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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Pato Lorente]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ignacio-pato-lorente/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Pato Lorente]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Miren Amuriza, escritora: "Si molestamos a los que nos llaman intensas, ese es el camino"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/miren-amuriza-escritora-si-molestamos-llaman-intensas-camino_128_12863451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ceb5498-8ff3-4cf9-8a20-398869eb9851_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133110.jpg" width="5760" height="3240" alt="Miren Amuriza, escritora: &quot;Si molestamos a los que nos llaman intensas, ese es el camino&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora vasca confirma su potente voz en una segunda novela, 'Pleibak', que funciona como caja negra punk del final de una amistad</p><p class="subtitle">Resumen del año - Los 10 mejores discos de 2025</p></div><p class="article-text">
        La escritura de Miren Amuriza (Berriz, 1990) logra un efecto f&iacute;sico en el lector. Su segunda novela, <em>Pleibak</em> (consonni), nos acelera el pulso seg&uacute;n asistimos al ajuste de cuentas y a la vez declaraci&oacute;n de amor amigo de Jone a Polly. Ambas fueron <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/teenage-adolescentes-jon-savage_1_5840047.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adolescentes inseparables</a> en el cambio de siglo pero, si se cruzan hoy, ni se miran. <em>Pleibak</em> es la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/elite-grupo-punk-macarra-hedonista-no-creemos-politica-si-valores_1_11530814.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">caja negra punk</a>, subjetiva y absorbente, del final de una amistad que no acaba por muerte natural. Un texto en el que la autora y bertsolari explora g&eacute;nero, clase y pol&iacute;tica, por el que desfilan <em>El diario de Patricia</em>, la revista <em>Loka</em> o Gatibu y cuyo nervio es tambi&eacute;n m&eacute;rito de Danele Sarriugarte, traductora del original en euskera.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Pleibak</strong></em><strong>, a trav&eacute;s de la narraci&oacute;n de Jone, transmite cierta animalidad. Una chica que dice cosas como &ldquo;cu&aacute;ntas ancestras m&iacute;as habr&aacute;n esquivado la muerte saliendo a toda hostia de una cueva de lobos para que yo tenga el sentido de la huida tan desarrollado&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que el texto late r&aacute;pido y fuerte. Supongo que ser&aacute; porque, seg&uacute;n iba haciendo memoria sobre las vivencias y la &eacute;poca que quer&iacute;a retratar, era mi pulso el que se aceleraba, y, con el pulso, la escritura. La mayor&iacute;a de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/fabrizia-ramondino-mirada-asombrada-durante-infancia-guerra-civil_1_11744265.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">relatos sobre infancia</a>, adolescencia y primera juventud que le&iacute; mientras escrib&iacute;a, como <em>Panza de burro</em>, <em>Otaberra</em> o <em>Yo no s&eacute; de otras cosas</em>, compart&iacute;an ese latido nervioso y tambi&eacute;n quise captarlo de alguna manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta segunda novela llega tras la buena acogida de su debut, </strong><em><strong>Basa </strong></em><strong>(editado por Elkar en euskera y por consonni en castellano). &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a que tienen en com&uacute;n y qu&eacute; las separa?</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7516919a-54be-4415-8788-2e7eceb052f3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Tanto <em>Basa</em> como <em>Pleibak</em> est&aacute;n arraigadas en un entorno rural. La abuela de Jone y Sabina, la protagonista de <em>Basa</em>, podr&iacute;an haber sido vecinas. Lo que cambia es el punto de vista desde el que se narra ese contexto: para Sabina, el caser&iacute;o era una trinchera donde resistir a brazo partido, pero, para Jone, es un lugar m&aacute;s controvertido. Aunque conserva recuerdos luminosos de su infancia, para la Jone adolescente no deja de ser una especie de semic&aacute;rcel de la que necesita huir. En cuanto al lenguaje literario, ambas novelas est&aacute;n basadas en la oralidad de los personajes, pero el registro rural-poligonero de Jone, &ldquo;sucio&rdquo; y&nbsp;din&aacute;mico, no tiene nada que ver con el modo de hablar de Sabina, mucho m&aacute;s escueto y primitivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tengo la impresi&oacute;n de que en </strong><em><strong>Basa</strong></em><strong> evitaba mitificar los cuidados y el mundo rural. &iquest;Ha ocurrido algo similar aqu&iacute; con respecto a la amistad entre mujeres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es algo que he tenido presente tanto para escribir como despu&eacute;s, a la hora de hablar sobre la relaci&oacute;n de Jone y Polly o la amistad en general. Para m&iacute;, al igual que para entender c&oacute;mo opera el relato del amor rom&aacute;ntico dentro las relaciones sexoafectivas, las reflexiones y propuestas de muchas compa&ntilde;eras feministas han sido imprescindibles para ver c&oacute;mo jerarquizamos los v&iacute;nculos afectivos o las relaciones de poder que se construyen en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escrib&iacute;a<em>, </em>le&iacute; un art&iacute;culo de Teresa Villaverde en <em>Pikara Magazine</em> donde explicaba c&oacute;mo la mayor&iacute;a de nosotras hab&iacute;amos mantenido nuestra primera relaci&oacute;n mon&oacute;gama de pareja con nuestra &ldquo;mejor amiga&rdquo; de infancia. Me pareci&oacute; que el paralelismo acotaba muy bien la relaci&oacute;n de Jone y Polly. La idealizaci&oacute;n, el deseo de exclusividad, los celos, la ruptura: he intentado contar de la manera m&aacute;s tangible posible cada una de estas fases. En el Pa&iacute;s Vasco la ecuaci&oacute;n tiene un factor a&ntilde;adido, la cuadrilla, que juega un papel decisivo, m&aacute;s si cabe, durante la adolescencia. Lo que para algunas puede ser un espacio seguro, para otras es una estructura de relaciones de poder que dicta lo que una debe o no debe hacer, pensar o representar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta historia aborda el duelo de amistad. Un tema tradicionalmente menospreciado por la &oacute;ptica hegem&oacute;nica masculina, cuando puede ser igual o m&aacute;s duro y literario que una ruptura de pareja.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde luego. La antrop&oacute;loga y poeta Mari Luz Esteban afirma que nos hacen falta ritos, palabras o canciones para cerrar las relaciones de amistad. En el caso de Jone, la herida sigue abierta, pero el canal de comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n. Me acuerdo de un amigo que, cuando muri&oacute; su madre, me dijo que lo primero que se le ven&iacute;a a la cabeza una y otra vez era &ldquo;se lo voy a contar a mam&aacute;&rdquo; y que al segundo se daba cuenta, &ldquo;hostia, &iexcl;si ya no est&aacute;!&rdquo;. La interlocuci&oacute;n, de alguna manera, segu&iacute;a abierta. A Jone le pasa algo parecido con Polly. A todos nos pasa que cuando perdemos a alguien cercano internamente seguimos hablando con esa persona.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Seamos o no conscientes, el extracto social al que pertenecemos determina nuestro carácter, relaciones, decisiones y aspiraciones.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miren Amuriza</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Es interesante c&oacute;mo juega la clase social a lo largo de la novela. Jone, en el fondo, habla de hasta d&oacute;nde puede llegar ella y hasta d&oacute;nde Polly. Polly arriesga deliberadamente porque se sabe dentro de una zona de control. Jone es su reverso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es. Al igual que Polly, yo tampoco fui consciente de mis privilegios durante la adolescencia. Soy de un pueblo peque&ntilde;o de apenas 5.000 habitantes y compart&iacute; clase con los mismos compa&ntilde;eros desde los tres a&ntilde;os hasta los diecis&eacute;is. Si me hubieran preguntado sobre nuestras circunstancias cuando &iacute;bamos a la ESO, hubiera respondido que est&aacute;bamos en igualdad de condiciones porque, de cara a la galer&iacute;a, todos llev&aacute;bamos m&aacute;s o menos el mismo tipo de vida. Al pasar los a&ntilde;os miras a tu alrededor y te pones a pensar. Qui&eacute;nes se quedaron en el pueblo, qui&eacute;nes no y por qu&eacute;. Qui&eacute;nes fuimos a la universidad, qui&eacute;nes no y por qu&eacute;. Qui&eacute;nes fueron madres o padres en la veintena, qui&eacute;nes en la treintena, quienes no lo ser&aacute;n. Y por qu&eacute;. Seamos o no conscientes, el extracto social al que pertenecemos determina nuestro car&aacute;cter, relaciones, decisiones y aspiraciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay un perfil de hombre que llamar&iacute;a </strong><em><strong>intensa</strong></em><strong> a Jone. Tipos que se incomodan ante la emocionalidad radical, y m&aacute;s en una mujer. &iquest;Era un ingrediente que ten&iacute;a claro para construir a Jone?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cierta medida, s&iacute;. Ten&iacute;a claro que esta historia la contar&iacute;a Jone y no Polly. Uxue Alberdi, compa&ntilde;era escritora y bertsolari, me hizo notar que en este tipo de relatos sobre la amistad entre dos chicas la narradora testigo suele ser la m&aacute;s <em>formal</em> o normativa de las dos. Ocurre en <em>La amiga estupenda</em> de Elena Ferrante, <em>Las inseparables</em> de Simone de Beauvoir,&nbsp;<em>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</em>, de Fleur Jaeggy. Quer&iacute;a alejarme de ese punto de vista, porque lo que me interesaba era hacer una revisi&oacute;n autocr&iacute;tica de lo que representa Polly, que se parece m&aacute;s a lo que yo misma era a los quince. Y yo, a esa edad, no solo no me enfrentaba a los t&iacute;os que se met&iacute;an con <em>las Jones</em> o con cualquiera de nosotras, sino que probablemente las habr&iacute;a criticado por hacerlo. Ahora no. Si incomodamos o molestamos a los t&iacute;os que nos llaman <em>intensas</em>, ese es el camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La nostalgia edulcorada olvida que el canon de delgadez sobre las adolescentes de los 90 y 2000 fue feroz. </strong><em><strong>Pleibak</strong></em><strong> s&iacute; lo recuerda. Jone habla de </strong><em><strong>pasar</strong></em><strong> de comer y del lazo atado al abdomen para meter tripa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nosotras crecimos viendo siluetas de chicas raqu&iacute;ticas en la tele y en las revistas, e interiorizando sin apenas darnos cuenta la mirada del director, fot&oacute;grafo o dise&ntilde;ador de turno hacia las mujeres como objetos sexuales mientras nos mare&aacute;bamos de tanto en tanto en los pasillos del instituto por no haber desayunado. Y no lo quer&iacute;a pasar por alto, porque hablar de adolescencias es hablar de cuerpos y ese canon, en mayor o menor grado, nos marc&oacute; a todas. Aunque tengamos veinte a&ntilde;os m&aacute;s y hayamos adquirido una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/vivian-gornick-feminismo-sobrevivir-donald-trump_1_12350107.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conciencia feminista</a>, sigue siendo dif&iacute;cil desprenderse por completo del puto lazo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Está a la orden del dia que los chicos digan que sufren discriminación, o que Milei, Trump o Netanyahu son los putos amos.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miren Amuriza</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>No solo el sexo o la droga, como verbaliza Jone con los a&ntilde;os, son canales de aceptaci&oacute;n en grupo. Su amiga Polly presume de compromiso con la izquierda independentista. </strong><em><strong>Pleibak</strong></em><strong> pone de relieve que la adolescencia tambi&eacute;n es pol&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que lo es. Las aulas de los centros p&uacute;blicos son muchas veces la versi&oacute;n miniaturizada de ese barrio o pueblo. Tengo bastantes docentes alrededor, y por lo visto &uacute;ltimamente est&aacute; a la orden del d&iacute;a que los chicos digan que sufren discriminaci&oacute;n, o que Milei, Trump o Netanyahu son los putos amos. Algunos lo har&aacute;n por provocar a los profesores y otros porque realmente pensar&aacute;n as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El euskera, su lengua, es tambi&eacute;n el de la novela original, publicada por Susa el pasado a&ntilde;o. Danele Sarriugarte es la traductora al castellano para esta edici&oacute;n en consonni. &iquest;C&oacute;mo ha sido el proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La traducci&oacute;n que ha hecho Danele es impresionante. No es lo mismo traducir de un idioma no hegem&oacute;nico a uno hegem&oacute;nico que al rev&eacute;s. En el caso de <em>Pleibak </em>menos a&uacute;n, porque el euskera de la narradora est&aacute; cuidadosamente <em>ensuciado</em> con el castellano para asemejarse m&aacute;s al registro oral y juvenil, y la combinaci&oacute;n de ambos idiomas es el reflejo de la diglosia que vivimos en el Pa&iacute;s Vasco. Trabajar con Danele ha sido una suerte y un aprendizaje sobre c&oacute;mo evitar la exotizaci&oacute;n o la particularizaci&oacute;n, c&oacute;mo adaptar las referencias culturales o c&oacute;mo traducir o no los diferentes dialectos dentro un mismo texto. Me ha hecho replantearme muchas cosas. En febrero se publicar&aacute; la versi&oacute;n catalana en Club Editor, traducida por Pau Joan Hern&agrave;ndez, y est&aacute; siendo muy interesante ver qu&eacute; soluciones han servido para ambos textos y cu&aacute;les no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Con qu&eacute; salud ve el euskera a d&iacute;a de hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dir&iacute;a que cr&iacute;tica. Euskalgintzaren Kontseilua, el organismo que re&uacute;ne a agentes que trabajan en favor de la normalizaci&oacute;n, declar&oacute; hace un a&ntilde;o que el euskera se encuentra en situaci&oacute;n de emergencia ling&uuml;&iacute;stica y que la recesi&oacute;n llegar&aacute; muy pronto si no se toman las medidas adecuadas a corto plazo. La globalizaci&oacute;n y la digitalizaci&oacute;n hacen que las lenguas minorizadas sean a&uacute;n m&aacute;s vulnerables. A pesar de todo, creo que la literatura vasca est&aacute; en un momento muy interesante y tengo la suerte de pertenecer a una generaci&oacute;n muy potente de escritoras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/miren-amuriza-escritora-si-molestamos-llaman-intensas-camino_128_12863451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 20:53:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros,Escritores,Cultura,Entrevistas,Feminismo,Amistad,Novela,Editoriales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Galder Reguera: "No exijo a un futbolista que tenga un posicionamiento político, pero cuando lo tiene es un poco más héroe"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/galder-reguera-no-exijo-futbolista-tenga-posicionamiento-politico-heroe_1_12749718.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e886049-ce1b-48a4-8809-2f7fca30052e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galder Reguera: &quot;No exijo a un futbolista que tenga un posicionamiento político, pero cuando lo tiene es un poco más héroe&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor presenta una antología de columnas en las que, con agudeza y ternura, el fútbol explica la vida
</p><p class="subtitle">Harris Dickinson debuta en la dirección: “Se supone que la religión es algo amable, pero todos sabemos que no lo es”
</p></div><p class="article-text">
        Con Galder Reguera (Bilbao, 1975) descubres que existi&oacute; un jugador del Flamengo brasile&ntilde;o que narraba sus propios regates al tiempo que los ejecutaba. O que Pacho Maturana recorri&oacute; con sus seleccionados colombianos el eje cafetero de su pa&iacute;s para que entendieran que su misi&oacute;n era proveer felicidad a esos trabajadores. Con Reguera uno conoce mejor la vida a trav&eacute;s del tan sobredimensionado como menospreciado f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Fil&oacute;sofo de formaci&oacute;n y director de Estrategia y Operaciones de la Fundaci&oacute;n Athletic Club, Reguera publica <em>Por qu&eacute; el f&uacute;tbol </em>(Geoplaneta), una antolog&iacute;a de sus columnas que funciona como un abrazo para el aficionado exigente con lo que ocurre tambi&eacute;n fuera del campo. Y como una revelaci&oacute;n para quien sienta ajeno el bal&oacute;n. El lector aprender&aacute; conceptos como f&uacute;tbol de proximidad, lesi&oacute;n en el &aacute;nimo, que un estadio no es un par&eacute;ntesis del mundo o que este juego se vive en serio porque en serio es como juegan los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No lloramos </strong><em><strong>por</strong></em><strong> una canci&oacute;n, sino </strong><em><strong>con</strong></em><strong> una canci&oacute;n, escribe. Y que eso ocurre tambi&eacute;n cuando nos emociona el f&uacute;tbol. &iquest;Se imagina su vida sin &eacute;l?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Me ha hecho sentir mucho y me ha ayudado a conocerme a m&iacute; mismo y el mundo. Para bien y para mal, como por ejemplo mi cobard&iacute;a en el campo cuando jugaba de joven. A los futboleros se nos acusa de tener sentimientos artificiales. Que no puedes estar disgustado porque tu equipo ha perdido un partido en el &uacute;ltimo minuto. Tengo la teor&iacute;a de que parte de esas emociones vienen de fuera del f&uacute;tbol. Este es un canalizador de sentimientos que est&aacute;n fuera del estadio. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sus dos hijos est&aacute;n presentes en su literatura. &iquest;Qu&eacute; papel juegan en que le siga apasionando el f&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los fen&oacute;menos que te ocurren al tener hijos es que vuelves a ver el mundo a trav&eacute;s de los ojos de un ni&ntilde;o. La fascinaci&oacute;n, los porqu&eacute;s, todo eso que vas aparcando de adulto. La familia y las relaciones entre personas est&aacute;n muy marcadas en mi vida literaria. Soy hijo p&oacute;stumo y he tenido un padrastro, por eso siempre he entendido que los v&iacute;nculos no son solo de sangre, sino de lo que vives, de lo que compartes, de momentos que hay que construir. Ir con mis hijos al estadio es lo mejor. Me encanta compartir el tiempo futbol&iacute;stico con ellos. Mis hijos me han hecho mejor escritor. Siempre se plantea eso de que con ni&ntilde;os no hay tiempo para escribir y te conviertes en peor escritor, pero a m&iacute; creo que me pasa al rev&eacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9c360369-4c05-4ac3-8b63-7401e1f68dc3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">San Mamés no es la piedra, es la gente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El estadio de su club, el Athletic, tambi&eacute;n es protagonista en su obra. &iquest;Est&aacute; el nuevo San Mam&eacute;s construyendo ya su propia leyenda para las nuevas generaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        San Mam&eacute;s no es la piedra, es la gente. Del antiguo al nuevo nos movimos cien metros. Por eso escrib&iacute; que cambia la piedra, pero el esp&iacute;ritu permanece. San Mam&eacute;s es nuestro hogar, t&uacute; puedes cambiar de piso, pero a tus amigos les dices &lsquo;me voy a casa&rsquo;. Casa es donde habitas, tambi&eacute;n mentalmente. Al no desplazarlo de sitio, la relaci&oacute;n de la hinchada con el espacio sigue siendo la misma. Cuando se demoli&oacute; el anterior fue un d&iacute;a emotivo, pero al empezar en la casa nueva nos dimos cuenta de que era la misma, incluso con mayor comodidad y seguridad. 
    </p><p class="article-text">
        Mis hijos no tienen recuerdos del antiguo San Mam&eacute;s. El mayor fue a varios partidos, pero no se acuerda y el peque&ntilde;o no lleg&oacute; a pisarlo. Cuando vemos juntos im&aacute;genes de antes, mis hijos dicen &lsquo;aita, vaya campo m&aacute;s peque&ntilde;o, &iquest;ah&iacute; jugaba el Athletic?&rsquo;. Yo soy un poco bisagra: San Mam&eacute;s antiguo era el campo de mi aitite y el nuevo es el de mis hijos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Mundial de Catar me generó dudas, pero creo que podemos utilizar el fútbol para educar. Antes de los partidos les contaba a mis hijos cómo la FIFA y Catar evitaban que se hablara de los derechos LGTBI</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El f&uacute;tbol de ahora, reconozcamos, tiene su propia &eacute;pica. La final del Mundial de Catar fue un partidazo. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Si alguien dice que el mejor Mundial fue del 82, y entonces ten&iacute;a 15 a&ntilde;os, es que es el que vivi&oacute; con m&aacute;s pasi&oacute;n. Yo ten&iacute;a 15 en el 90, y ese Mundial a nivel de juego fue una mierda, pero recuerdo el Argentina-Camer&uacute;n, el gol del colombiano Rinc&oacute;n a Alemania, los gemelos de Egipto o la semifinal en N&aacute;poles entre Italia y Argentina. Cuando tus ojos est&aacute;n descubriendo el mundo todo te fascina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Galder Reguera                            </span>
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        El Mundial de Catar me gener&oacute; dudas sobre si verlo, pero creo que podemos utilizar el f&uacute;tbol para educar. Antes de los partidos les contaba a mis hijos c&oacute;mo la FIFA y Catar evitaban que se hablara de los derechos de las personas LGTBI. No me cabe duda de que ellos recordar&aacute;n ese Mundial con nostalgia. Yo lo vi y no me acuerdo de la mayor&iacute;a de los partidos, pero para mis hijos Livakovi&#263; es como para nosotros Taffarel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A un aficionado le puede dejar de gustar el f&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Te puedes alejar. Yo me he alejado en algunas &eacute;pocas. Lo ve&iacute;a con desd&eacute;n y dudas. Ahora sigo con dudas con respecto a su papel educativo por experiencia propia. El f&uacute;tbol tambi&eacute;n sirve para maleducar en el sentido hipercapitalista de exigencia m&aacute;xima, de distinguir por niveles a edades tempranas, de discursos tecn&oacute;cratas con poca humanidad en el trato.
    </p><p class="article-text">
        Pero una pelota tiene algo. Empiezas a botarla y te hipnotiza calcular las posibilidades de que entre en una papelera. Hubo un v&iacute;deo viral de una profesora que tiraba de espaldas a canasta y, si entraba, invitaba a sus alumnos a chocolate. Hay un momento, cuando la pelota se acerca al tablero, que se hace un silencio de expectaci&oacute;n absoluta: &iquest;va a ocurrir el milagro? Si te gusta la pelota, es muy dif&iacute;cil que te borres de eso. Puedes borrarte del f&uacute;tbol de &eacute;lite, pero es dif&iacute;cil que est&eacute;s un d&iacute;a en el parque leyendo y, si hay unos chavales jugando, no mires a ver si va a entrar ese bal&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quiz&aacute; uno de sus planes futuros, leemos en otra columna, es escribir un manual anti-coaching titulado </strong><em><strong>Yes, you can&rsquo;t.</strong></em><strong> Parece que la ret&oacute;rica del f&uacute;tbol no tiene t&eacute;rmino medio entre el eslogan de taza y el hiperrealismo de asumir que se sufre m&aacute;s que se celebra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso del &lsquo;todo se puede&rsquo;, &lsquo;es una cuesti&oacute;n de voluntad&rsquo;, o que si el Betis consigui&oacute; ganar al Real Madrid significa que todos podemos lograr nuestras metas: odio a los coaches porque creo que son par&aacute;sitos de la filosof&iacute;a. Mi gran problema con eso es que gente que muchas veces necesita ayuda se pone en manos de un coach y eso pospone la ayuda psicol&oacute;gica profesional. Es mejor saber lo que no vas a poder hacer que obsesionarse con que lo que no consigues es solo responsabilidad tuya.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Algunos de sus h&eacute;roes son Rachid Mekhloufi, Jos&eacute; &Aacute;ngel Iribar, S&oacute;crates, Kenny Dalglish, Predrag Pa&scaron;i&#263;, &Eacute;ric Cantona o Thomas Hitzlsperger. &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que no se circunscribieron al estadio. Adoro a los jugadores por lo que hacen en el campo y no me importa mucho lo que hagan fuera a no ser que pasen determinadas l&iacute;neas rojas. No exijo a un futbolista que tenga un posicionamiento pol&iacute;tico, pero, cuando lo tiene, para m&iacute; es un poco m&aacute;s h&eacute;roe. El momento en que me he sentido m&aacute;s orgulloso de mi actual capit&aacute;n, I&ntilde;aki Williams, es cuando dijo en rueda de prensa que ojal&aacute; sus goles ayudasen a callar bocas, refiri&eacute;ndose a la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Mekhloufi renunci&oacute; a la gloria deportiva del Mundial del 58 para alistarse en el Frente de Liberaci&oacute;n Nacional argelino y echar una mano a su pa&iacute;s. Su suplente, Just Fontaine, fue y sigue siendo el m&aacute;ximo goleador mundialista, pero le pregunt&eacute; una vez a Mekhloufi si no sent&iacute;a pena por eso y respondi&oacute; &lsquo;voy por Argel y los ni&ntilde;os me besan la mano&rsquo;. No cambiaba por nada lo que hizo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los h&eacute;roes a veces est&aacute;n cerca. Habla con cari&ntilde;o de Carlos Gurpegui, &Oacute;scar de Marcos, Dani Vivian o I&ntilde;igo P&eacute;rez.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nombras a gente excepcional. He tenido la suerte de compartir con ellos mi faceta laboral y mi admiraci&oacute;n ha crecido. Con I&ntilde;igo P&eacute;rez tuve uno de los momentos m&aacute;s felices de mi vida. Yo estaba en el festival de cine [Thinking Football, organizado por el Athletic] y &eacute;l quiso venir. Se lo agradec&iacute; y me cont&oacute; que me hab&iacute;a visto varias veces por el club y que le daba verg&uuml;enza acercase y saludarme, pero que quer&iacute;a darme las gracias &eacute;l a m&iacute;. Dijo: &lsquo;Me diste clase cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os y me impact&oacute; mucho, cambi&oacute; la perspectiva de c&oacute;mo ve&iacute;a las cosas&rsquo;. Fueron solo unas clases de pr&aacute;cticas que di durante tres semanas en el colegio donde yo tambi&eacute;n estudi&eacute;. Es una persona excepcional y lo est&aacute;n comprobando en Vallecas. El tipo de gente que hace el f&uacute;tbol mejor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El precio de las entradas es desorbitado. Los jóvenes no pueden ir al fútbol porque es impagable, no porque se les hagan largos 90 minutos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; le irrita del f&uacute;tbol actual, de ese &ldquo;f&uacute;tbol moderno&rdquo; que habr&iacute;a que ir llamando posmoderno o posf&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El desplazamiento del hincha. El precio de las entradas es desorbitado. Los j&oacute;venes no pueden ir al f&uacute;tbol porque es impagable, no porque se les hagan largos 90 minutos. La experiencia del estadio es maravillosa, el tiempo vuela incluso en un partido malo. Me molestan los poderes que intentan sacar del estadio a la gente que es due&ntilde;a leg&iacute;tima de este juego: el pueblo. Muchos clubes pecan de dar la espalda a su hincha natural. Ahora hay un movimiento que recupera la cercan&iacute;a, se ve en Burgos, en Santander, en el H&eacute;rcules o en Barcelona con el Sant Andreu o el Europa, donde el hincha vuelve a su sitio natural. Al club de proximidad que le da lo que no puede ning&uacute;n megaclub. Ese es el f&uacute;tbol que debemos reivindicar.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco me gusta eso de meter la c&aacute;mara en todas partes. Y no soporto las pancartas de &lsquo;dame la camiseta&rsquo;. Yo he ido de ni&ntilde;o a San Mam&eacute;s a darle dibujos a los jugadores, no quer&iacute;a la camiseta, no se piden. No me gusta la idolatr&iacute;a, en general, con el futbolista debe haber una relaci&oacute;n m&aacute;s de t&uacute; a t&uacute;. Eso creo que en Bilbao se mantiene. Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n la llama la ciudad de los exjugadores, porque siempre que viene se cruza en la calle con alguno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Amar el f&uacute;tbol es exigirle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Como a una persona que amas. Quieres al f&uacute;tbol y le pides que se comporte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Athletic </strong><a href="https://www.eldiario.es/rastreador/estadio-san-mames-vuelca-palestina-denunciar-genocidio-gaza_132_12658226.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>homenaje&oacute; recientemente a refugiados</strong></a><strong> de Palestina y a Honey Talijeh, excapitana de esa selecci&oacute;n, en un acto muy aplaudido en San Mam&eacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Athletic tiene unas ra&iacute;ces en el territorio muy profundas y no da la espalda a la sociedad. Hay una l&iacute;nea difusa entre derechos humanos y pol&iacute;tica. Se dice que los clubes no tienen que hacer pol&iacute;tica y eso es entendible en cuanto al partidismo, pero todo es pol&iacute;tica. Los DD. HH. son una convenci&oacute;n pol&iacute;tica aprobada por Naciones Unidas.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a una exigencia social muy potente de dar un paso al frente y el club lo dio. Adem&aacute;s, tenemos un v&iacute;nculo especial con Honey porque la nombramos embajadora en nuestro 125&ordm; aniversario y amadrina un proyecto que hemos puesto en marcha en campos de refugiados palestinos en Siria. Fue una jornada muy emocionante. De esos d&iacute;as en que est&aacute;s orgulloso de tu club. El aplauso de 50.000 en un estadio a alguien significa que esa persona no est&aacute; sola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro est&aacute; dedicado a sus compa&ntilde;eros en La Cervantina, la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola de escritores. La entrena el que define como &ldquo;mejor m&iacute;ster del mundo&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese grupo genera un v&iacute;nculo muy fuerte. Me ha servido much&iacute;simo. Cuando estaba emocionalmente agotado y hundido, Pedro [Zuazua, el entrenador] me llam&oacute; y me dijo: &lsquo;Galder, s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;s ahora, en un agujero. Y yo voy a bajar a sacarte porque he estado ah&iacute; y s&eacute; c&oacute;mo se sale. Ven conmigo, t&iacute;o&rsquo;. Al colgar me ech&eacute; una llorera de la hostia. Not&eacute; lo que era un equipo: gente que no te deja.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De haber sido jugador y quedarle un par de a&ntilde;os de f&uacute;tbol fuera del Athletic, &iquest;qu&eacute; destino habr&iacute;a elegido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; hubiera sido un <em>one club man</em>. Si no, no tengo ni idea. Creo que habr&iacute;a buscado un sitio donde hubiera pasi&oacute;n. Me gusta mucho el f&uacute;tbol ingl&eacute;s. No necesariamente la Premier, de ah&iacute; para abajo. O un club que tuviera unas ra&iacute;ces potentes en su entorno. Lo que me da pena es que un millonario elija lo que no necesita: el dinero. No se dan cuenta de que lo que es irrecuperable es el tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/galder-reguera-no-exijo-futbolista-tenga-posicionamiento-politico-heroe_1_12749718.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Nov 2025 20:31:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Galder Reguera: "No exijo a un futbolista que tenga un posicionamiento político, pero cuando lo tiene es un poco más héroe"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Deporte,San Mamés]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lorena Álvarez, cantante: “Este disco es fruto de un momento de no poder más y parar”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/lorena-alvarez-cantante-disco-fruto-momento-no-parar_1_12690208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/950dd8b5-e024-4117-99e6-8bd6ddea9b3d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128080.jpg" width="3543" height="1993" alt="Lorena Álvarez, cantante: “Este disco es fruto de un momento de no poder más y parar”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La asturiana presenta canciones nacidas de la necesidad de pausar y recuperar su soberanía en 'El Poder Sobre Una Misma', su nuevo álbum de estudio</p><p class="subtitle">Rosalía lanza mensajes y su nueva música empieza a sonar en TikTok</p></div><p class="article-text">
        Poes&iacute;a que la Seguridad Social hace posible. Ser&iacute;a una manera, incompleta, de describir el nuevo &aacute;lbum de Lorena &Aacute;lvarez (San Antol&iacute;n de Ibias, 1983). La asturiana presenta en <em>El Poder Sobre Una Misma</em> (Montgr&iacute;) nueve temas delicados pero potentes e hilvanados en torno a la necesidad de la autora de frenar y recuperar su soberan&iacute;a personal y creativa. A la pausa se le a&ntilde;aden <a href="https://www.eldiario.es/cultura/silencio-suena-musico-escucha-paseo-filosofico-gorka-urbizu-nav_1_11275278.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el silencio</a>, la oscuridad y la intuici&oacute;n como ingredientes de canciones que la artista envuelve en una frase flaubertiana: &ldquo;Con mi mano quemada escribo sobre la naturaleza del fuego&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El &aacute;lbum transmite calma. &iquest;La ha habido durante el proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa calma es el resultado de haber experimentado lo contrario a ella. El disco es la resoluci&oacute;n de todo un proceso de b&uacute;squeda de esa calma despu&eacute;s de una &eacute;poca bastante tormentosa. Cuenta la historia de c&oacute;mo he conseguido recuperar el poder sobre s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es </strong><em><strong>El Poder Sobre Una Misma</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estar en tu centro. Construir un hueco en este mundo en el que poder vivir como quieres. Normalmente est&aacute;n tirando de ti hacia todas partes. El disco cuenta el proceso de una mujer que se rompe y se recompone. Los motivos no importan. Son situaciones en las que nos vemos involucradas en nuestra vida. Entregamos a los dem&aacute;s el poder que tenemos sobre una misma. A las parejas, a la familia, en el trabajo, a los amigos. Se trata de ser consciente de ese vac&iacute;o, volver a recuperar todos esos trozos y conformar con ellos tu centro. Lo he hablado con varias mujeres y todas se han sentido bastante identificadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lorena Álvarez presenta su disco &#039;El poder sobre una misma&#039;                            </span>
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        <strong>&iquest;Cu&aacute;nto hay de autobiogr&aacute;fico en estas canciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda mi m&uacute;sica lo es. Siempre digo mucho esa frase de &ldquo;con mi mano quemada escribo sobre la naturaleza del fuego&rdquo;. Solo hago m&uacute;sica cuando tengo algo que decir y sobre cosas que he experimentado, me han cambiado o de las que he aprendido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;M&iacute;stico-sensual&rdquo;: as&iacute; define el disco en su texto de presentaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;na esas dos cosas, est&aacute; muy en contacto con un sentimiento espiritual. Llevo varios a&ntilde;os practicando meditaci&oacute;n y me ha influido a la hora de escribir. Me siento y miro hacia el interior. Hay tantos est&iacute;mulos que puedes estar fuera de ti todo el rato. A la vez, el disco es muy terrenal. Habla del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/temas-conversacion-novela-deseo-femenino-autosabotaje-punaladas-norman-mailer_1_7229671.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">deseo femenino</a>. Es un disco que est&aacute; mirando hacia el cielo, con la cabeza en las nubes pero los pies en la tierra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Identifico en &eacute;l, como en la naturaleza, cuatro elementos. Uno es la pausa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        He parado para hacer este disco. No me encontraba bien. Es fruto de un momento de no poder m&aacute;s. Para m&iacute;, parar ha significado reducir mis gastos al m&iacute;nimo y poder irme a mi casa, a mi pueblo, donde todo el mundo me ayuda. Ten&iacute;a que parar porque de ello depend&iacute;a mi vida. Claro que, cuando paras, te asustas much&iacute;simo, pero tuve que hacerlo as&iacute;. Todas las canciones son bastante po&eacute;ticas, pero la &uacute;ltima es muy literal y cuento la historia tal cual pas&oacute;. El arte se rige por esos tiempos, no puedes estar todo el rato <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-produccion-cultura-auto-creacion_129_12260366.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presionando la creatividad</a>. Y no lo tengo tan claro, eh, que una y otra vez lo tengo que volver a aprender porque se me olvida. Despu&eacute;s salen cosas, aunque tambi&eacute;n pod&iacute;a no haber salido nada. Normalmente s&iacute;, porque en cuanto creas un silencio dentro de ti, se empieza a llenar de cosas nuevas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/98581965-454f-4107-9068-a6d76fd8e939_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Un segundo elemento ser&iacute;a ese, el silencio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        He estado en un retiro de silencio este a&ntilde;o. Es curioso, porque paso mucho tiempo en silencio, sola, escribiendo, trabajando, pero cuando estoy con gente hablo much&iacute;simo. Lo primero que te pasa cuando vives la experiencia de estar con un grupo de personas en silencio es que te pones de los nervios. Pero una vez que pasas eso, te puede cambiar, es como una limpieza. El ruido no viene solo de fuera, nuestra cabeza est&aacute; siempre que no para. Mucha gente dice que ser artista es tener inspiraci&oacute;n, pero mi conclusi&oacute;n es que ser artista es ser capaz de hacer ese silencio en tu interior y dejar que de ah&iacute; salgan cosas m&aacute;s profundas. Siempre estoy buscando el silencio. No es algo que salga natural, es algo por lo que tienes que luchar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La oscuridad como tercer ingrediente. </strong><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/irene-sola-lugar-vivir-aventuras-novela-quedamos-casa-mujeres-esconden-esperan_1_10569547.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Afirma la escritora Irene Sol&agrave;</strong></a><strong> que &ldquo;cuanto m&aacute;s la mires, m&aacute;s se acostumbrar&aacute;n tus ojos y m&aacute;s ver&aacute;s&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay luces por todas partes: las pantallas, las farolas, las tiendas, que entras y parecen quir&oacute;fanos. Hay que dirigirse a la oscuridad con los ojos abiertos. Para que exista una cosa tiene que existir la contraria y la m&uacute;sica ilumina esos rincones m&aacute;s oscuros. Andrea Laszlo de Simone ha sacado un disco que se llama <em>Una Lunghissima Ombra</em>. Es un t&iacute;tulo muy evocador, porque, para que algo d&eacute; esa sombra larga, es porque est&aacute; recibiendo una luz muy potente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y el cuarto: la intuici&oacute;n. Justo en una &eacute;poca en la que parece que necesitamos tenerlo todo controlado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay, por ejemplo, ciertas pautas que seguir en una canci&oacute;n. Qu&eacute; triste hacer m&uacute;sica con unas pautas. Si esa libertad me la cierran dici&eacute;ndome que el tema tiene que durar dos minutos, que el estribillo tiene que estar antes de tal minuto&hellip; O <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-retira-ley-compensa-creadores-ia-buscar-consenso-sector_1_12002089.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo de la Inteligencia Artificial</a>, qu&eacute; triste usarla para la creatividad, yo quiero que me friegue los platos o para la Renta, pero no para escribir o componer. La intuici&oacute;n juega un papel importante en mi vida. Todo esto de lo que hablamos son opciones personales, cosas por las que lucho fruto de un compromiso. Si no, me dejar&iacute;a llevar por demasiadas horas con el m&oacute;vil o querer controlarlo todo, pero me niego.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Gu&iacute;ame</strong></em><strong>, primer adelanto, dura siete minutos. Es sintom&aacute;tico que podamos sentir que </strong><em><strong>no tenemos</strong></em><strong> ese tiempo para escuchar una canci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y no ya para eso, sino para estar con una persona querida. La creatividad surge del aburrimiento. Creo que si soy una persona creativa es por todas las horas que pas&eacute; en mi infancia viviendo en un pueblo sola y aburrida. Conf&iacute;o mucho en la poes&iacute;a. Hoy es todo muy literal. Lo que intento con mi m&uacute;sica es ofrecer ese espacio a los dem&aacute;s. Conf&iacute;o en la magia de la poes&iacute;a que produce un espacio de libertad en otra persona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el &uacute;ltimo tema menciona a la Seguridad Social. Sin ella quiz&aacute; no tendr&iacute;amos tanta poes&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. El disco est&aacute; dedicado a mi psic&oacute;loga. Gracias a ella lo he podido terminar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La artista Lorena Álvarez                            </span>
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        <strong>El vampirismo de g&eacute;nero, todo ese tiempo que los hombres quitan a las mujeres, tambi&eacute;n est&aacute; presente. Quiz&aacute; lo que cantaba en </strong><em><strong>Si t&uacute; eres mi hombre</strong></em><strong> tiene una r&eacute;plica ahora en </strong><em><strong>Incre&iacute;ble</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy contenta porque creo que he encontrado un lenguaje m&aacute;s femenino. Est&aacute; m&aacute;s cerca de lo que quiero contar. Las flores de la portada, recogidas en paseos, est&aacute;n inspiradas en los herbarios de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura/jardines-conmemoran-emily-dickinson-significado-madre-planes-dejarse-caminando_132_12615723.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emily Dickinson</a>. Leyendo a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/virginia-woolf-roger-fry_1_3637411.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> me he dado cuenta de que en otros discos estaba reaccionando con rabia a muchas cosas. Aqu&iacute; tengo la sensaci&oacute;n de que me he sentado m&aacute;s a observar y conectar con ese lenguaje femenino que no es de reacci&oacute;n sino de observaci&oacute;n. Una amiga me dijo que este disco es m&aacute;s bien <em>una disca</em>. Soy una mujer y desde ese punto de vista cuento las cosas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es tambi&eacute;n el trabajo de la vuelta a su pueblo natal, San Antol&iacute;n de Ibias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Llevo a&ntilde;os viviendo en sitios a los que me lleva la m&uacute;sica o el amor. Y hace tres a&ntilde;os no ten&iacute;a pensado instalarme en mi pueblo, solo recuperarme. Pero, una vez all&iacute;, me di cuenta de que estaba en la gloria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Echa de menos una ciudad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para nada. Cuando era m&aacute;s joven, siendo de un sitio peque&ntilde;o y m&aacute;s o menos incomunicado, desde donde se tardan dos horas y media en llegar a Oviedo, s&iacute; sent&iacute;a que me perd&iacute;a lo que pasaba ah&iacute; fuera. Ahora me ocurre al rev&eacute;s, me llena m&aacute;s dar un paseo por el bosque que lo que me ofrece una ciudad. Otra cosa que me gusta es que te relacionas con todo tipo de personas, cada d&iacute;a aprendes algo de quien te rodea. Tampoco hay que idealizarlo, en un pueblo no todo es maravilloso, pero me alegro de haber nacido y crecido all&iacute;. Mi camino ha ido por lugares que no tienen que ver con mis ra&iacute;ces y me gusta conocer esas dos visiones de la vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las canciones que grab&oacute; con el Coro de Ladinamo en </strong><em><strong>Dinamita</strong></em><strong> tienen m&aacute;s de 10 a&ntilde;os. Ha cambiado el mundo en este tiempo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo sigo por mi camino pero va cambiando contra lo que tienes que luchar, los monstruos. Siento que ahora es todo un poco m&aacute;s dif&iacute;cil, que hab&iacute;a m&aacute;s espacio para llevar a cabo todas esas cosas de las que hemos estado hablando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo mutaron esos monstruos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada vez son menos visibles, menos f&aacute;ciles de detectar en la vida cotidiana. Y, claro, hay cosas muy fuertes como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/pedro-almodovar-loles-leon-300-personas-cultura-concentran-leer-nombres-ninos-palestinos-asesinados_1_12602680.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo que est&aacute; pasando en Palestina</a> o Ucrania. Pero en lo cotidiano es como que nos estamos dejando embaucar totalmente y vamos directos a la ruina. Si hay un poco de espacio para un pensamiento m&aacute;s libre, est&aacute; en los sitios m&aacute;s peque&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/lorena-alvarez-cantante-disco-fruto-momento-no-parar_1_12690208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Oct 2025 19:56:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lorena Álvarez, cantante: “Este disco es fruto de un momento de no poder más y parar”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Música,Canciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Brieva: “Creernos peor de lo que somos permite tragar con el capitalismo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/miguel-brieva-creernos-peor-permite-tragar-capitalismo_1_12645139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f559dc7-ad52-4fbd-876f-540957ff9570_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel Brieva: “Creernos peor de lo que somos permite tragar con el capitalismo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dibujante reedita y actualiza Bienvenido al Mundo, su inquietante clásico que haría a cualquier invasor extraterrestre irse por donde vino
</p><p class="subtitle">Antonio Arias, cantante de Lagartija Nick: “Uno espera la ejecución, pero el verdugo no viene”
</p></div><p class="article-text">
        Las vi&ntilde;etas de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/miguel-brieva-individualismo-existe_1_4312247.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miguel Brieva </a>(Sevilla, 1974) son, si nos queda algo de autoestima colectiva, inc&oacute;modas. Casi tanto como excitantes. <em>Bienvenido al Mundo</em>, retrato de la alienaci&oacute;n y delirio de nuestro siglo publicado originalmente en 2007, es uno de los libros m&aacute;s representativos de su obra. Un &aacute;lbum de horrores sist&eacute;micos y toques a la especie de inquietante actualidad que reedita ahora Astiberri con un anexo actualizado de 16 p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es llamativa la vigencia de muchas ideas de </strong><em><strong>Bienvenido al Mundo</strong></em><strong> casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s. Un piropo a su trabajo que no deja en buen lugar nuestra deriva social.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Preferir&iacute;a haberme equivocado y que vivi&eacute;ramos en una realidad distinta, mejor, y reconocer que fui un aguafiestas. Pero creo que, ya sea de manera intuitiva como en mi caso o argumentada, cuando uno entiende la l&oacute;gica de un momento hist&oacute;rico, no son dif&iacute;ciles los ejercicios de anticipaci&oacute;n pesimistas. Con el tiempo he ido siendo consciente de la redundancia de la s&aacute;tira en un mundo que ya va desbocado hacia el abismo. Conforme he visto de qu&eacute; manera tan esperp&eacute;ntica se iban confirmando los peores delirios que se me ocurrieron hace 20 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Vivimos en una sociedad literal, con ya poco terreno velado, que dificulta el rol de un humorista gr&aacute;fico cr&iacute;tico?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; era ingenuo pensar que ese tipo de humor iba a provocar un cambio. Las cosas son m&aacute;s complejas, aunque el humor sigue siendo una de las cualidades m&aacute;s profundas del ser humano. Trabajar con ello es un alivio y como herramienta es irrenunciable, pero &iquest;qu&eacute; puedes decir gracioso de Trump? Para m&iacute;, cobra un inter&eacute;s antropol&oacute;gico entender qu&eacute; mecanismos hay, por qu&eacute; consensos muy b&aacute;sicos de hace 30 o 40 a&ntilde;os se desvanecen y la gente se lanza en tromba a lo peor. 
    </p><p class="article-text">
        Como estamos tan atrincherados, una vi&ntilde;eta m&iacute;a que hace 20 a&ntilde;os pod&iacute;a hacerle gracia a alguien conservador, ya ni eso. Hay un descontento general con el sistema. El problema es que un lado trata de responder a eso desde una tradici&oacute;n pol&iacute;tica argumentativa y constructiva y desde el otro lado se apela al miedo, a la envidia, a participar de los sue&ntilde;os del sistema. Son maneras diferentes de hacer un diagn&oacute;stico, pero lo que a m&iacute; me interesa es lo com&uacute;n a todo el mundo. Para m&iacute; ah&iacute; est&aacute; el tu&eacute;tano pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Miguel Brieva revisita &#039;Bienvenido al Mundo&#039;, retrato de la alienación y delirio de nuestro siglo publicado en 2007                            </span>
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        <strong>Es cr&iacute;tico con el concepto de atenci&oacute;n. En su diccionario aparece como moneda de cambio actual. Respecto a las pantallas, habla de una Gran Alucinaci&oacute;n Digital. Pero &iquest;no estaba ya todo bastante torcido de antes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en el presentismo y tendemos a hacer lecturas cortoplacistas. Quiz&aacute; desde la Segunda Guerra Mundial estamos en un proceso de desarrollo destructivo imparable. La televisi&oacute;n fue la gran forma de alienaci&oacute;n de los 80, pero no pod&iacute;amos saber que despu&eacute;s habr&iacute;a una maquinaria tecnol&oacute;gica que iba a dejar a la tele como una especie de merienda de intelectuales. El mero hecho de ver juntos lo mismo y comentarlo parece menos alienante que lo de ahora. En un sistema que colapsa, hay gente que tiene la esperanza de salir de algo terrible, y quien ha cre&iacute;do tanto en el sistema que va a muerte. Y eso es muy humano tambi&eacute;n. Durante miles de a&ntilde;os nuestra fortaleza ha sido creer en relatos compartidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre relato, justamente, en el libro leemos lo mucho que se nos ha insistido en que somos lobos con piel de cordero, cuando seguramente seamos m&aacute;s bien lo contrario, corderos con piel de lobo. Seres emp&aacute;ticos tensionados por un mandato externo de endurecernos. Como si nos hubi&eacute;ramos cre&iacute;do que somos peores de lo que somos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es. Es un mito profundamente adherido que nos permite tragarnos el capitalismo. Hay que pensar, como [el economista Karl] Polanyi, que ese sistema es la mayor disrupci&oacute;n antropol&oacute;gica y lo que nos genera un estado de malestar constante. Ya nos es muy dif&iacute;cil ver el capitalismo desde fuera como los obreros del XIX. Cuando se habla de libertad como una bandera siempre pienso que los seres humanos no tendemos a ser todos distintos, esa pulsi&oacute;n no siempre ha estado ah&iacute;. Sobre lo de creernos peores, recomiendo el libro <em>Dignos de ser humanos</em>, de Rutger Bregman.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero es como si nos aburriera lo que somos durante casi todo nuestro tiempo y necesit&aacute;semos consumir crimen, desastre, tragedia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre se habla de que en el relato tiene que haber un conflicto, que es una cuesti&oacute;n narrativa muy reciente y creo que ah&iacute; estamos equivocados. Hay un falso canon occidental que dice que si hablas de lo malos que somos los seres humanos y las tinieblas y nuestras oquedades eres un gran artista. Ahora, como hables de algo que se parezca a la realidad de un barrio, eres aburrido o un artista &ldquo;pol&iacute;tico&rdquo;. Somos una sociedad que se dice a s&iacute; misma cosas muy raras.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay un falso canon occidental que dice que si hablas de lo malos que somos los seres humanos y las tinieblas y nuestras oquedades eres un gran artista</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miguel Brieva</span>
                                        <span>—</span> Dibujante
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La palabra genocidio entra en la puesta al d&iacute;a de </strong><em><strong>Bienvenido al Mundo</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace mucho tiempo que no puedo ver esas im&aacute;genes. Tampoco creo que me sirvan, conozco la historia. Previo a esta escalada de locura, el capitalismo es siempre una picadora de carne. El propio Estado de Israel lleva d&eacute;cadas hablando de &ldquo;cortar el c&eacute;sped&rdquo;, un t&eacute;rmino para matar de golpe a muchas personas. Y pienso tambi&eacute;n en la manera interesada en que se ha utilizado el Holocausto por parte de las autoridades mundiales, como si ah&iacute; se hubiera hecho ya todo el mal y todo lo que siguiera fuese mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su discurso se aprecia un giro hacia lo propositivo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito del ecologismo m&aacute;s ambicioso se sabe que estamos en un callej&oacute;n sin salida. Hay una manera de generar esperanza a trav&eacute;s de tomar conciencia de la imagen distorsionada que tenemos de nosotros mismos. Ahora estoy escribiendo el guion de un c&oacute;mic largo y es una historia ecot&oacute;pica. Estamos tan cegados a nivel imaginativo que cuesta. Hacer una distop&iacute;a no es un reto, es soplar con el viento a favor. No te metas en una ecotop&iacute;a para ganar dinero, pero ese es el reto art&iacute;stico y la necesidad social. Lo dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Francisco Martorell: cualquier creaci&oacute;n art&iacute;stica actual que no sugiera un modelo alternativo de vivir de alg&uacute;n modo contribuye a perpetuar el estado de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Mantiene la esperanza de un cambio a mejor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si utilizo la raz&oacute;n, veo que los problemas son de una escala insondable y que tenemos pocos resortes para modificar el rumbo. Si me dejo llevar por los sentimientos y la emoci&oacute;n, por supuesto hay que tener esperanza, que es algo irracional y que te anima a seguir. Creo que tiene raz&oacute;n Jorge Riechmann cuando dice que los occidentales no tenemos derecho a la desesperanza. Lo que pasa en Gaza pone de manifiesto c&oacute;mo Europa ha vivido una fantas&iacute;a de creerse superior a todo cuando en realidad es el germen de gran parte del horror del mundo y a d&iacute;a de hoy ah&iacute; est&aacute; dejando a Netanyahu hacer lo que le da la gana. Para m&iacute;, Gaza ahora mismo es la humanidad: hombres, mujeres, ni&ntilde;os y ancianos sobreviviendo a una situaci&oacute;n ignominiosa apoy&aacute;ndose entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El del humor, su gremio en cierta manera, es uno de los que m&aacute;s abraza eso de que &ldquo;ya no se puede decir nada&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hice una vez una vi&ntilde;eta sobre un humorista diciendo que por qu&eacute; no le preguntan alguna vez a un economista por los l&iacute;mites de la econom&iacute;a. Lo de que ya no se puede decir nada es absurdo. Adem&aacute;s, es un mensaje que se lanza desde grandes medios de comunicaci&oacute;n. Es como si alguien que est&aacute; tumbado en el jard&iacute;n con piscina de un chalet de lujo rodeado de sus criados se pone a gritar que le persiguen. Cualquier cosa que se diga hoy tiene menos relevancia que en otros tiempos. Es tal el ruido que aunque viniera alguien que consiguiera hilvanar las palabras m&aacute;gicas de un conjuro que hiciera que toda la humanidad despertase a la misma luz, probablemente la cacofon&iacute;a impedir&iacute;a que operase el embrujo. Eso s&iacute; podr&iacute;a decirse, pero que haya m&aacute;s censura no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Forma parte del grupo Las Buenas Noches. El paradigma de la m&uacute;sica tambi&eacute;n ha cambiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El mercantilismo ha destruido la m&uacute;sica hegem&oacute;nica. Hace d&eacute;cadas, esta pod&iacute;a ser comercial y a la vez tener un sustento de inter&eacute;s social, pero ahora es el sue&ntilde;o h&uacute;medo de cualquier capitalista. Es como si de repente hubi&eacute;ramos pasado de un lenguaje de 5.000 palabras a uno de 300.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/miguel-brieva-creernos-peor-permite-tragar-capitalismo_1_12645139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Oct 2025 19:59:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miguel Brieva: “Creernos peor de lo que somos permite tragar con el capitalismo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Libros,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Arias, cantante de Lagartija Nick: “Uno espera la ejecución, pero el verdugo no viene”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/antonio-arias-cantante-lagartija-nick-espera-ejecucion-verdugo-no-viene_128_12634807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/006674b3-1692-4212-adda-0ef0e4b4f973_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Arias, cantante de Lagartija Nick: “Uno espera la ejecución, pero el verdugo no viene”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El grupo granadino presenta 'Eternamente en vivo', álbum en directo que resume 35 intensos años de vida</p><p class="subtitle">Shaun Ryder, líder de Happy Mondays: “De joven no me importaba la política, pero ahora pienso en ella por mis hijos”
</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por una especie de efecto Mandela, algunos estar&iacute;an convencidos de que Lagartija Nick ya contaba con un disco en directo. No era as&iacute; hasta ahora, hasta <a href="https://montgri.lnk.to/EternamenteVivo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Eternamente en vivo</em></a> (Montgr&iacute;). Una novedad que repasa 35 a&ntilde;os de trayectoria con la particularidad de condensar 14 &aacute;lbumes en 12 temas. La prueba f&iacute;sica de lo que ya saben quienes han vivido alguno de sus conciertos actuales: el presente dulce de la banda de Eric Jim&eacute;nez, Juan Codorn&iacute;u, JJ Machuca y Antonio Arias (Granada, 1965), que nos habla sobre el universo Lagartija y el futuro cercano. 
    </p><p class="article-text">
        La gira de presentaci&oacute;n del disco comienza el 9 de octubre en Pamplona y sigue por Bilbao, Val&egrave;ncia, Elche, Madrid, Barcelona y Murcia, para rematar en M&aacute;laga el 24 de enero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; no exist&iacute;a todav&iacute;a un disco en directo de Lagartija Nick?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; hay un pudor. Los m&uacute;sicos solemos ser muy malos cr&iacute;ticos con nosotros mismos, no le vemos la perspectiva a las grabaciones, se magnifica el error y eso te aleja de editar algo en directo. Pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os grabamos muchos conciertos para el documental <em>Generaci&oacute;n Lagartija</em> y vimos que el sonido era muy expresivo y convincente, que abarc&aacute;bamos mucho espacio. Est&aacute;bamos casi sorprendidos por el sonido que ten&iacute;amos en directo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Supongo que el trabajo de selecci&oacute;n de temas no ha sido sencillo. El grupo tiene m&aacute;s de 160 canciones y en el disco hay doce.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es curioso centrar un directo en un disco sencillo. Lo m&aacute;s l&oacute;gico ser&iacute;a abarcarlo todo, pero tambi&eacute;n me atra&iacute;a la idea de sintetizar un concierto en doce temas. Han sido seleccionados por el impacto que tienen en directo. Quiz&aacute; nos hemos enfocado hacia una parte punki que se nos da bien. Tenemos varios de <em>Su</em> y hemos recuperado alguna de un disco bastante oculto como <em>Lo imprevisto</em>. La incorporaci&oacute;n de JJ est&aacute; muy bien reflejada y la gama de sonidos tambi&eacute;n. En cuanto a los textos, creo que son todos bastante reivindicativos, se posicionan, hay una idea de acci&oacute;n pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo primero que se escucha es una tonadilla en voces de ni&ntilde;as: &ldquo;Hoy nos reciben con palmas, con amor y caridad, y las palmas se volvieron odio y mala voluntad&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es la historia de esa grabaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Soria vimos unas ni&ntilde;as que estaban cantando, en Domingo de Ramos, esos cantos tan siniestros. Ped&iacute; a los adultos que las acompa&ntilde;aban si pod&iacute;a grabarlo. Son canciones tradicionales sin notas, es dif&iacute;cil adornarlo con acordes. Lo que cantan es un resumen, con sentido del humor, de nuestra propia carrera y de lo que puede pasar en un directo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>Se puede decir que existe un universo Lagartija. En el directo aparecen Lorca, Val del Omar, Morente o su hermano Jes&uacute;s Arias a trav&eacute;s de la letra de </strong><em><strong>El signo de los tiempos.</strong></em><strong> Pienso tambi&eacute;n en Joe Strummer, el fallecido cantante de los Clash, o Bu&ntilde;uel.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nuestra obsesi&oacute;n por crear una iconograf&iacute;a propia tiene que ver con nuestro ritmo lento. Lo comenz&oacute; mi hermano Jes&uacute;s con <em>Manifiesto Guernika</em> de TNT y uniendo a Lorca con una po&eacute;tica punk como la de la letra apretada de <em>Agon&iacute;a, agon&iacute;a.</em> Cualquier creaci&oacute;n iconogr&aacute;fica lleva tambi&eacute;n mucho de fantas&iacute;a, de historia m&aacute;gica. Como esa imagen de Joe Strummer con mi hermano en V&iacute;znar buscando con palas el cuerpo de Lorca. Es importante la teatralidad, reconocer lo cercano y hacerlo tradici&oacute;n. Todo eso conlleva una lentitud con respecto a imitar los modelos anglosajones, que ya no son modelos art&iacute;sticos, sino de negocio. Es mejor crear y compartir tu propio mundo que seguir esos otros modelos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cualquier creación iconográfica lleva también mucho de fantasía, de historia mágica. Como esa imagen de Joe Strummer con mi hermano en Víznar buscando con palas el cuerpo de Lorca. Es importante la teatralidad, reconocer lo cercano y hacerlo tradición</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El &aacute;lbum est&aacute; grabado en casa, en Granada, y en una noche.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nos marcamos el reto de hacerlo con el concepto de d&iacute;a &uacute;nico. Tiene esa comuni&oacute;n con el p&uacute;blico. Para el grupo es un ejercicio de concentraci&oacute;n, de &lsquo;hazlo y no pienses&rsquo;, pero al tiempo permanece atento a la gente, que son quienes hablan con el grupo en ese momento. Ocurre todo muy r&aacute;pido, aunque hagamos dos horas siempre pienso que nos hemos olvidado de 20 minutos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En 35 a&ntilde;os de carrera casi sin parar, &iquest;qu&eacute; ha aprendido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En su momento, cada paso que dimos parec&iacute;a el m&aacute;s l&oacute;gico, pero visto ahora dices &lsquo;qu&eacute; locura&rsquo;. Nuestro primer m&aacute;nager, Javier Gonz&aacute;lez, es de Portugalete, y los gaztetxes de Euskadi crearon el sonido que todav&iacute;a conservamos. Ten&iacute;amos mucha comunicaci&oacute;n con un p&uacute;blico que nos impon&iacute;a respeto. Despu&eacute;s, la poes&iacute;a nos 'enga&ntilde;&oacute;' y cre&oacute; otro camino importante despu&eacute;s de <em>Omega</em>, aunque yo ya estaba obsesionado con el collage y la poes&iacute;a de la <em>beat generation</em> con su lado lorquiano y lis&eacute;rgico. Ah&iacute; ya empezamos a buscarnos donde nunca nos hab&iacute;amos conocido.
    </p><p class="article-text">
        Esos cambios de estilo representan una urgencia. Quiz&aacute; nos met&iacute;amos mucha prisa. El tiempo pasaba de una forma distinta. El resto del tiempo ha transcurrido m&aacute;s sosegado y ha servido para convencernos de que cuando hagamos un disco debe ser un reto para nosotros mismos, debe ser complejo y distinto. El otro d&iacute;a un amigo dec&iacute;a que en conciertos de otra gente todo el mundo se sabe las letras y que en nuestro caso hay una confusi&oacute;n a&ntilde;adida.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y el mayor logro de Lagartija Nick?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando hicimos el grupo se hu&iacute;a de las multinacionales de los ochenta. Yo hab&iacute;a estado en 091, el grupo estaba chul&iacute;simo, pero era un rollazo tratar con las compa&ntilde;&iacute;as, eran como sordas y ciegas. Estuvimos intentando evitar firmar con una multi, pero en <em>Inercia</em>, que iba a ser para Romilar-D como <em>Hipnosis</em>, ya se nos vendi&oacute; el contrato a Sony. Con <em>Omega</em> tuvimos much&iacute;simos problemas y con <em>Val del Omar</em> ni te cuento. Para nosotros, la condici&oacute;n de estar ah&iacute; era potenciar a lo bestia nuestro mensaje, no adaptarnos a lo que mejor funcionaba. Aquellas reuniones eran &uacute;nicamente matem&aacute;ticas, de art&iacute;stico ten&iacute;an poco. Pero estoy contento de haberlo hecho as&iacute;, con el sufrimiento que conllev&oacute;. Quiz&aacute; por eso <em>Su</em> refleja ese punto: todo se oscurece y nos lleva con Morente, Lorca y Val del Omar. El camino tenebroso. Se nos abrieron dos ante nosotros, uno estaba lleno de luz y arco&iacute;ris y el otro de bosques negros. Pues ese cogimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es cierto que la trayectoria de la banda puede leerse como una sucesi&oacute;n de etapas. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una excelente relaci&oacute;n, es una &eacute;poca muy sana. Podemos hacer cualquier cosa, por ah&iacute; estoy muy tranquilo. Da mucha alegr&iacute;a cuando est&aacute;s en el ensayo con los mismos con quienes empezaste a hacer las canciones m&aacute;s tontas de la historia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando hicimos el grupo se huía de las multinacionales de los ochenta. Yo había estado en 091, el grupo estaba chulísimo, pero era un rollazo tratar con las compañías, eran como sordas y ciegas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Esperaba que el grupo durase tanto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; espera uno la ejecuci&oacute;n. El yo no lo voy a matar, que lo mate otro. Tambi&eacute;n por necesidad: este es tu oficio. Siempre hay una v&iacute;spera del final en cada disco. La vida te va ense&ntilde;ando lo incre&iacute;ble que es estar bien y nunca sabes si vas a poder editar otro. Ese 'puede que sea el &uacute;ltimo' es como la zanahoria del burro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero Lagartija contin&uacute;a, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, yo estoy esperando al verdugo, pero no viene [risas].
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; trae 2026?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es el 30&ordm; aniversario de <em>Omega</em> y queremos montar algo, estamos hablando con la familia de Enrique. Da mucha pena sin &eacute;l porque c&oacute;mo lo disfrutar&iacute;a. A nosotros el impacto de trabajar con Morente nos modific&oacute; de inmediato. Siempre gir&aacute;bamos en torno al mismo concepto de canci&oacute;n y eso solo lo rompimos en <em>Omega</em>. El duende habitaba en &eacute;l en el sentido de que era una llama viva, cada directo era &uacute;nico. As&iacute; los tom&eacute; todos. Qu&eacute; suerte, pensaba yo, de haber hecho otro m&aacute;s con &eacute;l.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l ha sido la clave para mantener al grupo, si no eternamente, s&iacute; todo este tiempo en vuelo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La propia urgencia de vivir. Ser hoy m&uacute;sico y ma&ntilde;ana ya veremos. Creo que ese ha sido el motor siempre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; le parece el mundo de hoy? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; como siempre. Entre dist&oacute;pico y feliz. Yo lo afronto intentando adaptarme. En la m&uacute;sica, uno puede echar de menos aquellos trabajos que ten&iacute;an esa secuencia tan estudiada y lenta: disco, gira, componer. Ahora es una adaptaci&oacute;n diaria a esos entornos que llaman <em>VUCA</em> [Vol&aacute;til, Incierto, Complejo y Ambiguo: acr&oacute;nimo creado por la Escuela de Guerra del Ej&eacute;rcito estadounidense para describir el mundo posterior a la Guerra Fr&iacute;a], que son para las empresas pero que se aplican a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tiene bastante que ver con la confusi&oacute;n que reflejaban las letras de <em>Inercia</em>, pero ahora te enfrentas a algo que no puedes calibrar y filos&oacute;ficamente te reta en una atracci&oacute;n-repulsi&oacute;n. Creo que el sistema te orienta a ser gestor de lo que te funciona. Pero eso puede provocar la muerte de tu creaci&oacute;n si no te preocupas de tener proyectos aunque sean ruinosos. Es como que el entorno te dice que le puedes sacar m&aacute;s provecho a tu memorabilia que a tu futuro y a tu ahora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El músico Antonio Arias                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Lo que vemos en Palestina tiene bastante que ver con el &aacute;lbum </strong><em><strong>Los cielos cabizbajos</strong></em><strong>, la muerte que llega desde arriba.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la gira de Bu&ntilde;uel, yo dec&iacute;a eso de &ldquo;arder&aacute;, arder&aacute; Netanyahu en el infierno de su propio Libro&rdquo;. En el &uacute;ltimo concierto en el Zaid&iacute;n llevaba un pa&ntilde;uelo y sacamos la bandera. Por un lado, hay una reivindicaci&oacute;n constante que no nos tiene que obligar a gestos f&iacute;sicos. Pero, por otro lado, todo lo que vives te sugiere que, en lugar de decir que ya has denunciado millones de veces, sigas haci&eacute;ndolo. El activismo, lo de levantar el culo del sof&aacute;, es lo m&aacute;s importante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estoy muy obsesionado con la música gnawa y estoy terminando un disco. Me gustaría sacudirme toda la influencia anglosajona, centrarme en la esencia de la música. Quiero llegar al hueso de mi necesidad del rock a través de otros caminos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por d&oacute;nde pasa su pr&oacute;ximo plan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy muy obsesionado con la m&uacute;sica gnawa y estoy terminando un disco. Me gustar&iacute;a sacudirme toda la influencia anglosajona, centrarme en la esencia de la m&uacute;sica. Quiero llegar al hueso de mi necesidad del rock a trav&eacute;s de otros caminos. Esa es mi etapa creativa actual: primero descomponerme para despu&eacute;s componer de otra manera. He bajado tres veces a Marruecos este a&ntilde;o para estudiar gnawa con los m&uacute;sicos de all&iacute;, sobre todo a trav&eacute;s del instrumento guembri. Colaborar con el bajo el&eacute;ctrico se ha hecho mucho, pero estudiando desde el mismo instrumento es como vas a aprender su m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Estuvimos con Bachir Attar de Master Musicians of Jajouka y haciendo v&iacute;deos en Tetu&aacute;n. Grabamos con equipo marroqu&iacute; y la idea es que cada presentaci&oacute;n se pueda convertir casi en un festival. Tocar con ellos, dar un mensaje de solidaridad antirracista. Siempre hay una distancia, pues que se nos vea hacer cosas juntos, que veamos c&oacute;mo nos tratan all&iacute; y c&oacute;mo les tratamos aqu&iacute;. A ellos, a los m&uacute;sicos, les putean mogoll&oacute;n en ambos lados. Y aqu&iacute; en Granada se potencia a Isabel la Cat&oacute;lica y la Semana Santa, pero todo el mundo viene a ver la Alhambra, el Sacromonte y el Albaic&iacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/antonio-arias-cantante-lagartija-nick-espera-ejecucion-verdugo-no-viene_128_12634807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Sep 2025 19:54:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonio Arias, cantante de Lagartija Nick: “Uno espera la ejecución, pero el verdugo no viene”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Granada,Conciertos,Rock,Música,Enrique Morente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adriana Herreros: "Damos la espalda a los barrios, pero cuando hay desastres naturales se agradece la proximidad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/adriana-herreros-damos-espalda-barrios-hay-desastres-naturales-agradece-proximidad_128_12592797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2aefafa6-ee8b-4a04-94c9-ed11e4cf82a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adriana Herreros: &quot;Damos la espalda a los barrios, pero cuando hay desastres naturales se agradece la proximidad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el ensayo 'Andar por andar' la autora defiende la acción de caminar como una manera placentera y rebelde de habitar estos tiempos</p><p class="subtitle">Anatomía de una escena - ‘Romería’ por dentro: Carla Simón desvela los secretos de cuatro escenas clave de la película</p></div><p class="article-text">
        La escritora Rebecca Solnit afirm&oacute; una vez que, aunque la luz de nuestra linterna sea limitada, podemos cruzar con ella la noche entera. Amante del caminar, ser&iacute;a buena compa&ntilde;era de paseo de Adriana Herreros, que presenta en sociedad su ensayo <em>Andar por andar</em> (En Debate), una sosegada pero apasionada apolog&iacute;a de ese preciso acto. En el texto, la riojana &mdash;autora de la newsletter <a href="https://campovisual.substack.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Campo visual</em></a><em>&mdash;</em> examina un at&aacute;vico gesto, el de desplazar un pie tras otro, ordinario aunque ins&oacute;lito y tan bals&aacute;mico como tonificante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ha podido pasear hoy, d&iacute;a de la publicaci&oacute;n del libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, estaba con un nudo en el est&oacute;mago que, cuando no es excesivamente serio, supero paseando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Distingue en el ensayo varias formas de caminar: estando conectados al entorno o ensimismados, con intenci&oacute;n transgresora o art&iacute;stica, en un medio natural o urbano. &iquest;Ten&iacute;a clara esa tipolog&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esto ha sido como un camino en s&iacute; mismo. Seg&uacute;n iba profundizando aparec&iacute;an bifurcaciones, as&iacute; que me apetec&iacute;a pararme y estructurarlo. Mucha gente me ha preguntado, por ejemplo, si diferencio entre pasear y andar. Y la verdad es que s&iacute;. Lo relaciono con un motivo sem&aacute;ntico: en alguna &eacute;poca el paseo tuvo que ver con cierto <em>networking </em>arist&oacute;crata. Quiz&aacute; ese matiz se haya perdido, pero s&iacute; observo c&oacute;mo enfocamos hoy la actividad de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/no-camino-andar_1_10072815.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">caminar</a>: si la gente que lo practica lo hace para desconectar del d&iacute;a a d&iacute;a o para conocer la ciudad. Me interesaba saber si iba a ser capaz de teorizar sobre una cuesti&oacute;n sobre la que existe una amplia bibliograf&iacute;a. Esto, que hubiera gente m&aacute;s lista e importante que yo que ya hubiera escrito sobre ello, me gustaba y evitaba que me sintiera sola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Defiende el &ldquo;paseo radical&rdquo;, el &ldquo;mero gusto por vagabundear sin rumbo&rdquo;, la &ldquo;ruta a pie feliz e improvisada&rdquo;, el &ldquo;garbeo sin ambiciones&rdquo;. Utiliza el andar como una analog&iacute;a de nuestra manera de estar en el mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Quiero reivindicar una manera sosegada de vivir. No me gustan todas estas consignas que nos sacuden a diario e intentan captar y anular nuestra atenci&oacute;n con la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-produccion-cultura-auto-creacion_129_12260366.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">productividad</a>. Me apetec&iacute;a escribir con un tono tranquilo y positivo, y trasladar que se puede vivir de otro modo. Que ir despacio, o elegir caminos que se bifurcan o son m&aacute;s largos que otros, es una met&aacute;fora sobre la toma de decisiones cotidiana. Es posible una manera m&aacute;s humilde de caminar por la vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Menciona en la obra el &ldquo;privilegio del tiempo&rdquo;. &iquest;Est&aacute; el paseo concebido como un lujo cuando deber&iacute;a ser m&aacute;s bien un derecho?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hablo de andar siempre que se pueda contando con el privilegio del tiempo y de la salud. Doy relevancia a la decisi&oacute;n de utilizar, siempre que se pueda, el andar como modo de desplazamiento. A, con el tiempo y la salud de tu parte, considerar que puedes cubrir una distancia andando. Vas a llegar m&aacute;s tarde y probablemente m&aacute;s cansada, pero es un esfuerzo que se puede hacer. Tenemos derecho a ocupar el espacio p&uacute;blico, y no solo en la ciudad, sino tambi&eacute;n en el medio natural. Me da rabia cuando los negocios privados no respetan la servidumbre de paso y no puedes acceder a un terreno natural como pueda ser una playa. Tenemos derecho al espacio p&uacute;blico y a conocerlo caminando. Ha de existir siempre un camino p&uacute;bico para llegar a todos los sitios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es la productividad el mayor enemigo del paseo? Quiz&aacute; a mucha gente le gustar&iacute;a caminar m&aacute;s de lo que lo hace.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aceptamos que todas nuestras horas han de ser eficaces. Nos hacemos agendas diarias en las que en cada hueco metemos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/palabras-historia-ocio_1_12439805.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varias actividades</a>. Todo tiene que responder a un resultado. Realmente hay que salir de esa m&aacute;trix. Es dif&iacute;cil, pero no imposible. No es algo que haya sucedido siempre y que sea inmutable. No todo lo que hagamos tiene que obedecer a una raz&oacute;n, no hay que sentirnos culpables por desaprovechar el tiempo. Creo que hay destruir ese tipo de idearios. Y no creo que sea imposible, porque las personas sometidas a ese r&eacute;gimen de productividad est&aacute;n viendo los resultados en su cuerpo y su salud mental.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Andar es gratis en un mundo consumista. &iquest;Ir a pie a un sitio puede parecer casi de pobres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si lo piensas, en algunos pa&iacute;ses el mero hecho de ver a una persona o un grupo andando ya es algo sospechoso. Es cultural, en otras sociedades todo lo que tenga que ver con una movilidad m&aacute;s humana y sostenible est&aacute; bien visto. Pero s&iacute;, suele estar denostado. Los vagabundos eran los que sol&iacute;an ir andando de pueblo en pueblo. Mucha gente asocia el caminar a un tipo de actividad reglada en la que hayas tenido que pagar un dinero por una equipaci&oacute;n o un gu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque deambular o pajarear no suenan mal, verbos como pendonear, errar, vagar o merodear s&iacute; tienen connotaciones negativas. La antrop&oacute;loga </strong><a href="https://www.eldiario.es/economia/ines-gutierrez-precio-vivienda-expulsa-centro-gente-recursos-proceso-elitizacion_128_11245324.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>In&eacute;s Guti&eacute;rrez Cueli</strong></a><strong> ha contado que, durante su investigaci&oacute;n in situ acerca de los PAU, pasear por uno de ellos la convirti&oacute; </strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=uS_hG6xDCqc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>&ldquo;en una persona extremadamente sospechosa&rdquo;</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un amigo dibujante estuvo viviendo un tiempo, por trabajo, en Miami. Daba vueltas a la manzana bajo el sol, era el &uacute;nico que paseaba por all&iacute;, &eacute;l y alg&uacute;n vagabundo. La polic&iacute;a le acab&oacute; pidiendo la documentaci&oacute;n. A m&iacute; no me ha pasado nada que tenga que ver con las autoridades, pero s&iacute; siento esa sospecha entre la gente. Acaba una reuni&oacute;n de trabajo en alg&uacute;n sitio alejado, alguien se ofrece a acercarte con su coche y tienes que explicar por qu&eacute; quieres ir andando.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/046f0f1c-854b-47ba-823c-06cece971c11_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Mucha gente habita ciudades que parecen en guerra con el caminar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La privatizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico es muy peligrosa. Vivimos de espaldas a los barrios y las vecinas y, sin embargo, en momentos como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/imagenes-arrasadas-dana-muestran-lado-humano-familias-afectadas_1_12400469.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desastres naturales</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/mirada-pesimista-catastrofista-ficcion-gran-apagon-suerte-no-cumplio_1_12257252.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el apag&oacute;n</a>, la gente echa de menos o agradece esa proximidad. Si tuvi&eacute;ramos aceras amables o plazas que no sean centros comerciales donde poder quedar, sentarnos y hablar, tendr&iacute;amos mayor relaci&oacute;n de vecindad. Las intervenciones en dise&ntilde;o urbano y movilidad a veces son sencillas y no muy costosas. No puedo dejar de pensar que hay una intenci&oacute;n pol&iacute;tica, que no se desean barrios con ciudadanas que interact&uacute;an entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Regresar a casa caminando de madrugada tras una noche de fiesta puede ser un momento de lo m&aacute;s agradable. No as&iacute; siempre para las mujeres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Era inevitable abordar el tema de la seguridad. En los movimientos por los derechos de las mujeres, siempre se reivindic&oacute; el espacio p&uacute;blico en un sentido f&iacute;sico. Lo que al principio molest&oacute; del movimiento sufragista estadounidense fue la presencia de aquellas mujeres en p&uacute;blico. De hecho, fueron las primeras en protestar frente a la Casa Blanca. La expresi&oacute;n &ldquo;chicas de la calle&rdquo; siempre me llam&oacute; la atenci&oacute;n, y hoy en muchas partes del mundo una chica sola en la calle sigue siendo sospechosa.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra relaci&oacute;n con el espacio p&uacute;blico es contradictoria. Nos forzamos, yo me fuerzo desde jovencita, a poder estar a cualquier hora en cualquier sitio sabiendo que una posible agresi&oacute;n estaba ah&iacute;. Nos forzamos porque, si no nos ves, no existimos. A d&iacute;a de hoy, esto no se ha solventado, al contrario. En el libro incluyo cifras sobre c&oacute;mo las chicas j&oacute;venes sienten un mont&oacute;n de inseguridad cuando pasean solas por el espacio p&uacute;blico. La perciben porque hay una amenaza real.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tenemos excesivas luchas abiertas. Es un escenario tan complejo que la energía se está diluyendo. La fuerza de muchas personas caminando juntas no es solo simbólica, sino real</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adriana Herreros</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La manifestaci&oacute;n es una de las herramientas hist&oacute;ricas de la protesta. Un paseo de mucha gente haci&eacute;ndose compa&ntilde;&iacute;a y contagi&aacute;ndose energ&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos excesivas luchas abiertas. Es un escenario tan complejo que la energ&iacute;a se est&aacute; diluyendo. Pero la fuerza de muchas personas caminando juntas no es solo simb&oacute;lica, sino real. A veces no nos hemos encontrado todos a la vez, y cada uno ha seguido un desv&iacute;o, pero es una fuerza pr&aacute;ctica que ha llevado a cambios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Nos ir&iacute;a mejor si camin&aacute;semos m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que s&iacute;. Desentra&ntilde;as el mundo, entiendes por qu&eacute; alguien ve la vida como la ve, entiendes de barrios, lindes, fronteras o naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuenta en el libro de qui&eacute;n aprendi&oacute; el amor por el paseo. &iquest;Ha conseguido transmit&iacute;rselo a alguien en su entorno?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tampoco soy de hacer proselitismo, prefiero contarlo de manera tranquila y que algo pueda quedar. He tenido amigas algo perezosas, pero se han venido y nos lo hemos pasado bien. En el libro quer&iacute;a contar que existe una herencia afectiva. Caminar es un poco abrir las puertas a la curiosidad y esta se aprende y se contagia. Mi experiencia personal es afortunada, he andado y sigo haci&eacute;ndolo mucho con familia y amigos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando conoce a una persona, &iquest;se pregunta si le gusta caminar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s o menos lo intuyo [r&iacute;e]. En conversaciones breves, la gente no te suele decir si camina mucho o poco, pero s&iacute; puedes saber si le dan excesiva importancia al coche, a la velocidad, a la productividad, a la exigencia, a la rigidez. S&iacute;, s&iacute; creo que puedo notar c&oacute;mo est&aacute;s en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es su entorno favorito para pasear en la ciudad en la que vive, Madrid?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo mis primeros meses en Madrid, que no me enteraba de nada y me dejaba llevar, iba en metro hasta que decidir andar. Tengo una zona que romantizo en el Retiro. Como otros parques que son retazos de distintas &eacute;pocas, tiene un &aacute;rea muy estilizada y geom&eacute;trica, pero tambi&eacute;n otra m&aacute;s asalvajada, el Campo Grande, que no es recta y tiene cierto relieve.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Existe el paseo perfecto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El paseo diario. Tener el privilegio del tiempo y de la salud, y el sosiego, las ganas y la energ&iacute;a necesarias para pasear diariamente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/adriana-herreros-damos-espalda-barrios-hay-desastres-naturales-agradece-proximidad_128_12592797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Sep 2025 20:53:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adriana Herreros: "Damos la espalda a los barrios, pero cuando hay desastres naturales se agradece la proximidad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Ensayos,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hervé Kempf explica, ahora a los más jóvenes, "cómo los ricos saquean el planeta": “El futuro no está escrito"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/herve-kempf-explica-ahora-jovenes-ricos-saquean-planeta-directos-violencia_1_12387997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0b4ba83-3e8b-4d72-b578-735fe9e7a0e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hervé Kempf explica, ahora a los más jóvenes, &quot;cómo los ricos saquean el planeta&quot;: “El futuro no está escrito&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista francés publica en formato cómic una crítica radical al papel de las élites en la crisis medioambiental, dibujado por Juan Mendez, una adaptación de su 'best seller'</p><p class="subtitle">Caitlin Moran: “Los adolescentes varones tienen más probabilidades de tener un iPhone que un padre en casa”
</p></div><p class="article-text">
        A los actos en los que participa Herv&eacute; Kempf (Amiens, 1957) iba sobre todo gente de en torno a 50 a&ntilde;os y ahora eso ha cambiado. Est&aacute; logrando su objetivo de llegar a un p&uacute;blico m&aacute;s joven y la raz&oacute;n la encontramos en el c&oacute;mic <em>C&oacute;mo los ricos saquean el planeta</em> (Garbuix Books, con traducci&oacute;n de Montserrat Terrones), dibujado por Juan Mendez.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de la adaptaci&oacute;n en vi&ntilde;etas de un <em>bestseller</em> del prestigioso periodista y escritor clim&aacute;tico franc&eacute;s, publicado en 2007 y traducido a doce idiomas. Despu&eacute;s de casi dos d&eacute;cadas, Kempf asegura que los millonarios no han aprendido ni cambiado nada acerca de su mayor vicio, el de engordar sus cuentas. Al contrario, la voracidad de las &eacute;lites y la desigualdad social que esta genera se han convertido, para el autor, en la mayor amenaza para el planeta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su libro es central un concepto tomado del economista estadounidense Thorstein Veblen, &ldquo;rivalidad ostentatoria&rdquo;. La competici&oacute;n sin final en la que cada clase social trata de distinguirse mediante el consumo. Una carrera que en sus escalones superiores est&aacute; marcada por el lujo y el despilfarro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es la clave. Hay una competici&oacute;n simb&oacute;lica, no agresiva, pero que se traduce en demostrarnos los unos a los otros que tenemos buena ropa o tel&eacute;fonos. Se encuentra el prestigio en imitar a la clase superior. Y esta, a su vez, imita a la que tiene por encima. As&iacute; es como se acaba imponiendo el modelo cultural de la clase en lo alto de la jerarqu&iacute;a que empuja al sobreconsumo de recursos de forma global, una de las causas fundamentales de la crisis clim&aacute;tica. Si queremos solucionarla, hay que reducir el consumo mediante el cambio de modelo cultural. La desigualdad es el principal problema ecol&oacute;gico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a79f9181-e9c3-44e8-af7c-0c6514c310a4_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Los ricos, como argumenta con cifras en su obra, son de largo quienes m&aacute;s toneladas de di&oacute;xido de carbono emiten. Tradicionalmente contrarios a socializar beneficios, s&iacute; parece interesarles hacerlo con la responsabilidad en el desastre. Escuchamos mucho m&aacute;s que es el ser humano en general, y no la &eacute;lite, quien causa destrucci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        De hecho, su estrategia es peor que eso. Las clases dominantes hablan de que todos tenemos que hacer algo sobre el cambio clim&aacute;tico, que tiene una parte de verdad, pero no todos tenemos la misma porci&oacute;n de responsabilidad. A ellos les da igual la ecolog&iacute;a, la biodiversidad o la contaminaci&oacute;n qu&iacute;mica. Act&uacute;an como si fuera posible crecer como antes. Y desde hace unos a&ntilde;os ha irrumpido una ideolog&iacute;a que cree que la tecnificaci&oacute;n y la inteligencia artificial ser&aacute;n el siguiente paisaje para la humanidad, una corriente que deja fuera a una gran parte de habitantes del planeta. En definitiva, tenemos a unos muy ricos que se sit&uacute;an al margen del sentido com&uacute;n cuando hablamos de justicia clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su opini&oacute;n, &iquest;los negacionistas creen que realmente el problema no existe o que s&iacute;, pero no quieren reconocerlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que ambos casos coexisten. La extrema derecha, por ejemplo, prefiere actuar como si no existiera, focalizando los problemas sobre los extranjeros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una página de &#039;Cómo los ricos saquean el planeta&#039;                            </span>
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        <strong>&iquest;Por qu&eacute; parece que el desastre clim&aacute;tico no nos alerta lo suficiente como para lograr grandes movilizaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre esto, dir&iacute;a dos cosas. La primera es que hay encuestas recientes que muestran que una gran mayor&iacute;a de las personas s&iacute; est&aacute;n preocupadas por el cambio clim&aacute;tico. Hay una brecha entre lo que la gente siente y lo que los pol&iacute;ticos est&aacute;n haciendo. En segundo lugar, en mi pa&iacute;s, la mayor&iacute;a de medios de comunicaci&oacute;n son propiedad de millonarios que no quieren que se hable del tema porque eso obligar&iacute;a a hacerlo sobre justicia clim&aacute;tica y sobre cambiar las pol&iacute;ticas neoliberales. No es tanto por qu&eacute; no nos movilizamos nosotros, sino por qu&eacute; nuestros l&iacute;deres no hacen nada. No es f&aacute;cil actuar como sociedad, a veces no hay alternativas sobre el transporte o nos preguntamos si, por ejemplo, no tomar un avi&oacute;n tendr&aacute; alg&uacute;n impacto global. Como individuos, podemos sentir que no tenemos poder al respecto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s muy consumidor de carne. </strong><a href="https://www.eldiario.es/economia/alberto-garzon-pide-espanoles-coman-carne-perjudica-salud-planeta_1_8112232.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Aqu&iacute; hubo pol&eacute;mica cuando el exministro de Consumo Alberto Garz&oacute;n pidi&oacute; que la reduj&eacute;ramos en nuestra dieta</strong></a><strong>. Desde sectores liberales, se problematizan mensajes as&iacute; como una intromisi&oacute;n gubernamental en la libertad de cada uno. &iquest;Es este liberalismo individualista, tan ajeno a una visi&oacute;n colectiva, un promotor de la crisis clim&aacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este ministro ten&iacute;a raz&oacute;n. Tenemos que reducir el consumo de carne por razones ecol&oacute;gicas, como las emisiones de gases y el terreno que quita esta ganader&iacute;a para otros cultivos como el de cereales. El argumento de la libertad es absurdo en una crisis clim&aacute;tica, y m&aacute;s cuando estemos a&uacute;n peor, cuando haya m&aacute;s sequ&iacute;as o la gente pierda sus trabajos. La libertad est&aacute; en elegir la opci&oacute;n correcta, discuti&eacute;ndola de forma colectiva, para lograr un futuro que sea bueno y libre para todos. Volviendo a la carne, deber&iacute;amos considerar excepcional, a un nivel hist&oacute;rico, consumirla a diario. Debemos cambiar nuestro modo de vida, y esto incluye la comida en pa&iacute;ses donde apreciamos la cocina, como Francia o Espa&ntilde;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alberto Garzón tenía razón. Tenemos que reducir el consumo de carne por razones ecológicas, como las emisiones de gases y el terreno que quita esta ganadería para otros cultivos como el de cereales. El argumento de la libertad es absurdo en una crisis climática</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La lucha por cambiar el sistema es la lucha por cambiar el deseo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Seguro. El deseo es un constructo cultural. El capitalismo lo usa para empujarnos a querer m&aacute;s. M&aacute;s viajes en avi&oacute;n, m&aacute;s carne, m&aacute;s tecnolog&iacute;a. Pero podemos cambiar el deseo: en lugar de hacia un coche SUV, a una buena bici, o a convertir en prestigiosas dietas y platos vegetarianos. El mecanismo del capitalismo se construye mediante el deseo individual. Si avanz&aacute;semos hacia sociedades m&aacute;s cooperativas y solidarias, la idea del deseo cambiar&iacute;a, porque querr&iacute;amos estar m&aacute;s cerca, m&aacute;s dentro de la comunidad, pasar m&aacute;s tiempo con los dem&aacute;s en lugar de solos frente a una pantalla.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada uno dentro de sus capacidades puede hacer algo. En Francia hay mucha gente joven con ecoansiedad. Creo que, con relación a esto, debemos explicar bien que es posible cambiar, que el futuro no está escrito, que el capitalismo no puede seguir adelante así a no ser que aceptemos que vamos a la guerra, a la violencia, a la competición entre seres humanos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estamos a tiempo de frenar el desastre? &iquest;Qu&eacute; medidas concretas ayudar&iacute;an a lograrlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada uno dentro de sus capacidades puede hacer algo. En Francia hay mucha gente joven con ecoansiedad. Creo que, con relaci&oacute;n a esto, debemos explicar bien que es posible cambiar, que el futuro no est&aacute; escrito, que el capitalismo no puede seguir adelante as&iacute; a no ser que aceptemos que vamos a la guerra, a la violencia, a la competici&oacute;n entre seres humanos. Por decirlo de una manera directa, el futuro del capitalismo es lo que el Estado de Israel est&aacute; haciendo estos d&iacute;as. Tenemos que ir en otra direcci&oacute;n y, de hecho, tenemos se&ntilde;ales de que es posible. Est&aacute; bien documentado que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha habido muchas revueltas. Estamos en conflicto con el capitalismo, que responde controlando los medios o con una polic&iacute;a violenta, como en mi pa&iacute;s. Cada vez m&aacute;s hay m&aacute;s alternativas, y es importante que esos peque&ntilde;os cambios creen una masa cr&iacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una página de &#039;Cómo los ricos saquean el planeta&#039;                            </span>
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        <strong>El lema </strong><em><strong>Tax the rich</strong></em><strong>, una fiscalidad firme a grandes fortunas, es una de las batallas de nuestro tiempo. La Nobel de Econom&iacute;a Esther Duflo habla de una deuda moral de Europa y Estados Unidos con los ciudadanos m&aacute;s pobres del mundo que calcula en 518.000 millones de d&oacute;lares. Con impuestos del 2% a las 3.000 personas m&aacute;s ricas se conseguir&iacute;a la mitad de ese dinero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si queremos un escenario pac&iacute;fico, con una biosfera cuidada y una buena vida para la gente, tenemos que reducir la desigualdad. Para ello, se necesita la herramienta de la pol&iacute;tica fiscal. Es una urgencia. Esa ser&iacute;a la tercera pata de la acci&oacute;n, adem&aacute;s de las revueltas y las alternativas: empujar hacia una nueva fiscalidad hacia los ricos, que lo son porque roban de lo colectivo. Tenemos que recuperar ese dinero para invertir en sanidad, en educaci&oacute;n o en nuevas formas de energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; recibimiento ha tenido su c&oacute;mic entre la gente m&aacute;s joven?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a poder hablar a estas nuevas generaciones y est&aacute; funcionando. Mi esperanza es que estos chicos y chicas tengan esperanza. Para tenerla, es necesario encontrar un sentimiento de comunidad, cooperaci&oacute;n y solidaridad que el capitalismo quiere destruir para que seamos meros individuos frente a &eacute;l. Si est&aacute;s o te sientes solo, es muy dif&iacute;cil sobrellevar la situaci&oacute;n, pero juntos tenemos una fuerza colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/herve-kempf-explica-ahora-jovenes-ricos-saquean-planeta-directos-violencia_1_12387997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2025 20:38:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hervé Kempf explica, ahora a los más jóvenes, "cómo los ricos saquean el planeta": “El futuro no está escrito"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Ensayos,Capitalismo,Crisis climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De los pucheros a los libros: cómo las amas de casa impulsaron los clubes de lectura en los 80]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pucheros-libros-amas-casa-impulsaron-clubes-lectura-80_1_12234840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2eca0623-841b-42d8-a988-2c9831aabc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los pucheros a los libros: cómo las amas de casa impulsaron los clubes de lectura en los 80"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los actuales clubes en los que la lectura se eleva a acto colectivo tienen un antecedente en los talleres de bibliotecas públicas para amas de casa de barrios obreros </p><p class="subtitle">El club de lectura de mujeres que triunfa con un año de lista de espera: “Yo de aquí no me borraré nunca”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Estaba harta de relacionarme solo con los pucheros mientras mi marido y mis hijos hac&iacute;an su vida&rdquo;. &ldquo;Al principio me daba cargo de conciencia sentarme en una silla a leer un libro en vez de coser, planchar o limpiar&rdquo;. &ldquo;Nunca he tenido costumbre de leer, pero hace poco empec&eacute; a preparar el Graduado Escolar y decid&iacute; apuntarme a este taller para aprender a concentrarme en la lectura&rdquo;. As&iacute; se expresaban, en un reportaje de El Pa&iacute;s a principios de los 90, algunas de las mujeres que participaban en una iniciativa que podr&iacute;a considerarse precursora de los actuales clubes de lectura.
    </p><p class="article-text">
        Vayamos al a&ntilde;o 1985. El Ministerio de Educaci&oacute;n y Ciencia manejaba datos preocupantes. Con c&aacute;lculos basados en el curr&iacute;culo escolar completado por los espa&ntilde;oles, y siguiendo definiciones de la Unesco, podemos imaginar que al Gobierno le inquietaba que un 25,3% de la poblaci&oacute;n pudiera ser analfabeta funcional, es decir, incapaz de valerse de &ldquo;la lectura, la escritura y la aritm&eacute;tica al servicio de su propio desarrollo y el de la comunidad&rdquo;. En las encuestas que analizaba aquel primer gabinete socialista, algunos n&uacute;meros hablaban de una complicada relaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a con leer. Como que el espa&ntilde;ol gastaba m&aacute;s dinero al a&ntilde;o en tabaco que en libros, peri&oacute;dicos y revistas. O que el porcentaje de personas a las que les gustar&iacute;a tener m&aacute;s tiempo para la lectura era la mitad de los que fantaseaban con m&aacute;s horas al d&iacute;a para sentarse frente al televisor.
    </p><p class="article-text">
        Hubo quien, en ese &uacute;ltimo trimestre del 85, dio un paso adelante. No desde despachos gubernamentales, sino desde el tejido asociativo y las bibliotecas p&uacute;blicas madrile&ntilde;as, llamadas entonces populares. &ldquo;Un colectivo de animaci&oacute;n sociocultural de mujeres plante&oacute; una necesidad basada en que las amas de casa no llegaban a las bibliotecas. As&iacute; nacieron los talleres de animaci&oacute;n a la lectura&rdquo;, afirma Marina Navarro, impulsora de aquella iniciativa desde su trabajo en la biblioteca de Moratalaz. Ese barrio y los de Canillejas, Hortaleza y Pan Bendito fueron los cuatro primeros que gozaron de unos talleres que despu&eacute;s se extender&iacute;an a Aluche, Orcasitas o Usera y zonas m&aacute;s c&eacute;ntricas como Chamber&iacute; o Retiro. El lema del proyecto evidencia la conciencia social con la que naci&oacute;: &ldquo;Leer no cuesta dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se celebraban una vez a la semana y eran cinco sesiones. Primero para mujeres, pero m&aacute;s tarde para hombres, aunque apenas se apuntaban. Se propon&iacute;an libros variados que tuvieran que ver con sus intereses. Si alguien no se hab&iacute;a podido leer el libro entero, pod&iacute;a hablar de la parte que s&iacute;. Para que todas las personas tuvieran el material se cre&oacute; un banco de libros: se compraban 30 ejemplares de cada t&iacute;tulo que rotaban entre las distintas bibliotecas. Empezamos con <em>El hombrecito vestido de gris</em>, de Fernando Alonso, que era de ni&ntilde;os pero ten&iacute;a que ver con los tiempos de ese color&rdquo;, recuerda Navarro.
    </p><p class="article-text">
        Las asistentes leyeron y comentaron obras de Antonio Buero Vallejo, Miguel Delibes, Emily Dickinson, Ana Diosdado, Le&oacute;n Felipe, Federico Garc&iacute;a Lorca, Miguel Hern&aacute;ndez, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ana Mar&iacute;a Matute, Merc&egrave; Rodoreda o Virginia Woolf. Josefina Rodr&iacute;guez Aldecoa, Jos&eacute; Luis Sampedro y Gloria Fuertes llegaron a visitar y participar en los talleres. &ldquo;Gloria Fuertes fue de las escritoras que m&aacute;s me impresion&oacute; en persona. Era directa y sus poes&iacute;as conmov&iacute;an y hablaban, por ejemplo, de sexualidad, que no era uno de los temas que m&aacute;s se verbalizasen en la &eacute;poca&rdquo;, mantiene Navarro.
    </p><p class="article-text">
        La profesional pasar&iacute;a a encargarse de la coordinaci&oacute;n de actividades culturales de toda la red de bibliotecas en un periodo en el que estas dejaron de regirse por dep&oacute;sitos cerrados para convertirse en lugares de libre acceso a los vol&uacute;menes. &ldquo;Se trataba de hacer bibliotecas realmente populares, lugares a los que la gente pudiera acudir para cualquier cosa que se les ocurriera. Las bibliotecas son pr&aacute;cticamente infinitas. Pueden dar respuesta a casi cualquier pregunta que nos hagamos&rdquo;, sostiene Navarro.
    </p><p class="article-text">
        Ella y sus compa&ntilde;eras forjaron futuros lectores. Una generaci&oacute;n de ni&ntilde;os ya se hab&iacute;a familiarizado con esos sitios, gracias tambi&eacute;n al repunte de la literatura infantil y juvenil, tanto en castellano como traducida, o a iniciativas con esp&iacute;ritu similar al de los talleres para adultos. Por ejemplo, <em>El Peri&oacute;dico Loco</em>, publicaci&oacute;n sobre las <em>biblios</em> confeccionada por sus peque&ntilde;os socios. O <em>Los Amigos de Lunares</em>, din&aacute;mica basada en que un duende imaginario se personificaba en un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a que propon&iacute;a libros y actividades a los dem&aacute;s. Muchas mujeres se enteraron de la existencia de los talleres de animaci&oacute;n a la lectura gracias a sus criaturas.
    </p><p class="article-text">
        En sus primeros cinco a&ntilde;os de vida, por esos talleres pasaron m&aacute;s de mil personas. Algunas recalaron en los de escritura para quien sintiera el gusanillo creativo. Navarro cataloga la experiencia como emocionante y pone en valor a aquellas mujeres que descubrieron que &ldquo;ten&iacute;an derecho a leer. Una de las mejores cosas que ten&iacute;an los talleres era el intercambio de ideas. Frente a un libro, los puntos de vista pod&iacute;an ser diferentes, y eso es enriquecedor&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Que la lectura siga viva al terminar el libro</strong></h2><p class="article-text">
        En aquellos talleres encontramos un inicio, organizado desde el sector p&uacute;blico y con un objetivo que trasciende el comercial, de los actuales clubes de lectura. Entonces no eran, ni por asomo, tan populares como hoy. Estos encuentros se han multiplicado a trav&eacute;s de librer&iacute;as, editoriales, asociaciones o iniciativas particulares. Las bibliotecas, no obstante, siguen ofertando un buen men&uacute;. En las de la ciudad de Barcelona, por ejemplo, hay m&aacute;s de cien clubes para elegir. &ldquo;Me anim&oacute; la posibilidad de tener un entorno donde hablar y compartir impresiones sobre un g&eacute;nero espec&iacute;fico como la literatura fant&aacute;stica y de ciencia ficci&oacute;n, ya que no tengo muchas personas alrededor a quienes les guste esta tem&aacute;tica&rdquo;, explica Laura. Este curso han le&iacute;do a Terry Pratchett, Pere Calders o Isabel del R&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        No pocas veces el club de lectura, donde es m&aacute;s habitual verlas a ellas que a ellos, sirve como ancla social. En el caso de Carmela, buscar uno en el que participar fue una de las primeras cosas que hizo al regresar a su ciudad, Vigo. En el que organiza Casa del Libro ha hecho amigas mientras le&iacute;a a Han Kang, Gabrielle Zevin o Dostoievski: &ldquo;Me gusta mucho la lectura como algo introspectivo y como un momento para estar con una misma y para desconectar, pero tambi&eacute;n me flipa convertirlo en un acto comunitario&rdquo;. El club feminista de La Libre de Barrio, en Legan&eacute;s, lleva ya varios a&ntilde;os funcionando. Noelia, presente desde hace ocho a&ntilde;os, tiene claro que ese grupo enriquece su afici&oacute;n a las letras. &ldquo;Es leer con ojos nuevos. Me pasa un mont&oacute;n que pienso de una manera cuando estoy leyendo y, despu&eacute;s de escuchar a las dem&aacute;s, salgo con otras ideas. Ves detalles de estilo en los que no hab&iacute;as ca&iacute;do y se dispara la empat&iacute;a: a veces un personaje me cae fatal y despu&eacute;s de verle con los ojos de otras compa&ntilde;eras lo entiendo y cambio de idea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dudo de muchas cosas &mdash;prosigue&mdash;, pero no de que leer en colectivo es una forma de construir v&iacute;nculos y comunidad. Tenemos edades distintas, desde veintea&ntilde;eras a jubiladas, personas con distinta formaci&oacute;n, m&aacute;s o menos lectoras y con diferentes recorridos. La mayor&iacute;a no nos conoc&iacute;amos de antes, pero nos vemos una vez al mes y hemos creado un lugar seguro. Solemos decir que el libro es una excusa para hablar y escuchar, como hacer una terapia colectiva. Y de la excusa de la lectura compartida empiezan luego a tejerse debates que van m&aacute;s all&aacute; de la novela y de recomendaciones que surgen en la conversaci&oacute;n. En una &eacute;poca donde parece que prima lo digital, aqu&iacute; seguimos con el cara a cara y el grupo de WhatsApp solo lo usamos para votar la pr&oacute;xima lectura o anotar podcasts, series y art&iacute;culos que nos recomendamos la tarde que nos vemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Internet, sin embargo, tambi&eacute;n puede ser escenario de la batalla por la cercan&iacute;a. Durante la pandemia, Ana comenz&oacute; a organizar clubes de lectura online que ahora contin&uacute;an en su cuenta Plataforma pro Meriendas de Bluesky. Los domingos que toca, hacia las siete de la tarde, las participantes intercambian, mediante <em>hashtags</em>, sus comentarios. &ldquo;Elijo autoras y autores espa&ntilde;oles del siglo XIX y XX que creo que merecen ser le&iacute;dos y comentados colectivamente en la esfera p&uacute;blica &mdash;sostiene&mdash;. Autores can&oacute;nicos que tienen mucho que decirnos como Gald&oacute;s, Mart&iacute;n Gaite, Mars&eacute;, Laforet o Pardo Baz&aacute;n y otros a los que se ha le&iacute;do menos en contextos escolares por su condici&oacute;n de exiliados, como Arturo Barea o Elena Fort&uacute;n. En este sentido, nuestra lectura tambi&eacute;n es hist&oacute;rica. Reivindico el canon como espacio para reconocernos como ciudadanos con una educaci&oacute;n sentimental que se reelabora constantemente y en relaci&oacute;n con otros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vega, una de las participantes, tras la sesi&oacute;n sobre <em>Insolaci&oacute;n</em> de Pardo Baz&aacute;n, se expresaba as&iacute; en la red: &ldquo;Hoy ha sido de esos ratitos en los que internet va y vuelve a molar&rdquo;. Para Ana, &ldquo;crear un espacio com&uacute;n genera otras din&aacute;micas colectivas dentro de unas redes sociales que pueden convertirse en espacios hostiles, jer&aacute;rquicos y acelerados. Terminamos pensando que hemos hecho algo juntas que ha merecido la pena un domingo por la tarde. Con esa ilusi&oacute;n renovada, y con calma y cari&ntilde;o, se prepara el siguiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los dolores del mundo dan pie a clubes con enfoques concretos. Pocos se extra&ntilde;ar&aacute;n de que existan grupos de lectura de ecolog&iacute;a pol&iacute;tica como Milana Bonita. &ldquo;Lo impulsamos un compa&ntilde;ero de Bilbao y yo &mdash;cuenta Roc&iacute;o&mdash; porque, aunque nos conocemos en persona y tenemos militancia en com&uacute;n, nos separan muchos kil&oacute;metros y quer&iacute;amos seguir construyendo espacios de reflexi&oacute;n conjunta. Estamos convencidas de que vivimos mejor si pensamos juntas y en com&uacute;n&rdquo;. El club se define de izquierdas, feminista y antiespecista, y debate, por medio de Telegram y la herramienta de c&oacute;digo abierto Jitsi, textos de Richard Seymour, Donna Haraway, Aaron Bastani o Ursula K. Le Guin. &ldquo;Llevo muchos a&ntilde;os en diferentes grupos de lectura &mdash;afirma Roc&iacute;o&mdash; y se me hace dif&iacute;cil pensar que terminar un libro equivale a ponerlo en la estanter&iacute;a o devolverlo a la biblioteca sin m&aacute;s. Necesito que la lectura siga viviendo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pucheros-libros-amas-casa-impulsaron-clubes-lectura-80_1_12234840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Apr 2025 20:10:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De los pucheros a los libros: cómo las amas de casa impulsaron los clubes de lectura en los 80]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Bibliotecas públicas,mujeres,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Como si fuéramos patatas fritas en una caja de bombones": el cómic que explica a los adolescentes las clases sociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/si-fueramos-patatas-fritas-caja-bombones-comic-explica-adolescentes-clases-sociales_1_12170125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ea01398-3927-4a34-874d-12389cc1eecd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Como si fuéramos patatas fritas en una caja de bombones&quot;: el cómic que explica a los adolescentes las clases sociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora francesa Tiphaine Rivière se las ingenia en 'La distinción' para refrescar de forma imaginativa y pedagógica la obra del sociólogo Pierre Bourdieu</p><p class="subtitle">Anagrama suspende de forma indefinida la distribución del libro de Luisgé Martín sobre el crimen de José Bretón</p></div><p class="article-text">
        Para Pierre Bourdieu, la sociolog&iacute;a era un deporte de combate. El rival de esta era una serie de creencias que la mayor&iacute;a de personas dan por sentadas. Cuestiones que naturalizamos, o normalizamos, como dir&iacute;amos hoy, pero sobre las que es posible rascar hasta cuestionarlas al completo. Uno de estos axiomas es que nuestros gustos son libres. Que la m&uacute;sica, comida, ropa o decoraci&oacute;n que defendemos como nuestra es fruto de una libre elecci&oacute;n en la que nada tiene que ver el origen socioecon&oacute;mico o la proyecci&oacute;n de futuro de cada cual. Bourdieu deconstruy&oacute; esa m&aacute;xima y la impugn&oacute; en <em>La distinci&oacute;n. Criterio y bases sociales del gusto</em>, que se convirti&oacute; en una de las obras de referencia de la sociolog&iacute;a desde su publicaci&oacute;n en 1979.
    </p><p class="article-text">
        Adaptar sus 700 p&aacute;ginas a un c&oacute;mic de menos de la mitad no parec&iacute;a sencillo. Tiphaine Rivi&egrave;re, sin embargo, lo ha logrado en <em>La distinci&oacute;n</em> (Garbuix, 2025). &ldquo;Yo tard&eacute; un mes en leer el original a tiempo completo, as&iacute; que, a menos que uno est&eacute; jubilado o en paro, es dif&iacute;cil encontrar tiempo para hacerlo. Leer el libro de Bourdieu es como someterse a un aut&eacute;ntico psicoan&aacute;lisis social: no puedes evitar reconocerte en una de las clases sociales que describe. De repente entiendes por qu&eacute; te gustan determinadas cosas, pero tambi&eacute;n qu&eacute; tipo de vacaciones, de amigos o por qu&eacute; tienes una visi&oacute;n de la pareja o de la familia. Da v&eacute;rtigo darse cuenta de que rasgos de la personalidad que cre&iacute;amos muy propios son en realidad caracter&iacute;sticas sociales. Y tambi&eacute;n es muy emancipador, porque una vez que entiendes el sistema de valores de otros grupos sociales, puedes moverte m&aacute;s f&aacute;cilmente entre ellos&rdquo;, afirma la autora francesa.
    </p><p class="article-text">
        Rivi&egrave;re concibi&oacute; el c&oacute;mic como destinado a alumnos de secundaria. &ldquo;Para que adaptaciones as&iacute; sean f&aacute;ciles de leer sin perder complejidad, hay que meter al lector en una historia. Una que cuente con personajes tan v&iacute;vidos que nos olvidemos de que fueron creados para encarnar conceptos. La ventaja del dibujo es que hace muy f&aacute;cil mostrar cosas que, de otro modo, llevar&iacute;an p&aacute;ginas y p&aacute;ginas de descripci&oacute;n. Ense&ntilde;ando a personas de distintos estratos sociales cenando, hablando con sus hijos o cogiendo el autob&uacute;s, las diferencias en su forma de funcionar saltan a la vista. As&iacute;, siguiendo lo que les ocurre a los personajes, el lector comprende intuitivamente la mayor&iacute;a de los conceptos: cuando se los explico, ya los ha entendido&rdquo;, sostiene.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/cd9beb92-c96e-4ee1-b1b4-0e6d6e49b5a9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No es casual que la trama del c&oacute;mic se desarrolle en una clase de secundaria. En un aula en la que un profesor de sociales tendr&aacute; que descubrir la f&oacute;rmula que haga atractivo el tema &ldquo;Cultura y estilos de vida&rdquo; para su alumnado. &ldquo;Eleg&iacute; una clase de secundaria como centro de la acci&oacute;n porque quer&iacute;a que los adolescentes del libro, al volver a casa, empezaran a mirar a sus padres con otros ojos&rdquo;, explica Rivi&egrave;re. &ldquo;Y que, al ver a estas dos generaciones frente a frente, el lector comprendiera que los adolescentes ser&aacute;n exactamente como sus padres dentro de 20 a&ntilde;os si no dan un paso al lado. Al mismo tiempo, entendemos a los padres, no los juzgamos, porque comprendemos que ellos mismos fueron educados de la misma manera hace 20 o 30 a&ntilde;os. Salvo que nadie les dio las llaves para cambiar su destino social&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        La acogida del libro entre algunos j&oacute;venes franceses ha sido muy buena, cuenta la autora. &ldquo;He conocido a mucha gente en institutos desde que sali&oacute; el c&oacute;mic, y est&aacute;n apasionados con el tema. Las reacciones difieren seg&uacute;n la clase social de los j&oacute;venes en cuesti&oacute;n. Los chicos de clase trabajadora est&aacute;n muy abatidos al principio. Comprenden que el paso de una clase a otra es extremadamente dif&iacute;cil, que no tienen capital econ&oacute;mico, cosa que ya sab&iacute;an, pero tampoco cultural ni social&rdquo;, dice.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Páginas de &#039;La Distinción&#039;                            </span>
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        &ldquo;Sin embargo, como los propios alumnos del c&oacute;mic que proceden de medios desfavorecidos y empiezan a salir de su microcosmos, les dan ganas de hacer lo mismo. Entender los c&oacute;digos, aprender a controlar la imagen que quieren proyectar, desarrollar estrategias eficaces para escalar socialmente, informarse. Lo m&aacute;s importante que deben entender es que las clases dominantes desarrollan, consciente o inconscientemente, un sistema que da la impresi&oacute;n a las clases dominadas de que son inferiores por naturaleza. Esto les lleva a autocensurarse, a considerarse ileg&iacute;timas y, por tanto, a aceptar su destino. Deben luchar contra esta tendencia, comprender que tienen una cultura tan rica como la de las &eacute;lites, aunque no sea la cultura leg&iacute;tima, la de la escuela&rdquo;, se&ntilde;ala Rivi&egrave;re.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los liceos privilegiados es distinto. Empiezan encantados al darse cuenta de las ventajas de que disfrutan. Se saben aventajados, pero se dan cuenta de que, aunque se arruinaran, seguir&iacute;an formando parte de las clases dominantes, de que podr&iacute;an aplicar estrategias de reconversi&oacute;n para recuperar una posici&oacute;n de prestigio u otras ventajas &uacute;tiles. Y al mismo tiempo, les resulta doloroso poner en tela de juicio aquello de lo que estaban orgullosos&rdquo;, comenta la autora. &ldquo;No es solo porque sean trabajadores y tengan talento por lo que tocan el piano y juegan al tenis, es porque crecieron en un entorno que lo permite. Suelen defenderse y decir que han trabajado duro para tener &eacute;xito. Sin embargo, salen con ganas de abrirse&rdquo;, agrega.
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                Páginas de &#039;La Distinción&#039;                            </span>
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        &ldquo;En los institutos de clase alta siempre hay varios alumnos que se me acercan al final de la reuni&oacute;n para ense&ntilde;arme sus dibujos, pedirme los datos de contacto de mi editor o consejos para publicar&rdquo;, prosigue la ilustradora. &ldquo;Han aprendido a aprovechar estas oportunidades, se sienten legitimados. En los barrios populares, nadie se atreve. Siempre hay un profesor que, cuando le pregunto si alguien dibuja en clase, se burla de un alumno: &lsquo;S&iacute;, t&uacute; dibujas manga todo el tiempo&rsquo;. Y el alumno no quiere decir que hace algo porque se siente completamente ileg&iacute;timo. Hacen muchas preguntas y son muy curiosos y animados. Pero no se atreven a presentar lo que hacen y afirmar que son artistas&rdquo;, puntualiza Rivi&egrave;re.
    </p><p class="article-text">
        Los adolescentes protagonistas del c&oacute;mic <em>La distinci&oacute;n</em> van familiariz&aacute;ndose con conceptos como &ldquo;habitus&rdquo;, &ldquo;gusto de la necesidad&rdquo; o &ldquo;tr&aacute;nsfuga de clase&rdquo; tanto en el aula como en casa y en la calle. Por su parte, los lectores espa&ntilde;oles hallar&aacute;n que en Francia tambi&eacute;n existe el mantra de que los hosteleros ya no encuentran camareros porque, supuestamente, la juventud no quiere trabajar. &ldquo;Seg&uacute;n Bourdieu, la meritocracia es una ficci&oacute;n &uacute;til&rdquo;, apunta Rivi&egrave;re. &ldquo;&iquest;Acaso las nuevas generaciones creen menos en ella? No he le&iacute;do estudios sobre el tema, pero me parece que el tema de los trabajos de mierda, popularizado por David Graeber, est&aacute; empezando a ganar terreno. Cada vez m&aacute;s personas empleadas en grandes empresas, tanto j&oacute;venes como mayores, sienten que realizan un trabajo que no sirve para nada o que incluso es t&oacute;xico para la sociedad. As&iacute; que invierten su energ&iacute;a fuera para protegerse de ese sentimiento de inutilidad&rdquo;, dice la autora.
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                Páginas de &#039;La Distinción&#039;                            </span>
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        Durante la ceremonia de inauguraci&oacute;n de los &uacute;ltimos Juegos Ol&iacute;mpicos, en Par&iacute;s, la cantante Aya Nakamura fue una de las estrellas. Al menos, para una gran parte del pa&iacute;s que ha hecho de ella una de las artistas franc&oacute;fonas m&aacute;s escuchadas del planeta, alcanzando los 20 millones de oyentes mensuales en Spotify. La extrema derecha puso el grito en el cielo. Marine Le Pen dijo que Nakamura &ldquo;no canta en franc&eacute;s&rdquo; y que su presencia en el evento era &ldquo;una humillaci&oacute;n&rdquo; a la naci&oacute;n. Ac&oacute;litos del partido ultra llegaron a manifestarse con lemas como &ldquo;esto es Par&iacute;s, no un mercado de Bamako&rdquo;. Finalmente, la actuaci&oacute;n fue un &eacute;xito rotundo. La imagen de la artista de origen maliense revisitando a Charles Aznavour y haciendo bailar con ella a miembros de la pomposa Guardia Republicana se convirti&oacute; en un icono moderno. No perdamos de vista el escenario: el <em>Pont des Arts</em>, que sobrevuela el Sena para conectar el Louvre con la Escuela Nacional de Bellas Artes.
    </p><p class="article-text">
        Es al entrar a ese edificio para participar en un taller de dibujo cuando uno de los protagonistas de <em>La distinci&oacute;n</em> verbaliza que se sienten fuera de lugar: &ldquo;Es como si fu&eacute;ramos patatas fritas que quieren meterse en una caja de bombones&rdquo;. &ldquo;En nuestro pa&iacute;s, el desprecio de clase m&aacute;s marcado es el de los pol&iacute;ticos, cuyas <em>frasecitas</em> indignan profundamente&rdquo;, afirma Rivi&eacute;re. &ldquo;Fran&ccedil;ois Hollande, expresidente de la Rep&uacute;blica, quien se refiri&oacute; a los pobres como <em>les sans-dents</em>, desdentados. Emmanuel Macron habla de &lsquo;los que tienen &eacute;xito y los que no son nada&rsquo;. &iexcl;Aleccion&oacute; a un parado dici&eacute;ndole &lsquo;cruzo la calle y encuentro trabajo&rsquo;!&rsquo;. Una ministra de Educaci&oacute;n, Am&eacute;lie Oud&eacute;a-Cast&eacute;ra, que procede de una familia acomodada, lleg&oacute; a decir recientemente: &lsquo;lo &uacute;nico que he heredado de mi familia es el amor por el trabajo bien hecho, el gusto por el esfuerzo y la pasi&oacute;n por el m&eacute;rito&rsquo;. No creo que haya muchas frases que hubieran gustado m&aacute;s a Bourdieu&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/si-fueramos-patatas-fritas-caja-bombones-comic-explica-adolescentes-clases-sociales_1_12170125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Mar 2025 21:44:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Como si fuéramos patatas fritas en una caja de bombones": el cómic que explica a los adolescentes las clases sociales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Novela gráfica,Literatura,Libros,Humor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edurne Portela y José Ovejero escriben una novela a cuatro manos: “Hemos aprendido a no preocuparnos por la autoría”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/edurne-portela-jose-ovejero-escriben-novela-cuatro-manos-hemos-aprendido-no-preocuparnos-autoria_1_12129245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2f62391-8a9e-4867-8d87-20de8519d025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Edurne Portela y José Ovejero escriben una novela a cuatro manos: “Hemos aprendido a no preocuparnos por la autoría”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ambos han escrito 'Una belleza terrible', que explora las fascinantes y revolucionarias vidas de quienes confiaron en su capacidad para cambiar el mundo cuando “arriesgarse era lo normal”
</p><p class="subtitle">La actriz de 'The Bear' Ayo Edebiri carga contra Elon Musk por mentir sobre su participación en 'Piratas del Caribe': “Es un idiota”
</p></div><p class="article-text">
        Una mujer, pu&ntilde;o a la altura de la cabeza, nos lanza una mirada firme. Tan desafiante como c&oacute;mplice, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/activistas-arrojan-pintura-cuadro-gioconda-museo-louvre-paris_1_10873326.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta Gioconda </a>rebelde, republicana espa&ntilde;ola fotografiada en la fiesta del peri&oacute;dico comunista <em>L&rsquo;Humanit&eacute;</em> de 1936, sirve desde la portada de <em>Una belleza terrible</em> (Galaxia Gutenberg) para avisar de la propuesta de la novela: un viaje al tiempo en el que la revoluci&oacute;n estaba tan a la vista que no pocas personas lo arriesgaron pr&aacute;cticamente todo por alcanzarla. 
    </p><p class="article-text">
        Fue el caso de Raymond Molinier, Jeanne Martin des Palli&egrave;res, Vera Lanis o Elisabeth K&auml;semann, organizadas alrededor del trotskismo internacional y protagonistas del libro que firman conjuntamente Edurne Portela (Santurce, 1974) y Jos&eacute; Ovejero (Madrid, 1958).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; una historia articulada en torno a trotskistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Ovejero: A m&iacute; el trotskismo siempre me interes&oacute; como ese movimiento revolucionario que nunca lleg&oacute; a estar en el centro de nada. En ese sentido, mantuvo una pureza que fueron perdiendo los dem&aacute;s movimientos. Hay ah&iacute; un idealismo sin concretar, de lucha que no llega a corromperse.
    </p><p class="article-text">
        Edurne Portela: Como ideolog&iacute;a, me pareci&oacute; siempre la disidencia dentro de la disidencia. Tiene un halo de lucha continua contra un mont&oacute;n de monstruos gigantes. Me apela tambi&eacute;n por el inter&eacute;s hacia Latinoam&eacute;rica, Argentina es uno de los pa&iacute;ses donde se mantuvo m&aacute;s viva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la novela, la narraci&oacute;n de las vidas de los personajes se intercala con fragmentos de las dudas creativas y situaciones personales de los autores. &iquest;Le dieron muchas vueltas a incluirlas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Fue muy org&aacute;nico. Cuando empec&eacute; a escribir, lo hice desde un punto de vista muy subjetivo. Entonces hablamos de c&oacute;mo podr&iacute;a ser interesante posicionarnos dentro de la historia. Igual le dimos m&aacute;s vueltas a la idea de publicarlo que de escribir as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Escribimos sin un plan. No nos repartimos los cap&iacute;tulos, cada uno escrib&iacute;a lo que le apetec&iacute;a desde donde le apetec&iacute;a y grab&aacute;bamos las conversaciones que ten&iacute;amos sobre lo que hac&iacute;amos. Fue de Edurne la propuesta de incluir las partes m&aacute;s privadas, como los fragmentos de diarios. Intu&iacute;amos que, si est&aacute;bamos contando una historia pol&iacute;tica, p&uacute;blica, de unos personajes, pero &eacute;ramos incapaces de contar su historia &iacute;ntima, con la literatura pod&iacute;a pasar lo mismo. Una novela no es un ente externo a quien la escribe, sino que se enmarca en un momento y una situaci&oacute;n an&iacute;mica del autor o de la autora, as&iacute; que lo convertimos en parte de ella.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Edurne Portela y José Ovejero han escrito juntos una novela sobre la revolución"
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            <span class="title">
                Edurne Portela y José Ovejero han escrito juntos una novela sobre la revolución                            </span>
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        <strong>En ella leemos que ustedes respetan m&aacute;s la vida que la literatura y que esta es una de las razones por la que son escritores. &iquest;Qu&eacute; han aprendido haciendo este libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Much&iacute;simo a todos los niveles. El obvio, sobre el trotskismo y su evoluci&oacute;n en Europa y Am&eacute;rica. Hemos aprendido a dejar de preocuparnos por la autor&iacute;a. Nos hemos vuelto mucho m&aacute;s permeables a la hora de escribir. Cuando est&aacute;s escribiendo, sueles hacerte una coraza que no quieres que nadie traspase para que no se te descabale lo que est&aacute;s haciendo. En este caso, bajamos los brazos y dejamos que nos permeara lo que estaba haciendo el otro. Y a nivel personal, hemos ahondado m&aacute;s en nuestra relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Hay una cosa que sabemos, pero de la que no somos del todo conscientes. La cantidad de mujeres que hacen la Historia, pero no se consideran parte de ella. Los hombres que hacen algo importante suelen escribir sobre s&iacute; mismos, pero ellas, en general, no. Para documentarlas, ten&iacute;amos que acudir mucho m&aacute;s a lo privado, como las cartas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Queda mucho camino para lograr igualdad en el relato de la revoluci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Much&iacute;simo. Vi en <em>Maddi y las fronteras</em> qu&eacute; pocas mujeres entran en el archivo de la Historia de las revoluciones. Y los pocos historiadores que se interesan por esas pocas o que lo hacen con sesgo. En el caso de Jeanne Martin des Palli&egrave;res, sus pocas representaciones son de mujer hist&eacute;rica, desequilibrada o ladrona porque se enfrent&oacute; a Trotski. Hay mucho trabajo de reconstrucci&oacute;n de esas vidas por hacer.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El trotskismo mantuvo una pureza que fueron perdiendo los demás movimientos. Hay ahí un idealismo sin concretar, de lucha que no llega a corromperse</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">José Ovejero</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        J.O.: Hay un relato machista de Jeanne cuando se rebela, pero es que, si no se rebela, desaparece del relato. Trotski no menciona a Vera Lanis en sus diarios en ning&uacute;n momento, y fue una mujer que estuvo cuid&aacute;ndole y ayud&aacute;ndole. Necesitamos recuperar estas historias desde la igualdad, pero tambi&eacute;n desde el conocimiento, porque ser&aacute; un pasado sesgado si borramos parte de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Arriesgarse era lo normal&rdquo;, dice Vera Lanis sobre su tiempo de juventud. &ldquo;Somos dinosaurios a punto de extinguirnos&rdquo;, afirma ya de mayor. Las diferencias con nuestra &eacute;poca parecen claras. &iquest;Les provoca v&eacute;rtigo ese cambio en menos de un siglo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        E.P.: No s&eacute; si v&eacute;rtigo o una tristeza profunda. Es la sensaci&oacute;n de estar, no frente a historias heroicas, pero s&iacute; ante una militancia fervorosa, una fe que como atea envidio, esa seguridad en que pod&iacute;an cambiar las cosas. Mirar atr&aacute;s es ver las ruinas de tanto sue&ntilde;os y sacrificio. Pero, por otra parte, si algo hemos conseguido es gracias a gente como esta. Aunque fueron derrotados o en vida nunca vieron ning&uacute;n fruto de sus luchas, hemos alcanzado derechos que ahora peligran.
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Comparto esa tristeza, pero tambi&eacute;n siento esperanza. Los grandes &eacute;xitos del capitalismo han sido hacernos perder la fe y sustituir el deseo por el capricho. Como historiadores de formaci&oacute;n, sabemos que la Historia no se acaba, que, a pesar de todo, hay posibilidades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro nos adentra en el territorio de la tortura. Hoy son exitosos los </strong><em><strong>true crimes</strong></em><strong> y tenemos im&aacute;genes de violencia a tiempo real en nuestro tel&eacute;fono. &iquest;Nos hemos endurecido de m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Creo que siempre hemos sido duros. No hace tanto la gente iba a ver ejecuciones. Esa distancia con el sufrimiento de quien no te es cercano ha existido siempre. Todas las guerras han sido bestiales y se ha consumido prensa que contaba los cr&iacute;menes de Jack el Destripador. No somos peores que antes. Lo preocupante quiz&aacute; es que no seamos mejores.
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Ahora se consume violencia que sabemos que no es real. En un <em>true crime</em> vemos una representaci&oacute;n de la violencia destinada al consumo. Quien lo ve lo ve con ese filtro. En cambio, si te confrontan a una violencia sin &eacute;l, no s&eacute; hasta qu&eacute; punto estamos preparados para el sufrimiento real. No tenemos ni idea de c&oacute;mo vamos a reaccionar ante la violencia real, no la conocemos salvo quien la haya vivido en carne propia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/87e71209-5be4-4ad6-96b7-5809fd70eed7_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>El historiador Enzo Traverso escribi&oacute; que la memoria del gulag, del Holocausto y de la esclavitud han borrado, respectivamente, la de la revoluci&oacute;n, el antifascismo y el anticolonialismo. Que el recuerdo de las v&iacute;ctimas ha desplazado el de sus esperanzas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Desde los a&ntilde;os ochenta, cuando se pusieron en el centro los estudios sobre el Holocausto, ha habido un cambio hacia el paradigma de la victimizaci&oacute;n. Ser v&iacute;ctima se convirti&oacute; en un pozo sin fondo de valor simb&oacute;lico. La v&iacute;ctima emerge como un ser de luz que nunca ha tenido ning&uacute;n comportamiento pol&iacute;tico criticable. Se ve en el caso argentino, donde los desaparecidos eran solo v&iacute;ctimas, no pod&iacute;an ser militantes, porque serlo les convert&iacute;a en sospechosos y merecedores de lo que les pas&oacute;. La victimizaci&oacute;n neutraliza la capacidad pol&iacute;tica de la v&iacute;ctima. Construye toda una historia basada en el sentimiento y los afectos que deja de lado la militancia dura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Esto es interesante en el caso de Elisabeth K&auml;semann. A&ntilde;os despu&eacute;s de ser torturada, violada y asesinada, el c&oacute;nsul alem&aacute;n vino a decir que era una terrorista. Mientras, la familia de ella intentaba hacer ver que nunca tuvo nada que ver con la violencia, pero para m&iacute; fue conmovedor cuando su compa&ntilde;ero reivindic&oacute; que ella estaba a favor de la violencia y que no pod&iacute;an convertirla en un ser dedicado a la caridad porque eso ser&iacute;a negarla otra vez.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un cap&iacute;tulo nos lleva al baile de una huelga en Renault. Fueron vidas marcadas por la entrega, pero estas p&aacute;ginas recuerdan que tambi&eacute;n contaron con momentos de felicidad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Es que sin eso est&aacute;s dando una versi&oacute;n plana y parcial de lo que es ser un revolucionario. Aparte de que es divertido mostrar ese lado, nos parece que es tambi&eacute;n lo correcto. Por cierto, esto no est&aacute; en la novela, pero alguien nos cont&oacute; que Raymond Molinier se negaba a celebrar la Navidad durante la guerra de Vietnam.
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Vera Lanis era cantante y se sum&oacute; al circo de Cairoli. En las cartas de Jeanne vemos que era una mujer melanc&oacute;lica, pero encontramos esas ganas de re&iacute;rse, de amar y de disfrutar de la vida. Para Molinier, la revoluci&oacute;n significaba tambi&eacute;n vivir a tope.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La victimización neutraliza la capacidad política de la víctima. Construye toda una historia basada en el sentimiento y los afectos que deja de lado la militancia dura</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Edurne Portela</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Del amor podemos pensar que repliega a la persona enamorada hacia su mundo particular. &iquest;Piensan que tambi&eacute;n es un estado que otorga un &aacute;nimo que puede usarse para cambiar el mundo m&aacute;s amplio, el com&uacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        J.O.: El amor que sienten estos personajes es fundamental en sus vidas, pero no lo esencial. Jeanne vota para que expulsen a su marido del partido. Hay una jerarqu&iacute;a distinta a la que hoy se nos vende de que el amor entre dos es lo m&aacute;s importante.
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Es una concepci&oacute;n generosa del amor que trasciende las cuatro paredes de una casa y permea todas las relaciones. Es como si el amor creciera cuanto m&aacute;s compartido es. Despu&eacute;s de divorciarse y continuar cada uno sus vidas, por encima de los da&ntilde;os que pueden ocasionarse en una relaci&oacute;n de pareja, Jeanne y Raymond se defienden a muerte hasta el final.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es </strong><em><strong>Una belleza terrible</strong></em><strong> la declaraci&oacute;n de amor de los autores a sus protagonistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        J.O.: Quedar&iacute;a bien decir que s&iacute;, pero no es del todo as&iacute;. No es una declaraci&oacute;n de amor, pero s&iacute; de inter&eacute;s y de agradecimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        E.P.: Y de respeto. Nos hemos conmovido much&iacute;simo con sus vidas. Hemos llorado al descubrir cosas de estas personas, a las que hemos sentido cercanas. Les hemos llegado a querer mucho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/edurne-portela-jose-ovejero-escriben-novela-cuatro-manos-hemos-aprendido-no-preocuparnos-autoria_1_12129245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2025 21:25:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Edurne Portela y José Ovejero escriben una novela a cuatro manos: “Hemos aprendido a no preocuparnos por la autoría”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Revoluciones,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Belén Gopegui Durán: “Se exalta tanto la flexibilidad que he querido recordar la importancia de no ceder”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/belen-gopegui-duran-exalta-flexibilidad-he-querido-recordar-importancia-no-ceder_128_12101531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e6201ea-7260-49a2-8769-857788101aef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1112790.jpg" width="4961" height="2791" alt="Belén Gopegui Durán: “Se exalta tanto la flexibilidad que he querido recordar la importancia de no ceder”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora publica 'Te siguen', una novela de espías y militantes recalcitrantes en la que cuatro personas muy diferentes entre sí nos recuerdan que al poder le queda todavía trabajo para descifrar quiénes somos y qué nos impide rendirnos</p><p class="subtitle">Una exposición recupera los nombres que el Ayuntamiento de Almeida arrancó del memorial a las víctimas del franquismo</p></div><p class="article-text">
        Est&aacute; por ver que la inteligencia artificial doble el brazo de la colectiva, que no necesita revestirse con may&uacute;sculas. Ese podr&iacute;a ser un punto de partida de <em>Te siguen</em> (Random House, en librer&iacute;as a partir del 6 de marzo), la nueva novela de <a href="https://www.eldiario.es/autores/belen_gopegui/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bel&eacute;n Gopegui Dur&aacute;n</a> (Madrid, 1963). Las vidas de Casilda, Jon&aacute;s, Le&oacute;n y Minerva se entrecruzan cuando una empresa decide espiar a personas que se esfuerzan en preservar su esencia y mantener lejos de la cultura de la vigilancia su cuerpo, sus deseos y su tiempo. Si este es suyo, no es de la empresa, teme esta, y si no lo es, puede volverse contra ella y lo que representa. Es as&iacute; como nace el ficticio Proyecto Recalcitrantes y la nueva aventura de la escritora madrile&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria de Gopegui cubre m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Su irrupci&oacute;n en el mundo editorial, <em>La escala de los mapas</em>, fue recibida en 1993 con premios y precedi&oacute; a obras como <em>La conquista del aire</em>, llevada al cine y uno de cuyos fragmentos cay&oacute; en un examen de acceso a la Universidad en 2020, <em>Lo real</em>, <em>Deseo de ser punk</em>, <em>El comit&eacute; de la noche</em>, <em>Existir&iacute;amos el mar</em> o esta <em>Te siguen</em>. Esas historias, y ensayos recientes como <em>Ella pis&oacute; la Luna</em>, <em>Rompiendo algo</em> o <em>Peque&ntilde;as heridas mortales</em>, comparten estilo cuidado y un inter&eacute;s en detectar las fisuras del sistema para cuestionar y ampliar los l&iacute;mites de lo posible. La novelista contesta a nuestras preguntas en una conversaci&oacute;n por chat.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo surge la idea inicial de </strong><em><strong>Te siguen?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Por alg&uacute;n lado ten&iacute;a esta anotaci&oacute;n: &ldquo;Ya no hay esp&iacute;as escuch&aacute;ndonos, sino modelos&rdquo;. Modelos en el sentido de redes neuronales combinadas con algoritmos sin comprensi&oacute;n real, y me dio por pensar en lo que implicaba. Por otro lado, ocurre en general que tendemos a imaginar a quien nos vigila. Qu&eacute; s&eacute; yo, escribo mal una contrase&ntilde;a y tiendo a pensar que hay alguien al otro lado reflexionando cosas del tipo: la ha escrito mal, pero sabe cu&aacute;l es, parece m&aacute;s una distracci&oacute;n que un hackeo, quiz&aacute;s ha dormido mal o va con prisa, le voy a dar otra oportunidad antes de pedirle la doble verificaci&oacute;n. Claro que no es as&iacute;, pero tenemos, creo, una cierta atracci&oacute;n por seres tutelares, presencias que nos guardan.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/837ff893-8038-487c-af40-4b411c9cefe8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Todo lo contrario de lo que hace un algoritmo que precisamente nos convierte en sujetos masivos aunque finja tratarnos de manera personal. Esta fantas&iacute;a se ha multiplicado con la IA. Se la humaniza como si fuera un interlocutor que de verdad entendiera lo que dice y lo que decimos. As&iacute; fue surgiendo una hip&oacute;tesis narrativa en la que una empresa necesitar&iacute;a acudir a los m&eacute;todos de los viejos esp&iacute;as para conocer, m&aacute;s all&aacute; de nuestro rastro digital, algo as&iacute; como qui&eacute;nes somos en realidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Antes de empezar la trama, en los cr&eacute;ditos del libro, leemos un aviso. &ldquo;La autora se opone a que esta novela sea utilizada para entrenar cualquier tipo de IA, presente o futura&rdquo;. Me record&oacute; al &ldquo;</strong><em><strong>s&iacute;</strong></em><strong> de cada </strong><em><strong>no</strong></em><strong>&rdquo; de </strong><a href="https://elpais.com/diario/2000/07/24/cultura/964389608_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>un art&iacute;culo que le dedic&oacute; a Carmen Mart&iacute;n Gaite</strong></a><strong>, a las posibilidades que se abren cuando rechazamos la inercia del mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora hab&iacute;a procurado que en mis novelas apareciese la licencia Creative Commons, pero las plataformas lo van devorando todo a tal velocidad que de repente esa licencia puede contribuir a lo contrario, a que sea el capital quien se apropie de tus datos. Y creo que ahora mismo debemos recordar que la materia y la riqueza de las plataformas procede de nuestras vidas, lo que nos contamos, lo que hacemos en nuestros trabajos, lo que escribimos, dibujamos, filmamos, construimos con muchas manos, nuestras conversaciones. Tenemos derecho a no querer contribuir a entrenar modelos sobre cuya utilidad y cuyas aplicaciones destructivas no nos han preguntado. Ese <em>disclaimer</em> es una m&iacute;nima contribuci&oacute;n a la exigencia de una democracia real en la red.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hasta ahora había procurado que en mis novelas apareciese la licencia Creative Commons, pero las plataformas lo van devorando todo a tal velocidad que de repente esa licencia puede contribuir a lo contrario, a que sea el capital quien se apropie de tus datos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Recalcitrante&rdquo; es una palabra clave en la historia. Define a algunas de las protagonistas de la novela. &iquest;Por qu&eacute; eligi&oacute; esa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; porque se ha exaltado tanto la flexibilidad que quer&iacute;a recordar tambi&eacute;n la importancia de no ceder a veces, como en el art&iacute;culo que comentabas antes. Cuando estaba a la mitad de la novela encontr&eacute; el libro de Sara Ahmed <em>Sujetos obstinados</em>, son bonitas esas coincidencias. En mi caso hab&iacute;a barajado la palabra <em>obstinado</em>, pero ten&iacute;a el problema del gen&eacute;rico masculino, que en nuestra lengua sigue pesando. Por otro lado, me parec&iacute;a que <em>recalcitrantes</em> pod&iacute;a mantener alejada la idea de rigidez. Digamos que el caballo que no quiere ser domado no es r&iacute;gido, querer ser libre es lo contrario de la rigidez. Y esta ser&iacute;a la clase de personas que se agrupar&iacute;an tras el adjetivo en la novela, personas, si no &ldquo;nunca en doma&rdquo;, como dec&iacute;a Claudio Rodr&iacute;guez, s&iacute; que no aceptan la doma como algo razonable.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La militancia, la presencia en las filas que pelean por una vida m&aacute;s amable y justa, es uno de los grandes temas del libro. Hay un subtexto que podr&iacute;a leerse como &ldquo;vine para cambiar el mundo y me qued&eacute; por la gente&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es su reflexi&oacute;n en torno al concepto de militancia en la actualidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una autora maravillosa que muri&oacute; muy joven, Roc&iacute;o Orsi, dec&iacute;a en su libro <em>El saber del error, </em>sobre la tragedia griega, que no basta con dar voz a un personaje, sino que hace falta construir el marco dram&aacute;tico necesario para que su voz se haga audible. En el caso de la novela, ser&iacute;a el marco narrativo. Cada vez que he abordado la militancia en las novelas he tratado de construir marcos narrativos que choquen frontalmente contra demasiados discursos t&oacute;picos que se encargan de condenar la militancia por motivos casi siempre individualistas. Basta con que un militante practique la traici&oacute;n, la mala fe o la chapuza para decir que no vale la pena intentar nada. Toda esta novela m&iacute;a trata en parte de explorar c&oacute;mo se construyen la chapuza, la mala fe o la traici&oacute;n tambi&eacute;n, por cierto, en el lado del poder, de lo que se suele hablar menos.
    </p><p class="article-text">
        Intento esclarecer aquella frase de Marx de que la producci&oacute;n no solo produce objetos para los sujetos sino tambi&eacute;n sujetos para los objetos. La subjetividad se produce y no solo con discursos. La subjetividad militante, cuando no hay demasiada masa cr&iacute;tica y cuando se convierte todo, incluso las relaciones personales, en mecanismos de ganancia, es complicada. Pero no quisiera contar ese &ldquo;me qued&eacute; por la gente&rdquo; como un &ldquo;en lugar de la militancia&rdquo;, sino algo as&iacute; como &ldquo;sigo con la gente y hay momentos en que baja la marea y estamos juntas y no dejamos de esperar y de trabajar, de manera irregular, contradictoria, en medio de presiones de las que es dif&iacute;cil librarse, para que vuelva a subir&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Una relación dialéctica es precisamente aquella donde suceden cosas en los dos lados, como un diálogo real, no esos donde una persona habla y otra asiente desde ninguna parte, sino esos otros en los que las dos personas tienen fuerzas, aunque sean distintas, deseos, miedos, necesidades, y los llevan al diálogo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>A menudo se habla de un mundo cansado, aunque quiz&aacute; convendr&iacute;a precisar qu&eacute; personas est&aacute;n m&aacute;s cansadas que otras y por qu&eacute;. &iquest;Siente que el cansancio, como leemos que teme la gran empresa AMX en la novela, &ldquo;empieza a convertirse en causa de una inquietante inestabilidad&rdquo;? &iquest;Hay una</strong><em><strong> </strong></em><a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/belen-gopegui-proponen-felices-no-crearas-problemas-competiras-mejor-mundo-injusto_1_10165629.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>autoayuda</strong></em></a><em><strong> </strong></em><strong>colectiva a reivindicar, quiz&aacute; lo que hace siglos se llam&oacute; apoyo mutuo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la editorial de Ecologistas en Acci&oacute;n nos planteamos una colecci&oacute;n que fuera de socioayuda. Apoyo mutuo es otra buena denominaci&oacute;n. Creo que la expresi&oacute;n autoayuda no designa nada con sentido. He querido construir el discurso de AMX en la novela como, digamos, un dispositivo ir&oacute;nico que permita decir lo que no se dir&iacute;a desde el otro lado. Algo as&iacute;, salvando las enormes distancias, como lo que pasa cuando se lee <em>El Pr&iacute;ncipe</em> de Maquiavelo no siendo el pr&iacute;ncipe, sino siendo la persona o el colectivo sobre la que el pr&iacute;ncipe ejercer&aacute; el poder. Colocarse en ese punto de vista permite darse cuenta de que una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica es precisamente aquella donde suceden cosas en los dos lados, como un di&aacute;logo real, no esos donde una persona habla y otra asiente desde ninguna parte, sino esos otros en los que las dos personas tienen fuerzas, aunque sean distintas, deseos, miedos, necesidades, y los llevan al di&aacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Esta especie de cansancio f&iacute;sico, no general sino estructurado por posiciones de clase, g&eacute;nero, lugar de procedencia, etc&eacute;tera, puede hacer que algo se rompa, y cuando algo se rompe se introduce lo imprevisible, cosa que suele preocupar al capital. Dice [el psic&oacute;logo] Fernando Cembranos que aplicar la idea de cansancio al &aacute;nimo es un error de met&aacute;fora. Estoy de acuerdo con &eacute;l, el &aacute;nimo no se cansa, pero todo contribuye a que pensemos que es as&iacute;. Lo que ocurre con el &aacute;nimo es que se confunde, se crean estructuras de sentimiento que en lugar de liberar aprisionan, encierran dentro de una idea errada del yo, y eso hace que se asuma una impotencia mayor de la real. El apoyo mutuo es, s&iacute;, una forma de tratar de comprender y transformar esa estructura errada de sentimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Marta Peirano, en un reciente reportaje en </strong><em><strong>El Pa&iacute;s</strong></em><strong>, describi&oacute; a quienes participan en las actuales protestas estudiantiles de Serbia. Cambiaron, escrib&iacute;a la periodista, </strong><em><strong>likes</strong></em><strong> por acumulaci&oacute;n de cuerpos. Una explosi&oacute;n de dolor emocional se transform&oacute; en rabia. El profesor de la universidad de Novi Sad Vladan Joler afirmaba que la tristeza compartida fue una catarsis que cambi&oacute; la naturaleza del colectivo, que estar juntos en la pena les trajo algo parecido a la felicidad. Saben c&oacute;mo moverse y protegerse no solo de los golpes. Tratan tambi&eacute;n de proteger el silencio. Tienen protocolos para resguardarse de las campa&ntilde;as de propaganda externas. Su intenci&oacute;n no es proyectarse hacia fuera, sino que quieren proteger el nuevo v&iacute;nculo por encima de todo. Reconozco ah&iacute; a los recalcitrantes de </strong><em><strong>Te siguen</strong></em><strong>. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; la descripci&oacute;n de Peirano y lo que cuenta Joler es impactante. Creo que los recalcitrantes de la novela proteger&iacute;an esos comportamientos. Por otro lado, en los tiempos en que vivimos siempre falta informaci&oacute;n cuando se trata de pa&iacute;ses en los que hay intereses contrapuestos de otros pa&iacute;ses mayores. Ateni&eacute;ndonos en exclusiva a los comportamientos descritos, forman parte de una l&oacute;gica de lo com&uacute;n que ojal&aacute; logre seguir resguard&aacute;ndose de propagandas externas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Quienes trabajan a veces no se dan cuenta del poder que tienen en sus trabajos. Se dan perfecta cuenta de las amenazas, que son reales, y que llevan aparejado el miedo a perder</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; piensa de la frase &ldquo;la gente no se da cuenta del poder que tiene&rdquo;? &iquest;Siente que es as&iacute; o que s&iacute; hay conciencia de ello aparejada a un miedo a perder lo poco que se pueda tener? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La gente es un concepto muy borroso porque no recoge los conflictos que se dan dentro de esa idea de la gente. Tal vez dir&iacute;a que quienes trabajan a veces no se dan cuenta del poder que tienen en sus trabajos. Se dan perfecta cuenta de las amenazas, que son reales, y que llevan aparejado ese miedo a perder del que hablas. Por eso ocurre a veces, como dec&iacute;a Kant, que el sufragio universal no es real en la medida en que un empresario tiene 50.000 votos: el suyo y el de la mayor&iacute;a de las personas que trabajan para &eacute;l. Hoy esa desproporci&oacute;n act&uacute;a a trav&eacute;s del miedo a que &ldquo;la econom&iacute;a&rdquo; vaya mal. Ese miedo interfiere en el voto mediante estructuras de sentimiento erradas que, sin embargo, penetran en las vidas a trav&eacute;s del n&uacute;cleo duro de lo material: n&oacute;minas, deudas, falta de salario social, etc&eacute;tera. Me gusta bastante el libro <a href="https://versolibros.com/products/no-hay-atajos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>No hay atajos, </em></a><a href="https://versolibros.com/products/no-hay-atajos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">de Jane McAlevey</a>. Aunque no haya f&oacute;rmulas que sirvan para todo, parece claro, como se&ntilde;ala, que la organizaci&oacute;n es necesaria.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Escribir sobre lo que se podría hacer genera cierta incomodidad, propia y ajena, porque de alguna forma pensamos y sentimos que podríamos hacer algo más y al mismo tiempo pensamos y sentimos que no podemos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Pueden dejarte, pero no pueden obligarte a convertir en un Excel lo que fuisteis&rdquo;, sentencia la Minerva de su novela. &iquest;Reducimos el mundo a la raz&oacute;n cuando, para cambiarlo, hace falta seguir vi&eacute;ndole el misterio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me alegra que hayas reparado en esa idea. Lo del Excel, para quien lo dice en la novela y tambi&eacute;n para m&iacute;, es a&uacute;n peor que reducir todo a la sola raz&oacute;n. Introduce &ldquo;las heladas aguas del c&aacute;lculo ego&iacute;sta&rdquo; en las relaciones personales, las anega en el modelo de ganancia e introduce la falsa idea del yo, como si un supuesto &ldquo;yo&rdquo; pudiera realmente calcular lo que alguien le ha dado o lo que &eacute;l ha dado. Como si no estuvi&eacute;ramos entrelazados. En este sentido, y en relaci&oacute;n el misterio del que hablas, acudir&eacute; a la letra de una canci&oacute;n brasile&ntilde;a escrita por Jorge Mautner. All&iacute; dice: &ldquo;Las bellezas son cosas encendidas por dentro / las tristezas son bellezas apagadas por el sufrimiento&rdquo;. Excepto, podr&iacute;amos decir, si encuentran el apoyo para sobreponerse. Casi siempre el apoyo est&aacute; fuera porque somos tambi&eacute;n lo que est&aacute; fuera.
    </p><p class="article-text">
        Me quedo pensando que escribir sobre lo que se podr&iacute;a hacer genera cierta incomodidad, propia y ajena, porque de alguna forma pensamos y sentimos que podr&iacute;amos hacer algo m&aacute;s y al mismo tiempo pensamos y sentimos que no podemos. Hablaba Juan Luis Panero de mantener &ldquo;una alta vigilancia / contra la c&oacute;moda amargura de no creer en nada&rdquo;. Y ah&iacute; vamos debati&eacute;ndonos. Para salir de los Excels y de la pretensi&oacute;n de reducir, en el libro he tratado de no dejar nunca de lado nuestras contradicciones, contar que querer hacer algo, intervenir, no comporta olvidar que hay cosas encendidas, ni olvidar los momentos en que se apagan las bellezas ni olvidar el deseo de volver a encenderlas por dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/belen-gopegui-duran-exalta-flexibilidad-he-querido-recordar-importancia-no-ceder_128_12101531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Mar 2025 20:49:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Belén Gopegui Durán: “Se exalta tanto la flexibilidad que he querido recordar la importancia de no ceder”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fermin Muguruza triunfa en el “corazón de la bestia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fermin-muguruza-triunfa-corazon-bestia_129_12057756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5057bee-0236-49fe-9a89-781cce58d95c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2620y1703.jpg" width="1200" height="675" alt="Fermin Muguruza triunfa en el “corazón de la bestia”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El músico vasco y su público, tras un generoso concierto que llenó de reivindicación y fiesta el Palacio de Deportes - Movistar Arena, ya cuentan con su gran noche madrileña
</p><p class="subtitle">Morrissey actuará el 12 de junio en Madrid
</p></div><p class="article-text">
        Hay conciertos que trascienden al g&eacute;nero de m&uacute;sica que se toca en el escenario. El de Fermin Muguruza este s&aacute;bado en Madrid ha sido uno de ellos. No era un <em>bolo</em> m&aacute;s ni para el m&uacute;sico de Ir&uacute;n ni para muchas de las personas que llenaron el Movistar Arena. Para buena parte de estas, la cita bien podr&iacute;a ser de esas marcadas en el calendario con meses de antelaci&oacute;n, una de las pocas a las que no se puede faltar, organizaci&oacute;n de responsabilidades familiares mediante. Tanto p&uacute;blico como artista sab&iacute;an que ten&iacute;a toda la pinta de ser una noche especial. Una recordada durante a&ntilde;os cuyo &uacute;nico obst&aacute;culo parec&iacute;an ser las altas expectativas.
    </p><p class="article-text">
        El propio artista se encarg&oacute; de confrontarlas, incluso desafiarlas, al poco de comenzar el <em>setlist</em>. &ldquo;Convirtamos este aquelarre antifascista en una noche que dure a&ntilde;os&rdquo;, propuso, remezclando el t&iacute;tulo de una canci&oacute;n de Ovidi Montllor. Fue decirlo y empezar posiblemente a cumplirse para los miles que ya estaban de pie en la zona de grada, los que no iban a tardar en levantarse y quienes empezaban a saltar con los primeros compases de un concierto largo. Generoso. F&iacute;sicamente exigente para Muguruza y su banda, dos horas y media de derroche que el p&uacute;blico recogi&oacute; sudando a juego con los m&uacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Antes de todo ello, la tarde hab&iacute;a empezado con &ldquo;puntualidad revolucionaria&rdquo;. No lo era, pero podr&iacute;a haber sido un gui&ntilde;o del grupo Tremenda Jaur&iacute;a a aquella m&aacute;xima de los militantes contra las dictaduras del siglo pasado, cuando no exist&iacute;an los tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Aquella disciplina de llegar siempre a la hora exacta a una cita clandestina con un camarada para no exponerle a una espera en la que la polic&iacute;a podr&iacute;a sospechar de &eacute;l y detenerlo. Las teloneras madrile&ntilde;as de Fermin Muguruza, con una amistad forjada con &eacute;l desde su versi&oacute;n merengue del tema de Kortatu <em>La l&iacute;nea del frente</em>, no se limitaron a cumplir el tr&aacute;mite. No solo la puntualidad puede ser revolucionaria; tambi&eacute;n el entusiasmo. Con un buen cargamento de este, Tremenda Jaur&iacute;a calent&oacute; a un personal que poco a poco llenaba el que muchos, por edad, llamar&aacute;n siempre Palacio de los Deportes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; hoy se hace historia&rdquo;, predijeron las Jaur&iacute;a. Como si de impartirla quisiera encargarse la banda de Fermin Muguruza, sali&oacute; al escenario con la intro de la canci&oacute;n dedicada al pueblo originario chileno <em>Maputxe</em>. <em>Urrun</em>, el primer tema con la presencia del protagonista principal de la noche, sigui&oacute; las coordenadas did&aacute;cticas con sus referencias a los bombardeos de Irak y Yugoslavia mientras en pantalla aparec&iacute;an I&ntilde;igo Cabacas, seguidor del Athletic Club muerto en Bilbao por disparos de pelotas de goma de la Ertzaintza, y Aitor Zabaleta, aficionado de la Real Sociedad asesinado por ultraderechistas antes de un partido en el antiguo estadio Vicente Calder&oacute;n. La sola menci&oacute;n de su nombre en la ciudad, coreado por buena parte de los asistentes, tuvo algo de cicatrizante.
    </p><p class="article-text">
        Temas de las etapas de Muguruza en solitario y de Kortatu se sucedieron: <em>Eguraldi lainotsua hiriburuan</em>, <em>Hay algo aqu&iacute; que va mal</em>, <em>Balazalak</em>, la celebrada <em>La l&iacute;nea del frente</em>, Berlin-Ulrike Meinhof, <em>In-komunikazioa</em>, <em>Desmond Tutu</em>, <em>Newroz</em>, <em>Big Be&ntilde;at</em> o un <em>A la calle</em> convenientemente hilado con <em>La familia Iskariote</em>. Para entonces, adem&aacute;s del apartheid sudafricano y el a&ntilde;o nuevo del golpeado pueblo kurdo se hab&iacute;a mencionado sobre el escenario a Carlos Palomino, otra joven vida segada por el odio en las calles de Madrid. El recuerdo al hermano de Fermin fallecido en 2019, I&ntilde;igo Muguruza, adem&aacute;s de en <em>Bizitza zein laburra den</em>, tom&oacute; forma de gui&ntilde;o a su papel como cooperante en aquella esperanzada Nicaragua sandinista.
    </p><p class="article-text">
        Las caras en las primeras filas parec&iacute;an satisfechas, pero si alguien echaba en falta un extra de intensidad, iba a tardar poco en recibirla. Es muy probable que, entre los seguidores m&aacute;s <em>hardcore</em> de la trayectoria de Muguruza, el momento central de sus conciertos en esta gira sea el m&aacute;s especial. Todo comienza con el interludio <em>Aiako Txikito</em>, un collage hecho a base de Curtis Mayfield, Steve Cropper y Funkadelic que desemboca en la gran dinamo de la noche, <em>Hiri gerrilaren dantza</em>. Ah&iacute; el pabell&oacute;n se convierte en un gran muelle. Los saltos dan a parar a otros tantos botes con <em>Bidasoa fundamentalista</em> y a la tensi&oacute;n contenida en <em>B.S.O.</em> y soltada despu&eacute;s en <em>Itxoiten</em> (dedicada al movimiento feminista), ambos temas emblema de Negu Gorriak.
    </p><p class="article-text">
        Bego&ntilde;a Bang-Matu, una de las pioneras de los sonidos jamaicanos en nuestro pa&iacute;s con bandas como Malarians, prosigui&oacute; el turno de invitados. Y uno de los momentos m&aacute;gicos de la noche tuvo el sello de Jon Maia. El bertsolari, letrista de conocidas canciones para artistas vascos, decidi&oacute; innovar y hacer sus versos en castellano esta vez: &ldquo;somos Angela Davis contra el trumpismo; somos Pepe Mujica ante el abismo&rdquo;. Entre sus alusiones glosando el Madrid de Garc&iacute;a Lorca, La Pasionaria o Lucrecia P&eacute;rez, hubo sitio para alguna m&aacute;s desenfadada, aunque cargada de significado, como la del futbolista Mikel Labaka vistiendo la camiseta del Rayo Vallecano.
    </p><p class="article-text">
        El <em>rush</em> final de un concierto de Muguruza se corresponde con la artiller&iacute;a de quien cuenta con una carrera de cuatro d&eacute;cadas a la espalda. <em>Zu atrapatu arte</em>, con Carlos, vocalista de los mostole&ntilde;os oi! Non Servium, es solo un ejemplo. <em>Radio Rahim</em> sirve de oportunidad de denunciar la situaci&oacute;n en el Congo, <em>Yalah, yalah, Ramallah!</em> la de Palestina y L&iacute;bano y <em>El &uacute;ltimo ska</em> para presentar a una banda que funciona como un reloj vasco, catal&aacute;n y cubano: los vientos de Jon Elizalde, Aritz Lonbide e Igor Ruiz &ldquo;Fino&rdquo;, la trikitixa de Xabi Solano, la guitarra de Lide Hernando, la bater&iacute;a de Gloria Maurel, las percusiones de Gerard &ldquo;Chalart 58&rdquo;, la voz de Miryam &ldquo;Matah&rdquo; y el bajo de V&iacute;ctor Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        La actriz Itziar Itu&ntilde;o, junto a Tremenda Jaur&iacute;a, subidas de nuevo al escenario, cerr&oacute; la multitudinaria fiesta con <em>Sarri, Sarri</em>. Una canci&oacute;n desenfadada cuyas notas sencillas sal&iacute;an de los altavoces para conformar una simb&oacute;lica resistencia en el centro de una ciudad a la que en ocasiones Fermin Muguruza se ha referido como el &ldquo;coraz&oacute;n de la bestia&rdquo;. Ahora el m&uacute;sico vasco y su p&uacute;blico ya cuentan con su particular gran noche madrile&ntilde;a. As&iacute; lo demostraban, al encenderse las luces, las caras exhaustas y felices en las puertas de salida a un mundo con peleas necesitadas de banda sonora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fermin-muguruza-triunfa-corazon-bestia_129_12057756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Feb 2025 08:24:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fermin Muguruza triunfa en el “corazón de la bestia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Música,Wizink]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La escritora Silvia Nanclares hace hablar al barrio que sacó vida bajo el ladrillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/escritora-silvia-nanclares-hablar-barrio-saco-vida-ladrillo_1_12051550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71565c51-227e-4e9b-b2e4-3de2b0030ff7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1309y1554.jpg" width="1200" height="675" alt="La escritora Silvia Nanclares hace hablar al barrio que sacó vida bajo el ladrillo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La novelista retrata la Transición y los 80 en un collage protagonizado por su distrito madrileño, Moratalaz, vecinas en pie de guerra, constructoras voraces, hambre de cultura y el Pirulí como ángel de la guarda de la democracia</p><p class="subtitle">Pilar Adón: “Idealizamos a las niñas por su inocencia pero yo quiero retratar su tormenta interior brutal”
</p></div><p class="article-text">
        Algunas palabras del primer p&aacute;rrafo del nuevo libro de Silvia Nanclares (Madrid, 1975) nos sit&uacute;an en tiempo y lugar. Un cuco de beb&eacute;, el vestido camisero evas&eacute; de una madre cuyas merceditas recogen polvo a cada paso. Estamos en 1976 en un barrio del este madrile&ntilde;o, Moratalaz para m&aacute;s se&ntilde;as. Y Maribel, con una ilusi&oacute;n que vence su moment&aacute;neo agobio, est&aacute; en una manifestaci&oacute;n vecinal de cuando se ten&iacute;a que gritar por casi todo: colegios, transporte, zonas verdes y, ya puestos, salarios que no temblasen a cada compra, que incluso hubo que pelear que el pan pesase lo que costaba. Ah&iacute;, cuando la barra se llamaba <em>pistola</em> y se med&iacute;a en estas el tama&ntilde;o de cada hogar, Nanclares arranca <em>Nunca vol&oacute; tan alto tu televisor</em>, su Episodio Nacional de la serie publicada por Lengua de Trapo y C&iacute;rculo de Bellas Artes. 
    </p><p class="article-text">
        Collage de protagonismo coral, el libro se organiza en torno a tres polos, cuenta la autora. Su propio barrio de Moratalaz, la inmobiliaria Urbis encargada de construir buena parte de sus viviendas y la aparici&oacute;n de la torre de telecomunicaciones de RTVE, el Pirul&iacute;. &ldquo;Empec&eacute; a generar escenas que fueran representativas de cada parte. La historia pas&oacute; de tener un protagonismo m&aacute;s personal a que fuera el suelo el protagonista. Supe entonces que deb&iacute;a haber muchas voces. Adem&aacute;s, eso es un poco lo que tienes en un barrio donde hay gente. Yo me he criado con la sensaci&oacute;n de ser una persona m&aacute;s entre el mogoll&oacute;n. Soy como soy porque he vivido aqu&iacute;, pero aqu&iacute; soy una gota de agua. &iquest;Qu&eacute; justicia voy a hacer en primera persona a un relato que es colectivo? No me parec&iacute;a honesto contar la historia de un barrio a trav&eacute;s de la vida de una sola persona. Escribirlo ha sido un poco ant&iacute;doto contra el &lsquo;yo&rsquo; sin tampoco buscarlo&rdquo;, explica Nanclares.
    </p><p class="article-text">
        La historia de Moratalaz es reciente. Hasta casi la d&eacute;cada de los 60 fue una dehesa entre Ciudad Lineal y Vallecas en la que Urbis empez&oacute; a levantar en la nada bloques para clases trabajadoras medias que la dictadura llamaba profesionales. Se llen&oacute; de familias j&oacute;venes que facilitaron que fuera conocido como &ldquo;el barrio del chupete&rdquo; y se publicitaba como una &ldquo;ciudad completa&rdquo;, pero Franco muri&oacute; y all&iacute; hab&iacute;a m&aacute;s accesos atascados que escuelas y una promotora empe&ntilde;ada en seguir edificando a costa de cualquier equipamiento p&uacute;blico. &ldquo;La premisa de Urbis era primero construir y luego urbanizar. Hicieron lo primero pero nunca lo segundo. Todo lo que de barrio hab&iacute;a en Moratalaz antes de la alcald&iacute;a de Tierno Galv&aacute;n se lo curr&oacute; la gente. Urbis no solo no hizo servicios p&uacute;blicos, sino que en los solares destinados a ello quer&iacute;a seguir construyendo&rdquo;, cuenta la escritora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Perfil del horizonte de Madrid en una imagen de 2016                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;La Lonja &mdash;</span>prosigue en alusi&oacute;n a una zona de hosteler&iacute;a entre pisos&mdash; est&aacute; robada a un parque que iba a haber ah&iacute;. Lo mismo pas&oacute; con el colegio. El vecindario fren&oacute; la construcci&oacute;n de m&aacute;s casas porque ve&iacute;an que esto no era un barrio, sino viviendas, y un barrio no es solo eso. La casa es fundamental, claro, pero el barrio es fruto de la lucha vecinal. Creo que la gente no tiene esa autoestima. Aprendamos de esas luchas y de sus resultados. Hay gente que no sigui&oacute; politizada, porque con la llegada del PSOE todo se relaj&oacute;. Pero otra s&iacute; y sigue militando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Transici&oacute;n dej&oacute; en la hemeroteca a la UCD rechazando regular guarder&iacute;as porque los ni&ntilde;os deb&iacute;an estar en contacto con su madre. Pero tambi&eacute;n se llev&oacute; a cabo un cambio de modelo educativo. Del memor&iacute;stico y segregado del r&eacute;gimen a la entrada de una nueva hornada de docentes, el empuje de la participaci&oacute;n de las asociaciones de padres o la opci&oacute;n de cursar &Eacute;tica como alternativa a la Religi&oacute;n. &ldquo;Tuve algunas profesoras con una visi&oacute;n de la educaci&oacute;n como evangelizaci&oacute;n laica y herramienta de emancipaci&oacute;n. Hab&iacute;a una concepci&oacute;n del colegio como espacio sociocomunitario. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a, que tuve alguno, ejemplares franquistas. Normalmente, esa r&eacute;mora autoritaria la formaban hombres, y mayores. En las profes m&aacute;s j&oacute;venes s&iacute; estaba ese activismo de la educaci&oacute;n&rdquo;, afirma Nanclares. Desde las ventanas del colegio de la autora se ve&iacute;a pasar reba&ntilde;o ovino hasta mediados de los 80.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El pirulí en construcción, en 1983                            </span>
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        &ldquo;Me gustas m&aacute;s que las ovejas&rdquo;. En el libro, la ni&ntilde;a Susana se declara as&iacute; al Pirul&iacute;. El edificio Torrespa&ntilde;a, mole de hormig&oacute;n inaugurada para el Mundial 82, est&aacute; en los distritos acomodados de Salamanca y Retiro, pero se ve muy bien desde Moratalaz. Protagonista de su libro, tambi&eacute;n lo fue de la ni&ntilde;ez de Nanclares. &ldquo;Ten&iacute;a una presencia fantasmag&oacute;rica. Para m&iacute;, era una nave nodriza. Un edificio marciano que aparec&iacute;a en el horizonte y representaba el futuro, el fetiche de la televisi&oacute;n y la luz nocturna. En el libro es el icono de una sociedad tecnol&oacute;gica con nuevas formas de relacionarse encarnadas en ficciones o programas culturales. La tele <em>constitucional</em> como servicio p&uacute;blico instru&iacute;a y mostraba maneras de ser. O de c&oacute;mo quer&iacute;amos ser. Era un proyecto de pa&iacute;s, el momento de la posibilidad y una herramienta de control como s&iacute;mbolo del Estado. Que estuviera cerca de tu casa te hac&iacute;a existir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La escritora define como &ldquo;flipe por la tele&rdquo; la atracci&oacute;n que muchos peques de los 80 sent&iacute;an por lo que no pocos adultos dieron en llamar, sin &eacute;xito para neutralizar su magnetismo, la caja tonta. &ldquo;En el proceso de documentaci&oacute;n he encontrado manuales de c&oacute;mo ver la tele con tus hijos. Los discursos de miedo a la tecnolog&iacute;a son c&iacute;clicos. La tele nos hac&iacute;a tener una vida, que es tambi&eacute;n un poco lo que te da internet, la posibilidad de tener muchas vidas. Tambi&eacute;n nos aburr&iacute;amos mucho. T&uacute; hoy te tiras en el sof&aacute; y est&aacute;s feliz, pero para un ni&ntilde;o un d&iacute;a es muy largo. La parte chula de la tele es que sol&iacute;a ser compartida, todo el mundo estaba mirando lo mismo&rdquo;, reflexiona. En ese cat&oacute;dico inquilino del sal&oacute;n pudieron los espa&ntilde;oles ver dos escenas que aparecen tambi&eacute;n en el libro de Nanclares: el entierro de Tierno Galv&aacute;n y el apag&oacute;n de la se&ntilde;al de RTVE al inicio de la huelga del 14 de diciembre de 1988. Ambas, con Pilar Mir&oacute; en un papel destacado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Mitin de Izquierda Unida en una zona comercial de Moratalaz, 1986                            </span>
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        Nanclares explora un periodo marcado por la relevancia de la cultura como valor social. Fue tiempo de coloridas campa&ntilde;as de iniciaci&oacute;n a la lectura bajo el reclamo de que un libro pod&iacute;a ser m&aacute;gico y el mejor amigo de un ni&ntilde;o. Una promesa de diversi&oacute;n y aprendizaje que a veces se entend&iacute;a a la perfecci&oacute;n con la tele, como en el caso de la enciclopedia <em>&Aacute;brete, S&eacute;samo</em> inspirado en el popular programa de Espinete. A primeros de los 70, la Biblioteca B&aacute;sica Salvat-RTV hab&iacute;a llevado cl&aacute;sicos de Gald&oacute;s, Dostoievski o Matute mediante precios asequibles a muchos hogares. Un impacto multiplicado en democracia por el C&iacute;rculo de Lectores. Cada s&aacute;bado, sus comerciales repart&iacute;an los pedidos que hab&iacute;a hecho por cat&aacute;logo el hasta mill&oacute;n de socios que lleg&oacute; a tener. Ast&eacute;rix, Duras, Kundera o Highsmith entraban en casas donde quiz&aacute; no hab&iacute;a para lujos, pero en las que se le&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y las bibliotecas &mdash;apunta Nanclares&mdash;. Nunca me hubiera dedicado a escribir si no fuera por la del barrio. De peque&ntilde;a, iba todos los viernes con una amiga a sacar libros del Barco de Vapor o de Alfaguara. Lo viv&iacute;amos como ni&ntilde;os, acr&iacute;ticos, pero a la vez nos daba unos cimientos que generaciones anteriores no hab&iacute;an tenido. Fue un poco el nacimiento de la infancia: programas, colecciones de libros, bibliotecas infantiles. Las campa&ntilde;as de fomento de la lectura eran muy alegres. Una de las patas del proceso de Transici&oacute;n estuvo en la cultura. De los 90 nos llega una imagen de la cultura muy pasada por el neoliberalismo, pero yo recuerdo, unos a&ntilde;os antes, una cultura menos relacionada con el consumo y s&iacute; con el derecho. Una conquista. En Moratalaz hubo hasta un cineclub. En las casas era habitual ir construyendo la enciclopedia como un ritual, llegaba un se&ntilde;or y le pagabas la entrega. Ocupaba un lugar f&iacute;sico y privilegiado en el sal&oacute;n al que t&uacute; ibas a buscar el conocimiento. Hubo una utop&iacute;a vehiculada por la cultura. Y creo que a la vez poco esnobismo. La cultura no era para d&aacute;rtelas, sino una conquista&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Manifestación en Moratalaz contra la subida del coste de la vida, en 1976"
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                Manifestación en Moratalaz contra la subida del coste de la vida, en 1976                            </span>
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        A escasa media hora caminando desde el colegio de la Susana de <em>Nunca vol&oacute; tan alto tu televisor</em>, el Pirul&iacute; funciona, en esta ficci&oacute;n y en los recuerdos de su autora, como s&iacute;mbolo aspiracional. En medio, la autopista M-30. &ldquo;Era lo que estaba al otro lado, la evidencia de que hab&iacute;a m&aacute;s ciudad, el principio de algo&rdquo;, se&ntilde;ala Nanclares. &ldquo;Mi familia, adem&aacute;s de en Moratalaz, viv&iacute;a en Santa Eugenia, Usera o Ca&ntilde;o Roto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Lo que se echa de menos cuando vemos <em>Cachitos</em> es un contexto en el que todav&iacute;a parec&iacute;a funcionar el ascensor social? &ldquo;Creo que se han vivido cosas que eran bastante excepcionales y las hemos tomado como que eso era lo que pod&iacute;a pasar para bien &mdash;responde la escritora&mdash;. En el libro he querido huir de la nostalgia. No quer&iacute;a edulcorarlo con personajes que mal que bien van sorteando la Historia. En Maribel, por ejemplo, hay unas contradicciones fuertes: &lsquo;vengo de una familia popular, he estado luchando por el colegio de mis hijos, de repente empieza a entrar dinero en casa y me enamoro de un piso de cuatro habitaciones con calefacci&oacute;n central, &iquest;eso en qu&eacute; me convierte?&rsquo;. El pecado original del neoliberalismo es que cada cual empieza a pensar en uno mismo. A Maribel deja de importarle lo que pasa en su barrio porque a ella le va bien, pero no puede olvidarlo porque ella ha conocido la potencia de lo comunitario. Con la llegada del PSOE al Gobierno tambi&eacute;n hubo un poco de sensaci&oacute;n de &lsquo;ya est&aacute;, ya hemos llegado&rsquo;. Hay una generaci&oacute;n de nacidos en los cuarenta que creo que tuvo resabios de carest&iacute;a anterior pero tambi&eacute;n el impulso de mirar hacia adelante. Ese conflicto me interesaba, el de una clase media a la que le va bien y abandona las luchas que ten&iacute;an m&aacute;s que ver con su parte trabajadora y encarna lo aspiracional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque algunos lugares parezcan construidos sobre la nada, esta es relativa, subraya la autora. &ldquo;En ella tambi&eacute;n hay fuerzas hist&oacute;ricas&rdquo;. No hablamos de He-Man o el <em>petisu&iacute;s</em>, promocionado con el gancho de que &ldquo;en prote&iacute;nas, alimenta como un bistec&rdquo;. Un barrio como el de Nanclares se publicit&oacute;, de cara a las mujeres, con esl&oacute;ganes de sociabilidad tipo &ldquo;ya tengo muchas amigas en Moratalaz&rdquo; que buscaban un efecto llamada. Muchas de ellas, en la realidad, formaron parte del poco verbalizado concepto de Madres de la Democracia. No escribieron ninguna carta magna. Tampoco les sobraba tiempo. &ldquo;Sostuvieron. Los narradores de la Historia han sido hombres, pero aqu&iacute; hubo asociaciones de amas de casa, es decir, erigidas en sujeto pol&iacute;tico, las que luego fueron denostadas como <em>marujas</em>. Esas t&iacute;as estaban haciendo barrio. Eran las que lucharon por las guarder&iacute;as, las que estaban en la puerta de los coles&rdquo;, concluye la escritora. Y lo confirma V&iacute;ctor Manuel, en la canci&oacute;n que da t&iacute;tulo al libro, cuando canta &ldquo;mantengo el equilibrio porque tengo red&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/escritora-silvia-nanclares-hablar-barrio-saco-vida-ladrillo_1_12051550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Feb 2025 20:54:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La escritora Silvia Nanclares hace hablar al barrio que sacó vida bajo el ladrillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Madrid,Moratalaz,Transición española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sarah Babiker, escritora: “Pelear por cambiar el presente es construir el futuro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sarah-babiker-escritora-pelear-cambiar-presente-construir-futuro_1_11941607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f959f5b1-f835-414b-8a29-410f70a08f82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1501y1055.jpg" width="1200" height="675" alt="Sarah Babiker, escritora: “Pelear por cambiar el presente es construir el futuro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No todo el mundo puede decir que ha publicado dos libros a la vez. Sin embargo, esta narradora, periodista y antropóloga tiene el secreto de la gente interesante: hablar más del mundo que de sí misma. En su escritura y discurso encontramos la defensa, tierna y feroz, de una vida mejor</p><p class="subtitle">Las 10 mejores novelas españolas de debut de 2024
</p></div><p class="article-text">
        Sarah Babiker (Madrid, 1979) afirma que es de naturaleza dispersa. Sin embargo, ha conseguido algo al alcance de poca gente. Algo que exige tener cosas que decir y la disciplina de organizarlas. La periodista ha publicado dos libros a la vez. Quien haya paseado &uacute;ltimamente entre las mesas de novedades literarias donde cada d&iacute;a de presencia es una victoria habr&aacute; podido ver el nombre de Babiker en una novela, <em>Caf&eacute; Abismo</em> (La Oveja Roja), y el ensayo narrativo <em>La nada f&eacute;rtil </em>(Continta Me Tienes). La primera recorre la historia de una familia, las Salvatierra, en momentos concretos del a&ntilde;o 2000, el 2020 y el 2040. La segunda se sirve de las etapas vitales, de la infancia hasta la vejez, para hablarnos de un mundo antipersona y explorar qu&eacute; palancas usar para abrir ventanas emancipadoras.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de ambas obras apenas se solap&oacute;, pues el ensayo arranc&oacute; cuando la novela, iniciada antes de la pandemia, ya estaba muy avanzada. La autora evita caer en el lugar com&uacute;n de describir el proceso de escritura como un tormento. &ldquo;Ha sido bonito, como cuidar de dos hijas, dos hogares o dos plantas, reconocer que vienen de un mismo mundo, pero que cada cual tiene su identidad, sus necesidades y su camino&rdquo;, se&ntilde;ala Babiker. 
    </p><p class="article-text">
        La periodista reconoce que para <em>La nada f&eacute;rtil</em> trabaj&oacute; con plazos amplios para lo acostumbrado en la profesi&oacute;n. La menci&oacute;n al oficio de Babiker es pertinente, ya que el germen del libro lo encontramos en una de sus columnas para El Salto cuyo t&iacute;tulo, <em>Se&ntilde;oras que fantasean con quemar contenedores (metaf&oacute;ricos),</em> nos introduce de lleno en el esp&iacute;ritu de un ensayo lleno de potentes reflexiones. Una de esas primeras ideas se articula gracias a los espacios recurrentes del texto: casas, oficinas o parques. Con frecuencia se exige vivienda, trabajo o un barrio &ldquo;digno&rdquo;, pero quiz&aacute; olvidamos que ya lo son, que es la gente quien los hace dignos. Quien en el bajo comercial donde vive dobla su ropa con cari&ntilde;o antes de apretujarla en un caj&oacute;n. Quien en h&aacute;bitats laborales hoscos recuerda llevar croissants si alguien cumple a&ntilde;os. Quien hace la compra a una vecina en un distrito que el Ayuntamiento no considera prioritario limpiar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/70effe3c-e6c1-423d-b954-be6fb1912545_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;A veces he pensado esto redactando o editando art&iacute;culos, cuando nos salen estas expresiones de que algo nos roba o nos quita la dignidad. Me incomoda esa idea, porque la dignidad las personas la tenemos, la llevas adentro incluso cuando piensas que ya no te queda nada, cuando te cachea la polic&iacute;a por tu aspecto, cuando luchas por construir un remedo de hogar en un cajero, cuando el ej&eacute;rcito sionista arrasa con tu ciudad y con tu gente, t&uacute; sigues siendo digna. Los cuerpos al fondo del Mediterr&aacute;neo, tambi&eacute;n ellos son dignos. A quien le falta dignidad es al sistema y a su mano opresora, sea un fondo buitre cosechando beneficios millonarios de este r&eacute;gimen feudal inmobiliario al que hemos sido abocadas, o sean vampiros de lo p&uacute;blico lucr&aacute;ndose sin freno de las necesidades de salud, de educaci&oacute;n o de cuidados que tenemos como sociedad. Ellos son los indignos&rdquo;, sostiene la autora.
    </p><p class="article-text">
        En Babiker encontramos una fundamentada reivindicaci&oacute;n de cada etapa de nuestra vida. La infancia, por ejemplo, es esa fase de la existencia que precisa unos cuidados que siguen recayendo especialmente en las mujeres. Pero tambi&eacute;n algo menos verbalizado: &ldquo;Una dimensi&oacute;n central de la humanidad que viene con la reserva de ternura a tope, la que atesora una curiosidad contra la que la sociedad conspira&rdquo;, leemos en <em>La nada f&eacute;rtil</em>. La adolescencia, que el capitalismo reduce a target comercial, es un territorio de alegr&iacute;a, potencia y rebeld&iacute;a. &iquest;Le ir&iacute;a bien a esta sociedad ser un poco m&aacute;s <em>adolescente?</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La urgencia adolescente de construir nuevas familias con otros, amistades que arropen, la euforia un poco insensata que les bendice a ratos, que les permite olvidar los estreses del presente o la incertidumbre del futuro. ¿Por qué no reivindicar todo eso en lugar de mirar a la adolescencia con ese rictus de desaprobación?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sarah Babiker</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute; &mdash;responde&mdash;, pero no de la manera en que nos quiere el mercado: &aacute;vidas de construir una identidad en base al consumo, sedientas de satisfacci&oacute;n inmediata a nuestros deseos o intolerantes a la frustraci&oacute;n. Yo quiero reivindicar justamente aquello <em>adolescente</em> que incomoda al sistema. El cuestionamiento a lo establecido, la rebeld&iacute;a. La pasi&oacute;n con la que se abrazan las causas cuando se consideran justas, y, por cierto, qu&eacute; drama que esta pulsi&oacute;n la est&eacute; secuestrando en algunos casos la extrema derecha. La urgencia adolescente de construir nuevas familias con otros, amistades que arropen, la euforia un poco insensata que les bendice a ratos, que les permite olvidar los estreses del presente o la incertidumbre del futuro. &iquest;Por qu&eacute; no reivindicar todo eso en lugar de mirar a la adolescencia con ese rictus de desaprobaci&oacute;n o, como mucho, la preocupaci&oacute;n con la que la mira muchas veces la sociedad adulta?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A menudo se nos olvida, pero inventamos tiempo. Lo sacamos de donde no hay para ver a la gente que queremos y nos quiere. Solemos llamarlo amistad. Un tipo de relaci&oacute;n que no puede medirse en t&eacute;rminos de rentabilidad, sino que nos habla de un amor casi nunca explicitado con esa palabra. Un sabotaje a la l&oacute;gica de lo utilitario. &ldquo;Soy <em>amistosista</em> &mdash;defiende Babiker&mdash;. Creo que, del mismo modo que el sistema ha sabido poner a su servicio tanto a la familia como al amor rom&aacute;ntico, los v&iacute;nculos amistosos se le escapan un poco m&aacute;s, pues son en principio m&aacute;s libres, m&aacute;s horizontales, m&aacute;s creativos. Habilitan alianzas para salir de los callejones del sistema como la familiarizaci&oacute;n de los cuidados o la pareja heterosexual como relaci&oacute;n humana en el colof&oacute;n de la jerarqu&iacute;a relacional. Estos &uacute;ltimos son a veces v&iacute;nculos que parecemos obligadas a mantener por encima de todo, aunque se vayan las ganas y llegue el resquemor y la violencia. Esta idea de la pareja como una meta a la que aspirar redunda a veces en una idea de desprecio cuando no se conquista, desprecio a veces hacia uno mismo, pero tambi&eacute;n hacia las mujeres que no te eligen, como les pasa a los <em>incel&rdquo;.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f35515c4-2c69-4bae-a414-bd43b238bc17_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que la amistad es antifascista &mdash;prosigue&mdash;, que gran parte del cabreo, de la pulsi&oacute;n contra el otro que nutre los discursos del odio, tiene que ver con la falta de v&iacute;nculos amistosos de muchas personas que se han quedado solas en este neoliberalismo can&iacute;bal. Gente que brega en la intemperie emocional, que solo sabe generar pertenencia y comunidad, a trav&eacute;s del odio al otro. Hombres que generan fratr&iacute;as en torno a su gran enfado contra las mujeres, las personas migrantes, los ecologistas o quien toque. Gente que construye sus relaciones en base a la pulsi&oacute;n de medrar pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente. Gente elegante que se llama amiga y lo que son es c&oacute;mplices del expolio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se enarbola, tanto en las letras de <em>Caf&eacute; Abismo</em> como en las de <em>La nada f&eacute;rtil</em>, un &ldquo;derecho a no vivir en modo supervivencia&rdquo;. &ldquo;Pero claro &mdash;a&ntilde;ade&mdash;, cuando lo que se pone en cuesti&oacute;n cada d&iacute;a es el propio derecho a la vida de tanta gente, del pueblo palestino, de quienes migran, de quienes habitan las cada vez m&aacute;s extensas zonas de sacrificio que el capital ha designado para poder continuar con su org&iacute;a de acumulaci&oacute;n infinita, mientras empieza a parecer entre de extrema izquierda o de una candidez absoluta defender el derecho a la vida en s&iacute;, pues ya defender el derecho a la calma, a brillar, a extraer alegr&iacute;a y sentido de la existencia, parece una cosa como de flipados que no han entendido de qu&eacute; va el mundo. Redistribuir la riqueza con la renta b&aacute;sica universal, o el tiempo con una reducci&oacute;n masiva de jornada, o garantizar el derecho a un techo para no tener que dejarse la vida en el pago de alquileres e hipotecas parece pretencioso, iluso, postergable indefinidamente o directamente imposible. Gozarse la vida, tener el gobierno del tiempo propio suficiente para permitirse el brillo: eso tambi&eacute;n podr&iacute;a ser un ant&iacute;doto para el fascismo. Pero la avaricia inagotable de unos pocos necesita que naufraguemos en la urgencia y vivamos en el miedo a perder lo que tenemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en La Ventilla, barriada madrile&ntilde;a de pasado arrabalero y traperos de quienes supo extraer literatura Baroja, con un movimiento vecinal pionero en la ocupaci&oacute;n de casas vac&iacute;as, Babiker asegura que haciendo estos libros ha aprendido &ldquo;que las cosas llevan tiempo y que eso est&aacute; bien&rdquo;. La escritura es para ella un espacio que define como seguro, alegre y vibrante, con sentido m&aacute;s all&aacute; de la publicaci&oacute;n. Su abuelo Pablo le leg&oacute; una Olivetti y el gusanillo de juntar palabras dura hasta hoy. La mirada de la autora se orienta hacia delante, as&iacute; que preguntamos si aceptar que no hay futuro es caer en una trampa tendida por quienes gozan de buen presente y desean hacernos tirar la toalla en la lucha por el porvenir para adue&ntilde;arse tambi&eacute;n de &eacute;l. Si el pesimismo es un lujo que no podemos permitirnos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;. Porque, si no hay futuro, &iquest;por qu&eacute; acumulan miles de millones que no podr&aacute;n gastar en mil vidas? Ese &lsquo;no hay futuro&rsquo; no es un revulsivo para la insurgencia, sino una especie de sedante para que nos consumamos en el <em>ultrapresente</em>. No nos sirve. Vivir sin poder imaginar un futuro mejor, un horizonte, es existir a medio gas, &iquest;no? No tenemos el tiempo para brillar, pero nos dejan adquirir muchas mierdas que brillan, asequibles con nuestros insuficientes salarios, construidas sobre la esclavitud de otras a las que nunca veremos y ante las que nunca tendremos que rendir cuentas. Emanciparnos de ese <em>ultrapresente</em> que nos obliga a ser c&oacute;mplices de quienes acumulan sin fin para monopolizar el futuro es un gesto de rebeld&iacute;a necesario y profundamente humano. Y siempre hay quienes est&aacute;n en ello, desde los barrios a los pueblos ind&iacute;genas, desde las feministas a las luchas por una vivienda digna, pelear por cambiar el presente no es otra cosa que construir futuros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por d&oacute;nde pasa un ma&ntilde;ana deseable? &ldquo;No tengo la receta &mdash;contesta&mdash;. Pero s&iacute; me vienen a la cabeza los elementos que envenenan cualquier posibilidad de un futuro habitable. Creo que un futuro para todas es un futuro abolicionista de las fronteras, del trabajo asalariado como lo entendemos hoy, del capitalismo en particular y de la avaricia y la acumulaci&oacute;n como principio que rige a la humanidad bajo este r&eacute;gimen que nos est&aacute; destruyendo. El neoliberalismo ha moldeado las subjetividades al grito de <em>&iexcl;no hay alternativa!</em> de un modo dif&iacute;cil de revertir. Pero no ha conseguido, ni conseguir&aacute;, conquistarlo todo. En nuestros afectos y v&iacute;nculos, en la ternura y la solidaridad, en la rabia ante lo injusto hay reservas de resistencia que nunca ser&aacute;n apropiadas por el mercado o el odio. Lo que necesitamos es tiempo, calma y agallas para convencer de que no solo hay alternativas, sino que son las &uacute;nicas que ofrecen un futuro que merezca la pena ser vivido&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sarah-babiker-escritora-pelear-cambiar-presente-construir-futuro_1_11941607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jan 2025 20:24:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sarah Babiker, escritora: “Pelear por cambiar el presente es construir el futuro”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Ensayos,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De las calles de Lavapiés a llenar el Wizink: por qué es importante el éxito de Fermin Muguruza en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/calles-lavapies-llenar-wizink-importante-exito-fermin-muguruza-madrid_1_11895234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99a96263-6d87-4c6e-a068-1a9c17a1dc84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De las calles de Lavapiés a llenar el Wizink: por qué es importante el éxito de Fermin Muguruza en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con más de 10.000 entradas vendidas, el músico vasco repasará su trayectoria a lo grande en la capital. Exploramos su relación con la ciudad y qué significará la noche del concierto
</p><p class="subtitle">La historia real de Gila en el bando republicano de la Guerra Civil que le hizo querer hablar con el enemigo
</p></div><p class="article-text">
        Cada <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/fermin-muguruza-celebra-40-anos-linea-frente-gira-dique-contencion-fascismo-eus_1_11479227.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">concierto de la gira con la que Fermin Muguruza </a>(Ir&uacute;n, 1963) celebra sus cuatro <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/fermin-muguruza-pone-rostro-muertos-bidasoa-marlaska-tendra-explicar-igual-melilla_1_10557218.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">d&eacute;cadas de carrera</a> tendr&aacute; su ingrediente especial. La gira arranca en Biarritz el 17 de diciembre, d&iacute;a en que su hermano I&ntilde;igo cumplir&iacute;a 60 a&ntilde;os. El viaje continuar&aacute; con dos fechas en Bilbao que se agotaron en cuesti&oacute;n de minutos y pasar&aacute; por ciudades importantes en su trayectoria, como Barcelona, Par&iacute;s, Londres, Berl&iacute;n, Buenos Aires, M&eacute;xico DF, Tokio o San Sebasti&aacute;n. Por el camino, varios <em>sold outs</em>, entre ellos el de la pista del Wizink, el escenario m&aacute;s grande de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/la-noche-en-la-que-los-kortatu-incendiaron-malasana-sin-pisarla_1_6416050.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una ciudad a la que la m&uacute;sica del cantante vasco ha estado unida desde sus inicios, Madrid.</a>
    </p><p class="article-text">
        A nadie se le escapa que la del 15 de febrero ser&aacute; una noche con un significado mayor que el meramente art&iacute;stico. El m&uacute;sico llenar&aacute; el antiguo Palacio de los Deportes de una ciudad y una comunidad aut&oacute;noma cuyos gobernantes intentan convertir en la capital definitiva de un liberalismo desacomplejado. A nivel institucional, la ciudad ya le ha demostrado en el pasado una cierta hostilidad. Pero tambi&eacute;n, y en mayor grado, cari&ntilde;o por parte de unos seguidores y seguidoras incorporados a su obra en diferentes momentos de una trayectoria que, desde Kortatu hasta hoy, comprende m&aacute;s de una veintena de &aacute;lbumes y m&aacute;s de doscientas canciones. Al menos 10.000 de esas gargantas le acompa&ntilde;ar&aacute;n en el Wizink.
    </p><p class="article-text">
        Preguntado por c&oacute;mo imagina esa noche, Muguruza no duda: &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/musica-campo-batalla-fascismo-historia-usurpacion_1_11472824.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Solo pensar en el aquelarre antifascista</a> que se va a armar ya me emociona. Ser&aacute; una noche de memoria viva, en la que se fundir&aacute;n como dec&iacute;a la escritora Eider Rodr&iacute;guez, lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Una celebraci&oacute;n colectiva de los nadie, los invisibles, los defectuosos, los que bailando unidos podemos cambiarlo todo, los que cantando juntos sabemos que podemos romper la cadena&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Los de Madrid est&aacute;is locos&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Pero rebobinemos. La historia de la relaci&oacute;n entre Fermin Muguruza y Madrid comienza a contarse en dos de los barrios populares de la capital. Muy lejos todav&iacute;a de los procesos de gentrificaci&oacute;n que ambos llevan tiempo sufriendo, Lavapi&eacute;s y Malasa&ntilde;a son las primeras paradas del viaje. En pleno coraz&oacute;n lavapiesino de alma castiza y pasado corralero, la plaza de Cabestreros, hoy Nelson Mandela, tuvo lugar el primer escenario de un concierto de Kortatu. Ocurri&oacute; un s&aacute;bado de principios de verano de 1985, en plena calle, organizado por la radio libre Onda Verde junto a grupos amigos como Cicatriz y con cientos de aficionados del Athletic de Bilbao, que al d&iacute;a siguiente jugaba una final de Copa en el Bernab&eacute;u, actuando como improvisada seguridad ante posibles agresiones de la extrema derecha.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Solo pensar en el aquelarre antifascista que se va a armar ya me emociona. Será una noche de memoria viva. Una celebración colectiva de los invisibles, los que bailando unidos podemos cambiarlo todo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fermin Muguruza</span>
                                        <span>—</span> Músico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al febrero siguiente el tr&iacute;o volver&iacute;a a la Escuela de Caminos en Moncloa. &ldquo;&iexcl;Los de Madrid est&aacute;is locos!&rdquo;, se escucha en la grabaci&oacute;n del acelerado concierto. Era una ciudad que hab&iacute;a perdido a Tierno Galv&aacute;n, un pa&iacute;s a punto de ratificar su permanencia en la OTAN &mdash;a pesar del &ldquo;no&rdquo; de Pa&iacute;s Vasco, Navarra, Catalu&ntilde;a y Canarias&mdash; y con ello provocar un cisma, a la izquierda del PSOE, del que naci&oacute; la coalici&oacute;n IU. El a&ntilde;o corr&iacute;a tenso, con elecciones a la vista. Poco antes de estas, los incidentes de las fiestas de San Isidro mientras tocaba La Polla Records saltaban a la portada de <em>El Pa&iacute;s</em>. Y se produjo la primera cancelaci&oacute;n de un concierto de Fermin Muguruza en la ciudad. La Delegaci&oacute;n de Gobierno prohibi&oacute; taxativamente que el grupo de Ir&uacute;n actuase junto a los madrile&ntilde;os TDK y Commando 9mm en el Campo del Gas de Arganzuela. Mientras muchos espa&ntilde;oles celebraban los goles de la selecci&oacute;n en el Mundial de M&eacute;xico, <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/la-noche-en-la-que-los-kortatu-incendiaron-malasana-sin-pisarla_1_6416050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otros lo recordar&aacute;n porque la rabia en forma de disturbios se traslad&oacute; a la antes citada Malasa&ntilde;a, en particular en los aleda&ntilde;os de la ic&oacute;nica Plaza del Dos de Mayo, hasta la madrugada</a>.
    </p><p class="article-text">
        Era &eacute;poca de una peculiar &ldquo;colaboraci&oacute;n&rdquo; entre instituciones y juventud. Kortatu toc&oacute; en municipios del cintur&oacute;n sur de Madrid como Fuenlabrada, Getafe, Legan&eacute;s o Ciempozuelos, donde el cartel anunciaba que colaboraba el ayuntamiento del PCE, pero organizaba &ldquo;la baska&rdquo;. A a&ntilde;os luz de la actual cultura del evento a meses vista, aquel era tiempo de cierto misterio en torno a alg&uacute;n directo. &ldquo;Hab&iacute;a bulos de conciertos: &lsquo;va a tocar no s&eacute; qui&eacute;n no s&eacute; d&oacute;nde&rsquo;&rdquo;, explica Fernando M&aacute;rquez, de apenas 18 a&ntilde;os entonces y que ya hab&iacute;a puesto en marcha la distribuidora Potencial Hardcore. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A veces te presentabas en un sitio y no hab&iacute;a nada. Este de Kortatu parec&iacute;a uno de esos. Soy de Vallecas, pero en el barrio los garitos eran m&aacute;s de heavies, entonces iba al centro y all&iacute; me juntaba con gente de Moratalaz, Cuatro Caminos o Aluche con gustos musicales parecidos. Ese d&iacute;a dud&aacute;bamos que hubiera concierto, pero antes de ir hacia Arg&uuml;elles, por si acaso, un colega y yo pasamos por la Plaza Vieja, llegamos y vimos un escenario y un bafle que pon&iacute;a Kortatu&rdquo;. En efecto, a primeros del 87, curso de huelgas estudiantiles y ya con el flamante <em>El Estado de las Cosas</em> publicado, Fermin Muguruza cant&oacute; en Vallecas. El entonces activista vecinal y posterior concejal presidente del distrito, Paco P&eacute;rez, fue uno de los coorganizadores del concierto junto a Juan Jos&eacute; Garc&iacute;a Espartero, en cuyo bar adem&aacute;s se celebr&oacute; el <em>post</em>. &ldquo;Fue multitudinario. Recuerdo ir hablando con Fermin por el bulevar. Acabamos de madrugada en el Hebe&rdquo;, recuerda.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Mapa de afinidades</strong></h2><p class="article-text">
        No val&iacute;a con grabar discos. Ni siquiera con tocar bien en directo. Hab&iacute;a que convertir cada concierto en un lugar en el que estar, en un rito colectivo. Algo as&iacute; parec&iacute;a desear Muguruza para su siguiente paso. Ten&iacute;a sentido. Dos de sus bandas de cabecera hab&iacute;an conseguido eso. The Clash en la m&iacute;tica descarga de Anoeta, con su aurresku de preludio a los acordes de &lsquo;London calling&rsquo;, en 1981, en la que Fermin e I&ntilde;igo decidieron montar un grupo. Y Public Enemy, a cuyo concierto en Par&iacute;s en 1990 sali&oacute; un autob&uacute;s desde San Sebasti&aacute;n. 
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                Iñigo Muguruza (a la derecha) en un concierto de Kortatu en el barrio donostiarra de Egia en 1987. Wikipedia                            </span>
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        Esa fue la primera acci&oacute;n de unos Negu Gorriak que ya ten&iacute;an ya dos discos, gira europea y cubana incluida, cuando llegaron a Madrid en octubre del 91. Concretamente a la sala Revolver, en la calle Galileo, templo musical noventero que alumbr&oacute; el hist&oacute;rico Festimad. &ldquo;Ese concierto fue una barbaridad, una fiesta potente &mdash;rememora Antonio Beltr&aacute;n, seguidor del grupo&mdash;. Yo ten&iacute;a mucha expectaci&oacute;n por esa noche porque llegu&eacute; tarde a esto del punk, el ska y el hardcore. Lo present&oacute; Ant&oacute;n Reixa al grito de &lsquo;&iexcl;miedo a un planeta vasco!&rsquo; y empez&oacute; Kaki con los guitarreos. Recuerdo el molinillo de cabeza de Mikel Anestesia y los saltos de Fermin. Salimos todos empapados de all&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de una ciudad muy diferente a la actual. La banda de Muguruza, ante los medios, llev&oacute; camisetas propalestinas como gui&ntilde;o al inicio de la Conferencia de Paz para Oriente Medio celebrada esos d&iacute;as en la capital con presencia de George Bush y Mija&iacute;l Gorbachov. No exist&iacute;a todav&iacute;a la Fnac de Callao, pero s&iacute; el llorado Madrid Rock de Gran V&iacute;a 25 o la cadena Discoplay, en una de cuyas tiendas del distrito de Tetu&aacute;n compr&oacute; Beltr&aacute;n los discos y una camiseta de Negu Gorriak. Llevarla en el Madrid que viv&iacute;a el violento y desgarrador conflicto entre el independentismo vasco y el Estado central no era garant&iacute;a de tranquilidad. Para garantizar que los m&uacute;sicos pudieran actuar en la capital, se cre&oacute; una red de infraestructura con la responsable de comunicaci&oacute;n del grupo en la ciudad, Sagrario Luna, a la cabeza. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empec&eacute; a trabajar con Fermin en 1988, con el <em>Kolpez Kolpe</em> de Kortatu. A&uacute;n estaban en la discogr&aacute;fica Oihuka, y yo llevaba unos a&ntilde;os con ella desde Madrid. Conoc&iacute; de primera mano las dificultades para hacer promoci&oacute;n con grupos vascos que cantaban en euskera en los medios de difusi&oacute;n nacional. Se diger&iacute;a bien el ingl&eacute;s, pero no las lenguas minoritarias y menos esta. Exist&iacute;a la leyenda de que todos los vascos eran etarras. A pesar de todo, la recuerdo como una etapa muy divertida, intensa y con mucha interacci&oacute;n entre m&uacute;sicos, colectivos, asociaciones y gente dispar. Fermin sol&iacute;a decir que est&aacute;bamos construyendo c&eacute;lulas de trabajo&rdquo;, explica la periodista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cont&aacute;bamos con un gran n&uacute;mero de radios libres y municipales que siempre nos abr&iacute;an sus brazos, as&iacute; como <em>Tele K</em>, en Vallecas, o contados locutores de <em>Radio 3</em>, y eso fue generando p&uacute;blico. Adem&aacute;s, yo alternaba mucho, me pateaba Madrid, as&iacute; que conoc&iacute;a muchos bares, les regalaba singles, invitaciones o los convocaba a lo que tuvi&eacute;ramos entre manos. Cuando bajaba alg&uacute;n grupo de promoci&oacute;n los recorr&iacute;amos. Algunos bares de la &eacute;poca como El Torito, en Chueca, ten&iacute;an carteles y posters de muchos grupos, entre ellos vascos. Pero tambi&eacute;n pas&aacute;bamos por el Agapo, La V&iacute;a L&aacute;ctea, el Hebe, el Jimmy Jazz, el Surist&aacute;n, La Boca del Lobo, el Achuri, El Juglar, el Avapi&eacute;s, El T&iacute;o Vinagre, que regentaba yo, e incluso el Candela. Poco a poco, fuimos ampliando el circuito y la respuesta del p&uacute;blico aument&oacute;. Fueron a&ntilde;os de insistencia y mucho trabajo, pero en esa &eacute;poca la pasi&oacute;n por la m&uacute;sica era nuestro motor de vida, est&aacute;bamos construyendo un circuito alternativo y lo disfrut&aacute;bamos a tope&rdquo;, prosigue Luna. Durante toda la gira, en el recuerdo de Fermin estar&aacute;, con total seguridad, su manager de siempre y amiga Amaia Apaolaza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Que trabajadores culturales como Fermin se empeñen en ponerle banda sonora al rearme de la crítica, a la sana tozudez rebelde y a la defensa de la vida constituye una labor impagable </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángel Lara</span>
                                        <span>—</span> Músico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Negu Gorriak toc&oacute; dos veces m&aacute;s con &eacute;xito en Madrid. Una de nuevo en Revolver y otra en la catedral guitarrera de Ciudad Lineal, la sala Canciller. Los discos se vend&iacute;an a buen ritmo en tiendas alternativas como Potencial Hardcore en su local del Puente de Vallecas. Desde all&iacute; se llegaron a fletar buses para viajar a conciertos de Negu Gorriak, en particular llenos para ir a un Esp&aacute;rrago Rock granadino donde compartieron escenario con Los Planetas, Los Enemigos o Raimundo Amador. Se vend&iacute;an discos, decimos, no solo del grupo vasco, sino del sello creado por este, Esan Ozenki, en cuya plantilla figuraron los madrile&ntilde;os Hechos Contra el Decoro. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fermin vino a vernos a un concierto aqu&iacute; y nos fich&oacute;. Fue el mejor trampol&iacute;n y siempre tuvimos total libertad&rdquo;, cuenta Eva Reina, teclista y vocalista de la banda. &ldquo;El papel de Fermin en el despegue de Hechos fue crucial &mdash;coincide su compa&ntilde;ero en el micro &Aacute;ngel Lara&mdash;. &Eacute;l fue quien apost&oacute; de manera m&aacute;s decidida al inicio. Nos abri&oacute; las puertas de Esan Ozenki, una comunidad imprescindible para nosotros. Nos regal&oacute; un puente con gente tan maravillosa como Sagrario Luna, cuyo papel fue igualmente clave en el impulso del proyecto. De Fermin siempre recibimos cari&ntilde;o y apoyo y no solamente fue un hermano mayor muy querido para el grupo, adem&aacute;s constituy&oacute; un ejemplo constante por la potencia de su propuesta art&iacute;stica, su determinaci&oacute;n &eacute;tica y su enorme capacidad de trabajo&rdquo;, agradece Lara, para quien el m&uacute;sico de Ir&uacute;n funcionaba &ldquo;como los espejos para Alicia: no para mirarse en ellos, sino para pasar al otro lado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>A&ntilde;os dif&iacute;ciles</strong></h2><p class="article-text">
        El final de Negu Gorriak dio paso a la carrera en solitario de Muguruza. Visit&oacute; el Festimad&rsquo;98 de M&oacute;stoles con su proyecto junto a Dut. Se dio un ba&ntilde;o de masas de tres d&iacute;as seguidos en la sala Surist&aacute;n, un apreciado enclave para amantes de las entonces llamadas m&uacute;sicas del mundo en el c&eacute;ntrico Barrio de las Letras. Conviene precisar que all&iacute; mismo, pocos meses despu&eacute;s, un concierto del grupo de su hermano I&ntilde;igo, Joxe Ripiau, recibir&iacute;a un aviso de bomba. Las siguientes actuaciones de Fermin en la capital, entrado ya este siglo, siguen permitiendo esbozar una cartograf&iacute;a de un Madrid de otro tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Una enorme f&aacute;brica de frigor&iacute;ficos abandonada y ocupada en San Blas, La Nevera, es un ejemplo. O Aqualung, espacio vinculado a actuales operaciones urban&iacute;sticas como la de la Ermita del Santo, <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/aqualung-gran-sala-conciertos-noventa-nuevo-pelotazo-madrid-rio_1_9557098.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una sala de aforo y prestigio similar al de la actual Riviera por cuyas tablas desfilaron Bowie, Chuck Berry, Oasis o Iggy Pop</a>. Era el Madrid del &lsquo;No a la guerra&rsquo; de Irak, impulso que hizo de bisagra en el tr&iacute;ptico de la indignaci&oacute;n <em>dosmilera</em> entre la generada por la gesti&oacute;n del vertido del Prestige y la de las mentiras en torno al 11M. Sin embargo, en abril de 2003, unas palabras de Muguruza denunciando el cierre del diario Egunkaria hizo que gran parte de los asistentes a la gala de los Premios de la M&uacute;sica le abucheara.
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            <span class="title">
                Fermin Muguruza en la Semana Grande de Bilbao en 2004                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Para Roberto Herreros, encargado de la comunicaci&oacute;n madrile&ntilde;a de Esan Ozenki y del m&uacute;sico desde su disco <em>Brigadistak Sound System</em>, promocionar al m&uacute;sico en la capital no resultaba complicado por su carisma y trayectoria, pero &ldquo;esto cambi&oacute; en la &eacute;poca de la gira que realiz&oacute; con Manu Chao, Jai Alai Katumbi Express, en 2003. Ah&iacute; comenz&oacute; una persecuci&oacute;n contra Fermin que logr&oacute; suspenderle varios conciertos&rdquo;. La Asociaci&oacute;n de V&iacute;ctimas del Terrorismo esgrimi&oacute; para ello el contenido de canciones como &lsquo;Sarri, Sarri&rsquo; y par&oacute; las fechas de M&aacute;laga y Murcia. El de Madrid s&iacute; se llev&oacute; a cabo. 
    </p><p class="article-text">
        Fue un torbellino de final de verano, que combinaba himnos como &lsquo;Mala Vida&rsquo; o &lsquo;Gora Herria&rsquo;, en otra zona desbloqueada para el vasco, la carabanchelera plaza de Vistalegre. Leemos a Muguruza <a href="https://elpais.com/diario/2003/08/30/revistaverano/1062194406_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la cr&oacute;nica de Diego Manrique</a>: &ldquo;&rsquo;Hemos llenado en agosto sin hacer publicidad. Si esto demuestra algo, es que se puede funcionar tan ricamente fuera de los canales establecidos&rsquo;. Y se pierde por las calles de Lavapi&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tocaba a continuaci&oacute;n presentar el &aacute;lbum <em>In-komunikazioa</em>. Varios conciertos fueron cayendo uno tras otro. Esta vez s&iacute; lo hizo Madrid. A la vez se abri&oacute; una nueva oportunidad. Fue bajo el paraguas de Ladinamo, colectivo fundado entre Pamplona y Madrid entre otras personas por Roberto Herreros. &ldquo;Lo intentamos primero con la sala Caracol. La idea era cerrar dos o tres d&iacute;as seguidos all&iacute;, pero apenas asomaron las primeras presiones la sala se ech&oacute; atr&aacute;s. Finalmente, organizamos el concierto en Rivas-Vaciamadrid, en el marco de la campa&ntilde;a 20 y 10 que conmemoraba el 20&ordm; aniversario del nacimiento del EZLN y el 10&ordm; del levantamiento zapatista. La Comunidad de Madrid lo prohibi&oacute; horas antes con el argumento de que pod&iacute;a suponer una vulneraci&oacute;n de los valores y normas de convivencia propugnados en la Constituci&oacute;n. Llevamos a cabo el concierto a pesar de la prohibici&oacute;n y sobre mi cabeza, al ser quien comunic&oacute; a la Delegaci&oacute;n del Gobierno la celebraci&oacute;n, pendi&oacute; una amenaza de multa de hasta 30.000 euros durante cinco a&ntilde;os. Hubo una gran ola de solidaridad. El manifiesto de apoyo a Ladinamo lo firm&oacute; hasta Eduardo Galeano, adem&aacute;s de decenas de m&uacute;sicos, cineastas y una parte considerable del arco pol&iacute;tico parlamentario a la izquierda del PP&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese mayo de 2004, el de Ir&uacute;n ha actuado en Madrid por sorpresa en el Patio Maravillas, en la obra teatral <em>Guerra</em>, con <em>brass band</em> en Getafe o con los electr&oacute;nicos The Suicide of Western Culture en Joy Eslava. Pero en esos casos no fue con banda propia. No tuvieron, en definitiva, el alcance y significado de este lleno en el Wizink para repasar 40 a&ntilde;os de carrera.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La noche corta</strong></h2><p class="article-text">
        Que ser&aacute; una noche especial para sus seguidores y seguidoras suena a corta descripci&oacute;n. Al 15 de febrero llegar&aacute;n con una carrerilla de semanas, meses de emoci&oacute;n. &ldquo;Vivimos tiempos oscuros y catastr&oacute;ficos &mdash;afirma &Aacute;ngel Lara&mdash;. Que trabajadores culturales como Fermin se empe&ntilde;en en ponerle banda sonora al rearme de la cr&iacute;tica, a la sana tozudez rebelde y a la defensa de la vida constituye una labor impagable en nuestros d&iacute;as. Que desaf&iacute;e el terrible estado de cosas en Madrid, uno de los epicentros del desastre, no solo es admirable, sino que adem&aacute;s funciona como verdadera praxis pol&iacute;tica a trav&eacute;s de la apertura de lo que Hakim Bey bautiz&oacute; hace mil a&ntilde;os como una Zona Temporalmente Aut&oacute;noma. Estoy seguro de que estos conciertos funcionar&aacute;n como multitudinarias asambleas bailadas: un com&uacute;n de encuentros y conversaciones imprevisibles. M&aacute;s alto que los decibelios volar&aacute;n los abrazos y las conspiraciones insurgentes. &iquest;No es eso ya de por s&iacute; algo revolucionario en los tiempos que corren?&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Seguir esta música siempre me pareció una forma de militancia, y más en una ciudad como Madrid. Este concierto, y que haya tanta gente esperándolo, es una sorpresa muy agradable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sagrario Luna</span>
                                        <span>—</span> Música
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        All&iacute; estar&aacute; Eva Reina, que despu&eacute;s de Hechos Contra el Decoro form&oacute; parte de la &mdash;en buena parte madrile&ntilde;a junto a Bego&ntilde;a Bang Matu, Andr&eacute;s Belmonte y Alfonso Arias &ldquo;Papuchi&rdquo;&mdash; Kontrabanda de Fermin. &ldquo;No me lo puedo perder. Para m&iacute; esa noche ser&aacute; m&aacute;gica, volver&eacute; a estar con mis compa&ntilde;eros de fatiga y tendr&eacute; la sensaci&oacute;n de volver a revivir toda esa experiencia pasada. Me emocionare seguro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n estar&aacute; presente Sagrario Luna. &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo no! Conociendo a Fermin s&eacute; que va a ser un espect&aacute;culo inolvidable y emocionante por las canciones, por la banda, por tocar en Madrid capital en un sitio como el Wizink, a lo grande. Por toda la gente que lo vamos a arropar y por todos los reencuentros. Fermin, Kortatu y Negu Gorriak son gran parte de la banda sonora de nuestras vidas&rdquo;. &ldquo;Voy porque me parece un acto de militancia &mdash;a&ntilde;ade Antonio Beltr&aacute;n&mdash;. Seguir esta m&uacute;sica siempre me pareci&oacute; una forma de militancia, y m&aacute;s en una ciudad como Madrid. Este concierto, y que haya tanta gente esper&aacute;ndolo, es una sorpresa muy agradable. Me parece imprescindible ir como acto pol&iacute;tico adem&aacute;s de musical. Y se echar&aacute; en falta a I&ntilde;igo, pero nos va a escuchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Abrir&aacute; Tremenda Jaur&iacute;a. Ellas tambi&eacute;n son parte de esta historia. &ldquo;Mi hermana me iba a llevar a ver a Fermin en Caracol porque me flipaba cuando yo todav&iacute;a estaba en el instituto &mdash;cuenta la vocalista Julia&mdash;. Ella era del colectivo que tras la censura organiz&oacute; el de Rivas y acab&eacute; echando una mano picando entradas completamente entusiasmada. Adem&aacute;s, tocaba la gente de Hechos contra el Decoro, una de nuestras bandas favoritas y referentes&rdquo;. La uni&oacute;n generacional se dio cuando a Muguruza le lleg&oacute; una versi&oacute;n de las madrile&ntilde;as de un tema de Kortatu, rebautizado como &lsquo;El merengue de la l&iacute;nea del frente&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para nosotras esa noche supone confirmar una relaci&oacute;n de amistad muy bonita que se ha venido fraguando desde que nos conocimos hace a&ntilde;os en Bilbao. A partir de ah&iacute;, han sido muchas veces las que hemos ido coincidiendo y compartiendo inquietudes pol&iacute;ticas, musicales y chascarrillos, de Lavapi&eacute;s al barrio de Mosku en Ir&uacute;n. Ese d&iacute;a va a ser una monta&ntilde;a rusa de emociones. Por un lado, tocamos delante de mucha pe&ntilde;a, adem&aacute;s con el p&uacute;blico de Fermin, y eso va a ser la hostia. Nos han escrito mogoll&oacute;n de colegas que ya ten&iacute;an la entrada y que, al saber que toc&aacute;bamos, les ha dado un chute extra de alegr&iacute;a, as&iacute; que estamos muy contentas y agradecidas. Cuando le toque a Fermin van a ser pogos, abrazos, sonrisas y fiesta todo el rato. Se nos va a quedar corta la noche&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/calles-lavapies-llenar-wizink-importante-exito-fermin-muguruza-madrid_1_11895234.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Dec 2024 20:52:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De las calles de Lavapiés a llenar el Wizink: por qué es importante el éxito de Fermin Muguruza en Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Conciertos,Madrid,Antifascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando parecía que una revolución podía cambiar el mundo a mejor: la lucha del Congo, a golpe de jazz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/parecia-revolucion-podia-cambiar-mundo-mejor-lucha-congo-golpe-jazz_1_11782402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a59d92e-9d9c-4ce6-bb26-03cef7572a79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando parecía que una revolución podía cambiar el mundo a mejor: la lucha del Congo, a golpe de jazz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El documental 'Soundtrack to a Coup d'État', proyectado estos días en el festival In-Edit, nos propone un viaje a la descolonización del Congo y el asesinato de su líder Patrice Lumumba con una banda sonora excitante

</p><p class="subtitle">Ismael Serrano denuncia la exigencia de la música: “Si dejas de publicar, te condenas al olvido”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si &Aacute;frica tiene forma de rev&oacute;lver, entonces el Congo es el gatillo&rdquo;. Frantz Fanon, el conocido fil&oacute;sofo de la descolonizaci&oacute;n revolucionaria, firma una frase que encaja muy bien con el esp&iacute;ritu de <em>Soundtrack to a Coup d'&Eacute;tat</em>, uno de los documentales que puede verse en la cita de este a&ntilde;o del In-Edit, el festival internacional de cine documental centrado en la m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La cinta, dirigida por el belga Johan Grimonprez, recupera el esp&iacute;ritu del <em>noir</em> y el llamado cine <em>polar</em> franc&eacute;s, cargados de complots, esp&iacute;as, sobreentendidos y giros de la historia. Solo que esta vez el espectador est&aacute; sentado ante la seca verdad de los hechos. El hilo conductor es el proceso de independencia del enorme y rico <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">&mdash;</span>uranio, cobalto, colt&aacute;n<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">&mdash;</span> territorio de Congo, primero de la corona de B&eacute;lgica, y despu&eacute;s de los intereses estadounidenses de la administraci&oacute;n Eisenhower a mediados del siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        La particularidad que nos mantiene pegados al relato durante dos horas y media &#8213;con el m&eacute;rito que eso tiene hoy&#8213; es que esta es una historia narrada a golpe de fraseos de saxo, teclas de piano y baquetas sacando brillo al <em>charles</em>. Un <em>thriller </em>con banda sonora de jazz, con un montaje que no da tregua, una obra que vuelve a poner a la m&uacute;sica en un lugar de relevancia en la gran pantalla. <em>Soundtrack to a Coup d'&Eacute;tat</em> nos sit&uacute;a en un momento en el que suced&iacute;a algo que en la actualidad nos parece muy lejano: exist&iacute;a la sensaci&oacute;n de que el mundo pod&iacute;a cambiar radicalmente. Para mejor, en un sentido de reorganizaci&oacute;n de la justicia social tanto en la geopol&iacute;tica internacional como en las condiciones de vida de las poblaciones de cada pa&iacute;s.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x98djv8" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Una era en la que, particularmente, y esta es otra diferencia palpable con nuestro tiempo, el planeta parec&iacute;a mirar a &Aacute;frica. De hecho, 1960, el a&ntilde;o en el que fija su punto de mira el documental, es clave en la descolonizaci&oacute;n, ya que hasta diez pa&iacute;ses, entre ellos Costa de Marfil, Mali, Senegal o el propio Congo declararon su independencia. Nac&iacute;an sue&ntilde;os como el de impulsar la creaci&oacute;n de una Uni&oacute;n de Estados Africanos, un concepto ya verbalizado por el ide&oacute;logo de la liberaci&oacute;n negra Marcus Garvey varias d&eacute;cadas atr&aacute;s. Se trataba de una federaci&oacute;n continental impulsada por el presidente ghan&eacute;s Kwame Nkrumah, seguida por los gobiernos guineanos y malienses y a la que se invit&oacute; a participar a Patrice Lumumba.
    </p><p class="article-text">
        Lumumba es el protagonista destacado de esta historia coral. Un l&iacute;der inesperado para la opini&oacute;n p&uacute;blica occidental, hab&iacute;a nacido cuando su pa&iacute;s no es que todav&iacute;a no fuera libre, es que era la propiedad privada del rey belga Leopoldo II. La revisi&oacute;n reciente de aquel periodo de muerte, represi&oacute;n y explotaci&oacute;n de recursos ha llegado a provocar la retirada de alguna estatua del monarca en ciudades como Amberes. La capital congole&ntilde;a, posteriormente Kinsasa, se llamaba Leopoldville cuando Lumumba gan&oacute; las elecciones y se proclam&oacute; la independencia. A partir de ah&iacute; se desarrollan como un torrente los acontecimientos que <em>Soundtrack to a Coup d'&Eacute;tat</em> trata con un ritmo vertiginoso que no da tregua, en consonancia con la que le dieron tambi&eacute;n a Lumumba.
    </p><p class="article-text">
        La cinta no renuncia tampoco a presentar unos hechos duros con cierta poes&iacute;a, compaginando las referencias de documentos oficiales con citas literarias. Grimonprez ilumina aquellos rincones de la Historia vergonzosamente olvidados por Occidente, y as&iacute; el espectador podr&aacute;, por ejemplo, conocer la figura de Andr&eacute;e Blouin, activista, jefa de protocolo y autora de los discursos de Lumumba, adem&aacute;s del enlace internacional del emergente nuevo Congo. Fue, para sorpresa de nadie, vilipendiada de las maneras m&aacute;s mis&oacute;ginas por parte de sus detractores. Su apodo m&aacute;s conocido, y con el que incluso titul&oacute; su autobiograf&iacute;a, fue m&aacute;s orgulloso: la Pasionaria negra.
    </p><p class="article-text">
        Por nuestros ojos pasan tambi&eacute;n episodios como la segregaci&oacute;n bajo la forma de un Estado t&iacute;tere de los belgas del territorio congole&ntilde;o de Katanga, controlado por la Union Mini&egrave;re del pa&iacute;s europeo. O la nacionalizaci&oacute;n del canal de Suez por parte del presidente Gamal Abdel Nasser tras la invasi&oacute;n israel&iacute; de Egipto. Tambi&eacute;n el rol del Movimiento de Pa&iacute;ses No Alineados bajo capitan&iacute;a de egipcios, indonesios, indios y yugoslavos. Veremos, en fin, las ic&oacute;nicas im&aacute;genes de la participaci&oacute;n de Fidel Castro en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1960, cuando el l&iacute;der cubano se hosped&oacute; y departi&oacute; con Malcolm X en el Hotel Theresa de Harlem y alab&oacute; a Lumumba, vetado de viajar a Nueva York.
    </p><p class="article-text">
        Y todo ello plagado de detalles poco conocidos, como que Louis Armstrong fue un poco un caballo de Troya de la CIA en &Aacute;frica, llegando a actuar en la fantasmal Katanga en una gira pagada por el Departamento de Estado. <em>Soundtrack to a Coup d'&Eacute;tat</em> se equilibra de forma exquisita entre las <em>hard</em> y las <em>soft politics</em>. La m&uacute;sica importa aqu&iacute; y mucho. Aprendemos que el Congo tuvo su propio hit de rumba en idioma lingala meses antes de su autodeterminaci&oacute;n y que el tema, <em>Ind&eacute;pendance Cha Cha</em>, son&oacute; fuerte en los pa&iacute;ses vecinos afanados en la misma lucha.
    </p><p class="article-text">
        Pero sobre todo aqu&iacute; manda el jazz m&aacute;s excitante que jam&aacute;s se hizo. Esto equivale a decir Dizzy Gillespie y su personalidad arrolladora, Ornette Coleman volando libre, la m&iacute;stica de John Coltrane, la profundidad por la que nos pasea Nina Simone o el desgarrado lamento de Abbey Lincoln perteneciente a esa <em>suite</em> maestra que es su disco con Max Roach <em>We Insist!</em>. Escucharlo sigue estremeciendo tanto como la protesta que la propia Lincoln organiz&oacute; junto a Maya Angelou en las Naciones Unidas solo un mes despu&eacute;s del asesinato de Lumumba. Aquellos gritos llegan hasta nuestros d&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/parecia-revolucion-podia-cambiar-mundo-mejor-lucha-congo-golpe-jazz_1_11782402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Nov 2024 21:36:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando parecía que una revolución podía cambiar el mundo a mejor: la lucha del Congo, a golpe de jazz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Congo,Jazz,Documentales,Cine documental,Festivales de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Corazón rapado: los años intensos de nuestros skins]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/corazon-rapado-anos-intensos-skins_1_11751568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ab5c98e-de13-4c1d-b4dc-73e1bed20f75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x303y350.jpg" width="1200" height="675" alt="Corazón rapado: los años intensos de nuestros skins"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La subcultura skinhead fascinó y aterrorizó en la España de los 90, basada en cuatro pilares fundamentales: la música, el fútbol, la territorialidad y la masculinidad, pero la suya es una historia que estaba por contarse</p><p class="subtitle">Los becarios del musical 'Malinche' de Nacho Cano piden declarar ante el juez para “contar su verdad”
</p></div><p class="article-text">
        El skin o es antifascista o es un nazi disfrazado. Son palabras de Fermin Muguruza en el ep&iacute;logo de <em>Rapados. Una historia de la subcultura skinhead aut&oacute;ctona</em> (Verso), de Carles Vi&ntilde;as. El m&uacute;sico vasco rememora c&oacute;mo en los 80 a algunos de los conciertos de Kortatu fuera de Euskadi acud&iacute;an ultraderechistas que daban por hecho que el pelo corto y botas militares que sol&iacute;an lucir Fermin y su hermano I&ntilde;igo les daban la bienvenida. Esos fachas estaban m&aacute;s que despistados, valga la redundancia, pero aquello motiv&oacute; que uno de los discos del grupo de Ir&uacute;n, <em>El estado de las cosas</em>, luciera bien visible la palabra &ldquo;antifascistas&rdquo; en la portada. Tal lleg&oacute; a ser la confusi&oacute;n en la &eacute;poca. Tanto tuvieron que posicionarse los seguidores de un estilo, el skin, de claros or&iacute;genes mestizos.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Rapados</em>, Vi&ntilde;as,<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/skins-auge-caida-chicos-rudos_1_8863522.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> especialista en la materia</a> que ya explor&oacute; en <em>Skinheads. Historia global de un estilo</em> (Bellaterra), pone el foco de su investigaci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s. Antes de internet, las modas viajaban despacio. Tanto, que atend&iacute;an a desplazamientos humanos &#8213;y opuestos entre s&iacute;&#8213; como una dura migraci&oacute;n o unas vacaciones en la Costa Dorada. Si en Gran Breta&ntilde;a el alumbramiento tuvo lugar en la segunda mitad de los 60 cuando la joven clase obrera blanca local conoci&oacute; la m&uacute;sica y la est&eacute;tica de j&oacute;venes llegados desde Jamaica, en Espa&ntilde;a no se vio un skin hasta iniciados los 80. Una pena para el centralismo madrile&ntilde;o, pero esta vez no fue en la capital del reino, sino a ras de mar en localidades como la tarraconense Calafell.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;J&oacute;venes skins franceses que veraneaban en la costa catalana entraron en contacto con chicos aut&oacute;ctonos que se sintieron atra&iacute;dos por la est&eacute;tica o la m&uacute;sica y comenzaron a conocer el estilo&rdquo;, apunta Vi&ntilde;as. Enric Gallart, que con los a&ntilde;os pondr&iacute;a en marcha uno de los grupos musicales fundamentales del estilo, Skatal&agrave;, fue uno de esos chavales que recibi&oacute; la epifan&iacute;a. A su vuelta a Barcelona tras el periodo estival, en 1980 y movi&eacute;ndose entre mods y punks, los testigos de la &eacute;poca le reconocen como el pionero skin a nivel estatal.
    </p><p class="article-text">
        Era una capital catalana que a ojos de hoy parecer&iacute;a otro planeta. De cuando en las Ramblas se vend&iacute;an m&aacute;s p&aacute;jaros que fruta en pl&aacute;stico, cuando hab&iacute;a crestas y no n&oacute;madas digitales en el c&eacute;ntrico Caf&eacute; Zurich. Los skins precoces sol&iacute;an reunirse en el Bar Fant&aacute;stico, en pleno casco viejo, y proced&iacute;an de barrios como Vila de Gr&agrave;cia, Guinard&oacute; o Roquetes. M&aacute;s tarde se formar&iacute;an pandillas en las periferias obreras por las que serpentean el Bes&ograve;s y el Llobregat, como Santa Coloma o Sant Boi. Por algo el vivido samboyano Kiko Amat firma un jugoso pr&oacute;logo al trabajo de Vi&ntilde;as.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7e34df06-a830-4ec9-a6bf-d4bc21ae376a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La primera v&iacute;a de acceso fue Catalunya, y Barcelona en concreto fue el epicentro desde el que se extendi&oacute; el estilo. Tengamos en cuenta c&oacute;mo era la ciudad a finales de los 70 y principios de los 80. Ten&iacute;a vocaci&oacute;n cosmopolita y estaba abierta a cualquier influencia europea del momento. Sal&iacute;a de una dictadura, la generaci&oacute;n joven se alejaba del activismo antifranquista tan pujante a&ntilde;os atr&aacute;s y entend&iacute;a que estaba en una nueva etapa en la que pas&aacute;rselo bien deb&iacute;a estar en el centro de todo, por encima tambi&eacute;n de la militancia pol&iacute;tica. Por eso, inicialmente, el estilo no est&aacute; marcado por la pol&iacute;tica, al contrario, lo principal era estar con los amigos, ir al f&uacute;tbol, a los bares y conciertos&rdquo;, afirma el autor.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad es cuesti&oacute;n de unos clics y una tarjeta de d&eacute;bito, pero aquellos muchachos tuvieron que ir construy&eacute;ndose como pod&iacute;an el look. Aqu&iacute; en los albores hubo alg&uacute;n que otro polo Fred Perry, pero sobre todo pantalones vaqueros decolorados con lej&iacute;a, tirantes ca&iacute;dos, chaquetas de aviador del ej&eacute;rcito patrio, la m&iacute;tica <em>bomber</em>, y, a falta de las can&oacute;nicas botas Dr. Martens, eran populares las de punta de acero que utilizaban los trabajadores ferroviarios. Nos quedar&iacute;amos cortos si solo nos fijamos en la est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para Vi&ntilde;as, los pilares fundacionales del estilo son cuatro. &ldquo;La m&uacute;sica, el f&uacute;tbol, la territorialidad y la masculinidad. No se entiende el estilo skin sin la m&uacute;sica. En Gran Breta&ntilde;a, la banda sonora comenz&oacute; en los a&ntilde;os 60 con la m&uacute;sica jamaicana y en los 70, con el punk y el oi!, tuvo otros referentes. Parad&oacute;jicamente, cuando el skin eclosion&oacute; aqu&iacute;, la banda sonora fueron esos dos &uacute;ltimos estilos porque coincidieron con la cronolog&iacute;a brit&aacute;nica. Fue despu&eacute;s cuando, a medida que el skin fue evolucionando, se hizo una arqueolog&iacute;a, una b&uacute;squeda de los or&iacute;genes y se descubri&oacute; la m&uacute;sica jamaicana. Es decir, el tr&aacute;nsito musical en el Estado espa&ntilde;ol es a la inversa que en el caso brit&aacute;nico&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/0e252bd3-ea6a-47f5-96d1-cf2433c636c8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Junto a los mencionados Kortatu y Skatal&agrave;, y compartiendo <em>background </em>punk con ellos, los barceloneses Decibelios fueron la banda por excelencia del despegue de la escena skin. En el rol del f&uacute;tbol entre nuestros rapados encontramos tambi&eacute;n la huella de su origen. &ldquo;Tiene que ver con el estilo sea de importaci&oacute;n brit&aacute;nica. All&iacute; aparece en los a&ntilde;os del mundial organizado y ganado por Inglaterra. Ya era el deporte por excelencia de la clase obrera brit&aacute;nica, pero entonces la juventud se sinti&oacute; m&aacute;s atra&iacute;da por &eacute;l y se convirti&oacute; en un rasgo inherente al skin. En Barcelona el f&uacute;tbol tambi&eacute;n ten&iacute;a impronta y hay que pensar que en los 80 las opciones de ocio de la juventud no eran tantas como ahora. Ir el domingo por la tarde al estadio era una actividad principal para buena parte de los j&oacute;venes&rdquo;, resume Vi&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        A medida que se aproximaban los 90, tanto la guitarra como el bal&oacute;n estuvieron cerca de los hitos que partieron las aguas de la subcultura skin. Episodios m&aacute;s pr&oacute;ximos a la cr&oacute;nica negra que a la an&eacute;cdota. Algunos rompieron definitivamente la convivencia entre punks y skins, ahora con una creciente influencia ultraderechista entre sus filas. En octubre del 85, un concierto de Decibelios acab&oacute; coronado por banderas espa&ntilde;olas y saludos nazis desde el escenario ante la pasividad del grupo. A principios del 86, se desencaden&oacute; una pelea a las puertas de la sala Zeleste y se hicieron habituales las <em>razias </em>neofascistas en el centro de Barcelona. El local alternativo Kaf&eacute; Volter estuvo en el punto de mira del odio y las cacer&iacute;as alcanzaron a miembros de la escena musical como Gallart, de Skatal&agrave;, agredido con una cadena de moto, o Saina, bater&iacute;a de L&rsquo;Odi Social que salv&oacute; la vida tras un navajazo. En diciembre de ese a&ntilde;o, los nazis convirtieron un concierto de Toy Dolls, de nuevo en Zeleste, en una batalla campal. Como sostiene Vi&ntilde;as, muchos de estos grupos radicalizados en la extrema derecha estaban vinculados a los ultras del Espanyol, las llamadas Brigadas Blanquiazules. A ese grupo pertenec&iacute;a la considerada como primera v&iacute;ctima mortal de nuestro f&uacute;tbol. Fue en enero de 1991 a manos de su n&eacute;mesis, los <em>blaugrana</em> Boixos Nois. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Hay menciones a skinheads ingleses en la prensa espa&ntilde;ola de los primeros 70, y a mediados de los 80 los protagonistas del papel ya eran aut&oacute;ctonos. Pero fue en ese 1991 cuando la opini&oacute;n p&uacute;blica se familiariz&oacute; con el t&eacute;rmino. Sonia Rescalvo, mujer transexual en situaci&oacute;n de calle, mor&iacute;a en el Parc de la Ciutadella barcelon&eacute;s apaleada por neonazis d&iacute;as antes de que estos ti&ntilde;eran de violencia callejera el D&iacute;a de la Hispanidad de aquel a&ntilde;o. Informe Semanal les dedicaba el reportaje <em>Cabezas rapadas, mentes fascistas, </em>donde se alertaba de que &ldquo;son pocos, pero son el huevo de la serpiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las noticias se llenaron de referencias a los rapados violentos y conectados a las gradas ultras del f&uacute;tbol, convirtiendo el fortalecimiento de la ultraderecha en las calles en una cuesti&oacute;n de tribus urbanas. Muchos j&oacute;venes adoptaron s&iacute;mbolos, ideas y actitudes fascistas en una mezcla de atracci&oacute;n por la <em>performance</em> autoritaria, la socializaci&oacute;n y retroalimentaci&oacute;n identitaria en los estadios, el contacto con organizaciones pol&iacute;ticas que propugnaban la acci&oacute;n violenta, como Bases Aut&oacute;nomas, y los ecos de los primeros &eacute;xitos electorales de la extrema derecha occidental en medio siglo (entre 1984 y 1986 el Frente Nacional irrumpi&oacute; s&oacute;lido en el Parlamento Europeo y la Asamblea francesa).
    </p><p class="article-text">
        Pel&iacute;culas populares como <em>El d&iacute;a de la bestia</em> o <em>Taxi</em> ficcionaron la amenaza skin. La palabra pas&oacute; a ser sin&oacute;nimo de nazi. Para Vi&ntilde;as, que eso ocurriera &ldquo;no se entiende sin el papel distorsionador y sobredimensionador de la prensa escrita y reportajes televisivos que identificaban el estilo con el racismo y la violencia. Ese estereotipo arraig&oacute; en el imaginario ciudadano hasta crear una alarma social que configur&oacute; a los skins como demonios populares, los llamados <em>folk devils</em> en la sociolog&iacute;a brit&aacute;nica. Que por ejemplo ellos encarnasen el racismo serv&iacute;a para descargar la conciencia del resto de ciudadanos&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Aquella mancha provoc&oacute; que se creasen nuevos mapas de Barcelona, Madrid o Valencia. Los <em>targets</em> potenciales de la violencia ultra, como los j&oacute;venes de est&eacute;tica o militancia de izquierdas, sab&iacute;an qu&eacute; zonas de la ciudad eran territorio peligroso si se pasaba por ellas en solitario. En Madrid, lugares con nombres oficiosos como la plaza de los Cubos de la calle Princesa o los bajos de Aurrer&aacute; en Arg&uuml;elles. Tambi&eacute;n los alrededores del Santiago Bernab&eacute;u y el demolido Vicente Calder&oacute;n en d&iacute;as de partido. El periodista Santi Escribano, autor de una trilog&iacute;a sobre m&uacute;sica pol&iacute;tica (<em>La mecha</em>, <em>La hoguera</em> y un volumen en preparaci&oacute;n con Ovejas Negrax), reconoce que, cumplidos los 40, sigue con ese chip. &ldquo;Los d&iacute;as de partido del Rayo, especialmente en los a&ntilde;os de 2&ordf;B, los domingos de Rastro y determinadas okupaciones eran los sitios donde m&aacute;s <em>pelaos</em> de izquierdas ve&iacute;amos. Fuera de la capital, M&oacute;stoles y Alcorc&oacute;n ten&iacute;an fama de buenos reductos skins antifascistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, la usurpaci&oacute;n de la est&eacute;tica y el mal nombre que los neonazis daban al estilo tambi&eacute;n posibilit&oacute; una reacci&oacute;n para desmarcarse y sacar pecho de los or&iacute;genes multi&eacute;tnicos del mismo. Eran los <em>sharperos</em>, por el movimiento SHARP: <em>skin heads against racial prejudice</em>. &ldquo;Se crearon c&eacute;lulas en todo el continente. No eran organizaciones estructuradas, esa era su mayor particularidad. Lo que diferencia al SHARP estatal con respecto a Europa es que aqu&iacute; se vincula al contexto pol&iacute;tico de las luchas entre los nacionalismos perif&eacute;ricos, de un lado, y el espa&ntilde;ol, de otro. Eso se proyecta en sus c&eacute;lulas, creadas mayoritariamente en Catalunya, Pa&iacute;s Vasco y Galicia. El apoliticismo que se le presupon&iacute;a, resumido en el lema <em>neither red nor racist</em>, ni rojo ni racista, no se da aqu&iacute;&rdquo;, se&ntilde;ala Vi&ntilde;as. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Uno de los c&iacute;rculos SHARP precursores fue el valenciano. Vinculado al centro social Kasal Popular, fue tambi&eacute;n caldo de cultivo de grupos musicales como Skapar&agrave;pid. &ldquo;Yo pertenec&iacute;a al movimiento, era la &uacute;nica chica que hab&iacute;a&rdquo;, recuerda Carmen Cerc&oacute;s, vocalista de la banda. &ldquo;Escrib&iacute; el tema <em>Sharp ska</em> para expresar la fustraci&oacute;n de que nos confundieran con nazis. Siempre te ten&iacute;as que justificar. En Valencia, adem&aacute;s, a los <em>mascachapas</em> y <em>makinetos</em> de la <em>ruta del bakalao</em> les dio por ir con <em>bombers</em> o botas. Era un foll&oacute;n. La cultura skin es totalmente antirracista y antifascista. Me acuerdo que se dec&iacute;a aquello de los skins buenos y los malos. No, no, los skins son buenos. Otra cosa son los nazis&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el skin es un estilo a la baja, tal y como afirma Vi&ntilde;as, que deja la puerta abierta a que, como moda, pudiera tener un futuro <em>revival</em>. &ldquo;Ya no se d&oacute;nde est&aacute; ni qu&eacute; hace o piensa mucha gente de mi &eacute;poca &mdash;cuenta Cerc&oacute;s&mdash;. Pero sigue habiendo mucho skin de coraz&oacute;n con principios antirracistas y antifascistas. Eso lo llevas dentro. Un coraz&oacute;n rapadito seguro que tenemos todas las que lo fuimos en su d&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/corazon-rapado-anos-intensos-skins_1_11751568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Oct 2024 20:27:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Corazón rapado: los años intensos de nuestros skins]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayos,Libros,Punk español,Punk,Jamaica]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Daniel Johnston, de cómo un músico marginal acaba en una camiseta del Bershka cinco años después de su muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/daniel-johnston-musico-marginal-acaba-camiseta-bershka-cinco-anos-despues-muerte_1_11675778.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8da70a22-5b81-424a-974e-f4ed4a6b9ee1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1102521.jpg" width="1597" height="898" alt="Daniel Johnston, de cómo un músico marginal acaba en una camiseta del Bershka cinco años después de su muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Artista de culto, creador compulsivo de canciones lo-fi que encandilaron a Kurt Cobain y que necesitaba crear como bálsamo contra su tormento, recalcó la importancia de preguntar "qué tal estás"</p><p class="subtitle">La Casa Azul: “Si hubiera tenido que participar en Eurovisión, no sé si hubiera salido vivo de ahí”
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ha acabado una camiseta de Daniel Johnston en Bershka? Esa era la pregunta que uno pod&iacute;a hacerse unos d&iacute;as atr&aacute;s viendo los modelos a la venta. Uno de ellos, con la inscripci&oacute;n <em>&ldquo;I live my broken dreams&rdquo;</em>, perteneciente a uno de sus temas. El otro, con un dise&ntilde;o conocido por m&aacute;s gente, aunque no necesariamente siempre asociado por todo el p&uacute;blico al cantante estadounidense. Una simp&aacute;tica rana nos saluda desde la prenda de algod&oacute;n con un cort&eacute;s &ldquo;<em>Hi, how are you&rdquo;</em>, t&iacute;tulo de uno de los &aacute;lbumes de Johnston.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://faroutmagazine.co.uk/kurt-cobain-daniel-johnston-t-shirt/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una camiseta como esa luc&iacute;a Kurt Cobain</a> cuando todo el mundo miraba a Nirvana &#8213;<em>Nevermind</em> no ten&iacute;a ni un a&ntilde;o&#8213;, tanto en portada del <em>New Musical Express</em> de agosto del 92 como en los premios de la MTV del mes siguiente. Fue esa una accidentada velada en la que los ejecutivos de la cadena negaron al tr&iacute;o de Seattle tocar su entonces in&eacute;dita <em>Rape me,</em> aunque estos vacilaron durante unos segundos a la organizaci&oacute;n tocando sus primeras notas &#8213;y t&iacute;tulo&#8213; para pasar a <em>Lithium.</em> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=GFRmpelR5Rk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La actuaci&oacute;n acab&oacute; como el rosario de la aurora</a>, pero lo importante para el tema que nos ocupa hab&iacute;a sucedido antes, a plena luz del d&iacute;a. Cobain quedaba inmortalizado con la camiseta de la rana Jerem&iacute;as en la que se le&iacute;a Daniel Johnston, poniendo este nombre en el radar.
    </p><p class="article-text">
        Tanto que Johnston lleg&oacute; a firmar un contrato ef&iacute;mero con Atlantic, pero su obra musical, prol&iacute;fica y jugosa, se ha movido siempre en el llamado <em>underground</em>. Eso no ha impedido que contase con una base de seguidores fiel y enamorada de sus canciones <em>lo-fi</em> que ahora, en nuestro pa&iacute;s, se interrogue acerca de qu&eacute; ha pasado para que un pedacito de este artista de culto pueda comprarse en la tienda de un gigante del textil. Las camisetas son productos oficiales, nos aclaran desde The Daniel Johnston Trust, la entidad que preserva el legado del m&uacute;sico. Con su hermano Dick al frente, es &eacute;l quien nos cuenta que cerraron el acuerdo con la discogr&aacute;fica Universal y que fue esta empresa la que se puso en contacto con ellos. El <em>trust</em> trabaja ahora en la puesta a punto de un <em>timeline</em> de la vida Johnston para un potencial <em>biopic </em>en formato serie o pel&iacute;cula, as&iacute; como en la reedici&oacute;n de la m&uacute;sica de Johnston, y tambi&eacute;n de sus dibujos, algunos de los cuales public&oacute; en un volumen la editorial Sexto Piso en Espa&ntilde;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d38a8196-2905-4142-b22f-80014d077994_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, al tratarse de organizaciones diferentes, los beneficios obtenidos de la venta de camisetas en Inditex no ir&aacute;n a la fundaci&oacute;n sin &aacute;nimo de lucro creada en torno a Johnston. De nombre Hi, How Are You Project, trata de apoyar a personas que sufren alg&uacute;n tipo de trastorno de la salud mental, especialmente a las m&aacute;s j&oacute;venes. Y lo hace con distintas iniciativas, como la campa&ntilde;a <em>Happy habits</em>, apoyada entre otros por Jeff Tweedy (Wilco), que busca fomentar la amabilidad, la actividad f&iacute;sica y creativa, la buena alimentaci&oacute;n o el descanso en pos del bienestar emocional.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto tambi&eacute;n invita, haciendo honor a su nombre, a preguntar con inter&eacute;s genuino qu&eacute; tal a los dem&aacute;s, a romper el hielo y abrir la conversaci&oacute;n. A, en definitiva, si no cuidarnos, s&iacute; al menos preocuparnos un poco m&aacute;s unos de otros. Y han instaurado incluso el d&iacute;a <em>Hi, how are you:</em> cada 22 de enero se celebra un gran concierto por el que han pasado ya The Flaming Lips, Built to Spill, The Polyphonic Spree, Yo La Tengo o Bob Mould de H&uuml;sker D&uuml;. &iquest;D&oacute;nde? No pod&iacute;a ser en otro lugar m&aacute;s que en Austin, la ciudad tejana en la que Johnston vivi&oacute; la mayor parte de su compleja existencia.
    </p><h2 class="article-text">Componiendo bajo el ruido del cortac&eacute;sped</h2><p class="article-text">
        El principio de su historia podr&iacute;a ser el de una t&iacute;pica historia americana de mitad del siglo pasado. Daniel Johnston naci&oacute; en 1961 en la californiana Sacramento, pero su padre, piloto veterano de la Segunda Guerra Mundial, encontr&oacute; trabajo en Virginia en una empresa de aceites de motor. Impactado por los Beatles, Daniel inventaba canciones que cantaba mientras pasaba el cortac&eacute;sped, de modo que nadie pod&iacute;a escucharle. Se matricul&oacute; en arte, aunque no iba demasiado a clase, pasando mucho tiempo en el s&oacute;tano de su casa componiendo y grabando su primera cinta.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Songs Of Pain</em> comienza con un Johnston aclar&aacute;ndose la voz para contar un amor no correspondido. A nadie deber&iacute;a sorprenderle que ya en el primer tema, <em>Grievances,</em> aparezca un <em>&ldquo;hi, how are you&rdquo;</em>. Para cuando tuvo listo un disco con ese nombre y la rana Jerem&iacute;as en portada, era ya el sexto en apenas dos a&ntilde;os. En esa &eacute;poca, Johnston, ya en Austin, trabaj&oacute; en un McDonald&rsquo;s. Entre la freidora de patatas y las mesas manchadas de k&eacute;tchup, hab&iacute;a un m&uacute;sico que aprovechaba el local para pasar sus cintas a quien estuviera interesado en ellas. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a un tormento profundo en forma de trastorno bipolar y depresiones severas que le llevaron a distintas instituciones. 
    </p><p class="article-text">
        Un episodio conocido ocurri&oacute; en el avi&oacute;n de su padre. En pleno vuelo, arrebat&oacute; las llaves del motor y las tir&oacute; por la ventanilla. Ambos se salvaron. Un verbo que nos sobrevuela escuchando su m&uacute;sica, una b&uacute;squeda en la que durante algunos momentos de su carrera Johnston se atrevi&oacute; a hacernos una promesa: el amor verdadero se las arreglar&aacute; para encontrarnos. En c&oacute;mo su tema <em>True Love Will Find You In The End</em> ha terminado en las gradas de un estadio de f&uacute;tbol tenemos otra prueba de la importancia de este artista.
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        &ldquo;La cantamos al final, por lo de <em>the end</em>, de cada partido mientras todos los seguidores levantamos las bufandas. Es una tradici&oacute;n muy bonita. Su mensaje de amor y esperanza nos une y nos motiva a seguir animando sin importar el marcador&rdquo;, nos explica Eloy, miembro del colectivo Los Verdes, aficionados del equipo de f&uacute;tbol de Austin. Hasta es posible hacerse con <a href="https://x.com/LosVerdesATX/status/1358808558297571334" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una bufanda o camiseta</a> con el t&iacute;tulo de la canci&oacute;n y la imagen de la rana Jerem&iacute;as. &ldquo;Esta ranita simp&aacute;tica es un s&iacute;mbolo de la ciudad y captura perfectamente su esp&iacute;ritu: es amistosa, inocente y saluda sin juzgar ni nada que esconder. A Los Verdes nos enorgullece promover e inspirarnos en leyendas locales como Johnston para representar a la ciudad en el estadio. Tenemos c&aacute;nticos, banderas, y pancartas que homenajean a otros artistas como Willie Nelson, Selena, Black Pumas e incluso Matthew McConaughey. Tenemos una identidad multicultural que nos da mucho para celebrar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como gran parte del universo de Daniel Johnston va de preguntas, planteemos m&aacute;s. &iquest;Cu&aacute;l es el secreto para que muchas de sus canciones, grabadas con medios caseros, con un sonido casi procedente de otra dimensi&oacute;n, hayan cosechado m&aacute;s admiradores de los que pod&iacute;a preverse? El fil&oacute;sofo Pepe Tesoro identifica el secreto del inter&eacute;s por el creador en su &ldquo;aura de autenticidad, de originalidad. Esa es la sustancia m&aacute;s preciada de la industria cultural. Es la sensaci&oacute;n de estar escuchando m&uacute;sica sin mediaciones, sin arreglos, directa desde el alma, como si se hubiese grabado sin la intenci&oacute;n de ser escuchada, en la m&aacute;s profunda oscuridad, como realmente Johnston compon&iacute;a. Es el ideal del arte no alienado, no mediatizado. Pero, evidentemente, eso es un espejismo&rdquo;. &ldquo;El valor de esas grabaciones est&aacute; en c&oacute;mo est&aacute;n hechas&rdquo;, coincide el periodista y promotor cultural Quique Ramos. &ldquo;La fragilidad con la que suena, la vocecilla a punto de romperse, la alegr&iacute;a casi infantil y otras veces la tristeza abismal. No son grabaciones de alguien corriente, pese a tener canciones tan universales&rdquo;.
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    </figure><p class="article-text">
        Otra cuesti&oacute;n que planea sobre la obra de Johnston es hasta qu&eacute; punto la visi&oacute;n que tenemos de ella est&aacute; mediada por su condici&oacute;n m&eacute;dica. Si el arte romantiza el sufrimiento, si se nos hace f&aacute;cil unir los puntos entre demonios y creaci&oacute;n. &ldquo;La idea de que la genialidad nace de la locura y del sufrimiento es uno de los mitos m&aacute;s arraigados en la cultura occidental. Es la idea de que solo los locos, los que est&aacute;n &lsquo;fuera&rsquo; de lo aceptable, pueden ofrecer una imagen no ya completa de la sociedad, sino que apunte a sus contingencias y sus absurdos. Hay parte de verdad en ello pero, desgraciadamente, este mito es tambi&eacute;n una naturalizaci&oacute;n, en este caso, de que solo se puede hacer arte aut&eacute;ntico a partir de la desgracia, de lo abyecto. Y si se atiende a los hechos, se ver&aacute; que eso es directamente falso&rdquo;, apunta Tesoro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La industria cultural es hip&oacute;crita a la hora de elevar y despu&eacute;s romantizar la destrucci&oacute;n de ciertos referentes. Al principio, mientras se mantiene esa ficci&oacute;n de autenticidad, todo es fantas&iacute;a. Cuando, inevitablemente, esta es triturada por las l&oacute;gicas de la industria, nos lamentamos de la ca&iacute;da en desgracia de nuestros genios torturados. Y, lo que es peor, llegamos a mitificar esa ca&iacute;da, haciendo documentales eleg&iacute;acos, recopilaciones de homenaje o incluso cr&iacute;tica cultural superficial&rdquo;, a&ntilde;ade.
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                Camisetas con la portada del disco de Daniel Johnston, &#039;Fear Yourself&#039;                            </span>
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        La de Bershka no ha sido la primera vez que las marcas se han acercado a Daniel Johnston. Tanto en esta ocasi&oacute;n como en los casos m&aacute;s conocidos, los de camisetas Supreme y zapatillas Vans, el artista no estaba vivo para verlo, pues falleci&oacute; en septiembre de 2019. &ldquo;Cuando, en pleno apogeo de la industria de la ropa <em>low cost</em>, se dise&ntilde;a casi una nueva colecci&oacute;n por semana, parece inevitable que las marcas tengan que rapi&ntilde;ar en los m&aacute;rgenes de la cultura, parasitando el capital simb&oacute;lico de cada peque&ntilde;a cosa de nuestra historia cultural. La pregunta, igual que con la industria de la nostalgia, es hasta qu&eacute; punto es sostenible esta circulaci&oacute;n acelerada de los s&iacute;mbolos, si no estamos, hasta cierto punto, canibalizando nuestra memoria colectiva. Siempre da la impresi&oacute;n de que est&aacute; a punto de estallar, pero nunca lo hace&rdquo;, cuestiona Tesoro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me da especial pena que esto pase estando muerto. Las giras y los acuerdos comerciales de todo tipo ayudaron a que Daniel pudiese tener una vida mejor de la que han tenido otras personas con patolog&iacute;as similares en su pa&iacute;s. Adem&aacute;s, Daniel siempre quiso ser un artista pop, estoy seguro de que le hubiese hecho ilusi&oacute;n&rdquo;, indica Ramos, que se muestra cr&iacute;tico con el uso de las obras por parte de un gigante empresarial como es Inditex y con que los beneficios no repercutan en la lucha por mejorar la salud mental.
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            </figure><p class="article-text">
        Ramos conoci&oacute; a Johnston en 2012, cuando pudo acompa&ntilde;arle en las fechas espa&ntilde;olas que organizaron Buenritmo Producciones, donde trabajaba entonces, y Acuarela. Su recuerdo es el de alguien que no se comunicaba demasiado m&aacute;s all&aacute; de momentos como cuando intentaba conseguir una Coca-cola (que ten&iacute;a prohibida, puntualiza Ramos), cuando bajaba del escenario &ldquo;con una alegr&iacute;a genuina&rdquo; o en las tiendas de c&oacute;mics que visitaba en cada ciudad. &ldquo;Es uno de mis mayores &iacute;dolos musicales y me gener&oacute; cierto conflicto ver que era un cascar&oacute;n de s&iacute; mismo. No estaba seguro de que realmente quisiera estar all&iacute;. Esa sensaci&oacute;n se esfumaba cuando sub&iacute;a al escenario con Betunizer, el grupo valenciano que le acompa&ntilde;aba gracias a la intuici&oacute;n de Jes&uacute;s Llorente, con quien organizamos la gira. Entonces le ve&iacute;as la chispilla por estar tocando con un grupo que efectivamente <em>rockeaba</em>. Lo de <em>rockear</em> era algo que les dec&iacute;a con admiraci&oacute;n al acabar el concierto antes de volver a desconectar de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Otra de las veces en que le ve&iacute;as contento era visitando tiendas de c&oacute;mics&rdquo;, evoca Ramos. &ldquo;Bajaba del coche casi corriendo y lo remiraba todo. Pill&oacute; c&oacute;mics infantiles, de aventuras, superh&eacute;roes. Todo con bastante buena pinta. Uno de los d&iacute;as le pregunt&oacute; a su hermano, que viajaba con &eacute;l, si se sent&iacute;a envejecer, porque &eacute;l no se sent&iacute;a como con los a&ntilde;os que ten&iacute;a. Su hermano, justamente, me cont&oacute; que gracias a las giras y los discos hab&iacute;an podido comprarle una casa al lado de la vivienda familiar para que ganase un poco de autonom&iacute;a. Explicaba que la ten&iacute;a llena de c&oacute;mics y pelis antiguas de terror y que desde entonces le ve&iacute;a mejor. Yo casi no vi a una persona aut&oacute;noma, pero ese par de momentos en que se emocionaba con algo fueron realmente preciosos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/daniel-johnston-musico-marginal-acaba-camiseta-bershka-cinco-anos-despues-muerte_1_11675778.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Sep 2024 20:32:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Daniel Johnston, de cómo un músico marginal acaba en una camiseta del Bershka cinco años después de su muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pop,Cantautores,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Sastre: “Hay que rebelarse contra la idea de que el tiempo pone las cosas en su sitio”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/jose-luis-sastre-hay-rebelarse-idea-tiempo-pone-cosas-sitio_128_11634051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/402e81ab-cbac-4a6a-b112-009508614073_16-9-discover-aspect-ratio_default_1101521.jpg" width="1024" height="576" alt="José Luis Sastre: “Hay que rebelarse contra la idea de que el tiempo pone las cosas en su sitio”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista, subdirector del programa de radio 'Hoy por hoy', debuta en la ficción con 'Las frases robadas', una novela que nos lleva al último verano de una vida</p><p class="subtitle">Juan Tallón: “Se necesita algo más que cultura para ser una persona digna y con referentes éticos ejemplares”
</p></div><p class="article-text">
        La de Jos&eacute; Luis Sastre (Alberic, Valencia, 1983), subdirector del programa Hoy por hoy (Cadena Ser), columnista en <em>El Pa&iacute;s</em> y copresentador del podcast <em>Sastre y Maldonado</em>, es una voz reconocible. No lo es solo por su timbre. Tambi&eacute;n por el esfuerzo del periodista en que esta acompa&ntilde;e dotando de contexto y sosiego a una &eacute;poca en la que recibimos m&aacute;s informaci&oacute;n que nunca mientras anticipamos que en los auriculares, al pasar de p&aacute;gina o en el <em>feed</em> la noticia siguiente ser&aacute; peor que la anterior.
    </p><p class="article-text">
        Esa voz puede leerse ahora en un terreno novedoso para Sastre. <em>Las frases robadas </em>(Plaza &amp; Jan&eacute;s) es su primera novela. Un debut en la ficci&oacute;n que no cuenta una historia real, pero s&iacute; una en la que, reconoce, ha intentado que cada p&aacute;gina tuviera realidad. Su inicio es el de un final. El &uacute;ltimo verano de una vida es el punto de partida de una lectura capaz de generar una pausa para darle un abrazo a la persona que quieres y tienes al lado.
    </p><p class="article-text">
        Por el camino no se esquivan temas como los recuerdos, la identidad, la muerte o el tiempo. Cuando este &uacute;ltimo se nos va agotando, el escritor Manuel Vicent afirma que experimentamos lo que en jerga econ&oacute;mica se llama &ldquo;utilidad marginal&rdquo;, que compensa su nombre mundano coloc&aacute;ndonos en un territorio de potencialidad literaria fruto de la melancol&iacute;a, pero tambi&eacute;n de la necesidad de aprovechar un bien escaso. De gobernarlo y gobernarse hasta el fin, dir&iacute;a el protagonista de la novela de Sastre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela consigue evitar entrar dentro de la categor&iacute;a de libros tristes. Teniendo en cuenta la premisa, no parece f&aacute;cil.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a escribir algo que diera luz y ganas de vivir. Hay gente que me dice que ha llorado o que se ha conmovido. No quiero llevar a la gente a la tristeza. Para m&iacute;, la muerte es una cuesti&oacute;n que tiene toda la trascendencia del mundo y creo que una manera sana de enfocarla es d&aacute;ndole cierta naturalidad para no caer en ese abismo. Es mi primera novela y me plante&eacute; hacer una historia sencilla, lineal, que pudiera aportar algo y, s&iacute;, que no fuera triste. Esa &uacute;ltima parte no estoy seguro de haberla conseguido. Pero el libro ya no es m&iacute;o, cada uno puede vivirlo haci&eacute;ndolo suyo. Para m&iacute; el tema es el v&iacute;nculo de un padre y una hija. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/559b8dae-9a4f-4a36-a8ab-e46cc4571615_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>El de padre-hija es un eje comunicativo complejo. M&aacute;s si hablamos de generaciones, porque el protagonista debe tener unos 70 u 80 a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;an que ser un padre y una hija. Planean varios temas, pero el de la comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n es interesante plantearlo desde hijos a padres. Hay un momento en el que ella dice &lsquo;yo tengo derecho a decidir lo que le digo a mi padre, pero no creo que &eacute;l lo tenga a callarse determinadas cosas sobre m&iacute; porque no es un se&ntilde;or cualquiera&rsquo;. Esa relaci&oacute;n de padre e hija consiste en una confianza plena, en poder expresar sentimientos que otras generaciones no expresaban, pero tambi&eacute;n reservarse algunas cosas. He querido indagar sobre esa categor&iacute;a concreta de relaci&oacute;n que es la de padre e hija.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El padre se convierte en un ap&oacute;stol del presentismo. Una palabra que no solemos leer con matiz positivo, tan acostumbrados a un ahora que no deja lugar para la memoria o el futuro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que rebelarse un poco contra esta idea de que el tiempo pone las cosas en su sitio y de que al final hay que juzgar las cosas con cierta perspectiva. El &lsquo;todo pasa&rsquo;. Yo no s&eacute; ma&ntilde;ana qu&eacute; ser&aacute; de m&iacute;. Puedo ser una persona distinta. Puedes conservar tus principios pero interesarte otro tipo de cosas. Ma&ntilde;ana ya no tiene tanta importancia en el titular de hoy. Para enterarte de lo que pasa ahora en un despacho pol&iacute;tico tienes que esperar 20 a&ntilde;os a que alguien lo escriba en sus memorias seg&uacute;n lo recuerde esa persona. Todo pasa, no.
    </p><p class="article-text">
        Me ha gustado escribir una ficci&oacute;n en la que pudiera volcar aspectos que no son tan de ficci&oacute;n. Esta no es una historia real, pero no deja de haber realidad en cada p&aacute;gina. Y hay otra cosa que me repatea, que es la nostalgia en pasado. El &lsquo;qu&eacute; feliz era&rsquo;. &lsquo;Qu&eacute; feliz era cuando estaba haciendo tal&rsquo;. Y alguien te dice &lsquo;t&uacute; no te acuerdas de lo mal que lo pasabas&rsquo;. Yo soy de sufrir todo el rato. Por si no llego, por si no basta, por si no est&aacute; bien. Igual es una reflexi&oacute;n para m&iacute; mismo: valora lo que hay, asim&iacute;lalo y no esperes a que el tiempo ponga las cosas en su sitio, porque a veces el tiempo es un hijo de la gran puta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay una cosa que me repatea, que es la nostalgia en pasado. El ‘qué feliz era’. ‘Qué feliz era cuando estaba haciendo tal’. Y alguien te dice ‘tú no te acuerdas de lo mal que lo pasabas’</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En la novela, el padre tiene recuerdos pero le frustra no recordar detalles concretos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No te pasa?
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;. De este encuentro no recordaremos de qu&eacute; hablamos, sino que estuvo bien.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; con todo. Con las cosas trascendentes tambi&eacute;n. Del d&iacute;a que nacen tus hijos tendr&aacute;s un recuerdo vago. Yo quiero aprehender las cosas. Paro, observo e intento retener todo lo que puedo, pero me da una rabia inmensa porque se me va a olvidar. Hay un momento en la novela en que se expresa ese miedo a vivir del recuerdo de una mentira. Es atroz, pero es un proceso humano el de edulcorar tus recuerdos. Corremos el riesgo de sentir nostalgia de algo que hayamos fabricado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La nostalgia sobrevuela la historia pero es dif&iacute;cil catalogarla como una novela nost&aacute;lgica. &iquest;Evitarla era un objetivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. &iquest;Se puede afrontar el final de una vida siendo presentista? Yo ten&iacute;a claro que el padre se negaba a los recuerdos y quer&iacute;a escribir sobre c&oacute;mo se despide alguien de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En este pa&iacute;s sigue pesando la herencia religiosa sobre la muerte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo creo. En este pa&iacute;s el avance de la sociedad hacia determinados derechos, pienso en la muerte digna, el aborto o en su d&iacute;a el divorcio, se han dado mayoritariamente sin mucho prejuicio religioso. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los cuidados. &iquest;Siente que hay una inflaci&oacute;n en torno a la palabra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una tarea fundamental a la que no se le da la relevancia que tiene. Todos en alg&uacute;n momento de nuestra vida tendremos que cuidar o necesitaremos que nos cuiden. Eso que llamamos cuidados sigue siendo una asignatura pendiente. Las personas que se dedican a ello, en su mayor&iacute;a mujeres, no tienen el sueldo que pague el trabajo que hacen. Solo caemos en la cuenta cuando nos pasa a nosotros en el marco de una sociedad cada vez m&aacute;s envejecida.
    </p><p class="article-text">
        No creo que haya una conversaci&oacute;n p&uacute;blica sobre esto que est&eacute; en el nivel de lo que necesita la sociedad. De salud mental se habla cada vez m&aacute;s, aunque eso no significa que entendamos mejor el problema. Sabemos que tenemos m&aacute;s ansiedad, que tenemos trastornos de sue&ntilde;o, que consumimos m&aacute;s ansiol&iacute;ticos que ning&uacute;n pa&iacute;s. Mencionamos el problema, pero no se dan las medidas para paliarlo. Sobre los cuidados incluso se habla menos de lo que deber&iacute;amos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No creo que haya una conversación pública sobre los cuidados que esté en el nivel de lo que necesita la sociedad. De salud mental se habla cada vez más, aunque eso no significa que entendamos mejor el problema</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La complicidad, leemos en su libro, es &ldquo;una palabra con la que no se escriben novelas, sino el c&oacute;digo penal&rdquo;. Al amor en la tercera edad se le suelen poner nombres como ese o &ldquo;acompa&ntilde;amiento&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Me interesaba que el padre, en la novela, fuera un hombre que no hiciera juicios. Uno de esos juicios es que en la vejez no se puede tener un enamoramiento como el de la juventud. &iquest;Por qu&eacute; no se puede enamorar una persona a los 75 a&ntilde;os? La cortedad de miras est&aacute; en quien le llama a eso una cosa distinta de lo que es: una relaci&oacute;n. Tambi&eacute;n creo que hay caricias que son peque&ntilde;as revoluciones. Un gesto a tiempo puede serlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La protagonista intuye que puede conocer qu&eacute; hija ha sido por lo que su padre cuente de ella. Un reconocimiento de que nuestra identidad est&aacute; tambi&eacute;n en los ojos de la gente, a contrapelo del discurso de ser uno mismo sin importar la opini&oacute;n de los dem&aacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No conozco a nadie que sea totalmente impasible a lo que piensen de &eacute;l o de ella. Tiene que ser compatible con que puedas dormir tranquilo, y eso creo que tiene que ver con hacer lo que crees que tienes que hacer. Es esa cosa <em>camusiana</em> del deber. Es poco concreto, pero es aquello que si no haces no te deja dormir. Actuar en conciencia, eso tan f&aacute;cil de decir y no tanto de llevar a cabo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n, en la novela, se explicita ese deseo tan de nuestra era: no hacer nada.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; no hacer nada. En el podcast, hay un episodio en el que le pregunto a Miguel Maldonado si sabe no hacer nada. Responde que s&iacute;, mirar cosas, por ejemplo un taburete y decir &lsquo;taburete&rsquo;. Cuando est&aacute;s cinco minutos que no has hecho nada que te parezca productivo, te sientes culpable. Est&aacute;s leyendo un libro o una pel&iacute;cula y dices &lsquo;esta frase para una cr&oacute;nica&rsquo;. Necesitas algo adicional como para justificar que est&aacute;s dedicando tu tiempo a entregarte al placer. Eso en el trabajo no pasa: est&aacute;s trabajando y est&aacute;s trabajando.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sé salir a pasear. Voy pensando en con qué abrimos mañana, a quién entrevistamos, qué escribo, tengo esta entrevista y mañana me han llamado para otro sitio, en si habrá otra novela. Eso no es salir a pasear, eso es pensar mientras andas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Le pasa eso de estar con amigos y que alguien diga algo, o usted mismo, y sacar el m&oacute;vil para anotarlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo el rato. Y, por supuesto, cuando voy andando yo solo. No s&eacute; salir a pasear. Madrid es una ciudad en la que los bajos comerciales cambian mucho. A veces, en una calle por la que paso todos los d&iacute;as, me doy cuenta de que hay un nuevo comercio cuando lleva abierto tres meses. Voy pensando en con qu&eacute; abrimos ma&ntilde;ana, a qui&eacute;n entrevistamos, qu&eacute; escribo, tengo esta entrevista y ma&ntilde;ana me han llamado para otro sitio, en si habr&aacute; otra novela. Eso no es salir a pasear, eso es pensar mientras andas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que pase&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Con la cabeza vac&iacute;a? &iquest;Lo habr&eacute; hecho alguna vez?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Le da la impresi&oacute;n de que el mundo es un terreno de juego dise&ntilde;ado en pendiente hacia el &ldquo;mal&rdquo;, que hacer el &ldquo;bien&rdquo; deber&iacute;a ser m&aacute;s f&aacute;cil, r&aacute;pido y c&oacute;modo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Creo que la mayor parte de la gente es noble. Otra cosa es que empiece a aplicar en la vida real lo que ocurre en la virtual, eso de que se premie a los que m&aacute;s gritan o azuzan. No creo que cueste hacer el bien. Y no me considero una persona especialmente optimista, aunque espero no ser tampoco muy pesimista. Es f&aacute;cil hacer da&ntilde;o, pero no creo que exija m&aacute;s renuncias hacer el bien.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay gente a la que este sometimiento a la actualidad le genera un desasosiego. Creo que el oficio del periodismo tiene ese reto ahora mismo:  saber hacer atractiva una información en una cantidad justa y necesaria sin técnicas de bombardeo más propias del marketing</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tiene cerca gente que haya desconectado de la actualidad por cordura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Conozco casos de querer aproximarse menos a la actualidad. De no querer estar sometido a ese bombardeo continuo que genera dependencia y ansiedad de ver qu&eacute; ha pasado como si fuera una serie de ficci&oacute;n, tambi&eacute;n. Y de gente a la que este sometimiento a la actualidad le genera un desasosiego. Creo que el oficio del periodismo tiene ese reto ahora mismo. La primera urgencia es recuperar la credibilidad. Pero tambi&eacute;n saber hacer atractiva una informaci&oacute;n en una cantidad justa y necesaria sin t&eacute;cnicas de bombardeo m&aacute;s propias del marketing. Eso significa saber distinguir, jerarquizar y presentar la informaci&oacute;n de manera que no parezca que el mundo se est&aacute; acabando cada tres minutos. Mi parte del trato con el oyente o lector es trabajar al m&aacute;ximo la informaci&oacute;n y presentarla de manera atractiva. Interesante ha de ser incompatible con ser aburrido. La clave est&aacute; en c&oacute;mo quiero hacer atractiva esa informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las im&aacute;genes de Gaza pasan por el </strong><em><strong>scroll</strong></em><strong> de nuestro tel&eacute;fono. En una columna, usted se preguntaba cu&aacute;ndo caduca la compasi&oacute;n. &iquest;Nos acostumbramos a lo que deber&iacute;a ser </strong><em><strong>inacostumbrable?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Es humano tener que dejar de mirar. No se puede vivir mirando eso todos los d&iacute;as. Pero tendr&iacute;amos que ser conscientes de que vivimos en la parte del mundo que puede hacer esa elecci&oacute;n que otra gente no tiene. Nos conmociona, nos agita, nos quita el sue&ntilde;o mirar lo que ocurre y es humano dejar de mirar. Pero nadie podr&aacute; decir que no lo sabe. En las guerras de hoy un arma es infligir mucho dolor diariamente para que al mundo se le vuelva insoportable.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque se deje de mirar, &iquest;es importante no olvidar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Creo que no olvidamos y sabemos lo que hay.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Naci&oacute; cerca de la costa. &iquest;Qu&eacute; nos da el mar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;. Se lo pregunt&eacute; a Manuel Vicent y me dijo aquello de que somos un bid&oacute;n que contiene 70% de agua y dos kilos de sal. Puede que el mar sea el lugar al que hay que ir cuando no se sabe d&oacute;nde ir. Siempre me ha despertado fascinaci&oacute;n, no s&eacute; por qu&eacute; esa necesidad de tenerlo cerca. Quiz&aacute; porque, como suaviza las temperaturas, suaviza tambi&eacute;n los caracteres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/jose-luis-sastre-hay-rebelarse-idea-tiempo-pone-cosas-sitio_128_11634051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Sep 2024 20:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Sastre: “Hay que rebelarse contra la idea de que el tiempo pone las cosas en su sitio”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Muerte,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida 'calendar': ¿y si la hora de ligar en el súper nos habla de nuestra falta de tiempo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/la-hora-de-ligar-mercadona-falta-tiempo_1_11620297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/902ed4c2-50ce-4cf5-87c1-962cf313de63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida &#039;calendar&#039;: ¿y si la hora de ligar en el súper nos habla de nuestra falta de tiempo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Nadie que te guste en la oficina? ¿Más cansancio que ganas de salir por la noche? La última corriente viral propone el pasillo del supermercado como aplicación analógica para conocer gente. La cita tiene hora y claves: dejarse ver en Mercadona de 19.00 a 20.00h acarreando una piña bocabajo, indica el vídeo que ha saltado de Internet a otros medios y conversaciones de todo tipo. Pero quizás, más allá de lo anecdótico, nos quiere decir algo sobre nuestro día a día</p><p class="subtitle">El club de las 5 de la mañana: ¿madrugar mucho es el secreto de una vida mejor?</p></div><p class="article-text">
        En tiempos de guerra, fr&iacute;a o declarada, existen los agentes durmientes. Su premisa es infiltrarse como esp&iacute;as en un territorio enemigo con el requisito de adquirir desde el primer momento una vida normal. Ya sabemos lo que quiere decir eso. <a href="https://www.eldiario.es/era/el-descontento-generacional-trabajo_128_10844835.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Conseguir un trabajo</a>. Estar ocupados. Parecer inofensivos. Como Albrecht Dittrich, alem&aacute;n del este que en 1978 le cont&oacute; a su familia que se iba cinco a&ntilde;os a un programa para cosmonautas en Kazajist&aacute;n. Dej&oacute; escritas varias cartas para su gente, con remitente desde la estepa, que se ir&iacute;an enviando cuando &eacute;l ya estuviera en su destino y ocupaci&oacute;n real, Nueva York como esp&iacute;a sovi&eacute;tico. Cumpli&oacute; con uno de los primeros mandamientos buscando y encontrando empleo como <a href="https://www.eldiario.es/economia/glovo-cabify-uber-mayoria-plataformas-no-cumplen-estandares-minimos-trabajo-justo_1_11442026.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repartidor en bici</a>, lo que le vino bien para conocer la ciudad, pero en realidad estaba esperando una orden.
    </p><p class="article-text">
        Solo hace falta una se&ntilde;al y un agente, que con otros puede formar c&eacute;lulas durmientes, se pondr&iacute;a en marcha. Demasiado goloso como para que ning&uacute;n departamento de marketing se disfrace de generador de situaciones potencialmente monetizables. Ahora bien, se necesita identificar un <em>trigger</em>, un picor lo m&aacute;s compartido posible, pero alguien en alguna sala con falso techo de yeso siempre acaba dando con ello. El amor. El de aventura o el de proyecto, el de sudor con o sin suegros. Universal y escurridizo. Ese alguien sabe leer que las calles, cualquier tarde entre semana, parecen un acertijo. Qui&eacute;n va al o viene del trabajo, psic&oacute;logo, gimnasio. En esa reuni&oacute;n, alguien cay&oacute; en que pose&iacute;an el otro cuarto espacio cotidiano que mueve nuestro dinero, el s&uacute;per. El siguiente paso era hacer equipo con la sabidur&iacute;a popular. El grial de una empresa, parecer tu amiga.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Se necesita identificar un &#039;trigger&#039;, un picor lo más compartido posible, pero alguien en alguna sala con falso techo de yeso siempre acaba dando con ello. El amor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace siete a&ntilde;os, en un programa de citas, una mujer dejaba caer que las siete o las ocho eran buen lugar para ligar en el supermercado. Es cuando se llena de solteros. Durante la dictadura, en los barrios obreros sab&iacute;an identificar a la polic&iacute;a secreta con la que el franquismo intent&oacute; reventar el movimiento vecinal. Ten&iacute;an los zapatos limpios. &ldquo;Llevan cerveza y patatas&rdquo; dijo la concursante sobre el carrito delator de los solteros. No negaremos aqu&iacute; que hay hombres que conocieron dos canales en la tele que siguen performando la vida adolescente. Al fin y al cabo, una marca advierte con un enorme &ldquo;ideal parejas&rdquo; que sus patatas <em>gourmet</em> no son para ver <em>Jugones</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como todo lo asumimos y ya vamos para <a href="https://www.eldiario.es/cultura/gaza-espejo-digital-no-queremos-mirarnos_1_11542334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un a&ntilde;o </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/gaza-espejo-digital-no-queremos-mirarnos_1_11542334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>escroleando</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/gaza-espejo-digital-no-queremos-mirarnos_1_11542334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> un genocidio</a> mezclado con esqu&iacute;s y paellas en nuestros tel&eacute;fonos, siempre hay sitio en ellos para un nuevo viral. Esta vez, <a href="https://www.tiktok.com/@yosoyvivylin/video/7405289492459883809?q=vivlynn&amp;t=1725100462388" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ligar en el s&uacute;per de siete a ocho de la tarde</a>. Hay que poner en el carro una pi&ntilde;a del rev&eacute;s y chocar contra el <em>target</em> en la secci&oacute;n de vinos. Lo de menos es que las instrucciones parezcan pr&aacute;cticas de amarre <em>lo-fi</em>. La cuesti&oacute;n es d&oacute;nde se est&aacute; viendo recluida la magia, negra, rosa o del color que sea, en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. La cosa es si el chiste de pillar cacho con marca blanca nos est&aacute; hablando un poco de nuestra vidas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La cuestión es dónde se está viendo recluida la magia, negra, rosa o del color que sea, en nuestro día a día. La cosa es si el chiste de pillar cacho con marca blanca nos está hablando un poco de nuestra vidas</p>
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  </blockquote><p class="article-text">
        Llevo a&ntilde;os escuchando que los ni&ntilde;os ya no juegan al f&uacute;tbol en la calle. C&oacute;mo van a hacerlo, si est&aacute; prohibido por ley. No ya a ese deporte &mdash;sabemos que reducto de una socializaci&oacute;n de g&eacute;nero jerarquizada&mdash;, sino a la m&aacute;s inclusiva &ldquo;pelota&rdquo;. Un enorme cartel as&iacute; lo dicta incluso en plazas como la dedicada en Barcelona a Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, ferviente aficionado que se ahorr&oacute; ser contempor&aacute;neo de las ordenanzas c&iacute;vicas con p&aacute;nico a que en las ciudades suceda algo imprevisto. Un balonazo, una algarada, un cruce de miradas sin que ninguno de los dos pares de ojos venga o vaya de ganarse o gastar parte de una n&oacute;mina que no sabr&iacute;a desgranar.
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que leemos que ya nadie liga en los bares. Es uno de esos codazos que nos pega la nostalgia si no estamos atentos. Si no nos dejamos engatusar y envolver por su velo, nos daremos cuenta de que no a&ntilde;oramos antros que probablemente pertenec&iacute;an a alg&uacute;n empresario de la noche (terror&iacute;fico concepto), sino tiempo. Tanto tiempo como para incluso perderlo con alguien.
    </p><p class="article-text">
        Estemos convencidos de sus razones o fantaseemos con desertar de ella, somos soldados en la <a href="https://www.eldiario.es/era/exigencia-hiperproductiva-disfrutar-tiempo-libre-culpa_1_10423017.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">batalla por la productividad</a>. &ldquo;Parar&rdquo; deber&iacute;a ser un derecho, al menos una opci&oacute;n, pero de momento se parece m&aacute;s a un privilegio o a una emergencia. Mientras, quien reparte culpas lo hace con toda la intenci&oacute;n del mundo. Las redes, se dice, conspiran contra nuestro tiempo, pero a nadie le han subido el alquiler o despedido por hacer <em>doomscrolling</em> en su tiempo libre. Si hablamos de cronofagia, el lugar en el que pasamos m&aacute;s horas se suele ir de rositas. No es una pantalla y es seguramente menos democr&aacute;tico que cualquier espacio digital. Y sin embargo, el amor siempre se las arregl&oacute; para encontrar un pasillo, un rato en el dispensador de agua filtrada, una hora extra pagada por nervios, miradas que pertenec&iacute;an a cualquier otro sitio menos a esas cuatro paredes.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El juego, medio en serio medio en broma, ofrece la oportunidad de conocer a una persona, quizá importante en nuestros días, o en una noche que valga por años, y que se puedan comprar pañales y vino a la vez</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Agentes durmientes so&ntilde;ando con la se&ntilde;al de <a href="https://www.eldiario.es/guia-ocio/generacion-canon-predecesores-madrid-inspira-canciones-mal-reivindicar-toldos-verdes_1_11454530.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la vida ca&ntilde;&oacute;n</a>, despertamos y tenemos encima la vida <em>calendar</em>. Con ella conecta la hora de ligar en el s&uacute;per de siete a ocho. Las seis es pronto, las nueve tarde. &iquest;No era un tren el amor? Pues m&iacute;rate los horarios. El reloj nos disciplina, la emoci&oacute;n es pronosticable, el misterio se pacta. La mala fama de la planificaci&oacute;n qued&oacute; reservada para el gris socialismo de Estado del siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        El juego, medio en serio medio en broma, ofrece la oportunidad de conocer a una persona, quiz&aacute; importante en nuestros d&iacute;as, o en una noche que valga por a&ntilde;os, que se puedan comprar pa&ntilde;ales y vino a la vez, mientras miramos los precios y nos preguntamos si el aceite de girasol es realmente tan peor que el de oliva. O si ese d&iacute;a a nuestra media naranja le faltaban tomates pero al volver a casa solo ten&iacute;a ganas de asegurarse de que est&aacute; sola para desplomarse en el sof&aacute; barato de un <a href="https://www.eldiario.es/era/derecho-intimidad-vivienda-compartida_1_10947773.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">piso compartido</a> y llorar. Estar&aacute; incurriendo en un fallo para el sistema. <a href="https://www.eldiario.es/era/antidoto-jenny-odell-hiperoptimizacion-vida-sea-productivo-no-valioso_1_11453667.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nadie puede quedarse sin hacer nada.</a> Recordar&aacute; cuando en pleno confinamiento grit&oacute; qu&eacute; ganas de ir a un sitio que no sea al puto supermercado. Qui&eacute;n se enamorar&aacute; hoy dando un paseo negligente, se preguntar&aacute;, mientras pone m&uacute;sica aleatoria y suenan <a href="https://www.youtube.com/watch?v=zyjuJ6jLsxA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dry Cleaning</a> cantando <em>do everything and feel nothing</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Aug 2024 19:17:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida 'calendar': ¿y si la hora de ligar en el súper nos habla de nuestra falta de tiempo?]]></media:title>
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