Una nueva y escabrosa trama vuelve a poner en el foco en Ana Julia Quezada, condenada por el asesinato del pequeño Gabriel Cruz, más conocido como 'El Pescaíto'. Esta vez, los detalles han salido a la luz por un desliz inesperado: las confesiones que su actual pareja hizo en confianza a una tarotista en octubre de 2023, donde supuestamente detallaba, entre otras cosas, el dinero que se habría embolsado por hacer un documental con una conocida plataforma de streaming.
Espejo Público ha incidido en este caso, tras la rueda de prensa de la madre, desvelando las conversaciones que tuvo la actual pareja de la reclusa con la tarotista. “Ana Julia ya tenía la oferta de una plataforma para grabar el documental y Ana Julia ve la coartada perfecta para ganar 300.000 euros, que es lo que le habrían ofrecido”, ha dicho Miquel Valls, copresentador del matinal de Antena 3.
Según confesiones de su pareja, Quezada habría negociado un adelanto de 20.000 euros por participar en la pieza, pero finalmente, tras la denuncia pública de Patricia Ramírez como madre del pequeño Gabriel Cruz, éste se vio frenado. Ahora, esta última ha declarado que la reclusa, desde la cárcel, había manifestado su deseo de vengarse de ella e incluso de matarla, como represalia por haber logrado detener la producción del documental sobre su historia y su crimen. Estos hechos están actualmente bajo investigación por un juzgado de Almería.
Además, y gracias a las confesiones que su novia hizo a la tarotista, dos funcionarios de prisiones se encuentran bajo investigación por presuntamente haber entregado un teléfono móvil a la asesina, lo que le habría permitido avanzar en su proyecto audiovisual desde la celda, a cambio de mantener relaciones sexuales con ella.
No obstante, Espejo Público ha revelado que los planes de Quezada iban más allá: pretendía casarse con su pareja para facilitar su traslado a una prisión catalana, con la esperanza de acercarse al País Vasco. Testimonios de otras internas sostienen que su insistente deseo de cambio de centro respondía a su estrecha relación con una exmiembro de ETA, creyendo que eso podría favorecer su futura puesta en libertad.
Asimismo, en la llamada que hizo la novia de la presa, confesaba que su relación iba mal y que temía por su actitud. “Cuando Ana necesita algo se porta de forma muy amable y cariñosa, pero cuando no necesita nada o no le doy dinero me trata muy mal, me castiga, no me llama o me dice que me quiere dejar”, afirmó la joven de tan solo 27 años a la que, según ha contado el magacín, conoció por correspondencia.