La falta de formación, el talón de Aquiles en la transición del empleo en la automoción
La industria europea del automóvil afronta una transformación que va mucho más allá de sustituir los motores de combustión por sistemas eléctricos. La electrificación, la digitalización, la automatización y la creciente competencia de China están cambiando los perfiles profesionales que demanda el sector, pero una parte importante de sus trabajadores no dispone de la formación necesaria para adaptarse. Esta es una de las principales advertencias de un informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Comisión Europea.
El estudio pone de manifiesto una paradoja: el automóvil continúa siendo una fuente de empleo relativamente estable, bien remunerado y con buenas condiciones laborales, aunque en un contexto de crecientes recortes de plantilla especialmente en Alemania, pero la capacidad para afrontar los cambios tecnológicos y productivos está distribuida de forma desigual. Cerca del 80% de los trabajadores de la fabricación de vehículos declara haber experimentado cambios importantes en su entorno laboral, frente al 64% del conjunto de la economía. Sin embargo, aproximadamente uno de cada tres trabajadores afectados por estas transformaciones no recibe formación formal para afrontarlas. Entre los proveedores, la proporción se acerca al 40%.
La diferencia entre fabricantes y empresas auxiliares constituye uno de los principales puntos débiles de la transición. Los grandes grupos automovilísticos cuentan con infraestructuras de formación más desarrolladas, recursos para anticipar las necesidades futuras y mecanismos de diálogo social que permiten negociar los cambios organizativos. En cambio, los proveedores de menor tamaño y las empresas dedicadas a la venta y reparación de vehículos disponen de menos medios para reciclar profesionalmente a sus plantillas.
El riesgo no se limita a la pérdida de competitividad empresarial. La falta de actualización de las competencias puede dificultar que los trabajadores encuentren nuevos empleos cuando desaparecen sus puestos actuales, especialmente en actividades vinculadas a componentes que pierden relevancia con la electrificación. La fabricación de motores y transmisiones convencionales, por ejemplo, se enfrenta a una reorganización de la cadena de valor, mientras crece la demanda de capacidades relacionadas con las baterías, la electrónica, el software y los sistemas automatizados.
Un empleo estable que oculta una transformación industrial
La dimensión del desafío es considerable. El sector automovilístico emplea directamente a más de seis millones de personas en la Unión Europea y representa más del 7% del PIB comunitario y aproximadamente un tercio del gasto privado en investigación y desarrollo, según los datos recogidos en el informe. Entre 2008 y 2025, el peso agregado del automóvil en el empleo europeo se mantuvo relativamente estable, aunque esa evolución esconde cambios importantes en la distribución geográfica y en las actividades industriales.
Desde 2019, el empleo en la fabricación de vehículos cayó cerca de un 9% entre 2019 y 2023, mientras que la industria proveedora perdió alrededor de 110.000 puestos de trabajo durante el mismo periodo. La OCDE también observa un desplazamiento progresivo de la actividad hacia Europa central y oriental, mientras las economías automovilísticas tradicionales de Europa occidental pierden peso.
A esta evolución se suma una mayor integración de las cadenas de suministro europeas y una dependencia creciente de China en tecnologías estratégicas. La proporción de componentes intermedios procedentes de otros países de la UE aumentó del 17% en 1995 al 25% en 2022. Al mismo tiempo, la participación china en estos suministros pasó de ser prácticamente insignificante a representar el 3%, con una presencia especialmente relevante en baterías y electrónica avanzada.
Este cambio industrial coincide, además, con el envejecimiento de las plantillas y las dificultades para atraer talento joven. Los trabajadores de entre 50 y 64 años han ganado entre ocho y once puntos porcentuales de peso desde 2008 en los distintos segmentos del sector analizados, mientras disminuye la presencia de empleados de entre 15 y 29 años. La renovación generacional y la actualización de conocimientos se convierten así en dos retos que avanzan en paralelo.
Perder el empleo tiene un coste duradero
El informe sobre el empleo en la automoción de la OCDE también alerta de las consecuencias económicas de los procesos de reestructuración. Los trabajadores del automóvil que pierden su empleo como consecuencia de despidos colectivos o cierres empresariales sufren una caída de sus ingresos del 57% durante el primer año, en comparación con trabajadores similares que mantienen su puesto. En los servicios, el descenso medio es del 43%.
La brecha se reduce con el paso del tiempo, pero no desaparece. Seis años después de perder el empleo, los ingresos de los trabajadores afectados siguen entre un 20% y un 25% por debajo de los de empleados comparables que no han sufrido un despido. El análisis abarca 11 países europeos de la OCDE y concluye que las pérdidas son mayores en la automoción y en el conjunto de la industria manufacturera que en los servicios.
Por ello, los autores defienden que las políticas de apoyo no deben activarse únicamente cuando el trabajador ya ha perdido su puesto. La formación anticipada, las titulaciones reconocidas que permitan trasladar competencias entre empresas y el acompañamiento hacia actividades con mayor demanda pueden reducir el coste social de la transformación.
La UE ya dispone de instrumentos para impulsar esta adaptación, entre ellos el Fondo Social Europeo Plus, el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización y distintas iniciativas de colaboración sectorial. La Alianza de Competencias para la Automoción, por ejemplo, se ha fijado como objetivo promover la mejora o actualización de las cualificaciones del 5% de los trabajadores del sector cada año hasta 2030.