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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tania López García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/tania-lopez-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tania López García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ola de robos en los museos obliga a reorganizar su seguridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/museos-alerta-ola-robos-oro-obliga-reorganizar-seguridad_1_13487383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/532118bd-6201-4039-8727-e1466fc73493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ola de robos en los museos obliga a reorganizar su seguridad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras los golpes en Badajoz, Albacete y Villena, el Ministerio de Cultura revisa los protocolos, mientras historiadores, gestores culturales y expertos en criminología reclaman más personal, revisiones a fondo y formación específica </p><p class="subtitle">Dos ladrones roban dos cuadros de Renoir valorados en nueve millones de euros de un museo francés</p></div><p class="article-text">
        El pasado 27 de agosto, tres individuos entraron en el <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/sustraido-asalto-nocturno-tesoro-villena-hallazgos-arqueologicos-valiosos-europa_1_13469587.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo de Villena (MUVI</a>) y se llevaron el tesoro que da nombre a esta localidad alicantina desde hace m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, uno de los conjuntos de la Edad de Bronce <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/ocho-minutos-robar-tesoro-villena-hallazgos-arqueologicos-valiosos-europa_1_13470298.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s importantes</a> del Mediterr&aacute;neo occidental. El robo desat&oacute; la incredulidad y la indignaci&oacute;n, pero no es, ni mucho menos, el primero de este tipo en los &uacute;ltimos meses. El 25 de abril desaparecieron 144 monedas del <a href="https://www.eldiario.es/extremadura/sociedad/asaltan-museo-arqueologico-badajoz-robar-149-monedas-oro-tesoro-villanueva_1_13172438.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tesoro de Villanueva</a> en el Museo Arqueol&oacute;gico Provincial de Badajoz, y la noche del 27 al 28 de julio, cuatro encapuchados sustrajeron m&aacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/roban-colecciones-monedas-oro-museo-albacete_1_13412176.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">200 monedas de oro</a> en el Museo de Albacete en un lapso de tiempo de un minuto.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas giran en torno a lo mismo &iquest;por qu&eacute; est&aacute; pasando todo esto? Y, sobre todo, &iquest;c&oacute;mo es posible que haya ocurrido un robo como el de Villena? El historiador del arte Miguel &Aacute;ngel Cajigal explica esta oleada como la confluencia de varios factores, pero siempre con una evidente motivaci&oacute;n econ&oacute;mica detr&aacute;s: &ldquo;Quiz&aacute;s el factor de partida sea la escalada del precio del oro. Siempre ha sido valioso, obviamente, pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os su valor se ha multiplicado de manera exagerada. Por otro lado, esto sucede en una &eacute;poca en la que los bancos ya apenas guardan oro, o dinero, en sus sucursales, ni tan siquiera en las centrales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que el oro fuera el verdadero objetivo, y no el valor hist&oacute;rico o simb&oacute;lico de las piezas, queda claro en lo que los ladrones decidieron dejar atr&aacute;s uno de los objetos m&aacute;s singulares de todo el conjunto: un brazalete hecho con hierro de meteorito. Una pieza extraordinaria desde el punto de vista arqueol&oacute;gico, pero sin ning&uacute;n valor si se funde. Y es que, aunque el oro concentra casi todo el peso y casi toda la fama del Tesoro de Villena, esta lujosa vajilla de la Edad de Bronce re&uacute;ne materiales bien distintos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Presencia policial en los alrededores del Museo de Villena tras el robo del Tesoro                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Junto a los cuencos, brazaletes y botellas de oro macizo que forman el grueso del conjunto, hay tambi&eacute;n algunas piezas de plata y los objetos de hierro ya mencionados, un metal que, hace 3.000 a&ntilde;os, todav&iacute;a no se sab&iacute;a extraer y que por eso resultaba tan escaso como el propio oro. En total son 59 piezas, con un peso conjunto de casi diez kilos, casi todo oro puro. Pero reducir el Tesoro de Villena a su valor material ser&iacute;a perder de vista su singularidad, que es donde reside su verdadera importancia. Se trata de una de las mayores colecciones de orfebrer&iacute;a de toda la Prehistoria europea. Una perdida de patrimonio de ese calibre solo puede invitar a replantearse como proteger mejor los museos. 
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Un negocio m&aacute;s rentable que asaltar un banco&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Durante siglos, los grandes robos de arte han mantenido un aura de misterio que evocaba un cierto aire de intriga y sofisticaci&oacute;n, con operaciones pensadas al mil&iacute;metro para un coleccionista dispuesto a pagar lo que haga falta por tener algo que nadie m&aacute;s puede tener. 
    </p><p class="article-text">
        La historia, de vez en cuando, parece darle algo de raz&oacute;n a ese mito, ejemplos tenemos unos cuantos en nuestro pa&iacute;s, en 1918 desapareci&oacute; del Museo del Prado el Tesoro del Delf&iacute;n &mdash;el conjunto de orfebrer&iacute;a que el Rey Sol envi&oacute; a Espa&ntilde;a para su nieto Felipe V&mdash;, un caso que nunca lleg&oacute; a esclarecerse del todo y tras el que, como recoge la tasadora y experta en arte Ana Trigo en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/robos-historia-arte-llegaron-museo-louvre_1_12824661.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ladrones de arte: robos c&eacute;lebres de grandes obras</em></a>, se sospech&oacute; de una red dedicada a colocar piezas de orfebrer&iacute;a entre coleccionistas privados. Setenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en agosto de 1989, varios lienzos de Vel&aacute;zquez desaparecieron del Palacio Real de Madrid sin dejar rastro ni culpables, un robo que, a diferencia del oro, no pod&iacute;a fundirse ni reutilizarse, y que por eso tambi&eacute;n parece cosa de encargo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3b8a2c78-d26e-4a97-bffb-2509ef860a5e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es tentador leer el caso de Villena con la misma l&oacute;gica, pero Cajigal no lo cree probable: &ldquo;Creo que la ficci&oacute;n nos ha hecho creer que el robo de arte tiene glamour y astucia, y eso incluye el mito del 'robo por encargo'. La realidad es que antes eran robos oportunistas, de gente que cre&iacute;a que un cuadro famoso le arreglaba la vida; ahora son golpes de banda organizada, como asaltar una gasolinera o una joyer&iacute;a. De todos los robos en museos juzgados en el &uacute;ltimo siglo, los que ten&iacute;an detr&aacute;s a un coleccionista son un porcentaje absolutamente marginal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Algo que tambi&eacute;n se&ntilde;ala el &uacute;ltimo informe de Europol sobre este tipo de delitos. Lo que s&iacute; ve Cajigal detr&aacute;s de esta oleada es algo mucho menos cinematogr&aacute;fico, lo bajas que son las penas para los ladrones que sustraen patrimonio cultural. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Antes eran robos oportunistas, de gente que creía que un cuadro famoso le arreglaba la vida; ahora son golpes de banda organizada, como asaltar una gasolinera o una joyería</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miguel Ángel Cajigal</span>
                                        <span>—</span> Historiador del arte
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Si lo mezclas todo, el resultado es la situaci&oacute;n actual: a las bandas les resulta m&aacute;s rentable asaltar museos con piezas de oro que bancos u otro tipo de objetivos&rdquo;, explica. Una ecuaci&oacute;n que adem&aacute;s les da tiempo de sobra para fundir el metal o hacer circular las joyas, mucho m&aacute;s f&aacute;ciles de colocar en el mercado que un cuadro robado. &ldquo;Todos estos factores&rdquo;, a&ntilde;ade, &ldquo;nos llevan a una situaci&oacute;n nueva, porque los museos normalmente no sufr&iacute;an este tipo de robos con tanta infraestructura criminal detr&aacute;s&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La respuesta institucional</h2><p class="article-text">
        &ldquo;El principal cometido de un museo es proteger, custodiar y conservar el legado de nuestras culturas&rdquo;, escrib&iacute;a hace unos d&iacute;as el doctor en Prehistoria y Arqueolog&iacute;a Isaac Sastre de Diego en un art&iacute;culo para <a href="https://arsmagazine.com/el-robo-del-tesoro-de-villena-una-obligada-reflexion-sobre-nuestras-prioridades/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ars Magazine</a>. Sastre de Diego dirigi&oacute; la Direcci&oacute;n General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes entre 2021 y 2024, la misma instituci&oacute;n que ahora, tras la sucesi&oacute;n de robos de este verano, ha pedido a los museos un listado de sus colecciones de metales preciosos. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque Sastre de Diego admite que no existe el riesgo cero para ning&uacute;n museo, grande o peque&ntilde;o, s&iacute; cree que cabe preguntarse si los medios est&aacute;n a la altura de lo que se les exige. Los propios datos que maneja explican buena parte del problema, los museos espa&ntilde;oles baten r&eacute;cord de visitantes a&ntilde;o tras a&ntilde;o, con un aumento exponencial respecto a los a&ntilde;os ochenta, la d&eacute;cada en la que se aprob&oacute; la Ley del Patrimonio que sigue vigente hoy. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una necesidad com&uacute;n de mejorar los recursos humanos en estas instituciones, adecu&aacute;ndolos a la realidad actual&rdquo;, puntualiza Sastre de Diego, &ldquo;actualizar esa norma es un paso fundamental para tener recursos acordes a las funciones y demandas actuales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Plataforma Estatal de Arque&oacute;logos coinciden en el diagn&oacute;stico, aunque ponen el acento en el personal. &ldquo;Cabe preguntarse si no hemos recibido ya suficientes toques de atenci&oacute;n como para entender que es ineludible incrementar la inversi&oacute;n no solo en los museos arqueol&oacute;gicos, sino en todas nuestras redes de museos auton&oacute;micas, estatales y locales&rdquo;, declaran en su p&aacute;gina web. Unas redes que &ldquo;carecen en sus plantillas de personal suficiente para garantizar el trabajo cotidiano&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cabe preguntarse si no hemos recibido ya suficientes toques de atención como para entender que es ineludible incrementar la inversión no solo en los museos arqueológicos, sino en todas nuestras redes de museos autonómicas, estatales y locales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Plataforma Estatal de Arqueólogos</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El Ministerio de Cultura, por su parte, asegur&oacute; en un comunicado del pasado 31 de agosto mantener contacto permanente con las comunidades aut&oacute;nomas. En especial, con aquellas que han sufrido robos este a&ntilde;o, poni&eacute;ndose a su disposici&oacute;n y solicit&aacute;ndole sus datos para poder facilitarlos a la Polic&iacute;a Nacional y reforzar su seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Que el Estado pueda reclamar ese tipo de informaci&oacute;n no es una improvisaci&oacute;n de &uacute;ltima hora, explica Sastre de Diego: &ldquo;Existen instrumentos de coordinaci&oacute;n entre las administraciones, precisamente para establecer una comunicaci&oacute;n fluida y una colaboraci&oacute;n entre los poderes p&uacute;blicos en la defensa del patrimonio&rdquo;. La Ley del Patrimonio Hist&oacute;rico Espa&ntilde;ol, recuerda, otorga al Estado esa capacidad &ldquo;para recabar y proporcionar cuanta informaci&oacute;n sea precisa a los fines se&ntilde;alados&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El pasado viernes 28 de agosto, la Direcci&oacute;n General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes se reuni&oacute; con las autonom&iacute;as para tratar tanto esa petici&oacute;n como un informe de Europol sobre robos en museos europeos, y ya ha convocado un nuevo encuentro para los pr&oacute;ximos d&iacute;as. Mientras tanto, Polic&iacute;a Nacional y Guardia Civil &mdash;seg&uacute;n los casos&mdash; coordinan sus investigaciones con el departamento.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma ley, apunta Sastre de Diego, especifica cu&aacute;l debe ser el instrumento concreto para esa coordinaci&oacute;n entre Estado y comunidades: los programas de actuaci&oacute;n e informaci&oacute;n del patrimonio, aprobados por el Consejo del Patrimonio Hist&oacute;rico, de los que han salido los distintos Planes Nacionales. El &uacute;ltimo de ellos, aprobado en 2025, fue el de Arqueolog&iacute;a. Pero, advierte, de nada sirven estos planes si sus comisiones de seguimiento no est&aacute;n constituidas y activas.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;R&eacute;plicas en las vitrinas?</h2><p class="article-text">
        Entre las distintas propuestas que se barajan, una de las soluciones que m&aacute;s se repite es la de sustituir los originales incorporando r&eacute;plicas a los museos. Cajigal es esc&eacute;ptico: &ldquo;Todas las soluciones a posteriori parecen buenas, pero hay que valorarlas con realismo&rdquo;. &ldquo;Las r&eacute;plicas de calidad son caras y no van a llegar de un d&iacute;a para otro: la copia de la cueva de Altamira, que se pone siempre como ejemplo, llev&oacute; a&ntilde;os de trabajo. Adem&aacute;s, por buena que sea, no es el original, y tenemos derecho a ver los originales de los bienes culturales p&uacute;blicos&rdquo;, afirma. Tambi&eacute;n incide en que hay un riesgo al mover las piezas a los dep&oacute;sitos: &ldquo;Es el momento de mayor riesgo de robo, y esos almacenes tambi&eacute;n est&aacute;n siendo saqueados. Puede ayudar, pero no garantiza nada y es m&aacute;s complejo de lo que parece&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Vista de la réplica en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira"
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                Vista de la réplica en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira                            </span>
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        Sastre de Diego matiza esa idea y la sit&uacute;a como parte de un proceso, no como soluci&oacute;n &uacute;nica. &ldquo;Lo primero es revisar las condiciones de seguridad para detectar posibles vulnerabilidades&rdquo;, considera, &ldquo;no debe ser un chequeo est&aacute;ndar, sino una especie de test de estr&eacute;s de la instituci&oacute;n frente a la amenaza real actual, hecho con los ojos de un profesional que lucha contra el robo y el tr&aacute;fico il&iacute;cito de bienes culturales&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Solo despu&eacute;s, si esa revisi&oacute;n detecta grietas que no se pueden subsanar de inmediato &mdash;m&aacute;s personal de seguridad nocturno, trasladar las colecciones sensibles a salas sin ventanas ni salidas al exterior, o mejorar la instalaci&oacute;n museogr&aacute;fica&mdash; habr&iacute;a que plantearse retirar temporalmente las piezas amenazadas y sustituirlas por r&eacute;plicas, o al menos valorar si es necesario exponer toda una colecci&oacute;n o solo una selecci&oacute;n con seguridad reforzada, para seguir cumpliendo la funci&oacute;n de difundir la cultura sin asumir tanto riesgo.
    </p><h2 class="article-text">Adelantarse a los ladrones</h2><p class="article-text">
        Quiz&aacute; una de las soluciones que propone Gloria Molina, directora de seguridad, crimin&oacute;loga y doctora en F&iacute;sica Aplicada e Historia del Arte, sea la m&aacute;s l&oacute;gica. Desde el punto de vista de Molina hay un patr&oacute;n que se repite en los tres robos de Villena, Badajoz y Albacete: &ldquo;Son muy organizados. Saben perfectamente d&oacute;nde est&aacute;n las cosas, c&oacute;mo romper las vitrinas, lo tienen todo muy estudiado, as&iacute; que son robos que duran muy pocos minutos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, apunta, las soluciones tienen que ser pragm&aacute;ticas. &ldquo;La mejor defensa es formar al personal del museo para identificar comportamientos an&oacute;malos&rdquo;, explica. La experta ha elaborado una formaci&oacute;n a los vigilantes de seguridad, en colaboraci&oacute;n con los Mossos d'Esquadra y otras polic&iacute;as, que ya se aplica con &eacute;xito en instituciones como el Museo Picasso o el Museo de la Sagrada Familia, con resultados positivos. &ldquo;Lo principal, sin duda, es la prevenci&oacute;n&rdquo;, declara, &ldquo;en muchas ocasiones, cuando los ladrones se ven descubiertos mientras est&aacute;n estudiando el lugar, desisten&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/museos-alerta-ola-robos-oro-obliga-reorganizar-seguridad_1_13487383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 20:30:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ola de robos en los museos obliga a reorganizar su seguridad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Robos,Ministerio de Cultura y Deporte,Interpol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El beso de 1,6 millones de los hermanos Gallagher: un cuadro que reabre la guerra del copyright]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/beso-1-6-millones-hermanos-gallagher-cuadro-reabre-guerra-copyright_1_13476142.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00d56f6d-2a91-441b-8129-9e5e63103826_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150144.jpg" width="718" height="404" alt="El beso de 1,6 millones de los hermanos Gallagher: un cuadro que reabre la guerra del copyright"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fotógrafo Justin Thomas demanda a la pintora Elizabeth Peyton por convertir su foto de los líderes de Oasis en una obra millonaria subastada en Sotheby's, lo cual reabre una pregunta que el arte lleva formulándose desde Warhol: ¿dónde acaba la inspiración y empieza la copia?</p><p class="subtitle">Austria busca a dos hombres que robaron un valioso collar histórico de un museo vienés con un martillo
</p></div><p class="article-text">
        Hay una foto que lleva treinta a&ntilde;os sirviendo de prueba de que incluso las relaciones m&aacute;s complicadas pueden darse una tregua. <a href="https://hangingaroundbooks.com/products/coming-soon-how-does-it-feel-oasis-1995-2003?srsltid=AfmBOooB5r8BpvmlUAa64QwWMHUNeLmnh7NnZS0rx8GHTZQ4aI5_0q1H" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En ella</a>, Noel Gallagher besa en la mejilla a su hermano Liam durante una fiesta en Earl's Court, Londres, en 1995. Para cualquiera que conociera m&iacute;nimamente a Oasis, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/mirando-furia-30-anos-odio-amor-noel-liam-gallagher-oasis_1_11611519.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la imagen era una rareza algo c&oacute;mica</a>.
    </p><p class="article-text">
        Los hermanos, que ese mismo a&ntilde;o se hab&iacute;an insultado sin piedad en una entrevista filtrada por el semanario especializado New Musical Express, y hab&iacute;an protagonizado un circo medi&aacute;tico de peleas durante la grabaci&oacute;n de <em>(What&rsquo;s the Story) Morning Glory?, </em>posaban ah&iacute;, por una vez, abrazados. Esa tensi&oacute;n entre lo que se sab&iacute;a de ellos y lo que mostraba la foto es, probablemente, lo que la volvi&oacute; ic&oacute;nica. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, y con<a href="https://www.eldiario.es/cultura/vuelve-oasis-batalla-personal-cultural-lucrativa-reino-unido_1_12416751.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Oasis ya reconciliados</a> sobre los escenarios tras su gira de 2025, esa misma fotograf&iacute;a ha dado pie a otra pol&eacute;mica, esta vez entre el autor de la imagen y la pintora Elizabeth Peyton. 
    </p><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; cuando en abril de este a&ntilde;o el fot&oacute;grafo gal&eacute;s <a href="https://www.instagram.com/justinthomasrockphotos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Justin Thomas</a>, instalado en Espa&ntilde;a, recibi&oacute; una llamada de Sotheby's, quer&iacute;an licenciar su foto como &ldquo;ilustraci&oacute;n comparativa&rdquo; para el cat&aacute;logo online de una subasta. Iban a vender un cuadro de la pintora estadounidense Elizabeth Peyton, <em>Earl's Court (Liam + Noel)</em> (1996), y necesitaban mostrar la referencia junto a la obra. Thomas llevaba a&ntilde;os sin pensar demasiado en aquella instant&aacute;nea publicada en la portada de su libro <em>How Does It Feel? Oasis 1995-2002, </em>que sali&oacute; hace apenas dos a&ntilde;os. Quiz&aacute; por eso, acept&oacute; 2.000 d&oacute;lares (1.700 euros) por un a&ntilde;o de uso digital y dos semanas en la tarjeta impresa del lote.
    </p><p class="article-text">
        Fue entonces cuando vio el cuadro por primera vez. Y ah&iacute; empez&oacute; lo que para Thomas fue un movimiento extra&ntilde;o, apenas una semana despu&eacute;s de cerrar el trato, su fotograf&iacute;a desapareci&oacute; del cat&aacute;logo. Sotheby's le explic&oacute; que la hab&iacute;an retirado &ldquo;a petici&oacute;n del representante de la artista&rdquo; y, dado que ya no iba a tener el uso completo pactado, le propuso rebajar el precio. Thomas acept&oacute; 1.500 d&oacute;lares (1.300 euros) y dej&oacute; pasar el asunto. La subasta sigui&oacute; adelante sin su nombre en ning&uacute;n sitio, y el cuadro se vendi&oacute; el pasado mayo por 1,92 millones de d&oacute;lares (1,6 millones de euros).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Portada del libro &#039;How Does It Feel? Oasis 1995/2002 - Photography by Justin Thomas&#039; publicada por Hanging Around Books en 2024, de solo 250 ejemplares"
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                Portada del libro &#039;How Does It Feel? Oasis 1995/2002 - Photography by Justin Thomas&#039; publicada por Hanging Around Books en 2024, de solo 250 ejemplares                            </span>
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        Fue mirando esa pieza con calma cuando Thomas lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que lo que ten&iacute;a delante era, en sus propias palabras dentro de la demanda, &ldquo;una copia esclava&rdquo; (r&eacute;plica exacta sin aportaci&oacute;n art&iacute;stica) de su fotograf&iacute;a, y sospech&oacute; que retirar su imagen del cat&aacute;logo hab&iacute;a sido una forma de &ldquo;ocultar los or&iacute;genes&rdquo; del cuadro.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de agosto, Thomas present&oacute; una demanda por infracci&oacute;n de derechos de autor en el Distrito Sur de Nueva York contra Peyton, su galer&iacute;a (David Zwirner) y Sotheby's. Su abogado, Terry Parker, sostiene que el lienzo reproduce pr&aacute;cticamente todos los elementos protegibles de la foto original la composici&oacute;n, la postura de los hermanos, el gesto de sus caras, la inclinaci&oacute;n de las cabezas, incluso la posici&oacute;n del anillo de Liam sobre el hombro de Noel. Seg&uacute;n la demanda, lo &uacute;nico que cambia es el soporte, un ligero recorte y la adici&oacute;n de color y pincelada, cambios insuficientes para que la obra se considere &ldquo;transformadora&rdquo; y quede protegida como uso leg&iacute;timo. 
    </p><h2 class="article-text">Una reputaci&oacute;n construida sobre im&aacute;genes ajenas</h2><p class="article-text">
        Peyton lleva tres d&eacute;cadas retratando con la misma t&eacute;cnica de trazo suelto, colores saturados y cierta fragilidad andr&oacute;gina, tanto a amigos y parejas como a estrellas de cine, m&uacute;sicos famosos o figuras de la monarqu&iacute;a sin apenas jerarqu&iacute;a entre unos y otros. Buena parte de su m&eacute;todo consiste en utilizar fotograf&iacute;as de otros o fotogramas de cine como inspiraci&oacute;n para pintar sus dibujos o lienzos. Entre sus &uacute;ltimos trabajos, por ejemplo, se puede encontrar una ilustraci&oacute;n basada en un fotograma de la pel&iacute;cula <em>Call Me By Your Name</em>, de Luca Guadagnino.
    </p><p class="article-text">
        Y no es la primera vez que ese m&eacute;todo la lleva a un tribunal. En 2014, el fot&oacute;grafo Dennis Morris, que retrat&oacute; a los Sex Pistols desde adolescente, la demand&oacute; por una serie de carboncillos que tomaban como modelo sus fotos de Sid Vicious y John Lydon. Eran dibujos sueltos, gestuales, que apenas conservaban la pose original. Peyton se defendi&oacute; alegando uso leg&iacute;timo y el caso termin&oacute; en un acuerdo privado en mayo de 2015. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El cuadro de Elizabeth Peyton &#039;Earl&#039;s Court (Liam + Noel)&#039;                            </span>
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        Pero tan solo un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, Morris volvi&oacute; a amenazarla, esta vez por <em>John Lydon (Destroyed)</em>, un dibujo a tinta china que mostraba al cantante de los Sex Pistols con los brazos extendidos sobre fondo oscuro, demasiado parecido, seg&uacute;n &eacute;l, a una foto suya de 1977. Sotheby's retir&oacute; el dibujo de subasta a petici&oacute;n del propio consignatario justo antes de la puja, aunque s&iacute; vendi&oacute; otra obra de Peyton sobre Lydon esos mismos d&iacute;as.
    </p><h2 class="article-text">Warhol pierde</h2><p class="article-text">
        Ning&uacute;n litigio sobre apropiaci&oacute;n en la &uacute;ltima d&eacute;cada se libra del fantasma del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/warhol-plagiado-prince-limites-arte-robo_1_8872734.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">caso de la Andy Warhol Foundation contra la fot&oacute;grafa Goldsmith</a>.<em> </em>En 1984, la fot&oacute;grafa Lynn Goldsmith cedi&oacute; a la revista Vanity Fair el uso, por una sola vez, de un retrato que le hab&iacute;a hecho a Prince en 1981. La revista encarg&oacute; a Warhol una ilustraci&oacute;n basada en esa foto, que se public&oacute; con el cr&eacute;dito correspondiente y un pago de 400 d&oacute;lares (unos 350 euros) para Goldsmith. Lo que ella no sab&iacute;a es que Warhol hab&iacute;a hecho, adem&aacute;s, otras quince versiones de la imagen. Cuando Prince muri&oacute; en 2016, la Fundaci&oacute;n Warhol licenci&oacute; una de ellas, <em>Orange Prince</em>, a la revista por 10.000 d&oacute;lares (8.600 euros), sin avisar ni pagar a Goldsmith.
    </p><p class="article-text">
        El litigio que sigui&oacute; tard&oacute; siete a&ntilde;os en resolverse del todo. Un juzgado de primera instancia fall&oacute; a favor de la Andy Warhol Foundation en 2019, pero un tribunal de apelaciones revoc&oacute; esa sentencia, y en mayo de 2023 el Tribunal Supremo de Estados Unidos zanj&oacute;, por estrecho margen, que aquel uso comercial concreto de <em>Orange Prince</em> no era transformador, porque serv&iacute;a al mismo prop&oacute;sito editorial que la foto original. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/andy-warhol-pierde-juicio-apropiacion-fotografia-prince_1_10218019.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El fallo no dijo que Warhol no pudiera pintar a partir de fotos ajenas</a>, sino que licenciar comercialmente esa reelaboraci&oacute;n, en directa competencia con la fuente, no bastaba para esquivar el copyright.
    </p><h2 class="article-text">Los que defienden apropiarse de la imagen</h2><p class="article-text">
        Frente a estos casos hay una tradici&oacute;n art&iacute;stica entera, y no poca gente dispuesta a defenderla, que sostiene que una vez que una imagen circula en el mundo, reelaborarla forma parte leg&iacute;tima del lenguaje del arte. La reapropiaci&oacute;n art&iacute;stica tiene un largo recorrido en la historia del arte, desde el arte medieval y renacentista, pasando por el movimiento Fluxus o el mismo Warhol. &ldquo;La pr&aacute;ctica art&iacute;stica de apropiarse de obras ajenas es una parte inevitable de la cultura contempor&aacute;nea. Hasta un cierto punto todos los artistas son apropiacionistas&rdquo;, menciona la historiadora del arte y jurista Eva S&oacute;ria Puig en su tesis doctoral <em>Arte contempor&aacute;neo y derecho de autor </em>(Reus, 2023). &ldquo;Sin embargo, este tipo de obras no solo no gozan de la misma protecci&oacute;n que los dem&aacute;s estilos art&iacute;sticos bajo la Ley de Propiedad Intelectual (en el caso del arte conceptual) sino que, adem&aacute;s, parece que son contrarias a ella (en el caso del arte apropiacionista)&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        En 1967, Roland Barthes public&oacute; <em>La muerte del autor, </em>uno de los textos fundacionales de la teor&iacute;a literaria postestructuralista, en la que sosten&iacute;a que una obra no pertenece a las intenciones de quien la cre&oacute;, sino a quien la mira o la lee y le otorga sentido. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, Michel Foucault matiz&oacute; esa idea en su conferencia <em>&iquest;Qu&eacute; es un autor?</em> donde enunciaba que, para &eacute;l, la figura del autor no es un dato natural, sino una construcci&oacute;n jur&iacute;dica e hist&oacute;rica, una funci&oacute;n inventada, entre otras cosas, para poder clasificar, controlar y comercializar los discursos. Le&iacute;do hoy, el argumento suena casi como una descripci&oacute;n anticipada de lo que hace un abogado de derechos de autor: decidir a qui&eacute;n pertenece una imagen no es solo una pregunta art&iacute;stica, es tambi&eacute;n, y quiz&aacute;, sobre todo, una pregunta sobre a qui&eacute;n le interesa que le pertenezca.
    </p><p class="article-text">
        Esa sospecha sobre la autor&iacute;a tiene tambi&eacute;n una base hist&oacute;rica, ideas como la del genio creador o la obra original no exist&iacute;an antes del siglo XVIII, y el derecho de autor naci&oacute; casi a la vez que el &ldquo;Gran Arte&rdquo;, recuerda el historiador del arte Larry Shiner. Desde el derecho, Eva S&ograve;ria Puig llega a una conclusi&oacute;n parecida en su tesis. La Ley de Propiedad Intelectual naci&oacute; para equilibrar los intereses del autor y del p&uacute;blico, y la jurista se pregunta qu&eacute; pasa cuando ambos coinciden en la misma persona hasta el punto de que la ley, empe&ntilde;ada en fomentar sobre todo la industria cultural, podr&iacute;a haber terminado por descuidar los intereses de la cultura en un sentido m&aacute;s amplio.
    </p><p class="article-text">
        El caso contra el artista conceptual Richard Prince es otro de los ejemplos m&aacute;s citados. En 2008 tom&oacute; varias fotograf&iacute;as del libro <em>Yes Rasta</em>, del fot&oacute;grafo Patrick Cariou, y las convirti&oacute; en collages y pinturas para su serie <em>Canal Zone</em>. Un juez de primera instancia fall&oacute; contra &eacute;l en 2011, y lleg&oacute; a ordenar la destrucci&oacute;n de las obras no vendidas, pero en 2013 el Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito de Estados Unidos le dio la raz&oacute;n, no hace falta que una obra comente o critique la original para considerarse transformadora, basta con que aporte un sentido o un prop&oacute;sito distinto. El Supremo rechaz&oacute; revisar el caso, as&iacute; que esa lectura amplia del uso leg&iacute;timo sigue siendo el precedente que citan hoy los abogados de artistas apropiacionistas, incluidos, previsiblemente, los de Peyton.
    </p><p class="article-text">
        Como recuerda el blog especializado en litigios de copyright CopyrightLately, &ldquo;copiar no es una infracci&oacute;n&rdquo;, la ley no proh&iacute;be todas las copias, solo la apropiaci&oacute;n indebida de una expresi&oacute;n protegida &ldquo;y Thomas no es due&ntilde;o de las caras de los hermanos Gallagher, de su beso ni del instante en s&iacute;, sino de la manera particular en que decidi&oacute; capturarlo, el encuadre, el &aacute;ngulo, la luz y el resto de decisiones creativas que hicieron falta para fijarlo en una foto&rdquo;. Apuntan, adem&aacute;s, una &uacute;ltima coincidencia que conviene no dejar pasar, que el caso ha reca&iacute;do en el juzgado de John Koeltl, el mismo juez que en 2019 fall&oacute; a favor de la Fundaci&oacute;n Warhol antes de que el Supremo le diera la vuelta a la sentencia. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de que Peyton pintara a los Gallagher, Koeltl se enfrenta otra vez al mismo dilema que defini&oacute; el caso Warhol: d&oacute;nde termina la inspiraci&oacute;n y d&oacute;nde empieza la copia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/beso-1-6-millones-hermanos-gallagher-cuadro-reabre-guerra-copyright_1_13476142.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 19:30:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El beso de 1,6 millones de los hermanos Gallagher: un cuadro que reabre la guerra del copyright]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte contemporáneo,Propiedad intelectual,Ley de Propiedad Intelectual,Derechos de autor,Plagio,Andy Warhol,Oasis,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Janet Sobel, el "ama de casa" que inventó la técnica expresionista atribuida a Pollock un año antes que él]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/janet-sobel-ama-casa-invento-tecnica-expresionista-atribuida-pollock-ano_1_13465214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46e120ff-81ed-40c3-8fc2-2ad04b0f4d11_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149796.jpg" width="1847" height="1039" alt="Janet Sobel, el &quot;ama de casa&quot; que inventó la técnica expresionista atribuida a Pollock un año antes que él"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia del arte tardó ochenta años en reconocer el uso pionero del 'dripping' a esta artista nacida en Ucrania y emigrada a EEUU, que comenzó a pintar a los 45, tras la muerte de su marido
</p><p class="subtitle">El hilo y la aguja: las peligrosas herramientas subversivas que atentaron contra el sistema
</p></div><p class="article-text">
        Hay pioneros que no cuadran en los relatos oficiales. Si alguien preguntara qui&eacute;n invent&oacute; la t&eacute;cnica del <em>dripping</em>, que hizo tan famoso el movimiento del expresionismo abstracto, lo m&aacute;s probable es que el primer nombre en venirnos a la cabeza fuera el de Jackson Pollock. Pero en alg&uacute;n momento de 1945, en la Art of This Century Gallery de Peggy Guggenheim, el propio Pollock se detuvo ante unos lienzos con peque&ntilde;as caras esquem&aacute;ticas perdidas entre finas l&iacute;neas negras que parec&iacute;an haberse vertido directamente sobre el lienzo y qued&oacute; cautivado. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, el cr&iacute;tico Clement Greenberg admitir&iacute;a por escrito que &eacute;l y Pollock hab&iacute;an admirado esas revolucionarias pinturas &ldquo;furtivamente&rdquo;. De la autora apenas escribi&oacute; una l&iacute;nea, se&ntilde;alando que era &ldquo;una ama de casa que viv&iacute;a en Brooklyn&rdquo;. Janet Sobel (1893 - 1968), que as&iacute; se llamaba esa ama de casa, fue la primera persona en pintar con la t&eacute;cnica que un a&ntilde;o despu&eacute;s har&iacute;a famoso a Pollock.
    </p><p class="article-text">
        Sobel fue una pintora tard&iacute;a. Nacida Jennie Olechovsky cerca de la ciudad de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Dnipr&oacute;, en el sur de Ucrania, sus primeros a&ntilde;os de vida no fueron especialmente f&aacute;ciles. Sobel perdi&oacute; a su padre, que fue asesinado en uno de los pogromos que las fuerzas zaristas instigaban contra los jud&iacute;os de la zona. </span>
    </p><p class="article-text">
        Tras este suceso huyo junto a sus hermanos y su madre hacia Estados Unidos en 1908. M&aacute;s tarde, su hijo Sol Sobel contar&iacute;a en una entrevista c&oacute;mo su madre narraba episodios escalofriantes de las persecuciones antisemitas, en las que sol&iacute;a esconderse en la parte superior de la gran estufa de la familia cuando &ldquo;gente mala&rdquo; entraba en su casa. Algunos de esos recuerdos tan terror&iacute;ficos quedaron plasmados en su pintura, como en el lienzo <em>Invasion Day</em> (1944), en la que podemos apreciar dos elementos fundamentales de su pintura: la fusi&oacute;n de los rostros con l&iacute;neas irregulares que recuerdan al mundo vegetal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Janet Sobel, &#039;Invasion Day&#039; (1944)                            </span>
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        Imbuida en el esp&iacute;ritu revolucionario ruso, Sobel estaba en contacto con las ideas revolucionarias de la juventud socialista. Con apenas 16 a&ntilde;os se cas&oacute; con Max Sobel, otro inmigrante ucraniano, que hab&iacute;a sido minero en su tierra. En los primeros a&ntilde;os de matrimonio Janet Sobel se encargaba de los ni&ntilde;os, mientras que su marido intentaba progresar en varios negocios. La &eacute;poca de la Gran Depresi&oacute;n golpe&oacute; a la familia de lleno y tuvieron que sacar a sus hijos de la escuela para que pudieran contribuir a la econom&iacute;a familiar. Los Sobel viv&iacute;an en Coney Island, donde ganaban un extra cocinando knischs de patata que sus hijos vend&iacute;an en la playa.
    </p><h2 class="article-text">Los inicios de la experimentaci&oacute;n abstracta</h2><p class="article-text">
        Para 1941, el negocio de bisuter&iacute;a de Max Sobel consigui&oacute; despegar, logrando que la familia pudiera vivir m&aacute;s holgadamente. Janet hab&iacute;a comenzado a practicar con materiales art&iacute;sticos alrededor de 1939, cuando ya contaba con 45 a&ntilde;os. Aunque no fue hasta la muerte de su marido que la artista comenz&oacute; a pintar, inspirada sobre todo por su trabajo en bisuter&iacute;a con el esmalte y en el apoyo de su hijo Sol, que hab&iacute;a heredado de ella el talento art&iacute;stico. Fue &eacute;l quien le consigui&oacute; pinceles y pintura para que siguiera explorando su arte y quien se encarg&oacute; de acercar su obra a artistas como Max Ernst o el marchante Sidney Janis.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Janet Sobel, &#039;Disappointment&#039; (c. 1943)                            </span>
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        Ambos atendieron la llamada. Ernst cen&oacute; con la familia y, m&aacute;s adelante, present&oacute; a Sobel a Peggy Guggenheim. Janis, por su parte, fue el primero en exhibir su trabajo, incluy&eacute;ndola en la exposici&oacute;n <em>American Primitive Painting of Four Centuries </em>de 1943, y tambi&eacute;n la acerc&oacute; al curador y artista Fernando Puma. Fruto de ese contacto, Sobel logr&oacute; en 1944 su primera exposici&oacute;n en solitario, en la neoyorkina Puma Gallery, del 24 de abril al 14 de mayo, con lienzos de una belleza folcl&oacute;rica como <em>Dissapointment </em>(1943), pintados con una delicadeza que desment&iacute;a la etiqueta de &ldquo;primitiva&rdquo; que tan condescendientemente le hab&iacute;an colgado.
    </p><h2 class="article-text">Pintura a la americana: la creaci&oacute;n de un mito </h2><p class="article-text">
        Como en el caso de otra gran pionera de la abstracci&oacute;n, como fue la sueca <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/hilma-af-klint-artista-creo-arte-abstracto-murio-mostrarlo-llega-guggenheim-siglos-despues_1_11744832.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hilma Af Klint</a>, Sobel tampoco encajaba en el relato oficial que estaba a punto de escribirse sobre el movimiento art&iacute;stico del que formaba parte.
    </p><p class="article-text">
        No fue casualidad que el pope y cr&iacute;tico fundacional del expresionismo abstracto, Clement Greenberg, estuviera interesado en Pollock por aquel entonces. Terminada la Segunda Guerra Mundial, con la escena art&iacute;stica europea diezmada por dos guerras y varias dictaduras, Greenberg defend&iacute;a en su ensayo de 1955 <em>American-Type Painting</em> un arte genuinamente estadounidense, capaz de heredar el testigo de las vanguardias del viejo continente.
    </p><p class="article-text">
        Contaba adem&aacute;s con un aliado inesperado: el MoMA y el propio Estado norteamericano, interesados por igual en fomentar esa &ldquo;pintura a la americana&rdquo; que se conocer&iacute;a como Escuela de Nueva York. Necesitaban una figura que encarnara ese relato y Pollock encajaba a la perfecci&oacute;n. Encarnaba todo lo que Greenberg quer&iacute;a destacar: era joven, ambicioso y, sobre todo, era un hombre, en un momento en que la cr&iacute;tica constru&iacute;a el expresionismo abstracto en clave expl&iacute;citamente masculina, levantada precisamente sobre la distancia con la otredad que representaban las mujeres o las personas <em>queer.</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La crítica y la agenda cultural de la Guerra Fría fabricaron deliberadamente el aura viril del expresionismo abstracto, dejando fuera de foco a artistas como la propia mujer de Pollock, Lee Krasner, o pioneras como Helen Frankenthaler</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Algunas investigaciones acad&eacute;micas recientes han documentado c&oacute;mo ese lenguaje cr&iacute;tico, sumado a la agenda cultural de la Guerra Fr&iacute;a, fabric&oacute; deliberadamente el aura viril del movimiento, dejando fuera de foco a las artistas que lo poblaban, como la propia mujer de Pollock, Lee Krasner, u otras pioneras como Helen Frankenthaler, y en el que no cab&iacute;a ni mucho menos un ama de casa jud&iacute;a que ya hab&iacute;a sido abuela y no ten&iacute;a educaci&oacute;n art&iacute;stica formal.
    </p><p class="article-text">
        Aquel mismo movimiento cultural, como <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/cia-arte_132_5584813.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">destap&oacute; la historiadora Frances Stonor Saunders</a> en <em>The Independent </em>en 1995 y desarroll&oacute; despu&eacute;s en su libro <em>La CIA y la guerra fr&iacute;a cultural</em>, cont&oacute; con la financiaci&oacute;n encubierta de la agencia de inteligencia estadounidense durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, que lleg&oacute; a promocionar el expresionismo abstracto por todo el mundo como s&iacute;mbolo de la libertad creativa frente al control estatal del arte en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Un antiguo agente de la agencia, Donald Jameson, llegar&iacute;a a admitir a&ntilde;os despu&eacute;s que, en cierto modo, fueron ellos mismos quienes &ldquo;inventaron&rdquo; el expresionismo abstracto.
    </p><h2 class="article-text">El taller de una ama de casa</h2><p class="article-text">
        En una foto tomada para una entrevista, Sobel aparece tumbada boca abajo, pincel en mano, pintando un lienzo extendido en el suelo de su apartamento de Brighton Beach, rodeada de algunas de sus propias obras, en una escena profundamente dom&eacute;stica. Es una imagen que, como explica la historiadora Sandra Zalman, contrasta radicalmente con las fotograf&iacute;as que Hans Namuth tom&oacute; de Pollock, donde este aparece convertido en un icono.
    </p><p class="article-text">
        Porque as&iacute; pintaba Sobel, sin caballete, tumbada sobre el lienzo, con esmalte de secado r&aacute;pido, el mismo material con el que su familia trabajaba la bisuter&iacute;a, mezclado a veces con arena. Vert&iacute;a la pintura, inclinaba el soporte para que el l&iacute;quido se desplazara por s&iacute; solo, y lleg&oacute; a usar hasta una pipeta o el tubo de su propia aspiradora para soplar y arrastrar el color por la superficie. El resultado son composiciones sin jerarqu&iacute;a ni punto focal que cubren el lienzo de esquina a esquina, lo que hoy se conoce como 'pintura all-over', y basta con mirar sus cuadros para entender por qu&eacute; Pollock y Greenberg no pudieron apartar la vista.
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                &#039;Milky Way&#039; de Janet Sobel (1945)                            </span>
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        <em>Milky Way</em> (1945), hoy en el MoMA, es una superficie vidriada en rosa, amarillo, azul y violeta que recuerda al nacimiento de una galaxia, hecha de fin&iacute;simas l&iacute;neas y salpicaduras superpuestas sin rastro de figuraci&oacute;n alguna. Pintaba r&aacute;pido y con unos colores vibrantes que recuerdan <a href="https://www.eldiario.es/cultura/putin-saltar-aires-museo-obra-mayor-pintora-ucraniana_1_8793494.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al arte folcl&oacute;rico ucraniano</a>, algo que los cr&iacute;ticos de la &eacute;poca apreciaban y que les hac&iacute;a vincularla con los surrealistas, aunque ella nunca se sinti&oacute; parte de ning&uacute;n movimiento. Cuando le preguntaron por su inter&eacute;s en el mundo del arte, reconoci&oacute; que jam&aacute;s hab&iacute;a tenido tiempo para ir a museos. &ldquo;Pero siempre leo libros... y me encanta la m&uacute;sica... No creo que pudiera pintar un cuadro sin escuchar m&uacute;sica. Todos los humanos deben tener algo as&iacute;, que los caliente por dentro&rdquo;, explic&oacute; Sobel.
    </p><p class="article-text">
        Su pintura remite a menudo a las experiencias de su ni&ntilde;ez y conecta los episodios traum&aacute;ticos de los pogromos con la convulsa realidad mundial de la d&eacute;cada de 1940, un eco que resuena en lienzos que se titulan <em>Hiroshima </em>(1948) o <em>Hitler&rsquo;s Hell.</em> Con una obra a medio camino entre la forma na&iacute;f de otros pintores autodidactas y la sofisticaci&oacute;n de las l&iacute;neas org&aacute;nicas, quiz&aacute; el valor m&aacute;s importante de su arte sea la demostraci&oacute;n de libertad y fuerza de una pintura que tiene como &uacute;nico objetivo el de jugar, experimentar con el arte y con la expresi&oacute;n de una misma.
    </p><h2 class="article-text">Una fama tan r&aacute;pida como su desaparici&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Peggy Guggenheim fue su valedora m&aacute;s firme, y lleg&oacute; a describirla en privado como &ldquo;la mejor pintora, con diferencia, de todo el pa&iacute;s&rdquo;, una confianza que se tradujo en que la incluyera en su galer&iacute;a. Antes y despu&eacute;s de ella, los cr&iacute;ticos colmaron de alabanzas a Sobel, un reconocimiento que se esfumar&iacute;a con la misma rapidez con la que hab&iacute;a llegado. En 1947, en pleno apogeo de su carrera como artista, Sobel se mud&oacute; a Nueva Jersey y con ella tambi&eacute;n desapareci&oacute; su obra del circuito art&iacute;stico neoyorquino.
    </p><p class="article-text">
        Tuvieron que pasar m&aacute;s de veinte a&ntilde;os para que alguien del <em>establishment </em>volviera a llamar a su puerta. En 1968, cuando apenas le quedaban unos meses de vida, Sobel recibi&oacute; en su casa al curador del MoMA William Rubin, interesado en su obra precisamente por haber sido una de las influencias de Pollock. Fue entonces cuando el museo adquiri&oacute; <em>Milky Way</em> para su colecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, a la historiograf&iacute;a del arte le ha seguido costando encontrar sitio para Sobel, una mujer que trabaj&oacute; siempre al margen de las instituciones, sin formaci&oacute;n acad&eacute;mica y a la que hubo que esperar hasta 2021 para que <em>The New York Times</em> le dedicara un obituario. Solo tard&oacute; ochenta a&ntilde;os en llegar a los libros de historia del arte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/janet-sobel-ama-casa-invento-tecnica-expresionista-atribuida-pollock-ano_1_13465214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 19:53:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Janet Sobel, el "ama de casa" que inventó la técnica expresionista atribuida a Pollock un año antes que él]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Ucrania,Segunda Guerra Mundial,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La artista que se escondió durante 40 años dentro de una máscara de gorila]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-escondio-durante-40-anos-mascara-gorila_1_13442574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a772a3e3-0dbb-415a-bc3c-6ec846251900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La artista que se escondió durante 40 años dentro de una máscara de gorila"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras el pseudónimo Liubov Popova de las Guerrilla Girls estaba Joyce Kozloff, ha revelado ahora ella misma, una de las artistas más influyentes del arte decorativo estadounidense con una trayectoria y un papel fundacional en el colectivo feminista</p><p class="subtitle">“Nos quitaron la llave”: una joya del románico comida por la maleza y con la puerta cerrada</p></div><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, el mundo del arte solo conoci&oacute; a una de las fundadoras de las <a href="https://cordopolis.eldiario.es/cultura/estudio-revisa-traduccion-obras-guerrilla-girls_1_11874915.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Guerrilla Girls</a> bajo el nombre de Liubov Popova, un pseud&oacute;nimo para desviar el foco de atenci&oacute;n de su verdadera identidad, as&iacute; como la famosa m&aacute;scara de gorila que us&oacute; el colectivo. Hace unos d&iacute;as, esa identidad se desvel&oacute;. Detr&aacute;s de Liubov Popova estaba Joyce Kozloff, que ahora tiene 83 a&ntilde;os y es una de las figuras m&aacute;s influyentes del movimiento Pattern and Decoration, pieza clave del arte feminista estadounidense de los a&ntilde;os setenta.
    </p><p class="article-text">
        Kozloff hizo p&uacute;blica su participaci&oacute;n en una entrevista con las comisarias e investigadoras Maura Reilly y Helena Reckitt, publicada el 22 de julio en la revista Art Journal Open, dentro del Feminist Interview Project impulsado por el Committee for Women in the Arts de la College Art Association. En ella cuenta c&oacute;mo el grupo termin&oacute; de definir su est&eacute;tica: &ldquo;Decidimos llamarnos Guerrilla Girls, llevar medias de rejilla y faldas cortas, se&ntilde;alar a los peores mis&oacute;ginos del mundo del arte y aparecer en p&uacute;blico enmascaradas, como vengadoras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; ahora, despu&eacute;s de 41 a&ntilde;os? Preguntada por el motivo, Kozloff lo explica con una franqueza casi conmovedora: &ldquo;Ten&iacute;a un pacto con otra Girl seg&uacute;n el cual, quien muriera primero, la superviviente sacar&iacute;a a la luz su identidad. Pero de pronto me di cuenta de que, si mor&iacute;a yo, no podr&iacute;a contar la historia a mi manera&rdquo;. Fue esa idea &mdash;la de no dejar que otra persona narrara su propia vida&mdash; la que la empuj&oacute; a quitarse la m&aacute;scara en vida.
    </p><p class="article-text">
        El anonimato, insiste, nunca fue una cuesti&oacute;n de miedo: &ldquo;La gente pens&oacute; que esto era para evitar represalias en el mundo del arte. Para m&iacute;, esa nunca fue la raz&oacute;n. Abogaba por el anonimato porque no quer&iacute;a que la atenci&oacute;n se centrara en nosotras como individuas, quer&iacute;a que permaneciera en los temas. En los a&ntilde;os setenta hab&iacute;a mujeres artistas que se hab&iacute;an convertido en feministas famosas, algo que esperaba que pudi&eacute;ramos evitar&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">La revoluci&oacute;n Guerrilla</h2><p class="article-text">
        Las Guerrilla Girls se formaron en 1984-85 como respuesta a la exposici&oacute;n <em>International Survey of Painting and Sculpture</em> del MoMA, que reun&iacute;a la obra de 169 artistas de los que menos del 10% eran mujeres, colocaron carteles por toda la ciudad que la volvieron patas arriba. &ldquo;Hab&iacute;a toneladas de publicidad, mucha especulaci&oacute;n sobre qui&eacute;nes &eacute;ramos. Soho era el centro del mundo del arte, y nuestros carteles estaban por todas partes, enumerando los nombres de las luminarias del mundo del arte. La gente estaba cabreada. Me qued&eacute; hasta 1991&rdquo;, dice en la entrevista.
    </p><p class="article-text">
        Lo que empez&oacute; como una protesta puntual se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno del activismo art&iacute;stico: carteles, estad&iacute;sticas inc&oacute;modas y una identidad colectiva construida, precisamente, sobre la renuncia al nombre propio. Kozloff permaneci&oacute; en el grupo hasta 1991 y, seg&uacute;n revel&oacute; ahora, particip&oacute; en la creaci&oacute;n de uno de sus carteles m&aacute;s ic&oacute;nicos, <em>The Advantages of Being a Woman Artist</em> (1988), que enumeraba con iron&iacute;a las supuestas ventajas de ser mujer en el mundo del arte, como &ldquo;trabajar sin la presi&oacute;n del &eacute;xito&rdquo;, o &ldquo;saber que tu carrera podr&iacute;a despegar despu&eacute;s de los ochenta&rdquo;.
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            <span class="title">
                Uno de los carteles creados por el colectivo                            </span>
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        La idea naci&oacute; de una experiencia muy concreta: en 1985-86, mientras participaba en la residencia art&iacute;stica Kohler Arts/Industry, en Wisconsin, Kozloff comparti&oacute; casa con otros tres artistas residentes, todos hombres, todos profesores universitarios de cer&aacute;mica y todos casados, cada uno de los cuales hab&iacute;a llevado consigo a una alumna que, adem&aacute;s de hacer de pareja, les serv&iacute;a de asistente de estudio sin cobrar y se encargaba de las tareas dom&eacute;sticas de la casa. 
    </p><p class="article-text">
        Al volver, Kozloff escribi&oacute; junto a sus compa&ntilde;eras un primer borrador con un t&iacute;tulo muy distinto, <em>The Disadvantages of Being a Woman Artist, </em>pero hasta entonces todos los carteles del colectivo se hab&iacute;an apoyado en estad&iacute;sticas verificables, as&iacute; que aquel texto, m&aacute;s ir&oacute;nico y personal, supon&iacute;a un cambio de registro. Fueron sus compa&ntilde;eras de colectivo quienes le dieron la vuelta al planteamiento, de &ldquo;desventajas&rdquo; a &ldquo;ventajas&rdquo;, y convirtieron su borrador en el cartel que hoy es una de las piezas m&aacute;s reconocibles del activismo feminista en el arte.
    </p><h2 class="article-text">El poder de California</h2><p class="article-text">
        Pero la historia de Kozloff empieza mucho antes de las m&aacute;scaras de gorila. Naci&oacute; el 14 de diciembre de 1942 en Somerville, Nueva Jersey, en una familia jud&iacute;a de origen lituano, la mayor de tres hermanos. Sus padres, comprometidos pol&iacute;ticamente con su comunidad, marcaron su forma de entender el arte; sobre todo su madre, ama de casa, a quien Kozloff recordaba en una entrevista en el medio Hyperallergic como una gran costurera. Se form&oacute; en la Art Students League de Nueva York, donde ya desarroll&oacute; inter&eacute;s por la pintura mural y la decoraci&oacute;n en pared, antes de licenciarse en Bellas Artes por el Carnegie Institute of Technology en 1964, y obtener tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde un m&aacute;ster en la Universidad de Columbia al mismo tiempo en que trabajaba en dos galer&iacute;as de arte.
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            <span class="title">
                La exposición retrospectiva sobre el colectivo Guerrilla Girls 1985-2013 en la Alhóndiga de Bilbao                            </span>
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        Al principio, Kozloff ni siquiera se preguntaba por qu&eacute; apenas hab&iacute;a mujeres en el mundo del arte, ni cuestionaba su propio lugar en &eacute;l. Fue el movimiento por los derechos civiles el que empez&oacute; a despertarle una inquietud todav&iacute;a difusa, algo que no terminar&iacute;a de tomar forma hasta que se traslad&oacute; a California, donde ese inter&eacute;s cristaliz&oacute; por fin en una conciencia pol&iacute;tica clara. All&iacute; hered&oacute; el estudio de Miriam Schapiro, que se convirti&oacute; en su mentora. El marido de Schapiro y el de Kozloff eran amigos, y esa amistad la llev&oacute; a fiestas y reuniones donde ya se hablaba de &ldquo;tomar conciencia&rdquo; y de feminismo.
    </p><p class="article-text">
        Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1970, y las mujeres del grupo hablaban de cosas muy concretas, como la relaci&oacute;n con su propio cuerpo. Poco despu&eacute;s, Schapiro la invit&oacute; al Tamarind Lithography Workshop, fundado por la artista June Wayne en 1960, donde Kozloff conoci&oacute; a Judy Chicago y a Moira Roth. All&iacute; le encargaron organizar a las artistas mujeres de Los &Aacute;ngeles: a la primera reuni&oacute;n acudieron nombres como Luchita Hurtado o Betye Saar, todas indignadas porque en una exposici&oacute;n reciente del County Museum solo hab&iacute;a aparecido una artista, Chana Davis.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; es decorativo</h2><p class="article-text">
        Ese proceso de politizaci&oacute;n se deja ver en su propia pintura, en la transici&oacute;n de la abstracci&oacute;n hacia los patrones que separa <em>Agrigento</em> (1970) de <em>Magic Carpet Ride</em> (1973). Y tiene tambi&eacute;n un origen casi ling&uuml;&iacute;stico: junto a su amiga, la artista Hilda Hirst, Kozloff ten&iacute;a un proyecto que consist&iacute;a en subrayar los adjetivos que aparec&iacute;an en los libros de historia del arte y que estaban marcados por el g&eacute;nero. &ldquo;Algunos eran m&aacute;s fuertes y otros eran m&aacute;s sutiles, m&aacute;s decorativos; as&iacute; fue como empec&eacute; a interesarme por la palabra 'decorativo'&rdquo;, contaba Kozloff, &ldquo;fue por esa utilizaci&oacute;n del lenguaje&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute; empez&oacute; a rastrear c&oacute;mo la historia del arte hab&iacute;a tratado siempre al arte cl&aacute;sico y al arte decorativo de forma desigual (este &uacute;ltimo, cuando no se ignoraba directamente, nunca llegaba a ocupar un lugar propio). Kozloff decidi&oacute; darle la vuelta a esa jerarqu&iacute;a y reivindicar lo decorativo desde dentro. En enero de 1975 se reuni&oacute; con otros artistas afines en el estudio de Robert Zakanitch, germen de lo que ser&iacute;a el movimiento Pattern and Decoration.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                1970-1977 / Early Works                            </span>
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        El verdadero punto de inflexi&oacute;n, sin embargo, lleg&oacute; en el verano de 1973, que Kozloff pas&oacute; en M&eacute;xico. All&iacute; descubri&oacute; el arte popular precolombino y empez&oacute; a interesarse por los patrones decorativos y su significado cultural, en particular al constatar que buena parte de las artes decorativas que admiraba hab&iacute;an sido creadas de forma an&oacute;nima por mujeres o por personas marginadas por la historia del arte oficial. Las dos cosas &mdash;lo decorativo y lo an&oacute;nimo&mdash; confluyeron entonces en su obra. De ese viaje nacieron piezas como <em>Frieze I, II, III</em> (1974) o la c&eacute;lebre <em>Three Facades</em> (1973), inspiradas en fachadas de iglesias mexicanas que mezclaban azulejo y ladrillo. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, en 1975, particip&oacute; tambi&eacute;n en la fundaci&oacute;n de Heresies en Nueva York, un grupo que reun&iacute;a a artistas, escritoras y directoras de cine bajo una l&oacute;gica marcadamente colectiva &ldquo;para mi siempre han sido muy importante la comunidad&rdquo; contaba en una entrevista con el fundador de Hyperallergic. Pero su mirada sobre las artes decorativas nunca fue un simple homenaje: junto a sus compa&ntilde;eras de Heresies, Kozloff investig&oacute; tambi&eacute;n c&oacute;mo esas mismas tradiciones decorativas pod&iacute;an funcionar como un instrumento de opresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, empez&oacute; a trabajar con las manos. &ldquo;En la escuela de arte no se me daba bien la cer&aacute;mica, pero me parec&iacute;a importante poder estudiarla, practicar la artesan&iacute;a&rdquo;, explicaba, casi como un gesto de respeto hacia las tradiciones que la inspiraban (el mismo impulso que la llev&oacute;, m&aacute;s tarde, a trabajar con teselas). En estas piezas es visible la huella del arte isl&aacute;mico y egipcio, que tambi&eacute;n aparece en sus impresiones sobre seda, como en <em>An Interior Decorated</em> (1979), obra que debe mucho a una exposici&oacute;n sobre arte isl&aacute;mico que visit&oacute; en el MET y a los viajes que hizo esa misma d&eacute;cada a Marruecos, Turqu&iacute;a e Ir&aacute;n.
    </p><h2 class="article-text">El arte como espacio p&uacute;blico</h2><p class="article-text">
        Entre 1979 y 1997, Kozloff realiz&oacute; catorce grandes encargos de arte p&uacute;blico en Estados Unidos. Entre ellos, los murales para la estaci&oacute;n de metro de Harvard Square, en Cambridge, y para el sistema de transporte de Detroit, adem&aacute;s de piezas para el aeropuerto de San Francisco o la estaci&oacute;n de Amtrak en Wilmington. En cada uno de estos proyectos trabajaba casi como una historiadora de la arquitectura, colaborando con arquitectos, urbanistas y comunidades locales para que cada pieza reflejara la cultura del lugar que la acog&iacute;a. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La France, 2012-2013 / Social Studies                            </span>
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        Desde los a&ntilde;os noventa, y sobre todo a partir del cambio de siglo, Kozloff regres&oacute; al estudio y volc&oacute; su inter&eacute;s en la geograf&iacute;a y la cartograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Parte de ese giro cartogr&aacute;fico tiene una clara vocaci&oacute;n antibelicista, que demuestran obras como <em>Target</em> (2000): un globo terr&aacute;queo que solo se puede ver desde dentro, y en el que cada secci&oacute;n en su interior es en realidad un mapa de las zonas bombardeadas por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial hasta el a&ntilde;o 2000, acompa&ntilde;ado de una banda sonora que reproduce el sonido de las armas durante los bombardeos.
    </p><p class="article-text">
        Su obra forma parte de las colecciones del Metropolitan Museum of Art, el Museum of Modern Art, la Biblioteca del Congreso y la National Gallery of Art, entre otras instituciones, y sigue siendo, m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel verano mexicano, un trabajo profundamente pol&iacute;tico: entre sus piezas m&aacute;s recientes est&aacute;n <em>Ukraine</em>, <em>Sud&aacute;n</em> o <em>Xinjiang Tibet</em>, todas de 2023, mapas de pa&iacute;ses marcados por la guerra que confirman que, para Kozloff, la geograf&iacute;a nunca ha sido neutral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-escondio-durante-40-anos-mascara-gorila_1_13442574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Aug 2026 21:21:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La artista que se escondió durante 40 años dentro de una máscara de gorila]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién sostiene a los artistas? La muerte del mecenas cedió el paso a Elon Musk]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/sostiene-artistas-muerte-mecenas-cedio-paso-elon-musk_1_13427275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0948b29f-dd16-42e5-b63b-c65891c980b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién sostiene a los artistas? La muerte del mecenas cedió el paso a Elon Musk"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva élite tecnológica abandonó el arte, convirtió la cultura en fuente de extracción de valor y dejó a los artistas sobreviviendo entre becas escasas y 'crowdfundings'</p><p class="subtitle">Estos artistas convirtieron los resultados electorales en arte
</p></div><p class="article-text">
        El elegido por <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/spacex-cuento-libertario-elon-musk-sector-publico-fuente-beneficios_1_13290181.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elon Musk</a> para viajar al espacio fue Tristan Eaton. El millonario encarg&oacute; a este creador de <em>street art </em>estadounidense la creaci&oacute;n de una serie de obras &ldquo;indestructibles&rdquo; para lanzar en la nave Crew Dragon en su viaje a la Estaci&oacute;n Espacial Internacional en 2020. Las placas de oro, lat&oacute;n y aluminio en las que grab&oacute; sus dibujos se titularon <em>Human Kind: </em>&ldquo;Cuando SpaceX me pidi&oacute; que creara una obra de arte para acompa&ntilde;ar a estos astronautas en el espacio, quise hacer algo inspirador&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        A la persona m&aacute;s rica del mundo le gusta el arte, de aquella manera. Hizo p&uacute;blica su admiraci&oacute;n por el ceramista Tom Edwards pero <a href="https://www.theguardian.com/technology/2018/jun/27/elon-musk-farting-unicorn-mug-cartoon-tom-edwards" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no le import&oacute; plagiar su &ldquo;unicornio flatulento&rdquo;</a> como icono del sistema operativo de Tesla sin recibir un d&oacute;lar por ello. El arte es un mercado y los millonarios m&aacute;s ic&oacute;nicos de nuestro tiempo no muestran gran inter&eacute;s en invertir a fondo perdido.
    </p><p class="article-text">
        La idea dorada del mecenazgo sigue remiti&eacute;ndonos a finales del siglo XV, cuando Lorenzo de M&eacute;dici adquiri&oacute; unos terrenos en los que mand&oacute; construir al lado de su jard&iacute;n de esculturas cl&aacute;sicas el edificio que ser&iacute;a la primera academia de bellas artes de toda Europa. El Magn&iacute;fico, como le llamaban sus contempor&aacute;neos, llevaba d&eacute;cadas tejiendo a su alrededor una constelaci&oacute;n de talento sin precedentes: bajo su protecci&oacute;n trabajaron Botticelli, Ghirlandaio, Verrocchio, Pollaiuolo y el joven Miguel &Aacute;ngel, a quien acogi&oacute; en su palacio y trat&oacute;, seg&uacute;n el pionero historiador del arte Giorgio Vasari, no como a un sirviente sino con familiaridad y cercan&iacute;a. A su mesa se sentaban tambi&eacute;n el fil&oacute;sofo Pico della Mirandola, el humanista Leon Battista Alberti y el poeta Angelo Poliziano, a quien convirti&oacute; en su secretario personal. 
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                Las dos caras de uno de los grabados de la serie &#039;Human Kind&#039; de Tristan Eaton                            </span>
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        Lorenzo financi&oacute; la traducci&oacute;n al lat&iacute;n de la obra completa de Plat&oacute;n, impuls&oacute; antolog&iacute;as de poes&iacute;a en lengua toscana y abri&oacute; su colecci&oacute;n de antig&uuml;edades a los artistas que quisieran estudiarla. Cuando Leonardo da Vinci fue denunciado por homosexualidad en 1476, fue Lorenzo quien intervino para que los jueces rechazaran los cargos. La relaci&oacute;n con sus protegidos iba m&aacute;s all&aacute; de un contrato, y estaba sostenida en la convicci&oacute;n de que el talento ajeno merec&iacute;a ser protegido y puesto en condiciones de existir. Los M&eacute;dici financiaban la cultura porque entend&iacute;an que era la forma m&aacute;s duradera de dejar huella en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, el hombre m&aacute;s rico del planeta cree que llevar cohetes a Marte es su aportaci&oacute;n a la humanidad; el arte o el pensamiento humanista, en ese esquema, no aparece por ning&uacute;n lado. La desigualdad econ&oacute;mica supera con creces a la de la &eacute;poca renacentista, pero los valores que la acompa&ntilde;an son otros. As&iacute;, donde los M&eacute;dici ve&iacute;an en la cultura y el humanismo un legado que, aunque privado, beneficiar&iacute;a a la larga a todo el pueblo, la nueva &eacute;lite ve en la tecnolog&iacute;a una soluci&oacute;n. Algunos de sus miembros m&aacute;s influyentes, como Sam Altman ni siquiera conf&iacute;an ya en el artista humano, y apuestan por la inteligencia artificial como herramienta de creaci&oacute;n y control cultural, pint&aacute;ndolo como una &ldquo;democratizaci&oacute;n&rdquo; del arte.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro siglos despu&eacute;s de Lorenzo de M&eacute;dici, la pregunta que flota sobre el mundo del arte contempor&aacute;neo es inc&oacute;moda y dif&iacute;cil de ignorar: &iquest;qu&eacute; ha pasado con los grandes mecenas? El mercado del arte mueve decenas de miles de millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o &mdash;seg&uacute;n el informe anual de Art Basel y UBS, las ventas globales alcanzaron los 59.600 millones de d&oacute;lares (51.800 millones de euros) en 2025&mdash; y, sin embargo, muchos artistas sobreviven entre becas escasas, trabajos precarios y campa&ntilde;as de <em>crowdfunding.</em> El dinero est&aacute;, pero falta algo m&aacute;s. El peso del arte parece reducirse al del mero mercado, sin una capacidad simb&oacute;lica tan grande como la que sosten&iacute;a en otras &eacute;pocas.
    </p><h2 class="article-text">No es el arte, es la reinversi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Para entender la ruptura hay que retroceder no al Renacimiento sino al siglo XIX. &ldquo;Durante cientos de a&ntilde;os, los grandes clientes del arte hab&iacute;an sido la Iglesia, la Corte y la nobleza y el artista trabajaba por encargo&rdquo;, explica Jos&eacute; Luis Guijarro Alonso, director del M&aacute;ster en Mercado del Arte de la Universidad Nebrija. &ldquo;Pero con la modernidad y el auge del mercado burgu&eacute;s, muchos artistas empiezan a producir por su cuenta y a depender menos de un mecenas concreto y m&aacute;s del mercado, las galer&iacute;as o el p&uacute;blico. Ah&iacute; cambia por completo la relaci&oacute;n entre riqueza y creaci&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese cambio no fue solo econ&oacute;mico. Fue tambi&eacute;n cultural, porque el artista gan&oacute; autonom&iacute;a, pero perdi&oacute; seguridad. El mecenas desapareci&oacute; y en su lugar apareci&oacute; el coleccionista, una figura muy distinta. Uno constru&iacute;a una relaci&oacute;n con el artista y sosten&iacute;a su pr&aacute;ctica en el tiempo. El otro compraba obras ya terminadas en funci&oacute;n del gusto o, cada vez m&aacute;s, de la expectativa de revalorizaci&oacute;n.
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                    alt="Exposición Circuitos de Artes Plásticas 2025 en la Sala de Arte Joven, con los trabajos de los diez ganadores de esta convocatoria anual abierta a los jóvenes artistas menores de 35 años residentes en la Comunidad de Madrid"
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                Exposición Circuitos de Artes Plásticas 2025 en la Sala de Arte Joven, con los trabajos de los diez ganadores de esta convocatoria anual abierta a los jóvenes artistas menores de 35 años residentes en la Comunidad de Madrid                            </span>
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        Algo as&iacute; es lo que ocurre cada vez con m&aacute;s megarricos como Elon Musk, Bill Gates o Jeff Bezos, que, pese a su enorme fortuna, utilizan su dinero como una forma de reinversi&oacute;n en sus propios proyectos empresariales. &ldquo;La diferencia no es tanto la ausencia de mecenazgo como el tipo de cultura que hoy se financia&rdquo;, matiza Guijarro. &ldquo;Muchas veces el apoyo se dirige m&aacute;s a innovaci&oacute;n, ciencia o construcci&oacute;n de marca que al mecenazgo art&iacute;stico tradicional&rdquo;. Lo que antes era un encargo personal &mdash;Lorenzo de M&eacute;dici llamando a la puerta de Botticelli&mdash; se ha convertido en convocatorias y fundaciones alineadas con objetivos de impacto y reputaci&oacute;n. El mecenas de hoy, cuando existe, no financia un artista, sino que financia una causa.
    </p><p class="article-text">
        Pero el cambio va m&aacute;s all&aacute; de hacia d&oacute;nde va el dinero. Remedios Zafra, investigadora y ensayista, autora de <em>El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital</em>, se&ntilde;ala algo m&aacute;s profundo: &ldquo;En los tecno-oligarcas no hay sentido de la responsabilidad simb&oacute;lica y social que s&iacute; encontr&aacute;bamos en la relaci&oacute;n cultura y riqueza de los &uacute;ltimos siglos. Los ricos mecenas sol&iacute;an entender que su privilegio comportaba una obligaci&oacute;n hacia lo que una sociedad consideraba valioso, y el arte y la creaci&oacute;n estaban a ese lado&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para Zafra, la nueva econom&iacute;a tecnol&oacute;gica no ignora la cultura, la instrumentaliza. &ldquo;Ha aprendido a extraer valor de dimensiones como la atenci&oacute;n, la creatividad o la imaginaci&oacute;n desde la mediaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. La cultura no interesa por su poder para crear imaginario emancipador, pasa a convertirse en una de las fuentes mismas de extracci&oacute;n de valor del capitalismo contempor&aacute;neo&rdquo;. Los valores que promueve esa econom&iacute;a, como la velocidad, la escalabilidad o el &eacute;xito cuantificable, no solo son ajenos a los valores human&iacute;sticos de la cultura. Los erosionan de manera activa.
    </p><h2 class="article-text">La trampa del entusiasmo</h2><p class="article-text">
        Y mientras el dinero no llega, los artistas siguen trabajando. A menudo gratis, o casi. Zafra lleva a&ntilde;os analizando el mecanismo que lo hace posible: la vocaci&oacute;n convertida en justificaci&oacute;n de la precariedad. &ldquo;El trabajador creativo encuentra en su actividad algo m&aacute;s que un salario, encuentra sentido, identidad, reconocimiento, pertenencia, incluso una forma de vida&rdquo;, explica. &ldquo;El problema aparece cuando ese excedente subjetivo es usado para compensar falta de derechos o malas condiciones laborales. All&iacute; donde deber&iacute;a haber un pago econ&oacute;mico, estabilidad, tiempo y derechos, aparece la promesa de realizaci&oacute;n personal como algo suficiente&rdquo;.
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            <span class="title">
                La consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo anuncia en el pasado ARCO las adquisiciones públicas de once obras de nueve creadores nacidos o vinculados a Andalucía                            </span>
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        Ese mecanismo no solo persiste: se ha sofisticado. &ldquo;Mientras hubo un tiempo donde luchar por un trabajo vocacional era epocal y generacional, ahora muchos j&oacute;venes esquivan los trabajos que podr&iacute;an gustarles o motivarles m&aacute;s, optando por aquellos que pueden darles dinero m&aacute;s r&aacute;pidamente, estabilidad o mayor disponibilidad de tiempo para vivir&rdquo;, observa Zafra. El pragmatismo de las nuevas generaciones es una respuesta racional a un sistema que ha normalizado la precariedad como condici&oacute;n del trabajo creativo.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la respuesta a qui&eacute;n sostiene al artista es compleja y con frecuencia desalentadora. Las administraciones regionales y locales siguen siendo fundamentales &mdash;Guijarro cita como ejemplo las Ayudas a la Producci&oacute;n Art&iacute;stica de la Comunidad de Madrid&mdash;, aunque normalmente no son suficientes. Junto al Estado, el mercado &mdash;galer&iacute;as, ferias, coleccionistas&mdash; sigue siendo el gran mecanismo de sostenimiento econ&oacute;mico del arte contempor&aacute;neo. Pero ese mercado llega a pocos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchos artistas esperan que el Estado les permita mantener su carrera, reciben subvenciones, premios, becas y cuando pasan de cierta edad quedan en un limbo sin patrocinios, por lo que se ven abocados a buscar otra profesi&oacute;n que les d&eacute; sustento&rdquo;, describe Marisol Salanova, cr&iacute;tica de arte, exdirectora de la web Arteinformado y autora de <em>La cr&iacute;tica de arte en la actualidad</em> (Akal, 2024). La precariedad, a&ntilde;ade, &ldquo;nos lleva a celebrar victorias peque&ntilde;&iacute;simas, a conformarnos con poco y a no pensar en grande&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quien trabaja en cultura no solo puede cobrar poco o pasar periodos sin cobrar, puede vivir en una permanente disponibilidad, encadenando proyectos, convocatorias, becas, colaboraciones y trabajos invisibles</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Remedios Zafra</span>
                                        <span>—</span> Investigadora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Zafra va m&aacute;s all&aacute; y se&ntilde;ala que la precariedad cultural no es solo econ&oacute;mica. &ldquo;Es temporal y dir&iacute;a que tambi&eacute;n existencial. Quien trabaja en cultura no solo puede cobrar poco o pasar periodos sin cobrar, puede vivir en una permanente disponibilidad, encadenando proyectos, convocatorias, becas, colaboraciones y trabajos invisibles&rdquo;. Y cuando el tiempo se orienta a buscar financiaci&oacute;n para hacerse visible, se termina trabajando para producir las condiciones de supervivencia, mermando la calidad y el inter&eacute;s del propio trabajo. &ldquo;Es parte de la contradicci&oacute;n de una sociedad que reclama el valor de la cultura, pero que no logra crear las condiciones materiales para sus trabajadores&rdquo;. 
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                La marca de coches Lexus entrega un premio al mejor estand de ARCO 2026 a Proyectos Ultravioleta                            </span>
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        Lo que s&iacute; est&aacute; cambiando es que cada vez m&aacute;s artistas comercializan su obra directamente desde redes sociales, webs propias o plataformas digitales, fuera del circuito tradicional. Una democratizaci&oacute;n aparente que esconde una nueva forma de precariedad: el artista como gestor, <em>community manager</em> y vendedor de s&iacute; mismo.
    </p><h2 class="article-text">El arte que nunca veremos</h2><p class="article-text">
        Cuando un artista o un trabajador de la cultura decide que ya no puede m&aacute;s y abandona, &iquest;qu&eacute; se pierde exactamente? La respuesta de Zafra es una de las m&aacute;s l&uacute;cidas y m&aacute;s duras del debate. &ldquo;Cada persona que deja de escribir, investigar, crear, ense&ntilde;ar, componer, programar, conservar, traducir, editar o pensar porque no puede sostener materialmente esa actividad supone una p&eacute;rdida simb&oacute;lica de grand&iacute;simo valor. Se pierde una sensibilidad, una investigaci&oacute;n que no llegar&aacute; a hacerse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo m&aacute;s profundo en juego. &ldquo;La precariedad opera como criterio para el abandono, de forma que perdemos a quienes no pueden permitirse ser creadores&rdquo;, se&ntilde;ala Zafra. &ldquo;La clase social vuelve a ser una barrera para trabajos en los que es imprescindible contar con diversidad social. &iquest;Te imaginas que solo los ricos pudieran crear, si solo los ricos pudieran juzgar?&rdquo;. Una sociedad, advierte Zafra, &ldquo;no puede hacer que la supervivencia cultural dependa de tener una abultada cuenta bancaria, una familia que sostenga, una pareja que compense, una vivienda heredada, otro empleo o una enorme capacidad de sacrificio&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/sostiene-artistas-muerte-mecenas-cedio-paso-elon-musk_1_13427275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 20:21:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién sostiene a los artistas? La muerte del mecenas cedió el paso a Elon Musk]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mecenazgo,SpaceX]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando unos pendientes para lucir en una alfombra roja esconden un expolio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pendientes-lucir-alfombra-roja-esconden-expolio_1_13418112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7795f83e-d1b7-4f23-98d9-8355aecab022_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148481.jpg" width="3055" height="1719" alt="Cuando unos pendientes para lucir en una alfombra roja esconden un expolio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El conocido como "method dressing", vestirse en la promoción de una película de una forma continuista con el personaje que encarnan, puede haber ido demasiado lejos, según los arqueólogos</p><p class="subtitle">Una prestigiosa traductora de Homero ataca 'La Odisea' de Nolan: “Me avergonzaría haber escrito algo de eso”
</p></div><p class="article-text">
        Cuando la actriz Zendaya apareci&oacute; en el <em>photocall </em>londinense de<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/christopher-nolan-pone-hollywood-pies-impecable-furiosa-adaptacion-odisea_129_13379137.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Odisea</em></a><em> </em>de Christopher Nolan con dos discos de oro convertidos en pendientes, la pol&eacute;mica no tard&oacute; en desatarse. Las piezas, de entre 2.000 y 3.000 a&ntilde;os de antig&uuml;edad, pertenecen al llamado tesoro de Ziwiye, hallado en el noroeste de Ir&aacute;n a finales de los a&ntilde;os cuarenta y disperso despu&eacute;s entre distintas colecciones internacionales.
    </p><p class="article-text">
        La cuenta de una arque&oacute;loga muy popular en redes, conocida como Dr. Z, aviv&oacute; ampliamente la pol&eacute;mica calificando el gesto de Zendaya como &ldquo;asqueroso&rdquo;, al considerar que la procedencia de las piezas resultaba, cuando menos, dudosa. El debate se volv&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s inc&oacute;modo por un detalle que no pas&oacute; desapercibido: la actriz es estadounidense, precisamente el pa&iacute;s que en esos d&iacute;as bombardeaba Ir&aacute;n. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, la investigadora Emiline Smith, especializada en tr&aacute;fico de bienes culturales, publicaba un an&aacute;lisis en el medio Hyperallergic que situaba el caso en un contexto mucho m&aacute;s amplio. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explicaba, la joyer&iacute;a Barron London, encargada de comercializar las piezas, aseguraba contar con documentaci&oacute;n sobre su procedencia, aunque nunca la hizo p&uacute;blica. Fue el joyero Glenn Spiro quien transform&oacute; los discos originales en un par de pendientes engastados en oro de 18 quilates con diamantes, una pieza que el estilista Law Roach eligi&oacute; despu&eacute;s para completar el look de Zendaya.
    </p><p class="article-text">
        Smith recordaba adem&aacute;s que existe un precedente legal directamente relacionado, el caso Ir&aacute;n contra Barakat Galleries, resuelto en 2005 por un tribunal brit&aacute;nico, que reconoci&oacute; el derecho de Ir&aacute;n sobre un lote de piezas expoliadas procedentes del yacimiento de Jiroft, en el sureste del pa&iacute;s. Aunque Jiroft y Ziwiye son yacimientos distintos, ambos casos ejemplifican el mismo patr&oacute;n, objetos arqueol&oacute;gicos que terminan circulando en el mercado del lujo sin que su origen quede nunca del todo claro.
    </p><p class="article-text">
        La historia recuerda inevitablemente a otra pol&eacute;mica reciente, la del estreno de <em>Cumbres borrascosas</em>, donde la actriz Margot Robbie luci&oacute; el diamante Taj Mahal, una pieza con una larga historia colonial ligada a la India del siglo XVII y que perteneci&oacute; despu&eacute;s a Elizabeth Taylor, sin que en ning&uacute;n momento se mencionara ese contexto durante la presentaci&oacute;n. No es casualidad que estos d&iacute;as varios expertos se pregunten si ambos casos no son el s&iacute;ntoma de algo m&aacute;s amplio, una tendencia que ya empieza a conocerse como <em>method dressing</em>, la &uacute;ltima vuelta de tuerca de un <em>star system</em> dispuesto a apropiarse de cualquier objeto, por delicado o ajeno que sea, con tal de construir un personaje completo hasta en el accesorio.
    </p><h2 class="article-text">'Method dressing': colonialismo de nuevo cu&ntilde;o</h2><p class="article-text">
        Para el escritor y fot&oacute;grafo especializado en arte isl&aacute;mico Zirrar Ali, el problema no empieza con Robbie o Zendaya, sino mucho antes. &ldquo;Si miramos al mundo griego tambi&eacute;n vemos que tiene trazas del mundo egipcio, persa y de Oriente Medio&rdquo;, explica, recordando que las fronteras culturales que hoy damos por sentadas nunca fueron tan n&iacute;tidas como el relato occidental sugiere. &ldquo;La Odisea es una historia de ficci&oacute;n, pero solo en la ficci&oacute;n podemos convertir algunos elementos reales en objetos de ficci&oacute;n. Zendaya en este caso est&aacute; utilizando unos artefactos que son reales para promocionar una pel&iacute;cula de ficci&oacute;n, ignorando la historia y haciendo que todo lo oriental sea un mero accesorio para la visi&oacute;n occidental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa reflexi&oacute;n lleva a Ali directamente al que considera el verdadero n&uacute;cleo del problema, el poder. &ldquo;Si no tuvieran el poder, no podr&iacute;an hacer esto&rdquo;, explica. En este caso el <em>method dressing</em> cumplir&iacute;a en realidad una doble funci&oacute;n. Por un lado, es puro marketing, una forma de mantener la expectaci&oacute;n sobre la actriz, y por extensi&oacute;n la pel&iacute;cula, ambas fusion&aacute;ndose en un contexto perform&aacute;tico. Por otro, es una exhibici&oacute;n de lujo al alcance de muy pocos, donde el objeto deja de ser solo un accesorio para convertirse en la prueba visible de un acceso privilegiado que nadie m&aacute;s tiene. &ldquo;Es como si dijeran: tomamos esto que proviene de tu cultura, pero t&uacute; no puedes tomar nada nuestro&rdquo;, puntualiza el escritor. 
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                Margot Robbie en la premiere de &#039;Cumbres borrascosas&#039; en Los Ángeles                            </span>
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        Esa asimetr&iacute;a entre el tratamiento de las piezas orientales en suelo occidental, se&ntilde;ala Ali, queda reflejada incluso en los propios cat&aacute;logos de los grandes museos. &ldquo;Si vas a ver el cat&aacute;logo de algunos museos como el British Museum, puedes ver que algunos objetos tienen marcado que su proveniencia es desconocida, porque es vergonzoso. A menudo estas obras provienen de colecciones privadas que no explican c&oacute;mo fueron obtenidas las piezas&rdquo;, explica. Pero lo que m&aacute;s le inquieta a Ali no es tanto el silencio de las etiquetas como una disonancia mucho m&aacute;s inc&oacute;moda, la que vivi&oacute; al contemplar piezas iraqu&iacute;es expuestas en un museo londinense mientras el pa&iacute;s de origen de esas obras estaba siendo bombardeado. &ldquo;Es curioso porque, &iquest;c&oacute;mo encajas sentirte fascinado por la historia y la cultura de ese pa&iacute;s mientras al mismo tiempo lo bombardeas?&rdquo;, se pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Para &eacute;l, esa contradicci&oacute;n solo puede sostenerse dividiendo artificialmente el pasado del presente, tratando la civilizaci&oacute;n antigua como algo digno de admiraci&oacute;n y el pa&iacute;s actual como sin&oacute;nimo de barbarie. Es, explica, una l&oacute;gica que remite directamente al concepto de otredad que el pensador palestino Edward Said desarroll&oacute; en <em>Orientalismo</em> (1978), la idea de que Occidente ha construido hist&oacute;ricamente a Oriente como un espacio ex&oacute;tico, est&aacute;tico y fundamentalmente distinto, una representaci&oacute;n que le sirvi&oacute; tanto para definirse a s&iacute; mismo como para justificar su dominio sobre esas sociedades.
    </p><h2 class="article-text">Del expolio de guerra a las colecciones privadas </h2><p class="article-text">
        Preguntada por el mayor obst&aacute;culo para regular este mercado, Donna Yates, catedr&aacute;tica de la Universidad de Maastricht y una de las investigadoras m&aacute;s citadas en tr&aacute;fico de antig&uuml;edades, responde con la precisi&oacute;n de quien lleva a&ntilde;os lidiando con el problema desde dentro. En pa&iacute;ses como Colombia o Ir&aacute;n, explica, la venta de antig&uuml;edades est&aacute; totalmente prohibida, as&iacute; que el problema no es la falta de leyes, sino la dificultad de aplicarlas retroactivamente a piezas que salieron del pa&iacute;s antes de que esas leyes existieran. &ldquo;El tr&aacute;fico generalmente no viene con registros sobre la fecha y las circunstancias de la exportaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala. Sin pruebas de esa exportaci&oacute;n ilegal, a&ntilde;ade, resulta casi imposible impedir la venta.
    </p><p class="article-text">
        Ese vac&iacute;o legal se agrava especialmente en contextos de guerra, como el que atraviesa Ir&aacute;n ahora mismo. Como recuerda en el libro <em>El expolio de los bienes culturales</em> la experta en derecho internacional Soledad Torrecuadrada Garc&iacute;a-Lozano, &ldquo;los bienes culturales deben protegerse en todo momento, ya que son objeto de vandalismo o de actos que afectan directamente a su conservaci&oacute;n, y es precisamente durante los conflictos armados cuando quedan m&aacute;s expuestos&rdquo;. No es un matiz menor. Los bienes culturales forman parte del derecho humano a la cultura, recogido en el Pacto Internacional de Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y Culturales, y su expolio puede llegar a constituir un crimen de guerra, en la medida en que atenta directamente contra la identidad y la historia de los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Yates conoce bien esa l&oacute;gica porque lleva dos d&eacute;cadas observ&aacute;ndola de cerca. Desde su investigaci&oacute;n de m&aacute;ster en Cambridge estudia las subastas de alto nivel en Estados Unidos centradas en antig&uuml;edades sudamericanas, muchas de ellas piezas de oro colombianas. Lo que le llam&oacute; la atenci&oacute;n entonces fue un patr&oacute;n muy concreto, adornos que en su origen se llevaban en la nariz y que el mercado moderno reconvert&iacute;a en collares, despojados por completo de su contexto original. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a un antiguo colombiano si viera a alguna mujer con un gran adorno de nariz alrededor de su cuello?&rdquo;, se pregunta Yates. &ldquo;Probablemente les parecer&iacute;a una locura&rdquo;.
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                Kim Kardashian muestra el vestido de Marilyn Monroe que lució para la alfombra roja de la Gala MET y que la actriz vistió en el cumpleaños de J. F. Kennedy, en 1962                            </span>
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        Ese cambio de contexto no le interesa solo por su iron&iacute;a. Yates apunta que buena parte de estos objetos probablemente proced&iacute;an de tumbas, lo que abre una pregunta inc&oacute;moda sobre lo que los compradores prefieren no saber, o no preguntarse, sobre el origen de lo que llevan puesto. Y, sin embargo, admite, entiende tambi&eacute;n el atractivo. Lo compara con el gesto casi universal de tocar una vitrina t&aacute;ctil en un museo, la fascinaci&oacute;n por sentir que algo ha sobrevivido miles de a&ntilde;os y que conecta con manos humanas muy anteriores a las nuestras. &ldquo;Una r&eacute;plica es bonita, pero no tiene nada del simbolismo de la supervivencia y la rareza. No contiene el tiempo profundo de las piezas reales&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        Conviene no perder de vista, sin embargo, que este fen&oacute;meno no siempre necesita una guerra ni un pa&iacute;s lejano para producirse. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/vestido-marilyn-monroe-quedo-danado-usarlo-kim-kardashian_1_9083361.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El vestido de Marilyn Monroe que Kim Kardashian llev&oacute; a la Met Gala </a>de 2022, y que tuvo que ser forzado para que la empresaria pudiera pon&eacute;rselo, es prueba de que la l&oacute;gica de la apropiaci&oacute;n funciona igual de bien con patrimonio <em>made in USA, </em>un patrimonio que est&aacute; en manos privadas pero que pertenece simb&oacute;licamente a lo colectivo. Ali extiende esta reflexi&oacute;n al mercado negro de antig&uuml;edades en general, que describe como un fen&oacute;meno tanto p&uacute;blico como privado. &ldquo;Al final hay gente muy rica que no sabe qu&eacute; hacer con su dinero y en muchas ocasiones lo gasta en esto para sentir que poseen unas piezas hist&oacute;ricas que no ha visto nadie, o que nadie puede poseer, y eso ha ocurrido a lo largo de la historia&rdquo;, explica. &ldquo;Este caso ha salido a la luz p&uacute;blica por tratarse de una actriz, pero normalmente estas cosas se libran en la esfera privada, de la que poco podemos saber&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pendientes-lucir-alfombra-roja-esconden-expolio_1_13418112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 20:27:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando unos pendientes para lucir en una alfombra roja esconden un expolio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Moda,Patrimonio Histórico,Arte,Joyas,Joyería,Descolonización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los vecinos de Pelayos y San Martín rehacen sus casas sobre las cenizas del incendio: “En quince minutos desapareció el esfuerzo de toda una vida”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vecinos-pelayos-san-martin-rehacen-casas-cenizas-incendio-quince-minutos-desaparecio-esfuerzo-vida_1_13418817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4459e20d-8b14-4c3f-ab08-85401dbae632_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los vecinos de Pelayos y San Martín rehacen sus casas sobre las cenizas del incendio: “En quince minutos desapareció el esfuerzo de toda una vida”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Decenas de familias han vuelto estos días a sus casas con la incertidumbre de qué encontrarían tras el paso de las llamas: "Estoy seguro de que el pueblo saldrá adelante. Al final tenemos que agradecer que no haya muerto nadie y que las pérdidas sean materiales", dice optimista un vecino que ha perdido su hogar</p><p class="subtitle">Así se desencadenó el mayor incendio de la historia de España: radiografía del desastre forestal en Madrid y Ávila
</p></div><p class="article-text">
        La historia de Mariana Soimaru es de esas que no se olvidan. En el pueblo todos la conocen como Andreaa, una profesora particular de ingl&eacute;s que ejerce desde 2008 y que, desde hace diez a&ntilde;os, convive con la fibromialgia. A pesar del dolor cr&oacute;nico que la acompa&ntilde;a cada d&iacute;a, hizo de una casa abandonada &mdash;entre San Mart&iacute;n de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, antigua propiedad de un matrimonio ya fallecido cuyo heredero sigue sin aparecer&mdash; el hogar que compart&iacute;a con su perra Yuma y con los diecisiete gatos que rescat&oacute; de una protectora de la zona que acab&oacute; cerrando. La primera vez que Andreea vio el fuego, las llamas estaban todav&iacute;a a cinco kil&oacute;metros de distancia. Era solo un coche ardiendo al borde de la carretera, en un v&iacute;deo que le hab&iacute;a enviado una amiga. Los bomberos ya trabajaban en la zona, pero en aquel momento nadie pod&iacute;a imaginar lo que suceder&iacute;a despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Apenas un d&iacute;a antes se hab&iacute;a declarado un <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">incendio en Almorox</a> (Toledo), el mismo d&iacute;a en el que se inici&oacute; el que ya es el <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">mayor incendio de toda la historia</a> de Espa&ntilde;a, en <a href="https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/sociedad/incendio-avila-evoluciona-favorablemente-no-movido-centimetro-noche_1_13414024.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Burgohondo</a> (&Aacute;vila) que, seg&uacute;n investiga el Seprona de la Guardia Civil, se origin&oacute; por el uso de <a href="https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/sucesos/martillo-hidraulico-picar-piedra-empleado-permiso-habria-provocado-incendio-burgohondo_1_13415033.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">maquinaria pesada prohibida</a> en la zona. El viernes 24 de julio, los dos focos activos en la Comunidad de Madrid &mdash;Villa del Prado y San Mart&iacute;n de Valdeiglesias&mdash; se fusionaron en un &uacute;nico incendio forestal, el de la Sierra Oeste, mientras el fuego de Burgohondo se extend&iacute;a hacia la comunidad, y hacia Toledo y obligaba a evacuar once municipios m&aacute;s. El Gobierno declar&oacute; la <a href="https://www.eldiario.es/madrid/ayuso-pide-gobierno-declare-emergencia-nacional-tome-control-incendios-madrid_1_13403313.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">emergencia nacional</a> en Madrid, &Aacute;vila y Toledo.
    </p><p class="article-text">
        En menos de una hora de iniciarse el fuego, Andreaa ya ten&iacute;a el jard&iacute;n cubierto de humo. Meti&oacute; en casa a Yuma y a los gatos m&aacute;s sociables; los seis m&aacute;s asilvestrados viv&iacute;an en un gallinero aparte. Cuando intent&oacute; sacarlos, el miedo los hizo esconderse y ella misma, dice, se qued&oacute; paralizada: &ldquo;Las piernas dejaron de responderme&rdquo;. Llam&oacute; tres veces al 112 mientras las llamas rodeaban primero el gallinero grande y despu&eacute;s el peque&ntilde;o, envuelto en un fuego &ldquo;de una intensidad indescriptible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entendi&oacute; entonces que los gatitos de dentro no hab&iacute;an podido escapar. Cuando ya no pudo volver a entrar, una operadora del 112 le orden&oacute; salir hacia la carretera. Dos servicios de emergencia la rescataron a ella y a Yuma en el camino y las trasladaron primero para recibir ox&iacute;geno y despu&eacute;s al polideportivo de San Mart&iacute;n, convertido en centro de acogida para los evacuados.
    </p><p class="article-text">
        El 29 de julio volvi&oacute; de nuevo a casa. El acceso segu&iacute;a restringido, pero les permitieron entrar unas horas. &ldquo;Cuando me qued&eacute; sola me derrumb&eacute;&rdquo; cuenta. La casa, dice, no era lo importante: lo importante eran sus animales. Ese d&iacute;a durmi&oacute; al aire libre, junto al gallinero. En los dos d&iacute;as siguientes aparecieron otros dos gatos: son ya seis los supervivientes. Faltan dos, y Andreaa no pierde la esperanza de encontrarlos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En apenas quince minutos desapareci&oacute; el esfuerzo de toda una vida&rdquo;, resume. Ha perdido la casa, los recuerdos, los documentos, los libros de ingl&eacute;s, todo lo que hab&iacute;a construido en sus a&ntilde;os en la localidad. Solo quedan las cenizas y una vivienda que amenaza ruina: un amigo la revis&oacute; y le dijo que ya no tiene reparaci&oacute;n. Ahora busca que le ayuden a encontrar trabajo y otro hogar para vivir con sus compa&ntilde;eros, mientras los vecinos le llevan todo lo que necesita para los animales y para ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Su historia es una m&aacute;s entre las de miles de vecinos de la Sierra Oeste. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos de la Comunidad de Madrid, el incendio afect&oacute; a San Mart&iacute;n de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa como dos de los <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/mapa-incendios-activos-espana-2026-avanzan-zonas-han-quemado_1_13369396.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">municipios m&aacute;s golpeados</a>; el 70% del municipio de Pelayos de la presa estuvo bajo las llamas. El fuego se ha dado por estabilizado, pero siete urbanizaciones de ambos municipios, en el entorno del pantano de San Juan, segu&iacute;an sin poder ser habitadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El bosque que escolta el camino de la estación, calcinado tras el incendio de Pelayos de la Presa"
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                El bosque que escolta el camino de la estación, calcinado tras el incendio de Pelayos de la Presa                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;Me asom&eacute; por la ventana y vi c&oacute;mo el fuego se acercaba&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Desde hace una semana, algunos vecinos del municipio han podido seguir mejor la situaci&oacute;n de sus casas y la evoluci&oacute;n del incendio gracias a los grupos de WhatsApp, donde ahora se lanzan iniciativas y, a veces, se coordinan proyectos de ayuda vecinal nacidos para combatir la incertidumbre que predomin&oacute; sobre todo en los primeros momentos cuando todo el mundo estaba desbordado por la fuerza del fuego.
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos del casco urbano y de urbanizaciones como Los Rosales o Pinos Verdes, que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/evacuaciones-masivas-incendios-cercan-pueblos-enteros-nueva-normalidad-no-preparados_1_13407693.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">quedaron confinados</a>, han estado informando a quienes preguntaban en las primeras horas y en los primeros d&iacute;as por el estado de sus viviendas. Fueron horas de p&aacute;nico: tanto para los evacuados, que no sab&iacute;an nada de sus casas, sus familiares o sus <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/cristina-huyo-fuego-basico-nueve-gatos-salvarlos_1_13411587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">animales</a>, como para quienes se quedaron dentro del pueblo, por la cercan&iacute;a de las llamas y la incertidumbre de verlas avanzar.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de Mari Cruz Fern&aacute;ndez, que abandon&oacute; su casa en el casco urbano cuando, cuenta, &ldquo;vimos por Instagram que el Ayuntamiento de Pelayos ped&iacute;a que quien pudiera irse se fuera. Y aunque la Guardia Civil nos dijo que los vecinos pod&iacute;amos quedar confinados en casa, una de las veces me asom&eacute; por la ventana y vi c&oacute;mo el fuego se acercaba por la colina de enfrente. Entonces decid&iacute; irme&rdquo;. Como tantos otros, estuvo evacuada casi cinco d&iacute;as, desde el jueves por la noche hasta el martes, cuando se decret&oacute; el fin del confinamiento y la libre circulaci&oacute;n hacia otros municipios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros no estuvimos en un <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/casa-polideportivo-expulsados-fuego-aldea-fresno-no-he-dormido-minuto_1_13405634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polideportivo</a>&rdquo;, explica Fern&aacute;ndez, sino &ldquo;en casa de unos amigos que nos acogieron&rdquo;. Aun as&iacute;, la espera se hizo largu&iacute;sima y llena de incertidumbre, hasta que al segundo d&iacute;a consiguieron contactar con una vecina que hab&iacute;a preferido quedarse en su vivienda. La red de internet cay&oacute; el mismo jueves y desde entonces no se ha restablecido en varios municipios de la zona, como El Tiemblo. &ldquo;Cuando nos dijo que la casa estaba bien fue un gran alivio, porque nos hab&iacute;amos ido sin nada, l&oacute;gicamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algo similar cuenta Diego Narv&aacute;ez, vecino de otra urbanizaci&oacute;n cercana a la antigua estaci&oacute;n de tren de Pelayos, un paraje que se hizo viral por un v&iacute;deo de la intensidad de las llamas frente a la lucha de bomberos y militares de la UME. &ldquo;Mi padre era el &uacute;nico que estaba en la casa&rdquo;, cuenta Narv&aacute;ez. &ldquo;La preocupaci&oacute;n se dispar&oacute; cuando vi el v&iacute;deo de la estaci&oacute;n, que estaba a 150 metros de mi casa&rdquo;. Una parte del chalet result&oacute; afectada: &ldquo;Tuvimos suerte porque ten&iacute;amos un par de bombonas de butano en la parte de atr&aacute;s y podr&iacute;an haber explotado. El interior no ha sufrido tantos da&ntilde;os, salvo donde el fuego lleg&oacute; a derretir la persiana y revent&oacute; los cristales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la tragedia, Narv&aacute;ez se considera afortunado: &ldquo;Tenemos conocidos que han perdido la casa, vecinos que viv&iacute;an un poco m&aacute;s arriba&rdquo;. Se trata de una segunda residencia, como la de muchos otros en la zona. &ldquo;Llevamos m&aacute;s de veinte a&ntilde;os yendo a Pelayos, era el punto de reuni&oacute;n de nuestra familia, all&iacute; hac&iacute;amos todas las celebraciones. Para nosotros la casa tiene valor material, pero sobre todo sentimental: ah&iacute; est&aacute;n nuestros recuerdos de los veranos, de la Semana Santa, de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tuvo tanta suerte otro vecino de la localidad, David Rodr&iacute;guez Perales: &ldquo;Yo viv&iacute;a con mi madre y mis dos perros en mi casa, un hogar que construy&oacute; mi padre hace cuarenta a&ntilde;os&rdquo;, cuenta. &ldquo;Ahora lo que queda es esto&rdquo;, dice, mostrando unas im&aacute;genes en las que apenas se intuye, entre los escombros, el color de las paredes, unas jardineras con plantas y una mesa de jard&iacute;n que sobrevivi&oacute; al fuego. Con ayuda de amigos intentar&aacute; reconstruir la casa para que &eacute;l y su madre puedan volver a vivir all&iacute;. El incendio se llev&oacute; adem&aacute;s de los ordenadores con los que trabaja los recuerdos personales de la familia, incluidas las cenizas de su padre. Su zona, El Mirador, qued&oacute; muy da&ntilde;ada por el fuego, que comenz&oacute; el jueves 23 de julio.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Tenemos que agradecer que no haya muerto nadie&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, David intenta quedarse con lo positivo: &ldquo;Estoy seguro de que el pueblo saldr&aacute; adelante. Al final tenemos que agradecer que no haya muerto nadie y que las p&eacute;rdidas sean materiales. Como yo hay muchos afectados que lo est&aacute;n pasando muy mal, algunos con segundas viviendas y otros con primeras, como yo, pero al fin y al cabo eran sus hogares, hab&iacute;an luchado por ellos y ahora los han perdido&rdquo;. Se enfrenta ahora al desastre con una colecta que han organizado sus amigos para poder levantar de nuevo una casa en el terreno quemado: &ldquo;La verdad que necesito el dinero, me he quedado con una mano delante y otra detr&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos costar&aacute; recuperar la normalidad, y al pueblo tambi&eacute;n&rdquo;, coinciden los vecinos. &ldquo;La bajada del puerto de Navas del Rey hasta Pelayos de la Presa es desoladora&rdquo;. Los montes que rodeaban la carretera han sido devastados por las llamas. Desde entonces los efectivos de bomberos no han parado de refrescar la zona y retirar los &aacute;rboles quemados que amenazaban con caerse sobre la carretera. Adem&aacute;s, quienes ya sufrieron varios cortes de electricidad en las semanas previas siguen sin poder conectarse a internet y la se&ntilde;al telef&oacute;nica sigue sin ser del todo estable.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se decret&oacute; el fin del confinamiento en Pelayos de la presa y los vecinos han podido volver a sus casas toca evaluar la gravedad de los da&ntilde;os materiales. Algunos chiringuitos, como el de La Martuka, se han salvado casi de milagro. Otros negocios, como El Serengueti o el Club Na&uacute;tico, han sufrido peor suerte. El Monasterio de Santa Mar&iacute;a de Valdeiglesias tambi&eacute;n se ha librado del fuego, aunque todav&iacute;a queda por saber el estado de las pinturas rupestres cercanas al bosque. Mientras tanto, los vecinos intentan recomponerse como pueden: los pueblos afectados han creado la plataforma Red Ayuda Sierra Oeste, donde se ofrece y se pide ayuda, desde cuidar a mayores, desbrozar, fontaner&iacute;a, electricidad, dar de comer a animales o tareas de limpieza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora lo que toca es luchar&rdquo;, dice Rodr&iacute;guez Perales, resumiendo el &aacute;nimo de sus vecinos. &ldquo;Luchar y empezar de nuevo&rdquo;.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xapwdr6" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vecinos-pelayos-san-martin-rehacen-casas-cenizas-incendio-quince-minutos-desaparecio-esfuerzo-vida_1_13418817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 20:27:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los vecinos de Pelayos y San Martín rehacen sus casas sobre las cenizas del incendio: “En quince minutos desapareció el esfuerzo de toda una vida”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios,Emergencias,Cambio climático,Fuego]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Sánchez Castillo, el artista que compactó el yate de Franco, ensalza la desobediencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/fernando-sanchez-castillo-artista-compacto-yate-franco-ensalza-desobediencia_1_13327614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c93afe1-e77f-4a29-97db-313b21ac186c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145974.jpg" width="5273" height="2966" alt="Fernando Sánchez Castillo, el artista que compactó el yate de Franco, ensalza la desobediencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La exposición 'La Perla Peregrina' reabre el Palacio de Velázquez, espacio del Museo Reina Sofía en El Retiro, con más de 200 obras sobre la memoria, el poder y las formas de resistencia, desde Tiananmen hasta las pintadas antifranquistas y las estatuas franquista</p><p class="subtitle">El vodevil del politiqueo español sigue vivo en 'La escopeta nacional'
</p></div><p class="article-text">
        La Perla Peregrina es una de las joyas m&aacute;s singulares de la historia. Hallada en el siglo XVI en las costas de Panam&aacute; por un esclavo cuyo nombre nunca qued&oacute; registrado, su extraordinaria forma de l&aacute;grima la convirti&oacute; en una pieza codiciada por reyes, nobles y coleccionistas. Mientras la identidad de quien la encontr&oacute; se perdi&oacute; en el relato oficial, la perla termin&oacute; convertida en s&iacute;mbolo del poder de la Monarqu&iacute;a Hisp&aacute;nica. Ese contraste entre lo que la Historia recuerda y aquello que decide olvidar es el punto de partida de&nbsp;<em>La Perla Peregrina</em>, la retrospectiva que el Museo Reina Sof&iacute;a dedica a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/sanchez-castillo-historias-historia_1_2410567.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fernando S&aacute;nchez Castillo</a> (Madrid, 1970).
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de m&aacute;s de 200 obras &mdash;entre instalaciones, esculturas, v&iacute;deos, acuarelas y piezas prestadas&mdash;, el artista madrile&ntilde;o despliega una investigaci&oacute;n sostenida durante d&eacute;cadas sobre los mecanismos del poder, la construcci&oacute;n de la memoria y las zonas de sombra de los relatos oficiales. Comisariada por Ferran Barenblit, la muestra puede visitarse desde el 24 de junio hasta el 8 de marzo de 2027 en el Palacio de Vel&aacute;zquez del parque de El Retiro en Madrid, un espacio que el propio artista reconoce especialmente cercano y familiar.
    </p><p class="article-text">
        La met&aacute;fora de la perla atraviesa toda la exposici&oacute;n. Igual que una perla surge de una herida, de la reacci&oacute;n de un molusco ante un cuerpo extra&ntilde;o que se incrusta en &eacute;l, los monumentos tambi&eacute;n nacen de conflictos, derrotas y tensiones hist&oacute;ricas. &ldquo;Los monumentos tambi&eacute;n surgen del da&ntilde;o. La historia no solo se relata, sino que se modela y se funde&rdquo;, se&ntilde;ala Barenblit. Las obras de S&aacute;nchez Castillo se sit&uacute;an precisamente en ese espacio donde la memoria se solidifica en im&aacute;genes, estatuas y s&iacute;mbolos, pero tambi&eacute;n donde esos s&iacute;mbolos pueden ser cuestionados, desmontados o transformados.
    </p><h2 class="article-text">Un homenaje a la desobediencia civil</h2><p class="article-text">
        El recorrido arranca con una monumental escultura dedicada al Tank Man, el estudiante an&oacute;nimo que en 1989 se plant&oacute; frente a una columna de tanques tras la represi&oacute;n de las protestas de Tiananmen. La figura, explica S&aacute;nchez Castillo, &ldquo;mide lo mismo que el David de Miguel &Aacute;ngel&rdquo;, y abre una galer&iacute;a de personajes que el artista re&uacute;ne bajo el t&iacute;tulo&nbsp;<em>Figuras de memoria expandida</em>&nbsp;(2017-2026).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Figuras de memoria expandida. 2017-2026. Bronce, impresión 3D. Taller del artista: Miss Liberty; Madre de la plaza de Mayo; La cueca sola; Celeste dos Cravos (Celeste Martins Caeiro); Lorca; Rapadas; Tomiko Higa, la niña de la bandera blanca; Navalny"
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                Figuras de memoria expandida. 2017-2026. Bronce, impresión 3D. Taller del artista: Miss Liberty; Madre de la plaza de Mayo; La cueca sola; Celeste dos Cravos (Celeste Martins Caeiro); Lorca; Rapadas; Tomiko Higa, la niña de la bandera blanca; Navalny                            </span>
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        A su alrededor aparecen las Madres de Plaza de Mayo, Celeste Caeiro &mdash;s&iacute;mbolo de la Revoluci&oacute;n de los Claveles&mdash;, Federico Garc&iacute;a Lorca representado en un salto jubiloso o el opositor ruso Alex&eacute;i Navalny. La secuencia culmina con una gran escultura en madera de August Landmesser, el trabajador alem&aacute;n inmortalizado en una foto en 1936 por negarse a realizar el saludo nazi. Todos ellos encarnan distintas formas de resistencia frente al poder y convierten la primera sala en una suerte de pante&oacute;n de la desobediencia civil.
    </p><p class="article-text">
        Ese inter&eacute;s por la protesta atraviesa buena parte de la muestra. Una de las salas re&uacute;ne m&aacute;scaras procedentes de movilizaciones de distintos lugares del mundo dentro del proyecto&nbsp;<em>Global Museum Project</em>&nbsp;(2015-2026), desde movimientos hist&oacute;ricos hasta conflictos laborales contempor&aacute;neos como las protestas de los trabajadores de Amazon. M&aacute;s que un archivo de objetos, la instalaci&oacute;n funciona como un atlas global de las formas de resistencia ciudadana.
    </p><h2 class="article-text">La calle es nuestra</h2><p class="article-text">
        Los caballos constituyen otro de los motivos recurrentes en la obra de S&aacute;nchez Castillo. Con frecuencia aparecen sin jinete, liberados de la figura de autoridad que tradicionalmente encarnan las estatuas ecuestres. Uno de los ejemplos m&aacute;s significativos dialoga con la estatua de Franco realizada por Josep Viladomat en 1963. El artista desplaza la atenci&oacute;n desde el dictador hacia el animal, convertido en s&iacute;mbolo de emancipaci&oacute;n.
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            <span class="title">
                Josep Viladomat Massanass. Escultura de caballo, parte del conjunto “Al General Franco”. 1963. Vaciado en bronce. Museo de Historia de Barcelona                            </span>
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        &ldquo;A modo de la simbolog&iacute;a del Guernica, en el que tenemos ese caballo y ese toro como met&aacute;foras de lo no humano, del sufrimiento y de la liberaci&oacute;n. Aqu&iacute; tambi&eacute;n tenemos caballos que han sido liberados de sus jinetes, de sus seres opresores y que han generado momentos de libertad, momentos de vocaci&oacute;n de un futuro mejor&rdquo;, cuenta S&aacute;nchez Castillo.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos del poder alcanza uno de sus momentos m&aacute;s elocuentes en las obras realizadas con materiales militares. Una gran barricada incorpora elementos procedentes de armas y monumentos, recordando que muchas estatuas hist&oacute;ricas fueron fundidas a partir de ca&ntilde;ones capturados en combate. Frente a ella aparece una de las frases m&aacute;s c&eacute;lebres de Manuel Fraga: &ldquo;La calle es m&iacute;a&rdquo;, resignificada ahora dentro de un espacio dedicado precisamente a las formas de ocupaci&oacute;n popular del espacio p&uacute;blico.
    </p><h2 class="article-text">Desmontar los s&iacute;mbolos del poder</h2><p class="article-text">
        Ese futuro posible al que alude el artista aparece tambi&eacute;n en los v&iacute;deos <em>Pegasus Dance </em>(2007) y&nbsp;<em>Stone Soul Army</em>. En &eacute;l, el maestro Abraham Padilla experimenta con piedras, ca&ntilde;ones y huesos convertidos en instrumentos sonoros. &ldquo;Se trata sobre todo de utilizar las armas de una manera musical, es decir, de imaginar otro futuro posible&rdquo;, explica S&aacute;nchez Castillo. &ldquo;Se trata de explorar c&oacute;mo los ej&eacute;rcitos y las personas pueden buscar su espacio de libertad frente a elementos destructivos&rdquo;.
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                    alt="Vista de sala de la exposición Fernando Sánchez Castillo: &#039;Salón de los espejos&#039; (2023), &#039;White Flag&#039; (2026), &#039;El porvenir de la revuelta&#039; (2013) y &#039;Filamento del Guernica&#039; (2025)"
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            <span class="title">
                Vista de sala de la exposición Fernando Sánchez Castillo: &#039;Salón de los espejos&#039; (2023), &#039;White Flag&#039; (2026), &#039;El porvenir de la revuelta&#039; (2013) y &#039;Filamento del Guernica&#039; (2025)                            </span>
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        La misma l&oacute;gica preside la intervenci&oacute;n sobre el yate Azor, titulado <em>S&iacute;ndrome del Guernica</em> (2012), utilizado durante d&eacute;cadas por Franco. Convertido en grandes bloques met&aacute;licos que se agolpan contra los muros de la sala, el antiguo s&iacute;mbolo de poder aparece neutralizado y transformado. &ldquo;Es un objeto hist&oacute;rico deconstruido a trav&eacute;s de la est&eacute;tica para neutralizarlo y para llevarlo a un estado diferente de creaci&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;, afirma el artista. El resultado es una embarcaci&oacute;n &ldquo;transformada a trav&eacute;s del arte para que tenga una vida en un futuro, que sirva como met&aacute;fora de las vanitas de los dictadores del siglo XX&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Los monumentos invisibles </h2><p class="article-text">
        Entre las m&uacute;ltiples perlas que salpican el recorrido figuran tambi&eacute;n dos piezas de m&aacute;rmol perforadas por los taconeos de las prostitutas que permanec&iacute;an junto a la entrada de un antiguo burdel situado en los n&uacute;meros 22 y 24 de La Rambla de Barcelona. S&aacute;nchez Castillo las considera una de las cesiones m&aacute;s valiosas de la exposici&oacute;n: &ldquo;Me parece que es la escultura m&aacute;s importante de Barcelona, realizada por las mujeres esclavas, y adem&aacute;s a la vista de todo el mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En la misma sala aparecen las maquetas construidas para proteger algunos de los monumentos madrile&ntilde;os de los bombardeos durante la Guerra Civil. Entre ellas figura la dedicada a La Cibeles. &ldquo;Durante un tiempo se la denomin&oacute; la tumba del fascismo&rdquo;, recuerda el artista antes de detenerse ante otra de las piezas m&aacute;s sugestivas de la muestra:&nbsp;<em>Grieta </em>(2015), una gran pintura sobre algod&oacute;n que reproduce la fisura aparecida en la calle Claudio Coello de Madrid y que peri&oacute;dicamente vuelve a abrirse pese a los intentos municipales por sellarla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fernando Sánchez Castillo. Miss Liberty. 2017. Bronce. Taller del artista                            </span>
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        La exposici&oacute;n reserva algunos de sus momentos m&aacute;s conmovedores a la memoria de la Guerra Civil y el exilio republicano. Entre ellos destaca la maqueta inspirada en el b&uacute;nker que Jos&eacute; Lino Vaamonde proyect&oacute; para proteger las obras del Tesoro Art&iacute;stico Nacional de los bombardeos. El refugio nunca lleg&oacute; a construirse. Vaamonde acab&oacute; internado en el campo de concentraci&oacute;n de Argel&egrave;s-sur-Mer, donde levant&oacute; refugios improvisados con ca&ntilde;as recogidas en la playa. S&aacute;nchez Castillo recupera aquel gesto mediante una estructura rodeada por ca&ntilde;as fundidas en bronce. El mismo impulso que llev&oacute; a S&aacute;nchez Castillo a rescatar en la pasada exposici&oacute;n <em>Flor Hispaniae</em> los nombres de los represaliados que el Ayuntamiento de Almeida <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/memorial-almudena-esconde-pendrive-nombres-ayuntamiento-madrid-arranco-monumento_1_6279088.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hab&iacute;a retirado de la memoria p&uacute;blica</a>.
    </p><h2 class="article-text">Memoria, calle y conflicto</h2><p class="article-text">
        A lo largo del recorrido, la muestra reivindica constantemente la participaci&oacute;n ciudadana como espacio de libertad. Desde esculturas convertidas en improvisados columpios hasta las pintadas que cubr&iacute;an los muros durante la dictadura, el artista insiste en la capacidad de la sociedad para reapropiarse de los s&iacute;mbolos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo siendo un chico de barrio, era la &uacute;nica oportunidad que ten&iacute;a de ver arte contempor&aacute;neo, arte moderno. Mi hermano dec&iacute;a: eso se parece a un T&agrave;pies o a un Mir&oacute;&rdquo;, recuerda. Aquellas pintadas funcionaban como una suerte de museo improvisado en las calles. &ldquo;Traerlo al museo es un poco recuperar ese di&aacute;logo que hab&iacute;a en los muros&rdquo;, explica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Anónimo: Peluca de Carrillo (1976) y el resto son obras de Fernando Sánchez Castillo: &#039;Vallas con fotografías&#039; (2015), &#039;Tank Man&#039; (2013), &#039;El sueño. Cría cuervos. D’après Carlos Saura&#039; (2021), &#039;August Landmesser&#039; (2020)"
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            <span class="title">
                Anónimo: Peluca de Carrillo (1976) y el resto son obras de Fernando Sánchez Castillo: &#039;Vallas con fotografías&#039; (2015), &#039;Tank Man&#039; (2013), &#039;El sueño. Cría cuervos. D’après Carlos Saura&#039; (2021), &#039;August Landmesser&#039; (2020)                            </span>
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        S&aacute;nchez Castillo recuerda incluso algunas de las intervenciones m&aacute;s ingeniosas de la &eacute;poca. &ldquo;Espa&ntilde;a creo que es el &uacute;nico pa&iacute;s en el que no se borraban las pintadas, sino que se dejaban incluso a veces a medio tapar para que no se pudiera continuar escribiendo m&aacute;s. A veces sal&iacute;an situaciones jocosas. Hab&iacute;a una que dec&iacute;a &lsquo;prohibido orinar en este muro&rsquo; y lo que hicieron fue tacharle la erre y pon&iacute;a &lsquo;prohibido opinar en este muro&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La crueldad de la historia tambi&eacute;n est&aacute; presente en la monumental reproducci&oacute;n de una de las fotograf&iacute;as m&aacute;s conocidas de Agust&iacute; Centelles,&nbsp;<em>Ni&ntilde;os jugando a fusilar</em>, as&iacute; como en sus dibujos de las letrinas del campo de concentraci&oacute;n de Bram, que el fot&oacute;grafo denominaba ir&oacute;nicamente &ldquo;cag&oacute;dromo&rdquo;. S&aacute;nchez Castillo encuentra en aquellas im&aacute;genes una resonancia inquietantemente contempor&aacute;nea: &ldquo;Hay una p&eacute;rdida de la intimidad que ya se empieza a ver en el campo de concentraci&oacute;n y acaba vi&eacute;ndose en las redes sociales&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Taller: creaci&oacute;n art&iacute;stica compartida</h2><p class="article-text">
        En el centro de la exposici&oacute;n se encuentra el taller. M&aacute;s que mostrar obras terminadas, el espacio expone procesos de trabajo y subvierte la imagen tradicional del museo como simple contenedor de objetos acabados. El gesto adquiere una resonancia especial en el Palacio de Vel&aacute;zquez, un edificio concebido originalmente para exhibir logros nacionales y que incluso acogi&oacute; en 1941 una muestra dedicada a la arquitectura del Tercer Reich.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esa tradici&oacute;n, S&aacute;nchez Castillo propone un museo entendido como laboratorio, investigaci&oacute;n y trabajo compartido. Durante la presentaci&oacute;n de la exposici&oacute;n, el artista lo escenific&oacute; ante los periodistas mientras extra&iacute;a de un molde de cera una nueva escultura de caballo sin jinete. Una forma de insistir en que el arte no es &uacute;nicamente resultado, sino tambi&eacute;n proceso y construcci&oacute;n colectiva. Uno de los proyectos m&aacute;s interesantes en los que trabajar&aacute; estos meses ser&aacute; la representaci&oacute;n del cr&aacute;neo de Lorca, mediante una reproducci&oacute;n del cr&aacute;neo desaparecido del poeta atravesado por la bala de los verdugos, otra ausencia m&aacute;s. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Naturaleza de lo social&#039; (2003-2026), &#039;Perspectiva ciudadana (Serie notas para la educación estética de la burguesía)&#039; (2004), &#039;La calle es mía&#039; (2004)                            </span>
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        Ese espacio central alberga adem&aacute;s otra historia de resistencia silenciosa: la del delineante Jos&eacute; Pradal, trabajador del Ayuntamiento de Madrid que logr&oacute; salvar durante toda la dictadura el busto de Pablo Iglesias realizado por Emiliano Barral, ocult&aacute;ndolo bajo tierra hasta que pudo volver a mostrarse p&uacute;blicamente. La pieza forma parte ahora del recorrido.
    </p><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n concluye con una obra inspirada en la primera intervenci&oacute;n popular documentada contra una estatua de Franco, en la localidad gallega de Nar&oacute;n. S&aacute;nchez Castillo recupera el apodo con el que era conocida aquella figura: &ldquo;El ladr&oacute;n de patatas&rdquo;. &ldquo;Seguramente, despu&eacute;s de la guerra, como no era una estatua de bronce sino de cemento, se le llamaba as&iacute; porque hab&iacute;a que pagar la ayuda militar que nos hab&iacute;a dado Hitler y seguramente esas patatas que com&iacute;a el ej&eacute;rcito alem&aacute;n sal&iacute;an de las familias pobres de Galicia y pasaban por Espa&ntilde;a para mantener la m&aacute;quina b&eacute;lica de Europa&rdquo; explica el artista, una reflexi&oacute;n que hoy resuena m&aacute;s que nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/fernando-sanchez-castillo-artista-compacto-yate-franco-ensalza-desobediencia_1_13327614.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2026 20:35:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fernando Sánchez Castillo, el artista que compactó el yate de Franco, ensalza la desobediencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte contemporáneo,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gabrielle-goliath-artista-sudafricana-censurada-bienal-venecia-defender-causa-palestina_1_13243949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/111f0bc6-3d73-4eb3-831d-8e2697b55561_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143649.jpg" width="6076" height="3417" alt="Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La exposición colectiva 'El lado caliente', título tomado de un texto de Alana S. Portero, recoge una obra de esta autora en la que se aborda el duelo como acto político</p><p class="subtitle">Enmarcar a Banksy: la tensión entre arte, protesta y mercantilización sale a flote en Venecia
</p></div><p class="article-text">
        Gabrielle Goliath (Kimberley, 1983) lleva dos d&eacute;cadas construyendo una pr&aacute;ctica art&iacute;stica dedicada a una cuesti&oacute;n inc&oacute;moda: &iquest;Qu&eacute; se puede hacer con los duelos que la sociedad no puede o no sabe escuchar? La respuesta a esta pregunta tan compleja pasa, en el caso de esta artista sudafricana, por el cuerpo, por la voz, por el sonido sostenido hasta el l&iacute;mite f&iacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        Esta pregunta adquiri&oacute; una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica clara a principios de 2026, cuando el ministro de Cultura sudafricano Gayton McKenzie anul&oacute; su participaci&oacute;n en la Bienal de Venecia alegando que su obra usaba la plataforma nacional como proxy geopol&iacute;tico a favor de Palestina. Goliath se neg&oacute; a ceder, perdi&oacute; la batalla legal y present&oacute; igualmente su obra <em>Elegy</em>, esta vez de forma independiente, en la Chiesa di Sant'Antonin, a escasos metros del recinto oficial. El pabell&oacute;n sudafricano permanece vac&iacute;o por primera vez desde 2011.
    </p><p class="article-text">
        Es en ese estado de cosas en el que hay que situar su presencia en <em>El lado caliente</em>, la exposici&oacute;n colectiva que abri&oacute; el 21 de mayo en la Galer&iacute;a Traves&iacute;a Cuatro de Madrid comisariada por Andrea Celda. Junto a Vivian Caccuri, Paula Santom&eacute;, Krizia Leon Porta, Amol K Patil y Felix Shumba, Goliath expone aqu&iacute; por primera vez. El t&iacute;tulo de la muestra, tomado de un texto de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alana-s-portero-lamentable-sentido-comun-considere-partido_1_12949188.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alana S. Portero</a>, ya enuncia un calor, el calor de lo vivo, de lo colectivo, aplicado sobre la piel fr&iacute;a del presente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Theres a river of birds in migration (Personal Accounts)&#039; de Gabrielle Goliath, videoinstalación de 2024.                            </span>
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        Frente al diagn&oacute;stico paralizante como respuesta al mundo, los proyectos reunidos en la muestra proponen un giro hacia la reparaci&oacute;n, la atenci&oacute;n y la reconfiguraci&oacute;n de los marcos ideol&oacute;gicos dominantes con los que leemos la realidad. La obra de Goliath, en ese sentido, no es solo coherente con ese prop&oacute;sito, lo encarna con una radicalidad que pocas pr&aacute;cticas actuales igualan.
    </p><h2 class="article-text">El duelo como forma de conocimiento</h2><p class="article-text">
        Andrea Celda lleva a&ntilde;os siguiendo el trabajo de Goliath. Fue en la Bienal de Venecia de 2024, junto a Silvia Ortiz, directora de la galer&iacute;a, donde la pieza que ahora llega a Madrid las detuvo a ambas. &ldquo;Nos encant&oacute;&rdquo;, recuerda Celda. &ldquo;Era muy conmovedora. El sonido te envolv&iacute;a y de repente se generaba un espacio especial con unos silencios con todos esos planos tan directos y tan honestos que apelan y te hacen part&iacute;cipe y no una simple observadora&rdquo;, a&ntilde;ade. Desde entonces, la comisaria tuvo claro que quer&iacute;a traer esa experiencia a Madrid.
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica de Goliath se articula en torno al sonido, us&aacute;ndolo para crear condiciones para el testimonio. Sus instalaciones son eleg&iacute;acas, ritualizadas y participativas, dedicadas a las subjetividades hist&oacute;ricamente despose&iacute;das como las queer, femeninas, negras y mestizas. Lo m&aacute;s interesante de su trabajo, y lo que m&aacute;s destaca es su clara negativa radical a estetizar el dolor o a hablar por encima de quienes han sobrevivido a &eacute;l, es su capacidad para hacerse a un lado y poner a las dem&aacute;s en el centro. 
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                La obra &#039;Elegy&#039; de Gabrielle Goliath                            </span>
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        El origen de todo es <em>Elegy</em> (2015 - en curso), la serie que la ha consagrado internacionalmente. En 2015, Goliath escuch&oacute; en una emisora de radio de Ciudad del Cabo a un padre llorar la p&eacute;rdida de su hija: Ipeleng Christine Moholane, una estudiante de periodismo de 19 a&ntilde;os, hab&iacute;a sido encontrada violada y asesinada en un descampado de Tembisa. El padre hablaba abiertamente de reconocer el cuerpo da&ntilde;ado de su hija. Fue en ese momento cuando la artista se replante&oacute; los rituales que rodean el duelo. 
    </p><p class="article-text">
        Para ello, cre&oacute; una instalaci&oacute;n de pantallas LED verticales sobre las que mujeres y personas de g&eacute;nero no binario, vestidas de oscuro e iluminadas contra un fondo azul-negro aterciopelado, suben a un estrado y sostienen una &uacute;nica nota el mayor tiempo posible. Cuando la voz flaquea, otra cantante toma el relevo, as&iacute; durante una hora: un ritual colectivo de duelo. La versi&oacute;n veneciana agrupa tres piezas: <em>Elegy&mdash;Ipeleng Christine Moholane</em> (2015), por la estudiante sudafricana violada y asesinada que inspir&oacute; toda la serie; <em>Elegy&mdash;for two ancestors</em> (2024), en memoria de dos mujeres asesinadas durante el genocidio alem&aacute;n de los pueblos ovaherero y nama en Namibia; y la m&aacute;s pol&eacute;mica: <em>Elegy&mdash;for a poet</em> (2026), dedicada a la escritora palestina Heba Abu Nada, que muri&oacute; en un <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ultima-hora-guerra-israel-hamas-gaza-directo_6_10630782.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ataque israel&iacute; en Jan Yunis</a> en octubre de 2023.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La inclusi&oacute;n de la &uacute;ltima desencaden&oacute; la cancelaci&oacute;n ministerial. Para Goliath, decidir qu&eacute; muerte merece duelo y cu&aacute;l no supon&iacute;a una traici&oacute;n al n&uacute;cleo &eacute;tico de toda su pr&aacute;ctica. La cr&iacute;tica Aruna D'Souza, que visit&oacute; la instalaci&oacute;n para el medio Hyperallergic, describi&oacute; c&oacute;mo en el espacio abovedado de la iglesia las voces se funden en un coro que conecta todos estos actos de violencia a trav&eacute;s del sonido &mdash;y de la geopol&iacute;tica, el todav&iacute;a inconcluso trabajo de la descolonizaci&oacute;n&mdash;, y c&oacute;mo esa m&uacute;sica no solo se escucha, sino que se siente en el cuerpo. Nunca vemos a las v&iacute;ctimas, solo su rememoraci&oacute;n porque Goliath se niega a convertirlas en espect&aacute;culo.
    </p><h2 class="article-text">Una familiaridad radical </h2><p class="article-text">
        Una presentaci&oacute;n similar guarda <em>Personal Accounts*</em>, la obra que puede verse en Traves&iacute;a Cuatro. Frente a pantallas LED en las que distintas personas hablan a c&aacute;mara &mdash;o simplemente est&aacute;n, con toda la densidad de su presencia&mdash;, Goliath coloca un c&oacute;digo QR junto a cada conjunto de pantallas, como una puerta de entrada a la historia de cada persona. Estas han querido incluir en esa informaci&oacute;n relatos personales, rezos o dedicatorias. Lo que se escucha en la sala son los sonidos que el lenguaje no sabe contener: los suspiros, los cantos, los sollozos, las inhalaciones. Todo aquello que queda entre las palabras y que nos transmite de otra manera. El resultado es un ambiente envolvente que ampl&iacute;a y complica la imagen que ya tenemos de esas personas, a quienes Goliath no llama sujetos ni v&iacute;ctimas sino, significativamente, colaboradores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Theres a river of birds in migration (Personal Accounts)&#039; de Gabrielle Goliath                            </span>
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        &ldquo;Hasta el espacio es pol&iacute;tico&rdquo;, explica Celda, aludiendo al espacio de la galer&iacute;a. &ldquo;El espacio que se le ofrece a este proyecto tiene que ser el que se merece, tiene que ser cuidadoso&rdquo;. Y esa pol&iacute;tica del espacio se extiende tambi&eacute;n al lenguaje. Como en <em>Elegy</em> o en <em>This song is for&hellip;</em> (2019), Goliath trabaja en los m&aacute;rgenes de lo verbal, con aquellos sonidos que preceden o exceden a las palabras, en un gesto que, seg&uacute;n la comisaria, &ldquo;se plantea como un acto de cuidado y reconocimiento, desactivando las condiciones previas de credibilidad que suelen condicionar y minar las experiencias de las personas supervivientes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La propia artista lo ha formulado as&iacute;: &ldquo;Cuando el lenguaje nos falla, cuando la terapia convencional nos falla, el arte permite un tipo diferente de encuentro, quiz&aacute;s un encuentro m&aacute;s humano. Uno en el que las diferencias que marcan nuestras experiencias del mundo se convierten en la base de nuestro reconocimiento mutuo y nuestro cuidado&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Deinde Falase (Personal Accounts)&#039; de Gabrielle Goliath                            </span>
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        Es lo que Celda llama la &ldquo;familiaridad radical&rdquo; de Goliath, &ldquo;en la que la familia no es un v&iacute;nculo dado o natural, sino como n&uacute;cleo relacional que te sostiene y se hace cargo de tu presencia y de tu experiencia&rdquo;, explica. Una &eacute;tica del cuidado que es tambi&eacute;n una pol&iacute;tica. Frente al dolor de la violencia, lo familiar no es aqu&iacute; lo heredado, sino lo que se construye en el encuentro. Participar del duelo nos acerca m&aacute;s los unos a los otros, y nos hace, en definitiva, miembros de una sociedad mejor, m&aacute;s justa. 
    </p><h2 class="article-text">Un momento de grietas</h2><p class="article-text">
        Celda habla de urgencia cuando describe el contexto en que nace esta exposici&oacute;n. &ldquo;Vivimos en una situaci&oacute;n de casi emergencia, en todos los sentidos: el auge de la ultraderecha, el cambio clim&aacute;tico, la situaci&oacute;n pol&iacute;tica internacional, todo&rdquo;, dice. &ldquo;Pero de alguna forma algo ya ha empezado a cambiar, y eso no va a parar tampoco. Hay un deseo de much&iacute;sima gente de conectar con ciertas sensibilidades que hasta ahora no hab&iacute;an tenido tanto espacio&rdquo;, a&ntilde;ade. La comisaria cita a Cecilia Vicu&ntilde;a &mdash;tambi&eacute;n muy presente en el circuito internacional este a&ntilde;o&mdash; como una voz que apunta en la misma direcci&oacute;n: algo se mueve por abajo, aunque la superficie siga en crisis.
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        Es desde esa convicci&oacute;n, y tambi&eacute;n desde su propia maternidad, desde donde Celda ha construido <em>El lado caliente</em>. &ldquo;Como madre miras el futuro y piensas: tenemos que encontrar otra manera de estar aqu&iacute;&rdquo;. No como programa pol&iacute;tico expl&iacute;cito, sino como necesidad f&iacute;sica, casi biol&oacute;gica. Y ah&iacute;, dice, entra el arte de Goliath: &ldquo;Lo bonito es que lo sientes antes de pensar. Entra en la sensibilidad, antes de hablar, antes de procesar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Goliath se refiere al &ldquo;urgente y continuo <em>trabajo de vida</em> que es el duelo&rdquo;. Un duelo colectivo, como el que propone en este conjunto de obras, es una herramienta necesaria para construir solidaridad, una acci&oacute;n colectiva, una precaria coalici&oacute;n de dolientes, un impulso para el cambio. Lo que llega a <em>El lado caliente</em> es, en definitiva, una pr&aacute;ctica que ha convertido el luto en epistemolog&iacute;a: una forma de conocer el mundo, de organizarnos en &eacute;l y de imaginar, desde la grieta, algo diferente. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gabrielle-goliath-artista-sudafricana-censurada-bienal-venecia-defender-causa-palestina_1_13243949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 19:52:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Arte contemporáneo,Videoarte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España, siempre a punto de hablar del sida: la memoria artística del VIH se pregunta si el momento es ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/espana-punto-hablar-sida-memoria-artistica-vih-pregunta-si-momento-ahora_1_13210890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f94b3d58-a595-4fb5-8af9-4eaf1df818b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="España, siempre a punto de hablar del sida: la memoria artística del VIH se pregunta si el momento es ahora"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las obras de Eduardo Casanova 'Silencio' y 'Sidosa' quieren romper de una vez con todas con el estigma, y el Museo Reina Sofía contribuye a ello haciendo brillar el arte activista en el recorrido de su colección</p><p class="subtitle">Enmarcar a Banksy: la tensión entre arte, protesta y mercantilización sale a flote en Venecia
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cada cierto tiempo parece que ya es el momento para hablar del VIH, pero siempre termina diluy&eacute;ndose&rdquo;, dice Aimar Arriola, investigador sobre la memoria del VIH. <em>Sidosa, </em>la pel&iacute;cula de Eduardo Casanova producida por Jordi &Eacute;vole,<em> </em>ha durado apenas unos d&iacute;as en cartelera. El Reina Sof&iacute;a ha tardado treinta a&ntilde;os en colgar a Pepe Miralles en sus galer&iacute;as. El momento adecuado, parece, siempre est&aacute; a punto de llegar.
    </p><p class="article-text">
        El 1 de diciembre de 1992, el artista <a href="https://www.eldiario.es/cultura/1992-sida-acabo-movida_1_9226936.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pepe Espali&uacute;</a>, que ya estaba enfermo de sida, se dej&oacute; llevar en brazos por un centenar de personas desde el Congreso de los Diputados hasta el Museo Reina Sof&iacute;a, pasando por el Ministerio de Sanidad. Era la segunda vez que lo hac&iacute;a, la primera hab&iacute;a tenido lugar en San Sebasti&aacute;n, unos meses antes. En esta ocasi&oacute;n, le acompa&ntilde;aban figuras como Pedro Almod&oacute;var o Marisa Paredes. 
    </p><p class="article-text">
        Espali&uacute; la titul&oacute; <em>Carrying </em>(&ldquo;llevando&rdquo;), y se convirti&oacute; algo m&aacute;s que en una <em>performance</em>: fue tambi&eacute;n una procesi&oacute;n, una denuncia y un abrazo. Espali&uacute; no toc&oacute; el suelo en todo el recorrido y la acci&oacute;n fue tan sonada que lleg&oacute; a las noticias de la televisi&oacute;n e hizo historia.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, el sida vuelve a aparecer en la pantalla espa&ntilde;ola y vuelve a incomodar.<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/eduardo-casanova-desestigmatiza-vih-jordi-evole-sidosa-odio-viene-desinformacion_1_13057318.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sidosa</em></a> gener&oacute; una tormenta de reacciones antes incluso de llegar a las salas, al igual que <a href="https://www.eldiario.es/vertele/entrevistas/eduardo-casanova-silencio-movistar-plus-serie-reinventa-quiero-comedias-santiago-segura-homosexual_1_12803141.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la miniserie anterior de Eduardo Casanova, </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/entrevistas/eduardo-casanova-silencio-movistar-plus-serie-reinventa-quiero-comedias-santiago-segura-homosexual_1_12803141.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Silencio</em></a><em>, </em>que trataba el estigma de la enfermedad escondido en la met&aacute;fora de un cuento de vampiras y que estren&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/eduardo-casanova-anuncia-vih-documental-evole-atresmedia-rompo-silencio-desagradable_1_12856058.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">antes de anunciar su seropositividad</a>. Que una pel&iacute;cula sobre el VIH siga levantando esa clase de ampollas dice bastante sobre el estado de la conversaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n lo dice<em> La misteriosa mirada del flamenco</em>, del chileno Diego C&eacute;spedes, o la reciente reestructuraci&oacute;n de la colecci&oacute;n permanente del Reina Sof&iacute;a, que por fin da protagonismo al sida y a quienes lo denunciaron. La cultura parece lista, de nuevo, para mirar. Pero, &iquest;qu&eacute; estaba mirando mientras tanto?
    </p><h2 class="article-text">El silencio de una epidemia</h2><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a en los 80 viv&iacute;a la crisis del VIH con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/arte-salio-rabia-lleno-paredes-acabo-silencio-sida_1_8762175.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un silencio casi total</a>. La enfermedad era conocida popularmente como &ldquo;la de las tres haches&rdquo; &mdash;homosexuales, hemof&iacute;licos y heroin&oacute;manos&mdash; y contraerla significaba una exclusi&oacute;n social inmediata. El arte, mientras tanto, actuaba algo ensimismado: a diferencia de lo que ocurr&iacute;a en Estados Unidos &mdash;donde ACT UP, Gran Fury y su cartel &ldquo;Silence = Death&rdquo; convirtieron la rabia en lenguaje visual&mdash;, el campo art&iacute;stico espa&ntilde;ol estaba centrado en planteamientos formalistas sin apenas anclaje en lo social.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Vista de la Sala 8 del Museo Reina Sofía: ¿Qué le hace el sida al arte?                            </span>
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        Pero ser&iacute;a un error concluir que no pas&oacute; nada. Lo que pas&oacute;, simplemente, no siempre adopt&oacute; la forma que reconocemos como activismo. &ldquo;Lo que se observa son procesos m&aacute;s lentos, marcados por el miedo, el estigma, el agotamiento acumulado tras a&ntilde;os de franquismo y represi&oacute;n de las luchas anteriores&rdquo;, explica Aimar Arriola, investigador y parte de Equipo Re junto a sus compa&ntilde;eras Nancy Gar&iacute;n y Linda Vald&eacute;s, colectivo que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada reconstruyendo parte de la memoria del sida en nuestro pa&iacute;s, Chile y Am&eacute;rica Latina. 
    </p><p class="article-text">
        La dictadura franquista hab&iacute;a dejado una huella muy concreta sobre los cuerpos y las sexualidades. Despu&eacute;s de d&eacute;cadas de represi&oacute;n, la aparici&oacute;n del sida tens&oacute; brutalmente ese momento fr&aacute;gil de libertad reci&eacute;n estrenada. &ldquo;Parte de la comunidad gay reaccion&oacute; con cautela, incluso con silencio, temiendo que el virus reactivara discursos represivos, que justificara retrocesos legales &mdash;una especie de vuelta al armario&rdquo;, dice Arriola, citando a Ricardo Llamas y Fefa Vila, cofundadores de La Radical Gai (Vila tambi&eacute;n impuls&oacute; el colectivo lesbiano LSD): el movimiento gay, en un primer momento, &ldquo;mir&oacute; a otro lado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una lectura que conoce bien Dani Cortez Abreu (Valencia, Venezuela, 1993), m&eacute;dico y artista que vive con VIH: &ldquo;El sida es un fantasma que acecha a muchos colectivos hist&oacute;ricamente estigmatizados como una profec&iacute;a autocumplida&rdquo;, dice. Para &eacute;l, esa historia no es archivo ni genealog&iacute;a abstracta. Es el detonante que le llev&oacute; al arte como &ldquo;forma de narraci&oacute;n, exploraci&oacute;n y denuncia pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Espali&uacute; y el cuerpo como manifiesto</h2><p class="article-text">
        <em>Carrying</em>, pese a ser la m&aacute;s sonada, no fue la &uacute;nica performance sobre el sida en Espa&ntilde;a, ni siquiera la primera. Fue una actuaci&oacute;n de 1985 del colectivo Las Pekinesas en un bar de Granada llamado Planta Baja la que guarda ese m&eacute;rito. Creada por el artista granadino Miguel Benlloch junto a sus compa&ntilde;eros Juan Antonio Boix y Tom&aacute;s Navarro a partir de un poema de Benlloch titulado &ldquo;SIDA DA&rdquo;, subvert&iacute;a el lenguaje a trav&eacute;s del humor y el equ&iacute;voco, jugando con la dimensi&oacute;n material y ling&uuml;&iacute;stica de la propia palabra. &ldquo;Sigue siendo, hasta que la historiograf&iacute;a demuestre lo contrario, la primera acci&oacute;n performativa documentada en Espa&ntilde;a&rdquo;, cuenta Arriola.
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            <span class="title">
                La acción &#039;Carrying&#039; de Pepe Espaliú por las calles de Donostia, en 1992                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, Espali&uacute; rompi&oacute; el silencio de forma radical. En 1992 se convirti&oacute; en la primera figura p&uacute;blica espa&ntilde;ola en declarar p&uacute;blicamente que ten&iacute;a sida, a trav&eacute;s de un art&iacute;culo-manifiesto en El Pa&iacute;s. Arriola, que ha trabajado extensamente sobre la figura de Benlloch y Espali&uacute;, advierte: &ldquo;Nadie &mdash;ni el cuerpo de Espali&uacute;&mdash; se merece llevar semejante peso. Esa singularizaci&oacute;n de energ&iacute;as que son colectivas en realidad es un mecanismo propio de la historiograf&iacute;a y de la construcci&oacute;n de relatos institucionales y museogr&aacute;ficos&rdquo;. La operaci&oacute;n que propone el Anarchivo es otra mucho m&aacute;s generosa con la comunidad, en la que se conjuga en plural y se exponen todas las circunstancias en relaci&oacute;n. 
    </p><h2 class="article-text">El archivo que no exist&iacute;a</h2><p class="article-text">
        En 2012, Arriola, junto a las curadoras chilenas Nancy Gar&iacute;n y Linda Vald&eacute;s, arranc&oacute; formalmente el proyecto Anarchivo Sida gracias a una beca de investigaci&oacute;n en el propio Reina Sof&iacute;a que ten&iacute;a como objetivo reconstruir la memoria cultural de la crisis del VIH en Espa&ntilde;a, Chile y el resto de Am&eacute;rica Latina. Lo que encontraron era m&aacute;s perturbador que el olvido: una memoria que nunca hab&iacute;a llegado a constituirse.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No era solo que faltaran los documentos&rdquo;, explica Arriola. &ldquo;Las formas de vida, de cuidado, de activismo y de producci&oacute;n cultural vinculadas al VIH hab&iacute;an quedado fuera casi de los marcos de lo archivable. Su p&eacute;rdida no dejaba rastro&rdquo;, comenta. 
    </p><p class="article-text">
        El Anarchivo se present&oacute; en Tabakalera (Donostia, 2016) y en el MACBA (2018-2019), donde abord&oacute; tres casos de estudio: ACT UP Barcelona, el mural de Keith Haring <em>Todos juntos podemos parar el sida</em> (Barcelona, 1989) y la intersecci&oacute;n devastadora entre la hero&iacute;na y el sida, una parte del relato que casi nunca aparece cuando se habla de arte y VIH. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Exposición &#039;Anarchivo sida&#039; en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera, en abril de 2016"
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            <span class="title">
                Exposición &#039;Anarchivo sida&#039; en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera, en abril de 2016                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En 2020, Equipo Re coordin&oacute; en el Reina Sof&iacute;a el grupo de estudio Espantando el mal, sobre la farmacologizaci&oacute;n de la vida en el contexto del VIH. 
    </p><h2 class="article-text">El sur que no aparece en los relatos</h2><p class="article-text">
        Uno de los argumentos centrales para el Anarchivo es que la historia del activismo cultural en torno al sida se ha contado desde los grandes centros del norte global como Nueva York, Londres y Par&iacute;s. &ldquo;Lo primero que cambia cuando pones el foco en Espa&ntilde;a y Chile es el marco desde el cual se entiende el sida y sus respuestas&rdquo;, dice Arriola. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aparece el peso de la represi&oacute;n pol&iacute;tica y la censura en la configuraci&oacute;n de las primeras respuestas, la centralidad de redes informales de cuidado frente a la debilidad o ausencia de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el papel de colectivos que no siempre encajan en las narrativas m&aacute;s conocidas del activismo, como los Comit&eacute;s Ciudadanos Antisida, que fueron los primeros activistas del sida en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os, el propio Equipo Re ha ido desplaz&aacute;ndose de una idea del norte y el sur como localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica a entenderlos como posiciones de enunciaci&oacute;n ya caducas que no recogen la sutilidad y la complejidad de las distintas situaciones frente al VIH. &ldquo;Porque hay un sur dentro del norte global&rdquo;, dice Arriola, y recuerda su investigaci&oacute;n en el archivo Visual AIDS de Nueva York: personas de la divisi&oacute;n latina de ACT UP que pon&iacute;an el cuerpo en las manifestaciones no aparec&iacute;an en las fotos porque viv&iacute;an en situaci&oacute;n irregular y no pod&iacute;an permitirse ser arrestadas.
    </p><h2 class="article-text">Los nombres que faltan</h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pepe Miralles lleva d&eacute;cadas trabajando sobre el sida desde Valencia, casi en soledad institucional, y es tambi&eacute;n quien habla en su propia web de dos hitos fundacionales: el primer texto sobre el binomio arte y sida publicado en Espa&ntilde;a fue de Juan Vicente Aliaga y Jos&eacute; Miguel G. Cort&eacute;s, editado en Valencia en 1993; y la primera exposici&oacute;n colectiva sobre el sida en nuestro pa&iacute;s la comisari&oacute; Juan de Nieves en Santiago de Compostela en 1994. En esta muestra, titulada </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Sida. Pronunciamento e acci&oacute;n</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> participaron Alejandra Orejas, Pepe Espali&uacute;, Javier Codesal, The Carrying Society, Jes&uacute;s Mart&iacute;nez Oliva y el propio Miralles.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Su serie </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Etnograf&iacute;a de una enfermedad social</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (1993-1994), que denuncia la situaci&oacute;n del VIH mediante diapositivas y fotos, deriv&oacute; en </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Ajuares </em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">(1997), en la que coloc&oacute; en las vitrinas los objetos cotidianos que su amigo Juan Guillermo usaba para transitar por su enfermedad: envases de medicamentos, materiales m&eacute;dicos, objetos &iacute;ntimos... Una denuncia silenciosa en el interior de las propias instituciones que ahora se puede visitar en el Reina Sof&iacute;a gracias a la reciente reestructuraci&oacute;n de las colecciones permanentes del museo, compartiendo espacio junto a otros artistas que denunciaron la situaci&oacute;n, como Helena Cabello y Ana Carceller con su serie </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Piscinas</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La mirada de Pepe Miralles sobre el sida con la muestra ‘Yo lo vi’ en el Centre del Carme, en 2023                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Los colectivos La Radical Gay y LSD &mdash;pioneros del activismo queer en Espa&ntilde;a&mdash; han liderado ellos mismos, desde 2014, la construcci&oacute;n de su propia memoria en un proceso paralelo a la entrada de sus archivos al centro de documentaci&oacute;n tambi&eacute;n en el Reina Sof&iacute;a. Andr&eacute;s Senra realiz&oacute; el documental </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>20 retratos de activistas queer de La Radical Gay, LSD y RKTV en el Madrid de los noventa</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, que</span><a href="https://ladigitaldelreina.museoreinasofia.es/search/item/50214-20-retratos-de-activistas-queer-de-la-radical-gai-lsd-y-rqtr-en-el-madrid-de-los-noventa?offset=37" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> puede verse online </span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">y que Arriola califica de &ldquo;valios&iacute;simo en t&eacute;rminos de memoria encarnada&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Hay, con todo, una asignatura pendiente que el propio Arriola reconoce con honestidad: &ldquo;En la historia del sida, en Espa&ntilde;a, Chile y otros contextos, son las mujeres, las personas trans y las personas racializadas las que siguen siendo las menos representadas en las narrativas recibidas. Incluso en el Anarchivo Sida&rdquo;.</span>
    </p><h2 class="article-text">La crisis que no se fue </h2><p class="article-text">
        Equipo Re lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada en el centro de esta conversaci&oacute;n. Ahora, dice Arriola, les toca hacerse a un lado. &ldquo;El impulso tiene que venir de personas directamente afectadas que est&aacute;n creando, pensando y enunciando desde la experiencia situada de vivir con VIH hoy, y que nos recuerdan a diario que vivir con VIH no implica necesariamente transmisi&oacute;n, enfermedad o muerte, pero que la crisis contin&uacute;a&rdquo;. Nombra artistas como Paquito Nogales o Eugenio Echeverr&iacute;a en Espa&ntilde;a; Winnie Minerva (Per&uacute;) o el colectivo Los Amarillos (Colombia) desde el sur internacional.
    </p><p class="article-text">
        Dani Cortez Abreu es otro de esos nombres que Arriola menciona. Lleg&oacute; al arte de manera org&aacute;nica, despu&eacute;s de que la medicina &mdash;su propia disciplina&mdash; se le quedara corta. &ldquo;Hice una maestr&iacute;a sobre el virus, fui a congresos, me involucr&eacute; en el activismo comunitario. Pero en cierto momento todo eso se me hizo poco. Era algo entre la asepsia y la maquinaria de la instituci&oacute;n que no me convenc&iacute;a&rdquo;. 
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                &#039;Esto es una ficción&#039; de Dani Cortez Abreu. Intervención en fotografía de Javier Monsalve                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Fue a trav&eacute;s del activismo queer y de su c&iacute;rculo de amigos, su familia elegida, como lleg&oacute; a revisitar la obra de artistas y colectivos que hablaban del VIH. &ldquo;Me mostraron todo lo que la instituci&oacute;n biom&eacute;dica suele dejar en la periferia y supe que hab&iacute;a llegado al sitio correcto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El estigma, insiste, no ha desaparecido: se ha adaptado. Recuerda una campa&ntilde;a de CESIDA en la que llamaba a pisos de alquiler e informaba de su seroestatus. La mayor&iacute;a de la gente fue amable. Pero cerca del 80% no volvi&oacute; a llamar. &ldquo;El estigma se maquilla de amabilidad&rdquo;. Y cita a la te&oacute;rica Paula Treichler, que en 1984 defini&oacute; el sida como una &ldquo;epidemia de significados&rdquo;: &ldquo;Creo que eso se mantiene, sobre todo en esta &eacute;poca tan acelerada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo intenta politizar lo que &eacute;l llama &ldquo;la cronificaci&oacute;n del cuerpo&rdquo;: preguntarse qu&eacute; significa vivir con VIH cuando ya no es una condena de muerte, cuestionar las nociones mismas de salud y enfermedad, crear im&aacute;genes distintas del cuerpo seropositivo. &ldquo;Con el incremento de nuestra esperanza de vida, ahora tambi&eacute;n tenemos otras preocupaciones: c&oacute;mo vamos a envejecer, los efectos de las medicaciones a largo plazo o el impacto en la salud mental&rdquo;, explica Cortez Abreu. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/espana-punto-hablar-sida-memoria-artistica-vih-pregunta-si-momento-ahora_1_13210890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[España, siempre a punto de hablar del sida: la memoria artística del VIH se pregunta si el momento es ahora]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[SIDA,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mover o no un cuadro histórico como el 'Guernica': el balance entre el riesgo y el símbolo político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mover-no-cuadro-historico-guernica-balance-riesgo-simbolo-politico_1_13132529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef1c168d-af31-4941-9bd4-147c6d47750c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mover o no un cuadro histórico como el &#039;Guernica&#039;: el balance entre el riesgo y el símbolo político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El enorme 'Guernica', una obra en disputa, solo podría moverse sin enrollarse, en posición vertical y en condiciones ambientales de humedad invariable, pero los defensores de su traslado temporal reclaman que se encuentren soluciones tecnológicas a la medida del reto</p><p class="subtitle">Cuernos, llaves y naipes: el significado escondido de los símbolos que siempre acompañaron al arte</p></div><p class="article-text">
        La historia es de sobra conocida. El lunes 26 de abril de 1937, cuando las fuerzas nacionalistas de Franco empujaban hacia el norte para cortar Bilbao y tomar el control del Pa&iacute;s Vasco, se tom&oacute; la decisi&oacute;n de aplastar la resistencia con una abrumadora muestra de fuerza. A las cuatro de la tarde, y durante las siguientes tres horas, sesenta aviones italianos y alemanes lanzaron bombas incendiarias sobre Guernica, reduci&eacute;ndola a una bola de fuego. No se hab&iacute;a visto nada parecido en Europa, y aquello lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Unos meses antes, Pablo Picasso &mdash;que en ese momento era ya el artista vivo m&aacute;s famoso del mundo&mdash; hab&iacute;a recibido un encargo del Gobierno Republicano para el pabell&oacute;n espa&ntilde;ol de la Exposici&oacute;n Universal de Par&iacute;s prevista para aquel verano. Impactado por el ataque, el 1 de mayo comenz&oacute; a dar forma concreta al cuadro y durante las siguientes semanas, bocetos, dibujos y pinturas se derramaron con una pasi&oacute;n febril. A finales de junio de 1937, Picasso estaba listo para los toques finales de una obra ejecutada a una escala tan monumental que se hab&iacute;a visto obligado a colocarla en &aacute;ngulo en su enorme estudio de la parisina rue des Grands-Augustins. Todo el proceso qued&oacute; documentado por la fot&oacute;grafa Dora Maar, que era entonces su amante.
    </p><p class="article-text">
        El lehendakari <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/pradales-insiste-sanchez-sacaron-franco-tumba-no-son-capaces-traer-guernica-madrid_1_13119935.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imanol Pradales </a>pidi&oacute; el cuadro a Pedro S&aacute;nchez. D&iacute;as antes de otro encuentro en La Moncloa, la vicelehendakari, Ibone Bengoetxea, le concret&oacute; al ministro Ernest Urtasun <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/gobierno-vasco-pide-traslado-temporal-guernica-picasso-guggenheim-90-anos-bombardeo_1_13095229.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que la pintura se trasladase</a> durante nueve meses al Museo Guggenheim de Bilbao a finales de 2026, como parte de los actos de conmemoraci&oacute;n del 90 aniversario del Gobierno vasco y del ataque a Gernika. Pradales calific&oacute; la iniciativa de gesto de memoria hist&oacute;rica y de &ldquo;reparaci&oacute;n simb&oacute;lica&rdquo;, un lenguaje que ha generado pol&eacute;mica. &ldquo;No estamos ante una cuesti&oacute;n meramente t&eacute;cnica, sino ante una cuesti&oacute;n de memoria, reconocimiento y reparaci&oacute;n&rdquo;, secund&oacute; la consejera de Cultura vasca Ibone Bengoetxea en un encuentro posterior en Madrid. 
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            <span class="title">
                El &#039;Guernica&#039; de Pablo Picasso, la joya del Museo Reina Sofía                            </span>
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        Desde entonces se ha producido un cruce de acusaciones, sobre todo desde el &aacute;mbito pol&iacute;tico, ya que el Guggenheim no ha querido hacer declaraciones por el momento, y el Reina Sof&iacute;a ha respondido &uacute;nicamente <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/museo-reina-sofia-esgrime-informe-tecnico-alerta-riesgos-mover-guernica_1_13101615.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mostrando los informes de los restauradores</a> sobre el estado del cuadro. El ministro de Cultura rechaza el traslado, <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/ministro-cultura-rechaza-forma-rotunda-traslado-temporal-guernica-picasso-madrid-bilbao_1_13124863.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;de forma rotunda&rdquo;</a>.
    </p><h2 class="article-text">Un lienzo pintado con urgencia</h2><p class="article-text">
        Y es que el problema t&eacute;cnico existe, y no es menor. El Guernica es un &oacute;leo sobre lienzo de 349 x 776 cent&iacute;metros, pintado con una rapidez casi violenta en apenas seis semanas. Esa urgencia, y las d&eacute;cadas de viajes posteriores, han dejado huella: la capa pict&oacute;rica presenta grietas y zonas de fragilidad que lo convierten en uno de los casos m&aacute;s citados en conservaci&oacute;n y restauraci&oacute;n de arte contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Tras su exposici&oacute;n en el Pabell&oacute;n Espa&ntilde;ol, el Guernica emprendi&oacute; en 1938 una larga gira organizada por el representante de Picasso, el marchante de arte Paul Rosenberg, para concienciar al mundo sobre la situaci&oacute;n del bando republicano: los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, Am&eacute;rica, Londres y de vuelta a Europa (Berl&iacute;n, Mil&aacute;n). Ese traj&iacute;n pas&oacute; factura a la pintura, que tuvo que ser restaurada en el MoMA de Nueva York en 1957, donde permaneci&oacute; a petici&oacute;n del propio Picasso durante varios a&ntilde;os. Por si fuera poco, el 28 de febrero de 1974 el artista estadounidense Tony Shafrazi pint&oacute; en el mural con spray rojo, en un intento de llamar la atenci&oacute;n sobre las mentiras de la Guerra de Vietnam, dejando microresiduos en las fisuras del lienzo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los operarios proceden a desmontar la carga de las bodegas del jumbo &quot;Lope de Vega&quot; procedente de Nueva York, en donde viaja el &quot;Guernica&quot; de Pablo Picasso en foto de 1981"
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            <span class="title">
                Los operarios proceden a desmontar la carga de las bodegas del jumbo &quot;Lope de Vega&quot; procedente de Nueva York, en donde viaja el &quot;Guernica&quot; de Pablo Picasso en foto de 1981                            </span>
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        El 10 de septiembre de 1981 el Guernica volvi&oacute; a Espa&ntilde;a, concretamente al Cas&oacute;n del Buen Retiro en Madrid. Jos&eacute; Carlos Rold&aacute;n, restaurador del CAAC que particip&oacute; en la comisi&oacute;n de restauraci&oacute;n del Reina Sof&iacute;a hace veinte a&ntilde;os, explica c&oacute;mo fue aquel traslado al museo el 26 de junio de 1992, del que tuvo conocimiento a trav&eacute;s de su trabajo posterior en la comisi&oacute;n: &ldquo;La pieza se extendi&oacute; en el Cas&oacute;n del Buen Retiro y se le aplic&oacute; calor para que la cera que ten&iacute;a le diera elasticidad&rdquo;. Los da&ntilde;os eran tan patentes que en esa ocasi&oacute;n se decidi&oacute; trasladarla enmarcada, en parte por la cercan&iacute;a entre ambos puntos. &ldquo;Adem&aacute;s &mdash;recalca Rold&aacute;n&mdash; es una obra bastante delicada por c&oacute;mo fue pintada, y sufri&oacute; mucho en el traslado de Nueva York a Madrid porque vino enrollada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mural se convirti&oacute; enseguida en una pieza fundamental del museo reci&eacute;n inaugurado, hogar definitivo de la obra m&aacute;s ic&oacute;nica del siglo XX, y en uno de los grandes referentes del arte moderno a nivel mundial, atrayendo cada a&ntilde;o a millones de visitantes que peregrinan hasta Madrid para contemplar el lienzo.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el propio Reina Sof&iacute;a, &ldquo;el Guernica es un s&iacute;mbolo pol&iacute;tico, hasta el punto de que aparece como emblema ante cualquier episodio de violencia o de vulnerabilidad de la poblaci&oacute;n civil&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El historiador del arte e investigador Manu Mart&iacute;n, autor del ensayo <em>Contra el Patrimonio,</em> tambi&eacute;n coincide en esta visi&oacute;n de la obra como un s&iacute;mbolo reivindicativo: &ldquo;Creo que hay que volver a poner en relaci&oacute;n su tem&aacute;tica, que es la denuncia de un bombardeo fascista que todav&iacute;a forma parte de la memoria muy reciente de Espa&ntilde;a&rdquo;. &ldquo;Me parece una decepci&oacute;n tremenda que el Ministerio de Cultura haya cerrado tanto la puerta a algo que creo que le vendr&iacute;a muy bien a la izquierda como es repolitizar el cuadro&rdquo;, a&ntilde;ade. Y es que precisamente esa carga simb&oacute;lica es la que alimenta, una y otra vez, las peticiones de traslado.
    </p><h2 class="article-text">Todas las solicitudes, denegadas</h2><p class="article-text">
        El museo enumera las m&aacute;s recientes: el Guggenheim en 1997 y de nuevo en 2007; el MoMA, que lo hab&iacute;a albergado durante d&eacute;cadas, en 2000 &mdash;y como aclara el Reina Sof&iacute;a, &ldquo;ni siquiera esta vez el Guernica viaj&oacute; a Nueva York, debido a las razones expuestas, motivos que fueron perfectamente comprendidos y asumidos por el MoMA&rdquo;&mdash;; el Royal Ontario Museum de Canad&aacute; en 2006; el Grupo FujiExp de Jap&oacute;n en 2009; y el Gwangju Museum de Corea del Sur en 2012. Todas las solicitudes fueron denegadas.
    </p><p class="article-text">
        El propio museo justifica su decisi&oacute;n mediante el informe t&eacute;cnico sobre el estado del mural: &ldquo;El tama&ntilde;o de la obra determina las dimensiones de la caja y el espacio en el que ha de transportarse&rdquo;, y subraya que la obra &ldquo;NO PUEDE ENROLLARSE por la naturaleza actual de los elementos que la componen, y ha de permanecer todo el tiempo en posici&oacute;n vertical y en unas condiciones de humedad y temperatura estables&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con todos estos datos concluyen que se trata de un mural que, &ldquo;por su formato, naturaleza de los elementos que la componen y estado de conservaci&oacute;n, junto con los numerosos da&ntilde;os sufridos a lo largo del tiempo, la hacen especialmente sensible a todo tipo de vibraciones inevitables en el transporte que podr&iacute;an generar nuevas grietas, levantamientos y p&eacute;rdidas de la capa pict&oacute;rica, as&iacute; como desgarros en el soporte&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El Rey acompaña a Obama en una visita al Reina Sofía centrada en el &#039;Guernica&#039;"
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                El Rey acompaña a Obama en una visita al Reina Sofía centrada en el &#039;Guernica&#039;                            </span>
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        &ldquo;Cualquier persona que conozca el estado de conservaci&oacute;n de <em>El Guernica</em> sabe que no puede viajar&rdquo;, afirma el historiador del arte y divulgador Miguel &Aacute;ngel Cajigal Vera, conocido en redes como El Barroquista. &ldquo;Incluso cambiarlo de pared dentro del Reina Sof&iacute;a fue en su momento muy delicado. Ni siquiera ser&iacute;a prudente moverlo diez kil&oacute;metros, mucho menos enviarlo a m&aacute;s de 400 kil&oacute;metros de distancia. El cuadro viaj&oacute; demasiado durante d&eacute;cadas y est&aacute; en un estado muy precario: es el ejemplo que siempre se pone en la disciplina de los da&ntilde;os que puede sufrir una obra por exceso de movimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rold&aacute;n adem&aacute;s a&ntilde;ade otro punto de vista: &ldquo;Si plante&aacute;ramos por ejemplo que nos prestaran Las Meninas para una exposici&oacute;n temporal, estoy seguro de que el informe ser&iacute;a negativo. La Mona Lisa tampoco se presta. Es la joya del museo. Ya puedes hacer una caja perfecta, fletar un avi&oacute;n, tomar todas las precauciones del mundo&hellip; pero hay obras que, cuando pones en una balanza el riesgo y la ventaja, no admiten discusi&oacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">S&iacute;mbolo pol&iacute;tico, objeto fr&aacute;gil</h2><p class="article-text">
        El Guernica lleg&oacute; a Espa&ntilde;a por primera vez ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Picasso. El acuerdo con el MoMA recog&iacute;a sus instrucciones expl&iacute;citas: el cuadro no deb&iacute;a regresar a Espa&ntilde;a hasta que no se restablecieran las libertades democr&aacute;ticas. Antes de instalarse en su sala actual, ya mostraba signos evidentes del desgaste acumulado, raz&oacute;n suficiente para no moverlo m&aacute;s. Desde entonces, el museo ha extremado las precauciones: la pintura se exhibe en condiciones de temperatura y humedad controladas, y cualquier intervenci&oacute;n sobre ella &mdash;incluso un simple cambio de posici&oacute;n&mdash; se convierte en un operativo de alta precisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No todos comparten esa postura con la misma rotundidad. En el simposio celebrado en 1998 en torno al estado y el posible traslado del Guernica, Stephan Michalski, cient&iacute;fico jefe del Canadian Conservation Institute, plante&oacute; una pregunta que Rold&aacute;n recuerda con cierta iron&iacute;a: &ldquo;Si somos capaces de ir a la Luna, &iquest;por qu&eacute; no somos capaces de trasladar este lienzo al Guggenheim?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un mural que pide que el &#039;Guernica&#039; se traslade a Gernika"
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            <span class="title">
                Un mural que pide que el &#039;Guernica&#039; se traslade a Gernika                            </span>
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        A esta se le unieron las opiniones de los pol&iacute;ticos vascos como I&ntilde;aki Anasagasti, que ya en el pasado ve&iacute;a la oposici&oacute;n al pr&eacute;stamo como parte de una pol&iacute;tica reaccionaria: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Con expertos como estos no se hubiera inventado la rueda, ni se hubiera ido a la Luna, ni se hubiera hecho una operaci&oacute;n de trasplante de coraz&oacute;n. No entiendo que un problema t&eacute;cnico no pueda tener una soluci&oacute;n t&eacute;cnica&rdquo; afirm&oacute; en 1998. </span>
    </p><p class="article-text">
        Manu Mart&iacute;n, por su parte, tambi&eacute;n se muestra partidario del traslado de la obra a otros museos: &ldquo;Yo creo que lo que est&aacute; pidiendo el Gobierno vasco es m&aacute;s que l&iacute;cito. Para cualquier exposici&oacute;n se piden obras. Me parecer&iacute;a bien desmitificarla un poco, y que se pudiera recuperar ver en otros sitios, de manera itinerante, pero tampoco me la llevar&iacute;a a todas partes, yo lo veo m&aacute;s como una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s que t&eacute;cnica&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para Cajigal Vera, el debate ha entrado en un terreno inc&oacute;modo: &ldquo;Una parte pide el mural sabiendo que la petici&oacute;n es imposible de atender con los datos objetivos en la mano. La otra se limitar&aacute;, todas y cada una de las veces, a recordar que hay informaci&oacute;n cient&iacute;fica y t&eacute;cnica que nunca avalar&aacute; ese pr&eacute;stamo. La raz&oacute;n de ser de cualquier museo es preservar los bienes que custodia para las generaciones futuras. Aprobar un viaje como este pondr&iacute;a en serio peligro la supervivencia del cuadro, y adem&aacute;s la log&iacute;stica para mover una obra de semejante tama&ntilde;o es absolutamente excepcional y no se justifica desde el punto de vista museogr&aacute;fico&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El espejo de Sijena y Bayeux</h2><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica recuerda a otros conflictos sobre patrimonio, como el reciente caso de la devoluci&oacute;n por parte del MNAC de las pinturas murales medievales del Monasterio de Santa Mar&iacute;a de Sijena, en el que la historiadora Marisancho Menj&oacute;n se mostr&oacute; a favor de la restituci&oacute;n. Aunque Cajigal Vera matiza la comparaci&oacute;n: &ldquo;Son casos muy diferentes. En Sijena hay dos partes enfrentadas cuyos t&eacute;cnicos no se ponen de acuerdo, pero adem&aacute;s existe una sentencia judicial de restituci&oacute;n. Con el <em>Guernica</em>, en cambio, no encontrar&aacute;s a un solo t&eacute;cnico independiente que no te diga que moverlo es un riesgo injustificable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una opini&oacute;n que comparte Rold&aacute;n: &ldquo;Sijena es distinto, entre otras cosas porque el contexto tambi&eacute;n lo es: aquellas piezas fueron trasladadas a un museo en Catalunya por miedo a que fueran vandalizadas&rdquo;. En aquel caso, una expedici&oacute;n de 1936 del Gobierno de la Generalitat republicana, capitaneada por Josep Gudiol, intent&oacute; salvar las pinturas de un incendio provocado. Permanecieron en el MNAC durante d&eacute;cadas con el objetivo de conservarlas y restaurarlas. M&aacute;s tarde, en los a&ntilde;os ochenta, la Generalitat compr&oacute; a las monjas de Sijena las obras que ya ten&iacute;a expuestas. La resoluci&oacute;n judicial se ha inclinado por la restituci&oacute;n, aunque el debate sobre si la simbolog&iacute;a de la devoluci&oacute;n compensa la permanencia en el museo de Montju&iuml;c sigue abierto.
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                Dos técnicos analizan las pinturas del monasterio de Sijena en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC)                            </span>
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        Pero Sijena no es el &uacute;nico caso comparable que aflora en este debate. &ldquo;El que s&iacute; me parece equiparable al del <em>Guernica </em>es el del Tapiz de Bayeux&rdquo;, explica Cajigal Vera. &ldquo;Macron decidi&oacute; prestarlo al Museo Brit&aacute;nico con todos los informes t&eacute;cnicos en contra, porque la decisi&oacute;n respond&iacute;a a una l&oacute;gica pol&iacute;tica, no t&eacute;cnica. Cuando se produzca el deterioro, y seguramente suceder&aacute;, habr&aacute; que ver qui&eacute;n asume la responsabilidad de haber hecho pol&iacute;tica con un tesoro nacional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, entonces, es inevitable: &iquest;por qu&eacute; unas obras pueden trasladarse pese a su fragilidad y otras no? Rold&aacute;n da la respuesta: &ldquo;Hay que poner en una balanza qu&eacute; es lo prioritario y hacia d&oacute;nde se quiere ir. &iquest;Es m&aacute;s importante el s&iacute;mbolo pol&iacute;tico o la integridad del objeto? Esas decisiones cambian con la pol&iacute;tica cultural. Ambos lados tienen buenas razones, por eso es tan pol&eacute;mico&rdquo;. Y en esa tensi&oacute;n &mdash;entre el valor simb&oacute;lico de una obra y su supervivencia f&iacute;sica&mdash; se juega, en el fondo, todo el debate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mover-no-cuadro-historico-guernica-balance-riesgo-simbolo-politico_1_13132529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 19:46:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mover o no un cuadro histórico como el 'Guernica': el balance entre el riesgo y el símbolo político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Pablo Picasso,Guernica,Políticas culturales,Museo Reina Sofía,Patrimonio Histórico,Patrimonio Cultural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothy-iannone-artista-escandalizo-60-pensar-sexo-no-ocultar_1_13015720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ae009c7-10b6-4b45-98e1-bc916138bfbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137274.jpg" width="3093" height="1740" alt="Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo CA2M dedica la primera gran muestra en España a la artista estadounidense, una autodidacta que desafió a las instituciones en los 60 y convirtió su autobiografía erótica en un proyecto espiritual</p><p class="subtitle">‘Cumbres borrascosas’ y la ambigüedad racial de Heathcliff: el cine transforma la crítica social en un producto romántico</p></div><p class="article-text">
        Hay artistas que hacen arte y artistas para quienes el arte es una forma de vivir. Dorothy Iannone (Boston, 1933 &ndash; Berl&iacute;n, 2022) pertenec&iacute;a al segundo grupo. Su pr&aacute;ctica pict&oacute;rica iba m&aacute;s all&aacute; de una mera decisi&oacute;n est&eacute;tica, implicando un compromiso vital y espiritual que le cost&oacute; la censura y la expulsi&oacute;n de exposiciones. Ahora, el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo CA2M</a> reivindica su perseverancia en&nbsp;<em>Una y otra vez</em>, la primera monogr&aacute;fica de la artista en Espa&ntilde;a, recuperando a una pionera que, sin adscribirse a ning&uacute;n movimiento, consigui&oacute; que la mujer dejara de ser <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">objeto deseado</a> para convertirse en sujeto deseante.
    </p><p class="article-text">
        Comisariada por Tania Pardo, la muestra, que se abre ceremonialmente con unas paredes y una alfombra rojas, re&uacute;ne seis d&eacute;cadas de carrera articuladas en seis apartados entre los que encontramos dibujo, v&iacute;deo, decoraci&oacute;n y libros saturados de color. &ldquo;Hay que entender su trabajo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/genero-autobiografico-maneras-contar-vida_1_4292746.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reivindicaci&oacute;n de la autobiograf&iacute;a</a> adem&aacute;s de como una herramienta de conocimiento, como posici&oacute;n pol&iacute;tica y como pr&aacute;ctica&rdquo;, explica Pardo. &ldquo;El t&iacute;tulo hace referencia a la resistencia de muchas artistas, que se han mantenido trabajando, pese a estar siempre en los m&aacute;rgenes de la historia can&oacute;nica del arte&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        De origen italoamericano, Iannone se licenci&oacute; en literatura norteamericana e inglesa en la Universidad de Boston. Pronto se cas&oacute; con el artista James Upham, al que conoci&oacute; en 1958 y con quien se traslad&oacute; a Nueva York. All&iacute; abrieron una galer&iacute;a de arte, la Street Gallery. &ldquo;A partir de entonces&rdquo;, cuenta Pardo, &ldquo;establece mucho contacto con escritores y artistas pl&aacute;sticos en un momento muy en&eacute;rgico para EEUU, marcado por la guerra de Vietnam y el movimiento hippie&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Dorothy Iannone y Dieter Roth, en 1967                            </span>
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        Entre 1961 y 1968, la pareja viaj&oacute; por Europa y Asia, un periplo que le permiti&oacute; profundizar en su inter&eacute;s por lo pl&aacute;stico y realizar sus primeras incursiones art&iacute;sticas, desde el expresionismo abstracto hasta la serie de collages de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/literatura-japonesa-murakami_1_5175783.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">influencia japonesa</a> que podemos admirar en la exposici&oacute;n. Fue en uno de esos viajes, en Reikiavik, donde su vida dio un giro radical al conocer al que ser&iacute;a su segundo marido, el artista Dieter Roth y al que ella llamar&iacute;a su &ldquo;muso&rdquo;. Con &eacute;l, Iannone encontr&oacute; un compa&ntilde;ero vital y el catalizador de una etapa de explosi&oacute;n creativa. &ldquo;Ella se autodenominaba La Leona&rdquo;, se&ntilde;ala Pardo, dando t&iacute;tulo al primer cap&iacute;tulo de la exposici&oacute;n. &ldquo;No solo por lo que simboliza el animal, sino porque su signo astrol&oacute;gico es Leo&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        Mujer de espiritualidad inquieta &mdash;de ascendencia cat&oacute;lica, se adhiri&oacute; al budismo en los 80&mdash;, sent&iacute;a una fascinaci&oacute;n l&uacute;dica por el tarot o la g&uuml;ija, a la que lleg&oacute; a preguntar en varias sesiones con amigos sobre la importancia del arte. Pero sin duda, una de las piezas m&aacute;s hermosas de esa secci&oacute;n es el tarot que dedic&oacute; a Roth, &ldquo;un canto a su relaci&oacute;n dom&eacute;stica&rdquo;. Porque en el universo de Iannone, lo dom&eacute;stico nunca fue un espacio menor.&nbsp;<em>A Cookbook</em>&nbsp;(1969), un cuaderno de recetas, es quiz&aacute; su ejemplo m&aacute;s conmovedor: en &eacute;l, las instrucciones para guisar un plato se intercalan con apuntes sobre sus sentimientos m&aacute;s &iacute;ntimos. El amor no solo se siente, se guisa, se escribe, se pinta. &ldquo;Cuando pintaba, escrib&iacute;a, cantaba y filmaba mi mensaje, se podr&iacute;a decir que llenaba por completo mi mente&rdquo;, dijo la artista. &ldquo;Y nada me daba m&aacute;s placer que expresarlo. Si, de alguna manera, he ayudado a la gente a estar m&aacute;s cerca de s&iacute; mismos, eso significar&iacute;a mucho para m&iacute;&rdquo;, apuntaba.
    </p><h2 class="article-text">El cuerpo sin censura: una posici&oacute;n pol&iacute;tica</h2><p class="article-text">
        La efervescencia de aquellos a&ntilde;os impregn&oacute; su obra. Adopt&oacute; una paleta de vibrantes colores planos para los fondos de sus pinturas, un sello que ya no abandonar&iacute;a jam&aacute;s. Inspirada por las shunga japonesas, el Kamasutra y la cer&aacute;mica griega, Iannone asumi&oacute; con naturalidad que los genitales eran una parte esencial de la vida y, por tanto, dignos de ser representados sin pudor. &ldquo;No lo hace con &aacute;nimo de escandalizar&rdquo;, aclara Pardo, &ldquo;sino que se pregunta: <em>&iquest;por qu&eacute; no puedo hacerlo?&rdquo;.</em> As&iacute;, pint&oacute; una y otra vez a las figuras masculinas, incluido su amado Roth, con los atributos sexuales expl&iacute;citos, integrando el deseo y la intimidad dom&eacute;stica en el centro de su universo pict&oacute;rico.&nbsp;
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                La obra &#039;(Ta)Rot Pack, 1968-69&#039;                            </span>
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        &ldquo;En sus obras siempre introduc&iacute;a texto de las lecturas que hac&iacute;a, como Shakespeare, que le inspiraba y le gustaba mucho&rdquo;, explica Pardo, &ldquo;y despu&eacute;s de conocer a Dieter, empieza a introducir las conversaciones propias en sus trabajos&rdquo;. De este modo, Iannone construy&oacute; un imaginario donde el amor libre se encumbra a trav&eacute;s de escenas de sexo expl&iacute;citamente autobiogr&aacute;ficas. En sus obras, de gran impacto visual, el espectador asiste a una constante exploraci&oacute;n y disoluci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero &mdash;lo femenino y lo masculino se hibridan&mdash;, narrada siempre con un sutil sentido del humor que destila en detalles ling&uuml;&iacute;sticos y pict&oacute;ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convicci&oacute;n inquebrantable de que el sexo no era algo que ocultar le cost&oacute; su primer gran esc&aacute;ndalo en 1969, durante la m&iacute;tica exposici&oacute;n&nbsp;<em>When Attitudes Become Form</em>&nbsp;en Berna. El comisario Harald Szeemann recibi&oacute; la orden de cubrir los penes de las figuras de su obra&nbsp;<em>Ta(Rot) Pack</em>. Iannone se neg&oacute;. Dieter Roth la apoy&oacute;, las obras fueron retiradas y Szeemann dimiti&oacute;. &ldquo;Hay una cosa muy interesante en la exposici&oacute;n y es que estamos muy habituados, por ejemplo, a ver la representaci&oacute;n del cuerpo femenino&rdquo;, apunta Pardo, &ldquo;incluso la vulva o la vagina en los museos cl&aacute;sicos, pero vemos muy poco la representaci&oacute;n f&aacute;lica, y mucho menos pintada por una mujer en esta &eacute;poca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de amedrentarse tras este incidente, la artista convirti&oacute; la censura en material creativo y realiz&oacute;&nbsp;<em>The Story of Bern</em>&nbsp;(1970), una narraci&oacute;n visual que hoy se erige como un hito en la historia de la libertad de expresi&oacute;n art&iacute;stica. La propia Iannone se pronunci&oacute; sobre ello en una conversaci&oacute;n que mantuvo con el tambi&eacute;n artista Matteo Cattelan en 2006: &ldquo;[&hellip;] En el fondo el contenido de mi obra no se vio afectado por la censura. La ignor&eacute; por completo y mantuve la mirada puesta en mi coraz&oacute;n. Como sigo haciendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Arte dom&eacute;stico y afectos: 'Gentefilia'</h2><p class="article-text">
        Esa perseverancia vital se manifiesta en una obra crom&aacute;tica, luminosa y t&aacute;ctil que, por su propia vivacidad, funciona hoy como un ant&iacute;doto a la imaginer&iacute;a homog&eacute;nea de las pantallas y supone un shock sensorial. Su arte psicod&eacute;lico es en s&iacute; mismo una afirmaci&oacute;n gozosa de lo hecho a mano, de la textura y del detalle, y de la libertad m&aacute;s profunda. Esa misma pulsi&oacute;n por lo artesanal y lo afectivo vertebra toda la exposici&oacute;n, que contin&uacute;a con el apartado <em>Gentefilia</em>, dedicado a las figuras de la cultura pop, los amigos y a su familia.&nbsp;Es el caso de la serie&nbsp;<em>People</em>, con la que inicia sus primeras obras figurativas en 1966. En ellas, la representaci&oacute;n expl&iacute;cita de los genitales se mezcla con un elenco variopinto de amigos, gente an&oacute;nima y celebridades como Ringo Starr o Charles Chaplin. &ldquo;Lo popular, lo pop, la lealtad hacia los amigos... todo est&aacute; ah&iacute;&rdquo;, resume Pardo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La exposición sobre Dorothy Iannone en el Museo CA2M                            </span>
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        Uno de los v&iacute;nculos m&aacute;s fascinantes es, sin duda, el que mantuvo con su madre, Sarah Pucci, a la que se dedica otro cap&iacute;tulo m&aacute;s de la exposici&oacute;n. De ascendencia italiana y afincada en Boston, Sarah crio sola a su hija y, a partir de 1959 &mdash;cuando ya ten&iacute;a 57 a&ntilde;os&mdash;, comenz&oacute; a enviarle regalos en cada cumplea&ntilde;os o San Valent&iacute;n: unas peque&ntilde;as esculturas de espuma de poliestireno que ella misma llamaba&nbsp;<em>balls</em>.&nbsp;De apariencia kitsch, Pucci las recubr&iacute;a con perlas falsas, alfileres, purpurina y todo tipo de pedrer&iacute;a de pl&aacute;stico, creando objetos que parec&iacute;an peque&ntilde;os pasteles. &ldquo;Su relaci&oacute;n&rdquo;, apunta Pardo, &ldquo;recuerda a la que Andy Warhol mantuvo con su madre, Julia Warhola&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una red de afectos se extiende a sus amistades, como la artista Mary Harding, con quien fund&oacute; una editorial en el Berl&iacute;n de 1976. &ldquo;A Iannone le encanta hacer cosas objetuales y, sobre todo, libros&rdquo;, se&ntilde;ala la comisaria. En la muestra pueden verse hojas sueltas de algunas de esas publicaciones, donde se aprecia c&oacute;mo ciertos motivos decorativos &mdash;flores, cenefas como teclas de piano, serpientes&mdash;, como el sexo, se repiten una y otra vez.&nbsp;Hay, adem&aacute;s, un tono juguet&oacute;n que rezuma optimismo, como ocurre cuando utiliza una mesa de casino para representar c&oacute;mo el amor es un juego. &ldquo;Su humor est&aacute; en todo: en una silla, en los objetos para la casa y lo dom&eacute;stico. En ella hay una cosa muy alegre, pero tambi&eacute;n de reivindicaci&oacute;n democratizadora&rdquo;, afirma Pardo.
    </p><p class="article-text">
        El recorrido se cierra con una sala dedicada a la Estatua de la Libertad, pero tambi&eacute;n a los lemas y dioses desnudos que, en el imaginario de la artista, acompa&ntilde;an la liberaci&oacute;n de la gente. La imagen de la matriarca que preside el puerto de Nueva York aparece una y otra vez en su obra tard&iacute;a, pero Iannone la despoja de su ret&oacute;rica oficial para devolverle su significado original. &ldquo;Es el rel&aacute;mpago aprisionado, y su nombre, Madre de los Exiliados&rdquo;, recita Pardo, evocando el soneto de Emma Lazarus inscrito en el pedestal. &ldquo;Desde el faro de su mano brilla la bienvenida para todo el mundo&rdquo;, concluye. Convertida en s&iacute;mbolo de acogida para quienes buscan refugio, la estatua se erige as&iacute; en la met&aacute;fora final de una artista que hizo de su vida y su obra un espacio libre. Un lugar donde, una y otra vez, siempre se pod&iacute;a volver a empezar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothy-iannone-artista-escandalizo-60-pensar-sexo-no-ocultar_1_13015720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Feb 2026 21:20:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Arte,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-reescribe-historia-mujeres-jerarquias-visitante-protagonista_1_12995201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/771ba068-5707-406a-9b0c-48fe2ec3ebcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136698.jpg" width="4000" height="2250" alt="El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El museo estrena el próximo 18 de febrero un recorrido de 3.000 metros cuadrados que fragmenta narrativas, incorpora adquisiciones recientes y coloca al espectador en el epicentro de la experiencia</p><p class="subtitle">“¡Si la gente quiere escuchar mis discos, tendrá que comprarlos en una tienda!”: la iniciativa que quiere cambiar la industria musical</p></div><p class="article-text">
        Los museos, adem&aacute;s de mostrarnos obras, nos muestran relatos. Lo que el pr&oacute;ximo 18 de febrero inaugurar&aacute; el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/historia-reina-sofia-museo-no-cuenta-sufrio-bombardeos-inspiraron-guernica_1_12397704.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo Reina Sof&iacute;a</a> en la planta cuarta del Edificio Sabatini pertenece a la categor&iacute;a <em>Colecci&oacute;n. Arte Contempor&aacute;neo: 1975-Presente</em>, que&nbsp;va m&aacute;s all&aacute; de ser una mera reordenaci&oacute;n de fondos. Constituye un relato expositivo que lleva gest&aacute;ndose desde 2023 bajo la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/manuel-segade-nuevo-director-museo-reina-sofia_1_10269146.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">direcci&oacute;n de Manuel Segade</a> y que aspira a contar los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os de creaci&oacute;n desde Espa&ntilde;a como quien teje una trama colectiva.
    </p><p class="article-text">
        El punto de partida resulta ineludible: el a&ntilde;o 1975. &ldquo;Un a&ntilde;o bisagra para la historia espa&ntilde;ola&rdquo;, como recuerda el ministro de cultura <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ernest-urtasun-grandes-objetivos-cultura-deje-asociada-precariedad-laboral_128_12094186.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ernest Urtasun</a>. El nuevo discurso arranca precisamente ah&iacute;, en la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/olvidados-transicion-pedro-pastor-canta-necesidad-subsanar-grieta-profunda_1_12627722.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fragilidad emocional de la Transici&oacute;n</a>, para desplegarse despu&eacute;s en 21 cap&iacute;tulos que funcionan como constelaciones antes que como secuencia cronol&oacute;gica estricta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo lineal se quiebra: el visitante podr&aacute; elegir entre tres itinerarios que atraviesan los m&aacute;s de 3.000 metros cuadrados de exposici&oacute;n, encontr&aacute;ndose tanto con las piezas emblem&aacute;ticas de siempre como con adquisiciones recientes y obras de artistas j&oacute;venes, que reflejan las transformaciones sociales de un pa&iacute;s que aprendi&oacute; a mirarse al espejo sin pudor. &ldquo;Quer&iacute;amos destacar la presencia de los visitantes, y que estos encontraran su espacio dentro del museo&rdquo;, explica Segade. La selecci&oacute;n re&uacute;ne 403 obras de 224 artistas, configurando una mirada amplia, compleja y plural al arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo.
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            <span class="title">
                Una obra del nuevo recorrido del Reina Sofía                            </span>
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        La apuesta museogr&aacute;fica lleva la firma del artista Xabier Salaberria y el arquitecto Patxi Eguiluz, que han concebido el espacio como un territorio por explorar m&aacute;s que como un contenedor neutro. Los vol&uacute;menes irrumpen, las salas se fragmentan, las obras abandonan su sumisi&oacute;n milim&eacute;trica a la pared para plantarse en el centro &ldquo;ya sin pedestales&rdquo;, como se&ntilde;ala Segarre, desafiando al espectador a rodearlas, a vivirlas desde todos los &aacute;ngulos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La d&eacute;cada de los setenta como herida y origen</h2><p class="article-text">
        El recorrido inicia con un punto de partida muy poderoso. Este lo marca<strong> </strong><em>Documento n&deg;... (1975) </em>de Juan Genov&eacute;s, referente art&iacute;stico de la Transici&oacute;n, con una reivindicaci&oacute;n permanente de los derechos fundamentales y recordatorio de que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/libro-jovenes-espana-creen-dictadura-mejor-democracia_1_12880098.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la democracia es un bien fr&aacute;gil</a> que exige protecci&oacute;n constante. A su lado, una vi&ntilde;eta de Chumy Ch&uacute;mez publicada en Hermano Lobo dos d&iacute;as despu&eacute;s de la muerte de Franco. El humor y la gravedad, la carcajada y el escalofr&iacute;o, se dan la mano para abrir la primera gran secci&oacute;n:&nbsp;<em>Estructuras afectivas de la Transici&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se encuentra el desencanto a trav&eacute;s de gestos radicales. En esta sala destacan los grabados de Picasso que sufrieron un atentado en la Galer&iacute;a Theo en 1971, la tela quemada por el propio Mir&oacute;, violencia autoinfligida que habla de una &eacute;poca en llamas, y el cortometraje <em>Hotel</em> de Iv&aacute;n Zulueta, recientemente sonorizado por Jota de Planetas, donde las manifestaciones urbanas y la violencia se funden en una banda de im&aacute;genes que parecen profetizar un pa&iacute;s en ebullici&oacute;n.
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                Una de las obras de arte de la renovada ‘Colección Arte Contemporáneo&#039;                            </span>
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        El segundo espacio,&nbsp;<em>Contracultura material</em>, da visibilidad a aquellas subjetividades que el franquismo mantuvo en la penumbra. Aqu&iacute; brilla con luz propia la&nbsp;<em>Asunci&oacute;n Gloriosa</em> (1981-82) de Oca&ntilde;a, adquirida por el museo en 2024 y convertida ya en emblema de una libertad reci&eacute;n estrenada. Le acompa&ntilde;an la posmodernidad hedonista de Guillermo P&eacute;rez Villalta, los tebeos de Nazario procedentes del Archivo Lafuente, los tableros que Ceesepe pint&oacute; para el bar La Vaquer&iacute;a &mdash;con las cicatrices de un tiroteo real incrustadas en la madera&mdash; y las joyas que Chus Bur&eacute;s dise&ntilde;&oacute; para el cine de Almod&oacute;var.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Los afectos como territorio pol&iacute;tico&nbsp;</h2><p class="article-text">
        El tr&iacute;ptico inicial se cierra con&nbsp;<em>Tentativas y l&iacute;mites de un r&eacute;gimen institucional para el arte en democracia</em>, una secci&oacute;n que indaga en los esfuerzos &mdash;no siempre exitosos&mdash; por internacionalizar la creaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Las performances extremas de Jordi Benito, la visita de Warhol a Madrid en 1983 para exponer en la Galer&iacute;a Vijande, o la maqueta de Richard Serra para una escultura en el centro de la capital que nunca lleg&oacute; a realizarse. Proyectos fallidos, sue&ntilde;os de grandeza, encuentros y desencuentros con la modernidad que ayudan a entender las contradicciones de un pa&iacute;s que aprend&iacute;a a gestionar su propia imagen en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el visitante se adentra en el primer plato fuerte de la exposici&oacute;n:&nbsp;<em>Una historia de los afectos en el arte contempor&aacute;neo</em>. Porque, si algo vertebra esta nueva colecci&oacute;n, es la certeza de que lo personal siempre ha sido pol&iacute;tico, y que las emociones &mdash;el amor, el deseo, la rabia, la ternura&mdash; funcionan como fuerzas capaces de recomponer lazos comunitarios en tiempos de crisis.&nbsp;
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                Una obra de la colección                            </span>
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        Aqu&iacute; se encuentran a las artistas que pusieron el cuerpo de las mujeres en el centro de la escena p&uacute;blica: Judy Chicago, con su cortometraje&nbsp;<em>Women and Smoke</em>&nbsp;&mdash;adquirido en ARCO el a&ntilde;o pasado&mdash;, junto a Dorothy Iannone, Ana Mendieta o Esther Ferrer. La genealog&iacute;a de lo &iacute;ntimo se convierte as&iacute; en historia social, y las obras, en testigos de una transformaci&oacute;n colectiva. &ldquo;Hemos subido el porcentaje de artistas mujeres al 34%, nunca hubo tantas mujeres en la colecci&oacute;n&rdquo;, cuenta Segade. &ldquo;Pero el 34 % no es el 40.Queda mucho por hacer&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma pulsi&oacute;n se reivindica en&nbsp;<em>Acciones portuarias. Cruising y revuelta est&eacute;tica</em>, un espacio que conecta directamente con las siguientes salas,&nbsp;<em>Arrebatos. Est&eacute;ticas a los pies del caballo</em>, donde la pel&iacute;cula m&iacute;tica de Iv&aacute;n Zulueta ocupa un lugar central como emblema de una &eacute;poca y una sensibilidad dominadas por los cambios sociales.
    </p><h2 class="article-text">El duelo como experiencia compartida</h2><p class="article-text">
        Le siguen dos salas que funcionan como un poderoso recordatorio:&nbsp;<em>Pandemia y Lenguaje</em>&nbsp;y&nbsp;<em>&iquest;Qu&eacute; le hace el Sida al arte?</em>. La crisis del sida y de la hero&iacute;na en los ochenta y noventa, ese dolor tantas veces invisibilizado, encuentra su expresi&oacute;n en la instalaci&oacute;n&nbsp;<em>Ajuares</em>&nbsp;(1997) de Pepe Miralles, rodeada por las fotograf&iacute;as del colectivo Cabello/Carcelles, adquiridas en 2024. El duelo, precisamente, se convierte en uno de los hilos conductores de este recorrido. &ldquo;Con ello dialogamos con una pieza important&iacute;sima de la colecci&oacute;n, como es el&nbsp;<em>Guernica</em>, que es una obra de duelo tambi&eacute;n&rdquo;, apunta Manuel Segade. En torno a esta herida compartida se articulan los dos &uacute;ltimos espacios de este primer itinerario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Vestimentas de duelo</em>&nbsp;re&uacute;ne al escritor y fot&oacute;grafo Herv&eacute; Guibert &mdash;fallecido por sida en 1991&mdash; y al pintor Miquel Barcel&oacute;, que realiz&oacute; unos retratos de Guibert rociados con &aacute;cido, imitando la corrosi&oacute;n de la carne que provocaba la enfermedad. Piezas in&eacute;ditas hasta ahora, cargadas de una belleza inc&oacute;moda. En&nbsp;<em>Duelo: el triunfo de la ficci&oacute;n</em>, los atentados del 11S comparecen a trav&eacute;s del video de Tony Oursler, mientras la recientemente fallecida Beatriz Gonz&aacute;lez &mdash;una de las artistas latinoamericanas m&aacute;s influyentes&mdash; propone en&nbsp;<em>A Posteriori</em>&nbsp;(2022) un memorial provisional por las v&iacute;ctimas de la violencia en Colombia. El tr&aacute;nsito de lo individual a lo colectivo, consumado.
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                Una de las obras de arte de la renovada ‘Colección Arte Contemporáneo&#039;                            </span>
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        La segunda parte del itinerario concede protagonismo a la escultura, que irrumpe desde los a&ntilde;os 70 con piezas como&nbsp;<em>La mesa</em>&nbsp;(1974-2005) de Juan Navarro Baldeweg &mdash;31 obras creadas durante tres d&eacute;cadas&mdash; o&nbsp;<em>No te pases, con escalera de emergencia</em>&nbsp;(1989) de Susana Solano. Alejado del espacio central, se sit&uacute;a una obra de Anthony Caro,<em> La danza</em> (1975). &ldquo;Era importante destacar las obras de los artistas espa&ntilde;oles&rdquo;, se&ntilde;ala Segade. &ldquo;Era prioritario destacar tambi&eacute;n la influencia que ten&iacute;a la escultura espa&ntilde;ola en el momento con Chillida y Oteiza sobre los escultores extranjeros&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        En estas salas, la presencia femenina se afirma con fuerza en figuras como Teresa Solar, con <em>Tuneladora </em>(2022), una obra de gran formato que se adscribe a la extra&ntilde;erza de los nuevos materiales art&iacute;sticos. O con Carmen Calvo, Susy G&oacute;mez, &Aacute;ngeles Marco, Sahatsa Jauregi, June Crespo, o M&ograve;nica Planes, con <em>Desvelo III </em>(2025). Sus piezas abandonan la periferia de las paredes para situarse en el centro, abriendo y cerrando espacios compositivos con sus propias formas, como si la escultura reclamara su derecho a organizar el mundo.
    </p><h2 class="article-text">El museo se mira al espejo</h2><p class="article-text">
        Por primera vez, adem&aacute;s, la propia instituci&oacute;n se incluye en el relato. El museo se mira al espejo y se pregunta por su papel en la construcci&oacute;n de eso que llamamos arte contempor&aacute;neo, desde mediados de los 70 hasta 1992, con la inauguraci&oacute;n permanente del museo. Este tercer y &uacute;ltimo itinerario transita por las culturas videogr&aacute;ficas de los 80, recordando <em>La Imagen Sublime</em> (1987), la primera exposici&oacute;n organizada por el Centro Reina Sof&iacute;a, y la fotograf&iacute;a de la misma d&eacute;cada, con figuras como Cristina Garc&iacute;a Rodero, Ouka Leele, Chema Madoz o Alberto Garc&iacute;a-Alix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la pintura <em>menos politizada</em> de Eva Lootz, Miguel &Aacute;ngel Campano, Chema Cobo o Guillermo P&eacute;rez Villalta encuentra su lugar, junto a propuestas que miran hacia el futuro. <em>Lo Afro est&aacute; en el centro</em>, con la obra de Rub&eacute;n H. Berm&uacute;dez, el pensamiento cr&iacute;tico sobre la imagen de Joan Fontcuberta o las&nbsp;<em>Pr&aacute;cticas de g&eacute;nero. Coreograf&iacute;as sociales para el nuevo siglo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que emerge de todo ello es una propuesta muse&iacute;stica que entiende la colecci&oacute;n como un organismo vivo, en permanente crecimiento y transformaci&oacute;n. Las adquisiciones recientes dialogan con las obras hist&oacute;ricas, los j&oacute;venes artistas ocupan su lugar junto a los maestros consagrados, y el visitante se convierte en el verdadero arquitecto de su experiencia. &ldquo;La intenci&oacute;n&rdquo;, concluye Segade, &ldquo;es que esta renovaci&oacute;n invite a revisitar en m&uacute;ltiples ocasiones la propia colecci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-reescribe-historia-mujeres-jerarquias-visitante-protagonista_1_12995201.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 16:02:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museo Reina Sofía,Museos,Ernest Urtasun,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Lustmord', la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8d48-81c6-422f-8217-eabf9a147696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Lustmord&#039;, la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obsesión por controlar el cuerpo femenino, que pintaron Otto Dix y George Grosz en la Alemania de Weimar, resurge hoy en las peticiones misóginas a la inteligencia artificial de Elon Musk</p><p class="subtitle">Crítica - 'Marty Supreme', una frenética e inteligente crítica a los aires de grandeza de EEUU con un soberbio Timothée Chalamet</p></div><p class="article-text">
        En 1929, Lee Miller llegaba a Par&iacute;s con un prop&oacute;sito claro: reinventarse. Su carrera como modelo en EEUU hab&iacute;a naufragado por posar para un anuncio de compresas, un acto considerado escandaloso para la moral de la &eacute;poca. En la capital francesa se reun&iacute;a con Man Ray, pero no para continuar siendo una musa, sino para dejar de serlo. Quer&iacute;a cambiar de lado del objetivo: pasar de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/40-anos-fotografiando-comunidades-gitanas-luchar-racismo-ultraderecha_1_9860295.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">objeto fotografiado</a> a sujeto tras la c&aacute;mara, de encarnar un deseo ajeno a comprender el propio.
    </p><p class="article-text">
        Man Ray se erigi&oacute; en su maestro, s&iacute;, pero tambi&eacute;n en su cronista obsesivo. La retrat&oacute; incansablemente, como un amante; pero las fotos que decidi&oacute; hacer p&uacute;blicas fueron aquellas en las que fragmentaba el cuerpo de Miller. Esta serie de im&aacute;genes, seg&uacute;n relata su hijo Antony Penrose en un peque&ntilde;o documental para Arfund, ten&iacute;an una intenci&oacute;n clara: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/mujeres-cosas-cultura-ciencia-politica-sistema-silencia-forma-sistematica-logros_1_6288936.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">controlar la imagen de una mujer</a> &ldquo;demasiado independiente, demasiado fuerte&rdquo;. No ser&iacute;a el &uacute;ltimo hombre en intentar dome&ntilde;ar su cuerpo, su poder o su mirada.
    </p><p class="article-text">
        Un siglo despu&eacute;s, el gesto no ha cambiado. La perdida de control sobre el cuerpo y la mente de las mujeres sigue produciendo reacciones violentas. Basta darse una vuelta por X, para ver cu&aacute;les son algunas de las peticiones que le han hecho &ndash;la mayor&iacute;a desde cuentas an&oacute;nimas&mdash;a la inteligencia artificial de la plataforma en las &uacute;ltimas semanas:&nbsp;&ldquo;Grok, desnuda a esta chica&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Grok, pon a esta chica en bikini&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/estatuto-artista-prohibira-ia-sustituya-trabajadores-sector-e-incorporara-ensayos-promocion-jornada-laboral_1_12929349.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La tecnolog&iacute;a se actualiza</a>, pero el impulso correctivo persiste: degradar a las mujeres manipulando su imagen sin su consentimiento. Lo importante es llamarlas al orden, que entiendan que su libertad est&aacute; coartada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Otto Dix, Lustmord (1922)                            </span>
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        Esta reducci&oacute;n del cuerpo femenino como posesi&oacute;n tiene un recorrido art&iacute;stico largo y s&oacute;rdido, como hemos podido ver en el caso de Lee Miller. A lo largo de la historia del arte occidental, la representaci&oacute;n del cuerpo ha estado en manos ajenas a las mujeres; tan solo y de manera muy reciente se ha conseguido una cierta distancia imaginativa de esta completa desposesi&oacute;n. Sin embargo, tambi&eacute;n hubo un momento en que ese control del cuerpo y la imagen de la mujer se volvi&oacute; especialmente expl&iacute;cito y violento.
    </p><h2 class="article-text">El arte en la rep&uacute;blica de Weimar&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En 1925, el director de la Kunsthalle de Mannheim, Gustav Friedrich Hartlaub, dio nombre y espacio a una sensibilidad art&iacute;stica que capturaba el pulso de una Alemania exhausta. La exposici&oacute;n <em>Nueva Objetividad: Pintura alemana desde el expresionismo</em>, se convertir&iacute;a en un hito, definiendo el estilo dominante de la fr&aacute;gil Rep&uacute;blica de Weimar. Frente al subjetivismo convulso del expresionismo, estos artistas adoptaban una frialdad deliberada, una precisi&oacute;n casi quir&uacute;rgica para diseccionar los traumas de la naci&oacute;n: las secuelas de la Primera Guerra Mundial, la inestabilidad pol&iacute;tica, la alienaci&oacute;n de la vida urbana y las grotescas desigualdades sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, esta mirada cr&iacute;tica, que buscaba ser un espejo veraz de su tiempo, ser&iacute;a m&aacute;s tarde denostada por el r&eacute;gimen nazi como la m&aacute;xima expresi&oacute;n del &ldquo;arte degenerado&rdquo;. Entre los principales protagonistas de este movimiento se encontraban George Grosz, Otto Dix y Max Beckmann. Con un estilo agudo y despiadado, retrataron una sociedad desquiciada, al borde de la crisis nerviosa. Un ejemplo paradigm&aacute;tico es el famoso cuadro de Grosz <em>El Funeral. Dedicado a Oskar Panizza</em> (1917-18), donde una procesi&oacute;n ca&oacute;tica de figuras&mdash;cl&eacute;rigos hip&oacute;critas, militares grotescos, burgueses ebrios&mdash;se pisotean unas a otras en una composici&oacute;n claustrof&oacute;bica, mostrando un mundo moralmente corrupto y sin salida.
    </p><p class="article-text">
        Esta cr&iacute;tica feroz tambi&eacute;n tomaba otras formas dentro de la Nueva Objetividad. Otto Dix, por ejemplo, plasm&oacute; con hiperrealismo descarnado los rostros mutilados de los veteranos de guerra en su serie<em> Los Jugadores de Skat</em> (1920), mientras que, en sus retratos, como el de <em>La Periodista Sylvia von Harden</em> (1926), capturaba la androginia y la tensi&oacute;n psicol&oacute;gica de la nueva mujer urbana.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Cuando el lienzo es en un escenario del crimen</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la efervescencia creativa y social, la Alemania de Weimar ocultaba una faceta oscura y violenta que el arte de la Nueva Objetividad no eludi&oacute;, sino que indag&oacute; con su habitual crudeza. Entre los temas recurrentes de la &eacute;poca emerge uno particularmente escabroso: la representaci&oacute;n del&nbsp;Lustmord, denominado por aquel entonces como &ldquo;crimen pasional&rdquo;, que ten&iacute;a como particularidad retratar con detalle expl&iacute;cito la violencia de g&eacute;nero y el asesinato de mujeres a manos de hombres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Otto Dix, Flares (1917)                            </span>
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        Esta obsesi&oacute;n pict&oacute;rica no fue un fen&oacute;meno aislado, sino un s&iacute;ntoma cultural. Como analiza la profesora de literatura&nbsp;Maria Tatar&nbsp;en su estudio&nbsp;<em>Lustmord: Sexual Murder in Weimar Germany</em>, estas im&aacute;genes cumpl&iacute;an una funci&oacute;n social y psicol&oacute;gica compleja: &ldquo;Ya sea estudiando el asesinato sexual pintado por Rudolf Schlichter u observando c&oacute;mo Alfred D&ouml;blin reconstruye la vida ps&iacute;quica de Rosa Luxemburgo y sexualiza su asesinato pol&iacute;tico, se hace evidente que la representaci&oacute;n de las mujeres asesinadas debe funcionar como una estrategia est&eacute;tica para manejar ciertos tipos de ansiedades sexuales, sociales y pol&iacute;ticas y para constituir una identidad art&iacute;stica y social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; ansiedades respond&iacute;a esta violencia iconogr&aacute;fica? El contexto es clave. Tras la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/primera-guerra-mundial-artistas-escritores_1_4861705.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primera Guerra Mundial</a>, millones de hombres regresaron a casa f&iacute;sica y mentalmente devastados, cargados con el trauma de las trincheras y la humillaci&oacute;n de la derrota. A su regreso, encontraron una sociedad transformada: las mujeres, que hab&iacute;an asumido roles cruciales en su ausencia, gozaban de una libertad sin precedentes &mdash;con derecho al voto desde 1919, una presencia nueva en la vida p&uacute;blica y una moral sexual m&aacute;s aut&oacute;noma&mdash;. La vida, en definitiva, hab&iacute;a avanzado sin ellos.
    </p><p class="article-text">
        En este caldo de cultivo de frustraci&oacute;n masculina, el&nbsp;Lustmord&nbsp;en el arte actu&oacute; como una fantas&iacute;a de restauraci&oacute;n del orden perdido. Artistas como&nbsp;Otto Dix&nbsp;(en obras como&nbsp;<em>Asesinato de Mujeres</em>) o&nbsp;George Grosz&nbsp;representaron estos cr&iacute;menes con una frialdad objetual que los hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s perturbadores, convirtiendo el cuerpo femenino en el campo de batalla donde se libraba una guerra psicol&oacute;gica por el control y el poder. No era solo violencia, era una alegor&iacute;a pol&iacute;tica: el deseo de someter, mediante el pincel, aquella nueva realidad social independiente y amenazante que encarnaba la mujer weimariana.
    </p><h2 class="article-text">El asesinato como fantas&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n por el Lustmord no era solo un tema m&aacute;s, sino el s&iacute;ntoma visual de una profunda crisis de identidad masculina. Como se&ntilde;ala la historiadora del arte Anne Vieth, &ldquo;simboliz&oacute; la crisis de g&eacute;nero, que comenz&oacute; a ser cada vez m&aacute;s clara despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial. [&hellip;] La mujer fue considerada una amenaza para la identidad masculina, tambi&eacute;n por su atracci&oacute;n sexual&rdquo;. En los lienzos de Grosz y Dix, esta angustia se hace patente: sus personajes masculinos encarnan de forma v&iacute;vida &ldquo;la divisi&oacute;n entre la pretensi&oacute;n de poder, la p&eacute;rdida de identidad y el deseo sexual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otto Dix lo plasma con brutal eficacia en Lustmord (1922). Una habitaci&oacute;n burguesa, definida por una l&aacute;mpara, una mesa y una ventana, ve su orden roto por el cuerpo inerte de una mujer.&nbsp;Como apunta la estudiosa Maria Tatar, en Dix se establece una contraposici&oacute;n radical: los j&oacute;venes hombres son calaveras o cad&aacute;veres en las trincheras como ocurre en Llamaradas (1917) o Agujero con cad&aacute;veres (1920), mientras los cuerpos femeninos &ndash;especialmente los de las prostitutas&ndash; se muestran expl&iacute;citos, vitales e inaccesibles, disfrutando de una libertad que el pintor parece percibir como una afrenta. La representaci&oacute;n de la mujer pasa as&iacute; de ser objeto de un deseo expl&iacute;cito a uno de control violento. El cuerpo inerte es, en &uacute;ltima instancia, el territorio reconquistado.
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                Jeanne Mammen, Ella Representa (1927)                            </span>
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        George Grosz aborda esta obsesi&oacute;n de la Alemania de entreguerras desde el sarcasmo corrosivo que lo caracteriza. Como indica Tatar, &ldquo;<em>en lugar de ofrecer escenas de las sangrientas batallas hist&oacute;ricas de la Primera Guerra Mundial, comienza a especializarse en instant&aacute;neas que capturan</em>&rdquo; ese conflicto dom&eacute;stico. En obras como Sports and Love (1920-21), dos parejas se enzarzan en una pelea ca&oacute;tica, mientras un hombre observa, hipnotizado y alienado, el cuerpo de una mujer. La violencia ya no est&aacute; en el frente, sino en el sal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este imaginario de dominaci&oacute;n masculina contrasta radicalmente con la mirada de las mujeres artistas de la &eacute;poca, como Jeanne Mammen. En sus acuarelas, como Ella Representa (1927) o Br&uuml;derstrasse (1930), captura a mujeres &ndash;prostitutas, lesbianas&ndash; en sus propios espacios, disfrutando de una autonom&iacute;a y una complicidad alejadas de la mirada y el control masculinos. La comparaci&oacute;n es reveladora: frente a la libertad que Mammen documenta, el Lustmord propone una fantas&iacute;a reaccionaria de restauraci&oacute;n del orden.
    </p><p class="article-text">
        De todas las obras de la &eacute;poca, quiz&aacute; la representaci&oacute;n m&aacute;s inquietante y psicol&oacute;gica de esta tem&aacute;tica sea El so&ntilde;ador II (1919) de Heinrich Maria Davringhausen. Con una paleta vibrante que lo vincula al expresionismo, el pintor desplaza el asesinato a un segundo plano. Toda la tensi&oacute;n recae en la figura del protagonista, absorto y con una esfera entre las manos, mientras su mirada se pierde en la nada. En un recuadro superior, como una ventana a su pensamiento, vemos la fantas&iacute;a que lo consume: un paseo id&iacute;lico con la mujer, en un paisaje invernal. El crimen real parece ser el desesperado intento de hacer realidad esa fantas&iacute;a de posesi&oacute;n y proximidad imposible.
    </p><p class="article-text">
        Si bien las im&aacute;genes que entran dentro de la tem&aacute;tica del Lustmord son todas brutales, son sin duda un preludio de una impotencia vital y social que se repite tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca, de manera m&aacute;s liviana.&nbsp;En esencia, estas im&aacute;genes constituyen un imaginario siniestro que intenta revertir, primero en el lienzo, los avances sociales de la mujer weimariana. Es la reafirmaci&oacute;n de un rol masculino perdido a trav&eacute;s de la violencia iconogr&aacute;fica. Una l&oacute;gica retr&oacute;grada que, al trazar una l&iacute;nea hasta nuestro presente, nos obliga a preguntarnos en qu&eacute; formas sutiles o expl&iacute;citas persiste hoy esa misma fantas&iacute;a de control.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 20:40:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Lustmord', la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Twitter,Elon Musk,Inteligencia artificial,Violencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/rebelion-monstrua-artistas-apropiaron-insulto_1_12798883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/578b7ad9-a9cc-4acb-b0cd-76bfdc918e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131373.jpg" width="779" height="438" alt="La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde Maria Lassnig hasta Kara Walker, la historia del arte está plagada de mujeres que utilizaron la etiqueta de 'monstruo' para desafiar el patriarcado, el colonialismo y los cánones de belleza</p><p class="subtitle">Irene Escolar triunfa con el retrato humano y descarnado de una yonqui en 'Personas, lugares y cosas'
</p></div><p class="article-text">
        Cuando a alguien se le despoja de humanidad, se le llama monstruo. La historia del arte est&aacute; repleta de estos seres que, aunque conservan un parecido con lo humano, lo trascienden para convertirse en algo completamente distinto. Desde las criaturas de la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica hasta las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisiones actuales</a> de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/guillermo-toro-cumple-sueno-frankenstein-da-miedo-estupidez-humana-no-inteligencia-artificial_1_12566893.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Frankenstein</a>, los monstruos han habitado permanentemente nuestro imaginario cultural.
    </p><p class="article-text">
        Pero la figura del monstruo no es inocente: hist&oacute;ricamente se ha utilizado para marcar los l&iacute;mites de lo aceptable, se&ntilde;alando todo aquello que una sociedad consideraba irracional, prohibido o peligroso para su orden establecido. Quienes habitaban los m&aacute;rgenes &mdash;f&iacute;sicos, sociales o morales&mdash; eran a menudo calificados de monstruosos, relegados a un territorio simb&oacute;lico donde lo humano se difumina. Como se&ntilde;ala la te&oacute;rica <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/donna-haraway-desorden-necesario_128_1487301.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Donna Haraway</a> en su&nbsp;<em>Manifiesto Cyborg</em>&nbsp;(1985), &ldquo;los monstruos siempre han marcado las limitaciones de la comunidad en la imaginaci&oacute;n occidental&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La construcci&oacute;n monstruosa de &ldquo;lo femenino&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Esto se aprecia desde las figuras de la mitolog&iacute;a y las leyendas cl&aacute;sicas y medievales &mdash;desde centauros, brujas y seres demoniacos hasta los tratados de Ambroise Par&eacute; sobre lo monstruoso en lo humano&mdash;, pero tambi&eacute;n en la construcci&oacute;n cultural de lo femenino. Las autoras Sandra M. Gilbert y Susan Gubar, en&nbsp;<em>The Madwoman in the Attic</em>, subrayan que la tradici&oacute;n occidental ha asociado hist&oacute;ricamente a la mujer con lo monstruoso. Una idea que se remonta a la&nbsp;<em>Teogon&iacute;a</em>&nbsp;de Hes&iacute;odo, donde la mujer es descrita como &ldquo;un mal bello&rdquo;, o a los escritos de Arist&oacute;teles, que la consideraba &ldquo;un var&oacute;n deforme&rdquo; y, por tanto, &ldquo;monstruoso&rdquo;. As&iacute; se configur&oacute; la visi&oacute;n de la mujer como &ldquo;lo otro&rdquo; frente a lo masculino.
    </p><p class="article-text">
        Diosas y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/brujas-primeras-feministas_1_9259942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">brujas</a> como la Esfinge, Medusa, Circe, Kali o Salom&eacute; son, en palabras de Gilbert y Gubar, encarnaciones del &ldquo;miedo masculino y, espec&iacute;ficamente, del desprecio hacia la creatividad femenina&rdquo;. A lo largo de la historia, el cuerpo de la mujer ha generado ansiedad por su capacidad de transgredir l&iacute;mites &mdash;higi&eacute;nicos, f&iacute;sicos y morales&mdash;. Precisamente la concepci&oacute;n del cuerpo femenino en permanente metamorfosis ha llevado a que la mujer solo pueda ser representada desde dos extremos: la belleza o lo monstruoso, lo grotesco. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Gustave Moreau, Edipo y la Esfinge&#039; (1864)                            </span>
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        En ese espacio de exclusi&oacute;n, la monstruosidad se convierte en refugio y lenguaje. Para quienes quedan fuera del canon, lo monstruoso opera como un idioma propio, una forma de expresar lo que no puede decirse con las palabras del centro. Lejos de ser solo un estigma, la figura del monstruo comienza a ampliar los l&iacute;mites de lo humano, cuestionando sus fronteras.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, son muchas las artistas que han utilizado su propia imagen para distanciarse de los modelos sociales establecidos. Conscientes del poder de las representaciones, se sirvieron de sus cuerpos para poner a prueba los l&iacute;mites de lo que la sociedad consideraba una representaci&oacute;n &ldquo;razonable&rdquo; de la mujer. Los ejemplos se suceden a lo largo de la historia: desde la visceral <em>Judit decapitando a Holofernes</em> (1620) de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/artemisia-gentileschi-pintora-guerrera-documental-rescata-figura-artista-sensacionalismo_1_7209008.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Artemisia Gentileschi</a>, hasta los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/autorretrato-femenino-reclama-lugar-mundo-arte_1_8509186.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autorretratos</a> de Elisabeth <a href="https://www.eldiario.es/cultura/retratos-vigee-le-brun-prado-son-copias-epoca_1_8013334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vig&eacute;e Le Brun</a>, que se atrevi&oacute; en 1786 a retratarse sonriendo y abrazando a su hija, o el de Laura Knight, que se pint&oacute; a s&iacute; misma creando un retrato de una modelo desnuda en 1913. 
    </p><h2 class="article-text">La reivindicaci&oacute;n del monstruo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Una mujer tiene que convertirse en un monstruo para ser artista&rdquo;, afirmaba la pintora surrealista <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothea-tanning-surrealista-planchar-mantel_1_1911479.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dorothea Tanning</a>. Una declaraci&oacute;n que resume la encrucijada: la artista, para crear, debe encarnar una suerte de monstruosidad, rebel&aacute;ndose as&iacute; contra el arquetipo del '&Aacute;ngel del Hogar' del que hablaba <a href="https://www.eldiario.es/spin/libro-inedito-virginia-woolf-publicado-trabajo-perdido-the-life-of-violet-pm_1_12686873.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a>; la figura femenina domesticada y sometida a las reglas del heteropatriarcado. 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, Tanning explora lo grotesco en su obra <em>Chambre 202, H&ocirc;tel du Pavot </em>(1970-73), donde los muebles se convierten en unas figuras inquietantes que se parecen a cuerpos humanos, junto a los que emergen de las paredes unos torsos, en una l&iacute;nea similar a las criaturas biom&oacute;rficas y perturbadoras de Louise Bourgeois. 
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                &#039;Glass&#039;, de Ana Mendieta                            </span>
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        Y es que el cuerpo es, en muchos sentidos, el territorio primario de la batalla, y la frontera m&aacute;s elemental que se puede desafiar. Como ya se&ntilde;al&oacute; Simone de Beauvoir en <em>El Segundo Sexo</em>, el patriarcado ha identificado hist&oacute;ricamente a la mujer con la naturaleza, con lo corp&oacute;reo y lo instintivo y lo que se puede dominar. Reapropiarse de ese cuerpo, mostrarlo en su crudeza o su potencia monstruosa, se convierte en un acto de insumisi&oacute;n. As&iacute; lo demuestra Ana Mendieta en <em>Glass on body </em>(1972), aplastando su cuerpo y su cara contra un cristal, en un gesto que va m&aacute;s all&aacute; del mero rechazo a la feminidad can&oacute;nica: Mendieta quiere ense&ntilde;arnos qu&eacute; se siente al intentar escapar de la representaci&oacute;n asignada por la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os 60 y 70, artistas como Eva Hesse, Helen Chadwick o Rebecca Horn han propuesto un trabajo basado en el cuerpo, en la base de lo grotesco, de lo abyecto. Un ejemplo de ello es la obra de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/desarma-extrema-derecha-dialogo-creatividad_1_1091795.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maria Lassnig</a> en 1964: al pintar su&nbsp;<em>Autorretrato como monstruo</em>, no solo se representaba como una criatura de color rosa, sino que capturaba la sensaci&oacute;n de un cuerpo desbord&aacute;ndose, de una identidad en plena metamorfosis. Lassnig, conocida por plasmar sus sensaciones internas con una crudeza radical, utiliz&oacute; lo monstruoso para escapar de los l&iacute;mites de la representaci&oacute;n convencional, que m&aacute;s tarde heredaron artistas como Marlene Dumas.
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                &#039;Self Portrait as Monster&#039;, de Maria Lassnig, 1964                            </span>
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        Esa misma transgresi&oacute;n, sin embargo, no siempre fue comprendida. La estadounidense Hannah Wilke gener&oacute; una profunda confusi&oacute;n entre la cr&iacute;tica de su tiempo. La belleza can&oacute;nica de la artista en sus primeras fotograf&iacute;as perform&aacute;ticas llev&oacute; a muchos a tacharlas de narcisistas, incapaces de ver la cr&iacute;tica feminista que encerraban. Wilke les dio una respuesta demoledora cuando, tras ser diagnosticada de c&aacute;ncer, inici&oacute; su serie&nbsp;<em>Intra-Venus Series </em>(1992-1993). All&iacute; document&oacute; sin concesiones c&oacute;mo la enfermedad transformaba su cuerpo, desafiando as&iacute; el tab&uacute; de la mirada sobre lo fr&aacute;gil y lo vulnerable. Con este acto, Wilke no solo mostraba el cuerpo enfermo, sino que reclamaba activamente el estigma de la monstruosidad para cuestionar: &iquest;qui&eacute;n define qu&eacute; cuerpos son dignos de ser mirados y cu&aacute;les deben permanecer ocultos?
    </p><h2 class="article-text">El monstruo contra el colonialismo </h2><p class="article-text">
        Si el cuerpo de la mujer ha oscilado hist&oacute;ricamente entre los polos de lo bello y lo grotesco, esta dicotom&iacute;a se intensifica al abordar la experiencia de las mujeres racializadas bajo el r&eacute;gimen racista colonial. &ldquo;La negritud, en particular, siempre ha se&ntilde;alado la monstruosidad en una cultura supremacista blanca&rdquo; explica Benny Lemaster en <em>Transing Dystopia</em>. Sus cuerpos han sido a menudo exotizados o, directamente, tachados de monstruosos. Frente a esta doble opresi&oacute;n, algunas artistas feministas han sabido reapropiarse estrat&eacute;gicamente de esa monstruosidad, vincul&aacute;ndola con los imaginarios mitol&oacute;gicos de sus culturas de origen para subvertir su significado.
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        Un ejemplo emblem&aacute;tico es la pintura&nbsp;<em>Housewives with Steak Knives</em>&nbsp;(1985) de Sutapa Biswas. La obra representa a la diosa india Kali blandiendo un machete en una mano y una rosa &mdash;s&iacute;mbolo de la monarqu&iacute;a brit&aacute;nica&mdash; en la otra. A sus pies, una bandera alude a la decapitaci&oacute;n de Judit y Holofernes, mientras un collar de cabezas cortadas &mdash;entre las que destaca un mini-Hitler&mdash; representa a los colonizadores derrotados. Biswas transforma as&iacute; a la diosa en un emblema de resistencia y venganza anticolonial.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, Kara Walker denuncia la mirada colonial y supremacista blanca a trav&eacute;s de referentes mitol&oacute;gicos. En su instalaci&oacute;n&nbsp;<em>A Subtlety, or the Marvelous Sugar Baby&hellip;</em>&nbsp;(2014), recre&oacute; una esfinge de enormes dimensiones con bloques de az&uacute;car. La pieza, ubicada en una antigua refiner&iacute;a azucarera de Brooklyn, funcionaba como una potente met&aacute;fora sobre los cuerpos racializados explotados en las plantaciones y la dulzura amarga de un sistema construido sobre el trabajo esclavo, utilizando la figura de la esfinge como aquella que formula preguntas. 
    </p><h2 class="article-text">La monstruosidad como identidad pol&iacute;tica</h2><p class="article-text">
        La reivindicaci&oacute;n de lo monstruoso encuentra tambi&eacute;n su expresi&oacute;n en los cuerpos que disienten de la norma de manera m&uacute;ltiple, como puede ser el caso de las personas queer y con discapacidad. Es el caso de la artista chileno-alemana Lorenza B&ouml;ttner (1959-1994), quien, tras perder ambos brazos en la infancia, desarroll&oacute; una obra perform&aacute;tica, pict&oacute;rica y fotogr&aacute;fica utilizando los pies y la boca.
    </p><p class="article-text">
        La cita de Victor Hugo que B&ouml;ttner recuper&oacute; para su tesis &mdash;<em>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago aqu&iacute;? &iexcl;He venido a aterrorizarte! &iquest;Dices que soy un monstruo? &iexcl;No! &iexcl;Soy el pueblo! &iquest;Soy una excepci&oacute;n? &iexcl;No! Yo soy la regla, &iexcl;t&uacute; eres la excepci&oacute;n! T&uacute; eres la quimera; &iexcl;yo soy la realidad!&rdquo;</em>&mdash; se convierte en el manifiesto de su pr&aacute;ctica. A trav&eacute;s de ella, B&ouml;ttner se plantea por qu&eacute; los cuerpos que se desv&iacute;an del est&aacute;ndar capacitista son le&iacute;dos como aberrantes, y responde construyendo una identidad que muestra la belleza de lo distinto, llena de agencia.
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                &#039;Cabeza de medusa&#039;, de Franz Stuck (1892)                            </span>
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        Este es el n&uacute;cleo del grotesco contempor&aacute;neo: subrayar c&oacute;mo los cuerpos que divergen de la norma blanca, masculina y capacitista son tratados como monstruos, para luego reclamar ese estigma como un sitio de poder. Como escribe la te&oacute;rica Susan Stryker, &ldquo;los monstruos, como los &aacute;ngeles, son los heraldos de lo extraordinario&rdquo;. Stryker insta a las personas trans &mdash;y, por extensi&oacute;n, a todas las comunidades marginadas&mdash; a aceptar y abrazar esta condici&oacute;n monstruosa. No como una marca de verg&uuml;enza, sino como un lugar desde el cual hablar, una identidad pol&iacute;tica que desmonta los cimientos de la llamada &ldquo;normalidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La artista trans&nbsp;Roey Heifetz&nbsp;profundiza en esta idea a trav&eacute;s de dibujos que presentan cuerpos ambiguos, de rasgos similares y a menudo imposibles de encasillar en un g&eacute;nero binario, al tiempo que incorpora la vejez como otra frontera de lo monstruoso. Esta reclamaci&oacute;n del estigma como arma no se limita al plano f&iacute;sico, sino que se extendi&oacute; tempranamente al espacio digital. Ya en los albores de internet, artistas del&nbsp;<a href="https://net.art/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">net.art</a>&nbsp;como Tina Laporta y Eva Wohlgemuth trascend&iacute;an las barreras del g&eacute;nero identific&aacute;ndose con c&iacute;borgs &mdash;encarnando una monstruosidad que asimila las aterradoras promesas de la tecnolog&iacute;a fusion&aacute;ndose con el cuerpo&mdash;.
    </p><h2 class="article-text">El inter&eacute;s por lo monstruoso en los &uacute;ltimos a&ntilde;os </h2><p class="article-text">
        Como dice China Mi&eacute;ville, &ldquo;las &eacute;pocas vomitan los monstruos que necesitan&rdquo;. En la nuestra, la figura del monstruo se ha erigido en el arte contempor&aacute;neo como un espacio de reivindicaci&oacute;n permanente, un lugar desde el que repensar el cuerpo m&aacute;s all&aacute; de los c&aacute;nones. Se trata de una corriente art&iacute;stica que juega con la fluidez de las categor&iacute;as y habita un terreno h&iacute;brido, desdibujando e incluso enfatizando las fronteras entre el interior y el exterior del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Esto es palpable en la obra de artistas como Jala Wahid o Doreen Garner, cuyas piezas exploran el desmembramiento y la transformaci&oacute;n del cuerpo en algo monstruoso como consecuencia directa del abuso de poder. Una reflexi&oacute;n sobre la creaci&oacute;n y el poder desbocado que tambi&eacute;n explica el renovado inter&eacute;s por arquetipos como el de Frankenstein.
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            <span class="title">
                Captura de pantalla de Instagram de Cindy Sherman                            </span>
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        Pero esta exploraci&oacute;n no se limita a lo expl&iacute;citamente grotesco. Artistas como Yishay Garbasz, Jane Euler, Genieve Figgis o la pionera Cindy Sherman llevan esta reflexi&oacute;n al terreno de lo cotidiano y digital. Sherman, por ejemplo, sigue creando y utilizando filtros en su cuenta de Instagram que distorsionan y envejecen el rostro.
    </p><p class="article-text">
        Al reivindicar la fealdad, la deformidad o la senectud &mdash;este &uacute;ltimo, uno de los grandes tab&uacute;es est&eacute;ticos de nuestra sociedad&mdash;, el arte no solo muestra los monstruos de nuestra &eacute;poca, sino que nos obliga a cuestionarnos: &iquest;qu&eacute; define realmente lo humano y qu&eacute; mecanismos de exclusi&oacute;n operan cuando se&ntilde;alamos a un &ldquo;otro&rdquo; como monstruo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/rebelion-monstrua-artistas-apropiaron-insulto_1_12798883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 21:21:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Pintura,Artistas,Feminismo,Arte contemporáneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia 'queer']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a0e030f-6f1b-4532-8dd1-92f3e93593c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia &#039;queer&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista valenciana presenta en el CA2M 'Tú, que tienes ademanes de ensueño', su primera exposición en Madrid donde los objetos hablan de colonialismo y afectos
</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que sorprende del arte de Luc&iacute;a C. Pino (Valencia, 1977) es su mirada profundamente animista hacia los objetos, como si encontrara en cada uno una forma particular de alma. Esta fascinaci&oacute;n toma forma en <em>T&uacute;, que tienes ademanes de ensue&ntilde;o</em> [<em>You Who Have Beautiful Manners</em>], tercera entrega de su trilog&iacute;a sobre el amor que comenz&oacute; con <em>But if u love us</em> (Centro Bot&iacute;n, Santander, 2023) y continu&oacute; con <em>U Said 'Stay', So I Stayed</em> (Galer&iacute;a Elba Ben&iacute;tez, Madrid, 2024-2025). Comisariada por Aimar Arriola, la muestra &mdash;que se podr&aacute; visitar del 6 de noviembre de 2025 al 8 de marzo de 2026 en el Museo CA2M&mdash; supone adem&aacute;s la primera exposici&oacute;n individual de la artista en un museo madrile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a C. Pino vive y trabaja en Barcelona, donde ha desarrollado una pr&aacute;ctica art&iacute;stica de car&aacute;cter marcadamente interdisciplinar, en la que abarca formatos diversos que van desde la escultura y la fotograf&iacute;a, hasta la performance, la instalaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n. &ldquo;El aporte de la pr&aacute;ctica de Luc&iacute;a, facilit&oacute; la entrada de nuevas perspectivas dentro del mundo art&iacute;stico catal&aacute;n, que estaba sobre todo atravesado por el lenguaje y la semi&oacute;tica&rdquo; destaca Arriola &ldquo;por eso tiene muchos admiradores entre los artistas j&oacute;venes, la ven como una artista que ha permitido de alguna manera nuevas v&iacute;as de investigaci&oacute;n&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; de esta versatilidad formal, su obra destaca por crear asociaciones contrapuestas entre materiales, texturas, y estructuras, explorando siempre sus cualidades t&aacute;ctiles y sensoriales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si observamos su obra en conjunto, la trayectoria de C. Pino se alinea con la fluidez de lo <em>queer </em>y destaca c&oacute;mo el acto de crear es en s&iacute; mismo una performance. &ldquo;Luc&iacute;a pone por encima de todas las cosas la vida del material con el que trabaja, y descentraliza un poco la perspectiva humana&rdquo; explica Arriola. Con una carrera s&oacute;lida y proyecci&oacute;n internacional, ha expuesto en ciudades como S&iacute;dney, Nueva York y Berl&iacute;n. En 2020 fue reconocida como la mejor artista espa&ntilde;ola por los premios DKV-Swab y ahora expone con unas piezas echas ex profeso para esta exposici&oacute;n en el Museo CA2M. &ldquo;Es importante que la exposici&oacute;n tenga lugar aqu&iacute;&rdquo;, explica Arriola &ldquo;por la genealog&iacute;a que se ha venido desarrollando en el museo en torno a la escultura contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola, con artistas como Jorge Satorre, June Crespo o Julia Sp&iacute;nola&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">De la chatarrer&iacute;a al museo: la segunda vida de los materiales</h2><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n se articula en dos ambientes diferenciados que podr&iacute;an leerse, en principio, como el contraste entre la calidez del tejido y la frialdad del metal.
    </p><p class="article-text">
        El espacio de lo c&aacute;lido agrupa el trabajo de C. Pino vinculado a la intimidad y, como se&ntilde;ala el comisario, a &ldquo;la investigaci&oacute;n y el di&aacute;logo con el archivo <em>queer</em>&rdquo; que la artista trabaja vinculando con las propias experiencias que le ha producido encontrarse con esos archivos. Aqu&iacute;, las piezas sugieren una sensualidad abierta y no normativa, a trav&eacute;s de una relaci&oacute;n entre materiales que resulta a la vez chocante y evocadora. Una materialidad cruda que, con el tiempo, termina siendo no solo familiar, sino capaz de generar una conexi&oacute;n sentimental con quien observa.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Imagen general de una de las salas de la exposición de Lucía C. Pino"
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                Imagen general de una de las salas de la exposición de Lucía C. Pino                            </span>
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        &ldquo;Creo que esta exposici&oacute;n requiere tiempo para poder visitarla&rdquo;, explica la artista. Y es cierto: en una segunda o tercera mirada emergen detalles delicados y amorosos hacia los objetos &mdash;remaches, apliques, cremalleras, corazones&mdash; que nos introducen en su universo. Como ese peque&ntilde;o fragmento de rama incrustado en una reja met&aacute;lica que parece haber pertenecido al patio de un colegio en la pieza ALLAEDINE, que activando una constelaci&oacute;n de significados afectivos.
    </p><p class="article-text">
        Pero estas piezas trascienden lo simb&oacute;lico para conectar con la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de los materiales. Un ejemplo claro es el uso del denim, un tejido cargado de historia. &ldquo;El vaquero es un material tan cotidiano que por su proximidad no siempre visibilizamos todo el peso hist&oacute;rico que arrastra &mdash;se&ntilde;ala Arriola&mdash;. Su origen se remonta a la vestimenta de trabajo para mano de obra esclava&rdquo;. A ello se suma la historia del &iacute;ndigo, la planta con la que se te&ntilde;&iacute;a, que lleg&oacute; a Occidente a trav&eacute;s del comercio colonial y fue posteriormente cooptada por la industria de la moda global. &ldquo;En la obra de Luc&iacute;a hay una fe en que la presencia del material dice algo de ese peso &mdash;concluye el comisario&mdash;, y nos sit&uacute;a frente a esa carga casi espectral que contiene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La reutilizaci&oacute;n de los materiales tambi&eacute;n se da en la parte &ldquo;fr&iacute;a&rdquo; de la exposici&oacute;n, donde se pueden encontrar piezas formadas por una suerte de enrejados y metales que la artista encontr&oacute; en diversos lugares como chatarrer&iacute;as. C. Pino lija, somete a varios procesos, trata siempre amorosamente, &ldquo;trabaj&eacute; todo el verano con estas piezas, d&aacute;ndoles una nueva vida&rdquo; indica ella misma. De ese cari&ntilde;o nacen piezas como KARIM ROSA o ERON, acompa&ntilde;adas de unas cadenas que repiten el mismo gesto que en las otras dos exposiciones que forman parte de la trilog&iacute;a. &ldquo;He querido que durante el montaje el lin&oacute;leo se instalase antes que ning&uacute;n otro elemento y que contuviese por ello todas las marcas y signos del trabajo en sala&rdquo; Cuenta la artista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Otro de los rincones de la exposición de la obra de Lucía C. Pino                            </span>
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        Lejos de plantear una divisi&oacute;n binaria, la exposici&oacute;n tiende puentes entre ambas atm&oacute;sferas, permitiendo que las ideas fluyan libremente entre lo c&aacute;lido y lo fr&iacute;o. Este di&aacute;logo se materializa en los reflejos anaranjados de los focos sobre el metal lijado de las rejas, o en el contraste entre el azul de algunas piezas de denim y la atm&oacute;sfera sensual que emana de las fotograf&iacute;as de cuerpos de tonos dorados de la serie PORTE.
    </p><h2 class="article-text">D&oacute;nde est&aacute;n los l&iacute;mites del arte</h2><p class="article-text">
        Esta aproximaci&oacute;n se refleja tambi&eacute;n en el proceso creativo de la artista. &ldquo;No me interesa tanto una forma determinada y su simbolog&iacute;a, sino los materiales con los que trabajo &mdash;explica C. Pino&mdash;. Necesito explorar y aprender t&eacute;cnicas. Cuando trabajo pienso en todo lo que sucede: cosas del pasado, los libros que leo, las urgencias del presente. Entonces me pregunto c&oacute;mo relacionarme con todo ello a trav&eacute;s de la escultura&rdquo;. Su pr&aacute;ctica consiste, en esencia, en &ldquo;lanzar conexiones entre cosas que en teor&iacute;a ser&iacute;an dispares, pero que son presentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta metodolog&iacute;a deriva en una subversi&oacute;n constante de categor&iacute;as y jerarqu&iacute;as, detalles que se pueden observar en la forma en la que algunas obras est&aacute;n enmarcadas y otras no, subrayando que los significados que asignamos a las cosas son, en el fondo, convenciones arbitrarias.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;En general no busco una forma concreta. Las formas van apareciendo conforme trabajo los materiales&rdquo;, a&ntilde;ade y concluye: &ldquo;Quiero seguir indagando en este proceso de hibridaci&oacute;n, entre qu&eacute; es escultura y qu&eacute; no lo es&rdquo;. Una fusi&oacute;n que alcanza su expresi&oacute;n m&aacute;s tangible en piezas como CADERA MIAMIA o PLISS&Eacute; PERNERA MELAZ, donde el tejido se pone en relaci&oacute;n con metales como el acero inoxidable aportando vol&uacute;menes determinados y se convierte en veh&iacute;culo de memoria y resistencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 10:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia 'queer']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Arte contemporáneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-esfumo-mar-medio-siglo-misterio-bas-jan-ader_1_12708746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9ab52d1-ae86-4a96-af7d-6de967b0832f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La exposición 'Bas Jan Ader, el hombre que hizo del fracaso su obra maestra' recuerda al artista después de su desaparición</p><p class="subtitle">Una exposición 'desenfocada' reivindica lo borroso como el mejor medio de retratar una realidad insoportable</p></div><p class="article-text">
        El 10 de abril de 1976, la tripulaci&oacute;n del pesquero gallego Eduardo Pondal avist&oacute; un barco solitario volcado en las fr&iacute;as aguas del Atl&aacute;ntico, cerca de la costa sur de Irlanda. Al acercarse, descubrieron que se trataba del 'Ocean Wave', el peque&ntilde;o velero con el que el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/jordi-colomer-artista-conceptual-no-hay-olvidar-franco-hizo-tauromaquia-fiesta-nacional-cat_1_11350169.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artista conceptual</a> Bas Jan Ader hab&iacute;a intentado cruzar el oc&eacute;ano y del que no se ten&iacute;a noticias desde hac&iacute;a seis meses. Su nombre, boca abajo y semisumergido, era el primer epitafio de un misterio que a&uacute;n perdura hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el testimonio del patr&oacute;n Manuel Casti&ntilde;eira Alfeir&aacute;n ante la Comandancia Militar de A Coru&ntilde;a, el interior del barco era un inventario del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/agusti-villaronga-explora-desesperacion-naufragios-poquita-cosa_1_8025429.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">naufragio</a>: un sextante, ropa empapada, latas de comida vac&iacute;as y &ldquo;un estuche que conten&iacute;a un objeto que parec&iacute;a una peque&ntilde;a cocina de butano&rdquo;. En la parte de la cabina hab&iacute;a un peque&ntilde;o agujero que podr&iacute;a indicar una explosi&oacute;n, aunque no se pudo corroborar. Lo que no hubo fue rastro de Ader o de la c&aacute;mara que lo acompa&ntilde;aba para documentar el viaje. Poco despu&eacute;s, para aumentar el misterio y la leyenda, el propio velero desapareci&oacute; del muelle de A Coru&ntilde;a donde lo hab&iacute;an depositado. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, cuando se cumplen cincuenta a&ntilde;os de su desaparici&oacute;n, la Galer&iacute;a Espacio Bernal en Madrid presenta&nbsp;<em>Beyond the Body: Between the Intimate and the Political</em>, una exposici&oacute;n que rescata obras emblem&aacute;ticas de Bas Jan Ader como&nbsp;<em>I&rsquo;m too sad to tell you</em>&nbsp;(1970-71). La muestra, que tambi&eacute;n incluye piezas de artistas de la talla de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/artista-performance-marina-abramovic-gana-princesa-artes_1_7925611.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marina Abramovi&#263;</a>, reflexiona sobre los l&iacute;mites del cuerpo y la pol&iacute;tica de lo &iacute;ntimo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Bas Jan Ader, Fall 2, en Ámsterdam en 1970                            </span>
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        &ldquo;Nos interesa porque su trabajo sigue interpelando directamente a las formas contempor&aacute;neas de habitar la fragilidad, la intimidad y la relaci&oacute;n con los l&iacute;mites f&iacute;sicos y emocionales&rdquo;, cuenta Efra&iacute;n Bernal, director de la galer&iacute;a, a elDiario.es. &ldquo;Especialmente c&oacute;mo su obra activa una dimensi&oacute;n po&eacute;tica y pol&iacute;tica del cuerpo a trav&eacute;s del gesto m&iacute;nimo, del fracaso y del riesgo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Galer&iacute;a Espacio Bernal no ha sido la &uacute;nica en reivindicar el legado de Bas Jan Ader este a&ntilde;o. Coincidiendo con el aniversario de su desaparici&oacute;n, el Hamburguer Kunsthalle le dedic&oacute; una retrospectiva titulada&nbsp;<em>In Searching For</em>, que inclu&iacute;a obras in&eacute;ditas. Una muestra que confirma c&oacute;mo la figura del artista, medio siglo despu&eacute;s, sigue despertando el mismo inter&eacute;s y misterio.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Naufragio o <em>performance </em>radical?</h2><p class="article-text">
        En 1975, Bas Jan Ader llevaba varios a&ntilde;os viviendo en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/david-arnoff-fotografo-escena-punk-angeles-competitivos-querian-molar-nadie_1_12698147.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los &Aacute;ngeles</a>, donde se hab&iacute;a formado y hab&iacute;a conocido a su esposa, la tambi&eacute;n artista Mary Sue Andersen-Ader, mientras estudiaba en el Otis College of art and Design. Con 21 a&ntilde;os se hab&iacute;a establecido en Estados Unidos y hab&iacute;a logrado cierta notoriedad como artista &mdash;se cuenta, por ejemplo, que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pablo-larrain-chilena-dispuesta-revolucionar_1_3579125.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jackie Kennedy</a> adquiri&oacute; uno de sus dibujos cuando el artista ten&iacute;a apenas 19 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cuando desapareci&oacute;, con 33 a&ntilde;os, era profesor de Historia del Arte en la Universidad de California. A algunos, la noticia de su desaparici&oacute;n les pareci&oacute; parte de otra de sus <em>performances</em>. La hip&oacute;tesis no era tan descabellada: Ader hab&iacute;a construido su obra en torno a la fragilidad y el fracaso. &iquest;Acaso aquel viaje fallido era una acci&oacute;n final y m&aacute;s radical?
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                BJA Broken, Ámsterdam, 1971                            </span>
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        El artista hab&iacute;a zarpado de Cape Cod, Massachusetts, el 9 de julio de 1975, con el objetivo de alcanzar Falmouth, Inglaterra, como parte de una trilog&iacute;a perform&aacute;tica titulada&nbsp;<em>En busca de lo milagroso </em>de la que esta aventura era su segunda parte. Su esposa recordaba en un texto de reciente publicaci&oacute;n en <em>The Brooklyn Rail </em>que &ldquo;Bas Jan quer&iacute;a batir el r&eacute;cord del velero m&aacute;s peque&ntilde;o que jam&aacute;s hab&iacute;a cruzado el Atl&aacute;ntico en solitario&rdquo;. No hab&iacute;a sido la primera vez que se hab&iacute;a embarcado en una aventura similar. A&ntilde;os antes, hab&iacute;a cruzado el Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico desde Marruecos y hab&iacute;a llegado hasta California a bordo de otro peque&ntilde;o velero llamado 'Felicidad'. Sin embargo, esta vez la aventura terminar&iacute;a de manera muy distinta, y aproximadamente tres semanas despu&eacute;s de su partida, se perdi&oacute; toda conexi&oacute;n por radio.
    </p><h2 class="article-text">Una obra entre la fragilidad y lo tr&aacute;gico</h2><p class="article-text">
        El agua recorre como un hilo invisible la obra de Bas Jan Ader: desde sus emblem&aacute;ticas ca&iacute;das en los canales de &Aacute;msterdam hasta los sorbos de agua que toma a modo simb&oacute;lico &ndash;como una catarata que cae dentro del artista&ndash; en su performance <em>The boy who fell over Niagara Falls</em> (1972). Nada en su trabajo es neutral; todo es &iacute;ntimo, personal, cargado de un significado que va m&aacute;s all&aacute; del gesto. Como escribi&oacute; su esposa, Mary Sue Andersen-Ader: &ldquo;Me amaba y amaba el mar. El mar era mi &uacute;nica competencia&rdquo;. Y, as&iacute;, con la misma inevitabilidad con que caen las gotas, Ader consagr&oacute; su obra a explorar la ca&iacute;da en todas sus dimensiones.
    </p><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n no era casual. Hijo de pastores calvinistas, Ader naci&oacute; en 1946 en Winschoten, Pa&iacute;ses Bajos, en una familia marcada por la tragedia: su padre, que ayud&oacute; a esconderse a ciudadanos jud&iacute;os de la persecuci&oacute;n durante la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/comporta-cultura-gobierna-extrema-derecha_1_12438052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ocupaci&oacute;n nazi</a> del pa&iacute;s, fue fusilado. Erik Beenker se&ntilde;ala en el libro <em>Bas Jan Ader, Please don&rsquo;t leave me</em> que &ldquo;Ader, que era hijo de predicadores, y habr&iacute;a estado completamente familiarizado con el significado b&iacute;blico de la Ca&iacute;da&rdquo;. De hecho, en uno de sus cuadernos de 1968 hay una nota garabateada sobre la ca&iacute;da de los muros de Jeric&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista de 1972, el artista no solo relacionaba abiertamente la ca&iacute;da con la muerte de su padre, sino que ampliaba el significado de lo tr&aacute;gico en su obra. Para Ader este concepto trascend&iacute;a lo evidente: &ldquo;Siempre me ha fascinado lo tr&aacute;gico. Eso tambi&eacute;n est&aacute; contenido en el acto de caer; la ca&iacute;da es un fracaso. [&hellip;] Todo es tr&aacute;gico porque la gente siempre pierde el control de los procesos, de lo material, de sus sentimientos&rdquo;.
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                Bas Jan Ader, Untitled (The elements)                            </span>
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        Esta obsesi&oacute;n por la ca&iacute;da tom&oacute; forma en <em>performances </em>emblem&aacute;ticas como&nbsp;<em>Fall I (Los &Aacute;ngeles)</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Fall II (Amsterdam)</em>, ambas de 1970, que pueden verse actualmente en la Galer&iacute;a Espacio Bernal. &ldquo;Estas obras dialogan de forma muy potente con las nociones de vulnerabilidad, ca&iacute;da &mdash;en m&uacute;ltiples sentidos&mdash; y exposici&oacute;n del cuerpo, temas que atraviesan toda la exposici&oacute;n&rdquo;, explica Bernal. A estas piezas les siguieron&nbsp;<em>Broken Fall</em>&nbsp;(1971) y&nbsp;<em>Nightfall</em>&nbsp;(1971), documentadas en v&iacute;deos breves &mdash;casi &iacute;ntimos&mdash; que Mary Sue grababa mientras Ader se dejaba caer en lugares como un canal de &Aacute;msterdam. La fugacidad de estas im&aacute;genes las convierte en un lenguaje r&iacute;tmico, una b&uacute;squeda obsesiva. Como escribi&oacute; la artista Tacita Dean: &ldquo;Ader era un maestro de la gravedad. Cuando se ca&iacute;a, lo que dec&iacute;a era que la gravedad lo hab&iacute;a dominado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La insistencia y rendici&oacute;n ante lo incontrolable definen por completo la obra de Ader, marcada por una honestidad radical y un riesgo constante. Sus piezas interpelan porque muestran la vulnerabilidad de un hombre que escapa por completo del modelo tradicional de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/antonio-j-rodriguez-hombres-hemos-ejercido-violencia-privilegio_128_6258161.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">masculinidad</a>, mostrando una fragilidad inherente al ser humano. Esto ocurre especialmente en obras como <em>I&rsquo;m too sad to tell you</em> (1970-71), en la que Ader llora desconsolado durante tres minutos, y que produce un efecto espejo en el espectador, conmovido en lo m&aacute;s profundo. Ader no explica por qu&eacute; llora. Solo tenemos las im&aacute;genes.
    </p><h2 class="article-text">50 a&ntilde;os de enigma </h2><p class="article-text">
        De la misma forma que de sus <em>performances </em>solo conservamos esos instantes grabados, de&nbsp;<em>In Search of the Miraculous</em>&nbsp;nos quedan las im&aacute;genes de Ader&nbsp;y el relato de Mary Sue Andersen-Ader sobre los preparativos de aquel viaje definitivo: &ldquo;Condujimos por todo el pa&iacute;s remolcando el barco en coche. Yo tomaba Valium para calmarme&rdquo;. Y recuerda, con una nitidez que el tiempo no ha borrado, el momento de la despedida: &ldquo;Al d&iacute;a siguiente, mi madre, nuestro perro Lhoopie, el due&ntilde;o del puerto de Chatham y yo est&aacute;bamos en una lancha remolcando a Bas Jan en la ola del oc&eacute;ano hacia el mar (su barco no ten&iacute;a motor). Cuando lo liberamos, la emoci&oacute;n que sent&iacute; fue m&aacute;s profunda de lo que jam&aacute;s hab&iacute;a conocido. Estaba frente al mar, lejos de m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma imagen de soledad es la que acerca a Ader a la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica alemana, en especial a la figura de Caspar David Friedrich (1774-1840). Ambos artistas exploran la vulnerabilidad del ser humano ante la inmensidad de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">naturaleza</a>, aunque cada uno con sus propios medios: si Friedrich pintaba caminantes frente a paisajes nebulosos e infinitos, Ader se retrat&oacute; a s&iacute; mismo, solo, al atardecer, en una bah&iacute;a desolada. Acompa&ntilde;&oacute; esa imagen con un texto que lo dice todo y nada a la vez, mezclando el tono tr&aacute;gico con un punto de iron&iacute;a que tan bien dominaba: &ldquo;Adi&oacute;s a los amigos lejanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s, el misterio del 'Ocean Wave' permanece. Marion van Wijk y Koos Dalstra, por ejemplo, dedicaron una d&eacute;cada a reconstruir los hechos en su libro <em>In Search of the Miraculous, Bas Jan Ader,&nbsp;143/76</em>, publicado en 2017, pero ni siquiera ellos pudieron cerrar del todo la historia, sino m&aacute;s bien hacer un inventario de los hechos a posteriori. La desaparici&oacute;n de Ader se convirti&oacute;, finalmente, en otra de sus obras que nunca deja de interpretarse: un hombre, un barco y un oc&eacute;ano; una despedida que sigue interrog&aacute;ndonos sobre la p&eacute;rdida, el riesgo, la b&uacute;squeda y ese instante en que, como &eacute;l mismo anticip&oacute;, todo control se pierde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-esfumo-mar-medio-siglo-misterio-bas-jan-ader_1_12708746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Oct 2025 20:14:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-justicia-maruja-mallo-artista-pionera-demostro-mujer-posible_1_12664549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccda30be-7ad2-4c48-9ec2-7e6b56fe262c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1127398.jpg" width="7903" height="4446" alt="El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el 8 de octubre hasta el 26 de marzo de 2026 podrá visitarse la exposición que recoge gran parte de la obra de la artista, una de las figuras más importantes de la Generación del 27</p><p class="subtitle">Entrevista - Jeremy Allen White: “Le doy las gracias a Bruce Springsteen por usar su altavoz y hablar ahora que la gente se pone nerviosa por hacerlo”</p></div><p class="article-text">
        Para Maruja Mallo (Viveiro, 1902 - Madrid, 1995) el arte era siempre una versi&oacute;n superior de la realidad. Y en esa b&uacute;squeda de lo extraordinario, encontr&oacute; en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/diez-anos-ana-diosdado-autora-clavo-dientes-conciencia-espana_1_12647932.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">teatro</a> y la m&aacute;scara sus aliados perfectos: herramientas que le permit&iacute;an reflejar, distorsionar y transfigurar el mundo con una plasticidad sin l&iacute;mites. Toda esta fascinaci&oacute;n por el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/taylor-swift-juega-corona-the-life-of-showgirl-reino-maxima-autoridad-entretenimiento_129_12639365.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espect&aacute;culo</a>, por la dualidad de lo que se oculta y se revela, y por el ritmo matem&aacute;tico del comp&aacute;s que ordenaba sus composiciones, cristaliza ahora en <em>M&aacute;scara y comp&aacute;s</em>, la gran exposici&oacute;n que acoge el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-incorpora-colecciones-26-obras-arco-medio-millon-euros_1_12112519.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo Reina Sof&iacute;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        Organizada en colaboraci&oacute;n con la Fundaci&oacute;n Bot&iacute;n, la exposici&oacute;n re&uacute;ne m&aacute;s de 80 piezas &mdash;fotograf&iacute;as, documentos, libros y cartones&mdash; que llegan de instituciones de todo el mundo, desde el Art Institute de Chicago y el Centre Pompidou de Par&iacute;s hasta el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Este vasto conjunto, que recorre la trayectoria vital y art&iacute;stica de la creadora, la convierte en la mayor retrospectiva dedicada a la artista hasta la fecha.
    </p><p class="article-text">
        Resulta llamativo que una de las representantes m&aacute;s relevantes de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-reivindicara-generacion-27-centenario-proyecto-futuro-no-fotografia-pasado_1_12375897.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n del 27</a> y pionera de la figura de la mujer moderna no contara hasta ahora con una revisi&oacute;n de esta envergadura. &ldquo;S&iacute; que es muy extra&ntilde;o que no se haya hecho ya anteriormente una exposici&oacute;n sobre la figura de Maruja Mallo&rdquo;, reconoce Patricia Molins, comisaria de la muestra. &ldquo;Eso creo que tiene que ver con lo desperdigado que est&aacute; su legado y con el hecho de que, aunque se han organizado otras exposiciones, como la de Galicia en 1991 en el CEGAC, estas no hab&iacute;an llegado a Madrid&rdquo;. 
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        Maruja Mallo lleg&oacute; a ser la artista m&aacute;s importante de Madrid junto a Benjam&iacute;n Palencia en los a&ntilde;os que permaneci&oacute; en la capital. &ldquo;Maruja Mallo fue una mujer muy consciente de su autor&iacute;a y de su autoridad y se enfrent&oacute; a varios periodistas cuando no estaba de acuerdo con las cr&iacute;ticas que hab&iacute;an hecho de su obra, algo que muchos hombres no hac&iacute;an&rdquo;, explica Molins, dando cuenta del car&aacute;cter de la artista gallega. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La exposici&oacute;n se construye en 11 series repartidas en distintas salas, &ldquo;la &uacute;nica manera posible de ver y comprender su evoluci&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n Molins, &ldquo;y entender como siempre vuelve hacia los mismos temas con diferentes t&eacute;cnicas. </span>El recorrido se inicia con dos pinturas, <em>Ind&iacute;gena </em>(1924-1925) y <em>Retrato de se&ntilde;ora con abanico</em> (1926) que nos recuerdan el paso de Maruja Mallo por la Academia de las Artes de San Fernando entre 1922 y 1925, adem&aacute;s de la influencia de otros artistas academicistas o postimpresionistas, como <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/exposicion-habla-madrid-bohemio-espacios-actores-colectivos-compromiso-politico_1_12190208.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eduardo Chicharro</a> o Julio Romero de Torres. 
    </p><p class="article-text">
        En estas dos pinturas ya podemos apreciar una constante que aparece a lo largo de toda su trayectoria: el protagonismo de las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/wanda-landowska-mujer-escandalizo-elite-musical-convirtio-moderno-instrumento-antiguo_1_12002846.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">figuras femeninas</a>, y su inter&eacute;s por expandir su &aacute;mbito de acci&oacute;n a otras razas y culturas. A estas dos obras le sigue la serie <em>Las Verbenas</em> (1924-25), que la hizo m&aacute;s famosa en la exposici&oacute;n que organiz&oacute; Ortega y Gasset en 1928 en los salones de la Revista Occidente y que a&uacute;n hoy en d&iacute;a suponen unas de sus obras m&aacute;s populares.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estas pinturas&rdquo;, explica Molins, &ldquo;destacaron porque cortan con la visi&oacute;n de la Espa&ntilde;a anterior&rdquo;, y suponen uno de los platos fuertes de la exposici&oacute;n, porque es la primera vez que se vuelven a ver todas juntas desde 1928.&nbsp;El inter&eacute;s por el arte popular est&aacute; muy presente en estas cinco verbenas, haciendo referencias al teatro popular, al gui&ntilde;ol y encuadr&aacute;ndose dentro del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/salman-rushdie-devuelve-punalada-realismo-magico-demuestra-historias_129_9967483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">realismo m&aacute;gico</a> y la tradici&oacute;n de la vanguardia, que parte de la composici&oacute;n geom&eacute;trica y simb&oacute;lica y el concepto de simultaneidad y superposici&oacute;n del cine. Mallo aprovecha el poder festivo y sat&iacute;rico inherente a las verbenas para fusionar personajes y hacer una cr&iacute;tica de las estructuras sociales. 
    </p><h2 class="article-text">La nueva mujer: deportista y moderna</h2><p class="article-text">
        El recorrido contin&uacute;a con el colorismo alegre y din&aacute;mico de sus estampas (1927), cuya protagonista es la figura de la mujer. Una mujer deportista, que se mueve y que ocupa el espacio y que constituye una nueva forma de entender la femineidad. Destacan en esta nueva forma de ver a la mujer moderna sus autorretratos frente a la c&aacute;mara. Mallo concibe la fotograf&iacute;a como una parte esencial de su obra, que podemos ver ya en 1929, pero al que vuelve m&aacute;s tarde en 1945, retrat&aacute;ndose junto a su amigo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/pablo-neruda-poesia-politica_1_1791702.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Neruda</a> en una playa chilena, como una diosa marina cubierta de algas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esa &eacute;poca en que las mujeres empezaban a ser figuras p&uacute;blicas se utiliza mucho el tema de la <em>peformance</em>, el disfraz, el autorretrato, para reflejar su visi&oacute;n del mundo, presentando la imagen y el modelo la mujer moderna a trav&eacute;s de su arte&rdquo;, explica Molins. Esta visi&oacute;n de la mujer como usuario del espacio p&uacute;blico y modelo de una nueva humanidad resulta especialmente relevante en su obra. &ldquo;Ahora hay una gran coincidencia con sus intereses&rdquo;, explica la comisaria, &ldquo;porque las mujeres est&aacute;n muy presentes en la pintura de Mallo, pero tambi&eacute;n est&aacute; el hecho de que ella piensa en un mundo fluido, en un mundo trans&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vista de la exposición &#039;Maruja Mallo: Máscara y compás&#039;                            </span>
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        Esta perspectiva se materializa en series como&nbsp;<em>La religi&oacute;n del trabajo</em>&nbsp;(1937-1939), iniciada en Galicia y continuada durante el exilio, donde predominan figuras monumentales y asexuadas que construyen una nueva mitolog&iacute;a en torno a la relaci&oacute;n entre el trabajo y el misterio de la naturaleza con figuras asexuadas y monumentales. Obras como&nbsp;<em>Canto de espigas</em>&nbsp;(1939) ejemplifican esta b&uacute;squeda de una humanidad transformada.
    </p><p class="article-text">
        Durante su exilio en Argentina, Mallo profundiza en esta est&eacute;tica de sacralidad y monumentalidad. En estas series imagina una nueva humanidad a trav&eacute;s de bustos femeninos que reivindican el universalismo y la mezcla cultural, integrados en los ciclos circulares de la naturaleza. &ldquo;Esto conecta directamente con discusiones actuales&rdquo;, se&ntilde;ala Molins. &ldquo;Su manera de representar la relaci&oacute;n entre el ser humano y la naturaleza y la esencia de la humanidad, la vincula con el ecofeminismo, que propone una evoluci&oacute;n basada en la cooperaci&oacute;n y no en la ley del m&aacute;s fuerte&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Las figuras de este periodo alternan entre miradas frontales casi intimidatorias, como en&nbsp;<em>Joven Negra </em>(1948), y rostros con una ausencia que parece reflejar el propio desarraigo del exilio. Esta evoluci&oacute;n, desde lo popular hacia lo universal, desde Espa&ntilde;a hacia la fascinaci&oacute;n por la diversidad racial y la inmensidad del paisaje americano, queda perfectamente plasmada en sus series de m&aacute;scaras y cabezas, demostrando c&oacute;mo Mallo supo absorber e incorporar cada nueva experiencia a su universo creativo.
    </p><h2 class="article-text">La naturaleza como constante</h2><p class="article-text">
        La naturaleza fue uno de los grandes temas recurrentes en la trayectoria de Maruja Mallo, que abord&oacute; en distintas etapas con enfoques siempre renovados. &ldquo;Ella concibe sus obras como producto de simbiosis o metamorfosis, nunca como eliminaciones o superaciones&rdquo;, explica la comisaria, destacando una filosof&iacute;a creativa que privilegia la transformaci&oacute;n sobre la ruptura.
    </p><p class="article-text">
        Este <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/bosco-bioarte-recorrido-insolito-naturaleza_1_3339429.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">di&aacute;logo con lo natural</a> se materializa por primera vez en&nbsp;<em>Cloacas y Campanarios</em>&nbsp;(1929-1932), serie que desarroll&oacute; entre Madrid y Par&iacute;s gracias a una beca y donde centra su atenci&oacute;n en la materia inerte y sus texturas. La obra caus&oacute; tal impacto entre los surrealistas que el propio Andr&eacute; Breton adquiri&oacute;&nbsp;<em>El Espantap&aacute;jaros</em>&nbsp;(1930) para su colecci&oacute;n personal.
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                Vista de la exposición &#039;Maruja Mallo: Máscara y compás&#039;                            </span>
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        A su regreso a Espa&ntilde;a, Mallo vuelve su mirada hacia la naturaleza, aunque ahora desde una perspectiva diferente: la de las estructuras minerales y vegetales que dar&iacute;an lugar a sus series&nbsp;<em>Arquitecturas minerales y vegetales</em>&nbsp;(1930) y&nbsp;<em>Arquitecturas rurales</em>&nbsp;(1933-35). Seg&uacute;n la propia artista, estas obras surg&iacute;an del &ldquo;anhelo de construir de nuevo ese conjunto de cosas que responde a la materialidad y conciencia universal&rdquo;, as&iacute; como de la &ldquo;ansia de hallar un nuevo lenguaje formal para representar la realidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su estancia en Par&iacute;s tambi&eacute;n le permiti&oacute; estudiar escenograf&iacute;a y teatro, relacionarse con figuras como Picasso y Mir&oacute;, e interesarse por el espacio tridimensional como soporte art&iacute;stico. De este periodo destaca la escenograf&iacute;a para&nbsp;<em>Clavile&ntilde;o</em>&nbsp;(1936), un ballet de Rodolfo Halffter que nunca lleg&oacute; a estrenarse en la Residencia de Estudiantes debido al estallido de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/fotografias-robert-capa-mostro-brutalidad-guerra-civil-fotoperiodismo_1_12650593.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guerra Civil</a> y que se incluye como una de las piezas centrales de la exposici&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Geometr&iacute;a circular y visi&oacute;n c&oacute;smica</h2><p class="article-text">
        El tema de la naturaleza regresar&iacute;a con fuerza a su obra tras el estallido de la Guerra Civil, un periodo marcado por su huida primero a Portugal y despu&eacute;s a Argentina. Es all&iacute; donde desarrolla la serie&nbsp;<em>Naturalezas Vivas</em>&nbsp;(1941-1943), que presenta figuras femeninas sensuales y coloristas a trav&eacute;s de composiciones con conchas y flores. En estas obras, Mallo incorpora, adem&aacute;s, los hallazgos de la f&iacute;sica contempor&aacute;nea sobre la cuarta dimensi&oacute;n, un concepto que se esfuerza por plasmar visualmente.
    </p><p class="article-text">
        A su regreso definitivo a Espa&ntilde;a en 1965, la artista inicia su &uacute;ltima gran serie,&nbsp;<em>Viajeros del &eacute;ter</em>&nbsp;(1968-1980). En ella, el espacio representado se vuelve cada vez menos real y m&aacute;s c&oacute;smico, explorando conceptos como el cosmos, el &eacute;ter y el vac&iacute;o. Mallo transita as&iacute; por un mundo suprahumano, vali&eacute;ndose de conceptos matem&aacute;ticos, f&iacute;sicos y un lenguaje simb&oacute;lico para crear piezas que evocan figuras del espacio exterior.
    </p><p class="article-text">
        Fue en esa &eacute;poca cuando comenzaron los primeros esfuerzos por rescatar del olvido su figura, tras un largo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/maestras-republicanas-exilio-luz-prende_1_6084880.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exilio pol&iacute;tico</a>. &ldquo;Al investigar su trayectoria, me he dado cuenta de que se intenta recuperarla en los a&ntilde;os 70, cuando se pretenden restablecer los lazos con la vanguardia hist&oacute;rica, que hab&iacute;a desaparecido de la esfera p&uacute;blica&rdquo;, explica la comisaria Patricia Molins. &ldquo;Entonces se intentaba encasillarla, pregunt&aacute;ndose si era o no surrealista. Hoy esa cuesti&oacute;n nos importa menos, porque lo que hacemos es cuestionar el canon en s&iacute; mismo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-justicia-maruja-mallo-artista-pionera-demostro-mujer-posible_1_12664549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Oct 2025 20:44:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museo Reina Sofía,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/aurelia-munoz-artista-conquisto-moma-nueva-york-borrada-espana_1_12607861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5b17be8-c4a5-4815-a185-ea3f8ccd60b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125923.jpg" width="1200" height="675" alt="Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una exposición en la Galería Jose de la Mano en Madrid reivindica de nuevo la obra de la creadora catalana, una innovadora del textil, reconocida internacionalmente</p><p class="subtitle">‘Mi amiga Eva’, una comedia sobre separarse sin trauma, la menopausia y las ganas de enamorarse</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el ejercicio de recuperaci&oacute;n de artistas mujeres ha sido intenso, sacando a la luz <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/wanda-landowska-mujer-escandalizo-elite-musical-convirtio-moderno-instrumento-antiguo_1_12002846.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">figuras extraordinarias</a> que la historiograf&iacute;a y el canon hab&iacute;a arrinconado. Un caso paradigm&aacute;tico es el de Aur&egrave;lia Mu&ntilde;oz (Barcelona, 1926-2011), una pionera cuyo redescubrimiento se materializa ahora en la segunda exposici&oacute;n que la Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano de Madrid le dedica desde el 11 de septiembre hasta el 31 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ser &ldquo;una de las figuras m&aacute;s importantes de la renovaci&oacute;n del arte textil europeo, una revolucionaria&rdquo;, como declara la comisaria Isabel Tejeda, permaneci&oacute; durante a&ntilde;os ausente de las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/tecnologia-museo-prado-desvela-secretos-escondidos-lienzos-cuadros_1_12277188.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colecciones permanentes</a> de los museos estatales. Resulta dif&iacute;cil de creer este olvido cuando se repasa su trayectoria. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mu&ntilde;oz era muy famosa, vend&iacute;a much&iacute;simo en la &eacute;poca de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura/espana-pop-anos-60-libros-no-aparecen-escaparates-planes-ver_132_12564248.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los 60</a> y 70&rdquo;, explica Tejeda. Fue integrante del movimiento de Nouvelle Tapisserie, junto a otras artistas como Magdalena Abakanowicz, y particip&oacute; en las bienales m&aacute;s importantes de arte textil, como las de Lausana en 1971, 1973 y 1977 &mdash;donde sus piezas ocupaban un lugar destacado&mdash; o la Bienal de S&atilde;o Paulo de 1973, adem&aacute;s de recibir encargos institucionales de gran envergadura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Libro 1, 2009                            </span>
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        &iquest;C&oacute;mo se explica entonces que su obra quedara arrinconada tras su muerte? Tejeda lo atribuye a dos razones fundamentales: &ldquo;Influy&oacute; sin duda el hecho de que fuera una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/teresa-lanceta-artista-textil-premio-nacional-artesania-arte_1_10518956.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artista textil</a>, cuando lo textil se consideraba &lsquo;un arte menor&rsquo; dentro del arte contempor&aacute;neo, aunque ella defendiera siempre que era una artista contempor&aacute;nea. La otra raz&oacute;n es el hecho de que fuera una mujer; no es el &uacute;nico caso de borrado que ha ocurrido de artistas desde el tardofranquismo a la <a href="https://www.eldiario.es/redaccion/transicion-democracia-no-trajo-rey-gano-calle-nueva-revista-eldiario_132_12607672.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Transici&oacute;n democr&aacute;tica</a>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La conquista del espacio: del tapiz a la escultura</h2><p class="article-text">
        Mu&ntilde;oz hab&iacute;a estudiado en la Escola Massana de Barcelona, donde a partir de 1960 experiment&oacute; inicialmente con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/chris-ware-dibujante-comic-e-ilustrador-no-sirve-de-nada-regular-ia-hemos-llegado-tarde-cat_1_12185750.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dibujo</a>, la cer&aacute;mica y el esmalte. Sin embargo, fue el textil el lenguaje que acab&oacute; por cautivarla, debutando ese mismo a&ntilde;o con estampados sobre tela de yute.&nbsp;&ldquo;Comenz&oacute; haciendo tapices&rdquo;, explica Tejeda, &ldquo;pero fue para seguir trabajando textiles desde una base&rdquo;.&nbsp;Sus primeros trabajos, que se inclinaban hacia la abstracci&oacute;n y los motivos geom&eacute;tricos, fueron evolucionando de forma natural hacia el&nbsp;bordado y el patchwork.
    </p><p class="article-text">
        Esta exploraci&oacute;n bidimensional pronto se le qued&oacute; peque&ntilde;a.&nbsp;A partir de finales de los a&ntilde;os 60 y hasta principios de los 80, Mu&ntilde;oz vir&oacute; su investigaci&oacute;n hacia la t&eacute;cnica del macram&eacute;, lo que le permiti&oacute; comenzar a jugar con la tridimensionalidad y el volumen.&nbsp;Fue un salto conceptual.&nbsp;&ldquo;Sus tapices dejan de ser tapices al uso y pasan a ser esculturas hechas con nudos&rdquo;, se&ntilde;ala la comisaria. 
    </p><p class="article-text">
        Piezas como <em>Cometa anclado</em>&nbsp;(1974) dan cuenta de esta etapa crucial de expansi&oacute;n y de conquista del espacio, donde sus investigaciones adoptaron una potente dimensi&oacute;n arquitect&oacute;nica. &ldquo;Mu&ntilde;oz ten&iacute;a un pensamiento muy avanzado, fue m&aacute;s all&aacute; y entendi&oacute; que el textil era m&aacute;s que una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/jovenes-no-estudian-rescate-artesania-oficios-tradicionales-extincion_1_11592609.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artesan&iacute;a</a>, que pod&iacute;a separarse de la pared y alcanzar un espacio de tres dimensiones&rdquo;, cuenta Tejeda. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Pieza &#039;Cometa anclado&#039; (1974)                            </span>
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        Esta revolucionaria aproximaci&oacute;n al textil, que la situ&oacute; a la vanguardia internacional, no pas&oacute; desapercibida para las instituciones m&aacute;s prestigiosas del mundo.&nbsp;Una circunstancia curiosa, y que tambi&eacute;n menciona Tejeda, fue c&oacute;mo el MoMA de Nueva York le dedic&oacute; una sala dentro de sus colecciones permanentes, mucho antes que los museos espa&ntilde;oles fijaran su atenci&oacute;n en Mu&ntilde;oz.
    </p><p class="article-text">
        Sus piezas no solo formaron parte de las colecciones de instituciones tan emblem&aacute;ticas como el anteriormente mencionado MoMA de Nueva York, el Art Institute de Chicago o el National Museum of Modern Art de Kioto, sino que, con el tiempo, tambi&eacute;n lograron un hueco en el patrimonio espa&ntilde;ol. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, su trabajo est&aacute; presente en el Museo Reina Sof&iacute;a, el MACBA, el Museu Nacional d'Art de Catalunya &mdash;que recibi&oacute; una importante donaci&oacute;n de la familia&mdash; y la Fundaci&oacute;n Cristina Masaveu Peterson. La Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano, que ya hab&iacute;a defendido su obra en su propio espacio expositivo y en ferias como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cuatro-piezas-arco-enriqueceran-fondos-museo-arte-contemporaneo_1_8782713.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ARCO</a>, culmina ahora este proceso de rescate con una segunda exposici&oacute;n dedicada.
    </p><h2 class="article-text">El papel como objeto: la etapa m&aacute;s sutil</h2><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu inquieto de Mu&ntilde;oz nunca dej&oacute; de evolucionar. Si en los 70 conquist&oacute; el espacio con el textil, en las d&eacute;cadas siguientes lo har&iacute;a con un material inesperado: el papel. Esta &uacute;ltima exposici&oacute;n en la Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano &ndash;la primera tuvo lugar en el a&ntilde;o 2020-- se centra en la &uacute;ltima etapa de Mu&ntilde;oz, desarrollada entre los a&ntilde;os 80 y 90, un periodo de intensa experimentaci&oacute;n con este material.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Silvia Ventosa Mu&ntilde;oz, curadora de tejidos y moda, e hija de la artista, esta fue &ldquo;quiz&aacute; su &eacute;poca m&aacute;s desconocida y menos mat&eacute;rica, en la que fue minimizando hacia la abstracci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;Un proceso en el que el papel&nbsp;&ldquo;pasa de ser un soporte a ser un objeto en s&iacute; mismo&rdquo;, inscribi&eacute;ndose dentro del movimiento<em>&nbsp;paper cut</em>&nbsp;que emergi&oacute; en la d&eacute;cada de 1980.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Aurèlia Muñoz y Pájaro-Cometa                            </span>
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        En esta fase, los libros adquirieron una importancia central como objetos art&iacute;sticos,&nbsp;aunque nada convencionales. Los de Mu&ntilde;oz estaban poblados de grafismos inventados que dialogaban con caligraf&iacute;as no occidentales.&nbsp;&ldquo;A mi madre le gustaban mucho los grafismos, como, por ejemplo, de la escritura &aacute;rabe o de la japonesa&rdquo;,&nbsp;se&ntilde;ala Ventosa Mu&ntilde;oz. 
    </p><p class="article-text">
        Para materializar estas piezas, la artista lleg&oacute; a producir su propio papel controlando el proceso artesanal y decidiendo su gramaje y material&nbsp;&mdash;ya fuera pulpa de lino, que le daba transparencia, o de algod&oacute;n, que era mate&mdash;, e incluso experimentaba con los tintes, un resultado que puede apreciarse en detalle en las obras de la exposici&oacute;n. La primera obra de esta serie fue una libreta en 1980, titulada significativamente&nbsp;<em>Llibre tancat&nbsp;(Libro cerrado)</em>, que marc&oacute; el inicio de esta exploraci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Una mirada &iacute;ntima a las inspiraciones y procesos de Mu&ntilde;oz</h2><p class="article-text">
        Silvia Ventosa Mu&ntilde;oz ofrece una mirada &iacute;ntima sobre las fuentes de inspiraci&oacute;n de su madre.&nbsp;&ldquo;Ella ten&iacute;a una casa en Menorca, y all&iacute; se sit&uacute;an estos conjuntos escult&oacute;ricos talay&oacute;ticos que a ella le impresionaban mucho&rdquo;, explica. De ah&iacute; surgieron obras como las que se exhiben en el suelo de la Galer&iacute;a,&nbsp;<em>Taula prehist&oacute;rica peque&ntilde;a</em>&nbsp;y<em>&nbsp;Taula prehist&oacute;rica</em>, ambas de 1989.
    </p><p class="article-text">
        Pero su fascinaci&oacute;n por la isla iba m&aacute;s all&aacute; de sus monumentos.&nbsp;La vida marina tambi&eacute;n fue una musa constante.&nbsp;&ldquo;A ella le obsesionaba el fondo del mar&rdquo;, relata Ventosa.&nbsp;&ldquo;Tomaba como fuente de inspiraci&oacute;n las algas o las an&eacute;monas&rdquo;. Esta inspiraci&oacute;n se materializa en piezas de inspiraci&oacute;n japonesa como <em>Washi azul</em> (1990), que con el brillo de la mica simulan el centelleo de las olas bajo el sol.&nbsp;&ldquo;Tambi&eacute;n se inspiraba en otros seres, como peces y p&aacute;jaros, que vinculaba, por ejemplo, con la estructura de los libros&rdquo;, indica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Washi azul, 1990                            </span>
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        &ldquo;Hay todo un tema sobre la ingravidez que investigar en las obras de Mu&ntilde;oz&rdquo;, reflexiona la comisaria Isabel Tejeda. &ldquo;Ella est&aacute; todo el tiempo jugando con el peso y la levedad&rdquo;, cuenta. Un juego de contradicciones que se hace evidente en sus m&oacute;viles, como<em>&nbsp;El libro a&eacute;reo&nbsp;</em>(1985), colgados del techo con hilos de pescar casi invisibles, pero con una presencia f&iacute;sica contundente; o en sus&nbsp;Taulas, que simulan la pesadez del metal con la levedad del papel.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su obra comparte con el minimalismo la idea de la repetici&oacute;n, Tejeda prefiere definirla como &ldquo;post-minimal&rdquo;. &ldquo;El minimal se basa en la repetici&oacute;n de un elemento de manera industrial, que ni siquiera el artista produce&rdquo;, aclara. &ldquo;Sin embargo, en la obra de Mu&ntilde;oz, todo est&aacute; producido artesanalmente&rdquo;, a&ntilde;ade. Esa mano artesana &mdash;&iacute;ntima y singular&mdash;se puede apreciar en su &ldquo;esculturas cubistas&rdquo; (de clara ra&iacute;z constructivista), compuestas por 15 o 20 piezas colgadas a la altura de las personas. &ldquo;Cuando la gente pasaba entre ellas, las piezas bailaban con el aire que mov&iacute;an al caminar&rdquo;, recuerda Tejeda. Una coreograf&iacute;a silenciosa y ef&iacute;mera que convert&iacute;a el espacio en un lugar vivo.
    </p><p class="article-text">
        El legado de Aur&egrave;lia Mu&ntilde;oz no se limita a calidad e innovaci&oacute;n de su obra, sino que se extiende a su papel como maestra e influencia clave para una generaci&oacute;n de artistas textiles espa&ntilde;olas, como Pilar Sala o Aurelia Masanet, tal y como subraya la comisaria Isabel Tejeda. Una herencia que, por fin, est&aacute; recibiendo la atenci&oacute;n institucional que merece: el MACBA y el Museo Reina Sof&iacute;a est&aacute;n organizando de forma conjunta una gran exposici&oacute;n para abril del a&ntilde;o que viene, un homenaje que promete restituir, definitivamente, el lugar central que le corresponde en la historia del arte espa&ntilde;ol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/aurelia-munoz-artista-conquisto-moma-nueva-york-borrada-espana_1_12607861.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 20:15:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Artesanía,Arte,Dibujos,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/banera-millais-memes-tiktok-ofelia-dejado-silencio_1_12527394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b75ccd1e-f5f8-4823-8ef2-19cc1a7e9c01_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123657.jpg" width="6801" height="3825" alt="De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cómo un personaje silenciado por Shakespeare y la psiquiatría victoriana se transformó en bandera feminista</p><p class="subtitle">Tenía 18 años, talento y le gustaban los excesos: de cómo Françoise Sagan dio voz a su generación con 'Buenos días, tristeza'
</p></div><p class="article-text">
        En el invierno de 1852 el pintor John Everett Millais contrat&oacute; a una modelo y poeta de 19 a&ntilde;os para que posara como Ofelia. Elisabeth Siddal, que ese era su nombre, se pas&oacute; largas horas metida en una ba&ntilde;era en el estudio del pintor, y aunque Millais hab&iacute;a colocado algunas velas debajo para calentar el agua, el tiempo transcurrido hizo que algunas de las velas comenzaran a apagarse. Siddal, que notaba como el agua se iba enfriando, no dijo nada, soportando la temperatura del agua en un gesto que se ha calificado de obediencia o de sumisi&oacute;n. La sesi&oacute;n de posado termin&oacute; con una Siddal enferma de neumon&iacute;a y con Millais pagando de mala gana las facturas m&eacute;dicas.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Esta an&eacute;cdota, casi tan conocida como la propia pintura, revela el coste humano detr&aacute;s de la creaci&oacute;n de un icono: la </span>Ofelia<span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Millais que ha pasado a la historia del arte convertida en un arquetipo, est&aacute; marcada por el sufrimiento silencioso de Siddal, haci&eacute;ndose eco del sufrimiento de Ofelia en la obra de Shakespeare. Ambas historias se entrelazan por la sumisi&oacute;n al r&eacute;gimen patriarcal. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En </span><em>Hamlet</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, Ofelia es primero una herramienta en los juegos de poder de su padre Polonio, quien la usa para espiar al pr&iacute;ncipe. Pero Hamlet, herido por el r&aacute;pido matrimonio de su madre con el asesino de su padre, proyecta su misoginia en la joven. Tras la muerte de Polonio a manos de Hamlet y el rechazo brutal del pr&iacute;ncipe, Ofelia enloquece. Su ahogamiento &mdash;narrado con lirismo por la reina Gertrude&mdash; transforma el dolor en espect&aacute;culo. Una tragedia que, cuatro siglos despu&eacute;s, sigue fascinando precisamente por lo que esconde: la voz de una mujer reducida, silenciada.</span>
    </p><h2 class="article-text">La psiquiatr&iacute;a victoriana convirti&oacute; a Ofelia en un estereotipo</h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La cr&iacute;tica feminista Elaine Showalter aborda la fascinaci&oacute;n cultural por Ofelia en sus ensayos </span><em>Representando a Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> y </span><em>El mal de las mujeres</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, donde analiza c&oacute;mo la iconograf&iacute;a psiqui&aacute;trica del siglo XIX convirti&oacute; a 'la loca' en un estereotipo visual. Curiosamente, esta obsesi&oacute;n moderna por el personaje comenz&oacute; a gestarse en 1820, cuando una compa&ntilde;&iacute;a teatral inglesa populariz&oacute; su figura en los escenarios franceses. Poco despu&eacute;s, hacia 1840, las primeras representaciones pict&oacute;ricas consolidar&iacute;an el mito: la </span><em>Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Delacroix (1838) sentar&iacute;a las bases visuales que inspirar&iacute;an a generaciones de artistas, incluido Millais dos d&eacute;cadas despu&eacute;s.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;The Death of Ophelia&#039; de Eugène Delacroix                            </span>
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        En el mismo a&ntilde;o en que Millais pasaba seis meses pintando el paisaje de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Hogsmill River at Ewell en Surrey</span> que acompa&ntilde;ar&iacute;a a la figura de Ofelia sumergida, otro pintor brit&aacute;nico, Arthur Hughes, pintaba otra de las Ofelias m&aacute;s famosas de la historia del arte, retrat&aacute;ndola como una 'campanilla' que mezcla una feminidad ani&ntilde;ada e inocente, acompa&ntilde;ada de un aura de martirio cristiano, una versi&oacute;n que se contrapone a la de Millais y su belleza 'fatal' y que adoptaron algunos otros pintores como Pierre Auguste Cot. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Ophelia&#039; de Arthur Hughes (1852)                            </span>
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        Las representaciones de Ofelia, como apunta Showalter, se convirtieron en el prototipo no solo de mujer trastornada en la literatura y el arte victorianos, sino tambi&eacute;n de la paciente joven en los manicomios. Su tipo de locura se inscrib&iacute;a en el trastorno que los psiquiatras calificaban de &ldquo;erotoman&iacute;a&rdquo;: un delirio amoroso en el que quien lo sufre cree que una persona est&aacute; enamorada del sujeto.
    </p><p class="article-text">
        Para 1860, Ofelia ya era el paradigma de la loca victoriana con el que los psiquiatras de la &eacute;poca acostumbraban a moralizar, ya fuera con las im&aacute;genes de las pinturas acad&eacute;micas o en el reciente uso de la fotograf&iacute;a como elemento de control social. Un ejemplo de esto fueron las fotograf&iacute;as que tom&oacute; Hugh W. Diamond en el sanatorio de Surrey a una interna a la que visti&oacute; con una guirnalda de flores silvestres y un chal negro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Hugh W. Diamond: Retrato de una interna en Surrey vestida de Ofelia (ca. 1851)                            </span>
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        Precisamente, la omnipresencia de las flores en la representaci&oacute;n no era casual o un mero gui&ntilde;o shakespeariano. Como destaca Showalter, &ldquo;proced&iacute;an de la iconograf&iacute;a de la sexualidad femenina en el Renacimiento; su ofrenda era una 'desfloraci&oacute;n' simb&oacute;lica&rdquo;.<em> </em>Incluso su muerte por ahogamiento se asociaba a lo femenino y lo irracional:<em> &ldquo;</em>El agua es el s&iacute;mbolo org&aacute;nico de los fluidos femeninos: la sangre, la leche, las l&aacute;grimas&rdquo;. Esta simbolog&iacute;a se materializ&oacute; en pinturas donde los elementos bot&aacute;nicos y acu&aacute;ticos cobraron protagonismo, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">desde las Ofelias de John William Waterhouse, hasta la versi&oacute;n hipn&oacute;tica de H&eacute;bert (1876) o el lirismo oscuro de Cabanel (1883). </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Ophelia&#039; de John William Waterhouse                            </span>
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        A finales del siglo XIX, la figura de Ofelia se reprodujo hasta la saciedad, trascendiendo fronteras fuera del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n y franc&eacute;s. Pronto se convirti&oacute; en un motivo internacional, reinterpretado en otras corrientes art&iacute;sticas, y pintores como el alem&aacute;n Friedrich Heyser o el belga Constantin Meunier la adaptaron a sus estilos, pero siempre manteniendo el aura de enigma femenino.
    </p><h2 class="article-text">Ofelia emerge del agua</h2><p class="article-text">
        Conforme el avance de la psiquiatr&iacute;a y de la visi&oacute;n sobre la mujer y su contribuci&oacute;n en la sociedad iban cambiando, la figura de Ofelia fue a su vez evolucionando. Algo que ya puede observarse en las escenas on&iacute;ricas del simbolismo que pinta Odilon Redon sobre la hero&iacute;na de Hamlet entre 1900 y 1905. &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La pintura ilustra un momento particular de la obra, en el que Ofelia encuentra su camino hacia el arroyo, donde se encuentra con su final entre las flores que ha recogido&rdquo;, se&ntilde;ala en un ensayo en The London Magazine </span><a href="https://thelondonmagazine.org/ophelia-among-the-flowers-by-redon-by-gillian-murtagh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gillian Murtagh</a>. &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Este momento, puede interpretarse como un escape del dominio patriarcal que la ha moldeado en la persona en la que eventualmente se convierte&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La liberaci&oacute;n del yugo patriarcal tambi&eacute;n pas&oacute; por reapropiarse de esta figura tan manoseada por los psiquiatras y la sociedad victoriana. Sarah Bernhardt, la c&eacute;lebre actriz y escultora francesa, lo demostr&oacute; en su audaz relieve </span><em>Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (1880), donde la joven no yace sumergida como en Millais, sino que </span>emerge <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">de las aguas con un gesto ext&aacute;tico. A ella se le une la visi&oacute;n de las pintoras Violet Oakley con su </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>La rosa de Ofelia</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (1918), que imagina una protagonista de luto, pero a&uacute;n viva y reflexiva, y Madelaine Lemaire, que pinta en 1880 a una Ofelia desafiante y sensual. </span>
    </p><p class="article-text">
        Para liberar a Ofelia del texto de Hamlet, reflexiona Showalter, tendr&iacute;amos que profundizar en la historia de su representaci&oacute;n, poniendo el foco en su propio personaje y c&oacute;mo se le niega una voz si no es en relaci&oacute;n a los hombres que la rodean y condicionan. En ese sentido, obras teatrales como <em>Opheliamachine</em> de Magda Romanska &mdash;una cr&iacute;tica feminista escrita en 2005&mdash; han abierto nuevos caminos. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En el pr&oacute;logo, Idinca Tolut resume la idea de la obra</span>: <em>&ldquo;</em>Ofelia casi nunca ha hablado antes, ahora es el centro de la historia&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Trauma en vez de locura: la Ofelia del siglo XXI</h2><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y gracias a trabajos como el de la propia Showalter, esta reivindicaci&oacute;n ha ido m&aacute;s all&aacute; del arte: los estudios contempor&aacute;neos de psicolog&iacute;a y humanidades han analizado el posible s&iacute;ndrome postraum&aacute;tico que sufrir&iacute;a Ofelia tras la muerte de su padre y el rechazo de Hamlet. Ya no es solo la &ldquo;loca&rdquo; del imaginario victoriano, sino una figura compleja cuyos gestos se leen como s&iacute;ntomas de un trauma real. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La artista Marlene Dumas lo amplifica en </span><em>From Ophelia to Medusa</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (2004), donde funde la imagen cruda de una Ofelia muerta con la de otras hero&iacute;nas castigadas, contestando y desafiando a la idealizaci&oacute;n de Millais.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin embargo, observa Gabrielle Dane en </span><em>Reading Ophelia's madness, </em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">&ldquo;con su identidad construida siempre en referencia a otra, Ofelia es, en esencia, un cifrado vac&iacute;o que espera ser infundido con significado&rdquo;. Quiz&aacute; por eso el arquetipo ha pasado tan f&aacute;cilmente desde la Inglaterra isabelina y se ha infiltrado en el inconsciente colectivo de manera que sigue siendo una representaci&oacute;n tanto de la sumisi&oacute;n femenina como de la rebeld&iacute;a; una ambig&uuml;edad que refleja el conflicto con los propios deseos y la falta de agencia. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Esta evoluci&oacute;n ha llegado tambi&eacute;n al cine. En producciones recientes, como </span><em>Ophelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Claire McCarthy (2018), la joven noble se redefine como protagonista due&ntilde;a de sus deseos y voluntad, al margen de los hombres que la rodean. Otras pel&iacute;culas han reinterpretado su figura: desde el ic&oacute;nico cartel de Kirsten Dunst en </span><em>Melancholia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Lars Von Trier hasta la escena de suicidio en la ba&ntilde;era de </span><em>Las v&iacute;rgenes suicidas</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de </span><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/sofia-coppola-no-he-convertido-elvis-villano-he-intentado-no-mostrarlo-dios-pedestal_1_10926942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sofia Coppola</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">. En todas estas versiones, el personaje muestra una vulnerabilidad que trasciende lo est&eacute;tico para volverse pol&iacute;tico: su suicidio, aunque a veces idealizado, se revela como consecuencia directa de la violencia estructural que la ahoga.</span>
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            <span class="title">
                Captura de TikTok                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero el giro m&aacute;s reciente ocurre en redes sociales, donde la imagen de Ofelia est&aacute; lejos de estar agotada. La est&eacute;tica prerrafaelita de la Ofelia de Millais se ha convertido en el lenguaje visual de una generaci&oacute;n que se identifica con el personaje y la est&eacute;tica a trav&eacute;s de </span><em>fancams</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> en TikTok y memes en los que las j&oacute;venes reinterpretan su dolor no como locura, sino como resistencia: decepciones amorosas, ansiedad o simplemente la belleza melanc&oacute;lica de sentirse incomprendida. La misma imagen que sirvi&oacute; como instrumento para controlar a las mujeres, hoy es un s&iacute;mbolo que fluye entre el arte, la moda y la cultura digital.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/banera-millais-memes-tiktok-ofelia-dejado-silencio_1_12527394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Aug 2025 20:09:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Arte,William Shakespeare,Hamlet]]></media:keywords>
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