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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_garzon_espinosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/si-capitalismo-tuvo-inicio-tendra-final_129_13526570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f23e791-5ac9-4638-b309-27144418bc52_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151690.jpg" width="3337" height="1877" alt="Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando a comienzos del XX la competencia entre países se recrudeció y contribuyó a crear las condiciones que desembocaron en las dos guerras mundiales, Beckert sugiere que las reacciones defensivas de países como Francia o Alemania estuvieron motivadas por el miedo a una potencia en ascenso, Estados Unidos</p><p class="subtitle">Alberto Garzón: “El sistema nos oprime hasta tal punto que captura nuestro tiempo”</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se publica en espa&ntilde;ol el monumental libro de Sven Beckert, <em>Capitalismo: una historia global </em>(Cr&iacute;tica). Son m&aacute;s de 1.000 p&aacute;ginas con una descripci&oacute;n exhaustiva de la trayectoria hist&oacute;rica del capitalismo, escoltadas por m&aacute;s de trescientas p&aacute;ginas adicionales de bibliograf&iacute;a y notas. No abundan las obras tan documentadas y, a pesar de ello, tambi&eacute;n amenas en su redacci&oacute;n; se encuentra en el equilibrio id&oacute;neo entre el profundo conocimiento del acad&eacute;mico y el &aacute;nimo divulgador que sale de las torres de marfil de las universidades para llegar al gran p&uacute;blico. El libro fue publicado en ingl&eacute;s a finales del a&ntilde;o pasado, recibiendo una entusiasta acogida que reconoc&iacute;a, ante todo, la capacidad de Beckert para sintetizar el vast&iacute;simo conocimiento acumulado sobre la historia del capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, tambi&eacute;n ha recibido cr&iacute;ticas por el enfoque general de la obra, por la aproximaci&oacute;n respecto a diversos asuntos y por ciertas ausencias o insuficiencias. Pero claro, cuando alguien se propone escribir nada m&aacute;s y nada menos que la historia del capitalismo, y adem&aacute;s remont&aacute;ndose a procesos que tuvieron lugar hace mil a&ntilde;os, supongo que damos por hecho que resulta imposible contentar a todo el mundo. No existe, ni puede existir, tal cosa como una obra perfecta. Pero una cosa est&aacute; clara: <em>Capitalismo</em> es ya un texto de referencia imprescindible para quien quiera saber de d&oacute;nde venimos y adem&aacute;s desee disponer de herramientas con las que comprender mejor hacia d&oacute;nde nos dirigimos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El motor de la transformaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        En <em>Capitalismo</em>, debemos pensar el capital como una especie de virus, cuya primera fotograf&iacute;a se captura en el siglo XII en Ad&eacute;n, en la actual Yemen. All&iacute; est&aacute; documentada la existencia de pr&aacute;cticas de maximizaci&oacute;n del beneficio por parte de un grupo notable de mercaderes, es decir, de personas que obten&iacute;an dinero gracias al comercio de bienes. Aunque se trataba de una sociedad fundamentalmente agraria y tributaria, que estaba regida por normas y costumbres sociales, la actividad de estos mercaderes estaba marcada por una l&oacute;gica totalmente distinta. Esa l&oacute;gica es la que justifica que se considere el caso de Ad&eacute;n como una &ldquo;isla del capital&rdquo;, una simiente de lo que estaba por venir. 
    </p><p class="article-text">
        Recalca Beckert que Ad&eacute;n no fue la cuna del capitalismo, pero s&iacute; la prueba de que exist&iacute;an ya capitalistas en tiempos pret&eacute;ritos. Y como all&iacute;, tambi&eacute;n en otros lugares del planeta donde los capitalistas eran elementos marginales dentro de sociedades no capitalistas. Desde esta perspectiva, el capitalismo se fue gestando progresivamente en la interrelaci&oacute;n entre esas islas del capital, en un proceso que contaminaba con su l&oacute;gica a otros espacios del mundo y, al final, ha llegado a infectar el mundo entero. Si hoy casi todo a nuestro alrededor es una mercanc&iacute;a, y consecuentemente tiene un precio &mdash;incluy&eacute;ndonos a nosotros mismos como fuerza de trabajo&mdash; todo ello comenz&oacute; en esas islas del capital.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, aquellos mercaderes encarnaban las pr&aacute;cticas que hoy conocemos como capitalistas, y que poco a poco fueron invadiendo no solo otras regiones del planeta sino tambi&eacute;n otros espacios de la vida econ&oacute;mica y social. A medida que los mercaderes se relacionaban entre s&iacute; en el comercio a larga distancia, fueron constituy&eacute;ndose archipi&eacute;lagos del capital y sus posiciones ganaron fuerza. En un continuo despliegue y expansi&oacute;n, fueron colonizando la vida humana al tiempo que generaban resistencias entre las gentes comunes y las &eacute;lites tradicionales, celosas de la riqueza creciente de los mercaderes. Esas resistencias y otros obst&aacute;culos pod&iacute;an ser superados mediante el establecimiento de alianzas con y dentro del Estado, lo que la mayor&iacute;a de las veces quer&iacute;a decir la fuerza y la guerra. En <em>Capitalismo</em>, en efecto, el Estado es un actor central sin el cual no puede entenderse ni el origen ni el triunfo de la l&oacute;gica del capital y de sus actores habituales, como las empresas privadas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las resistencias pol&iacute;ticas, en <em>Capitalismo </em>tambi&eacute;n hay l&iacute;mites ecol&oacute;gicos que los mercaderes buscan superar. Se trata de la escasez relativa de recursos naturales, y que es responsable de lo que Beckert llama &ldquo;fronteras de mercanc&iacute;as&rdquo;, es decir, una forma de designar al proceso por el cual el agotamiento de un recurso &mdash;un bosque, un suelo, una poblaci&oacute;n a la que esclavizar&mdash; provoca un desplazamiento de la actividad hacia otro lugar donde poder seguir explotando nuevos recursos. As&iacute;, el movimiento del capital se caracteriza por el aterrizaje en un territorio, la mercantilizaci&oacute;n de los recursos que requiere el capital para reproducirse, su explotaci&oacute;n y esquilmaci&oacute;n y, tras el agotamiento definitivo, la mudanza a otro lugar en el que seguir replicando el proceso. <em>Capitalismo </em>est&aacute; lleno de casos hist&oacute;ricos en los que se documenta este proceso de explotaci&oacute;n y saqueo sucesivo y que demuestra, siguiendo a Jason Moore, que el capital pone a su servicio la &ldquo;naturaleza barata&rdquo; en un despliegue aparentemente sin fin. Esta l&oacute;gica llega a la actualidad y, por ejemplo, la b&uacute;squeda competitiva y la extracci&oacute;n desenfrenada de minerales cr&iacute;ticos conforma lo que Theo Riofrancos llama &ldquo;fronteras del capitalismo verde&rdquo;. En este sentido, las fronteras no son l&iacute;mites nacionales, sino la capa m&aacute;s exterior de la l&oacute;gica del capital. Con estas palancas, los mercaderes y las fronteras de mercanc&iacute;as, el capitalismo de Beckert se despliega a lo largo de sus estimulantes p&aacute;ginas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los l&iacute;mites del capitalismo</strong></h2><p class="article-text">
        En <em>Capitalismo </em>hay algo que se echa bastante en falta: la cuesti&oacute;n de los l&iacute;mites. Cuando se concedi&oacute; el premio Nobel de 2025 ya tuve la oportunidad de <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nobel-suicidio-ecologico_129_12705328.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablar de ello en estas mismas p&aacute;ginas</a>, pero merece la pena insistir en ello. Si para la mayor&iacute;a de los marxistas el origen del capitalismo est&aacute; en la historia del comercio y/o en las transformaciones en las relaciones de propiedad, para los economistas convencionales suele situarse en el surgimiento de instituciones tales como la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la democracia o el sistema monetario. Pero ninguno de ellos suele conceder suficiente importancia a la energ&iacute;a y el papel de los recursos naturales.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el sentido com&uacute;n dominante sugiere que el capitalismo no enfrenta l&iacute;mites reales, sino, en el mejor de los casos, obst&aacute;culos salvables a trav&eacute;s de la acci&oacute;n humana. As&iacute; que suponemos que el crecimiento econ&oacute;mico podr&iacute;a continuar indefinidamente si se toman las decisiones correctas; el debate habitual est&aacute; en cu&aacute;les son esas decisiones (&iquest;Ampliar o disminuir el espacio del mercado autorregulado? &iquest;Reducir la desigualdad de ingreso y riqueza? &iquest;Recuperar la soberan&iacute;a monetaria? &iquest;Invertir mucho m&aacute;s en investigaci&oacute;n y desarrollo?). Sin embargo, desde los a&ntilde;os setenta lo que hoy conocemos como Econom&iacute;a Ecol&oacute;gica ha desafiado esa creencia y ha puesto encima de la mesa la posibilidad de que el capitalismo enfrente l&iacute;mites al margen de las decisiones humanas, esto es, l&iacute;mites biof&iacute;sicos; es decir, l&iacute;mites sobre los que se puede actuar, pero que no se pueden derogar. Con todo, la mayor&iacute;a de los economistas hacen caso omiso de estas advertencias, minimizando el problema (incluso cuando una de sus expresiones es el cambio clim&aacute;tico, que tiende a reconocerse) o confiando en que la creatividad humana terminar&aacute; resolviendo los problemas con m&aacute;s tecnolog&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es que los economistas cl&aacute;sicos, como David Ricardo y Thomas Malthus, y, ya despu&eacute;s, William Stanley Jevons, consideraban que el crecimiento econ&oacute;mico infinito era imposible. Para ellos era obvio que exist&iacute;an l&iacute;mites asociados a la tierra y/o a los recursos naturales. Marx fue reticente a la idea de l&iacute;mites absolutos v&aacute;lidos para todo sistema econ&oacute;mico, aunque el asunto sigue discuti&eacute;ndose; aceptaba que el capitalismo ten&iacute;a l&iacute;mites internos, pero no que el socialismo del futuro arrastrara tal d&eacute;ficit. Y aunque esta v&iacute;a qued&oacute; cegada para la construcci&oacute;n del <em>sentido com&uacute;n </em>de la mayor&iacute;a de los economistas, sigui&oacute; siendo materia de investigaci&oacute;n y teorizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde este otro programa de investigaci&oacute;n, que se inspira en el trabajo de E. A. Wrigley, Kenneth Pomeranz, Georgescu-Roegen o Paolo Malanima, el capitalismo industrial solo fue posible porque se ech&oacute; mano de los combustibles f&oacute;siles (primero como fuente de calor, liberando tierra, y luego de energ&iacute;a mec&aacute;nica, elevando la productividad). Esa condici&oacute;n necesaria, pero no suficiente, permiti&oacute; a las econom&iacute;as romper con los l&iacute;mites que hab&iacute;a impuesto la tierra a todas las sociedades desde el surgimiento de la humanidad, pero a costa de consumir un stock no renovable que estamos dilapidando como si fu&eacute;ramos un heredero imprudente. As&iacute;, la disponibilidad de una fuente incre&iacute;ble de energ&iacute;a fosilizada permiti&oacute; a las sociedades que supieron aprovecharlo dar un salto gigante en la capacidad productiva y, cuando la lucha pol&iacute;tica lo promovi&oacute;, tambi&eacute;n en las mejoras de condiciones de vida del conjunto de la poblaci&oacute;n. Las consecuencias de este hecho no son meras externalidades, que es como se suele presentar al cambio clim&aacute;tico o a otros impactos ecol&oacute;gicos, sino que son consustanciales a la din&aacute;mica econ&oacute;mica. Ello quiere decir que el futuro del capitalismo est&aacute; tambi&eacute;n asociado necesariamente al destino de los combustibles f&oacute;siles y a la capacidad que tengan los seres humanos para sustituirlos por fuentes de energ&iacute;a alternativa que proporcionen los mismos servicios f&iacute;sicos (entre ellos la potencia, clave de la elevaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la productividad en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        En este punto, Beckert entra solo superficialmente. Por un lado, acepta que las sociedades preindustriales ten&iacute;an su crecimiento restringido por la disponibilidad fija de tierra, pero asume que tales limitaciones fueron superadas por los avances tecnol&oacute;gicos y, en consecuencia, los miedos maltusianos no quedaron confirmados. Es una lectura demasiado convencional, porque la preocupaci&oacute;n de los cl&aacute;sicos no qued&oacute; anulada sino suspendida, en la medida en que ese salto se sosten&iacute;a en el recurso a un stock finito. &iquest;Qu&eacute; quedar&aacute; cuando ese stock se agote? Por otro lado, en el ep&iacute;logo Beckert tambi&eacute;n concede que la creatividad que estimula el capitalismo ha sido capaz de desacoplar el crecimiento econ&oacute;mico del consumo de los combustibles f&oacute;siles. Esto es una cesi&oacute;n demasiado precipitada, porque el desacople observado es entre crecimiento econ&oacute;mico y emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero y v&aacute;lido solo para las econom&iacute;as m&aacute;s desarrolladas, y, por ejemplo, los niveles absolutos de consumo de combustibles f&oacute;siles alcanzaron en 2025 un nuevo m&aacute;ximo hist&oacute;rico. Adem&aacute;s, hoy seguimos dependiendo de los combustibles f&oacute;siles no solo para el transporte, sino tambi&eacute;n para la mayor&iacute;a de los bienes y alimentos que consumimos. De hecho, a rengl&oacute;n seguido de la cesi&oacute;n, Beckert se pregunta abiertamente si el capitalismo ser&aacute; capaz de coexistir con un mundo natural que siempre ser&aacute; finito. Y lo cierto es que, de momento, ninguna combinaci&oacute;n de fuentes energ&eacute;ticas ha logrado a la vez las dos cosas que har&iacute;an falta: dar a la econom&iacute;a mundial los servicios f&iacute;sicos que hoy le dan los f&oacute;siles, y hacerlo a tiempo.
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>El mundo que viene</strong></h2><p class="article-text">
        Si bien <em>Capitalismo</em> no abunda en cuestiones energ&eacute;ticas, s&iacute; es generoso con la tierra &mdash;suelos agotados, bosques talados, fronteras que se desplazan&mdash;. Y ocurre lo mismo con los conflictos sociales derivados del capitalismo. Estos est&aacute;n descritos con una maravillosa profundidad, y, particularmente para las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, organizados en funci&oacute;n de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. Las partes sobre la domesticaci&oacute;n del capitalismo, es decir, de lo que hemos llamado &ldquo;&eacute;poca dorada del capitalismo&rdquo; (por sus elevados niveles de crecimiento econ&oacute;mico, hoy pura quimera en Occidente), son brillantes. Y permiten contrastar con acierto las caracter&iacute;sticas del conflicto social dentro del neoliberalismo, emergiendo as&iacute; una fotograf&iacute;a de fuerte debilidad estructural de la capacidad que tienen las organizaciones obreras para influir sobre las decisiones econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n una conocida an&eacute;cdota, Margaret Thatcher lleg&oacute; a decir que una de sus principales victorias fue el laborismo y su propio l&iacute;der, Tony Blair. No le faltaba raz&oacute;n, porque aquella tercera v&iacute;a fue tanto la renuncia al reformismo (que, con todo, segu&iacute;a persiguiendo una sociedad socialista) como la manifestaci&oacute;n de la derrota ideol&oacute;gica frente a los promotores de ideas como &ldquo;el capitalismo popular&rdquo;. Durante d&eacute;cadas, en Occidente la izquierda pol&iacute;tica ha vivido tan a la defensiva que las nuevas y modestas propuestas de autores como Thomas Piketty, Gabriel Zucman o, m&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/daron-acemoglu-nobel-economia-debate-amenaza-existencial-ia-esconde-riesgos-inmediatos_1_13517771.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recientemente, Daron Acemoglu</a> parecen revolucionarias. Quiz&aacute;s por eso la derrota autoinfligida del neoliberalismo tras la crisis financiera de 2008 no dio paso a una ola progresista y socialista &mdash;que es lo que esperaba incluso alguien como Nicol&aacute;s Sarkozy cuando se adelant&oacute; para pedir una r&aacute;pida refundaci&oacute;n del capitalismo&mdash; sino a un verdadero y peligroso tsunami reaccionario en todo Occidente. La combinaci&oacute;n de una nueva divisi&oacute;n del trabajo que degrada el lugar de las econom&iacute;as que han conformado el centro mundial desde el siglo XVI, la creciente desigualdad producto de la inercia neoliberal y las ansiedades ecol&oacute;gicas y laborales son el c&oacute;ctel perfecto.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Beckert recuerda que la densidad sindical est&aacute; en retroceso, y que no es solo una cuesti&oacute;n de voluntarismo sino de problemas estructurales. Y su argumento permite plantear una cuesti&oacute;n adicional. Cuando la l&oacute;gica del capital ha avanzado hasta contaminar casi cada aspecto de nuestra vida, convirtiendo a los seres humanos en individuos aislados y tensados hasta el l&iacute;mite bajo la competencia en el mercado, es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil lograr que se abran paso comportamientos cooperativos. Una econom&iacute;a mundial en la que miles de millones de trabajadores compiten por los segmentos mejor remunerados del mercado laboral es, para el capital, una carrera a la baja salarial. Y en ese contexto estructural, en el que los trabajadores de Camboya o Kenia ocupan la &uacute;ltima posici&oacute;n en la escalera global de explotaci&oacute;n, los trabajadores de Marruecos o Tailandia la pen&uacute;ltima y los de Espa&ntilde;a o el Reino Unido los pelda&ntilde;os superiores, no es dif&iacute;cil comprender &mdash;pero nunca justificar&mdash; que el miedo azuce a los trabajadores a enfrentarse entre ellos, reclamando pol&iacute;ticas proteccionistas y/o pol&iacute;ticas antiinmigraci&oacute;n que mitiguen esa ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        Con esto llegamos al &uacute;ltimo punto que me gustar&iacute;a se&ntilde;alar en este an&aacute;lisis: las tensiones geopol&iacute;ticas. Aunque el liberalismo ingl&eacute;s nacido de las guerras napole&oacute;nicas, y especialmente desde 1846, se sosten&iacute;a sobre el imperialismo directo e indirecto sobre otras regiones del mundo, segu&iacute;a proclamando la idea de que el capitalismo estaba asociado a la paz y a un futuro mejor. Incluso una parte considerable de los pensadores de izquierdas de aquel tiempo asum&iacute;a esa tesis &mdash;muchos seguidores de Richard Cobden&mdash; que todav&iacute;a hoy muchos defienden al afirmar la equivalencia entre comercio y paz. Sin embargo, el cap&iacute;tulo 13 de <em>Capitalismo</em> nos permite retornar a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la competencia entre pa&iacute;ses se recrudeci&oacute; y contribuy&oacute; a crear las condiciones que desembocaron en las dos guerras mundiales. La pregunta central es, &iquest;por qu&eacute; pas&oacute;? Beckert sugiere que las reacciones defensivas de pa&iacute;ses como Francia o Alemania estuvieron motivadas por el miedo a una potencia en ascenso, Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        Cabe recordar que tanto Alemania como Estados Unidos estaban entonces acelerando su industrializaci&oacute;n, que se llev&oacute; a cabo mediante pol&iacute;ticas mercantilistas de protecciones arancelarias y apoyo a las industrias nacientes, y se sab&iacute;an necesitados de materias primas. Beckert cita, por ejemplo, a Friedrich Naumann, un pol&iacute;tico liberal alem&aacute;n que defendi&oacute; la necesidad de expandir las colonias a fin de asegurar la provisi&oacute;n de recursos naturales que requer&iacute;a su industria. Era una visi&oacute;n generalizada y que, adem&aacute;s, ten&iacute;a un precedente hist&oacute;rico inmediato: era justo lo que hab&iacute;a hecho Estados Unidos al expandirse hacia el oeste, matando y aislando a los nativos &mdash;que la ideolog&iacute;a dominante consideraba inferiores&mdash; y haci&eacute;ndose con sus tierras y recursos. El colonialismo de finales del siglo XIX tambi&eacute;n reflejaba una concepci&oacute;n de mundo de suma cero. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no por casualidad, actualmente asistimos a un retorno de las mismas propuestas mercantilistas en Occidente y, en gran medida, justificadas con argumentos similares. La militarizaci&oacute;n de Occidente avanza a ritmos agigantados mientras las industrias se repliegan a sus territorios, donde el cobijo de los Estados les garantiza buenas defensas frente a sus amenazas en el mercado internacional. El Estado est&aacute; volviendo, pero no para ensanchar los derechos de la clase trabajadora, sino para dirigir la pol&iacute;tica industrial que busca &ldquo;asegurar&rdquo; las cadenas de producci&oacute;n. En otro lugar he defendido este p&eacute;ndulo entre libre comercio/proteccionismo y concepci&oacute;n de la riqueza como juego de suma positiva/suma cero. Hoy, en medio de la crisis ecosocial, y cuando ni siquiera los milmillonarios conf&iacute;an en el futuro, deseosos de marchar a Marte o construir b&uacute;nkeres subterr&aacute;neos, parece m&aacute;s urgente que nunca reorganizar las resistencias al capitalismo. Porque nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/si-capitalismo-tuvo-inicio-tendra-final_129_13526570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 20:03:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Alemania,Francia,Estados Unidos,Industria,Comercio,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hemos perdido el control sobre la IA?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hemos-perdido-control-ia_129_13515047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d2974ba-798b-4502-87f0-808fe850593e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hemos perdido el control sobre la IA?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo extraño en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale públicamente a decir que está en condiciones de matarnos a todos. Esa disociación solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no está bajo el control de su diseñador. Y esto es, como mínimo cuestionable</p></div><p class="article-text">
        Dicen los l&iacute;deres e ingenieros de las principales compa&ntilde;&iacute;as occidentales de inteligencia artificial que sus programas pueden acabar con la humanidad. Algunos discuten sobre si la probabilidad es mayor o menor del 10%. Pero lo curioso es que estos anuncios catastrofistas llevan produci&eacute;ndose desde hace a&ntilde;os, y las acciones de las compa&ntilde;&iacute;as de inteligencia artificial, lejos de caer, han subido espectacularmente. &iquest;Qu&eacute; sistema es este en el que quienes advierten de que una tecnolog&iacute;a puede poner en peligro a la humanidad son, al mismo tiempo, quienes tienen mayores incentivos econ&oacute;micos para seguir desarroll&aacute;ndola?
    </p><p class="article-text">
        No se trata de subestimar los riesgos de la inteligencia artificial, que son muchos y muy graves. Por ejemplo, como tecnolog&iacute;a tiene el potencial de sustituir muchas tareas y puestos de trabajo que a d&iacute;a de hoy son el sost&eacute;n de millones de familias en todo el mundo. De hecho, no est&aacute; claro que sea una tecnolog&iacute;a con gran capacidad para elevar la productividad y tampoco que el sistema vaya a crear nuevos puestos de trabajo para los expulsados. Tambi&eacute;n es arriesgado que tanto poder se concentre en manos de unas pocas compa&ntilde;&iacute;as privadas, que tienen una gran penetraci&oacute;n en los sistemas inform&aacute;ticos y de seguridad de los principales pa&iacute;ses del mundo. Tambi&eacute;n podemos hablar de riesgos geopol&iacute;ticos, ya que cuando cedemos el control de un proceso a una empresa estadounidense, por ejemplo para la gesti&oacute;n del sistema el&eacute;ctrico, le estamos concediendo tambi&eacute;n un arma que puede ser disparada contra nosotros. Y, por supuesto, la IA tampoco existe en el aire, y necesita electricidad, agua, centros de datos, chips, redes y enormes cantidades de materiales, de modo que su aparente inmaterialidad esconde una infraestructura f&iacute;sica cada vez mayor que agrava el problema del cambio clim&aacute;tico. Todo esto es absolutamente cierto, y en no poca medida puede decirse que son formas&nbsp;de acabar con el mundo tal y como conocemos. Sin embargo, en la pr&aacute;ctica nos dejamos arrastrar por la idea de que la IA nos va a matar de una manera mucho m&aacute;s estramb&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo extra&ntilde;o en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale p&uacute;blicamente a decir que est&aacute; en condiciones de matarnos a todos. Esa disociaci&oacute;n solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no est&aacute; bajo el control de su dise&ntilde;ador. Y esto es, como m&iacute;nimo cuestionable. Ya lo ha dicho con brillantez Richard Seymour, y es que la capacidad de actuar de la IA depende de una infraestructura, unos permisos y unos objetivos que alguien humano ha dise&ntilde;ado y desplegado. Si un ingeniero dise&ntilde;a un modelo capaz de ciberataques a empresas y lo activa sin ning&uacute;n tipo de medida de seguridad (es decir, sin limitar los costes que puede provocar), el responsable es el creador y no el modelo, por muy sofisticado que sea. Por decirlo de otro modo m&aacute;s convencional: la IA no tiene conciencia, y todos sus objetivos internos est&aacute;n programados de antemano. Incluso si hay comportamientos no previstos, la responsabilidad pol&iacute;tica sigue siendo de quien decidi&oacute; desplegar el sistema sin control. En este sentido la IA nos puede matar de la misma forma que pueden hacerlo las bombas nucleares, es decir, como instrumento de destrucci&oacute;n, aunque lo importante siga siendo que detr&aacute;s hay alguien que ha impreso pol&iacute;ticamente esa voluntad de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no han sido demasiado claros a la hora de explicarnos c&oacute;mo nos va a matar la IA, creo de verdad que los ingenieros creen genuinamente lo que dicen. Todos estamos contemplando, mes tras mes, la enorme potencialidad de la inteligencia artificial, y sabemos que puede ser usada tanto como bendici&oacute;n como maldici&oacute;n seg&uacute;n interese. Sabemos tambi&eacute;n que los usuarios de sus productos no solo estamos haciendo uso de versiones inferiores a las de la frontera tecnol&oacute;gica (que prueban ellos en los laboratorios) sino que adem&aacute;s sus funcionalidades plenas est&aacute;n limitadas para nosotros. Si no podemos usar todo el conocimiento almacenado como libros, art&iacute;culos y todo rastro de internet, en los centros de datos para, por ejemplo, dise&ntilde;ar una bomba biol&oacute;gica casera, es porque alguien ha prohibido esa funcionalidad. Y bien est&aacute;, por cierto. Pero, y he aqu&iacute; la cuesti&oacute;n, sabemos que el programa permitir&iacute;a llegar a esos extremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se avisa de que la IA puede matarnos, tambi&eacute;n est&aacute; dici&eacute;ndose que su potencial &ldquo;creativo&rdquo; y de &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; se ha elevado mucho respecto a los estadios anteriores. Y eso bajo el capitalismo es tanto como decir que su capacidad para generar beneficios se ha multiplicado, lo que explica la fiebre de las inversiones multimillonarias en las compa&ntilde;&iacute;as de IA. Sin embargo, y como ya he mencionado, no parece claro que la productividad suba para la econom&iacute;a en su conjunto y, por lo tanto, la IA podr&iacute;a no tener afectaci&oacute;n positiva sobre el crecimiento. Y ambas cosas &mdash;la falta de efecto sobre la productividad y la inversi&oacute;n brutal en el sector&mdash; no son sostenibles durante mucho tiempo. De ah&iacute; que todo apunte a que lo que hay, en realidad, es una inmensa burbuja en la que participan ingentes cantidades de capital internacional ocioso y que se sostiene sobre anuncios explosivos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a mucho m&aacute;s razonable que habl&aacute;ramos de los verdaderos e inmediatos riesgos de la implantaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a. Por ejemplo, de su creciente capacidad para ser usada como tecnolog&iacute;a de vigilancia en el mundo del trabajo y en el mundo civil. Las peores distop&iacute;as pueden verse cumplidas si dejamos que nuestro tiempo de trabajo, y nuestra libertad fuera de &eacute;l, est&eacute;n monitorizados por agentes de IA que han estado programados por el capital. Porque la IA nunca ha sido una fuerza aut&oacute;noma (salvo conceptualmente), sino m&aacute;s bien un producto con due&ntilde;os. Esos due&ntilde;os son multimillonarios que hacen negocios con los gobiernos y las empresas m&aacute;s poderosas del mundo, lo que significa que son instrumentos de clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y preg&uacute;ntese el lector o lectora lo siguiente: &iquest;qu&eacute; ha pensado al leer este titular? &iquest;Se ha asumido que la humanidad est&aacute; realmente en peligro frente a una amenaza existencial desencarnada, abstracta y todopoderosa y que, como el doctor Frankenstein acabaremos muriendo a manos de nuestra propia criatura? Esa es, desde luego, la narrativa dominante. Pero quiz&aacute;s el lector o la lectora se haya anticipado a mi conclusi&oacute;n: en realidad el problema no es tanto que la humanidad vaya a perder el control de la IA, sino que ese control siempre lo ha tenido una minor&iacute;a y que la humanidad, entendida ahora como mayor&iacute;a, estamos sencillamente a merced de un escaso n&uacute;mero de millonarios. As&iacute; que la soluci&oacute;n para evitar la destrucci&oacute;n de nuestro mundo y de nuestro planeta es limitar el poder de quienes controlan la inteligencia artificial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hemos-perdido-control-ia_129_13515047.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 20:33:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Hemos perdido el control sobre la IA?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué la gente quiere irse de Marruecos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gente-quiere-irse-marruecos_129_13507645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/289b0460-9300-4ad2-97bd-bc0d97508eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1897y579.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la gente quiere irse de Marruecos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma población sobrante: las remesas y lo que percibe de los países ricos por mantener al “ejército de reserva” en el país. La contención migratoria se ha convertido en una suerte de “exportación” a precio de mercado, ya que cuando hay pánico en Europa, sube el precio que cobran los países como Marruecos. Así, paradójicamente Marruecos cobra por tener emigración y por frenarla</p><p class="subtitle">¿Los inmigrantes bajan los salarios?</p></div><p class="article-text">
        La entrada irregular de decenas de miles de personas en <a href="https://www.eldiario.es/temas/ceuta/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ceuta</a> ha vuelto a poner el foco en los movimientos migratorios. Sin embargo, el debate p&uacute;blico se ha desplazado r&aacute;pidamente hacia el <a href="https://www.eldiario.es/politica/vivas-adjudica-contratos-millonarios-gestion-acogida-menores-familiares-directos-cargos-confianza_1_13501101.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grado de responsabilidad de las autoridades</a> en el evento y tambi&eacute;n hacia la gesti&oacute;n de la crisis humanitaria consecuente. Eso ha dejado de lado lo que tiene m&aacute;s importancia estructural: &iquest;por qu&eacute; tanta gente trata continuamente de irse de Marruecos y otros pa&iacute;ses para acceder a Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de Frontex, de todas las entradas registradas durante los primeros cinco meses de 2026, el 30% de los inmigrantes proced&iacute;a de Argelia y el 20% de Marruecos, mientras que el resto ven&iacute;a desde pa&iacute;ses subsaharianos. Estas cifras cambian cada a&ntilde;o, dependiendo de las caracter&iacute;sticas de las tres rutas principales hacia Espa&ntilde;a. Lo que no cambia, incluso aunque se endurezcan y militaricen las fronteras, es la pulsi&oacute;n por llegar a territorio europeo. Por ejemplo, de acuerdo con los <a href="https://www.arabbarometer.org/wp-content/uploads/AB8-Morocco-Report-ENG.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del bar&oacute;metro &aacute;rabe para 2024</a>, el 35% de la poblaci&oacute;n marroqu&iacute; ha considerado migrar, y ese porcentaje sube al 55% entre j&oacute;venes de 18 a 29 a&ntilde;os. La pregunta realmente importante es: &iquest;qu&eacute; ocurre en un pa&iacute;s del que m&aacute;s de la mitad de sus j&oacute;venes plantea irse?
    </p><h2 class="article-text">Los salarios bajos de Marruecos</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La semana pasada</a> vimos que los modelos m&aacute;s b&aacute;sicos de econom&iacute;a predicen que la enorme diferencia de nivel de desarrollo y, dentro de ella, el diferencial de ingresos y oportunidades laborales, constituye el principal tel&oacute;n de fondo econ&oacute;mico de estos movimientos. Si tomamos el PIB por habitante como un indicador del nivel de vida, podemos comparar entre pa&iacute;ses y mostrar en qu&eacute; momento temporal tuvo Espa&ntilde;a el &ldquo;nivel de vida&rdquo; actual de los principales pa&iacute;ses emisores de migrantes. Y, como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, Marruecos tiene el PIB por habitante de Espa&ntilde;a en 1967, mientras que Senegal y Gambia se encuentran donde estaba Espa&ntilde;a en 1938 y 1871 respectivamente. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Marruecos tiene el PIB por habitante de España en 1967" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-xndm5" src="https://datawrapper.dwcdn.net/xndm5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="661" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Se objetar&aacute;, y con raz&oacute;n, que no es el PIB por habitante en lo que se fijan los migrantes sino, m&aacute;s bien, el diferencial salarial. El problema es que no existen indicadores salariales fiables para la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de origen. No obstante, podemos usar la contabilidad nacional para aproximarnos a algo parecido a un salario medio: la renta por ocupado. Con esos datos, y como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico, igualmente existe una diferencia considerable. Adem&aacute;s, podemos apreciar tambi&eacute;n que s&oacute;lo Marruecos parece haber convergido ligeramente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os con el nivel de referencia de Espa&ntilde;a, que, por otro lado, <a href="https://www.eldiario.es/economia/trasladando-crecimiento-economico-hogares-son-graficos-explican_1_12787325.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aparece b&aacute;sicamente estancado para todo el per&iacute;odo</a> (1999-2019). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Un ocupado marroquí percibe la cuarta parte de renta que uno español" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-WMrWw" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WMrWw/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="600" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Con estos datos, podemos resaltar que Espa&ntilde;a tiene un PIB por habitante cinco veces mayor que el de Marruecos, pero su producto por ocupado es solo 3,8 veces mayor. La diferencia est&aacute; en cu&aacute;nta gente trabaja, ya que en Marruecos tiene empleo el 31,6% de la poblaci&oacute;n total, frente al 42,5% en Espa&ntilde;a, de modo que a cada trabajador marroqu&iacute; le toca sostener a bastantes m&aacute;s personas. Eso significa que incluso aunque el trabajo marroqu&iacute; fuese igual de productivo que el espa&ntilde;ol, su producto tendr&iacute;a que repartirse entre m&aacute;s gente y conducir&iacute;a a una renta por habitante inferior. 
    </p><p class="article-text">
        La brecha entre 'lo que se cobra' vuelve a abrirse hasta cuatro veces y media porque en Marruecos la parte del producto que acaba en manos de quien trabaja es m&aacute;s peque&ntilde;a (48 de cada 100 unidades de valor a&ntilde;adido, frente a 56 en Espa&ntilde;a). En definitiva, el trabajador marroqu&iacute; no solo produce menos que el espa&ntilde;ol, sino que adem&aacute;s se queda con una porci&oacute;n menor de lo que produce. Todas esas condiciones no solo presionan a la baja el salario, sino que justifican la b&uacute;squeda de nuevos horizontes con m&aacute;s esperanza; y est&aacute;n a pocos kil&oacute;metros, en Espa&ntilde;a.
    </p><h2 class="article-text">Una econom&iacute;a que no absorbe a su poblaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Si nos limitamos a un an&aacute;lisis convencional, comprobaremos que actualmente la tasa de desempleo de Marruecos oscila entre el 9% (Banco Mundial) y el 13% (HCP, el INE marroqu&iacute;). No son cifras excesivamente elevadas, y la de Espa&ntilde;a est&aacute; en el mismo rango (9,87%). Con estos datos podr&iacute;amos deducir que la econom&iacute;a marroqu&iacute; no deja a mucha gente fuera, pero ser&iacute;a una conclusi&oacute;n totalmente equivocada. Lo que ocurre es que hay un enorme &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; que no est&aacute; recogido por las estad&iacute;sticas convencionales. Vamos a ver por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ya expliqu&eacute;</a>, Marx consideraba que los salarios de los trabajadores eran empujados a la baja por la presi&oacute;n que ejerc&iacute;a la presencia de un conjunto de personas que se encontraban en la frontera del mercado laboral. A ese instrumento lo llam&oacute; &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; o &ldquo;sobrepoblaci&oacute;n&rdquo;, con lo que se refer&iacute;a no a que sobrara gente en un determinado territorio, sino a que sobraba gente porque la din&aacute;mica capitalista no pod&iacute;a absorberla dentro del mercado laboral formal. Este ej&eacute;rcito no estaba compuesto solo por desempleados sino tambi&eacute;n por otro tipo de posiciones de gran vulnerabilidad, como los precarios o incluso los que esperaban la aparici&oacute;n de trabajos mejores. Con las estad&iacute;sticas de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/sindicatos-peru-piden-apoyo-yolanda-diaz-dirigir-oit-candidato-fujimorista_1_13507316.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT)</a> que se ven en el siguiente gr&aacute;fico podemos aproximarnos a esa conceptualizaci&oacute;n y analizar mejor la estructura del mercado de trabajo en Marruecos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La inactividad española es vejez; la marroquí, edad de trabajar" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-XUvnY" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XUvnY/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="257" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Es muy importante que entendamos este gr&aacute;fico, porque aporta claves esenciales. En primer lugar, vemos que el 40% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola tiene un empleo no vulnerable por un 20% de la poblaci&oacute;n marroqu&iacute;. En segundo lugar, en Marruecos los inactivos en edad de trabajar representan el 34,7% de toda la poblaci&oacute;n, m&aacute;s del doble que en Espa&ntilde;a. Eso significa que hay m&aacute;s de 13 millones de marroqu&iacute;es en edad de trabajar y fuera del mercado laboral. No aparecen en las tasas de desempleo, pero est&aacute;n y son parte de ese enorme &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; en Marruecos. Y, desde el punto de vista de la capacidad de absorci&oacute;n del mercado laboral desarrollado, se constituye como poblaci&oacute;n excedente, o sobrante. 
    </p><h2 class="article-text">Desagrarizaci&oacute;n sin industrializaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los modelos tradicionales de desarrollo, un pa&iacute;s se moderniza cuando su poblaci&oacute;n abandona el campo y se desplaza hacia sectores modernos, como la industria. En estas teor&iacute;as, inspiradas en la experiencia de las primeras econom&iacute;as avanzadas, se entiende que es la industria la que absorbe progresiva y c&iacute;clicamente ese &ldquo;ej&eacute;rcito industrial&rdquo; que sale del campo. Sin embargo, en Marruecos ha ocurrido algo distinto, como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico. Lo que se observa es el primer paso de esa predicci&oacute;n, pero no el segundo: entre 1991 y 2025 el empleo agrario cay&oacute; efectivamente del 52% al 27,9% del total, pero la industria y la construcci&oacute;n juntas absorbieron s&oacute;lo tres puntos. En este sentido Marruecos se est&aacute; desagrarizando, pero sin industrializarse. Y curiosamente fueron los servicios los que absorbieron la inmensa mayor&iacute;a de ese excedente salido del campo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La agricultura cede 24 puntos de empleo; la industria absorbe 3" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-87VSn" src="https://datawrapper.dwcdn.net/87VSn/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="624" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Una de las teor&iacute;as m&aacute;s conocidas sobre este &ldquo;momento del desarrollo&rdquo; es la del economista Arthur Lewis, quien conceptualizaba el campo como una reserva de mano de obra ilimitada que trabajaba de modo altamente ineficiente (una productividad marginal cero o negativa). Por eso cuando esa mano de obra iba siendo absorbida por la industria, el resultado era que sub&iacute;a la productividad del sector agrario (misma producci&oacute;n con menos trabajadores). Pero la raz&oacute;n fundamental por la que la industria absorber&iacute;a el excedente agrario es porque reinvierte beneficios y disfruta de productividades crecientes muy superiores a la del resto de sectores. En el caso de Marruecos s&iacute; se confirma que al abandonar los trabajadores el campo, la productividad del sector sube (aunque oscila porque tambi&eacute;n est&aacute; afectada por cuestiones clim&aacute;ticas). Pero, contrariamente al modelo de Lewis, el sector que absorbe los trabajadores no muestra productividades crecientes ni gran capacidad de acumulaci&oacute;n. Al contrario, durante casi 20 a&ntilde;os la productividad de los servicios estuvo por debajo del nivel de 1991, y en 34 a&ntilde;os solo ha ganado un 15%.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="La productividad crece donde se expulsa gente y no donde se la absorbe" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-WqLg9" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WqLg9/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="649" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s sugerente es que el excedente de trabajo saliente del campo ha sido absorbido sencillamente donde cab&iacute;a. El sector servicios es una especie de caj&oacute;n de sastre, donde reina la informalidad y la precariedad. Las teor&iacute;as del desarrollo predec&iacute;an que mientras ese excedente no fuera absorbido por la industria, engrosar&iacute;a las filas del desempleo formal. Lo que vemos, por el contrario, es que esa sala de espera es ahora el trabajo mal pagado del sector servicios. Y, dado que la econom&iacute;a nacional no genera un sector moderno capaz de absorber esa mano de obra, la movilidad geogr&aacute;fica es la alternativa. Y del mismo modo que antes iban del campo a la ciudad esperando una oportunidad, ahora el polo de atracci&oacute;n es el Norte Global. 
    </p><p class="article-text">
        Este &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; permite mantener bajos los salarios, a lo que ayuda un Estado autoritario con gran capacidad para frenar las aspiraciones de los trabajadores. Pero estos salarios bajos no son una estrategia suficiente. La raz&oacute;n es que un salario bajo no basta para atraer capital, porque si la productividad tambi&eacute;n lo es, el coste laboral unitario se come la ventaja. La soluci&oacute;n marroqu&iacute; ha sido crear enclaves que permiten a las multinacionales combinar tecnolog&iacute;a avanzada con costes laborales muy bajos y capturar mayores m&aacute;rgenes. El autom&oacute;vil es el caso m&aacute;s claro. <a href="https://www.eldiario.es/economia/guerra-coche-cambiando-economia-mundial_129_13450949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como vimos hace algunas semanas</a>, esto ha permitido a Marruecos convertirse en uno los de los principales proveedores de veh&iacute;culos de la Uni&oacute;n Europea, aunque en el segmento de menos valor a&ntilde;adido y poco preparado para la electrificaci&oacute;n. Pero la ventaja de Marruecos entre los productores de veh&iacute;culos es claramente el salario bajo, y seg&uacute;n la consultora Oliver Wyman, la fabricaci&oacute;n en Marruecos tiene un coste laboral por veh&iacute;culo de 106 d&oacute;lares, frente a los 273 d&oacute;lares de Ruman&iacute;a, los 305 d&oacute;lares de M&eacute;xico, los 414 d&oacute;lares de Turqu&iacute;a, los 597 d&oacute;lares de China y los 3.307 d&oacute;lares de Alemania. Es obvio que la ventaja de Marruecos solo se sostiene mientras el salario no suba, y resulta que lo que impide que suba es exactamente el &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo;, porque esa ventaja salarial dif&iacute;cilmente podr&iacute;a mantenerse sin una abundante oferta de trabajo que limite el poder de negociaci&oacute;n de los trabajadores.
    </p><h2 class="article-text">Los l&iacute;mites del modelo: necesidad de remesas</h2><p class="article-text">
        El problema central de este modelo de enclave es que tiene que importar casi todos los productos que luego ensambla y exporta. Eso explica por qu&eacute;, en los siete primeros meses de 2026, Marruecos export&oacute; bienes por 299.340 millones de d&iacute;rhams e import&oacute; por 544.050 millones, lo que supone un enorme d&eacute;ficit comercial. Ese d&eacute;ficit debe compensarse mediante entradas de divisas de distinto tipo. Entre ellas, las remesas de los emigrantes ocupan un lugar central, porque equivalen al 7,7% del PIB y constituyen una fuente de financiaci&oacute;n externa extraordinariamente estable. Estas remesas son, como se sabe, el dinero que los emigrantes env&iacute;an a Marruecos (a sus familias) desde los pa&iacute;ses donde trabajan.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, estas remesas son un elemento econ&oacute;mico indispensable para Marruecos, puesto que durante muchas d&eacute;cadas han ayudado a cubrir el d&eacute;ficit comercial. Para hacerse una idea de su importancia, cabe decir que es una partida siete veces superior a la inversi&oacute;n extranjera directa y superior incluso a los ingresos por turismo. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Las remesas son clave para pagar la factura de importaciones" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-YH546" src="https://datawrapper.dwcdn.net/YH546/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="569" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos humanos debemos a&ntilde;adir que el hijo emigrado es para la familia una suerte de seguro de futuro, en muchos casos m&aacute;s fiable que una pensi&oacute;n p&uacute;blica. Para una poblaci&oacute;n acostumbrada a vivir en la informalidad y, por ende, en la subsistencia, las remesas procedentes de pa&iacute;ses donde hay derechos laborales son una regularidad milagrosa. Todo ello permite entender por qu&eacute; tanto para el Estado como para las familias, la emigraci&oacute;n es, en realidad, una salida altamente razonable.
    </p><h2 class="article-text">La paradoja: remesas y control de la migraci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        A pesar de los discursos sobre modernizaci&oacute;n de Marruecos, lo cierto es que su modelo se basa en los bajos salarios. Marruecos intenta insertarse en la econom&iacute;a-mundo mediante una estrategia de atracci&oacute;n de las multinacionales, apoy&aacute;ndose a su vez en una inserci&oacute;n geopol&iacute;tica favorable, incluida la relaci&oacute;n privilegiada con Estados Unidos y el respaldo internacional a la posici&oacute;n marroqu&iacute; sobre el S&aacute;hara Occidental (que le permite legitimar la propiedad de grandes dep&oacute;sitos de recursos naturales). En general, el modelo econ&oacute;mico combina salarios bajos, enclaves exportadores que importan su propia t&eacute;cnica desde los pa&iacute;ses ricos y una restricci&oacute;n externa cr&oacute;nica; pero resulta que las tres piezas encajan solo si existe de forma permanente una poblaci&oacute;n excedente. El modelo convive en tensi&oacute;n entre la necesidad de disponer de poblaci&oacute;n sobrante que baje el nivel salarial y de que parte de esta se marche efectivamente al extranjero a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s parad&oacute;jico es que Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma poblaci&oacute;n sobrante. La primera es son las remesas ya mencionadas. La segunda es la renta que se recibe por parte de pa&iacute;ses ricos a cambio de mantener al &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; en el propio pa&iacute;s. <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ya hemos visto</a>, la contenci&oacute;n migratoria se ha convertido en una suerte de &ldquo;exportaci&oacute;n&rdquo; a precio de mercado, ya que cuando hay p&aacute;nico antiinmigraci&oacute;n en Europa, sube el precio que cobran los pa&iacute;ses como Marruecos. As&iacute;, parad&oacute;jicamente Marruecos cobra por tener emigraci&oacute;n y por frenarla. 
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que Marruecos tampoco va camino de dejar de enviar emigrantes, ya que el modelo econ&oacute;mico no est&aacute; dise&ntilde;ado para absorber al &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; sino para reproducirlo. Durante la primera industrializaci&oacute;n, Marx observ&oacute; c&oacute;mo el excedente de poblaci&oacute;n del campo alimentaba el crecimiento de las ciudades industriales, y, d&eacute;cadas despu&eacute;s, Lewis formaliz&oacute; la intuici&oacute;n y estableci&oacute; que la modernizaci&oacute;n consistir&iacute;a en trasladar trabajadores desde sectores de baja productividad hacia otros capaces de absorberlos con mayor productividad. La peculiaridad de nuestro tiempo es que en buena parte de la periferia ese mecanismo se ha roto. Como hemos visto, Marruecos se desagrariza, pero no genera suficiente empleo industrial y productivo para absorber a la poblaci&oacute;n que abandona el campo, y una parte de ese excedente queda atrapada en servicios precarios y otra busca su salida en el exterior. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que la frontera med&iacute;a es el hecho de que el excedente de trabajo marroqu&iacute; no puede absorberse por su econom&iacute;a nacional pero s&iacute; por <a href="https://www.eldiario.es/economia/crisis-migratoria-laboral_129_12974734.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la demanda de trabajo de los pa&iacute;ses del Norte Global</a>. M&aacute;s all&aacute; del cinismo que rodea a todo este fen&oacute;meno, lo importante es asumir que el endurecimiento del acceso por la frontera europea no elimina ese excedente, y solamente decide d&oacute;nde puede trabajar. Lo que antes se desplazaba del campo a la ciudad se desplaza ahora tambi&eacute;n de la periferia al centro. Y mientras esa enorme diferencia econ&oacute;mica siga existiendo, ning&uacute;n muro, ning&uacute;n acuerdo policial y ninguna operaci&oacute;n de control migratorio podr&aacute; hacer desaparecer el movimiento que produce.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gente-quiere-irse-marruecos_129_13507645.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 20:09:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la gente quiere irse de Marruecos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marruecos,Ceuta,PIB,Salarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si las reformas educativas han funcionado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-reformas-educativas-han-funcionado_129_13498358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c9e54ae-80a8-463a-9329-5b5fd9624203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y si las reformas educativas han funcionado?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seamos honestos: la mayoría de trabajos realmente existentes en el mercado no exigen al trabajador la capacidad de comprender adecuadamente textos de más de 400 palabras. Y hemos diseñado la educación para que los jóvenes entren en esos mercados y en esas posiciones</p></div><p class="article-text">
        Siempre me ha parecido excesiva la importancia que los medios y los analistas de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas le conceden al informe PISA. Para quienes a principios de siglo nos movilizamos contra las reformas universitarias del llamado Proceso de Bolonia, resulta evidente que PISA es un instrumento m&aacute;s de un paradigma que concibe a la educaci&oacute;n principalmente en t&eacute;rminos mercantilizados. La genealog&iacute;a no deja lugar a dudas: a finales de los a&ntilde;os ochenta y principios de los noventa, la teor&iacute;a del crecimiento incorpor&oacute; el capital humano (la capacidad de acumular conocimientos que elevan la productividad y la renta) como elemento fundamental para explicar las diferencias de productividad y crecimiento entre pa&iacute;ses. En los a&ntilde;os siguientes esta visi&oacute;n se incorpor&oacute; a las narrativas oficiales de la OCDE y la UE, entre otras, y a las reformas educativas.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, PISA privilegia una determinada concepci&oacute;n de qu&eacute; significa estar educado: la capacidad de utilizar conocimientos y competencias para resolver problemas en contextos pr&aacute;cticos. As&iacute;, PISA comparte con buena parte de las reformas educativas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas una concepci&oacute;n instrumental del conocimiento, en la que adquieren especial importancia aquellas capacidades que pueden medirse, compararse y relacionarse con la productividad y la empleabilidad. El propio ranking permite adem&aacute;s comparar los resultados entre pa&iacute;ses y regiones, introduciendo una l&oacute;gica de competencia y de evaluaci&oacute;n cuantitativa de los sistemas educativos. En definitiva, PISA forma parte del paradigma de la llamada &laquo;sociedad del conocimiento&raquo; que ha moldeado buena parte de las reformas educativas desde hace treinta a&ntilde;os y que puede resumirse en una idea: frente al conocimiento sustantivo y a la formaci&oacute;n general &mdash;la filosof&iacute;a, las ciencias sociales y las humanidades, pero tambi&eacute;n aquellas ramas de cualquier disciplina que no tengan una utilidad inmediata&mdash;, lo importante ser&iacute;a adquirir competencias adaptativas, es decir, la capacidad para desenvolverse en un mercado flexible y cambiante.
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de este paradigma de la &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo; insistieron en que el mundo hab&iacute;a cambiado, y que ya no viv&iacute;amos en una sociedad fordista donde un trabajador acced&iacute;a a un puesto de trabajo de por vida y con un horario estandarizado. Ahora viv&iacute;amos, se nos dec&iacute;a, en una sociedad posfordista donde el mercado es mucho m&aacute;s caprichoso y exige de los trabajadores habilidades que van m&aacute;s all&aacute; de ese conocimiento sustantivo que ofrec&iacute;a la educaci&oacute;n cl&aacute;sica. Ahora hab&iacute;a que promover habilidades pr&aacute;cticas a fin de que la nueva demanda de trabajo (los j&oacute;venes) pudieran adaptarse a la oferta de trabajo (flexible y cambiante, y tambi&eacute;n precaria). De qu&eacute; te iba a servir eso que llamamos &ldquo;cultura general&rdquo; cuando accedieras a tu puesto de trabajo como cajero de un banco, administrativo en una empresa o en cualquier posici&oacute;n en la hosteler&iacute;a. Tocaba ser pr&aacute;cticos y reducir el tiempo de formaci&oacute;n para sacar cuanto antes a trabajadores bien preparados para el mercado realmente existente. Esta es la filosof&iacute;a de toda las reformadas nacidas al amparo de esta &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los cambios educativos han sido brutales. La competitividad entre alumnos se ha disparado desde edades muy tempranas, lo que unido a los enormes recortes en la financiaci&oacute;n p&uacute;blica ha provocado que los estudiantes m&aacute;s j&oacute;venes desplieguen estrategias racionales donde lo &uacute;nico importante son los resultados cuantitativos, es decir, el examen de acceso a la universidad (la antigua selectividad, ahora PAU). Esas estrategias se elaboran a conciencia, concentrando todo el esfuerzo educativo en sacar la mejor nota en esos ex&aacute;menes, sin que importe ni el proceso ni lo que esos ex&aacute;menes dejan de medir. Entre las carreras universitarias, la sangr&iacute;a no ha sido menor: se recort&oacute; la duraci&oacute;n de las licenciaturas con una poda significativa de las asignaturas m&aacute;s generales y menos &ldquo;rentables para el mercado&rdquo;, y con la opci&oacute;n de hiperespecializarte a&uacute;n m&aacute;s en un m&aacute;ster cada vez m&aacute;s caro e inaccesible para la clase trabajadora. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las cr&iacute;ticas que hace veinte a&ntilde;os lanz&aacute;bamos era que este modelo educativo, derivado de este paradigma de &ldquo;la sociedad del conocimiento&rdquo;, tender&iacute;a a producir analfabetos funcionales. Es decir, multiplicar&iacute;a los casos de personas con t&iacute;tulos de todo tipo &mdash;bachillerato, graduados, posgraduados&hellip;&mdash; pero con una severa incapacidad de comprender los elementos m&aacute;s b&aacute;sicos de la vida fuera de su campo profesional. Por ejemplo, gente que careciera de cultura general, de preocupaci&oacute;n por c&oacute;mo se organiza la sociedad o, incluso &mdash;dec&iacute;amos pensando que era incluso exagerado&mdash; que no fuesen capaces de entender textos b&aacute;sicos. Hoy, cuando el informe PISA se&ntilde;ala el desplome en la comprensi&oacute;n lectora de los j&oacute;venes en todos los pa&iacute;ses analizados, y especialmente en Espa&ntilde;a, me vienen a la cabeza esos recuerdos.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera en todo caso evitar malentendidos. No creo que haya una &uacute;nica causa detr&aacute;s de las variaciones, desastrosas, de estos indicadores que mide el informe PISA. Por ejemplo, estoy de acuerdo con la hip&oacute;tesis de que el desplome tan agudo de la comprensi&oacute;n lectora tiene que ver en gran medida con el mal uso de la inteligencia artificial en educaci&oacute;n (que ahorra esfuerzos necesarios para la formaci&oacute;n) y con la p&eacute;rdida de atenci&oacute;n provocada por la irrupci&oacute;n de tel&eacute;fonos inteligentes, redes sociales y mecanismos de extracci&oacute;n de atenci&oacute;n sobre los j&oacute;venes. Creo que es evidente que todo ello merma la capacidad de los estudiantes para concentrarse y para aprender, por lo que cabe una inferencia provisional sobre este punto. 
    </p><p class="article-text">
        Pero mi argumento va m&aacute;s all&aacute; y es m&aacute;s estructural. Lo que digo es que tras d&eacute;cadas dise&ntilde;ando programas educativos pensados para crear trabajadores adaptativos y h&aacute;biles en sus campos profesionales, en realidad se ha conseguido lo que se buscaba. Seamos honestos: la mayor&iacute;a de trabajos realmente existentes en el mercado no exigen al trabajador la capacidad de comprender adecuadamente textos de m&aacute;s de 400 palabras. Y hemos dise&ntilde;ado la educaci&oacute;n para que los j&oacute;venes entren en esos mercados y en esas posiciones. 
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n no ha sido ese contrapeso frente a las din&aacute;micas de un capitalismo individualista, consumista e hipermoderno que tiende a convertir a los humanos en un sujeto que trabaja y consume acr&iacute;ticamente; en un elemento del que extraer la plusval&iacute;a y que cuanto m&aacute;s silencioso sea, mejor. Al contrario, la educaci&oacute;n ha viajado en paralelo a esas pulsiones, empujando en convertir al ser humano en parte del engranaje bien lubricado de la maximizaci&oacute;n de ganancia y el culto a la rentabilidad. En ese sentido, los sacrificios realizados son la cultura general, las artes, la filosof&iacute;a y los conocimientos y habilidades que aspiraban a crear ciudadanos virtuosos. Por eso digo que, en realidad, las reformas educativas han sido un &eacute;xito. Y quiz&aacute;s eso es lo que precisamente desvela el informe PISA.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-reformas-educativas-han-funcionado_129_13498358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2026 20:45:47 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Los inmigrantes bajan los salarios?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/acfd2a30-9dba-4fb8-85ca-ede4afe5f253_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1090y361.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Los inmigrantes bajan los salarios?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que presiona a la baja los salarios no es el pasaporte, sino el estatus. La alternativa al discurso antiinmigración no consiste en negar que puedan existir efectos distributivos ni en repetir que "la inmigración siempre es buena" y cerrar el debate. Consiste en preguntar quién gana y quién pierde, en qué circunstancias, mediante qué mecanismos y bajo qué instituciones. Y hacer política con ello</p><p class="subtitle">¿Crece España por la inmigración o por la productividad?</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-cosechado-resultado-historico-sajonia-anhalt-significa-alemania_129_13493527.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La extrema derecha alemana podr&aacute; gobernar en el Estado de Sajonia-Anhalt</a> si consigue el apoyo de BSW, un partido &lsquo;rojipardo&rsquo; fundado en 2023 como escisi&oacute;n de Die Linke &mdash;el equivalente a Izquierda Unida/Podemos en Espa&ntilde;a&mdash;. El motivo de aquella ruptura es el mismo por el que sus l&iacute;deres justifican ahora el posible apoyo a la ultraderecha: las pol&iacute;ticas contra la inmigraci&oacute;n. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os su carism&aacute;tica l&iacute;der, Sahra Wagenknecht (las siglas de su nombre est&aacute;n en el nombre del partido), ha hecho bandera de las pol&iacute;ticas antiinmigraci&oacute;n con un discurso pr&aacute;cticamente indistinguible del de la extrema derecha. Yo la conoc&iacute; en Berl&iacute;n en 2014, durante un homenaje a la revolucionaria e internacionalista Rosa Luxemburgo que ahora se me antoja ir&oacute;nico; aunque por aquel entonces ella todav&iacute;a era una dirigente alineada con la posici&oacute;n oficial de su entonces partido, que defend&iacute;a pol&iacute;ticas pro-inmigraci&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, el elemento central del discurso anti-inmigraci&oacute;n de Wagenknecht y su partido es que sit&uacute;an la entrada de <a href="https://www.eldiario.es/economia/bce-senala-inmigracion-impulsa-crecimiento-pib-europeo-espana_1_12286106.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajadores extranjeros como un problema</a> para los trabajadores nacionales. Seg&uacute;n ellos, los inmigrantes presionan los salarios a la baja y ello conduce al incremento de los beneficios de las empresas; en consecuencia, la soluci&oacute;n es limitar la entrada de inmigrantes para no empeorar las condiciones de la clase trabajadora alemana. Se trata de un discurso reconocible dentro de la familia de partidos de extrema derecha, especialmente aquellos que tienen como objetivo seducir a la clase trabajadora nacional que, se presupone, forma el granero de votos de la izquierda. Desde Jean-Marie Le Pen en los noventa hasta Vox en el presente, pasando por el vicepresidente y el presidente de Estados Unidos, todos ellos han defendido o defienden posiciones anti-inmigraci&oacute;n sostenidas sobre el argumento de que los inmigrantes son responsables de, al menos, parte del estancamiento o incluso retroceso salarial de los trabajadores nacionales. Aunque tanto para las extremas derechas como para el rojipardismo el fen&oacute;meno de la inmigraci&oacute;n es m&aacute;s amplio que la migraci&oacute;n laboral, en este an&aacute;lisis vamos a analizar qu&eacute; dicen los modelos econ&oacute;micos sobre esta relaci&oacute;n y cu&aacute;les son las conclusiones y contradicciones que emergen.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La inmigraci&oacute;n en la econom&iacute;a</strong></h2><p class="article-text">
        Toda proposici&oacute;n pol&iacute;tica, como aquella que asegura que &ldquo;los inmigrantes bajan los salarios&rdquo;, depende de la forma en la que entiende el mundo quien la formula, y esto a su vez suele ser el legado, casi siempre no reconocido, de una teor&iacute;a desarrollada por alg&uacute;n economista ya fallecido. Esta es la famosa tesis de J. M. Keynes sobre el papel de los economistas, y es totalmente v&aacute;lida aqu&iacute;. Dicho de otra forma, los economistas trabajan continuamente con modelos que &ldquo;simplifican&rdquo; el mundo, y a partir de los cuales se extraen ciertas proposiciones pol&iacute;ticas que despu&eacute;s se divulgan y difunden hasta llegar al com&uacute;n de los mortales; la mayor&iacute;a de las veces dotadas de la legitimidad que concede la apariencia de ciencia e incluso con el aura de un nuevo &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Ser consciente de esto es importante siempre, pero veremos que lo es especialmente con el tema de la inmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para entender este punto es relevante comenzar con el trabajo del economista Paul Samuelson, quien en 1948 formaliz&oacute; lo que se conoce como &ldquo;teorema de igualaci&oacute;n de precios de los factores&rdquo;. Aqu&iacute; nos interesa centrarnos en que, seg&uacute;n este teorema, el libre comercio entre pa&iacute;ses tender&aacute; a igualar el precio de los factores capital y trabajo, es decir, de la tasa de ganancia y del salario. As&iacute;, el teorema predice que si dos pa&iacute;ses con distintos niveles salariales deciden comenzar a comerciar entre ellos, los salarios del pa&iacute;s m&aacute;s pobre subir&aacute;n y los salarios del pa&iacute;s m&aacute;s rico bajar&aacute;n. Casi todo el debate posterior entre economistas gira en torno a por qu&eacute; ese no es el resultado que observamos en la realidad; pero la mayor&iacute;a de los economistas asume que ese es el mecanismo esencial del funcionamiento de la econom&iacute;a capitalista.
    </p><p class="article-text">
        La intuici&oacute;n que difunden los partidos &lsquo;rojipardos&rsquo; y de extrema derecha se inspira precisamente en esa forma de pensar el mundo. En ese mundo &ldquo;idealizado&rdquo; por los economistas s&oacute;lo existen dos factores de producci&oacute;n, capital y trabajo, y seg&uacute;n si se &ldquo;permite&rdquo; que se muevan libremente se producir&aacute; un resultado u otro. Por ejemplo, en los a&ntilde;os noventa el economista George Borjas elabor&oacute; un modelo que supon&iacute;a que el factor trabajo era libre (las personas pod&iacute;an ir de un pa&iacute;s a otro sin problemas) pero el factor capital era fijo. Las conclusiones fueron que la entrada de inmigrantes produc&iacute;a una bajada de salarios de los trabajadores nativos y, adem&aacute;s, elevaba los beneficios de las empresas. Como ocurre con todos los modelos, modificar un supuesto por otro cambia (mucho) las conclusiones: en los modelos donde adem&aacute;s del trabajo el capital tambi&eacute;n se puede mover, la predicci&oacute;n es que el salario no bajar&aacute; con la entrada de inmigraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En un modelo completamente diferente, como el del marxista Arghiri Emmanuel, el mundo que se piensa es uno en el que el capital es el &uacute;nico factor que se puede mover entre pa&iacute;ses mientras que el trabajo est&aacute; restringido por los controles anti-inmigraci&oacute;n. En su modelo, el diferencial salarial entre los pa&iacute;ses ricos (el Norte) y los pa&iacute;ses pobres (el Sur) nunca puede cerrarse, y esa es la causa por la que el Norte explota al Sur mediante intercambios desiguales. La conclusi&oacute;n pol&iacute;tica de Emmanuel fue muy controvertida porque se&ntilde;alaba a los sindicatos de los pa&iacute;ses ricos como responsables y beneficiarios del mantenimiento de esa situaci&oacute;n injusta (pi&eacute;nsese que Emmanuel cre&iacute;a tambi&eacute;n que, en condiciones de libre movilidad de factores, los salarios converger&iacute;an).
    </p><h2 class="article-text"><strong>El marxismo y la inmigraci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        Emmanuel no es el &uacute;nico marxista cuyo trabajo asume que, en ausencia de obst&aacute;culos como las pol&iacute;ticas de restricci&oacute;n de inmigrantes, existe una tendencia del sistema hacia la igualaci&oacute;n del precio de los factores. El propio Marx reconoci&oacute; ese mecanismo en varios de sus trabajos, aunque en &eacute;l opera de una forma distinta a la de los economistas ortodoxos. Para el autor de <em>El Capital</em>, el salario depende fundamentalmente del poder de negociaci&oacute;n de la clase trabajadora frente al capital, y la din&aacute;mica capitalista desgasta esa capacidad a trav&eacute;s del &ldquo;ej&eacute;rcito industrial de reserva&rdquo;, es decir, de una gran masa de desempleados creados por el capitalismo. Esa enorme mano de obra disponible para el empresario disciplina tambi&eacute;n a los trabajadores, dificultando su capacidad de organizarse y de negociar mejores salarios. Los inmigrantes ser&iacute;an, en este modelo, un volumen adicional al ej&eacute;rcito industrial de reserva pero, en general, con muchos menos derechos y protecciones.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso de Marx es que, aunque aceptaba el diagn&oacute;stico de que la inmigraci&oacute;n presionaba a la baja los salarios de los trabajadores nacionales, nunca concluy&oacute; que la soluci&oacute;n era restringir los movimientos de los trabajadores. Cuando analiz&oacute; la inmigraci&oacute;n irlandesa en Inglaterra, comprendi&oacute; que exist&iacute;a &ldquo;una clase obrera dividida en dos campos enemigos, proletarios ingleses y proletarios irlandeses&rdquo; y reconoci&oacute; que &ldquo;el trabajador ingl&eacute;s com&uacute;n odia al trabajador irland&eacute;s como competidor que reduce el nivel de vida&rdquo;. Para Marx era claro que el problema era la divisi&oacute;n de clase que imped&iacute;a que irlandeses e ingleses, juntos, exigieran mejores condiciones de trabajo. Y el remedio no era profundizar esa divisi&oacute;n, excluyendo a los irlandeses, sino acabar con la opresi&oacute;n de Irlanda y del capitalismo que hab&iacute;a empujado a la emigraci&oacute;n a tantos trabajadores. 
    </p><p class="article-text">
        El texto al que me estoy refiriendo <a href="https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870/abril/09.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; escrito en 1870</a>, pero podr&iacute;a ser actual. Marx ve&iacute;a con claridad que la oposici&oacute;n entre trabajadores inmigrantes y nacionales era s&oacute;lo del inter&eacute;s de los capitalistas explotadores. Y, literalmente, reconoc&iacute;a que &ldquo;este antagonismo se mantiene artificialmente despierto y se ve acentuado por la prensa, el p&uacute;lpito, las revistas econ&oacute;micas, o sea, por todos los medios a disposici&oacute;n de las clases dominantes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organizaci&oacute;n&rdquo;. Esta l&iacute;nea de pensamiento, por cierto, fue seguida por dirigentes como Lenin o Rosa Luxemburgo, para quienes la soluci&oacute;n nunca pas&oacute; por el nacionalismo sino por la conciencia de clase. A diferencia de lo que sucede con toda la desviaci&oacute;n rojiparda.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iexcl;Son las instituciones!</strong></h2><p class="article-text">
        Si Marx y los economistas liberales comparten que existe un mecanismo que iguala los salarios v&iacute;a libre comercio, competencia o poder de negociaci&oacute;n, &iquest;significa eso que es inevitable que la inmigraci&oacute;n produzca bajadas salariales entre los trabajadores nacionales? La respuesta es que no. Porque igual que hemos visto que, dependiendo del supuesto del modelo se obtienen unos resultados u otros, el capitalismo no opera en el vac&iacute;o, sino mediante instituciones, es decir, leyes, normas, tradiciones, costumbres&hellip; Lo que determina los resultados reales no son solo los precios, sino la combinaci&oacute;n de instituciones y precios. Y son esas instituciones las que moldean la forma en la que se absorben impactos como el de la inmigraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, para Marx lo relevante no era la nacionalidad del trabajador, sino su estatus: proced&iacute;a de un pa&iacute;s donde los salarios eran m&aacute;s bajos porque la acumulaci&oacute;n capitalista era m&aacute;s d&eacute;bil, contaba con menos derechos y estaba acostumbrado a un nivel de vida m&aacute;s modesto. De hecho, los inmigrantes presionan a la baja los salarios y condiciones m&aacute;s que los nacionales solo cuando sus condiciones laborales son inferiores. El perfil del inmigrante es, efectivamente, carne de ca&ntilde;&oacute;n para ser superexplotados y para ser la parte m&aacute;s rocosa del ej&eacute;rcito industrial de reserva. 
    </p><p class="article-text">
        Debido en gran parte al fracaso de los modelos econ&oacute;micos a la hora de predecir qu&eacute; ocurre con los flujos migratorios, y la constataci&oacute;n de que en casi ninguna parte han convergido los salarios, el an&aacute;lisis de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobre la inmigraci&oacute;n y sus efectos se ha desplazado desde el enfoque puramente econ&oacute;mico (s&oacute;lo precios) a otro m&aacute;s institucional. Por ejemplo, hoy se acepta que los mercados est&aacute;n segmentados y que los inmigrantes apenas entran en competici&oacute;n directa con los trabajadores nacionales (los primeros suelen recalar en trabajos de poca cualificaci&oacute;n que los nacionales ya no quieren hacer), que las condiciones jur&iacute;dicas de los inmigrantes son altamente relevantes y que si cuentan con los mismos derechos el impacto negativo desaparece, y que el poder pol&iacute;tico de negociaci&oacute;n es especialmente importante (particularmente en sectores con monopolio). La inmensa mayor&iacute;a de los estudios que han evaluado todas estas cuestiones de forma m&aacute;s amplia han concluido que en promedio el salario de los nacionales no se ve afectado por la entrada de inmigrantes y que, cuando hay efectos negativos, est&aacute;n asim&eacute;tricamente distribuidos (por ejemplo, sobre los sectores de baja cualificaci&oacute;n y sectores m&aacute;s desprotegidos en general).
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        Lo curioso es que los modelos sobre la inmigraci&oacute;n son tambi&eacute;n modelos sobre el comercio. En 1957, el economista Robert Mundell subray&oacute; que la entrada de inmigrantes de poca cualificaci&oacute;n era equivalente a importar bienes producidos en pa&iacute;ses de bajos salarios a partir de trabajo poco cualificado. Eso significa asumir que la importaci&oacute;n en masa de productos chinos es equivalente a la entrada de inmigraci&oacute;n masiva china, y sus efectos sobre los empleos y salarios ser&iacute;a igual. Esto permite entender mejor por qu&eacute; la pregunta &ldquo;&iquest;los inmigrantes bajan los salarios?&rdquo; est&aacute; mal planteada si se formula como una cuesti&oacute;n puramente econ&oacute;mica. La respuesta depende de qu&eacute; trabajadores compiten con cu&aacute;les, de cu&aacute;nto capital se acumula, de c&oacute;mo reaccionan las empresas, de qu&eacute; sectores crecen, de qu&eacute; instituciones regulan el mercado laboral y, sobre todo, de cu&aacute;l sea el poder de negociaci&oacute;n de los trabajadores. No existe una ley econ&oacute;mica que diga que la llegada de inmigrantes tiene necesariamente que traducirse en una reducci&oacute;n generalizada de los salarios nacionales. Eso es naturalizar un estado de las cosas (el del capitalismo realmente existente) que es hist&oacute;ricamente espec&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Si contratar a un trabajador reci&eacute;n llegado y descargar un contenedor procedente de Asia son, desde el punto de vista del salario nacional, la misma operaci&oacute;n, entonces cerrar la frontera a las personas no elimina la competencia y &uacute;nicamente la desplaza. El empresario que no puede traer al trabajador se traslada &eacute;l, o le encarga la pieza a un proveedor que ya est&aacute; all&iacute;. Es, literalmente, lo que ha ocurrido durante las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. Esto es lo que nombra la expresi&oacute;n actualizada de &ldquo;ej&eacute;rcito mundial de reserva&rdquo;, que acostumbra a usar el marxista John Bellamy Foster. Y lo cierto es que la masa de trabajadores disponible para disciplinar salarios dej&oacute; de ser nacional hace mucho tiempo. La clave es que el capital no necesita que esa masa cruce la frontera, porque puede cruzarla &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto va mucho m&aacute;s all&aacute; que una cuesti&oacute;n meramente te&oacute;rica. Como dije al principio, las teor&iacute;as de los economistas muertos resuenan siempre en las proposiciones actuales. Y la actualidad est&aacute; llena de esas proposiciones, por ejemplo de aquellas que plantean qu&eacute; movilidades se proponen restringir y cu&aacute;les no. Porque ning&uacute;n programa de extrema derecha &mdash;tampoco el rojipardo, m&aacute;s all&aacute; de la ret&oacute;rica&mdash; propone cerrar la movilidad del capital. En todas estas propuestas se criminaliza al trabajador, pero no al capital, lo que es sintom&aacute;tico del discurso de clase.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos entonces a la pregunta del t&iacute;tulo. &iquest;Bajan los inmigrantes los salarios? La respuesta que dan a la vez la mayor&iacute;a de modelos modernos y la evidencia es que no lo hacen por ser inmigrantes, sino all&iacute; donde son trabajadores con menos derechos. As&iacute; que lo que presiona a la baja los salarios no es el pasaporte, sino el estatus. Y lo que propone la extrema derecha y los &lsquo;rojipardos&rsquo; &mdash;recortar derechos y expulsar a una parte de la clase trabajadora&mdash; es exactamente la que abarata a los competidores de la otra parte. Es una pol&iacute;tica patronal formulada en el idioma de los obreros. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la alternativa al discurso antiinmigraci&oacute;n no consiste en negar que puedan existir efectos distributivos asociados a la inmigraci&oacute;n. Tampoco consiste en repetir que &ldquo;la inmigraci&oacute;n siempre es buena&rdquo; y cerrar el debate. Consiste en preguntar qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde, en qu&eacute; circunstancias, mediante qu&eacute; mecanismos y bajo qu&eacute; instituciones. Y hacer pol&iacute;tica con ello. Como he mostrado antes, Marx lo entendi&oacute; en 1870 y lo resumi&oacute; muy bien al decir que el antagonismo entre trabajadores ingleses e irlandeses era &ldquo;el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organizaci&oacute;n&rdquo;. Se puede levantar una alambrada o un muro alrededor de un pa&iacute;s, pero no alrededor del mercado mundial. Frente a un ej&eacute;rcito de reserva de dimensiones planetarias solo caben dos respuestas. La primera es competir todos a la baja en un terreno donde nadie tiene derechos, que es el proyecto de la extrema derecha en un contexto de crisis ecosocial. La segunda es extender los derechos hasta que la competencia deje de librarse por abajo. Esta &uacute;ltima era la apuesta de aquella Rosa Luxemburgo a la que fuimos a homenajear a Berl&iacute;n en 2014. La primera, doce a&ntilde;os despu&eacute;s, es lo que se est&aacute; negociando en Sajonia-Anhalt.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Los inmigrantes bajan los salarios?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigrantes,Inmigración,Salarios,PIB,Extrema derecha,Alemania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si quieren defender Ceuta, que ayuden a Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-quieren-defender-ceuta-ayuden-ceuta_129_13482402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/041052cf-912e-44e9-8234-02ac2f51fd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1238y310.jpg" width="1200" height="675" alt="Si quieren defender Ceuta, que ayuden a Ceuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al no plantear siquiera la medida, el Gobierno concede la premisa de que trasladar migrantes a la península es en sí mismo inadmisible. El Gobierno parece hipotecado por las iniciales y rápidas declaraciones de varios ministros diciendo que todos los inmigrantes serían devueltos. La realidad es más compleja</p></div><p class="article-text">
        Ceuta tiene unos 84.000 habitantes y unas capacidades de acogida muy limitadas. Por eso la permanencia prolongada de varios miles de personas sin recursos, y que por lo tanto deambulan de un lado hacia otro busc&aacute;ndose la vida, ha alterado profundamente el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Algunos lo expresan directamente en t&eacute;rminos racistas, y parece molestarles sobre todo que la mayor&iacute;a sean magreb&iacute;es y musulmanes, pero el conjunto de la poblaci&oacute;n lo est&aacute; experimentando como un fen&oacute;meno de saturaci&oacute;n y congesti&oacute;n. Son dos fen&oacute;menos que se mezclan interesadamente, pero que son distintos. Y lo m&aacute;s importante es reconocer que Ceuta no tiene capacidad de absorci&oacute;n suficiente como para que la vida vuelva a la normalidad. Y, sin normalidad, la gente se frustra y se hace m&aacute;s sensible ante los discursos incendiarios.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, aunque nos disguste y duela, es innegable que el Gobierno ha llegado tarde. M&aacute;s all&aacute; del debate sobre la causa de la entrada de miles de personas por la frontera, aspecto en el que el Gobierno sigue empe&ntilde;ado en proteger a Marruecos, est&aacute; el debate sobre la gesti&oacute;n de esta saturaci&oacute;n y congesti&oacute;n. La falta de soluciones pr&aacute;cticas y la lentitud en desplegar incluso el apoyo m&aacute;s b&aacute;sico, dejando por semanas que los inmigrantes se hacinaran en asentamientos improvisados, ha desconcertado no solo a los ceut&iacute;es sino a toda la poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, no existen soluciones m&aacute;gicas, es decir, r&aacute;pidas y que al mismo tiempo sean legales y decentes. Porque devolver de manera inmediata a todos los entrantes es tan inhumano como ilegal, aunque entre los discursos de la extrema derecha esta sea la propuesta estrella. Al fin y al cabo, si para ellos, como dijo el diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo, el objetivo a perseguir en los primeros compases era <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_13446661_1124377.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cazar inmigrantes</a>, uno tiene que deducir que ahora su objetivo es poco menos que tirarlos al mar. Esos discursos carecen de base legal, y ya han sido denunciados por incitaci&oacute;n al odio, pero van calando entre una sociedad que ha comprado el marco de inmigraci&oacute;n como amenaza (con la ayuda de un vocabulario muy extendido entre medios convencionales: invasi&oacute;n, ataque, asalto&hellip;). De ah&iacute; derivamos un problema sociol&oacute;gico y pol&iacute;tico importante, que nos costar&aacute; caro, pero no una soluci&oacute;n pr&aacute;ctica y legal.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, lo &uacute;nico que puede hacerse al respecto es acelerar los procedimientos que marca la ley para registrar a los inmigrantes y evaluar sus casos individualmente. Este es un proceso que requiere apoyo log&iacute;stico y personal suplementario para poder realizarse, lo que necesariamente es lento y exige que, mientras tanto, los inmigrantes est&eacute;n en las mejores condiciones posibles. Hoy, habiendo transcurrido m&aacute;s de un mes desde el inicio de la crisis, todav&iacute;a hay miles de personas no integradas en este sistema y que, por lo tanto, permanecen varadas en las calles de Ceuta. Pero incluso cuando ya est&eacute;n todas las personas listadas y bien atendidas, seguir&aacute;n permaneciendo en la ciudad y alterando la normalidad de los ceut&iacute;es. El riesgo es que entonces Ceuta se convierta en Lesbos, es decir, un territorio fronterizo transmutado de facto en sala de espera permanente de un problema que corresponde gestionar al conjunto del Estado y de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        No sorprender&aacute; a nadie que todo esto sea una bomba de relojer&iacute;a, de esas que se convierten en estupendas oportunidades para el crecimiento de una extrema derecha deseosa de lanzar cualquier cosa a la cara de este gobierno. Habiendo convertido la inmigraci&oacute;n en un fen&oacute;meno criminalizado y deshumanizado, la extrema derecha, y la derecha tradicional por imitaci&oacute;n competitiva, explotan la frustraci&oacute;n ciudadana tanto como pueden. Pero cuando se juntan miles de personas, muchas de ellas desesperadas por recibir incluso comida, los altercados pueden producirse. Y solo hace falta un poco de mala suerte para que uno de esos altercados encienda una mecha de consecuencias impredecibles. Ya hemos visto a grupos ultras yendo a quemar los asentamientos de los inmigrantes, expandiendo as&iacute; el lenguaje pr&aacute;ctico de la extrema derecha. Qu&eacute; no puede pasar si uno de esos hipot&eacute;ticos altercados se convierte en la simbolog&iacute;a que la extrema derecha necesita para darle una falsa ilusi&oacute;n de verosimilitud a sus narrativas xen&oacute;fobas. Me temo que no estamos tan lejos de un escenario as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente resulta que desactivar esta bomba de relojer&iacute;a es relativamente f&aacute;cil, al menos t&eacute;cnicamente. Se tratar&iacute;a de obrar como se ha hecho otras veces, es decir, repartiendo el volumen de inmigrantes por toda la pen&iacute;nsula y, en consecuencia, mostrando una solidaridad efectiva con Ceuta para que no sean ellos los que tengan que absorber en solitario esta funci&oacute;n. Adem&aacute;s, nada de esto implicar&iacute;a la permanencia definitiva de los inmigrantes, que deber&iacute;an seguir adscritos a los protocolos establecidos. El caso m&aacute;s obvio, por el que podr&iacute;a empezarse desde ya, y estar&iacute;a justificado plenamente por la doble y triple condici&oacute;n de vulnerabilidad, es el de los menores no acompa&ntilde;ados y particularmente de las ni&ntilde;as. La estimaci&oacute;n de unos 2.500 menores que podr&iacute;an ser repartidos desde ya dentro de los programas habituales &mdash;en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, y antes de esta reciente entrada, fueron efectivamente repartidos desde Ceuta m&aacute;s de 600 con total normalidad&mdash;. Todo ello abundar&iacute;a en la protecci&oacute;n de los menores inmigrantes, pero tambi&eacute;n ayudar&iacute;a a descongestionar Ceuta y a restar presi&oacute;n a la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las comunidades gobernadas por PP y VOX se niegan. Presas del discurso de la extrema derecha, que ya provoc&oacute; varias crisis de gobierno en 2021 y desemboc&oacute; en la ruptura de sus alianzas, estas comunidades se niegan a ayudar a Ceuta. Ya he mencionado que los representantes de extrema derecha exigen cometer la ilegalidad de devolver a todas estas personas a la frontera. El PP, por su lado, se conforma con repetir un mantra abstracto de que quiere soluciones, pero negando la &uacute;nica viable a corto plazo. Y aqu&iacute;, lo sorprendente, es por qu&eacute; Pedro S&aacute;nchez no ha salido a la ofensiva con esta situaci&oacute;n. Podr&iacute;a haber puesto encima de la mesa la hipocres&iacute;a de quienes hablan de &ldquo;defender Ceuta&rdquo; pero luego se niegan a la &uacute;nica medida capaz de reducir r&aacute;pidamente la presi&oacute;n demogr&aacute;fica sobre Ceuta. Podr&iacute;a ponerles a ambos frente al espejo y denunciar que estas derechas tratan a los seres humanos como meros objetos sin alma, y que su cristianismo es s&oacute;lo est&eacute;tico y ya, quiz&aacute;s, ni eso. Podr&iacute;a, en definitiva, salir a la ofensiva y ser coherente con el gobierno que acogi&oacute; al barco Aquarius o que est&aacute; regularizando a m&aacute;s de medio mill&oacute;n de inmigrantes que ya viven y trabajan en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no lo ha hecho. Pedro S&aacute;nchez ha decidido seguir aplastado entre el sabotaje del PP y Vox y la presi&oacute;n del discurso ultra, tambi&eacute;n del que procede de la Uni&oacute;n Europea y que ve con malos ojos que haya inmigrantes en la pen&iacute;nsula &mdash;como si no entraran muchos m&aacute;s por avi&oacute;n a trav&eacute;s de los principales aeropuertos de Europa&mdash;. Incluso en el caso de los menores, Pedro S&aacute;nchez sigue neg&aacute;ndose a que sean trasladados a otras comunidades aut&oacute;nomas. 
    </p><p class="article-text">
        Hay quien sostiene que la ofensiva ultra se multiplicar&iacute;a si el Gobierno aceptara esta &uacute;nica medida viable, y que terminar&iacute;a cayendo. No es una hip&oacute;tesis descabellada, y probablemente es lo que explica el comportamiento del presidente. Pero este planteamiento descansa en el supuesto impl&iacute;cito de que esperar es gratis, cosa que est&aacute; lejos de ser cierta. En primer lugar, la extrema derecha no se ha desmovilizado ni una sola vez a cambio de una cesi&oacute;n en este terreno; ni en 2021, cuando el reparto de menores le sirvi&oacute; para romper gobiernos auton&oacute;micos, ni despu&eacute;s, cuando el endurecimiento del discurso migratorio del conjunto del arco parlamentario no le rest&oacute; un solo voto. Dado que exigen lo imposible &mdash;devolver a todos, ya&mdash; nunca van a ser satisfechos, y por tanto tampoco desactivados. En segundo lugar, la demora fabrica exactamente el material que la extrema derecha necesita. Cada semana de personas durmiendo en asentamientos improvisados produce m&aacute;s im&aacute;genes aprovechables que cualquier autob&uacute;s saliendo hacia la pen&iacute;nsula: los altercados, los grupos ultras yendo a quemar campamentos, la sensaci&oacute;n de descontrol. El Gobierno cree estar evitando un titular y lo que hace es alargar la producci&oacute;n diaria de titulares peores. 
    </p><p class="article-text">
        Al no plantear siquiera la medida, el Gobierno concede la premisa de que trasladar migrantes a la pen&iacute;nsula es en s&iacute; mismo inadmisible. El Gobierno parece hipotecado por las iniciales y r&aacute;pidas declaraciones de varios ministros diciendo que todos los inmigrantes ser&iacute;an devueltos. La realidad es m&aacute;s compleja que aquellas posiciones, que sonaban a precipitada defensa frente al discurso ultra, y nos obliga a reconocer que no sabemos cu&aacute;ntos inmigrantes ser&aacute;n finalmente devueltos. Lo que s&iacute; sabemos es que ese dato lo conoceremos mucho m&aacute;s tarde, y que lo que ahora importa es el <em>mientras tanto</em> en el que crecen las derechas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-quieren-defender-ceuta-ayuden-ceuta_129_13482402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 20:23:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Inmigración,Alberto Núñez Feijóo,Marruecos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venezuela: de la dependencia al rentismo y vuelta a empezar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/venezuela-dependencia-rentismo-vuelta-empezar_129_13477441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8424eb0-f3dc-4dbb-96f7-1759387d3e9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x934y437.jpg" width="1200" height="675" alt="Venezuela: de la dependencia al rentismo y vuelta a empezar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay un irónico componente cíclico: primero fue el capital extranjero el que explotó un recurso sobre el que el Estado apenas tenía capacidad de intervención. Después, el Estado fue capturando una parte cada vez mayor de esa renta. El chavismo utilizó esos ingresos para redistribuir la riqueza, pero no consiguió transformar la estructura productiva. Ahora, un siglo después, Venezuela vuelve a necesitar capital extranjero</p><p class="subtitle">Del impacto para Repsol al papel de un oscuro magnate: la derivada española del acuerdo de Trump en Venezuela
</p></div><p class="article-text">
        El reciente <a href="https://www.eldiario.es/internacional/venezuela-anuncia-acuerdo-petrolero-trump-tendra-vigencia-25-anos-mantendra-soberania-recursos_1_13474907.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acuerdo entre el gobierno de Estados Unidos y el de Venezuela</a> ha desatado un largo reguero de cr&iacute;ticas. Todav&iacute;a no se conocen los t&eacute;rminos exactos, pero s&iacute; lo suficiente como para constatar que el gobierno de Estados Unidos ha logrado un control efectivo sobre la gesti&oacute;n de gran parte del petr&oacute;leo venezolano. As&iacute;, no se han cumplido las advertencias de Diosdado Cabello, ministro de Interior, que hace menos de un a&ntilde;o afirmaba que no se entregar&iacute;a &ldquo;ni una gota&rdquo; de crudo a los estadounidenses en caso de producirse una agresi&oacute;n. Finalmente, se produjo la intervenci&oacute;n militar, incluyendo el secuestro del presidente, y se transferir&aacute; m&aacute;s de una gota de petr&oacute;leo hacia Estados Unidos. Seg&uacute;n el propio Donald Trump, el acuerdo es para 65.000 millones de barriles, aproximadamente una quinta parte de todas las reservas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Venezuela tiene las mayores reservas de petr&oacute;leo probadas del mundo, es decir, de cantidades que son recuperables del subsuelo con la tecnolog&iacute;a y precios actuales. Esa circunstancia geol&oacute;gica ha moldeado profundamente la pol&iacute;tica del pa&iacute;s latinoamericano desde que se descubrieron los primeros yacimientos en 1914, cuando Venezuela llevaba ya un siglo siendo independiente, pero todav&iacute;a era un pa&iacute;s b&aacute;sicamente agrario y muy pobre. Merece la pena remontarse brevemente a ese momento porque, parad&oacute;jicamente, guarda una similitud sorprendente con lo que est&aacute; pasando ahora mismo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La maldici&oacute;n de los recursos</strong></h2><p class="article-text">
        Como muchos pa&iacute;ses en desarrollo saben, que un territorio sea abundante en recursos no significa que tenga un billete garantizado hacia el desarrollo econ&oacute;mico. De hecho, es m&aacute;s habitual lo contrario, es decir, que las naciones m&aacute;s abundantes en recursos naturales sean tambi&eacute;n los m&aacute;s pobres. En econom&iacute;a se conoce como <em>maldici&oacute;n de los recursos</em> a una hip&oacute;tesis que intenta explicar esa paradoja, y seg&uacute;n la cual el problema principal es que el pa&iacute;s se vuelca tanto en explotar ese sector abundante en recursos (por ejemplo, petr&oacute;leo) que se 'olvida' de casi todo lo dem&aacute;s. En realidad, no es una cuesti&oacute;n de decisiones gubernamentales sino de la propia orientaci&oacute;n del mercado, ya que tanto el capital internacional como el nacional fluyen, l&oacute;gicamente, hacia ese sector abundante en recursos que, como es deseado por todo el mundo, genera tasas de ganancia m&aacute;s elevadas y deja de fluir hacia el resto. El pa&iacute;s se convierte r&aacute;pidamente en un exportador del recurso natural y la din&aacute;mica econ&oacute;mica hace el resto (por ejemplo, el tipo de cambio se encarece y eso dificulta otro tipo de ventas al extranjero, como las industriales). 
    </p><p class="article-text">
        Cuando a comienzos del siglo XX se fueron descubriendo los yacimientos de petr&oacute;leo por todo el mundo, solo unas pocas empresas estadounidenses e inglesas ten&iacute;an la capacidad tecnol&oacute;gica y financiera para extraer el recurso y, adem&aacute;s, refinarlo para convertirlo en un producto utilizable por la sociedad (por ejemplo, gasolina, lubricantes, productos petroqu&iacute;micos, etc.). Aunque el petr&oacute;leo estaba en el subsuelo venezolano, no hab&iacute;a en el pa&iacute;s ninguna empresa capaz de convertirlo en algo &uacute;til, de modo que se permiti&oacute; que fueran las empresas multinacionales las que se encargaran de todo. El proceso gan&oacute; orden a partir de 1922, cuando el presidente Juan Vicente G&oacute;mez declar&oacute; los recursos del subsuelo propiedad del Estado y este pas&oacute; a controlar tanto las concesiones como los <em>royalties </em>e impuestos aplicables. Eran tales las reservas venezolanas que en los a&ntilde;os treinta el pa&iacute;s ya se hab&iacute;a convertido en el principal exportador de petr&oacute;leo del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a los impuestos aplicados a la actividad extractiva, el Estado fue capaz de desplegar una estrategia de creaci&oacute;n de infraestructuras y servicios p&uacute;blicos que dinamizaron la econom&iacute;a, elev&aacute;ndose tambi&eacute;n el consumo de una emergente clase media, al tiempo que se fortalec&iacute;a su autoridad sobre el territorio. El contexto de boom del petr&oacute;leo favoreci&oacute; que los pa&iacute;ses en los que las multinacionales extra&iacute;an el recurso reclamaran una mayor porci&oacute;n de la tarta y Venezuela fue, adem&aacute;s, pionera en la lucha y ejemplo posterior para pa&iacute;ses de Oriente Medio. La legislaci&oacute;n de 1943 y, posteriormente, la consolidaci&oacute;n del principio 50-50 (reparto por igual de los beneficios) hicieron que el Estado capturase una parte mucho mayor de los beneficios generados por la actividad petrolera. 
    </p><p class="article-text">
        En el contexto de posguerra, de intervencionismo econ&oacute;mico y descolonizaci&oacute;n, se extendi&oacute; el imaginario de que el desarrollo econ&oacute;mico pasaba por controlar y explotar directamente los recursos naturales. La idea de desarrollo nacional y econ&oacute;mico iban de la mano en un <a href="https://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/21622671.2026.2641057" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">imaginario extractivista</a> que se interpretaba como condici&oacute;n para igualar la riqueza de los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados. Tras los precedentes de Rusia en 1917 y M&eacute;xico y Bolivia en los a&ntilde;os treinta, en 1951 Ir&aacute;n fue el primer pa&iacute;s de Oriente Medio en nacionalizar su petr&oacute;leo y expulsar a las empresas occidentales. Pero solo dos a&ntilde;os despu&eacute;s el gobierno de Mossadegh fue derrocado por un golpe de Estado de Reino Unido y Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        En 1957, Ir&aacute;n permiti&oacute; la entrada de la multinacional italiana ENI, que acept&oacute; un acuerdo 75-25 que puso nerviosas al resto de multinacionales y demostraba que los pa&iacute;ses petroleros estaban interesados en captar mayores cuotas de las rentas del sector. En septiembre de 1960, algunos de estos pa&iacute;ses, a instancia de Venezuela, formaron la Organizaci&oacute;n de los Pa&iacute;ses Exportadores de Petr&oacute;leo (OPEP) para fortalecer sus demandas y elevar la participaci&oacute;n del Estado al menos a una ratio 60-40. En los a&ntilde;os setenta se producir&iacute;an las primeras grandes nacionalizaciones de compa&ntilde;&iacute;as occidentales, primero en Argelia y Libia, y luego, y de forma progresiva, en los pa&iacute;ses del Golfo P&eacute;rsico. Los llamados pa&iacute;ses productores demostraban tener ya la capacidad tecnol&oacute;gica y financiera para realizar la actividad ellos mismos y sin mediaciones, es decir, capturando completamente toda la renta petrolera.
    </p><p class="article-text">
        La compa&ntilde;&iacute;a estatal de Venezuela fue PDVSA, creada en ese contexto internacional en 1976. La renta petrolera era tan alta que los partidos pol&iacute;ticos dominantes se repartieron su influencia en el denominado pacto del Punto Fijo. El sistema segu&iacute;a siendo el mismo: un desarrollo econ&oacute;mico totalmente dependiente de las rentas petroleras, donde el gobierno ten&iacute;a un margen enorme para decidir qu&eacute; hacer con ellas (con una fuerte autonom&iacute;a de PDVSA respecto del poder pol&iacute;tico y problemas crecientes de corrupci&oacute;n) y consecuentemente muy vulnerable a las ca&iacute;das del precio del petr&oacute;leo. Durante esas d&eacute;cadas fracasaron todos los intentos de diversificar la estructura productiva, como la industrializaci&oacute;n por sustituci&oacute;n de importaciones, que logr&oacute; crear determinadas capacidades industriales, pero no consigui&oacute; modificar sustancialmente la dependencia estructural de la renta petrolera. La ca&iacute;da de los precios a mediados de los a&ntilde;os ochenta llev&oacute; al pa&iacute;s a una crisis econ&oacute;mica que fue gestionada a la manera neoliberal, desembocando en una profunda crisis pol&iacute;tica que dur&oacute; hasta que en 1998 Hugo Ch&aacute;vez gan&oacute; las elecciones.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El chavismo se construy&oacute; sobre el rentismo petrolero</strong></h2><p class="article-text">
        La victoria de Ch&aacute;vez no gust&oacute; a las &eacute;lites que hab&iacute;an gestionado la renta petrolera hasta entonces, raz&oacute;n por la cual sufri&oacute; el golpe de Estado de 2002. Tras superarlo gracias al apoyo popular y de los militares, y tras un paro patronal de la empresa PDVSA, Ch&aacute;vez despidi&oacute; a miles de trabajadores y gestores de la empresa y tom&oacute; un control mucho m&aacute;s activo sobre sus decisiones. Los precios del petr&oacute;leo acompa&ntilde;aron y el gobierno logr&oacute; poner en marcha pol&iacute;ticas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza y redujeron de manera muy notable la desigualdad. Sin embargo, todo el sistema segu&iacute;a dependiendo en &uacute;ltima instancia de las rentas petroleras.
    </p><p class="article-text">
        Se suele hablar de PDVSA como una suerte de para-Estado porque asumi&oacute; proyectos que no ten&iacute;an nada que ver con su funci&oacute;n econ&oacute;mica, como programas sociales o proyectos de infraestructuras urbanas. As&iacute;, el endeudamiento de la empresa qued&oacute; no s&oacute;lo vinculado a su actividad inversora y extractiva sino tambi&eacute;n a la necesidad de acometer proyectos sociales ajenos a la entidad. Por otro lado, la cualificaci&oacute;n de los nuevos dirigentes parec&iacute;a estar lejos de las capacidades de los anteriores. Adem&aacute;s, pol&iacute;ticamente era una forma de llevar a cabo una intervenci&oacute;n p&uacute;blica que no pasaba por los controles habituales de la asamblea nacional. Algunos o todos estos elementos ayudan a entender por qu&eacute; <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301420725001291" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la empresa PDVSA ya se encontraba en niveles de actividad econ&oacute;mica y financieros muy bajos</a> antes de que llegaran las primeras sanciones estadounidenses en 2017. Las sanciones no crearon el deterioro de PDVSA, que ya era evidente antes de 2017, pero s&iacute; contribuyeron posteriormente a profundizarlo.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, el peso del petr&oacute;leo en las exportaciones siempre ha sido muy alto en Venezuela. Curiosamente, la mayor dependencia del petr&oacute;leo se produce durante el per&iacute;odo chavista, con niveles por encima del 95%, lo que da muestra del fracaso de las estrategias de diversificaci&oacute;n industrial. Eso s&iacute;, durante el per&iacute;odo de Hugo Ch&aacute;vez, el PIB por habitante fue recuper&aacute;ndose desde los niveles anteriores, lo que es congruente con otros indicadores sociales que tambi&eacute;n mejoraron durante ese per&iacute;odo. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El petróleo ha sido históricamente el sector fundamental en las exportaciones de Venezuela" aria-label="Líneas múltiples" id="datawrapper-chart-1EdG1" src="https://datawrapper.dwcdn.net/1EdG1/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="330" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Lo cierto es que durante el chavismo las rentas petroleras, en vez de financiar opulentos modos de vida de una minor&iacute;a de la poblaci&oacute;n vinculada a las elites y los bur&oacute;cratas de PDVSA, sirvieron para combatir la desigualdad y la pobreza. No obstante, sin la erradicaci&oacute;n completa de la corrupci&oacute;n. Pero en ambos casos las rentas serv&iacute;an para garantizar la estabilidad social y pol&iacute;tica de los tiempos de 'vacas gordas'. Cuando las rentas se secaban, deven&iacute;an los problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Tras la muerte de Ch&aacute;vez en 2013, Nicol&aacute;s Maduro hered&oacute; un modelo econ&oacute;mico extremadamente dependiente del petr&oacute;leo y, un a&ntilde;o despu&eacute;s, el desplome de los precios internacionales del crudo desencaden&oacute; una crisis econ&oacute;mica de enorme magnitud. El apoyo electoral al chavismo se fue debilitando y, tras perder la mayor&iacute;a parlamentaria en 2015, el Gobierno respondi&oacute; mediante una creciente concentraci&oacute;n del poder institucional y una progresiva erosi&oacute;n de los mecanismos democr&aacute;ticos. Mientras tanto, la gesti&oacute;n de la renta petrolera qued&oacute; crecientemente en manos de fracciones militares leales al gobierno. Lejos de abandonar el modelo extractivista, en el a&ntilde;o 2016 Nicol&aacute;s Maduro aprob&oacute; el proyecto del Arco Minero del Orinoco, pensado para extraer oro y otros minerales de una inmensa &aacute;rea de Venezuela. El objetivo declarado era fomentar las exportaciones de estos minerales, algunos de los cuales son importantes en la transici&oacute;n energ&eacute;tica hacia energ&iacute;as renovables, y con una fuerte participaci&oacute;n de empresas estatales y actores vinculados a las Fuerzas Armadas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en la actualidad la producci&oacute;n petrolera venezolana se encuentra muy por debajo de su potencial y de sus niveles hist&oacute;ricos. La coyuntura de precios internacionales, la mala gesti&oacute;n de la empresa y las sanciones provocaron un desplome de la actividad petrolera que priv&oacute; de las rentas al Estado venezolano. En esas condiciones, Venezuela vuelve al comienzo, es decir, a la necesidad de atraer capital extranjero para realizar las inversiones necesarias para extraer el combustible f&oacute;sil.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Venezuela concentra el 17% de las reservas mundiales y produce el 1% del petróleo" aria-label="Barras agrupadas" id="datawrapper-chart-VaFBm" src="https://datawrapper.dwcdn.net/VaFBm/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="655" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><h2 class="article-text"><strong>El papel de Estados Unidos </strong></h2><p class="article-text">
        Para Estados Unidos el petr&oacute;leo venezolano es especialmente importante, porque se trata de un tipo de crudo pesado que necesitan para una parte importante de la capacidad de refino estadounidense, pero cuya producci&oacute;n dom&eacute;stica no basta para abastecerla. Aunque Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor mundial de petr&oacute;leo gracias, entre otros factores, al desarrollo del fracking, siguen siendo importadores netos de petr&oacute;leo pesado. Y no parece casualidad que sus dos principales fuentes de petr&oacute;leo pesado hayan sido hasta hace poco Canad&aacute; y Venezuela, pa&iacute;ses con los que est&aacute; tratando de redefinir su relaci&oacute;n (con <a href="https://www.eldiario.es/economia/canada-responde-trump-aranceles-17-000-millones-euros-acero-electronica_1_13466632.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una guerra comercial</a> en el primer caso, y con la violencia en el segundo). En el caso de Venezuela, como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico, la ca&iacute;da de importaciones fue progresiva durante el gobierno de Hugo Ch&aacute;vez y termin&oacute; desplom&aacute;ndose despu&eacute;s. Con los nuevos acontecimientos, la Casa Blanca se ha asegurado que ese flujo se reactiva.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Así dejó de importar EEUU barriles diarios de Venezuela" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-i0Nt2" src="https://datawrapper.dwcdn.net/i0Nt2/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="559" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Aunque habr&aacute; que esperar a conocer los t&eacute;rminos exactos del acuerdo, los c&aacute;lculos preliminares parecen indicar que la captura de la renta que har&aacute; el Estado venezolano del sector petrolero ser&aacute; notablemente inferior a la que exist&iacute;a incluso durante el per&iacute;odo del Punto Fijo. En este sentido, Estados Unidos ha logrado capturar una parte sustancial de esa renta que hasta hace unos a&ntilde;os era impensable; y lo ha logrado a trav&eacute;s de las sanciones, que han terminado de machacar la d&eacute;bil capacidad productiva de PDVSA, y de la violencia ejercida contra otro pa&iacute;s soberano.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, merece la pena remarcar de nuevo que durante el chavismo la renta petrolera permiti&oacute; una importante redistribuci&oacute;n social y una mejora de numerosos indicadores de bienestar, pero no consigui&oacute; transformarse en una diversificaci&oacute;n productiva suficiente capaz de reducir la dependencia del petr&oacute;leo. El apoyo popular al chavismo era real y est&aacute; claramente acreditado, y sobre bases razonables, pero todo el sistema se sosten&iacute;a sobre los precios del petr&oacute;leo, de modo que cuando se agot&oacute; el flujo extraordinario de rentas comenz&oacute; tambi&eacute;n la deslegitimaci&oacute;n ciudadana. El economista Edward Barbier se&ntilde;alaba, reflexionando sobre la paradoja de la maldici&oacute;n de los recursos, que para que un pa&iacute;s se desarrolle no s&oacute;lo es necesario tener recursos abundantes y extraer renta de ellos sino, y muy especialmente, reinvertir esas rentas en diversificar la actividad econ&oacute;mica y crear encadenamientos (de modo que las industrias se necesiten unas a otras). Este &uacute;ltimo paso es el que no ha sido capaz de completar Venezuela en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os. Y tampoco el chavismo, a pesar de haberlo proclamado. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, hay un ir&oacute;nico componente c&iacute;clico en todo esto. Porque primero fue el capital extranjero el que explot&oacute; un recurso sobre el que el Estado apenas ten&iacute;a capacidad efectiva de intervenci&oacute;n. Despu&eacute;s, a trav&eacute;s de impuestos, nacionalizaciones y finalmente la creaci&oacute;n de PDVSA, el Estado fue capturando una parte cada vez mayor de esa renta hasta hacerse pr&aacute;cticamente con su totalidad. El chavismo hered&oacute; ese modelo de rentismo estatal y utiliz&oacute; sus extraordinarios ingresos para redistribuir la riqueza, pero no consigui&oacute; transformar de manera suficiente esas rentas en una estructura productiva diversificada. Cuando la producci&oacute;n y los precios se desplomaron, tambi&eacute;n lo hizo la capacidad del Estado para sostener ese modelo. Y ahora, un siglo despu&eacute;s del comienzo de la explotaci&oacute;n petrolera moderna, Venezuela vuelve a necesitar capital extranjero para explotar su principal recurso. Es como si varias d&eacute;cadas de luchas pol&iacute;ticas y sociales en torno a la captura de renta por actores extranjeros hubieran desaparecido de golpe. Y al menos Venezuela sigue sin saber responder a qu&eacute; hacer con la renta que genera un producto, el petr&oacute;leo, que adem&aacute;s tiene los d&iacute;as contados. El problema adicional es que ahora ni siquiera lo deciden ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/venezuela-dependencia-rentismo-vuelta-empezar_129_13477441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 19:30:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Venezuela,Petróleo,Nicolás Maduro,Delcy Rodríguez,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marruecos gana, Vox crece y el Gobierno llega tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marruecos-gana-vox-crece-gobierno-llega-tarde_129_13468118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cee8bac8-914b-4ceb-81b1-ea126fea9dec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x448y658.jpg" width="1200" height="675" alt="Marruecos gana, Vox crece y el Gobierno llega tarde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gobierno debería replantearse, como mínimo, su estrategia comunicativa, y recordar que lo que tiene racionalidad diplomáticamente puede ser desastroso comunicativamente. Pero yo iría más allá y exigiría reconducir toda esta estrategia de política exterior que solo conduce a fortalecer a quien te chantajea</p></div><p class="article-text">
        El presidente comparecer&aacute; finalmente en el Congreso, a petici&oacute;n propia, casi un mes despu&eacute;s del inicio de la entrada masiva y tras tres semanas intentando que bastara con enviar a cuatro ministros en su lugar. Desgraciadamente es un patr&oacute;n habitual en la gesti&oacute;n de las crisis por parte de este gobierno, donde lo correcto llega tarde y adem&aacute;s bajo presi&oacute;n, haciendo que lo que podr&iacute;a haber sido iniciativa parece una cesi&oacute;n. La consecuencia de ese silencio parlamentario, con varias narrativas alternativas compitiendo por explicar lo ocurrido, es una ciudadan&iacute;a desorientada. Van aqu&iacute; cinco tesis para ordenar el cuadro.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, no podemos olvidar el marco geopol&iacute;tico de fondo, que sorprendentemente est&aacute; ausente en la mayor&iacute;a de las conversaciones. Baste con recordar dos cosas: 1) que <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Uni&oacute;n Europea externaliz&oacute; sus fronteras</a>, pagando miles de millones de euros a pa&iacute;ses como Turqu&iacute;a, Libia, T&uacute;nez, Egipto o Marruecos para que se encargaran de frenar los flujos migratorios en sus territorios, y 2) que, tras perder las elecciones en 2020 pero antes de irse de la Casa Blanca, Trump reconoci&oacute; la soberan&iacute;a marroqu&iacute; del S&aacute;hara Occidental y, a la vez, Marruecos restableci&oacute; las relaciones diplom&aacute;ticas con Israel. Una transacci&oacute;n que no es menor para lo que nos ocupa.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia de lo anterior, Marruecos se sabe actualmente mucho m&aacute;s fuerte en su relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a. No solo tiene la llave que maneja el caudal de inmigrantes que llega al territorio espa&ntilde;ol, lo que <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gana-ceuta-entra-crisis_129_13455690.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">les permite manufacturar crisis pol&iacute;ticas en nuestro pa&iacute;s</a>, sino que tambi&eacute;n cuenta con el respaldo de dos poderosos aliados (EEUU e Israel) que, adem&aacute;s, est&aacute;n enfrentados a Espa&ntilde;a. Para estos pa&iacute;ses, Marruecos es un socio fiable y estable, aunque solo sea porque es una monarqu&iacute;a autoritaria cuya voluntad no depende de las elecciones y que adem&aacute;s no tiene reparos en usar a su poblaci&oacute;n como peones prescindibles. El inter&eacute;s geopol&iacute;tico por el control del estrecho de Gibraltar no es tampoco menor. Marruecos ya puso a prueba ese nuevo poder en 2021, cuando 8.000 inmigrantes entraron en Ceuta; sucedi&oacute; como represalia y apenas un mes despu&eacute;s de que se supiera que el l&iacute;der del Frente Polisario estaba siendo atendido del COVID-19 en Espa&ntilde;a. El gobierno espa&ntilde;ol se pleg&oacute; concediendo la destituci&oacute;n de la ministra de exteriores en julio y, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el reconocimiento en la pr&aacute;ctica de la soberan&iacute;a marroqu&iacute; sobre el S&aacute;hara.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la crisis internacional y geopol&iacute;tica se solapa con la crisis humanitaria. El flujo de inmigrantes procedentes de pa&iacute;ses pobres que aspiran a llegar a pa&iacute;ses m&aacute;s ricos no se detiene. La externalizaci&oacute;n de fronteras simplemente ha hecho m&aacute;s caras y arriesgadas las traves&iacute;as, pero la gente sigue optando por intentarlo. Ese empe&ntilde;o logra muchas veces abrir brechas en los dispositivos de seguridad, incluso en una frontera tan militarizada como la de la Uni&oacute;n Europea, sin ni siquiera necesidad del concurso de los pa&iacute;ses-porteros a los que pagamos. Eso aumenta el poder de chantaje de estos &uacute;ltimos, ya que siempre hay un flujo migratorio latente. Las aproximadamente 80.000 personas de esta nueva entrada combinan un flujo migratorio genuino, de personas con una planificaci&oacute;n previa y claridad en el objetivo, con una masa alt&iacute;sima de curiosos que fueron atra&iacute;dos por los mensajes en redes sociales que dec&iacute;an que se pod&iacute;a entrar en Ceuta. Eso explica la facilidad en el retorno de la inmensa mayor&iacute;a, pero tambi&eacute;n la ausencia de disposici&oacute;n a irse de otra parte que se estima en 5.000-10.000 personas.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, cuando tienes un movimiento migratorio de esas dimensiones, que duplica la poblaci&oacute;n de una ciudad, es mucho mejor tomar medidas que se pasen a que se queden cortas. Porque r&aacute;pidamente todas las infraestructuras se saturan y comienzan problemas de convivencia en el propio grupo entrante (altamente heterog&eacute;neo) y con la poblaci&oacute;n local. La respuesta tard&iacute;a del gobierno sugiere que en los primeros d&iacute;as de la crisis se procur&oacute; que, en ausencia de suficiente comida, agua y asistencia b&aacute;sica, todos se volvieran a sus lugares de origen. Pero el componente migratorio real no iba a retornar, y en consecuencia qued&oacute; desatendido y en condiciones lamentables durante d&iacute;as. La respuesta de reubicaci&oacute;n del asentamiento lleg&oacute; tarde, sin narrativa y con los &aacute;nimos ya encendidos. Lo mismo puede decirse de la decisi&oacute;n de crear, m&aacute;s de tres semanas despu&eacute;s, un &ldquo;mando &uacute;nico&rdquo; con el que abordar la crisis en Ceuta. Una decisi&oacute;n correcta (mejor &ldquo;pasarse&rdquo;) que llega tarde y que para colmo hab&iacute;a sido negada previamente; y cuya demora expresa fragilidad. 
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, la extrema derecha europea lleva d&eacute;cadas creciendo con el discurso anti-inmigraci&oacute;n y usando una narrativa seg&uacute;n la cual la Europa blanca se est&aacute; perdiendo en el mestizaje con otras etnias. Es un discurso que tambi&eacute;n usan instrumentalmente los l&iacute;deres de los pa&iacute;ses-porteros, como demostr&oacute; Gadafi cuando advirti&oacute; a Italia en 2010 de que el destino de Europa era ser invadida por &ldquo;hambrientos e ignorantes africanos&rdquo;. Cuanto m&aacute;s miedo hay en Europa, mejor se paga a los porteros. El discurso de odio y miedo de Vox resulta ser funcional a los intereses de Marruecos, que ve su remuneraci&oacute;n aumentar, y la actitud de Marruecos instrumentalizando la migraci&oacute;n favorece las perspectivas electorales de Vox. 
    </p><p class="article-text">
        El discurso de la extrema derecha intenta reubicar este evento geopol&iacute;tico (en realidad, una medida de pol&iacute;tica exterior) en un marco favorable para sus intereses electorales en todo el pa&iacute;s: vender la idea de que Espa&ntilde;a est&aacute; amenazada por los extranjeros, apuntalando as&iacute; el nacionalismo &eacute;tnico que defienden los ultras y que est&aacute; envuelto en mitos y rituales con bastante arraigo en Espa&ntilde;a (la Reconquista, por ejemplo). La decisi&oacute;n de parte del gobierno de no responsabilizar a Marruecos tiene racionalidad diplom&aacute;tica, ya que se busca no echar m&aacute;s le&ntilde;a al fuego, pero deja todo el campo a la oposici&oacute;n. Y esa oposici&oacute;n, medi&aacute;tica y pol&iacute;tica, utiliza categor&iacute;as como &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;ataque&rdquo; y &ldquo;asalto&rdquo; libremente y con intenci&oacute;n clara. El Gobierno no ha conseguido construir una narrativa p&uacute;blica convincente sobre lo ocurrido. No sabe, no quiere o no puede explicar p&uacute;blicamente lo que est&aacute; pasando. Y eso, de nuevo, es otra muestra de debilidad.
    </p><p class="article-text">
        En quinto lugar, la poblaci&oacute;n ceut&iacute; es muy diversa, y eso deber&iacute;a ser advertencia de que su miedo no est&aacute; necesariamente fundado en el racismo. Lo que tienen es una sensaci&oacute;n de fragilidad y vulnerabilidad que no est&aacute; justamente atendida, porque son plenamente conscientes de que una decisi&oacute;n unilateral de Marruecos puede paralizar por completo la ciudad (que ya tiene sus propias dificultades debido a la geograf&iacute;a). Precisamente lo que Ceuta necesitaba de forma r&aacute;pida es no sentir que sus instituciones se desbordaban; pero la primera estrategia del gobierno contribuy&oacute; a que creciera ese sentir de orfandad. Como consecuencia, la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control fue muy intensa entre una parte importante de la poblaci&oacute;n local. Es el apego a las estructuras cotidianas (centros de salud, institutos, centros de trabajo, lugares de ocio, etc.) lo que qued&oacute; amenazado, mucho m&aacute;s que una supuesta identidad espa&ntilde;ola. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, todo lo anterior no abunda en la idea de que Marruecos vaya a sentirse debilitado o simplemente preocupado. M&aacute;s al contrario, me temo que de este embate sale tan reforzado, o m&aacute;s, que con el de 2021. El gobierno deber&iacute;a replantearse, como m&iacute;nimo, su estrategia comunicativa, y recordar que lo que tiene racionalidad diplom&aacute;ticamente puede ser desastroso comunicativamente. Pero yo ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; y exigir&iacute;a reconducir toda esta estrategia de pol&iacute;tica exterior que solo conduce a fortalecer a quien te chantajea. Desde luego, Espa&ntilde;a no podr&aacute; hacer ese giro en solitario &mdash;por ejemplo, las represalias comerciales o econ&oacute;micas requerir&iacute;an un acuerdo europeo&mdash; pero tampoco parece que pueda ganar aliados en la UE si es incapaz de explicar m&iacute;nimamente lo que est&aacute; pasando. Aun as&iacute;, ese escenario parece m&aacute;s halag&uuml;e&ntilde;o que simplemente repetir lo mismo que en 2021, cuando ya es claro que las cesiones no han conducido a apaciguar a nadie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marruecos-gana-vox-crece-gobierno-llega-tarde_129_13468118.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 19:09:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marruecos gana, Vox crece y el Gobierno llega tarde]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué atacan al Nobel que defiende a la clase trabajadora?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/atacan-nobel-defiende-clase-trabajadora_129_13463149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02fcb15b-6dc7-44ee-8a62-fd0c112ced7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x946y199.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué atacan al Nobel que defiende a la clase trabajadora?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Daron Acemoglu ha utilizado las herramientas de la economía convencional para mostrar que la tecnología y el mercado no producen automáticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento pone en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA y aboga por políticas públicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes tecnológicas</p></div><p class="article-text">
        Daron Acemoglu, economista ganador del llamado <a href="https://www.eldiario.es/economia/acemoglu-johnson-robinson-tres-teoricos-pobreza-comparten-nobel-economia_1_11731281.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">premio Nobel de econom&iacute;a en 2024</a>, acaba de publicar un nuevo libro llamado <em>What Happened to Liberal Democracy?</em> (&iquest;Qu&eacute; le sucedi&oacute; a la democracia liberal?) y la famosa revista The Economist, fundada en 1843 y paradigma de la defensa del libre comercio y del liberalismo econ&oacute;mico, ha aprovechado para <a href="https://www.economist.com/finance-and-economics/2026/08/17/the-worlds-most-influential-economist-is-oddly-unconvincing" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pasarle algunas facturas</a>. En un art&iacute;culo que ha sorprendido a todos, la revista aprovech&oacute; para lanzar unas dispersas cr&iacute;ticas te&oacute;ricas a su trabajo y, sobre todo, para impugnar el estatus del reputado economista. Quiz&aacute;s la mejor prueba es que The Economist afirma en su titular que Acemoglu es extra&ntilde;amente poco convincente y que sus argumentos &ldquo;sobre la IA son adem&aacute;s pesimistas hasta el punto de perder credibilidad&rdquo;. No es de extra&ntilde;ar que el afectado haya considerado el ataque como algo personal y haya tenido que <a href="https://www.economist.com/letters/2026/08/21/daron-acemoglu-responds-to-our-criticism-of-his-work" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">responder p&uacute;blicamente</a>.
    </p><p class="article-text">
        Todo apunta a que la causa &uacute;ltima del desencuentro se encuentra en el hecho de que el trabajo acad&eacute;mico de Acemoglu, que gira en torno al cambio t&eacute;cnico y el papel de la inteligencia artificial, ha desembocado en una propuesta para reforzar a la clase trabajadora. Este punto es precisamente uno de los atacados por The Economist, que etiqueta su enfoque como pesimista e inespec&iacute;fico. La economista <a href="https://x.com/monicambravo/status/2090009066298847722" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&ograve;nica Mart&iacute;nez Bravo</a> sintetiz&oacute; bien esta tensi&oacute;n al escribir: &ldquo;Qu&eacute; cosas tan curiosas pasan cuando un Nobel de Econom&iacute;a escribe un libro defendiendo volver a poner a la clase trabajadora en el centro de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica&rdquo;. En este an&aacute;lisis vamos a ver en qu&eacute; sentido y hasta qu&eacute; punto la visi&oacute;n de Mart&iacute;nez Bravo es cierta. Y, de paso, aprovechamos para meternos en el apasionante y preocupante mundo de las <a href="https://www.eldiario.es/economia/ia-inventa-despido-permanente-desafio-sustituir-salarios-capacidad-computacional_129_13440118.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consecuencias socioecon&oacute;micas de la inteligencia artificial</a>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El papel de la automatizaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        Uno de los grandes interrogantes de la econom&iacute;a es averiguar cu&aacute;les son los efectos de la automatizaci&oacute;n, es decir, de la sustituci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/trabajadores-india-les-ordeno-grabarse-ia-pagara-sustituyan-robots_1_13454939.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajadores humanos por m&aacute;quinas</a>. &iquest;Se destruye empleo?, &iquest;se deprimen los salarios?, &iquest;se modifica la correlaci&oacute;n de fuerzas entre capital y trabajo? Se trata de un debate que, despu&eacute;s de doscientos a&ntilde;os, no ha derivado en consenso alguno, sino en diferentes enfoques con los que pensar un proceso tan complejo. Y, para entenderlo bien, tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XIX.
    </p><p class="article-text">
        David Ricardo es considerado uno de los padres fundadores de la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Con veintipocos a&ntilde;os se hizo millonario especulando en bolsa y pudo retirarse a sus propiedades a escribir. Su libro <em>Principios de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica y Tributaci&oacute;n</em> se convirti&oacute; pronto en un indispensable, y sigue siendo la base de la actual teor&iacute;a del comercio internacional e incluso de la teor&iacute;a del valor-trabajo del marxismo. En las dos primeras ediciones <em>Principios</em>, Ricardo apenas tuvo nada que decir especial sobre el proceso de automatizaci&oacute;n, pues compart&iacute;a el criterio convencional y optimista de los economistas de la &eacute;poca. Es importante que entendamos esta forma de pensar la automatizaci&oacute;n, porque es a grandes rasgos la que domina en la profesi&oacute;n todav&iacute;a. Seg&uacute;n esta visi&oacute;n, cuando las m&aacute;quinas sustituyen a trabajadores en un proceso productivo se producen dos efectos. El primero, el obvio de que un cierto n&uacute;mero de personas pierden su empleo. El segundo, que la propia introducci&oacute;n de las nuevas m&aacute;quinas es capaz de crear nuevos puestos de trabajo que absorber&aacute;n el empleo previamente expulsado. 
    </p><p class="article-text">
        Es decir, para los economistas no estamos ante un problema preocupante porque la econom&iacute;a se regula de manera que la introducci&oacute;n de m&aacute;quinas (la incorporaci&oacute;n de nueva tecnolog&iacute;a) es capaz de mantener el nivel de empleo. Y Ricardo pensaba m&aacute;s o menos esto, pero s&oacute;lo hasta 1821.
    </p><p class="article-text">
        En su famosa tercera edici&oacute;n de los <em>Principios</em>, Ricardo introdujo un nuevo cap&iacute;tulo donde consider&oacute; err&oacute;nea la visi&oacute;n convencional y reconoci&oacute; que &ldquo;estoy convencido ahora de que la sustituci&oacute;n del trabajo humano por la maquinaria es, a menudo, muy perjudicial a los intereses de la clase trabajadora&rdquo;. El impacto de este cambio fue enorme, y su disc&iacute;pulo <a href="https://oll-resources.s3.us-east-2.amazonaws.com/oll3/store/titles/211/0687-08_LF.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Ramsay McCulloch se quej&oacute; ante &eacute;l amargamente</a> (p. 381) porque entend&iacute;a que daba p&aacute;bulo a los movimientos obreros antimaquinaria. Era un tiempo de enorme agitaci&oacute;n social, ya que la Revoluci&oacute;n Industrial se estaba desplegando en el Reino Unido y estaba transformando radicalmente el modo de vida de la clase trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        En un <a href="https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-economics-091823-025129" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo acad&eacute;mico de 2024</a>, Daron Acemoglu y Simon Johnson trataron justamente este momento hist&oacute;rico. Para ellos el cambio de Ricardo respecto de la maquinaria tuvo que ver con que el hecho de que fuera elegido miembro de la C&aacute;mara de los Comunes, es decir, diputado. Gracias a eso, Ricardo fue testigo de lo que realmente estaba ocurriendo en la industria del algod&oacute;n y, de ese modo, pudo corregir sus ideas previas. Porque lo que estaba pasando no ten&iacute;a nada que ver con la visi&oacute;n optimista de los economistas, sino que la Revoluci&oacute;n Industrial estaba deteriorando gravemente las condiciones de vida de la clase trabajadora. 
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo, por cierto, se apoya en gran medida en los trabajos de dos gigantes de la historiograf&iacute;a marxista brit&aacute;nica, Edward Palmer Thompson y Eric Hobsbawm (aunque tambi&eacute;n cita, de manera complementaria, al reputado &mdash;l&eacute;ase, convencional&mdash; historiador <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nobel-suicidio-ecologico_129_12705328.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joel Mokyr</a>). Los n&uacute;meros de Acemoglu indican que, con la automatizaci&oacute;n, los salarios reales de los tejedores manuales cayeron un m&iacute;nimo de un 25%, sin que esos trabajadores pudieran trasladarse a nuevos sectores emergentes. Simplemente, sus condiciones de vida fueron arrasadas por la introducci&oacute;n de maquinaria en la industria. La paradoja es que como la productividad estaba creciendo, y los salarios no, los empresarios ganaron enormes beneficios que elevaron la desigualdad. En palabras que repite mucho Acemoglu, la prosperidad no fue compartida.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de esta lectura cr&iacute;tica del proceso de automatizaci&oacute;n ya hab&iacute;a sido incorporada en el trabajo de Acemoglu mucho antes. Donde aparece de forma divulgativa con m&aacute;s claridad es en su libro de 2023 <em>Power and Progress </em>(Poder y progreso), coescrito tambi&eacute;n con Simon Johnson, donde subrayaban que no hay nada autom&aacute;ticamente beneficioso para la sociedad en la introducci&oacute;n de nueva tecnolog&iacute;a. Seg&uacute;n ellos, que los incrementos de productividad sean compartidos depende de aspectos como el tipo de tecnolog&iacute;a, las instituciones (normas, costumbres, leyes) y la orientaci&oacute;n que se quiera imprimir desde la sociedad. De manera significativa, Acemoglu y Johnson aceptan que la prosperidad s&oacute;lo es compartida cuando los avances de la tecnolog&iacute;a se apartan del inter&eacute;s ego&iacute;sta de las &eacute;lites. De ah&iacute; que los autores explicaran que la clave para entender los aumentos de calidad de vida de la clase trabajadora durante la segunda mitad del siglo XIX tuvieran que ver con la democratizaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico, el crecimiento de los sindicatos y la legislaci&oacute;n para proteger los derechos de los trabajadores; elementos todos que obligaban a orientar el cambio tecnol&oacute;gico en otra direcci&oacute;n distinta a la de los meros intereses econ&oacute;micos de las &eacute;lites. Cualquiera familiarizado con la historia del movimiento obrero puede ver en este razonamiento de Acemoglu y Johnson un elemento pol&iacute;tico claramente subversivo.
    </p><p class="article-text">
        Hay que cuidarse mucho de pensar que esto es solo historia econ&oacute;mica, o econom&iacute;a pol&iacute;tica del siglo XIX. El punto de referencia de Acemoglu es siempre el cambio tecnol&oacute;gico actual, y m&aacute;s concretamente la adopci&oacute;n de la inteligencia artificial en los procesos productivos actuales. Pero Acemoglu usa la historia econ&oacute;mica para reflexionar sobre el proceso contempor&aacute;neo, pregunt&aacute;ndose (en <em>Power and Progress</em>) qu&eacute; pasa si los economistas convencionales est&aacute;n equivocados y la IA fundamentalmente provoca distorsiones en el mercado de trabajo que incrementan la desigualdad de salarios y empleo, su impacto redistribuye poder hacia las &eacute;lites, empobrece a miles de millones de personas en el mundo no desarrollado, si refuerza prejuicios &eacute;tnicos o sociales, o si destruye las instituciones democr&aacute;ticas. Su conclusi&oacute;n ha sido que lo que necesita la sociedad contempor&aacute;nea es, como ocurri&oacute; en el siglo XIX, el crecimiento de contraargumentos y organizaciones que puedan contrarrestar al pensamiento convencional. Para hacerse una idea m&aacute;s completa, baste decir que uno de los &uacute;ltimos art&iacute;culos de Acemoglu, firmado con David Autor y Simon Johnson, se llama <em>Building pro-worker artificial intelligence</em> (Construir una inteligencia artificial favorable a los trabajadores).
    </p><h2 class="article-text"><strong>No es un economista heterodoxo, lo que lo hace m&aacute;s peligroso</strong></h2><p class="article-text">
        Aunque a algunos les haya parecido demasiado disidente, debemos recordar que Daron Acemoglu no es un revolucionario en el sentido cl&aacute;sico. Ni siquiera en su disciplina. El primer libro suyo que lleg&oacute; a mi biblioteca no fue un ensayo, sino su manual <em>Introduction to Modern Economic Growth</em> de 2009. Se trata de un texto de posgrado con &aacute;lgebra sumamente avanzada y en el que se repasan los modelos de crecimiento econ&oacute;mico desde una &oacute;ptica unilateral: la neocl&aacute;sica (una teor&iacute;a ahist&oacute;rica que abandona muchas de las preocupaciones de los economistas cl&aacute;sicos, como Adam Smith, David Ricardo o Karl Marx). Esta es la dominante en las facultades de econom&iacute;a, y frente a ella se han elevado hist&oacute;ricamente otras escuelas de pensamiento, como la poskeynesiana o la marxista, consideradas por ello como heterodoxas. Acemoglu pertenece a esta escuela de pensamiento, y de hecho <a href="https://fortune.com/2026/06/21/nobel-laureate-daron-acemoglu-ai-productivity-capitalism-democracy/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recientemente ha afirmado</a> que encuentra la discusi&oacute;n sobre el capitalismo &ldquo;descerebrada&rdquo;. En la cosmovisi&oacute;n subyacente a los modelos de Acemoglu no hay relaciones de producci&oacute;n, el poder entra como una categor&iacute;a de capacidad de negociaci&oacute;n y captura regulatoria y la visi&oacute;n de las instituciones es d&eacute;bil y nunca estructural. Consecuentemente, su concepto de clase trabajadora no es marxista, pero conduce a lo que &eacute;l denomina &ldquo;<a href="https://lucid.substack.com/p/how-to-revitalize-democracy-my-conversation" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">liberalismo de clase trabajadora</a>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero todo esto es, para los economistas convencionales, lo que realmente supone un peligro. Porque Acemoglu llega a sus &ldquo;radicales&rdquo; conclusiones desde dentro de la profesi&oacute;n y del mainstream. Todo su trabajo acad&eacute;mico es una l&uacute;cida (y algebraicamente compleja) reformulaci&oacute;n de los modelos neocl&aacute;sicos de progreso t&eacute;cnico. Y cada paso que ha dado en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, como considerar el reparto del ingreso entre capital y trabajo end&oacute;geno al cambio t&eacute;cnico, lo hace sin recurrir a la vast&iacute;sima cantidad de trabajos heterodoxos que ya pisaron ese camino mucho antes que &eacute;l. Hoy Acemoglu tiene una visi&oacute;n del comercio que no ser&iacute;a extra&ntilde;a para los autores marxistas, y una visi&oacute;n de la distribuci&oacute;n de la renta que reconocer&iacute;an autores poskeynesianos como Joan Robinson o Nicholas Kaldor. Y ya hemos visto que su lectura de algunos aspectos de la historia econ&oacute;mica del siglo XIX presenta sorprendentes puntos de contacto con la historiograf&iacute;a marxista. 
    </p><p class="article-text">
        La clave es que Acemoglu ha llegado a conclusiones muy similares a la de las escuelas postkeynesianas e incluso marxistas, pero empleando otros conceptos y m&eacute;todos. Los economistas convencionales no pueden criticarle por falta de brillantez t&eacute;cnica, ampliamente acreditada, pero est&aacute;n asustados por las conclusiones pol&iacute;ticas que se extraen de su desviaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con Joseph Stiglitz ya se hab&iacute;a ensayado la jugada. El economista estadounidense recibi&oacute; el Nobel en el a&ntilde;o 2001 por sus contribuciones a la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, en particular por sus an&aacute;lisis con informaci&oacute;n asim&eacute;trica, y durante los a&ntilde;os noventa destac&oacute;, entre otras cosas, por su cr&iacute;tica a la versi&oacute;n dura de la econom&iacute;a ecol&oacute;gica. Gracias a todo ello se convirti&oacute; en el economista jefe del Banco Mundial, una de las instituciones encargadas de promover el &lsquo;Consenso de Washington&rsquo; entre los pa&iacute;ses en desarrollo, es decir, de imponer pol&iacute;ticas neoliberales. Antes de terminar su mandato, Stiglitz abandon&oacute; su cargo y en 2002 public&oacute; su libro <em>Globalization and Its Discontents</em>, donde cuestion&oacute; gran parte de la pol&iacute;tica neoliberal. Se trataba de un duro diagn&oacute;stico que a los estudiantes de posgrado de Econom&iacute;a Internacional y del Desarrollo siempre nos pareci&oacute; ilustrativo: un neocl&aacute;sico criticando las conclusiones de su viejo paradigma. 
    </p><p class="article-text">
        Como ahora, <a href="https://www.staff.ncl.ac.uk/david.harvey/AEF318/GlobalisationRefs/StigRev.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n The Economist fue punta de lanza</a> contra lo que les parec&iacute;a un giro inadmisible, afirmando con iron&iacute;a que &ldquo;Stliglitz podr&iacute;a haber escrito un buen libro sobre globalizaci&oacute;n. Quiz&aacute;s la pr&oacute;xima vez&rdquo; y reconociendo que era un economista brillante antes de rebajar completamente su estatus. No fue el &uacute;nico ejemplo, ya que el entonces director de investigaci&oacute;n del FMI (la otra pata neoliberal en el sistema internacional), Kenneth Rogoff, atac&oacute; duramente a Stiglitz y asent&oacute; la conclusi&oacute;n generalizada entre los economistas convencionales, a saber, que como acad&eacute;mico Stiglitz era un genio con una mente maravillosa, pero que como pol&iacute;tico era mucho menos impresionante. Es el precedente m&aacute;s claro del art&iacute;culo de The Economist contra Daron Acemoglu. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que podemos esperar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os es un proceso, encabezado por parte de la comunidad mainstream y del que The Economist es solo la avanzadilla, para intentar devaluar la reputaci&oacute;n de Acemoglu, no tanto en sus bases t&eacute;cnicas sino por sus &ldquo;extravagancias&rdquo; pol&iacute;ticas. Como ya hemos visto, no es el primer caso y probablemente no ser&aacute; el &uacute;ltimo, pero la l&oacute;gica est&aacute; impresa desde hace mucho tiempo. El aura de respetabilidad en la comunidad de los economistas convencionales es dependiente tanto de las bases t&eacute;cnicas (con una alta sofisticaci&oacute;n matem&aacute;tica, lo que hace muy inaccesible su comprensi&oacute;n para el p&uacute;blico general) como de la &ldquo;razonabilidad&rdquo; de las conclusiones pol&iacute;ticas. Recordemos que el premio Nobel de Econom&iacute;a no es tal, ya que Alfred Nobel nunca consider&oacute; entregar uno de esta materia. Que hoy exista un premio Nobel de Econom&iacute;a es resultado del inter&eacute;s del banco central sueco que, en 1968 y en un contexto de duro enfrentamiento con los socialdem&oacute;cratas suecos (que estaban desplegando su v&iacute;a reformista al socialismo), necesitaba mejorar la reputaci&oacute;n de quienes defend&iacute;an sus posiciones pol&iacute;ticas (conservadoras). El gran economista sueco Gunnar Myrdal recibi&oacute; el premio en 1974, pero su propia interpretaci&oacute;n es que como era un &ldquo;radical&rdquo; (sus propias palabras) le hicieron compartirlo con un &ldquo;reaccionario&rdquo;, Friedrich Hayek. En 1977, escribi&oacute; un <a href="https://www.jstor.org/stable/40719509?seq=3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">breve art&iacute;culo</a> reconociendo que se equivoc&oacute; al aceptarlo, que la econom&iacute;a no es una ciencia equivalente a la f&iacute;sica o las &ldquo;ciencias duras&rdquo; y que, ojo, no deber&iacute;a existir el premio Nobel. Lo que suger&iacute;a, en &uacute;ltima instancia, es que se trataba de un reconocimiento muy cargado de valores y principios pol&iacute;ticos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Consecuencias para la actualidad</strong></h2><p class="article-text">
        El trabajo de Daron Acemoglu tiene, para m&iacute;, muchos l&iacute;mites. Quiz&aacute;s el m&aacute;s obvio es que, a pesar de girar en torno a la tecnolog&iacute;a y el cambio t&eacute;cnico, toda consideraci&oacute;n sobre la energ&iacute;a est&aacute; ausente. Hablar de la transformaci&oacute;n de la econom&iacute;a del siglo XIX en el Reino Unido sin mencionar el papel del carb&oacute;n es extra&ntilde;o. Tambi&eacute;n resulta problem&aacute;tica la escasa atenci&oacute;n a la dimensi&oacute;n imperial de la industrializaci&oacute;n brit&aacute;nica, es decir, al hecho de que el comercio colonial, la esclavitud, la extracci&oacute;n de recursos y la posici&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a en la econom&iacute;a mundial formaron parte de las condiciones hist&oacute;ricas en las que se produjo la Revoluci&oacute;n Industrial. Esto tiene que ver con otro punto ampliamente criticado a Acemoglu, esta vez desde la heterodoxia, y presente en libros anteriores como <em>Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty </em>(<em>Por qu&eacute; fracasan los pa&iacute;ses</em>), coescrito con James Robinson. La visi&oacute;n del desarrollo econ&oacute;mico de Acemoglu es institucionalista, atribuyendo a aspectos tales como la innovaci&oacute;n, la democracia o los tipos de gobierno la variable central que determina qu&eacute; pa&iacute;ses crecen y cu&aacute;les no. 
    </p><p class="article-text">
        Pero su interpretaci&oacute;n sobre la inteligencia artificial y su &eacute;nfasis en el modelo de tareas &mdash;que no se automatizan empleos sino tareas&mdash; y la constataci&oacute;n de que los efectos de la automatizaci&oacute;n dependen del poder y de instituciones como las leyes es correcto y crucial para nuestro presente. Es cierto que otras tradiciones pueden ofrecer enfoques m&aacute;s agudos y estructurales sobre el papel de la tecnolog&iacute;a, pero la originalidad y brillantez de Acemoglu es que ha llegado al mismo destino que autores heterodoxos, aunque por otro camino. Existen complementariedades entre las diferentes tradiciones que merecen la pena explotar. Por ejemplo, su insistencia en diferentes trabajos en que la tecnolog&iacute;a puede usarse (mal) para elevar el control sobre los trabajadores (<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/trabajadores-india-les-ordeno-grabarse-ia-pagara-sustituyan-robots_1_13454939.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cosa que la IA ya est&aacute; haciendo)</a> puede beneficiarse mucho de toda la tradici&oacute;n marxista que nace con el fant&aacute;stico libro del marxista Harry Braverman y que revolucion&oacute; toda la teor&iacute;a sobre el mercado de trabajo. O el papel de la distribuci&oacute;n del ingreso, que es no s&oacute;lo un aspecto moral sino tambi&eacute;n de eficiencia econ&oacute;mica (sobre todo en modelos donde la demanda juega un papel importante).
    </p><p class="article-text">
        Para terminar, apuntar que hay muchos aspectos sin concluir en el trabajo de Daron Acemoglu que merecer&aacute;n un desarrollo en los pr&oacute;ximos meses y a&ntilde;os, y que son claves para la pol&iacute;tica p&uacute;blica. La proposici&oacute;n central de Acemoglu es que la tecnolog&iacute;a, para que promueva una prosperidad compartida, tiene que estar dirigida. Los cr&iacute;ticos, incluido el texto de The Economist, se&ntilde;alan lo ambiguo que resulta eso en la pr&aacute;ctica. Tienen raz&oacute;n en este punto, ya que el trazo de Acemoglu y sus coautores apunta en la direcci&oacute;n de intervenir en los destinos del mercado autorregulado a fin de dirigir la tecnolog&iacute;a &lsquo;hacia otra parte&rsquo;. Por la comparaci&oacute;n hist&oacute;rica se deduce que el efecto buscado es el fortalecimiento de los sindicatos, de la democracia y del poder frente a las &eacute;lites (l&eacute;ase, los tecnooligarcas), pero est&aacute; ausente todav&iacute;a el &lsquo;c&oacute;mo&rsquo; lograr todo eso. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Acemoglu insiste en que la sociedad tiene alternativas a la implantaci&oacute;n de tecnolog&iacute;a en formas que provocan graves da&ntilde;os a la clase trabajadora. &Eacute;l acepta que los empresarios buscan elevar sus beneficios y aumentar la productividad promedio del trabajo, aunque esa implantaci&oacute;n no produzca bienestar social (en su terminolog&iacute;a, que no incremente la productividad marginal del trabajo). Un an&aacute;lisis estructural objetar&aacute; que un empresario asume una determinada tecnolog&iacute;a maximizadora de beneficios porque est&aacute; obligado por la competencia, de modo que no est&aacute; claro c&oacute;mo podr&iacute;a ser de otra forma sin recurrir a instrumentos cl&aacute;sicos como la regulaci&oacute;n estatal. En el fondo, la gram&aacute;tica habitual de un proceso de &ldquo;direcci&oacute;n tecnol&oacute;gica&rdquo; es la que tiene que ver con la planificaci&oacute;n, el Estado y la protecci&oacute;n social; y probablemente por ah&iacute; vendr&aacute;n las pr&oacute;ximas discusiones en el campo.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, espero haber mostrado por qu&eacute; creo, junto con otros economistas, que se explica la cr&iacute;tica de The Economist a un economista ampliamente reputado y brillante. El problema de Acemoglu para el mainstream es que ha utilizado las propias herramientas conceptuales de la econom&iacute;a convencional para mostrar que la tecnolog&iacute;a y el mercado no producen autom&aacute;ticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento implica poner en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA (y tambi&eacute;n los costes que lleva asociados, donde la energ&iacute;a de nuevo juega un papel central) y abogar por pol&iacute;ticas p&uacute;blicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes empresas tecnol&oacute;gicas. Para m&iacute;, ese camino es muy fruct&iacute;fero y es claro que necesitamos m&aacute;s prosperidad compartida, es decir, m&aacute;s intervenciones y pol&iacute;ticas como las de Acemoglu.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/atacan-nobel-defiende-clase-trabajadora_129_13463149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 20:17:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué atacan al Nobel que defiende a la clase trabajadora?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premios Nobel,Inteligencia artificial,Reino Unido,Sindicatos,Trabajadores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién gana cuando Ceuta entra en crisis?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gana-ceuta-entra-crisis_129_13455690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9aa33533-06ab-42df-9801-bbb25c622752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x586y585.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién gana cuando Ceuta entra en crisis?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hace falta imaginar una coordinación directa o explícita entre Washington, Rabat y la extrema derecha europea. Lo importante es entender que sus intereses pueden converger en un mismo resultado, produciendo efectos profundamente desestabilizadores. Lo que para Vox es una oportunidad para desgastar al Gobierno, para Estados Unidos es una oportunidad de torpedear cualquier proyecto europeo</p><p class="subtitle">La policía traslada a miles de migrantes de la playa ceutí de Trampolín hacia los nuevos espacios de acogida</p></div><p class="article-text">
        La extrema derecha ha subido los decibelios contra Pedro S&aacute;nchez y el gobierno de coalici&oacute;n. Se han multiplicado las met&aacute;foras belicistas que hablan de una &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; y de un &ldquo;acto de guerra&rdquo; y que se acompa&ntilde;an de insultos absolutamente ajenos a la m&iacute;nima decencia. Abascal ha llegado a afirmar que el presidente del gobierno adem&aacute;s de traidor y responsable de esta situaci&oacute;n es tambi&eacute;n&hellip; la peste. Es obvio que Vox lee la situaci&oacute;n de Ceuta como una oportunidad para infligir un da&ntilde;o pol&iacute;tico al gobierno que ellos quieren rentabilizar electoralmente. No les importa la vida que tantos han perdido por el camino, o las condiciones en las que se encuentran los inmigrantes en estos momentos (en Ceuta y m&aacute;s all&aacute;). Su &uacute;nico objetivo es asentar en el imaginario p&uacute;blico la idea de que Espa&ntilde;a est&aacute; siendo invadida por fuerzas extra&ntilde;as y con la complicidad, cuando no colaboraci&oacute;n, de las izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente les funciona, sobre todo en su intento de radicalizar y captar a parte del electorado del PP. Que mantengan durante semanas esta estrategia basada en mentiras e intoxicaciones revela que creen rentable convertir una tragedia humanitaria en una crisis identitaria. Lo de menos (para ellos) es que el proceso tenga tambi&eacute;n como efecto una sociedad m&aacute;s crispada, enga&ntilde;ada y polarizada.
    </p><p class="article-text">
        Pero no debemos rasgarnos demasiado las vestiduras, porque sab&iacute;amos que esto iba a pasar. Tambi&eacute;n lo sab&iacute;an tanto Estados Unidos como Marruecos. Al fin y al cabo, Marruecos controla el caudal de entrada en el flujo de inmigrantes y con toda probabilidad esperaba que la entrada de 80.000 personas en Ceuta generara una crisis pol&iacute;tica. Lo que exactamente aspirara a conseguir es incierto, pero que Marruecos es consciente de los efectos pol&iacute;ticos de sus acciones est&aacute; fuera de toda duda. Hay una vieja m&aacute;xima del poder que sigue plenamente vigente: divide et impera. La divisi&oacute;n del adversario constituye por s&iacute; misma una victoria pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A veces se nos olvida algo que deber&iacute;amos tenerlo grabado a fuego. En su &uacute;ltima estrategia de seguridad nacional, Estados Unidos afirm&oacute; literalmente que su objetivo deber&iacute;a ser &laquo;ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual&raquo;. Esa &laquo;trayectoria&raquo; se entiende a la luz del propio documento y de las reiteradas declaraciones de Trump y su entorno, donde la inmigraci&oacute;n y la llamada p&eacute;rdida de la identidad o de la civilizaci&oacute;n occidental ocupan un lugar central. En esa misma estrategia se afirma tambi&eacute;n que &laquo;Am&eacute;rica anima a sus aliados pol&iacute;ticos en Europa a promover un renacimiento del esp&iacute;ritu&raquo; y que &laquo;la creciente influencia de los partidos patri&oacute;ticos europeos da, en efecto, motivos para un gran optimismo&raquo;. Con &ldquo;partidos patri&oacute;ticos&rdquo; el gobierno de Estados Unidos se refiere a la extrema derecha, cuyo nacionalismo es contrario a cualquier esp&iacute;ritu europe&iacute;sta y, en consecuencia, funcional a sus intereses imperiales.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, tanto Estados Unidos como Marruecos saben que, para hacer valer sus intereses y objetivos, pueden contar con la complicidad de la extrema derecha. Para no llevar a equ&iacute;vocos he de a&ntilde;adir que no hace falta imaginar una coordinaci&oacute;n directa o expl&iacute;cita entre Washington, Rabat y la extrema derecha europea. Lo importante es entender que sus intereses pueden converger en un mismo resultado, produciendo igualmente efectos profundamente desestabilizadores. Lo que para Vox es una oportunidad para desgastar al gobierno y tener opciones electorales, para Estados Unidos es una oportunidad de torpedear cualquier proyecto europeo.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que a la extrema derecha esta funcionalidad estructural no les preocupa, incluso aunque el precio sea la verdad, la vida de las personas que buscan una vida mejor, la cohesi&oacute;n social y las bases democr&aacute;ticas del pa&iacute;s. Es como si todo valiera para que ellos tengan alguna oportunidad para acceder al poder o, como en el caso de Meloni en Italia, para preservarlo. En condiciones normales nadie se creer&iacute;a que el gobierno de Espa&ntilde;a tiene inter&eacute;s en lo que est&aacute; pasando ahora mismo en Ceuta (o que se benefici&oacute; de la pandemia, la guerra, los incendios, y hasta de las erupciones volc&aacute;nicas). Pero no vivimos en condiciones normales, sino en sociedades mediadas por un ecosistema medi&aacute;tico en el que sistem&aacute;ticamente se repiten estupideces como esas. 
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha europea resulta ser solo &ldquo;nacionalista&rdquo; a la hora de criminalizar y hacer la vida m&aacute;s dif&iacute;cil a los sectores m&aacute;s vulnerables de la sociedad, pero en cuanto toca cuestionar el inmenso poder de las grandes empresas o de Estados Unidos e Israel, r&aacute;pidamente abandonan su supuesto patriotismo. La historia adem&aacute;s nos ense&ntilde;a, aunque no aprendamos, que ser funcional a los intereses geopol&iacute;ticos de Estados Unidos no es una broma sin consecuencias. La pregunta que debemos hacernos entonces es la siguiente: si de verdad hay traidores en este tablero pol&iacute;tico, &iquest;estamos seguros de que est&aacute;n en el gobierno?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gana-ceuta-entra-crisis_129_13455690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 19:39:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién gana cuando Ceuta entra en crisis?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra del coche que está cambiando la economía mundial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/guerra-coche-cambiando-economia-mundial_129_13450949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5aa0677-0502-425f-be99-eb0f479c143c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra del coche que está cambiando la economía mundial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">España se ha mostrado partidaria de mantener una cierta autonomía frente a la disputa entre EEUU y China por el coche eléctrico. Esa posición puede proporcionarle una ventaja para atraer inversiones, pero está por ver si se traducirá en una transformación estructural de nuestra industria. Pero no se trata únicamente de cuánto se produce en España, sino qué se produce, quién lo controla y quién captura el valor generado</p><p class="subtitle">Análisis - Cuando el trabajo deja de enriquecer</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as se <a href="https://www.eldiario.es/motor/automovilistica-china-saic-convierte-vecino-incomodo-armada-ferrol_1_13437683.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">filtr&oacute; a algunos medios</a> que el Ministerio de Defensa tiene algunas reservas sobre la construcci&oacute;n en Ferrol (Galicia) de una planta de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos de la compa&ntilde;&iacute;a china SAIC, pues argumenta que corre el riesgo de convertirse en un enclave de espionaje por parte del gobierno del Partido Comunista de China. No obstante, <a href="https://www.eldiario.es/motor/sector_y_mercado/via-libre-china-saic-ferrol-defensa-dice-ahora-no-cuestiona-seguridad-nacional_1_13442015.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pocas horas despu&eacute;s el propio Ministerio aclar&oacute; que permitir&iacute;a el proyecto</a>, que adem&aacute;s cuenta con el apoyo entusiasta del gobierno tanto nacional (PSOE-Sumar) como auton&oacute;mico (PP). Sin embargo, lo realmente importante en este caso tiene que ver con la disputa econ&oacute;mica entre la Uni&oacute;n Europea y China, y que tambi&eacute;n alcanza a Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras la UE es esc&eacute;ptica ante la inversi&oacute;n extranjera china, promoviendo medidas regulatorias para influir en ella, y Espa&ntilde;a muestra claro inter&eacute;s en atraerla, Estados Unidos es mucho m&aacute;s hostil y teme una alineaci&oacute;n de los intereses europeos con los chinos. Ese es el fondo geopol&iacute;tico. Y, ahora mismo, Espa&ntilde;a es uno de los principales terrenos de juego donde se despliega esa redefinici&oacute;n de la pol&iacute;tica industrial occidental en el contexto de clara superioridad de la industria china del autom&oacute;vil. Como argumentar&eacute; en este an&aacute;lisis, el caso de Ferrol es solo un episodio dentro de una batalla m&aacute;s grande que est&aacute; reorganizando tanto el sector del autom&oacute;vil como de la econom&iacute;a mundial en su conjunto.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Espa&ntilde;a es una f&aacute;brica de autom&oacute;viles</strong></h2><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es una de las piezas principales del tablero por casualidad. Lo primero que debemos tener en cuenta es que la industria del autom&oacute;vil ha sido un pilar de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola desde hace muchas d&eacute;cadas. Con precursores como la compa&ntilde;&iacute;a Hispano-Suiza, que permiti&oacute; el desarrollo en Catalu&ntilde;a de un importante tejido empresarial de producci&oacute;n de componentes, Espa&ntilde;a intent&oacute; durante la Segunda Rep&uacute;blica impulsar la producci&oacute;n de veh&iacute;culos nacionales. La guerra civil frustr&oacute; el proyecto, que solo se retom&oacute; parcialmente en los a&ntilde;os cincuenta cuando, bajo el franquismo, se cre&oacute; la compa&ntilde;&iacute;a Seat con capital mayoritario espa&ntilde;ol (aunque con participaci&oacute;n de Fiat, que pon&iacute;a la tecnolog&iacute;a). En aquellos a&ntilde;os tambi&eacute;n entraron en el pa&iacute;s las multinacionales estadounidenses, y en 1971 Espa&ntilde;a ya exportaba m&aacute;s veh&iacute;culos de los que importaba, convirti&eacute;ndose en un nodo importante del sector automovil&iacute;stico internacional.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de las siguientes d&eacute;cadas Espa&ntilde;a firm&oacute; acuerdos para liberalizar su econom&iacute;a, lo que convirti&oacute; a nuestro pa&iacute;s en un lugar atractivo para multinacionales que buscaban aprovechar los bajos salarios espa&ntilde;oles a fin de convertir el pa&iacute;s en una plataforma de exportaci&oacute;n de veh&iacute;culos. Los a&ntilde;os ochenta fueron un tiempo de reestructuraci&oacute;n que favoreci&oacute; a las nuevas multinacionales y perjudic&oacute; a las que ya estaban asentadas (por ejemplo, Seat fue vendida a la alemana Volkswagen). Tras el proceso, Espa&ntilde;a reforz&oacute; su importancia en el sector automovil&iacute;stico internacional, pero asumiendo un rol secundario y a cambio de renunciar a empresas de capital nacional o incluso p&uacute;blicas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Pero solo de los segmentos con menos valor</strong></h2><p class="article-text">
        En realidad, ninguna empresa o pa&iacute;s fabrica enteramente un veh&iacute;culo. La raz&oacute;n es que la producci&oacute;n moderna est&aacute; mucho m&aacute;s fragmentada que hace un siglo, y la reducci&oacute;n de los costes de transporte y de comunicaci&oacute;n ha facilitado la expansi&oacute;n de las cadenas globales de valor tambi&eacute;n en el sector de los veh&iacute;culos. Lo que comienza en las oficinas de investigaci&oacute;n y desarrollo y dise&ntilde;o del producto, sigue en las minas y refiner&iacute;as con la extracci&oacute;n y procesamiento de recursos naturales necesarios para todas sus partes &mdash;desde la chapa hasta la electr&oacute;nica&mdash;, contin&uacute;a con el ensamblado y termina en las tareas de transporte, distribuci&oacute;n, venta y posventa. El objetivo de las empresas es insertarse en los segmentos de mayor valor de esa cadena, que resultan ser los que est&aacute;n al principio (I+D, dise&ntilde;o, etc.) y al final (venta, financiaci&oacute;n, postventa, etc.). En econom&iacute;a del desarrollo est&aacute; asentado que los pa&iacute;ses que quieren ascender en la escalera del desarrollo deben esforzarse para que sus empresas capturen las tareas de mayor valor y dejen de especializarse en aquellas otras que s&oacute;lo lo capturan residualmente; un proceso que, en la terminolog&iacute;a t&eacute;cnica, suele llamarse <em>upgrading</em> (v&eacute;ase por ejemplo todo el trabajo de <a href="https://www.cambridge.org/core/books/global-value-chains-and-development/65A6936F4B34FF41B9AEFE65FEF6E0BB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gary Gereffi</a>).
    </p><p class="article-text">
        Ese reparto de diferentes tareas dentro de una larga cadena de producci&oacute;n permite hablar de una jerarqu&iacute;a, seg&uacute;n la cual algunas empresas (y pa&iacute;ses) se encargan de las tareas que capturan mayor valor y proporcionan m&aacute;s beneficios a sus econom&iacute;as mientras otras asumen tareas m&aacute;s ingratas o que ofrecen menos rendimiento econ&oacute;mico y social. Otra forma habitual de referirse a esta jerarqu&iacute;a es mediante las nociones de centro y periferia (y semiperiferia). En el sector del autom&oacute;vil, por ejemplo, eso ha sido ampliamente estudiado entre otros por <a href="https://www.cambridge.org/core/books/europes-auto-industry/8FB76CC4D668010A88C4871431C6320D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Petr Pavl&iacute;nek</a>. En su &uacute;ltimo libro, Pavl&iacute;nek ha mostrado que esta industria est&aacute; configurada en Europa de forma que Alemania ostenta una clara posici&oacute;n central, reserv&aacute;ndose las tareas que capturan m&aacute;s valor, seguida por Francia e Italia. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, y a pesar de que el sector del autom&oacute;vil representa en torno al 8% de todo el peso industrial y que la exportaci&oacute;n de veh&iacute;culos y partes de veh&iacute;culos supuso en el a&ntilde;o 2024 el 9,73% de las exportaciones brutas, Espa&ntilde;a entrar&iacute;a en la categor&iacute;a de semiperiferia, debido principalmente a su escaso control sobre el proceso productivo y su dedicaci&oacute;n principal a tareas de ensamblaje. Finalmente, la periferia estar&iacute;a reservada para los pa&iacute;ses del Este, que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han atra&iacute;do grandes inversiones de capital buscando aprovechar sus bajos salarios y proximidad a los centros alemanes.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, los pa&iacute;ses del centro han hecho importantes esfuerzos para preservar el control de las empresas por parte de capital nacional o, incluso, para mantenerlas directamente bajo control p&uacute;blico. Por ejemplo, como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, Alemania es el pa&iacute;s de la UE donde m&aacute;s alta es la propiedad nacional en el sector (79%), mientras que en Espa&ntilde;a es del 29% (definida como control superior al 50% del capital accionarial). Este dato es precisamente uno de los elementos que la literatura se&ntilde;ala como distintivo entre pa&iacute;ses del centro y de la periferia, ya que permite a los primeros el control sobre las decisiones de las empresas. Y no es un rasgo general de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, sino una caracter&iacute;stica espec&iacute;fica del sector, porque el control nacional es del 73% en el conjunto de la industria y solo del 29% en automoci&oacute;n. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El sector del automóvil es principalmente extranjero" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-lbUV5" src="https://datawrapper.dwcdn.net/lbUV5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="640" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Otro dato relevante es que Alemania invierte en I+D en el sector dos veces y media m&aacute;s que Francia, Italia y Espa&ntilde;a juntas, lo que se explica porque se ha reservado para s&iacute; los segmentos de mayor valor a&ntilde;adido mientras ha deslocalizado y externalizado otros. Ambos datos abundan en la idea de que existe una jerarqu&iacute;a dentro de la cadena que sit&uacute;a a Espa&ntilde;a en un lugar subordinado al centro (y por lo tanto, a sus intereses).
    </p><h2 class="article-text"><strong>La irrupci&oacute;n reciente de China</strong></h2><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n del veh&iacute;culo el&eacute;ctrico ha cambiado no s&oacute;lo la composici&oacute;n de las cadenas de valor (donde antes hab&iacute;a un motor de combusti&oacute;n, ahora hay bater&iacute;as y otros productos con distintos requerimientos tecnol&oacute;gicos y de recursos naturales), sino tambi&eacute;n la geograf&iacute;a econ&oacute;mica internacional. El desplazamiento de la econom&iacute;a mundial hacia Asia tiene un vector principal aqu&iacute;. China inici&oacute; su <em>upgrading</em> tecnol&oacute;gico en el veh&iacute;culo el&eacute;ctrico a principios de siglo al incluirlo bajo el famoso programa 863 sobre alta tecnolog&iacute;a. El nuevo objetivo era desarrollar y controlar toda la cadena de valor de la industria del coche el&eacute;ctrico y sus componentes cr&iacute;ticos, tales como las bater&iacute;as y la electr&oacute;nica. 
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia de aquellas decisiones, <a href="https://www.iea.org/reports/global-critical-minerals-outlook-2026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a</a>, actualmente China controla el proceso de refino de hasta el 91% del grafito, el 85% de la separaci&oacute;n de tierras raras, el 75% del cobalto, el 70% del litio y hasta el 49% del cobre. Se trata en todos los casos de recursos naturales cr&iacute;ticos porque son indispensables para la producci&oacute;n de los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos (aunque tambi&eacute;n se requieren para otros productos electr&oacute;nicos, tales como port&aacute;tiles o smartphones). Adem&aacute;s, China produce el 80% de las bater&iacute;as mundiales, y tal es la capacidad instalada que <a href="https://www.europarl.europa.eu/thinktank/en/document/EXPO_STU(2026)783610" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">existe peligro real de sobreproducci&oacute;n</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, este casi monopolio ha convertido a los pa&iacute;ses occidentales en altamente dependientes de la producci&oacute;n china, hasta el punto de que la producci&oacute;n en Europa de bater&iacute;as cubre s&oacute;lo el 43% de la demanda y el resto se tiene que importar desde China &mdash;aunque se espera que ese porcentaje crezca precisamente por las nuevas inversiones chinas anunciadas para Europa&mdash;. Estas empresas dominan el mercado mundial con gran diferencia (en 2025, CATL ten&iacute;a el 39,2%, BYD el 16,4%, CALB el 5,3%, Gotion el 4,5%, y EVE el 2,6%) y claramente por encima de las surcoreanas y las japonesas. Por su parte, las empresas europeas se encuentran, seg&uacute;n <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2949694225000197?via=ihub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reciente art&iacute;culo de investigaci&oacute;n</a>, unos 10 a 20 a&ntilde;os por detr&aacute;s en capacidad tecnol&oacute;gica en el mercado de las bater&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        El dominio sobre las bater&iacute;as se extiende tambi&eacute;n al de los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos en su conjunto. Detr&aacute;s de este &eacute;xito est&aacute; la pol&iacute;tica industrial del gobierno chino, aprovechando las econom&iacute;as de escala (con un mercado interno gigantesco), los ecosistemas tecnol&oacute;gicos y los recursos dedicados a investigaci&oacute;n y desarrollo. La mayor&iacute;a de las empresas l&iacute;deres en bater&iacute;as son privadas, como BYD y CATL, pero otras empresas de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos como SAIC &mdash;la de Ferrol&mdash;, o Chery son de propiedad p&uacute;blica. Aunque la Comisi&oacute;n Europea critique ahora el papel de los subsidios chinos y acuse de competencia desleal a sus competidores, lo cierto es que las d&eacute;cadas de neoliberalismo europeo son, en este sentido, d&eacute;cadas perdidas frente a la mucho m&aacute;s eficaz pol&iacute;tica industrial de China.
    </p><p class="article-text">
        Los datos de producci&oacute;n mundial hablan por s&iacute; solos. Seg&uacute;n la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, en el a&ntilde;o 2025 se produjeron un total de 22 millones de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos, de los cuales el 72% se crearon en China. Y aunque la Uni&oacute;n Europea es la segunda regi&oacute;n productora, su cuota global fue solo del 14,6%. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="China fabrica siete de cada diez coches eléctricos del mundo" aria-label="Gráfico de círculo" id="datawrapper-chart-kOquM" src="https://datawrapper.dwcdn.net/kOquM/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="458" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, de manera creciente los consumidores europeos est&aacute;n comprando veh&iacute;culos chinos, ya que los fabricantes chinos est&aacute;n logrando precios relativamente bajos con su r&aacute;pida innovaci&oacute;n en bater&iacute;as, electr&oacute;nica y software. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, en la actualidad el principal proveedor de veh&iacute;culos a la UE es China, y con mucha diferencia sobre los siguientes, como Turqu&iacute;a, Jap&oacute;n y Marruecos. Se trata de un panorama radicalmente distinto al de hace solo cinco a&ntilde;os. No obstante, hay tambi&eacute;n diferencias cualitativas, ya que la mayor&iacute;a de veh&iacute;culos importados desde China y Jap&oacute;n son el&eacute;ctricos (m&aacute;s del 70%), mientras que en Turqu&iacute;a o Marruecos son de combusti&oacute;n interna.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
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<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">China aporta el 28% de los coches que la UE importa y el 59% de los eléctricos</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Importaciones de la UE de turismos nuevos procedentes de fuera de la Unión, en miles de unidades y por motorización. Híbrido incluye el enchufable y el no enchufable</p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="visualisation/29986312" data-url="https://flo.uri.sh/visualisation/29986312/embed"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Eurostat, Comext DS-045409 (2026)</p>


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    </figure><p class="article-text">
        El papel de pa&iacute;ses como Marruecos y Turqu&iacute;a debe destacarse aqu&iacute; porque su crecimiento como pa&iacute;ses de exportaci&oacute;n desvela la creaci&oacute;n de nuevas periferias por parte de las multinacionales del autom&oacute;vil. En la b&uacute;squeda de reducci&oacute;n de costes, estos pa&iacute;ses ofrecen atractivos fiscales, laborales y econ&oacute;micos con los que competir internacionalmente. En este sentido, hasta donde sabemos la transici&oacute;n al veh&iacute;culo el&eacute;ctrico no ha implicado cambios en la configuraci&oacute;n centro-periferia dentro de la Uni&oacute;n Europea: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0954349X24000468" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reciente estudio de los economistas Manuel Gracia, Mar&iacute;a J. Paz y Mario R&iacute;squez</a> ha demostrado que Alemania est&aacute; logrando reforzar su papel dominante en Europa, frente al papel subordinado de pa&iacute;ses como Reino Unido, Espa&ntilde;a e Italia y a pesar de la creciente importancia de Hungr&iacute;a y Polonia en la producci&oacute;n de las bater&iacute;as. Sin embargo, el crecimiento de China como gran potencia automovil&iacute;stica s&iacute; est&aacute; afectando seriamente al negocio alem&aacute;n, como <a href="https://www.eldiario.es/economia/modelo-aleman-dejado-funcionar_129_13358830.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya vimos en este otro an&aacute;lisis</a> donde coment&aacute;bamos la crisis econ&oacute;mica del pa&iacute;s germano y que algunos analistas definen como &ldquo;<a href="https://www.cer.eu/publications/archive/policy-brief/2026/china-shock-20-cost-germanys-complacency" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China shock 2.0</a>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La inversi&oacute;n extranjera directa de China</strong></h2><p class="article-text">
        Preocupadas por la capacidad competitiva de los veh&iacute;culos chinos, la respuesta de las autoridades de la Uni&oacute;n Europea fue acusar a las empresas chinas de beneficiarse de subvenciones no legales, es decir, de competencia desleal. Eso permiti&oacute; activar una cl&aacute;usula antisubvenci&oacute;n, imponiendo aranceles altos a las compa&ntilde;&iacute;as chinas. En el caso de SAIC alcanzan el tipo m&aacute;ximo, de 35,3%, por no haber cooperado. En realidad, no es que la Uni&oacute;n Europea busque frenar la inversi&oacute;n extranjera directa china, sino que quiere condicionar su llegada oblig&aacute;ndole a cumplir algunos compromisos a cambio de permitirle producir dentro del territorio europeo. Por cierto, Espa&ntilde;a se abstuvo en la votaci&oacute;n sobre los aranceles; algo que quiz&aacute;s explique por qu&eacute; la planta de SAIC aterrizar&aacute; aqu&iacute; y no en Hungr&iacute;a como se barajaba inicialmente.
    </p><p class="article-text">
        Otra parte de la respuesta europea ha llegado a trav&eacute;s del <em>Industrial Accelerator Act</em>, una propuesta todav&iacute;a no definitiva y que est&aacute; claramente pensada para condicionar la expansi&oacute;n de China. De acuerdo con la propuesta, cuando la IED supere los 100 millones de euros y proceda de pa&iacute;ses con una cuota global manufacturera superior al 40% &mdash;l&eacute;ase, China&mdash;, las empresas tendr&aacute;n que cumplir al menos cuatro de seis condiciones tales como no superar el 49% de la propiedad, que la mitad de los trabajadores sean europeos, la transferencia de tecnolog&iacute;a, compromisos de I+D en la UE y que se abastezcan de al menos un 30% de insumos europeos. Es una normativa en proceso de aprobaci&oacute;n y a&uacute;n estamos muy lejos de saber si funcionar&aacute;, aunque pertenece al <a href="https://monthlyreview.org/articles/imperialism-in-a-full-world/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevo esp&iacute;ritu neomercantilista de los pa&iacute;ses occidentales</a>.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que en el a&ntilde;o 2025 la inversi&oacute;n extranjera directa china en Europa se increment&oacute; un 67%, el mayor nivel desde 2018 &mdash;cuando el capital chino se dedicaba a invertir en todo tipo de actividades, muchas consideradas de alto riesgo para el gobierno chino que las acab&oacute; frenando&mdash;. De hecho, la din&aacute;mica de la inversi&oacute;n extranjera directa ha cambiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, pasando de priorizar las fusiones y adquisiciones a invertir en nuevas plantas, como el caso de Ferrol. Es de particular importancia observar que el 45% de esta inversi&oacute;n se ha dirigido al sector automovil&iacute;stico, y la inmensa mayor&iacute;a a las cadenas de valor del veh&iacute;culo el&eacute;ctrico. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los <a href="https://merics.org/sites/default/files/2026-05/MERICS-Rhodium-Group-COFDI-Update-2026.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos de Rhodium Group</a>, la IED china est&aacute; dirigi&eacute;ndose de forma creciente a Espa&ntilde;a, aunque todav&iacute;a en niveles muy reducidos en comparaci&oacute;n con las cifras que reciben otros pa&iacute;ses europeos. Como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico, la inversi&oacute;n china en el coche el&eacute;ctrico se ha disparado desde 2019 y, sobre todo, desde 2023. El destino de esas inversiones ha estado fundamentalmente en la periferia y semiperiferia, con un papel destacado de Hungr&iacute;a y recientemente de Espa&ntilde;a. Es lo que pod&iacute;amos esperar de inversiones que buscan externalizar &uacute;nicamente las partes del proceso productivo que capturan menos valor. El capital sigue siendo chino, y la I+D y el dise&ntilde;o siguen qued&aacute;ndose en el gigante asi&aacute;tico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="La inversión china en el coche eléctrico se dispara y deja de concentrarse solo en Hungría" aria-label="Columnas apiladas" id="datawrapper-chart-9pYM0" src="https://datawrapper.dwcdn.net/9pYM0/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="568" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

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    </figure><p class="article-text">
        <a href="https://www.xunta.gal/dog/Publicados/2026/20260626/AnuncioG0763-230626-0001_es.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seg&uacute;n la informaci&oacute;n oficial</a>, la inversi&oacute;n en Ferrol es de cerca de 200 millones de euros, esper&aacute;ndose que se produzcan 120.000 veh&iacute;culos al a&ntilde;o y se creen unos 2.000 empleos directos e indirectos en total. Sin embargo, las operaciones de la planta ser&aacute;n aquellas propias del ensamblaje a partir de componentes y carrocer&iacute;as previamente fabricados, sin incluir todav&iacute;a estampaci&oacute;n, carrocer&iacute;a ni pintura. Estas otras operaciones, as&iacute; como la fabricaci&oacute;n de otros componentes, se plantean como desarrollos posteriores del proyecto global. Este es el tipo de tareas dentro de la cadena de valor que la literatura se&ntilde;ala como propia de pa&iacute;ses perif&eacute;ricos o semi-perif&eacute;ricos, al no incorporar las tareas previas de I+D y dise&ntilde;o, mientras que las posteriores de venta y posventa quedan en el aire al depender de si los productos son para exportaci&oacute;n o para su venta en Espa&ntilde;a. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las dudas abiertas</strong></h2><p class="article-text">
        Hay varios dilemas que se solapan en todo este an&aacute;lisis. Por un lado, Espa&ntilde;a sigue dependiendo en buena medida del centro europeo en t&eacute;rminos del veh&iacute;culo de combusti&oacute;n interna. <a href="https://www.eldiario.es/economia/presion-industria-automovil-tuerce-brazo-comision-europea-permite-motores-combustion-2035_1_12848486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La presi&oacute;n de estos fabricantes ya desemboc&oacute; en diciembre de 2025 en la renuncia de la Comisi&oacute;n Europea a prohibir estos veh&iacute;culos para 2035</a>. Por otro lado, la transici&oacute;n hacia el veh&iacute;culo el&eacute;ctrico est&aacute; alterando r&aacute;pidamente las relaciones de poder dentro de la industria y abriendo la puerta a nuevos centros de producci&oacute;n y de decisi&oacute;n. Espa&ntilde;a se ha mostrado, adem&aacute;s, partidaria de mantener una cierta autonom&iacute;a frente a la disputa entre Estados Unidos y China. Esa posici&oacute;n puede proporcionarle una ventaja para atraer inversiones, pero todav&iacute;a est&aacute; por ver si se traducir&aacute; en una transformaci&oacute;n estructural de nuestra posici&oacute;n en la industria. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que no se trata &uacute;nicamente de cu&aacute;nto se produce en Espa&ntilde;a, sino qu&eacute; se produce, qui&eacute;n lo controla y qui&eacute;n captura el valor generado. Un pa&iacute;s puede aumentar su producci&oacute;n industrial, sus exportaciones y su empleo y, sin embargo, mantener una posici&oacute;n subordinada si las decisiones estrat&eacute;gicas, la tecnolog&iacute;a, el dise&ntilde;o, la investigaci&oacute;n y una parte sustancial de los beneficios permanecen fuera de sus fronteras. El resultado es una enorme vulnerabilidad, adem&aacute;s de una estructura productiva menos s&oacute;lida y rica. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en buena parte del desarrollo de la industria espa&ntilde;ola del autom&oacute;vil, como ya hemos visto: Espa&ntilde;a es una gran f&aacute;brica de veh&iacute;culos, pero las empresas que controlan las principales decisiones estrat&eacute;gicas son mayoritariamente extranjeras. 
    </p><p class="article-text">
        La llegada del capital chino plantea, adem&aacute;s, una paradoja. Puede contribuir a reindustrializar Espa&ntilde;a y, al mismo tiempo, reproducir su posici&oacute;n dentro de las cadenas globales de valor. Sustituir una inversi&oacute;n alemana por una china no supone necesariamente un cambio en la posici&oacute;n que ocupa Espa&ntilde;a en esa cadena. Si las nuevas plantas se limitan al ensamblaje y las actividades de mayor valor a&ntilde;adido &mdash;I+D, dise&ntilde;o, tecnolog&iacute;a, propiedad intelectual y decisiones estrat&eacute;gicas&mdash; permanecen en China, habremos ganado capacidad productiva sin haber ganado necesariamente capacidad econ&oacute;mica. Pero tampoco ser&iacute;a correcto asumir que esto ocurrir&aacute; inevitablemente. La llegada de SAIC a Ferrol puede crear empleo y actividad econ&oacute;mica, pero su verdadero impacto industrial depender&aacute; de si alrededor de la planta se desarrollan proveedores, capacidades tecnol&oacute;gicas, formaci&oacute;n, investigaci&oacute;n y nuevas actividades de mayor valor a&ntilde;adido. En el pliego oficial aparecen esas ideas como deseo, pero sin garant&iacute;as de que ocurra. 
    </p><p class="article-text">
        La respuesta europea es tambi&eacute;n una paradoja. Durante d&eacute;cadas, la Uni&oacute;n Europea confi&oacute; en que la liberalizaci&oacute;n, la competencia y la especializaci&oacute;n internacional ser&iacute;an suficientes para mantener su posici&oacute;n industrial. Ahora, ante la competencia china y su liderazgo tecnol&oacute;gico, est&aacute; recuperando herramientas que durante mucho tiempo hab&iacute;a considerado anatema: aranceles, requisitos de contenido local, condicionamiento de las inversiones, ayudas p&uacute;blicas y pol&iacute;ticas industriales. Es decir, Europa est&aacute; girando, aunque sea parcialmente, pero a gran velocidad, a una pol&iacute;tica industrial de car&aacute;cter neomercantilista. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, es un error hacer girar el debate en torno a la pregunta sobre qu&eacute; nacionalidad queremos que tengan los capitales entrantes, si chinos, alemanes o estadounidenses. Mucho m&aacute;s torpe es reducirlo a un problema de espionaje. Lo m&aacute;s relevante es saber qu&eacute; queremos hacer con la llegada de esos capitales. Si la inversi&oacute;n extranjera sirve para ampliar las capacidades productivas, tecnol&oacute;gicas y de conocimiento del pa&iacute;s, puede ser un instrumento de reindustrializaci&oacute;n. El ejemplo hist&oacute;rico chino, precisamente, demuestra que puede ser una palanca viable. Pero si esa inversi&oacute;n extranjera simplemente convierte Espa&ntilde;a en el lugar donde diferentes multinacionales ensamblan sus productos para acceder al mercado europeo, el cambio ser&aacute; mucho m&aacute;s limitado: tendremos m&aacute;s f&aacute;bricas, pero no necesariamente m&aacute;s control sobre nuestra econom&iacute;a. Estamos encerrados en el dilema cl&aacute;sico que durante un siglo ha atormentado a todos los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos y del Sur Global &mdash;y a todos los economistas del desarrollo&mdash;. Y eso, en s&iacute; mismo, ya nos dice algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/guerra-coche-cambiando-economia-mundial_129_13450949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 19:43:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La guerra del coche que está cambiando la economía mundial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Automoción,Coches eléctricos,China,Estados Unidos,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Bardem y la disputa por la bandera española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/javier-bardem-disputa-bandera-espanola_129_13443297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4925a900-1ecb-4460-aaa0-25d092994be0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x821y165.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Bardem y la disputa por la bandera española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tiene algo de justicia histórica que sea precisamente Javier Bardem —y la familia y tradición que representa— quien aparezca hoy, sin haberlo buscado, como uno de los rostros de esa otra España que siempre existió y que nunca dejó de disputar el significado de sus símbolos</p></div><p class="article-text">
        Durante el Mundial, el actor Javier Bardem hizo dos cosas que a mucha gente le parecieron incompatibles: se puso la camiseta de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola y sac&oacute; una bandera palestina en la grada. Tras haber acudido al partido contra Austria sin la camiseta, se le vino encima una campa&ntilde;a que lo acusaba de despreciar a su pa&iacute;s; despu&eacute;s se la puso y explic&oacute; en redes sociales que se la puso porque en Espa&ntilde;a cabemos todos. El hecho de que un actor tuviera que explicarse para poder llevar una camiseta de f&uacute;tbol condensa todo el problema espa&ntilde;ol con sus propios s&iacute;mbolos.
    </p><p class="article-text">
        Resulta tambi&eacute;n que, hace unos d&iacute;as, varios colectivos fascistas intentaron organizar <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manifestaciones racistas en Ceuta</a>. Cuando los youtubers ultras y una organizaci&oacute;n neonazi convocaron sus concentraciones, se encontraron enfrente a los vecinos, muchos de origen marroqu&iacute;, coreando &ldquo;fuera de aqu&iacute;&rdquo; y &ldquo;esta es nuestra ciudad&rdquo;. Por las im&aacute;genes de<em> El Faro de Ceuta</em> hemos visto que entre los vecinos hab&iacute;a varios que vest&iacute;an tambi&eacute;n la camiseta de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola, e incluso alguno llevaba serigrafiada en la espalda el nombre de Lamine Yamal; ya saben, ese impresionante y joven jugador del que el activista de extrema derecha Vito Quiles cuestionaba la nacionalidad espa&ntilde;ola &mdash;quiz&aacute;s por ser musulm&aacute;n o por ser m&aacute;s moreno de lo que el ultra consideraba apropiado&mdash;. Merece la pena retener esa estampa, ya que se trata de ciudadanos espa&ntilde;oles a los que la extrema derecha les niega serlo, echando de su ciudad a quienes hab&iacute;an ido a explicarles que no lo son.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de s&iacute;mbolos, algo de una importancia dif&iacute;cil de exagerar en pol&iacute;tica. Estos, normalmente insertos en rituales, unen a las personas en una comunidad que vaya m&aacute;s all&aacute; de lo puramente material. Las naciones modernas se construyeron todas a trav&eacute;s un intenso proceso de nacionalizaci&oacute;n popular que fue impulsado por el Estado tambi&eacute;n a trav&eacute;s de los s&iacute;mbolos y no s&oacute;lo mediante pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, educativas o militares. En este sentido, uno de los problemas de Espa&ntilde;a es que el golpe de Estado y la guerra civil y dictadura consecuentes torpedearon el intento de modernizaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos que hab&iacute;a llevado a cabo la II Rep&uacute;blica, lo que condujo a la fragmentaci&oacute;n simb&oacute;lica de la comunidad nacional: la bandera rojigualda qued&oacute; para el franquismo y la tricolor para la izquierda, asociadas cada una a sus propias narrativas y emociones. El intento eurocomunista de asumir de nuevo la rojigualda nunca lleg&oacute; a consolidarse entre la izquierda, quiz&aacute;s porque adem&aacute;s coincidi&oacute; con un paquete de cesiones laborales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas dif&iacute;cil de digerir. La consecuencia es que, hasta hace bien poco, la bandera rojigualda era sin&oacute;nimo de ser facha.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en 2015 Pedro S&aacute;nchez <a href="https://www.eldiario.es/politica/pedro-sanchez-convierte-erradicacion-corrupcion_1_2607677.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">present&oacute; su candidatura con una bandera rojigualda gigante</a> de fondo hubo m&aacute;s desconcierto que aplausos; y no debi&oacute; funcionar muy bien porque no volvi&oacute; a repetirse, al menos de un modo tan espectacular. Lo cierto es que el PSOE siempre ha usado la rojigualda a nivel institucional, pero nunca con la pasi&oacute;n de la derecha y adem&aacute;s, por lo general, lo hace acompa&ntilde;&aacute;ndola de otras banderas regionales que diluyen la cl&aacute;sica asociaci&oacute;n entre Espa&ntilde;a y centralismo tan consolidada tanto en las derechas radicales como en los movimientos nacionalistas de las &ldquo;periferias&rdquo;. De hecho, el sentimiento general en Espa&ntilde;a es de dualidad identitaria, es decir, la mayor&iacute;a de la gente se siente tan espa&ntilde;ola como de su territorio &mdash;consid&eacute;rese naci&oacute;n o no&mdash;. Por eso cuando hay una intensificaci&oacute;n del sentimiento nacionalista en una direcci&oacute;n, suele emerger un contramovimiento del sentimiento nacionalista &ldquo;contrario&rdquo;, como ocurri&oacute; con el <em>proc&eacute;s catal&agrave;</em> y la radicalizaci&oacute;n de las posiciones espa&ntilde;olistas (que adem&aacute;s se mostraron mucho m&aacute;s exhibicionista en lo simb&oacute;lico). Pero las encuestas avalan que en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas no ha habido movimientos significativos en los indicadores de identidad nacional. Lo que cambia es m&aacute;s bien la intensidad y la alineaci&oacute;n partidista de la gente, no tanto que de golpe la gente se haga &ldquo;espa&ntilde;ola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo, adem&aacute;s, en el que la reivindicaci&oacute;n de una Espa&ntilde;a federal tuvo un gran atractivo entre la poblaci&oacute;n general, incluyendo a las empobrecidas clases populares. A finales del siglo XIX todav&iacute;a era <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/andalucia-republica-federal_129_2248263.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una propuesta realista que compart&iacute;an desde sectores burgueses hasta sectores comunistas y anarquistas</a>; y en todas sus formulaciones se trataba de una idea con la que acompasar en un mismo Estado diferentes identidades nacionales, incluyendo, claro est&aacute;, la espa&ntilde;ola. Porque, y he aqu&iacute; un punto importante, la identidad espa&ntilde;ola ha existido tambi&eacute;n en la tradici&oacute;n popular y progresista.
    </p><p class="article-text">
        El problema de una parte de la izquierda es que tiende a concebir Espa&ntilde;a como una &lsquo;c&aacute;rcel de pueblos&rsquo;, de lo que se deduce que sentirse espa&ntilde;ol es tanto como sentirse carcelero. Pero resulta que la mayor&iacute;a de gente que vive en Espa&ntilde;a se siente espa&ntilde;ola, incluso aunque sea una identidad compartida con otras y aunque se trate m&aacute;s bien de un sentir latente, es decir, de algo que est&aacute; ah&iacute; a la espera de despertarse temporalmente y sin necesariamente implicaciones pol&iacute;ticas. Ese despertar es precisamente lo que sucede cuando tienen lugar &eacute;xitos deportivos, como en el caso del f&uacute;tbol, cuando la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n se identifica con la selecci&oacute;n sin que eso signifique una alteraci&oacute;n sustantiva en su sentimiento nacionalista. Por decirlo de otro modo, los &eacute;xitos deportivos operan como un &ldquo;recordatorio&rdquo; de una pertenencia latente, sin inventar nada nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Los s&iacute;mbolos funcionan as&iacute;, asoci&aacute;ndose con diferentes ideas a lo largo del tiempo y, en consecuencia, siendo en todo momento pol&iacute;ticamente disputados. Y todos esos significados conviven en el mismo tiempo hist&oacute;rico, por lo que el mismo s&iacute;mbolo necesariamente significa cosas distintas para diferentes personas. Solemos creer que el verdadero significado es el que le da el Estado, pero eso s&oacute;lo es la cristalizaci&oacute;n de una correlaci&oacute;n de fuerzas en un momento dado. 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente porque los s&iacute;mbolos est&aacute;n disputados, tambi&eacute;n son contradictorios. Tengo un vecino malnacido que durante el mundial coloc&oacute; en su balc&oacute;n la bandera espa&ntilde;ola con las siglas H.H., que es una de las formas que tienen los neonazis para mostrar su admiraci&oacute;n a Hitler. Para este sujeto, el mundial fue una v&iacute;a libre para expresar p&uacute;blicamente un gui&ntilde;o de secta. Por otro lado, y como ya hemos visto, la camiseta durante el mundial tambi&eacute;n sirvi&oacute; para echar a esos fascistas de las calles. Se trata de un proceso puramente pol&iacute;tico, en el que distintos significados pugnan por fijar el sentido de un mismo significante.
    </p><p class="article-text">
        El proceso pol&iacute;tico de los &uacute;ltimos a&ntilde;os est&aacute; permitiendo, adem&aacute;s, que la bandera espa&ntilde;ola sea resignificada tambi&eacute;n internacionalmente. En el a&ntilde;o 2003, nuestra bandera estaba asociada a la subalternidad ante el imperialismo de George Bush y Tony Blair. Hoy, la bandera espa&ntilde;ola aparece en el mundo como un s&iacute;mbolo de dignidad por la defensa que nuestro gobierno y nuestra sociedad hace de la causa palestina y de la oposici&oacute;n anti-Trump. Esta asociaci&oacute;n no s&oacute;lo ha cristalizado entre el mundo progresista, sino tambi&eacute;n entre el mundo reaccionario, como pone de relieve la enconada oposici&oacute;n de Estados Unidos e Israel a casi todo lo que signifique Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ayuda a explicar por qu&eacute; el triunfo de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola fue celebrado con tanto entusiasmo en una ciudad en ruinas y carcomida por el dolor como es Gaza. Las im&aacute;genes que llegan todav&iacute;a desde all&iacute; siguen poni&eacute;ndonos la piel de gallina y tienen como consecuencia que nos sintamos orgullosos de ese s&iacute;mbolo que condensa, en este momento, una posici&oacute;n pol&iacute;tica tan decorosa. Precisamente, uno de los momentos m&aacute;s difundidos de Javier Bardem fue cuando un ciudadano palestino le traslad&oacute; las gracias por la posici&oacute;n de Espa&ntilde;a. El actor era all&iacute; nuestro embajador de facto. El hecho de que Lamine Yamal levantara previamente al mundial la bandera de Palestina en una celebraci&oacute;n p&uacute;blica contribuy&oacute; a reforzar la idea de que Espa&ntilde;a est&aacute; asociada a la lucha contra el genocidio, mientras que la gorra de &ldquo;<em>Make Spain Great Again</em>&rdquo; que Ferran Torres se puso en la caravana del mundial, y que la Casa Blanca se apresur&oacute; a difundir, apuntaba justo en la direcci&oacute;n contraria: son las escaramuzas de una disputa simb&oacute;lica mucho m&aacute;s grande.
    </p><p class="article-text">
        Si seguimos los puntos podemos encontrar una resignificaci&oacute;n mucho m&aacute;s potente, ya que Javier Bardem no es cualquiera. No es s&oacute;lo que sea un gigante de la interpretaci&oacute;n sino que tambi&eacute;n es parte de una familia con una enorme importancia pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a. Su t&iacute;o Juan Antonio Bardem fue un aclamado director de cine que milit&oacute; en el Partido Comunista desde los tiempos de la clandestinidad, mientras que su madre, Pilar Bardem, tambi&eacute;n extraordinaria actriz, nunca abandon&oacute; sus inquebrantables principios y su vinculaci&oacute;n comunista. Siguiendo esa tradici&oacute;n, tanto Javier Bardem como su hermano Carlos han mantenido un compromiso sociopol&iacute;tico p&uacute;blico fuera de toda duda, incluso a pesar de los innumerables costes profesionales que han asumido por defender causas como la palestina o la saharaui. Que sea precisamente el hilo rojo que todos ellos representan el que aparezca ante el mundo como asociado al s&iacute;mbolo de Espa&ntilde;a, envuelto en este caso en una bandera rojigualda, es una bella iron&iacute;a de la historia de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y para m&iacute;, que pertenezco a una tradici&oacute;n derrotada una y otra vez por las fuerzas conservadoras y reaccionarias durante los dos &uacute;ltimos siglos, este tipo de victorias simb&oacute;licas tiene un valor especial. Eso s&iacute;, s&eacute; perfectamente que nunca son definitivas, y que los s&iacute;mbolos cambian porque cambian las relaciones de fuerza que les otorgan significado; y seguir&aacute;n siendo objeto de disputa, como siempre lo han sido. Pero precisamente por eso merece la pena disputar tambi&eacute;n ese terreno, ya que renunciar a los s&iacute;mbolos nunca ha impedido que otros se apropien de ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Rafael Alberti, uno de los grandes poetas espa&ntilde;oles del siglo XX y diputado comunista en las primeras Cortes de la democracia recuperada, escribi&oacute; desde el exilio sin renunciar nunca a Espa&ntilde;a. Quiz&aacute; esa sea la mejor lecci&oacute;n: la patria no pertenece a quienes m&aacute;s la invocan, sino tambi&eacute;n a quienes se niegan a abandonarla en manos de quienes pretenden reducirla a una sola identidad. Eso es lo que explic&oacute; muy acertadamente Javier Bardem. Por eso tiene algo de justicia hist&oacute;rica que sea precisamente &eacute;l&mdash;y la familia y tradici&oacute;n que representa&mdash; quien aparezca hoy, sin haberlo buscado, como uno de los rostros de esa otra Espa&ntilde;a que siempre existi&oacute; y que nunca dej&oacute; de disputar el significado de sus s&iacute;mbolos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/javier-bardem-disputa-bandera-espanola_129_13443297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Aug 2026 17:03:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Javier Bardem y la disputa por la bandera española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Bardem,Bandera española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el trabajo deja de enriquecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/trabajo-deja-enriquecer_129_13437879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/34079f71-a349-4df5-9d32-f046a82adeb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el trabajo deja de enriquecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda se ha revalorizado en cantidades muy elevadas, pero eso no crea riqueza, sino que redistribuye derechos. Para el capital occidental es mucho más atractivo invertir en actividades especulativas, y el resultado es una inflación de activos (especialmente inmobiliarios, pero no sólo)</p></div><p class="article-text">
        La cantidad que se espera que la generaci&oacute;n <em>boomer </em>legue a sus descendientes a lo largo de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os es tan grande que se ha etiquetado al fen&oacute;meno como &ldquo;La Gran Sucesi&oacute;n&rdquo;. Los <a href="https://www.eldiario.es/economia/herencias-boomers-concentrar-riqueza-rentas-altas_1_11817302.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escenarios m&aacute;s conservadores</a> hablan de una transferencia media de 250.000 euros, equivalente a diez a&ntilde;os de trabajo con salario mediano, y especialmente en forma de patrimonio inmobiliario. Eso significa que una cantidad enorme de riqueza est&aacute; a punto de cambiar de manos precisamente en un momento en que resulta extraordinariamente dif&iacute;cil crear nueva riqueza mediante el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Debemos comenzar se&ntilde;alando que, en general, hay tres formas por las que un individuo puede incrementar su riqueza: ganarla trabajando, haciendo &ldquo;rendir&rdquo; a propiedades que ya se poseen o recibirla de otra generaci&oacute;n. Lo que ha ocurrido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es que la primera puerta se ha ido cerrando, la segunda exige superar una barrera de entrada muy dif&iacute;cil y la tercera se ha convertido en un ascensor relativamente eficaz, pero injusto. Como consecuencia, la propiedad ha adquirido una importancia creciente para las familias, lo mismo que su desigual distribuci&oacute;n entre los hogares para el conjunto de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hemos analizado muchas veces la <a href="https://www.eldiario.es/economia/ganamos-perdemos-adquisitivo-datos-contar-historias-distintas_129_13320680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">evoluci&oacute;n del salario real en la econom&iacute;a espa&ntilde;ola</a>, cuya caracter&iacute;stica principal es que est&aacute; pr&aacute;cticamente estancado desde hace d&eacute;cadas (aunque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os remonte ligeramente). Tambi&eacute;n hemos hablado de lo enga&ntilde;oso que es hablar de un salario real promedio, cuando en la distribuci&oacute;n salarial hay salarios muy elevados y salarios muy bajos al mismo tiempo. Pero adicionalmente podemos ampliar el foco y darnos cuenta de que tambi&eacute;n puede coexistir al mismo tiempo un trabajador con un salario alto y sin propiedades y, por otro lado, un trabajador con un salario modesto, pero con varias propiedades inmobiliarias que le proporcionan unos complementos que, dado el mercado de alquiler, pueden ser superiores incluso a su remuneraci&oacute;n laboral. En esas circunstancias, es obvio que los ingresos laborales no nos ofrecen toda la informaci&oacute;n de lo que est&aacute; sucediendo en nuestro pa&iacute;s. Y lo cierto es que estamos asistiendo a una mutaci&oacute;n en la forma del enriquecimiento de las familias, sobre todo entre lo que se llama convencionalmente clase media.
    </p><p class="article-text">
        Pi&eacute;nsese que durante buena parte del capitalismo de posguerra en occidente existi&oacute; un v&iacute;nculo bastante estrecho entre crecimiento de la productividad, salarios reales y capacidad de acumulaci&oacute;n de los hogares. Aunque no hay que idealizarlo, los trabajadores pod&iacute;an aumentar su riqueza a trav&eacute;s de un canal que comenzaba con las mejoras de productividad en la econom&iacute;a, segu&iacute;a con salarios reales m&aacute;s altos y consecuentemente con una cierta capacidad de ahorro, la compra de activos como una vivienda, y el resultado final era un incremento de patrimonio. Esta es, b&aacute;sicamente, la sucesi&oacute;n t&iacute;pica de una persona de la generaci&oacute;n &lsquo;boomer&rsquo; que, a d&iacute;a de hoy, ya ha terminado de pagar la hipoteca y dispone de un nivel importante de riqueza neta (activos menos deudas).
    </p><p class="article-text">
        Pero el r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n actual es mucho m&aacute;s problem&aacute;tico. Las reformas neoliberales de los a&ntilde;os ochenta desmantelaron en todo Occidente la l&oacute;gica anterior, provocando particularmente una ruptura en el canal que vincula el crecimiento de la productividad con el crecimiento salarial. Se trataba de un efecto buscado, en tanto el programa neoliberal se anclaba en la idea de que la competitividad s&oacute;lo era posible con costes laborales unitarios m&aacute;s bajos, es decir, salarios baratos. La consecuencia ha sido que la capacidad de ahorro de los trabajadores ha disminuido mientras activos como la vivienda se han revalorizado, lo que ha dificultado el acceso a una vivienda en propiedad y desembocado en una disminuci&oacute;n del patrimonio neto. 
    </p><p class="article-text">
        Dado que con los salarios no es posible acumular riqueza, entonces el rentismo se ha convertido en una opci&oacute;n atractiva. Especialmente del inmobiliario. Pero para convertirse en rentista primero hay que haber acumulado patrimonio, cosa que no est&aacute; al alcance de todos. Dicho de otra forma: aunque el mercado de la vivienda ofrezca rentabilidades alt&iacute;simas, hay que tener dinero para pagar la compra de una vivienda o, al menos, la entrada a una hipoteca. Y con los precios actuales se trata de una barrera de entrada alt&iacute;sima. Eso agrava el car&aacute;cter desigual del rentismo, ya que la acumulaci&oacute;n patrimonial acaba dependiendo de la propia acumulaci&oacute;n patrimonial. En otro contexto, el economista y premio Nobel Gunner Myrdal habl&oacute; de &ldquo;causalidad circular acumulativa&rdquo; para referirse a una din&aacute;mica como esa: bajo esas reglas, cuanto m&aacute;s rico eres, m&aacute;s rico ser&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Si tomamos la actualidad como punto de partida, la foto es horrible porque la riqueza en Espa&ntilde;a est&aacute; realmente mal distribuida. Seg&uacute;n la Encuesta Financiera de las Familias, el 10% m&aacute;s rico de los hogares es propietario de m&aacute;s de la mitad de la riqueza neta (53%). Como vemos en el siguiente gr&aacute;fico, adem&aacute;s es una cifra superior a la de comienzos de siglo (43%). Pero ese incremento de casi diez puntos es principalmente el resultado del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que hundi&oacute; el valor de las propiedades inmuebles de todos los hogares propietarios, pero afect&oacute; m&aacute;s a las clases medias &mdash;ya que las clases altas tienen una cartera m&aacute;s diversificada e invierten en otros activos&mdash;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El 10% más rico concentra 10 puntos más de la riqueza que en 2002" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-p9Iik" src="https://datawrapper.dwcdn.net/p9Iik/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="589" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Esto abunda en la idea de que en Espa&ntilde;a la riqueza y su desigual distribuci&oacute;n est&aacute;n estrechamente asociadas a la evoluci&oacute;n del mercado inmobiliario. Y, naturalmente, el cambio de manos dentro de una familia es una forma de reproducir en el tiempo esa desigualdad. Por ejemplo, seg&uacute;n el <a href="https://nadaesgratis.es/admin/herencias-y-desigualdad-de-la-riqueza" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo de Pedro Salas-Rojo y Juan Gabriel Rodr&iacute;guez</a>, cerca del 70% de la desigualdad de riqueza en Espa&ntilde;a est&aacute; asociada a las herencias. Pero esto no s&oacute;lo vale para las familias ricas, que heredan en cantidades monetarias muy elevadas, sino tambi&eacute;n para familias mucho m&aacute;s modestas aunque para ellos las cantidades operen m&aacute;s como alivio que como mecanismo de reproducci&oacute;n de &eacute;lites. 
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, &iquest;qu&eacute; les queda a los trabajadores que, con salarios modestos y sin propiedades que rentabilizar, quieren incorporarse al circuito de la acumulaci&oacute;n o simplemente prosperar? En efecto, heredar de sus padres y familiares. En un pa&iacute;s donde la herencia es fundamentalmente inmobiliaria, la herencia no es tanto un reparto como una forma de determinar qui&eacute;n entra en el mercado de activos y qui&eacute;n se queda fuera de &eacute;l para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Supongamos, para verlo con claridad, que ma&ntilde;ana al despertar todas las viviendas de Espa&ntilde;a valieran exactamente el doble. El patrimonio inmobiliario del pa&iacute;s se habr&iacute;a duplicado en las estad&iacute;sticas, los propietarios se sentir&iacute;an m&aacute;s ricos, y, sin embargo, no habr&iacute;a ni una vivienda m&aacute;s ni una vivienda mejor: lo &uacute;nico que habr&iacute;a ocurrido es una transferencia de valor desde los compradores futuros hacia los propietarios presentes. Y los que no son propietarios estar&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s lejos de acceder a ese circuito. Por eso se puede afirmar que la revalorizaci&oacute;n no crea riqueza, sino que redistribuye derechos. Una econom&iacute;a puede duplicar su riqueza contable mientras su inversi&oacute;n productiva neta se estanca, que es aproximadamente lo que ha pasado. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esto es relativamente nuevo porque deriva del hecho de que la vivienda se ha revalorizado en cantidades muy elevadas. De hecho, que hoy trabajadores jubilados sean contablemente &ldquo;ricos&rdquo; es consecuencia de decisiones de compra de patrimonio hace d&eacute;cadas. Esas generaciones anteriores no s&oacute;lo pudieron comprar porque ganaban proporcionalmente m&aacute;s, sino especialmente porque los activos inmobiliarios eran mucho m&aacute;s baratos. Comprar una vivienda en los a&ntilde;os ochenta requer&iacute;a un esfuerzo econ&oacute;mico mucho menor que en la actualidad, y debido a la revalorizaci&oacute;n del suelo esas viviendas ahora tienen mucho m&aacute;s valor; un &ldquo;premio&rdquo; que heredar&aacute;n sus descendientes.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta del mill&oacute;n es por qu&eacute; las viviendas se han encarecido tanto en estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Desde luego no puede reducirse todo a una simplista lectura de oferta y demanda. Hay muchos factores que influyen, y la mayor&iacute;a tienen que ver con las caracter&iacute;sticas propias del r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n del capitalismo contempor&aacute;neo: un capitalismo financiarizado en el que el dinero no se dirige tanto a inversiones productivas como a inversiones especulativas. Dicho de otra forma: el capitalismo occidental tiene serias dificultades para encontrar oportunidades de inversi&oacute;n productiva que sean suficientemente rentables. Para el capital occidental, estrangulado crecientemente por la competencia internacional &mdash;especialmente de China&mdash; es mucho m&aacute;s atractivo invertir en actividades especulativas, y el resultado es una inflaci&oacute;n de activos (especialmente inmobiliarios, pero no s&oacute;lo). A ello cabe sumar otros factores, como los demogr&aacute;ficos, regulatorios, etc.
    </p><p class="article-text">
        Este contexto es importante, ya que el capitalismo occidental se encuentra ante una combinaci&oacute;n de problemas: menor crecimiento de la productividad, menor dinamismo de la inversi&oacute;n que refleja menor rentabilidad, elevados niveles de endeudamiento, tensiones geopol&iacute;ticas que expresan una mayor competencia internacional y restricciones energ&eacute;ticas y ecol&oacute;gicas. El resultado es un entorno de crecimiento mucho m&aacute;s d&eacute;bil que el de todos los periodos anteriores. Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, con datos para pa&iacute;ses de la OCDE, el crecimiento medio anual del PIB por habitante ha descendido en forma de escalera a lo largo de tres per&iacute;odos: la posguerra hasta 1974, el ciclo neoliberal hasta 2008 y la d&eacute;cada larga posterior a la crisis financiera, que es la m&aacute;s mediocre de los tres. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El crecimiento de los países de la OCDE muestra una tendencia claramente decreciente" aria-label="Gráfico de columnas" id="datawrapper-chart-ae7It" src="https://datawrapper.dwcdn.net/ae7It/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="587" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese que este desplazamiento desde un capitalismo anclado en la inversi&oacute;n productiva hacia un capitalismo financiarizado es el correlato macroecon&oacute;mico del desplazamiento del enriquecimiento personal v&iacute;a trabajo (donde cambiamos nuestro tiempo de trabajo por dinero) hacia el enriquecimiento v&iacute;a rentismo (donde cambiamos dinero por m&aacute;s dinero). En realidad, se trata de un aspecto fetichizado, ya que en la narrativa convencional es equivalente invertir en finanzas o en industria, de la misma forma que tiene la misma legitimidad ganar dinero trabajando o por el alquiler que te pagan los inquilinos. Pero lo que hay detr&aacute;s en todas las actividades financieras son los derechos de captura sobre el trabajo ajeno, tambi&eacute;n en esa &ldquo;casa que se paga sola&rdquo; para el peque&ntilde;o propietario de clase media.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, en una econom&iacute;a de bajo crecimiento, una proporci&oacute;n creciente de la poblaci&oacute;n necesita que los activos se revaloricen para mantener su posici&oacute;n econ&oacute;mica, precisamente porque los salarios ya no lo hacen suficientemente. Y eso ayuda a explicar por qu&eacute; la exenci&oacute;n sobre el impuesto de donaciones y sucesiones es apoyada no s&oacute;lo por las elites sino tambi&eacute;n por importantes sectores de las clases medias y populares. De hecho, este impuesto no est&aacute; de moda: en el conjunto de la OCDE la recaudaci&oacute;n por este concepto ha ca&iacute;do con fuerza desde los a&ntilde;os sesenta, y en ese mismo per&iacute;odo siete pa&iacute;ses europeos lo han suprimido por completo, a los que hay que sumar fuera del continente casos como India o Rusia, mientras China nunca lleg&oacute; a establecerlo. En Espa&ntilde;a, donde la carga efectiva es pr&aacute;cticamente residual por el juego de bonificaciones auton&oacute;micas, sigue siendo objeto de un debate intermitente y desaforado en torno a lo que las derechas bautizaron como &ldquo;impuesto a la muerte&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Existe, desde luego, una &eacute;lite cuyo enriquecimiento casi exponencial depende de que las transmisiones no se toquen. Es el tipo de comportamiento que criticaba un liberal como John Stuart Mill, quien estaba en contra de las &ldquo;familias perpetuas&rdquo; tanto por razones morales como de eficiencia &mdash;consideraba que los herederos eran m&aacute;s ociosos y menos dispuestos a trabajar duro&mdash;. Pero esa &eacute;lite cuenta con aliados en una coalici&oacute;n de propietarios modestos cuyo &uacute;nico patrimonio es una o dos viviendas, y que perciben cualquier gravamen sobre el patrimonio como una amenaza a la poca seguridad que les queda fuera de un Estado social (sanidad, educaci&oacute;n, pensiones&hellip;) amenazado por los recortes y la p&eacute;rdida de calidad. Como ya dije en <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-atreven-bajar-precio-vivienda_129_13376005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el an&aacute;lisis de la vivienda</a>, esta oposici&oacute;n responde a incentivos materiales muy concretos, porque cuando el salario ya no es estable ni permite acumular riqueza, la vivienda familiar es literalmente la &uacute;ltima frontera frente a la intemperie. Lo curioso es que la misma din&aacute;mica que concentra la riqueza arriba convierte a los de abajo en guardianes de la concentraci&oacute;n. Los estudios al respecto han repetido una y otra vez que la propiedad de vivienda reduce el apoyo a la redistribuci&oacute;n, y la revalorizaci&oacute;n lo reduce todav&iacute;a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es importante subrayar que esto no es una cuesti&oacute;n &uacute;nicamente, ni principalmente, generacional. Los <em>boomers </em>no son culpables de la situaci&oacute;n de las generaciones posteriores: ellos tambi&eacute;n fueron producto de unas condiciones econ&oacute;micas que les permitieron acumular patrimonio trabajando y comprando activos cuando eran relativamente baratos. Esas condiciones fueron el resultado no s&oacute;lo de un capitalismo occidental m&aacute;s s&oacute;lido y mejor posicionado, sino tambi&eacute;n de las luchas obreras que empujaron hacia una redistribuci&oacute;n m&aacute;s justa del excedente. El asunto central es que esas condiciones ya no existen. Y no lo hacen porque el capitalismo occidental est&aacute; perdiendo su lugar de honor en la econom&iacute;a-mundo, porque las luchas obreras han perdido capacidad de influencia y porque otras regiones del mundo se est&aacute;n desenvolviendo mejor en la lucha competitiva que impone el sistema. Como consecuencia, el capitalismo occidental est&aacute; en una deriva decadente tal que el trabajo (y el salario) es cada vez menos importante y, sin embargo, lo es mucho m&aacute;s el aguij&oacute;n especulativo que, parad&oacute;jicamente, hace m&aacute;s pobre y d&eacute;bil a la econom&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/trabajo-deja-enriquecer_129_13437879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Aug 2026 19:25:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el trabajo deja de enriquecer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Precios,Inversiones,Capitalismo,Riqueza,Patrimonio,Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una frontera alquilada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3bc89697-0ab9-4150-981e-10ac40bfed7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x191y99.jpg" width="1200" height="675" alt="Una frontera alquilada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo de Ceuta es la factura de un modelo de relación que la UE eligió hace justo una década: la externalización fronteriza, esto es, subcontratar el control de sus propios límites a los países vecinos. ¿Qué distancia moral hay entre lamentar hoy 140 ahogados y haber construido durante años el dispositivo que hacía perfectamente previsible que se ahogaran?</p><p class="subtitle">Ceuta: de zombis, invasiones y avalanchas</p></div><p class="article-text">
        En cuanto se supo lo que estaba pasando en Ceuta, la mayor&iacute;a de la derecha espa&ntilde;ola, pol&iacute;tica y medi&aacute;tica, se lanz&oacute; a la yugular del Gobierno. Es ya casi un reflejo, una suerte de resorte autom&aacute;tico que tienen instalado al menos desde que el PP perdi&oacute; la Moncloa en 2018. Cualquiera dir&iacute;a que es rencor, pero me temo que es algo m&aacute;s simple: la arraigada convicci&oacute;n de que gobernar Espa&ntilde;a les corresponde por naturaleza y de que cualquier otro inquilino es una anomal&iacute;a que conviene corregir cuanto antes. Criticar al Gobierno es leg&iacute;timo siempre, pero es muy cuestionable cuando se hace sin haberse formulado antes ni una sola pregunta sobre lo que se tiene delante.
    </p><p class="article-text">
        Nos quejamos mucho de la derecha espa&ntilde;ola, pero es que la derecha europea tampoco quiso levantar la vista. Italia impuso controles temporales a los viajes procedentes de Espa&ntilde;a, varios ministros de interior ordenaron reforzar los pasos de la frontera com&uacute;n y otros cuantos pa&iacute;ses pidieron que se suspendiera la participaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Schengen. Todo ello a prop&oacute;sito de un territorio del que los nacionales de terceros pa&iacute;ses no pueden salir hacia la Pen&iacute;nsula &mdash;ni, por tanto, hacia el resto del espacio Schengen&mdash; sin control de identidad y visado. Es decir: se mont&oacute; un gran esc&aacute;ndalo contra un desplazamiento que, por definici&oacute;n, no pod&iacute;a producirse. Realmente absurdo, pero al mismo tiempo sintom&aacute;tico de la profunda herida del proyecto europeo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo que s&iacute; ocurri&oacute; fue la entrada de unas 70.000 personas en una ciudad de 83.000 habitantes, algo que s&oacute;lo se produce si detr&aacute;s hay un impulso vital insuperable &mdash;como huir de una guerra&mdash; o una decisi&oacute;n pol&iacute;tica que promueve el movimiento. El flujo continuo existe, desde luego, y lo alimentan miles de personas dispuestas a jugarse la vida para llegar a pa&iacute;ses del Norte Global. Pero la manivela que regula ese caudal no est&aacute; en manos de quien nada, y Marruecos ha demostrado en repetidas ocasiones que sabe abrirla y cerrarla seg&uacute;n le convenga. De modo que la pregunta con la que deb&iacute;a empezar cualquier an&aacute;lisis serio era otra: &iquest;qu&eacute; le est&aacute; pidiendo ahora Marruecos a Espa&ntilde;a y a la Uni&oacute;n Europea?
    </p><p class="article-text">
        A falta de la informaci&oacute;n contrastada propia de los servicios de inteligencia, que p&uacute;blicamente aparecen como notoriamente cuestionados, s&oacute;lo podemos conjeturar. Pero esta conjetura se basa en historia reciente, lo que la hace m&aacute;s s&oacute;lida. Por ejemplo, sabemos que Marruecos lleva medio siglo persiguiendo el reconocimiento internacional de su soberan&iacute;a sobre el S&aacute;hara Occidental, y otro medio siglo comprobando que la presi&oacute;n fronteriza funciona: en mayo de 2021 entraron unas 8.000 personas en Ceuta mientras el l&iacute;der del Frente Polisario estaba hospitalizado en Espa&ntilde;a, y un a&ntilde;o despu&eacute;s el Gobierno espa&ntilde;ol &mdash;el PSOE, en realidad&mdash; acab&oacute; respaldando el plan de autonom&iacute;a marroqu&iacute;. Casualmente, lo de hace unos d&iacute;as ha sucedido pocas semanas despu&eacute;s del viaje de Pedro S&aacute;nchez a Argel. Hay, adem&aacute;s, otros intereses que Marruecos aspira a proteger, como pesqueros, agrarios, geopol&iacute;ticos&hellip; y sabe que lo hace contando con el apoyo pol&iacute;tico de sus aliados de Estados Unidos y de Israel, enfrentados ahora mismo a Espa&ntilde;a (y a la dignidad humana, dicho sea de paso). Sea cual sea la motivaci&oacute;n concreta de esta ocasi&oacute;n, parece claro que Marruecos sabe c&oacute;mo recordar que quiere algo de Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, lo de Ceuta es la factura de un modelo de relaci&oacute;n que la Uni&oacute;n Europea eligi&oacute; deliberadamente hace justo una d&eacute;cada: la externalizaci&oacute;n fronteriza, esto es, subcontratar el control de sus propios l&iacute;mites a los pa&iacute;ses vecinos. La l&oacute;gica es que la Uni&oacute;n Europea paga a las polic&iacute;as de Marruecos, Libia, T&uacute;nez o Turqu&iacute;a para que la violencia necesaria para contener a la gente suceda lejos de las c&aacute;maras europeas. Fue en 2016 cuando la Uni&oacute;n Europea firm&oacute; el acuerdo con Turqu&iacute;a que se basaba precisamente en la transferencia de 6.000 millones de euros a cambio de no dejar pasar a los refugiados que hu&iacute;an de la guerra, convenientemente re-etiquetados en el texto como &ldquo;inmigrantes ilegales&rdquo;. Seg&uacute;n <a href="https://www.msf.es/noticia/diez-anos-del-acuerdo-ue-turquia-coste-humano-la-contencion-migratoria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha denunciado este mismo a&ntilde;o M&eacute;dicos sin Fronteras</a>, durante esta d&eacute;cada han documentado de forma repetida &ldquo;violencia en las fronteras, campamentos superpoblados, saneamiento inadecuado, acceso limitado a la atenci&oacute;n sanitaria y un grave deterioro de la salud mental entre las personas atrapadas en estas condiciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de estas consideraciones humanitarias, y de que los pa&iacute;ses miembros no cumplen con los compromisos de solidaridad interna (como hace el PP en el caso de las Comunidades Aut&oacute;nomas), esa estrategia europea se convirti&oacute; en la referencia para acuerdos con otros pa&iacute;ses como T&uacute;nez, Libia, Marruecos o Egipto. Y al hacerlo, otorg&oacute; a esos pa&iacute;ses un poder enorme para chantajear a la Uni&oacute;n Europea con nuevas presiones. Al fin y al cabo, los inmigrantes siguen llegando a las fronteras y s&oacute;lo cambia que lo que antes se hac&iacute;a por una ruta segura ahora se hace por las rutas m&aacute;s letales. En definitiva, Europa pag&oacute; por mirar menos el drama a la cara y por una nueva dependencia geopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero la derecha no ataca al gobierno por nada de esto. Por el contrario, casi todas las derechas europeas reaccionaron pensando &uacute;nicamente en rentabilizar electoralmente una situaci&oacute;n que hab&iacute;a estimulado el miedo de sus votantes. Es probable que buena parte de ese electorado no sepa situar Ceuta en un mapa, pero daba igual: bast&oacute; el miedo, amplificado por unas redes cuyos due&ntilde;os tienen intereses pol&iacute;ticos declarados &mdash;Elon Musk compar&oacute; a los migrantes con la turba de zombis de la pel&iacute;cula &lsquo;Guerra Mundial Z&rsquo;&mdash;, para que la medalla se la llevaran la extrema derecha y sus operadores internacionales. Es posible que muchos gobiernos europeos, casi todos de derechas, tuvieran ganas al gobierno espa&ntilde;ol por su liderazgo internacional en cuestiones como la oposici&oacute;n ante el genocidio en Palestina o la guerra en Ir&aacute;n, pero seguro pes&oacute; m&aacute;s su cortoplacismo electoral.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, la parte sufriente de la humanidad. Cuando escribo estas l&iacute;neas las cifras oficiales hablan ya de m&aacute;s 140 personas ahogadas entre las decenas de miles que se metieron en el agua para tocar una tierra que representaba para ellas un futuro mejor. La inmensa mayor&iacute;a de supervivientes hab&iacute;a vuelto ya a Marruecos en cuesti&oacute;n de horas tras comprobar que en Ceuta no hab&iacute;a comida ni sitio donde dormir. La operaci&oacute;n se cierra, por tanto, sin que nada sustancial haya cambiado, salvo que hay much&iacute;simas familias buscando y enterrando a seres queridos. Eran gente corriente, parte de esa clase trabajadora mundial que gobernantes y empresarios de aqu&iacute; y de all&iacute; manejan como peones en un tablero, prescindibles por definici&oacute;n porque siempre hay m&aacute;s. Eran personas que, en diferentes circunstancias, podr&iacute;amos haber sido cualquiera de nosotros. &iquest;Por qu&eacute; esa falta de solidaridad y empat&iacute;a entre las instituciones y gobiernos europeos? 
    </p><p class="article-text">
        Se me ocurren, mientras tanto, otras preguntas que apenas he o&iacute;do estos d&iacute;as. &iquest;Cu&aacute;nto dinero p&uacute;blico europeo ha ido a parar a las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es en la &uacute;ltima d&eacute;cada? &iquest;Por qu&eacute; la firmeza ante el chantaje se ejerce siempre contra quien nada y nunca contra quien firma? &iquest;Y qu&eacute; distancia moral hay entre lamentar hoy 140 ahogados y haber construido durante a&ntilde;os el dispositivo que hac&iacute;a perfectamente previsible que se ahogaran?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 19:56:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una frontera alquilada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Inmigración,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No basta con abaratar la comida: cómo transformar el sistema alimentario sin dejar a nadie atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/no-basta-abaratar-comida-transformar-sistema-alimentario-nadie_129_13425014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ed6df40-6bc6-4ea8-8c6c-60b6abd93394_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No basta con abaratar la comida: cómo transformar el sistema alimentario sin dejar a nadie atrás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La disyuntiva entre supermercados públicos o seguridad social alimentaria está mal formulada. Las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes: la primera actúa sobre la distribución; la segunda, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por sí sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos críticos del siglo XXI</p><p class="subtitle">¿Por qué se llega peor a fin de mes si el salario real mejora?</p></div><p class="article-text">
        En pocos meses, dos propuestas que hace apenas unos a&ntilde;os parec&iacute;an extravagantes han entrado en el debate pol&iacute;tico internacional. Por un lado, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdami ha dado un nuevo paso en su proyecto para crear cinco supermercados p&uacute;blicos en la ciudad, con el objetivo declarado de reducir los precios de la cesta de consumo de la clase trabajadora. La iniciativa es eco del socialismo municipal de Milwaukee, ciudad estadounidense que tuvo alcaldes del Partido Socialista durante la mayor&iacute;a del per&iacute;odo entre 1910 y 1960, y que municipaliz&oacute; muchos servicios otrora privados. Como ha recordado recientemente <a href="https://www.laborpolitics.com/p/sewer-socialism-in-wisconsin-and" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el soci&oacute;logo del trabajo Eric Blanc</a>, aquella experiencia hist&oacute;rica es hoy una lecci&oacute;n para construir una alternativa al neoliberalismo dem&oacute;crata y el autoritarismo trumpista en los Estados Unidos. En este caso, la propuesta de supermercados p&uacute;blicos busca garantizar que todo el mundo tiene acceso a los alimentos que necesita.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, en Francia se debati&oacute; el a&ntilde;o pasado en la Asamblea nacional otra propuesta con esp&iacute;ritu similar: la creaci&oacute;n de una seguridad social de la alimentaci&oacute;n. Si la sanidad, la educaci&oacute;n y las pensiones son &mdash;en Europa&mdash; derechos consagrados en la constituci&oacute;n y garantizados mediante provisi&oacute;n p&uacute;blica, &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;a serlo tambi&eacute;n la alimentaci&oacute;n? La propuesta no lleg&oacute; a aprobarse por el boicot de los diputados conservadores, pero consiste en un programa de unos 100-150 euros al mes a toda la poblaci&oacute;n para gastar en establecimientos asociados. En Francia, hay varias decenas de proyectos piloto, siendo el m&aacute;s destacado el de Montpellier. Aunque a primera vista parezca una propuesta asistencialista, el programa va mucho m&aacute;s all&aacute; de la necesidad de combatir el hambre entre las familias con menos recursos. En Espa&ntilde;a hace poco tuvo lugar <a href="https://alimentta.com/alimentta-en-la-tercera-edicion-de-unoconcinco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un debate</a>, promovido por la Fundaci&oacute;n Carasso, en el que adem&aacute;s de debatir la experiencia francesa se present&oacute; una propuesta para Espa&ntilde;a (que ya cuenta con un <a href="https://fondationcarasso.org/es/proyectos/seguridad-social-de-la-alimentacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto piloto en Getafe</a>).
    </p><p class="article-text">
        Esta renovada preocupaci&oacute;n por el derecho a la alimentaci&oacute;n coincide con la resaca del proceso inflacionario desencadenado en 2022 tras la invasi&oacute;n de Ucrania por parte de Rusia y tambi&eacute;n con la guerra en Ir&aacute;n iniciada este febrero de 2026. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, los precios de los alimentos a nivel mundial se mantuvieron relativamente estables durante la d&eacute;cada de los noventa y principios de siglo, pero han mostrado una gran volatilidad y una tendencia alcista desde la crisis de 2007-08. Adem&aacute;s, en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses los precios de los alimentos han subido mucho m&aacute;s que los salarios, provocando un deterioro preocupante en los presupuestos familiares, especialmente entre las clases trabajadoras (que <a href="https://www.eldiario.es/economia/llega-peor-mes-si-salario-real-mejora_129_13410188.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dedican m&aacute;s recursos a la alimentaci&oacute;n</a>). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Los componentes del precio de los alimentos se mueven en direcciones opuestas" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-T1Vi2" src="https://datawrapper.dwcdn.net/T1Vi2/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="656" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        En el debate p&uacute;blico, sin embargo, rara vez se menciona que la inflaci&oacute;n alimentaria no es s&oacute;lo el resultado de episodios coyunturales provocados por guerras, tensiones geopol&iacute;ticas o especulaci&oacute;n financiera. Es tambi&eacute;n el s&iacute;ntoma de un sistema agroalimentario extremadamente dependiente de combustibles f&oacute;siles, cadenas log&iacute;sticas globales y recursos naturales cada vez m&aacute;s escasos, todo ello en <a href="https://www.eldiario.es/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiempos de nemercantilismo y proteccionismo</a>. En este sentido, a la pregunta de c&oacute;mo conseguimos abaratar los alimentos debe sumarse la idea de c&oacute;mo garantizar que puedan seguir produci&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, el crecimiento de los precios de los alimentos ha provocado reacciones pol&iacute;ticas tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, donde en el a&ntilde;o 2023 el partido <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_10182336_1099216.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Podemos ya propuso la creaci&oacute;n de un supermercado p&uacute;blico</a>; en febrero de este a&ntilde;o 2026, M&aacute;s Madrid present&oacute; en la Asamblea regional una propuesta para crear una red de supermercados p&uacute;blicos &mdash;fue rechazada por la derecha, pero tampoco la apoy&oacute; el Partido Socialista&mdash;; en junio, a propuesta de Sumar, <a href="https://www.congreso.es/public_oficiales/L15/CONG/BOCG/D/BOCG-15-D-547.PDF" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Congreso aprob&oacute; una proposici&oacute;n no de ley</a> que insta al gobierno a crear &ldquo;infraestructuras p&uacute;blicas que distribuyan productos saludables, ecol&oacute;gicos y de proximidad&rdquo;; y hace unas semanas Adelante Andaluc&iacute;a anunci&oacute; que propondr&aacute; la creaci&oacute;n de supermercados p&uacute;blicos. 
    </p><p class="article-text">
        A primera vista, el debate parece reducirse a una elecci&oacute;n entre dos instrumentos: crear supermercados p&uacute;blicos o implantar una seguridad social alimentaria. Pero, en realidad, como dice <a href="https://newsletter.rajpatel.org/p/food-social-security-an-faq?hide_intro_popup=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el economista pol&iacute;tico de la alimentaci&oacute;n Raj Patel</a>, ambas son m&aacute;s compatibles que antag&oacute;nicas, y s&oacute;lo tienen sentido si se entienden como piezas de una transformaci&oacute;n mucho m&aacute;s profunda del sistema agroalimentario, que actualmente afronta l&iacute;mites econ&oacute;micos, ecol&oacute;gicos y geopol&iacute;ticos cada vez m&aacute;s importantes.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Democratizar el acceso a los alimentos</strong></h2><p class="article-text">
        La primera de las propuestas, la de Mamdani, consiste en crear un supermercado p&uacute;blico. Debe recordarse que un supermercado es parte de la infraestructura necesaria para que los alimentos que se producen en el mundo agrario lleguen a los hogares &mdash;que se concentran generalmente en las ciudades&mdash;. La mayor&iacute;a de esa infraestructura es hoy de naturaleza privada, por lo que las redes de producci&oacute;n, transporte, distribuci&oacute;n y comercializaci&oacute;n siguen la l&oacute;gica de la rentabilidad a trav&eacute;s de las se&ntilde;ales del mercado. Esto es importante porque bajo el capitalismo los productores no producen alimentos para nutrir a las poblaciones, sino para ganar dinero. Y todos los agentes de la cadena siguen invariablemente esa l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucede es que la estructura de esa cadena es muy desigual, y much&iacute;simos productores venden sus productos a un n&uacute;mero muy reducido de grandes empresas de distribuci&oacute;n y comercializaci&oacute;n, que concentran un enorme poder de negociaci&oacute;n. Por ejemplo, en Espa&ntilde;a las cinco principales cadenas de distribuci&oacute;n re&uacute;nen algo m&aacute;s de la mitad del mercado y una sola empresa, Mercadona, concentra en torno al <a href="https://www.marketingnews.es/siteresources/files/1867/46.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">27 % del gasto en distribuci&oacute;n alimentaria</a>. Ese poder se ejerce en toda la cadena: condiciona los precios que reciben agricultores y ganaderos, determina las condiciones de suministro e incluso decide qu&eacute; productos llegan finalmente a los lineales. Tal estructura atrapa a los productores entre la provisi&oacute;n industrial de inputs (semillas, fertilizantes, pesticidas, gasoil, etc.) y la compra de su producci&oacute;n por parte de grandes cadenas.
    </p><p class="article-text">
        Esta estructura ayuda tambi&eacute;n a entender una parte importante de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/gobierno-alivia-petroleras-no-consumidores_129_13085473.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inflaci&oacute;n alimentaria reciente</a>. Como ha se&ntilde;alado la economista Isabella Weber, cuando se produce un shock de oferta &mdash;como ocurri&oacute; tras la invasi&oacute;n de Ucrania o ante las tensiones en el estrecho de Ormuz&mdash; las empresas con poder de mercado pueden trasladar e incluso ampliar esos incrementos de costes para proteger o aumentar sus m&aacute;rgenes de beneficio. Y estos shocks de oferta est&aacute;n afectando al canal de la alimentaci&oacute;n no solo a trav&eacute;s de la energ&iacute;a sino <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n de los fertilizantes</a>. Al final, el resultado son precios m&aacute;s elevados para los consumidores, mientras los salarios no crecen al mismo ritmo. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la propuesta de crear supermercados p&uacute;blicos pretende introducir un contrapeso a ese poder privado. Al no estar sometido a la l&oacute;gica de maximizar beneficios, un operador p&uacute;blico podr&iacute;a trabajar con m&aacute;rgenes menores y contribuir tanto a abaratar la cesta de la compra como a aumentar la competencia en un mercado muy concentrado. &Eacute;sa es la principal argumentaci&oacute;n econ&oacute;mica de la propuesta, que tambi&eacute;n es aplicable, por ejemplo, al <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitamos-empresa-energetica-publica_129_12278895.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">defender una empresa p&uacute;blica de energ&iacute;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, las experiencias pasadas nos recuerdan que el proyecto no es en absoluto sencillo. Hay precedentes de supermercados p&uacute;blicos en lugares donde ya no llega la iniciativa privada &mdash;los llamados desiertos alimentarios&mdash;, o creados para competir directamente con ella; y muchos han fracasado. Entre los principales problemas est&aacute; la escala, ya que contar con unos pocos supermercados no es suficiente para servir realmente de contrapeso al poder privado o para negociar precios mayoristas baratos con los productores y distribuidores; pero tambi&eacute;n est&aacute; la problem&aacute;tica de la gesti&oacute;n profesionalizada, la financiaci&oacute;n, la oferta de productos (los supermercados de Mamdani no ofrecer&aacute;n carne ni comida caliente), y la viabilidad pol&iacute;tica a medio y largo plazo, entre otros. La idea es buena y necesaria, pero la mejor forma de conseguir que funcione un supermercado p&uacute;blico es integrarlo dentro de un programa m&aacute;s amplio y ambicioso capaz de transformar realmente el sistema alimentario.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de entrar en ello, conviene subrayar un elemento ciego en esta propuesta. Un supermercado p&uacute;blico nace con un mandato muy claro: vender m&aacute;s barato. Ahora bien, para vender barato hay que comprar barato. &iquest;Y d&oacute;nde se compra barato hoy? En la cadena industrial: producci&oacute;n intensiva, insumos importados de pa&iacute;ses con salarios y recursos baratos, grandes vol&uacute;menes y operaciones a escala, contratos con centrales de compra. Es decir, exactamente en el modelo agroalimentario convencional. En ese sentido, el supermercado p&uacute;blico es una buena pol&iacute;tica de coste de la vida, si bien bajo el ropaje de pol&iacute;tica alimentaria, pero el objetivo deber&iacute;a ser m&aacute;s audaz.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n es que vivimos en el contexto de una crisis ecosocial. Usar este concepto significa aceptar que la degradaci&oacute;n ecol&oacute;gica y el deterioro de las condiciones de vida de la mayor&iacute;a no son dos crisis distintas que coinciden por casualidad en el tiempo, sino dos manifestaciones del mismo proceso de acumulaci&oacute;n. Y, sobre todo, que no se pueden jerarquizar. La formulaci&oacute;n habitual de la izquierda es &ldquo;primero garanticemos que la gente coma, y ya despu&eacute;s nos ocuparemos de la sostenibilidad&rdquo;. Pero la realidad es que los dos plazos han acabado coincidiendo, como demuestran los episodios de Ucrania u Ormuz: la inflaci&oacute;n que hoy erosiona el presupuesto de un hogar trabajador tiene entre sus causas el encarecimiento de la energ&iacute;a y los recursos naturales, y ese encarecimiento anticipa la restricci&oacute;n biof&iacute;sica de ma&ntilde;ana. No son dos problemas sino uno. De modo que la pregunta no puede ser s&oacute;lo c&oacute;mo facilitamos a la clase trabajadora el acceso a los alimentos, sino tambi&eacute;n a qu&eacute; alimentos y c&oacute;mo se producen.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Estamos comiendo petr&oacute;leo</strong></h2><p class="article-text">
        Cada vez que llenamos el carro de la compra creemos estar comprando alimentos, pero tambi&eacute;n estamos comprando petr&oacute;leo, gas natural y una enorme cantidad de energ&iacute;a f&oacute;sil incorporada en fertilizantes, pesticidas, transporte, refrigeraci&oacute;n y envases. Dec&iacute;a con raz&oacute;n el ec&oacute;logo Howard Odum que una de las caracter&iacute;sticas centrales de las sociedades industriales era que hab&iacute;amos aprendido a comer patatas hechas en parte de petr&oacute;leo. El punto cr&iacute;tico es que, si consideramos toda la energ&iacute;a que gastamos para producir, distribuir y consumir alimentos, teniendo presente toda la cadena, resulta que es muy superior a la energ&iacute;a que obtenemos de esos mismos alimentos: un sistema completamente insostenible porque depende de lo que Joan Mart&iacute;nez Alier y Vaclav Smil llaman subsidio o dopaje f&oacute;sil. Esto es parte de la anomal&iacute;a de la era de los combustibles f&oacute;siles, ya que ninguna sociedad humana anterior pudo mantener durante mucho tiempo (antes de colapsar) rendimientos netos negativos de la energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ese subsidio f&oacute;sil sirve, sobre todo, para remendar una fractura. Marx, leyendo la qu&iacute;mica agr&iacute;cola de su tiempo, describi&oacute; una ruptura en el intercambio de materia entre el ser humano y la tierra: la ciudad consume los nutrientes que el campo produce y no los devuelve, de modo que el ciclo se rompe y hay que reponerlo desde fuera. John Bellamy Foster convirti&oacute; aquella intuici&oacute;n en concepto &mdash;la ruptura metab&oacute;lica&mdash; y Kohei Saito la ha situado en el centro de la lectura ecol&oacute;gica del &uacute;ltimo Marx. Siglo y medio despu&eacute;s la descripci&oacute;n sigue sirviendo, s&oacute;lo que la fractura ha ido creciendo de escala: primero fue entre la ciudad y su campo, despu&eacute;s entre unas comarcas y otras, y hoy es entre pa&iacute;ses enteros. En Espa&ntilde;a se ve con toda claridad en la ganader&iacute;a. Casi una cuarta parte de la biomasa que come nuestra caba&ntilde;a se produce fuera, y con ese pienso entra tambi&eacute;n el nitr&oacute;geno que despu&eacute;s se queda aqu&iacute;. Como el animal est&aacute; donde no est&aacute; el cultivo, los nutrientes hacen un viaje de ida sin vuelta: all&iacute; donde se produce el pienso el suelo se empobrece, y donde se concentra el ganado el nitr&oacute;geno sobra hasta acabar en los acu&iacute;feros, contaminando r&iacute;os y suelos.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto tiene enormes implicaciones porque est&aacute; afectado no s&oacute;lo el consumo de una energ&iacute;a no renovable sino tambi&eacute;n porque se sostiene sobre relaciones ecol&oacute;gicas desiguales: por ejemplo, el nivel de consumo alimentario de los pa&iacute;ses del Norte global ser&iacute;a imposible si no fuera por la cantidad de alimentos importados en los pa&iacute;ses del Sur Global y que consumen all&iacute; los recursos naturales, destacadamente la tierra y el agua. Por ejemplo, <a href="https://www.eldiario.es/economia/europa-consume-espana-entera-tierras-agricolas-extranjeras_129_13265051.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Uni&oacute;n Europea consume una superficie del tama&ntilde;o de Espa&ntilde;a en tierras agr&iacute;colas en otras partes del mundo</a>. Como es evidente, dado que la disponibilidad de tierra en el planeta es finita, no es posible generalizar a todos los pa&iacute;ses este tipo de modelo de abastecimiento alimentario.
    </p><p class="article-text">
        Por estas razones, en un mundo que aspira a vivir sin combustibles f&oacute;siles la producci&oacute;n alimentaria tiene que cambiar radicalmente. Por eso mismo, garantizar el acceso universal a los alimentos dentro de un sistema metab&oacute;licamente insostenible es garantizar el acceso a algo que va a dejar de existir en la forma en que hoy existe. En consecuencia, el objetivo debe ser transformar el modelo productivo agroalimentario y, como inmediatamente se ver&aacute;, los patrones de consumo. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Transformar la demanda a trav&eacute;s de la Seguridad Social Alimentaria</strong></h2><p class="article-text">
        La segunda propuesta, la de Seguridad Social Alimentaria, es un instrumento de pol&iacute;tica p&uacute;blica que trata de modificar la demanda de alimentos a trav&eacute;s de incentivos. El programa concede a cada ciudadano una cantidad determinada de dinero para que se gaste en establecimientos acreditados, lo que permite condicionar a qu&eacute; tipo de gasto se destina. Por esa raz&oacute;n las diferentes formulaciones del programa postulan que el objetivo no es s&oacute;lo inyectar recursos econ&oacute;micos para compra de alimentos, sino tambi&eacute;n estimular la compra de alimentos con caracter&iacute;sticas tales como su sostenibilidad ecol&oacute;gica y su impacto positivo en la salud de los consumidores. 
    </p><p class="article-text">
        El programa de la seguridad social alimentaria no obliga a los ciudadanos a consumir ciertos tipos de alimentos, sino que establece incentivos para que los patrones de consumo cambien progresivamente. Por un lado, porque el programa solo funciona para ciertos productos que han sido declarados previamente. Por otro lado, porque el productor encuentra una demanda estable que le da garant&iacute;as para convertir su producci&oacute;n en agroecol&oacute;gica. Es una forma menos invasiva de orientar el sistema alimentario hacia un nivel sostenible y saludable, lo que quiere decir que es tambi&eacute;n una herramienta de transici&oacute;n ecol&oacute;gica. El reciente <a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/images/estudios/Informe_SSA.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de la cooperativa El Pa Sencer</a>, por ejemplo, calcula que la propuesta costar&iacute;a 76.800 millones de euros (un 5,7% del PIB espa&ntilde;ol), pero asegura que los costes sanitarios ocultos con el patr&oacute;n de consumo actual son de hasta 23.379 millones de euros anuales debido a las enfermedades asociadas.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de la propuesta es parecida a la que se usa actualmente con la compra p&uacute;blica alimentaria, que afecta a comedores escolares, hospitales, residencias, centros de d&iacute;a, cocinas centrales, etc. Cuando fui ministro de Consumo pusimos en marcha la redacci&oacute;n de nuevos criterios para esas compras, siguiendo gu&iacute;as cient&iacute;ficas, y el ministerio actual, con Pablo Bustinduy al frente, ha continuado y culminado con &eacute;xito varios momentos cr&iacute;ticos de esa hoja de ruta. Se trata de mover un volumen de demanda grande y planificable a varios a&ntilde;os, que es justamente la se&ntilde;al que un agricultor necesita. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la propuesta de seguridad social alimentaria no est&aacute; exenta de dificultades. Desde la definici&oacute;n exacta de &ldquo;producto agroecol&oacute;gico&rdquo; hasta el dise&ntilde;o de sus instituciones de gobierno, que pretenden acercarse a una democracia participativa donde decide la comunidad implicada m&aacute;s que el Estado. Pero tambi&eacute;n ocurre que para que una propuesta como esta sea exitosa y vaya m&aacute;s all&aacute; de los canales cortos (donde el productor vende casi de forma directa) necesitar&aacute; del apoyo de la infraestructura. Un agricultor puede producir estupendamente y no tener d&oacute;nde almacenar, c&oacute;mo enfriar, d&oacute;nde transformar ni c&oacute;mo llegar a un comprador grande. Es un problema de log&iacute;stica. Como en el caso de los supermercados p&uacute;blicos, en Espa&ntilde;a podr&iacute;a utilizarse una infraestructura p&uacute;blica ya existente: la red de Mercas &mdash;los mercados mayoristas de titularidad mixta, estatal y municipal&mdash;, que junto con los mercados municipales de abastos constituyen un sistema de acopio, fr&iacute;o y distribuci&oacute;n mayorista que ya est&aacute; construido, ya est&aacute; amortizado y ya est&aacute; ubicado exactamente donde tiene que estar. 
    </p><p class="article-text">
        En resumen, si los supermercados p&uacute;blicos act&uacute;an sobre la distribuci&oacute;n y la seguridad social alimentaria sobre la demanda, entonces falta necesariamente un tercer elemento: intervenir sobre la propia capacidad de producir alimentos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Pol&iacute;tica Industrial para el sector primario</strong></h2><p class="article-text">
        Ya he mencionado que el sistema alimentario actual es ecol&oacute;gicamente insostenible, as&iacute; como internacionalmente desigual e injusto. Ello tambi&eacute;n implica que es vulnerable a los shocks geopol&iacute;ticos o clim&aacute;ticos, en tanto puede quedar comprometida la capacidad de abastecimiento. Transformar este sistema en uno que proporcione alimento suficiente al tiempo que se reducen sus impactos ecol&oacute;gicos debe ser el objetivo principal.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que los combustibles f&oacute;siles son precisamente la varita m&aacute;gica principal que ha permitido la multiplicaci&oacute;n de los rendimientos de las explotaciones agrarias, produciendo muchos m&aacute;s alimentos por superficie. Sin ellos, la capacidad de producci&oacute;n queda comprometida. No obstante, hay un debate muy importante abierto al respecto, ya que hay formas de producci&oacute;n agroecol&oacute;gica que ofrecen rendimientos iguales o m&aacute;s elevados para ciertos productos. Sin embargo, hay otro tipo de productos alimentarios cuya producci&oacute;n no puede de ning&uacute;n modo generalizarse, como es el caso de la carne procedente de grandes explotaciones industriales y altamente dependiente de inputs importados (conocidas como macrogranjas). 
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n, no se trata tampoco s&oacute;lo de transformar un sistema agroalimentario basado en combustibles f&oacute;siles en otro basado en pr&aacute;cticas agroecol&oacute;gicas. Para cumplir con los objetivos de sostenibilidad ese desplazamiento exige, adem&aacute;s, un cambio en las dietas o patrones de consumo. S&eacute; que aqu&iacute; entramos en terreno minado, porque es el de la famosa pol&eacute;mica sobre el consumo de carne que tanto me persigui&oacute; &mdash;o que tanto persegu&iacute;, seg&uacute;n se mire&mdash; durante mi etapa pol&iacute;tica. Pero conviene plantearlo bien, porque casi siempre se plantea mal.
    </p><p class="article-text">
        Los costes de la dieta actual no se reparten al azar. Las enfermedades asociadas a malos h&aacute;bitos alimentarios, como el alto consumo de ultraprocesados, presentan un gradiente social inverso a la renta: cuanto menos dinero tienes, m&aacute;s las sufres. Quien peor lo pasa con el patr&oacute;n alimentario dominante es la clase trabajadora. De manera que la transici&oacute;n diet&eacute;tica consiste precisamente en la retirada de una carga que las familias m&aacute;s pobres vienen soportando de forma desproporcionada. Y debemos deshacer un malentendido sobre qu&eacute; dieta estamos hablando. La que prescriben los sanitarios y dibujan los modelos biof&iacute;sicos &mdash;con m&aacute;s peso de la legumbre, cereal, aceite de oliva, hortaliza de temporada y prote&iacute;na animal ocasional y de calidad&mdash; no es un invento de nutricionistas urbanos. Es, b&aacute;sicamente, lo que llamamos dieta mediterr&aacute;nea, y que exportamos como marca pa&iacute;s y celebramos como patrimonio de la humanidad, a pesar de que est&aacute; en franco retroceso. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que el sistema alimentario actual est&aacute; profundamente distorsionado, y transformarlo no es sencillo. Por ejemplo, como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, en Espa&ntilde;a se importa una gran cantidad de grano para pienso, con el que se alimentan animales cuya carne se exportar&aacute; luego: es el modelo t&iacute;pico de la ganader&iacute;a intensiva, sostenida sobre desequilibrios ecol&oacute;gicos muy serios. Es una din&aacute;mica muy arraigada y de la que viven muchos actores econ&oacute;micos, lo que dificulta la transformaci&oacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La mitad del grano llega de fuera y la mitad de la fruta y hortaliza se va" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-ih8MN" src="https://datawrapper.dwcdn.net/ih8MN/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="672" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, el <a href="https://alimentta.com/hacia-la-transformacion-del-sistema-alimentario-en-espana-situacion-actual-impactos-y-escenarios-futuros/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe del </a><a href="https://alimentta.com/hacia-la-transformacion-del-sistema-alimentario-en-espana-situacion-actual-impactos-y-escenarios-futuros/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>think tank </em></a><a href="https://alimentta.com/hacia-la-transformacion-del-sistema-alimentario-en-espana-situacion-actual-impactos-y-escenarios-futuros/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alimentta</a>, publicado a instancias de Greenpeace, sostiene que tal transformaci&oacute;n es perfectamente viable para Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n su modelizaci&oacute;n, Espa&ntilde;a puede llegar a tener un modelo agroalimentario perfectamente sostenible para 2050. En la actualidad, el sistema espa&ntilde;ol emite 107 megatoneladas de di&oacute;xido de carbono, contribuyendo a un cambio clim&aacute;tico que, como recuerda el propio informe, &laquo;producir&aacute; una reducci&oacute;n mayor de la producci&oacute;n nacional&raquo; en el futuro. Esto no es en absoluto desconocido para el sector: hace unos a&ntilde;os COAG present&oacute; su informe &ldquo;<a href="https://drive.google.com/file/d/1hqGrG3ZM-vYUdYTbqRM56j5o9cp8C1Ov/view" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Empieza la cuenta atr&aacute;s</a>&rdquo; en el que valoraba el impacto del cambio clim&aacute;tico en la agricultura espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n Alimentta, la modelizaci&oacute;n ecol&oacute;gica permite imaginar que en 2050 el sistema alimentario espa&ntilde;ol podr&iacute;a convertirse en sumidero neto, es decir, no emitir di&oacute;xido de carbono, sino absorber 17 megatoneladas anuales. Las condiciones para lograrlo son una enorme transformaci&oacute;n en el tipo de producci&oacute;n y consumo alimentario, acabando con modelos como la ganader&iacute;a intensiva y promoviendo la producci&oacute;n de alimentos t&iacute;picos de la dieta mediterr&aacute;nea. 
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver, todos estos elementos &mdash;supermercado p&uacute;blico, seguridad social alimentaria, cambio del modelo&mdash; est&aacute;n profundamente interrelacionados. Pi&eacute;nsese en que pasar&iacute;a si, siguiendo la pol&iacute;tica de reorientaci&oacute;n de la demanda inducida por la seguridad social alimentaria, de repente entraran miles de millones de euros de nueva demanda de productos ecol&oacute;gicos. En Espa&ntilde;a, actualmente s&oacute;lo el 12% de la superficie cultivada se corresponde con estas caracter&iacute;sticas, un porcentaje del todo insuficiente para abastecer a la poblaci&oacute;n. La consecuencia ser&iacute;a un proceso inflacionario tremendo en ese nicho de mercado, raz&oacute;n por la cual los programas de seguridad social alimentaria aconsejan el gradualismo a la hora de implantarse.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay otra opci&oacute;n: pol&iacute;tica industrial. En la medida en que el sector primario se est&aacute; convirtiendo, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, en un sector cr&iacute;tico y vulnerable, queda justificada la intervenci&oacute;n directa por parte del Estado para planificar su reorientaci&oacute;n. Algo similar a lo que est&aacute; sucediendo en el sector industrial en los <a href="http://doi.org/10.14452/MR-078-03-2026-07_7" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevos tiempos neomercantilistas</a>, y particularmente en la transici&oacute;n energ&eacute;tica, pero aplicado al sistema que nos da de comer. Esto conllevar&iacute;a la necesidad de programas espec&iacute;ficos que pueden incorporar la compra de tierras, ayudas y subsidios suficientes a la producci&oacute;n agroecol&oacute;gica, creaci&oacute;n y reforzamiento de nuevas infraestructuras p&uacute;blicas (entre ellas, los supermercados), etc. Todo ello destinado a que m&aacute;s temprano que tarde cualquier pa&iacute;s, por ejemplo, Espa&ntilde;a, disponga de un sistema agroalimentario ecol&oacute;gico con el que producir alimentos saludables.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        Volvamos entonces a la pregunta del principio: &iquest;supermercados p&uacute;blicos o seguridad social alimentaria? La respuesta es que la pregunta est&aacute; mal formulada. No porque ambas propuestas sean equivocadas, sino porque las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes. Una act&uacute;a sobre la distribuci&oacute;n; la otra, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por s&iacute; sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos cr&iacute;ticos del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, si de verdad queremos garantizar el derecho a la alimentaci&oacute;n durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas, necesitamos una pol&iacute;tica industrial capaz de transformar la producci&oacute;n agraria, una infraestructura p&uacute;blica que permita distribuir esa nueva producci&oacute;n, mecanismos que orienten la demanda hacia alimentos saludables y sostenibles y, finalmente, instrumentos que aseguren que todas las familias puedan acceder a ellos. Pensar cualquiera de estas piezas de forma aislada conduce inevitablemente a frustraciones.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n central de todo este an&aacute;lisis es c&oacute;mo construir un sistema alimentario capaz de alimentar a toda la poblaci&oacute;n dentro de los l&iacute;mites ecol&oacute;gicos del planeta. Por eso digo que no basta con abaratar la comida. De manera bastante m&aacute;s compleja, se trata de garantizar que siga existiendo, que pueda producirse de forma sostenible y que nadie quede excluido de ella. S&oacute;lo entonces podremos hablar, con propiedad, de un aut&eacute;ntico derecho a la alimentaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/no-basta-abaratar-comida-transformar-sistema-alimentario-nadie_129_13425014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Aug 2026 20:29:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No basta con abaratar la comida: cómo transformar el sistema alimentario sin dejar a nadie atrás]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Precios,Alimentos,Supermercados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla por explicar los incendios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/batalla-explicar-incendios_129_13415735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/655d71b4-b5ff-498a-a2ef-7d837fef9c75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por explicar los incendios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La izquierda no puede limitarse a denunciar el negacionismo, como si bastara con señalar la supuesta ignorancia de sus adversarios. De manera más ambiciosa, necesita construir un proyecto para el mundo rural capaz de integrar la gestión del territorio, la revitalización económica y la lucha contra el cambio climático</p></div><p class="article-text">
        Otro a&ntilde;o m&aacute;s, Espa&ntilde;a se quema en verano. Esta vez con especial gravedad: la superficie quemada multiplica por seis la registrada por estas fechas el a&ntilde;o pasado y, en el conjunto de la Uni&oacute;n Europea, el n&uacute;mero de incendios duplica ampliamente la media de a&ntilde;os anteriores. Por si fuera poco, el consenso cient&iacute;fico subraya que nos dirigimos hacia un escenario mucho peor para el futuro. Todo esto justificar&iacute;a un pacto de Estado en el que participen todos los partidos, pero es precisamente ante esa posibilidad que ha elevado su voz D&iacute;az Ayuso, al descalificar el marco completo asegurando que se&ntilde;alar la emergencia clim&aacute;tica como causa de los incendios es <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/ayuso-tacha-brocha-gorda-culpar-fuego-emergencia-climatica-aviva-bulo-falta-limpieza-montes_1_13409558.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una soluci&oacute;n de &ldquo;brocha gorda&rdquo;</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Esta posici&oacute;n de Ayuso, que ha sido reproducida posteriormente por el resto del PP, ha recibido una contundente respuesta por parte de la izquierda. El mensaje general ha sido el de acusarla de c&oacute;mplice del negacionismo clim&aacute;tico y de difusora de bulos, ya que tambi&eacute;n sugiri&oacute; que uno de los problemas era una inexistente dificultad legal para limpiar los montes. Sin embargo, cuando examinamos con m&aacute;s detalle el discurso de D&iacute;az Ayuso y de otros dirigentes del PP no encontramos un negacionismo clim&aacute;tico descarnado, sino algo mucho m&aacute;s sutil y efectivo. En este sentido, hay que comenzar aceptando que ella tiene raz&oacute;n al se&ntilde;alar que las causas de estos incendios van m&aacute;s all&aacute; del cambio clim&aacute;tico. De hecho, la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica decisiva es c&oacute;mo se ordenan las diferentes causas que conviven a la vez, es decir, qu&eacute; factor se presenta como principal y cu&aacute;les quedan relegados a un papel secundario. En pol&iacute;tica rara vez se discute &uacute;nicamente sobre los hechos; tambi&eacute;n se discute sobre cu&aacute;les de esos hechos deben considerarse decisivos. Es en esa jerarquizaci&oacute;n donde est&aacute;n las verdaderas diferencias entre el discurso de las derechas y de las izquierdas respecto a los incendios. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, hoy existe un consenso cient&iacute;fico muy s&oacute;lido sobre la influencia del cambio clim&aacute;tico en los grandes incendios forestales. El calentamiento no es el actor que enciende la cerilla, pero s&iacute; el que decide c&oacute;mo se comporta el fuego una vez prendido: un aire m&aacute;s c&aacute;lido extrae m&aacute;s humedad del suelo y de la vegetaci&oacute;n, de modo que el combustible forestal llega al verano m&aacute;s seco y lo est&aacute; durante m&aacute;s semanas al a&ntilde;o. De ah&iacute; que los grandes incendios recientes se comporten de un modo distinto y mucho m&aacute;s destructivo que los tradicionales: liberan tanta energ&iacute;a que desbordan cualquier capacidad de extinci&oacute;n. Esa es la frase tan impresionante que hemos escuchado a los bomberos estos d&iacute;as: &laquo;fuera de capacidad de extinci&oacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En septiembre de 2025, la organizaci&oacute;n World Weather Attribution estim&oacute; que las condiciones de calor, sequedad y viento que propagaron los incendios de aquel verano en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica son hoy unas cuarenta veces m&aacute;s frecuentes y un 30 % m&aacute;s intensas que en un clima sin calentamiento. La literatura cient&iacute;fica apunta de manera recurrente en la misma direcci&oacute;n. Ahora bien, ese clima act&uacute;a sobre un territorio concreto y hay otras razones que contribuyen a los incendios modernos. Los propios autores de este estudio subrayan que el abandono rural de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha provocado la acumulaci&oacute;n de combustible fino hasta niveles peligrosos, sin las discontinuidades que antes generaban el pastoreo y el mosaico agrario (que operaban como cortafuegos). Ese doble origen de los megaincendios &mdash;el cambio clim&aacute;tico y la transformaci&oacute;n del mundo rural&mdash; explica la estrategia pol&iacute;tica que est&aacute; desplegando la derecha espa&ntilde;ola, basada no tanto en negar los hechos (el cambio clim&aacute;tico, por ejemplo) como en disputar cu&aacute;l de esas causas debe considerarse determinante. 
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia de la derecha espa&ntilde;ola es clara, aunque se mueve en el alambre. Para empezar, la relaci&oacute;n de la derecha sociol&oacute;gica con el cambio clim&aacute;tico hace de este un tema muy inc&oacute;modo para sus l&iacute;deres pol&iacute;ticos. Por un lado, son conscientes de que la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles piensa que el cambio clim&aacute;tico es un fen&oacute;meno causado por la actividad econ&oacute;mica del ser humano. Seg&uacute;n los datos del CIS, poco m&aacute;s del 10% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola considera que el cambio clim&aacute;tico actual es un fen&oacute;meno natural o que directamente no existe. Pero, por otro lado, los ciudadanos m&aacute;s negacionistas se encuentran precisamente entre sus votantes: la cifra asciende hasta el 18,6% y el 27,4% de los votantes del PP y Vox respectivamente. Gestionar un electorado dividido obliga a caminar por una l&iacute;nea muy estrecha: negar frontalmente el cambio clim&aacute;tico supondr&iacute;a alejarse de la opini&oacute;n mayoritaria, pero asumir plenamente sus implicaciones podr&iacute;a provocar tensiones con una parte relevante de sus propias bases. La ambig&uuml;edad y la incoherencia de los discursos del PP sobre este punto expresan precisamente esa dificultad para jerarquizar las causas de un modo que resulte aceptable para todos los sectores de su espacio pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo se ve con claridad en sus medios afines. Antonio Naranjo, presentador de Telemadrid y columnista en El Debate, lleva d&iacute;as sosteniendo que la &ldquo;emergencia clim&aacute;tica&rdquo; es una excusa. Su tesis consiste en desplazar el foco desde el cambio clim&aacute;tico hacia la pol&iacute;tica forestal, el abandono del mundo rural, el conservacionismo o determinadas pol&iacute;ticas ambientales. Algunos de esos factores son reales y relevantes, pero aparecen presentados como explicaci&oacute;n suficiente del problema, relegando el papel determinante que la evidencia cient&iacute;fica atribuye al calentamiento global. El esquema recuerda al utilizado por el trumpismo, ya que no niega necesariamente los hechos (Naranjo afirma expl&iacute;citamente que el cambio clim&aacute;tico es real), sino que reorganiza su importancia para acomodarlos a un determinado proyecto pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        De nuevo, es importante insistir en que las derechas generalmente no niegan el cambio clim&aacute;tico, sino que construyen una narrativa donde este fen&oacute;meno es de menor importancia. Por supuesto minimizan sus efectos, pero no llegan tan lejos como para negar que las temperaturas medias est&eacute;n subiendo. As&iacute;, a la derecha le basta con presentar al cambio clim&aacute;tico como un factor secundario frente al abandono rural, la pol&iacute;tica forestal o el ecologismo. De ese modo puede construir un relato que interpela a sectores sociales pr&oacute;ximos a su electorado mientras desplaza la responsabilidad hacia los actores que identifica con la izquierda, resumidos bajo la etiqueta de lo &laquo;woke&raquo;. Si lo analizamos con atenci&oacute;n nos daremos cuenta de que el objetivo de la derecha no es refutar el consenso cient&iacute;fico, sino m&aacute;s bien en desplazar el centro de gravedad de la explicaci&oacute;n hacia causas que resultan mucho m&aacute;s compatibles con el imaginario pol&iacute;tico conservador.
    </p><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese que, en las &uacute;ltimas elecciones de Castilla y Le&oacute;n, el PP gan&oacute; en 16 de los 23 municipios en los que se originaron los graves incendios de verano de 2025. No ser&iacute;a correcto concluir que todos esos votantes simplemente rechazan la ciencia. Es mucho m&aacute;s sencillo, y mucho m&aacute;s probable, concluir que, para una gran parte de la poblaci&oacute;n, los incendios y el cambio clim&aacute;tico son sencillamente conceptos independientes. El discurso dominante all&iacute; es que el mundo urbano, y en particular la izquierda y los ecologistas, al que se percibe como muy influyente en las decisiones que afectan al campo, ha despreciado al mundo rural y a su forma de vivir; y que los incendios son otro agravio m&aacute;s, producto de los errores de las pol&iacute;ticas aplicadas <em>contra</em> el mundo rural.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una batalla pol&iacute;tica no contra el negacionismo clim&aacute;tico <em>per se</em> sino contra una cosmovisi&oacute;n que es falsa. La transformaci&oacute;n del mundo rural no ha sido producto de las mentes de los ecologistas, sino de un sistema econ&oacute;mico impulsado por la l&oacute;gica de la rentabilidad. All&iacute; donde hab&iacute;a ganader&iacute;a extensiva dirigida por familias, ahora hay macrogranjas propiedad de fondos de inversi&oacute;n y que contaminan los suelos, el agua, la atm&oacute;sfera y adem&aacute;s no prestan los servicios ecosist&eacute;micos que antes realizaba el ganado libre. All&iacute; donde exist&iacute;a un modelo en el que la producci&oacute;n y el consumo eran de cercan&iacute;a, ahora la globalizaci&oacute;n y los tratados de libre comercio impulsados por los combustibles f&oacute;siles han conducido a la multiplicaci&oacute;n del consumo de productos procedentes de sitios a miles de kil&oacute;metros de distancia y que distorsionan radicalmente el mundo rural y sus lazos comunitarios. Y es, parad&oacute;jicamente, una de las expresiones biof&iacute;sicas de ese sistema, la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero, la que crea las condiciones para los megaincendios que ahora arrasan nuestros bosques.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, esta disputa es central y requiere que la izquierda se tome mucho m&aacute;s en serio su presencia en el mundo rural. Eso exige no caricaturizar todos los discursos de la derecha como &ldquo;anticient&iacute;ficos&rdquo;, sino comprender por qu&eacute; esos resultan persuasivos para una parte del mundo rural, identificar qu&eacute; problemas reales consiguen canalizar y ofrecer respuestas m&aacute;s convincentes que las de la derecha. Debemos articular una propuesta que, a nivel de discurso, haga imposible que la derecha pueda esquivar la responsabilidad del cambio clim&aacute;tico en todo lo que est&aacute; sucediendo. Por supuesto, este es un asunto que va mucho m&aacute;s all&aacute; del fen&oacute;meno de los incendios, y que atraviesa todas las dimensiones sociales y econ&oacute;micas: despoblaci&oacute;n, turistificaci&oacute;n, modelos de desarrollo, desigualdad econ&oacute;mica, concentraci&oacute;n empresarial, desempleo, etc.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que los incendios del futuro depender&aacute;n cada vez m&aacute;s de la f&iacute;sica del clima, pero, tambi&eacute;n, que la respuesta colectiva seguir&aacute; dependiendo de la pol&iacute;tica. La batalla decisiva consistir&aacute; en decidir por qu&eacute; arde el territorio, y quien consiga imponer esa explicaci&oacute;n tambi&eacute;n condicionar&aacute; las soluciones que la sociedad considere leg&iacute;timas en el presente y en el futuro. Por eso la izquierda no puede limitarse a denunciar el negacionismo, como si bastara con se&ntilde;alar la supuesta ignorancia de sus adversarios. De manera m&aacute;s ambiciosa, necesita construir un proyecto para el mundo rural capaz de integrar la gesti&oacute;n del territorio, la revitalizaci&oacute;n econ&oacute;mica y la lucha contra el cambio clim&aacute;tico. Si no consigue disputar ese marco interpretativo, tambi&eacute;n dejar&aacute; en manos de la derecha la definici&oacute;n de las soluciones que la sociedad considere posibles frente a los incendios del siglo XXI. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/batalla-explicar-incendios_129_13415735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2026 19:52:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La batalla por explicar los incendios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios,PP - Partido Popular,Isabel Díaz Ayuso,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué se llega peor a fin de mes si el salario real mejora?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/llega-peor-mes-si-salario-real-mejora_129_13410188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3d9d1aa-7d74-4a2b-9d02-79d362694c75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué se llega peor a fin de mes si el salario real mejora?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La subida del precio de alquiler, alimentos y energía provoca que los hogares más pobres tengan que destinar más recursos a estas categorías. Esas subidas son iguales para los hogares más ricos, pero éstos tienen más margen para absorberlas</p><p class="subtitle">Salen las corbatas y entran los aguacates: así ha cambiado la cesta de la compra del INE para adaptarse a los nuevos tiempos</p></div><p class="article-text">
        Una queja recurrente es que el precio de la vida se ha encarecido en el tiempo, es decir, que con nuestro salario no podemos comprar las mismas cosas que antes. Si nuestra percepci&oacute;n es correcta, el salario real &mdash;que mide ese poder de compra&mdash; deber&iacute;a haber ca&iacute;do. Sin embargo, los datos oficiales se&ntilde;alan que el salario real est&aacute; pr&aacute;cticamente <a href="https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estancado desde hace dos d&eacute;cadas</a> y que incluso <a href="https://www.eldiario.es/economia/ganamos-perdemos-adquisitivo-datos-contar-historias-distintas_129_13320680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha subido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os</a>. En este an&aacute;lisis, vamos a explicar esta paradoja, y lo haremos profundizando en los componentes del gasto: veremos c&oacute;mo todo depende de nuestra cesta de consumo y que, efectivamente, para una gran parte de la poblaci&oacute;n la capacidad de compra se ha visto seriamente mermada. No es que los datos oficiales est&eacute;n equivocados, sino que describen a un hogar promedio que se parece poco a muchos hogares reales.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que tenemos que se&ntilde;alar es que es muy dif&iacute;cil, si no imposible, medir con precisi&oacute;n tal cosa como &ldquo;el precio de la vida&rdquo;. Lo que hacen las oficinas de estad&iacute;stica es calcular c&oacute;mo evoluciona el precio de una cesta de consumo promedio, es decir, del conjunto de productos y servicios que los ciudadanos de un pa&iacute;s consumen en un cierto per&iacute;odo de tiempo. Pero aqu&iacute; tenemos el primer gran escollo, un habitual de nuestros an&aacute;lisis: la media es un artefacto estad&iacute;stico &uacute;til que, sin embargo, esconde las desigualdades dentro del grupo. Por ejemplo, no todos los precios de los productos y servicios evolucionan igual en el tiempo ni tampoco todas las familias compran las mismas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Usando datos de referencia en 2008, a&ntilde;o en que comenz&oacute; la crisis econ&oacute;mica, podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico c&oacute;mo han variado desde entonces y hasta 2024 los precios de diferentes productos y servicios, as&iacute; como del salario nominal medio. Como sabemos que el IPC general ha subido un 33,5% en todo el per&iacute;odo, y que la remuneraci&oacute;n por asalariado ha crecido un 37,5%, podemos concluir que el salario real se ha elevado durante ese periodo. De nuevo, se trata de un promedio para asalariados, y la cosa es distinta para beneficiarios del SMI (sobre todo a partir de 2018) y para perceptores de otras rentas no salariales. Pero eso no afectar&aacute; la idea general que trabajamos aqu&iacute;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="No todos los precios evolucionan igual" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-O2PNQ" src="https://datawrapper.dwcdn.net/O2PNQ/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="473" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

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    </figure><p class="article-text">
        En el gr&aacute;fico comprobamos que hay productos cuyos precios han subido mucho m&aacute;s que el IPC general, como el alcohol y el tabaco (88,8%), el alquiler (54%), los alimentos (50,7%) o la energ&iacute;a (41,4%)&mdash;, otros que han subido menos &mdash;como la sanidad (16,2%) o el vestido (10,1%)&mdash; y otros cuyos precios incluso se han reducido &mdash;como el de productos electr&oacute;nicos (-26%)&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Estos datos se&ntilde;alan que, si nuestra cesta de consumo estuviera formada &uacute;nicamente por alimentos y el pago del alquiler, nuestra p&eacute;rdida de poder adquisitivo desde 2008 ser&iacute;a notable. Si, por el contrario, nuestra cesta de consumo estuviera formada exclusivamente por vestidos y productos electr&oacute;nicos, entonces nuestro salario real habr&iacute;a subido desde 2008. Lo importante es se&ntilde;alar que los precios de los diferentes productos y bienes evolucionan de manera distinta porque su producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n sigue pautas muy distintas. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, los productos textiles y electr&oacute;nicos son casi todos importados y se producen en pa&iacute;ses con salarios bajos y aprovechando econom&iacute;as de escala que favorecen que el precio de la unidad final sea muy bajo. En el caso de la electr&oacute;nica ocurre adem&aacute;s un fen&oacute;meno peculiar, ya que los institutos estad&iacute;sticos ajustan la mejora de calidad de los productos mediante los llamados precios hed&oacute;nicos: un ordenador actual cuesta parecido al de hace veinte a&ntilde;os, pero ofrece prestaciones enormemente superiores, por lo que estad&iacute;sticamente su precio efectivo se considera menor. Si solo tuvi&eacute;ramos presente el precio de estos productos, ser&iacute;a evidente que nos habr&iacute;amos enriquecido mucho desde 2008 (aunque hay que recordar que su producci&oacute;n depende de <a href="https://www.eldiario.es/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">minerales cr&iacute;ticos y recursos naturales que son objeto de crecientes disputas geopol&iacute;ticas</a>).
    </p><p class="article-text">
        La clave es entender que no existe una &uacute;nica l&oacute;gica detr&aacute;s de la inflaci&oacute;n. Cada mercado responde a mecanismos distintos: la globalizaci&oacute;n abarata la electr&oacute;nica, los impuestos encarecen el tabaco, la regulaci&oacute;n contiene parcialmente servicios p&uacute;blicos como la educaci&oacute;n o la sanidad y mercados como la vivienda o la energ&iacute;a responden adem&aacute;s a fuertes tensiones de oferta y demanda. La capacidad del gobierno para intervenir en los precios de esos productos es muy limitada y desigual.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que sabemos que no todos los precios evolucionan igual, el segundo problema que debemos abordar es que no todos los hogares consumen el mismo tipo de productos. Aunque los precios son iguales para todos los hogares, &eacute;stos no tienen los mismos presupuestos: para muchos hogares una vez pagas alimentos, vivienda y energ&iacute;a tampoco queda mucho margen para consumir algo m&aacute;s. Como se ve el siguiente gr&aacute;fico, los hogares m&aacute;s pobres tienden a dedicar mayor parte de su renta al consumo de bienes b&aacute;sicos tales como alimentos o energ&iacute;a, pero tambi&eacute;n al alquiler de la vivienda porque <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-atreven-bajar-precio-vivienda_129_13376005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los hogares m&aacute;s pobres son los que menos vivienda en propiedad tienen</a>. Por ejemplo, los hogares m&aacute;s pobres dedican m&aacute;s del 60% de su renta a esos tres conceptos, con una diferencia de hasta 16 puntos respecto a los hogares m&aacute;s ricos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="En qué se va el dinero segú la renta del hogar" aria-label="Gráfico de rangos" id="datawrapper-chart-k7qot" src="https://datawrapper.dwcdn.net/k7qot/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="351" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

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    </figure><p class="article-text">
        Por el contrario, los hogares m&aacute;s ricos dedican mayor proporci&oacute;n de su renta a gastos como transporte o restaurante y hoteles. Aqu&iacute; las diferencias se invierten su direcci&oacute;n, pero son tambi&eacute;n muy elevadas: hasta 10 puntos en transporte y 7 puntos en restaurantes y hoteles. En otras categor&iacute;as como sanidad, ense&ntilde;anza o vestido las proporciones son similares.
    </p><p class="article-text">
        Hay que se&ntilde;alar que adem&aacute;s existen otros problemas metodol&oacute;gicos que distorsionan la imagen que obtenemos a partir de datos oficiales. Por ejemplo, el IPC general incluye la evoluci&oacute;n del precio de la vivienda de alquiler, pero debido a las diferentes formas en que se recogen los datos ese indicador es muy distinto del que vemos en otras series que monitorizan el precio en el mercado abierto. Seg&uacute;n el INE, el precio de las viviendas en alquiler ha crecido un 18,7% desde 2008 hasta 2025, pero seg&uacute;n el portal idealista los precios de alquiler han crecido un 70% en ese mismo periodo. Es una diferencia muy grande que supone que, en los datos del INE, se minimice el problema de la vivienda. Un problema que, adem&aacute;s, es a&uacute;n mayor en determinadas zonas geogr&aacute;ficas y que la media estad&iacute;stica no recoge. 
    </p><p class="article-text">
        Conociendo el peso de cada componente de gasto seg&uacute;n grupo de hogar, podemos deducir cu&aacute;l es el impacto de la subida de los precios de ciertos productos sobre el poder de compra de los hogares. Por ejemplo, la subida del precio de alquiler, alimentos y energ&iacute;a provoca que los hogares m&aacute;s pobres tengan que destinar m&aacute;s recursos a estas categor&iacute;as. Esas subidas son iguales para los hogares m&aacute;s ricos, pero &eacute;stos tienen m&aacute;s margen para absorberlas. Por eso decimos que la inflaci&oacute;n no es sim&eacute;trica, sino que implica impactos muy desiguales seg&uacute;n hogares.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las diferencias puedan parecer peque&ntilde;as, de forma acumulada suponen trayectorias del poder de compra muy diferentes. Adem&aacute;s, los hogares m&aacute;s pobres adaptan mucho m&aacute;s sus patrones de consumo para evitar que el poder de compra se deteriore demasiado, lo que se consigue recurriendo a productos m&aacute;s baratos que, por lo general, tambi&eacute;n son de menor calidad. Es decir, los hogares m&aacute;s pobres tienden no s&oacute;lo a perder m&aacute;s poder de compra, sino tambi&eacute;n a perder calidad en su consumo.
    </p><p class="article-text">
        Como dijimos al principio, este an&aacute;lisis muestra que los datos oficiales no est&aacute;n equivocados. Lo que ocurre es que describen una econom&iacute;a promedio que cada vez se parece menos a la experiencia cotidiana de millones de personas, algo acentuado por el aumento de la desigualdad. Cuando las familias destinan una parte creciente de su presupuesto precisamente a los bienes que m&aacute;s se encarecen &mdash;la vivienda, la alimentaci&oacute;n y la energ&iacute;a&mdash;, el salario real medio deja de ser una buena medida de su bienestar. Lo que revelan estos datos es que la desigualdad tambi&eacute;n determina c&oacute;mo vivimos la inflaci&oacute;n y c&oacute;mo evoluciona realmente nuestro nivel de vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/llega-peor-mes-si-salario-real-mejora_129_13410188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 20:04:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué se llega peor a fin de mes si el salario real mejora?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueldos,Salarios,IPC - Índice de Precios de Consumo,Inflación,Precios,Vivienda,Alquiler]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La corrupción de nuestro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/corrupcion-tiempo_129_13399479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7039147-38f4-4b64-9cd1-ffc4cc984e30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1083y327.jpg" width="1200" height="675" alt="La corrupción de nuestro tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que comparten todos estos casos es una misma operación: tratar el poder público como una extensión del interés privado. Milei y Trump lo hacen reescribiendo las reglas para que la apropiación resulte legal; Ábalos y Cerdán, pero también parece que Zapatero, saltándoselas</p></div><p class="article-text">
        Ignoro si Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero acabar&aacute; siendo condenado por los delitos que se le atribuyen, entre ellos el de organizaci&oacute;n criminal, tr&aacute;fico de influencias y blanqueo de capitales. Pero, a medida que avanza la investigaci&oacute;n y algunos de sus antiguos socios buscan aliviar su propia situaci&oacute;n procesal, emulando <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aldama-convirtio-heroe-derecha_129_13329689.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la estrategia de Aldama</a>, resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil sostener que todo se reduce a una campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, los indicios han permitido que Zapatero aparezca ante el imaginario p&uacute;blico al mismo nivel que &Aacute;balos o Santos Cerd&aacute;n. Es decir, un ex secretario general del PSOE y antiguo presidente del gobierno se encuentra en el mismo tenebroso lugar que dos de los &uacute;ltimos secretarios de organizaci&oacute;n del PSOE, estos &uacute;ltimos acusados &mdash;y condenados parcialmente&mdash; de una riada de delitos. Habr&aacute; quien argumente que el modus operandi de los acusados, as&iacute; como las pr&aacute;cticas juzgadas en ambos casos, son t&eacute;cnica y legalmente muy diferentes. Sin embargo, si la gente las mete todas en el mismo saco es porque comparten alg&uacute;n rasgo elemental. Para entenderlo bien no podemos olvidar que la corrupci&oacute;n es tambi&eacute;n un fen&oacute;meno cultural, una determinada manera de relacionarse con el poder y con lo com&uacute;n; y que esa es una esfera diferente de la meramente legal.
    </p><p class="article-text">
        La idea de la corrupci&oacute;n como forma cultural aparece formulada con especial claridad en <em>Metamorfosis</em>, el magn&iacute;fico &uacute;ltimo libro de Yayo Herrero, donde la autora nos recuerda que la palabra corrupci&oacute;n proviene del lat&iacute;n cl&aacute;sico de donde nacen dos sentidos &mdash;la degradaci&oacute;n de algo y la compra deshonesta de voluntades&mdash; que le permiten concluir que hoy &laquo;estamos ante la alteraci&oacute;n y degradaci&oacute;n y tergiversaci&oacute;n del mundo que conoc&iacute;amos y ante nuestros ojos se produce un proceso de seducci&oacute;n y compra de voluntades global que desemboca en una impotencia e indiferencia ante el mal&raquo;. Ella tiene el foco puesto en algo mucho m&aacute;s amplio, ya que nos habla de la corrupci&oacute;n de la consistencia humana estimulada por un sistema econ&oacute;mico que no atiende a cosa distinta que no sea la maximizaci&oacute;n de la ganancia privada, pero esa imagen tambi&eacute;n est&aacute; constituida por una multitud de peque&ntilde;os casos locales e, incluso, mundanos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda vivimos tiempos de corrupci&oacute;n. Donald Trump representa hoy la materializaci&oacute;n de muchos de los temores de Thomas Jefferson. El redactor de la Declaraci&oacute;n de Independencia advirti&oacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n durante el siglo XVIII que el sistema pol&iacute;tico estadounidense pod&iacute;a degenerar en <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/estados-unidos-republica-vocacion-oligarquica_129_11984463.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una oligarqu&iacute;a donde los intereses privados terminaran imponi&eacute;ndose sobre el bien com&uacute;n</a>. Trump ha llevado esa confusi&oacute;n entre intereses p&uacute;blicos e intereses privados hasta un extremo dif&iacute;cil de imaginar hace apenas unas d&eacute;cadas. No es simplemente un empresario gobernando con mentalidad empresarial sino una persona que entiende el ejercicio del poder como una prolongaci&oacute;n natural de sus negocios. Quienes lo rodean han aprendido r&aacute;pidamente la lecci&oacute;n. Y por eso se multiplican los casos de enriquecimiento debidos a informaci&oacute;n privilegiada, como ocurri&oacute; durante las primeras semanas de la guerra contra Ir&aacute;n o como acaba de conocerse tras descubrirse que uno de los redactores de sus discursos se embols&oacute; 100.000 d&oacute;lares apostando sobre las palabras que el presidente iba a pronunciar; y que &eacute;l conoc&iacute;a mejor que nadie. Por no hablar de proyectos pol&iacute;tico-empresariales como el <em>Gaza Resort</em>, que condensa todo lo que est&aacute; mal en esta forma de ver las cosas.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, Trump no est&aacute; solo. Javier Milei, en Argentina, tambi&eacute;n ha convertido en discurso p&uacute;blico lo que antes era una caricatura en los c&iacute;rculos de filosof&iacute;a pol&iacute;tica y teor&iacute;a econ&oacute;mica; su insistencia dogm&aacute;tica en las interpretaciones extremas del liberalismo lo lleva a sostener que la defensa del inter&eacute;s privado basta, por s&iacute; sola, para producir el mayor bienestar general. En ese camino desaparecen todos los matices presentes en Adam Smith, quien populariz&oacute; la met&aacute;fora de la mano invisible, pero nunca dej&oacute; de reconocer numerosas situaciones en las que el mercado necesitaba l&iacute;mites, regulaci&oacute;n o intervenci&oacute;n p&uacute;blica. Normalizada esta interpretaci&oacute;n, ya pocos se preguntan por las formas en las que los millonarios amasaron sus fortunas; al contrario, estos se han convertido en los nuevos semi-dioses que todo el mundo desea imitar. La frontera entre lo privado y lo p&uacute;blico se ha difuminado, quedando s&oacute;lo una despiadada legitimaci&oacute;n de la invasi&oacute;n de lo p&uacute;blico a manos del poder privado, esto es, de la corrupci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En esto no est&aacute; claro si fue antes el huevo o la gallina, pero que las democracias est&eacute;n languideciendo en todas partes est&aacute; sucediendo al mismo tiempo que la legitimaci&oacute;n de estos discursos. El &eacute;xito cultural del fen&oacute;meno &ldquo;crypto-bro&rdquo; revela hasta qu&eacute; punto la especulaci&oacute;n ha sustituido al trabajo como ideal de ascenso social para una parte de la juventud. Lo mismo ocurre con quienes conciben la vivienda o las finanzas exclusivamente como instrumentos para enriquecerse a costa del esfuerzo ajeno. La l&oacute;gica dominante es la del &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo;: acumular hoy todos los recursos posibles porque nadie conf&iacute;a ya en que exista un futuro compartido. Y lo que rige entre individuos rige tambi&eacute;n entre Estados: la misma l&oacute;gica de acaparamiento explica la carrera de las grandes potencias por asegurarse la energ&iacute;a, los minerales y las cadenas de suministro que garanticen su supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo verdaderamente grave, sin embargo, no es que Trump o Milei se comporten del modo arriba descrito. Al fin y al cabo, de ellos ya no se espera otra cosa. Lo realmente grave para nosotros es que esa misma l&oacute;gica haya terminado contaminando a quienes deb&iacute;an ser su ant&iacute;tesis. Porque es en ese contexto de auge reaccionario y de trumpismo internacional en el que el n&uacute;mero dos del PSOE decidi&oacute; organizar una trama de corrupci&oacute;n aprovechando su privilegiada posici&oacute;n en el partido y en el ministerio. No le import&oacute; que fuera durante la pandemia y desde dentro del primer gobierno de coalici&oacute;n desde la recuperaci&oacute;n de la democracia; ni que millones de personas hubieran depositado sus esperanzas en este proyecto. La investigaci&oacute;n describe una trama de mordidas, contrataci&oacute;n irregular, favores personales, prostituci&oacute;n, gastos sufragados con dinero ajeno y un entramado de beneficios privados incompatible con el ejercicio de responsabilidades p&uacute;blicas. &iquest;Qu&eacute; queremos que piense la clase trabajadora si, en un mundo donde ya casi nadie cree en la pol&iacute;tica, quienes orquestan estas tramas son l&iacute;deres que se dicen de izquierdas?
    </p><p class="article-text">
        Poco importa que, desde el punto de vista jur&iacute;dico, las causas de &Aacute;balos y Cerd&aacute;n no sean equiparables a la de Zapatero. El da&ntilde;o pol&iacute;tico pertenece a otro plano. Cualitativamente, todas estas causas son primas hermanas, porque transmiten la misma idea: que el acceso al poder puede convertirse en una v&iacute;a de enriquecimiento personal a costa de lo que es de todos. Y as&iacute; es como es visto por la inmensa mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles, quienes han sufrido un enorme mazazo con estos casos. Para el votante conservador, esta es la demostraci&oacute;n de que &ldquo;todos son iguales&rdquo; (de corruptos, de ser gente que aprovecha la m&iacute;nima oportunidad para llevarse al bolsillo propio lo que es de todos); para el votante progresista, esta es la claudicaci&oacute;n moral ante la ofensiva reaccionaria: &iquest;qu&eacute; sostendr&aacute; de ahora en adelante la confianza en nuestros l&iacute;deres, aquellos votados para preservar y ampliar las conquistas sociales?
    </p><p class="article-text">
        Se puede objetar que buena parte de lo que hacen Trump o Milei es perfectamente legal, mientras que a &Aacute;balos, a Cerd&aacute;n y a Zapatero se les acusa de delitos. Pero la corrupci&oacute;n, entendida como forma cultural, no se mide solo por la frontera de la ley. Lo que comparten todos estos casos es una misma operaci&oacute;n: tratar el poder p&uacute;blico como una extensi&oacute;n del inter&eacute;s privado. Milei y Trump lo hacen reescribiendo las reglas para que la apropiaci&oacute;n resulte legal; &Aacute;balos y Cerd&aacute;n, pero tambi&eacute;n parece que Zapatero, salt&aacute;ndoselas. Sin embargo, la l&oacute;gica es id&eacute;ntica, y es esa l&oacute;gica &mdash;no su encaje penal&mdash; la que corroe la idea de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la corrupci&oacute;n resulta hoy especialmente grave. No solo consiste en desviar dinero p&uacute;blico o infringir la ley; expresa una transformaci&oacute;n mucho m&aacute;s profunda, a saber, la desaparici&oacute;n de la frontera entre lo que pertenece a todos y lo que puede ponerse al servicio del inter&eacute;s particular. Al desvanecerse tal distinci&oacute;n, la corrupci&oacute;n pasa a convertirse en una forma de entender la pol&iacute;tica. Trump y Milei representan esa transformaci&oacute;n cultural, y ellos no reivindican abiertamente la corrupci&oacute;n, pero s&iacute; una concepci&oacute;n del poder en la que el inter&eacute;s privado deja de encontrar l&iacute;mites. La izquierda, por el contrario, solo puede defender lo p&uacute;blico si preserva una autoridad moral coherente con ese objetivo. Cuando algunos de sus dirigentes se enriquecen aprovechando las instituciones, tambi&eacute;n est&aacute;n debilitando la legitimidad del propio proyecto pol&iacute;tico. Democracia y Estado social nacieron precisamente para someter el poder econ&oacute;mico al inter&eacute;s general. Si esa frontera desaparece, tampoco deber&iacute;a sorprendernos que acaben debilit&aacute;ndose las libertades y los derechos que depend&iacute;an de ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/corrupcion-tiempo_129_13399479.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2026 19:26:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La corrupción de nuestro tiempo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivimos más, pero ¿podemos trabajar más?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/vivimos-trabajar_129_13394062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecb9fa93-ac07-4210-ac9d-49549d012660_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x499y144.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivimos más, pero ¿podemos trabajar más?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La idea de de retrasar la jubilación descansa sobre una premisa que rara vez se cuestiona: que los años adicionales de vida son también años adicionales de buena salud. Y una parte muy considerable de la longevidad ganada no se disfruta en plenitud, sino con enfermedades y limitaciones</p><p class="subtitle">¿Es muy generoso nuestro sistema de pensiones?</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de Eurostat difundidos hace unos d&iacute;as, la carrera laboral de los espa&ntilde;oles sigue alarg&aacute;ndose. Un trabajador promedio que comience ahora a trabajar seguir&aacute; haci&eacute;ndolo durante 36,8 a&ntilde;os, una cifra casi dos a&ntilde;os superior a la de quien comenz&oacute; hace una d&eacute;cada. Hay varias razones que lo explican, pero una de las m&aacute;s relevantes es la reforma de las pensiones de 2011 que elev&oacute; la edad de jubilaci&oacute;n a los 67 a&ntilde;os. Aquella reforma, que se aplica gradualmente hasta 2027, obliga a los espa&ntilde;oles a trabajar durante m&aacute;s tiempo de su vida para, seg&uacute;n se argument&oacute; cuando se aprob&oacute;, mejorar la sostenibilidad de las pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Hace menos de un mes, <a href="https://www.eldiario.es/economia/alemania-pretende-aumentar-edad-jubilacion-70-anos-establecer-pension-privada-obligatoria_1_13327007.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el gobierno conservador de Alemania propuso que sus ciudadanos se jubilen a los 70 a&ntilde;os</a>, una cifra que te&oacute;ricamente est&aacute; vinculada al incremento de la esperanza de vida. La idea es que, ya que vivimos durante m&aacute;s tiempo gracias a los avances m&eacute;dicos y sociales, tambi&eacute;n &ldquo;debemos&rdquo; trabajar durante m&aacute;s tiempo; y, de paso, as&iacute; evitamos gastar tanto en pensiones. Ese argumento es tambi&eacute;n el que se us&oacute; para la reforma espa&ntilde;ola, y est&aacute; presente siempre en los debates sobre &ldquo;generosidad de las pensiones&rdquo;. De hecho, tambi&eacute;n lo us&oacute; el think-tank C&iacute;rculo de Empresarios cuando en 2023 propuso elevar la edad de jubilaci&oacute;n hasta los 72 a&ntilde;os y, aunque sin cuantificar, es habitual leerlo en los informes del Banco de Espa&ntilde;a, CEOE o de instituciones privadas como FEDEA.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo este razonamiento, que sirve para justificar un ahorro econ&oacute;mico del sistema, descansa sobre una premisa que rara vez se cuestiona, a saber, que los a&ntilde;os adicionales de vida son tambi&eacute;n a&ntilde;os adicionales de buena salud. Y esa premisa es, como veremos en este an&aacute;lisis, discutible.
    </p><p class="article-text">
        Hay que partir de que si se repite tanto es porque es un argumento que contiene elementos de verdad. Como se puede ver en el gr&aacute;fico siguiente, la esperanza de vida al nacer en Espa&ntilde;a se ha multiplicado a lo largo del &uacute;ltimo siglo y medio, pasando de los 30 a&ntilde;os a finales del siglo XIX hasta superar los 80 a&ntilde;os en la actualidad. Su crecimiento sigue produci&eacute;ndose de manera estable, si bien salpicado por fen&oacute;menos como la pandemia del COVID. Pero no cabe duda de que vivimos durante m&aacute;s tiempo, y que ello es consecuencia de m&uacute;ltiples factores propios del desarrollo econ&oacute;mico y social: atenci&oacute;n m&eacute;dica, reducci&oacute;n de los riesgos laborales, patrones nutricionales, tecnolog&iacute;a en general, etc. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La esperanza de vida al nacer es más del doble que hace   un siglo" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-XqFd9" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XqFd9/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="550" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        En todo caso, que en el siglo XIX el indicador de esperanza de vida al nacer registrara una cifra como 30 a&ntilde;os no significa que la gente muriera generalmente en torno a esa edad. Lo que ocurre es que las altas tasas de mortalidad registradas en la &eacute;poca tiraban hacia abajo el indicador de esperanza de vida al nacer; del mismo modo que la reducci&oacute;n de esas mismas tasas de mortalidad ha elevado autom&aacute;ticamente la esperanza de vida desde entonces. Por eso cuando hablamos de pensiones tenemos que centrarnos m&aacute;s adecuadamente en un indicador distinto: la esperanza de vida a los 65 a&ntilde;os, es decir, los a&ntilde;os promedio que restan a alguien que tiene 65 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, la esperanza de vida a los 65 a&ntilde;os ha crecido tambi&eacute;n durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Actualmente, un ciudadano de 65 a&ntilde;os tiende a vivir en promedio casi 22 a&ntilde;os m&aacute;s, siendo esa cifra superior para las mujeres que para los hombres. Como se trata de a&ntilde;os que los jubilados est&aacute;n cobrando una pensi&oacute;n, este alargamiento de la vida supone una presi&oacute;n adicional para el sistema de pensiones; la l&oacute;gica se entiende bien si suponemos que todos los trabajadores se mueren a los 65 a&ntilde;os, pues en ese caso no habr&iacute;a ning&uacute;n gasto en pensiones de jubilaci&oacute;n y el sistema ser&iacute;a plenamente sostenible (incluso innecesario).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="La esperanza de vida a los 65 años, en máximos" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-dxy75" src="https://datawrapper.dwcdn.net/dxy75/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="523" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Estos son los datos en los que se apoyan los argumentos para elevar la edad legal de jubilaci&oacute;n, atendiendo al criterio econ&oacute;mico antes expresado, es decir, buscando la finalidad del ahorro en pensiones. Ahora bien, toca hacerse la pregunta clave: &iquest;qu&eacute; caracter&iacute;sticas tienen esos a&ntilde;os ganados &mdash;en promedio&mdash; de vida?
    </p><p class="article-text">
        Resulta que vivir m&aacute;s a&ntilde;os no implica necesariamente vivir mejor en t&eacute;rminos de salud. La extensi&oacute;n de una vida biol&oacute;gica no conlleva de manera autom&aacute;tica que las enfermedades y las discapacidades no nos sigan abordando como siempre. La segunda ley de la termodin&aacute;mica es un hueso duro de roer, y nuestros cuerpos necesariamente envejecen y se desgastan, y finalmente fallan sin que podamos evitarlo. En suma, no es lo mismo vivir 20 a&ntilde;os m&aacute;s en aproximadamente las mismas condiciones f&iacute;sicas que ten&iacute;amos con sesenta a&ntilde;os, que hacerlo en condiciones de alta morbilidad, es decir, con enfermedades que lastran nuestra capacidad de disfrute pleno de la vida. Los a&ntilde;os de esperanza de vida saludable ser&aacute;n, por definici&oacute;n, inferiores a los a&ntilde;os de esperanza de vida biol&oacute;gica; en el siguiente gr&aacute;fico vemos la comparaci&oacute;n usando datos de Eurostat.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="A los 65, la mitad de lo que resta se vive con limitaciones" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-AMiAp" src="https://datawrapper.dwcdn.net/AMiAp/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="540" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os de esperanza de vida saludable han crecido menos y de forma mucho m&aacute;s err&aacute;tica que la esperanza de vida biol&oacute;gica. El dato del &uacute;ltimo a&ntilde;o hay que tomarlo con cautela y observar la tendencia general, ya que es un indicador procedente de encuestas &mdash;con rupturas metodol&oacute;gicas incluidas&mdash; que oscila a&ntilde;o a a&ntilde;o entre los nueve y los doce y medio, sin una tendencia clara y sostenida al alza, mientras la esperanza de vida a los 65 ha subido de forma sostenida. En todo caso, queda claro que una parte muy considerable de la longevidad ganada tras la jubilaci&oacute;n no se disfruta en plenitud, sino con enfermedades y limitaciones.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, si acudimos a otra fuente como la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, que utiliza otra metodolog&iacute;a &mdash;adem&aacute;s, calculada a partir de 60 a&ntilde;os&mdash;, esta conclusi&oacute;n se refuerza. Seg&uacute;n estos datos, durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os la esperanza de vida biol&oacute;gica ha crecido m&aacute;s que la esperanza de vida saludable: alargamos la vida, pero no tanto la que se disfruta en mejores condiciones. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="A los 60, los años con salud crecen más despacio" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-D2DuT" src="https://datawrapper.dwcdn.net/D2DuT/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="541" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        En general, podemos concluir que el avance tecnol&oacute;gico y social de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no ha permitido retrasar el desgaste al mismo ritmo al que alarga la vida. Volviendo a los datos de Eurostat, de los aproximadamente 22 a&ntilde;os que de media restan a los 65, alrededor de la mitad se viven con alguna limitaci&oacute;n f&iacute;sica relevante: seg&uacute;n el a&ntilde;o de la encuesta, la esperanza de vida saludable a esa edad se mueve entre los nueve y los doce a&ntilde;os. En el mejor de los casos, poco m&aacute;s de la mitad de la jubilaci&oacute;n transcurre en buena salud; en muchos a&ntilde;os, menos de la mitad. Y se trata de un promedio, ya que la situaci&oacute;n es sensiblemente peor para aquellos trabajadores que hayan desempe&ntilde;ado durante su vida laboral tareas f&iacute;sicamente intensivas, puesto que all&iacute; los a&ntilde;os que restan en condiciones de salud son muy inferiores.
    </p><p class="article-text">
        La reforma de las pensiones de 2011 agrav&oacute; este problema, porque al aumentar la edad de jubilaci&oacute;n hasta los 67 a&ntilde;os extrajo dos a&ntilde;os de buena salud. Como dictan las leyes de la biolog&iacute;a, los a&ntilde;os m&aacute;s tard&iacute;os son aquellos en los que el cuerpo expresa m&aacute;s envejecimiento y enfermedades, de manera que mantener al trabajador en activo durante algunos a&ntilde;os m&aacute;s significa recortarle a&ntilde;os de jubilaci&oacute;n sana. Es decir, dejando una proporci&oacute;n mayor de a&ntilde;os de jubilaci&oacute;n con enfermedades y dificultades. Una l&oacute;gica que es peor seg&uacute;n se aumente m&aacute;s a&ntilde;os la edad legal de jubilaci&oacute;n: mala para los espa&ntilde;oles (67 a&ntilde;os), peor para los alemanes de un futuro inmediato (70 a&ntilde;os) y mucho peor para los trabajadores de la distop&iacute;a empresarial del C&iacute;rculo de Empresarios (72 a&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        Lo que este an&aacute;lisis realza es que no estamos ante un mero problema contable sobre el que haya que incidir para ahorrar m&aacute;s cantidad de euros. Esos son los &aacute;rboles que nos impiden ver el bosque. Se trata de algo mucho m&aacute;s profundo que tiene que ver con la manera en la que destinamos los recursos de una comunidad para el cuidado de nuestros mayores, que son quienes han levantado la econom&iacute;a presente. Es un problema abordado por todas las civilizaciones y tipos de sociedades humanas. Parad&oacute;jicamente, la soluci&oacute;n economicista que se plantea en la actualidad se encuentra probablemente entre las m&aacute;s crueles: tender a mantener a nuestros mayores trabajando cuanto m&aacute;s tiempo sea posible a fin de que generen el menor gasto posible y aunque sepamos que su &ldquo;descanso&rdquo; no va a ser tal.
    </p><p class="article-text">
        Esto obliga a preguntarnos cu&aacute;l debe ser realmente el objetivo de un sistema de pensiones. Si &uacute;nicamente buscamos minimizar el gasto, retrasar la jubilaci&oacute;n parece l&oacute;gico. Pero si pretendemos garantizar una etapa de descanso digno tras d&eacute;cadas de trabajo, el criterio cambia por completo.
    </p><p class="article-text">
        Los hebreos llamaron &ldquo;jubileo&rdquo; a un episodio que ten&iacute;a lugar cada cincuenta a&ntilde;os y en el que, como en los a&ntilde;os sab&aacute;ticos, se dejaba descansar la tierra, que era la fuente de riqueza principal y que necesitaba recuperar nutrientes para mantener la fertilidad; tambi&eacute;n se liberaban esclavos e incluso se perdonaban deudas, como nos record&oacute; David Graeber en su libro &ldquo;Debt&rdquo;. Los cristianos resignificaron aquel evento en t&eacute;rminos de festividad, y el descanso pas&oacute; a ser gozoso. Posteriormente, la jubilaci&oacute;n pas&oacute; a referirse al retiro del trabajo de ciertos sectores, tales como funcionarios o profesores; se trataba del justo y gozoso descanso de ese factor productivo que, como la tierra antes que &eacute;l, hab&iacute;a proporcionado la riqueza. Las conquistas del movimiento obrero hicieron extensivo y generalizable el sistema a todo el conjunto de la clase trabajadora, tambi&eacute;n para aquellos obreros industriales que mor&iacute;an trabajando y enfermos. Nuestro presente es heredero de ese sistema.
    </p><p class="article-text">
        Pero, a medida que avanza el desmontaje del Estado social, impulsado por una l&oacute;gica cada vez m&aacute;s productivista y mercantil, la jubilaci&oacute;n &mdash;como tantas otras conquistas sociales&mdash; se aleja de aquel ideal de descanso merecido. Cada vez m&aacute;s somos tratados como recursos humanos destinados a maximizar la rentabilidad econ&oacute;mica, y cada vez menos como personas cuya vida es necesariamente finita. Por eso el verdadero debate consiste en responder a una pregunta que va m&aacute;s all&aacute; de las cuentas nacionales: &iquest;para qu&eacute; organizamos la econom&iacute;a y a qui&eacute;n debe servir? La respuesta, tambi&eacute;n aqu&iacute;, no es t&eacute;cnica. Es pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/vivimos-trabajar_129_13394062.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivimos más, pero ¿podemos trabajar más?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Rajoy y la nación del color de piel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rajoy-nacion-color-piel_129_13383271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2be0a19e-264f-4f6d-9719-0be50d83b643_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x712y647.jpg" width="1200" height="675" alt="Rajoy y la nación del color de piel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Precisamente porque no parece un discurso cuidadosamente elaborado, sino una ocurrencia espontánea, resulta más revelador. No estamos ante un razonamiento construido para convencer, sino ante un prejuicio que aflora sin filtros. Es racismo en estado bruto</p></div><p class="article-text">
        Mariano Rajoy ha sugerido que los franceses negros que juegan en la selecci&oacute;n no son franceses de verdad. Lo verdaderamente preocupante es que ha verbalizado una idea que circula cada vez con m&aacute;s naturalidad en determinados sectores pol&iacute;ticos y sociales, lo que merece una consideraci&oacute;n particular. El expresidente espa&ntilde;ol pasa por ser una persona del ala moderada del PP &mdash;de ese PP de Galicia que incluso asume la diversidad de un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a&mdash;, pero esta vez ha sido el portavoz de una concepci&oacute;n profundamente reaccionaria de la naci&oacute;n. El portavoz del partido, Borja S&eacute;mper, con id&eacute;ntica fama de moderado pero que no deja de justificar las barbaridades de sus compa&ntilde;eros m&aacute;s radicales, ha disculpado a Rajoy diciendo que sus comentarios fueron una muestra de sarcasmo y que no ten&iacute;an mala intenci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No lo han entendido as&iacute; los l&iacute;deres pol&iacute;ticos franceses, ni siquiera los de extrema derecha. C&oacute;mo ser&aacute; la derecha espa&ntilde;ola para que el partido fundado por Le Pen haya salido a denunciar las palabras de Rajoy como racistas. Y es que, a pesar de los intentos de S&eacute;mper y otros l&iacute;deres del PP, las palabras de Rajoy son meridianas: lo que muestran es una concepci&oacute;n etnicista de qui&eacute;n es miembro de un pa&iacute;s o de una naci&oacute;n. Con ese criterio, Rajoy podr&iacute;a reconocer qui&eacute;n es ciudadano de un pa&iacute;s solo mir&aacute;ndole a los ojos, o m&aacute;s concretamente a la piel. 
    </p><p class="article-text">
        Para no ser injustos, tenemos que contextualizar el mensaje de nuestro expresidente. Lo cierto es que sus columnas sobre f&uacute;tbol no se caracterizan por su profundidad, y en ellas nos ha dejado reflexiones como aquella de &laquo;Espa&ntilde;a fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibi&oacute; ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0&raquo;. Sus columnas son sobre f&uacute;tbol, no sobre pol&iacute;tica; y uno encuentra en ellas el sabor t&iacute;pico de las frases soltadas a vuelapluma. Precisamente porque no parece un discurso cuidadosamente elaborado, sino una ocurrencia espont&aacute;nea, resulta m&aacute;s revelador. No estamos ante un razonamiento construido para convencer, sino ante un prejuicio que aflora sin filtros. Es racismo en estado bruto; es su pensamiento latente, fuera de los cuidados y la atenci&oacute;n a los que sometemos nuestro pensamiento al hacerlo p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, lo que Mariano Rajoy est&aacute; sugiriendo es que una persona negra dif&iacute;cilmente puede ser plenamente francesa. Que existe una identidad nacional aut&eacute;ntica asociada a un determinado origen &eacute;tnico y que quienes no encajan en ese molde pertenecen, en cierto modo, a otra comunidad. Es un mensaje que, en el mundo futbol&iacute;stico, lleva extendi&eacute;ndose muchos a&ntilde;os: la idea de que las selecciones europeas han perdido su identidad porque han dejado de ser blancas. Aunque claro, como explic&oacute; Stuart Hall, las categor&iacute;as raciales no son naturales sino hist&oacute;ricas: lo que en un pa&iacute;s se considera &ldquo;blanco&rdquo; deja de serlo en otro. Alguien deber&iacute;a explicarle a Abascal que dif&iacute;cilmente un redneck estadounidense seguidor de Trump lo considerar&iacute;a blanco a &eacute;l. Pero dejando al margen esas contradicciones dentro del pensamiento racista occidental, lo que encontramos aqu&iacute; es una forma de pensar que reduce la identidad de un pa&iacute;s a su composici&oacute;n &eacute;tnica. Y esto, desgraciadamente, tiene cada vez mayor predicamento.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n durante el Mundial se ha hecho famosa una entrevista en la que un reportero espa&ntilde;ol se aproxima a un aficionado con la camiseta del Betis y le pregunta en ingl&eacute;s si habla espa&ntilde;ol; al o&iacute;rle responder con un acento totalmente sevillano, se lo hace ver como si hubiera descubierto una rareza. El aficionado, lleno de amabilidad, le explica que uno de sus progenitores naci&oacute; en Espa&ntilde;a y el otro en Senegal, pero que &eacute;l lleva en Sevilla toda la vida. El punto es bastante sencillo: hay espa&ntilde;oles negros, aunque para algunos sean todav&iacute;a un misterio por resolver.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n una paradoja: los racistas occidentales tienden a glorificar el pasado imperial de sus naciones, que en gran medida es el responsable de las primeras grandes mezclas &mdash;forzadas&mdash; entre diferentes etnias. La presencia de jugadores profesionales con ascendientes de muy diferentes nacionalidades no es solo un resultado de la globalizaci&oacute;n, y en particular de los flujos humanos que van de la pobreza hacia la riqueza, sino tambi&eacute;n del viejo imperialismo. De manera paradigm&aacute;tica, el racista t&iacute;pico de Estados Unidos deber&iacute;a saber que las personas negras actuales son, en su mayor&iacute;a, descendientes de los esclavos que nunca quisieron salir de su territorio sino que fueron capturados, maltratados y vendidos por traficantes portugueses, ingleses y espa&ntilde;oles, para disfrute de los emprendedores de plantaciones esclavistas &mdash;incluyendo a Thomas Jefferson y otros dirigentes revolucionarios&mdash;. Como no puede ser de otra forma, la composici&oacute;n &eacute;tnica de una naci&oacute;n occidental es tambi&eacute;n el producto de la huella del imperialismo. Lo mismo ocurre en Inglaterra, en Francia o incluso en Espa&ntilde;a. Y a ello cabe sumar, claro est&aacute;, las din&aacute;micas de movilidad internacional m&aacute;s recientes.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es un caso aparte de esta l&oacute;gica. De acuerdo con los datos del historiador Juan Antonio Piqueras, todav&iacute;a en el siglo XVIII un 15% de la poblaci&oacute;n de C&aacute;diz era esclava: el 80% eran negros, el 11% berberiscos y el 5% mulatos. En los hospicios, uno de cada tres ni&ntilde;os era descrito como moreno. Es conocida la historia de Juan Latino, negro de piel y antiguo esclavo en la casa de los Fern&aacute;ndez de C&oacute;rdoba, la familia del Gran Capit&aacute;n. Estudi&oacute; en la universidad, fue manumitido y se convirti&oacute; en un extraordinario poeta. Se cas&oacute; con una mujer blanqu&iacute;sima, tuvieron hijos mulatos y, a su muerte, fue enterrado en una iglesia. Los registros de la Iglesia est&aacute;n llenos de pruebas de este mestizaje de todas las clases sociales. La historia de Espa&ntilde;a es, tambi&eacute;n, una m&aacute;s de ese mestizaje; causado por diversas circunstancias, pero mestizaje al fin y al cabo.
    </p><p class="article-text">
        El problema de las palabras de Rajoy no es solo que sean racistas. A todos nos han ense&ntilde;ado a detestar el racismo, aunque les moleste a algunos. El problema es que presentan como sentido com&uacute;n una idea profundamente peligrosa, a saber, que la naci&oacute;n no la forman los ciudadanos, sino la sangre, el origen o el color de la piel. No olvidemos que esa es precisamente la vieja idea contra la que las democracias liberales y constitucionales llevan d&eacute;cadas intentando construir una ciudadan&iacute;a basada en la igualdad de derechos. As&iacute; que cuando esa concepci&oacute;n vuelve a expresarse con naturalidad desde quienes han ocupado las m&aacute;s altas responsabilidades del Estado, es inteligente escucharla con atenci&oacute;n. Sobre todo porque, aunque sea sin refinar, delata un clima cultural que empieza a dejar de avergonzarse de s&iacute; mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rajoy-nacion-color-piel_129_13383271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 19:29:57 +0000]]></pubDate>
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