Así va el Renault 4 para la vida diaria en el siglo XXI

Más de tres décadas después de que el último ejemplar del mítico 4L saliera de las líneas de producción, Renault rescata uno de sus modelos más emblemáticos con una interpretación eléctrica que conserva buena parte de su filosofía original: dimensiones contenidas, aprovechamiento del espacio y una versatilidad que no entiende de grandes pretensiones. Hemos viajado del pasado al presente para comprobar los nuevos argumentos del Renault 4 E-Tech 100% eléctrico en una prueba de larga duración.

  • Valoración Renault 4 E-Tech: motor, 8; conducción, 9; diseño, 8,5; interior, 8; global, 8,375

El reto para la marca no era sencillo. El Renault 4 original, del que se vendieron más de ocho millones de unidades en todo el mundo, fue durante décadas un coche para casi todo. Sirvió a familias, agricultores, profesionales y administraciones públicas, y también se convirtió en un símbolo de movilidad accesible. En España, Valladolid llegó a producir cerca de un millón de unidades. Ahora, el nuevo R4 debe demostrar que aquel concepto sigue teniendo sentido en un mercado que ha cambiado radicalmente y en el que la electrificación añade nuevas exigencias al uso cotidiano.

Como nos recordaba en el reciente Salón del Automóvil de París Paula Fabregat, directora de proyectos de diseño de Renault, el nacimiento de un modelo como el nuevo R4 tiene una responsabilidad añadida por la reinterpretación de un icono histórico y popular como el 'cuatro latas'.

Después de varios días al volante y un recorrido de larga duración, la primera conclusión es que el Renault 4 eléctrico ha entendido dónde reside su herencia. No tanto en reproducir las formas del pasado como en ofrecer soluciones prácticas para el presente.

Más que una cara bonita

El diseño retrofuturista es el principal reclamo a primera vista. La calandra de formas redondeadas, el contorno luminoso que integra el logotipo de Renault, los faros traseros verticales y las tres bandas esculpidas en las puertas remiten al modelo original sin caer en una reproducción literal. El resultado tiene personalidad propia y consigue diferenciarse de la creciente oferta de SUV eléctricos compactos.

Con 4,14 metros de longitud, el R4 se sitúa en un tamaño cómodo para la ciudad, aunque su carrocería es algo más elevada y voluminosa que la de un turismo convencional. La distancia al suelo de 18,1 centímetros refuerza su aspecto de pequeño aventurero y permite afrontar caminos en mal estado con más tranquilidad que otros eléctricos urbanos. No es un todoterreno, pero tampoco pretende serlo.

La ventaja de esta silueta se aprecia especialmente al abrir el portón. El maletero ofrece 420 litros de capacidad y, más importante aún, un umbral de carga muy bajo, situado a 61 centímetros del suelo. La boca de acceso es amplia y el espacio presenta formas regulares, de manera que resulta sencillo introducir maletas, bolsas de la compra o bultos voluminosos. No hay que levantar demasiado el equipaje ni sortear un escalón pronunciado para colocarlo en el fondo.

Es uno de esos detalles que quizá pasan inadvertidos en una presentación estática, pero que adquieren valor cuando se utiliza el coche a diario. El Renault 4 no solo dispone de un maletero grande para su tamaño: también permite aprovecharlo con facilidad. Bajo el piso hay espacio adicional para guardar el cable de recarga, mientras que los asientos traseros abatibles amplían las posibilidades de transporte. El asiento del acompañante también puede plegarse en forma de bandeja, una solución que permite cargar objetos de hasta 2,20 metros de longitud.

Espacio para cuatro y tecnología para el día a día

El habitáculo mantiene la misma combinación de guiños históricos y planteamiento moderno. Los revestimientos textiles acolchados del salpicadero y los paneles de las puertas, junto con los detalles específicos de la tapicería, aportan un ambiente distinto al de otros modelos de la categoría. Los materiales son correctos, aunque predominan los plásticos de calidad media y no se pretende transmitir una sensación de lujo.

La digitalización sí está a la altura de las expectativas actuales. El cuadro de instrumentos y la pantalla multimedia se agrupan en un conjunto horizontal, con Google integrado y acceso a servicios como Maps. La interfaz permite consultar rutas, localizar puntos de recarga y gestionar buena parte de las funciones del vehículo sin depender continuamente del teléfono móvil. Es uno de los ámbitos en los que Renault ha dado un salto notable en sus últimos eléctricos.

En las plazas delanteras se viaja con comodidad y la postura de conducción resulta natural. Detrás, el espacio es suficiente para dos adultos de estatura media, incluso cuando el conductor o el acompañante adelantan bastante sus asientos. No estamos ante un coche pensado para viajar habitualmente con cinco adultos ni para cubrir largas distancias con cuatro pasajeros de gran talla, pero sí ofrece una habitabilidad razonable para el uso familiar cotidiano.

Su planteamiento encaja mejor con los desplazamientos urbanos, las escapadas de fin de semana y los trayectos interurbanos que con un uso intensivo de autopista cargado hasta arriba. Es una distinción importante: el R4 busca ser un coche polivalente, no un gran rutero.

Un eléctrico fácil de conducir

La unidad probada corresponde a la versión más potente, con 150 CV y una batería de 52 kWh. Sobre el papel, es una configuración suficientemente solvente para cubrir usos muy diversos. En la práctica, la entrega inmediata de potencia facilita las incorporaciones y los adelantamientos, sin que el coche transmita sensación de quedarse corto cuando se abandona la ciudad.

La conducción destaca por la suavidad. La respuesta del acelerador es progresiva, la dirección permite maniobrar con facilidad y las dimensiones ayudan a moverse por calles estrechas y aparcamientos. Con un radio de giro de 10,8 metros, el Renault 4 resulta manejable en las maniobras habituales, mientras que la suspensión prioriza el confort y filtra razonablemente las irregularidades del asfalto.

En carretera mantiene una estabilidad convincente y permite circular a ritmos normales sin esfuerzo. Los 150 CV ofrecen margen suficiente para adelantar con seguridad, aunque el carácter del coche invita más a una conducción fluida que a buscar sensaciones deportivas. No es un modelo concebido para entusiasmar por sus reacciones, sino para hacer que los desplazamientos resulten fáciles y agradables.

La función one pedal, disponible según el acabado, permite detener el vehículo aprovechando la frenada regenerativa al levantar el pie del acelerador. Bien adaptada al tráfico urbano, reduce el uso del pedal de freno y contribuye a recuperar energía. También exige cierto periodo de adaptación, especialmente para quienes llegan desde un coche de combustión, pero termina siendo una herramienta útil para la conducción diaria.

El consumo, una de sus mejores bazas

La eficiencia es uno de los aspectos más interesantes de esta prueba de larga duración. Durante los días de uso, el Renault 4 registró un consumo medio de 15,1 kWh cada 100 kilómetros, ligeramente inferior a los 15,5 kWh/100 km homologados para esta versión.

La cifra se consiguió con una conducción eficiente, pero sin llevar el ahorro al extremo. El climatizador permaneció conectado y se recurrió con frecuencia al modo Eco, sin abusar del programa Sport. También se utilizó ocasionalmente la función de máxima regeneración para recuperar energía en las deceleraciones.

El resultado es relevante porque ofrece una referencia de uso real, más allá de las cifras de homologación. Con un consumo de ese orden, los 52 kWh de capacidad de la batería permiten aprovechar razonablemente bien la autonomía disponible. Eso no significa que los 400 kilómetros homologados puedan reproducirse en cualquier circunstancia: la velocidad, la temperatura exterior, el desnivel y el uso de la climatización pueden alterar de manera notable el resultado, especialmente en autopista.

En cualquier caso, el R4 demuestra que un eléctrico de estas dimensiones no necesita una batería descomunal para ofrecer un consumo ajustado. Su eficiencia ayuda a contener el gasto energético y reduce la frecuencia de las paradas cuando se utiliza fuera de la ciudad.

La recarga rápida también dejó buenas sensaciones. En una parada, la batería pasó del 25% al 80% en unos 25 minutos. La potencia inicial se acercó a los 100 kW y fue disminuyendo progresivamente a medida que aumentaba el nivel de carga, un comportamiento habitual en este tipo de sistemas. Al alcanzar el 80%, el coche mostraba una autonomía estimada de 312 kilómetros, suficiente para continuar el recorrido sin esperar a completar la carga.

Es una estrategia lógica para viajar: aprovechar las paradas breves y evitar invertir tiempo en recuperar el último tramo de batería, que suele cargarse más despacio. Como siempre con un eléctrico, la experiencia será más sencilla para quienes dispongan de un punto de carga habitual en casa o en el trabajo, pero la capacidad de carga rápida amplía sus posibilidades para escapadas y desplazamientos largos.

El espíritu del 4L, adaptado a otra época

El Renault 4 E-Tech no es una réplica moderna del 4L ni pretende serlo. La electrificación, las pantallas y los asistentes de conducción lo sitúan en un universo muy distinto al del modelo que comenzó a fabricarse en los años sesenta. Sin embargo, conserva una idea que entonces resultó revolucionaria y que sigue siendo pertinente: un coche debe adaptarse a la vida de sus usuarios, no obligarlos a organizarla alrededor del vehículo.

Su principal virtud no está en una prestación aislada, sino en el equilibrio entre tamaño, espacio interior, facilidad de conducción y eficiencia. El maletero es generoso, el acceso a la carga está bien resuelto, el consumo de la unidad probada es contenido y la potencia permite salir de la ciudad sin limitaciones importantes. A cambio, las plazas traseras tienen sus límites y los viajes largos por autopista exigirán planificar las recargas y asumir un consumo potencialmente superior al obtenido en esta prueba.

El precio y el coste de acceso a la movilidad eléctrica siguen siendo factores decisivos para valorar hasta qué punto puede cumplir su objetivo de popularizar esta tecnología. Pero, desde el punto de vista del producto, el R4 demuestra que recuperar un nombre histórico puede tener sentido cuando detrás del homenaje existe una propuesta coherente.