<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Nando Cruz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nando-cruz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nando Cruz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1036054/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El Último de la Fila firma otra noche histórica bajo la lluvia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ultimo-fila-firma-noche-historica-lluvia_129_13192060.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58f1724a-cf19-44ae-829d-dbc699ba237e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Último de la Fila firma otra noche histórica bajo la lluvia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dúo barcelonés regresó a casa y triunfó ante 56.000 fans empapados y felices de asistir a tan inesperado reencuentro</p><p class="subtitle">El Último de la Fila vuelve frente al mar de Fuengirola: 30 años después, la misma emoción
</p></div><p class="article-text">
        Nadie lo sospechaba, pero Barcelona a&uacute;n ten&iacute;a que vivir otra noche hist&oacute;rica de El &Uacute;ltimo de la Fila. Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de iniciar su despegue definitivo en las fiestas de la Merc&egrave; de 1986, con la presentaci&oacute;n de &lsquo;Enemigos de lo ajeno&rsquo;, y 36 despu&eacute;s de llenar el Estadi Ol&iacute;mpic con Tina Turner como telonera y Greenpeace como beneficiarios de aquella recaudaci&oacute;n, Manolo Garc&iacute;a y Quimi Portet escribieron anoche otro cap&iacute;tulo imborrable en la barcelonesa monta&ntilde;a de Montju&iuml;c. 56.000 espectadores asistieron a una de las reuniones m&aacute;s inesperadas de la historia del pop espa&ntilde;ol: un concierto tres d&eacute;cadas despu&eacute;s de su disoluci&oacute;n que, adem&aacute;s, tuvo como &eacute;pico a&ntilde;adido una persistente lluvia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Volver no ser&iacute;a lo mismo. Nada es lo mismo. Fue tan bonito, que ser&iacute;a imposible remontar eso. Es as&iacute; de sencillo&rdquo;. No son palabras de un fan cualquiera de El &Uacute;ltimo de la Fila. Las pronunci&oacute; Manolo Garc&iacute;a en una entrevista en Cadena Dial. Era 2016. Y esa es la realidad con la que m&aacute;s vale la pena acudir a estos conciertos de reuni&oacute;n de El &Uacute;ltimo de la Fila. Es mejor no llevarse a enga&ntilde;o. &ldquo;Tenemos tan buen recuerdo y ha quedado grabado tan intensamente ese recuerdo sobre el tiempo, que ser&iacute;a como un peque&ntilde;o sacrilegio&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; aquel d&iacute;a ante la insistencia de si exist&iacute;a alguna posibilidad de que el d&uacute;o se reactivara. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, el peque&ntilde;o sacrilegio ha cobrado forma de gira de estadios a lo largo y ancho del pa&iacute;s y, aunque nada es lo mismo, bendito sacrilegio.
    </p><h2 class="article-text">Desbarajuste clim&aacute;tico</h2><p class="article-text">
        El repertorio barcelon&eacute;s fue id&eacute;ntico al de la semana pasada en Fuengirola. El d&uacute;o abri&oacute; fuego con una toma levemente ralentizada de &lsquo;Huesos&rsquo; y con &lsquo;Conflicto armado&rsquo;, tambi&eacute;n de Los Burros y con referencias a la guerra de Ir&aacute;n. Lo &uacute;nico que era radicalmente distinto era la climatolog&iacute;a. La lluvia empez&oacute; a caer en los primeros compases del recital y a las dos canciones el suelo de la pasarela que se adentraba entre el p&uacute;blico ya estaba empapada. &ldquo;&iexcl;Hostia, c&oacute;mo resbala esto! &iexcl;Su puta madre!&rdquo;, grit&oacute; Manolo. Fue un aut&eacute;ntico milagro que no se rompiera la crisma en esa zona del escenario. Acto seguido son&oacute; &lsquo;Querida Milagros&rsquo;. El guion estaba tan pautado que hasta la intervenci&oacute;n de Quimi Portet tras &lsquo;Mi patria en mis zapatos&rsquo; fue calcada a la del primer concierto de la gira.
    </p><p class="article-text">
        Nada pod&iacute;a ser lo mismo treinta a&ntilde;os despu&eacute;s por mucho que ah&iacute; arriba estuviesen Quimi y Manolo, as&iacute; como los m&uacute;sicos que han acompa&ntilde;ado al d&uacute;o durante los a&ntilde;os 80 y 90. Tampoco esos 56.000 espectadores eran las mismas personas que hace tres o cuatro d&eacute;cadas. Lo &uacute;nico que no ha cambiado en esta ecuaci&oacute;n son las canciones. Y reencontrarse con ellas, tanto tiempo despu&eacute;s, genera sensaciones que jam&aacute;s hubiesen podido provocar en su d&iacute;a. Conforme avanzaba la noche, y aunque la lluvia segu&iacute;a cayendo, los t&iacute;tulos iban activando la memoria. Versos que cre&iacute;as olvidados reflotaban como restos de un naufragio que no es tal naufragio sino el tiempo pasado. A unos les sal&iacute;an de los pulmones con una potencia inusitada. A otros les humedec&iacute;an el lagrimal.
    </p><p class="article-text">
        Las canciones pueden ser como viejos amigos que, al reencontrarse, dan rienda suelta a an&eacute;cdotas y viejas historias que cre&iacute;as sepultadas. Y la potencia de algunas canciones de El &Uacute;ltimo de la Fila puede ser devastadora. Tant&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s, retornan como un boomerang vertiginoso y descontrolado versos como &ldquo;por ahora la suerte me ha sonre&iacute;do&rdquo;, &ldquo;barba de quince d&iacute;as, no me levantar&iacute;a&rdquo;, &ldquo;no logro acostumbrarme a&uacute;n a ser adulto&rdquo;, &ldquo;hay serios problemas, &iquest;sabes?&rdquo;, &ldquo;Disneylandia no existe ya para ti&rdquo;, &ldquo;te amo como se ama por primera vez, cuando a&uacute;n no hay costumbre&rdquo;, &ldquo;paso al loco de la calle, paso al ansia de vivir&rdquo;&hellip; Por cierto, qu&eacute; bien quedar&iacute;a este &uacute;ltimo escrito en algunas paredes.
    </p><h2 class="article-text">Sisa, Llach y los aut&oacute;nomos</h2><p class="article-text">
        Lo que se dice despegar de verdad, el concierto no despeg&oacute; hasta &lsquo;Aviones plateados&rsquo;. Tras &lsquo;El loco de la calle&rsquo; y &lsquo;No me acostumbro&rsquo;, la lluvia se apiad&oacute; del p&uacute;blico. Casualmente, era la hora de &lsquo;Dios de la lluvia&rsquo;. &ldquo;Cantadla vosotros, va&rdquo;, propuso Manolo. Acto seguido un operario intent&oacute; secar el suelo del escenario para evitar alg&uacute;n percance. Tocaba acometer &lsquo;Soy un accidente&rsquo; y no era cuesti&oacute;n de tentar a la suerte. Manolo se neg&oacute; y la pasarela sigui&oacute; encharcada el resto de la noche. En la siguiente pausa, dedicar&iacute;a el concierto &ldquo;a la Barcelona de los a&ntilde;os 70&rdquo; y a artistas como &ldquo;Llu&iacute;s Llach, Jaume Sisa, Pau Riba e Ia i Batiste&rdquo; que &ldquo;marcaron el camino a El &Uacute;ltimo de la Fila&rdquo;. Minutos despu&eacute;s ampli&oacute; la dedicatoria m&aacute;s all&aacute; del gremio musical: a los agricultores y a los aut&oacute;nomos.
    </p><p class="article-text">
        Por las pantallas hab&iacute;an desfilado im&aacute;genes de ovejas pastando y pollos al ast, as&iacute; como escenas de pel&iacute;culas de Alfred Hitchcock y frases absurdas tipo &lsquo;Vendo Opel Corsa&rsquo;, pero el <em>sketch</em> m&aacute;s delirante del espect&aacute;culo lleg&oacute; cuando Garc&iacute;a empuj&oacute; un sill&oacute;n con ruedas mientras interpretaba &lsquo;Disneylandia&rsquo;. M&aacute;s cerca de Groucho Marx que Pina Bausch, para entendernos, el <em>performer</em> acab&oacute; revolc&aacute;ndose por el suelo y el sill&oacute;n, cayendo por el borde del escenario. El propio Manolo desapareci&oacute; tambi&eacute;n durante &lsquo;Llanto de pasi&oacute;n&rsquo;. Ni siquiera las c&aacute;maras pod&iacute;an localizarlo, pues hab&iacute;a decidido fundirse con los espectadores de las primeras filas. El &Uacute;ltimo pertenece a una &eacute;poca en que todav&iacute;a no se dise&ntilde;aban las actuaciones al mil&iacute;metro para ser televisadas por las pantallas y tampoco exist&iacute;a el dise&ntilde;o de vestuario. Cuando la lluvia volvi&oacute; a arreciar y Garc&iacute;a se cubri&oacute; con una gorra de b&eacute;isbol y un albornoz mal echado sobre los hombros, parec&iacute;a cualquier cosa menos una estrella del rock. Y cuando en &lsquo;Dulces sue&ntilde;os&rsquo; sac&oacute; un garrote de cascabeles que us&oacute; como bast&oacute;n, su estampa contrastaba estridentemente con la majestuosidad de un Estadi Ol&iacute;mpic rendido a sus pies. Pero as&iacute; es &eacute;l y andaba ebrio de felicidad. Para despedir tan hist&oacute;rica noche, eligi&oacute; la frase menos &eacute;pica jam&aacute;s pronunciada en un estadio: &ldquo;Bueno, pues ya est&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El equipo de prensa hab&iacute;a hecho circular un listado con el repertorio y el primer bis era una misteriosa canci&oacute;n titulada &lsquo;&iquest;A c&oacute;mo va el calamar?&rsquo;. &iquest;Una pieza in&eacute;dita? Cabe deducir que era la introducci&oacute;n instrumental a &lsquo;Ya no danzo al son de los tambores&rsquo;. El grupo hab&iacute;a abandonado el escenario para &ldquo;cambiarse los calzoncillos&rdquo;, como apunt&oacute; Garc&iacute;a. Y tras una desastrosa toma de &lsquo;Los &aacute;ngeles no tienen h&eacute;lices&rsquo;, el cantante pidi&oacute; al p&uacute;blico que no aplaudiese: &ldquo;La primera parte la he cantado como el culo&rdquo;, reconoci&oacute;. La repiti&oacute; de nuevo, aunque solo hasta el final de la primera estrofa. Los dos &uacute;ltimos bises, &lsquo;Como un burro amarrado en la puerta del baile&rsquo; e &lsquo;Insurrecci&oacute;n&rsquo;, precipitaron la lluvia de confeti y un frustrado lanzamiento de globos con forma de tibur&oacute;n que, con el viento en contra, quedaron apelotonados en el escenario. El &Uacute;ltimo tambi&eacute;n era esto: un cat&aacute;logo de ideas de bombero que a veces funcionaban... y a veces, no.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Y por qu&eacute; no?</h2><p class="article-text">
        En aquella entrevista de 2016, Manolo Garc&iacute;a tambi&eacute;n dijo: &ldquo;Si una banda decide reunirse de nuevo, con todos mis respetos, no ser&eacute; quien los critique. En el caso de Quimi y en el m&iacute;o, estuvo muy bien, ah&iacute; queda y no habr&aacute; vuelta jam&aacute;s, y este jam&aacute;s es serio&rdquo;. Durante d&eacute;cadas, la pregunta clave ante el regreso de cualquier banda era: &iquest;por qu&eacute;? De un tiempo a esta parte, la pregunta ha pasado a ser: &iquest;por qu&eacute; no? Que no haya canciones nuevas no es motivo suficiente. Que no se soporten los m&uacute;sicos, tampoco. Que varios de ellos se desentiendan del regreso, a&uacute;n menos. &iquest;Muri&oacute; el cantante? Qu&eacute; m&aacute;s da. Hacen falta razones realmente poderosas para bloquear la reaparici&oacute;n de una banda. Lo normal es volver. La industria del ocio musical trabaja d&iacute;a y noche para encadenar regresos.
    </p><p class="article-text">
        El de Portet y Garc&iacute;a era uno de los m&aacute;s esperados. Tal vez porque su legado no ha sufrido demasiado desgaste. Su desaparici&oacute;n dej&oacute; un inmenso cr&aacute;ter en la historia del pop espa&ntilde;ol que nadie ha podido ni sabido ocupar. El &Uacute;ltimo de la Fila es, con diferencia, el grupo <em>mainstream</em> m&aacute;s personal e irrepetible que haya dado el pop espa&ntilde;ol. Para ser realmente popular has de gustar a much&iacute;sima gente y para gustar a much&iacute;sima gente, lo normal es tener un perfil tirando a generalista e incluso anodino. El &Uacute;ltimo de la Fila ha sido un grupo tan ins&oacute;lito y a la vez tan aut&oacute;ctono que cuesta creer que alcanzasen tant&iacute;simo &eacute;xito. Su condici&oacute;n de extraordinaria anomal&iacute;a justifica sobradamente su reaparici&oacute;n tres d&eacute;cadas despu&eacute;s. Entonces, el grupo se separ&oacute; por &ldquo;desgaste&rdquo; e &ldquo;higiene art&iacute;stica&rdquo;. Una decisi&oacute;n acertada. Ahora hay que aceptar estos conciertoscomo lo que son: un regalo inesperado. Y una vez dentro, resulta imposible salir decepcionado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ultimo-fila-firma-noche-historica-lluvia_129_13192060.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 05:29:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/58f1724a-cf19-44ae-829d-dbc699ba237e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="509640" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/58f1724a-cf19-44ae-829d-dbc699ba237e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="509640" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Último de la Fila firma otra noche histórica bajo la lluvia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/58f1724a-cf19-44ae-829d-dbc699ba237e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Conciertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué la música es cada vez más uniforme y posiblemente lo será mucho más en el futuro?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/musica-vez-uniforme-posiblemente-sera-futuro_1_13096094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/554372b0-f099-42ff-be55-d597c00ebf26_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139441.jpg" width="1277" height="718" alt="¿Por qué la música es cada vez más uniforme y posiblemente lo será mucho más en el futuro?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un ensayo de Edi Pou (mitad de los dúos Za! y Los Sara Fontan) advierte de que la inmensa mayoría de canciones que oímos tienen un compás binario y que una dieta sonora tan limitada atrofia nuestra capacidad de escucha</p><p class="subtitle">Nacho Vegas: “El fascismo vende que la clase migrante nos está quitando el trabajo cuando quienes lo hacen son señoros blancos con traje”</p></div><p class="article-text">
        Quien m&aacute;s y quien menos habr&aacute; tenido alguna vez la sensaci&oacute;n de que todo lo que escucha suena igual. Es una sensaci&oacute;n subjetiva y, a menudo, fruto de una falta de atenci&oacute;n. Pero hay algo cierto en ella, porque en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas casi todas las canciones que o&iacute;mos coinciden en algo: su comp&aacute;s binario. Sea de dos por dos, de cuatro por cuatro o de ocho tiempos, el patr&oacute;n binario es tan hegem&oacute;nico que aparece en el 95% y hasta en el 100% de las cien canciones m&aacute;s exitosas del momento en decenas de pa&iacute;ses. As&iacute; lo ha comprobado Edi Pou, baterista, compositor y activista musical, y as&iacute; lo explica en <em>Nou elogis de l&rsquo;imparell (Nueve elogios del impar</em>, editorial H&amp;O).
    </p><p class="article-text">
        Este microensayo, de apenas 120 p&aacute;ginas y con mucho ritmo, revela que se nos est&aacute; imponiendo la m&uacute;sica de comp&aacute;s m&aacute;s simple, aunque el cerebro humano es capaz de disfrutar de opciones m&aacute;s complejas (compases ternarios, de cinco, de siete, amalgamas...) porque esta es la m&aacute;s f&aacute;cil de vender. Tambi&eacute;n, que en &eacute;pocas de la historia no tan lejanas y en culturas no europeas, la riqueza r&iacute;tmica era mucho mayor. Pou, periodista en feliz excedencia y mitad de los d&uacute;os Za! y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/consejos-sara-fontan-no-quemarse-arruinarse-musica-alejarse-grandes-ciudades-festivales_1_11864254.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los Sara Fontan</a>, afirma que esta dieta sonora tan limitada est&aacute; reduciendo nuestra capacidad de escucha y nos insta a rebelarnos contra la uniformizaci&oacute;n de la m&uacute;sica que o&iacute;mos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; podr&iacute;a interesarle este ensayo a alguien que jam&aacute;s ha prestado atenci&oacute;n al comp&aacute;s de las canciones que escucha?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, porque es interesante reflexionar sobre c&oacute;mo escuchamos la m&uacute;sica y por qu&eacute; escuchamos lo que escuchamos. Por otro, porque la m&uacute;sica es reflejo, s&iacute;ntoma o indicador predictivo de la sociedad. La falta de diversidad que creo que hay actualmente va acompa&ntilde;ada de una falta de diversidad de fauna, de formas de comunicarnos, de centros de las ciudades cada vez m&aacute;s iguales... La m&uacute;sica es un espejo de muchas otras cosas. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4341f3d8-886c-4aec-8c25-5b989eb8c4ab_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo escucha usted la m&uacute;sica? Por ejemplo, en un concierto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pongo mucha atenci&oacute;n. Me cuesta estar hablando con alguien y a la vez escucharla. Pongo todo el cuerpo y a veces soy un poco pesado reaccionando con &lsquo;&iexcl;uuuh!&rsquo; pensando: al grupo le gustar&aacute; que haga esto. No soy muy <em>freak</em> de los bater&iacute;as, pero s&iacute; de los ritmos y las armon&iacute;as. No puedo evitar, mientras disfruto, identificar compases y alucinar con las armon&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay quien piensa que si te concentras mucho dejas de disfrutar la m&uacute;sica. Como si disfrutar pasase &uacute;nicamente por dejarse llevar sin pensar. &iquest;Nos perdemos algo si no analizamos la m&uacute;sica que escuchamos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rotundamente, s&iacute;. Poner el foco en lo que haces o escuchas te ayuda a disfrutarlo m&aacute;s y a entenderlo mejor. Pero, claro, vivimos en un momento de hiperestimulaci&oacute;n y la saturaci&oacute;n mental que tenemos hace dif&iacute;cil que podamos concentrarnos en algo. Por eso triunfa la idea de que la m&uacute;sica ha de ser un lugar donde olvidarte de ti mismo y desconectar. Esa es una de sus funciones, y me encanta, pero no puede ser la &uacute;nica ni puede dominar todo el panorama. Me pone muy nervioso esa frase que he le&iacute;do mucho a programadores de festivales y he o&iacute;do a muchos grupos de &lsquo;esperemos que durante un rato la gente olvide sus problemas y desconecte&rsquo;. Por un lado, es asumir que la gente tiene unas vidas insatisfactorias. Y, si es as&iacute;, deber&iacute;amos rebelarnos. Por otro, ojal&aacute; el discurso fuese al rev&eacute;s: esperamos que durante este rato la gente encuentre aqu&iacute; la energ&iacute;a para pensar sobre sus vidas y busque soluciones cuando vuelvan a presentarse los problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estudiando el Top 100 de numerosos pa&iacute;ses, detecta que en muchos el 99% de las canciones m&aacute;s exitosas son de comp&aacute;s binario. Pero, claro, el </strong><em><strong>mainstream</strong></em><strong> tiende por naturaleza a uniformizarlo todo. &iquest;Tambi&eacute;n se est&aacute; reduciendo la m&uacute;sica de otros compases fuera del </strong><em><strong>mainstream</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No tengo pruebas emp&iacute;ricas, pero mi impresi&oacute;n es que s&iacute;. Hasta en el <em>underground</em> hemos confundido en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os mayoritario con popular y minoritario con elitista. Y, de repente, hacer m&uacute;sica que se saliera del <em>mainstream</em> parec&iacute;a esnob. En el libro intento demostrar que hist&oacute;ricamente los ritmos impares han estado mucho m&aacute;s extendidos que ahora.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las plataformas de streaming nos llevan a un túnel donde las ideas minoritarias son cada vez más minoritarias y las más generalistas devienen más generalistas más rápido. Hay intereses económicos en que sea así.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La tecnolog&iacute;a facilita crear m&uacute;sica mucho m&aacute;s compleja, pero en muchos estilos los sintetizadores y las cajas de ritmos se han convertido en un camino f&aacute;cil para perpetuar la hegemon&iacute;a del cuatro por cuatro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay partes de tecnolog&iacute;a que ratifican el <em>statu quo</em> <em>cuatrocuatrista</em>, pero los sintetizadores modulares, por ejemplo, abren todo un mundo de m&uacute;sica generativa que puede ser muy sorpresiva. La tecnolog&iacute;a m&aacute;s perniciosa para irse cargando la diversidad r&iacute;tmica es la que difunde la m&uacute;sica, m&aacute;s que la que la hace. Las plataformas de <em>streaming</em> nos llevan a un t&uacute;nel donde las ideas minoritarias son cada vez m&aacute;s minoritarias y las m&aacute;s generalistas devienen m&aacute;s generalistas m&aacute;s r&aacute;pido. Y eso no pasa porque la tecnolog&iacute;a en s&iacute; sea malvada, sino porque hay intereses econ&oacute;micos en que sea as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La inteligencia artificial tambi&eacute;n tender&aacute;, por definici&oacute;n, a sobrerrepresentar lo m&aacute;s com&uacute;n y a infrarrepresentar lo diferente. &iquest;Vamos hacia un mundo donde la definici&oacute;n de m&uacute;sica ser&aacute; &ldquo;conjunto de sonidos ordenados en comp&aacute;s binario&rdquo; y el ritmo impar se habr&aacute; extinguido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo la esperanza de que cuando hacer m&uacute;sica ya no tenga valor, porque la podr&aacute; crear una m&aacute;quina, hacer m&uacute;sica que salga de lo normal volver&aacute; a adquirir valor. Y la humanidad disfrutar&aacute; de lo que se cree en los m&aacute;rgenes porque la zona intermedia ya no tendr&aacute; ning&uacute;n inter&eacute;s. Tengo la esperanza de que la inteligencia artificial sea el acelerador de un cambio a favor de la diversidad. Quiero ser optimista, aunque hay d&iacute;as en que cuesta serlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Necesitamos m&uacute;sica sencilla y binaria porque vamos estresados todo el d&iacute;a y no tenemos tiempo para escuchar con atenci&oacute;n o la simplificaci&oacute;n de la m&uacute;sica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas hace que ya solo seamos capaces de digerir m&uacute;sica sencilla porque nuestro cerebro no da para m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La falta de costumbre provocar&aacute; cada vez menos capacidad de escucha. Eso se podr&iacute;a revertir f&aacute;cilmente con un poco de dedicaci&oacute;n diaria, pero la falta de tiempo en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a hace dif&iacute;cil revertir esta din&aacute;mica porque nos queda muy poco espacio mental. Vamos muy saturados. Llegamos a casa con la cabeza reventada. Y, adem&aacute;s, tenemos cierta obsesi&oacute;n por la utilidad de las cosas. Detenerte a escuchar tranquilamente algo nuevo o dedicar tiempo a trabajar la escucha nos parece algo totalmente in&uacute;til cuando creo que es de las cosas m&aacute;s &uacute;tiles que podemos hacer. Vamos entendiendo que debemos cuidar el cuerpo, que debemos cuidar la alimentaci&oacute;n y se empieza a ver que debemos cuidar tambi&eacute;n nuestra mente. E igual que el cuerpo se entrena haciendo ejercicio, la cabeza y el o&iacute;do se pueden entrenar con la m&uacute;sica. Y me gustar&iacute;a pensar que una escucha m&aacute;s emp&aacute;tica puede ayudar a tener una actitud vital m&aacute;s emp&aacute;tica en todos los &aacute;mbitos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tengo la esperanza de que cuando hacer música ya no tenga valor, porque la podrá crear una máquina, hacer música que salga de lo normal volverá a adquirir valor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Suponemos que un comp&aacute;s binario es m&aacute;s f&aacute;cil al o&iacute;do y que los ritmos impares son m&aacute;s dif&iacute;ciles. Pero explica que esa facilidad o dificultad de unos u otros es un hecho cultural fruto de la costumbre. &iquest;Podr&iacute;amos deducir que la industria musical, fomentando un consumo de m&uacute;sicas cada vez m&aacute;s simples, nos est&aacute; atrofiando el o&iacute;do?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso ser&iacute;a mucho decir. Pero o&iacute;r siempre el mismo tipo de m&uacute;sica atrofia la capacidad de escucha, sin duda. Si solo escuchas m&uacute;sica en la misma escala do re mi fa sol la si cuando oigas m&uacute;sica microtonal pensar&aacute;s que est&aacute; desafinada. Tu cerebro ha aprendido a clasificar la m&uacute;sica de un modo que deduce que eso es incorrecto. Los estudios afirman que tenemos un cerebro superpotente capaz de entender y disfrutar todo tipo de ritmos y armon&iacute;as, pero la falta de costumbre va reduciendo la posibilidad de disfrutarlas. El placer musical, simplificando mucho, proviene de dos lados: uno es predecir la repetici&oacute;n, lo cual nos genera satisfacci&oacute;n, y otro es la sorpresa de un giro inesperado, que tambi&eacute;n nos provoca satisfacci&oacute;n. En el libro lanzo la intuici&oacute;n de que est&aacute; triunfando m&aacute;s la versi&oacute;n conservadora del disfrute: la previsible. Y seguramente es as&iacute; debido a unos intereses: es m&aacute;s f&aacute;cil para un empresario venderte una y otra vez lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qui&eacute;n interesa que cada vez haya menos diversidad ling&uuml;&iacute;stica, de fauna, de vegetaci&oacute;n, de alimentos y, tambi&eacute;n, de ritmos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A las cuatro personas m&aacute;s ricas del planeta. Que cada vez haya menos diversidad anula todo lo que escapa a su control. Vamos hacia ese mundo de hipermultimillonarios, hacia esa especie de nuevo antiguo r&eacute;gimen donde interesa que todos consumamos lo mismo porque es mucho m&aacute;s f&aacute;cil fabricar un mill&oacute;n de <em>bollicaos</em> que un mill&oacute;n de productos alimentarios diferentes. Seguramente por ello nunca antes la m&uacute;sica ha sido menos diversa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d8d02c0f-38c2-449a-9176-a6c35172c48a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El músico Edi Pou"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El músico Edi Pou                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es casual que todas las marchas militares sean de comp&aacute;s binario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En absoluto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No podemos cambiar nuestras vidas de hoy para ma&ntilde;ana, pero podemos tomar las riendas de la banda sonora de nuestras vidas. &iquest;C&oacute;mo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se me ocurre una respuesta m&aacute;s te&oacute;rica y otra de gestos concretos. La te&oacute;rica ser&iacute;a tender a una escucha cr&iacute;tica, pensar por qu&eacute; escuchas lo que escuchas y c&oacute;mo te ha llegado; tender tambi&eacute;n a una escucha curiosa e incluso plantearse escuchar nuestro entorno: la realidad. Cuando fui a Nueva York a tocar con Los Sara Fontan flip&eacute; porque todo el mundo iba por la calle conectado a sus AirPods. Esa desconexi&oacute;n con el presente es muy bestia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay gestos concretos que te permiten hackear un poco ese embudo en el que vamos cayendo sin pensar demasiado. No debemos perder la curiosidad ni en la música ni en cualquier otro ámbito porque entonces nos rendimos como humanos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y esos gestos m&aacute;s concretos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primero es espiar las <em>playlists</em> que hace la gente en las plataformas. Son una fuente de descubrimiento extraordinaria: las hay de m&uacute;sica india de los 70, hip-hop con patrones extra&ntilde;os&hellip; El segundo, hablar de m&uacute;sica con tus vecinos, con gente de otras generaciones&hellip; Y el tercero, escuchar m&uacute;sica fuera las plataformas: en vinilo, en conciertos, en emisoras digitales&hellip; Todo ello te permite <em>hackear</em> un poco ese embudo en el que vamos cayendo sin pensar demasiado. No debemos perder la curiosidad ni en la m&uacute;sica ni en cualquier otro &aacute;mbito porque entonces nos rendimos como humanos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Perder esa curiosidad, perder incluso la capacidad para disfrutar m&uacute;sicas con compases diferentes, &iquest;a d&oacute;nde nos aboca como especie?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A ser como los personajes de la pel&iacute;cula <em>Wall-E:</em> personas que han abandonado su cuerpo, que son incapaces de hacer ejercicio, que viven mirando una pantalla que tienen delante y se mueven a trav&eacute;s de una cinta transportadora. Tienen una vida comod&iacute;sima, tienen comida y se pasan el d&iacute;a tumbados, pero han perdido todo poder de decisi&oacute;n sobre sus vidas. El inter&eacute;s de los cuatro oligarcas es tenernos tumbados ante la pantalla, pero los humanos tenemos un cerebro privilegiado y conf&iacute;o en que sabremos reaccionar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/musica-vez-uniforme-posiblemente-sera-futuro_1_13096094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 21:06:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/554372b0-f099-42ff-be55-d597c00ebf26_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139441.jpg" length="218042" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/554372b0-f099-42ff-be55-d597c00ebf26_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139441.jpg" type="image/jpeg" fileSize="218042" width="1277" height="718"/>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué la música es cada vez más uniforme y posiblemente lo será mucho más en el futuro?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/554372b0-f099-42ff-be55-d597c00ebf26_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139441.jpg" width="1277" height="718"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Ensayos,Industria musical]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Discoteca de los 80: la punta del iceberg de un filón llamado nostalgia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/discoteca-80-punta-iceberg-filon-llamado-nostalgia_129_13065561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/261a8ecb-93f3-4fba-b837-e56a4a589140_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Discoteca de los 80: la punta del iceberg de un filón llamado nostalgia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El macroconcierto ochentero, con breves actuaciones de Alphaville, Samantha Fox, C.C. Catch, Iván y F.R. David, entre otros, sublima la festivalización de los recuerdos, una muy boyante subdivisión de la industria musical del directo</p><p class="subtitle">Vetusta Morla vuelve a juntarse tras su parón con una gira en 2026
</p></div><p class="article-text">
        No es nada nuevo, pero el sector de los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/oasis-adjudica-gira-fenomeno-fan-verano-si-fuera-partido-mundial_1_12487176.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">macroconciertos nost&aacute;lgicos</a> ha crecido tanto en los &uacute;ltimos a&ntilde;os que ya se ha erigido por derecho propio en una s&oacute;lida rama del negocio de la m&uacute;sica en vivo. A formatos ya conocidos como Love The 90s y Love the Twenties se ha sumado ya la inevitable versi&oacute;n ochentera. Eso es Discoteca de los 80, un macroevento que este fin de semana reuni&oacute; a 18.000 personas en el Palau Sant Jordi. El reclamo art&iacute;stico era un cartel de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/festival-bananarama-c-c-catch-samantha-fox-fantasia-ochentera_129_12251343.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">glorias ochenteras</a> como Ryan Paris, C.C. Catch, Samantha Fox y Alphaville, pero la verdadera excusa era sumergirse en cuerpo y alma en una multitudinaria noche de nostalgia <em>premium</em>. Noche ochentera toda la noche entera, que dir&iacute;a Vicco.
    </p><p class="article-text">
        El llenazo registrado con semanas de antelaci&oacute;n obliga a observar c&oacute;mo, en las &uacute;ltimas temporadas, no dejan de surgir iniciativas cuyo objetivo es atrapar al p&uacute;blico con la excusa de un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura/visita-musica-90-noche-lectura-planes-culturales-alzar-voz_132_12929462.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">viaje musical al pasado</a>. Atrapar al p&uacute;blico en su pasado, incluso. Adem&aacute;s de los Love the 90s y Love the Twenties previstos para esta temporada, el 30 de abril nace otro evento, el Caribe Mix Festival, que anuncia escalas en Barcelona, Mallorca, C&aacute;diz, Santander, Gran Canaria, Tenerife y Madrid con Soraya, King Africa, Ra&uacute;l, Gusanito y Guaran&aacute;, entre otros. &ldquo;Nostalgia bien curada, energ&iacute;a actual y cero postureo&rdquo;, anuncia la publicidad de este nuevo formato cuyo lema es &ldquo;Vuelven los rompecinturas del verano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todo vuelve, s&iacute;. Y la ofensiva de la nostalgia ataca por tierra, mar y aire. En octubre zarpar&aacute; de Barcelona &lsquo;El Barco Ochentero&rsquo;, un crucero con escalas en Ibiza, Palermo, Roma y Marsella que se presenta como &ldquo;el mayor festival de pop espa&ntilde;ol en altamar&rdquo;. Para muchos mel&oacute;manos, surcar el Mediterr&aacute;neo con Seguridad Social, Rev&oacute;lver, Los Rebeldes y Danza Invisible ser&iacute;a una condena. Pero alguno se hubiese enrolado gustoso en el Boaty Weekender donde tocaron a&ntilde;os atr&aacute;s Belle &amp; Sebastian, Teenage Fanclub y Yo La Tengo. O en el Rock the Bells que surcar&aacute; el Caribe mientras rapean Public Enemy, Warren G, T.I. y EPMD. Como todo en la vida, la nostalgia tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de gustos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97ecf056-c983-4933-a402-285c6ddfbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El evento &#039;Discoteca de los 80&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El evento &#039;Discoteca de los 80&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La del s&aacute;bado fue la tercera gala Discoteca de los 80 tras las de Madrid y Valencia. El t&eacute;rmino gala no es gratuito, ya que los artistas interpretan una, dos o a lo sumo tres canciones. La gran mayor&iacute;a sale a escena con un micr&oacute;fono y una patrulla de bailarines. El resto, m&uacute;sica enlatada sobre la que Lime, Eruption, Silver Pozzoli y otros &lsquo;one hit wonders&rsquo; entonan sus respectivos &eacute;xitos: <em>Babe, we&rsquo;re gonna love tonight</em>, <em>One way ticket</em>, <em>Around my dream</em>&hellip; Ni m&aacute;s ni menos que como se les disfrutaba en los programas televisivos de los 80 y en algunas galas de Fin de A&ntilde;o. Algunos t&iacute;tulos adquieren una inquietante doble lectura tantos a&ntilde;os despu&eacute;s. Era el caso del <em>How old are you?</em> (&iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os tienes?), de Miko Mission, o el <em>Happy children</em> (&lsquo;Ni&ntilde;os felices&rsquo;) de P. Lion.
    </p><p class="article-text">
        Pero si las galas televisivas de Fin de A&ntilde;o eran interminables y desconcertantes en su voluntad de satisfacer a todo tipo de telespectadores, en Discoteca de los 80 todo est&aacute; medido al minuto. El escenario circular en el centro de la pista alterna dos o tres actuaciones con una sesi&oacute;n de los discjockeys que amenizan los interludios con bater&iacute;as de &eacute;xitos ochenteros. Los Jumper Brothers, Ton&iacute;n y Edu, manejan un material tan infalible que el p&uacute;blico a menudo vibra m&aacute;s con ellos que con los supuestos protagonistas de la noche. Cruel paradoja, s&iacute;, pero as&iacute; es la m&uacute;sica: no importan los cantantes, sino las canciones.
    </p><p class="article-text">
        En un mismo bloque To&ntilde;&iacute;n y Edu pueden enlazar <em>hits</em> de Human League y Guns N&rsquo;Roses, de Bon Jovi y Modern Talking ,de Europe y Kylie Minogue. Nada desentona. Todo encaja en el concepto retrochentero. El Sant Jordi es un parque tem&aacute;tico de la nostalgia. Un <em>escape room</em> de est&eacute;tica ochentera con paredes falsas y pasadizos secretos que conectan escenas musicales anta&ntilde;o antag&oacute;nicas. En lo alto del escenario, una pantalla circular proyecta v&iacute;deos recopilatorios de pel&iacute;culas y teleseries de los 80. En cuanto hay que dar paso al siguiente bloque de actuaciones, la cabina circular de los discjockeys se eleva como la cesta de un globo y desaparece en cuesti&oacute;n de segundos. Y entonces sube por la pasarela Fernandisco, el locutor de los ochenta por excelencia.
    </p><h2 class="article-text">&iexcl;La mejor generaci&oacute;n de la historia!</h2><p class="article-text">
        A lo largo de seis horas se suceden decenas de proclamas. &ldquo;&iexcl;Volemos juntos a la mejor d&eacute;cada de la historia!&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Somos muy j&oacute;venes!&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Que vivan los 80 y que viva la madre que nos pari&oacute;&rdquo;. &ldquo;&iexcl;La mejor generaci&oacute;n de la historia!&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Que nunca se apague el esp&iacute;ritu de los 80!&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Que levante los brazos quien quiera quedarse en los 80 para siempre!&rdquo;. Uno ya ni pesta&ntilde;ea cuando Fernandisco habla del &ldquo;cord&oacute;n umbilical que nos conecta con los 80&rdquo; y afirma que &ldquo;la gente de los 80 ha trabajado mucho para sacar a su familia adelante&rdquo;. Todo vale cuando se trata de convencer a casi 18.000 personas de que no existe ning&uacute;n motivo para avergonzarse de estar pas&aacute;ndolo tan bien. Por cierto, &iexcl;la de veintea&ntilde;eros no emancipados que estar&aacute;n aprovechando para liarla gorda en casa de sus padres!
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de un viaje al pasado, Discoteca de los 80 es una excusa para reencontrar viejas amistades. Y se nota. En los pasillos exteriores y las zonas de restauraci&oacute;n abundan corrillos de personas que buscan un lugar tranquilo, sin m&uacute;sica, donde contarse todo lo que no se han podido contar durante meses o a&ntilde;os. Hay conversaciones serias y profundas. Y no todo el p&uacute;blico presente fue adolescente en los 80. En las gradas hay se&ntilde;oras de m&aacute;s de 70 a&ntilde;os; en la pista, varias treinta&ntilde;eras. Adem&aacute;s de un chute a tu juventud, el escape room tambi&eacute;n funciona como viaje a una &eacute;poca no vivida. El ambiente de euforia es mayoritario, pero hay gente para todo. Mientras Bad Boys Blue ocupan el escenario, un hombre en primera fila se r&iacute;e con un v&iacute;deo que le ha saltado en el m&oacute;vil: es un gato caza un rat&oacute;n tir&aacute;ndose un pedo en la puerta de su escondite. A su lado, un tipo con peluca a lo Limahl lo est&aacute; dando todo. &Eacute;l y sus amigos vienen de Holanda. M&aacute;s all&aacute;, dos o tres bostezan cuando Den Harrow canta <em>Future brain</em>.
    </p><p class="article-text">
        Otra proclama recurrente en la macrogala Discoteca de los 80 hace referencia regresar &ldquo;al lugar donde somos felices&rdquo;. Ese es el eslogan acu&ntilde;ado por la promotora Share Music para toda su cartera de macroconciertos: ochenteros, noventeros y dosmileros. No olvidemos que esto es m&aacute;s que un concierto: es un producto. Y que en Share Music no se definen como promotora de conciertos o festivales, sino como &ldquo;dise&ntilde;adores de experiencias musicales &uacute;nicas&rdquo;. Esto es la macrofestivalizaci&oacute;n de la nostalgia. O la macrofestivalizaci&oacute;n del tardeo. Y, en tanto que producto nost&aacute;lgico, resulta impecable. El montaje visual es deslumbrante (solo objetar las imitaciones de <em>Madonnas</em> y <em>Michaels Jacksons</em> que proyectan en las pantallas para, cabe suponer, no infringir derechos de imagen) y el ritmo apenas flaquea. Se hace largo, pero porque son cinco horas. No hay que tom&aacute;rselo como un concierto, sino como una noche en la discoteca. A ratos bailas, a ratos te sientas, a ratos sales a fumar, a ratos charlas... y vuelta a la pista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_50p_1138613.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_50p_1138613.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_75p_1138613.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_75p_1138613.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_default_1138613.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_default_1138613.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3479af1-10e5-4bb7-bec8-1bcae7194b84_16-9-aspect-ratio_default_1138613.jpg"
                    alt="El evento &#039;Discoteca de los 80&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El evento &#039;Discoteca de los 80&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s de dos horas despu&eacute;s de la primera actuaci&oacute;n aparecen en escena unos tipos cargando extra&ntilde;os objetos y utensilios. Esa estructura aparatosa en medio de la cual hay un taburete es &iexcl;una bater&iacute;a! Y lo que se est&aacute;n colgando al hombro esos dos operarios tienen que ser &iexcl;guitarras y bajos! Y ese se&ntilde;or que aguarda su turno en la pasarela es nada menos que F.R. David, autor de <em>Words don&rsquo;t come easy</em>, superlativo bombazo ochentero que mantiene intacto su enternecedor brillo. S&iacute;, el franc&eacute;s ha decidido actuar en riguroso directo con tres m&uacute;sicos. Todo un riesgo y un honor que solo compartir&aacute; con los alemanes Alphaville.
    </p><p class="article-text">
        Para mucha gente Discoteca de los 80 es un festival de la falsedad. Casi nada es real. Sin embargo, no hay que olvidar que en 2026 el formato bases pregrabadas y solo voz en directo (con o sin autotune) est&aacute; a la orden del d&iacute;a en los conciertos de m&uacute;sicas urbanas. Otro asunto es que a Iv&aacute;n (el &uacute;nico espa&ntilde;ol de la gala) se le atragantase su <em>Fotonovela</em> y que Samantha Fox (de las m&aacute;s aplaudidas) tuviese que remontar el desastroso inicio con <em>Nothing&rsquo;s gonna stop me now</em>. P&aacute;rrafo aparte merecer&iacute;a CC Catch. Su voz son&oacute; exageradamente fiel a la de entonces. Era normal sospechar, pero cuando cant&oacute; un fragmento <em>a capela</em> se desvanecieron las dudas. Firm&oacute; la actuaci&oacute;n m&aacute;s completa (&iexcl;tres canciones!).
    </p><p class="article-text">
        Cuando por fin salen Alphaville, pasadas las once de la noche, ha habido numerosas deserciones en la pista. Tambi&eacute;n en el escenario. De la banda original solo queda Marian Gold. El cantante alem&aacute;n se ha casado cuatro veces y tiene siete hijos; tal vez algunos m&uacute;sicos y coristas sean familiares. <em>Big in Japan</em> suena atropellada, imperfecta, distinta&hellip; &iexcl;Como tocada en vivo! Tampoco Gold est&aacute; en plena forma vocal. No ser&aacute; &eacute;l sino el p&uacute;blico quien realce el estribillo de <em>Forever young</em>. &ldquo;&iquest;De verdad quieres vivir eternamente?&rdquo;, preguntaban Alphaville en 1984. &iquest;Qui&eacute;n hubiese imaginado que aquella canci&oacute;n sobre temer a la muerte en un clima de guerra inminente tendr&iacute;a en 2026 una lectura tan actual?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ay, la rodilla!&rdquo;, exclama una pareja entre risas mientras calcula los escalones que debe subir hasta llegar a la calle. Durante seis horas no les ha dolido nada. Discoteca de los 80 ha sido un placebo, un balneario pop, un para&iacute;so de felicidad como han subrayado los rostros sonrientes de las primeras filas que se proyectaban en las pantallas. Asociar a&ntilde;os 80 y felicidad supone no pocos roces con la Historia, pero aqu&iacute; solo se realzan los aspectos agradables. El guion musical tambi&eacute;n implica una relectura parcial. Los 80 fueron mucho m&aacute;s que pop superficial. Pero esto no es una clase de Historia, sino un espejismo. Nada debe romper el hechizo. Solo el vaso de cerveza a 7&rsquo;90 euros te har&aacute; caer del guindo.
    </p><p class="article-text">
        La caja de Pandora de la m&uacute;sica nost&aacute;lgica se abri&oacute; hace d&eacute;cadas. Hoy hay r&eacute;plicas para todos los gustos, formatos y bolsillos: tardeos tem&aacute;ticos, reuniones de bandas a diestro y siniestro, grupos tributo a quien haga falta, festivales con cabezas de cartel pr&oacute;ximos a la jubilaci&oacute;n&hellip; Este macrotardeo ochentero es la sublimaci&oacute;n de una tendencia que crecer&aacute; hasta el infinito M&aacute;s a&uacute;n, cuando el empobrecimiento cr&oacute;nico de la juventud se&ntilde;ala a los mayores de 40 como &uacute;nicos clientes con dinero para gastar. Las tres discotecas ochenteras han recibido 55.000 espectadores. Love the 90s naci&oacute; en 2017 y desde entonces suma m&aacute;s de 360.000. Pero todo esto es solo la punta del iceberg de una tendencia mucho m&aacute;s estructural. El pasado es un pozo sin fondo. Un fil&oacute;n inagotable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/discoteca-80-punta-iceberg-filon-llamado-nostalgia_129_13065561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 23:30:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/261a8ecb-93f3-4fba-b837-e56a4a589140_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="20939528" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/261a8ecb-93f3-4fba-b837-e56a4a589140_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="20939528" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Discoteca de los 80: la punta del iceberg de un filón llamado nostalgia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/261a8ecb-93f3-4fba-b837-e56a4a589140_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Industria musical,Canciones,Música,Conciertos,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sala de conciertos barcelonesa La deskomunal anuncia su cierre para finales de 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/sala-conciertos-barcelonesa-deskomunal-anuncia-cierre-finales-2026_1_13060702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05e6feb3-3570-4e4e-99f6-b387e15d67eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sala de conciertos barcelonesa La deskomunal anuncia su cierre para finales de 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El local del barrio de Sants desaparecerá tras acoger más de mil conciertos en cinco años, asfixiado por las inspecciones, las multas y hasta una notificación de cese de actividad, según denuncian sus socios </p></div><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n de La Deskomunal, anunciada este jueves en un comunicado, supone un nuevo mazazo para el circuito barcelon&eacute;s de salas de conciertos. Y, uno de los m&aacute;s duros, pues el anuncio llega apenas cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su apertura. Inaugurada a finales de 2020, La Deskomunal ha brindado su escenario a m&aacute;s de mil grupos y aunque su aforo sea de apenas 200 espectadores, solo en 2025 asistieron a sus actuaciones m&aacute;s de 25.000 personas. El motivo principal del cierre, explican, es una conflictiva relaci&oacute;n con el ayuntamiento traducida en continuas inspecciones y multas.
    </p><p class="article-text">
        En La Deskomunal aseguran haber vivido una pesadilla. &ldquo;Ha venido la Urbana a multarnos por ruido tras decirnos que lo ten&iacute;amos todo correcto y solo porque se quejaba un vecino. Y la pagabas aunque una denuncia as&iacute; debe ir acompa&ntilde;ada de un control sonom&eacute;trico que no exist&iacute;a&rdquo;, relata Bernat Serrat, uno de los socios. &ldquo;Otro d&iacute;a nos dec&iacute;an que el cartel que proh&iacute;be la venta de alcohol a menores no estaba bien visible. Acced&iacute;amos a cambiarlo de sitio y aun as&iacute; llegaba una multa de tres mil euros. La pag&aacute;bamos y al reunirnos con el distrito reconoc&iacute;an que ten&iacute;amos raz&oacute;n, pero que como ya estaba pagada&hellip;&rdquo;, explica Xavi Vicente, otro socio del local.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hubo un mes en que tuvimos una visita de la Urbana cada semana&rdquo;, recuerdan. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; le pasa a la m&uacute;sica? &iquest;A qu&eacute; viene esta actitud tan beligerante?&rdquo;, se preguntan. Eso mismo han preguntado en la sede del distrito de Sants cada vez que la situaci&oacute;n se hac&iacute;a insostenible. La respuesta siempre ha sido cordial. Se les ha reconocido su aportaci&oacute;n cultural al barrio y que toda su documentaci&oacute;n estaba en regla, pero tambi&eacute;n se les recordaba que hab&iacute;amos elegido una actividad conflictiva. &ldquo;&iexcl;Eso me irritaba mucho! &iexcl;Hemos escogido una actividad totalmente legal!&rdquo;, exclama Serrat. Y tras unos meses de relativa calma, volv&iacute;a la Urbana, las inspecciones y las multas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&lsquo;Cuidado con la musiquita&rsquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Deskomunal ha sido el sue&ntilde;o de varios vecinos de Sants que reclamaba el derecho a &ldquo;tener un espacio en el barrio donde ver conciertos regularmente&rdquo;. Era un deseo razonable en un barrio con 47.000 habitantes. Nacido de la alianza de dos proyectos cooperativos de Sants, el bar Kop de Ma y la sala de conciertos Koitton Club, sus respectivos bagajes les permitieron dar forma a un ins&oacute;lito espacio que de d&iacute;a opera como restaurante y de noche, como local de actuaciones. Las mesas y sillas se apilan bajo el escenario y el restaurante se transforma en una sala capaz de soportar bandas de alto voltaje el&eacute;ctrico. Adecuarla e insonorizarla cost&oacute; 350.000 euros. La apertura se retras&oacute; siete meses: la licencia se encall&oacute; en el ayuntamiento.
    </p><p class="article-text">
        La tortuosa experiencia del Koitton Club ya sirvi&oacute; como advertencia de lo que pod&iacute;a ocurrir en La Deskomunal. Entre 2012 y 2019, vivi&oacute; continuos enfrentamientos con la Guardia Urbana. &ldquo;El primer a&ntilde;o ya recibimos siete inspecciones&rdquo;, recuerda Serrat. &ldquo;Eran agresivas y sin motivo aparente. Y no solo por parte de la Urbana; tambi&eacute;n, de inspectores del distrito&rdquo;, matiza. &ldquo;Una vez un t&eacute;cnico del ayuntamiento me se&ntilde;al&oacute; con el dedo y me dijo: &lsquo;Cuidado con la musiquita&rsquo;. Yo le contest&eacute;: &lsquo;&iquest;Cuidado, por qu&eacute;? Tengo licencia para poner m&uacute;sica. Y entonces me dijo: &lsquo;Ya, ya. Pero cuidado. Ya nos entendemos&rsquo;. Yo volv&iacute; a responderle: &lsquo;No, no le entiendo&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia de Vicente en Kop de Ma es muy distinta. &ldquo;En trece a&ntilde;os solo hemos recibido una inspecci&oacute;n&rdquo;, calcula. &ldquo;Claro, nuestra actividad no es la m&uacute;sica&rdquo;, a&ntilde;ade con sorna. Aun as&iacute;, las molestias que pudieran ocasionar tanto Kop de Ma como Koitton Club o ahora La Deskomunal no est&aacute;n relacionadas con la actividad del local, sea la restauraci&oacute;n o m&uacute;sica en vivo, sino con el ruido que haga el p&uacute;blico en la calle. Y Kop de Ma est&aacute; al lado la plaza Osca, las m&aacute;s ruidosa del barrio. En ASACC, la Asociaci&oacute;n de Salas de Conciertos de Catalunya, no daban cr&eacute;dito al acoso que sufr&iacute;a el Koitton Club. Ninguna sala de Barcelona hab&iacute;a vivido algo igual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un milagro en plena pandemia</strong>
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2020 abri&oacute; el restaurante y 30 de diciembre se estren&oacute; el escenario de La Deskomunal. Fue como un milagro en esa &eacute;poca pand&eacute;mica en que solo se hablaba de cierres de salas. &ldquo;Ese d&iacute;a nos cayeron algunas l&aacute;grimas. Ve&iacute;amos la luz al final del t&uacute;nel&rdquo;, reconoce Vicente. Ese t&uacute;nel eran unas deudas considerables que les obligar&iacute;an a pasar meses y meses sin cobrar por trabajar. La carpeta del ordenador donde archivaban las cuentas se llamaba &lsquo;Econom&iacute;a de Guerra&rsquo;. A mediados de 2022 el negocio ya estaba saneado, pero el desgaste hab&iacute;a causado mella en los nueve socios de la cooperativa. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s ya solo quedar&iacute;an dos: Serrat y Vicente.
    </p><p class="article-text">
        Si en el pand&eacute;mico 2021 apenas celebraron 60 actuaciones para poco m&aacute;s de 2.700 espectadores, en 2022 ya superaron el centenar de conciertos y otros tantos eventos gratuitos: presentaciones de libros, sesiones de DJs, recitales de poes&iacute;a... Los 12.000 espectadores de 2022 han aumentado progresivamente hasta los m&aacute;s de 25.000 de 2025 repartidos en casi 250 actividades. En cinco a&ntilde;os ha tratado con m&aacute;s de 80 colectivos y promotoras. Cada d&iacute;a llegan diez emails de grupos solicitando fecha para tocar, prueba inequ&iacute;voca de lo necesario que es un local de conciertos con este aforo.
    </p><p class="article-text">
        La estabilidad econ&oacute;mica ha llegado, han podido mejorar los sueldos y, tras la en&eacute;sima reuni&oacute;n con el distrito, el local vive una etapa m&aacute;s o menos pl&aacute;cida. &ldquo;Cero inspecciones y solo tres o cuatro visitas de la Urbana. Pero con eso ya contamos&rdquo;, asume Serrat. Sin embargo, la &ldquo;incertidumbre y persecuci&oacute;n&rdquo; les empuja a tirar la toalla justo en el a&ntilde;o econ&oacute;mica y art&iacute;sticamente m&aacute;s redondo. &ldquo;Los problemas vecinales, las multas e inspecciones seguir&aacute;n porque estamos en el negocio que estamos&rdquo;, denuncian.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Subvenciones e inspecciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre ayudas y subvenciones para insonorizar el local, afrontar el covid y programar artistas, La Deskomunal ha recibido 250.000 euros. Algo m&aacute;s de 100.000 han provenido del ayuntamiento; el resto, de la Generalitat. No son cifras extraordinarias, pero de poco han servido. &ldquo;Ya no pedimos ayudas, sino que dejen de ponernos palos en las ruedas&rdquo;, insisten. &ldquo;Nos hemos encontrado un d&iacute;a haciendo un acto publicitado desde la web del distrito, cosa que agradecemos porque as&iacute; se reconoce que la vida cultural del barrio pasa tambi&eacute;n por La Deskomunal, y esa madrugada ha aparecido un inspector pidi&eacute;ndonos todos los papeles sin motivo aparente&rdquo;, ponen como ejemplo. Su caso recuerda aquella &eacute;poca en que el bar Heliog&aacute;bal recibi&oacute; simult&aacute;neamente un Premi Ciutat de Barcelona y una orden de cierre.
    </p><p class="article-text">
        La gota que empez&oacute; a colmar la paciencia en La Deskomunal lleg&oacute; a finales de 2024. En la en&eacute;sima inspecci&oacute;n se les advirti&oacute;, una vez m&aacute;s, que el limitador de volumen no estaba precintado. Serrat reconoci&oacute; la infracci&oacute;n, pero record&oacute;, una vez m&aacute;s, que quien deb&iacute;a precintar ese aparato era el ayuntamiento. En aquella inspecci&oacute;n tambi&eacute;n instaron al local a entregar el informe del limitador. Si no lo hac&iacute;an, recibir&iacute;an una orden de cese de la actividad e incumplirla podr&iacute;a suponer una multa de 30.000 euros y el cierre del negocio. Tras varias semanas de p&aacute;nico, solicitando una cita con el distrito para resolver el conflicto, se les reconoci&oacute; que aquel informe llevaba a&ntilde;os entregado. No hab&iacute;a motivo de sanci&oacute;n. Todo hab&iacute;a sido un error.
    </p><p class="article-text">
        Serrat y Vicente reconocen haber padecido &ldquo;cierta conspiranoia&rdquo;. &ldquo;Hemos llegado a pensar que lo estaban haciendo adrede para desgastarnos y que nos fu&eacute;semos&rdquo;. Pero no quieren presentarse como v&iacute;ctimas, sino ampliar el foco del conflicto. &ldquo;Esto no es un problema de barrio sino de ciudad. Se ha conseguido que la gente no se queje por la falta de vida cultural. Ahora para ver grupos que te gustan tienes que ir a festivales y la mayor&iacute;a de gente est&aacute; pasando por el aro. Yo no quiero asumir ese chantaje y la manera es montando salas. Porque los que fomentamos la vida cultural en los barrios somos las salas que acogemos durante todo el a&ntilde;o al p&uacute;blico local y a los grupos que no tienen cabida en los festivales&rdquo;, reivindica Serrat.
    </p><p class="article-text">
        El caso de La Deskomunal no es &uacute;nico. Se suma al de otras salas en la cuerda floja como B&oacute;veda (Poblenou), Meteoro (Poble-sec), La Rarita (Sants), El Pumarejo de L&rsquo;Hospitalet y alguna m&aacute;s que ya desapareci&oacute;. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ntos vecinos quieren nuestro local en el barrio y cu&aacute;ntos no?&rdquo;, preguntan en La Deskomunal. El local tiene enfrentamientos con dos vecinos. Uno ha llegado a llamar desde su pueblo para quejarse del ruido; un hecho reconocido por la polic&iacute;a. &ldquo;El problema no es que se quejen dos vecinos, sino que la administraci&oacute;n d&eacute; credibilidad a estas cosas. Y desde las Olimpiadas, la ciudad ha ido tomando ese cariz de civismo y planes Endre&ccedil;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un entierro a lo grande</strong>
    </p><p class="article-text">
        No hay vuelta atr&aacute;s. La Deskomunal desaparecer&aacute; del mapa. Pero en vez de hacerlo en silencio, sus responsables han preferido politizar ese malestar y, eso s&iacute;, despedirse por todo lo alto. Durante 2026 la sala y el restaurante seguir&aacute;n abiertos. En noviembre y diciembre tocar&aacute;n los grupos m&aacute;s allegados. El entierro de La Desko ser&aacute; en una fiesta que durar&aacute; dos meses.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute;, la intenci&oacute;n es que alguien con m&aacute;s energ&iacute;a y menos desgaste emocional retome el proyecto del mismo modo que el cierre del Koitton Club supuso el nacimiento de la sala Taro. &ldquo;Antes se nos pon&iacute;a la piel de gallina cuando tocaban los grupos de nuestra vida. &iexcl;En La Desko tocaron Scream!&rdquo;, recuerda Serrat, refiri&eacute;ndose a la banda estadounidense de hardcore-punk de los 80. &ldquo;Esa excitaci&oacute;n va desapareciendo cuando solo est&aacute;s pensando en si esa noche te har&aacute;n una inspecci&oacute;n&rdquo;, confiesan. Lo deseable ser&iacute;a que lo heredase alguien en sinton&iacute;a con los ideales cooperativistas que impregnan todos los proyectos alojados en el recinto La Comunal. 
    </p><p class="article-text">
        La Deskomunal morir&aacute; con un &uacute;ltimo deseo: &ldquo;Que lo que nos ha pasado a nosotros pase cada vez menos&rdquo;, suspira Serrat. &ldquo;Si la definici&oacute;n de cultura del ayuntamiento han de seguir siendo los festivales mainstream, adelante, pero que nos dejen poner nuestro granito de arena. Ofrecemos un servicio al barrio. Somos espacios necesarios. Los vecinos los reclaman. Cuando la gente no venga a las salas tendremos que rendirnos, pero sigue viniendo&rdquo;, celebra. &ldquo;Ver conciertos en tu barrio es algo demasiado bonito como para dejar de luchar por ello. Pero hay que tener esp&iacute;ritu de lucha&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/sala-conciertos-barcelonesa-deskomunal-anuncia-cierre-finales-2026_1_13060702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 10:39:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/05e6feb3-3570-4e4e-99f6-b387e15d67eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="161401" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/05e6feb3-3570-4e4e-99f6-b387e15d67eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="161401" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La sala de conciertos barcelonesa La deskomunal anuncia su cierre para finales de 2026]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/05e6feb3-3570-4e4e-99f6-b387e15d67eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Barcelona,Guardia Urbana,Conciertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vuelve un Morrissey desorientado y solo ocasionalmente inspirado con su nuevo disco, 'Make-up is a lie']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vuelve-morrissey-desorientado-ocasionalmente-inspirado-nuevo-disco-make-up-is-lie_129_13048087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56f11ea5-ac5f-49a2-8ed3-0e9e40ab522e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131444.jpg" width="3496" height="1966" alt="Vuelve un Morrissey desorientado y solo ocasionalmente inspirado con su nuevo disco, &#039;Make-up is a lie&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El excantante de The Smiths lanza su decimocuarto disco, 'Make-up is a lie', una semana antes de actuar en València, Zaragoza y Sevilla
</p><p class="subtitle">Crítica - A Harry Styles no le importa que no te pases por su fiesta
</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/morrissey-pone-venta-derechos-the-smiths-quiero-desvincularme-desean-destruccion_1_12579161.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">carrera de Morrissey</a> se ha convertido en una concatenaci&oacute;n de declaraciones indecentes, noticias frustrantes, obst&aacute;culos evitables y autosabotajes en toda regla. Por todo ello, admiradores y detractores del cantante ingl&eacute;s esperaban ansiosos su primer disco tras seis a&ntilde;os en los que ha habido cambios de t&iacute;tulo, cancelaci&oacute;n de conciertos y quejas hacia un sector discogr&aacute;fico que, al parecer, no valora su talento. Pues bien,<em> Make-up is a lie</em>, ese disco que tanto costaba publicar porque no hab&iacute;a sello que quisiera lanzarlo, sali&oacute; a la venta el viernes. Y, c&oacute;mo m&iacute;nimo tres de sus canciones est&aacute;n sonando ya en la gira europea <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/morrisey-dara-tres-conciertos-espana-ultima-cancelacion-madrid_1_12791499.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que llegar&aacute; el jueves 12 a Val&egrave;ncia, el s&aacute;bado 14 a Zaragoza y el lunes 16 a Sevilla.</a>
    </p><p class="article-text">
        Morrissey ha hecho del victimismo un arte y de la grandilocuencia, un oficio. Y viceversa. <em>Make-up is a lie</em> es grandilocuente y victimista, pero su contenido no justifica tanto victimismo ni tanta espera. Si tantas discogr&aacute;ficas se han resistido a publicarlo, por algo ser&iacute;a. En &eacute;l, Morrissey suena a veces fatigado, a menudo desorientado, incluso conspiranoico. Tambi&eacute;n abatido, ocasionalmente inspirado y muy puntualmente plet&oacute;rico. Es el disco de un artista a las puertas del ocaso, pero que se resiste a aceptarlo; como debe ser. Una vez m&aacute;s, Morrissey puede tener los versos y la voz, pero le faltan los compa&ntilde;eros de viaje adecuados para vestir las canciones. Esta ha sido una constante en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. Este disco no marca un punto y aparte, sino otro punto y seguido de un p&aacute;rrafo que se est&aacute; haciendo demasiado largo. Y no, la portada no ayuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quiero distanciarme de quienes pasan el d&iacute;a mirando pantallas / Quiero hablar y no dejarme atrapar por la censura / En pos de una sabidur&iacute;a m&aacute;s sabia que la m&iacute;a / Quiero dejar que alguien me ame, si puede&rdquo;. Parecen declaraciones para la prensa, pero es la primera estrofa de <em>You&rsquo;re right, it&rsquo;s time.</em> En cuatro versos apunta a la sociedad, a sus enemigos, a s&iacute; mismo y a sus fans. Quien canta es un tipo que ya no refleja nada en el espejo. &ldquo;D&iacute;ganme, amables doctores, &iquest;por qu&eacute; debo morir ahora?&rdquo;, pregunta. &ldquo;Tiene raz&oacute;n, es la hora&rdquo;, responde &eacute;l mismo. Pero lo hace con un registro tan engolado y grave que parece Richard Butler de los Psychedelic Furs. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Morrissey? &iquest;Habr&aacute; muerto ya?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-Q44JiUwa2Xg-9082', 'youtube', 'Q44JiUwa2Xg', document.getElementById('yt-Q44JiUwa2Xg-9082'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-Q44JiUwa2Xg-9082 src="https://www.youtube.com/embed/Q44JiUwa2Xg?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><h2 class="article-text">Los &uacute;ltimos cartuchos</h2><p class="article-text">
        <em>Make-up is a lie </em>es la primera de las cuatro canciones con referencias a Par&iacute;s. Apareci&oacute; en enero como primer single y los licenciados en <em>Morrisolog&iacute;a</em> llevan semanas discutiendo si este canto a la p&eacute;rdida de la belleza que conlleva el envejecimiento est&aacute; inspirado en Colette o Brigitte Bardot. En cualquier caso, la canci&oacute;n perfila uno de los ejes del disco: la inminencia del olvido. Y no, no es el tipo de canci&oacute;n que te empujar&aacute; a negar la evidencia. Morrissey ha entrado en su etapa crepuscular. La inicial <em>You&rsquo;re right, it&rsquo;s time </em>y la final <em>The monsters of Pig Alley</em> delimitan el disco de alguien que parece saber que est&aacute; disparando sus &uacute;ltimos cartuchos. Que este fuese el primer single dice poco del resto del disco. El anta&ntilde;o insuperable vocalista canta aqu&iacute; justito de fuerzas e intenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Notre-Dame </em>es La Canci&oacute;n Controvertida Del Disco, la del verso que dec&iacute;a &ldquo;antes de investigar dijeron: no es terrorismo&rdquo; y ahora dice &ldquo;antes de investigar dijeron: no hay nada que ver aqu&iacute;&rdquo;. Est&aacute; manchada, pues, por un ejercicio de censura o autocensura que refuerza el consabido victimismo del artista y que ni siquiera suaviza la intenci&oacute;n: sugerir que el incendio de la catedral parisina fue un atentado terrorista. Su clima levemente electr&oacute;nico y g&eacute;lido, resultar&iacute;a propicio para amenizar la banda sonora de una pel&iacute;cula de la saga James Bond que ya nunca le encargar&aacute;n. No pasar&iacute;a a la historia de la m&uacute;sica del siglo XXI aunque, con el tiempo, se llegase a demostrar que <em>Mozztradamus</em> ten&iacute;a raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Morrissey ha hecho del victimismo un arte y de la grandilocuencia, un oficio. ‘Make-up is a lie’ es grandilocuente y victimista, pero su contenido no justifica tanto victimismo ni tanta espera</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Del mismo modo que resulta dificil&iacute;simo versionar a The Smiths o Morrissey y salir airoso, tambi&eacute;n es complicado para &eacute;l adoptar una pieza ajena y darle un toque muy propio. La prueba palmaria es <em>Amazona,</em> original de Roxy Music. Ocurren demasiadas cosas en esta composici&oacute;n: patrones r&iacute;tmicos impares, regates vocales, bloques instrumentales que rompen el clima precedente&hellip; Este traje le sienta fatal y como int&eacute;rprete va siempre a rebufo del guion, pedaleando por un sendero lleno de baches. Por momentos, parece que Morrissey est&eacute; huyendo de su sombra, cuando, para bien o para mal, esa sombra es su mayor tesoro. Destacarla como tercer single es la decisi&oacute;n m&aacute;s discutible de este disco.
    </p><h2 class="article-text">No me gustas, no me gustas</h2><p class="article-text">
        Con <em>Headache </em>llega la calma. Morrissey susurra este medio tiempo fatigado como si no quisiera despertar al oyente. Tiene un ambiente de madrugada febril y un escalofr&iacute;o de guitarra el&eacute;ctrica final que la conecta con <em>Last night I dreamt that somebody loved me</em>, de The Smiths, pero no la roza ni de lejos. Versos como &ldquo;lo que Dios ha unido que no lo separe un dolor de cabeza&rdquo; o &ldquo;en la salud y en la jaqueca&rdquo; resultan inequ&iacute;vocos: est&aacute; describiendo un matrimonio como un suplicio. Parece que en alg&uacute;n momento la canci&oacute;n despegar&aacute;, pero al tercer minuto hay que asumir que eso no suceder&aacute;. De hecho, el &uacute;ltimo minuto lo pasa repitiendo un &uacute;nico verso: &lsquo;No me gustas, no me gustas, no me gustas&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El disco alcanza al ecuador baj&iacute;simo de pulsaciones con <em>Boulevard.</em> La canci&oacute;n tarda medio minuto en manifestarse; un suicidio art&iacute;stico en esta era de <em>hits</em> de dos minutos. Es la pieza m&aacute;s larga y en buena parte del trayecto el &uacute;nico apoyo de Morrissey es un piano. Pinta mal, pero es una de las interpretaciones m&aacute;s solventes. Es una apesadumbrada oda a ese bulevar que solo recibe &ldquo;cagadas de p&aacute;jaros y escupitajos de escolares&rdquo;. Siendo un disco tan parisino, es f&aacute;cil pensar en los paseos que bordean el r&iacute;o Sena. Quien canta es un borracho relami&eacute;ndose en su infortunio. Rom&aacute;ntica y desesperada, es de las poqu&iacute;simas canciones del disco a las que quiz&aacute;s apetezca volver dentro de tres o seis a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Zoom zoom little boy</em> es juguetona y poco m&aacute;s. Arranca con un sonido de sitar y desemboca en un simp&aacute;tico estribillo que enumera todos los animalitos que quiere salvar de las garras del mundo adulto el ni&ntilde;o protagonista: ranas, vacas, ovejas, zorros&hellip; Echar la vista atr&aacute;s en busca de la inocencia y el impulso de la infancia o la adolescencia ha sido una renovadora fuente de inspiraci&oacute;n para Morrissey. Lo fue, por ejemplo, en <em>Rebels without applause</em>, un fabuloso espejismo con guitarras muy Johnny Marr publicado hace tres a&ntilde;os que invitaba a so&ntilde;ar en un renacimiento creativo. No es el caso. Esta es otra canci&oacute;n menor.
    </p><h2 class="article-text">El d&iacute;a que muri&oacute; el pop</h2><p class="article-text">
        Que nadie se averg&uuml;ence si al escuchar los primeros compases de<em> The night pop dropped</em> en la plataforma de <em>streaming</em> de rigor sospecha que est&aacute; sonando el en&eacute;simo anuncio invit&aacute;ndole a formalizar una suscripci&oacute;n de pago. Es el signo de los tiempos. Canciones y anuncios cada vez se diferencian menos y su funcional ritmo funk no cobrar&aacute; entidad hasta que entre la voz de Morrissey. La letra, menuda paradoja, habla, desde el futuro, del d&iacute;a en que muri&oacute; el pop. Por falta de imaginaci&oacute;n y personalidad, cabe suponer que opina &eacute;l. &ldquo;Muy triste para m&iacute;, para nosotros, muy triste para el universo&rdquo;, subraya. Qu&eacute; duda cabe: la distancia entre la habilidad humana y las herramientas tecnol&oacute;gicas para crear canciones se est&aacute; estrechando. La tecnolog&iacute;a avanza, s&iacute;, pero el ingenio tambi&eacute;n se agota. A las pruebas cabe remitirse. El recado final est&aacute; robado de la primera edici&oacute;n de Operaci&oacute;n Triunfo: &ldquo;Lo mejor que puedes hacer es ser t&uacute; mismo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f0a1b01f-a8e5-40ae-9f5f-ced2042d8108_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El cantante británico Morrisey se presenta en concierto en el festival musical &quot;Primavera Fauna 2015&quot; hoy, sábado 14 de noviembre de 2015, en Santiago (Chile). Morrissey, The Cardinags y Empire of the Sun son parte de la quinta edición del festival Movistar Primavera Fauna"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El cantante británico Morrisey se presenta en concierto en el festival musical &quot;Primavera Fauna 2015&quot; hoy, sábado 14 de noviembre de 2015, en Santiago (Chile). Morrissey, The Cardinags y Empire of the Sun son parte de la quinta edición del festival Movistar Primavera Fauna                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No hay que dejarse enga&ntilde;ar por el tibio inicio de <em>Kerching, kerching</em>. A partir del primer minuto, y solo dura tres, el estribillo vertebrado por la palabra titular, una suerte de onomatopeya referida al sonido de la caja registradora, sube muchos enteros. Est&aacute; dirigida a un hombre consagrado a un &uacute;nico amor: el dinero. &ldquo;Tu pap&aacute; y tu mam&aacute; murieron y ni siquiera los tomaste de la mano&rdquo;, le suelta en la segunda estrofa, antes de hacerle ver que para su <em>amante</em> nunca ser&aacute; suficientemente rico, suficientemente r&aacute;pido, suficientemente hombre, ni suficientemente gracioso porque no consume suficiente coca&iacute;na. La estocada final es demoledora: &ldquo;Y, por cierto, tu querido hermano ha muerto&rdquo;. Se hace el silencio y quieres gritar: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; cabr&oacute;n eres, Morrissey!&rdquo;. Dicho como un cumplido, s&iacute;. Y eso es mucho trat&aacute;ndose de &eacute;l. Llevamos d&eacute;cadas pensando &ldquo;qu&eacute; cabr&oacute;n eres, Morrissey!&rdquo; cada vez que abre la boca. Pero pens&aacute;ndolo con indignaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Igual que sobre el incendio de Notre-Dame, Morrissey necesitaba decirnos tambi&eacute;n algo sobre el legendario cr&iacute;tico de rock Lester Bangs. &iquest;Y? Hay una gran distancia entre una idea interesante para una letra y una canci&oacute;n. Y a&uacute;n m&aacute;s, entre una canci&oacute;n y una canci&oacute;n relevante. <em>Lester Bangs</em> es una idea para una letra que no acaba de cristalizar en canci&oacute;n relevante. Ni siquiera con ese sutil <em>riff</em> a lo Nile Rodgers que se cuela por debajo. Muy mala noticia que composiciones como esta pasaran el corte. Proyectan un futuro poco esperanzador.
    </p><h2 class="article-text">Hace muchos icebergs</h2><p class="article-text">
        Como t&iacute;tulo, <em>Many icebergs ago</em> es memorable. Sugiere grandilocuencia y desencanto, dos de las coordenadas en las que mejor se mueve Morrissey; casi podr&iacute;a decirse que son su latitud y longitud. La composici&oacute;n, con un aire de folk brit&aacute;nico crepuscular (mandolina incluida), destaca especialmente por la letra. Es un recorrido vital a partir de diferentes escenas en lo que parecen ser distintos pubs o tabernas: Ten Bells, Dundee Arms, Green Man, Sebright Arms, Blind Beggar, White Hart&hellip; Parca en palabras, pero altamente evocadora, su estructura circular llega a resultar hipn&oacute;tica. Hasta que llega el final: la muerte.
    </p><p class="article-text">
        <em>The monsters of Pig Alley</em> cierra el disco cuesta arriba retomando su tema favorito: el final inevitable y el balance de da&ntilde;os. No es <em>You know I couldn&rsquo;t last</em>, pero esa bonita rueda de acordes de la guitarra ac&uacute;stica le permite moverse en zona segura, dibujando con soltura las l&iacute;neas de voz, enton&aacute;ndolas y vocaliz&aacute;ndolas con absoluta maestr&iacute;a. Alain Whyte le ha confeccionado un traje a medida. Y Morrissey no falla. Los nubarrones escampan, el pop renace y puedes caer en la tentaci&oacute;n de creer que s&iacute;, que tal vez el pr&oacute;ximo sea su gran disco.
    </p><p class="article-text">
        <em>Make-up is a lie</em> no es el insuperable <em>Vauxhall and I</em>, pero nadie espera ya otro disco as&iacute;. Tampoco es el sorprendente <em>You are the quarry</em> y tambi&eacute;n era dif&iacute;cil imaginar otro regreso de ese calibre. Pero despu&eacute;s de tanto ir y venir, ni siquiera eleva el list&oacute;n de su &uacute;ltimo &aacute;lbum, el muy apa&ntilde;ado <em>I am not a dog on a chain</em>. Seis a&ntilde;os para esto. En otra &eacute;poca, cualquier rese&ntilde;a ir&iacute;a acompa&ntilde;ada de recomendaciones sobre si ir corriendo a la tienda de discos a por &eacute;l o no. En este caso, habr&iacute;a que escribir: sal a la calle, pero si, camino de la tienda, encuentras algo mejor en lo que usar tu dinero, no te sientas culpable. G&aacute;stalo, por ejemplo, en una entrada para el Madrid Popfest. Y alguien te grabar&aacute; el CD.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vuelve-morrissey-desorientado-ocasionalmente-inspirado-nuevo-disco-make-up-is-lie_129_13048087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 21:37:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/56f11ea5-ac5f-49a2-8ed3-0e9e40ab522e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131444.jpg" length="1042363" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/56f11ea5-ac5f-49a2-8ed3-0e9e40ab522e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131444.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1042363" width="3496" height="1966"/>
      <media:title><![CDATA[Vuelve un Morrissey desorientado y solo ocasionalmente inspirado con su nuevo disco, 'Make-up is a lie']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/56f11ea5-ac5f-49a2-8ed3-0e9e40ab522e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131444.jpg" width="3496" height="1966"/>
      <media:keywords><![CDATA[Canciones,Música,Crítica,Conciertos,Morrissey]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Josele Santiago, líder de Los enemigos: "La droga fue nuestra guerra, una epidemia horrorosa que se ha silenciado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/josele-santiago-lider-enemigos-droga-guerra-epidemia-horrorosa-silenciado_1_13007477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0091138-aeb3-450e-a451-d37fc4eaec21_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137072.jpg" width="715" height="402" alt="Josele Santiago, líder de Los enemigos: &quot;La droga fue nuestra guerra, una epidemia horrorosa que se ha silenciado&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El músico publica ‘Desde el jergón’, un viaje por la intrahistoria de decenas de canciones y una oda a la infinita tozudez de tres tipos que siempre soñaron con vivir de la música
</p><p class="subtitle">El Viña Rock se desvincula de KKR para recuperar su independencia y salvar al festival en su año más complicado
</p></div><p class="article-text">
        La primera gran noticia de 2026 para la m&uacute;sica espa&ntilde;ola no es la edici&oacute;n de un disco ni el anuncio de una gira, sino la publicaci&oacute;n de un libro. Nada menos que la autobiograf&iacute;a de Josele Santiago, l&iacute;der <a href="https://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/fino-oyonarte-cancion-metido-toda_128_2140468.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Los Enemigos</a>. El debut como escritor de cantante y guitarrista se publica la pr&oacute;xima semana, pero el inter&eacute;s que est&aacute; despertando su lanzamiento es tan palpable que ya apunta a peque&ntilde;o y orgulloso fen&oacute;meno literario. La sorpresa es relativa. Los Enemigos siempre fueron eso: un peque&ntilde;o y orgulloso fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Redactado casi siempre en presente para esquivar el tufo nost&aacute;lgico, <em>Desde el jerg&oacute;n</em> es 100% Josele. &Aacute;spero y profundo. Conciso y descre&iacute;do. Tambi&eacute;n cari&ntilde;oso y agradecido, pues aprovecha para despedir a muchos amigos que se quedaron por el camino. Leerlo es descubrir qu&eacute; demonios pasaba por la cabeza de Santiago en cada momento de su atropellada existencia. Y las incontables animaladas que ha llegado a protagonizar. Cosas que no hace Josele en este libro: d&aacute;rselas de nada, pedir casito, quejarse. Cosas que hace Josele: cagarla, asumirlo, reincidir. <em>Desde el jerg&oacute;n </em>desmenuza el origen de decenas de canciones al tiempo que reflexiona sobre la perpetua incertidumbre que supone mantener vivo un grupo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el motivo de este encuentro fue conversar sobre su estreno como escritor, el madrile&ntilde;o (el verdadero) avanza que nunca se hab&iacute;a obsesionado tanto con nada como lo ha hecho con las canciones que ha compuesto para el pr&oacute;ximo disco de Los Enemigos. &ldquo;Sinceramente, creo que es la mejor colecci&oacute;n que he hecho en mi vida. Y qu&eacute; voy a hacer&rdquo;, suelta este Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez con guitarra el&eacute;ctrica, este detector ambulante de cretinos y memeces que nunca supo ni quiso venderse a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a pensar que val&iacute;a la pena escribir su biograf&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando nos juntamos (Los Enemigos), abrieron un Facebook y se me ocurri&oacute; comentar en plan t&eacute;cnico que en esta canci&oacute;n uso una Telecaster de no s&eacute; cu&aacute;ndo y algunas an&eacute;cdotas. Y tuvo una repercusi&oacute;n de la hostia, con un mont&oacute;n de respuestas y preguntas. Al ver que a la gente le interesaba, pens&eacute; que ten&iacute;a una historia curiosa que contar: la de un grupo que ha sido muy cabezota. Nunca tuvimos un <em>hit</em>, pero hemos durado cuarenta a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/eb1abfbf-7ca4-4b51-8750-d3eef0143e73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Josele Santiago en una actuación en Madrid en 2022"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Josele Santiago en una actuación en Madrid en 2022                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>En el Hit Parade de obstinaci&oacute;n siempre estuvieron muy arriba.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Somos muy borricos. Chema, Fino y yo siempre hemos estado por la labor. Nunca se nos ha ocurrido tirar la toalla. Por mal que fueran las cosas. Lo nuestro es algo casi sagrado. Y creo que viene de cuando se mat&oacute; Lalo (Cort&eacute;s, el m&aacute;nager del tr&iacute;o, fallecido en 1992 en accidente de tr&aacute;fico). El sue&ntilde;o de los cuatro era vivir de la m&uacute;sica y era como que se lo deb&iacute;amos. Creo que un poco fue eso lo que nos dio la fuerza y lo que todav&iacute;a nos empuja. La memoria de Lalo ha creado una especie de conjuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No tiene pinta de ser muy aficionado a leer biograf&iacute;as de m&uacute;sicos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Por eso no me ha ocurrido hasta hace poco escribir. No me interesa un carajo la vida de los m&uacute;sicos. Me interesa su m&uacute;sica. Salvo muy contadas excepciones, como Jerry Lee Lewis, y porque viene de abajo, como nosotros. Le&iacute; la biograf&iacute;a de los Louvin Brothers, <em>Satan is real</em>, y me interes&oacute; mucho porque eran dos paletos que se metieron unas palizas del carajo para vivir de la m&uacute;sica y hacer canciones. Quiz&aacute; fue ese libro el que me anim&oacute; a escribir. Aunque, comparado con ellos, lo nuestro es una chorrada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una vez tomada la decisi&oacute;n, &iquest;qu&eacute; quer&iacute;a explicar en este libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Explicar las canciones, no: porque no son jerogl&iacute;ficos y porque me interesa m&aacute;s crear im&aacute;genes potentes en la imaginaci&oacute;n del que la est&aacute; escuchando. Pero vi que a la gente le interesar&iacute;a conocer las circunstancias que rodeaban a cada canci&oacute;n. Y, sin quererlo, hago un retrato de la sociedad; por ejemplo, de ese Madrid de los a&ntilde;os 90 que era un supermercado (de droga). Nosotros grabamos <em>La cuenta atr&aacute;s</em> muy cerca del centro y pod&iacute;as salir un momento del estudio, hacerte con una buena provisi&oacute;n y volver. Se lo cuentas ahora a un chaval de quince a&ntilde;os y no se lo cree. Entonces, empiezas a escribir, van saliendo m&uacute;sicos, amigos... Y ya no paras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nunca tuvieron un gran &eacute;xito, pero en el libro habla de una &eacute;poca de cach&eacute;s desorbitados. Joaqu&iacute;n Pascual, de Mercromina, explicaba que una vez cobraron una millonada por un concierto vac&iacute;o en Marbella.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi recuerdo es el mismo. Y varias veces. Para m&iacute;, que no era muy reflexivo, est&aacute;bamos ganando una pasta. &iexcl;Y, pum, a por ella! Luego, con el tiempo, te das cuenta de lo que era aquello: las Olimpiadas, la Expo de Sevilla y todo lo que se movi&oacute; all&iacute;. &iexcl;O las carreteras! Cuando empez&aacute;bamos a ir de gira, no nos matamos de milagro. Y luego ve&iacute;as unas autopistas reci&eacute;n pintadas. Este pa&iacute;s, de repente, cambi&oacute;. Hab&iacute;a coca&iacute;na para todo el mundo. No s&eacute; c&oacute;mo ser&iacute;an las cosas en la divisi&oacute;n de honor, pero en nuestro caso, fue exactamente lo mismo que cuenta Joaqu&iacute;n Pascual. Que aparezca un t&iacute;o con una bolsa de deporte llena de billetes para pagarte. O con un cheque. Esa &eacute;poca la recuerdo a fogonazos. Todo el mundo iba <em>enfarlopado</em>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recuerdo estar hospitalizado, muy mal, y pensar: no me voy a morir porque me quedan muchas canciones que escribir. ¡Y quiero ver cómo son! Eso se lleva como una adicción</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josele Santiago</span>
                                        <span>—</span> Músico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Muy pocas bandas se re&uacute;nen tras una d&eacute;cada de par&oacute;n, y adem&aacute;s, por dinero, y logran recuperar su mejor versi&oacute;n o incluso superarla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La idea era hacer solo un bolo, pero empezaron a llamarnos, &iacute;bamos de un lado para otro, son&aacute;bamos como un ca&ntilde;&oacute;n y todo fue rodado. Si bien es verdad que nos juntamos por una cuesti&oacute;n de dinero, me di cuenta de que hab&iacute;a una comuni&oacute;n distinta. F&iacute;jate que el d&iacute;a que nos reencontramos vino Chema a buscarme al aeropuerto y no lo reconoc&iacute;. Me tuvo que dar un golpe y decir: &iexcl;soy yo! Ten&iacute;a el pelo blanco, la barba blanca&hellip; &iexcl;Esto lo podr&iacute;a haber puesto en el libro! Al ver que era &eacute;l, me vino un subid&oacute;n tremendo. Las hab&iacute;amos tenido muy gordas, pero nos dimos un abrazo. Sin hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un renacimiento feroz, hasta que en 2024 sufre un episodio de p&aacute;nico esc&eacute;nico. Otros m&uacute;sicos conviven con ello durante d&eacute;cadas e incluso lo van dominando, pero usted nunca lo hab&iacute;a sufrido antes. &iquest;Qu&eacute; sinti&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sales al escenario y no sabes d&oacute;nde est&aacute;s. Est&aacute;s como fuera, perdido. Ves mucha gente mir&aacute;ndote, pero no sabes muy bien por qu&eacute;. Es una confusi&oacute;n absoluta. Escuchas las canciones y te son ajenas. Ves que la gente te est&aacute; oyendo meter la gamba y llega un momento que es insoportable. Una puta pesadilla. Es una pesadilla muy recurrente entre m&uacute;sicos: sue&ntilde;as que est&aacute;s tocando con gente que no conoces un repertorio que se supone que debes saberte, pero que no te sabes. Y cuando va a empezar la canci&oacute;n, despiertas. Eso me pas&oacute; a m&iacute;, pero sin despertarme. No s&eacute; cu&aacute;nto rato estuve en el escenario, pero no acabamos el repertorio. Creo que Fino me dio en el brazo y dijo: v&aacute;monos. Claro, la gente pensar&iacute;a que me hab&iacute;a tomado algo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Intuy&oacute; que ese era su final, que ya hab&iacute;a consumido las siete vidas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero a&uacute;n hicimos otro bolo. No fue nuestro mejor concierto, pero lo hicimos. Este es un oficio jodido. Memorizar tantas letras requiere una preparaci&oacute;n mental y eso a veces no lo respetan ni tus compa&ntilde;eros. Siempre me he buscado la vida cuando hay foll&oacute;n en el camerino. Hago una semimeditaci&oacute;n o llevo una pelota de tenis y la lanzo contra la pared como Jack Nicholson en <em>El Resplandor</em>. Pero a veces es imposible porque llegamos tarde a la sala. Y en una de esas, pum, te quedas como en otro planeta. Ese bolo me pill&oacute; en un momento obsesivo componiendo los temas nuevos. Me era muy dif&iacute;cil tocar el repertorio normal. Ten&iacute;a la cabeza completa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro habla mucho de adicciones: al alcohol, a las drogas&hellip; &iquest;El rock, en su caso, es otra adicci&oacute;n? &iquest;O eso es solo un t&oacute;pico cursi?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No creo que sea nada cursi. Es una adicci&oacute;n, s&iacute;: la inquietud, la curiosidad por saber c&oacute;mo ser&aacute;n las siguientes canciones. Recuerdo estar hospitalizado, muy mal, y pensar: no me voy a morir porque me quedan muchas canciones que escribir. &iexcl;Y quiero ver c&oacute;mo son! Eso se lleva como una adicci&oacute;n. Salvadora, claro. Y enchufar una guitarra el&eacute;ctrica y darle una buena hostia... No hay nada como eso. Es la hostia. Y un privilegio, adem&aacute;s.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando todo va bien y hay sinergia con el público, es maravilloso. Pero si las cosas no van bien, es infernal. Imagínate: 500 personas mirándote y tú sin entender por qué falla algo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josele Santiago</span>
                                        <span>—</span> Músico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El centro del escenario puede ser el mejor y el peor lugar del mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; son las cosas casi siempre. El ying y el yang ese, &iquest;no? Cuando todo va bien y hay sinergia con el p&uacute;blico, es maravilloso. Pero si las cosas no van bien es un sitio infernal. Imag&iacute;nate: 500 personas mir&aacute;ndote y t&uacute; sin entender por qu&eacute; falla algo. Y luego est&aacute; el tema de la culpa. Porque est&aacute;s defraudando a toda esa gente. Eso pesa mucho y cuesta superarlo. Para meterte bien en la interpretaci&oacute;n en un directo tienes que sentir que est&aacute;s en el sitio m&aacute;s importante del mundo. Eso suele funcionar. Pero a veces tu cerebro lo interpreta mal y, en vez de darte &aacute;nimos, te acojona, te paraliza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hasta ahora, sus intimidades se conoc&iacute;an m&aacute;s bien poco. La pr&oacute;xima vez que salga al escenario su p&uacute;blico sabr&aacute; mucho mejor c&oacute;mo es y por lo que ha pasado. &iquest;Valor&oacute; esto al escribir &lsquo;Desde el jerg&oacute;n&rsquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si quer&iacute;a contar por qu&eacute; las canciones son como son, era inevitable. Entre evitar explicar las circunstancias y que la cosa quedase regular y no evitarlas y que la cosa quedase bien, elegir no evitarlas. Y el libro me ha servido mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Escribirlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo, publicarlo. He recibido un mont&oacute;n de cari&ntilde;o de la gente y me ha venido muy bien para descargar esa mochila de culpa. Ese d&iacute;a del p&aacute;nico esc&eacute;nico es lo que te tienes que quitar de encima. &iexcl;T&uacute; no has defraudado a nadie! &iexcl;A ti te ha dado un parraque y ya est&aacute;! Quitarte la sensaci&oacute;n de que has defraudado a tus compa&ntilde;eros y al p&uacute;blico es lo m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hace a&ntilde;os, hablamos sobre la culpa vinculada a su adicci&oacute;n a las drogas. Entonces dec&iacute;a que no ten&iacute;a sentido introducirla en la ecuaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo estuve cinco a&ntilde;os enganchado y tengo la sensaci&oacute;n de haber perdido cinco a&ntilde;os, pero no siento que defraudase a nadie. Mucha gente de mi generaci&oacute;n cay&oacute;. Esa fue nuestra guerra, una epidemia horrorosa. Me muero de ganas de ver el documental sobre Antonio Flores porque esto se ha silenciado y fue muy fuerte. No es normal con 25 a&ntilde;os haber ido a quince o veinte entierros de amigos. En el barrio ca&iacute;an como moscas. Como en la m&aacute;quina de los marcianos. Me dec&iacute;a un camello: has pillado la peor &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de las adicciones, que son circunstancias, el meollo del libro es la tozudez. Hacer m&uacute;sica tiene mucho de magia y quieres volver a ese sitio. Es algo muy espiritual, si lo piensas. Queda mal decirlo porque los rockeros son tipos duros, pero a m&iacute; me la suda la ortodoxia rockera. Lo que pasa en el escenario es un viaje espacial. Te teletransportas a otro lugar. El &aacute;rbol al que te subes tocando con tus compa&ntilde;eros es una maravilla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo se baja de ah&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando acaba el concierto, tienes un mont&oacute;n de energ&iacute;a recorriendo a&uacute;n tu organismo. Es un momento muy delicado, tambi&eacute;n. Yo necesito estar solo veinte minutos. Pas&eacute; una temporada que sal&iacute;a corriendo para el hotel. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que alguien me iba a matar. Estaba el camerino lleno de gente y pensaba que alguien sacar&iacute;a una navaja. Un marido mancillado, un demente, no s&eacute;. Ya no. Ahora salgo a hablar con la gente y es divertido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/josele-santiago-lider-enemigos-droga-guerra-epidemia-horrorosa-silenciado_1_13007477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c0091138-aeb3-450e-a451-d37fc4eaec21_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137072.jpg" length="170741" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c0091138-aeb3-450e-a451-d37fc4eaec21_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137072.jpg" type="image/jpeg" fileSize="170741" width="715" height="402"/>
      <media:title><![CDATA[Josele Santiago, líder de Los enemigos: "La droga fue nuestra guerra, una epidemia horrorosa que se ha silenciado"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c0091138-aeb3-450e-a451-d37fc4eaec21_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137072.jpg" width="715" height="402"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,España,Drogas,Conciertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/fairplayer-alternativa-spotify-luchar-capitalismo-plataformas-streaming_1_12981237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d9aeb51-588b-4930-a846-ebc5f3c58c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la ínfima remuneración que reciben los artistas por parte de Spotify y la marcha de muchos de ellos, programadores y cantantes apuestan por una herramienta que busca ser ética y cooperativa</p><p class="subtitle">Subvert, una plataforma para los músicos que no quieren “sentirse cómplices de la especulación con la guerra”</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/le-interesa-spotify-elegir-canciones-escuchas_129_12260594.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iacute;nfima remuneraci&oacute;n</a> que reciben los artistas por parte de Spotify y la opacidad de su funcionamiento interno lleva a&ntilde;os crispando los &aacute;nimos del gremio de creadores, pero la noticia de que su fundador, Daniel Ek, hab&iacute;a invertido <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/spotify-pierde-artistas-criticos-inversion-armas-propietario-no-queremos-musica-mate_1_12496347.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">600 millones de euros en Helsing</a>, empresa alemana especializada en fabricaci&oacute;n de drones de combate, provoc&oacute; las primeras reacciones serias. Grupos independientes como Deerhoof, King Gizzard &amp; the Lizard Wizard y Xiu Xiu retiraron sus cat&aacute;logos en verano. Otras m&aacute;s conocidas, como Massive Attack, anunciaron su intenci&oacute;n de hacer lo mismo, aunque todav&iacute;a no lo han logrado. El pasado noviembre, 160 artistas vascos planificaron una fuga coordinada de Spotify y hace una semana <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/salvador-sobral-clara-peya-anuncian-abandonaran-spotify-setenta-artistas-catalanes-forma-boicot_1_12940557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">80 artistas catalanes</a> capitanearon una estrategia similar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la protesta simb&oacute;lica, porque la retirada de varios cientos de repertorios afecta la imagen de Spotify pero no sus finanzas, tambi&eacute;n empiezan a cobrar forma iniciativas cuyo objetivo es imaginar un consumo de m&uacute;sica en <em>streaming</em> m&aacute;s &eacute;tico y responsable que no dependa del capricho de grandes empresarios; ll&aacute;mense <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/escucha-eldiario-son-wrapped-2025-redaccion_1_12818570.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, Amazon, Apple, Tidal, YouTube o Deezer. La semana pasada se present&oacute; en sociedad en Barcelona el colectivo La Instrumental, integrado por activistas, programadores, artistas y personas vinculadas al &aacute;mbito cooperativista y de la econom&iacute;a social y solidaria. Llevan medio a&ntilde;o reflexionando sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser una plataforma &eacute;tica, cooperativa y alternativa a Spotify y en apenas tres meses han ideado un prototipo llamado Fairplayer.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de otras alternativas m&aacute;s &eacute;ticas que Spotify, como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/subvert-plataforma-musicos-no-quieren-sentirse-complices-especulacion-guerra_1_12606287.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Subvert</a>, Mirlo o Qobuz, Fairplayer es una herramienta dise&ntilde;ada con herramientas de c&oacute;digo abierto y con la intenci&oacute;n de ser replicable m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito catal&aacute;n al que, por ahora, se circunscribe. De hecho, Fairplayer nace a partir del software tambi&eacute;n libre Faircamp que permite generar cat&aacute;logos musicales al margen de distribuidoras y otros intermediarios de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/problemas-industria-musical-lugar-oscurece-alma-pasion-salud_1_12537037.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">industria musical</a> digital. Fairplayer ser&aacute; la plataforma a trav&eacute;s de la cual se podr&aacute; escuchar en <em>streaming </em>la m&uacute;sica almacenada en esos cat&aacute;logos. Por ahora funciona en fase beta con 900 canciones aportadas por una veintena de artistas catalanes que editan su m&uacute;sica desde cooperativas discogr&aacute;ficas como Radi Solar y Discos Pinya. Ya se pueden escuchar desde el portal <a href="https://fairplayer.band/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fairplayer.band</a>, aunque por ahora el proceso para que artistas o sellos incorporen su cat&aacute;logo es algo m&aacute;s complicado y necesita asesor&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c5dd2a46-6810-48ee-a181-460dc0ea55c9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tras analizar los ejemplos existentes, La Instrumental asume que no tiene sentido crear una alternativa a Spotify con la misma estructura y modelo de gobernanza que Spotify. Ni siquiera Bandcamp, considerada por muchos mel&oacute;manos y artistas la plataforma m&aacute;s justa, puede existir al margen de procesos de compra-venta que puedan alterar sus objetivos empresariales, sus pol&iacute;ticas de servicio y, finalmente, <em>mierdificar</em> sus planteamientos iniciales. La Instrumental est&aacute; dise&ntilde;ando un ecosistema de escucha digital en el que nadie sea due&ntilde;o de nada. Fairplayer solo es una plataforma de escucha a la que los artistas y sellos conectar&aacute;n sus repertorios, pero no habr&aacute; un almac&eacute;n que centralice todos los archivos. Y, en tanto que modelo replicable desde cualquier rinc&oacute;n del planeta, el Fairplayer barcelon&eacute;s (aun sin nombre) tendr&aacute; forma de app, pero solo ser&iacute;a una de muchas plataformas de escucha de una red descentralizada e interconectada.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, y tras meses de reflexi&oacute;n, La Instrumental ha decidido separar sus dos estructuras clave: el reproductor de m&uacute;sica y el gestor de cat&aacute;logos. Fairplayer solo es el reproductor y a &eacute;l se enlazar&aacute;n los cat&aacute;logos que se sumen a la plataforma. Lo &uacute;nico que tendr&aacute; que hacer un sello o artista es vincularse a ese gestor de cat&aacute;logo. Por ahora, la &uacute;nica forma de hacerlo es a trav&eacute;s de la herramienta Faircamp, pero la intenci&oacute;n es crear protocolos que permitan a cualquier creador vincular su obra al reproductor desde su servidor. Este sistema implica que el artista no entrega copias a otra plataforma, sino que activa un acceso a las copias que &eacute;l ya tiene almacenadas. Y ese proceso ni siquiera implica tener que darse de baja de Spotify, Amazon o cualquier otra plataforma. Es solo un primer paso de cara al gran objetivo: reducir la dependencia de las grandes plataformas y atraer al p&uacute;blico a un ecosistema digital m&aacute;s democr&aacute;tico y justo.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de La Instrumental es articular una alternativa real y antimonopol&iacute;stica a esta forma de acceder a la m&uacute;sica que aparentemente solo puede existir seg&uacute;n las normas que dicte el oligarca del <em>streaming </em>de turno. Aqu&iacute; se trabaja en vistas a una plataforma sin &aacute;nimo de lucro, de c&oacute;digo libre y replicable, con un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/perversion-algoritmos-internet-no-deja-azar-chat-gpt-hay-vacios-informacion-adrede-cat_128_12555659.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema transparente de algoritmos</a> y una remuneraci&oacute;n por escucha muy superior a la que se estila en este sector. Y todo ello, gracias a un planteamiento de base que no entiende este servicio solo como una herramienta para mejorar las condiciones de los artistas en este entorno digital, sino, ante todo, como un proyecto planteado por y para la gente que escucha m&uacute;sica en la red.
    </p><h2 class="article-text">Una cooperativa de oyentes</h2><p class="article-text">
        Aunque en una primera lectura pudiera parecer un micro lobby de sellos independientes o el en&eacute;simo colectivo de artistas insatisfechos con la deriva excluyente del negocio, en la jornada de presentaci&oacute;n de La Instrumental, y a la que asistieron unas 70 personas, se utiliz&oacute; una y otra vez el t&eacute;rmino cooperativa de oyentes. &ldquo;Muchos de los que estamos aqu&iacute; hacemos canciones, pero todo escuchamos mucha m&aacute;s m&uacute;sica de la que creamos&rdquo;, resalt&oacute; un cantante para subrayar la vocaci&oacute;n primera y &uacute;ltima de este proyecto: crear una herramienta para que los oyentes se relacionen con la m&uacute;sica de forma m&aacute;s proactiva, &eacute;tica y horizontal. En el ambiente flotaba la intuici&oacute;n de que, pensando m&aacute;s como oyentes que como artistas, ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil dar forma a una plataforma m&aacute;s sana, realmente democr&aacute;tica y ajustada a las necesidades de los usuarios. Al fin y al cabo, son estos los que la utilizar&aacute;n la herramienta y la financiar&aacute;n mediante sus cuotas.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s viejos del lugar recordaron el proyecto <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/requiem-circulo-lectores-catalogo-ritual_1_1271275.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&iacute;rculo de Lectores</a>, un club de lectores que lleg&oacute; a tener un mill&oacute;n y medio de socios y cuya cuota les permit&iacute;a recibir un cat&aacute;logo de novedades y escoger qu&eacute; libro quer&iacute;a recibir cada mes. Fue un modelo de negocio que funcion&oacute; durante d&eacute;cadas en paralelo a las librer&iacute;as y que situaba en el centro a los consumidores de literatura, no a los autores. Durante la jornada, a modo de contextualizaci&oacute;n, hubo tiempo para conocer cooperativas de consumo como La Murga, Rocaguinarda, La Ciutat Invisible y Food Coop; proyectos que parten de la base del empoderamiento del p&uacute;blico, ya sea como consumidor de cultura, alimentos o energ&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7493d627-6137-47a3-b010-50dd07bbea89_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A lo largo de la jornada se plante&oacute; la posibilidad de crear un espacio de reflexi&oacute;n sobre la propia escucha musical, una actividad que las plataformas de <em>streaming</em> han convertido en algo pasivo. Y aun comprendiendo el miedo que puedan sentir algunos artistas ante la idea de abandonar Spotify, se incidi&oacute; en lo t&oacute;xico que es asumir esa opini&oacute;n seg&uacute;n la cual si no est&aacute;s en Spotify no existes. Tambi&eacute;n se denunci&oacute; lo pernicioso que es caer en esa <em>numerocracia</em> que estructura las carreras de los artistas en funci&oacute;n de sus cifras en Spotify. De hecho, uno de los primeros puntos a replantear en la nueva plataforma es si el n&uacute;mero de escuchas deber&iacute;a ser visible. Aqu&iacute; nada viene impuesto. Todo es debatible.
    </p><p class="article-text">
        Con la herramienta ya dise&ntilde;ada, el pr&oacute;ximo paso ser&aacute; muscular el grupo motor, definir &oacute;rganos de gobierno y fortalecer la cooperativa con el mayor n&uacute;mero de socios-oyentes. De este &uacute;ltimo aspecto depende la viabilidad econ&oacute;mica de una iniciativa que quiere remunerar justamente a los artistas. A partir de aqu&iacute;, todo est&aacute; por decidir. &iquest;Qu&eacute; calidad de audio tendr&iacute;a la m&uacute;sica? La que decidiese cada artista o sello, puesto que la m&uacute;sica estar&iacute;a en sus servidores. &iquest;Cu&aacute;ntas veces podr&aacute; escuchar una canci&oacute;n un usuario que no pague cuota? Tres, cinco, diez o mil: las que cada artista determine. &iquest;Y el reparto de ingresos corresponder&aacute; estrictamente al n&uacute;mero de escuchas de cada artista? Por supuesto.
    </p><h2 class="article-text">Miles de dudas y posibilidades</h2><p class="article-text">
        Una plataforma de <em>streaming </em>que no centralice la m&uacute;sica ni las decisiones abre un horizonte infinito de posibilidades. La intenci&oacute;n, a grandes rasgos, es humanizarla al m&aacute;ximo y que el algoritmo tenga la m&iacute;nima incidencia. &ldquo;El arte es comunidad y presencialidad&rdquo;, teoriz&oacute; alguien, &ldquo;e internet es solo una herramienta&rdquo;. La Instrumental, por tanto, trabaja en pos de una herramienta que genere y fortalezca comunidades de oyentes. Un ejemplo: si se organizasen encuestas para que la comunidad votase qu&eacute; artistas desear&iacute;a poder escuchar en la nueva plataforma cooperativa, la gestora podr&iacute;a invitarlos a incorporar sus cat&aacute;logos sabiendo que existe una demanda. Aun as&iacute;, las decisiones consensuadas en el Fairplayer barcelon&eacute;s no tendr&iacute;an por qu&eacute; ser aceptadas autom&aacute;ticamente por los fairplayers que se articulen en otras ciudades en base a esta tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Meses atr&aacute;s nac&iacute;a en Euskadi el portal <a href="https://musikariak.eus/#/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">musikariak.es</a> con m&aacute;s de 150 artistas y varios miles de canciones ya incorporadas al cat&aacute;logo. Y decenas de bibliotecas p&uacute;blicas de EEUU ofrecen desde hace a&ntilde;os colecciones de discos de artistas locales para que sus usuarios los puedan escuchar e incluso descargar; una estrategia que apunta, de nuevo, a la creaci&oacute;n y fortalecimiento de comunidades de oyentes y artistas. El gran sue&ntilde;o ser&iacute;a que todas las comunidades y apps que surjan a trav&eacute;s de la plataforma Fairplayer se acaben interconectando, de modo que desde cualquier cooperativa de oyentes se puedan escuchar los cat&aacute;logos de canciones de cualquier otra cooperativa de la federaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El capitalismo ha logrado que vivamos las luchas como una especie de extraescolar&rdquo;, solt&oacute; alguien durante la jornada. Acto seguido, otra voz resalt&oacute; que &ldquo;la lucha contra las <em>big techs</em> es parte de todas las dem&aacute;s luchas&rdquo;. Tras ocho horas de presentaciones, incertidumbres, asombros, quimeras y enriquecedores turnos de palabra, una &uacute;ltima sentencia puso un improvisado broche al acto: &ldquo;La acci&oacute;n es un ant&iacute;doto contra la miseria&rdquo;. Podr&iacute;an imprimir camisetas con ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/fairplayer-alternativa-spotify-luchar-capitalismo-plataformas-streaming_1_12981237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 21:58:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5d9aeb51-588b-4930-a846-ebc5f3c58c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="514666" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5d9aeb51-588b-4930-a846-ebc5f3c58c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="514666" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5d9aeb51-588b-4930-a846-ebc5f3c58c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Industria musical,Música,Streaming,Spotify,Artistas,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Billy Bragg, el cantautor más político que se enfrentó con Margaret Thatcher y ahora se atreve contra Trump y el ICE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/billy-bragg-cantautor-politico-enfrento-margareth-thatcher-ahora-atreve-trump-ice_1_12962171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f0ab47b-5695-457e-a350-ff8aeaaaabe5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135791.jpg" width="4000" height="2250" alt="Billy Bragg, el cantautor más político que se enfrentó con Margaret Thatcher y ahora se atreve contra Trump y el ICE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como ha hecho también Bruce Springsteen, el comprometido cantante británico publicó la canción ‘City of heroes’ a las 48 horas del asesinato de Alex Pretti a manos del ICE
</p><p class="subtitle">Bruce Springsteen lanza una canción contra Trump y el ICE: “Recordaremos los nombres de los que murieron en las calles de Minneapolis”
</p></div><p class="article-text">
        <em>Streets of Minneapolis</em>, la canci&oacute;n que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/bruce-springsteen-lanza-cancion-trump-ice-recordaremos-nombres-murieron-calles-minneapolis_1_12944802.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bruce Springsteen</a> ha compuesto a ra&iacute;z de las maniobras represivas del ICE, ha monopolizado toda la atenci&oacute;n, pero el Boss no es el &uacute;nico m&uacute;sico que ha reaccionado con una canci&oacute;n en apoyo a los vecinos de Minneapolis. Ni siquiera el primero. El cantautor ingl&eacute;s <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libertad-cerdos-rebeldes-canas-tiradas-cat_1_10346952.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Billy Bragg</a> compuso la canci&oacute;n <em>City of heroes</em> tras el asesinato de Alex Pretti. El enfermero sucumbi&oacute; a los diez balazos de la polic&iacute;a el s&aacute;bado 24 de enero. Bragg se encerr&oacute; en su estudio casero el domingo y el lunes colg&oacute; la canci&oacute;n en internet.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El asesinato de Alex Pretti fue terriblemente impactante. Y m&aacute;s a&uacute;n, cuando todav&iacute;a nos est&aacute;bamos recuperando de las im&aacute;genes del asesinato de Ren&eacute;e Good. Que se puedan cometer estos cr&iacute;menes a plena luz del d&iacute;a, frente a una c&aacute;mara y que ni aun as&iacute; nadie rinda cuentas solo agrava la injusticia&rdquo;, denunciaba Bragg sobre las pol&iacute;ticas contra la inmigraci&oacute;n de Donald Trump el lunes 26 desde su perfil de Substack. Acto seguido, la noticia musical: &ldquo;Ayer compuse esta canci&oacute;n como un homenaje a la valent&iacute;a de la gente de Minneapolis que, aun sabiendo que estos matones de gatillo f&aacute;cil del ICE operan con aparente impunidad y complicidad, siguen dispuestos a arriesgarse para defender su comunidad. Su resistencia es una inspiraci&oacute;n para todos nosotros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>City of heroes </em>son dos minutos y medio airados que contagian la necesidad de rebelarse ante el abuso de poder. Su estribillo es una inequ&iacute;voca llamada a la acci&oacute;n: &ldquo;Cuando vinieron a por los inmigrantes, yo les plant&eacute; cara / Cuando vinieron a por los refugiados, yo les plant&eacute; cara / Cuando vinieron a por los de cinco a&ntilde;os, yo les plant&eacute; cara / Cuando vinieron a mi vecindario, yo les plant&eacute; cara&rdquo;. Nerviosa y austera, solo guitarra ac&uacute;stica y voz, <em>City of heroes</em> recupera el tono beligerante de sus grabaciones de los 80; esas que te agarraban por la pechera y te conminaban a situarte pol&iacute;ticamente en tu tiempo. Es una vuelta a los or&iacute;genes en toda regla. O, como dicen en ingl&eacute;s, un <em>back to basics</em>.
    </p><h2 class="article-text">Con las luchas de ayer y las de hoy</h2><p class="article-text">
        <em>Back to basics </em>es, de hecho, el t&iacute;tulo del &aacute;lbum recopilatorio que Bragg public&oacute; en 1987. Reun&iacute;a sus dos primeros elep&eacute;s, <em>Life&rsquo;s a riot with spy vs spy</em> (1983) y <em>Brewing up with Billy Bragg&rsquo;</em>(1984), y el ep&eacute; <em>Between the wars</em> (1985). En este &uacute;ltimo, destacaba <em>Which side are you on?</em>, una canci&oacute;n compuesta en 1931 por la activista Florence Reece, esposa de un l&iacute;der del sindicato minero de Kentucky. En esa &eacute;poca, Bragg pon&iacute;a su &aacute;spera guitarra al servicio de numerosas causas; por ejemplo, la huelga minera de 1984 en la Inglaterra de Margaret Thatcher. Pero tambi&eacute;n conectaba luchas del presente con las del pasado. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-IKOW2ZikGW8-4727', 'youtube', 'IKOW2ZikGW8', document.getElementById('yt-IKOW2ZikGW8-4727'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-IKOW2ZikGW8-4727 src="https://www.youtube.com/embed/IKOW2ZikGW8?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        En <em>City of heroes </em>tambi&eacute;n recupera ese h&aacute;bito. La primera estrofa est&aacute; &iacute;ntegramente dedicada al p&aacute;rroco alem&aacute;n Martin Niem&ouml;ller que, en los a&ntilde;os 40, escribi&oacute; el poema <em>Cuando los nazis vinieron por los comunistas</em>. A trav&eacute;s de aquellos versos, Bragg denuncia esa actitud de esquivar los conflictos que no te interpelan hasta que la violencia y la injusticia vienen a por ti y ya no queda nadie que pueda defenderte. &ldquo;En esta ciudad de h&eacute;roes aprendemos las lecciones de la historia&rdquo;, concluye, en referencia a la solidaridad vecinal de Minneapolis.
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de los 80, Billy Bragg era omnipresente. Se pod&iacute;a presentar en tiendas de discos o manifestaciones con una mochila en la que llevaba incorporados dos peque&ntilde;os altavoces, un amplificador y un micr&oacute;fono que le permit&iacute;an tocar la guitarra el&eacute;ctrica y cantar... &iexcl;caminando! No tardar&iacute;a en consolidarse como el cantautor izquierdista dispuesto a apoyar todas las causas en las que creyera. Y no eran pocas. Sus conciertos sol&iacute;an eternizarse porque entre canci&oacute;n y canci&oacute;n lanzaba alegatos en favor de colectivos y campa&ntilde;as de diversa &iacute;ndole. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando actu&oacute; en Espa&ntilde;a en 1990, consciente de que buena parte del p&uacute;blico no entender&iacute;a el ingl&eacute;s, contrat&oacute; a una persona que traduc&iacute;a sus explicaciones al castellano. Y el recital se eternizaba a&uacute;n m&aacute;s. Pese a ello, Bragg nunca ha considerado el escenario como un altar. Los Clash le cambiaron la vida, s&iacute;, y durante sus primeros a&ntilde;os de carrera fue el arquetipo de cantautor punk, pero siempre ha dicho que el verdadero poder de los conciertos no reside en el artista que ocupa el escenario ni en lo que cante o cuente ah&iacute; arriba, sino en el hecho de que ese concierto re&uacute;na en un mismo lugar a personas con ideales comunes.
    </p><p class="article-text">
        Bragg protagoniz&oacute; una gira cuyo objetivo era reclamar trabajo para los j&oacute;venes. Lider&oacute; el colectivo Red Wedge con el que varias bandas inglesas quer&iacute;an decantar las elecciones del lado laborista. Particip&oacute; en muchos conciertos en favor de los mineros ingleses en huelga. Toc&oacute; en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica de Gorbachov y en la Nicaragua sandinista. De esta &uacute;ltima experiencia nacer&iacute;a su versi&oacute;n de <em>Nicaragua, Nicarag&uuml;ita</em>, composici&oacute;n de Carlos Mej&iacute;a Godoy convertida en himno oficioso de la revoluci&oacute;n y que &eacute;l interpretar&iacute;a en castellano en el <em>ep&eacute;</em> <em>The Internationale </em>(1990). 
    </p><p class="article-text">
        Tras una primera d&eacute;cada tan hiperactiva, su producci&oacute;n discogr&aacute;fica se ir&iacute;a espaciando. A finales de los 90, grab&oacute; con Wilco dos discos en los que pon&iacute;an voz y m&uacute;sica a poemas del cantautor estadounidense de los a&ntilde;os 40 y 50 Woody Guthrie. En lo que llevamos de siglo XXI apenas ha grabado cuatro &aacute;lbumes. Esta fase menos prol&iacute;fica y de sonido m&aacute;s adulto ha coincidido con la redacci&oacute;n de varios libros de reflexiones pol&iacute;ticas.
    </p><h2 class="article-text">Discograf&iacute;a, militancia y sentido del humor</h2><p class="article-text">
        Bragg ha publicado tantos recopilatorios como &aacute;lbumes originales: trece. La &uacute;ltima compilaci&oacute;n, <em>The roaring forty</em> (1983-2023)&rsquo;, resume cuarenta a&ntilde;os de carrera en cuarenta canciones. Son estas las que lo han convertido en una voz de referencia en la m&uacute;sica y la pol&iacute;tica. Canciones sobre el desempleo con una profunda conciencia de clase. Canciones sobre la solidaridad en tiempos de desesperaci&oacute;n. Canciones sobre ecosocialistas ingleses del siglo XVII. Canciones sobre el poder de los sindicatos. Canciones sobre el militarismo como mecanismo para perpetuar el capitalismo. Aun as&iacute;, quiz&aacute; su composici&oacute;n m&aacute;s recordada sea la menos pol&iacute;tica: &ldquo;No quiero cambiar el mundo / No busco una nueva Inglaterra / Solo estoy buscando otra chica&rdquo;, entona con el coraz&oacute;n roto en <em>A new England</em>. En <em>Upfield</em> acu&ntilde;ar&iacute;a el t&eacute;rmino &lsquo;socialismo del coraz&oacute;n&rsquo; para sintetizar su postura pol&iacute;tica. Siempre contra el cinismo. Siempre a favor de la empat&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7e103454-d852-4c23-bf91-443824db3aca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Billy Bragg en una manifestación anti nazi en Brixton, Londres, en 1993"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Billy Bragg en una manifestación anti nazi en Brixton, Londres, en 1993                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Apodado el &lsquo;bardo de Barking&rsquo;, Bragg nunca ha tenido problemas en definirse como cantautor y activista. Ni siquiera cuando, tras unos a&ntilde;os 80 en los que la escena musical de su pa&iacute;s estuvo muy politizada, el auge del brit-pop y la electr&oacute;nica lo dejaron algo fuera de juego. A Bragg siempre le import&oacute; un bledo convertirse en una caricatura porque era el primero en re&iacute;rse de s&iacute; mismo. Una vez, en un macrofestival, se le acerc&oacute; un colectivo para pedirle que aconsejase al p&uacute;blico utilizar preservativos. Sin problema: lo dir&iacute;a a mitad del concierto. El problema fue que se dej&oacute; en el camerino los preservativos que deb&iacute;a mostrar. Su mujer fue a buscarlos y sali&oacute; al escenario para d&aacute;rselos, mientras Billy le ped&iacute;a con se&ntilde;as que no se dejase ver. &iquest;Por qu&eacute;? Estaba embarazada de ocho meses y, claro, el p&uacute;blico estall&oacute; en una monumental carcajada al ver que <em>t&iacute;o Billy</em> no predicaba con el ejemplo anticonceptivo. &Eacute;l mismo lo explicaba a&ntilde;os despu&eacute;s alrededor de una paella en la Barceloneta. Y le saltaban las l&aacute;grimas de la risa.
    </p><p class="article-text">
        Bragg ha capitaneado campa&ntilde;as como Jail Guitar Doors, para financiar la compra de instrumentos que ayuden a los presos a reinsertarse a trav&eacute;s de la m&uacute;sica. En 2015 apoy&oacute; activamente a Jeremy Corbyn para convertirlo en el candidato que despertase al Partido Laborista. Tambi&eacute;n se ha mostrado favorable a la independencia de Escocia y Gales e incluso se sum&oacute; a unas marchas contra el gobierno de derechas que dirig&iacute;a Australia. El pasado septiembre organiz&oacute; un concierto para recaudar fondos para el pueblo palestino. Dos d&iacute;as antes interpret&oacute; en la calle la &uacute;ltima canci&oacute;n que hab&iacute;a grabado hasta que el asesinato de Alex Pretti le empuj&oacute; a componer de nuevo. Es <em>Hundred year hunger</em> y en uno de sus versos subraya que &ldquo;Israel genera hambruna como arma para su guerra&rdquo;. No era la primera vez que Bragg cantaba en las calles de Londres. Esa fue su escuela. Pero aquel d&iacute;a eligi&oacute; una ubicaci&oacute;n especial: delante del Parlamento.
    </p><h2 class="article-text">&lsquo;Tus bandas favoritas odian el fascismo&rsquo;</h2><p class="article-text">
        La portada del single &lsquo;<em>City of heroes</em>&rsquo;, publicado &uacute;nicamente en formato digital, muestra a un manifestante de Minneapolis con una pancarta donde se lee la frase &ldquo;Todas tus bandas favoritas odian el fascismo&rdquo;. Ya en los a&ntilde;os 80, Billy Bragg insist&iacute;a en que &ldquo;las revoluciones no empiezan en las tiendas de discos&rdquo;. Sin embargo, en momentos tan adversos y frente a tanta indefensi&oacute;n, tres estrofas y un estribillo compuestos desde la otra punta del mundo pueden suponer un reconfortante b&aacute;lsamo para quienes est&aacute;n sufriendo d&iacute;a a d&iacute;a la violencia policial. La primera reacci&oacute;n de Scott Olson, un seguidor estadounidense de Bragg, al escuchar <em>City of heroes</em> fue escribir unas l&iacute;neas en el Substack del cantautor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creciendo en Minneapolis, tu disco <em>Back to basics</em> son&oacute; sin parar durante mi adolescencia. Era un vinilo doble de un hombre cuya guitarra el&eacute;ctrica y canciones conversaban con mi angustia e idealismo juvenil. Fue literalmente la banda sonora de mi camino hacia la madurez. Como un don nadie cuyos sue&ntilde;os de estrella del rock no se hicieron realidad, jam&aacute;s pens&eacute; que una experiencia de mi vida llegar&iacute;a a o&iacute;dos de mi h&eacute;roe. Al fin y al cabo, &iquest;qu&eacute; le podr&iacute;a ocurrir a un chico tranquilo del suburbio de un adormecido pueblo del medio oeste? Pero entonces llegaron estas tres &uacute;ltimas semanas y mi h&eacute;roe compuso una canci&oacute;n sobre ello. Gracias Billy, por ver lo que nos pasaba y por honrar a mi gente con tu regalo. Para m&iacute; significa m&aacute;s de lo que jam&aacute;s podr&aacute;s llegar a saber&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/billy-bragg-cantautor-politico-enfrento-margareth-thatcher-ahora-atreve-trump-ice_1_12962171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 21:49:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4f0ab47b-5695-457e-a350-ff8aeaaaabe5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135791.jpg" length="3217218" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4f0ab47b-5695-457e-a350-ff8aeaaaabe5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135791.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3217218" width="4000" height="2250"/>
      <media:title><![CDATA[Billy Bragg, el cantautor más político que se enfrentó con Margaret Thatcher y ahora se atreve contra Trump y el ICE]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4f0ab47b-5695-457e-a350-ff8aeaaaabe5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135791.jpg" width="4000" height="2250"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Donald Trump,Racismo,Bruce Springsteen,Cantautores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fiesta de estudiantes Telecogresca denuncia un intento de expulsarlos del Fòrum de Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/fiesta-estudiantes-telecogresca-denuncia-expulsarlos-forum-barcelona_1_12921136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5f37ee8-0f2e-4daa-a962-89f5a03973b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fiesta de estudiantes Telecogresca denuncia un intento de expulsarlos del Fòrum de Barcelona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La asociación estudiantil reclama al Ayuntamiento un trato económico justo para no tener que competir con los grandes festivales, mientras la oposición fuerza al PSC a garantizar la continuidad del evento</p><p class="subtitle">El Viña Rock se enfrenta a su año más complicado: retraso en el anuncio del cartel y boicot por parte de bandas y público
</p></div><p class="article-text">
        La Associaci&oacute; Cultural Telecogresca, entidad que organiza el festival universitario del mismo nombre, denuncia &ldquo;la falta de apoyo institucional&rdquo; y &ldquo;el encarecimiento desproporcionado de las condiciones de uso&rdquo; del Parc del F&ograve;rum. El festival considera que los nuevos requisitos para utilizar este espacio p&uacute;blico gestionado por la empresa municipal BSM ponen en riesgo la viabilidad futura de un proyecto nacido en 1978 y que el pr&oacute;ximo 28 de marzo celebrar&aacute; su edici&oacute;n n&uacute;mero 48.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Bruno van Bemmelen, actual presidente de la asociaci&oacute;n que impulsa el festival, Telecogresca gozaba hasta 2025 de dos descuentos que les ayudaban a costear el alquiler del Parc del F&oacute;rum: uno debido a su vinculaci&oacute;n a la Universitat Polit&egrave;cnica de Catalunya (UPC), y otro en tanto que entidad sin &aacute;nimo de lucro.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, BSM cobra a los festivales que se celebran en el F&ograve;rum 1,5 euros por cada asistente y un 9% de la recaudaci&oacute;n por la venta de entradas. Estas tarifas, sumadas a la p&eacute;rdida de esos descuentos, hacen intuir al festival universitario que este a&ntilde;o coste de alquiler del recinto pueda dispararse hasta un 250%.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 2025, el Ayuntamiento comunic&oacute; a todos los interesados en celebrar festivales en el F&ograve;rum cuya programaci&oacute;n musical se prolongase m&aacute;s all&aacute; de las once de la noche que deber&iacute;an licitar para obtener una de las cinco fechas que otorgar&iacute;an para 2026, 2027 y 2028. El origen de esta medida era un pacto con el distrito de Sant Mart&iacute; para limitar el n&uacute;mero de festivales que duran hasta la madrugada y calmar los &aacute;nimos de los vecinos de los barrios colindantes. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros consideramos que no ten&iacute;amos que pasar por ese proceso de licitaci&oacute;n porque no somos una empresa que busca un beneficio explotando un espacio&rdquo;, apunta Van Bemmelen. Como nadie en el Ayuntamiento opinaba igual, no les qued&oacute; otra que licitar. Al estar en plena organizaci&oacute;n de la Telecogresca de 2025, tuvieron que contratar ayuda profesional, lo cual gener&oacute; gastos imprevistos. En julio sali&oacute; la resoluci&oacute;n: la Telecogresca podr&iacute;a seguir en el F&ograve;rum.	
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un castigo al asociacionismo</strong></h2><p class="article-text">
        El veredicto favorable supuso &ldquo;un alivio porque en aquel momento est&aacute;bamos organizando un festival sin saber a&uacute;n si tendr&iacute;amos espacio o no&rdquo;, recuerda Van Bemmelen. Pese a ello, Telecogresca insiste en que, como proyecto autoorganizado, sin &aacute;nimo de lucro e impulsado desde el voluntariado &ldquo;no entra en el mismo saco&rdquo; que las promotoras privadas cuyo negocio es organizar festivales. Por ello, reclaman que se les sigan concediendo los descuentos de que hab&iacute;an gozado hasta ahora. Ser&iacute;a una manera de &ldquo;compensar el aumento de costes&rdquo; que suponen estas nuevas condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, las gestiones con el Ayuntamiento no han dado resultado. El argumento consistorial es que en una licitaci&oacute;n p&uacute;blica las condiciones deben ser iguales para todas las empresas concurrentes y no puede haber excepciones. En la Telecogresca ven esta f&oacute;rmula como &ldquo;un castigo al asociacionismo&rdquo;, donde &ldquo;el aumento de tasas y c&aacute;nones de alquiler se agrava con una complejidad burocr&aacute;tica que act&uacute;a como una barrera adicional para el voluntariado&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ignorando su naturaleza altruista y una trayectoria en la ciudad de casi medio siglo que lo convierte en una de las citas m&aacute;s multitudinarias y longevas de Barcelona, denuncian que el Ayuntamiento, &ldquo;lejos de bonificar una iniciativa juvenil autogestionada, la asfixia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Van Bemmelen lamenta que en Barcelona &ldquo;cada vez haya menos festivales de car&aacute;cter social&rdquo; y relaciona esta regresi&oacute;n con decisiones como las que aplica el consistorio a la gesti&oacute;n econ&oacute;mica de un espacio p&uacute;blico como el Parc del F&oacute;rum. &ldquo;Si no exploran un poco m&aacute;s y no entienden nuestro proyecto, siempre les ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil (tratar) con festivales m&aacute;s grandes porque eso es a lo que se han acostumbrado&rdquo;, pronostica. &ldquo;Los festivales m&aacute;s grandes tienen m&aacute;s oportunidades para acceder a subvenciones&rdquo;, se&ntilde;ala. La Telecogresca, de una sola jornada y con un aforo para diez mil personas, queda fuera de muchas l&iacute;neas de subvenci&oacute;n y tampoco puede aspirar a los grandes patrocinios que atraen los macrofestivales. &ldquo;Todo nos deja en desventaja&rdquo;, asume.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un futuro incierto</strong></h2><p class="article-text">
        El futuro de la Telecogresca depende en parte de su relaci&oacute;n con este recinto municipal. Si siguen all&iacute;, sus finanzas se ir&aacute;n resintiendo a&ntilde;o tras a&ntilde;o y dejar&aacute;n en una situaci&oacute;n m&aacute;s comprometida a los organizadores de ediciones venideras. En 2023 ya se suspendi&oacute; la Telecogresca en previsi&oacute;n de un a&ntilde;o demasiado arriesgado econ&oacute;micamente al venir de la &eacute;poca de pandemia. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tener p&eacute;rdidas un a&ntilde;o dificulta mucho m&aacute;s la organizaci&oacute;n de la siguiente edici&oacute;n. Sin ese coj&iacute;n o sin estar seguro de que podr&aacute;s pagarlo todo es imposible&rdquo;, resalta Van Bemmelen. &ldquo;Nosotros no tenemos el respaldo de un fondo inversor&rdquo;, recuerda, refiri&eacute;ndose a otros festivales que se celebran en el mismo recinto, como Primavera Sound y Brunch Electronik, y que s&iacute; cuentan con ese respaldo econ&oacute;mico. Y, en cualquier caso, en 2028 la Telecogresca deber&aacute; licitar de nuevo para seguir usando el Parc del F&oacute;rum entre 2029 y 2031 bajo unas condiciones que tal vez sean a&uacute;n m&aacute;s asfixiantes.
    </p><p class="article-text">
        Fuentes municipales se limitan a recordar que &ldquo;los organizadores de Telecogresca se presentaron al concurso p&uacute;blico&rdquo; bajo unas condiciones que &ldquo;aceptaron al presentar su solicitud&rdquo;. Frente al comunicado publicado por el festival, afirman estar &ldquo;estudiando la situaci&oacute;n de la Telecogresca&rdquo;. En una reuni&oacute;n mantenida el lunes por la tarde, el ayuntamiento transmiti&oacute; a los organizadores su preocupaci&oacute;n por la situaci&oacute;n que afronta el festival y su intenci&oacute;n de trabajar para solucionarla, pero a dos meses de la 48&ordf; edici&oacute;n, no hay garant&iacute;as de que la Telecogresca pueda cumplir los 50 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Este martes, a iniciativa de Barcelona en Com&uacute;, los grupos de la oposici&oacute;n (Junts, ERC y PP) han armado una mayor&iacute;a para exigir al Gobierno municipal la continuidad de la Telecogresca. Solo el PSC y Vox han votado en contra. El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marc&eacute;, ha acusado a los organizadores de la Telecogresca de &ldquo;querer jugar con las reglas de juego de los mayores&rdquo; y reivindicarse a la vez como fiesta estudiantil. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una cadena de autogesti&oacute;n juvenil</strong></h2><p class="article-text">
        Telecogresca es una fiesta &ldquo;de estudiantes y para estudiantes&rdquo; con m&aacute;s a&ntilde;os de recorrido que cualquier macrofestival espa&ntilde;ol. Naci&oacute; impulsada por el alumnado de la Escola T&egrave;cnica Superior d&rsquo;Enginyeria de Telecomunicaciones, aunque con el tiempo se han incorporado estudiantes de otras facultades de la UPC. Cada a&ntilde;o entre 40 y 50 estudiantes asumen la organizaci&oacute;n de un evento al que, el d&iacute;a de los conciertos, se incorporan 200 voluntarios. La junta y la presidencia de la Associaci&oacute; Cultural Telecogresca se renuevan anualmente. Los miembros de la junta tienen entre 21 y 23 a&ntilde;os. Van Bemmelen, de 21, asumi&oacute; meses atr&aacute;s una presidencia que antes habr&aacute;n ocupado decenas de j&oacute;venes. El voluntariado se renueva al mismo ritmo: conforme unos completan sus estudios y otros los inician.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello implica que la Telecogresca siempre la organizan estudiantes sin experiencia alguna en el negocio festivalero o la burocracia institucional. Si en sus primeras ediciones la fiesta cont&oacute; con artistas como Marina Rossell, La Salseta del Poble Sec y Los Salvajes, m&aacute;s adelante la protagonizar&iacute;an Siniestro Total, Celtas Cortos, Dr. Calypso, Sidonie, Ojos de Brujo, La Pegatina, Standstill, Els Catarres, Txarango, Oques Grasses y Zoo. Cada edici&oacute;n se financia con los beneficios del a&ntilde;o anterior y nadie de la organizaci&oacute;n (voluntarios, junta o presidencia) cobran un euro por el esfuerzo y tiempo dedicado. &ldquo;No hacemos ni una cena con los beneficios. Todo se guarda para el a&ntilde;o siguiente&rdquo;, aclara Van Bemmelen.
    </p><p class="article-text">
        La protesta del festival universitario no busca &uacute;nicamente salvar su futuro econ&oacute;mico, sino reivindicar la viabilidad de otros encuentros musicales autogestionados donde el beneficio econ&oacute;mico no sea la &uacute;nica premisa. &ldquo;Proyectos de cultura cercana y popular&rdquo;, subraya, y accesibles a todo tipo de j&oacute;venes gracias a unos precios ajustados. En la pr&oacute;xima Telecogresca el p&uacute;blico podr&aacute; ver a La Ludwig Band, Boikot, La &Eacute;lite, Auxili y Fades, entre otros, por solo 22 euros. &ldquo;Para un estudiante la diferencia entre 23 euros y 32 es importante&rdquo;, resalta el presidente de Telecogresca desde su propia experiencia. Por eso mismo, en el recinto las cervezas y combinados cuestan 3 y 6 euros, respectivamente. Son precios a a&ntilde;os luz de los que se estilan en otros macrofestivales ubicados en el F&ograve;rum.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En&eacute;simo cambio de ubicaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La Telecogresca naci&oacute; en 1978 como una fiesta organizada por estudiantes y dirigida a estudiantes que, hasta 1992, se celebr&oacute; al aire libre en espacios de la propia universidad. En 1993, y tras la presi&oacute;n de los vecinos del distrito de Les Corts molestos por el ruido que generaba el festival, el ayuntamiento oblig&oacute; a la Telecogresca a trasladarse al Sot del Migdia, en la monta&ntilde;a de Montju&iuml;c. All&iacute; se mantuvo hasta 2006, momento en que los nuevos usos del recinto hicieron que el ayuntamiento invitase entonces a trasladar el festival al F&ograve;rum. All&iacute; se ha mantenido desde entonces excepto en 2010 y 2011, cuando el festival regres&oacute; puntualmente al Sot del Migdia.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses, y ante las complicaciones que supone para esta entidad estudiantil ajustarse a las nuevas condiciones econ&oacute;micas del recinto, el Ayuntamiento ha propuesto a la asociaci&oacute;n Telecogresca regresar a la zona universitaria. &ldquo;No lo vimos viable&rdquo;, replica Van Bemmelen. &ldquo;Sobre todo porque no se nos pod&iacute;a asegurar una fecha concreta, ya que depende mucho de los partidos del Bar&ccedil;a, y porque quiz&aacute;s implicar&iacute;a una reducci&oacute;n del aforo&rdquo;, explica. El presidente comprende que abandonar el Parc del F&ograve;rum ayudar&iacute;a a descongestionar el <em>festival&oacute;dromo</em>, pero intuye que otro &eacute;xodo &ldquo;podr&iacute;a aumentar los problemas (organizativos) m&aacute;s que solventarlos&rdquo;; un riesgo que deber&iacute;a asumir precisamente el festival con una econom&iacute;a y estructura m&aacute;s fr&aacute;gil de cuantos acoge el Parc del F&oacute;rum.
    </p><p class="article-text">
        Alex Lerdo presid&iacute;a la asociaci&oacute;n Telecogresca en 2006, el a&ntilde;o que se mud&oacute; al F&ograve;rum. &ldquo;En el Sot del Migdia pag&aacute;bamos 1.500 euros de alquiler y m&aacute;s o menos se nos mantuvo ese precio en el nuevo recinto&rdquo;, recuerda. Pero los costes para vallarlo y adecuarlo eran mucho m&aacute;s elevados, lo cual implic&oacute; m&aacute;s riesgo econ&oacute;mico. La mudanza del recinto de la universidad al Sot del Migdia tambi&eacute;n fue problem&aacute;tico. &ldquo;Un a&ntilde;o perdimos dinero y la Escuela de Telecomunicaciones aport&oacute; 800.000 pesetas. A&ntilde;os despu&eacute;s las devolvimos&rdquo;, aclara. 
    </p><p class="article-text">
        Enric Grosche, es otro ingeniero que particip&oacute; activamente en varias ediciones de la Telecogresca de los 80. &ldquo;He trabajado en muchas empresas en las que, ya en los a&ntilde;os 90, se hablaba de <em>team building</em>, de lo que cuesta encontrar gente que trabaje cohesionada y en equipo. Todo eso la UPC lo tiene en casa y no lo valora&rdquo;, resalta, refiri&eacute;ndose al esp&iacute;ritu colaborativo de la Telecogresca. &ldquo;En esta situaci&oacute;n, si el rector se implicase al m&aacute;ximo nivel y hablase con el alcalde, lo solucionan r&aacute;pido&rdquo;, apuesta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/fiesta-estudiantes-telecogresca-denuncia-expulsarlos-forum-barcelona_1_12921136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 21:58:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d5f37ee8-0f2e-4daa-a962-89f5a03973b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="145866" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d5f37ee8-0f2e-4daa-a962-89f5a03973b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="145866" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La fiesta de estudiantes Telecogresca denuncia un intento de expulsarlos del Fòrum de Barcelona]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d5f37ee8-0f2e-4daa-a962-89f5a03973b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Conciertos,Barcelona,Ayuntamiento de Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Incertidumbre a 100 días del Viña Rock: casi un 25% de las bandas han cancelado y el público reclama el dinero de las entradas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/incertidumbre-100-dias-vina-rock-25-bandas-han-cancelado-publico-reclama-dinero-entradas_1_12918999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2f746b0-57fe-4a06-9f5c-9faf03fe517a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Incertidumbre a 100 días del Viña Rock: casi un 25% de las bandas han cancelado y el público reclama el dinero de las entradas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El festival ha perdido casi un cuarto de las bandas anunciadas y sigue sin completar su programación, mientras el público presiona para recuperar el dinero de las entradas anticipadas</p><p class="subtitle">El Viña Rock se enfrenta a su año más complicado: retraso en el anuncio del cartel y boicot por parte de bandas y público
</p></div><p class="article-text">
        Suele decirse que la ausencia de noticias es buena noticia. Sin embargo, solo una noticia puede disipar las dudas sobre la pr&oacute;xima <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/vina-rock-enfrenta-ano-complicado-retraso-anuncio-cartel-boicot-parte-bandas-publico_1_12825040.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">edici&oacute;n del Vi&ntilde;a Rock</a>: la que anuncie el cartel completo. A solo cien d&iacute;as de abrir puertas, el festival sigue sin confirmar el resto de artistas, cuando en las &uacute;ltimas ediciones, a estas alturas del calendario, se conoc&iacute;a pr&aacute;cticamente el 100% de bandas. De hecho, al anuncio del primer lote de nombres, el pasado 9 de diciembre, le sucedi&oacute; una cascada de cancelaciones. Casi un 25% de los artistas se han retirado del cartel. No hay macrofestival de estas dimensiones que, a poco m&aacute;s de tres meses, no haya mostrado todas sus cartas para acelerar la venta de abonos y entradas.
    </p><p class="article-text">
        Los motivos aducidos por la mayor&iacute;a de grupos que han cancelado su presencia son los v&iacute;nculos empresariales del festival albacete&ntilde;o con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/son-vinculos-fondo-inversion-kkr-israel-afectan-festivales-espanoles_1_12621582.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">KKR</a>, un fondo de inversi&oacute;n estadounidense que posee, entre otras empresas, el conglomerado alem&aacute;n de medios Axel Springer. Esta firma forma parte de la lista de empresas elaborada por el <em>think tank</em>&nbsp;Who Profits de las compa&ntilde;&iacute;as que se est&aacute;n lucrando con la ocupaci&oacute;n israel&iacute;. El nexo entre KKR y los macroeventos musicales espa&ntilde;oles est&aacute; relacionado con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/superstruct-desconocido-dueno-30-festivales-espanoles-colocado-segundo-promotor-importante-mundo_1_11972278.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Superstruct Entertainment</a>, &mdash;due&ntilde;o de m&aacute;s de treinta, entre ellos el Vi&ntilde;a Rock&mdash;, que fue adquirido por el fondo inversor en 2024 por 1.300 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de cancelaciones del Vi&ntilde;a Rock, nueve, se produjeron en la semana posterior al primer avance de programaci&oacute;n. Fueron, en este orden: el d&uacute;o brit&aacute;nico de rap Bob Vylan, la cantante de pop ac&uacute;stico Grex, el grupo madrile&ntilde;o de rock Interferencias, los toledanos Balkan Bomba, el cantante de reggae Morodo, las bandas de rock urbano Cobardes y Rienda Suelta, el grupo de rock mestizo Che Sudaka y el veterano cuarteto de metal S&ouml;ber. Tras esa primera semana, la sangr&iacute;a se detuvo. Pero el 2 de enero, una nueva actualizaci&oacute;n del cartel desvel&oacute; dos ausencias m&aacute;s: el cantaor Israel Fern&aacute;ndez y el joven cantante murciano de pop-rock, Walls. En lugar de a&ntilde;adir artistas, el festival ha seguido perdi&eacute;ndolos.
    </p><p class="article-text">
        De los 47 artistas anunciados, solo se mantienen firmes 36. Es poco m&aacute;s de un tercio de los 90 nombres que suelen desfilar cada a&ntilde;o por los escenarios del festival. Algunos, como El Vicio del Duende, Amparanoia y M&auml;go de Oz, han emitido comunicados reafirmando su decisi&oacute;n de acudir a la cita de Villarrobledo. Tambi&eacute;n el festival ha denunciado que los artistas est&eacute;n recibiendo &ldquo;presiones, amenazas y chantajes&rdquo; para desvincularse del festival. Y en ese clima tan crispado, el cantautor punk <a href="https://www.instagram.com/p/DSEuCnUDMzu/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">El Ni&ntilde;o de la Hipoteca ha lanzado una oferta sin igual</a>: cualquier persona que no quiera ir al festival pero hubiese comprado el abono antes del 20 de mayo, podr&aacute; entrar gratis a uno de sus conciertos. Este diario ha contactado con el festival para conocer en qu&eacute; fecha se van a publicar el segundo lote de artistas, pero no ha obtenido respuesta.
    </p><h2 class="article-text">Un desencanto progresivo</h2><p class="article-text">
        Vi&ntilde;a Rock es solo uno de los festivales espa&ntilde;oles vinculados empresarialmente al fondo inversor KKR desde que este adquiri&oacute; Superstruct, empresa propietaria de O Son Do Caminho, FIB, Resurrection Fest, S&oacute;nar y Arenal Sound, entre otros. Sin embargo, es, con diferencia, el que est&aacute; recibiendo m&aacute;s presi&oacute;n por parte de colectivos que denuncian v&iacute;nculos de KKR con el genocidio palestino. Esto se debe a que el Vi&ntilde;a ha sido durante d&eacute;cadas un escaparate de movimientos pol&iacute;ticos que van del anticapitalismo al antifascismo, pasando por el antisionismo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen en Villarrobledo (Albacete) del Festival Viña Rock. EFE/Ismael Herrero"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen en Villarrobledo (Albacete) del Festival Viña Rock. EFE/Ismael Herrero                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La causa palestina siempre ha estado presente en el festival y, por lo tanto, su p&uacute;blico y sus artistas son los que m&aacute;s f&aacute;cilmente podr&iacute;an hacer suya una campa&ntilde;a de boicot. A esto cabe a&ntilde;adir el progresivo desencanto de parte del p&uacute;blico. Las informaciones sobre las condiciones laborales de los trabajadores, la creciente presi&oacute;n policial en el recinto y la presencia de s&iacute;mbolos del capitalismo (como el stand de Burger King) han agrietado la imagen del Vi&ntilde;a. De alg&uacute;n modo, la vinculaci&oacute;n con KKR ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos espectadores que llevaban a&ntilde;os y hasta d&eacute;cadas acudiendo al festival.
    </p><p class="article-text">
        David Mart&iacute;n tiene 41 a&ntilde;os y se estren&oacute; en el Vi&ntilde;a a los 18. &ldquo;Llevo muchos a&ntilde;os viendo la deriva que ha cogido&rdquo;, afirma este madrile&ntilde;o, que con este comentario se refiere a &ldquo;los sueldos de mierda que tienen los trabajadores&rdquo; y a la presencia de Burger King en el Vi&ntilde;a Rock, hecho que compara &ldquo;con la llegada de la cadena estadounidense de hamburguesas a Rusia&rdquo;. &ldquo;Es el capitalismo a saco&rdquo;, opina, refiri&eacute;ndose tambi&eacute;n otras franquicias que se han instalado en el recinto y que son &ldquo;todo lo contrario a lo que se pregona all&iacute; dentro&rdquo;. Aun as&iacute;, apenas ha fallado un par de a&ntilde;os a la cita y, en mayo de 2025, compr&oacute; dos entradas para volver al festival en 2026. &ldquo;Como vamos todos los a&ntilde;os mi pareja y yo, las compramos sin saber el cartel porque sal&iacute;an m&aacute;s baratas&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s de adquirirlas salt&oacute; la noticia de la vinculaci&oacute;n empresarial del festival con el fondo KKR. &ldquo;Nos dijimos: &iquest;ahora qu&eacute; hacemos?&rdquo;, recuerda David. El precio de oferta, 40 euros, implicaba una compra a ciegas ya que a&uacute;n no se hab&iacute;a anunciado qu&eacute; grupos actuar&iacute;an. Aun as&iacute;, el perfil art&iacute;stico del festival es tan marcado y hay tantos grupos que repiten que es dif&iacute;cil llevarse sorpresa alguna. Cuando en diciembre se anunci&oacute; el cartel, las pocas ganas que les quedaban se desvanecieron. &ldquo;Los grupos que van este a&ntilde;o ni siquiera nos gustan. Los que nos gustan se niegan a ir. Y me parece fenomenal. Pero lo de este a&ntilde;o no va a ser un Vi&ntilde;a Rock. Ser&aacute; otra cosa&rdquo;, opina. Ahora desear&iacute;a recuperar el dinero. El motivo es principalmente uno: &ldquo;No financiar a KKR. Lo otro&rdquo;, insiste refiri&eacute;ndose al listado de grupos que actuar&aacute;n, &ldquo;es secundario&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Esto ya no es el Vi&ntilde;a Rock</h2><p class="article-text">
        Laura Mu&ntilde;oz vive en Villarrobledo y ha asistido a cinco ediciones del Vi&ntilde;a Rock. Este a&ntilde;o no ir&aacute;. &ldquo;No voy a darle m&aacute;s dinero a un fondo sionista&rdquo;, afirma. Y, seg&uacute;n detecta, no es la &uacute;nica vecina del pueblo donde se celebra el festival que ha tomado esta decisi&oacute;n: &ldquo;La mayor&iacute;a de gente que conozco no van a ir porque ya se ha desvirtuado con todo esto&rdquo;, apunta, refiri&eacute;ndose, de nuevo, al v&iacute;nculo del festival con el fondo KKR. &ldquo;El Vi&ntilde;a Rock es antifascista y anticapitalista y con unos valores distintos a la empresa que lo gestiona&rdquo;, opina. Y, en otro orden de cosas, lamenta que se trate al p&uacute;blico &ldquo;como delincuentes&rdquo;. Para ella el Vi&ntilde;a Rock es &ldquo;un festival de porretas&rdquo; y denuncia que la gente no pueda &ldquo;ni fumar porros porque los registran la polic&iacute;a y la guardia civil y se los quitan&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen del Viña Rock en 2023"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen del Viña Rock en 2023                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El barcelon&eacute;s Oriol Cata puede confirmar las explicaciones de Laura. En 2012 se estren&oacute; en el Vi&ntilde;a Rock y desde entonces solo ha fallado en 2017. &ldquo;En la entrada te hace un primer control una empresa de seguridad privada y luego hay una fila de diez polic&iacute;as o guardias civiles, con armas largas&rdquo;, describe. &ldquo;El segundo d&iacute;a me dejaron en calzoncillos ah&iacute; en medio busc&aacute;ndome de todo. Y a&uacute;n me amenazaron con denunciarme por desacato a la autoridad solo porque quer&iacute;a esperarme all&iacute; hasta que acabasen de cachear a mi pareja&rdquo;, explica. &ldquo;Es el festival con m&aacute;s seguridad, guardias civiles y <em>secretas</em> infiltrados que he visto en mi vida&rdquo;, concluye este catal&aacute;n habituado a moverse por festivales de punk.
    </p><p class="article-text">
        A Oriol le molestan muchas m&aacute;s cosas. Por ejemplo, que proh&iacute;ban el uso de bengalas o la gente subida a hombros, pero luego se promocione el festival con este tipo de im&aacute;genes. Y, por supuesto, el <em>stand</em> de Burger King. &ldquo;Cada a&ntilde;o nos hemos ido desencantando, pero al final son cuatro d&iacute;as en los que te ves con gente que no ves el resto del a&ntilde;o. Los que vienen de Bilbao, los de Galicia, los de Val&egrave;ncia&rdquo;, enumera. Este a&ntilde;o tampoco ir&aacute;. &ldquo;No vuelvo porque el cartel no me mola, pero no volver&iacute;a aunque estuviera lleno de grupos que me gusten. Mis motivos son pol&iacute;ticos&rdquo;, resume. Y a&ntilde;ade: &ldquo;De todos los colegas que una semana antes nos escribimos para decir &lsquo;nos vemos en el Vi&ntilde;a&rsquo;, ninguno va a ir&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Otra campa&ntilde;a en Change.Org</h2><p class="article-text">
        David ha intentado recuperar su dinero aduciendo que el cartel del festival no se corresponde con el Vi&ntilde;a Rock al que ha acudido tantos a&ntilde;os, pero no ha tenido suerte. &ldquo;No hay una manera f&aacute;cil de contactar con el festival o por lo menos yo no la he encontrado&rdquo;, explica. Y al dirigirse a la empresa a trav&eacute;s de las redes sociales dice que le han contestado &ldquo;con cierta chuler&iacute;a&rdquo;. Por todo ello, el 13 de diciembre inici&oacute; una campa&ntilde;a en la plataforma Change.Org: <a href="https://www.change.org/p/petici%C3%B3n-para-reembolso-de-entradas-de-vi%C3%B1a-rock-2026-no-queremos-financiar-el-genocidio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Petici&oacute;n para reembolso de entradas de Vi&ntilde;a Rock 2026&rdquo;</a>. Su intenci&oacute;n era &ldquo;hacer un poco de ruido y ver si as&iacute; se lo pensaban&rdquo;. La campa&ntilde;a tiene como subt&iacute;tulo &ldquo;No queremos financiar el genocidio&rdquo;. En un mes han firmado su petici&oacute;n m&aacute;s de mil personas. No es la primera campa&ntilde;a de Change.Org referida al festival. En marzo de 2025 se abri&oacute; otra campa&ntilde;a bajo el t&iacute;tulo &ldquo;&iquest;D&oacute;nde estamos las mujeres? &iquest;D&oacute;nde estamos lxs manchegxs?&rdquo;. Esta ha recogido cerca de diez mil firmas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la mayor&iacute;a de promotoras van aumentando el precio de los abonos conforme se acerca el d&iacute;a del festival, semanas atr&aacute;s el Vi&ntilde;a Rock lanz&oacute; un concurso en el que regal&oacute; cientos de pases. El madrile&ntilde;o Alberto <em>Degenerado</em> asisti&oacute; en 2025 al festival invitado por una de las bandas que actuaban all&iacute;. Se hab&iacute;a resistido durante a&ntilde;os a asistir al macrofestival de Villarrobledo. &ldquo;Prefiero festivales m&aacute;s familiares, autogestionados y con principios, que no buscan el beneficio econ&oacute;mico&rdquo;, explica. Y pone como ejemplos Bellota Rock, Rock In Pino, Abejarrock, Tresparock o Antorcha. &ldquo;Fui al Vi&ntilde;a Rock porque me invitaron, pero no estoy dispuesto a dar dinero a este tipo de festivales&rdquo;, aclara. &ldquo;Pero este a&ntilde;o no ir&iacute;a ni invitado. Sabiendo que est&aacute; KKR, no ir&iacute;a aunque me gustasen las bandas. De hecho, las que vayan este a&ntilde;o ya est&aacute;n vetadas para m&iacute;&rdquo;, zanja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Oriol ya ha contactado con sus amigos de Murcia y este a&ntilde;o han cambiado de consigna. &ldquo;Nos vemos en el Lumbreiras&rdquo;, es el mensaje que se cruzan por WhatsApp, refiri&eacute;ndose al festival alicantino A&uacute;pa Lumbreiras que, tras celebrar su &uacute;ltima edici&oacute;n en 2014, renace este a&ntilde;o, en agosto, con Soziedad Alkoh&oacute;lika, El Drogas y Evaristo (de La Polla Records) como cabezas de cartel. Para Laura ser&iacute;a una alegr&iacute;a que el Vi&ntilde;a Rock no se celebrase este a&ntilde;o. &ldquo;Ser&iacute;a hacer justicia con los pobres gazat&iacute;es&rdquo;, suspira. David y su pareja tienen pocas esperanzas de recuperar sus 80 euros, pero no revender&aacute;n sus dos entradas. &ldquo;Las tiraremos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/incertidumbre-100-dias-vina-rock-25-bandas-han-cancelado-publico-reclama-dinero-entradas_1_12918999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 21:58:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c2f746b0-57fe-4a06-9f5c-9faf03fe517a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="773919" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c2f746b0-57fe-4a06-9f5c-9faf03fe517a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="773919" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Incertidumbre a 100 días del Viña Rock: casi un 25% de las bandas han cancelado y el público reclama el dinero de las entradas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c2f746b0-57fe-4a06-9f5c-9faf03fe517a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Festivales de música,Viña Rock,Conciertos,Conflicto Palestina-Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué hacer cuando se suspende un festival y no te devuelven el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/suspende-festival-no-devuelven-dinero_1_12878050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1199d132-3729-4e28-9906-100aae64be7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hacer cuando se suspende un festival y no te devuelven el dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Solo en 2025 se han cancelado una veintena de festivales y algunos se han resistido a devolver el importe de las entradas al público o han obstaculizado el proceso de reembolso
</p><p class="subtitle">Consumo abre expediente sancionador contra una gran promotora de festivales alegando prácticas abusivas
</p></div><p class="article-text">
        Acaba el a&ntilde;o, y en un pa&iacute;s que hace tiempo que rebas&oacute; el umbral de los<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/vina-rock-enfrenta-ano-complicado-retraso-anuncio-cartel-boicot-parte-bandas-publico_1_12825040.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> mil festivales por temporada </a>es m&aacute;s que razonable que algunos se cancelen. En 2025 ha ocurrido m&aacute;s de veinte veces. Entre los afectados, las ediciones del<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/denuncian-reggaeton-beach-festival-imponer-condiciones-abusivas_1_10409489.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Reggaeton Beach Festival en Marbella</a> y Oropesa de Mar, la escala madrile&ntilde;a de Locos Por La M&uacute;sica, el Negrita Fest de Salamanca, la &uacute;ltima fecha de Vive Ja&eacute;n Music Fest y los festivales Brisadela, Wimen, Iberia Festival, Rocanrola, Iceberg, Reus Music Fest, Off BCN, Sunlight Festival, Est&eacute;reo Live, Love To Rock, Bridge District Festival, Montgorock&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Las razones m&aacute;s habituales son las condiciones climatol&oacute;gicas o la escasa venta de entradas. Algunos festivales han aducido tambi&eacute;n &ldquo;factores externos&rdquo;. Es el caso del Pirata Murcia, donde el factor externo era la campa&ntilde;a de Vox para que Soziedad Alkoh&oacute;lika no actuase en &eacute;l. Otros, como el Sunlight de El Puerto de Santa Mar&iacute;a, se han escudado en &ldquo;la retirada del apoyo institucional&rdquo;. El Madritallica de Malag&oacute;n (Ciudad Real) no lleg&oacute; a celebrarse debido a &ldquo;una estafa relacionada con la producci&oacute;n del evento&rdquo;. El Cueva de Nerja, por una raz&oacute;n de ins&oacute;lito peso: &ldquo;falta de tiempo para organizarlo&rdquo;. Aun as&iacute;, la excusa m&aacute;s rocambolesca la aport&oacute; el My Playlist Fest. En su caso fueron &ldquo;circunstancias fuera de nuestro control relacionadas con la convivencia de varios eventos en el espacio de los exteriores del Estadio de la Cartuja&rdquo;. Traducci&oacute;n: este evento iba a reunir a Caf&eacute; Quijano, &Iacute;&ntilde;igo Quintero y Despistaos el mismo d&iacute;a que el rapero argentino Duki actuaba en el interior del estadio de La Cartuja.
    </p><h2 class="article-text">Devoluci&oacute;n autom&aacute;tica&hellip; o no</h2><p class="article-text">
        En la mayor&iacute;a de casos, el descalabro se resuelve retornando autom&aacute;ticamente el importe de las entradas, pero no siempre es as&iacute;. Y el goteo de festivales que dificultan el reembolso del dinero obligando al p&uacute;blico a reclamarlo en un plazo de tiempo reducido o que, simplemente, se quedan el dinero no deja de crecer. No es, en absoluto, una pr&aacute;ctica habitual, pero tampoco es algo muy puntual. Es una din&aacute;mica silenciosa que se concreta, sobre todo, cuando la promotora entra en concurso de acreedores y los espectadores quedan desamparados a la espera de una devoluci&oacute;n que nunca llega. Y el caso no salta a la luz a menos que los afectados se organicen en plataformas o presenten reclamaciones a asociaciones de consumidores y departamento de consumo de sus comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, la Organizaci&oacute;n de Consumidores y Usuarios (OCU) ha recibido una treintena de reclamaciones relacionadas con los festivales catalanes Wimen y Reus Music Fest, los valencianos Rocanrola e Iberia Festival y el madrile&ntilde;o Locos por la M&uacute;sica. En todos estos casos, el motivo fue la no devoluci&oacute;n del importe de las entradas una vez cancelados. En Facua han recibido a&uacute;n m&aacute;s quejas y en mayo ya denunciaron a la promotora del Reggaeton Beach Festival por limitar a solo 15 d&iacute;as el tiempo para reclamar la devoluci&oacute;n del dinero de las ediciones de Oropesa y Marbella. Ambas citas se cancelaron en abril aunque estaba previsto que se celebrasen entre finales de junio y principios de julio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2397y1448.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2397y1448.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2397y1448.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2397y1448.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2397y1448.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2397y1448.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bbc24262-b212-4c99-b5a3-3ce619f4acb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2397y1448.jpg"
                    alt="El artista Juan Magán en el concierto ‘Locos por la Música’, en el Estadio Santiago Bernabéu, a 26 de abril de 2024, en Madrid (España)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El artista Juan Magán en el concierto ‘Locos por la Música’, en el Estadio Santiago Bernabéu, a 26 de abril de 2024, en Madrid (España)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El Reus Music Fest cambi&oacute; de fechas su segunda edici&oacute;n y finalmente se suspendi&oacute; por &ldquo;la incompatibilidad de las fechas propuestas con diversos artistas del cartel inicialmente programados&rdquo;. El festival asegur&oacute; que reembolsar&iacute;a el importe a las personas que enviasen en el plazo de diez d&iacute;as su nombre completo y c&oacute;digo de compra a una direcci&oacute;n de email de la ticketera. El comunicado ofrec&iacute;a incluso un n&uacute;mero de tel&eacute;fono, pero el dinero no lleg&oacute;. Varias personas se organizaron desde la cuenta de instagram <a href="https://www.instagram.com/afectats.rmf/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Afectats.rmf</a> y tramitaron su reclamaci&oacute;n a trav&eacute;s de la Ag&egrave;ncia Catalana de Consum. El estamento p&uacute;blico recibi&oacute; 27 reclamaciones, aunque el n&uacute;mero de entradas era m&aacute;s elevado &ldquo;porque en cada una de las 27 reclamaciones se ped&iacute;a la devoluci&oacute;n de varias entradas&rdquo;, informan desde la ACC. La entidad asumi&oacute; la mediaci&oacute;n con la empresa y logr&oacute; que los consumidores recuperasen el dinero de las entradas. Desde la plataforma Afectats.rmf confirman los hechos: &ldquo;Han ido pagando con cuentagotas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La ticketera se lava las manos</h2><p class="article-text">
        El 17 y 18 de octubre iban a celebrarse en la Caja M&aacute;gica de Madrid los festivales Iceberg y Locos Por La M&uacute;sica. Miguel Minieri compr&oacute; entradas para el primero, pero a dos semanas de abrir puertas, la promotora lo suspendi&oacute; &ldquo;por motivos de viabilidad econ&oacute;mica&rdquo;. Los compradores recibieron un mensaje m&aacute;s claro, pero menos tranquilizador. &ldquo;Da&ntilde;os econ&oacute;micos ocasionados por la cancelaci&oacute;n del evento&rdquo; imped&iacute;an &ldquo;en este momento la devoluci&oacute;n de las entradas&rdquo;. El t&eacute;rmino &ldquo;en este momento&rdquo; se ha revelado tan el&aacute;stico que a Miguel nadie le ha devuelto nada. &ldquo;Hablar con el promotor es imposible&rdquo;, lamenta.
    </p><p class="article-text">
        Las gestiones con la ticketera tampoco han dado fruto: &ldquo;Se lava las manos diciendo que solo es el intermediario y que no tiene capacidad legal ni operativa para devolvernos el dinero&rdquo;, explica. Miguel usa el plural porque varios amigos compraron entradas y porque le han contactado una decena m&aacute;s de espectadores en la misma situaci&oacute;n. Dos meses despu&eacute;s, se desvanecen las esperanzas y flaquean las fuerzas. &ldquo;Tienen nuestro dinero y no parece que nos lo vayan a devolver a corto plazo. Si siguen as&iacute;, habr&aacute; que denunciarles. Pero por 38 euros da un poco de pereza ponerte con burocracia. Creo que juegan un poco con eso&rdquo;, intuye Miguel.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tienen nuestro dinero y no parece que nos lo vayan a devolver a corto plazo. Si siguen así, habrá que denunciarles. Pero por 38 euros da un poco de pereza ponerte con burocracia. Juegan un poco con eso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Wind And Tide Music SL, promotora del Iceberg Festival, tambi&eacute;n organizaba la edici&oacute;n madrile&ntilde;a de Locos Por La M&uacute;sica, un encuentro de bandas de pop-rock espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os 80 y 90 ideado por la promotora Los Felices Existen y de la que este a&ntilde;o tambi&eacute;n se han celebrado ediciones en C&aacute;ceres, Valladolid y Valencia. En OCU recibieron 18 reclamaciones relacionadas con este evento, cifra que estimaron demasiado baja para emprender una demanda colectiva. Aunque cada festival es un mundo distinto, esperan recibir &ldquo;entre cincuenta y cien&rdquo; para iniciar una demanda. En este caso, todas las personas contactadas para este reportaje aseguran que al final ha recuperado su dinero. Algunas, de puro rebote. &ldquo;A trav&eacute;s de una de las bandas que formaban parte del cartel, a la que conoc&iacute;a personalmente, consegu&iacute; agilizar los tr&aacute;mites&rdquo;, desvela Emilio.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No disponemos de fondos&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La primera edici&oacute;n del Wimen no pudo acabar peor. Iba a ser un ciclo de conciertos protagonizado exclusivamente por mujeres y distribuido en distintas salas barcelonesas a lo largo de octubre. Se celebraron los del primer fin de semana, con Mar&iacute;a Jos&eacute; Llerg&oacute; entre otras, pero cuando hubo que encarar el segundo, el m&aacute;s surtido de programaci&oacute;n, la estrategia se mostr&oacute; fallida. Muchas actuaciones se contraprogramaban entre s&iacute;, de modo que la venta de entradas nunca lleg&oacute; a despegar y finalmente se suspendi&oacute; todo el ciclo. Tras el comunicado oficial, el promotor aclar&oacute; la situaci&oacute;n a los poseedores de entradas. La frase definitiva estaba remarcada en negrita: &ldquo;No disponemos de fondos para efectuar el reembolso de las entradas del concierto que adquiriste&rdquo;. Palma y su amiga compraron un par para ver a Concha Buika en el Poble Espanyol. Todav&iacute;a esperan su dinero. &ldquo;Estoy muy indignada&rdquo;, suelta, ante lo que considera &ldquo;una estafa en toda regla&rdquo;. El promotor, Jos&eacute; Mar&iacute;a Farf&aacute;n, alias &lsquo;El Mago&rsquo;, ha desaparecido.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/be40951b-8814-4a0c-8740-e8e5258d549a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen promocional de lo que iba a ser el festival Brisadela que iba a celebrarse en Tudela a mediados de junio"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen promocional de lo que iba a ser el festival Brisadela que iba a celebrarse en Tudela a mediados de junio                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aun en el supuesto de que las promotoras reembolsen el dinero de las entradas al p&uacute;blico, algunas no devuelven los gastos de gesti&oacute;n. As&iacute; lo descubrieron los afectados del festival barcelon&eacute;s Off BCN cuando la ticketera Resident Advisor no retorn&oacute; esa parte del importe. Y, los del Madritallica de Malag&oacute;n (Ciudad Real), a quienes la promotora ya advirti&oacute; con antelaci&oacute;n que no los devolver&iacute;a. En Facua recuerdan que no es legal retener esa parte del importe de la entrada y tambi&eacute;n remarcan que &ldquo;m&aacute;s all&aacute; del importe de las entradas, los usuarios tienen derecho a reclamar los da&ntilde;os y perjuicios sufridos como consecuencia de la cancelaci&oacute;n. En este sentido, si hay necesidad de anular noches de hotel o transporte contratados previamente, tendr&iacute;an derecho a reclamarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna irregularidad registrada este a&ntilde;o en cuanto a la no devoluci&oacute;n del dinero de las entradas de festivales cancelados puede ser considerada excepcional. En 2022 se produjo uno de los casos m&aacute;s sonados de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: la cancelaci&oacute;n del festival Diversity de Valencia en el que iban a actuar Christina Aguilera, Karol G e Iggy Pop. En 2023 Facua ya denunci&oacute; al festival Salamanca Vive por no devolver el dinero de las entradas al p&uacute;blico, pero la multa impuesta por la Junta de Castilla y Le&oacute;n fue de 1.800 euros, cifra que la Federaci&oacute;n de Asociaciones de Consumidores y de Usuarios de Andaluc&iacute;a calific&oacute; de &ldquo;absolutamente rid&iacute;cula&rdquo;. Solo medio a&ntilde;o antes, Facua hab&iacute;a conseguido mediante otro proceso judicial que el gobierno vasco multase con 60.000 euros a la promotora que hab&iacute;a organizado la gira de conciertos Modern Talking y Sandra cancelados en Bilbao, Sevilla y Badalona. Y ni siquiera tan voluminosa sanci&oacute;n ha significado que toda la gente que compr&oacute; esas entradas haya recuperado su dinero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en 2024 la ACC recibi&oacute; 56 reclamaciones relacionadas con cancelaci&oacute;n de conciertos, en 2025 la cifra ha ascendido hasta 73. En OCU reciben cada verano &ldquo;reclamaciones por la devoluci&oacute;n del saldo restante de la pulsera, por cambios de cartel sin informaci&oacute;n previa y sin compensaci&oacute;n, por la prohibici&oacute;n de entrar con comida y bebida del exterior, etc.&rdquo;, pero perciben que en los festivales se reclama menos que en otros &aacute;mbitos de consumo. Intuyen dos motivos: &ldquo;los asistentes suelen ser j&oacute;venes&rdquo; y &ldquo;el importe a reclamar es una cuant&iacute;a escasa&rdquo;. La denuncia que Facua present&oacute; ante la Generalitat Valenciana y la Junta de Andaluc&iacute;a por el breve plazo de tiempo que ofrec&iacute;a al p&uacute;blico para recuperar el dinero de sus entradas tras la cancelaci&oacute;n del Reggaeton Beach Festival tendr&aacute; un lento recorrido, pero insisten en que es el &uacute;nico camino para recuperar el dinero y erradicar los abusos por parte de los festivales. Ese, y que las administraciones p&uacute;blicas dicten sentencias menos tibias y m&aacute;s ejemplarizantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/suspende-festival-no-devuelven-dinero_1_12878050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 21:24:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1199d132-3729-4e28-9906-100aae64be7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="386723" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1199d132-3729-4e28-9906-100aae64be7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="386723" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué hacer cuando se suspende un festival y no te devuelven el dinero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1199d132-3729-4e28-9906-100aae64be7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Festivales,Musical,Derechos del consumidor,Conciertos,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Viña Rock se enfrenta a su año más complicado: retraso en el anuncio del cartel y boicot por parte de bandas y público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vina-rock-enfrenta-ano-complicado-retraso-anuncio-cartel-boicot-parte-bandas-publico_1_12825040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Viña Rock se enfrenta a su año más complicado: retraso en el anuncio del cartel y boicot por parte de bandas y público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Decenas de artistas anunciaron en mayo que no volverían al festival de Villarrobledo debido a sus vínculos con el fondo inversor KKR. Su cartel para 2026 será presentado la semana que viene, meses más tarde de lo habitual</p><p class="subtitle">Cuáles son los vínculos del fondo de inversión KKR con Israel y cómo afectan a los festivales españoles
</p></div><p class="article-text">
        Hace semanas que los macrofestivales espa&ntilde;oles han anunciado sus carteles para 2026, pero hay uno que sigue en silencio. Lo ins&oacute;lito del caso es que se trata del macrofestival que inaugura la temporada: el Vi&ntilde;a Rock. Tanto misterio ha avivado todo tipo de especulaciones durante meses, pero fuentes del festival confirmaron d&iacute;as atr&aacute;s a elDiario.es que habr&aacute; Vi&ntilde;a Rock. La lista de los primeros artistas programados se anunciar&aacute; la <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/cuenta-venta-primeros-abonos-festival-vina-rock-2026_1_12820045.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pr&oacute;xima semana</a>, a menos de cinco meses de la apertura de puertas. Muy tarde para los tiempos que corren. Tras la pandemia, Vi&ntilde;a Rock hab&iacute;a anunciado siempre su cartel entre septiembre y octubre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; se debe tanto retraso, si la tendencia de los festivales es desvelar los carteles cuanto antes para atraer al p&uacute;blico e ingresar dinero con el que pagar los primeros gastos? Decenas de artistas anunciaron el pasado mes de mayo que no volver&iacute;an al festival de Villarrobledo debido <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/son-vinculos-fondo-inversion-kkr-israel-afectan-festivales-espanoles_1_12621582.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a sus v&iacute;nculos con el fondo inversor KKR</a>. Fermin Muguruza, Porretas, Non Servium, Boikot, Kaos Urbano, Reincidentes, El &Uacute;ltimo Ke Zierre, Ska-P, Sons of Aguirre, Reincidentes, Los Chikos del Ma&iacute;z, Ill Peke&ntilde;o y Ergo Pro, Tribade, Dakidarr&iacute;a, El Noi del Sucre, La &Eacute;lite, Gigatr&oacute;n y El Ni&ntilde;o de la Hipoteca, entre otros emitieron comunicados en este sentido.
    </p><p class="article-text">
        Andoni Loizaga, responsable de marca y comunicaci&oacute;n de Vi&ntilde;a Rock y uno de los <em>bookers</em> que contrata bandas, responde con evasivas a las preguntas de este peri&oacute;dico. El retraso en el anuncio de su cartel &ldquo;depende un poco de las negociaciones&rdquo; y &ldquo;de los planes de los artistas&rdquo; aunque reconoce que &ldquo;al final, cuando te meten en una pol&eacute;mica&rdquo; pueda ser m&aacute;s dif&iacute;cil armar el cartel.
    </p><p class="article-text">
        El listado de bandas que se sumaron al boicot la primavera pasada super&oacute; pronto el centenar. Algunas ni siquiera est&aacute;n en activo. Otras actuaron en la edici&oacute;n de 2025 porque la pol&eacute;mica salt&oacute; una semana despu&eacute;s de la celebraci&oacute;n del festival. Es ahora cuando el boicot est&aacute; afectando de lleno al Vi&ntilde;a Rock. Medio a&ntilde;o despu&eacute;s, la postura de muchos artistas es la misma y ello ha obligado al festival a remover cielo y tierra para confeccionar un cartel atractivo para su p&uacute;blico. Pero a los grupos que ya han anunciado su negativa, cabe a&ntilde;adir muchos otros que en su d&iacute;a no se pronunciaron y que tampoco quieren ver su nombre asociado al Vi&ntilde;a.
    </p><h2 class="article-text">Soziedad Alkoh&oacute;lika tampoco</h2><p class="article-text">
        Soziedad Alkoh&oacute;lika es uno de los grupos que m&aacute;s veces ha actuado en el festival de Villarrobledo; en 18 de sus 28 ediciones. Solo Boikot han tocado m&aacute;s veces en el Vi&ntilde;a: nada menos que veinte. Boikot ya advirtieron en primavera que no quer&iacute;an actuar &ldquo;para empresas, marcas o entidades que apoyan, financian o blanquean el genocidio del pueblo palestino&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Consultado por este diario, Juan Ace&ntilde;a, cantante de Soziedad Alkoh&oacute;lika, ha sido igual de tajante: &ldquo;Contactaron para que toquemos este a&ntilde;o y les dijimos que no vamos a tocar ni en ese ni en ning&uacute;n festival que tenga en mayor o menor medida alg&uacute;n tipo de v&iacute;nculo con el fondo de inversi&oacute;n KKR&rdquo;. Son solo dos de los reclamos cl&aacute;sicos de un festival se ve en dificultades para nutrir la programaci&oacute;n de punk y rock contestatario. Aunque en el Vi&ntilde;a Rock hay oferta de rap, reggae, sonidos mestizos y otros ritmos urbanos, esa es una de sus se&ntilde;as de identidad hist&oacute;ricas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Contactaron para que toquemos este año y les dijimos que no vamos a tocar ni en ese ni en ningún festival que tenga en mayor o menor medida algún tipo de vínculo con el fondo de inversión KKR</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Aceña </span>
                                        <span>—</span> Cantante de Soziedad Alkohólika
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Litus Tenesa es miembro de la cooperativa musical y agencia de management catalana Propaganda Pel Fet. Con una treintena de artistas en cartera (entre ellos, Lia Kali, Svetlana, Tribade, Xavi Sarri&agrave;, Auxili y Las Ninyas del Corro), reconoce haber recibido llamadas de Vi&ntilde;a Rock, pero ninguno de sus grupos quiere ir. &ldquo;Yo ya les dije (al festival) que si no cambian las cosas, no llevar&eacute; grupos. Todos somos adultos y entiendo la situaci&oacute;n que se han encontrado, pero tienen que hacer movimientos porque si no, mis grupos no ir&aacute;n. Todos pasan mucho del Vi&ntilde;a Rock&rdquo;, remarca. Para Tenesa, <a href="https://www.vina-rock.com/comunicado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el comunicado del festival</a> justificando su posici&oacute;n frente al boicot &ldquo;fue a&uacute;n peor&rdquo; porque denotaba &ldquo;un punto de prepotencia&rdquo; y desvela que a diferencia de otros a&ntilde;os, en los que el festival ten&iacute;a la sart&eacute;n por el mango y rebajaba las demandas econ&oacute;micas de agencias y bandas, en esta ocasi&oacute;n &ldquo;est&aacute;n pagando cach&eacute;s que antes no aceptaban pagar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Amenazas nada veladas</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Este a&ntilde;o no les hemos ofrecido bandas&rdquo;, reconocen desde otra agencia de management que prefiere no dar su nombre. Muchos de sus artistas ya se sumaron al boicot en primavera y otros ni siquiera tienen previsto actuar en 2026. &ldquo;Con el perfil de grupos que tenemos es complicado que alguna quiera estar all&iacute; y quiz&aacute; por eso ni nos han llamado&rdquo;, intuye. &ldquo;Yo no tengo ninguna historia contra ellos, pero ahora estamos m&aacute;s centrados en apagar otros fuegos con Wegow y lo que le pase al Vi&ntilde;a nos interesa bastante poco&rdquo;, zanja, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/wegow-anuncia-preconcurso-acreedores-denuncias-impago-parte-artistas_1_12319871.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aludiendo a la tiquetera</a> que ha dejado impagos ante el peligro de quiebra. Con la vista puesta m&aacute;s all&aacute; de 2026, el agente asume como parte del juego que &ldquo;quien no quiera ir este a&ntilde;o al Vi&ntilde;a se tirar&aacute; un tiempo sin ir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este es el principal motivo por el que otras empresas se resisten a revelar su identidad en este reportaje. &ldquo;Cuando salt&oacute; la pol&eacute;mica, todas mis bandas me dijeron que no quer&iacute;an ir. Unas dieron un no rotundo y otras no quieren que su presencia all&iacute; les acabe explotando en la cara y tambi&eacute;n han dicho que no&rdquo;, explican desde otra agencia que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada colaborando con el festival.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando saltó la polémica, todas mis bandas me dijeron que no querían ir. Unas dieron un no rotundo y otras no quieren que su presencia allí les acabe explotando en la cara y también han dicho que no</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Una agencia de management que lleva 10 años colaborando con el Viña Rock</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
         &ldquo;El Vi&ntilde;a me ha pedido que les pase propuestas, pero yo debo respetar la decisi&oacute;n de mis bandas&rdquo;, justifican. Tantas negativas han provocado que en el festival est&eacute;n &ldquo;bastante enfadados y bastante frustrados&rdquo; y que en algunas ocasiones hayan escuchado amenazas del tipo &ldquo;nos acordaremos de nombres de todos los que no quieran tocar ahora&rdquo; o &ldquo;el que se sume al boicot, que se olvide de tocar en el Vi&ntilde;a en su puta vida&rdquo; por parte de directivos del festival albacete&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text">Quejas del p&uacute;blico</h2><p class="article-text">
        La posible cancelaci&oacute;n del festival ha sido un rumor creciente en los &uacute;ltimos meses en el gremio y tema de conversaci&oacute;n recurrente en los pasillos de la &uacute;ltima edici&oacute;n de la feria de la industria musical BIME celebrada a finales de octubre. Mientras, el nerviosismo del p&uacute;blico ha ido endureciendo el tono de los comentarios en las redes del festival. Del comentario &ldquo;el a&ntilde;o pasado, el 14 de octubre ya hab&iacute;a avance de cartel con m&aacute;s de 20 artistas. A qu&eacute; esper&aacute;is?&rdquo; se ha pasado al &ldquo;a&uacute;n no entiendo a qu&eacute; grupo vais a llevar, si la mayor&iacute;a se niega a tocar en vuestro festival&rdquo; e incluso a solicitar el reembolso de abonos comprados en preventa tras la &uacute;ltima edici&oacute;n, seg&uacute;n los comentarios aparecidos en redes sociales. Otros prefieren bromear con hipot&eacute;ticos cabezas de cartel y sueltan chascarrillos como &ldquo;primer confirmado para 2026: <em>Mago de Vox</em>&rdquo; o &ldquo;a qu&eacute; hora actuar&aacute; Carlos Baute? Antes o despu&eacute;s de Marta S&aacute;nchez?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f69dd121-fe1f-4373-8e6f-a8fc99368315_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El público del Viña Rock, en una de sus ediciones pasadas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El público del Viña Rock, en una de sus ediciones pasadas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A este tipo de reacciones, acumuladas desde que salt&oacute; la noticia de que KKR era el nuevo propietario de Superstruct (el conglomerado que en su d&iacute;a adquiri&oacute; festivales como Vi&ntilde;a Rock, FIB, S&oacute;nar y Resurrection Fest) y que bajo su paraguas hab&iacute;a empresas (inmobiliarias y de armamento) que se estaban lucrando con la ocupaci&oacute;n israel&iacute; de Palestina, se refer&iacute;a un alto cargo de Superstruct como &ldquo;puro acoso y <em>bullying</em> digital&rdquo;. En <a href="https://www.elmundo.es/cultura/musica/2025/11/05/6904f58afc6c83e9798b4596.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la entrevista de El Mundo</a>, un directivo no identificado afirmaba que &ldquo;se&ntilde;alar a los festivales gener&oacute; una tensi&oacute;n innecesaria para cumplir con la agenda de ciertos movimientos que saben exactamente c&oacute;mo se&ntilde;alan, por qu&eacute; se&ntilde;alan y por qu&eacute; atacan&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Nueva competencia</h2><p class="article-text">
        Por si el boicot al Vi&ntilde;a Rock fuera poco, la muestra albacete&ntilde;a ha tenido que lidiar con otro obst&aacute;culo. Dos festivales dirigidos a perfiles de p&uacute;blico similar y que sol&iacute;an celebrarse en oto&ntilde;o han trasladado sus respectivas ediciones, precisamente este a&ntilde;o, al primer fin de semana de mayo. En 2026, el alicantino Rocanrola y el extreme&ntilde;o Extrem&uacute;sika se celebrar&aacute;n en mismas fechas del Vi&ntilde;a Rock. &ldquo;La gente huele a sangre y aprovecha&rdquo;, ilustra con crudeza un agente de bandas. Ambos festivales han anunciado ya sus respectivos carteles. 
    </p><p class="article-text">
        Rocanrola contar&aacute; con raperos como Kase O, Nach, Foyone, Falsalarma, Hoke e Hijos de la Ruina, el proyecto que une a Natos y Waor con Recycled J. Por su parte, en Extrem&uacute;sika tocar&aacute;n Reincidentes, Kaos Et&iacute;liko, Narco, Def Con Dos, Sons of Aguirre, Hamlet y Los De Marras, entre otros. Varios de ellos ya hab&iacute;an firmado comunicados en mayo anunciando que no volver&iacute;an a actuar en el Vi&ntilde;a Rock.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/64ed7d71-f871-49b1-9560-483ad5d878ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen en Villarrobledo (Albacete) del Festival Viña Rock"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen en Villarrobledo (Albacete) del Festival Viña Rock                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sobre la coincidencia de tres festivales el mismo fin de semana, Andoni Loizaga opina que &ldquo;cada festival tendr&aacute; sus motivos para decidir cambiarse (de fecha)&rdquo; y recuerda que otros a&ntilde;os Vi&ntilde;a Rock y Extrem&uacute;sika coincidieron el mismo fin de semana, lo cual no impidi&oacute; que alg&uacute;n artista actuase en ambos citas. Esa coincidencia, no obstante, solo se dio una vez: en 2019.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tres d&eacute;cadas sin apenas sorpresas en el anuncio de la programaci&oacute;n, puesto que el p&uacute;blico asum&iacute;a que m&aacute;s o menos actuar&iacute;an los grupos de siempre, el pr&oacute;ximo cartel del Vi&ntilde;a Rock ha batido todos los r&eacute;cords de suspense. Todas las fuentes consultadas coinciden en que, por muy complicado que sea armar una programaci&oacute;n consistente de punk-rock contestatario e incluso de sonidos mestizos, la oferta de metal y, sobre todo, rap est&aacute; garantizada porque en esos g&eacute;neros hay m&aacute;s grupos que no tienen una posici&oacute;n pol&iacute;tica tan definida.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Loizaga s&iacute; responde con rotundidad es que el Vi&ntilde;a Rock se celebrar&aacute;. &ldquo;El festival se hace 100%: que la gente est&eacute; tranquila&rdquo;. El martes 9 de diciembre se anuncia el primer lote de artistas y dos d&iacute;as despu&eacute;s salen a la venta los abonos a 42,50 euros. &ldquo;A partir de ah&iacute; las dudas que pueda tener la gente ya las expresar&aacute;n&rdquo;, concluye. El festival avanza que este a&ntilde;o &ldquo;doblar&aacute; cada donaci&oacute;n realizada por los asistentes en el proceso de compra de su entrada a la causa palestina&rdquo;, tras lo cual ya ha recibido acusaciones en redes de intentar as&iacute; blanquear su imagen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vina-rock-enfrenta-ano-complicado-retraso-anuncio-cartel-boicot-parte-bandas-publico_1_12825040.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Dec 2025 20:40:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="315820" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="315820" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Viña Rock se enfrenta a su año más complicado: retraso en el anuncio del cartel y boicot por parte de bandas y público]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c14c19a7-ed99-4a16-bca8-20fd6e37b290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Festivales,Viña Rock]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[30 años de LEM, la muestra de música experimental que nació para salvar un barrio de la turistificación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/30-anos-lem-muestra-musica-experimental-nacio-salvar-barrio-turistificacion_1_12691676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cb7682c-91fe-4c55-8159-ef9a7f7bbf87_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128152.jpg" width="850" height="478" alt="30 años de LEM, la muestra de música experimental que nació para salvar un barrio de la turistificación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ciclo barcelonés de sonidos inciertos y de riesgo encara su trigésima edición tras sobreponerse a la repentina muerte, en 2020, de su ideólogo Víctor Nubla</p><p class="subtitle">Análisis - ¿Tiene sentido esta nueva Oreja de Van Gogh 18 años después?</p></div><p class="article-text">
        Cumplir 30 a&ntilde;os es tendencia en 2025: lo celebran discos, artistas y proyectos de toda &iacute;ndole. Pero entre las iniciativas culturales que este oto&ntilde;o conmemoran su trig&eacute;simo aniversario destaca con luz propia el ciclo de sonidos experimentales LEM. Nadie en este pa&iacute;s ha trabajado con m&aacute;s ah&iacute;nco y entusiasmo por divulgar las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/fiesta-musica-madrid-propuesta-arriesgada_1_3958803.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&uacute;sicas de riesgo</a>. Impulsado desde 1996 por la asociaci&oacute;n Gr&agrave;cia Territori Sonor (o GTS), detr&aacute;s de este dispositivo sonoro (que no festival), estaban, entre otros, Macromassa, d&uacute;o de exploraci&oacute;n filomusical formado por V&iacute;ctor Nubla y Juan Crek al que se atribuye el primer disco autoeditado en Espa&ntilde;a: <em>Darlia microt&oacute;nica</em> (1976).
    </p><p class="article-text">
        Durante los pr&oacute;ximos d&iacute;as, el LEM acoger&aacute; en distintos locales de Barcelona al guitarrista sardo espectral SARRAM, a la c&eacute;lula pionera de la escena postindustrial alemana Das Synthetische Mischgewebe, a la pareja de trompistas suecos Atem Duo y al maestro del piano contempor&aacute;neo Josep Maria Balany&agrave;. A petici&oacute;n propia, tambi&eacute;n actuar&aacute; en esta trig&eacute;sima edici&oacute;n el franc&eacute;s Kasper T. Toeplitz, compositor de la escena ruidista europea que estrena una pieza inspirada en Nubla, amigo personal e ide&oacute;logo del LEM que falleci&oacute; en 2020. Precisamente este mes, el festival de cine documental musical In-Edit estrenar&aacute; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=t8jBgXaGmzc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>M&egrave;tode Nubla d&rsquo;interpretaci&oacute; de V&iacute;ctor Nubla</em></a>, un retrato de su irrepetible figura.
    </p><p class="article-text">
        Joan Ramon Guzm&aacute;n fue uno de los 25 espectadores que asisti&oacute; en 1976 a los conciertos de Macromassa en la barcelonesa sala M&agrave;gic de cuya grabaci&oacute;n nacer&iacute;a el disco <em>Darlia microt&oacute;nica</em>. &ldquo;Fui de los 15 que se qued&oacute; hasta el final&rdquo;, resalta. De aquel encuentro surgi&oacute; una amistad inquebrantable. El LEM nacer&iacute;a veinte a&ntilde;os despu&eacute;s en una conversaci&oacute;n de bar, &ldquo;el h&aacute;bitat natural de Nubla&rdquo;, recuerda Guzm&aacute;n. Ese d&iacute;a qued&oacute; dibujado en una servilleta de papel el croquis de un hipot&eacute;tico ciclo de m&uacute;sicas inciertas. A&uacute;n lo conservan, enmarcado, en la oficina de GTS. Distribuidas estrat&eacute;gicamente, como si de un poema visual se tratase, a&uacute;n se pueden intuir algunas palabras: ciudad, m&uacute;sica, m&iacute;stica, literatura y audiovisual.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_50p_1128150.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_50p_1128150.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_75p_1128150.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_75p_1128150.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_default_1128150.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_default_1128150.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/817ac12a-7955-42c8-9d09-bcb709a6b580_16-9-aspect-ratio_default_1128150.jpg"
                    alt="Víctor Nubla, Pascal Comelade y Anton Ignorant a mediados de los años 80"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Víctor Nubla, Pascal Comelade y Anton Ignorant a mediados de los años 80                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El LEM no nac&iacute;a de la nada, sino como respuesta a una extra&ntilde;a hiperactividad experimental concentrada en el barrio barcelon&eacute;s de Gr&agrave;cia. En los a&ntilde;os 80, se hab&iacute;an instalado all&iacute; muchos m&uacute;sicos de la escena europea: de William Bennett a Pierre Bastien, pasando por Pascal Comelade. Colectivos del barrio programaban artistas clave como Henry Cow y la emisora pirata Radio PICA propagaba por las ondas los emergentes sonidos industriales. De todo ello da cuenta el recopilatorio <em>Experimental music from Gr&agrave;cia</em> (1996). Nubla y sus ac&oacute;litos idearon un ciclo de sonidos inquietos, extremos e inc&oacute;modos cuyo texto fundacional del LEM hablaba de &ldquo;reforzar la red de peque&ntilde;os espacios y colectivos&rdquo;, de &ldquo;potenciar el peque&ntilde;o formato&rdquo; y de rescatar Gr&agrave;cia &ldquo;de su progresiva tendencia a convertirse en un inmenso bar&rdquo;. En 1996 ya intu&iacute;an la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/centrico-corto-explora-turistificacion-crisis-vivienda-traves-historia-fantasmas_1_11857320.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inminente turistificaci&oacute;n</a> del barrio. 
    </p><h2 class="article-text">Disonancias para salvar un barrio</h2><p class="article-text">
        La primera edici&oacute;n del LEM acogi&oacute; media docena de actuaciones en dos jornadas. El plan era ir de bar en bar a contemplar los directos de Oriol Perucho, Markus Breuss y Tim Hodgkinson (de Henry Cow), entre otros. Casi nada. Todos actuaban en min&uacute;sculos garitos de Gr&agrave;cia como Mi Bar, Galp&oacute;n Sur, La &Ntilde;ola, el reci&eacute;n nacido Heliog&agrave;bal o el Caf&eacute; del Sol. En este &uacute;ltimo actu&oacute; Comelade sentado al piano que hab&iacute;a en el altillo mientras el p&uacute;blico le escuchaba desde abajo. Con el tiempo, el LEM programar&iacute;a actuaciones en bares como Grog, Sol de Nit, Sidepas, La Sal, On&iacute;ria, El&egrave;ctric, Puku, Continental, La Sonora de Gr&agrave;cia, Barcelona Pipa Club&hellip; Con el tiempo, la mayor&iacute;a desaparecieron o dejaron de acoger m&uacute;sica en vivo.
    </p><p class="article-text">
        La asociaci&oacute;n Gr&agrave;cia Territori Sonor apel&oacute; a instituciones municipales y europeas para salvar el barrio a trav&eacute;s de las m&uacute;sicas experimentales. &ldquo;Nos acogimos a un programa europeo de dinamizaci&oacute;n de territorios urbanos&rdquo;, recuerda Guzm&aacute;n, que fue presidente de GTS entre 1997 y 2009. El segundo a&ntilde;o, el LEM program&oacute; a primeras espadas como Fred Frith y Pierre Bastien y el ayuntamiento concedi&oacute; a GTS la Medalla de Honor de Barcelona. En 2000 actu&oacute; Charlemagne Palestine. Y en 2002, Terry Riley. Mark Cunningham, Eduardo Polonio, Derek Bailey, Carter Tutti, Za!, Joan Saura, Francisco L&oacute;pez, Pau Riba, People Like Us, David Shea, Lloren&ccedil; Barber, Sightings, Damo Suzuki, Michael Rother, Dieter Moebius, Cabo San Roque, Esplendor Geom&eacute;trico, Mika Vainio, Radian, Hector Zazou y Phil Niblock tambi&eacute;n han derramado su inquieta creatividad en el LEM. Hab&iacute;a en esos programas un deseo obstinado por cuestionar los l&iacute;mites mismos de la m&uacute;sica.
    </p><h2 class="article-text">A&ntilde;os dorados y d&iacute;as oscuros</h2><p class="article-text">
        GTS lleg&oacute; a contar con un presupuesto anual de 350.000 euros, pero ha aprendido a subsistir con menos de 70.000. El m&uacute;sico e ingeniero de sonido Albert Guitart ha vivido las &eacute;pocas m&aacute;s dulces y m&aacute;s amargas del LEM porque en 2012 ya asist&iacute;a los discos y conciertos de Macromassa y sonorizaba algunas actuaciones del ciclo. La crisis econ&oacute;mica de 2008 fue muy severa para las arcas de la asociaci&oacute;n, pero a&uacute;n lo fue m&aacute;s la crisis interna que se desat&oacute; en 2014. Y nada ha puesto m&aacute;s en riesgo la continuidad del LEM que la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/estragos-pandemia-cultura-dejo-sector-60-publico-2021_1_9656155.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llegada de la pandemia</a>. El 31 de marzo de 2020 fallec&iacute;a V&iacute;ctor Nubla y hubo que activar un comit&eacute; de crisis para salvar el proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Guzm&aacute;n ya estaba desvinculado de GTS, pero dos j&oacute;venes se hab&iacute;an incorporado con curiosidad y ganas. Mar&iacute;a Vadell pas&oacute; en menos de tres a&ntilde;os de ser &ldquo;la chica que vend&iacute;a discos&rdquo; a jefa de producci&oacute;n del LEM y, poco despu&eacute;s, presidenta de GTS. Aleix Salvans hizo un camino parecido, de chico para todo a director art&iacute;stico y, entre medias, salvador in extremis cuando, en pleno confinamiento y con todos los documentos vinculados al DNI del reci&eacute;n fallecido Nubla, s&oacute;lo &eacute;l ten&iacute;a certificado digital para tramitar la subvenci&oacute;n de 2020. Contra todo pron&oacute;stico, el LEM fue el &uacute;nico ciclo que se celebr&oacute; aquel oto&ntilde;o, lo cual dice mucho de su obstinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El LEM ha sobrevivido todos estos a&ntilde;os porque si ten&iacute;amos dinero, hac&iacute;amos los conciertos y cobr&aacute;bamos todos. Pero cuando no lo ha habido, los conciertos se han hecho igualmente&rdquo;, sintetiza Salvans. Lo que parece ya insalvable es el barrio. &ldquo;La pescader&iacute;a se ha convertido en un <em>coffee shop</em>. Nos han robado los locales y los posibles aliados est&aacute;n desapareciendo. Hay que repensar c&oacute;mo aliarnos con los que quedan. El LEM siempre ha querido arraigar en este ecosistema, pero es como si echasen pesticida a las ra&iacute;ces&rdquo;, diagnostica Vadell. Lejos quedan aquellos tiempos en los que sobraban bares en los que programar actuaciones, en los que Accidents Polipo&egrave;tics actuaban en el mercado del barrio en los que Pascal Comelade regalaba para la fiesta mayor una interpretaci&oacute;n de tres horas del <em>Sex machine</em> de James Brown, en los que las cerveceras aportaban miles de euros de patrocinio a muestras culturales minoritarios y radicales como la suya.
    </p><p class="article-text">
        El LEM ya ha asumido la necesidad de salir de Gr&agrave;cia para programar actividades. Cada vez hay menos bares dispuestos a acoger conciertos de m&uacute;sicas raras, pero a&uacute;n hay centros c&iacute;vicos, bibliotecas, ateneos, iglesias, cines y teatros en los que el LEM intenta plantar su desconcertante semilla. &ldquo;Queremos seguir pisando territorio y se sobreentiende que no haremos cosas de gran tama&ntilde;o. Perder&iacute;a todo el sentido porque este tipo de expresi&oacute;n art&iacute;stica demanda proximidad y concentraci&oacute;n individual y colectiva&rdquo;, resalta Vadell. &ldquo;En el LEM hay un pacto muy chulo entre p&uacute;blico y m&uacute;sicos. No tenemos necesidad de anunciar un coloquio post-funci&oacute;n en el que la gente levantar&aacute; la manita y le daremos un micr&oacute;fono para preguntar. Esto pasa de forma espont&aacute;nea. El 80% de la gente se va, pero los que se queden haciendo una birra se pondr&aacute;n a charlar con los artistas&rdquo;, ilustra.
    </p><h2 class="article-text">Carreras de caracoles y brazos sangrando</h2><p class="article-text">
        Guzm&aacute;n da por sentado que el LEM es el certamen m&aacute;s antiguo de Espa&ntilde;a en el terreno de las m&uacute;sicas experimentales y de riesgo. De lo que no cabe duda es que la colecci&oacute;n de an&eacute;cdotas es infinita. La imagen m&aacute;s imborrable para Guzm&aacute;n es aquel paseo nocturno que dio por la playa de la Barceloneta con Terry Riley. Guitart, en cambio, no olvida aquella sesi&oacute;n de ruidismo perpetrada por el madrile&ntilde;o Francisco L&oacute;pez, el polaco Zbigniew Karkowski y el estadounidense Scott Arford en el centro c&iacute;vico La Sedeta: &ldquo;Hab&iacute;a una torre de mil vatios en cada esquina del bar. Todo el edificio vibraba. Solo se pod&iacute;a soportar con tapones en los o&iacute;dos. La directora del centro sufr&iacute;a por las ventanas, pero Nubla le asegur&oacute; que los cristales no se romper&iacute;an porque eran l&iacute;quidos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por muy raro y sorprendente que te parezca algo, eso no significa que alguien no lo haya hecho hace 40 años.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aleix Salvans</span>
                                        <span>—</span> Director artístico del LEM
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Siempre hemos estado a punto de matar gente&rdquo;, asegura Guzm&aacute;n. Y se retrotrae a los a&ntilde;os 80, antes del LEM, cuando programaron una actuaci&oacute;n de La Fura dels Baus en la plaza del Raspall en la que lanzaban lavadoras y otros electrodom&eacute;sticos desde los balcones. &ldquo;El arte a veces hace sufrir&rdquo;, insiste. Y sale a colaci&oacute;n la <em>performance</em> de Vagina Dentata Organ en el Macba, durante el LEM de 2007. &ldquo;Trajo una piedra que pesaba una tonelada y se dedic&oacute; a estrellar botellas contra ella. Se instal&oacute; una red para que, si saltaban algunos cristales, no cortasen al p&uacute;blico. Y para evitar que la compa&ntilde;&iacute;a de seguros del museo cancelase la actuaci&oacute;n, Jordi Valls se pint&oacute; los brazos con pintura roja. As&iacute;, si sangraba, no se ver&iacute;a&rdquo;, rememora.
    </p><p class="article-text">
        Maria Vadell qued&oacute; traumatizada de por vida por culpa de la francesa Anne Gillis. Pidi&oacute; una mesa de cristal redonda de 80 cent&iacute;metros de di&aacute;metro con patas met&aacute;licas brillantes para su actuaci&oacute;n y, una vez conseguida, se dedic&oacute; a rayarla con una coctelera de metal. &ldquo;Padezco hiperacusia y esa mujer acab&oacute; de destrozarme la vida&rdquo;, exagera. &ldquo;V&iacute;ctor dec&iacute;a que era una hist&oacute;rica de la m&uacute;sica industrial, pero solo hubo 16 personas&rdquo;, recuerda. &ldquo;Y solo nos gust&oacute; a tres&rdquo;, a&ntilde;ade Salvans. &ldquo;Toda aquella estridencia me sac&oacute; tanto de mi idea de m&uacute;sica y de mi idea de qui&eacute;n era yo que entr&eacute; en una especie de vac&iacute;o existencial gigante. Se lo coment&eacute; a Nubla y respondi&oacute;: &lsquo;Acabas de entender lo que intento conseguir con Macromassa desde 1976. Has visto la luz&rsquo;&rdquo;. &ldquo;A V&iacute;ctor le debi&oacute; encantar&rdquo;, intuye Guzm&aacute;n. &ldquo;Cuanto m&aacute;s radical era el concierto y menos gente iba, m&aacute;s le gustaba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una de las actividades m&aacute;s &iacute;ntimas y delirantes del LEM son los &aacute;gapes: encuentros s&oacute;nico-po&eacute;tico-gastron&oacute;micos en los que se pueden cocinar las recetas m&aacute;s surrealistas en pos de un ritual multisensorial. Uno de los favoritos de Salvans fue aquel que inclu&iacute;a una carrera de caracoles por un circuito en espiral con una hoja de lechuga en el centro. &ldquo;El ganador ser&iacute;a indultado, pero al final los indultaron a todos y Nubla los liber&oacute; en el jard&iacute;n de su casa&rdquo;, precisa. &ldquo;An&eacute;cdotas hay treinta mil&rdquo;, apunta Guzm&aacute;n, &ldquo;pero el LEM se explica por 30 a&ntilde;os de trabajo riguroso e investigaci&oacute;n. Ha sido muy divertido, pero hemos llegado hasta aqu&iacute; con mucho trabajo, mucha ilusi&oacute;n y mucha tozuder&iacute;a&rdquo;, resume. &ldquo;Y escuchando mucha m&uacute;sica actual y de antes&rdquo;, a&ntilde;ade Salvans. &ldquo;Por muy raro y sorprendente que te parezca algo, eso no significa que alguien no lo haya hecho hace 40 a&ntilde;os&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/30-anos-lem-muestra-musica-experimental-nacio-salvar-barrio-turistificacion_1_12691676.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 20:24:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1cb7682c-91fe-4c55-8159-ef9a7f7bbf87_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128152.jpg" length="234794" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1cb7682c-91fe-4c55-8159-ef9a7f7bbf87_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128152.jpg" type="image/jpeg" fileSize="234794" width="850" height="478"/>
      <media:title><![CDATA[30 años de LEM, la muestra de música experimental que nació para salvar un barrio de la turistificación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1cb7682c-91fe-4c55-8159-ef9a7f7bbf87_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128152.jpg" width="850" height="478"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Turistificación,Canciones,Música,Industria musical,Festivales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lawrence, más de cuarenta años persiguiendo la fama en la música sin éxito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/lawrence-cuarenta-anos-persiguiendo-fama-musica-exito_1_12616338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68133fec-7500-4f13-959d-4a31d9ed4011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lawrence, más de cuarenta años persiguiendo la fama en la música sin éxito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fundador de grupos minoritarios como Felt, Denim y Go-Kart Mozart disfruta de un tímido reconocimiento gracias a la biografía ‘Superestrella de las calles’</p><p class="subtitle">El método de Radiohead que trataba de evitar que los bots hicieran negocio con la reventa de entradas de sus conciertos</p></div><p class="article-text">
        Lawrence es un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/francisco-coll-pablo-heras-casado-premios-nacionales-musica-2025_1_12609459.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&uacute;sico</a> poco conocido, pero quien lo conoce lo reconoce al instante. Y aqu&iacute; est&aacute;: en el vest&iacute;bulo de un hotel barcelon&eacute;s. No ha probado bocado del desayuno porque no le gustaba nada. Lleva su sempiterno bolso, un pitillo en la boca y una bolsita de pl&aacute;stico para guardar un paraguayo que tal vez coma despu&eacute;s. Maneja tantas cosas que el paraguayo le cae al suelo mientras intenta abrir la bolsita. Un camarero se lo recoge del suelo y cuando Lawrence le da las gracias, el pitillo le cae de los labios. Lo recoge, sale por fin a fumar y en un descuido deja el bolso desatendido en esta bocacalle de las Ramblas, zona de turistas y, tambi&eacute;n, carteristas. Nadie se lo robar&aacute;. De vuelta al hotel, el sensor de la puerta autom&aacute;tica no percibir&aacute; su delgad&iacute;sima silueta y a punto estar&aacute; de decapitarlo. La vida puede ser bella, s&iacute;, pero para Lawrence es un aut&eacute;ntico jaleo.
    </p><p class="article-text">
        El artista de quien nadie conoce el apellido (es Lawrence a secas) vive un momento de t&iacute;mida gloria. Su cara chupada a&uacute;n delata los estragos de su <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/fidel-moreno-escritor-drogas-son-hallazgos-civilizacion-existencia-feliz_128_11971627.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adicci&oacute;n a las drogas</a>, pero lejos quedan los d&iacute;as que pas&oacute; durmiendo en la calle. Ha visitado Barcelona para presentar <em>Superestrella de las calles</em>, la biograf&iacute;a que de &eacute;l ha escrito el periodista ingl&eacute;s Will Hodgkinson, y lo ha hecho en una sala llena de p&uacute;blico del Palau de la Virreina, elegante sede del Departamento de Cultura del Ayuntamiento. Aunque su primer grupo, Felt, nunca rebas&oacute; el estatus de culto y sus posteriores intentos de triunfar (los grupos Denim, Go-Kart Mozart, Mozart Estate) tampoco cuajaron, Lawrence se ha convertido en una suerte de anomal&iacute;a de referencia, ese perro verde que nunca encontr&oacute; la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/monocultura-dificil-musicos-ahora-llegar-nivel-exito_1_12550144.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puerta del &eacute;xito</a> pero que sigue ah&iacute;, insistiendo con sus escasas armas y sus m&uacute;ltiples man&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Hodgkinson se las sabe todas. Al parecer, durante su estancia en Barcelona se ha alimentado &uacute;nicamente de chocolatinas que compr&oacute; en el aeropuerto de Londres. Al final, tampoco se comer&aacute; el paraguayo. Eso s&iacute;, la ceremonia del t&eacute; de Lawrence desesperar&iacute;a al japon&eacute;s m&aacute;s paciente. Ha dado instrucciones precisas al camarero, pero el resultado es &ldquo;basura&rdquo;, as&iacute; que saca una bolsita de t&eacute; de su bolso y anuncia resuelto: &ldquo;Esto lo arreglo ahora mismo&rdquo;. Y mientras el t&eacute; va tomando la tonalidad, el sabor y la temperatura adecuados, empezamos a hablar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_50p_1126155.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_50p_1126155.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_75p_1126155.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_75p_1126155.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_default_1126155.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_default_1126155.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5daf7513-c56f-4fef-93a0-ce3113f5c8a0_16-9-aspect-ratio_default_1126155.jpg"
                    alt="El artista Lawrence"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El artista Lawrence                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; la estructura del libro? Es una biograf&iacute;a construida a partir de largos paseos por suburbios de las afueras de Londres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lawrence: Hace a&ntilde;os que doy esos paseos y pens&eacute; que estar&iacute;a bien que me acompa&ntilde;ase.
    </p><p class="article-text">
        Will Hodgkinson: Qued&aacute;bamos los viernes. &Eacute;l pasea buscando inspiraci&oacute;n para sus canciones, pero pronto descubr&iacute; que se fija en cosas en las que ni t&uacute; ni yo nos fijar&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        L: Semanas atr&aacute;s llev&eacute; a una chica de paseo por Woolwich. Nos perdimos. Estaba cortado, tuvimos que tomar otra ruta y al final llegamos a esa zona sucia de Londres. Su reacci&oacute;n fue: &lsquo;&iexcl;Tengo miedo! &iexcl;S&aacute;came de aqu&iacute;!&rsquo;. Para m&iacute;, cuanto m&aacute;s horroroso sea, mejor. Pero asumo que estos paseos no son para cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        W: Un d&iacute;a, en una tienda, el tipo de seguridad pens&oacute; que Lawrence era un ladr&oacute;n. Fue muy inc&oacute;modo, pero as&iacute; es su vida. Es parte de la realidad de alguien que no encaja en este mundo. A veces, los chicos le gritan y le insultan desde la parada del bus. Recuerdo pensar cada vez que nos met&iacute;amos en alg&uacute;n barrio horrible y peligroso: molar&iacute;a que nos atracasen. &iexcl;Quedar&iacute;a bien en el libro!
    </p><p class="article-text">
        L: Pero &eacute;l no estaba el d&iacute;a que me atracaron. Fue en Eltham, el barrio donde naci&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/boy-george-hoy-gente-tolerante-ambiguedad-sexual-no-significa-entienda-mejor_1_9250286.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Boy George</a>. Un chico se abalanz&oacute; sobre m&iacute; para quitarme el bolso. Forcejeamos, nos empujamos y empez&oacute; a gritarme como un loco: &lsquo;&iexcl;Dame el dinero! &iexcl;Dame el dinero!&rsquo;. Yo respond&iacute; gritando: &lsquo;&iexcl;No tengo dinero! &iexcl;No tengo dinero!&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Llevaba dinero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Acababa de pasar por el banco: &iexcl;400 libras! Llevaba la tarjeta de cr&eacute;dito y todas mis cosas importantes en ese bolso. Tendr&iacute;a que matarme para llev&aacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; le atrae tanto de los suburbios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Que son aburridos. Me gusta ver sitios aburridos. Me gusta la arquitectura y me gusta m&aacute;s ver casas normales de familias normales que catedrales. Todo empez&oacute; cuando quise conocer la casa de una estrella de cine (se refiere a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/muere-terence-stamp-actor-superman-valkiria-87-anos_1_12539734.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Terence Stamp</a>). M&aacute;s adelante busqu&eacute; la de Siouxsie, de Siouxsie and the Banshees, y di con la zona, pero a&uacute;n no he encontrado su casa. Tengo que volver a intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        W: Un d&iacute;a fuimos a buscar la de Kate Bush. Tampoco la encontramos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qu&eacute; curioso. Su afici&oacute;n por los suburbios naci&oacute; buscando casas de estrellas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Bueno, la de Terence Stamp est&aacute; en el East End y eso no es un suburbio. &iexcl;Me encanta el East End! No me hab&iacute;a fijado en que era tan llano y eso me permite caminar r&aacute;pido. Si viviese en San Francisco no hubiese durado ni un d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        W: No, no puedes subir colinas.
    </p><p class="article-text">
        L: La zona en la que naci&oacute; Siouxsie s&iacute; era un suburbio, pero una vez all&iacute; me pareci&oacute; un lugar precioso. Nunca hab&iacute;a visto algo igual. Decid&iacute; volver por all&iacute; una y otra vez y ahora me conozco ese barrio sin necesidad de un mapa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muchos j&oacute;venes forman bandas precisamente para escapar de este tipo de lugares en los que crecieron. Usted vuelve una y otra vez.</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Pero no quiero vivir all&iacute;. Solo voy a buscar inspiraci&oacute;n. Es muy f&aacute;cil inspirarte en sitios aburridos. Pero voy por la ma&ntilde;ana porque solo quiero ver a las se&ntilde;oras yendo a comprar, a los escolares... Y a media tarde regreso a la gran ciudad.
    </p><p class="article-text">
        W: Tiene un apartamento en el centro de Londres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En vez de aprovechar sus conciertos para conocer otros lugares, prefiere regresar esa misma noche a casa aunque est&eacute; a 300 kil&oacute;metros. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Porque no puedo permitirme un buen hotel. Tenemos que ir a hoteles horrendos y me paso la noche sentado, viendo la tele y esperando a que el resto se despierten, de modo que cuando llegamos a casa ya hemos perdido todo el d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        W: Tampoco le gusta mucho salir de su zona de confort. El otro d&iacute;a estuvimos en un hotel y se quejaba de la temperatura de la habitaci&oacute;n, de que no pod&iacute;a hacerse una tostada&hellip;
    </p><p class="article-text">
        L: Estoy esperando a ser lo suficientemente rico para tener un asistente personal que ponga la habitaci&oacute;n a la temperatura adecuada, que me prepare el ba&ntilde;o, que me enjabone la espalda&hellip; Las cosas que necesita un hombre mayor.
    </p><p class="article-text">
        W: &iexcl;Nadie querr&iacute;a enjabonarte la espalda!
    </p><p class="article-text">
        L: Si le pago por ello&hellip; Yo quiero vivir como una persona rica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero, sin ser un artista de gran &eacute;xito, &iquest;c&oacute;mo lo va a conseguir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Ah&iacute; est&aacute; el dilema. Pero yo quiero un asistente personal y un ch&oacute;fer corpulento que aparte a la gente que se me acerque por la calle. Ese es mi sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Will dice que cree que nada nunca es culpa suya. &iquest;Ninguna de sus decisiones puede haber torpedeado su carrera? &iquest;No se ha equivocado en nada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Podr&iacute;as decir que tom&eacute; malas decisiones, pero tampoco tuve tan buenas ofertas, as&iacute; que no hab&iacute;a mucho entre lo que escoger. No es cuesti&oacute;n de autosabotaje. Ni de que yo cometa errores. Es porque el sello discogr&aacute;fico no funciona. A veces te ficha una persona, pero al resto del equipo le das igual. F&iacute;jate en este libro y en lo mucho que pueden crecer las cosas si todo el mundo se implica. Eso prueba que si haces las cosas adecuadamente, funciona. Siempre estuve rodeado de gente que no trabajaba bien, sino de forma aficionada. Ese es el problema.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9eca62cd-1999-4b9c-9713-b39e7a8392e0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Felt apenas vend&iacute;a tres mil copias por disco, Denim no acab&oacute; de triunfar y Go-Kart Mozart, menos. Aun as&iacute;, tiene un documental, una biograf&iacute;a y le han esculpido un busto. &iquest;Qu&eacute; dice todo eso de su m&uacute;sica y de su carrera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Que hay gente fij&aacute;ndose y comprendiendo lo que hago. Es una pena que no haya tambi&eacute;n un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/sello-independiente-espanol-2024-cerca-suelo-volver-empezar-rato_1_11797483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sello discogr&aacute;fico</a> que complete la secuencia. Ser&iacute;a maravilloso porque lo que yo busco es muy f&aacute;cil: un A&amp;R como el que estaba con Adele en el estudio y le sugiri&oacute; grabar una versi&oacute;n de Bob Dylan (se refiere a <em>Make you feel my love</em>). Ella no lo ve&iacute;a claro, pero su A&amp;R la convenci&oacute; y hoy es su canci&oacute;n m&aacute;s famosa. Necesitas ayuda externa. Yo no puedo hacerlo todo solo.
    </p><p class="article-text">
        W: No creo que vaya a pasar algo as&iacute;. Las canciones de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ed-sheeran-queda-absuelto-acusacion-plagio_1_10176555.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ed Sheeran</a> triunfan entre el gran p&uacute;blico porque son f&aacute;ciles, est&aacute;n afinadas y son correctas. No creo que el p&uacute;blico interesado en este tipo de canciones pueda interesarse por Lawrence ni que un gran sello apueste por &eacute;l como apost&oacute; por Adele. A Lawrence le ha costado cuarenta a&ntilde;os que suficiente gente descubra su ins&oacute;lito talento.
    </p><p class="article-text">
        L: Pero, cuanto m&aacute;s entiendo sobre producci&oacute;n, creo que puedo hacer mejores discos. Como m&iacute;nimo, que mi voz sea m&aacute;s agradable para el p&uacute;blico normal.
    </p><p class="article-text">
        W: Alguien tendr&aacute; que cantar tus canciones para demostrar que eres un genio.
    </p><p class="article-text">
        L: Eso es lo que estoy esperando, pero nadie me ha versionado a&uacute;n. Es raro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Espa&ntilde;a se public&oacute; un disco de versiones: </strong><em><strong>A tribute to Felt</strong></em><strong> (1995).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo. Es una mierda. Todos los grupos eran menos famosos que yo, de modo que fue un ejercicio in&uacute;til.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Este libro trata de alguien que decide cómo quiere vivir su vida. Eso implica mucho dolor y también mucha libertad creativa. Lawrence asegura que quiere ser la mayor estrella del mundo, pero su vida es una especie de desafío como los que asumía un santo en la Edad Media o un monje.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Will Hodgkinson</span>
                                        <span>—</span> Escritor y biógrafo de Lawrence
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Incontables biograf&iacute;as pivotan sobre la dualidad &eacute;xito/fracaso. </strong><em><strong>Superestrella de las calles</strong></em><strong> plantea otro enfoque. La idea del &eacute;xito sobrevuela todo el libro, pero su carrera no se explica solo en t&eacute;rminos de &lsquo;lleg&oacute; a la cima&rsquo; o &lsquo;no lleg&oacute; a la cima&rsquo;. Es m&aacute;s bien un largo paseo alrededor de esa colina.</strong>
    </p><p class="article-text">
        W: Obviamente, Lawrence se ha quedado siempre al pie de la monta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        L: Pero un d&iacute;a podr&iacute;a subir hasta la cima. Aunque, claro, odio las cuestas.
    </p><p class="article-text">
        W: Ah&iacute; est&aacute; el asunto. Este libro trata de alguien que decide c&oacute;mo quiere vivir su vida. Eso implica mucho dolor y tambi&eacute;n mucha libertad creativa. Lawrence asegura que quiere ser la mayor estrella del mundo, pero su vida es una especie de desaf&iacute;o como los que asum&iacute;a un santo en la Edad Media o un monje. La diferencia es que Lawrence no se quiere acercar a Dios sino al acto creativo.
    </p><p class="article-text">
        L: Me gusta la idea de ese santo que sigue su camino y se cruza con gente que le dice &lsquo;&iexcl;qu&eacute;date un rato con nosotros!&rsquo;, pero &eacute;l responde: &lsquo;No, tengo que ir all&iacute;&rsquo;. O esa imagen de Jesucristo pasando cuarenta a&ntilde;os solo en el desierto.
    </p><p class="article-text">
        W: No fueron cuarenta a&ntilde;os. Fueron cuarenta d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Cuarenta a&ntilde;os son los que lleva usted de carrera!</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Ah, s&iacute;. Parece mentira, eh.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y sigue queriendo ser famoso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Por supuesto. Siempre lo he deseado. Todo el que lo consigue luego dice que no le gusta, que es algo vacuo. De acuerdo, pero aun as&iacute; quiero echarle un vistazo. &iquest;Por qu&eacute; no yo? Dejadme probarlo y os dar&eacute; mi opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las dos &uacute;ltimas preguntas provienen de dos admiradores, dos m&uacute;sicos que, por cierto, participaron en el disco </strong><em><strong>A tribute to Felt</strong></em><strong>. El primero es Ibon Errazkin (de Aventuras de Kirlian, Le Mans y Single), que adem&aacute;s ha traducido la biograf&iacute;a que ha escrito Will. Recuerda una entrevista en la que usted dec&iacute;a que su disco favorito de Lou Reed es el primero. Le pareci&oacute; una elecci&oacute;n rara. &iquest;Por qu&eacute; ese y no </strong><em><strong>Berlin</strong></em><strong> o </strong><em><strong>Transformer</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Porque me gustan los m&uacute;sicos excelentes. Y cuando Lou Reed grab&oacute; su primer disco dispuso de m&uacute;sicos londinenses de primera en los Morgan Studios. &Eacute;l no sab&iacute;a qui&eacute;nes eran, pero tres de ellos eran de Yes, que a&uacute;n no hab&iacute;an triunfado. Por primera vez, no publicaba uno de esos discos donde no se oye el bajo. Me encanta la Velvet, pero, para m&iacute;, esas producciones no son buenas. Pero ah&iacute; Lou Reed tiene la oportunidad de grabar con m&uacute;sicos de primera y sus canciones cobran vida. Las adoro todas y cada una. Me gusta todo de ese disco. Y mucho de ello tiene que ver con que no lo escuch&eacute; durante muchos a&ntilde;os porque la gente me dec&iacute;a: &lsquo;ese es el disco que no hay que escuchar de Lou Reed&rsquo;. Te recomendaban ir a por el <em>Transformer</em>, que tambi&eacute;n me encanta. Pero finalmente lo escuch&eacute;, ya en 1998, y pens&eacute;: &iquest;qu&eacute; le pasa a la gente? &iexcl;Es impresionante!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tito Pintado cantaba en Penelope Trip, grupo cuyo nombre est&aacute; inspirado en la canci&oacute;n de Felt </strong><em><strong>Penelope Tree</strong></em><strong> y es otra persona que, como Ibon, ayud&oacute; a que Felt fuesen m&aacute;s conocidos en Espa&ntilde;a. Su pregunta es esta: &ldquo;Con los a&ntilde;os ha ido modificando los discos de Felt: ha quitado y a&ntilde;adido canciones, ha cambiado portadas y t&iacute;tulos de &aacute;lbumes, ha cambiado radicalmente la producci&oacute;n de alguno... &iquest;Existe alg&uacute;n artista que haya ido modificando tanto su obra? &iquest;Y tiene en mente alg&uacute;n pr&oacute;ximo cambio?&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        L: Cuando empec&eacute; a hacer estas cosas, Robin Guthrie, de Cocteau Twins, me dec&iacute;a: &lsquo;No deber&iacute;as cambiar nada. Lo hecho, hecho est&aacute;&rsquo;. Y le hice caso durante un par de a&ntilde;os, a pesar de que yo quer&iacute;a remezclar de arriba a abajo el disco que &eacute;l nos produjo. Conforme crec&iacute; fui descubriendo todos esos grandes artistas que retocaban sus discos constantemente. El m&aacute;s grande es Townes Van Zandt. Grababa un disco y en el siguiente inclu&iacute;a dos o tres canciones del anterior porque las quer&iacute;a grabar mejor. En sus discos hay casi las mismas canciones. Gene Clark cambi&oacute; el t&iacute;tulo de alg&uacute;n disco suyo. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/david-bowie-documental_1_1386804.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Bowie</a> lo hizo dos veces. Kraftwerk tambi&eacute;n lo han hecho. Te sorprender&iacute;a la de gente que retoca su material.
    </p><p class="article-text">
        Tengo en proyecto coger las canciones m&aacute;s buenas de Go-Kart Mozart y que no fueron producidas adecuadamente y regrabarlas en dos discos con las canciones perfectas de Go-Kart Mozart. &iquest;Sabes cuando Bob Dylan public&oacute; sus primeras maquetas? De repente, puedes escuchar tomas sucias de <em>Quinn the eskimo</em>. Quiero hacer como &eacute;l, pero mejorando mis canciones para el gran p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/lawrence-cuarenta-anos-persiguiendo-fama-musica-exito_1_12616338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Sep 2025 20:08:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/68133fec-7500-4f13-959d-4a31d9ed4011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="253116" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/68133fec-7500-4f13-959d-4a31d9ed4011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="253116" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lawrence, más de cuarenta años persiguiendo la fama en la música sin éxito]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/68133fec-7500-4f13-959d-4a31d9ed4011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Rock,Biografías,Barcelona,Reino Unido,Industria musical,Música independiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Superstruct, el desconocido dueño de 30 festivales españoles que se ha colocado como segundo promotor más importante del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/superstruct-desconocido-dueno-30-festivales-espanoles-colocado-segundo-promotor-importante-mundo_1_11972278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65ea3167-7dfb-42b4-b71b-f430d8b2d1e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Superstruct, el desconocido dueño de 30 festivales españoles que se ha colocado como segundo promotor más importante del mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La empresa británica, impulsada por un fondo inversor estadounidense y adquirida en 2024 por otro fondo de capital riesgo inglés, se ha adueñado en apenas cinco años de las principales promotoras de macroeventos musicales del país </p><p class="subtitle">Filmin, la plataforma de los cinéfilos, en venta: un paso más hacia la concentración de las plataformas
</p></div><p class="article-text">
        Va siendo hora de familiarizarse con este nombre: Superstruct Entertainment Iberia. Superstruct para los amigos y los enemigos. M&aacute;s de dos millones de personas habr&aacute;n asistido en 2024 a alg&uacute;n festival espa&ntilde;ol propiedad de esta empresa brit&aacute;nica. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arranca-sonar-2024-inteligencia-artificial-nucleo-tematico-cat_129_11447888.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">S&oacute;nar</a>, Vi&ntilde;a Rock, Resurrection Fest, Monegros Desert Festival, Arenal Sound, O Son do Caminho, Madrid Salvaje, Brunch-In the Park, Morri&ntilde;a Fest, Granada Sound, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/love-the-90-s-nostalgia-llena-festivales_129_10305850.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las fiestas Love The 90's</a> y Love the Twenties o el FIB de Benic&agrave;ssim son algunos de los m&aacute;s de treinta macroeventos que ha adquirido parcialmente o en su totalidad este gigante de la industria del entretenimiento musical erigido ya en el segundo mayor promotor de festivales del planeta. Adem&aacute;s, la semana pasada se expandi&oacute; hacia otra l&iacute;nea de negocio de la m&uacute;sica de baile comprando Boiler Room, la ic&oacute;nica plataforma de retransmisi&oacute;n en <em>streaming, </em>creada en 2010, que estaba en manos de la tiquetera brit&aacute;nica DICE.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, el crecimiento de Superstruct en Espa&ntilde;a ha sido imparable. En 2022 adquiri&oacute; The Music Republic y con ello, <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/empresa-conciertos-terreta-adjudicados-dedo-siete-meses-vida-propiedad-sociedad-108-millones-activos_1_11677045.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los diez festivales que organiza la empresa valenciana</a>. Un a&ntilde;o despu&eacute;s extend&iacute;a sus tent&aacute;culos hacia la promotora gallega Bring The Noise, la madrile&ntilde;a ShareMusic y las catalanas Centris, Ex-Centris y Brunch-In. Estos movimientos le permitieron sumar casi una veintena de macroeventos m&aacute;s de distintos g&eacute;neros musicales as&iacute; como uno de los mayores <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/vaso-reutilizable-ingreso-lucrativo-festivales-vulnera-ley_1_11393693.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">productores de vasos reutilizables del pa&iacute;s</a>. En noviembre Superstruct Iberia sell&oacute; una nueva absorci&oacute;n: <a href="https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/gigante-mundial-sector-festivales-compra-empresa-cordobesa-riff-producciones_1_11852789.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la de la productora andaluza de festivales y giras Riff Producciones</a>. Y a la treintena larga de festivales que ya controla en Espa&ntilde;a, hay que a&ntilde;adir media docena m&aacute;s de eventos organizados por promotoras espa&ntilde;olas, pero ubicados en el extranjero. Es el caso de las ediciones internacionales del festival S&oacute;nar o las fiestas de Elrow y Brunch-In.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es, con diferencia, el pa&iacute;s donde Superstruct ha invertido m&aacute;s dinero y empe&ntilde;o. La empresa aglutina ya m&aacute;s de 80 festivales en todo el planeta, entre los que destacan el h&uacute;ngaro Sziget, el alem&aacute;n Wacken Open Air y los n&oacute;rdicos Parookaville y Oya. La inmensa mayor&iacute;a de sus adquisiciones son europeas, continente donde est&aacute; disputando la hegemon&iacute;a festivalera al gigante estadounidense Live Nation, pero en ning&uacute;n territorio tiene tanta implantaci&oacute;n como en el espa&ntilde;ol. Aunque durante a&ntilde;os ha operado con discreci&oacute;n, hace seis meses Superstruct Iberia abri&oacute; un perfil de LinkedIn desde el que, m&aacute;s que prometer los mejores artistas del momento o el mayor disfrute musical para el p&uacute;blico, insiste en su capacidad para desarrollar las campa&ntilde;as de marketing m&aacute;s fruct&iacute;feras para las marcas. La imagen que proyecta es la de una empresa especializada en <a href="https://www.linkedin.com/posts/superstruct-iberia_bettertogether-liveentertainment-musicfestivals-activity-7269648576572477440-jLpX?utm_source=share&amp;utm_medium=member_desktop" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">transformar los festivales en inmensos escaparates publicitarios</a>. elDiario.es ha contactado con Superstruct, que en 2022 abri&oacute; oficinas en el barrio madrile&ntilde;o de Chamber&iacute;, pero la empresa ha declinado responder a nuestras preguntas.
    </p><h2 class="article-text">Primero, la escena electr&oacute;nica</h2><p class="article-text">
        Hasta 2018 no empez&oacute; a sonar el nombre de Superstruct en Espa&ntilde;a. Fue a principios de julio y tras la adquisici&oacute;n de un porcentaje de Advanced Music, la empresa catalana que organiza el festival S&oacute;nar. El comprador era esta entonces desconocida empresa creada bajo el paraguas del fondo inversor estadounidense Providence Equity Partners. Superstruct hab&iacute;a iniciado su implantaci&oacute;n en el mapa festivalero espa&ntilde;ol un a&ntilde;o antes adquiriendo en abril de 2017 parte de Elrow Global, la empresa aragonesa que organiza el Monegros Desert Festival y decenas de fiestas Elrow repartidas por el planeta. La especialidad de Superstruct son los macroeventos de m&uacute;sica electr&oacute;nica y, a partir de ah&iacute;, sus tent&aacute;culos se han ido ampliando hacia grandes festivales de otros g&eacute;neros musicales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6737f1f6-61f1-4503-98e0-ab3346bf9fe7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Actuación del dúo de música electrónica Orbital en el festival Creamfields Andalucía de 2012"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Actuación del dúo de música electrónica Orbital en el festival Creamfields Andalucía de 2012                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No es casualidad. Al frente de Superstruct est&aacute; el empresario brit&aacute;nico James Burton, que se inici&oacute; en el sector del ocio musical desde el club Cream de Liverpool. De aquella discoteca, fundada junto a otros dos socios en 1992, nacer&iacute;a seis a&ntilde;os despu&eacute;s el festival Creamfields. La expansi&oacute;n internacional de la marca Creamfields llegar&iacute;a pronto a Espa&ntilde;a. En 2004 se celebr&oacute; en Almer&iacute;a la primera de las seis ediciones de Creamfields Andaluc&iacute;a, franquicia inicialmente gestionada por la empresa catalana Sinnamon, que por entonces tambi&eacute;n impulsaba el festival Summercase. El crecimiento de Creamfields fue tan descomunal que en 2012 Live Nation adquiri&oacute; todo el negocio y coloc&oacute; a James Burton al frente de la divisi&oacute;n de m&uacute;sica electr&oacute;nica de la multinacional del ocio musical.
    </p><p class="article-text">
        Barton solo aguant&oacute; cinco a&ntilde;os en Live Nation. En 2017 salt&oacute; de all&iacute; para liderar Superstruct, la divisi&oacute;n dedicada al entretenimiento musical del fondo inversor estadounidense Providence Equity Partners que nac&iacute;a para convertirse en la principal competidora de Live Nation. Junto a Barton est&aacute; el holand&eacute;s Roderick Schl&ouml;sser, un antiguo asesor financiero de Deutsche Bank. Como todo fondo inversor, Providence tiene intereses en m&uacute;ltiples sectores: desde la liga de f&uacute;tbol americano hasta la discogr&aacute;fica Warner, pasando por el sector de las telecomunicaciones. En Espa&ntilde;a se conoce a Providence por haber aportado 200 millones de euros al Real Madrid a cambio de participar de los ingresos de sus contratos de patrocinio; un caso destapado en las filtraciones <em>Football leaks </em>sobre pr&aacute;cticas de ingenier&iacute;a fiscal para evadir impuestos en el mundo del f&uacute;tbol.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; tendr&aacute; el mercado espa&ntilde;ol</h2><p class="article-text">
        Superstruct no es, por supuesto, la &uacute;nica empresa extranjera con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/festivales-espanoles-vez-manos-empresas_1_9914069.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inter&eacute;s en el mercado musical espa&ntilde;ol</a>. En junio de 2018 Primavera Sound vend&iacute;a el 29% de su empresa a The Yucaipa Companies, otro fondo inversor estadounidense que, a diferencia de Superstruct, no ha mostrado inter&eacute;s en otros festivales espa&ntilde;oles, pero s&iacute; ha invertido en agencias de contrataci&oacute;n de artistas como X-Ray Touring, Paradigm y Artist Group International. Por su parte, Live Nation mantiene el festival Mad Cool como su buque insignia, al tiempo que ha trasladado el BBF (anta&ntilde;o Barcelona Beach Festival) a Madrid y Galicia. Precisamente en la comunidad gallega, donde Live Nation est&aacute; programando numerosos macroconciertos, naci&oacute; en 2023 un nuevo macroevento: el O Gozo Festival.
    </p><p class="article-text">
        El mapa festivalero espa&ntilde;ol es cada a&ntilde;o menos espa&ntilde;ol, pero la reciente adquisici&oacute;n de Riff Producciones por parte de Superstruct Iberia marca un inquietante cambio. La promotora andaluza no destaca especialmente como organizadora de festivales, sino como productora de giras de grandes estrellas del pop espa&ntilde;ol. El inter&eacute;s del conglomerado brit&aacute;nico no puede estar en eventos de escala media como el Festival de Blues de Cazorla, el encuentro M&uacute;sicos en la Naturaleza ubicado en la sierra de Gredos o en el cordob&eacute;s I Like Festival, sino en las cifras que mueven los tours de Mal&uacute;, Melendi y Manuel Carrasco. Es la primera vez que Superstruct incorpora a su cat&aacute;logo una promotora pensando m&aacute;s en sus conciertos que en sus festivales. Solo el tiempo dir&aacute; si es la &uacute;ltima. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e8225800-1985-44dd-9881-7650684e8318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cantante Malú durante un concierto en el Palacio de Deportes de Madrid, en diciembre de 2024"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cantante Malú durante un concierto en el Palacio de Deportes de Madrid, en diciembre de 2024                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han consumado movimientos empresariales m&aacute;s discretos, pero que apuntan una vez m&aacute;s hacia un trasvase de empresas estatales del ocio musical a manos de firmas extranjeras. En octubre de 2018, la ticketera y productora de conciertos alemana CTS Eventim compraba un 63&rsquo;5% de la promotora catalana Doctor Music, pionera del inimaginable fil&oacute;n festivalero cuando organiz&oacute; all&aacute; por 1996 la primera edici&oacute;n del Doctor Music Festival. M&aacute;s recientemente, el pasado noviembre, la veterana empresa catalana The Project, promotora de una decena de ciclos, festivales y de cientos de conciertos anuales, fue absorbida por Warner Music, multinacional que en 2008 ya hab&iacute;a adquirido la promotora vasca Get In y que desde 2022 posee la promotora y agencia Taste The Floor <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/caida-ayax-prok-60-relatos-presuntos-abusos-testimonio-ex-les-perder-manager-concierto-wizink_1_11817992.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">especializada en m&uacute;sicas urbanas</a>.
    </p><h2 class="article-text">El comprador comprado</h2><p class="article-text">
        En este ir y venir de compra-ventas nadie est&aacute; a salvo y el pasado junio se produjo un movimiento en sentido inverso: el fondo de capital riesgo KKR adquiri&oacute; Superstruct. Kohlberg, Kravis, Roberts &amp; Co. es el segundo mayor monstruo financiero del planeta, solo por detr&aacute;s de Blackstone, con operaciones millonarias en sectores como el energ&eacute;tico, el qu&iacute;mico, el tecnol&oacute;gico, <a href="https://www.eldiario.es/economia/bonus-cupula-ventas-174-millones-2-200-empleados-negocio-educativo-fondo-kkr-espana_1_10810436.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el educativo</a> y el de los medios de informaci&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/405829de-8f9d-40fe-b5f0-83c4f5256f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cantante Aitana durante su concierto en Arenal Sound, en Burriana, Castellón, el pasado verano"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cantante Aitana durante su concierto en Arenal Sound, en Burriana, Castellón, el pasado verano                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        KKR ha adquirido Superstruct por 1.300 millones de euros, cifra que deja en calderilla los 120 que Superstruct pag&oacute; por The Music Republic. Pero como en estas alturas financieras el viento puede cambiar de direcci&oacute;n de un d&iacute;a para otro, en octubre otro gigante financiero, el ingl&eacute;s CVC (<a href="https://www.eldiario.es/economia/energia-educacion-privada-residencias-ancianos-inversiones-espana-nuevo-socio-laliga_1_8196906.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">accionista de empresas tan conocidas en Espa&ntilde;a</a> como Naturgy, Tendam (due&ntilde;a de Cortefiel) o Deoleo, adem&aacute;s de ser socio de LaLiga), se ha sumado a la fiesta invirtiendo una cantidad que no ha sido hecha p&uacute;blica para fortalecer Superstruct y as&iacute; &ldquo;acelerar su misi&oacute;n de crear las mejores experiencias de directo trabajando estrechamente con emprendedores, visionarios creativos y profesionales con mentalidad empresarial&rdquo;. Por si acaso, Providence Equity Partners, el fondo inversor donde naci&oacute; Superstruct, mantiene una opci&oacute;n de recompra por 250 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n de este tipo de operaciones a tan gran escala ha hecho intervenir a la Uni&oacute;n Europea para validar la operaci&oacute;n de compra de Superstruct por parte de KKR una vez comprob&oacute; que no vulneraba la normativa antimonopolio. En el tablero global de los festivales Live Nation sigue siendo la empresa con m&aacute;s influencia (con cerca de 120 festivales), seguida cada vez de m&aacute;s cerca por Superstruct (con m&aacute;s de 80 eventos). Superstruct a&uacute;n no ha comprado festivales en Estados Unidos, donde Live Nation reina con absoluta autoridad seguida de lejos por AEG; de sus 26 festivales, 21 son estadounidenses. Sin embargo, en Europa las fuerzas entre Superstruct y Live Nation est&aacute;n m&aacute;s equilibradas. La partida de Monopoly festivalero global est&aacute; m&aacute;s re&ntilde;ida que nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/superstruct-desconocido-dueno-30-festivales-espanoles-colocado-segundo-promotor-importante-mundo_1_11972278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 21:19:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/65ea3167-7dfb-42b4-b71b-f430d8b2d1e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6710290" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/65ea3167-7dfb-42b4-b71b-f430d8b2d1e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6710290" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Superstruct, el desconocido dueño de 30 festivales españoles que se ha colocado como segundo promotor más importante del mundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/65ea3167-7dfb-42b4-b71b-f430d8b2d1e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Festivales,Festivales de música,Fondos de inversión,Sónar,Primavera Sound]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ca7riel y Paco Amoroso desatan la locura sentados en dos taburetes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ca7riel-paco-amoroso-desatan-locura-sentados-taburetes_129_11883043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/305b4550-f37e-4818-8ca3-8c6cdd0d8f1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ca7riel y Paco Amoroso desatan la locura sentados en dos taburetes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dúo argentino certifica su merecida condición de grupo revelación de la temporada gracias a un directo arrollador 
</p><p class="subtitle">Sen-K, de La Raíz: “Cuando tocaban nuestra música en las verbenas, me largaba de allí”
</p></div><p class="article-text">
        Apenas diecisiete minutos bastaron <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/son-ca7riel-paco-amoroso-descarado-duo-argentino-enamorado-mundo-tiny-desk_1_11733620.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para convertir a Ca7riel y Paco Amoroso </a>en el grupo revelaci&oacute;n de la temporada. Todo el mundo quer&iacute;a comprobar si lo que se vio en el c&eacute;lebre Tiny Desk emitido el pasado 4 de octubre era magia o realidad. Y, lejos de jugar al misterio, el d&uacute;o argentino lleva un par de semanas en Espa&ntilde;a ofreciendo actuaciones y mostrando que no es un hype. Porque un hype, entendido como un artista que a la hora de la verdad no justifica la expectaci&oacute;n generada, suele racionar sus apariciones en vivo para no pisar en falso. En cambio, cuando Ca7riel y Paco Amoroso regresen a Argentina habr&aacute;n ofrecido ocho conciertos en Espa&ntilde;a. Ocho conciertos que tardar&aacute;n en ser olvidados.
    </p><p class="article-text">
        	Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero salieron ayer al escenario de Razzmatazz 2 como lo que son: estrellas consagradas. &lsquo;Baby I&rsquo;m a star&rsquo;, que cantaba Prince. Y, por tanto, lo primero que hicieron fue plantarse frente al p&uacute;blico como dos estatuas para escuchar aplausos durante un minuto. Acto seguido, y mediante un invisible chasquido de dedos, la banda puso a rodar <em>Dumbai </em>y la sala se ech&oacute; a bailar y cantar aquello de: &ldquo;Cuando ella baila <em>selev&eacute; selev&eacute;&rdquo;</em>. Tan f&aacute;cil como pesta&ntilde;ear. A partir de ah&iacute;, y durante much&iacute;simos minutos, pareci&oacute; que Ca7riel y Paco Amoroso estaban protagonizando un concierto de grandes &eacute;xitos tras varias d&eacute;cadas de carrera, cuando buena parte del repertorio sal&iacute;a de su primer y &uacute;nico disco, un <em>Ba&ntilde;o mar&iacute;a</em> que sostiene espl&eacute;ndidamente su directo.
    </p><p class="article-text">
        	Tambi&eacute;n es cierto que el directo del d&uacute;o argentino es mucho m&aacute;s que la traslaci&oacute;n a escena de un repertorio inspirado gracias, en gran medida, a la banda que los acompa&ntilde;a. Dos percusionistas, tres vientos, dos coristas, un bajista y un teclista aportan tremenda consistencia al espect&aacute;culo. Hay muchas ideas, muchos quiebros y mucha m&uacute;sica en cada composici&oacute;n. Y la banda ejecuta todas las instrucciones contenidas en las partituras como quien encaja un retorcido tetris funk con los ojos vendados y un pitillo en la boca. Aqu&iacute; no se usa el piloto autom&aacute;tico ni un segundo. Parafraseando al cr&iacute;tico neoyorquino Richard Villegas, esta no &ldquo;es m&uacute;sica dise&ntilde;ada para sentirse <em>cool</em>, sino para sentirse&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Prince sentado</h2><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s memorable de la puesta en escena de Ca7riel y Paco Amoroso es que se ci&ntilde;e estrictamente a lo ofrecido en el concierto grabado en la min&uacute;scula librer&iacute;a de la radio p&uacute;blica estadounidense. &iquest;C&oacute;mo actuaron en aquel c&eacute;lebre Tiny Desk? Sentados en dos taburetes, &iquest;no? Pues sentados en dos taburetes el d&uacute;o desata un cicl&oacute;n funk de los que hacen &eacute;poca. De hecho, esta gira obliga a reconsiderar el ingrato papel que ha jugado esta pieza de mobiliario en la historia de la m&uacute;sica popular. El taburete ha sido durante d&eacute;cadas la pr&oacute;tesis del cantautor. En los 90 se convirti&oacute; en emblema de los mortecinos discos &lsquo;unplugged&rsquo;. Y siempre que los t&eacute;cnicos sacan uno al escenario significa que el concierto entra en una fase ac&uacute;stico-sopor&iacute;fera. Pero, de repente, podemos imaginar a Janelle Monae en un taburete. A Outkast en un taburete. A Prince en un taburete.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1865313640074584107?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        	Este inaudito m&eacute;rito, m&aacute;s all&aacute; de los m&uacute;sicos que respalden su directo, vuelve a recaer en Ca7riel y Paco Amoroso. Sus traseros son el eje sobre el que orbita esta osada propuesta esc&eacute;nica. Sus cogotes son las batutas de esta orquesta de funk moderno. Apenas tienen que articular un codo para que la banda active todos los engranajes. Y as&iacute;, ellos dedicar manos, dedos, rodillas y pies a, sin abandonar jam&aacute;s el asiento del taburete, incidir en la sensualidad o sexualidad de cada verso, cada palabra o cada s&iacute;laba. Menci&oacute;n especial a la larga lengua de Ca7riel, que relame los rincones m&aacute;s expl&iacute;citos de las letras por si no hubiese quedado claro de qu&eacute; trata la inmensa mayor&iacute;a de las canciones del d&uacute;o.
    </p><p class="article-text">
        	No es f&aacute;cil enloquecer a todo un auditorio cuando ocurren tan pocas cosas en el escenario; sobre todo, en una &eacute;poca en que la m&uacute;sica entra principalmente por los ojos. Pero en apenas unos segundos el p&uacute;blico estaba totalmente entregado al baile. El llenazo era tal que de la mitad de la sala en adelante la gente se mov&iacute;a al un&iacute;sono, como una masa compacta. &ldquo;No era viable no bailar&rdquo;, resumir&iacute;a con gran acierto una espectadora al final del concierto. Aunque, claro, tambi&eacute;n hubo recesos. A destacar <em>Pirlo</em>, respaldada solo por el bajo y el teclado, en un meritorio intento de salvar tan insalvable composici&oacute;n. Ya tiene m&eacute;rito hacer coincidir dos de las rimas m&aacute;s horrorosas de la historia argentina reciente en la misma canci&oacute;n: &lsquo;culo&rsquo; con &lsquo;disimulo&rsquo; y la que titula la pieza: &ldquo;Pero prefiero morirme antes que decirlo / Que yo sin ti soy como Italia sin Pirlo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La mina argentina</h2><p class="article-text">
        Uno de los t&oacute;picos m&aacute;s manidos es ese que dice que en &eacute;pocas de crisis aparece la mejor m&uacute;sica. Dicho esto, habr&iacute;a que estudiar detenidamente el auge que ha experimentado en el &uacute;ltimo lustro la industria musical argentina. Tras las no menos llamativas eclosiones internacionales protagonizadas recientemente por pa&iacute;ses latinoamericanos como Colombia y M&eacute;xico, la exportaci&oacute;n de m&uacute;sicos de Argentina est&aacute; siendo imparable. Principalmente hacia Espa&ntilde;a y especialmente, tambi&eacute;n, en el &aacute;mbito de las llamadas m&uacute;sicas urbanas: Bizarrap, Duki, Dillom, Trueno, Mar&iacute;a Becerra, WOS, Nathy Peluso, YSY A, Nicki Nicole&hellip;
    </p><p class="article-text">
        	A diferencia de la mayor&iacute;a de ellos, Ca7riel y Paco Amoroso rehuyen la est&eacute;tica sonora imperante (el autotune que distorsiona voces, el discjockey que lanza las bases musicales...) y apuestan por un formato que los conecta m&aacute;s con bandas a&ntilde;ejas como Illya Kuryaki &amp; the Valderramas, cuyos primeros &eacute;xitos de rap org&aacute;nico sacudieron las listas argentinas cuando Catriel y Ulises ni siquiera hab&iacute;an nacido. Y en un momento en que tantos proyectos musicales giran por el mundo con la m&iacute;nima expresi&oacute;n instrumental para evitar sustos en el balance de gastos e ingresos, ellos se plantan en el escenario con siete m&uacute;sicos y dos coristas. Gracias a ellos saltan del r&amp;b al jazz futurista y del dembow al funk carioca. Gracias a ellos pueden mantenerse sentados en sus ya ic&oacute;nicos taburetes buena parte de la noche sin que el espect&aacute;culo se resienta sino todo lo contrario.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Ca7riel y Paco Amoroso rehuyen la estética sonora imperante, como el autotune que distorsiona voces, y apuestan por un formato que los conecta más con bandas añejas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        	Cuarenta minutos tardaron los argentinos en despegar el culo del taburete. Fue despu&eacute;s de interpretar <em>La que puede, puede</em>, momento de m&aacute;xima intensidad r&iacute;tmica de la noche. Ah&iacute; la pista de baile se desencaj&oacute; de tal modo que hubo accidentes y ca&iacute;das estrepitosas. La olla a presi&oacute;n estall&oacute; con tal violencia que una mujer tuvo que ser guiada hasta la salida de emergencia con visibles s&iacute;ntomas de lipotimia o algo peor. Salvado el susto, empezaba una segunda parte del concierto, con los cantantes de pie y el equipo de luces al m&aacute;ximo rendimiento tan o m&aacute;s fren&eacute;tica y vistosa. Pero eso ya se pareci&oacute; m&aacute;s a cualquier otro directo de artista que suda la camiseta y contrata un buen dise&ntilde;o esc&eacute;nico para meterse al p&uacute;blico en el bolsillo o, como m&iacute;nimo, para deslumbrarlo.
    </p><h2 class="article-text">En primavera, m&aacute;s</h2><p class="article-text">
        Aquellos l&aacute;seres disparados desde las gafas de los m&uacute;sicos, aquel haz azul que cortaba la sala en dos de manera que parec&iacute;a que Ca7riel cantase decapitado o aquel ingenioso truco de agujerear otra tela de luz con un cigarrillo fueron detalles de un espect&aacute;culo claramente concebido para dejar huella. Y as&iacute; discurrieron los &uacute;ltimos veinte minutos de un concierto que pareci&oacute; otro concierto, con Catriel pose&iacute;do por un extra&ntilde;o frenes&iacute; <em>speed funk</em> y Paco Amoroso manteniendo su porte hier&aacute;tico, como de Chris Lowe porte&ntilde;o. Apenas llevaban una hora en escena cuando el d&uacute;o se despidi&oacute;. Hubo un bis, con <em>El &uacute;nico </em>y el prescriptivo interrogatorio berreado por todo el p&uacute;blico al un&iacute;sono. &ldquo;&iquest;Tatuaje en el cuello? S&iacute;. &iquest;El pelo negro? S&iacute;. &iquest;De silicona? S&iacute;. &iquest;Se vieron anoche? S&iacute;&rdquo;. Y fin de la historia. Otro minuto de aplausos para cerrar el concierto tal y como empez&oacute; y la certeza de que pocas veces cabe tant&iacute;sima m&uacute;sica en una sola hora de concierto.
    </p><p class="article-text">
        	Dentro de unos a&ntilde;os habr&aacute; que explicar tres o cuatro veces a los incr&eacute;dulos que s&iacute;, que en 2024 Ca7riel y Paco Amoroso dieron hasta ocho conciertos en salas espa&ntilde;olas de medio aforo. Y para demostrarlo, habr&aacute; que insistir en que fueron capaces de enloquecer a cientos y cientos de personas sin despegar el culo del asiento. En 2025, el d&uacute;o argentino regresa a Espa&ntilde;a (el 27 de mayo a Barcelona y el 28 a Madrid), pero para tocar en pabellones. Y ya en verano, a pasearse por festivales: Weekend Beach, Bilbao BBK Live, FIB... Habr&aacute; que ver si en tarimas de esas dimensiones podr&aacute;n seguir luciendo flow desde el taburete.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ca7riel-paco-amoroso-desatan-locura-sentados-taburetes_129_11883043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2024 09:03:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/305b4550-f37e-4818-8ca3-8c6cdd0d8f1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6910510" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/305b4550-f37e-4818-8ca3-8c6cdd0d8f1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6910510" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ca7riel y Paco Amoroso desatan la locura sentados en dos taburetes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/305b4550-f37e-4818-8ca3-8c6cdd0d8f1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,música urbana,Conciertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las decisiones de Los Sara Fontan para no quemarse ni arruinarse con la música: alejarse de grandes ciudades y festivales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/consejos-sara-fontan-no-quemarse-arruinarse-musica-alejarse-grandes-ciudades-festivales_1_11864254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20aa0513-ea12-4e6d-bd70-2384b5a0bc30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Sara Fontan caminando por una carretera en busca de un escenario al norte de Alemania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dúo de música instrumental ha sumado 49 conciertos para públicos atentos y organizaciones afables en enclaves inolvidables y poco conocidos de España y Europa </p><p class="subtitle">La Inspección de Trabajo investiga al parque temático Puy du Fou tras las denuncias por la falta de limpieza y horarios
</p></div><p class="article-text">
        Aparentemente, los macrofestivales son el principal espacio donde ganarse la vida como m&uacute;sico. Sin embargo, este es solo uno de los m&uacute;ltiples circuitos por los que discurre la m&uacute;sica en vivo tanto en Espa&ntilde;a como en el resto de Europa. &iquest;Es posible ganarse la vida al margen de los grandes escenarios y embudos de la industria musical? Es la pregunta del mill&oacute;n que se hacen cientos de grupos que tal vez no saben si existe un mundo m&aacute;s all&aacute;. Es tambi&eacute;n una de las primeras dudas a las que busc&oacute; respuesta el d&uacute;o Los Sara Fontan antes de subir por primera vez a un escenario en 2019.
    </p><p class="article-text">
        Los Sara Fontan son el baterista catal&aacute;n Edi Pou y la violinista gallega Sara Font&aacute;n. &Eacute;l es la mitad del d&uacute;o de rock matem&aacute;tico y primitivista Za! y a trav&eacute;s de Fugazi aprendi&oacute; a vivir la m&uacute;sica desde la autoorganizaci&oacute;n. Ella entr&oacute; el circuito del pop tocando para Manos de Topo y Mishima aunque proviene de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, &ldquo;donde la autogesti&oacute;n y la comunidad no existen a la hora de exponer tu m&uacute;sica&rdquo;. Juntos defienden ahora una propuesta que no tendr&iacute;a hueco en el mundo moderno: complejos puzles de ritmos retorcidos y melod&iacute;as vol&aacute;tiles y vertiginosas que a veces incorporan sonidos electr&oacute;nicos pero nunca la voz humana. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de publicar su primer disco, <em>Queda pendiente, </em>han sumado 49 conciertos.
    </p><p class="article-text">
        Fontan es de esas personas que &ldquo;van por la vida cuestionando si las cosas se tienen que hacer como dicen que tienen que hacerse. Y de esa pregunta surge todo un mundo&rdquo;. Durante cuatro a&ntilde;os el d&uacute;o funcion&oacute; solo como proyecto de directo. Se resist&iacute;an a grabar nada hasta que el pasado oto&ntilde;o publicaron su debut. Del mismo modo, y tras sus experiencias previas, decidieron que con este grupo cuidar&iacute;an muy bien d&oacute;nde tocar&iacute;an y para qui&eacute;n. &ldquo;Cuando tomas una decisi&oacute;n as&iacute;, tienes que espabilar. Si no quieres tocar en ese festival porque no quieres ese tipo de dinero en tu vida, eso te obliga a buscar otros sitios en los que tocar&rdquo;, asume la gallega.
    </p><h2 class="article-text">Esos otros lugares existen</h2><p class="article-text">
        Esos lugares siempre han existido y siempre existir&aacute;n. Pou calcula que, de los 49 actuaciones, un tercio han sido fuera de Espa&ntilde;a y once las organizaban colectivos autogestionados. En apenas un a&ntilde;o Los Sara Fontan han actuado en el pajar de un pueblo de C&aacute;diz en el que los organizadores (el Colectivo Borde Exterior) despidieron la velada ofreciendo una taza de caldo a los asistentes y en una okupa de Berl&iacute;n donde a Sara se le cur&oacute; milagrosamente una contractura. Tambi&eacute;n, en un local de ensayo de ac&uacute;stica m&aacute;s que excepcional autoconstruido por unos chavales de Nottingham. Y en un bosque de Huesca donde las organizadoras del ciclo Sonna tuvieron el detalle de llevarles unas fresas para que merendasen tras probar sonido. Y en una librer&iacute;a anarquista de Chemnitz donde se sintieron como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/son-ca7riel-paco-amoroso-descarado-duo-argentino-enamorado-mundo-tiny-desk_1_11733620.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un Tiny Desk</a>. Y en una feria de Bratislava en la que memorizaron un lema serigrafiado en un p&oacute;ster: &ldquo;No trabajes con capullos. No trabajes para capullos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_50p_1107051.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_50p_1107051.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_75p_1107051.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_75p_1107051.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_default_1107051.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_default_1107051.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/78ab7ab3-7b51-46cc-922e-b54034e8d29d_16-9-aspect-ratio_default_1107051.jpg"
                    alt="Los Sara Fontan en el Cirque Pardi de Toulousse, Francia"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los Sara Fontan en el Cirque Pardi de Toulousse, Francia                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Explorando esos otros mundos han conocido el Intermediale, un festival polaco de m&uacute;sicas experimentales donde durmieron en un albergue con muchas familias ucranianas que hu&iacute;an de la guerra. Tambi&eacute;n se han dejado caer por una casa de colonias de Mieres (Girona) reconvertida en la residencia art&iacute;stica NyamNyam donde se organizan jornadas abiertas &ldquo;que parecen m&aacute;s una boda o un cumplea&ntilde;os que un festival&rdquo;. En octubre visitaron el N&ograve;dul, un festival del valle del X&uacute;quer y actuaron en un pueblo de 320 habitantes ante un p&uacute;blico principalmente compuesto de gente mayor. Ven&iacute;an de Vikendika, una caravana itinerante ideada por un promotor holand&eacute;s para que grupos de distintos pa&iacute;ses de Europa se conocieran viajando juntos en tren. &ldquo;&iexcl;Era como ir de colonias! Eso que de peque&ntilde;o molaba tanto, pero que luego dejas de hacer. &iquest;Por qu&eacute; dejamos de hacerlo? &iquest;En qu&eacute; momento tocar m&uacute;sica pasa a ser como ir a la oficina?&rdquo;, lamenta Sara.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/5M98tho13KZSunD9hVKEvI?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Si algo tienen en com&uacute;n todas estas experiencias ha sido un p&uacute;blico atento, gente que iba a escuchar porque la m&uacute;sica estaba en el centro de la propuesta. &ldquo;En nuestro caso, cada d&iacute;a sentimos que nos escucha el 100% del p&uacute;blico&rdquo;, afirma Pou. Font&aacute;n hace repaso y le vienen a la mente pocas excepciones: la sala Moby Dick de Madrid, la feria Monkey Weekend de El Puerto de Santa Mar&iacute;a y, sobre todo, el festival Boga Boga de Donostia. Otra tendencia que detectan es que no han tocado mucho en grandes ciudades. &ldquo;La ciudad es extremadamente agresiva y este tipo de espacios de trato m&aacute;s amables y comunitario aparecen en zonas perif&eacute;ricas&rdquo;, teoriza Pou.
    </p><h2 class="article-text">Detectar el azufre</h2><p class="article-text">
        Parte del trabajo de Los Sara Fontan y de cualquier grupo que quiera sobrevivir en la m&uacute;sica es aprender a detectar d&oacute;nde tiene sentido su propuesta y d&oacute;nde no, d&oacute;nde recibir&aacute; un trato afable (&ldquo;algo independiente del dinero que cobres&rdquo;, aclaran) y d&oacute;nde no. Es lo primero que busca el d&uacute;o al recibir una oferta. &ldquo;A veces notas que la m&uacute;sica es una v&iacute;a para conseguir otra cosa. Si estamos a favor de esta otra cosa, adelante. Si la m&uacute;sica es una v&iacute;a para canalizar dinero o para montar una gran farra, no&rdquo;. Acaban de rechazar una invitaci&oacute;n porque no se ve&iacute;an &ldquo;en un entorno de jamoncito y c&oacute;ctel&rdquo;. &ldquo;El p&uacute;blico no lo disfrutar&aacute; y nosotros tampoco&rdquo;, intuyen. A este tipo de ofertas sospechosas Los Sara Fontan les llaman &ldquo;azufre&rdquo;, un t&eacute;rmino acu&ntilde;ado a&ntilde;os atr&aacute;s por el d&uacute;o Za!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/35ea3f9d-54af-4a20-94dd-30c409f28974_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los Sara Fontan en el festival SoNna de Huesca"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los Sara Fontan en el festival SoNna de Huesca                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Si tienen que escoger los cinco lugares donde mejor se han sentido, no tienen duda. Son el festival Isole Che Parlano de Cerde&ntilde;a que capitanea desde hace casi tres d&eacute;cadas el instrumentista sardo Paolo Angeli y donde bandas, t&eacute;cnicos y organizadores cenan juntos; el autogestionado Sugar Il.legal Fest de Vic (Barcelona) que desde hace 25 a&ntilde;os toma la calle sin permiso para montar conciertos gratuitos coincidiendo con una feria de la industria musical; el Signal Reload, muestra de m&uacute;sica electroac&uacute;stica organizada por j&oacute;venes tambi&eacute;n en Cerde&ntilde;a; la Nit de Totes que acoge el Konvent.0, un oasis cultural en el antiguo convento de una f&aacute;brica abandonada a cien kil&oacute;metros de Barcelona; y Bera, ese pueblo de Navarra donde treinta vecinos ponen diez euros cada uno para programar un concierto al mes.
    </p><h2 class="article-text">Solo dos grandes festivales</h2><p class="article-text">
        Para cientos de grupos, llamar la atenci&oacute;n de grandes festivales y actuar en uno de sus escenarios es un hito en su carrera. Para ellos, el hito es poder rechazarlos. &ldquo;Este a&ntilde;o nos llamaron del Primavera Sound y dijimos que no. Puede ser muy est&uacute;pido, pero considero un triunfo poder decir que no a determinados sitios&rdquo;, confiesa Sara. Los Sara Fontan solo han pisado dos grandes festivales este a&ntilde;o. Es una l&iacute;nea que intentan no cruzar. Solo hacen excepciones si creen que se sentir&aacute;n c&oacute;modos. La primera fue el Womad brit&aacute;nico, el festival que cre&oacute; Peter Gabriel para visibilizar la diversidad musical del planeta y cuyos &uacute;nicos patrocinadores son una empresa de energ&iacute;a verde y otra de equipos de alta fidelidad. Actuaron en el escenario &lsquo;Saborea El Mundo&rsquo; y en un ambiente familiar y enfocado a la escucha. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/88cebf63-8e62-4f01-9b45-c0480d2d2c14_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Sara y Edi en el festival Fusion de Rechlin, Alemania"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Sara y Edi en el festival Fusion de Rechlin, Alemania                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La segunda excepci&oacute;n era muy distinta. Fusion es un macrofestival de electr&oacute;nica para 70.000 personas con decenas de escenarios programados por otros tantos colectivos, sin patrocinios y en un ambiente marcadamente antifascista y anticapitalista. &ldquo;Hab&iacute;a decenas de barras y cada cual destinaba sus ingresos a una causa o colectivo distinto&rdquo;, explica Pou. &ldquo;Era como vivir la utop&iacute;a de la anarqu&iacute;a. Hab&iacute;a muchos voluntarios, muy amables todos. Y tambi&eacute;n, mucha droga. Era como entrar en otro planeta. Los coches de la organizaci&oacute;n no ten&iacute;an matr&iacute;cula y estaban tuneados como los de <em>Mad Max&rdquo;,</em> a&ntilde;ade Font&aacute;n. &ldquo;La polic&iacute;a no pod&iacute;a entrar all&iacute;. Tampoco ve&iacute;as currantes explotados que odian al jefe, p&uacute;blico que ha pagado mucha pasta y exige m&aacute;s... Hab&iacute;a un ambiente muy bonito de colaboraci&oacute;n y respeto fruto de ver que es posible hacer las cosas de otra forma&rdquo;, concluyen. El Fusion entra tambi&eacute;n en la lista de lugares que m&aacute;s les han impactado.
    </p><h2 class="article-text">Fluir o quemarse</h2><p class="article-text">
        Llevamos un par de horas hablando. Cada vez que les viene a la memoria alguna otra noche memorable no resaltan la cantidad de p&uacute;blico que hubo o cu&aacute;ntos discos vendieron, sino con qui&eacute;n cenaron, c&oacute;mo era la casa donde los alojaron o qu&eacute; conversaciones surgieron. Ni siquiera inciden en el nivel o impacto de su actuaci&oacute;n. &ldquo;Si est&aacute;s a gusto, tocas bien. Fluyes m&aacute;s e improvisas mejor porque est&aacute;s m&aacute;s conectado con el momento y no est&aacute;s reproduciendo todo el rato lo mismo&rdquo;, resume Sara. Reconocen estar cansados f&iacute;sicamente porque hace tiempo que cumplieron los 40, pero en absoluto se sienten quemados de tanto tocar. &ldquo;Te quemas cuando vives siempre el mismo tipo de camerino, de hotel, de concierto&hellip; Llevar un espect&aacute;culo que no permite hacer cambios tambi&eacute;n acaba quemando&rdquo;, dice Sara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x902y1076.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x902y1076.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x902y1076.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x902y1076.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x902y1076.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x902y1076.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/26c9444a-4c73-4235-ba2f-413c7bf0bc5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x902y1076.jpg"
                    alt="Descanso antes de la actuación en los locales de ensayo JT Soar de Nottingham, Inglaterra"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Descanso antes de la actuación en los locales de ensayo JT Soar de Nottingham, Inglaterra                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Si solo tocase en salas de conciertos, ya lo habr&iacute;a dejado&rdquo;, asegura Pou. &ldquo;Al final, las noches m&aacute;s especiales son esas en las que vives una experiencia m&aacute;s all&aacute; del concierto, cuando se difuminan los roles del p&uacute;blico y el artista&rdquo;, describe. Pero, claro, tarde o temprano hay que echar cuentas y moverse por estos otros circuito no significa vivir en la ruina. &ldquo;Siempre cobramos&rdquo;, aclaran, aunque la cifra pueda oscilar entre los 300 los 2.500 euros y los cach&eacute;s altos siempre lleguen de las instituciones. &ldquo;Aunque gane menos dinero, todo esto te llena de otra manera&rdquo;, asegura Font&aacute;n. Para el d&uacute;o, funcionar por estos otros canales es algo m&aacute;s que una decisi&oacute;n art&iacute;stica. Est&aacute; m&aacute;s cerca de la decisi&oacute;n que tomas cuando &ldquo;escoges qu&eacute; consumes, d&oacute;nde lo compras o qui&eacute;nes son tus amigos&rdquo;, coinciden. &ldquo;Al final, siempre volvemos a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=k7VnOJT7bi4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquella entrevista de Orson Welles</a>&rdquo;, recuerda Pou.
    </p><p class="article-text">
        Los Sara Fontan cierran temporada en diciembre con un &uacute;ltimo viaje a Berna y sin la sensaci&oacute;n de haber exprimido todos los espacios al margen del circuito comercial de salas y festivales. &ldquo;Hay mucha m&uacute;sica m&aacute;s all&aacute; de Los 40 Principales y hay muchas formas de hacer conciertos m&aacute;s all&aacute; de los grandes festivales. Esos otros lugares nos permiten conocer a gente con ideas, deseos y formas de funcionar m&aacute;s afines a nuestra forma de pensar&rdquo;, celebra Edi. &ldquo;Es otra forma de conocer mundo que te permite reconectar con la humanidad de todo esto porque quienes est&aacute;n montando estos conciertos son personas reales; no son empresas&rdquo;, resalta Sara. &ldquo;Y es un placer volver a muchos lugares en los que has tejido amistades. Si tengo una patria, es esta comunidad musical a la que pertenezco&rdquo;, zanja Edi.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/consejos-sara-fontan-no-quemarse-arruinarse-musica-alejarse-grandes-ciudades-festivales_1_11864254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2024 22:13:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/20aa0513-ea12-4e6d-bd70-2384b5a0bc30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="632497" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/20aa0513-ea12-4e6d-bd70-2384b5a0bc30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="632497" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las decisiones de Los Sara Fontan para no quemarse ni arruinarse con la música: alejarse de grandes ciudades y festivales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/20aa0513-ea12-4e6d-bd70-2384b5a0bc30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Música independiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[RZA firma la autobiografía musical más insólita que hay en las librerías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/rza-firma-autobiografia-musical-insolita-hay-librerias_1_11842978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac4deb50-ee46-4f72-bd31-fcde0ef1897c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106595.jpg" width="3376" height="1899" alt="RZA firma la autobiografía musical más insólita que hay en las librerías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fundador de Wu-Tang Clan relata su vida y la del grupo de rap neoyorquino a través de múltiples referencias al ajedrez, las artes marciales, la Biblia y el Islam</p><p class="subtitle">El misterio de Waldo de los Ríos, el genio de la música que compuso el 'Himno a la alegría' y se suicidó
</p></div><p class="article-text">
        Las librer&iacute;as siguen recibiendo libros sobre m&uacute;sica a un ritmo sorprendente. Pero estos d&iacute;as no hay t&iacute;tulo m&aacute;s ins&oacute;lito en las estanter&iacute;as de la secci&oacute;n de m&uacute;sica que <em>El TAO de Wu, </em>autobiograf&iacute;a de RZA, el ide&oacute;logo, fundador y productor de grupo de rap neoyorquino Wu-Tang Clan. Hasta la fecha, nadie hab&iacute;a escrito un libro sobre la cultura hip-hop alternando estrategias de ajedrez, pel&iacute;culas de terror y artes marciales, pensamientos filos&oacute;ficos y referencias al Antiguo Testamento, el Islam y el tao&iacute;smo. Publicado en 2009 y traducido ahora por Blackie Books, algunos pasajes invitar&iacute;an a colocarlo en la secci&oacute;n de autoayuda. No en vano, el New York Times lo calific&oacute; como &ldquo;un Siddharta para el siglo XXI&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El TAO de Wu</em> es una obra extra&ntilde;a y fascinante. Incluye citas de San Francisco de As&iacute;s y de <em>Pulp fiction,</em> de Arist&oacute;teles y de Spiderman. &iquest;Qu&eacute; otro libro puede resumir la estrategia de expansi&oacute;n de una banda de hip-hop con un proverbio chino? La de Wu-Tang Clan queda sintetizada en este: &ldquo;Si planificas con vistas a un a&ntilde;o, planta ma&iacute;z. Si planificas con vistas a una d&eacute;cada, planta &aacute;rboles. Si planificas con vistas a una vida, forma y educa a la gente&rdquo;. La singladura de Wu-Tang Clan ten&iacute;a que ser algo m&aacute;s que una carrera musical. En la cabeza de RZA, se trataba de &ldquo;unir a ocho individuos &uacute;nicos para que actuasen como un solo hombre&rdquo;. Y no fue f&aacute;cil. A partir de cierto punto, ser&iacute;a imposible. 
    </p><p class="article-text">
        Wu-Tang Clan no es solo un fruto del gueto, el aburrimiento o la adversidad. Nace tambi&eacute;n de la meditaci&oacute;n, de la lectura y... de caminar. Seg&uacute;n explica su ide&oacute;logo, el clan cobr&oacute; forma durante unos paseos en 1991. &ldquo;En Staten Island me dediqu&eacute; a caminar todos los d&iacute;as durante horas. Camin&eacute; como lo hizo Da&rsquo;Mo desde la India a China. Aquellos paseos no crearon nada, pero s&iacute; revelaron algo, algo que ya flotaba sobre la isla&rdquo;, afirma, refiri&eacute;ndose a las canciones que hab&iacute;a producido para raperos de distintos barrios. &ldquo;Comprend&iacute; que lo que quer&iacute;a, pod&iacute;a y deb&iacute;a hacer era crear una compa&ntilde;&iacute;a discogr&aacute;fica, reunir a los mejores MC que conoc&iacute;a y formar un grupo de rap como nadie hab&iacute;a imaginado&rdquo;. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s lleg&oacute; <em>Enter the Wu-Tang (36 chambers).</em> El disco cost&oacute; 36.000 d&oacute;lares (34.500 euros al cambio de hoy, un presupuesto relativamente modesto). Solo en Estados Unidos, vendi&oacute; m&aacute;s de tres millones de copias.
    </p><h2 class="article-text">Abducido a los siete a&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        Robert Fitzgerald Diggs naci&oacute; en Brooklyn en 1969. El hip-hop a&uacute;n no era ni una hip&oacute;tesis, pero RZA tardar&iacute;a poco en quedar abducido por aquella nueva m&uacute;sica y cultura. As&iacute; rememora su epifan&iacute;a: &ldquo;Cualquiera puede o&iacute;r la llamada en cualquier momento. Lo s&eacute; porque yo la o&iacute; una noche, en julio de 1976, en un bloque de viviendas de Staten Island&rdquo;. Aquel chaval de siete a&ntilde;os iba a casa de su primo, el futuro GZA, y vio unos discjockeys que hab&iacute;an conectado el equipo de m&uacute;sica al alumbrado p&uacute;blico. Se qued&oacute; all&iacute; hipnotizado durante horas. Lleg&oacute; a casa a las once de la noche. La bronca que le cay&oacute; tambi&eacute;n fue inolvidable, pero en su mente ya solo retumbaban los versos que hab&iacute;a improvisado un rapero: &ldquo;Su-su-sum&eacute;rgete, so-so-socializa, l&iacute;mpiate las orejas, abre los ojos&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/52e121e3-3615-4fa7-b6ec-173c393a9ba4_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Escenas peliculeras como esta abundan a lo largo de las 200 p&aacute;ginas del libro. RZA asegura haber salvado la vida de Method Man al alejarlo casualmente de un tiroteo. Hay que recordar que Wu-Tang Clan, antes de convertirse en una de las bandas m&aacute;s influyentes del hip-hop, era una pandilla callejera habituada a meterse en l&iacute;os. Con 18 a&ntilde;os, el propio RZA fue a juicio y le pudieron caer ocho a&ntilde;os de c&aacute;rcel por enfrentarse a tiros con una banda rival de traficantes, pero el juez lo absolvi&oacute;. &ldquo;Ese d&iacute;a recuper&eacute; ocho a&ntilde;os de mi vida&rdquo;, asegura. Dej&oacute; la mala vida y se concentr&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s en la lectura y en la m&uacute;sica. No todos los del grupo los lograron. Su primo Ol&rsquo; Dirty Bastard pasar&iacute;a varias veces por prisi&oacute;n y fallecer&iacute;a en 2004 por sobredosis. El cap&iacute;tulo en el que RZA recuerda c&oacute;mo Ol&rsquo; Dirty Bastard oblig&oacute; a su hijo a ver c&oacute;mo se drogaba pocos d&iacute;as antes de fallecer es de los m&aacute;s conmovedores del libro.
    </p><p class="article-text">
        Cada cual se explicar&aacute; a s&iacute; mismo seg&uacute;n le ha ido la vida. Y la de RZA ha sido una vertiginosa monta&ntilde;a rusa que empez&oacute; m&aacute;s o menos as&iacute;: &ldquo;En 1978, mi madre, que trabajaba en una casa de apuestas clandestinas, acert&oacute; el n&uacute;mero y gan&oacute; unos cuatro mil pavos, dinero suficiente para que los ocho nos mud&aacute;semos a una casa de tres habitaciones en la avenida Dumont. En ese momento viv&iacute;amos en Marcus Garvey, un gueto violento, pero por un momento nos sentimos como los ni&ntilde;os blancos de la serie <em>Con ocho basta:</em> ocho ni&ntilde;os con juguetes, bicicletas y un nuevo hogar. Antes de que pudi&eacute;ramos mudarnos, entraron a robar. Todas nuestras cosas (juguetes, bicicletas, muebles) desaparecieron justo antes de Navidad&rdquo;. Instalado en el nuevo barrio, RZA conoci&oacute; a un chaval algo mayor que traficaba con drogas y que se encari&ntilde;&oacute; de aquel joven reci&eacute;n llegado. Cuando ya eran amigos, un d&iacute;a le confes&oacute; que fue &eacute;l quien desvalij&oacute; su casa.
    </p><h2 class="article-text">Muy le&iacute;do, muy fumado</h2><p class="article-text">
        Aunque se centre en la trayectoria de Wu-Tang Clan, <em>El TAO de Wu</em> es m&aacute;s revelador cuando ampl&iacute;a su campo narrativo al hip-hop en general. Especialmente llamativa es su comparaci&oacute;n entre el rap hardcore de la Costa Este y el gangsta rap de la Costa Oeste. &ldquo;La m&uacute;sica con un sonido violento da la oportunidad a quien la escucha de sacarla violencia que lleva dentro&rdquo;, opina sobre el primero. En cambio, &ldquo;cuando oyes una letra violenta sobre un ritmo suave, esa violencia va directa a tu mente&rdquo;, lamenta, refiri&eacute;ndose al segundo. En otro pasaje recela de una industria audiovisual que apuesta por tecnolog&iacute;as que ofrecen im&aacute;genes cada vez m&aacute;s n&iacute;tidas, al tiempo que comercializa aparatos que brindan un sonido &ldquo;cada vez m&aacute;s simple, m&aacute;s llano, m&aacute;s insustancial&rdquo;. &ldquo;Nos estamos acostumbrando a una imagen cada vez mejor y a un sonido cada vez peor&rdquo;, advierte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/86222541-67fa-4a53-ba54-24686c4165d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Wu-Tang Clan actuando en el Festival Wroclaw 2012 de Breslavia (Polonia)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Wu-Tang Clan actuando en el Festival Wroclaw 2012 de Breslavia (Polonia)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s asombroso de <em>El TAO de Wu</em> es la amplitud de registros que maneja a la hora de relatar su paso por este mundo. &ldquo;Si eras pobre y negro, las matem&aacute;ticas atacaban frontalmente la idea de que estabas predestinado a ser ignorante e inculto&rdquo;, afirma, refiri&eacute;ndose a una de las ense&ntilde;anzas de la Naci&oacute;n del Islam. De la discogr&aacute;fica afroamericana de los a&ntilde;os 60 Stax aprendi&oacute; a sobrevivir en una industria musical blanca. De la Biblia aprender&iacute;a a pulir rimas con precisi&oacute;n para cortar orejas como el ap&oacute;stol Sim&oacute;n Pedro. Del kung-fu, a producir ritmos &ldquo;que te dieran ganas de hacer un agujero en la pared&rdquo;. A su vez, su afici&oacute;n por el ajedrez le permite comparar la apertura Ruy L&oacute;pez con el estilo del rapero Rakim. Y del mismo modo que afirma que <em>Bola de drag&oacute;n </em>es &ldquo;una de las series de dibujos animados m&aacute;s profundas de la historia&rdquo; asegura que <em>La noche de los muertos vivientes </em>era una profec&iacute;a sobre la llegada del crack donde los muertos vivientes simbolizaban a los hombres negros en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Una advertencia para los al&eacute;rgicos a los libros de autoayuda: varios pasajes de <em>El TAO de Wu</em> puede resultar muy indigestos. El libro est&aacute; minado de frases tipo &ldquo;haz lo posible por alcanzar la superconciencia que llega al final de la vida&rdquo;, &ldquo;para convertirte en oc&eacute;ano antes tienes que ahogarte&rdquo;, &ldquo;la muerte es el mayor timo de la historia&rdquo; o &ldquo;la mejor t&aacute;ctica que puedes aplicar al ajedrez es la misma que debes emplear en la vida: nunca te rindas&rdquo;. RZA es un tipo muy le&iacute;do, pero tambi&eacute;n muy fumado. En una de esas fumadas perjura que le posey&oacute; un demonio. Y en la recta final del libro, suelta parrafadas sobre Dios y el Diablo que dan m&aacute;s miedito que los cortes m&aacute;s oscuros de <em>Wu-Tang forever.</em> Por contra, esa necesidad de encontrar un sentido a su existencia en un contexto social tan adverso agudiza su capacidad de observaci&oacute;n y le permite afianzar pensamientos de hondo calado: &ldquo;La pobreza en Estados Unidos es algo que te empeque&ntilde;ece, reduce tus horizontes y te nubla la vista&rdquo;, descubri&oacute; bien temprano. 
    </p><h2 class="article-text">Del barrio al olimpo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;No es f&aacute;cil explicar qu&eacute; significa ser rico, famoso y del barrio. Una manera de hacerlo es pensando en un superh&eacute;roe: alguien que tiene poderes especiales, una doble identidad y tal vez uno o dos puntos d&eacute;biles que guarda en secreto&rdquo;, esboza con ingenio RZA. Hijo de familia numerosa que en algunas etapas comparti&oacute; apartamento de dos habitaciones con otras 18 personas, se convirti&oacute; en el empoll&oacute;n de la familia gracias a su obsesi&oacute;n por la lectura. Con 11 a&ntilde;os, y tras descubrir el <em>Rapper&rsquo;s Delight</em> de Sugarhill Gang, compuso del tir&oacute;n veinte canciones sobre bases r&iacute;tmicas de los discos de r&amp;b de su madre. A esa edad ya era un habilidoso jugador de ajedrez y hab&iacute;a perdido la virginidad. En apenas veinte a&ntilde;os estar&iacute;a componiendo bandas sonoras para Jim Jarmush y Quentin Tarantino.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-HnOZea4Zgbc-4628', 'youtube', 'HnOZea4Zgbc', document.getElementById('yt-HnOZea4Zgbc-4628'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-HnOZea4Zgbc-4628 src="https://www.youtube.com/embed/HnOZea4Zgbc?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        RZA tuvo una visi&oacute;n y la llev&oacute; al l&iacute;mite. Grab&oacute; la c&eacute;lebre <em>Wu-Tang Clan ain&rsquo;t nuthing ta F&rsquo;with</em> pinchando la luz del estudio ilegalmente, vendi&oacute; las primeras maquetas desde el maletero del Mercury Scorpio de su primo y ya desde el principio decidi&oacute; usar un compresor de voz distinto para cada rapero del grupo: Method Man, Raekwon, Inspectah Deck, U-God, Ghostface Killa... Su plan era que cada uno fichase en solitario por distintas discogr&aacute;ficas. As&iacute; expandir&iacute;an la palabra del clan y el impacto de futuros discos conjuntos. &ldquo;Les dije que nadie pod&iacute;a cuestionar mi autoridad, que aquello iba a ser una dictadura&rdquo;, reconoce. Por eso, no tiene problema en asumir errores de c&aacute;lculo. En 1997 decidi&oacute; que Wu-Tang Clan se sumasen como teloneros a la gira de Rage Against The Machine. En apenas dos meses aquella hermandad salt&oacute; por los aires.
    </p><p class="article-text">
        <em>El TAO de Wu</em> se public&oacute; originalmente en 2009. Por tanto, no hay referencias a <em>Once upon a time in Shaolin</em> (2015), el controvertido &aacute;lbum que nadie escuch&oacute; porque solo se prens&oacute; una copia que comprar&iacute;a el millonario Martin Shkreli por dos millones de d&oacute;lares ni a las chirriantes residencias del grupo en Las Vegas. El libro, adem&aacute;s, apareci&oacute; en plena <em>obamaman&iacute;a</em>, raz&oacute;n por la cual el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo rezuma esperanza y ansias de cambio para la comunidad negra. Envuelto en una bruma m&iacute;stica, se despide as&iacute;: &ldquo;Todos llevamos esa capacidad (de cambio) en nuestro interior, as&iacute; que primero pon orden en tu propia casa y luego podr&aacute;s ayudar a poner orden en los otros cinco millones de casas. Y Dios mostrar&aacute; y demostrar&aacute; que &eacute;l es el Agente del Cambio Universal. Paz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pues vale: paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/rza-firma-autobiografia-musical-insolita-hay-librerias_1_11842978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2024 20:47:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac4deb50-ee46-4f72-bd31-fcde0ef1897c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106595.jpg" length="921706" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac4deb50-ee46-4f72-bd31-fcde0ef1897c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106595.jpg" type="image/jpeg" fileSize="921706" width="3376" height="1899"/>
      <media:title><![CDATA[RZA firma la autobiografía musical más insólita que hay en las librerías]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac4deb50-ee46-4f72-bd31-fcde0ef1897c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106595.jpg" width="3376" height="1899"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayos,Biografías,Rap]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Planetas regresan de forma triunfal a 1994 para celebrar 'Super 8', el disco que propulsó el 'indie' español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/planetas-regresan-forma-triunfal-1994-celebrar-super-8-disco-propulso-indie-espanol_1_11812448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc18c0d3-823c-4fbd-9232-26d065cb92bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Planetas regresan de forma triunfal a 1994 para celebrar &#039;Super 8&#039;, el disco que propulsó el &#039;indie&#039; español"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gira de trigésimo aniversario de su primer disco llega con tres conciertos a Madrid como una celebración de las gestas pretéritas del grupo granadino que obliga a plantear las incertidumbres sobre su futuro
</p><p class="subtitle">Cómo ser un sello independiente español en 2024: “Estamos tan cerca del suelo que podemos volver a empezar todo el rato”
</p></div><p class="article-text">
        Se acercan los &uacute;ltimos conciertos de trig&eacute;simo aniversario de <em>Super 8&rsquo;</em>, el debut discogr&aacute;fico<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/planetas-ganas-agitar-conciencias-gente_128_5870496.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de Los Planetas</a>. Quien no los haya visto a&uacute;n en la docena de festivales donde han interpretado de principio a fin el disco que publicaron en 1994, puede hacerlo esta semana en Madrid: el mi&eacute;rcoles y viernes en La Riviera y el jueves en Ochoymedio. Tal y como sucedi&oacute; semanas atr&aacute;s en la otra tanda de tres conciertos en Barcelona, las entradas se agotaron hace tiempo y el ambiente ser&aacute; triunfal. <em>Super 8</em> no fue concebido para sonar en un escenario en el mismo orden en que se prens&oacute;, pero m&aacute;s all&aacute; de alg&uacute;n baj&oacute;n puntual como <em>Estos &uacute;ltimos d&iacute;as</em>, soporta espl&eacute;ndidamente un pase &iacute;ntegro. Y la tanda de bises, un grandes &eacute;xitos en toda regla, deja claro que el grupo granadino no est&aacute; saliendo al escenario a especular. En esta gira solo sirve una goleada. Y es una goleada.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido de otra manera. Se acerca tambi&eacute;n el final de 2024, el a&ntilde;o m&aacute;s extra&ntilde;o en la carrera del grupo granadino. Pocas bandas espa&ntilde;olas han vivido un par&oacute;n creativo con tanto r&eacute;dito medi&aacute;tico. Por un lado, protagonizando esta exitosa gira retrospectiva. Por otro, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/segundo-premio-fiel-planetas-planetas-2024_129_11388497.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protagonizando tambi&eacute;n </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/segundo-premio-fiel-planetas-planetas-2024_129_11388497.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Segundo premio</em></a>, la pel&iacute;cula de Isaki Lacuesta escogida para representar a Espa&ntilde;a en la carrera por los Oscar. Gira y pel&iacute;cula apuntan en la misma direcci&oacute;n, el pasado, pero lo hacen con unas intenciones diametralmente opuestas. Mientras los conciertos activan una celebraci&oacute;n colectiva y acr&iacute;tica, la cinta es una invitaci&oacute;n a bucear en el interior de un grupo minado por las contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, la gira de celebraci&oacute;n de <em>Super 8 </em>ha llegado en el momento preciso, pues funciona como un ant&iacute;doto contra <em>Segundo premio</em>. &ldquo;Esto no es una pel&iacute;cula sobre Los Planetas&rdquo;, insiste la publicidad del largometraje, pero el mismo tr&aacute;iler repesca la frase asesina que suelta el personaje de May (la bajista que abandon&oacute; el grupo) a J: &ldquo;T&uacute; eres un vampiro. T&uacute; vas a seguir en la m&uacute;sica solo o acompa&ntilde;ado&rdquo;. No es extra&ntilde;o que el cantante granadino eche pestes de la cinta. Aun as&iacute;, la gira tambi&eacute;n constata esa tesis, vistas las sonadas ausencias de Eric Jim&eacute;nez y Banin Fraile. Esta ha sido, pues, una gira multiusos: un b&aacute;lsamo nost&aacute;lgico para el p&uacute;blico, una celebraci&oacute;n multitudinaria para acallar <em>Segundo premio</em>, un chute de autoestima (y financiero) para J y Florent y, tambi&eacute;n, el recordatorio de que<em> Super 8</em> es la piedra fundamental sobre la que se profesionaliz&oacute; la industria musical espa&ntilde;ola independiente que conocemos.
    </p><h2 class="article-text">El disco del cisma 'indie'</h2><p class="article-text">
        En las cr&iacute;ticas de <em>Super 8 </em>que public&oacute; la prensa musical especializada en 1994 ya se percib&iacute;a ese deseo de cambio, una sensaci&oacute;n de que algo ten&iacute;a que pasar y que ten&iacute;a que pasar por Los Planetas. V&iacute;ctor Lenore (entonces V&iacute;ctor Malsonando) profetizaba en <em>Rockdelux</em> que el debut de los granadinos pod&iacute;a suponer &ldquo;un serio <em>shock</em> en las constantes vitales de ese cementerio de colorines que siempre han sido nuestras listas de &eacute;xitos&rdquo;. Solo hab&iacute;an publicado un single y ni siquiera hab&iacute;an ganado el influyente concurso de maquetas de la revista barcelonesa, pero no hab&iacute;a duda: ellos eran los elegidos. Hasta la reci&eacute;n nacida <em>Mondo Sonoro </em>se postul&oacute; con visible entusiasmo a favor de <em>Super 8</em>: &ldquo;Deber&iacute;a haberse llamado <em>Super 10</em> en alusi&oacute;n a los diez temazos que componen su trabajo de debut&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-2yJj-FAEx88-4296', 'youtube', '2yJj-FAEx88', document.getElementById('yt-2yJj-FAEx88-4296'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-2yJj-FAEx88-4296 src="https://www.youtube.com/embed/2yJj-FAEx88?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El clima de transici&oacute;n hacia el<em> indie </em>era tan inequ&iacute;voco que remar en direcci&oacute;n contraria exig&iacute;a cierta osad&iacute;a. As&iacute; se expresaba Jos&eacute; Boix desde la revista <em>Ruta 66</em>: &ldquo;Ardua tarea esta de comentar el disco de una banda <em>indie</em> nacional, y m&aacute;s cuando se trata de un grupo que ya ha recibido todo tipo de elogios y adem&aacute;s es el primero que ficha por una multinacional. Parece que si uno no elogia autom&aacute;ticamente a bandas como Los Planetas es que algo est&aacute; &lsquo;malsonando&rsquo; en su cabeza&rdquo;. Tanto dardo y juego de palabra denota una divisi&oacute;n en la prensa de la &eacute;poca. No todos los grupos, y mucho menos espa&ntilde;oles, son capaces generar este tipo de cismas en el gremio. Los Planetas ya lo eran. Y mientras <em>Rockdelux</em> les adjudicaba &ldquo;una ambici&oacute;n mucho m&aacute;s amplia que la recreaci&oacute;n personal de universos ajenos&rdquo;, <em>Ruta 66</em> advert&iacute;a que &ldquo;la f&oacute;rmula de distorsi&oacute;n que aplican no es ya ninguna novedad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1994, la mayor&iacute;a de debates sobre Los Planetas giraban en torno al mimetismo y la autenticidad. Y si de algo les sirvi&oacute; cantar en castellano desde el principio y virar m&aacute;s adelante hacia flamenco fue, precisamente, para forjar una identidad inconfundible. Por contra, la paradoja de ser emblema del<em> indie </em>patrio desde una multinacional suena hoy a anacronismo de los 90, pues Los Planetas han hecho pr&aacute;cticamente todo lo que, seg&uacute;n los dogmas del<em> indie</em>, un grupo subterr&aacute;neo y alternativo jam&aacute;s debiera: giras con orquesta sinf&oacute;nica y escala en los festivales m&aacute;s pijos, conciertos &iacute;ntimos a dos guitarras y piano en alianza con Live Nation, fotos con jerifaltes de Caixabank para promocionar conciertos en la Alhambra al tiempo que cantan &ldquo;no voy a ser ning&uacute;n colaboracionista de un r&eacute;gimen que tiene que caer&rdquo; y encuentros con entidades nivel Pedro S&aacute;nchez.
    </p><h2 class="article-text">El encargado de la distorsi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        No hace falta ser un lince para ubicar el impacto emocional de una gira de treinta aniversario. El factor nostalgia lo explica pr&aacute;cticamente todo. M&aacute;s a&uacute;n, trat&aacute;ndose de un grupo y un disco de sobra conocidos. Quien haya querido ver a Los Planetas en concierto ha podido hacerlo casi cada a&ntilde;o. Hasta en directo han rescatado t&iacute;tulos de <em>Super 8 </em>durante estas tres d&eacute;cadas. Estos conciertos no desvelan un tesoro oculto ni desentierran una banda olvidada. Solo aprovechan un calendario propicio para viajar al pasado. De hecho, la gira se anuncia con el subt&iacute;tulo &ldquo;10 comprimidos para viajar en el tiempo&rdquo;, pero aquel &ldquo;t&uacute; y yo de viaje por el sol en una nueva dimensi&oacute;n&rdquo; que propon&iacute;a J en <em>De viaje </em>y que suena en los primeros compases de cada concierto cobra un rumbo distinto. Esa canci&oacute;n nos lleva &ldquo;de viaje por el sol&rdquo;, pero hacia una vieja dimensi&oacute;n. Los comprimidos Rememorex 800 de los Laboratorios Pfargue no prometen nuevas sensaciones, sino sensaciones ya vividas. Ning&uacute;n problema con eso. Pero es as&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bf608e27-d735-4110-89f3-509fa69a62d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Concierto en Barcelona para celebrar el aniversario de &#039;Súper 8&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Concierto en Barcelona para celebrar el aniversario de &#039;Súper 8&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay un detalle llamativo en estos conciertos de celebraci&oacute;n del trig&eacute;simo aniversario de <em>Super 8.</em> O, por lo menos, lo hubo en el segundo concierto barcelon&eacute;s. El cuarteto sali&oacute; a escena bajo un mar de distorsi&oacute;n. La distorsi&oacute;n era y es la se&ntilde;a de identidad de los granadinos. Sin embargo, y a diferencia de tantos m&uacute;sicos<em> indies</em> de los 90 que manipulaban cuerdas, pedales y monitores en busca de acoples el&eacute;ctricos antes de atacar la primera canci&oacute;n, esta vez hab&iacute;a un encargado de activar ese magma de ruido turbio: su t&eacute;cnico de escenario. Un detalle sutil, pero tambi&eacute;n significativo para ilustrar la percepci&oacute;n que tienen Los Planetas de s&iacute; mismos y de su relaci&oacute;n con el negocio musical y el ruido. J, Florent y compa&ntilde;&iacute;a salieron al escenario como aut&eacute;nticos profesionales del<em> noise.</em>
    </p><p class="article-text">
        El comentario m&aacute;s extendido sobre los recientes conciertos de Los Planetas es, precisamente, que pocas veces han sonado tan profesionales. OK. Pero si esto es lo mejor que se puede decir de un grupo con tres d&eacute;cadas de recorrido, ser&aacute; que poco se puede decir. Que es una empresa solvente, sin duda. Y mejor as&iacute;, claro. Tampoco se pueden extraer muchas m&aacute;s conclusiones de una gira retrospectiva. Estos m&aacute;s que disfrutables conciertos han sido una elipsis en la carrera de Los Planetas. Pero lo importante empieza ahora. Y desde que en 2005, tras el abatido <em>Los Planetas contra la ley de la gravedad,</em> J diese un volantazo estil&iacute;stico que desembocar&iacute;a en su etapa de psicodelia flamenca, los granadinos no afrontaban un momento tan crucial.
    </p><h2 class="article-text">La pregunta de siempre</h2><p class="article-text">
        La gira de <em>Super 8 </em>ha llegado como agua de mayo para Los Planetas. J y compa&ntilde;&iacute;a necesitaban comprobar si todav&iacute;a pod&iacute;an movilizar al p&uacute;blico. En Granada, Madrid y Barcelona (las &uacute;nicas ciudades en las que han tocado por su cuenta y riesgo, fuera del marco de festivales o ciclos) han convocado much&iacute;sima m&aacute;s gente de la que se les acercaba cuando sali&oacute; el primer disco. M&aacute;s, incluso, de la que han atra&iacute;do por s&iacute; solos en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. Es lo que tiene transformar los conciertos en acontecimientos. Pero aunque el grupo ya ha vivido otras etapas de semiletargo debido a proyectos paralelos (Grupo de Expertos Solynieve, Los Evangelistas, Los Pilotos, Fuerza Nueva...) y hasta un disco en solitario de J, nada ha tensado m&aacute;s las costuras de la banda que prescindir en estos conciertos de Eric y Banin; un asunto que deber&aacute;n afrontar en cuanto acabe la gira.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8470050f-1d9e-467e-a34c-f3d23284db67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jota en el concierto de &#039;Los Planetas&#039; en Barcelona"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jota en el concierto de &#039;Los Planetas&#039; en Barcelona                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cabe suponer que una gira de trig&eacute;simo aniversario de<em> Pop</em> (1996) no est&aacute; sobre la mesa; ser&iacute;a demasiado Rememorex. El pr&oacute;ximo disco de Los Planetas, si lo hubiera, determinar&aacute; si los granadinos son capaces de amasar ideas y estructura para volver a ser claramente relevantes en el presente &ndash;cosa que no ocurre desde hace varios &aacute;lbumes-- o si se perpet&uacute;an como banda de autohomenaje. Y es que entre 2014 (fecha de los primeros conciertos de aniversario de <em>Una semana en el motor de un autob&uacute;s</em>; el 15&ordm;) y 2024 (con los primeros conciertos de aniversario de <em>Super 8</em>), el grupo casi ha generado m&aacute;s r&iacute;os de tinta por sus reediciones y giras conmemorativas que por sus &aacute;lbumes nuevos.
    </p><p class="article-text">
        Los Planetas iniciar&aacute;n 2025 con el mismo plan de vida: de viaje por 1994, esta vez entre Logro&ntilde;o y Pamplona. Sus &uacute;ltimas noticias desde el presente son <em>Las canciones del agua </em>(2022), disco concebido en pandemia y visiblemente desnortado por la paranoia de esos d&iacute;as. Jam&aacute;s hab&iacute;an sonado tan acorralados como en <em>El antiplanetismo</em>, la canci&oacute;n que cierra el &aacute;lbum. Ombliguista y an&eacute;mica, lo mejor que puede decirse de ella es que a partir ah&iacute; cualquier cosa sonar&aacute; a mejora. Pero con el grupo medio desmantelado y la maquinaria nost&aacute;lgica ganando terreno al presente a&ntilde;o tras a&ntilde;o, el margen de maniobra para reflotar la nave granadina se antoja cada vez m&aacute;s estrecho. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Super 8</em>, J vuelve a enfrentarse a la pregunta de entonces: &iquest;qu&eacute; puedo hacer?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/planetas-regresan-forma-triunfal-1994-celebrar-super-8-disco-propulso-indie-espanol_1_11812448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Nov 2024 21:19:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cc18c0d3-823c-4fbd-9232-26d065cb92bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1457393" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cc18c0d3-823c-4fbd-9232-26d065cb92bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1457393" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los Planetas regresan de forma triunfal a 1994 para celebrar 'Super 8', el disco que propulsó el 'indie' español]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cc18c0d3-823c-4fbd-9232-26d065cb92bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Música independiente,Industria musical,Conciertos,Los Planetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo ser un sello independiente español en 2024: “Estamos tan cerca del suelo que podemos volver a empezar todo el rato"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/sello-independiente-espanol-2024-cerca-suelo-volver-empezar-rato_1_11797483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f83ea533-f459-4115-a077-b2289c8f1b30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo ser un sello independiente español en 2024: “Estamos tan cerca del suelo que podemos volver a empezar todo el rato&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discográfica asturiana Humo Internacional, hogar de Fasenuova, Dame Área y Tatxers, saca pecho de su catálogo y su forma de hacer lanzando diez discos a la vez</p><p class="subtitle">La música en 'streaming' vira de la cantidad a la supuesta calidad: ya no todo va a estar disponible
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significa y qu&eacute; supone ser un sello independiente en Espa&ntilde;a? La pregunta flota en el aire desde hace d&eacute;cadas y la respuesta ha ido variando al tiempo que evolucionaba la industria musical. En 2024, el contexto al que deben enfrentarse las discogr&aacute;ficas independientes implica, tarde o temprano, sellar acuerdos con plataformas transnacionales como Spotify y relacionarse con grandes festivales al tiempo que fabricas apenas cientos de discos; tiradas insignificantes en un mercado globalizado. Parece dif&iacute;cil mantenerse a flote y a&uacute;n puede serlo m&aacute;s si operas desde la periferia.
    </p><p class="article-text">
        En Oviedo hay un sello que mantiene el tipo desde 2016. Se llama Humo Internacional (antes fue Humo) y nace de las ascuas de Discos Humeantes, discogr&aacute;fica fundada en 2008 que lanz&oacute; referencias de Pablo Und Destruktion, Futuro Terror, Monta&ntilde;as, Mujeres y, sobre todo, Fasenouva, el d&uacute;o asturiano que mejor ejemplifica la debilidad de esta discogr&aacute;fica por los sonidos cortantes, oscuros y epil&eacute;pticos. Este oto&ntilde;o Humo Internacional es noticia por un exultante experimento empresarial: el lanzamiento en tromba de diez &aacute;lbumes de Dame &Aacute;rea, Tatxers, Somos La Herencia, Cachito Turulo (nuevo proyecto de Ernesto Avelino tras Fasenuova) y Olivier Arson (autor de la premiada <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/as-bestas-thriller-rural-coccion-lenta-sorogoyen-entrega-mejor-pelicula_129_9700052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">banda sonora de </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/as-bestas-thriller-rural-coccion-lenta-sorogoyen-entrega-mejor-pelicula_129_9700052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>As bestas</em></a><em>)</em>, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Pablo Fern&aacute;ndez, director de Humo Internacional, defiende que esta edici&oacute;n masiva de novedades no es un harakiri comercial sino todo un acierto. &ldquo;Aunque pueda parecer lo contrario, para nosotros es mucho m&aacute;s f&aacute;cil vender los discos cuando salen a la vez. Y ya no solo, a la tienda, sino tambi&eacute;n a la gente porque est&aacute;s lanzando un mensaje de que lo que haces importa&rdquo;, afirma. Esta es solo la &uacute;ltima de una serie de decisiones aparentemente suicidas del sello ovetense cuyo denominador com&uacute;n es la b&uacute;squeda de un camino propio. Uno que pasa por recelar obstinadamente de la frase m&aacute;s manida del negocio. Esa que dice: las cosas se hacen as&iacute; y punto.
    </p><h2 class="article-text">La uni&oacute;n que hace la fuerza</h2><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de las discogr&aacute;ficas aconseja distanciar la edici&oacute;n de discos para que unos no resten atenci&oacute;n a otros; una pol&iacute;tica que asume que los artistas de un sello compiten entre s&iacute;. Adem&aacute;s, calendarizar lanzamientos significa anteponer unos artistas a otros y un grupo detecta f&aacute;cilmente si es la gran apuesta del sello o el &uacute;ltimo mono. Un lanzamiento masivo, en cambio, dinamita jerarqu&iacute;as internas y realza la noci&oacute;n de colectivo. &ldquo;Tambi&eacute;n nos ayuda a posicionarnos como sello y a lanzar un mensaje de que hacemos las cosas de manera conjunta&rdquo;, a&ntilde;ade Fern&aacute;ndez. Y, sobre todo, evita que &ldquo;cada grupo tenga que pelear solo con los diecisiete millones de discos que saldr&aacute;n el mismo d&iacute;a&rdquo;. Es &lsquo;la uni&oacute;n hace la fuerza&rsquo; en versi&oacute;n discogr&aacute;fica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-WzhBzOoicrw-6478', 'youtube', 'WzhBzOoicrw', document.getElementById('yt-WzhBzOoicrw-6478'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-WzhBzOoicrw-6478 src="https://www.youtube.com/embed/WzhBzOoicrw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        En realidad, Humo Internacional solo aplica a la m&uacute;sica grabada una estrategia que ya ha explorado en los conciertos. &ldquo;Desde hace tiempo, cogemos cuatro grupos que sacan disco esos meses y los presentamos juntos en un Humo Fest&rdquo;, explica Pablo. &ldquo;De repente, un grupo que met&iacute;a 50 personas, otro que met&iacute;a 50, de las que compart&iacute;a 30 con el grupo anterior, y otro que met&iacute;a otras 50, juntos est&aacute;n metiendo 400 personas en una sala. Eso te hace ver que en vez de ser competidores son aliados&rdquo;. Es, de hecho, la misma t&aacute;ctica que empleaba el sello barcelon&eacute;s B-Core en los a&ntilde;os 90.
    </p><p class="article-text">
        El asturiano Pablo Fern&aacute;ndez y la gallega Sara Roca son las cabezas pensantes de Humo Internacional y la forma como entablaron amistad explica bastante el rumbo que ha ido tomando el sello. Sara llevaba desde los 15 a&ntilde;os organizando conciertos en A Coru&ntilde;a. Muchos de ellos, en el centro social Nave 1839 en el que un s&aacute;bado de 2016 apareci&oacute; Pablo con su grupo Balcanes. Pablo ya hab&iacute;a apagado los Discos Humeantes y era parte activa de La Lata De Zinc, local asociativo que acababa de abrir en Oviedo cuando el cierre de la okupa hab&iacute;a dejado su ciudad hu&eacute;rfana de conciertos; y local con el que ya no tiene v&iacute;nculo alguno). Este es contexto de autogesti&oacute;n <em>underground</em> desde la periferia que forjar&iacute;a el car&aacute;cter de Humo.
    </p><h2 class="article-text">Contratos, liquidez y recursos humanos</h2><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima &eacute;poca de Discos Humeantes, Pablo Fern&aacute;ndez se enfrentaba a una situaci&oacute;n inc&oacute;moda: ning&uacute;n artista de su sello pod&iacute;a vivir de la m&uacute;sica, pero &eacute;l s&iacute; viv&iacute;a de ella. &ldquo;Pens&eacute; que ten&iacute;a que haber otra forma de hacer las cosas para que fuese posible vivir de lo que hacemos no solo el sello, sino tambi&eacute;n los grupos&rdquo;. Uno de los primeros cambios en el tr&aacute;nsito a Humo fue la relaci&oacute;n contractual con los grupos. &ldquo;El primer contrato que firmamos era heredado de Warner. No sab&iacute;amos c&oacute;mo se hac&iacute;an y alguien nos pas&oacute; uno suyo&rdquo;, confiesa Pablo. Sara reformul&oacute; los contratos haci&eacute;ndolos m&aacute;s breves y comprensibles para artistas y sello y, m&aacute;s importante, dejaron de estar vinculados en el tiempo. &ldquo;Vamos disco a disco porque un grupo puede creer que hoy es justo que me quede un 10% y ma&ntilde;ana pensar que es demasiado. Cualquier grupo puede irse del sello cuando quiera&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-DIVjo0QbME4-4141', 'youtube', 'DIVjo0QbME4', document.getElementById('yt-DIVjo0QbME4-4141'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-DIVjo0QbME4-4141 src="https://www.youtube.com/embed/DIVjo0QbME4?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Otra pr&aacute;ctica que no se estila en Humo Internacional es avanzar dinero a los grupos para grabar sus discos. &ldquo;Tratamos de no apropiarnos de lo que es del grupo a cambio de un dinero por adelantado. Tratamos de no ser un banco&rdquo;, concreta Pablo. Esa prudencia a la hora de gestionar la econom&iacute;a permite afrontar desaf&iacute;os clave como el prensado de vinilos, ya que las f&aacute;bricas cobran a 30 d&iacute;as aunque esos discos tarden a&ntilde;os en venderse. &ldquo;Para bien o para mal, Humo nunca gast&oacute; todo su dinero. Nunca se pidieron cr&eacute;ditos. No vivimos inmersos en la ilusi&oacute;n de crecimiento&rdquo;, suspiran.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-HpgyWY1omE4-9519', 'youtube', 'HpgyWY1omE4', document.getElementById('yt-HpgyWY1omE4-9519'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-HpgyWY1omE4-9519 src="https://www.youtube.com/embed/HpgyWY1omE4?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o de Humo es la autosuficiencia total. Desear&iacute;an prensar ellos mismos los discos &ldquo;porque el gran problema de un sello peque&ntilde;o es fabricar m&aacute;s de lo que necesitas&rdquo;. Trabajan con tiradas de entre 300 y 500 vinilos y pocas veces encargan m&aacute;s para no colapsar el almac&eacute;n. Espacio para almacenar y liquidez econ&oacute;mica son los grandes dramas de un sello independiente. Sara apunta otro: &ldquo;la escasez de recursos humanos&rdquo;. Ambos hacen de todo: &ldquo;estampar las camisetas, preparar paquetes, el <em>booking</em>, subir movidas a las redes, pasar cuentas con las tiendas&hellip;&rdquo;.<span class="highlight" style="--color:transparent;"> No tener acuerdos de distribuci&oacute;n digital o f&iacute;sica con multinacionales, como hacen otros sellos independientes espa&ntilde;oles, implica asumir todos los pasos de la cadena.</span>
    </p><h2 class="article-text">Ser de Oviedo y no quejarse</h2><p class="article-text">
        Funcionar desde Oviedo pudiera parecer un problema, pero ellos no lo ven as&iacute;. &ldquo;Si siguiera viviendo en Barcelona probablemente me hubiese atropellado la situaci&oacute;n. Para lo que queremos construir, vivir en Oviedo es una absoluta ventaja. Aqu&iacute; tengo muchos menos gastos&rdquo;, asegura Pablo. &ldquo;Probablemente gane m&aacute;s dinero y tenga m&aacute;s &eacute;xito desde aqu&iacute; que y&eacute;ndome a Madrid a pelear&rdquo;, intuye. &ldquo;En Madrid o Barcelona vives permanentemente proyectando una imagen que te ayude a sobrevivir en esa ciudad. Aqu&iacute; no vivimos esa lucha por sacar la cabeza. Los vecinos pasan por delante de la oficina de Humo y creen que esto es una tienda de vapeadores&rdquo;, celebran.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-5e2KUxTeE5U-9562', 'youtube', '5e2KUxTeE5U', document.getElementById('yt-5e2KUxTeE5U-9562'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-5e2KUxTeE5U-9562 src="https://www.youtube.com/embed/5e2KUxTeE5U?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Sara, que ha trabajado varios a&ntilde;os en Madrid, reconoce que all&iacute; &ldquo;conoces a todo dios y ves como se llega a acuerdos, se ofrecen cosas y hay m&aacute;s movimiento, pero hay tal saturaci&oacute;n que los beneficios que puedes sacar son un poco espurios. No son frutos verdaderamente duraderos. Quiz&aacute; empieces a tocar por festivales porque sales en la prensa musical, pero a ver qu&eacute; pasa cuando vas a C&aacute;ceres o Cuenca&rdquo;. Pablo tambi&eacute;n recela de ese &ldquo;mundo de oportunidades&rdquo; que califica de &ldquo;caramelo envenenado&rdquo;. &ldquo;Es una estructura de poder tan obscena que no tiene sentido querer participar de ella. Solo puedes formar parte de su movida si alimentas su movida&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si tocas en una sala y van a verte 50 personas, esas 50 personas son tuyas. Y cuando vuelvas, si lo hiciste bien, habrá 55. Siempre funcionará así. Aunque algunos se empeñen en decir que ahora todo funciona distinto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pablo Fernández</span>
                                        <span>—</span> Director de Humor Internacional
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Humo Internacional no es un sello antifestivales. &ldquo;Tenemos grupos que quieren tocar en los festivales y nosotros lo intentamos. Lo que no hacemos es aceptar cualquier cosa a cualquier precio. Y si no los quieren, no pierdo ni cinco minutos en maldecir ni lamentarme&rdquo;, expone Pablo. Negociar con los festivales sin una actitud sumisa pasa por autoabastecerse antes para no depender de esas llamadas. &ldquo;Montamos nuestros conciertos y fiestas y tenemos nuestro propio festival que, en lugar de vender 80.000 entradas, vende 300 o 400. Si no nos sac&aacute;ramos nosotros las casta&ntilde;as del fuego, ni siquiera existir&iacute;amos&rdquo;. Desde esa periferia ovetense es m&aacute;s f&aacute;cil entender que una carrera no puede basarse en petarlo en Madrid. &ldquo;Una carrera se sostiene si tienes gente que te quiere ver en Cuenca o Santander. Si tocas en una sala y van a verte 50 personas, esas 50 personas son tuyas. Y cuando vuelvas, si lo hiciste bien, habr&aacute; 55. Siempre funcionar&aacute; as&iacute;. Aunque algunos se empe&ntilde;en en decir que ahora todo funciona distinto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Algo parecido a una conclusi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Pese a ese nombre tan et&eacute;reo, Humo Internacional tiene los pies en el suelo. &ldquo;Tratamos de no tener un discurso muy dram&aacute;tico y que no parezca que el mundo nos debe algo. A veces parece que el que est&aacute; abajo llora porque no est&aacute; arriba. El problema ser&iacute;a creer que un disco que vende 50 copias va a vender 500. Ojal&aacute; nuestros discos vendieran 10.000 copias y nuestros grupos salieran en la portada de El Pa&iacute;s. &iquest;Es la realidad? No. &iquest;Vamos a malgastar el tiempo creyendo que lo merecemos m&aacute;s que otro? No&rdquo;, zanja Pablo. &ldquo;No necesitamos que nadie nos valide&rdquo;, insisten una y otra vez. Eso s&iacute;, tener los pies en el suelo tambi&eacute;n pasa por calibrar qu&eacute; batallas no vale la pena librar. &ldquo;&iquest;Podr&iacute;amos no estar en Spotify? S&iacute;, pero ser&iacute;a como vivir a oscuras cuando existe la luz. No hay una alternativa ahora mismo&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-eYmndCHfhjw-3690', 'youtube', 'eYmndCHfhjw', document.getElementById('yt-eYmndCHfhjw-3690'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-eYmndCHfhjw-3690 src="https://www.youtube.com/embed/eYmndCHfhjw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Llevamos una hora larga intentando desentra&ntilde;ar el significado de la independencia discogr&aacute;fica en 2024. En alg&uacute;n punto de la conversaci&oacute;n, Pablo ha dudado de si la bandera del &ldquo;100% independiente&rdquo; que ondea su sello &ldquo;es m&aacute;s una coletilla que una realidad en el mundo en el que vivimos&rdquo;. Pero en los minutos de pr&oacute;rroga, apunta algo as&iacute; como una conclusi&oacute;n: &ldquo;Ser un sello independiente en 2024 tiene que ver con comprender el espacio que ocupas y crecer a partir de &eacute;l. No con intentar ocupar espacios que no te pertenecen o pretender ser quien no eres&rdquo;. As&iacute; es m&aacute;s f&aacute;cil afrontar el futuro: &ldquo;Estamos tan cerca del suelo que podemos volver a empezar todo el rato. Llegamos hasta donde podemos y si nos equivocamos no pasa nada porque ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a y volveremos a partir pr&aacute;cticamente desde el mismo sitio. No hay grandes ideas para conquistar el mundo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/sello-independiente-espanol-2024-cerca-suelo-volver-empezar-rato_1_11797483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Nov 2024 20:45:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f83ea533-f459-4115-a077-b2289c8f1b30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1746474" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f83ea533-f459-4115-a077-b2289c8f1b30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1746474" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cómo ser un sello independiente español en 2024: “Estamos tan cerca del suelo que podemos volver a empezar todo el rato"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f83ea533-f459-4115-a077-b2289c8f1b30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Industria musical,Industria cultural,Asturias]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
