Luis Merlo y Eva Isanta, juntos en 'Top Chef' 20 años después de Mauri y Bea: “Abrimos puertas desde el amor, no desde el cliché”

Luis Merlo y Eva Isanta han tenido vidas paralelas. Los actores coincidieron por primera vez en un proyecto cuando apenas superaban la veintena y, desde entonces, sus caminos profesionales se han cruzado en más de una ocasión. La última ahora, en el Top Chef: Dulces y famosos que estrenó el pasado domingo RTVE y que emite su segunda entrega en La 1 este miércoles, día de la parrilla en el que el talent de repostería parece definitivamente asentarse.

Y aunque Merlo e Isanta ya han compartido también escenas en La que se avecina, comedia de Telecinco a la que se incorporó el intérprete en 2016 a partir de su novena temporada, esta será la primera vez que veamos a la dupla televisiva mostrándose real ante las cámaras. Es decir, despojados de sus personajes. Un reencuentro del todo especial, ya que llega cuando están a punto de cumplirse 20 años desde el final de Aquí no hay quien viva, serie de Antena 3 que les terminó de catapultar al estrellato y en la que daban vida a Mauri y Bea, la 'extraña pareja' de vecinos que rompieron moldes por su visibilidad LGTBIQ+.

“Abrimos una puerta desde el amor a que la gente entendiese la homosexualidad de personajes y personas. Y supuso que mucha gente diera pasos muy importantes en su vida gracias a entender a través de la ficción, contada desde el amor, no desde el arquetipo, ni desde el cliché. Eso siempre lo dice Luis y siempre lo menciono porque me parece que es precioso”, reflexiona Isanta junto a Merlo en una entrevista conjunta con verTele y otro reducido grupo de medios. Por su parte, el actor se muestra “orgulloso” de haber dejado huella con aquella ficción.

Dos décadas después, Isanta y Merlo vuelven a coincidir en Top Chef, en un registro totalmente diferente al que aseguran que accedieron “por la blancura del contexto, la temática y la narrativa del programa”: “Aquí es todo blanco y no hay ningún tipo de especulación sobre vidas privadas, ni sobre éxitos ni fracasos”, valora el madrileño, al que respalda en su visión su compañera. “Soy muy defensora de mi privacidad, y lo sigo siendo. Mostrarme yo y no a través de mis personajes, sino mostrar a Eva, siempre me da mucho miedo, mucho repraro”, admite.

En esta línea, Luis Merlo se descarta para otro tipo de programas de formato similar, como MasterChef Celebrity u otros realities: “Para determinada televisión nunca he estado disponible. Ni lo he estado ni lo estaré”, asegura. “Me inventaré otra cosa el día que mi profesión no me dé de comer, pero hay determinados lugares a los que no iría”, añade, al tiempo que elogia a Belén Esteban, su gran “descubrimiento” en las cocinas de RTVE. “La bondad y el nivel de empatía de Belén sí me han sorprendido por el personaje que ha contado”, admite, aludiendo al pasado de la tertuliana en los programas y revistas del corazón.

Sea como sea, Luis Merlo y Eva Isanta encaran esta experiencia de Top Chef dispuestos a quitarse capas ante los espectadores: “Creo que las vulnerabilidades están bien también para afrontarlas y, de repente, sentir que yo no tengo por qué traicionarme a mí misma haciendo un programa o viviendo determinadas cosas, sino que puedo aprender cosas de mí. Pues me parece un reto y por eso estoy aquí”, defiende la actriz. “Cuando nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos, yo creo que, por lo menos, lo pasamos peor”, respalda Merlo.

No sois habituales en este tipo de programas. No habíais estado en realities o talents anteriormente. ¿Por qué habéis dicho que sí a este?

Luis Merlo: Yo por la blancura del contexto, la temática que se hace y la narrativa del programa. Aquí es todo blanco y no hay ningún tipo de especulación sobre vidas privadas, ni sobre éxitos ni fracasos. Lo que hay es un interés tremendo porque te salga bien la tartaleta, o la madalena. Cosa que me tiene asombrado, porque no sabía que me iba a importar tanto este hecho. Pero realmente es así.

Eva Isanta: Esto se convierte en el centro de tu vida. [Risas]. Pues yo dije que sí porque me gusta probar cosas nuevas. Cuando me lo ofrecieron, yo tenía un hueco profesional y dije que por qué no. Igual que me colgaba en The Hole de cinco metros volando por encima del público y no había cantado en mi vida, pues ¿por qué no me voy a meter en un reality blanco, como él dice? Un reality que trata de cocinar y de tener una convivencia en directo. Por otro lado, a mí me da mucho miedo siempre mostrar mi vida privada. Soy muy defensora de mi privacidad, y lo sigo siendo. Mostrarme yo y no a través de mis personajes, sino mostrar a Eva, siempre me da mucho miedo, mucho repraro. Pero creo que las vulnerabilidades están bien también para afrontarlas y, de repente, sentir que yo no tengo por qué traicionarme a mí misma haciendo un programa o viviendo determinadas cosas, sino que puedo aprender cosas de mí. Pues me parece un reto y por eso estoy aquí.

Dicen que a los actores os cuesta más tal vez mostrar esa vulnerabilidad vuestra, real, como personas. ¿Es así?

L.M.: Los actores sí la mostramos, pero escondidos detrás de un texto y de un personaje.

E.I.: Claro, digamos que estás como parapetado, defendido, amparado por un personaje de ficción. Pero en realidad también estás mostrando tus emociones, tus energías y todas tus cosas. Porque todos los personajes tienen algo de ti y también enseñan algo de ti. Aquí el problema era ese, era que ser persona te da una vulnerabilidad. Pero luego piensas que así es la vida, que si la vida son emociones...

L.M.: Yo, siendo objetivo, aún no sé si esa exposición de mi verdadera persona es algo con lo que contaba y si me puede gustar o me puede no gustar. En cualquier caso, es una aventura en la que te metes y pienso que en este trabajo, cuando tienes la fortuna de poder dedicarte a él, sea cual sea el medio en el que lo hagas, debes hacerlo al cien por cien. Y en la vida es verdad que uno ha sido percibido a través de unos trabajos interpretativos que te colocan en un sitio distinto que, entrecomillado, “a la gente de los realitis”. Pero es que insisto, el contenido del programa y la narrativa del programa es algo muy benevolente en todos los sentidos.

¿Participar en un reality? Me inventaré otra cosa el día que mi profesión no me dé de comer, pero hay determinados lugares a los que no iría

Eva, Luis, ¿cómo reaccionasteis y qué os dijisteis al saber que ibais a trabajar juntos otra vez?

L.M.: Lo que pasa es que mi incorporación fue de un día para otro.

E.I.: Fue sorprendente, fue muy sorprendente, la verdad que no lo esperábamos, pero bueno, cuando yo llegué y le vi... ¡las caras!

L.M.: No esperábamos que esto pasara. Estamos juntos desde que ella tenía 19 años y yo 21, haciendo teatro y televisión, y de repente ha habido un día en el que me he visto regañando a mi amiga. Un día le dije: “¿Pero qué estás haciendo? Esto no se hace así?”. Y ella: “¡Déjame en paz!”. [Risas]. Estábamos en la cocina de su casa, maravillosa en El Retiro, cocinando juntos y nos cogimos un disgusto porque el merengue no subía...

E.I.: Es la magia de esto. [Risas].

L.M.: ¿Te puedes tomar esto en serio? No puedes, no debes. [Risas]

Siendo amigos, ¿habéis hecho equipo en Top Chef u os habéis picado entre vosotros?

E.I.: Nosotros no somos de picarnos.

L.M.: No, no hemos sido de picarnos ni de ser muy competitivos. En todo caso, los equipos aquí los forman otros, a través del azar, o de los jurados. Entonces no podemos elegirnos. De haber podido nos hubiéramos elegido todo el rato. Y para una vez que nos elegimos tuvimos, después de tantos años de amistad, tuvimos un solo minuto de estar en desacuerdo.

E.I.: Bueno, en realidad tuvimos otro más reciente...

L.M.: Ah sí, no lo recordaba, pero como para no tenerlo. Aquello no era para tener un conflicto, era para matarse. [Risas].

¿Os habían llegado antes ofertas de otros formatos, como MasterChef Celebrity u otros talents o realities, para concursar?

E.I.: Esto es una pregunta muy privada, yo no voy a contestar. [Risas].

L.M.: Yo tengo que decir que para determinada televisión nunca he estado disponible. Ni lo he estado ni lo estaré. No motu proprio porque no han contado conmigo. Y yo juro a todos que me inventaré otra cosa el día que mi profesión no me dé de comer, pero hay determinados lugares a los que no iría, pero tampco en la vida.

E.I.: Eso es, yo creo que hay que intentar todo el tiempo estar lo mejor posible, ¿no? Como la vida es tan breve, pues intentemos estar lo mejor posible, todo el tiempo posible, donde sea, lugares...

L.M.: Carmen Martín Gaite decía que la vida había que tomársela medio en broma, medio en serio, “en brevio”. Ella decía “en brevio”. Y es que cuando nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos, yo creo que, por lo menos, lo pasamos peor.

Luis, has dicho que sí y te has entregado al máximo a pesar de que tenías otros proyectos en teatro también. ¿Cómo has podido?

L.M.: Pues con dificultad y con cansancio. ¿Sabes qué pasa? Que nunca he dejado de hacer teatro durante todos los 41 años que llevo dedicándome a esta profesión. Y que empecé a hacer televisión bastante pronto. No fue con el éxito que tuve a partir de Aquí no hay quien viva, fue antes ya, pero siempre he compaginado televisión y teatro. Si nosotros hemos podido hacer Aquí no hay quien viva y teatro como lo hacíamos y sobrevivir a ello, podemos sobrevivir a lo que sea.

La bondad y el nivel de empatía de Belén Esteban me han sorprendido por el personaje que ha contado

¿Qué tal la experiencia? ¿Cómo estáis llevando esto de los postres?

E.I.: Pues la verdad es que mejor de lo esperado. Con sus momentos, con sus picos de azúcar, sus bajadas de tensión... Muy intensamente pero divertido. No nos aburrimos.

L.M.: No nos aburrimos. No hay momentos que no sean intensos, todo es de una intensidad pasmosa. Y te olvidas verdaderamente del diseño del programa, de que hay unas cámaras que están captando todo. Y ese creo que es el único problema, que queda constancia de todo. De que lloras por una tontería de postre o te pones muy contento por trabajar con tu compañero... Entonces, de repente, no sé cuánta cantidad de ego es, o de profesionalidad, pero hay una implicación que te obliga el propio diseño del programa a tener entrega en todo lo que haces.

E.I.: Bueno, yo creo que también depende de la personalidad. Si es verdad que el programa te lleva por ahí, pero también yo creo que habrá gente que se implique más, otra que se implique menos... Pero los que somos apasionados, esos que hagamos lo que hagamos lo damos todo, pues lo intentamos dar todo aquí también. Pero también hay que autoregularse, ahí está el conocimiento. No sé, yo estoy muy a favor de la gestión emocional en este programa, porque si no es la locura.

Luis, ha dicho Belén Esteban que eres uno de sus favoritos y que habéis congeniado mucho. ¿Es así?

L.M.: Totalmente, para mí Belén es una sorpresa fantástica. Yo me suelo sorprender poco porque soy bastante abierto en esta vida y tengo muy pocos prejuicios. Pero sí es cierto que la bondad y el nivel de empatía de Belén sí me han sorprendido por el personaje que ha contado. Y esto se lo he dicho a ella, lo he dicho en público y lo repito. Ella ha estado viéndome en el teatro, hemos estado juntos, hemos estado riendo, hemos estado llorando, hablando de sus cosas, de las mías... Todo desde un punto de vista muy humano. Y en este programa yo pienso que se ve una faceta que yo no conocía de ella. He de decir que tampoco yo soy una persona que consuma determinado tipo de televisión, pero ella es muy de verdad. Y en esta sociedad que tenemos, en la que todo está tan pausterizado, que de repente haya alguien de verdad mola. Yo me alegro de haberla conocido mucho.

Los fans de Aquí no hay quien viva recibieron con mucha alegría este reencuentro de vosotros dos ante las cámaras. ¿Cómo lleváis vosotros que esta serie siga siendo tan exitosa entre las generaciones más jóvenes?

L.M.: ¿Sabes qué sucede? Que la consecuencia de hacerse mayor es esa, que te conviertes en un recuerdo. Ojalá que un recuerdo bonito y feliz para gente que ha visto una cosa y espero que para un presente en el que seguimos viviendo juntos una serie de gran éxito [La que se avecina].

E.I.: Nuestro trabajo también es modificar un poco la vida de los demás, la nuestra y la de lo demás. Es influir con nuestras emociones, con nuestro trabajo. Entonces, yo creo que en este momento de reencuentro televisivo importantísimo de Aquí no hay quien viva, abrimos una puerta desde el amor a que la gente entendiese la homosexualidad de personajes y personas. Y supuso que mucha gente diera pasos muy importantes en su vida gracias a entender a través de la ficción, contada desde el amor, no desde el arquetipo, ni desde el cliché. Eso siempre lo dice Luis y siempre lo menciono porque me parece que es precioso. Entonces, creo que eso fue un momento que tuvimos el privilegio histórico de vivir y de haber interpretado nosotros a esos personajes.

L.M.: Sí, eso de ser vela o ser ancla. A partir de un momento de tu vida, luchas mucho por ser solo vela y creo que eso se produjo con Aquí no hay quien viva. Eso me hace sentir muy orgulloso y sé que a ella también porque lo hemos hablado mucho.