<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_garzon_espinosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510304/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso y la política del espectáculo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-politica-espectaculo_129_13200750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso y la política del espectáculo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su ideología, un proyecto nebuloso construido más con intuiciones reaccionarias que con programas específicos de intervención pública, está asfixiando a los sectores tradicionales del PP. Si tienen algo que decir, no se les está escuchando</p></div><p class="article-text">
        Ni siquiera la Iglesia cat&oacute;lica se ha sumado en M&eacute;xico a la operaci&oacute;n de D&iacute;az Ayuso de reivindicar con orgullo el pasado colonial del imperio espa&ntilde;ol. La presidenta madrile&ntilde;a ten&iacute;a previsto homenajear a Hern&aacute;n Cort&eacute;s con una misa, pero la Iglesia acab&oacute; cancel&aacute;ndola por la presi&oacute;n social y pol&iacute;tica que hab&iacute;a desencadenado la iniciativa. Si bien es verdad que la Iglesia ha alegado falta de permisos para el espect&aacute;culo de Nacho Cano, algo del todo veros&iacute;mil dados los precedentes legales del artista. En todo caso, el mensaje no puede ser m&aacute;s claro: la restauraci&oacute;n ideol&oacute;gica reaccionaria que encabeza Ayuso se queda a la derecha de la jerarqu&iacute;a de los cat&oacute;licos, que en M&eacute;xico son amplia mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La provocaci&oacute;n no deber&iacute;a impedirnos ver lo que hay m&aacute;s all&aacute;. Ayuso ha ido a M&eacute;xico a desplegar y consolidar una narrativa que le permita ubicar su liderazgo en el plano nacional e internacional, muy lejos del que le corresponde como presidenta auton&oacute;mica. No es la primera vez, pues anteriormente ha visitado Estados Unidos y se ha reunido con Milei con la misma intenci&oacute;n. Incluso antes, en plena pandemia de la COVID, se reuni&oacute; con Pedro S&aacute;nchez en lo que simb&oacute;licamente se hizo creer que era un encuentro internacional de alto nivel. Pero no son solo los viajes lo que la sit&uacute;a simb&oacute;licamente al nivel de los presidentes nacionales, sino que Ayuso tambi&eacute;n utiliza la confrontaci&oacute;n constante a fin de que se consolide en el imaginario p&uacute;blico la idea de que ella es la ant&iacute;tesis de las izquierdas mundiales. Con cada gesto y con cada palabra, no importa sobre qu&eacute; tema, ella est&aacute; siempre en el &ldquo;otro lado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, son las formas trumpistas las que permiten que cale esa idea. Si se limitara a visitar a los presidentes de otros pa&iacute;ses, la cosa chirriar&iacute;a, pero tampoco ser&iacute;a un asunto exclusivo de ella. Adem&aacute;s, probablemente no se enterar&iacute;a mucha gente. Resulta que, en pol&iacute;tica, existir significa ocupar el centro de atenci&oacute;n; algo que se consigue con m&aacute;s facilidad cuanto m&aacute;s espectacular sea el mensaje transmitido. Si eres formal y respetas las instituciones, tu mensaje se pierde en el ruido cotidiano. Si te acoges al esc&aacute;ndalo, tendr&aacute;s la atenci&oacute;n asegurada. Ayuso lo sabe, y por eso prepar&oacute; el terreno antes denunciando que M&eacute;xico era un &laquo;narcoestado&raquo;, el mismo concepto con el que Trump se refiere al pa&iacute;s gobernado por Claudia Sheinbaum. El guion es conocido: montar un show para generar atenci&oacute;n y, cuando ya todos est&aacute;n mirando, decirle al mundo que eres quien manda en lo tuyo.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de M&eacute;xico tampoco parece casual. Tras meses de distensi&oacute;n entre los gobiernos espa&ntilde;ol y mexicano, que incluyeron una <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/felipe-vi-queda-corto-monarquia-no-quiere-reconocer_129_13078206.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">descafeinada petici&oacute;n de disculpas por parte de Felipe VI</a>, la actitud de D&iacute;az Ayuso encaja en su sabotaje continuado al Ejecutivo progresista. De paso, le lanza un aviso a la Casa Real, como si en el fondo les estuviera llamando &ldquo;derechita cobarde&rdquo; por asumir parte del discurso &ldquo;anti-espa&ntilde;ol&rdquo; que subraya la desmedida violencia de los conquistadores. En el fondo, Ayuso les est&aacute; diciendo a sus votantes que es m&aacute;s y mejor espa&ntilde;ola que el rey.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de la Casa Real, quien m&aacute;s debe temer esta estrategia no es Pedro S&aacute;nchez ni las izquierdas, sino Feij&oacute;o. El discurso de D&iacute;az Ayuso, hoy por hoy, no es competitivo en la mayor&iacute;a de Espa&ntilde;a: solo lo es en una burbuja como Madrid, donde d&eacute;cadas de gobierno del PP han construido las bases materiales que sostienen una sociolog&iacute;a tan ranciamente conservadora y distinta a la del resto del pa&iacute;s. Un liderazgo nacional de Ayuso generar&iacute;a m&aacute;s tensiones con la extrema derecha, por solapamiento de discursos, pero tendr&iacute;a muchas menos opciones en unas generales, donde importa m&aacute;s c&oacute;mo es el ciudadano medio que el militante de partido. Sin embargo, con cada gesto de Ayuso &mdash;casi todos fuera de sus competencias&mdash;, la l&iacute;der madrile&ntilde;a le est&aacute; recordando a Feij&oacute;o que el liderazgo de G&eacute;nova es subsidiario del de Sol.
    </p><p class="article-text">
        Estoy convencido de que estas cosas no gustan en la sede nacional del Partido Popular. Al fin y al cabo, ellos no controlan los acontecimientos ni la agenda pol&iacute;tica que ella marca, y a pesar de eso tienen que salir a justificar a Ayuso a cada paso que da. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n est&aacute;n asustados tras la experiencia de Pablo Casado, quien tras meses titubeando, decidi&oacute; finalmente confrontar con Ayuso y denunciar los tejemanejes de la presidenta madrile&ntilde;a: su combate no dur&oacute; ni un asalto, y lo dimitieron de facto en beneficio de Ayuso. Sea como sea, ella ha conseguido que se instale la idea de que ella es la referencia indiscutible de la derecha espa&ntilde;ola incluso aunque carezca del poder org&aacute;nico correspondiente. Su ideolog&iacute;a, un proyecto nebuloso construido m&aacute;s con intuiciones reaccionarias que con programas espec&iacute;ficos de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, est&aacute; asfixiando a los sectores tradicionales del PP. Si tienen algo que decir, no se les est&aacute; escuchando.
    </p><p class="article-text">
        Desde la crisis financiera de 2008, y de forma acentuada desde la pandemia, las derechas vienen buscando un nuevo relato identitario que sustituya al proyecto neoliberal fracasado. El populismo autoritario de Trump y Orb&aacute;n, pero tambi&eacute;n el de Milei o Bolsonaro, se ha presentado como v&iacute;a atractiva para un conjunto de l&iacute;deres con la br&uacute;jula tradicional rota. Ayuso, que no destaca por su elaboraci&oacute;n intelectual, tiene sin embargo una gran capacidad para apropiarse de ese nuevo &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; en la derecha y para concentrar as&iacute; una creciente base social en torno a su figura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso Ayuso necesita la figura romantizada de Cort&eacute;s, por un lado, y al gobierno de M&eacute;xico y a los pueblos originarios protestando, por otro: porque en su pol&iacute;tica, la confrontaci&oacute;n es el contenido. Es puro trumpismo. Lo de M&eacute;xico es la continuaci&oacute;n de una operaci&oacute;n que lleva a&ntilde;os en marcha, y que est&aacute; fijando los t&eacute;rminos en los que la derecha espa&ntilde;ola entera habla de s&iacute; misma y del mundo. Una derecha que, ante la falta de ideas novedosas en este momento de crisis ecosocial, necesita homenajear lo que sucedi&oacute; en 1521. En el fondo, y como el resto de las extremas derechas del mundo, Ayuso apela a las emociones de una ciudadan&iacute;a frustrada por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y desconcertada ante el futuro, ofreci&eacute;ndoles nostalgia de viejos y destructivos imperios. As&iacute; que s&iacute;: Ayuso es una provocadora porque puede, porque le funciona, y porque est&aacute; en una guerra cultural de largo aliento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-politica-espectaculo_129_13200750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 20:07:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="886173" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="886173" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ayuso y la política del espectáculo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,México,Claudia Sheinbaum,PP de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La deflactación del IRPF es una medida dirigida a atacar las consecuencias de la inflación, y no sus causas. Y aquí es evidente que la ideología influye a la hora de determinar dónde hay que poner el foco, si en lo que provoca la inflación o en las consecuencias de la misma</p><p class="subtitle">Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene
</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, hemos vuelto a escuchar con frecuencia, especialmente por parte de portavoces conservadores, la propuesta de deflactaci&oacute;n del IRPF: una modificaci&oacute;n fiscal que permitir&iacute;a corregir el sobrecoste fiscal a&ntilde;adido por la llamada 'progresividad en fr&iacute;o'. Pero, en el fondo, abordar la p&eacute;rdida de poder adquisitivo desde ese planteamiento es atacar las consecuencias y no las causas del problema.
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de poder adquisitivo de las familias espa&ntilde;olas se produce como consecuencia del mayor crecimiento de los precios de los bienes de consumo respecto al crecimiento de los salarios: aunque suban los salarios nominales &mdash;lo que vemos en nuestra n&oacute;mina&mdash;, si con ellos podemos comprar menos cosas, eso significa que ha empeorado nuestra capacidad adquisitiva; es decir, el salario real se ha reducido. Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, los salarios reales en Espa&ntilde;a apenas han avanzado desde principios de siglo: tras un periodo de mejora hasta 2008 y ca&iacute;das marcadas a partir de 2021, hoy se sit&uacute;an en niveles muy similares a los de hace dos d&eacute;cadas. La inflaci&oacute;n se ha terminado comiendo casi todas las ganancias nominales acumuladas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Aunque sube el salario nominal, el salario real se ha reducido" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-dcTXJ" src="https://datawrapper.dwcdn.net/dcTXJ/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="573" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Una consecuencia no deseada de este proceso es que pagamos m&aacute;s impuestos porque declaramos ingresos mayores, e incluso podemos ubicarnos en tramos del IRPF m&aacute;s altos sin que en ning&uacute;n caso realmente nos hayamos convertido en personas m&aacute;s ricas. Como se sabe, el sistema fiscal est&aacute; dise&ntilde;ado por tramos de ingresos, a modo de escalones. Como el sistema es progresivo, eso significa que cuando pasamos de escal&oacute;n &mdash;porque cobramos m&aacute;s&mdash; tambi&eacute;n pagamos un tipo marginal mayor sobre los nuevos ingresos, lo que arrastra al alza nuestro tipo efectivo medio. El problema es que se puede subir de escal&oacute;n porque la n&oacute;mina indica mayor cantidad ingresada en concepto de salarios nominales, pero en realidad no existe su correspondiente mayor poder adquisitivo. En suma: pagamos m&aacute;s impuestos como si fu&eacute;ramos m&aacute;s ricos, pero sin serlo. 
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, es posible hablar de que este proceso supone una subida indirecta de impuestos: el contribuyente paga m&aacute;s IRPF aunque no sea m&aacute;s rico, y el Estado ingresa m&aacute;s por la misma cantidad de renta real. De ah&iacute; que emerja de vez en cuando la propuesta de que hay que &lsquo;deflactar&rsquo; el IRPF, es decir, ajustarlo de modo que se pague impuestos de acuerdo con los salarios reales y no con los salarios nominales. Esto implicar&iacute;a que los contribuyentes pagar&iacute;an menos impuestos respecto a la situaci&oacute;n actual y el Estado dejar&iacute;a de percibir esas cantidades de recursos adicionales: ser&iacute;a, de facto, una bajada de impuestos. Adem&aacute;s, tal y como suele plantearse &mdash;deflactaci&oacute;n lineal de toda la tarifa&mdash; el ahorro absoluto crece con la renta y no llega a quienes no tributan.
    </p><p class="article-text">
        Siendo todo lo anterior cierto, el problema real tiene que ver con que la deflactaci&oacute;n del IRPF es una medida dirigida a atacar las consecuencias de la inflaci&oacute;n, y no sus causas. Y aqu&iacute; es evidente que la ideolog&iacute;a influye a la hora de determinar d&oacute;nde hay que poner el foco, si en lo que provoca la inflaci&oacute;n o en las consecuencias de la misma. Mientras la propuesta de deflactaci&oacute;n del IRPF construye una narrativa seg&uacute;n la cual es el Estado el problema de la p&eacute;rdida de poder adquisitivo &mdash;porque te da un mordisco fiscal extra como consecuencia de la inflaci&oacute;n&mdash;, el problema de fondo de la inflaci&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como analizamos la semana pasada</a>, nos empuja a hablar de los beneficios empresariales, del poder de mercado de determinadas grandes empresas y de la dificultad de la clase trabajadora para indexar salarios, es decir, para que estos acompa&ntilde;en el ritmo de subida de los precios. Sobra decir que esto es lo que explica que las derechas est&eacute;n m&aacute;s interesadas en hablar de deflactaci&oacute;n del IRPF, y las izquierdas de las causas originales de la inflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata &uacute;nicamente de ideolog&iacute;a. Hay aqu&iacute; una secuencia l&oacute;gica dif&iacute;cil de discutir: en un escenario de inflaci&oacute;n cero &mdash;o en otro en el que los salarios nominales suban por encima de los precios&mdash; la propuesta de deflactar el IRPF sencillamente no ser&iacute;a necesaria. La deflactaci&oacute;n es, por definici&oacute;n, una respuesta defensiva ante un problema previo; nunca una soluci&oacute;n a ese problema. Por eso atacar la causa primera &mdash;los precios, no los tramos&mdash; es lo &uacute;nico que vuelve innecesarias todas las medidas correctoras posteriores. La deflactaci&oacute;n, en el mejor de los casos, alivia; pero tambi&eacute;n resigna: asume que la inflaci&oacute;n seguir&aacute; comi&eacute;ndose nuestros salarios y se limita a impedir que, encima, paguemos m&aacute;s impuestos por ello.
    </p><p class="article-text">
        Como ya argument&eacute; en el an&aacute;lisis anterior, la causa principal de la inflaci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os viene explicada por la subida de los beneficios empresariales: los distintos modelos utilizados para evaluar este fen&oacute;meno apuntan a ello, raz&oacute;n por la cual incluso el FMI [Fondo Monetario Internacional], el BCE [Banco Central Europeo] y la OCDE [Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;mico] &mdash;todos tradicionalmente reacios a este tipo de conclusiones&mdash; han acabado reconociendo el papel cr&iacute;tico de las grandes empresas en la elevaci&oacute;n de la inflaci&oacute;n; y todos concuerdan en que los salarios no tienen ninguna responsabilidad, m&aacute;s all&aacute; de que los trabajadores intenten luego vanamente recuperar terreno. Frenar ese proceso es posible, pero requiere centrarse en aquellas empresas con gran poder de mercado y que aprovechan ciertos shocks de oferta &mdash;como el cierre del estrecho de Ormuz&mdash; para elevar los m&aacute;rgenes de beneficios. Esto sucede sobre todo en sectores como la energ&iacute;a, pero tambi&eacute;n en los que cadena abajo tienen protagonismo grandes empresas que operan como oligopolios de facto. Una fuerte imposici&oacute;n fiscal a sus ganancias permitir&iacute;a no tanto recaudar &mdash;un objetivo aqu&iacute; secundario&mdash; como reducir el incentivo a aprovechar la situaci&oacute;n: si gran parte del margen extraordinario acaba siendo expropiado v&iacute;a impuestos, la rentabilidad esperada de subir precios disminuye, y con ello la presi&oacute;n inflacionaria. En ciertas condiciones, incluso la fijaci&oacute;n de precios permitir&iacute;a contener la inflaci&oacute;n, como sucedi&oacute; con el tope al gas para la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica (la llamada excepci&oacute;n ib&eacute;rica) durante la guerra en Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Hay en todo esto una excepci&oacute;n significativa: los perceptores del salario m&iacute;nimo. A diferencia de los salarios medios, el salario m&iacute;nimo ha disfrutado de grandes subidas tanto nominales como reales en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente desde 2019, primera subida importante pactada con apoyos parlamentarios y luego con socios de coalici&oacute;n. El siguiente gr&aacute;fico lo ilustra con claridad: los perceptores del salario m&iacute;nimo s&iacute; han tenido mejoras considerables de poder adquisitivo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Quienes reciben el SMI sí han tenido mejoras de poder adquisitivo" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-SVd8m" src="https://datawrapper.dwcdn.net/SVd8m/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="635" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Ya tuve oportunidad de hablar de este fen&oacute;meno en otro an&aacute;lisis, titulado &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/economia/limites-subidas-salario-minimo_129_13013986.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los l&iacute;mites de las subidas del salario m&iacute;nimo</a>&rdquo;. En realidad, esta asimetr&iacute;a entre el salario m&iacute;nimo y el salario medio tiene que ver con la dificultad que encuentra el Gobierno en incidir en los problemas que enfrentan los trabajadores a la hora de negociar con las grandes empresas. Tras d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas neoliberales, los trabajadores est&aacute;n m&aacute;s expuestos a los caprichos de sus empleadores, tienen menos instrumentos para negociar colectivamente &mdash;como consecuencia de las reformas laborales, sobre todo la de 2012&mdash; y lo hacen en estructuras empresariales m&aacute;s flexibles y con menos trabajadores &mdash;nada que ver con las viejas industrias de los a&ntilde;os 80&mdash;. Eso es lo que explica que cuando sube la inflaci&oacute;n, los trabajadores apenas tienen capacidad para recuperar el terreno perdido. Y el Gobierno, incapaz de entrar en ese terreno, ha recurrido en la &uacute;ltima d&eacute;cada a la pol&iacute;tica del salario m&iacute;nimo para compensar. Y aunque ha tenido efectos muy beneficiosos, tanto para sus perceptores como para la econom&iacute;a en general, se trata de una pol&iacute;tica limitada, tanto en el alcance &mdash;no a todos los trabajadores&mdash; como en el tiempo. Resulta insostenible porque comprime la estructura salarial en torno al SMI: trabajadores con antig&uuml;edad o cualificaci&oacute;n terminan cobrando lo mismo que quienes acaban de incorporarse, lo que aplana las trayectorias internas y traslada tensiones a la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la deflactaci&oacute;n del IRPF puede actuar como un parche de alivio temporal, pero confunde el s&iacute;ntoma con la enfermedad. Si los salarios reales se mantienen planos d&eacute;cada tras d&eacute;cada, si la negociaci&oacute;n colectiva ha quedado debilitada y si el SMI ha alcanzado el techo de lo que puede aportar como herramienta compensatoria, el debate fiscal en torno al IRPF resulta una distracci&oacute;n frente a lo que de verdad est&aacute; en juego: la capacidad de la mayor&iacute;a social para que sus salarios acompa&ntilde;en a los precios, y la capacidad del Estado para intervenir aguas arriba &mdash;en los m&aacute;rgenes empresariales, en el poder de mercado de los oligopolios, en la arquitectura de la negociaci&oacute;n colectiva&mdash; y no solo aguas abajo, en la n&oacute;mina del contribuyente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 20:57:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="594250" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="594250" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[IRPF,Impuestos,Fiscalidad,Salarios,Desigualdad,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/demanda-cesarismo-sobrevivira-trump_129_13183453.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump"></p><p class="article-text">
        Los conspiradores contra Julio C&eacute;sar esperaban que con su asesinato se pudiera defender la Rep&uacute;blica, que, seg&uacute;n entend&iacute;an, estaba amenazada por la excesiva acumulaci&oacute;n de poder que aquel hab&iacute;a llevado a cabo. Esperaban que el descabezamiento del r&eacute;gimen provocara la liberaci&oacute;n de las fuerzas sociales que anhelaban el retorno de las viejas normas republicanas, a su juicio ya degradadas. Sin embargo, el magnicidio no condujo a la restauraci&oacute;n republicana sino, parad&oacute;jicamente, a su aceleraci&oacute;n en sentido contrario: tras trece a&ntilde;os de guerras llegar&iacute;a el triunfo definitivo de los herederos pol&iacute;ticos de C&eacute;sar, con Octaviano abriendo paso al naciente Imperio. Los Idus de marzo, lejos de cerrar la deriva mon&aacute;rquica, la precipitaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que aquellos defensores de la Rep&uacute;blica no hab&iacute;an comprendido ni medido bien las bases sociales que sosten&iacute;an el proyecto de C&eacute;sar. Creyendo que se trataba de un asunto de personalidades y juegos de palacio, minusvaloraron el atractivo que ten&iacute;a su pol&iacute;tica entre las clases populares. Al fin y al cabo, C&eacute;sar fue un patricio que rompi&oacute; con los c&oacute;digos de su propia clase para construir, desde arriba, una coalici&oacute;n vertical que cortocircuitaba a la oligarqu&iacute;a senatorial apoy&aacute;ndose simult&aacute;neamente en el ej&eacute;rcito, en la plebe urbana y en las &eacute;lites emergentes que la vieja clase nobiliaria manten&iacute;a a distancia. Es conocido que se gan&oacute; a la plebe urbana mediante distribuciones de grano, banquetes p&uacute;blicos, juegos y espect&aacute;culos de gladiadores, y a las legiones por la expectativa concreta de tierras al licenciarse &mdash;para lo que fue central el expansionismo territorial&mdash;. Desmontar todo eso no era tan sencillo como matar al l&iacute;der.
    </p><p class="article-text">
        El lector atento habr&aacute; observado ya hacia d&oacute;nde me dirijo: el tercer intento de magnicidio contra Donald Trump, perpetrado el s&aacute;bado, invita a una reflexi&oacute;n por analog&iacute;a. &iquest;Bastar&iacute;a con su dimisi&oacute;n, su derrota electoral o alguna causa m&aacute;s dr&aacute;stica para acabar con el trumpismo? Mi tesis es que no, y que confundirlo con su l&iacute;der es repetir el error de los Idus de marzo. Conviene aqu&iacute; distinguir tres niveles que el debate p&uacute;blico suele confundir: Trump como persona, con su narcisismo y sus extravagancias; el trumpismo como proyecto pol&iacute;tico, mucho m&aacute;s vertebrado, diverso y profundo; y, debajo de ambos, las condiciones estructurales que han producido la demanda de un l&iacute;der as&iacute;. Trump no lleg&oacute; a la Casa Blanca por su forma de ser, sino porque encarna un ideal que ha resultado suficientemente atractivo para mayor&iacute;as sociales reales. &Eacute;l es, por decirlo en t&eacute;rminos cl&iacute;nicos, el s&iacute;ntoma; la enfermedad es m&aacute;s compleja y dif&iacute;cil de atajar.
    </p><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese que tanto Trump como C&eacute;sar comparten la capacidad de articular, desde arriba y con un liderazgo personalista, a sectores muy distintos unidos por un com&uacute;n resentimiento hacia la &eacute;lite establecida. Como el romano frente a la nobleza senatorial, Trump construye su legitimidad contra el establishment &mdash;pol&iacute;tico, medi&aacute;tico, acad&eacute;mico, corporativo&mdash; al que ha presentado como una casta cerrada y parasitaria e indiferente a los intereses del pa&iacute;s real. El gesto, conviene subrayarlo, es en ambos casos el de un <em>insider</em> que se postula como <em>outsider</em>: C&eacute;sar era un patricio de los Julios; Trump, un multimillonario formado en los c&iacute;rculos inmobiliarios y medi&aacute;ticos. Lo que ambos hacen no es asaltar la &eacute;lite desde fuera, sino romper la disciplina de su propia clase de origen para construir una coalici&oacute;n vertical. Y eso solo puede funcionar cuando hay un caldo de cultivo suficiente, es decir, cuando la sociedad est&aacute; lo bastante rota.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las d&eacute;cadas finales de la rep&uacute;blica romana, por ejemplo, exist&iacute;an peque&ntilde;os propietarios it&aacute;licos arruinados por la competencia del grano provincial y por el latifundismo esclavista, veteranos sin tierra, plebe urbana hacinada en una Roma cosmopolita y crecientemente desigual, deudores estrangulados por unas &eacute;lites acreedoras inflexibles. Igual que estos sectores buscaron en C&eacute;sar &mdash;y antes en los Graco y otros l&iacute;deres&mdash; una salida intermedia entre la ortodoxia olig&aacute;rquica y la revoluci&oacute;n social, la coalici&oacute;n trumpista articula hoy un bloque que ya no es exactamente el de 2016. Sigue ah&iacute; la clase trabajadora blanca del Rust Belt, devastada por d&eacute;cadas de deslocalizaciones, financiarizaci&oacute;n y desindustrializaci&oacute;n, junto a peque&ntilde;os propietarios y aut&oacute;nomos del interior rural y a sectores de clases medias en descenso material y simb&oacute;lico. Pero a esa base se han incorporado, en los &uacute;ltimos comicios, avances notables entre votantes latinos, varones negros y j&oacute;venes urbanos sin titulaci&oacute;n universitaria. Esta ampliaci&oacute;n refuerza el diagn&oacute;stico: el trumpismo ya no es un fen&oacute;meno &eacute;tnico-regional confinado a una geograf&iacute;a concreta, sino una articulaci&oacute;n transversal del descontento contra la oferta pol&iacute;tica tradicional.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, sin embargo, no forzar el paralelo m&aacute;s all&aacute; de lo razonable. C&eacute;sar ofreci&oacute; a su coalici&oacute;n algo material y verificable: reparto de grano para la plebe urbana, tierras y dinero para los veteranos al licenciarse, extensi&oacute;n del derecho de ciudadan&iacute;a a Italia y a parte de las provincias, y una agenda redistributiva sostenida por el bot&iacute;n del expansionismo imperial &mdash;un modelo que solo pod&iacute;a funcionar mientras hubiese nuevas fronteras que conquistar&mdash;. El trumpismo, en cambio, moviliza el mismo resentimiento contra la misma estructura, pero su programa real &mdash;recortes fiscales regresivos, desregulaci&oacute;n, aranceles que terminan pagando los consumidores&mdash; no entrega nada comparable. Esa asimetr&iacute;a subraya que el cesarismo trumpista es m&aacute;s fr&aacute;gil que el original porque ofrece menos, y por eso necesita un combustible identitario &mdash;patri&oacute;tico y militarista&mdash;&nbsp;m&aacute;s intenso. La factura material que tarde o temprano pasar&aacute; no encontrar&aacute; tierras conquistadas con las que pagarse.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Trump sufra desgaste por su gesti&oacute;n, e incluso por sus extravagancias, los elementos estructurales son demasiado fuertes &mdash;conviene no olvidar que gan&oacute; pese a haber promovido, como qued&oacute; acreditado, el asalto al Capitolio&mdash;. Pero, de nuevo, desmontar eso que podr&iacute;amos llamar &ldquo;bloque hist&oacute;rico&rdquo; no es tarea f&aacute;cil. Un bloque hist&oacute;rico no es una mera suma de intereses, sino una articulaci&oacute;n entre estructura econ&oacute;mica y superestructura cultural, una hegemon&iacute;a que fusiona clases distintas en torno a un sentido com&uacute;n compartido. C&eacute;sar no gan&oacute; solo porque repartiera grano: gan&oacute; porque ese reparto se inscrib&iacute;a en un relato de regeneraci&oacute;n frente a una &eacute;lite parasitaria. El trumpismo opera en el mismo registro, y por eso tampoco basta con derrotarlo en una elecci&oacute;n: hay que disputar el marco interpretativo que lo hace inteligible para millones. Como afirma Luciano Canfora respecto a C&eacute;sar en su libro <em>La historia falsa</em>, &laquo;cuando su poder perdura, se debe ser realista y reconocer que el tirano es alguien que tiene de su parte a fragmentos m&aacute;s o menos grandes, o incluso muy grandes, de la sociedad&raquo;. Por lo tanto, insiste el fil&oacute;sofo italiano, &laquo;el problema es derrotarlo pol&iacute;ticamente, no acabar con esa persona en singular&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si consideramos esta analog&iacute;a v&aacute;lida, y a m&iacute; me parece fruct&iacute;fera, la soluci&oacute;n al problema trumpista pasa por atajar la enfermedad que le da vida, mucho m&aacute;s que tratar el s&iacute;ntoma. Y el caldo de cultivo es identificable para el caso de Trump: cuatro d&eacute;cadas de concentraci&oacute;n patrimonial sin precedentes, salarios estancados, vaciado de la industria, sustituci&oacute;n del salario por la deuda, un capitalismo crecientemente rentista que desplaza riqueza de quien produce a quien posee, y una democracia liberal que ha demostrado sistem&aacute;ticamente su impotencia &mdash;cuando no su connivencia&mdash; para enfrentar todo lo anterior. Mientras esas condiciones persistan, habr&aacute; demanda de cesarismo, y la oferta ir&aacute; cambiando, sea Trump, Vance o Abascal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica redistributiva, la reindustrializaci&oacute;n con criterios ecol&oacute;gicos, la regulaci&oacute;n seria del rentismo &mdash;especialmente del inmobiliario&mdash; y la recuperaci&oacute;n de instrumentos democr&aacute;ticos efectivos son las condiciones materiales m&iacute;nimas para que la pr&oacute;xima crisis no entregue a las mayor&iacute;as al siguiente hombre o mujer fuerte. El atentado contra Trump, sea cual sea su desenlace judicial, no cambia esa ecuaci&oacute;n. La cambia, o no, lo que se haga con el orden econ&oacute;mico que ha hecho del cesarismo una opci&oacute;n razonable para millones. De hecho, mientras escrib&iacute;a estas l&iacute;neas saltaba la siguiente noticia: &laquo;casi la mitad de los j&oacute;venes cree que a veces se necesita m&aacute;s mano dura y que un r&eacute;gimen autoritario puede mantener mejor la paz social, aunque se sacrifiquen libertades&raquo;. En efecto, nosotros tampoco estamos inmunizados frente a un nuevo Trump.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/demanda-cesarismo-sobrevivira-trump_129_13183453.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 20:10:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2135975" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2135975" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la paz en Irán lejana, una de las consecuencias más significativas para España y para el conjunto de Europa será el impacto inflacionario y, si suben mucho los precios, más difícil lo tendrán los partidos del Gobierno</p></div><p class="article-text">
        Con el estrecho de Ormuz cerrado y la paz en Ir&aacute;n a&uacute;n lejana, una de las consecuencias m&aacute;s significativas para Espa&ntilde;a y para el conjunto de Europa ser&aacute; el impacto inflacionario. Es decir, cu&aacute;l ser&aacute; el efecto definitivo de esta distorsi&oacute;n geopol&iacute;tica sobre los precios y, por ende, sobre el poder adquisitivo de los salarios. Es obvio adem&aacute;s que este aspecto tiene siempre una gran importancia en el devenir del ciclo pol&iacute;tico: si suben mucho los precios, m&aacute;s dif&iacute;cil lo tendr&aacute;n los partidos del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea no dependen de manera directa del crudo que transita por el estrecho de Ormuz: en el agregado europeo, los principales proveedores son Estados Unidos, Noruega y Kazajist&aacute;n, y en el caso concreto de Espa&ntilde;a pesan m&aacute;s Nigeria, M&eacute;xico, Brasil y Estados Unidos. Pero eso no significa que se libren de las turbulencias. En primer lugar, porque s&iacute; dependen de otros productos que se manufacturan en Oriente Medio, <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como los fertilizantes</a>. En segundo lugar, porque dado que los precios tanto de los combustibles f&oacute;siles como de los fertilizantes se determinan en un mercado mundial, los europeos sufren las subidas tanto en petr&oacute;leo y gas natural como en productos derivados tales como fertilizantes o productos petroqu&iacute;micos. 
    </p><p class="article-text">
        Esos precios, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, est&aacute;n al alza desde el inicio del conflicto en Ir&aacute;n y, si las negociaciones de paz no fructifican pronto, podr&iacute;an alcanzar los niveles que ya vimos con la guerra de Ucrania.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">Así es la dependencia de la Unión Europea de los productos que cruzan el estrecho de Ormuz</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Evolución de los precios del <b style="color:white; background-color:#005695; padding:0px 2px; border-radius:2px;">petróleo crudo</b> y <b style="color:black; background-color:#ECDC19; padding:0px 2px; border-radius:2px;">fertilizantes nitrogenados</b></span></p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="story/3660946"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3660946/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: NYMEX/ TradingEconomics (WTI) - DG AGRI a partir de Argus Media y S&P Global (N) Elaboración propia</p>


<br>
    </figure><p class="article-text">
        De momento, de lo que tenemos constancia es de un aumento significativo del &iacute;ndice de precios al consumo en nuestro pa&iacute;s para el mes de marzo. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, este incremento est&aacute; a&uacute;n muy lejos de los que vivimos hace cuatro a&ntilde;os, pero la tendencia se mueve en la direcci&oacute;n esperada. Durante la crisis anterior, el IPC general se elev&oacute; m&aacute;s r&aacute;pidamente y bastante m&aacute;s alto que el IPC subyacente, lo que significa que fueron la energ&iacute;a y los productos no elaborados los que empujaron arriba los precios. Esto ocurri&oacute; bastante antes de que Rusia invadiera Ucrania, como consecuencia de los cuellos de botella generados por la pandemia y los consiguientes problemas de desabastecimiento, pero se agravaron a partir de entonces. El IPC subyacente, de hecho, comenz&oacute; a subir con retraso, reflejando las transmisiones de precios desde la energ&iacute;a hacia otros productos de la cesta de consumo. Es b&aacute;sicamente lo que podemos esperar que ocurra en los pr&oacute;ximos meses: una subida del IPC subyacente que deteriore los salarios reales de los trabajadores en Espa&ntilde;a, es decir, su poder adquisitivo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Así ha evolucionado el IPC en España" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-9M0p8" src="https://datawrapper.dwcdn.net/9M0p8/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="610" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Pero la magnitud del shock es s&oacute;lo la mitad del problema. La otra &mdash;y suele ser la decisiva para el bolsillo de los hogares&mdash; es c&oacute;mo se distribuye ese shock entre salarios y beneficios. Ya en mayo de 2022, en una conferencia titulada <em>The Globalization of Inflation, </em>Isabel Schnabel declar&oacute; que &ldquo;los beneficios han sido recientemente una contribuci&oacute;n clave a la inflaci&oacute;n interna total, por encima de su contribuci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo;, apuntando adem&aacute;s que &ldquo;muchas empresas de la zona euro &mdash;aunque ni mucho menos todas&mdash; se han beneficiado del reciente repunte de la inflaci&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, Schnabel subray&oacute; tambi&eacute;n que &ldquo;los hogares con menores ingresos suelen verse especialmente golpeados: no solo sufren una inflaci&oacute;n hist&oacute;ricamente alta que erosiona sus ingresos reales, sino que tampoco se benefician del aumento de los beneficios empresariales a trav&eacute;s de la tenencia de acciones u otras formas de participaci&oacute;n&rdquo;. Schnabel dec&iacute;a todo eso como miembro del Comit&eacute; Ejecutivo del Banco Central Europeo.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la inflaci&oacute;n es un fen&oacute;meno econ&oacute;mico que implica a ganadores y perdedores a lo largo de toda la comunidad social &mdash;tanto nacional como internacional&mdash;. De ah&iacute; que preguntas tales como &iquest;c&oacute;mo medir la inflaci&oacute;n?, o &iquest;qu&eacute; causa la inflaci&oacute;n? y, por supuesto, &iquest;c&oacute;mo moderar la inflaci&oacute;n? generen tanta controversia en una ciencia social como la econom&iacute;a. La cuesti&oacute;n que se encuentra de fondo es tan pol&iacute;tica como cualquier otra: &iquest;qui&eacute;n, c&oacute;mo y por qu&eacute; se determinan los precios?
    </p><p class="article-text">
        En las corrientes econ&oacute;micas convencionales &mdash;aquellas que se estudian en las facultades&mdash; se supone que los precios se determinan en mercados competitivos cuando empresas y consumidores cruzan sus intereses. En esta aproximaci&oacute;n no parecen existir fuerzas conscientes, como empresarios o directivos que decidan subir los precios deliberadamente. En algunas interpretaciones estas fuerzas conscientes s&oacute;lo aparecen encarnadas por los sindicatos, que consiguen subir los salarios por encima de lo que permitir&iacute;a el mercado y, en consecuencia, generan inflaci&oacute;n. Esta ha sido la narrativa habitual en la era neoliberal, que tend&iacute;a a culpabilizar a los salarios de los procesos inflacionarios.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sin embargo, incluso los organismos internacionales han aceptado otras formas de analizar el asunto; interpretaciones que exist&iacute;an desde hace d&eacute;cadas, pero que eran rechazadas por considerarse heterodoxas. Por ejemplo, la econom&iacute;a poskeynesiana, y gran parte de la marxista, siempre asumi&oacute; que los mercados son imperfectos y que son los empresarios los que determinan los precios al incorporar un margen de beneficio (mark-up) a los costes totales. Es decir, &iexcl;la inflaci&oacute;n es un conflicto distributivo! Esto es m&aacute;s congruente con lo que muestran los datos, pero tambi&eacute;n con el sentido com&uacute;n: significa que la inflaci&oacute;n no s&oacute;lo puede subir por las subidas salariales sino tambi&eacute;n por los incrementos en los m&aacute;rgenes de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        La OCDE, por ejemplo, utiliza actualmente esta aproximaci&oacute;n para evaluar la inflaci&oacute;n y el poder adquisitivo. En su reciente bolet&iacute;n salarial, titulado significativamente <a href="https://www.oecd.org/en/publications/the-real-wage-recovery-is-slowing-down_507d3cf8-en.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The real wage recovery is slowing down</em></a>, el organismo reconoce que los salarios reales est&aacute;n subiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, pero a un ritmo insuficiente para recuperar todo lo perdido en la anterior crisis (la de 2022). Para medirlo, la OCDE utiliza un m&eacute;todo de la descomposici&oacute;n de la inflaci&oacute;n que permite cuantificar la &ldquo;responsabilidad&rdquo; de cada componente: salarios, impuestos y beneficios. El gr&aacute;fico, que aparece en su p&aacute;gina 23, s&oacute;lo muestra los datos para la zona euro de manera agregada. Pero para este an&aacute;lisis he construido uno igual para el caso de Espa&ntilde;a, que se muestra a continuaci&oacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">La mayor
contribución a la inflación vino marcada por los beneficios empresariales a partir de 2021</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Contribución al deflactor del PIB (variación interanual – datos desestacionalizados)</span></p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="visualisation/28721374"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/visualisation/28721374/thumbnail" width="100%" alt="chart visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat</p>


<br>
    </figure><p class="article-text">
        Como se puede comprobar, desde el a&ntilde;o 2021 la inflaci&oacute;n &mdash;medida por el deflactor del PIB y representada por la l&iacute;nea del gr&aacute;fico&mdash; comenz&oacute; a subir respecto a los a&ntilde;os previos de cierta estabilidad en los precios (por debajo del 2%). Podemos observar que ya en el &uacute;ltimo cuarto del a&ntilde;o 2021 la mayor contribuci&oacute;n a la inflaci&oacute;n vino marcada por los beneficios empresariales (barra azul clarita), mientras que los salarios y los impuestos apenas explicaban una parte marginal. Durante casi dos a&ntilde;os ese ha sido el patr&oacute;n dominante: una inflaci&oacute;n impulsada por los beneficios. S&oacute;lo a partir de 2024 los salarios comienzan a recuperar terreno, pero a un ritmo muy lento. La conclusi&oacute;n de la OCDE ya sit&uacute;a el l&iacute;mite: el crecimiento de los salarios reales est&aacute; desaceler&aacute;ndose y no podr&aacute; recuperar los a&ntilde;os perdidos desde 2020 frente a los beneficios empresariales.
    </p><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza fundamental de los episodios anteriores es que la inflaci&oacute;n puede tener origen en un shock de oferta (cuellos de botella en el transporte, como ocurri&oacute; con la COVID, o en el suministro de energ&iacute;a y otros recursos, como en Ucrania y en Ir&aacute;n) pero r&aacute;pidamente las empresas con poder de mercado aprovechan para proteger y ampliar sus m&aacute;rgenes de beneficio trasladando y ampliando el shock a lo largo de toda la cadena econ&oacute;mica. Es lo que la economista <a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isabella Weber ha denominado </a><a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>sellers' inflation</em></a>: ante un shock generalizado, las empresas con poder de mercado encuentran una oportunidad para subir precios coordinadamente, y trasladan el aumento de costes a una expansi&oacute;n de m&aacute;rgenes en lugar de absorberlo. Naomi Klein lo describi&oacute; antes, en t&eacute;rminos m&aacute;s amplios, como la doctrina del shock: el impacto colectivo de una crisis ofrece la coartada necesaria para imponer precios y condiciones que en circunstancias normales encontrar&iacute;an resistencia. Eso no s&oacute;lo permite proteger los beneficios empresariales, sino que erosiona los salarios reales y reduce el poder adquisitivo de los trabajadores. S&oacute;lo en una &ldquo;segunda ronda&rdquo;, mucho m&aacute;s corta y menos intensa, los trabajadores reclaman subidas salariales. La falta de mecanismos autom&aacute;ticos de indexaci&oacute;n y la debilidad de la negociaci&oacute;n colectiva &mdash;entre otras cosas debido a las reformas laborales neoliberales&mdash; dificultan la recuperaci&oacute;n del poder adquisitivo perdido. De hecho, la propia OCDE reconoce en el citado informe que, para los pa&iacute;ses de la zona euro, los salarios reales negociados est&aacute;n todav&iacute;a un 5% por debajo de los niveles de 2020.
    </p><p class="article-text">
        El otro aprendizaje es que, aunque las magnitudes de esta crisis sean diferentes a la anterior &mdash;cosa que est&aacute; por ver&mdash;, es obvio que repetir las mismas decisiones conducir&aacute; a los mismos resultados. Las herramientas para evitarlo existen y son conocidas: impuestos extraordinarios sobre beneficios excedentes en los sectores expuestos a la renta del shock &mdash;energ&iacute;a, alimentaci&oacute;n, transporte mar&iacute;timo&mdash;; controles de precios sectoriales y temporales en bienes esenciales, como ha defendido Isabella Weber; mecanismos de indexaci&oacute;n salarial que repartan el coste del ajuste; y un fortalecimiento de la negociaci&oacute;n colectiva que revierta parte de las reformas laborales de la &uacute;ltima d&eacute;cada. Sin ellas, los ganadores y los perdedores estar&aacute;n decididos de antemano: como siempre, la clase trabajadora saldr&aacute; perdiendo poder adquisitivo, mientras los hogares con capital financiero invertido en grandes empresas y los directivos de &eacute;stas ser&aacute;n los grandes beneficiados. Como siempre, la diferencia entre una crisis y otra la marca la voluntad pol&iacute;tica de modificar qui&eacute;n paga la factura, no tanto la magnitud del shock.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 20:21:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7955243" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7955243" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Inflación,Irán,Guerra en Irán,Precios,IPC - Índice de Precios de Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/palantir-democracia-conocemos_129_13164309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base</p></div><p class="article-text">
        El historiador econ&oacute;mico Karl Polanyi explic&oacute; magistralmente en <em>La Gran Transformaci&oacute;n </em>que el dilema mercado-Estado, seg&uacute;n el cual hay que elegir entre alguno para asignar bien los recursos, es falso. En realidad, los mercados nunca existieron al margen del Estado y, de hecho, fueron creados deliberadamente por su mano; la mayor parte de las veces mediante una violencia sin cuartel contra las clases populares &mdash;como ocurri&oacute; con los cercamientos de tierras&mdash;&nbsp;y las poblaciones abor&iacute;genes &mdash;ya que las instituciones occidentales se abrieron paso en el mundo empujadas por los sables y p&oacute;lvora de los ej&eacute;rcitos imperiales&mdash;. El mercado no es, como dicen los liberales, una instituci&oacute;n natural.
    </p><p class="article-text">
        Tirando de ese hilo, el historiador Quinn Slobodian describi&oacute; en <em>Hayek's Bastards </em>una historia muy distinta a la habitual respecto a los or&iacute;genes del neoliberalismo. Frente a la narrativa convencional que asegura que el neoliberalismo fue principalmente un proyecto ideol&oacute;gico que quer&iacute;a desregular el mercado &mdash;porque, supuestamente, era mejor opci&oacute;n a que el Estado dirigiera la econom&iacute;a&mdash;, Slobodian recuerda que los mercados siempre est&aacute;n regulados. El verdadero motivo del neoliberalismo era aislar las decisiones econ&oacute;micas de la voluntad popular, independizarlas a fin de que las pasiones propias de la democracia no interfirieran en la asignaci&oacute;n &oacute;ptima de recursos que facilitar&iacute;an los mercados.
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea actual es producto de ese tiempo hist&oacute;rico neoliberal, lo que se expresa con mayor claridad en el car&aacute;cter antidemocr&aacute;tico del Banco Central Europeo. A pesar de que esta instituci&oacute;n es la encargada de gestionar la pol&iacute;tica monetaria &mdash;y, por ejemplo, puede influir en el &ldquo;precio&rdquo; de nuestras hipotecas&mdash;, en el ejercicio de sus funciones es independiente del poder pol&iacute;tico y, de hecho, tiene prohibida por ley la financiaci&oacute;n directa de los Estados &mdash;una opci&oacute;n que era habitual entre los bancos centrales anteriores&mdash;. La l&oacute;gica de fondo es obvia: la gesti&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria es demasiado importante como para dejarla a merced de los deseos de la ciudadan&iacute;a; mucho mejor que sean unos tecn&oacute;cratas los que est&eacute;n al mando. Esa idea de externalizar la responsabilidad hacia una entidad independiente, aunque p&uacute;blica, estaba en el coraz&oacute;n de las tesis neoliberales y del esp&iacute;ritu de Friedrich Hayek. El resultado no era un s&uacute;per-Estado, sino, como afirm&oacute; Perry Anderson, un infra Estado: uno en el que las instituciones evitan la interferencia popular en los mercados.
    </p><p class="article-text">
        Esta tensi&oacute;n entre los deseos de las mayor&iacute;as y los l&iacute;mites impuestos desde arriba ha sido consustancial a la evoluci&oacute;n misma de la democracia. Ya en la antigua Grecia, la disputa entre las facciones radicales &mdash;Sol&oacute;n, Efialtes, Pericles&mdash; y las conservadoras &mdash;Arist&oacute;teles, Plat&oacute;n&mdash; giraba en torno al alcance del &ldquo;demos&rdquo; y a los asuntos sobre los que pod&iacute;a leg&iacute;timamente decidir; instituciones como el Senado nacieron precisamente del inter&eacute;s aristocr&aacute;tico por frenar las pulsiones populares. El Estado de Derecho moderno es heredero directo de esa tensi&oacute;n: un constructo hist&oacute;rico que canaliza mediante reglas &mdash;habitualmente constitucionales&mdash; lo que las mayor&iacute;as pueden o no decidir. Pero no todos los Estados de Derecho son iguales. Autores progresistas como Luigi Ferrajoli defienden la existencia de una esfera de lo indecidible que blinde las libertades personales y los derechos sociales, entendidos como condici&oacute;n necesaria de la democracia misma. Los neoliberales, en cambio, prefieren sustraer del &aacute;mbito democr&aacute;tico las decisiones econ&oacute;micas. Lo indecidible, seg&uacute;n qui&eacute;n lo defina, protege al ciudadano o lo desarma.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el neoliberalismo tal y como lo conocimos desde los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado hasta la crisis financiera de 2008, ha muerto. Lo que le est&aacute; sustituyendo es, como el propio Slobodian ha venido se&ntilde;alando en sus trabajos m&aacute;s recientes, un populismo autoritario con ra&iacute;ces neoliberales. Se trata de una formaci&oacute;n pol&iacute;tica in&eacute;dita que articula cuatro elementos: un ejecutivo fuerte dispuesto a intervenir en la econom&iacute;a, un proteccionismo selectivo de corte neomercantilista, una concepci&oacute;n muy restrictiva de los derechos humanos y una oligarqu&iacute;a tecnol&oacute;gica que aspira a fundirse con el aparato del Estado. Conserva el desprecio neoliberal por la soberan&iacute;a popular, pero abandona su fachada liberal. Y ning&uacute;n lugar mejor para verlo que en Estados Unidos, donde el neomercantilismo exterior de Donald Trump se ha casado con el liberalismo autoritario de los tecno-oligarcas.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as la empresa Palantir, fundada por el multimillonario reaccionario Peter Thiel y ahora dirigida por su igual Alex Karp, public&oacute; un manifiesto terror&iacute;fico, si bien meridiano, exponiendo su punto de vista. Palantir es una empresa tecnol&oacute;gica y una f&aacute;brica de armas para las guerras contempor&aacute;neas &mdash;drones, espionaje digital, inteligencia artificial, etc.&mdash; que lleva varios a&ntilde;os obteniendo suculentos contratos, sobre todo por parte del gobierno de Estados Unidos. Amnist&iacute;a Internacional ha acusado a la empresa de colaborar en los cr&iacute;menes de guerra del ej&eacute;rcito de Israel, mientras que est&aacute; acreditada su participaci&oacute;n en la guerra en Ir&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no se trata de un fen&oacute;meno circunscrito a Estados Unidos. Palantir ha firmado contratos con los ministerios de defensa de Alemania, Francia y Reino Unido, opera incluso en la infraestructura de datos del servicio de salud brit&aacute;nico (NHS) y aspira a integrarse en la infraestructura digital de la propia Uni&oacute;n Europea. A ello se suma una dependencia estructural respecto a un pu&ntilde;ado m&aacute;s amplio de corporaciones estadounidenses cada vez m&aacute;s alineadas con el proyecto pol&iacute;tico de Trump y sus aliados tecno-olig&aacute;rquicos &mdash;Peter Thiel, fundador de Palantir, financi&oacute; con 15 millones de d&oacute;lares la campa&ntilde;a de J.D. Vance al Senado&mdash;. La dependencia tecnol&oacute;gica se convierte as&iacute;, inevitablemente, en dependencia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnol&oacute;gicas. Hoy en d&iacute;a, la tecnolog&iacute;a de la empresa ya se encuentra detr&aacute;s de la decisi&oacute;n automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base. Pero lo que estos tecno-oligarcas quieren es ir m&aacute;s all&aacute;, pues su cosmovisi&oacute;n implica tambi&eacute;n un fuerte rechazo del pluralismo, de la diversidad cultural y de aquellos valores que amenacen el estilo de vida americano. En este sentido, los intereses de estas corporaciones gigantes est&aacute;n perfectamente alineados con los de Donald Trump y su gobierno. Y comparten, asimismo, la idea de que la democracia contempor&aacute;nea no es compatible con tales aspiraciones; o, como ellos dicen, que la &ldquo;democracia&rdquo; solo puede salvarse si se transforma a partir de la integraci&oacute;n de estas grandes empresas tecnol&oacute;gicas en el coraz&oacute;n del Estado, y se emplea una intervenci&oacute;n militar m&aacute;s activa tanto en el exterior como en el interior &mdash;estas tecnolog&iacute;as tambi&eacute;n se est&aacute;n aplicando en la identificaci&oacute;n de migrantes indocumentados en el contexto de la pol&iacute;tica anti-inmigraci&oacute;n de Estados Unidos&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o es enorme, y sin embargo apenas forma parte de la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica cotidiana. Desde luego, podemos decir que est&aacute; en juego la soberan&iacute;a europea, debido a la dependencia tecnol&oacute;gica respecto a una &eacute;lite tecno-olig&aacute;rquica asentada al otro lado del Atl&aacute;ntico y cada vez m&aacute;s entrelazada con el aparato de poder estadounidense. Pero tambi&eacute;n est&aacute; amenazada la democracia tal y como la hemos conocido. Si Europa no articula una respuesta estrat&eacute;gica que recupere capacidad soberana en los sectores cr&iacute;ticos &mdash;energ&iacute;a, defensa, datos, infraestructura digital, inteligencia artificial&mdash; y que, al mismo tiempo, reafirme ese n&uacute;cleo indecidible de derechos que Ferrajoli identificaba como condici&oacute;n de posibilidad de la democracia, el riesgo es evidente: una deriva sostenida hacia reg&iacute;menes autoritarios de nuevo cu&ntilde;o, ya no basados en el terror en clave fascista sino en una vigilancia algor&iacute;tmica omnipresente, en la identificaci&oacute;n automatizada de disidentes y migrantes, y en una arquitectura de control ciudadano operada por corporaciones privadas cuyos due&ntilde;os desprecian abiertamente el pluralismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conviene insistir en una cosa central: esto no pertenece a una distop&iacute;a lejana. En efecto, los sistemas ya est&aacute;n funcionando en Gaza, en Ir&aacute;n, en el Canal de la Mancha y en los hospitales brit&aacute;nicos. La tensi&oacute;n que describieron Polanyi y Slobodian &mdash;entre mercado y democracia, entre soberan&iacute;a popular y aislamiento tecnocr&aacute;tico&mdash; entra as&iacute; en una fase nueva y cualitativamente m&aacute;s peligrosa. El neoliberalismo sustra&iacute;a la econom&iacute;a al juicio de la ciudadan&iacute;a. Lo que viene pretende sustraer al ciudadano mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/palantir-democracia-conocemos_129_13164309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:52:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="414931" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="414931" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pequín depende de manera intensa de las importaciones de petróleo procedentes de países del Golfo como Arabia Saudí, Iraq, Emiratos, Kuwait y Omán, la mayoría de las cuales transitan por el estrecho. Y a la inversa: China se ha convertido en los últimos años en el cliente del 90% de las exportaciones de petróleo iraní</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Con casi toda seguridad Estados Unidos entr&oacute; en guerra con Ir&aacute;n porque buscaba un descabezamiento del r&eacute;gimen, similar al que a comienzos de a&ntilde;o hab&iacute;a tenido lugar en Venezuela, que diera paso a un gobierno m&aacute;s sensible a los intereses estadounidenses. Sin embargo, y tras casi dos meses de guerra, los objetivos de Donald Trump parecen ahora oscilar entre la reapertura del estrecho de Ormuz, cerrado por Ir&aacute;n como represalia por los ataques, y la mucho m&aacute;s arriesgada asfixia econ&oacute;mica de Ir&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque la narrativa oficial no lo acepte a&uacute;n, la situaci&oacute;n est&aacute; mucho m&aacute;s empantanada de lo que el gobierno de Estados Unidos anticip&oacute;. De hecho, Donald Trump comenz&oacute; la guerra plante&aacute;ndola como una operaci&oacute;n breve y quir&uacute;rgica que llevar&iacute;a la &laquo;libertad&raquo; a los iran&iacute;es al tiempo que proporcionar&iacute;a mayor tranquilidad a Israel &mdash;que considera a Ir&aacute;n su principal amenaza existencial&mdash; y a los pa&iacute;ses del Golfo. La realidad ha sido muy distinta.
    </p><p class="article-text">
        El estrecho de Ormuz es un nodo del metabolismo de la econom&iacute;a-mundo, siendo adem&aacute;s un cuello de botella (&ldquo;chokepoint&rdquo;) extremadamente vulnerable a los fen&oacute;menos geopol&iacute;ticos. El impacto de su cierre es muy grande para los pa&iacute;ses productores y, de acuerdo con los datos de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, el volumen de petr&oacute;leo que transita por el estrecho de Ormuz se ha reducido a un promedio del 10% respecto a los niveles de preguerra. Como vemos en el siguiente gr&aacute;fico, las rutas alternativas &mdash;a trav&eacute;s del Mar Rojo, por ejemplo&mdash; han tenido que sostener la mayor&iacute;a de las exportaciones desde el inicio de la guerra; algo claramente insuficiente para mantener los niveles de exportaciones preguerra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">La caída del tráfico en dos semanas fue del 68% </h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Exportaciones petroleras de los productores del Golfo, volumen diario y ruta de salida, desde el 21 de febrero hasta el 11 de abril de 2026</p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="story/3653282"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3653282/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Agencia internacional de la Energía (AIE), a partir de datos de Kpler. Nota: Incluye exportaciones desde Arabia Saudí, Irak, EAU, Kuwait, Catar, Baréin y la Zona Neutral. La ruta alternativa (Hormuz bypass) comprende cargas desde puertos saudíes del Mar Rojo, Fuyaira (EAU), el oleoducto Irak-Turquía vía Ceyhan y la terminal iraní de Jask  </p>
    </figure><p class="article-text">
        De todos los pa&iacute;ses del Golfo, la mayor parte de las exportaciones corresponden a Arabia Saud&iacute;, Iraq y Emiratos &Aacute;rabes, seguidas luego por Ir&aacute;n y Kuwait, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico. Eso significa que, aunque Ir&aacute;n est&aacute; sufriendo los costes directos de la guerra &mdash;como la mayor&iacute;a de v&iacute;ctimas mortales y la destrucci&oacute;n de infraestructura&mdash;, las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas agregadas recaen sobre pa&iacute;ses que mantienen v&iacute;nculos hist&oacute;ricos con Washington.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Flujos petroleros por el estrecho de Ormuz" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-zxrg2" src="https://datawrapper.dwcdn.net/zxrg2/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="439" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Y no se trata solo del petr&oacute;leo. Por Ormuz transita cerca del 20% del gas natural licuado mundial, y Qatar es el gran damnificado del lado gas&iacute;stico. Esto agrava especialmente la situaci&oacute;n asi&aacute;tica: en torno al 28% del GNL que importa China procede de Qatar, y casi un tercio de los flujos totales de GNL hacia Asia depende del estrecho. La crisis energ&eacute;tica global tiene, por tanto, dos patas simult&aacute;neas, petr&oacute;leo y gas, que se refuerzan entre s&iacute;, adem&aacute;s de todas las industrias de productos derivados de los combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        Como <a href="https://www.eldiario.es/economia/polimeros-base-material-guerra-iran_129_13138273.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">explicaba la semana pasada respecto al sector petroqu&iacute;mico</a>, los pa&iacute;ses del Golfo llevan d&eacute;cadas elevando sus lazos comerciales con Asia y, particularmente, con China: desde 2010 hasta 2024 este comercio se ha multiplicado pr&aacute;cticamente por tres. De acuerdo con las estimaciones del think-tank Asia House, esta din&aacute;mica no har&aacute; sino aumentar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El Golfo ya comercia más con China que con Occidente" aria-label="Columnas agrupadas" id="datawrapper-chart-WaO3R" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WaO3R/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="571" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Esta es una situaci&oacute;n comprometida para los pa&iacute;ses del Golfo, que tienen que mantener un delicado equilibrio entre sus alianzas con Occidente y sus v&iacute;nculos crecientes con Asia. Debemos tener en cuenta que la Comisi&oacute;n de Revisi&oacute;n Econ&oacute;mica y Seguridad EEUU-China, que informa al Congreso de Estados Unidos, ha declarado que China, Rusia, Ir&aacute;n y Corea del Norte conforman un nuevo &ldquo;eje de la autocracia&rdquo; y afirma que comparten el deseo de retar el liderazgo global de Estados Unidos. En cierta medida este marco opera como profec&iacute;a autocumplida: cuanto m&aacute;s Washington hostiga y sanciona a las periferias, m&aacute;s empuja a los Estados del Golfo a pens&aacute;rselo dos veces antes de cualquier gesto de distanciamiento respecto de Pek&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que, en condiciones normales, la mayor parte del crudo que sal&iacute;a en 2025 del estrecho de Ormuz ten&iacute;a como destino pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, como muestra el siguiente gr&aacute;fico. Podemos observar que tanto Europa como Am&eacute;rica dependen muy marginalmente del abastecimiento f&iacute;sico de petr&oacute;leo procedente de los pa&iacute;ses del Golfo. Eso no significa que el cierre no les afecte, ya que al determinarse los precios a nivel global s&iacute; sufren los impactos de la inflaci&oacute;n, y adem&aacute;s pueden ser <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">especialmente dependientes de productos espec&iacute;ficos, como los fertilizantes</a>. Pero en general, es claro que es Asia la primera damnificada por la actual situaci&oacute;n, como demuestra el hecho de que all&iacute; las medidas de reducci&oacute;n del consumo de energ&iacute;a &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/planificar-decrecimiento-sufrirlo_129_13097338.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;ticas decrecentistas</a>, podr&iacute;amos decir&mdash; hayan sido m&aacute;s r&aacute;pidas y m&aacute;s profundas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Destino del crudo que atraviesa el estrecho de Ormuz" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-x9wXj" src="https://datawrapper.dwcdn.net/x9wXj/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="433" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        La interrupci&oacute;n de los flujos comerciales tiene graves implicaciones f&iacute;sicas, no s&oacute;lo econ&oacute;micas. No es s&oacute;lo que el petr&oacute;leo se haga m&aacute;s caro &mdash;como ocurre en Europa o Estados Unidos&mdash;, sino que sencillamente puede dejar de llegar en cantidades suficientes para satisfacer la demanda. Adelant&aacute;ndose a esa posibilidad, <a href="https://www.energypolicy.columbia.edu/where-china-gets-its-oil-crude-imports-in-2025-reveal-stockpiling-and-changing-fortunes-of-certain-suppliers-including-those-sanctioned/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China lleva a&ntilde;os incrementando sus reservas de petr&oacute;leo</a>, y se estima que podr&iacute;an ser suficientes para cubrir cuatro meses sin nuevas importaciones por mar; aunque con medidas de reducci&oacute;n de la demanda podr&iacute;amos hablar de un per&iacute;odo mucho m&aacute;s prolongado.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, China depende de manera intensa de las importaciones de petr&oacute;leo procedentes de pa&iacute;ses del Golfo como Arabia Saud&iacute;, Iraq, Emiratos, Kuwait y Om&aacute;n, la mayor&iacute;a de las cuales transitan por el estrecho. Pero los datos oficiales no muestran las importaciones procedentes de Ir&aacute;n ni <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/venezuela-imperialismo-rostro-liberal_129_12891384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Venezuela</a>, ya que en ambos casos se trata de pa&iacute;ses con sanciones internacionales. La pr&aacute;ctica habitual es el &ldquo;rebranding&rdquo;, es decir, la puesta en marcha de complejas operaciones para hacer pasar el petr&oacute;leo sancionado como importaciones de pa&iacute;ses legales, como Indonesia o Malasia. Las estimaciones m&aacute;s fiables se&ntilde;alan que, teniendo en cuenta esta estrategia, casi el 50% de las importaciones chinas de petr&oacute;leo proceden del Golfo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br><iframe title="El 35% del crudo importado por China pasa por Ormuz" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-SJhKi" src="https://datawrapper.dwcdn.net/SJhKi/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="586" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Una de las consecuencias de lo anterior es que China se ha volcado crecientemente en Rusia, su gran proveedor de petr&oacute;leo. De hecho, Rusia es una de las grandes beneficiadas de la crisis energ&eacute;tica, y seg&uacute;n los datos de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, en marzo sus ingresos por exportaciones pr&aacute;cticamente se han duplicado hasta alcanzar los 19.000 millones de d&oacute;lares. A ello ha contribuido, claro est&aacute;, el alivio que Estados Unidos le ha proporcionado en relaci&oacute;n con las sanciones internacionales &mdash;igual que a <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/venezuela-imperialismo-rostro-liberal_129_12891384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Venezuela</a>&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, si la dependencia china de las importaciones de petr&oacute;leo es grande, a&uacute;n es mayor su inversa: la dependencia de las exportaciones iran&iacute;es a China. Como muestra el siguiente gr&aacute;fico, China se ha convertido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el cliente del 90% de las exportaciones de petr&oacute;leo iran&iacute;. La consolidaci&oacute;n ha sido r&aacute;pida: aunque China ya era el principal comprador tras las sanciones de Trump de 2018, el salto de los &uacute;ltimos tres o cuatro a&ntilde;os hacia la cuasi-exclusividad convierte a Teher&aacute;n en un Estado-cliente energ&eacute;tico de Pek&iacute;n en toda regla, con todo lo que ello implica en t&eacute;rminos de asimetr&iacute;a negociadora.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="China absorbe el 89% del crudo iraní exportado" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-NathB" src="https://datawrapper.dwcdn.net/NathB/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="608" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy sabemos que Israel ha entrado en esta guerra principalmente porque proyecta en el futuro su idea de un &ldquo;Gran Israel&rdquo; donde el expansionismo territorial le permita consolidarse como potencia hegem&oacute;nica en la regi&oacute;n. Sabemos tambi&eacute;n que Ir&aacute;n ha encontrado en el control del estrecho de Ormuz su principal baza para negociar y, en la medida de lo posible, lograr garant&iacute;as de que no haya futuros ataques. M&aacute;s confuso es el objetivo real de Estados Unidos, m&aacute;s all&aacute; de la ingenuidad inicial de quienes creyeron que ser&iacute;a una operaci&oacute;n r&aacute;pida y f&aacute;cil. El hecho es que la situaci&oacute;n se ha estancado, llevando a una crisis energ&eacute;tica global de gran envergadura.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, las crisis nunca golpean a todos por igual. Como he tratado de mostrar, el impacto econ&oacute;mico principal est&aacute; teniendo lugar en las econom&iacute;as del Golfo y en Asia, justo en un momento en el que ambas regiones est&aacute;n profundizando sus relaciones y retando la primac&iacute;a occidental. No est&aacute; claro si esta guerra debilitar&aacute; esa din&aacute;mica previa o si, por el contrario, la profundizar&aacute;; pero lo que s&iacute; est&aacute; claro es que China tiene buenas razones estructurales para empujar hacia la desescalada. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque no sea el principal afectado, Estados Unidos no puede permitirse que la guerra se prolongue indefinidamente. Sus problemas tienen que ver con la inflaci&oacute;n, el impacto sobre los mercados financieros y el desgaste dom&eacute;stico de Donald Trump. Para Europa, la situaci&oacute;n es considerablemente peor: m&aacute;s expuesta al shock energ&eacute;tico v&iacute;a precios y cadenas de suministro, con un BCE atenazado entre <a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una inflaci&oacute;n importada que no se doma con subidas de tipos y una desaceleraci&oacute;n que esas mismas subidas agravar&iacute;an</a>. El margen de maniobra europeo, una vez m&aacute;s, es m&aacute;s estrecho que el de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se dirime en el estrecho de Ormuz es la arquitectura energ&eacute;tica &mdash;y, por tanto, el equilibrio de poder&mdash; del siglo XXI. El 'chokepoint' simboliza la vulnerabilidad del metabolismo de la econom&iacute;a-mundo, pero la guerra est&aacute; revelando tambi&eacute;n la incapacidad de Estados Unidos para imponer por la fuerza un orden geogr&aacute;fico-energ&eacute;tico que se le escurre hacia Asia a velocidad acelerada. Cuando China defiende la paz, sabe mejor que nadie que sus ganancias estructurales &mdash;la consolidaci&oacute;n del eje euroasi&aacute;tico, el refuerzo de sus lazos con el Golfo, la paulatina autonom&iacute;a del d&oacute;lar en los intercambios estrat&eacute;gicos&mdash; son incompatibles con una guerra larga. En esa ecuaci&oacute;n, a Pek&iacute;n la paz le conviene hoy m&aacute;s que a Washington. Y el precio de esa asimetr&iacute;a podr&iacute;a medirse, a medio plazo, en un desplazamiento m&aacute;s r&aacute;pido hacia Asia del centro de gravedad del sistema-mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:12:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="745241" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="745241" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Gas,China,Guerra en Irán,Estados Unidos,Irán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de Orbán, nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-orban_129_13144720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viktor Orbán y a su esposa, votando  en las elecciones del 12 de abril.. EFE/Akos Kaiser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde que Podemos se reubicó ideológicamente tras salir del gobierno, es habitual escucharlos denunciar el ‘malmenorismo’. Sin tener presente los contextos e instituciones dentro de los cuales se reproduce la política, esta se convierte en un ejercicio de laboratorio desconectado de la realidad</p></div><p class="article-text">
        A una parte de la izquierda la derrota de Viktor Orb&aacute;n no le ha conmovido. A pesar de que el hasta ahora l&iacute;der h&uacute;ngaro representa un nodo cr&iacute;tico de la internacional reaccionaria, as&iacute; como un puntal clave de Donald Trump y el movimiento <em>Make America Great Again (MAGA)</em>, hay una izquierda que ha centrado su atenci&oacute;n en el perfil del candidato ganador: Peter Magyar, un antiguo colaborador de Orb&aacute;n. El planteamiento consecuente es paralizante, asumiendo que ambos son las dos caras de la misma moneda.
    </p><p class="article-text">
        Reconozcamos que el enfoque tiene su atractivo inicial. Al fin y al cabo, en <em>condiciones normales</em> nadie de izquierdas celebrar&iacute;a la victoria de un candidato conservador, ni en Hungr&iacute;a ni en ninguna parte.&nbsp;El problema es que no parece que estemos ante <em>condiciones normales</em> cuando incluso muchos partidos de izquierdas optaron por no presentarse a fin de facilitar la victoria de Magyar. De alg&uacute;n modo estos partidos &mdash;socialistas, verdes, liberales y otros m&aacute;s a la izquierda&mdash; entend&iacute;an que derrotar a Orb&aacute;n era la prioridad y, consecuentemente, sacrificaron su propia supervivencia parlamentaria. Un planteamiento que va m&aacute;s all&aacute; de los partidos, pues Magyar ha obtenido la victoria gracias a que ha conseguido aglutinar todo el voto anti-Orb&aacute;n: un apoyo que se estima sostenido en <a href="https://elpais.com/internacional/2026-04-12/peter-magyar-el-hombre-que-admiraba-a-orban-y-acabo-con-el.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un 11% de personas conservadoras, un 43% de liberales y el resto de las izquierdas y verdes</a>.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo es el atractivo inicial, pues este planteamiento tiene versiones sofisticadas que conviene tomarse en serio. La m&aacute;s fuerte sostiene que votar por el mal menor desmoviliza: que una izquierda que se acostumbra a apoyar a conservadores acaba perdiendo su identidad, su base y su capacidad de propuesta aut&oacute;noma. Francia ser&iacute;a un ejemplo, donde d&eacute;cadas de frente republicano contra Le Pen no han impedido su continuo avance. El argumento merece consideraci&oacute;n, pero tiene un problema fatal cuando se aplica al caso h&uacute;ngaro: presupone que existe una izquierda con fuerza suficiente como para que su desmovilizaci&oacute;n sea el riesgo principal. En Hungr&iacute;a, tras 16 a&ntilde;os de r&eacute;gimen iliberal, la izquierda parlamentaria era ya un cad&aacute;ver pol&iacute;tico. El riesgo real no era la desmovilizaci&oacute;n sino la consolidaci&oacute;n definitiva de un r&eacute;gimen que hac&iacute;a imposible cualquier organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, sindical o medi&aacute;tica independiente. Cuando tu casa se incendia, discutir si el agua del extintor va a estropear los muebles es un debate leg&iacute;timo, pero no urgente.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, cuando pasamos desde un an&aacute;lisis enfocado en las &eacute;lites y los partidos hacia otro centrado en la ciudadan&iacute;a y los grupos sociales, el panorama se vuelve m&aacute;s complejo. Hungr&iacute;a es un pa&iacute;s sociol&oacute;gicamente muy conservador, que adem&aacute;s ha crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas gracias a su inserci&oacute;n en las cadenas de valor globales de Alemania &mdash;ofreciendo mano de obra barata y una capacidad industrial bastante avanzada&mdash; y que en la actualidad est&aacute; atravesando por serias dificultades econ&oacute;micas. En ese contexto, y con una participaci&oacute;n electoral de casi el 80%, los escasos y d&eacute;biles grupos de izquierdas han votado mayoritariamente a Magyar porque entend&iacute;an que se encontraban ante condiciones excepcionales: la posibilidad de que Hungr&iacute;a se desplazase definitivamente hacia un r&eacute;gimen pol&iacute;tico autoritario era demasiado alta.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Hungr&iacute;a es un s&iacute;ntoma de algo m&aacute;s amplio. Las democracias est&aacute;n retrocediendo en todo Occidente, y no s&oacute;lo por la sustracci&oacute;n neoliberal de decisiones clave del &aacute;mbito democr&aacute;tico &mdash;como ocurri&oacute; paradigm&aacute;ticamente con la pol&iacute;tica monetaria&mdash;, sino tambi&eacute;n por el empuje de fuerzas reaccionarias que buscan blindar a grupos &eacute;tnicos dominantes frente a los riesgos geopol&iacute;ticos y ecosociales mediante la apropiaci&oacute;n de recursos ajenos y la reducci&oacute;n del demos. La gram&aacute;tica com&uacute;n de esta internacional reaccionaria &mdash;de Trump a Putin, de Netanyahu a Orb&aacute;n, de Milei a Abascal&mdash; se manifiesta en el genocidio de Gaza, en las amenazas sobre Groenlandia, en la guerra con Ir&aacute;n, y en el desmantelamiento interno de las instituciones democr&aacute;ticas. En la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se abog&oacute; expl&iacute;citamente por apoyar a propuestas como las de Orb&aacute;n para neutralizar la capacidad de la Uni&oacute;n Europea como actor aut&oacute;nomo. Ante esa amenaza, los h&uacute;ngaros dem&oacute;cratas &mdash;de izquierdas y de derechas&mdash; han optado por hacer lo posible para echar del gobierno a quien llevaba 16 a&ntilde;os socavando las reglas del juego.
    </p><p class="article-text">
        La historia nunca se repite, pero aporta ense&ntilde;anzas. La Internacional Comunista se mostr&oacute; desde 1928 hasta 1935 radicalmente contraria a la colaboraci&oacute;n con las fuerzas burguesas, lo que inclu&iacute;a a los socialdem&oacute;cratas. Un error garrafal de diagn&oacute;stico de la pol&iacute;tica exterior de Stalin &mdash;la idea de que el fascismo era un coletazo final del capitalismo, que estaba a punto de sucumbir para mayor gloria del socialismo&mdash; empuj&oacute; a los comunistas de todo el mundo a lo que se conoci&oacute; como estrategia de &laquo;guerra de clase contra clase&raquo;, es decir, a considerar que socialdem&oacute;cratas y liberales democr&aacute;ticos eran la cara amable del fascismo. Hubo much&iacute;sima resistencia a esa estrategia, pero fue el terrible fracaso de la experiencia alemana lo que impuls&oacute; una rectificaci&oacute;n que finalmente condujo a los frentes populares. La experiencia unitaria espa&ntilde;ola en 1933 &mdash;que fue a nivel local y permiti&oacute; elegir al primer diputado comunista&mdash;, las cr&iacute;ticas de muchos partidos comunistas y el papel de Dimitrov permitieron que a partir de 1935 la Internacional Comunista respaldara oficialmente la estrategia de cooperar con los antiguos enemigos burgueses &mdash;pero democr&aacute;ticos&mdash; a fin de frenar al fascismo: el orden de prioridades hab&iacute;a cambiado y el contexto se describ&iacute;a con mayor precisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a recalcar esa ense&ntilde;anza: un diagn&oacute;stico contextualizado certero es fundamental para dise&ntilde;ar una estrategia pol&iacute;tica correcta. Los planteamientos en abstracto nos hablan de mundos fant&aacute;sticos que no existen; la pol&iacute;tica siempre es pol&iacute;tica concreta, realizada en entornos institucionales espec&iacute;ficos. Marx y Engels lo sab&iacute;an bien cuando tras 1849 recomendaban que los comunistas creasen un partido propio y diferenciado en Alemania y Francia, pero al mismo tiempo abogaban por la integraci&oacute;n en los partidos democr&aacute;ticos y liberales en Estados Unidos y Reino Unido. Esta flexibilidad t&aacute;ctica era el resultado de la conceptualizaci&oacute;n de los partidos no a partir de sus denominaciones o aspiraciones idealistas sino a partir de sus capacidades reales para mejorar la vida de la clase trabajadora. Fue Engels quien dijo en 1886 que un mill&oacute;n o dos de votos de la clase trabajadora para un partido que trabajaba de buena fe es infinitamente m&aacute;s valioso en el presente que cientos de miles de votos para &laquo;un programa doctrinalmente perfecto&raquo;. Engels estaba se&ntilde;alando que un movimiento de masas vivo, con todas sus imperfecciones e inconsistencias ideol&oacute;gicas, tiene m&aacute;s potencial transformador que una secta minoritaria con el catecismo en orden. Y esa flexibilidad no se limitaba a la forma partido: para Marx y Engels no era lo mismo una democracia consolidada como Inglaterra que los sistemas pol&iacute;ticos de otras partes del mundo, y con toda probabilidad les hubiera parecido un error de manual presuponer el mismo tipo de estrategia en la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n que en la Espa&ntilde;a actual.
    </p><p class="article-text">
        En suma, sin tener presente los contextos e instituciones dentro de los cuales se reproduce la pol&iacute;tica, esta se convierte en un ejercicio de laboratorio desconectado de la realidad. Es decir, sin hacer un an&aacute;lisis m&iacute;nimamente serio del momento hist&oacute;rico en la econom&iacute;a-mundial, las correlaciones de fuerzas y la disponibilidad de instrumentos, todo el an&aacute;lisis se convierte en una sucesi&oacute;n de proposiciones pseudo-l&oacute;gicas sin recorrido pr&aacute;ctico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es un problema solo te&oacute;rico. En Espa&ntilde;a, parte de esta izquierda est&aacute; ubicada actualmente en Podemos, cuyos dirigentes han cuestionado que haya motivos para celebrar la derrota de Orb&aacute;n. Desde que Podemos se reubic&oacute; ideol&oacute;gicamente tras salir del gobierno, es habitual escucharlos hablar de &lsquo;malmenorismo&rsquo;, esto es, de la denuncia de la flexibilidad t&aacute;ctica en nombre de la pureza doctrinal. El prop&oacute;sito, como ha se&ntilde;alado Ra&uacute;l S&aacute;nchez Cedillo, es preservar un centro de gravedad de las izquierdas, aunque como &eacute;l mismo reconoce sea al coste de reducir el instrumento hasta la irrelevancia electoral &mdash; por debajo del 1% en las dos &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas&mdash;. Es cuestionable, en todo caso, que podamos considerar exitosa una operaci&oacute;n que aspira, en el mejor de los casos, a generar conversaci&oacute;n y que asume de inicio su propia incapacidad para transformar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, S&aacute;nchez Cedillo acierta al diagnosticar que el malmenorismo es consecuencia de la derrota, pero lo mismo cabe decir de su denuncia: uno se conforma con el mal menor cuando no ha logrado imponer la opci&oacute;n principal, del mismo modo que uno denuncia el mal menor cuando carece de la fuerza para ofrecer algo mejor. Pero hay un problema adicional: la denuncia del malmenorismo es, en su estructura, una operaci&oacute;n olig&aacute;rquica, porque requiere de una &eacute;lite dirigente mandatada para trazar la frontera entre lo aceptable y lo inaceptable. Y esa frontera siempre puede ser desplazada, ya que dentro del propio partido siempre habr&aacute; alguien con m&aacute;s pureza dispuesto a denunciarte. Un debate as&iacute;, planteado en abstracto y con pretensiones universales, est&aacute; condenado a la esterilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que optar por la opci&oacute;n menos mala tambi&eacute;n tiene costes, pero estos solo son evaluables en cada circunstancia concreta &mdash; que es precisamente lo que los comunistas malmayoristas de antes de 1935 se negaron a hacer, convencidos de que su v&iacute;a era la correcta con independencia de las condiciones reales. &laquo;Despu&eacute;s de Hitler, nosotros&raquo;, dijeron aquellos comunistas pensando que el fascismo ser&iacute;a un episodio breve del final del capitalismo. Al final, la historia desgraciadamente los atropell&oacute; a ellos y a todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los h&uacute;ngaros que votaron a Magyar el pasado domingo no viv&iacute;an en un seminario de teor&iacute;a pol&iacute;tica sino en un pa&iacute;s donde el gobierno trabajaba en complicidad con Rusia para desarticular toda oposici&oacute;n pol&iacute;tica, donde la independencia judicial hab&iacute;a sido sistem&aacute;ticamente vaciada y donde miles de millones de euros en fondos europeos estaban bloqueados por el deterioro de los aspectos m&aacute;s elementales del Estado de Derecho. Con esas coordenadas, optaron masivamente por la opci&oacute;n que les permit&iacute;a recuperar un marco institucional desde el que seguir luchando. Fue la misma l&oacute;gica que llev&oacute; a Dimitrov en 1935 a reconocer que la diferencia entre democracia burguesa y dictadura fascista no era una sutileza acad&eacute;mica sino una cuesti&oacute;n de supervivencia para el movimiento obrero. Que esa lecci&oacute;n tenga que ser reaprendida cada pocas d&eacute;cadas no dice mucho a favor de nuestra capacidad de aprendizaje colectivo, pero s&iacute; confirma algo que Marx y Engels entendieron muy bien: que la pol&iacute;tica se hace desde las condiciones y no desde las conclusiones.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-orban_129_13144720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4640279" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4640279" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Después de Orbán, nosotros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Viktor Orbán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Polímeros y poder: la base material de la guerra en Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/polimeros-base-material-guerra-iran_129_13138273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5a7a748-7eb3-477c-b6c9-96c35aecb1cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Polímeros y poder: la base material de la guerra en Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para comprender por qué el conflicto no es sólo una cuestión de barriles de crudo, sino un golpe al corazón de la producción material contemporánea, es necesario abrir la caja negra de la industria petroquímica y entender de qué está hecha</p><p class="subtitle">No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos
</p></div><p class="article-text">
        Las d&eacute;cadas de 1920 y 1930 enfrentaron al qu&iacute;mico alem&aacute;n Hermann Staudinger con casi todo el mundo, tanto en su disciplina como en la arena pol&iacute;tica. Pacifista durante la Primera Guerra Mundial, hijo de un militante socialdem&oacute;crata y casado con una comunista, Staudinger acabar&iacute;a siendo denunciado por el fil&oacute;sofo Martin Heidegger con la llegada del nazismo. Al tiempo de la denuncia, Staudinger era consejero de la IG Farben, el gigante industrial conformado en 1925 mediante la fusi&oacute;n de las grandes empresas qu&iacute;micas alemanas &mdash;entre ellas, BASF y Bayer&mdash; y que ser&iacute;a una herramienta fundamental del poder nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Este poder derivaba en gran parte de los descubrimientos cient&iacute;ficos de Staudinger, quien en 1953 recibir&iacute;a el premio Nobel de Qu&iacute;mica por sus trabajos sobre las macromol&eacute;culas.
    </p><p class="article-text">
        Ya desde 1920, Staudinger hab&iacute;a defendido que las mol&eacute;culas pod&iacute;an estar unidas a trav&eacute;s de una larga cadena. Se tard&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada en que la comunidad cient&iacute;fica aceptara esa idea, pero hoy a esas macromol&eacute;culas las llamamos pol&iacute;meros (por ejemplo, el ADN, el ARN, el almid&oacute;n y las prote&iacute;nas lo son). Como si fuera un tren, cada pol&iacute;mero est&aacute; formado por una serie de subunidades &mdash;los vagones&mdash; llamados mon&oacute;meros; y el tipo de combinaci&oacute;n de los mon&oacute;meros proporciona las caracter&iacute;sticas qu&iacute;micas del pol&iacute;mero en cuesti&oacute;n. Podemos entenderlo como si se tratara de bloques de construcci&oacute;n que pueden ordenarse de diferentes formas, dando lugar a distintas sustancias que est&aacute;n presentes de forma natural a nuestro alrededor. Y que tambi&eacute;n pueden crearse artificialmente.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos el caso del caucho vulcanizado, un producto semisint&eacute;tico creado a partir del caucho natural y que en la d&eacute;cada de 1930 se obten&iacute;a en un 90% de Sri Lanka, India y Malasia; una concentraci&oacute;n peligrosa desde el punto de vista geopol&iacute;tico. El caucho era indispensable a nivel militar, pues se usaba para los neum&aacute;ticos y para el sellado y aislamiento de las piezas de los veh&iacute;culos, de modo que aprender a crear caucho completamente sint&eacute;tico se convirti&oacute; en un objetivo central de las industrias qu&iacute;micas &mdash;siempre apoyadas, cuando no directamente dirigidas, por los Estados&mdash;. En aquellos tiempos convulsos los pa&iacute;ses buscaban garantizarse la autosuficiencia, para lo que necesitaban tanto el control activo de los recursos naturales &mdash;lo que empujaba al expansionismo territorial y al imperialismo&mdash; como reducir las dependencias comerciales respecto a otros pa&iacute;ses.  
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de los a&ntilde;os veinte y, sobre todo, en la d&eacute;cada de los treinta, los descubrimientos de c&oacute;mo construir pol&iacute;meros sint&eacute;ticos a gran escala se produjeron en cascada. El PVC, el caucho sint&eacute;tico, el polietileno &mdash;el pol&iacute;mero m&aacute;s simple de todos&mdash;, el nailon&hellip; fueron apareciendo en escena. Como en otras ocasiones, la industria militar se convirti&oacute; en el catalizador de las innovaciones y descubrimientos. De hecho, el investigador Adam Hanieh considera que la Segunda Guerra Mundial puede etiquetarse sin exageraci&oacute;n como &lsquo;Guerra de los Pol&iacute;meros&rsquo;. En todo caso, estos productos transformaron el mundo: hicieron los productos m&aacute;s baratos y reproducibles a gran escala, algo ideal para la guerra, pero tambi&eacute;n facilitaron la democratizaci&oacute;n posterior del consumo de bienes y la multiplicaci&oacute;n de estos. Se trata del despliegue de la industria petroqu&iacute;mica, y nuestro mundo actual no puede comprenderse sin tales acontecimientos &mdash;a pesar de que apenas forman parte del debate contempor&aacute;neo&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Para comprender por qu&eacute; la actual guerra en Ir&aacute;n no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de barriles de crudo, sino un golpe al coraz&oacute;n de la producci&oacute;n material contempor&aacute;nea, es necesario abrir la caja negra de la industria petroqu&iacute;mica y entender de qu&eacute; est&aacute; hecha.
    </p><h2 class="article-text">Son productos f&oacute;siles</h2><p class="article-text">
        Con la producci&oacute;n de pol&iacute;meros sint&eacute;ticos los pa&iacute;ses lograron escapar de las dependencias de ciertos recursos naturales, vi&eacute;ndose as&iacute; libres de servidumbres geogr&aacute;ficas. En realidad, el cambio fue de una dependencia por otra. El problema es que entonces, exactamente como ocurre ahora, se minusvaloraba la importancia de la energ&iacute;a f&oacute;sil: ya fuera en carb&oacute;n o petr&oacute;leo, era tan abundante que no se consider&oacute; como una limitaci&oacute;n seria para la producci&oacute;n de pol&iacute;meros y bienes de consumo. Pero lo cierto es que toda la industria petroqu&iacute;mica es dependiente de estas fuentes de energ&iacute;a, y seg&uacute;n la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a (AIE) supone actualmente el 14% de la demanda global de petr&oacute;leo y el 8% de la de gas natural. Lo relevante es que esta demanda no es s&oacute;lo para usarse como energ&iacute;a, sino que tambi&eacute;n es para usarse como insumo del proceso productivo.
    </p><p class="article-text">
        Debe tenerse presente que cuando se extrae petr&oacute;leo crudo de los pozos, lo que se obtiene no se parece mucho a la gasolina con la que alimentamos cotidianamente nuestros veh&iacute;culos. Es una mezcla de compuestos hidrocarbonados que deben transformarse o &lsquo;refinarse&rsquo;. Esta fase de refino es la que sigue a la de extracci&oacute;n, y consiste en separar qu&iacute;micamente los diferentes componentes del crudo utilizando procesos que involucran muy altas temperaturas. En la misma planta de refino tambi&eacute;n se suelen tratar y mejorar las calidades de los productos resultantes, algunos de los cuales son la gasolina &mdash;que supone en torno al 45% del barril de crudo&mdash;, el gas&oacute;leo y di&eacute;sel, combustibles para reactores, y otras sustancias que se usan como insumos de la industria petroqu&iacute;mica &mdash;como la nafta&mdash;.  
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; la industria qu&iacute;mica, en una tercera fase, la que recoja los insumos pertinentes del proceso de refinado y los transforme en los productos petroqu&iacute;micos b&aacute;sicos. As&iacute;, en esta fase entran la nafta, el etano, el propano y el metano &mdash;todos procedentes del refinado de petr&oacute;leo y gas natural&mdash;, y salen productos tales como las olefinas ligeras (etileno y propileno) y los arom&aacute;ticos (bencenos, toluenos y xilenos). Todos estos nombres resultan totalmente ajenos a nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, pero son la base del 95% de todos los bienes manufacturados: pocos bienes actuales no son producidos de una u otra forma por la industria petroqu&iacute;mica. Por ejemplo, el empaquetado de productos representa el 36% de la demanda global de pl&aacute;stico, pero le sigue la industria textil sint&eacute;tica, la industria de la construcci&oacute;n y los productos de consumo tales como juguetes y utensilios pero tambi&eacute;n medicinas, paneles solares, gafas, bicicletas y hasta chalecos antibalas. 
    </p><p class="article-text">
        El punto central de este an&aacute;lisis es comprender que todos esos productos manufacturados dependen de la extracci&oacute;n y procesamiento de la energ&iacute;a f&oacute;sil. Como ya he mencionado, los combustibles f&oacute;siles &mdash;actualmente sobre todo petr&oacute;leo y gas natural&mdash; son usados como combustible y como materia prima. Eso es lo que explica que sea tan habitual lo que se conoce como integraci&oacute;n vertical, es decir, la propiedad por parte de una misma empresa tanto de las fases de extracci&oacute;n como refino y petroqu&iacute;mica. Asimismo, esta situaci&oacute;n explica la ventaja que encuentra Oriente Medio en el desarrollo de la industria petroqu&iacute;mica: sus costes energ&eacute;ticos son mucho m&aacute;s bajos.
    </p><h2 class="article-text">El giro de Oriente Medio hacia China</h2><p class="article-text">
        Como expliqu&eacute; en <a href="https://www.eldiario.es/economia/europa-rehen-petroleo-gas_129_13071347.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un an&aacute;lisis anterior</a>, la creciente importancia del petr&oacute;leo a principios del siglo XX convirti&oacute; a Oriente Medio en el objeto central de la rivalidad imperial europea &mdash;con Gran Breta&ntilde;a controlando directa o indirectamente desde Egipto hasta Ir&aacute;n, donde adquiri&oacute; el control de la Anglo-Persian Oil Company (APOC), actual BP&mdash;. Tras la Segunda Guerra Mundial, la hegemon&iacute;a pas&oacute; a las compa&ntilde;&iacute;as estadounidenses, pero tambi&eacute;n emergieron movimientos nacionalistas que culminaron en episodios como la nacionalizaci&oacute;n iran&iacute; de la APOC &mdash;en ese momento llamada Anglo-Iranian&mdash; por parte de Mossadegh en 1951 y el consiguiente golpe de Estado anglo-estadounidense. Como ha mostrado Adam Hanieh en <em>Crude Capitalism</em>, ese esp&iacute;ritu nacionalista cristaliz&oacute; en la creaci&oacute;n de la OPEP en 1960 y, al calor de la guerra del Yom Kippur, en la oleada de nacionalizaciones petroleras de los a&ntilde;os setenta. De manera significativa, aquellos movimientos de socializaci&oacute;n de empresas no se revirtieron en las d&eacute;cadas posteriores cuando el neoliberalismo se convirti&oacute; en la ideolog&iacute;a oficial de Occidente.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, durante los a&ntilde;os ochenta y noventa los pa&iacute;ses occidentales abrazaron la ideolog&iacute;a neoliberal que promov&iacute;a el triunfo del mercado sobre el Estado, lo que llev&oacute; a una oleada de privatizaciones que alcanz&oacute; tambi&eacute;n a Espa&ntilde;a con <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitamos-empresa-energetica-publica_129_12278895.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la venta de m&aacute;s de cien empresas p&uacute;blicas</a>. La iron&iacute;a es que en ese mismo momento China desplegaba una estrategia de desarrollo <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enfoque-entender-guerra-comercial-eeuu-china_129_12228402.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">basada en la industrializaci&oacute;n dirigida por el Estado</a>, con un enorme peso de las empresas p&uacute;blicas y semip&uacute;blicas. Por su parte, los pa&iacute;ses del Golfo P&eacute;rsico no s&oacute;lo retuvieron el control p&uacute;blico de las empresas, sino que tambi&eacute;n iniciaron un proceso de diversificaci&oacute;n de su econom&iacute;a para no depender tanto de la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses del Golfo se convencieron de que deb&iacute;an industrializarse con nuevas manufacturas, y tambi&eacute;n en refino y petroqu&iacute;mica, pero no confiaron en el libre mercado para ello. Por el contrario, en 1968 Bahrein lanz&oacute; un primer plan quinquenal destinado a crear una industria de aluminio y astilleros; algo que Dubai y Om&aacute;n har&iacute;an tambi&eacute;n unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. En 1976, Arabia Saud&iacute; dar&iacute;a el salto con la creaci&oacute;n de Saudi Arabia Basic Industries Corporation (SABIC), hoy convertida en una de las principales compa&ntilde;&iacute;as petroqu&iacute;micas del mundo y propiedad principalmente de Aramco, la empresa p&uacute;blica de petr&oacute;leo y gas de Arabia Saud&iacute;. Otros pa&iacute;ses, como Emiratos, tambi&eacute;n llevan d&eacute;cadas utilizando sus empresas p&uacute;blicas petroleras para controlar las fases de refino y petroqu&iacute;mica y, de ese modo, tener un mayor control sobre la cadena f&oacute;sil al tiempo que diversifican parcialmente su econom&iacute;a. Las empresas estatales del Golfo no son enteramente p&uacute;blicas, sino que est&aacute;n participadas tambi&eacute;n por capitales privados tanto nacionales como internacionales &mdash;lo que ha dado lugar a la multiplicaci&oacute;n de una &eacute;lite multimillonaria vinculada a sus gobiernos&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Esa estrategia energ&eacute;tica no se ha limitado a la regi&oacute;n. El proceso de industrializaci&oacute;n china, y su incorporaci&oacute;n a la econom&iacute;a mundial a partir de 2001, requiri&oacute; grandes cantidades de petr&oacute;leo que los pa&iacute;ses del Golfo estuvieron dispuestos a abastecer. Desde ese momento, las relaciones entre el Golfo y China se han estrechado tanto que el a&ntilde;o 2024 <a href="https://www.asiahouse.org/asia-house-publishes-middle-east-pivot-to-asia/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">fue el primero en el que el comercio Golfo-China super&oacute; al comercio Golfo-Occidente</a>. En el caso de las exportaciones de bienes petroqu&iacute;micos, la orientaci&oacute;n hacia Asia es clara, pues <a href="https://gpcachem.org/factsandfigures/chemical-trade-patterns/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">China recibe el 28% e India el 23%</a>.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2024, las dos regiones mundiales que m&aacute;s crecieron en producci&oacute;n de bienes petroqu&iacute;micos <a href="https://gpcachem.org/factsandfigures/global-market-share/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">fueron China (6,8%) y los pa&iacute;ses del Golfo (5,7%)</a>. Sin embargo, la interrelaci&oacute;n no fue solo comercial sino tambi&eacute;n de inversi&oacute;n, con capital asi&aacute;tico invirtiendo en el Golfo y con capital del Golfo invirtiendo en Asia. Seg&uacute;n <a href="https://www.tni.org/en/article/a-transition-to-where-the-gulf-arab-states-and-the-new-east-east-axis-of-world-oil" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">ha se&ntilde;alado Adam Hanieh</a>, entre 2017 y 2021 m&aacute;s del 30% de la inversi&oacute;n petrolera de China se dirigi&oacute; hacia la regi&oacute;n de Oriente Medio &mdash;cinco veces m&aacute;s que en el per&iacute;odo anterior&mdash;. A la inversa tambi&eacute;n ocurre, con empresas como Aramco tomando posiciones en industrias de refino y petroqu&iacute;mica asi&aacute;ticas.
    </p><h2 class="article-text">El problema de la guerra</h2><p class="article-text">
        Con el cierre del Estrecho de Ormuz no se ha interrumpido s&oacute;lo el paso al petr&oacute;leo sino a todo el comercio que lo atravesaba. Y eso implica tambi&eacute;n <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a los fertilizantes</a> y a los productos petroqu&iacute;micos. Toda la estrategia de industrializaci&oacute;n de los principales pa&iacute;ses del Golfo &mdash;Iraq, Ir&aacute;n, Kuwait, Emiratos, Bahrein y Qatar&mdash; se ha quedado paralizada, por no hablar de los costes generados a las infraestructuras atacadas. En el caso de Arabia Saud&iacute;, el impacto es menor porque a&uacute;n tiene salida por el Mar Rojo &mdash;al menos mientras la situaci&oacute;n en Yemen lo siga permitiendo&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, las consecuencias se ramifican mucho m&aacute;s all&aacute; de la regi&oacute;n. La interrupci&oacute;n del suministro de productos de refino afecta directamente a las plantas petroqu&iacute;micas de Asia oriental que dependen de esos insumos, lo que a su vez encarece la producci&oacute;n de pl&aacute;sticos, textiles sint&eacute;ticos y fertilizantes nitrogenados, entre otros. Para Europa, que ya hab&iacute;a reducido su dependencia del gas ruso tras la guerra de Ucrania, aunque aumentando la dependencia del gas natural licuado procedente de Estados Unidos, el cierre de Ormuz supone otro shock en la cadena de aprovisionamiento energ&eacute;tico e industrial. Y cuanto m&aacute;s dure, m&aacute;s altas ser&aacute;n las olas inflacionarias.
    </p><p class="article-text">
        A escala global, el conflicto acelera una tendencia que ya estaba en marcha: la bifurcaci&oacute;n de las cadenas de suministro petroqu&iacute;mico entre un bloque euroatl&aacute;ntico que intenta retener su poder y un eje Golfo-Asia que profundiza su integraci&oacute;n. Pero esa bifurcaci&oacute;n no resuelve el problema de fondo, ya que ambos bloques siguen dependiendo de la misma base material f&oacute;sil, s&oacute;lo que ahora fragmentada en circuitos m&aacute;s tensos y vulnerables a la siguiente disrupci&oacute;n geopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto de reconfiguraci&oacute;n, el analista qatar&iacute; Khalid Al-Jaber, vinculado al gobierno de Doha, <a href="https://mecouncil.org/publication/gulf-post-war-strategy-security-alliances/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">ha apuntado recientemente</a> que la guerra en Ir&aacute;n ha demostrado a los pa&iacute;ses del Golfo la necesidad de &ldquo;reformular&rdquo; la alianza con Estados Unidos. La lectura es clara: Washington ha sido incapaz de garantizar la seguridad de sus aliados en el Golfo cuando ese objetivo entra en colisi&oacute;n con su compromiso con Israel. Pero reformular no significa necesariamente romper. Lo que se dibuja es m&aacute;s bien un escenario de cobertura m&uacute;ltiple en el que los pa&iacute;ses del Golfo mantienen la alianza militar con Estados Unidos mientras profundizan la integraci&oacute;n econ&oacute;mica con China &mdash;que ya es su principal socio comercial&mdash; y exploran v&iacute;nculos con otros actores como India y Turqu&iacute;a. El nuevo escenario global no les permite elegir un bando, sino que les obliga a moverse en un precario equilibrio altamente inestable, agravado por la frustraci&oacute;n de haber visto c&oacute;mo la guerra estallaba sin que sus intereses fueran considerados por Washington.
    </p><p class="article-text">
        Como he defendido en otras ocasiones, estamos ante la reordenaci&oacute;n de la divisi&oacute;n internacional del trabajo en un contexto de guerra por la hegemon&iacute;a. Pero ello mismo tambi&eacute;n revela la fragilidad estructural de un sistema econ&oacute;mico construido sobre una base material extremadamente concentrada y finita. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo de pol&iacute;meros sint&eacute;ticos y fertilizantes cuya existencia depende de flujos continuos de petr&oacute;leo y gas que atraviesan unos pocos cuellos de botella geogr&aacute;ficos. Cuando esos flujos se interrumpen, como ocurre ahora en Ormuz, se tambalea el suministro energ&eacute;tico y se resquebraja el metabolismo social que sostiene la vida cotidiana en las econom&iacute;as industriales. La verdadera cuesti&oacute;n, por tanto, va m&aacute;s all&aacute; de qui&eacute;n controla el Golfo P&eacute;rsico o el estrecho de Ormuz, y apunta hasta qu&eacute; punto es viable sostener indefinidamente una civilizaci&oacute;n basada en la expansi&oacute;n de una infraestructura petroqu&iacute;mica global que, tarde o temprano, se enfrenta a sus propios l&iacute;mites materiales. Vivimos en una anomal&iacute;a hist&oacute;rica facilitada por los combustibles f&oacute;siles, y la necesaria adaptaci&oacute;n implica mucho m&aacute;s que una simple transici&oacute;n energ&eacute;tica: exige repensar la base material sobre la que se organiza la econom&iacute;a global.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/polimeros-base-material-guerra-iran_129_13138273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2026 20:15:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e5a7a748-7eb3-477c-b6c9-96c35aecb1cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3820348" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e5a7a748-7eb3-477c-b6c9-96c35aecb1cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3820348" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Polímeros y poder: la base material de la guerra en Irán]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e5a7a748-7eb3-477c-b6c9-96c35aecb1cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Irán,Energía,Petróleo,Gas,Industria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que no se ve desde el espacio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-ve-espacio_129_13127570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87215628-bca7-4e4d-ad1c-a57a6bc84f52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que no se ve desde el espacio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El caso es que mientras los astronautas de la misión estadounidense Artemis II compartían sus bellas fotografías de cómo es el planeta Tierra visto desde el espacio, emitiendo reflexiones sobre lo que nos une como especie, el presidente de Estados Unidos amenazaba con destruir una civilización milenaria en una guerra que él mismo ha iniciado</p></div><p class="article-text">
        He ense&ntilde;ado con entusiasmo a mis hijas las fotograf&iacute;as de la Tierra tomadas hace unos d&iacute;as por la misi&oacute;n Artemis II. Lo que para m&iacute; ha sido entusiasmo, para ellas se ha traducido solo en genuina curiosidad, si bien especialmente atractiva cuando ve&iacute;an reflejadas la belleza de las auroras boreales. En realidad, todav&iacute;a son demasiado peque&ntilde;as para comprender la importancia de una fotograf&iacute;a que revela la fragilidad de nuestro planeta y de la vida misma.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de nosotros estamos ampliamente familiarizados con la imagen de nuestro planeta, por lo que tampoco nos impresionamos f&aacute;cilmente. Muy diferente fue para quienes vieron por primera vez en las d&eacute;cadas de los sesenta y setenta las distintas fotograf&iacute;as de la Tierra realizadas por las misiones Apolo. La m&aacute;s famosa de todas corresponde a la misi&oacute;n Apolo 17 en 1972, que representaba al planeta entero y dio origen al concepto de &laquo;canica azul&raquo; (<em>blue marble</em>). En los estudios medioambientales aquel tiempo se conoce como la Segunda Revoluci&oacute;n Copernicana, definido por el hecho de que gracias a ciertos instrumentos tecnol&oacute;gicos logr&aacute;bamos ver con nuestros propios ojos a nuestro propio planeta.
    </p><p class="article-text">
        Si los trabajos en astronom&iacute;a de Cop&eacute;rnico, Kepler, Galileo y otros hab&iacute;an permitido desplazar a la Tierra del centro del universo, llev&aacute;ndola a un lugar perif&eacute;rico del sistema solar, esta segunda revoluci&oacute;n copernicana recuperaba la atenci&oacute;n sobre la Tierra para evaluar, entre otras cosas, su excepcionalidad y su fragilidad. No es de extra&ntilde;ar que esto tuviera un impacto enorme en el desarrollo de lo que actualmente conocemos como ciencias del Sistema-Tierra y tambi&eacute;n en los emergentes movimientos ecologistas: James Lovelock, por ejemplo, reconoci&oacute; que estas fotograf&iacute;as le animaron a postular su famosa hip&oacute;tesis Gaia, seg&uacute;n la cual la Tierra era una entidad org&aacute;nica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias al desarrollo de la ciencia hoy sabemos muchas m&aacute;s cosas de nuestro planeta. Sabemos, por ejemplo, que bastar&iacute;a con que la Tierra se acercara apenas un 5% m&aacute;s al Sol para desencadenar un efecto invernadero descontrolado, o con que se alejara otro tanto para convertirla en un mundo de hielo. Sabemos que si fuera algo m&aacute;s grande retendr&iacute;a gases que har&iacute;an la atm&oacute;sfera irrespirable, y que si fuera m&aacute;s peque&ntilde;a habr&iacute;a perdido el ox&iacute;geno y el vapor de agua que necesitamos. Sabemos, en definitiva, que la vida depende de un equilibrio extraordinariamente precario, protegido entre otras cosas por un campo magn&eacute;tico que desv&iacute;a la radiaci&oacute;n solar letal y que, de paso, regala esas auroras boreales que admiran mis hijas y parecen sacadas de un cuento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se es consciente de tal fragilidad, es natural que emerjan discursos de inspiraci&oacute;n conservacionista y hasta humanista. Uno de los astronautas de la misi&oacute;n Artemis II ha afirmado desde el espacio que &laquo;desde aqu&iacute; arriba somos una sola cosa: homo sapiens, todos nosotros, sin importar de d&oacute;nde vengas ni c&oacute;mo seas, somos un solo pueblo&raquo;. Ese tipo de aseveraciones son ciertas, claro, pero est&aacute;n sin perfilar. Se trata del mismo discurso de hace cincuenta a&ntilde;os, no exento de ideolog&iacute;a &mdash;y menos a&uacute;n entonces, en plena guerra fr&iacute;a&mdash;, pero que no interiorizan todas las cosas que han cambiado y tampoco las cosas que no lo han hecho.
    </p><p class="article-text">
        En el despertar del movimiento ecologista, y del despliegue de las ciencias del sistema-Tierra, era comprensible que el foco estuviera puesto en un sistema tan complejo y fascinante como la Tierra. Es m&aacute;s, todav&iacute;a estamos lejos de conocer c&oacute;mo funcionan y se relacionan todos los par&aacute;metros de este sistema que permite la vida. Pero hoy sabemos lo suficiente del principal peligro, aunque no el &uacute;nico, que amenaza nuestra propia existencia: la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero y el consecuente cambio clim&aacute;tico. Sabemos tambi&eacute;n cu&aacute;l es la causa principal de este exceso de emisiones, que no es otra que un modelo de producci&oacute;n y consumo cuya din&aacute;mica de crecimiento ilimitado es insostenible dentro de los l&iacute;mites del planeta. Con raz&oacute;n se ha definido a la especie humana como una fuerza geol&oacute;gica capaz de alterar los par&aacute;metros del sistema Tierra, lo que ha dado lugar a que muchos ge&oacute;logos consideren que vivimos bajo la era geol&oacute;gica del Antropoceno.
    </p><p class="article-text">
        Esa visi&oacute;n es correcta, pero incompleta. Porque nociones como las del Antropoceno corren el riesgo de equiparar las responsabilidades de todos los individuos de la especie Homo sapiens, como si acaso no existiera ni el poder ni la desigualdad en nuestra comunidad. Por el contrario, algunos grupos humanos son m&aacute;s responsables que otros respecto a la situaci&oacute;n en que nos encontramos. Los pa&iacute;ses ricos que lograron esa riqueza mediante la emisi&oacute;n descontrolada de gases de efecto invernadero, las grandes empresas energ&eacute;ticas que deliberadamente escondieron durante d&eacute;cadas su conocimiento sobre los perjuicios de la combusti&oacute;n de combustibles f&oacute;siles, los pa&iacute;ses que externalizan su producci&oacute;n para que los da&ntilde;os ecol&oacute;gicos tengan lugar en otros lugares, las clases sociales beneficiadas de este orden pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, los individuos concretos con estilos de vida de lujo y con huellas de carbono superiores a la de grandes segmentos de poblaci&oacute;n en su conjunto&hellip; Podr&iacute;amos seguir, pero creo que se entiende la idea.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que mientras los astronautas de la misi&oacute;n estadounidense Artemis II compart&iacute;an sus bellas fotograf&iacute;as de c&oacute;mo es el planeta Tierra visto desde el espacio, emitiendo reflexiones sobre lo que nos une como especie, el presidente de Estados Unidos amenazaba con destruir una civilizaci&oacute;n milenaria en una guerra que &eacute;l mismo ha iniciado &mdash;sin que todav&iacute;a haya explicado por qu&eacute; y para qu&eacute;&mdash;. La paradoja es que la misi&oacute;n Artemis II tambi&eacute;n es un dispositivo de propaganda del imperialismo estadounidense, de modo que una de las mayores amenazas del mundo tambi&eacute;n sacar&aacute; provecho y pecho de esta aventura espacial. Dos mundos se cruzar&aacute;n entonces: la destrucci&oacute;n y la conservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Llegar&aacute; el d&iacute;a en que mis hijas comprendan que la belleza de las auroras boreales es tambi&eacute;n una se&ntilde;al de lo fr&aacute;gil que es todo: el campo magn&eacute;tico que las genera, la atm&oacute;sfera que respiramos, el equilibrio que permite la vida. Y comprender&aacute;n, espero, que proteger ese equilibrio no es una cuesti&oacute;n abstracta ni meramente t&eacute;cnica, sino profundamente pol&iacute;tica. Detr&aacute;s de cada tonelada de CO&#8322; hay decisiones concretas, intereses identificables y responsabilidades desiguales. La canica azul no se est&aacute; rompiendo sola. M&aacute;s al contrario: un sistema econ&oacute;mico al servicio de intereses muy concretos la est&aacute; agrietando y destruyendo mientras otros la fotograf&iacute;an.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-ve-espacio_129_13127570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 20:59:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/87215628-bca7-4e4d-ad1c-a57a6bc84f52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1057918" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/87215628-bca7-4e4d-ad1c-a57a6bc84f52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1057918" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que no se ve desde el espacio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/87215628-bca7-4e4d-ad1c-a57a6bc84f52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El diferencial que lo explica todo: por qué el dinero va al ladrillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/diferencial-explica-dinero-ladrillo_129_13121259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10a6d157-68c2-4c5f-b612-aa02a6e6e7af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El diferencial que lo explica todo: por qué el dinero va al ladrillo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 24,3% de la población identifica la vivienda como el problema más importante, mientras que el 43,5% considera que está entre los tres primeros, según el último barómetro del CIS, en un contexto donde es percibida como un activo financiero, como si fuera un bien inmaterial que puede ser comprado con la esperanza de que rinda un beneficio bien de manera recurrente, bien una vez transcurrida cierta cantidad de tiempo</p><p class="subtitle">¿Quiénes son los caseros que ganan con la crisis de la vivienda?</p></div><p class="article-text">
        De acuerdo con <a href="https://www.eldiario.es/politica/cis-da-vencedor-elecciones-psoe-reduce-ventaja-pp-8-5-puntos_1_13077520.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS, el principal problema de los espa&ntilde;oles es la vivienda</a>. El 24,3% de la poblaci&oacute;n identifica este problema como el m&aacute;s importante, mientras que el 43,5% considera que est&aacute; entre los tres primeros. Resulta interesante apuntar que quienes otorgan m&aacute;s importancia a este punto son precisamente los votantes de izquierdas: la vivienda es el principal problema para el 33% de los votantes del PSOE, el 41% de los votantes de Sumar y el 42% de los votantes de ERC, frente al 19,7% de los votantes del PP y el 6,6% de los votantes de Vox &mdash;para estos &uacute;ltimos, el principal problema de Espa&ntilde;a es &ldquo;el gobierno y/o partidos pol&iacute;ticos en concreto&rdquo;&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha escrito y debatido mucho sobre el problema de la vivienda en nuestro pa&iacute;s, ya que desde la pandemia el crecimiento del precio del metro cuadrado ha sido notablemente superior al de otros pa&iacute;ses europeos. En lo que podr&iacute;a ser un resumen grueso y solo orientativo, las aproximaciones conservadoras promueven mayor construcci&oacute;n de viviendas mientras que las aproximaciones progresistas promueven m&aacute;s regulaci&oacute;n de los componentes especulativos llevados a cabo por parte de los grandes tenedores. En realidad, la magnitud del problema exige una combinaci&oacute;n de ambas, pero en este an&aacute;lisis me gustar&iacute;a destacar la importancia de un aspecto que suele pasar desapercibido en ambos enfoques: el papel jugado por la rentabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, la vivienda es percibida como un activo financiero, es decir, como si fuera un bien inmaterial que puede ser comprado con la esperanza de que rinda un beneficio bien de manera recurrente bien una vez transcurrida cierta cantidad de tiempo. A pie de calle lo vemos continuamente entre las grandes fortunas, pero tambi&eacute;n entre familias que tienen capacidad suficiente para comprar viviendas. Se trata de agentes que compran viviendas ya sea para venderlas m&aacute;s tarde &mdash;con la esperanza de que cuesten m&aacute;s, sacando la diferencia como beneficio&mdash; ya sea para ponerlas en alquiler &mdash;de larga duraci&oacute;n o tur&iacute;stico; obteniendo rentas mensuales&mdash;. El aspecto fundamental es que todos estos agentes, que pueden intervenir directamente o a trav&eacute;s de sociedades, prefieren destinar sus ahorros a la inversi&oacute;n en vivienda antes que a otras opciones &mdash;como podr&iacute;a ser, por ejemplo, los bonos del Estado&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El siguiente gr&aacute;fico revela hasta qu&eacute; punto la vivienda ha sido una inversi&oacute;n m&aacute;s rentable que los bonos del Estado durante las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. Una persona con dinero &ldquo;sobrante&rdquo; y que quiera hacer que &ldquo;crezca&rdquo; puede elegir entre estas opciones, ninguna de las cuales exige un conocimiento muy importante del mundo financiero. El caso de los bonos de Estado se considera, adem&aacute;s, la opci&oacute;n de inversi&oacute;n financiera m&aacute;s segura: se sobreentiende que el Estado no se declarar&aacute; en bancarrota.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La rentabilidad de invertir en vivienda es superior a la de los Bonos del Estado" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-XxbTS" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XxbTS/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="649" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico muestra que con excepci&oacute;n de los per&iacute;odos de grandes crisis econ&oacute;micas (1992-1993 y 2008-2014), la rentabilidad de invertir en vivienda ha sido claramente superior a la de los bonos del Estado. Eso es l&oacute;gico, dado que ambas crisis econ&oacute;micas han estado vinculadas a burbujas inmobiliarias y, consecuentemente, al precio de la vivienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el siguiente gr&aacute;fico muestra directamente ese diferencial: la distancia entre la rentabilidad de la vivienda y la de los bonos del Estado. Aunque hay otras opciones de inversi&oacute;n alternativa &mdash;bolsa, deuda privada, otros productos financieros complejos, etc.&mdash;, este diferencial nos permite entender el mecanismo que siguen los actores con capital &ldquo;sobrante&rdquo;. Desde el punto de vista de la racionalidad econ&oacute;mica, lo importante no es la rentabilidad absoluta de la vivienda sino la rentabilidad relativa respecto a otras opciones. Si la rentabilidad de los bonos fuera del 20% o la de vivienda del 1%, el capital fluir&iacute;a desde la vivienda hacia los bonos. Pero, como revela el gr&aacute;fico, la mayor parte del tiempo la rentabilidad de la vivienda ha sido muy superior; eso supone un atractivo muy grande para los capitales financieros. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">La vivienda, centro de gravedad del capital financiero</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Diferencial de rentabilidad (vivienda - bonos) y crecimiento del PIB real en España (1991 a 2025)</span></p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="story/3637944"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3637944/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Banco de España. Banco Mundial. INE (PIB)</p>


<br>
    </figure><p class="article-text">
        Si el lector razona como un operador financiero &mdash;y en cierta medida a todos nos han educado para hacerlo as&iacute;&mdash; entender&aacute; que si dispone de 100.000 euros ahorrados ser&aacute; m&aacute;s atractivo invertirlos en un sector que proporciona una rentabilidad del 15% (15.000 euros de ganancia) que en una que le proporciona un 3% (3.000 euros de ganancia). Esta l&oacute;gica es la que subyace a las decisiones de cualquier asesor financiero, y lo que explica por qu&eacute; hoy la vivienda funciona como una especie de centro de gravedad del capital financiero.
    </p><p class="article-text">
        Un economista convencional se&ntilde;alar&iacute;a que, en tanto equivalente de un activo financiero, la rentabilidad de la vivienda deber&iacute;a disminuir seg&uacute;n entran grandes cantidades de inversores. Los cl&aacute;sicos lo llamaban &ldquo;igualaci&oacute;n de las tasas de ganancia&rdquo;. Pero, como se aprecia en el gr&aacute;fico, eso no es lo que sucede: los diferenciales de rentabilidad se mantienen muy altos durante mucho tiempo, y las ca&iacute;das de la rentabilidad de la vivienda est&aacute;n relacionadas con las crisis econ&oacute;micas. La explicaci&oacute;n de esta aparente paradoja es sencilla: aunque la vivienda opera como un activo financiero, <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-si-pais-rentistas_129_12885377.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en realidad no lo es</a>. Cuando sube el precio de la vivienda lo que se revaloriza no es la vivienda en s&iacute; (la construcci&oacute;n y los materiales, de mejor o peor calidad) sino la ubicaci&oacute;n, es decir, el suelo. Y el suelo &mdash;sobre todo el que est&aacute; &ldquo;bien&rdquo; ubicado&mdash; es escaso por definici&oacute;n, lo que impide que se igualen las rentabilidades de la misma forma que sucede en el mundo financiero.
    </p><p class="article-text">
        Hay otro aspecto que conviene se&ntilde;alar: el mecanismo de retroalimentaci&oacute;n entre el precio y la rentabilidad. La expectativa de revalorizaci&oacute;n atrae inversi&oacute;n, que confirma la demanda de viviendas y anima m&aacute;s revalorizaciones posteriores. Es un mecanismo propio de los procesos especulativos, que tiene un antecedente c&eacute;lebre en la crisis de los tulipanes del siglo XVII en Provincias Unidas: todo el mundo cre&iacute;a que los tulipanes subir&iacute;an de precio, as&iacute; que los compraban para luego vender y eso confirmaba la subida de precios. Claro est&aacute; que llega un momento de &ldquo;saturaci&oacute;n&rdquo;, que puede ser desencadenado por cualquier factor, y que deja a gente atrapada en el proceso &mdash;en las Provincias Unidas hubo gente que se qued&oacute; con tulipanes y sin casa porque la hab&iacute;an vendido para pagar el bulbo&mdash;. En el caso de la vivienda eso es m&aacute;s dif&iacute;cil porque hay factores estructurales que mantienen una demanda real y no meramente especulativa, como son los factores demogr&aacute;ficos (nuevos hogares, poblaci&oacute;n entrante&hellip;). Esa es la raz&oacute;n por la que es dif&iacute;cil separar la llamada &ldquo;demanda especulativa&rdquo; (gente que invierte para ganar dinero) de la &ldquo;demanda real&rdquo; (gente que invierte porque quiere vivir en una casa).
    </p><p class="article-text">
        Si unimos los razonamientos anteriores &mdash;la l&oacute;gica financiera, la especificidad del suelo sobre el que se construye la vivienda y el mecanismo de retroalimentaci&oacute;n&mdash; podemos comprender los l&iacute;mites que exhibe la propuesta de &ldquo;construir m&aacute;s viviendas&rdquo;. Mientras la rentabilidad sea tan elevada, los capitales fluir&aacute;n hacia el mercado &mdash;sin apenas importar cu&aacute;n grande sea en volumen&mdash; porque ese mismo movimiento reforzar&aacute; las expectativas de subidas de precios. Las nuevas viviendas ser&aacute;n objeto tanto de la &ldquo;demanda real&rdquo; como de la &ldquo;demanda especulativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eso no quiere decir que construir sea una medida incorrecta. De hecho, es necesaria si el n&uacute;mero de hogares crece m&aacute;s r&aacute;pido que el stock de viviendas &mdash;el Banco de Espa&ntilde;a cifra en 700.000 la diferencia entre unos y otros&mdash;. Pero el asunto central es previo: si aceptamos que el problema de fondo es un diferencial de rentabilidad demasiado elevado, las soluciones deben orientarse a reducirlo. Existen al menos dos v&iacute;as complementarias que conviene distinguir porque operan sobre mecanismos distintos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera v&iacute;a act&uacute;a sobre la rentabilidad esperada de la inversi&oacute;n inmobiliaria. Se trata de medidas que reducen el beneficio que obtiene un inversor por comprar, mantener y vender viviendas. La m&aacute;s directa es una fiscalidad progresiva sobre las plusval&iacute;as inmobiliarias, que tributan muy por debajo de las rentas del trabajo. Equiparar o aproximar esos tipos impositivos reducir&iacute;a el atractivo de la vivienda como veh&iacute;culo de acumulaci&oacute;n. En la misma l&iacute;nea operar&iacute;a un impuesto sobre el valor del suelo urbano, que gravar&iacute;a la revalorizaci&oacute;n del terreno con independencia de lo que se haga con &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda v&iacute;a act&uacute;a sobre el coste de mantener vivienda improductiva. Aqu&iacute; el objetivo no es tanto reducir el beneficio de vender como elevar el coste de no usar. Un impuesto significativo sobre viviendas vac&iacute;as &mdash;no las tasas simb&oacute;licas que existen actualmente en algunos municipios&mdash; obligar&iacute;a a los propietarios a elegir entre poner la vivienda en el mercado de alquiler o asumir un coste creciente por mantenerla fuera de &eacute;l. Este tipo de medida tiene la ventaja de que act&uacute;a simult&aacute;neamente sobre la oferta efectiva de vivienda &mdash;al empujar stock vac&iacute;o al mercado&mdash; y sobre la rentabilidad &mdash;al reducir el margen de quienes especulan con la revalorizaci&oacute;n a largo plazo sin uso intermedio&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de estas medidas es sencilla de implementar ni est&aacute; exenta de dificultades t&eacute;cnicas y pol&iacute;ticas. Pero el an&aacute;lisis precedente sugiere que, sin intervenir sobre la rentabilidad relativa de la vivienda, tanto las pol&iacute;ticas de oferta como las de regulaci&oacute;n de alquileres se enfrentar&aacute;n a un muro estructural. El capital seguir&aacute; fluyendo hacia donde m&aacute;s rinde y, sin esas medidas, la vivienda seguir&aacute; siendo m&aacute;s un activo financiero atractivo que un derecho: un mecanismo que expulsa a los j&oacute;venes del mercado, transfiere renta de inquilinos a propietarios y profundiza la <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-son-boomers-capitalismo_129_12750821.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desigualdad patrimonial entre generaciones</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/diferencial-explica-dinero-ladrillo_129_13121259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/10a6d157-68c2-4c5f-b612-aa02a6e6e7af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1928957" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/10a6d157-68c2-4c5f-b612-aa02a6e6e7af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1928957" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El diferencial que lo explica todo: por qué el dinero va al ladrillo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/10a6d157-68c2-4c5f-b612-aa02a6e6e7af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La larga transición andaluza: del PSOE hegemónico al PP hegemónico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/larga-transicion-andaluza-psoe-hegemonico-pp-hegemonico_129_13115555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3df2dee1-b590-4fd8-83b4-5620034b33d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La larga transición andaluza: del PSOE hegemónico al PP hegemónico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi impresión es que, tras muchos años de bandazos, el PP andaluz ha terminado comprendiendo bien a qué Andalucía se dirige y, consecuentemente, definiendo mejor cuál es su proyecto estratégico</p></div><p class="article-text">
        En los tiempos en los que &ldquo;me politic&eacute;&rdquo; &mdash;principalmente a trav&eacute;s del activismo estudiantil&mdash;, Andaluc&iacute;a era un basti&oacute;n inexpugnable del Partido Socialista. No se trataba solo de las elecciones, sino de casi todas las instituciones de la regi&oacute;n: desde la universidad hasta las empresas, pasando por los sindicatos, el PSOE ten&iacute;a una ascendencia impresionante. Yo era entonces un estudiante de econ&oacute;micas que apenas pod&iacute;a intuir cu&aacute;les eran los canales sociol&oacute;gicos que explicaban tal dominio, pero sufr&iacute;a sus consecuencias a escala micro: la asociaci&oacute;n que fund&eacute; encontraba siempre obst&aacute;culos con un rectorado socialista que no se fiaba de nosotros. No &eacute;ramos de ning&uacute;n partido, pero &eacute;ramos heterodoxos y rivaliz&aacute;bamos con la secci&oacute;n juvenil del PSOE. Y cuando ten&iacute;amos conflictos con las autoridades universitarias, siempre ocurr&iacute;a algo curioso: recib&iacute;a la llamada de alg&uacute;n cargo org&aacute;nico del partido socialista con la intenci&oacute;n de mediar. As&iacute;, mi percepci&oacute;n era que el PSOE estaba en todas partes.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del itinerario habitual, yo me radicalic&eacute; con la edad. Pas&eacute; de ser un republicano progresista moderado a un militante de Izquierda Unida, primero, y del Partido Comunista, despu&eacute;s. Mi militancia la desplegu&eacute; en un peque&ntilde;o municipio de M&aacute;laga donde el PP y PSOE acababan de poner en marcha una gran coalici&oacute;n para gobernar el ayuntamiento. Desde esa nueva posici&oacute;n, segu&iacute;a comprobando el poder y la influencia del PSOE en Andaluc&iacute;a. No obstante, en aquellos a&ntilde;os de principios del siglo XXI el desgaste empezaba a notarse. En mi pueblo, el agotamiento electoral era notable. Los bares que en d&iacute;a electoral guardaban los sobres con votos del PSOE &mdash;para repartir a los clientes&mdash; estaban menguando. Todo el tejido social sobre el que se hab&iacute;a construido el dominio del PSOE estaba resquebraj&aacute;ndose. &Uacute;nicamente resist&iacute;an los focos m&aacute;s creyentes en la <em>funci&oacute;n modernizadora</em> del PSOE. Pero &ldquo;modernizar&rdquo; era un concepto con historia &mdash;por ejemplo, muchos eran socialistas porque pudieron estudiar por primera vez gracias a la construcci&oacute;n del Estado social en la era de Felipe Gonz&aacute;lez&mdash;, y, sin embargo, ahora aparec&iacute;a principalmente como una promesa vaga y abstracta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que ya entonces, y en solo unas pocas d&eacute;cadas, Andaluc&iacute;a hab&iacute;a dejado atr&aacute;s &mdash;aunque sin hacerla desaparecer&mdash; una tierra de jornaleros, pescadores e importantes n&uacute;cleos de trabajadores industriales, y se abr&iacute;a paso otro tipo de econom&iacute;a con acento neoliberal y globalizado. Los cambios que realmente estaban teniendo lugar implicaban algunos derechos sociales, pero sobre todo mucho ladrillo, turismo, precariedad laboral y, al devenir finalmente la crisis, un buen pu&ntilde;ado de desempleo y frustraci&oacute;n. Lo que se resisti&oacute; al cambio profundo fueron los servicios p&uacute;blicos y una enorme administraci&oacute;n que constitu&iacute;a una red clientelar de manual; y que no por casualidad fue el origen de algunos de los casos m&aacute;s notorios de corrupci&oacute;n del PSOE andaluz, como el de los ERE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El t&oacute;pico nos habla de una Andaluc&iacute;a hist&oacute;ricamente rentista y altamente dependiente de los servicios p&uacute;blicos. Como en toda gran mentira, siempre hay algo de verdad y, desgraciadamente, esta tierra ha tenido mucho de eso desde hace siglos; al menos desde que los grandes de Espa&ntilde;a se dedicaban a cosechar rentas de los campesinos y jornaleros mientras sus hom&oacute;logos europeos se convert&iacute;an en burgueses e impulsaban la transici&oacute;n al capitalismo. Pero Andaluc&iacute;a tambi&eacute;n ha disfrutado de nodos de dinamismo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico, no solo durante el siglo XIX &mdash;M&aacute;laga fue, junto con Euskadi y Catalu&ntilde;a, una de las primeras regiones en industrializarse&mdash; sino tambi&eacute;n en tiempos bastante recientes. Estos &uacute;ltimos nodos han ayudado a conformar una clase media-alta de votantes conservadores, lo que unido al resto de cambios urbanos, demogr&aacute;ficos y laborales han facilitado el crecimiento sociol&oacute;gico de las derechas.
    </p><p class="article-text">
        Mi impresi&oacute;n es que, tras muchos a&ntilde;os de bandazos, el PP andaluz ha terminado comprendiendo bien a qu&eacute; Andaluc&iacute;a se dirige y, consecuentemente, definiendo mejor cu&aacute;l es su proyecto estrat&eacute;gico. Los tiempos de transici&oacute;n siempre son problem&aacute;ticos y dif&iacute;ciles de medir. Durante muchos a&ntilde;os el PP present&oacute; a las elecciones auton&oacute;micas a Javier Arenas, un perfil pol&iacute;tico que todos los andaluces pod&iacute;amos imaginar subido al caballo, l&aacute;tigo en mano, exigiendo a los trabajadores un mayor esfuerzo para generar la plusval&iacute;a. Ese perfil no casaba en absoluto con una Andaluc&iacute;a que, aunque en transici&oacute;n, era todav&iacute;a sociol&oacute;gicamente muy progresista. El PSOE, por el contrario, viv&iacute;a de las rentas de ese primer impulso modernizador real pero que, como he mencionado, se iba agotando. E Izquierda Unida buscaba su sitio en un mundo post guerra fr&iacute;a en el que se intentaba actualizar y equilibrar el discurso con el que llegar tanto al importante mundo rural como al creciente ecosistema urbano de las grandes ciudades.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito actual de la figura de Moreno Bonilla en Andaluc&iacute;a tuvo un precedente en la ciudad de M&aacute;laga en 1995. Aquel a&ntilde;o &ldquo;M&aacute;laga La Roja&rdquo; vot&oacute; mayoritariamente a las izquierdas, con 9 concejales para Izquierda Unida y 7 para el Partido Socialista. Sin embargo, Felipe Gonz&aacute;lez se neg&oacute; a permitir que gobernara el candidato de Izquierda Unida, Antonio Romero, quien hasta entonces hab&iacute;a sido el azote del felipismo en el Congreso de los Diputados a cuenta de los GAL. El resultado fue que acab&oacute; gobernando el PP, que sabiendo que Andaluc&iacute;a &mdash;y M&aacute;laga&mdash; cojeaba hacia la izquierda hab&iacute;a presentado a una candidata heterodoxa: Celia Villalobos. Ella se presentaba como una candidata moderna, liberal y con inclinaciones progresistas en temas como los derechos civiles (a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a sancionada por el PP por no apoyar la ley del aborto de Gallard&oacute;n). El PP no desaprovech&oacute; la oportunidad, y desde entonces ha gobernado ininterrumpidamente la ciudad. Estoy convencido de que es el mito fundacional de la derecha andaluza actual, y cuyo l&iacute;der, malague&ntilde;o tambi&eacute;n, sabe que necesita un perfil diferente al ofrecido por Ayuso, Abascal y otros reaccionarios.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, lo que ha ocurrido en Andaluc&iacute;a es el resultado de transformaciones socioecon&oacute;micas profundas que han reconfigurado las bases materiales de la sociedad. La progresiva neoliberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a &mdash;con el peso creciente del turismo, la construcci&oacute;n y la precariedad&mdash; ha alterado la estructura de clases, debilitando los v&iacute;nculos tradicionales entre amplios sectores populares y el PSOE. En ese nuevo contexto, marcado por trayectorias laborales fragmentadas, aspiraciones individualizadas y una clase media m&aacute;s heterog&eacute;nea, el PP ha demostrado una mayor capacidad de adaptaci&oacute;n estrat&eacute;gica, construyendo un discurso y unos liderazgos que encajan mejor con la Andaluc&iacute;a realmente existente. Al fin y al cabo, Andaluc&iacute;a ya no es la tierra donde los bares guardaban sobres del PSOE ni la que so&ntilde;aba con modernizarse desde el Estado. Tampoco es la caricatura reaccionaria que algunos dibujan desde fuera &mdash;aunque la ola tambi&eacute;n haya llegado, como a todas partes&mdash;. En definitiva, es una regi&oacute;n que ha cambiado m&aacute;s r&aacute;pido que los partidos que aspiran a representarla. En cierta medida tambi&eacute;n podemos decir que es una regi&oacute;n contradictoria, donde el PP no ha ganado Andaluc&iacute;a con ideas, sino con un perfil que no asusta a una sociedad que, en el fondo, sigue sinti&eacute;ndose progresista. Eso deber&iacute;a ser, para la izquierda, al mismo tiempo un diagn&oacute;stico que invita a un cambio de marcha y, tambi&eacute;n, una oportunidad para adaptarse a la nueva realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/larga-transicion-andaluza-psoe-hegemonico-pp-hegemonico_129_13115555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3df2dee1-b590-4fd8-83b4-5620034b33d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2443576" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3df2dee1-b590-4fd8-83b4-5620034b33d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2443576" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La larga transición andaluza: del PSOE hegemónico al PP hegemónico]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3df2dee1-b590-4fd8-83b4-5620034b33d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Castigar a la economía para frenar una inflación que no ha causado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b8cee9c-5285-413f-b642-f0d6e11a2ab6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Castigar a la economía para frenar una inflación que no ha causado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La inminente subida de los tipos de interés no parece que vaya a ser acompañada de medidas extraordinarias como los fondos Next Generation; sería una excelente oportunidad para que la UE pusiera en marcha un programa de estímulo —incluso financiado con eurobonos— que acelerara la transición ecológica y, en particular, la energética</p><p class="subtitle">El BCE vuelve al foco por la inflación de la guerra, Cuba colapsa y Escribano se atrinchera en Indra</p></div><p class="article-text">
        Se acercan subidas del tipo de inter&eacute;s por parte del Banco Central Europeo. Las presiones inflacionistas provocadas por el cierre del <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/estrecho-ormuz-crucial-suministro-petroleo_1_13031958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estrecho de Ormuz</a> est&aacute;n dando <a href="https://www.eldiario.es/economia/halcones-fuertes-bce-crisis-guerra-iran_1_13063760.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mayor protagonismo al discurso de los halcones monetarios,</a> es decir, a aquellos m&aacute;s convencidos de que la subida de precios s&oacute;lo puede contenerse mediante una pol&iacute;tica monetaria restrictiva. Pero &iquest;qu&eacute; significa todo esto? Si la econom&iacute;a aparece habitualmente como una ciencia oscura y ajena al ciudadano com&uacute;n, el mundo de la pol&iacute;tica monetaria se presenta a&uacute;n m&aacute;s confuso. Sin embargo, conviene comprender bien qu&eacute; se est&aacute; jugando aqu&iacute; y por qu&eacute; los futuros acontecimientos nos afectar&aacute;n a todos, y previsiblemente para mal.
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n principal que tiene el Banco Central Europeo es controlar la inflaci&oacute;n, lo que significa que est&aacute; mandatado a maniobrar para que los precios no suban por encima del l&iacute;mite convencionalmente definido del 2%. Tradicionalmente se presenta esta funci&oacute;n como meramente t&eacute;cnica, llevando incluso al punto de que el BCE es formalmente independiente del poder pol&iacute;tico &mdash;es una de esas dimensiones emancipadas de la legitimidad democr&aacute;tica, aparentemente por el bien de la comunidad&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero su propia institucionalidad es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica, algo que queda patente cuando se observa que al menos la Reserva Federal estadounidense tiene tambi&eacute;n como objetivo la creaci&oacute;n de empleo, un aspecto escondido deliberadamente en la raz&oacute;n de ser del BCE. Adem&aacute;s, las decisiones del BCE afectan desigualmente por grupos sociales, particularmente entre deudores y acreedores: la inflaci&oacute;n es un corrosivo de las deudas, que beneficia a quienes tienen pr&eacute;stamos &mdash;que suelen ser las familias endeudadas e hipotecadas&mdash; y perjudica a quienes han prestado dinero &mdash;que, por definici&oacute;n, tienen dinero &ldquo;sobrante&rdquo;&mdash;. En este sentido, puede interpretarse que la funci&oacute;n del BCE es evitar que el capital de los inversores financieros se esfume por la subida de precios.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta central de la pol&iacute;tica monetaria es por qu&eacute; suben los precios. Por un lado, la tradici&oacute;n monetarista considera que tal cosa sucede cuando hay demasiado dinero persiguiendo pocos bienes disponibles en el mercado. Por otra parte, la teor&iacute;a del nuevo keynesianismo supone que los precios suben cuando hay una demanda excesiva respecto a la oferta. En ambos casos, sin embargo, la receta propuesta para moderar la inflaci&oacute;n es la subida del tipo de inter&eacute;s de referencia &mdash;el que determina el banco central&mdash;. Simplificando algo, el objetivo es que nadie pueda prestar por debajo de esa cantidad, lo que encarece las inversiones reales para las empresas y conduce a una ralentizaci&oacute;n de la econom&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos coloquiales se dice que la econom&iacute;a se &ldquo;enfr&iacute;a&rdquo;: las empresas dejan de invertir, los hogares tienen m&aacute;s dificultades para comprar a cr&eacute;dito y a los Estados les sale m&aacute;s caro emitir t&iacute;tulos con los que financiarse; consumo, inversi&oacute;n y gasto p&uacute;blico se frenan y el crecimiento econ&oacute;mico se resiente &mdash;lo que implica, adem&aacute;s, un crecimiento del desempleo&mdash;. Todo ello supone una reducci&oacute;n de la demanda, lo que es la clave para que los precios bajen. Desde esta perspectiva, el problema est&aacute; en encontrar un punto de equilibrio, pues enfriar demasiado a la econom&iacute;a puede llevarla a una recesi&oacute;n grave. Ese es el debate que ahora mismo est&aacute; teniendo lugar en el Banco Central Europeo: acerca de la magnitud de la subida.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando los precios suben porque hay un &lsquo;shock de oferta&rsquo; como el provocado por el cierre del estrecho de Ormuz? En ese caso, los precios suben porque existen cuellos de botella en los flujos comerciales internacionales y no por causas monetarias y/o de exceso de demanda. Como <a href="https://www.eldiario.es/economia/gobierno-alivia-petroleras-no-consumidores_129_13085473.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coment&eacute; la semana pasada</a>, en estas situaciones se produce un evento que impulsa los precios al alza porque alg&uacute;n input productivo se encarece al hacerse m&aacute;s escaso &mdash;por ejemplo, el petr&oacute;leo, los fertilizantes u otras manufacturas&mdash;, y las empresas responden a trav&eacute;s de un mecanismo de propagaci&oacute;n y amplificaci&oacute;n. A lo largo de la cadena que va desde la materia prima hasta el producto final, las empresas propagan la inflaci&oacute;n porque suben sus precios para mantener los m&aacute;rgenes de ganancia, pero tambi&eacute;n amplifican la inflaci&oacute;n porque aprovechan la oportunidad para ganar a&uacute;n m&aacute;s que en condiciones normales. De este modo, el efecto final es que los precios crecen mucho m&aacute;s de lo que queda explicado por el &lsquo;shock de oferta&rsquo; como tal: suben en gran medida porque las grandes empresas deciden aprovechar su situaci&oacute;n privilegiada &mdash;debido a su poder de mercado&mdash; para incrementar sus beneficios. Parad&oacute;jicamente, ese tipo de inflaci&oacute;n no se corrige eficazmente con la subida de tipos.
    </p><p class="article-text">
        En la era del neomercantilismo y la lucha por la energ&iacute;a en el contexto de crisis ecosocial, estas situaciones de &lsquo;shocks de oferta&rsquo; son mucho m&aacute;s comunes que en la era del libre comercio; algo evidente si tenemos en cuenta lo sucedido a nivel mundial con la pandemia (2020), Ucrania (2022) y ahora Ir&aacute;n (2026). En estas situaciones las pol&iacute;ticas recomendadas para contener precios son aquellas destinadas a frenar los incrementos de los m&aacute;rgenes de beneficio. Por su parte, la pol&iacute;tica monetaria restrictiva logra detener la subida de precios a nivel agregado porque es matar moscas a ca&ntilde;onazos, adem&aacute;s haciendo recaer el coste no en los principales responsables de la subida de precios sino, como de costumbre, en las empresas y familias m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Hay ocasiones en las que las subidas de tipos de inter&eacute;s que enfr&iacute;an la econom&iacute;a &mdash;pol&iacute;tica monetaria restrictiva&mdash; se complementan con planes de est&iacute;mulo que calientan la econom&iacute;a &mdash;pol&iacute;tica fiscal expansiva&mdash; a fin de moderar los efectos m&aacute;s nocivos. Es lo que ocurri&oacute; en 2022 cuando los tipos de inter&eacute;s subieron para hacer frente a la inflaci&oacute;n causada por la guerra en Ucrania, pero todav&iacute;a estaban despleg&aacute;ndose los programas de inversi&oacute;n p&uacute;blica <em>Next Generation</em>. Esa coincidencia temporal evit&oacute; que el desempleo se disparara y que la situaci&oacute;n econ&oacute;mica fuera a peor; cuando los flujos comerciales se restauraron, la presi&oacute;n sobre los precios decay&oacute; y los tipos de inter&eacute;s bajaron.
    </p><p class="article-text">
        La inminente subida de los tipos de inter&eacute;s &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/economia/bce-mantiene-tipos-interes-2-pese-presion-precios-energia-guerra-iran_1_13077900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que llegar&aacute; con alta probabilidad antes de verano</a>&mdash; no parece que vaya a ser acompa&ntilde;ada de medidas extraordinarias de la magnitud de los fondos <em>Next Generation</em>. En realidad, esta ser&iacute;a una excelente oportunidad para que la Uni&oacute;n Europea pusiera en marcha un programa de est&iacute;mulo a nivel comunitario &mdash;incluso financiado con eurobonos&mdash; que acelerara la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y, en particular, la energ&eacute;tica. Ese est&iacute;mulo podr&iacute;a compensar la subida de tipos de inter&eacute;s al tiempo que permite a la Uni&oacute;n Europea reducir su vulnerabilidad energ&eacute;tica y geopol&iacute;tica respecto a proveedores de energ&iacute;a f&oacute;sil tan inestables como Rusia o Estados Unidos. Si, adem&aacute;s, se aprovechara para que el Banco Central Europeo asumiera que para frenar este tipo de inflaci&oacute;n es m&aacute;s importante controlar los m&aacute;rgenes de beneficios empresariales que subir los tipos de inter&eacute;s, ser&iacute;a una victoria mucho m&aacute;s amplia. Pero quiz&aacute;s ambas cosas son pedir peras al olmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 20:07:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0b8cee9c-5285-413f-b642-f0d6e11a2ab6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="724692" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0b8cee9c-5285-413f-b642-f0d6e11a2ab6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="724692" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Castigar a la economía para frenar una inflación que no ha causado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0b8cee9c-5285-413f-b642-f0d6e11a2ab6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tipos de Interés,Inflación,Guerra en Irán,BCE - Banco Central Europeo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Planificar el decrecimiento o sufrirlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/planificar-decrecimiento-sufrirlo_129_13097338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f33d632f-238d-450b-a559-b47fb2f53094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Planificar el decrecimiento o sufrirlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquier programa serio de reducción del consumo material debe llevar integrada una política redistributiva que compense las desigualdades de partida. De lo contrario, el decrecimiento se convertirá en un privilegio de quienes pueden permitírselo y en una condena para el resto</p></div><p class="article-text">
        Trabaja desde casa y no gastes tiempo conduciendo al trabajo; utiliza el transporte p&uacute;blico siempre que puedas; no circules al m&aacute;ximo de velocidad permitida; evita viajar en avi&oacute;n; modera el uso del aire acondicionado; usa la bicicleta o tus propias piernas como medio de transporte&hellip; Todas estas medidas forman parte de las demandas habituales del movimiento por el decrecimiento, pero est&aacute;n extra&iacute;das de las <a href="https://iea.blob.core.windows.net/assets/01fe3dd7-21c1-4b16-8c5b-7df1aca6d6ff/Shelteringfromoilshocks.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recomendaciones que la agencia internacional de la energ&iacute;a</a> (IEA, por sus siglas en ingl&eacute;s) ha publicado a ra&iacute;z de la actual crisis energ&eacute;tica provocada tras la guerra en Ir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una ir&oacute;nica convergencia entre un movimiento pol&iacute;tico ecologista &mdash;que postula que la reducci&oacute;n del consumo de energ&iacute;a y recursos naturales es una condici&oacute;n necesaria para que nuestra actividad econ&oacute;mica sea sostenible dentro de los l&iacute;mites del planeta&mdash; y una organizaci&oacute;n mainstream fundada hace m&aacute;s de medio siglo &mdash;cuyo prop&oacute;sito principal es monitorizar y garantizar la seguridad del flujo de energ&iacute;a que necesitan todas las sociedades contempor&aacute;neas&mdash;. Aunque los decrecentistas defienden estas medidas como estructurales y piensan en t&eacute;rminos ecol&oacute;gicos, mientras que la IEA considera que se trata de arreglos temporales para adaptarse a la crisis actual, no deja de ser un encuentro significativo.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurri&oacute; con el apag&oacute;n energ&eacute;tico en Espa&ntilde;a y Portugal, la actual crisis energ&eacute;tica pone de relieve la enorme dependencia que tenemos de flujos de energ&iacute;a y recursos que normalmente son invisibles para nuestros ojos: encendemos las luces y nuestro ordenador, ponemos la calefacci&oacute;n o el aire acondicionado, nos duchamos con agua caliente y llenamos el dep&oacute;sito del coche sin apenas pararnos a pensar en todo lo que hace posible tales acciones. La energ&iacute;a nos rodea, pero nosotros la ignoramos. Por eso solemos despreocuparnos acerca de su suministro: b&aacute;sicamente lo damos por garantizado. De hecho, la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n llega a prestar atenci&oacute;n solo al precio, no a las cantidades biof&iacute;sicas (las toneladas de recursos que se necesitan, por ejemplo) o su procedencia. La energ&iacute;a es la caja negra de la econom&iacute;a: un mecanismo esencial del que depende c&oacute;mo vivimos, pero cuyo funcionamiento permanece opaco para la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que como especie vivimos por encima de lo que el planeta puede aguantar. De acuerdo con el &uacute;ltimo <a href="http://wmo.int/publication-series/state-of-global-climate/state-of-global-climate-2025" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>State of the Global Climate</em></a>, de la Organizaci&oacute;n Meteorol&oacute;gica Mundial, en el a&ntilde;o 2024 la concentraci&oacute;n de di&oacute;xido de carbono en la atm&oacute;sfera alcanz&oacute; su m&aacute;ximo en dos millones de a&ntilde;os. De hecho, el incremento anual en 2024 ha sido el mayor registrado desde 1957, lo que apunta hacia un futuro muy sombr&iacute;o. Y ello a pesar de que sabemos desde hace casi un siglo cu&aacute;les son las principales &mdash;y muy negativas&mdash; consecuencias de esta terrible senda. Sin embargo, los indicadores mundiales no han dejado de empeorar desde que tuvieron lugar los principales encuentros internacionales del clima &mdash;como el que llev&oacute; al Protocolo de Kioto, firmado en 1997&mdash;. Esto no quiere decir que lo que se haya hecho hasta ahora sea in&uacute;til &mdash;en absoluto: todo suma y cada d&eacute;cima de temperatura que no suba es una contribuci&oacute;n bienvenida&mdash;, pero s&iacute; que es claramente insuficiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema econ&oacute;mico global sigue descarrilado, y el consecuente ajuste de los par&aacute;metros del Sistema-Tierra implica ya unas consecuencias irreversibles para millones de especies&hellip; y no menos peligrosas para los humanos. Este horizonte es especialmente dif&iacute;cil para los humanos m&aacute;s pobres dentro de cada sociedad y para aquellos que viven en las regiones m&aacute;s afectadas por el calentamiento global. La crisis ecol&oacute;gica, o crisis ecosocial, es de mucho mayor alcance y profundidad que la crisis energ&eacute;tica desatada por la guerra en Ir&aacute;n. Y eso es lo que m&aacute;s sorprende de todo: que el pensamiento mainstream es capaz de proponer soluciones extraordinarias que deber&iacute;an haber sido incorporadas desde hace mucho tiempo como parte de las medidas cotidianas y normales.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, es fundamental entender que las medidas de reducci&oacute;n de demanda no son socialmente neutras. No es lo mismo pedir teletrabajo a quien tiene un empleo de oficina que a quien trabaja en un almac&eacute;n o conduce un cami&oacute;n; no es lo mismo recomendar el uso de transporte p&uacute;blico a quien vive en una ciudad con red de metro que a quien habita en un pueblo mal conectado de la Espa&ntilde;a vaciada. Si no se tiene en cuenta esta asimetr&iacute;a, el riesgo es evidente: que el ajuste lo paguen quienes menos han contribuido al problema y/o menos recursos tienen para adaptarse. Por eso cualquier programa serio de reducci&oacute;n del consumo material debe llevar integrada una pol&iacute;tica redistributiva que compense las desigualdades de partida. De lo contrario, el decrecimiento se convertir&aacute; en un privilegio de quienes pueden permit&iacute;rselo y en una condena para el resto.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, los gobiernos actuales podr&iacute;an hacer de la necesidad virtud, y aprovechar la crisis actual para abordar algunos retos fundamentales. Casi la mitad del petr&oacute;leo que se consume en la Uni&oacute;n Europea procede del transporte por carretera, de modo que las emisiones podr&iacute;an disminuir enormemente con una intervenci&oacute;n dr&aacute;stica en ese sector. Seg&uacute;n la IEA, solo con el teletrabajo en aquellos puestos que se lo pueden permitir se reducir&iacute;a hasta un 6% del consumo total por veh&iacute;culos; otro 6% podr&iacute;a alcanzarse con una reducci&oacute;n de 10 km/h de la velocidad m&aacute;xima; otro 3% promoviendo transporte p&uacute;blico; y hasta un 8% adicional con medidas como compartir veh&iacute;culos, conducci&oacute;n m&aacute;s eficiente y revisiones de neum&aacute;ticos. La IEA est&aacute; pensando en t&eacute;rminos de reducci&oacute;n de consumo de petr&oacute;leo, para depender menos de las importaciones, pero ello tambi&eacute;n implica una reducci&oacute;n de las emisiones. Es ah&iacute; donde el decrecimiento se encuentra con la seguridad energ&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por lo general los gobiernos han optado siempre por mirar a las pol&iacute;ticas de oferta, como la producci&oacute;n de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos y los cambios en las fuentes energ&eacute;ticas de las grandes industrias. Esas medidas son necesarias, pero tambi&eacute;n pueden y deben ir acompa&ntilde;adas de medidas de demanda, como las planteadas en el informe de la IEA. Y aqu&iacute; los efectos ser&iacute;an mucho m&aacute;s r&aacute;pidos, pero exigir&iacute;an igualmente una determinaci&oacute;n importante. Por ejemplo, es central que exista una inversi&oacute;n multimillonaria en el transporte p&uacute;blico a fin de que sea una alternativa viable al veh&iacute;culo particular &mdash;especialmente a los motores de combusti&oacute;n interna&mdash;. Eso ayudar&iacute;a, por cierto, a evitar los innumerables problemas de calidad del servicio en la red ferroviaria. Hay que dise&ntilde;ar nuevas redes y conexiones, garantizar mayores frecuencias y, sobre todo, priorizar aquellas infraestructuras que muevan mayor volumen de personas. Las inercias juegan en nuestra contra, ya que las geograf&iacute;as urbanas de las ciudades se han dise&ntilde;ado como si la era de los combustibles f&oacute;siles fuera a durar para siempre; de modo que adaptar la movilidad a los nuevos tiempos es un reto enorme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los bancos centrales y la Uni&oacute;n Europea &ldquo;encontraron&rdquo; fondos suficientes para rescatar bancos durante la crisis financiera de 2008. Algo parecido ocurri&oacute; en 2020 cuando el mundo se paraliz&oacute; a consecuencia de la pandemia, y los gobiernos pusieron en marcha planes de est&iacute;mulo multimillonarios. Ahora deber&iacute;amos hacer exactamente lo mismo, incluso con m&aacute;s raz&oacute;n y urgencia. Pero no solo por la guerra de Ir&aacute;n, sino por la crisis ecosocial que es el tel&oacute;n de fondo. Aunque el decrecimiento quiere decir mucho m&aacute;s que reducci&oacute;n de consumo de energ&iacute;a y recursos naturales, este es precisamente uno de los aspectos que deben abordarse con celeridad. Y esta es una oportunidad inmensa para hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las medidas que el pensamiento convencional propone como respuestas de emergencia son el tipo de transformaciones que deber&iacute;an constituir la normalidad de cualquier pol&iacute;tica econ&oacute;mica responsable. Se trata de reconocer que o gestionamos el descenso del consumo material de forma ordenada, democr&aacute;tica y justa, o ser&aacute;n las propias crisis &mdash;energ&eacute;ticas, clim&aacute;ticas, geopol&iacute;ticas&mdash; las que impongan ese ajuste de manera ca&oacute;tica y desigual. El decrecimiento, lejos de ser una utop&iacute;a ingenua, es sencillamente uno de los nombres pol&iacute;ticos que le damos al reconocimiento de los l&iacute;mites f&iacute;sicos del planeta. El metabolismo material de nuestras sociedades tarde o temprano sufrir&aacute; una reducci&oacute;n de la energ&iacute;a y de los recursos consumidos, pero el tiempo que tenemos por delante es lo que nos permite decidir c&oacute;mo y para qui&eacute;nes ser&aacute;n m&aacute;s intensos esos ajustes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/planificar-decrecimiento-sufrirlo_129_13097338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 21:07:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f33d632f-238d-450b-a559-b47fb2f53094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1109245" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f33d632f-238d-450b-a559-b47fb2f53094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1109245" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Planificar el decrecimiento o sufrirlo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f33d632f-238d-450b-a559-b47fb2f53094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crecimiento económico,Guerra en Irán,Crisis climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Gobierno alivia a las petroleras, no a los consumidores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gobierno-alivia-petroleras-no-consumidores_129_13085473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0798edea-60fe-4efc-a369-77d401bb07eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Gobierno alivia a las petroleras, no a los consumidores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La clave de todo esto, los beneficios caídos del cielo de las grandes petroleras, no han sido objeto de la política pública; no podemos permitirnos repetir la estrategia de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias</p><p class="subtitle">El Gobierno aprueba dos decretos anticrisis distintos: uno con la congelación de los alquileres y otro con el resto de medidas económicas</p></div><p class="article-text">
        Con el estrecho de Ormuz cerrado, entre el 20% y el 25% de los flujos mundiales de petr&oacute;leo y gas natural licuado se han interrumpido. Eso ha provocado que el precio internacional de referencia de ambos combustibles f&oacute;siles se haya disparado al alza, lo que ha afectado a todas las econom&iacute;as, pero especialmente a las que m&aacute;s dependen de las importaciones del Golfo P&eacute;rsico &mdash;como las asi&aacute;ticas&mdash;. Por ejemplo, el 80% del petr&oacute;leo de Corea del Sur procede de esa regi&oacute;n, lo mismo que sucede con el 95% del petr&oacute;leo usado por las refiner&iacute;as japonesas. Como consecuencia de la prolongaci&oacute;n de la guerra, todos los gobiernos est&aacute;n tomando medidas urgentes para reducir el consumo de energ&iacute;a y/o proteger en la medida de lo posible el poder adquisitivo de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses m&aacute;s expuestos han puesto en marcha paquetes de medidas destinados a reducir el consumo de petr&oacute;leo y gas natural. Algunos han reducido la semana laboral a cuatro d&iacute;as (Filipinas), aprobado el teletrabajo o cerrado oficinas y universidades (Tailandia, Banglad&eacute;s), restringido la circulaci&oacute;n de veh&iacute;culos (Myanmar), restringido o prohibido las exportaciones de petr&oacute;leo y/o gas natural (Tailandia), o establecido racionamiento y topes a los precios (India, Corea del Sur), junto con subvenciones sectoriales. En definitiva, el cierre de un nodo central del metabolismo de la econom&iacute;a-mundo obliga a que los pa&iacute;ses reaccionen con medidas extraordinarias.
    </p><p class="article-text">
        Europa tiene una menor dependencia f&iacute;sica de los combustibles f&oacute;siles del Golfo P&eacute;rsico, ya que desde 2022 <a href="https://www.eldiario.es/economia/europa-rehen-petroleo-gas_129_13071347.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los principales proveedores de petr&oacute;leo a la Uni&oacute;n Europea son Estados Unidos y Noruega</a> &mdash;hasta la guerra en Ucrania, el principal suministrador de petr&oacute;leo hab&iacute;a sido Rusia, que lo sigue siendo en gas natural&mdash;. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses tienen importantes reservas, por lo que incluso en el caso de una interrupci&oacute;n total del flujo comercial permitir&iacute;a resistir por un tiempo considerable &mdash;de acuerdo con Eurostat, Espa&ntilde;a tiene para el equivalente a 100 d&iacute;as de importaci&oacute;n&mdash;. Pero esta menor dependencia f&iacute;sica no implica quedar aislado del impacto monetario, ya que el precio de referencia del petr&oacute;leo se establece a nivel mundial. Y es a trav&eacute;s de los precios como los primeros impactos econ&oacute;micos de la guerra est&aacute;n llegando a nuestras fronteras.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; precios suben</h2><p class="article-text">
        El canal m&aacute;s inmediato por el que la ciudadan&iacute;a se ve afectada es el coste del combustible para veh&iacute;culos privados: tanto la gasolina como el gasoil est&aacute;n subiendo de manera acelerada desde que comenz&oacute; la guerra. En un intento de contener esa subida, el gobierno de Espa&ntilde;a acaba de aprobar en Consejo de Ministros la rebaja del Impuesto del Valor A&ntilde;adido al 10%. La medida es controvertida porque el escenario m&aacute;s probable, como comentar&eacute; a continuaci&oacute;n, es que dicha rebaja sea absorbida por los m&aacute;rgenes de beneficio de las empresas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="La evolución del precio semanal de la gasolina 95 desde 2005" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-B6Nwi" src="https://datawrapper.dwcdn.net/B6Nwi/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="503" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        El segundo canal es financiero: el Eur&iacute;bor, el tipo de inter&eacute;s al que est&aacute;n referenciadas la mayor&iacute;a de las hipotecas variables en Espa&ntilde;a, ya est&aacute; subiendo. <a href="https://www.eldiario.es/blog/contraoferta/bce-vuelve-foco-inflacion-guerra-cuba-colapsa-escribano-atrinchera-indra_132_13080042.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los bancos anticipan que el Banco Central Europeo acabar&aacute; elevando los tipos de inter&eacute;s</a> para combatir la inflaci&oacute;n &mdash;aunque todav&iacute;a no lo ha hecho&mdash;, y trasladan esa expectativa a lo que se cobran entre s&iacute; y, por extensi&oacute;n, a lo que cobran a sus clientes. El mecanismo es revelador: no hace falta que el BCE act&uacute;e para que las familias hipotecadas paguen m&aacute;s; basta con que el sector bancario &mdash;un oligopolio con poder de mercado&mdash; descuente ese escenario y lo incorpore a sus m&aacute;rgenes. Un patr&oacute;n conocido: un shock externo se convierte en una oportunidad de beneficio para un sector con capacidad de fijar precios.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, hay un tercer canal m&aacute;s lento pero que tambi&eacute;n influye en la subida de precios, y del que ya hemos hablado en <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro an&aacute;lisis</a>: la subida de los precios de los alimentos. Por un lado, los combustibles f&oacute;siles se utilizan en toda la cadena de distribuci&oacute;n y consumo de los alimentos: desde los tractores y maquinaria pesada del campo, pasando por el procesamiento y empaquetado en pl&aacute;sticos hasta el consumo en cocinas de restaurantes u hogares. As&iacute;, el incremento del precio de la energ&iacute;a se traducir&aacute; en un incremento del precio del producto final. Por otro lado, el 99% de los fertilizantes nitrogenados &mdash;los m&aacute;s usados&mdash;&nbsp;empleados en las cosechas requieren gas natural durante su producci&oacute;n, y adem&aacute;s muchos de estos productos terminados proceden del Golfo P&eacute;rsico &mdash;cuyas econom&iacute;as no son ya s&oacute;lo de extracci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles&mdash;. Sin embargo, aqu&iacute; la traslaci&oacute;n de precios ser&aacute; m&aacute;s lenta. O, al menos, deber&iacute;a; porque hay algunas cuestiones que permanecen ocultas en la explicaci&oacute;n convencional de la inflaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo se establecen los precios</h2><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n convencional de la inflaci&oacute;n apunta siempre a las mismas causas: demasiada demanda, demasiado dinero en circulaci&oacute;n o, como se insisti&oacute; en los a&ntilde;os setenta, salarios que suben demasiado. En todas estas versiones hay un gran ausente: los beneficios empresariales. Se asume que los mercados son competitivos y que las empresas se limitan a trasladar al consumidor, ni m&aacute;s ni menos, el incremento en el coste de sus insumos. Si sube el petr&oacute;leo, sube la gasolina en la misma proporci&oacute;n, y nadie gana m&aacute;s que antes. Esta es la narrativa que solemos escuchar cuando hay un shock de oferta &mdash;pandemia, Ucrania, Ir&aacute;n&mdash;. Pero no es as&iacute; como funciona el mundo real.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 1926, Piero Sraffa se&ntilde;al&oacute; las debilidades l&oacute;gicas del modelo de competencia perfecta, abriendo el camino a lo que Joan Robinson formalizar&iacute;a como &ldquo;competencia imperfecta&rdquo;: mercados en los que las empresas no asumen pasivamente los precios, sino que tienen poder efectivo para fijarlos. Esta es la norma en los sectores estrat&eacute;gicos de la econom&iacute;a mundial &mdash;empezando por el petr&oacute;leo y el gas natural, oligopolios desde finales del siglo XIX&mdash;. En estos mercados, las empresas no solo trasladan la subida del coste: la amplifican. Aprovechan un evento extraordinario para ensanchar sus m&aacute;rgenes de beneficio, de modo que la onda de precios va creciendo a lo largo de toda la cadena hasta el consumidor final.
    </p><p class="article-text">
        La economista Isabella Weber ha documentado con precisi&oacute;n este mecanismo para la pandemia y la guerra en Ucrania. Lo que Weber observa no es una conspiraci&oacute;n, sino lo que llama &ldquo;coordinaci&oacute;n impl&iacute;cita&rdquo;: cuando estalla una crisis, todas las empresas de un sector saben que los precios van a subir, pero nadie sabe cu&aacute;nto. Esa incertidumbre, combinada con una opini&oacute;n p&uacute;blica que acepta las subidas como consecuencia inevitable de la crisis, permite a las empresas con poder de mercado cosechar lo que en econom&iacute;a se llaman <em>windfall profits</em> &mdash;beneficios ca&iacute;dos del cielo&mdash;. En Estados Unidos, por ejemplo, los m&aacute;rgenes de beneficio empresarial alcanzaron en 2020 el 13%, una cifra superior a cualquier a&ntilde;o de posguerra: la pandemia fue un drama para la sociedad, pero una oportunidad para los m&aacute;rgenes empresariales. Y cuando la crisis pasa, no hay presi&oacute;n alguna para que esos precios inflados vuelvan a bajar. El resultado es que la inflaci&oacute;n no se explica solo por el shock inicial, sino tambi&eacute;n &mdash;y de forma decisiva&mdash; por el inter&eacute;s de las grandes empresas en ganar m&aacute;s cuando las circunstancias se lo permiten.
    </p><h2 class="article-text">Lo que ocurre con la gasolina</h2><p class="article-text">
        Los inversores utilizan un indicador clave de rentabilidad del sector de refino conocido como crack spread 3-2-1. No es una medida f&iacute;sica, sino una referencia financiera que estima el margen de las refiner&iacute;as al comparar el coste del petr&oacute;leo crudo con el precio de los combustibles derivados, como la gasolina y el gas&oacute;leo. En la pr&aacute;ctica, refleja cu&aacute;nto est&aacute;n ganando las compa&ntilde;&iacute;as en cada momento: la diferencia entre lo que pagan por el crudo y lo que ingresan por vender los productos refinados. En el gr&aacute;fico siguiente podemos ver la evoluci&oacute;n de este indicador en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: una subida descomunal con motivo de la guerra de Ucrania y una normalizaci&oacute;n en torno al oto&ntilde;o de 2023. En las &uacute;ltimas semanas esta rentabilidad se ha disparado tambi&eacute;n, cerca ya de los niveles m&aacute;s altos acontecidos hace cuatro a&ntilde;os. Se trata de miles de millones en &ldquo;beneficios ca&iacute;dos del cielo&rdquo; &mdash;que, en realidad, provienen siempre de los bolsillos de los consumidores&mdash;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="Así se ha disparado el margen de las refinerías en 2026" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-Ha67G" src="https://datawrapper.dwcdn.net/Ha67G/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="520" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Recapitulamos entonces: con un shock de oferta y con presencia de empresas con gran poder de mercado, cualquier medida que no neutralice estos beneficios adicionales est&aacute; destinada a ser insuficiente en el mejor de los casos.<a href="https://www.eldiario.es/politica/gobierno-rebajara-10-iva-combustibles-guerra-iran_1_13083277.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> La propuesta de bajada de IVA del gobierno espa&ntilde;ol</a>, por ejemplo, supondr&aacute; por lo pronto una merma para la recaudaci&oacute;n p&uacute;blica. Pero ni siquiera lograr&aacute; el efecto de alivio que se dice buscar, ya que m&aacute;s temprano que tarde ser&aacute; absorbido por los m&aacute;rgenes de beneficios de las grandes empresas. El resultado ser&aacute; que el precio de la gasolina y del gasoil seguir&aacute; subiendo, pero con una menor capacidad de recaudaci&oacute;n del Estado; sencillamente porque la clave de todo esto, los beneficios ca&iacute;dos del cielo de las grandes petroleras, no han sido objeto de la pol&iacute;tica p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Debe tenerse en cuenta que es previsible que tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo acaben subiendo los tipos de inter&eacute;s, ya que para la teor&iacute;a convencional la inflaci&oacute;n es el resultado de una econom&iacute;a recalentada (demasiada demanda o dinero): subir los tipos provocar&aacute; un frenazo a las inversiones, un incremento del desempleo y, en consecuencia, una posterior reducci&oacute;n de precios. Es la receta de quimioterapia para un dolor de cabeza. En ese contexto, los gobiernos tendr&aacute;n problemas mucho m&aacute;s grandes y ser&aacute; necesaria una intervenci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s activa y audaz para evitar, entre otras cosas, que la frustraci&oacute;n siga echando en manos de la antipol&iacute;tica a gran parte de la poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La historia se repite con pocas variaciones: un shock geopol&iacute;tico dispara los precios de la energ&iacute;a, los gobiernos responden con rebajas fiscales que erosionan la recaudaci&oacute;n sin contener la espiral, y las grandes empresas del sector acumulan beneficios extraordinarios que nadie les reclama. Romper ese patr&oacute;n exige actuar donde est&aacute; el problema: en los m&aacute;rgenes de beneficio. Europa ya lo intent&oacute; t&iacute;midamente en 2022 con un impuesto a los beneficios extraordinarios del sector energ&eacute;tico, y Espa&ntilde;a experiment&oacute; con topes de precio en el mercado el&eacute;ctrico. Ambas medidas fueron imperfectas, pero apuntaban en la direcci&oacute;n correcta. Lo que no podemos permitirnos es repetir la estrategia de socializar las p&eacute;rdidas y privatizar las ganancias, y menos a&uacute;n cuando la factura de esa elecci&oacute;n la pagan quienes dedican una mayor proporci&oacute;n de su renta a llenar el dep&oacute;sito y a calentar su hogar. Si el gobierno quiere que esta crisis no alimente a&uacute;n m&aacute;s el descr&eacute;dito de la pol&iacute;tica, tiene que atreverse a ponerle nombre a quienes se benefician de ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gobierno-alivia-petroleras-no-consumidores_129_13085473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 17:57:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0798edea-60fe-4efc-a369-77d401bb07eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="520729" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0798edea-60fe-4efc-a369-77d401bb07eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="520729" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Gobierno alivia a las petroleras, no a los consumidores]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0798edea-60fe-4efc-a369-77d401bb07eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Precios,Fiscalidad,Petróleo,Gobierno,Tipos de Interés,BCE - Banco Central Europeo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe VI se queda corto: lo que la monarquía aún no quiere reconocer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/felipe-vi-queda-corto-monarquia-no-quiere-reconocer_129_13078206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55bbc408-61d1-43a8-a486-cda9401f96ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x881y437.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe VI se queda corto: lo que la monarquía aún no quiere reconocer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que las palabras de Felipe VI revelan al hablar de la conquista es que la propia monarquía sigue sin estar dispuesta a asumir su pasado: prefiere hablar de "abusos" puntuales antes que reconocer una relación estructural de saqueo y violencia sobre la que se edificó, también, su propio poder
</p></div><p class="article-text">
        Felipe VI ha reconocido que entre las acciones del imperio espa&ntilde;ol durante la conquista de Am&eacute;rica hubo &ldquo;mucho abuso&rdquo; y tambi&eacute;n &ldquo;luchas y controversias morales y &eacute;ticas&rdquo;. Se trata de un modesto gesto pensado para ayudar a la normalizaci&oacute;n de las relaciones con M&eacute;xico, que en 2019 pidi&oacute; a la monarqu&iacute;a que se disculpara frente a los pueblos originarios por la violencia, saqueos y masacres cometidas en tiempos coloniales. Aquella petici&oacute;n, que en realidad tom&oacute; la forma de una carta privada, fue filtrada deliberadamente por la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola y deriv&oacute; en una crisis diplom&aacute;tica en la que Espa&ntilde;a &mdash;gobierno y monarqu&iacute;a&mdash; se enroc&oacute; en no querer pedir perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No hubiera sido tan raro elaborar esas disculpas. La carta del entonces presidente mexicano L&oacute;pez Obrador fue tambi&eacute;n enviada al Vaticano, pues la Iglesia particip&oacute; de forma activa en la invasi&oacute;n de Am&eacute;rica y en los procesos subsiguientes. Pero lo cierto es que la Iglesia ya se hab&iacute;a adelantado, y en 2015 el papa Francisco hab&iacute;a pedido perd&oacute;n por los &ldquo;muchos pecados que fueron cometidos en nombre de Dios contra los pueblos nativos de Am&eacute;rica&rdquo;. A&uacute;n antes, en el a&ntilde;o 2000 el papa Juan Pablo II hab&iacute;a lamentado la &ldquo;dolorosa violencia y persecuci&oacute;n&rdquo; contra los pueblos ind&iacute;genas. &iquest;Por qu&eacute; Espa&ntilde;a no pod&iacute;a hacer lo mismo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros pa&iacute;ses que tuvieron colonias o que mataron y expulsaron a pueblos abor&iacute;genes han pedido perd&oacute;n por su pasado imperial. Incluso el Congreso de los Estados Unidos <a href="https://www.congress.gov/bill/111th-congress/senate-joint-resolution/14/text" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprob&oacute; una resoluci&oacute;n en 2009</a> en la que literalmente se ped&iacute;an disculpas &ldquo;a todos los pueblos nativos por los muchos ejemplos de violencia, maltrato, y abandono infligidos sobre los pueblos nativos por ciudadanos de los Estados Unidos&rdquo;. Canad&aacute;, Alemania, Reino Unido, Australia o Jap&oacute;n son otros ejemplos que, con diferente intensidad, han reconocido su pasado colonial y han pedido disculpas de alguna u otra forma. En general, eso s&iacute;, las viejas potencias coloniales se han negado a reconocer que tales gestos impliquen responsabilidades legales, lo que derivar&iacute;a en el pago de indemnizaciones. Y casi siempre se trata de reconocimientos parciales, que mencionan casos concretos o que tienen inter&eacute;s en mejorar las relaciones econ&oacute;micas contempor&aacute;neas &mdash;como pas&oacute; con las disculpas de Italia a Libia, previamente a la firma de acuerdos sobre gas y petr&oacute;leo&mdash;. Es decir, existe una fuerte resistencia a vincular de manera estructural las viejas redes coloniales &mdash;y de sus muchos abusos&mdash; con los beneficios que obtuvieron desde la metr&oacute;poli.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta visceral del nacionalismo espa&ntilde;ol, que se ha soliviantado incluso ante unas declaraciones tan modestas e informales como las de Felipe VI, debe entenderse en el contexto de fragilidad y reafirmaci&oacute;n de una identidad construida a partir de mitos fundacionales y de una violencia extrema. Nada distinto de lo que ha sucedido en otras viejas naciones que tambi&eacute;n fueron imperios, pero que en el caso de Espa&ntilde;a parece tan dif&iacute;cil de reconocer.
    </p><p class="article-text">
        El imperialismo espa&ntilde;ol se ciment&oacute; a partir de la conquista y la esclavitud, pero lo hizo mucho antes de la invasi&oacute;n de Am&eacute;rica. De hecho, las plantaciones esclavistas de az&uacute;car que Col&oacute;n implant&oacute; a los pocos meses de llegar a la isla de La Espa&ntilde;ola &mdash;y que fueron realmente las primeras f&aacute;bricas capitalistas, luego <em>mejoradas</em> a lo largo de toda Am&eacute;rica para hacer m&aacute;s eficiente el trabajo de los esclavos africanos&mdash; fueron una importaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas que los espa&ntilde;oles y portugueses estaban llevando a cabo en las Azores, Madeira y las Canarias. Tambi&eacute;n la brutalidad frente a los ind&iacute;genas hab&iacute;a sido ensayada previamente con los Guanches en las Canarias, con descripciones de los contempor&aacute;neos que hielan la sangre. En general, las islas atl&aacute;nticas fueron el laboratorio donde aprender a desarrollar una colonizaci&oacute;n basada en el az&uacute;car, la deforestaci&oacute;n, el trabajo forzado y el comercio de esclavos, como ha se&ntilde;alado el historiador Jean-Baptiste Fressoz.
    </p><p class="article-text">
        No podemos olvidar que el inter&eacute;s principal de los conquistadores era el saqueo de los recursos, como el oro, la plata y la fuerza de trabajo forzada. Los espa&ntilde;oles &mdash;en realidad, b&aacute;sicamente castellanos&mdash; esclavizaron a los ind&iacute;genas desde el comienzo, utilizando los mismos m&eacute;todos usados en la pen&iacute;nsula con los pueblos musulmanes: llamaban cabalgadas, razias o incluso, muy gr&aacute;ficamente, vendimias al proceso de asaltar r&aacute;pidamente a comunidades ind&iacute;genas para capturar nuevos esclavos. Esa mano de obra forzada se usaba en toda actividad econ&oacute;mica, especialmente las plantaciones y la miner&iacute;a. Pero como la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena disminu&iacute;a con rapidez por la terrible combinaci&oacute;n de enfermedades y desnutrici&oacute;n, Carlos I autoriz&oacute; desde 1518 el comercio de esclavos africanos para mantener la provisi&oacute;n de mano de obra barata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es cierto que hubo controversias morales y &eacute;ticas, como afirma Felipe VI, ya que una parte de la Iglesia se mostr&oacute; profundamente consternada por c&oacute;mo eran tratadas las poblaciones ind&iacute;genas. La Corona fue sensible a esta visi&oacute;n hasta mitad de siglo XVI, llevando a la aprobaci&oacute;n de las Leyes Nuevas en 1542, que es a lo que se refiere el actual monarca al insistir en que sus antepasados intentaron proteger a los ind&iacute;genas. Ciertamente se trata de reformas y leyes que no se cumplieron, punto que ha dado pie a esa descripci&oacute;n de &ldquo;muchos abusos&rdquo; con la cual Felipe VI parece eximir a la monarqu&iacute;a de responsabilidad, situ&aacute;ndola en los encomenderos y conquistadores que desobedec&iacute;an a la metr&oacute;poli.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo el proceso de invasi&oacute;n de Am&eacute;rica implic&oacute; algo m&aacute;s que sufrimiento humano. Fue tambi&eacute;n lo que Marx denomin&oacute; &ldquo;acumulaci&oacute;n originaria&rdquo; del capitalismo, es decir, el primer paso para el enriquecimiento de fortunas personales que ser&iacute;an las responsables de extender la din&aacute;mica capitalista en Europa. Es cierto que Espa&ntilde;a fue incapaz de aprovechar toda esa riqueza para un impulso propiamente capitalista, debido esencialmente al car&aacute;cter rentista de sus &eacute;lites, algo denunciado ya entonces por los economistas mercantilistas de la &eacute;poca. Luis Ortiz, funcionario de la corona en el siglo XVI, se quejaba amargamente de que los extranjeros &ldquo;nos tratan peor que a indios&rdquo; porque los pa&iacute;ses europeos llevan a Espa&ntilde;a manufacturas mientras los espa&ntilde;oles exportan materias primas, lana, sedas y otros productos similares. Espa&ntilde;a, aun siendo un imperio, en t&eacute;rminos econ&oacute;micos jugaba ya en el siglo XVI un rol de &ldquo;semiperiferia&rdquo; que justificaba que, aunque los espa&ntilde;oles sacaban el oro y la plata a los indios &mdash;expresi&oacute;n literal de Ortiz&mdash;, otros pa&iacute;ses europeos se llevaban &ldquo;el dinero del reino con su industria, sin trabajar en sacarlo de las minas, como nosotros hacemos&rdquo;. Es decir, Espa&ntilde;a particip&oacute; activamente en la extracci&oacute;n de riqueza colonial, pero no logr&oacute; traducir esa acumulaci&oacute;n en un desarrollo industrial propio, quedando subordinada a otras econom&iacute;as europeas.
    </p><p class="article-text">
        En los siglos siguientes, ser&iacute;an otros pa&iacute;ses, destacadamente Inglaterra, los que dieron el impulso definitivo al capitalismo en sus pa&iacute;ses y en Europa; un despliegue que se elev&oacute; sobre la disponibilidad combinada de combustibles f&oacute;siles y redes coloniales. Pero Espa&ntilde;a no se qued&oacute; tampoco al margen del saqueo posterior, lo que ilustra el hecho de que m&aacute;s del 8% de los esclavos embarcados en &Aacute;frica &mdash;lo que supone m&aacute;s de un mill&oacute;n de almas&mdash; lo hiciera en embarcaciones con bandera espa&ntilde;ola. Hay una amplia bibliograf&iacute;a acad&eacute;mica, comenzando por los trabajos del historiador Jos&eacute; Antonio Piqueras, que ha documentado el enriquecimiento de familias espa&ntilde;olas y catalanas a trav&eacute;s del comercio esclavo; una relaci&oacute;n que dio origen al primer capitalismo industrial tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a. La trata de personas era un negocio muy rentable que permiti&oacute; amasar grandes fortunas en la pen&iacute;nsula, las cuales se reinvirtieron &mdash;varios siglos despu&eacute;s de la invasi&oacute;n de Am&eacute;rica&mdash; en los primeros proyectos burgueses. Tan es as&iacute; que Espa&ntilde;a fue el &uacute;ltimo pa&iacute;s europeo en abolir la esclavitud, para Cuba, en fecha tan tard&iacute;a como 1886.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada de lo anterior hubiera sido posible sin la connivencia de la monarqu&iacute;a, que no solo aprobaba las leyes respecto al imperio y sus posesiones, sino que tambi&eacute;n dispon&iacute;a de esclavos propios &mdash;los llamados &ldquo;esclavos del rey&rdquo;&mdash;. Naturalmente, sobra decir que toda la legislaci&oacute;n posterior estaba profundamente atravesada por intereses comerciales y econ&oacute;micos en los que la monarqu&iacute;a ten&iacute;a, como m&iacute;nimo, un ejercicio de complicidad &mdash;para empezar, porque los recursos de la trata tambi&eacute;n revert&iacute;an en las arcas del Estado&mdash;. As&iacute; pues, la monarqu&iacute;a tiene un alto historial de agravios acumulados que podr&iacute;a justificar un honesto reconocimiento de hechos y una consecuente disculpa. Porque no se trata solo de &ldquo;muchos abusos&rdquo; sino de una relaci&oacute;n estructural entre el bienestar de unos &mdash;en el centro del imperio&mdash; y el saqueo, masacre y violencia ejercida sobre otros &mdash;las colonias&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, hace tiempo que salimos de esa etapa y podemos mirar al pasado con mucha mayor objetividad. El peligro es que el nacionalismo espa&ntilde;ol se niega a hacerlo, porque ser&iacute;a tanto como reconocer que esa identidad de la que hacen gala est&aacute; construida sobre el dolor ajeno. Las sociedades modernas y democr&aacute;ticas asumen su pasado, aprenden de &eacute;l y miran al futuro con nuevos principios y valores. Lo que las palabras de Felipe VI revelan es que la propia monarqu&iacute;a sigue sin estar dispuesta a dar ese paso: prefiere hablar de &ldquo;abusos&rdquo; puntuales antes que reconocer una relaci&oacute;n estructural de saqueo y violencia sobre la que se edific&oacute;, tambi&eacute;n, su propio poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/felipe-vi-queda-corto-monarquia-no-quiere-reconocer_129_13078206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 21:37:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/55bbc408-61d1-43a8-a486-cda9401f96ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x881y437.jpg" length="505373" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/55bbc408-61d1-43a8-a486-cda9401f96ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x881y437.jpg" type="image/jpeg" fileSize="505373" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Felipe VI se queda corto: lo que la monarquía aún no quiere reconocer]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/55bbc408-61d1-43a8-a486-cda9401f96ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x881y437.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Felipe VI,América,México]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa, rehén del petróleo y del gas de otros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/europa-rehen-petroleo-gas_129_13071347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f853936a-a762-4069-9ece-3fc5065bc35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa, rehén del petróleo y del gas de otros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un plan europeo de inversión a la altura del desafío —comparable al que se aprobó con notable rapidez y ambición durante la pandemia— podría acelerar la transición tanto en electricidad como en movilidad. Sin embargo, nada semejante se ha puesto en marcha</p><p class="subtitle">El boletín del director - El mapa de poder del petróleo. Por Ignacio Escolar</p></div><p class="article-text">
        El imperio brit&aacute;nico domin&oacute; el mundo en el siglo XIX gracias al desarrollo tecnol&oacute;gico y econ&oacute;mico derivado de la Revoluci&oacute;n Industrial, que a su vez hubiera sido imposible sin la combinaci&oacute;n de los combustibles f&oacute;siles y las redes coloniales que prove&iacute;an trabajo y recursos baratos. El azar geol&oacute;gico hab&iacute;a concedido a Inglaterra lo que el historiador Rolf Peter Sieferle llam&oacute; el &ldquo;bosque subterr&aacute;neo&rdquo;: ingentes cantidades disponibles de carb&oacute;n que otorgaron una ventaja considerable a los brit&aacute;nicos frente al resto de pa&iacute;ses: en el a&ntilde;o 1800, m&aacute;s del 80% del carb&oacute;n mundial era producido en el Reino Unido. 
    </p><p class="article-text">
        El azar geol&oacute;gico no s&oacute;lo &ldquo;bendijo&rdquo; al Reino Unido, sino que generosos dep&oacute;sitos de carb&oacute;n se encontraban tambi&eacute;n en Francia, B&eacute;lgica y Alemania. As&iacute;, aunque los brit&aacute;nicos fueron los primeros, al terminar el siglo otros pa&iacute;ses europeos &mdash;y tambi&eacute;n Estados Unidos&mdash; se hab&iacute;an unido a la tarea de explotar y consumir carb&oacute;n en cantidades ingentes. Sin duda, la energ&iacute;a de este combustible f&oacute;sil sostuvo el imperialismo europeo del siglo XIX; fue el motor de la conquista del mundo por parte de los pa&iacute;ses europeos, que pasaron de controlar el 37% del territorio mundial en 1800 a controlar el 84% en 1914, tal y como describieron los historiadores Ronald Findlay y Kevin O&rsquo;Rourke. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a comienzos del siglo XX los estrategas europeos comprendieron que el carb&oacute;n iba a desaparecer como combustible clave de la guerra moderna, y con ello su ventaja anterior: los modernos veh&iacute;culos de transporte &mdash;con motores de combusti&oacute;n interna&mdash;&nbsp;requer&iacute;an un derivado del petr&oacute;leo como combustible. La famosa Royal Navy, que durante siglos hab&iacute;a garantizado a los brit&aacute;nicos el control de los oc&eacute;anos y la protecci&oacute;n de sus rutas comerciales, tuvo que pasar a consumir petr&oacute;leo. El problema obvio era que Europa apenas ten&iacute;a dep&oacute;sitos de este otro combustible f&oacute;sil, un punto que no pas&oacute; desapercibido para los contempor&aacute;neos. Temerosos de quedar a merced de otros pa&iacute;ses, los brit&aacute;nicos y los franceses se lanzaron al control del petr&oacute;leo de Oriente Medio; la primera empresa en extraer el petr&oacute;leo iran&iacute; fue Anglo-Persian Oil Company, adquirida de forma mayoritaria en 1914 por el gobierno brit&aacute;nico y embri&oacute;n de la actual British Petroleum (BP).
    </p><p class="article-text">
        Tras la Segunda Guerra Mundial, las dos grandes potencias emergentes eran exportadoras de petr&oacute;leo: Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Los europeos, con sus infraestructuras todav&iacute;a destruidas por la guerra, se quedaban atr&aacute;s. Por esa raz&oacute;n los brit&aacute;nicos maniobraron para retener el control o la influencia en Oriente Medio, llegando a asociarse con Estados Unidos para llevar a cabo el golpe de Estado contra Mohammad Mosaddegh, primer ministro democr&aacute;tico de Ir&aacute;n, en 1953; el &ldquo;delito&rdquo; de Mosaddegh hab&iacute;a sido manifestar su intenci&oacute;n de nacionalizar las empresas de petr&oacute;leo. Cuando tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser nacionaliz&oacute; el Canal de Suez &mdash;hasta entonces propiedad de brit&aacute;nicos y franceses, y que todav&iacute;a constituye un nodo fundamental del comercio mundial&mdash; las viejas potencias europeas reaccionaron con una <a href="https://www.eldiario.es/internacional/gran-plan-israel-detras-guerras-oriente-medio-papel-juega-eeuu_129_13064764.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">invasi&oacute;n pactada con Israel</a>. Sin embargo, Estados Unidos se opuso a la operaci&oacute;n y amenaz&oacute; al Reino Unido con fuertes represalias econ&oacute;micas; los brit&aacute;nicos y franceses tuvieron que cancelar la intervenci&oacute;n y, hoy en d&iacute;a, la mayor&iacute;a de los historiadores considera este hito como el momento clave en la &ldquo;bajada de categor&iacute;a&rdquo; de los pa&iacute;ses europeos.
    </p><p class="article-text">
        Aquel fracaso en Suez condujo a una profundizaci&oacute;n de la dependencia energ&eacute;tica. Al mismo tiempo, las grandes compa&ntilde;&iacute;as petroleras occidentales &mdash;las llamadas &ldquo;Siete Hermanas&rdquo;&mdash; negociaban concesiones a largo plazo con los reg&iacute;menes autoritarios de Oriente Medio, garantizando un suministro abundante y barato a cambio de sostener sus sistemas pol&iacute;ticos. El resultado fue un pacto impl&iacute;cito en el que Europa aceptaba su dependencia a cambio del combustible que lubrica el crecimiento econ&oacute;mico. <a href="https://www.eldiario.es/economia/son-reservas-estrategicas-petroleo-utilizar-crisis-guerra-iran_1_13058870.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La crisis del petr&oacute;leo de 1973</a>, cuando los pa&iacute;ses &aacute;rabes de la OPEP impusieron un embargo que cuadruplic&oacute; los precios, fue la primera advertencia seria de lo que significaban esas relaciones. La respuesta europea fue parcial: el Reino Unido aceler&oacute; la explotaci&oacute;n del Mar del Norte, Francia apost&oacute; por la energ&iacute;a nuclear, y todos los gobiernos buscaron diversificar proveedores. Pero nadie cuestion&oacute; el modelo de fondo, ni se hicieron esfuerzos suficientes en explorar una posibilidad que ya emerg&iacute;a en aquellos a&ntilde;os como eran las nuevas energ&iacute;as renovables, todo lo cual explica por qu&eacute; medio siglo despu&eacute;s la vulnerabilidad estructural a&uacute;n persiste.
    </p><p class="article-text">
        En territorio de la Uni&oacute;n Europea actualmente se extrae petr&oacute;leo sobre todo en Italia, Dinamarca y Ruman&iacute;a, pero en su conjunto la producci&oacute;n europea apenas sobrepasa los 15 millones de toneladas &mdash;Noruega es un gran exportador no comunitario&mdash;. Para hacerse una idea, debemos tener en cuenta que la cantidad de petr&oacute;leo crudo importado desde otros pa&iacute;ses es de 470 millones de toneladas. <a href="https://www.eldiario.es/blog/el-boletin-del-director/mapa-petroleo_132_13067878.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eso explica por qu&eacute; para la Uni&oacute;n Europea la tasa de dependencia de las importaciones de petr&oacute;leo es del 96%</a>. Este combustible f&oacute;sil atraviesa toda la econom&iacute;a europea: casi la mitad del petr&oacute;leo consumido en la Uni&oacute;n Europea se destina a transporte por carretera, pero tambi&eacute;n hay un 16% que se dirige hacia fines industriales &mdash;sobre todo para la producci&oacute;n de productos petroqu&iacute;micos&mdash; otro 5% que sirve para la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica, un 9% para transporte a&eacute;reo, un 8% para transporte mar&iacute;timo y un 5% para hogares, entre otros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En todo este conflicto, la Unión Europea aparece más como un espectador que pierde en todos los escenarios —y que sufrirá un proceso de inflación interna que puede ser muy doloroso y costoso— que como un actor relevante con un proyecto propio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con todo, la dependencia europea no se limita al petr&oacute;leo. De forma paralela, Europa fue construyendo una nueva dependencia respecto a otro combustible f&oacute;sil: el gas natural. Desde los a&ntilde;os sesenta, el gas se fue convirtiendo en un pilar del modelo energ&eacute;tico europeo, utilizado para calefacci&oacute;n, generaci&oacute;n el&eacute;ctrica e industria. Eso hizo que la dependencia de las importaciones se intensificara: gasoductos desde Argelia, desde Noruega y, sobre todo, desde Rusia fueron tejiendo una red de suministro que ataba a Europa a decisiones tomadas muy lejos de Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        Como he se&ntilde;alado ya, sin recursos propios, y temerosos del colapso de sus econom&iacute;as, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas todos los gobiernos europeos han llevado a cabo alianzas para garantizarse el suministro tanto de petr&oacute;leo como de gas natural: los brit&aacute;nicos construyeron alianzas con las monarqu&iacute;as del Golfo, los italianos con los pa&iacute;ses del Norte de &Aacute;frica como Libia, los franceses con &Aacute;frica Occidental, Alemania con Rusia y los europeos del sur con pa&iacute;ses africanos como Argelia, Congo y Guinea. En la mayor&iacute;a de los casos, esas alianzas se han ido estableciendo con pa&iacute;ses que carecen de democracia y respeto a los derechos humanos pero que, en virtud de la importancia del suministro, son aspectos ignorados deliberadamente.
    </p><p class="article-text">
        Tal es el caso de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/europa-da-portazo-eeuu-ultimas-decisiones-trump-politica-exterior_1_13067220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rusia, que ejemplifica mejor que ninguno la vulnerabilidad y debilidad europea.</a> Tras la invasi&oacute;n de Ucrania por parte de Putin, la Uni&oacute;n Europea impuso sanciones y busc&oacute; formas de reducir su alta dependencia respecto a la importaci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles: por ejemplo, en 2021, Rusia era el principal proveedor de petr&oacute;leo con m&aacute;s de 100 millones de toneladas. La reducci&oacute;n ha sido efectiva, pero a costa de convertir a Estados Unidos en el principal proveedor de petr&oacute;leo con m&aacute;s de 60 millones de toneladas al a&ntilde;o. Lo mismo ha sucedido con el gas natural. Eso significa que se ha cambiado una dependencia por otra, sin que a Rusia le haya ido en absoluto mal. De hecho, Rusia ha encontrado la forma de evadir muchas de esas sanciones, pero tambi&eacute;n ha fortalecido las relaciones con otros compradores. China es el principal pa&iacute;s comprador de combustibles f&oacute;siles, representando m&aacute;s del 50% de los ingresos rusos, seguido de Turqu&iacute;a, India y la propia Uni&oacute;n Europea &mdash;que adem&aacute;s sigue siendo el principal comprador de gas natural&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/estrecho-ormuz-crucial-suministro-petroleo_1_13031958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el bloqueo del estrecho de Ormuz</a> por la guerra en Ir&aacute;n supone buenas noticias para Rusia. Por un lado, disfrutar&aacute; de precios m&aacute;s elevados por los combustibles f&oacute;siles, de modo que sus ingresos crecer&aacute;n. Por otro lado, Estados Unidos ha anunciado que le levantar&aacute;n las sanciones previas, por lo que podr&aacute; comerciar en mejores condiciones. Por si fuera poco, muchos pa&iacute;ses compradores necesitar&aacute;n a&uacute;n m&aacute;s a Rusia como proveedor &mdash;tal es el caso de China&mdash;. La conclusi&oacute;n es bastante clara, porque en todo esto la Uni&oacute;n Europea aparece m&aacute;s como un espectador que pierde en todos los escenarios &mdash;y que sufrir&aacute; un proceso de inflaci&oacute;n interna que puede ser muy doloroso y costoso&mdash; que como un actor relevante con un proyecto propio. 
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es que los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea han tenido a mano desde hace d&eacute;cadas una posibilidad para desconectarse de estas dependencias: la transici&oacute;n energ&eacute;tica. A diferencia de lo que sucede con los minerales cr&iacute;ticos, que de momento suponen una dependencia estructural sin sustituto conocido, existe desde hace d&eacute;cadas la tecnolog&iacute;a para reemplazar a los combustibles f&oacute;siles en la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica y en buena parte del transporte, y China ha contribuido a abaratarla hasta niveles que habr&iacute;an parecido ut&oacute;picos hace quince a&ntilde;os. La l&oacute;gica es sencilla: cada kilovatio-hora generado por fuentes renovables es un kilovatio-hora que no depende de lo que ocurra en el estrecho de Ormuz, en los gasoductos rusos o en las decisiones de la OPEP. Y el margen de actuaci&oacute;n es enorme, pues la electrificaci&oacute;n del sector del transporte y, sobre todo, la inversi&oacute;n masiva en redes de transporte p&uacute;blico podr&iacute;a reducir la dependencia petrolera europea en proporciones que alterar&iacute;an sustancialmente la ecuaci&oacute;n geopol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Como he se&ntilde;alado en otras ocasiones, el problema no es t&eacute;cnico sino pol&iacute;tico. Un plan europeo de inversi&oacute;n a la altura del desaf&iacute;o &mdash;comparable al que se aprob&oacute; con notable rapidez y ambici&oacute;n durante la pandemia&mdash; podr&iacute;a acelerar la transici&oacute;n tanto en electricidad como en movilidad. Sin embargo, nada semejante se ha puesto en marcha. La paradoja es que cada a&ntilde;o que pasa sin actuar a la escala necesaria es un a&ntilde;o en que Europa sigue pagando un precio descomunal por un modelo que sabe insostenible econ&oacute;mica y ecol&oacute;gicamente.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo casi sim&eacute;trico en toda esta historia. El &ldquo;bosque subterr&aacute;neo&rdquo; del que habl&oacute; Sieferle se agot&oacute; o se volvi&oacute; irrelevante, y con &eacute;l desapareci&oacute; la base material de la hegemon&iacute;a europea. Pero hoy Europa tiene a su disposici&oacute;n un recurso que no depende del azar geol&oacute;gico ni del control colonial: el sol y el viento son abundantes, est&aacute;n distribuidos por todo el continente y no pueden ser objeto de embargo. Las renovables podr&iacute;an ser el nuevo &ldquo;bosque subterr&aacute;neo&rdquo;, pero esta vez propio y compartido. Y, por si fuera poco, limpio y libre de emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero &mdash;aunque con costes ecol&oacute;gicos en el proceso de miner&iacute;a y producci&oacute;n de la infraestructura necesaria&mdash;. La tragedia es que, teniendo alternativas, la Uni&oacute;n Europea prefiere en la pr&aacute;ctica seguir enviando cientos de miles de millones de euros al a&ntilde;o a autocracias y petroestados mientras debate interminablemente sobre los detalles de una transici&oacute;n ecol&oacute;gica adem&aacute;s amenazada por una extrema derecha con cada vez m&aacute;s influencia. Mientras tanto, Rusia recauda, China fabrica los paneles solares que Europa necesita y Estados Unidos impone condiciones y arrastra a todos a la guerra y a la crisis econ&oacute;mica. Europa, el espectador que pierde en todos los escenarios, ni siquiera puede consolarse con la excusa de no haber tenido otra opci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/europa-rehen-petroleo-gas_129_13071347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f853936a-a762-4069-9ece-3fc5065bc35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="433209" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f853936a-a762-4069-9ece-3fc5065bc35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="433209" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Europa, rehén del petróleo y del gas de otros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f853936a-a762-4069-9ece-3fc5065bc35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Gas natural,Transición energética,Energía,UE - Unión Europea,Rusia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra que descoloca a la derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-descoloca-derecha_129_13059945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98795067-7fdc-4e6b-b70f-28d88770c3ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra que descoloca a la derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España nos hemos (mal)acostumbrado a que la oposición política se posicione sistemáticamente en contra de lo que haga el Gobierno, prácticamente con independencia del contenido</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n una encuesta reciente de 40db, el 68% de los espa&ntilde;oles rechaza la guerra en Ir&aacute;n desatada por Estados Unidos e Israel. Como era predecible, el grado de oposici&oacute;n a la intervenci&oacute;n es mucho mayor entre los votantes de izquierdas, con un 96% en el caso de SUMAR y un 91% en el caso del PSOE. Pero entre los votantes de Vox la oposici&oacute;n es tambi&eacute;n significativa, aunque minoritaria, alcanzando el 47%. Lo m&aacute;s interesante ocurre entre los votantes del PP, ya que all&iacute; los que contestan que est&aacute;n &laquo;nada de acuerdo&raquo; o &laquo;poco de acuerdo&raquo; con la guerra son amplia mayor&iacute;a: el 64%. Sin embargo, &iquest;han visto a alg&uacute;n dirigente del PP criticar la guerra? &iquest;por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a nos hemos (mal)acostumbrado a que la oposici&oacute;n pol&iacute;tica se posicione sistem&aacute;ticamente en contra de lo que haga el Gobierno, pr&aacute;cticamente con independencia del contenido. &iquest;Son malvados? En absoluto: detr&aacute;s de este comportamiento existe una estrategia que entiende c&oacute;mo funciona la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el campo de la competici&oacute;n electoral, los partidos saben que no todos los temas les son igualmente favorables. La izquierda, por ejemplo, prefiere hablar de desigualdad, justicia social y derechos laborales. La derecha, en cambio, se sabe ganadora cuando el tema de conversaci&oacute;n son las banderas o la corrupci&oacute;n (de otros). La fase crucial de una batalla pol&iacute;tica es la delimitaci&oacute;n de lo que se habla en el foro p&uacute;blico, lo que t&eacute;cnicamente se conoce como <em>Agenda Setting</em>. Si los temas con los que podr&iacute;as ganarte a la poblaci&oacute;n no est&aacute;n en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica &mdash;porque no aparecen en los grandes medios, por ejemplo&mdash; es probable que te toque hablar de los temas que a otros les convienen. En ese sentido, cada partido intenta arrimar el ascua a su sardina, y al mismo tiempo procura no alimentar los fuegos que dar&aacute;n de comer al rival.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo paradigm&aacute;tico fue la pandemia. Una raz&oacute;n de Estado hubiera recomendado que todos los partidos se pusieran de acuerdo con una estrategia consensuada con la que hacer frente a un enemigo com&uacute;n y, en principio, desideologizado, como era el coronavirus. Pero los asesores pol&iacute;ticos de la derecha sab&iacute;an muy bien que si se hubiera optado por ese camino entonces habr&iacute;a tenido lugar un <em>Efecto bandera</em>, es decir, un momento donde el l&iacute;der del pa&iacute;s ganar&iacute;a popularidad al mostrarse como la persona capaz de cohesionar al pa&iacute;s en un momento duro. Consecuentemente, el presidente hubiera ganado mucho apoyo para las siguientes elecciones. Por eso la recomendaci&oacute;n de los asesores pol&iacute;ticos fue clara: torpedear esa opci&oacute;n retirando cualquier tipo de reconocimiento al l&iacute;der del pa&iacute;s, a sus ministros e incluso a los cient&iacute;ficos que asesoraron las medidas sanitarias. Por competici&oacute;n electoral &mdash;y no por raz&oacute;n de Estado&mdash; ni el PP ni Vox deb&iacute;an conceder ning&uacute;n m&eacute;rito al Gobierno; al contrario, deb&iacute;an seguir atiz&aacute;ndole para continuar el desgaste hasta las siguientes elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Esa l&oacute;gica pol&iacute;tica es la que se ha repetido sistem&aacute;ticamente hasta la actualidad. Y como el Gobierno sigue resistiendo a pesar de la adversidad, incrementan la presi&oacute;n hasta que las hip&eacute;rboles contra &eacute;l se convierten en caricaturas. El caso de la guerra en Ir&aacute;n es sintom&aacute;tico de lo absurdo de llevar este punto al extremo, pues es obvio que el PP sabe que su base social tambi&eacute;n se opone a la guerra. Eso explica por qu&eacute; el presidente de Galicia ha salido a defender que la posici&oacute;n pro-israel&iacute; de D&iacute;az Ayuso no representa al PP gallego. Pero, al mismo tiempo, no pueden conceder nada positivo a la estrategia del gobierno de coalici&oacute;n; y mucho menos cuando la extrema derecha les pisa los talones en las encuestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese terreno resbaladizo se encuentran, y esto es lo que explica que Feij&oacute;o no se haya atrevido a apoyar a Estados Unidos con el mismo entusiasmo que la presidenta de la Comunidad de Madrid. Intenta hacer equilibrismo diciendo cosas como que &laquo;Espa&ntilde;a ha de situarse junto a sus aliados&raquo; o que &laquo;antes del derecho internacional est&aacute;n los derechos humanos&raquo; y, sobre todo, criticando a S&aacute;nchez por las formas y sin atreverse a entrar directamente en el fondo. Un panorama b&aacute;sicamente similar al que sucedi&oacute; durante los primeros impasses del genocidio en Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Consecuentemente, en el PP est&aacute;n deseando que cambie el campo de juego para no seguir hablando de la guerra en Ir&aacute;n. Mientras tanto, a sacar tantos balones del &aacute;rea como se pueda. Pero todo ello obedece a puro electoralismo, no a raz&oacute;n de Estado y, ni siquiera, a principios y valores compartidos por sus votantes. Se trata de un c&aacute;lculo electoral que convierte en verdaderamente inc&oacute;modo para sus dirigentes tener que hablar de la guerra en Ir&aacute;n. Todo lo contrario de lo que ocurre con la izquierda, cuyos dirigentes dan muestras de sentirse c&oacute;modos e incluso excitados con un discurso pacifista que es social e internacionalmente legitimado por el apoyo de millones de personas de todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello resulta a&uacute;n m&aacute;s llamativa la reacci&oacute;n de muchos medios y comentaristas conservadores. Incapaces de admitir que la posici&oacute;n del Gobierno puede ser la opci&oacute;n correcta, prefieren reducirlo todo a una supuesta maniobra electoral de Pedro S&aacute;nchez destinada a movilizar a la izquierda. Es posible que esta cuesti&oacute;n beneficie pol&iacute;ticamente al Gobierno &mdash;precisamente porque la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n comparte su postura&mdash;, pero ese argumento dice m&aacute;s sobre quienes lo esgrimen que sobre el propio gobierno. Porque evita afrontar lo evidente: que la guerra es profundamente impopular y que buena parte de los votantes de derechas tambi&eacute;n la rechaza. 
    </p><p class="article-text">
        Al final, la paradoja es clara. Mientras el Gobierno puede defender su posici&oacute;n con relativa comodidad, la derecha pol&iacute;tica y medi&aacute;tica se ve obligada a rodeos argumentales cada vez m&aacute;s peregrinos para no reconocer algo muy simple: que, en este caso, el problema no es la estrategia electoral del Gobierno, sino su propia incapacidad para decir con claridad que la guerra es un error, un desastre y un crimen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-descoloca-derecha_129_13059945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 21:08:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/98795067-7fdc-4e6b-b70f-28d88770c3ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1108951" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/98795067-7fdc-4e6b-b70f-28d88770c3ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1108951" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La guerra que descoloca a la derecha]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/98795067-7fdc-4e6b-b70f-28d88770c3ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Israel,Pedro Sánchez,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6899c89-e7b0-4f40-94d5-31a3b60fb97c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Oriente Medio, y en particular el Golfo Pérsico, es una región que exporta grandes cantidades tanto de gas natural como de fertilizantes manufacturados, y el cierre del estrecho de Ormuz impide que circulen hacia los países de destino; si el conflicto se prolonga, el encarecimiento de los fertilizantes acabará trasladándose a los precios de los alimentos básicos en todo el mundo, incluida España</p></div><p class="article-text">
        En 1971, el ec&oacute;logo Howard T. Odum escribi&oacute; en <em>Environment, Power and Society</em> que &ldquo;el ser humano industrial ya no come patatas hechas con energ&iacute;a solar&rdquo; sino que &ldquo;ahora come patatas hechas en parte con petr&oacute;leo&rdquo;. Esta extra&ntilde;a afirmaci&oacute;n era una respuesta a la extendida creencia de que con la Revoluci&oacute;n Verde &mdash;un concepto que refiere a las innovaciones agr&iacute;colas iniciadas en la d&eacute;cada de 1940&mdash; la humanidad hab&iacute;a encontrado una forma definitiva para alimentar a poblaciones crecientes sin miedo a las hambrunas. Para Odum, detr&aacute;s de aquella elevada productividad de la tierra se encontraba el uso intensivo de combustibles f&oacute;siles tanto en la mecanizaci&oacute;n del proceso agr&iacute;cola como en la producci&oacute;n de fertilizantes y agroqu&iacute;micos. Todo ello significaba que nuestra alimentaci&oacute;n tambi&eacute;n depend&iacute;a de los combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        Es algo en lo que no solemos pensar, ya que tendemos a creer que nuestra dependencia respecto a los combustibles f&oacute;siles se limita a las infraestructuras de transporte y a la producci&oacute;n de energ&iacute;a el&eacute;ctrica que requiere energ&iacute;a f&oacute;sil. Esa es la raz&oacute;n por la que cuando parte del flujo de entrada de combustibles f&oacute;siles se detiene &mdash;como ocurre ahora con la guerra en Ir&aacute;n&mdash; inmediatamente nos preocupamos: sabemos que afectar&aacute; al precio de la gasolina y que la vida se har&aacute; m&aacute;s cara. Desgraciadamente, resulta que tambi&eacute;n nuestro sistema alimentario es profundamente dependiente de los combustibles f&oacute;siles, de modo que las tensiones de precios tambi&eacute;n se manifiestan en los alimentos que compramos y comemos.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con las estimaciones de <em>Global Alliance for the Future of Food</em>, los sistemas alimentarios son responsables de hasta un 15% del consumo total de combustibles f&oacute;siles. El 42% de ese consumo se debe al procesamiento y empaquetado de la alimentaci&oacute;n, el 38% a la comercializaci&oacute;n y consumo dom&eacute;stico y el 20% restante a la agricultura y a los inputs agroqu&iacute;micos &mdash;que es a lo que se refer&iacute;a Odum&mdash;. As&iacute;, comemos alimentos cultivados con petr&oacute;leo y gas natural, y esa ayuda f&oacute;sil es tan responsable del cambio clim&aacute;tico como de permitir poblaciones muy numerosas.
    </p><p class="article-text">
        Debemos tener en cuenta que en el mundo hay actualmente unos 8.000 millones de personas, una cantidad pr&aacute;cticamente imposible de alimentar sin la ayuda de los fertilizantes minerales. Por ejemplo, se calcula que en Estados Unidos entre el 40% y el 60% del rendimiento agrario se puede atribuir a estos fertilizantes, y de acuerdo con el f&iacute;sico Vaclav Smil sin estos fertilizantes la poblaci&oacute;n mundial tendr&iacute;a que ser un 40% m&aacute;s peque&ntilde;a. Este &ldquo;milagro&rdquo; qu&iacute;mico es producido por la industria petroqu&iacute;mica, y hay fundamentalmente tres categor&iacute;as de fertilizantes: los nitrogenados &mdash;como la urea&mdash;, los fosfatados y los pot&aacute;sicos. El grupo m&aacute;s grande es el de los nitrogenados, que son el resultado de un proceso que captura nitr&oacute;geno del aire para convertirlo en una soluci&oacute;n l&iacute;quida que se esparce en la tierra para elevar su fertilidad. 
    </p><h2 class="article-text">Gas natural para fertilizantes</h2><p class="article-text">
        El problema es que el proceso de producci&oacute;n de estos fertilizantes requiere grandes cantidades de gas natural tanto como materia prima &mdash;un 60%&mdash; como fuente de energ&iacute;a &mdash;debido a las altas temperaturas y presi&oacute;n que se requieren&mdash;. De hecho, s&oacute;lo la industria de los fertilizantes nitrogenados es responsable del 2% de las emisiones mundiales de efecto invernadero. Por eso decimos que nuestra forma de producir alimentos supone un reto muy serio que solemos ignorar &mdash;aunque desde el Ministerio de Consumo fue durante a&ntilde;os una prioridad, como pusieron de relieve las pol&eacute;micas sobre el chulet&oacute;n y las macrogranjas&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Dadas estas relaciones no podemos perder de vista la panor&aacute;mica de la cadena de producci&oacute;n, donde tanto el combustible f&oacute;sil como el fertilizante se convierten en costes de producci&oacute;n para los agricultores. Y aunque normalmente la variable clave del precio de los alimentos es la clim&aacute;tica, cualquier afectaci&oacute;n a los precios de los combustibles f&oacute;siles o de los fertilizantes ejercer&aacute; presi&oacute;n sobre el resto de la cadena: comenzando por los agricultores, siguiendo por la distribuci&oacute;n y terminando por la comercializaci&oacute;n, repercutiendo finalmente sobre los precios finales de los alimentos. Esa traslaci&oacute;n de precios es lo que sucedi&oacute; entre 2021 y 2022 tras la invasi&oacute;n de Ucrania por Rusia, y es tambi&eacute;n lo que est&aacute; comenzando a suceder a causa de la guerra en Ir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los canales indirectos por los que los fertilizantes suben de precio es debido al incremento del coste de la materia prima &mdash;particularmente el gas natural&mdash;. La industria fertilizante est&aacute; altamente concentrada porque tiende a ubicarse all&iacute; donde las materias primas necesarias son m&aacute;s baratas. Por ejemplo, los fertilizantes fosfatados dependen de la miner&iacute;a de fosfatos, cuyas reservas est&aacute;n mayoritariamente en Marruecos y en el S&aacute;hara ocupado; raz&oacute;n que explica por qu&eacute; Marruecos es el principal exportador. Las reservas de potasio est&aacute;n principalmente en Canad&aacute;, Bielorrusia y Rusia, y la guerra en Ucrania provoc&oacute; un golpe duro a este mercado. Por &uacute;ltimo, los fertilizantes nitrogenados dependen especialmente de la provisi&oacute;n de gas natural y tiende a ubicarse all&iacute; donde este es barato, como en Rusia o en los pa&iacute;ses de Oriente Medio. Por esta raz&oacute;n, la geopol&iacute;tica impacta de forma inmediata en los suministros y el comercio de todos los fertilizantes minerales.
    </p><p class="article-text">
        En la era del libre comercio se supon&iacute;a que todos los pa&iacute;ses que necesitaran alg&uacute;n producto en particular &mdash;y que no lo tuvieran disponible en sus territorios&mdash; podr&iacute;an acceder a &eacute;l a trav&eacute;s del libre comercio. Por el contrario, en la nueva era neomercantilista, y en el contexto de una guerra por la hegemon&iacute;a entre Estados Unidos y China, las potencias econ&oacute;micas utilizan el comercio como arma para ganar posiciones de poder: la pol&iacute;tica proteccionista y de sanciones por parte de pa&iacute;ses como Estados Unidos, la Uni&oacute;n Europea o China obedece a ese criterio. La Uni&oacute;n Europea, por ejemplo, sancion&oacute; a Rusia y Bielorrusia tras la invasi&oacute;n de Ucrania, tensionando de esa forma el suministro de fertilizantes pot&aacute;sicos y elevando su precio &mdash;en 2020 la UE importaba el 64% de estos fertilizantes desde ambos pa&iacute;ses&mdash;. Adem&aacute;s, en un mundo de recursos escasos los pa&iacute;ses est&aacute;n crecientemente preocupados por garantizar la autosuficiencia de sectores considerados estrat&eacute;gicos o cr&iacute;ticos. Por ejemplo, China decidi&oacute; en el a&ntilde;o 2021 restringir las exportaciones de fertilizantes, lo que tambi&eacute;n condujo a un incremento de precios del mercado mundial.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ya suced&iacute;a antes del ataque de Estados Unidos e Israel sobre Ir&aacute;n, y precisamente por eso ahora el impacto ser&aacute; mayor. Como he citado, Oriente Medio, y en particular el Golfo P&eacute;rsico, es una regi&oacute;n que exporta grandes cantidades tanto de gas natural como de fertilizantes manufacturados, y el cierre del estrecho de Ormuz impide que circulen hacia los pa&iacute;ses de destino. Por aquel cuello de botella &mdash;<em>chokepoint</em>, en terminolog&iacute;a inglesa&mdash; circula una quinta parte del petr&oacute;leo mundial, pero tambi&eacute;n hasta un tercio de los fertilizantes comerciados globalmente. 
    </p><p class="article-text">
        Tras solo unos pocos d&iacute;as de conflicto, los precios de los fertilizantes minerales y del gas natural se han disparado. La urea cerr&oacute; la semana al borde de los 600 d&oacute;lares la tonelada &mdash;hab&iacute;a cerrado el a&ntilde;o ligeramente por encima de 360 d&oacute;lares&mdash;, y aunque est&aacute; todav&iacute;a lejos de los 1.000 d&oacute;lares que lleg&oacute; a alcanzar en la primavera de 2022 su crecimiento aventura que si el conflicto se extiende unos d&iacute;as m&aacute;s podr&aacute; superarse ampliamente. El gas natural tambi&eacute;n sigue una l&iacute;nea de crecimiento muy acelerada, pero aqu&iacute; las fuentes est&aacute;n m&aacute;s diversificadas &mdash;tambi&eacute;n Rusia y, sobre todo, Estados Unidos exportan grandes cantidades&mdash; y estamos lejos de los niveles de hace unos a&ntilde;os. En todo caso, a nivel regional es evidente que el suministro para la industria de fertilizantes se ver&aacute; afectada por la subida de los precios &mdash;y en el caso de las plantas de Ir&aacute;n, directamente por los bombardeos&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, Ormuz es un nodo cr&iacute;tico del metabolismo agroindustrial global. Si el conflicto se prolonga y el estrecho permanece cerrado durante semanas, el encarecimiento de los fertilizantes acabar&aacute; traslad&aacute;ndose a los precios de los alimentos b&aacute;sicos en todo el mundo, incluida Espa&ntilde;a. No ser&aacute; inmediato &mdash;los efectos tardan meses en recorrer toda la cadena de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n&mdash;, pero ser&aacute; inevitable. Y cuando llegue, nos recordar&aacute; una vez m&aacute;s que la seguridad alimentaria depende cr&iacute;ticamente de una infraestructura energ&eacute;tica f&oacute;sil cada vez m&aacute;s expuesta a la inestabilidad geopol&iacute;tica. Existen alternativas para reducir esa vulnerabilidad: desde la transici&oacute;n hacia pr&aacute;cticas agroecol&oacute;gicas hasta el desarrollo de fertilizantes producidos con energ&iacute;as renovables &mdash;el llamado amoniaco verde, que hoy apenas supone el 0,3% de la producci&oacute;n mundial&mdash;, pasando por pol&iacute;ticas de reducci&oacute;n y reestructuraci&oacute;n de la demanda alimentaria similares a las que ya se plantean para el consumo energ&eacute;tico. Pero todas ellas requieren tiempo, inversi&oacute;n y voluntad pol&iacute;tica, tres cosas que escasean cuando los misiles ya est&aacute;n volando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 21:02:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e6899c89-e7b0-4f40-94d5-31a3b60fb97c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="269812" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e6899c89-e7b0-4f40-94d5-31a3b60fb97c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="269812" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e6899c89-e7b0-4f40-94d5-31a3b60fb97c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Irán,Petróleo,Gas natural,Precios,Alimentos,Fertilizantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la guerra ya no necesita excusas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-no-necesita-excusas_129_13040167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a8cc66a-54b9-4a47-990d-af83b5b3d30a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la guerra ya no necesita excusas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Conviene poner en valor que el Gobierno de España ha sido uno de los pocos en posicionarse con claridad contra la intervención, reclamando el respeto al derecho internacional en foros donde la mayoría de los socios europeos ha optado por apoyar a Estados Unidos e Israel o ha optado por el silencio cómplice y la ambigüedad calculada</p><p class="subtitle">Un ataque ilegal, peligroso y probablemente inútil</p></div><p class="article-text">
        El gobierno de Donald Trump ha bautizado como &ldquo;<em>Epic Fury&rdquo;</em> a la operaci&oacute;n militar en Ir&aacute;n. Siempre me ha parecido aterrador imaginar el momento en el que unos pocos militares y pol&iacute;ticos debaten c&oacute;mo llamar a una guerra que matar&aacute; a miles de personas. La distancia geogr&aacute;fica y moral respecto a las v&iacute;ctimas explica sin duda por qu&eacute; estos nombres se piensan <em>hacia dentro</em>, con el nacionalista estadounidense promedio en mente: es una tarea de propaganda. Pero el nombre elegido esta vez resulta revelador por lo que ya no intenta esconder. Las guerras anteriores se bautizaron con el lenguaje de la libertad, como &ldquo;<em>Iraqi Freedom</em>&rdquo; en Irak y &ldquo;<em>Enduring Freedom</em>&rdquo; en Afganist&aacute;n: en ambos casos se fing&iacute;a liberar al pueblo bombardeado e invadido. Sin embargo, ahora se elige &ldquo;furia &eacute;pica&rdquo;, una expresi&oacute;n que es pura exhibici&oacute;n de fuerza bruta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propaganda se despliega a menudo con la intenci&oacute;n de crear y consolidar una narrativa simplificadora que sirva para justificar acciones controvertidas. En realidad, nunca hay una &uacute;nica raz&oacute;n o un &uacute;nico factor que explique por qu&eacute; ha comenzado una guerra, de modo que la propaganda trata de hacer asequible y asumible lo que para el ciudadano medio es casi siempre un puzle confuso: &iquest;por qu&eacute; entretenernos con intereses geopol&iacute;ticos y lucha por los recursos naturales cuando una guerra puede justificarse en virtud de un sentido com&uacute;n compartido? Por ejemplo, digamos que bombardeamos porque no se cumplen los derechos humanos. Aqu&iacute; no importa la coherencia &mdash;hay muchos pa&iacute;ses aliados que tienen est&aacute;ndares mucho peores; de hecho, solo el 30% de la poblaci&oacute;n mundial vive bajo democracias formales&mdash; sino el proceso &ldquo;digestivo&rdquo;: conseguir que la gente trague con algo claramente dif&iacute;cil de metabolizar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la &uacute;ltima guerra de Irak los dirigentes de los pa&iacute;ses agresores dedicaron muchos esfuerzos a intentar convencer a la poblaci&oacute;n occidental de las buenas intenciones que llevaban las bombas y los ej&eacute;rcitos desplegados por Estados Unidos y sus aliados. Nos dijeron que hab&iacute;a armas de destrucci&oacute;n masiva, y nos mostraron mapas y documentos que luego resultaron ser falsos. Nada de todo eso termin&oacute; colando, pero la guerra tuvo lugar igualmente. Hoy las cosas son significativamente distintas, pero no por buenas razones. No es que ahora s&iacute; importe la opini&oacute;n p&uacute;blica o la coherencia de las narrativas justificadoras, sino todo lo contrario: el imperialismo est&aacute; ya desnudo y no requiere justificaci&oacute;n p&uacute;blica alguna. Como demuestra el caso reciente de Venezuela, donde Trump explic&oacute; que el objetivo real era el control del petr&oacute;leo y no el cambio del r&eacute;gimen, la propaganda es ahora m&aacute;s pobre y hueca. En el caso de Ir&aacute;n, hemos escuchado que se trata de cuestiones de seguridad nacional y de valores liberales en abstracto e incluso que esta es una simple operaci&oacute;n para proteger preventivamente a Israel. La propaganda es de mala calidad&hellip; porque ya no hace falta esconder que se bombardea e invade otros pa&iacute;ses por el poder y la energ&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva humanitaria, podr&iacute;amos argumentar que lo de Irak sali&oacute; mal. Como tambi&eacute;n lo de Afganist&aacute;n o Libia. En todos esos casos los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos cayeron, pero lo que vino despu&eacute;s fue m&aacute;s violencia, guerra y, en algunos casos, incluso el retorno del r&eacute;gimen derrocado. Pero &iquest;estamos seguros de que fueron fracasos? Tras aquellas invasiones, el metabolismo de las sociedades occidentales sigui&oacute; ingiriendo millones de barriles de petr&oacute;leo y toneladas de recursos naturales procedentes de la regi&oacute;n, los beneficios de las compa&ntilde;&iacute;as f&oacute;siles occidentales se mantuvieron o crecieron, y los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos restantes se adaptaron al dominio implantado por la ley del m&aacute;s fuerte. Si medimos el resultado no por lo que nos dijo la propaganda sino por lo que realmente importaba a quienes tomaron las decisiones &mdash;garantizar la continuidad de las redes de suministro energ&eacute;tico y el control geopol&iacute;tico de la regi&oacute;n&mdash;, aquellas operaciones no fueron simples errores. Todo lo contrario: fueron razonablemente exitosas.
    </p><p class="article-text">
        Lo de Ir&aacute;n no es demasiado diferente. No se trata de reducir a un &uacute;nico factor la explicaci&oacute;n de la guerra, pero s&iacute; se&ntilde;alar que existen similitudes con los casos anteriores. Un aspecto insuficientemente comentado es el papel que juega el r&eacute;gimen iran&iacute; como proveedor de energ&iacute;a a China; algunas estimaciones apuntan a que el petr&oacute;leo procedente de Venezuela e Ir&aacute;n supon&iacute;a casi el 20% del total de importaciones del gigante asi&aacute;tico. En un contexto de guerra por la hegemon&iacute;a entre Estados Unidos y China, ponerle las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles al rival no es una victoria menor. Como ha demostrado Venezuela, eso no tiene por qu&eacute; implicar un cambio de r&eacute;gimen, pero s&iacute; violencia, sanciones y coerci&oacute;n diplom&aacute;tica al servicio de una estrategia energ&eacute;tica m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, hay otros factores en juego. Por ejemplo, la debilidad del r&eacute;gimen iran&iacute;, tras las leg&iacute;timas y necesarias manifestaciones de protesta en su contra, y el inter&eacute;s de Israel de aprovechar cada oportunidad para proseguir con su agenda expansionista. Pero entre todos esos factores posibles, todos complementarios, los que menos importancia real tienen son los que nos interpelan sobre la legitimidad democr&aacute;tica y el respeto a los derechos humanos. Lo curioso es que, aunque d&eacute;biles, siguen siendo la vieja propaganda a la que se agarran los dirigentes occidentales para justificar ante sus ciudadanos el imperialismo de Estados Unidos. Baste ver que Feij&oacute;o ha dicho que &laquo;Espa&ntilde;a debe estar con las democracias liberales&raquo;, como si en Ir&aacute;n se estuviera disputando el futuro de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Es tan burdo que no est&aacute; funcionando. Una encuesta de la CNN se&ntilde;ala que el 59% de los estadounidenses desaprueba el ataque sobre Ir&aacute;n; un porcentaje que alcanza el 82% entre los dem&oacute;cratas pero que llega al 23% entre los republicanos. Es de imaginar que entre los europeos los n&uacute;meros mostrar&aacute;n todav&iacute;a mayor oposici&oacute;n a la intervenci&oacute;n militar, tal y como sucedi&oacute; hace dos d&eacute;cadas respecto a Irak. Quiz&aacute;s a Trump no le importe y tienen raz&oacute;n los que creen que usar&aacute; cualquier excusa para impedir las pr&oacute;ximas elecciones; pero ese no es el caso previsible para Europa.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, conviene poner en valor que el Gobierno de Espa&ntilde;a ha sido uno de los pocos en posicionarse con claridad contra la intervenci&oacute;n, reclamando el respeto al derecho internacional en foros donde la mayor&iacute;a de los socios europeos ha optado por apoyar a Estados Unidos e Israel o ha optado por el silencio c&oacute;mplice y la ambig&uuml;edad calculada. Algunos ya est&aacute;n recogiendo cable y asumiendo posiciones m&aacute;s cr&iacute;ticas. Al mismo tiempo, las derechas espa&ntilde;olas han optado por el camino opuesto al gobierno: salir en tromba a respaldar la operaci&oacute;n militar, aline&aacute;ndose con una pol&iacute;tica exterior estadounidense que la mayor&iacute;a de sus propios ciudadanos rechaza. Que la oposici&oacute;n conservadora espa&ntilde;ola sea m&aacute;s trumpista que el electorado republicano medio dice mucho sobre d&oacute;nde sit&uacute;an sus lealtades. Es tambi&eacute;n un aviso a navegantes por si esta gente llega alg&uacute;n d&iacute;a a gobernar. Quiz&aacute;s Feij&oacute;o sue&ntilde;a tambi&eacute;n con hablar espa&ntilde;ol con acento tejano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-no-necesita-excusas_129_13040167.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 22:16:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6a8cc66a-54b9-4a47-990d-af83b5b3d30a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="15048164" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6a8cc66a-54b9-4a47-990d-af83b5b3d30a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="15048164" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando la guerra ya no necesita excusas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6a8cc66a-54b9-4a47-990d-af83b5b3d30a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mito de que trabajar más nos hace más ricos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/mito-trabajar-ricos_129_13033553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fe285d7-1a00-47e8-a8ab-a1b05d056446_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137746.jpg" width="6000" height="3375" alt="El mito de que trabajar más nos hace más ricos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El discurso de “trabajar más” tiende a aparecer cuando un país está perdiendo posición en la división internacional del trabajo; es la solución más sencilla porque no exige enfrentarse a los intereses del capital y el rentismo ni planificar el futuro dentro de límites reconocidos, sino únicamente exigir sacrificios a la población</p><p class="subtitle">¿Cómo afecta la incertidumbre a la economía? España lleva quince años por las nubes y los aranceles de Trump son solo la puntilla
</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas, el canciller alem&aacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/merz-da-muerto-orden-internacional-llama-fortalecer-europa_1_12989980.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Friedrich Merz</a>, sugiri&oacute; que Alemania no tendr&aacute; futuro si sus trabajadores no trabajan m&aacute;s duro. Seg&uacute;n explic&oacute;, al volver de un viaje a China las cosas se le aparecieron mucho m&aacute;s claras, lo que le llev&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la <a href="https://www.eldiario.es/economia/economia-alemana-sigue-gripada-revision-espera-carburante-industrial_1_12731547.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prosperidad de su pa&iacute;s</a> no podr&aacute; garantizarse con semanas laborales de corta duraci&oacute;n &mdash;puso el ejemplo de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/estudio-refleja-problemas-dormir-burnout-trabajadores-aplicar-semana-laboral-4-dias_1_12472870.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">semana de cuatro d&iacute;as</a>&mdash; y basadas en la <a href="https://www.eldiario.es/economia/portugueses-prueban-semana-laboral-cuatro-dias-20-ansiedad-e-insomnio_1_10770979.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conciliaci&oacute;n</a> entre la vida personal y laboral. En concreto, atac&oacute; las <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-duplicado-bajas-laborales-datos-alejan-mantra-absentismo_1_12580699.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bajas por enfermedad</a>, sugiriendo, literalmente, que con mejores incentivos la gente preferir&aacute; trabajar que <a href="https://www.eldiario.es/economia/absentismo-trabajadores-repetidores-lenguaje-culpabiliza-baja-medica_1_12998403.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pedirse la baja</a> cuando enfermen. Sin duda, apunta al tipo de proyecto europeo que ciertas &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas desean construir: uno que erradique las conquistas sociales condensadas en el Estado Social.
    </p><p class="article-text">
        Para mi sorpresa, el economista Branko Milanovic &mdash;gran conocedor de la historia del pensamiento econ&oacute;mico y, adem&aacute;s, un intelectual progresista que acaba de participar en un evento del Gobierno de Espa&ntilde;a&mdash; ha afirmado que Merz tiene raz&oacute;n. Su argumento es que los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos son tambi&eacute;n los pa&iacute;ses donde se trabaja m&aacute;s horas y que, hist&oacute;ricamente, es cierto que si un pa&iacute;s quiere m&aacute;s consumo y renta tiene que trabajar m&aacute;s; y, a la inversa, que si quiere m&aacute;s tiempo de ocio, tiene que asumir que tendr&aacute; menores niveles de ingresos por persona. 
    </p><p class="article-text">
        La virtud del an&aacute;lisis de Milanovic es que se&ntilde;ala a las claras un <em>trade-off </em>que ha acompa&ntilde;ado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos: la necesidad de elegir entre el tiempo &mdash;y energ&iacute;a&mdash; dedicado a la producci&oacute;n y el disponible para otros menesteres. El problema obvio tanto de Milanovic como de Merz es que, al centrar el an&aacute;lisis en las horas de trabajo, se oculta que no todas las actividades econ&oacute;micas son iguales y que, por lo tanto, lo que llamamos riqueza puede variar entre dos regiones a pesar de que sus trabajadores tengan la misma jornada laboral. Veamos estas dos dimensiones de manera separada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Trabajar, &iquest;cu&aacute;nto es suficiente?</strong></h2><p class="article-text">
        Una de las desmitificaciones m&aacute;s importantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas por parte de los antrop&oacute;logos ha sido, precisamente, la que se refiere a las horas de trabajo en las sociedades de cazadores-recolectores. El mito que est&aacute; impl&iacute;cito en la idea moderna de progreso es que las sociedades han avanzado desde estadios inferiores llenos de sufrimiento y penurias hacia sociedades m&aacute;s avanzadas con mejor bienestar material. En realidad, depende del indicador. Por ejemplo, en t&eacute;rminos de enfermedades, calidad de la dieta o duraci&oacute;n de las jornadas laborales, la <em>Revoluci&oacute;n Neol&iacute;tica </em>&mdash;el paso desde sociedades de cazadores-recolectores hacia sociedades agrarias&mdash; fue un mal negocio: se viv&iacute;a bastante mejor en las primeras. Renunciar a esa situaci&oacute;n relativamente mejor fue el coste para poder disfrutar de sociedades m&aacute;s numerosas. Pero es llamativo que, para aprovisionarse de alimentos, algunas comunidades humanas dedicadas a la caza y la recolecci&oacute;n tuvieran que dedicar menos de veinte horas a la semana.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, la tecnolog&iacute;a disponible en esas sociedades de cazadores-recolectores no puede compararse con la que estar&iacute;a disponible en modos de producci&oacute;n posteriores. Por eso decimos que las horas de trabajo no se insertan en un vac&iacute;o institucional, lo que nos obliga a considerar aspectos tales como la tecnolog&iacute;a o la pol&iacute;tica cuando establecemos comparaciones. Las sociedades agrarias de la Edad Media eran profundamente desiguales, y aun as&iacute; los d&iacute;as de trabajo al a&ntilde;o eran tambi&eacute;n mucho m&aacute;s reducidos que en la actualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Los historiadores econ&oacute;micos Jane Humphries y Jacob Weisdorf calcularon que en la Inglaterra del siglo XIII se trabajaba un promedio de 200 d&iacute;as al a&ntilde;o. Esa cifra alcanz&oacute; su m&iacute;nimo tras la Peste Negra, que acab&oacute; con la mitad de la poblaci&oacute;n y result&oacute; en un poder de negociaci&oacute;n enorme de los trabajadores &mdash;no por casualidad a ese per&iacute;odo se denomina habitualmente <em>Crisis del feudalismo</em>&mdash;. El trabajo de estos historiadores es relevante porque confirma que la irrupci&oacute;n del capitalismo fue paralela a una mayor intensificaci&oacute;n del trabajo, algo que despeg&oacute; a partir del siglo XVII y que condujo a una media de 250 d&iacute;as trabajados por a&ntilde;o en 1700 y de 350 d&iacute;as trabajados para 1850.
    </p><p class="article-text">
        En su estudio, Humphries y Weisdorf dejaron en el aire la pregunta de si este incremento de horas trabajadas fue una elecci&oacute;n por parte de gente que quer&iacute;a m&aacute;s consumo y de ese modo sacrificaba tiempo de ocio &mdash;como suponen algunos historiadores y parece apoyar el enfoque de Milanovic&mdash; o si fue una imposici&oacute;n externa por parte de los empresarios o de la propia emergente din&aacute;mica capitalista. En esa controversia a m&iacute; me parece bastante obvio que fue lo segundo. Est&aacute; ampliamente documentado, por ejemplo, que los trabajadores medievales cesaban de trabajar cuando cumpl&iacute;an los objetivos de producci&oacute;n y que, para introducirlos en una l&oacute;gica capitalista, fue necesaria una combinaci&oacute;n criminal de represi&oacute;n civil y desposesi&oacute;n de medios de producci&oacute;n &mdash;los famosos <em>enclosures</em> o cercamientos&mdash;. En este punto, la historiograf&iacute;a brit&aacute;nica marxista sigue siendo una gu&iacute;a mucho m&aacute;s apegada a lo que sucedi&oacute; realmente en las vidas cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        Solo a partir de mediados del siglo XIX puede considerarse que las horas de trabajo anuales comenzaran a reducirse progresivamente. Esto coincidi&oacute; con el despliegue de las tecnolog&iacute;as de la segunda revoluci&oacute;n industrial y con el crecimiento y fortalecimiento del movimiento obrero. Esto segundo parece ser mucho m&aacute;s importante, lo que queda m&aacute;s claro examinando un aspecto particular del tiempo de trabajo: las vacaciones y los festivos. Estos d&iacute;as de descanso estaban vinculados a las festividades religiosas, pero fueron seculariz&aacute;ndose por efecto de un movimiento obrero que exig&iacute;a mejores condiciones de vida. 
    </p><p class="article-text">
        En 1870, los trabajadores del Reino Unido disfrutaban de 14 d&iacute;as de descanso frente a los ocho de Estados Unidos. Aun as&iacute;, no fueron pagadas hasta que, en la d&eacute;cada de 1920, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica dio el primer paso, tras lo cual el movimiento obrero presion&oacute; para su implantaci&oacute;n en todo Occidente. Al t&eacute;rmino de la II Guerra Mundial, ya hab&iacute;a 24 d&iacute;as de descanso pagado en Reino Unido, por 17 de Estados Unidos; y en el a&ntilde;o 2000 en el Reino Unido eran 32 por 20 de Estados Unidos &mdash;que empezaba a reducirlas respecto a la d&eacute;cada anterior&mdash;. En l&iacute;neas generales, donde el movimiento obrero es m&aacute;s fuerte las jornadas son menos intensas y se cuenta con m&aacute;s d&iacute;as de descanso. 
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica del trumpismo, y que tanto Merz como Milanovic asumen, es que trabajar m&aacute;s horas es indicativo de prosperidad. En esta narrativa el descanso se presenta como un problema econ&oacute;mico serio. El debate contempor&aacute;neo gira en torno a las diferencias entre Europa y Estados Unidos. Por ejemplo, al comienzo del siglo XXI, en Europa se trabajaban una media de 1.564 horas frente a las 1.868 de Estados Unidos, Canad&aacute; y Australia. Los trumpistas afirman que esto es se&ntilde;al de que su naci&oacute;n es m&aacute;s poderosa. Pero, &iquest;es realmente un pa&iacute;s m&aacute;s rico por trabajar m&aacute;s horas?
    </p><h2 class="article-text"><strong>El asunto de la productividad</strong></h2><p class="article-text">
        El economista Jos&eacute; Manuel Naredo &mdash;siguiendo aqu&iacute; a Lewis Mumford y Marshall Sahlins&mdash; subray&oacute; que las sociedades de cazadores-recolectores eran, por las razones arriba expuestas, sociedades de abundancia y no de escasez. Ten&iacute;an todo lo que quer&iacute;an, por lo que dejaban de trabajar en cuanto alcanzaban sus limitadas necesidades. En las sociedades agrarias posteriores ese enfoque se mantuvo &mdash;si bien en contextos mucho m&aacute;s jerarquizados y violentos&mdash; de modo que las innovaciones tecnol&oacute;gicas que aparec&iacute;an, como el molino de agua, se interpretaban como regalos que permit&iacute;an trabajar menos tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil comprender este hecho desde el punto de vista econ&oacute;mico. La <a href="https://www.eldiario.es/economia/cara-b-productividad-trabajadores-son-vez-eficientes-capital-todavia-le-pesa-ladrillo_1_12950554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">productividad</a> es una relaci&oacute;n entre el output &mdash;por ejemplo, una cierta cantidad de grano o una silla&mdash; y la intensidad del trabajo &mdash;por ejemplo, n&uacute;mero de horas trabajadas o n&uacute;mero de trabajadores&mdash;. Con una innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica es posible producir la misma cantidad de output con menos horas de trabajo, ya que el molino de agua ahorra esfuerzo humano. La tecnolog&iacute;a, en este caso, es una bendici&oacute;n &mdash;aspecto <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inteligencia-artificial-revela-capitalismo_129_13020702.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al que me refer&iacute; el otro d&iacute;a</a>&mdash;; al fin y al cabo, significaba la posibilidad de disponer de m&aacute;s tiempo de ocio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque es muy f&aacute;cil medir la productividad en t&eacute;rminos f&iacute;sicos, existe una gran controversia sobre la capacidad y utilidad de hacerlo en t&eacute;rminos monetarios. Es intuitivo saber que si produces dos sillas en el mismo tiempo de trabajo que antes produc&iacute;as una, has multiplicado por dos tu productividad. Pero cuando una empresa produce sillas, mesas, casas, veh&iacute;culos y tomates al mismo tiempo, la situaci&oacute;n se complica hasta el extremo. 
    </p><p class="article-text">
        Los economistas utilizan entonces los precios para sumar conceptos distintos, lo que ha dado lugar a numerosas controversias metodol&oacute;gicas &mdash;que no cabe apuntar aqu&iacute;, pero que ponen de relieve el precario estatus cient&iacute;fico de la llamada ciencia econ&oacute;mica&mdash;. En todo caso, se opera sumando los valores de los distintos elementos materiales que se producen: el valor de la silla, de la mesa, etc. La suma de todos los conceptos que produce una econom&iacute;a es lo que permite decir, por ejemplo, que Espa&ntilde;a tuvo en 2025 un Producto Interior Bruto de 1.685.783 millones de euros. 
    </p><p class="article-text">
        Un problema obvio de este proceder es que desfigura la importancia de saber qu&eacute; tipo de productos se crean por cada pa&iacute;s. &iquest;Es lo mismo producir una silla que un avi&oacute;n?, &iquest;y vender un tour tur&iacute;stico que consultor&iacute;a de alto nivel? Los economistas convencionales suelen prestar escasa o nula atenci&oacute;n a la cuesti&oacute;n de la estructura productiva, pero es lo realmente determinante a la hora de saber si la econom&iacute;a de un pa&iacute;s est&aacute; o no desarrollada &mdash;y cu&aacute;les son sus vulnerabilidades y l&iacute;mites&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, el n&uacute;mero de horas trabajadas en Grecia es de 1.893; en Espa&ntilde;a, de 1.638; y en Alemania, de 1.335. Sin embargo, el Producto Interior Bruto por hora trabajada es en Alemania de 93,7 d&oacute;lares; en Espa&ntilde;a, de 73,4 d&oacute;lares; y en Grecia, de 44,9 d&oacute;lares. &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Para empezar, que es radicalmente falso que un pa&iacute;s sea m&aacute;s rico por realizar m&aacute;s horas de trabajo. Lo que se&ntilde;alan estos indicadores es que la hora de trabajo en Alemania es m&aacute;s productiva que en Espa&ntilde;a, y en Espa&ntilde;a, que en Grecia. Y eso no nos habla de lo vagos que son unos respecto a otros, sino del tipo de producci&oacute;n habitual que tiene cada pa&iacute;s. O lo que es lo mismo: nos habla de estructura productiva. 
    </p><p class="article-text">
        Si en una hora de trabajo una econom&iacute;a A produce una silla valorada en el mercado en 100 euros, y otra econom&iacute;a B produce un veh&iacute;culo valorado en 10.000, la segunda es cien veces m&aacute;s productiva. Y, en este punto, dar&aacute; igual cu&aacute;ntas horas de trabajo adicionales hagan los trabajadores de la econom&iacute;a A &mdash;o, al caso, cu&aacute;ntos descansos se les quite durante esa hora de trabajo&mdash;. El tr&aacute;nsito desde una econom&iacute;a A hacia una econom&iacute;a B no depender&aacute; de la intensidad del trabajo durante la jornada laboral, ni tampoco de la extensi&oacute;n de esta, sino de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y el papel del Estado &mdash;pol&iacute;tica industrial, de hecho&mdash; para incentivar producciones de m&aacute;s calidad y m&aacute;s baratas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El verdadero dilema</strong></h2><p class="article-text">
        El desquicie de Merz tiene que ver con que Alemania es una <a href="https://www.eldiario.es/economia/nueva-economica-desafia-prosperidad-europea_1_12617222.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">econom&iacute;a estancada</a>. &Eacute;l ha estado en China y cree que el problema es que los trabajadores alemanes tienen demasiados beneficios laborales y sociales; y que deber&iacute;an trabajar m&aacute;s duro. Pero el problema real de la econom&iacute;a alemana es que tiene una competidora de alto nivel en segmentos donde ellos eran antes dominantes &mdash;como la industria del <a href="https://www.eldiario.es/economia/china-abre-mano-nexperia-vuelva-mandar-chips-industria-automovil_1_12749977.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autom&oacute;vil</a>&mdash;, lo que provoca que sus <a href="https://www.eldiario.es/economia/ford-bosch-anuncian-recortes-empleo-alemania-baja-demanda-coches-electricos_1_12607708.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ventas y beneficios</a> se est&eacute;n reduciendo. Esto es lo que s&iacute; ve correctamente el an&aacute;lisis de Milanovic: la pulsi&oacute;n de la competencia capitalista empuja a todos los actores a rebajar sus condiciones de trabajo a fin de poder &ldquo;prosperar&rdquo; &mdash;aunque, como siempre, unos por encima de otros&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Habiendo estado en China, el canciller alem&aacute;n podr&iacute;a haber aprendido que la estrategia del gigante asi&aacute;tico consisti&oacute; en la combinaci&oacute;n de mano de obra barata y, sobre todo, de una <a href="https://www.eldiario.es/economia/china-fija-prioridad-proxima-decada-alcanzar-autosuficiencia-tecnologica_1_12713035.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;tica industrial</a> impulsada por el Estado. Por alguna raz&oacute;n que desconocemos, no ha querido verlo as&iacute;, aunque es la propia dirigencia china la que lo explica de tal modo. 
    </p><p class="article-text">
        Para &eacute;l, como para tantos economistas convencionales, todo se reduce a trabajar m&aacute;s tiempo y mercantilizar m&aacute;s &aacute;mbitos de la vida. Ello permite, adem&aacute;s, introducir una dimensi&oacute;n religioso-moral sobre la &eacute;tica del trabajo y el car&aacute;cter disciplinado del trabajador alem&aacute;n, tan del atractivo de ciertas visiones esencialistas de la naci&oacute;n germana. Lo que hay detr&aacute;s es la vuelta de tuerca de la vieja l&oacute;gica capitalista, solo que ahora con un movimiento obrero mucho m&aacute;s desorganizado y d&eacute;bil. 
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que las limitadas gafas de los economistas no nos permiten imaginar un mundo viable. La l&oacute;gica descrita acr&iacute;ticamente por Milanovic nos habla de la competencia sin fin entre pa&iacute;ses para producir bienes y servicios cada vez m&aacute;s baratos, donde no hay l&iacute;mites ni naturales, ni econ&oacute;micos ni sociales. Karl Polanyi teoriz&oacute; sobre la imposibilidad de someter al cuerpo social a una mercantilizaci&oacute;n extrema, alertando sobre la consecuencia sociopol&iacute;tica de este proyecto &mdash;el fascismo&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Los economistas ecol&oacute;gicos y los cient&iacute;ficos naturales nos explicaron que la econom&iacute;a tiene l&iacute;mites biof&iacute;sicos que, si se traspasan, implican consecuencias catastr&oacute;ficas para la vida. Y el puro sentido com&uacute;n y la contabilidad nos dice que no todos los pa&iacute;ses pueden ser ni exportadores netos ni vendedores mundiales de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos y bater&iacute;as de productos electr&oacute;nicos. La econom&iacute;a se mueve necesariamente dentro de l&iacute;mites que los economistas se empe&ntilde;an en negar una y otra vez. 
    </p><p class="article-text">
        El discurso de &ldquo;trabajar m&aacute;s&rdquo; tiende a aparecer precisamente cuando un pa&iacute;s est&aacute; perdiendo posici&oacute;n en la divisi&oacute;n internacional del trabajo. Cuando los dirigentes pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos repiten que debemos trabajar m&aacute;s est&aacute;n formulando un proyecto social: uno en el que la &ldquo;prosperidad&rdquo; depende de intensificar la explotaci&oacute;n sobre la clase trabajadora. Es la soluci&oacute;n m&aacute;s sencilla porque no exige enfrentarse a los intereses del capital y el rentismo ni planificar el futuro dentro de l&iacute;mites reconocidos, sino &uacute;nicamente exigir sacrificios a la poblaci&oacute;n. Pero una econom&iacute;a que aspira a sobrevivir haciendo trabajar m&aacute;s a su gente es una econom&iacute;a que ha renunciado a ofrecer progreso. Se trata de darle la vuelta al argumento que tenemos inoculado en nuestro &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; y reconocer que una econom&iacute;a verdaderamente avanzada es la que logra liberar a su poblaci&oacute;n del tiempo de trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/mito-trabajar-ricos_129_13033553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2026 21:43:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6fe285d7-1a00-47e8-a8ab-a1b05d056446_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137746.jpg" length="5927338" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6fe285d7-1a00-47e8-a8ab-a1b05d056446_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137746.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5927338" width="6000" height="3375"/>
      <media:title><![CDATA[El mito de que trabajar más nos hace más ricos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6fe285d7-1a00-47e8-a8ab-a1b05d056446_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137746.jpg" width="6000" height="3375"/>
      <media:keywords><![CDATA[Riqueza,Alemania,Friedrich Merz,China,Derechos laborales]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
