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Luna Miguel

Escritora

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El reto viral definitivo: únete al #AliadoChallenge

Dice la periodista Lorena G. Maldonado que está harta de que le lleguen a la redacción tantos “libros de mierda” con la promesa de que son la nueva y radical aportación a la literatura feminista. Es cierto que, de un par de años a esta parte, la industria editorial ha encontrado una nueva gallina de los huevos de oro en este tipo de publicaciones. Ironiza al respecto, y con mucho acierto, la joven novelista francesa Leïla Bouherrafa, que en una escena de La dédicace retrata el escritorio de una reputada editora, repleto de títulos “empoderadores” que te enseñan, literalmente a “dibujarte la vagina”. Con un solo vistazo a esas montañas de libros de color rosa, Bouherrafa se ventila una moda ridícula, sí, pero en siguientes capítulos, su escritura llena de humor negro y conversaciones brillantes entre mujeres solitarias que habitan París nos hace entender que el desafío de la nueva literatura feminista no está en una fajilla con mensajes cuquis, ni en esas falsas y coloridas promesas que son producto de un marketing perezoso.

Con una industria favorable a escuchar mensajes hasta ahora desatendidos y menospreciados por la sociedad, y con una red de lectores dispuestos a aprender para poder guiarse en sus propias batallas, es probable que el reto se encuentre en la capacidad de autores y editores para abrir nuevos debates y alejarse de contenidos que sólo suman rumor al ruido.

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En algún momento habrá que matarlos

“Una mierda”, “asquerosa”, “muy machista”, “el personaje es lo peor”, “violenta”, “malísima”, “…pero”, “…aunque”, “…lo cierto es que la vi hasta el final”. Quien esté enganchado a las novedades de Netflix sabrá que esos comentarios se refieren al último éxito de la plataforma, You, una serie que puede resumirse en un thriller sobre la adicción a las redes sociales y a las nuevas tecnologías como tema de fondo. Para muchos medios You tiene algo de Gossip Girl y de Pretty Little Liars, y no sólo porque dos de sus personajes más importantes lo fueran también en las series fundacionales del melodrama millennial, sino porque, como ellas, también se basa en el trabajo de una escritora, y quizá por eso contenga personajes que retratan la vida del mundo editorial neoyorkino.

Para resumirlo sin hacer demasiado spoiler, You cuenta la relación enfermiza entre un sociópata que espía a las chicas en redes sociales y entre una mujer que está buscando su camino en un mundo complejo. Él es librero y ella es escritora, por lo que la relación podría parecer perfecta. Él es escéptico con las vidas convencionales y falsas que pueden crearse en la ciudad de Nueva York, y ella es una feminista bastante combativa, capaz de enfrentarse a los hombres que intentan acosarla. Él es mono, y ella es mona. Ambos inventan palabras y hasta se comparan con los Fitzgerald, ¿qué podría salir mal? Pues que para que todo sea tan supuestamente perfecto él tiene que manipularla, alejarla de todo lo que le importa y justificar constantemente las acciones que nos llevan una y otra vez a disculpar su monstruosidad. Tan disculpado queda el “psicópata” que hasta el actor que le da vida se pasa el día reaccionando en Twitter e Instagram en contra de las usuarias adolescentes que le piden que “las secuestre”, que las “maltrate”, que “las haga suyas”.

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La insensatez de decir que tu racismo es tradición

"¿Imaginan que les dieran una paliza y el que les agrede les dijera que eso no duele?". La que se hace esa pregunta es la escritora Lucía Mbomío en una columna publicada en 2017 en Afroféminas, la revista de pensamiento feminista y antirracista dirigida por Antoinette Torres, que un año más ha lanzado una campaña contra el profundo racismo de algunas de nuestras tradiciones navideñas en España.  Concretamente, Afroféminas ha creado el hashtag #alcoistopblackface y ha invitado a usuarios de Twitter a grabarse vídeos de 20 segundos explicando por qué es insultante, dañino e imprudente que en las noches de Reyes Magos los blancos se pinten la cara de negro para mantener fingir que son los pajes reales de un Baltasar cuya cara, durante años, también ha sido la de un hombre blanco embadurnado de pintura oscura.

Dicen las activistas que "parte del problema del blackface es que la gente blanca no sabe por qué es un problema. Es imposible entender por qué los negros estamos tan enfadados por su uso, a menos que uno sepa qué es lo que los negros vemos cuando los blancos se pintan la cara imitando la negritud". Y añaden: "Nada sobre la historia de lo que vuestros antepasados han hecho a las personas negras y otras personas racializadas nos sorprende como mujeres negras. Sabemos que los españoles esclavizaron, vendieron, compraron, encadenaron, colgaron, quemaron vivos, y desmembraron a cientos de miles de hombres y mujeres negros, hombres y mujeres indígenas, durante trescientos años. Sabemos que se hizo con impunidad. Sabemos que se hizo públicamente. Sabemos que el rostro negro y otras imitaciones raciales eran formas de entretenimiento para vuestros antepasados que formaban parte de un proceso deshumanizante más amplio que hacía posible la esclavitud y la postración”. Por eso, como resaltan, esta costumbre nunca podrá ser concebida en pleno 2019 como un gesto “para honrarnos u homenajearnos. NUNCA".

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Mujeres malas, calcetines sudados, mierda de reno

Querida Mamá Noel,

me gustaría decirte que este año he sido buena, pero no. Para nada. Si te soy sincera, he hecho muchas cosas que a tu querido esposo no le gustarán demasiado.

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El feminismo no necesita una Biblia

Cuando en primaria me preguntaron si creía en Dios no supe qué contestar. La profesora me miró con desdeño y en vez de darme la ficha para dibujar que todos los niños estaban coloreando, me entregó una que tuvo que recuperar de su archivador, y en la que ponía algo que entonces no entendí: "testigo de Jehová".

Después de contárselo a mis padres, jamás volví a esa clase. Ellos pidieron al director del centro que me inscribiera en algo que a mediados de los noventa, en mi colegio de Almería, no existía. Alternativa a la religión éramos el conserje, Toñín −el único y verdadero testigo de Jehová de 1ºA− y yo. Dos veces por semana nos llevaban a la biblioteca, y allí los dos niños raritos mirábamos cuentos o dibujábamos los nuestros propios en una libreta.

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Por qué deberíamos atrevernos a hablar de nuestro aborto

Uno

Como el gato se ensañaba con el sillón de lectura, decidimos trasladar parte de la sala de estar al despacho y parte del despacho a la sala de estar.

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