<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_garzon_espinosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510304/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Ganamos o perdemos poder adquisitivo? Cómo los mismos datos pueden contar dos historias distintas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ganamos-perdemos-adquisitivo-datos-contar-historias-distintas_129_13320680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49706825-0716-4164-bcba-fca4c20396fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Ganamos o perdemos poder adquisitivo? Cómo los mismos datos pueden contar dos historias distintas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se mida como se mida (mediante contabilidad nacional, costes laborales o, incluso, como salario neto) la tendencia apunta a la dificultad que tienen los salarios para crecer por encima de los precios</p><p class="subtitle">¿Cuánta gente cobra más y menos que tú? Calcula tu posición respecto al sueldo medio en la escala salarial de España</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n publicaba recientemente el diario El Confidencial, &ldquo;Espa&ntilde;a es el tercer pa&iacute;s europeo con mayor ca&iacute;da de los salarios reales en la crisis inflacionista&rdquo;. En particular, en <a href="https://www.elconfidencial.com/economia/2026-06-17/espana-caida-salarios-reales-crisis-inflacionista_4373877/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el texto se se&ntilde;ala</a> que los salarios nominales han crecido un 20,8%, pero como el precio de la vida (IPC) ha subido m&aacute;s, el resultado final es que &ldquo;los salarios reales siguen un 2% por debajo del nivel de 2021&rdquo;. Las cifras est&aacute;n obtenidas de Eurostat, la oficina estad&iacute;stica oficial de la Comisi&oacute;n Europea, as&iacute; que: &iquest;deber&iacute;amos desconfiar del mensaje que se nos traslada? En este an&aacute;lisis vamos a ver por qu&eacute; la respuesta es afirmativa.
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por lo b&aacute;sico, que es el concepto de &lsquo;salario real&rsquo;. Con ello nos referimos a nuestro poder adquisitivo, es decir, a nuestro salario ajustado por el crecimiento del precio de las cosas que compramos. Si nuestro salario crece 1.000 euros de un a&ntilde;o a otro nos podemos sentir m&aacute;s ricos, pero si el precio de las cosas que solemos comprar ha subido 1.100 euros, en realidad nos hemos hecho m&aacute;s pobres porque podemos comprar menos cosas con nuestro salario. Por eso el salario real es una ratio entre una medida del salario nominal (en euros) y una medida del precio de la vida (en euros). 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; empiezan los problemas porque el concepto de salario real se entiende muy bien a nivel individual, pero medirlo a nivel agregado implica importantes problemas de medici&oacute;n. El salario de un trabajador manual y de un gran directivo no son iguales, como tampoco son las cosas t&iacute;picas que compran. Para salir del paso lo habitual es calcular el salario medio y la cesta de consumo promedio o representativa, lo que supone perder informaci&oacute;n valiosa sobre la desigualdad dentro del conjunto. Aun as&iacute;, es el modo habitual de proceder para llegar a un indicador simple que pretende resumir, nada m&aacute;s y nada menos, que el poder adquisitivo de los trabajadores de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, aunque nos resignemos a usar el salario medio como aproximaci&oacute;n seguimos teniendo el problema de d&oacute;nde obtener los datos y de qu&eacute; est&aacute;n midiendo exactamente. Eurostat ofrece distintas formas de medir los salarios y ninguna captura exactamente la misma realidad. Algunas incluyen todos los costes laborales y otras se basan en la contabilidad nacional o en encuestas. Lo importante es entender que no existe una &uacute;nica forma indiscutible de medir algo tan complejo como el poder adquisitivo agregado. Por ejemplo, el siguiente gr&aacute;fico muestra la evoluci&oacute;n del salario real (ya ajustado por nivel de precios) desde el a&ntilde;o 2000 hasta el presente para una serie basada en contabilidad nacional y otra de costes laborales.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="La evolución del salario real en España" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-wTidW" src="https://datawrapper.dwcdn.net/wTidW/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="569" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Lo que se observa es que la tendencia de ambas series es similar, aunque queda claro que no miden exactamente lo mismo (no se solapan). Lo que quiero es que nos fijemos en la parte final del gr&aacute;fico, a partir del a&ntilde;o de la pandemia (2020). Lo que vemos es que en torno a 2022 ambos &iacute;ndices alcanzan un m&iacute;nimo en torno a los 100 puntos: eso significa que en esa fecha el salario real es b&aacute;sicamente el mismo que era en el a&ntilde;o de referencia, el a&ntilde;o 2000. Pero, y he aqu&iacute; lo relevante, en el a&ntilde;o 2026 ambos &iacute;ndices se encuentran significativamente por encima, lo que supone que el salario real ha crecido desde entonces. Entonces, &iquest;c&oacute;mo se puede aterrizar en un titular, como el de El Confidencial, que asegura que el salario real ha bajado un 2%?
    </p><p class="article-text">
        En la facultad tuve un profesor que nos insist&iacute;a en que los economistas aprend&iacute;amos a torturar a los datos hasta que confesaban lo que dese&aacute;ramos. As&iacute; que para entender el an&aacute;lisis en cuesti&oacute;n s&oacute;lo hay que buscar huellas de un interrogatorio que intuimos bastante cruel. En el an&aacute;lisis econ&oacute;mico hay tres tipos de decisiones previas: los datos que se usan, el indicador que se construye y el per&iacute;odo temporal que se escoge. Ninguna es neutral y todas condicionan el resultado final, as&iacute; que veamos qu&eacute; ha podido pasar en este caso.
    </p><p class="article-text">
        El periodista ha comenzado haciendo una pregunta interesante: &iquest;cu&aacute;nto ha variado el salario real en Espa&ntilde;a desde el final de la pandemia? El problema real est&aacute; en determinar cu&aacute;ndo termin&oacute; la pandemia. Seg&uacute;n la OMS, concluy&oacute; en mayo de 2023, lo que puede tener sentido sanitario, pero no econ&oacute;mico: as&iacute; que debemos seguir buscando.
    </p><p class="article-text">
        Por los datos de El Confidencial, que he replicado, sabemos que el medio ha usado los datos de coste laboral y ha escogido como referencia de final de la pandemia el primer trimestre de 2021. Respecto a lo primero, ning&uacute;n problema. Pero respecto a lo segundo, &iquest;por qu&eacute; esa fecha? En aquel momento la econom&iacute;a a&uacute;n no hab&iacute;a arrancado &mdash;el PIB todav&iacute;a ca&iacute;a en el primer trimestre de 2021 y solo rebot&oacute; a partir del segundo&mdash;. En realidad, no hay una raz&oacute;n evidente para anclar justo ah&iacute;. Y, como veremos, las consecuencias de esa elecci&oacute;n son enormes.
    </p><p class="article-text">
        Es conocido el chiste seg&uacute;n el cual, si yo tengo cero vacas, y mi vecino tiene dos, la estad&iacute;stica dir&aacute; que, en promedio, tenemos una cada uno. Extiendo ahora esa idea ligeramente. Imaginemos un escenario A en el que yo tengo 10 vacas, y al a&ntilde;o siguiente tengo 11: mi crecimiento habr&aacute; sido del 10%. En un escenario B, yo tengo 1 vaca y al a&ntilde;o siguiente 2: mi crecimiento habr&aacute; sido el 100%. En ambos casos el n&uacute;mero de vacas adicionales ha sido el mismo, pero el porcentaje de crecimiento es muy distinto. Moraleja: para no trasladar una impresi&oacute;n equivocada hay que elegir (y explicar) con cuidado el per&iacute;odo de referencia (las vacas con las que empezamos).
    </p><p class="article-text">
        Con ese punto de partida, el art&iacute;culo de El Confidencial concluye que, desde el per&iacute;odo de referencia (primer trimestre de 2021) hasta el &uacute;ltimo per&iacute;odo disponible (primer trimestre de 2026) el crecimiento nominal de los salarios ha sido del 20,8%, mientras que el crecimiento de los precios ha sido del 23,2%. La conclusi&oacute;n es que el salario real ha ca&iacute;do un 1,9% (que el autor redondea al 2%). Tomada al pie de la letra, es una foto sombr&iacute;a: cinco a&ntilde;os despu&eacute;s seguir&iacute;amos por debajo del punto de partida. El gr&aacute;fico resultante con salarios y precios en &iacute;ndice con referencia en primer trimestre de 2021 es el siguiente, donde se puede comprobar que los salarios no &ldquo;pillan&rdquo; al crecimiento de los precios y se mantienen por debajo todav&iacute;a en 2026:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="Los salarios no alcanzan a los precios" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-JZyoN" src="https://datawrapper.dwcdn.net/JZyoN/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="540" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; pasa si elegimos otro punto de referencia? He rehecho los c&aacute;lculos con los mismos datos, pero considerando ahora que el punto de referencia es el primer trimestre de 2022, es decir, justo un a&ntilde;o despu&eacute;s. En el gr&aacute;fico resultante, que sigue a continuaci&oacute;n, la imagen es totalmente distinta porque ahora los salarios se encuentran por encima de los precios desde el a&ntilde;o 2024. Aqu&iacute; el panorama sombr&iacute;o se ha convertido en otro bastante m&aacute;s optimista.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="Con base 2022, los salarios adelantan a los precios" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-fCvKO" src="https://datawrapper.dwcdn.net/fCvKO/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="566" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Que dos resultados tan distintos nazcan de los mismos datos es debido a las decisiones metodol&oacute;gicas previas, en particular a d&oacute;nde establecemos el punto de partida. Podr&iacute;amos haber tomado distintos puntos de referencia, y todos mostrar&iacute;an fotograf&iacute;as diferentes. De hecho, resulta que de 104 trimestres disponibles desde el a&ntilde;o 2000, al compararlos con el &uacute;ltimo dato de 2026 s&oacute;lo 11 dan resultado negativo de la variaci&oacute;n del salario real (el escogido por El Confidencial es uno de ellos). 
    </p><p class="article-text">
        Mi objetivo no es sugerir que existe una fecha correcta y que el periodista ha elegido de manera deliberada una incorrecta, sino demostrar la enorme sensibilidad del resultado a una decisi&oacute;n aparentemente inocua como es la elecci&oacute;n del per&iacute;odo de referencia. Como he dicho, si el an&aacute;lisis hubiera comenzado en el primer trimestre de 2022, el titular hubiera tenido que ser algo similar a &ldquo;el salario real sube un 3% desde la pandemia&rdquo;, y los lectores de El Confidencial tendr&iacute;an una percepci&oacute;n muy distinta de lo que sucede con el poder adquisitivo de los espa&ntilde;oles &mdash;y, por ende, de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del gobierno&mdash;. De hecho, de forma mucho menos justificada, podr&iacute;amos incluso haber escogido el cuarto trimestre de 2012 y decir que desde entonces el salario real ha subido un 9,7%. Todos ellos, incluidos el de dicho medio, ser&iacute;an correctos, pero no necesariamente &ldquo;toda la verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay una precisi&oacute;n que merece la pena hacer: todo esto afecta a la magnitud de la ca&iacute;da espa&ntilde;ola en t&eacute;rminos absolutos, pero no necesariamente a su posici&oacute;n relativa. Que Espa&ntilde;a sea &ldquo;el tercer pa&iacute;s europeo con mayor ca&iacute;da&rdquo; es una comparaci&oacute;n entre pa&iacute;ses que, al medirse todos desde la misma base, es bastante menos sensible a la fecha elegida y merecer&iacute;a un an&aacute;lisis propio. Aqu&iacute; me ocupo solo de la cifra absoluta, que es la que sostiene el &ldquo;&minus;2%&rdquo;, y lo que subrayo es que el mismo dato alimenta un titular catastrofista o uno triunfalista seg&uacute;n las decisiones metodol&oacute;gicas, que no suelen ser expl&iacute;citas. Un an&aacute;lisis econ&oacute;mico requiere contextualizaci&oacute;n, claridad y un punto cr&iacute;tico que, sin embargo, desaparece cuando declaramos con rotundidad cosas como las del titular analizado. Y lo que es innegable es que desde aquel suelo de 2022 (que se ve claramente en el primer gr&aacute;fico) el salario real se ha ido recuperando hasta situarse hoy m&aacute;s o menos donde estaba antes del golpe. 
    </p><p class="article-text">
        Conviene, eso s&iacute;, no pasarse de optimistas. Que el punto de partida elegido por El Confidencial sea discutible no significa que el salario real no se resintiera: entre finales de 2021 y el verano de 2022 el poder adquisitivo cay&oacute; de verdad, porque la inflaci&oacute;n corri&oacute; muy por delante de los salarios, y esa p&eacute;rdida la not&oacute; cualquiera que llenara la cesta de la compra. En <a href="https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro an&aacute;lisis</a> ya habl&eacute; de por qu&eacute; ese es el problema esencial que nos obliga a preguntarnos sobre el margen de beneficio de las empresas en tiempos de &ldquo;shocks externos&rdquo;. Es m&aacute;s, se mida como se mida (mediante contabilidad nacional, costes laborales o, incluso, como salario neto) la tendencia apunta a la dificultad que tienen los salarios para crecer por encima de los precios. Estamos ante un problema distributivo cl&aacute;sico, producto de muchos factores &mdash;siendo uno, por ejemplo, la ausencia de indexaci&oacute;n de los salarios al IPC&mdash;, que pone de relieve una vez m&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/economia/limites-subidas-salario-minimo_129_13013986.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los l&iacute;mites de las pol&iacute;ticas como la subida del salario m&iacute;nimo</a>.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, sirva este ejemplo para demostrar que la economista Joan Robinson ten&iacute;a raz&oacute;n cuando dijo aquello de que hay que estudiar econom&iacute;a para evitar ser enga&ntilde;ado por los economistas. Eso s&iacute;, la lecci&oacute;n no es que debamos desconfiar de las estad&iacute;sticas per se (aunque tienen sus propios problemas, de los que debemos ser conscientes), sino que debemos desconfiar de quien nos presenta una estad&iacute;stica como si hablara por s&iacute; sola. Los datos nunca hablan, sino que siempre hay alguien que decide qu&eacute; medir, desde cu&aacute;ndo medirlo y c&oacute;mo contarlo. Y esa decisi&oacute;n, que suele permanecer invisible, es muchas veces la parte m&aacute;s importante del an&aacute;lisis econ&oacute;mico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ganamos-perdemos-adquisitivo-datos-contar-historias-distintas_129_13320680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:01:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/49706825-0716-4164-bcba-fca4c20396fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="457337" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/49706825-0716-4164-bcba-fca4c20396fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="457337" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Ganamos o perdemos poder adquisitivo? Cómo los mismos datos pueden contar dos historias distintas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/49706825-0716-4164-bcba-fca4c20396fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[IPC - Índice de Precios de Consumo,Precios,Salarios,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No confundamos a quien aprovecha el incendio con quien lo provoca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-confundamos-aprovecha-incendio-provoca_129_13311840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/333b5916-22fe-46de-add1-0ca1f33deecc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No confundamos a quien aprovecha el incendio con quien lo provoca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las derechas harán cuanto esté en su mano por derribar a este Gobierno, y tienen ascendiente suficiente dentro del Estado como para intentarlo con altas probabilidades de éxito. Pero de ahí no se puede inferir que un caso que incluye la creación de sociedades pantalla para hacer negocios sea, también él, un producto de las maniobras de la derecha</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n una <a href="https://www.eldiario.es/politica/mayoria-votantes-psoe-pide-sanchez-agotar-legislatura-pesar-caso-zapatero_1_13296583.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta de elDiario.es</a>, aproximadamente uno de cada tres votantes de izquierdas cree que el caso que hoy salpica al entorno del Gobierno es, en realidad, una operaci&oacute;n urdida contra &eacute;l. Se trata de datos preocupantes por lo que revelan sobre el estado del esp&iacute;ritu cr&iacute;tico en la izquierda. Conviene explicitarlo para no llevar a confusi&oacute;n: es posible, y es necesario, reconocer que las derechas har&aacute;n cuanto est&eacute; en su mano por derribar a este Gobierno, y que tienen ascendiente suficiente dentro del Estado como para intentarlo con altas probabilidades de &eacute;xito. Pero de ah&iacute; no se puede inferir que un caso que incluye la creaci&oacute;n de sociedades pantalla para hacer negocios sea, tambi&eacute;n &eacute;l, un producto de las maniobras de la derecha. Que el adversario quiera aprovechar el incendio no lo convierte en quien lo provoc&oacute;. No deber&iacute;amos pasar por ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace algunas d&eacute;cadas, un grupo de pensadores se dedic&oacute; a desbrozar las trampas l&oacute;gicas en las que hab&iacute;a ca&iacute;do buena parte del marxismo y del pensamiento de izquierdas en general. Aquellos &lsquo;marxistas anal&iacute;ticos&rsquo; &mdash;as&iacute; se llamaron&mdash; dedicaron esfuerzos brillantes a demostrar que del hecho de que un fen&oacute;meno beneficie a X no puede inferirse que X sea su autor ni su responsable. Lo llamaron cr&iacute;tica a la explicaci&oacute;n funcional, y su blanco era el marxismo que explicaba cualquier instituci&oacute;n diciendo que exist&iacute;a &ldquo;porque&rdquo; conven&iacute;a al capital, sin molestarse en mostrar el mecanismo concreto por el que el inter&eacute;s del capital se traduc&iacute;a, supuestamente, en esa instituci&oacute;n particular. La falacia es elemental &mdash;beneficiario no es lo mismo que causante&mdash;, y sin embargo sigue siendo asombrosamente habitual en la manera en que una parte de la izquierda lee la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que esta forma de razonar tiene exactamente el patr&oacute;n de una teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n. John Elster, uno de los marxistas anal&iacute;ticos m&aacute;s destacados, se&ntilde;al&oacute; que el funcionalismo y el conspiracionismo son dos salidas falsas al mismo callej&oacute;n. Cuando no se ve el mecanismo que conecta una causa con un efecto, uno puede inventarse una funci&oacute;n que se autorregula sola &mdash;el funcionalismo&mdash; o inventarse un agente oculto que lo orquesta todo entre bambalinas &mdash;la conspiraci&oacute;n&mdash;. Son explicaciones hermanas: dos maneras de tapar el agujero que deja un mecanismo que no se ha sabido explicar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo reciente puede servir para mostrarlo con m&aacute;s claridad. El partido Podemos emergi&oacute; electoralmente en 2014 gracias a la carism&aacute;tica presencia de Pablo Iglesias en las tertulias de La Sexta, y el estallido fue tal que, a los pocos meses, Podemos estaba en las encuestas en el 20% e Izquierda Unida en el 5%. En aquellas circunstancias, no muchos comprend&iacute;an el mecanismo causal por el que IU hab&iacute;a pasado del 15% al 5% en s&oacute;lo unos meses, as&iacute; que se recurri&oacute; a explicaciones funcionalistas y conspirativas: Podemos era, se dec&iacute;a, un producto del capital (encarnado en los medios) para acabar con el partido de la clase trabajadora. Curiosamente, exactamente el mismo argumento apareci&oacute; de nuevo cuando emergi&oacute; Sumar en 2022, pero esta vez en boca de los representantes de Podemos. La explicaci&oacute;n funcionalista (&ldquo;al sistema le beneficia esto &mdash;la divisi&oacute;n&mdash;, luego es cosa del sistema&rdquo;) y conspirativa (&ldquo;todo es un plan de los medios para destruirnos&rdquo;) es un recurso tan habitual como err&oacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, me lo he encontrado una y otra vez dentro de la izquierda, en lecturas de muy distinto calibre y radicalidad. Si las grandes empresas se benefician de las pol&iacute;ticas socialdem&oacute;cratas, se concluye que las pol&iacute;ticas socialdem&oacute;cratas las dise&ntilde;an las grandes empresas. Si el feminismo reivindica que el trabajo de la mujer sea remunerado, se decreta que el feminismo es un instrumento del capital. Si hay empresas de energ&iacute;a renovable, se asegura que la transici&oacute;n energ&eacute;tica es una quimera del capital. Si la patronal apoya regularizar a los migrantes, se proclama que dar papeles es hacerle el juego al capitalismo. Si criticar a Rusia beneficia a Estados Unidos, se sentencia que toda cr&iacute;tica a Rusia es cosa del imperio. En todos los casos opera el mismo automatismo: se simplifica el fen&oacute;meno, se suprime la agencia de quienes lo protagonizan &mdash;como si las personas y los movimientos no tuvieran voluntad propia con la que explicar lo que hacen&mdash; y se clausura, de paso, la capacidad de cr&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo me he preguntado por qu&eacute; estos argumentos son tan atractivos para tanta gente. La &uacute;nica explicaci&oacute;n que me convence es que estas lecturas, aunque sean l&oacute;gicamente ileg&iacute;timas, resultan pol&iacute;ticamente rentables, porque cohesionan al grupo. No hay nada como una buena teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n, aderezada con unas dosis de victimismo, para cerrar filas. Los agravios unen mucho m&aacute;s que las victorias: se&ntilde;alar un enemigo externo capaz de poner en riesgo la existencia misma del grupo despierta lealtades que dormitaban. &ldquo;Si vienen a por nosotros, por algo ser&aacute;&rdquo;; &ldquo;Nos atacan porque decimos la verdad&rdquo;; &ldquo;Si no te atacan como a m&iacute;, eres de ellos&rdquo;. Y conviene que se me entienda bien: no estoy diciendo que la cr&iacute;tica externa sea siempre veraz &mdash;de hecho, muy frecuentemente es torticera e interesada&mdash;. Estoy diciendo otra cosa: que el victimismo se utiliza para anular el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico propio, que es distinto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta fase declarativa sobre qu&eacute; explica el ataque externo, todo parece inocente. Pero cuidado, porque una vez explicitados los argumentos conspirativos, el paso siguiente es casi siempre el mismo. Tras identificar al enemigo externo llega la b&uacute;squeda del enemigo interno: el disidente c&oacute;mplice, el traidor que colabora con la fuerza omnipresente que quiere destruirnos. Si estamos bajo asedio, quien levanta la voz para se&ntilde;alar lo que se hace mal pasa autom&aacute;ticamente a ser sospechoso de colaboracionismo. El disidente se convierte en traidor, y al traidor se le invita a marcharse. Al menos hoy se le invita: bajo el estalinismo se le fusilaba. Que se lo pregunten a Bujarin y a tantos otros revolucionarios que cayeron bajo esa misma acusaci&oacute;n. Porque el estalinismo se edific&oacute; precisamente sobre esa narrativa &mdash;el enemigo exterior que hab&iacute;a logrado infiltrar sus tent&aacute;culos en el interior&mdash; y la convirti&oacute; en coartada para liquidar todo pensamiento cr&iacute;tico. Stalin no se equivocaba al afirmar que hab&iacute;a potencias interesadas en la ca&iacute;da de la URSS; su salto mortal fue inferir que toda cr&iacute;tica a la URSS era, por ello, producto de la conspiraci&oacute;n de esas potencias. Es el mismo salto, exactamente el mismo, que el que reproduce la izquierda cuando construye la idea de un &ldquo;bunker resistente&rdquo; frente a los malvados elementos de la derecha/medios/el capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Procesos as&iacute; conducen, inevitablemente, a la fosilizaci&oacute;n del pensamiento cr&iacute;tico, sobre todo en los sectores que han hecho suya esa mirada. Si el enemigo externo es omnipotente y lo explica todo, &iquest;para qu&eacute; malgastar energ&iacute;as pregunt&aacute;ndose qu&eacute; hicieron mal los nuestros? Por el camino, la base social se transforma: deja de ser diversa, amplia y cr&iacute;tica para volverse homog&eacute;nea, estrecha y leal. En este sentido, la clave es que las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n no tienen fronteras: nadie es capaz de fijar d&oacute;nde termina la trama. Primero son los medios; despu&eacute;s, los mal llamados &lsquo;aliados&rsquo;; al final, cualquiera que aporte un dato inc&oacute;modo. El proceso acaba consumi&eacute;ndose a s&iacute; mismo, y de la quema solo se salvan unos pocos dirigentes. Las estructuras construidas de este modo ya no necesitan ganar: les basta con tener raz&oacute;n moral, con el aplauso de los suyos, que es lo &uacute;nico que garantiza la reproducci&oacute;n de su poder. Cada depuraci&oacute;n deja un n&uacute;cleo m&aacute;s puro y m&aacute;s peque&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene estar alerta. Uno empieza desliz&aacute;ndose por una pendiente de apariencia inocente y termina empantanado, defendiendo imposibles, incapaz de pensar cr&iacute;ticamente la realidad que lo rodea. Por mi parte, en cuanto huelo un proceso de victimizaci&oacute;n &mdash;&ldquo;los medios, la derecha, los jueces nos atacan, ap&oacute;yanos&rdquo;&mdash; me pongo en guardia. No porque los medios, la derecha o los jueces carezcan de agencia: la tienen, y a menudo es hostil&iacute;sima con la izquierda. Me pongo en guardia porque esa llamada suele ser una estrategia dise&ntilde;ada para que traguemos con cosas que nos saldr&aacute;n caras a medio y largo plazo. La izquierda fue siempre la tradici&oacute;n del sujeto que hace su propia historia. Renunciar a la responsabilidad sobre lo que hacemos mal, mientras reclamamos para nosotros todo el m&eacute;rito de lo que hacemos bien, es renunciar a esa tradici&oacute;n. Y hay una asimetr&iacute;a final que deber&iacute;amos entender: a la derecha el conspiracionismo la moviliza; a la izquierda la anestesia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-confundamos-aprovecha-incendio-provoca_129_13311840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:14:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/333b5916-22fe-46de-add1-0ca1f33deecc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1634480" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/333b5916-22fe-46de-add1-0ca1f33deecc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1634480" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No confundamos a quien aprovecha el incendio con quien lo provoca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/333b5916-22fe-46de-add1-0ca1f33deecc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Estados Unidos apaga la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/estados-unidos-apaga-ia_129_13305089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b081bd60-5728-45f9-bc99-3b24d2f7b460_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145346.jpg" width="1710" height="962" alt="Cuando Estados Unidos apaga la IA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento de la Casa Blanca ha sido ubicado en lo que algunos han llamado una “guerra fría digital”, y sólo puede entenderse en el contexto de declive de la posición hegemónica de la potencia americana. La única solución que tienen los demás países es desplegar sus propios modelos de inteligencia artificial, lo que no es tarea sencilla</p><p class="subtitle">EEUU veta por primera vez la exportación de una inteligencia artificial y confirma el inicio de la guerra fría digital</p></div><p class="article-text">
        Anthropic, la compa&ntilde;&iacute;a propietaria de la Inteligencia Artificial Claude, public&oacute; hace unos d&iacute;as su modelo Fable. Dicho modelo supuestamente mejora la capacidad de la inteligencia generativa, permitiendo que el usuario pueda elaborar tareas mucho m&aacute;s sofisticadas en menos tiempo; es decir, permite un aumento de la productividad en ciertas tareas. La respuesta del gobierno de Estados Unidos ha sido la de <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/eeuu-veta-primera-vez-exportacion-inteligencia-artificial-confirma-inicio-guerra-fria-digital_1_13294994.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prohibir que ese modelo sea utilizado por los ciudadanos extranjeros,</a> alegando motivos de seguridad nacional. En lo que es hasta ahora el &uacute;ltimo movimiento, <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/liderar-revolucion-ia-ceder-trono-rebeldes-tres-pasos-anthropic-superar-openai_1_13272571.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anthropic </a>ha retirado el modelo a todo el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Este movimiento del gobierno de Estados Unidos ha sido ubicado en lo que algunos han llamado una &ldquo;guerra fr&iacute;a digital&rdquo;, y s&oacute;lo puede entenderse en el contexto de declive de la posici&oacute;n hegem&oacute;nica de la potencia americana. De la misma forma que las pol&iacute;ticas arancelarias de Trump buscan proteger a la industria norteamericana de los efectos del libre comercio &mdash;que ahora se asume que beneficia a pa&iacute;ses adversarios, especialmente China&mdash;, la limitaci&oacute;n del uso de las IA m&aacute;s avanzadas a usuarios nacionales es el intento de aprovechar cualquier oportunidad para ganar una ventaja econ&oacute;mica. Ambas medidas son parte de un paquete proteccionista que algunos denominamos neomercantilismo, y del que existen precedentes hist&oacute;ricos que pueden ayudar a comprender la situaci&oacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el ejemplo paradigm&aacute;tico fue la Inglaterra del siglo XVIII, que por entonces comenzaba a despuntar gracias a la capacidad de sus mec&aacute;nicos para construir m&aacute;quinas m&aacute;s eficaces y eficientes para la industria textil. Era tal la importancia de ese conocimiento que el gobierno ingl&eacute;s prohibi&oacute; desde principios de siglo la emigraci&oacute;n de los operarios cualificados. A partir de la segunda mitad de siglo, el gobierno extendi&oacute; la prohibici&oacute;n a las m&aacute;quinas en s&iacute;, ya construidas, a fin de que los rivales no pudieran replicarlas y utilizarlas para su desarrollo econ&oacute;mico. La pol&iacute;tica mercantilista de la &eacute;poca suger&iacute;a que aquella ventaja de conocimiento y tecnolog&iacute;a deb&iacute;a ser &ldquo;privada&rdquo; a fin de proporcionar una ventaja en la lucha econ&oacute;mica; no hab&iacute;a todav&iacute;a tal cosa como el libre comercio, que el Reino Unido solo asumi&oacute; un siglo m&aacute;s tarde cuando era ya la potencia econ&oacute;mica indiscutible.
    </p><p class="article-text">
        No fue esta una estrategia solo de Inglaterra, sino tambi&eacute;n de Pa&iacute;ses Bajos y de algunas rep&uacute;blicas italianas como Venecia, es decir, de aquellas regiones m&aacute;s avanzadas y donde la industrializaci&oacute;n comenzaba a desplegarse con m&aacute;s solidez. Sin embargo, hay consenso de que la mayor&iacute;a de aquellas medidas no fueron muy eficaces. La raz&oacute;n es que los pa&iacute;ses rezagados, como Francia, Prusia o Estados Unidos, reaccionaron combinando (ilegalmente) pol&iacute;ticas de atracci&oacute;n de operarios y espionaje industrial. Por ejemplo, el estadounidense Samuel Slater, conocido en Inglaterra como <em>Slater the traitor</em>, emigr&oacute; a la isla brit&aacute;nica disfrazado de jornalero para memorizar la maquinaria de hilado de Arkwright; gracias a aquello, Estados Unidos adquiri&oacute; la tecnolog&iacute;a que durante d&eacute;cadas hab&iacute;a proporcionado la ventaja econ&oacute;mica clave al Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        El patr&oacute;n actual es similar. Aunque hay discusiones acad&eacute;micas al respecto, es obvio para cualquiera que la IA consigue elevar la productividad en ciertas tareas espec&iacute;ficas (por ejemplo, en el procesamiento y manipulaci&oacute;n de muchos datos, o en la redacci&oacute;n de documentos). Si tal funci&oacute;n estuviera disponible &uacute;nicamente para Estados Unidos, eso conceder&iacute;a una ventaja notable a sus empresas en comparaci&oacute;n con la de sus competidores. Aunque el gobierno de Estados Unidos alega motivos de &ldquo;Seguridad Nacional&rdquo; para su decisi&oacute;n, esta es la t&iacute;pica forma de encubrir pol&iacute;ticas mercantilistas que, en &uacute;ltima instancia, buscan una ventaja econ&oacute;mica para sus empresas.
    </p><p class="article-text">
        Debemos a&ntilde;adir que los programas de Inteligencia Artificial generativa de Estados Unidos no son enteramente suyos. Como recordaba Albert Einstein en &lsquo;<em>Why Socialism?&rsquo;</em>, ning&uacute;n logro individual nace de la nada: la vida de cada persona es posible gracias al trabajo y los logros de los muchos millones, pasados y presentes, y es la sociedad la que provee el lenguaje, las formas de pensamiento y la mayor parte de su contenido. En este sentido, todo conocimiento es una herencia colectiva e intergeneracional. De la misma manera que las m&aacute;quinas de la revoluci&oacute;n industrial encarnaban los recursos que fueron expropiados y saqueados a las colonias y a la periferia mundial, pues sin ellos era imposible concebir la propia construcci&oacute;n de los artefactos en cuesti&oacute;n, la IA generativa encarna el conocimiento que es, por defecto, propiedad com&uacute;n. Incluso todos nuestros datos, incluyendo mis propios art&iacute;culos, son apropiados por la IA generativa tanto para entrenar como para construir los resultados ofrecidos al usuario. As&iacute;, una de las preguntas de nuestro tiempo podr&iacute;a ser &iquest;qui&eacute;n controla y se apropia de un conocimiento de origen com&uacute;n? 
    </p><p class="article-text">
        A la vez, todo el proceso depende de una red de infraestructura que se construye asim&eacute;tricamente seg&uacute;n la l&oacute;gica del capital, es decir, dirigi&eacute;ndose a aquellos lugares donde la naturaleza y el ser humano son m&aacute;s accesibles, d&oacute;ciles y, sobre todo, baratos. Se trata de lo que Cecilia Rikap, en su fant&aacute;stico libro &lsquo;<em>Teor&iacute;a de la dependencia digital&rsquo;</em>, ha llamado &ldquo;extractivismo gemelo&rdquo;. El resultado es un proceso que concentra los beneficios en unos pocos actores (las grandes corporaciones de IA) y distribuye los costes econ&oacute;micos, sociales y ecol&oacute;gicos entre las regiones perif&eacute;ricas. <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/sistemas-criticos-espana-22-paises-europeos-boton-apagado-disposicion-trump_1_13146751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y el bot&oacute;n de encendido/apagado</a> de las funciones esenciales de la IA sigue residiendo en el centro, sea Estados Unidos o China.
    </p><p class="article-text">
        El caso aqu&iacute; descrito pone de relieve una vulnerabilidad important&iacute;sima del resto de pa&iacute;ses, como los europeos, que ya dependen de los servicios de Inteligencia Artificial de empresas estadounidenses. Aunque muchos pa&iacute;ses se han enzarzado en una lucha por atraer los centros de datos de la IA, lo cierto es que estas infraestructuras &mdash;por otro lado, altamente intensivas en consumo de energ&iacute;a y agua&mdash; son s&oacute;lo la parte de la cadena donde se procesan datos y no generan ni muchos puestos de trabajo cualificados ni tampoco otorgan capacidad de control alguna sobre el software. Son solo enclaves de extracci&oacute;n por cuyas migajas se pelean ciertas regiones del mundo que, como Argentina, oficialmente ofrecen como &ldquo;ventaja&rdquo; precisamente mucha energ&iacute;a y mano de obra barata. En todo caso, los propietarios de la IA siempre pueden desconectar su uso selectivamente, como acaban de hacer con el modelo Fable, a instancias del gobierno de Estados Unidos o por otras razones a&uacute;n m&aacute;s mundanas. 
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica soluci&oacute;n que tienen los dem&aacute;s pa&iacute;ses es <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/alianza-potencias-medias-ia-acercando-espana-canada-brasil_1_13236548.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desplegar sus propios modelos de inteligencia artificial, lo que no es tarea sencilla.</a> Por un lado, la eficacia de la inteligencia artificial generativa es el resultado de la acumulaci&oacute;n de grandes cantidades de conocimiento y del uso de mano de obra barata que, a trav&eacute;s de tareas arduas y repetitivas, ayuda a mejorar la precisi&oacute;n del modelo. Las implicaciones de ese proceso de &ldquo;gestaci&oacute;n&rdquo; no son menores a la hora de querer construir una alternativa al software estadounidense. Por otro lado, y quiz&aacute;s el factor m&aacute;s importante, ning&uacute;n pa&iacute;s europeo o latinoamericano podr&aacute;, por si solo, ser capaz de construir una alternativa competitiva a los modelos estadounidenses o chinos. El prerrequisito para conseguirlo es necesariamente cambiar la escala, es decir, trabajar entre pa&iacute;ses de manera cooperativa. Pero la escala no basta, y si el conocimiento es una herencia com&uacute;n, la alternativa no puede limitarse a reproducir el mismo extractivismo bajo bandera europea. Deber&iacute;a apuntar a modelos p&uacute;blicos y abiertos, gobernados como lo que ese conocimiento es en origen: un bien colectivo. Precisamente esa hip&oacute;tesis es la que la extrema derecha y el movimiento MAGA intentan sabotear de ra&iacute;z al erosionar las d&eacute;biles instituciones europeas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/estados-unidos-apaga-ia_129_13305089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 20:14:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b081bd60-5728-45f9-bc99-3b24d2f7b460_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145346.jpg" length="515275" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b081bd60-5728-45f9-bc99-3b24d2f7b460_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145346.jpg" type="image/jpeg" fileSize="515275" width="1710" height="962"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando Estados Unidos apaga la IA]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b081bd60-5728-45f9-bc99-3b24d2f7b460_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145346.jpg" width="1710" height="962"/>
      <media:keywords><![CDATA[Anthropic,Inteligencia artificial,Donald Trump,Estados Unidos,ChatGPT,China]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El regreso de la necesidad de creer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/regreso-necesidad-creer_129_13291455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b05ecba5-7096-49d8-8d05-6cc3423cec01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El regreso de la necesidad de creer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Veo con recelo a cierta izquierda que trivializa estos sentires, condenándolos de antemano como expresiones de irracionalidad con las que no cabe mezclarse ni discutir. Pero el sentido de pertenencia o el deseo de reconstruir lazos comunitarios no es algo que sólo pueda vincularse a las ideologías conservadoras o a las religiones</p></div><p class="article-text">
        Entre el siglo I y el IV de nuestra era, varias epidemias y pandemias asolaron Europa occidental. La plaga Antonina, que estall&oacute; entre los a&ntilde;os 160 y 189, se llev&oacute; por delante incluso al emperador Marco Aurelio y algunas fuentes le atribuyen hasta 2.000 muertes diarias en Roma. Durante los siguientes siglos varias enfermedades, que los historiadores actuales creen que fueron la malaria, la viruela y la peste bub&oacute;nica, provocaron intensos desplomes de los niveles de poblaci&oacute;n. La guerra tambi&eacute;n contribuy&oacute; a esa din&aacute;mica, convirtiendo aquella &eacute;poca en un tiempo no muy apacible para la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n; especialmente, claro est&aacute;, para los m&aacute;s pobres y peor alimentados.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas epidemias obligaron a millones de personas a enfrentarse de forma cotidiana a la fragilidad de la existencia, empuj&aacute;ndolas a buscar explicaciones, nuevas comunidades y certezas. Quiz&aacute;s por eso los momentos de mayor inseguridad material y vital suelen coincidir con profundas transformaciones culturales, religiosas y pol&iacute;ticas, lo que puede ayudarnos a comprender algunos fen&oacute;menos de nuestro propio tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Es sabido que este tipo de episodios de salud p&uacute;blica han alterado hist&oacute;ricamente las instituciones sociales y culturales dominantes. Para la &eacute;poca romana, algunos historiadores, como Rodney Stark, han se&ntilde;alado que uno de los cambios m&aacute;s importantes provocados por la continuidad e intensidad de las epidemias fue el crecimiento del cristianismo. Aquella secta que promet&iacute;a milagros y curaciones &mdash;recu&eacute;rdese: en un contexto de plagas recurrentes&mdash; habr&iacute;a proliferado en un contexto desesperado para millones de personas. Se trata de una tesis pol&eacute;mica, pero veros&iacute;mil: es f&aacute;cil imaginar a una poblaci&oacute;n sufriente que ve&iacute;a c&oacute;mo cada pocos a&ntilde;os muchos de sus familiares y amigos mor&iacute;an a causa de las guerras y las enfermedades sin cura.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la interrelaci&oacute;n entre cambio clim&aacute;tico y las enfermedades es estudiada hoy desde un punto de vista cient&iacute;fico, con datos tales como el an&aacute;lisis de las emisiones de di&oacute;xido de carbono (que decrec&iacute;an cuando la poblaci&oacute;n menguaba, al tiempo que adem&aacute;s crec&iacute;an los bosques), esta es una tesis a la que se ha recurrido continuamente para contribuir a explicar importantes cambios pol&iacute;ticos. De hecho, est&aacute; ampliamente documentado que la combinaci&oacute;n de cambio clim&aacute;tico y peste bub&oacute;nica durante el siglo XIV estuvo detr&aacute;s de las condiciones propicias para el fin del feudalismo en Europa occidental. Al final, los seres humanos somos parte del Sistema-Tierra y respondemos ante cambios que amenazan nuestra propia vida.
    </p><p class="article-text">
        Si en aquellos siglos la inseguridad existencial moldeaba las creencias colectivas, es razonable preguntarse qu&eacute; ocurre cuando esa inseguridad desaparece. Los mundos antiguo y medieval son, en este sentido, muy diferentes de los actuales. Desde la II Guerra Mundial, las generaciones criadas y crecidas en Occidente han vivido dentro de lo que se llama &ldquo;&eacute;poca dorada del capitalismo&rdquo;, con incrementos espectaculares de los niveles de bienestar material y, en general, con empleos y condiciones de vida garantizadas &mdash;particularmente la asistencia sanitaria&mdash;. En ese contexto, las ansiedades colectivas ten&iacute;an muy poco que ver con las de los campesinos y esclavos del mundo tardorromano, que eran mucho m&aacute;s conscientes de la vulnerabilidad de la propia existencia. No pocos pensadores han visto aqu&iacute; una de las causas de la secularizaci&oacute;n de Occidente: la falta de necesidad de acogerse a las esperanzas de un mundo m&aacute;s all&aacute; del terrenal y mundano.
    </p><p class="article-text">
        Pero sucede que, como para Mercedes Sosa, todo cambia. Y aquel mundo de &ldquo;capitalismo dorado&rdquo; (que no era tan brillante para los millones de personas que lo sosten&iacute;an con sudor y sangre desde el Sur global), y sobre el que ahora se construyen las melancol&iacute;as y nostalgias de las izquierdas y las derechas, est&aacute; desapareciendo. El neoliberalismo lleva d&eacute;cadas erosionando las redes colectivas y comunitarias, desde los Estados sociales hasta la forma en la que se construyen las ciudades y se relacionan los vecinos (una transici&oacute;n evidente en muchas ciudades que han visto menguar los barrios tradicionales en beneficio de los PAU &mdash;las grandes urbanizaciones de nueva planta, en la pr&aacute;ctica barrios privados&mdash;y los chal&eacute;s individualistas, ambos dependientes de los combustibles f&oacute;siles y de los centros comerciales perif&eacute;ricos). Poco a poco, el individuo ha sido arrojado a eso que Zygmunt Bauman llam&oacute; &ldquo;modernidad l&iacute;quida&rdquo; y que, como &eacute;l tan bien supo interpretar, atraviesa todas las dimensiones sociales, desde el trabajo hasta el consumo, pasando por el amor. El punto en com&uacute;n es que todo parece comercializado, es decir, pasado por el filtro de la l&oacute;gica del mercado. El cap&iacute;tulo de Black Mirror en el que todos los trabajadores tienen asignado un valor num&eacute;rico, resultado de la valoraci&oacute;n que otros hacen de ellos despu&eacute;s de sus contactos, es la expresi&oacute;n m&aacute;xima de esa forma relacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un tropo continuo a lo largo de la historia. Seguramente los campesinos v&iacute;ctimas de los enclosures o cercamientos debieron sentirse de un modo parecido. Erich Fromm as&iacute; lo cre&iacute;a cuando en <em>El miedo a la libertad</em> advirti&oacute; que la liberaci&oacute;n de las ataduras feudales no se convert&iacute;a autom&aacute;ticamente en una libertad para desarrollar proyectos de vida con garant&iacute;as. Es en esa tensi&oacute;n en la que suelen nacer los monstruos. Porque en esos contextos de transici&oacute;n, el individuo queda despose&iacute;do de las redes de seguridad material y espiritual que, mejor o peor, hab&iacute;an sido consideradas garantizadas. El trabajador posfordista, al fin y al cabo, evoca con melancol&iacute;a los derechos del trabajador fordista incluso aunque no haya visto nunca ninguno. Se trata no s&oacute;lo de darle sentido a la vida &mdash;cualquier cosa que signifique eso&mdash; sino de tener la seguridad de que la vida puede continuar sin demasiados sobresaltos. Eso, hoy, est&aacute; en el alambre.
    </p><p class="article-text">
        Entre otros factores, porque nunca hay uno solo, quiz&aacute;s este fen&oacute;meno contribuya a explicar ese renovado atractivo que tienen las distintas espiritualidades modernas, empezando por la religi&oacute;n. La gente tiene necesidad de v&iacute;nculos estables con su entorno, de seguridad material y de cierta confianza en el futuro. El fil&oacute;sofo David Hume lleg&oacute; a concluir que no podr&iacute;a haber pensamiento cient&iacute;fico si no supon&iacute;amos que el mundo ten&iacute;a cierta regularidad y que, al menos en principio, el ma&ntilde;ana se parecer&iacute;a al hoy. Quiz&aacute;s no es solo la ciencia, sino que nada tiene sentido si no sabemos si habr&aacute; ma&ntilde;ana para nosotros y nuestros seres queridos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Probablemente por eso asistimos simult&aacute;neamente al auge de fen&oacute;menos muy distintos que comparten una misma ra&iacute;z: el crecimiento de determinadas expresiones religiosas, la b&uacute;squeda de identidades nacionales fuertes, la proliferaci&oacute;n de comunidades (incluso digitales) o el atractivo de discursos pol&iacute;ticos que prometen protecci&oacute;n frente a un mundo percibido como ca&oacute;tico. Aunque sus respuestas sean diferentes e incluso incompatibles entre s&iacute;, todas parecen responder a una misma necesidad de pertenencia, estabilidad y orientaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso veo con recelo a cierta izquierda que trivializa estos sentires, conden&aacute;ndolos de antemano como expresiones de irracionalidad con las que no cabe mezclarse ni discutir. Pero el sentido de pertenencia o el deseo de reconstruir lazos comunitarios no es algo que s&oacute;lo pueda vincularse a las ideolog&iacute;as conservadoras o a las religiones. Est&aacute; tambi&eacute;n presente en esa pulsi&oacute;n que todos tenemos a formar grupos sociales (incluso partidos pol&iacute;ticos) y quiz&aacute;s nuestro mayor reto pol&iacute;tico es precisamente c&oacute;mo dar respuesta a esas ansiedades sociales desde un programa transformador; un lugar donde la ciencia y la racionalidad &mdash;que imaginan la factibilidad de otro mundo posible&mdash; se unen con las emociones y aspiraciones de seguridad emocional y material.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/regreso-necesidad-creer_129_13291455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 20:18:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b05ecba5-7096-49d8-8d05-6cc3423cec01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="83245" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b05ecba5-7096-49d8-8d05-6cc3423cec01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="83245" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El regreso de la necesidad de creer]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b05ecba5-7096-49d8-8d05-6cc3423cec01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imagina un mundo rico sin crecimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/imagina-mundo-rico-crecimiento_129_13288273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9ebed35-3321-46f3-911a-88fbcb245c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imagina un mundo rico sin crecimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recién publicado informe del 'Global Justice Report' (GJR), elaborado por el equipo de Thomas Piketty, se esfuerza por demostrar que la lucha contra la desigualdad va necesariamente de la mano de la defensa del planeta que sostiene la vida. Esto es ir a contracorriente de una forma de pensar que todavía invade la mayor parte del pensamiento económico progresista y, por supuesto, conservador</p><p class="subtitle">Europa consume una España entera en tierras agrícolas extranjeras</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Te imaginas vivir en una sociedad en la que toda la poblaci&oacute;n, a lo largo de todo el planeta, recibiera un ingreso anual de 60.000 euros? Esa cifra se corresponde con unos 5.000 euros al mes, lo que est&aacute; algo por encima de la media actual en Norte Am&eacute;rica, pero muy por encima de los 290 euros de media del &Aacute;frica subsahariana. Pues esa es la cifra que el reci&eacute;n publicado informe del <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Global Justice Report</em></a><a href="https://globaljusticeproject.wid.world/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (GJR) </a>considera viable para lograr combatir la desigualdad mundial y sus consecuencias y, al mismo tiempo, evitar el calentamiento global. 
    </p><p class="article-text">
        El informe ha sido elaborado por el equipo del economista <a href="https://www.eldiario.es/economia/piketty-asegura-informe-draghi-inmenso-merito-acabar-dogma-austeridad-presupuestaria_1_11654902.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Thomas Piketty</a>, y merece un reconocimiento especial porque se esfuerza por demostrar que la <a href="https://www.eldiario.es/economia/desigualdad-reduce-minimos-2008-pobreza-infantil-disminuye_1_12965173.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lucha contra la desigualdad</a> va necesariamente de la mano de la defensa del planeta que sostiene la vida. Esto es ir a contracorriente de una larga tradici&oacute;n que entiende que la lucha contra la desigualdad &mdash;as&iacute; como la cuesti&oacute;n econ&oacute;mica en general&mdash;&nbsp;es s&oacute;lo posible mediante el crecimiento econ&oacute;mico y a costa del medio natural; una forma de pensar que todav&iacute;a invade la mayor parte del pensamiento econ&oacute;mico progresista y, por supuesto, conservador. 
    </p><p class="article-text">
        La clave de b&oacute;veda del informe es, de hecho, la constataci&oacute;n de que la actividad econ&oacute;mica conlleva necesariamente un consumo de recursos naturales y energ&iacute;a que genera <a href="https://www.eldiario.es/economia/europa-consume-espana-entera-tierras-agricolas-extranjeras_129_13265051.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">impactos ecol&oacute;gicos</a>, destacadamente el cambio clim&aacute;tico. As&iacute;, la &uacute;nica manera de que en el a&ntilde;o 2100 la temperatura promedio global se mantenga por debajo de los 2 &deg;C respecto a la era preindustrial &mdash;y evitar as&iacute; una cat&aacute;strofe de costes impredecibles&mdash; es reducir desde hoy la actividad econ&oacute;mica, esto es, el crecimiento econ&oacute;mico. En este sentido, el informe comparte intuiciones centrales de la tradici&oacute;n del 'decrecimiento', aunque sus autores no asumen la etiqueta. Y aporta, adem&aacute;s, matices de calado propios.
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, no se trata s&oacute;lo de un reescalado hacia abajo de la actividad econ&oacute;mica, como ocurrir&iacute;a con una crisis econ&oacute;mica, una pandemia o una guerra. Lo que se defiende es una reorientaci&oacute;n general del modelo de producci&oacute;n y consumo buscando una desmaterializaci&oacute;n de la econom&iacute;a, lo que significa el crecimiento de sectores poco intensivos en consumo de materiales y energ&iacute;a, pero muy intensivos en proporcionar bienestar: por ejemplo, los sectores de educaci&oacute;n y sanidad crecer&iacute;an enormemente. Como se&ntilde;alaba el economista ecol&oacute;gico Herman Daly, es importante recordar que crecimiento y desarrollo no son lo mismo y que, mientras el primero se refiere al valor monetario de la producci&oacute;n, el segundo nos interpela sobre los servicios que nos proporcionan directamente bienestar o felicidad. El GJR se centra en las condiciones biof&iacute;sicas y sociales que hacen viable el desarrollo del conjunto de la poblaci&oacute;n mundial; nada m&aacute;s y nada menos.
    </p><p class="article-text">
        En estas p&aacute;ginas hemos hablado a menudo del parad&oacute;jico papel que juega la tecnolog&iacute;a y la productividad bajo el sistema econ&oacute;mico capitalista. El punto es que aunque las innovaciones permiten producir la misma cantidad de bienes en menos tiempo, bajo el capitalismo esta opci&oacute;n est&aacute; clausurada. La raz&oacute;n es que la l&oacute;gica del sistema obliga a todos los agentes a competir entre ellos y, en consecuencia, a recurrir a la tecnolog&iacute;a no para producir lo mismo en menos tiempo, sino para producir m&aacute;s en el mismo tiempo. La opci&oacute;n liberadora &mdash;trabajar menos manteniendo el bienestar&mdash; queda as&iacute; bloqueada. De este modo, durante dos siglos <a href="https://www.eldiario.es/economia/efectos-politicas-socialcomunistas-empleo-productividad_129_13230784.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la productividad ha aumentado</a> de forma extraordinaria, pero la mayor parte de ese incremento se ha traducido en m&aacute;s producci&oacute;n y consumo antes que en m&aacute;s tiempo libre. Solo la lucha del movimiento obrero logr&oacute; compensarlo en parte, consiguiendo que una fracci&oacute;n de esas ganancias se destinara a reducir la jornada. El informe del GJR abunda en esta idea al plantear que las horas de trabajo deben ser reducidas desde la media actual de 2.100 horas por a&ntilde;o hacia las 1.000 horas para 2100. Equivaldr&iacute;a, grosso modo, a jornadas de algo m&aacute;s de cuatro horas o a semanas laborales notablemente m&aacute;s cortas que las actuales.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La idea es desplazar el bienestar desde la acumulación de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad económica</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una de las variables centrales que ajusta todo el modelo es precisamente la que llaman suficiencia, y que tiene que ver con el consumo. Con jornadas laborales mucho m&aacute;s reducidas y con un crecimiento de los sectores inmateriales como educaci&oacute;n y sanidad, el consumo necesariamente tiene que basarse en un cambio de h&aacute;bitos: una dieta m&aacute;s sostenible ecol&oacute;gicamente (con una reducci&oacute;n del 25% del consumo de carne a nivel mundial) e incluso con impuestos no lineales donde las primeras compras de un bien (como un vuelo) sean asequibles, pero no tanto las siguientes. Todas estas propuestas responden a una misma idea: desplazar el bienestar desde la acumulaci&oacute;n de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad econ&oacute;mica. La suficiencia tambi&eacute;n implica una r&aacute;pida y contundente transici&oacute;n energ&eacute;tica para descarbonizar la econom&iacute;a, as&iacute; como una reforestaci&oacute;n que permita recuperar la masa de bosques que exist&iacute;a en 1900. Es decir, no hay un decrecimiento que pretenda volver a los par&aacute;metros de las sociedades preindustriales sino un aprovechamiento del conocimiento y tecnolog&iacute;a acumulados para &ldquo;saltar&rdquo; hacia un nuevo modelo energ&eacute;tico renovable.
    </p><p class="article-text">
        Para que todo ello sea posible, el informe subraya la necesidad de combatir ferozmente la desigualdad de ingresos entre pa&iacute;ses (para permitir que los m&aacute;s pobres crezcan y puedan converger hacia un nivel de vida digno) as&iacute; como dentro de cada pa&iacute;s. No s&oacute;lo por razones de &iacute;ndole moral sino tambi&eacute;n econ&oacute;mica: de una fuerte imposici&oacute;n a los estratos m&aacute;s ricos sale el dinero necesario para comenzar el programa. El informe no apela a la creaci&oacute;n monetaria, sino a la redistribuci&oacute;n, ya que el gasto se financia al principio gravando a quienes m&aacute;s tienen. Luego, en cambio, se crea un fondo com&uacute;n (de todos los pa&iacute;ses) que invierte en las empresas sostenibles para obtener la financiaci&oacute;n necesaria: una idea con ecos de las propuestas socialdem&oacute;cratas radicales. En todo caso, esta transferencia de renta y riqueza desde los estratos altos hacia la base de la sociedad explica por qu&eacute; en el modelo se compatibiliza el crecimiento econ&oacute;mico casi cero de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos con el hecho de que la mayor&iacute;a de su poblaci&oacute;n pueda mejorar considerablemente tanto sus ingresos como su bienestar. De la misma forma que actualmente el crecimiento econ&oacute;mico no &ldquo;llega&rdquo; a una gran parte de la poblaci&oacute;n, la ausencia de crecimiento agregado es compatible con la mejora del bienestar individual de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el informe contiene mucha m&aacute;s informaci&oacute;n y datos, es importante quedarse con la imagen general: es posible imaginar un mundo donde toda la poblaci&oacute;n tiene unos m&iacute;nimos de vida muy razonables (sanidad, educaci&oacute;n, tiempo libre), donde el bienestar no depende del crecimiento econ&oacute;mico ni de un consumo ilimitado de recursos naturales, y donde la desigualdad ha sido dr&aacute;sticamente reducida como consecuencia de una gran ofensiva contra las &eacute;lites econ&oacute;micas. Gracias a eso, los par&aacute;metros del Sistema-Tierra pueden mantenerse dentro de unos m&aacute;rgenes que, sin estar exentos de riesgo, evitan los puntos de no retorno. Suena radical, y en cierto sentido lo es (lo que no es malo, porque supone ir a la ra&iacute;z del problema), pero cualquier otra alternativa &mdash;como seguir como hasta ahora&mdash; supondr&iacute;a adentrarse en un terreno muy oscuro para la civilizaci&oacute;n humana y para la vida en general.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ese terreno oscuro, el informe del GJR se inscribe en la tradici&oacute;n ut&oacute;pica, pero en su connotaci&oacute;n positiva: aquella que, como en <em>News from Nowhere</em> de William Morris, hizo so&ntilde;ar a la poblaci&oacute;n con mundos deseables y la activ&oacute; pol&iacute;ticamente. La principal virtud de aquellas utop&iacute;as cl&aacute;sicas, desde Moro hasta las esbozadas por Marx, es el deseo de proyectar en el futuro horizontes deseables que, en el presente, deb&iacute;an empezar a construirse. Necesitamos estas gu&iacute;as ut&oacute;picas porque dibujan el per&iacute;metro de lo que es posible, y trazan un camino que, aunque no est&eacute; perfectamente definido &mdash;nunca lo estar&aacute;&mdash;, es ya claramente la senda que tenemos que recorrer. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/imagina-mundo-rico-crecimiento_129_13288273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 19:41:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9ebed35-3321-46f3-911a-88fbcb245c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2046275" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9ebed35-3321-46f3-911a-88fbcb245c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2046275" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Imagina un mundo rico sin crecimiento]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9ebed35-3321-46f3-911a-88fbcb245c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué la empujó?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/empujo_129_13272384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ea843ae-2d6e-4878-9866-d5a0bab9b3fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué la empujó?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando una agresión tan evidente deja de percibirse como una excepción y empieza a considerarse una respuesta comprensible, el problema pasa del agente en concreto a la cultura política e institucional que ha hecho posible esa mirada</p></div><p class="article-text">
        El acto de violencia policial en las protestas del profesorado valenciano que hemos visto todos es horroroso, pero tambi&eacute;n sintom&aacute;tico. Un golpe seco por detr&aacute;s a una mujer que protestaba tan tranquila que jam&aacute;s habr&iacute;a esperado que un miembro de la polic&iacute;a &mdash;cuya funci&oacute;n es precisamente velar por la defensa de los derechos fundamentales&mdash; la agrediera hasta derribarla al suelo y romperle de ese modo la nariz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las reacciones no se hicieron esperar. De un lado, la delegada del Gobierno anunci&oacute; la apertura de una investigaci&oacute;n sobre el asunto. De otro, dos sindicatos policiales salieron a defender al agresor y a cuestionar la investigaci&oacute;n. Mientras tanto, el presidente de la Generalitat, Juan Francisco P&eacute;rez Llorca, critic&oacute; la intervenci&oacute;n del agente, pero al mismo tiempo cuestion&oacute; tambi&eacute;n a los profesores que, seg&uacute;n &eacute;l, buscan la confrontaci&oacute;n. Como no pudo acreditar ning&uacute;n acto violento por parte del profesorado, debemos entender aquello como un torpe intento de justificar en parte al agente. As&iacute; las cosas, nadie se ha parado a pensar en el agresor en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que debemos hacernos es: &iquest;por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; lleva a un ser humano, que adem&aacute;s ha prometido proteger a sus conciudadanos, a ver a una mujer en una manifestaci&oacute;n y decidir que la opci&oacute;n correcta es darle un fuerte y claramente innecesario empuj&oacute;n por la espalda? Se trata de una pregunta m&aacute;s inc&oacute;moda de lo que parece. Pero en tanto no es probable que el agente se pronuncie p&uacute;blicamente al respecto, y mucho menos diciendo la verdad, solo podemos especular.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, bien podr&iacute;a ser que el agente estuviera acostumbrado a este tipo de acciones. Tras recibir la orden de intervenci&oacute;n para desalojar una calle, sale del furg&oacute;n y se desata un fuego interno que le ciega de tal modo que lo mismo da que enfrente tenga a un talib&aacute;n armado hasta los dientes que a un anciano en silla de ruedas; el protocolo es el protocolo. Esta posibilidad no exige ning&uacute;n compromiso ideol&oacute;gico previo, pero de ser correcta dir&iacute;a mucho de unas formas de intervenir que asumen la violencia como respuesta ante cualquier evento. Una violencia claramente desmedida y gratuita, en todo caso.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tambi&eacute;n podr&iacute;a ser que el agente considerara que los manifestantes supon&iacute;an realmente un peligro p&uacute;blico tan grande que quedara justificada una intervenci&oacute;n de ese tipo. Sin embargo, esto s&iacute; implicar&iacute;a un fuerte sesgo ideol&oacute;gico. De hecho, habr&iacute;a que suponer que el agente ten&iacute;a unas gafas ideol&oacute;gicas muy particulares por las que una mujer de 68 a&ntilde;os que protesta por mejores condiciones laborales para los profesores se convierte en un instrumento de terror. Como en aquel episodio de Black Mirror donde los militares creen estar exterminando criaturas monstruosas porque sus dispositivos cambian la forma en la que perciben a simples humanos marcados como indeseables por el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, quiz&aacute;s la respuesta correcta sea una combinaci&oacute;n de las dos anteriores, lo que explicar&iacute;a la empat&iacute;a con la que esos dos sindicatos policiales han recibido el caso. &iquest;Por qu&eacute; iban a defender al agente si no es porque consideran que lo sucedido es normal y, en consecuencia, est&aacute; justificado? Los perfiles de esos sindicatos aclaran dudas sobre su orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica: no son nada amigos de los partidos de izquierdas y, por lo tanto, probablemente tampoco de quienes protestan contra las pol&iacute;ticas de los partidos de derechas. Es muy probable que para estos sindicatos &mdash;y para sus representados&mdash; lo sucedido sea parte de un <em>modus operandi</em>, de modo que la injusticia ocurre porque este agente finalmente pagar&aacute; no por su acci&oacute;n sino porque fue grabada, a diferencia de muchos otros de sus compa&ntilde;eros que han hecho incluso cosas peores y han salido de rositas. Y, en cierta medida, tendr&aacute;n raz&oacute;n. Porque ese es justamente el problema: estos excesos son demasiado habituales y la inmensa mayor&iacute;a no deja ning&uacute;n registro probatorio.
    </p><p class="article-text">
        Hay aqu&iacute; dos problemas entrelazados. En primer lugar, los discursos de la extrema derecha han ido penetrando en el organismo que vela por proteger la democracia. A&ntilde;o tras a&ntilde;o se han ido normalizando ideas que criminalizan la protesta leg&iacute;tima, convirtiendo de ese modo a los protestantes en meros enemigos del Estado o, en su peor versi&oacute;n, de la identidad espa&ntilde;ola. Nada nuevo en la historia, pero significativo del poder real de una extrema derecha capaz de reconfigurar el sentido com&uacute;n en ciertos segmentos de la poblaci&oacute;n, especialmente dentro del Estado. El otro problema es que, indefensos como est&aacute;n los ciudadanos ante los excesos policiales, resulta especialmente doloroso que la izquierda no haya conseguido en tantos a&ntilde;os gobernando acabar con la llamada ley mordaza, que otorg&oacute; a&uacute;n m&aacute;s poder &mdash;de descontrol&mdash; a los agentes.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s nunca sepamos qu&eacute; pas&oacute; exactamente por la cabeza del agente en el instante previo al empuj&oacute;n. Pero esa es, en realidad, la cuesti&oacute;n menos importante. Lo relevante es que demasiadas personas fueron capaces de encontrar argumentos para justificarlo, relativizarlo o repartir responsabilidades con la v&iacute;ctima. Cuando una agresi&oacute;n tan evidente deja de percibirse como una excepci&oacute;n y empieza a considerarse una respuesta comprensible, el problema pasa del agente en concreto a la cultura pol&iacute;tica e institucional que ha hecho posible esa mirada. Desgraciadamente, eso nos dice mucho de los cambios en nuestra sociedad y de c&oacute;mo las garant&iacute;as democr&aacute;ticas est&aacute;n siendo erosionadas a una velocidad alarmante. Pero tambi&eacute;n nos interpela sobre c&oacute;mo la izquierda institucional est&aacute; dejando pasar todo esto bajo el radar, ocupada como est&aacute; en otras cuestiones &mdash;en perspectiva, generalmente mucho m&aacute;s prosaicas&mdash;. El riesgo de que todo esto nos acabe costando mucho m&aacute;s caro es alt&iacute;simo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/empujo_129_13272384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7ea843ae-2d6e-4878-9866-d5a0bab9b3fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="56954" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7ea843ae-2d6e-4878-9866-d5a0bab9b3fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="56954" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué la empujó?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7ea843ae-2d6e-4878-9866-d5a0bab9b3fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa consume una España entera en tierras agrícolas extranjeras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/europa-consume-espana-entera-tierras-agricolas-extranjeras_129_13265051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d21f0e46-3880-4bac-8039-53df3790bfc5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa consume una España entera en tierras agrícolas extranjeras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando un europeo consume carne de cerdo, bebe café o compra chocolate, también consume una porción invisible de tierra situada a miles de kilómetros de distancia. Europa exporta tierra de pasto en forma de ovejas, vacas, cabras. Bajo la apariencia de un intercambio entre iguales, este sistema de comercio transfiere de forma sistemática tierra, energía y materiales desde los países pobres hacia los ricos</p><p class="subtitle">Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran</p></div><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea importa cada a&ntilde;o una superficie de cultivo equivalente al tama&ntilde;o de Espa&ntilde;a. Se trata de hect&aacute;reas invisibles incorporadas en la soja, el cacao, el caf&eacute; o el aceite de girasol que consumimos. Son las &ldquo;hect&aacute;reas fantasma&rdquo; de las que hablaba Georg Borgstr&ouml;m hace m&aacute;s de medio siglo, quien se refer&iacute;a as&iacute; a la superficie de terreno situada en el extranjero que un pa&iacute;s necesita para cubrir un consumo que su propio territorio no podr&iacute;a sostener. 
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas m&aacute;s tarde, en el a&ntilde;o 2000, el historiador Kenneth Pomeranz retom&oacute; esa noci&oacute;n en su influyente <em>The Great Divergence</em> para responder a la vieja pregunta de por qu&eacute; ciertas regiones de Europa se industrializaron antes que otras regiones igualmente avanzadas, como la del delta chino del Yangts&eacute;. Su respuesta combinaba el carb&oacute;n, que permiti&oacute; a Inglaterra dejar de depender de la madera justo cuando la crisis por la deforestaci&oacute;n era ya muy aguda, y las redes coloniales, esas &ldquo;hect&aacute;reas fantasma&rdquo; que liberaron a la econom&iacute;a europea de las restricciones que impon&iacute;a la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la tierra es un bien finito que no admite usos simult&aacute;neos: una misma hect&aacute;rea no puede ser a la vez bosque para madera, cereal para las personas, forraje para el ganado y fibra para la ropa. Hay que elegir. Y como Europa no ten&iacute;a suelo suficiente para todo, las colonias del Nuevo Mundo se lo proporcionaron. En aquel tiempo de despliegue del capitalismo industrial, esta asimetr&iacute;a internacional entre el centro europeo y la periferia mundial se sosten&iacute;a sobre mecanismos extra-econ&oacute;micos tales como la violencia que ejerc&iacute;an los imperios sobre sus colonias. En la actualidad, sin embargo, las formas han cambiado pero el fen&oacute;meno de fondo sigue teniendo vigencia en tanto los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos se benefician de una divisi&oacute;n internacional del trabajo que permite sostener el consumo en los pa&iacute;ses ricos sobre la base de la explotaci&oacute;n de la fuerza de trabajo y los recursos naturales en los pa&iacute;ses pobres. Un ejemplo paradigm&aacute;tico es el modelo agroalimentario en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la FAO, en t&eacute;rminos monetarios Europa es una regi&oacute;n exportadora neta de alimentos agrarios y ganaderos. Eso quiere decir que exportamos m&aacute;s euros en comida de los que importamos, lo que invita a concluir que &ldquo;nos sobran alimentos&rdquo; &mdash;algo muy distinto de lo que ocurre en Asia, con un d&eacute;ficit neto de 300.000 millones de d&oacute;lares&mdash;. Pero esa contabilidad en euros oculta m&aacute;s de lo que muestra. En cuanto cambiamos el dinero por una m&eacute;trica f&iacute;sica &mdash;las hect&aacute;reas de tierra que hay detr&aacute;s de cada producto&mdash; la imagen se modifica radicalmente.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la noci&oacute;n de &ldquo;hect&aacute;reas fantasma&rdquo; ha estimulado el desarrollo de metodolog&iacute;as para poner cifras f&iacute;sicas a los flujos comerciales: se trata de calcular cu&aacute;nta tierra &mdash;medida en hect&aacute;reas&mdash; hace falta para producir cada bien que cruza una frontera. Es lo que se conoce como tierra incorporada (o &ldquo;encarnada&rdquo;) en los productos, es decir, la huella de suelo que viaja, invisible, dentro de cada saco de soja o cada grano de caf&eacute;. Una de estas metodolog&iacute;as es la de la Comisi&oacute;n Europea y Eurostat, en la que se basan los gr&aacute;ficos de este an&aacute;lisis. Por ejemplo, en el a&ntilde;o 2024 la Uni&oacute;n Europea import&oacute; 55 millones de hect&aacute;reas en productos de cultivo, lo que es una superficie ligeramente superior al tama&ntilde;o de Espa&ntilde;a (de unos 50 millones de hect&aacute;reas). Los europeos tambi&eacute;n importamos 35 millones de hect&aacute;reas en tierras de bosque y algo m&aacute;s de 3 millones de hect&aacute;reas en tierras de pasto.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La UE importó 55M de hectáreas en productos de cultivo" aria-label="Columnas apiladas" id="datawrapper-chart-PLvy9" src="https://datawrapper.dwcdn.net/PLvy9/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="583" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Si observamos la procedencia de esas hect&aacute;reas de tierra (insisto: encarnadas en productos), los principales pa&iacute;ses proveedores son Brasil, Ucrania, Estados Unidos y Argentina. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, de Brasil importamos 15 millones de hect&aacute;reas de tierra, mientras que de Ucrania m&aacute;s de 10 millones. Como podr&iacute;a esperarse, se trata de pa&iacute;ses grandes y, en general, con sobrerrepresentaci&oacute;n de los llamados 'pa&iacute;ses en desarrollo' o del Sur Global (sobre todo en tierras de cultivo). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Brasil, el principal proveedor de tierra incorporada a la UE" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-CiHFp" src="https://datawrapper.dwcdn.net/CiHFp/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="686" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Pero &iquest;qu&eacute; es lo que realmente estamos importando? Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, el principal producto con diferencia es el pienso de soja, seguido de cacao en grano, aceite de girasol, semilla de colza y caf&eacute;. El papel clave lo juega el pienso de soja, sobre todo procedente de Brasil y Argentina, que es importado para la alimentaci&oacute;n animal en Europa y cuya producci&oacute;n est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a los procesos de deforestaci&oacute;n del Amazonas. Eso ya nos muestra se&ntilde;ales de la insostenibilidad ecol&oacute;gica del modelo agroalimentario europeo y de su relaci&oacute;n con la econom&iacute;a-mundo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El principal producto importado es el pienso de soja" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-cCC9X" src="https://datawrapper.dwcdn.net/cCC9X/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="650" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Pero esto funciona en los dos sentidos: igual que importamos tierra encarnada en la soja o el caf&eacute;, la exportamos encarnada en lo que vendemos fuera. La cuenta final &mdash;importaciones menos exportaciones&mdash;, que vemos en el siguiente gr&aacute;fico, deja a Europa como importadora neta de tierra de cultivo y exportadora neta de bosque y pasto. Aqu&iacute; est&aacute; la clave del espejismo contable, ya que Europa importa tierra barata &mdash;una hect&aacute;rea de soja para pienso vale poco&mdash; y exporta producto m&aacute;s caro, como los l&aacute;cteos, el vino y la carne. Por eso las cuentas en euros arrojan super&aacute;vit mientras las cuentas en hect&aacute;reas arrojan d&eacute;ficit.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Europa importa tierra barata y exporta producto más caro" aria-label="Barras agrupadas" id="datawrapper-chart-0iqWq" src="https://datawrapper.dwcdn.net/0iqWq/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="252" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        Estos datos describen un modelo agroalimentario europeo &mdash;un agregado, con diferencias entre pa&iacute;ses&mdash; muy dependiente de la importaci&oacute;n de tierra de cultivo, encabezada por la soja y otros cultivos destinados a pienso animal. En este sentido, la econom&iacute;a europea consume hect&aacute;reas de tierras en el extranjero para producir alimentos para el ganado en explotaciones intensivas. Esos datos son coherentes con el sistema de <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/contaminacion-macrogranjas-fertilizantes-vuelve-subir-anos-tregua_1_13074851.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las famosas macrogranjas</a>, sobre todo las de cerdos y pollos, porque en esas grandes f&aacute;bricas los animales apenas pueden moverse y se requiere la importaci&oacute;n del alimento. Esos alimentos son los que consumimos nacionalmente, muchas veces en forma de carne barata (las reexportaciones de animales a terceros pa&iacute;ses ya est&aacute;n descontadas en los datos).
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, los pa&iacute;ses europeos exportan productos animales procedentes de ganader&iacute;a extensiva, es decir, que se alimentan de los pastos de sus entornos (ovejas, vacas, cabras&hellip;) y que consumen tierra en Europa. De esa manera, al mismo tiempo que Europa importa tierras de cultivo tambi&eacute;n exporta tierra de pastos &mdash;y otro tanto con la madera, de la que vende fuera m&aacute;s de la que compra&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, cuando un europeo consume carne de cerdo, bebe caf&eacute; o compra chocolate, no solo consume un producto. Tambi&eacute;n consume una porci&oacute;n invisible de tierra situada a miles de kil&oacute;metros de distancia. Las estad&iacute;sticas monetarias registran el precio de esa transacci&oacute;n, pero no registran la geograf&iacute;a material que sostiene nuestro modo de vida. Estas metodolog&iacute;as biof&iacute;sicas tienen sus limitaciones, pero no hay duda de que las m&eacute;tricas monetarias esconden relaciones f&iacute;sicas que revelan asimetr&iacute;as profundas. Es lo que la econom&iacute;a ecol&oacute;gica &mdash;de Joan Mart&iacute;nez-Alier a Alf Hornborg&mdash; ha llamado intercambio ecol&oacute;gico desigual: un comercio que, bajo la apariencia de un intercambio entre iguales, transfiere de forma sistem&aacute;tica tierra, energ&iacute;a y materiales desde los pa&iacute;ses pobres hacia los ricos. Una jerarqu&iacute;a de la econom&iacute;a-mundo que es, a la vez, ecol&oacute;gica y socialmente insostenible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/europa-consume-espana-entera-tierras-agricolas-extranjeras_129_13265051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 19:35:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d21f0e46-3880-4bac-8039-53df3790bfc5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="520297" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d21f0e46-3880-4bac-8039-53df3790bfc5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="520297" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Europa consume una España entera en tierras agrícolas extranjeras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d21f0e46-3880-4bac-8039-53df3790bfc5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Comercio,Alimentación,Soberanía alimentaria,Exportaciones,Importaciones,Energía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dejad de envenenar a los menores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dejad-envenenar-menores_129_13255132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f60e7a49-f767-4298-8445-902e87de3697_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dejad de envenenar a los menores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puede que la política se perciba cada vez más alejada de los intereses de la ciudadanía, pero este episodio es un ejemplo más en una lista que ya empieza a ser larga. ¿Cómo justifican estos diputados conservadores ante sus votantes, en el día a día, haber votado en contra de proteger la salud de los más pequeños?</p></div><p class="article-text">
        Inundados por el ruido permanente de los casos de corrupci&oacute;n, esta semana ha pasado pr&aacute;cticamente desapercibido un episodio relevante. Lo es para m&iacute; a nivel personal, pero lo es m&aacute;s para el conjunto del pa&iacute;s y, particularmente, de padres y madres. El martes en el Congreso, las derechas de Vox, PP y Junts tumbaron una proposici&oacute;n de Sumar para regular la publicidad de alimentos dirigida al p&uacute;blico infantil. Se trataba de una propuesta elaborada mano a mano con el Ministerio de Consumo y que, seg&uacute;n los sondeos disponibles, cuenta con el respaldo de en torno al 80% de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la oposici&oacute;n a esta norma es escasa, resulta que es muy poderosa. Por un lado, est&aacute;n las grandes empresas alimentarias, que prefieren el estado actual de las cosas. Saben perfectamente que una mejor informaci&oacute;n al consumidor &mdash;y, en general, una mejor regulaci&oacute;n&mdash; se traducir&iacute;a en patrones de consumo m&aacute;s saludables y, por tanto, en una menor demanda de aquellos productos que la propia ciencia ha demostrado que perjudican a la salud. Para muchas de esas empresas se trata de una cartera de bienes central en su negocio, como el caso de la boller&iacute;a y los ultraprocesados en general. As&iacute; que es racional, aunque no justificable, que estos actores no quieran cambios: su negocio depende, en buena medida, de que no los haya. Pero, &iquest;y los representantes pol&iacute;ticos?
    </p><p class="article-text">
        Puede que la pol&iacute;tica se perciba cada vez m&aacute;s alejada de los intereses de la ciudadan&iacute;a, pero este episodio es un ejemplo m&aacute;s en una lista que ya empieza a ser larga. &iquest;C&oacute;mo justifican estos diputados conservadores ante sus votantes, en el d&iacute;a a d&iacute;a, haber votado en contra de proteger la salud de los m&aacute;s peque&ntilde;os? &iquest;O es que ha sido, simplemente, un voto de castigo al Gobierno con independencia del contenido? Conviene preguntarse cu&aacute;l de las dos opciones es peor. Yo no me quedo tranquilo con ninguna de ellas.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio que dirige Pablo Bustinduy est&aacute; haciendo, en este terreno y en otros, una labor extraordinaria. Tiene claro algo que la ortodoxia neoliberal lleva d&eacute;cadas negando: que la salud individual no puede ser protegida por el mercado ni por su correlato habitual, la &ldquo;auto-regulaci&oacute;n&rdquo;, y que no todos los alimentos son iguales. La ciencia lleva tiempo poni&eacute;ndolo de manifiesto: hay alimentos mejores y peores, tanto desde el punto de vista de la salud individual como desde el de la salud planetaria. Lo que comemos hoy condiciona nuestra esperanza de vida y, a la vez, el futuro del planeta. En una sociedad que ha elevado el criterio de mercado al altar de lo intocable, proponer pol&iacute;ticas que lo modifiquen &mdash;aunque s&oacute;lo sea regulando algo tan acotado como la publicidad infantil&mdash; se ha convertido en un gesto casi revolucionario. Podemos pregunt&aacute;rnoslo de este modo: &iquest;por qu&eacute; cuesta tanto aprobar una norma que proh&iacute;be que los ingentes recursos del marketing se dediquen a atraer a nuestros hijos e hijas hacia pr&aacute;cticas de consumo que ser&aacute;n sus enfermedades de ma&ntilde;ana?
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos que si dejamos de comer nos morimos, pero abrir el debate sobre la calidad de lo que comemos y sobre sus impactos &mdash;laborales y ecol&oacute;gicos&mdash; no resulta nada f&aacute;cil. Todos recordamos, yo el primero, la pol&eacute;mica del chulet&oacute;n. El problema es que el asunto de fondo es muy serio. Vivimos en un planeta bajo un calentamiento global descontrolado, con afectaci&oacute;n creciente sobre las cosechas, con redes de comercio internacional cada vez m&aacute;s tensionadas &mdash;v&eacute;ase, sin ir m&aacute;s lejos, lo que ocurre en el estrecho de Ormuz&mdash; y donde los pa&iacute;ses deber&iacute;an estar dise&ntilde;ando estrategias serias de seguridad y suficiencia alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Suena exagerado? Conviene recordar algunos hechos. Hace unos d&iacute;as impart&iacute; una clase en un m&aacute;ster y la mayor&iacute;a de los alumnos no sab&iacute;a que la producci&oacute;n de alimentos es altamente dependiente de fertilizantes intensivos en energ&iacute;a f&oacute;sil; que su transporte exige m&aacute;s combustibles f&oacute;siles; que los agentes que controlan la cadena son cada vez en mayor medida grandes fondos y empresas, y cada vez menos agricultores y ganaderos tradicionales; y que el reparto de poder dentro de las cadenas de distribuci&oacute;n es totalmente asim&eacute;trico. Un sector tan central para nuestra supervivencia es, al mismo tiempo, altamente vulnerable a la crisis ecosocial y crecientemente controlado por unos pocos actores. Una combinaci&oacute;n explosiva.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este panorama existen herramientas que apuntan en la direcci&oacute;n correcta. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud lleva a&ntilde;os desarrollando perfiles nutricionales &mdash;modelos cient&iacute;ficos que clasifican los alimentos seg&uacute;n su contenido en az&uacute;cares, grasas saturadas, sal y otros componentes&mdash; que son, precisamente, la base t&eacute;cnica de regulaciones como la que se ha tumbado en el Congreso. En paralelo, la dieta planetaria propuesta por la comisi&oacute;n EAT-Lancet articula con criterios cient&iacute;ficos c&oacute;mo deber&iacute;amos alimentarnos para que el planeta soporte a una poblaci&oacute;n creciente sin sobrepasar sus l&iacute;mites biof&iacute;sicos. Un informe cient&iacute;fico de Alimentta ha medido c&oacute;mo deber&iacute;a cambiar nuestro sistema agroalimentario para cumplir esas exigencias ambientales y darnos de comer de manera saludable, demostrando que es t&eacute;cnicamente viable. Todos esos casos son intentos serios de poner la ciencia al servicio de una alimentaci&oacute;n compatible con la salud humana y planetaria. La ciencia es la mejor br&uacute;jula que tenemos para abordar estas cuestiones. Que regular la publicidad dirigida a la infancia siguiendo estos criterios sea pol&iacute;ticamente conflictivo dice mucho del estado de la cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Toda regulaci&oacute;n que avance en esta direcci&oacute;n es, hoy por hoy, insuficiente. Por eso conviene reconocer y agradecer el trabajo del Ministerio de Consumo y, tambi&eacute;n, el de toda esa sociedad civil organizada &mdash;asociaciones de pediatras, nutricionistas, plataformas ciudadanas, organizaciones de consumidores&mdash; que lleva a&ntilde;os empujando para que estos avances sean posibles. Bustinduy ha encabezado una propuesta que ha conseguido m&aacute;s adeptos que la que yo defend&iacute; hace unos a&ntilde;os &mdash;porque el PSOE, esta vez, ha votado a favor&mdash;, aunque todav&iacute;a no los suficientes. Lo de esta semana es un rev&eacute;s, pero no deber&iacute;a desanimarnos. Precisamente porque est&aacute; en juego la salud de nuestros hijos, y la del planeta que les vamos a dejar, el esfuerzo merece la pena. Y m&aacute;s temprano que tarde, Espa&ntilde;a quedar&aacute; libre de estas viejas servidumbres para pasar a proteger a sus ciudadanos, empezando por los m&aacute;s peque&ntilde;os.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dejad-envenenar-menores_129_13255132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 20:39:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f60e7a49-f767-4298-8445-902e87de3697_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="40228" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f60e7a49-f767-4298-8445-902e87de3697_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="40228" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Dejad de envenenar a los menores]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f60e7a49-f767-4298-8445-902e87de3697_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ultraprocesados,Menores,Bebidas azucaradas,Pablo Bustinduy]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La automatización no trabaja para todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/automatizacion-no-trabaja_129_13248887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ce868f1-a6d6-4c12-9cc1-18c76cadef2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La automatización no trabaja para todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El objetivo ciego del sistema es producir más y más y más, no importa cuál sea el coste social y ecológico ni la disponibilidad de otras alternativas sociales. Discutir la automatización del trabajo no es discutir si las máquinas son buenas o malas: se trata de discutir quién decide qué se produce, cómo se produce y para qué se produce</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/inteligencia-artificial-irrumpe-despidos-mercado-trabajo-dudas-impacto-real_1_13175570.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las grandes empresas llevan meses despidiendo a trabajadores</a>, lo que apunta a una estrategia de automatizaci&oacute;n debida a la incorporaci&oacute;n de la inteligencia artificial al proceso productivo. Algunas estimaciones hablan m&aacute;s de cien mil despidos en todo el mundo en lo que va de a&ntilde;o, una cifra similar a la que hubo en todo 2025. En Espa&ntilde;a, los casos del <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/economia/amazon-despedira-tercio-plantilla-oficinas-barcelona-substituira-inteligencia-artificial_1_12853691.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ERE de Amazon</a> &mdash;1.200 personas&mdash; <a href="https://www.eldiario.es/economia/capgemini-lanza-ere-afectara-748-empleados-espana-7-plantilla_1_13167945.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y el de Capgemini</a> &mdash;748 personas&mdash; son dos ejemplos claros, pero posiblemente habr&aacute; m&aacute;s en los meses venideros. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los inicios del capitalismo, el miedo a ser sustituidos por m&aacute;quinas ha sido una de las inquietudes m&aacute;s profundas y persistentes de la clase trabajadora. Los trabajadores hab&iacute;an sido despose&iacute;dos del control de los medios de producci&oacute;n a trav&eacute;s de la violencia y el robo &mdash;como ilustran de manera paradigm&aacute;tica los <em>enclosures</em>, aquellos cercamientos de las tierras comunales que arroj&oacute; a la poblaci&oacute;n campesina a las f&aacute;bricas urbanas&mdash;, de modo que siempre intuyeron que la reorganizaci&oacute;n del trabajo con nueva maquinaria no redundar&iacute;a en su beneficio. El movimiento ludita, a comienzos del siglo XIX, es quiz&aacute;s la expresi&oacute;n m&aacute;s conocida de aquella resistencia popular, precisamente porque supuso una rebeli&oacute;n que buscaba destruir las m&aacute;quinas que estaban arruinando los oficios tradicionales y expulsando a miles de trabajadores al desempleo y la miseria. A veces se olvida que en aquellos momentos el Estado respondi&oacute; con a&uacute;n m&aacute;s violencia, con leyes que castigaban con la horca a quien rompiera un telar, y con una clara defensa de la propiedad privada de los due&ntilde;os de las m&aacute;quinas frente al sustento de los trabajadores. El Estado era, entonces m&aacute;s que nunca, un instrumento totalmente comprometido con los propietarios de los medios de producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos medios de producci&oacute;n eran unas m&aacute;quinas que hab&iacute;an sido creadas para abaratar los costes. Aunque la historiograf&iacute;a dominante ha edulcorado la capacidad inventiva de los mec&aacute;nicos que produjeron los primeros telares mec&aacute;nicos o la m&aacute;quina de vapor durante la Revoluci&oacute;n industrial, lo cierto es que el prop&oacute;sito perseguido era, antes que nada, sustituir a trabajadores caros &mdash;los hombres adultos cualificados&mdash; por mujeres y ni&ntilde;os, peor pagados y menos capaces de organizarse colectivamente. Adem&aacute;s, y tal y como ha documentado con detalle Andreas Malm en <em>Capital f&oacute;sil</em>, aquellas m&aacute;quinas fueron al principio muy ineficientes desde el punto de vista termodin&aacute;mico &mdash;la rueda hidr&aacute;ulica era a menudo m&aacute;s barata que el motor de carb&oacute;n&mdash;, pero permit&iacute;an un control mucho mayor sobre la fuerza de trabajo. Los obreros pasaban de producir con cierta autonom&iacute;a en sus casas del mundo rural, marcando su propio ritmo, a hacerlo apilados y vigilados en las f&aacute;bricas de la periferia contaminada y sobrepoblada de las ciudades industriales. Desde sus albores, en suma, las innovaciones tecnol&oacute;gicas del capitalismo han estado orientadas a maximizar beneficios al coste social y ecol&oacute;gico que fuera necesario, no a aligerar el esfuerzo humano ni a democratizar la riqueza. Y esto es resultado de la l&oacute;gica profunda del capitalismo, no de la tecnolog&iacute;a en s&iacute;, y lo que por otra parte explica que m&aacute;s de dos siglos despu&eacute;s nos resulte un proceso tan familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta lectura cr&iacute;tica con las m&aacute;quinas, los economistas suelen insistir en que, aunque haya un proceso de ajuste doloroso, tras la introducci&oacute;n de cada nueva tecnolog&iacute;a que sustituye trabajo se crean siempre nuevos empleos en otros sectores &mdash;por lo general, se dice, mejor pagados&mdash;. Carl Benedikt Frey, el autor de <em>The Technology Trap</em>, abre su libro recordando precisamente la sustituci&oacute;n de los faroleros que apagaban las l&aacute;mparas de aceite por el alumbrado el&eacute;ctrico. Marx, por su parte, vio en este tipo de cambios consecuencias horrorosas para los trabajadores que perd&iacute;an sus medios de vida, pero tambi&eacute;n la prueba de la progresividad del sistema capitalista hacia unas relaciones de producci&oacute;n m&aacute;s modernas. David Ricardo pensaba lo mismo a comienzos del siglo XIX, y atribu&iacute;a cualquier desempleo provocado por la maquinaria a una fricci&oacute;n transitoria. Sin embargo, en la tercera edici&oacute;n de sus <em>Principios</em> &mdash;un cambio de posici&oacute;n c&eacute;lebre y demasiado a menudo olvidado por los pensadores contempor&aacute;neos&mdash; incorpor&oacute; una modificaci&oacute;n que hizo de su argumento algo mucho m&aacute;s esc&eacute;ptico: aceptaba que la sustituci&oacute;n pod&iacute;a ser permanente y perjudicial para los trabajadores. Que el padre intelectual de buena parte de la teor&iacute;a econ&oacute;mica liberal terminara por reconocerlo deber&iacute;a invitarnos a una mucho mayor prudencia ante las promesas del optimismo tecnol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que, en general, la mecanizaci&oacute;n casi nunca implica la automatizaci&oacute;n de trabajos enteros, sino de tareas concretas dentro de cada puesto. Eso suele obligar al trabajador a especializarse en aquellas actividades que la m&aacute;quina a&uacute;n no puede realizar, lo que a menudo exige mayor cualificaci&oacute;n: programar, supervisar, gestionar, cuidar. Este proceso est&aacute; detr&aacute;s, adem&aacute;s, del incumplimiento de lo que Marx esperaba que fuera una polarizaci&oacute;n total de la sociedad entre proletariado y burgues&iacute;a. Result&oacute; que, junto al obrero industrial cl&aacute;sico, a lo largo del siglo XIX fue creciendo una abultada clase media de asalariados especializados en actividades que implicaban m&aacute;s una gesti&oacute;n intelectual que un trabajo manual: t&eacute;cnicos, administrativos, profesionales, supervisores. El llamado &ldquo;problema de la clase media&rdquo; &mdash;ya lo discut&iacute;an Bernstein y Kautsky a finales del siglo XIX y lo ha revisitado con detalle Erik Olin Wright&mdash; no es nuevo, pero ha tomado nuevas formas en cada oleada tecnol&oacute;gica. Lo caracter&iacute;stico de la actual, como subraya el informe del Consejo Econ&oacute;mico y Social sobre el futuro del trabajo, es que la automatizaci&oacute;n vac&iacute;a especialmente los empleos intermedios y polariza el mercado laboral entre puestos muy cualificados y otros muy precarios. Es decir, empeora la din&aacute;mica de desigualdad que ya est&aacute; bastante acentuada por otros factores.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> En nuestras sociedades tenemos absolutamente idolatrado el progreso tecnológico hasta el punto de no problematizar su papel</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A pesar de toda esta complejidad, en nuestras sociedades tenemos absolutamente idolatrado el progreso tecnol&oacute;gico hasta el punto de no problematizar su papel. Cualquier cr&iacute;tica al rumbo concreto de la innovaci&oacute;n se desactiva enseguida con el etiquetado de &ldquo;tecn&oacute;fobo&rdquo; o &ldquo;ludita&rdquo;, como si la disyuntiva fuera entre admirar acr&iacute;ticamente cada novedad o regresar a vivir en cuevas. Pero antrop&oacute;logos como Alf Hornborg llevan d&eacute;cadas advirtiendo que la m&aacute;quina es una condensaci&oacute;n de materiales y de flujos de energ&iacute;a que han sido extra&iacute;dos por el centro a partir de las periferias de la econom&iacute;a mundial. Como es bien conocido, detr&aacute;s de cada tel&eacute;fono m&oacute;vil hay colt&aacute;n congole&ntilde;o extra&iacute;do en condiciones de semiesclavitud, litio de los salares andinos arrancado al ecosistema, cobre chileno y silicio refinado con cantidades enormes de electricidad. En definitiva: las m&aacute;quinas no caen del cielo y son construidas a partir de materiales y flujos energ&eacute;ticos que vienen de alg&uacute;n sitio concreto, aunque no pensemos habitualmente en ello. Eso convierte cada salto tecnol&oacute;gico en una operaci&oacute;n de intercambio ecol&oacute;gico desigual, donde el bienestar aparente de unos pocos se sostiene sobre el agotamiento y la contaminaci&oacute;n de muchos otros, casi siempre lejos de nuestra vista.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el ejemplo paradigm&aacute;tico de todo esto sea la llamada inteligencia artificial. Aunque a veces se la presenta como un proceso casi desmaterializado &mdash;una &ldquo;nube&rdquo; m&aacute;gica y et&eacute;rea&mdash;, lo cierto es que implica un consumo extraordinario de agua, minerales y energ&iacute;a: los grandes centros de datos que entrenan los modelos generativos requieren much&iacute;simos recursos, y la disputa por el suministro el&eacute;ctrico se ha convertido en uno de los argumentos centrales del propio sector tecnol&oacute;gico. Con todo, y teniendo presente la necesidad de gestionar estos costes, la tecnolog&iacute;a podr&iacute;a usarse para fines socialmente deseables: contribuir a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, ayudar a diagnosticar enfermedades, traducir lenguas minoritarias, facilitar tareas tediosas o peligrosas, liberar tiempo de trabajo para el cuidado y el descanso. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, su uso est&aacute; generalizado en la producci&oacute;n industrial de tonter&iacute;as digitales &mdash;im&aacute;genes vac&iacute;as, textos repetitivos, contenido publicitario dise&ntilde;ado para capturar atenci&oacute;n&mdash; o, peor a&uacute;n, en la hiperexplotaci&oacute;n de los trabajadores: algoritmos que dictan al repartidor de plataforma cada metro de su trayecto, sistemas que cronometran al segundo el trabajo o aplicaciones que asignan turnos imposibles a quienes ya cobran un salario de subsistencia. No es tanto una paradoja como la incorporaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a a la l&oacute;gica capitalista: la inteligencia artificial podr&iacute;a elevar la productividad en much&iacute;simas &aacute;reas &mdash;evitando toda una lista de tareas que son tediosas para el trabajador&mdash; y producir lo mismo en mucho menos tiempo, pero esta opci&oacute;n est&aacute; clausurada bajo el capitalismo. 
    </p><p class="article-text">
        Y lo est&aacute; porque el objetivo ciego del sistema es producir m&aacute;s y m&aacute;s y m&aacute;s, no importa cu&aacute;l sea el coste social y ecol&oacute;gico ni la disponibilidad de otras alternativas sociales. Cada incremento de productividad se traduce en mayores beneficios para los propietarios y en una intensificaci&oacute;n de tareas o en despidos puros y duros para quienes ejecutan el trabajo. Las plataformas digitales &mdash;esa &uacute;ltima frontera del trabajo asalariado&mdash; son un buen retrato del fen&oacute;meno: tecnolog&iacute;a puntera puesta al servicio de la precarizaci&oacute;n extrema, mayor informalidad laboral, vigilancia algor&iacute;tmica permanente y una pretensi&oacute;n de aplicar las viejas relaciones de servidumbre con interfaz amigable. Los analistas m&aacute;s serios reconocen que el futuro del trabajo no depender&aacute; tanto de la potencia t&eacute;cnica de las m&aacute;quinas como de la gobernanza democr&aacute;tica &mdash;laboral, fiscal, industrial&mdash; que decidamos construir colectivamente. Parece obvio que, sin di&aacute;logo social, sin negociaci&oacute;n colectiva y sin pol&iacute;ticas p&uacute;blicas marcadamente progresistas, el cambio tecnol&oacute;gico ser&aacute; otro mecanismo m&aacute;s de redistribuci&oacute;n de la riqueza hacia arriba.
    </p><p class="article-text">
        Y ese, en el fondo, es el verdadero sinsentido de la automatizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. No es que sustituya trabajadores &mdash;en s&iacute; mismo, que m&aacute;quinas y algoritmos hagan parte de las tareas m&aacute;s pesadas podr&iacute;a ser una excelente noticia&mdash;, sino que no est&aacute; dirigida a ning&uacute;n fin social democr&aacute;ticamente planificado. &Uacute;nicamente responde a los est&iacute;mulos insensibles del mercado, a la presi&oacute;n burs&aacute;til trimestral y al c&aacute;lculo individual del beneficio. De esa manera nos hemos convertido en parte de un engranaje que nunca se detiene, precisamente porque no hay ning&uacute;n plan com&uacute;n que justifique el esfuerzo. Estamos a merced de una gran fuerza inconsciente. Discutir la automatizaci&oacute;n del trabajo, en consecuencia, no es discutir si las m&aacute;quinas son buenas o malas: se trata de discutir qui&eacute;n decide qu&eacute; se produce, c&oacute;mo se produce y para qu&eacute; se produce. Y esa es, tambi&eacute;n, la pregunta que el ludita de hace dos siglos lanzaba con su martillo y que la izquierda contempor&aacute;nea no deber&iacute;a renunciar a formular con todas las herramientas &mdash;t&eacute;cnicas, sindicales y pol&iacute;ticas&mdash; que tenga a su alcance: la tecnolog&iacute;a, como la econom&iacute;a, &iquest;para qu&eacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/automatizacion-no-trabaja_129_13248887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 21:17:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1ce868f1-a6d6-4c12-9cc1-18c76cadef2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="893397" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1ce868f1-a6d6-4c12-9cc1-18c76cadef2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="893397" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La automatización no trabaja para todos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1ce868f1-a6d6-4c12-9cc1-18c76cadef2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Empleo,Crecimiento económico,Inteligencia artificial,Automatización,Despidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La izquierda y el arte olvidado de sonreír]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-arte-olvidado-sonreir_129_13236304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e5d746c-2ec1-461d-944e-fd9853235ef4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La izquierda y el arte olvidado de sonreír"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La radicalidad del mensaje de José Ignacio García no ha correlacionado con la faz taciturna y grisácea a la que estamos acostumbrados en los dirigentes de izquierdas —yo el primero—, sino que se ha expresado con una comunicación no verbal basada en ofrecer una promesa de alivio y esperanza.</p></div><p class="article-text">
        Zohran Mamdani sonr&iacute;e cuando anuncia sus nuevas medidas para Nueva York. Zack Polanski sonr&iacute;e cuando en nombre de los Verdes del Reino Unido habla de trabajo garantizado y critica a las teor&iacute;as econ&oacute;micas convencionales. Jos&eacute; Ignacio Garc&iacute;a, candidato de Adelante Andaluc&iacute;a, apenas ha dejado de sonre&iacute;r en toda la campa&ntilde;a. Las tres sonrisas trasladan continuamente la impresi&oacute;n de que son personas alegres y que tienen la esperanza de que las medidas que proponen van a servir para mejorar la vida de las personas que les rodean. No importa que lo que est&eacute;n diciendo sea, en realidad, muy serio; y tampoco parece que les afecte la cantidad de odio que les dedican sus rivales. Sus sonrisas no se antojan impostadas sino parte de un proyecto que busca tener atractivo pol&iacute;tico y comunicativo.
    </p><p class="article-text">
        Es parte de la semi&oacute;tica en pol&iacute;tica, es decir, de c&oacute;mo los seres humanos utilizamos los signos y los s&iacute;mbolos para transmitir significados. En pol&iacute;tica no solo queremos decir algo &mdash;una &ldquo;verdad como un pu&ntilde;o&rdquo;, por ejemplo&mdash; sino que aspiramos a convencer a la mayor&iacute;a de los receptores de nuestro mensaje. Y en una pol&iacute;tica mediatizada eso es tan o m&aacute;s importante que el contenido mismo: como m&iacute;nimo, la forma en la que transmitimos determinar&aacute; los l&iacute;mites de nuestro mensaje. Pero esta es una descripci&oacute;n de la pol&iacute;tica que resulta inc&oacute;moda y antip&aacute;tica para una parte notable de la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        A riesgo de hacer un trazo demasiado grueso, una parte de la izquierda es extraordinariamente racionalista. La consigna de &ldquo;programa, programa, programa&rdquo; se concibi&oacute; para explicar el sentido de los (des)acuerdos entre partidos, pero en la pr&aacute;ctica se ha convertido en un canto a la racionalidad pol&iacute;tica. Desde este punto de vista, los partidos ofrecen programas de cientos de p&aacute;ginas que los votantes evaluar&iacute;an antes de votar, como si la reflexi&oacute;n racional operara con absoluta claridad en cada cabeza. Que un dirigente sonr&iacute;a o no es, desde ah&iacute;, completamente irrelevante: lo b&aacute;sico es formular &ldquo;las verdades&rdquo; y esperar que la gente las reconozca como de su inter&eacute;s propio. Una identificaci&oacute;n racional.
    </p><p class="article-text">
        Este racionalismo, sin embargo, es tambi&eacute;n una coraza. En un contexto que algunos hemos descrito como una verdadera depresi&oacute;n emocional de las gentes de izquierdas &mdash;impotencia ante el avance reaccionario, fatiga acumulada, ausencia de horizonte&mdash;, la seriedad program&aacute;tica y la gesti&oacute;n gris protege del rid&iacute;culo y del fracaso. Y, adem&aacute;s, por qu&eacute; no decirlo, es mucho m&aacute;s c&oacute;modo. Resulta mucho m&aacute;s complicado tener que lidiar con las contradicciones cotidianas que quedan encerradas en nuestras vidas de seres emocionales, que r&iacute;en y lloran tanto por lo importante como por lo accesorio. Y mientras tanto, el terreno emocional politizado, que es el que est&aacute; moviendo a las grandes mayor&iacute;as, lo ocupa casi en solitario la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que ni los votantes leen esos programas de p&aacute;ginas infinitas ni tampoco votan pensando en esos c&oacute;digos. Por el contrario, la pol&iacute;tica realmente existente est&aacute; mucho m&aacute;s atravesada por la emocionalidad en contextos hist&oacute;ricamente espec&iacute;ficos. Y, actualmente, una parte creciente de la poblaci&oacute;n vota a partir de su identificaci&oacute;n con el candidato que encarna el proyecto a representar. Pero esa identificaci&oacute;n no es puramente racional &mdash;&ldquo;le voto porque piensa lo mismo que yo&rdquo;&mdash; sino que est&aacute; influida por las emociones, intuiciones y sensaciones que despierta su propia forma de expresarse. De ah&iacute; que los asesores pol&iacute;ticos profesionalizados dediquen denodados esfuerzos en construir, reformar e incluso inventar relatos atractivos para los candidatos; trasladando la idea de que son los m&aacute;s sencillos y cercanos, gente confiable que tiene la intenci&oacute;n de mejorar la vida de los dem&aacute;s. En este sentido, sonre&iacute;r est&aacute; a la altura de los programas pol&iacute;ticos; es, por decirlo as&iacute;, una expresi&oacute;n no verbal de un mensaje pol&iacute;tico. Con algunos es m&aacute;s f&aacute;cil, porque es genuino, y con otros es verdaderamente digno de un premio Goya.
    </p><p class="article-text">
        Javier Arenas, por ejemplo, fue el eterno candidato del PP andaluz, y aparec&iacute;a ante la poblaci&oacute;n como un se&ntilde;orito andaluz que estaba a dos votos de convertirse en un tirano. Siempre estaba serio, y parec&iacute;a desconectado de los problemas reales de sus potenciales votantes. No por casualidad, Moreno Bonilla lleva a&ntilde;os intentando evitar esa imagen, y en esta campa&ntilde;a tampoco ha dejado de aparecer como un ser humano corriente que, adem&aacute;s, viste como cualquiera de nosotros en un d&iacute;a normal. Y tambi&eacute;n ha intentado sonre&iacute;r en todo momento, aunque de una forma tan forzada que en ocasiones lo ha hecho incluso cuando no correspond&iacute;a. Quiz&aacute;s eso demostraba falta de convencimiento, pero tambi&eacute;n que detr&aacute;s hab&iacute;a una estrategia de comunicaci&oacute;n: una que es consciente de la importancia de la semi&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento de Adelante Andaluc&iacute;a tiene varios factores detr&aacute;s, no solo uno; lo mismo puede decirse de la resistencia de Por Andaluc&iacute;a dadas las actuales circunstancias. Habr&aacute; tiempo para ir desglosando todos esos elementos, pero ahora s&iacute; quisiera destacar que el candidato de Adelante, Jose Ignacio Garc&iacute;a, ha aparecido ante la poblaci&oacute;n como un hombre alegre y comprometido. La radicalidad de su mensaje no ha correlacionado con la faz taciturna y gris&aacute;cea a la que estamos acostumbrados en los dirigentes de izquierdas &mdash;yo el primero&mdash;, sino que se ha expresado con una comunicaci&oacute;n no verbal basada en ofrecer una promesa de alivio y esperanza. Ha conseguido, en apenas unas semanas, que mucha gente que no le conoc&iacute;a de nada conectara con su forma de comunicar y que se identificara con &eacute;l: su comunicaci&oacute;n parec&iacute;a fresca y no enlatada y, sobre todo, abierta a futuros con algo de luz. Eso, en un contexto de depresi&oacute;n emocional de la izquierda, no es poca cosa incluso aunque no sea suficiente.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de elegir entre organizaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n, ni de oponer hiperliderazgo a procesos colectivos &mdash;como si Lenin no hubiera sido un hiperliderazgo por carecer de TikTok&mdash;. Se trata de algo m&aacute;s simple: para conectar con la poblaci&oacute;n no basta con decirle &ldquo;verdades&rdquo; que probablemente ya intuye; hay que identificar sus estados de &aacute;nimo y construir una relaci&oacute;n a partir de ah&iacute;. Los bolcheviques no hicieron la revoluci&oacute;n leyendo El Capital en voz alta. Si acaso hab&iacute;a una materialidad escrita, esa ten&iacute;a que ver con tres palabras &mdash;Paz, Pan y Trabajo&mdash; que cualquiera pod&iacute;a repetir y que condensaban demandas materiales del d&iacute;a a d&iacute;a en una sola promesa de futuro. Eso tambi&eacute;n es semi&oacute;tica: s&iacute;mbolos y signos que expresan significados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los retos de la izquierda son m&uacute;ltiples y muy grandes, especialmente de cara a las pr&oacute;ximas elecciones generales. Pero podr&iacute;amos comenzar con un paso humilde: reconocer que la semi&oacute;tica de Mamdani, Polanski y Garc&iacute;a resulta mucho m&aacute;s atractiva para un pueblo que parece haber perdido la esperanza en que haya alternativa a un gobierno reaccionario. Cuando la vida cotidiana de las clases populares est&aacute; atravesada por la ansiedad clim&aacute;tica, la precariedad permanente y una guerra cultural sin tregua, la promesa de alivio adquiere un valor de uso que antes no ten&iacute;a. La extrema derecha vende ira, y el espacio del alivio y la esperanza est&aacute; vac&iacute;o. Y lo que lo ocupa con credibilidad, gana. Por eso ser&iacute;a conveniente tomar nota antes de la pr&oacute;xima cita con las urnas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-arte-olvidado-sonreir_129_13236304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 20:33:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3e5d746c-2ec1-461d-944e-fd9853235ef4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="379716" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3e5d746c-2ec1-461d-944e-fd9853235ef4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="379716" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La izquierda y el arte olvidado de sonreír]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3e5d746c-2ec1-461d-944e-fd9853235ef4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los efectos de las políticas 'socialcomunistas' en empleo y productividad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/efectos-politicas-socialcomunistas-empleo-productividad_129_13230784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a166b760-ab01-4e89-a50e-13734786b348_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los efectos de las políticas &#039;socialcomunistas&#039; en empleo y productividad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cabe rechazar de plano el relato de los trabajadores vagos y debemos reconocer también que hay señales razonables de un cambio estructural en curso, aunque limitado. La productividad por hora crece a un ritmo similar al de la recuperación 2014-2019, pero lo hace con un ritmo de creación de empleo mucho mayor, lo que rompe el patrón anticíclico que había dominado el ciclo español hasta entonces</p></div><p class="article-text">
        Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, uno de los lastres m&aacute;s importantes de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola ha sido la baja productividad del trabajo. Por lo general, los economistas convencionales suelen localizar el problema en el factor trabajo: baja cualificaci&oacute;n, costes laborales elevados, regulaci&oacute;n excesiva&hellip; El argumento es sencillo: en tanto la productividad laboral es una ratio entre el valor monetario de la producci&oacute;n y las horas trabajadas, si en Espa&ntilde;a esta cifra es menor que en Estados Unidos, entonces <em>se deduce </em>que los trabajadores espa&ntilde;oles crean menos valor monetario por cada hora de trabajo. Se dir&iacute;a que, por alguna raz&oacute;n, aprovechamos bastante peor las horas de trabajo que los estadounidenses. El siguiente gr&aacute;fico pone cifras: en la actualidad, la productividad laboral en Espa&ntilde;a es el 74% de la de Estados Unidos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La productividad por hora en España es el 74% de la de EEUU" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-TYG7l" src="https://datawrapper.dwcdn.net/TYG7l/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="365" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis alternativo, sin embargo, se&ntilde;alar&iacute;a que la causa de una baja productividad relativa &mdash;en Espa&ntilde;a respecto a otros pa&iacute;ses de referencia&mdash; <a href="https://www.eldiario.es/economia/cara-b-productividad-trabajadores-son-vez-eficientes-capital-todavia-le-pesa-ladrillo_1_12950554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiene que ver con la estructura productiva de una econom&iacute;a y no tanto con el esfuerzo de los trabajadores</a>. La raz&oacute;n es que el numerador de la ratio &mdash;el valor monetario de la producci&oacute;n&mdash; es la suma de los valores monetarios de todo lo que produce una econom&iacute;a, pero no distingue entre, por ejemplo, aviones y melocotones. Y es obvio que es distinto producir una cosa u otra: si una econom&iacute;a produce muchos aviones y pocos melocotones su valor monetario ser&aacute; m&aacute;s alto que si produce muchos melocotones y pocos aviones, con independencia del esfuerzo de los trabajadores. Lo que llamamos producci&oacute;n u output &mdash;y que medimos a trav&eacute;s del PIB&mdash; es solo el valor monetario de un conjunto de bienes y servicios muy heterog&eacute;neo. Hay una larga tradici&oacute;n hist&oacute;rica, desde los mercantilistas del capitalismo temprano hasta la moderna econom&iacute;a del desarrollo, que subraya que lo importante para que un pa&iacute;s sea rico es saber qu&eacute; quiere producir e intervenir en la econom&iacute;a para conseguirlo. El problema, entonces, es que Espa&ntilde;a tiene una estructura productiva menos desarrollada que otras econom&iacute;as occidentales.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la din&aacute;mica de la productividad laboral en nuestro pa&iacute;s ha sido hist&oacute;ricamente antic&iacute;clica. Esto significa que cuando la econom&iacute;a crece la productividad laboral tiende a estancarse o crecer d&eacute;bilmente y, al contrario, cuando la econom&iacute;a decrece la productividad laboral tiende a crecer. Esto ocurre por un mero efecto estad&iacute;stico resultado de trabajar con datos agregados. Recu&eacute;rdese que el numerador es la suma de los valores monetarios producidos por muchos trabajadores diferentes, y que cuando llega una crisis se despide primero a los que menos valor monetario por hora crean &mdash;sectores de bajo valor a&ntilde;adido tales como hosteler&iacute;a, construcci&oacute;n, comercio minorista y servicios poco cualificados&mdash;. Este fen&oacute;meno provoca la retirada de los c&aacute;lculos de los que menos valor monetario producen, lo que autom&aacute;ticamente eleva la productividad media de los que quedan trabajando, aunque ninguno de ellos est&eacute; produciendo m&aacute;s por hora que antes. As&iacute; que cuando hay una crisis y se producen despidos, la productividad laboral crece <em>aunque</em> los trabajadores sigan haciendo lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        El mismo mecanismo opera en la direcci&oacute;n contraria cuando la econom&iacute;a crece, ya que al contratar a nuevos trabajadores en sectores con menor valor a&ntilde;adido se produce una reducci&oacute;n de la productividad laboral media. Ambos procesos, en una y otra direcci&oacute;n, han caracterizado la din&aacute;mica de la productividad laboral&hellip; hasta ahora. 
    </p><p class="article-text">
        El per&iacute;odo que sigue a la pandemia tiene una caracter&iacute;stica que lo distingue de las expansiones anteriores: el ritmo de creaci&oacute;n de empleo &mdash;+3,85% anual en horas trabajadas, +4,24% en puestos a tiempo completo&mdash; casi duplica el de la recuperaci&oacute;n 2014-2019 (+2,15% y +2,35%) y se sostiene sin sacrificar la productividad por hora, que crece a un ritmo similar al de aquel per&iacute;odo (+0,49% vs +0,46%). En las grandes expansiones anteriores el patr&oacute;n fue distinto: aunque la productividad por hora tambi&eacute;n crec&iacute;a, lo hac&iacute;a a ritmos muy modestos (+0,38% anual en 2001-2007, ligeramente negativa en 1996-2000) y con un comportamiento marcadamente c&iacute;clico, aceler&aacute;ndose solo al final del ciclo cuando la creaci&oacute;n de empleo se enfriaba. La singularidad post-COVID es que el ritmo m&aacute;s alto de creaci&oacute;n de empleo desde los noventa coincide con una productividad por hora positiva y sostenida desde 2022, sin esperar al agotamiento del ciclo. Algo ha cambiado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La expansión post-Covid combina la mayor creación de empleo con productividad positiva" aria-label="Columnas agrupadas" id="datawrapper-chart-bLLR5" src="https://datawrapper.dwcdn.net/bLLR5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="679" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis m&aacute;s plausible es que se est&aacute; produciendo un lento pero sostenido cambio en la estructura econ&oacute;mica de Espa&ntilde;a, principalmente como consecuencia de los planes de est&iacute;mulo acordados durante la pandemia y desplegados desde entonces &mdash;los famosos fondos NextGenerationEU&mdash;. Durante este per&iacute;odo ha crecido de forma muy intensa tanto la poblaci&oacute;n &mdash;v&iacute;a inmigraci&oacute;n&mdash; como el empleo, que adem&aacute;s ha sido en buena parte de poca o nula cualificaci&oacute;n. En condiciones normales deber&iacute;amos haber visto una ca&iacute;da de la productividad laboral, pero observamos lo contrario: algo que puede explicarse si la productividad laboral del resto de trabajadores ha aumentado lo suficiente como para compensar el efecto decreciente esperado. 
    </p><p class="article-text">
        Los canales por los que esto puede estar sucediendo son al menos cuatro y conviene distinguirlos. Primero, un ascenso en la cadena de valor: los mismos trabajadores producen bienes y servicios de mayor valor monetario, como cuando una econom&iacute;a pasa de fabricar zapatos a fabricar componentes electr&oacute;nicos. Esto es b&aacute;sicamente lo que ha logrado China en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como estrategia deliberada de desarrollo. Segundo, un proceso de <em>capital deepening</em>: las empresas dotan a cada trabajador de m&aacute;s maquinaria y equipos, de modo que la productividad por hora sube simplemente porque hay m&aacute;s capital f&iacute;sico apoyando el trabajo. Tercero, una mejora propiamente tecnol&oacute;gica o energ&eacute;tica donde con el mismo capital y el mismo trabajo se produce m&aacute;s. Un cuarto canal tiene que ver con la dimensi&oacute;n energ&eacute;tica del proceso productivo. La electrificaci&oacute;n, el despliegue de renovables o la incorporaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as m&aacute;s eficientes pueden permitir producir m&aacute;s valor monetario con menores costes materiales y energ&eacute;ticos por unidad de trabajo. En un pa&iacute;s especialmente vulnerable a shocks energ&eacute;ticos externos, esta variable podr&iacute;a haber desempe&ntilde;ado un papel no menor en la evoluci&oacute;n reciente de la productividad.
    </p><p class="article-text">
        Estos cuatro canales son distintos en sus implicaciones, pero todos se reflejan en la ratio agregada de productividad laboral. No tenemos datos suficientes para profundizar en cu&aacute;l est&aacute; siendo m&aacute;s importante, pero todo parece apuntar a que la econom&iacute;a espa&ntilde;ola estar&iacute;a siendo capaz de mejorar parte de su estructura productiva a pesar del peso inmenso que tienen todav&iacute;a los sectores de bajo valor a&ntilde;adido &mdash;los cuales absorben gran parte de la nueva creaci&oacute;n de empleo&mdash;.
    </p><h2 class="article-text">Una visi&oacute;n europea</h2><p class="article-text">
        En todo caso, si analizamos esta evoluci&oacute;n en perspectiva internacional, como en el gr&aacute;fico siguiente, llama todav&iacute;a m&aacute;s la atenci&oacute;n. Desde la pandemia, Espa&ntilde;a ha mejorado su productividad relativa por hora respecto a Alemania, Italia y Francia. Y eso a pesar de que, como mostr&eacute; en el primer gr&aacute;fico, Espa&ntilde;a est&aacute; en t&eacute;rminos absolutos todav&iacute;a lejos de sus vecinos &mdash;con excepci&oacute;n de Italia, que est&aacute; solo ligeramente por encima de Espa&ntilde;a&mdash;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="España y Alemania crecen, Italia y Francia retroceden" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-ZQduc" src="https://datawrapper.dwcdn.net/ZQduc/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="598" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        No deber&iacute;a sorprender que los an&aacute;lisis econ&oacute;micos convencionales sean reacios a interpretar estos indicadores como signo de un cambio estructural. El relato dominante es que Espa&ntilde;a crece sobre todo por entrada masiva de inmigrantes &mdash;crecimiento extensivo&mdash; y no porque se est&eacute; produciendo una transformaci&oacute;n de la base productiva &mdash;crecimiento intensivo&mdash;. En realidad, no cabe lanzar las campanas al vuelo porque el modelo de crecimiento espa&ntilde;ol sigue siendo desigual &mdash; con los beneficios del crecimiento concentr&aacute;ndose en una minor&iacute;a de empresas y sectores rentistas&mdash;, vulnerable &mdash;por la alta dependencia de sectores de bajo valor a&ntilde;adido&mdash; e insostenible ecol&oacute;gicamente &mdash;sobre lo que volver&eacute; en otro art&iacute;culo&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero todos estos indicadores permiten al menos algunas conclusiones preliminares. En primer lugar, cabe rechazar de plano el relato de los trabajadores vagos. En segundo lugar, debemos reconocer que hay se&ntilde;ales razonables de un cambio estructural en curso, aunque limitado. Y, en tercer lugar, podemos constatar que este per&iacute;odo &mdash;el del gobierno de coalici&oacute;n&mdash; coincide con el mejor desempe&ntilde;o comparado de la productividad espa&ntilde;ola frente a sus vecinos europeos en treinta a&ntilde;os: mientras Francia, Italia y, en menor medida, Alemania, han visto retroceder o estancarse su productividad por hora desde la pandemia, Espa&ntilde;a ha avanzado. En t&eacute;rminos puramente nacionales, la productividad por hora crece a un ritmo similar al de la recuperaci&oacute;n 2014-2019, pero lo hace con un ritmo de creaci&oacute;n de empleo mucho mayor, lo que rompe el patr&oacute;n antic&iacute;clico que hab&iacute;a dominado el ciclo espa&ntilde;ol hasta entonces. Atribuir causalidad directa exigir&iacute;a m&aacute;s trabajo del que aqu&iacute; cabe. Pero hay un punto que s&iacute; est&aacute; claro: las pol&iacute;ticas que el relato convencional describi&oacute; como un freno a la competitividad han coincidido con el per&iacute;odo m&aacute;s favorable que la productividad espa&ntilde;ola ha vivido en t&eacute;rminos comparados en mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Cabe preguntarse por qu&eacute; importa todo esto m&aacute;s all&aacute; del debate acad&eacute;mico entre economistas (para los interesados en esta dimensi&oacute;n, hace unos a&ntilde;os escrib&iacute; con mayor profundidad y extensi&oacute;n <a href="https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1591" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este art&iacute;culo acad&eacute;mico</a>). Lo cierto es que importa porque el diagn&oacute;stico determina la pol&iacute;tica: si la baja productividad se atribuye al trabajador, las recetas ser&aacute;n siempre la devaluaci&oacute;n interna y el recorte laboral. Si se atribuye a la estructura productiva, lo que se exige es pol&iacute;tica industrial, inversi&oacute;n p&uacute;blica dirigida y una intervenci&oacute;n deliberada del Estado en qu&eacute; se produce y c&oacute;mo. Importa, tambi&eacute;n, porque sin esa transformaci&oacute;n de la base productiva resulta imposible plantear cualquier otra agenda &mdash;ecol&oacute;gica, por ejemplo&mdash; sobre bases s&oacute;lidas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/efectos-politicas-socialcomunistas-empleo-productividad_129_13230784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a166b760-ab01-4e89-a50e-13734786b348_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="588885" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a166b760-ab01-4e89-a50e-13734786b348_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="588885" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los efectos de las políticas 'socialcomunistas' en empleo y productividad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a166b760-ab01-4e89-a50e-13734786b348_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de mediar (a propósito de unas ratas nadadoras)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-mediar-proposito-ratas-nadadoras_129_13219131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016a7b7c-e14b-4186-8a8e-e929b647f112_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de mediar (a propósito de unas ratas nadadoras)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras la ministra Mónica García explicaba a periodistas el protocolo de la OMS para el desembarco del MV Hondius, el presidente canario Fernando Clavijo advertía de que las ratas portadoras del hantavirus podrían llegar nadando a Tenerife. La imagen resume la paradoja de nuestra época: nunca hubo tanta información disponible y nunca pareció tan difícil pensar con calma</p></div><p class="article-text">
        Con pocos minutos de diferencia, mientras la ministra M&oacute;nica Garc&iacute;a y el secretario de Estado Javier Padilla explicaban a periodistas y ciudadanos el protocolo de la OMS para el desembarco del MV Hondius, el presidente canario Fernando Clavijo advert&iacute;a en una entrevista que las ratas portadoras del hantavirus podr&iacute;an llegar nadando a Tenerife. La imagen resume bien la paradoja de nuestra &eacute;poca: nunca hubo tanta informaci&oacute;n disponible y nunca pareci&oacute; tan dif&iacute;cil pensar con calma. En la gesti&oacute;n del hantavirus ha quedado a la vista el contraste entre una actitud guiada por criterios cient&iacute;ficos y el tsunami de desinformaci&oacute;n y alarmismo interesado que han poblado las redes y, lo que es m&aacute;s grave, algunas ruedas de prensa institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Como en todos los pa&iacute;ses, en Espa&ntilde;a conviven dos pulsiones contradictorias. Por un lado, somos herederos de las nociones ilustradas de raz&oacute;n y verdad: el sistema educativo se ordena, al menos sobre el papel, en torno al pensamiento aut&oacute;nomo y al conocimiento contrastado por encima de supersticiones y religiones. Por otro, hay una pulsi&oacute;n irracional que aflora en las encuestas. Seg&uacute;n el <a href="https://www.fbbva.es/noticias/estudio-opinion-publica-cultura-cientifica-interes-conocimiento-ciencia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;ltimo estudio de la Fundaci&oacute;n BBVA sobre cultura cient&iacute;fica</a>, el 28% de los espa&ntilde;oles cree que los extraterrestres han visitado la Tierra y que los poderes lo han ocultado, el 22% duda de que los humanos llegaran a la Luna y el 15% niega la existencia del cambio clim&aacute;tico. Cada vez m&aacute;s, los retratos de la realidad se conforman por impulso emocional y por agregaci&oacute;n de fragmentos que circulan en las redes; cada vez menos, por el uso reposado de la capacidad para pensar.
    </p><p class="article-text">
        Soy de una generaci&oacute;n que se familiariz&oacute; pronto con la inform&aacute;tica y con internet, pero que todav&iacute;a recuerda c&oacute;mo era la vida antes: la enciclopedia inmensa del despacho familiar, primero en papel y m&aacute;s tarde en CD-ROM. Han pasado pocos a&ntilde;os y hoy esa misma informaci&oacute;n llega a un m&oacute;vil en cuesti&oacute;n de segundos. Y, sin embargo, no por ello somos m&aacute;s sabios. De hecho, el flujo de informaci&oacute;n es tan grande que ahoga la capacidad misma de fijar la atenci&oacute;n en algo y, desde luego, la posibilidad de una reflexi&oacute;n sosegada.
    </p><p class="article-text">
        El concepto clave, a mi entender, es el de la informaci&oacute;n en tiempo real. Naci&oacute; en el &aacute;mbito militar, y desde ah&iacute; ha contaminado todas las dimensiones de la vida. Tenemos relojes que monitorizan el cuerpo y nos avisan al instante de cualquier alteraci&oacute;n. Y tenemos, sobre todo, un sistema medi&aacute;tico que ha renunciado a su funci&oacute;n cl&aacute;sica. No hay que idealizar c&oacute;mo funcionaban hace d&eacute;cadas todos los medios, pero el patr&oacute;n general era reconocible: recib&iacute;an la informaci&oacute;n, la metabolizaban y produc&iacute;an piezas inteligibles para el lector. Hoy esa pausa apenas existe: la mayor&iacute;a se ha convertido en correa de transmisi&oacute;n de un flujo sin pulir, sincronizada con un deseo de atenci&oacute;n inmediata que las plataformas, por dise&ntilde;o algor&iacute;tmico, empujan hacia el est&iacute;mulo emocional antes que hacia el razonamiento.
    </p><p class="article-text">
        Aunque solemos pensar que es un asunto de desinformaci&oacute;n o de manipulaci&oacute;n &mdash;difundir versiones falsas sobre la autor&iacute;a de un crimen o sobre la biolog&iacute;a de un virus&mdash;, aqu&iacute; estamos ante algo m&aacute;s profundo: de c&oacute;mo se gestiona emocionalmente cualquier crisis colectiva. Los seres humanos sabemos que nuestro entendimiento se nubla ante los est&iacute;mulos cargados afectivamente, frente a los que respondemos r&aacute;pido y por intuici&oacute;n. Tenemos, adem&aacute;s, un sesgo de reba&ntilde;o que hace que, si todos huyen de algo, no corramos en direcci&oacute;n a ese algo para comprobar qu&eacute; es, sino que nos sumemos a la fuga. Es un fen&oacute;meno tan evidente que las met&aacute;foras para describirlo, desde la antig&uuml;edad, lo asimilan a hechos naturales: tsunami, terremoto, ola, hurac&aacute;n. Toda la tradici&oacute;n cesarista, del bonapartismo a las versiones contempor&aacute;neas del trumpismo, se ha dedicado precisamente a fabricar ese clima y a recoger sus r&eacute;ditos. Por supuesto, es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota: la ansiedad colectiva del tiempo hist&oacute;rico que atravesamos erosiona mediaciones y deslegitima a los actores medi&aacute;ticos, pol&iacute;ticos e incluso cient&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Si recordamos el precedente cercano y duro de la Covid, es comprensible que ante el aviso de un virus en camino la poblaci&oacute;n se alarme e incluso tome decisiones carentes de toda l&oacute;gica &mdash;aunque conviene recordar que en Chile y Argentina conviven con este mismo virus, y con sus brotes ocasionales, sin nada parecido a este alarmismo&mdash;. Pero hay tambi&eacute;n otra clase de bulos, m&aacute;s explicados por la ideolog&iacute;a que por la memoria: las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n seg&uacute;n las cuales todo el episodio ser&iacute;a un montaje del Gobierno, los ministros buscar&iacute;an la foto, o el brote servir&iacute;a de cortina de humo para tapar otros asuntos.
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde, en una democracia, deber&iacute;an entrar a jugar los dos filtros encargados de impedir que la sociedad caiga presa de la locura colectiva: los medios y los dirigentes pol&iacute;ticos. A ellos les corresponde reunir la informaci&oacute;n disponible, metabolizarla mediante los mejores procedimientos y proponer una s&iacute;ntesis fundada en la raz&oacute;n y en la ciencia. Eso es lo que recomendar&iacute;a cualquier teor&iacute;a democr&aacute;tica que aspire a cohesionar una comunidad de diferentes, canalizando en la pol&iacute;tica lo que antes se resolv&iacute;a mediante la violencia directa.
    </p><p class="article-text">
        En la crisis del hantavirus, la ministra M&oacute;nica Garc&iacute;a y el secretario de Estado Javier Padilla cumplieron ese papel con pulcritud. No tanto, como podr&iacute;a pensarse, porque ambos sean profesionales m&eacute;dicos &mdash;saber de algo no garantiza saber comunicarlo, aunque en su caso s&iacute; ha ayudado&mdash;, sino por algo m&aacute;s prosaico: ritmo regular de comparecencias, vocabulario calibrado a lo que efectivamente se sab&iacute;a en cada momento, distinci&oacute;n clara y pedag&oacute;gica de los conceptos utilizados, y disposici&oacute;n a corregir el dato cuando cambiaba. Es un protocolo comunicativo que da confianza, calma los &aacute;nimos y que cualquier administraci&oacute;n deber&iacute;a poder replicar ante una crisis, pero que rara vez se aplica &mdash;como volvimos a ver con la gesti&oacute;n de la DANA en Valencia&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        En el polo opuesto se situ&oacute; el Gobierno de Canarias. La advertencia del presidente Fernando Clavijo sobre las &ldquo;ratas nadadoras&rdquo; &mdash;una especulaci&oacute;n formulada en horario de m&aacute;xima audiencia&mdash; funcion&oacute; como gasolina sobre el miedo y oblig&oacute; al Ministerio a dedicar parte de cada comparecencia a desmentirla. Algo parecido cabe decir de los portavoces del PP que reclamaron medidas extraordinarias &mdash;y contradictorias&mdash;&nbsp;mientras la operaci&oacute;n del Hondius transcurr&iacute;a conforme al protocolo de la OMS. Cuesta no leer ese alarmismo como una decisi&oacute;n deliberada: incendiar los &aacute;nimos para tener algo que decir cuando el adversario maneja bien la crisis. Y, aun en el mejor de los casos &mdash;si fuera incompetencia y no c&aacute;lculo&mdash;, el resultado ser&iacute;a el mismo. Conviene insistir, en todo caso, en que es un problema estructural: en un ecosistema pol&iacute;tico dominado por la atenci&oacute;n inmediata, los incentivos para sobreactuar una amenaza son enormes, ya que permiten ocupar espacio medi&aacute;tico incluso cuando la gesti&oacute;n t&eacute;cnica de una crisis deja poco margen para la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Independientemente de cu&aacute;l sea la raz&oacute;n &uacute;ltima que explica ese comportamiento, de efectos perniciosos, es importante subrayar que la labor del trabajo p&uacute;blico &mdash;medios o dirigentes pol&iacute;ticos&mdash; no es la de transmitir de manera inmediata lo que la audiencia ya teme. Esa es la materia prima del cesarismo, no de la democracia. La pr&oacute;xima emergencia &mdash;porque habr&aacute; una pr&oacute;xima, ya que con el cambio clim&aacute;tico las zoonosis se multiplican&mdash; se decidir&aacute; en buena medida ah&iacute;: en si los filtros aguantan, o si nos veremos todos corriendo en la misma direcci&oacute;n detr&aacute;s del primero que grite &ldquo;una rata nadadora&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-mediar-proposito-ratas-nadadoras_129_13219131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 19:53:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/016a7b7c-e14b-4186-8a8e-e929b647f112_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="287824" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/016a7b7c-e14b-4186-8a8e-e929b647f112_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="287824" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El arte de mediar (a propósito de unas ratas nadadoras)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/016a7b7c-e14b-4186-8a8e-e929b647f112_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hantavirus,Mónica García,Fernando Clavijo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fce2dee8-4e34-4557-a2b2-be14a8d585ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un mundo lleno, la interdependencia se ha convertido en vulnerabilidad: la energía y los recursos vuelven a ser escasos y altamente disputados. Esta es la situación que explica el retorno de las prácticas neomercantilistas y de la violencia por parte de una gran potencia, Estados Unidos, que fue hegemónica en la era de los combustibles fósiles y teme ahora perder esa posición privilegiada</p></div><p class="article-text">
        El barril de petr&oacute;leo Brent sigue cotizando por encima de los 100 d&oacute;lares. La causa es la guerra en Ir&aacute;n y <a href="https://www.eldiario.es/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cierre del Estrecho de Ormuz,</a> por donde transita en tiempos normales una quinta parte del crudo y casi un tercio del gas natural licuado del planeta. La escena recuerda lo que ya sab&iacute;amos, pero solemos olvidar: una constante de la historia de la humanidad es la lucha por los recursos. Hoy son los combustibles f&oacute;siles &mdash;indispensables para que el metabolismo de las sociedades contempor&aacute;neas pueda reproducirse, hasta el punto de que sin un flujo continuado de carb&oacute;n, petr&oacute;leo o gas natural cualquiera de ellas colapsar&iacute;a&mdash;. En otros tiempos fueron el oro, la plata y otros metales como el esta&ntilde;o o el cobre los recursos lo bastante codiciados como para alimentar guerras, invasiones y masacres de pueblos enteros.
    </p><p class="article-text">
        Para entender lo que ocurre conviene recuperar una idea formulada en los a&ntilde;os setenta por el economista Herman Daly &mdash;disc&iacute;pulo de Nicholas Georgescu-Roegen y, junto con autores como el espa&ntilde;ol Joan Mart&iacute;nez Alier, una de las figuras fundacionales de la econom&iacute;a ecol&oacute;gica&mdash;. Seg&uacute;n Daly, la econom&iacute;a no es un universo aut&oacute;nomo, sino un subsistema del Sistema-Tierra, y por tanto debe operar dentro de sus l&iacute;mites para que su propia reproducci&oacute;n est&eacute; garantizada a medio plazo. Durante la mayor parte de la era industrial, el impacto de la actividad humana fue peque&ntilde;o en relaci&oacute;n con el conjunto de la biosfera: viv&iacute;amos en lo que Daly llam&oacute; un &ldquo;mundo vac&iacute;o&rdquo;, un mundo en el que los recursos naturales aparec&iacute;an como abundantes aunque, por definici&oacute;n, fuesen finitos. Ese ha sido el tiempo &ldquo;normal&rdquo; en el que se gest&oacute; la disciplina econ&oacute;mica moderna y en el que naturalizamos el estado de cosas actual, con todas sus infraestructuras dependientes de los combustibles f&oacute;siles y el nivel de consumo facilitado por la industria petroqu&iacute;mica. El problema, advert&iacute;an Daly y sus compa&ntilde;eros, es que progresivamente &mdash;y por eso casi de forma imperceptible para las vidas particulares&mdash; la actividad econ&oacute;mica humana ha seguido creciendo hasta desbordar la capacidad del planeta. La acumulaci&oacute;n de conocimiento desde entonces ha ido confirmando la tendencia a trav&eacute;s de distintos indicadores cient&iacute;ficos: los l&iacute;mites planetarios, la huella ecol&oacute;gica, la p&eacute;rdida de biodiversidad, el cambio clim&aacute;tico&hellip; Y, adem&aacute;s, lo que era finito pero abundante comienza a dejar de serlo. Hemos entrado en lo que Daly llamaba un &ldquo;mundo lleno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, este relato de disputa por los recursos, que resulta tan familiar para la antropolog&iacute;a, la historia o la sociolog&iacute;a, ha sido marginado por la econom&iacute;a mainstream. A pesar de que la definici&oacute;n de Lionel Robbins que aparece en la mayor&iacute;a de los manuales describe a la ciencia econ&oacute;mica como la disciplina ocupada en la asignaci&oacute;n de recursos escasos, en el pensamiento econ&oacute;mico convencional los recursos naturales en particular brillan por su ausencia. De hecho, los factores de producci&oacute;n que se ense&ntilde;an a los estudiantes en las facultades son solo dos: capital y trabajo. Los recursos naturales que en su momento preocuparon tanto a los economistas cl&aacute;sicos, como la tierra, no aparecen en las lecciones que los futuros economistas reciben en la universidad. Aunque existen manuales m&aacute;s recientes que han incorporado el medio ambiente y los recursos naturales, siguen trat&aacute;ndolos como variables secundarias y, sobre todo, altamente sustituibles con otros factores de producci&oacute;n &mdash;como si al agotarse el agua, pudi&eacute;ramos sustituirla por capital&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de que los economistas sean deliberadamente est&uacute;pidos: los recursos naturales fueron durante mucho tiempo muy abundantes y, en consecuencia, tambi&eacute;n muy baratos. Como resultado, no se preocuparon por ellos al definir y especificar los modelos que pretenden representar el mundo real. Al economista le interesan los precios, y aquello que es tan abundante que su precio resulta irrelevante &mdash;el ox&iacute;geno, el agua&mdash; suele despertar poco inter&eacute;s. Lo mismo sucedi&oacute; durante d&eacute;cadas con la energ&iacute;a. Cuando empez&oacute; a extraerse petr&oacute;leo en Estados Unidos, el problema de las grandes empresas era que aquel l&iacute;quido viscoso era demasiado abundante: las primeras estrategias de las petroleras americanas estaban destinadas a modular y restringir la extracci&oacute;n para sostener el precio. Hasta los a&ntilde;os setenta el barril fue, en t&eacute;rminos reales, extraordinariamente barato; con la primera crisis del petr&oacute;leo de 1973 super&oacute; ligeramente los 10 d&oacute;lares nominales y, con la segunda, lleg&oacute; a rozar los 40 d&oacute;lares &mdash;equivalentes a m&aacute;s de 130 d&oacute;lares de hoy&mdash;. La era del crudo barato termin&oacute; entonces, aunque la cultura econ&oacute;mica que se construy&oacute; sobre ella sobrevive intacta. 
    </p><p class="article-text">
        Hace d&eacute;cadas que los economistas ecol&oacute;gicos cuestionan el tratamiento que la econom&iacute;a convencional dispensa a los combustibles f&oacute;siles. Seg&uacute;n los marcos al uso, los combustibles f&oacute;siles y la energ&iacute;a en general apenas aportan al PIB de un pa&iacute;s: el sector energ&eacute;tico en su conjunto no representa, a efectos contables, ni el 5% del valor monetario de la producci&oacute;n. Es la misma l&oacute;gica por la que se nos dice que el &ldquo;turismo&rdquo; &mdash;o cualquier otro sector&mdash; es importante porque representa el 12% del PIB. En la contabilidad del crecimiento &mdash;la que utilizan todas las instituciones econ&oacute;micas para sus predicciones&mdash; lo decisivo es la contribuci&oacute;n de capital, trabajo y progreso t&eacute;cnico, pero no de la energ&iacute;a. Los economistas ecol&oacute;gicos &mdash;Robert Ayres, Reiner K&uuml;mmel, y m&aacute;s recientemente Steve Keen&mdash; llevan d&eacute;cadas advirtiendo que esa forma de pensar conduce a equ&iacute;voco: el ox&iacute;geno tampoco aparece en el PIB y, sin embargo, sin &eacute;l no hay actividad econ&oacute;mica posible. Con la energ&iacute;a pasa lo mismo: aunque su peso contable sea peque&ntilde;o, si se interrumpe se desploma toda la econom&iacute;a. Lo que es, por otro lado, sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como cualquier organismo vivo, toda actividad econ&oacute;mica necesita inputs de energ&iacute;a y produce residuos como salida. La econom&iacute;a convencional no la conceptualiza as&iacute;, lo que le permite tratarla como un sistema cerrado, con flujos circulares de capital y trabajo pero sin entradas f&iacute;sicas ni salidas residuales y mucho menos respetando las leyes de la termodin&aacute;mica. La realidad, sin embargo, se impone: cuando las fuentes de energ&iacute;a se interrumpen, todo el metabolismo se tambalea. Y es m&aacute;s f&aacute;cil que esos flujos dejen de llegar cuanto m&aacute;s escaso sea el recurso o cuanto m&aacute;s concentrada est&eacute; su extracci&oacute;n y procesamiento. Conviene recordar lo concentrados que est&aacute;n los combustibles f&oacute;siles a escala mundial: solo tres pa&iacute;ses &mdash;Estados Unidos, Arabia Saud&iacute; y Rusia&mdash; concentran m&aacute;s del 40% de la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo, y un porcentaje a&uacute;n mayor en el caso del gas natural, encabezado por Estados Unidos, Rusia e Ir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si los hidrocarburos est&aacute;n concentrados, los minerales que se necesitan para la transici&oacute;n energ&eacute;tica lo est&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s, y eso es algo de lo que poca gente es consciente. Los llamados minerales cr&iacute;ticos &mdash;imprescindibles para la producci&oacute;n de tecnolog&iacute;as renovables y para buena parte de los bienes electr&oacute;nicos&mdash; presentan grados de concentraci&oacute;n superiores a los del petr&oacute;leo. Como muestra el siguiente gr&aacute;fico de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, en el caso del litio tres pa&iacute;ses concentran m&aacute;s del 80% de la extracci&oacute;n, mientras que cerca del 70% del cobalto se ubica en un solo pa&iacute;s: la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. En la fase de procesamiento la fotograf&iacute;a es a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tida: <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ue-nuevo-espiritu-comercio-internacional_129_12754293.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China controla m&aacute;s del 80% de las tierras raras</a>, alrededor del 70% del cobalto y cerca del 60% del litio. La combinaci&oacute;n de azar geol&oacute;gico y pol&iacute;tica industrial ha conducido a un escenario donde los elementos cruciales del metabolismo de las sociedades modernas est&aacute;n en muy pocas manos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La producción de minerales clave para la transición energética está más concentrada que la del petróleo o el gas natural" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-4yDtp" src="https://datawrapper.dwcdn.net/4yDtp/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="852" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        El mundo lleno tiene, as&iacute;, una geograf&iacute;a precisa: unos pocos pa&iacute;ses y un pu&ntilde;ado de minas y refiner&iacute;as que controlan los flujos f&iacute;sicos de los que depende todo lo dem&aacute;s. Y sobre esa geograf&iacute;a se est&aacute; levantando una crisis pol&iacute;tica mayor. El liberalismo tradicional se construy&oacute; en este tiempo de anomal&iacute;a f&oacute;sil, naturalizando un estado de cosas en el que la energ&iacute;a era abundante y la econom&iacute;a no parec&iacute;a tener l&iacute;mites. En aquel marco, cualquier pa&iacute;s que necesitara energ&iacute;a o cualquier otro recurso pod&iacute;a te&oacute;ricamente conseguirlo acudiendo al mercado internacional; la clave del progreso, se nos dec&iacute;a, era la apertura de mercados. As&iacute;, la crisis actual del liberalismo no tiene tanto que ver con sus ideas como con la p&eacute;rdida de la base material que las sosten&iacute;a. En un mundo lleno, la interdependencia se ha convertido en vulnerabilidad: la energ&iacute;a y los recursos vuelven a ser escasos y altamente disputados. Eso s&iacute;, no ocurre con todos a la vez ni en el mismo grado, sino que algunos resultan especialmente cr&iacute;ticos, los llamados, precisamente por eso, <em>minerales cr&iacute;ticos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Como he defendido en <em>La guerra por la energ&iacute;a: poder, imperios y crisis ecol&oacute;gica</em>, esta es la situaci&oacute;n que explica el retorno de las pr&aacute;cticas neomercantilistas y de la violencia por parte de una gran potencia, Estados Unidos, que fue hegem&oacute;nica en la era de los combustibles f&oacute;siles y teme ahora perder esa posici&oacute;n privilegiada. Entender los fen&oacute;menos geopol&iacute;ticos del mundo contempor&aacute;neo solo es posible si recurrimos a las herramientas de la historia y la econom&iacute;a ecol&oacute;gica, y si evitamos en lo posible eso que llamamos econom&iacute;a convencional.
    </p><p class="article-text">
        Si usted ve a alg&uacute;n economista hablar como si todav&iacute;a vivi&eacute;ramos en un mundo vac&iacute;o, recuerde que se trata de un zombi: alguien que parece vivo, pero no lo est&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fce2dee8-4e34-4557-a2b2-be14a8d585ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="112253" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fce2dee8-4e34-4557-a2b2-be14a8d585ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="112253" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fce2dee8-4e34-4557-a2b2-be14a8d585ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso y la política del espectáculo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-politica-espectaculo_129_13200750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso y la política del espectáculo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su ideología, un proyecto nebuloso construido más con intuiciones reaccionarias que con programas específicos de intervención pública, está asfixiando a los sectores tradicionales del PP. Si tienen algo que decir, no se les está escuchando</p></div><p class="article-text">
        Ni siquiera la Iglesia cat&oacute;lica se ha sumado en M&eacute;xico a la operaci&oacute;n de D&iacute;az Ayuso de reivindicar con orgullo el pasado colonial del imperio espa&ntilde;ol. La presidenta madrile&ntilde;a ten&iacute;a previsto homenajear a Hern&aacute;n Cort&eacute;s con una misa, pero la Iglesia acab&oacute; cancel&aacute;ndola por la presi&oacute;n social y pol&iacute;tica que hab&iacute;a desencadenado la iniciativa. Si bien es verdad que la Iglesia ha alegado falta de permisos para el espect&aacute;culo de Nacho Cano, algo del todo veros&iacute;mil dados los precedentes legales del artista. En todo caso, el mensaje no puede ser m&aacute;s claro: la restauraci&oacute;n ideol&oacute;gica reaccionaria que encabeza Ayuso se queda a la derecha de la jerarqu&iacute;a de los cat&oacute;licos, que en M&eacute;xico son amplia mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La provocaci&oacute;n no deber&iacute;a impedirnos ver lo que hay m&aacute;s all&aacute;. Ayuso ha ido a M&eacute;xico a desplegar y consolidar una narrativa que le permita ubicar su liderazgo en el plano nacional e internacional, muy lejos del que le corresponde como presidenta auton&oacute;mica. No es la primera vez, pues anteriormente ha visitado Estados Unidos y se ha reunido con Milei con la misma intenci&oacute;n. Incluso antes, en plena pandemia de la COVID, se reuni&oacute; con Pedro S&aacute;nchez en lo que simb&oacute;licamente se hizo creer que era un encuentro internacional de alto nivel. Pero no son solo los viajes lo que la sit&uacute;a simb&oacute;licamente al nivel de los presidentes nacionales, sino que Ayuso tambi&eacute;n utiliza la confrontaci&oacute;n constante a fin de que se consolide en el imaginario p&uacute;blico la idea de que ella es la ant&iacute;tesis de las izquierdas mundiales. Con cada gesto y con cada palabra, no importa sobre qu&eacute; tema, ella est&aacute; siempre en el &ldquo;otro lado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, son las formas trumpistas las que permiten que cale esa idea. Si se limitara a visitar a los presidentes de otros pa&iacute;ses, la cosa chirriar&iacute;a, pero tampoco ser&iacute;a un asunto exclusivo de ella. Adem&aacute;s, probablemente no se enterar&iacute;a mucha gente. Resulta que, en pol&iacute;tica, existir significa ocupar el centro de atenci&oacute;n; algo que se consigue con m&aacute;s facilidad cuanto m&aacute;s espectacular sea el mensaje transmitido. Si eres formal y respetas las instituciones, tu mensaje se pierde en el ruido cotidiano. Si te acoges al esc&aacute;ndalo, tendr&aacute;s la atenci&oacute;n asegurada. Ayuso lo sabe, y por eso prepar&oacute; el terreno antes denunciando que M&eacute;xico era un &laquo;narcoestado&raquo;, el mismo concepto con el que Trump se refiere al pa&iacute;s gobernado por Claudia Sheinbaum. El guion es conocido: montar un show para generar atenci&oacute;n y, cuando ya todos est&aacute;n mirando, decirle al mundo que eres quien manda en lo tuyo.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de M&eacute;xico tampoco parece casual. Tras meses de distensi&oacute;n entre los gobiernos espa&ntilde;ol y mexicano, que incluyeron una <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/felipe-vi-queda-corto-monarquia-no-quiere-reconocer_129_13078206.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">descafeinada petici&oacute;n de disculpas por parte de Felipe VI</a>, la actitud de D&iacute;az Ayuso encaja en su sabotaje continuado al Ejecutivo progresista. De paso, le lanza un aviso a la Casa Real, como si en el fondo les estuviera llamando &ldquo;derechita cobarde&rdquo; por asumir parte del discurso &ldquo;anti-espa&ntilde;ol&rdquo; que subraya la desmedida violencia de los conquistadores. En el fondo, Ayuso les est&aacute; diciendo a sus votantes que es m&aacute;s y mejor espa&ntilde;ola que el rey.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de la Casa Real, quien m&aacute;s debe temer esta estrategia no es Pedro S&aacute;nchez ni las izquierdas, sino Feij&oacute;o. El discurso de D&iacute;az Ayuso, hoy por hoy, no es competitivo en la mayor&iacute;a de Espa&ntilde;a: solo lo es en una burbuja como Madrid, donde d&eacute;cadas de gobierno del PP han construido las bases materiales que sostienen una sociolog&iacute;a tan ranciamente conservadora y distinta a la del resto del pa&iacute;s. Un liderazgo nacional de Ayuso generar&iacute;a m&aacute;s tensiones con la extrema derecha, por solapamiento de discursos, pero tendr&iacute;a muchas menos opciones en unas generales, donde importa m&aacute;s c&oacute;mo es el ciudadano medio que el militante de partido. Sin embargo, con cada gesto de Ayuso &mdash;casi todos fuera de sus competencias&mdash;, la l&iacute;der madrile&ntilde;a le est&aacute; recordando a Feij&oacute;o que el liderazgo de G&eacute;nova es subsidiario del de Sol.
    </p><p class="article-text">
        Estoy convencido de que estas cosas no gustan en la sede nacional del Partido Popular. Al fin y al cabo, ellos no controlan los acontecimientos ni la agenda pol&iacute;tica que ella marca, y a pesar de eso tienen que salir a justificar a Ayuso a cada paso que da. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n est&aacute;n asustados tras la experiencia de Pablo Casado, quien tras meses titubeando, decidi&oacute; finalmente confrontar con Ayuso y denunciar los tejemanejes de la presidenta madrile&ntilde;a: su combate no dur&oacute; ni un asalto, y lo dimitieron de facto en beneficio de Ayuso. Sea como sea, ella ha conseguido que se instale la idea de que ella es la referencia indiscutible de la derecha espa&ntilde;ola incluso aunque carezca del poder org&aacute;nico correspondiente. Su ideolog&iacute;a, un proyecto nebuloso construido m&aacute;s con intuiciones reaccionarias que con programas espec&iacute;ficos de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, est&aacute; asfixiando a los sectores tradicionales del PP. Si tienen algo que decir, no se les est&aacute; escuchando.
    </p><p class="article-text">
        Desde la crisis financiera de 2008, y de forma acentuada desde la pandemia, las derechas vienen buscando un nuevo relato identitario que sustituya al proyecto neoliberal fracasado. El populismo autoritario de Trump y Orb&aacute;n, pero tambi&eacute;n el de Milei o Bolsonaro, se ha presentado como v&iacute;a atractiva para un conjunto de l&iacute;deres con la br&uacute;jula tradicional rota. Ayuso, que no destaca por su elaboraci&oacute;n intelectual, tiene sin embargo una gran capacidad para apropiarse de ese nuevo &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; en la derecha y para concentrar as&iacute; una creciente base social en torno a su figura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso Ayuso necesita la figura romantizada de Cort&eacute;s, por un lado, y al gobierno de M&eacute;xico y a los pueblos originarios protestando, por otro: porque en su pol&iacute;tica, la confrontaci&oacute;n es el contenido. Es puro trumpismo. Lo de M&eacute;xico es la continuaci&oacute;n de una operaci&oacute;n que lleva a&ntilde;os en marcha, y que est&aacute; fijando los t&eacute;rminos en los que la derecha espa&ntilde;ola entera habla de s&iacute; misma y del mundo. Una derecha que, ante la falta de ideas novedosas en este momento de crisis ecosocial, necesita homenajear lo que sucedi&oacute; en 1521. En el fondo, y como el resto de las extremas derechas del mundo, Ayuso apela a las emociones de una ciudadan&iacute;a frustrada por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y desconcertada ante el futuro, ofreci&eacute;ndoles nostalgia de viejos y destructivos imperios. As&iacute; que s&iacute;: Ayuso es una provocadora porque puede, porque le funciona, y porque est&aacute; en una guerra cultural de largo aliento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-politica-espectaculo_129_13200750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 20:07:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="886173" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="886173" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ayuso y la política del espectáculo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e9e6c056-2ca9-41d4-8ba5-b4e83f386b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,México,Claudia Sheinbaum,PP de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La deflactación del IRPF es una medida dirigida a atacar las consecuencias de la inflación, y no sus causas. Y aquí es evidente que la ideología influye a la hora de determinar dónde hay que poner el foco, si en lo que provoca la inflación o en las consecuencias de la misma</p><p class="subtitle">Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene
</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, hemos vuelto a escuchar con frecuencia, especialmente por parte de portavoces conservadores, la propuesta de deflactaci&oacute;n del IRPF: una modificaci&oacute;n fiscal que permitir&iacute;a corregir el sobrecoste fiscal a&ntilde;adido por la llamada 'progresividad en fr&iacute;o'. Pero, en el fondo, abordar la p&eacute;rdida de poder adquisitivo desde ese planteamiento es atacar las consecuencias y no las causas del problema.
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de poder adquisitivo de las familias espa&ntilde;olas se produce como consecuencia del mayor crecimiento de los precios de los bienes de consumo respecto al crecimiento de los salarios: aunque suban los salarios nominales &mdash;lo que vemos en nuestra n&oacute;mina&mdash;, si con ellos podemos comprar menos cosas, eso significa que ha empeorado nuestra capacidad adquisitiva; es decir, el salario real se ha reducido. Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, los salarios reales en Espa&ntilde;a apenas han avanzado desde principios de siglo: tras un periodo de mejora hasta 2008 y ca&iacute;das marcadas a partir de 2021, hoy se sit&uacute;an en niveles muy similares a los de hace dos d&eacute;cadas. La inflaci&oacute;n se ha terminado comiendo casi todas las ganancias nominales acumuladas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Aunque sube el salario nominal, el salario real se ha reducido" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-dcTXJ" src="https://datawrapper.dwcdn.net/dcTXJ/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="573" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Una consecuencia no deseada de este proceso es que pagamos m&aacute;s impuestos porque declaramos ingresos mayores, e incluso podemos ubicarnos en tramos del IRPF m&aacute;s altos sin que en ning&uacute;n caso realmente nos hayamos convertido en personas m&aacute;s ricas. Como se sabe, el sistema fiscal est&aacute; dise&ntilde;ado por tramos de ingresos, a modo de escalones. Como el sistema es progresivo, eso significa que cuando pasamos de escal&oacute;n &mdash;porque cobramos m&aacute;s&mdash; tambi&eacute;n pagamos un tipo marginal mayor sobre los nuevos ingresos, lo que arrastra al alza nuestro tipo efectivo medio. El problema es que se puede subir de escal&oacute;n porque la n&oacute;mina indica mayor cantidad ingresada en concepto de salarios nominales, pero en realidad no existe su correspondiente mayor poder adquisitivo. En suma: pagamos m&aacute;s impuestos como si fu&eacute;ramos m&aacute;s ricos, pero sin serlo. 
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, es posible hablar de que este proceso supone una subida indirecta de impuestos: el contribuyente paga m&aacute;s IRPF aunque no sea m&aacute;s rico, y el Estado ingresa m&aacute;s por la misma cantidad de renta real. De ah&iacute; que emerja de vez en cuando la propuesta de que hay que &lsquo;deflactar&rsquo; el IRPF, es decir, ajustarlo de modo que se pague impuestos de acuerdo con los salarios reales y no con los salarios nominales. Esto implicar&iacute;a que los contribuyentes pagar&iacute;an menos impuestos respecto a la situaci&oacute;n actual y el Estado dejar&iacute;a de percibir esas cantidades de recursos adicionales: ser&iacute;a, de facto, una bajada de impuestos. Adem&aacute;s, tal y como suele plantearse &mdash;deflactaci&oacute;n lineal de toda la tarifa&mdash; el ahorro absoluto crece con la renta y no llega a quienes no tributan.
    </p><p class="article-text">
        Siendo todo lo anterior cierto, el problema real tiene que ver con que la deflactaci&oacute;n del IRPF es una medida dirigida a atacar las consecuencias de la inflaci&oacute;n, y no sus causas. Y aqu&iacute; es evidente que la ideolog&iacute;a influye a la hora de determinar d&oacute;nde hay que poner el foco, si en lo que provoca la inflaci&oacute;n o en las consecuencias de la misma. Mientras la propuesta de deflactaci&oacute;n del IRPF construye una narrativa seg&uacute;n la cual es el Estado el problema de la p&eacute;rdida de poder adquisitivo &mdash;porque te da un mordisco fiscal extra como consecuencia de la inflaci&oacute;n&mdash;, el problema de fondo de la inflaci&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como analizamos la semana pasada</a>, nos empuja a hablar de los beneficios empresariales, del poder de mercado de determinadas grandes empresas y de la dificultad de la clase trabajadora para indexar salarios, es decir, para que estos acompa&ntilde;en el ritmo de subida de los precios. Sobra decir que esto es lo que explica que las derechas est&eacute;n m&aacute;s interesadas en hablar de deflactaci&oacute;n del IRPF, y las izquierdas de las causas originales de la inflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata &uacute;nicamente de ideolog&iacute;a. Hay aqu&iacute; una secuencia l&oacute;gica dif&iacute;cil de discutir: en un escenario de inflaci&oacute;n cero &mdash;o en otro en el que los salarios nominales suban por encima de los precios&mdash; la propuesta de deflactar el IRPF sencillamente no ser&iacute;a necesaria. La deflactaci&oacute;n es, por definici&oacute;n, una respuesta defensiva ante un problema previo; nunca una soluci&oacute;n a ese problema. Por eso atacar la causa primera &mdash;los precios, no los tramos&mdash; es lo &uacute;nico que vuelve innecesarias todas las medidas correctoras posteriores. La deflactaci&oacute;n, en el mejor de los casos, alivia; pero tambi&eacute;n resigna: asume que la inflaci&oacute;n seguir&aacute; comi&eacute;ndose nuestros salarios y se limita a impedir que, encima, paguemos m&aacute;s impuestos por ello.
    </p><p class="article-text">
        Como ya argument&eacute; en el an&aacute;lisis anterior, la causa principal de la inflaci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os viene explicada por la subida de los beneficios empresariales: los distintos modelos utilizados para evaluar este fen&oacute;meno apuntan a ello, raz&oacute;n por la cual incluso el FMI [Fondo Monetario Internacional], el BCE [Banco Central Europeo] y la OCDE [Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;mico] &mdash;todos tradicionalmente reacios a este tipo de conclusiones&mdash; han acabado reconociendo el papel cr&iacute;tico de las grandes empresas en la elevaci&oacute;n de la inflaci&oacute;n; y todos concuerdan en que los salarios no tienen ninguna responsabilidad, m&aacute;s all&aacute; de que los trabajadores intenten luego vanamente recuperar terreno. Frenar ese proceso es posible, pero requiere centrarse en aquellas empresas con gran poder de mercado y que aprovechan ciertos shocks de oferta &mdash;como el cierre del estrecho de Ormuz&mdash; para elevar los m&aacute;rgenes de beneficios. Esto sucede sobre todo en sectores como la energ&iacute;a, pero tambi&eacute;n en los que cadena abajo tienen protagonismo grandes empresas que operan como oligopolios de facto. Una fuerte imposici&oacute;n fiscal a sus ganancias permitir&iacute;a no tanto recaudar &mdash;un objetivo aqu&iacute; secundario&mdash; como reducir el incentivo a aprovechar la situaci&oacute;n: si gran parte del margen extraordinario acaba siendo expropiado v&iacute;a impuestos, la rentabilidad esperada de subir precios disminuye, y con ello la presi&oacute;n inflacionaria. En ciertas condiciones, incluso la fijaci&oacute;n de precios permitir&iacute;a contener la inflaci&oacute;n, como sucedi&oacute; con el tope al gas para la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica (la llamada excepci&oacute;n ib&eacute;rica) durante la guerra en Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Hay en todo esto una excepci&oacute;n significativa: los perceptores del salario m&iacute;nimo. A diferencia de los salarios medios, el salario m&iacute;nimo ha disfrutado de grandes subidas tanto nominales como reales en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente desde 2019, primera subida importante pactada con apoyos parlamentarios y luego con socios de coalici&oacute;n. El siguiente gr&aacute;fico lo ilustra con claridad: los perceptores del salario m&iacute;nimo s&iacute; han tenido mejoras considerables de poder adquisitivo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Quienes reciben el SMI sí han tenido mejoras de poder adquisitivo" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-SVd8m" src="https://datawrapper.dwcdn.net/SVd8m/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="635" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Ya tuve oportunidad de hablar de este fen&oacute;meno en otro an&aacute;lisis, titulado &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/economia/limites-subidas-salario-minimo_129_13013986.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los l&iacute;mites de las subidas del salario m&iacute;nimo</a>&rdquo;. En realidad, esta asimetr&iacute;a entre el salario m&iacute;nimo y el salario medio tiene que ver con la dificultad que encuentra el Gobierno en incidir en los problemas que enfrentan los trabajadores a la hora de negociar con las grandes empresas. Tras d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas neoliberales, los trabajadores est&aacute;n m&aacute;s expuestos a los caprichos de sus empleadores, tienen menos instrumentos para negociar colectivamente &mdash;como consecuencia de las reformas laborales, sobre todo la de 2012&mdash; y lo hacen en estructuras empresariales m&aacute;s flexibles y con menos trabajadores &mdash;nada que ver con las viejas industrias de los a&ntilde;os 80&mdash;. Eso es lo que explica que cuando sube la inflaci&oacute;n, los trabajadores apenas tienen capacidad para recuperar el terreno perdido. Y el Gobierno, incapaz de entrar en ese terreno, ha recurrido en la &uacute;ltima d&eacute;cada a la pol&iacute;tica del salario m&iacute;nimo para compensar. Y aunque ha tenido efectos muy beneficiosos, tanto para sus perceptores como para la econom&iacute;a en general, se trata de una pol&iacute;tica limitada, tanto en el alcance &mdash;no a todos los trabajadores&mdash; como en el tiempo. Resulta insostenible porque comprime la estructura salarial en torno al SMI: trabajadores con antig&uuml;edad o cualificaci&oacute;n terminan cobrando lo mismo que quienes acaban de incorporarse, lo que aplana las trayectorias internas y traslada tensiones a la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la deflactaci&oacute;n del IRPF puede actuar como un parche de alivio temporal, pero confunde el s&iacute;ntoma con la enfermedad. Si los salarios reales se mantienen planos d&eacute;cada tras d&eacute;cada, si la negociaci&oacute;n colectiva ha quedado debilitada y si el SMI ha alcanzado el techo de lo que puede aportar como herramienta compensatoria, el debate fiscal en torno al IRPF resulta una distracci&oacute;n frente a lo que de verdad est&aacute; en juego: la capacidad de la mayor&iacute;a social para que sus salarios acompa&ntilde;en a los precios, y la capacidad del Estado para intervenir aguas arriba &mdash;en los m&aacute;rgenes empresariales, en el poder de mercado de los oligopolios, en la arquitectura de la negociaci&oacute;n colectiva&mdash; y no solo aguas abajo, en la n&oacute;mina del contribuyente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/debate-equivocado-irpf-no-problema_129_13192595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 20:57:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="594250" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="594250" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El debate equivocado: por qué el IRPF no es el problema]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/53352a54-d573-48fa-8034-9616d1f011f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[IRPF,Impuestos,Fiscalidad,Salarios,Desigualdad,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/demanda-cesarismo-sobrevivira-trump_129_13183453.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump"></p><p class="article-text">
        Los conspiradores contra Julio C&eacute;sar esperaban que con su asesinato se pudiera defender la Rep&uacute;blica, que, seg&uacute;n entend&iacute;an, estaba amenazada por la excesiva acumulaci&oacute;n de poder que aquel hab&iacute;a llevado a cabo. Esperaban que el descabezamiento del r&eacute;gimen provocara la liberaci&oacute;n de las fuerzas sociales que anhelaban el retorno de las viejas normas republicanas, a su juicio ya degradadas. Sin embargo, el magnicidio no condujo a la restauraci&oacute;n republicana sino, parad&oacute;jicamente, a su aceleraci&oacute;n en sentido contrario: tras trece a&ntilde;os de guerras llegar&iacute;a el triunfo definitivo de los herederos pol&iacute;ticos de C&eacute;sar, con Octaviano abriendo paso al naciente Imperio. Los Idus de marzo, lejos de cerrar la deriva mon&aacute;rquica, la precipitaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que aquellos defensores de la Rep&uacute;blica no hab&iacute;an comprendido ni medido bien las bases sociales que sosten&iacute;an el proyecto de C&eacute;sar. Creyendo que se trataba de un asunto de personalidades y juegos de palacio, minusvaloraron el atractivo que ten&iacute;a su pol&iacute;tica entre las clases populares. Al fin y al cabo, C&eacute;sar fue un patricio que rompi&oacute; con los c&oacute;digos de su propia clase para construir, desde arriba, una coalici&oacute;n vertical que cortocircuitaba a la oligarqu&iacute;a senatorial apoy&aacute;ndose simult&aacute;neamente en el ej&eacute;rcito, en la plebe urbana y en las &eacute;lites emergentes que la vieja clase nobiliaria manten&iacute;a a distancia. Es conocido que se gan&oacute; a la plebe urbana mediante distribuciones de grano, banquetes p&uacute;blicos, juegos y espect&aacute;culos de gladiadores, y a las legiones por la expectativa concreta de tierras al licenciarse &mdash;para lo que fue central el expansionismo territorial&mdash;. Desmontar todo eso no era tan sencillo como matar al l&iacute;der.
    </p><p class="article-text">
        El lector atento habr&aacute; observado ya hacia d&oacute;nde me dirijo: el tercer intento de magnicidio contra Donald Trump, perpetrado el s&aacute;bado, invita a una reflexi&oacute;n por analog&iacute;a. &iquest;Bastar&iacute;a con su dimisi&oacute;n, su derrota electoral o alguna causa m&aacute;s dr&aacute;stica para acabar con el trumpismo? Mi tesis es que no, y que confundirlo con su l&iacute;der es repetir el error de los Idus de marzo. Conviene aqu&iacute; distinguir tres niveles que el debate p&uacute;blico suele confundir: Trump como persona, con su narcisismo y sus extravagancias; el trumpismo como proyecto pol&iacute;tico, mucho m&aacute;s vertebrado, diverso y profundo; y, debajo de ambos, las condiciones estructurales que han producido la demanda de un l&iacute;der as&iacute;. Trump no lleg&oacute; a la Casa Blanca por su forma de ser, sino porque encarna un ideal que ha resultado suficientemente atractivo para mayor&iacute;as sociales reales. &Eacute;l es, por decirlo en t&eacute;rminos cl&iacute;nicos, el s&iacute;ntoma; la enfermedad es m&aacute;s compleja y dif&iacute;cil de atajar.
    </p><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese que tanto Trump como C&eacute;sar comparten la capacidad de articular, desde arriba y con un liderazgo personalista, a sectores muy distintos unidos por un com&uacute;n resentimiento hacia la &eacute;lite establecida. Como el romano frente a la nobleza senatorial, Trump construye su legitimidad contra el establishment &mdash;pol&iacute;tico, medi&aacute;tico, acad&eacute;mico, corporativo&mdash; al que ha presentado como una casta cerrada y parasitaria e indiferente a los intereses del pa&iacute;s real. El gesto, conviene subrayarlo, es en ambos casos el de un <em>insider</em> que se postula como <em>outsider</em>: C&eacute;sar era un patricio de los Julios; Trump, un multimillonario formado en los c&iacute;rculos inmobiliarios y medi&aacute;ticos. Lo que ambos hacen no es asaltar la &eacute;lite desde fuera, sino romper la disciplina de su propia clase de origen para construir una coalici&oacute;n vertical. Y eso solo puede funcionar cuando hay un caldo de cultivo suficiente, es decir, cuando la sociedad est&aacute; lo bastante rota.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las d&eacute;cadas finales de la rep&uacute;blica romana, por ejemplo, exist&iacute;an peque&ntilde;os propietarios it&aacute;licos arruinados por la competencia del grano provincial y por el latifundismo esclavista, veteranos sin tierra, plebe urbana hacinada en una Roma cosmopolita y crecientemente desigual, deudores estrangulados por unas &eacute;lites acreedoras inflexibles. Igual que estos sectores buscaron en C&eacute;sar &mdash;y antes en los Graco y otros l&iacute;deres&mdash; una salida intermedia entre la ortodoxia olig&aacute;rquica y la revoluci&oacute;n social, la coalici&oacute;n trumpista articula hoy un bloque que ya no es exactamente el de 2016. Sigue ah&iacute; la clase trabajadora blanca del Rust Belt, devastada por d&eacute;cadas de deslocalizaciones, financiarizaci&oacute;n y desindustrializaci&oacute;n, junto a peque&ntilde;os propietarios y aut&oacute;nomos del interior rural y a sectores de clases medias en descenso material y simb&oacute;lico. Pero a esa base se han incorporado, en los &uacute;ltimos comicios, avances notables entre votantes latinos, varones negros y j&oacute;venes urbanos sin titulaci&oacute;n universitaria. Esta ampliaci&oacute;n refuerza el diagn&oacute;stico: el trumpismo ya no es un fen&oacute;meno &eacute;tnico-regional confinado a una geograf&iacute;a concreta, sino una articulaci&oacute;n transversal del descontento contra la oferta pol&iacute;tica tradicional.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, sin embargo, no forzar el paralelo m&aacute;s all&aacute; de lo razonable. C&eacute;sar ofreci&oacute; a su coalici&oacute;n algo material y verificable: reparto de grano para la plebe urbana, tierras y dinero para los veteranos al licenciarse, extensi&oacute;n del derecho de ciudadan&iacute;a a Italia y a parte de las provincias, y una agenda redistributiva sostenida por el bot&iacute;n del expansionismo imperial &mdash;un modelo que solo pod&iacute;a funcionar mientras hubiese nuevas fronteras que conquistar&mdash;. El trumpismo, en cambio, moviliza el mismo resentimiento contra la misma estructura, pero su programa real &mdash;recortes fiscales regresivos, desregulaci&oacute;n, aranceles que terminan pagando los consumidores&mdash; no entrega nada comparable. Esa asimetr&iacute;a subraya que el cesarismo trumpista es m&aacute;s fr&aacute;gil que el original porque ofrece menos, y por eso necesita un combustible identitario &mdash;patri&oacute;tico y militarista&mdash;&nbsp;m&aacute;s intenso. La factura material que tarde o temprano pasar&aacute; no encontrar&aacute; tierras conquistadas con las que pagarse.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Trump sufra desgaste por su gesti&oacute;n, e incluso por sus extravagancias, los elementos estructurales son demasiado fuertes &mdash;conviene no olvidar que gan&oacute; pese a haber promovido, como qued&oacute; acreditado, el asalto al Capitolio&mdash;. Pero, de nuevo, desmontar eso que podr&iacute;amos llamar &ldquo;bloque hist&oacute;rico&rdquo; no es tarea f&aacute;cil. Un bloque hist&oacute;rico no es una mera suma de intereses, sino una articulaci&oacute;n entre estructura econ&oacute;mica y superestructura cultural, una hegemon&iacute;a que fusiona clases distintas en torno a un sentido com&uacute;n compartido. C&eacute;sar no gan&oacute; solo porque repartiera grano: gan&oacute; porque ese reparto se inscrib&iacute;a en un relato de regeneraci&oacute;n frente a una &eacute;lite parasitaria. El trumpismo opera en el mismo registro, y por eso tampoco basta con derrotarlo en una elecci&oacute;n: hay que disputar el marco interpretativo que lo hace inteligible para millones. Como afirma Luciano Canfora respecto a C&eacute;sar en su libro <em>La historia falsa</em>, &laquo;cuando su poder perdura, se debe ser realista y reconocer que el tirano es alguien que tiene de su parte a fragmentos m&aacute;s o menos grandes, o incluso muy grandes, de la sociedad&raquo;. Por lo tanto, insiste el fil&oacute;sofo italiano, &laquo;el problema es derrotarlo pol&iacute;ticamente, no acabar con esa persona en singular&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si consideramos esta analog&iacute;a v&aacute;lida, y a m&iacute; me parece fruct&iacute;fera, la soluci&oacute;n al problema trumpista pasa por atajar la enfermedad que le da vida, mucho m&aacute;s que tratar el s&iacute;ntoma. Y el caldo de cultivo es identificable para el caso de Trump: cuatro d&eacute;cadas de concentraci&oacute;n patrimonial sin precedentes, salarios estancados, vaciado de la industria, sustituci&oacute;n del salario por la deuda, un capitalismo crecientemente rentista que desplaza riqueza de quien produce a quien posee, y una democracia liberal que ha demostrado sistem&aacute;ticamente su impotencia &mdash;cuando no su connivencia&mdash; para enfrentar todo lo anterior. Mientras esas condiciones persistan, habr&aacute; demanda de cesarismo, y la oferta ir&aacute; cambiando, sea Trump, Vance o Abascal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica redistributiva, la reindustrializaci&oacute;n con criterios ecol&oacute;gicos, la regulaci&oacute;n seria del rentismo &mdash;especialmente del inmobiliario&mdash; y la recuperaci&oacute;n de instrumentos democr&aacute;ticos efectivos son las condiciones materiales m&iacute;nimas para que la pr&oacute;xima crisis no entregue a las mayor&iacute;as al siguiente hombre o mujer fuerte. El atentado contra Trump, sea cual sea su desenlace judicial, no cambia esa ecuaci&oacute;n. La cambia, o no, lo que se haga con el orden econ&oacute;mico que ha hecho del cesarismo una opci&oacute;n razonable para millones. De hecho, mientras escrib&iacute;a estas l&iacute;neas saltaba la siguiente noticia: &laquo;casi la mitad de los j&oacute;venes cree que a veces se necesita m&aacute;s mano dura y que un r&eacute;gimen autoritario puede mantener mejor la paz social, aunque se sacrifiquen libertades&raquo;. En efecto, nosotros tampoco estamos inmunizados frente a un nuevo Trump.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/demanda-cesarismo-sobrevivira-trump_129_13183453.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 20:10:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2135975" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2135975" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La demanda de cesarismo sobrevivirá a Trump]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7bdd1e04-b567-47e5-86cc-daa46cedd61c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la paz en Irán lejana, una de las consecuencias más significativas para España y para el conjunto de Europa será el impacto inflacionario y, si suben mucho los precios, más difícil lo tendrán los partidos del Gobierno</p></div><p class="article-text">
        Con el estrecho de Ormuz cerrado y la paz en Ir&aacute;n a&uacute;n lejana, una de las consecuencias m&aacute;s significativas para Espa&ntilde;a y para el conjunto de Europa ser&aacute; el impacto inflacionario. Es decir, cu&aacute;l ser&aacute; el efecto definitivo de esta distorsi&oacute;n geopol&iacute;tica sobre los precios y, por ende, sobre el poder adquisitivo de los salarios. Es obvio adem&aacute;s que este aspecto tiene siempre una gran importancia en el devenir del ciclo pol&iacute;tico: si suben mucho los precios, m&aacute;s dif&iacute;cil lo tendr&aacute;n los partidos del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea no dependen de manera directa del crudo que transita por el estrecho de Ormuz: en el agregado europeo, los principales proveedores son Estados Unidos, Noruega y Kazajist&aacute;n, y en el caso concreto de Espa&ntilde;a pesan m&aacute;s Nigeria, M&eacute;xico, Brasil y Estados Unidos. Pero eso no significa que se libren de las turbulencias. En primer lugar, porque s&iacute; dependen de otros productos que se manufacturan en Oriente Medio, <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como los fertilizantes</a>. En segundo lugar, porque dado que los precios tanto de los combustibles f&oacute;siles como de los fertilizantes se determinan en un mercado mundial, los europeos sufren las subidas tanto en petr&oacute;leo y gas natural como en productos derivados tales como fertilizantes o productos petroqu&iacute;micos. 
    </p><p class="article-text">
        Esos precios, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, est&aacute;n al alza desde el inicio del conflicto en Ir&aacute;n y, si las negociaciones de paz no fructifican pronto, podr&iacute;an alcanzar los niveles que ya vimos con la guerra de Ucrania.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">Así es la dependencia de la Unión Europea de los productos que cruzan el estrecho de Ormuz</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Evolución de los precios del <b style="color:white; background-color:#005695; padding:0px 2px; border-radius:2px;">petróleo crudo</b> y <b style="color:black; background-color:#ECDC19; padding:0px 2px; border-radius:2px;">fertilizantes nitrogenados</b></span></p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="story/3660946"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3660946/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: NYMEX/ TradingEconomics (WTI) - DG AGRI a partir de Argus Media y S&P Global (N) Elaboración propia</p>


<br>
    </figure><p class="article-text">
        De momento, de lo que tenemos constancia es de un aumento significativo del &iacute;ndice de precios al consumo en nuestro pa&iacute;s para el mes de marzo. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, este incremento est&aacute; a&uacute;n muy lejos de los que vivimos hace cuatro a&ntilde;os, pero la tendencia se mueve en la direcci&oacute;n esperada. Durante la crisis anterior, el IPC general se elev&oacute; m&aacute;s r&aacute;pidamente y bastante m&aacute;s alto que el IPC subyacente, lo que significa que fueron la energ&iacute;a y los productos no elaborados los que empujaron arriba los precios. Esto ocurri&oacute; bastante antes de que Rusia invadiera Ucrania, como consecuencia de los cuellos de botella generados por la pandemia y los consiguientes problemas de desabastecimiento, pero se agravaron a partir de entonces. El IPC subyacente, de hecho, comenz&oacute; a subir con retraso, reflejando las transmisiones de precios desde la energ&iacute;a hacia otros productos de la cesta de consumo. Es b&aacute;sicamente lo que podemos esperar que ocurra en los pr&oacute;ximos meses: una subida del IPC subyacente que deteriore los salarios reales de los trabajadores en Espa&ntilde;a, es decir, su poder adquisitivo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Así ha evolucionado el IPC en España" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-9M0p8" src="https://datawrapper.dwcdn.net/9M0p8/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="610" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Pero la magnitud del shock es s&oacute;lo la mitad del problema. La otra &mdash;y suele ser la decisiva para el bolsillo de los hogares&mdash; es c&oacute;mo se distribuye ese shock entre salarios y beneficios. Ya en mayo de 2022, en una conferencia titulada <em>The Globalization of Inflation, </em>Isabel Schnabel declar&oacute; que &ldquo;los beneficios han sido recientemente una contribuci&oacute;n clave a la inflaci&oacute;n interna total, por encima de su contribuci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo;, apuntando adem&aacute;s que &ldquo;muchas empresas de la zona euro &mdash;aunque ni mucho menos todas&mdash; se han beneficiado del reciente repunte de la inflaci&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, Schnabel subray&oacute; tambi&eacute;n que &ldquo;los hogares con menores ingresos suelen verse especialmente golpeados: no solo sufren una inflaci&oacute;n hist&oacute;ricamente alta que erosiona sus ingresos reales, sino que tampoco se benefician del aumento de los beneficios empresariales a trav&eacute;s de la tenencia de acciones u otras formas de participaci&oacute;n&rdquo;. Schnabel dec&iacute;a todo eso como miembro del Comit&eacute; Ejecutivo del Banco Central Europeo.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la inflaci&oacute;n es un fen&oacute;meno econ&oacute;mico que implica a ganadores y perdedores a lo largo de toda la comunidad social &mdash;tanto nacional como internacional&mdash;. De ah&iacute; que preguntas tales como &iquest;c&oacute;mo medir la inflaci&oacute;n?, o &iquest;qu&eacute; causa la inflaci&oacute;n? y, por supuesto, &iquest;c&oacute;mo moderar la inflaci&oacute;n? generen tanta controversia en una ciencia social como la econom&iacute;a. La cuesti&oacute;n que se encuentra de fondo es tan pol&iacute;tica como cualquier otra: &iquest;qui&eacute;n, c&oacute;mo y por qu&eacute; se determinan los precios?
    </p><p class="article-text">
        En las corrientes econ&oacute;micas convencionales &mdash;aquellas que se estudian en las facultades&mdash; se supone que los precios se determinan en mercados competitivos cuando empresas y consumidores cruzan sus intereses. En esta aproximaci&oacute;n no parecen existir fuerzas conscientes, como empresarios o directivos que decidan subir los precios deliberadamente. En algunas interpretaciones estas fuerzas conscientes s&oacute;lo aparecen encarnadas por los sindicatos, que consiguen subir los salarios por encima de lo que permitir&iacute;a el mercado y, en consecuencia, generan inflaci&oacute;n. Esta ha sido la narrativa habitual en la era neoliberal, que tend&iacute;a a culpabilizar a los salarios de los procesos inflacionarios.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sin embargo, incluso los organismos internacionales han aceptado otras formas de analizar el asunto; interpretaciones que exist&iacute;an desde hace d&eacute;cadas, pero que eran rechazadas por considerarse heterodoxas. Por ejemplo, la econom&iacute;a poskeynesiana, y gran parte de la marxista, siempre asumi&oacute; que los mercados son imperfectos y que son los empresarios los que determinan los precios al incorporar un margen de beneficio (mark-up) a los costes totales. Es decir, &iexcl;la inflaci&oacute;n es un conflicto distributivo! Esto es m&aacute;s congruente con lo que muestran los datos, pero tambi&eacute;n con el sentido com&uacute;n: significa que la inflaci&oacute;n no s&oacute;lo puede subir por las subidas salariales sino tambi&eacute;n por los incrementos en los m&aacute;rgenes de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        La OCDE, por ejemplo, utiliza actualmente esta aproximaci&oacute;n para evaluar la inflaci&oacute;n y el poder adquisitivo. En su reciente bolet&iacute;n salarial, titulado significativamente <a href="https://www.oecd.org/en/publications/the-real-wage-recovery-is-slowing-down_507d3cf8-en.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The real wage recovery is slowing down</em></a>, el organismo reconoce que los salarios reales est&aacute;n subiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, pero a un ritmo insuficiente para recuperar todo lo perdido en la anterior crisis (la de 2022). Para medirlo, la OCDE utiliza un m&eacute;todo de la descomposici&oacute;n de la inflaci&oacute;n que permite cuantificar la &ldquo;responsabilidad&rdquo; de cada componente: salarios, impuestos y beneficios. El gr&aacute;fico, que aparece en su p&aacute;gina 23, s&oacute;lo muestra los datos para la zona euro de manera agregada. Pero para este an&aacute;lisis he construido uno igual para el caso de Espa&ntilde;a, que se muestra a continuaci&oacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">La mayor
contribución a la inflación vino marcada por los beneficios empresariales a partir de 2021</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Contribución al deflactor del PIB (variación interanual – datos desestacionalizados)</span></p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="visualisation/28721374"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/visualisation/28721374/thumbnail" width="100%" alt="chart visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat</p>


<br>
    </figure><p class="article-text">
        Como se puede comprobar, desde el a&ntilde;o 2021 la inflaci&oacute;n &mdash;medida por el deflactor del PIB y representada por la l&iacute;nea del gr&aacute;fico&mdash; comenz&oacute; a subir respecto a los a&ntilde;os previos de cierta estabilidad en los precios (por debajo del 2%). Podemos observar que ya en el &uacute;ltimo cuarto del a&ntilde;o 2021 la mayor contribuci&oacute;n a la inflaci&oacute;n vino marcada por los beneficios empresariales (barra azul clarita), mientras que los salarios y los impuestos apenas explicaban una parte marginal. Durante casi dos a&ntilde;os ese ha sido el patr&oacute;n dominante: una inflaci&oacute;n impulsada por los beneficios. S&oacute;lo a partir de 2024 los salarios comienzan a recuperar terreno, pero a un ritmo muy lento. La conclusi&oacute;n de la OCDE ya sit&uacute;a el l&iacute;mite: el crecimiento de los salarios reales est&aacute; desaceler&aacute;ndose y no podr&aacute; recuperar los a&ntilde;os perdidos desde 2020 frente a los beneficios empresariales.
    </p><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza fundamental de los episodios anteriores es que la inflaci&oacute;n puede tener origen en un shock de oferta (cuellos de botella en el transporte, como ocurri&oacute; con la COVID, o en el suministro de energ&iacute;a y otros recursos, como en Ucrania y en Ir&aacute;n) pero r&aacute;pidamente las empresas con poder de mercado aprovechan para proteger y ampliar sus m&aacute;rgenes de beneficio trasladando y ampliando el shock a lo largo de toda la cadena econ&oacute;mica. Es lo que la economista <a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isabella Weber ha denominado </a><a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>sellers' inflation</em></a>: ante un shock generalizado, las empresas con poder de mercado encuentran una oportunidad para subir precios coordinadamente, y trasladan el aumento de costes a una expansi&oacute;n de m&aacute;rgenes en lugar de absorberlo. Naomi Klein lo describi&oacute; antes, en t&eacute;rminos m&aacute;s amplios, como la doctrina del shock: el impacto colectivo de una crisis ofrece la coartada necesaria para imponer precios y condiciones que en circunstancias normales encontrar&iacute;an resistencia. Eso no s&oacute;lo permite proteger los beneficios empresariales, sino que erosiona los salarios reales y reduce el poder adquisitivo de los trabajadores. S&oacute;lo en una &ldquo;segunda ronda&rdquo;, mucho m&aacute;s corta y menos intensa, los trabajadores reclaman subidas salariales. La falta de mecanismos autom&aacute;ticos de indexaci&oacute;n y la debilidad de la negociaci&oacute;n colectiva &mdash;entre otras cosas debido a las reformas laborales neoliberales&mdash; dificultan la recuperaci&oacute;n del poder adquisitivo perdido. De hecho, la propia OCDE reconoce en el citado informe que, para los pa&iacute;ses de la zona euro, los salarios reales negociados est&aacute;n todav&iacute;a un 5% por debajo de los niveles de 2020.
    </p><p class="article-text">
        El otro aprendizaje es que, aunque las magnitudes de esta crisis sean diferentes a la anterior &mdash;cosa que est&aacute; por ver&mdash;, es obvio que repetir las mismas decisiones conducir&aacute; a los mismos resultados. Las herramientas para evitarlo existen y son conocidas: impuestos extraordinarios sobre beneficios excedentes en los sectores expuestos a la renta del shock &mdash;energ&iacute;a, alimentaci&oacute;n, transporte mar&iacute;timo&mdash;; controles de precios sectoriales y temporales en bienes esenciales, como ha defendido Isabella Weber; mecanismos de indexaci&oacute;n salarial que repartan el coste del ajuste; y un fortalecimiento de la negociaci&oacute;n colectiva que revierta parte de las reformas laborales de la &uacute;ltima d&eacute;cada. Sin ellas, los ganadores y los perdedores estar&aacute;n decididos de antemano: como siempre, la clase trabajadora saldr&aacute; perdiendo poder adquisitivo, mientras los hogares con capital financiero invertido en grandes empresas y los directivos de &eacute;stas ser&aacute;n los grandes beneficiados. Como siempre, la diferencia entre una crisis y otra la marca la voluntad pol&iacute;tica de modificar qui&eacute;n paga la factura, no tanto la magnitud del shock.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ucrania-ensena-inflacion-viene_129_13176271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 20:21:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7955243" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7955243" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que Ucrania nos enseña sobre la inflación que viene]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac27d31d-38e2-4322-8056-332707bd9341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Inflación,Irán,Guerra en Irán,Precios,IPC - Índice de Precios de Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/palantir-democracia-conocemos_129_13164309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base</p></div><p class="article-text">
        El historiador econ&oacute;mico Karl Polanyi explic&oacute; magistralmente en <em>La Gran Transformaci&oacute;n </em>que el dilema mercado-Estado, seg&uacute;n el cual hay que elegir entre alguno para asignar bien los recursos, es falso. En realidad, los mercados nunca existieron al margen del Estado y, de hecho, fueron creados deliberadamente por su mano; la mayor parte de las veces mediante una violencia sin cuartel contra las clases populares &mdash;como ocurri&oacute; con los cercamientos de tierras&mdash;&nbsp;y las poblaciones abor&iacute;genes &mdash;ya que las instituciones occidentales se abrieron paso en el mundo empujadas por los sables y p&oacute;lvora de los ej&eacute;rcitos imperiales&mdash;. El mercado no es, como dicen los liberales, una instituci&oacute;n natural.
    </p><p class="article-text">
        Tirando de ese hilo, el historiador Quinn Slobodian describi&oacute; en <em>Hayek's Bastards </em>una historia muy distinta a la habitual respecto a los or&iacute;genes del neoliberalismo. Frente a la narrativa convencional que asegura que el neoliberalismo fue principalmente un proyecto ideol&oacute;gico que quer&iacute;a desregular el mercado &mdash;porque, supuestamente, era mejor opci&oacute;n a que el Estado dirigiera la econom&iacute;a&mdash;, Slobodian recuerda que los mercados siempre est&aacute;n regulados. El verdadero motivo del neoliberalismo era aislar las decisiones econ&oacute;micas de la voluntad popular, independizarlas a fin de que las pasiones propias de la democracia no interfirieran en la asignaci&oacute;n &oacute;ptima de recursos que facilitar&iacute;an los mercados.
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea actual es producto de ese tiempo hist&oacute;rico neoliberal, lo que se expresa con mayor claridad en el car&aacute;cter antidemocr&aacute;tico del Banco Central Europeo. A pesar de que esta instituci&oacute;n es la encargada de gestionar la pol&iacute;tica monetaria &mdash;y, por ejemplo, puede influir en el &ldquo;precio&rdquo; de nuestras hipotecas&mdash;, en el ejercicio de sus funciones es independiente del poder pol&iacute;tico y, de hecho, tiene prohibida por ley la financiaci&oacute;n directa de los Estados &mdash;una opci&oacute;n que era habitual entre los bancos centrales anteriores&mdash;. La l&oacute;gica de fondo es obvia: la gesti&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria es demasiado importante como para dejarla a merced de los deseos de la ciudadan&iacute;a; mucho mejor que sean unos tecn&oacute;cratas los que est&eacute;n al mando. Esa idea de externalizar la responsabilidad hacia una entidad independiente, aunque p&uacute;blica, estaba en el coraz&oacute;n de las tesis neoliberales y del esp&iacute;ritu de Friedrich Hayek. El resultado no era un s&uacute;per-Estado, sino, como afirm&oacute; Perry Anderson, un infra Estado: uno en el que las instituciones evitan la interferencia popular en los mercados.
    </p><p class="article-text">
        Esta tensi&oacute;n entre los deseos de las mayor&iacute;as y los l&iacute;mites impuestos desde arriba ha sido consustancial a la evoluci&oacute;n misma de la democracia. Ya en la antigua Grecia, la disputa entre las facciones radicales &mdash;Sol&oacute;n, Efialtes, Pericles&mdash; y las conservadoras &mdash;Arist&oacute;teles, Plat&oacute;n&mdash; giraba en torno al alcance del &ldquo;demos&rdquo; y a los asuntos sobre los que pod&iacute;a leg&iacute;timamente decidir; instituciones como el Senado nacieron precisamente del inter&eacute;s aristocr&aacute;tico por frenar las pulsiones populares. El Estado de Derecho moderno es heredero directo de esa tensi&oacute;n: un constructo hist&oacute;rico que canaliza mediante reglas &mdash;habitualmente constitucionales&mdash; lo que las mayor&iacute;as pueden o no decidir. Pero no todos los Estados de Derecho son iguales. Autores progresistas como Luigi Ferrajoli defienden la existencia de una esfera de lo indecidible que blinde las libertades personales y los derechos sociales, entendidos como condici&oacute;n necesaria de la democracia misma. Los neoliberales, en cambio, prefieren sustraer del &aacute;mbito democr&aacute;tico las decisiones econ&oacute;micas. Lo indecidible, seg&uacute;n qui&eacute;n lo defina, protege al ciudadano o lo desarma.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el neoliberalismo tal y como lo conocimos desde los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado hasta la crisis financiera de 2008, ha muerto. Lo que le est&aacute; sustituyendo es, como el propio Slobodian ha venido se&ntilde;alando en sus trabajos m&aacute;s recientes, un populismo autoritario con ra&iacute;ces neoliberales. Se trata de una formaci&oacute;n pol&iacute;tica in&eacute;dita que articula cuatro elementos: un ejecutivo fuerte dispuesto a intervenir en la econom&iacute;a, un proteccionismo selectivo de corte neomercantilista, una concepci&oacute;n muy restrictiva de los derechos humanos y una oligarqu&iacute;a tecnol&oacute;gica que aspira a fundirse con el aparato del Estado. Conserva el desprecio neoliberal por la soberan&iacute;a popular, pero abandona su fachada liberal. Y ning&uacute;n lugar mejor para verlo que en Estados Unidos, donde el neomercantilismo exterior de Donald Trump se ha casado con el liberalismo autoritario de los tecno-oligarcas.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as la empresa Palantir, fundada por el multimillonario reaccionario Peter Thiel y ahora dirigida por su igual Alex Karp, public&oacute; un manifiesto terror&iacute;fico, si bien meridiano, exponiendo su punto de vista. Palantir es una empresa tecnol&oacute;gica y una f&aacute;brica de armas para las guerras contempor&aacute;neas &mdash;drones, espionaje digital, inteligencia artificial, etc.&mdash; que lleva varios a&ntilde;os obteniendo suculentos contratos, sobre todo por parte del gobierno de Estados Unidos. Amnist&iacute;a Internacional ha acusado a la empresa de colaborar en los cr&iacute;menes de guerra del ej&eacute;rcito de Israel, mientras que est&aacute; acreditada su participaci&oacute;n en la guerra en Ir&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no se trata de un fen&oacute;meno circunscrito a Estados Unidos. Palantir ha firmado contratos con los ministerios de defensa de Alemania, Francia y Reino Unido, opera incluso en la infraestructura de datos del servicio de salud brit&aacute;nico (NHS) y aspira a integrarse en la infraestructura digital de la propia Uni&oacute;n Europea. A ello se suma una dependencia estructural respecto a un pu&ntilde;ado m&aacute;s amplio de corporaciones estadounidenses cada vez m&aacute;s alineadas con el proyecto pol&iacute;tico de Trump y sus aliados tecno-olig&aacute;rquicos &mdash;Peter Thiel, fundador de Palantir, financi&oacute; con 15 millones de d&oacute;lares la campa&ntilde;a de J.D. Vance al Senado&mdash;. La dependencia tecnol&oacute;gica se convierte as&iacute;, inevitablemente, en dependencia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnol&oacute;gicas. Hoy en d&iacute;a, la tecnolog&iacute;a de la empresa ya se encuentra detr&aacute;s de la decisi&oacute;n automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base. Pero lo que estos tecno-oligarcas quieren es ir m&aacute;s all&aacute;, pues su cosmovisi&oacute;n implica tambi&eacute;n un fuerte rechazo del pluralismo, de la diversidad cultural y de aquellos valores que amenacen el estilo de vida americano. En este sentido, los intereses de estas corporaciones gigantes est&aacute;n perfectamente alineados con los de Donald Trump y su gobierno. Y comparten, asimismo, la idea de que la democracia contempor&aacute;nea no es compatible con tales aspiraciones; o, como ellos dicen, que la &ldquo;democracia&rdquo; solo puede salvarse si se transforma a partir de la integraci&oacute;n de estas grandes empresas tecnol&oacute;gicas en el coraz&oacute;n del Estado, y se emplea una intervenci&oacute;n militar m&aacute;s activa tanto en el exterior como en el interior &mdash;estas tecnolog&iacute;as tambi&eacute;n se est&aacute;n aplicando en la identificaci&oacute;n de migrantes indocumentados en el contexto de la pol&iacute;tica anti-inmigraci&oacute;n de Estados Unidos&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o es enorme, y sin embargo apenas forma parte de la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica cotidiana. Desde luego, podemos decir que est&aacute; en juego la soberan&iacute;a europea, debido a la dependencia tecnol&oacute;gica respecto a una &eacute;lite tecno-olig&aacute;rquica asentada al otro lado del Atl&aacute;ntico y cada vez m&aacute;s entrelazada con el aparato de poder estadounidense. Pero tambi&eacute;n est&aacute; amenazada la democracia tal y como la hemos conocido. Si Europa no articula una respuesta estrat&eacute;gica que recupere capacidad soberana en los sectores cr&iacute;ticos &mdash;energ&iacute;a, defensa, datos, infraestructura digital, inteligencia artificial&mdash; y que, al mismo tiempo, reafirme ese n&uacute;cleo indecidible de derechos que Ferrajoli identificaba como condici&oacute;n de posibilidad de la democracia, el riesgo es evidente: una deriva sostenida hacia reg&iacute;menes autoritarios de nuevo cu&ntilde;o, ya no basados en el terror en clave fascista sino en una vigilancia algor&iacute;tmica omnipresente, en la identificaci&oacute;n automatizada de disidentes y migrantes, y en una arquitectura de control ciudadano operada por corporaciones privadas cuyos due&ntilde;os desprecian abiertamente el pluralismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conviene insistir en una cosa central: esto no pertenece a una distop&iacute;a lejana. En efecto, los sistemas ya est&aacute;n funcionando en Gaza, en Ir&aacute;n, en el Canal de la Mancha y en los hospitales brit&aacute;nicos. La tensi&oacute;n que describieron Polanyi y Slobodian &mdash;entre mercado y democracia, entre soberan&iacute;a popular y aislamiento tecnocr&aacute;tico&mdash; entra as&iacute; en una fase nueva y cualitativamente m&aacute;s peligrosa. El neoliberalismo sustra&iacute;a la econom&iacute;a al juicio de la ciudadan&iacute;a. Lo que viene pretende sustraer al ciudadano mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/palantir-democracia-conocemos_129_13164309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:52:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="414931" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="414931" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/50a04d1c-5315-480d-864a-2388da0b4027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pequín depende de manera intensa de las importaciones de petróleo procedentes de países del Golfo como Arabia Saudí, Iraq, Emiratos, Kuwait y Omán, la mayoría de las cuales transitan por el estrecho. Y a la inversa: China se ha convertido en los últimos años en el cliente del 90% de las exportaciones de petróleo iraní</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Con casi toda seguridad Estados Unidos entr&oacute; en guerra con Ir&aacute;n porque buscaba un descabezamiento del r&eacute;gimen, similar al que a comienzos de a&ntilde;o hab&iacute;a tenido lugar en Venezuela, que diera paso a un gobierno m&aacute;s sensible a los intereses estadounidenses. Sin embargo, y tras casi dos meses de guerra, los objetivos de Donald Trump parecen ahora oscilar entre la reapertura del estrecho de Ormuz, cerrado por Ir&aacute;n como represalia por los ataques, y la mucho m&aacute;s arriesgada asfixia econ&oacute;mica de Ir&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque la narrativa oficial no lo acepte a&uacute;n, la situaci&oacute;n est&aacute; mucho m&aacute;s empantanada de lo que el gobierno de Estados Unidos anticip&oacute;. De hecho, Donald Trump comenz&oacute; la guerra plante&aacute;ndola como una operaci&oacute;n breve y quir&uacute;rgica que llevar&iacute;a la &laquo;libertad&raquo; a los iran&iacute;es al tiempo que proporcionar&iacute;a mayor tranquilidad a Israel &mdash;que considera a Ir&aacute;n su principal amenaza existencial&mdash; y a los pa&iacute;ses del Golfo. La realidad ha sido muy distinta.
    </p><p class="article-text">
        El estrecho de Ormuz es un nodo del metabolismo de la econom&iacute;a-mundo, siendo adem&aacute;s un cuello de botella (&ldquo;chokepoint&rdquo;) extremadamente vulnerable a los fen&oacute;menos geopol&iacute;ticos. El impacto de su cierre es muy grande para los pa&iacute;ses productores y, de acuerdo con los datos de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, el volumen de petr&oacute;leo que transita por el estrecho de Ormuz se ha reducido a un promedio del 10% respecto a los niveles de preguerra. Como vemos en el siguiente gr&aacute;fico, las rutas alternativas &mdash;a trav&eacute;s del Mar Rojo, por ejemplo&mdash; han tenido que sostener la mayor&iacute;a de las exportaciones desde el inicio de la guerra; algo claramente insuficiente para mantener los niveles de exportaciones preguerra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto+Slab:400,700|Roboto:400,500,700&display=swap"
    rel="stylesheet">

<br>

<h4 style="font-family:'Roboto',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">La caída del tráfico en dos semanas fue del 68% </h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Exportaciones petroleras de los productores del Golfo, volumen diario y ruta de salida, desde el 21 de febrero hasta el 11 de abril de 2026</p>

<div class="flourish-embed flourish-chart" data-src="story/3653282"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3653282/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Roboto',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: Agencia internacional de la Energía (AIE), a partir de datos de Kpler. Nota: Incluye exportaciones desde Arabia Saudí, Irak, EAU, Kuwait, Catar, Baréin y la Zona Neutral. La ruta alternativa (Hormuz bypass) comprende cargas desde puertos saudíes del Mar Rojo, Fuyaira (EAU), el oleoducto Irak-Turquía vía Ceyhan y la terminal iraní de Jask  </p>
    </figure><p class="article-text">
        De todos los pa&iacute;ses del Golfo, la mayor parte de las exportaciones corresponden a Arabia Saud&iacute;, Iraq y Emiratos &Aacute;rabes, seguidas luego por Ir&aacute;n y Kuwait, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico. Eso significa que, aunque Ir&aacute;n est&aacute; sufriendo los costes directos de la guerra &mdash;como la mayor&iacute;a de v&iacute;ctimas mortales y la destrucci&oacute;n de infraestructura&mdash;, las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas agregadas recaen sobre pa&iacute;ses que mantienen v&iacute;nculos hist&oacute;ricos con Washington.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Flujos petroleros por el estrecho de Ormuz" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-zxrg2" src="https://datawrapper.dwcdn.net/zxrg2/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="439" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Y no se trata solo del petr&oacute;leo. Por Ormuz transita cerca del 20% del gas natural licuado mundial, y Qatar es el gran damnificado del lado gas&iacute;stico. Esto agrava especialmente la situaci&oacute;n asi&aacute;tica: en torno al 28% del GNL que importa China procede de Qatar, y casi un tercio de los flujos totales de GNL hacia Asia depende del estrecho. La crisis energ&eacute;tica global tiene, por tanto, dos patas simult&aacute;neas, petr&oacute;leo y gas, que se refuerzan entre s&iacute;, adem&aacute;s de todas las industrias de productos derivados de los combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        Como <a href="https://www.eldiario.es/economia/polimeros-base-material-guerra-iran_129_13138273.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">explicaba la semana pasada respecto al sector petroqu&iacute;mico</a>, los pa&iacute;ses del Golfo llevan d&eacute;cadas elevando sus lazos comerciales con Asia y, particularmente, con China: desde 2010 hasta 2024 este comercio se ha multiplicado pr&aacute;cticamente por tres. De acuerdo con las estimaciones del think-tank Asia House, esta din&aacute;mica no har&aacute; sino aumentar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El Golfo ya comercia más con China que con Occidente" aria-label="Columnas agrupadas" id="datawrapper-chart-WaO3R" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WaO3R/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="571" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Esta es una situaci&oacute;n comprometida para los pa&iacute;ses del Golfo, que tienen que mantener un delicado equilibrio entre sus alianzas con Occidente y sus v&iacute;nculos crecientes con Asia. Debemos tener en cuenta que la Comisi&oacute;n de Revisi&oacute;n Econ&oacute;mica y Seguridad EEUU-China, que informa al Congreso de Estados Unidos, ha declarado que China, Rusia, Ir&aacute;n y Corea del Norte conforman un nuevo &ldquo;eje de la autocracia&rdquo; y afirma que comparten el deseo de retar el liderazgo global de Estados Unidos. En cierta medida este marco opera como profec&iacute;a autocumplida: cuanto m&aacute;s Washington hostiga y sanciona a las periferias, m&aacute;s empuja a los Estados del Golfo a pens&aacute;rselo dos veces antes de cualquier gesto de distanciamiento respecto de Pek&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que, en condiciones normales, la mayor parte del crudo que sal&iacute;a en 2025 del estrecho de Ormuz ten&iacute;a como destino pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, como muestra el siguiente gr&aacute;fico. Podemos observar que tanto Europa como Am&eacute;rica dependen muy marginalmente del abastecimiento f&iacute;sico de petr&oacute;leo procedente de los pa&iacute;ses del Golfo. Eso no significa que el cierre no les afecte, ya que al determinarse los precios a nivel global s&iacute; sufren los impactos de la inflaci&oacute;n, y adem&aacute;s pueden ser <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">especialmente dependientes de productos espec&iacute;ficos, como los fertilizantes</a>. Pero en general, es claro que es Asia la primera damnificada por la actual situaci&oacute;n, como demuestra el hecho de que all&iacute; las medidas de reducci&oacute;n del consumo de energ&iacute;a &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/planificar-decrecimiento-sufrirlo_129_13097338.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;ticas decrecentistas</a>, podr&iacute;amos decir&mdash; hayan sido m&aacute;s r&aacute;pidas y m&aacute;s profundas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Destino del crudo que atraviesa el estrecho de Ormuz" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-x9wXj" src="https://datawrapper.dwcdn.net/x9wXj/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="433" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        La interrupci&oacute;n de los flujos comerciales tiene graves implicaciones f&iacute;sicas, no s&oacute;lo econ&oacute;micas. No es s&oacute;lo que el petr&oacute;leo se haga m&aacute;s caro &mdash;como ocurre en Europa o Estados Unidos&mdash;, sino que sencillamente puede dejar de llegar en cantidades suficientes para satisfacer la demanda. Adelant&aacute;ndose a esa posibilidad, <a href="https://www.energypolicy.columbia.edu/where-china-gets-its-oil-crude-imports-in-2025-reveal-stockpiling-and-changing-fortunes-of-certain-suppliers-including-those-sanctioned/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China lleva a&ntilde;os incrementando sus reservas de petr&oacute;leo</a>, y se estima que podr&iacute;an ser suficientes para cubrir cuatro meses sin nuevas importaciones por mar; aunque con medidas de reducci&oacute;n de la demanda podr&iacute;amos hablar de un per&iacute;odo mucho m&aacute;s prolongado.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, China depende de manera intensa de las importaciones de petr&oacute;leo procedentes de pa&iacute;ses del Golfo como Arabia Saud&iacute;, Iraq, Emiratos, Kuwait y Om&aacute;n, la mayor&iacute;a de las cuales transitan por el estrecho. Pero los datos oficiales no muestran las importaciones procedentes de Ir&aacute;n ni <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/venezuela-imperialismo-rostro-liberal_129_12891384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Venezuela</a>, ya que en ambos casos se trata de pa&iacute;ses con sanciones internacionales. La pr&aacute;ctica habitual es el &ldquo;rebranding&rdquo;, es decir, la puesta en marcha de complejas operaciones para hacer pasar el petr&oacute;leo sancionado como importaciones de pa&iacute;ses legales, como Indonesia o Malasia. Las estimaciones m&aacute;s fiables se&ntilde;alan que, teniendo en cuenta esta estrategia, casi el 50% de las importaciones chinas de petr&oacute;leo proceden del Golfo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br><iframe title="El 35% del crudo importado por China pasa por Ormuz" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-SJhKi" src="https://datawrapper.dwcdn.net/SJhKi/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="586" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        Una de las consecuencias de lo anterior es que China se ha volcado crecientemente en Rusia, su gran proveedor de petr&oacute;leo. De hecho, Rusia es una de las grandes beneficiadas de la crisis energ&eacute;tica, y seg&uacute;n los datos de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, en marzo sus ingresos por exportaciones pr&aacute;cticamente se han duplicado hasta alcanzar los 19.000 millones de d&oacute;lares. A ello ha contribuido, claro est&aacute;, el alivio que Estados Unidos le ha proporcionado en relaci&oacute;n con las sanciones internacionales &mdash;igual que a <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/venezuela-imperialismo-rostro-liberal_129_12891384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Venezuela</a>&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, si la dependencia china de las importaciones de petr&oacute;leo es grande, a&uacute;n es mayor su inversa: la dependencia de las exportaciones iran&iacute;es a China. Como muestra el siguiente gr&aacute;fico, China se ha convertido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el cliente del 90% de las exportaciones de petr&oacute;leo iran&iacute;. La consolidaci&oacute;n ha sido r&aacute;pida: aunque China ya era el principal comprador tras las sanciones de Trump de 2018, el salto de los &uacute;ltimos tres o cuatro a&ntilde;os hacia la cuasi-exclusividad convierte a Teher&aacute;n en un Estado-cliente energ&eacute;tico de Pek&iacute;n en toda regla, con todo lo que ello implica en t&eacute;rminos de asimetr&iacute;a negociadora.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="China absorbe el 89% del crudo iraní exportado" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-NathB" src="https://datawrapper.dwcdn.net/NathB/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="608" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy sabemos que Israel ha entrado en esta guerra principalmente porque proyecta en el futuro su idea de un &ldquo;Gran Israel&rdquo; donde el expansionismo territorial le permita consolidarse como potencia hegem&oacute;nica en la regi&oacute;n. Sabemos tambi&eacute;n que Ir&aacute;n ha encontrado en el control del estrecho de Ormuz su principal baza para negociar y, en la medida de lo posible, lograr garant&iacute;as de que no haya futuros ataques. M&aacute;s confuso es el objetivo real de Estados Unidos, m&aacute;s all&aacute; de la ingenuidad inicial de quienes creyeron que ser&iacute;a una operaci&oacute;n r&aacute;pida y f&aacute;cil. El hecho es que la situaci&oacute;n se ha estancado, llevando a una crisis energ&eacute;tica global de gran envergadura.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, las crisis nunca golpean a todos por igual. Como he tratado de mostrar, el impacto econ&oacute;mico principal est&aacute; teniendo lugar en las econom&iacute;as del Golfo y en Asia, justo en un momento en el que ambas regiones est&aacute;n profundizando sus relaciones y retando la primac&iacute;a occidental. No est&aacute; claro si esta guerra debilitar&aacute; esa din&aacute;mica previa o si, por el contrario, la profundizar&aacute;; pero lo que s&iacute; est&aacute; claro es que China tiene buenas razones estructurales para empujar hacia la desescalada. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque no sea el principal afectado, Estados Unidos no puede permitirse que la guerra se prolongue indefinidamente. Sus problemas tienen que ver con la inflaci&oacute;n, el impacto sobre los mercados financieros y el desgaste dom&eacute;stico de Donald Trump. Para Europa, la situaci&oacute;n es considerablemente peor: m&aacute;s expuesta al shock energ&eacute;tico v&iacute;a precios y cadenas de suministro, con un BCE atenazado entre <a href="https://www.eldiario.es/economia/castigar-economia-frenar-inflacion-no-causado_129_13109724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una inflaci&oacute;n importada que no se doma con subidas de tipos y una desaceleraci&oacute;n que esas mismas subidas agravar&iacute;an</a>. El margen de maniobra europeo, una vez m&aacute;s, es m&aacute;s estrecho que el de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se dirime en el estrecho de Ormuz es la arquitectura energ&eacute;tica &mdash;y, por tanto, el equilibrio de poder&mdash; del siglo XXI. El 'chokepoint' simboliza la vulnerabilidad del metabolismo de la econom&iacute;a-mundo, pero la guerra est&aacute; revelando tambi&eacute;n la incapacidad de Estados Unidos para imponer por la fuerza un orden geogr&aacute;fico-energ&eacute;tico que se le escurre hacia Asia a velocidad acelerada. Cuando China defiende la paz, sabe mejor que nadie que sus ganancias estructurales &mdash;la consolidaci&oacute;n del eje euroasi&aacute;tico, el refuerzo de sus lazos con el Golfo, la paulatina autonom&iacute;a del d&oacute;lar en los intercambios estrat&eacute;gicos&mdash; son incompatibles con una guerra larga. En esa ecuaci&oacute;n, a Pek&iacute;n la paz le conviene hoy m&aacute;s que a Washington. Y el precio de esa asimetr&iacute;a podr&iacute;a medirse, a medio plazo, en un desplazamiento m&aacute;s r&aacute;pido hacia Asia del centro de gravedad del sistema-mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:12:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="745241" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="745241" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por qué a China le conviene la paz en Irán más que a Estados Unidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f86699ab-dec6-46a5-82c2-a3d7c2be68df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Gas,China,Guerra en Irán,Estados Unidos,Irán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de Orbán, nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-orban_129_13144720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viktor Orbán y a su esposa, votando  en las elecciones del 12 de abril.. EFE/Akos Kaiser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde que Podemos se reubicó ideológicamente tras salir del gobierno, es habitual escucharlos denunciar el ‘malmenorismo’. Sin tener presente los contextos e instituciones dentro de los cuales se reproduce la política, esta se convierte en un ejercicio de laboratorio desconectado de la realidad</p></div><p class="article-text">
        A una parte de la izquierda la derrota de Viktor Orb&aacute;n no le ha conmovido. A pesar de que el hasta ahora l&iacute;der h&uacute;ngaro representa un nodo cr&iacute;tico de la internacional reaccionaria, as&iacute; como un puntal clave de Donald Trump y el movimiento <em>Make America Great Again (MAGA)</em>, hay una izquierda que ha centrado su atenci&oacute;n en el perfil del candidato ganador: Peter Magyar, un antiguo colaborador de Orb&aacute;n. El planteamiento consecuente es paralizante, asumiendo que ambos son las dos caras de la misma moneda.
    </p><p class="article-text">
        Reconozcamos que el enfoque tiene su atractivo inicial. Al fin y al cabo, en <em>condiciones normales</em> nadie de izquierdas celebrar&iacute;a la victoria de un candidato conservador, ni en Hungr&iacute;a ni en ninguna parte.&nbsp;El problema es que no parece que estemos ante <em>condiciones normales</em> cuando incluso muchos partidos de izquierdas optaron por no presentarse a fin de facilitar la victoria de Magyar. De alg&uacute;n modo estos partidos &mdash;socialistas, verdes, liberales y otros m&aacute;s a la izquierda&mdash; entend&iacute;an que derrotar a Orb&aacute;n era la prioridad y, consecuentemente, sacrificaron su propia supervivencia parlamentaria. Un planteamiento que va m&aacute;s all&aacute; de los partidos, pues Magyar ha obtenido la victoria gracias a que ha conseguido aglutinar todo el voto anti-Orb&aacute;n: un apoyo que se estima sostenido en <a href="https://elpais.com/internacional/2026-04-12/peter-magyar-el-hombre-que-admiraba-a-orban-y-acabo-con-el.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un 11% de personas conservadoras, un 43% de liberales y el resto de las izquierdas y verdes</a>.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo es el atractivo inicial, pues este planteamiento tiene versiones sofisticadas que conviene tomarse en serio. La m&aacute;s fuerte sostiene que votar por el mal menor desmoviliza: que una izquierda que se acostumbra a apoyar a conservadores acaba perdiendo su identidad, su base y su capacidad de propuesta aut&oacute;noma. Francia ser&iacute;a un ejemplo, donde d&eacute;cadas de frente republicano contra Le Pen no han impedido su continuo avance. El argumento merece consideraci&oacute;n, pero tiene un problema fatal cuando se aplica al caso h&uacute;ngaro: presupone que existe una izquierda con fuerza suficiente como para que su desmovilizaci&oacute;n sea el riesgo principal. En Hungr&iacute;a, tras 16 a&ntilde;os de r&eacute;gimen iliberal, la izquierda parlamentaria era ya un cad&aacute;ver pol&iacute;tico. El riesgo real no era la desmovilizaci&oacute;n sino la consolidaci&oacute;n definitiva de un r&eacute;gimen que hac&iacute;a imposible cualquier organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, sindical o medi&aacute;tica independiente. Cuando tu casa se incendia, discutir si el agua del extintor va a estropear los muebles es un debate leg&iacute;timo, pero no urgente.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, cuando pasamos desde un an&aacute;lisis enfocado en las &eacute;lites y los partidos hacia otro centrado en la ciudadan&iacute;a y los grupos sociales, el panorama se vuelve m&aacute;s complejo. Hungr&iacute;a es un pa&iacute;s sociol&oacute;gicamente muy conservador, que adem&aacute;s ha crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas gracias a su inserci&oacute;n en las cadenas de valor globales de Alemania &mdash;ofreciendo mano de obra barata y una capacidad industrial bastante avanzada&mdash; y que en la actualidad est&aacute; atravesando por serias dificultades econ&oacute;micas. En ese contexto, y con una participaci&oacute;n electoral de casi el 80%, los escasos y d&eacute;biles grupos de izquierdas han votado mayoritariamente a Magyar porque entend&iacute;an que se encontraban ante condiciones excepcionales: la posibilidad de que Hungr&iacute;a se desplazase definitivamente hacia un r&eacute;gimen pol&iacute;tico autoritario era demasiado alta.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Hungr&iacute;a es un s&iacute;ntoma de algo m&aacute;s amplio. Las democracias est&aacute;n retrocediendo en todo Occidente, y no s&oacute;lo por la sustracci&oacute;n neoliberal de decisiones clave del &aacute;mbito democr&aacute;tico &mdash;como ocurri&oacute; paradigm&aacute;ticamente con la pol&iacute;tica monetaria&mdash;, sino tambi&eacute;n por el empuje de fuerzas reaccionarias que buscan blindar a grupos &eacute;tnicos dominantes frente a los riesgos geopol&iacute;ticos y ecosociales mediante la apropiaci&oacute;n de recursos ajenos y la reducci&oacute;n del demos. La gram&aacute;tica com&uacute;n de esta internacional reaccionaria &mdash;de Trump a Putin, de Netanyahu a Orb&aacute;n, de Milei a Abascal&mdash; se manifiesta en el genocidio de Gaza, en las amenazas sobre Groenlandia, en la guerra con Ir&aacute;n, y en el desmantelamiento interno de las instituciones democr&aacute;ticas. En la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se abog&oacute; expl&iacute;citamente por apoyar a propuestas como las de Orb&aacute;n para neutralizar la capacidad de la Uni&oacute;n Europea como actor aut&oacute;nomo. Ante esa amenaza, los h&uacute;ngaros dem&oacute;cratas &mdash;de izquierdas y de derechas&mdash; han optado por hacer lo posible para echar del gobierno a quien llevaba 16 a&ntilde;os socavando las reglas del juego.
    </p><p class="article-text">
        La historia nunca se repite, pero aporta ense&ntilde;anzas. La Internacional Comunista se mostr&oacute; desde 1928 hasta 1935 radicalmente contraria a la colaboraci&oacute;n con las fuerzas burguesas, lo que inclu&iacute;a a los socialdem&oacute;cratas. Un error garrafal de diagn&oacute;stico de la pol&iacute;tica exterior de Stalin &mdash;la idea de que el fascismo era un coletazo final del capitalismo, que estaba a punto de sucumbir para mayor gloria del socialismo&mdash; empuj&oacute; a los comunistas de todo el mundo a lo que se conoci&oacute; como estrategia de &laquo;guerra de clase contra clase&raquo;, es decir, a considerar que socialdem&oacute;cratas y liberales democr&aacute;ticos eran la cara amable del fascismo. Hubo much&iacute;sima resistencia a esa estrategia, pero fue el terrible fracaso de la experiencia alemana lo que impuls&oacute; una rectificaci&oacute;n que finalmente condujo a los frentes populares. La experiencia unitaria espa&ntilde;ola en 1933 &mdash;que fue a nivel local y permiti&oacute; elegir al primer diputado comunista&mdash;, las cr&iacute;ticas de muchos partidos comunistas y el papel de Dimitrov permitieron que a partir de 1935 la Internacional Comunista respaldara oficialmente la estrategia de cooperar con los antiguos enemigos burgueses &mdash;pero democr&aacute;ticos&mdash; a fin de frenar al fascismo: el orden de prioridades hab&iacute;a cambiado y el contexto se describ&iacute;a con mayor precisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a recalcar esa ense&ntilde;anza: un diagn&oacute;stico contextualizado certero es fundamental para dise&ntilde;ar una estrategia pol&iacute;tica correcta. Los planteamientos en abstracto nos hablan de mundos fant&aacute;sticos que no existen; la pol&iacute;tica siempre es pol&iacute;tica concreta, realizada en entornos institucionales espec&iacute;ficos. Marx y Engels lo sab&iacute;an bien cuando tras 1849 recomendaban que los comunistas creasen un partido propio y diferenciado en Alemania y Francia, pero al mismo tiempo abogaban por la integraci&oacute;n en los partidos democr&aacute;ticos y liberales en Estados Unidos y Reino Unido. Esta flexibilidad t&aacute;ctica era el resultado de la conceptualizaci&oacute;n de los partidos no a partir de sus denominaciones o aspiraciones idealistas sino a partir de sus capacidades reales para mejorar la vida de la clase trabajadora. Fue Engels quien dijo en 1886 que un mill&oacute;n o dos de votos de la clase trabajadora para un partido que trabajaba de buena fe es infinitamente m&aacute;s valioso en el presente que cientos de miles de votos para &laquo;un programa doctrinalmente perfecto&raquo;. Engels estaba se&ntilde;alando que un movimiento de masas vivo, con todas sus imperfecciones e inconsistencias ideol&oacute;gicas, tiene m&aacute;s potencial transformador que una secta minoritaria con el catecismo en orden. Y esa flexibilidad no se limitaba a la forma partido: para Marx y Engels no era lo mismo una democracia consolidada como Inglaterra que los sistemas pol&iacute;ticos de otras partes del mundo, y con toda probabilidad les hubiera parecido un error de manual presuponer el mismo tipo de estrategia en la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n que en la Espa&ntilde;a actual.
    </p><p class="article-text">
        En suma, sin tener presente los contextos e instituciones dentro de los cuales se reproduce la pol&iacute;tica, esta se convierte en un ejercicio de laboratorio desconectado de la realidad. Es decir, sin hacer un an&aacute;lisis m&iacute;nimamente serio del momento hist&oacute;rico en la econom&iacute;a-mundial, las correlaciones de fuerzas y la disponibilidad de instrumentos, todo el an&aacute;lisis se convierte en una sucesi&oacute;n de proposiciones pseudo-l&oacute;gicas sin recorrido pr&aacute;ctico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es un problema solo te&oacute;rico. En Espa&ntilde;a, parte de esta izquierda est&aacute; ubicada actualmente en Podemos, cuyos dirigentes han cuestionado que haya motivos para celebrar la derrota de Orb&aacute;n. Desde que Podemos se reubic&oacute; ideol&oacute;gicamente tras salir del gobierno, es habitual escucharlos hablar de &lsquo;malmenorismo&rsquo;, esto es, de la denuncia de la flexibilidad t&aacute;ctica en nombre de la pureza doctrinal. El prop&oacute;sito, como ha se&ntilde;alado Ra&uacute;l S&aacute;nchez Cedillo, es preservar un centro de gravedad de las izquierdas, aunque como &eacute;l mismo reconoce sea al coste de reducir el instrumento hasta la irrelevancia electoral &mdash; por debajo del 1% en las dos &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas&mdash;. Es cuestionable, en todo caso, que podamos considerar exitosa una operaci&oacute;n que aspira, en el mejor de los casos, a generar conversaci&oacute;n y que asume de inicio su propia incapacidad para transformar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, S&aacute;nchez Cedillo acierta al diagnosticar que el malmenorismo es consecuencia de la derrota, pero lo mismo cabe decir de su denuncia: uno se conforma con el mal menor cuando no ha logrado imponer la opci&oacute;n principal, del mismo modo que uno denuncia el mal menor cuando carece de la fuerza para ofrecer algo mejor. Pero hay un problema adicional: la denuncia del malmenorismo es, en su estructura, una operaci&oacute;n olig&aacute;rquica, porque requiere de una &eacute;lite dirigente mandatada para trazar la frontera entre lo aceptable y lo inaceptable. Y esa frontera siempre puede ser desplazada, ya que dentro del propio partido siempre habr&aacute; alguien con m&aacute;s pureza dispuesto a denunciarte. Un debate as&iacute;, planteado en abstracto y con pretensiones universales, est&aacute; condenado a la esterilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que optar por la opci&oacute;n menos mala tambi&eacute;n tiene costes, pero estos solo son evaluables en cada circunstancia concreta &mdash; que es precisamente lo que los comunistas malmayoristas de antes de 1935 se negaron a hacer, convencidos de que su v&iacute;a era la correcta con independencia de las condiciones reales. &laquo;Despu&eacute;s de Hitler, nosotros&raquo;, dijeron aquellos comunistas pensando que el fascismo ser&iacute;a un episodio breve del final del capitalismo. Al final, la historia desgraciadamente los atropell&oacute; a ellos y a todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los h&uacute;ngaros que votaron a Magyar el pasado domingo no viv&iacute;an en un seminario de teor&iacute;a pol&iacute;tica sino en un pa&iacute;s donde el gobierno trabajaba en complicidad con Rusia para desarticular toda oposici&oacute;n pol&iacute;tica, donde la independencia judicial hab&iacute;a sido sistem&aacute;ticamente vaciada y donde miles de millones de euros en fondos europeos estaban bloqueados por el deterioro de los aspectos m&aacute;s elementales del Estado de Derecho. Con esas coordenadas, optaron masivamente por la opci&oacute;n que les permit&iacute;a recuperar un marco institucional desde el que seguir luchando. Fue la misma l&oacute;gica que llev&oacute; a Dimitrov en 1935 a reconocer que la diferencia entre democracia burguesa y dictadura fascista no era una sutileza acad&eacute;mica sino una cuesti&oacute;n de supervivencia para el movimiento obrero. Que esa lecci&oacute;n tenga que ser reaprendida cada pocas d&eacute;cadas no dice mucho a favor de nuestra capacidad de aprendizaje colectivo, pero s&iacute; confirma algo que Marx y Engels entendieron muy bien: que la pol&iacute;tica se hace desde las condiciones y no desde las conclusiones.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-orban_129_13144720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4640279" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4640279" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Después de Orbán, nosotros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7be5c059-57d1-43b1-b835-580110fb306a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Viktor Orbán]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
