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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tania López García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/tania-lopez-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tania López García]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mover o no un cuadro histórico como el 'Guernica': el balance entre el riesgo y el símbolo político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mover-no-cuadro-historico-guernica-balance-riesgo-simbolo-politico_1_13132529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef1c168d-af31-4941-9bd4-147c6d47750c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mover o no un cuadro histórico como el &#039;Guernica&#039;: el balance entre el riesgo y el símbolo político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El enorme 'Guernica', una obra en disputa, solo podría moverse sin enrollarse, en posición vertical y en condiciones ambientales de humedad invariable, pero los defensores de su traslado temporal reclaman que se encuentren soluciones tecnológicas a la medida del reto</p><p class="subtitle">Cuernos, llaves y naipes: el significado escondido de los símbolos que siempre acompañaron al arte</p></div><p class="article-text">
        La historia es de sobra conocida. El lunes 26 de abril de 1937, cuando las fuerzas nacionalistas de Franco empujaban hacia el norte para cortar Bilbao y tomar el control del Pa&iacute;s Vasco, se tom&oacute; la decisi&oacute;n de aplastar la resistencia con una abrumadora muestra de fuerza. A las cuatro de la tarde, y durante las siguientes tres horas, sesenta aviones italianos y alemanes lanzaron bombas incendiarias sobre Guernica, reduci&eacute;ndola a una bola de fuego. No se hab&iacute;a visto nada parecido en Europa, y aquello lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Unos meses antes, Pablo Picasso &mdash;que en ese momento era ya el artista vivo m&aacute;s famoso del mundo&mdash; hab&iacute;a recibido un encargo del Gobierno Republicano para el pabell&oacute;n espa&ntilde;ol de la Exposici&oacute;n Universal de Par&iacute;s prevista para aquel verano. Impactado por el ataque, el 1 de mayo comenz&oacute; a dar forma concreta al cuadro y durante las siguientes semanas, bocetos, dibujos y pinturas se derramaron con una pasi&oacute;n febril. A finales de junio de 1937, Picasso estaba listo para los toques finales de una obra ejecutada a una escala tan monumental que se hab&iacute;a visto obligado a colocarla en &aacute;ngulo en su enorme estudio de la parisina rue des Grands-Augustins. Todo el proceso qued&oacute; documentado por la fot&oacute;grafa Dora Maar, que era entonces su amante.
    </p><p class="article-text">
        El lehendakari <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/pradales-insiste-sanchez-sacaron-franco-tumba-no-son-capaces-traer-guernica-madrid_1_13119935.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imanol Pradales </a>pidi&oacute; el cuadro a Pedro S&aacute;nchez. D&iacute;as antes de otro encuentro en La Moncloa, la vicelehendakari, Ibone Bengoetxea, le concret&oacute; al ministro Ernest Urtasun <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/gobierno-vasco-pide-traslado-temporal-guernica-picasso-guggenheim-90-anos-bombardeo_1_13095229.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que la pintura se trasladase</a> durante nueve meses al Museo Guggenheim de Bilbao a finales de 2026, como parte de los actos de conmemoraci&oacute;n del 90 aniversario del Gobierno vasco y del ataque a Gernika. Pradales calific&oacute; la iniciativa de gesto de memoria hist&oacute;rica y de &ldquo;reparaci&oacute;n simb&oacute;lica&rdquo;, un lenguaje que ha generado pol&eacute;mica. &ldquo;No estamos ante una cuesti&oacute;n meramente t&eacute;cnica, sino ante una cuesti&oacute;n de memoria, reconocimiento y reparaci&oacute;n&rdquo;, secund&oacute; la consejera de Cultura vasca Ibone Bengoetxea en un encuentro posterior en Madrid. 
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                El &#039;Guernica&#039; de Pablo Picasso, la joya del Museo Reina Sofía                            </span>
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        Desde entonces se ha producido un cruce de acusaciones, sobre todo desde el &aacute;mbito pol&iacute;tico, ya que el Guggenheim no ha querido hacer declaraciones por el momento, y el Reina Sof&iacute;a ha respondido &uacute;nicamente <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/museo-reina-sofia-esgrime-informe-tecnico-alerta-riesgos-mover-guernica_1_13101615.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mostrando los informes de los restauradores</a> sobre el estado del cuadro. El ministro de Cultura rechaza el traslado, <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/ministro-cultura-rechaza-forma-rotunda-traslado-temporal-guernica-picasso-madrid-bilbao_1_13124863.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;de forma rotunda&rdquo;</a>.
    </p><h2 class="article-text">Un lienzo pintado con urgencia</h2><p class="article-text">
        Y es que el problema t&eacute;cnico existe, y no es menor. El Guernica es un &oacute;leo sobre lienzo de 349 x 776 cent&iacute;metros, pintado con una rapidez casi violenta en apenas seis semanas. Esa urgencia, y las d&eacute;cadas de viajes posteriores, han dejado huella: la capa pict&oacute;rica presenta grietas y zonas de fragilidad que lo convierten en uno de los casos m&aacute;s citados en conservaci&oacute;n y restauraci&oacute;n de arte contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Tras su exposici&oacute;n en el Pabell&oacute;n Espa&ntilde;ol, el Guernica emprendi&oacute; en 1938 una larga gira organizada por el representante de Picasso, el marchante de arte Paul Rosenberg, para concienciar al mundo sobre la situaci&oacute;n del bando republicano: los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, Am&eacute;rica, Londres y de vuelta a Europa (Berl&iacute;n, Mil&aacute;n). Ese traj&iacute;n pas&oacute; factura a la pintura, que tuvo que ser restaurada en el MoMA de Nueva York en 1957, donde permaneci&oacute; a petici&oacute;n del propio Picasso durante varios a&ntilde;os. Por si fuera poco, el 28 de febrero de 1974 el artista estadounidense Tony Shafrazi pint&oacute; en el mural con spray rojo, en un intento de llamar la atenci&oacute;n sobre las mentiras de la Guerra de Vietnam, dejando microresiduos en las fisuras del lienzo.
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                    alt="Los operarios proceden a desmontar la carga de las bodegas del jumbo &quot;Lope de Vega&quot; procedente de Nueva York, en donde viaja el &quot;Guernica&quot; de Pablo Picasso en foto de 1981"
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                Los operarios proceden a desmontar la carga de las bodegas del jumbo &quot;Lope de Vega&quot; procedente de Nueva York, en donde viaja el &quot;Guernica&quot; de Pablo Picasso en foto de 1981                            </span>
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        El 10 de septiembre de 1981 el Guernica volvi&oacute; a Espa&ntilde;a, concretamente al Cas&oacute;n del Buen Retiro en Madrid. Jos&eacute; Carlos Rold&aacute;n, restaurador del CAAC que particip&oacute; en la comisi&oacute;n de restauraci&oacute;n del Reina Sof&iacute;a hace veinte a&ntilde;os, explica c&oacute;mo fue aquel traslado al museo el 26 de junio de 1992, del que tuvo conocimiento a trav&eacute;s de su trabajo posterior en la comisi&oacute;n: &ldquo;La pieza se extendi&oacute; en el Cas&oacute;n del Buen Retiro y se le aplic&oacute; calor para que la cera que ten&iacute;a le diera elasticidad&rdquo;. Los da&ntilde;os eran tan patentes que en esa ocasi&oacute;n se decidi&oacute; trasladarla enmarcada, en parte por la cercan&iacute;a entre ambos puntos. &ldquo;Adem&aacute;s &mdash;recalca Rold&aacute;n&mdash; es una obra bastante delicada por c&oacute;mo fue pintada, y sufri&oacute; mucho en el traslado de Nueva York a Madrid porque vino enrollada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mural se convirti&oacute; enseguida en una pieza fundamental del museo reci&eacute;n inaugurado, hogar definitivo de la obra m&aacute;s ic&oacute;nica del siglo XX, y en uno de los grandes referentes del arte moderno a nivel mundial, atrayendo cada a&ntilde;o a millones de visitantes que peregrinan hasta Madrid para contemplar el lienzo.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el propio Reina Sof&iacute;a, &ldquo;el Guernica es un s&iacute;mbolo pol&iacute;tico, hasta el punto de que aparece como emblema ante cualquier episodio de violencia o de vulnerabilidad de la poblaci&oacute;n civil&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El historiador del arte e investigador Manu Mart&iacute;n, autor del ensayo <em>Contra el Patrimonio,</em> tambi&eacute;n coincide en esta visi&oacute;n de la obra como un s&iacute;mbolo reivindicativo: &ldquo;Creo que hay que volver a poner en relaci&oacute;n su tem&aacute;tica, que es la denuncia de un bombardeo fascista que todav&iacute;a forma parte de la memoria muy reciente de Espa&ntilde;a&rdquo;. &ldquo;Me parece una decepci&oacute;n tremenda que el Ministerio de Cultura haya cerrado tanto la puerta a algo que creo que le vendr&iacute;a muy bien a la izquierda como es repolitizar el cuadro&rdquo;, a&ntilde;ade. Y es que precisamente esa carga simb&oacute;lica es la que alimenta, una y otra vez, las peticiones de traslado.
    </p><h2 class="article-text">Todas las solicitudes, denegadas</h2><p class="article-text">
        El museo enumera las m&aacute;s recientes: el Guggenheim en 1997 y de nuevo en 2007; el MoMA, que lo hab&iacute;a albergado durante d&eacute;cadas, en 2000 &mdash;y como aclara el Reina Sof&iacute;a, &ldquo;ni siquiera esta vez el Guernica viaj&oacute; a Nueva York, debido a las razones expuestas, motivos que fueron perfectamente comprendidos y asumidos por el MoMA&rdquo;&mdash;; el Royal Ontario Museum de Canad&aacute; en 2006; el Grupo FujiExp de Jap&oacute;n en 2009; y el Gwangju Museum de Corea del Sur en 2012. Todas las solicitudes fueron denegadas.
    </p><p class="article-text">
        El propio museo justifica su decisi&oacute;n mediante el informe t&eacute;cnico sobre el estado del mural: &ldquo;El tama&ntilde;o de la obra determina las dimensiones de la caja y el espacio en el que ha de transportarse&rdquo;, y subraya que la obra &ldquo;NO PUEDE ENROLLARSE por la naturaleza actual de los elementos que la componen, y ha de permanecer todo el tiempo en posici&oacute;n vertical y en unas condiciones de humedad y temperatura estables&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con todos estos datos concluyen que se trata de un mural que, &ldquo;por su formato, naturaleza de los elementos que la componen y estado de conservaci&oacute;n, junto con los numerosos da&ntilde;os sufridos a lo largo del tiempo, la hacen especialmente sensible a todo tipo de vibraciones inevitables en el transporte que podr&iacute;an generar nuevas grietas, levantamientos y p&eacute;rdidas de la capa pict&oacute;rica, as&iacute; como desgarros en el soporte&rdquo;.
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                    alt="El Rey acompaña a Obama en una visita al Reina Sofía centrada en el &#039;Guernica&#039;"
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                El Rey acompaña a Obama en una visita al Reina Sofía centrada en el &#039;Guernica&#039;                            </span>
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        &ldquo;Cualquier persona que conozca el estado de conservaci&oacute;n de <em>El Guernica</em> sabe que no puede viajar&rdquo;, afirma el historiador del arte y divulgador Miguel &Aacute;ngel Cajigal Vera, conocido en redes como El Barroquista. &ldquo;Incluso cambiarlo de pared dentro del Reina Sof&iacute;a fue en su momento muy delicado. Ni siquiera ser&iacute;a prudente moverlo diez kil&oacute;metros, mucho menos enviarlo a m&aacute;s de 400 kil&oacute;metros de distancia. El cuadro viaj&oacute; demasiado durante d&eacute;cadas y est&aacute; en un estado muy precario: es el ejemplo que siempre se pone en la disciplina de los da&ntilde;os que puede sufrir una obra por exceso de movimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rold&aacute;n adem&aacute;s a&ntilde;ade otro punto de vista: &ldquo;Si plante&aacute;ramos por ejemplo que nos prestaran Las Meninas para una exposici&oacute;n temporal, estoy seguro de que el informe ser&iacute;a negativo. La Mona Lisa tampoco se presta. Es la joya del museo. Ya puedes hacer una caja perfecta, fletar un avi&oacute;n, tomar todas las precauciones del mundo&hellip; pero hay obras que, cuando pones en una balanza el riesgo y la ventaja, no admiten discusi&oacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">S&iacute;mbolo pol&iacute;tico, objeto fr&aacute;gil</h2><p class="article-text">
        El Guernica lleg&oacute; a Espa&ntilde;a por primera vez ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Picasso. El acuerdo con el MoMA recog&iacute;a sus instrucciones expl&iacute;citas: el cuadro no deb&iacute;a regresar a Espa&ntilde;a hasta que no se restablecieran las libertades democr&aacute;ticas. Antes de instalarse en su sala actual, ya mostraba signos evidentes del desgaste acumulado, raz&oacute;n suficiente para no moverlo m&aacute;s. Desde entonces, el museo ha extremado las precauciones: la pintura se exhibe en condiciones de temperatura y humedad controladas, y cualquier intervenci&oacute;n sobre ella &mdash;incluso un simple cambio de posici&oacute;n&mdash; se convierte en un operativo de alta precisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No todos comparten esa postura con la misma rotundidad. En el simposio celebrado en 1998 en torno al estado y el posible traslado del Guernica, Stephan Michalski, cient&iacute;fico jefe del Canadian Conservation Institute, plante&oacute; una pregunta que Rold&aacute;n recuerda con cierta iron&iacute;a: &ldquo;Si somos capaces de ir a la Luna, &iquest;por qu&eacute; no somos capaces de trasladar este lienzo al Guggenheim?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Un mural que pide que el &#039;Guernica&#039; se traslade a Gernika                            </span>
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        A esta se le unieron las opiniones de los pol&iacute;ticos vascos como I&ntilde;aki Anasagasti, que ya en el pasado ve&iacute;a la oposici&oacute;n al pr&eacute;stamo como parte de una pol&iacute;tica reaccionaria: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Con expertos como estos no se hubiera inventado la rueda, ni se hubiera ido a la Luna, ni se hubiera hecho una operaci&oacute;n de trasplante de coraz&oacute;n. No entiendo que un problema t&eacute;cnico no pueda tener una soluci&oacute;n t&eacute;cnica&rdquo; afirm&oacute; en 1998. </span>
    </p><p class="article-text">
        Manu Mart&iacute;n, por su parte, tambi&eacute;n se muestra partidario del traslado de la obra a otros museos: &ldquo;Yo creo que lo que est&aacute; pidiendo el Gobierno vasco es m&aacute;s que l&iacute;cito. Para cualquier exposici&oacute;n se piden obras. Me parecer&iacute;a bien desmitificarla un poco, y que se pudiera recuperar ver en otros sitios, de manera itinerante, pero tampoco me la llevar&iacute;a a todas partes, yo lo veo m&aacute;s como una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s que t&eacute;cnica&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para Cajigal Vera, el debate ha entrado en un terreno inc&oacute;modo: &ldquo;Una parte pide el mural sabiendo que la petici&oacute;n es imposible de atender con los datos objetivos en la mano. La otra se limitar&aacute;, todas y cada una de las veces, a recordar que hay informaci&oacute;n cient&iacute;fica y t&eacute;cnica que nunca avalar&aacute; ese pr&eacute;stamo. La raz&oacute;n de ser de cualquier museo es preservar los bienes que custodia para las generaciones futuras. Aprobar un viaje como este pondr&iacute;a en serio peligro la supervivencia del cuadro, y adem&aacute;s la log&iacute;stica para mover una obra de semejante tama&ntilde;o es absolutamente excepcional y no se justifica desde el punto de vista museogr&aacute;fico&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El espejo de Sijena y Bayeux</h2><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica recuerda a otros conflictos sobre patrimonio, como el reciente caso de la devoluci&oacute;n por parte del MNAC de las pinturas murales medievales del Monasterio de Santa Mar&iacute;a de Sijena, en el que la historiadora Marisancho Menj&oacute;n se mostr&oacute; a favor de la restituci&oacute;n. Aunque Cajigal Vera matiza la comparaci&oacute;n: &ldquo;Son casos muy diferentes. En Sijena hay dos partes enfrentadas cuyos t&eacute;cnicos no se ponen de acuerdo, pero adem&aacute;s existe una sentencia judicial de restituci&oacute;n. Con el <em>Guernica</em>, en cambio, no encontrar&aacute;s a un solo t&eacute;cnico independiente que no te diga que moverlo es un riesgo injustificable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una opini&oacute;n que comparte Rold&aacute;n: &ldquo;Sijena es distinto, entre otras cosas porque el contexto tambi&eacute;n lo es: aquellas piezas fueron trasladadas a un museo en Catalunya por miedo a que fueran vandalizadas&rdquo;. En aquel caso, una expedici&oacute;n de 1936 del Gobierno de la Generalitat republicana, capitaneada por Josep Gudiol, intent&oacute; salvar las pinturas de un incendio provocado. Permanecieron en el MNAC durante d&eacute;cadas con el objetivo de conservarlas y restaurarlas. M&aacute;s tarde, en los a&ntilde;os ochenta, la Generalitat compr&oacute; a las monjas de Sijena las obras que ya ten&iacute;a expuestas. La resoluci&oacute;n judicial se ha inclinado por la restituci&oacute;n, aunque el debate sobre si la simbolog&iacute;a de la devoluci&oacute;n compensa la permanencia en el museo de Montju&iuml;c sigue abierto.
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                Dos técnicos analizan las pinturas del monasterio de Sijena en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC)                            </span>
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        Pero Sijena no es el &uacute;nico caso comparable que aflora en este debate. &ldquo;El que s&iacute; me parece equiparable al del <em>Guernica </em>es el del Tapiz de Bayeux&rdquo;, explica Cajigal Vera. &ldquo;Macron decidi&oacute; prestarlo al Museo Brit&aacute;nico con todos los informes t&eacute;cnicos en contra, porque la decisi&oacute;n respond&iacute;a a una l&oacute;gica pol&iacute;tica, no t&eacute;cnica. Cuando se produzca el deterioro, y seguramente suceder&aacute;, habr&aacute; que ver qui&eacute;n asume la responsabilidad de haber hecho pol&iacute;tica con un tesoro nacional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, entonces, es inevitable: &iquest;por qu&eacute; unas obras pueden trasladarse pese a su fragilidad y otras no? Rold&aacute;n da la respuesta: &ldquo;Hay que poner en una balanza qu&eacute; es lo prioritario y hacia d&oacute;nde se quiere ir. &iquest;Es m&aacute;s importante el s&iacute;mbolo pol&iacute;tico o la integridad del objeto? Esas decisiones cambian con la pol&iacute;tica cultural. Ambos lados tienen buenas razones, por eso es tan pol&eacute;mico&rdquo;. Y en esa tensi&oacute;n &mdash;entre el valor simb&oacute;lico de una obra y su supervivencia f&iacute;sica&mdash; se juega, en el fondo, todo el debate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mover-no-cuadro-historico-guernica-balance-riesgo-simbolo-politico_1_13132529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 19:46:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mover o no un cuadro histórico como el 'Guernica': el balance entre el riesgo y el símbolo político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Pablo Picasso,Guernica,Políticas culturales,Museo Reina Sofía,Patrimonio Histórico,Patrimonio Cultural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothy-iannone-artista-escandalizo-60-pensar-sexo-no-ocultar_1_13015720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ae009c7-10b6-4b45-98e1-bc916138bfbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137274.jpg" width="3093" height="1740" alt="Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo CA2M dedica la primera gran muestra en España a la artista estadounidense, una autodidacta que desafió a las instituciones en los 60 y convirtió su autobiografía erótica en un proyecto espiritual</p><p class="subtitle">‘Cumbres borrascosas’ y la ambigüedad racial de Heathcliff: el cine transforma la crítica social en un producto romántico</p></div><p class="article-text">
        Hay artistas que hacen arte y artistas para quienes el arte es una forma de vivir. Dorothy Iannone (Boston, 1933 &ndash; Berl&iacute;n, 2022) pertenec&iacute;a al segundo grupo. Su pr&aacute;ctica pict&oacute;rica iba m&aacute;s all&aacute; de una mera decisi&oacute;n est&eacute;tica, implicando un compromiso vital y espiritual que le cost&oacute; la censura y la expulsi&oacute;n de exposiciones. Ahora, el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo CA2M</a> reivindica su perseverancia en&nbsp;<em>Una y otra vez</em>, la primera monogr&aacute;fica de la artista en Espa&ntilde;a, recuperando a una pionera que, sin adscribirse a ning&uacute;n movimiento, consigui&oacute; que la mujer dejara de ser <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">objeto deseado</a> para convertirse en sujeto deseante.
    </p><p class="article-text">
        Comisariada por Tania Pardo, la muestra, que se abre ceremonialmente con unas paredes y una alfombra rojas, re&uacute;ne seis d&eacute;cadas de carrera articuladas en seis apartados entre los que encontramos dibujo, v&iacute;deo, decoraci&oacute;n y libros saturados de color. &ldquo;Hay que entender su trabajo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/genero-autobiografico-maneras-contar-vida_1_4292746.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reivindicaci&oacute;n de la autobiograf&iacute;a</a> adem&aacute;s de como una herramienta de conocimiento, como posici&oacute;n pol&iacute;tica y como pr&aacute;ctica&rdquo;, explica Pardo. &ldquo;El t&iacute;tulo hace referencia a la resistencia de muchas artistas, que se han mantenido trabajando, pese a estar siempre en los m&aacute;rgenes de la historia can&oacute;nica del arte&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        De origen italoamericano, Iannone se licenci&oacute; en literatura norteamericana e inglesa en la Universidad de Boston. Pronto se cas&oacute; con el artista James Upham, al que conoci&oacute; en 1958 y con quien se traslad&oacute; a Nueva York. All&iacute; abrieron una galer&iacute;a de arte, la Street Gallery. &ldquo;A partir de entonces&rdquo;, cuenta Pardo, &ldquo;establece mucho contacto con escritores y artistas pl&aacute;sticos en un momento muy en&eacute;rgico para EEUU, marcado por la guerra de Vietnam y el movimiento hippie&rdquo;.
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            <span class="title">
                Dorothy Iannone y Dieter Roth, en 1967                            </span>
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        Entre 1961 y 1968, la pareja viaj&oacute; por Europa y Asia, un periplo que le permiti&oacute; profundizar en su inter&eacute;s por lo pl&aacute;stico y realizar sus primeras incursiones art&iacute;sticas, desde el expresionismo abstracto hasta la serie de collages de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/literatura-japonesa-murakami_1_5175783.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">influencia japonesa</a> que podemos admirar en la exposici&oacute;n. Fue en uno de esos viajes, en Reikiavik, donde su vida dio un giro radical al conocer al que ser&iacute;a su segundo marido, el artista Dieter Roth y al que ella llamar&iacute;a su &ldquo;muso&rdquo;. Con &eacute;l, Iannone encontr&oacute; un compa&ntilde;ero vital y el catalizador de una etapa de explosi&oacute;n creativa. &ldquo;Ella se autodenominaba La Leona&rdquo;, se&ntilde;ala Pardo, dando t&iacute;tulo al primer cap&iacute;tulo de la exposici&oacute;n. &ldquo;No solo por lo que simboliza el animal, sino porque su signo astrol&oacute;gico es Leo&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        Mujer de espiritualidad inquieta &mdash;de ascendencia cat&oacute;lica, se adhiri&oacute; al budismo en los 80&mdash;, sent&iacute;a una fascinaci&oacute;n l&uacute;dica por el tarot o la g&uuml;ija, a la que lleg&oacute; a preguntar en varias sesiones con amigos sobre la importancia del arte. Pero sin duda, una de las piezas m&aacute;s hermosas de esa secci&oacute;n es el tarot que dedic&oacute; a Roth, &ldquo;un canto a su relaci&oacute;n dom&eacute;stica&rdquo;. Porque en el universo de Iannone, lo dom&eacute;stico nunca fue un espacio menor.&nbsp;<em>A Cookbook</em>&nbsp;(1969), un cuaderno de recetas, es quiz&aacute; su ejemplo m&aacute;s conmovedor: en &eacute;l, las instrucciones para guisar un plato se intercalan con apuntes sobre sus sentimientos m&aacute;s &iacute;ntimos. El amor no solo se siente, se guisa, se escribe, se pinta. &ldquo;Cuando pintaba, escrib&iacute;a, cantaba y filmaba mi mensaje, se podr&iacute;a decir que llenaba por completo mi mente&rdquo;, dijo la artista. &ldquo;Y nada me daba m&aacute;s placer que expresarlo. Si, de alguna manera, he ayudado a la gente a estar m&aacute;s cerca de s&iacute; mismos, eso significar&iacute;a mucho para m&iacute;&rdquo;, apuntaba.
    </p><h2 class="article-text">El cuerpo sin censura: una posici&oacute;n pol&iacute;tica</h2><p class="article-text">
        La efervescencia de aquellos a&ntilde;os impregn&oacute; su obra. Adopt&oacute; una paleta de vibrantes colores planos para los fondos de sus pinturas, un sello que ya no abandonar&iacute;a jam&aacute;s. Inspirada por las shunga japonesas, el Kamasutra y la cer&aacute;mica griega, Iannone asumi&oacute; con naturalidad que los genitales eran una parte esencial de la vida y, por tanto, dignos de ser representados sin pudor. &ldquo;No lo hace con &aacute;nimo de escandalizar&rdquo;, aclara Pardo, &ldquo;sino que se pregunta: <em>&iquest;por qu&eacute; no puedo hacerlo?&rdquo;.</em> As&iacute;, pint&oacute; una y otra vez a las figuras masculinas, incluido su amado Roth, con los atributos sexuales expl&iacute;citos, integrando el deseo y la intimidad dom&eacute;stica en el centro de su universo pict&oacute;rico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La obra &#039;(Ta)Rot Pack, 1968-69&#039;                            </span>
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        &ldquo;En sus obras siempre introduc&iacute;a texto de las lecturas que hac&iacute;a, como Shakespeare, que le inspiraba y le gustaba mucho&rdquo;, explica Pardo, &ldquo;y despu&eacute;s de conocer a Dieter, empieza a introducir las conversaciones propias en sus trabajos&rdquo;. De este modo, Iannone construy&oacute; un imaginario donde el amor libre se encumbra a trav&eacute;s de escenas de sexo expl&iacute;citamente autobiogr&aacute;ficas. En sus obras, de gran impacto visual, el espectador asiste a una constante exploraci&oacute;n y disoluci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero &mdash;lo femenino y lo masculino se hibridan&mdash;, narrada siempre con un sutil sentido del humor que destila en detalles ling&uuml;&iacute;sticos y pict&oacute;ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convicci&oacute;n inquebrantable de que el sexo no era algo que ocultar le cost&oacute; su primer gran esc&aacute;ndalo en 1969, durante la m&iacute;tica exposici&oacute;n&nbsp;<em>When Attitudes Become Form</em>&nbsp;en Berna. El comisario Harald Szeemann recibi&oacute; la orden de cubrir los penes de las figuras de su obra&nbsp;<em>Ta(Rot) Pack</em>. Iannone se neg&oacute;. Dieter Roth la apoy&oacute;, las obras fueron retiradas y Szeemann dimiti&oacute;. &ldquo;Hay una cosa muy interesante en la exposici&oacute;n y es que estamos muy habituados, por ejemplo, a ver la representaci&oacute;n del cuerpo femenino&rdquo;, apunta Pardo, &ldquo;incluso la vulva o la vagina en los museos cl&aacute;sicos, pero vemos muy poco la representaci&oacute;n f&aacute;lica, y mucho menos pintada por una mujer en esta &eacute;poca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de amedrentarse tras este incidente, la artista convirti&oacute; la censura en material creativo y realiz&oacute;&nbsp;<em>The Story of Bern</em>&nbsp;(1970), una narraci&oacute;n visual que hoy se erige como un hito en la historia de la libertad de expresi&oacute;n art&iacute;stica. La propia Iannone se pronunci&oacute; sobre ello en una conversaci&oacute;n que mantuvo con el tambi&eacute;n artista Matteo Cattelan en 2006: &ldquo;[&hellip;] En el fondo el contenido de mi obra no se vio afectado por la censura. La ignor&eacute; por completo y mantuve la mirada puesta en mi coraz&oacute;n. Como sigo haciendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Arte dom&eacute;stico y afectos: 'Gentefilia'</h2><p class="article-text">
        Esa perseverancia vital se manifiesta en una obra crom&aacute;tica, luminosa y t&aacute;ctil que, por su propia vivacidad, funciona hoy como un ant&iacute;doto a la imaginer&iacute;a homog&eacute;nea de las pantallas y supone un shock sensorial. Su arte psicod&eacute;lico es en s&iacute; mismo una afirmaci&oacute;n gozosa de lo hecho a mano, de la textura y del detalle, y de la libertad m&aacute;s profunda. Esa misma pulsi&oacute;n por lo artesanal y lo afectivo vertebra toda la exposici&oacute;n, que contin&uacute;a con el apartado <em>Gentefilia</em>, dedicado a las figuras de la cultura pop, los amigos y a su familia.&nbsp;Es el caso de la serie&nbsp;<em>People</em>, con la que inicia sus primeras obras figurativas en 1966. En ellas, la representaci&oacute;n expl&iacute;cita de los genitales se mezcla con un elenco variopinto de amigos, gente an&oacute;nima y celebridades como Ringo Starr o Charles Chaplin. &ldquo;Lo popular, lo pop, la lealtad hacia los amigos... todo est&aacute; ah&iacute;&rdquo;, resume Pardo. 
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                La exposición sobre Dorothy Iannone en el Museo CA2M                            </span>
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        Uno de los v&iacute;nculos m&aacute;s fascinantes es, sin duda, el que mantuvo con su madre, Sarah Pucci, a la que se dedica otro cap&iacute;tulo m&aacute;s de la exposici&oacute;n. De ascendencia italiana y afincada en Boston, Sarah crio sola a su hija y, a partir de 1959 &mdash;cuando ya ten&iacute;a 57 a&ntilde;os&mdash;, comenz&oacute; a enviarle regalos en cada cumplea&ntilde;os o San Valent&iacute;n: unas peque&ntilde;as esculturas de espuma de poliestireno que ella misma llamaba&nbsp;<em>balls</em>.&nbsp;De apariencia kitsch, Pucci las recubr&iacute;a con perlas falsas, alfileres, purpurina y todo tipo de pedrer&iacute;a de pl&aacute;stico, creando objetos que parec&iacute;an peque&ntilde;os pasteles. &ldquo;Su relaci&oacute;n&rdquo;, apunta Pardo, &ldquo;recuerda a la que Andy Warhol mantuvo con su madre, Julia Warhola&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una red de afectos se extiende a sus amistades, como la artista Mary Harding, con quien fund&oacute; una editorial en el Berl&iacute;n de 1976. &ldquo;A Iannone le encanta hacer cosas objetuales y, sobre todo, libros&rdquo;, se&ntilde;ala la comisaria. En la muestra pueden verse hojas sueltas de algunas de esas publicaciones, donde se aprecia c&oacute;mo ciertos motivos decorativos &mdash;flores, cenefas como teclas de piano, serpientes&mdash;, como el sexo, se repiten una y otra vez.&nbsp;Hay, adem&aacute;s, un tono juguet&oacute;n que rezuma optimismo, como ocurre cuando utiliza una mesa de casino para representar c&oacute;mo el amor es un juego. &ldquo;Su humor est&aacute; en todo: en una silla, en los objetos para la casa y lo dom&eacute;stico. En ella hay una cosa muy alegre, pero tambi&eacute;n de reivindicaci&oacute;n democratizadora&rdquo;, afirma Pardo.
    </p><p class="article-text">
        El recorrido se cierra con una sala dedicada a la Estatua de la Libertad, pero tambi&eacute;n a los lemas y dioses desnudos que, en el imaginario de la artista, acompa&ntilde;an la liberaci&oacute;n de la gente. La imagen de la matriarca que preside el puerto de Nueva York aparece una y otra vez en su obra tard&iacute;a, pero Iannone la despoja de su ret&oacute;rica oficial para devolverle su significado original. &ldquo;Es el rel&aacute;mpago aprisionado, y su nombre, Madre de los Exiliados&rdquo;, recita Pardo, evocando el soneto de Emma Lazarus inscrito en el pedestal. &ldquo;Desde el faro de su mano brilla la bienvenida para todo el mundo&rdquo;, concluye. Convertida en s&iacute;mbolo de acogida para quienes buscan refugio, la estatua se erige as&iacute; en la met&aacute;fora final de una artista que hizo de su vida y su obra un espacio libre. Un lugar donde, una y otra vez, siempre se pod&iacute;a volver a empezar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothy-iannone-artista-escandalizo-60-pensar-sexo-no-ocultar_1_13015720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Feb 2026 21:20:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dorothy Iannone, la artista que escandalizó en los 60 por pensar que el sexo no era algo que ocultar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Arte,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-reescribe-historia-mujeres-jerarquias-visitante-protagonista_1_12995201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/771ba068-5707-406a-9b0c-48fe2ec3ebcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136698.jpg" width="4000" height="2250" alt="El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El museo estrena el próximo 18 de febrero un recorrido de 3.000 metros cuadrados que fragmenta narrativas, incorpora adquisiciones recientes y coloca al espectador en el epicentro de la experiencia</p><p class="subtitle">“¡Si la gente quiere escuchar mis discos, tendrá que comprarlos en una tienda!”: la iniciativa que quiere cambiar la industria musical</p></div><p class="article-text">
        Los museos, adem&aacute;s de mostrarnos obras, nos muestran relatos. Lo que el pr&oacute;ximo 18 de febrero inaugurar&aacute; el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/historia-reina-sofia-museo-no-cuenta-sufrio-bombardeos-inspiraron-guernica_1_12397704.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo Reina Sof&iacute;a</a> en la planta cuarta del Edificio Sabatini pertenece a la categor&iacute;a <em>Colecci&oacute;n. Arte Contempor&aacute;neo: 1975-Presente</em>, que&nbsp;va m&aacute;s all&aacute; de ser una mera reordenaci&oacute;n de fondos. Constituye un relato expositivo que lleva gest&aacute;ndose desde 2023 bajo la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/manuel-segade-nuevo-director-museo-reina-sofia_1_10269146.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">direcci&oacute;n de Manuel Segade</a> y que aspira a contar los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os de creaci&oacute;n desde Espa&ntilde;a como quien teje una trama colectiva.
    </p><p class="article-text">
        El punto de partida resulta ineludible: el a&ntilde;o 1975. &ldquo;Un a&ntilde;o bisagra para la historia espa&ntilde;ola&rdquo;, como recuerda el ministro de cultura <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ernest-urtasun-grandes-objetivos-cultura-deje-asociada-precariedad-laboral_128_12094186.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ernest Urtasun</a>. El nuevo discurso arranca precisamente ah&iacute;, en la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/olvidados-transicion-pedro-pastor-canta-necesidad-subsanar-grieta-profunda_1_12627722.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fragilidad emocional de la Transici&oacute;n</a>, para desplegarse despu&eacute;s en 21 cap&iacute;tulos que funcionan como constelaciones antes que como secuencia cronol&oacute;gica estricta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo lineal se quiebra: el visitante podr&aacute; elegir entre tres itinerarios que atraviesan los m&aacute;s de 3.000 metros cuadrados de exposici&oacute;n, encontr&aacute;ndose tanto con las piezas emblem&aacute;ticas de siempre como con adquisiciones recientes y obras de artistas j&oacute;venes, que reflejan las transformaciones sociales de un pa&iacute;s que aprendi&oacute; a mirarse al espejo sin pudor. &ldquo;Quer&iacute;amos destacar la presencia de los visitantes, y que estos encontraran su espacio dentro del museo&rdquo;, explica Segade. La selecci&oacute;n re&uacute;ne 403 obras de 224 artistas, configurando una mirada amplia, compleja y plural al arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo.
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                Una obra del nuevo recorrido del Reina Sofía                            </span>
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        La apuesta museogr&aacute;fica lleva la firma del artista Xabier Salaberria y el arquitecto Patxi Eguiluz, que han concebido el espacio como un territorio por explorar m&aacute;s que como un contenedor neutro. Los vol&uacute;menes irrumpen, las salas se fragmentan, las obras abandonan su sumisi&oacute;n milim&eacute;trica a la pared para plantarse en el centro &ldquo;ya sin pedestales&rdquo;, como se&ntilde;ala Segarre, desafiando al espectador a rodearlas, a vivirlas desde todos los &aacute;ngulos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La d&eacute;cada de los setenta como herida y origen</h2><p class="article-text">
        El recorrido inicia con un punto de partida muy poderoso. Este lo marca<strong> </strong><em>Documento n&deg;... (1975) </em>de Juan Genov&eacute;s, referente art&iacute;stico de la Transici&oacute;n, con una reivindicaci&oacute;n permanente de los derechos fundamentales y recordatorio de que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/libro-jovenes-espana-creen-dictadura-mejor-democracia_1_12880098.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la democracia es un bien fr&aacute;gil</a> que exige protecci&oacute;n constante. A su lado, una vi&ntilde;eta de Chumy Ch&uacute;mez publicada en Hermano Lobo dos d&iacute;as despu&eacute;s de la muerte de Franco. El humor y la gravedad, la carcajada y el escalofr&iacute;o, se dan la mano para abrir la primera gran secci&oacute;n:&nbsp;<em>Estructuras afectivas de la Transici&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se encuentra el desencanto a trav&eacute;s de gestos radicales. En esta sala destacan los grabados de Picasso que sufrieron un atentado en la Galer&iacute;a Theo en 1971, la tela quemada por el propio Mir&oacute;, violencia autoinfligida que habla de una &eacute;poca en llamas, y el cortometraje <em>Hotel</em> de Iv&aacute;n Zulueta, recientemente sonorizado por Jota de Planetas, donde las manifestaciones urbanas y la violencia se funden en una banda de im&aacute;genes que parecen profetizar un pa&iacute;s en ebullici&oacute;n.
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                Una de las obras de arte de la renovada ‘Colección Arte Contemporáneo&#039;                            </span>
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        El segundo espacio,&nbsp;<em>Contracultura material</em>, da visibilidad a aquellas subjetividades que el franquismo mantuvo en la penumbra. Aqu&iacute; brilla con luz propia la&nbsp;<em>Asunci&oacute;n Gloriosa</em> (1981-82) de Oca&ntilde;a, adquirida por el museo en 2024 y convertida ya en emblema de una libertad reci&eacute;n estrenada. Le acompa&ntilde;an la posmodernidad hedonista de Guillermo P&eacute;rez Villalta, los tebeos de Nazario procedentes del Archivo Lafuente, los tableros que Ceesepe pint&oacute; para el bar La Vaquer&iacute;a &mdash;con las cicatrices de un tiroteo real incrustadas en la madera&mdash; y las joyas que Chus Bur&eacute;s dise&ntilde;&oacute; para el cine de Almod&oacute;var.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Los afectos como territorio pol&iacute;tico&nbsp;</h2><p class="article-text">
        El tr&iacute;ptico inicial se cierra con&nbsp;<em>Tentativas y l&iacute;mites de un r&eacute;gimen institucional para el arte en democracia</em>, una secci&oacute;n que indaga en los esfuerzos &mdash;no siempre exitosos&mdash; por internacionalizar la creaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Las performances extremas de Jordi Benito, la visita de Warhol a Madrid en 1983 para exponer en la Galer&iacute;a Vijande, o la maqueta de Richard Serra para una escultura en el centro de la capital que nunca lleg&oacute; a realizarse. Proyectos fallidos, sue&ntilde;os de grandeza, encuentros y desencuentros con la modernidad que ayudan a entender las contradicciones de un pa&iacute;s que aprend&iacute;a a gestionar su propia imagen en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el visitante se adentra en el primer plato fuerte de la exposici&oacute;n:&nbsp;<em>Una historia de los afectos en el arte contempor&aacute;neo</em>. Porque, si algo vertebra esta nueva colecci&oacute;n, es la certeza de que lo personal siempre ha sido pol&iacute;tico, y que las emociones &mdash;el amor, el deseo, la rabia, la ternura&mdash; funcionan como fuerzas capaces de recomponer lazos comunitarios en tiempos de crisis.&nbsp;
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                Una obra de la colección                            </span>
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        Aqu&iacute; se encuentran a las artistas que pusieron el cuerpo de las mujeres en el centro de la escena p&uacute;blica: Judy Chicago, con su cortometraje&nbsp;<em>Women and Smoke</em>&nbsp;&mdash;adquirido en ARCO el a&ntilde;o pasado&mdash;, junto a Dorothy Iannone, Ana Mendieta o Esther Ferrer. La genealog&iacute;a de lo &iacute;ntimo se convierte as&iacute; en historia social, y las obras, en testigos de una transformaci&oacute;n colectiva. &ldquo;Hemos subido el porcentaje de artistas mujeres al 34%, nunca hubo tantas mujeres en la colecci&oacute;n&rdquo;, cuenta Segade. &ldquo;Pero el 34 % no es el 40.Queda mucho por hacer&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma pulsi&oacute;n se reivindica en&nbsp;<em>Acciones portuarias. Cruising y revuelta est&eacute;tica</em>, un espacio que conecta directamente con las siguientes salas,&nbsp;<em>Arrebatos. Est&eacute;ticas a los pies del caballo</em>, donde la pel&iacute;cula m&iacute;tica de Iv&aacute;n Zulueta ocupa un lugar central como emblema de una &eacute;poca y una sensibilidad dominadas por los cambios sociales.
    </p><h2 class="article-text">El duelo como experiencia compartida</h2><p class="article-text">
        Le siguen dos salas que funcionan como un poderoso recordatorio:&nbsp;<em>Pandemia y Lenguaje</em>&nbsp;y&nbsp;<em>&iquest;Qu&eacute; le hace el Sida al arte?</em>. La crisis del sida y de la hero&iacute;na en los ochenta y noventa, ese dolor tantas veces invisibilizado, encuentra su expresi&oacute;n en la instalaci&oacute;n&nbsp;<em>Ajuares</em>&nbsp;(1997) de Pepe Miralles, rodeada por las fotograf&iacute;as del colectivo Cabello/Carcelles, adquiridas en 2024. El duelo, precisamente, se convierte en uno de los hilos conductores de este recorrido. &ldquo;Con ello dialogamos con una pieza important&iacute;sima de la colecci&oacute;n, como es el&nbsp;<em>Guernica</em>, que es una obra de duelo tambi&eacute;n&rdquo;, apunta Manuel Segade. En torno a esta herida compartida se articulan los dos &uacute;ltimos espacios de este primer itinerario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Vestimentas de duelo</em>&nbsp;re&uacute;ne al escritor y fot&oacute;grafo Herv&eacute; Guibert &mdash;fallecido por sida en 1991&mdash; y al pintor Miquel Barcel&oacute;, que realiz&oacute; unos retratos de Guibert rociados con &aacute;cido, imitando la corrosi&oacute;n de la carne que provocaba la enfermedad. Piezas in&eacute;ditas hasta ahora, cargadas de una belleza inc&oacute;moda. En&nbsp;<em>Duelo: el triunfo de la ficci&oacute;n</em>, los atentados del 11S comparecen a trav&eacute;s del video de Tony Oursler, mientras la recientemente fallecida Beatriz Gonz&aacute;lez &mdash;una de las artistas latinoamericanas m&aacute;s influyentes&mdash; propone en&nbsp;<em>A Posteriori</em>&nbsp;(2022) un memorial provisional por las v&iacute;ctimas de la violencia en Colombia. El tr&aacute;nsito de lo individual a lo colectivo, consumado.
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                Una de las obras de arte de la renovada ‘Colección Arte Contemporáneo&#039;                            </span>
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        La segunda parte del itinerario concede protagonismo a la escultura, que irrumpe desde los a&ntilde;os 70 con piezas como&nbsp;<em>La mesa</em>&nbsp;(1974-2005) de Juan Navarro Baldeweg &mdash;31 obras creadas durante tres d&eacute;cadas&mdash; o&nbsp;<em>No te pases, con escalera de emergencia</em>&nbsp;(1989) de Susana Solano. Alejado del espacio central, se sit&uacute;a una obra de Anthony Caro,<em> La danza</em> (1975). &ldquo;Era importante destacar las obras de los artistas espa&ntilde;oles&rdquo;, se&ntilde;ala Segade. &ldquo;Era prioritario destacar tambi&eacute;n la influencia que ten&iacute;a la escultura espa&ntilde;ola en el momento con Chillida y Oteiza sobre los escultores extranjeros&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        En estas salas, la presencia femenina se afirma con fuerza en figuras como Teresa Solar, con <em>Tuneladora </em>(2022), una obra de gran formato que se adscribe a la extra&ntilde;erza de los nuevos materiales art&iacute;sticos. O con Carmen Calvo, Susy G&oacute;mez, &Aacute;ngeles Marco, Sahatsa Jauregi, June Crespo, o M&ograve;nica Planes, con <em>Desvelo III </em>(2025). Sus piezas abandonan la periferia de las paredes para situarse en el centro, abriendo y cerrando espacios compositivos con sus propias formas, como si la escultura reclamara su derecho a organizar el mundo.
    </p><h2 class="article-text">El museo se mira al espejo</h2><p class="article-text">
        Por primera vez, adem&aacute;s, la propia instituci&oacute;n se incluye en el relato. El museo se mira al espejo y se pregunta por su papel en la construcci&oacute;n de eso que llamamos arte contempor&aacute;neo, desde mediados de los 70 hasta 1992, con la inauguraci&oacute;n permanente del museo. Este tercer y &uacute;ltimo itinerario transita por las culturas videogr&aacute;ficas de los 80, recordando <em>La Imagen Sublime</em> (1987), la primera exposici&oacute;n organizada por el Centro Reina Sof&iacute;a, y la fotograf&iacute;a de la misma d&eacute;cada, con figuras como Cristina Garc&iacute;a Rodero, Ouka Leele, Chema Madoz o Alberto Garc&iacute;a-Alix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la pintura <em>menos politizada</em> de Eva Lootz, Miguel &Aacute;ngel Campano, Chema Cobo o Guillermo P&eacute;rez Villalta encuentra su lugar, junto a propuestas que miran hacia el futuro. <em>Lo Afro est&aacute; en el centro</em>, con la obra de Rub&eacute;n H. Berm&uacute;dez, el pensamiento cr&iacute;tico sobre la imagen de Joan Fontcuberta o las&nbsp;<em>Pr&aacute;cticas de g&eacute;nero. Coreograf&iacute;as sociales para el nuevo siglo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que emerge de todo ello es una propuesta muse&iacute;stica que entiende la colecci&oacute;n como un organismo vivo, en permanente crecimiento y transformaci&oacute;n. Las adquisiciones recientes dialogan con las obras hist&oacute;ricas, los j&oacute;venes artistas ocupan su lugar junto a los maestros consagrados, y el visitante se convierte en el verdadero arquitecto de su experiencia. &ldquo;La intenci&oacute;n&rdquo;, concluye Segade, &ldquo;es que esta renovaci&oacute;n invite a revisitar en m&uacute;ltiples ocasiones la propia colecci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-reescribe-historia-mujeres-jerarquias-visitante-protagonista_1_12995201.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 16:02:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Reina Sofía reescribe su historia: más mujeres, menos jerarquías y el visitante como protagonista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museo Reina Sofía,Museos,Ernest Urtasun,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Lustmord', la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8d48-81c6-422f-8217-eabf9a147696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Lustmord&#039;, la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obsesión por controlar el cuerpo femenino, que pintaron Otto Dix y George Grosz en la Alemania de Weimar, resurge hoy en las peticiones misóginas a la inteligencia artificial de Elon Musk</p><p class="subtitle">Crítica - 'Marty Supreme', una frenética e inteligente crítica a los aires de grandeza de EEUU con un soberbio Timothée Chalamet</p></div><p class="article-text">
        En 1929, Lee Miller llegaba a Par&iacute;s con un prop&oacute;sito claro: reinventarse. Su carrera como modelo en EEUU hab&iacute;a naufragado por posar para un anuncio de compresas, un acto considerado escandaloso para la moral de la &eacute;poca. En la capital francesa se reun&iacute;a con Man Ray, pero no para continuar siendo una musa, sino para dejar de serlo. Quer&iacute;a cambiar de lado del objetivo: pasar de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/40-anos-fotografiando-comunidades-gitanas-luchar-racismo-ultraderecha_1_9860295.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">objeto fotografiado</a> a sujeto tras la c&aacute;mara, de encarnar un deseo ajeno a comprender el propio.
    </p><p class="article-text">
        Man Ray se erigi&oacute; en su maestro, s&iacute;, pero tambi&eacute;n en su cronista obsesivo. La retrat&oacute; incansablemente, como un amante; pero las fotos que decidi&oacute; hacer p&uacute;blicas fueron aquellas en las que fragmentaba el cuerpo de Miller. Esta serie de im&aacute;genes, seg&uacute;n relata su hijo Antony Penrose en un peque&ntilde;o documental para Arfund, ten&iacute;an una intenci&oacute;n clara: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/mujeres-cosas-cultura-ciencia-politica-sistema-silencia-forma-sistematica-logros_1_6288936.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">controlar la imagen de una mujer</a> &ldquo;demasiado independiente, demasiado fuerte&rdquo;. No ser&iacute;a el &uacute;ltimo hombre en intentar dome&ntilde;ar su cuerpo, su poder o su mirada.
    </p><p class="article-text">
        Un siglo despu&eacute;s, el gesto no ha cambiado. La perdida de control sobre el cuerpo y la mente de las mujeres sigue produciendo reacciones violentas. Basta darse una vuelta por X, para ver cu&aacute;les son algunas de las peticiones que le han hecho &ndash;la mayor&iacute;a desde cuentas an&oacute;nimas&mdash;a la inteligencia artificial de la plataforma en las &uacute;ltimas semanas:&nbsp;&ldquo;Grok, desnuda a esta chica&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Grok, pon a esta chica en bikini&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/estatuto-artista-prohibira-ia-sustituya-trabajadores-sector-e-incorporara-ensayos-promocion-jornada-laboral_1_12929349.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La tecnolog&iacute;a se actualiza</a>, pero el impulso correctivo persiste: degradar a las mujeres manipulando su imagen sin su consentimiento. Lo importante es llamarlas al orden, que entiendan que su libertad est&aacute; coartada.&nbsp;
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                Otto Dix, Lustmord (1922)                            </span>
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        Esta reducci&oacute;n del cuerpo femenino como posesi&oacute;n tiene un recorrido art&iacute;stico largo y s&oacute;rdido, como hemos podido ver en el caso de Lee Miller. A lo largo de la historia del arte occidental, la representaci&oacute;n del cuerpo ha estado en manos ajenas a las mujeres; tan solo y de manera muy reciente se ha conseguido una cierta distancia imaginativa de esta completa desposesi&oacute;n. Sin embargo, tambi&eacute;n hubo un momento en que ese control del cuerpo y la imagen de la mujer se volvi&oacute; especialmente expl&iacute;cito y violento.
    </p><h2 class="article-text">El arte en la rep&uacute;blica de Weimar&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En 1925, el director de la Kunsthalle de Mannheim, Gustav Friedrich Hartlaub, dio nombre y espacio a una sensibilidad art&iacute;stica que capturaba el pulso de una Alemania exhausta. La exposici&oacute;n <em>Nueva Objetividad: Pintura alemana desde el expresionismo</em>, se convertir&iacute;a en un hito, definiendo el estilo dominante de la fr&aacute;gil Rep&uacute;blica de Weimar. Frente al subjetivismo convulso del expresionismo, estos artistas adoptaban una frialdad deliberada, una precisi&oacute;n casi quir&uacute;rgica para diseccionar los traumas de la naci&oacute;n: las secuelas de la Primera Guerra Mundial, la inestabilidad pol&iacute;tica, la alienaci&oacute;n de la vida urbana y las grotescas desigualdades sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, esta mirada cr&iacute;tica, que buscaba ser un espejo veraz de su tiempo, ser&iacute;a m&aacute;s tarde denostada por el r&eacute;gimen nazi como la m&aacute;xima expresi&oacute;n del &ldquo;arte degenerado&rdquo;. Entre los principales protagonistas de este movimiento se encontraban George Grosz, Otto Dix y Max Beckmann. Con un estilo agudo y despiadado, retrataron una sociedad desquiciada, al borde de la crisis nerviosa. Un ejemplo paradigm&aacute;tico es el famoso cuadro de Grosz <em>El Funeral. Dedicado a Oskar Panizza</em> (1917-18), donde una procesi&oacute;n ca&oacute;tica de figuras&mdash;cl&eacute;rigos hip&oacute;critas, militares grotescos, burgueses ebrios&mdash;se pisotean unas a otras en una composici&oacute;n claustrof&oacute;bica, mostrando un mundo moralmente corrupto y sin salida.
    </p><p class="article-text">
        Esta cr&iacute;tica feroz tambi&eacute;n tomaba otras formas dentro de la Nueva Objetividad. Otto Dix, por ejemplo, plasm&oacute; con hiperrealismo descarnado los rostros mutilados de los veteranos de guerra en su serie<em> Los Jugadores de Skat</em> (1920), mientras que, en sus retratos, como el de <em>La Periodista Sylvia von Harden</em> (1926), capturaba la androginia y la tensi&oacute;n psicol&oacute;gica de la nueva mujer urbana.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Cuando el lienzo es en un escenario del crimen</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la efervescencia creativa y social, la Alemania de Weimar ocultaba una faceta oscura y violenta que el arte de la Nueva Objetividad no eludi&oacute;, sino que indag&oacute; con su habitual crudeza. Entre los temas recurrentes de la &eacute;poca emerge uno particularmente escabroso: la representaci&oacute;n del&nbsp;Lustmord, denominado por aquel entonces como &ldquo;crimen pasional&rdquo;, que ten&iacute;a como particularidad retratar con detalle expl&iacute;cito la violencia de g&eacute;nero y el asesinato de mujeres a manos de hombres.
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                Otto Dix, Flares (1917)                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n pict&oacute;rica no fue un fen&oacute;meno aislado, sino un s&iacute;ntoma cultural. Como analiza la profesora de literatura&nbsp;Maria Tatar&nbsp;en su estudio&nbsp;<em>Lustmord: Sexual Murder in Weimar Germany</em>, estas im&aacute;genes cumpl&iacute;an una funci&oacute;n social y psicol&oacute;gica compleja: &ldquo;Ya sea estudiando el asesinato sexual pintado por Rudolf Schlichter u observando c&oacute;mo Alfred D&ouml;blin reconstruye la vida ps&iacute;quica de Rosa Luxemburgo y sexualiza su asesinato pol&iacute;tico, se hace evidente que la representaci&oacute;n de las mujeres asesinadas debe funcionar como una estrategia est&eacute;tica para manejar ciertos tipos de ansiedades sexuales, sociales y pol&iacute;ticas y para constituir una identidad art&iacute;stica y social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; ansiedades respond&iacute;a esta violencia iconogr&aacute;fica? El contexto es clave. Tras la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/primera-guerra-mundial-artistas-escritores_1_4861705.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primera Guerra Mundial</a>, millones de hombres regresaron a casa f&iacute;sica y mentalmente devastados, cargados con el trauma de las trincheras y la humillaci&oacute;n de la derrota. A su regreso, encontraron una sociedad transformada: las mujeres, que hab&iacute;an asumido roles cruciales en su ausencia, gozaban de una libertad sin precedentes &mdash;con derecho al voto desde 1919, una presencia nueva en la vida p&uacute;blica y una moral sexual m&aacute;s aut&oacute;noma&mdash;. La vida, en definitiva, hab&iacute;a avanzado sin ellos.
    </p><p class="article-text">
        En este caldo de cultivo de frustraci&oacute;n masculina, el&nbsp;Lustmord&nbsp;en el arte actu&oacute; como una fantas&iacute;a de restauraci&oacute;n del orden perdido. Artistas como&nbsp;Otto Dix&nbsp;(en obras como&nbsp;<em>Asesinato de Mujeres</em>) o&nbsp;George Grosz&nbsp;representaron estos cr&iacute;menes con una frialdad objetual que los hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s perturbadores, convirtiendo el cuerpo femenino en el campo de batalla donde se libraba una guerra psicol&oacute;gica por el control y el poder. No era solo violencia, era una alegor&iacute;a pol&iacute;tica: el deseo de someter, mediante el pincel, aquella nueva realidad social independiente y amenazante que encarnaba la mujer weimariana.
    </p><h2 class="article-text">El asesinato como fantas&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n por el Lustmord no era solo un tema m&aacute;s, sino el s&iacute;ntoma visual de una profunda crisis de identidad masculina. Como se&ntilde;ala la historiadora del arte Anne Vieth, &ldquo;simboliz&oacute; la crisis de g&eacute;nero, que comenz&oacute; a ser cada vez m&aacute;s clara despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial. [&hellip;] La mujer fue considerada una amenaza para la identidad masculina, tambi&eacute;n por su atracci&oacute;n sexual&rdquo;. En los lienzos de Grosz y Dix, esta angustia se hace patente: sus personajes masculinos encarnan de forma v&iacute;vida &ldquo;la divisi&oacute;n entre la pretensi&oacute;n de poder, la p&eacute;rdida de identidad y el deseo sexual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otto Dix lo plasma con brutal eficacia en Lustmord (1922). Una habitaci&oacute;n burguesa, definida por una l&aacute;mpara, una mesa y una ventana, ve su orden roto por el cuerpo inerte de una mujer.&nbsp;Como apunta la estudiosa Maria Tatar, en Dix se establece una contraposici&oacute;n radical: los j&oacute;venes hombres son calaveras o cad&aacute;veres en las trincheras como ocurre en Llamaradas (1917) o Agujero con cad&aacute;veres (1920), mientras los cuerpos femeninos &ndash;especialmente los de las prostitutas&ndash; se muestran expl&iacute;citos, vitales e inaccesibles, disfrutando de una libertad que el pintor parece percibir como una afrenta. La representaci&oacute;n de la mujer pasa as&iacute; de ser objeto de un deseo expl&iacute;cito a uno de control violento. El cuerpo inerte es, en &uacute;ltima instancia, el territorio reconquistado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Jeanne Mammen, Ella Representa (1927)                            </span>
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        George Grosz aborda esta obsesi&oacute;n de la Alemania de entreguerras desde el sarcasmo corrosivo que lo caracteriza. Como indica Tatar, &ldquo;<em>en lugar de ofrecer escenas de las sangrientas batallas hist&oacute;ricas de la Primera Guerra Mundial, comienza a especializarse en instant&aacute;neas que capturan</em>&rdquo; ese conflicto dom&eacute;stico. En obras como Sports and Love (1920-21), dos parejas se enzarzan en una pelea ca&oacute;tica, mientras un hombre observa, hipnotizado y alienado, el cuerpo de una mujer. La violencia ya no est&aacute; en el frente, sino en el sal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este imaginario de dominaci&oacute;n masculina contrasta radicalmente con la mirada de las mujeres artistas de la &eacute;poca, como Jeanne Mammen. En sus acuarelas, como Ella Representa (1927) o Br&uuml;derstrasse (1930), captura a mujeres &ndash;prostitutas, lesbianas&ndash; en sus propios espacios, disfrutando de una autonom&iacute;a y una complicidad alejadas de la mirada y el control masculinos. La comparaci&oacute;n es reveladora: frente a la libertad que Mammen documenta, el Lustmord propone una fantas&iacute;a reaccionaria de restauraci&oacute;n del orden.
    </p><p class="article-text">
        De todas las obras de la &eacute;poca, quiz&aacute; la representaci&oacute;n m&aacute;s inquietante y psicol&oacute;gica de esta tem&aacute;tica sea El so&ntilde;ador II (1919) de Heinrich Maria Davringhausen. Con una paleta vibrante que lo vincula al expresionismo, el pintor desplaza el asesinato a un segundo plano. Toda la tensi&oacute;n recae en la figura del protagonista, absorto y con una esfera entre las manos, mientras su mirada se pierde en la nada. En un recuadro superior, como una ventana a su pensamiento, vemos la fantas&iacute;a que lo consume: un paseo id&iacute;lico con la mujer, en un paisaje invernal. El crimen real parece ser el desesperado intento de hacer realidad esa fantas&iacute;a de posesi&oacute;n y proximidad imposible.
    </p><p class="article-text">
        Si bien las im&aacute;genes que entran dentro de la tem&aacute;tica del Lustmord son todas brutales, son sin duda un preludio de una impotencia vital y social que se repite tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca, de manera m&aacute;s liviana.&nbsp;En esencia, estas im&aacute;genes constituyen un imaginario siniestro que intenta revertir, primero en el lienzo, los avances sociales de la mujer weimariana. Es la reafirmaci&oacute;n de un rol masculino perdido a trav&eacute;s de la violencia iconogr&aacute;fica. Una l&oacute;gica retr&oacute;grada que, al trazar una l&iacute;nea hasta nuestro presente, nos obliga a preguntarnos en qu&eacute; formas sutiles o expl&iacute;citas persiste hoy esa misma fantas&iacute;a de control.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/lustmord-tematica-artistica-anticipo-forma-grok-ejerce-violencia-mujeres_1_12946065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 20:40:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Lustmord', la temática artística que anticipó la forma en la que Grok ejerce violencia sobre las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Twitter,Elon Musk,Inteligencia artificial,Violencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/rebelion-monstrua-artistas-apropiaron-insulto_1_12798883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/578b7ad9-a9cc-4acb-b0cd-76bfdc918e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131373.jpg" width="779" height="438" alt="La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde Maria Lassnig hasta Kara Walker, la historia del arte está plagada de mujeres que utilizaron la etiqueta de 'monstruo' para desafiar el patriarcado, el colonialismo y los cánones de belleza</p><p class="subtitle">Irene Escolar triunfa con el retrato humano y descarnado de una yonqui en 'Personas, lugares y cosas'
</p></div><p class="article-text">
        Cuando a alguien se le despoja de humanidad, se le llama monstruo. La historia del arte est&aacute; repleta de estos seres que, aunque conservan un parecido con lo humano, lo trascienden para convertirse en algo completamente distinto. Desde las criaturas de la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica hasta las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisiones actuales</a> de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/guillermo-toro-cumple-sueno-frankenstein-da-miedo-estupidez-humana-no-inteligencia-artificial_1_12566893.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Frankenstein</a>, los monstruos han habitado permanentemente nuestro imaginario cultural.
    </p><p class="article-text">
        Pero la figura del monstruo no es inocente: hist&oacute;ricamente se ha utilizado para marcar los l&iacute;mites de lo aceptable, se&ntilde;alando todo aquello que una sociedad consideraba irracional, prohibido o peligroso para su orden establecido. Quienes habitaban los m&aacute;rgenes &mdash;f&iacute;sicos, sociales o morales&mdash; eran a menudo calificados de monstruosos, relegados a un territorio simb&oacute;lico donde lo humano se difumina. Como se&ntilde;ala la te&oacute;rica <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/donna-haraway-desorden-necesario_128_1487301.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Donna Haraway</a> en su&nbsp;<em>Manifiesto Cyborg</em>&nbsp;(1985), &ldquo;los monstruos siempre han marcado las limitaciones de la comunidad en la imaginaci&oacute;n occidental&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La construcci&oacute;n monstruosa de &ldquo;lo femenino&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Esto se aprecia desde las figuras de la mitolog&iacute;a y las leyendas cl&aacute;sicas y medievales &mdash;desde centauros, brujas y seres demoniacos hasta los tratados de Ambroise Par&eacute; sobre lo monstruoso en lo humano&mdash;, pero tambi&eacute;n en la construcci&oacute;n cultural de lo femenino. Las autoras Sandra M. Gilbert y Susan Gubar, en&nbsp;<em>The Madwoman in the Attic</em>, subrayan que la tradici&oacute;n occidental ha asociado hist&oacute;ricamente a la mujer con lo monstruoso. Una idea que se remonta a la&nbsp;<em>Teogon&iacute;a</em>&nbsp;de Hes&iacute;odo, donde la mujer es descrita como &ldquo;un mal bello&rdquo;, o a los escritos de Arist&oacute;teles, que la consideraba &ldquo;un var&oacute;n deforme&rdquo; y, por tanto, &ldquo;monstruoso&rdquo;. As&iacute; se configur&oacute; la visi&oacute;n de la mujer como &ldquo;lo otro&rdquo; frente a lo masculino.
    </p><p class="article-text">
        Diosas y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/brujas-primeras-feministas_1_9259942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">brujas</a> como la Esfinge, Medusa, Circe, Kali o Salom&eacute; son, en palabras de Gilbert y Gubar, encarnaciones del &ldquo;miedo masculino y, espec&iacute;ficamente, del desprecio hacia la creatividad femenina&rdquo;. A lo largo de la historia, el cuerpo de la mujer ha generado ansiedad por su capacidad de transgredir l&iacute;mites &mdash;higi&eacute;nicos, f&iacute;sicos y morales&mdash;. Precisamente la concepci&oacute;n del cuerpo femenino en permanente metamorfosis ha llevado a que la mujer solo pueda ser representada desde dos extremos: la belleza o lo monstruoso, lo grotesco. 
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        En ese espacio de exclusi&oacute;n, la monstruosidad se convierte en refugio y lenguaje. Para quienes quedan fuera del canon, lo monstruoso opera como un idioma propio, una forma de expresar lo que no puede decirse con las palabras del centro. Lejos de ser solo un estigma, la figura del monstruo comienza a ampliar los l&iacute;mites de lo humano, cuestionando sus fronteras.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, son muchas las artistas que han utilizado su propia imagen para distanciarse de los modelos sociales establecidos. Conscientes del poder de las representaciones, se sirvieron de sus cuerpos para poner a prueba los l&iacute;mites de lo que la sociedad consideraba una representaci&oacute;n &ldquo;razonable&rdquo; de la mujer. Los ejemplos se suceden a lo largo de la historia: desde la visceral <em>Judit decapitando a Holofernes</em> (1620) de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/artemisia-gentileschi-pintora-guerrera-documental-rescata-figura-artista-sensacionalismo_1_7209008.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Artemisia Gentileschi</a>, hasta los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/autorretrato-femenino-reclama-lugar-mundo-arte_1_8509186.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autorretratos</a> de Elisabeth <a href="https://www.eldiario.es/cultura/retratos-vigee-le-brun-prado-son-copias-epoca_1_8013334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vig&eacute;e Le Brun</a>, que se atrevi&oacute; en 1786 a retratarse sonriendo y abrazando a su hija, o el de Laura Knight, que se pint&oacute; a s&iacute; misma creando un retrato de una modelo desnuda en 1913. 
    </p><h2 class="article-text">La reivindicaci&oacute;n del monstruo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Una mujer tiene que convertirse en un monstruo para ser artista&rdquo;, afirmaba la pintora surrealista <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/dorothea-tanning-surrealista-planchar-mantel_1_1911479.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dorothea Tanning</a>. Una declaraci&oacute;n que resume la encrucijada: la artista, para crear, debe encarnar una suerte de monstruosidad, rebel&aacute;ndose as&iacute; contra el arquetipo del '&Aacute;ngel del Hogar' del que hablaba <a href="https://www.eldiario.es/spin/libro-inedito-virginia-woolf-publicado-trabajo-perdido-the-life-of-violet-pm_1_12686873.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a>; la figura femenina domesticada y sometida a las reglas del heteropatriarcado. 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, Tanning explora lo grotesco en su obra <em>Chambre 202, H&ocirc;tel du Pavot </em>(1970-73), donde los muebles se convierten en unas figuras inquietantes que se parecen a cuerpos humanos, junto a los que emergen de las paredes unos torsos, en una l&iacute;nea similar a las criaturas biom&oacute;rficas y perturbadoras de Louise Bourgeois. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Glass&#039;, de Ana Mendieta                            </span>
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        Y es que el cuerpo es, en muchos sentidos, el territorio primario de la batalla, y la frontera m&aacute;s elemental que se puede desafiar. Como ya se&ntilde;al&oacute; Simone de Beauvoir en <em>El Segundo Sexo</em>, el patriarcado ha identificado hist&oacute;ricamente a la mujer con la naturaleza, con lo corp&oacute;reo y lo instintivo y lo que se puede dominar. Reapropiarse de ese cuerpo, mostrarlo en su crudeza o su potencia monstruosa, se convierte en un acto de insumisi&oacute;n. As&iacute; lo demuestra Ana Mendieta en <em>Glass on body </em>(1972), aplastando su cuerpo y su cara contra un cristal, en un gesto que va m&aacute;s all&aacute; del mero rechazo a la feminidad can&oacute;nica: Mendieta quiere ense&ntilde;arnos qu&eacute; se siente al intentar escapar de la representaci&oacute;n asignada por la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os 60 y 70, artistas como Eva Hesse, Helen Chadwick o Rebecca Horn han propuesto un trabajo basado en el cuerpo, en la base de lo grotesco, de lo abyecto. Un ejemplo de ello es la obra de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/desarma-extrema-derecha-dialogo-creatividad_1_1091795.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maria Lassnig</a> en 1964: al pintar su&nbsp;<em>Autorretrato como monstruo</em>, no solo se representaba como una criatura de color rosa, sino que capturaba la sensaci&oacute;n de un cuerpo desbord&aacute;ndose, de una identidad en plena metamorfosis. Lassnig, conocida por plasmar sus sensaciones internas con una crudeza radical, utiliz&oacute; lo monstruoso para escapar de los l&iacute;mites de la representaci&oacute;n convencional, que m&aacute;s tarde heredaron artistas como Marlene Dumas.
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                &#039;Self Portrait as Monster&#039;, de Maria Lassnig, 1964                            </span>
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        Esa misma transgresi&oacute;n, sin embargo, no siempre fue comprendida. La estadounidense Hannah Wilke gener&oacute; una profunda confusi&oacute;n entre la cr&iacute;tica de su tiempo. La belleza can&oacute;nica de la artista en sus primeras fotograf&iacute;as perform&aacute;ticas llev&oacute; a muchos a tacharlas de narcisistas, incapaces de ver la cr&iacute;tica feminista que encerraban. Wilke les dio una respuesta demoledora cuando, tras ser diagnosticada de c&aacute;ncer, inici&oacute; su serie&nbsp;<em>Intra-Venus Series </em>(1992-1993). All&iacute; document&oacute; sin concesiones c&oacute;mo la enfermedad transformaba su cuerpo, desafiando as&iacute; el tab&uacute; de la mirada sobre lo fr&aacute;gil y lo vulnerable. Con este acto, Wilke no solo mostraba el cuerpo enfermo, sino que reclamaba activamente el estigma de la monstruosidad para cuestionar: &iquest;qui&eacute;n define qu&eacute; cuerpos son dignos de ser mirados y cu&aacute;les deben permanecer ocultos?
    </p><h2 class="article-text">El monstruo contra el colonialismo </h2><p class="article-text">
        Si el cuerpo de la mujer ha oscilado hist&oacute;ricamente entre los polos de lo bello y lo grotesco, esta dicotom&iacute;a se intensifica al abordar la experiencia de las mujeres racializadas bajo el r&eacute;gimen racista colonial. &ldquo;La negritud, en particular, siempre ha se&ntilde;alado la monstruosidad en una cultura supremacista blanca&rdquo; explica Benny Lemaster en <em>Transing Dystopia</em>. Sus cuerpos han sido a menudo exotizados o, directamente, tachados de monstruosos. Frente a esta doble opresi&oacute;n, algunas artistas feministas han sabido reapropiarse estrat&eacute;gicamente de esa monstruosidad, vincul&aacute;ndola con los imaginarios mitol&oacute;gicos de sus culturas de origen para subvertir su significado.
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                &#039;Frau in Blue&#039;, de Roey Heifetz (2016)                            </span>
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        Un ejemplo emblem&aacute;tico es la pintura&nbsp;<em>Housewives with Steak Knives</em>&nbsp;(1985) de Sutapa Biswas. La obra representa a la diosa india Kali blandiendo un machete en una mano y una rosa &mdash;s&iacute;mbolo de la monarqu&iacute;a brit&aacute;nica&mdash; en la otra. A sus pies, una bandera alude a la decapitaci&oacute;n de Judit y Holofernes, mientras un collar de cabezas cortadas &mdash;entre las que destaca un mini-Hitler&mdash; representa a los colonizadores derrotados. Biswas transforma as&iacute; a la diosa en un emblema de resistencia y venganza anticolonial.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, Kara Walker denuncia la mirada colonial y supremacista blanca a trav&eacute;s de referentes mitol&oacute;gicos. En su instalaci&oacute;n&nbsp;<em>A Subtlety, or the Marvelous Sugar Baby&hellip;</em>&nbsp;(2014), recre&oacute; una esfinge de enormes dimensiones con bloques de az&uacute;car. La pieza, ubicada en una antigua refiner&iacute;a azucarera de Brooklyn, funcionaba como una potente met&aacute;fora sobre los cuerpos racializados explotados en las plantaciones y la dulzura amarga de un sistema construido sobre el trabajo esclavo, utilizando la figura de la esfinge como aquella que formula preguntas. 
    </p><h2 class="article-text">La monstruosidad como identidad pol&iacute;tica</h2><p class="article-text">
        La reivindicaci&oacute;n de lo monstruoso encuentra tambi&eacute;n su expresi&oacute;n en los cuerpos que disienten de la norma de manera m&uacute;ltiple, como puede ser el caso de las personas queer y con discapacidad. Es el caso de la artista chileno-alemana Lorenza B&ouml;ttner (1959-1994), quien, tras perder ambos brazos en la infancia, desarroll&oacute; una obra perform&aacute;tica, pict&oacute;rica y fotogr&aacute;fica utilizando los pies y la boca.
    </p><p class="article-text">
        La cita de Victor Hugo que B&ouml;ttner recuper&oacute; para su tesis &mdash;<em>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago aqu&iacute;? &iexcl;He venido a aterrorizarte! &iquest;Dices que soy un monstruo? &iexcl;No! &iexcl;Soy el pueblo! &iquest;Soy una excepci&oacute;n? &iexcl;No! Yo soy la regla, &iexcl;t&uacute; eres la excepci&oacute;n! T&uacute; eres la quimera; &iexcl;yo soy la realidad!&rdquo;</em>&mdash; se convierte en el manifiesto de su pr&aacute;ctica. A trav&eacute;s de ella, B&ouml;ttner se plantea por qu&eacute; los cuerpos que se desv&iacute;an del est&aacute;ndar capacitista son le&iacute;dos como aberrantes, y responde construyendo una identidad que muestra la belleza de lo distinto, llena de agencia.
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        Este es el n&uacute;cleo del grotesco contempor&aacute;neo: subrayar c&oacute;mo los cuerpos que divergen de la norma blanca, masculina y capacitista son tratados como monstruos, para luego reclamar ese estigma como un sitio de poder. Como escribe la te&oacute;rica Susan Stryker, &ldquo;los monstruos, como los &aacute;ngeles, son los heraldos de lo extraordinario&rdquo;. Stryker insta a las personas trans &mdash;y, por extensi&oacute;n, a todas las comunidades marginadas&mdash; a aceptar y abrazar esta condici&oacute;n monstruosa. No como una marca de verg&uuml;enza, sino como un lugar desde el cual hablar, una identidad pol&iacute;tica que desmonta los cimientos de la llamada &ldquo;normalidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La artista trans&nbsp;Roey Heifetz&nbsp;profundiza en esta idea a trav&eacute;s de dibujos que presentan cuerpos ambiguos, de rasgos similares y a menudo imposibles de encasillar en un g&eacute;nero binario, al tiempo que incorpora la vejez como otra frontera de lo monstruoso. Esta reclamaci&oacute;n del estigma como arma no se limita al plano f&iacute;sico, sino que se extendi&oacute; tempranamente al espacio digital. Ya en los albores de internet, artistas del&nbsp;<a href="https://net.art/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">net.art</a>&nbsp;como Tina Laporta y Eva Wohlgemuth trascend&iacute;an las barreras del g&eacute;nero identific&aacute;ndose con c&iacute;borgs &mdash;encarnando una monstruosidad que asimila las aterradoras promesas de la tecnolog&iacute;a fusion&aacute;ndose con el cuerpo&mdash;.
    </p><h2 class="article-text">El inter&eacute;s por lo monstruoso en los &uacute;ltimos a&ntilde;os </h2><p class="article-text">
        Como dice China Mi&eacute;ville, &ldquo;las &eacute;pocas vomitan los monstruos que necesitan&rdquo;. En la nuestra, la figura del monstruo se ha erigido en el arte contempor&aacute;neo como un espacio de reivindicaci&oacute;n permanente, un lugar desde el que repensar el cuerpo m&aacute;s all&aacute; de los c&aacute;nones. Se trata de una corriente art&iacute;stica que juega con la fluidez de las categor&iacute;as y habita un terreno h&iacute;brido, desdibujando e incluso enfatizando las fronteras entre el interior y el exterior del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Esto es palpable en la obra de artistas como Jala Wahid o Doreen Garner, cuyas piezas exploran el desmembramiento y la transformaci&oacute;n del cuerpo en algo monstruoso como consecuencia directa del abuso de poder. Una reflexi&oacute;n sobre la creaci&oacute;n y el poder desbocado que tambi&eacute;n explica el renovado inter&eacute;s por arquetipos como el de Frankenstein.
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            <span class="title">
                Captura de pantalla de Instagram de Cindy Sherman                            </span>
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        Pero esta exploraci&oacute;n no se limita a lo expl&iacute;citamente grotesco. Artistas como Yishay Garbasz, Jane Euler, Genieve Figgis o la pionera Cindy Sherman llevan esta reflexi&oacute;n al terreno de lo cotidiano y digital. Sherman, por ejemplo, sigue creando y utilizando filtros en su cuenta de Instagram que distorsionan y envejecen el rostro.
    </p><p class="article-text">
        Al reivindicar la fealdad, la deformidad o la senectud &mdash;este &uacute;ltimo, uno de los grandes tab&uacute;es est&eacute;ticos de nuestra sociedad&mdash;, el arte no solo muestra los monstruos de nuestra &eacute;poca, sino que nos obliga a cuestionarnos: &iquest;qu&eacute; define realmente lo humano y qu&eacute; mecanismos de exclusi&oacute;n operan cuando se&ntilde;alamos a un &ldquo;otro&rdquo; como monstruo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/rebelion-monstrua-artistas-apropiaron-insulto_1_12798883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 21:21:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La rebelión de la monstrua: cuando las artistas se apropiaron del insulto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Pintura,Artistas,Feminismo,Arte contemporáneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia 'queer']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a0e030f-6f1b-4532-8dd1-92f3e93593c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia &#039;queer&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista valenciana presenta en el CA2M 'Tú, que tienes ademanes de ensueño', su primera exposición en Madrid donde los objetos hablan de colonialismo y afectos
</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que sorprende del arte de Luc&iacute;a C. Pino (Valencia, 1977) es su mirada profundamente animista hacia los objetos, como si encontrara en cada uno una forma particular de alma. Esta fascinaci&oacute;n toma forma en <em>T&uacute;, que tienes ademanes de ensue&ntilde;o</em> [<em>You Who Have Beautiful Manners</em>], tercera entrega de su trilog&iacute;a sobre el amor que comenz&oacute; con <em>But if u love us</em> (Centro Bot&iacute;n, Santander, 2023) y continu&oacute; con <em>U Said 'Stay', So I Stayed</em> (Galer&iacute;a Elba Ben&iacute;tez, Madrid, 2024-2025). Comisariada por Aimar Arriola, la muestra &mdash;que se podr&aacute; visitar del 6 de noviembre de 2025 al 8 de marzo de 2026 en el Museo CA2M&mdash; supone adem&aacute;s la primera exposici&oacute;n individual de la artista en un museo madrile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a C. Pino vive y trabaja en Barcelona, donde ha desarrollado una pr&aacute;ctica art&iacute;stica de car&aacute;cter marcadamente interdisciplinar, en la que abarca formatos diversos que van desde la escultura y la fotograf&iacute;a, hasta la performance, la instalaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n. &ldquo;El aporte de la pr&aacute;ctica de Luc&iacute;a, facilit&oacute; la entrada de nuevas perspectivas dentro del mundo art&iacute;stico catal&aacute;n, que estaba sobre todo atravesado por el lenguaje y la semi&oacute;tica&rdquo; destaca Arriola &ldquo;por eso tiene muchos admiradores entre los artistas j&oacute;venes, la ven como una artista que ha permitido de alguna manera nuevas v&iacute;as de investigaci&oacute;n&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; de esta versatilidad formal, su obra destaca por crear asociaciones contrapuestas entre materiales, texturas, y estructuras, explorando siempre sus cualidades t&aacute;ctiles y sensoriales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si observamos su obra en conjunto, la trayectoria de C. Pino se alinea con la fluidez de lo <em>queer </em>y destaca c&oacute;mo el acto de crear es en s&iacute; mismo una performance. &ldquo;Luc&iacute;a pone por encima de todas las cosas la vida del material con el que trabaja, y descentraliza un poco la perspectiva humana&rdquo; explica Arriola. Con una carrera s&oacute;lida y proyecci&oacute;n internacional, ha expuesto en ciudades como S&iacute;dney, Nueva York y Berl&iacute;n. En 2020 fue reconocida como la mejor artista espa&ntilde;ola por los premios DKV-Swab y ahora expone con unas piezas echas ex profeso para esta exposici&oacute;n en el Museo CA2M. &ldquo;Es importante que la exposici&oacute;n tenga lugar aqu&iacute;&rdquo;, explica Arriola &ldquo;por la genealog&iacute;a que se ha venido desarrollando en el museo en torno a la escultura contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola, con artistas como Jorge Satorre, June Crespo o Julia Sp&iacute;nola&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">De la chatarrer&iacute;a al museo: la segunda vida de los materiales</h2><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n se articula en dos ambientes diferenciados que podr&iacute;an leerse, en principio, como el contraste entre la calidez del tejido y la frialdad del metal.
    </p><p class="article-text">
        El espacio de lo c&aacute;lido agrupa el trabajo de C. Pino vinculado a la intimidad y, como se&ntilde;ala el comisario, a &ldquo;la investigaci&oacute;n y el di&aacute;logo con el archivo <em>queer</em>&rdquo; que la artista trabaja vinculando con las propias experiencias que le ha producido encontrarse con esos archivos. Aqu&iacute;, las piezas sugieren una sensualidad abierta y no normativa, a trav&eacute;s de una relaci&oacute;n entre materiales que resulta a la vez chocante y evocadora. Una materialidad cruda que, con el tiempo, termina siendo no solo familiar, sino capaz de generar una conexi&oacute;n sentimental con quien observa.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen general de una de las salas de la exposición de Lucía C. Pino                            </span>
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        &ldquo;Creo que esta exposici&oacute;n requiere tiempo para poder visitarla&rdquo;, explica la artista. Y es cierto: en una segunda o tercera mirada emergen detalles delicados y amorosos hacia los objetos &mdash;remaches, apliques, cremalleras, corazones&mdash; que nos introducen en su universo. Como ese peque&ntilde;o fragmento de rama incrustado en una reja met&aacute;lica que parece haber pertenecido al patio de un colegio en la pieza ALLAEDINE, que activando una constelaci&oacute;n de significados afectivos.
    </p><p class="article-text">
        Pero estas piezas trascienden lo simb&oacute;lico para conectar con la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de los materiales. Un ejemplo claro es el uso del denim, un tejido cargado de historia. &ldquo;El vaquero es un material tan cotidiano que por su proximidad no siempre visibilizamos todo el peso hist&oacute;rico que arrastra &mdash;se&ntilde;ala Arriola&mdash;. Su origen se remonta a la vestimenta de trabajo para mano de obra esclava&rdquo;. A ello se suma la historia del &iacute;ndigo, la planta con la que se te&ntilde;&iacute;a, que lleg&oacute; a Occidente a trav&eacute;s del comercio colonial y fue posteriormente cooptada por la industria de la moda global. &ldquo;En la obra de Luc&iacute;a hay una fe en que la presencia del material dice algo de ese peso &mdash;concluye el comisario&mdash;, y nos sit&uacute;a frente a esa carga casi espectral que contiene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La reutilizaci&oacute;n de los materiales tambi&eacute;n se da en la parte &ldquo;fr&iacute;a&rdquo; de la exposici&oacute;n, donde se pueden encontrar piezas formadas por una suerte de enrejados y metales que la artista encontr&oacute; en diversos lugares como chatarrer&iacute;as. C. Pino lija, somete a varios procesos, trata siempre amorosamente, &ldquo;trabaj&eacute; todo el verano con estas piezas, d&aacute;ndoles una nueva vida&rdquo; indica ella misma. De ese cari&ntilde;o nacen piezas como KARIM ROSA o ERON, acompa&ntilde;adas de unas cadenas que repiten el mismo gesto que en las otras dos exposiciones que forman parte de la trilog&iacute;a. &ldquo;He querido que durante el montaje el lin&oacute;leo se instalase antes que ning&uacute;n otro elemento y que contuviese por ello todas las marcas y signos del trabajo en sala&rdquo; Cuenta la artista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Otro de los rincones de la exposición de la obra de Lucía C. Pino                            </span>
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        Lejos de plantear una divisi&oacute;n binaria, la exposici&oacute;n tiende puentes entre ambas atm&oacute;sferas, permitiendo que las ideas fluyan libremente entre lo c&aacute;lido y lo fr&iacute;o. Este di&aacute;logo se materializa en los reflejos anaranjados de los focos sobre el metal lijado de las rejas, o en el contraste entre el azul de algunas piezas de denim y la atm&oacute;sfera sensual que emana de las fotograf&iacute;as de cuerpos de tonos dorados de la serie PORTE.
    </p><h2 class="article-text">D&oacute;nde est&aacute;n los l&iacute;mites del arte</h2><p class="article-text">
        Esta aproximaci&oacute;n se refleja tambi&eacute;n en el proceso creativo de la artista. &ldquo;No me interesa tanto una forma determinada y su simbolog&iacute;a, sino los materiales con los que trabajo &mdash;explica C. Pino&mdash;. Necesito explorar y aprender t&eacute;cnicas. Cuando trabajo pienso en todo lo que sucede: cosas del pasado, los libros que leo, las urgencias del presente. Entonces me pregunto c&oacute;mo relacionarme con todo ello a trav&eacute;s de la escultura&rdquo;. Su pr&aacute;ctica consiste, en esencia, en &ldquo;lanzar conexiones entre cosas que en teor&iacute;a ser&iacute;an dispares, pero que son presentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta metodolog&iacute;a deriva en una subversi&oacute;n constante de categor&iacute;as y jerarqu&iacute;as, detalles que se pueden observar en la forma en la que algunas obras est&aacute;n enmarcadas y otras no, subrayando que los significados que asignamos a las cosas son, en el fondo, convenciones arbitrarias.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;En general no busco una forma concreta. Las formas van apareciendo conforme trabajo los materiales&rdquo;, a&ntilde;ade y concluye: &ldquo;Quiero seguir indagando en este proceso de hibridaci&oacute;n, entre qu&eacute; es escultura y qu&eacute; no lo es&rdquo;. Una fusi&oacute;n que alcanza su expresi&oacute;n m&aacute;s tangible en piezas como CADERA MIAMIA o PLISS&Eacute; PERNERA MELAZ, donde el tejido se pone en relaci&oacute;n con metales como el acero inoxidable aportando vol&uacute;menes determinados y se convierte en veh&iacute;culo de memoria y resistencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/revolucion-sensorial-lucia-c-pino-convierte-objetos-armas-resistencia-queer_1_12749155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 10:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La revolución sensorial de Lucía C. Pino convierte los objetos en armas de resistencia 'queer']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Arte contemporáneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-esfumo-mar-medio-siglo-misterio-bas-jan-ader_1_12708746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9ab52d1-ae86-4a96-af7d-6de967b0832f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La exposición 'Bas Jan Ader, el hombre que hizo del fracaso su obra maestra' recuerda al artista después de su desaparición</p><p class="subtitle">Una exposición 'desenfocada' reivindica lo borroso como el mejor medio de retratar una realidad insoportable</p></div><p class="article-text">
        El 10 de abril de 1976, la tripulaci&oacute;n del pesquero gallego Eduardo Pondal avist&oacute; un barco solitario volcado en las fr&iacute;as aguas del Atl&aacute;ntico, cerca de la costa sur de Irlanda. Al acercarse, descubrieron que se trataba del 'Ocean Wave', el peque&ntilde;o velero con el que el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/jordi-colomer-artista-conceptual-no-hay-olvidar-franco-hizo-tauromaquia-fiesta-nacional-cat_1_11350169.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artista conceptual</a> Bas Jan Ader hab&iacute;a intentado cruzar el oc&eacute;ano y del que no se ten&iacute;a noticias desde hac&iacute;a seis meses. Su nombre, boca abajo y semisumergido, era el primer epitafio de un misterio que a&uacute;n perdura hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el testimonio del patr&oacute;n Manuel Casti&ntilde;eira Alfeir&aacute;n ante la Comandancia Militar de A Coru&ntilde;a, el interior del barco era un inventario del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/agusti-villaronga-explora-desesperacion-naufragios-poquita-cosa_1_8025429.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">naufragio</a>: un sextante, ropa empapada, latas de comida vac&iacute;as y &ldquo;un estuche que conten&iacute;a un objeto que parec&iacute;a una peque&ntilde;a cocina de butano&rdquo;. En la parte de la cabina hab&iacute;a un peque&ntilde;o agujero que podr&iacute;a indicar una explosi&oacute;n, aunque no se pudo corroborar. Lo que no hubo fue rastro de Ader o de la c&aacute;mara que lo acompa&ntilde;aba para documentar el viaje. Poco despu&eacute;s, para aumentar el misterio y la leyenda, el propio velero desapareci&oacute; del muelle de A Coru&ntilde;a donde lo hab&iacute;an depositado. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, cuando se cumplen cincuenta a&ntilde;os de su desaparici&oacute;n, la Galer&iacute;a Espacio Bernal en Madrid presenta&nbsp;<em>Beyond the Body: Between the Intimate and the Political</em>, una exposici&oacute;n que rescata obras emblem&aacute;ticas de Bas Jan Ader como&nbsp;<em>I&rsquo;m too sad to tell you</em>&nbsp;(1970-71). La muestra, que tambi&eacute;n incluye piezas de artistas de la talla de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/artista-performance-marina-abramovic-gana-princesa-artes_1_7925611.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marina Abramovi&#263;</a>, reflexiona sobre los l&iacute;mites del cuerpo y la pol&iacute;tica de lo &iacute;ntimo.
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                Bas Jan Ader, Fall 2, en Ámsterdam en 1970                            </span>
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        &ldquo;Nos interesa porque su trabajo sigue interpelando directamente a las formas contempor&aacute;neas de habitar la fragilidad, la intimidad y la relaci&oacute;n con los l&iacute;mites f&iacute;sicos y emocionales&rdquo;, cuenta Efra&iacute;n Bernal, director de la galer&iacute;a, a elDiario.es. &ldquo;Especialmente c&oacute;mo su obra activa una dimensi&oacute;n po&eacute;tica y pol&iacute;tica del cuerpo a trav&eacute;s del gesto m&iacute;nimo, del fracaso y del riesgo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Galer&iacute;a Espacio Bernal no ha sido la &uacute;nica en reivindicar el legado de Bas Jan Ader este a&ntilde;o. Coincidiendo con el aniversario de su desaparici&oacute;n, el Hamburguer Kunsthalle le dedic&oacute; una retrospectiva titulada&nbsp;<em>In Searching For</em>, que inclu&iacute;a obras in&eacute;ditas. Una muestra que confirma c&oacute;mo la figura del artista, medio siglo despu&eacute;s, sigue despertando el mismo inter&eacute;s y misterio.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Naufragio o <em>performance </em>radical?</h2><p class="article-text">
        En 1975, Bas Jan Ader llevaba varios a&ntilde;os viviendo en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/david-arnoff-fotografo-escena-punk-angeles-competitivos-querian-molar-nadie_1_12698147.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los &Aacute;ngeles</a>, donde se hab&iacute;a formado y hab&iacute;a conocido a su esposa, la tambi&eacute;n artista Mary Sue Andersen-Ader, mientras estudiaba en el Otis College of art and Design. Con 21 a&ntilde;os se hab&iacute;a establecido en Estados Unidos y hab&iacute;a logrado cierta notoriedad como artista &mdash;se cuenta, por ejemplo, que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pablo-larrain-chilena-dispuesta-revolucionar_1_3579125.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jackie Kennedy</a> adquiri&oacute; uno de sus dibujos cuando el artista ten&iacute;a apenas 19 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cuando desapareci&oacute;, con 33 a&ntilde;os, era profesor de Historia del Arte en la Universidad de California. A algunos, la noticia de su desaparici&oacute;n les pareci&oacute; parte de otra de sus <em>performances</em>. La hip&oacute;tesis no era tan descabellada: Ader hab&iacute;a construido su obra en torno a la fragilidad y el fracaso. &iquest;Acaso aquel viaje fallido era una acci&oacute;n final y m&aacute;s radical?
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                BJA Broken, Ámsterdam, 1971                            </span>
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        El artista hab&iacute;a zarpado de Cape Cod, Massachusetts, el 9 de julio de 1975, con el objetivo de alcanzar Falmouth, Inglaterra, como parte de una trilog&iacute;a perform&aacute;tica titulada&nbsp;<em>En busca de lo milagroso </em>de la que esta aventura era su segunda parte. Su esposa recordaba en un texto de reciente publicaci&oacute;n en <em>The Brooklyn Rail </em>que &ldquo;Bas Jan quer&iacute;a batir el r&eacute;cord del velero m&aacute;s peque&ntilde;o que jam&aacute;s hab&iacute;a cruzado el Atl&aacute;ntico en solitario&rdquo;. No hab&iacute;a sido la primera vez que se hab&iacute;a embarcado en una aventura similar. A&ntilde;os antes, hab&iacute;a cruzado el Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico desde Marruecos y hab&iacute;a llegado hasta California a bordo de otro peque&ntilde;o velero llamado 'Felicidad'. Sin embargo, esta vez la aventura terminar&iacute;a de manera muy distinta, y aproximadamente tres semanas despu&eacute;s de su partida, se perdi&oacute; toda conexi&oacute;n por radio.
    </p><h2 class="article-text">Una obra entre la fragilidad y lo tr&aacute;gico</h2><p class="article-text">
        El agua recorre como un hilo invisible la obra de Bas Jan Ader: desde sus emblem&aacute;ticas ca&iacute;das en los canales de &Aacute;msterdam hasta los sorbos de agua que toma a modo simb&oacute;lico &ndash;como una catarata que cae dentro del artista&ndash; en su performance <em>The boy who fell over Niagara Falls</em> (1972). Nada en su trabajo es neutral; todo es &iacute;ntimo, personal, cargado de un significado que va m&aacute;s all&aacute; del gesto. Como escribi&oacute; su esposa, Mary Sue Andersen-Ader: &ldquo;Me amaba y amaba el mar. El mar era mi &uacute;nica competencia&rdquo;. Y, as&iacute;, con la misma inevitabilidad con que caen las gotas, Ader consagr&oacute; su obra a explorar la ca&iacute;da en todas sus dimensiones.
    </p><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n no era casual. Hijo de pastores calvinistas, Ader naci&oacute; en 1946 en Winschoten, Pa&iacute;ses Bajos, en una familia marcada por la tragedia: su padre, que ayud&oacute; a esconderse a ciudadanos jud&iacute;os de la persecuci&oacute;n durante la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/comporta-cultura-gobierna-extrema-derecha_1_12438052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ocupaci&oacute;n nazi</a> del pa&iacute;s, fue fusilado. Erik Beenker se&ntilde;ala en el libro <em>Bas Jan Ader, Please don&rsquo;t leave me</em> que &ldquo;Ader, que era hijo de predicadores, y habr&iacute;a estado completamente familiarizado con el significado b&iacute;blico de la Ca&iacute;da&rdquo;. De hecho, en uno de sus cuadernos de 1968 hay una nota garabateada sobre la ca&iacute;da de los muros de Jeric&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista de 1972, el artista no solo relacionaba abiertamente la ca&iacute;da con la muerte de su padre, sino que ampliaba el significado de lo tr&aacute;gico en su obra. Para Ader este concepto trascend&iacute;a lo evidente: &ldquo;Siempre me ha fascinado lo tr&aacute;gico. Eso tambi&eacute;n est&aacute; contenido en el acto de caer; la ca&iacute;da es un fracaso. [&hellip;] Todo es tr&aacute;gico porque la gente siempre pierde el control de los procesos, de lo material, de sus sentimientos&rdquo;.
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                Bas Jan Ader, Untitled (The elements)                            </span>
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        Esta obsesi&oacute;n por la ca&iacute;da tom&oacute; forma en <em>performances </em>emblem&aacute;ticas como&nbsp;<em>Fall I (Los &Aacute;ngeles)</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Fall II (Amsterdam)</em>, ambas de 1970, que pueden verse actualmente en la Galer&iacute;a Espacio Bernal. &ldquo;Estas obras dialogan de forma muy potente con las nociones de vulnerabilidad, ca&iacute;da &mdash;en m&uacute;ltiples sentidos&mdash; y exposici&oacute;n del cuerpo, temas que atraviesan toda la exposici&oacute;n&rdquo;, explica Bernal. A estas piezas les siguieron&nbsp;<em>Broken Fall</em>&nbsp;(1971) y&nbsp;<em>Nightfall</em>&nbsp;(1971), documentadas en v&iacute;deos breves &mdash;casi &iacute;ntimos&mdash; que Mary Sue grababa mientras Ader se dejaba caer en lugares como un canal de &Aacute;msterdam. La fugacidad de estas im&aacute;genes las convierte en un lenguaje r&iacute;tmico, una b&uacute;squeda obsesiva. Como escribi&oacute; la artista Tacita Dean: &ldquo;Ader era un maestro de la gravedad. Cuando se ca&iacute;a, lo que dec&iacute;a era que la gravedad lo hab&iacute;a dominado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La insistencia y rendici&oacute;n ante lo incontrolable definen por completo la obra de Ader, marcada por una honestidad radical y un riesgo constante. Sus piezas interpelan porque muestran la vulnerabilidad de un hombre que escapa por completo del modelo tradicional de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/antonio-j-rodriguez-hombres-hemos-ejercido-violencia-privilegio_128_6258161.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">masculinidad</a>, mostrando una fragilidad inherente al ser humano. Esto ocurre especialmente en obras como <em>I&rsquo;m too sad to tell you</em> (1970-71), en la que Ader llora desconsolado durante tres minutos, y que produce un efecto espejo en el espectador, conmovido en lo m&aacute;s profundo. Ader no explica por qu&eacute; llora. Solo tenemos las im&aacute;genes.
    </p><h2 class="article-text">50 a&ntilde;os de enigma </h2><p class="article-text">
        De la misma forma que de sus <em>performances </em>solo conservamos esos instantes grabados, de&nbsp;<em>In Search of the Miraculous</em>&nbsp;nos quedan las im&aacute;genes de Ader&nbsp;y el relato de Mary Sue Andersen-Ader sobre los preparativos de aquel viaje definitivo: &ldquo;Condujimos por todo el pa&iacute;s remolcando el barco en coche. Yo tomaba Valium para calmarme&rdquo;. Y recuerda, con una nitidez que el tiempo no ha borrado, el momento de la despedida: &ldquo;Al d&iacute;a siguiente, mi madre, nuestro perro Lhoopie, el due&ntilde;o del puerto de Chatham y yo est&aacute;bamos en una lancha remolcando a Bas Jan en la ola del oc&eacute;ano hacia el mar (su barco no ten&iacute;a motor). Cuando lo liberamos, la emoci&oacute;n que sent&iacute; fue m&aacute;s profunda de lo que jam&aacute;s hab&iacute;a conocido. Estaba frente al mar, lejos de m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma imagen de soledad es la que acerca a Ader a la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica alemana, en especial a la figura de Caspar David Friedrich (1774-1840). Ambos artistas exploran la vulnerabilidad del ser humano ante la inmensidad de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">naturaleza</a>, aunque cada uno con sus propios medios: si Friedrich pintaba caminantes frente a paisajes nebulosos e infinitos, Ader se retrat&oacute; a s&iacute; mismo, solo, al atardecer, en una bah&iacute;a desolada. Acompa&ntilde;&oacute; esa imagen con un texto que lo dice todo y nada a la vez, mezclando el tono tr&aacute;gico con un punto de iron&iacute;a que tan bien dominaba: &ldquo;Adi&oacute;s a los amigos lejanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s, el misterio del 'Ocean Wave' permanece. Marion van Wijk y Koos Dalstra, por ejemplo, dedicaron una d&eacute;cada a reconstruir los hechos en su libro <em>In Search of the Miraculous, Bas Jan Ader,&nbsp;143/76</em>, publicado en 2017, pero ni siquiera ellos pudieron cerrar del todo la historia, sino m&aacute;s bien hacer un inventario de los hechos a posteriori. La desaparici&oacute;n de Ader se convirti&oacute;, finalmente, en otra de sus obras que nunca deja de interpretarse: un hombre, un barco y un oc&eacute;ano; una despedida que sigue interrog&aacute;ndonos sobre la p&eacute;rdida, el riesgo, la b&uacute;squeda y ese instante en que, como &eacute;l mismo anticip&oacute;, todo control se pierde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/artista-esfumo-mar-medio-siglo-misterio-bas-jan-ader_1_12708746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Oct 2025 20:14:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El artista que se esfumó en el mar: medio siglo del misterio Bas Jan Ader]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-justicia-maruja-mallo-artista-pionera-demostro-mujer-posible_1_12664549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccda30be-7ad2-4c48-9ec2-7e6b56fe262c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1127398.jpg" width="7903" height="4446" alt="El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el 8 de octubre hasta el 26 de marzo de 2026 podrá visitarse la exposición que recoge gran parte de la obra de la artista, una de las figuras más importantes de la Generación del 27</p><p class="subtitle">Entrevista - Jeremy Allen White: “Le doy las gracias a Bruce Springsteen por usar su altavoz y hablar ahora que la gente se pone nerviosa por hacerlo”</p></div><p class="article-text">
        Para Maruja Mallo (Viveiro, 1902 - Madrid, 1995) el arte era siempre una versi&oacute;n superior de la realidad. Y en esa b&uacute;squeda de lo extraordinario, encontr&oacute; en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/diez-anos-ana-diosdado-autora-clavo-dientes-conciencia-espana_1_12647932.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">teatro</a> y la m&aacute;scara sus aliados perfectos: herramientas que le permit&iacute;an reflejar, distorsionar y transfigurar el mundo con una plasticidad sin l&iacute;mites. Toda esta fascinaci&oacute;n por el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/taylor-swift-juega-corona-the-life-of-showgirl-reino-maxima-autoridad-entretenimiento_129_12639365.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espect&aacute;culo</a>, por la dualidad de lo que se oculta y se revela, y por el ritmo matem&aacute;tico del comp&aacute;s que ordenaba sus composiciones, cristaliza ahora en <em>M&aacute;scara y comp&aacute;s</em>, la gran exposici&oacute;n que acoge el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-incorpora-colecciones-26-obras-arco-medio-millon-euros_1_12112519.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo Reina Sof&iacute;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        Organizada en colaboraci&oacute;n con la Fundaci&oacute;n Bot&iacute;n, la exposici&oacute;n re&uacute;ne m&aacute;s de 80 piezas &mdash;fotograf&iacute;as, documentos, libros y cartones&mdash; que llegan de instituciones de todo el mundo, desde el Art Institute de Chicago y el Centre Pompidou de Par&iacute;s hasta el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Este vasto conjunto, que recorre la trayectoria vital y art&iacute;stica de la creadora, la convierte en la mayor retrospectiva dedicada a la artista hasta la fecha.
    </p><p class="article-text">
        Resulta llamativo que una de las representantes m&aacute;s relevantes de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-reivindicara-generacion-27-centenario-proyecto-futuro-no-fotografia-pasado_1_12375897.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n del 27</a> y pionera de la figura de la mujer moderna no contara hasta ahora con una revisi&oacute;n de esta envergadura. &ldquo;S&iacute; que es muy extra&ntilde;o que no se haya hecho ya anteriormente una exposici&oacute;n sobre la figura de Maruja Mallo&rdquo;, reconoce Patricia Molins, comisaria de la muestra. &ldquo;Eso creo que tiene que ver con lo desperdigado que est&aacute; su legado y con el hecho de que, aunque se han organizado otras exposiciones, como la de Galicia en 1991 en el CEGAC, estas no hab&iacute;an llegado a Madrid&rdquo;. 
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                &#039;Sorpresa del trigo&#039; de Maruja Mallo                            </span>
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        Maruja Mallo lleg&oacute; a ser la artista m&aacute;s importante de Madrid junto a Benjam&iacute;n Palencia en los a&ntilde;os que permaneci&oacute; en la capital. &ldquo;Maruja Mallo fue una mujer muy consciente de su autor&iacute;a y de su autoridad y se enfrent&oacute; a varios periodistas cuando no estaba de acuerdo con las cr&iacute;ticas que hab&iacute;an hecho de su obra, algo que muchos hombres no hac&iacute;an&rdquo;, explica Molins, dando cuenta del car&aacute;cter de la artista gallega. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La exposici&oacute;n se construye en 11 series repartidas en distintas salas, &ldquo;la &uacute;nica manera posible de ver y comprender su evoluci&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n Molins, &ldquo;y entender como siempre vuelve hacia los mismos temas con diferentes t&eacute;cnicas. </span>El recorrido se inicia con dos pinturas, <em>Ind&iacute;gena </em>(1924-1925) y <em>Retrato de se&ntilde;ora con abanico</em> (1926) que nos recuerdan el paso de Maruja Mallo por la Academia de las Artes de San Fernando entre 1922 y 1925, adem&aacute;s de la influencia de otros artistas academicistas o postimpresionistas, como <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/exposicion-habla-madrid-bohemio-espacios-actores-colectivos-compromiso-politico_1_12190208.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eduardo Chicharro</a> o Julio Romero de Torres. 
    </p><p class="article-text">
        En estas dos pinturas ya podemos apreciar una constante que aparece a lo largo de toda su trayectoria: el protagonismo de las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/wanda-landowska-mujer-escandalizo-elite-musical-convirtio-moderno-instrumento-antiguo_1_12002846.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">figuras femeninas</a>, y su inter&eacute;s por expandir su &aacute;mbito de acci&oacute;n a otras razas y culturas. A estas dos obras le sigue la serie <em>Las Verbenas</em> (1924-25), que la hizo m&aacute;s famosa en la exposici&oacute;n que organiz&oacute; Ortega y Gasset en 1928 en los salones de la Revista Occidente y que a&uacute;n hoy en d&iacute;a suponen unas de sus obras m&aacute;s populares.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estas pinturas&rdquo;, explica Molins, &ldquo;destacaron porque cortan con la visi&oacute;n de la Espa&ntilde;a anterior&rdquo;, y suponen uno de los platos fuertes de la exposici&oacute;n, porque es la primera vez que se vuelven a ver todas juntas desde 1928.&nbsp;El inter&eacute;s por el arte popular est&aacute; muy presente en estas cinco verbenas, haciendo referencias al teatro popular, al gui&ntilde;ol y encuadr&aacute;ndose dentro del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/salman-rushdie-devuelve-punalada-realismo-magico-demuestra-historias_129_9967483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">realismo m&aacute;gico</a> y la tradici&oacute;n de la vanguardia, que parte de la composici&oacute;n geom&eacute;trica y simb&oacute;lica y el concepto de simultaneidad y superposici&oacute;n del cine. Mallo aprovecha el poder festivo y sat&iacute;rico inherente a las verbenas para fusionar personajes y hacer una cr&iacute;tica de las estructuras sociales. 
    </p><h2 class="article-text">La nueva mujer: deportista y moderna</h2><p class="article-text">
        El recorrido contin&uacute;a con el colorismo alegre y din&aacute;mico de sus estampas (1927), cuya protagonista es la figura de la mujer. Una mujer deportista, que se mueve y que ocupa el espacio y que constituye una nueva forma de entender la femineidad. Destacan en esta nueva forma de ver a la mujer moderna sus autorretratos frente a la c&aacute;mara. Mallo concibe la fotograf&iacute;a como una parte esencial de su obra, que podemos ver ya en 1929, pero al que vuelve m&aacute;s tarde en 1945, retrat&aacute;ndose junto a su amigo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/pablo-neruda-poesia-politica_1_1791702.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Neruda</a> en una playa chilena, como una diosa marina cubierta de algas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esa &eacute;poca en que las mujeres empezaban a ser figuras p&uacute;blicas se utiliza mucho el tema de la <em>peformance</em>, el disfraz, el autorretrato, para reflejar su visi&oacute;n del mundo, presentando la imagen y el modelo la mujer moderna a trav&eacute;s de su arte&rdquo;, explica Molins. Esta visi&oacute;n de la mujer como usuario del espacio p&uacute;blico y modelo de una nueva humanidad resulta especialmente relevante en su obra. &ldquo;Ahora hay una gran coincidencia con sus intereses&rdquo;, explica la comisaria, &ldquo;porque las mujeres est&aacute;n muy presentes en la pintura de Mallo, pero tambi&eacute;n est&aacute; el hecho de que ella piensa en un mundo fluido, en un mundo trans&rdquo;.
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                Vista de la exposición &#039;Maruja Mallo: Máscara y compás&#039;                            </span>
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        Esta perspectiva se materializa en series como&nbsp;<em>La religi&oacute;n del trabajo</em>&nbsp;(1937-1939), iniciada en Galicia y continuada durante el exilio, donde predominan figuras monumentales y asexuadas que construyen una nueva mitolog&iacute;a en torno a la relaci&oacute;n entre el trabajo y el misterio de la naturaleza con figuras asexuadas y monumentales. Obras como&nbsp;<em>Canto de espigas</em>&nbsp;(1939) ejemplifican esta b&uacute;squeda de una humanidad transformada.
    </p><p class="article-text">
        Durante su exilio en Argentina, Mallo profundiza en esta est&eacute;tica de sacralidad y monumentalidad. En estas series imagina una nueva humanidad a trav&eacute;s de bustos femeninos que reivindican el universalismo y la mezcla cultural, integrados en los ciclos circulares de la naturaleza. &ldquo;Esto conecta directamente con discusiones actuales&rdquo;, se&ntilde;ala Molins. &ldquo;Su manera de representar la relaci&oacute;n entre el ser humano y la naturaleza y la esencia de la humanidad, la vincula con el ecofeminismo, que propone una evoluci&oacute;n basada en la cooperaci&oacute;n y no en la ley del m&aacute;s fuerte&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Las figuras de este periodo alternan entre miradas frontales casi intimidatorias, como en&nbsp;<em>Joven Negra </em>(1948), y rostros con una ausencia que parece reflejar el propio desarraigo del exilio. Esta evoluci&oacute;n, desde lo popular hacia lo universal, desde Espa&ntilde;a hacia la fascinaci&oacute;n por la diversidad racial y la inmensidad del paisaje americano, queda perfectamente plasmada en sus series de m&aacute;scaras y cabezas, demostrando c&oacute;mo Mallo supo absorber e incorporar cada nueva experiencia a su universo creativo.
    </p><h2 class="article-text">La naturaleza como constante</h2><p class="article-text">
        La naturaleza fue uno de los grandes temas recurrentes en la trayectoria de Maruja Mallo, que abord&oacute; en distintas etapas con enfoques siempre renovados. &ldquo;Ella concibe sus obras como producto de simbiosis o metamorfosis, nunca como eliminaciones o superaciones&rdquo;, explica la comisaria, destacando una filosof&iacute;a creativa que privilegia la transformaci&oacute;n sobre la ruptura.
    </p><p class="article-text">
        Este <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/bosco-bioarte-recorrido-insolito-naturaleza_1_3339429.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">di&aacute;logo con lo natural</a> se materializa por primera vez en&nbsp;<em>Cloacas y Campanarios</em>&nbsp;(1929-1932), serie que desarroll&oacute; entre Madrid y Par&iacute;s gracias a una beca y donde centra su atenci&oacute;n en la materia inerte y sus texturas. La obra caus&oacute; tal impacto entre los surrealistas que el propio Andr&eacute; Breton adquiri&oacute;&nbsp;<em>El Espantap&aacute;jaros</em>&nbsp;(1930) para su colecci&oacute;n personal.
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            <span class="title">
                Vista de la exposición &#039;Maruja Mallo: Máscara y compás&#039;                            </span>
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        A su regreso a Espa&ntilde;a, Mallo vuelve su mirada hacia la naturaleza, aunque ahora desde una perspectiva diferente: la de las estructuras minerales y vegetales que dar&iacute;an lugar a sus series&nbsp;<em>Arquitecturas minerales y vegetales</em>&nbsp;(1930) y&nbsp;<em>Arquitecturas rurales</em>&nbsp;(1933-35). Seg&uacute;n la propia artista, estas obras surg&iacute;an del &ldquo;anhelo de construir de nuevo ese conjunto de cosas que responde a la materialidad y conciencia universal&rdquo;, as&iacute; como de la &ldquo;ansia de hallar un nuevo lenguaje formal para representar la realidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su estancia en Par&iacute;s tambi&eacute;n le permiti&oacute; estudiar escenograf&iacute;a y teatro, relacionarse con figuras como Picasso y Mir&oacute;, e interesarse por el espacio tridimensional como soporte art&iacute;stico. De este periodo destaca la escenograf&iacute;a para&nbsp;<em>Clavile&ntilde;o</em>&nbsp;(1936), un ballet de Rodolfo Halffter que nunca lleg&oacute; a estrenarse en la Residencia de Estudiantes debido al estallido de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/fotografias-robert-capa-mostro-brutalidad-guerra-civil-fotoperiodismo_1_12650593.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guerra Civil</a> y que se incluye como una de las piezas centrales de la exposici&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Geometr&iacute;a circular y visi&oacute;n c&oacute;smica</h2><p class="article-text">
        El tema de la naturaleza regresar&iacute;a con fuerza a su obra tras el estallido de la Guerra Civil, un periodo marcado por su huida primero a Portugal y despu&eacute;s a Argentina. Es all&iacute; donde desarrolla la serie&nbsp;<em>Naturalezas Vivas</em>&nbsp;(1941-1943), que presenta figuras femeninas sensuales y coloristas a trav&eacute;s de composiciones con conchas y flores. En estas obras, Mallo incorpora, adem&aacute;s, los hallazgos de la f&iacute;sica contempor&aacute;nea sobre la cuarta dimensi&oacute;n, un concepto que se esfuerza por plasmar visualmente.
    </p><p class="article-text">
        A su regreso definitivo a Espa&ntilde;a en 1965, la artista inicia su &uacute;ltima gran serie,&nbsp;<em>Viajeros del &eacute;ter</em>&nbsp;(1968-1980). En ella, el espacio representado se vuelve cada vez menos real y m&aacute;s c&oacute;smico, explorando conceptos como el cosmos, el &eacute;ter y el vac&iacute;o. Mallo transita as&iacute; por un mundo suprahumano, vali&eacute;ndose de conceptos matem&aacute;ticos, f&iacute;sicos y un lenguaje simb&oacute;lico para crear piezas que evocan figuras del espacio exterior.
    </p><p class="article-text">
        Fue en esa &eacute;poca cuando comenzaron los primeros esfuerzos por rescatar del olvido su figura, tras un largo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/maestras-republicanas-exilio-luz-prende_1_6084880.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exilio pol&iacute;tico</a>. &ldquo;Al investigar su trayectoria, me he dado cuenta de que se intenta recuperarla en los a&ntilde;os 70, cuando se pretenden restablecer los lazos con la vanguardia hist&oacute;rica, que hab&iacute;a desaparecido de la esfera p&uacute;blica&rdquo;, explica la comisaria Patricia Molins. &ldquo;Entonces se intentaba encasillarla, pregunt&aacute;ndose si era o no surrealista. Hoy esa cuesti&oacute;n nos importa menos, porque lo que hacemos es cuestionar el canon en s&iacute; mismo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/reina-sofia-justicia-maruja-mallo-artista-pionera-demostro-mujer-posible_1_12664549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Oct 2025 20:44:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Reina Sofía hace justicia con Maruja Mallo, la artista pionera que demostró que otra mujer era posible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museo Reina Sofía,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/aurelia-munoz-artista-conquisto-moma-nueva-york-borrada-espana_1_12607861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5b17be8-c4a5-4815-a185-ea3f8ccd60b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125923.jpg" width="1200" height="675" alt="Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una exposición en la Galería Jose de la Mano en Madrid reivindica de nuevo la obra de la creadora catalana, una innovadora del textil, reconocida internacionalmente</p><p class="subtitle">‘Mi amiga Eva’, una comedia sobre separarse sin trauma, la menopausia y las ganas de enamorarse</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el ejercicio de recuperaci&oacute;n de artistas mujeres ha sido intenso, sacando a la luz <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/wanda-landowska-mujer-escandalizo-elite-musical-convirtio-moderno-instrumento-antiguo_1_12002846.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">figuras extraordinarias</a> que la historiograf&iacute;a y el canon hab&iacute;a arrinconado. Un caso paradigm&aacute;tico es el de Aur&egrave;lia Mu&ntilde;oz (Barcelona, 1926-2011), una pionera cuyo redescubrimiento se materializa ahora en la segunda exposici&oacute;n que la Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano de Madrid le dedica desde el 11 de septiembre hasta el 31 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ser &ldquo;una de las figuras m&aacute;s importantes de la renovaci&oacute;n del arte textil europeo, una revolucionaria&rdquo;, como declara la comisaria Isabel Tejeda, permaneci&oacute; durante a&ntilde;os ausente de las <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/tecnologia-museo-prado-desvela-secretos-escondidos-lienzos-cuadros_1_12277188.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colecciones permanentes</a> de los museos estatales. Resulta dif&iacute;cil de creer este olvido cuando se repasa su trayectoria. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mu&ntilde;oz era muy famosa, vend&iacute;a much&iacute;simo en la &eacute;poca de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura/espana-pop-anos-60-libros-no-aparecen-escaparates-planes-ver_132_12564248.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los 60</a> y 70&rdquo;, explica Tejeda. Fue integrante del movimiento de Nouvelle Tapisserie, junto a otras artistas como Magdalena Abakanowicz, y particip&oacute; en las bienales m&aacute;s importantes de arte textil, como las de Lausana en 1971, 1973 y 1977 &mdash;donde sus piezas ocupaban un lugar destacado&mdash; o la Bienal de S&atilde;o Paulo de 1973, adem&aacute;s de recibir encargos institucionales de gran envergadura.
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            <span class="title">
                Libro 1, 2009                            </span>
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        &iquest;C&oacute;mo se explica entonces que su obra quedara arrinconada tras su muerte? Tejeda lo atribuye a dos razones fundamentales: &ldquo;Influy&oacute; sin duda el hecho de que fuera una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/teresa-lanceta-artista-textil-premio-nacional-artesania-arte_1_10518956.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artista textil</a>, cuando lo textil se consideraba &lsquo;un arte menor&rsquo; dentro del arte contempor&aacute;neo, aunque ella defendiera siempre que era una artista contempor&aacute;nea. La otra raz&oacute;n es el hecho de que fuera una mujer; no es el &uacute;nico caso de borrado que ha ocurrido de artistas desde el tardofranquismo a la <a href="https://www.eldiario.es/redaccion/transicion-democracia-no-trajo-rey-gano-calle-nueva-revista-eldiario_132_12607672.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Transici&oacute;n democr&aacute;tica</a>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La conquista del espacio: del tapiz a la escultura</h2><p class="article-text">
        Mu&ntilde;oz hab&iacute;a estudiado en la Escola Massana de Barcelona, donde a partir de 1960 experiment&oacute; inicialmente con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/chris-ware-dibujante-comic-e-ilustrador-no-sirve-de-nada-regular-ia-hemos-llegado-tarde-cat_1_12185750.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dibujo</a>, la cer&aacute;mica y el esmalte. Sin embargo, fue el textil el lenguaje que acab&oacute; por cautivarla, debutando ese mismo a&ntilde;o con estampados sobre tela de yute.&nbsp;&ldquo;Comenz&oacute; haciendo tapices&rdquo;, explica Tejeda, &ldquo;pero fue para seguir trabajando textiles desde una base&rdquo;.&nbsp;Sus primeros trabajos, que se inclinaban hacia la abstracci&oacute;n y los motivos geom&eacute;tricos, fueron evolucionando de forma natural hacia el&nbsp;bordado y el patchwork.
    </p><p class="article-text">
        Esta exploraci&oacute;n bidimensional pronto se le qued&oacute; peque&ntilde;a.&nbsp;A partir de finales de los a&ntilde;os 60 y hasta principios de los 80, Mu&ntilde;oz vir&oacute; su investigaci&oacute;n hacia la t&eacute;cnica del macram&eacute;, lo que le permiti&oacute; comenzar a jugar con la tridimensionalidad y el volumen.&nbsp;Fue un salto conceptual.&nbsp;&ldquo;Sus tapices dejan de ser tapices al uso y pasan a ser esculturas hechas con nudos&rdquo;, se&ntilde;ala la comisaria. 
    </p><p class="article-text">
        Piezas como <em>Cometa anclado</em>&nbsp;(1974) dan cuenta de esta etapa crucial de expansi&oacute;n y de conquista del espacio, donde sus investigaciones adoptaron una potente dimensi&oacute;n arquitect&oacute;nica. &ldquo;Mu&ntilde;oz ten&iacute;a un pensamiento muy avanzado, fue m&aacute;s all&aacute; y entendi&oacute; que el textil era m&aacute;s que una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/jovenes-no-estudian-rescate-artesania-oficios-tradicionales-extincion_1_11592609.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artesan&iacute;a</a>, que pod&iacute;a separarse de la pared y alcanzar un espacio de tres dimensiones&rdquo;, cuenta Tejeda. 
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                Pieza &#039;Cometa anclado&#039; (1974)                            </span>
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        Esta revolucionaria aproximaci&oacute;n al textil, que la situ&oacute; a la vanguardia internacional, no pas&oacute; desapercibida para las instituciones m&aacute;s prestigiosas del mundo.&nbsp;Una circunstancia curiosa, y que tambi&eacute;n menciona Tejeda, fue c&oacute;mo el MoMA de Nueva York le dedic&oacute; una sala dentro de sus colecciones permanentes, mucho antes que los museos espa&ntilde;oles fijaran su atenci&oacute;n en Mu&ntilde;oz.
    </p><p class="article-text">
        Sus piezas no solo formaron parte de las colecciones de instituciones tan emblem&aacute;ticas como el anteriormente mencionado MoMA de Nueva York, el Art Institute de Chicago o el National Museum of Modern Art de Kioto, sino que, con el tiempo, tambi&eacute;n lograron un hueco en el patrimonio espa&ntilde;ol. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, su trabajo est&aacute; presente en el Museo Reina Sof&iacute;a, el MACBA, el Museu Nacional d'Art de Catalunya &mdash;que recibi&oacute; una importante donaci&oacute;n de la familia&mdash; y la Fundaci&oacute;n Cristina Masaveu Peterson. La Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano, que ya hab&iacute;a defendido su obra en su propio espacio expositivo y en ferias como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cuatro-piezas-arco-enriqueceran-fondos-museo-arte-contemporaneo_1_8782713.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ARCO</a>, culmina ahora este proceso de rescate con una segunda exposici&oacute;n dedicada.
    </p><h2 class="article-text">El papel como objeto: la etapa m&aacute;s sutil</h2><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu inquieto de Mu&ntilde;oz nunca dej&oacute; de evolucionar. Si en los 70 conquist&oacute; el espacio con el textil, en las d&eacute;cadas siguientes lo har&iacute;a con un material inesperado: el papel. Esta &uacute;ltima exposici&oacute;n en la Galer&iacute;a Jos&eacute; de la Mano &ndash;la primera tuvo lugar en el a&ntilde;o 2020-- se centra en la &uacute;ltima etapa de Mu&ntilde;oz, desarrollada entre los a&ntilde;os 80 y 90, un periodo de intensa experimentaci&oacute;n con este material.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Silvia Ventosa Mu&ntilde;oz, curadora de tejidos y moda, e hija de la artista, esta fue &ldquo;quiz&aacute; su &eacute;poca m&aacute;s desconocida y menos mat&eacute;rica, en la que fue minimizando hacia la abstracci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;Un proceso en el que el papel&nbsp;&ldquo;pasa de ser un soporte a ser un objeto en s&iacute; mismo&rdquo;, inscribi&eacute;ndose dentro del movimiento<em>&nbsp;paper cut</em>&nbsp;que emergi&oacute; en la d&eacute;cada de 1980.
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                Aurèlia Muñoz y Pájaro-Cometa                            </span>
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        En esta fase, los libros adquirieron una importancia central como objetos art&iacute;sticos,&nbsp;aunque nada convencionales. Los de Mu&ntilde;oz estaban poblados de grafismos inventados que dialogaban con caligraf&iacute;as no occidentales.&nbsp;&ldquo;A mi madre le gustaban mucho los grafismos, como, por ejemplo, de la escritura &aacute;rabe o de la japonesa&rdquo;,&nbsp;se&ntilde;ala Ventosa Mu&ntilde;oz. 
    </p><p class="article-text">
        Para materializar estas piezas, la artista lleg&oacute; a producir su propio papel controlando el proceso artesanal y decidiendo su gramaje y material&nbsp;&mdash;ya fuera pulpa de lino, que le daba transparencia, o de algod&oacute;n, que era mate&mdash;, e incluso experimentaba con los tintes, un resultado que puede apreciarse en detalle en las obras de la exposici&oacute;n. La primera obra de esta serie fue una libreta en 1980, titulada significativamente&nbsp;<em>Llibre tancat&nbsp;(Libro cerrado)</em>, que marc&oacute; el inicio de esta exploraci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Una mirada &iacute;ntima a las inspiraciones y procesos de Mu&ntilde;oz</h2><p class="article-text">
        Silvia Ventosa Mu&ntilde;oz ofrece una mirada &iacute;ntima sobre las fuentes de inspiraci&oacute;n de su madre.&nbsp;&ldquo;Ella ten&iacute;a una casa en Menorca, y all&iacute; se sit&uacute;an estos conjuntos escult&oacute;ricos talay&oacute;ticos que a ella le impresionaban mucho&rdquo;, explica. De ah&iacute; surgieron obras como las que se exhiben en el suelo de la Galer&iacute;a,&nbsp;<em>Taula prehist&oacute;rica peque&ntilde;a</em>&nbsp;y<em>&nbsp;Taula prehist&oacute;rica</em>, ambas de 1989.
    </p><p class="article-text">
        Pero su fascinaci&oacute;n por la isla iba m&aacute;s all&aacute; de sus monumentos.&nbsp;La vida marina tambi&eacute;n fue una musa constante.&nbsp;&ldquo;A ella le obsesionaba el fondo del mar&rdquo;, relata Ventosa.&nbsp;&ldquo;Tomaba como fuente de inspiraci&oacute;n las algas o las an&eacute;monas&rdquo;. Esta inspiraci&oacute;n se materializa en piezas de inspiraci&oacute;n japonesa como <em>Washi azul</em> (1990), que con el brillo de la mica simulan el centelleo de las olas bajo el sol.&nbsp;&ldquo;Tambi&eacute;n se inspiraba en otros seres, como peces y p&aacute;jaros, que vinculaba, por ejemplo, con la estructura de los libros&rdquo;, indica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Washi azul, 1990                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hay todo un tema sobre la ingravidez que investigar en las obras de Mu&ntilde;oz&rdquo;, reflexiona la comisaria Isabel Tejeda. &ldquo;Ella est&aacute; todo el tiempo jugando con el peso y la levedad&rdquo;, cuenta. Un juego de contradicciones que se hace evidente en sus m&oacute;viles, como<em>&nbsp;El libro a&eacute;reo&nbsp;</em>(1985), colgados del techo con hilos de pescar casi invisibles, pero con una presencia f&iacute;sica contundente; o en sus&nbsp;Taulas, que simulan la pesadez del metal con la levedad del papel.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su obra comparte con el minimalismo la idea de la repetici&oacute;n, Tejeda prefiere definirla como &ldquo;post-minimal&rdquo;. &ldquo;El minimal se basa en la repetici&oacute;n de un elemento de manera industrial, que ni siquiera el artista produce&rdquo;, aclara. &ldquo;Sin embargo, en la obra de Mu&ntilde;oz, todo est&aacute; producido artesanalmente&rdquo;, a&ntilde;ade. Esa mano artesana &mdash;&iacute;ntima y singular&mdash;se puede apreciar en su &ldquo;esculturas cubistas&rdquo; (de clara ra&iacute;z constructivista), compuestas por 15 o 20 piezas colgadas a la altura de las personas. &ldquo;Cuando la gente pasaba entre ellas, las piezas bailaban con el aire que mov&iacute;an al caminar&rdquo;, recuerda Tejeda. Una coreograf&iacute;a silenciosa y ef&iacute;mera que convert&iacute;a el espacio en un lugar vivo.
    </p><p class="article-text">
        El legado de Aur&egrave;lia Mu&ntilde;oz no se limita a calidad e innovaci&oacute;n de su obra, sino que se extiende a su papel como maestra e influencia clave para una generaci&oacute;n de artistas textiles espa&ntilde;olas, como Pilar Sala o Aurelia Masanet, tal y como subraya la comisaria Isabel Tejeda. Una herencia que, por fin, est&aacute; recibiendo la atenci&oacute;n institucional que merece: el MACBA y el Museo Reina Sof&iacute;a est&aacute;n organizando de forma conjunta una gran exposici&oacute;n para abril del a&ntilde;o que viene, un homenaje que promete restituir, definitivamente, el lugar central que le corresponde en la historia del arte espa&ntilde;ol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/aurelia-munoz-artista-conquisto-moma-nueva-york-borrada-espana_1_12607861.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 20:15:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aurèlia Muñoz, la artista que conquistó el MoMA de Nueva York y fue borrada en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Artesanía,Arte,Dibujos,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/banera-millais-memes-tiktok-ofelia-dejado-silencio_1_12527394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b75ccd1e-f5f8-4823-8ef2-19cc1a7e9c01_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123657.jpg" width="6801" height="3825" alt="De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cómo un personaje silenciado por Shakespeare y la psiquiatría victoriana se transformó en bandera feminista</p><p class="subtitle">Tenía 18 años, talento y le gustaban los excesos: de cómo Françoise Sagan dio voz a su generación con 'Buenos días, tristeza'
</p></div><p class="article-text">
        En el invierno de 1852 el pintor John Everett Millais contrat&oacute; a una modelo y poeta de 19 a&ntilde;os para que posara como Ofelia. Elisabeth Siddal, que ese era su nombre, se pas&oacute; largas horas metida en una ba&ntilde;era en el estudio del pintor, y aunque Millais hab&iacute;a colocado algunas velas debajo para calentar el agua, el tiempo transcurrido hizo que algunas de las velas comenzaran a apagarse. Siddal, que notaba como el agua se iba enfriando, no dijo nada, soportando la temperatura del agua en un gesto que se ha calificado de obediencia o de sumisi&oacute;n. La sesi&oacute;n de posado termin&oacute; con una Siddal enferma de neumon&iacute;a y con Millais pagando de mala gana las facturas m&eacute;dicas.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Esta an&eacute;cdota, casi tan conocida como la propia pintura, revela el coste humano detr&aacute;s de la creaci&oacute;n de un icono: la </span>Ofelia<span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Millais que ha pasado a la historia del arte convertida en un arquetipo, est&aacute; marcada por el sufrimiento silencioso de Siddal, haci&eacute;ndose eco del sufrimiento de Ofelia en la obra de Shakespeare. Ambas historias se entrelazan por la sumisi&oacute;n al r&eacute;gimen patriarcal. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En </span><em>Hamlet</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, Ofelia es primero una herramienta en los juegos de poder de su padre Polonio, quien la usa para espiar al pr&iacute;ncipe. Pero Hamlet, herido por el r&aacute;pido matrimonio de su madre con el asesino de su padre, proyecta su misoginia en la joven. Tras la muerte de Polonio a manos de Hamlet y el rechazo brutal del pr&iacute;ncipe, Ofelia enloquece. Su ahogamiento &mdash;narrado con lirismo por la reina Gertrude&mdash; transforma el dolor en espect&aacute;culo. Una tragedia que, cuatro siglos despu&eacute;s, sigue fascinando precisamente por lo que esconde: la voz de una mujer reducida, silenciada.</span>
    </p><h2 class="article-text">La psiquiatr&iacute;a victoriana convirti&oacute; a Ofelia en un estereotipo</h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La cr&iacute;tica feminista Elaine Showalter aborda la fascinaci&oacute;n cultural por Ofelia en sus ensayos </span><em>Representando a Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> y </span><em>El mal de las mujeres</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, donde analiza c&oacute;mo la iconograf&iacute;a psiqui&aacute;trica del siglo XIX convirti&oacute; a 'la loca' en un estereotipo visual. Curiosamente, esta obsesi&oacute;n moderna por el personaje comenz&oacute; a gestarse en 1820, cuando una compa&ntilde;&iacute;a teatral inglesa populariz&oacute; su figura en los escenarios franceses. Poco despu&eacute;s, hacia 1840, las primeras representaciones pict&oacute;ricas consolidar&iacute;an el mito: la </span><em>Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Delacroix (1838) sentar&iacute;a las bases visuales que inspirar&iacute;an a generaciones de artistas, incluido Millais dos d&eacute;cadas despu&eacute;s.</span>
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            <span class="title">
                &#039;The Death of Ophelia&#039; de Eugène Delacroix                            </span>
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        En el mismo a&ntilde;o en que Millais pasaba seis meses pintando el paisaje de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Hogsmill River at Ewell en Surrey</span> que acompa&ntilde;ar&iacute;a a la figura de Ofelia sumergida, otro pintor brit&aacute;nico, Arthur Hughes, pintaba otra de las Ofelias m&aacute;s famosas de la historia del arte, retrat&aacute;ndola como una 'campanilla' que mezcla una feminidad ani&ntilde;ada e inocente, acompa&ntilde;ada de un aura de martirio cristiano, una versi&oacute;n que se contrapone a la de Millais y su belleza 'fatal' y que adoptaron algunos otros pintores como Pierre Auguste Cot. 
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                &#039;Ophelia&#039; de Arthur Hughes (1852)                            </span>
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        Las representaciones de Ofelia, como apunta Showalter, se convirtieron en el prototipo no solo de mujer trastornada en la literatura y el arte victorianos, sino tambi&eacute;n de la paciente joven en los manicomios. Su tipo de locura se inscrib&iacute;a en el trastorno que los psiquiatras calificaban de &ldquo;erotoman&iacute;a&rdquo;: un delirio amoroso en el que quien lo sufre cree que una persona est&aacute; enamorada del sujeto.
    </p><p class="article-text">
        Para 1860, Ofelia ya era el paradigma de la loca victoriana con el que los psiquiatras de la &eacute;poca acostumbraban a moralizar, ya fuera con las im&aacute;genes de las pinturas acad&eacute;micas o en el reciente uso de la fotograf&iacute;a como elemento de control social. Un ejemplo de esto fueron las fotograf&iacute;as que tom&oacute; Hugh W. Diamond en el sanatorio de Surrey a una interna a la que visti&oacute; con una guirnalda de flores silvestres y un chal negro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Hugh W. Diamond: Retrato de una interna en Surrey vestida de Ofelia (ca. 1851)                            </span>
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        Precisamente, la omnipresencia de las flores en la representaci&oacute;n no era casual o un mero gui&ntilde;o shakespeariano. Como destaca Showalter, &ldquo;proced&iacute;an de la iconograf&iacute;a de la sexualidad femenina en el Renacimiento; su ofrenda era una 'desfloraci&oacute;n' simb&oacute;lica&rdquo;.<em> </em>Incluso su muerte por ahogamiento se asociaba a lo femenino y lo irracional:<em> &ldquo;</em>El agua es el s&iacute;mbolo org&aacute;nico de los fluidos femeninos: la sangre, la leche, las l&aacute;grimas&rdquo;. Esta simbolog&iacute;a se materializ&oacute; en pinturas donde los elementos bot&aacute;nicos y acu&aacute;ticos cobraron protagonismo, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">desde las Ofelias de John William Waterhouse, hasta la versi&oacute;n hipn&oacute;tica de H&eacute;bert (1876) o el lirismo oscuro de Cabanel (1883). </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Ophelia&#039; de John William Waterhouse                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        A finales del siglo XIX, la figura de Ofelia se reprodujo hasta la saciedad, trascendiendo fronteras fuera del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n y franc&eacute;s. Pronto se convirti&oacute; en un motivo internacional, reinterpretado en otras corrientes art&iacute;sticas, y pintores como el alem&aacute;n Friedrich Heyser o el belga Constantin Meunier la adaptaron a sus estilos, pero siempre manteniendo el aura de enigma femenino.
    </p><h2 class="article-text">Ofelia emerge del agua</h2><p class="article-text">
        Conforme el avance de la psiquiatr&iacute;a y de la visi&oacute;n sobre la mujer y su contribuci&oacute;n en la sociedad iban cambiando, la figura de Ofelia fue a su vez evolucionando. Algo que ya puede observarse en las escenas on&iacute;ricas del simbolismo que pinta Odilon Redon sobre la hero&iacute;na de Hamlet entre 1900 y 1905. &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La pintura ilustra un momento particular de la obra, en el que Ofelia encuentra su camino hacia el arroyo, donde se encuentra con su final entre las flores que ha recogido&rdquo;, se&ntilde;ala en un ensayo en The London Magazine </span><a href="https://thelondonmagazine.org/ophelia-among-the-flowers-by-redon-by-gillian-murtagh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gillian Murtagh</a>. &ldquo;<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Este momento, puede interpretarse como un escape del dominio patriarcal que la ha moldeado en la persona en la que eventualmente se convierte&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La liberaci&oacute;n del yugo patriarcal tambi&eacute;n pas&oacute; por reapropiarse de esta figura tan manoseada por los psiquiatras y la sociedad victoriana. Sarah Bernhardt, la c&eacute;lebre actriz y escultora francesa, lo demostr&oacute; en su audaz relieve </span><em>Ofelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (1880), donde la joven no yace sumergida como en Millais, sino que </span>emerge <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">de las aguas con un gesto ext&aacute;tico. A ella se le une la visi&oacute;n de las pintoras Violet Oakley con su </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>La rosa de Ofelia</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (1918), que imagina una protagonista de luto, pero a&uacute;n viva y reflexiva, y Madelaine Lemaire, que pinta en 1880 a una Ofelia desafiante y sensual. </span>
    </p><p class="article-text">
        Para liberar a Ofelia del texto de Hamlet, reflexiona Showalter, tendr&iacute;amos que profundizar en la historia de su representaci&oacute;n, poniendo el foco en su propio personaje y c&oacute;mo se le niega una voz si no es en relaci&oacute;n a los hombres que la rodean y condicionan. En ese sentido, obras teatrales como <em>Opheliamachine</em> de Magda Romanska &mdash;una cr&iacute;tica feminista escrita en 2005&mdash; han abierto nuevos caminos. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En el pr&oacute;logo, Idinca Tolut resume la idea de la obra</span>: <em>&ldquo;</em>Ofelia casi nunca ha hablado antes, ahora es el centro de la historia&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Trauma en vez de locura: la Ofelia del siglo XXI</h2><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y gracias a trabajos como el de la propia Showalter, esta reivindicaci&oacute;n ha ido m&aacute;s all&aacute; del arte: los estudios contempor&aacute;neos de psicolog&iacute;a y humanidades han analizado el posible s&iacute;ndrome postraum&aacute;tico que sufrir&iacute;a Ofelia tras la muerte de su padre y el rechazo de Hamlet. Ya no es solo la &ldquo;loca&rdquo; del imaginario victoriano, sino una figura compleja cuyos gestos se leen como s&iacute;ntomas de un trauma real. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La artista Marlene Dumas lo amplifica en </span><em>From Ophelia to Medusa</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (2004), donde funde la imagen cruda de una Ofelia muerta con la de otras hero&iacute;nas castigadas, contestando y desafiando a la idealizaci&oacute;n de Millais.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Melancholia&#039; de Lars Von Trier                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin embargo, observa Gabrielle Dane en </span><em>Reading Ophelia's madness, </em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">&ldquo;con su identidad construida siempre en referencia a otra, Ofelia es, en esencia, un cifrado vac&iacute;o que espera ser infundido con significado&rdquo;. Quiz&aacute; por eso el arquetipo ha pasado tan f&aacute;cilmente desde la Inglaterra isabelina y se ha infiltrado en el inconsciente colectivo de manera que sigue siendo una representaci&oacute;n tanto de la sumisi&oacute;n femenina como de la rebeld&iacute;a; una ambig&uuml;edad que refleja el conflicto con los propios deseos y la falta de agencia. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Esta evoluci&oacute;n ha llegado tambi&eacute;n al cine. En producciones recientes, como </span><em>Ophelia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Claire McCarthy (2018), la joven noble se redefine como protagonista due&ntilde;a de sus deseos y voluntad, al margen de los hombres que la rodean. Otras pel&iacute;culas han reinterpretado su figura: desde el ic&oacute;nico cartel de Kirsten Dunst en </span><em>Melancholia</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de Lars Von Trier hasta la escena de suicidio en la ba&ntilde;era de </span><em>Las v&iacute;rgenes suicidas</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> de </span><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/sofia-coppola-no-he-convertido-elvis-villano-he-intentado-no-mostrarlo-dios-pedestal_1_10926942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sofia Coppola</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">. En todas estas versiones, el personaje muestra una vulnerabilidad que trasciende lo est&eacute;tico para volverse pol&iacute;tico: su suicidio, aunque a veces idealizado, se revela como consecuencia directa de la violencia estructural que la ahoga.</span>
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                Captura de TikTok                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero el giro m&aacute;s reciente ocurre en redes sociales, donde la imagen de Ofelia est&aacute; lejos de estar agotada. La est&eacute;tica prerrafaelita de la Ofelia de Millais se ha convertido en el lenguaje visual de una generaci&oacute;n que se identifica con el personaje y la est&eacute;tica a trav&eacute;s de </span><em>fancams</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> en TikTok y memes en los que las j&oacute;venes reinterpretan su dolor no como locura, sino como resistencia: decepciones amorosas, ansiedad o simplemente la belleza melanc&oacute;lica de sentirse incomprendida. La misma imagen que sirvi&oacute; como instrumento para controlar a las mujeres, hoy es un s&iacute;mbolo que fluye entre el arte, la moda y la cultura digital.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/banera-millais-memes-tiktok-ofelia-dejado-silencio_1_12527394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Aug 2025 20:09:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la bañera de Millais a los memes de TikTok: Ofelia ha dejado de estar en silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Arte,William Shakespeare,Hamlet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gordon-matta-clark-artista-mostraba-entranas-edificios-derribar-capitalismo_1_12465494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85d0b54b-14ef-499f-95fb-e3dd380400a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Gloria Moure edita un libro sobre Gordon Matta-Clark en el que se reúnen textos, cartas íntimas y entrevistas de este artista que diseccionaba las construcciones para criticar el sistema</p><p class="subtitle">Los usuarios tienen derecho al reembolso de sus entradas del FIB por las cancelaciones de artistas
</p></div><p class="article-text">
        En 1970, la arquitectura <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libro-icono-nueva-york-vez-no-has-leido-lleva-50-anos-bestseller_1_11859605.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Nueva York</a> viv&iacute;a una transformaci&oacute;n brutal. La ciudad se desangraba: crisis fiscal, &eacute;xodo de la clase media a los suburbios y recortes en<a href="https://www.eldiario.es/cultura/segunda-republica-arquitectos-rescate-espacio-publico_130_8588528.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> vivienda p&uacute;blica</a> hab&iacute;an convertido barrios enteros en territorios olvidados. F&aacute;bricas cerradas en Soho, bloques de apartamentos semiderruidos en el Bronx y oficinas vac&iacute;as en Manhattan &mdash;devoradas por la especulaci&oacute;n inmobiliaria&mdash; dibujaban un paisaje de abandono. Era la otra cara del 'sue&ntilde;o americano', y Gordon Matta-Clark decidi&oacute; mirarla de frente.
    </p><p class="article-text">
        Armado con radiales para horadar fachadas, se instal&oacute; en el SoHo y vestido como cualquier obrero, se subi&oacute; a andamios para intervenir en esos edificios que el capitalismo hab&iacute;a descartado. No era solo una provocaci&oacute;n est&eacute;tica: era un acto pol&iacute;tico. &ldquo;Empec&eacute; a trabajar con edificios abandonados a ra&iacute;z de mi preocupaci&oacute;n por la vida en la ciudad &mdash;escribi&oacute; Matta-Clark en 1975&mdash;, de la que un importante efecto secundario es la degluci&oacute;n de viejos inmuebles&rdquo;. Cada corte, cada muro derribado, era su manera de denunciar un sistema que devoraba su propio paisaje. &ldquo;Al deshacer un edificio, expreso mi oposici&oacute;n a muchos aspectos de las condiciones sociales&rdquo;, dec&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Matta-Clark es libertad&rdquo;, sintetiza la historiadora del arte y comisaria Gloria Moure (Barcelona, 1946), que acaba de publicar<em>&nbsp;Atravesar la resistencia</em>&nbsp;(Ed. Caniche), la compilaci&oacute;n m&aacute;s completa de sus escritos en espa&ntilde;ol.&nbsp;&ldquo;Lo que m&aacute;s me interes&oacute; de &eacute;l fue su visi&oacute;n del mundo como un paisaje en el que todo est&aacute; siempre cambiando y en el que el artista es tan solo una parte del paisaje&rdquo;, explica esta especialista que ha sido pionera en difundir el arte contempor&aacute;neo en Espa&ntilde;a desde la direcci&oacute;n de varios museos como el CGAC en Santiago.
    </p><p class="article-text">
        Moure lleva d&eacute;cadas desentra&ntilde;ando la figura de este creador radical. Primero con una exposici&oacute;n en 2006 en el Reina Sof&iacute;a -acompa&ntilde;ada de una publicaci&oacute;n seminal con sus textos-, y ahora con este libro que revela al Matta-Clark previo al mito: &laquo;Encontramos cartas escritas antes de que decidiera ser artista&raquo;, revela. &laquo;Pensamos que era interesante mostrar al personaje en toda su complejidad&raquo;.
    </p><h2 class="article-text">Resistencia desde los m&aacute;rgenes</h2><p class="article-text">
        Hijo del pintor surrealista Roberto Matta &mdash;con quien mantuvo una relaci&oacute;n distante desde que este abandon&oacute; a su madre, la tambi&eacute;n artista Anne Alpert, y a sus hermanos&mdash;, Gordon Matta-Clark (Nueva York, 1943-1978) estuvo desde peque&ntilde;o rodeado e influenciado por artistas de calado, especialmente por su propio padrino, que no era otro que Marcel Duchamp. Quiz&aacute; fueron esas influencias las que le impulsaron a romper con la academia y a fundar el movimiento de la anarquitectura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/797d6d74-3127-4c34-b659-c2d2d938eee8_source-aspect-ratio_default_1121872.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La trayectoria acad&eacute;mica de Matta-Clark fue tan irregular como reveladora: comenz&oacute; arquitectura en Cornell, la dej&oacute; tras un accidente, vivi&oacute; un par&eacute;ntesis en la Sorbona --donde estudi&oacute; filolog&iacute;a y se familiariz&oacute; con el situacionismo-- y finalmente volvi&oacute; a Cornell, entrando en contacto con el Land Art.
    </p><p class="article-text">
        Las cartas que podemos leer en este volumen revelan una personalidad vibrante que huye de las reglas y normativas, como la de &ldquo;la atm&oacute;sfera herm&eacute;tica del complejo universitario de Cornell&rdquo; que describe a su madre en una de las misivas. &ldquo;Toda su obra est&aacute; impregnada de pol&iacute;ticas revolucionarias. &Eacute;l ten&iacute;a una curiosidad constante, con una idea de voyerismo creativo que le lleva a hacer agujeros en cualquier edificio&rdquo;, cuenta Moure.
    </p><p class="article-text">
        Estos agujeros --sus c&eacute;lebres&nbsp;Building Cuts-- se convirtieron en la firma de Matta-Clark. No eran simples cortes en edificios, sino esculturas vivas que transformaban estructuras abandonadas. Al abrir fachadas y paredes, no solo revelaba los esqueletos ocultos de la arquitectura, sino que jugaba con vol&uacute;menes, luz y espacio, creando una po&eacute;tica de lo residual. Su obra<em>&nbsp;Splitting</em>&nbsp;(1974), en la que literalmente parti&oacute; una casa residencial en dos, encapsula esta filosof&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es metaf&oacute;rico&rdquo;, explica Moure. &ldquo;Como decir: no te quedes en la superficie, perfora para descubrir lo que hay detr&aacute;s del escenario&rdquo;, puntualiza. Para Matta-Clark, influenciado por las lecciones alqu&iacute;micas de Duchamp, la ciudad era un laboratorio de transformaciones posibles. Matta-Clark ve&iacute;a los edificios como lugares donde se almacena la memoria colectiva de sus habitantes, as&iacute; que, desequilibr&aacute;ndolos mediante intervenciones, revelaba la tiran&iacute;a del recinto urbano y a qui&eacute;n serv&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En 1973, Matta-Clark adquiri&oacute; por apenas 25 d&oacute;lares una serie de microparcelas imposibles en Queens y Staten Island a trav&eacute;s de subastas p&uacute;blicas. Las bautiz&oacute; como <em>Fake Estates (Fincas Falsas)</em>: franjas triangulares de tierra, trozos de acera o canalones &mdash;terrenos tan absurdos como in&uacute;tiles para la especulaci&oacute;n inmobiliaria&mdash;. Con este gesto, el artista no solo cuestionaba el valor de la propiedad privada, tambi&eacute;n manten&iacute;a unos terrenos que no aportaban rentabilidad, subvirtiendo el prop&oacute;sito de la inversi&oacute;n inmobiliaria. 
    </p><p class="article-text">
        La implicaci&oacute;n pol&iacute;tica de sus ideales tambi&eacute;n pasaba por su relaci&oacute;n con el pa&iacute;s de su padre. Hasta Chile viaj&oacute; para reencontrarse con este y con sus ra&iacute;ces, y aunque no lo logr&oacute; &ndash;Matta ya estaba fuera del pa&iacute;s cuando lleg&oacute; su hijo&mdash;el Museo de Bellas Artes de Santiago le permiti&oacute; intervenir en su propio edificio, en el que &ldquo;perfor&oacute; un agujero en el techo y, con espejos y otros cortes, dej&oacute; entrar la luz del s&oacute;tano al ba&ntilde;o. Cuando mirabas el agua del retrete, escuchabas el vuelo de los p&aacute;jaros&rdquo;, dijo su viuda, Jane Crawford en una entrevista con el peri&oacute;dico chileno La Tercera.
    </p><h2 class="article-text">La importancia de la comunidad</h2><p class="article-text">
        Ese deje po&eacute;tico en toda la obra de Matta-Clark se une a la continua b&uacute;squeda para establecer comunidades all&iacute; donde iba. &ldquo;Quer&iacute;a no tanto crear escuelas como crear lugares de encuentro donde sucedieran cosas&rdquo; explica Moure que a&ntilde;ade que &ldquo;para &eacute;l nadie dirige, es a trav&eacute;s de todos que las cosas ocurren, eso tambi&eacute;n le lleva a trabajar con los residuos o con espacios que son considerados desechos&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Toda su obra está impregnada de políticas revolucionarias. Él tenía una curiosidad constante, una idea de voyerismo creativo que le lleva a hacer agujeros en edificios</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gloria Moure</span>
                                        <span>—</span> Historiadora del arte
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de visitar <em>Under The Brooklyn Bridge</em>, una exposici&oacute;n en el Instituto de Arte Urbano en la que se mostraban las alternativas habitacionales de los sintecho que viv&iacute;an entre cartones, Matta-Clark se inspir&oacute; para reciclar materiales en nuevos espacios, como en<em> Garbage Wall,</em> construida con desechos. Una acci&oacute;n que ahora nos parece prof&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Ese amor por los espacios de encuentro y sobre todo por crear comunidad se refleja en 1971, cuando funda en una antigua f&aacute;brica de trapos del SoHo junto a Carol Gooden un restaurante de comida llamado Food. &ldquo;Fue un proyecto de acoger diversidades, a trav&eacute;s de la comida, que para &eacute;l era un acto de amor, casi con un paralelismo con lo que ocurre en la comuni&oacute;n. Todos cocinaban, era un sitio de debate o para ofrecer comida a cualquier artista que no ten&iacute;a otro lugar donde alimentarse&rdquo;, explica Moure. Por all&iacute; pod&iacute;an verse a todo tipo de artistas como John Cage o Robert Rauschenberg y fue uno de los primeros locales en los que se ofreci&oacute; sushi y comida vegana en todo Nueva York. 
    </p><h2 class="article-text">Antropofagia urbana</h2><p class="article-text">
        Los escritos de Matta-Clark vienen a completar la obra de un artista polifac&eacute;tico que mantiene una fuerte poes&iacute;a en todas sus acciones. &ldquo;Su trabajo tiene connotaciones en el arte, en la arquitectura, en la danza&rdquo; comenta Moure, algo que se ejemplifica en algunos de sus proyectos como <em>Tree Dance</em>, una performance que podemos contemplar porque qued&oacute; grabada, como muchos de sus otros trabajos. &ldquo;Matta-Clark era consciente de que necesitaba registrar lo que ocurr&iacute;a en sus performances para que no fueran grabadas por otra persona y convertidas en mero registro. As&iacute; que dirigi&oacute; y grab&oacute; varios films en los que documentan sus performances, pero siempre de manera creativa, llegando incluso a simular sus cl&aacute;sicos cuttings tambi&eacute;n en el propio objetivo tapando parte de este&rdquo;, subraya.
    </p><p class="article-text">
        Matta-Clark mostr&oacute; como nadie la gentrificaci&oacute;n del sistema en Intersecci&oacute;n C&oacute;nica (1975), con la incisi&oacute;n radical que realiz&oacute; en los n&uacute;meros 27 y 29 de la Rue Beaubourg, edificios del siglo XVIII que iban a ser demolidos cerca del Museo Pompidou. Perfor&oacute; un agujero en forma de tornado que retroced&iacute;a en espiral en un &aacute;ngulo de 45 grados para salir por el techo. &ldquo;Ah&iacute; se pod&iacute;a ver la integraci&oacute;n del barrio viejo del Marais con el nuevo edifico Pompidou, y como una parte de la ciudad est&aacute; desapareciendo porque otra se la est&aacute; comiendo. Un poco en la idea de la antropofagia que &eacute;l tanto trabaja y que se relaciona con lo que estamos viviendo ahora en el capitalismo, un sistema econ&oacute;mico que se impone sobre todo lo dem&aacute;s&rdquo;, seg&uacute;n Moure.
    </p><p class="article-text">
        Gordon Matta-Clark muri&oacute;&nbsp;el 27 de agosto de 1978, apenas dos meses despu&eacute;s de cumplir 35 a&ntilde;os, dej&aacute;ndonos una obra que sigue vigente. Como concluye Moure: &ldquo;Sus escritos son de gran actualidad, no hay nada que huela a viejo en ellos. Son de ese tipo de voces que siempre se han intentado acallar desde el poder, pero que curiosamente sigue vivo y con much&iacute;sima fuerza&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gordon-matta-clark-artista-mostraba-entranas-edificios-derribar-capitalismo_1_12465494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2025 20:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Arte contemporáneo,Arquitectura,Capitalismo,Anticapitalistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miss Beige, la artista del color plano y martillo en bolso, recibe su primera retrospectiva en el museo más rococó de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/miss-beige-artista-color-plano-martillo-bolso-recibe-primera-retrospectiva-museo-rococo-madrid_1_12389350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d38e5c5-3a03-4bdb-be5b-8aecc88ce1eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miss Beige, la artista del color plano y martillo en bolso, recibe su primera retrospectiva en el museo más rococó de Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el marco de PHotoEspaña, el Museo Cerralbo, y como parte de las actividades de su centenario, acoge la muestra 'Hay que saber estar': "Lo divertido fue ver cómo incomoda al patriarcado una señora que no habla, es como la revancha perfecta", explica la 'performer' Ana Esmith sobre su personaje</p><p class="subtitle">Los Javis homenajean a Pedro Almodóvar con una carta de amor para su maestro
</p></div><p class="article-text">
        Fue hace diez a&ntilde;os, en 2015, cuando Ana Esmith <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">(Madrid, 1976), una licenciada en periodismo y diplomada en arte dram&aacute;tico, que hab&iacute;a vuelto a Madrid despu&eacute;s de 15 a&ntilde;os viviendo en Londres, </span>decidi&oacute; enfundarse en aquel traje de color beige que hab&iacute;a encontrado por un euro en el Rastro y salir con &eacute;l a la calle: &ldquo;Llegu&eacute; a casa y empec&eacute; a tirar de fondo de armario. Ten&iacute;a mis guantes, un bolso beige, y de repente me lo puse todo. Me mir&eacute; al espejo y dije: pues creo que esto es bastante interesante&rdquo;. Ahora, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">una d&eacute;cada despu&eacute;s, su alter ego </span>Miss Beige es ya una figura ic&oacute;nica del arte contempor&aacute;neo<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, hasta el punto de que PhotoEspa&ntilde;a le dedica una exposici&oacute;n retrospectiva. </span>
    </p><p class="article-text">
        Incluida dentro de las celebraciones del centenario del Museo Cerralbo, la exposici&oacute;n que se titula<em> Hay que saber estar </em>permanecer&aacute; abierta hasta el 7 de septiembre. El t&iacute;tulo, muy en la l&iacute;nea del humor de Miss Beige, alude precisamente a la posici&oacute;n de cada uno en el mundo: &ldquo;Es un alegato al estar, porque si no est&aacute;s no existes&rdquo;, explica, aunque dejando abierta la posibilidad de otras interpretaciones.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; ha hecho Miss Beige en todo este tiempo ha sido reivindicar un hueco en el mundo, y lo ha hecho siempre con la misma vestimenta: el m&iacute;tico vestido, guantes, zapatos y bolso del que sobresale un martillo, en silencio y con la misma expresi&oacute;n ce&ntilde;uda que no busca agradar a nadie. &ldquo;De lo que m&aacute;s orgullosa me siento es que Miss Beige no ha cambiado nada en estos a&ntilde;os, ha permanecido igual desde el primer d&iacute;a&rdquo;, dice. &ldquo;Una mujer siempre es juzgada por la ropa que lleva. Siempre se habla de su cuerpo y de su vestimenta, as&iacute; que este me parec&iacute;a un buen alegato. Lo divertido fue ver c&oacute;mo incomoda al patriarcado una se&ntilde;ora que no habla, es como la revancha perfecta&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La revoluci&oacute;n del beige</h2><p class="article-text">
        Cada aparici&oacute;n se convierte en un acto pol&iacute;tico: Miss Beige se instala donde nadie espera encontrar a una mujer, y menos a&uacute;n a una se&ntilde;ora vestida de beige y con cara de malas pulgas. &ldquo;Lo bueno precisamente de Miss Beige es que nadie espera de ella la revoluci&oacute;n, pero la est&aacute; provocando&rdquo;, explica la artista. Con su simple presencia, cuestiona los espacios simb&oacute;licos de la sociedad y reclama un lugar en las din&aacute;micas invisibles que act&uacute;an en el sistema. Se la puede ver introduci&eacute;ndose en cualquier imagen: formando parte de un cuadro del Museo del Prado &mdash;observado convenientemente por la Reina Letizia&mdash;, posando como si fuera la presidenta de la Comunidad de Madrid con una foto de Lola Flores presidiendo la escena o colgando de los test&iacute;culos del toro de Osborne junto a la autopista.
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                Miss Beige en el Museo Cerralbo                            </span>
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        Y todo lo hace vistiendo un color aparentemente anodino, el beige, al que eleva al estatus de color reivindicativo y que como ella misma reconoce, es un acto original en toda la historia del arte: &ldquo;El beige me parec&iacute;a un color interesante porque no ten&iacute;a ninguna connotaci&oacute;n a priori, era un color que hab&iacute;a estado siempre en los m&aacute;rgenes&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">La conquista del espacio p&uacute;blico</h2><p class="article-text">
        Miss Beige naci&oacute; para incomodar, s&iacute;, pero tambi&eacute;n para posicionarse, y as&iacute; lo recalcan sus intervenciones p&uacute;blicas &mdash;que navegan entre la realidad y la ficci&oacute;n&mdash;y en las que el componente de lucha de clases est&aacute; siempre presente, como cuando acudi&oacute; a la feria ARCO con una mochila de repartidor de Glovo. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Precisamente su presencia en el espacio p&uacute;blico, en el que la vemos simplemente </span>estar<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, sin ceder ni transigir, subraya los detalles a su alrededor y cambia nuestra percepci&oacute;n. </span>
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                Miss Beige recorre su propia exposición                            </span>
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        &ldquo;Lo bueno de utilizar el espacio p&uacute;blico es que en las calles s&iacute; podemos encontrarnos todos y, ese cruce de gente de toda clase social no va a ocurrir en un restaurante, por ejemplo, porque no nos podemos permitir los mismos precios&rdquo;, explica Ana Esmith<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">. Miss Beige encarna la resistencia simb&oacute;lica frente a la creciente mercantilizaci&oacute;n de lo com&uacute;n, algo de especial relevancia en un momento en el que el espacio p&uacute;blico se est&aacute; supeditando a intereses comerciales.</span>
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                Detalles de la exposición de Miss Beige en el Museo Cerralbo                            </span>
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                Detalles de la exposición de Miss Beige en el Museo Cerralbo                            </span>
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        &ldquo;Me interesa esa igualdad porque todos pertenecemos en ese espacio, y es important&iacute;simo ocuparlo. Porque luego nos ocurre como en la pandemia cuando nos dimos cuenta de la importancia de encontrarnos los unos a los otros por la calle&rdquo;, dice la artista. &ldquo;En casi todas mis performances, lo que veo es que el ser humano busca la empat&iacute;a con el otro, pero vamos, a los dos segundos&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente la misma l&oacute;gica se aplica a ese segundo espacio p&uacute;blico que son las redes sociales como Instagram, en las que Miss Beige triunfa sin plegarse al canon que predomina en la plataforma. Con una imagen carente de filtros, casi cruda, inherentemente c&oacute;mica, destaca por lo sencillo y potente de su propuesta. 
    </p><h2 class="article-text">Un 'La la land' de Usera</h2><p class="article-text">
        En las dos salas que conforman la exposici&oacute;n, se pueden encontrar una galer&iacute;a de fotos con im&aacute;genes de estos &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, entre las que destaca un autorretrato con el director John Waters inspirado en el famoso cuadro <em>American Gothic </em>de Grant Wood, recortes de peri&oacute;dicos en la que se la proclama una nueva Robin Hood y algunos artefactos ic&oacute;nicos pertenecientes a sus performances, desde unas figurillas de boda en la que al novio le falta la cabeza, hasta sus emblem&aacute;ticos accesorios, como los zapatos y guantes beige o el martillo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La mochila de Glovo en un rincón del Cerralbo                            </span>
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        Adem&aacute;s de estas piezas, la exposici&oacute;n incluye unas fotos realizadas exclusivamente para esta misma, y que sorprenden al espectador por su fuerza. En ellas, podemos ver una capilla rodeada de boato en el que destaca en el centro una mochila de Glovo; un Zurbar&aacute;n al que se pasa el polvo con un plumero; a Miss Beige detr&aacute;s de la puerta de madera y rodeada de armaduras. Todas son im&aacute;genes que contrastan el poder y la riqueza que el Museo Cerralbo guarda entre sus paredes con la vida diaria que se asoma fuera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Miss Beige en el Cerralbo                            </span>
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        En este conjunto, destaca el poder&iacute;o visual de una de las fotos, en la que Miss Beige aparece con una pancarta que dice &ldquo;Derecho a techo&rdquo; en medio del sal&oacute;n de baile del museo. &ldquo;Estuve el domingo en la manifestaci&oacute;n de Madrid por la vivienda y el lunes yo iba al Museo Cerralbo a hacer fotos, entonces decid&iacute; llevarme la pancarta conmigo y ver qu&eacute; pasaba. Colocarme all&iacute; con ella crea una llamada de atenci&oacute;n. Porque es mucho m&aacute;s fuerte que la imagen de esa misma pancarta en la calle&rdquo;, explica la artista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Limpiando el polvo a un Zurbarán                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En otra de las piezas centrales de la exposici&oacute;n, podemos ver en una tele en blanco y negro, sentados en un sof&aacute; de aspecto aristocr&aacute;tico, un corto en el que Ana Esmith baila como si estuviera en un musical, en un arrebato de fantas&iacute;a. &ldquo;Es un homenaje a Hollywood y a como nos ha hecho so&ntilde;ar&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;Se grab&oacute; desde el Cinema Usera como una reivindicaci&oacute;n del cine de barrio, con Usera de fondo, me parec&iacute;a interesante ser la protagonista de mi propio<em> La La Land&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        El corto pone el foco en el cine que crearon los vecinos de Usera en 2014 y donde ve&iacute;an sus pel&iacute;culas, hasta que en 2021 el Ayuntamiento de Madrid decidi&oacute; tomar las riendas,<a href="https://www.eldiario.es/madrid/arde-cine-barrio-vecinos-usera-abandonado-almeida-anos_1_10240230.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> y abandonarlo posteriormente</a>. &ldquo;Me apetec&iacute;a poner en el centro otro tipo de im&aacute;genes, porque a los barrios siempre se les asocia con la marginaci&oacute;n, con esas im&aacute;genes clasistas y este proyecto, sin embargo, me parec&iacute;a muy rom&aacute;ntico, &iquest;qu&eacute; pasa cu&aacute;ndo eres de barrio? &iquest;no puedes so&ntilde;ar?&rdquo; se pregunta la artista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/miss-beige-artista-color-plano-martillo-bolso-recibe-primera-retrospectiva-museo-rococo-madrid_1_12389350.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Jun 2025 20:37:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miss Beige, la artista del color plano y martillo en bolso, recibe su primera retrospectiva en el museo más rococó de Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte contemporáneo,Madrid,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una exposición rescata las “pequeñeces” que sirvieron de refugio doméstico para la mujer del siglo XIX]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/exposicion-rescata-pequeneces-sirvieron-refugio-domestico-mujer-siglo-xix_1_12341211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a36ada72-4bdd-43f2-b1c8-cf8d8afb32e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una exposición rescata las “pequeñeces” que sirvieron de refugio doméstico para la mujer del siglo XIX"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Una muestra en el Museo del Romanticismo (que cuenta con la intervención de Las Hijas de Felipe) reivindica las labores textiles femeninas como prácticas de autonomía, afecto y memoria”
</p></div><p class="article-text">
        Las &ldquo;peque&ntilde;eces&rdquo; pueden ser muchas cosas: una casa de mu&ntilde;ecas, un cuadro tejido con cabello humano... objetos diminutos o peculiaridades cotidianas que la historiograf&iacute;a ha pasado por alto por pertenecer al &aacute;mbito dom&eacute;stico. Precisamente eso es lo que la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/museos-estatales-reestructuran-colecciones-textiles-reivindicar-arte-burgues_1_12085584.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nueva exposici&oacute;n del Museo del Romanticismo</a> busca rescatar del olvido: dar voz a esos detalles &iacute;ntimos, aparentemente insignificantes, que configuraron la vida diaria de una &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        La muestra<em> Cosas tenidas por peque&ntilde;eces</em>, que forma parte del proyecto <em>Memoria, tejidos, museos. Los barrios bajos de la atenci&oacute;n,</em> y que est&aacute; comisariada por Selina Blasco y Patricia Molins, abrir&aacute; sus puertas del 30 de mayo al 21 de septiembre en el Museo del Romanticismo. Pero este proyecto va m&aacute;s all&aacute;: se trata de una iniciativa colaborativa que involucra a cuatro instituciones clave &mdash;el Museo del Traje, el Arqueol&oacute;gico Nacional, el Museo de Am&eacute;rica y el Nacional de Artes Decorativas&mdash;, creando un di&aacute;logo entre colecciones estatales.
    </p><p class="article-text">
        En el caso del Museo del Romanticismo, la propuesta curatorial ha contado con una colaboraci&oacute;n especial: la intervenci&oacute;n de Las Hijas de Felipe (Ana Garriga y Ana Urbita), doctoras en literatura barroca y creadoras del celebrado p&oacute;dcast hom&oacute;nimo. Junto al equipo t&eacute;cnico del museo y las comisarias principales, han tejido un relato que desmonta jerarqu&iacute;as tradicionales, poniendo en valor lo que habitualmente queda en &ldquo;los m&aacute;rgenes&rdquo; de la museograf&iacute;a con una nueva mirada: lo textil como documento hist&oacute;rico, las pr&aacute;cticas dom&eacute;sticas y los saberes no can&oacute;nicos.
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            <span class="title">
                Vista de la muestra &#039;Cosas tenidas por pequeñeces&#039;                            </span>
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        El t&iacute;tulo de la muestra <em>Cosas Tenidas por peque&ntilde;eces</em> alude a la novela de Luis Coloma <em>Peque&ntilde;eces</em> de 1891 y nos da una pista de la vinculaci&oacute;n de estas peque&ntilde;as piezas intimistas con la literatura de la &eacute;poca. &ldquo;Nosotras nos sentimos m&aacute;s c&oacute;modas con el formato literario y textual, as&iacute; que hemos intentado arropar las obras con el contexto literario del siglo XIX&rdquo;, ha comentado Ana Urbita en la presentaci&oacute;n de la exposici&oacute;n. Vinculando ambos mundos, han a&ntilde;adido a las obras seleccionadas fragmentos que ellas mismas han locutado de<em> La de Bringas,</em> de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s o el <em>Manual de se&ntilde;oritas </em>de 1827, escrito por &Eacute;lisabeth Celnart.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La intimidad que se nos ha ocultado&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Frente a la organizaci&oacute;n tradicional de los museos nacionales espa&ntilde;oles &mdash;nacidos entre finales del XIX y 1925 a partir del coleccionismo aristocr&aacute;tico&mdash;, el textil se alza como un medio lleno de complejidades, a menudo ignorado. La historiograf&iacute;a lo ha relegado sistem&aacute;ticamente, pero esta exposici&oacute;n busca reivindicarlo. Y no sin raz&oacute;n: el textil es un lenguaje formal y conceptualmente rico que desaf&iacute;a nociones establecidas sobre creatividad, t&eacute;cnica, percepci&oacute;n, autor&iacute;a, g&eacute;nero e incluso la propia museograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n se divide en dos partes. La primera se organiza en torno a las piezas expuestas que forman parte del recorrido habitual del Museo del Romanticismo y que Las hijas de Felipe han seleccionado y a las que han a&ntilde;adido cartelas. Como ocurre con un Tresillo de 1890, que ha sido elegido en toda la exposici&oacute;n por las huellas del uso, y por la comodidad que aparenta. &ldquo;Nosotras quer&iacute;amos ir m&aacute;s all&aacute; de lo diminuto y centrarnos m&aacute;s en el surgimiento del concepto de comodidad&rdquo; cuentan Las hijas de Felipe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente la b&uacute;squeda de la comodidad, el confort del hogar y la intimidad mediante texturas textiles ser&aacute; uno de los ejes que guie esta selecci&oacute;n de piezas y que culminar&aacute; en la segunda parte de la exposici&oacute;n que se sit&uacute;a en la Sala del encuentro, donde se exponen obras de peque&ntilde;o formato, como peque&ntilde;as joyas que se han dividido en varias secciones: Devoci&oacute;n, reliquias afectivas, procesos y lo l&uacute;dico. &ldquo;Quer&iacute;amos que se pudieran contemplar estas peque&ntilde;as obras, que normalmente no podemos observar con tanto detalle&rdquo;, comenta Ana Garriga.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Lo dom&eacute;stico como refugio&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Estas secciones exploran c&oacute;mo los objetos &mdash;ya sean textiles u objetos de devoci&oacute;n&mdash; se convierten en veh&iacute;culos de memoria &iacute;ntima. Lejos de encasillarse en categor&iacute;as r&iacute;gidas, las piezas dialogan entre s&iacute;, tejiendo un relato com&uacute;n: el trabajo manual como acto meditativo, pol&iacute;tico y cargado de emociones.
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            <span class="title">
                Detalle de los objetos de la exposición de &#039;Cosas tenidas por pequeñeces&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Ver esta exposici&oacute;n es como ver el siglo XIX espa&ntilde;ol&rdquo;, explica la comisaria Patricia Molins que cree que este &ldquo;es el siglo en el que todo quiere ser universal, el siglo de los nacionalismos y de la expansi&oacute;n colonial&rdquo;. &ldquo;La burgues&iacute;a sobre todo en Espa&ntilde;a en el que hay un retroceso econ&oacute;mico &mdash;como cuenta el fil&oacute;sofo Walter Benjamin&mdash; encuentra su refugio en lo dom&eacute;stico&rdquo;&ldquo;, a&ntilde;ade&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa b&uacute;squeda de amparo en el hogar ante un mundo agresivo y violento se encuentran estos objetos. Y por eso, las piezas seleccionadas en esta segunda parte de la exposici&oacute;n destacan las producciones y labores femeninas dentro del contexto dom&eacute;stico de la burgues&iacute;a del siglo XIX.&nbsp;El espacio de lo &iacute;ntimo se convierte aqu&iacute; en protagonista, recreando esa atm&oacute;sfera inmersiva que caracterizaba el universo cotidiano de la &eacute;poca. Entre las obras expuestas, encontramos trabajos deliberadamente inconclusos -como una Santa Filomena a medio bordar- que buscan transmitir &ldquo;esa sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida: del tiempo, del hilo, y de todo lo que encapsulaban esas horas dedicadas a las labores&rdquo;, como explica Ana Garriga.
    </p><p class="article-text">
        Como colof&oacute;n, la exposici&oacute;n establece un di&aacute;logo entre pasado y presente. Junto a piezas hist&oacute;ricas, como la mencionada Santa Filomena, se exhibe la Magdalena Penitente de la artista contempor&aacute;nea Luc&iacute;a Amor, acompa&ntilde;ada adem&aacute;s por el registro visual del proceso de bordado realizado por Helena Luz&oacute;n. En una yuxtaposici&oacute;n que revela la evoluci&oacute;n de los procesos textiles, y subraya su continuidad como forma de expresi&oacute;n art&iacute;stica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/exposicion-rescata-pequeneces-sirvieron-refugio-domestico-mujer-siglo-xix_1_12341211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2025 14:55:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una exposición rescata las “pequeñeces” que sirvieron de refugio doméstico para la mujer del siglo XIX]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,mujeres,Feminismo,tareas domésticas,Trabajo doméstico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer española del siglo XIX frente al objetivo de la cámara: cuando el retrato no era una pose]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mujer-espanola-siglo-xix-frente-objetivo-camara-retrato-no-pose_1_12248037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8ca4146-761d-4ae4-bf3e-e9e8392c000b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1116434.jpg" width="2512" height="1413" alt="La mujer española del siglo XIX frente al objetivo de la cámara: cuando el retrato no era una pose"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La doctora del arte, Stéphany Onfray, investiga en su libro “Retratadas: fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español” las estrategias de las mujeres retratadas en el siglo XIX</p><p class="subtitle">Cristina Rivera Garza: “La amistad es lo único que tenemos frente a la máquina de odio en la que se ha convertido el mundo”
</p></div><p class="article-text">
        Con m&aacute;scaras, con el uniforme de trabajo, vestidas de gala, desnudas o pidiendo silencio con un gesto.&nbsp;Las mujeres han sido las protagonistas del retrato fotogr&aacute;fico desde sus inicios, pero rara vez se las ha reconocido como creadoras. Esta paradoja es el hilo conductor del ensayo <em>Retratadas: fotograf&iacute;a, g&eacute;nero y modernidad en el siglo XIX espa&ntilde;ol </em>(C&aacute;tedra) de&nbsp;St&eacute;phany Onfray (Caen, 1990), doctora en Historia del Arte. Un libro que devuelve a las mujeres no solo su lugar en la historia de la fotograf&iacute;a, sino&nbsp;su capacidad de agencia frente al objetivo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi tesis constaba de dos partes: una dedicada a las fot&oacute;grafas y otra a las retratadas. Me parec&iacute;a justo darle una habitaci&oacute;n propia a cada una&rdquo;, explica a elDiario.es. Desde 2015, Onfray investiga c&oacute;mo las mujeres transformaron&nbsp;un instrumento de control&nbsp;&mdash;pol&iacute;tico, moral, de g&eacute;nero&mdash; en&nbsp;un espacio de libertad.
    </p><p class="article-text">
        El ensayo cubre un vac&iacute;o historiogr&aacute;fico: mientras la mayor&iacute;a de estudios se centran en las fot&oacute;grafas como &uacute;nicas autoras, Onfray reivindica&nbsp;el papel activo de las retratadas.&nbsp;&ldquo;Me apetec&iacute;a este enfoque novedoso, y sobre todo el poder aplicarlo a la fotograf&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;, aclara.
    </p><h2 class="article-text">De objeto a sujeto: la revoluci&oacute;n silenciosa</h2><p class="article-text">
        El libro se enfoca en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, contextualizando la sociedad de la &eacute;poca, que sufr&iacute;a el mito decimon&oacute;nico de la fotograf&iacute;a como&nbsp;mero registro &ldquo;objetivo&rdquo;&nbsp;de lo real &mdash;donde el operario era considerado un simple&nbsp;&ldquo;ayudante de la m&aacute;quina&rdquo;&mdash; para mostrar c&oacute;mo las mujeres influyeron en las decisiones que se tomaban en las fotograf&iacute;as,&nbsp;y negociaban su imagen.&nbsp;&ldquo;Hay un reflejo inconsciente a pensar que una retratada no puede ser creadora&rdquo;, se&ntilde;ala Onfray.&nbsp;&ldquo;Y, sin embargo, lo es: en el estudio ejerc&iacute;an un poder sobre su representaci&oacute;n que luego deriv&oacute; en creaci&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;, como ya apuntaron te&oacute;ricos como&nbsp;Barthes&nbsp;o&nbsp;Aby Warburg en sus estudios sobre la fotograf&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Estudio de Eugenio Lanelongue La Coruña, Retrato de un grupo                            </span>
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        La particularidad de la fotograf&iacute;a es que, a diferencia de otras artes anteriores que requer&iacute;an una formaci&oacute;n larga y costosa, tuvo una expansi&oacute;n masiva&nbsp;que democratiz&oacute; el acceso al medio. Este fen&oacute;meno&nbsp;abri&oacute; un espacio in&eacute;dito para la expresi&oacute;n de las mujeres, vinculado inicialmente a pr&aacute;cticas sociales como el intercambio de tarjetas de visita o la creaci&oacute;n de &aacute;lbumes fotogr&aacute;ficos (y prefotogr&aacute;ficos), como apunta la autora del ensayo: &ldquo;Antes de los &aacute;lbumes fotogr&aacute;ficos exist&iacute;a lo que en Espa&ntilde;a se llam&oacute; &aacute;lbumes de se&ntilde;oritas&rdquo; que se trataban de &aacute;lbumes pertenecientes a mujeres, pero donde a menudo pegaban, dibujaban o escrib&iacute;an dedicatorias hombres. &ldquo;Lo interesante es c&oacute;mo ellas con la fotograf&iacute;a retomaron el control de estos &aacute;lbumes, expresando lo que quer&iacute;an&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El libro no solo analiza&nbsp;c&oacute;mo la fotograf&iacute;a amplific&oacute; las voces de las mujeres y les dio un espacio propio, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo estas&nbsp;revolucionaron el medio desde dentro. &ldquo;Las mujeres fueron clave para el funcionamiento de los estudios fotogr&aacute;ficos, pero lo m&aacute;s transformador que hicieron y que me gusta destacar fue c&oacute;mo redefinieron el lenguaje visual&rdquo;, destaca Onfray.&nbsp;&ldquo;Le a&ntilde;adieron profundidad art&iacute;stica: exploraron emociones como el duelo o el deseo, territorios que hasta entonces el arte hab&iacute;a ignorado&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las mujeres fueron clave para el funcionamiento de los estudios fotográficos, le añadieron profundidad artística: exploraron emociones como el duelo o el deseo, territorios que hasta entonces el arte había ignorado

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Stéphany Onfray</span>
                                        <span>—</span> Historiadora del Arte
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El ensayo aborda problem&aacute;ticas especialmente relevantes para la sociedad actual, inundada de im&aacute;genes, como la negociaci&oacute;n entre fot&oacute;grafo y fotografiada que ya prefiguraba la obsesi&oacute;n contempor&aacute;nea con el&nbsp;<em>selfie</em>. Un caso paradigm&aacute;tico es el de&nbsp;la condesa de Castiglione, la cual orquest&oacute; meticulosamente sus retratos durante a&ntilde;os, formando un t&aacute;ndem con el fot&oacute;grafo Pierre-Louis Pierson en el que &eacute;l la retrataba, pero ella era la que decid&iacute;a c&oacute;mo deb&iacute;a hacerse.&nbsp;&ldquo;Sobre Castiglione podr&iacute;amos decir que subrogaba sus retratos&rdquo;, explica Onfray.&nbsp;&ldquo;Yo creo que todas utilizaban este m&eacute;todo del retrato subrogado, es decir, se retrataban a s&iacute; mismas utilizando la t&eacute;cnica de otro, en este caso del fot&oacute;grafo en cuesti&oacute;n, aunque el caso de Castiglione es particular&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un mosaico social frente al objetivo</h2><p class="article-text">
        Lejos de ser una excepci&oacute;n, este fen&oacute;meno revela c&oacute;mo&nbsp;las mujeres &ndash;especialmente las de clase alta&ndash;&nbsp;comenzaron a usar los estudios fotogr&aacute;ficos como&nbsp;espacios de ocio y autoafirmaci&oacute;n, mientras los fot&oacute;grafos &ndash;viendo la oportunidad de negocio&ndash; transformaron sus salones en&nbsp;lugares de sociabilidad burguesa, indisociables de la vida diaria. Ese fue el caso de fot&oacute;grafos como el parisino Disd&eacute;ri, que convirti&oacute; su estudio en un sal&oacute;n de corte intimista que otorgaba cierto espacio de libertad frente a la rigidez de las reglas sociales. All&iacute; las mujeres pod&iacute;an lucirse, disfrazarse o experimentar su propio yo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para ellas, la fotograf&iacute;a era un juego moderno que las mostraba mejor que cualquier espejo&rdquo;, a&ntilde;ade la autora, quien incorpora perspectivas psicoanal&iacute;ticas como las de&nbsp;Joan Riviere&nbsp;para analizar estas din&aacute;micas.&nbsp;&ldquo;El inconsciente es clave, especialmente para las trabajadoras porque no me las imagino yendo al fot&oacute;grafo para darle instrucciones de c&oacute;mo ser fotografiadas: &iquest;c&oacute;mo reivindicar una imagen propia sin formaci&oacute;n en cultura visual?&rdquo;.
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                Alonso Martínez y Hermano, María Álvarez de Toledo y Caro                            </span>
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        Entre las p&aacute;ginas del ensayo desfilan&nbsp;mujeres de todos los estratos de la sociedad: desde&nbsp;Isabel II&nbsp;y su di&aacute;logo iconogr&aacute;fico con la reina Victoria de Inglaterra, hasta&nbsp;amas de cr&iacute;a&nbsp;que usaban los retratos como manera de para promocionar sus servicios, pasando por las actrices como grandes pioneras de esta estrategia de fotograf&iacute;a publicitaria:&nbsp;&ldquo;Fueron las primeras en entender el potencial de la fotograf&iacute;a como herramienta de marketing y de transgresi&oacute;n&rdquo;, subraya Onfray. &ldquo;Con ellas a menudo se publicitaba a la compa&ntilde;&iacute;a o la obra&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        Entre estos casos hay algunos m&aacute;s reveladores que otros sobre c&oacute;mo ve&iacute;an las mujeres el concepto de la autor&iacute;a y tambi&eacute;n sobre la percepci&oacute;n visual de ellas mismas: aquellos donde las mujeres&nbsp;toman el control&nbsp;de su representaci&oacute;n. Como ocurre en el&nbsp;<em>Retrato de Melisa N&uacute;&ntilde;ez Zapata y &Aacute;ngela Bustillos</em>&nbsp;(Estudio de Jos&eacute; Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, c. 1865), en el que ambas mujeres aparecen en una actitud de complicidad afectiva.&nbsp;&ldquo;Aunque desconozcamos la naturaleza de su relaci&oacute;n, resulta dif&iacute;cil obviar las muestras de cari&ntilde;o deliberadamente expuestas ante la c&aacute;mara&rdquo;, observa la autora. O la disidencia en el <em>Retrato de dos mujeres,</em> una de ellas vestida de hombre, de autor desconocido y pertenecientes a la colecci&oacute;n Castellano (ca 1860). 
    </p><h2 class="article-text">La &ldquo;jaula dorada&rdquo; del autorretrato</h2><p class="article-text">
        Con el tiempo los estudios fotogr&aacute;ficos comenzaron a dar m&aacute;s libertad creativa a sus clientas. En este contexto, Onfray se refiere a las estrategias del autorretrato que las mujeres comenzaron a usar para distanciarse del ideal del&nbsp;&ldquo;&aacute;ngel del hogar&rdquo; como jaula dorada. Un concepto al que le dedica el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de su libro, y que pasa por analizar las im&aacute;genes de la autorrepresentaci&oacute;n femenina.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la sociedad del siglo XIX las mujeres ten&iacute;an unos roles muy limitados que ten&iacute;an que cumplir: primero eran hijas, luego esposas, madres, viudas y ya est&aacute;&rdquo;, explica. La fotograf&iacute;a, en esa tensi&oacute;n entre lo permitido y lo transgresor, ayud&oacute; a establecer&nbsp;nuevos roles de g&eacute;nero y clase en un momento, como eran las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX y principios del siglo XX, en el que a&uacute;n se estaban redefiniendo despu&eacute;s de los efectos de la revoluci&oacute;n francesa.
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                Estudio de Numa Fils, Retrato de una mujer, ca 1865, Colección                            </span>
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        El libro revela c&oacute;mo estas mujeres enfrentaron la doble presi&oacute;n de una era en que&nbsp;la publicidad y la fotograf&iacute;a&nbsp;comenzaban a instrumentalizar sus cuerpos: para vender productos, pero tambi&eacute;n para moldearlas socialmente.&nbsp;&ldquo;En la prensa de la &eacute;poca te encontrabas tutoriales de c&oacute;mo peinarse, igual que hoy&rdquo;, apunta Onfray.&nbsp;&ldquo;Exist&iacute;a una presi&oacute;n est&eacute;tica que naci&oacute; en aquella &eacute;poca y que sigue existiendo hasta el d&iacute;a de hoy&rdquo;. A este condicionamiento se sumaba lo que la autora describe como&nbsp;una paradoja hist&oacute;rica:&nbsp;&ldquo;De ellas hemos heredado una carga social que sigue en pie hoy en d&iacute;a, pero tambi&eacute;n la libertad que consiguieron frente a la c&aacute;mara&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caso de&nbsp;la condesa de Castiglione&nbsp;ejemplifica estas &uacute;ltimas libertades conquistadas. Durante la&nbsp;Exposici&oacute;n Universal de 1867, exigi&oacute; ser acreditada como&nbsp;autora&nbsp;de sus propios retratos, un gesto rompedor en un contexto que reduc&iacute;a a las mujeres a musas.&nbsp;&ldquo;Mientras investigaba para el ensayo descubr&iacute; este acto revolucionario: reclamar autor&iacute;a en un mundo que las ve&iacute;a solo como objetos&rdquo;, comenta Onfray con entusiasmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mujer-espanola-siglo-xix-frente-objetivo-camara-retrato-no-pose_1_12248037.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Apr 2025 20:20:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mujer española del siglo XIX frente al objetivo de la cámara: cuando el retrato no era una pose]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fotografía,Ensayos,Libros,mujeres,Historia]]></media:keywords>
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