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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_garzon_espinosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La culpa de muchos, la responsabilidad de uno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-responsabilidad_129_13636889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92101b23-0c5a-4857-923b-20b7f9bcb79e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x976y574.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa de muchos, la responsabilidad de uno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Le toca a Carlos Cuerpo la gestión de un ministerio en el que no podrá hacer nada relevante (léase: estructural) por falta de tiempo, pero al menos se pasa página con una asunción de responsabilidad que era la única salida digna. La campaña seguirá su curso y los deberes más importantes (qué tipo de infraestructuras necesita un país) quedarán para la siguiente legislatura</p></div><p class="article-text">
        Ciento quince personas han perdido la vida en accidentes ferroviarios en apenas diez meses. Detr&aacute;s de esa cifra hay familias destrozadas y una sociedad que ha perdido la confianza en poder viajar con seguridad en unas infraestructuras p&uacute;blicas. Saber qui&eacute;n tuvo la culpa de cada accidente corresponder&aacute; a los jueces, quienes de todos modos tendr&aacute;n dificultades debido a la naturaleza del evento, pero determinar qui&eacute;n debe asumir la responsabilidad pol&iacute;tica corresponde a la ciudadan&iacute;a y a sus representantes. Y en pol&iacute;tica es importante entender que ambas cosas no son necesariamente lo mismo. Porque una tragedia puede ser el resultado de muchos a&ntilde;os de decisiones equivocadas y, aun as&iacute;, exigir que quien est&aacute; al frente del ministerio asuma sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la culpa de tragedias como estas se encuentra mucho m&aacute;s distribuida de lo que parece, porque en gran medida es el resultado de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/pais-dejo-cuidar-infraestructuras_129_13631717.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">erosi&oacute;n de las infraestructuras</a> y de la incapacidad demostrada, durante a&ntilde;os, de mantenerlas en buen estado mediante suficiente gasto en mantenimiento corriente y, sobre todo, con inversiones p&uacute;blicas que permitieran <em>adaptar</em> las infraestructuras tanto tecnol&oacute;gicamente como f&iacute;sicamente a un contexto de creciente demanda de viajeros. Es el &ldquo;problema de las muchas manos&rdquo;, es decir, lo que emerge cuando el da&ntilde;o es el resultado de decisiones dispersas en el tiempo y que conduce a que puede que no haya un &uacute;nico responsable causal, sino m&aacute;s bien una acumulaci&oacute;n de decisiones y omisiones que contribuyeron a crear las condiciones de la tragedia. Ser&aacute;n los juzgados quienes tendr&aacute;n que ponderar qu&eacute; grado de culpa (y responsabilidad jur&iacute;dica) le corresponde a quienes recortaron en inversi&oacute;n, a quienes archivaron las alertas, a quienes minusvaloraron las incidencias previas en la circulaci&oacute;n, etc. Los jueces dir&aacute;n lo que puedan, pero lo esencial quedar&aacute; fuera de su alcance porque no es f&aacute;cil delimitar esa culpa &ldquo;estructural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa cadena de culpables, el ministro &Oacute;scar Puente hab&iacute;a llegado relativamente tarde. Su gesti&oacute;n, de hecho, se ha caracterizado por el intento de recuperar la credibilidad de un ministerio que hab&iacute;a sido dirigido por el ahora encarcelado Jos&eacute; Luis &Aacute;balos. Durante esa etapa previa, el Ministerio de Transportes fue testigo de desv&iacute;os de dinero y corrupci&oacute;n, de enchufes para colocar a gente sin preparaci&oacute;n alguna, de decisiones pol&iacute;ticas altamente cuestionables, y todo ello mientras la cabeza del ministerio y sus m&aacute;s allegados se lanzaban hacia todo tipo de excesos e ilegalidades. El da&ntilde;o que &Aacute;balos ha hecho al gobierno progresista, que en esos momentos se bregaba contra una pandemia y la ola reaccionaria al mismo tiempo, es inmenso. Y la misi&oacute;n de Puente era, por lo tanto, herc&uacute;lea; en realidad, casi imposible.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, su gesti&oacute;n ha sido mucho m&aacute;s que decente. Se nota que se preparaba a conciencia los temas sobre los que ten&iacute;a que trabajar, y lograba explicarlos a la poblaci&oacute;n con verdadera claridad. La gesti&oacute;n posterior a la DANA, por ejemplo, fue una demostraci&oacute;n de excelente gesti&oacute;n y comunicaci&oacute;n; algo que le vali&oacute; numerosos reconocimientos p&uacute;blicos, incluso de sus adversarios. Las informaciones y explicaciones sobre los accidentes ferroviarios fueron, en general, tambi&eacute;n correctas, porque buscaban deshacer la confusi&oacute;n reinante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No en todo acert&oacute;, claro. Se&ntilde;alar a un trabajador individual como culpable de un accidente ferroviario, adem&aacute;s con filtraciones de audios incluidas, fue un error may&uacute;sculo. Que todas las barreras tecnol&oacute;gicas de seguridad fallaran y que el sistema terminara dependiendo de la actuaci&oacute;n de una persona es, en s&iacute; mismo, una se&ntilde;al de que algo fallaba mucho m&aacute;s profundamente. Ning&uacute;n sistema de seguridad contempor&aacute;neo deber&iacute;a depender de algo tan fr&aacute;gil como la capacidad humana para evitar una cat&aacute;strofe. Ah&iacute; el ministro se puso innecesariamente a la defensiva cuando, en rigor, era consecuencia de la dejaci&oacute;n hist&oacute;rica en esos &aacute;mbitos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, la patata caliente le toc&oacute; a &eacute;l. Como en aquel juego en el que los participantes se pasan un objeto que puede explotar en cualquier momento, Puente estaba al mando cuando la situaci&oacute;n acumulada durante a&ntilde;os lleg&oacute; a su punto de ruptura. La responsabilidad difusa de muchas decisiones anteriores hab&iacute;a generado una situaci&oacute;n insostenible y ahora sabemos que las inversiones y los gastos en mantenimiento realizados durante su mandato no bastaron para evitarla. Dicho de otra forma, los accidentes tuvieron lugar cuando &Oacute;scar Puente todav&iacute;a estaba intentando limpiar la basura dejada por la gesti&oacute;n de &Aacute;balos y sus compinches y de los recortes en inversi&oacute;n p&uacute;blica acumulados desde mayo de 2010 (que comenzaron con un gobierno del PSOE y siguieron con los del PP, reflejando de nuevo ese &ldquo;problema de las muchas manos&rdquo;). Puente estaba adecentando la casa, pero esta se vino definitivamente abajo.
    </p><p class="article-text">
        No es culpable, pero s&iacute; es responsable. El cargo pol&iacute;tico no es algo que se posee. Estrictamente hablando, yo nunca tuve un ministerio porque no era una posesi&oacute;n, sino que asum&iacute; un encargo basado en la confianza con la comunidad. Esa relaci&oacute;n no es est&aacute;tica, sino que se alimenta continuamente mediante la rendici&oacute;n de cuentas. Los ministros tienen que rendir cuentas ante el parlamento y ante la sociedad, porque es la ciudadan&iacute;a y sus representantes quienes han realizado el encargo. Se responde de lo que ocurre bajo el propio mandato, haya o no culpa personal, porque eso es lo que significa haber aceptado el encargo. Y cuando la confianza decae, por las razones que sea, es justo y necesario que se asuman responsabilidades. Y estas responsabilidades son de orden pol&iacute;tico, no necesariamente judicial. Por eso la frontera entre asumir responsabilidades y no hacerlo es difusa y no la marca un juez, sino los valores y principios que sostienen la relaci&oacute;n con el cargo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando dos accidentes muy graves ocurren bajo tu mandato, la confianza se resquebraja de inmediato. La dimisi&oacute;n era, en realidad, la &uacute;nica salida posible ante una crisis de esa magnitud. Otras formas de rendici&oacute;n de cuentas se antojaban realmente insuficientes ante una situaci&oacute;n como esta. Por lo tanto, la decisi&oacute;n de &Oacute;scar Puente ha sido correcta, y si acaso solo cabe reprocharle que haya tardado tanto. Sabi&eacute;ndose no-culpable, adem&aacute;s era pol&iacute;ticamente inteligente haber anunciado su dimisi&oacute;n, gestionar la crisis en el <em>mientras tanto</em> y proponer medidas estructurales y coyunturales para evitar que esto pasara de nuevo, sin dejar de mencionar todo lo que pol&iacute;ticamente es clave para entender esta situaci&oacute;n: falta de inversi&oacute;n, liberalizaci&oacute;n, privatizaciones encubiertas, mala gesti&oacute;n por responsables anteriores, etc. La dimisi&oacute;n no constituye, por lo tanto, una confesi&oacute;n de culpabilidad ni una admisi&oacute;n de responsabilidad jur&iacute;dica. Es m&aacute;s bien el reconocimiento de que la confianza necesaria para continuar ejerciendo el cargo se ha quebrado y de que, en esas circunstancias, la continuidad resulta pol&iacute;ticamente injustificable.
    </p><p class="article-text">
        El desgraciado accidente de Urda ha cambiado el ritmo de la campa&ntilde;a, y la dimisi&oacute;n de &Oacute;scar Puente no parece que sea suficiente para evitarlo. Sin duda, de haberse producido antes nos hubi&eacute;ramos ahorrado una semana donde el protagonismo ha estado en el ministro m&aacute;s que en las v&iacute;ctimas y las medidas pol&iacute;ticas para abordar este problema. Quiz&aacute;s a partir de ahora sea diferente, aunque el da&ntilde;o emocional provocado por este accidente en toda la sociedad es hondo. Para la remontada en las encuestas la izquierda necesitaba un entorno de optimismo y de salir a la ofensiva, algo que se estaba consiguiendo en los primeros d&iacute;as, pero cuya din&aacute;mica ha quedado completamente rota. Le toca a Carlos Cuerpo la gesti&oacute;n de un ministerio en el que no podr&aacute; hacer nada relevante (l&eacute;ase: estructural) por falta de tiempo, pero al menos se pasa p&aacute;gina con una asunci&oacute;n de responsabilidad que era la &uacute;nica salida digna. La campa&ntilde;a seguir&aacute; su curso y los deberes m&aacute;s importantes (qu&eacute; tipo de infraestructuras necesita un pa&iacute;s) quedar&aacute;n para la siguiente legislatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-responsabilidad_129_13636889.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Nov 2026 21:14:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa de muchos, la responsabilidad de uno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Óscar Puente,Carlos Cuerpo,Accidente tren Urda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El país que dejó de cuidar sus infraestructuras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/pais-dejo-cuidar-infraestructuras_129_13631717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba7c4cc5-305b-4b9d-913f-4cc0157fcb54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El país que dejó de cuidar sus infraestructuras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un país que crece en población, turismo y volumen de viajeros necesita adaptar su inversión pública a esa nueva realidad. La austeridad neoliberal nos hipotecó durante muchos años, alargando los costes y multiplicándolos. Y lo que se dejó de invertir lo estamos pagando hoy en servicios más deteriorados, y lo seguiremos pagando mientras el mantenimiento de lo construido no se convierta en una prioridad política protegida de los recortes</p><p class="subtitle">La alta velocidad, la joya de la corona ahora cuestionada por la falta de inversiones y el impacto de la liberalización</p></div><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os ochenta el libro <em>America in Ruins</em> de Pat Choate y Susan Walter desat&oacute; una importante controversia en Estados Unidos al convertirse en una advertencia p&uacute;blica de que la red de autopistas creada durante la posguerra hab&iacute;a envejecido y se encontraba al final de su vida &uacute;til. Varios derrumbes acontecidos en los setenta y en los ochenta parec&iacute;an acreditar que el mal estado de las carreteras ten&iacute;a importantes consecuencias sobre la seguridad. Al fin y al cabo, todas las infraestructuras sufren un desgaste f&iacute;sico que adem&aacute;s se acelera con el uso, y las carreteras eran el ejemplo paradigm&aacute;tico en el pa&iacute;s del veh&iacute;culo de combusti&oacute;n interna. Pero ese hecho significaba tambi&eacute;n que toda sociedad, al construir infraestructuras, queda hipotecada con una serie de gastos presentes y futuros que deben dedicarse a que lo construido siga existiendo y ofreciendo los mismos servicios y con la misma calidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una sociedad no atiende esos compromisos por diferentes razones, como puede ser una crisis econ&oacute;mica, entonces <a href="https://www.eldiario.es/economia/alta-velocidad-joya-corona-ahora-cuestionada-falta-inversiones-impacto-liberalizacion_1_13627952.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las infraestructuras se deterioran m&aacute;s r&aacute;pidamente y la prestaci&oacute;n del servicio sufre severamente.</a> Como veremos en este an&aacute;lisis, la gesti&oacute;n neoliberal de la crisis econ&oacute;mica de 2008 provoc&oacute; en Espa&ntilde;a que los recortes en inversi&oacute;n p&uacute;blica dejaran temblando muchas infraestructuras y, a pesar de cierta recuperaci&oacute;n durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha dejado una cicatriz cuyos efectos llegan hasta la actualidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El papel econ&oacute;mico de la inversi&oacute;n p&uacute;blica</strong></h2><p class="article-text">
        La inversi&oacute;n p&uacute;blica es una de las categor&iacute;as fundamentales de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, porque <a href="https://www.eldiario.es/economia/economia-espanola-mantiene-ritmo-pib-crecio-0-6-verano-fortaleza-consumo_1_13626163.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estimula el crecimiento econ&oacute;mico</a> &mdash;la inversi&oacute;n es uno de los cuatro componentes del PIB, junto con el consumo privado, el consumo p&uacute;blico y las exportaciones netas&mdash; y porque tiene la capacidad de ampliar las capacidades productivas de una econom&iacute;a. Aunque el Estado podr&iacute;a a trav&eacute;s de la inversi&oacute;n p&uacute;blica crear nuevas capacidades de producci&oacute;n directamente, mediante la creaci&oacute;n de empresas p&uacute;blicas, lo m&aacute;s habitual durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es que el Estado invierta en servicios como educaci&oacute;n o infraestructuras como un medio para mejorar la productividad de las empresas ya existentes. Por ejemplo, si se mejoran las carreteras y los ferrocarriles, tambi&eacute;n mejora la log&iacute;stica de las empresas y disminuyen los costes de transporte.
    </p><p class="article-text">
        En una econom&iacute;a capitalista el dise&ntilde;o de las redes de transporte responde, por lo tanto, fundamentalmente a las necesidades mercantiles de los grandes centros de producci&oacute;n. El desarrollo de la alta velocidad es un buen ejemplo de esta l&oacute;gica, porque si el criterio prioritario hubiera sido atender las necesidades cotidianas de movilidad de la poblaci&oacute;n, probablemente las redes de cercan&iacute;as habr&iacute;an recibido una atenci&oacute;n mucho mayor. Sin embargo, en Espa&ntilde;a se apost&oacute; por conectar grandes nodos econ&oacute;micos mediante infraestructuras de alta velocidad, con inversiones extraordinariamente costosas, mientras otros servicios ferroviarios de uso mucho m&aacute;s cotidiano recib&iacute;an una atenci&oacute;n bastante menor.
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, toda infraestructura <a href="https://www.eldiario.es/economia/reto-recuperar-inversion-tren-adif-renfe-suman-proyectos-30-000-millones-tardaran-anos-ejecutarse_1_11754934.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">requiere recursos para mantenerse en funcionamiento a lo largo del tiempo.</a> Desde el punto de vista contable, los activos fijos sufren una depreciaci&oacute;n que debe compensarse mediante nuevas inversiones de reposici&oacute;n si se quiere mantener el valor del capital p&uacute;blico. Desde una perspectiva ecol&oacute;gica, adem&aacute;s, toda sociedad debe comprometer flujos continuos de materiales &mdash;minerales, por ejemplo&mdash; y energ&iacute;a para conservar las infraestructuras existentes y seguir prestando los mismos servicios. A ello se suma el gasto corriente necesario para realizar las tareas ordinarias de mantenimiento. Y cuando estos recursos no se destinan adecuadamente, las consecuencias pueden aparecer de distintas formas, como carreteras con m&aacute;s baches, ferrocarriles con peor frecuencia, equipos m&eacute;dicos que dejan de funcionar y colegios y centros de salud que se deterioran. No todos estos problemas quedan reflejados en las estad&iacute;sticas de inversi&oacute;n p&uacute;blica, pero todos ellos forman parte de la capacidad del Estado para prestar servicios de calidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que cuando llega una crisis, lo m&aacute;s f&aacute;cil es recortar la inversi&oacute;n p&uacute;blica. En particular, porque recortar las partidas presupuestarias de infraestructuras no duele tanto como recortar otras como pensiones o salarios, porque las infraestructuras no tienen a quienes protesten de manera directa. Construir una carretera o una nueva l&iacute;nea de ferrocarril proporciona grandes titulares y, quiz&aacute;s, incluso votos, pero dejar de invertir en ella apenas tiene coste pol&iacute;tico. Del mantenimiento cotidiano y estructural se habla &uacute;nicamente cuando ocurre una desgracia, y mientras tanto lo m&aacute;s que llegamos a considerarlo, como ciudadanos, es un incordio. Esa es la raz&oacute;n por la que, en tiempos de crisis, suele ser la partida que m&aacute;s sufre. Por ejemplo, se puede observar en el siguiente gr&aacute;fico c&oacute;mo los recortes iniciados en 2010 redujeron la inversi&oacute;n p&uacute;blica neta hasta niveles negativos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="España pasó de liderar la inversión neta a no cubrir el desgaste" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-pAznP" src="https://datawrapper.dwcdn.net/pAznP/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="541" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Aunque tras la pandemia la inversi&oacute;n p&uacute;blica neta se ha ido recuperando, en parte <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-afronta-dia-despues-fondos-europeos_1_13476456.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gracias a los fondos NextGeneration</a> dise&ntilde;ados para combatir las consecuencias de la pandemia, estamos lejos de los niveles de inversi&oacute;n previos a la crisis &mdash;que eran mucho m&aacute;s altos que en el promedio de la UE&mdash;. Y, recu&eacute;rdese, a mayor cantidad de infraestructuras tambi&eacute;n mayor es la cantidad de recursos comprometidos para compensar su depreciaci&oacute;n. Es importante recordar que una inversi&oacute;n p&uacute;blica neta negativa significa que el Estado no repuso mediante nuevas inversiones todo el capital fijo que se depreciaba y, en consecuencia, el stock neto de capital p&uacute;blico comenz&oacute; a reducirse. Aunque este indicador no permite medir directamente el estado f&iacute;sico de las infraestructuras &mdash;parte de su mantenimiento se contabiliza como gasto corriente&mdash;, s&iacute; muestra que el esfuerzo inversor fue insuficiente para mantener el valor del capital p&uacute;blico existente.
    </p><p class="article-text">
        La ca&iacute;da de la inversi&oacute;n por tipo de transporte permite ver, como en el gr&aacute;fico siguiente, que fue mucho m&aacute;s pronunciada tanto en carretera como, sobre todo, en ferrocarril. Esta ca&iacute;da fue del 69 % en carretera y del 83 % en ferrocarril desde sus m&aacute;ximos, aunque desde 2023 la inversi&oacute;n ferroviaria ha empezado a recuperarse con fuerza.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El tren recibe por viajero un 79% menos de inversión que en 2009" aria-label="Líneas múltiples" id="datawrapper-chart-R3uFg" src="https://datawrapper.dwcdn.net/R3uFg/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="491" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        El problema es que esa mayor inversi&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha coincidido en el ferrocarril con un aumento en el n&uacute;mero de viajeros, consecuencia del crecimiento de la poblaci&oacute;n, del mayor n&uacute;mero de turistas, las ofertas de muchos abonos y de la liberalizaci&oacute;n del sector, factores todos ellos que han conducido a una actividad del tren mucho m&aacute;s intensa. La inversi&oacute;n medida en t&eacute;rminos de ese n&uacute;mero de viajeros muestra una ca&iacute;da mucho m&aacute;s abrupta desde la crisis de 2008 y una mucho m&aacute;s d&eacute;bil recuperaci&oacute;n de la que muestran los n&uacute;meros absolutos, como muestra el gr&aacute;fico siguiente. Y ocurre sobre todo en el ferrocarril, lo que da muestras de la honda herida que dej&oacute; la crisis econ&oacute;mica en una infraestructura cr&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s que ahora est&aacute; en entredicho por dos graves accidentes en un solo a&ntilde;o &mdash;y una cantidad enorme de incidencias que vienen acumul&aacute;ndose durante a&ntilde;os&mdash;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="El tren recibe por viajero un 79% menos de inversión que en 2009" aria-label="Líneas múltiples" id="datawrapper-chart-R3uFg" src="https://datawrapper.dwcdn.net/s8uB5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="491" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        Nada de todo esto debe empujarnos a establecer relaciones causales entre estos datos y los accidentes de este a&ntilde;o, porque los factores implicados en los accidentes son muchos y pueden no estar necesariamente relacionados con el desgaste de las infraestructuras. Adem&aacute;s, la inversi&oacute;n en infraestructuras incluye reformas estructurales de las ya existentes, pero tambi&eacute;n nuevas l&iacute;neas, por lo que no cabe inferir conclusiones tajantes sobre la cuesti&oacute;n m&aacute;s amplia del mantenimiento &mdash;que, cabe insistir, se refleja parcialmente en otras partidas distintas a la inversi&oacute;n&mdash;. Pero son datos que proporcionan un contexto preocupante del cambio de ritmo que han tenido las infraestructuras en nuestro pa&iacute;s, y su estado actual no es ajeno a ello.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, un pa&iacute;s que crece en poblaci&oacute;n, turismo y volumen de viajeros necesita adaptar su inversi&oacute;n p&uacute;blica a esa nueva realidad. No basta con compensar el desgaste natural de las infraestructuras, sino que tambi&eacute;n hay que ampliar su capacidad para responder a una demanda creciente. Por ejemplo, all&iacute; donde la demanda ha crecido, como en Cercan&iacute;as y en la red convencional, que transportan nueve de cada diez viajeros del tren, tambi&eacute;n hace falta reforzar su capacidad. Lo que no tiene sentido es seguir ampliando redes mientras las existentes se degradan. Eso ser&iacute;a hablar tambi&eacute;n de la orientaci&oacute;n de la inversi&oacute;n, no s&oacute;lo de su magnitud. 
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, es claro que la austeridad neoliberal nos hipotec&oacute; durante muchos a&ntilde;os, alargando los costes y multiplic&aacute;ndolos. Y lo que se dej&oacute; de invertir tras 2008 lo estamos pagando hoy en servicios m&aacute;s deteriorados, y lo seguiremos pagando mientras el mantenimiento de lo construido no se convierta en una prioridad pol&iacute;tica protegida de los recortes. Cuidar las infraestructuras que ya tenemos es menos vistoso que inaugurar otras nuevas, pero es la &uacute;nica forma de garantizar que sigan sirviendo a quienes las usan cada d&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/pais-dejo-cuidar-infraestructuras_129_13631717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Nov 2026 23:18:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El país que dejó de cuidar sus infraestructuras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ferrocarriles,Accidente ferroviario,Carreteras,Inversión pública,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero detrás de la ola reaccionaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinero-detras-ola-reaccionaria_129_13622633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33907c63-715b-4202-b63a-2d7ed1a7ba0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154319.jpg" width="3948" height="2221" alt="El dinero detrás de la ola reaccionaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estados Unidos es, desde hace una década, un foco crítico en la financiación de los discursos del odio en Occidente. Israel también se ha convertido en un centro económico de referencia para la extrema derecha. Lo mismo ocurre, aunque de una manera más desorganizada, con las grandes fortunas venezolanas y colombianas que han aterrizado en Madrid </p></div><p class="article-text">
        La derrota del bolsonarismo en Brasil y la huida de su l&iacute;der a Estados Unidos marca un hito importante en el despliegue de la agenda reaccionaria en Am&eacute;rica Latina y en el mundo occidental. La sorpresiva victoria de Lula en el &uacute;ltimo momento, aupado sobre todo por las clases populares, ha sido un golpe duro para los intereses de Estados Unidos. No en vano, Bolsonaro fue activamente apoyado por Estados Unidos y por su presidente, en coherencia con la estrategia de seguridad Donroe &mdash;por la que, recu&eacute;rdese, Estados Unidos se autoasigna el control &uacute;ltimo de todo el continente&mdash;. A diferencia de lo que pas&oacute; hace menos de un a&ntilde;o en Chile, Colombia y Per&uacute;, tales apoyos no han sido suficientes para alcanzar el gobierno de un pa&iacute;s que representa un tercio del PIB regional y en el que se encuentran enormes reservas de minerales cr&iacute;ticos como las tierras raras, grafito o n&iacute;quel.
    </p><p class="article-text">
        No quiere decir esto que la ola reaccionaria haya mostrado debilidad en esta campa&ntilde;a electoral. Bolsonaro ha recibido casi sesenta millones de votos (el 48%), lo que es m&uacute;sculo m&aacute;s que suficiente para comprender que su movimiento no es una simple extravagancia. Como tampoco lo es el de De la Espriella en Colombia, que recibi&oacute; trece millones de votos (el 49%), o los siete millones de votos recibidos por Kast (58%) en Chile. El fen&oacute;meno Trump, a veces err&oacute;neamente considerado como una anomal&iacute;a por la personalidad del l&iacute;der, es una referencia oportuna en la medida en que el actual presidente de Estados Unidos consigui&oacute; setenta y siete millones de votos (50%) en las &uacute;ltimas elecciones presidenciales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, la ola reaccionaria que barre Am&eacute;rica y Europa bebe del malestar generado por la globalizaci&oacute;n en las sociedades occidentales y la gran habilidad que han tenido las derechas radicales para canalizarlo en su beneficio. Pero la magnitud que est&aacute; alcanzando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la ola reaccionaria no puede entenderse sin la decidida apuesta desde 2016 a favor de su est&iacute;mulo por parte de la primera potencia econ&oacute;mica y militar del mundo. El apoyo econ&oacute;mico y moral ha sido un elemento material importante en el despliegue de las fuerzas reaccionarias por todo el mundo, junto con la normalizaci&oacute;n de discursos que en otro tiempo fueron marginales y tab&uacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En entonos progresistas se dice a menudo aquello de &ldquo;ojal&aacute; ser mala persona vuelva a estar mal visto&rdquo;. Esta idea revela que los discursos de las extremas derechas se han vuelto normales y que lo que es leg&iacute;timo discutir pol&iacute;ticamente se ha desplazado hacia los intereses de la derecha. Es lo que en ciencia pol&iacute;tica se llama &ldquo;ventana de Overton&rdquo;, y que delimita lo que en un momento hist&oacute;rico dado es aceptable discutir en una sociedad. Las derechas reaccionarias han aprovechado el contexto socioecon&oacute;mico para inocular nuevas ideas &mdash;en realidad, muy viejas&mdash; que se encontraban solo presentes en organizaciones y partidos minoritarios, aunque poderosos. Y entre los factores m&aacute;s importantes que explican esta evoluci&oacute;n se encuentra uno muy poderoso: el dinero.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje que quiero trasladar es que la fuerza reaccionaria no se explica solo por lo mal que se encuentran ciertos segmentos poblacionales (estos tambi&eacute;n podr&iacute;an orientar su rabia en clave progresista) o por las capacidades t&eacute;cnicas de quienes dise&ntilde;an las campa&ntilde;as en tiempos de redes sociales e internet. Estos aspectos son centrales, desde luego, y pueden terminar decantando ciertas elecciones muy re&ntilde;idas. Pero para que todo eso sea posible hace falta dinero. Y aunque pensamos normalmente en c&oacute;mo el dinero facilita las campa&ntilde;as electorales, debemos ir m&aacute;s all&aacute; y pensar en c&oacute;mo el dinero financia a los centros de pensamiento y difusi&oacute;n de nuevas ideas: desde los cl&aacute;sicos <em>think tanks</em> hasta los influencers. El dinero invertido en estas dimensiones engorda a los emisores de mensajes reaccionarios y, en consecuencia, normaliza la presencia en el debate p&uacute;blico de elementos discursivos que d&eacute;cadas atr&aacute;s hubieran sido condenados mayoritariamente.
    </p><p class="article-text">
        Seguir el rastro del capital permite arrojar luz sobre c&oacute;mo adquieren notoriedad estos discursos. Y Estados Unidos ha sido, desde hace una d&eacute;cada, un foco cr&iacute;tico en la financiaci&oacute;n de los discursos del odio en todo Occidente. No es el &uacute;nico, y particularmente Israel tambi&eacute;n se ha convertido en un centro econ&oacute;mico de referencia para los movimientos de extrema derecha. Lo mismo ocurre, aunque de una manera m&aacute;s desorganizada, con el capital de las grandes fortunas venezolanas y colombianas que aterrizaron en Madrid y que invierten en medios de comunicaci&oacute;n que juegan precisamente ese papel derechista.
    </p><p class="article-text">
        Luchar contra todo esto no es sencillo. El motivo m&aacute;s obvio es que las izquierdas no tienen el mismo m&uacute;sculo econ&oacute;mico, y ni toda la solidaridad del mundo entre trabajadores puede competir con la financiaci&oacute;n de las grandes empresas y fortunas, y menos si media el impulso org&aacute;nico del gobierno m&aacute;s rico del mundo. Y, a pesar de todo eso, las elecciones en Brasil tambi&eacute;n demuestran que no son invencibles. Y, si todo marcha bien, en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, que tendr&aacute;n lugar a principios de noviembre, el partido republicano de Trump recibir&aacute; un nuevo golpe electoral. Todav&iacute;a le quedar&aacute;n un par de a&ntilde;os de presidencia, pero en condiciones mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles. El capital privado siempre podr&aacute; seguir financiando sus proyectos reaccionarios &mdash;en realidad nunca ha dejado de hacerlo, aunque nunca con la intensidad reciente&mdash;, pero si no cuenta con el respaldo de los gobiernos siempre es m&aacute;s complicado que sea con &eacute;xito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tambi&eacute;n est&aacute; en la agenda pr&oacute;xima. Tanto Estados Unidos como Israel y, por supuesto, todas las dem&aacute;s fuerzas reaccionarias, han invertido mucho dinero y energ&iacute;a en conseguir derribar la plaza m&aacute;s progresista de Europa. Hay que decir que, a tenor de los casos de corrupci&oacute;n dentro del Gobierno, tambi&eacute;n han contado con la colaboraci&oacute;n desde dentro. Las derechas juegan con mucha ventaja, y as&iacute; lo revelan las encuestas, pero la batalla no est&aacute; perdida. La victoria de Lula demuestra que la expansi&oacute;n de la extrema derecha no es irreversible, aunque tampoco basta con esperar a que sus contradicciones la debiliten. Hay que disputar el descontento social, construir alternativas cre&iacute;bles y asumir de una vez por todas &mdash;cosa que parece costarle mucho a la izquierda&mdash; que las ideas tambi&eacute;n necesitan recursos para abrirse paso. Porque detr&aacute;s de la ola reaccionaria hay millones de personas descontentas, pero tambi&eacute;n hay mucho dinero trabajando para que ese descontento se convierta en una fuerza pol&iacute;tica al servicio de los de siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinero-detras-ola-reaccionaria_129_13622633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Oct 2026 22:40:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dinero detrás de la ola reaccionaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Donald Trump,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El problema de las pensiones no es cuánto cuestan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/problema-pensiones-no-cuestan_129_13616225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d2faa77-7b9b-42cd-b0af-7a55afe638de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1511y667.jpg" width="1200" height="675" alt="El problema de las pensiones no es cuánto cuestan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pregunta sobre la sostenibilidad de las pensiones está mal planteada: el respaldo que le concede el Estado es garantía más que suficiente de que el sistema nunca estará realmente en riesgo. El debate real es sobre su forma de financiación. Y esto es, ante todo, una cuestión política y no técnica</p></div><p class="article-text">
        El debate sobre la sostenibilidad de las pensiones emerge de manera recurrente cada poco tiempo, impulsado en general por ciertos portavoces pol&iacute;ticos que comparten la necesidad de realizar <a href="https://www.eldiario.es/politica/portavoz-pp-defiende-cambiar-sistema-publico-pensiones-forma-valiente-petar_1_13583651.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cambios sustantivos en el sistema p&uacute;blico de pensiones.</a> Por ejemplo, durante este mismo mes la portavoz del Partido Popular, Ester Mu&ntilde;oz, afirm&oacute; que el sistema &ldquo;colapsar&aacute;&rdquo; y que &ldquo;va a petar&rdquo;, mientras que el dirigente de Vox, Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo, describi&oacute; el sistema como <a href="https://www.eldiario.es/economia/sistema-pensiones-quebrado-vox-petar-pp-alarmas-no-avalan-bruselas-airef_1_13584406.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;quebrado&rdquo; y exigi&oacute; una &ldquo;reforma dr&aacute;stica&rdquo;</a>. Junto a estas declaraciones florecen siempre un gran n&uacute;mero de voces, procedentes por lo general del mundo acad&eacute;mico y empresarial, que aportan cifras y proyecciones que apoyan tales l&uacute;gubres predicciones. 
    </p><p class="article-text">
        Siendo el sistema de pensiones una instituci&oacute;n ciertamente compleja, no es tampoco extra&ntilde;o que el ciudadano medio se encuentre perdido en medio de este debate. Sin embargo, el asunto es bastante menos rocoso de lo que parece. Para empezar, porque la pregunta sobre la sostenibilidad de las pensiones est&aacute; mal planteada, en tanto que el respaldo que le concede el Estado es garant&iacute;a m&aacute;s que suficiente para acreditar que el sistema nunca estar&aacute; realmente en riesgo. De hecho, el debate real no es sobre la sostenibilidad del servicio p&uacute;blico en s&iacute;, sino sobre su forma de financiaci&oacute;n. Y esto es, ante todo, una cuesti&oacute;n distributiva y, consecuentemente, tambi&eacute;n pol&iacute;tica y no t&eacute;cnica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El sentido de proteger a los que no trabajan</strong></h2><p class="article-text">
        El asunto central es, por lo tanto, previo y normativo (sobre c&oacute;mo debe ser una sociedad). Empecemos por lo b&aacute;sico: una pensi&oacute;n es el derecho a recibir parte de la riqueza producida al cabo de un a&ntilde;o. No importa c&oacute;mo se justifique tal derecho, pues lo relevante es que se trata de una renta que adquieren personas sin capacidad para trabajar, o que ya han terminado su vida laboral, y que tiene que salir de la riqueza producida por el resto de la poblaci&oacute;n. Es, insisto, una decisi&oacute;n distributiva. En realidad, as&iacute; ha sido siempre, y tanto la arqueolog&iacute;a como la antropolog&iacute;a han documentado de manera abundante c&oacute;mo muchas sociedades preindustriales daban de comer, vest&iacute;an y cuidaban a las personas que no pod&iacute;an trabajar. No obstante, tambi&eacute;n existieron muchas sociedades preindustriales en las que abandonar a los ancianos a su suerte &mdash;e incluso matarlos&mdash; fue un recurso habitual, especialmente en tiempos de escasez, y que se derivaba de considerar a las personas mayores como una carga. Por eso es importante subrayar que estamos ante una consideraci&oacute;n ideol&oacute;gica o, mejor dicho, de econom&iacute;a pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a el sistema actual es una mezcla de dos tradiciones emparentadas. Por un lado, tenemos las pensiones no contributivas, que se pagan a todo el mundo con independencia de su aportaci&oacute;n pasada a la comunidad, y que beben de la tradici&oacute;n redistributiva del Estado: es la Administraci&oacute;n central la que decide c&oacute;mo y qu&eacute; cantidades de recursos transferir desde los que trabajan hacia los que no pueden o pudieron hacerlo. Por otro lado, tenemos las pensiones contributivas, cuya cuant&iacute;a depende principalmente de la participaci&oacute;n monetaria que el beneficiario hubiera hecho en el pasado. En este caso, la tradici&oacute;n de la que se bebe es la mutualista, en la que un conjunto de trabajadores comparte los riesgos y se distribuyen los recursos entre ellos; obs&eacute;rvese que aqu&iacute; no hay universalidad, y que quien no trabaja o no ha trabajado no forma parte del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las voces cr&iacute;ticas con el sistema p&uacute;blico espa&ntilde;ol son partidarias de un tercer planteamiento: el <a href="https://www.eldiario.es/economia/recetas-responsable-economico-vox-rumbo-privatizacion-pensiones-irpf-medida-ricos_1_13572527.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema de capitalizaci&oacute;n privado</a>, como es el caso de la propuesta econ&oacute;mica de Vox. En realidad, un sistema privado de capitalizaci&oacute;n puro no deber&iacute;a llamarse, en sentido estricto, un sistema de pensiones, ya que es simplemente un ahorro que el individuo va detrayendo de sus ingresos e invirtiendo en el sistema financiero con la esperanza de que se rentabilice en el tiempo. En este modelo no hay mutualidad ni redistribuci&oacute;n alguna, solo un ejercicio de asunci&oacute;n individualista de riesgos, y donde el ahorro se percibe como el seguro al que se apuesta todo. Obviamente, esto no tiene nada que ver con transferir renta desde quienes trabajan hacia quienes no, y asemeja mejor al fen&oacute;meno de dejar a los individuos abandonados a su suerte en la peligrosa intemperie, que ya no es la sabana africana sino el mercado.
    </p><p class="article-text">
        Distinguir entre estas tres l&oacute;gicas de redistribuci&oacute;n, mutualismo y capitalizaci&oacute;n individual es importante para entender de qu&eacute; se discute realmente cuando hablamos de reformas de pensiones. Lo que las diferencia es el modelo de sociedad que se persigue, y en particular en c&oacute;mo cuidamos a quienes no pueden trabajar. Sin embargo, el debate p&uacute;blico sobre las pensiones se presenta normalmente como si fuera &uacute;nicamente un problema de contabilidad. &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><h2 class="article-text"><strong>El coste de oportunidad</strong></h2><p class="article-text">
        Mi hip&oacute;tesis es la siguiente: muchas veces la insistencia en la insostenibilidad financiera de las pensiones es un subterfugio para cuestionar el coraz&oacute;n del sistema redistributivo y/o mutualista. En el caso de la extrema derecha, esto es al menos bastante claro. Su propuesta consiste en ir sustituyendo las dimensiones de reparto y redistribuci&oacute;n por las de capitalizaci&oacute;n individual bajo r&eacute;gimen privado, es decir, hacer recaer el grueso del riesgo en el individuo aislado. Las pol&iacute;ticas de incentivos fiscales a los llamados &ldquo;planes privados de pensiones&rdquo; (que, como he mencionado antes, no deber&iacute;an llamarse as&iacute;), como las que puso en marcha Aznar, apuntan en la misma direcci&oacute;n, aunque de manera m&aacute;s sutil. Reducir los ingresos del Estado para facilitar que la gente ahorre para su &ldquo;pensi&oacute;n&rdquo; es, al fin y al cabo, una pol&iacute;tica destinada a erosionar los servicios p&uacute;blicos (como derechos) al tiempo que se promueven los servicios privados (como negocio).
    </p><p class="article-text">
        Insisto, &iquest;por qu&eacute; este subterfugio? Probablemente la raz&oacute;n est&aacute; en que, dado que en nuestro pa&iacute;s hay m&aacute;s de diez millones de pensionistas, en t&eacute;rminos puramente electorales es dif&iacute;cil que incluso los partidos m&aacute;s convencidos de la transici&oacute;n al negocio privado se atrevan a reconocerlo abiertamente. Tanto Feij&oacute;o como Abascal tuvieron que salir a &ldquo;corregir&rdquo; a sus portavoces, asegurando que defend&iacute;an el sistema p&uacute;blico y que nunca ser&iacute;an partidarios de privatizarlo o recortarlo. Por eso el debate no es tan honesto como deber&iacute;a, aunque de vez en cuando asomen algunas trazas de sinceridad. Pero no pudi&eacute;ndose atacar frontalmente por motivos electorales, la estrategia modula siempre hacia la alarma y el catastrofismo, cuyos efectos tambi&eacute;n pueden empujar a los ciudadanos &mdash;al menos a aquellos con poder adquisitivo suficiente&mdash; hacia el sector financiero privado. En este punto los debates sobre la sostenibilidad de las pensiones se vuelven funcionales a la estrategia, aunque no signifique eso que quienes participan la compartan necesariamente.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;de verdad tiene sentido preguntarse por la sostenibilidad del sistema de pensiones? En teor&iacute;a, la dimensi&oacute;n contributiva del sistema se sostiene financieramente de manera aut&oacute;noma, porque las aportaciones de los trabajadores de hoy deber&iacute;an ser suficientes para pagar las pensiones de los jubilados de hoy. Como hay muchas variables en juego, esto no tiene por qu&eacute; pasar en la realidad. Algunas variables empujan al desequilibrio por el lado del gasto creciente (m&aacute;s cantidad de jubilados por cada trabajador, m&aacute;s tiempo de vida de los jubilados, mayores cuant&iacute;as de sus pensiones, etc.) y otras por el lado de los ingresos decrecientes (menos trabajadores, menos salarios, menos cotizaciones, etc.). Estos potenciales desequilibrios son los que tienen que ser compensados por el Estado a trav&eacute;s de transferencias, y el an&aacute;lisis de la evoluci&oacute;n de tales variables es parte de una gesti&oacute;n racional del sistema.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, incluso manifestando un desequilibrio persistente el sistema podr&iacute;a ser totalmente sostenible por la misma raz&oacute;n que lo son las pensiones no contributivas: porque el Estado respalda y financia el sistema llegado el caso. Lo que cambia en tales casos es qui&eacute;n financia el servicio, si son los propios trabajadores a partir de la detracci&oacute;n de sus salarios (las cotizaciones) o si es el Estado a trav&eacute;s del sistema fiscal (impuestos). La clave es que la sostenibilidad de las pensiones est&aacute; asegurada; exactamente como ocurre con el sistema de sanidad y educaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Aceptando este hecho, muchas voces han alertado de que, aun as&iacute;, esto implica un &ldquo;coste de oportunidad&rdquo;. Esta noci&oacute;n con la que trabajamos los economistas refiere a lo que dejamos de tener cuando disponemos de alg&uacute;n uso de un recurso; por ejemplo, si yo estoy escribiendo este art&iacute;culo tambi&eacute;n estoy dejando de hacer otras muchas cosas. Al caso, se dice en este contexto, pagar las pensiones directamente por el Estado es posible, pero implica un coste de oportunidad, es decir, supone dejar de financiar otras cosas. Esto tiene sentido, porque si una sociedad decide pagar m&aacute;s pensiones tambi&eacute;n tiene que discutir de d&oacute;nde salen los recursos. Pero, &iquest;por qu&eacute; el coste de oportunidad se presenta como un problema espec&iacute;fico de las pensiones y no como una caracter&iacute;stica de todo el presupuesto p&uacute;blico?
    </p><p class="article-text">
        Esta pregunta es interesante porque, sin pretenderlo, nos devuelve al debate original. El del coste de oportunidad es un razonamiento cierto para la situaci&oacute;n monetaria actual de los Estados en la Uni&oacute;n Europea, ya que los presupuestos son limitados y hay que elegir entre qu&eacute; partidas se distribuye el dinero. Pero es que ese planteamiento aplica tambi&eacute;n a cualquier otra partida p&uacute;blica, desde sanidad y educaci&oacute;n hasta el gasto militar y el sostenimiento de la Casa Real. Por eso digo que nos devuelve al debate original, es decir, al debate de econom&iacute;a pol&iacute;tica sobre la distribuci&oacute;n de los recursos existentes: la cuesti&oacute;n realmente relevante es sobre c&oacute;mo queremos distribuir la riqueza producida colectivamente. Si nos preocupa el coste de las pensiones, tambi&eacute;n deber&iacute;a preocuparnos el coste de los incentivos fiscales, del gasto militar o de cualquier otra partida presupuestaria. No para negar el debate o proponer una reducci&oacute;n indiscriminada, sino para discutir con honestidad qu&eacute; financiamos, c&oacute;mo lo hacemos y a qui&eacute;n beneficia.
    </p><p class="article-text">
        Decir que hay un coste de oportunidad en la partida de las pensiones es correcto, pero insistir en ello (destac&aacute;ndolo sobre el resto de las partidas a las que se aplica igualmente) sugiere un deslizamiento impl&iacute;cito hacia cuestionar la propia necesidad de esas pensiones. Se terminar&iacute;a antes diciendo que se considera que las pensiones son demasiado altas y que hay que bajarlas, pero normalmente hay poca valent&iacute;a a llegar a esa conclusi&oacute;n en voz alta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La pregunta que importa</strong></h2><p class="article-text">
        Todo esto nos lleva al debate sobre qui&eacute;n debe asumir ese coste. Como se sabe, la financiaci&oacute;n de las pensiones mediante cotizaciones sociales distribuye los recursos principalmente a trav&eacute;s del sistema de empleo y de los salarios, mientras que una mayor financiaci&oacute;n mediante impuestos progresivos podr&iacute;a reforzar la redistribuci&oacute;n desde las rentas m&aacute;s altas y el capital hacia el conjunto de la sociedad. As&iacute;, una financiaci&oacute;n directa del Estado convierte un asunto de transferencias entre trabajadores en una cuesti&oacute;n de transferencia entre clases sociales (siempre que los ingresos adicionales procedan de un sistema fiscal m&aacute;s progresivo). 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, la prestaci&oacute;n p&uacute;blica de un servicio como sanidad y educaci&oacute;n tiene un componente de redistribuci&oacute;n de clase superior al sistema actual de reparto de las pensiones, precisamente porque se financian a trav&eacute;s de un sistema fiscal donde pagan m&aacute;s los que m&aacute;s tienen. Este es, sin pretenderlo, el debate que abre la hipot&eacute;tica propuesta de reforma de las pensiones, y si bien la mayor&iacute;a de los analistas se preocupa por el hecho de que el Estado tenga que aportar m&aacute;s dinero, lo cierto es que cuando las pensiones se financian con impuestos resultan ser m&aacute;s progresivas.
    </p><p class="article-text">
        En suma, a lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado muchas formas que responden de manera distinta a c&oacute;mo cuidar a quienes no pueden trabajar. La trampa es presentar cualquiera de ellas como una necesidad t&eacute;cnica inevitable, como ocurre habitualmente en el debate espa&ntilde;ol, porque oculta precisamente lo que deber&iacute;amos estar discutiendo, es decir, qu&eacute; derechos queremos garantizar, con qu&eacute; recursos y a costa de qui&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/problema-pensiones-no-cuestan_129_13616225.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2026 21:42:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Pensiones,Seguridad Social,Vox,PP - Partido Popular,Presupuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema derecha y el negocio del descontento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/extrema-derecha-negocio-descontento_129_13603973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc3fba20-f1a6-4660-8a61-3af6310bfb36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1013y441.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema derecha y el negocio del descontento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para impedir que lleguen a gobernar, la izquierda debe hacer visible que el proyecto socioeconómico de la extrema derecha favorece a las grandes fortunas y puede perjudicar a buena parte de quienes la votan. Aunque poco, hay tiempo para esto</p></div><p class="article-text">
        Uno de los asuntos m&aacute;s estudiados en la literatura acad&eacute;mica es el crecimiento reciente de los partidos de ultraderecha, especialmente en Europa. A decir verdad, hay interpretaciones para todos los gustos, de modo que no existe tal cosa como un consenso absoluto en torno a las causas de este fen&oacute;meno y, mucho menos, sus soluciones. En gran medida ambas cosas dependen de las circunstancias nacionales espec&iacute;ficas, que var&iacute;an mucho de unos pa&iacute;ses a otros. No obstante, todo ese vasto conocimiento acumulado s&iacute; nos permite aventurar algunas l&iacute;neas de trabajo para contribuir a frenar a la extrema derecha, que ahora se encuentra a las puertas del gobierno tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La principal paradoja de este fen&oacute;meno es que partidos que defienden pol&iacute;ticas econ&oacute;micas favorables a las grandes fortunas est&aacute;n consiguiendo canalizar el descontento de sectores populares perjudicados por el funcionamiento del sistema. Por eso creo que desvelar esas incoherencias deber&iacute;a ser el ejercicio central de las izquierdas pol&iacute;ticas y sociales en un momento como este.
    </p><p class="article-text">
        El contexto general es importante para comprender este fen&oacute;meno. Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental consolid&oacute; econom&iacute;as industriales avanzadas y amplios Estados del bienestar, aunque dentro de un orden internacional marcado por la hegemon&iacute;a militar estadounidense. Tras la desaparici&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, la integraci&oacute;n econ&oacute;mica y la expansi&oacute;n del neoliberalismo debilitaron algunas de las bases del pacto social europeo. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el ascenso de China, la desindustrializaci&oacute;n de determinadas regiones y el deterioro de las protecciones sociales han contribuido a erosionar la autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una creciente inseguridad material para amplios sectores de la poblaci&oacute;n, que sufre dificultades para acceder a una vivienda, salarios que no siempre acompa&ntilde;an al coste de la vida, servicios p&uacute;blicos sometidos a fuertes presiones (como estamos viendo estos d&iacute;as en las huelgas de docentes) y una desigualdad persistente. Este contexto no conduce inevitablemente a la extrema derecha, pero s&iacute; crea un terreno f&eacute;rtil para quienes prometen protecci&oacute;n, certidumbre y recuperaci&oacute;n del control pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el caldo de cultivo en el que todas las extremas derechas europeas se han formado y desplegado. La principal contradicci&oacute;n que muchos de esos partidos muestran desde entonces es que dependen de una fr&aacute;gil coalici&oacute;n interclasista, en la que hay desde multimillonarios hasta personas sin recursos. El caso de Vox no es en esto diferente. El partido de extrema derecha naci&oacute; de facto en 2013-2014 como escisi&oacute;n del PP, al que acusaban de excesivamente moderado en cuestiones vinculadas con el nacionalismo espa&ntilde;ol. El discurso de Vox en materia econ&oacute;mica fue siempre de fuerte inclinaci&oacute;n ultraliberal, con una defensa de mercados autorregulados y sin apenas presencia de servicios p&uacute;blicos y, claro est&aacute;, sin un sistema fiscal progresivo. Su pol&iacute;tica econ&oacute;mica ha sido, desde siempre, una destinada a mayor gloria y placer de los ricos.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente por esta raz&oacute;n Vox pudo emerger con tanta fuerza en 2018, aunque lo hizo fundamentalmente en los barrios m&aacute;s ricos y al calor del resurgir identitario y nacionalista provocado por la declaraci&oacute;n de independencia de Catalu&ntilde;a. Poco a poco tambi&eacute;n fue abri&eacute;ndose camino el discurso populista y reaccionario contra la inmigraci&oacute;n, aunque con l&iacute;mites claros: en Espa&ntilde;a esta tiene unas caracter&iacute;sticas muy diferentes a la que se ve en Francia o Alemania (aqu&iacute; la inmigraci&oacute;n es mayoritariamente latina, de habla espa&ntilde;ola y culturalmente semejante). La oleada de inmigrantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha ampliado el margen de este discurso, pero siempre de unos l&iacute;mites no equiparables a los de otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las encuestas subrayan que el electorado de Vox se ha ido haciendo cada vez m&aacute;s &ldquo;popular&rdquo;, es decir, que han conseguido llegar cada vez mejor a los sectores m&aacute;s vulnerables de la poblaci&oacute;n. Especialmente grave es la ampl&iacute;sima penetraci&oacute;n que tienen entre los m&aacute;s j&oacute;venes, y concretamente entre los varones. En mi opini&oacute;n, esto responde a que Vox es hoy, mejor que ning&uacute;n otro partido, el voto protesta ante la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica general. Los votantes manifiestan cercan&iacute;a y simpat&iacute;a por el partido, pero es m&aacute;s fr&aacute;gil de lo que parece porque el elemento central es una enorme desconfianza pol&iacute;tica ante el sistema. Por supuesto, los vectores de ideologizaci&oacute;n han jugado su papel, entre ellos los discursos m&aacute;s t&oacute;xicos difundidos por las redes sociales e internet entre los m&aacute;s j&oacute;venes, pero lo que late de fondo es una sensaci&oacute;n de que no hay un futuro para ellos. Y esa sensaci&oacute;n suele ser la antesala de la nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, Vox se encuentra actualmente en m&aacute;ximos, pero se beneficia tambi&eacute;n de que la izquierda tiene muy complicado, tras ocho a&ntilde;os de gobierno, defender una narrativa en la que aparezcan como la soluci&oacute;n a los problemas del sistema. La extrema derecha ha conseguido articular as&iacute; las emociones antisistema sin cuestionar las relaciones econ&oacute;micas de poder que contribuyen a generar el malestar, y ofrece culpables y una promesa de recuperaci&oacute;n del control mientras mantiene un programa econ&oacute;mico favorable a quienes concentran la riqueza. Esa es la paradoja que quiero se&ntilde;alar: la extrema derecha con las pol&iacute;ticas m&aacute;s pro-sistema de todas es la que articula las emociones antisistema del momento presente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pretende subrayar este enfoque es que la gente necesita protecci&oacute;n ante un momento hist&oacute;rico como este. El caso de la vivienda lo ilustra a la perfecci&oacute;n, habi&eacute;ndose convertido para millones de espa&ntilde;oles en una fuente de inseguridad econ&oacute;mica y vital. Los mercados no ofrecer&aacute;n ninguna soluci&oacute;n, y por lo tanto, tampoco los partidos que los han convertido en su criterio rector para las sociedades. Si llegan a gobernar, las costuras saltar&aacute;n por los aires porque no se puede soplar y sorber al mismo tiempo; no se puede, por ejemplo, reventar los derechos laborales y seguir convenciendo a la clase trabajadora de que son sus defensores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ser&iacute;a ideal que ni siquiera llegasen a gobernar. Para impedirlo, la izquierda debe hacer visible que el proyecto socioecon&oacute;mico de la extrema derecha favorece a las grandes fortunas y puede perjudicar a buena parte de quienes la votan. Aunque poco, hay tiempo para esto. Y debe traducir esa cr&iacute;tica en una alternativa cre&iacute;ble, capaz de mejorar las condiciones materiales de vida mediante pol&iacute;ticas de vivienda, mejores salarios y servicios p&uacute;blicos s&oacute;lidos. Existen credenciales creadas durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, sobre todo en materia laboral, pero hay tambi&eacute;n d&eacute;ficits importantes y obvios (destacadamente, el de vivienda). En todo caso, es obvio que hay que demostrar que existe una manera distinta de organizar la econom&iacute;a y proteger a las mayor&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/extrema-derecha-negocio-descontento_129_13603973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Oct 2026 19:53:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La extrema derecha y el negocio del descontento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crisis climática también va de llegar a fin de mes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/crisis-climatica-llegar-mes_129_13596482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/383c1187-e0c5-4f02-b02e-c61fb82177e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crisis climática también va de llegar a fin de mes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidos no deberían tratar aisladamente aspectos tales como salarios y clima o calor y precariedad. Todos son la manifestación de un mismo proceso. No tenemos catástrofes o daños aislados, sino una cadena de acontecimientos que tienen que ver al mismo tiempo con cómo distribuimos el poder en las sociedades modernas y cómo la actividad del ser humano modifica la base natural en la que nos insertamos como sociedad</p><p class="subtitle">La UE reclama “medidas climáticas urgentes y ambiciosas” para la COP31 mientras relaja su agenda verde</p></div><p class="article-text">
        Pasa a menudo que lo urgente se lleva por delante lo importante y, con el caso de la reciente convocatoria de elecciones, eso es precisamente lo que est&aacute; ocurriendo. Los partidos de la derecha quieren hablar de la situaci&oacute;n en Ceuta, de inmigraci&oacute;n y de la corrupci&oacute;n del PSOE. Por su parte, los partidos de la izquierda quieren hablar de vivienda, de <a href="https://www.eldiario.es/economia/ccoo-ugt-piden-gobierno-salario-minimo-suba-7-1-300-euros-2027_1_13581251.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">empleo y salarios y de servicios p&uacute;blicos</a>. Es un planteamiento l&oacute;gico, porque son los temas en las que cada bloque es m&aacute;s competitivo, lo que les permite movilizar a aquellos votantes que perciben tales problemas como inmediatos y urgentes. Pero hay una cuesti&oacute;n que los atraviesa a todos y que apenas aparece en los discursos pol&iacute;ticos: la crisis ecol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Aunque es habitualmente tratado de forma marginal, no es un problema separado de los anteriores. La ciencia ha demostrado que el cambio clim&aacute;tico encarece los alimentos, deteriora la salud, destruye viviendas y agrava las desigualdades y, sin embargo, seguimos hablando de estos efectos como si fueran asuntos independientes. Hay incluso quien afirma que se trata de problemas que solo importan a gente con la vida ya &ldquo;solucionada&rdquo;. Pero la pregunta que debemos hacernos es: &iquest;c&oacute;mo es posible que una amenaza que condiciona nuestra econom&iacute;a y nuestra vida cotidiana siga ocupando un lugar tan secundario en la competici&oacute;n pol&iacute;tica?
    </p><p class="article-text">
        Merece la pena recordar que Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s golpeados por las consecuencias del cambio clim&aacute;tico y, sin embargo, apenas hemos logrado convertir este problema en un asunto central de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Probablemente el caso paradigm&aacute;tico es el de la dana de Valencia, que provoc&oacute; m&aacute;s de doscientos fallecidos, pero cuyo debate gir&oacute; fundamentalmente en torno a la capacidad de gesti&oacute;n de los gobernantes <em>durante</em> el evento y no en torno a las causas &uacute;ltimas &mdash;las condiciones climatol&oacute;gicas&mdash;&nbsp;y la gesti&oacute;n <em>previa</em> al evento.
    </p><h2 class="article-text"><strong>No son solamente desastres naturales</strong></h2><p class="article-text">
        Cuando tiene lugar alg&uacute;n evento climatol&oacute;gico que causa muertes, lo habitual es escuchar el discurso de que se trata de un desastre natural. Como esa idea est&aacute; asociada a lo inevitable, es tambi&eacute;n un argumento recurrente empleado por los gobernantes con objeto de eludir sus propias responsabilidades. Por otro lado, no content&aacute;ndose con culpables abstractos, las v&iacute;ctimas y el sistema judicial buscan responsables de carne y hueso a los que hacer responder por los da&ntilde;os. En ambos casos se evita centrar la cuesti&oacute;n en algo previo y, en el fondo, m&aacute;s importante: que lo que suele llamarse un desastre natural nunca es &uacute;nicamente el resultado de un fen&oacute;meno f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Lo que realmente existen son amenazas naturales, tales como crecidas, erupciones, terremotos o sequ&iacute;as que, de cuando en cuando, golpean territorios donde viven poblaciones humanas. Pero lo que convierte una amenaza en desastre es la sociedad, no la naturaleza. No hay ninguna ley f&iacute;sica o fuerza sobrenatural que obligue a construir en las zonas inundables de los r&iacute;os ni tampoco a los pies de los volcanes, y ni siquiera en las fallas activas. Y mucho menos a hacerlo en condiciones de tanta precariedad que, de acontecer el fen&oacute;meno natural correspondiente, el da&ntilde;o humano sea muy alto. Eso lo deciden el mercado del suelo, la desigualdad y la (ausente) planificaci&oacute;n. Pero es que, adem&aacute;s, en un clima alterado por la acci&oacute;n humana, incluso la amenaza empieza a dejar de ser del todo natural.
    </p><p class="article-text">
        Este enfoque tiene unas implicaciones muy distintas de las que derivamos cuando pensamos convencionalmente. Pi&eacute;nsese en el debate posterior a la dana de Valencia, que gir&oacute; principalmente en torno <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alcalde-cullera-jueza-llamada-mazon-ventorro-plena-dana-no-entendi_1_13584359.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a d&oacute;nde estaba el presidente de la Generalitat durante la tarde de las inundaciones</a> y de qui&eacute;n era la responsabilidad de dar el aviso a la Generalitat. Sin embargo, y exceptuando las comparecencias de algunos expertos que pasaron por la comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n, otras preguntas estructuralmente m&aacute;s relevantes quedaron fuera del plano. Por ejemplo, &iquest;por qu&eacute; la lluvia fue tan abundante?, &iquest;por qu&eacute; cientos de miles de personas viven en suelo inundable?, &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; con la pr&oacute;xima dana? Estas otras preguntas hubieran conducido a una politizaci&oacute;n de las causas &uacute;ltimas, y obligar&iacute;an a replantear el modelo de urbanizaci&oacute;n, ocupaci&oacute;n del territorio y crecimiento econ&oacute;mico; algo que pondr&iacute;a en duda lo que, hasta ahora, ha sido un espacio de consenso entre los principales partidos pol&iacute;ticos. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los impactos clim&aacute;ticos sobre Espa&ntilde;a</strong></h2><p class="article-text">
        En efecto, estamos m&aacute;s acostumbrados a preguntarnos por qui&eacute;n actu&oacute; de manera negligente ante un evento que por qui&eacute;n calent&oacute; el Mediterr&aacute;neo y el planeta. Y eso es precisamente lo que debemos cambiar. Y ese cambio no vendr&aacute; dado por la cantidad de da&ntilde;os acumulados a causa de los fen&oacute;menos derivados del cambio clim&aacute;tico, como bien ejemplifica el caso de Valencia, sino por el avance de un enfoque pol&iacute;tico distinto.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia ya ha demostrado que un mediterr&aacute;neo m&aacute;s c&aacute;lido significa m&aacute;s combustible para la precipitaci&oacute;n torrencial de oto&ntilde;o; un proceso que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/el-tiempo/aemet-mantiene-avisos-dana-alerta-lluvias-torrenciales-litoral-mediterraneo_1_13594848.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estamos volviendo a ver en estos primeros d&iacute;as de oto&ntilde;o</a>, tambi&eacute;n en el litoral. De acuerdo con el <a href="https://www.aemet.es/documentos/es/conocermas/recursos_en_linea/publicaciones_y_estudios/publicaciones/Informes_estado_clima/IECLI_2025_completo.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe del estado del clima de Aemet</a>, la temperatura media superficial del Mediterr&aacute;neo alcanz&oacute; en 2025 nuevos r&eacute;cords y el agua estuvo m&aacute;s de 1 &deg;C por encima de lo normal. Este fen&oacute;meno es una de las expresiones del calentamiento global y, aunque es com&uacute;n <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/temperatura-oceano-marca-nuevo-record-absoluto-empujada-nino-hemos-visto_1_13463608.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a todos los mares y oc&eacute;anos</a>, en el Mediterr&aacute;neo adquiere mayor intensidad. Lo que cada vez est&aacute; m&aacute;s claro es que ese v&iacute;nculo entre calentamiento y precipitaci&oacute;n m&aacute;s abundante contribuye a explicar la magnitud de fen&oacute;menos como el de la dana de Valencia, como avala un <a href="https://climatoclab.csic.es/la-huella-cambio-climatico-dana-de-2024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reciente estudio</a> del CSIC en el que se afirma que el calentamiento global fue un amplificador de la dana que intensific&oacute; la tasa de lluvia un 21%. En suma, los mecanismos causales est&aacute;n claros y van desde el modelo de producci&oacute;n y consumo del capitalismo al cambio clim&aacute;tico antropog&eacute;nico y a la intensificaci&oacute;n de fen&oacute;menos climatol&oacute;gicos extremos.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que el cambio clim&aacute;tico no solo afecta a los seres humanos a trav&eacute;s de las inundaciones. Tambi&eacute;n <a href="https://www.eldiario.es/economia/verano-extremo-le-cuesta-20-000-millones-espana-pone-jaque-futuro-economia_1_13469862.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las sequ&iacute;as provocan p&eacute;rdidas econ&oacute;micas ingentes</a> e incluso humanas, tanto por crear mejores condiciones para los grandes incendios como por la p&eacute;rdida de cosechas. Por ejemplo, la &uacute;ltima gran sequ&iacute;a en Espa&ntilde;a redujo la cosecha de aceite de 2022/23 un 55% respecto a la campa&ntilde;a anterior y a menos de la mitad de la media de los a&ntilde;os previos, seg&uacute;n los datos del Ministerio de Agricultura. Aunque hay otros factores en curso, como la invasi&oacute;n de Ucrania por parte de Rusia, el Banco de Espa&ntilde;a acredita que el aceite se encareci&oacute; un 139% entre 2019 y 2024, lo que castig&oacute; sobre todo a los hogares m&aacute;s pobres (por la mayor proporci&oacute;n de alimentos en la renta, <a href="https://www.eldiario.es/economia/llega-peor-mes-si-salario-real-mejora_129_13410188.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como exploramos en este an&aacute;lisis</a>).
    </p><p class="article-text">
        Incluso el propio Banco Central Europeo reconoce desde 2022 que el cambio clim&aacute;tico tiene tres v&iacute;as por las que afecta seriamente a la inflaci&oacute;n: <em>climateflation</em>, <em>fossilflation</em> y <em>greenflation</em>. La primera es la m&aacute;s conocida, porque se refiere al incremento de precios que se produce cuando las sequ&iacute;as, las olas de calor o las inundaciones restringen la oferta de un producto; como el caso del aceite ya mencionado. Sin embargo, la segunda no es menor, y mucho menos desde la guerra en Ir&aacute;n desatada por Estados Unidos este a&ntilde;o, ya que se refiere al coste (en precios) que tiene la dependencia de los combustibles f&oacute;siles. Por ejemplo, a trav&eacute;s de su efecto sobre el <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-petroleo-guerra-iran-afectara-alimentos_129_13052554.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">precio de los fertilizantes</a>, que a su vez afectan a las cosechas y a los precios finales de los alimentos. As&iacute;, la lucha por la energ&iacute;a (barata) entre grandes potencias y su combinaci&oacute;n con el cambio clim&aacute;tico acaban conduciendo a una p&eacute;rdida del poder adquisitivo de las familias. Sin embargo, y he aqu&iacute; la cuesti&oacute;n, estos hechos no se enmarcan habitualmente como una cuesti&oacute;n relacionada con el cambio clim&aacute;tico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Qui&eacute;n se preocupa por el cambio clim&aacute;tico</strong></h2><p class="article-text">
        Si atendemos a los datos del CIS, la preocupaci&oacute;n por el cambio clim&aacute;tico ha remontado en los &uacute;ltimos meses. Como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, en la actualidad m&aacute;s del 80% de los espa&ntilde;oles contesta que est&aacute; muy o bastante preocupado por la cuesti&oacute;n frente a un 17% que afirma estar poco o nada preocupado. Son datos prometedores, si bien es una pregunta general que se realiza sin necesidad de comparar con otros problemas identificados por quienes responden. Cuando tenemos en cuenta ese hecho, la situaci&oacute;n cambia considerablemente.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La preocupación por el clima remonta tras casi años de desgaste" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-jGySj" src="https://datawrapper.dwcdn.net/jGySj/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="630" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        En efecto, en lo que va de 2026 el porcentaje de espa&ntilde;oles (mayores de 18 a&ntilde;os) que consideran que el cambio clim&aacute;tico es uno de los tres problemas principales es &uacute;nicamente del 2,3%. No obstante, esa cifra esconde variaciones a lo largo de los meses, ya que asciende hasta el 5,5% en septiembre y es inferior al 1% en primavera. Esta variabilidad probablemente tiene que ver, sin perjuicio de que existen otros factores, con el efecto que tienen sobre la percepci&oacute;n las olas de calor en verano. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hay que subrayar que el cambio clim&aacute;tico se ha convertido en una opci&oacute;n ideol&oacute;gica que est&aacute; presente entre las izquierdas mucho m&aacute;s que entre las derechas. Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, construido a partir de todos los bar&oacute;metros mensuales del CIS durante 2026, la priorizaci&oacute;n de los votantes de derechas (con excepci&oacute;n notable del PNV) respecto al cambio clim&aacute;tico es pr&aacute;cticamente nula.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Los votantes de izquierdas citan el cambio climático cinco veces más que los de derechas" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-6ZTQe" src="https://datawrapper.dwcdn.net/6ZTQe/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="537" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script><br>
    </figure><h2 class="article-text"><strong>La l&oacute;gica pol&iacute;tica y la l&oacute;gica ecol&oacute;gica siguen ritmos distintos</strong></h2><p class="article-text">
        El principal problema ya se ha se&ntilde;alado: por lo general, la ciudadan&iacute;a considera el cambio clim&aacute;tico como algo ajeno a su vida cotidiana. Resulta curioso que ni la ciencia ni las instituciones econ&oacute;micas internacionales est&aacute;n de acuerdo con esa proposici&oacute;n, ya que son muchos los canales por los que el cambio clim&aacute;tico est&aacute;n afectando a la vida cotidiana de las familias trabajadoras, y muy en particular a su poder adquisitivo. Sin embargo, como ya hemos mencionado, ni siquiera en el caso extremo de la dana &mdash;porque implic&oacute; fallecidos&mdash; el marco dominante fue el clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, el cambio clim&aacute;tico afecta al conjunto de la poblaci&oacute;n por v&iacute;as que van m&aacute;s all&aacute; de las que solemos considerar estrictamente econ&oacute;micas. Las olas de calor est&aacute;n tambi&eacute;n asociadas a miles de muertes anuales, mayoritariamente de personas con m&aacute;s de 65 a&ntilde;os, y el calentamiento global est&aacute; alterando seriamente los ecosistemas hasta el punto de favorecer la expansi&oacute;n de animales que son vectores de transmisi&oacute;n de enfermedades. En Espa&ntilde;a, la fiebre del Nilo Occidental, con m&aacute;s de cuarenta muertos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ilustra la importancia de estos riesgos, ya que su transmisi&oacute;n depende de factores clim&aacute;ticos y ecol&oacute;gicos que influyen en la actividad de los mosquitos y en la circulaci&oacute;n del virus. 
    </p><p class="article-text">
        Estos datos nos demuestran, tal y como ha recordado el cient&iacute;fico Fernando Valladares en <em>La recivilizaci&oacute;n</em>, que el problema es esencialmente pol&iacute;tico. El problema aparece tanto en la oferta como en la demanda electoral. Por un lado, los partidos no sienten que obtengan rendimiento al hablar del cambio clim&aacute;tico (o de la cuesti&oacute;n ecol&oacute;gica en general) porque, a pesar de lo que dicta la ciencia, los electores no premian ese tipo de discursos. Por otro lado, ese mismo electorado no conecta de manera obvia lo que son problemas econ&oacute;micos y lo que son problemas ecol&oacute;gicos. El caso m&aacute;s claro es la subida del precio de los alimentos y la energ&iacute;a. Aunque <a href="https://www.eldiario.es/economia/gobierno-alivia-petroleras-no-consumidores_129_13085473.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya se ha explicado que parte de la subida tiene que ver con la codicia de las grandes empresas</a> que ostentan gran poder de mercado, hay otra parte que tiene que ver con las condiciones naturales y climatol&oacute;gicas. Pero incluso la izquierda pol&iacute;tica tiende a fijarse &uacute;nicamente en la primera parte, minusvalorando la segunda; y eso contribuye a mantener separados dos tem&aacute;ticas que, en realidad, pertenecen al mismo dominio.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el electorado tampoco parece premiar las acciones preventivas o de adaptaci&oacute;n, de modo que los gobernantes en activo no priorizan aquellas pol&iacute;ticas que podr&iacute;an evitar los &ldquo;desastres naturales&rdquo;. Como acreditan los casos de la dana y de los incendios, los electores premian o castigan la capacidad de respuesta ante un evento, pero son generalmente indiferentes a todo lo relacionado con la prevenci&oacute;n. Es una cuesti&oacute;n de incentivos (perversos), puesto que la l&oacute;gica pol&iacute;tica en una democracia gira en torno a la maximizaci&oacute;n del voto cada cuatro a&ntilde;os, y la l&oacute;gica ecol&oacute;gica sigue ritmos muy distintos y, sin embargo, no por ello menos importantes.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n a la que nos conduce este an&aacute;lisis es que los partidos pol&iacute;ticos no deber&iacute;an tratar aisladamente aspectos tales como salarios y clima o calor y precariedad. Todos pertenecen a una misma historia tem&aacute;tica, es decir, son la manifestaci&oacute;n de un mismo proceso. No tenemos cat&aacute;strofes o da&ntilde;os aislados, sino una cadena sucesiva de acontecimientos que tienen que ver al mismo tiempo con c&oacute;mo distribuimos el poder en las sociedades modernas y c&oacute;mo la actividad del ser humano est&aacute; modificando la base natural en la que nos insertamos como sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, parece m&aacute;s sensato traducir los fen&oacute;menos clim&aacute;ticos en coste de la vida de igual manera que cuando hablamos de precariedad y vulnerabilidad no podemos limitarnos a una aproximaci&oacute;n economicista. Por eso, no deber&iacute;amos limitarnos a elegir entre hablar de las condiciones de vida y hablar de la crisis ecol&oacute;gica (un falso dilema sobre el que se ha construido toda la narrativa &ldquo;anti-woke&rdquo; de la extrema derecha). Por el contrario, deber&iacute;amos dedicar m&aacute;s energ&iacute;as a explicar c&oacute;mo se relacionan ambas, qui&eacute;n soporta sus costes y qu&eacute; transformaciones permitir&iacute;an proteger a la mayor&iacute;a social.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/crisis-climatica-llegar-mes_129_13596482.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Oct 2026 19:54:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La crisis climática también va de llegar a fin de mes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Emergencia climática,Cambio climático,DANA,Inflación,Combustibles fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La izquierda que se prepara para perder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-prepara-perder_129_13585418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daa72bc5-2040-43ee-8b05-df52bb5ac22c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La izquierda que se prepara para perder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No debe ser fácil para los dirigentes de Frente Amplio tener que metabolizar y olvidar tan rápido todas las heridas causadas en estos últimos tres años. Están literalmente haciendo todo lo que pueden para que Podemos se integre en una lista unitaria, incluyendo la posibilidad de cambiar de nombre y candidato en el último minuto</p></div><p class="article-text">
        En varias ciudades espa&ntilde;olas hay acampadas reivindicando el derecho a la vivienda, y el 11 de noviembre tendr&aacute; lugar una huelga general por el mismo motivo. Tambi&eacute;n hay movilizaciones sociales en casi todas las comunidades aut&oacute;nomas reclamando mejores servicios p&uacute;blicos, especialmente importante en sanidad y educaci&oacute;n. En Madrid, por ejemplo, los profesores est&aacute;n en huelga indefinida por el estado en el que la Comunidad de Madrid mantiene a los centros p&uacute;blicos, y las protestas se han saldado con cargas policiales y varios heridos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El conflicto social est&aacute; emergiendo tras muchos a&ntilde;os en los que las principales movilizaciones hab&iacute;an estado dirigidas o impulsadas por las derechas y sus agendas nacionalistas y reaccionarias. Pero sabemos muy bien que esas movilizaciones progresistas no se traducen autom&aacute;ticamente en una alternativa pol&iacute;tica capaz de disputar el poder, y que hace falta articularlas y darles expresi&oacute;n institucional para convertir sus demandas en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Sin embargo, mientras la gente empieza a salir a la calle, la izquierda pol&iacute;tica contin&uacute;a atrapada en negociaciones interminables de cara a las pr&oacute;ximas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Se mire por donde se mire, no tiene ning&uacute;n sentido. Si asumimos que la izquierda pol&iacute;tica existe para mejorar la vida de las clases trabajadoras y defender esos bellos espacios de desmercantilizaci&oacute;n que llamamos servicios p&uacute;blicos, resulta dif&iacute;cil justificar que las negociaciones electorales se hayan convertido en el centro de su actividad. No se trata de que no haya negociaciones, ya que son necesarias, sino de que ocupen tanto espacio en la agenda p&uacute;blica &mdash;que por definici&oacute;n es limitada&mdash;. No obstante, s&iacute; hay una racionalidad que explica por qu&eacute; sucede esto, tal y como <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-izquierda-no-ponga-acuerdo_129_13569405.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dije la semana pasada</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo he participado en muchas negociaciones y estoy seguro de que incluso he perdido salud por ello. Son momentos en los que dos o m&aacute;s fuerzas pol&iacute;ticas &mdash;cada una cargando con su mochila de tradici&oacute;n pol&iacute;tica y cultural, sus egos y sus intereses espec&iacute;ficos&mdash; se encuentran en la dif&iacute;cil decisi&oacute;n de determinar cu&aacute;nto representa cada uno en un espacio com&uacute;n. No es f&aacute;cil, porque no existe un &uacute;nico criterio v&aacute;lido para todos, de modo que cada partido defiende que su peso debe ser mayor porque tiene m&aacute;s militantes, m&aacute;s seguidores en redes, mejores resultados electorales &mdash;en las &uacute;ltimas elecciones o en las de hace diez a&ntilde;os&mdash; o candidatos m&aacute;s competitivos. Pareciera que las primarias pueden ser una forma de deshacer el entuerto, pero tampoco es algo evidente porque pueden ayudar a construir un proyecto com&uacute;n o convertirse en otra arena de confrontaci&oacute;n, dependiendo del contexto. Ning&uacute;n reglamento o sistema de elecci&oacute;n de candidatos puede sustituir a la voluntad pol&iacute;tica de compartir un proyecto. Y ese es el principal problema que veo actualmente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el viento sopla a favor y las encuestas dicen que los espacios pol&iacute;ticos crecen, los acuerdos suelen ser m&aacute;s f&aacute;ciles. Una lectura simplista dir&aacute; que es porque hay m&aacute;s tarta para repartir; lo que no es falso, pero s&iacute; insuficiente. La expectativa de crecimiento hace que los sacrificios de cada organizaci&oacute;n parezcan compensados por la posibilidad de alcanzar un objetivo compartido. Y esa expectativa depende de que tambi&eacute;n exista esperanza en la sociedad y de que sus protagonistas consideren viable la posibilidad de transformar la realidad. En 2016, por ejemplo, la expectativa de superar al PSOE y disputar el Gobierno hizo posibles acuerdos entre organizaciones que hoy se encuentran en espacios pol&iacute;ticos distintos. En aquel momento todos hicimos &ldquo;sacrificios&rdquo; porque la esperanza &mdash;de ganar, de gobernar&mdash;&nbsp;merec&iacute;a la pena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, muchos de los protagonistas siguen siendo los mismos, pero aparecen ahora en trincheras distintas. Adelante Andaluc&iacute;a ha anunciado que se presenta en solitario porque son un partido pol&iacute;tico con su propia hoja de ruta, algo en lo que Podemos ha insistido desde que sali&oacute; del gobierno. De hecho, ambos partidos llevan tres a&ntilde;os subrayando todo lo que les separa del resto de izquierdas, que para ellas son pusil&aacute;nimes, subalternas ante el poder y, en ocasiones, incluso <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_12290134_1113976.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colaboracionistas con el genocidio</a>. La derrota del ciclo iniciado en 2016, cuando no se cumplieron las expectativas de superar al PSOE y gobernar como fuerza principal, pese a haber superado el 20% del voto en las elecciones generales de aquel a&ntilde;o, contribuy&oacute; a abrir una etapa de divisiones y escisiones que llega hasta hoy. No todas responden a las mismas causas, pero muchas pueden entenderse a partir de una misma l&oacute;gica: cuando deja de parecer viable una victoria compartida, las organizaciones tienen m&aacute;s incentivos para diferenciarse entre s&iacute; y preservar su propio espacio. Entonces cada partido necesita construir un relato que identifique aquello que lo distingue de los dem&aacute;s, y lo subraya incesantemente.
    </p><p class="article-text">
        El clima es tan distinto ahora porque, en realidad, una parte de esa izquierda ya lo ha dado todo por perdido; ya han tirado la toalla. Quiz&aacute;s es cierto que sus dirigentes no han perdido toda esperanza, pero es seguro que han empezado a organizarse pol&iacute;ticamente como si la derrota fuera inevitable. Para ellos la implacable realidad es que gobernar&aacute;n las derechas y se iniciar&aacute; un ciclo reaccionario tambi&eacute;n en nuestro pa&iacute;s, similar al que ha aterrizado hace a&ntilde;os en otros pa&iacute;ses europeos y latinoamericanos. En esas condiciones, se preguntan, &iquest;qu&eacute; necesidad hay de hacer &ldquo;sacrificios&rdquo; y tener que compartir espacio con otros? La estrategia consecuente se convierte en cavar una trinchera defensiva donde quepan los del partido propio, a la espera de tiempos mejores y sin aventurismos ni experimentos de ning&uacute;n tipo. Es la comodidad de las trincheras, donde se tienen respuestas ante todas las preguntas &mdash;aunque ninguna refiera a la realidad&mdash;. Y quiz&aacute;s, se dicen a s&iacute; mismos, estar&aacute;n reforzados para cuando el viento vuelva a soplar a favor.
    </p><p class="article-text">
        En Podemos y Adelante Andaluc&iacute;a encontramos, por caminos distintos, una expresi&oacute;n de esta l&oacute;gica. Sobra decir que es leg&iacute;timo que cualquier partido quiera preservar su autonom&iacute;a y defender sus posiciones, pero la cuesti&oacute;n central es si esa autonom&iacute;a sirve para ampliar la capacidad de transformaci&oacute;n de la izquierda o si acaba convirti&eacute;ndose en un objetivo en s&iacute; mismo. Y es ah&iacute; donde veo el principal desacuerdo estrat&eacute;gico. Frente a esta posici&oacute;n derrotista, el Frente Amplio, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tres-condiciones-izquierda-resista-elecciones_129_13561939.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como yo mismo</a>,&nbsp;considera que el horizonte reaccionario no es inevitable y que evitarlo exige construir una candidatura capaz de articular al conjunto del espacio pol&iacute;tico. Para quienes han hecho de la diferenciaci&oacute;n su principal estrategia, en cambio, esa propuesta implica asumir unos costes organizativos y pol&iacute;ticos que no est&aacute;n dispuestos a aceptar.
    </p><p class="article-text">
        No debe ser f&aacute;cil para los dirigentes de Frente Amplio tener que metabolizar y olvidar tan r&aacute;pido todas las heridas causadas en estos &uacute;ltimos tres a&ntilde;os. Est&aacute;n literalmente haciendo todo lo que pueden para que Podemos se integre en una lista unitaria, incluyendo la posibilidad de cambiar de nombre y candidato en el &uacute;ltimo minuto. Desde cierta &oacute;ptica, puede parecer una generosidad excesiva hacia quienes han seguido una hoja de ruta propia y han contribuido a erosionar el espacio compartido. Es comprensible que ese sea un sentimiento com&uacute;n entre la militancia, como me consta que sucede.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la decisi&oacute;n no deber&iacute;a juzgarse en funci&oacute;n de los agravios acumulados, sino de su utilidad para el objetivo pol&iacute;tico que se persigue. Como hemos dicho tantas veces, si la fragmentaci&oacute;n de las izquierdas reduce las posibilidades de construir una alternativa a las derechas, merece la pena explorar todas las f&oacute;rmulas razonables para evitarla. Eso es lo que est&aacute;n haciendo los partidos del Frente Amplio. Y eso no significa que las diferencias hayan desaparecido ni que los conflictos anteriores carezcan de importancia, sino que ninguna de esas cosas deber&iacute;a pesar m&aacute;s que la posibilidad de ofrecer una alternativa pol&iacute;tica al pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-prepara-perder_129_13585418.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 20:33:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La izquierda que se prepara para perder]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inquilinos contra caseros: la nueva fractura de clase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inquilinos-caseros-nueva-fractura-clase_129_13581045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7068f31f-ecd4-4c93-9a9b-0f8d70241a97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x985y361.jpg" width="1200" height="675" alt="Inquilinos contra caseros: la nueva fractura de clase"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sistema es una bomba de relojería que se ha ido gestando durante años y que explica el protagonismo de la autoorganización de este grupo social. Los hogares de inquilinos representan en particular los segmentos más vulnerables de la clase trabajadora. Se abstienen mucho más que el resto de grupos y, cuando votan, reparten su voto más que el resto hacia las formaciones que no son los dos grandes partidos, tanto a la izquierda como a la derecha</p><p class="subtitle">Los españoles apoyan masivamente los decretos de vivienda: un 76% cree que hay que intervenir el mercado</p></div><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo 11 de noviembre tendr&aacute; lugar una <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-encamina-huelga-general-ofensiva-estallido-social-crisis-vivienda_1_13573925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">huelga general por la vivienda</a>, impulsada por el Sindicato de Inquilinas y respaldada por los sindicatos de clase, CCOO, UGT y CGT. Para que tenga encaje dentro del marco legal espa&ntilde;ol la convocatoria tiene que justificar que existe una relaci&oacute;n entre los intereses de la clase trabajadora y la resoluci&oacute;n de la crisis de la vivienda, aspecto que la patronal ha puesto en duda para cuestionar la legitimidad &mdash;y legalidad&mdash; de la huelga. No obstante, este debate jur&iacute;dico es tambi&eacute;n una expresi&oacute;n de los importantes cambios que se est&aacute;n produciendo en la estructura de clases de nuestro pa&iacute;s, un fen&oacute;meno tambi&eacute;n visible en todos los pa&iacute;ses occidentales. 
    </p><p class="article-text">
        Para aproximarnos a la actualidad, debemos partir del obvio hecho de que la sociedad espa&ntilde;ola ha cambiado mucho en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. La desindustrializaci&oacute;n, y su contraparte, la terciarizaci&oacute;n, han ido modificando la composici&oacute;n de la clase trabajadora: el trabajador de mono azul &mdash;sindicalizado, asalariado de grandes empresas y protegido por las normas t&iacute;picas del fordismo&mdash; fue desapareciendo y dando paso al trabajador de servicios &mdash;aislado, asalariado de peque&ntilde;as empresas y altamente desprotegido&mdash;. La creciente importancia de este segundo tipo de trabajador dio lugar a una amplia literatura sobre el <em>precariado </em>como clase social, como en el trabajo de Guy Standing. Como es de esperar, este proceso de <em>sustituci&oacute;n</em> se ha manifestado tambi&eacute;n como cuesti&oacute;n generacional, dado que los nuevos trabajadores se parec&iacute;an m&aacute;s al segundo tipo que al primero (lo que <a href="https://www.eldiario.es/economia/jovenes-mayores-relato-salva-capital_129_12993515.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abunda en la idea de que es un conflicto de clase y no generacional</a>).
    </p><p class="article-text">
        Si bien lo anterior es generalmente conocido, menos atenci&oacute;n se ha prestado al hecho de que en este tiempo no s&oacute;lo ha cambiado la estructura productiva &mdash;y por ende la estructura de clase&mdash; sino tambi&eacute;n la forma en la que las finanzas se relacionan con la clase trabajadora. Hasta hace relativamente poco, las finanzas eran un asunto reservado para las clases altas. Ya desde el siglo XVII, los grupos sociales m&aacute;s ricos se asociaban para formar empresas basadas en acciones, con el objeto de financiar sus aventuras comerciales y coloniales &mdash;la primera empresa de estas caracter&iacute;sticas fue la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales de las Provincias Unidas, creada en 1602&mdash;. En la medida en que la mayor&iacute;a de la clase trabajadora apenas ten&iacute;a para cubrir sus gastos elementales, era inimaginable que pudiera formar parte del negocio de la inversi&oacute;n financiera. Pero eso supon&iacute;a, grosso modo, que hab&iacute;a dos clases sociales respecto a la propiedad: los que eran propietarios solo de su trabajo y obten&iacute;an sus rentas del trabajo asalariado y los que eran propietarios del capital y obten&iacute;an sus rentas de las inversiones financieras. 
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n fue durante d&eacute;cadas el campo de batalla entre ambos grupos, pues el arreglo institucional que exist&iacute;a en todos los pa&iacute;ses occidentales bajo el Estado del Bienestar supon&iacute;a que, si sub&iacute;an los precios, los salarios tambi&eacute;n ten&iacute;an que subir. Es decir, los propietarios del trabajo estaban en gran medida protegidos. Pero no pasaba lo mismo con los propietarios del capital, a quienes la inflaci&oacute;n les carcom&iacute;a sus rentas (la inflaci&oacute;n perjudica al que presta dinero, igual que beneficia al que est&aacute; endeudado). En muchos pa&iacute;ses occidentales, como Estados Unidos, la lucha progresista fue intensa por lograr que las rentas del capital pagaran los mismos impuestos que las rentas del trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el neoliberalismo supuso un cambio radical en detrimento de los propietarios del trabajo (trabajadores) y a favor de los propietarios del capital (inversores). El control de la inflaci&oacute;n se convirti&oacute; en la piedra angular de la econom&iacute;a (consolidado con la independencia de los bancos centrales), y se desregul&oacute; el sistema financiero para permitir mucho m&aacute;s margen para el negocio. Hoy, las rentas del capital (incluyendo las rentas inmobiliarias) pagan bastantes menos impuestos que las rentas del trabajo, tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, lo que significa que <a href="https://www.eldiario.es/economia/son-bonificaciones-propietarios-regalo-fiscal-especulador_1_13545018.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ganar 10.000 euros en inversi&oacute;n financiera bastante m&aacute;s rentable que hacerlo a trav&eacute;s del trabajo</a>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los que quedan fuera del &ldquo;capitalismo popular&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Ah&iacute; es donde entra el &ldquo;capitalismo popular&rdquo; de Margaret Thatcher, quien defendi&oacute; que la clase trabajadora deb&iacute;a convertirse, tambi&eacute;n, en propietarios de capital. Se privatizaron todo tipo de activos p&uacute;blicos y se facilit&oacute; que las clases populares pudieran complementar sus salarios con rentas provenientes de la inversi&oacute;n financiera. Comenzaron a existir sectores de la clase trabajadora que, adem&aacute;s de sus rentas, ten&iacute;an complementos en forma de dividendos, intereses y otras rentas financieras. La propia noci&oacute;n de &ldquo;fondos de pensiones privados&rdquo; &mdash;que no son pensiones, sino una forma de ahorro financiero&mdash; es un ejemplo de ello. De esta forma, la ideolog&iacute;a del &eacute;xito empresarial se expandi&oacute; a trav&eacute;s de todos los poros de la estructura de clases. El grado extremo actual es la ideolog&iacute;a del &ldquo;<em>crypto bro</em>&rdquo;, es decir, j&oacute;venes trabajadores precarios que aspiran a encontrar en la gesti&oacute;n de los activos financieros una v&iacute;a de escape de todos sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-atreven-bajar-precio-vivienda_129_13376005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ya he comentado</a>, una de las dimensiones afectadas por esta transformaci&oacute;n fue la de la vivienda. &Eacute;sta pas&oacute; a considerarse cada vez m&aacute;s como un bien de inversi&oacute;n, es decir, como un activo que permite incrementar tanto la renta como la riqueza sin pasar por el trabajo. <a href="https://www.eldiario.es/economia/diferencial-explica-dinero-ladrillo_129_13121259.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La enorme rentabilidad del sector atrae especialmente a ese capital en busca de revalorizaci&oacute;n</a>. La combinaci&oacute;n de todos estos procesos condujo a que gran parte de los sectores populares vieran aqu&iacute; un complemento de rentas e, incluso, un trampol&iacute;n para escalar posiciones en la estructura de clases. Sin embargo, esta estrategia nunca fue completa, porque era viable &uacute;nicamente para los segmentos m&aacute;s acomodados y para aquellos que lograban superar la barrera de entrada, que en el caso de la vivienda es alta &mdash;hay que tener dinero suficiente para pagar la entrada, o tener respaldo suficiente para que te concedan la hipoteca&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; el punto esencial a comprender es que la sociedad queda estratificada ya no s&oacute;lo a partir del lugar que cada uno ocupa en la estructura productiva, como en los an&aacute;lisis marxistas cl&aacute;sicos, sino del acceso a la propiedad inmobiliaria y las rentas que genera. Es un enfoque que recientemente han desarrollado, por ejemplo, Lisa Adkins, Melinda Cooper y Martijn Konings en <em>The Asset Economy</em>. Siguiendo esta estela, y a fin de averiguar qu&eacute; est&aacute; pasando con las rentas inmobiliarias, en este an&aacute;lisis he clasificado a la sociedad entre inquilinos, propietarios con hipoteca, propietarios plenos, caseros de una vivienda y caseros de dos o m&aacute;s viviendas*. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>La fotograf&iacute;a de la sociedad espa&ntilde;ola</strong></h2><p class="article-text">
        Sabemos que Espa&ntilde;a es una sociedad de propietarios, un <a href="https://www.eldiario.es/economia/son-caseros-ganan-crisis-vivienda_129_12956938.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resultado buscado pol&iacute;ticamente tanto por el franquismo como por los gobiernos democr&aacute;ticos posteriores</a>. Sin embargo, esa sociedad de propietarios se ha ido erosionando, especialmente debido a la dificultad de acceso a la vivienda por parte de los hogares m&aacute;s pobres, y el porcentaje de familias propietarias de su vivienda principal viene descendiendo progresivamente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: del 81,9% en 2002 al 70,6% de 2024. 
    </p><p class="article-text">
        Si diferenciamos entre propietarios plenos (que ya tienen pagada la vivienda) y propietarios con hipoteca, y adem&aacute;s analizamos separadamente a aquellos propietarios que son tambi&eacute;n caseros (que tienen ingresos por alquileres), la evoluci&oacute;n en el tiempo revela un hecho notable: el importante crecimiento de los inquilinos y de los caseros. Lo que el siguiente gr&aacute;fico revela es un pa&iacute;s en proceso de polarizaci&oacute;n entre quienes no pueden acceder a una vivienda propia y viven de alquiler (que han pasado de ser el 12% en 2002 a ser el 19% en 2022) y entre quienes tienen otras viviendas adem&aacute;s de la principal y obtienen rentas de alquiler por ello (que eran el 2,4% en 2002 y actualmente el 9,3%).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-h8Gju" src="https://datawrapper.dwcdn.net/h8Gju/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="521" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Los hogares de inquilinos son algo m&aacute;s de tres millones y medio y, frente a la creencia de que se trata fundamentalmente de j&oacute;venes, los datos revelan que muestran un perfil de edad similar al de los hogares propietarios con hipoteca. La edad mediana de los hogares inquilinos es de 46 a&ntilde;os, y ese es el resultado de una composici&oacute;n donde solo el 21,5% son menores de 35 a&ntilde;os y el 12% mayores de 65 a&ntilde;os. En t&eacute;rminos de cualificaci&oacute;n formal, s&oacute;lo el 21% de esos hogares tiene estudios universitarios (frente al 34% de los hipotecados y m&aacute;s del 40% entre los caseros) y el 39% tiene, como mucho, estudios obligatorios. En relaci&oacute;n con el trabajo, un 20% de los asalariados en estos hogares tiene empleo temporal y otro 20% empleo a tiempo parcial. En definitiva, se trata de hogares que, en promedio, se encuentran en el escalaf&oacute;n m&aacute;s vulnerable de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Donde eso se visualiza con m&aacute;s claridad es en la renta, ya que la mediana de un hogar inquilino se sit&uacute;a en los 21.286&euro;, muy por debajo del resto de grupos sociales. Como se puede observar en el siguiente gr&aacute;fico, son el grupo social m&aacute;s pobre y con bastante diferencia. Los hogares caseros con varias viviendas en alquiler, que son el grupo social que m&aacute;s renta captura (78.257&euro; de mediana), ganan casi cuatro veces lo que anualmente ganan que los hogares inquilinos. Los hogares propietarios con hipoteca ganan m&aacute;s que los propietarios plenos, aspecto que se explica por la sobrerepresentaci&oacute;n de jubilados con pensiones bajas en estos &uacute;ltimos y la composici&oacute;n de hogar (en los hipotecados suele haber dos ocupados, frente a una figura t&iacute;pica de un &uacute;nico pensionista en los hogares propietarios plenos).&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El casero de varias viviendas gana casi cuatro veces lo que el inquilino" aria-label="Gráfico de columnas" id="datawrapper-chart-99ml0" src="https://datawrapper.dwcdn.net/99ml0/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="497" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script><br>
    </figure><p class="article-text">
        Si bien los hogares caseros capturan m&aacute;s renta que el resto, eso es debido a los complementos no laborales y no tanto a las rentas del salario. Los hogares hipotecados ganan casi toda su renta gracias al trabajo, con una peque&ntilde;a aportaci&oacute;n de pensiones y transferencias. Los hogares propietarios plenos, con la ya mencionada sobrerrepresentaci&oacute;n de jubilados, tienen unos ingresos anuales que se reparten casi al 50% entre rentas laborales y pensiones y transferencias. Los hogares caseros de una vivienda tienen unos ingresos laborales similares a los hogares con hipoteca, pero complementan con pensiones y transferencias m&aacute;s elevadas y con una entrada de unos 6.500 euros anuales por alquileres. Y los hogares caseros con varias viviendas en alquiler tienen altos ingresos por trabajo que complementan con importantes ingresos de pensiones y transferencias y m&aacute;s de 19.000 euros de ingresos por alquileres. Esta es una escalera muy gr&aacute;fica de c&oacute;mo se incrementa la desigualdad anualmente, con la punci&oacute;n generada desde los caseros hacia los hogares de inquilinos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El casero de varias viviendas suma 19.300 euros de alquileres a su salario" aria-label="Columnas apiladas" id="datawrapper-chart-X9mL5" src="https://datawrapper.dwcdn.net/X9mL5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="556" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Si pasamos a analizar la desigualdad en riqueza neta la situaci&oacute;n empeora, como muestra el siguiente gr&aacute;fico. Aqu&iacute; ya no contamos los ingresos, sino el patrimonio neto. Y los hogares inquilinos tienen una riqueza neta pr&aacute;cticamente nula, de apenas 2.192&euro;. Por otro lado, los propietarios con hipoteca tienen una mediana de riqueza neta de 130.644&euro; y los propietarios plenos de 227.578&euro;. Y, naturalmente, los hogares caseros son los que tienen m&aacute;s capacidad de acumular riqueza, lo que explica que sus cifras se eleven a casi 400.000&euro; para los caseros con una vivienda y hasta casi el mill&oacute;n de euros para los caseros con varias viviendas en alquiler. El mecanismo es f&aacute;cil de comprender: m&aacute;s renta supone m&aacute;s capacidad de acumular activos, que a su vez generan nuevos flujos y mayor capacidad adicional para acumular. A la inversa, los hogares inquilinos no pueden escapar de una suerte de trampa de la pobreza.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El casero de varias viviendas tiene 450 veces la riqueza del inquilino" aria-label="Gráfico de columnas" id="datawrapper-chart-XG5lI" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XG5lI/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="597" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Esta desigualdad, adem&aacute;s, se reproduce en el tiempo y no es s&oacute;lo est&aacute;tica. Es significativo, de hecho, que los hogares m&aacute;s ricos son tambi&eacute;n los que m&aacute;s heredan, lo que alimenta a&uacute;n m&aacute;s el mecanismo de generaci&oacute;n de desigualdad. Heredaron el 16 % de los inquilinos, el 33 % de los hipotecados, el 58 % de los propietarios plenos y el 59 % y 71 % de los caseros. En t&eacute;rminos de cantidades medianas, se puede observar en el siguiente gr&aacute;fico que, de nuevo, es una escalera que sit&uacute;a a los hogares inquilinos en franca desventaja. Se trata de la mediana estad&iacute;stica, pero expresa bien la dificultad de estos hogares para ascender por la escalera: est&aacute;n atrapados por la baja generaci&oacute;n de rentas, la escasa riqueza heredada, la dificultad de acceso a los activos inmobiliarios y la punci&oacute;n que sobre ellos ejerce el alquiler de los caseros.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El casero de varias viviendas hereda casi siete veces lo que el inquilino" aria-label="Gráfico de columnas" id="datawrapper-chart-x53Hp" src="https://datawrapper.dwcdn.net/x53Hp/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="577" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no es necesario insistir en que la condici&oacute;n del hogar inquilino no es, en general, una situaci&oacute;n deseada. Seg&uacute;n la encuesta financiera de las familias, la mitad de estos hogares afirma no reunir condiciones financieras para obtener una hipoteca, el 44% reconoce que no podr&iacute;a pagar la entrada de la vivienda y el 25% que no podr&iacute;a pagar las cuotas. Se trata, adem&aacute;s, de datos para 2022, y es muy probable que, con el encarecimiento de las viviendas durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, estas cifras sean mucho peores en la actualidad. Los hogares inquilinos, de hecho, han visto en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os empeorar mucho su situaci&oacute;n; algo que no es del todo perceptible en los datos que estamos trabajando, pero s&iacute; imaginable.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las consecuencias pol&iacute;ticas</strong></h2><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo informe del CIS sobre vivienda, publicado hace unos d&iacute;as [ver el apartado de nota metodol&oacute;gica], nos aporta alguna informaci&oacute;n &uacute;til sobre las orientaciones de voto de cada uno de estos grupos sociales. Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, lo m&aacute;s llamativo es el hecho de que entre los inquilinos la opci&oacute;n pol&iacute;tica preferida es la abstenci&oacute;n. Son, de hecho, el grupo que m&aacute;s se abstiene, y con bastante diferencia. Por el contrario, los caseros optan mayoritariamente por votar tanto al PP como al PSOE, aunque no es menor el apoyo a Vox de los caseros con varias viviendas en alquiler.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="El inquilino se abstiene 2,6 veces más que el propietario pleno" aria-label="Columnas agrupadas" id="datawrapper-chart-zE86v" src="https://datawrapper.dwcdn.net/zE86v/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="605" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Lo que los datos anteriores reflejan es que los dos grandes partidos, PP y PSOE, tienen una base electoral muy heterog&eacute;nea en t&eacute;rminos de tenencia de vivienda. En el caso de Sumar, este espacio pol&iacute;tico encuentra m&aacute;s apoyo entre los inquilinos, seguido de los propietarios con hipoteca, propietarios plenos y caseros; es, de hecho, lo que cabr&iacute;a esperar: un voto casi inversamente proporcional a la riqueza neta.
    </p><p class="article-text">
        Antes he mencionado que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el incremento del precio de la vivienda y del alquiler nos invita a pensar que los datos analizados hasta ahora probablemente han empeorado para los hogares inquilinos. La encuesta del CIS nos proporciona una aproximaci&oacute;n, porque son datos recientes. Y los resultados son preocupantes. Entre las personas que se han visto obligados a mudarse por no poder pagar su vivienda, la extrema derecha alcanza la tercera posici&oacute;n con hasta un 20% (el doble del conjunto del electorado), detr&aacute;s de la abstenci&oacute;n (24,6%) y el voto al PSOE (23,6%). Estos datos no permiten establecer una relaci&oacute;n causal, pero s&iacute; apuntan a que el malestar generado por la crisis de la vivienda puede encontrar una traducci&oacute;n electoral en la extrema derecha. La acampada de Sol no es la &uacute;nica respuesta pol&iacute;tica de los inquilinos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis aqu&iacute; realizado impone una serie de conclusiones preliminares. En primer lugar, el sistema no es sostenible cuando un porcentaje creciente de hogares (los inquilinos) queda atrapado dentro de una trampa de pobreza en la que sufre la punci&oacute;n financiera de otra parte de la sociedad (los caseros, particularmente los multiarrendadores). Se trata de una bomba de relojer&iacute;a que se ha ido gestando durante a&ntilde;os y que explica el protagonismo de la autoorganizaci&oacute;n de este grupo social.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, los hogares de inquilinos representan en particular los segmentos m&aacute;s vulnerables de la clase trabajadora, con rentas m&aacute;s bajas, trabajos m&aacute;s precarios y niveles de cualificaci&oacute;n m&aacute;s reducidos. No obstante, como han demostrado las encuestas recientes, las reivindicaciones de la huelga no s&oacute;lo son apoyadas por los hogares inquilinos sino por un conjunto mucho m&aacute;s amplio de la sociedad. Seg&uacute;n el CIS, el 91,4% pide m&aacute;s vivienda p&uacute;blica y el 76% pide intervenci&oacute;n del Estado. De particular importancia estructural es la posici&oacute;n del 32,2% de los hogares que son propietarios de una sola vivienda, ya que tambi&eacute;n son hogares donde puede haber j&oacute;venes que, precisamente por lo elevado de esos precios, no pueden emanciparse. En este caso, aunque los padres se beneficien de la revalorizaci&oacute;n de los precios de su &uacute;nica vivienda, tambi&eacute;n sufren las dificultades de emancipaci&oacute;n de los j&oacute;venes de su familia. En este sentido, la cuesti&oacute;n generacional es la forma que toma la clase social en este conflicto dentro de una econom&iacute;a de activos.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, los partidos tienen bases electorales heterog&eacute;neas desde el punto de vista de la propiedad. Sin embargo, parece claro que existe una importante desmovilizaci&oacute;n de los inquilinos, que se abstienen mucho m&aacute;s que el resto de grupos y, por cierto, de lo que corresponde a su edad. Adem&aacute;s, cuando votan reparten su voto m&aacute;s que el resto hacia las formaciones que no son los dos grandes partidos, tanto a la izquierda como a la derecha. En este sentido, para una pol&iacute;tica de vivienda dirigida a los inquilinos, el problema no es solo convencer a un electorado propietario esc&eacute;ptico o directamente hostil, sino tambi&eacute;n movilizar a un electorado inquilino que hoy no vota o que encuentra en Vox una traducci&oacute;n de su malestar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inquilinos-caseros-nueva-fractura-clase_129_13581045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 20:57:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inquilinos contra caseros: la nueva fractura de clase]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Manual para que la izquierda no se ponga de acuerdo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-izquierda-no-ponga-acuerdo_129_13569405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7546d280-c063-4966-9791-3462930f1e86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manual para que la izquierda no se ponga de acuerdo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué hacer cuando tus cartas son tan escasas y los bárbaros están a las puertas. Yo he llegado a una conclusión práctica después de tanto tiempo: lo que decida Frente Amplio será lo que yo apoye</p></div><p class="article-text">
        Cuando abandon&eacute; la primera l&iacute;nea de la pol&iacute;tica, hace ahora tres a&ntilde;os, me propusieron escribir un libro en el que describiera mi experiencia durante lo que hab&iacute;a sido una de las d&eacute;cadas pol&iacute;ticas m&aacute;s intensas en Espa&ntilde;a. En mi caso, desde las movilizaciones del 15-M hasta el gobierno de Espa&ntilde;a. Muchos compa&ntilde;eros m&iacute;os que me hab&iacute;an precedido en la salida, e incluso todav&iacute;a muchos que est&aacute;n en activo, se hab&iacute;an adentrado en esta literatura pol&iacute;tica con un producto parecido. Sin embargo, en la mayor&iacute;a de los casos se trataba no solo de una narraci&oacute;n personal de lo acontecido, con sus leg&iacute;timos sesgos y puntos de vista particulares, sino tambi&eacute;n un descarnado ajuste de cuentas. Y esa perspectiva a m&iacute; me disgusta porque considero que ni al pa&iacute;s, ni a la izquierda ni a la clase trabajadora servir&iacute;a de algo un conocimiento m&aacute;s preciso de lo que com&uacute;nmente se llaman &ldquo;trapos sucios&rdquo;. Por esa raz&oacute;n declin&eacute; tal proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Viene esto al caso de que creo que entiendo por qu&eacute; a la izquierda le est&aacute; costando tanto ponerse de acuerdo en un momento tan crucial como este. En teor&iacute;a, la cosa no deber&iacute;a ser tan complicada. La mayor&iacute;a de los partidos que forman la izquierda comparten el 90% del programa pol&iacute;tico, de modo que si, como dec&iacute;a Julio Anguita, nos atenemos a tal criterio, el acuerdo deber&iacute;a ser relativamente f&aacute;cil. Y si esto en la pr&aacute;ctica no es as&iacute; es porque intervienen otros factores; factores que hacen mucho m&aacute;s complejo lo aparentemente f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        El principal factor de distorsi&oacute;n, aunque parezca una perogrullada, es que la pol&iacute;tica la hacen las personas. Y todas las personas somos presas tanto de nuestras virtudes como de nuestros vicios, donde encontramos necesidades como las de reconocimiento, identidad y respeto, sustento material, relaciones sociales&hellip; En suma, los seres humanos somos unos bichos complicados. E incluso cuando nos juntamos con gente que, como nosotros, quiere cambiar el mundo, e incluso cuando compartimos casi toda la cosmovisi&oacute;n y los planes de futuro, de un modo u otro al final acaban emergiendo diferencias aparentemente insalvables.
    </p><p class="article-text">
        El mundo de la pol&iacute;tica que yo he experimentado est&aacute; lleno de episodios que, en rigor, son completamente absurdos. Personas que, de tan afines ideol&oacute;gicamente acaban siendo parejas y formando familias para, al paso del tiempo, separarse y discrepar pol&iacute;ticamente hasta en el color de las puertas. Personas que, con una asertividad envidiable dicen una cosa hoy que ma&ntilde;ana se convierte en la contraria; y pasado ma&ntilde;ana, si eso, se vuelve a cambiar. Personas que se posicionan despu&eacute;s de que el debate haya terminado, siempre bajo la pregunta &ldquo;&iquest;qui&eacute;nes hemos ganado?&rdquo;. Personas que en principio fueron amigos am&eacute;n de compa&ntilde;eros, pero que en ciertos devenires se convierten en las personas que niegan hasta haberte saludado en alguna ocasi&oacute;n. En fin, situaciones de divergencias pol&iacute;ticas que podr&iacute;an caber bajo las etiquetas de cinismo e hipocres&iacute;a, pero que en el fondo expresan algo m&aacute;s profundo: inercias sociales de seres humanos complejos.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica realmente existente es una trituradora de personas, as&iacute; que tampoco es de extra&ntilde;ar que gente con conocimiento de c&oacute;mo es la cuesti&oacute;n se niegue a asumir nuevas responsabilidades. Otros son m&aacute;s valientes, o inconscientes, y asumen retos imposibles aun sabiendo que hay costes elevados. Nunca fue f&aacute;cil, y en otro tiempo hacer pol&iacute;tica implicaba cosas bastante m&aacute;s graves como la tortura o el asesinato, pero no podemos negar que los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os han sido una centrifugadora de seres humanos. Tan r&aacute;pido como la pol&iacute;tica se convirti&oacute; en un atractivo y una esperanza para decenas de miles de personas, y atrajo a la primera l&iacute;nea a muchas de las mejores mentes de este pa&iacute;s, pronto se convirti&oacute; tambi&eacute;n en una m&aacute;quina de moler humanos que fue malogrando y expulsando a toda esa materia prima y su frescura original.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entr&eacute; en pol&iacute;tica institucional en el a&ntilde;o 2011, y como persona educada en la tradici&oacute;n republicana y socialista, ten&iacute;a una gran desconfianza en los liderazgos; &ldquo;ni en dioses, reyes ni tribunos est&aacute; el supremo salvador&rdquo; dice uno de los textos m&aacute;s influyentes de la historia pol&iacute;tica. Pero, a la hora de la verdad, me temo que se necesita que alguien ponga algo de cordura, serenidad y calma en el ca&oacute;tico mundo de los humanos de carne y hueso. Alguien que, quiz&aacute;s por su carisma o por su inteligencia, sepa separar el grano de la paja y centrar el foco en lo realmente importante. Alguien que tenga la inteligencia emocional y pol&iacute;tica suficiente para abstraerse de las miserias humanas al tiempo que promueve sus virtudes. Esa es para m&iacute; la funci&oacute;n principal de un l&iacute;der; y la izquierda tiene la suerte de contar con muchos perfiles que re&uacute;nen esas caracter&iacute;sticas. El problema es que casi nadie quiere desperdiciar tiempo de su vida en una tarea tan t&oacute;xica e ingrata.
    </p><p class="article-text">
        Se se&ntilde;ala a menudo que los dirigentes y los partidos tienen la culpa de todo esto. Pero reconozcamos que el problema no est&aacute; solamente en los dirigentes. Est&aacute; tambi&eacute;n en nosotros, porque todos participamos, de una manera u otra, en los incentivos que hacen invivible el ambiente. Con nuestras miserias no dejamos que crezca la hierba. Desde los comentarios en estos art&iacute;culos hasta los que se suceden en las redes sociales, completamente vampirizadas por el odio y la brutalidad, el ambiente t&oacute;xico empieza desde abajo. Yo, como cualquier otro dirigente, llegu&eacute; a ser candidato siendo odiado ya por una parte considerable del electorado e incluso de mi propia gente, aunque todav&iacute;a no hab&iacute;a ni abierto la boca. Y todav&iacute;a no exist&iacute;an las redes sociales en su configuraci&oacute;n actual, es decir, como altavoces de las pasiones m&aacute;s oscuras. Y si eso pasa s&oacute;lo por llegar, no hace falta profundizar en lo que ocurre cuando, como todos los seres humanos, nos equivocamos. Sea como sea, en la izquierda, y quiz&aacute;s igual que en otros sitios, nos despedazamos primero y luego, si acaso, reflexionamos sobre los motivos.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en los que circulan muchos rumores sobre c&oacute;mo articular una candidatura del Frente Amplio, no es f&aacute;cil encontrar a alguien con una idea genial pero s&iacute; es sencill&iacute;simo encontrar a miles de personas con cr&iacute;ticas destructivas ante cualquier posibilidad: ese o esa ser&iacute;a el peor candidato del mundo y no votar&eacute; si tal cosa se aprueba; aquel dijo tal cosa hace cien a&ntilde;os y para m&iacute; eso es una l&iacute;nea roja; ese otro es a&uacute;n peor porque es un pusil&aacute;nime o, peor, un traidor porque no insult&oacute; lo suficiente a los malos; pero este de aqu&iacute; es casi peor, porque no es de mi partido; etc. 
    </p><p class="article-text">
        No solo reciben los que est&aacute;n en activo y dando la cara. Mi &uacute;ltimo &ldquo;flame&rdquo; en redes sociales &mdash;l&eacute;ase: linchamiento p&uacute;blico&mdash; ha llegado por parte de militantes y dirigentes de Adelante Andaluc&iacute;a, a los que no les gust&oacute; que yo recordara que la ley electoral penaliza la fragmentaci&oacute;n. Aunque yo haya sido compa&ntilde;ero suyo hasta hace unos a&ntilde;os, y hayamos participado juntas en muchas campa&ntilde;as y adem&aacute;s nunca haya tenido mala palabra para ellas, no importa: la reacci&oacute;n en contra ha sido tan pasional como desproporcionada. Como la que cualquiera tendr&iacute;a con un enemigo a batir. Quiz&aacute;s incluso m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a est&uacute;pido pensar que todo esto es solo psicolog&iacute;a primaria. La izquierda quiere transformar las estructuras sociales, pero a menudo se niega a reconocer que sus propias organizaciones est&aacute;n atravesadas por las mismas relaciones de poder, incentivos materiales e identidades que pretende transformar. Por ejemplo, las personas tenemos que llegar a fin de mes, y aunque parezca mentira tambi&eacute;n las de izquierdas, y las afinidades ideol&oacute;gicas est&aacute;n entrelazadas a nuestra fuente de sustento. Si mi partido ha dicho que est&aacute; lloviendo, y aunque yo vea por la ventana un cielo completamente despejado, quiz&aacute;s es inconveniente reconocer tal contradicci&oacute;n y, por mi bien, sea m&aacute;s oportuno sobreactuar y asegurar que, de hecho, est&aacute; a punto de llegar la tormenta. Nosotros llam&aacute;bamos &ldquo;sem&aacute;foros&rdquo; a esas personas que se ponen en &ldquo;&aacute;mbar&rdquo; cuando todav&iacute;a no se sabe qui&eacute;n gana &mdash;donde eso significa elegir a qui&eacute;n podr&aacute; seguir teniendo ingresos&mdash;, y que tienen el olfato pol&iacute;tico tan desarrollado que cuando se ponen en verde &mdash;apoyando a alguien o algo&mdash;, ya sabes que no hay mejor encuesta que esa. Eso lleva a la continuidad de perfiles y a la reproducci&oacute;n de pr&aacute;cticas que distorsionan cualquier debate honesto. Y otro d&iacute;a, si se tercia, hablamos de los incentivos que tiene la gente de dentro que, por lo dem&aacute;s, ha consumido sus biograf&iacute;as en una actividad socialmente penalizada &mdash;porque en tu curr&iacute;culum pone que eres el siguiente sujeto subversivo de la empresa&mdash;, para salir de la pol&iacute;tica y, qu&eacute; capricho, seguir teniendo ingresos.
    </p><p class="article-text">
        Las conexiones materiales no son las &uacute;nicas que se establecen entre los partidos y sus dirigentes o militantes. Tambi&eacute;n est&aacute; la conexi&oacute;n emocional o simb&oacute;lica, que como toda identidad despierta tanta pasi&oacute;n &mdash;o m&aacute;s&mdash; que la confraternizaci&oacute;n de pareja. Se puede entender que el militante de toda la vida, que ha dedicado d&eacute;cadas de su tiempo a una causa encarnada en un logo o sigla, tenga un afecto m&aacute;s all&aacute; de lo racional con su partido y sus s&iacute;mbolos. Pero tambi&eacute;n vemos lo mismo en gente que acaba de llegar al partido o en partidos que todav&iacute;a est&aacute;n en la cuna. El patriotismo de partido no exige demasiado tiempo para asentarse, pero introduce din&aacute;micas que nada tienen que ver con la racionalidad pulcra del programa del que hablaba Julio Anguita. Tienen m&aacute;s que ver, obvio, con la pulsi&oacute;n irracional que despierta todo nacionalismo, aunque est&eacute; disfrazado bajo la ret&oacute;rica de partido. Y, sobra decir, todo esto es un obst&aacute;culo de primer orden cuando se trata de poner de acuerdo a gentes diferentes, que traen de casa identidades, vivencias y relaciones muy distintas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, incluso si todo lo anterior estuviera abordado y resuelto, y estamos realmente lejos de eso, todav&iacute;a quedar&iacute;a el debate sustantivo: qu&eacute; hacer cuando tus cartas son tan escasas y los b&aacute;rbaros est&aacute;n a las puertas. Yo he llegado a una conclusi&oacute;n pr&aacute;ctica despu&eacute;s de tanto tiempo: lo que decida Frente Amplio ser&aacute; lo que yo apoye. Mis comentarios del mundo <em>insider</em> me los seguir&eacute; guardando, y contribuir&eacute; humildemente a apoyar a esa gente que est&aacute; ah&iacute;, que es la que ha sido lo suficientemente valiente como para dar la cara por todas nosotras en un tiempo tan dif&iacute;cil. Eso es mucho m&aacute;s importante para el pa&iacute;s que leer o escuchar al militante de izquierdas que todo lo sabe y que, sobre todo, tiene una idea m&aacute;gica y un problema para cada soluci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-izquierda-no-ponga-acuerdo_129_13569405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 22:07:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manual para que la izquierda no se ponga de acuerdo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales,Frente Amplio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Construir más casas no solucionará la crisis de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/construir-casas-no-solucionara-crisis-vivienda_129_13563552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f894302-9f1b-4f3f-97f4-b343af70d2a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Construir más casas no solucionará la crisis de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las soluciones estructurales deberían combinar la construcción significativa de vivienda pública y accesible (allí donde se necesite más), y un paquete fiscal y regulatorio que desincentivara —o directamente prohibiera— el uso de la vivienda como bien de inversión</p><p class="subtitle">Choque de recetas ante la crisis de vivienda: ¿acelerón privado o un superfondo público de 120.000 millones?</p></div><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis convencional afirma que la soluci&oacute;n principal de la crisis de la vivienda es construir m&aacute;s. El argumento se sostiene en la<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/matrioska-vivienda_129_13559172.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> din&aacute;mica de oferta y demanda</a> y es tan simple que a menudo se nos recuerda que es de &ldquo;primero de econom&iacute;a&rdquo;. Seg&uacute;n esta interpretaci&oacute;n, el precio de la vivienda se ha disparado porque el n&uacute;mero de hogares ha crecido bastante m&aacute;s que el n&uacute;mero de viviendas disponibles; de ah&iacute; se sigue que, si se incrementase la oferta mediante la construcci&oacute;n de viviendas, los precios bajar&iacute;an. Economistas, analistas, divulgadores y comentaristas repiten este discurso, que, por otra parte, es el preferido de la derecha pol&iacute;tica y empresarial. Pero &iquest;estamos seguros de que este an&aacute;lisis es correcto?
    </p><h2 class="article-text"><strong>El enfoque de oferta</strong></h2><p class="article-text">
        Desde 2021, la poblaci&oacute;n se ha incrementado en Espa&ntilde;a en 2,17 millones de personas (un 4,6%), los hogares han crecido en 1,22 millones (un 6,6%) y solo se han terminado 468.000 nuevas viviendas (un 1,8%). Ese es el d&eacute;ficit acumulado que se&ntilde;ala el <a href="https://www.eldiario.es/economia/banco-espana-eleva-750-000-viviendas-faltan-anticipa-deficit-agravara-proximos-anos_1_13313634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Banco de Espa&ntilde;a en su informe de 2025, y que cifra en aproximadamente 750.000 viviendas.</a> Tradicionalmente, Espa&ntilde;a hab&iacute;a creado cada a&ntilde;o muchas m&aacute;s viviendas que nuevos hogares y, durante el ciclo 2000-2010, esa diferencia fue de m&aacute;s de un mill&oacute;n. Como se sabe, Espa&ntilde;a constru&iacute;a m&aacute;s viviendas que varios pa&iacute;ses europeos juntos. En el gr&aacute;fico siguiente, que est&aacute; basado en el del informe del Banco de Espa&ntilde;a, se ve bien esa transformaci&oacute;n desde ser un pa&iacute;s con super&aacute;vit en viviendas a ser un pa&iacute;s con d&eacute;ficit.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Desde 2021 los hogares crecen mucho más que las viviendas" aria-label="Columnas agrupadas" id="datawrapper-chart-4PrWY" src="https://datawrapper.dwcdn.net/4PrWY/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="687" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis convencional deduce que este d&eacute;ficit es el principal factor en la explicaci&oacute;n del crecimiento del precio de la vivienda en Espa&ntilde;a. Como vemos en el siguiente gr&aacute;fico, los indicadores de alquiler de oferta y de precio de compraventa se han disparado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a la par que descend&iacute;a la ratio de vivienda por hogar. Sin embargo, el triunfo de esa narrativa se sostiene en gran medida en nuestros prejuicios a favor de la tesis, porque un an&aacute;lisis m&aacute;s sosegado introduce muchas m&aacute;s dudas. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Relación entre viviendas por hogar y precios de la vivienda" aria-label="Líneas múltiples" id="datawrapper-chart-Zw5Rv" src="https://datawrapper.dwcdn.net/Zw5Rv/3/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="408" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        De hecho, si realmente el precio dependiera directamente de la escasez (la relaci&oacute;n entre viviendas y hogares), los a&ntilde;os de ca&iacute;da de la relaci&oacute;n vivienda/hogar deber&iacute;an ser a&ntilde;os de subidas de precios y, a la inversa, los a&ntilde;os de super&aacute;vit deber&iacute;an provocar ca&iacute;das de precios. Eso no es lo que se observa. Por ejemplo, durante la burbuja inmobiliaria se construyeron muchas m&aacute;s viviendas que hogares y, contrariamente a lo esperado, el precio real de la vivienda se duplic&oacute; entre 1997 y 2007. En aquel per&iacute;odo la demanda fue impulsada por el cr&eacute;dito, no solo por la creaci&oacute;n de hogares. Tambi&eacute;n durante la pandemia encontramos otro ejemplo: se construyeron menos viviendas por hogar, pero los precios del alquiler en t&eacute;rminos reales se desplomaron un 12%. Por otro lado, entre 2014 y 2020 la ratio de viviendas por hogar no se movi&oacute; y, sin embargo, el alquiler de oferta subi&oacute; un 47 % en t&eacute;rminos reales. <a href="https://www.eldiario.es/economia/choque-recetas-crisis-vivienda-aceleron-privado-superfondo-publico-120-000-millones_129_13222052.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estos &ldquo;contraejemplos&rdquo; han sido subrayados por los defensores de un enfoque de demanda,</a> ya que son prueba suficiente de que es necesario ir mucho m&aacute;s all&aacute; del enfoque de oferta a la hora de explicar las variaciones en los precios.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El enfoque de demanda</strong></h2><p class="article-text">
        La pregunta realmente interesante es <em>qu&eacute; empuja la demanda de vivienda</em>. El enfoque simple de oferta ignora completamente esa pregunta, al considerar solo la demanda residencial, es decir, la derivada de los nuevos hogares: si hay un nuevo hogar, deber&iacute;a haber una nueva vivienda. Pero en el mundo real las viviendas no se compran s&oacute;lo para vivir en ellas, sino tambi&eacute;n para tener una segunda residencia, para convertirla en una vivienda tur&iacute;stica o como inversi&oacute;n financiera. Estos otros tipos de demanda compiten con la demanda residencial, como tambi&eacute;n lo hacen con lo que podr&iacute;amos llamar demanda latente, es decir, la de las familias y j&oacute;venes que no se emancipan o comparten piso porque no pueden superar la barrera de entrada en el mercado. As&iacute;, examinar la composici&oacute;n de la demanda arroja mucha luz sobre lo que est&aacute; pasando con la vivienda en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero es comprender que las condiciones macrofinancieras importan. Desde el advenimiento del neoliberalismo los propietarios de capital (que se concentran entre las clases altas) tienen mayor &ldquo;libertad&rdquo; para invertir en el sistema financiero, y la pol&iacute;tica monetaria flexible de los bancos centrales ha inundado el sistema con mucho dinero. El resultado es lo que se conoce como &ldquo;inflaci&oacute;n de activos&rdquo;: hay una gran cantidad de capital buscando la mayor rentabilidad posible entre los activos financieros (acciones y participaciones, deuda privada, deuda p&uacute;blica, instrumentos ex&oacute;ticos, etc.). En ese contexto, la vivienda se ha convertido en un activo de inversi&oacute;n m&aacute;s y, aunque no sea igualmente l&iacute;quido (no puedes convertirlo en dinero de manera casi instant&aacute;nea), ofrece rentabilidades muy altas. Los agentes financieros (bancos, sociedades de inversi&oacute;n, etc.) recomiendan a las grandes fortunas &ldquo;invertir en vivienda&rdquo; precisamente por esa raz&oacute;n. La rentabilidad de la vivienda supera a la de los bonos de deuda p&uacute;blica, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Invertir en vivienda es más rentable que en deuda pública" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-GoHPb" src="https://datawrapper.dwcdn.net/GoHPb/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="560" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        El mecanismo <a href="https://www.eldiario.es/economia/diferencial-explica-dinero-ladrillo_129_13121259.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya lo expliqu&eacute; aqu&iacute;</a>, pero el gr&aacute;fico actualizado nos muestra que desde 2015 invertir en vivienda (tanto para poner en alquiler como para la revalorizaci&oacute;n en el precio) es bastante m&aacute;s lucrativo que hacerlo en bonos del Estado. Esto es especialmente intenso cuando los tipos de inter&eacute;s son bajos, ya que las alternativas estrictamente financieras pierden atractivo. Esto quiere decir que la demanda de vivienda por parte de los nuevos hogares compite tambi&eacute;n con la demanda de inversi&oacute;n por parte de los propietarios de capital, es decir, de los llamados &ldquo;inversores inmobiliarios&rdquo;. O, dicho de otra forma, la demanda de vivienda puede crecer incluso aunque no se creen nuevos hogares porque depende de la rentabilidad relativa y de las expectativas de revalorizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esto es exactamente lo que sucedi&oacute; durante la burbuja inmobiliaria, cuando las expectativas de revalorizaci&oacute;n y las facilidades crediticias empujaron a los inversores a demandar gran cantidad de viviendas. Pero si entonces fue el cr&eacute;dito el que empuj&oacute; esa demanda, en la actualidad el motor es el patrimonio previo. Como dice el aforismo, compra quien puede. El cr&eacute;dito hipotecario ha ca&iacute;do desde el 58% al 31% del PIB entre 2014 y 2025, y en 2025 casi la mitad de las viviendas se pagaron sin hipoteca seg&uacute;n el Banco de Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, entre la demanda hay m&aacute;s cantidad de personas jur&iacute;dicas, que en el 2025 fue el 11,3% de las compras, cuando ese porcentaje era del 5,5% en plena burbuja inmobiliaria (aunque lleg&oacute; a un m&aacute;ximo del 22,2% en 2013). 
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a entiende que la compra de una vivienda por parte de una persona jur&iacute;dica tiene como objeto la inversi&oacute;n. Es el tipo de demanda de inversi&oacute;n o especulativa m&aacute;s evidente. De acuerdo con los datos del Portal Estad&iacute;stico del Notariado, para el per&iacute;odo desde agosto de 2025 hasta julio de 2026, el porcentaje de compras sobre el total por parte de personas jur&iacute;dicas fue del 17% en Santa Cruz de Tenerife, 15% en Lleida, y 14% en M&aacute;laga y Almer&iacute;a y superiores al 12% en Madrid, Baleares y Las Palmas. 
    </p><p class="article-text">
        Los hogares pudientes y tambi&eacute;n muchos modestos se han sumado a la fiesta de la inversi&oacute;n inmobiliaria, como muestra el hecho de que las declaraciones del IRPF con rendimientos inmobiliarios se han duplicado desde 2008: eran 1,64 millones entonces y 3,26 millones en 2024. Otras fuentes abundan en la misma trayectoria, y seg&uacute;n la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) los hogares que cobran alg&uacute;n alquiler han pasado del 6 % en 2008 al 14 % en 2022. La Encuesta de Condiciones de Vida apunta en la misma direcci&oacute;n: el 16,5 % de los hogares &mdash;3,2 millones&mdash; cobr&oacute; en 2024 rentas por alquilar alg&uacute;n inmueble, frente al 9,4 % (1,6 millones) en 2007.
    </p><p class="article-text">
        Un tipo particular de demanda de inversi&oacute;n es la que tiene como objetivo constituir una vivienda de uso tur&iacute;stico. Seg&uacute;n el Banco de Espa&ntilde;a, las viviendas tur&iacute;sticas crecieron entre 2021 y 2024 hasta alcanzar las 400.000, y en 2025 rondaban las 355.000. Aunque es una proporci&oacute;n peque&ntilde;a a nivel agregado (el 1,5% del parque de viviendas total), en el mercado de alquiler es el 10% y en determinadas zonas es sencillamente brutal. Por ejemplo, en el centro de M&aacute;laga y de Sevilla las viviendas de uso tur&iacute;stico son casi el 45% del mercado de alquiler, y en los centros de otras ciudades tur&iacute;sticas como Las Palmas, Barcelona o Madrid los porcentajes son muy elevados tambi&eacute;n (27%, 22% y 15% respectivamente). Toda esa demanda compite con la demanda residencial, de modo que donde hay vivienda de uso tur&iacute;stico no hay nuevo hogar que pueda entrar.
    </p><p class="article-text">
        Estas regiones son donde se concentra la presi&oacute;n adicional de las demandas no-residenciales. A la demanda de inversi&oacute;n ya descrita hay que sumar tambi&eacute;n la demanda por parte de extranjeros no residentes, que en provincias como Alicante y M&aacute;laga fueron el 33% y 28% respectivamente de todas las compras en 2025. En toda Espa&ntilde;a las viviendas que son propiedad de extranjeros no residentes y las viviendas de uso tur&iacute;stico suman ya de manera combinada 900.000 viviendas, un 3,3% del total de viviendas en Espa&ntilde;a. Pero, de nuevo, en provincias como Alicante y M&aacute;laga suponen ya m&aacute;s del 14% del total en el stock. Hay que insistir otra vez en que esta demanda no es la de nuevos hogares (nacionales o inmigrantes), sino otra cosa distinta que, sin embargo, el enfoque de oferta no distingue.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Paradoja y conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        El enfoque de oferta nos dice que en Espa&ntilde;a se construye poco, y en particular en el tiempo en el que han crecido mucho los nuevos hogares. Una aparente paradoja de este enfoque es que las nuevas construcciones no siguen a la nueva demanda de hogares sino al precio. Obviamente, esto es lo que cabr&iacute;a esperar seg&uacute;n la teor&iacute;a econ&oacute;mica, pues las empresas promotoras y constructoras no tienen criterio social y no construyen donde se necesita, sino que siguen el criterio de rentabilidad y construyen donde se gana m&aacute;s dinero, esto es, donde el precio es m&aacute;s alto. Esa es la raz&oacute;n por la que la construcci&oacute;n de nuevas viviendas correlaciona mejor con el precio que con la escasez (relaci&oacute;n viviendas/hogares). Como dijo un famoso liberal antes de entrar en prisi&oacute;n, &laquo;es el mercado, amigo&raquo;. Esto, por cierto, es un argumento de peso a favor de la construcci&oacute;n de vivienda p&uacute;blica, que s&iacute; puede dirigirse all&iacute; donde m&aacute;s se necesita.
    </p><p class="article-text">
        De este an&aacute;lisis no podemos concluir que el enfoque de oferta no nos aporte nada. En realidad, es veros&iacute;mil que la creaci&oacute;n de nuevos hogares por encima de las nuevas viviendas genere presi&oacute;n sobre el precio. El problema es que ese no es el &uacute;nico factor y, en determinados mercados, puede ni siquiera ser el m&aacute;s importante. Una formulaci&oacute;n posible para comprenderlo es suponer qu&eacute; pasar&iacute;a si se incrementara el stock de viviendas de manera significativa, por ejemplo, en un mill&oacute;n de nuevas viviendas. Seg&uacute;n el an&aacute;lisis de oferta que hemos repasado, aparentemente eso ser&iacute;a m&aacute;s que suficiente para cubrir el d&eacute;ficit de viviendas acumulado desde 2021 y reducir los precios. Sin embargo, este an&aacute;lisis nos demuestra que la demanda real no es s&oacute;lo la de los nuevos hogares, sino que tambi&eacute;n hay demanda de inversi&oacute;n para alquilar o para vender m&aacute;s tarde m&aacute;s caro, demanda para segunda residencia, demanda para vivienda de uso tur&iacute;stico y demanda de extranjeros no residentes. Todas ellas compiten con la demanda residencial, y las de inversi&oacute;n en particular est&aacute;n propulsadas por la rentabilidad y la inflaci&oacute;n de activos (un contexto macrofinanciero apropiado).
    </p><p class="article-text">
        A la luz de este an&aacute;lisis, las soluciones estructurales deber&iacute;an combinar la construcci&oacute;n significativa de vivienda p&uacute;blica y accesible (all&iacute; donde se necesite m&aacute;s), y un paquete fiscal y regulatorio que desincentivara &mdash;o directamente prohibiera&mdash; el uso de la vivienda como bien de inversi&oacute;n. Estas medidas permitir&iacute;an elevar la oferta al tiempo que se reduce la demanda no-residencial, facilitando en consecuencia un ajuste que redujera los precios. Pero esto implicar&iacute;a cerrar un canal de enriquecimiento notable de ciertos agentes econ&oacute;micos (concentrados en las clases altas, pero no solo) que, de manera natural, se oponen a estas medidas. Estas son las resistencias materiales que estamos viendo estas semanas, como demuestra la reciente votaci&oacute;n contra los reales decretos-ley en el Congreso.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2107383522172264959?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/construir-casas-no-solucionara-crisis-vivienda_129_13563552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 21:10:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Construir más casas no solucionará la crisis de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres condiciones para que la izquierda resista en las elecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tres-condiciones-izquierda-resista-elecciones_129_13561939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fac3e613-c2f3-445a-a072-6c92c2ef57e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres condiciones para que la izquierda resista en las elecciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría social de este país es progresista, lo avalan sistemáticamente las encuestas cuando preguntan por cuestiones sociales y valores y principios. El objetivo central de los partidos políticos debería ser reactivar a ese conjunto social que es suficientemente amplio como para convertirse en el freno de emergencia ante la llegada de la ola reaccionaria al gobierno de España</p><p class="subtitle">Sánchez convoca elecciones anticipadas el 29 de noviembre</p></div><p class="article-text">
        Desde hace meses sab&iacute;amos que Pedro S&aacute;nchez convocar&iacute;a elecciones exclusivamente cuando el viento no soplara demasiado a la contra. Convocar elecciones en un marco de debate sobre la corrupci&oacute;n del PSOE, con los ex secretarios de organizaci&oacute;n y sus fechor&iacute;as a la cabeza, era una garant&iacute;a de derrota. Tampoco era muy distinto si se convocaban con el debate apalancado en torno a la cuesti&oacute;n migratoria, que es el terreno f&eacute;rtil donde crece la extrema derecha y la lucha de los de abajo contra los de m&aacute;s abajo. Pero algo cambia si las elecciones se insertan en la m&aacute;s amplia movilizaci&oacute;n social desde las huelgas generales de hace m&aacute;s de una d&eacute;cada. Pedro S&aacute;nchez acierta, porque es este el &uacute;nico contexto donde se puede obrar el milagro.
    </p><p class="article-text">
        El punto de partida es, sin embargo, muy dif&iacute;cil. El Gobierno tiene en su haber importantes m&eacute;ritos, aunque bastantes menos de los que nos gustar&iacute;a a las personas de izquierdas porque conseguirlos requer&iacute;a de la valent&iacute;a del PSOE &mdash;no siempre presente, y menos en campos como la vivienda&mdash; y de un parlamento que en esta legislatura era mayoritariamente conservador. Pero, sobre todo, en esta legislatura el Gobierno de coalici&oacute;n ha estado casi todo el tiempo a la defensiva. La lista no es corta: los casos de corrupci&oacute;n dentro del coraz&oacute;n del PSOE, el da&ntilde;o enorme a la figura del expresidente Zapatero, el asedio continuo por parte de fuerzas conservadoras y reaccionarias desde fuera y dentro del Estado, el aislamiento internacional a pesar de mantener posiciones mucho m&aacute;s que dignas en cuestiones como la cr&iacute;tica al genocidio en Palestina, la ola reaccionaria mundial que sigue comi&eacute;ndose gobiernos progresistas en Am&eacute;rica Latina, y la ya mencionada minor&iacute;a progresista en el Congreso. Todo ello ofrece contexto para entender por qu&eacute; este gobierno de coalici&oacute;n parec&iacute;a estar mirando la hora de su final, sin demasiados atisbos de optimismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no hay mejor ejemplo de ese ralent&iacute; de las izquierdas que la propia acci&oacute;n del espacio de Sumar. Desde que se revalid&oacute; el Gobierno de coalici&oacute;n el espacio ha carecido de cualquier estrategia ofensiva. La percepci&oacute;n general es que faltaba un Estado Mayor desde el que tomar decisiones estrat&eacute;gicas y aprovechar las oportunidades que surgieran. En su lugar se opt&oacute; por dejar a los ministros el protagonismo, algo que ha impreso una tonalidad gris&aacute;cea y burocr&aacute;tica en la pol&iacute;tica. Se ha tratado de una digna gesti&oacute;n, aunque en algunos casos b&aacute;sicamente imperceptible &mdash;llegamos al final de legislatura con algunos ministros con un 20% de conocimiento&mdash; y desde luego lejos de algo que pueda despertar las pasiones y esperanzas que la izquierda necesita. El clima durante estos a&ntilde;os en el espacio ha sido la de una embarcaci&oacute;n sin capit&aacute;n y totalmente a la deriva, con un potencial nada desde&ntilde;able pero en absoluto utilizado. Cuadra con ese esp&iacute;ritu de &eacute;poca en el que la tesis dominante era que las derechas iban a terminar gobernando tarde o temprano y que, por lo tanto, lo mejor que pod&iacute;a hacerse era adecentar la casa que aquellas heredar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo nunca he comprado ese marco reaccionario. No creo que las cosas est&eacute;n perdidas de antemano. Reconozco las dificultades, y acabo de se&ntilde;alar muchas de ellas, pero no creo que sean insalvables. La mayor&iacute;a social de este pa&iacute;s es progresista, lo que avalan sistem&aacute;ticamente las encuestas cuando preguntan por cuestiones sociales y valores y principios, y el principal impedimento pol&iacute;tico es que una parte notable de la izquierda de este pa&iacute;s est&aacute; decepcionada, desnortada y agotada. El objetivo central de los partidos pol&iacute;ticos deber&iacute;a ser reactivar a ese conjunto social que es suficientemente amplio como para convertirse en el freno de emergencia ante la llegada de la ola reaccionaria al gobierno de Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y se puede lograr. Para eso hacen falta tres cosas fundamentales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera, que el marco de debate sea un terreno de juego favorable, es decir, que la discusi&oacute;n pol&iacute;tica est&eacute; centrada en aquellos aspectos en los que la izquierda es competitiva. Aqu&iacute; est&aacute; el acierto de Pedro S&aacute;nchez ya se&ntilde;alado: hablar de la crisis de la vivienda y ser capaz de proponer medidas radicales &mdash;que vayan al coraz&oacute;n del problema&mdash; y que dejen en minor&iacute;a a las derechas, es sembrar en terreno muy f&eacute;rtil. La opini&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; mayoritariamente de lado de las tesis m&aacute;s intervencionistas, como han puesto de relieve las &uacute;ltimas encuestas sobre regulaci&oacute;n del mercado, y eso sopla muy a favor de las izquierdas. Incluso mucho m&aacute;s a favor del espacio ahora llamado Frente Amplio &mdash;que sustituir&aacute; felizmente a Sumar&mdash;, ya que para todo el mundo es tambi&eacute;n obvio que el PSOE en esta materia estaba con el freno de mano echado hasta que la movilizaci&oacute;n social los ha desbordado. Las derechas intentar&aacute;n cambiar el marco continuamente, pero no tienen f&aacute;cil conseguir imponer otro tipo de debates en s&oacute;lo dos meses, incluso aunque la situaci&oacute;n en Ceuta siga siendo extraordinaria y los jueces conservadores pisen el acelerador para generar titulares que dejen huella. Las movilizaciones sociales son la expresi&oacute;n espont&aacute;nea de una bomba de relojer&iacute;a social &mdash;la crisis de vivienda&mdash; que no se desactivar&aacute; tan f&aacute;cilmente por parte de los conservadores.
    </p><p class="article-text">
        La segunda, que el PSOE sea capaz de resistir electoralmente en niveles competitivos. Aqu&iacute; la extrema derecha y los elementos m&aacute;s t&oacute;xicos del PP ser&aacute;n previsiblemente la mejor contribuci&oacute;n, ya que impedir&aacute;n el crecimiento de las derechas por su parte m&aacute;s moderada. Las derechas tienden a excitarse cuando ven el triunfo cerca, como ocurri&oacute; en verano de 2023, y es precisamente esa excitaci&oacute;n las que les hace da&ntilde;o: acaban mostr&aacute;ndose tal y como son, con sus burradas y sus bravuconer&iacute;as que son aplaudidas en sus burbujas, pero tambi&eacute;n repelidas a nivel de pa&iacute;s, y empujar&aacute;n a una parte de la sociedad hacia el PSOE. Pedro S&aacute;nchez ha mostrado una gran capacidad de resistencia y resiliencia, y las elecciones es un contexto donde se hace fuerte &mdash;mucho m&aacute;s que durante la gesti&oacute;n, cuando cede ante los elementos m&aacute;s conservadores dentro de su partido&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        La tercera, que la izquierda sea capaz de poner orden. Un liderazgo, una estrategia y tanta unidad como sea posible y deseable. Hay espacio sociol&oacute;gico de sobra. Que con la escasa hoja de servicios y las permanentes divisiones durante esta legislatura, las encuestas todav&iacute;a se&ntilde;alen que el espacio est&aacute; entre el 8% y el 10% es algo mucho m&aacute;s que significativo. Con una buena campa&ntilde;a electoral, el espacio puede aspirar con comodidad a llegar al 12% de 2023 &mdash;nada ambicioso: ese mismo espacio estuvo por encima del 20% en 2016&mdash;. Adem&aacute;s, ahora hay un carril enorme, que es la crisis de vivienda. La izquierda es la &uacute;nica que se ha atrevido a defender medidas de intervenci&oacute;n tanto en la oferta como en la demanda que aspiran a romper con el predominio del rentismo en nuestro pa&iacute;s, que es la &uacute;nica v&iacute;a para conseguir que la vivienda sea un derecho efectivo. Evidentemente, hay muchos otros temas en los que esta izquierda es atractiva, como en las cuestiones laborales y de lucha contra la desigualdad. Pero que nadie se despiste: estas no son unas elecciones para ponerse a hablar de todo, sino para centrarse en dos o tres grandes temas que repetir sin cesar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si se cumplen las tres condiciones, cosa que no veo para nada imposible, hay opciones para revalidar el gobierno de coalici&oacute;n y dejar a los b&aacute;rbaros otra vez a las puertas. Yo creo que merece la pena. Mucho acierto a todos, que nos jugamos mucho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tres-condiciones-izquierda-resista-elecciones_129_13561939.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 09:02:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres condiciones para que la izquierda resista en las elecciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lectura optimista de la situación política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lectura-optimista-situacion-politica_129_13551512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/207061f7-a930-455d-bef7-d9f11719b8aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x712y923.jpg" width="1200" height="675" alt="Una lectura optimista de la situación política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las derechas serán las responsables de que las medidas propuestas por el gobierno para mitigar el precio de la vivienda sean aprobadas o rechazadas. Tendrán que medir con cuidado, porque sus electorados en gran medida también han considerado injusto el desahucio de Maricarmen y muchos también creen que la vivienda es uno de los principales problemas de España</p><p class="subtitle">Dos decretos: uno para Junts y otro para Sumar</p></div><p class="article-text">
        Tenemos ya conocimiento de los dos Reales-Decreto ley sobre vivienda aprobados por el Consejo de Ministros, y que ser&aacute;n debatidos este viernes en el Congreso. Es el resultado inmediato y evidente de la movilizaci&oacute;n por la vivienda que tuvo su momento &aacute;lgido en el desahucio de Maricarmen y la posterior acampada en Sol. Visto en perspectiva, y aunque todav&iacute;a claramente insuficiente para resolver la crisis de vivienda, es un salto de gigante en un pa&iacute;s en el que durante d&eacute;cadas apenas se ha hecho otra cosa en la materia que no sea facilitar la especulaci&oacute;n y el rentismo. Ni siquiera durante las dos legislaturas de gobierno de coalici&oacute;n se hab&iacute;a llegado tan lejos.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, en cuesti&oacute;n de vivienda el PSOE se ha mantenido hist&oacute;ricamente rocoso, con el freno de mano echado. Mucho m&aacute;s que en asuntos laborales o de derechos civiles. Probablemente la raz&oacute;n est&aacute; en que son conscientes de que su electorado no est&aacute; compuesto principalmente por familias inquilinas sino, sobre todo, por <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-atreven-bajar-precio-vivienda_129_13376005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">familias que tambi&eacute;n complementan sus ingresos laborales con rentas procedentes del alquiler de sus propiedades inmobiliarias</a>; as&iacute;, regular el mercado ser&iacute;a tanto como mermar los ingresos de parte de su electorado. Ya lo dijo Jos&eacute; Lu&iacute;s &Aacute;balos, antes de caer en desgracia: la vivienda es un derecho social pero tambi&eacute;n un bien de mercado. Por eso cabe insistir en que los avances recogidos en estos RDL se han realizado a contramano de la inercia hist&oacute;rica del PSOE.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que tenemos que constatar es que estas propuestas no hubieran existido sin el desahucio de Maricarmen. O, para ser m&aacute;s exactos, no hubieran existido si el desahucio de Maricarmen no se hubiera convertido en un evento simb&oacute;lico. Si Maricarmen no hubiera peleado, y con ella todas las personas y colectivos que la han acompa&ntilde;ado durante estos a&ntilde;os, y en su lugar hubiera optado por aceptar el duro e injusto peso de la ley y el mercado, como le ocurre a la mayor&iacute;a de las familias desahuciadas o que se tienen que marchar de sus casas por las subidas de precios, nada de todo esto hubiera tenido lugar. As&iacute;, la lucha de Maricarmen se ha convertido en el detonante de un proceso que ha conducido a que el PSOE tenga que aceptar algo que no se hab&iacute;a hecho en cuarenta a&ntilde;os, y eso ha sido as&iacute; porque su caso, especialmente doloroso, condensa y resume muchas de las contradicciones del sistema. Primera lecci&oacute;n, la lucha sirve.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, cabe recordar que esa lucha desemboc&oacute; en una derrota. El desahucio no se par&oacute; y, desgraciadamente, Maricarmen tuvo que pasar por el suplicio de ver c&oacute;mo la polic&iacute;a forzaba su vivienda y la expulsaba del que hab&iacute;a sido su hogar durante toda su vida. Sin embargo, la solidaridad del pueblo espa&ntilde;ol, encarnada activamente por el sindicato de inquilinas pero expresada tambi&eacute;n a nivel popular por la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, utiliz&oacute; esa derrota para seguir presionando y que no volviera a pasar. Por un lado, Maricarmen recuperar&aacute; su hogar. Por otro, la propia existencia de los RDL es una victoria de algo que naci&oacute; como una derrota. Segunda lecci&oacute;n, incluso las derrotas pueden convertirse en victorias.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, en los d&iacute;as posteriores al desahucio de Maricarmen la derecha protest&oacute; porque se estaba produciendo un cambio en el marco de debate. Ayuso dijo, visiblemente enfadada, que el caso de Maricarmen era una cortina de humo para no hablar de lo que estaba pasando en Ceuta. Los conservadores con algo m&aacute;s de cabeza no se atrevieron a cuestionar a Maricarmen, quien contaba y cuenta con la solidaridad de la mayor&iacute;a social, pero tampoco se han atrevido a alimentar el marco de la crisis de vivienda. Sencillamente, parecen esperar tiempos mejores en los que se vuelva a hablar de las cosas que a ellos les interesa. Al fin y al cabo, definir el marco de debate es la primera de las batallas pol&iacute;ticas; las derechas ganan cuando el debate gira en torno a identidad nacional o movimientos migratorios, pero son ampliamente derrotadas cuando el debate gira en torno a las cuestiones sociales, como vivienda, salarios o pobreza. El cambio de marco provocado por el desahucio de Maricarmen ha irritado mucho m&aacute;s a la derecha que el hecho de que una persona de 87 a&ntilde;os perdiera su hogar. Ahora la izquierda est&aacute; a la ofensiva y la derecha est&aacute; replegada a la espera de tiempos mejores. Tercera lecci&oacute;n, el marco de debate condiciona los resultados pol&iacute;ticos. El marco dibuja siempre el terreno de juego donde los partidos tienen que salir a jugar; y siempre conviene elegir un terreno de juego favorable.
    </p><p class="article-text">
        Estas tres ense&ntilde;anzas son claves en general, pero lo son en particular de cara al final de la legislatura. El panorama es dif&iacute;cil: el gobierno de coalici&oacute;n es electoralmente d&eacute;bil, no hay mayor&iacute;a progresista en el parlamento, el espacio de la izquierda est&aacute; fragmentado y reducido, los casos de corrupci&oacute;n asolan al PSOE y apenas hay aliados dentro del Estado y medios de comunicaci&oacute;n. Pero el giro de los &uacute;ltimos d&iacute;as puede cambiar mucho las cosas. La crisis de la vivienda est&aacute; lejos de resolverse, y puede (y debe) convertirse en un eje de las inminentes pr&oacute;ximas elecciones. Ese marco puede favorecer no s&oacute;lo que el mensaje de la izquierda sea m&aacute;s competitivo sino tambi&eacute;n que gane autonom&iacute;a respecto a un PSOE al que todo el mundo ve arrastrando los pies. Incluso puede favorecer un reencuentro pr&aacute;ctico de las izquierdas de cara a las pr&oacute;ximas elecciones, empujado por un clima de apoyo a sus propuestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n parlamentaria ahora est&aacute; en el tejado de las derechas, que ser&aacute;n las responsables de que las medidas propuestas por el gobierno para mitigar el precio de la vivienda sean aprobadas o rechazadas. Las derechas tendr&aacute;n que medir con cuidado, porque sus electorados en gran medida tambi&eacute;n han considerado injusto el desahucio de Maricarmen y muchos tambi&eacute;n creen que la vivienda es uno de los principales problemas de Espa&ntilde;a. El caso de Junts es paradigm&aacute;tico, pues el porcentaje de sus votantes que consideran la vivienda como el principal problema es similar al de los votantes del PSOE, muy por encima de lo que ocurre entre los votantes del PP y Vox. Pueden tumbar los dos RDL &mdash;sobre todo el m&aacute;s ambicioso e intervencionista&mdash; pero no ser&aacute; sin coste. En cualquier circunstancia, el marco seguir&aacute; siendo uno favorable a la izquierda y desfavorable a la derecha. Si los RDL se aprueban, la izquierda se apuntar&aacute; el tanto y podr&aacute; seguir reivindicando nuevos pasos para abordar la crisis de vivienda. Pero si las propuestas decaen por el rechazo de las derechas, la izquierda deber&aacute; igualmente hacer de la vivienda la bandera de las pr&oacute;ximas elecciones y usar este resultado como demostraci&oacute;n pr&aacute;ctica de que es la &uacute;nica opci&oacute;n pol&iacute;tica con inter&eacute;s genuino en resolver el problema. Sea como sea, la izquierda tiene aqu&iacute; una oportunidad para hacer dos cosas al mismo tiempo: recuperar &aacute;nimo y apoyo electoral, y comenzar a resolver el problema de la vivienda mediante reformas que mejoran la vida de la gente m&aacute;s desfavorecida. Y todo esto, gracias a que la gente, empezando por Maricarmen, ha decidido que no se rinde ante lo que se considera injusto.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lectura-optimista-situacion-politica_129_13551512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2026 20:21:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La economía moral del desahucio de Maricarmen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/economia-moral-desahucio-maricarmen_129_13542216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3f0988c-d330-43ee-9014-1e01c0c1b1e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La economía moral del desahucio de Maricarmen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las multitudes han expresado estos días como punta del iceberg un problema más profundo: la constatación de que algo está roto en la relación entre la legalidad y la legitimidad y, en concreto, en la función predominante que debe asignarse a la vivienda, si como valor de uso (para vivir) o valor de cambio (para invertir)</p><p class="subtitle">Todo lo que ha fallado hasta desahuciar a Maricarmen</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de los &uacute;ltimos d&iacute;as, <a href="https://www.eldiario.es/economia/ultima-hora-protestas-desahucio-maricarmen-directo_133_13540019.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">miles de personas se han manifestado en toda Espa&ntilde;a</a> para protestar por el desahucio, ya ejecutado, de Maricarmen. El procedimiento por el que se ha expulsado de su casa a esta mujer de 87 a&ntilde;os <a href="https://www.eldiario.es/blog/el-boletin-del-director/desahucio-maricarmen_132_13539933.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">era completamente legal</a>, pero la percepci&oacute;n de injusticia se ha extendido hasta convertir su caso en todo un s&iacute;mbolo. Como respuesta ante la reacci&oacute;n popular, y ahora tambi&eacute;n bajo la presi&oacute;n de una acampada en la Puerta del Sol de Madrid, <a href="https://www.eldiario.es/economia/15m-vivienda-presiona-partidos-pactar-medidas-urgentes_1_13540478.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Gobierno se ha apresurado a negociar una nueva norma</a> para intentar abordar algunos aspectos del problema de la vivienda &mdash;aquellos que le permite la aritm&eacute;tica parlamentaria y la urgencia del momento&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no todo el mundo est&aacute; en contra de la ejecuci&oacute;n de este desahucio. En los medios conservadores tambi&eacute;n hemos le&iacute;do a analistas que se alegraban de que se cumpliera la ley, argument&aacute;ndose que es m&aacute;s importante proteger el derecho del propietario. Incluso ha habido quien ha responsabilizado a Maricarmen de su situaci&oacute;n por haber desperdiciado la &ldquo;oportunidad&rdquo; de comprar el piso&nbsp;cuando todav&iacute;a los precios estaban bajos. Ambas visiones, la de quienes defienden un desahucio legal y quienes se oponen a &eacute;l, son posiciones antag&oacute;nicas. Pero <a href="https://www.eldiario.es/economia/fallado-desahuciar-maricarmen-sentencia-supremo-intransigencia-urbagestion_1_13531415.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el caso de Maricarmen es bastante m&aacute;s que un conflicto entre un casero y un inquilino</a>, ya que forma parte de una tensi&oacute;n hist&oacute;rica que acompa&ntilde;a al capitalismo desde sus or&iacute;genes, la que enfrenta las necesidades sociales con la l&oacute;gica del mercado. Como estamos viendo estos d&iacute;as, esa tensi&oacute;n cristaliza con gran fuerza en la crisis de la vivienda, y nos interpela acerca de tareas pendientes mucho m&aacute;s ambiciosas que un simple Real-Decreto.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La &lsquo;renta antigua&rsquo;, un instrumento de protecci&oacute;n de los inquilinos</strong></h2><p class="article-text">
        Cuando la familia de Maricarmen lleg&oacute; en 1956 a su vivienda en el barrio madrile&ntilde;o de El Retiro, lo hizo con un contrato que hoy llamamos &lsquo;renta antigua&rsquo;. Se trata de una modalidad de alquiler que prorroga autom&aacute;ticamente el contrato y que tiene su precio congelado. Lo firm&oacute; su padre y, cuando muri&oacute;, el contrato se subrog&oacute; a su madre tal y como permit&iacute;a la ley, pero al fallecer ella en el a&ntilde;o 2005 la ley ya hab&iacute;a cambiado y no se permit&iacute;a una nueva subrogaci&oacute;n. Y la propiedad del piso, que pas&oacute; de una familia a una sociedad de inversi&oacute;n inmobiliaria, sab&iacute;a que se trataba de un activo que estaba rindiendo una rentabilidad inferior a la del mercado. En 2020 le ofrecieron comprar su vivienda por 247.000 euros, un dinero que la inquilina no ten&iacute;a, y ante la negativa vendieron el piso a otra sociedad. <a href="https://www.eldiario.es/economia/detras-urbagestion-fondo-desahuciado-maricarmen-niega-buitre_1_13532315.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La nueva propiedad, la ahora funestamente famosa Urbagesti&oacute;n,</a> exigi&oacute; actualizar el precio del alquiler desde los 500&#8239;&euro; mensuales de la renta antigua hasta los 2.650&#8239;&euro;. Como la pensi&oacute;n de Maricarmen era de 1.350&#8239;&euro;, la operaci&oacute;n result&oacute; ser inviable y los propietarios activaron los procesos legales para echarla de la vivienda. A pesar de la oposici&oacute;n vecinal, al cuarto intento se logr&oacute; ejecutar el desahucio. Y se levant&oacute; la polvareda social.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que debemos observar es que el instrumento que hab&iacute;a protegido durante casi toda su vida a Maricarmen es la llamada &lsquo;renta antigua&rsquo;. Aunque desde las posiciones conservadoras se ha insistido en que es un producto del franquismo, esto solo es media verdad. Porque, aunque la ley que orden&oacute; el instrumento es de 1946, el origen de ese tipo de medidas en Espa&ntilde;a se remonta a los debates parlamentarios de 1919-1920. Aquel debate estuvo notablemente influenciado por el clima internacional, ya que desde el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 se hab&iacute;an generalizado en todo el mundo los controles sobre los precios de los alquileres. Y a esas alturas en Espa&ntilde;a el problema del acceso a la vivienda se hab&iacute;a convertido ya en un problema de orden p&uacute;blico, especialmente en las grandes ciudades como Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante leer las sesiones del Congreso durante aquellos debates, porque resuenan muy actuales. El diputado socialista Juli&aacute;n Besteiro habl&oacute; de que &laquo;la demanda de casas, de habitaciones, est&aacute;n reguladas por la especulaci&oacute;n, est&aacute;n reguladas por la codicia, est&aacute;n reguladas por el ansia de beneficio de los propietarios&raquo; y critic&oacute; al ayuntamiento de Madrid por ser &laquo;una especie de oficina de encarecimiento de la vida&raquo;. Por su parte, el republicano Barriobero recordaba que la &laquo;vivienda es art&iacute;culo de primera necesidad&raquo; y que &laquo;hay que declarar comercio il&iacute;cito el de la vivienda&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo una suerte de consenso parlamentario entre liberales, republicanos y socialistas en proteger a comerciantes, industriales y vecinos de la codicia de unos rentistas a los que, como <a href="https://revistes.ub.edu/index.php/b3w/article/view/25974" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resume el historiador Miguel Artola</a> al estudiar el debate, se les conced&iacute;a obtener rentas superiores a las de la deuda p&uacute;blica. En la actualidad, por cierto, ese diferencial es <a href="https://www.eldiario.es/economia/diferencial-explica-dinero-ladrillo_129_13121259.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cinco veces superior, como vimos en este an&aacute;lisis</a>. El debate condujo a que el gobierno aprobara la pr&oacute;rroga obligatoria en las grandes ciudades y limitara las subidas de precios tomando como referencia los precios preexistentes en 1914. Ah&iacute; est&aacute; el precedente de la &lsquo;renta antigua&rsquo;, y tanto la II Rep&uacute;blica como el franquismo mantuvieron en lo fundamental tales protecciones a los inquilinos. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>La mercantilizaci&oacute;n y la econom&iacute;a moral</strong></h2><p class="article-text">
        Como sociedad hemos naturalizado la existencia de un mercado inmobiliario, dando por hecho que ha existido siempre en la forma actual, pero, en realidad, se trata de una instituci&oacute;n muy reciente. A lo largo de la historia de la humanidad, las clases populares y sufrientes han accedido a una vivienda como parte de otras relaciones sociales o econ&oacute;micas. En el campo, los campesinos pobres se constru&iacute;an sus propias viviendas, los m&aacute;s afortunados acced&iacute;an a una casa adscrita a la tierra que trabajaban para el se&ntilde;or y otros muchos viv&iacute;an directamente en las viviendas de estos &uacute;ltimos. En las ciudades, los trabajadores malviv&iacute;an de alquiler en viviendas patrocinadas por caciques locales, en los talleres de los gremios en los que se formaban y desarrollaban o en nuevas construcciones p&uacute;blicas con rentas normalmente congeladas. La idea de que las personas tienen que acudir al mercado para encontrar un techo, y que el precio es el principal mecanismo para decidir qui&eacute;n puede acceder a &eacute;l, es una construcci&oacute;n hist&oacute;rica del capitalismo. Como dijo el antrop&oacute;logo Karl Polanyi, la construcci&oacute;n de la sociedad ut&oacute;pica del mercado autorregulado exig&iacute;a la separaci&oacute;n del ser humano y la tierra, y su nuevo tratamiento como simples mercanc&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Para Polanyi, sin embargo, tanto el trabajo como la tierra eran en realidad mercanc&iacute;as ficticias. Quer&iacute;a decir con eso que eran elementos de la vida que no hab&iacute;an sido producidos para ser vendidos y que, sin embargo, bajo la l&oacute;gica capitalista se trataban como una mercanc&iacute;a cualquiera. Polanyi argumentaba que la sociedad capitalista era una excepci&oacute;n en la historia de la humanidad, porque hab&iacute;a logrado que todos los aspectos de la sociedad quedaran subordinados a la l&oacute;gica del mercado, es decir, a la din&aacute;mica de los precios. La tesis de Polanyi es que hab&iacute;a algo antinatural en ese proceso, de modo que cuando se produc&iacute;a una ola &ldquo;mercantilizadora&rdquo; sobre la sociedad tambi&eacute;n se produc&iacute;a un &ldquo;contramovimiento&rdquo; que buscaba protecci&oacute;n frente a ese avance. Al fin y al cabo, que dimensiones centrales como el trabajo o la vivienda dependieran del mercado significaba elevar el nivel de angustia e incertidumbre en las expectativas de las clases trabajadoras; las cuales, hasta entonces, y al margen de otras privaciones y dificultades, s&iacute; contaban con ciertas certezas y seguridades bajo los &oacute;rdenes sociopol&iacute;ticos anteriores.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Algo está roto en el sistema, y la gente lo siente. Y hay que recordar que una sociedad entra siempre en crisis cuando la legalidad protege aquello que una parte creciente de la población considera ilegítimo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como <a href="https://www.eldiario.es/economia/si-capitalismo-tuvo-inicio-tendra-final_129_13526570.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha mostrado tambi&eacute;n Sven Beckert</a>, la expansi&oacute;n del capitalismo no consisti&oacute; simplemente en la aparici&oacute;n de los mercados, sino en la progresiva subordinaci&oacute;n de instituciones y relaciones sociales a una l&oacute;gica de acumulaci&oacute;n. Adem&aacute;s, cada momento mercantilizador tuvo sus propias resistencias, que se producen porque los valores y principios de los diferentes grupos sociales colisionan con esa l&oacute;gica. Y cuando la ley se dise&ntilde;a y aprueba para garantizar un orden social mercantilizado, entonces puede surgir una fisura entre la legalidad (determinada por el gobernante) y la legitimidad (ordenada por los valores y moralidad de la poblaci&oacute;n). Ese es el punto en el que nos encontramos al analizar el desahucio de Maricarmen: la resistencia que genera la aplicaci&oacute;n de una ley que prioriza el derecho del propietario frente al derecho del inquilino a tener cobijo. O, como dir&iacute;a un viejo amigo, una ley que antepone el valor de cambio sobre el valor de uso.
    </p><p class="article-text">
        Esa cesura entre lo legal y lo leg&iacute;timo fue objeto de estudio del historiador marxista Edward P. Thompson, quien estudi&oacute; con detalle c&oacute;mo reaccionaron las clases campesinas a los proyectos de mercantilizaci&oacute;n de la tierra y del trabajo que los capitalistas ingleses llevaron a cabo en el siglo XVIII. Para Thompson estaba claro que lo que inspiraba los motines y rebeliones de aquellos tiempos no era solo el hambre, sino el deseo de aferrarse a usos y costumbres que estaban siendo destruidos con el avance de la mercantilizaci&oacute;n y el capitalismo. Como en el caso de los desahucios actuales, los campesinos sab&iacute;an que la desposesi&oacute;n que estaban sufriendo era legal, pero cuestionaban duramente su legitimidad. Buscaban protecci&oacute;n y en ocasiones la encontraban en rasgos paternalistas de los sistemas anteriores, aunque fueran jer&aacute;rquicos y patriarcales&nbsp;&mdash;como acredit&oacute; Nancy Fraser&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Thompson denomin&oacute; esa visi&oacute;n como &laquo;econom&iacute;a moral&raquo;, es decir, como una forma de entender las relaciones econ&oacute;micas en las que importaba algo m&aacute;s que los precios y la l&oacute;gica mercantil; se opon&iacute;a as&iacute; a la abstracta &laquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&raquo;, que era lo que defend&iacute;an quienes apoyaban el avance de la mercantilizaci&oacute;n. Aunque hay que a&ntilde;adir que ni siquiera los economistas pol&iacute;ticos, como Adam Smith, hubieran imaginado hasta d&oacute;nde hemos llegado con la mercantilizaci&oacute;n de la vida. En la actualidad, de hecho, la frontera de la mercanc&iacute;a capitalista alcanza incluso al vientre de las mujeres y, en algunas regiones del mundo, incluso a otros &oacute;rganos b&aacute;sicos. La expansi&oacute;n de la l&oacute;gica mercantil tiende a extender las relaciones de mercado hacia &aacute;mbitos que anteriormente estaban regulados por normas sociales, pol&iacute;ticas o comunitarias, lo que genera las fricciones y resistencias que describ&iacute;an Polanyi y Thompson.
    </p><p class="article-text">
        Un ingrediente central de esta historia es que todo avance de la mercantilizaci&oacute;n ha estado inserto en una narrativa sobre la modernizaci&oacute;n. En la medida que los anclajes de seguridad &mdash;a una vivienda o a un trabajo seguro&mdash; para las clases trabajadoras se deb&iacute;an a los &oacute;rdenes feudales o preindustriales, todo el proyecto ilustrado de modernizaci&oacute;n social consisti&oacute; en erosionar esos sistemas mediante la mercantilizaci&oacute;n. Solo cuando se comprob&oacute; que los resultados fueron tan brutales que amenazaban el orden p&uacute;blico, como ocurri&oacute; en Inglaterra con la llegada a las ciudades de oleadas de parias, se reintrodujo la llamada &ldquo;cuesti&oacute;n social&rdquo;. Esa cuesti&oacute;n social, por ejemplo, es la que se discut&iacute;a en 1920 en el debate sobre la codicia de los arrendadores, y la que permiti&oacute; reintroducir l&iacute;mites a la mercantilizaci&oacute;n de los diferentes &aacute;mbitos de la vida. Pero la existencia de esos l&iacute;mites no impidi&oacute; que siguiera dominando la idea de que el mercado es el mejor asignador de recursos y que, por tanto, la mercantilizaci&oacute;n es un signo de modernidad. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando el Partido Socialista desmont&oacute; en 1984 las protecciones que la &lsquo;renta antigua&rsquo; ofrec&iacute;a a algunos inquilinos, tambi&eacute;n hablaba de modernizaci&oacute;n. Seg&uacute;n su interpretaci&oacute;n, tal instrumento era un residuo del pasado que lastraba el potencial del desarrollo econ&oacute;mico. Y el argumentario a&ntilde;ad&iacute;a que se trataba de leyes franquistas que hab&iacute;a que superar, ignorando que, en realidad, eran vestigios de una lucha m&aacute;s antigua relacionada con la cuesti&oacute;n social y el bienestar y tranquilidad de las familias trabajadoras. Las reformas subsiguientes en materia de vivienda privilegiaron este enfoque en el que la capacidad de cualquier persona para acceder a una vivienda est&aacute; marcada exclusivamente por su poder adquisitivo. La consecuencia inmediata fue una mayor segregaci&oacute;n social por barrios, pero tambi&eacute;n el no tomarse en serio la creaci&oacute;n de amplios stocks de vivienda p&uacute;blica y social como s&iacute; existen en otros pa&iacute;ses. Cuando la inflaci&oacute;n de activos financieros, el crecimiento econ&oacute;mico y el incremento de poblaci&oacute;n se han cruzado al t&eacute;rmino de la pandemia, el ajuste del mercado ha reca&iacute;do principalmente entre las clases trabajadoras con menos recursos y m&aacute;s vulnerables. As&iacute;, la expulsi&oacute;n de una mujer de 87 a&ntilde;os es solo la punta del iceberg de la masiva cantidad de expulsados (y no solo desahuciados) de la vivienda por el mero hecho de no tener suficiente dinero. El valor de cambio por encima del valor de uso.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        Las multitudes que salieron a protestar por el injusto desahucio de Maricarmen son, desde este punto de vista, expresi&oacute;n evidente de la &ldquo;econom&iacute;a moral&rdquo; de Thompson. No es necesario, y de hecho es improbable, que los miles de personas que protestaban estuvieran al d&iacute;a de las condiciones jur&iacute;dicas que para jueces y polic&iacute;as justificaban el desahucio. Tampoco es necesario, y de nuevo improbable, que entre esa masa de personas exista una visi&oacute;n &uacute;nica de c&oacute;mo debe organizarse la cuesti&oacute;n de la vivienda en Espa&ntilde;a. Lo que s&iacute; hab&iacute;a, y es lo que realmente se ha expresado en estos d&iacute;as como punta del iceberg de un problema m&aacute;s profundo, es la constataci&oacute;n de que algo est&aacute; roto en la relaci&oacute;n entre la legalidad y la legitimidad y, en concreto, en la funci&oacute;n predominante que debe asignarse a la vivienda, si como valor de uso (para vivir) o valor de cambio (para invertir). 
    </p><p class="article-text">
        Eso significa que lo que tenemos por delante es un debate, sobre todo, moral y pol&iacute;tico. No es un problema sobre la optimizaci&oacute;n de recursos o la adecuada aplicaci&oacute;n de las leyes existentes, sino de algo inmediatamente anterior: c&oacute;mo organizamos los recursos a fin de dar protecci&oacute;n y seguridad a las familias trabajadoras, especialmente las m&aacute;s vulnerables. As&iacute;, el resultado del Real Decreto del pr&oacute;ximo martes ser&aacute; una escaramuza en una batalla de largo aliento &mdash;tanto que, en Espa&ntilde;a, su precedente documentado es de hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os&mdash;. Algo est&aacute; roto en el sistema, y la gente lo siente. Y hay que recordar que una sociedad entra siempre en crisis cuando la legalidad protege aquello que una parte creciente de la poblaci&oacute;n considera ileg&iacute;timo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/economia-moral-desahucio-maricarmen_129_13542216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2026 20:40:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La economía moral del desahucio de Maricarmen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Economía,Capitalismo,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maricarmen no se va: se la llevan leyes injustas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen-no-llevan-leyes-injustas_129_13531377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecdc0ec4-8d06-4f94-878b-7e0bfed5268e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maricarmen no se va: se la llevan leyes injustas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay política de izquierdas creíble si la vivienda sigue siendo un paraíso para los rentistas. La alternativa va por grados, pero existe. Para empezar, contratos indefinidos, como los que protegieron a la familia de Maricarmen durante medio siglo y que una ley, y no la fuerza de la naturaleza, extinguió</p></div><p class="article-text">
        El desahucio de Maricarmen, de 87 a&ntilde;os, es una fotograf&iacute;a exacta del sistema en el que vivimos. Una mujer que lleg&oacute; con diecisiete a&ntilde;os a una vivienda del barrio madrile&ntilde;o de El Retiro en 1956, y en la que ha vivido desde entonces. Esa casa est&aacute; llena de sus vivencias y de sus recuerdos, incluyendo el de sus padres, que fallecieron all&iacute;. El Estado, con jueces y polic&iacute;as, ha ejecutado el desahucio para garantizar el derecho a la propiedad de sus actuales propietarios, que adquirieron el edificio entero para hacer negocio con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Los diferentes gobiernos no han estado a la altura de la situaci&oacute;n. Seg&uacute;n se recoge en prensa, el ayuntamiento de Madrid ha ofrecido llevarla a un centro de acogida o buscarle una habitaci&oacute;n en una residencia a m&aacute;s de 30 kil&oacute;metros de su casa y por un precio que no puede pagar. El alquiler que ten&iacute;a que abonar Maricarmen en su vivienda de toda la vida era de 500 euros mensuales, pero los nuevos propietarios le exigen ahora 2.650 euros y su pensi&oacute;n de unos 1.350 euros no llega a tanto; tampoco para ninguna residencia. Por su parte, el gobierno de Espa&ntilde;a asegura haber intentado comprar la vivienda, pero que el fondo lo rechaz&oacute;. Y ya est&aacute;, como si eso fuera todo el abanico de opciones por parte de la pol&iacute;tica. El resultado es una forma de inercia institucional que convierte la impotencia gubernamental en el resultado habitual.
    </p><p class="article-text">
        Se dice que el Gobierno no puede hacer m&aacute;s dentro de la ley, lo que es una verdad a medias. Con las leyes actuales puede hacer poco, pero las leyes se cambian, y adem&aacute;s no son tan estrechas como se pretende. Para empezar, la Constituci&oacute;n establece que la funci&oacute;n social de la propiedad delimita su contenido y admite incluso la expropiaci&oacute;n por causa de inter&eacute;s social. El problema es que decir que no hay margen es aceptar que las normas actuales son las correctas. Y resulta que es bastante obvio, especialmente en el caso de la vivienda, que el marco jur&iacute;dico sigue otorgando a la propiedad privada una capacidad de extracci&oacute;n de rentas que, la mayor&iacute;a de las veces, entra en conflicto con la funci&oacute;n social de la vivienda. Un entramado jur&iacute;dico que antepone el derecho a emplear la vivienda como inversi&oacute;n antes que como derecho humano a un techo digno es un desprop&oacute;sito que crea casos como el de Maricarmen de manera recurrente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso de Maricarmen es en cierta medida excepcional porque, gracias a su incansable y costosa lucha &mdash;los que la conocen afirman que en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os ha visto gravemente mermada su salud&mdash;, hemos podido poner cara y relato a su caso concreto. Pero como ella hay decenas de miles de familias que se ven obligadas a abandonar sus viviendas por la codicia de los propietarios, que a veces son fondos de inversi&oacute;n pero otras veces son otros ciudadanos que creen que tener una propiedad les da derecho a seguir exprimiendo los bolsillos de sus compatriotas. Y cuando las familias no quieren o no pueden aceptar la subida de los alquileres, que detraen el dinero que podr&iacute;a dedicarse a m&aacute;s bienestar, la inmensa mayor&iacute;a de estas familias abandonan sus viviendas de alquiler en silencio, pero con los sue&ntilde;os rotos y mayor incertidumbre de futuro. En este sentido, el desahucio de Maricarmen encarna un problema de &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La inmensa mayor&iacute;a de las veces las viviendas se han encarecido sin que medie ninguna reforma que justifique esa elevaci&oacute;n de precio. No es que los propietarios hayan realizado una reforma y ahora la casa valga m&aacute;s. El precio ha subido, o m&aacute;s bien disparado, porque el suelo es escaso y porque la acumulaci&oacute;n de inversi&oacute;n p&uacute;blica, actividad econ&oacute;mica, infraestructuras y densidad social del entorno lo ha convertido en un lugar deseado. As&iacute;, el precio aumentado de las viviendas se debe a la comunidad entera, que ha progresado. Ponga esa misma vivienda en el desierto y ver&aacute; que no vale ni un euro m&aacute;s de lo que cost&oacute; construirlo. Su extraordinario valor es posicional, vinculado al lugar del suelo. As&iacute;, la vivienda de Maricarmen vale tanto porque su barrio es hoy algo mucho m&aacute;s activo y din&aacute;mico que en 1956. No es m&eacute;rito del propietario, que simplemente aprovecha esta circunstancia &mdash;debida a la comunidad, es decir a todos&mdash; para enriquecerse a costa de los inquilinos y, en este caso, de una mujer de 87 a&ntilde;os. Y la ley lo permite.
    </p><p class="article-text">
        Si ante todo esto el gobierno es incapaz de cambiar las leyes, poniendo orden en el mercado para que la vivienda deje de ser un activo financiero con el que hacer dinero y se limita a ser el lugar donde se satisface el derecho humano a vivir bajo techo, entonces estar&aacute; siendo c&oacute;mplice de un estado de las cosas absolutamente injusto. En Espa&ntilde;a se da la circunstancia de que gobierna una coalici&oacute;n de izquierdas, que adem&aacute;s se encuentra desde hace a&ntilde;os bajo asedio por todas las derechas del pa&iacute;s &mdash;no solo las pol&iacute;ticas&mdash;, y que, adecuadamente, alerta sobre el crecimiento de la extrema derecha y la posibilidad de que lleguen al gobierno. Pero, &iquest;qu&eacute; ofrece este gobierno en materia de vivienda que sea efectivamente distinto que lo que proponen las derechas radicalizadas y la extrema derecha? &iquest;Qu&eacute; tipo de soluci&oacute;n real propone este gobierno progresista al hecho de que para una parte creciente de la poblaci&oacute;n poder tener una vivienda, o mantenerla, dependa de la bondad de sus propietarios?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se me objetar&aacute;, con raz&oacute;n, que el gobierno ha dado algunos pasos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y que, por ejemplo, ha empezado a desarrollar pol&iacute;ticas de vivienda p&uacute;blica y ha destinado recursos crecientes al parque p&uacute;blico. Pero la pregunta real es si esas medidas tienen una escala suficiente para alterar la estructura de un mercado en el que la vivienda sigue funcionando fundamentalmente como activo de inversi&oacute;n. Mi respuesta es que no, y que eso es precisamente lo que el gobierno buscaba, es decir, no molestar demasiado la rutina de los agentes econ&oacute;micos que conceptualizan la vivienda como una inversi&oacute;n. Y no se puede soplar y sorber a la vez.
    </p><p class="article-text">
        No hay pol&iacute;tica de izquierdas cre&iacute;ble si la vivienda sigue siendo un para&iacute;so para los rentistas. La alternativa va por grados, pero existe. Para empezar, contratos indefinidos, como los que protegieron a la familia de Maricarmen durante medio siglo y que una ley, y no la fuerza de la naturaleza, extingui&oacute;. Tambi&eacute;n derecho p&uacute;blico de tanteo y retracto en las ventas de edificios enteros. En tercer lugar, que la comunidad recupere por v&iacute;a fiscal las plusval&iacute;as del suelo que ella misma genera. Y, en cuarto lugar, un parque p&uacute;blico de vivienda a la altura de los pa&iacute;ses que lo tienen. Nada de eso es realmente radical. Lo violento, radical e inhumano es sacar de su casa a una mujer de 87 a&ntilde;os porque el barrio que ayud&oacute; a construir se ha vuelto demasiado caro para ella y hay agentes financieros deseando hacerse millonarios a costa del resto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen-no-llevan-leyes-injustas_129_13531377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 20:22:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maricarmen no se va: se la llevan leyes injustas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/si-capitalismo-tuvo-inicio-tendra-final_129_13526570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f23e791-5ac9-4638-b309-27144418bc52_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151690.jpg" width="3337" height="1877" alt="Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando a comienzos del XX la competencia entre países se recrudeció y contribuyó a crear las condiciones que desembocaron en las dos guerras mundiales, Beckert sugiere que las reacciones defensivas de países como Francia o Alemania estuvieron motivadas por el miedo a una potencia en ascenso, Estados Unidos</p><p class="subtitle">Alberto Garzón: “El sistema nos oprime hasta tal punto que captura nuestro tiempo”</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se publica en espa&ntilde;ol el monumental libro de Sven Beckert, <em>Capitalismo: una historia global </em>(Cr&iacute;tica). Son m&aacute;s de 1.000 p&aacute;ginas con una descripci&oacute;n exhaustiva de la trayectoria hist&oacute;rica del capitalismo, escoltadas por m&aacute;s de trescientas p&aacute;ginas adicionales de bibliograf&iacute;a y notas. No abundan las obras tan documentadas y, a pesar de ello, tambi&eacute;n amenas en su redacci&oacute;n; se encuentra en el equilibrio id&oacute;neo entre el profundo conocimiento del acad&eacute;mico y el &aacute;nimo divulgador que sale de las torres de marfil de las universidades para llegar al gran p&uacute;blico. El libro fue publicado en ingl&eacute;s a finales del a&ntilde;o pasado, recibiendo una entusiasta acogida que reconoc&iacute;a, ante todo, la capacidad de Beckert para sintetizar el vast&iacute;simo conocimiento acumulado sobre la historia del capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, tambi&eacute;n ha recibido cr&iacute;ticas por el enfoque general de la obra, por la aproximaci&oacute;n respecto a diversos asuntos y por ciertas ausencias o insuficiencias. Pero claro, cuando alguien se propone escribir nada m&aacute;s y nada menos que la historia del capitalismo, y adem&aacute;s remont&aacute;ndose a procesos que tuvieron lugar hace mil a&ntilde;os, supongo que damos por hecho que resulta imposible contentar a todo el mundo. No existe, ni puede existir, tal cosa como una obra perfecta. Pero una cosa est&aacute; clara: <em>Capitalismo</em> es ya un texto de referencia imprescindible para quien quiera saber de d&oacute;nde venimos y adem&aacute;s desee disponer de herramientas con las que comprender mejor hacia d&oacute;nde nos dirigimos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El motor de la transformaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        En <em>Capitalismo</em>, debemos pensar el capital como una especie de virus, cuya primera fotograf&iacute;a se captura en el siglo XII en Ad&eacute;n, en la actual Yemen. All&iacute; est&aacute; documentada la existencia de pr&aacute;cticas de maximizaci&oacute;n del beneficio por parte de un grupo notable de mercaderes, es decir, de personas que obten&iacute;an dinero gracias al comercio de bienes. Aunque se trataba de una sociedad fundamentalmente agraria y tributaria, que estaba regida por normas y costumbres sociales, la actividad de estos mercaderes estaba marcada por una l&oacute;gica totalmente distinta. Esa l&oacute;gica es la que justifica que se considere el caso de Ad&eacute;n como una &ldquo;isla del capital&rdquo;, una simiente de lo que estaba por venir. 
    </p><p class="article-text">
        Recalca Beckert que Ad&eacute;n no fue la cuna del capitalismo, pero s&iacute; la prueba de que exist&iacute;an ya capitalistas en tiempos pret&eacute;ritos. Y como all&iacute;, tambi&eacute;n en otros lugares del planeta donde los capitalistas eran elementos marginales dentro de sociedades no capitalistas. Desde esta perspectiva, el capitalismo se fue gestando progresivamente en la interrelaci&oacute;n entre esas islas del capital, en un proceso que contaminaba con su l&oacute;gica a otros espacios del mundo y, al final, ha llegado a infectar el mundo entero. Si hoy casi todo a nuestro alrededor es una mercanc&iacute;a, y consecuentemente tiene un precio &mdash;incluy&eacute;ndonos a nosotros mismos como fuerza de trabajo&mdash; todo ello comenz&oacute; en esas islas del capital.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, aquellos mercaderes encarnaban las pr&aacute;cticas que hoy conocemos como capitalistas, y que poco a poco fueron invadiendo no solo otras regiones del planeta sino tambi&eacute;n otros espacios de la vida econ&oacute;mica y social. A medida que los mercaderes se relacionaban entre s&iacute; en el comercio a larga distancia, fueron constituy&eacute;ndose archipi&eacute;lagos del capital y sus posiciones ganaron fuerza. En un continuo despliegue y expansi&oacute;n, fueron colonizando la vida humana al tiempo que generaban resistencias entre las gentes comunes y las &eacute;lites tradicionales, celosas de la riqueza creciente de los mercaderes. Esas resistencias y otros obst&aacute;culos pod&iacute;an ser superados mediante el establecimiento de alianzas con y dentro del Estado, lo que la mayor&iacute;a de las veces quer&iacute;a decir la fuerza y la guerra. En <em>Capitalismo</em>, en efecto, el Estado es un actor central sin el cual no puede entenderse ni el origen ni el triunfo de la l&oacute;gica del capital y de sus actores habituales, como las empresas privadas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las resistencias pol&iacute;ticas, en <em>Capitalismo </em>tambi&eacute;n hay l&iacute;mites ecol&oacute;gicos que los mercaderes buscan superar. Se trata de la escasez relativa de recursos naturales, y que es responsable de lo que Beckert llama &ldquo;fronteras de mercanc&iacute;as&rdquo;, es decir, una forma de designar al proceso por el cual el agotamiento de un recurso &mdash;un bosque, un suelo, una poblaci&oacute;n a la que esclavizar&mdash; provoca un desplazamiento de la actividad hacia otro lugar donde poder seguir explotando nuevos recursos. As&iacute;, el movimiento del capital se caracteriza por el aterrizaje en un territorio, la mercantilizaci&oacute;n de los recursos que requiere el capital para reproducirse, su explotaci&oacute;n y esquilmaci&oacute;n y, tras el agotamiento definitivo, la mudanza a otro lugar en el que seguir replicando el proceso. <em>Capitalismo </em>est&aacute; lleno de casos hist&oacute;ricos en los que se documenta este proceso de explotaci&oacute;n y saqueo sucesivo y que demuestra, siguiendo a Jason Moore, que el capital pone a su servicio la &ldquo;naturaleza barata&rdquo; en un despliegue aparentemente sin fin. Esta l&oacute;gica llega a la actualidad y, por ejemplo, la b&uacute;squeda competitiva y la extracci&oacute;n desenfrenada de minerales cr&iacute;ticos conforma lo que Theo Riofrancos llama &ldquo;fronteras del capitalismo verde&rdquo;. En este sentido, las fronteras no son l&iacute;mites nacionales, sino la capa m&aacute;s exterior de la l&oacute;gica del capital. Con estas palancas, los mercaderes y las fronteras de mercanc&iacute;as, el capitalismo de Beckert se despliega a lo largo de sus estimulantes p&aacute;ginas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los l&iacute;mites del capitalismo</strong></h2><p class="article-text">
        En <em>Capitalismo </em>hay algo que se echa bastante en falta: la cuesti&oacute;n de los l&iacute;mites. Cuando se concedi&oacute; el premio Nobel de 2025 ya tuve la oportunidad de <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nobel-suicidio-ecologico_129_12705328.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablar de ello en estas mismas p&aacute;ginas</a>, pero merece la pena insistir en ello. Si para la mayor&iacute;a de los marxistas el origen del capitalismo est&aacute; en la historia del comercio y/o en las transformaciones en las relaciones de propiedad, para los economistas convencionales suele situarse en el surgimiento de instituciones tales como la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la democracia o el sistema monetario. Pero ninguno de ellos suele conceder suficiente importancia a la energ&iacute;a y el papel de los recursos naturales.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el sentido com&uacute;n dominante sugiere que el capitalismo no enfrenta l&iacute;mites reales, sino, en el mejor de los casos, obst&aacute;culos salvables a trav&eacute;s de la acci&oacute;n humana. As&iacute; que suponemos que el crecimiento econ&oacute;mico podr&iacute;a continuar indefinidamente si se toman las decisiones correctas; el debate habitual est&aacute; en cu&aacute;les son esas decisiones (&iquest;Ampliar o disminuir el espacio del mercado autorregulado? &iquest;Reducir la desigualdad de ingreso y riqueza? &iquest;Recuperar la soberan&iacute;a monetaria? &iquest;Invertir mucho m&aacute;s en investigaci&oacute;n y desarrollo?). Sin embargo, desde los a&ntilde;os setenta lo que hoy conocemos como Econom&iacute;a Ecol&oacute;gica ha desafiado esa creencia y ha puesto encima de la mesa la posibilidad de que el capitalismo enfrente l&iacute;mites al margen de las decisiones humanas, esto es, l&iacute;mites biof&iacute;sicos; es decir, l&iacute;mites sobre los que se puede actuar, pero que no se pueden derogar. Con todo, la mayor&iacute;a de los economistas hacen caso omiso de estas advertencias, minimizando el problema (incluso cuando una de sus expresiones es el cambio clim&aacute;tico, que tiende a reconocerse) o confiando en que la creatividad humana terminar&aacute; resolviendo los problemas con m&aacute;s tecnolog&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es que los economistas cl&aacute;sicos, como David Ricardo y Thomas Malthus, y, ya despu&eacute;s, William Stanley Jevons, consideraban que el crecimiento econ&oacute;mico infinito era imposible. Para ellos era obvio que exist&iacute;an l&iacute;mites asociados a la tierra y/o a los recursos naturales. Marx fue reticente a la idea de l&iacute;mites absolutos v&aacute;lidos para todo sistema econ&oacute;mico, aunque el asunto sigue discuti&eacute;ndose; aceptaba que el capitalismo ten&iacute;a l&iacute;mites internos, pero no que el socialismo del futuro arrastrara tal d&eacute;ficit. Y aunque esta v&iacute;a qued&oacute; cegada para la construcci&oacute;n del <em>sentido com&uacute;n </em>de la mayor&iacute;a de los economistas, sigui&oacute; siendo materia de investigaci&oacute;n y teorizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde este otro programa de investigaci&oacute;n, que se inspira en el trabajo de E. A. Wrigley, Kenneth Pomeranz, Georgescu-Roegen o Paolo Malanima, el capitalismo industrial solo fue posible porque se ech&oacute; mano de los combustibles f&oacute;siles (primero como fuente de calor, liberando tierra, y luego de energ&iacute;a mec&aacute;nica, elevando la productividad). Esa condici&oacute;n necesaria, pero no suficiente, permiti&oacute; a las econom&iacute;as romper con los l&iacute;mites que hab&iacute;a impuesto la tierra a todas las sociedades desde el surgimiento de la humanidad, pero a costa de consumir un stock no renovable que estamos dilapidando como si fu&eacute;ramos un heredero imprudente. As&iacute;, la disponibilidad de una fuente incre&iacute;ble de energ&iacute;a fosilizada permiti&oacute; a las sociedades que supieron aprovecharlo dar un salto gigante en la capacidad productiva y, cuando la lucha pol&iacute;tica lo promovi&oacute;, tambi&eacute;n en las mejoras de condiciones de vida del conjunto de la poblaci&oacute;n. Las consecuencias de este hecho no son meras externalidades, que es como se suele presentar al cambio clim&aacute;tico o a otros impactos ecol&oacute;gicos, sino que son consustanciales a la din&aacute;mica econ&oacute;mica. Ello quiere decir que el futuro del capitalismo est&aacute; tambi&eacute;n asociado necesariamente al destino de los combustibles f&oacute;siles y a la capacidad que tengan los seres humanos para sustituirlos por fuentes de energ&iacute;a alternativa que proporcionen los mismos servicios f&iacute;sicos (entre ellos la potencia, clave de la elevaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la productividad en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        En este punto, Beckert entra solo superficialmente. Por un lado, acepta que las sociedades preindustriales ten&iacute;an su crecimiento restringido por la disponibilidad fija de tierra, pero asume que tales limitaciones fueron superadas por los avances tecnol&oacute;gicos y, en consecuencia, los miedos maltusianos no quedaron confirmados. Es una lectura demasiado convencional, porque la preocupaci&oacute;n de los cl&aacute;sicos no qued&oacute; anulada sino suspendida, en la medida en que ese salto se sosten&iacute;a en el recurso a un stock finito. &iquest;Qu&eacute; quedar&aacute; cuando ese stock se agote? Por otro lado, en el ep&iacute;logo Beckert tambi&eacute;n concede que la creatividad que estimula el capitalismo ha sido capaz de desacoplar el crecimiento econ&oacute;mico del consumo de los combustibles f&oacute;siles. Esto es una cesi&oacute;n demasiado precipitada, porque el desacople observado es entre crecimiento econ&oacute;mico y emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero y v&aacute;lido solo para las econom&iacute;as m&aacute;s desarrolladas, y, por ejemplo, los niveles absolutos de consumo de combustibles f&oacute;siles alcanzaron en 2025 un nuevo m&aacute;ximo hist&oacute;rico. Adem&aacute;s, hoy seguimos dependiendo de los combustibles f&oacute;siles no solo para el transporte, sino tambi&eacute;n para la mayor&iacute;a de los bienes y alimentos que consumimos. De hecho, a rengl&oacute;n seguido de la cesi&oacute;n, Beckert se pregunta abiertamente si el capitalismo ser&aacute; capaz de coexistir con un mundo natural que siempre ser&aacute; finito. Y lo cierto es que, de momento, ninguna combinaci&oacute;n de fuentes energ&eacute;ticas ha logrado a la vez las dos cosas que har&iacute;an falta: dar a la econom&iacute;a mundial los servicios f&iacute;sicos que hoy le dan los f&oacute;siles, y hacerlo a tiempo.
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>El mundo que viene</strong></h2><p class="article-text">
        Si bien <em>Capitalismo</em> no abunda en cuestiones energ&eacute;ticas, s&iacute; es generoso con la tierra &mdash;suelos agotados, bosques talados, fronteras que se desplazan&mdash;. Y ocurre lo mismo con los conflictos sociales derivados del capitalismo. Estos est&aacute;n descritos con una maravillosa profundidad, y, particularmente para las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, organizados en funci&oacute;n de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. Las partes sobre la domesticaci&oacute;n del capitalismo, es decir, de lo que hemos llamado &ldquo;&eacute;poca dorada del capitalismo&rdquo; (por sus elevados niveles de crecimiento econ&oacute;mico, hoy pura quimera en Occidente), son brillantes. Y permiten contrastar con acierto las caracter&iacute;sticas del conflicto social dentro del neoliberalismo, emergiendo as&iacute; una fotograf&iacute;a de fuerte debilidad estructural de la capacidad que tienen las organizaciones obreras para influir sobre las decisiones econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n una conocida an&eacute;cdota, Margaret Thatcher lleg&oacute; a decir que una de sus principales victorias fue el laborismo y su propio l&iacute;der, Tony Blair. No le faltaba raz&oacute;n, porque aquella tercera v&iacute;a fue tanto la renuncia al reformismo (que, con todo, segu&iacute;a persiguiendo una sociedad socialista) como la manifestaci&oacute;n de la derrota ideol&oacute;gica frente a los promotores de ideas como &ldquo;el capitalismo popular&rdquo;. Durante d&eacute;cadas, en Occidente la izquierda pol&iacute;tica ha vivido tan a la defensiva que las nuevas y modestas propuestas de autores como Thomas Piketty, Gabriel Zucman o, m&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/daron-acemoglu-nobel-economia-debate-amenaza-existencial-ia-esconde-riesgos-inmediatos_1_13517771.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recientemente, Daron Acemoglu</a> parecen revolucionarias. Quiz&aacute;s por eso la derrota autoinfligida del neoliberalismo tras la crisis financiera de 2008 no dio paso a una ola progresista y socialista &mdash;que es lo que esperaba incluso alguien como Nicol&aacute;s Sarkozy cuando se adelant&oacute; para pedir una r&aacute;pida refundaci&oacute;n del capitalismo&mdash; sino a un verdadero y peligroso tsunami reaccionario en todo Occidente. La combinaci&oacute;n de una nueva divisi&oacute;n del trabajo que degrada el lugar de las econom&iacute;as que han conformado el centro mundial desde el siglo XVI, la creciente desigualdad producto de la inercia neoliberal y las ansiedades ecol&oacute;gicas y laborales son el c&oacute;ctel perfecto.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Beckert recuerda que la densidad sindical est&aacute; en retroceso, y que no es solo una cuesti&oacute;n de voluntarismo sino de problemas estructurales. Y su argumento permite plantear una cuesti&oacute;n adicional. Cuando la l&oacute;gica del capital ha avanzado hasta contaminar casi cada aspecto de nuestra vida, convirtiendo a los seres humanos en individuos aislados y tensados hasta el l&iacute;mite bajo la competencia en el mercado, es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil lograr que se abran paso comportamientos cooperativos. Una econom&iacute;a mundial en la que miles de millones de trabajadores compiten por los segmentos mejor remunerados del mercado laboral es, para el capital, una carrera a la baja salarial. Y en ese contexto estructural, en el que los trabajadores de Camboya o Kenia ocupan la &uacute;ltima posici&oacute;n en la escalera global de explotaci&oacute;n, los trabajadores de Marruecos o Tailandia la pen&uacute;ltima y los de Espa&ntilde;a o el Reino Unido los pelda&ntilde;os superiores, no es dif&iacute;cil comprender &mdash;pero nunca justificar&mdash; que el miedo azuce a los trabajadores a enfrentarse entre ellos, reclamando pol&iacute;ticas proteccionistas y/o pol&iacute;ticas antiinmigraci&oacute;n que mitiguen esa ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        Con esto llegamos al &uacute;ltimo punto que me gustar&iacute;a se&ntilde;alar en este an&aacute;lisis: las tensiones geopol&iacute;ticas. Aunque el liberalismo ingl&eacute;s nacido de las guerras napole&oacute;nicas, y especialmente desde 1846, se sosten&iacute;a sobre el imperialismo directo e indirecto sobre otras regiones del mundo, segu&iacute;a proclamando la idea de que el capitalismo estaba asociado a la paz y a un futuro mejor. Incluso una parte considerable de los pensadores de izquierdas de aquel tiempo asum&iacute;a esa tesis &mdash;muchos seguidores de Richard Cobden&mdash; que todav&iacute;a hoy muchos defienden al afirmar la equivalencia entre comercio y paz. Sin embargo, el cap&iacute;tulo 13 de <em>Capitalismo</em> nos permite retornar a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la competencia entre pa&iacute;ses se recrudeci&oacute; y contribuy&oacute; a crear las condiciones que desembocaron en las dos guerras mundiales. La pregunta central es, &iquest;por qu&eacute; pas&oacute;? Beckert sugiere que las reacciones defensivas de pa&iacute;ses como Francia o Alemania estuvieron motivadas por el miedo a una potencia en ascenso, Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        Cabe recordar que tanto Alemania como Estados Unidos estaban entonces acelerando su industrializaci&oacute;n, que se llev&oacute; a cabo mediante pol&iacute;ticas mercantilistas de protecciones arancelarias y apoyo a las industrias nacientes, y se sab&iacute;an necesitados de materias primas. Beckert cita, por ejemplo, a Friedrich Naumann, un pol&iacute;tico liberal alem&aacute;n que defendi&oacute; la necesidad de expandir las colonias a fin de asegurar la provisi&oacute;n de recursos naturales que requer&iacute;a su industria. Era una visi&oacute;n generalizada y que, adem&aacute;s, ten&iacute;a un precedente hist&oacute;rico inmediato: era justo lo que hab&iacute;a hecho Estados Unidos al expandirse hacia el oeste, matando y aislando a los nativos &mdash;que la ideolog&iacute;a dominante consideraba inferiores&mdash; y haci&eacute;ndose con sus tierras y recursos. El colonialismo de finales del siglo XIX tambi&eacute;n reflejaba una concepci&oacute;n de mundo de suma cero. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no por casualidad, actualmente asistimos a un retorno de las mismas propuestas mercantilistas en Occidente y, en gran medida, justificadas con argumentos similares. La militarizaci&oacute;n de Occidente avanza a ritmos agigantados mientras las industrias se repliegan a sus territorios, donde el cobijo de los Estados les garantiza buenas defensas frente a sus amenazas en el mercado internacional. El Estado est&aacute; volviendo, pero no para ensanchar los derechos de la clase trabajadora, sino para dirigir la pol&iacute;tica industrial que busca &ldquo;asegurar&rdquo; las cadenas de producci&oacute;n. En otro lugar he defendido este p&eacute;ndulo entre libre comercio/proteccionismo y concepci&oacute;n de la riqueza como juego de suma positiva/suma cero. Hoy, en medio de la crisis ecosocial, y cuando ni siquiera los milmillonarios conf&iacute;an en el futuro, deseosos de marchar a Marte o construir b&uacute;nkeres subterr&aacute;neos, parece m&aacute;s urgente que nunca reorganizar las resistencias al capitalismo. Porque nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/si-capitalismo-tuvo-inicio-tendra-final_129_13526570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 20:03:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Alemania,Francia,Estados Unidos,Industria,Comercio,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hemos perdido el control sobre la IA?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hemos-perdido-control-ia_129_13515047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d2974ba-798b-4502-87f0-808fe850593e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hemos perdido el control sobre la IA?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo extraño en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale públicamente a decir que está en condiciones de matarnos a todos. Esa disociación solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no está bajo el control de su diseñador. Y esto es, como mínimo cuestionable</p></div><p class="article-text">
        Dicen los l&iacute;deres e ingenieros de las principales compa&ntilde;&iacute;as occidentales de inteligencia artificial que sus programas pueden acabar con la humanidad. Algunos discuten sobre si la probabilidad es mayor o menor del 10%. Pero lo curioso es que estos anuncios catastrofistas llevan produci&eacute;ndose desde hace a&ntilde;os, y las acciones de las compa&ntilde;&iacute;as de inteligencia artificial, lejos de caer, han subido espectacularmente. &iquest;Qu&eacute; sistema es este en el que quienes advierten de que una tecnolog&iacute;a puede poner en peligro a la humanidad son, al mismo tiempo, quienes tienen mayores incentivos econ&oacute;micos para seguir desarroll&aacute;ndola?
    </p><p class="article-text">
        No se trata de subestimar los riesgos de la inteligencia artificial, que son muchos y muy graves. Por ejemplo, como tecnolog&iacute;a tiene el potencial de sustituir muchas tareas y puestos de trabajo que a d&iacute;a de hoy son el sost&eacute;n de millones de familias en todo el mundo. De hecho, no est&aacute; claro que sea una tecnolog&iacute;a con gran capacidad para elevar la productividad y tampoco que el sistema vaya a crear nuevos puestos de trabajo para los expulsados. Tambi&eacute;n es arriesgado que tanto poder se concentre en manos de unas pocas compa&ntilde;&iacute;as privadas, que tienen una gran penetraci&oacute;n en los sistemas inform&aacute;ticos y de seguridad de los principales pa&iacute;ses del mundo. Tambi&eacute;n podemos hablar de riesgos geopol&iacute;ticos, ya que cuando cedemos el control de un proceso a una empresa estadounidense, por ejemplo para la gesti&oacute;n del sistema el&eacute;ctrico, le estamos concediendo tambi&eacute;n un arma que puede ser disparada contra nosotros. Y, por supuesto, la IA tampoco existe en el aire, y necesita electricidad, agua, centros de datos, chips, redes y enormes cantidades de materiales, de modo que su aparente inmaterialidad esconde una infraestructura f&iacute;sica cada vez mayor que agrava el problema del cambio clim&aacute;tico. Todo esto es absolutamente cierto, y en no poca medida puede decirse que son formas&nbsp;de acabar con el mundo tal y como conocemos. Sin embargo, en la pr&aacute;ctica nos dejamos arrastrar por la idea de que la IA nos va a matar de una manera mucho m&aacute;s estramb&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo extra&ntilde;o en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale p&uacute;blicamente a decir que est&aacute; en condiciones de matarnos a todos. Esa disociaci&oacute;n solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no est&aacute; bajo el control de su dise&ntilde;ador. Y esto es, como m&iacute;nimo cuestionable. Ya lo ha dicho con brillantez Richard Seymour, y es que la capacidad de actuar de la IA depende de una infraestructura, unos permisos y unos objetivos que alguien humano ha dise&ntilde;ado y desplegado. Si un ingeniero dise&ntilde;a un modelo capaz de ciberataques a empresas y lo activa sin ning&uacute;n tipo de medida de seguridad (es decir, sin limitar los costes que puede provocar), el responsable es el creador y no el modelo, por muy sofisticado que sea. Por decirlo de otro modo m&aacute;s convencional: la IA no tiene conciencia, y todos sus objetivos internos est&aacute;n programados de antemano. Incluso si hay comportamientos no previstos, la responsabilidad pol&iacute;tica sigue siendo de quien decidi&oacute; desplegar el sistema sin control. En este sentido la IA nos puede matar de la misma forma que pueden hacerlo las bombas nucleares, es decir, como instrumento de destrucci&oacute;n, aunque lo importante siga siendo que detr&aacute;s hay alguien que ha impreso pol&iacute;ticamente esa voluntad de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no han sido demasiado claros a la hora de explicarnos c&oacute;mo nos va a matar la IA, creo de verdad que los ingenieros creen genuinamente lo que dicen. Todos estamos contemplando, mes tras mes, la enorme potencialidad de la inteligencia artificial, y sabemos que puede ser usada tanto como bendici&oacute;n como maldici&oacute;n seg&uacute;n interese. Sabemos tambi&eacute;n que los usuarios de sus productos no solo estamos haciendo uso de versiones inferiores a las de la frontera tecnol&oacute;gica (que prueban ellos en los laboratorios) sino que adem&aacute;s sus funcionalidades plenas est&aacute;n limitadas para nosotros. Si no podemos usar todo el conocimiento almacenado como libros, art&iacute;culos y todo rastro de internet, en los centros de datos para, por ejemplo, dise&ntilde;ar una bomba biol&oacute;gica casera, es porque alguien ha prohibido esa funcionalidad. Y bien est&aacute;, por cierto. Pero, y he aqu&iacute; la cuesti&oacute;n, sabemos que el programa permitir&iacute;a llegar a esos extremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se avisa de que la IA puede matarnos, tambi&eacute;n est&aacute; dici&eacute;ndose que su potencial &ldquo;creativo&rdquo; y de &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; se ha elevado mucho respecto a los estadios anteriores. Y eso bajo el capitalismo es tanto como decir que su capacidad para generar beneficios se ha multiplicado, lo que explica la fiebre de las inversiones multimillonarias en las compa&ntilde;&iacute;as de IA. Sin embargo, y como ya he mencionado, no parece claro que la productividad suba para la econom&iacute;a en su conjunto y, por lo tanto, la IA podr&iacute;a no tener afectaci&oacute;n positiva sobre el crecimiento. Y ambas cosas &mdash;la falta de efecto sobre la productividad y la inversi&oacute;n brutal en el sector&mdash; no son sostenibles durante mucho tiempo. De ah&iacute; que todo apunte a que lo que hay, en realidad, es una inmensa burbuja en la que participan ingentes cantidades de capital internacional ocioso y que se sostiene sobre anuncios explosivos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a mucho m&aacute;s razonable que habl&aacute;ramos de los verdaderos e inmediatos riesgos de la implantaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a. Por ejemplo, de su creciente capacidad para ser usada como tecnolog&iacute;a de vigilancia en el mundo del trabajo y en el mundo civil. Las peores distop&iacute;as pueden verse cumplidas si dejamos que nuestro tiempo de trabajo, y nuestra libertad fuera de &eacute;l, est&eacute;n monitorizados por agentes de IA que han estado programados por el capital. Porque la IA nunca ha sido una fuerza aut&oacute;noma (salvo conceptualmente), sino m&aacute;s bien un producto con due&ntilde;os. Esos due&ntilde;os son multimillonarios que hacen negocios con los gobiernos y las empresas m&aacute;s poderosas del mundo, lo que significa que son instrumentos de clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y preg&uacute;ntese el lector o lectora lo siguiente: &iquest;qu&eacute; ha pensado al leer este titular? &iquest;Se ha asumido que la humanidad est&aacute; realmente en peligro frente a una amenaza existencial desencarnada, abstracta y todopoderosa y que, como el doctor Frankenstein acabaremos muriendo a manos de nuestra propia criatura? Esa es, desde luego, la narrativa dominante. Pero quiz&aacute;s el lector o la lectora se haya anticipado a mi conclusi&oacute;n: en realidad el problema no es tanto que la humanidad vaya a perder el control de la IA, sino que ese control siempre lo ha tenido una minor&iacute;a y que la humanidad, entendida ahora como mayor&iacute;a, estamos sencillamente a merced de un escaso n&uacute;mero de millonarios. As&iacute; que la soluci&oacute;n para evitar la destrucci&oacute;n de nuestro mundo y de nuestro planeta es limitar el poder de quienes controlan la inteligencia artificial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hemos-perdido-control-ia_129_13515047.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 20:33:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Hemos perdido el control sobre la IA?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué la gente quiere irse de Marruecos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gente-quiere-irse-marruecos_129_13507645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/289b0460-9300-4ad2-97bd-bc0d97508eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1897y579.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la gente quiere irse de Marruecos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma población sobrante: las remesas y lo que percibe de los países ricos por mantener al “ejército de reserva” en el país. La contención migratoria se ha convertido en una suerte de “exportación” a precio de mercado, ya que cuando hay pánico en Europa, sube el precio que cobran los países como Marruecos. Así, paradójicamente Marruecos cobra por tener emigración y por frenarla</p><p class="subtitle">¿Los inmigrantes bajan los salarios?</p></div><p class="article-text">
        La entrada irregular de decenas de miles de personas en <a href="https://www.eldiario.es/temas/ceuta/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ceuta</a> ha vuelto a poner el foco en los movimientos migratorios. Sin embargo, el debate p&uacute;blico se ha desplazado r&aacute;pidamente hacia el <a href="https://www.eldiario.es/politica/vivas-adjudica-contratos-millonarios-gestion-acogida-menores-familiares-directos-cargos-confianza_1_13501101.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grado de responsabilidad de las autoridades</a> en el evento y tambi&eacute;n hacia la gesti&oacute;n de la crisis humanitaria consecuente. Eso ha dejado de lado lo que tiene m&aacute;s importancia estructural: &iquest;por qu&eacute; tanta gente trata continuamente de irse de Marruecos y otros pa&iacute;ses para acceder a Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de Frontex, de todas las entradas registradas durante los primeros cinco meses de 2026, el 30% de los inmigrantes proced&iacute;a de Argelia y el 20% de Marruecos, mientras que el resto ven&iacute;a desde pa&iacute;ses subsaharianos. Estas cifras cambian cada a&ntilde;o, dependiendo de las caracter&iacute;sticas de las tres rutas principales hacia Espa&ntilde;a. Lo que no cambia, incluso aunque se endurezcan y militaricen las fronteras, es la pulsi&oacute;n por llegar a territorio europeo. Por ejemplo, de acuerdo con los <a href="https://www.arabbarometer.org/wp-content/uploads/AB8-Morocco-Report-ENG.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del bar&oacute;metro &aacute;rabe para 2024</a>, el 35% de la poblaci&oacute;n marroqu&iacute; ha considerado migrar, y ese porcentaje sube al 55% entre j&oacute;venes de 18 a 29 a&ntilde;os. La pregunta realmente importante es: &iquest;qu&eacute; ocurre en un pa&iacute;s del que m&aacute;s de la mitad de sus j&oacute;venes plantea irse?
    </p><h2 class="article-text">Los salarios bajos de Marruecos</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La semana pasada</a> vimos que los modelos m&aacute;s b&aacute;sicos de econom&iacute;a predicen que la enorme diferencia de nivel de desarrollo y, dentro de ella, el diferencial de ingresos y oportunidades laborales, constituye el principal tel&oacute;n de fondo econ&oacute;mico de estos movimientos. Si tomamos el PIB por habitante como un indicador del nivel de vida, podemos comparar entre pa&iacute;ses y mostrar en qu&eacute; momento temporal tuvo Espa&ntilde;a el &ldquo;nivel de vida&rdquo; actual de los principales pa&iacute;ses emisores de migrantes. Y, como se ve en el siguiente gr&aacute;fico, Marruecos tiene el PIB por habitante de Espa&ntilde;a en 1967, mientras que Senegal y Gambia se encuentran donde estaba Espa&ntilde;a en 1938 y 1871 respectivamente. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Marruecos tiene el PIB por habitante de España en 1967" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-xndm5" src="https://datawrapper.dwcdn.net/xndm5/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="661" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Se objetar&aacute;, y con raz&oacute;n, que no es el PIB por habitante en lo que se fijan los migrantes sino, m&aacute;s bien, el diferencial salarial. El problema es que no existen indicadores salariales fiables para la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de origen. No obstante, podemos usar la contabilidad nacional para aproximarnos a algo parecido a un salario medio: la renta por ocupado. Con esos datos, y como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico, igualmente existe una diferencia considerable. Adem&aacute;s, podemos apreciar tambi&eacute;n que s&oacute;lo Marruecos parece haber convergido ligeramente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os con el nivel de referencia de Espa&ntilde;a, que, por otro lado, <a href="https://www.eldiario.es/economia/trasladando-crecimiento-economico-hogares-son-graficos-explican_1_12787325.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aparece b&aacute;sicamente estancado para todo el per&iacute;odo</a> (1999-2019). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Un ocupado marroquí percibe la cuarta parte de renta que uno español" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-WMrWw" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WMrWw/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="600" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Con estos datos, podemos resaltar que Espa&ntilde;a tiene un PIB por habitante cinco veces mayor que el de Marruecos, pero su producto por ocupado es solo 3,8 veces mayor. La diferencia est&aacute; en cu&aacute;nta gente trabaja, ya que en Marruecos tiene empleo el 31,6% de la poblaci&oacute;n total, frente al 42,5% en Espa&ntilde;a, de modo que a cada trabajador marroqu&iacute; le toca sostener a bastantes m&aacute;s personas. Eso significa que incluso aunque el trabajo marroqu&iacute; fuese igual de productivo que el espa&ntilde;ol, su producto tendr&iacute;a que repartirse entre m&aacute;s gente y conducir&iacute;a a una renta por habitante inferior. 
    </p><p class="article-text">
        La brecha entre 'lo que se cobra' vuelve a abrirse hasta cuatro veces y media porque en Marruecos la parte del producto que acaba en manos de quien trabaja es m&aacute;s peque&ntilde;a (48 de cada 100 unidades de valor a&ntilde;adido, frente a 56 en Espa&ntilde;a). En definitiva, el trabajador marroqu&iacute; no solo produce menos que el espa&ntilde;ol, sino que adem&aacute;s se queda con una porci&oacute;n menor de lo que produce. Todas esas condiciones no solo presionan a la baja el salario, sino que justifican la b&uacute;squeda de nuevos horizontes con m&aacute;s esperanza; y est&aacute;n a pocos kil&oacute;metros, en Espa&ntilde;a.
    </p><h2 class="article-text">Una econom&iacute;a que no absorbe a su poblaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Si nos limitamos a un an&aacute;lisis convencional, comprobaremos que actualmente la tasa de desempleo de Marruecos oscila entre el 9% (Banco Mundial) y el 13% (HCP, el INE marroqu&iacute;). No son cifras excesivamente elevadas, y la de Espa&ntilde;a est&aacute; en el mismo rango (9,87%). Con estos datos podr&iacute;amos deducir que la econom&iacute;a marroqu&iacute; no deja a mucha gente fuera, pero ser&iacute;a una conclusi&oacute;n totalmente equivocada. Lo que ocurre es que hay un enorme &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; que no est&aacute; recogido por las estad&iacute;sticas convencionales. Vamos a ver por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ya expliqu&eacute;</a>, Marx consideraba que los salarios de los trabajadores eran empujados a la baja por la presi&oacute;n que ejerc&iacute;a la presencia de un conjunto de personas que se encontraban en la frontera del mercado laboral. A ese instrumento lo llam&oacute; &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; o &ldquo;sobrepoblaci&oacute;n&rdquo;, con lo que se refer&iacute;a no a que sobrara gente en un determinado territorio, sino a que sobraba gente porque la din&aacute;mica capitalista no pod&iacute;a absorberla dentro del mercado laboral formal. Este ej&eacute;rcito no estaba compuesto solo por desempleados sino tambi&eacute;n por otro tipo de posiciones de gran vulnerabilidad, como los precarios o incluso los que esperaban la aparici&oacute;n de trabajos mejores. Con las estad&iacute;sticas de la <a href="https://www.eldiario.es/economia/sindicatos-peru-piden-apoyo-yolanda-diaz-dirigir-oit-candidato-fujimorista_1_13507316.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT)</a> que se ven en el siguiente gr&aacute;fico podemos aproximarnos a esa conceptualizaci&oacute;n y analizar mejor la estructura del mercado de trabajo en Marruecos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="La inactividad española es vejez; la marroquí, edad de trabajar" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-XUvnY" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XUvnY/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="257" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Es muy importante que entendamos este gr&aacute;fico, porque aporta claves esenciales. En primer lugar, vemos que el 40% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola tiene un empleo no vulnerable por un 20% de la poblaci&oacute;n marroqu&iacute;. En segundo lugar, en Marruecos los inactivos en edad de trabajar representan el 34,7% de toda la poblaci&oacute;n, m&aacute;s del doble que en Espa&ntilde;a. Eso significa que hay m&aacute;s de 13 millones de marroqu&iacute;es en edad de trabajar y fuera del mercado laboral. No aparecen en las tasas de desempleo, pero est&aacute;n y son parte de ese enorme &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; en Marruecos. Y, desde el punto de vista de la capacidad de absorci&oacute;n del mercado laboral desarrollado, se constituye como poblaci&oacute;n excedente, o sobrante. 
    </p><h2 class="article-text">Desagrarizaci&oacute;n sin industrializaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los modelos tradicionales de desarrollo, un pa&iacute;s se moderniza cuando su poblaci&oacute;n abandona el campo y se desplaza hacia sectores modernos, como la industria. En estas teor&iacute;as, inspiradas en la experiencia de las primeras econom&iacute;as avanzadas, se entiende que es la industria la que absorbe progresiva y c&iacute;clicamente ese &ldquo;ej&eacute;rcito industrial&rdquo; que sale del campo. Sin embargo, en Marruecos ha ocurrido algo distinto, como podemos ver en el siguiente gr&aacute;fico. Lo que se observa es el primer paso de esa predicci&oacute;n, pero no el segundo: entre 1991 y 2025 el empleo agrario cay&oacute; efectivamente del 52% al 27,9% del total, pero la industria y la construcci&oacute;n juntas absorbieron s&oacute;lo tres puntos. En este sentido Marruecos se est&aacute; desagrarizando, pero sin industrializarse. Y curiosamente fueron los servicios los que absorbieron la inmensa mayor&iacute;a de ese excedente salido del campo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La agricultura cede 24 puntos de empleo; la industria absorbe 3" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-87VSn" src="https://datawrapper.dwcdn.net/87VSn/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="624" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        Una de las teor&iacute;as m&aacute;s conocidas sobre este &ldquo;momento del desarrollo&rdquo; es la del economista Arthur Lewis, quien conceptualizaba el campo como una reserva de mano de obra ilimitada que trabajaba de modo altamente ineficiente (una productividad marginal cero o negativa). Por eso cuando esa mano de obra iba siendo absorbida por la industria, el resultado era que sub&iacute;a la productividad del sector agrario (misma producci&oacute;n con menos trabajadores). Pero la raz&oacute;n fundamental por la que la industria absorber&iacute;a el excedente agrario es porque reinvierte beneficios y disfruta de productividades crecientes muy superiores a la del resto de sectores. En el caso de Marruecos s&iacute; se confirma que al abandonar los trabajadores el campo, la productividad del sector sube (aunque oscila porque tambi&eacute;n est&aacute; afectada por cuestiones clim&aacute;ticas). Pero, contrariamente al modelo de Lewis, el sector que absorbe los trabajadores no muestra productividades crecientes ni gran capacidad de acumulaci&oacute;n. Al contrario, durante casi 20 a&ntilde;os la productividad de los servicios estuvo por debajo del nivel de 1991, y en 34 a&ntilde;os solo ha ganado un 15%.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="La productividad crece donde se expulsa gente y no donde se la absorbe" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-WqLg9" src="https://datawrapper.dwcdn.net/WqLg9/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="649" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s sugerente es que el excedente de trabajo saliente del campo ha sido absorbido sencillamente donde cab&iacute;a. El sector servicios es una especie de caj&oacute;n de sastre, donde reina la informalidad y la precariedad. Las teor&iacute;as del desarrollo predec&iacute;an que mientras ese excedente no fuera absorbido por la industria, engrosar&iacute;a las filas del desempleo formal. Lo que vemos, por el contrario, es que esa sala de espera es ahora el trabajo mal pagado del sector servicios. Y, dado que la econom&iacute;a nacional no genera un sector moderno capaz de absorber esa mano de obra, la movilidad geogr&aacute;fica es la alternativa. Y del mismo modo que antes iban del campo a la ciudad esperando una oportunidad, ahora el polo de atracci&oacute;n es el Norte Global. 
    </p><p class="article-text">
        Este &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; permite mantener bajos los salarios, a lo que ayuda un Estado autoritario con gran capacidad para frenar las aspiraciones de los trabajadores. Pero estos salarios bajos no son una estrategia suficiente. La raz&oacute;n es que un salario bajo no basta para atraer capital, porque si la productividad tambi&eacute;n lo es, el coste laboral unitario se come la ventaja. La soluci&oacute;n marroqu&iacute; ha sido crear enclaves que permiten a las multinacionales combinar tecnolog&iacute;a avanzada con costes laborales muy bajos y capturar mayores m&aacute;rgenes. El autom&oacute;vil es el caso m&aacute;s claro. <a href="https://www.eldiario.es/economia/guerra-coche-cambiando-economia-mundial_129_13450949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como vimos hace algunas semanas</a>, esto ha permitido a Marruecos convertirse en uno los de los principales proveedores de veh&iacute;culos de la Uni&oacute;n Europea, aunque en el segmento de menos valor a&ntilde;adido y poco preparado para la electrificaci&oacute;n. Pero la ventaja de Marruecos entre los productores de veh&iacute;culos es claramente el salario bajo, y seg&uacute;n la consultora Oliver Wyman, la fabricaci&oacute;n en Marruecos tiene un coste laboral por veh&iacute;culo de 106 d&oacute;lares, frente a los 273 d&oacute;lares de Ruman&iacute;a, los 305 d&oacute;lares de M&eacute;xico, los 414 d&oacute;lares de Turqu&iacute;a, los 597 d&oacute;lares de China y los 3.307 d&oacute;lares de Alemania. Es obvio que la ventaja de Marruecos solo se sostiene mientras el salario no suba, y resulta que lo que impide que suba es exactamente el &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo;, porque esa ventaja salarial dif&iacute;cilmente podr&iacute;a mantenerse sin una abundante oferta de trabajo que limite el poder de negociaci&oacute;n de los trabajadores.
    </p><h2 class="article-text">Los l&iacute;mites del modelo: necesidad de remesas</h2><p class="article-text">
        El problema central de este modelo de enclave es que tiene que importar casi todos los productos que luego ensambla y exporta. Eso explica por qu&eacute;, en los siete primeros meses de 2026, Marruecos export&oacute; bienes por 299.340 millones de d&iacute;rhams e import&oacute; por 544.050 millones, lo que supone un enorme d&eacute;ficit comercial. Ese d&eacute;ficit debe compensarse mediante entradas de divisas de distinto tipo. Entre ellas, las remesas de los emigrantes ocupan un lugar central, porque equivalen al 7,7% del PIB y constituyen una fuente de financiaci&oacute;n externa extraordinariamente estable. Estas remesas son, como se sabe, el dinero que los emigrantes env&iacute;an a Marruecos (a sus familias) desde los pa&iacute;ses donde trabajan.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico, estas remesas son un elemento econ&oacute;mico indispensable para Marruecos, puesto que durante muchas d&eacute;cadas han ayudado a cubrir el d&eacute;ficit comercial. Para hacerse una idea de su importancia, cabe decir que es una partida siete veces superior a la inversi&oacute;n extranjera directa y superior incluso a los ingresos por turismo. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="Las remesas son clave para pagar la factura de importaciones" aria-label="Líneas" id="datawrapper-chart-YH546" src="https://datawrapper.dwcdn.net/YH546/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="569" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">(function(){function e(){window.addEventListener(`message`,function(e){if(e.data[`datawrapper-height`]!==void 0){var t=document.querySelectorAll(`iframe`);for(var n in e.data[`datawrapper-height`])for(var r=0,i;i=t[r];r++)if(i.contentWindow===e.source){var a=e.data[`datawrapper-height`][n]+`px`;i.style.height=a}}})}e()})();</script>
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    </figure><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos humanos debemos a&ntilde;adir que el hijo emigrado es para la familia una suerte de seguro de futuro, en muchos casos m&aacute;s fiable que una pensi&oacute;n p&uacute;blica. Para una poblaci&oacute;n acostumbrada a vivir en la informalidad y, por ende, en la subsistencia, las remesas procedentes de pa&iacute;ses donde hay derechos laborales son una regularidad milagrosa. Todo ello permite entender por qu&eacute; tanto para el Estado como para las familias, la emigraci&oacute;n es, en realidad, una salida altamente razonable.
    </p><h2 class="article-text">La paradoja: remesas y control de la migraci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        A pesar de los discursos sobre modernizaci&oacute;n de Marruecos, lo cierto es que su modelo se basa en los bajos salarios. Marruecos intenta insertarse en la econom&iacute;a-mundo mediante una estrategia de atracci&oacute;n de las multinacionales, apoy&aacute;ndose a su vez en una inserci&oacute;n geopol&iacute;tica favorable, incluida la relaci&oacute;n privilegiada con Estados Unidos y el respaldo internacional a la posici&oacute;n marroqu&iacute; sobre el S&aacute;hara Occidental (que le permite legitimar la propiedad de grandes dep&oacute;sitos de recursos naturales). En general, el modelo econ&oacute;mico combina salarios bajos, enclaves exportadores que importan su propia t&eacute;cnica desde los pa&iacute;ses ricos y una restricci&oacute;n externa cr&oacute;nica; pero resulta que las tres piezas encajan solo si existe de forma permanente una poblaci&oacute;n excedente. El modelo convive en tensi&oacute;n entre la necesidad de disponer de poblaci&oacute;n sobrante que baje el nivel salarial y de que parte de esta se marche efectivamente al extranjero a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s parad&oacute;jico es que Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma poblaci&oacute;n sobrante. La primera es son las remesas ya mencionadas. La segunda es la renta que se recibe por parte de pa&iacute;ses ricos a cambio de mantener al &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; en el propio pa&iacute;s. <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/frontera-alquilada_129_13429199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ya hemos visto</a>, la contenci&oacute;n migratoria se ha convertido en una suerte de &ldquo;exportaci&oacute;n&rdquo; a precio de mercado, ya que cuando hay p&aacute;nico antiinmigraci&oacute;n en Europa, sube el precio que cobran los pa&iacute;ses como Marruecos. As&iacute;, parad&oacute;jicamente Marruecos cobra por tener emigraci&oacute;n y por frenarla. 
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que Marruecos tampoco va camino de dejar de enviar emigrantes, ya que el modelo econ&oacute;mico no est&aacute; dise&ntilde;ado para absorber al &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva&rdquo; sino para reproducirlo. Durante la primera industrializaci&oacute;n, Marx observ&oacute; c&oacute;mo el excedente de poblaci&oacute;n del campo alimentaba el crecimiento de las ciudades industriales, y, d&eacute;cadas despu&eacute;s, Lewis formaliz&oacute; la intuici&oacute;n y estableci&oacute; que la modernizaci&oacute;n consistir&iacute;a en trasladar trabajadores desde sectores de baja productividad hacia otros capaces de absorberlos con mayor productividad. La peculiaridad de nuestro tiempo es que en buena parte de la periferia ese mecanismo se ha roto. Como hemos visto, Marruecos se desagrariza, pero no genera suficiente empleo industrial y productivo para absorber a la poblaci&oacute;n que abandona el campo, y una parte de ese excedente queda atrapada en servicios precarios y otra busca su salida en el exterior. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que la frontera med&iacute;a es el hecho de que el excedente de trabajo marroqu&iacute; no puede absorberse por su econom&iacute;a nacional pero s&iacute; por <a href="https://www.eldiario.es/economia/crisis-migratoria-laboral_129_12974734.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la demanda de trabajo de los pa&iacute;ses del Norte Global</a>. M&aacute;s all&aacute; del cinismo que rodea a todo este fen&oacute;meno, lo importante es asumir que el endurecimiento del acceso por la frontera europea no elimina ese excedente, y solamente decide d&oacute;nde puede trabajar. Lo que antes se desplazaba del campo a la ciudad se desplaza ahora tambi&eacute;n de la periferia al centro. Y mientras esa enorme diferencia econ&oacute;mica siga existiendo, ning&uacute;n muro, ning&uacute;n acuerdo policial y ninguna operaci&oacute;n de control migratorio podr&aacute; hacer desaparecer el movimiento que produce.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/gente-quiere-irse-marruecos_129_13507645.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 20:09:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la gente quiere irse de Marruecos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marruecos,Ceuta,PIB,Salarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si las reformas educativas han funcionado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-reformas-educativas-han-funcionado_129_13498358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c9e54ae-80a8-463a-9329-5b5fd9624203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y si las reformas educativas han funcionado?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seamos honestos: la mayoría de trabajos realmente existentes en el mercado no exigen al trabajador la capacidad de comprender adecuadamente textos de más de 400 palabras. Y hemos diseñado la educación para que los jóvenes entren en esos mercados y en esas posiciones</p></div><p class="article-text">
        Siempre me ha parecido excesiva la importancia que los medios y los analistas de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas le conceden al informe PISA. Para quienes a principios de siglo nos movilizamos contra las reformas universitarias del llamado Proceso de Bolonia, resulta evidente que PISA es un instrumento m&aacute;s de un paradigma que concibe a la educaci&oacute;n principalmente en t&eacute;rminos mercantilizados. La genealog&iacute;a no deja lugar a dudas: a finales de los a&ntilde;os ochenta y principios de los noventa, la teor&iacute;a del crecimiento incorpor&oacute; el capital humano (la capacidad de acumular conocimientos que elevan la productividad y la renta) como elemento fundamental para explicar las diferencias de productividad y crecimiento entre pa&iacute;ses. En los a&ntilde;os siguientes esta visi&oacute;n se incorpor&oacute; a las narrativas oficiales de la OCDE y la UE, entre otras, y a las reformas educativas.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, PISA privilegia una determinada concepci&oacute;n de qu&eacute; significa estar educado: la capacidad de utilizar conocimientos y competencias para resolver problemas en contextos pr&aacute;cticos. As&iacute;, PISA comparte con buena parte de las reformas educativas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas una concepci&oacute;n instrumental del conocimiento, en la que adquieren especial importancia aquellas capacidades que pueden medirse, compararse y relacionarse con la productividad y la empleabilidad. El propio ranking permite adem&aacute;s comparar los resultados entre pa&iacute;ses y regiones, introduciendo una l&oacute;gica de competencia y de evaluaci&oacute;n cuantitativa de los sistemas educativos. En definitiva, PISA forma parte del paradigma de la llamada &laquo;sociedad del conocimiento&raquo; que ha moldeado buena parte de las reformas educativas desde hace treinta a&ntilde;os y que puede resumirse en una idea: frente al conocimiento sustantivo y a la formaci&oacute;n general &mdash;la filosof&iacute;a, las ciencias sociales y las humanidades, pero tambi&eacute;n aquellas ramas de cualquier disciplina que no tengan una utilidad inmediata&mdash;, lo importante ser&iacute;a adquirir competencias adaptativas, es decir, la capacidad para desenvolverse en un mercado flexible y cambiante.
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de este paradigma de la &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo; insistieron en que el mundo hab&iacute;a cambiado, y que ya no viv&iacute;amos en una sociedad fordista donde un trabajador acced&iacute;a a un puesto de trabajo de por vida y con un horario estandarizado. Ahora viv&iacute;amos, se nos dec&iacute;a, en una sociedad posfordista donde el mercado es mucho m&aacute;s caprichoso y exige de los trabajadores habilidades que van m&aacute;s all&aacute; de ese conocimiento sustantivo que ofrec&iacute;a la educaci&oacute;n cl&aacute;sica. Ahora hab&iacute;a que promover habilidades pr&aacute;cticas a fin de que la nueva demanda de trabajo (los j&oacute;venes) pudieran adaptarse a la oferta de trabajo (flexible y cambiante, y tambi&eacute;n precaria). De qu&eacute; te iba a servir eso que llamamos &ldquo;cultura general&rdquo; cuando accedieras a tu puesto de trabajo como cajero de un banco, administrativo en una empresa o en cualquier posici&oacute;n en la hosteler&iacute;a. Tocaba ser pr&aacute;cticos y reducir el tiempo de formaci&oacute;n para sacar cuanto antes a trabajadores bien preparados para el mercado realmente existente. Esta es la filosof&iacute;a de toda las reformadas nacidas al amparo de esta &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los cambios educativos han sido brutales. La competitividad entre alumnos se ha disparado desde edades muy tempranas, lo que unido a los enormes recortes en la financiaci&oacute;n p&uacute;blica ha provocado que los estudiantes m&aacute;s j&oacute;venes desplieguen estrategias racionales donde lo &uacute;nico importante son los resultados cuantitativos, es decir, el examen de acceso a la universidad (la antigua selectividad, ahora PAU). Esas estrategias se elaboran a conciencia, concentrando todo el esfuerzo educativo en sacar la mejor nota en esos ex&aacute;menes, sin que importe ni el proceso ni lo que esos ex&aacute;menes dejan de medir. Entre las carreras universitarias, la sangr&iacute;a no ha sido menor: se recort&oacute; la duraci&oacute;n de las licenciaturas con una poda significativa de las asignaturas m&aacute;s generales y menos &ldquo;rentables para el mercado&rdquo;, y con la opci&oacute;n de hiperespecializarte a&uacute;n m&aacute;s en un m&aacute;ster cada vez m&aacute;s caro e inaccesible para la clase trabajadora. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las cr&iacute;ticas que hace veinte a&ntilde;os lanz&aacute;bamos era que este modelo educativo, derivado de este paradigma de &ldquo;la sociedad del conocimiento&rdquo;, tender&iacute;a a producir analfabetos funcionales. Es decir, multiplicar&iacute;a los casos de personas con t&iacute;tulos de todo tipo &mdash;bachillerato, graduados, posgraduados&hellip;&mdash; pero con una severa incapacidad de comprender los elementos m&aacute;s b&aacute;sicos de la vida fuera de su campo profesional. Por ejemplo, gente que careciera de cultura general, de preocupaci&oacute;n por c&oacute;mo se organiza la sociedad o, incluso &mdash;dec&iacute;amos pensando que era incluso exagerado&mdash; que no fuesen capaces de entender textos b&aacute;sicos. Hoy, cuando el informe PISA se&ntilde;ala el desplome en la comprensi&oacute;n lectora de los j&oacute;venes en todos los pa&iacute;ses analizados, y especialmente en Espa&ntilde;a, me vienen a la cabeza esos recuerdos.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera en todo caso evitar malentendidos. No creo que haya una &uacute;nica causa detr&aacute;s de las variaciones, desastrosas, de estos indicadores que mide el informe PISA. Por ejemplo, estoy de acuerdo con la hip&oacute;tesis de que el desplome tan agudo de la comprensi&oacute;n lectora tiene que ver en gran medida con el mal uso de la inteligencia artificial en educaci&oacute;n (que ahorra esfuerzos necesarios para la formaci&oacute;n) y con la p&eacute;rdida de atenci&oacute;n provocada por la irrupci&oacute;n de tel&eacute;fonos inteligentes, redes sociales y mecanismos de extracci&oacute;n de atenci&oacute;n sobre los j&oacute;venes. Creo que es evidente que todo ello merma la capacidad de los estudiantes para concentrarse y para aprender, por lo que cabe una inferencia provisional sobre este punto. 
    </p><p class="article-text">
        Pero mi argumento va m&aacute;s all&aacute; y es m&aacute;s estructural. Lo que digo es que tras d&eacute;cadas dise&ntilde;ando programas educativos pensados para crear trabajadores adaptativos y h&aacute;biles en sus campos profesionales, en realidad se ha conseguido lo que se buscaba. Seamos honestos: la mayor&iacute;a de trabajos realmente existentes en el mercado no exigen al trabajador la capacidad de comprender adecuadamente textos de m&aacute;s de 400 palabras. Y hemos dise&ntilde;ado la educaci&oacute;n para que los j&oacute;venes entren en esos mercados y en esas posiciones. 
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n no ha sido ese contrapeso frente a las din&aacute;micas de un capitalismo individualista, consumista e hipermoderno que tiende a convertir a los humanos en un sujeto que trabaja y consume acr&iacute;ticamente; en un elemento del que extraer la plusval&iacute;a y que cuanto m&aacute;s silencioso sea, mejor. Al contrario, la educaci&oacute;n ha viajado en paralelo a esas pulsiones, empujando en convertir al ser humano en parte del engranaje bien lubricado de la maximizaci&oacute;n de ganancia y el culto a la rentabilidad. En ese sentido, los sacrificios realizados son la cultura general, las artes, la filosof&iacute;a y los conocimientos y habilidades que aspiraban a crear ciudadanos virtuosos. Por eso digo que, en realidad, las reformas educativas han sido un &eacute;xito. Y quiz&aacute;s eso es lo que precisamente desvela el informe PISA.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-reformas-educativas-han-funcionado_129_13498358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2026 20:45:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y si las reformas educativas han funcionado?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Los inmigrantes bajan los salarios?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/acfd2a30-9dba-4fb8-85ca-ede4afe5f253_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1090y361.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Los inmigrantes bajan los salarios?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que presiona a la baja los salarios no es el pasaporte, sino el estatus. La alternativa al discurso antiinmigración no consiste en negar que puedan existir efectos distributivos ni en repetir que "la inmigración siempre es buena" y cerrar el debate. Consiste en preguntar quién gana y quién pierde, en qué circunstancias, mediante qué mecanismos y bajo qué instituciones. Y hacer política con ello</p><p class="subtitle">¿Crece España por la inmigración o por la productividad?</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-cosechado-resultado-historico-sajonia-anhalt-significa-alemania_129_13493527.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La extrema derecha alemana podr&aacute; gobernar en el Estado de Sajonia-Anhalt</a> si consigue el apoyo de BSW, un partido &lsquo;rojipardo&rsquo; fundado en 2023 como escisi&oacute;n de Die Linke &mdash;el equivalente a Izquierda Unida/Podemos en Espa&ntilde;a&mdash;. El motivo de aquella ruptura es el mismo por el que sus l&iacute;deres justifican ahora el posible apoyo a la ultraderecha: las pol&iacute;ticas contra la inmigraci&oacute;n. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os su carism&aacute;tica l&iacute;der, Sahra Wagenknecht (las siglas de su nombre est&aacute;n en el nombre del partido), ha hecho bandera de las pol&iacute;ticas antiinmigraci&oacute;n con un discurso pr&aacute;cticamente indistinguible del de la extrema derecha. Yo la conoc&iacute; en Berl&iacute;n en 2014, durante un homenaje a la revolucionaria e internacionalista Rosa Luxemburgo que ahora se me antoja ir&oacute;nico; aunque por aquel entonces ella todav&iacute;a era una dirigente alineada con la posici&oacute;n oficial de su entonces partido, que defend&iacute;a pol&iacute;ticas pro-inmigraci&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, el elemento central del discurso anti-inmigraci&oacute;n de Wagenknecht y su partido es que sit&uacute;an la entrada de <a href="https://www.eldiario.es/economia/bce-senala-inmigracion-impulsa-crecimiento-pib-europeo-espana_1_12286106.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajadores extranjeros como un problema</a> para los trabajadores nacionales. Seg&uacute;n ellos, los inmigrantes presionan los salarios a la baja y ello conduce al incremento de los beneficios de las empresas; en consecuencia, la soluci&oacute;n es limitar la entrada de inmigrantes para no empeorar las condiciones de la clase trabajadora alemana. Se trata de un discurso reconocible dentro de la familia de partidos de extrema derecha, especialmente aquellos que tienen como objetivo seducir a la clase trabajadora nacional que, se presupone, forma el granero de votos de la izquierda. Desde Jean-Marie Le Pen en los noventa hasta Vox en el presente, pasando por el vicepresidente y el presidente de Estados Unidos, todos ellos han defendido o defienden posiciones anti-inmigraci&oacute;n sostenidas sobre el argumento de que los inmigrantes son responsables de, al menos, parte del estancamiento o incluso retroceso salarial de los trabajadores nacionales. Aunque tanto para las extremas derechas como para el rojipardismo el fen&oacute;meno de la inmigraci&oacute;n es m&aacute;s amplio que la migraci&oacute;n laboral, en este an&aacute;lisis vamos a analizar qu&eacute; dicen los modelos econ&oacute;micos sobre esta relaci&oacute;n y cu&aacute;les son las conclusiones y contradicciones que emergen.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La inmigraci&oacute;n en la econom&iacute;a</strong></h2><p class="article-text">
        Toda proposici&oacute;n pol&iacute;tica, como aquella que asegura que &ldquo;los inmigrantes bajan los salarios&rdquo;, depende de la forma en la que entiende el mundo quien la formula, y esto a su vez suele ser el legado, casi siempre no reconocido, de una teor&iacute;a desarrollada por alg&uacute;n economista ya fallecido. Esta es la famosa tesis de J. M. Keynes sobre el papel de los economistas, y es totalmente v&aacute;lida aqu&iacute;. Dicho de otra forma, los economistas trabajan continuamente con modelos que &ldquo;simplifican&rdquo; el mundo, y a partir de los cuales se extraen ciertas proposiciones pol&iacute;ticas que despu&eacute;s se divulgan y difunden hasta llegar al com&uacute;n de los mortales; la mayor&iacute;a de las veces dotadas de la legitimidad que concede la apariencia de ciencia e incluso con el aura de un nuevo &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Ser consciente de esto es importante siempre, pero veremos que lo es especialmente con el tema de la inmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para entender este punto es relevante comenzar con el trabajo del economista Paul Samuelson, quien en 1948 formaliz&oacute; lo que se conoce como &ldquo;teorema de igualaci&oacute;n de precios de los factores&rdquo;. Aqu&iacute; nos interesa centrarnos en que, seg&uacute;n este teorema, el libre comercio entre pa&iacute;ses tender&aacute; a igualar el precio de los factores capital y trabajo, es decir, de la tasa de ganancia y del salario. As&iacute;, el teorema predice que si dos pa&iacute;ses con distintos niveles salariales deciden comenzar a comerciar entre ellos, los salarios del pa&iacute;s m&aacute;s pobre subir&aacute;n y los salarios del pa&iacute;s m&aacute;s rico bajar&aacute;n. Casi todo el debate posterior entre economistas gira en torno a por qu&eacute; ese no es el resultado que observamos en la realidad; pero la mayor&iacute;a de los economistas asume que ese es el mecanismo esencial del funcionamiento de la econom&iacute;a capitalista.
    </p><p class="article-text">
        La intuici&oacute;n que difunden los partidos &lsquo;rojipardos&rsquo; y de extrema derecha se inspira precisamente en esa forma de pensar el mundo. En ese mundo &ldquo;idealizado&rdquo; por los economistas s&oacute;lo existen dos factores de producci&oacute;n, capital y trabajo, y seg&uacute;n si se &ldquo;permite&rdquo; que se muevan libremente se producir&aacute; un resultado u otro. Por ejemplo, en los a&ntilde;os noventa el economista George Borjas elabor&oacute; un modelo que supon&iacute;a que el factor trabajo era libre (las personas pod&iacute;an ir de un pa&iacute;s a otro sin problemas) pero el factor capital era fijo. Las conclusiones fueron que la entrada de inmigrantes produc&iacute;a una bajada de salarios de los trabajadores nativos y, adem&aacute;s, elevaba los beneficios de las empresas. Como ocurre con todos los modelos, modificar un supuesto por otro cambia (mucho) las conclusiones: en los modelos donde adem&aacute;s del trabajo el capital tambi&eacute;n se puede mover, la predicci&oacute;n es que el salario no bajar&aacute; con la entrada de inmigraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En un modelo completamente diferente, como el del marxista Arghiri Emmanuel, el mundo que se piensa es uno en el que el capital es el &uacute;nico factor que se puede mover entre pa&iacute;ses mientras que el trabajo est&aacute; restringido por los controles anti-inmigraci&oacute;n. En su modelo, el diferencial salarial entre los pa&iacute;ses ricos (el Norte) y los pa&iacute;ses pobres (el Sur) nunca puede cerrarse, y esa es la causa por la que el Norte explota al Sur mediante intercambios desiguales. La conclusi&oacute;n pol&iacute;tica de Emmanuel fue muy controvertida porque se&ntilde;alaba a los sindicatos de los pa&iacute;ses ricos como responsables y beneficiarios del mantenimiento de esa situaci&oacute;n injusta (pi&eacute;nsese que Emmanuel cre&iacute;a tambi&eacute;n que, en condiciones de libre movilidad de factores, los salarios converger&iacute;an).
    </p><h2 class="article-text"><strong>El marxismo y la inmigraci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        Emmanuel no es el &uacute;nico marxista cuyo trabajo asume que, en ausencia de obst&aacute;culos como las pol&iacute;ticas de restricci&oacute;n de inmigrantes, existe una tendencia del sistema hacia la igualaci&oacute;n del precio de los factores. El propio Marx reconoci&oacute; ese mecanismo en varios de sus trabajos, aunque en &eacute;l opera de una forma distinta a la de los economistas ortodoxos. Para el autor de <em>El Capital</em>, el salario depende fundamentalmente del poder de negociaci&oacute;n de la clase trabajadora frente al capital, y la din&aacute;mica capitalista desgasta esa capacidad a trav&eacute;s del &ldquo;ej&eacute;rcito industrial de reserva&rdquo;, es decir, de una gran masa de desempleados creados por el capitalismo. Esa enorme mano de obra disponible para el empresario disciplina tambi&eacute;n a los trabajadores, dificultando su capacidad de organizarse y de negociar mejores salarios. Los inmigrantes ser&iacute;an, en este modelo, un volumen adicional al ej&eacute;rcito industrial de reserva pero, en general, con muchos menos derechos y protecciones.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso de Marx es que, aunque aceptaba el diagn&oacute;stico de que la inmigraci&oacute;n presionaba a la baja los salarios de los trabajadores nacionales, nunca concluy&oacute; que la soluci&oacute;n era restringir los movimientos de los trabajadores. Cuando analiz&oacute; la inmigraci&oacute;n irlandesa en Inglaterra, comprendi&oacute; que exist&iacute;a &ldquo;una clase obrera dividida en dos campos enemigos, proletarios ingleses y proletarios irlandeses&rdquo; y reconoci&oacute; que &ldquo;el trabajador ingl&eacute;s com&uacute;n odia al trabajador irland&eacute;s como competidor que reduce el nivel de vida&rdquo;. Para Marx era claro que el problema era la divisi&oacute;n de clase que imped&iacute;a que irlandeses e ingleses, juntos, exigieran mejores condiciones de trabajo. Y el remedio no era profundizar esa divisi&oacute;n, excluyendo a los irlandeses, sino acabar con la opresi&oacute;n de Irlanda y del capitalismo que hab&iacute;a empujado a la emigraci&oacute;n a tantos trabajadores. 
    </p><p class="article-text">
        El texto al que me estoy refiriendo <a href="https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870/abril/09.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; escrito en 1870</a>, pero podr&iacute;a ser actual. Marx ve&iacute;a con claridad que la oposici&oacute;n entre trabajadores inmigrantes y nacionales era s&oacute;lo del inter&eacute;s de los capitalistas explotadores. Y, literalmente, reconoc&iacute;a que &ldquo;este antagonismo se mantiene artificialmente despierto y se ve acentuado por la prensa, el p&uacute;lpito, las revistas econ&oacute;micas, o sea, por todos los medios a disposici&oacute;n de las clases dominantes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organizaci&oacute;n&rdquo;. Esta l&iacute;nea de pensamiento, por cierto, fue seguida por dirigentes como Lenin o Rosa Luxemburgo, para quienes la soluci&oacute;n nunca pas&oacute; por el nacionalismo sino por la conciencia de clase. A diferencia de lo que sucede con toda la desviaci&oacute;n rojiparda.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iexcl;Son las instituciones!</strong></h2><p class="article-text">
        Si Marx y los economistas liberales comparten que existe un mecanismo que iguala los salarios v&iacute;a libre comercio, competencia o poder de negociaci&oacute;n, &iquest;significa eso que es inevitable que la inmigraci&oacute;n produzca bajadas salariales entre los trabajadores nacionales? La respuesta es que no. Porque igual que hemos visto que, dependiendo del supuesto del modelo se obtienen unos resultados u otros, el capitalismo no opera en el vac&iacute;o, sino mediante instituciones, es decir, leyes, normas, tradiciones, costumbres&hellip; Lo que determina los resultados reales no son solo los precios, sino la combinaci&oacute;n de instituciones y precios. Y son esas instituciones las que moldean la forma en la que se absorben impactos como el de la inmigraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, para Marx lo relevante no era la nacionalidad del trabajador, sino su estatus: proced&iacute;a de un pa&iacute;s donde los salarios eran m&aacute;s bajos porque la acumulaci&oacute;n capitalista era m&aacute;s d&eacute;bil, contaba con menos derechos y estaba acostumbrado a un nivel de vida m&aacute;s modesto. De hecho, los inmigrantes presionan a la baja los salarios y condiciones m&aacute;s que los nacionales solo cuando sus condiciones laborales son inferiores. El perfil del inmigrante es, efectivamente, carne de ca&ntilde;&oacute;n para ser superexplotados y para ser la parte m&aacute;s rocosa del ej&eacute;rcito industrial de reserva. 
    </p><p class="article-text">
        Debido en gran parte al fracaso de los modelos econ&oacute;micos a la hora de predecir qu&eacute; ocurre con los flujos migratorios, y la constataci&oacute;n de que en casi ninguna parte han convergido los salarios, el an&aacute;lisis de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobre la inmigraci&oacute;n y sus efectos se ha desplazado desde el enfoque puramente econ&oacute;mico (s&oacute;lo precios) a otro m&aacute;s institucional. Por ejemplo, hoy se acepta que los mercados est&aacute;n segmentados y que los inmigrantes apenas entran en competici&oacute;n directa con los trabajadores nacionales (los primeros suelen recalar en trabajos de poca cualificaci&oacute;n que los nacionales ya no quieren hacer), que las condiciones jur&iacute;dicas de los inmigrantes son altamente relevantes y que si cuentan con los mismos derechos el impacto negativo desaparece, y que el poder pol&iacute;tico de negociaci&oacute;n es especialmente importante (particularmente en sectores con monopolio). La inmensa mayor&iacute;a de los estudios que han evaluado todas estas cuestiones de forma m&aacute;s amplia han concluido que en promedio el salario de los nacionales no se ve afectado por la entrada de inmigrantes y que, cuando hay efectos negativos, est&aacute;n asim&eacute;tricamente distribuidos (por ejemplo, sobre los sectores de baja cualificaci&oacute;n y sectores m&aacute;s desprotegidos en general).
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusiones</strong></h2><p class="article-text">
        Lo curioso es que los modelos sobre la inmigraci&oacute;n son tambi&eacute;n modelos sobre el comercio. En 1957, el economista Robert Mundell subray&oacute; que la entrada de inmigrantes de poca cualificaci&oacute;n era equivalente a importar bienes producidos en pa&iacute;ses de bajos salarios a partir de trabajo poco cualificado. Eso significa asumir que la importaci&oacute;n en masa de productos chinos es equivalente a la entrada de inmigraci&oacute;n masiva china, y sus efectos sobre los empleos y salarios ser&iacute;a igual. Esto permite entender mejor por qu&eacute; la pregunta &ldquo;&iquest;los inmigrantes bajan los salarios?&rdquo; est&aacute; mal planteada si se formula como una cuesti&oacute;n puramente econ&oacute;mica. La respuesta depende de qu&eacute; trabajadores compiten con cu&aacute;les, de cu&aacute;nto capital se acumula, de c&oacute;mo reaccionan las empresas, de qu&eacute; sectores crecen, de qu&eacute; instituciones regulan el mercado laboral y, sobre todo, de cu&aacute;l sea el poder de negociaci&oacute;n de los trabajadores. No existe una ley econ&oacute;mica que diga que la llegada de inmigrantes tiene necesariamente que traducirse en una reducci&oacute;n generalizada de los salarios nacionales. Eso es naturalizar un estado de las cosas (el del capitalismo realmente existente) que es hist&oacute;ricamente espec&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Si contratar a un trabajador reci&eacute;n llegado y descargar un contenedor procedente de Asia son, desde el punto de vista del salario nacional, la misma operaci&oacute;n, entonces cerrar la frontera a las personas no elimina la competencia y &uacute;nicamente la desplaza. El empresario que no puede traer al trabajador se traslada &eacute;l, o le encarga la pieza a un proveedor que ya est&aacute; all&iacute;. Es, literalmente, lo que ha ocurrido durante las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. Esto es lo que nombra la expresi&oacute;n actualizada de &ldquo;ej&eacute;rcito mundial de reserva&rdquo;, que acostumbra a usar el marxista John Bellamy Foster. Y lo cierto es que la masa de trabajadores disponible para disciplinar salarios dej&oacute; de ser nacional hace mucho tiempo. La clave es que el capital no necesita que esa masa cruce la frontera, porque puede cruzarla &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto va mucho m&aacute;s all&aacute; que una cuesti&oacute;n meramente te&oacute;rica. Como dije al principio, las teor&iacute;as de los economistas muertos resuenan siempre en las proposiciones actuales. Y la actualidad est&aacute; llena de esas proposiciones, por ejemplo de aquellas que plantean qu&eacute; movilidades se proponen restringir y cu&aacute;les no. Porque ning&uacute;n programa de extrema derecha &mdash;tampoco el rojipardo, m&aacute;s all&aacute; de la ret&oacute;rica&mdash; propone cerrar la movilidad del capital. En todas estas propuestas se criminaliza al trabajador, pero no al capital, lo que es sintom&aacute;tico del discurso de clase.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos entonces a la pregunta del t&iacute;tulo. &iquest;Bajan los inmigrantes los salarios? La respuesta que dan a la vez la mayor&iacute;a de modelos modernos y la evidencia es que no lo hacen por ser inmigrantes, sino all&iacute; donde son trabajadores con menos derechos. As&iacute; que lo que presiona a la baja los salarios no es el pasaporte, sino el estatus. Y lo que propone la extrema derecha y los &lsquo;rojipardos&rsquo; &mdash;recortar derechos y expulsar a una parte de la clase trabajadora&mdash; es exactamente la que abarata a los competidores de la otra parte. Es una pol&iacute;tica patronal formulada en el idioma de los obreros. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la alternativa al discurso antiinmigraci&oacute;n no consiste en negar que puedan existir efectos distributivos asociados a la inmigraci&oacute;n. Tampoco consiste en repetir que &ldquo;la inmigraci&oacute;n siempre es buena&rdquo; y cerrar el debate. Consiste en preguntar qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde, en qu&eacute; circunstancias, mediante qu&eacute; mecanismos y bajo qu&eacute; instituciones. Y hacer pol&iacute;tica con ello. Como he mostrado antes, Marx lo entendi&oacute; en 1870 y lo resumi&oacute; muy bien al decir que el antagonismo entre trabajadores ingleses e irlandeses era &ldquo;el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organizaci&oacute;n&rdquo;. Se puede levantar una alambrada o un muro alrededor de un pa&iacute;s, pero no alrededor del mercado mundial. Frente a un ej&eacute;rcito de reserva de dimensiones planetarias solo caben dos respuestas. La primera es competir todos a la baja en un terreno donde nadie tiene derechos, que es el proyecto de la extrema derecha en un contexto de crisis ecosocial. La segunda es extender los derechos hasta que la competencia deje de librarse por abajo. Esta &uacute;ltima era la apuesta de aquella Rosa Luxemburgo a la que fuimos a homenajear a Berl&iacute;n en 2014. La primera, doce a&ntilde;os despu&eacute;s, es lo que se est&aacute; negociando en Sajonia-Anhalt.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/inmigrantes-bajan-salarios_129_13495886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Los inmigrantes bajan los salarios?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigrantes,Inmigración,Salarios,PIB,Extrema derecha,Alemania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si quieren defender Ceuta, que ayuden a Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-quieren-defender-ceuta-ayuden-ceuta_129_13482402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/041052cf-912e-44e9-8234-02ac2f51fd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1238y310.jpg" width="1200" height="675" alt="Si quieren defender Ceuta, que ayuden a Ceuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al no plantear siquiera la medida, el Gobierno concede la premisa de que trasladar migrantes a la península es en sí mismo inadmisible. El Gobierno parece hipotecado por las iniciales y rápidas declaraciones de varios ministros diciendo que todos los inmigrantes serían devueltos. La realidad es más compleja</p></div><p class="article-text">
        Ceuta tiene unos 84.000 habitantes y unas capacidades de acogida muy limitadas. Por eso la permanencia prolongada de varios miles de personas sin recursos, y que por lo tanto deambulan de un lado hacia otro busc&aacute;ndose la vida, ha alterado profundamente el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Algunos lo expresan directamente en t&eacute;rminos racistas, y parece molestarles sobre todo que la mayor&iacute;a sean magreb&iacute;es y musulmanes, pero el conjunto de la poblaci&oacute;n lo est&aacute; experimentando como un fen&oacute;meno de saturaci&oacute;n y congesti&oacute;n. Son dos fen&oacute;menos que se mezclan interesadamente, pero que son distintos. Y lo m&aacute;s importante es reconocer que Ceuta no tiene capacidad de absorci&oacute;n suficiente como para que la vida vuelva a la normalidad. Y, sin normalidad, la gente se frustra y se hace m&aacute;s sensible ante los discursos incendiarios.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, aunque nos disguste y duela, es innegable que el Gobierno ha llegado tarde. M&aacute;s all&aacute; del debate sobre la causa de la entrada de miles de personas por la frontera, aspecto en el que el Gobierno sigue empe&ntilde;ado en proteger a Marruecos, est&aacute; el debate sobre la gesti&oacute;n de esta saturaci&oacute;n y congesti&oacute;n. La falta de soluciones pr&aacute;cticas y la lentitud en desplegar incluso el apoyo m&aacute;s b&aacute;sico, dejando por semanas que los inmigrantes se hacinaran en asentamientos improvisados, ha desconcertado no solo a los ceut&iacute;es sino a toda la poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, no existen soluciones m&aacute;gicas, es decir, r&aacute;pidas y que al mismo tiempo sean legales y decentes. Porque devolver de manera inmediata a todos los entrantes es tan inhumano como ilegal, aunque entre los discursos de la extrema derecha esta sea la propuesta estrella. Al fin y al cabo, si para ellos, como dijo el diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo, el objetivo a perseguir en los primeros compases era <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica-directo_6_13446661_1124377.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cazar inmigrantes</a>, uno tiene que deducir que ahora su objetivo es poco menos que tirarlos al mar. Esos discursos carecen de base legal, y ya han sido denunciados por incitaci&oacute;n al odio, pero van calando entre una sociedad que ha comprado el marco de inmigraci&oacute;n como amenaza (con la ayuda de un vocabulario muy extendido entre medios convencionales: invasi&oacute;n, ataque, asalto&hellip;). De ah&iacute; derivamos un problema sociol&oacute;gico y pol&iacute;tico importante, que nos costar&aacute; caro, pero no una soluci&oacute;n pr&aacute;ctica y legal.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, lo &uacute;nico que puede hacerse al respecto es acelerar los procedimientos que marca la ley para registrar a los inmigrantes y evaluar sus casos individualmente. Este es un proceso que requiere apoyo log&iacute;stico y personal suplementario para poder realizarse, lo que necesariamente es lento y exige que, mientras tanto, los inmigrantes est&eacute;n en las mejores condiciones posibles. Hoy, habiendo transcurrido m&aacute;s de un mes desde el inicio de la crisis, todav&iacute;a hay miles de personas no integradas en este sistema y que, por lo tanto, permanecen varadas en las calles de Ceuta. Pero incluso cuando ya est&eacute;n todas las personas listadas y bien atendidas, seguir&aacute;n permaneciendo en la ciudad y alterando la normalidad de los ceut&iacute;es. El riesgo es que entonces Ceuta se convierta en Lesbos, es decir, un territorio fronterizo transmutado de facto en sala de espera permanente de un problema que corresponde gestionar al conjunto del Estado y de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        No sorprender&aacute; a nadie que todo esto sea una bomba de relojer&iacute;a, de esas que se convierten en estupendas oportunidades para el crecimiento de una extrema derecha deseosa de lanzar cualquier cosa a la cara de este gobierno. Habiendo convertido la inmigraci&oacute;n en un fen&oacute;meno criminalizado y deshumanizado, la extrema derecha, y la derecha tradicional por imitaci&oacute;n competitiva, explotan la frustraci&oacute;n ciudadana tanto como pueden. Pero cuando se juntan miles de personas, muchas de ellas desesperadas por recibir incluso comida, los altercados pueden producirse. Y solo hace falta un poco de mala suerte para que uno de esos altercados encienda una mecha de consecuencias impredecibles. Ya hemos visto a grupos ultras yendo a quemar los asentamientos de los inmigrantes, expandiendo as&iacute; el lenguaje pr&aacute;ctico de la extrema derecha. Qu&eacute; no puede pasar si uno de esos hipot&eacute;ticos altercados se convierte en la simbolog&iacute;a que la extrema derecha necesita para darle una falsa ilusi&oacute;n de verosimilitud a sus narrativas xen&oacute;fobas. Me temo que no estamos tan lejos de un escenario as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente resulta que desactivar esta bomba de relojer&iacute;a es relativamente f&aacute;cil, al menos t&eacute;cnicamente. Se tratar&iacute;a de obrar como se ha hecho otras veces, es decir, repartiendo el volumen de inmigrantes por toda la pen&iacute;nsula y, en consecuencia, mostrando una solidaridad efectiva con Ceuta para que no sean ellos los que tengan que absorber en solitario esta funci&oacute;n. Adem&aacute;s, nada de esto implicar&iacute;a la permanencia definitiva de los inmigrantes, que deber&iacute;an seguir adscritos a los protocolos establecidos. El caso m&aacute;s obvio, por el que podr&iacute;a empezarse desde ya, y estar&iacute;a justificado plenamente por la doble y triple condici&oacute;n de vulnerabilidad, es el de los menores no acompa&ntilde;ados y particularmente de las ni&ntilde;as. La estimaci&oacute;n de unos 2.500 menores que podr&iacute;an ser repartidos desde ya dentro de los programas habituales &mdash;en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, y antes de esta reciente entrada, fueron efectivamente repartidos desde Ceuta m&aacute;s de 600 con total normalidad&mdash;. Todo ello abundar&iacute;a en la protecci&oacute;n de los menores inmigrantes, pero tambi&eacute;n ayudar&iacute;a a descongestionar Ceuta y a restar presi&oacute;n a la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las comunidades gobernadas por PP y VOX se niegan. Presas del discurso de la extrema derecha, que ya provoc&oacute; varias crisis de gobierno en 2021 y desemboc&oacute; en la ruptura de sus alianzas, estas comunidades se niegan a ayudar a Ceuta. Ya he mencionado que los representantes de extrema derecha exigen cometer la ilegalidad de devolver a todas estas personas a la frontera. El PP, por su lado, se conforma con repetir un mantra abstracto de que quiere soluciones, pero negando la &uacute;nica viable a corto plazo. Y aqu&iacute;, lo sorprendente, es por qu&eacute; Pedro S&aacute;nchez no ha salido a la ofensiva con esta situaci&oacute;n. Podr&iacute;a haber puesto encima de la mesa la hipocres&iacute;a de quienes hablan de &ldquo;defender Ceuta&rdquo; pero luego se niegan a la &uacute;nica medida capaz de reducir r&aacute;pidamente la presi&oacute;n demogr&aacute;fica sobre Ceuta. Podr&iacute;a ponerles a ambos frente al espejo y denunciar que estas derechas tratan a los seres humanos como meros objetos sin alma, y que su cristianismo es s&oacute;lo est&eacute;tico y ya, quiz&aacute;s, ni eso. Podr&iacute;a, en definitiva, salir a la ofensiva y ser coherente con el gobierno que acogi&oacute; al barco Aquarius o que est&aacute; regularizando a m&aacute;s de medio mill&oacute;n de inmigrantes que ya viven y trabajan en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no lo ha hecho. Pedro S&aacute;nchez ha decidido seguir aplastado entre el sabotaje del PP y Vox y la presi&oacute;n del discurso ultra, tambi&eacute;n del que procede de la Uni&oacute;n Europea y que ve con malos ojos que haya inmigrantes en la pen&iacute;nsula &mdash;como si no entraran muchos m&aacute;s por avi&oacute;n a trav&eacute;s de los principales aeropuertos de Europa&mdash;. Incluso en el caso de los menores, Pedro S&aacute;nchez sigue neg&aacute;ndose a que sean trasladados a otras comunidades aut&oacute;nomas. 
    </p><p class="article-text">
        Hay quien sostiene que la ofensiva ultra se multiplicar&iacute;a si el Gobierno aceptara esta &uacute;nica medida viable, y que terminar&iacute;a cayendo. No es una hip&oacute;tesis descabellada, y probablemente es lo que explica el comportamiento del presidente. Pero este planteamiento descansa en el supuesto impl&iacute;cito de que esperar es gratis, cosa que est&aacute; lejos de ser cierta. En primer lugar, la extrema derecha no se ha desmovilizado ni una sola vez a cambio de una cesi&oacute;n en este terreno; ni en 2021, cuando el reparto de menores le sirvi&oacute; para romper gobiernos auton&oacute;micos, ni despu&eacute;s, cuando el endurecimiento del discurso migratorio del conjunto del arco parlamentario no le rest&oacute; un solo voto. Dado que exigen lo imposible &mdash;devolver a todos, ya&mdash; nunca van a ser satisfechos, y por tanto tampoco desactivados. En segundo lugar, la demora fabrica exactamente el material que la extrema derecha necesita. Cada semana de personas durmiendo en asentamientos improvisados produce m&aacute;s im&aacute;genes aprovechables que cualquier autob&uacute;s saliendo hacia la pen&iacute;nsula: los altercados, los grupos ultras yendo a quemar campamentos, la sensaci&oacute;n de descontrol. El Gobierno cree estar evitando un titular y lo que hace es alargar la producci&oacute;n diaria de titulares peores. 
    </p><p class="article-text">
        Al no plantear siquiera la medida, el Gobierno concede la premisa de que trasladar migrantes a la pen&iacute;nsula es en s&iacute; mismo inadmisible. El Gobierno parece hipotecado por las iniciales y r&aacute;pidas declaraciones de varios ministros diciendo que todos los inmigrantes ser&iacute;an devueltos. La realidad es m&aacute;s compleja que aquellas posiciones, que sonaban a precipitada defensa frente al discurso ultra, y nos obliga a reconocer que no sabemos cu&aacute;ntos inmigrantes ser&aacute;n finalmente devueltos. Lo que s&iacute; sabemos es que ese dato lo conoceremos mucho m&aacute;s tarde, y que lo que ahora importa es el <em>mientras tanto</em> en el que crecen las derechas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/si-quieren-defender-ceuta-ayuden-ceuta_129_13482402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 20:23:30 +0000]]></pubDate>
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