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Isaac Rosa

Sevilla, 1974. Escritor, autor de novelas como "El vano ayer" (Premio Rómulo Gallegos 2005) y "El país del miedo", ha colaborado en varios medios de prensa escrita, digitales y radio. Su última novela es "La mano invisible".

Cuando ya no temes ni al corralito

Ya no nos acordamos, pero hace tres años corrió el rumor de un inminente corralito en España. ¿Lo recuerdan? Al comienzo del verano de 2012, en plena turbulencia bancaria, tras el susto de Bankia y con la prima disparada, echó a rodar la bola del corralito español. Y no fueron conspiranoicos, sino gente con premio Nobel que avisaba de un verano dramático, con Grecia fuera del euro y colas en los cajeros españoles. La mayoría no nos lo tomamos muy en serio, pero conozco a varios que sacaron los ahorros del banco por si acaso.

Y es que el corralito, aunque tiene nombre de canción de Georgie Dann, es una de nuestras peores pesadillas contemporáneas. Estamos acostumbrados a consumir ficciones apocalípticas pobladas por zombies, guerras nucleares e invasiones extraterrestres, cuando en realidad el fin del mundo más terrorífico no necesita más que un cajero en la esquina, una enorme cola de gente desesperada, y falta de efectivo.

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¿Puedo odiar al ministro del Interior sin que me detenga?

¿Puedo, en uso de mi libertad de expresión, odiar al ministro del Interior, compartir ese odio con los demás, incluso incitaros a que también vosotros lo odiéis? ¿Me sirve esa libertad para desacreditar o menospreciar a Fernández Díaz? ¿Puedo hacer un chiste humillante sobre el ministro? ¿Y puedo tuitearlo? Veamos si podemos usar nuestra libertad de expresión sin que el ministro nos acuse de todo aquello que acusa a Zapata y a otros: incitación al odio, descrédito, menosprecio, humillación, tal como están recogidos en el Código Penal.

En principio, el ministro no es una víctima. Ni del terrorismo, ni del antisemitismo. Si lo fuese del franquismo, tendríamos barra libre para humillarlo, pero no es el caso. Salvada esta primera línea roja, no pensemos que ya podemos mofarnos de él alegremente, no.

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Qué bien se ve la bandera de España

Si la bandera española es roja y amarilla, y no verde o a cuadritos azules, es porque aquellos colores se veían mejor de lejos. No le busquen explicaciones históricas, legendarias ni sentimentales. Una bandera nacida para que los buques de la Marina se distinguiesen bien en el mar y no los confundiesen con los de otras naciones. De ahí que, a la hora de buscar trapo nuevo para el mástil, eligiesen colores llamativos y reconocibles a lo lejos.

La visibilidad de la bandera española quedó demostrada otra vez el domingo. Aunque cuesta distinguirlo, ese tipo pequeñito que está delante del mural rojigualdo es el candidato del PSOE. Y gracias a que llevaba corbata roja, que si no, igual ni lo vemos.

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El próximo Stop Desahucios, en el portal de Grecia

Como sigan estirando la cuerda (y ayer en el Eurogrupo otro tironcito para nada), cualquier día nos llega una convocatoria para detener un desahucio pero no en el barrio, sino frente al portal de Grecia. Antes de que los dejen en la calle por no pagar.

Ya sé que no es comparable, pues un país no es una familia (por suerte para Grecia, que tiene con qué negociar). Pero la relación del país con sus acreedores se parece cada vez más a la de tantas familias que han acabado desahuciadas en nuestras ciudades. Oyendo estos días a los responsables del FMI, el Eurogrupo o e BCE, parece que estuviéramos oyendo al departamento de impagados de cualquier banco: Grecia debe "cumplir sus obligaciones", pues de lo contrario "tendríamos una situación seria", dijo ayer Dijsselbloem, que remató: "No quiero especular sobre qué pasará en caso de impago". No me digan que no suena a cobrador que te llama a casa de noche.

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El listón de Ahora Madrid

Desde hace semanas, vengo oyendo a miembros de Ahora Madrid anticipando lo que se les venía encima tras el 24M: “Vendrán a por nosotros con toda la artillería”, “La cacería será implacable”, “No nos van a dar tregua”, “Hay que prepararse para lo peor”… Según decían, no les iba a salir gratis su pretensión de transformar nada menos que la capital de España. Iba a ser la guerra. Sucia, por supuesto.

De tanto oírlos yo pensaba que, además de anunciar la guerra, estarían preparándose para ella. Pero llegó el día 13, y solo unas horas después de tomar posesión, vino el primer ataque. El que llevaban semanas esperando. La cacería. La guerra. Con la salvedad de que los cazadores, el ejército enemigo, esos que iban a venir con toda la artillería, se presentaron con escopetas de feria: unos pocos tuits viejos, soltados en la red para que rebotasen y se multiplicasen como pececillos.

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Candidatura unitaria, la que tengo aquí montada

Perdonen el chiste fácil, pero cada vez que un periodista pregunta a un portavoz de Podemos sobre la posibilidad de sumarse a candidaturas de unidad popular, espero que responda con la típica broma: "Candidatura unitaria, la que tengo aquí colgada". O más bien "la que tengo aquí montada", pues ese es el argumento habitual de Podemos: "¿Quieren una plataforma unitaria? ¡Pues aquí estamos!"

Desde el lugar preferente que le dan los resultados electorales, Podemos propone que quien quiera sumar fuerzas, se presente a sus primarias. Que no hay necesidad de montar un Ganemos, un Ahora o una Marea para las generales, porque habiendo Podemos ya vamos sobrados. ¿Para qué construir la unidad popular, si Podemos ES la unidad popular?

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Quién desenfunda primero

(Para leer como se merece, pónganse de fondo alguna BSO de spaguetti western. También vale silbarla)

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No os paséis de transparentes

Me parece estupendo que la primera reunión del PSOE y Podemos en Extremadura se haya retransmitido y grabado. Pero no me parece suficiente: ¿quién me dice que antes o después no han hablado por teléfono entre ellos? ¿Y si están negociando por Whatsapp a nuestras espaldas? En nombre de la transparencia deberíamos exigir que se graben sus conversaciones telefónicas y mensajes. Y las de todos los miembros de sus equipos. Y no crean que así me quedaré tranquilo del todo, que igual se pasan notitas a través de un tercero.

Bienvenida sea la transparencia, pero no nos pasemos de estupendos. Yo quiero saber qué acuerdan dos dirigentes políticos cuando se sientan a negociar. Pero para eso hace falta que acuerden algo, y si se sientan delante de las cámaras difícilmente conseguirán ir más allá de generalidades. Una reunión política en vivo y en directo no es una reunión política: es una mesa redonda, con tendencia a acabar convertida en tertulia televisiva, a dos pasos de decir lo de “yo no te he interrumpido a ti”.

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El rey tiene mucho que celebrar

¿Que como le ha ido al rey este primer año tras la abdicación? Pues muy bien, la verdad: viajes de placer, mesa en los mejores restaurantes, visitas a amigos, descanso y mucha tranquilidad. Lo que se dice vivir como un rey. Sin tener que leer discursos tediosos. Y sin la reina al lado. Ah, perdón, que se refieren al otro rey, el hijo. Es que como desde hace un año tenemos dos reyes, no sabía de cuál me hablaban.

¿Felipe VI? No ha disfrutado tanto como su padre, pero también ha tenido un annus mirabilis, un año borbonísimo. Que el mayor aprieto que haya sufrido en todo un año haya sido asistir a la pitada del himno en un partido de fútbol, da la medida del éxito de la operación relevo. Ah, perdón, también tuvo que pasar el trago de que le regalasen un pack de Juego de tronos.

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¿Qué hay de lo nuestro?

Tras cada cambio de gobierno, desde la presidencia del país hasta el último ayuntamiento, resuena el viejo “¿qué hay de lo mío?” de quienes esperan que los suyos les recompensen los servicios prestados, cumplan sus promesas o decidan otro reparto de la tarta. El “qué hay de lo mío” es el lema del clientelismo, y el clásico estribillo de la corrupción.

El último relevo, el del pasado 24M, también tendrá sus “qué hay de lo mío”. Pero por ahora los que más se oyen, en Barcelona y Madrid, no tienen el tono esperanzado del que aspira a ganar algo con el cambio, sino el aire lastimero de quien teme perder lo que tenía, o lo que esperaba seguir ganando y ahora cree truncado.

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