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    <title><![CDATA[elDiario.es - Relato corto]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/relato-corto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Relato corto]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Felisa lanza un nuevo certamen de relato corto iberoamericano, dotado con 2.500 euros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/felisa-lanza-nuevo-certamen-relato-corto-iberoamericano-dotado-2-500-euros_1_12983627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1aa71a5-3416-4e10-95a4-5e6a09b3d893_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felisa lanza un nuevo certamen de relato corto iberoamericano, dotado con 2.500 euros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Feria del Libro de Santander presenta el concurso 'Vínculo Atlántico',  en el que Cantabria tiene que jugar un papel central en el relato y está prohibido el uso de IA</p></div><p class="article-text">
        La Feria del Libro de Santander y de Cantabria (Felisa) ha lanzado un nuevo certamen de relato corto iberoamericano, bajo el nombre de 'V&iacute;nculo Atl&aacute;ntico', dotado con 2.500 euros, y en el que pueden participar escritores mayores de 18 a&ntilde;os (cumplidos en 2025) de Iberoam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Pueden presentar una &uacute;nica obra original de una extensi&oacute;n de entre 800 y 1.500 palabras y debe tener una relaci&oacute;n con, al menos, dos de los territorios iberoamericanos, y Cantabria tiene que jugar un papel central.
    </p><p class="article-text">
        El concurso tiene como fecha de cierre el 30 de marzo de 2026 y el fallo se conocer&aacute; el pr&oacute;ximo 29 de mayo del mismo a&ntilde;o. Est&aacute; convocado por las Librer&iacute;as Asociadas de Cantabria (LAC), con financiaci&oacute;n del Ministerio de Cultura de Espa&ntilde;a, a trav&eacute;s de la Direcci&oacute;n General del Libro, del C&oacute;mic y de la Lectura, y est&aacute; dotado con un primer premio de 1.500 euros y un segundo de 1.000.
    </p><p class="article-text">
        Las candidaturas se recibir&aacute;n de forma exclusiva por correo (vinculoatlantico@felisacantabria.com), las bases se pueden consultar en la <a href="https://felisacantabria.com" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">web oficial de la Feria</a> y est&aacute;n excluidas todas las propuestas en las que se haya utilizado parcial o totalmente la inteligencia artificial generativa.
    </p><p class="article-text">
        Pueden participar escritores de Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Espa&ntilde;a, Guatemala, Honduras, M&eacute;xico, Nicaragua, Panam&aacute;, Paraguay, Per&uacute;, Portugal, Rep&uacute;blica Dominicana, Uruguay y Venezuela.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Europa Press]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/felisa-lanza-nuevo-certamen-relato-corto-iberoamericano-dotado-2-500-euros_1_12983627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 19:46:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Relato corto,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cinco inéditos que han cumplido el deseo de Julio Ramón Ribeyro de publicar cien cuentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cinco-ineditos-han-cumplido-deseo-julio-ramon-ribeyro-publicar-cien-cuentos_1_12541820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7163bd79-33ab-40ea-a628-018a9de01b7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cinco inéditos que han cumplido el deseo de Julio Ramón Ribeyro de publicar cien cuentos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor peruano, el más importante de su país como genio del relato corto, murió a solo cinco piezas de conseguir su objetivo</p><p class="subtitle">‘Prohibido morir aquí’, cuando la escritora Elizabeth Taylor se preguntó qué estamos haciendo con los jubilados
</p></div><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un escritor que quer&iacute;a escribir cien cuentos. A su muerte, hab&iacute;a publicado noventa y cinco, los que figuran en sus <em>Cuentos reunidos</em> (Alfaguara, 2024). Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntos se quedaron en el caj&oacute;n o fueron a parar a la papelera; seguro que no pocos, por la exigencia que se impon&iacute;a a s&iacute; mismo (en las fotograf&iacute;as de los manuscritos originales se ven numerosos tachones), pero, como lo que no se publica no existe, m&aacute;s o menos, al final el autor muri&oacute; a solo cinco piezas de cumplir su objetivo. Ese narrador se llamaba Julio Ram&oacute;n Ribeyro (Lima, 1929-1994) y es el cuentista m&aacute;s importante de Per&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo en Per&uacute; destaca: no es exagerado decir que comparte el olimpo de los grandes nombres del <em>boom</em>, aunque ni antes ni despu&eacute;s gozara de la popularidad de los Cort&aacute;zar, Garc&iacute;a M&aacute;rquez o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/mario-vargas-llosa-genio-literario_1_12221342.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vargas Llosa</a>, con los que por cierto &eacute;l mismo, en su diario, se compara: a su lado, se siente acomplejado por no ser capaz de escribir lo que llama la &ldquo;gran novela&rdquo;, esa obra extensa y de alto voltaje que consagra para siempre a un autor, que por fuerza ten&iacute;a que ser una novela, el g&eacute;nero m&aacute;s apreciado. Los cuentos, como ahora, pasaban m&aacute;s desapercibidos, el p&uacute;blico no les prestaba tanta atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l lo intent&oacute;, public&oacute; tres novelas &ndash;<em>Cr&oacute;nica de San Gabriel</em> (1960; Premio Nacional de Novela), <em>Los geniecillos dominicales</em> (1965) y <em>Cambio de guardia</em> (1976)&ndash;, pero donde mejor se desplegaba su genio era en la distancia corta. Tambi&eacute;n en la no ficci&oacute;n, tanto en sus mencionados diarios, <em>La tentaci&oacute;n del fracaso</em> (1992-1995), como en un singular volumen de textos entre el aforismo, el ensayo y el apunte personal, <em>Prosas ap&aacute;tridas</em> (1975), que complementa de alg&uacute;n modo el diario. En 2019, coincidiendo con el 90 aniversario de su nacimiento, Seix Barral los public&oacute; en nuevas ediciones.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/68674b37-130d-4c98-b57c-ab2711f49068_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El tiempo y la mayor apertura a otros g&eacute;neros han reevaluado la importancia de su obra; hoy, el hecho de carecer de una novela de amplio alcance no le resta m&eacute;ritos, porque su gran libro es el conjunto de sus narraciones breves, mil p&aacute;ginas de inventiva, denuncia social, humor, realismo, fantas&iacute;a, existencialismo. Ribeyro no se encasill&oacute; en un g&eacute;nero; se dedic&oacute; a experimentar, nutri&eacute;ndose de influencias que van desde Edgar Allan Poe o Kafka a latinoamericanos contempor&aacute;neos como Borges, Cort&aacute;zar, Onetti y Rulfo. En lo que s&iacute; se mantuvo fiel fue en su perspectiva de clase: siempre mir&oacute; desde abajo, a los m&aacute;s desfavorecidos, y se serv&iacute;a de met&aacute;foras creativas para se&ntilde;alar la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Casi cuarenta a&ntilde;os de carrera desde que debut&oacute; con <em>Los gallinazos sin plumas</em> (1955), un libro de cuentos que se ha convertido en un cl&aacute;sico en Per&uacute;, hasta sus &uacute;ltimos textos, los <em>Relatos santacrucinos</em> (1992), que aparecieron ya dentro de la primera compilaci&oacute;n de su narrativa. En total, 95 piezas (o 97, pero dos se consideran esbozos de novelas que no lleg&oacute; a desarrollar), m&aacute;s la no ficci&oacute;n, las novelas y el teatro. Se qued&oacute; a solo cinco de ese n&uacute;mero redondo con el que so&ntilde;aba. Y cinco son, nada menos, las que encontr&oacute; su bi&oacute;grafo casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, al trastear entre sus papeles de Par&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">Historia de un hallazgo</h2><p class="article-text">
        Este libro p&oacute;stumo, <em>Invitaci&oacute;n al viaje</em> (Alfaguara, 2024), los re&uacute;ne por primera vez en el 30 aniversario de su muerte, acompa&ntilde;ado de un pr&oacute;logo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/santiago-gamboa-escritor-evangelicos-xxi_128_1142108.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Santiago Gamboa </a>que se lee casi como un relato del propio Ribeyro, sobre lo que le ocurri&oacute; cuando se conocieron en Par&iacute;s. En esta ciudad, como tantos intelectuales y artistas de su tiempo, Ribeyro pas&oacute; buena parte de sus a&ntilde;os dorados. Desde 1952, cuando abandon&oacute; el Per&uacute; para estudiar en Europa, hasta unos meses antes de su fallecimiento, cuando fij&oacute; su residencia en Lima, vivi&oacute; a caballo entre dos culturas, una condici&oacute;n de ap&aacute;trida que se refleja en su obra, de la que siempre asegur&oacute; que ten&iacute;a una base autobiogr&aacute;fica, aunque no fuera expl&iacute;cita.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/66e2a366-0b54-4e5e-b85d-394b54504226_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os sesenta, trabaj&oacute; como periodista para la Agencia France Press y comparti&oacute; piso con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/mario-vargas-llosa-genio-literario_1_12221342.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mario Vargas Llosa</a> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/alfredo-bryce-echenique-verdadero-ultimo-superviviente-boom-novela-latinoamericana_1_12219862.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alfredo Bryce Echenique</a>. Los tres se admiraban entre ellos, aunque por aquel entonces <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/mario-vargas-llosa-genio-literario_1_12221342.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el futuro premio Nobel</a> ya sobresal&iacute;a m&aacute;s. A &eacute;l lo uni&oacute; una amistad que tuvo sus altibajos por discrepancias pol&iacute;ticas sobre Per&uacute;. Para muchos lectores, Ribeyro, su perspectiva, representa de manera m&aacute;s genuina la voz del pueblo; era un escritor disruptivo no solo por su narrativa nada complaciente ni por su car&aacute;cter, poco amigo del exhibicionismo, sino por el compromiso &eacute;tico que expres&oacute; con su obra.
    </p><p class="article-text">
        Los cinco relatos in&eacute;ditos se escribieron en Par&iacute;s en los a&ntilde;os setenta, la que se considera su etapa de madurez literaria. Su bi&oacute;grafo oficial, Jorge Coaguila, los encontr&oacute; mientras ordenaba sus papeles para otra investigaci&oacute;n; pura serendipia. Despu&eacute;s de todo, el autor s&iacute; que lleg&oacute; a los cien, solo que, por alguna raz&oacute;n, cinco no vieron la luz en su d&iacute;a. Los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joan-didion-aborda-dudas-maternidad-diarios-ineditos-no-cree-pueda-amar-preocuparse_1_12479777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libros p&oacute;stumos</a> suelen estar rodeados de recelo, con pol&eacute;micas como las de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/problemas-harper-lee-matar-ruisenor-autores-dificil-escribir-segunda-novela_1_6910896.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Harper Lee</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/hijos-gabriel-garcia-marquez-explican-publican-libro-no-valia_1_10982434.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Garc&iacute;a M&aacute;rquez</a>, en las que se sospecha que no habr&iacute;an autorizado que esos textos, sin duda inferiores a sus obras m&aacute;s apreciadas, llegaran a los lectores. No es, sin embargo, el caso de Ribeyro: estos cuentos fueron escritos en su plenitud. Si dudan l&eacute;anlos.
    </p><h2 class="article-text">Los cinco cuentos</h2><p class="article-text">
        <em>Iniciaci&oacute;n al viaje,</em> el relato m&aacute;s extenso, narra la peripecia de dos muchachos que se escapan de casa con el prop&oacute;sito de vivir una aventura, de dar emoci&oacute;n a sus vidas anodinas. En realidad, ese deseo, que responde a un ideal enga&ntilde;oso, lo tiene m&aacute;s uno que el otro, y al final se queda solo en su salida. La narraci&oacute;n recrea su descenso a los confines de la noche, que lo enmara&ntilde;a en un mundo de sombras que no consigue desentra&ntilde;ar, del que se siente ajeno. &ldquo;Lucho tuvo la certeza de tocar uno de esos l&iacute;mites nocturnos donde empieza lo irreal&rdquo;, se dice, en un cuento perturbador que no tiene nada que envidiar a sus mejores creaciones.
    </p><p class="article-text">
        <em>La celada </em>narra el regreso de un peruano a Lima despu&eacute;s de haber estado en Europa, con el consiguiente extra&ntilde;amiento del retornado que ya no se siente de ninguna parte, que ya no pisa la misma tierra de la que parti&oacute;. Sus encuentros con una mujer a la que hab&iacute;a conocido en Par&iacute;s, ligados a un confuso juego de puertas, encarnan ese sentimiento de que ciertos acontecimientos solo son posibles en un momento y un lugar, y no pueden postergarse bajo el riesgo de perder su oportunidad para siempre, porque la vida es flujo, movimiento, transformaci&oacute;n constante: &ldquo;No hab&iacute;a duda, era el mismo departamento, pero no la misma persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Moner&iacute;as </em>adopta un revestimiento fant&aacute;stico con humor absurdo para denunciar la colonizaci&oacute;n y el racismo. Un empresario peruano se dirige al presidente de la naci&oacute;n para exponerle su caso: ha invertido en unos monos, quer&iacute;a trasladarlos a Estados Unidos, pero le han denegado el acceso, se ha arruinado y, como le era imposible retener a los animales en las jaulas por m&aacute;s tiempo, estos han invadido la ciudad. Le&iacute;do hoy, es imposible no relacionarlo con las pol&iacute;ticas antinmigraci&oacute;n de Donald Trump y con ciertas jaulas de las que no es tan sencillo fugarse.
    </p><p class="article-text">
        <em>Las laceraciones de Pierluca</em> revive el esp&iacute;ritu de los bohemios afincados en Par&iacute;s en la primera mitad del siglo XX que disfrutan de unas semanas de asueto en la playa de Cadaqu&eacute;s, en la Costa Brava. Entre ellos, el protagonista, Pierluca: &ldquo;Quisiera encontrar algo raro, precioso. Pero todo se repite&rdquo;. Un ambiente aletargado, de jornadas mon&oacute;tonas, con los proyectos de futuras exposiciones a la vista, que se trunca con un giro final, un tanto apresurado, que desencadena una cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, en <em>Esp&iacute;ritus </em>un grupo de intelectuales latinoamericanos reunidos en Par&iacute;s organizan una sesi&oacute;n de espiritismo en la que, se supone, consiguen conectar con el abuelo de uno de ellos. Un cuento juguet&oacute;n, con ese toque de misterio caracter&iacute;stico de Ribeyro, un autor h&aacute;bil como pocos a la hora de imbuir la realidad de elementos que se escapan de lo tangible, a menudo con una nota de comicidad. Muchas de las escritoras latinoamericanas que hoy gozan de tanto &eacute;xito deben mucho de su imaginario a los caminos que abrieron escritores como &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La lectura de los cinco cuentos de <em>Invitaci&oacute;n al viaje</em> confirma que su recuperaci&oacute;n no responde al oportunismo, sino que de veras completa el universo ribeyriano con unas composiciones en plena sinton&iacute;a con sus mejores escritos que no desentonar&iacute;an en el volumen de sus obras completas. Leer a Riberyo es sorprenderse, como se sorprende uno cada vez que posa los ojos sobre un gran libro: siempre inagotable, siempre con algo que decir. Entre sus entusiastas hay escritores como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/enrique-vila-matas-ultimo-libro-busqueda-habitacion-propia-virginia-woolf_128_9282679.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enrique Vila-Matas</a>,<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/juan-jose-millas-lectura-estupefaciente_1_10039055.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/sara-mesa-sistema-burocratico-parece-parasito-altamente-resistente-pese-errores_1_12126852.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Mesa </a>(esta &uacute;ltima lo describe como &ldquo;el escritor de los mudos, de los marginados&rdquo;). No es casualidad: los irreverentes se reconocen entre ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cinco-ineditos-han-cumplido-deseo-julio-ramon-ribeyro-publicar-cien-cuentos_1_12541820.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Aug 2025 20:15:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cinco inéditos que han cumplido el deseo de Julio Ramón Ribeyro de publicar cien cuentos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Perú,Cuentos,Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los caminos que llevan a Alejandra Pizarnik: la fascinación, la intensidad, la revolución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/caminos-llevan-alejandra-pizarnik-fascinacion-intensidad-revolucion_1_12534971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ab9211a-e4ce-49c4-b6e1-e2134470e65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123892.jpg" width="1425" height="802" alt="Los caminos que llevan a Alejandra Pizarnik: la fascinación, la intensidad, la revolución"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘Una traición mística’ es una selección de prosas editada por Luna Miguel en las que se propone un nuevo acercamiento a la escritora argentina y que forma parte de la cuidada reedición de su obra por parte de Lumen</p><p class="subtitle">El regreso de Jesús Fernández Santos, el escritor y cineasta más olvidado de la Generación del 50
</p></div><p class="article-text">
        Escribir un art&iacute;culo as&eacute;ptico sobre ella ser&iacute;a lo m&aacute;s pr&oacute;ximo a traicionarla. Y, aunque si algo nos ense&ntilde;&oacute; es que toda escritura conlleva una transgresi&oacute;n (al sistema, a la raz&oacute;n, a lo que se espera de uno, en &uacute;ltima instancia a los maestros de quienes se ha aprendido), esta deber&iacute;a llevarse a cabo, al menos, de forma distinta, personal, &uacute;nica. Como era ella: distinta, personal, &uacute;nica. Como era la experiencia de leerla, de entrar en su universo por primera vez o de releerla abriendo cualquiera de sus libros, en prosa o en verso, al azar: distinta, personal, &uacute;nica. Una revoluci&oacute;n. En s&iacute; misma y, por contagio, en quien la lee.
    </p><p class="article-text">
        Quien tuvo la suerte de descubrirla en su adolescencia experiment&oacute; una revoluci&oacute;n con esa intensidad que teje un v&iacute;nculo inquebrantable, el del lector deslumbrado, <em>alucinado</em>, que sin darse cuenta interioriza esa respiraci&oacute;n, esa pulsi&oacute;n cargada de deseo, angustia, p&eacute;rdida, sue&ntilde;os, autoexploraci&oacute;n, lenguaje. La b&uacute;squeda incansable del planeta llamado Alejandra Pizarnik, al que, en cualquier caso, nunca es tarde para llamar. Con la mente libre y desprejuiciada, y la curiosidad de las primeras veces, esa fascinaci&oacute;n permanece, como ocurre al leer a Clarice Lispector o a Djuna Barnes.
    </p><p class="article-text">
        De Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) ha trascendido la imagen de la mujer depresiva, triste, carcomida por sus demonios, como sucedi&oacute; con <a href="https://www.eldiario.es/red/antes-de/virginia-woolf-eterna-huida-mujer-libre_1_7197459.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/sylvia-plath-campana-cristal-posibilidad-reinterpretar-figura-poeta-maldita_1_7929877.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sylvia Plath</a>, Cesare Pavese y en general con todos los escritores que decidieron poner fin a sus vidas. Se trata de una imagen injusta, que reduce toda su existencia al suicidio, al t&uacute;nel final; y, aun aceptando que la melancol&iacute;a, la insatisfacci&oacute;n cr&oacute;nica, la falta de sentido o los pensamientos en torno a la muerte los rondaron durante mucho tiempo, en sus d&iacute;as tambi&eacute;n hubo espacio para m&aacute;s. Para la iron&iacute;a, para la exploraci&oacute;n, para el placer (ese antagonista inseparable de la muerte, por cierto). Y para escribir mucha literatura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/95a5df66-7f88-45d0-ad84-6c8dd45f9e2a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una literatura a&uacute;n por descifrar, y no porque falten estudios sobre ella, sino porque tiene esa cualidad de los grandes de no agotarse, de incitar la relectura con la conciencia de que releer es casi leer de cero; el n&eacute;ctar (o el veneno) ser&aacute; diferente en cada ocasi&oacute;n. Por descifrar, tambi&eacute;n, en sentido literal: quedan documentos suyos por conocer, archivados en la Universidad de Princeton, a la espera de la autorizaci&oacute;n de los herederos. La investigadora Patricia Venti, coautora junto con Cristina Pi&ntilde;a de <em>Alejandra Pizarnik. Biograf&iacute;a de un mito</em> (Lumen, 2021), ha dicho: &ldquo;Cuando yo cre&iacute;a que no hab&iacute;a m&aacute;s por descubrir, se publicaron sus obras completas, con la noticia de que Princeton albergaba muchos m&aacute;s in&eacute;ditos. Llegar all&iacute; fue casi como descubrir la cueva de Al&iacute; Bab&aacute;&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/759e1e66-685e-4213-9c96-61eb88bd4696_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero vayamos a lo disponible, que no es poco, y que se viste de nuevo cada vez que se propone desde otro enfoque, como <em>Una traici&oacute;n m&iacute;stica </em>(Lumen, 2024), una selecci&oacute;n de sus prosas a cargo de <a href="https://www.eldiario.es/autores/luna_miguel/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luna Miguel</a>. La idea, adem&aacute;s de ofrecer una alternativa al v&eacute;rtigo que puede dar asomarse a la <em>Prosa completa</em> (Lumen, 2016), es adentrarse en la parte menos conocida de la autora &ndash;que suele ser m&aacute;s apreciada por la poes&iacute;a y los diarios&ndash; &ldquo;en clave de aventura&rdquo;, en palabras de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/luna-miguel-desafia-muerte-lectora-leyendo-pausa-durante-48-horas-escenario_1_9857227.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luna Miguel</a>, &ldquo;y, a su vez, en clave de revelaci&oacute;n&rdquo;. Es un caj&oacute;n de sastre (ejercicios, art&iacute;culos, relatos, teatro), que en su aparente dispersi&oacute;n sigue la l&oacute;gica inconfundible de Pizarnik: pulsi&oacute;n de muerte, desamor, conflicto existencial.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/68f48120-8d2f-4bd8-bbcd-2f0b48afe533_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es posible que esta prosa cause m&aacute;s desconcierto, en quienes a&uacute;n no conocen su obra, que su poes&iacute;a, sus diarios o su correspondencia, por lo que tiene de &ldquo;inclasificable&rdquo;, y porque la autora no la cultiv&oacute; con la misma disciplina ni la misma definici&oacute;n que los dem&aacute;s g&eacute;neros, en los que fue prol&iacute;fica y constante (public&oacute; libros de poemas con regularidad desde su debut a los 19 a&ntilde;os, con un prestigio en ascenso, sobre todo tras su paso por Par&iacute;s, en los a&ntilde;os sesenta, donde trab&oacute; amistad con Julio Cort&aacute;zar y Octavio Paz, entre otros, y profundiz&oacute; en el surrealismo, el psicoan&aacute;lisis y el existencialismo). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/074ea6f7-da94-4aef-b0c1-1245fb3094c4_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En realidad, la prosa est&aacute; imbuida del mismo aliento que sus versos, aunque se presente como di&aacute;logo: &ldquo;&iquest;Y el sol? / No hay sol. / &iquest;Entonces qu&eacute;? / Nada. Todo est&aacute; opaco. / &iquest;Y los espejos que brillaban tan dulcemente?&rdquo;. Poes&iacute;a en la cadencia, y en los motivos de la infancia perdida y el acecho de la muerte que predominan en los poemas. Se percibe, en muchos fragmentos, cierta sensaci&oacute;n de estar inacabados; es la canalizaci&oacute;n del impulso por escribir, que en ella es una manera de soportarse, de desahogarse, sin voluntad de crear algo redondo (&ldquo;al despertar tuve ganas de escribir. Y c&oacute;mo me gustar&iacute;a que en vez de esto que voy diciendo fuera una novela con personajes y todo&rdquo;). Para ella el lenguaje es una masa con la que juega, experimenta y transgrede m&eacute;tricas, im&aacute;genes y g&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        Y oscuridad, mucha oscuridad: &ldquo;En mi peque&ntilde;o teatro, el lobo las devor&oacute;. [&hellip;] en esta vida me deben el fest&iacute;n&rdquo;, escribe en un gui&ntilde;o a Caperucita. Y m&aacute;s muerte, ya desde la juventud: &ldquo;Y pienso en una que me quiso violar en un velorio mientras yo miraba las flores en las manos del muerto&rdquo;. Piezas m&aacute;s extensas, como unas desconcertantes obras de teatro, metaliterarias, surrealistas, con su sentido del absurdo. O la cr&oacute;nica de un viaje (cr&oacute;nica, para Pizarnik, significa una cr&oacute;nica 'muy suya'), &ldquo;Escrito en Espa&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;Al cerrar los ojos vi una nube en forma de mujer de negro ofrendando un peque&ntilde;o animal muerto&rdquo;, evoca en Santiago de Compostela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f8aa4bb2-5082-445e-8186-e2401bea357f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hay una obra (esta vez s&iacute; se puede hablar de obra como tal, y adem&aacute;s <em>acabada</em>; incluso se public&oacute; en forma de libro tras darse a conocer primero en una revista): <em>La condesa sangrienta, </em>el homenaje de Pizarnik a Erzs&eacute;bet Bath&oacute;ry, noble h&uacute;ngara del siglo XVI juzgada por brujer&iacute;a. La leyenda le atribuye una historia sanguinaria como torturadora de jovencitas, a las que asesinaba por celos de su belleza. Se cree que inspir&oacute; <em>Carmilla</em> (1982), la <em>nouvelle</em> g&oacute;tica de vampirismo l&eacute;sbico de Sheridan Le Fanu. Pizarnik lleg&oacute; a ella gracias al relato hom&oacute;nimo que le dedic&oacute; la escritora surrealista Valentine Penrose.
    </p><p class="article-text">
        Era de esperar que una historia tan truculenta le interesara. <em>La condesa sangrienta</em> de Pizarnik no es un <em>retelling</em> ni una biograf&iacute;a; de nuevo, no es sencilla de catalogar. Tal vez es una evocaci&oacute;n, cruzando datos hist&oacute;ricos y lirismo. Su leyenda le permite explorar obsesiones compartidas &ndash;el erotismo, la locura, la muerte&ndash;, pero la autora aclara que no siente &ldquo;ninguna compasi&oacute;n ni emoci&oacute;n ni admiraci&oacute;n por ella. [&hellip;] Ella es una prueba m&aacute;s de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible&rdquo;. Por aquel entonces (se public&oacute; en 1966), ya hac&iacute;a tiempo que Pizarnik se psicoanalizaba, y, pese a su relaci&oacute;n ambigua con la muerte, no idealizaba sus desequilibrios ni sus man&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <em>La traici&oacute;n m&iacute;stica</em>, que toma el t&iacute;tulo de uno de los textos, y que <a href="https://www.eldiario.es/autores/luna_miguel/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luna Miguel</a> interpreta como una declaraci&oacute;n de intenciones, no es una b&uacute;squeda espiritual, ni pretende contar nada, responder a nada. Pizarnik se escribe a s&iacute; misma aunque escriba sobre otros (otra gente, otros personajes, otros libros). En el pr&oacute;logo, la editora insiste en la importancia de la relectura para la escritora argentina, y, dado que leer es establecer un di&aacute;logo con otros autores (pasados, coet&aacute;neos y futuros), podr&iacute;a decirse que Pizarnik se reescribe en cada tentativa. Su escritura no es cerebro, sino latido. No es narraci&oacute;n, sino desorden. No es herramienta, sino una extensi&oacute;n de s&iacute;. No es cuento, sino vida.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a0877c63-659d-44e3-aaba-c491fee75f24_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero incluso a una voz tan personal como ella se la puede leer en otros t&eacute;rminos. En un interesante ep&iacute;logo, la escritora Gabriela Borrelli Azara establece una relaci&oacute;n entre su obra y el contexto hist&oacute;rico de Argentina, que a finales de los a&ntilde;os sesenta comenz&oacute; una &eacute;poca convulsa, marcada por el golpe de Estado, la dictadura militar y las protestas que se desencadenaron: &ldquo;Entiendo lo obsceno [en la obra de Pizarnik] como un fantasma pol&iacute;tico, una presencia espectral que acecha&rdquo;, analiza. No es tanto una representaci&oacute;n consciente de la realidad como una revelaci&oacute;n de un malestar anquilosado, un aire enturbiado que Pizarnik, como tantos creadores, hab&iacute;a absorbido por &oacute;smosis.
    </p><p class="article-text">
        Desgarrada y desgarradora, pero tambi&eacute;n juguetona, c&oacute;mica, curiosa. Esta compilaci&oacute;n re&uacute;ne m&uacute;ltiples facetas, de la contemplativa a la m&aacute;s &aacute;cida, y, aunque leerla tambi&eacute;n es asumir que no se la llega a entender del todo, cada lector hallar&aacute; a su Pizarnik particular. Sobre todo quienes, como ella, tienen algo m&aacute;s que una afici&oacute;n por la literatura, porque hay escritores que parecen escribir para otros escritores, esos seres obsesivos y torcidos y raros. Es posible que el amor m&aacute;s grande de Pizarnik est&eacute; en el acto mismo de escribir, en el pulso que confiere a la muerte cuando la transcribe: &ldquo;Hablo con la voz que est&aacute; detr&aacute;s de la voz y con los m&aacute;gicos sonidos de la endechadora. [&hellip;] Me embriaga la luz. No nombro m&aacute;s que la luz. Quiero verla&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/caminos-llevan-alejandra-pizarnik-fascinacion-intensidad-revolucion_1_12534971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 20:17:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los caminos que llevan a Alejandra Pizarnik: la fascinación, la intensidad, la revolución]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Argentina,Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los tres cuentos de Roald Dahl que sus herederos no quieren que leas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/tres-cuentos-roald-dahl-herederos-no-quieren-leas_1_12501875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27f77c24-9c10-424a-8907-63c69ae9d76a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122999.jpg" width="2302" height="1295" alt="Los tres cuentos de Roald Dahl que sus herederos no quieren que leas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La exclusión de estos trabajos que abordan el canibalismo, el colonialismo y la crueldad en una antología de los cuentos completos del escritor británico vuelve a poner el foco en la censura de su obra</p><p class="subtitle">Sin gordas, calvas o mecanógrafas: la revisión de Roald Dahl enciende el debate</p></div><p class="article-text">
        Este verano se ha publicado en Espa&ntilde;a una nueva edici&oacute;n del libro que recoge los cuentos completos de Roald Dahl. Cuentos completos... pero no del todo. Faltan tres: <em>In The Ruins</em>, <em>Smoked Cheese </em>y <em>The Sword</em>. Tres relatos que sus herederos no han permitido incluir en ninguna antolog&iacute;a existente en cualquier idioma, seg&uacute;n se indica en las notas de la edici&oacute;n. Aunque no se da explicaci&oacute;n alguna que justifique la ausencia de estos t&iacute;tulos, esta ausencia en una obra que pretende reunir la totalidad de ellos resulta llamativa.
    </p><p class="article-text">
        Estos relatos, sin embargo, s&iacute; han llegado a ver la luz con la autorizaci&oacute;n del propio Roald Dahl, ya que fueron publicados mientras &eacute;l estaba con vida. El c&eacute;lebre autor, considerado una de las voces m&aacute;s importantes de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-libros-literatura-infantil-juvenil-regalar_1_11886665.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">literatura infantil</a>, cuenta con una exitosa trayectoria hasta su fallecimiento en Oxford en 1990, a los 74 a&ntilde;os. Durante su amplia carrera, el autor public&oacute; en diarios, revistas y recopilatorios muchos de sus cuentos, entre los que se incluyen los tres que sus herederos han decidido no publicar. Este peri&oacute;dico se ha puesto en contacto con ellos para solicitar comentarios al respecto, pero no han accedido a responder ninguna de las preguntas. 
    </p><p class="article-text">
        Para tratar de comprender cu&aacute;les pueden ser los motivos que han provocado la ausencia de <em>In The Ruins</em>, <em>Smoked Cheese</em> y <em>The Sword</em> en cualquier antolog&iacute;a, elDiario.es ha le&iacute;do los tres relatos y ha consultado sobre los mismos a Jelena Danilovi&#263; Jeremi&#263;, experta en el &aacute;rea de la ling&uuml;&iacute;stica. La especialista es docente en la Universidad de Kragujevac de Serbia y ha estudiado al autor en su trabajo de investigaci&oacute;n <em>La obra de Roald Dahl a trav&eacute;s del espejo de los an&aacute;lisis ling&uuml;&iacute;sticos: perspectivas e implicaciones</em> (2024).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Roald Dahl, en una imagen de archivo                            </span>
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        La lectura de estos cuentos lleva a considerar la posibilidad de que, como ya sucediera hace dos a&ntilde;os, se est&eacute; intentando proteger la reputaci&oacute;n del escritor evitando la lectura de su obra original. En 2023 se alert&oacute; de que las nuevas ediciones en ingl&eacute;s de los libros de Dahl estaban <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/traducciones-castellano-roald-dahl-mantendran-escribio_1_9974479.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plagadas de cambios</a> que consist&iacute;an tanto en la eliminaci&oacute;n de frases y palabras tachadas de discriminatorias, como en la alteraci&oacute;n de expresiones y la modificaci&oacute;n del g&eacute;nero de algunos personajes secundarios.
    </p><p class="article-text">
        En el relato <em>In The Ruins</em> (En las ruinas), uno de los m&aacute;s dif&iacute;ciles de encontrar y publicado por primera vez en junio de 1964, el narrador camina por las ruinas de lo que parece ser una aldea devastada por la guerra. Se encuentra con un hombre que resulta ser m&eacute;dico y que, con una aguja hipod&eacute;rmica que contiene alg&uacute;n anest&eacute;sico, se est&aacute; arrancando una pierna. Este m&eacute;dico le ofrece &ldquo;un poco&rdquo; y, muerto de hambre, el narrador acepta con la condici&oacute;n de ser quien prepare &ldquo;la pr&oacute;xima comida&rdquo;. Atra&iacute;da por el olor, una ni&ntilde;a se acerca y el m&eacute;dico tambi&eacute;n le ofrece carne, pero le dice que tendr&aacute; que &ldquo;devolverla m&aacute;s tarde&rdquo;. &ldquo;Los tres aqu&iacute; deber&iacute;amos poder sobrevivir bastante tiempo&rdquo;, dice el m&eacute;dico antes de que la ni&ntilde;a empiece a llorar.
    </p><p class="article-text">
        Esta historia acabar&iacute;a siendo <a href="https://forestgospel.blogspot.com/2013/05/in-ruins-adapted-by-wren-mcdonald.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adaptada al dibujo</a> por el ilustrador estadounidense Wren McDonald, reconocido en el pa&iacute;s norteamericano por su saga de c&oacute;mics <em>Peow</em>. El tinte macabro que caracteriza <em>In The Ruins</em> probablemente sea, seg&uacute;n Jelena Danilovi&#263; Jeremi&#263;, la raz&oacute;n principal por la que se ha decidido omitir el cuento. &ldquo;Dado que el p&uacute;blico lector actual se considera sensible, como ha demostrado la reescritura de los libros infantiles de Roald Dahl en Gran Breta&ntilde;a, quiz&aacute;s los herederos de Roald Dahl hayan considerado que algunos de sus relatos tambi&eacute;n tratan temas delicados&rdquo;, razona la experta.
    </p><h2 class="article-text">Historias sensibles en cuanto a la raza y la colonizaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Otro de estos cuentos, <em>The Sword</em> (La espada), <a href="https://www.theatlantic.com/magazine/archive/1943/08/the-sword/656557/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se puede leer</a> en ingl&eacute;s en <em>The Atlantic</em>, revista literaria estadounidense donde se public&oacute; en agosto de 1943. Narrado en primera persona por Dahl, cuenta c&oacute;mo compr&oacute; una espada en uno de los numerosos barcos que llegaban a &Aacute;frica occidental cada septiembre con mercanc&iacute;a para vender. Cuando lleg&oacute; a casa, le ense&ntilde;&oacute; a su criado Salimu c&oacute;mo limpiarla y cuidarla. Dahl tuvo que partir en una misi&oacute;n cuando Gran Breta&ntilde;a estaba a punto de declarar la guerra a Alemania, y explic&oacute; a Salimu que pronto entrar&iacute;an en guerra con los alemanes, quienes intentar&iacute;an matarlos a todos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en su regreso, descubri&oacute; que tanto Salimu como la espada hab&iacute;an desaparecido. Blandiendo la espada ensangrentada, el criado lleg&oacute; esa misma noche declarando que quer&iacute;a ayudar a ganar la guerra contra los alemanes. Su idea, sin consultarla previamente con nadie, fue ir a la casa de un alem&aacute;n rico que viv&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de las colinas al que, cuando lo encontr&oacute; sentado en su escritorio en pijama, le cort&oacute; la cabeza. Orgulloso, volvi&oacute; a casa para comunicar su gesta, siendo esta la conclusi&oacute;n de un relato sensible en cuanto a la raza y el colonialismo. En una versi&oacute;n posterior de la historia, el sirviente cambia de nombre, de Salimu a Mdisho.
    </p><p class="article-text">
        En la <a href="https://www.roalddahlfans.com/dahls-work/short-stories/smoked-cheese/smokpage/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tercera de las narraciones</a>, <em>Smoked Cheese</em> (Queso ahumado), el autor escribe sobre un piloto que viv&iacute;a solo en una casa infestada de ratones. Peg&oacute; trampas al techo ceb&aacute;ndolos con queso ahumado, pero no funcion&oacute;. Entonces, Bipou peg&oacute; todos los muebles en el techo, de forma que colgaran boca abajo, lo que provoc&oacute; que los ratones acabaran muriendo por una &ldquo;subida de sangre al cerebro&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Sab&iacute;a que ir&iacute;an por queso ahumado!&rdquo;, celebr&oacute; Bipou.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Dahl ha sido <a href="https://www.theguardian.com/books/2020/dec/06/roald-dahl-family-apologises-for-his-antisemitism" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acusado de antisemitismo</a> y la familia se disculp&oacute; en un comunicado hace cinco a&ntilde;os, ninguno de estos tres relatos excluidos parecen apuntar en ese sentido. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy en día hay cosas peores, como la terrible situación de los niños y residentes de Palestina, pero no parece que a la gente le preocupen. ¿Por qué entonces una escena perturbadora de una obra literaria debe considerarse inapropiada y ofensiva para los ojos sensibles?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jelena Danilović Jeremić</span>
                                        <span>—</span> Docente y experta en lingüística
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La editorial Alfaguara informa a elDiario.es que est&aacute; &ldquo;publicando los <em>Cuentos Completos</em> tal y como ya lo hizo en el a&ntilde;o 2013, sin adaptar ni cambiar el texto original&rdquo;. La ausencia de estos tres relatos se indica en las notas de la edici&oacute;n. &ldquo;Para ser totalmente sincera, creo que cualquier obra literaria es un reflejo de su &eacute;poca. Por lo tanto, no deber&iacute;a modificarse&rdquo;, dice Jelena Danilovi&#263; Jeremi&#263; a este peri&oacute;dico. Para ella, es una parte esencial del arte: &ldquo;Los escritores expresan sus propios pensamientos y sentimientos, y la forma en que decidimos interpretarlos es un reflejo de nuestras propias creencias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy en d&iacute;a, hay cosas mucho peores: la terrible situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y los residentes de Palestina, el r&eacute;gimen autocr&aacute;tico de Corea del Norte (por no mencionar el r&eacute;gimen represivo del presidente Aleksandar Vucic en Serbia, bajo el cual la comunidad acad&eacute;mica lleva siete meses luchando), el hambre en &Aacute;frica, la guerra en Ucrania, la desaparici&oacute;n de la fauna silvestre, la destrucci&oacute;n del h&aacute;bitat natural, etc.&rdquo;, comenta la experta, &ldquo;pero la gente no parece preocuparse por ellas. &iquest;Por qu&eacute; entonces una escena particularmente perturbadora de una obra literaria, como el serrado de una pierna en <em>In The Ruins</em> o el uso de una espada por un sirviente africano en <em>The Sword</em>, debe considerarse inapropiada y ofensiva para los ojos sensibles?&rdquo;, plantea.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aquellos que quieren hacer la vista gorda ante las atrocidades que nos rodean tambi&eacute;n pueden hacer la vista gorda ante una obra literaria&rdquo;, sentencia la investigadora, que afirma que &ldquo;vivimos en un mundo de verdades distorsionadas y la gente necesita enfrentarse a la realidad&rdquo;. Pero la omisi&oacute;n de estas historias no ayuda en absoluto a reforzar el pensamiento cr&iacute;tico, como apunta Jelena Danilovi&#263; Jeremi&#263;: &ldquo;El pasado colonial es el pasado desagradable de muchos pa&iacute;ses; no debemos fingir que nunca existi&oacute; porque a la gente le resulte perturbador hoy en d&iacute;a. M&aacute;s bien, se debe concienciar a los ni&ntilde;os sobre este lado vergonzoso de la humanidad, para que puedan esforzarse por crear un mundo mejor&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/tres-cuentos-roald-dahl-herederos-no-quieren-leas_1_12501875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 20:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los tres cuentos de Roald Dahl que sus herederos no quieren que leas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cultura,Censura,Escritores,Relato,Relato corto,Cuentos,Obras,Literatura,Literatura infantil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Samanta Schweblin regresa con seis cuentos inquietantes: “El gran ejercicio de la literatura es construir la diversidad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/samanta-schweblin-regresa-seis-cuentos-inquietantes-gran-ejercicio-literatura-construir-diversidad_1_12152872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e8869b2-8941-45d2-bfa6-8a9ab7928aa9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Samanta Schweblin regresa con seis cuentos inquietantes: “El gran ejercicio de la literatura es construir la diversidad”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'El buen mal', su nuevo libro de relatos, comprende seis cuentos que de algún modo giran en torno a la muerte y lo que hacemos para esquivarla</p><p class="subtitle">Karla Sofía Gascón: “Soy menos racista que Gandhi y menos de Vox que Echenique”</p></div><p class="article-text">
        Puede que inquietud sea el sentimiento que predomina entre todos los que provoca la lectura de <em>El buen mal</em>, el nuevo libro de relatos que Samanta Schweblin acaba de publicar en la editorial Seix Barral. Seis cuentos que se cocinaron a fuego lento, durante tres a&ntilde;os, hasta que estuvieron listos para servir. 
    </p><p class="article-text">
        Una madre que sigue el &uacute;ltimo paso de Virginia Woolf, dos hermanas que se aventuran a entrar en casas ajenas por las noches, un gato cuyo fallecimiento provoca una pena tan grande como la p&eacute;rdida del hijo de una antigua amiga o un ni&ntilde;o que se traga una pila son algunos de los personajes que danzan por las historias de una de las autoras argentinas m&aacute;s aplaudidas de la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        La muerte permite aglutinar estos relatos en un volumen con la l&oacute;gica del tema en com&uacute;n. Est&aacute; presente en cada uno de ellos, a veces como realidad y a veces como posibilidad, pero siempre ah&iacute;. El asunto apareci&oacute; cuando se puso a escribir el primer cuento y se col&oacute; en el resto, porque la escritora sinti&oacute; la necesidad de responder a una pregunta simple, pero no f&aacute;cil: si tiene tanto peso en la literatura, &iquest;por qu&eacute; siempre aparece al final de la trama? &ldquo;Quise saber si se puede escribir un texto que empiece con la muerte y sea capaz de seguir avanzando, pero de manera concreta y realista&rdquo;, dice Schweblin a <a href="https://www.eldiario.es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> sentada en la cafeter&iacute;a de un hotel en el centro de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Lo extra&ntilde;o acecha de forma constante en la cotidianidad de los personajes. Las decisiones que toman les llevan a un desastre que habr&iacute;an podido evitar si hubiesen optado por hacer lo contrario: no darle dinero a esa anciana, llevar al ni&ntilde;o al hospital al momento, cerrar el ventanal antes de salir, obedecer a los padres y no salir por la noche. Balas que hubiesen esquivado si viviesen en un estado de alarma permanente sobre los innumerables peligros probables. 
    </p><h2 class="article-text">Obsesivos en prevenir las desgracias</h2><p class="article-text">
        Si una persona pasa cada minuto de su existencia ojo avizor, no saldr&iacute;a de su casa. Y aun as&iacute;, no estar&iacute;a del todo a salvo. &ldquo;Somos muy obsesivos en el ejercicio de pensar los peores escenarios posibles y como reacci&oacute;n acrecentamos el miedo y nos perdemos en &eacute;l, como si fuera la realidad&rdquo; sostiene la autora. &ldquo;Pero los prejuicios nos salvan tambi&eacute;n muchas veces. Ah&iacute; est&aacute; ese doble juego del buen mal&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d65d900e-c22f-4d81-a984-b8b2b1d8d3de_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" />
    </figure><p class="article-text">
        Para ella, en sus relatos existen unas fuerzas invisibles que gu&iacute;an a los personajes y que son, en realidad, esos miedos construidos con los valores que les inculcaron en la infancia y las ideas que tiene cada uno de lo que es el mundo. Y el interrogante que lanza desde su libro es: &iquest;Qu&eacute; pasa en la vida ordinaria cuando algo la pone en jaque? &ldquo;Se enciende una alarma que ya no se puede apagar y por fin te hace prestar verdadera atenci&oacute;n, pero, &iquest;qu&eacute; sucede entonces?&rdquo;, cuestiona.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la muerte y los peligros que acechan cada d&iacute;a, hay otro aspecto que tambi&eacute;n a&uacute;na a todos los cuentos: las voces narradoras son femeninas, excepto la de un ni&ntilde;o, que tampoco es un hombre adulto. Schweblin declara que no fue una decisi&oacute;n consciente, no pens&oacute; en el g&eacute;nero a la hora de escribir &ndash;en sus otros libros s&iacute; hay voces masculinas&ndash; pero quiz&aacute; en estos relatos le sali&oacute; as&iacute; por los lugares en los que se desarrollan. &ldquo;Yo no hago literatura autobiogr&aacute;fica, pero estas historias suceden en espacios que he habitado&rdquo;, reflexiona y agrega: &ldquo;A nivel espacial es muy personal y quiz&aacute; en el fondo haya un poquito m&aacute;s de m&iacute; de lo que yo soy consciente&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Argentina en el teclado</h2><p class="article-text">
        Samanta Schweblin vive desde hace doce a&ntilde;os en Berl&iacute;n. Pese a que considera que la ciudad alemana es su hogar, cuando pone las manos en las teclas su mente se desplaza a su tierra natal. No todos los cuentos de <em>El buen mal</em> suceden en aquel pa&iacute;s, pero s&iacute; miran hacia &eacute;l. &ldquo;Es el espacio que me interesa pensar y estoy constantemente conectada con lo que pasa all&iacute;. No solo en el plano pol&iacute;tico, sino que estoy muy cercana a mi familia&rdquo;, dice. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque ella creci&oacute; en Buenos Aires, ahora sus parientes viven en la provincia de Chubut, un lugar muy diferente al de su infancia y que est&aacute; muy presente en su nueva colecci&oacute;n de cuentos. Cada a&ntilde;o se instala durante uno o dos meses all&iacute; y recopila material para su escritura.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Samantha Schweblin en una foto de estudio                            </span>
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        Sus influencias literarias est&aacute;n relacionadas con Argentina, por supuesto. Estas se manifiestan tanto en su inter&eacute;s espec&iacute;fico por &ldquo;la literatura de lo extra&ntilde;o&rdquo; como por su cari&ntilde;o por la narrativa corta, por el relato. &ldquo;Cualquier gran escritor argentino es sobre todo un gran cuentista que eventualmente puede escribir una novela o no, como Borges&rdquo;. Ella misma tiene en su bibliograf&iacute;a varias antolog&iacute;as de cuentos y dos novelas. &ldquo;Evidentemente, estoy atrapada en esa tradici&oacute;n que me enorgullece, pero tambi&eacute;n leo con mucha admiraci&oacute;n a algunos contempor&aacute;neos&rdquo;, asevera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A diferencia de generaciones anteriores, la actual tiene muchos m&aacute;s vasos comunicantes. Yo leo un cuento de Federico Falco y me quedo temblando. O una novela de Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara y pienso: &iquest;De verdad se pod&iacute;a hacer esto con el lenguaje? Es como si abriera compuertas de posibilidades, es muy enriquecedor a la hora de escribir&rdquo;, declara. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, tambi&eacute;n menciona a Selva Almada, una de las autoras a las que acudir para acercarse al tema de la violencia contra las mujeres. &ldquo;Ella se inscribe en una tradici&oacute;n que aparentemente es de Juan Jos&eacute; Saer y sin sacar un pie del todo, con su tempo y su manera de escribir, la convierte en algo completamente nuevo&rdquo;, se&ntilde;ala.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Siete a&ntilde;os sin publicar</h2><p class="article-text">
        Hace diez a&ntilde;os que public&oacute; su anterior libro de relatos <em>Siete casas vac&iacute;as</em> (P&aacute;ginas de espuma) y siete desde su &uacute;ltima novela, <em>Kentukis</em> (Random House). Durante todo este tiempo que ha transcurrido hasta que su nuevo t&iacute;tulo ha salido al mercado, se ha dedicado a muchos trabajos &ndash;entre ellos, la adaptaci&oacute;n a la pantalla para Netflix de <em>Distancia de rescate</em> (Random House), dirigida por Claudia Llosa&ndash; pero en ning&uacute;n momento ha dejado de escribir. Sostiene que cada proyecto tiene sus tiempos y hay que encontrar el punto en el que se convierte en algo publicable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cualquier gran escritor argentino es sobre todo un gran cuentista que eventualmente puede escribir una novela o no, como Borges</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Samanta Schweblin, escritora argentina</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A lo largo de su carrera, Schweblin ha acumulado una considerable lista de premios entre los que destacan el Premio Tigre Juan por <em>Distancia de rescate</em> (2015) y el National Book Award por <em>Siete casas vac&iacute;as</em> (2022), adem&aacute;s de haber sido tres veces candidata final al Booker Internacional. Gracias a los galardones que van acompa&ntilde;ados de una retribuci&oacute;n econ&oacute;mica, ha conseguido &ldquo;comprar tiempo libre, que es car&iacute;simo&rdquo;, indica, para poder dedicarse a escribir.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a eso, y a las clases que imparte, tiene &ldquo;la suerte&rdquo; de vivir de lo que le gusta. Pero su ambici&oacute;n no pasa por ganar m&aacute;s premios, sino que pone todas sus aspiraciones profesionales en el texto. &ldquo;Hay algo en el arte que no se puede tratar del todo como si fuera una empresa, una carrera o un proyecto con deadlines y dinero&rdquo;, defiende.
    </p><h2 class="article-text">Los temores que se materializan</h2><p class="article-text">
        Si lo extra&ntilde;o acecha en todos los aspectos de la vida cotidiana, el plano pol&iacute;tico no se escapa. El miedo se puede materializar en cualquier momento, como sucede ahora en muchas partes del mundo en las que se pensaba que los terrores del pasado no se pod&iacute;an repetir. La situaci&oacute;n parece pertenecer al &aacute;mbito de esa literatura de lo extra&ntilde;o que, seg&uacute;n la escritora: &ldquo;Tiene que ver no con lo imposible de suceder sino con la posibilidad de que suceda aquello que dif&iacute;cilmente podr&iacute;a suceder&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Schweblin vio desde Berl&iacute;n c&oacute;mo Milei llegaba a la presidencia de Argentina y sigue con atenci&oacute;n todo lo que sucede en su pa&iacute;s. Pero tambi&eacute;n ha observado c&oacute;mo la ciudad en la que vive ha pasado de ser un lugar en el que las diferencias eran m&aacute;s que bien recibidas a ser un sitio en el que grupos de ultraderecha se manifiestan por sus calles protegidos por la polic&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy terrible, siendo inmigrante, ver pasar a esa gente debajo de tu balc&oacute;n. En una ciudad, adem&aacute;s, en la que est&aacute;n prohibidas las manifestaciones a favor de Palestina, donde est&aacute; sucediendo un genocidio&rdquo;, explica. &ldquo;Pero no es que esa ultraderecha haya surgido ahora, sino que de pronto est&aacute; autorizada a decir que esta es la nueva verdad, que es as&iacute; como hay que hacer las cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No se atreve a aventurar qu&eacute; es lo que suceder&aacute; a medio plazo, pero asegura que no entiende la pol&iacute;tica hecha desde el odio. &ldquo;Estoy a favor de la diversidad en todos sus aspectos: pol&iacute;tica, sexual, cultural, de pensamiento y en t&eacute;rminos migratorios&rdquo;, dice. &ldquo;El gran ejercicio de la literatura, de hecho, es construir esa diversidad&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Cualquier cosa que vaya por el camino contrario, me parece poco interesante y poco inteligente&rdquo;, concluye para cerrar la entrevista.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/samanta-schweblin-regresa-seis-cuentos-inquietantes-gran-ejercicio-literatura-construir-diversidad_1_12152872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 21:15:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Samanta Schweblin regresa con seis cuentos inquietantes: “El gran ejercicio de la literatura es construir la diversidad”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Premios literarios,Industria cultural,Editoriales,Libros,Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pilar Adón: "Idealizamos a las niñas por su inocencia pero yo quiero retratar su tormenta interior brutal"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pilar-adon-idealizamos-ninas-inocencia-quiero-retratar-tormenta-interior-brutal_128_12027394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d84709b-06ed-4a9a-8f33-358dabc00434_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x838y198.jpg" width="1200" height="675" alt="Pilar Adón: &quot;Idealizamos a las niñas por su inocencia pero yo quiero retratar su tormenta interior brutal&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘Las Iras’ es un libro de relatos sobre la venganza y la furia alojadas en el pecho pequeño de chicas adolescentes. "Si lo cuento todo yo y el lector no participa, la literatura es un monólogo que no me interesa", dice la autora</p><p class="subtitle">Entrevista - Marta Orriols, escritora: “A las mujeres todo el mundo nos indica lo que tenemos que hacer y va siendo hora de decir basta”
</p></div><p class="article-text">
        Casi todas son ni&ntilde;as. Cr&iacute;as. Mujeres muy j&oacute;venes que llevan dentro una bestezuela que dentellea, arranca, mata. Pero ninguna mancha, ninguna hace ruido. No hay rastro de sangre en <em>Las iras </em>(Galaxia Gutenberg, 2024), una colecci&oacute;n de relatos en la que Pilar Ad&oacute;n (Madrid, 1971) explora la dualidad entre la belleza y el horror, la crueldad y la inocencia, la serenidad y la venganza en apenas un pu&ntilde;ado de p&aacute;ginas. Bocetos que, sin entrar en detalles, pretenden asomarse a lo que queda despu&eacute;s de la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Ad&oacute;n, que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pilar-adon-premio-nacional-narrativa-2023_1_10621476.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se alz&oacute; con el Premio Nacional de Narrativa con su anterior novela</a>, <em>De bestias y aves</em> (Galaxia Gutenberg, 2022), y que a finales del a&ntilde;o pasado tambi&eacute;n public&oacute; su volumen de poes&iacute;a reunida <em>Las huidas. Poes&iacute;a 1998-2024</em> (La Bella Varsovia) conversa sobre sus obsesiones literarias en torno a los afectos, el desapego, las infancias y una animalesca b&uacute;squeda de libertad plasmada en dieciocho historias de violencia no expl&iacute;cita.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Podr&iacute;amos considerar su nuevo libro de cuentos algo as&iacute; como un cat&aacute;logo de muertes, as&iacute; que la primera pregunta es casi obligada. Una pregunta que el ser humano no deja de hacerse: &iquest;por qu&eacute; matamos? O, m&aacute;s bien, &iquest;por qu&eacute; matan sus personajes?</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Mis personajes matan porque se sienten v&iacute;ctimas. Es una explicaci&oacute;n quiz&aacute; muy sencilla, pero es la realidad de estos personajes. Ante todo, estas ni&ntilde;as j&oacute;venes, adolescentes en una primera juventud, se han sentido abandonadas, traicionadas o ninguneadas. Entonces, a trav&eacute;s de un concepto propio de v&iacute;ctimas, tienen una reacci&oacute;n que est&aacute; muy vinculada a la ira y su manera de defenderse o actuar y es con una venganza que les lleva a deshacerse de la persona que les ha hecho da&ntilde;o. Pero, como estamos hablando de literatura y ah&iacute; elijo yo la forma, es una manera no violenta. No hay sangre, no hay palizas. Es el lector el que visualiza e imagina c&oacute;mo se producen esas muertes. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Omite los hechos. Los relatos, po&eacute;ticos, oscuros, no dan apenas informaci&oacute;n al lector. Muy cortos y con una trama en torno al horror o un acto salvaje son casi como boceto. En muchos, tiene que adivinarse el contexto, el lugar, &iquest;por qu&eacute;?</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El caso es que yo como escritora me siento realmente segura y asentada en la historia. Yo s&eacute; qu&eacute; ha pasado antes y qu&eacute; ocurrir&aacute; despu&eacute;s, d&oacute;nde est&aacute;n, c&oacute;mo son los escenarios en los que se mueven los personajes, c&oacute;mo son f&iacute;sicamente los personajes&hellip; Pero es verdad que luego no lo cuento. Incluso hay veces que yo ya tengo escritos p&aacute;rrafos corregidos y los elimino. Todo ello en una decisi&oacute;n autoral de quitarlos para omitir y escamotear informaci&oacute;n al lector y que este pueda aportar sus propias experiencias. Su propia carga literaria, su propia biograf&iacute;a. Que imagine. 
    </p><p class="article-text">
        Si yo lo cuento todo y no dejo que el lector participe en el di&aacute;logo pasa a ser un mon&oacute;logo por mi parte. Y no me interesa eso. Como lectora me gusta que me dejen participar, y mi manera formal de conseguirlo es eliminando informaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay una decisión autoral de quitar párrafos ya corregidos para escamotear información al lector y que este pueda aportar sus propias experiencias. Su propia carga literaria, su propia biografía. Que imagine</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Todos sus personajes principales son mujeres. Retrata la ira y la maldad, a veces casi ingenua, como en el relato de la chica del orfanato o el miedo de la mujer violada por su padre, que est&aacute; narrado por su propio feto, desde la voz femenina. &iquest;De d&oacute;nde viene esa preferencia y cu&aacute;nto hay de exploraci&oacute;n de la mirada de la mujer, y de la condici&oacute;n humana, en sus personajes?</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Me interesan mucho las dualidades y jugar todo el tiempo con elementos muy simb&oacute;licos. Es algo con lo que ya jugu&eacute; mucho en la novela anterior, <em>De bestias y aves,</em> y aqu&iacute; en <em>Las iras,</em> una de esas dualidades es la que comentas t&uacute;. Monstruos con la apariencia de &aacute;ngeles sin olvidar que en todo momento estamos hablando de ni&ntilde;as muy j&oacute;venes que en el imaginario colectivo seguimos pensando como criaturas idealizadas con lacitos, vestidos rosas y la m&aacute;xima inocencia. Y, en este caso, quer&iacute;a retratar una inocencia externa. Estos personajes, estas ni&ntilde;as, son muy educadas, muy sensibles. No hay, como dec&iacute;amos antes, una agresi&oacute;n directa o visual. Pero s&iacute; que hay un aullido constante. Una tormenta interior brutal propia de un momento biogr&aacute;fico, una edad en la que todo es blanco o negro. Los matices no existen en el paso de la infancia a la adolescencia. Estamos en una etapa en la que, normalmente, se produce el primer enga&ntilde;o, la primera traici&oacute;n, el primer dolor. Y todav&iacute;a no tenemos herramientas para gestionarlo. Estas nos vienen de fuera, generalmente de nuestros padres o hermanos mayores. Y estas ni&ntilde;as, abandonadas del todo, est&aacute;n aisladas del mundo. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7e7e472c-6673-4305-8d97-a277602ce61a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En cuanto a los personajes femeninos, hace muchos a&ntilde;os publiqu&eacute; un libro de relatos que se titulaba <em>Viajes inocentes</em> y una periodista, como t&uacute; ahora, me pregunt&oacute; por qu&eacute; todos los personajes eran mujeres. En ese momento yo no me hab&iacute;a dado cuenta, para m&iacute; era algo tan natural&hellip; Todos eran mujeres y ya est&aacute;. Es desde ese momento cuando se convirti&oacute; en una decisi&oacute;n consciente. Me atraen los personajes femeninos y es en lo que trabajo, aunque muchas veces pienso que, si realmente fueran hombres, no se me har&iacute;a esta pregunta. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Hablemos de un relato concreto, el primero, </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em><strong>La sublimaci&oacute;n de los afectos,</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> que es tambi&eacute;n la portada del libro. Una ni&ntilde;a pelirroja, l&aacute;nguida y con cara de hast&iacute;o mira al lector. Es el &uacute;nico en el que hay una mirada externa, alguien ajeno a los hechos es quien relata lo sucedido. Una mirada adulta que a ratos ve a la preadolescente como un corderito y, a ratos, como un monstruo.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Es el primero porque es casi el m&aacute;s representativo de lo que se va a contar. Tanto el primero como el &uacute;ltimo. En este caso lo que me interesaba, de nuevo, era la dualidad de miradas de la cuidadora. Ella, que se supone que ha de ser una persona que aporte cierta seguridad, cierto b&aacute;lsamo, cierta calma a esta criatura que sufre en realidad lo que est&aacute; haciendo es juzgarla todo el tiempo. No es un personaje ben&eacute;volo, no forma parte de su familia y, adem&aacute;s, est&aacute; inc&oacute;moda en presencia de la ni&ntilde;a de una forma que acent&uacute;a esa sensaci&oacute;n de vulnerabilidad, soledad y aislamiento que van a tener todos los personajes en el libro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vayamos entonces al final, a ese &uacute;ltimo relato </strong><em><strong>(Elle esa Belle, le monstre) </strong></em><strong>en el que otra persona adulta habla del odio a los ni&ntilde;os. Alguien que ha cometido un crimen atroz, s&iacute;, pero se&ntilde;ala que los infantes a su cargo eran una condena, casi como si tratara de quitar esa p&aacute;tina de &ldquo;qu&eacute; bello un ni&ntilde;o&rdquo; cuando, en el fondo, no deja de ser un animal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo has dicho t&uacute;, no yo [risas]. Este relato, junto con otro que se titula <em>Evanescente,</em> fue de los que m&aacute;s me cost&oacute; escribir. Soy una escritora que disfruta escribiendo, no padezco la escritura, pero hab&iacute;a veces que yo me preguntaba a m&iacute; misma, &iquest;por qu&eacute; est&aacute;s escribiendo esto?, &iquest;de d&oacute;nde viene este arrebato que me ha atrapado? Todos los cuentos beben de una misma voluntad, una misma inspiraci&oacute;n. Era como si hubiera pillado carrerilla y este tema me hubiera atrapado de una manera brutal. Y, en este caso, el personaje narrador est&aacute; atrapada entre dos frentes: ella cree que otra le ha forzado al asesinato como una manera de justificar su actuaci&oacute;n. Se dice que es cosa de otros como si fuera un juego de espejos, aunque no consigue escapar de su propia incomodidad social, arrastr&aacute;ndola al borde del suicidio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/16c14102-af27-4286-a57d-0f84a59b9381_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Un poco como aquello de la banalidad del mal.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Gan&oacute; el Premio Nacional de Narrativas por </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em><strong>De bestias y aves,</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> un libro que tambi&eacute;n se adivina entre las p&aacute;ginas de </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em><strong>Las iras.</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> En &eacute;l, tambi&eacute;n cuestiona los l&iacute;mites entre la humanidad y la naturaleza, lo salvaje y lo domesticado. Aqu&iacute;, aunque en relatos, tambi&eacute;n, y dan ganas de preguntarle, casi, a qu&eacute; se debe esta fijaci&oacute;n por los ambientes asfixiantes y los personajes que huyen de su pasado.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que es una fijaci&oacute;n [risas]. Es una necesidad de atender a estas cuestiones y sentir que en cada libro les doy respuesta. El libro est&aacute; cerrado, el libro est&aacute; terminado, pero de repente surgen otra vez y tengo que volver a ellas. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/fernanda-trias-escribe-violencia-cuerpo-mujer-inseparable-violencia-territorio_1_12025906.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La importancia de la naturaleza</a>, del aislamiento, de la libertad dentro del aislamiento. Seguir explorando, como antes me dec&iacute;as, el asunto de que sean las mujeres las que se a&iacute;slan, las que est&aacute;n vinculadas a la naturaleza, a las que tradicionalmente siempre se llama brujas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es una necesidad atender a la importancia de la naturaleza, del aislamiento, de la libertad dentro del aislamiento. Seguir explorando el asunto de que sean las mujeres las que se aíslan, las que están vinculadas a la naturaleza, a las que tradicionalmente siempre se llama brujas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Siguiendo con la tem&aacute;tica, &iquest;d&oacute;nde dibujamos la l&iacute;nea entre el bien y el mal? &iquest;Qu&eacute; es bueno, qu&eacute; es malo?</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        He querido llevar al l&iacute;mite a los personajes. He llevado al l&iacute;mite mi propio concepto de saber hasta d&oacute;nde pod&iacute;a llegar tem&aacute;ticamente. He querido ver hasta d&oacute;nde pod&iacute;a estirar el chicle. Quer&iacute;a narrar a unos personajes que estuvieran muy al l&iacute;mite, que se encontraran en una situaci&oacute;n f&iacute;sica y mental muy complicada donde fuera casi imposible exigirles que delimitaran lo que estaban haciendo. Todos sabemos que hay momentos en los que hay frenar, bajar revoluciones y pararse a pensar, entender. Aqu&iacute; ya ha habido toda la tormenta previa y se encuentran en un momento en el que es el lector quien tiene que decidir qu&eacute; hace con ellos. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>Cambiando de tercio, en Espa&ntilde;a, somos un pa&iacute;s que cuando dejamos de ser ni&ntilde;os nos cuesta leer cuento. &iquest;Cree que esa tendencia puede estar cambiando?</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Es una pregunta muy interesante y es algo en lo que he pensado mucho. Yo empec&eacute; escribiendo relato hace much&iacute;simos a&ntilde;os. Mi primera obra m&aacute;s o menos premiada fue un cuento y luego ya enseguida tambi&eacute;n segu&iacute; publicando relatos. He ido alternando relatos, novela y poes&iacute;a. Entonces, f&iacute;jate, a ra&iacute;z de ciertas editoriales como, sobre todo, P&aacute;ginas de Espuma, que empezaron a dedicarse &iacute;ntegramente al cuento, creo que en Espa&ntilde;a hubo un momento muy dulce del cuento, de lectores de relato. Y, sobre todo, de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/iban-zaldua-esconde-fantastico-veces-real-construccion_1_10743976.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escritores que cultivamos el g&eacute;nero</a> de una manera realmente vocacional e intencional. Es decir, que los relatos surgen como relatos no como retazos que, a lo mejor, no te han servido para una novela o textos que escribes de una manera forzada. Ahora los escritores escribimos cuentos a sabiendas, creo que ha habido un avance en el plano de la escritura. En el plano de la lectura tambi&eacute;n creo que hemos avanzado mucho, aunque el mundo anglosaj&oacute;n y el hispanoamericano todav&iacute;a nos saca ventaja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Nuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pilar-adon-idealizamos-ninas-inocencia-quiero-retratar-tormenta-interior-brutal_128_12027394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2025 21:09:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pilar Adón: "Idealizamos a las niñas por su inocencia pero yo quiero retratar su tormenta interior brutal"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Cuentos,Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matías Candeira, escritor: "En la literatura se debe mentir para decir la verdad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/matias-candeira-escritor-literatura-debe-mentir-decir_128_11908920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdd4c37a-a433-4b2f-b0e3-d8d5b052fb62_16-9-discover-aspect-ratio_default_1108726.jpg" width="6137" height="3452" alt="Matías Candeira, escritor: &quot;En la literatura se debe mentir para decir la verdad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor madrileño publica 'Un dios con el estómago vacío', una obra que recoge doce cuentos donde se exalta lo ridículo y lo sublime de las historias de sus personajes</p><p class="subtitle">Los 20 mejores libros de 2024</p></div><p class="article-text">
        La literatura no solo supone un reflejo de aquello que nos rodea, sino que tambi&eacute;n es una herramienta valios&iacute;sima para conocernos mejor a nosotros mismos. Mat&iacute;as Candeira (Madrid, 1984), que lo sabe a la perfecci&oacute;n, presenta en <em>Un dios con el est&oacute;mago vac&iacute;o</em> una recopilaci&oacute;n de cuentos que indagan en lo m&aacute;s profundo del ser humano. Seleccionado por la Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n Internacional como uno de los autores j&oacute;venes m&aacute;s destacados del panorama nacional, explora a trav&eacute;s de su obra lo siniestro, lo c&oacute;mico y lo fant&aacute;stico de estar vivos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se acaba viviendo de la literatura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la vocaci&oacute;n. Cuando era adolescente le&iacute;a mucha literatura. Era mi refugio y pasaba mucho tiempo solo porque me hac&iacute;an <em>bullying </em>en el colegio. Al final, a fuerza de leer, acab&eacute; escribiendo; y, a fuerza de escribir, acab&eacute; descubriendo que esto era lo que quer&iacute;a hacer. Pero no fue algo lineal, tard&eacute; a&ntilde;os en decidir que me quer&iacute;a dedicar a esto y otros tantos a&ntilde;os en publicar y conseguir emprender una carrera.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Un dios con el est&oacute;mago vac&iacute;o</strong></em><strong> es una tragicomedia. Hay una realidad presente muy pesimista envuelta por una atm&oacute;sfera muy humor&iacute;stica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue un libro que empec&eacute; a escribir en un momento bastante bajo de mi de salud mental. Me estaba planteando muchas cosas de mi vida personal, espiritual y laboral. La tragicomedia fue la salida m&aacute;s inteligente porque era como en aquel entonces ve&iacute;a el mundo. Aunque no creo que sea tanto un libro pesimista como un libro con cierto pesimismo oscuro, que al mismo tiempo no duda en abrazar la ternura, el humor y la ligereza sin perder ese poso de la tragedia de la vida, de existir y de ser.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a6359d61-3a51-4370-88d7-8abcdb2371f0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Supone una vuelta al relato corto. &iquest;Se siente m&aacute;s c&oacute;modo as&iacute;, o en novelas como </strong><em><strong>Fiebre?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Me siento m&aacute;s c&oacute;modo con los cuentos. Es un g&eacute;nero al que siempre acabo volviendo por la libertad que deja en la escritura. El cuento es el g&eacute;nero en el que puedes innovar, probar cosas nuevas y romper la estructura. La novela tambi&eacute;n, pero de otra manera. En 200 p&aacute;ginas es m&aacute;s dif&iacute;cil dar un salto al vac&iacute;o; sin embargo, el relato tiene la ventaja de permitirte subir mucho la apuesta en muy poco espacio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la obra hay dioses, casas invisibles, elementos fant&aacute;sticos... &iquest;Cu&aacute;nta verdad hay?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda la parte fant&aacute;stica del libro, toda esa realidad quebrada llena de grietas, en realidad sirve para que el libro hable de lo espec&iacute;ficamente humano: la familia, la paternidad, el dinero, el trabajo, el sexo, la pareja. Por lo que es m&aacute;s bien un contrapunto que hace m&aacute;s f&aacute;cil al lector entrar en el an&aacute;lisis de lo humano. Al final es una est&eacute;tica literaria y una tradici&oacute;n. Me gusta jugar a medio camino entre lo fant&aacute;stico, lo rid&iacute;culo y lo real. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No se debe mentir en la literatura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la literatura se debe mentir para decir la verdad. Uno tiene que disfrazarse incluso de personajes que no son moralmente perfectos. Forma parte de lo interesante de escribir, que uno puede disfrazarse y proponer otras moralidades, otras est&eacute;ticas y otras realidades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Matías Candeira, en la redacción de elDiario.es                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Porque los seres humanos somos mentirosos por naturaleza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente es un libro cuyos personajes se mienten mucho a s&iacute; mismos, igual que nos metimos todos. Son gente que intenta sostener una gran mentira para no desmoronarse, bien por su identidad, por su familia, por su autoridad o porque su trabajo se est&aacute; haciendo pedazos. Muchas veces intentamos autoenga&ntilde;arnos y sostener una gran farsa para sentir que todav&iacute;a tenemos el control, pero en la mayor&iacute;a de ocasiones hace ya mucho tiempo que no lo tenemos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lleva al lector por un camino y luego todo gira hacia otra direcci&oacute;n. &iquest;Disfruta tom&aacute;ndole el pelo a los personajes y, por consecuencia, al lector?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a escribir el libro ten&iacute;a claro que quer&iacute;a mirar a los personajes desde lo m&aacute;s rid&iacute;culo y lo m&aacute;s sublime. Hay veces que la voz abstracta de quien narra los mira con la m&aacute;xima crueldad y otras en las que los mira con el mayor grado de ternura posible. En ese juego entra la iron&iacute;a, puesto que si uno va a destrozar a un personaje, es mejor hacerlo desde ah&iacute; que desde el cinismo.<strong> </strong>El cinismo no me interesa, es una manera satisfactoria de escribir. Prefiero combinar la iron&iacute;a y la ternura. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El lenguaje po&eacute;tico que predomina en la obra, &iquest;era prioritario sobre la trama?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada libro es un discurso en torno al lenguaje, una ideolog&iacute;a, una propuesta de pensamiento. Para encontrarle sentido a esa propuesta de pensamiento, para m&iacute; es necesario que el lenguaje sea algo radicalmente importante. Pero tampoco se puede comer a todo lo dem&aacute;s, porque entonces solo estar&iacute;amos hablando de un ejercicio de estilo, as&iacute; que me interesaban las dos cosas. Es un libro con un lenguaje que muchas veces roza lo po&eacute;tico, pero que no abandona las historias. Hay que intentar encontrar un equilibrio entre la forma, el fondo y el lenguaje.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No necesitamos una trama, sino sentir que hay una especie de hilazón, por mínima que sea, para vivir</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Matías Candeira</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La vi&ntilde;eta con la que abre el libro dice as&iacute;: &ldquo;Necesito urgentemente una trama&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Expresa muy bien desde qu&eacute; lugar hablan casi todos los personajes del libro. Han perdido una noci&oacute;n de realidad que les daba sentido y se encuentran en un vac&iacute;o en el que sienten que necesitan una trama para avanzar. Aparte de eso, la vi&ntilde;eta le viene muy bien a la obra porque hay algunas historias que rompen esa idea tan can&oacute;nica de lo que es una trama.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Todos necesitamos una trama?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No necesitamos una trama, sino sentir que hay una especie de hilaz&oacute;n, por m&iacute;nima que sea, para vivir. Pero muchas veces no es as&iacute;. Es absurdo porque ni la vida ni nuestro conocimiento funcionan de forma lineal. Lo que pasa es que nosotros hacemos ese ejercicio de construir relatos y narrarnos, construir relatos de nuestra vida para que tenga sentido. Pero, en realidad, visto desde un lugar m&aacute;s cr&iacute;tico, no tenemos ni la menor idea de d&oacute;nde est&aacute; la trama de nuestra propia vida.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Un dios con el est&oacute;mago vac&iacute;o</strong></em><strong> resalta la magia de la cotidianidad. &iquest;Es la vida menos normal de lo que parece?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que la vida es bastante rara si te pones a mirarla con un prisma distante. Las relaciones de pareja pueden ser muy raras, la cotidianidad puede ser inc&oacute;moda. Los c&oacute;digos en los que nos movemos, desde la familia, la paternidad hasta la pareja, pueden llegar a ser muy extra&ntilde;os o incluso muy violentos. El libro no trata sobre la cotidianidad, pero la mira como algo ciertamente inc&oacute;modo y, a veces, hasta ciertamente torcido. Por eso es un libro m&aacute;s sobre lo humano que sobre lo fant&aacute;stico. Lo fant&aacute;stico es un contrapunto que ayuda a mirar m&aacute;s radicalmente la extra&ntilde;eza de muchas cosas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas veces intentamos autoengañarnos y sostener una gran farsa para sentir que todavía tenemos el control, pero en la mayoría de ocasiones hace ya mucho tiempo que no lo tenemos.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Matías Candeira</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y por qu&eacute; hacerlo a trav&eacute;s de este tipo de personajes? Me da la impresi&oacute;n de que todos est&aacute;n hasta las narices: desde el hombre de la inmobiliaria que desea quitarse de encima una casa hasta la muerte que se sube a un autob&uacute;s porque est&aacute; cansada de su trabajo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque todos vivimos en un mundo en el que estamos muy aplastados por ciertas cosas: por el trabajo, por el dinero, por el capitalismo, por los discursos sobre nuestro cuerpo y sobre c&oacute;mo vivimos... Estos personajes, que pueden resultar familiares e incluso tiernos, al mismo tiempo pueden resultar abyectos o monstruosos. Me interesa que los personajes den un golpe de tim&oacute;n y hagan que los lectores se enfrenten a un comportamiento que no es exactamente el que creen que estos personajes tendr&iacute;an. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El amor les ha negado a los ojos. Igual que una enfermedad de sangre caliente y alm&iacute;bar&rdquo;. &iquest;Es el amor lo que m&aacute;s indefensos nos hace estar a los humanos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si entendiera de verdad el amor, no escribir&iacute;a sobre ello. Me gusta particularmente enfocarme en las torceduras del amor, en las parejas que no lo son, en esas miserias que permiten meter el dedo en la llaga. Adem&aacute;s, el amor rom&aacute;ntico tambi&eacute;n permite hacer much&iacute;sima iron&iacute;a, ser &aacute;cido, que no c&iacute;nico. Ser &aacute;cido en el an&aacute;lisis permite escarbar y sacar bastante material literario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La obra indaga mucho en la masculinidad. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, y sobre todo desde hace diez a&ntilde;os, se ha convertido en uno de los grandes temas a explorar. Todos los hombres hemos tenido que pensar sobre esto, pensar en cu&aacute;l es el lugar en el que hemos de colocarnos. Puesto que es un tema que genera muchas preguntas a nivel personal, tambi&eacute;n genera mucho material para escribir sobre ello, y da buenos resultados a nivel narrativo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La literatura es una vía para decir y comunicar, para situarnos a nosotros mismos en el mundo y conseguir entender mejor quiénes somos. </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Matías Candeira</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Dice en el segundo cuento: &ldquo;En mi experiencia, es inevitable acabar comunic&aacute;ndose sin abrir la boca&rdquo; y &ldquo;Casi al instante, me viene a la cabeza todo lo que deber&iacute;a decirle a mi primog&eacute;nito y no le digo porque no me atrevo&rdquo;. Ante la falta de palabras, &iquest;estamos obligados a encontrar otras formas de decir lo que sentimos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Totalmente. De una forma u otra, todos hablamos de nosotros en nuestros libros, aunque nos disfracemos de otra cosa. Los personajes de <em>Un dios con el est&oacute;mago vac&iacute;o</em> tienen bastantes problemas de comunicaci&oacute;n. Son hombres que no saben comunicarse, que se mienten, que se enga&ntilde;an, que callan. La literatura es una v&iacute;a para decir y comunicar, para situarnos a nosotros mismos en el mundo y conseguir entender mejor qui&eacute;nes somos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No cree que los personajes de la obra ser&iacute;an m&aacute;s felices si aceptaran que el tiempo se acaba? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que todos aceptamos muy tarde que el tiempo se acaba. Nos pasamos la vida entera peleando contra nosotros mismos y contra nuestra asustadiza personalidad. A medida que te vas haciendo mayor, te vas dando cuenta de que cada vez tienes menos tiempo para todo. Es mejor aceptarlo que andar atravesado por el terror existencial. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el cuento </strong><em><strong>Una rabieta </strong></em><strong>escribe lo siguiente: &ldquo;A la madre ahora le da miedo levantar la cabeza, porque sabe que si lo hace ver&aacute; eso, la grieta, el abismo final&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;les son las grietas a las que se enfrenta un escritor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Principalmente, escribir cuando no quieres escribir o saber qu&eacute; es lo que quieres escribir. Que no se te agoten las ideas, que tus grietas sean lo bastante interesantes como para saber trabajarlas a pesar de ti. Porque el ego es mucho menos importante que la capacidad para reinventarte a trav&eacute;s de nuevas formas de escritura. Con este libro, la grieta fue la crisis que atravesaba con la literatura, pero me puse a prueba y me situ&eacute; en lugares desde los que nunca antes hab&iacute;a escrito. Quer&iacute;a que mi propia escritura me sonara nueva y diferente, que sintiera que estaba naciendo desde otro lugar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/matias-candeira-escritor-literatura-debe-mentir-decir_128_11908920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2024 21:08:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matías Candeira, escritor: "En la literatura se debe mentir para decir la verdad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas,Literatura,Amor,Salud mental,Cuentos,Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Céntrico', un corto que explora la turistificación y la crisis de vivienda a través de una historia de fantasmas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/centrico-corto-explora-turistificacion-crisis-vivienda-traves-historia-fantasmas_1_11857320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3311c82c-aa5d-4c1b-93fb-7f0f8174bd89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Céntrico&#039;, un corto que explora la turistificación y la crisis de vivienda a través de una historia de fantasmas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luso Martínez dirige un trabajo que puede ser nominado a los premios Goya y que fue galardonado en el Festival de Sitges, basado en un relato del escritor Isaac Rosa publicado en elDiario.es</p><p class="subtitle">Relato - Céntrico, dos habitaciones, fenómenos paranormales</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Apartamento c&eacute;ntrico, bien comunicado, dos habitaciones, fen&oacute;menos paranormales&rdquo;. Lo que bien podr&iacute;a parecer la premisa de un <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/crean-concurso-cortometrajes-cementerio-bilbao-acabar-tabu-muerte_1_11611523.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cortometraje de ficci&oacute;n</a>, es en realidad el n&uacute;cleo argumental de la vida de muchas familias espa&ntilde;olas. Sin embargo, acostumbrada a ser relegada a un segundo plano, esta realidad protagoniza el cortometraje <em>C&eacute;ntrico</em>, el quinto del director Luso Mart&iacute;nez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es una historia de fantasmas que reclaman su lugar en el espacio urbano&rdquo;, explica Mart&iacute;nez. &ldquo;Una historia que reflexiona sobre el hecho de que los terrores que m&aacute;s nos atemorizan no son tanto los que tienen que ver con lo sobrenatural y con lo esot&eacute;rico, sino aquellos terrores del d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Coescrita junto a Cristina Medina y basada en el <a href="https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/centrico-habitaciones-fenomenos-paranormales_132_1553571.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">relato </a><a href="https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/centrico-habitaciones-fenomenos-paranormales_132_1553571.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>C&eacute;ntrico, dos habitaciones, fen&oacute;menos paranormales</em></a><em> </em>que el novelista sevillano <a href="https://www.eldiario.es/autores/isaac_rosa/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isaac Rosa </a>public&oacute; en este mismo peri&oacute;dico en 2019, Luso Mart&iacute;nez presenta una obra ambientada en Madrid que trata de &ldquo;acercar al espectador a aspectos sociales que nos afectan a todos&rdquo;. Lo hace abordando temas de plena vigencia como lo son el problema de la vivienda y la turistificaci&oacute;n en las ciudades.
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            </figure><p class="article-text">
        Mar&iacute;a V&aacute;zquez, quien ha destacado en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ramona-heroina-obrera-gallega-conquistar-berlin_1_9963383.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pel&iacute;culas como </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ramona-heroina-obrera-gallega-conquistar-berlin_1_9963383.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Matria</em></a>, y <a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/video-pedro-sanchez-recibe-cuentame-como-paso-moncloa-final-familia_1_10795423.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">V&iacute;ctor Dupl&aacute;</a>, quien ha hecho lo propio en la serie<em> Cu&eacute;ntame c&oacute;mo pas&oacute;</em>, encabezan el elenco de actores y actrices del proyecto, en el que tambi&eacute;n se encuentran &Aacute;lex Crivi&aacute;n, Violeta P&eacute;rez, Javier Tena e India Delgado.
    </p><p class="article-text">
        Todo el cortometraje est&aacute; envuelto por una inteligent&iacute;sima atm&oacute;sfera de terror, donde la m&uacute;sica y la mirada asustada de sus protagonistas logran transmitir que algo est&aacute; yendo peor de lo que parece. La <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/viaje-colonias-madrid-posible-sonar-vivienda-son-singularidad-mantienen-vecinos_1_11749139.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">urbanizaci&oacute;n madrile&ntilde;a</a>, que tanto encanto muestra hacia los turistas, esconde en el interior de sus hogares las consecuencias que este turismo produce para quienes viven all&iacute;. Luso Mart&iacute;nez se propone abordar el asunto en <em>C&eacute;ntrico</em>, denunciando c&oacute;mo espacios habitables han acabado transformados en espacios comerciales y de consumo.
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                Luso Martínez con parte del elenco de &#039;Céntrico&#039;                            </span>
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        De hecho, esa fue la intenci&oacute;n de Isaac Rosa cuando escribi&oacute; el relato en el que se basa el cortometraje. &ldquo;Algo que siempre me propongo cuando escribo literatura, y que se consigue hacer con la ficci&oacute;n, es mostrar la extra&ntilde;eza de lo cotidiano. Dejar de ver como normal aquello que no lo es y volver a hacernos preguntas, como sucede en este caso con el tema de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/100-datos-catastro-confirman-falta-vivienda-publica-espana_1_11850780.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vivienda</a>&rdquo;, explica el escritor a elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando Luso me dijo que ve&iacute;a un corto en ese relato, yo tambi&eacute;n lo vi claro. Buscaba precisamente lo que intenta hacer el cuento: utilizar una serie de recursos como el suspense para acabar hablando de vivienda&rdquo;, afirma el escritor. Luso Mart&iacute;nez, por su parte, confiesa que lo que m&aacute;s le impresion&oacute; del relato es &ldquo;su capacidad para relatar esta l&oacute;gica esquiva de nuestra realidad que parece imposible de ser narrada&rdquo;. &ldquo;[Isaac Rosa] tiene esa rara virtud de sorprenderte, que cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil en un mundo tan hipertrofiado de est&iacute;mulos como en el que vivimos ahora&rdquo;, declara el director.
    </p><h2 class="article-text">El terror como g&eacute;nero clave</h2><p class="article-text">
        Utilizando la efectiva alternancia de la felicidad que producen los lugares emblem&aacute;ticos o los parques de atracciones en los turistas, y el miedo que permanece oculto a ra&iacute;z de sus visitas, <em>C&eacute;ntrico</em> refleja c&oacute;mo el <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/vivir-ciudad-plataforma-movil-ayuda-transformar-lugar-habitas_1_11302210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espacio urbano</a> poco tiene ya que ver con la ciudad como idea hist&oacute;rica de habitar y compartir espacio en comunidad. Para ello, Luso Mart&iacute;nez hace uso del terror social, que, junto al humor, considera que son &ldquo;los dos g&eacute;neros m&aacute;s apropiados para acercarse a realidades complejas y ofrecerle al espectador una base de observaci&oacute;n, un modelo de interpretaci&oacute;n de la creaci&oacute;n que est&aacute; viendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos querido que los espectadores viajen a lomos del terror tropezando con destellos de comedia negra. Bajo los sustos, el sobresalto y el temor de los personajes, existe ese subtexto significativo que construye una alegor&iacute;a de lo que m&aacute;s nos asusta, usando fantasmas y <a href="https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ciudad-prodigios-duendes-criaturas-fabulosas_132_11840553.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elementos sobrenaturales</a> para representar horrores de la vida real que son a&uacute;n m&aacute;s aterradores&rdquo;, detalla Mart&iacute;nez. &ldquo;Nuestro terror no es terror fant&aacute;stico, sino terror del d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Isaac Rosa coincide en que &ldquo;el terror no sirve solo para dar miedo&rdquo;. &ldquo;Adem&aacute;s de para generar inquietud en la audiencia o para provocarles pesadillas, sirve muchas veces para dar entrada a otros temas. El terror se ha usado hist&oacute;ricamente para mostrar de otra manera los miedos sociales, las inquietudes de un momento dado&rdquo;, explica el autor del relato original.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestro terror no es fantástico, sino terror del día a día.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luso Martínez</span>
                                        <span>—</span> Cineasta
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De esta forma, <em>C&eacute;ntrico</em> utiliza el g&eacute;nero para hacer una cr&iacute;tica a problemas como la <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/enfrentar-turistificacion-defender-vacaciones_129_11641548.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">turistificaci&oacute;n</a>. &ldquo;Es algo que estaba pasando ya antes de la pandemia, pero que, como ha ocurrido con otros fen&oacute;menos sociales de estos a&ntilde;os, se ha acelerado despu&eacute;s de ella&rdquo;, cuenta Isaac Rosa. &ldquo;Paseas hoy por el por el centro de Madrid y da la sensaci&oacute;n de estar en una especie de gran centro comercial. Al final, quien lo est&aacute; pagando son los vecinos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La familia de esta historia, que est&aacute; de turismo en la capital, llega a decir que no quiere nada con grandes empresas, que son &ldquo;los que de verdad se est&aacute;n cargando las ciudades&rdquo;. Luso Mart&iacute;nez puntualiza que &ldquo;tendemos a pensar que, desde nuestra buena voluntad, no estamos contribuyendo a ciertas din&aacute;micas perniciosas para la vida de la gente que nos rodea&rdquo;. &ldquo;A veces pensamos que si compramos una botella de pl&aacute;stico y luego la reciclamos no pasa nada. Tal vez la reflexi&oacute;n que uno tiene que hacer es que quiz&aacute; es mejor no comprar la botella de pl&aacute;stico y pedir un vaso de agua&rdquo;, ejemplifica el director.
    </p><h2 class="article-text">La vivienda, asunto esencial</h2><p class="article-text">
        Con respecto a la <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/crisis-vivienda-problema-estructural-agravado-emergencia_132_11860947.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis de la vivienda</a>, otro aspecto fundamental en la obra, Luso Mart&iacute;nez subraya que supone &ldquo;el arrebatamiento de nuestra dignidad al convertir un asunto que entronca directamente con nuestras necesidades, como es la vivienda, en una mercanc&iacute;a&rdquo;. Pese a que el relato se public&oacute; en 2019, la denuncia que hace est&aacute; m&aacute;s vigente que nunca, lo que es clave en su adaptaci&oacute;n a la gran pantalla. &ldquo;Me parece que tenemos la obligaci&oacute;n de reflexionar sobre la realidad en la que nosotros ocupamos el espacio&rdquo;, dice Luso Mart&iacute;nez. &ldquo;Pero prefiero vivir en un mundo sin la problem&aacute;tica de la vivienda que con una problem&aacute;tica que yo pueda retratar en el cine&rdquo;, contin&uacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el cineasta desvela una urbanizaci&oacute;n m&aacute;s interesada en la rentabilidad que en ser un lugar habitable, de ah&iacute; la importancia que <em>C&eacute;ntrico</em> da a la figura del oso, s&iacute;mbolo emblem&aacute;tico de Madrid cuyas apariciones son constantes durante todo el cortometraje. Se trata de una figura clave en la historia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tener un fantasma en casa no es lo peor que te puede pasar. Es mucho peor no tener una casa donde tener un fantasma.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luso Martínez</span>
                                        <span>—</span> Cineasta
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;El oso, as&iacute; como otros mu&ntilde;ecos que uno puede encontrarse por la ciudad, tienen la funci&oacute;n de generar luz y seducci&oacute;n para el visitante. Pero ah&iacute; se encuentra uno de los grandes reversos tenebrosos, porque como cualquiera puede imaginar, dentro de esos osos no hay un cauc&aacute;sico de <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/clase-media-espana_132_2724066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">clase media</a> trabajando&rdquo;, aclara Mart&iacute;nez. &ldquo;El oso representa c&oacute;mo las ciudades est&aacute;n dise&ntilde;adas para que veamos el brillo de la superficie de las cosas sin reflexionar sobre lo que habita al otro lado&rdquo;.
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                Fotograma de &#039;Céntrico&#039; en el que aparece la figura del oso                            </span>
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        Aunque Isaac Rosa no siente que el arte deba invitar siempre a una reflexi&oacute;n, el escritor reconoce que &ldquo;la literatura te permite mirar desde ciertas esquinas o m&aacute;rgenes, mirar con extra&ntilde;eza, mirar de otra manera&rdquo;. Hacia el mismo sentido apunta Luso Mart&iacute;nez, a quien le gustar&iacute;a que el espectador terminase el corto pensando que &ldquo;los miedos y los terrores cotidianos suelen ser mucho peores que los que vemos en una sala de cine&rdquo;. &ldquo;Tener un fantasma en casa no es lo peor que te puede pasar. Es mucho peor no tener una casa donde tener un fantasma&rdquo;, comenta el director.
    </p><p class="article-text">
        <em>C&eacute;ntrico</em> competir&aacute; por la nominaci&oacute;n al Goya tras ser <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/mariona-borrull-jurado-sitges-renuncia-cargo-ausencia-cineastas-mujeres-no-binarias_1_11658570.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">galardonado en Sitges</a> con el Premio Brigadoon al mejor cortometraje, siendo as&iacute; la &uacute;nica obra espa&ntilde;ola premiada en la &uacute;ltima edici&oacute;n. Mientras tanto, los espectadores podr&aacute;n verlo a trav&eacute;s de Filmin, donde se estren&oacute; el pasado 22 de noviembre. Su mayor victoria ser&aacute; dar visibilidad a unos fantasmas que merecen dejar de ser ignorados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/centrico-corto-explora-turistificacion-crisis-vivienda-traves-historia-fantasmas_1_11857320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2024 21:24:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Céntrico', un corto que explora la turistificación y la crisis de vivienda a través de una historia de fantasmas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Cortometrajes,Relato corto,Cine,Cine español,Vivienda,Turistificación,Sitges]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poner final por escrito a la adolescencia pasa por elogiar "caminar sin rumbo" y "perder el tiempo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poner-final-escrito-adolescencia-pasa-elogiar-caminar-rumbo-perder-tiempo_1_11585324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b664e8d-2a1e-4fbf-bebb-6868aaf952ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_1100328.jpg" width="947" height="533" alt="Poner final por escrito a la adolescencia pasa por elogiar &quot;caminar sin rumbo&quot; y &quot;perder el tiempo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista Sergio Diez publica una recopilación de poemas y relatos escritos durante quince años que, al cumplir los treinta, ha decidido compartir</p><p class="subtitle">Las novelas olvidadas de María Luz Morales, la primera mujer al frente de un periódico nacional que fue encarcelada por el franquismo
</p></div><p class="article-text">
        Cumplir los <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/padres-amigos-pareja-solos-compartimos-vida-edad-uso-tiempo_1_9852833.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">treinta</a> &ndash;no sin atravesar su correspondiente crisis&ndash; , publicar un recopilatorio de textos escritos durante quince a&ntilde;os y llamarlo <em>Final de adolescencia</em> es la forma en la que el periodista Sergio Diez ha tejido su primer libro, que une melancol&iacute;a, amor, humor, miedos y el paso del tiempo. Con palabras hacia su abuelo y sus tortillas de patata, reflexiones sobre las ra&iacute;ces, las comedias rom&aacute;nticas, la infancia, la renta b&aacute;sica universal y la <a href="https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/caso-sota-perra-mataron-buena_132_1771308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">perrita Sota</a>, a la que dedica una de sus poes&iacute;as, titulada<em> Incidente</em>. &ldquo;Le&iacute; su historia en un peri&oacute;dico y me pareci&oacute; muy triste. Un polic&iacute;a mat&oacute; de un disparo a la perra de un hombre que viv&iacute;a en la calle&rdquo;, recuerda ante este peri&oacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un buen poema puede nacer tambi&eacute;n de los art&iacute;culos que leemos, y no solo de nuestra experiencia personal, pues sobre estos temas podemos proyectar despu&eacute;s nuestra mirada y forma de sentir y expresar, que personalmente opino que es lo m&aacute;s importante&rdquo;, reflexiona este madrile&ntilde;o, que forma parte del equipo de Mesa, Portada y Redes de <a href="https://www.eldiario.es/autores/sergio-diez/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los textos, principalmente poemas, nacieron de ideas que me inquietan, me parecen interesantes o que llegan de alguna manera&rdquo;, reconoce. El resultado es para su autor &ldquo;un viaje circular que lleva del presente hacia el pasado, y que termina de vuelta en el presente&rdquo;. Sota no es la &uacute;nica que recibe dedicatorias en su volumen, editado por Tal&oacute;n de Aquiles, tambi&eacute;n alude a Miguel Hern&aacute;ndez, Federico Garc&iacute;a Lorca, Walt Whitman y George Brassens. &ldquo;Son nombres que han sido muy importantes para m&iacute; cuando naci&oacute; mi amor por la poes&iacute;a&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        En el pr&oacute;logo, titulado <em>Reflexiones y relatos</em>, comparte: &ldquo;Esto no es un relato y no pasa nada&rdquo;. Una afirmaci&oacute;n que tiene mucho que ver con su manera de escribir. &ldquo;Me ayuda darme libertad para crear sin un juicio excesivo hacia m&iacute; mismo, dejar brotar el agua de la fuente. Y luego m&aacute;s adelante, con una mirada cr&iacute;tica, le das forma, decides si te gusta o no, eres m&aacute;s o menos exigente. Quitarme las expectativas me ha ayudado&rdquo;, revela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/681df3fe-81d5-41ae-b258-b1357b4a013a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En otro de sus textos, <em>Para&iacute;so perdido</em>, habla de que &ldquo;es una pena vivir la vida en orden cronol&oacute;gico&rdquo;, sobre lo que afirma que, encontrar una alternativa, &ldquo;est&aacute; dif&iacute;cil&rdquo;. &ldquo;Tiene que ver con reconciliarse con la memoria de uno mismo, porque puede hacerte volver a muchos momentos e instantes que ten&iacute;as olvidados y que eran importantes para ti&rdquo;, argumenta, &ldquo;muchas veces, en funci&oacute;n de c&oacute;mo seas, pueden venir sin previo aviso a la cabeza y, si tienes la suerte de estar en general en paz con tu pasado, pasearte por all&iacute; o ser asaltado por los recuerdos puede ser hasta bonito y servirte para entender mejor las cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sergio Diez indica que esto no quiere decir que intente ser una persona &ldquo;poco nost&aacute;lgica&rdquo;, ya que considera que la nostalgia &ldquo;es interesante y agradable; pero tambi&eacute;n triste y muy tramposa&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El privilegio de &ldquo;caminar sin rumbo&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Caminar sin rumbo no significa estar perdido&rdquo; es una cita del libro <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/20-aniversario-senor-anillos-peter-jackson-saga-cine_130_7925138.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La comunidad del anillo</em></a> que vertebra uno de sus relatos, y que en el volumen de J.R.R. Tolkien se refer&iacute;a al personaje de Aragorn (a quien en su adaptaci&oacute;n a la gran pantalla, dirigida por Peter Jackson, interpret&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/viggo-mortensen-gente-piensa-peligroso-democracia_1_11354048.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Viggo Mortensen</a>). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En <em>Final de adolescencia</em> tiene m&aacute;s que ver con que, aunque tengas muchas capas, si sabes m&aacute;s o menos lo que quieres y lo que no, en l&iacute;neas generales, puedes caminar sobre tierra firme&rdquo;, comenta Sergio Diez, &ldquo;los dem&aacute;s a lo mejor piensan que vas sin rumbo porque cambias mucho de trabajo, de residencia, de estilo de vida, o porque no prosperas en un &aacute;rea determinada&rdquo;. &ldquo;Pero es que quiz&aacute;s valoras otras cosas. A lo mejor s&iacute; que te conoces bien y sigues tu propia br&uacute;jula de forma decidida&rdquo;, plantea.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si sabes más o menos lo que quieres puedes caminar sobre tierra firme. Puede que los demás piensen que vas sin rumbo porque cambias mucho de trabajo, de residencia, de estilo de vida. Pero es que quizás valoras otras cosas. A lo mejor sí que te conoces bien y sigues tu propia brújula de forma decidida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sergio Diez</span>
                                        <span>—</span> Periodista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hall&oacute; inspiraci&oacute;n en la frase &ldquo;en la infancia se vive y despu&eacute;s se sobrevive&rdquo;, en este caso como cita al poeta Leopoldo Mar&iacute;a Panero y el documental <em>El desencanto:</em> &ldquo;Es muy l&uacute;cida sobre c&oacute;mo intentamos defender y proteger durante buena parte de nuestra vida adulta parte de la inocencia y la belleza que ten&iacute;a en sus ojos el ni&ntilde;o que una vez fuimos&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">La &ldquo;angustia&rdquo; de buscar la felicidad</h2><p class="article-text">
        El periodista valora en otro de sus textos: &ldquo;Nunca ser&eacute; tan feliz como ahora&rdquo;. Un afirmaci&oacute;n que, seg&uacute;n reconoce, &ldquo;tiene m&aacute;s de angustia que de felicidad, parad&oacute;jicamente. Tiene que ver con el miedo a perder a gente que te importa, a que la cosa se tuerza o que el mundo haga crack, m&aacute;s all&aacute; de que es verdad que ya vivimos en un mundo muy complicado&rdquo;. A su vez, lo relaciona con &ldquo;la anticipaci&oacute;n y c&oacute;mo esta impide vivir el presente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando dejas de ser joven pierdes esa sensaci&oacute;n de que despu&eacute;s de un momento malo vendr&aacute;n siempre mejores&rdquo;, considera, &ldquo;despu&eacute;s de una mala experiencia no se suele cambiar a mejor, se cambia a distinto&rdquo;. En cualquier caso, incide en defender &ldquo;no perder nunca la esperanza y aceptar que todos somos vulnerables&rdquo;. &ldquo;Nuestras vidas pueden torcerse de repente y, hasta entonces, hay que intentar centrarse en disfrutar todo lo que vivimos&rdquo;, propone.
    </p><h2 class="article-text">Aceptarse, conocerse, aguantarse</h2><p class="article-text">
        En la pieza <em>Manos de ajo</em>, el escritor revela que hay veces en las que, todav&iacute;a, le &ldquo;cuesta&rdquo; mirar a la gente a los ojos. Pero ha sido un avance, ya que hubo &ldquo;un tiempo en el que pr&aacute;cticamente no lo hac&iacute;a nunca&rdquo;. Una experiencia sobre la que concluy&oacute; que pese a lo mucho que se inculca que se debe &ldquo;amar al pr&oacute;jimo como a nosotros mismos&rdquo;, la realidad es que &ldquo;nadie suele explicar que para poder hacer eso primero uno tiene que aprender a aceptarse&rdquo;. &ldquo;Poco amor podr&aacute; ofrecer a los dem&aacute;s el que no se aguante&rdquo;, escribe.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se nos ense&ntilde;a o se nos ense&ntilde;a mal; y es importante conocerse bien y no estar siempre en guerra con uno mismo&rdquo;, opina antes de aclarar que esto no significa que se pueda &ldquo;hacer cualquier cosa&rdquo;: &ldquo;Aceptarse tiene mucho m&aacute;s que ver con nuestras contradicciones y saber que, si metemos la pata, en muchas ocasiones podremos remediarlo o hacerlo mejor m&aacute;s adelante&rdquo;. Aceptar las contradicciones y la complejidad, como v&iacute;a para conocerse mejor a uno mismo &ldquo;sin machacarse en exceso&rdquo;, es para Sergio Diez clave para &ldquo;estar con los dem&aacute;s de forma m&aacute;s tranquila y agradable&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aceptarse tiene mucho más que ver con nuestras contradicciones y saber que, si metemos la pata, en muchas ocasiones podremos remediarlo o hacerlo mejor más adelante</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sergio Diez</span>
                                        <span>—</span> Periodista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una forma de hacerlo pasa por &ldquo;perder el tiempo&rdquo;, una 'actividad' que no goza de demasiada buena prensa en plena era de la productividad exacerbada. &ldquo;Merece la pena estar a solas con uno mismo, y parece que cada vez m&aacute;s aburrirse es un lujo&rdquo;, lamenta, &ldquo;de los momentos de aburrimiento nacen muchas veces buenas ideas, o simplemente disfrutas y te sientes mejor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas cosas bonitas vienen de momentos no planificados, en los que est&aacute;s m&aacute;s tranquilo, sin obsesionarte, por ejemplo, con ser productivo con tu ocio&rdquo;, concluye, &ldquo;merece la pena reservar huecos para hacer cosas que simplemente te hagan sentir bien, como en mi caso escribir, y si despu&eacute;s va a alg&uacute;n lado, pues muy bien. Y si no, pues perfecto&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poner-final-escrito-adolescencia-pasa-elogiar-caminar-rumbo-perder-tiempo_1_11585324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Aug 2024 13:50:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poner final por escrito a la adolescencia pasa por elogiar "caminar sin rumbo" y "perder el tiempo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poemas,Relato corto,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Magalí Etchebarne, la última gran apuesta de la narrativa breve: "Los relatos inconclusos terminan como la vida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/magali-etchebarne-ultima-gran-apuesta-narrativa-breve-relatos-inconclusos-terminan-vida_1_11398667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f2e0f1d9-7d65-4703-a8a5-57405d54b4d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1095898.jpg" width="4685" height="2635" alt="Magalí Etchebarne, la última gran apuesta de la narrativa breve: &quot;Los relatos inconclusos terminan como la vida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora argentina ha ganado el prestigioso premio Ribera del Duero de Narrativa Breve con su libro de cuentos 'La vida por delante'</p><p class="subtitle">Dahlia de la Cerda, la mexicana que desafió el consejo de no escribir sobre feminicidios</p></div><p class="article-text">
        Una de las escenas m&aacute;s memorables de la pel&iacute;cula <em>El gran Lebowski</em>, dirigida por los hermanos Coen en 1998, es en la que El Nota y Walter tiran las cenizas de Donny al oc&eacute;ano desde un acantilado. Lo que podr&iacute;a ser un momento emotivo se convierte en comedia porque el viento sopla en contra, as&iacute; que los protagonistas acaban llenos del polvo que pretend&iacute;an lanzar al mar. Ya se puede decir que es un filme de culto, as&iacute; que es posible que muchas personas que se hayan visto en una tesitura similar a la de esos colegas habr&aacute;n pensado en &eacute;l. As&iacute; lo hace Nadia, la coprotagonista de <em>Temporada de cenizas</em>, uno de los cuatro relatos que componen el libro <em>La vida por delante</em> (P&aacute;ginas de Espuma) con el que Magal&iacute; Etchebarne gan&oacute; el prestigioso VIII premio Ribera del Duero de Narrativa Breve el pasado mes de marzo, entre un plantel de <a href="https://www.riberadelduero.es/comunicacion-y-marca/nota-de-prensa/finalistas-viii-premio-r-d-narrativa-breve" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obras finalistas</a> donde solo hab&iacute;a mujeres, entre ellas <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/dahlia-cerda-mexicana-desafio-consejo-no-escribir-feminicidios-realidad-abrumadora_1_11348245.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dahlia de la Cerda</a> y Fernanda Tr&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El humor es constante en estas historias que narran momentos poco agradables pero inevitables de la vida: la enfermedad, la muerte, la incertidumbre, los socavones del amor. Aparece de forma natural, como tambi&eacute;n sucede en la realidad, porque una carcajada puede escaparse en los momentos m&aacute;s inoportunos. &ldquo;La imagen m&aacute;s perfecta para definirlo es que una puede re&iacute;rse en un velorio. Est&aacute;s llorando pero terminas sentada con tu prima riendo de algo. Ya sea de algo que te acuerdes sobre la persona que muri&oacute;, como de cualquier cosa. Yo creo que muchas veces el humor es lo que nos permite seguir adelante&rdquo;, explica Etchebarne a elDiario.es. Aunque este es ya su tercer libro despu&eacute;s del volumen de cuentos <em>Los mejores d&iacute;as</em> (Las Afueras, 2017) y el poemario <em>C&oacute;mo cocinar un lobo</em> (Tenemos Las M&aacute;quinas, 2023) el galard&oacute;n que recibi&oacute; el pasado mes de marzo la ha catapultado a la fama definitivamente y est&aacute; sumida en una vor&aacute;gine de entrevistas.
    </p><p class="article-text">
        Argentina es el pa&iacute;s que m&aacute;s veces ha ganado este premio &ndash;ella es la tercera, despu&eacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/claudia-llosa-aborda-terrores-maternidad-adaptacion-distancia-rescate_1_8380830.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Samanta Schweblin</a> y Marcelo Luj&aacute;n&ndash; un dato que encaja con la idea de que all&iacute; &ldquo;el relato es el g&eacute;nero rey, como dice Rodrigo Fres&aacute;n&rdquo;, declara la escritora. &ldquo;Nuestros escritores m&aacute;s reconocidos, como Borges o Cort&aacute;zar, son cuentistas. Quiz&aacute; no en Argentina, pero creo que hay una percepci&oacute;n de que el cuento es un g&eacute;nero de despegue, no de llegada. Como que se escriben relatos para alg&uacute;n d&iacute;a escribir una novela, pero a m&iacute; me gusta pensar que soy una cuentista&rdquo;, afirma.
    </p><h3 class="article-text">La vida no es un mo&ntilde;o perfecto</h3><p class="article-text">
        Precisamente, lo que m&aacute;s le gusta de los relatos es poder dejarlos inconclusos, algo que no siempre se permite en las novelas: &ldquo;Creo que en general terminan como termina la vida, no todo se cierra como un mo&ntilde;o perfecto, ni las cosas se arreglan siempre&rdquo;. De hecho dos de los cuatro cuentos que componen <em>La vida por delante</em> comparten personajes, lo que podr&iacute;a dar pie a una historia m&aacute;s larga y ramificada, pero su objetivo siempre fue mantener el formato breve. Estaban bastante unidos en el origen, por eso decidi&oacute; separarlos y que cada uno pueda leerse con total independencia aunque a la vez dialoguen.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b69ab5c0-752a-4d82-a489-03b7a4ba90dd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque las cuatro historias funcionen por separado, todas est&aacute;n alojadas bajo ese paraguas com&uacute;n de la paradoja: el humor en los momentos dif&iacute;ciles o las palabras de &aacute;nimo que hunden. &ldquo;Cuando yo estaba triste o sufr&iacute;a por alg&uacute;n asunto, mi mam&aacute; sol&iacute;a decirme mucho eso de: &rdquo;Bueno, tienes la vida por delante, no te preocupes&ldquo;. Y me parec&iacute;a como una suerte de falsa calma, me dejaba muy sola porque no quiere decir nada. La vida que te queda por delante puede ser infernal&rdquo;, explica la autora. &ldquo;En el libro, el personaje que dice eso es la madre de un chico muerto y se la dice a su nuera que est&aacute; postrada en la cama. Y es algo amargo, un falso aliento&rdquo;, apostilla.
    </p><p class="article-text">
        En el cuarto cuento, titulado <em>Casi siempre desesperados</em>, Etchebarne escribe una frase definitoria de la &eacute;poca que le ha tocado vivir: &ldquo;Ten&iacute;an treinta a&ntilde;os, la juventud de este siglo&rdquo;. Con los 40 llega de golpe la edad adulta, con obligaciones que son casi siempre ineludibles como los cuidados de los padres o el replanteamiento de las expectativas vitales. Para la escritora, ese estirar el chicle de la adolescencia se explica por las dificultades de los j&oacute;venes para encontrar un trabajo que les permita emanciparse de sus padres. Como consecuencia, todas las decisiones importantes se han aplazado en relaci&oacute;n con las generaciones anteriores, que adquirieron responsabilidades como tener hijos a una edad m&aacute;s temprana. &ldquo;Yo pienso que mi mam&aacute; a mi edad [40 a&ntilde;os] era una se&ntilde;ora para m&iacute; y seguramente yo lo soy para los chicos del caf&eacute; de abajo de mi casa porque tienen 20 a&ntilde;os. Pero yo no me siento una se&ntilde;ora, me siento joven y creo que esa percepci&oacute;n de la edad va mutando&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando yo estaba triste o sufría por algún asunto, mi mamá solía decirme mucho eso de: ”Bueno, tienes la vida por delante, no te preocupes“. Y me parecía como una suerte de falsa calma, me dejaba muy sola porque no quiere decir nada. La vida que te queda por delante puede ser infernal</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Magalí Etchebarne</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todos sus relatos est&aacute;n protagonizados por mujeres: la madre, la hija, la hermana, las dos amigas, la que no sabe qu&eacute; hacer con su pareja. Los hombres pululan alrededor y completan las tramas, pero nada suceder&iacute;a si no fuese por ellas. Es un acto premeditado, porque el universo femenino le permite trabajar con sentimientos o dolores que le interesa explorar en la literatura. Tambi&eacute;n remarca que a los escritores nunca se les pregunta por qu&eacute; sus personajes son masculinos, como si al hablar un hombre la experiencia se convirtiese en universal. &ldquo;Cuando aparecen las mujeres siempre implica como un llamado de atenci&oacute;n, somos como una rareza&rdquo;, completa.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Melei, escandalosamente evidente</strong></h3><p class="article-text">
        Magal&iacute; Etchebarne conoce bien el sector literario porque, adem&aacute;s de escritora, tambi&eacute;n es editora en la editorial Penguin Random House en su pa&iacute;s. El premio que acaba de ganar tiene una dotaci&oacute;n de 25.000 euros, una cifra que a la autora le permite &ldquo;comprar tiempo para escribir&rdquo;, dice. A&uacute;n no ve factible el ganarse la vida como literata sin ning&uacute;n otro apoyo econ&oacute;mico pero cada vez le gusta m&aacute;s la posibilidad. Hasta ahora no se lo hab&iacute;a planteado porque apenas conoce a escritores en Argentina que se lo puedan permitir aunque tengan m&aacute;s recorrido que ella. Pero, por lo menos, ella puede afirmar que disfruta con su trabajo &lsquo;alimenticio&rsquo;: &ldquo;Me gusta editar libros, me gusta trabajar con el texto de otros, acompa&ntilde;arlos, porque en definitiva es trabajar de lector&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Aunque envi&oacute; sus cuentos al concurso con ilusi&oacute;n, cuando supo que tambi&eacute;n lo hab&iacute;an hecho m&aacute;s de mil personas &ndash;este a&ntilde;o la convocatoria ha batido su r&eacute;cord de participaci&oacute;n&ndash; sus expectativas se desinflaron inevitablemente. &ldquo;Hay un momento en el que una se imagina ganando, pero cuando me enter&eacute; de que se hab&iacute;an presentado mil manuscritos, me pareci&oacute; que ser&iacute;a como encontrar una aguja en un pajar&rdquo;, comenta. El jurado estuvo presidido por <a href="https://www.eldiario.es/cultura/mariana-enriquez-estudiantes-periodismo-deprimen-no-clicks-no-hay-nada-decirles_1_9674677.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mariana Enr&iacute;quez</a> y junto a ella deliberaron los escritores Brenda Navarro y Carlos Cast&aacute;n adem&aacute;s del editor de P&aacute;ginas de Espuma Juan Casamayor y el presidente del Consejo Regulador de la D. O. Ribera de Duero Enrique Pascual. Cuando la ganadora conoci&oacute; la noticia no dio cr&eacute;dito. &ldquo;El premio es muy generoso y con la situaci&oacute;n que estamos viviendo ahora en Argentina, me viene m&aacute;s que bien&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las ideas de Milei sobre la vida y sobre el mundo son muy destructivas. Es un un Gobierno negacionista que tira abajo una cantidad de cosas conseguidas en nuestro país y es como que estamos de nuevo explicándonos cosas que pensamos que ya no había que explicar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Magalí Etchebarne</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Precisamente, esta entrevista tuvo lugar un d&iacute;a despu&eacute;s de que el actual presidente de su pa&iacute;s, Javier Milei, provocase una <a href="https://www.eldiario.es/internacional/albares-traslada-embajador-argentino-exigencia-rectificacion-publica-acusaciones-milei_1_11381368.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis diplom&aacute;tica</a> con Espa&ntilde;a por <a href="https://www.eldiario.es/politica/milei-clama-abascal-proteccion-llama-corrupta-esposa-sanchez_1_11378205.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sus declaraciones en un mitin</a> organizado por Vox en Madrid. La pregunta acerca de lo que opina sobre el mandatario es pr&aacute;cticamente obligatoria. &ldquo;Cuando lo vi [el mitin] no me lo pod&iacute;a creer, todos mis amigos de Buenos Aires me lo enviaron. Yo creo que no hace falta decir nada m&aacute;s acerca de &eacute;l porque el perfil de sujeto que es y lo que est&aacute; dispuesto a hacer y decir es escandalosamente evidente. &Eacute;l mismo es su propia cr&iacute;tica&rdquo;, comenta.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, tambi&eacute;n cree que Milei es representante de algo m&aacute;s grande que no solo pasa en su pa&iacute;s. &ldquo;Cristina Fallar&aacute;s escribi&oacute; que la ultraderecha avanza y a veces lo hace silenciosamente y ac&aacute; tienen que estar despiertos tambi&eacute;n porque en Argentina una parte de la sociedad no la vio venir&rdquo;. &ldquo;Sus ideas sobre la vida y sobre el mundo son muy destructivas. Es un un Gobierno negacionista que tira abajo una cantidad de cosas conseguidas en nuestro pa&iacute;s y es como que estamos de nuevo explic&aacute;ndonos cosas que pensamos que ya no hab&iacute;a que explicar&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/magali-etchebarne-ultima-gran-apuesta-narrativa-breve-relatos-inconclusos-terminan-vida_1_11398667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 May 2024 20:22:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Magalí Etchebarne, la última gran apuesta de la narrativa breve: "Los relatos inconclusos terminan como la vida"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Premios literarios,Argentina,Relato,Relato corto,Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clara Morales, escritora: “En España recordamos muy mal y hay mucha voluntad de olvidar”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/clara-morales-escritora-espana-recordamos-mal-hay-voluntad-olvidar_1_11329627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d2fbbf4-448c-4f7b-950d-fc291d7b9a3d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1094415.jpg" width="5732" height="3224" alt="La escritora Clara Morales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La experiodista cambió el oficio por una oposición y la vida tranquila que favorece el tiempo para la reflexión y la literatura, en la cual se estrena con un libro de relatos con memoria histórica de fondo</p><p class="subtitle">María Fernanda Ampuero: “Cuando somos niñas nos quitan los superpoderes con espejos”
</p></div><p class="article-text">
        Hay un hilo invisible e impalpable que une a los protagonistas de los relatos de Clara Morales. Sus historias no se emplazan en un mismo lugar ni en una misma &eacute;poca pero est&aacute;n construidas sobre la misma base: la memoria. Un superviviente de un campo de concentraci&oacute;n, una adolescente que no se apa&ntilde;a con los tacones en una noche incierta, una anciana a la que van a desahuciar, un homosexual en un mitin anarquista, una exiliada que escribe a su hermana desde la lejan&iacute;a, una ni&ntilde;a que deja de serlo mientras el caso Wanninkhof se destripa en la televisi&oacute;n. Estos relatos particulares pero universales se re&uacute;nen en el volumen <em>Ya casi no me acuerdo</em> que acaba de editar la editorial Tr&aacute;nsito y que supone el debut de la autora en la ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Morales no es nueva en el mundo de las letras porque en un pasado no tan lejano su &aacute;mbito profesional era el periodismo. En 2021, despu&eacute;s de escribir en medios como El Pa&iacute;s y ejercer seis a&ntilde;os de jefa de la secci&oacute;n de cultura de Infolibre, se present&oacute; a una oposici&oacute;n (una opci&oacute;n muy <a href="https://www.eldiario.es/economia/estudiar-oposicion-pasados-30-gente-harta-enfrentarse-mercado-laboral-sanguinario_1_11258337.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en boga</a> en los &uacute;ltimos tiempos), la aprob&oacute; y ahora trabaja de bibliotecaria en la Universidad Complutense de Madrid. No echa demasiado de menos su antigua faceta porque &ldquo;cuando tienes mejores condiciones laborales es dif&iacute;cil echar de menos lo anterior&rdquo;, dice a elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algo queda de su antiguo quehacer en su manera de enfrentarse a la escritura. La documentaci&oacute;n que lleva a cabo para armar sus relatos es exhaustiva &#8213;al final del libro detalla todas las referencias&#8213; porque gran parte de su ficci&oacute;n se desarrolla en la realidad: hubo torturas en el franquismo y una primera manifestaci&oacute;n LGTBIQ+, hay confusi&oacute;n en la adolescencia y gente a la que echan de sus casas y de su pa&iacute;s. &ldquo;C&oacute;mo te vas a poner a escribir si no sabes c&oacute;mo se hablaba en un determinado momento o qu&eacute; se com&iacute;a o c&oacute;mo eran las calles. A m&iacute; me resulta dificil&iacute;simo porque no tengo una imaginaci&oacute;n superdesarrollada, creo que no podr&iacute;a escribir ciencia ficci&oacute;n&rdquo;, sostiene. &ldquo;Entonces tengo que recurrir a la documentaci&oacute;n, como tanta gente. En ese caso, a lo mejor s&iacute; que he aprendido un poquito del periodismo pero, en realidad, cuando algo nos interesa todos preguntamos, leemos libros, art&iacute;culos de prensa o preguntamos a la gente si tenemos acceso a ella&rdquo;, responde.
    </p><p class="article-text">
        El relato <em>Causa 105</em>, incluido en el volumen a modo de ep&iacute;logo, est&aacute; basado en un hecho cierto muy concreto y que est&aacute; relacionado directamente con su autora. Es la historia del m&eacute;dico Antonio Gil Garc&iacute;a, progenitor de su abuela paterna, que entr&oacute; en la c&aacute;rcel el 19 de octubre de 1937 acusado de haber pertenecido a la masoner&iacute;a por parte del aparato franquista. Meses despu&eacute;s, cay&oacute; enfermo y le trasladaron a su casa donde se mantuvo en arresto domiciliario hasta que falleci&oacute;. Fue la curiosidad la que llev&oacute; a Morales a investigar sobre ese bisabuelo del que apenas sab&iacute;a nada aparte de que hab&iacute;a sido condenado por la dictadura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Y sabemos que para que las cosas horrorosas pasen alguien tiene que apoyarlas, disculparlas. Me parecía interesante meterme en eso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Clara Morales</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al inicio de su investigaci&oacute;n no encontr&oacute; mucha informaci&oacute;n, pero un d&iacute;a entrevist&oacute; al historiador Francisco Espinosa &ndash;probablemente &ldquo;el gran investigador de la Guerra Civil en el suroeste de Espa&ntilde;a&rdquo;, apunta&ndash; y, entre otras cosas, le pregunt&oacute; cu&aacute;l podr&iacute;a ser el camino a seguir. Fue &eacute;l quien le indic&oacute; que la Diputaci&oacute;n de Huelva hab&iacute;a digitalizado parte de los documentos que afectaban a onubenses represaliados. &ldquo;Me met&iacute; en un buscador, introduje el nombre y sali&oacute; un resultado. Esto es porque hay gente que lo est&aacute; poniendo f&aacute;cil aqu&iacute;, porque hay otros muchos sitios en los que no es tan sencillo&rdquo;, aclara. El hecho de que la historia est&eacute; relacionada con su ascendiente tiene que ver con las ganas de saber qu&eacute; hab&iacute;a pasado pero tambi&eacute;n con que le parec&iacute;a que no ten&iacute;a permiso para usar el documento de una persona que no tuviera nada que ver con ella misma. &ldquo;Me parec&iacute;a inmoral, as&iacute; que lo hice con alguien de mi familia, con un poco de pudor, la verdad&rdquo;, sostiene. Sus parientes est&aacute;n conociendo ahora el resultado final de esa investigaci&oacute;n: &ldquo;Les hab&iacute;a contado lo que hab&iacute;a visto en el archivo y esta Navidad estuvimos hablando un poquito sobre ello. Ahora es cuando lo van a leer, pero creo que lo est&aacute;n viviendo con emoci&oacute;n&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Fragmentos de una memoria colectiva</strong></h3><p class="article-text">
        Los personajes de Morales, la mayor&iacute;a femeninos, narran vivencias personales que unidas a las de muchas otras componen la memoria colectiva de una sociedad. <em>Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones</em> est&aacute; protagonizado por un hombre homosexual que est&aacute; entre las 300.000 personas que conformaron el p&uacute;blico del mitin de la CNT en Montj&uuml;ic (Barcelona) en 1977, que adem&aacute;s fue la primera marcha LGTBIQ+ del Estado. <em>A d&oacute;nde me voy a ir yo</em> es lo que se pregunta la anciana a la que un fondo buitre quiere echar de su casa y en <em>La vida es una t&oacute;mbola</em> un polic&iacute;a retirado considera que se port&oacute; bien con los represaliados por la dictadura franquista, que el infierno de los dem&aacute;s son los otros. &ldquo;Hay mucha gente por ah&iacute; pensando que no hizo nada malo&rdquo;, explica al respecto de ese &uacute;nico villano protagonista del libro. &ldquo;Y sabemos que para que las cosas horrorosas pasen alguien tiene que apoyarlas, disculparlas. Me parec&iacute;a interesante meterme en eso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los personajes me est&aacute;n prestando su voz para que yo juegue con ella y haga algo que me gusta y que quiero compartir&rdquo;, responde a la pregunta de c&oacute;mo consigue meterse en la piel de esos protagonistas tan diferentes a ella. &ldquo;A m&iacute; me gustar&iacute;a ser una m&eacute;dium, que se manifestaran a trav&eacute;s de m&iacute; los fantasmas del pasado. Pero como creo que no tengo ese don, tengo que recurrir a este suced&aacute;neo que es la literatura&rdquo;, dice. Sin embargo, aunque le est&aacute; dando la palabra a colectivos que no la han tenido durante mucho tiempo &ndash;y que tienen que seguir luchando por tenerla&ndash;, la escritora considera que lo necesario es que todo el mundo tenga la posibilidad de expresarse. &ldquo;No solo se trata de que mucha gente no ha visto su historia contada, sino de que mucha no tiene el tiempo o los recursos para poder expresarse. Para que no solo se cuenten las historias de unos pocos muchas m&aacute;s personas tienen que poder escribir, hablar y hacer lo que quieran con su tiempo&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La conciencia feminista ha venido primero de hablar con las amigas, con tu madre o con tu abuela</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Clara Morales</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por otro lado, ella es esc&eacute;ptica en cuanto al verdadero poder que la literatura tiene para cambiar el sistema, de tener efectos reales sobre el mundo. &ldquo;Me parece que a veces es m&aacute;s expresi&oacute;n de una frustraci&oacute;n que de una capacidad real&rdquo;, cavila. &ldquo;Pero aqu&iacute; seguimos, escribimos y leemos. No s&eacute; si con la esperanza de que algo cambie a trav&eacute;s de esto, pero s&iacute; como una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de nuestro deseo de cambio, de nuestra lucha y de nuestro deseo de que efectivamente las cosas sean distintas&rdquo;, afirma. Adem&aacute;s, se reconoce como &ldquo;una persona de natural optimista&rdquo; y piensa que se conseguir&aacute; una sociedad mejor. &ldquo;Si no la vida me parecer&iacute;a un lugar much&iacute;simo m&aacute;s gris y duro. Lo estamos consiguiendo, sabiendo tambi&eacute;n que no hay victorias totales y, por lo tanto, tampoco hay derrotas totales&rdquo;, alega.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El anhelo del recuerdo</strong></h3><p class="article-text">
        Morales empez&oacute; su libro con intenci&oacute;n de reflexionar sobre la memoria desde el gozo y no tanto desde el activismo. &ldquo;Para empezar, creo que toda la escritura viene del placer de escribir. Nadie escribe primero por compromiso social&rdquo;, comenta. &ldquo;Luego s&iacute; que hay una pregunta que es &lsquo;&iquest;de qu&eacute; se escribe?&rsquo; y yo tuve claro pronto que quer&iacute;a escribir en torno a la idea de los efectos que tiene el pasado sobre el presente. Creo que en este pa&iacute;s recordamos mal. No s&eacute; si vivi&eacute;ramos en otro pa&iacute;s dir&iacute;amos lo mismo, pero en Espa&ntilde;a, desde luego, recordamos muy mal y hay mucha voluntad de que olvidemos&rdquo;, manifiesta.
    </p><p class="article-text">
        Una de las chispas que enciende las ganas de cambio es la colectivizaci&oacute;n de los recuerdos personales. La autora de <em>Ya casi no me acuerdo</em> lo ve muy claro en la toma de fuerza del feminismo que, para muchas personas, se demostr&oacute; en la gran manifestaci&oacute;n del 8 de mayo de 2018. &ldquo;La conciencia feminista ha venido primero de hablar con las amigas, con tu madre o con tu abuela. Y de darte cuenta de lo que ocurr&iacute;a, de lo que sigue ocurriendo y de que lo que te pasa a ti, nos pasa a todas. De repente, tus experiencias peque&ntilde;as adquieren una dimensi&oacute;n colectiva hablando, leyendo, escuch&aacute;ndonos. Y si pensamos en el movimiento LGTBIQ+ creo que sucede lo mismo&rdquo;, comenta. &ldquo;No s&eacute; si es la &uacute;nica manera de tener conciencia sobre algo, pero a m&iacute; desde luego me parece la m&aacute;s inmediata&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/clara-morales-escritora-espana-recordamos-mal-hay-voluntad-olvidar_1_11329627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 May 2024 20:10:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,LGTBI,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Heridas, autoestima, sororidad: tres relatos claman contra la violencia machista desde la Universidad de Sevilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sevilla/heridas-autoestima-sororidad-tres-relatos-claman-violencia-machista-universidad-sevilla_1_10700200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53ab3281-2fcf-4a90-85a9-3ccb9dcbad41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Heridas, autoestima, sororidad: tres relatos claman contra la violencia machista desde la Universidad de Sevilla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El concurso de relato corto 'Exprésate por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres' destaca la creatividad de dos jóvenes estudiantes y una trabajadora del Personal de Administración y Servicios</p><p class="subtitle">Del “me voy de casa” a la reconquista de una vida “normal y corriente”: la lucha de Elisabeth contra la violencia machista
</p></div><p class="article-text">
        Han querido, a trav&eacute;s de relatos cortos, concienciar contra la violencia machista a su manera, de una manera creativa. Dos j&oacute;venes estudiantes y una trabajadora del Personal de Administraci&oacute;n y Servicios de la Universidad de Sevilla han expresado de distinta forma una llamada la atenci&oacute;n este 25 de noviembre, D&iacute;a Internacional de la Eliminaci&oacute;n de la Violencia contra las Mujeres. Y lo han hecho tocando diversos conceptos e ideas importantes en torno a este problema social. &ldquo;Las heridas de una violencia carente de sentido&rdquo;, la autoestima &ldquo;robada&rdquo; y la sororidad (&ldquo;unidas venceremos&rdquo;, pero sin olvidar a los hombres) son algunas de las frases o palabras que han utilizado en sus textos breves y que la Hispalense ha querido destacar con su lectura p&uacute;blica este viernes previo a la conmemoraci&oacute;n de la lucha contra las violencias machistas. 
    </p><p class="article-text">
        Sus autoras comentan a <a href="https://www.eldiario.es/sevilla/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SevillaelDiario.es</a> qu&eacute; les llev&oacute; a presentar su relato. Ana Molina, de 20 a&ntilde;os y que estudia el tercer curso de Biomedicina, explica que su madre es historiadora del arte y que por eso incluy&oacute; en su 'Retrato' la <em>&ldquo;mirada muda&rdquo;</em> de una mujer en un cuadro. En aquella sala de exposiciones, un <em>&ldquo;p&uacute;blico c&oacute;mplice que no entend&iacute;a de arte&rdquo; </em>observaba la pintura. <em>&ldquo;Ninguno de los visitantes dec&iacute;a nada&rdquo;</em>, pero <em>&ldquo;me aproxim&eacute; al retrato y apunt&eacute; una firma de letras reemplazadas por tres n&uacute;meros: 016&rdquo;, </em>el tel&eacute;fono de atenci&oacute;n a las v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        La estudiante explica que ha sido &ldquo;una forma de concienciar de este problema, que no es un invento de la sociedad&rdquo;. Una manera de &ldquo;visibilizarlo&rdquo; y de, adem&aacute;s, &ldquo;dar voz a las que ya no est&aacute;n&rdquo;, encarnadas en esa mujer retratada <em>&ldquo;que ocultaba tras el cabello las heridas de una violencia carente de sentido&rdquo;</em>. &ldquo;El arte tambi&eacute;n es una forma de transmitir cualquier mensaje&rdquo;, comenta la joven.
    </p><h3 class="article-text">La violencia &ldquo;cotidiana&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cuando estaban bien era un cielo. La autoestima que le robaba se la devolv&iacute;a a modo de retroalimentaci&oacute;n y esa din&aacute;mica le generaba cierto enganche. Gritos, humillaciones, insultos, chantajes y lo m&aacute;s duro, abusos en los que &eacute;l insist&iacute;a&rdquo;</em>. El relato de Marina Castillo, tambi&eacute;n de 20 a&ntilde;os y que cursa 3&ordm; de Derecho, aborda el da&ntilde;o a la autoconfianza en las v&iacute;ctimas de violencias machistas. El m&aacute;s largo de los relatos premiados ahonda en la sensaci&oacute;n de culpa de una mujer ante <em>&ldquo;un pobre &aacute;ngel indefenso que no sab&iacute;a entender sus emociones&rdquo;</em>. <em>&ldquo;La primera vez que le grit&oacute;, ella contest&oacute; rabiosa. Fue tan contundente que, tras analizarlo en fr&iacute;o, vino el remordimiento. Ser&iacute;a ella la mala en la historia, la hist&eacute;rica sentimental que no conoc&iacute;a el autocontrol&rdquo;</em>, se pregunta la v&iacute;ctima en el relato.
    </p><p class="article-text">
        Su autora explica que intent&oacute; &ldquo;transmitir una violencia cotidiana&rdquo; y que quiso &ldquo;profundizar en las causas que perpet&uacute;an esa violencia&rdquo; en la que &ldquo;se trata de culpabilizar a la v&iacute;ctima y no al agresor&rdquo;. Tambi&eacute;n comenta que ha pretendido &ldquo;romper la imagen estereotipada de c&oacute;mo es una v&iacute;ctima de violencia de g&eacute;nero&rdquo;, titulando su escrito 'Lo que esconden las mujeres fuertes'. <em>&ldquo;Al principio confiaba en su criterio, pero ese foco constante que desviaba la responsabilidad de los actos de &eacute;l la hicieron dudar&rdquo;</em>, dice el relato de Marina Castillo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s optimista es el tercero de los relatos seleccionados para su lectura este viernes en la Puerta del Rectorado de la Universidad de Sevilla. Su autora se llama Eva Braojos, tiene 52 a&ntilde;os y trabaja como Personal de Administraci&oacute;n y Servicios (PAS) de la Facultad de Enfermer&iacute;a, Fisioterapia y Podolog&iacute;a. Como parte de la '<a href="https://igualdad.us.es/?page_id=2014" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Red de Referentes para la Convivencia y el Buentrato en la Universidad de Sevilla</a>', afirma estar &ldquo;sensibilizada&rdquo; con el movimiento de prevenci&oacute;n y vio en la convocatoria del concurso &ldquo;una oportunidad para expresar de manera creativa el apoyo a las v&iacute;ctimas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No es una lucha de sexos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La empleada de la US, en su relato 'Soy t&uacute;', ha querido hacer part&iacute;cipes a los hombres desde un punto de vista de su implicaci&oacute;n en esta lucha (<em>&ldquo;unidas, unidos, somos uno&rdquo;</em>), apelando en todo caso a la sororidad de las mujeres y animando a la denuncia, con un mensaje final: <em>&ldquo;Iguales, en paz, ni m&aacute;s ni menos&rdquo;</em>. Explica que &ldquo;es una verg&uuml;enza&rdquo; que se tenga que seguir conmemorando el 25N y que &ldquo;no es una lucha de sexos&rdquo;, sino que tiene que ser &ldquo;de toda la sociedad&rdquo;, apostando en su relato por &ldquo;la empat&iacute;a y la unidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los relatos han sido elegidos de entre los presentados en el&nbsp;concurso 'Expr&eacute;sate por la Eliminaci&oacute;n de la Violencia contra las Mujeres', organizado la Delegaci&oacute;n del&nbsp;<a href="https://www.cadus.us.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CADUS</a>&nbsp;(Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla) en colaboraci&oacute;n con la&nbsp;<a href="https://igualdad.us.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Unidad para la Igualdad</a>&nbsp;del Vicerrectorado de Servicios Sociales, Campus Saludable, Igualdad y Cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo ha sido promover la reflexi&oacute;n sobre la violencia contra las mujeres mediante la participaci&oacute;n directa de toda la comunidad universitaria y muy especialmente del estudiantado. Los relatos seleccionados formar&aacute;n parte de la&nbsp;campa&ntilde;a de sensibilizaci&oacute;n&nbsp;que la Universidad de Sevilla difundir&aacute; el&nbsp;25N, previ&eacute;ndose un cartel con los relatos elegidos, a los que se les da esta tarde lectura p&uacute;blica en la Puerta del rectorado de la Universidad de Sevilla, junto al manifiesto que se elabora por parte de las universidades espa&ntilde;olas con motivo del D&iacute;a Internacional de la Eliminaci&oacute;n de la Violencia contra las Mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ramajo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sevilla/heridas-autoestima-sororidad-tres-relatos-claman-violencia-machista-universidad-sevilla_1_10700200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Nov 2023 12:32:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Heridas, autoestima, sororidad: tres relatos claman contra la violencia machista desde la Universidad de Sevilla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sevilla,Relato corto,Universidad de Sevilla,25N,Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Proteger el fuego de Prometeo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/proteger-fuego-prometeo_129_10442108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f402434-a311-4932-a6d8-223fa0f77f0c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Proteger el fuego de Prometeo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El poder periodístico sin ética y sin cultura democrática genera delirios de grandeza y normaliza psicopatías voraces. Quienes abusan de sus batutas y se excitan con ellas consideran imbéciles a quienes luchan por un periodismo digno, a quienes no usan cauces privilegiados para enredar, manipular y enriquecerse de forma deshonesta</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        No son solo unas manzanas podridas ni hechos aislados. El periodismo sufre una descomposici&oacute;n en demasiados lugares. Este oficio olvida a menudo que lo que tiene entre manos &ndash;la informaci&oacute;n&ndash; no es una mera mercanc&iacute;a, sino un derecho fundamental, un pilar b&aacute;sico de las sociedades libres y democr&aacute;ticas; que su tarea principal es ser consciente de la gigantesca responsabilidad social que implica escoger qu&eacute; noticias se difunden y c&oacute;mo se enfoca esa informaci&oacute;n. Ese cometido exige enormes dosis de &eacute;tica, de compromiso, de sentido del deber.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, observamos diariamente c&oacute;mo proliferan formatos que conceden la misma credibilidad a la verdad y a la mentira, que sit&uacute;an al mismo nivel los argumentos a favor y en contra de los derechos humanos y que otorgan espacios privilegiados a los discursos deshumanizadores y de extrema derecha. Nada de la &uacute;ltima d&eacute;cada puede entenderse sin el papel que ha jugado ese tipo de periodismo.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad mal informada es f&aacute;cilmente manipulable. Lo saben bien quienes abusan de sus privilegios para tergiversar, falsear o practicar esa nociva equidistancia. Son sujetos que desprecian el concepto democr&aacute;tico del periodismo y que se sienten embriagados por la idea de actuar como una elite que nos gu&iacute;a y moldea, que influye y confecciona consensos encumbrando los debates artificiales y enterrando asuntos urgentes de la actualidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El periodismo de los despachos y las alfombras rojas padece tort&iacute;colis de tanto mirar hacia arriba mientras olvida la terca realidad existente fuera de su burbuja. Considera a la masa receptora como un reba&ntilde;o desconcertado (Walter Lippmann &lsquo;dixit&rsquo;), d&uacute;ctil y maleable que toma los caminos que se le se&ntilde;alen. Aspira a tutelar a las masas con un poder similar al que sustentaba la Iglesia en la Edad Media. Y a menudo lo consigue.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s hay tipos que dicen ejercer el periodismo y que presumen de que los presidentes del Gobierno pasan mientras ellos permanecen en sus puestos directivos, marcando pautas con m&aacute;s poder que aquellos que son elegidos en las urnas. El poder period&iacute;stico sin &eacute;tica y sin cultura democr&aacute;tica genera delirios de grandeza y normaliza psicopat&iacute;as voraces. Quienes abusan de sus batutas y se excitan con ellas consideran imb&eacute;ciles a quienes luchan por un periodismo digno, a quienes no usan cauces privilegiados para enredar, manipular y enriquecerse de forma deshonesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante ello, el reto que se nos presenta es urgente. Debemos reivindicar m&aacute;s autocr&iacute;tica en la profesi&oacute;n y dejar de temer &ndash;o incluso de admirar&ndash; al periodismo mercenario. Como escribi&oacute; Primo Levi, &ldquo;siempre nos queda la facultad de negar nuestro consentimiento&rdquo;, de evitar participar en din&aacute;micas que da&ntilde;an la convivencia y la democracia. Es posible ensanchar la mirada, defender la decencia, se&ntilde;alar la injusticia, reivindicar la palabra precisa, preservar la verdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sentido del periodismo es denunciar los abusos del poder, no entregarse a ellos. Como Prometeo, nuestra raz&oacute;n de ser como periodistas es robar el fuego de los dioses para entreg&aacute;rselo a los humanos, arriesg&aacute;ndonos al castigo de Zeus. No estamos aqu&iacute; para satisfacer a los se&ntilde;ores del Olimpo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/proteger-fuego-prometeo_129_10442108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Aug 2023 19:57:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Proteger el fuego de Prometeo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Periodismo,Libertad de expresión,Libertad de prensa,Libertad de información,Prensa,Medios de comunicación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lindo pulgoso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lindo-pulgoso_129_10442175.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7bd5fb3-cc34-4eab-9eba-d9c11482af74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lindo pulgoso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los de mi especie conocemos eso que se guardan los humanos dentro y que solo sale a través de los ojos o que se esconde en el ruido de las tripas, en el olor de la piel, en el rastro que dejan sobre el suelo que pisan; eso sí que lo entendemos nosotros bien, mientras que a ellos se les escapa</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        No me acuerdo del d&iacute;a que llegu&eacute; aqu&iacute;. Las primeras memorias que tengo son de Croqueta (que nombre tan poco digno, con lo guapa que era ella) y de las cabras. Las echo de menos, a Croqueta y a las cabras. Al principio las cabras me daban un poco miedo, sobre todo las m&aacute;s grandes, las de los cuernos, y su olor me imped&iacute;a distinguir otros, de lo fuerte que era. Pero enseguida me habitu&eacute; a ellas y a su tufillo, aprend&iacute; a distinguir otros olores: el de Venaqu&iacute; Joven y el de Croqueta por supuesto, pero tambi&eacute;n el de Venaqu&iacute; Viejo, y el del jabal&iacute; y el del corzo. Estos dos &uacute;ltimos me daban alg&uacute;n problema porque no pod&iacute;a, ni puedo, resistirme a su olor. Abandonaba las cabras y sal&iacute;a corriendo con toda la potencia de mis patas, que es mucha, a perseguirlos. Y Venaqu&iacute; se enfadaba conmigo. No s&eacute; muy bien por qu&eacute; los persigo tanto, la verdad, porque no tengo nada en contra de ellos ni me los quiero comer, pero no hay nada m&aacute;s divertido que perseguir a un corzo, saltar como salta &eacute;l entre los setos y las piedras, subir y bajar los montes volando, escuchar c&oacute;mo llaman a los suyos, que parece que hablan tan bien como Croqueta o como yo. El jabal&iacute; es un poco m&aacute;s peligroso porque es capaz de plantarte cara, con esos colmillos tremendos que tiene. A m&iacute; nunca me ha pasado, pero Croqueta me cont&oacute; historias terribles de compa&ntilde;eros despedazados y tripas reventadas. Aunque esas historias sangrientas siempre ocurr&iacute;an cuando estaban con humanos que les obligaban a perseguirlos, a acosarlos por los montes para acabar abati&eacute;ndolos. Echo de menos a Croqueta y sus historias. A su lado aprend&iacute; mucho: buscar una cabra si se quedaba rezagada, empujarla para hacerla volver al reba&ntilde;o, responder bien a las &oacute;rdenes de Venaqu&iacute; Joven. A m&iacute;, confieso, eso de las &oacute;rdenes no me gustaba demasiado. Hab&iacute;a d&iacute;as que me apetec&iacute;a quedarme a la sombra si hac&iacute;a mucho calor o a cobijo si helaba, pero Croqueta me explicaba que el sentido de nuestra existencia eran los deseos de Venaqu&iacute; y que, sin &eacute;l, sin su pan y su compa&ntilde;&iacute;a, no podr&iacute;amos sobrevivir. Yo s&eacute; que eso es mentira, lo s&eacute; ahora porque lo he comprobado, pero tambi&eacute;n lo sab&iacute;a entonces. Creo que incluso Venaqu&iacute; lo sab&iacute;a porque aunque me llamaba reiteradamente para que hiciera mi trabajo con las cabras, nunca me lo exigi&oacute; ni me dej&oacute; de dar pan y caricias. Pero Croqueta hab&iacute;a nacido con vocaci&oacute;n de servir. Pobre Croqueta.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estuvieron un buen rato compartiendo la tristeza de despedir a las cabras, Risas diciendo sin reír que vivir en el pueblo era perder</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Creo que yo acababa de cumplir el a&ntilde;o cuando un d&iacute;a vino un cami&oacute;n haciendo un ruido de estruendo, tanto que los seis amigos que conformamos la comunidad lo rodeamos e increpamos por romper la paz de esa manera. Para mi sorpresa, Venaqu&iacute; Joven sali&oacute; a saludar al due&ntilde;o del cami&oacute;n y juntos subieron al refugio de las cabras. Croqueta y yo les seguimos, como es natural, pero enseguida nos dimos cuenta de que no nos necesitaban. Fueron sacando las cabras entre los dos y, con sus varas y sin nuestra ayuda, las subieron al cami&oacute;n. Croqueta y yo enseguida barruntamos que Venaqu&iacute; estaba triste, no hay nada m&aacute;s reconocible en un humano que la tristeza, viene del fondo. El problema de los humanos es que las tristezas se les acumulan, se van sumando hasta que no se las pueden sacudir de encima. Hay algunos, como Venaqu&iacute;, que llevan la tristeza muy pegada a la piel. Les huele muy fuerte la tristeza. Cuando todas las cabras estuvieron en el cami&oacute;n y Venaqu&iacute; las despidi&oacute;, nos enteramos de lo que hab&iacute;a pasado. Sali&oacute; a la plaza Risas a saludar a Venaqu&iacute; y hablaron de lo que acababa de ocurrir. Venaqu&iacute; le cont&oacute; a Risas que no pod&iacute;a seguir manteniendo el reba&ntilde;o, que la subvenci&oacute;n no llegaba ni para una visita del veterinario si a una cabra se le atravesaba un parto. No s&eacute; qu&eacute; es la subvenci&oacute;n, pero imagino que ser&aacute; lo que se necesita para dar el pan y los cari&ntilde;os. Risas, que huele siempre a contento y se r&iacute;e cantar&iacute;n, por eso Croqueta lo nombr&oacute; as&iacute;, y es que Croqueta era muy buena para llamar a los humanos con nombres de verdad, con significado, no como ellos, que se ponen nombres que no significan nada o nos ponen a nosotros nombres rid&iacute;culos, como Croqueta, o como me llaman a m&iacute; ahora, Pulgoso, pero a lo que iba: Risas en ese momento se entristeci&oacute; porque a &eacute;l, como a Venaqu&iacute; Joven y a Venaqu&iacute; Viejo, le gustaban mucho las cabras. A veces se ven&iacute;a con nosotros por el monte y siempre se alegraba cuando las cabras dejaban los pastos bien cortados alrededor del pueblo y repet&iacute;a eso de que as&iacute; se evitan los fuegos del verano. Pero lo que m&aacute;s le gustaba a Risas era el queso que Venaqu&iacute; Viejo hac&iacute;a con la leche. Siempre se le ca&iacute;a alg&uacute;n trocito para nosotros y es verdad que estaba bien rico. As&iacute; que Risas y Venaqu&iacute; Joven estuvieron un buen rato compartiendo la tristeza de despedir a las cabras, Risas diciendo sin re&iacute;r que vivir en el pueblo era perder, perder gente, perder cabras, perder cultivos, perder. Croqueta y yo les acompa&ntilde;amos en su tristeza. Desde que se qued&oacute; sin cabras, Venaqu&iacute; dej&oacute; de salir a los montes. Y justo despu&eacute;s pas&oacute; lo de Croqueta.
    </p><p class="article-text">
        Nunca supimos qui&eacute;n lo hizo, aunque yo me lo imagino. No entiendo las relaciones complicadas de los humanos, sus mezquindades, envidias y retorcimiento, pero me quedo con muchas de las cosas que se dicen o se gritan y, sobre todo, percibo las cosas que no se dicen. Los de mi especie conocemos eso que se guardan los humanos dentro y que solo sale a trav&eacute;s de los ojos o que se esconde en el ruido de las tripas, en el olor de la piel, en el rastro que dejan sobre el suelo que pisan. Eso s&iacute; que lo entendemos nosotros bien, mientras que a ellos se les escapa. Era verano y Luna, la morena m&aacute;s salada que uno pueda imaginar, la compa&ntilde;era a la que m&aacute;s he querido, estaba de visita con los humanos. La hab&iacute;a echado mucho de menos, se la llevaron cuando entr&oacute; el fr&iacute;o y no la volvieron a traer hasta que empezaron a salir las flores del campo. El caso es que la misma noche que lleg&oacute; nos fuimos a dar un paseo hasta el r&iacute;o y all&iacute; pasamos felizmente la noche, queri&eacute;ndonos como perros enamorados que &eacute;ramos. A primera hora de la ma&ntilde;ana la acompa&ntilde;&eacute; hasta su casa, para que estuviera ah&iacute; antes de que sus humanos se despertaran. Seg&uacute;n sub&iacute;amos la cuesta yo me di cuenta de que algo no estaba bien. De la plaza ven&iacute;a un olor extra&ntilde;o y al mismo tiempo familiar: pod&iacute;a olfatear a Croqueta pero hab&iacute;a algo diferente, dulz&oacute;n e irreconocible en su olor, que hizo que se me erizara el espinazo. Ech&eacute; a correr y, cuando apenas estaba a dos saltos de su cuerpo, vi que estaba tumbada de lado pero que ten&iacute;a las patas tiesas, su tripita de lunares blancos estaba quieta, tampoco venteaba el aire ni sub&iacute;a las orejas al escuchar mi voz rota llam&aacute;ndola. Croqueta no se mov&iacute;a. La hembra de Risas sali&oacute; a la plaza a gritarme que estaba despertando a todo el pueblo, pero al ver a Croqueta dej&oacute; de hacerlo, se tap&oacute; la boca y fue corriendo a llamar a Risas. Yo me alej&eacute;. Mi amiga, mi protectora, mi maestra se hab&iacute;a convertido en ese cuerpo tieso, en esos ojos vidriosos. Sent&iacute; el rabo entre las piernas y me di cuenta de que estaba temblando. Los humanos de Luna hab&iacute;an salido a la plaza y la acariciaban porque ella, tambi&eacute;n, se hab&iacute;a contagiado del terror que provocaba la pobre Croqueta. Risas se acerc&oacute; a ella y la acarici&oacute;. No le dio miedo. Se fue a buscar a Venaqu&iacute; Joven. Me llam&oacute; para que le acompa&ntilde;ara, pero no quise separarme de Croqueta. Ol&iacute; la tristeza de Venaqu&iacute; desde muy lejos. Lleg&oacute; a la plaza con un saco negro y, ayudado por Risas, meti&oacute; a Croqueta en &eacute;l. Yo me qued&eacute; a varios pasos, les segu&iacute; de lejos y vi c&oacute;mo cavaban entre los dos un agujero y la depositaban ah&iacute;. Los dos lloraron y maldijeron. Escuch&eacute; atento por si nombraban a quien hab&iacute;a matado a Croqueta, pero ning&uacute;n nombre sali&oacute; de su boca, aunque estoy convencido de que los dos sospecharon del mismo que yo, ese al que le huele la maldad a distancia, que solo con la mirada hace da&ntilde;o y al que nunca volv&iacute; a acercarme. Pas&eacute; los siguientes d&iacute;as guardando a Croqueta. No quer&iacute;a que ning&uacute;n rapi&ntilde;ero la desenterrara. Despu&eacute;s la vida continu&oacute; para los humanos como si nada hubiera pasado. No para m&iacute;, claro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, de repente, un d&iacute;a los humanos se escondieron. Los Venaqu&iacute; no sal&iacute;an de casa, tampoco los otros. A m&iacute; me dejaban algo de comida en una escudilla al lado de la puerta cada puesta de sol. De vez en cuando sal&iacute;an todos a la vez a la calle, cuando ven&iacute;an los camiones de las verduras y del pan y de las carnes y de los quesos. Entonces yo me acercaba para ver si alguien me hac&iacute;a caso o me daba una caricia, pero me ignoraban. Algo grave pasaba, ol&iacute;a su miedo. Se miraban entre ellos m&aacute;s intensamente que antes, tal vez porque llevaban parte de la cara tapada. Cada vez que sal&iacute;an y se reun&iacute;an contaban los muertos que hab&iacute;a en otros pueblos y se felicitaban entre ellos por seguir vivos. Pasaron las nieves y las heladas, llegaron las flores de nuevo y los humanos empezaron a salir m&aacute;s, a hablarse, a destaparse. Luna ya no volvi&oacute;. Todav&iacute;a no ha vuelto y nadie me dice por qu&eacute;. Ahora para los humanos la vida contin&uacute;a como si nada hubiera pasado. No para m&iacute;, claro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Menos mal que los hijos se fueron porque esos no han pasado hambre y han estudiado y tienen buenas vidas, aunque no tengan tiempo para visitar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, Venaqu&iacute; Viejo se qued&oacute; solo. El Joven, despu&eacute;s de vender las cabras, se tuvo que buscar un trabajo por ah&iacute; fuera, lejos de su padre y de m&iacute;. De vez en cuando ven&iacute;a a visitarnos y me ped&iacute;a en susurros que cuidara del Viejo, as&iacute; que tom&eacute; la costumbre de seguirle en sus paseos. Como no hab&iacute;a cabras ni Croqueta, tampoco ten&iacute;a yo mejor ocupaci&oacute;n y, adem&aacute;s, me lo pasaba bien, siempre surg&iacute;a alguna peque&ntilde;a aventura que el Viejo y su amigo Orejas me celebraban, como perseguir a un gato hasta hacerle subir a un &aacute;rbol o ventear una perdiz. Venaqu&iacute; Viejo y Orejas sal&iacute;an todas las tardes juntos. Orejas era un humano tambi&eacute;n viejo, muy viejo, muy peque&ntilde;ito y ten&iacute;a las orejas m&aacute;s grandes que he visto en su especie y pobladas de tanto pelo como las m&iacute;as. Eran los humanos m&aacute;s viejos del lugar y ol&iacute;an a pasado. A m&iacute; me gustaba escucharlos. Siempre ten&iacute;an las mismas conversaciones. Hablaban de cuando las casas del pueblo estaban habitadas y ten&iacute;an encendida la lumbre todo el d&iacute;a y as&iacute; recorr&iacute;an el pueblo, nombrando a las familias de cada casa ahora en ruinas y recordando qu&eacute; ten&iacute;an y qu&eacute; perdieron, cu&aacute;ndo se fueron y cu&aacute;ndo dejaron de volver a cuidar la casa. Hablaban de cuando eran j&oacute;venes y sal&iacute;an con las cabras y las vacas, y recordaban cu&aacute;ntas hab&iacute;a de cada, que si m&aacute;s de cien, que si m&aacute;s de doscientas, y Venaqu&iacute; se re&iacute;a de Orejas porque siempre fue as&iacute; de peque&ntilde;ito, y tanto de ni&ntilde;o como de mayor ten&iacute;a que cogerse al rabo de las vacas para no hundirse en la nieve. Hablaban de cuando las llevaban, a las vacas, m&aacute;s all&aacute; de la sierra en invierno, buscando los pastos del sur y despu&eacute;s volv&iacute;an en verano, cuando los piornos empezaban a florecer y las chicas del pueblo les recib&iacute;an con fiestas y vino y pan y cari&ntilde;os. Hablaban de cuando a Venaqu&iacute; Viejo se le congelaron los dedos de un pie y casi se los tienen que cortar y que nunca pod&iacute;an comer la carne de esas vacas porque no eran suyas y que si mataban una cabra era para vender, pocas veces para comer, y que menos mal que los hijos se fueron porque esos no han pasado hambre y han estudiado y tienen buenas vidas, aunque no tengan tiempo para visitar y estar con ellos, excepto Venaqu&iacute; Joven, que ese s&iacute; que tiene arraigo a la tierra. Pero cu&aacute;nto sufre para salir adelante y cu&aacute;nto echa de menos las cabras. Porque esta vida es muy perra, dec&iacute;an, y lo dec&iacute;an a malas, lo cual yo no acabo de entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero un d&iacute;a Orejas empez&oacute; a decir cosas que Venaqu&iacute; Viejo no entend&iacute;a y, como no entend&iacute;a, se quedaba callado. Yo ol&iacute;a su confusi&oacute;n y su miedo. Orejas dec&iacute;a las palabras que usan ellos para comunicarse, pero juntas no ten&iacute;an ning&uacute;n sentido. Venaqu&iacute; dec&iacute;a un s&iacute;, claro, de vez en cuando, pero ya no pod&iacute;an recordar juntos sus viajes m&aacute;s all&aacute; de la sierra, los piornos, el vino y las risas, tampoco el hambre o la soledad. Eso tambi&eacute;n lo ol&iacute;a yo, la soledad cada vez m&aacute;s grande de Venaqu&iacute; Viejo y de Orejas. Porque estaban juntos, pero ya no se entend&iacute;an. Aun as&iacute;, sal&iacute;an cada tarde a pasear. Venaqu&iacute;, si ten&iacute;a &aacute;nimo, comenzaba a hablar de cuando... y hab&iacute;a d&iacute;as que Orejas le escuchaba y sonre&iacute;a, pero otros se enfadaba con &eacute;l sin motivo aparente y empezaba a encadenar palabras sin sentido. Un d&iacute;a, sin venir a cuento, Orejas me dio un golpe en el lomo con el palo y Venaqu&iacute; se asust&oacute;, aunque m&aacute;s me asust&eacute; yo, pero no dijo nada. Yo tampoco dije nada porque no soy como Croqueta, que ya sabemos c&oacute;mo acab&oacute;. No me enfrento nunca a los humanos, prefiero evitarlos si huelo que me pueden hacer da&ntilde;o. Al d&iacute;a siguiente Orejas hizo lo mismo y ya no volv&iacute; a pasear con ellos. Venaqu&iacute; me llamaba con pena, pero m&aacute;s de dos golpes a m&iacute; no me da el mismo humano. El caso es que despu&eacute;s de ese d&iacute;a, empec&eacute; a ver menos a Orejas hasta que un d&iacute;a desapareci&oacute; y entonces volv&iacute; a acercarme a Venaqu&iacute;, al que rodeaba ya una nube muy densa de tristeza, tan densa que no se pod&iacute;a oler otra cosa. Venaqu&iacute; mismo me cont&oacute; lo que hab&iacute;a pasado con su amigo. Vino su familia, me dijo, y se lo llevaron para que alguien lo cuidara y no le voy a volver a ver. Eso dijo. Yo intent&eacute; consolarlo y ya no me separ&eacute; de &eacute;l. En la plaza comentaron que a todos les acabar&iacute;a pasando lo mismo, que si se pon&iacute;an enfermos no hab&iacute;a m&eacute;dico, que si necesitaban algo no hab&iacute;a autob&uacute;s para salir a comprarlo y ya nadie ten&iacute;a coche, que si los inviernos, aunque ya no eran tan fr&iacute;os como antes, segu&iacute;an trayendo hielo, hielo que se congelaba en las calles y que cu&aacute;ntas ca&iacute;das hab&iacute;an tenido ya y todos entonces se acordaban de aquella mujer que se parti&oacute; la crisma hace muchos inviernos y para cuando lleg&oacute; el m&eacute;dico se le hab&iacute;a escurrido la vida por la herida. Y poco tiempo despu&eacute;s vino Venaqu&iacute; Joven y se llev&oacute; al Viejo. Pero yo me qued&eacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Espero que La Pareja no se vaya también, que ninguno necesite un médico, un autobús, una subvención o esas otras cosas imprescindibles para los humanos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Croqueta siempre me dec&iacute;a que yo era muy previsor. Y ten&iacute;a raz&oacute;n. Por ejemplo, cuando Venaqu&iacute; Joven nos daba el pan, yo siempre cog&iacute;a la mejor pieza y me la llevaba a esconder a alg&uacute;n lugar que nadie pudiera encontrar. Nunca se sabe cu&aacute;ndo te vas a quedar sin pan o sin caricias. Antes de que se empezaran a llevar a los humanos porque se hac&iacute;an viejos yo ya me hab&iacute;a fijado en dos nuevos. Eran macho y hembra y ol&iacute;an a feromonas y felicidad. Alguna vez nos hab&iacute;amos encontrado cuando and&aacute;bamos con las cabras y ella se acercaba a darnos caricias. Croqueta les puso de nombre La Pareja porque nunca les ve&iacute;amos separados, as&iacute; que no necesit&aacute;bamos un nombre para cada uno. Cuando me qued&eacute; solo me fui acercando cada vez m&aacute;s a La Pareja. Al principio no nos entendimos del todo bien. Tienen un peral irresistible y las primeras veces que fui a su casa no pude evitar dejarle una marquita. Aguas limpias, nada grave, pero ya se sabe c&oacute;mo son los humanos con sus frutales. Tampoco creo que les gust&oacute; demasiado que persiguiera a su gato, aunque luego me enter&eacute; de que el gato (que le han puesto el nombre m&aacute;s humillante que se puede uno imaginar, Chichinabo) no era realmente suyo, andaba por ah&iacute; como andan la mayor&iacute;a de los gatos, por inter&eacute;s, aunque tengo que reconocer que Chichinabo es diferente. Es cierto que despu&eacute;s de llegar yo se fue una temporadita a buscar gatas, pero desde que volvi&oacute; cada vez nos llevamos mejor: perseguimos a otros intrusos, a veces incluso les montamos el espect&aacute;culo a La Pareja para que se r&iacute;an, yo persigo a Chichinabo, &eacute;l se sube al &aacute;rbol, luego baja, nos damos un par de carreras y luego nos tumbamos uno al lado del otro a descansar. Eso les enternece mucho. Ya he pasado un invierno aqu&iacute;, a la puerta de La Pareja. No quiero entrar en su casa porque una vez que entras en casa de un humano ya te puedes olvidar de tu libertad. Que no se me malinterprete: me gustan mucho las mantas que me han puesto para protegerme del fr&iacute;o, me encantan sus lentejas y sus espaguetis, las sardinas y las pieles de pescado que comparten conmigo, echo de menos un buen hueso, pero todo no se puede tener. Me gusta que me acaricien la tripa y detr&aacute;s de las orejas y que me curen la pata cuando se me clava un espino. Les extra&ntilde;o cuando se van y no aparecen en unos d&iacute;as. Y me gusta c&oacute;mo me miran, veo amor, y c&oacute;mo huelen, tambi&eacute;n a amor. Incluso les permito que me llamen Pulgoso, aunque no tengo ni una sola pulga. Pero los humanos son impredecibles y hacen cosas que no tienen ning&uacute;n sentido, por eso aunque creo que ahora estoy en una situaci&oacute;n bastante estable y tengo pan y cari&ntilde;os, no estoy del todo tranquilo. Yo solo espero que La Pareja no se vaya tambi&eacute;n, que ninguno de los dos necesite un m&eacute;dico, un autob&uacute;s, una subvenci&oacute;n o esas otras cosas que son imprescindibles para los humanos y que aqu&iacute; faltan; que, aunque vengan de lejos y no tengan cabras ni un pasado que les ate, aprendan a amar este territorio como lo amaban Venaqu&iacute; Viejo, su hijo y Orejas. Y ojal&aacute; les pase como a m&iacute;, que no quieran pertenecer a otro lugar que no sea esta sierra que en los amaneceres de invierno resplandece rosada, a este r&iacute;o que ruge y refresca, a este olor a tomillo y manzanilla, a corzo y jabal&iacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Edurne Portela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lindo-pulgoso_129_10442175.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Aug 2023 20:16:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lindo pulgoso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Animales,Animales domésticos,Animales de compañía,Mascotas,Perros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[1991, un relato de Fran Gayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/1991_129_10442197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e6324c1-e72d-4638-ac73-53ff65f1f094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="1991, un relato de Fran Gayo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aún no habías entendido que algunos sentimientos son tan volátiles que resulta difícil extraer de ellos conclusiones, simplemente aparecen y te enferman. Era algo así lo que sucedía, por ejemplo, con el cielo de tu ciudad cuando se ponía de color gris ceniza y se extendía encima de ti cubriendo todo como una frazada de paño barato</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><h3 class="article-text"><strong>1.</strong></h3><p class="article-text">
        Resultaba dif&iacute;cil siquiera intuir cu&aacute;ndo ibas a estallar para mandarlo todo al carajo, Alberto Garrido. Era 1991, ten&iacute;as veinti&uacute;n a&ntilde;os, no hab&iacute;as cumplido a&uacute;n con la prestaci&oacute;n social, cursabas tu &uacute;ltimo a&ntilde;o en la universidad y tu cuerpo segu&iacute;a presentando la inconsistencia desgarbada de un adolescente flaco, con aquella barriga rebelde, un poquito feardo, alguien que siempre calculaba mal la talla de su ropa o las posibilidades de su pelo para lograr algo que se aproximase a un corte de tendencia. Pero mira ahora, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, avanzas a ciegas por una gran ciudad que ha perdido todas sus luces, no existe un lugar al que puedas decir tuyo, caminas encorvado y sin la energ&iacute;a suficiente como para sentir unos m&iacute;nimos aceptables de nostalgia. As&iacute; que, Alberto, mejor regresa a cualquier momento de aquel invierno de 1991, a una tarde del entresemana, cualquiera al azar, una de tantas en las que te ibas antes de hora del ensayo de una banda de &lsquo;shoegaze&rsquo; en la que te hab&iacute;as metido para insistir una y otra vez sobre las mismas cinco notas de bajo, testarudo como un perro que amenaza a su propia imagen en un espejo. El esquema era siempre igual, recog&iacute;as tu instrumento en su funda, sal&iacute;as del local de ensayo sin despedirte, dejabas atr&aacute;s la iglesia de Vega, descend&iacute;as por la carretera de la Carbonera pedaleando y sin prestar atenci&oacute;n a la lluvia. Y luego dabas clase por cuatro horas seguidas en el piso donde viv&iacute;as con tu padre y tu madre. Tu vida tomaba forma poco a poco, ten&iacute;as tu libretita con los recibos que repart&iacute;as cada mes entre las familias de esa docena de peque&ntilde;os y peque&ntilde;as que entraban todas las tardes en tu casa, perfumando el sal&oacute;n con un olor a transpiraci&oacute;n concentrada bajo los anoraks abrochados hasta el ga&ntilde;ote. Ten&iacute;as tambi&eacute;n aquella nueva banda en la que durar&iacute;as apenas un par de meses m&aacute;s, estudiabas tu &uacute;ltimo a&ntilde;o de Magisterio y por las ma&ntilde;anas cumpl&iacute;as con el trimestre de pr&aacute;cticas en un colegio a veinte minutos en bicicleta de tu casa. Esa era, m&aacute;s o menos, tu vida en aquel invierno de 1991, una inercia rabiosa que parec&iacute;a ir apacigu&aacute;ndose, un correr del tiempo que hasta entonces hab&iacute;a sonado con el estruendo y la c&oacute;lera de una turbina sobreexigida, aunque por fortuna y de modo inesperado las clases de refuerzo y las pr&aacute;cticas de las ma&ntilde;anas parec&iacute;an haber empezado a aflojarte esa mala hostia que, dec&iacute;an, hab&iacute;as heredado de tu abuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De aquella &eacute;poca seguro no has olvidado algunas ma&ntilde;anas en las que llegabas al colegio con las orejas desolladas por el fr&iacute;o y con la comez&oacute;n de los saba&ntilde;ones naci&eacute;ndote en los dedos de las manos y los pies. Hab&iacute;as probado a ponerte doble de guantes y calcetines cada ma&ntilde;ana, hab&iacute;as intentado tambi&eacute;n por un tiempo desplazarte tomando el Doce, pero viajar hacinado en un autob&uacute;s lleno de gente no era precisamente tu ideal, sobre todo porque la calefacci&oacute;n del veh&iacute;culo, desbocada siempre a aquellas horas que entonces te parec&iacute;an tempranas, te levantaba un dolor de cabeza que pod&iacute;a mantenerte noqueado por una hora o m&aacute;s. Fue por eso que decidiste volver a la bicicleta y aguantarte el escozor, y los d&iacute;as fueron pasando, el fr&iacute;o remiti&oacute;, y pronto la primavera empez&oacute; a anunciarse y luego las pr&aacute;cticas llegaron a su fin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que estuviste de visita en tu ciudad probaste a hacer nuevamente el recorrido de aquella l&iacute;nea, a&uacute;n recordabas el orden de las paradas de memoria, pero el Doce ahora iba pr&aacute;cticamente vac&iacute;o; misma ruta, misma hora, poco m&aacute;s de una docena de ancianos con mascarilla, algunos dormitaban con la cara pegada a la ventana, por ver si la luz del sol les hac&iacute;a alg&uacute;n cari&ntilde;o.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aquel desconsuelo que se te agarraba adentro y recuperaba además tus antiguos enojos tenía que ver con la pérdida de un lugar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Te acuerdas, Alberto, cuando el &uacute;ltimo d&iacute;a de tus pr&aacute;cticas un grupo de alumnos de sexto curso te regalaron una estilogr&aacute;fica? Todos dejaron su firma en el cuaderno donde escrib&iacute;as la memoria que habr&iacute;as de entregar apenas diez d&iacute;as despu&eacute;s a un tutor con m&aacute;s malas pulgas que dios. Algunos lloraron al despedirse y siguieron llorando cuando vieron aparecer nuevamente en el aula a la profesora titular que los acompa&ntilde;ar&iacute;a hasta junio. Tambi&eacute;n t&uacute; dejaste caer algunas l&aacute;grimas cuando m&aacute;s tarde subiste la pendiente del puente de Carlos Marx, y pensaste que veinte a&ntilde;os de vida eran ya mucho tiempo acumulado, el suficiente como para saber que no hab&iacute;a vuelta atr&aacute;s. Y pensaste tambi&eacute;n en los a&ntilde;os que a&uacute;n te quedaban por delante, y entonces te sentiste a la deriva en medio de un oc&eacute;ano de recuerdos improbables y olvidos m&aacute;s certeros.
    </p><h3 class="article-text">&nbsp;2.&nbsp;</h3><p class="article-text">
        En aquel momento a&uacute;n no hab&iacute;as entendido que algunos sentimientos son tan vol&aacute;tiles que resulta dif&iacute;cil extraer de ellos conclusiones o adjudicarles siquiera una causa, simplemente aparecen y te enferman. Era algo as&iacute; lo que suced&iacute;a, por ejemplo, con el cielo de tu ciudad cuando se pon&iacute;a de color gris ceniza y se extend&iacute;a encima de ti cubriendo todo como una frazada de pa&ntilde;o barato. Y lo mismo con la congoja que hab&iacute;as empezado a detectar cuando las pr&aacute;cticas llegaron a su fin. A veces te preguntabas si aquello que te pesaba adentro ten&iacute;a que ver con una vocaci&oacute;n que se te hab&iacute;a revelado, o si era sencillamente una sed hueca sin m&aacute;s. Pero de alg&uacute;n modo todo cuanto te estaba sucediendo sirvi&oacute; para ponerte alerta y desvelar un repertorio de prioridades del que decidiste hacerte cargo. Y lo dem&aacute;s, todo cuanto no formaba parte de esas prioridades lo consignaste como sobrante de una parte de tu vida que iba camino de quedar atr&aacute;s para siempre.
    </p><p class="article-text">
        De igual manera que hab&iacute;a sucedido antes con otras dos bandas no tardaste en abandonar tambi&eacute;n el grupo aquel de &lsquo;shoegaze&rsquo; con el que ensayabas en una vieja cuadra de Roces. Un d&iacute;a subiste al local, recogiste el bajo, el amplificador, guardaste todo en la furgoneta de tu padre y dijiste adi&oacute;s aprovechando que no hab&iacute;a nadie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego, una noche de s&aacute;bado, cuando la primavera empezaba a desplegarse a&uacute;n m&iacute;nima, como reci&eacute;n encendida, se te acerc&oacute; en un callej&oacute;n del barrio de marineros aquel muchacho con el que hab&iacute;as compartido viajes, vinos, ensayos... Era cantante y guitarrista y compositor de buena apariencia, adem&aacute;s de un desarrapado de familia bien, el hijo de un rector o un juez o un constructor, ya ni recuerdas, se llamaba Dar&iacute;o y te reproch&oacute; que nuevamente hubieses dado una espantada de las tuyas. Aprovech&oacute; tambi&eacute;n para reclamarte la parte que te correspond&iacute;a por el alquiler del local.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa misma noche pensaste que era el momento perfecto para empezar a tomar decisiones. Como la de no volver a frecuentar aquel entorno de j&oacute;venes bohemios ropavejeros que se remendaban botas y pantalones con cinta americana, por ejemplo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En aquel momento de tu vida, Alberto, tú tenías ya la sospecha de haber incurrido en un catálogo de deslealtades a ti mismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        O la de abandonar el mal h&aacute;bito de regresar a casa tantas madrugadas dando tumbos por la avenida y elevando la vista al cielo, buscando no s&eacute; qu&eacute; se&ntilde;ales en aquel bet&uacute;n indescifrable. &iquest;Te acuerdas? Llegabas siempre como mal pod&iacute;as a tu cuarto, te enjaretabas bajo las mantas con la ropa puesta y te ibas adormeciendo con un pie afuera de la cama, bien ancladito al suelo estabas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una ma&ntilde;ana, una de las &uacute;ltimas ma&ntilde;anas en que te levantaste con el bord&oacute;n de la resaca atraves&aacute;ndote el est&oacute;mago, llamaste por tel&eacute;fono al hogar de los Robledo y Felgueroso. Te atendi&oacute; la se&ntilde;ora matriarca de aquella familia de patricios de Somi&oacute;, te pregunt&oacute; qu&eacute; necesitabas y le comunicaste que no pensabas volver a atravesar la ciudad en el n&uacute;mero Diez para darles clase a sus hijos, que eran dos mellizos herederos y lerdos. Perros fuera, pensaste para ti, que les arreglen la vida en Los Robles (1). Esa fue tu tercera decisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, cuando sentiste que hab&iacute;as quemado ya suficientes hect&aacute;reas de terreno como para alejarte al fin de algunas r&eacute;moras del pasado, miraste a tu alrededor y empezaste a comprender que aquel desconsuelo que se te agarraba adentro y recuperaba adem&aacute;s tus antiguos enojos ten&iacute;a que ver con la p&eacute;rdida de un lugar, de un espacio donde por primera vez en mucho tiempo te hab&iacute;as sentido de verdad a cobijo, amparado por las cuatro paredes del aula con sus silencios de media ma&ntilde;ana, por el garrapateo ratonero de los l&aacute;pices sobre el papel, por las s&uacute;bitas explosiones de j&uacute;bilo que sol&iacute;an llegar siempre tras el recreo o por los &uacute;ltimos instantes en las clases de los viernes, con aquella luz que repentinamente transformaba el mundo ante la inminencia del fin de semana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una sobremesa compartiste con tu madre todo aquello que te estaba sucediendo, le contaste que hab&iacute;as dejado atr&aacute;s cuantos lastres hab&iacute;an sido necesarios para as&iacute; enfocarte en terminar dignamente tus estudios y luego preparar las oposiciones, probaste a decirle que extra&ntilde;abas al grupo de alumnos de las ma&ntilde;anas y entre unos sollozos muy poco oportunos que no fuiste capaz de reprimir confesaste que no quer&iacute;as ser otra cosa en la vida que maestro. No profesor, maestro. Ella te pregunt&oacute; si estabas tonto, ponerte a llorar de ese modo sin motivo alguno, luego te abraz&oacute;, te consol&oacute; y bromeando dijo que, vocaci&oacute;n o no, al menos volv&iacute;as antes a casa por las noches, y que sobre todo ya no sal&iacute;as de la cama por las ma&ntilde;anas con la cara estragada y con la ropa oliendo a chiquero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Recuerdas las conversaciones que en aquellas &uacute;ltimas semanas de la carrera ten&iacute;as con tu madre, la se&ntilde;ora Br&iacute;gida Couto Otero, con su voz atemperada como una flauta dulce? &iquest;Cu&aacute;nto puedes haber extra&ntilde;ado aquellos momentos de tertulia entre hijo y madre? Ella sonre&iacute;a dichosa, esperanzada, cuando a la hora del caf&eacute; t&uacute; le hablabas de Paulo Freire, de Pestalozzi, de Piaget, de la escuela en Yasnaia Poliana, y sent&iacute;a en la boca del est&oacute;mago un crujido al imaginar c&oacute;mo la estirpe familiar de campesinado, trabajadores de la construcci&oacute;n, limpiadoras, asistentas y soldadores sufr&iacute;a de tu mano una interrupci&oacute;n de la que qui&eacute;n sabe si llegar&iacute;a nunca a recuperarse.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">3.</h3><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas jornadas de tus pr&aacute;cticas hab&iacute;an discurrido entre la inminencia del regreso a la vida mustia y sin est&iacute;mulos de la universidad y el ritual que en el colegio arrastraban los ex&aacute;menes del segundo trimestre del curso; paseabas sigiloso entre las mesas, con el aula en una calma absoluta, simulabas estar vigilante y en realidad te limitabas a observar con detenimiento a quienes pronto dejar&iacute;an de ser tu alumnado, intentando adivinar lo que el futuro podr&iacute;a depararle a aquella gavilla encendida de preadolescentes. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de Ram&oacute;n, un cr&iacute;o gitano de trece a&ntilde;os que a la m&iacute;nima oportunidad se escapaba para jugar al tute con los viejos en un bar cerca de Cuatro Caminos? &iquest;Habr&iacute;a un destino generoso adjudicado para Rub&eacute;n Villa, un chaval de catorce, menudo, exacto como una m&aacute;quina en el c&aacute;lculo mental, de memoria prodigiosa, que recurr&iacute;a de manera infalible a la palabra m&aacute;s certera, pero que atravesaba siempre las p&aacute;ginas de sus cuadernos con una caligraf&iacute;a angulosa y col&eacute;rica?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la mayor&iacute;a de a quienes diste clase en aquellos meses no volviste a verlos nunca m&aacute;s, ni tampoco averiguaste qu&eacute; hab&iacute;a sido de sus vidas. Solo un d&iacute;a te cruzaste con Rub&eacute;n Villa, precisamente, fue en 1994, hab&iacute;an pasado tres a&ntilde;os de las pr&aacute;cticas y de que terminases Magisterio. &Eacute;l parec&iacute;a haberse dado prisa en transitar su adolescencia cuanto antes y sin ruido, tuviste la impresi&oacute;n de que su mirada y su sonrisa eran m&aacute;s cortantes que afectuosas, te hab&iacute;a tomado ventaja en altura y en corpulencia, aunque esto tampoco era tan dif&iacute;cil. Te salud&oacute; con un apret&oacute;n de manos firme y te cont&oacute; que hab&iacute;a echado la solicitud para ingresar en el Ej&eacute;rcito. Luego te observ&oacute; sin perder la sonrisa en ning&uacute;n momento y te pregunt&oacute; si te hab&iacute;a defraudado con aquella decisi&oacute;n. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; esperaba, profe? &ndash;a&ntilde;adi&oacute;&ndash; &iquest;que estudiase derecho en Oviedo?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente coment&oacute; que te ve&iacute;a distinto, que algo hab&iacute;a cambiado en tu manera de mirar, y pas&oacute; a preguntarte c&oacute;mo marchaba tu vida, si te hab&iacute;a ido bien con las oposiciones, si estabas dando clase en alg&uacute;n lugar... Y a todo respondiste con evasivas porque en aquel momento de tu vida, Alberto, t&uacute; ten&iacute;as ya la sospecha de haber incurrido en un cat&aacute;logo de deslealtades a ti mismo que estabas seguro establecer&iacute;an el itinerario de tu existencia por bastantes a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">&nbsp;4.&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Qu&eacute; trabajo dif&iacute;cil librarse de ese v&eacute;rtigo que provocan el resentimiento y la verg&uuml;enza cuando van de la mano. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo necesitaste para purgarte y evitar que esa zozobra te asaltase al m&iacute;nimo contratiempo? &iquest;A&ntilde;os quiz&aacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Recuerdas cuando en aquellos d&iacute;as ten&iacute;as cada mes que perseguir a la se&ntilde;ora matriarca de los Robledo y Felgueroso para reclamarle el pago por las clases de sus hijos? Ella acababa siempre apoquinando de mala gana, con el ce&ntilde;o fruncido por la indignaci&oacute;n porque en aquella casa no se hablaba de dinero, y te pasaba una mano de billetes tan meticulosamente prensados unos sobre otros que era imposible al tacto saber si ah&iacute; adentro estaba oculta la cantidad correcta o no.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Y aprendiste a callarte las cosas, a simular aprecio donde nada existía, los odios y rencillas fueron poco a poco ocultándose como vergüenzas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es complicado ponerse a ordenar los recuerdos de este modo, &iquest;verdad, Alberto? Sumerges el brazo bien adentro de una marea turbia y espesa, y por mucho que revuelvas y te encomiendes nunca se extrae el momento que hubieses deseado para obtener un perfil digno de tu vida. Reclamas para ti un instante de relevancia, que suene con fuerza, pero en cambio lo que obtienes es la discusi&oacute;n amarga que a los veintid&oacute;s a&ntilde;os tuviste con tu novia de entonces, en el portal del edificio donde viv&iacute;a con su familia. O la imagen del antiguo compa&ntilde;ero de escuela pasando la noche a la intemperie en un parque al lado de tu casa. O la de tu abuela poniendo al d&iacute;a la cartilla de ahorros en un cajero, mientras mira a los lados nerviosa por si alguien sospechoso se acerca a ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando terminaste el &uacute;ltimo curso tu madre enmarc&oacute; la orla de tu promoci&oacute;n y la colg&oacute; orgullosa en el sal&oacute;n de la casa, y desafiaba siempre a sus amigas o a las visitas a que tratasen de localizarte en aquel naufragio de cabezas recortadas sobre fondo blanco. Por varios meses toda tu vida pareci&oacute; perfectamente cartografiada y en la direcci&oacute;n correcta: dabas clase por las tardes, preparabas el temario por las ma&ntilde;anas en una academia, a veces estudiabas en la biblioteca y luego caminabas por el paseo mar&iacute;timo sin pensar en nada, simplemente pasear hasta que sent&iacute;as c&oacute;mo los o&iacute;dos se te abr&iacute;an por completo y tu cuerpo pasaba a ser una caja de resonancia.
    </p><p class="article-text">
        Pero en cualquier caso, y a pesar de la mano firme con la que parec&iacute;as haber tomado las riendas de tu porvenir, lo cierto es que nunca llegaste a presentarte a las oposiciones, Alberto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; nos importa hoy, a tantos a&ntilde;os de distancia, tener detalles de aquel trabajo que un d&iacute;a como de la nada te ofrecieron? Importa solo que por una vez el azar se hab&iacute;a puesto de tu lado, hab&iacute;as estado en el momento adecuado y en el lugar conveniente, lo de menos era que ese lugar fuese un c&oacute;ctel, un cumplea&ntilde;os, un cruzar tel&eacute;fonos en un &lsquo;after&rsquo;. Alguien, tampoco importa su nombre, tras una conversaci&oacute;n no tan breve en un lugar cualquiera te hab&iacute;a emplazado a tomar un caf&eacute; otro d&iacute;a, y ese caf&eacute; result&oacute; ser una entrevista de trabajo, con preguntas a las que respondiste sin mucha preocupaci&oacute;n, porque no imaginabas que algo pudiese salir de aquello y porque, adem&aacute;s, estabas enfocado en escaparte cuanto antes pedaleando en direcci&oacute;n a la academia donde estudiabas por las ma&ntilde;anas. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s volvieron a citarte en el mismo lugar, te pusieron delante un contrato. Y lo firmaste. Y ah&iacute; empezaste a dejar atr&aacute;s ese gesto huidizo y a la defensiva que hac&iacute;a tan caracter&iacute;sticos tus silencios.
    </p><p class="article-text">
        No es que fuese un trabajo especialmente bien remunerado ni estable siquiera, pero te permiti&oacute; adentrarte en una serie de c&iacute;rculos culturales que &lsquo;a priori&rsquo; no parec&iacute;an designados para alguien que ven&iacute;a de donde t&uacute; ven&iacute;as, situ&aacute;ndote en un lugar codiciado por mucha gente de un entorno que hasta hace poco hab&iacute;a sido el tuyo. Este puesto cambiar&iacute;a tus h&aacute;bitos en la vestimenta, tu forma de hablar, te llevar&iacute;a a dejar atr&aacute;s esa postura adolescente cada vez menos consecuente con tu edad, y te obligar&iacute;a a viajar de un lugar a otro con una intensidad que al principio te hab&iacute;a parecido fascinante, pero que con el paso del tiempo te ir&iacute;a trayendo complicaciones e irritando m&aacute;s y m&aacute;s. Alquilaste un apartamento, dejaste de ir a la academia sin avisar siquiera, dejaste tambi&eacute;n las clases particulares, pasabas de vez en cuando por los mismos bares a los que ibas cuando ensayabas con esta o aquella banda, probabas a detectar si algo hab&iacute;a cambiado en el modo en que todos te miraban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a veces, especialmente en el transcurso de aquellos viajes que te ve&iacute;as obligado a hacer para asistir a alg&uacute;n congreso o mercado o feria o lo que fuese, te preguntabas si realmente hab&iacute;as tomado la decisi&oacute;n correcta. Entonces llamabas a tu madre desde el hotel o desde una cabina en la calle, le contabas cuatro detalles confusos sobre tu cometido en aquel lugar, le hablabas del aspecto que ten&iacute;a aquella ciudad en la que en ese momento estabas, ment&iacute;as sobre lo que com&iacute;as y beb&iacute;as, y ella sin margen de error localizaba ese estremecimiento que ni siquiera t&uacute; sab&iacute;as desde d&oacute;nde emit&iacute;a su vibraci&oacute;n primaria, te rescataba sin esfuerzo, y como si a&uacute;n fueses un cr&iacute;o te consolaba diciendo que todo iba a estar bien, que aprovechases el momento porque ten&iacute;as a&uacute;n muchos a&ntilde;os por delante para opositar si finalmente era eso lo que deseabas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aprendiste a callarte las cosas, a simular aprecio donde nada exist&iacute;a, los odios y rencillas fueron poco a poco ocult&aacute;ndose como verg&uuml;enzas y en su lugar qued&oacute; apenas un rastro de indiferencia muy leve, un gesto ambiguo que como una cu&ntilde;a se calzaba en las puertas convenientes y las dejaba medio abiertas, por si en alg&uacute;n momento necesitabas atravesarlas. Y con el paso de los a&ntilde;os llegar&iacute;as a mudarte de ciudad, de pa&iacute;s y de continente, y all&iacute; casi perder&iacute;as tu propio rastro y te animar&iacute;as incluso a jugar por un tiempo a usar un nombre que no era el tuyo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te acuerdas de tu primer d&iacute;a en aquella capital tan lejos de tu casa, al otro lado del oc&eacute;ano? Llegaste tras un vuelo de doce horas, y saliste del aeropuerto con el cuerpo destemplado, a&uacute;n no era de d&iacute;a, pero el horizonte empezaba a tomar un contorno p&uacute;rpura salpicado por el canto de los zorzales, de los &uacute;ltimos, los que en breve se ir&iacute;an tranquilizando, y del suelo todav&iacute;a se desprend&iacute;an algunos restos de sofoco de la noche anterior. Ten&iacute;as fr&iacute;o y miedo y tambi&eacute;n el est&oacute;mago revuelto porque en los pr&oacute;ximos minutos, horas, d&iacute;as, cualquier cosa podr&iacute;a suceder con tu vida.
    </p><p class="article-text">
        Tomaste un taxi en direcci&oacute;n al centro de la ciudad. Y el conductor, que parec&iacute;a un oso malencarado aunque luego se ir&iacute;a ablandando, no dijo una palabra hasta que dejasteis atr&aacute;s el primer peaje. Entonces te pregunt&oacute; de d&oacute;nde ven&iacute;as y a qu&eacute; te dedicabas, c&oacute;mo te ganabas la vida, y t&uacute; pensaste la respuesta por unos segundos mientras observabas c&oacute;mo el amanecer le pegaba fuego al pasto que hab&iacute;a a ambos lados de la autopista, y no sabiendo qu&eacute; responder le dijiste al taxista que eras maestro, maestro de escuela.
    </p><p class="article-text">
        Y como sigui&oacute; preguntando le hablaste de tu ciudad, del colegio aquel al lado de las v&iacute;as de un tren de cercan&iacute;as, de la estilogr&aacute;fica que te hab&iacute;an regalado en tu &uacute;ltimo d&iacute;a, tambi&eacute;n de las clases que dabas en tu casa, de las meriendas que tu madre dejaba en el medio de la mesa mientras aquel grupo de peque&ntilde;os y peque&ntilde;as se afanaban en terminar la tarea, le hablaste de las acuarelas que decoraban las paredes de aquel cuarto, de los tapetes de ganchillo, de las desbandadas al terminar las clases, de las carreras y gritos que resonaban en la escalera mientras t&uacute; recog&iacute;as y abr&iacute;as las ventanas para ventilar.
    </p><p class="article-text">
        Luego sentiste que de tanto rescatar recuerdos para decirlos en voz alta te hab&iacute;as quedado exhausto, as&iacute; que decidiste callar, y el taxi volvi&oacute; al silencio. Entonces reparaste en que aquel viaje estaba durando mucho, m&aacute;s de lo que nunca hubieses podido tener en mente, &iquest;cu&aacute;nto tiempo llevabas encajado en aquel asiento trasero? m&aacute;s de una hora ya, quiz&aacute;s d&iacute;as, una vida incluso. Una vida habl&aacute;ndole de tu vida a un extra&ntilde;o. Una vida, el tiempo adecuado y necesario, y ni un minuto menos para contarla tal y como se deber&iacute;a contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Afuera el tr&aacute;fico se encend&iacute;a de furia y tra&iacute;a el calor de la ma&ntilde;ana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y t&uacute;, Alberto, apoyaste entonces tu cara en el cristal y te fuiste durmiendo con la vibraci&oacute;n de la Panamericana haci&eacute;ndote un redoble en la frente.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fran Gayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/1991_129_10442197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Aug 2023 20:32:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[1991, un relato de Fran Gayo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Queridos papás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/queridos-papas_129_10442241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0596f80d-22d8-4267-963a-22a238ba869e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Queridos papás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenía Enriquín veintidós años y toda la fe en el porvenir. Con ese ardor guerrero se había alistado voluntario para luchar en la Guerra Civil. Era noviembre del 38. Había cumplido los diecisiete y Barcelona estaba a punto de caer. Toda España estaba a punto de caer. Un mundo parecía a punto de caer. Pero él se alistó. Por los pájaros en la cabeza, seguramente, y por el ideal en el corazón</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        Valencia, 23 de enero de 1946. Queridos pap&aacute;s, hermanos y sobrinito, punto. Enrique levanta la pluma. Hace fr&iacute;o. Aqu&iacute; siempre hace fr&iacute;o los d&iacute;as de invierno. La humedad, las corrientes de aire, el hambre que todo lo malo acent&uacute;a. Y ese refr&aacute;n: San Miguel de los Reyes, patio de las tres palmeras, donde se mueren los hombres de sentimiento y de pena. &Eacute;l no. Todav&iacute;a no muere de pena. De momento pasa los d&iacute;as encerrado en una c&aacute;rcel hecha entera de piedra. Recluido tras unos muros de cuatro siglos a los que cerca una huerta parduzca y cubre un inmenso azul, un cielo alto moteado de aves libres en su migraci&oacute;n. &Eacute;l tambi&eacute;n migraba cuando perdi&oacute; la libertad. Cay&oacute; cautivo en la emboscada. Sus p&aacute;jaros anidaban en esa cabeza rotunda de pelo negro y tez cetrina. Una cara bella, bell&iacute;sima, remate perfecto para un cuerpo alto y fornido. La expresi&oacute;n iluminada en el rostro. Un semblante alargado que irradia fuerza, que centellea, que desprende el carisma de los veintitantos hasta en los trances m&aacute;s dif&iacute;ciles. Un guerrillero de postal. Entonces, cuando cay&oacute; cautivo y sus p&aacute;jaros perdieron el vuelo, se dispon&iacute;a a reconquistar Espa&ntilde;a en la mayor operaci&oacute;n del maquis: la invasi&oacute;n del valle de Ar&aacute;n. As&iacute; lo consignaba en su &uacute;ltima carta, la anterior a esta, dirigida a esos mismos padres a los que ahora escribe, pero enviada desde un pueblo franc&eacute;s cercano a la frontera espa&ntilde;ola. Undurein, 17 de octubre de 1944. Querid&iacute;simos pap&aacute;s, punto. Solo dos letras para daros mis noticias por medio de este compa&ntilde;ero que os llevar&aacute; mis papeles, pues all&aacute; lo que har&iacute;an ser&iacute;a comprometer, quiz&aacute;s, y nos han recomendado desprendernos de ello. Cuando recib&aacute;is esta ya os habr&eacute; escrito la tarjeta que os anuncio en mi anterior de despedida. No os hag&aacute;is mala sangre y tened confianza en el porvenir como yo mismo la tengo, escribi&oacute;. Sabed que no os separar&eacute;is de mi pensamiento y tanto en los buenos como en los malos momentos, mi pensamiento estar&aacute; puesto en vosotros y en los seres que m&aacute;s quiero. No puedo escribiros mucho, a&ntilde;ad&iacute;a Enrique, pues ahora me han pillado para trabajar en la cartograf&iacute;a estos d&iacute;as y a&uacute;n no s&eacute; a qu&eacute; hora me acostar&eacute; hoy. Dad mis noticias a Frater y decidle que tampoco a ella la olvidar&eacute; y que trabaje por todos los guerrilleros de la Uni&oacute;n Nacional, pues har&aacute; fr&iacute;o y necesitaremos de los esfuerzos de los que qued&eacute;is por esa. Estamos muy contentos y la moral es excelente. Todos estamos convencidos de la justa causa que vamos a luchar y vencer. Nada m&aacute;s, remataba la pluma: pensad mucho en m&iacute; como yo pensar&eacute; en vosotros y recibid todo el cari&ntilde;o de vuestro hijo, que no os olvidar&aacute; en ning&uacute;n momento. Vuestro, Enriqu&iacute;n. Ten&iacute;a Enriqu&iacute;n veintid&oacute;s a&ntilde;os y toda la fe en el porvenir. Con ese ardor guerrero se hab&iacute;a alistado voluntario para luchar en la Guerra Civil. Era noviembre del 38. Hab&iacute;a cumplido los diecisiete y Barcelona estaba a punto de caer. Toda Espa&ntilde;a estaba a punto de caer. Un mundo parec&iacute;a a punto de caer. Pero &eacute;l se alist&oacute;. Por los p&aacute;jaros en la cabeza, seguramente, y por el ideal en el coraz&oacute;n. A los pocos meses, sin embargo, solo quedaba la frontera, el camino del exilio y otros p&aacute;jaros volando libres por encima de aquella marea humana informe y trist&iacute;sima que serpenteaba caminos de derrota arrastrando el &aacute;nimo y los pies. Dos d&iacute;as andando y sin dormir entre monta&ntilde;as de fr&iacute;o y miseria. Un paso tras otro, un paso, otro, otro m&aacute;s, y todo lleno de interrogantes en la espalda. Su tierra, su casa, su familia. Todo atr&aacute;s. Aquello sucedi&oacute; en invierno. Muchos se quedaron en el camino, ateridos y desnutridos, agotados de tanto penar. &Eacute;l no. &Eacute;l resisti&oacute;. Y lleg&oacute; vestido de republicano al campo de concentraci&oacute;n de Argel&egrave;s-sur-Mer. Por favor, agua. Por favor, comida. Una nueva vida construida en Francia. Con su familia entera reagrupada en Manzat, un pueblo de mil quinientos habitantes rodeado de colinas suaves y monta&ntilde;as agrestes, donde la niebla matutina adensa la esencia rural de una vida rutinaria de &lsquo;bonjour&rsquo; y &lsquo;&ccedil;a va&rsquo; y g&oacute;ticas agujas como diapas&oacute;n sentimental. All&iacute;, en Manzat, quedaba a salvo de las represalias franquistas. Una nueva vida en la Auvernia francesa. Pero hasta en ese rinc&oacute;n, donde la intrahistoria suele ganar a la historia, donde nunca pasa nada, pas&oacute;. Las tropas alemanas del Tercer Reich invadieron el pueblo. Y la Gestapo requiri&oacute; a Enrique. Un visado cubano lo salv&oacute; de acabar en Alemania como mano de obra esclava. Pero no se march&oacute; a Cuba. Se ech&oacute; al monte. Con los maquis. Uno m&aacute;s. Muy contento. Con la moral excelente. Convencido de la justa causa que iba a luchar. Nada m&aacute;s. Y eso mismo sucedi&oacute;: nada m&aacute;s. &Eacute;l fue uno m&aacute;s. Solo eso. Uno m&aacute;s de todos aquellos maquis, peones idealistas que cruzaron la frontera para liberar a Espa&ntilde;a de la dictadura confiando en los aliados y en una insurrecci&oacute;n popular. Esa era la convicci&oacute;n: que la derrota fascista en la Segunda Guerra Mundial culminara con la derrota del franquismo. Esa era la idea. La Idea, siempre necesitada de manos que obren por ella. Y por ella cruz&oacute; Enrique la frontera tras enviar aquella carta a sus padres fechada en Undurein. Descrest&oacute; los Pirineos por el valle de Ar&aacute;n. Cada vez m&aacute;s cerca de La Idea, bella idea, te&oacute;rica idea. Y all&iacute; lo esperaban. Los maquis fueron perseguidos por la Guardia Civil en aquella larga noche. El grupo se dispers&oacute;. &Eacute;l y Camilo, los dos, dos guerrilleros acosados y sin amparo, se refugiaron en una peque&ntilde;a caba&ntilde;a. Acorralados bajo una luna silente. En soledad. Sin posibilidad alguna de escapar. Horas tensas, manto de estrellas y gritos, amenazas de guardiacivil. Al amanecer les lanzaron granadas. Era el &uacute;ltimo aviso. Iban a salir de all&iacute; vivos o muertos. Y ellos, Enrique y Camilo, aceptaron la rendici&oacute;n. Ese fue el principio del camino hasta llegar aqu&iacute;, a la prisi&oacute;n de San Miguel de los Reyes, Valencia. Esta es la primera carta dirigida a la familia despu&eacute;s de 463 d&iacute;as de silencio. C&oacute;mo se escribe esa carta con destino a Francia. Ese dec&iacute;amos ayer despu&eacute;s de tantas cosas, de tantos avatares, despu&eacute;s de tanto sufrimiento a solas. Enrique comienza abriendo el coraz&oacute;n. In&uacute;til deciros, empieza a escribir, lo que ha representado para m&iacute; saber que por fin estamos en contacto. Hemos escrito a dieciocho mil sitios, incluso hace unos d&iacute;as he probado el &uacute;ltimo medio: he escrito a Frater para ver si por casualidad &ndash;si no ella, alguien de all&iacute;&ndash; os daba noticias m&iacute;as, pues s&eacute; que la colonia continuaba all&iacute; todav&iacute;a hace unos meses. Esta ma&ntilde;ana ha venido la t&iacute;a Concheta tray&eacute;ndome la carta dirigida a ella por mam&aacute; y la foto de Adelita y Carlitos, que no me canso de mirarla, sobre todo el &lsquo;nano&rsquo;, que todos los que conocen aqu&iacute; a Ram&iacute;rez dicen que es &eacute;l clavado, como as&iacute; es la verdad. Lo &uacute;nico que siento es que me va a olvidar, con lo que lo quiere su t&iacute;o. Adelita como siempre tan bonita. Espero que me envi&eacute;is una familiar con Chiqui y todo. &iquest;Qu&eacute; se ha hecho de &eacute;l? Desde luego esta carta no s&eacute; c&oacute;mo saldr&aacute;, pues tengo tanta alegr&iacute;a y tantas cosas que deciros que todo va a ser un revuelto, pero es igual. La &uacute;nica pena que he tenido hasta ahora es saber que estabais sufriendo por m&iacute;. Sobre todo mam&aacute; las habr&aacute; pasado negras, anota. Cierra la frase y ese punto deja en el aire todo lo ocurrido desde su detenci&oacute;n. Mejor callarlo. Su traslado al penal de Torreros, prisi&oacute;n provincial de Zaragoza. Lleg&oacute; y le hicieron vaciar el zurr&oacute;n. Todav&iacute;a llevaba una bomba de mano. D&eacute;jala en el suelo, repet&iacute;a a gritos el carcelero. Lo metieron en una celda inmunda. Un v&aacute;ter sin cadena y un jerg&oacute;n impregnado por el sudor y la suciedad heredados de reo en reo. &Eacute;l, sin embargo, durmi&oacute;. Durmi&oacute; tres d&iacute;as seguidos. Uno, dos, tres. Su cuerpo estaba molido despu&eacute;s de tres semanas de monta&ntilde;a en monta&ntilde;a, de barranco en barranco, de combate en combate. Cuando despert&oacute;, una herida en el tal&oacute;n derecho lo hab&iacute;a dejado cojo. Se qued&oacute; tumbado en la cama. Sin salir del chabolo. Pensando en todas aquellas novelas que hab&iacute;a le&iacute;do sobre c&aacute;rceles y presos, con ese punto de hero&iacute;smo fatalista, tan de guerrillero de postal. De repente le abrieron la puerta de la celda y le arrojaron un pan. Un pan. Solo un pan. No solo de pan vive el hombre, escribi&oacute; Federico. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pedir&iacute;a un pan, sino que pedir&iacute;a medio pan y un libro, a&ntilde;adi&oacute; el poeta. A Enrique solo le dieron un pan. Bueno, dos. Ese fue el problema, que le dieron dos. Mientras se com&iacute;a el pan abrieron la puerta de nuevo y le arrojaron otro pan. Pero el carcelero vio que estaba comiendo. Que ya ten&iacute;a un pan. Enrique minti&oacute; y dijo que estaba mordiendo el del d&iacute;a anterior, que se lo hab&iacute;a guardado. La mentira no col&oacute;. Y la brutal bofetada, de cara a la pared, le ense&ntilde;&oacute; a d&oacute;nde hab&iacute;a llegado. Prisi&oacute;n de Torreros, centro para la represi&oacute;n de revolucionarios, maquis y anarquistas. Un lugar donde en la guerra se ajusticiaba a presos a garrote vil ante las tapias del cementerio vecino. El capell&aacute;n de la c&aacute;rcel, Gumersindo de Estella, ve&iacute;a a los reos caminar hacia la tapia, de madrugada, dando tumbos, rotos, enloquecidos, llenos de furor, sus ojos desorbitados, como carne de fusil, y o&iacute;a sus gritos desesperados y sus ayes, sus respiraciones fuertes, su estertor. Con estas mismas palabras &ndash;rotos, enloquecidos, llenos de furor, con sus gritos y sus ayes, con todo su estertor&ndash; lo describi&oacute; don Gumersindo en sus memorias secretas. La memoria de la prisi&oacute;n de Torreros, pura memoria del horror. Y all&iacute; se qued&oacute; Enrique. Dentro de esa mole sanguinaria. En el famoso quinto. El quinto sal&oacute;n, reservado a los reos peligrosos. Lleg&oacute; la Navidad y repartieron rancho extra. Cantaron villancicos, recitaron poemas, feliz 1945. Y enseguida empezaron los juicios. A &eacute;l le pusieron un abogado de oficio. Un teniente joven, rubio, que temblaba como un zagal mientras le&iacute;a la defensa. Sirvi&oacute; de poco. O de nada. El tribunal sentenci&oacute; la pena: doce a&ntilde;os y un d&iacute;a. Y el reloj comenz&oacute; a roer, lentamente, inexorablemente. Carcomiendo tiempo, vida, esperanza en el porvenir. C&oacute;mo tenerla. En las noches m&aacute;s t&eacute;tricas de Torreros se o&iacute;an unos gritos desgarrados de vivalarep&uacute;blica. Sal&iacute;an de las gargantas de aquellos que iban a ser fusilados. La despedida a los camaradas. Rotos, enloquecidos, llenos de furor. El nudo en la garganta en cada celda. La saliva tragada de los que se quedan. Pero de aquello es mejor no hablar, piensa Enrique en este mi&eacute;rcoles de enero, con la pluma en la mano y la humedad perforando cuatro siglos de piedra. Para qu&eacute;. Ya ha pasado aquel tiempo, aquellos siete meses en Torreros. Qu&eacute; se gana preocupando a la familia. Qu&eacute; se gana recordando el horror. Y entonces prosigue su carta. He estado en Zaragoza unos meses &ndash;as&iacute; lo dice: he estado en Zaragoza unos meses, y no hay mayor elipsis que esa ni mayor valent&iacute;a sin postal&ndash; con el hermano de Maruja, la de Davayat, que a&uacute;n est&aacute; all&iacute;; escrib&iacute; al Riquet y &eacute;l fue quien habl&oacute; con la t&iacute;a Joaquina y esta, a su vez, de paso para el pueblo, me puso en contacto con los de aqu&iacute;, que inmediatamente respondieron todos como un solo hombre. Esto es una universidad, a&ntilde;ade en referencia a su nueva prisi&oacute;n. Estudio f&iacute;sica, taquigraf&iacute;a, &aacute;lgebra, trigonometr&iacute;a, ingl&eacute;s y alem&aacute;n, y no tengo tiempo para rascarme. Me dedico tambi&eacute;n a buscar refranes aut&eacute;nticamente espa&ntilde;oles: Me port&eacute; como quien soy... Genio y figura... Si cumpl&iacute; con mi deber... Quiero decir con todo esto que estoy bien. Adem&aacute;s, yo s&eacute; que el t&iacute;o Jos&eacute;, aunque nunca me dice nada, no me olvida y est&aacute; tratando mi situaci&oacute;n, pues ya sab&eacute;is la gran influencia que tiene. La yaya ha sido tambi&eacute;n hasta ahora una inc&oacute;gnita, pues del hospital contestaron que hab&iacute;a salido en agosto del 44 y de la casa del t&iacute;o no contestaron. Ya enviar&eacute;is las se&ntilde;as. En Zaragoza estuve con uno que estuvo con el t&iacute;o Paco en el hospital hasta &uacute;ltima hora, o sea, hasta que le dieron el alta. Contadme cosas de todos los amiguetes, a&ntilde;ade Enrique. &iquest;Hab&eacute;is ido por casualidad a Grenade? &iquest;Cu&aacute;ntas novias se me han casado? Y mi Sol, &iquest;cu&aacute;ntos cuernos me ha puesto? Y Gasc&oacute;n, &iquest;qu&eacute; hace por esa? Aqu&iacute;, prosigue Enrique, ya os digo: comer, dormir, estudiar, decir insensateces de vez en cuando y &lsquo;ne pas s&rsquo;en faire&rsquo;. A veces recuerdo, como en un sue&ntilde;o, que a&uacute;n hay farolas, cabecitas rubias y tiendas de ultramarinos. Pero son pocas y pasan r&aacute;pidamente esas visiones. Esto parece la torre de Babel. Se habla en castellano, catal&aacute;n, valenciano, patu&eacute;s, franc&eacute;s, ingl&eacute;s, alem&aacute;n, italiano, polaco, etc. Pero todos nos entendemos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces recuerdo, como en un sueño, que aún hay farolas, cabecitas rubias y tiendas de ultramarinos. Pero son pocas y pasan rápidamente esas visiones</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se canta en todos esos idiomas tambi&eacute;n: tangos llorones, &lsquo;can&ccedil;onetes&rsquo; cursis, javas tontas y farrucas bullangueras. Se oyen &lsquo;jip&iacute;os&rsquo; por todas partes y alguna que otra cancioncilla rocinesca. A&ntilde;oro mucho la guitarra, que espero que me traer&aacute; pap&aacute; como me prometi&oacute;. Vamos al cine y a misa todos los domingos y dem&aacute;s fiestas de guardar. Han pasado adem&aacute;s por aqu&iacute;, desde que estoy yo, una banda del empastre, que nos desternillamos de risa, y un circo. Tenemos una hermosa orquesta de esas de bombo y platillo que a veces hasta lo hacen bien, una rondalla de bandurrias y guitarras, un cuadro art&iacute;stico, una escuela, una biblioteca y un campo para jugar al b&aacute;squet, y vengan d&iacute;as y m&aacute;s d&iacute;as, esto es Jauja. Jauja, dice. Ha escrito Jauja. Est&aacute; en la c&aacute;rcel. Fue apresado hace quince lunas. Arrastra una pena de doce a&ntilde;os y un d&iacute;a. Y ha escrito que est&aacute; en Jauja. Queridos pap&aacute;s, hermanos y sobrinito: estoy en Jauja. Estudiando, divirti&eacute;ndome, ri&eacute;ndome. El cine, el circo. Buenos d&iacute;as, princesa: La vida es bella. Esto es Jauja. Y los vivalarep&uacute;blica de quienes iban a ser fusilados en la madrugada. Y la derrota en la Guerra Civil, los pasos tristes del exilio, la cola para el agua en Argel&egrave;s-sur-Mer, &lsquo;s&rsquo;il vous pla&icirc;t&rsquo;, la Gestapo motorizada en Manzat, la huida al monte con los maquis, la invasi&oacute;n pirenaica con la bota da&ntilde;&aacute;ndole el pie, las granadas de mano bajo una luna callada, hostil, &uacute;ltima luna en libertad. Y la bofetada, el juicio y las vejaciones relamidas sobre un maloliente jerg&oacute;n. Y la memoria de Torreros. Y este largo invierno encerrado en San Miguel de los Reyes, patio de las tres palmeras, donde se mueren los hombres de sentimiento y de pena. De todo eso nada. Esto es Jauja, escribe hoy, 23 de enero del 46. Y no sabe que pasar&aacute;n dos a&ntilde;os y el 15 marzo del 48 su tono cambiar&aacute;: Queridos hermanos, punto. Lo &uacute;nico que me aterra es estar diez o quince a&ntilde;os sin veros, solo, sin poder dedicar mi atenci&oacute;n a lo que vosotros por tenerlo ya solucionado le dais menos valor o no os dais cuenta de ello, mi hogar. El porvenir os sonr&iacute;e igual que a m&iacute;, con la sola diferencia de que vuestro presente es infinitamente m&aacute;s soportable que el m&iacute;o. Lo &uacute;nico que me consume la sangre es pensar que voy a estar tantos a&ntilde;os separado de vosotros, pues ya van para cuatro. Y no sabe, al fin, que pasar&aacute;n casi cuatro a&ntilde;os y el 4 de septiembre del 49 escribir&aacute;: Mis muy queridos padres y dem&aacute;s familia, punto. &iquest;Qu&eacute; me importa lo que pueda ocurrirme ahora? Lo importante es pasar esta mala racha, ya que el resultado es inexorable. Tengo muchas ganas de poder contaros todos los detalles de esta vida tan igual todos los d&iacute;as y todos los d&iacute;as tan distinta, tan mon&oacute;tona y tan agitada a la vez. Quiz&aacute;s no lo comprend&aacute;is del todo, pero aqu&iacute; se aprende mucho a comprender, a esperar, a odiar y a amar, y todo ello con todas las fibras de nuestro ser. Quien no haya pasado por aqu&iacute; no puede saber lo que es la paciencia y el coraje, la confianza y la esperanza. Os besa a todos y os quiere de todo coraz&oacute;n vuestro Enriqu&iacute;n. Nada de todo eso sabe Enrique Carreras Taur&aacute;, nacido el 9 de noviembre de 1921 en Barcelona, para todos Enriqu&iacute;n, tez morena y brazos fornidos, guerrillero de postal. Tampoco sabe que saldr&aacute; de la c&aacute;rcel antes de lo previsto, en agosto de 1950, tras serle rebajada la pena por buen comportamiento. Siempre sue&ntilde;a con ese momento. Se imagina saliendo de los muros de piedra con una frase cincelada en el cerebro. Un verso de la Marsellesa: &lsquo;Libert&eacute;, libert&eacute; ch&eacute;rie&rsquo;. Libertad querida, amada libertad. No ser&aacute; as&iacute;. Ese d&iacute;a de la libertad, ya entrada la noche, pensar&aacute; en cualquier cosa mundana. La &eacute;pica es para las novelas, para los aut&eacute;nticos guerrilleros de postal. Para aquellos so&ntilde;adores que entraron en la c&aacute;rcel creyendo que saldr&iacute;an de ella por la puerta grande, con la liberaci&oacute;n de la noche franquista. Pero no. No ser&aacute; as&iacute; su salida de prisi&oacute;n en una suave noche de agosto. Despu&eacute;s de cenar, a eso de las once, y tras ser manteado por los compa&ntilde;eros de prisi&oacute;n, Enrique saldr&aacute; con casi treinta a&ntilde;os a una Valencia negra, oscura y franquista. Ni libertad querida ni amada libertad. Como en un t&uacute;nel del tiempo, cruzar&aacute; la huerta parduzca bajo un cielo negro para adentrarse, de nuevo, en los a&ntilde;os veinte. En una c&aacute;rcel m&aacute;s grande y con muchos m&aacute;s carceleros, una tierra tan distinta a Francia. Una Espa&ntilde;a negra de brazo en alto y sacrist&iacute;a. Donde las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora. Una pena de cauce oculto y madrugada remota. Pero nada de ello sabe el reo Carreras en esta primera carta escrita desde San Miguel de los Reyes, all&iacute; donde dicen que se mueren los hombres de sentimiento y de pena. Por ello, aprieta la pluma como empu&ntilde;&oacute; el arma en la Guerra Civil y ante los nazis en Francia, sin matar jam&aacute;s a nadie, y remata la carta. Y ahora, escribe Enrique con delicadeza, unas letras exclusivas para mam&aacute;. Yo s&eacute; que t&uacute; eres la que m&aacute;s has sufrido y puedes estar segura de que es lo &uacute;nico que me ha amargado la existencia. Comprendo tu emoci&oacute;n y alegr&iacute;a al tener mis noticias, y fig&uacute;rate la m&iacute;a al quitarme ese peso de encima. M&aacute;s de una vez habr&aacute;s recordado la poes&iacute;a que te dediqu&eacute;, le dice a mam&aacute;. Vu&eacute;lvela a leer sin miedo, pues lo que ayer sali&oacute; del coraz&oacute;n est&aacute; todav&iacute;a en &eacute;l. No he cambiado para nada. Lee la estrofa que empieza as&iacute;: &ldquo;Que si un d&iacute;a vas...&rdquo;. Y piensa que hay millones de madres que quisieran estar en tu lugar. Y a ti, pap&aacute;, tampoco te olvido, pues comprendo que habr&aacute;s tenido que ahogar todo tu dolor para disimularlo delante de ella y darle unos &aacute;nimos que quiz&aacute;s t&uacute; no ten&iacute;as. Nada m&aacute;s, un mill&oacute;n de besos a Carlitos, del cual no me olvido un instante, y a vosotros todo el inmenso cari&ntilde;o de vuestro hijo y hermano. Contadme algo de vuestra vida. &iquest;Qu&eacute; hace Antonio? &iquest;Y los pap&aacute;s, a&uacute;n cobran la prestaci&oacute;n del que se fue a la guerra? Firmado, Enriqu&iacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Cerdá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/queridos-papas_129_10442241.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Aug 2023 21:15:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Queridos papás]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Guerra Civil Española,Exilio,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una semana normal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/semana-normal_129_10442255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e070bfe-c89d-4318-9dfd-9c59e056aaf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una semana normal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Era incapaz de concentrarse, se sentía observado. La sensación de que le estaban vigilando era cada vez más intensa. No paraba de levantarse para mirar por la ventana, pero no había visto a nadie. ¿Por qué cojones tenía que sentirse así en su propia casa?</p><p class="subtitle"> Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><h3 class="article-text"><strong>Lunes. Carlos</strong></h3><p class="article-text">
        Era la segunda vez que lo ve&iacute;a parado delante de su casa aquella ma&ntilde;ana. Estaba a unos diez metros, observando la ventana abierta del despacho. Carlos se acerc&oacute; al vano para que supiese que se hab&iacute;a dado cuenta de que estaba mirando hacia all&iacute;, pero el chico no se inmut&oacute;. No apart&oacute; la vista ni se movi&oacute;. La primera vez no le hab&iacute;a dado importancia, apenas hab&iacute;a reparado en &eacute;l. Llevaba ya unos meses trabajando en la urbanizaci&oacute;n y se lo hab&iacute;a cruzado varias veces. Pero ahora, unas horas m&aacute;s tarde, le hab&iacute;a parecido extra&ntilde;o verlo otra vez en el mismo sitio. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que no se hab&iacute;a movido en toda la ma&ntilde;ana. Jurar&iacute;a que la primera vez tambi&eacute;n llevaba las tijeras de podar en la mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se apoy&oacute; en el alf&eacute;izar, pero eso tampoco provoc&oacute; ninguna reacci&oacute;n en el chico. Segu&iacute;a teniendo la vista puesta en la ventana. &iquest;El jardinero anterior no era sudamericano tambi&eacute;n? Lo mir&oacute; con m&aacute;s atenci&oacute;n. Su expresi&oacute;n era dif&iacute;cil de descifrar. &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o querr&iacute;a? Quiz&aacute; era uno de esos chavales de educaci&oacute;n especial a los que les dan un diploma de jardiner&iacute;a porque no son capaces de sacarse el graduado. Esos que son m&aacute;s lentos que los dem&aacute;s. Ya no se les puede llamar retrasados, pero bueno, eso es lo que son, &iquest;no? Personas que tardan en aprender las cosas y no pueden procesarlas tan r&aacute;pido como los dem&aacute;s. Como ese chico, all&iacute; parado como un idiota.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Lunes. Marta</strong></h3><p class="article-text">
        La nevera estaba vac&iacute;a. Tir&oacute; el bolso sobre la encimera y sac&oacute; el m&oacute;vil. Llevaban tres noches seguidas pidiendo comida a domicilio porque Carlos se olvidaba de hacer la compra. Era lo &uacute;nico que le hab&iacute;a pedido, que estuviese pendiente de la compra esa semana, pero nada. No hab&iacute;a manera de contar con &eacute;l ni para algo tan sencillo como eso. Abri&oacute; la aplicaci&oacute;n y fue bajando por una lista interminable de restaurantes. No sab&iacute;a qu&eacute; pedir, la mayor&iacute;a de lo que ve&iacute;a le daba asco. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a comer la gente eso? El pollo rebozado le hac&iacute;a pensar en cercos de sudor en las axilas y pelo lleno de grasa, ese pelo que se quedaba pegado a la cabeza en forma de mechones. Eso por no hablar de las hamburguesas que chorreaban queso fundido. El queso fundido le hac&iacute;a pensar en diminutas part&iacute;culas de caspa y en la gente que ten&iacute;a los dientes torcidos.
    </p><p class="article-text">
        Sali&oacute; de la cocina y camin&oacute; por el pasillo. Al levantar la cabeza del m&oacute;vil se dio cuenta de que la luz del sal&oacute;n estaba encendida.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Carlos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esa hora sol&iacute;a estar en el gimnasio, pero quiz&aacute; hab&iacute;a vuelto antes. Una voz dentro de ella dese&oacute; que se hubiese lesionado. No algo grave, solo lo justo para que no pudiese ir a entrenar en tres o cuatro d&iacute;as. Quiz&aacute; as&iacute; podr&iacute;a abrir la web del supermercado y hacer la puta compra. Era una voz bajita pero insistente.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Carlos?
    </p><p class="article-text">
        No se o&iacute;a nada. Lleg&oacute; al sal&oacute;n y vio que no hab&iacute;a nadie. El muy idiota deb&iacute;a de haberse dejado la luz encendida. Se dej&oacute; caer en el sof&aacute; y seleccion&oacute; el filtro de comida japonesa. Iba a ser la tercera noche que com&iacute;an sushi. Carlos lo odiaba. La aplicaci&oacute;n se&ntilde;al&oacute; cuarenta minutos de espera. Le daba tiempo a darse una ducha. Al levantarse se fij&oacute; en que la cristalera que daba a la parte delantera de la casa estaba llena de marcas de dedos. Estaban por fuera, como si alguien se hubiera apoyado en ella con las manos sucias. C&oacute;mo se le pod&iacute;a haber pasado eso a la chica. Lo hab&iacute;a dejado muy claro cuando la hab&iacute;a contratado, quer&iacute;a profesionalidad. Nada de echarse a descansar un rato en el sof&aacute; o hablar por el m&oacute;vil, y por supuesto nada de dejar las cosas a medias. &iquest;Iba a tener que estar vigil&aacute;ndola? &iquest;Era tanto pedir que la gente hiciese bien su trabajo?
    </p><h3 class="article-text"><strong>Martes. Carlos</strong></h3><p class="article-text">
        Lo primero que hab&iacute;a hecho nada m&aacute;s levantarse hab&iacute;a sido mirar por la ventana. Estaba seguro de que iba a encontrar de nuevo al chico all&iacute; parado, observando fijamente la casa. La tarde anterior no lo hab&iacute;a visto, aunque hab&iacute;a estado pendiente. Pero al despertarse hab&iacute;a tenido una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a. Nada m&aacute;s abrir los ojos hab&iacute;a sentido que lo observaban, como cuando notas que alguien te est&aacute; mirando en un lugar lleno de gente. Se acerc&oacute; a la ventana pero no hab&iacute;a nadie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se duch&oacute;, se visti&oacute; y cogi&oacute; el port&aacute;til. Hoy no trabajaba en casa, ten&iacute;a una reuni&oacute;n con un cliente. Marta deb&iacute;a de haberse ido hac&iacute;a un rato, no la hab&iacute;a o&iacute;do levantarse. Hac&iacute;a varios d&iacute;as que apenas coincid&iacute;an y cuando lo hac&iacute;an ella parec&iacute;a estresada, a punto de saltar por cualquier cosa. Como la noche anterior, cuando se puso como una loca porque &eacute;l se quej&oacute; del sushi. Guard&oacute; el port&aacute;til en el malet&iacute;n y baj&oacute; al garaje. Condujo hasta la salida de la urbanizaci&oacute;n y se detuvo delante de la garita del guardia de seguridad para que le levantase la barrera. Mientras esperaba pens&oacute; algo. Baj&oacute; la ventanilla y le hizo un gesto al guardia para que se acercase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Buenas, Carlos. &iquest;C&oacute;mo estamos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bien. Oye, te quer&iacute;a preguntar algo. &iquest;Conoces al jardinero nuevo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No mucho. Lleva poco aqu&iacute; y tampoco es muy hablador, hace su trabajo y se va. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Ha habido alg&uacute;n problema?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ayer lo vi dos veces parado delante de mi casa, mirando las ventanas de arriba. Estuvo bastante tiempo all&iacute; quieto, no se movi&oacute; ni cuando me asom&eacute; para que me viera. &iquest;Te ha comentado algo raro alg&uacute;n vecino?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, la verdad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Sabes si tiene alg&uacute;n problema? Me refiero a si lo han mandado de un programa de discapacidad o algo as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No tengo ni idea, lo ha contratado el administrador, como siempre. A m&iacute; me pareci&oacute; normal, pero solo he hablado un par de veces con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, hazme un favor, &eacute;chale un ojo, &iquest;vale? Date una vuelta cuando est&eacute; por aqu&iacute; a ver qu&eacute; hace.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Entonces lo vio. Al otro lado del cristal había un hombre. Estaba quieto a una distancia de unos cinco metros, mirando hacia el interior del salón</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Martes. Marta</strong></h3><p class="article-text">
        No se lo pod&iacute;a creer. Otra vez la puta nevera vac&iacute;a. Pens&oacute; en hacer la compra ella misma, no le iba a llevar m&aacute;s de media hora en la web del supermercado, pero se contuvo. No pod&iacute;a ceder. La vocecita insistente y desagradable de su cabeza le dijo que pidiese sushi de nuevo. Repiti&oacute; el pedido del d&iacute;a anterior, pero cambi&oacute; la tempura de verduras por la ensalada de algas. La tempura era lo &uacute;nico que le gustaba a Carlos, se com&iacute;a el plato entero y apenas le dejaba probarla. A ella la textura fr&iacute;a y escurridiza de las algas le hac&iacute;a pensar en las duchas de los vestuarios y en cuando se le cay&oacute; una u&ntilde;a del pie despu&eacute;s de ponerse negra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando acab&oacute; el pedido fue hasta el sal&oacute;n. Carlos se hab&iacute;a vuelto a dejar la luz encendida. Era alucinante, no pod&iacute;a ser tan imb&eacute;cil, ten&iacute;a que hacerlo aposta para cabrearla. Se acerc&oacute; a la cristalera para ver si al menos la chica le hab&iacute;a hecho caso. Por la ma&ntilde;ana le hab&iacute;a dejado claro que aquello no pod&iacute;a repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Entonces lo vio. Al otro lado del cristal hab&iacute;a un hombre. Estaba quieto a una distancia de unos cinco metros, mirando hacia el interior del sal&oacute;n. Se qued&oacute; paralizada. El coraz&oacute;n empez&oacute; a latirle con fuerza. Lo mejor era que llamase a la seguridad de la urbanizaci&oacute;n, pero era incapaz de moverse. El hombre se gir&oacute; y la vio.
    </p><p class="article-text">
        Marta no sab&iacute;a cu&aacute;nto tiempo hab&iacute;a pasado en ese estado. Quiz&aacute; solo hab&iacute;an sido unos segundos, pero hab&iacute;a tenido la sensaci&oacute;n de que se dilataban hasta convertirse en horas. El sonido chirriante de la puerta del garaje la sac&oacute; de la par&aacute;lisis. Se movi&oacute; para coger el m&oacute;vil que hab&iacute;a dejado sobre la mesa y cuando levant&oacute; la vista de nuevo el hombre se hab&iacute;a dado la vuelta y caminaba hasta la carretera que daba acceso a las casas de aquella zona de la urbanizaci&oacute;n. Se dio cuenta de que llevaba el uniforme de jardinero y se sinti&oacute; idiota, pero no se le quit&oacute; la sensaci&oacute;n extra&ntilde;a de la boca del est&oacute;mago.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Martes. Carlos</strong></h3><p class="article-text">
        Aparc&oacute; el coche y entr&oacute; en casa con desgana. Se hab&iacute;a dado una paliza en el gimnasio y no le apetec&iacute;a que Marta le montase una bronca por cualquier idiotez. Hab&iacute;a pensado decirle que ten&iacute;a trabajo, as&iacute; pod&iacute;a ponerse una peli en el despacho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Carlos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Voy a darme una ducha &ndash;grit&oacute; desde las escaleras&ndash;. Cena t&uacute;, tengo que seguir trabajando.
    </p><p class="article-text">
        Marta apareci&oacute; junto al primer pelda&ntilde;o. Pens&oacute; que no se iba a librar de la bronca, pero algo en el gesto de ella le alarm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Est&aacute;s bien?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, no s&eacute;, es una tonter&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Ha pasado algo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Seguro que no tiene importancia, pero cuando he llegado a casa he visto al jardinero mir&aacute;ndome desde el otro lado de la cristalera. Ha sido raro, estaba ah&iacute; completamente quieto.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Ha dicho algo? &iquest;Ha intentado entrar a la casa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, no, seguramente es una tonter&iacute;a, estar&iacute;a trabajando y ya est&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Escucha, no es una tonter&iacute;a. Ayer por la ma&ntilde;ana me pas&oacute; lo mismo, lo vi ah&iacute; quieto un par de veces. Estaba parado sin hacer nada, pens&eacute; que simplemente era uno de esos chicos lentos, que lo hab&iacute;an mando de alg&uacute;n programa de inserci&oacute;n social o algo as&iacute;. Pero habl&eacute; con uno de los de seguridad y me dijo que no.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Hablaste con los de seguridad?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me dijo que le echar&iacute;an un ojo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Les puedo preguntar a los vecinos de al lado, por si han visto algo. &iquest;C&oacute;mo se llama ella? &iquest;Marina? &iquest;Mar&iacute;a? Que est&eacute;n atentos ellos tambi&eacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llevaba todo el día pensando en ello. No podía sacarse a aquel hombre de la cabeza. ¿No era muy tarde para que un jardinero estuviese trabajando?</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Mi&eacute;rcoles. Marta</strong></h3><p class="article-text">
        Llevaba todo el d&iacute;a pensando en ello. No pod&iacute;a sacarse a aquel hombre de la cabeza. &iquest;No era muy tarde para que un jardinero estuviese trabajando? Deb&iacute;an de ser m&aacute;s de las ocho. &iquest;Y por qu&eacute; estaba observando el interior de la casa? &iquest;Por qu&eacute; se la hab&iacute;a quedado mirando luego a ella? No le hab&iacute;a parecido que estuviese cabreado, tampoco que la hubiese mirado con deseo, como esos babosos que se pegan a las adolescentes en el metro. Simplemente estaba all&iacute;, quieto, con gesto serio. En el momento no lo pens&oacute;, pero ahora se daba cuenta de que ten&iacute;a la barbilla alta, con una expresi&oacute;n de orgullo. S&iacute;, hab&iacute;a cierta soberbia en su gesto. Era justo eso: arrogancia. Marta se revolvi&oacute; en la silla de la oficina. Quiz&aacute; tambi&eacute;n un poco de desprecio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Por qué cojones tenía que sentirse así en su propia casa? Estaba pagando un dineral para vivir en aquel sitio porque se suponía que era seguro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras conduc&iacute;a de vuelta a casa se notaba nerviosa. La gente que iba en bici siempre la sacaba de sus casillas, pero aquel d&iacute;a la estaban desquiciando del todo. Un imb&eacute;cil le dio una patada en la puerta del copiloto por acercarse mucho a &eacute;l en una calle estrecha. La vocecita de su cabeza le dijo que lo atropellase. Fue muy insistente. En la autopista tampoco logr&oacute; tranquilizarse. Le hab&iacute;a pedido a Carlos que saliese antes del gimnasio para que la casa no estuviese vac&iacute;a cuando ella llegase, pero estaba segura de que se hab&iacute;a olvidado. Al menos estar&iacute;a la chica, le hab&iacute;a pedido cambiar el turno porque esa ma&ntilde;ana ten&iacute;a unas pruebas m&eacute;dicas. Esperaba que no fuese nada grave porque no quer&iacute;a empezar a tener que tramitar bajas y buscar sustitutas. Ya ten&iacute;a bastante en el trabajo como para tener que ocuparse de eso.
    </p><p class="article-text">
        Tom&oacute; el desv&iacute;o de la urbanizaci&oacute;n y se detuvo en la barrera hasta que el guardia la levant&oacute;. Hacia fuera la seguridad del recinto era bastante impresionante, pero dentro todo eran espacios abiertos. Las casas ni siquiera estaban separadas por vallas unas de otras, salvo el jard&iacute;n privado que ten&iacute;an en la parte de atr&aacute;s. La idea era crear comunidad, que los vecinos se conociesen y los ni&ntilde;os jugasen en la calle. Eso hab&iacute;a dicho el comercial de la inmobiliaria. A Marta le hab&iacute;a parecido buena idea, pero ahora echaba de menos una valla enorme en su jard&iacute;n delantero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de girar hacia su calle detuvo el coche de un frenazo. Junto a la puerta delantera de la casa, la chica hablaba con el jardinero. Estaba demasiado lejos para verlos bien, pero ella no llevaba el uniforme, as&iacute; que deb&iacute;a de haber acabado. Parec&iacute;a una conversaci&oacute;n amistosa, no pod&iacute;a o&iacute;r lo que dec&iacute;an pero ella sonre&iacute;a y gesticulaba como si le estuviese contando algo divertido. &iquest;Estar&iacute;an hablando de ella y de Carlos? Se est&aacute;n riendo de ti, insisti&oacute; una y otra vez la vocecilla en un tono especialmente irritante. Por eso la mirada soberbia de ayer, seguro que llevan meses ri&eacute;ndose de vosotros. Creen que sois idiotas, unos ni&ntilde;os de pap&aacute; que lo han tenido todo hecho, que nunca se hab&iacute;an esforzado por nada. O quiz&aacute; era otra cosa. Seguro que estaban hablando de la cara que se les iba a quedar cuando viesen que les hab&iacute;an robado. No ten&iacute;an demasiadas joyas ni efectivo en casa, pero para esa gente deb&iacute;a de ser mucho dinero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unos cinco minutos, echaron a andar por el camino y se despidieron con un saludo al llegar a la carretera. Ella se encamin&oacute; hacia la salida de la urbanizaci&oacute;n y &eacute;l se acerc&oacute; a su carretilla. Se qued&oacute; mir&aacute;ndolo unos instantes m&aacute;s. Ahora que pod&iacute;a verlo con m&aacute;s calma se dio cuenta de que le recordaba a alguien. Estaba segura de que hab&iacute;a visto esa nariz y ese ment&oacute;n antes. Abri&oacute; Instagram y busc&oacute; en las fotos antiguas. All&iacute; estaba.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mi&eacute;rcoles. Carlos</strong></h3><p class="article-text">
        Hab&iacute;a perdido toda la ma&ntilde;ana de trabajo. Era incapaz de concentrarse, se sent&iacute;a observado. La sensaci&oacute;n de que le estaban vigilando era cada vez m&aacute;s intensa. No paraba de levantarse para mirar por la ventana, pero no hab&iacute;a visto a nadie. &iquest;Por qu&eacute; cojones ten&iacute;a que sentirse as&iacute; en su propia casa? Estaba pagando un dineral para vivir en aquel sitio porque se supon&iacute;a que era seguro. Cogi&oacute; el m&oacute;vil y busc&oacute; el n&uacute;mero de la seguridad de la urbanizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hola, mira, soy Carlos, del n&uacute;mero quince. Creo que habl&eacute; contigo ayer, te pregunt&eacute; por el jardinero.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, le ech&eacute; un ojo cuando hice las rondas. Dej&eacute; tambi&eacute;n el aviso para los compa&ntilde;eros de los otros turnos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues no lo hicisteis muy bien, porque ayer por la tarde se lo encontr&oacute; mi mujer otra vez delante de casa. Mira, no quiero tener que ponerle una queja a tu jefe, hazme un favor, m&aacute;ndame las im&aacute;genes de las c&aacute;maras de los &uacute;ltimos d&iacute;as. Quiero ver si lo ha hecho m&aacute;s veces o si lo ha hecho en casa de otros vecinos. Env&iacute;ame los archivos a mi email cuando los tengas, te pongo la direcci&oacute;n en un mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Colg&oacute; sin darle opci&oacute;n de responder. En cuanto tuviese las im&aacute;genes pensaba llamar al administrador para que echase al jardinero. Le daba igual si el chico era retrasado, discapacitado o como co&ntilde;o se les tuviese que llamar ahora, no pensaba consentir aquello. Adem&aacute;s, &iquest;y si no era eso? Era sudamericano, &iquest;no? &iquest;Cu&aacute;ntas noticias hab&iacute;an salido sobre bandas latinas? Esa gente era peligrosa. Se puso las zapatillas de deporte y cogi&oacute; las llaves. Si los de seguridad no hac&iacute;an su trabajo tendr&iacute;a que vigilarlo &eacute;l mismo.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mi&eacute;rcoles. Marta</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando entr&oacute; en casa se encontr&oacute; a Carlos en el sal&oacute;n, mirando atentamente el port&aacute;til. Llevaba las zapatillas de deporte puestas, pero no parec&iacute;a que hubiese ido al gimnasio.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mira &ndash;le tendi&oacute; el m&oacute;vil&ndash;. Ese chico, el jardinero, es clavado a la mujer que cuidaba de tu madre. Sab&iacute;a que me recordaba a alguien y entonces ca&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La se&ntilde;ora que cuidaba a tu madre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;S&iacute;? &ndash;Carlos mir&oacute; el m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Joder, Carlos, mira la forma de la cara. Tienen que ser familia. &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os tendr&aacute; ese chico, dieciocho o veinte? Puede ser perfectamente su hijo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Su hijo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, pi&eacute;nsalo. &iquest;La mujer esa no se qued&oacute; en la calle? Despu&eacute;s de que muriera tu madre y la echarais la desahuciaron. El d&iacute;a que quedamos con ella para firmar el finiquito dijo que le iban a quitar la custodia de su hijo. &iquest;No te acuerdas que empez&oacute; a gritar por la escalera como una loca? Salieron hasta los vecinos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Le dimos lo que marcaba la ley, &iquest;qu&eacute; &iacute;bamos a hacer, regalarle el piso? Adem&aacute;s, no pod&iacute;a tener ninguna queja, la tratamos siempre como si fuese de la familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya, pero si es su hijo nos echar&aacute; la culpa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute;? Se hab&iacute;a muerto mi madre, &iquest;qu&eacute; iba a hacer yo? Mira, no s&eacute; si es su hijo, pero da igual. Ma&ntilde;ana voy a llamar al administrador para que lo eche. Nosotros no tenemos por qu&eacute; aguantar esto.
    </p><p class="article-text">
        Marta se sent&oacute; en el sof&aacute; y mir&oacute; de nuevo la foto de la mujer. Solo se la ve&iacute;a la mitad de la cara, la c&aacute;mara estaba enfocando a su suegra y ella aparec&iacute;a algo borrosa. Deb&iacute;a de estar sujetando a la anciana, que por entonces ya no se pod&iacute;a mover. Busc&oacute; m&aacute;s fotos de su suegra. La mujer aparec&iacute;a en muchas, pero nunca entera. A veces era un brazo, otras una mano, otras una pierna difuminada en el fondo. Al ver todas las fotos seguidas, la sensaci&oacute;n era desagradable. Como en una carnicer&iacute;a, dijo la vocecilla.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">–Mira –le tendió el móvil–. Ese chico, el jardinero, es clavado a la mujer que cuidaba de tu madre. Sabía que me recordaba a alguien</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Jueves. Carlos</strong></h3><p class="article-text">
        Llevaba varias horas revisando las grabaciones. Por el momento no hab&iacute;a encontrado gran cosa, el chico repet&iacute;a una y otra vez las mismas tareas. Barr&iacute;a las hojas, cortaba el c&eacute;sped, podaba los arbustos, arrancaba las malas hierbas. Pero hab&iacute;a momentos en que la imagen no se ve&iacute;a demasiado bien. Cuando se alejaba de las c&aacute;maras era dif&iacute;cil saber qu&eacute; estaba haciendo. &iquest;No se hab&iacute;a quedado parado tambi&eacute;n delante del n&uacute;mero diecisiete? Estaba seguro de que s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cerr&oacute; el port&aacute;til y se frot&oacute; los ojos. Llevaba tantas horas mirando la pantalla que empezaban a dolerle. Se ech&oacute; en el sof&aacute; del despacho, ten&iacute;a un par de horas antes de que amaneciese, despu&eacute;s llamar&iacute;a al administrador. Aquello no pod&iacute;a quedar as&iacute;. No iba a consentir que no le dejasen estar tranquilo en su propia casa. Se despert&oacute; sobresaltado unas horas m&aacute;s tarde. Baj&oacute; corriendo las escaleras. No sab&iacute;a exactamente cu&aacute;nto hab&iacute;a dormido, pero por la luz que entraba en el sal&oacute;n deb&iacute;a de estar bien entrada la ma&ntilde;ana. Recorri&oacute; la planta de abajo comprobando las puertas y las ventanas. Todas parec&iacute;an bien cerradas, pero no pod&iacute;a quitarse de encima la sensaci&oacute;n de que le estaban observando. &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;a que pasarles esto a ellos? Solo quer&iacute;an vivir tranquilos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue a la cocina a hacerse un caf&eacute;. En cuanto lo acabase iba a llamar al administrador. Se sent&oacute; en un taburete y cerr&oacute; los ojos. La cabeza le dol&iacute;a como si la tuviese llena de alfileres. Aquello ten&iacute;a que acabar. Al levantarse para buscar el m&oacute;vil oy&oacute; un ruido. Estaba seguro de que hab&iacute;a sonado en el sal&oacute;n. Corri&oacute; hacia all&iacute;. Al otro lado de la cristalera, el jardinero arrancaba las malas hierbas del parterre que separaba su casa de la del vecino. Estaba disimulando. Se le notaba. Seguro que unos segundos antes hab&iacute;a intentado abrir la cristalera. Estaba claro que se hab&iacute;a puesto a remover la tierra para disimular. Eso no pod&iacute;a quedar as&iacute;. No se lo merec&iacute;an, no hab&iacute;an hecho nada. No iba a consentir que le acosasen en su propia casa. Sali&oacute; al jard&iacute;n y se lanz&oacute; contra el chico, que estaba arrodillado de espaldas a &eacute;l. Antes de que el otro pudiera reaccionar, la cabeza le hab&iacute;a golpeado contra las piedras que delimitaban el parterre. La sangre empez&oacute; a salir mientras Carlos le segu&iacute;a pegando pu&ntilde;etazos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Lunes. Marta</h3><p class="article-text">
        El fin de semana hab&iacute;a sido muy tranquilo. La nevera volv&iacute;a a estar llena, Carlos hab&iacute;a empezado a ocuparse de la compra sin que tuviese que ped&iacute;rselo. La vocecilla de su cabeza tambi&eacute;n estaba m&aacute;s callada. Ahora solo le irritaba la gente que ten&iacute;a la cabeza muy peque&ntilde;a. Le recordaba a los adornos que colgaba la gente en el retrovisor. Le daban ganas de arrancar aquellas cabecitas diminutas y colgarlas ella tambi&eacute;n en su coche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se sent&oacute; junto a su marido en el columpio del porche. Lo hab&iacute;an comprado el fin de semana, Carlos pens&oacute; que ser&iacute;a agradable sentarse all&iacute; por la tarde ahora que los d&iacute;as empezaban a ser m&aacute;s c&aacute;lidos, como en las pel&iacute;culas. Se fij&oacute; en que ya hab&iacute;an contratado a un nuevo jardinero. Estaba al otro lado de la calle, arreglando los arbustos de hortensias. Cuando acab&oacute;, continu&oacute; con los que estaban m&aacute;s cerca de ellos. Marta le observ&oacute; fijamente unos instantes y se gir&oacute; hacia su marido:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;No crees que se parece a alguien?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Layla Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/semana-normal_129_10442255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Aug 2023 19:43:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una semana normal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Ficción,Jardinería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Beyond. Más allá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/beyond_129_10442309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2831046c-469c-4b1e-9cb4-83cd89a5690b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Beyond. Más allá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estuvo a punto de tener un ataque de risa histérica que quedó cortado de golpe cuando la voz de Carmen, la maravillosa voz de su mujer, ligera y cálida, dijo: “¿Sí?” como siempre que contestaba al teléfono, incluso cuando había leído el nombre de quien llamaba</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        El nuevo icono brillaba, azul y plata, en la superficie de su m&oacute;vil. Si hubiese parpadeado podr&iacute;a haberlo entendido como una incitaci&oacute;n, pero, as&iacute; como estaba, mudo e inm&oacute;vil, era todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil animarse a usarlo, a pesar de que era &eacute;l mismo quien hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de instalarlo all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, estaba deseando probar para poder creerse que no le hab&iacute;an mentido al prometerle... Aunque... no pod&iacute;a ser. No quer&iacute;a ni pensarlo. No era posible. Se hab&iacute;a dejado convencer porque lo necesitaba tanto, pero sab&iacute;a que no era posible. Trag&oacute; saliva. Levant&oacute; el &iacute;ndice y lo dej&oacute; planear sobre el icono. Volvi&oacute; a tragar saliva. Estaba solo en casa, como siempre desde hac&iacute;a tres meses, desde que volvi&oacute; del cementerio con los ojos destrozados de llorar y el peso en mitad del pecho que no se le hab&iacute;a quitado desde entonces, desde que Carmen no estaba.
    </p><p class="article-text">
        Aquello ten&iacute;a que ser una tomadura de pelo, un truco barato. No pod&iacute;a ser otra cosa. Al menos no hab&iacute;a costado una fortuna. Cien euros la instalaci&oacute;n. La primera vez era gratis y las dos siguientes costaban cincuenta cada una. Lo m&aacute;s probable era que ni siquiera llegara a usarlas. Trag&oacute; saliva por tercera vez. Vio en su reflejo c&oacute;mo la nuez sub&iacute;a y bajaba. Se hab&iacute;a sentado en el sof&aacute;, como en una sala de espera, y el espejo de la c&oacute;moda le devolv&iacute;a su imagen de ojos espantados y labios temblorosos y p&aacute;lidos. Ahora le habr&iacute;a hecho falta la mirada de Carmen, su mano peque&ntilde;a y fr&iacute;a sobre la de &eacute;l, su sonrisa traviesa, sus palabras. Pero de eso se trataba, &iquest;no? De sus palabras...
    </p><p class="article-text">
        Repentinamente resuelto, apoy&oacute; el &iacute;ndice sobre el icono. &ldquo;Carmen&rdquo; apareci&oacute; en letras negras sobre fondo azul. No hab&iacute;a nada m&aacute;s. No hac&iacute;a falta nada m&aacute;s. Volvi&oacute; a pulsar, se llev&oacute; el aparato a la oreja y esper&oacute; con los ojos cerrados. Sonaron cuatro pitidos, uno tras otro, con calma, como si se estuviera estableciendo una comunicaci&oacute;n con el otro extremo del universo. &iquest;Por qu&eacute; no contestaba? &iquest;No estaba en casa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estuvo a punto de tener un ataque de risa hist&eacute;rica que qued&oacute; cortado de golpe cuando la voz de Carmen, la maravillosa voz de su mujer, ligera y c&aacute;lida, dijo: &ldquo;&iquest;S&iacute;?&rdquo; como siempre que contestaba al tel&eacute;fono, incluso cuando hab&iacute;a le&iacute;do el nombre de quien llamaba. &ldquo;&iquest;S&iacute;?&rdquo;. Un mundo en una s&iacute;laba. La boca seca. El mareo. El ahogo en el pecho. Su coraz&oacute;n bombeando enloquecido, retumbando en sus sienes como un tambor de guerra. Era su voz, su entonaci&oacute;n. Era ella.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Hola! &ndash;insisti&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l hizo una inspiraci&oacute;n profunda.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Rafa? Rafa, &iquest;eres t&uacute;? &ndash;volvi&oacute; a insistir la voz de su mujer.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Carmen? &ndash;consigui&oacute; decir. Su voz son&oacute; temblorosa, d&eacute;bil, como la de un anciano.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, tonto, &iquest;qu&eacute; esperabas? &iquest;Que fuera otra? &ndash;Su risa clara. Casi hab&iacute;a olvidado c&oacute;mo sonaba su risa.
    </p><p class="article-text">
        Era tan real, era tan ella que sinti&oacute; la alegr&iacute;a inund&aacute;ndolo como una droga que le estuvieran inyectando en vena. Se puso de pie y empez&oacute; a caminar arriba y abajo del sal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cu&eacute;ntame, cari &ndash;sigui&oacute; ella, despreocupada&ndash;, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s? Hace meses que no me entero de nada. &iquest;Sali&oacute; por fin lo de Jos&eacute; Tom&aacute;s? &iquest;Hab&eacute;is firmado ya?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Antes de ayer. Por fin.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Ay, qu&eacute; alegr&iacute;a, Rafa! &iexcl;Cu&aacute;nto se habr&iacute;a alegrado Steve! &Eacute;l sab&iacute;a que hac&iacute;a muy bien dej&aacute;ndonos a nosotros los derechos de su obra. &iquest;Va a ser por fin una serie?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;. De gran presupuesto. Dos temporadas m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Se dio cuenta mientras hablaba de que solo ahora se alegraba de verdad. El viernes, nada m&aacute;s firmar, se hab&iacute;a marchado, pretextando un compromiso ineludible, porque no quer&iacute;a ni imaginarse brindando con aquellos hijos de puta que hab&iacute;an retrasado la firma m&aacute;s de cinco meses a&ntilde;adiendo cl&aacute;usulas y cl&aacute;usulas al contrato, que no hab&iacute;an respetado su duelo m&aacute;s que para enviarle una tarjeta de condolencias.
    </p><p class="article-text">
        Si Carmen hubiera estado con &eacute;l, s&iacute; que se habr&iacute;a quedado un rato y luego, los dos solos, se habr&iacute;an ido a celebrarlo como cuando eran j&oacute;venes: una botella, dos copas y cualquier rinc&oacute;n en un parque p&uacute;blico, o subir a la fuente del mirador, confundidos entre tantas parejas j&oacute;venes que hab&iacute;an ido a ver las luces de la ciudad. Pero Carmen ya no estaba. No estar&iacute;a nunca m&aacute;s. &Eacute;l se hab&iacute;a quedado a este lado, solo para siempre.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cari? &iquest;Sigues ah&iacute;? Tengo que irme enseguida.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;No! &ndash;casi grit&oacute;&ndash;. &iexcl;No te vayas! &iexcl;Por favor, no te vayas!
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a estado perdiendo el tiempo como un imb&eacute;cil, perdiendo los maravillosos segundos de hablar con ella.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cu&eacute;ntame de ti. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, cielo? &ndash;le pregunt&oacute; a su mujer, angustiado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bien. &iquest;No lo notas? &ndash;Una peque&ntilde;a pausa&ndash;. Te echo de menos, cari&ntilde;o. Mucho.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y yo a ti, mi amor. No sabes cu&aacute;nto.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero ahora, al menos, podemos hablar. &iquest;Volver&aacute;s a llamarme?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro. Todos los d&iacute;as. Te necesito, Carmen. No puedo vivir sin ti.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hablaremos, Rafa. Es mejor que nada, &iquest;no crees? Y puedes contarme c&oacute;mo est&aacute;s, qu&eacute; haces...
    </p><p class="article-text">
        De repente sinti&oacute; una urgencia, un ahogo, un miedo terrible de que ella colgara y &eacute;l volviera a quedarse solo a este lado de la existencia. A lo largo de casi cuarenta a&ntilde;os hab&iacute;an tomado juntos todas las decisiones de importancia tanto en la editorial como en la vida. Carmen hab&iacute;a sido siempre su otra mitad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me ayudar&aacute;s como siempre, &iquest;verdad? Hay algo que me gustar&iacute;a hablar contigo. No lo veo claro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ll&aacute;mame, me lo cuentas y seguimos hablando. Ahora tengo que irme, cari&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Ad&oacute;nde, Carmen, ad&oacute;nde?
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltimo &ldquo;ad&oacute;nde&rdquo; se sobrepuso al &ldquo;te quiero&rdquo; de Carmen, ese &ldquo;te quiero, don Rafael&rdquo; que lo dej&oacute; anonadado y se fundi&oacute; con el silencio que dej&oacute; la ausencia de la voz de su mujer.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sab&iacute;a eso. Nadie.
    </p><p class="article-text">
        Carmen solo lo llamaba &ldquo;don Rafael&rdquo; en algunos momentos tremendamente &iacute;ntimos, y siempre estaban solos. Lo hab&iacute;a inventado m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando fueron a recoger el t&iacute;tulo a la universidad y se pelaron de risa al ver que en el de &eacute;l pon&iacute;a &ldquo;Don Rafael Hidalgo Garc&iacute;a&rdquo; y en el de ella, &ldquo;Do&ntilde;a Carmen Arregui L&oacute;pez&rdquo;. Esa misma tarde, haciendo el amor en su cuarto del piso de estudiantes donde viv&iacute;a, ella lo hab&iacute;a llamado &ldquo;don Rafael&rdquo; por primera vez, un &ldquo;don Rafael&rdquo; de veinticuatro a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        De repente el tel&eacute;fono hab&iacute;a enmudecido. Silencio sideral. La voz de Carmen, viva y alegre, apenas un recuerdo. Abri&oacute; la configuraci&oacute;n. La pr&oacute;xima llamada solo podr&iacute;a ser tres d&iacute;as m&aacute;s tarde. Cincuenta euros, cinco minutos. Habr&iacute;a dado su vida por poder hablar de nuevo con ella ya mismo, pero eran solo tres d&iacute;as. Ahora que sab&iacute;a que era posible, pod&iacute;a esperar.
    </p><h3 class="article-text">II</h3><p class="article-text">
        &ndash;Se le ha ido la olla, Alba, te lo digo yo. Le han tomado el pelo de una manera incre&iacute;ble. Lleva m&aacute;s de tres meses dej&aacute;ndose timar y se est&aacute; gastando toda nuestra herencia, aparte de cargarse la editorial.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No exageres, hombre. Adem&aacute;s, &iquest;no notas lo bien que est&aacute; pap&aacute;? En los primeros meses llegu&eacute; a pensar que acabar&iacute;a suicid&aacute;ndose, pero desde que habla con mam&aacute;... &iexcl;ha mejorado tanto!
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Con mam&aacute;? No me digas que t&uacute; tambi&eacute;n te crees que habla con mam&aacute;. &iexcl;No puedes ser tan idiota, Alba! Pap&aacute; habla con una grabaci&oacute;n creada por un algoritmo, usando todo lo que mam&aacute; dej&oacute; en la red a lo largo de su vida: conversaciones telef&oacute;nicas, audios grabados para nosotros o para quien sea, entrevistas por lo del legado de la obra de Steve Hall, &oacute;rdenes a Alexa... Alguien escribe un guion, imitan su voz, formulan las frases como ella, conocen su entonaci&oacute;n seg&uacute;n la emoci&oacute;n que quieren fingir... Eso no es mam&aacute;. Mam&aacute; est&aacute; muerta.
    </p><p class="article-text">
        Alba sacudi&oacute; la cabeza en una negativa, incr&eacute;dula.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pap&aacute; dice que hay cosas que solo ella podr&iacute;a saber... &iquest;C&oacute;mo te explicas t&uacute; eso?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque todos tenemos siempre el m&oacute;vil abierto, y el sistema de alarma de la casa tiene c&aacute;mara y micr&oacute;fono. Nos escuchan, &iquest;sabes? Incluso cuando estamos en la cama, o viendo la tele, o hablando solos. Siempre. &iquest;O t&uacute; lo apagas todo cuando entras en casa?
    </p><p class="article-text">
        Alba neg&oacute; con la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, claro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues eso. Te oyen, lo graban, lo guardan... y siempre hay quien encuentra la forma de usarlo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No s&eacute;... Suena a pura paranoia, hermanito.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Paranoia? &iquest;T&uacute; crees que mam&aacute;, la nuestra, la de verdad, le habr&iacute;a aconsejado a pap&aacute; vender la editorial a Global Press? No lo sab&iacute;as, &iquest;verdad?
    </p><p class="article-text">
        Alba se qued&oacute; mirando a su hermano, p&aacute;lida de golpe.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Vender? &iquest;A Global Press?
    </p><p class="article-text">
        Salvador asinti&oacute; con la cabeza, sin hablar, casi disfrutando del estupor de Alba.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me lo dijo ayer por la tarde. &Eacute;l se jubilar&aacute; y yo seguir&eacute; al frente de la editorial, que ahora pasar&aacute; a ser un sello de GP. Seg&uacute;n pap&aacute;, es lo m&aacute;s sensato. Ya est&aacute; bien de luchar contra gigantes con nuestra modesta editorial. Es mucho m&aacute;s inteligente unirse a ellos. Y &ldquo;mam&aacute;&rdquo; &ndash;se oyeron perfectamente las comillas&ndash; est&aacute; de acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero... pero si desde que firm&oacute; para la serie sobre la obra de Steve Hall tiene m&aacute;s dinero que nunca. Podemos seguir siendo independientes casi hasta que te jubiles t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues eso. He estado investigando, &iquest;sabes? De hecho, he contratado a una agencia para que investiguen y lleguen a donde nosotros no podemos llegar. &lsquo;Beyond&rsquo;, la empresa que ha creado la aplicaci&oacute;n para hablar con los muertos, forma parte de Global Press. &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ahora paranoico?
    </p><p class="article-text">
        Alba se qued&oacute; r&iacute;gida, mirando a su hermano.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Sabes lo que paga ahora pap&aacute; por cada conversaci&oacute;n? Quinientos euros. Y subiendo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hablar&eacute; con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No conseguir&aacute;s nada. Ha llegado a un punto en que dar&iacute;a su vida por seguir hablando con ella, por poder pedirle consejo, por o&iacute;rla decir lo que &eacute;l quiere o&iacute;r... Por o&iacute;rla decirle que lo quiere, que lo sigue queriendo...
    </p><p class="article-text">
        Hubo un largo silencio entre los hermanos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo tambi&eacute;n dar&iacute;a mucho por poder hablar con ella otra vez, Salva. Llevo meses luchando contra la tentaci&oacute;n, pero no tenemos bastante dinero. Mam&aacute;... &ndash;se le rompi&oacute; la voz y sus ojos se llenaron de l&aacute;grimas&ndash;. Yo necesito a mam&aacute;. Ya sabes que est&aacute;bamos muy unidas, que nos llam&aacute;bamos casi todos los d&iacute;as...
    </p><p class="article-text">
        Salvador la atrajo hacia s&iacute; y la abraz&oacute; fuerte.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo tambi&eacute;n la extra&ntilde;o, Alba, pero hay que aceptar que ya no est&aacute;, que no estar&aacute; nunca m&aacute;s, pero que sigue viva en nuestro recuerdo, en nuestro coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La primera vez es gratis... &ndash;dijo ella con un hilo de voz&ndash;. A lo mejor pruebo...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, Alba, no lo hagas, por favor.
    </p><p class="article-text">
        Ella se separ&oacute; suavemente de su hermano, sac&oacute; un pa&ntilde;uelo de papel del bolso y se limpi&oacute; los ojos con cuidado de no correrse el maquillaje.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hablar&eacute; con pap&aacute;, te lo prometo. Pero es que... &iexcl;la echo tanto de menos! &iexcl;Tanto! Y ella siempre nos manda besos y abrazos cuando hablan... Me gustar&iacute;a decirle que estoy embarazada, que va a tener una nieta...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;D&iacute;selo. Puedes hablar con ella en tu cabeza, o ir a su tumba a dec&iacute;rselo. Si quieres te acompa&ntilde;o cuando t&uacute; me digas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tengo que irme, Salva. Te llamar&eacute;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">III</h3><p class="article-text">
        &ndash;Se&ntilde;oras, caballeros, a pesar de que esta reuni&oacute;n tiene otros fines, como bien saben, no quer&iacute;a desaprovechar la oportunidad de felicitarlos por lo que han conseguido hasta la fecha. &lsquo;Beyond&rsquo; se ha posicionado en lo m&aacute;s alto de la escala gracias a ustedes y he tomado la decisi&oacute;n de que, para fin de a&ntilde;o, recibir&aacute;n una bonificaci&oacute;n especial como muestra de mi agradecimiento personal y el de la empresa y sus accionistas.
    </p><p class="article-text">
        Sonaron aplausos y los asistentes se miraron unos a otros con los ojos brillantes de alegr&iacute;a. El CEO alz&oacute; las manos para acallar los comentarios antes de continuar.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero no podemos dormirnos en los laureles. Han tenido ustedes casi dos d&iacute;as para reflexionar sobre c&oacute;mo podemos mejorar nuestra &lsquo;performance&rsquo; y aumentar nuestro volumen de negocio. De momento nuestra oferta llega, sobre todo, a las clases privilegiadas. Ahora tenemos que buscar la forma de llegar literalmente a todo el mundo, por un lado y, por otro, la forma de fidelizar a nuestros clientes y no solo fidelizarlos, sino ofrecerles algo m&aacute;s por lo que est&eacute;n dispuestos a comprometerse econ&oacute;micamente. Estoy seguro de que no me defraudar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una persona llamada Kiran, que no resultaba ni masculina ni femenina a simple vista, levant&oacute; la mano y tom&oacute; la palabra.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Para las clases de menor poder adquisitivo una soluci&oacute;n ser&iacute;a que, en lugar de tener que pagar m&aacute;s despu&eacute;s de la tercera llamada, les mantuvi&eacute;ramos el precio, pero, antes de cada conversaci&oacute;n, tendr&iacute;an que darnos los datos de otra persona que podr&iacute;a desear nuestros servicios y a la que no hemos podido acceder. Hay gente que encuentra repugnante la idea de &lsquo;Beyond&rsquo; y jam&aacute;s entrar&iacute;a en contacto con nosotros, pero si hemos sido recomendados por un amigo y uno de nuestros agentes entrenados llama directamente y les ofrece una prueba... quiz&aacute;...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Los datos de tres personas &ndash;a&ntilde;adi&oacute; un hombre joven que acababa de levantarse a servirse un t&eacute;&ndash;. Que el precio sea una sola persona lo encuentro demasiado barato.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Esa llamada, en lugar de que la haga un agente... &ndash;complet&oacute; una mujer de mediana edad&ndash;. A ver... Estoy hablando mientras pienso... Si llama directamente la persona fallecida... as&iacute;, por sorpresa, sin que se lo espere el que contesta al tel&eacute;fono... En cuanto reconozca la voz, &iquest;qui&eacute;n se negar&iacute;a a escuchar un minuto lo que le dice la persona amada? Yo creo que, una vez se convenzan de que es posible... se enganchar&aacute;n sin poder evitarlo. Al menos el noventa por ciento.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Suena bien &ndash;concedi&oacute; un colega, mientras el CEO cabeceaba su aprobaci&oacute;n y se apresuraba a preguntar:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Compensar&iacute;a crear la simulaci&oacute;n para una simple prueba?
    </p><p class="article-text">
        Los presentes asintieron cada uno por su lado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y para los otros, para los ya clientes convencidos... &ndash;Otra persona se puso en pie, con una leve sonrisa jugando en sus labios. Los otros cinco se inclinaron sobre la mesa, atentos. Quien hab&iacute;a tomado la palabra era la jefa del equipo t&eacute;cnico.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estamos a punto ya de poder ofrecer la posibilidad de que las llamadas sean no solo de voz &ndash;sonri&oacute; misteriosamente.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Videollamadas con el m&aacute;s all&aacute;? &ndash;pregunt&oacute; el CEO, maravillado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por algo nos llamamos &lsquo;Beyond&rsquo;, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Alta calidad?
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica neg&oacute; con la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A&uacute;n no. O no del todo. Todav&iacute;a no hemos conseguido quitarle a la imagen ese algo de... no s&eacute;... de falso, de avatar, de dibujos animados. Pero lo conseguiremos. Y, mientras tanto, haremos unas im&aacute;genes oscurecidas, neblinosas... que solo puedan verse durante la noche, sin iluminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una de las mujeres presentes se ech&oacute; a re&iacute;r, entusiasmada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Como las antiguas sesiones espiritistas &ndash;dijo cuando pudo hablar&ndash;. Humo y espejos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Exactamente, Fiona, humo y espejos. Lo importante en las personas, como supongo que sab&eacute;is, no son los rasgos precisos, sino los movimientos, los gestos, el modo de inclinar la cabeza, de levantar una ceja, de apretar los labios... Lo justo para que se les pueda reconocer, aunque a&uacute;n no hayan dicho nada. Como cuando buscas a un amigo en una calle muy concurrida o en un acto p&uacute;blico y lo identificas incluso de lejos por su forma de moverse, aunque no haya mucha luz.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo ideal ser&iacute;a que esas im&aacute;genes no pudieran ser vistas en compa&ntilde;&iacute;a. Publicitarlas... no s&eacute;... &lsquo;For your eyes only&rsquo;, &iquest;me explico? Para que un padre y dos hijos juntos, por ejemplo, no puedan ver la imagen de la esposa y madre y comparen recuerdos e impresiones, &iquest;me segu&iacute;s? Quiz&aacute; con un visor, con unas gafas intransferibles...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tal vez podr&iacute;amos llegar a un acuerdo con una empresa concreta de telefon&iacute;a, de modo que esas llamadas solo puedan hacerse desde m&oacute;viles de esa empresa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Gran idea.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;O incluso con un modelo concreto &ndash;complet&oacute; otro de los asistentes&ndash;. Solo con uno de los dos o tres modelos de alta gama.
    </p><p class="article-text">
        A medida que avanzaba la reuni&oacute;n, que hab&iacute;a sido convocada para media hora, el entusiasmo aumentaba, el deseo de desarrollar m&aacute;s ideas, m&aacute;s proyectos, para que los especialistas de la empresa pudieran posicionar a &lsquo;Beyond&rsquo; a&uacute;n mejor en el mercado partiendo de sus sugerencias y de la realizaci&oacute;n del equipo t&eacute;cnico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era un placer trabajar para una compa&ntilde;&iacute;a tan poderosa, poder contribuir al progreso de la sociedad, dar a sus clientes lo que hasta ese mismo momento no hab&iacute;a sido m&aacute;s que un sue&ntilde;o imposible. Era la perfecta combinaci&oacute;n de servicio a la humanidad y alto rendimiento econ&oacute;mico.
    </p><h3 class="article-text">IV</h3><p class="article-text">
        Melania los vio salir de la reuni&oacute;n con una punzada de envidia. Su propio trabajo no le disgustaba, pero le habr&iacute;a gustado m&aacute;s estar all&iacute;, que contaran con ella para desarrollar ideas cruciales para la empresa. Quiz&aacute; alguna vez uno de sus guiones llamara la atenci&oacute;n de los jefes y eso le sirviera de trampol&iacute;n para llegar a un puesto m&aacute;s alto.
    </p><p class="article-text">
        Suspir&oacute;. Le quedaba a&uacute;n hora y media para salir, de modo que pod&iacute;a empezar a plantearse el siguiente caso. Abri&oacute; el informe que le hab&iacute;an pasado sobre uno de los nuevos clientes: mujer, europea, setenta y ocho a&ntilde;os, nivel econ&oacute;mico cuatro &ndash;no lo que se pod&iacute;a llamar realmente rica, pero nada despreciable&ndash;, viuda, quer&iacute;a hablar con su marido, que siempre hab&iacute;a llevado los negocios familiares, propietaria de cinco objetos inmobiliarios, especialmente de uno que podr&iacute;a resultar de gran inter&eacute;s a un grupo de banca que estaba expandiendo su sede central. Estudi&oacute; el perfil psicol&oacute;gico de la cliente. Desconfiada, m&aacute;s bien gru&ntilde;ona, suspicaz, sin hijos vivos. Ser&iacute;an necesarias varias conversaciones y mucho, pero mucho tacto en el guion, sobre todo porque el difunto marido era del mismo corte y no era plan que ahora, de pronto, cambiara de estilo y de opiniones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; a suspirar y se puso a la faena. Como le suced&iacute;a algunas veces, se le pas&oacute; por la cabeza que quiz&aacute; no fuera totalmente &eacute;tico lo que estaba haciendo, pero ahuyent&oacute; los pensamientos con rapidez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De algo hab&iacute;a que vivir y, al fin y al cabo, nadie obligaba a ning&uacute;n cliente a hablar con sus muertos, ni, mucho menos, a seguir sus consejos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/beyond_129_10442309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Aug 2023 20:22:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Beyond. Más allá]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Duelo,Ficción,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La confesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/confesion_129_10442395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba184397-a32a-4d29-9fdf-41acb434b310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La confesión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que cambiar de estrategia. No somos inocentes: somos culpables. Culpables irredentos. Queremos pagar, queremos castigo. Hemos comprendido que lo merecemos. Solo así algunos comenzaremos a parecer inocentes</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        El Tres abri&oacute; la puerta, arrug&oacute; el hocico como si estuviera buscando un rastro en el aire, y dijo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tienes que ver al Cajero.
    </p><p class="article-text">
        Luego, cerr&oacute; la puerta y se qued&oacute; de pie apoyando las manos en el respaldo de la silla de visitas. Su cuerpo informaba de que ten&iacute;a prisa y esa prisa enseguida entr&oacute; en contradicci&oacute;n con el espeso motivo de su presencia.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tienes que convencerle de que muestre arrepentimiento. Un arrepentimiento denso, potente. Nada de justificaciones y mucho menos de protestas de inocencia &ndash;el Tres mide casi dos metros y desde su altura y su voz cavernosa todo lo que sale por su boca parece tener sentido&ndash;. El Partido y la gente ya se han cansado de eso. Esto es una epidemia. Hay que cambiar de estrategia. No somos inocentes: somos culpables. Culpables irredentos. Queremos pagar, queremos castigo. Hemos comprendido que lo merecemos. Solo as&iacute; algunos comenzaremos a parecer inocentes.
    </p><p class="article-text">
        Por la ventana entraba uno de esos rayos de luz que cortan la habitaci&oacute;n como un cuchillo dividi&eacute;ndola en otras dos, una real y otra delirante. Yo jurar&iacute;a que estaba sentado en la real.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A ver si lo entiendo &ndash;intervine&ndash;. Quieres que el Cajero haga acto de contrici&oacute;n ante las c&aacute;maras y que sea convincente. Y que yo me encargue de la misi&oacute;n de que &eacute;l lo entienda y lo haga. &iquest;Es eso m&aacute;s o menos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Correcto &ndash;dijo con una mueca satisfecha e iniciando ya la media vuelta hacia la puerta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Perdona que te robe un momento &ndash;dije&ndash;. Solo dos cosas. Una: el Cajero es un bicho muy malo y por lo que yo s&eacute; bastante mo&ntilde;as. &iquest;Qu&eacute; te hace pensar que va a sufrir una transformaci&oacute;n semejante? Y eso me lleva a la segunda cuesti&oacute;n: &iquest;hay alguna raz&oacute;n para que hayas pensado que soy la persona adecuada? &iquest;No ser&iacute;a mejor un entrenador de actores o, ya puestos, y si queremos eficacia de verdad, pegarle un tiro y meterle en el bolsillo una nota de suicidio?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo conseguir&aacute;s, no lo dudes.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Supongo que el resto de candidatos en que hab&iacute;as pensado se han negado. &iquest;Por qu&eacute; crees que puedo conseguirlo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque eres cre&iacute;ble. El Cajero se rendir&aacute; a tus encantos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Llevo en la Comisi&oacute;n de Actos Conmemorativos veinte a&ntilde;os. No me conoce ni el Tato. No soy ni cre&iacute;ble ni incre&iacute;ble, simplemente no existo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;De eso se trata. Eres cre&iacute;ble, porque nadie ha tenido que creer en ti antes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya veo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Adem&aacute;s no me cabe duda de que quieres continuar hasta la jubilaci&oacute;n en esta comisi&oacute;n...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;... creciendo en credibilidad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eres bueno leyendo el pensamiento &ndash;y se march&oacute; como si estuviera llegando tarde a desayunar.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de comer me fui dando un paseo hasta La Regata, donde hab&iacute;a quedado con Passepartout y con Vers&iacute;culo, buena gente, de mi nivel y proyecci&oacute;n. Por el camino, no par&eacute; de darle vueltas al encargo. En realidad, no hab&iacute;a parado en toda la ma&ntilde;ana. Era de una rareza extraordinaria, tanto por el contenido l&oacute;gico como por la posibilidad pr&aacute;ctica. Quer&iacute;an que un tipo que hab&iacute;a hecho de su capa un sayo con la Concejal&iacute;a de Vivienda del famoso y podrido pueblo de la sierra Norte &ndash;y de quien pod&iacute;a decirse que no hab&iacute;a dejado delito sin cometer&ndash; abriera su coraz&oacute;n y confesara sinceramente conmovido sus desfalcos, prevaricaciones, cohechos y fraudes. Luego, estaba el tema de que el Partido saldr&iacute;a de todo esto con un ba&ntilde;o de inocencia.
    </p><p class="article-text">
        Entre centolla y centolla &ndash;por cierto, hay que probar el Saint-&Eacute;milion blanco cuv&eacute;e de 2020, con un toque de barrica y lev&iacute;sima aguja&ndash; se lo cont&eacute; a los camaradas, que se quedaron at&oacute;nitos, aunque no por eso soltaron las tenacillas ni se les cay&oacute; el babero.
    </p><p class="article-text">
        Passepartout, un experto en obedecer &oacute;rdenes, incluso en descifrarlas, pues estaba al cargo de la Fundaci&oacute;n que presid&iacute;a con orgullo y prestigio el Uno, ser contradictorio e impulsivo, aparte de proactivo, opin&oacute; que siguiera la corriente a la idea y que si era posible la enriqueciese con algo de mi cosecha, para que se apreciara mi inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Las &oacute;rdenes sin sentido son las que engrasan la maquinaria de las organizaciones. Planes demasiado concretos, objetivos plausibles, movimientos coherentes acaban por da&ntilde;ar el dinamismo del conjunto. El rigor es ajeno a la vida. El &uacute;nico rigor que existe es el mortis &ndash;remat&oacute;, chupando desesperadamente una pata de crust&aacute;ceo.
    </p><p class="article-text">
        Vers&iacute;culo, que desde su atalaya en la subdirecci&oacute;n de la revista del Partido dec&iacute;a haber asistido a guerras solapadas y venganzas intertextuales a trav&eacute;s de los paneg&iacute;ricos que publicaba mensualmente, me advirti&oacute; con seriedad:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Alguien quiere algo. Alguien de muy arriba quiere algo. Lo que pasa es que no sabemos qu&eacute;. Es lo malo. &iquest;Lo sabremos alg&uacute;n d&iacute;a? &lsquo;Chi lo sa&rsquo;. Permanece alerta y estudia los peque&ntilde;os gestos. Todo tiene un significado. Claro que tampoco sabemos cu&aacute;l es. Alg&uacute;n d&iacute;a, qui&eacute;n sabe... Vigila, Cardh&uacute;. Nada justifica el que estemos distra&iacute;dos. No, el hombre de Partido es un hombre alerta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Y la mujer! &ndash;protest&oacute; sobresaltado Passepartout, al que los deslices pol&iacute;ticamente incorrectos le hab&iacute;an dado m&aacute;s de un disgusto.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Y la mujer, co&ntilde;o, claro! &ndash;asinti&oacute; Vers&iacute;culo con el entusiasmo que se desprende de querer tapar a toda costa una metedura de pata.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alguien quiere algo. Alguien de muy arriba quiere algo. Lo que pasa es que no sabemos qué. Es lo malo. ¿Lo sabremos algún día? ‘Chi lo sa’</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Llegu&eacute; a casa a las siete de la tarde, con la sensaci&oacute;n de haberme pasado con el Saint-&Eacute;milion &ndash;al final, cayeron tres botellas&ndash; y con la tropa de chupitos de hierbas que llegaron a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Milagro: mi mujer estaba all&iacute;. Hac&iacute;a tres o cuatro d&iacute;as que no la ve&iacute;a. Quiz&aacute; fueran menos. O m&aacute;s. Es cirujana pl&aacute;stica y la llaman mucho para congresos y para operar en otros sitios, incluso en el extranjero. Ella form&oacute; parte del equipo que trat&oacute; las nalgas de la Kardashian, que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la ciencia quir&uacute;rgica y en nuestra percepci&oacute;n del culo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se hab&iacute;an dejado caer por all&iacute; mis dos hijos veintea&ntilde;eros, que andaban enzarzados en una discusi&oacute;n sobre el futuro de las inversiones en criptomoneda. Uno estudia Empresariales y el otro Econ&oacute;micas, y est&aacute;n haciendo su m&aacute;ster en ESADE. Esas discusiones son frecuentes y a menudo da la impresi&oacute;n de que se van a matar, pues parece que se est&aacute;n jugando un prestigio profesional que todav&iacute;a no tienen. Creo que ahora, en vez de conocimientos y especialidades te&oacute;ricas, en los m&aacute;steres les ense&ntilde;an a devorarse como cangrejos en una nasa.
    </p><p class="article-text">
        Mientras ellos discut&iacute;an &ndash;y en esas discusiones es mejor no entrar ni mostrar preferencias&ndash;, mi mujer y yo nos servimos dos copas de vino blanco y salimos a la terraza, desde la que se puede contemplar, a menos de cincuenta metros, el estadio Santiago Bernab&eacute;u, templo.
    </p><p class="article-text">
        Una brisa primaveral, yo dir&iacute;a que con olor a jacinto, nos abanicaba dulcemente. No estaba yo muy seguro de seguir d&aacute;ndole al blanco, pero el cuerpo me estaba pidiendo resucitar o morir. Por lo dem&aacute;s, ten&iacute;a ganas de hablar con ella, aunque &uacute;ltimamente nuestras conversaciones no flu&iacute;an con naturalidad. A mis preguntas sobre su vida ella respond&iacute;a con t&oacute;picos y bagatelas, y nunca hab&iacute;a contrapartida. Mi vida en la pol&iacute;tica no parec&iacute;a interesarle mucho. Al principio, cuando a&uacute;n ten&iacute;a opciones de pillar el ascensor, era distinto. Pero los a&ntilde;os se hab&iacute;an encargado de ir bajando el tel&oacute;n sobre la funci&oacute;n. Y sobre el tel&oacute;n, el polvo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi mujer y yo nos servimos dos copas de vino blanco y salimos a la terraza, desde la que se puede contemplar [...] el estadio Santiago Bernabéu, templo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me segu&iacute;a gustando, la melena rubia a&uacute;n no hab&iacute;a encanecido, su ment&oacute;n vikingo se hab&iacute;a suavizado y la frialdad de los ojos grises hab&iacute;a cambiado con la edad a un rictus de compasi&oacute;n cansada, como si todo le importara mucho y nada al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Decid&iacute;, pues, hablar en primer lugar de m&iacute; y del asunto que me torturaba y que, por aburrida que estuviera, despertar&iacute;a al menos una puntita de su curiosidad. Aparte, era una mujer pr&aacute;ctica, buena consejera en estrategias que afectaban a la familia y una buena cirujana de papadas y de dilemas.
    </p><p class="article-text">
        Le cont&eacute; todo lo que sab&iacute;a y tambi&eacute;n las opiniones de mis dos colegas. Not&eacute; que cuantas m&aacute;s veces contaba la historia, m&aacute;s irreal se volv&iacute;a. As&iacute; que solo hab&iacute;a dos respuestas a eso: o todo era mucho m&aacute;s simple de lo que yo sospechaba o todo era todav&iacute;a m&aacute;s retorcido de lo que yo imaginar&iacute;a nunca.
    </p><p class="article-text">
        Mi mujer se tom&oacute; tanto tiempo en contestar que tem&iacute; que no hubiera querido escucharme o que se le hubiera ido el santo al cielo con sus propios asuntos. &Uacute;ltimamente, cualquiera de esas posibilidades me cruzaba a menudo por la mente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero finalmente lo que dijo pareci&oacute; meditado. Y prudente.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No te has preguntado por lo que quieres t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por lo que quiero yo? No sab&iacute;a que tuviera que querer nada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Si alguien viene a la consulta para intentar arreglarse la nariz, yo tengo que saber qu&eacute; nariz quiere.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Te sigo con dificultad. Con agradecimiento, pero con dificultad.
    </p><p class="article-text">
        Resopl&oacute; y se sirvi&oacute; otra copa. Luego, me mir&oacute; fijamente, como si buscase en mi cara algo que antes no estaba all&iacute;. La trasparencia verde de un marciano, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo que quiero decir es que tienes que saber lo que quieres hacer t&uacute; con ese encargo, dentro de lo posible. Por ejemplo, hacer el parip&eacute; y acabar pronto, pasando de la misi&oacute;n, que no parece muy sensata, por cierto. O sacar informaci&oacute;n de alg&uacute;n tipo, con la que despu&eacute;s puedas negociar algo. O entregarte en cuerpo y alma a conseguir la confesi&oacute;n sincera que te piden, hasta que se agoten las fuerzas. Las dos primeras opciones significan mentir y la tercera ofrecerte en holocausto. Y probablemente todas las que se nos pudieran ocurrir se dividan en dos: o mentira o inmolaci&oacute;n. &iquest;No es as&iacute; la pol&iacute;tica de estos tiempos?
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; pensando un rato, a pesar de que sus ojos me segu&iacute;an con hambre de fiera.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que lo que quiero es que me dejen en paz &ndash;dije, al fin.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No hay dinero en este mundo para pagar ese lujo. Y en un partido, ni aunque tuvieras ese dinero. Se supone que la gente os met&eacute;is ah&iacute; para estar con alguien, haceros un poco de da&ntilde;o y volver a casa a contarle a alguien que est&aacute;is salvando el pa&iacute;s. Sois sadomasoquistas que subliman el dolor con la fantas&iacute;a del bien com&uacute;n. Deber&iacute;as preguntarte a qui&eacute;n puedes hacer da&ntilde;o con este asunto del Cajero. O qui&eacute;n te lo puede hacer a ti. Me temo que todo va de eso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">–Creo que lo que quiero es que me dejen en paz –dije, al fin.
–No hay dinero en este mundo para pagar ese lujo
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cenamos los cuatro. La chica filipina era nueva. De hecho, no nos duraban m&aacute;s de dos meses. Mi mujer me dijo el nombre y acto seguido lo olvid&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Observ&eacute; a los criptofinancieros, que hab&iacute;an bajado el tono de la discusi&oacute;n y comenzado una nueva que, al parecer, solo les interesaba en tanto propiciaba la desavenencia. Tomamos un borsch fr&iacute;o y, luego, lubina del mercado de Chamart&iacute;n. A mitad de la lubina, sent&iacute; como si girase en redondo en una especie de tiovivo y la filipina, mi mujer y mis hijos estuvieran hablando en un idioma extra&ntilde;o, tagalo, quiz&aacute;. &iquest;Un ataque de ansiedad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trat&eacute; de controlarme con el ejercicio respiratorio que me hab&iacute;an ense&ntilde;ado en aquel cursillo de chi kung en Aravaca, que organiz&oacute; por una apuesta el Club de Fumadores. Lo consegu&iacute; a medias. Ahora, mi mujer y mis hijos hablaban en un idioma comprensible, pero sus caras me parec&iacute;an extra&ntilde;as y conocidas a la vez, pero ajenas a mi vida.
    </p><p class="article-text">
        Me levant&eacute; de la mesa y estuve vomitando un rato. Era evidente que la comida y el vino blanco hab&iacute;an hecho su em&eacute;tico trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Me acost&eacute; con un vago y sorprendente sentimiento de culpabilidad. Lo achaqu&eacute; a los excesos en la ingesta. La culpa es siempre un exceso de algo. Por la ma&ntilde;ana, seguro que ya se me habr&iacute;a pasado. La venganza del malvado Saint-&Eacute;milion.
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente no hubo atisbo de resaca, pero los malos sentimientos no me hab&iacute;an abandonado. Hab&iacute;a un pecado que se coc&iacute;a en alg&uacute;n sitio de mi interior, pero no terminaba de identificarlo. Si es que era un pecado y no un golondrino en el alma.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me acosté con un vago y sorprendente sentimiento de culpabilidad. Lo achaqué a los excesos en la ingesta. La culpa es siempre un exceso de algo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando llegu&eacute; a la oficina, el Tres se apareci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Lo tienes todo preparado? &ndash;dijo, asomando por la puerta entreabierta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; es todo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Te he pillado un reservado en el Doble H&eacute;lice, &lsquo;nouvelle cuisine&rsquo;, hidr&oacute;geno a granel y tal. Algo fino y vanguardista, que vea que estamos cambiando de etapa. Sin compa&ntilde;&iacute;a. Le he dicho que hablar&iacute;as en nombre de todos y que eras una persona intachable y justa. Que le entender&iacute;as mejor que nadie. Lo que queremos es un trato ventajoso para todos. &Eacute;l ser&aacute; el primero en beneficiarse.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Me lo est&aacute;s diciendo a m&iacute; o es lo que le dijiste a &eacute;l?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Qu&eacute; m&aacute;s da. No me falles &ndash;y me apunt&oacute; con una especie de dedo jesu&iacute;tico admonitorio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que all&iacute; estaba, en el Doble H&eacute;lice, a las dos en punto. Mi compa&ntilde;ero de mesa, una especie de tortuga ninja con perilla de chivo, cuarenta y pocos, apareci&oacute; media hora m&aacute;s tarde y ni siquiera se le pas&oacute; por la cabeza disculparse.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La verdad es que no tengo apetito. &iquest;Por qu&eacute; te han mandado a ti? No te conozco y tampoco eres un fontanero. A ti te encargan las conmemoraciones y esas cosas, &iquest;no? Dime de qu&eacute; vamos a hablar t&uacute; y yo.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto lo dijo en nuestro idioma, pero yo tuve la impresi&oacute;n de que ten&iacute;a que traducirlo. &iquest;Es que la realidad hab&iacute;a decidido romper conmigo y se escurr&iacute;a como pod&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Ya que hab&iacute;a preguntado y que por all&iacute; a&uacute;n no hab&iacute;a asomado el &lsquo;ma&icirc;tre&rsquo;, le solt&eacute; de un tir&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El Partido quiere que confieses sinceramente, que hagas un acto p&uacute;blico de contrici&oacute;n y que a la gente se le salten las l&aacute;grimas de compasi&oacute;n pura. Forma parte de la nueva estrategia del Partido. A partir de ahora, somos culpables. Las declaraciones de inocencia y las justificaciones son cosa del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Primero, se qued&oacute; mir&aacute;ndome muy serio. Tan serio como si estuviera conteniendo los esf&iacute;nteres de una embestida intestinal. Un segundo m&aacute;s tarde, estall&oacute; en una carcajada escandalosa que tuvo la virtud de que el &lsquo;ma&icirc;tre&rsquo; se dignara hacer acto de presencia.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pide lo que quieras &ndash;anunci&oacute; el Cajero, que conten&iacute;a la risa a duras penas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sopa de trufas negras y pularda en salsa de camar&oacute;n. Una botella de Vega. Para los dos &ndash;dije sin mirar al hombre del restaurante.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se march&oacute;, la tortuga movi&oacute; los labios:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; es esto? &iquest;Una versi&oacute;n 2.0 del chivo expiatorio? Ya he dicho que no voy a abrir la caja de los truenos y que los mandos y colegas pueden estar tranquilos. No se puede pedir m&aacute;s y no lo har&eacute;is. Cargar&eacute; con lo que toque y punto. Ahora bien, a los Alpes hay que dejarlos en paz.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Los Alpes? &ndash;pregunt&eacute;, desconcertado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Qué es esto? ¿Una versión 2.0 del chivo expiatorio? Ya he dicho que no voy a abrir la caja de los truenos  y que los mandos y colegas pueden estar tranquilos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El Cajero lanz&oacute; un largo suspiro, ech&oacute; un vistazo al reservado &ndash;cuatro paredes de roble con una marina y una l&aacute;mpara Biedermeier en el techo&ndash; y se volvi&oacute; hacia m&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Pero qu&eacute; es lo que me han mandado, un lech&oacute;n? &iquest;No tienes ni idea, verdad? A ver, &iquest;por qu&eacute; crees t&uacute; que se dedica el personal a la pol&iacute;tica?
    </p><p class="article-text">
        No contest&eacute;. No lo sab&iacute;a. No lo sab&iacute;a siquiera en mi caso.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, no es por el dinero. Esa es una explicaci&oacute;n para la chusma pobre, que har&iacute;a lo mismo que t&uacute;, solo que no puede.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Entonces?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nada tiene sentido, porque ni siquiera tenemos poder. Y cuanto m&aacute;s arriba, menos poder. Los que han llegado aqu&iacute; porque quer&iacute;an poder se desilusionan pronto. Es ese ej&eacute;rcito de zombis que circula por los pasillos de la sede o de los ayuntamientos, obedeciendo &oacute;rdenes o yendo a comprar sellos. O de putas, si se tercia. Fuera del Partido no tienen nada, ni familia, aunque la tengan, ni amigos, aunque se vayan a cenar de parejitas los viernes. Y dentro, tampoco. Nada de nada.
    </p><p class="article-text">
        Nos sirvieron la sopa. Estaba exquisita. Como el vino. Hac&iacute;a rato que no entend&iacute;a al Cajero. Hablaba un extra&ntilde;o idioma hecho de las mismas palabras que el nuestro. La sopa y el vino me estaban sentando de maravilla, pero mi mente estaba cada vez m&aacute;s desorientada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y entonces ves lo que hace todo el mundo: meterse lo que puede en el bolsillo. No quieren robar. Mejor dicho, quieren robar. Pero no se trata del dinero. Se trata del sentido. Roban sentido.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; el sentido? &ndash;pregunt&eacute; como si hablara con mi fil&oacute;sofo alem&aacute;n favorito, mientras se perd&iacute;a poco a poco la noci&oacute;n del lugar y del momento.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En que lo hacen todos. Es la &uacute;ltima l&iacute;nea de defensa de la cordura humana. Cuando por ti mismo no alcanzas, cuando ves que tus fuerzas o tu talento son limitados, entonces haces lo que hacen los dem&aacute;s. Y ah&iacute;, la mente descansa. Todos roban y t&uacute; robas. Est&aacute;s bien, todo parece tener un objetivo, las cosas se hacen por algo, tienen una raz&oacute;n para existir.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eres muy profundo &ndash;dije, sin comprender o sin querer comprender demasiado, al fin y al cabo me estaba hablando en alem&aacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando ves que tus fuerzas o tu talento son limitados, entonces haces lo que hacen los demás. Y ahí la mente descansa. Todos roban y tú robas
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Trajeron la pularda en su salsa de camar&oacute;n. Incre&iacute;ble. Era como dejarse arrastrar a un abismo de los sentidos. Hay abismos en los que podemos permitirnos caer. Hay abismos que tapan otros abismos. Los hay de muchas clases, pero esa pularda...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y t&uacute; por qu&eacute; entraste en pol&iacute;tica? &ndash;pregunt&oacute; ahora, cuando parec&iacute;a haber recuperado el apetito y masticaba a dos carrillos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estaba en una asociaci&oacute;n de vecinos que protestaba contra una instalaci&oacute;n de alta tensi&oacute;n el&eacute;ctrica en la zona antigua. Conseguimos pararlo. Por entonces era m&eacute;dico de familia, aunque sin vocaci&oacute;n. Me llamaron para meterme en una agrupaci&oacute;n los mismos contra los que hab&iacute;a protestado. Bueno, acept&eacute;. Ahora estoy aqu&iacute;. Menuda pularda, &iquest;eh? &iquest;Y la salsa, no dices nada?
    </p><p class="article-text">
        Dej&oacute; los cubiertos sobre el plato y el cuerpo de tortuga pareci&oacute; liberarse del caparaz&oacute;n. Junt&oacute; las manos y dijo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya s&eacute; por qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;. No te han mandado para que confiese yo, sino para que confieses t&uacute;. Yo era t&uacute; y t&uacute; eras yo. T&uacute; eres el verdaderamente culpable.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Culpable? Ah...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Culpable de no haber hecho nada con lo que ya sab&iacute;as. Yo he robado, yo he buscado el sentido. Pero t&uacute; no has hecho nada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No ten&iacute;a nada que hacer &ndash;dije, sintiendo que abr&iacute;a la puerta a una pesadilla en la que nada era lo que parec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Un m&eacute;dico sin vocaci&oacute;n, pero que al menos ten&iacute;a una manera de hacer el bien o de hacer algo por los dem&aacute;s y que acaba en la Comisi&oacute;n de Actos Conmemorativos de un partido corrupto. &iquest;Y qu&eacute; hay entremedias? &iquest;Una mujer que ya no te ama, unos hijos que van a lo suyo, unos amigos tan fracasados como t&uacute;? No, t&uacute; eres el que tiene que confesar. Y yo era el que ten&iacute;a que convencerte de ello.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de un rato ten&iacute;a el cuchillo de la pularda ensangrentado en las manos, el Cajero intentaba taparse un boquete a la altura del cuello. M&aacute;s tarde el reservado se llen&oacute; de gente. Pero no ten&iacute;a miedo, ni ansiedad. Solo quer&iacute;a confesar. Todo estaba bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Gándara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/confesion_129_10442395.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Aug 2023 19:37:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La confesión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Relato corto,Ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Danzad, danzad, malditos!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/danzad-danzad-malditos_129_10442325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a2c5100-36f5-4b12-9551-df7e6f334d54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Danzad, danzad, malditos!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es espantoso ver cómo corren todos de un lado a otro, cómo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto: director de sucursal bancaria, con despacho propio, mucho mejor que simple empleado que cuenta billetes y atiende en ventanilla. Piloto de avión antes que auxiliar de vuelo. Presentadora de televisión es preferible a operadora de cámara. Cajero de supermercado está un escalón por encima de reponedor</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        Es fabuloso, es delicioso, es tan divertido ver c&oacute;mo corren todos de un lado a otro, c&oacute;mo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto: director de sucursal bancaria, con despacho propio, mucho mejor que simple empleado que cuenta billetes y atiende en ventanilla. Piloto de avi&oacute;n antes que auxiliar de vuelo. Presentadora de televisi&oacute;n es preferible a operadora de c&aacute;mara. Cajero de supermercado est&aacute; un escal&oacute;n por encima de reponedor. Bombera o polic&iacute;a, recorrer la ciudad en un coche con sirena y que se aparten a tu paso, y no en la bicicleta de mensajer&iacute;a repartiendo paquetes urgentes. Y si no puede ser el mejor, al menos un trabajo, y para eso tambi&eacute;n hay que correr m&aacute;s que otros: la mayor&iacute;a se conformar&aacute; con contar billetes mec&aacute;nicamente, repetir las instrucciones de aterrizaje de emergencia a los pasajeros, mover la c&aacute;mara, recorrer los pasillos del s&uacute;per colocando cartones de leche, entregar env&iacute;os por toda la ciudad. Porque siempre puede ser peor: llegar el &uacute;ltimo y encontrarte que ya no quedan plazas, que tienes que esperar a que quede una vacante, volver a la oficina de empleo, a la academia para conseguir otro t&iacute;tulo con el que probar suerte en el hospital, el estudio de arquitectura, el crucero.
    </p><p class="article-text">
        Hay momentos en que todo est&aacute; en calma, cada uno en su puesto, cada una en su mostrador, despacho o consulta, felices en sus tareas. Hasta que de pronto, como si un golpe de silbato reanudase el baile, se lanzan de nuevo a las calles, con los pocos billetes del &uacute;ltimo sueldo en la mano, casi sin tiempo a quitarse uniformes y soltar herramientas, metiendo codos para adelantar. &iexcl;Danzad, danzad, malditos! Gira la rueda de la fortuna y les asigna nuevos destinos, no siempre deseados: el empleado de banco perdi&oacute; el puesto y tal vez acabe de reponedor, la mensajera asciende a directora de peri&oacute;dico, el polic&iacute;a entrega la placa y el arma y, con la misma energ&iacute;a con que antes proteg&iacute;a la ciudad, ahora cuida reci&eacute;n nacidos en la maternidad; los auxiliares de vuelo en paro acuden a la academia para conseguir otra titulaci&oacute;n que les abra nuevas puertas, quiz&aacute;s prueben suerte en el crucero, o en la pasarela de modelos. Una docena de demandantes de empleo hace cola a la puerta del supermercado esperando a que quede una plaza libre. Corren, cambian, prueban, disfrutan o se aburren, los echan o se van en busca de algo mejor. Se cruzan en las calles, se reconocen por haber coincidido en puestos anteriores, se aconsejan sobre los mejores lugares para trabajar, donde siempre hay vacantes, se enga&ntilde;an unos a otros para despejar el camino de competidores, crean alianzas para aguantar en un puesto hasta que llegue su c&oacute;mplice y lo herede.
    </p><p class="article-text">
        Al final del d&iacute;a est&aacute;n agotadas, sudorosos, de tanto correr, de tanto adelantarse y empujarse para llegar antes, de tanto trabajar y cambiar de oficio y conseguir nuevas titulaciones y aguantar colas y lograr un puesto para perderlo en seguida y vuelta a correr. Agotadas, sudorosos, pero felices, divertidos, af&oacute;nicos, comparten an&eacute;cdotas, cuentan el dinero que les queda en los bolsillos, se sientan en un bordillo, tienen hambre, tienen sue&ntilde;o, trabajar cansa, pero hacen recuento euf&oacute;rico de sus logros, sus breves e intensas vidas laborales: &iexcl;Consegu&iacute; ser presentador de televisi&oacute;n! &iexcl;Yo, profesora de autoescuela! Yo, modelo. Yo, enfermero. Reponedor. Mensajera. Polic&iacute;a. Banquero. Piloto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podemos quedarnos un poco m&aacute;s?, me pregunta Asier, que no ha tenido bastante, que no quiere que nos vayamos a casa sin antes tirarse por la barra del parque de bomberos, probar el simulador de vuelo, pasar productos por el lector de c&oacute;digos de la caja del s&uacute;per, gastarse los &uacute;ltimos billetes en el circuito de &lsquo;quads&rsquo;. &iquest;Quedarnos un poco m&aacute;s? Miro el reloj, echo cuentas, resto minutos, horas: llegar al barrio, encontrar aparcamiento tan tarde, ponerle el pijama, una pizza al microondas, conseguir que cene estando cansado, la llamada a su madre que se alargar&aacute; por contarle todo lo del d&iacute;a, le costar&aacute; dormir con la mezcla de excitaci&oacute;n y agotamiento. No podr&eacute; sentarme al ordenador antes de las doce. Toca trasnochar otra vez. Pero es su d&iacute;a, no voy a ser siempre el padre que suspende los planes por una llamada apremiante, as&iacute; que hoy concedo: venga, una vuelta m&aacute;s y nos vamos, que es tarde.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; va otra vez, lo pierdo de vista cuando gira la esquina del hospital. Voy tras &eacute;l, cruzo sin mirar y &iexcl;crash!, me atropella un descapotable. Sonr&iacute;o al conductor, disimulo el dolor en el tobillo. Un polic&iacute;a corre hacia m&iacute;, sopla con fuerza su silbato, detiene el tr&aacute;fico y me observa con expresi&oacute;n grave: &iquest;Est&aacute; bien, se&ntilde;or? &iquest;Necesita que lo llevemos al hospital? &iexcl;Me encanta c&oacute;mo se meten en el papel! Tambi&eacute;n Asier, hace un rato: hab&iacute;a que verlo recorriendo a toda velocidad los pasillos del supermercado, empujando un carrito, vestido con un peto verde, colocando paquetes de arroz y botellas de aceite con una diligencia que nunca le hemos visto en casa. Le mand&eacute; una foto a su madre: mira c&oacute;mo ha acabado nuestro ni&ntilde;o, tanto estudiar para esto, y una carita con un gui&ntilde;o. No me contest&oacute;. S&eacute; que ley&oacute; mi mensaje, la vi en l&iacute;nea, pero nada.
    </p><p class="article-text">
        Estoy bien, no tengo ning&uacute;n hueso roto, tranquilizo al peque&ntilde;o polic&iacute;a; ha sido culpa m&iacute;a por cruzar en rojo. Subo a la acera, el sem&aacute;foro es de mi altura, todo a escala infantil pero todo muy conseguido: farolas, bancos, adoquines, coches, as&iacute; como la sucursal bancaria, el hospital, el ayuntamiento o el supermercado que parece aut&eacute;ntico, el patrocinador ha reproducido con exactitud uno de sus establecimientos, frente al que hay varios padres como yo, haciendo fotos divertidas a sus peque&ntilde;os cajeros y reponedores.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Subo a la acera, el semáforo es de mi altura, todo a escala infantil pero todo muy conseguido: farolas, bancos, adoquines, coches, [...] el supermercado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo dije al principio y me reafirmo: fabuloso, delicioso, divertid&iacute;simo. &iquest;A qui&eacute;n se le ocurri&oacute; esta genialidad? En la web no dan mucha informaci&oacute;n: &ldquo;Micropolix es una ciudad infantil orientada al ocio educativo dirigida principalmente a ni&ntilde;@s de cuatro a catorce a&ntilde;os, ubicada en un recinto cubierto de 12.000 metros cuadrados... Una ciudad a escala, a la medida de vuestros hijos... Aprenden el valor del trabajo a trav&eacute;s del juego... Durante unas horas, tus hijos se convertir&aacute;n en bomberos, periodistas, arquitectos, m&eacute;dicos, reponedores y un largo etc&eacute;tera&hellip; Adult@s por un d&iacute;a...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;an hacer tambi&eacute;n un d&iacute;a para adultos. Solo adultos. En vez de ir detr&aacute;s de nuestros hijos retrat&aacute;ndolos en sus oficios, jugar nosotros tambi&eacute;n. Me imagino a m&iacute; mismo corriendo, llegando el primero al banco para coger despacho, deslizarme por la barra del parque de bomberos, pasar consulta en el hospital, y en todos los casos recibir un fajito de billetes para seguir corriendo, metiendo codos a otros adultos, llegar antes al estudio de televisi&oacute;n, al simulador de vuelo, a la academia. Dije genialidad, &iexcl;es diab&oacute;lico! &iquest;A qui&eacute;n se le ocurri&oacute; algo tan cachondo?
    </p><p class="article-text">
        Ojo, que aqu&iacute; hay tema. Un art&iacute;culo. Uno bueno. Lo veo. Un d&iacute;a en la ciudad de los ni&ntilde;os. Una cr&oacute;nica humor&iacute;stica. Contarlo desde el punto de vista de un cr&iacute;o. O mejor, un padre cansado de correr detr&aacute;s de su hijo de trabajo en trabajo. A&ntilde;adir una pizca de cr&iacute;tica social. Unas pocas citas de soci&oacute;logos, corta y pega de Wikipedia. Colocarle un buen titular, un anzuelo infalible. Algo provocador, ambiguo: &ldquo;&iexcl;Viva el trabajo infantil!&rdquo;. Clic. Clic. Clic. Ya estar&aacute; escrito, supongo. No ser&eacute; yo el primer periodista que trae a su hijo aqu&iacute; y ve que hay tema. O igual s&iacute;. Tres a&ntilde;os he tardado en venir con Asier, desde que nos lo cont&oacute; una madre del cole. No es la nuestra una profesi&oacute;n compatible con pasar el s&aacute;bado en un parque de juegos. Como ese padre que vi hace un rato, sentado en un banco de la plaza. Se hab&iacute;a tra&iacute;do el port&aacute;til y aprovechaba para trabajar mientras su ni&ntilde;o &lsquo;trabajaba&rsquo;. Todo era mentira, todo imitaci&oacute;n, cart&oacute;n piedra, decorado: la plaza, los adoquines, las farolas, las fachadas, los coches, el banco donde estaba sentado y que era tan peque&ntilde;o que parec&iacute;a en cuclillas. Todo mentira menos &eacute;l, ah&iacute; sentado, tecleando, concentrado. Yo mismo, hace unos minutos, no saqu&eacute; el port&aacute;til pero me puse a contestar correos con el m&oacute;vil, sentado en un taburete de la oficina de empleo, la oficina de empleo de juguete.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ojo, que aquí hay tema. Un artículo. Uno bueno. Lo veo. Un día en la ciudad de los niños. Una crónica humorística </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tal si lo escribo en primera persona? Siempre funcionan mejor las experiencias reales, el yo, la autenticidad mezclada con ficci&oacute;n dudosa, re&iacute;rse de uno mismo, dar pena, jugar a gonzo. Puedo contar mi propia visita. Cargando las tintas, claro, un poco de efectismo, hacer que Asier protagonice alguna situaci&oacute;n que he visto en otros ni&ntilde;os: dos que se pelearon a empujones por ser pilotos y no azafatos, y sus padres que acabaron tambi&eacute;n discutiendo entre ellos, de malas maneras, &iexcl;mi hijo lleg&oacute; primero!, &iexcl;el tuyo ya ha sido piloto antes! O aquel ni&ntilde;o que lloraba a la puerta del supermercado porque el monitor le dijo que ahora le tocaba ser cliente, ya hab&iacute;a suficientes trabajadores pero faltaban clientes, no llores, chico, ser&aacute; solo un ratito, tomas la cesta, entras, coges unos cuantos productos, pasas por caja, y cuando salgas te prometo que ser&aacute;s reponedor, pero entiende que hacen falta tambi&eacute;n clientes para que funcione el s&uacute;per, no pod&eacute;is ser todos trabajadores. O ese otro abuelo que alecciona a su nieto para que haga bien su trabajo y no se limite a hacer el parip&eacute; medio minuto, cobrar y largarse a otro puesto; el buen anciano que aprovecha el parque de juegos para transmitir una oxidada &eacute;tica del trabajo a su nieto, y hasta puedo poner en su boca algunos refranes, que siempre dan colorcito entra&ntilde;able al texto: se tarda lo mismo en hacerlo bien que mal, el trabajo bien hecho da alegr&iacute;a en el pecho, bien cena quien bien trabaja. Me puedo inventar alguna situaci&oacute;n m&aacute;s descacharrante, que no he visto pero que suena veros&iacute;mil y a&ntilde;ade un plus de denuncia: un cr&iacute;o que usa su dinero, sus billetitos de juguete, para sobornar a otros ni&ntilde;os y que le cedan su sitio en la cola del circuito de &lsquo;quads&rsquo;. Otro que subcontrata a los m&aacute;s peque&ntilde;os para que hagan su tarea. Un banquerito que aprovecha su paso por la sucursal para hacer pr&eacute;stamos a quienes solo buscan dinero f&aacute;cil para las atracciones de pago.
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo. Se me agolpan las ideas, frases enteras. Lo tengo, se escribe solo, est&aacute; ya escrito. Con este salvo la semana y, si adem&aacute;s funciona bien, que va a funcionar, me facilitar&aacute; pr&oacute;ximas colaboraciones. Puedo especializarme en parques infantiles. Una serie de art&iacute;culos de padre e hijo en distintos lugares infantiles. Pero primero hay que escribir este, as&iacute; que corro hasta la plaza, el banquito est&aacute; libre, el padre trabajador ya se march&oacute; y yo ocupo su lugar, encogido y con las rodillas altas. Saco el m&oacute;vil, tecleo deprisa, los buenos textos llegan as&iacute;, inspirados, epif&aacute;nicos, hay que atraparlos:
    </p><p class="article-text">
        Es fabuloso, es delicioso, es tan divertido ver c&oacute;mo corren todos de un lado a otro, c&oacute;mo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto: director de sucursal bancaria, con despacho propio, mucho mejor que simple empleado que...
    </p><p class="article-text">
        Puedo jugar al malentendido en los primeros p&aacute;rrafos. Que el lector crea que se trata de trabajadores de verdad, hasta que se desvela que todo es un parque infantil. &iquest;Y si cuento el atareado d&iacute;a de un ni&ntilde;o como si fuera toda una vida laboral? El mismo Asier, as&iacute; de paso lo hago protagonista, con su propio nombre, y cuando se publique se lo ense&ntilde;o y &eacute;l lo lee despacio, palabra a palabra, orgulloso de su padre que lo ha vuelto famoso, &iquest;puede mam&aacute; hacer algo similar? Contar la historia de Asier, su vida laboral en un solo d&iacute;a que vale por d&eacute;cadas: lleg&oacute; esta ma&ntilde;ana con grandes expectativas, ilusionado, como quien en efecto se asoma por primera vez al mercado de trabajo. Pas&oacute; primero por la academia, le hicieron un parip&eacute; de cursillo y lo mandaron al estudio de televisi&oacute;n. Los ni&ntilde;os mayores no le dejaron tocar c&aacute;mara, le hicieron sujetar el cartel de APLAUSOS que deb&iacute;a levantar hacia los padres que hac&iacute;amos de p&uacute;blico. Pese a la simpleza de la tarea, mantuvo el entusiasmo, y de all&iacute; corri&oacute; a otros sitios, fue probando todo, siempre breve, otros ni&ntilde;os llegaban y le quitaban el puesto apenas empezado, a veces de malas maneras, pero &eacute;l acepta que as&iacute; son las reglas, como perder el columpio en el parque, hay que ser m&aacute;s espabilado, m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s agresivo.
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a estaba cansado y algo aburrido, pens&eacute; que nos ir&iacute;amos pronto a casa. Comimos en el burger, el de verdad, y le di &aacute;nimos, le asegur&eacute; que todav&iacute;a le quedaban muchos oficios por probar, el d&iacute;a no ha hecho m&aacute;s que comenzar. Dijo que se lo estaba pasando muy bien, trabajar es genial y quer&iacute;a ser m&eacute;dico, como mam&aacute;. Un rato despu&eacute;s consigui&oacute; ser enfermero, cambi&oacute; el pa&ntilde;al a un mu&ntilde;eco en la maternidad y me pidi&oacute; que le mandase a su madre una foto con la bata blanca. A partir de ah&iacute; su carrera laboral fue cuesta abajo: de la maternidad pas&oacute; a la mensajer&iacute;a, y de ah&iacute; al supermercado, reponedor. &iquest;En qu&eacute; acabar&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Pap&aacute;, pap&aacute;!, viene corriendo hac&iacute;a m&iacute;, trae un bloc en la mano, parece contento: &iexcl;Pap&aacute;, pap&aacute;, soy como t&uacute;, m&iacute;rame! Me ense&ntilde;a el bloc y un bol&iacute;grafo en la otra mano: &iexcl;Soy periodista, como t&uacute;!
    </p><p class="article-text">
        Zas. En toda la frente. O quiz&aacute;s es el giro que necesito para mi reportaje. Mi hijo es periodista. Reportero, me precisa. En el peri&oacute;dico infantil le han pedido que salga a la calle y haga algunas preguntas, entrevistas a padres y madres sobre sus profesiones. Nos sentamos en un banco, soy su primer entrevistado. &iquest;A qu&eacute; se dedica usted? Soy periodista. &iquest;Le gusta su trabajo? Me encanta, es el mejor oficio del mundo. &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le gusta de su trabajo? Contar historias. &iquest;Qu&eacute; es lo que menos le gusta? No hay nada que no me guste, todo es bueno. &iquest;C&oacute;mo se llama su empresa? Bueno, trabajo para varios medios, soy colaborador, &lsquo;freelance&rsquo;, te lo deletreo, espera. &iquest;Y eso es bueno? Claro, es muy bueno, soy mi propio jefe, no tengo a nadie que me mande. Estoy a punto de a&ntilde;adir: no como mam&aacute;, que tiene por encima jefes de &aacute;rea, jefes de planta, directores de administraci&oacute;n, directores generales, y horarios que cumplir, &oacute;rdenes que obedecer, guardias en fin de semana, no est&aacute; siempre disponible como pap&aacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¡Papá, papá, soy como tú, mírame! Me enseña el bloc y un bolígrafo en la otra mano: ¡Soy periodista, como tú!</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo acompa&ntilde;o de vuelta a la redacci&oacute;n, por curiosidad. As&iacute; que esto es un peri&oacute;dico. Qu&eacute; cabrones. Varias mesas de oficina, una docena de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os sentados. Los m&aacute;s peque&ntilde;os escriben a mano o colorean dibujitos que luego cuelgan en un mural, noticias cotidianas, imaginarias, ingenuas, est&uacute;pidas. Los mayores usan ordenadores, hacen b&uacute;squedas en Google, manejan un sencillo programa de maquetaci&oacute;n, dise&ntilde;an una portada. La directora se mueve entre las mesas, da &oacute;rdenes, env&iacute;a reporteros a la calle. Una monitora reparte billetes a los que ya han terminado de trabajar. Imagino a otros ni&ntilde;os en sus casas, escribiendo a cualquier hora art&iacute;culos por los que recibir&aacute;n unos pocos billetitos. &iquest;As&iacute; es tu peri&oacute;dico, pap&aacute;?, me pregunta Asier con los brazos abiertos para abarcar el espacio. As&iacute; es, le digo, intento sonre&iacute;r: me siento como si estuviese en la redacci&oacute;n de &ldquo;mi peri&oacute;dico&rdquo;, &iexcl;es id&eacute;ntico! Pod&iacute;as llevarme un d&iacute;a, dice, no s&eacute; si con ganas sinceras o en respuesta a mi boca torcida. Te llev&eacute; cuando eras peque&ntilde;o, no te acuerdas. &iquest;Me llevas ma&ntilde;ana? Ma&ntilde;ana no podr&aacute; ser, pero te llevo un d&iacute;a, prometido.
    </p><p class="article-text">
        Me asomo al ventanal del peri&oacute;dico de mentira. Se ve la calle, la calle de mentira por la que corren trabajadores de mentira hacia empresas de mentira donde har&aacute;n tareas de mentira para cobrar dinero de mentira. &iquest;A qui&eacute;n se le ocurri&oacute; este disparate? &iquest;De qu&eacute; mente perversa sali&oacute;? &iquest;Es un experimento de ingenier&iacute;a social? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la puta c&aacute;mara oculta? &iquest;Se est&aacute;n riendo de nosotros? &iquest;Y encima traemos a nuestros hijos, pagamos entrada, hacemos fotos, los recomendamos a otros padres amigos?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;... Los ni&ntilde;@s se acercar&aacute;n a las normas de convivencia, valores sociales, la toma de decisiones y la gesti&oacute;n de sus propios recursos... Aprenden divirti&eacute;ndose... Se fomentan valores como la independencia y el esfuerzo, que se ver&aacute;n recompensados con recursos econ&oacute;micos que podr&aacute;n gastar en actividades de ocio...&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se ve la calle, la calle de mentira por la que corren trabajadores de mentira hacia empresas de mentira [...] ¿A quién se le ocurrió este disparate?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Asier ya se ha cansado de jugar a periodista. Cuelga en el mural su noticia. Titular: Entrevista a mi padre. &iquest;A qu&eacute; se dedica usted? Soy periodista. &iquest;Le gusta su trabajo? Me encanta, es el mejor oficio del mundo. &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le gusta de su trabajo? Contar historias. &iquest;Qu&eacute; es lo que menos le gusta? Todo es bueno. &iquest;C&oacute;mo se llama su empresa? Soy &lsquo;frilan&rsquo;, yo soy mi jefe.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Vamos a otro trabajo, pap&aacute;? A ver si ahora hay menos ni&ntilde;os en la escuela de aviaci&oacute;n, o en la cl&iacute;nica veterinaria. Ve t&uacute;, hijo, ahora te alcanzo. Me quedo un rato m&aacute;s en el peri&oacute;dico. Cu&aacute;ntos a&ntilde;os sin pisar una redacci&oacute;n. No digo que me d&eacute; nostalgia esta oficina de juguete, qu&eacute; tonter&iacute;a. Me acabo sentando en una sillita baja, al final de una larga mesa de reuniones llena de miniperiodistas que colorean con ceras. Saco el m&oacute;vil, releo el texto:
    </p><p class="article-text">
        Es fabuloso, es delicioso, es tan divertido ver c&oacute;mo corren todos de un lado a otro, c&oacute;mo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto...
    </p><p class="article-text">
        Borro todo. Veo un ordenador libre, y de dos zancadas me adelanto a un ni&ntilde;o, que me mira sorprendido, un adulto le disputa el puesto. Escribo directamente en la maqueta de peri&oacute;dico que encuentro abierta en la pantalla:
    </p><p class="article-text">
        Es espantoso, es insultante, es tan repugnante ver c&oacute;mo corren todos de un lado a otro, c&oacute;mo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto: director de sucursal bancaria, con despacho propio, mucho mejor que simple empleado que cuenta billetes y atiende en ventanilla. Piloto de avi&oacute;n antes que auxiliar de vuelo. Presentadora de televisi&oacute;n es preferible a operadora de c&aacute;mara. Cajero de supermercado est&aacute; un escal&oacute;n por encima de reponedor. Bombera o polic&iacute;a, recorrer la ciudad en un coche con sirena y que se aparten a tu paso, y no en la bicicleta de mensajer&iacute;a repartiendo paquetes urgentes. Y si no puede ser el mejor, al menos un trabajo, y para eso tambi&eacute;n hay que correr m&aacute;s que otros: la mayor&iacute;a se conformar&aacute; con contar billetes mec&aacute;nicamente, repetir las instrucciones de aterrizaje de emergencia a los pasajeros, mover la c&aacute;mara, recorrer los pasillos del s&uacute;per colocando cartones de leche, entregar env&iacute;os por toda la ciudad. Porque siempre puede ser peor: llegar el &uacute;ltimo y encontrarte que ya no quedan plazas, que tienes que esperar a que quede una vacante, volver a la oficina de empleo, a la academia para conseguir otro t&iacute;tulo con el que probar suerte en el hospital, el estudio de arquitectura, el crucero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es espantoso, es insultante, es tan repugnante ver cómo corren todos de un lado a otro, cómo se adelantan y casi se empujan por conseguir el mejor puesto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay un momento en que todo est&aacute; en calma, cada uno en su puesto, cada una en su mostrador, despacho o consulta. Hasta que de pronto se oyen gritos al fondo de la calle, y no son chillidos infantiles y graciosos, sino graves voces adultas. Vienen del edificio acristalado que acoge el peri&oacute;dico. Tras el ventanal se ve a un hombre que discute airadamente con una monitora de actividades. Sentado en una silla baja frente a un ordenador, empeque&ntilde;ecido al lado de la monitora que est&aacute; de pie. Discuten a voces, no se entiende bien lo que hablan tras el ventanal pero llega el estruendo de sus voces, otros padres se acercan por la plaza, los ni&ntilde;os han dejado de correr. Aparecen dos peque&ntilde;os polic&iacute;as, llamados por el tumulto, pero se apartan al ver llegar a un guardia de seguridad que no es un ni&ntilde;o disfrazado sino un cincuent&oacute;n corpulento. Ante su presencia, el padre alborotador accede a levantarse y sale de la redacci&oacute;n, acompa&ntilde;ado por el guardia, las madres y padres les abren pasillo, algunos hacen fotos.
    </p><p class="article-text">
        El tipo coge de la mano a un menor que debe de ser su hijo, y camino de la puerta alza mucho la voz, grita en todas direcciones, a los ni&ntilde;os, a los padres, a las fachadas del ayuntamiento o del hospital: &iexcl;Es todo mentira! &iexcl;Todo mentira!, y zarandea una farola para probar su denuncia, lo que causa un nuevo agarr&oacute;n con el guardia. &iexcl;No os cre&aacute;is nada!, sigue gritando camino de la salida, &iexcl;trabajar no es un juego! &iexcl;No es divertido! &iexcl;No podr&eacute;is elegir tan f&aacute;cilmente, no habr&aacute; para todos, y por supuesto no ganar&eacute;is todos lo mismo, el banquero igual que el mensajero, el bombero que el reponedor, el periodista que...! &iexcl;El periodista, el periodista!, grita riendo a carcajadas mientras es empujado hacia la puerta, nadie juega ya, todos pendientes de ese tipo que debe de estar alterado, un enfermo, comentan unos padres con otros, y &eacute;l les increpa tambi&eacute;n: &iexcl;Dec&iacute;dselo a vuestros hijos! &iexcl;Decidles la verdad! &iexcl;Est&aacute;is a tiempo! &iexcl;Decidles lo que les espera!
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El tipo [...] grita en todas direcciones [...]: ¡No os creáis nada!, [...] ¡trabajar no es un juego! ¡No es divertido! ¡No podréis elegir tan fácilmente!</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por fin el de seguridad, con ayuda de otro compa&ntilde;ero, consigue sacar al saboteador por una salida de emergencia. Al cerrarse, queda todo en calma por un instante. Las madres y padres comentan en voz baja, los ni&ntilde;os dudan si es el final de la jornada, nadie se mueve del sitio. Hasta que de pronto, como si un golpe de silbato reanudase el baile, se lanzan de nuevo a la calle, con los pocos billetes del &uacute;ltimo sueldo en la mano, casi sin tiempo a quitarse uniformes, metiendo codos para adelantar. &iexcl;Danzad, danzad, malditos!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/danzad-danzad-malditos_129_10442325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Aug 2023 20:06:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Danzad, danzad, malditos!]]></media:title>
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