Entrevista

Miriam Díaz Aroca disfruta de 'Amar' tras tantear el 'Un, dos, tres': “Antes de morir Chicho, le quise comprar los derechos”

Miriam Díaz-Aroca

Marcos Méndez

El edadismo interpretativo afecta principalmente a las mujeres, como han denunciado tantas actrices alabadas y exitosas cuando, de repente, el reloj del tiempo marca una determinada edad. En el caso de Miriam Díaz Aroca, que se tuviera “un cliché, o una foto, o un videobook” de ella, en definitiva una imagen de 'rubia pizpireta' que sentía que ya no se correspondía con lo que representa, le hizo cambiar el modelo: “Pedí la lista de todos los directores de casting, y les hice personalmente a cada uno de ellos un vídeo”. ¿Su única intención? “Les decía: hola, esta soy yo hoy. Con mi pelo, con mis canas, con mis arrugas... Me encantaría formar parte de tu proyecto”.

Esa voluntad de hacer que los que contratan a las actrices recibiesen su mensaje de “siénteme quién soy hoy, mírame cómo soy hoy” triunfó. Le abrió las puertas de Amar es para siempre, ficción en la que interpreta a Elena y de la que ya era fan, por lo que lo agradece como “un tesorazo”, más aún cuando la valoran por el hoy y no por su ayer: “Les dije que ahora tenía el pelo blanco y me dijeron que perfecto”, destaca.

Aunque es cierto que ha llegado a la serie diaria de Antena 3 cuando ésta ya tiene fecha de caducidad, la actriz está disfrutando como nunca de un papel que valora como “un antes y un después muy importante” para su carrera, marcada por un éxito de presentadora como el Un, dos, tres... responda otra vez, que según nos confiesa intentó comprar a Chicho Ibáñez Serrador para hacer un formato con niños mucho antes de que el hijo del creador y TheGrefg lo adaptasen a Twitch, con su propia aparición.

La charla relajada nos lleva a pedirle que nos hable de sus comienzos, como periodista y no como actriz. Y por supuesto, a que rememore sus inicios con Jesús Hermida (al que pilló en una época que “no era la más dulce en su vida personal, y eso se notaba en el plató”) y la gran María Teresa Campos, por la que guarda un enorme cariño: “Tenía una fuerza arrebatadora, y una cabecita brillante”.

Has comentado que los productores te veían como una 'rubia pizpireta', y que este papel en 'Amar' ha sido un salto cualitativo. ¿Cómo lo has preparado?

Cuali y cuantitativo [ríe]. Hice algo que no suelo hacer, porque yo generalmente soy un caballo salvaje, bueno una yegua, y siempre he ido por caminos diferentes. Tengo unos representantes maravillosos, que tienen mi trabajo y mis fotos, pero decidí que había que hacer otra cosa diferente. Les pedí la lista de todos los directores de casting, me dieron 30 o así, y les hice personalmente a cada uno de ellos un vídeo. Les saludaba, les decía: hola, esta soy yo hoy. Con mi pelo, con mis canas, con mis arrugas... Me encantaría formar parte de tu proyecto. Y era para que vieran cómo hablo y cómo estoy hoy, porque tienen un cliché, o una foto, o un videobook. Y lo lancé, y funcionó.

¿Funcionó para 'Amar es para siempre'?

Me llamaron con que tenía un casting para Amar es para siempre, y yo hiperventilando: '¡El sueño de mi madre!'. Fue fantástico, me encantó el tema que tenía que decir. Era una mujer herida, ya me habían contado toda la historia de Elena. A mí me encanta mi profesión, yo no tengo ningún trauma, ni me siento insegura. Para mí jugar a emocionar a los demás es un privilegio. Disfruté mucho el cásting, y fue muy rápido, vieron a Elena en mí.

¿Y luego?

Luego se construye el personaje, el pelo, que yo les dije que ahora tenía el pelo blanco y me dijeron que perfecto; y se construyó un personaje que daba otra dimensión actoral mía. Con lo cual ha sido una sorpresa para todo el mundo. Y para mí ha sido un tesorazo poder mostrar así, diariamente, que Miriam Díaz Aroca tiene también este registro. Ha sido un antes y un después muy importante.

Esa decisión de mandar tú vídeos, ¿fue porque no llegaba trabajo?

No, fue por hacer algo más diferente, por salir del curso normal. Vale, estás ahí, haces aquí o allá, ya había empezado otra serie... pero dije que no, que la gente tiene otra referencia. Yo me di cuenta de que en las redes tienes más seguidores si tú hablas o dices, no cuando pones la foto. Llegas más cuando alguien te dice: hola qué tal, ¿cómo estás? Dije: es muy fácil, y gratis. Así que me puse en mi casa, y lo hice con la idea de decir: siénteme quién soy hoy, mírame cómo soy hoy.

Además de 'Amar', vienes haciendo papeles de mujeres fuertes, como en 'Toy Boy' y '4 Estrellas'.

Y los dos cornudos también, fíjate... [ríe]. Sí, es curioso. No tienen nada que ver con mi vida en absoluto, ni antes ni después, pero mola mucho. Desde las heridas puedes construir un personaje muy chulo, con profundidad.

¿Cómo se lleva trabajar en una serie diaria, con esos horarios y ritmos?

Yo estoy hecha para una serie diaria. Vengo de fábrica para trabajar en una serie diaria. Bueno, en Amar es para siempre, porque no he trabajado en otras. En 4 Estrellas no he tenido mucha continuidad, he entrado y salido. Pero el 'planeta Amar es para siempre' lo tendrían que poner en los catálogos de viajes, para sentirte bien y feliz. Entras abrazada, te abrazan, te quieren, te cuidan, te respetan, te escuchan, te consultan... todo tiene solución. Y además trabajas en lo que más te gusta.

Desde las heridas puedes construir un personaje muy chulo, con profundidad

Miriam Díaz-Aroca

Nos explicó Lydia Bosch que a ella trabajar en una serie diaria le venía muy bien para la memoria, porque hay que estudiar mucho texto y al hacer una secuencia no llegas a 10, sino que te quedas en 8 y hay que aceptarlo y seguir.

Es un entrenamiento tremendo. Yo tengo la suerte de tener muy buena memoria, y entre la primera lectura, maquillaje y la mesa italiana y ensayamos, ya lo tengo. A mí no me crean ansiedad los textos, me gusta, porque tengo esa rapidez para memorizar y ponerle el matiz necesario.

¿Cómo fue la acogida, principalmente de los históricos como Itziar Miranda o Manuel Baqueiro?

Normalmente no solemos coincidir, porque en función de lo que tenemos nos distribuimos. Una de mis grandes ilusiones era tener el ratito de no grabar para irme a su plató, y ver el bar, la plaza, y a ellos en directo. Y siempre que tengo tiempo, me voy a ver a verlos porque es que es delicioso. Es una forma de interpretar, de decir, que yo me derrito. Siempre que puedo me voy a Los Asturianos a ver cómo graban y a ver a Itzi y a Manu en directo. Llevan tanto tiempo, y lo hacen con tanta naturalidad, que es como un master estar con ellos. Y ellos son amorosos, anda que no han sido anfitriones durante años, anda que no han abierto los brazos y el corazón a todos los que hemos pasado por ahí. Y siguen siendo así.

¿Y al ser fan de la serie, se afronta de una manera diferente formar parte de ella?

No lo sé, supongo que tendrá que ver con la ilusión de tu vida. Mira, con 17 años yo me quise presentar a mi programa preferido, que era La juventud baila. Para mí era icónico, y tenía mucha ilusión. Me presenté al casting en Santander, y me cogieron. Pues aquí lo mismo. Para mí era: ojalá trabajar aquí un día. Hace años me encontré a Itzi [Itziar Miranda], y me dijo que yo estaría fenomenal en Amar es para siempre, y que lo iba a comentar con los productores. Y no pasó nada. Yo creo que las cosas pasan cuando tienen que pasar, y mi madurez ahora, mis vivencias, mi historia de vida, puede aportar mucho a Elena Santacruz.

¿No has perdido entonces ese carácter de 'novata'?

No. Yo tengo la capacidad de seguir maravillándome cada día de mi vida, seguir sabiendo la importancia de estar viva, de que no me duele nada, y de que con todo mi ser puedo hacer lo que me dé la gana. Que mi única limitación soy yo, y que todo lo que te venga, circunstancias que no sean amables, dependen de mi actitud. O me quedo en la queja, o me quedo en el aprendizaje. Y elijo aprendizaje.

O me quedo en la queja, o me quedo en el aprendizaje. Y elijo aprendizaje

Miriam Díaz-Aroca

Ahora que vuelve el 'Un, dos, tres' con TheGrefg, y tú que fuiste su presentadora, ¿crees que tendría cabida en la sociedad española?

Yo le dije a Alejandro, el hijo de Chicho: “Como no me llames para presentar el Un, dos, tres, te corto...”. Y me decía que es que tenía muchos novios. Antes de que Chicho muriese, yo le quise comprar los derechos, y formé equipo, para hacer un Un, dos, tres para niños. Porque yo sabía que iba a funcionar muchísimo. Y me reuní en casa de Chicho, nos recibió y le presenté a mi equipo, y me dijo Alejandro: mi padre no lo va a vender. Efectivamente. Yo dije: quiero hacer el Un, dos, tres ahora.

Pero bueno, supongo que Alejandro habrá barajado muchas opciones, y habrá pensado y sentido que esta es la mejor forma para adaptarse a los nuevos tiempos en redes. No tengo ni idea de cómo va a resultar, sé que nunca va a ser lo mismo, pero sé que hubiera funcionado el Un, dos, tres. Actualizando muchas cositas, pero lo que es la estructura básica, sé que hubiera funcionado. Espero que no se arrepienta... [ríe].

En los últimos años has tenido dos momentos emblemáticos. El primero es 'Paquita Salas', en la que te ríes incluso de ti misma. ¿Cómo te llegó, y qué pensaste del personaje?

Paquita fue el bombonazo. Me llaman Los Javis, y yo feliz porque los conozco y son amorosos. Estaba deseando hacer un Paquita Salas, y me proponen ponerme otra vez en los patines, hacer de la Miriam de entonces, y me gustó proponerles hacer el otro matiz, el de ser la típica actriz exigente que le dice a Paquita '¿tú de qué vas?'. Me gustó mucho ese paso por las manos de Los Javis.

El segundo es el reencuentro de las actrices de 'Belle Époque'. ¿Cómo se gestionó, y qué ha quedado de él?

Yo con mis niñas de Belle Époque nos veíamos todos los Goya. Sobre todo con Penélope, que es cuando nos podíamos ver. Con Maribel y con Ari [Ariadna Gil] nos hemos visto en otras ocasiones. Pero esta era muy especial, porque estuvimos en los ensayos ya juntas, Jordi Évole nos hizo también un programa precioso dedicado a la película, y tuvimos la oportunidad de vernos ya y compartir las fotos de los hijos, y saber cómo estábamos. Siempre coincidimos en que Belle Époque fue una aventura única y extraordinaria que nos unió tanto, y tanto compartimos. El día de la gala de los Goya recuerdo que todas convinimos agarrarnos de las manos porque cuando Anthony Hopkins nos dio el Oscar estábamos todas agarradas de las manos, aguantando la respiración. Dijimos: ¿Chicas, y si salimos como el día de los Oscar, con las manos agarradas? Y fue super emocionante.

Echando la vista atrás, ¿cómo fue la etapa con Hermida, y con María Teresa Campos?

Cuando entramos los 'cachorros' de Hermida, había gente que ya llevaba mucho tiempo y ya formaba parte del “staff”. Entre ellos estaba María Teresa [Campos], que ya llevaba un recorrido en radio muy importante. Los momentos de tertulia que María Teresa tenía con Patricia Ballestero eran oro, todo el mundo nos íbamos ahí a verlo, eran un disfrute increíble. María Teresa, con esa personalidad, esa mujer combativa que mantenía sus valores a capa y espada. Y luego la relación que tenía con Jesús, que era una persona que no era fácil. Pero María Teresa le llevaba de una manera maestra.

¿Y su rifirrafe no fue broma, no? Que después se ha querido justificar como broma.

Jo, no, no. Nosotros sentimos que aquello era verdad. Es que María Teresa lo que decía lo llevaba a misa, y si ella creía en lo que decía, no se le ponía nadie por delante. Pero luego era una mujer supereducada, cariñosísima conmigo... siempre tuvimos una relación de mucho cariño y mucho respeto, lo mismo con Terelu y toda la familia, pero con quien más he tenido vivencias ha sido con ella. Tenía una fuerza arrebatadora, y una cabecita brillante. Los momentos de María Teresa en plató se paraba todo, y todos íbamos a verla.

¿Cómo llegaste al programa de Hermida?

Yo acabo la carrera, hiperventilando porque no tengo trabajo, y entonces me llaman de Santander, donde yo vivía con mis padres, y la emisora Antena 3 Radio, con María Teresa Liaño, me ofrecen hacer prácticas. Cero pesetas, claro. Estuve de currito, chupándome ruedas de prensa que no sé nunca ni cómo redactarlas... Ya me pagaron un poquito de prácticas, creo que mi primer sueldo eran 5.000 pesetas el mes, ahora 30 euros. Y yo era, bueno, la reina, y empecé a hacer programas de música y todo lo que se pudiera hacer en radio. Y luego me pusieron en la Universidad Menéndez Pelayo a cubrir los cursos de verano, y de ahí salté a la SER en Madrid, en Radio Minuto.

En Radio Minuto yo quería hacer más cosas, pero no conocía a nadie. Entonces en mis turnos de noche, de 1:00 a 7:00 de la mañana poniendo discos, que yo he sido DJ, ¿qué hice? Pues tirar de periódicos. “Se necesitan periodistas para un programa de TVE”. ¿A qué hora? Pues si acababa mi programa a las 7:00, a las 8:30 era la convocatoria. Allá que voy, imagínate la cara tras siete horas de radio, en chándal, y a Torrespaña porque ya me había apuntado. Me hicieron el casting, y ahí me cogieron para trabajar con Jesús.

¿Y cómo era Hermida?

Buah... causaba una sensación de respeto superimportante. El aprendizaje de ver cómo él trabajaba es increíble, y es que el primer directo que hubo en todas las televisiones era el nuestro. La exigencia era máxima, pero se aprendió mucho porque era muy duro, y eso te curte, y te hace estar, y te hace gestionar tu emocionalidad. Pero aquella época de Jesús no era la más dulce en su vida personal, y eso se notaba en el plató. No era una época muy bonita para él. Luego ya sí, más adelante cuando yo me fui a Cajón de sastre, porque teníamos amigos en común sé que Jesús empezó en una etapa muy dulce de su vida, y se le notaba en el trabajo. Pero justo en los primeros días de aquel programa, él no estaba pasando por su mejor momento.

Etiquetas
stats