuo o idealizado. Por eso un narrador a la contra que se burla y desconf&iacute;a, que hace preguntarse el lector si hay que empezar precisamente a leerle a &eacute;l a la contra. Tambi&eacute;n existe, claro, el riesgo de leerlo de manera m&aacute;s literal.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Lugar seguro</strong></em><strong>, aunque no es una utop&iacute;a, s&iacute; es una antidistop&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; narrar un futuro que, si no mejor, al menos no fuera peor que el presente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese reto sale en parte de mi propio cansancio como lector, espectador y ciudadano de la abundancia de distop&iacute;as con las que vivimos. Parece que todos los productos culturales que miran al futuro coinciden en presentar que los conflictos del presente han empeorado o ha ocurrido alg&uacute;n tipo de desastre o cat&aacute;strofe: menos democracia, m&aacute;s desigualdad, el cambio clim&aacute;tico se ha ido de las manos o la tecnolog&iacute;a control&aacute;ndonos. La pregunta es qu&eacute; dice eso de nosotros como sociedad, porque esa mirada no ha sido siempre tan sombr&iacute;a. Esta es una novela hija de la pandemia porque ese cansancio que te digo me surge en el confinamiento, en ese momento en el que el futuro parec&iacute;a incluso desaparecido. Hoy recuerdas estar dos meses encerrados en casa y parece hasta irreal. En esos momentos los imaginarios futuros eran dist&oacute;picos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El reto de narrar el futuro sale de mi propio cansancio como lector, espectador y ciudadano de la abundancia de distopías con las que vivimos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Al principio del confinamiento se hicieron populares productos como las series </strong><em><strong>Colapso</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Years &amp; years</strong></em><strong> o la pel&iacute;cula </strong><em><strong>El Hoyo</strong></em><strong>. &iquest;Por qu&eacute; nos fascina tanto la distop&iacute;a? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Las buenas distop&iacute;as son interesantes como reflejo de ansiedades contempor&aacute;neas e incluso como mirada cr&iacute;tica a su presente. Lo que pasa es que se han convertido en un g&eacute;nero comercial, la espectacularizaci&oacute;n del fin del mundo es fascinante. Siempre es mucho m&aacute;s fotog&eacute;nica la destrucci&oacute;n del mundo que la construcci&oacute;n de algo. Pero a m&iacute; esa acumulaci&oacute;n de distop&iacute;as me causa fatiga y hasta me cabrea. <em>Safe place</em>, la serie de la que se habla en la novela, es una especie de versi&oacute;n caricaturesca de <em>Colapso</em>. Es de esas distop&iacute;as que compramos como cr&iacute;tica social pero reproducen los mantras neoliberales del s&aacute;lvese quien pueda y que si se acaba esto ya puedes tener un sitio donde esconderte y un arma a mano porque van a ir a por ti. Lo que eso transmite es desconfianza no ya hacia el futuro, sino hacia los dem&aacute;s y las posibilidades de hacer algo juntos. La exmujer de Segismundo habla de ideas tomadas de <em>Un para&iacute;so en el infierno</em>. Ah&iacute;, Rebecca Solnit demuestra que cada vez que ha habido alguna situaci&oacute;n tr&aacute;gica la gente cooperaba y resolv&iacute;a lo que el poder colapsado ya no hac&iacute;a. Lo hemos visto en la pandemia y ahora en la guerra de Ucrania, con personas que recogen material o han ido a la frontera a asistir a los refugiados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay un meme de internet que dice &ldquo;necesito dejar de vivir momentos hist&oacute;ricos&rdquo;. Llama la atenci&oacute;n como esa expresi&oacute;n, 'momentos hist&oacute;ricos', es sin&oacute;nimo de pandemias, desastres naturales o guerras, no de descubrimiento de vacunas, medidas contra el cambio clim&aacute;tico o acuerdos de paz. Es como que hemos interiorizado que, si pasa algo, va a ser malo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El estado de &aacute;nimo colectivo es ese. Da la sensaci&oacute;n de que estamos bajo esa maldici&oacute;n china que dicen de &ldquo;ojal&aacute; vivas tiempos interesantes&rdquo;. Lo que consideramos posible se ha alterado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ahora no nos jugar&iacute;amos un caf&eacute; a que no caiga un meteorito el a&ntilde;o que viene. Pero si todo est&aacute; tan sacudido, tambi&eacute;n cabr&iacute;a otro tipo de cambio. Antes ven&iacute;a leyendo precisamente un art&iacute;culo de Solnit, sobre c&oacute;mo todo se ha vuelto imprevisible, pero que no necesariamente son malas noticias. Ella habla de c&oacute;mo la guerra nos pone en una situaci&oacute;n en la que muchos pa&iacute;ses est&aacute;n replante&aacute;ndose la producci&oacute;n, la distribuci&oacute;n o el consumo de energ&iacute;a. El futuro es incierto pero nos lleva a sitios que no imaginamos. Termina con la frase &ldquo;solo vemos hasta donde llega la limitada luz de nuestra linterna, pero con ella podemos cruzar la noche entera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela coincide con un momento especialmente duro. Los </strong><em><strong>prepas</strong></em><strong>, los preparacionistas apocal&iacute;pticos del libro, sacar&iacute;an pecho con un &ldquo;te lo dije&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo ves </strong><em><strong>Lugar seguro</strong></em><strong> en el momento en que le ha tocado estar en la calle? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Sale en un momento desgraciado. Va a ser le&iacute;da en caliente: un vendedor de b&uacute;nkeres cuando estamos leyendo titulares sobre la amenaza nuclear. El intento de ser esperanzador choca con la realidad, pero no es una novela escrita, claro, en este momento. S&iacute; pensando en una incertidumbre que vivimos desde hace ya mucho, en todo este siglo pero ya incluso antes cuando a finales del anterior el neoliberalismo empieza a liquidar la seguridad colectiva y nos quedamos a la intemperie. Uno no elige c&oacute;mo le van a leer, pero s&iacute; me gustar&iacute;a que se leyera como un intento de mirar hacia lo que viene despu&eacute;s. A no resignarnos a la inevitabilidad de un futuro negro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi novela sale en un momento desgraciado. Va a ser leída en caliente: un vendedor de búnkeres cuando estamos leyendo titulares sobre la amenaza nuclear</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Segismundo vende seguridad a precios populares, b&uacute;nkeres </strong><em><strong>low cost.</strong></em><strong> El otro d&iacute;a me saltaba un anuncio de una empresa de alarmas. El eslogan era &ldquo;Porque en tu hogar est&aacute; todo lo que merece la pena proteger&rdquo;. &iquest;Es un negocio que estrecha el c&iacute;rculo afectivo y social, que dificulta la empat&iacute;a y los v&iacute;nculos? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es el repliegue hacia nuestro lugar seguro, comenzando por el hogar. Durante el confinamiento, est&aacute;bamos encerrados en nuestras casas, que a la vez se hab&iacute;an convertido en un lugar seguro. El exterior era amenazante, sobre todo en aquellos momentos en que no sab&iacute;amos bien ni c&oacute;mo se contagiaba. Empezamos a ver nuestras casas de otra manera, ya no eran solo el sitio c&oacute;modo donde construir tu proyecto de vida, sino un lugar para protegerte. Pero claro, el encierro no era igual para todos y esos son b&uacute;nkeres individuales. Si alguna vez necesit&aacute;ramos b&uacute;nkeres de verdad, tendr&iacute;an que ser colectivos. Si te metes en uno con tus vecinos, a lo mejor hay un m&eacute;dico. El tipo de lugar seguro que necesitamos es uno colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para Segismundo, &ldquo;la bondad siempre resulta sospechosa&rdquo;. Sobre Yuliana opina que &ldquo;es buena, muy buena, rematadamente buena, absurdamente buena, peligrosamente buena&rdquo;. Qu&eacute; mala fama tiene el bien.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La bondad no cotiza mucho en estos tiempos. Resulta a veces objeto de burla o de desconfianza. Hemos interiorizado de tal manera el sistema de valores neoliberal que no solemos esperar nada bueno de los dem&aacute;s. Incluso en los gestos m&aacute;s altruistas, pensamos que hay un inter&eacute;s. Eso se contradice con muestras de bondad cotidianas. Hay muchos actos que solo se explican por amor, hay que llamarlo por su nombre. M&aacute;s que por fraternidad, por amor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la novela esboza una corriente comunitaria que poco a poco va conformando una forma de vida m&aacute;s sostenible, saludable y esperanzada. Esa microsociedad, los </strong><em><strong>botijeros</strong></em><strong>, como los llama Segismundo, no es &eacute;pica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que aparece en la novela existe. Los b&uacute;nkeres o el colegio de los ni&ntilde;os triunfadores, que adem&aacute;s se llama as&iacute;, y tambi&eacute;n lo de los <em>botijeros</em>. Esas experiencias existen y yo simplemente las he escalado, siendo consciente de que las transformaciones que necesitamos no se pueden quedar ah&iacute;, en cambiar tu barrio o tu pueblo, que ser&iacute;a solo ampliar el b&uacute;nker. Ellos intentan un cambio de mentalidad a partir de hechos. Hacer para provocar un cambio de sentido com&uacute;n que permita alcanzar otros niveles.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cambiar el concepto de vida buena es difícil de llevar a la práctica con el tipo de vidas que llevamos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Un momento en que Segismundo golpea donde duele es cuando habla del deseo. Asegura que los </strong><em><strong>botijeros</strong></em><strong> &ldquo;no pueden conseguir que deseemos de otra manera, que dejemos de desear&rdquo; esos horizontes que nos motivan a corto o largo plazo y nos mantienen leales al sistema, como puedan ser unas vacaciones en Nueva York.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa es la parte m&aacute;s jodida. C&oacute;mo conseguimos no que no viajemos a Nueva York, sino que dejemos de desear viajar aunque sepas que no vas a ir a Nueva York en tu vida. Supongo que tiene que ver con reformular el deseo, tener otros conceptos de felicidad y m&eacute;todos de satisfacci&oacute;n. Y esto se produce bajo una desigualdad cada vez mayor donde vemos a super ricos haciendo realidad deseos cada vez m&aacute;s obscenos y marcando el techo. Claro, es normal preguntarte por qu&eacute; vas a renunciar t&uacute; a tu peque&ntilde;o deseo cuando luego hay otros haciendo turismo espacial. No se puede plantear una revoluci&oacute;n 'triste' porque entonces no llega a ninguna parte. Cambiar el concepto de vida buena es dif&iacute;cil de llevar a la pr&aacute;ctica con el tipo de vidas que llevamos. Se trata de generar nuevas realidades donde comprobemos que se puede vivir con menos pero no necesariamente peor, con m&aacute;s tiempo y tranquilidad, menos ansiedades pero, claro, esa es una tarea gigantesca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las relaciones entre padres e hijos de los Garc&iacute;a. Otro eje importante. &iquest;Es tambi&eacute;n una novela sobre la paternidad y la masculinidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Los tres Segismundos parece que no son muy capaces de relacionarse como padres e hijos. Lo hacen casi en clave empresarial. Que los personajes que pongan el contrapunto sean mujeres era intencionado. M&aacute;s que nada por mi propia experiencia de lo que he visto de cerca en luchas como la de contra los desahucios, donde si ibas a una asamblea lo que m&aacute;s hab&iacute;a era mujeres y eran quienes daban el primer paso para contar que les echaban de casa. Y, en otro terreno, en ese activismo contra el cambio clim&aacute;tico tan atacado por los Segismundo Garc&iacute;a del mundo, en esa lucha de colectivos como Fridays For Future, ah&iacute; yo lo que conoc&iacute;a sobre todo por mi hija mayor eran chicas j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;No hemos sido t&uacute; y yo de tocarnos mucho&rdquo;, le dice Segismundo a su padre. De nuevo, barreras y proximidades.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela plantea una relaci&oacute;n padre-hijo marcada por los cuidados. El hijo sigue reproch&aacute;ndole aunque, como tambi&eacute;n dice, la enfermedad le ha absuelto. Tienen esa relaci&oacute;n imposible, pero aparece la posibilidad de otra forma de organizar los cuidados que tiene que ver con el cuerpo y la cercan&iacute;a. La &uacute;ltima frase en un primer borrador era otra, pero s&iacute; ten&iacute;a clara cu&aacute;l ser&iacute;a la imagen final.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/isaac-rosa-lugar-seguro-necesitamos-colectivo_1_8824004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Mar 2022 20:50:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa: "El lugar seguro que necesitamos es colectivo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas,Literatura,Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa: "Los jóvenes, tan criminalizados durante la pandemia, han cumplido mejor que muchos adultos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/isaac-rosa-jovenes-criminalizados-durante-pandemia-han-cumplido-mejor-adultos_1_8503375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aed018e1-4f40-45e8-94e7-5fc8f2607181_16-9-discover-aspect-ratio_default_1036610.jpg" width="1210" height="681" alt="Isaac Rosa: &quot;Los jóvenes, tan criminalizados durante la pandemia, han cumplido mejor que muchos adultos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor sevillano regresa a las librerías con una nueva incursión en la novela juvenil, 'Te estaré mirando', inspirada en los tiempos de la COVID-19</p></div><p class="article-text">
        Como todos los profesionales de su ramo, Isaac Rosa se vio tentado de escribir durante el confinamiento y los meses sucesivos sobre lo que la poblaci&oacute;n mundial estaba experimentando. Sin embargo, resisti&oacute; la tentaci&oacute;n de escribir un diario o un ensayo de urgencia, previendo que las librer&iacute;as se llenar&iacute;an muy pronto de t&iacute;tulos similares. En su lugar, se le ocurri&oacute; escribir una novela que, andando el tiempo, pareci&oacute; escorarse hacia el g&eacute;nero de la narrativa juvenil, que ya hab&iacute;a ensayado con &eacute;xito anteriormente. El resultado es <em>Te estar&eacute; mirando</em> (Edeb&eacute;), que &eacute;l mismo define como &ldquo;una novela de amor y desamor en la que dejo al p&uacute;blico que decida en &uacute;ltima instancia si es una cosa u otra&rdquo;, comenta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A todos nos dio por ponernos a escribir, sobre todo en esos meses de sociabilidad restringida. Y a m&iacute; lo que el cuerpo me ped&iacute;a era una comedia triste&rdquo;, recuerda este sevillano de 1974. &ldquo;Ten&iacute;a alg&uacute;n fleco suelto tras haberle dado muchas vueltas al tema amoroso en <em>Feliz final</em> y pens&eacute; que podr&iacute;a indagar un poco en la obsesi&oacute;n amorosa. Entonces pens&eacute; en un protagonista que fuera un delirante, alguien que crea su propia realidad. El delirio es un trastorno en el que todo encaja en esa realidad autofabricada, incluso aquello que la contradice&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El delirante en este caso se llama Daniel y escribe incansablemente a Elena, una chica por la que ha sentido un flechazo fulminante. Seg&uacute;n el escritor, lo que pod&iacute;a haber sido una novela para el p&uacute;blico adulto se decant&oacute; como novela juvenil, seguramente bajo la influencia de la novela <em>W</em>, que Rosa escribi&oacute; junto a su hija Olivia, y todo el contacto que le depar&oacute; con profesores, psic&oacute;logos y alumnos. &ldquo;De hecho, quer&iacute;a usar una serie de recursos formales que ya emple&eacute; en <em>W</em>, pero sobre todo pens&eacute; en la adolescencia de mis hijas y en el adolescente que yo mismo fui&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La inspiraci&oacute;n de Zweig</h3><p class="article-text">
        &iquest;Y c&oacute;mo es ese amor adolescente? Para el autor de t&iacute;tulos tan celebrados como <em>El vano ayer, La mano invisible, </em><a href="https://msur.es/2011/09/15/isaac-rosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El pa&iacute;s del miedo</em></a><em> </em>o<em> La habitaci&oacute;n oscura</em>, se trata de una edad muy adecuada para reflexionar sobre los sentimientos entrando en el juego que le plantea el escritor. &ldquo;La primera adolescencia, sobre los 12, los 13 o los 14 a&ntilde;os, es cuando realmente aprendemos a leer m&aacute;s all&aacute; de la simple alfabetizaci&oacute;n, cuando ganamos comprensi&oacute;n lectora. Por eso yo quer&iacute;a emplear elementos que no respondan a la narraci&oacute;n m&aacute;s formal, por ejemplo, echar mano del narrador no fiable. El lector est&aacute; acostumbrado a darle todo el cr&eacute;dito al que habla, pero a m&iacute; me gusta que, llegado a un punto, empiece a dudar de su palabra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n echo de menos en la narrativa juvenil el juego con el punto de vista&rdquo;, prosigue Isaac Rosa. &ldquo;Me gusta que sea un punto de vista cambiante, por eso he escrito la novela a modo de carta, vagamente inspirado por la <em>Carta a una desconocida </em>de Stefan Zweig. En este libro hay un desplazamiento del punto de vista que llega a hacerte verlo todo desde otro prisma y eso es lo que yo propongo a mis lectores en <em>Te estar&eacute; mirando&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pero Isaac Rosa tambi&eacute;n ha tenido oportunidad de analizar los efectos de la pandemia sobre su p&uacute;blico juvenil. &ldquo;Creo que no es lo mismo perder un a&ntilde;o y medio con 15 o 16 a&ntilde;os que con 40. Hay vivencias que son seguramente irrecuperables. Son edades de socializaci&oacute;n profunda, de construcci&oacute;n de la propia personalidad, y adem&aacute;s por lo que veo a mi alrededor el modo en que todo esto ha afectado a los j&oacute;venes ha tenido un impacto grande. Precisamente ellos, los m&aacute;s se&ntilde;alados, los que han sido casi criminalizados, primero como supercontagiadores y luego con el estigma del botell&oacute;n, en mi opini&oacute;n han cumplido m&aacute;s y mejor que muchos adultos. Los efectos de la pandemia los veremos a medio plazo, aparte de la sacudida que supone en cuanto a un futuro que ya era incierto&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Emociones ficcionales</h3><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n defiende el autor a los j&oacute;venes de los lugares comunes que los comparan &ndash;siempre para peor&ndash; con las generaciones posteriores. &ldquo;Ese tipo de juicios dice m&aacute;s de quienes los pronuncian, de su evoluci&oacute;n. Todos picamos en esa idealizaci&oacute;n del pasado, en pensar que los ni&ntilde;os de antes eran mejores por alguna raz&oacute;n, que jugaban en la calle y ahora no, en ese tiempo en que las manzanas sab&iacute;an a manzanas&rdquo;, sonr&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es verdad que, al recordar al adolescente que fui, reflexion&eacute; sobre el hecho de que a esa edad se vive todo con una intensidad que te puede llevar a situaciones como la que vive el protagonista&rdquo;, agrega Rosa. &ldquo;Todas esas ficciones con las que nos educamos moldean nuestros deseos y expectativas, nos ense&ntilde;an una forma de enamorarse y desenamorarse que marca mucho. El personaje de Daniel al final se construye una ficci&oacute;n que se parece mucho a las pel&iacute;culas de las que se alimenta&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las referencias que Isaac Rosa tuvo a mano para escribir <em>Feliz final</em>, y que ha vuelto a acompa&ntilde;arlo ahora, es el ensayo <em>Por qu&eacute; duele el amor </em>de Eva Illouz, seguido de <em>El final del amor</em>. &ldquo;Illouz habla de emociones ficcionales, emociones que se originan en la imaginaci&oacute;n pero tienen consecuencias sobre nosotros. Nos acaba creando unas im&aacute;genes del amor muy intensas, que en nuestra vida nos despiertan unas expectativas casi siempre condenadas a acabar en decepci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De momento, Isaac Rosa ha cumplido con el tema amoroso. Su pr&oacute;xima novela, cuyo lanzamiento est&aacute; previsto para la primavera, se alejar&aacute; de este tema. &ldquo;No digo que no retome alguna de esas ideas&rdquo;, concluye, &ldquo;pero de momento no voy a seguir por esa l&iacute;nea&rdquo;. &nbsp;<em>&nbsp;</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/isaac-rosa-jovenes-criminalizados-durante-pandemia-han-cumplido-mejor-adultos_1_8503375.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Dec 2021 21:35:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa: "Los jóvenes, tan criminalizados durante la pandemia, han cumplido mejor que muchos adultos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Jóvenes,Libros,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[eldiario.es publica 'Operación Chanquete', novela por entregas escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/redaccion/operacion-chanquete-isaac-manel-fontdevila_132_1409258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/215096aa-f70a-49c4-bb3d-51ac60df56ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="eldiario.es publica &#039;Operación Chanquete&#039;, novela por entregas escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de este domingo 4 de agosto regresa a eldiario.es Carmela, la protagonista de 'Buscando a Franco', con una nueva historia de intriga y humor que ofrece una mirada crítica a la nostalgia</p></div><p class="article-text">
        Verano Azul, Espinete, la EGB, la Movida, remakes, precuelas, secuelas, revivals, bandas que se re&uacute;nen para tocar despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os, camisetas de Naranjito, las J&rsquo;Hayber&hellip; &iquest;Cu&aacute;nta nostalgia podemos soportar? &iquest;De verdad querr&iacute;amos volver a los ochenta? &iquest;No ser&aacute; que miramos tanto al pasado para no pensar demasiado en el dif&iacute;cil presente y olvidarnos de la falta de futuro? &iquest;Y si toda esa memoria sentimental se convirtiese en arma pol&iacute;tica y lograse justo lo contrario?
    </p><p class="article-text">
        A partir de este domingo vuelve a eldiario.es Carmela, la joven estudiante de periodismo que el verano pasado protagoniz&oacute; la novela <a href="https://www.eldiario.es/buscandoafranco/caudillo-maletero_6_794830540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Buscando a Franco'</a>. Esta vez se ver&aacute; envuelta en las acciones de un misterioso grupo de activistas, que utilizan la nostalgia ochentera como envoltorio para sus espectaculares golpes.
    </p><p class="article-text">
        'Operaci&oacute;n Chanquete', escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila, se publicar&aacute; a diario durante las pr&oacute;ximas tres semanas. Una historia de intriga y humor llena de precarios, submileuristas, becarios y gente que no se ha enterado de que la crisis ya pas&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/autores/isaac_rosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isaac Rosa</a>&nbsp;(Sevilla 1974) es autor de novelas como 'El vano ayer', 'El pa&iacute;s del miedo', 'La mano invisible' o 'La habitaci&oacute;n oscura', adem&aacute;s de la novela juvenil 'W',&nbsp;dos guiones de c&oacute;mic y sus colaboraciones habituales en eldiario.es. Su &uacute;ltima novela es 'Feliz Final'.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/autores/manel_fontdevila/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manel Fontdevila</a>&nbsp;(Manresa, 1965). En 2007 empez&oacute; a dibujar la vi&ntilde;eta de opini&oacute;n en P&uacute;blico y, desde 2012, en eldiario.es. Ha dibujado series y chistes en 'El Jueves', 'Orgullo y Satisfacci&oacute;n' y otras revistas. Entre sus obras destacan los libros de 'La Parejita' (desde 1998), 'Mantecatos' (2004), 'S&uacute;per Puta' (2007), 'En el lado bueno de la valla' (2014) y la reciente 'Se abre el tel&oacute;n' (2019).
    </p><h4 class="article-text">Podr&aacute;s leer 'Operaci&oacute;n Chanquete' aqu&iacute;</h4><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/operacionchanquete/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Podr&aacute;s leer 'Operaci&oacute;n Chanquete' aqu&iacute;</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/redaccion/operacion-chanquete-isaac-manel-fontdevila_132_1409258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2019 15:17:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[eldiario.es publica 'Operación Chanquete', novela por entregas escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/215096aa-f70a-49c4-bb3d-51ac60df56ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Manel Fontdevila]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pareja del año]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/pareja_132_1501777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad1587d5-7b57-4b89-8069-24740ca23065_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La pareja del año"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras semanas de rumores y desmentidos, fueron pillados a la salida de un restaurante y por fin tenemos las primeras fotos</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Vig&eacute;simotercera edici&oacute;n de 'Letra Peque&ntilde;a':&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/letrapeque%C3%B1a_isaacrosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">lee aqu&iacute; la serie de relatos escritos por Isaac Rosa e ilustrados por Riki Blanco</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        (portada y p&aacute;ginas interiores de la revista <em>H</em>&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Gran exclusiva, sus primeras fotos juntos!
    </p><p class="article-text">
        Tras seis meses de relaci&oacute;n no reconocida, incluso negada repetidamente por Albert Rivera, hemos descubierto por fin a la pareja m&aacute;s buscada del momento. Las im&aacute;genes m&aacute;s esperadas las encontrar&aacute;s en nuestra revista, ya a la venta en tu kiosco habitual.
    </p><p class="article-text">
        Ambos han querido ser muy discretos. Hace unas semanas, algunos medios empezaron a hacerse eco de los rumores sobre la buena relaci&oacute;n entre ambos, y de posibles encuentros que se habr&iacute;an producido en secreto, aunque ninguno de los dos reconoc&iacute;a la existencia de los mismos.
    </p><p class="article-text">
        Pero hace solo una semana almorzaron a solas en un restaurante de Pozuelo de Alarc&oacute;n, en la zona noroeste de Madrid. Tras terminar la comida, que dur&oacute; tres horas, el l&iacute;der de Ciudadanos abandon&oacute; solo el lugar y se dirigi&oacute; al parking. A los pocos minutos, y con la ayuda de una muleta debido a una reciente lesi&oacute;n, sali&oacute; su acompa&ntilde;ante, que baj&oacute; las escaleras con dificultad.
    </p><p class="article-text">
        El municipio de Pozuelo de Alarc&oacute;n, hogar de muchas celebridades, empresarios y astros del f&uacute;tbol, se ha convertido en el escenario perfecto para esta discreta relaci&oacute;n. El entorno, donde predominan las urbanizaciones fuertemente vigiladas para garantizar la privacidad de sus famosos residentes, facilita que puedan encontrarse sin ser molestados.
    </p><p class="article-text">
        Aunque ninguno de los dos niega ya lo que ha dejado de ser un rumor, esto no significa que tengan prevista una aparici&oacute;n p&uacute;blica inminente. Continuar&aacute;n teniendo mucho cuidado de no dejarse ver juntos en p&uacute;blico. De ah&iacute; el valor de estas exclusivas fotograf&iacute;as, que puedes encontrar ya en tu kiosco.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        (noticia publicada en el diario <em>20M</em>&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Las fotos de la revista <em>H</em>&hellip;, por 100.000 euros
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ha podido saber este peri&oacute;dico, las im&aacute;genes fueron compradas en exclusiva por algo m&aacute;s de 100.000 euros. El material, que no fue visto por ninguna otra cabecera antes, se ha convertido en uno de los temas m&aacute;s calientes de la actualidad. Sobre todo despu&eacute;s de que El Programa de Ana Rosa emitiera, por sorpresa, otra imagen donde se ve&iacute;a a los dos juntos en la cafeter&iacute;a de un centro comercial de Pozuelo de Alarc&oacute;n (Madrid). En ning&uacute;n caso, seg&uacute;n cuentan a este peri&oacute;dico fuentes autorizadas, intentaron los protagonistas o sus entornos impedir la publicaci&oacute;n de las im&aacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        (noticia publicada en el portal <em>V</em>&hellip;..)
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hay m&aacute;s fotos del encuentro?
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as informamos en exclusiva sobre el almuerzo en un restaurante (La Dorada) de Pozuelo de Alarc&oacute;n. Este mi&eacute;rcoles, las im&aacute;genes de aquel encuentro han visto la luz en la portada de la revista H&hellip; Tras muchos rumores, por fin la relaci&oacute;n ha sido ilustrada con instant&aacute;neas que, en cualquier caso, estaban muy cotizadas en el mercado.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con lo que no contaba la revista es con que &ldquo;El programa de Ana Rosa&rdquo; publicase otras im&aacute;genes este mismo lunes. Alg&uacute;n fot&oacute;grafo nos cuenta que la revista lleg&oacute; a hablar con los protagonistas de la historia. &ldquo;Est&aacute; confirmad&iacute;simo que se comunicaron con la revista. No s&eacute; si para guardarlas o no. En vista de que ya se hab&iacute;an publicado en un programa de televisi&oacute;n, estaba claro que ten&iacute;an que salir s&iacute; o s&iacute;; no se pod&iacute;an guardar de ninguna forma&rdquo;. La emisi&oacute;n de las im&aacute;genes en el programa matinal de Telecinco habr&iacute;a acelerado la publicaci&oacute;n del reportaje.
    </p><p class="article-text">
        Este mismo mi&eacute;rcoles el l&iacute;der de Ciudadanos ha sido entrevistado por la propia Ana Rosa en su programa televisivo y, como era de esperar, ha sido preguntado sobre esta publicaci&oacute;n. Rivera agradeci&oacute; a la periodista y al espacio &ldquo;el tono&rdquo; con el que hab&iacute;an tratado el tema.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n nos cuenta otro fot&oacute;grafo, hay todav&iacute;a m&aacute;s im&aacute;genes de ese d&iacute;a: &ldquo;S&iacute;, se ha dicho que hay m&aacute;s fotos hechas por un comensal que se sent&oacute; cerca de ellos y que todav&iacute;a no se han localizado. Puede ser que alg&uacute;n d&iacute;a se publiquen m&aacute;s im&aacute;genes dentro del restaurante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; claro es que, a partir de este mi&eacute;rcoles, ya no es tan raro ver im&aacute;genes de la que, sin duda, es la gran pareja medi&aacute;tica de este 2019. Aunque ellos mismos no quieran serlo.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        (declaraciones del fot&oacute;grafo que consigui&oacute; las im&aacute;genes)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me hab&iacute;a llegado un soplo de que Albert Rivera iba a comer en ese restaurante, y que hab&iacute;a una mesa reservada para dos, as&iacute; que all&aacute; me fui a primera hora de la ma&ntilde;ana con todo el equipo.
    </p><p class="article-text">
        Llevaba varias semanas intentando conseguir una imagen del l&iacute;der de Ciudadanos con la cantante Mal&uacute;, relaci&oacute;n bien conocida pero de la que todav&iacute;a no se hab&iacute;a publicado ninguna fotograf&iacute;a. Yo quer&iacute;a ser el primero, sab&iacute;a que me la pagar&iacute;an bien. Y di por hecho que comer&iacute;an juntos en aquel lugar, muy apropiado para citas discretas. Aparqu&eacute; frente a la puerta, prepar&eacute; mi c&aacute;mara y a esperar.
    </p><p class="article-text">
        A las dos menos cuarto vi llegar a Rivera conduciendo su propio veh&iacute;culo, &eacute;l solo, lo que parec&iacute;a confirmar que se trataba de un encuentro privado, no oficial. Le dio las llaves al aparcacoches y entr&oacute; deprisa en el restaurante. Le saqu&eacute; varias fotos, y ya no baj&eacute; la c&aacute;mara, sab&iacute;a que en cualquier momento llegar&iacute;a su acompa&ntilde;ante.
    </p><p class="article-text">
        Diez minutos despu&eacute;s se detuvo frente a la puerta un coche negro, con los cristales traseros tintados. Nada extra&ntilde;o, aquella es una zona de urbanizaciones de lujo. El conductor baj&oacute; y abri&oacute; la puerta trasera. Ajust&eacute; el teleobjetivo, acarici&eacute; el disparador, por si era mi presa&hellip; Pero no. Mierda. Del coche no sali&oacute; Mal&uacute;, ni una mujer, sino un hombre. Baj&eacute; la c&aacute;mara con fastidio, pens&eacute; que acabar&iacute;a siendo otro mal d&iacute;a de caza, otra jornada perdida. Pero entonces me fij&eacute; bien en el reci&eacute;n llegado. Llevaba una muleta, era de complexi&oacute;n fuerte y vest&iacute;a traje gris. Joder, me dije. Es &eacute;l. Joder, joder, joder.
    </p><p class="article-text">
        No le ve&iacute;a la cara directamente, no estaba del todo seguro, porque me dio la espalda al subir los escalones de entrada. No se me ocurri&oacute; otra cosa que tocar el claxon de mi coche, un toque corto que hizo que el tipo se girase un segundo. Suficiente para reconocerlo. Era &eacute;l. Suficiente para retratarlo. Clic. Clic. Se meti&oacute; en el restaurante y revis&eacute; ansioso la imagen en la pantalla de la c&aacute;mara. La ampli&eacute;. Aj&aacute;. Era &eacute;l. Santiago Abascal.
    </p><p class="article-text">
        Ya solo tuve que esperar a que terminasen de comer y saliesen, para poder retratarlos de frente. Evidentemente no se marcharon juntos, esa habr&iacute;a sido la foto diez. Primero abandon&oacute; el restaurante Abascal. Clic. Clic. Clic. Clic. Lo ametrall&eacute; sin levantar el dedo hasta que se meti&oacute; en el coche. Seis o siete minutos despu&eacute;s sali&oacute; Rivera. Clic. Clic. Clic. Clic. Las ten&iacute;a, ya eran m&iacute;as. Las fotos del a&ntilde;o. &iquest;Qui&eacute;n necesita a Mal&uacute; teniendo a estos dos juntos?&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        (algunos recortes de prensa)
    </p><p class="article-text">
        Preguntado por la comida entre los dos l&iacute;deres, el n&uacute;mero dos del partido naranja, Jos&eacute; Manuel Villegas, ha sido rotundo esta ma&ntilde;ana en TVE: &ldquo;No habr&aacute; ninguna cesi&oacute;n a Vox. Ninguna. Ciudadanos no tiene en su mente ni en su horizonte acuerdos tripartidos. Vamos a gobiernos de coalici&oacute;n con el PP. No nos vamos a sentar a negociar pactos ni gobiernos con Vox. Nuestro proyecto est&aacute; muy alejado de sus propuestas.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der de Ciudadanos, Albert Rivera, ha asegurado hoy que su encuentro con el l&iacute;der de Vox &ldquo;se produjo en el marco de la normalidad y la cortes&iacute;a institucional&rdquo;. &ldquo;Son encuentros normales entre fuerzas pol&iacute;ticas, no incumple nuestra decisi&oacute;n de no pactar gobiernos con Vox&rdquo;. Rivera ha evitado informar sobre qu&eacute; vers&oacute; la reuni&oacute;n entre ambos l&iacute;deres.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Manuel Valls ha alertado contra la &ldquo;normalizaci&oacute;n&rdquo; de Vox, al conocer la existencia de ese encuentro. &ldquo;&iquest;Normalidad democr&aacute;tica? &iquest;O normalizaci&oacute;n de un partido de extrema derecha? No puedo esconder otra vez mi gran preocupaci&oacute;n.&rdquo; Similar mensaje ha pronunciado el presidente franc&eacute;s, Emmanuel Macron: &ldquo;No aceptamos ambig&uuml;edades con la extrema derecha. Aliarse con ellos no es una opci&oacute;n.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Desde Vox, su l&iacute;der, Santiago Abascal, se ha mostrado satisfecho con el encuentro: &ldquo;Simplemente comimos para conocernos, porque es condici&oacute;n necesaria primero conocerse y luego ya sentarse en una mesa a negociar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        (NOTA: en el relato aparecen fragmentos literales de algunas noticias de esta semana, con peque&ntilde;as pero sustanciales modificaciones. Contiene pr&eacute;stamos de la revista <em>Hola</em>, el diario <em>20 Minutos</em> y el digital <em>Vanitatis</em>, entre otros medios).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/pareja_132_1501777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jun 2019 19:47:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pareja del año]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa: "Nos quejamos de los jóvenes, pero los adultos somos los primeros que leemos menos que antes"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/isaac-rosa-quejamos-jovenes-primeros_128_1528939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc46a120-dddf-4477-baf1-eeb8f511ea78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isaac Rosa: &quot;Nos quejamos de los jóvenes, pero los adultos somos los primeros que leemos menos que antes&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Isaac Rosa firma junto con su hija Olivia 'W', su primera incursión en la literatura juvenil</p></div><p class="article-text">
        Como muchos padres, <strong>Isaac Rosa</strong> (Sevilla, 1973) ve&iacute;a como su hija mayor, <strong>Olivia</strong>, de 13 a&ntilde;os, que hab&iacute;a sido siempre una &aacute;vida lectora, se alejaba de los libros al llegar a la adolescencia. Entonces decidi&oacute; hacerle una propuesta ins&oacute;lita: escribir un libro juntos. El resultado de ese desaf&iacute;o &ndash;que al final lo fue para ambos&ndash; es <em>W</em>, una novela juvenil escrita a cuatro manos que acaba de ver la luz en <a href="https://www.edebe.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Edeb&eacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; si llamarla juvenil&rdquo;, corrige el escritor, &ldquo;o novela para todos los p&uacute;blicos, o novela tambi&eacute;n para los j&oacute;venes. Lo seguro es que yo ten&iacute;a ganas de hacerlo, llevo muchos a&ntilde;os visitando institutos y los chavales leen cosas m&iacute;as, sobre todo cuentos y los dos c&oacute;mics que he publicado, pero me apetec&iacute;a brindarles otra cosa: no una obra juvenil por ser m&aacute;s accesible, sino que tuviera que ver m&aacute;s con sus vidas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto, sumado, a la motivaci&oacute;n personal de evitar que Olivia &ldquo;entrara en barrena, y tratar de mantener ese hilo con la lectura&rdquo;, hizo que Isaac Rosa se pusiera de inmediato manos a la obra. Su hija demor&oacute; un poco m&aacute;s. &ldquo;La verdad es que tard&oacute; unas semanas en implicarse; al principio lo vio con muchas reticencias. A esa edad, una propuesta de tu padre es casi siempre lo peor&rdquo;, bromea el autor de t&iacute;tulos como <em>El vano ayer, El pa&iacute;s del miedo, La mano invisible, La habitaci&oacute;n oscura </em>o el m&aacute;s reciente <em>Feliz final</em>.
    </p><h3 class="article-text">Crear para comunicarse</h3><p class="article-text">
        Como es l&oacute;gico, la experiencia del novelista profesional pes&oacute; en el proceso de elaboraci&oacute;n de <em>W. &ldquo;</em>Yo iba escribiendo cap&iacute;tulos, luego los pon&iacute;amos en com&uacute;n y pens&aacute;bamos c&oacute;mo pod&iacute;a continuar la historia. El desarrollo fue todo lo democr&aacute;tico e igualitario que puede ser la relaci&oacute;n padre-hija y escritor-lector&rdquo;, apunta. Y no duda en recomendar la f&oacute;rmula a los padres que quieran vencer la cl&aacute;sica resistencia comunicativa de los j&oacute;venes. &ldquo;Evidentemente, cualquier proyecto creativo es una forma de comunicaci&oacute;n. Tal vez sea indirecta, lateral, pero acaba siendo un intercambio muy rico. Nos dimos cuenta de que, cuando habl&aacute;bamos del libro, en realidad lo est&aacute;bamos haciendo de nosotros mismos. Y si no quieren o pueden escribir con ellos, tambi&eacute;n vale leer juntos. Me gusta saber que los lectores de mis novelas que han cogido el libro han acabado ley&eacute;ndolo con sus hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y de qu&eacute; va <em>W</em>? Pues de una chica que un buen d&iacute;a descubre que tiene una doble id&eacute;ntica, y de su reacci&oacute;n ante ese descubrimiento. Un tema que, bien mirado, se inserta en una tradici&oacute;n que va de la Grecia cl&aacute;sica hasta <strong>Borges</strong>, pero que el t&aacute;ndem Isaac-Olivia quer&iacute;a llevarse a su terreno. &ldquo;Lo que suele hacer la figura del doble es activar muchas preguntas que tienen que ver con la identidad: &iquest;Qui&eacute;n soy? &iquest;Tengo la posibilidad de vivir otras vidas? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si otro ocupara mi lugar? Es un asunto que est&aacute; lleno de preguntas, dudas, deseos y miedos que siempre rodean a estas historias, y que tienen mucho que ver con esa edad en la que, precisamente, se est&aacute; formando nuestra identidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, cab&iacute;a preguntarse si tambi&eacute;n en esta obra a cuatro manos asoma el aliento social que suele acompa&ntilde;ar las obras del sevillano. &ldquo;Algo aparece, pero tampoco quer&iacute;a resultar demasiado previsible&rdquo;, admite. &ldquo;Puesto que se habla de la entrada en la adolescencia, quer&iacute;amos que empezara en un registro infantil y que fuera evolucionando hacia algo m&aacute;s maduro. Se trata de asomarse a ese mundo adulto desconocido, y empezar a ver lo que no ve&iacute;as cuando eras peque&ntilde;o&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El &ldquo;bache&rdquo; de la lectura</h3><p class="article-text">
        Como padre, &eacute;l tambi&eacute;n ha padecido ese momento en que los j&oacute;venes dejan de leer y se refugian en los v&iacute;deojuegos, o simplemente en actividades colectivas. &ldquo;Intento desdramatizar, es solo una etapa. Cuando entras en el instituto las relaciones son m&aacute;s de grupo, no hay espacio ni gente con la que compartir lo le&iacute;do. Lo de pasar de leer mucho a no tocar un libro en toda la semana al principio me preocupaba, pero tampoco me puse a perseguir a Olivia. Le dejaba alg&uacute;n libro a su alcance que pudiera gustarle, y ya est&aacute;. Cuando se ha sido muy lectora de ni&ntilde;a, tengo la confianza de que se pase el bache y luego vuelvan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, Isaac Rosa no cree &ldquo;que sea un problema solo de ni&ntilde;as o adolescentes, los adultos somos los primeros que leemos menos que antes. Y a la hora de repartir responsabilidades, los propios escritores, que repetimos cosas como que la mejor literatura de hoy est&aacute; en la tele, y que si Shakespeare viviera escribir&iacute;a para la HBO. Primamos otras formas de consumo cultural, y satisfacemos la necesidad de que nos cuenten historias con la tele. Eso deja poco espacio a los libros. Y sin embargo, crecen los clubes de lectura, gente que lee y busca una comunidad con la que compartirlo&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        El escritor, que se declara seguidor de autores supuestamente juveniles como <strong>Gianni Rodari, Christine Nostlinger o Roald Dahl,</strong> cree que tampoco los youtubers que ahora provocan largas colas en las ferias del libro son ninguna amenaza. &ldquo;Es un fen&oacute;meno similar al que antes representaban los famosos de la tele. Esos &lsquo;intrusos&rsquo; siempre han estado ah&iacute;, y hemos convivido bien con ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de intrusismo, cabe preguntarle a Isaac Rosa si se ha sentido como tal en esta incursi&oacute;n en las letras juveniles. Y si ha sido tan dif&iacute;cil el cambio. &ldquo;Desde luego me he sentido entrando en un terreno que no era el m&iacute;o, pero he escrito con la misma exigencia con que lo hago para cualquiera. Y he sentido tambi&eacute;n una presi&oacute;n mayor, quer&iacute;a ver si era capaz de interesar, de emocionar a lectores a los que no conozco, porque no s&eacute; nada de los adolescentes de ahora. Y cuanto m&aacute;s j&oacute;venes, ser&aacute; peor. Creo que lo m&aacute;s dif&iacute;cil debe de ser hacer &aacute;lbumes ilustrados de los que apenas tienen texto, y conectar con ni&ntilde;os de cinco o seis a&ntilde;os. Eso no est&aacute; al alcance de cualquiera&rdquo;, apostilla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/isaac-rosa-quejamos-jovenes-primeros_128_1528939.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 May 2019 19:40:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa: "Nos quejamos de los jóvenes, pero los adultos somos los primeros que leemos menos que antes"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Literatura juvenil,Literatura,Sevilla,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noodles, kebab, sushi, derechos laborales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/noodles-kebab-sushi-derechos-laborales_132_1566541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/811107e8-7652-40f2-b0c2-de05ccf3a81b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Noodles, kebab, sushi, derechos laborales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En bicicleta, a pie, en metro, precarios repartiendo al ritmo que marca la app. Una ficción sobre la “economía colaborativa”</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Decimos&eacute;ptima edici&oacute;n de 'Letra Peque&ntilde;a': <a href="https://www.eldiario.es/letrapeque%C3%B1a_isaacrosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">lee aqu&iacute; la serie de relatos escritos por Isaac Rosa e ilustrados por Riki Blanco</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Mira que se lo han dicho veces los compa&ntilde;eros: ponle siempre el antirrobo. O para ser m&aacute;s exactos: ponle siempre el puto antirrobo, Toni, no te f&iacute;es nunca, y que sea de barra, o de cadena con eslabones de acero, que los de cable te los cortan con la cizalla como si fuese hilo.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l siempre lo pone, aunque decir &ldquo;siempre&rdquo; suena a muchos a&ntilde;os cuando en realidad hablamos de un &ldquo;siempre&rdquo; de solo dos meses. Desde el primer d&iacute;a en la calle no se ha confiado, no la deja suelta casi nunca. El &ldquo;casi nunca&rdquo; es por las veces en que no puede perder los pocos segundos de candar y luego soltar, porque el domicilio de entrega resulta estar a tres kil&oacute;metros como dec&iacute;a la orden, s&iacute;, pero en l&iacute;nea recta, y Toni no puede atravesar edificios ni volar sobre ellos; o porque como hoy el GPS le falla y tarda m&aacute;s de lo previsto en encontrar un bloque sin numerar, una verja que da entrada a un patio ajardinado, y los portales al fondo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que hoy ha sido una de las excepciones al &ldquo;casi nunca&rdquo;: estaba ya fuera de tiempo sobre la hora de entrega, pas&oacute; la bici al patio y la dej&oacute; apoyada en el lado interior de la verja, desde fuera ni se ve&iacute;a, el ladr&oacute;n debi&oacute; de seguirle o salir del propio edificio. Esto &uacute;ltimo le parece menos probable: si se confi&oacute; y no puso antirrobo fue tambi&eacute;n por el aspecto del lugar, vecindario de renta alta, solo hay que ver lo jodidamente cuidado que tienen el jard&iacute;n, qui&eacute;n se iba a molestar por una bici del Carrefour de ciento veinte euros.
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a inquietarse cuando todo se hizo lento: el retraso en abrirle el portal, el ascensor ocupado, la discusi&oacute;n con el gilipollas que le reproch&oacute; la tardanza y le exigi&oacute; que esperase para comprobar si los noodles estaban fr&iacute;os, &ldquo;y como est&eacute;n fr&iacute;os te los comes t&uacute; y me traes otros&rdquo;. Le amenaz&oacute; con una valoraci&oacute;n negativa en la app, y Toni mientras sonriendo como le han dicho que debe sonre&iacute;r siempre al cliente, y pensando en su bici ah&iacute; abajo sin antirrobo, su bici que todav&iacute;a no llevaba ni una pegatina que la distinguiera ni hab&iacute;a apuntado el n&uacute;mero de serie como le aconsejaron, su bici que ya no estaba cuando sali&oacute;. No estaba. No est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Con la mochila corporativa a la espalda sale a la calle y mira en ambas direcciones, corre hacia la esquina m&aacute;s cercana, da la vuelta a la manzana, llega hasta el tercer cruce y nada. Ni bici, ni ladr&oacute;n de bicicletas.
    </p><p class="article-text">
        Toni se deja caer en el bordillo, para subrayar su fracaso. El primer impulso es llamar a Jota, el 'rider' que desde hace dos meses le cede a Toni su cuenta de repartidor los d&iacute;as y horas que Jota no quiere trabajar. Es una soluci&oacute;n provisional, hasta que Toni arregle los papeles y pueda hacerse aut&oacute;nomo y tener cuenta propia, pero la soluci&oacute;n provisional dura ya dos meses. Jota se va a mosquear, porque hoy es festivo y esta es la hora de m&aacute;s demanda: si deja de estar disponible le quitar&aacute;n puntos, no a &eacute;l, que no existe, sino a Jota, pero al final es como si se los quitasen a &eacute;l, porque si a Jota le dan menos horas de servicio, menos horas sobrantes pillar&aacute; Toni tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estos pensamientos anda, con el m&oacute;vil en la mano dudando si llamar, cuando el silbido avisa de un nuevo pedido: es un kebab a solo dos calles de aqu&iacute;, entre todos los 'riders' activos, el algoritmo ha elegido por proximidad a Jota. Es decir, a Toni. La direcci&oacute;n de entrega no est&aacute; muy lejos, un kil&oacute;metro setecientos, eso no son ni quince minutos a buen paso, y por el camino puede seguir buscando al ladr&oacute;n con su bici.
    </p><p class="article-text">
        Recoge la comida, trota por la avenida hasta la direcci&oacute;n marcada, entrega y apenas sale del portal vuelve a pitar la app: otro pedido. Esta vez sushi, restaurante a cuatro manzanas de donde est&aacute;, pero el cliente a tres kil&oacute;metros y medio. Revisa el mapa, son dos paradas de metro y luego caminar un poco. Lo acepta, ser&aacute; el &uacute;ltimo transporte que haga hoy: en cuanto entregue llamar&aacute; a Jota y le contar&aacute; lo del robo. Si no quiere perder puntuaci&oacute;n, que le preste su bici, o que la coja &eacute;l mismo y salga a pedalear.
    </p><p class="article-text">
        En el metro coincide con otros dos 'riders', uno a pie como &eacute;l, otro con la bicicleta cargada en el vag&oacute;n. La solidaridad cansada los re&uacute;ne, y en seguida les cuenta lo del robo. Le aconsejan que lo avise en el chat interno, que diga modelo y color, por si un repartidor se cruza con el ladr&oacute;n, no ser&iacute;a la primera vez que alguno recupera una bici gracias a los compa&ntilde;eros. Agradece el consejo, pero no les dice que para escribir en el chat interno primero tendr&iacute;a que consult&aacute;rselo a Jota, que no se f&iacute;a, por si la empresa le pilla y le cancelan la cuenta por compartirla.
    </p><p class="article-text">
        &minus;&nbsp;Qu&eacute;date en la calle &ndash;le pide Jota cuando por fin lo llama, tras entregar el sushi&minus;. En casa no vas a encontrar la bici, &iquest;no? Y tampoco vas a denunciar a la polic&iacute;a, &iquest;verdad? Date una vuelta por ah&iacute;, pregunta a otros 'riders' si la han visto.
    </p><p class="article-text">
        &minus;&nbsp;Vale, te devuelvo la mochila y me voy a buscarla.
    </p><p class="article-text">
        &minus; No, joder. Mientras la buscas, sigue repartiendo, qu&eacute; m&aacute;s te da. Encima que te quedas sin bici, no pierdas tambi&eacute;n dinero, que hoy es un buen d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y eso hace Toni durante la siguiente hora y media: recoger y entregar otros tres pedidos. Uno a paso ligero, otro en autob&uacute;s, y el tercero no le queda m&aacute;s remedio que coger un taxi. Culpa suya: acept&oacute; el pedido sin comprobar antes la direcci&oacute;n, y result&oacute; estar en una urbanizaci&oacute;n. El &uacute;nico autob&uacute;s que va hasta all&iacute; se le escapa en sus narices, el siguiente tardar&aacute; veinte minutos, y si entrega tarde y fr&iacute;o es casi peor que no entregar. Cinco euros de taxi, y gracias a que el taxista se compadeci&oacute; y no le cobr&oacute; la carrera entera. Despu&eacute;s, media hora de caminata para regresar al centro. Ya basta por hoy, decide irse a casa.
    </p><p class="article-text">
        Entonces la ve: la bicicleta. Sobre ella pedalea un repartidor de otra compa&ntilde;&iacute;a, mochila a la espalda. Es su bicicleta, s&iacute;, joder, la reconoce. Echa a correr tras el 'rider', tan excitado que no tiene en cuenta que es un modelo muy com&uacute;n, bici barata, habr&aacute; cientos como la suya en la ciudad, pero eso ya lo aclarar&aacute; cuando lo alcance. Corre, pega un grito, pero el otro no se detiene en el sem&aacute;foro, lo pierde de vista tras la primera esquina.
    </p><p class="article-text">
        Que le den por culo a Jota y sus precauciones: Toni saca el m&oacute;vil, abre la cuenta y teclea en el chat interno: la agitaci&oacute;n al teclear y el capricho del autocorrector resultan en un mensaje incomprensible. Se tranquiliza, vuelve a teclear, breve: lugar del robo, marca y color, y a&ntilde;ade que ha visto a un 'rider' de otra plataforma que podr&iacute;a ser el ladr&oacute;n. Recibe palabras de &aacute;nimo, pero tambi&eacute;n un par de reproches por acusar a otro 'rider', una cosa es que compitamos por coger los mejores servicios y otra que nos robemos el veh&iacute;culo, entre nosotros hay compa&ntilde;erismo.
    </p><p class="article-text">
        Entre pedido y pedido, mientras sigue buscando, pasa por las calles donde se concentran franquicias de comida r&aacute;pida, punto de encuentro habitual de repartidores. A todos les cuenta el robo, les pide ayuda para encontrarla. Le recomiendan que mientras tanto utilice una bicicleta del servicio p&uacute;blico de pr&eacute;stamo, pero para eso primero tendr&iacute;a que sacarse el abono, y antes de eso empadronarse, o al menos aportar alg&uacute;n documento identificativo, y &eacute;l por ahora prefiere evitar tratos con la administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cargado con tres pizzas aprovecha una cuesta abajo para correr m&aacute;s que andar. Oye gritos, silbatos, bocinazos y tambores, y al girar la esquina encuentra la avenida ocupada por cientos, miles de personas que caminan con pancartas y banderas rojas. Observa su paso desde la acera, y al girarse descubre a un fot&oacute;grafo que rodilla en tierra le est&aacute; apuntando.
    </p><p class="article-text">
        &minus;No te importa, &iquest;verdad chaval? &ndash;dice el fot&oacute;grafo. Toni se encoge de hombros y vuelve a darle la espalda, y eso es lo que busca el fot&oacute;grafo: la mochila, el repartidor agotado, y la manifestaci&oacute;n del Primero de Mayo pasando frente a &eacute;l. Ma&ntilde;ana aparecer&aacute; la imagen en varios peri&oacute;dicos, ic&oacute;nica, el representante del nuevo precariado frente a los viejos sindicatos, aunque eso Toni no lo sabr&aacute;, no lee prensa.
    </p><p class="article-text">
        Entonces la ve otra vez: su bicicleta. Es el mismo 'rider' de antes, mochila a la espalda, que deja de pedalear y frena al topar con la manifestaci&oacute;n. Descabalga, y empujando la bici se decide a atravesar la multitud. Toni le grita, &ldquo;eh, t&uacute;, el de la bici&rdquo;, y hasta se atreve con un &ldquo;&iexcl;al ladr&oacute;n!&rdquo;, pero su voz no se levanta sobre los &ldquo;Viva la lucha de la clase obrera&rdquo; y &ldquo;As&iacute;, as&iacute;, ni un paso atr&aacute;s&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Corre hacia el ladr&oacute;n, que ya ha desaparecido engullido por la manifestaci&oacute;n. Se mete en la corriente humana en el mismo punto que lo hizo el ciclista, ve su casco entre las cabezas, no los separan m&aacute;s de treinta metros, ambos avanzan lentamente, uno abriendo con la bicicleta un breve pasillo que se cierra a su espalda, el otro entorpecido por la gran mochila cuadrada, est&aacute;n caminando hacia la zona del escenario y la concentraci&oacute;n es m&aacute;s densa, tiene que rodear una batucada, se disculpa por pisotones y choques, hasta que acaba por perder de vista el casco, el repartidor, la bici, su bici.
    </p><p class="article-text">
        En medio de la manifestaci&oacute;n, mientras alguien desde el escenario habla de &ldquo;poner en la agenda pol&iacute;tica la redistribuci&oacute;n de la riqueza y acabar con la precariedad laboral y vital&rdquo;, Toni gira de puntillas, dificultado el giro por la mochila, intenta distinguir el casco en todas direcciones, pero nada. Lo ha vuelto a perder.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde el ritmo de pedidos se reduce, y &eacute;l arrastra los pies hasta una zona de encuentro habitual, una plaza donde los 'riders' comen algo y se ayudan a reparar pinchazos mientras r&iacute;en con las mismas an&eacute;cdotas de siempre y maldicen a los clientes que racanean propinas. Toni saluda a un par de habituales, se descuelga la mochila vac&iacute;a, se deja caer en un banco de cemento caliente, se quita las zapatillas y los calcetines, una ampolla en un dedo. Y entonces, con la cara apoyada en las manos y los codos en las rodillas, justo cuando va a cerrar los ojos la ve. La bici. Su bici. Apoyada en una farola, y a su lado varios 'riders' charlando y tomando latas de bebida energ&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Descalzo, se acerca hacia la bicicleta a paso lento, sin hacer ruido, como si fuese un animal que pudiera espantarse y salir huyendo. Se agacha y la observa. No se lo puede creer. El modelo, el color, el soporte para el tel&eacute;fono en el manillar. Solo falta el antirrobo, que siempre lleva colgado en la barra.
    </p><p class="article-text">
        Mira de reojo a los 'riders' que no han advertido su presencia. Se incorpora y, sin decir nada, la agarra por el manillar, la gira y la empuja hacia el banco donde dej&oacute; la mochila y los zapatos.
    </p><p class="article-text">
        &minus;Oye, que es mi bici &ndash;dice alguien a su espalda, pero Toni se hace el sordo, no se detiene hasta que lo frena una mano en el sill&iacute;n y otra en su hombro, y la voz que insiste:
    </p><p class="article-text">
        &minus;De qu&eacute; vas, t&iacute;o, que es mi bici.
    </p><p class="article-text">
        &minus;Es m&iacute;a &ndash;se gira por fin, se encara con el 'rider' al que ahora, sin casco ni mochila, ya no reconoce.
    </p><p class="article-text">
        &minus;No seas capullo, devu&eacute;lvemela.
    </p><p class="article-text">
        &minus;T&uacute; me la robaste, vi c&oacute;mo te la llevabas.
    </p><p class="article-text">
        El otro tira de la bici, Toni se aferra al manillar, tironean brevemente hasta que el que cree ladr&oacute;n le da un empuj&oacute;n en el pecho, Toni suelta una mano de la bici y sin cerrar el pu&ntilde;o le da una bofetada leve, m&aacute;s una advertencia, tocar la cara, pero ya se han acercado otros repartidores que los agarran y separan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es mi bici, es mi bici&rdquo;, repite Toni forcejeando, entre tres lo alejan a tirones hasta sentarlo en el banco. &Eacute;l intenta explicarse, pero solo consigue un relato confuso, no le salen las frases que ha rumiado todo el d&iacute;a. Uno le pregunta si puede demostrar que la bici es suya. El otro 'rider', el supuesto ladr&oacute;n, se&ntilde;ala una pegatina propia en el cuadro, pero pudo pon&eacute;rsela nada m&aacute;s robarla. Toni busca un ara&ntilde;azo en el freno, del d&iacute;a que resbal&oacute; con la lluvia y se rasp&oacute; la cadera y el codo, pero no est&aacute; seguro de en qu&eacute; lado de la bicicleta qued&oacute; la marca, tampoco le dejan comprobarlo ni pensar con calma, todo el mundo habla a la vez, y el otro repartidor acaba por subirse a la bici y largarse sin que Toni, descalzo y rodeado, pueda impedirlo.
    </p><p class="article-text">
        &minus;&iexcl;Lo veis, es un ladr&oacute;n, se escapa! &ndash;grita, sin que nadie lo secunde.
    </p><p class="article-text">
        Se deja caer en el banco. Los dem&aacute;s se retiran, sin perderlo de vista. Se tapa la cara, aprieta contra la nariz y la boca y los ojos los dedos que huelen a grasa.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces llora.
    </p><p class="article-text">
        Un llanto tan escandaloso, tan inesperado, tan rid&iacute;culo, que los 'riders' de la plaza quedan paralizados. Llora por la bici, o quiz&aacute;s no, era una bicicleta barata, ya encontrar&aacute; otra. Llora por el cansancio del d&iacute;a, de la semana, de los dos meses. Llora porque ya no puede m&aacute;s. Llora porque se acuerda de aquella pel&iacute;cula vieja de la otra noche, y su compa&ntilde;ero de piso que premonitorio le brome&oacute; con que un d&iacute;a iba a acabar como el protagonista, derrotado y sin bici. Llora por eso, por todo, porque le da igual.
    </p><p class="article-text">
        Entonces una mano en el hombro, otra que le masajea la espalda, palabras a media voz que no consiguen que se aparte las manos de la cara pero al menos apacigua los hipidos.
    </p><p class="article-text">
        Si es por la bici tiene arreglo, dice uno, que se ofrece a hacer una colecta, entre compa&ntilde;eros hay que ayudarse. Desde detr&aacute;s de los dedos oye a varios que se suman y buscan en sus bolsillos, la voz decidida de uno que se aleja y propone a otros que colaboren para ayudar al compa&ntilde;ero.
    </p><p class="article-text">
        Alguien se sienta a su lado, le pasa un instante el brazo por los hombros y lo estrecha para afirmar su cercan&iacute;a y apoyo, luego retira el brazo pero sigue a su lado. Le habla cerca del o&iacute;do, le cuenta que entre varios han montado un grupo de apoyo mutuo, tienen un chat propio, se cubren unos a otros cuando hace falta, se ofrecen de testigos si un compa&ntilde;ero tiene un desencuentro con la empresa, alimentan semanalmente una caja com&uacute;n para echar una mano si uno tiene un accidente y no puede trabajar, y est&aacute;n preparando demandas contra la empresa, alguno ha ganado ya en los tribunales, cuantos m&aacute;s sean, m&aacute;s fuerza tendr&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &minus;&iquest;Quieres unirte?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/noodles-kebab-sushi-derechos-laborales_132_1566541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 May 2019 19:24:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Noodles, kebab, sushi, derechos laborales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rata come rata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/rata-come-rata_132_1611837.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b9003ba-d1ce-45fb-8308-f9880b3dd8d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rata come rata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un thriller de cloacas, grabaciones delicadas y el temor a ser el próximo en caer</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Decimotercera&nbsp;entrega de 'Letra peque&ntilde;a':&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/letrapeque%C3%B1a_isaacrosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">lee aqu&iacute; la serie de relatos escritos por Isaac Rosa e ilustrados por Riki Blanco</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El mensaje, enviado desde la direcci&oacute;n ratacomerata@gmail.com, dice as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Ha llegado a nuestras manos un material delicado, muy delicado, sobre usted. Un pendrive dejado en el buz&oacute;n. Contiene una grabaci&oacute;n con c&aacute;mara oculta, no muy n&iacute;tida pero se le reconoce perfectamente. &iquest;Qu&eacute; hacemos con este material? Somos un modesto medio digital. Quien nos lo entreg&oacute; debi&oacute; de pensar que lo publicar&iacute;amos, quiz&aacute;s somos su &uacute;ltima opci&oacute;n despu&eacute;s de que otros no se atrevieran. Hemos dicho &rdquo;material delicado&ldquo;, pero digamos mejor &rdquo;material extremadamente delicado&ldquo;. No hace falta que le digamos qu&eacute; hay en esa grabaci&oacute;n, usted ya lo imagina. Pero tranquilo, no lo vamos a publicar, lo tuvimos claro nada m&aacute;s ver el v&iacute;deo. Tampoco vamos a difundirlo por otras v&iacute;as, ni d&aacute;rselo a nadie. Ni siquiera se lo devolveremos a quien nos lo envi&oacute;. No es por aprecio hacia su persona: decir que usted nos provoca repugnancia ser&iacute;a quedarse muy corto. Pero nosotros no somos como ustedes, no somos cloaca. No usamos material obtenido de forma ilegal y que afecta a la intimidad de alguien, por canalla que sea ese alguien. Sabemos que, de ser usted quien recibiese un material as&iacute; sobre un rival pol&iacute;tico, no dudar&iacute;a en utilizarlo. Pero no somos cloaca. No vamos a extorsionarle. De hecho, vamos a entreg&aacute;rselo a usted, antes de que caiga en manos menos escrupulosas. Pero, y aqu&iacute; viene el pero: hay una condici&oacute;n para entreg&aacute;rselo. Un peque&ntilde;o capricho que queremos darnos, ll&aacute;melo si quiere justicia po&eacute;tica. No pensar&iacute;a que iba a ser tan f&aacute;cil, &iquest;no? La condici&oacute;n es que lo recoja usted mismo, al amanecer de pasado ma&ntilde;ana, en el lugar que le indicamos al final de este mensaje. Y debe acudir solo. Si no cumple esta &uacute;nica condici&oacute;n, no habr&aacute; trato. Y no nos hacemos responsables si este material cae en otras manos&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Una broma. O una trampa. Es lo primero que piensa al leer el mensaje. Una broma sin gracia. Una trampa burda, habr&iacute;a que ser muy cretino para caer. &iquest;De verdad esperan que muerda un anzuelo tan grotesco? &iexcl;Por favor! Aficionados, eso es lo que son. Unos pobres aficionados. No hay m&aacute;s que ver el sitio propuesto para la entrega. &iquest;Por qui&eacute;n le han tomado? Justicia po&eacute;tica, dicen, qu&eacute; ingenuos.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto no va a acudir. Solo faltar&iacute;a. Tampoco se toma la molestia de responder, mejor la indiferencia. Y no va a perder un minuto en averiguaciones, no pedir&aacute; favores a ning&uacute;n colega para que rastree el origen del mensaje y desenmascare a esos justicieros de pacotilla. Fin de la broma, fin de la trampa. Con un clic arroja el mensaje a la papelera.
    </p><p class="article-text">
        Pasa la ma&ntilde;ana en el despacho de casa, leyendo prensa. <em>&ldquo;Somos un modesto medio digital&rdquo;</em>, recuerda sonriente, mientras ojea en el ordenador diarios, portales, confidenciales, cada vez m&aacute;s peque&ntilde;os, cada vez m&aacute;s &ldquo;modestos&rdquo;. Seguramente no son periodistas sino activistas, gente que trasnocha tecleando para estirar la ilusi&oacute;n de que hacen periodismo &ldquo;comprometido&rdquo;. Agotada la prensa, pone su nombre en el buscador. Mala idea: una larga lista de noticias, &uacute;ltimas horas, art&iacute;culos de opini&oacute;n y vi&ntilde;etas humor&iacute;sticas sobre &eacute;l y su relaci&oacute;n con unos audios difundidos esta semana, una vieja historia de polic&iacute;as en misi&oacute;n especial. Nada nuevo, nada que no se haya contado antes, nada que le intranquilice, no m&aacute;s intranquilo de lo que ya est&aacute; en los &uacute;ltimos meses.
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a recupera de la papelera el correo.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hemos dicho &rdquo;material delicado&ldquo;, pero digamos mejor &rdquo;material extremadamente delicado&ldquo;. No hace falta que le digamos qu&eacute; hay en esa grabaci&oacute;n, usted ya lo imagina.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Nada, no tienen nada! <em>&ldquo;Usted ya lo imagina&rdquo;</em>, la t&iacute;pica frase anzuelo para que la mala conciencia nuble el entendimiento del incauto y se precipite. &iquest;Qui&eacute;n no se sentir&iacute;a apelado, qui&eacute;n no tiene un cad&aacute;ver en el armario, un secreto inconfesable, su taloncito de Aquiles? Todo el mundo. Si solo fuese un cad&aacute;ver, r&iacute;e, aunque el reflejo de la pantalla le devuelve una sonrisa r&iacute;gida.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde atiende llamadas de un par de periodistas de confianza. Le proponen que haga alguna declaraci&oacute;n sobre las &uacute;ltimas informaciones. &ldquo;No he hecho nunca nada il&iacute;cito, tengo la conciencia muy tranquila&rdquo;, repite mon&oacute;tono. Uno de los periodistas busca complicidad, seguir la conversaci&oacute;n ya no como periodista sino como viejo compa&ntilde;ero de fatigas, pero &eacute;l rechaza la confianza, cualquiera se f&iacute;a hoy de un periodista por muy amigo que sea.
    </p><p class="article-text">
        Pero con el segundo periodista es &eacute;l mismo quien busca esa cercan&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        -Oye, entre nosotros, &iquest;hay algo m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Algo m&aacute;s de qu&eacute;? &ndash;pregunta el periodista.
    </p><p class="article-text">
        -Sobre m&iacute;. &iquest;Van a salir m&aacute;s cosas?
    </p><p class="article-text">
        -Hombre&hellip; Hay rumores de todos los colores.
    </p><p class="article-text">
        -Solo quiero saber si hay algo en circulaci&oacute;n, algo serio de verdad.
    </p><p class="article-text">
        -La caja est&aacute; destapada, eso est&aacute; claro. Hay gente con ganas de ventilar mierda, y t&uacute; estabas siempre en medio. Pero si me entero de algo delicado te aviso.
    </p><p class="article-text">
        Delicado. Otra vez la palabra. &ldquo;Extremadamente delicado&rdquo;. Relee de nuevo el correo, que ya ha sacado de la papelera para conservarlo. Hace varias llamadas. Gente que le debe favores, de los que a&uacute;n se f&iacute;a, tantas guerras juntos. Pero no est&aacute; seguro de que la l&iacute;nea telef&oacute;nica est&eacute; limpia, as&iacute; que no menciona el correo recibido y se limita a preguntar generalidades. Tampoco quiere transmitir una preocupaci&oacute;n que a&uacute;n cree no sufrir. Sus confidentes coinciden en tranquilizarlo: es todo ruido electoral, y t&uacute; est&aacute;s bien cubierto, en cuanto pasen las elecciones todo el mundo se olvidar&aacute; de ti.
    </p><p class="article-text">
        En la cena pide a su mujer que apague las noticias. Pero el silencio del comedor es peor, acaba encendiendo el televisor, un concurso de adivinar palabras. &ldquo;Con la R, mam&iacute;fero roedor que vive en bodegas, establos y&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        No consigue dormir. No es el insomnio que le tortura hace meses, el de hoy resiste a la infusi&oacute;n y la pastilla. &ldquo;Ruido electoral&rdquo;. Quedan muchos d&iacute;as para las elecciones, y vamos a ritmo de revelaci&oacute;n diaria. Seguramente dosifican las filtraciones para estirar la atenci&oacute;n, pero desde el partido ya le avisaron de que viene tormenta y no habr&aacute; paraguas para todos. El partido. Gente que se la tiene jurada de hace a&ntilde;os, y otros que no mover&aacute;n ya un dedo por &eacute;l, incluso preferir&aacute;n dejarlo caer, teatralizar la limpieza interna. Primero te dejan fuera de las candidaturas, luego no te cogen el tel&eacute;fono y acabas siendo &ldquo;esa persona de la que usted me habla&rdquo;. El vicesecretario le jur&oacute; ayer mismo que ellos no est&aacute;n filtrando nada, c&oacute;mo se le ocurr&iacute;a pensar algo as&iacute;. Se&ntilde;or, l&iacute;brame de mis compa&ntilde;eros de partido, que de los enemigos ya me ocupo yo.
    </p><p class="article-text">
        Grabaciones suyas tiene que haber, y muchas, piensa a las cuatro de la madrugada. Aqu&iacute; todo el mundo graba a todo el mundo. El mejor seguro de vida. Rata no come rata. De algunas grabaciones ya le advirti&oacute; un comisario amigo, y cualquier d&iacute;a aparecer&aacute;n. Pero ninguna le parece lo suficientemente delicada, y en ning&uacute;n caso &ldquo;extremadamente delicada&rdquo;. Cada vez que su gente le revisaba el despacho sal&iacute;a un micr&oacute;fono nuevo. &iquest;C&aacute;mara oculta? Cualquiera pod&iacute;a llevar una. Tantos momentos en su vida que no querr&iacute;a ver en el telediario de ma&ntilde;ana. Como cualquiera, vaya. El que est&eacute; libre de pecado, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana le saluda sin haber pegado ojo. Dolor de cabeza, cervicales tensas y un pinchazo en la garganta, como un peque&ntilde;o alfiler.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hace al levantarse es mirar el correo. Nada. Pone la radio y la apaga en cuanto empiezan a hablar del tema, que parece va a ser otra vez el tema del d&iacute;a, de la semana, del a&ntilde;o. Llama a un ex comisario de los buenos tiempos, decidido ahora s&iacute; a pedirle consejo o ayuda, pero no le coge el tel&eacute;fono, y cuando veinte minutos despu&eacute;s le devuelve la llamada ya se ha tranquilizado, se limita a saludar y preguntar si hay novedades, devuelve el correo a la papelera.
    </p><p class="article-text">
        Al salir de misa le pide a su escolta que le deje pasear un rato solo, llamar&aacute; si lo necesita. El guardaespaldas se lo desaconseja, pero &eacute;l se pone unas gafas de sol y un gorro de lluvia, y con esa facha de agente secreto de baratillo echa a andar, confiando en que el paseo siempre serena el alma.
    </p><p class="article-text">
        Deambula casi dos horas, hablando consigo mismo, pasando revista a su historial, los momentos delicados, tantos despu&eacute;s de a&ntilde;os en el fango. Camina sin rumbo, o eso parece hasta que, no sabemos si consciente o involuntariamente &ndash;cuesta creerlo- se detiene y mira el nombre de la calle: es aquella donde est&aacute; el lugar se&ntilde;alado por el correo an&oacute;nimo, a donde deber&aacute; ir ma&ntilde;ana si quiere recuperar el material delicado, extremadamente delicado, la broma, la trampa.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; tonter&iacute;a, se dice, y llama al escolta para que venga a recogerlo. Mientra espera, observa a la gente que pasa y le mira, su inc&oacute;gnito de gafas y gorro lo hace m&aacute;s llamativo. Un grupo de oficinistas se cruza con &eacute;l. Se giran al pasar, cuchichean, &eacute;l se aleja deprisa cuando le apuntan con los m&oacute;viles, y finalmente le gritan &ldquo;&iexcl;rata, vuelve a la cloaca!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a no sale del despacho, pide que le traigan la comida, pretexta un principio de resfriado, evita el sal&oacute;n, la compa&ntilde;&iacute;a, el telediario. Apenas prueba bocado, dedicado a hacer b&uacute;squedas en redes sociales con su nombre y ciertas palabras relacionadas. Encuentra un usuario de Twitter llamado &ldquo;rata come rata&rdquo;, y que ha escrito un enigm&aacute;tico, o m&aacute;s bien obvio, &ldquo;A todo cerdo le llega su San Mart&iacute;n. Atentos a los pr&oacute;ximos d&iacute;as&rdquo;. Es un usuario nuevo, apenas tiene seguidores, escribe para nadie, o peor a&uacute;n: escribe para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Mientras manosea indeciso el tel&eacute;fono, imagina la conversaci&oacute;n con el ex comisario. No le tomar&aacute; en serio, se reir&aacute; de su inquietud. Una broma, le dir&aacute;. Una trampa para cretinos, le dir&aacute;. Pero tambi&eacute;n puede ser que el solo hecho de mencionar el correo ya levante la liebre. F&aacute;cil que el tel&eacute;fono est&eacute; pinchado, el suyo o el del ex comisario, o que este mismo se vaya de la lengua y alguien acabe tirando del hilo y llegando hasta los autores del an&oacute;nimo, s&iacute;, pero tambi&eacute;n hasta la grabaci&oacute;n, caso de existir. No llama.
    </p><p class="article-text">
        En la cena acepta el telediario con tal de no pronunciar palabra, pero imagina que un d&iacute;a, ma&ntilde;ana mismo, la presentadora anuncia la &uacute;ltima hora: la difusi&oacute;n de una grabaci&oacute;n, un v&iacute;deo de c&aacute;mara oculta, un material extremadamente delicado, y los ojos desorbitados de su mujer con el tenedor a medio camino de la boca, y la explicaci&oacute;n que &eacute;l tendr&iacute;a que balbucear, es una broma, una trampa, un montaje, van a por m&iacute; y son capaces de todo, conf&iacute;a en m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No hay quien aguante una segunda noche sin dormir, cuando adem&aacute;s lleva semanas en que con suerte y mucha farmacia consigue dormir tres o cuatro horas. A las dos y media decide que s&iacute;, que ma&ntilde;ana ir&aacute; al punto de encuentro, todo con tal de despejar esta duda horrible. A las tres menos cuarto se convence de que es un disparate. A las tres considera preferible el rid&iacute;culo al riesgo, por improbable que sea ese riesgo. A las tres y veinte piensa que podr&iacute;a ser una trampa pero de verdad, un atentado, en cuanto se levante llamar&aacute; a la polic&iacute;a, presentarse como v&iacute;ctima de extorsi&oacute;n le beneficia. A las cuatro es evidente que no son ni siquiera aficionados, seguramente unos ni&ntilde;atos con ganas de re&iacute;rse a su costa. A las cuatro y media decide que enviar&aacute; al escolta. A las cinco menos veinte se cambia de pijama, empapado. A las cinco y cuarto se levanta, se viste a oscuras, los calcetines al rev&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; est&aacute; ahora, con los zapatos encharcados y la sola luz del tel&eacute;fono, pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo ha llegado hasta aqu&iacute;. &iquest;C&oacute;mo? As&iacute;: a paso r&aacute;pido desde casa, casi tan r&aacute;pido como el &uacute;nico deportista tempranero que se cruz&oacute;. Cuarenta minutos de caminata solitaria hasta alcanzar la calle mencionada en el correo, y el n&uacute;mero de portal frente al que encontr&oacute; la tapa sin encajar, a medio abrir. Mir&oacute; hacia los dos extremos de la calle, nadie a la vista, edificios de oficinas a esta hora todav&iacute;a apagadas. Con m&aacute;s asco que esfuerzo levant&oacute; del todo la tapa y la ech&oacute; a un lado. Alumbr&oacute; con el m&oacute;vil el pozo ah&iacute; abajo, los pelda&ntilde;os met&aacute;licos. Se lo pens&oacute; mejor, evidentemente se lo pens&oacute; mejor, el insomnio y la inquietud no alcanzaban a&uacute;n para delirio, se dijo que c&oacute;mo era tan necio para morder un anzuelo tan obvio, si quer&iacute;an darle una lecci&oacute;n ya era suficiente, adi&oacute;s, y ech&oacute; a andar de vuelta a casa, pero no hab&iacute;a llegado a la esquina cuando se detuvo, subray&oacute; la duda con brazos en jarra, para por fin volver sobre sus pasos, encender otra vez la luz del m&oacute;vil, y sujet&aacute;ndolo entre los dientes descender los diez, doce pelda&ntilde;os verticales, hasta meter el zapato en el agua, si se puede llamar agua.
    </p><p class="article-text">
        Sin dejar de repetirse lo imb&eacute;cil que era, avanz&oacute; unos pasos, m&aacute;s asqueado que temeroso, en cada desecho flotante cre&iacute;a ver una rata de ojos ciegos. No sab&iacute;a ni siquiera qu&eacute; buscaba, una bolsa, una caja, pero estaba todo encharcado, nadie dejar&iacute;a nada ah&iacute; abajo, se confirmaba la broma de mierda, la trampa de los ni&ntilde;atos, y &eacute;l masticando el anzuelo aunque le aliviaba comprobar que no hab&iacute;a pendrive ni por tanto v&iacute;deo. No se hab&iacute;a dado a&uacute;n la vuelta cuando oy&oacute; el arrastrar met&aacute;lico de la tapa, el golpe al encajar en la abertura. Corri&oacute;, apremiado por el ancestral miedo a la oscuridad, a que se le cayese el tel&eacute;fono al agua, desorientarse y no salir nunca m&aacute;s y ser devorado por alima&ntilde;as, pero encontr&oacute; en seguida la escalera, subi&oacute; ansioso, empuj&oacute; la tapa sin levantar un mil&iacute;metro, la golpe&oacute;, confiado todav&iacute;a en que un vecino madrugador la hubiese visto abierta y cerrado para evitar accidentes.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; sigue, en lo alto de la escalera, con las piernas agarrotadas por los minutos que lleva encaramado. Aliviado al comprobar la bater&iacute;a que le queda al tel&eacute;fono y la cobertura suficiente para llamar ahora mismo a alguien y que venga a sacarlo, al escolta, al ex comisario, a su hermano, a qui&eacute;n le explicar&aacute; c&oacute;mo ha terminado metido aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Va a salir, no tardar&aacute;, solo tiene que llamar y pedir ayuda. Solo demora la llamada porque cree o&iacute;r motores de coches arriba, voces, y no sabe si son los primeros repartidores del barrio o las unidades m&oacute;viles avisadas por una llamada an&oacute;nima, las c&aacute;maras preparadas, conectadas en directo, para recoger el momento en que la tapa se abra y asome con ojos ciegos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/rata-come-rata_132_1611837.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2019 18:15:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rata come rata]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["El niño que ha sido lector terminará volviendo a los libros pese al bache adolescente"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/lector-terminara-volviendo-libros-adolescente_128_1618001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc46a120-dddf-4477-baf1-eeb8f511ea78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;El niño que ha sido lector terminará volviendo a los libros pese al bache adolescente&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor se adentra en la novela juvenil con "W", creada junto a su hija</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;W&rdquo; (Edeb&eacute;), primera novela juvenil de Isaac Rosa, surgi&oacute; de la voluntad del escritor de mejorar la comunicaci&oacute;n con su hija mayor Olivia a su llegada a la adolescencia. Juntos, padre e hija idearon esta historia narrada a dos voces sobre Valeria, una joven que descubre la existencia de su doble exacto, Valentina. Pero &ldquo;W&rdquo; trata ante todo de la b&uacute;squeda de la identidad y del propio lugar en el mundo, del autodescubrimiento. Isaac Rosa es autor de libros de relatos y novelas, la &uacute;ltima de las cuales es &ldquo;Feliz final&rdquo; (2018). Ha escrito tambi&eacute;n guiones para c&oacute;mic y es columnista de eldiario.es. Adem&aacute;s de Olivia, es padre de Carmela y Elvira.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sueles escribir libros comprometidos, sobre asuntos dif&iacute;ciles. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; la idea de meterse en literatura juvenil?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por una parte, las ganas de entrar en un terreno que no era el m&iacute;o, igual que ya he hecho con el teatro, el ensayo o el propio periodismo, que no es tanto mi territorio como la novela. Me apetec&iacute;a escribir para lectores m&aacute;s j&oacute;venes, con los que tengo habitualmente encuentros en institutos, a los que me invitan. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a motivos personales, familiares: ganas de hacer algo con Olivia, mi hija mayor, de mejorar un poco la comunicaci&oacute;n con ella justo cuando entraba en una edad complicada como es la adolescencia; de intentar que no se desenganchara de los libros, en ese momento en que tantos adolescentes que han le&iacute;do much&iacute;simo de ni&ntilde;os caen en un bache, se descuelgan. Con esa mezcla de motivos nos pusimos a pensar una historia que inicialmente iba a ser un cuento, y acab&oacute; saliendo una novela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras un libro sobre el fracaso sentimental adulto como &ldquo;Feliz final&rdquo; (2018), &iquest;escribir una historia para j&oacute;venes ha sido una manera de aligerarse?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la escritura de &ldquo;Feliz final&rdquo; y &ldquo;W&rdquo; han sido casi simult&aacute;neas. Y es verdad que &ldquo;W&rdquo; me pod&iacute;a servir en algunos momentos para separarme un poco de lo que supon&iacute;a trabajar en una novela como &ldquo;Feliz final&rdquo;, que tiene otro tono. Curiosamente, en ambos libros termin&eacute; empleando el mismo recurso de narrar a dos voces: una en letra redonda y otra en cursiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque hablemos de literatura juvenil, en &ldquo;W&rdquo; se tratan temas como el modo en que la crisis econ&oacute;mica ha afectado a las familias, entre otros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me cuesta mucho acotar lo que se supone que es novela juvenil. Dicen que es aquella capaz de comunicar a todos los p&uacute;blicos&hellip; y tambi&eacute;n a los j&oacute;venes. &ldquo;W&rdquo;, por protagonista, por mirada del personaje, se podr&iacute;a entender como novela juvenil. Habla de esos a&ntilde;os: la adolescencia, el paso al instituto&hellip; Pero quisiera que llegase tanto a mis lectores habituales como a sus hijos. Mi hija y yo quer&iacute;amos que la historia fuera creciendo. Por eso las primeras p&aacute;ginas son en clave casi infantil, pero luego, seg&uacute;n se avanza, los personajes maduran, aprenden, y el propio libro cambia de tono. Se trataba de reflejar esa edad cr&iacute;tica, cuando no has dejado de ser ni&ntilde;o o ni&ntilde;a, pero de pronto tienes que enfrentarte a un mundo casi adulto: empiezas a tener conciencia de ti mismo, de los conflictos y problemas que te rodean, comenzando por tu familia. Empiezas a buscar tu lugar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la nota inicial cuentas que &ldquo;W&rdquo; es &ldquo;el resultado de muchas tardes felices&rdquo; compartidas con tu hija Olivia. &iquest;C&oacute;mo fue este proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La propuesta fue m&iacute;a, y ella, como buena adolescente, la recibi&oacute; al principio con algo de reticencia. A esa edad cualquier cosa que venga de tu padre es sospechosa: &ldquo;Ya me quiere liar&rdquo;, pensar&iacute;a. Pero poco a poco fue entrando. Tuvimos unas semanas de tormenta de ideas, de pensar qu&eacute; historia quer&iacute;amos contar, qui&eacute;n iba a ser el narrador&hellip; Enseguida ella fue tomando mucho m&aacute;s peso, aportando sobre todo la mirada de su generaci&oacute;n: Olivia va a cumplir ahora quince a&ntilde;os. Le&iacute;amos juntos lo que se iba escribiendo, correg&iacute;amos, ella propon&iacute;a nuevas cosas y as&iacute; fuimos sacando un primer borrador. Luego un par de amigas editoras de juvenil nos dieron buenos consejos y eso lo hizo todo mucho m&aacute;s f&aacute;cil. Lo importante era que, no por dirigirnos a lectores j&oacute;venes, se bajara la exigencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La narraci&oacute;n gira en torno al tema del doble, de ilustre tradici&oacute;n en la literatura: Paul Auster, Poe&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El doble es un cl&aacute;sico desde antes de la literatura incluso: Aparece en el folclore, en los cuentos populares. Ese ser id&eacute;ntico a ti, cuya aparici&oacute;n es a veces un presentimiento de desgracia, o a veces de suerte. Ha sido motivo recurrente de muchos escritores, como los que has comentado. Tambi&eacute;n en el cine y otras formas de la cultura. A m&iacute; me parec&iacute;a que era especialmente apropiada para el terreno de la adolescencia, porque el doble, cuando aparece en un relato, pone en juego preguntas que tienen que ver con la identidad. Sirve para interrogarse sobre uno mismo, su lugar, el deseo de ser otro, de vivir otra vida, el miedo de que alguien te reemplace&hellip; Son todos deseos, miedos y dudas muy propios de la adolescencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Comentabas al principio que a menudo en la adolescencia el h&aacute;bito lector se pierde. En tu experiencia, &iquest;c&oacute;mo se puede evitar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el caso de mi hija, es algo que viv&iacute; con preocupaci&oacute;n porque, de pronto, una ni&ntilde;a que hab&iacute;a sido muy lectora, llega al instituto y eso supone muchas cosas: Nuevos intereses entran en tu vida, descubres cosas como las redes sociales y, sobre todo, tratas de hallar tu hueco en un ambiente donde la lectura y la escritura no son nada populares. Todo se vuelve colectivo, grupal: est&aacute;s en tu pandilla, est&aacute;s reafirmando tu individualidad, pero a la vez la compartes con los dem&aacute;s. Y raramente va a haber un espacio para la lectura, a no ser que te juntes con amigos muy lectores. Por esa mezcla de elementos -y otros que nos afectan a los adultos, que leemos seguramente menos que antes tambi&eacute;n-, muchos ni&ntilde;os que han sido muy lectores caen en ese bache en que se alejan de los libros, incluso los abandonan. En mi caso, me tranquiliz&oacute; ver a trav&eacute;s de los hijos de amigos que ese momento pasa: el que ha sido muy lector de peque&ntilde;o termina volviendo con los a&ntilde;os. Se recupera el inter&eacute;s. Pero eso no quita que debemos pensar en qu&eacute; hacer para que los libros est&eacute;n de manera mucho m&aacute;s natural en la vida de los adolescentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Miguel Vilar-Bou]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/lector-terminara-volviendo-libros-adolescente_128_1618001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Apr 2019 09:38:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["El niño que ha sido lector terminará volviendo a los libros pese al bache adolescente"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Murcia,Isaac Rosa,Literatura juvenil,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cata a ciegas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/cata-ciegas_132_1659141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a40df2ae-cedd-43fb-a41f-a8453f7e144f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Violaciones grupales, porno, excitaci&oacute;n o repugnancia, fantas&iacute;as inofensivas o una peligrosa educaci&oacute;n sexual. Una ficci&oacute;n a partir del caso de &ldquo;la manada&rdquo; y de la obra teatral <a href="https://teatrokamikaze.com/programa/jauria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Jaur&iacute;a</a></li>
                                    <li>Novena entrega de 'Letra peque&ntilde;a': <a href="https://www.eldiario.es/letrapeque%C3%B1a_isaacrosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">lee aqu&iacute; la serie de relatos escritos por Isaac Rosa e ilustrados por Riki Blanco</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        - No fastidies, ahora la culpa de las violaciones va a ser del porno. Como lo de los videojuegos y los asesinatos, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        - Se llama &ldquo;cultura de la violaci&oacute;n&rdquo;, a ver si te enteras. No solo la pornograf&iacute;a, tambi&eacute;n la prostituci&oacute;n, ense&ntilde;an a los hombres que las mujeres est&aacute;n disponibles sexualmente para los hombres, que una mujer solo es una colecci&oacute;n de agujeros para penetrar.
    </p><p class="article-text">
        Acab&aacute;bamos de salir del teatro, y las tres parejas nos tom&aacute;bamos una cerveza y coment&aacute;bamos la obra. Jaur&iacute;a, as&iacute; se titulaba, teatro documental sobre el caso de &ldquo;La manada&rdquo;, a partir de las transcripciones del juicio, las declaraciones e interrogatorios de los condenados y de la v&iacute;ctima. La discusi&oacute;n en el bar se fue calentando:
    </p><p class="article-text">
        - A muchos hombres les pone la fantas&iacute;a de someter a una mujer. Cada vez hay m&aacute;s porno que simula violaciones, erotizando el sexo forzado.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Es solo una fantas&iacute;a de hombres, o tambi&eacute;n hay mujeres que se excitan pensando en un desconocido que las somete?
    </p><p class="article-text">
        Mi pareja, M., participaba en la conversaci&oacute;n, yo me limitaba a escuchar, o m&aacute;s bien a simular que escuchaba. No pod&iacute;a quitarme de la cabeza lo visto y sobre todo lo o&iacute;do en el teatro: aquella muchacha a cuatro patas, los ojos cerrados, una mano la sujetaba por el pelo para dirigir el movimiento de su cabeza en la felaci&oacute;n, otro la penetraba desde detr&aacute;s, un tercero le lam&iacute;a la vulva.
    </p><p class="article-text">
        - Los de la manada cre&iacute;an que no hab&iacute;an hecho malo &ndash;levant&oacute; la voz J., con ganas de polemizar-. Meter a una desconocida en un portal, foll&aacute;rsela entre cinco por todos los agujeros posibles, dejarla all&iacute; tirada y largarse. &iexcl;Hasta lo grabaron en v&iacute;deo, de lo convencidos que estaban de que era lo mismo que ve&iacute;an en las pel&iacute;culas!
    </p><p class="article-text">
        - No estoy de acuerdo &ndash;respondi&oacute; F.-. Alguien puede tener fantas&iacute;as sexuales de violar o hasta de ser violado, sin por ello querer que ocurra de verdad. Es solo fantas&iacute;a. El porno es ficci&oacute;n, joder, parece mentira que haya que recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Est&aacute;s bien? &ndash;me pregunt&oacute; M., acarici&aacute;ndome la nuca. Yo asent&iacute;, sonre&iacute;, beb&iacute; un sorbo, fing&iacute; atender la conversaci&oacute;n, pero en realidad me estaba preguntando c&oacute;mo la hab&iacute;an podido penetrar dos hombres a la vez por ano y vagina. Tal vez uno tumbado en el suelo, la muchacha encima, otro cerrando el bocadillo sobre ella.
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;Seguro que entre el p&uacute;blico hab&iacute;a t&iacute;os excitados! &ndash;grit&oacute; J., se oy&oacute; en todo el bar.
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;Venga ya! &iquest;Vas a criminalizar a todos los hombres? &iquest;Todos violadores?
    </p><p class="article-text">
        - Son solo fantas&iacute;as, &iquest;no dec&iacute;as eso? Apuesto a que algunos espectadores se empalmaron al o&iacute;r en boca de la actriz los detalles de la violaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - De acuerdo, pero solo si admites que podr&iacute;a haber tambi&eacute;n alguna mujer excitada.
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;Vete a la mierda!
    </p><p class="article-text">
        - V&aacute;monos ya, por favor &ndash;le susurr&eacute; a M., y levant&eacute; la voz para mentir al resto de la mesa: &ldquo;Perdonad, tengo un horrible dolor de cabeza, llevo una semana con mucho trabajo&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Caminamos hasta el metro, el aire fresco me alivi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        - Qu&eacute; buena la obra, &iquest;verdad? &ndash;me pregunt&oacute; M.
    </p><p class="article-text">
        - S&iacute;, muy impresionante. No me la quito de la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        En el vag&oacute;n nos sentamos frente a dos adolescentes. Una apoyaba la cabeza en los muslos de la otra, que le acariciaba el pelo. Parec&iacute;an muy borrachas, lo confirm&eacute; cuando se levantaron y salieron al and&eacute;n enlazadas por la cintura, tambaleantes, un tirante de la camiseta descolgado, desnudos el hombro y el om&oacute;plato. En el and&eacute;n hab&iacute;a un grupo de j&oacute;venes sentados en el suelo, siete u ocho. Dos de ellos se incorporaron al verlas, se acercaron hacia ellas, sonrientes, el tren reanud&oacute; la marcha y solo vi c&oacute;mo uno daba dos besos a una de las chicas.
    </p><p class="article-text">
        - Los chavales ven porno cada vez m&aacute;s j&oacute;venes, ya desde ni&ntilde;os &ndash;hab&iacute;a insistido J. en el bar tras el teatro-. Comparten v&iacute;deos, esa es su educaci&oacute;n sexual. Crecen convencidos de que las mujeres desean que las follen con agresividad, y que si se resisten es parte del juego er&oacute;tico. Estamos criando futuras manadas.
    </p><p class="article-text">
        - Eso suena muy moralista: el porno es malo, el porno es de enfermos &ndash;hab&iacute;a respondido F.-. &iexcl;El porno no est&aacute; hecho para educar, por favor!
    </p><p class="article-text">
        Al entrar en nuestro portal, mientras esper&aacute;bamos el ascensor, me qued&eacute; mirando el hueco bajo la escalera, en penumbra.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Piensas lo mismo que yo? &ndash;me pregunt&oacute; M.
    </p><p class="article-text">
        - Claro &ndash;contest&eacute;, los ojos clavados en el estrecho hueco donde de pronto se materializaron cinco hombres y una mujer. Uno la sujetaba por el brazo, otro la agarr&oacute; del pelo para agacharla, un tercero le solt&oacute; el sujetador y otro le tirone&oacute; los leggins mientras el quinto se abr&iacute;a la bragueta ya junto a su boca, todo muy despacio, ralentizados sus movimientos. Reconoc&iacute; a la v&iacute;ctima: era una de las muchachas del metro, la m&aacute;s ebria de las dos.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Qu&eacute; tal tu cabeza? &ndash;me pregunt&oacute; M. al entrar en casa.
    </p><p class="article-text">
        Me retras&eacute; en el ba&ntilde;o, dej&eacute; correr el grifo para que se oyese desde el dormitorio. Me desnud&eacute; y el espejo me devolvi&oacute; una mirada extra&ntilde;a, que sostuve durante un par de minutos, temblando.
    </p><p class="article-text">
        En el dormitorio vi que M. ya dorm&iacute;a, la boca entreabierta, el brazo colgando hacia el suelo. Apagu&eacute; la l&aacute;mpara, me puse la bata y fui al sal&oacute;n, todav&iacute;a con el eco de la conversaci&oacute;n en el bar, tras el teatro:
    </p><p class="article-text">
        - Si has visto tanto porno como dices, coincidir&aacute;s conmigo en que hay un argumento que se repite una y otra vez: un hombre, solo o acompa&ntilde;ado de otros, se acerca a una mujer sola. Ella acepta el coqueteo, pero marca distancia, esquiva el primer beso, se resiste cuando &eacute;l intenta tomarla de la cintura, forcejea brevemente ya con el hombre encima, y finalmente es penetrada, siempre por los tres orificios, uno tras otro, ya sin resistencia y con evidentes muestras de placer. &iquest;Qu&eacute; mensaje lanzan esos v&iacute;deos? Que cuando una mujer dice no, en realidad es un s&iacute; juguet&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - Hay muchos tipos de porno, incluso porno feminista&hellip;
    </p><p class="article-text">
        - Ya, pero el problema es cu&aacute;l ven los ni&ntilde;os. S&iacute;, ni&ntilde;os, ya en el patio del colegio con sus m&oacute;viles. Entra en cualquier web y mira los t&eacute;rminos m&aacute;s buscados: adolescentes, sexo extremo, grupos, anal, abusos, incluso violaci&oacute;n directamente. Los v&iacute;deos m&aacute;s vistos suelen contener humillaci&oacute;n, sometimiento, cuando no violencia expl&iacute;cita&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Me sent&eacute; en el sof&aacute;, puse el ordenador sobre mis muslos. Abr&iacute; un portal de porno para confirmar lo o&iacute;do en la cena. Entre las tendencias, adem&aacute;s de las comentadas, encontr&eacute; &ldquo;hermanas&rdquo;, &ldquo;madres&rdquo;, &ldquo;gangbang&rdquo;, &ldquo;l&eacute;sbico&rdquo;, &ldquo;maduras&rdquo;. Pase&eacute; el cursor por algunos v&iacute;deos, pero acab&eacute; por cerrar la p&aacute;gina y borrar el historial.
    </p><p class="article-text">
        En el buscador escrib&iacute; &ldquo;juicio a la manada&rdquo;. Navegu&eacute; unos segundos hasta encontrar la transcripci&oacute;n de los interrogatorios, todo lo ya escuchado en el teatro. Pasaba deprisa las p&aacute;ginas, me deten&iacute;a en algunos fragmentos, los recordaba con exactitud de solo unas horas antes. Las palabras de ellos: &ldquo;Primero yo le hice sexo oral, luego me lo hizo ella a m&iacute;, y luego la penetr&eacute;&rdquo;. &ldquo;Ella le hizo el beso negro a Alfonso, luego a m&iacute; y yo le masaje&eacute; el cl&iacute;toris&rdquo;. &ldquo;No recuerdo si todos penetramos pero s&iacute; nos hizo felaciones a todos&rdquo;. &ldquo;Seg&uacute;n fuimos eyaculando nos &iacute;bamos marchando&rdquo;. Y las palabras de ella: &ldquo;Me agarraron de la mand&iacute;bula para hacer felaciones, me tiraban de la coleta para que moviera la cabeza adelante y atr&aacute;s&rdquo;. &ldquo;Yo estaba en estado de shock, me somet&iacute;, cualquier cosa que me dijeran yo la iba a hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escuch&eacute; un roce de zapatillas en el pasillo, cerr&eacute; de golpe el port&aacute;til, agarr&eacute; una revista.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Qu&eacute; haces que no te acuestas? &ndash;me pregunt&oacute; M., los ojos achicados por la luz.
    </p><p class="article-text">
        - Ahora voy, no ten&iacute;a sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sigui&oacute; hasta la cocina, pas&oacute; de vuelta con un vaso de agua y un &ldquo;buenas noches&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute; un par de minutos para recuperar el ordenador. Busqu&eacute; alguna foto de la v&iacute;ctima, necesitaba ver su verdadero rostro, no pod&iacute;a acostarme sin verla. Pero solo encontr&eacute; im&aacute;genes de diferentes mujeres que sujetaban un cartel rotulado con &ldquo;Yo soy la v&iacute;ctima de la manada&rdquo;. Tambi&eacute;n hab&iacute;a fotos de la actriz que la interpretaba en el teatro. No me cost&oacute; imaginar las mismas escenas poni&eacute;ndola a ella de v&iacute;ctima. Los ojos cerrados, una mano f&eacute;rrea en la mand&iacute;bula, otra tir&aacute;ndole de la coleta.
    </p><p class="article-text">
        Tumbada, un hombre debajo, otro encima, un tercero sobre su boca.
    </p><p class="article-text">
        - El problema lo tienes t&uacute; &ndash;hab&iacute;a dicho alguien en el bar, ya no recordaba qui&eacute;n-. El problema lo tienes t&uacute;, que no ves m&aacute;s que violadores en potencia donde solo hay gente corriente que para excitarse fantasea con cosas que nunca har&aacute;. S&iacute;, hasta con violaciones grupales, y qu&eacute;. Vuelvo a los videojuegos, es como el que juega a ser francotirador y revienta cientos de cabezas. El porno es eso, un juego, excitarte con algo que sabes que es ficci&oacute;n. Y cuanto m&aacute;s alejado de tu realidad, m&aacute;s excitante.
    </p><p class="article-text">
        - Eso mismo pensaron los de la manada, que era un juego, y que ella tambi&eacute;n estaba jugando.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Sab&eacute;is cu&aacute;l era el t&eacute;rmino m&aacute;s buscado en internet en los d&iacute;as posteriores a la violaci&oacute;n? &ldquo;V&iacute;deo de la manada&rdquo;. Muchos quer&iacute;an verlo, y no por inter&eacute;s informativo. Mucho morbo, s&iacute;, pero tambi&eacute;n habr&iacute;a quien lo buscaba como un contenido m&aacute;s, porno con el que excitarse, porno real.
    </p><p class="article-text">
        A solas en el sal&oacute;n tecle&eacute; en el buscador, localic&eacute; fotogramas del v&iacute;deo. No me cost&oacute; encontrar la grabaci&oacute;n completa. Dej&eacute; el port&aacute;til en la mesa, sal&iacute; al pasillo, me asom&eacute; al dormitorio para escuchar la respiraci&oacute;n de M. De vuelta al sof&aacute; baj&eacute; el volumen del reproductor, dud&eacute; unos segundos antes de pulsar play. Apenas un minuto y medio, imagen de mala calidad. Al terminar, volv&iacute; a reproducirlo. Una vez, dos, tres veces, no s&eacute; cu&aacute;ntas veces lo vi.
    </p><p class="article-text">
        Borr&eacute; el historial, cerr&eacute; el ordenador y qued&eacute; unos minutos en el sof&aacute;, la respiraci&oacute;n alterada, la misma agitaci&oacute;n que hab&iacute;a sentido en el teatro. Si cerraba los ojos volv&iacute;a a ver la escena, repetida plano a plano, pero ahora tambi&eacute;n aparec&iacute;a, entre el desorden de cuerpos, el rostro de M.
    </p><p class="article-text">
        En el espejo del ba&ntilde;o, mi reflejo me observ&oacute; durante un par de minutos. La mirada fija, la expresi&oacute;n desencajada, hasta que cerr&eacute; los ojos y fui tranquiliz&aacute;ndome.
    </p><p class="article-text">
        Me deslic&eacute; entre las s&aacute;banas, me apret&eacute; contra M., su cuerpo caliente contra el que encaj&eacute; mis huesos. Acarici&eacute; su pecho mientras recordaba el final de la conversaci&oacute;n en el bar, justo antes de marcharnos, F. y J. que insist&iacute;an:
    </p><p class="article-text">
        - El problema lo tienes t&uacute;, es tu mirada la que solo ve lo que tus prejuicios le indican que vea.
    </p><p class="article-text">
        - Ah, claro, soy yo. Veo violencia donde solo hay juego inocente.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Y si fuese al rev&eacute;s, mujeres forzando a un hombre? Tambi&eacute;n hay porno as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        - Seguro. Pero es tambi&eacute;n para excitar a los hombres, no a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        - Hombres, mujeres&hellip; Mira, te voy a pasar un texto que le&iacute; un d&iacute;a, es como un juego.
    </p><p class="article-text">
        - D&eacute;jame ya de juegos.
    </p><p class="article-text">
        - Que s&iacute;, un experimento. Es como una cata a ciegas.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Una cata a ciegas?
    </p><p class="article-text">
        - Es una historia en la que no se dice si quien la protagoniza es un hombre o una mujer. No hay nada que lo indique, se usan iniciales en vez de nombres, ning&uacute;n adjetivo ni art&iacute;culo aparecen en masculino o femenino. Cada cual, al leerlo, da por hecho que se trata de un hombre, o que es una mujer, a partir de sus prejuicios. Y no valoras igual la historia si piensas que es &eacute;l o que es ella. Quiz&aacute;s crees que el relato va de un hombre excitado, cuando en realidad se trata de una mujer horrorizada. O tal vez el protagonista es un hombre que sufre una profunda repugnancia, o por qu&eacute; no, la protagonista es una mujer que siente una repentina excitaci&oacute;n. Cuando lo terminas, vuelves a leerlo, pensando ahora que en vez de un hombre es una mujer, o al rev&eacute;s, y de pronto la historia suena diferente. &iquest;Es el relato o eres t&uacute;? Haz la prueba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/cata-ciegas_132_1659141.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Mar 2019 20:07:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cata a ciegas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Manada,Abusos sexuales,Machismo,Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiza roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/tiza-roja_132_1740900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/872ac72a-71f3-4e3f-ada2-fbf171e2c2b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiza roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué son esos números que de pronto aparecen en las plazas? ¿Qué cuentan, quién está detrás?</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Segunda entrega de 'Letra peque&ntilde;a': <a href="https://www.eldiario.es/letrapeque%C3%B1a_isaacrosa/?_ga=2.202672530.228447368.1548356346-177364403.1544369155" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">lee aqu&iacute; la serie de relatos escritos por Isaac Rosa e ilustrados por Riki Blanco</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        487. Solo eso, tres n&uacute;meros. Un cuatro, un ocho y un siete. Grandes, muy grandes, cada uno del tama&ntilde;o de una persona tumbada. En color rojo, a tiza, en la acera, en el centro de la Puerta del Sol, junto a la fuente. Un gran 487.
    </p><p class="article-text">
        Ese primer d&iacute;a lo vimos muy pocos. Digo &ldquo;primer d&iacute;a&rdquo;, sin la seguridad de que lo fuese, quiz&aacute;s hubo antes un 486, un 485.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 487 todav&iacute;a no llamaba la atenci&oacute;n de los que emerg&iacute;amos del metro y cruz&aacute;bamos la plaza pendientes del m&oacute;vil, seguramente lo pisamos, y si ahora lo recordamos es solo por lo que vino despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tan poca atenci&oacute;n nos mereci&oacute;, que al d&iacute;a siguiente solo unos pocos notamos que hab&iacute;a cambiado: 488. Id&eacute;ntico, grande, rojo, en la acera, pero ahora terminado en ocho. Un 488.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no encontramos un 489 no nos detuvimos. Solo entonces empezamos a comentarlo con otros viandantes, que lo se&ntilde;alaban o incluso ya lo fotografiaban:
    </p><p class="article-text">
        -Yo creo que es el n&uacute;mero de mujeres asesinadas. Lo habr&aacute;n puesto para que se enteren los ultras esos.
    </p><p class="article-text">
        -Muchas mujeres parecen. Yo dir&iacute;a m&aacute;s bien la cantidad de inmigrantes ahogados.
    </p><p class="article-text">
        -De esos nadie lleva la cuenta. Yo apuesto por el n&uacute;mero de desahucios en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        -Debe de ser dinero, 489 millones. La deuda municipal, alg&uacute;n partido que est&aacute; haciendo ya campa&ntilde;a para las elecciones y busca un efecto viral.
    </p><p class="article-text">
        Hubo que esperar al d&iacute;a siguiente para, con el 490, confirmar que se trataba de una cuenta de d&iacute;as. Cambiaba cada ma&ntilde;ana, estaban sumando d&iacute;as, lo que abr&iacute;a nuevas especulaciones entre el creciente n&uacute;mero de concentrados, as&iacute; como quienes ya empezaban a hablar del misterioso n&uacute;mero en las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        -Para m&iacute; que es una campa&ntilde;a de una ONG. Debe de ser la duraci&oacute;n de la guerra de Siria.
    </p><p class="article-text">
        -Ser&aacute;n los de Greenpeace, que son muy de protestas imaginativas.
    </p><p class="article-text">
        -Para imaginaci&oacute;n la de esos &ndash;dijo uno se&ntilde;alando la cercana Apple Store-. Ver&aacute;s como son los d&iacute;as que faltan para el nuevo cacharro que quieran vendernos.
    </p><p class="article-text">
        -Entonces ser&iacute;a una cuenta atr&aacute;s, y no es el caso.
    </p><p class="article-text">
        El 491 trajo una novedad, otra pista: junto al n&uacute;mero, que todos buscamos al salir del metro, hab&iacute;an dejado unas flores y un par de velas encendidas.
    </p><p class="article-text">
        -Las mujeres asesinadas, ya lo dec&iacute;a yo.
    </p><p class="article-text">
        -Son los d&iacute;as que han pasado desde que muri&oacute; alguien.
    </p><p class="article-text">
        -Los d&iacute;as que llevan sin encontrar al asesino.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; asesino?
    </p><p class="article-text">
        -Va a ser lo del mantero ese que mat&oacute; la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        -No lo mataron, se muri&oacute; solo, que yo lo vi.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y fue aqu&iacute; mismo?
    </p><p class="article-text">
        Consult&aacute;bamos en Google, revis&aacute;bamos los peri&oacute;dicos de 491 d&iacute;as atr&aacute;s, pero no encontr&aacute;bamos ninguna desgracia en aquella fecha.
    </p><p class="article-text">
        El 492 ya nos hac&iacute;a subir las escaleras mec&aacute;nicas saltando de dos en dos y pidiendo paso a los despistados que todav&iacute;a no se hab&iacute;an enterado de lo del n&uacute;mero. Si llegabas tarde no era f&aacute;cil verlo, oculto tras decenas de personas que formaban un c&iacute;rculo en torno al n&uacute;mero y a las flores y velas que ahora iban en aumento. Yo mismo traje ese d&iacute;a de casa una peque&ntilde;a candela que prend&iacute; junto a las otras cuando pude abrirme paso.
    </p><p class="article-text">
        -Dicen que es por una desaparecida. Alguien que lleva 492 buscando a su hija.
    </p><p class="article-text">
        -Pobres padres, cu&aacute;nto deben de estar sufriendo.
    </p><p class="article-text">
        -Yo he buscado casos de desaparecidas de los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os y no me cuadra ninguna por las fechas.
    </p><p class="article-text">
        -Hay casos que no salen en los medios porque la familia no quiere un sarao televisivo.
    </p><p class="article-text">
        -Pues si no quieren sarao buena la est&aacute;n liando aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo si fue aquel d&iacute;a cuando apareci&oacute; una cuenta en Twitter con id&eacute;ntico contador de d&iacute;as, y que en seguida tuvo miles de seguidores, entre ellos muchos que pon&iacute;an una foto del n&uacute;mero como imagen de perfil y desde entonces la actualizaron cada ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Fue ese 492 cuando sali&oacute; por primera vez en televisi&oacute;n? Quiz&aacute;s fue el 493, convertida ya la plaza en un altar popular. A las muchas velas y flores que los condolientes compraban a un vendedor avispado, se sumaban tambi&eacute;n cartones, folios, post-its y cualquier trozo de papel donde escribir un mensaje solidario, as&iacute; como postales de Mr. Wonderful con palabras de &aacute;nimo para quien a esas alturas pod&iacute;a ser la madre de una hija desaparecida, el familiar de una v&iacute;ctima de atentado isl&aacute;mico, los parientes de un hijo en coma, los d&iacute;as que un padre llevaba sin ver a su hijo despu&eacute;s de que su ex mujer lo sacase ilegalmente del pa&iacute;s, y otras versiones tanto o m&aacute;s rocambolescas.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, fue en el 493 cuando apareci&oacute; la primera c&aacute;mara televisiva, despu&eacute;s de que los servicios de limpieza intentasen despejar un memorial cuya extensi&oacute;n amenazaba el tr&aacute;nsito en la plaza. Nos resistimos, lo impedimos, nos negamos a permitir que aquel grito de dolor fuese borrado.
    </p><p class="article-text">
        Tras aquel encontronazo con los barrenderos, varios nos pusimos de acuerdo en hacer turnos de guardia esa noche: para que no lo limpiasen con nocturnidad, pero tambi&eacute;n con la secreta esperanza de descubrir qui&eacute;n era el responsable, qui&eacute;n reescrib&iacute;a la cifra cada madrugada. Antes del amanecer sorprendimos a un joven que se arrodill&oacute;, frot&oacute; con un trapo el 3, y lo cambi&oacute; por un 4. Nos acercamos respetuosos, preparados para abrazarlo y consolarlo, pero nos dijo que &eacute;l solo era un espont&aacute;neo que hab&iacute;a decidido cambiar el n&uacute;mero para que el verdadero responsable no tuviera que exponerse a nuestra curiosidad y a las c&aacute;maras de televisi&oacute;n. As&iacute;, en d&iacute;as sucesivos fueron otros trasnochadores solidarios los que cambiaron el n&uacute;mero, de la misma forma que cada ma&ntilde;ana no faltaba quien tra&iacute;a una caja de tizas rojas y repasaba con primor la cifra para que no perdiese brillo.
    </p><p class="article-text">
        Con el 494 aparecieron las primeras r&eacute;plicas en otras ciudades: pintadas id&eacute;nticas, en el suelo, grandes n&uacute;meros rojos que reproduc&iacute;an la misma cuenta de Sol. En plazas c&eacute;ntricas de capitales, ciudades, pueblos, que crecieron en d&iacute;as sucesivos con cada vez m&aacute;s ciudadanos que en la distancia quer&iacute;an mostrar su respeto por aquel misterioso duelo.
    </p><p class="article-text">
        El primer momento de tensi&oacute;n lo vivimos con el 495: un ramo de flores estaba engalanado por una ancha cinta amarilla, que encendi&oacute; las alarmas.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Lo sab&iacute;a, es por los catalanes!
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; catalanes?
    </p><p class="article-text">
        -Los presos. Los de los lazos amarillos. Nos han tomado el pelo, han plantado en todo el centro de Madrid un homenaje a los golpistas encarcelados, y nosotros como tontos poni&eacute;ndoles velitas y flores.
    </p><p class="article-text">
        Nadie se detuvo a comprobar cu&aacute;ntos d&iacute;as llevaban en prisi&oacute;n los independentistas, la nueva resoluci&oacute;n del enigma triunf&oacute; f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        -Los catalanes quieren calentar el ambiente, porque el juicio empieza dentro de unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        -Se han re&iacute;do de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Algunos patearon flores y velas, refregaron los n&uacute;meros para borrarlos, mientras otros ped&iacute;amos calma e intent&aacute;bamos proteger el lugar hasta tener m&aacute;s seguridad.
    </p><p class="article-text">
        -Pues si es por los presos yo lo veo bien. Est&aacute;n abusando de la prisi&oacute;n preventiva, esa gente no ha matado a nadie.
    </p><p class="article-text">
        -Todav&iacute;a no, pero andan buscando guerra. Que dec&iacute;an que les gustar&iacute;a hacer como en Bosnia.
    </p><p class="article-text">
        -Era Eslovenia.
    </p><p class="article-text">
        Fue la primera vez que intervino la polic&iacute;a local, dispersando a empujones a los m&aacute;s enardecidos. Hubo gente que trajo lazos amarillos y nuevas velas, y tambi&eacute;n quien se present&oacute; con una gran bandera de Espa&ntilde;a y tap&oacute; con ella los n&uacute;meros, mientras una joven intentaba hacerse o&iacute;r en el barullo, sin &eacute;xito:
    </p><p class="article-text">
        -Lo he comprobado y ning&uacute;n preso catal&aacute;n lleva 495 d&iacute;as. Los Jordis, que son los que m&aacute;s, solo llevan 457 d&iacute;as en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, 496, comprobamos, entre aliviados y desconcertados, que el contador no era por los presos catalanes: esa ma&ntilde;ana encontramos que en un rinc&oacute;n de la plaza un grupo de ciudadanos hab&iacute;a dibujado por su cuenta otros n&uacute;meros: 458, 332, 301. Junto a cada n&uacute;mero aparec&iacute;an las fotos de los independentistas catalanes que llevaban tantos d&iacute;as encarcelados, adem&aacute;s de flores, velas y por supuesto lazos amarillos. Fue una ma&ntilde;ana tensa. La polic&iacute;a form&oacute; un cord&oacute;n para impedir que se acercase una panda de neonazis, pero tambi&eacute;n aument&oacute; el n&uacute;mero de personas solidarias con los encarcelados.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, junto a la fuente, alguien propuso una nueva interpretaci&oacute;n al desafiante 496:
    </p><p class="article-text">
        -Pues si no son los catalanes, ser&aacute;n los de Alsasua, que he le&iacute;do que dentro de unos d&iacute;as revisan su sentencia.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Los de ETA que atacaron a guardias civiles?
    </p><p class="article-text">
        -No eran de ETA, fue una pelea de bar, pero los han tratado como terroristas.
    </p><p class="article-text">
        -No son ellos: lo he comprobado y ya llevan 794 d&iacute;as en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        -Pues bien est&aacute;n encerrados.
    </p><p class="article-text">
        -M&aacute;s de dos a&ntilde;os por una pelea, y sin sentencia firme, qu&eacute; barbaridad.
    </p><p class="article-text">
        Por si quedaba alguna duda, al llegar el d&iacute;a 497 descubrimos que en un lateral de la plaza alguien hab&iacute;a montado otro contador de protesta, este s&iacute; sobre los j&oacute;venes de Alsasua, con sus fotos y un gran 795 en rojo.
    </p><p class="article-text">
        Y no fueron los &uacute;nicos: ese mismo d&iacute;a una mujer fue asesinada, y un grupo de feministas dibuj&oacute; un enorme 8 morado al otro lado de la fuente, por las ocho mujeres asesinadas desde el comienzo del a&ntilde;o, el peor enero en mucho tiempo. R&aacute;pidamente fue rodeado de flores, lazos, velas, fotos, y nos sumamos a un minuto de silencio, tras el que comprobamos que varios activistas estaban montando otro contador en una esquina de Sol, este para los cientos de inmigrantes ahogados en el a&ntilde;o, y que iban actualizando cada pocas horas.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar el d&iacute;a 498, los cientos de concentrados coment&aacute;bamos las muchas protestas num&eacute;ricas que hab&iacute;an aparecido en las &uacute;ltimas horas: adem&aacute;s de plazas de todo el pa&iacute;s, hab&iacute;a vecinos que en sus balcones improvisaban contadores sobre las causas m&aacute;s variopintas. Al mismo tiempo, en lo que parec&iacute;a una acci&oacute;n concertada, hab&iacute;an descolgado pancartas con grandes n&uacute;meros en algunos edificios emblem&aacute;ticos y monumentos de varias ciudades.
    </p><p class="article-text">
        -Dicen que han colocado un 498 junto a la Torre Eiffel.
    </p><p class="article-text">
        -Tambi&eacute;n en Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Mirad, en Roma han formado un 498 humano con doscientas personas desnudas y tumbadas en el suelo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Pero qu&eacute; quiere decir el 498?
    </p><p class="article-text">
        Esa era la gran pregunta, que ya apenas nos hac&iacute;amos en los &uacute;ltimos d&iacute;as. Compart&iacute;amos la convicci&oacute;n callada de que la respuesta era inminente, pues en solo dos d&iacute;as llegar&iacute;a el 500, que en su redondez deb&iacute;a de contener la soluci&oacute;n a aquel enigma. Ese ser&iacute;a el gran d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El 499 amaneci&oacute; soleado, optimista, excitante, con una luz promisoria, como en las v&iacute;speras de grandes jornadas hist&oacute;ricas. No habl&aacute;bamos de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde todas las miradas se concentraron en Sol, en el gran e ilusionante 499. Televisiones, redes sociales, y miles de personas que rode&aacute;bamos el n&uacute;mero y ocup&aacute;bamos todo el espacio peatonal, obligando incluso a que los otros contadores se retirasen a bocacalles.
    </p><p class="article-text">
        -Como al final sea todo una broma se va a liar buena.
    </p><p class="article-text">
        Los de las primeras filas no apartaban la vista del 499, como si en cualquier momento fuese a cambiar solo, m&aacute;gico. De vez en cuando se produc&iacute;a un calambre en un extremo de la concentraci&oacute;n, alguien cre&iacute;a haber visto a una figura misteriosa que intentaba abrirse paso con una tiza en la mano, y bastaba ese rumor propagado para que una ola agitase la plaza de un extremo a otro. No faltaba quien propon&iacute;a canciones o consignas, algunas bien recibidas y otras acalladas a silbidos. Las c&aacute;maras de televisi&oacute;n, aupadas sobre plataformas donde los periodistas conectaban en directo con sus telediarios, tomaban planos de gente disfrazada, pancartas ingeniosas, famosos que provocaban revuelo, pol&iacute;ticos que eran aplaudidos o expulsados con abucheos.
    </p><p class="article-text">
        Cada pocos minutos mir&aacute;bamos el reloj en lo alto, a la espera de no sab&iacute;amos qu&eacute; hora bruja.
    </p><p class="article-text">
        -Nos ha faltado traernos las uvas.
    </p><p class="article-text">
        En las calles que vierten a Sol se alineaban furgones policiales, y cada vez m&aacute;s agentes nos rodeaban. Se&ntilde;alamos otros, armados, en azoteas y tejados. Una barrera de antidisturbios intentaba mantener libre la calzada por donde a&uacute;n cruzaban autobuses con las ventanas llenas de rostros expectantes y turistas sacando fotos.
    </p><p class="article-text">
        A pocos minutos de la medianoche el nerviosismo era generalizado. Las sacudidas el&eacute;ctricas de la multitud, azuzada por incesantes rumores, provocaban ca&iacute;das, pisotones, evacuaci&oacute;n de desmayados, desplazamientos policiales, ambulancias que no pod&iacute;an atravesar la cada vez m&aacute;s ocupada calzada.
    </p><p class="article-text">
        De lo que pas&oacute; despu&eacute;s nadie est&aacute; seguro, hay todo tipo de versiones, y aunque todos hemos visto grabaciones de c&aacute;maras de seguridad y v&iacute;deos de m&oacute;viles, todav&iacute;a no tenemos certeza.
    </p><p class="article-text">
        Unos dicen que todo empez&oacute; por un grupo de exaltados, quiz&aacute;s provocadores que, enfadados de no poder entrar en la plaza, o decididos a reventar la concentraci&oacute;n, habr&iacute;an lanzado piedras provocando la primera estampida y la intervenci&oacute;n policial. Incluso hay quien habla de polic&iacute;as infiltrados.
    </p><p class="article-text">
        Otros culpan directamente a los antidisturbios, que en su empe&ntilde;o por despejar la calzada comenzaron a empujar a la gente y no tardaron en desenfundar porras.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico cierto es que de pronto est&aacute;bamos todos corriendo, tropezando, atropell&aacute;ndonos, mientras los furgones asaltaban la plaza sonando sirenas que en su estridencia amortiguaban el ruido le&ntilde;oso de los porrazos en los cuerpos. Yo me fui pronto a casa, no tengo edad para jaleos y me ard&iacute;a la garganta por los gases policiales, pero las carreras y escaramuzas continuaron durante toda la noche en las calles de alrededor, mientras un equipo de limpieza aprovech&oacute; el desalojo para darle manguera y cepillo a los n&uacute;meros, barrer las velas, flores y carteles, y recoger las bufandas y zapatos perdidos en la estampida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a la ma&ntilde;ana siguiente salimos ansiosos del metro, no nos sorprendi&oacute; encontrar el suelo impecable, sin huella de tiza. El operativo policial no dejaba que nadie se acercase a los alrededores de la fuente, y bastaba que alguien se agachase, aunque fuera para atarse los cordones, y un agente corra hacia &eacute;l y le obligaba a levantarse.
    </p><p class="article-text">
        Pronto supimos que en otras ciudades hab&iacute;a dispositivos similares, y lo confirm&oacute; el ministro de Interior al anunciar, en rueda de prensa, que no se tolerar&iacute;an nuevas concentraciones sin autorizaci&oacute;n, no estaba dispuesto a permitir que se repitieran los disturbios, y quienes los alentasen pintando n&uacute;meros ser&iacute;an fuertemente sancionados.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n pasan los d&iacute;as hay cada vez menos polic&iacute;a en Sol, pero tambi&eacute;n somos menos los que acudimos, y muy pocos los audaces que intentan despistar a los vigilantes para garabatear el n&uacute;mero a toda velocidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero no han podido evitar que en otras plazas, en los barrios, aparezcan n&uacute;meros rojos que mantienen viva la cuenta, d&iacute;a tras d&iacute;a: 500, 501, 502, 503. Tambi&eacute;n en los balcones de las casas, donde ya se ven m&aacute;s contadores que banderas, sin que las autoridades hayan encontrado todav&iacute;a la manera de prohibir su exhibici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez cuesta m&aacute;s encontrar tiza roja. Algunos acusan al gobierno de retener cargamentos en los puertos, pero yo creo que somos nosotros, que estamos agotando las existencias de tiza roja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/tiza-roja_132_1740900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jan 2019 19:50:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tiza roja]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa y Mikko abren los encuentros con finalistas del Premio Mandarache con el cómic 'Tu futuro empieza aquí']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/isaac-rosa-mikko-premio-mandarache_1_2738966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4814568-0874-455a-a623-af6ed9d2d69c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isaac Rosa y Mikko abren los encuentros con finalistas del Premio Mandarache con el cómic &#039;Tu futuro empieza aquí&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Tu futuro empieza aquí' trata sobre el momento que viven los jóvenes de hoy día que han dejado de estudiar o que se encuentran en una situación de desempleo y que se enfrentan a un panorama laboral muy precario</p></div><p class="article-text">
        El escritor Isaac Rosa y el ilustrador Mikko, autores del libro 'Tu futuro empieza aqu&iacute;' y finalistas del Premio Mandarache 2019, han presentado su obra este mi&eacute;rcoles, d&iacute;a 16 de enero, a m&aacute;s de 600 j&oacute;venes en el Campus Muralla del Mar de la Universidad Polit&eacute;cnica de Cartagena.
    </p><p class="article-text">
        A la presentaci&oacute;n previa al acto para los j&oacute;venes, ha asistido el concejal de Cultura, David Mart&iacute;nez, la responsable del Archivo de la UPCT y miembro promotor de 'Cartagena Piensa', Carmen Usero, y los dos autores de la novela gr&aacute;fica, Isaac Rosa, el guionista, y el ilustrador Mikko.
    </p><p class="article-text">
        Isaac Rosa ya fue finalista en el Premio Mandarache 2012 y en 2016, as&iacute; como tambi&eacute;n form&oacute; parte de La Mar de Letras en el 2018. En esta ocasi&oacute;n colabora con el dibujante Mikko en la novela gr&aacute;fica 'Tu futuro empieza aqu&iacute;', primera vez que se presenta un c&oacute;mic al Premio Mandarache.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Premio Mandarache es un proyecto con gran trayectoria que sirve de ejemplo para acercar la lectura a los m&aacute;s j&oacute;venes'&rdquo;, afirmaba el escritor. Este libro es un ejemplo de trabajo en equipo y tiene mucho que ver con su obra anterior, 'Historia de un desahucio', ya que sigue la l&iacute;nea de abarcar la situaci&oacute;n actual del pa&iacute;s tras la crisis.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de 'Tu futuro empieza aqu&iacute;', los autores tratan el momento que viven los j&oacute;venes de hoy d&iacute;a que han dejado de estudiar o que se encuentran en una situaci&oacute;n de desempleo y que se enfrentan a un panorama laboral muy precario.
    </p><p class="article-text">
        Afirman que este colectivo es el m&aacute;s afectado por la crisis en estos &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os y han querido plasmar la situaci&oacute;n en que se encuentra actualmente nuestro sistema educativo y laboral, ya que contamos con j&oacute;venes muy formados, la llamada 'la generaci&oacute;n mejor preparada de la historia' y que, a&uacute;n as&iacute;, no encajan en el mercado laboral actual.
    </p><p class="article-text">
        El libro comienza con una frase muy escuchada en el d&iacute;a a d&iacute;a: '&iquest;Qu&eacute; quieres ser de mayor?', una frase que ya ha perdido el sentido debido a la situaci&oacute;n que vivimos y que plasma a la perfecci&oacute;n la transformaci&oacute;n en general de la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Con todo ello, el libro tiene un tono optimista, con una mirada hacia el futuro y con una propuesta de rebeli&oacute;n y movilizaci&oacute;n para los j&oacute;venes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiariomurcia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/isaac-rosa-mikko-premio-mandarache_1_2738966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2019 12:45:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa y Mikko abren los encuentros con finalistas del Premio Mandarache con el cómic 'Tu futuro empieza aquí']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Cartagena,Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa y Luis Sepúlveda dialogan sobre literatura en Bilbao]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/euskadi/isaac-rosa-luis-sepulveda-bilbao_1_1883018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf7fa6b3-eca7-4d23-ba0f-46e9c60ea720_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Isaac Rosa trae este miércoles su &#039;Feliz final&#039; al ciclo &#039;Letras Capitales&#039; del Centro Andaluz de las Letras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los escritores participan en el encuentro 'Diálogos con la literatura' que presenta el poeta José Blanco</p></div><p class="article-text">
        La biblioteca de Bidebarrieta acoger&aacute; el martes, 23 de octubre, una nueva cita de 'Di&aacute;logos con la Literatura', que hablar&aacute; sobre literatura y compromiso ideol&oacute;gico, con los escritores Luis Sep&uacute;lveda e Isaac Rosa como invitados. El encuentro, que estar&aacute; presentado por el poeta Jos&eacute; Blanco, comenzar&aacute; a las 19.30 horas en el sal&oacute;n de actos y tendr&aacute; entrada libre hasta completar aforo.
    </p><p class="article-text">
        La iniciativa, promovida por el Ayuntamiento de Bilbao propone un acercamiento a diversas figuras de la literatura a trav&eacute;s de una charla de cara al p&uacute;blico, seg&uacute;n ha informado el Consistorio a trav&eacute;s de un comunicado. El encuentro podr&aacute; ser seguido por streaming a trav&eacute;s de la web <a href="http://www.kulturguneatb.eus/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.kulturguneatb.eus</a>.
    </p><p class="article-text">
        El acto estar&aacute; moderado por el poeta Jos&eacute; Blanco, quien plantear&aacute; a los invitados cuestiones como el compromiso personal del autor con los lectores, la supuesta incompatibilidad entre literatura e ideolog&iacute;a, la libertad creadora, las prioridades del escritor a la hora de enfrentarse a su obra, la necesidad de reivindicar a trav&eacute;s del texto o la capacidad real de la literatura para cambiar las cosas, para luchar contra las injusticias.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n han indicado, uno de los escritores latinoamericanos m&aacute;s le&iacute;dos en todo el mundo, Luis Sep&uacute;lveda (Ovalle, Chile 1949) ha recorrido desde muy joven casi todos los territorios posibles de la geograf&iacute;a y las utop&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        De su ideario pol&iacute;tico y social destaca, han afirmado, su preocupaci&oacute;n por el desequilibrio del planeta y el futuro de la humanidad. En su extensa obra cabe destacar los 'bestsellers' &ldquo;Historia de una gaviota y del gato que le ense&ntilde;&oacute; a volar&rdquo; y &ldquo;Un viejo que le&iacute;a novelas de amor&rdquo;. Otros t&iacute;tulos destacables en la trayectoria del autor son &ldquo;Mundo del fin del mundo&rdquo;, &ldquo;Nombre de torero&rdquo;, &ldquo;Patagonia Express&rdquo;, &ldquo;Desencuentros&rdquo;, &ldquo;Diario de un killer sentimental&rdquo;, seguido de &ldquo;Yacar&eacute;&rdquo;, &ldquo;La l&aacute;mpara de Aladino&rdquo;, &ldquo;Historia de un perro llamado Leal&rdquo; y &ldquo;El fin de la Historia&rdquo;, un thriller internacional y una indagaci&oacute;n hist&oacute;rica sobre los verdugos que trabajaron para la dictadura chilena.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Isaac Rosa (Sevilla, 1974) es autor de novelas como 
    </p><p class="article-text">
        '&iexcl;Otra maldita novela sobre la guerra civil!' (2007); 'El vano ayer' (2004), galardonada en 2005 con el Premio R&oacute;mulo Gallegos, el Premio Ojo Cr&iacute;tico y el Premio Andaluc&iacute;a de la Cr&iacute;tica, y llevada al cine con el t&iacute;tulo de La vida en rojo; 'El pa&iacute;s del miedo' (2008), reconocida por los editores con el Premio Fundaci&oacute;n J. M. Lara como mejor novela del a&ntilde;o; 'La mano invisible' (2011); 'La habitaci&oacute;n oscura' (2015) y su &uacute;ltima novela 'Feliz Final' (2018). Su obra ha sido traducida a varios idiomas y colabora habitualmente en Zona Cr&iacute;tica, el blog del peri&oacute;dico digital eldiario.es, y en la revista El Jueves.
    </p><h4 class="article-text">M&aacute;s de 10.000 asistentes</h4><p class="article-text">
        Desde que el programa 'Di&aacute;logos con la Literatura' se pusiera en marcha a principios de 2007, en torno a 300 autores de todo el espectro literario, tanto en euskera como en lengua castellana, han participado en la iniciativa, con m&aacute;s de 10.000 asistentes.
    </p><p class="article-text">
        El programa tiene como finalidad, han recordado, ofrecer un marco de encuentro con la literatura, pero desde una perspectiva diferente, enlazando las letras y otras disciplinas, como la arquitectura, la m&uacute;sica, los viajes o las matem&aacute;ticas, o centr&aacute;ndose en un g&eacute;nero espec&iacute;fico, en el que se profundiza mediante una charla de cara al p&uacute;blico con las personas invitadas a cada encuentro.
    </p><p class="article-text">
        Durante el pasado 2017 tomaron parte en los &ldquo;Di&aacute;logos con la Literatura&rdquo;: Gabriela Ybarra y Carlos Pardo, Xabier Olarra y Harkaitz Cano, Mayte Carrasco y &Aacute;lvaro Colomer, Lucien Etxezaharreta y Lander Garro, Gabi Mart&iacute;nez y Patxi Irurzun, Toti Mart&iacute;nez de Lezea y Jos&eacute; Luis Corral, Mikel Mart&iacute;nez y Patxo Telleria, Lorenzo Silva y Carme Riera, Elvira Navarro e Iban Zaldua, y los hermanos Fernando y Luis Mar&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Bidebarrieta Kulturgunea es un espacio de difusi&oacute;n literaria y del conocimiento humanista y cient&iacute;fico, ubicado en la Biblioteca de Bidebarrieta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[eldiarionorte.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/euskadi/isaac-rosa-luis-sepulveda-bilbao_1_1883018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Oct 2018 17:25:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa y Luis Sepúlveda dialogan sobre literatura en Bilbao]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Bilbao]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[eldiario.es publica ‘Buscando a Franco’, novela por entregas escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/redaccion/buscando-franco-isaac-manel-fontdevila_132_2012865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2434f17-0402-456f-9554-ba8641e3fe5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta crónica informal que se adentra en los misterios y tensiones que aún perviven en torno al cadáver del dictador se publicará diariamente</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.eldiario.es/buscandoafranco/caudillo-maletero_6_794830540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Puedes leer ya 'Buscando a Franco' aqu&iacute;</strong></a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &ldquo;Es de noche, conduzco hacia el norte, me persiguen y llevo a Franco en el maletero. S&iacute;, Franco. Francisco Franco Bahamonde. Dictador espa&ntilde;ol, 1892-1975. Su cuerpo embalsamado. O lo que queda de &eacute;l...&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/buscandoafranco/caudillo-maletero_6_794830540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">As&iacute; arranca &lsquo;Buscando a Franco&rsquo;</a>, la novela por entregas, escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila, que este verano publicar&aacute; eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurrir&iacute;a si alguien robase los restos mortales del dictador? Esta historia (casi) interminable se adentra en los misterios y tensiones que a&uacute;n perviven en torno al cad&aacute;ver del dictador. 
    </p><p class="article-text">
        A partir del lunes 23 de julio, vamos a descubrir, cap&iacute;tulo a cap&iacute;tulo, los verdaderos sentimientos que mueven a una tropilla de nost&aacute;lgicos, polic&iacute;as corruptos, pol&iacute;ticos ambiciosos, periodistas sensacionalistas y p&iacute;caros de todo signo que dan sentido a su vida en torno a la idea de que existe un pa&iacute;s llamado Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Informal cr&oacute;nica de la Espa&ntilde;a actual, 'Buscando a Franco' se publicar&aacute; diariamente en eldiario.es, mientras en paralelo discurre <em>la otra realidad</em>, la de la actualidad sobre los restos mortales del dictador <a href="https://www.eldiario.es/politica/Gobierno-sustento-Franco-Valle-Caidos_0_794420649.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y su previsible retirada del Valle de los Ca&iacute;dos</a> por parte del Gobierno de Pedro S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/autores/isaac_rosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isaac Rosa</a> naci&oacute; en Sevilla,  en 1974. Escritor, autor de novelas como &lsquo;El vano ayer&rsquo; (Premio R&oacute;mulo Gallegos 2005) y &lsquo;El pa&iacute;s del miedo&rsquo; y &lsquo;La mano invisible&rsquo;. Su &uacute;ltimo libro es &lsquo;Tu futuro empieza aqu&iacute;&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/autores/manel_fontdevila/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manel Fontdevila</a> naci&oacute; en Manresa, en 1965. Despu&eacute;s de 25 a&ntilde;os en Regi&oacute;7, pas&oacute; a dibujar el chiste de opini&oacute;n en P&uacute;blico y, m&aacute;s tarde, en eldiario.es. Ha dibujado series y chistes en &lsquo;El Jueves&rsquo; (desde 1993) y otras revistas. Entre sus obras destacan &lsquo;Mantecatos&rsquo; (2004), &lsquo;S&uacute;per Puta&rsquo; (2007), &lsquo;La crisis est&aacute; siendo un &eacute;xito&rsquo; (2012), &lsquo;Tengo hambre&rsquo; (2014) y &lsquo;En el lado bueno de la valla&rsquo; (2014).
    </p><h3 class="article-text">Puedes leer ya 'Buscando a Franco' aqu&iacute;</h3><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/buscandoafranco/caudillo-maletero_6_794830540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Puedes leer ya 'Buscando a Franco' aqu&iacute;</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/redaccion/buscando-franco-isaac-manel-fontdevila_132_2012865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jul 2018 19:04:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[eldiario.es publica ‘Buscando a Franco’, novela por entregas escrita por Isaac Rosa e ilustrada por Manel Fontdevila]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e2434f17-0402-456f-9554-ba8641e3fe5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Isaac Rosa,Manel Fontdevila]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta abierta a Jordi Cuixart]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-abierta-jordi-cuixart_129_2102335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78587824-cc81-46e7-9e4f-eb9e65408fc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta abierta a Jordi Cuixart"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es la primera vez que tengo correspondencia con un encarcelado, y temo que no vaya a ser la última</p><p class="subtitle">La deriva represiva en España degrada la democracia y amenaza los derechos y libertades de todos</p></div><p class="article-text">
        Jordi Cuixart
    </p><p class="article-text">
        Presidente de &Ograve;mnium Cultural
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;dulo 10
    </p><p class="article-text">
        Centro Penitenciario Madrid V
    </p><p class="article-text">
        28791 Soto del Real (Madrid)
    </p><p class="article-text">
        Estimat Jordi, 
    </p><p class="article-text">
        Te agradezco mucho <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/MINUTO-Arranca-legislatura-Catalunya_13_730156978_20230.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tu amable carta de hace unos d&iacute;as</a>, en respuesta <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/presos_catalanes_6_767533249.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a mi art&iacute;culo en eldiario.es</a>. Me encantar&iacute;a poder darte las gracias en persona, pero sigues injustamente privado de libertad y de los derechos m&aacute;s elementales. 
    </p><p class="article-text">
        En mi art&iacute;culo me refer&iacute;a a las nueve mujeres y hombres que llev&aacute;is meses en prisi&oacute;n preventiva. Esta carta va a tu nombre, pero podr&iacute;a ser igualmente dirigida a Jordi S&aacute;nchez, Joaquim Forn, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Carme Forcadell, Josep Rull, Dolors Bassa y Ra&uuml;l Romeva. Te agradecer&iacute;a que hicieses llegar mis palabras a Jordi S&aacute;nchez, con el que compartes prisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute; aquel art&iacute;culo para denunciar una injusticia, pero tambi&eacute;n por comprobar si de verdad el rechazo a vuestro encarcelamiento es tan minoritario en la sociedad espa&ntilde;ola como puede parecer a primera vista. Quiero que sepas que, tanto en p&uacute;blico (en redes sociales) como en privado, son muchos los que me han expresado la misma mezcla de indignaci&oacute;n y verg&uuml;enza por un encarcelamiento tan prolongado y sin sentido (o cuyo &uacute;nico sentido es castigar y humillar a adversarios pol&iacute;ticos y lanzar una advertencia). 
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que recib&iacute;s muchas muestras de solidaridad, que espero alivien algo la dureza de la vida en prisi&oacute;n. Sin hablar en nombre de nadie, me atrevo a hacerte llegar, a ti y a tus compa&ntilde;eros, la solidaridad de muchas personas que en Espa&ntilde;a compartimos esa indignaci&oacute;n y verg&uuml;enza. Y estoy convencido de que ser&iacute;amos muchos m&aacute;s si la propaganda de confrontaci&oacute;n no os hubiese criminalizado y, a&uacute;n peor, deshumanizado, convertido en &ldquo;el enemigo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Sobran las razones para rechazar vuestro encarcelamiento, y deber&iacute;an ser v&aacute;lidas para cualquiera con independencia de su posici&oacute;n pol&iacute;tica. Razones de justicia, en primer lugar, como se&ntilde;alan muchos juristas dentro y fuera de Espa&ntilde;a. Razones humanitarias, por vosotros y por vuestras familias que sufren las consecuencias de una separaci&oacute;n tan prolongada, obligados a largos desplazamientos y denigrantes visitas carcelarias. Y razones pol&iacute;ticas, porque con independencia de la ideolog&iacute;a de cada uno, vuestra prisi&oacute;n pospone cualquier soluci&oacute;n del conflicto, agrava la crisis de la democracia espa&ntilde;ola y est&aacute; deteriorando alarmantemente la convivencia. 
    </p><p class="article-text">
        En tu carta a&ntilde;ades un motivo que a m&iacute; me preocupa especialmente: como dice la campa&ntilde;a de varias entidades, &ldquo;Ma&ntilde;ana puedes ser t&uacute;&rdquo;. La deriva represiva en Espa&ntilde;a degrada la democracia y amenaza los derechos y libertades de todos. 
    </p><p class="article-text">
        Lo pens&eacute; al recibir tu carta: es la primera vez que tengo correspondencia con un encarcelado, y temo que no vaya a ser la &uacute;ltima. Hace un par de a&ntilde;os comentaba en broma c&oacute;mo la agenda de contactos de mi tel&eacute;fono se hab&iacute;a llenado de repente de concejales, diputados y dirigentes pol&iacute;ticos. No porque hubiese cambiado de amistades, sino porque muchos de mis conocidos hab&iacute;an pasado de los movimientos sociales a la actividad pol&iacute;tica e institucional. El nuevo tiempo se reflejaba en la agenda de mi tel&eacute;fono. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses mi agenda de contactos incluye cada vez m&aacute;s detenidos, denunciados, imputados, multados, y ahora tambi&eacute;n encarcelados. No porque haya cambiado de amistades, sino porque muchos de mis amigos, vecinos, compa&ntilde;eros y conocidos ya han sufrido esa deriva represiva por haber participado en una manifestaci&oacute;n o una huelga, detenido un desahucio o, como es tu caso, defender tus ideas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;Ma&ntilde;ana puedes ser t&uacute;&rdquo; es demasiado optimista: digamos m&aacute;s bien &ldquo;Hoy puedes ser t&uacute;&rdquo;. La regresi&oacute;n democr&aacute;tica es una realidad, y si no denunciamos vuestro encarcelamiento y exigimos vuestra libertad, nos convertiremos en c&oacute;mplices. 
    </p><p class="article-text">
        Termino haciendo m&iacute;as tus palabras en defensa de la democracia, el di&aacute;logo y la construcci&oacute;n de puentes y espacios de encuentro. De la misma forma que muchos compartimos el rechazo a vuestro encarcelamiento, tambi&eacute;n creo que somos muchos los que apostamos por soluciones pol&iacute;ticas a problemas pol&iacute;ticos. Para que sea posible, os necesitamos fuera de la c&aacute;rcel, hoy mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Te env&iacute;o una forta abra&ccedil;ada, que espero poder darte en persona muy pronto,
    </p><p class="article-text">
        Isaac Rosa
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-abierta-jordi-cuixart_129_2102335.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 May 2018 18:48:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta abierta a Jordi Cuixart]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Jordi Cuixart,Isaac Rosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pedro Guerra, Fernando Aramburu e Isaac Rosa, convocados por la feria del libro de Santa Cruz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/cultura/pedro-guerra-fernando-aramburu-isaac_1_3417007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a95faee-d664-425e-976e-20dcfe925d15_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pedro Guerra presentará en la isla su estreno en la literatura con un poemario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cita se celebrará en el parque García Sanabria del 23 de mayo al 30 del mismo mes; en su XXIX edición se han concebido importantes novedades</p></div><p class="article-text">
        La XXIX edici&oacute;n de la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife se celebrar&aacute; del 23 al 30 de mayo en el parque Garc&iacute;a Sanabria de la capital, con la presencia de autores como Fernando Aramburu y el debut literario po&eacute;tico del cantautor Pedro Guerra, entre m&aacute;s de 150 actividades que buscan convertir esta cita en la gran fiesta del libro.
    </p><p class="article-text">
        La feria, organizada por la Asociaci&oacute;n de Empresarios del Libro y la Papeler&iacute;a de Canarias y por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, con el patrocinio del Gobierno de Canarias, Cabildo tinerfe&ntilde;o y Fundaci&oacute;n CajaCanarias, tendr&aacute; este a&ntilde;o 35 carpas, con m&aacute;s de 700 metros cuadrados de exposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre las novedades figuran la dedicada a la animaci&oacute;n a la lectura <em>Leyendo bajo las estrellas</em>, una zona gastron&oacute;mica con tres camionetas de comida <em>gourmet</em> y la inclusi&oacute;n de las llamadas <em>Noches de la Feria</em>, con un evento literario a partir de las 21.00 del 26 de mayo en el Equipo PARA y la prolongaci&oacute;n hasta las 22.30 al d&iacute;a siguiente con librer&iacute;as abiertas y m&uacute;sica en directo.
    </p><p class="article-text">
        Los promotores de la feria han ideado tres ejes para esta edici&oacute;n: el primero, el comercial, con la zona de libreros que ofrecer&aacute;n un 10% de descuento en sus productos y que tiene el objetivo de reunir la mayor concentraci&oacute;n de librer&iacute;as de Canarias; el segundo, el literario, que pretende favorecer el encuentro profesional entre escritores y editores para fortalecer el sector editorial y ayudar al lanzamiento de las creaciones de nuevos autores, y el tercero, el&nbsp;festival literario, que se divide en seis espacios y ofrecer&aacute; la animaci&oacute;n a la lectura para ni&ntilde;os y j&oacute;venes, la carpa <em>Rafael Arozarena</em> para presentar novedades, mesas redondas y entrevistas con los escritores, la carpa <em>Fetasa</em> para recitales de poes&iacute;a, la zona <em>&Oacute;mnibus</em> de actuaciones musicales y las &aacute;reas gastron&oacute;mica y virtual.
    </p><p class="article-text">
        Entre los autores invitados figuran el autor de <em>Patria</em>, Fernando Aramburu, el cantante Pedro Guerra, que presentar&aacute; su primer poemario, <em>Hurgando en la caja negra</em>, adem&aacute;s de Alexis Ravelo, Care Santos, Juan Cruz, Servando Rocha, Rafael-Jos&eacute; D&iacute;az, Roberto A.Cabrera, Ram&oacute;n Alem&aacute;n e Isaac Rosa, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s se presentar&aacute;n las obras completas de F&eacute;lix Francisco Casanova, los premios de Relato Corto Isaac de Vega y de Cuento de la Fundaci&oacute;n CajaCanarias, la p&aacute;gina en internet y las actividades de la Academia Canaria de la Lengua y las novedades de la Biblioteca Atl&aacute;ntica, entre otros actos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[EFE]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/cultura/pedro-guerra-fernando-aramburu-isaac_1_3417007.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 May 2017 15:24:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pedro Guerra, Fernando Aramburu e Isaac Rosa, convocados por la feria del libro de Santa Cruz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Guerra,Fernando Aramburu,Isaac Rosa,Santa Cruz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La mano invisible': el patético circo del mundo laboral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/invisible-patetico-circo-mundo-laboral_1_3447333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b61df4bb-8720-41a2-b1a9-b113da83bdf2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma de &#039;La mano invisible&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La película, basada en la novela homónima de Isaac Rosa, plasma el "espectáculo del trabajo" con una nave de un polígono industrial como escenario y sus once trabajadores como protagonistas</p><p class="subtitle">Formulada como una película cooperativa y autogestionada, llega este viernes a las carteleras</p></div><p class="article-text">
        En <a href="http://www.imdb.com/title/tt0055320/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El empleo,</a> la famosa pel&iacute;cula de 1961 dirigida por Ermanno Olmi, un joven entregaba cuerpo y alma a cambio de un puesto fijo en una oficina. Aquella pel&iacute;cula describ&iacute;a un proceso de selecci&oacute;n que implicaba ir dejando atr&aacute;s la dignidad, la ilusi&oacute;n e incluso la identidad. El triunfo, siempre presunto, era ingresar en el mundo triste y l&uacute;gubre del trabajo diario.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s, superados milagros econ&oacute;micos,<a href="http://www.lamanoinvisiblelapelicula.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> La mano invisible </a>decide prescindir del humor que atravesaba aquella pel&iacute;cula tan seria de Olmi y opta por un lenguaje opuesto al del neorrealismo para poner en juego cuestiones parecidas, ahora con sus protagonistas ya instalados en la alienaci&oacute;n colectiva a jornada completa.
    </p><h3 class="article-text">El ciempi&eacute;s humano</h3><p class="article-text">
        Un alba&ntilde;il construye muros que luego derrumba, un mec&aacute;nico monta y desmonta un autom&oacute;vil, un mozo de almac&eacute;n desplaza bultos sin utilidad aparente, una teleoperadora realiza encuestas acerca de la consideraci&oacute;n del propio trabajo&hellip; Once individuos han sido seleccionados para realizar cada uno una tarea o m&aacute;s bien su parodia, pero la singularidad no termina ah&iacute;: su labor, que desempe&ntilde;ar&aacute;n todos los d&iacute;as simult&aacute;neamente en el espacio di&aacute;fano de una nave industrial, contar&aacute; con la presencia de un p&uacute;blico que concurrir&aacute; a verlos trabajar, jaleando, aplaudiendo o abucheando sus procedimientos como en cualquier espect&aacute;culo deportivo.
    </p><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        Sin conocer la obra literaria que la inspira, <a href="http://www.eldiario.es/cultura/David-Macian-invisible-Isaac-Rosa_0_263174224.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una novela hom&oacute;nima de Isaac Rosa</a>&nbsp;que tomaba su t&iacute;tulo de la expresi&oacute;n que en econom&iacute;a define la capacidad autorreguladora del libre mercado, <em>La mano invisible</em> se propone como una met&aacute;fora estricta que en cierto modo se estrangula a s&iacute; misma. Una met&aacute;fora austera como lo es todo en este primer largometraje de David Maci&aacute;n, que junto a su coguionista Daniel Cort&aacute;zar nos trae la calavera de una pel&iacute;cula, los cimientos, la ficci&oacute;n desnuda.
    </p><p class="article-text">
        Casi una simulaci&oacute;n que, sin alzarse del suelo, despide perfumes recurrentes de ciencia-ficci&oacute;n dist&oacute;pica, no tanto en su modalidad lucha obrera sino en la que apela a relatos cl&aacute;sicos de caza al hombre y par&aacute;bolas en tiempo real como las de Charlie Brooker para <em>Black Mirror</em>.
    </p><h3 class="article-text">La vida por un salario</h3><p class="article-text">
        Desde que los obreros salieran de la f&aacute;brica para la c&aacute;mara de Lumi&egrave;re, el cine ha sido opio y ha sido martillo. <em>La mano invisible</em> no es exactamente cine para burgueses a la manera de Ken Loach ni un alegato furioso a la manera de Elio Petri, pero tampoco es escapismo del que gusta y disfruta el proletariado, que en la pantalla suele buscar alimento y motivo para sus fantas&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <em>La mano invisible</em> es una pel&iacute;cula cuya mayor virtud es tambi&eacute;n su insuficiencia: que abate. Un ejercicio de puesta en escena que, esc&eacute;ptico de la ficci&oacute;n como ceremonia capaz de operar cambios, entrega el &aacute;nimo y elige cerrar sin tesis, prudente y sometido, se&ntilde;alando el suceso, fascinante primero, descorazonador despu&eacute;s y finalmente aburrido, que es siempre un hormiguero visto de cerca. Al menos hasta que lo meamos, le prendemos fuego o lo despabilamos con un palo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <em>La mano invisible</em>, <a href="http://www.eldiario.es/cultura/murciano-David-Macian-regimen-cooperativa_0_577092643.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">forjada en modo cooperativo</a>, es una pel&iacute;cula-pecera muy disciplinada con su presupuesto, contenida en lo pl&aacute;stico y precaria incluso para la gran pantalla. Esos rigores, sin embargo, encajan en su voluntad principal, que parece ser dar a ver los artificios y, con los m&iacute;nimos elementos, construir una suerte de <em>reality show</em> donde el concepto trabajo ha sido despojado de su utilidad y convertido en insignificante espect&aacute;culo entomol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Las posibilidades que ofrece para intimar con sus personajes son nulas y la empat&iacute;a que nos puedan despertar ser&aacute; mec&aacute;nica, una respuesta autom&aacute;tica a los estereotipos. Es la elecci&oacute;n de una pel&iacute;cula que tampoco se pronuncia como s&aacute;tira y se limita a extenuar una idea, la de partida, para sobre ella ir desarrollando lo que parece ser un peque&ntilde;o e inc&oacute;modo ensayo sobre la humillaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A los espectadores, ociosos &ndash;claro&ndash; y algo avergonzados por un tema que nos alude como p&uacute;blico y protagonistas, nos quedar&aacute; buscar discreto acomodo en alg&uacute;n lugar entre la realidad y la representaci&oacute;n mientras nos volvemos a hacer la pregunta, no por c&aacute;ndida menos pertinente, de todos los d&iacute;as por la ma&ntilde;ana: qui&eacute;n, cu&aacute;ndo y por qu&eacute; invent&oacute; este embrutecedor y penoso sistema de funcionamiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/invisible-patetico-circo-mundo-laboral_1_3447333.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Apr 2017 18:24:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La mano invisible': el patético circo del mundo laboral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa: Historia de un desahucio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/isaac-rosa-dibujando-desahucios_132_4043587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista con el escritor y periodista Isaac Rosa</p><p class="subtitle">Acústico del músico sevillano Chencho Fernández</p></div><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        Hemos entrevistado a<strong> Isaac Rosa</strong>, periodista y escritor autor del libro &ldquo;<em><strong>Aqu&iacute; vivi&oacute;</strong></em>&rdquo;, novela gr&aacute;fica, dibujada por Cristina Bueno, dedicada a los desahucios, con la intenci&oacute;n de visibilizar y reinvindicar la memoria de los protagonistas an&oacute;nimos que son expulsados de sus hogares.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Isaac nos ha le&iacute;do un texto suyo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s contamos con el abogado de Legal Sol <strong>Eric Sanz de Bremond</strong>, experto en la defensa de los afectados por los desahucios y con <strong>Mar&iacute;a</strong>, afectada por un desahucio. 
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        Tambi&eacute;n podremos disfrutar de la entrevista ac&uacute;stica con<strong> Chencho Fern&aacute;ndez</strong>, m&uacute;sico sevillano que conjuga las mejores tradiciones del rock urbano con el aroma del rock andaluz. Nos presenta su &uacute;ltimo disco &ldquo;<em><strong>Dad&aacute; estuvo aqu&iacute;</strong></em>&rdquo;. Tenemos un <a href="http://www.eldiario.es/carnecruda/musica/VIDEO-Chencho-Fernandez-garconne_6_507509262.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">V&Iacute;DEO</a> interpretando una de sus canciones. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Recuerda que este programa es solo posible gracias a ti. Dif&uacute;ndelo y, si puedes, hazte Productor o Productora de #CarneCruda.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carne Cruda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/isaac-rosa-dibujando-desahucios_132_4043587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Apr 2016 13:53:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa: Historia de un desahucio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa presenta su novela gráfica "Aquí vivió"  en El Luzzy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/isaac-rosa-presenta-grafica-luzzy_1_4065281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e0bd5a4-ee27-4ee2-8baa-3ed0f4fbb39c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isaac Rosa presenta su novela gráfica &quot;Aquí vivió&quot;  en El Luzzy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Isaac Rosa, finalista de la séptima edición del Premio Mandarache, presenta en El Luzzy a las 20:00 h</p><p class="subtitle">Aquí vivió</p><p class="subtitle">, dentro de las actividades programadas para Leer, Pensar, Imaginar</p></div><p class="article-text">
        El autor sevillano Isaac Rosa tendr&aacute; un encuentro con los lectores de Cartagena para presentar <em>Aqu&iacute; vivi&oacute;, </em>una novela punzante y emotiva que expone la problem&aacute;tica de los desahucios. El encuentro es el lunes a las 20:00 horas en la biblioteca de adultos del centro cultural Ram&oacute;n Alonso Luzzy. 
    </p><p class="article-text">
        Esta obra, que ha sido ilustrada por Cristina Bueno, es la primera novela gr&aacute;fica de Isaac Rosa y pone de relevancia uno de los temas m&aacute;s actuales de nuestra sociedad. En esta presentaci&oacute;n el autor estar&aacute; acompa&ntilde;ado por los autores de c&oacute;mics Juan &Aacute;lvarez y Jorge G. y por Mar&iacute;a Conesa, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Cartagena.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el pr&oacute;ximo martes, 12 de abril, Isaac Rosa visitar&aacute; el IES Jim&eacute;nez de la Espada y el IES Isaac Peral. En ambos centros educativos se reencontrar&aacute; con los estudiantes que forman parte del premio Mandarache de j&oacute;venes lectores, del que fue finalista en la edici&oacute;n del 2012 con la obra <em>El pa&iacute;s del miedo</em> (Premio Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara 2009).
    </p><p class="article-text">
        En esta ocasi&oacute;n les presentar&aacute; la obra <em>Aqu&iacute; vivi&oacute;, </em>que en palabras de la novelista Marta Sanz, &ldquo;contra la tragedia del desahucio, nos transmite fuerza para conjurar el fantasma de una pobreza que debilita. No estamos solos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Isaac Rosa naci&oacute; en Sevilla y en la actualidad reside en Madrid. Es colaborador habitual de la web <a href="http://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">eldiario.es </a> y La Marea. Ha publicado las novelas <em>La mala memoria, El vano ayer</em> (Premio R&oacute;mulo Gallegos 2005, y los premios Ojo Cr&iacute;tico y Andaluc&iacute;a de la Cr&iacute;tica), <em>Otra maldita novela sobre la guerra civil. El pa&iacute;s del miedo </em>(Premio Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara 2009), <em>La mano invisible</em> y <em>La habitaci&oacute;n oscura </em>(Premio C&aacute;lamo 2013).
    </p><p class="article-text">
        Varias de sus novelas han sido traducidas en otros pa&iacute;ses y adaptadas al cine. Rosa es uno de los escritores m&aacute;s cr&iacute;ticos y comprometidos con las causas sociales de su generaci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiariomurcia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/isaac-rosa-presenta-grafica-luzzy_1_4065281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Apr 2016 11:01:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa presenta su novela gráfica "Aquí vivió"  en El Luzzy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Cartagena]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Rosa: "Los desahucios en España no han sido un desastre natural"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/gente-casas-fracaso-sociedad_128_4097969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35bdc769-43e9-4860-a064-f4fd3a4d8225_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Aquí vivió"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquí vivió</p><p class="subtitle">(Nube de tinta), una novela gráfica creada por Isaac Rosa y dibujada por Cristina Bueno, pone imágenes a un drama social que ya se ha cobrado más de 100.000 familias desahuciadas desde que comenzó la crisis</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/autores/isaac_rosa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isaac Rosa</a> (Sevilla, 1974), columnista habitual de eldiario.es, debuta en el campo de la novela gr&aacute;fica con <a href="http://www.megustaleer.com/libro/aqui-vivio/ES0142148" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Aqu&iacute; vivi&oacute;</em></a> (Nube de tinta). Junto a Cristina Bueno (Barcelona, 1983), que ha sido la encargada de poner tinta y dibujos al gui&oacute;n propuesto por Rosa. El libro trata un drama, el de los desahucios, desde la perspectiva de una chica adolescente que se acaba de mudar a un piso en el que la anterior familia fue desahuciada. eldiario.es comparti&oacute; una ma&ntilde;ana junto al escritor y a la ilustradora en una conversaci&oacute;n que gir&oacute; en torno a este drama social, sus protagonistas y tambi&eacute;n, sus culpables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha sido la primera experiencia de Isaac Rosa en la novela gr&aacute;fica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muy buena, muy interesante. Es un lenguaje nuevo para m&iacute;. Un registro completamente nuevo del que estoy acostumbrado a trabajar. Supon&iacute;a un reto, algunas dificultades tambi&eacute;n por eso de cambiar de lenguaje. Pero le ve&iacute;a sobre todo la parte buena: las muchas posibilidades de una novela gr&aacute;fica que no ten&iacute;a en ninguna novela para contar esta historia, para contarla de otra manera y sobre todo para contarla con im&aacute;genes, para darle fuerza a lo visual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es Aqu&iacute; vivi&oacute;?</strong><em>Aqu&iacute; vivi&oacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        Una propuesta que tiene que ver con la memoria. Con, de alguna manera, construir la memoria de lo que han sido estos a&ntilde;os, de lo que han sido los desahucios durante toda la ultima d&eacute;cada: desde el comienzo de la crisis hasta ahora. Ya desde el t&iacute;tulo, <em>Aqu&iacute; vivi&oacute; </em>es esa formula que usamos para recordar. Es como esas placas que hemos visto en tantos sitios que recuerdan a personas que merecen ser recordadas.
    </p><p class="article-text">
        No ser&iacute;a exacto decir que esto es una novela sobre desahucios: esto es una novela sobre la lucha contra los desahucios, que es la parte que realmente me interesaba. Es un libro de ficci&oacute;n. Eso lo ten&iacute;amos claro desde el principio. Pero es una ficci&oacute;n llena de muchas realidades. De muchos casos, de muchas familias, de muchas personas con las que he hablado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es el eje central del libro?</strong>
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        La otra parte, la positiva, la de la lucha. La experiencia que han supuesto las plataformas de afectados por la hipoteca, el c&oacute;mo una serie de personas que se han visto en la situaci&oacute;n m&aacute;s traum&aacute;tica a la que se puede enfrentar alguien, que es perder su casa, perderlo todo y quedarse a veces con una deuda y muchos problemas han sido capaces de levantarse y recuperarse, de construir un colectivo desde el que luchar. De c&oacute;mo han sido capaces de convertir un problema individual en una lucha colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Me interesaba ese punto de vista del qu&eacute; viene despu&eacute;s. Del que entra en una casa donde ha habido un desahucio e intenta reconstruir la historia. La de alguien que cree que este no es un problema suyo y se va viendo cada vez mas implicado hasta que comprueba que s&iacute;, que esto no es un fracaso personal, de una familia que ha perdido su casa, sino un fracaso como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Llama la atenci&oacute;n que el hilo conductor del c&oacute;mic sea Alicia, una joven adolescente, cuando en realidad, los desahucios son &ldquo;cosas de mayores&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Alicia, por un lado, tiene una mirada ingenua que a m&iacute; me interesaba para reconstruir la historia de una familia desahuciada. Tiene esa mirada de alguien que no sabe realmente qu&eacute; es lo que ha ocurrido y que empieza a tirar del hilo. Un adolescente tiene algo que los dem&aacute;s hemos ido perdiendo: sorpresa y capacidad de indignarse.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos ido insensibilizando, nos hemos ido acostumbrando a ver im&aacute;genes, noticias, familias saliendo de sus casas, polic&iacute;as tirando a gente del portal para que salga y despu&eacute;s llegue el cerrajero o el agente judicial. Es algo parecido a lo que nos est&aacute; pasando hoy con el tema de los refugiados: hace seis meses llor&aacute;bamos por un ni&ntilde;o en la playa y ahora ya no. La mirada del adolescente s&iacute; tiene esa capacidad de sorprenderse y de indignarse, justamente lo que otros estamos perdiendo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha sido todo ese trabajo de documentaci&oacute;n previo a la construcci&oacute;n del libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primer paso fue ir a las asambleas y escuchar, algo que todos deber&iacute;amos hacer. No solo porque ya te des cuenta que esto s&iacute; va contigo y que es un problema de todos; sino porque la experiencia de c&oacute;mo han sido capaces de construir esa lucha es muy interesante y podr&iacute;a tener aplicaci&oacute;n en otros &aacute;mbitos, no solo en los desahucios. Si este libro sirve para que la gente se acerque a una asamblea, ya me dar&iacute;a por satisfecho.
    </p><p class="article-text">
        Hubo ese primer momento de trabajo de calle, una parte dura y dif&iacute;cil. Conocer de primera mano historias tremendas y muy duras, personas que han pasado por situaciones por las que no querr&iacute;amos pasar ninguno. En el libro hemos intentado reflejar las dos caras de los desahucios: la parte oscura, dram&aacute;tica, dura, terrible, y la parte luminosa. En las asambleas, la gente llora porque lo est&aacute;n pasando mal, pero tambi&eacute;n r&iacute;en. Hay un componente de alegr&iacute;a y entusiasmo en la lucha de los afectados por los desahucios que es admirable, de la que todos deber&iacute;amos aprender.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seg&uacute;n un informe del Consejo General del Poder Judicial, hasta diciembre del a&ntilde;o pasado se hab&iacute;an </strong><a href="http://www.poderjudicial.es/portal/site/cgpj/menuitem.65d2c4456b6ddb628e635fc1dc432ea0/?vgnextoid=311600fe2aa03410VgnVCM1000006f48ac0aRCRD&amp;vgnextchannel=a64e3da6cbe0a210VgnVCM100000cb34e20aRCRD&amp;vgnextfmt=default" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe del Consejo General del Poder Judicial</a><strong>ejecutado m&aacute;s de 600.000 desahucios en nuestro pa&iacute;s desde que comenz&oacute; la crisis. Cerca de 100.000 familias han perdido sus casas. Sin embargo, seg&uacute;n datos del INE de 2011, en Espa&ntilde;a se concentran el 30% de las viviendas vac&iacute;as de Europa: 3,44 millones. &iquest;Por qu&eacute; sigue habiendo desahucios si tenemos casi tres millones y medio de pisos vac&iacute;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los lemas mas reconocibles de las PAH es ese de &ldquo;Gente sin casas y casas sin gente&rdquo;, y es cierto. Hay un mont&oacute;n de pisos vac&iacute;os que en algunos casos no han llegado a ser ocupados nunca. Obviamente ah&iacute; hay un fallo de sistema. Esto tiene que ver con la pol&iacute;tica de vivienda. Pero antes de eso, hay un problema de cifras tambi&eacute;n. No sabemos con seguridad cu&aacute;l es la buena. Hay como una especie de guerra entre administraciones, juzgados y distintos organismos que contabilizan, con lo cual, al final no tenemos una cifra exacta para decir: &ldquo;Tantas familias han perdido su casa en los &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;. Y no sabemos la cifra no porque no se pueda: sino porque no hay voluntad pol&iacute;tica, porque no quieren que se conozca hasta d&oacute;nde ha llegado este problema, porque es escandaloso.
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        <strong>&iquest;Por qu&eacute; no hay voluntad pol&iacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primer paso para resolver un problema es identificarlo, &iquest;no? Y ponerle n&uacute;mero. Y eso no lo hemos hecho todav&iacute;a. Que haya gente sin casas y casas sin gente es un fracaso de la sociedad y tiene que ver con una pol&iacute;tica de vivienda desde mucho tiempo atr&aacute;s, desde antes de la democracia. Ya desde el tardofranquismo, que convirti&oacute; un derecho que deb&iacute;a ser la vivienda en un elemento de inversi&oacute;n, especulaci&oacute;n y en un motor de crecimiento econ&oacute;mico que no ten&iacute;a que ver con las necesidades de la ciudadan&iacute;a. Exactamente, en esa frase que pronunci&oacute; Jos&eacute; Luis Arrese (ministro de Vivienda en el franquismo): &ldquo;No queremos un pa&iacute;s de proletarios, sino de propietarios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es la gente la que ha faltado a su responsabilidad. No es la gente la que ha fallado. Hay tal confluencia de intereses econ&oacute;micos que no existe esa voluntad pol&iacute;tica por eso, porque est&aacute;n antes los intereses de los que convirtieron el ladrillo en la forma de ganar dinero en Espa&ntilde;a. El problema de fondo de la vivienda es un problema de intereses econ&oacute;micos, de beneficios, de plusval&iacute;as y de comisiones corruptas tambi&eacute;n. Y sigue habiendo desahucios todas las semanas. Quiz&aacute; haya menos de hipotecas, pero s&iacute; muchos de alquiler y de viviendas ocupadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seg&uacute;n Manuela Carmena, en Madrid ya no hay desahucios.</strong><a href="http://www.eldiario.es/politica/Carmena-Ayuntamiento-parado-desahucios-llegado_0_423457766.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en Madrid ya no hay desahucios</a>
    </p><p class="article-text">
        En Madrid ha habido desencuentros fuertes entre la PAH y el Ayuntamiento. Sigue habiendo convocatorias para parar desahucios todas las semanas. Puede ser cierto que haya menos desahucios de hipotecas. S&iacute; que hay m&aacute;s facilidades para que no te echen de tu casa, no es como antes. Y s&iacute; que los bancos ahora tal vez sean mas proclives a negociar, pero no porque se hayan vuelto buenos, sino por la presi&oacute;n de las PAH precisamente. Los propios bancos han visto que esto es un problema de imagen para ellos. Pero todav&iacute;a hay desahucios, sobre todo de alquiler y de viviendas ocupadas.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que es cierto que se hab&iacute;an generado unas expectativas por los nuevos ayuntamientos de Madrid o Barcelona, m&aacute;xime cuando la alcaldesa de esta &uacute;ltima ciudad es una activista contra los desahucios. Esas expectativas luego chocan con la propia capacidad de maniobra de los ayuntamientos, empezando por la mayor&iacute;a tan exigua que tienen tanto Carmena como Ada Colau, pero tambi&eacute;n por la limitaci&oacute;n de competencias del Ayuntamiento. Sobre todo porque los nuevos ayuntamientos llegaron haciendo bandera de la defensa del derecho a la vivienda y de la lucha contra los desahucios. Con lo cual, tienen que volcarse en eso. No creo que no se est&eacute;n haciendo cosas, pero hay que volcarse en las demandas de los afectados. Entre otras cosas por eso, porque fue una bandera de las nuevas formaciones.
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        <strong>Cuando habla de que los desahucios son un fracaso de la sociedad, &iquest;se refiere a un fallo com&uacute;n o de ciertos sectores u organismos sociales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un fallo generalizado, pero eso no quiere decir que todos seamos culpables o responsables. Aqu&iacute; hay culpas que repartir y no todos por igual. Hay culpables con nombre y apellido. Hay legisladores que han hecho leyes que por un lado fomentaban la vivienda como un objeto de especulaci&oacute;n y por otro lado facilitaban los desahucios. Los jueces se limitaban a aplicar la ley que estaba ah&iacute;, que le daba todas las facilidades al banco para quedarse con tu piso en una subasta por un precio de risa mientras t&uacute; te ibas con la deuda y adem&aacute;s, sin casa.
    </p><p class="article-text">
        Los desahucios en Espa&ntilde;a no han sido un desastre natural. No ha sido una riada que se haya llevado las casas de mucha gente. Aqu&iacute; ha habido legisladores que han hecho esas leyes. Aqu&iacute; ha habido responsables en los bancos, en las antiguas cajas de ahorro con esa pol&iacute;tica del cr&eacute;dito y especulativa. Aqu&iacute; ha habido una pol&iacute;tica econ&oacute;mica de vivienda durante d&eacute;cadas que ha fomentado que ahora seamos el pa&iacute;s con m&aacute;s viviendas en propiedad de Europa, donde hay un mercado de alquiler al alcance de muy pocos, donde hay muy poca vivienda social en comparaci&oacute;n con cualquier pa&iacute;s de nuestro entorno. Todo esto tiene responsables. Es un fracaso como sociedad, pero tiene responsables a los que hay que se&ntilde;alar. Hoy todav&iacute;a hay muchas cosas por hacer. <a href="http://afectadosporlahipoteca.com/2016/03/04/la-pah-advierte-a-pedro-sanchez-que-sin-las-5-de-la-pah-tendra-una-legislatura-corta-y-senalizada/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La PAH est&aacute; con sus cinco medidas</a> que ha presentado a todos los partidos del nuevo Parlamento y a los parlamentos auton&oacute;micos, y eso esta por desarrollar todav&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Igual que no es una cat&aacute;strofe natural, no es tampoco un problema irresoluble. No es un problema que necesite a&ntilde;os de pensar, de medidas, de leyes. No, no. Esto se podr&iacute;a resolver ma&ntilde;ana mismo si hubiera voluntad pol&iacute;tica para aprobar una serie de medidas y leyes y una dotaci&oacute;n presupuestaria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Volveremos a caer en el error que nos llev&oacute; a la burbuja inmobiliaria y posterior crisis de 2008?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia vamos camino de no aprender la lecci&oacute;n. No estamos a salvo de no volver a repetirlo porque somos de memoria muy ligera y se nos va a olvidar. De hecho, ya ha empezado a recuperarse el precio de la vivienda. Pero sobre todo, hemos dejado pasar todos estos a&ntilde;os de la crisis sin resolver nada, sin tomar medidas para que no se vuelva a repetir. Al final seguimos dependiendo de lo mismo: del ladrillo, la playa y los servicios. A Cristina y a m&iacute; nos gustar&iacute;a que este libro sirviera un poco para construir memoria. Para que no se nos olvide que aqu&iacute; vivi&oacute; una familia que perdi&oacute; su casa, y que en este pa&iacute;s ya ha ocurrido esto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Sarabia]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 19:46:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isaac Rosa: "Los desahucios en España no han sido un desastre natural"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isaac Rosa,Ada Colau,Manuela Carmena]]></media:keywords>
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