<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Zigor Aldama]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/zigor_aldama/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Zigor Aldama]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511354" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay mascarilla para proteger la economía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mascarilla-proteger-economia_1_1047481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/355eb228-d07a-4054-920b-6c17562cd541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No hay mascarilla para proteger la economía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El coronavirus se ceba con la economía china y las empresas españolas en el país temen el descenso del consumo y una ruptura en la cadena global de suministros</p><p class="subtitle">El coronavirus limpia la atmósfera china</p></div><p class="article-text">
        Han pasado ya dos meses y medio <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Ultima-hora-coronavirus-mundo-Espana_13_1000679924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde que se detect&oacute; un extra&ntilde;o virus en la ciudad china de Wuhan</a>, y m&aacute;s de un mes desde que el Gobierno decret&oacute; su cierre a cal y canto. Desde la v&iacute;spera del A&ntilde;o Nuevo Lunar, casi 60 millones de personas est&aacute;n enclaustradas en sus casas, y la segunda potencia mundial ha reducido su actividad al m&iacute;nimo para evitar la propagaci&oacute;n del coronavirus que tiene al mundo en vilo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, despu&eacute;s de haber encadenado m&aacute;s de dos semanas con un n&uacute;mero decreciente de nuevos contagios diarios, <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/Puede-coronavirus-descarrilar-economia-mundial_0_994251385.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China necesita reactivar la econom&iacute;a para evitar que la crisis sanitaria haga mella</a> en el pilar sobre el que se sustenta la legitimidad pol&iacute;tica del Partido Comunista: su capacidad para incrementar constantemente el bienestar de los 1.400 millones de habitantes del pa&iacute;s m&aacute;s poblado del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Pero no va a ser f&aacute;cil arrancar el motor de la f&aacute;brica del mundo. Lo refleja bien el &Iacute;ndice de Gestores de Compras, que en febrero cay&oacute; a su m&iacute;nimo hist&oacute;rico: 35,7 puntos. Por debajo de 50 se entiende que hay una contracci&oacute;n de la actividad industrial. Las expectativas no son buenas. Lo demuestra el &Iacute;ndice de Condiciones Empresariales que publica en Pek&iacute;n la escuela de negocios CKGSB, una variable que recoge la confianza de la peque&ntilde;a y mediana empresa china y que en febrero se desplom&oacute; tambi&eacute;n hasta el m&iacute;nimo hist&oacute;rico: 37,3 puntos de 100, casi 20 menos que en enero.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;bamos preparados para una ca&iacute;da, pero no para una tan abrupta&rdquo;, apunta la instituci&oacute;n. Seg&uacute;n los diferentes componentes del &iacute;ndice, las empresas consideran que, sobre todo, van a caer sus ingresos, y su capacidad tanto para financiarse como para reclutar talento.
    </p><p class="article-text">
        La C&aacute;mara de Comercio Europea en China, que el pasado jueves public&oacute; un extenso informe sobre las consecuencias econ&oacute;micas del coronavirus, se&ntilde;ala que el 89% de las empresas asociadas est&aacute;n sufriendo un impacto medio o severo. Y que el 48% espera que los ingresos durante la primera mitad del a&ntilde;o se reduzcan al menos un 20%. As&iacute;, un 46% ha rebajado sus objetivos de crecimiento para el conjunto de 2020. Algo similar sucede entre las empresas estadounidenses: un 10% pierde m&aacute;s de 500.000 yuanes (66.000 euros) al d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los problemas principales, mencionado por un 47% de las empresas europeas encuestadas, est&aacute; en la escasez de la mano de obra. Lo explica bien la joyera catalana Paloma S&aacute;nchez, que produce y vende en Pek&iacute;n. &ldquo;Las restricciones a los movimientos han hecho que mis orfebres no hayan podido regresar de la provincia de Guangdong. Y, aunque pudiesen volver, en Pek&iacute;n los someter&iacute;an a una cuarentena de 14 d&iacute;as&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;As&iacute; que, aunque se pueda abrir la tienda, no podemos fabricar las piezas de los pedidos que tenemos pendientes. Y no sabemos cu&aacute;nto se va a alargar esta situaci&oacute;n. Mis gastos son los mismos, porque tengo que pagar alquileres y sueldos, pero no tengo ingresos&rdquo;, lamenta. En torno al 30% de las empresas europeas en China se encuentra en esta situaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Sector servicios e industria, los m&aacute;s afectados</h3><p class="article-text">
        A esta coyuntura hay que sumar el descalabro del consumo, que afecta al 56% de las compa&ntilde;&iacute;as. &ldquo;Ya ten&iacute;amos asumido que, como siempre, durante las dos semanas del A&ntilde;o Nuevo Lunar las ventas caer&iacute;an. Pero, a diferencia de lo que ha sucedido en otras ocasiones, ese consumo no se ha reactivado en las dos semanas siguientes porque la gente est&aacute; en casa y solo compra lo b&aacute;sico. Si esta situaci&oacute;n se alarga mucho en el tiempo, puede resultar catastr&oacute;fica para el comercio&rdquo;, a&ntilde;ade S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        Asier Bideguren, responsable de producci&oacute;n de la f&aacute;brica textil de Ponsa en Dongguan, es de la misma opini&oacute;n. &ldquo;El sector servicios va a ser el m&aacute;s afectado por la crisis del coronavirus, sobre todo el de la hosteler&iacute;a. Muchos restaurantes est&aacute;n cerrados o solo pueden servir a domicilio, y la gente cocina en casa&rdquo;, avanza.
    </p><p class="article-text">
        Sergio Moreno, chef del restaurante Commune Social de Shangh&aacute;i, le da la raz&oacute;n. Despu&eacute;s de haber pasado m&aacute;s de un mes fuera de China porque no consegu&iacute;a regresar desde &Aacute;frica, donde estaba de vacaciones, ahora se enfrenta a una demanda que coquetea con el cero. &ldquo;Algunos empleados no han regresado y no se les espera, pero es que todav&iacute;a ni siquiera podemos abrir. Vamos a poner en marcha el env&iacute;o a domicilio, pero eso no cubrir&aacute; ni los costes de operaci&oacute;n. Esperamos que la normalidad regrese hacia el 10 de marzo, porque, de lo contrario, el barco se hunde&rdquo;, explica el cocinero malague&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco va a ser un campo de rosas para la industria. &ldquo;A China le va a afectar bastante. Sobre todo, a la empresa peque&ntilde;a y privada, porque el Gobierno har&aacute; todo lo posible por sostener el sector p&uacute;blico y maquillar con &eacute;l los datos macroecon&oacute;micos&rdquo;, analiza Bideguren. &ldquo;Habr&aacute; muchas diferencias por sectores. En el textil, que es en el que estamos nosotros, va a afectar sobre todo al del algod&oacute;n. Y es evidente que las marcas de moda van a buscar proveedores en otros pa&iacute;ses&rdquo;, vaticina.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el informe publicado por la C&aacute;mara de Comercio de Estados Unidos en China, un tercio de las empresas americanas est&aacute; sopesando la posibilidad de trasladar su producci&oacute;n fuera del gigante asi&aacute;tico, sobre todo al sudeste del continente. Y Joerg Wuttke, presidente de la C&aacute;mara Europea, a&ntilde;ade que el coronavirus &ldquo;va a cambiar la forma en la que hacemos los negocios&rdquo;, impulsando una mayor diversificaci&oacute;n. Pero advierte de que &ldquo;para muchos, irse de China no es una posibilidad porque no existe otra China&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ponsa no tiene intenci&oacute;n de moverse. &ldquo;Nuestra materia prima es derivada del pl&aacute;stico y el precio se mantiene estable. Por eso, aunque va a ser un a&ntilde;o dif&iacute;cil, las expectativas que tenemos son similares a las del a&ntilde;o pasado. Hemos abierto 10 d&iacute;as m&aacute;s tarde de lo esperado y ahora estamos recuperando ese tiempo perdido a&ntilde;adiendo una hora extra a la semana. De momento, nadie ha cancelado pedidos. As&iacute; que el quid de la cuesti&oacute;n va a estar en la negociaci&oacute;n de los precios con clientes y proveedores&rdquo;, explica Bideguren.
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s dif&iacute;cil va a ser la situaci&oacute;n en el sector de automoci&oacute;n. China es el principal mercado mundial y la crisis del coronavirus puede ser el tiro de gracia para unas ventas que encadenan ya muchos meses en declive. No en vano, seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n China de Fabricantes de Autom&oacute;viles, la venta de coches en la primera mitad de febrero cay&oacute; un 92% hasta los 4.909. &ldquo;La mayor parte de los concesionarios ha permanecido cerrada y los que han abierto apenas han recibido clientes&rdquo;, explic&oacute; la Asociaci&oacute;n en un comunicado que augura tiempos oscuros para el sector.
    </p><p class="article-text">
        Lo corrobora Pedro Segovia, director industrial de la empresa de recambios RTS en la localidad de Jinhua. &ldquo;El impacto econ&oacute;mico de la industria de automoci&oacute;n va a ser catastr&oacute;fico para China. Porque el coronavirus llega en un momento en el que el sector se encuentra en un importante periodo de transici&oacute;n, tras la crisis del di&eacute;sel y en los albores de los veh&iacute;culos de energ&iacute;as limpias. La incertidumbre agudiza la ca&iacute;da de las ventas de autom&oacute;viles y, l&oacute;gicamente, eso se traslada a los fabricantes de componentes&rdquo;, opina Segovia, que a&uacute;n vive aislado y limita los movimientos al trabajo y al supermercado.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l tambi&eacute;n cree que la coyuntura actual va a dar &ldquo;la puntilla a las plantas chinas de muchas empresas que ya de por s&iacute; ve&iacute;an que sus m&aacute;rgenes se estaban reduciendo por la propia evoluci&oacute;n del pa&iacute;s&rdquo;. Y avanza que tambi&eacute;n va a suponer el traslado de la producci&oacute;n de fabricantes de todos los tama&ntilde;os a otros pa&iacute;ses como pueden ser M&eacute;xico, Indonesia o Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo amigos que trabajan en M&eacute;xico, donde yo estuve dos a&ntilde;os, que me confirman subidas importantes de pedidos como prevenci&oacute;n. Eso va a proporcionar una importante oportunidad de crecimiento en otros pa&iacute;ses, a pesar de que no se crezca globalmente. La gran duda es saber si cuando la situaci&oacute;n se normalice, los pedidos volver&aacute;n a China o se quedar&aacute;n en su nuevo destino&rdquo;, se pregunta el industrial.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que en muchos casos no lo har&aacute;n, porque los m&aacute;rgenes que obtienen las empresas en sus plantas chinas no es, ni mucho menos, los de hace 10 o 15 a&ntilde;os. El pa&iacute;s ya casi solo resulta interesante para aquellas empresas con ventas en la propia China&rdquo;, opina. &ldquo;El pa&iacute;s ha pasado de ser la f&aacute;brica del mundo a convertirse en el mayor consumidor del mundo. Por eso, la clave de su recuperaci&oacute;n va a estar en el comportamiento que tenga el consumo interno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A ese respecto, muchos vaticinan un rebote. &ldquo;Cuando todo vuelva a la normalidad, espero que la gente vuelva a disfrutar de la vida y haga esas compras que ha retenido durante todo este tiempo&rdquo;, comenta S&aacute;nchez. Y Goldman Sachs es de la misma opini&oacute;n: cuando pase la crisis, el comercio vivir&aacute; un <em>boom</em> temporal. Wuttke va m&aacute;s all&aacute; y cree que esta crisis puede ser incluso la raz&oacute;n perfecta para que, como ha hecho en otras, China se abra m&aacute;s al mundo y profundice en sus reformas econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, y a falta de estad&iacute;sticas macroecon&oacute;micas que permitan cuantificar el da&ntilde;o provocado por el coronavirus en la segunda potencia mundial, todo apunta a que China mantiene su confianza en alcanzar un crecimiento econ&oacute;mico del 6% en el conjunto del a&ntilde;o. &ldquo;El 2020 puede ser monumental para China si logra marcar un nuevo punto de inflexi&oacute;n en su desarrollo. La epidemia del coronavirus solo har&aacute; que esta gesta sea m&aacute;s &eacute;pica&rdquo;, afirm&oacute; la agencia de noticias oficial Xinhua en un editorial.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es dif&iacute;cil que la epidemia del coronavirus afecte al papel que China juega en la cadena de suministro global en un mundo cada vez m&aacute;s interconectado&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Xinhua en otra noticia en la que hac&iacute;a hincapi&eacute; en el elevado coste que puede tener localizar la producci&oacute;n en otros pa&iacute;ses. &ldquo;Si la epidemia se controla antes del pico de exportaciones de marzo y abril, la industria china apenas sufrir&aacute; da&ntilde;os&rdquo;, dijo en la misma informaci&oacute;n Xu Qiyuan, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales. 
    </p><h3 class="article-text">Las autoridades llaman a la calma</h3><p class="article-text">
        El mensaje del Gobierno, apuntalado todos los d&iacute;as en la prensa china, es claro: crear confianza en la econom&iacute;a del pa&iacute;s. Para lograrlo, el Ejecutivo ha puesto en marcha diferentes medidas de est&iacute;mulo, que van desde el traslado gratuito de trabajadores, hasta la exenci&oacute;n de IVA durante un trimestre, pasando por la reducci&oacute;n de los alquileres y de las cuotas de la seguridad social. Y pocos dudan de que llegar&aacute; una nueva ola de ayudas y de subvenciones para tratar de paliar el batacazo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en gran medida, y como reconoce el propio Xu, todo depender&aacute; de lo que suceda fuera de China. De si el coronavirus se propaga por el mundo y se convierte en una pandemia, o no. &ldquo;Nuestro miedo es a lo que pueda pasar en Europa y Estados Unidos. &iquest;Van a tomar las mismas medidas que en China? &iquest;Se van a parar las construcciones? Si eso sucede, s&iacute; que podr&iacute;amos tener un problema grave&rdquo;, reconoce Antxon San Miguel, director de operaciones de la f&aacute;brica de tuber&iacute;as que la catalana Tucai tiene en Ningbo. &ldquo;La mayor&iacute;a de nuestro mercado es de exportaci&oacute;n, as&iacute; que el coronavirus va a afectar a nuestros resultados en febrero porque ha habido una ca&iacute;da en las ventas, pero la cartera de pedidos para marzo es similar a la del a&ntilde;o pasado&rdquo;, explica esperanzado.
    </p><p class="article-text">
        De momento, la planta de Tucai funciona al 75%, est&aacute; contratando a personal local para sustituir al que no puede regresar desde otros lugares de China, y espera alcanzar el pleno rendimiento el 15 de marzo. Su objetivo sigue siendo el de crecer un 10% con respecto a 2019.
    </p><p class="article-text">
        Bideguren tambi&eacute;n es optimista, pero un poco m&aacute;s cauto: &ldquo;Si hay un repunte de la epidemia y se propaga a nivel global, el a&ntilde;o s&iacute; ser&aacute; dram&aacute;tico porque afectar&aacute; a nuestras exportaciones. China ser&aacute; la que salga peor parada, pero terminar&aacute; infectando a la econom&iacute;a mundial. Porque el consumo depende de la confianza que tenga la poblaci&oacute;n. Por eso, es dif&iacute;cil avanzar a&uacute;n qu&eacute; suceder&aacute;&rdquo;. El 28% de los encuestados por la C&aacute;mara Europea coincide con esa &uacute;ltima frase.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mascarilla-proteger-economia_1_1047481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2020 20:19:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/355eb228-d07a-4054-920b-6c17562cd541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1146909" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/355eb228-d07a-4054-920b-6c17562cd541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1146909" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No hay mascarilla para proteger la economía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/355eb228-d07a-4054-920b-6c17562cd541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,China,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coronavirus limpia la atmósfera china]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/coronavirus-limpia-atmosfera-china_1_1117598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/002213b6-3042-4599-bb4b-423ebf95f419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El coronavirus limpia la atmósfera china"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un informe de Carbon Brief destaca que las emisiones de CO2 de China, el país que más contamina del mundo, se han reducido un 25% en las últimas dos semanas</p><p class="subtitle">La última hora sobre el brote de neumonía causado por el nuevo coronavirus (COVID-19) en eldiario.es</p></div><p class="article-text">
        Desde el aire, Shangh&aacute;i siempre impresiona. Esta megal&oacute;polis de 24 millones de habitantes, capital econ&oacute;mica de China, es una gigantesca jungla de asfalto. No obstante, desde hace un mes, lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n no son sus rascacielos y sus autopistas elevadas hasta en cinco alturas, sino el hecho de que est&eacute;n casi vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n herramientas 'online' como Gaode Map, el tr&aacute;fico rodado en la ciudad ha ca&iacute;do en torno a un 40% en comparaci&oacute;n con el del 25 de enero. La raz&oacute;n es clara: la epidemia del coronavirus que se origin&oacute; en la ciudad de Wuhan ha provocado un par&oacute;n sin precedentes en la actividad de la segunda potencia mundial.
    </p><p class="article-text">
        Hay otras estad&iacute;sticas que dan cuenta de la magnitud de este batacazo que amenaza la econom&iacute;a del gigante asi&aacute;tico. Por ejemplo, seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n China de Fabricantes de Autom&oacute;viles, la venta de coches entre el 1 y el 16 de este mes ha ca&iacute;do un 92% hasta los 4.909.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor parte de los concesionarios ha permanecido cerrada y los que han abierto apenas han recibido clientes&rdquo;, ha explicado la Asociaci&oacute;n en un comunicado que augura tiempos dif&iacute;ciles para la industria de automoci&oacute;n. En general, con casi 60 millones de personas en cuarentena y varios millones m&aacute;s afectadas por restricciones en el movimiento, el consumo se ha desplomado.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el sector manufacturero tambi&eacute;n est&aacute; teniendo problemas para retomar la actividad. La falta de mano de obra, incapaz de moverse por el pa&iacute;s, y los problemas de transporte provocan escasez de materias primas y de componentes. La cadena de suministro global se ha roto en varios puntos, y las f&aacute;bricas que logran levantar la persiana lo hacen de momento lejos de su m&aacute;xima capacidad. &ldquo;Nosotros estamos trabajando al 40% y todav&iacute;a tenemos bloqueados a 98 de nuestros 350 empleados&rdquo;, comenta Antxon San Miguel, director de Operaciones de Tucai, fabricante de tuber&iacute;as, en la ciudad de Ningbo.
    </p><p class="article-text">
        A falta de datos macroecon&oacute;micos que sirvan para cuantificar el impacto econ&oacute;mico de la epidemia, y que seguramente se publicar&aacute;n en abril con las cifras del primer trimestre, Carbon Brief resalta en un informe uno de los pocos aspectos positivos de la infecci&oacute;n: las emisiones de CO2 de China, el pa&iacute;s que m&aacute;s contamina del mundo, se han reducido en un 25% en las &uacute;ltimas dos semanas.
    </p><p class="article-text">
        En gran medida, eso se debe a la reducci&oacute;n de la demanda el&eacute;ctrica, que ha dejado el uso de carb&oacute;n en centrales t&eacute;rmicas en m&iacute;nimos de los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Tanto las refiner&iacute;as de petr&oacute;leo como los fabricantes de acero han reducido su actividad hasta m&iacute;nimos nunca vistos en el &uacute;ltimo lustro, y el n&uacute;mero de vuelos dom&eacute;sticos ha ca&iacute;do un 70%.
    </p><p class="article-text">
        Carbon Brief estima que el coronavirus ha reducido las emisiones globales de CO2 en 100 millones de toneladas, un 6% del total en ese per&iacute;odo, y que la coyuntura actual tambi&eacute;n ha propiciado que se hayan desplomado los niveles de otros contaminantes atmosf&eacute;ricos: la concentraci&oacute;n de di&oacute;xido de nitr&oacute;geno, por ejemplo, ha ca&iacute;do hasta un 36%. Por su parte, la OPEC estima que la crisis sanitaria podr&iacute;a reducir la demanda de petr&oacute;leo un 0,5% entre enero y septiembre, y eso sin tener en cuenta que la epidemia podr&iacute;a<a href="https://www.eldiario.es/theguardian/autoridades-italianas-restricciones-propagacion-coronavirus_0_999150158.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> extenderse, como est&aacute; sucediendo, a otros pa&iacute;ses fuera de China</a>.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, Carbon Brief subraya que este es un alivio temporal, ya que, obviamente, el impacto medioambiental volver&aacute; a crecer cuando China retome la actividad al 100%. Es incluso posible que empeore debido a la necesidad de forzar la producci&oacute;n a m&aacute;ximos nunca antes vistos para satisfacer una demanda que rebotar&aacute; con fuerza para compensar las p&eacute;rdidas anteriores. No en vano, organizaciones internacionales como el FMI o instituciones como Goldman Sachs recuerdan que a la&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/theguardian/Puede-coronavirus-descarrilar-economia-mundial_0_994251385.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recesi&oacute;n econ&oacute;mica provocada por las epidemias</a> le suele suceder un fuerte rebote, tanto en la actividad industrial como en el consumo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/443f9e32-2d0d-46ca-a754-7e5fe6e8511a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Y otros efectos negativos del coronavirus ya se pueden apreciar en las estanter&iacute;as de los comercios de alimentaci&oacute;n: productos que antes se vend&iacute;an sin embalar, como fruta o piezas de boller&iacute;a, ahora est&aacute;n recubiertos de pl&aacute;stico para evitar que el Covid-19 pueda esconderse en ellos. &ldquo;Hemos incrementado mucho el uso del pl&aacute;stico para dar confianza a los consumidores. No s&eacute; si ser&aacute; una medida temporal o si la mantendremos, pero no nos podemos permitir que el miedo d&eacute; al traste con nuestro negocio&rdquo;, explica la joven responsable de una panader&iacute;a de Shangh&aacute;i, que se identifica solo como Linda Li.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, otra de las consecuencias positivas que algunos esperan de esta epidemia es que se regule el consumo de animales salvajes en China. Y hay razones para el optimismo. Despu&eacute;s de que se haya demostrado que el gigante asi&aacute;tico no aprendi&oacute; la lecci&oacute;n del S&iacute;ndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, por sus siglas en ingl&eacute;s), y que eso ha provocado que el coronavirus haya vuelto a saltar de animales salvajes &ndash;no se sabe a&uacute;n de cu&aacute;l&ndash; a seres humanos, el principal &oacute;rgano legislativo de China anunci&oacute; su intenci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Partido-Comunista-decide-posponer-parlamentaria_0_999150175.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprobar una normativa m&aacute;s estricta para el comercio y el sacrificio de estas especies</a>.
    </p><p class="article-text">
        Si lo hace, podr&iacute;a ser una gran noticia no solo para quienes temen este tipo de epidemias, sino tambi&eacute;n para <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Identificado-potencial-hospedador-intermedio-coronavirus_0_993201169.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">especies en peligro de extinci&oacute;n como el pangol&iacute;n</a>. Porque una cosa es que est&eacute;n protegidas sobre el papel y otra muy diferente que se destinen los medios materiales necesarios para hacer valer las leyes. El Covid-19 es un buen ejemplo de que no hacerlo puede resultar muy peligroso.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, entre los efectos secundarios del coronavirus podr&iacute;a estar otro que beneficiar&iacute;a enormemente a la poblaci&oacute;n china. Porque son muchos los que, a ra&iacute;z de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/medico-coronavirus-chino_0_992851496.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la muerte del m&eacute;dico Li Wenliang</a>&nbsp;&ndash;amonestado por advertir de la epidemia en su fase inicial&ndash;, exigen que se respeten libertades individuales como la de expresi&oacute;n. Y <a href="https://www.eldiario.es/internacional/periodista-denuncia-desaparicion-epicentro-coronavirus_0_994250741.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya no es solo un discurso propio de los activistas pol&iacute;ticos</a>. Ha calado hondo en la poblaci&oacute;n e incluso la agencia oficial Xinhua, dependiente del Gobierno, ha publicado un art&iacute;culo con el titular 'dejemos que la gente diga la verdad, el cielo no se va a caer'.
    </p><p class="article-text">
        Aunque esa frase est&aacute; sacada de un discurso que pronunci&oacute; Mao Zedong en 1962, el texto advierte sobre los riesgos de una regresi&oacute;n en materia de libertades como la que parece que se est&aacute; viviendo desde que Xi Jinping accedi&oacute; a la presidencia en 2013.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cre&iacute; que China mejorar&iacute;a su sistema pol&iacute;tico como ha hecho con el econ&oacute;mico. Me siento decepcionado por la respuesta que nuestros dirigentes dieron en un inicio al coronavirus. Ahora quieren hacernos ver que han logrado contener la epidemia gracias a sus esfuerzos, pero nunca mencionan que, si hemos llegado a esta situaci&oacute;n, es por culpa de su negligencia: <a href="https://www.eldiario.es/internacional/presidente-coronavirus-semanas-publica-epidemia_0_996350488.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">antes que poner remedio pusieron mordazas</a>&rdquo;, critica un ingeniero de Shangh&aacute;i que reconoce ser miembro del Partido Comunista. &ldquo;Este golpe deber&iacute;a hacernos reflexionar y mejorar&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/coronavirus-limpia-atmosfera-china_1_1117598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Feb 2020 19:56:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/002213b6-3042-4599-bb4b-423ebf95f419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1206801" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/002213b6-3042-4599-bb4b-423ebf95f419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1206801" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El coronavirus limpia la atmósfera china]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/002213b6-3042-4599-bb4b-423ebf95f419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,China]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hong Kong escribe el manual de las protestas en el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hong-kong-escribe-protestas-xxi_1_1283650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La apuesta por un movimiento horizontal organizado gracias a las nuevas tecnologías y capaz de englobar a ideologías diferentes inspira causas por el mundo</p><p class="subtitle">Medios digitales retransmiten en directo las protestas con</p><p class="subtitle">smartphones</p><p class="subtitle">y grupos de abogados ofrecen a los detenidos servicios legales gratuitos a través de aplicaciones de chat</p><p class="subtitle">La mayoría de campañas de</p><p class="subtitle">crowdfunding</p><p class="subtitle">superan ampliamente los objetivos que se proponen y activistas de todo todo el mundo aportan su grano de arena al terreno creativo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e364a290-4e63-40d6-8028-3fc7919c5ff4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La principal caracter&iacute;stica del movimiento prodemocracia de Hong Kong es que no tiene l&iacute;deres, es horizontal. A diferencia de lo que sucedi&oacute; en 2014 con el Movimiento de los Paraguas, que acab&oacute; con varios de sus l&iacute;deres en prisi&oacute;n, eso impide que nos descabecen&rdquo;, explica Woody Tam, un estudiante de 24 a&ntilde;os que lleva cuatro meses enfrent&aacute;ndose a la Polic&iacute;a en el campo de batalla de la excolonia brit&aacute;nica, sacudida desde el pasado 9 de junio por las protestas que nacieron contra la propuesta de ley de extradici&oacute;n &ndash;retirada formalmente el pasado d&iacute;a 23&ndash; y que han derivado en la exigencia de elecciones con sufragio universal. &ldquo;La implicaci&oacute;n de gente de todos los estamentos de la sociedad, que ofrecen gratis su talento, y el uso de nuevas tecnolog&iacute;as es lo que nos ha permitido tener tanto &eacute;xito y mantener la lucha durante tanto tiempo&rdquo;, subraya Tam.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las acciones surgen de forma org&aacute;nica. La gente hace propuestas en el foro LIHKG &ndash;que algunos parlamentarios prochinos quieren bloquear-, y luego la gente se organiza en los grupos de Telegram -utilizada por su s&oacute;lido sistema de encriptaci&oacute;n&ndash;. Cada cual aporta lo que puede&rdquo;, a&ntilde;ade Kenny Tai, otro manifestante de 25 a&ntilde;os. &ldquo;Estudiantes periodistas&rdquo; y medios digitales retransmiten en directo las protestas con <em>smartphones</em> para registrar cualquier caso de brutalidad policial y recoger los nombres de los detenidos, que suelen gritarlos para que luego se pueda seguir su caso y evitar as&iacute; su desaparici&oacute;n, y grupos de abogados les ofrecen servicios legales gratuitos a trav&eacute;s de aplicaciones de chat.
    </p><p class="article-text">
        La p&aacute;gina web HKMap.live, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Apple-manifestantes-Hong-Kong-Policia_0_951205117.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuya aplicaci&oacute;n ha sido vetada por Apple</a>, se&ntilde;ala los lugares en los que se encuentra la Polic&iacute;a y aquellos en los que se producen disturbios. Es una herramienta desarrollada por un inform&aacute;tico an&oacute;nimo para facilitar que la poblaci&oacute;n evite las zonas de conflicto, pero el Gobierno la considera una amenaza porque tambi&eacute;n ofrece a los manifestantes violentos informaci&oacute;n sobre los movimientos de los antidisturbios.
    </p><p class="article-text">
        Esa sofisticaci&oacute;n y el alarde de medios del que hacen los m&aacute;s radicales, equipados con cascos, m&aacute;scaras antig&aacute;s, potentes punteros l&aacute;ser utilizados para cegar a los antidisturbios, escudos caseros fabricados con se&ntilde;ales de tr&aacute;fico o maletas partidas por la mitad, e incluso sierras radiales para acceder a establecimientos que relacionan con el Gobierno chino, ha provocado que muchos vean la mano negra de potencias extranjeras, a las que acusan de querer desestabilizar a China. &ldquo;La realidad es mucho m&aacute;s sencilla: los hongkoneses estamos donando dinero a trav&eacute;s de campa&ntilde;as de <em>crowdfunding</em>&rdquo;, se&ntilde;ala Jessica Chen, miembro del Consejo Estudiantil de la Universidad Baptista de Hong Kong.
    </p><p class="article-text">
        Este periodista ha podido comprobar que la mayor&iacute;a de estas campa&ntilde;as de micromecenazgo superan ampliamente los objetivos que se proponen, y que se complementan con colectas de dinero en efectivo durante las marchas pac&iacute;ficas. &ldquo;Muchos de quienes no nos enfrentamos a la Polic&iacute;a tambi&eacute;n donamos cascos o m&aacute;scaras antig&aacute;s. La mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a de Hong Kong se ha volcado con el movimiento, porque es consciente de que, si fracasa, las libertades de las que gozamos hoy pueden desaparecer cuando China controle por completo la ciudad, en 2047&rdquo;, analiza Chen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/df0f26e3-7d7d-4dca-9047-3826e5b38e38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ella misma es buen ejemplo de ello. &ldquo;Yo asist&iacute;a a las manifestaciones cuando eran pac&iacute;ficas. Pero, luego, mis padres se empezaron a preocupar por mi seguridad y, despu&eacute;s de varias desavenencias, me encerraron en casa para que no pudiese salir. Tuve que elegir entre la relaci&oacute;n con mi familia y mis convicciones pol&iacute;ticas, y decid&iacute; buscar la v&iacute;a para no renunciar a ninguna: no acudo a las protestas, pero ayudo desde la retaguardia&rdquo;, relata. Entre sus cometidos est&aacute; otro muy de vanguardia: borrar el contenido cr&iacute;tico que hayan publicado en redes sociales los estudiantes detenidos. &ldquo;Como la Polic&iacute;a mira sus cuentas, en cuanto sabemos que est&aacute;n arrestados contactamos a familiares y amigos para que intervengan en sus redes y eviten as&iacute; que se sustancien los cargos. Algunos incluso nos dejan sus contrase&ntilde;as para facilitar la labor&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo se implican los hongkoneses. Activistas chinos de todo el mundo aportan su granito de arena en el terreno creativo, uno de los m&aacute;s activos de las protestas. Badiucao, por ejemplo, es uno de los artistas disidentes m&aacute;s prominentes, y no duda en poner su talento como&nbsp;<a href="https://www.badiucao.com/artshop" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dibujante de &aacute;cidas vi&ntilde;etas pol&iacute;ticas</a> al servicio de las cinco exigencias de los manifestantes. &Eacute;l ha creado ya varias im&aacute;genes ic&oacute;nicas que a menudo se pueden ver pegadas en los reivindicativos&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=PAQ220gWVR4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;muros de Lennon&rdquo;</a> de Hong Kong, paredes y pasadizos que se llenan con pintadas reivindicativas y p&oacute;steres que recuerdan los momentos clave del movimiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El arte est&aacute; jugando un papel esencial a la hora de mantener vivas las protestas&rdquo;, afirma Badiucao a eldiario.es. &ldquo;Lo hace en tres frentes: mantiene a la gente unida, renueva las demandas d&aacute;ndoles otros sentidos y una dimensi&oacute;n diferente, y ayuda a captar gente que se siente identificada. Mi arte utiliza el lenguaje visual para empoderar al pueblo, registrar los momentos m&aacute;s ic&oacute;nicos del movimiento, y facilitar que el mensaje se disemine por el mundo. Las noticias se consumen a toda velocidad, pero el arte perdura. Y si una de mis vi&ntilde;etas se hace viral, el mundo presta atenci&oacute;n y se identifica con la causa. Verlas pegadas en los 'Muros de Lennon' es un orgullo para m&iacute;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e29be980-9697-43b6-8fa7-ca809dfa7b0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Virales se han hecho los dise&ntilde;os de una esv&aacute;stica creada con las estrellas amarillas sobre fondo rojo de la bandera de China, y lo mismo ha sucedido con el t&eacute;rmino acu&ntilde;ado para acompa&ntilde;arlos, en forma de hashtag: <em>#Chinazi</em>. Diferentes momentos clave de las manifestaciones, como las palizas de Yuen Long, los manifestantes que han perdido un ojo por disparos de balas de goma, o la carga de los antidisturbios en la estaci&oacute;n de Prince Edward, tambi&eacute;n se han plasmado en dibujos que han dado la vuelta al mundo y que los manifestantes blanden frente a las fuerzas de seguridad. Badiucao a&ntilde;ade el ejemplo de la composici&oacute;n de un himno, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=oUIDL4SB60g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gloria a Hong Kong</em></a>, que ha tenido tanto &eacute;xito que no faltan quienes proponen adoptarlo en sustituci&oacute;n del oficial. Desde hace unos d&iacute;as, incluso se ha desarrollado un videojuego para &ldquo;liberar a Hong Kong&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para muchos, este es el nuevo manual de protesta de la sociedad civil en el siglo XXI. &ldquo;Los hongkoneses est&aacute;n luchando contra la mayor y m&aacute;s poderosa dictadura del mundo. Su ejemplo inspira a muchos otros movimientos por el mundo&rdquo;, asegura Badiucao.&nbsp;Incluso la prensa oficial china, la m&aacute;s cr&iacute;tica con el movimiento de Hong Kong, lo ve as&iacute;. Diarios como el ultranacionalista <em>Global Times</em> han trazado multitud de similitudes entre las protestas del principal centro financiero de Asia y las que protagonizan&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/claves-explican-estallido-social-Chile_0_956454401.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los chilenos</a> o los <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/Entidades-policiales-agresiones-periodistas-Catalunya_0_954354888.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">independentistas de Catalu&ntilde;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo esos &uacute;ltimos, porque a Pek&iacute;n le interesa incidir en que el movimiento de Hong Kong no busca la democracia sino la secesi&oacute;n. Y en que no es pac&iacute;fico sino violento. Sin duda, el hecho de que los hongkoneses hayan convocado una marcha&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/Hongkoneses-manifiestan-apoyar-catalana-libertad_0_956105085.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llena de esteladas en favor de Catalu&ntilde;a</a> se lo ha puesto f&aacute;cil. <em>&ldquo;Stand with Catalonia&rdquo;&nbsp;[</em>apoyemos a Catalu&ntilde;a] es un grito de guerra que se ha sumado tambi&eacute;n a otros lemas coreados y pintados por la ciudad. El editor jefe del rotativo, Hu Xijin, vio los primeros paralelismos en el <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/bloqueo-enfrentamientos-Aeropuerto-Barcelona-El-Prat_0_952954751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intento de cerrar el aeropuerto de El Prat</a>, algo que en Hong Kong los manifestantes consiguieron durante dos d&iacute;as consecutivos, y luego su diario se ha centrado en resaltar la contenci&oacute;n de la Polic&iacute;a de Hong Kong comparada con las actuaciones de cuerpos en Catalu&ntilde;a o Chile.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4111629e-d1b5-4845-b837-b558baabc496_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Entre nuestras demandas, de momento, no se encuentra la independencia. Aunque muchos s&iacute; que la tenemos como objetivo final. Pero nos solidarizamos con Catalu&ntilde;a por la opresi&oacute;n del Estado, la brutalidad policial y las libertades fundamentales. Y contra la existencia de presos pol&iacute;ticos&rdquo;, defiende Luc&iacute;a Tse, una de las j&oacute;venes que la semana pasada se manifest&oacute; con una estelada. &ldquo;En Espa&ntilde;a algunos dicen que hablamos sin saber, pero s&iacute; que nos hemos informado&rdquo;, espeta. &ldquo;Han encarcelado a un grupo de gente por proponer un refer&eacute;ndum de autodeterminaci&oacute;n que nosotros apoyamos&rdquo;, a&ntilde;ade esta joven ingeniera que echa mano de otro lema: &ldquo;Nos pod&eacute;is encarcelar a todos, pero no a nuestras ideas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jason Leung tambi&eacute;n cree que la independencia de Hong Kong es la &uacute;nica salida para esta Regi&oacute;n Auton&oacute;mica Especial de China. Su testimonio es llamativo porque este joven trabaja para el Gobierno. &ldquo;Al principio iba al frente, pero ahora no lo hago por miedo a que me reconozcan y afecte a mi carrera profesional. No obstante, creo que la independencia debe ser un &uacute;ltimo paso que todav&iacute;a no podemos proponer. Ahora hay que centrar nuestros esfuerzos en alcanzar el sufragio universal y una mayor&iacute;a prodemocracia en el Parlamento regional&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Leung est&aacute; empleado por la oficina que gestiona las pr&oacute;ximas elecciones locales del 24 de noviembre, y prev&eacute; un descalabro de los partidos prochinos y un auge de los prodemocracia. &ldquo;Esto elevar&aacute; la presi&oacute;n sobre el Gobierno, que creo que est&aacute; dispuesto a hacer una nueva concesi&oacute;n y aceptar que se lleve a cabo una investigaci&oacute;n independiente sobre la actuaci&oacute;n de la Polic&iacute;a. Si se materializa, despu&eacute;s de haber logrado que se retire la propuesta de ley que inici&oacute; todo, se demostrar&aacute; que, como ha sucedido en Chile, la movilizaci&oacute;n s&iacute; que sirve para algo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hong-kong-escribe-protestas-xxi_1_1283650.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Nov 2019 20:59:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hong Kong escribe el manual de las protestas en el siglo XXI]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Hong Kong,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La naciente conciencia medioambiental en Asia es un problema para Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/naciente-conciencia-medioambiental-asia-europa_1_1496276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ef9b897-1aa2-4b77-a5b9-64228fc1d541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La naciente conciencia medioambiental en Asia es un problema para Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la primera mitad del año pasado, las exportaciones de basura de EEUU a China cayeron un 92%. Paralelamente se multiplicarlos las destinadas a Tailandia, Malasia, Vietnam y otros países</p><p class="subtitle">"Se comercia con la basura con el pretexto del reciclado, pero, en realidad, lo que sucede es que el mundo se deshace de ella en países pobres", señaló la ministra de Medioambiente de Malasia</p></div><p class="article-text">
        En la urbanizaci&oacute;n de Jiang Shizhen han aparecido cuatro contenedores de colores. Los vecinos est&aacute;n confusos, as&iacute; que el gobierno municipal de Shangh&aacute;i ha puesto a un voluntario para explicar lo que suceder&aacute; a partir del 1 de julio. &ldquo;Entrar&aacute; en vigor la nueva normativa de reciclado que obliga a separar la basura&rdquo;, le comenta el joven ataviado con un chaleco de colores adornado con un coraz&oacute;n. &ldquo;Hay cuatro categor&iacute;as: los desechos org&aacute;nicos van al cubo marr&oacute;n; los restos residuales no reciclables, al negro, que tambi&eacute;n es donde se echan los huesos; la basura reciclable, al azul; y todos los desechos peligrosos, al rojo&rdquo;. Jiang se rasca la cabeza poco convencido mientras lee el folleto explicativo que le da el voluntario. &ldquo;Va a ser un caos&rdquo;, vaticina.
    </p><p class="article-text">
        La escena recuerda a las que se vivieron en Espa&ntilde;a hace dos d&eacute;cadas, cuando se oblig&oacute; a la recogida selectiva de basuras para propiciar el reciclaje. Y los comentarios tambi&eacute;n son similares. &ldquo;Me he quedado mirando los diferentes contenedores y lo &uacute;nico que he podido hacer es quedarme como un pasmarote sujetando las bolsas de basura. No tengo ni idea de d&oacute;nde va cada cosa&rdquo;, comentaba en Weibo, el Twitter chino, un usuario apodado Niguanne. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde tengo que tirar la arena con los excrementos de mi gato? La arena deber&iacute;a ir al negro y la caca al marr&oacute;n&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a otro internauta desconcertado.
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;ticas se centran en que, a diferencia de lo que se hace en pa&iacute;ses donde la clasificaci&oacute;n est&aacute; &iacute;ntimamente ligada al material &ndash;como el papel o el vidrio&ndash;, en Shangh&aacute;i se habla de 'basura h&uacute;meda' y 'basura seca'. &ldquo;Todos los pa&iacute;ses han adoptado sistemas sencillos de reciclaje. Solo Shangh&aacute;i lo ha complicado tanto. No s&eacute; qu&eacute; funcionario ha tenido esta brillante idea&rdquo;, critica Shi Liqin un estudiante de m&aacute;ster en la universidad de Fudan.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo del Gobierno es que, para el a&ntilde;o que viene, el 35% de todos los residuos dom&eacute;sticos sean reciclados. En una megal&oacute;polis como Shangh&aacute;i, que produce en torno a 9 millones de toneladas de basura al a&ntilde;o, se trata de una cantidad nada despreciable. Y, a diferencia de lo que ha sucedido en intentos anteriores, esta vez va en serio: las comunidades de vecinos ser&aacute;n multadas hasta 500.000 yuanes (64.000 euros) si no cumplen con la normativa, mientras que los ciudadanos podr&aacute;n ser castigados con multas de hasta 200 yuanes (25 euros) por cada infracci&oacute;n que cometan.
    </p><p class="article-text">
        El programa piloto de Shangh&aacute;i, el primero de China, certifica un incremento de la conciencia medioambiental en el pa&iacute;s que m&aacute;s contamina del mundo. Sigue la estela de la ciudad sure&ntilde;a de Shenzhen, que en abril hizo obligatorio el reciclaje de todos los desechos de gran tama&ntilde;o &ndash;como muebles o electrodom&eacute;sticos&ndash; y pone las bases de un modelo que se ir&aacute; extendiendo por el pa&iacute;s. Pek&iacute;n espera que, a finales del a&ntilde;o que viene, m&aacute;s de cien ciudades hayan adoptado sistemas similares. Tambi&eacute;n sirve para compensar el efecto que ha tenido en las empresas de reciclaje la prohibici&oacute;n de importar basura del extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Porque el 1 de enero de 2018, China sacudi&oacute; los cimientos del mundo desarrollado con el veto a la compra de 24 tipos de desechos, incluidos el pl&aacute;stico, el papel, y los textiles. Y a finales del a&ntilde;o pasado extendi&oacute; la prohibici&oacute;n a otras 16 categor&iacute;as, incluidos los componentes de autom&oacute;vil y los barcos. As&iacute;, la importaci&oacute;n de basura en China, que lleg&oacute; a alcanzar 60 millones de toneladas anuales en su punto culminante, cay&oacute; el a&ntilde;o pasado un 48%. Y todo apunta a que la partida se har&aacute; todav&iacute;a mucho m&aacute;s peque&ntilde;a en 2019, porque en julio ser&aacute; ilegal importar desechos de diferentes tipos de cobre, acero y aluminio, y a finales de este a&ntilde;o se sumar&aacute;n 16 categor&iacute;as de basura m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esta coyuntura ha provocado una crisis en los pa&iacute;ses desarrollados, que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Filipinas-niega-vertedero-primer-mundo_0_904659651.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ahora buscan destinos alternativos</a>. Un ejemplo muy claro es el de Estados Unidos: en la primera mitad del a&ntilde;o pasado, sus exportaciones de basura a China cayeron un 92%; a su vez, las que ten&iacute;an Tailandia como destino se multiplicaron por 20, mientras que Malasia recibi&oacute; casi tres veces m&aacute;s desechos estadounidenses y a Vietnam lleg&oacute; un 46% m&aacute;s. Aun as&iacute;, ni siquiera esos espectaculares incrementos fueron suficiente para compensar el descenso provocado por la prohibici&oacute;n del gigante asi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, China puede ser tambi&eacute;n un ejemplo para otros pa&iacute;ses asi&aacute;ticos que comienzan a preocuparse por su medio ambiente. Ha sucedido en Malasia, que en mayo comenz&oacute; a rechazar buques llenos de basura pl&aacute;stica. <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Malasia-devuelve-toneladas-plastico-reciclable_0_903959816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En total, el pa&iacute;s devolver&aacute; a sus pa&iacute;ses de origen &ndash;sobre todo Estados Unidos, Canad&aacute; y Arabia Saud&iacute;, pero tambi&eacute;n a Espa&ntilde;a&ndash; hasta 3.000 toneladas</a> de desechos que considera de muy baja calidad o no reciclables.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se comercia con la basura con el pretexto del reciclado, pero, en realidad, lo que sucede es que el mundo se deshace de ella en pa&iacute;ses pobres&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; la ministra de Medio Ambiente del pa&iacute;s, Yeo Bee Yin. &ldquo;Los malasios estamos forzados a sufrir la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica provocada por la quema de pl&aacute;sticos de otros pa&iacute;ses, la poluci&oacute;n de los r&iacute;os y los basureros ilegales entre otros problemas&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si no env&iacute;an su basura al sudeste asi&aacute;tico, la mandar&aacute;n a &Aacute;frica&rdquo;, subray&oacute; Yeo en una entrevista concedida al Financial Times en febrero. La ministra malasia es partidaria de una convenci&oacute;n internacional que regule este negocio, y cada vez son m&aacute;s los pa&iacute;ses que est&aacute;n imponiendo restricciones. Vietnam introdujo algunas en mayo del a&ntilde;o pasado, aunque fueron temporales, y Tailandia est&aacute; estudiando una soluci&oacute;n que sirva tanto para proteger el medio ambiente como los intereses econ&oacute;micos de las empresas de reciclaje.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, es evidente que el problema est&aacute; tambi&eacute;n en Occidente. &ldquo;China ha dejado al descubierto la hipocres&iacute;a de pa&iacute;ses que se enorgullecen de su liderazgo en el campo del reciclaje, pero que, en realidad, lo que hacen es enviar su basura a otros pa&iacute;ses. Clasificada, eso s&iacute;&rdquo;, critic&oacute; Liu Jianguo, un profesor de la Universidad de Tsinghua especializado en la gesti&oacute;n de residuos. &ldquo;Los pa&iacute;ses occidentales deber&iacute;an buscar una soluci&oacute;n para lidiar con su propia basura, sin enviar el problema a otros pa&iacute;ses&rdquo;, sentenci&oacute; en declaraciones a la prensa local. Puede que antes los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo estuviesen dispuestos a ponerse en riesgo por el beneficio econ&oacute;mico, pero la situaci&oacute;n est&aacute; cambiando r&aacute;pidamente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/naciente-conciencia-medioambiental-asia-europa_1_1496276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2019 19:37:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8ef9b897-1aa2-4b77-a5b9-64228fc1d541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1180247" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8ef9b897-1aa2-4b77-a5b9-64228fc1d541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1180247" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La naciente conciencia medioambiental en Asia es un problema para Europa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8ef9b897-1aa2-4b77-a5b9-64228fc1d541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,Medio ambiente,Asia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Miss trans que derriba tabúes en Nepal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/miss-derriba-tabues-nepal_1_1649594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/805ce7e8-cec8-469b-b0b2-2f1ac2ed37ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Miss trans que derriba tabúes en Nepal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Meghna Lama representó a su país en un certamen de belleza para transexuales, el punto de inflexión que la sacó de la pobreza y le permitió poner en marcha su transición física</p><p class="subtitle">Se mudó de una zona rural a Katmandú, donde entró en contacto con el activismo LGBTI: "Fue un alivio comprenderme, pero supe que mi vida nunca sería fácil"</p><p class="subtitle">Ahora regenta el primer restaurante para la comunidad LGBTI con el que crea puestos de trabajo para el colectivo y ofrece un espacio seguro sin discriminación</p></div><p class="article-text">
        Meghna Lama luce una sonrisa embaucadora. Ella, consciente de su magnetismo, sabe exprimirla al m&aacute;ximo: ya sea para ganarse al p&uacute;blico con el resultado de sus sesiones fotogr&aacute;ficas o para evadir preguntas inc&oacute;modas. Aunque, al final, termina accediendo a responder esas &uacute;ltimas con gesto m&aacute;s serio. Al fin y al cabo, antes que modelo y Miss Pink Nepal 2010, Lama se considera activista. Y eso requiere bucear a menudo en una historia llena de sinsabores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nac&iacute; var&oacute;n en Damak, una zona rural de Nepal. Recuerdo mi infancia, a partir de los siete a&ntilde;os, como un per&iacute;odo de confusi&oacute;n total&rdquo;, recuerda Lama en una conversaci&oacute;n con eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sab&iacute;a que era diferente al resto de ni&ntilde;os, pero no por qu&eacute;. Me ve&iacute;a m&aacute;s atra&iacute;do por los juegos de ni&ntilde;as y algunos compa&ntilde;eros me insultaban porque rehu&iacute;a los deportes y ten&iacute;a un car&aacute;cter algo afeminado. Pero, en aquella &eacute;poca y en aquel lugar, nada se sab&iacute;a del colectivo LGBTI, as&iacute; que no entend&iacute; lo que pasaba conmigo hasta que entr&eacute; en el instituto&rdquo;, prosigue.
    </p><p class="article-text">
        Ella se sent&iacute;a mujer, pero no conoc&iacute;a ning&uacute;n otro caso como el suyo y crey&oacute; que lo mejor&nbsp;era suprimir esa identidad en la medida de lo posible. Su &uacute;nico hermano muri&oacute; en un accidente y esa tragedia complic&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su transici&oacute;n. &ldquo;De repente, me convert&iacute; en hijo &uacute;nico. En el hombre que deb&iacute;a perpetuar la estirpe familiar. Me&nbsp;presentaron&nbsp;a varias mujeres con las que quer&iacute;an casarme, y el pueblo se volvi&oacute; en contra de mi familia cuando las rechac&eacute;. Algunos incluso culparon a mi madre de la muerte de mi hermano y de mi 'orientaci&oacute;n sexual' &ndash;el pueblo la identificaba como homosexual&amp;ndash, y comenzaron a exigirle a mi padre que nos abandonase y que se casara con otra mujer. Al final, trat&eacute; de suicidarme bebiendo veneno&rdquo;, relata Lama.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando vieron que si manten&iacute;an esa actitud tambi&eacute;n me perder&iacute;an a m&iacute;, mis padres cedieron en sus exigencias y me mud&eacute; a Katmand&uacute;&rdquo;. En la capital, Lama abri&oacute; los ojos a una realidad completamente desconocida para ella y las piezas de su puzle encajaron. All&iacute; descubri&oacute; la Blue Diamond Society, la primera ONG dedicada a luchar por los derechos del colectivo LGBTI en Nepal. &ldquo;Por un lado, fue un alivio comprenderme; por otro, supe que mi vida nunca ser&iacute;a f&aacute;cil&rdquo;, comenta.
    </p><h3 class="article-text">Ganar un certamen de belleza, su punto de inflexi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Sin recursos para salir adelante, y ya vestida de mujer, Lama comenz&oacute; a experimentar la discriminaci&oacute;n que sufre el tercer g&eacute;nero, como se conoce a quienes no encajan en el esquema binario hombre/mujer. &ldquo;Encontrar un trabajo es misi&oacute;n imposible. Incluso lograr que te alquilen un piso digno es complicado&rdquo;, se&ntilde;ala. As&iacute; que Lama&nbsp;acab&oacute; en&nbsp;la salida m&aacute;s habitual de las personas transg&eacute;nero: la prostituci&oacute;n. &ldquo;No es una opci&oacute;n, es la &uacute;nica forma de sobrevivir&rdquo;, sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero, tras el movimiento democr&aacute;tico iniciado en 2006, que puso fin a dos d&eacute;cadas de guerra civil, derroc&oacute; a la monarqu&iacute;a y marc&oacute; la llegada al poder de mao&iacute;stas y comunistas, la situaci&oacute;n para el tercer g&eacute;nero en Nepal dio un vuelco. La aceptaci&oacute;n social se dispar&oacute;, y el colectivo se col&oacute; en la agenda pol&iacute;tica. En 2015, la Constituci&oacute;n fue modificada para proteger a la comunidad LGBTI frente a diferentes tipos de discriminaci&oacute;n, y tambi&eacute;n se aprob&oacute; el t&eacute;rmino 'otros' para que, en documentos oficiales como el carn&eacute; de identidad o el pasaporte, el tercer g&eacute;nero se a&ntilde;adiera a los tradicionales hombre y mujer.
    </p><p class="article-text">
        El punto de inflexi&oacute;n en la vida de Lama se produjo un lustro antes de aquel hito, en 2010, cuando gan&oacute; el certamen de belleza Miss Pink para personas transg&eacute;nero y represent&oacute; a Nepal en el equivalente internacional, Miss Transgender Queen. &ldquo;Supuso un cambio total por dos cosas: en primer lugar, porque la prensa y la sociedad se comenzaron a interesar por mi historia, lo cual se tradujo en oportunidades laborales y tambi&eacute;n en un canal para hacer activismo; en segundo lugar, me dio la confianza suficiente como para poner en marcha mi transici&oacute;n f&iacute;sica&rdquo;, afirma Lama.
    </p><p class="article-text">
        Comenz&oacute; una terapia hormonal y, como en Nepal la cirug&iacute;a de reasignaci&oacute;n de sexo est&aacute; a&uacute;n prohibida, termin&oacute; viajando a Tailandia para&nbsp;seguir el procedimiento de implante de senos. &ldquo;En el futuro tambi&eacute;n quiero operarme los genitales, pero no saco el tiempo suficiente. Hacen falta meses de reposo y yo estoy ahora muy activa&rdquo;, cuenta entre carcajadas. Y no miente. Lama se ha propuesto derribar otra de las barreras que constri&ntilde;en la vida de los transexuales, la de la pobreza, y ha&nbsp;logrado poner&nbsp;en marcha un exitoso negocio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En 2015 abr&iacute; Pink Tiffany, el primer bar-restaurante para la comunidad LGBTI. Ten&iacute;a varios objetivos: demostrar que nosotros tambi&eacute;n podemos sacar adelante un negocio, crear puestos de trabajo dignos para el colectivo, y ofrecer un lugar en el que nos sintamos seguros y no suframos discriminaci&oacute;n&rdquo;, explica en una de las mesas del local, situado en el tur&iacute;stico barrio de Thamel. Una de las columnas est&aacute; decorada con los colores del arco&iacute;ris, en la pared de un extremo luce un retrato de Buda, &ldquo;lo divino&rdquo;, y en la opuesta hay dos alas de &aacute;ngel &ldquo;que representan la libertad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lama tuvo que buscar el apoyo de un hombre heterosexual para cerrar el contrato de alquiler del local, que termin&oacute; reubicando en 2017 en la localizaci&oacute;n actual. No obstante, regentar un negocio que todav&iacute;a se considera peculiar conlleva problemas particulares. &ldquo;La Polic&iacute;a le presta especial atenci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala con una sonrisa y encogi&eacute;ndose de hombros cuando se le pregunta si eso quiere decir que los agentes exigen sobornos para dejar en paz a la clientela. A pesar de las dificultades, en sus planes est&aacute; inaugurar m&aacute;s locales.
    </p><h3 class="article-text">Volcada en el activismo</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del negocio hostelero, Lama est&aacute; muy involucrada en la lucha por los derechos LGBTI. Como otros activistas, hace presi&oacute;n sobre los pol&iacute;ticos para que se vuelva a reformar la Constituci&oacute;n de forma que tengan los mismos derechos que los heterosexuales. Eso incluye, por ejemplo, la aceptaci&oacute;n del matrimonio homosexual, un debate que ha encallado en el Parlamento despu&eacute;s de que el Gobierno encargase un informe al respecto.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que todav&iacute;a queda mucho camino por recorrer en Nepal, organizaciones como&nbsp;<a href="https://www.hrw.org/news/2017/08/11/how-did-nepal-become-global-lgbt-rights-beacon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Human Rights Watch consideran al pa&iacute;s del Himalaya</a> un faro para el colectivo LGBTI.&nbsp;Un buen ejemplo de que lo es se ve nada m&aacute;s aterrizar en el pa&iacute;s: en el formulario de inmigraci&oacute;n la casilla 'Otros' aparece junto a la de 'Hombre' y 'Mujer'.
    </p><p class="article-text">
        Lama, sin embargo, contin&uacute;a manteniendo su carn&eacute; de identidad de hombre. Es una decisi&oacute;n que no tiene nada que ver con Nepal, sino con el resto del mundo. &ldquo;Que mi sexo se marque como 'Otros' me puede dar problemas en diferentes pa&iacute;ses, sobre todo en los de&nbsp;Oriente Medio, donde ni siquiera se me permitir&iacute;a la entrada. As&iacute; que, cuando viajo all&iacute; &ndash;es un destino habitual para los nepaleses&ndash;, me visto como hombre y paso como tal. Nepal ha avanzado mucho y estoy orgullosa de ello, pero, desafortunadamente, muchos otros pa&iacute;ses se han quedado atr&aacute;s&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/miss-derriba-tabues-nepal_1_1649594.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Apr 2019 19:20:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/805ce7e8-cec8-469b-b0b2-2f1ac2ed37ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1035139" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/805ce7e8-cec8-469b-b0b2-2f1ac2ed37ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1035139" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Miss trans que derriba tabúes en Nepal]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/805ce7e8-cec8-469b-b0b2-2f1ac2ed37ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nepal,Transgénero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[China planea crear una granja de nubes en el Tíbet para controlar el clima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/granja-nubes-tibet_1_1808032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ce2a5d1-e830-4a83-a139-22193e8aecbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="China planea crear una granja de nubes en el Tíbet para controlar el clima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proyecto chino 'Río Celestial' busca provocar precipitaciones con cientos de chimeneas de yoduro de plata en el 'techo del mundo'</p><p class="subtitle">Tiene como objetivo lograr entre 5.000 y 10.000 millones de metros cúbicos de agua adicionales para las regiones norteñas del país.</p><p class="subtitle">Los científicos afirman que el plan puede tener consecuencias impredecibles en China y en el resto de los países de la región, ya que podría afectar el caudal de los ríos y dañar la fauna acuática</p></div><p class="article-text">
        En China, los grandes acontecimientos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos del pa&iacute;s van acompa&ntilde;ados casi siempre de un buen tiempo inusual. Los m&eacute;todos que el Gobierno chino usa para asegurar un cielo azul en las citas m&aacute;s importantes son conocidos. Comenz&oacute; a utilizarlos con los Juegos Ol&iacute;mpicos de Pek&iacute;n en 2008 y ha vuelto a emplearlos en desfiles militares y grandes cumbres multilaterales.
    </p><p class="article-text">
        En concreto, lo que hacen las autoridades es modificar el tiempo a su antojo rociando las nubes con yoduro de plata. Este elemento, combinado con otros, propicia la precipitaci&oacute;n de lluvias. O de nieve, como sucedi&oacute; en 2009, con una de las nevadas m&aacute;s copiosas registradas en la capital china en un mes de noviembre, que fue provocada por 186 cohetes cargados con estos qu&iacute;micos.&nbsp;La t&eacute;cnica, denominada <a href="https://www.iagua.es/blogs/eugenio-martin/siembra-de-nubes-%C2%BFsolucion-o-problema" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sembrado de nubes</a>, no es nueva, ya que pa&iacute;ses des&eacute;rticos como Israel llevan desarroll&aacute;ndola y experimentando con ella desde la d&eacute;cada de 1970.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia es que, ahora, el gigante asi&aacute;tico se ha propuesto dejar de utilizarla exclusivamente de forma puntual para instalar una gigantesca red de chimeneas que permitan modificar el clima del T&iacute;bet, regi&oacute;n controlada por China al noreste del Himalaya, 'el techo del mundo'. El proyecto, denominado Tianhe [R&iacute;o en el cielo], es el mayor plan de geoingenier&iacute;a del mundo &ndash;cubrir&aacute; una superficie de 1,6 millones de kil&oacute;metros cuadrados, tres veces la de Espa&ntilde;a&ndash;, y tiene como objetivo lograr entre 5.000 y 10.000 millones de metros c&uacute;bicos de agua adicionales para las regiones norte&ntilde;as del pa&iacute;s. Esto supone incrementar la capacidad h&iacute;drica del pa&iacute;s hasta un 7%.
    </p><p class="article-text">
        De momento, la Corporaci&oacute;n de Ciencia y Tecnolog&iacute;a Aeroespacial, que desarrolla tambi&eacute;n proyectos militares para China, ha instalado m&aacute;s de 500 chimeneas que sirven para diseminar los qu&iacute;micos en el aire. &ldquo;El plan se encuentra en una fase de prueba, pero los resultados est&aacute;n siendo muy prometedores&rdquo;, <a href="https://www.scmp.com/news/china/society/article/2138866/china-needs-more-water-so-its-building-rain-making-network-three" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coment&oacute; uno de los cient&iacute;ficos del proyecto al diario de Hong Kong South China Morning Post.</a>
    </p><p class="article-text">
        Si todo contin&uacute;a como est&aacute; previsto, en un futuro cercano se instalar&aacute;n varios miles de estas chimeneas por diferentes puntos del T&iacute;bet, y su funcionamiento ser&aacute; controlado por una red de sat&eacute;lites que controlar&aacute; los efectos en tiempo real. &ldquo;Es una innovaci&oacute;n cr&iacute;tica para resolver la escasez de agua en China. El proyecto supondr&aacute; una contribuci&oacute;n importante no solo para el desarrollo de China sino tambi&eacute;n para la prosperidad del mundo&rdquo;, justific&oacute; Lei Fanpei, presidente de la corporaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Un proyecto con efectos impredecibles</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Solo unos pocos pa&iacute;ses son capaces de llevar a cabo este tipo de modificaci&oacute;n clim&aacute;tica a gran escala&rdquo;, coment&oacute; hace unos a&ntilde;os Cui Lianqing, meteor&oacute;logo de la Fuerza A&eacute;rea, tras la celebraci&oacute;n del espectacular desfile militar en conmemoraci&oacute;n del 60&ordm; aniversario de la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Popular. Los cielos azules de Pek&iacute;n asombraron a todo el mundo, acostumbrado ya a ver&nbsp;la capital china tras una cortina de contaminaci&oacute;n, pero ten&iacute;an poco de naturales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si el cambio clim&aacute;tico comienza a ponerse verdaderamente feo, muchos pa&iacute;ses comenzar&aacute;n a buscar medidas desesperadas para mitigar sus efectos. Eso podr&iacute;a llevar a la implementaci&oacute;n de proyectos unilaterales de geoingenier&iacute;a&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; entonces al diario <em>The Guardian</em> David Victor, un experto en pol&iacute;tica energ&eacute;tica de la Universidad de Stamford. Sus palabras se han demostrado prof&eacute;ticas con los nuevos planes de China.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6eb51818-16e9-4305-8162-616e5e662032_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El problema radica en que el agua es un recurso cuya cantidad permanece invariable en el planeta. Es decir,&nbsp;si el norte de China recibe m&aacute;s, otros lugares pueden sufrir sequ&iacute;a. El T&iacute;bet es, adem&aacute;s, el territorio en el que nacen los principales r&iacute;os del continente asi&aacute;tico: el Yangts&eacute; y el R&iacute;o Amarillo recorren territorio exclusivamente chino, pero el Mekong es la principal arteria fluvial del sudeste asi&aacute;tico, y el Ganges o el Brahmaputra son clave para India. En total, el T&iacute;bet es el origen de gran parte de los recursos h&iacute;dricos de la mitad de la poblaci&oacute;n del planeta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el proyecto 'Sky River' preocupa&nbsp;a los pa&iacute;ses que surcan estos r&iacute;os. Los cient&iacute;ficos afirman que el plan puede tener consecuencias impredecibles tanto en China, como en el resto de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n. En primer lugar, porque el caudal de los r&iacute;os, que ya est&aacute; afectado por niveles graves de contaminaci&oacute;n y una interminable sucesi&oacute;n de presas hidroel&eacute;ctricas, podr&iacute;a verse afectado. Y, en segundo lugar, porque la lluvia provocada por los agentes qu&iacute;micos puede da&ntilde;ar la fauna acu&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando el yoduro de plata cae a tierra disuelto en el agua su toxicidad no es elevada, pero s&iacute; lo suficiente como para modificar el ecosistema&rdquo;, afirm&oacute; Faye McNeill, ingeniero qu&iacute;mico de la Universidad de Columbia, en declaraciones a <em>Asia Times</em>. Los productos qu&iacute;micos no son suficientemente perniciosos como para afectar a los peces, pero s&iacute; a los microorganismos que viven en el agua, y esto podr&iacute;a tener consecuencias en el ciclo de los nutrientes de la fauna.
    </p><p class="article-text">
        De momento, el proyecto se desarrolla con la opacidad propia de los secretos de Estado y muy pocos han levantado la voz contra &eacute;l porque es poco conocido. Uno de ellos es el ministro de Finanzas del estado indio de Assam, Himanta Biswa Sarma, que ha urgido al Gobierno de India &ndash;cuyas relaciones con China son siempre tensas&ndash; a que exija m&aacute;s informaci&oacute;n y estudie las consecuencias que puede tener en el pa&iacute;s. Pero parece poco probable que Pek&iacute;n, envalentonada por el poder que le confiere haberse convertido en la segunda potencia mundial, cambie de opini&oacute;n y d&eacute; su brazo a torcer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/granja-nubes-tibet_1_1808032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Dec 2018 20:25:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1ce2a5d1-e830-4a83-a139-22193e8aecbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="296961" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1ce2a5d1-e830-4a83-a139-22193e8aecbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="296961" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[China planea crear una granja de nubes en el Tíbet para controlar el clima]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1ce2a5d1-e830-4a83-a139-22193e8aecbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tíbet,China,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Indonesia quiere convertir en delito el sexo homosexual y extramatrimonial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/sexo-extramarital-homosexual-delito-indonesia_1_2114838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1945e6ac-865c-42fb-a36f-297ee2a0a8ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Indonesia quiere convertir en delito el sexo homosexual y extramatrimonial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Parlamento indonesio planea la reforma del código penal para ilegalizar las relaciones extramatrimoniales y, por ende, también las homosexuales</p><p class="subtitle">"Las personas que no estén unidas por un matrimonio legal y que mantengan relaciones sexuales podrán ser condenadas a una pena de hasta cinco años de prisión", reza una de las enmiendas</p><p class="subtitle">Se suma a la creciente persecución que sufre el colectivo LGBTI: el Gobierno ha prohibido recientemente las apps para citas populares entre homosexuales</p></div><p class="article-text">
        <em>- &ldquo;Las personas que no est&eacute;n unidas por un matrimonio legal y que mantengan relaciones sexuales podr&aacute;n ser condenadas a una pena de hasta cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- &ldquo;Quienes convivan como marido y mujer sin haber contra&iacute;do matrimonio legalmente podr&aacute;n ser castigados hasta con un a&ntilde;o de c&aacute;rcel&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esas son las pol&eacute;micas frases que el parlamento de Indonesia quiere incluir en la reforma de los art&iacute;culos 484 y 488 del c&oacute;digo penal, que hacen referencia al sexo extramatrimonial y a la cohabitaci&oacute;n. Como&nbsp;el matrimonio entre personas del mismo sexo est&aacute; prohibido en Indonesia, esta reforma supone, de facto, la criminalizaci&oacute;n de la homosexualidad. Es la f&oacute;rmula que los pol&iacute;ticos han encontrado despu&eacute;s de que, el a&ntilde;o pasado, el Tribunal Constitucional rechazase una petici&oacute;n para ilegalizar las relaciones homosexuales.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n reflejo del gran paso atr&aacute;s que el archipi&eacute;lago est&aacute; dando en materia de derechos y de libertades. Es lo que piensa Amir, que se enfrenta a diario a la discriminaci&oacute;n por ser homosexual en la capital, donde vive. &ldquo;Es el resultado del explosivo binomio que crean la pol&iacute;tica conservadora y el auge del islamismo integrista&rdquo;, opina.
    </p><h3 class="article-text">Una persecuci&oacute;n creciente</h3><p class="article-text">
        La ley indonesia ya recoge el adulterio como delito. Pero, para que una relaci&oacute;n sea tipificada como tal es necesario que uno de los protagonistas est&eacute; casado. La nueva formulaci&oacute;n, con el mero cambio de unas pocas palabras, es la que provoca un vuelco en la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La reforma, que a&uacute;n est&aacute; siendo debatida en el Parlamento, se suma a la creciente persecuci&oacute;n que sufre el colectivo LGTBI en el pa&iacute;s: el Gobierno ha prohibido aplicaciones de m&oacute;vil para citas populares entre homosexuales&nbsp;y la Polic&iacute;a ha incrementado las redadas contra bares gais y la detenci&oacute;n de sus clientes.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el Ministerio de Salud ha incluido la homosexualidad en la lista de 'des&oacute;rdenes mentales'. En la provincia de Aceh &ndash;regida por la 'sharia'&ndash;, dos hombres fueron fustigados 83 veces por mantener relaciones homosexuales y 12 mujeres transexuales fueron forzadas a cortarse el pelo y vestir ropa de hombre en p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ser homosexual en Indonesia supone vivir atemorizado de por vida. Antes ya era suficiente castigo el estigma social que acarrea, pero ahora va a ser todav&iacute;a peor. Va a ser un crimen&rdquo;, se lamenta Amir. El Gobierno, sin embargo, afirma que la ilegalizaci&oacute;n servir&aacute; para aplacar a los colectivos m&aacute;s conservadores y evitar ataques violentos contra la comunidad LGBTI. Es m&aacute;s, asegura que la reforma supondr&aacute; una mayor protecci&oacute;n para los homosexuales, algo que la organizaci&oacute;n Human Rights Watch ya ha tachado de &ldquo;sinsentido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los promotores de las enmiendas tambi&eacute;n esgrimen que los indonesios est&aacute;n a favor de la reforma legal, y algunas encuestas as&iacute; lo corroboran: en diciembre, un 87,6% de quienes respondieron a las preguntas de la consultor&iacute;a Saiful Mujani afirmaron que el colectivo LGBTI &ldquo;representa una amenaza social&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa660f26-60d6-4e61-bf03-309c8eb68029_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La aprobaci&oacute;n de las enmiendas estaba prevista para San Valent&iacute;n&nbsp;&ndash;no se sabe si como muestra de humor negro&ndash; pero fue retrasada un par de meses. En cualquier caso, como la iniciativa cuenta con el visto bueno de los diez partidos pol&iacute;ticos m&aacute;s relevantes, pocos dudan que se terminar&aacute; llevando a cabo.
    </p><p class="article-text">
        El 81,5% justific&oacute; su opini&oacute;n argumentando que &ldquo;la religi&oacute;n proh&iacute;be ese tipo de sexualidad&rdquo;, y solo el 57,7% consider&oacute; que los no heterosexuales &ldquo;tienen derecho a la vida&rdquo;. Un diputado islamista, Muslin Ayub, fue m&aacute;s all&aacute; y propuso castigar a los gais con la pena de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Dita Reninda, una periodista de Yakarta, es una de las voces que apoyan la nueva redacci&oacute;n propuesta. Sus argumentos&nbsp;evidencian su normalizada homofobia. &ldquo;La homosexualidad puede ser da&ntilde;ina para la sociedad, porque la mayor&iacute;a de los gais se camuflan detr&aacute;s de una apariencia normal y no son honestos. Tampoco con sus esposas, lo cual provoca que muchas mujeres se vean infectadas con el VIH porque sus maridos mantienen relaciones homosexuales sin protecci&oacute;n y a escondidas&rdquo;, comenta.
    </p><h3 class="article-text">Otros colectivos afectados</h3><p class="article-text">
        Naciones Unidas ha pedido que Indonesia no apruebe la reforma del c&oacute;digo penal. &ldquo;La ret&oacute;rica de odio contra la comunidad LGTB se est&aacute; cultivando con objetivos pol&iacute;ticos muy c&iacute;nicos y solo provocar&aacute; sufrimiento y una mayor divisi&oacute;n innecesaria. La discriminaci&oacute;n en base a la orientaci&oacute;n sexual, o por cualquier otra raz&oacute;n, es intolerable&rdquo;, afirm&oacute; en febrero Zeid Ra&rsquo;ad Al Hussein, comisario de la ONU para los Derechos Humanos.
    </p><p class="article-text">
        Otros colectivos tambi&eacute;n han denunciado que los cambios propuestos en el c&oacute;digo penal van a tener un impacto muy negativo en las mujeres, homosexuales o no, porque afectar&aacute; tambi&eacute;n a las parejas m&aacute;s pobres, que, sobre todo en las zonas rurales, no contraen matrimonio de forma legal.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n sufrir&aacute;n sus efectos&nbsp;las minor&iacute;as &eacute;tnicas que profesan el animismo y que se casan con una ceremonia religiosa sin validez en el registro civil, porque no est&aacute; amparada por los seis cultos reconocidos. La reforma dejar&aacute; en situaci&oacute;n de vulnerabilidad a las v&iacute;ctimas de violaciones: bastar&aacute; que el violador asegure que fue una relaci&oacute;n consentida para que la mujer pueda ser acusada de mantener relaciones extramaritales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si la mujer no prueba que hubo violencia o amenazas durante la relaci&oacute;n, podr&iacute;a convertirse en imputada&rdquo;, explic&oacute; el representante del Instituto para la Reforma de la Justicia Criminal, Erasmus Napitupulu. Las trabajadoras del sexo tambi&eacute;n podr&iacute;an ser perseguidas por este delito, que, como han apuntado algunos juristas, incluso se podr&iacute;a utilizar contra turistas y residentes extranjeros que no hayan contra&iacute;do matrimonio y mantengan una relaci&oacute;n sentimental.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la reforma del c&oacute;digo penal tiene un cariz autoritario. Afecta tambi&eacute;n a los art&iacute;culos 238 y 239 sobre la difamaci&oacute;n del presidente y del vicepresidente. Aunque el Tribunal Constitucional se ha mostrado contrario a la redacci&oacute;n propuesta, la nueva ley recoger&aacute; penas de hasta cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n para quienes insulten o difamen a los mandatarios en p&uacute;blico o de forma visible.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Poco a poco, un pa&iacute;s que se enorgullec&iacute;a de ser moderado en su visi&oacute;n del islam se est&aacute; radicalizando hasta niveles dif&iacute;ciles de creer. Pens&aacute;bamos que, con el desarrollo econ&oacute;mico, poco a poco Aceh se ir&iacute;a abriendo como el resto del pa&iacute;s; pero es el resto del pa&iacute;s el que se est&aacute; cerrando como Aceh&rdquo;, critica Amir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/sexo-extramarital-homosexual-delito-indonesia_1_2114838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 May 2018 19:23:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1945e6ac-865c-42fb-a36f-297ee2a0a8ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1644397" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1945e6ac-865c-42fb-a36f-297ee2a0a8ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1644397" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Indonesia quiere convertir en delito el sexo homosexual y extramatrimonial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1945e6ac-865c-42fb-a36f-297ee2a0a8ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[LGTBI,Indonesia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Gran Hermano chino tiene ojos en todo el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gran-hermano-chino-ojos-mundo_1_2166450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2471de5d-2115-40d3-b340-94105bb0e876_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Gran Hermano chino tiene ojos en todo el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los sistemas de vigilancia por inteligencia artificial complementan la tradicional red de informadores y acorralan al activismo incluso fuera de las fronteras chinas</p><p class="subtitle">"Las autoridades recaban cada vez más información de cientos de millones de ciudadanos corrientes, identifican a los que se desvían de lo que consideran 'ideología normal' y utilizan los datos para vigilarlos", dice HRW</p><p class="subtitle">Unas 170 millones de cámaras monitorean las calles de las ciudades chinas con sistemas de reconocimiento facial avanzados</p></div><p class="article-text">
        Siete&nbsp;minutos. Es el tiempo que la Polic&iacute;a de Guiyang necesit&oacute; para capturar al reportero de la BBC John Sudworth, que hab&iacute;a decidido retar a&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/Sky-Net-Gran-Hermano-China_0_690831141.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los nuevos sistemas de vigilancia por reconocimiento facial</a> de China.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades entraron al trapo, le hicieron una foto para tenerlo fichado en el registro nacional, que ya cuenta con im&aacute;genes y huellas digitales de todos sus ciudadanos y de gran parte de quienes visitan el pa&iacute;s, y luego se dedicaron a buscarlo utilizando las c&aacute;maras de videovigilancia de la capital de la provincia sure&ntilde;a de Guizhou.
    </p><p class="article-text">
        Los algoritmos de inteligencia artificial no tardaron en dar con &eacute;l y unos agentes lo interceptaron en la estaci&oacute;n de tren. As&iacute;, Sudworth demostr&oacute; que es imposible escapar al Gran Hermano del gigante asi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Lo ha certificado hace unos d&iacute;as un caso real en la ciudad de Nanchang. All&iacute;, estos sistemas de seguridad identificaron a un fugitivo entre los 60.000 asistentes a un concierto. A trav&eacute;s de las c&aacute;maras situadas en las taquillas, el software reconoci&oacute; al se&ntilde;or Ao, buscado por delitos econ&oacute;micos y envi&oacute; la alarma a los polic&iacute;as que se encontraban en la zona. &ldquo;Estaba completamente sorprendido de que lo hubi&eacute;semos capturado&rdquo;, declar&oacute; orgulloso uno de los agentes que particip&oacute; en la operaci&oacute;n, Li Jin, a la agencia Xinhua.
    </p><h3 class="article-text">170 millones de c&aacute;maras de videovigilancia</h3><p class="article-text">
        Basta un breve paseo por cualquier ciudad china para darse de bruces con una innumerable cantidad de c&aacute;maras. Las hay de todos los tama&ntilde;os y formas: las que parecen un huevo negro, las que apuntan en una sola direcci&oacute;n como si fuesen un ca&ntilde;&oacute;n, y las bater&iacute;as de c&aacute;maras que rotan 270 grados y que incluyen hasta <em>flashes</em> para operaci&oacute;n nocturna. La presencia de algunas resulta muy evidente, otras hay que buscarlas a conciencia. Todas ellas, hasta unos 170 millones, son los ojos del Partido Comunista. Y esto es solo el comienzo, porque China sumar&aacute; otros 400 millones en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En Yitu, una de las empresas que desarrollan software de reconocimiento facial para el Gobierno, me ense&ntilde;an c&oacute;mo funciona el sistema poni&eacute;ndome a m&iacute; mismo como ejemplo. Sin que me haya percatado, nada m&aacute;s entrar a su sede en Shangh&aacute;i, una c&aacute;mara me ha tomado una fotograf&iacute;a que sirve al resto para identificarme en cada rinc&oacute;n del edificio.
    </p><p class="article-text">
        Luego, el sistema muestra d&oacute;nde he estado y a qu&eacute; hora en un mapa en el que tambi&eacute;n se pueden ver los v&iacute;deos de lo que he hecho en cada uno de esos lugares. Su fundador, Zhu Long, afirma que son sistemas de vigilancia que mejoran notablemente la efectividad de las fuerzas de seguridad y que, por ende, hacen a China un pa&iacute;s mucho m&aacute;s seguro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e43c9380-b434-4527-92fb-4d062b976c7b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las 30.000 c&aacute;maras de seguridad del metro de Shangh&aacute;i, el m&aacute;s extenso del planeta, han servido para capturar a diferentes personas requeridas por la justicia. Pero el problema est&aacute; en que el Gobierno tambi&eacute;n los utiliza para neutralizar cualquier activismo. <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/salto-China-bloqueo-acceso-Internet_0_668433334.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sumados a la f&eacute;rrea vigilancia en Internet</a>, sobre todo en redes sociales &ndash;todas las empresas est&aacute;n obligadas a compartir sus datos con las autoridades&ndash;, China est&aacute; creando lo que la ONG Human Rights Watch denomina una &ldquo;nube policial&rdquo; que, denuncian, viola la privacidad y los derechos fundamentales de sus ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las autoridades recaban y centralizan cada vez m&aacute;s informaci&oacute;n de cientos de millones de ciudadanos corrientes, identifican a los que se desv&iacute;an de lo que ellos consideran 'ideolog&iacute;a normal', y utilizan los datos para vigilarlos&rdquo;, ha afirmado la directora de HRW para China, Sophie Richardson.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno est&aacute; explorando de forma activa nuevas tecnolog&iacute;as, como la anal&iacute;tica de 'big data' y los sistemas basados en computaci&oacute;n en la nube para agregar y 'minar' informaci&oacute;n personal &ndash;en la que se cuentan transacciones <em>online</em>, historiales m&eacute;dicos o afiliaciones a diferentes organizaciones&ndash; de forma m&aacute;s eficiente&rdquo;,&nbsp;<a href="https://www.hrw.org/news/2017/11/19/china-police-big-data-systems-violate-privacy-target-dissent" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a&ntilde;adi&oacute; la organizaci&oacute;n en un informe</a> publicado el pasado noviembre.
    </p><h3 class="article-text">La vigilancia&nbsp;traspasa las fronteras chinas</h3><p class="article-text">
        Es un Estado policial invisible, facilitado por los &uacute;ltimos avances tecnol&oacute;gicos. Y en regiones 'problem&aacute;ticas' como T&iacute;bet o Xinjiang se suma a la tradicional red de informadores del Gobierno para crear un marco de seguridad inquebrantable dentro de sus fronteras. Un ejemplo lo viv&iacute; cuando viaj&eacute; a la ciudad de Kashgar, en el extremo oeste de Xinjiang: cinco minutos despu&eacute;s de entrar al hotel, la Polic&iacute;a apareci&oacute; en el hall para llevar a cabo un interrogatorio aparentemente inocuo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el asunto va m&aacute;s all&aacute; de China: diferentes casos han demostrado que las fuerzas de seguridad &ndash;oficiales o no&ndash; tambi&eacute;n operan en el extranjero. Como el de Gui Minhai, editor chino, nacionalizado sueco y residente en Tailandia, especializado en la publicaci&oacute;n de libros cr&iacute;ticos con el Partido Comunista en Hong Kong. En 2015, unos desconocidos &ndash;aparentemente agentes chinos&ndash; lo abdujeron en su domicilio tailand&eacute;s y lo trasladaron a China. All&iacute; permanece recluido, y su caso ha enfrentado a China con Suecia, ya que Gui fue interceptado hace unos meses por la Polic&iacute;a china cuando viajaba en un tren con diplom&aacute;ticos del pa&iacute;s europeo para recibir tratamiento m&eacute;dico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros casos han sobresaltado a Hong Kong, un territorio&nbsp;donde las fuerzas chinas no tienen jurisdicci&oacute;n. Un documental emitido recientemente por Al Jazeera demuestra que todo tipo de activistas forzados al exilio viven con el temor de que agentes chinos arremetan contra ellos en sus pa&iacute;ses de acogida o tomen represalias con sus familiares en el gigante asi&aacute;tico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2c338a01-edb0-4eee-a823-96656872d2a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Tanto la CIA como el FBI han acusado a Pek&iacute;n de haber tejido una tupida red de esp&iacute;as por todo el mundo, y diferentes organizaciones denuncian que el mundo lo permite con el objetivo de agradar al r&eacute;gimen y de asegurarse as&iacute; oportunidades econ&oacute;micas. &ldquo;No es solo una amenaza gubernamental, es tambi&eacute;n una amenaza social. Es algo que vemos con preocupaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el director del FBI, Christopher Wray, durante una comisi&oacute;n del Senado estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        En esta coyuntura, Wray &ndash;y muchos otros&ndash; se&ntilde;ala al Instituto Confucio, equivalente al Instituto Cervantes de Espa&ntilde;a, como una de las principales armas de China en la expansi&oacute;n de su influencia pol&iacute;tica y social. El Confucio se instala en universidades y centros educativos extranjeros &ndash;ya hay m&aacute;s de 500 en el mundo&ndash; que le prestan un lugar y log&iacute;stica a cambio de financiaci&oacute;n directa del Gobierno chino.
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus responsables niegan que su labor vaya m&aacute;s all&aacute; de la ense&ntilde;anza del idioma y de la cultura de China, sus profesores son elegidos por los dirigentes chinos y ejercen presi&oacute;n sobre los centros extranjeros en los que anidan para que se eviten temas cr&iacute;ticos con la segunda potencia mundial. &ldquo;Son una herramienta de propaganda y crean una red de gente af&iacute;n a China para influenciar a las pr&oacute;ximas generaciones occidentales&rdquo;, explic&oacute; a Al Jazeera Chen Yonglin, un diplom&aacute;tico chino que decidi&oacute; desertar tras haber ayudado a crear la estrategia para acabar con la disidencia.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, estos sistemas de&nbsp;control&nbsp;se ven con buenos ojos por muchos otros gobiernos, democr&aacute;ticos o no. China marca el camino en Asia, donde diferentes pa&iacute;ses de su esfera &ndash;Tailandia, Filipinas, Camboya&ndash; han tomado un cariz cada vez m&aacute;s autoritario, pero los esc&aacute;ndalos sobre la privacidad afectan tambi&eacute;n a EEUU y Europa, donde se considera&nbsp;adoptar&nbsp;sistemas de inteligencia artificial&nbsp;para&nbsp; vigilar a la poblaci&oacute;n con el pretexto de la seguridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gran-hermano-chino-ojos-mundo_1_2166450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Apr 2018 19:04:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2471de5d-2115-40d3-b340-94105bb0e876_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="718436" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2471de5d-2115-40d3-b340-94105bb0e876_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="718436" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Gran Hermano chino tiene ojos en todo el mundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2471de5d-2115-40d3-b340-94105bb0e876_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[China,Reconocimiento facial,Videovigilancia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El calvario de Ernawati: encerrada y encadenada en un trastero por tener esquizofrenia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ernawati-encerrada-encadaneda-tener-esquizofrenia_1_2781905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f0c2dba-2d1a-4726-aee9-8168f70c5f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El calvario de Ernawati: encerrada y encadenada en un trastero por tener esquizofrenia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de haberle diagnosticado esquizofrenia en Indonesia, Ernawati está obligada a vivir en un minúsculo cuarto sin luz y sin poder levantarse</p><p class="subtitle">"Como no tenemos dinero, su tratamiento se limitó a los 40 días gratuitos que ofrece la seguridad social. Al llegar a casa, me vi obligada a encadenarla", afirma su madre</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Cadenas-sexuales-descargas-electricas-mentales_0_496600678.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Seg&uacute;n HRW, casi 19.000 personas con enfermedades mentales</a> viven en condiciones similares en Indonesia: se trata de una pr&aacute;ctica prohibida y que el Gobierno busca erradicar</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Ernawati no ha cometido ning&uacute;n delito, pero est&aacute; condenada a sufrir de por vida la peor de las torturas. Ella solo quer&iacute;a sacar adelante a su familia, pero ahora son sus allegados quienes la han recluido en el trastero. La estancia en la que est&aacute; encerrada apenas tiene metro y medio de largo por otro tanto de ancho.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso da igual, porque esta mujer de 23 a&ntilde;os permanece constantemente atada a la pared con una cadena que incluso le impide levantarse. Est&aacute; obligada a hacerse sus necesidades fisiol&oacute;gicas encima, y, por si fuese poco, en la min&uacute;scula habitaci&oacute;n no hay ventana ni bombilla, y la puerta se mantiene cerrada casi todo el d&iacute;a. Ernawati solo ve la luz cuando su madre la limpia o le da de comer, muchas veces un vaso de pl&aacute;stico con pipas o frutos secos.
    </p><p class="article-text">
        Ernawati sufre esquizofrenia. O, al menos, eso es lo que creen en el centro de salud de la localidad indonesia de Sukabumi, en el extremo occidental de la isla de Java. Hasta 2016 pudo llevar una vida normal. Muchos creen que hace dos a&ntilde;os algo caus&oacute; su trastorno mental cuando estaba trabajando como empleada dom&eacute;stica en Arabia Saud&iacute;. &ldquo;Ernawati siempre fue una chica poco habladora&rdquo;, pero no ten&iacute;a ninguna enfermedad, cuenta su madre, Abtyah, de 55 a&ntilde;os. &ldquo;Hab&iacute;a viajado en dos ocasiones a Arabia Saud&iacute; y con el dinero que gan&oacute; pag&oacute; gran parte de esta casa. Pero la tercera vez que viaj&oacute;, con el objetivo de ahorrar para dar a los hijos una buena educaci&oacute;n, solo dur&oacute; un mes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 2016, Abtyah recibi&oacute; una llamada que cambi&oacute; por completo su vida. &ldquo;Era del Consulado de Indonesia en Riad. Me dijeron que Ernawati estaba mal y que la iban a deportar, pero no ofrecieron m&aacute;s informaci&oacute;n&rdquo;, recuerda su madre. Funcionarios del gobierno de Sukabumi la recibieron y la ingresaron en un hospital. &ldquo;Como no tenemos dinero, su tratamiento se limit&oacute; a los 40 d&iacute;as gratuitos que ofrece la seguridad social&rdquo;, afirma Abtyah. &ldquo;Cuando lleg&oacute; a casa, nos dimos cuenta de que no la pod&iacute;amos dejar suelta, porque se escapaba, se encaraba a los vecinos, y provocaba muchos problemas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c4e2d650-cc94-464d-bf5f-65336e495dd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Al principio, Abtyah ataba a Ernawati con una cuerda y la soltaba a menudo. &ldquo;Era imposible cuidar de ella. Se hac&iacute;a da&ntilde;o y hac&iacute;a da&ntilde;o a otras personas. Sin ning&uacute;n tipo de ayuda, me vi obligada a encadenarla&rdquo;, dice, incapaz de contener el llanto. &ldquo;Tampoco puedo dejarle suficiente cadena como para que se levante porque da patadas a la pared y se lastima&rdquo;, a&ntilde;ade Abtyah, que ahora se ve en la tesitura de tener que sacar adelante sola a sus tres nietos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajo como jornalera en el campo, pero ahora apenas puedo hacer nada porque tengo que cuidar de Ernawati y de los tres ni&ntilde;os. Los dos mayores van a la escuela, pero la peque&ntilde;a -de dos a&ntilde;os y medio- todav&iacute;a no&rdquo;, se lamenta. &ldquo;Y estoy muy cansada porque por las noches Ernawati no deja de gritar, y yo no puedo dormir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, cuando Abtyah abre la puerta del trastero en el que est&aacute; Ernawati, la joven dedica una amplia sonrisa. Preguntada por la raz&oacute;n de que est&eacute; encadenada, responde que no lo sabe. Pero asegura que si la dejan libre se portar&aacute; bien. Dice que tampoco recuerda qu&eacute; le sucedi&oacute; en Arabia Saud&iacute;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Muchas mujeres sufren abusos en Arabia Saud&iacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Pero, seg&uacute;n Sugih, un sanitario del centro de salud que la deber&iacute;a tratar, puede que ah&iacute; est&eacute; la clave del estado de Ernawati. &ldquo;Muchas mujeres sufren todo tipo de abusos en ese pa&iacute;s, raz&oacute;n por la que Indonesia ha prohibido que viajen all&iacute; para trabajar como empleadas dom&eacute;sticas. Puede que se haya traumatizado y eso haya desencadenado la esquizofrenia. No obstante, el suyo es un caso extremo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sugih sabe perfectamente en qu&eacute; condiciones vive Ernawati, porque un empleado del centro de salud la visita cada cinco d&iacute;as para llevarle medicamentos: Diazepam y otros tranquilizantes que dejan a la joven en un estado de semiinconsciencia. &ldquo;Hemos sugerido que lleven a Ernawati al hospital para un tratamiento prolongado. Creemos que podr&iacute;a ser eficaz para mejorar su estado mental, pero la familia no tiene recursos ni para ir al hospital y nosotros no podemos obligarlos a mejorar las condiciones en las que vive Ernawati&rdquo;, afirma el sanitario por tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sabe decir tampoco si es legal mantener a una persona encadenada y sin luz las 24 horas del d&iacute;a. Pero la mayor&iacute;a asegura que Ernawati no es, ni mucho menos, la &uacute;nica. &ldquo;Es habitual que, en zonas remotas, los enfermos mentales que dan problemas sean recluidos en casa sin ning&uacute;n tipo de asistencia m&eacute;dica especializada&rdquo;, reconoce Sugih. Con un sistema sanitario muy deficiente en las zonas rurales, los enfermos mentales son los que m&aacute;s sufren, porque muchas veces ni siquiera se considera que padecen una enfermedad. &ldquo;La gente los tacha de locos, y punto&rdquo;.  
    </p><h3 class="article-text">19.000 casos en Indonesia, seg&uacute;n HRW</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/759c035d-d029-49df-ad14-0d6314d143de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         Seg&uacute;n un informe publicado en 2016 por Human Rights Watch, <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Cadenas-sexuales-descargas-electricas-mentales_0_496600678.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casi 19.000 personas con enfermedades mentales</a> viven en condiciones similares a las de Ernawati. Es lo que se conoce como 'pasung', una pr&aacute;ctica prohibida en 1977 que incluye el encadenamiento o el confinamiento de los enfermos mentales.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el propio Gobierno, unas 57.000 personas la han sufrido en el pa&iacute;s, y en torno a 18.800 est&aacute;n actualmente encerradas en cuartos de sus propios hogares o en instituciones p&uacute;blicas en las que tampoco reciben un trato especialmente digno. El Gobierno se ha propuesto erradicar el &lsquo;pasung&rsquo; en 2019, pero reconoce que las malas infraestructuras y la falta de recursos har&aacute; imposible la consecuci&oacute;n de este objetivo.
    </p><p class="article-text">
        Con la puerta abierta, Ernawati comienza a cantar. Reza el Cor&aacute;n, y se tapa la cabeza con el hiyab. &ldquo;Trata de que nos apiademos y la soltemos, pero ya sabemos lo que hace despu&eacute;s&rdquo;, dice Abtyah, que aprovecha para peinar el cabello de su hija. En el trastero huele a excrementos, pero la madre no puede lavar a menudo a su hija porque no tiene fuerza para evitar que escape. &ldquo;Tengo que esperar a que venga alguno de sus hermanos, que son tambi&eacute;n los que nos ayudan algo en lo econ&oacute;mico&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente, la condici&oacute;n mental de Ernawati no ha sido el &uacute;nico infortunio de su vida: los padres la casaron a los 14 a&ntilde;os con un hombre que entonces ten&iacute;a 20. Cuando regres&oacute; enferma de Arabia Saud&iacute;, la abandon&oacute;. &ldquo;El tiempo que enviaba dinero, &eacute;l estuvo muy contento. Pero cuando vio que ten&iacute;a que cuidar de ella, no lo volvimos a ver&rdquo;, cuenta Abtyah resignada. A su lado, los tres ni&ntilde;os ven la televisi&oacute;n en una pantalla rota ajenos a la situaci&oacute;n en la que se encuentra su madre. &ldquo;Su futuro es el que me preocupa&rdquo;, se&ntilde;ala Abtyah. &ldquo;Porque el m&iacute;o y el de Ernawati ya no existe&rdquo;, apostilla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ernawati-encerrada-encadaneda-tener-esquizofrenia_1_2781905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Feb 2018 19:53:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4f0c2dba-2d1a-4726-aee9-8168f70c5f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="902827" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4f0c2dba-2d1a-4726-aee9-8168f70c5f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="902827" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El calvario de Ernawati: encerrada y encadenada en un trastero por tener esquizofrenia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4f0c2dba-2d1a-4726-aee9-8168f70c5f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Enfermedades mentales,Indonesia,Salud,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El delito nepalí de la menstruación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/delito-nepali-menstruacion_1_2801218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea5b7fe8-322a-46f6-9be3-e5af5077e600_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Dikra Devi posa en el &#039;goth&#039; en el que es recluida durante la menstruación."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nepal ha decidido prohibir el 'chhaupadi', la tradición que segrega a las mujeres cuando tienen la regla, pero acabar con la tradición es una batalla que va más allá de las leyes</p><p class="subtitle">Tener la regla en zonas rurales del centro y el oeste de Nepal es sinónimo de ser obligadas a dormir en cobertizos donde corren muchos riesgos</p><p class="subtitle">"Sé que sucede cuando no se sigue el 'chhaupadi': si alguna mujer me toca cuando tiene la regla, vomito sangre", dice el chamán de una zona rural de Nepal</p></div><p class="article-text">
        Ganga Kunwar todav&iacute;a siente un escalofr&iacute;o cada vez que recuerda la primera vez que tuvo la regla. No porque sintiese miedo ante el hecho biol&oacute;gico en s&iacute;, sino porque sab&iacute;a que, por primera vez en casi 12 a&ntilde;os,&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/existe-exclusion-discriminacion-mujeres-menstruacion_0_486101927.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la iban a echar de casa.</a>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya me hab&iacute;an avisado mis padres de que tendr&iacute;a que respetar la tradici&oacute;n hinduista del 'chhaupadi' -que obliga a la segregaci&oacute;n de las mujeres durante su menstruaci&oacute;n- y que me recluir&iacute;an en el 'goth' -como se llama a la peque&ntilde;a chabola en la que son separadas de la familia-. Hac&iacute;a fr&iacute;o y sent&iacute; terror ante la obligaci&oacute;n de quedarme sola en ese cobertizo que no ten&iacute;a ni puerta, as&iacute; que me sub&iacute; a un &aacute;rbol y estuve encaramada a &eacute;l durante cuatro d&iacute;as&rdquo;, recuerda ahora, con 30 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Del &aacute;rbol la baj&oacute; su madre, que no le dio mayor importancia al asunto. &ldquo;Pens&oacute; que ten&iacute;a miedo y que era una chiquillada sin importancia&rdquo;, comenta Kunwar. Pero los habitantes de Payal, un peque&ntilde;o poblado del distrito nepal&eacute;s de Accham, se lo tomaron muy en serio. Creyeron que no hab&iacute;a cumplido con la tradici&oacute;n y comenzaron a achacarle todos los males que suced&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si alguien se pon&iacute;a enfermo, dec&iacute;an que la culpa era m&iacute;a por no haberme quedado en el 'goth'. Si un tigre mataba al ganado, tambi&eacute;n&rdquo;, cuenta Kunwar.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La primera vez que tuve la regla, me intentaron violar&rdquo;</h3><p class="article-text">
        A su lado se ha reunido un grupo de mujeres que quieren compartir sus experiencias sobre el 'chhaupadi'. &ldquo;La primera vez que tuve la regla, como el 'goth' estaba muy lejos de nuestra casa, un grupo de chicos me intent&oacute; violar. Si no hubiese sido por un hombre que me salv&oacute;, lo habr&iacute;an logrado&rdquo;, afirma Basanti Bohara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me toc&oacute; en invierno. Estaba en la monta&ntilde;a y hac&iacute;a much&iacute;simo fr&iacute;o. As&iacute; que tuve que encender una fogata que apagu&eacute; cuando el humo apenas me dejaba respirar&rdquo;, a&ntilde;ade Ganga Pariyar. El pasado d&iacute;a 8,&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/nepali-practica-expulsa-mujeres-periodo_0_727577328.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una mujer de 21 a&ntilde;os muri&oacute;</a> por inhalaci&oacute;n de humo cuando estaba segregada.
    </p><p class="article-text">
        En la aldea de Payal saben bien lo que eso supone. En 2012, dos j&oacute;venes fallecieron en sus respectivos 'goth' y un grupo de mujeres -en el que se encuentran Kunwar, Bohara, y Pariyar- se rebel&oacute; contra el 'chhaupadi'.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decidimos destruir todos los 'goth' que hab&iacute;a para que los hombres no nos pudiesen echar de casa&rdquo;, comenta Bohara. Pero el remedi&oacute; termin&oacute; siendo peor que la enfermedad. Muchas familias, temerosas de que saltarse la tradici&oacute;n trajese mala suerte, una creencia alentada por los chamanes, decidieron continuar expulsando a las mujeres durante la menstruaci&oacute;n. A falta de un cobertizo en el que resguardarse, estas se ve&iacute;an obligadas a dormir al aire libre.
    </p><h3 class="article-text">La lucha por la erradicaci&oacute;n del 'chhaupadi'</h3><p class="article-text">
        Fue entonces cuando diferentes organizaciones no gubernamentales actuaron. &ldquo;Abrimos un di&aacute;logo con las autoridades locales para convencerles de que hab&iacute;a que abolir esta pr&aacute;ctica, que no solo va contra la Constituci&oacute;n y los Derechos Humanos, sino que pone en peligro la salud e incluso la vida de las mujeres&rdquo;, explica Lachhindra Maharjan, trabajador local de Save The Children.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/404dd010-c076-43cc-93e8-1c1e5ae1fed8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Es una de las ONG que trabajan en Nepal para lograr la erradicaci&oacute;n del 'chhaupadi', una pr&aacute;ctica que incluye un amplio abanico de prohibiciones durante la menstruaci&oacute;n: las mujeres no pueden tocar ni a los hombres ni alimentos o animales dom&eacute;sticos, y tampoco pueden acudir a rezar a los templos.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia surti&oacute; efecto en Payal y ahora el pueblo est&aacute; orgulloso de haber logrado la etiqueta 'chhaupadi free'&nbsp;&ndash;libre de chhaupadi&ndash;. No obstante, un recorrido por sus callejuelas embarradas demuestra que todav&iacute;a es f&aacute;cil encontrar chamizos para la segregaci&oacute;n de las mujeres.
    </p><h3 class="article-text">Tres meses de c&aacute;rcel por echar a una mujer con la regla</h3><p class="article-text">
        Algunas reconocen que la tradici&oacute;n es m&aacute;s fuerte que la ley, aunque muchas han encontrado una forma intermedia para cumplir ambas: separarse de la familia recluy&eacute;ndose en una habitaci&oacute;n vac&iacute;a de la vivienda, que &uacute;nicamente se utiliza para este prop&oacute;sito. &ldquo;Es algo que tambi&eacute;n se hace en ciudades, incluso en la capital, Katmand&uacute;&rdquo;, reconoce Maharjan.
    </p><p class="article-text">
        Los diputados nepal&iacute;es que actualmente debaten c&oacute;mo articular la prohibici&oacute;n del 'chhaupadi', aprobada el a&ntilde;o pasado y cuya entrada en vigor est&aacute; prevista para el mes de agosto, tendr&aacute;n que decidir, entre otras cosas, si esa alternativa es legal.
    </p><p class="article-text">
        De momento, ya han anunciado que obligar a una mujer a ser segregada ser&aacute; castigado con hasta tres meses de c&aacute;rcel y una multa de 3.000 rupias (25 euros). Se lleva as&iacute; al C&oacute;digo Penal el dictamen del Tribunal Supremo, que ya en 2005 consider&oacute; ilegal esta tradici&oacute;n y exigi&oacute; al Gobierno que iniciase los tr&aacute;mites para su prohibici&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Es mejor que se muera en el 'goth' que tenerla&nbsp;en casa&rdquo;</h3><p class="article-text">
        A pesar de todo, Namsara Thakulla continuar&aacute; exigiendo a su nieta, Gita Thakulla, que se recluya en el 'goth' cuando tenga la regla. &ldquo;Es mejor que muera all&iacute; que tenerla con el resto de la familia en casa&rdquo;, sentencia esta mujer de 65 a&ntilde;os que se gana la vida adivinando el futuro en otra remota localidad de Accham.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si alguien muere durante el 'chhaupadi' es porque estaba destinada a ello. Pero no podemos enfurecer a los dioses, porque el resultado ser&aacute; mucho peor&rdquo;, afirma sin rubor alguno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aaf62de1-cac9-4ac2-bfa8-5d2df00ceabd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        A unos 50 kil&oacute;metros, en Banyagadi Jaygath, el cham&aacute;n Prem Bahadur Khadka promulga algo similar. &ldquo;No estoy de acuerdo con la destrucci&oacute;n de los 'goth' a la que obligan algunos gobernantes. Yo soy partidario del 'chhaupadi' y s&eacute; que sucede cuando no se sigue: si alguna mujer me toca cuando tiene la regla, vomito sangre.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, siempre que me preguntan, yo aconsejo que saquen a las mujeres fuera de casa para evitar tragedias&ldquo;, se&ntilde;ala este hombre de 82 a&ntilde;os que asegura haber sido pose&iacute;do por un esp&iacute;ritu que le dio sus actuales poderes sanadores cuando ten&iacute;a 25 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer una broma, pero en el pueblo todos le toman muy en serio.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, su hijo es el responsable de acabar con el 'chhaupadi' en la zona. Rajendra Bahadur Khadka es el gobernador de esta municipalidad rural, un nuevo t&eacute;rmino administrativo que engloba diferentes aldeas. &ldquo;Yo no soy mi padre&rdquo;, aclara cuando se incide en esta coincidencia. &ldquo;El 'chhaupadi' ha sido abolido en su forma m&aacute;s cruel en un 90%, y creo que es una pr&aacute;ctica que se debe regular&rdquo;, afirma, demostrando que no est&aacute; en contra de la segregaci&oacute;n de las mujeres. &ldquo;Sacarlas fuera de la casa no es aceptable, pero separarlas en una habitaci&oacute;n destinada a ello, s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que Khadka hace con su esposa. Cuando menstr&uacute;a, &eacute;l no la toca ni come lo que ella cocina. &ldquo;Estoy haciendo todo lo posible por cambiar mi mentalidad, pero este es un pa&iacute;s hinduista con tradiciones muy arraigadas. Nuestro plan ahora es destruir los 'goth' para que en dos a&ntilde;os no quede ninguno y abolir el 'chhaupadi' en la pr&oacute;xima d&eacute;cada&rdquo;, explica el pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Claro que, cuando dice abolir &eacute;l se refiere a transformar la pr&aacute;ctica en una versi&oacute;n m&aacute;s moderna y aceptable a los ojos del mundo. &ldquo;Las cosas llevan su tiempo. Nepal ser&aacute; un pa&iacute;s mucho mejor cuando nosotros y nuestros padres muramos&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/delito-nepali-menstruacion_1_2801218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2018 19:22:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ea5b7fe8-322a-46f6-9be3-e5af5077e600_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="904448" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ea5b7fe8-322a-46f6-9be3-e5af5077e600_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="904448" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El delito nepalí de la menstruación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ea5b7fe8-322a-46f6-9be3-e5af5077e600_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Niñas,Infancia,Nepal,Menstruación,Machismo,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ciudades chinas purgan a sus pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ciudades-chinas-purgan-pobres_1_2904758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef8672a2-332b-446e-b4d4-897da4c4df5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Solares llenos de cascotes y de pertenencias viejas en el centro de Shanghái."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Shanghái sigue los pasos de Pekín y ha establecido un tope de población que acarreará demoliciones forzosas y la expulsión de millones de emigrantes</p><p class="subtitle">"El Gobierno no quiere pobres", denuncia Han, una anciana que se niega a abandonar el edificio en el que ha vivido toda su vida</p><p class="subtitle">Las expropiaciones forzosas son un eslabón más de la discriminación histórica que sufre la población rural en las ciudades chinas</p></div><p class="article-text">
        El A&ntilde;o Nuevo chino es el momento m&aacute;s id&oacute;neo para descubrir cu&aacute;l es la composici&oacute;n social de las grandes ciudades del pa&iacute;s m&aacute;s poblado del mundo. La gran migraci&oacute;n rural que ha facilitado el milagro econ&oacute;mico chino de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas se revierte durante la mayor festividad del pa&iacute;s, equiparable a la Nochebuena cristiana ya que supone el reencuentro de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Las estaciones de tren y los aeropuertos no dan abasto mientras megal&oacute;polis como Shangh&aacute;i, Pek&iacute;n, o Shenzhen se quedan vac&iacute;as. Las f&aacute;bricas cierran, las construcciones se detienen, y cientos de millones de personas participan en el mayor &eacute;xodo temporal del planeta.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a regresa a sus lugares de origen&nbsp;desde&nbsp;las zonas urbanas en las que se labra un futuro mejor. Los emigrantes rurales son la mano de obra barata que mantiene en marcha la f&aacute;brica del mundo y da forma a los relucientes rascacielos de la segunda potencia mundial.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora hay trabajo. No nos pagan muy bien, pero es suficiente para llevar una vida humilde e incluso para ahorrar. Vivimos mucho mejor que nuestros padres&rdquo;, cuenta Hu Heping, un obrero originario de la provincia de Anhui que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada gan&aacute;ndose la vida en Shangh&aacute;i. Ha trabajado en algunas de las obras m&aacute;s significativas de la capital econ&oacute;mica de China, incluida la Torre de Shangh&aacute;i, el rascacielos m&aacute;s alto del pa&iacute;s y el segundo en el ranking mundial.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, ahora Hu est&aacute; sopesando la posibilidad de regresar a casa, un pueblo de apenas 40.000 habitantes. Ha cumplido ya 40 a&ntilde;os, su madre es demasiado mayor para valerse por s&iacute; misma y no se siente bienvenido en Shangh&aacute;i. &ldquo;La gente local tiene un punto de arrogancia que no logro comprender. Porque esta ciudad debe toda su espectacularidad a gente como yo, que se ha deslomado para construirla. Los shanghaineses no han movido un dedo para levantarla. Sin embargo, las autoridades cada vez nos ponen m&aacute;s dif&iacute;cil establecernos aqu&iacute;&rdquo;, lamenta.
    </p><p class="article-text">
        Puede que el pr&oacute;ximo 16 de febrero se marche para celebrar el A&ntilde;o Nuevo y no vuelva.
    </p><h3 class="article-text">Un plan&nbsp;que desplaza a la poblaci&oacute;n migrante</h3><p class="article-text">
        Si Hu emprende el camino de vuelta, el Ayuntamiento le estar&aacute; agradecido. A finales del mes pasado, Shangh&aacute;i decidi&oacute; seguir los pasos de la capital, Pek&iacute;n, y aprob&oacute; un plan para poner coto a su poblaci&oacute;n, estimada a finales de 2016 en 24,2 millones de habitantes. El objetivo es limitarla a un m&aacute;ximo de 25 millones de aqu&iacute; a 2035, algo nada f&aacute;cil de conseguir si se tiene en cuenta que en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas ha crecido a un ritmo superior al 1% anual.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades consideran que la superpoblaci&oacute;n est&aacute; ejerciendo una presi&oacute;n excesiva sobre los recursos disponibles. Aseguran que provoca la end&eacute;mica congesti&oacute;n del tr&aacute;fico, el aumento de los niveles de contaminaci&oacute;n y la saturaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos como la sanidad o la educaci&oacute;n. Shangh&aacute;i sufre lo que se conoce como 'la enfermedad de las ciudades grandes'.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/51d78594-0603-4dd6-837b-1d124548ffb1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La estrategia de los dirigentes para vacunar a la megal&oacute;polis antes de que sea demasiado tarde incluye limitar a 3.200 kil&oacute;metros cuadrados el suelo urbanizable que liberar&aacute; en los pr&oacute;ximos 17 a&ntilde;os. Y, aunque los dirigentes comunistas no lo mencionen expresamente, en su mente tambi&eacute;n est&aacute; el derribo de peque&ntilde;os edificios antiguos para construir en su lugar urbanizaciones de lujo. Es el proceso de&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/temas/gentrificacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gentrificaci&oacute;n</a> que esconde un plan destinado a desplazar a la poblaci&oacute;n inmigrante, que suma el 40% del total de Shangh&aacute;i.
    </p><h3 class="article-text">Familias&nbsp;resisten a las excavadoras</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno no quiere pobres&rdquo;, sentencia con rotundidad la se&ntilde;ora Han. Pertenece a una de las tres familias que se niegan a abandonar los edificios en los que han vivido toda su vida. Los suyos son los &uacute;ltimos edificios de ladrillo gris que quedan en pie al final de la calle Hailun, donde todo lo dem&aacute;s son solares llenos de cascotes y viejas pertenencias. Y no sabe cu&aacute;nto m&aacute;s podr&aacute;n resistir. De hecho, en la puerta ya ha aparecido el temido&nbsp;s&iacute;mbolo&nbsp;<em>chai</em>, que significa 'derribo' y que se&ntilde;ala el lugar en el que tienen que actuar las excavadoras.
    </p><p class="article-text">
        Han es natural de Shangh&aacute;i, pero el resto de las familias de este vecindario humilde proced&iacute;a de otras provincias. &ldquo;Les intimidaron y decidieron marcharse&rdquo;, cuenta. Con una compensaci&oacute;n econ&oacute;mica rid&iacute;cula, vieron que continuar en Shangh&aacute;i no era factible &ndash;los precios de la vivienda son los m&aacute;s elevados del pa&iacute;s&ndash; y decidieron marcharse.
    </p><p class="article-text">
        Han, sin embargo, no tiene ad&oacute;nde ir. Y con casi 80 a&ntilde;os y un marido incapaz de moverse, dar&aacute; la batalla. &ldquo;No me niego a marcharme, aunque nos vayan a enviar al extrarradio. Pero exijo una indemnizaci&oacute;n justa&rdquo;, apostilla. En una de las paredes, eso es exactamente lo que promete para los due&ntilde;os de las viviendas un p&oacute;ster oficial ilustrado con el mazo de un juez. &ldquo;Mentira&rdquo;, dispara la anciana.
    </p><h3 class="article-text">Una segregaci&oacute;n hist&oacute;rica</h3><p class="article-text">
        Como ha sucedido con los vecinos de Han, los gobernantes de Shangh&aacute;i parecen convencidos de que las propias leyes del mercado se encargar&aacute;n de expulsar a los emigrantes rurales. Pero en otras ciudades&nbsp;como Pek&iacute;n,&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/internacional/Pekin-crece-golpe-desahucio_0_606139466.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las autoridades locales&nbsp;han tomado&nbsp;medidas directas.</a> De hecho, con la excusa de la seguridad, tras un tr&aacute;gico incendio en noviembre, puso en marcha una campa&ntilde;a de expropiaciones forzosas que diferentes organizaciones pro derechos humanos han tildado de &ldquo;purga de pobres&rdquo;. Miles han tenido que abandonar sus hogares y muchos han decidido regresar a sus lugares de origen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/162b6348-be93-4355-b037-7bc7b737e957_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero la segregaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n rural no es nada nuevo en China. El sistema del <em>hukou</em>, una especie de permiso de residencia interno, se introdujo en la d&eacute;cada de 1950 precisamente para evitar la migraci&oacute;n hacia las ciudades. Este documento identifica a los ciudadanos como residentes rurales o urbanos y les garantiza diferentes derechos de acuerdo con su estatus. El problema es que los habitantes de zonas agr&iacute;colas no pueden acceder a los servicios b&aacute;sicos de las ciudades a las que van a trabajar, sobre todo educaci&oacute;n y sanidad.
    </p><p class="article-text">
        Consciente de la injusticia que eso supone, hace ya casi una d&eacute;cada que el Gobierno central plante&oacute; abolir el <em>hukou</em>. No obstante, las medidas tomadas por Pek&iacute;n y Shangh&aacute;i demuestran que las principales ciudades chinas solo est&aacute;n interesadas en mostrar su cara m&aacute;s vanguardista. En la China del siglo XXI&nbsp;prefieren que los m&aacute;s&nbsp;empobrecidos no queden a la vista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ciudades-chinas-purgan-pobres_1_2904758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jan 2018 19:43:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ef8672a2-332b-446e-b4d4-897da4c4df5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1584397" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ef8672a2-332b-446e-b4d4-897da4c4df5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1584397" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Las ciudades chinas purgan a sus pobres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ef8672a2-332b-446e-b4d4-897da4c4df5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[China,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Con cuántos problemas hay que acabar para alcanzar una sociedad "idónea" para la infancia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/nepal_1_3059244.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df652703-a16d-4665-8e46-f50c89d6cd11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Con cuántos problemas hay que acabar para alcanzar una sociedad &quot;idónea&quot; para la infancia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2013, el Gobierno de Nepal puso en marcha, con el apoyo de Unicef, un proyecto para hacer que Nepal sea un "país idóneo" para los niños y niñas, pero los retos son muchos</p><p class="subtitle">"Se trata de un programa que tiene cuatro pilares principales: supervivencia, protección, desarrollo, y participación de la infancia", dicen desde Unicef</p><p class="subtitle">De momento, solo tres localidades lo han conseguido, y cabe la posibilidad de que los datos hayan sido 'cocinados' por las Autoridades para colgarse la medalla</p></div><p class="article-text">
        Lila Devi Bohara es un buen ejemplo de que Nepal no es, precisamente, el mejor pa&iacute;s para ser ni&ntilde;a. Ten&iacute;a 15 a&ntilde;os cuando sus padres la prometieron en matrimonio con un joven de 20. Los progenitores de &eacute;l buscaban a una mujer que hiciese las tareas de la casa porque no ten&iacute;an una hija, y les gust&oacute; Lila porque, como dice quien ahora es su suegro, &ldquo;era guapa, ten&iacute;a buen car&aacute;cter y parec&iacute;a diligente&rdquo;. El trato se cerr&oacute; entre ambas familias y Lila conoci&oacute; a Lal Bahadur Bohara, su actual marido.
    </p><p class="article-text">
        Los padres de Lila decidieron cancelar la boda en el &uacute;ltimo momento. &ldquo;Tem&iacute;an que las autoridades se enterasen y ellos fuesen amonestados por haber propiciado un matrimonio infantil&rdquo;, recuerda Lal. Al fin y al cabo, ahora en Nepal est&aacute; penado incluso con la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        El matrimonio infantil es una&nbsp;de las lacras contra la infancia&nbsp;por las que, en 2013, el Gobierno puso en marcha, con el apoyo t&eacute;cnico del&nbsp;Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia&nbsp;(Unicef), un proyecto para hacer que Nepal sea un &ldquo;pa&iacute;s id&oacute;neo&rdquo; para los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as &ndash;<em>Child Friendly</em>, en ingl&eacute;s&ndash;. Pero los retos son muchos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se trata de un programa que tiene cuatro pilares principales: supervivencia, protecci&oacute;n, desarrollo, y participaci&oacute;n de la infancia. Dentro de esas categor&iacute;as se han identificado 27 indicadores sociales diferentes que se deben reducir o incrementar hasta un rango determinado. Por ejemplo, uno de ellos es el matrimonio infantil, que Nepal se ha propuesto erradicar en 2030&rdquo;, explica Navaraj Pudasaini, responsable de programas de Protecci&oacute;n de la Infancia de&nbsp;Unicef&nbsp;en distritos del oeste del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Otros objetivos son llevar electricidad y agua corriente al 100% de los hogares, erradicar la defecaci&oacute;n al aire libre, o lograr la escolarizaci&oacute;n de todos los ni&ntilde;os. &ldquo;Es importante recalcar que, en esta ocasi&oacute;n, el programa cuenta con una asignaci&oacute;n presupuestaria obligatoria que es auditada por el Gobierno&rdquo;, apunta Pudasaini. El 15% de los presupuestos locales se debe dedicar a la infancia, un 10% adicional debe ir destinado a programas de mujeres, y otro 10% a colectivos vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los objetivos de esos 27 indicadores sociales &ndash;a los que se suman otros 12 institucionales&ndash; se han alcanzado en m&aacute;s del 80% &ndash;salvo algunos casos en los que se debe obtener el 100%&ndash;, las localidades reciben el distintivo de <em>Child Friendly</em>, o id&oacute;neas para la infancia. Lakshminagar, el remoto pueblo del distrito occidental de Doti en el que viven Lila y Lal, est&aacute; cerca de conseguir esta ansiada distinci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">El precio del matrimonio infantil</h3><p class="article-text">
        Los padres de Lila no contaban con que, cuando decidieron frenar su matrimonio, la pareja se hab&iacute;a enamorado. Estos decidieron escapar juntos y casarse en secreto. No fue una boda legal, ya que se limitaron a ponerse mutuamente el <em>tika</em> &ndash;un punto rojo en la frente que distingue a los casados, como la alianza en la cultura occidental&ndash;, pero los familiares tuvieron que aceptar la uni&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, a sus 19 a&ntilde;os, la joven ya tiene dos hijos y acarrea con casi todo el peso de la familia: trabaja el campo, cuida de los hijos, prepara la comida en la cocina de le&ntilde;a que hace el aire irrespirable, limpia la casa y lava la ropa. La suya, la de sus dos reto&ntilde;os, y la del resto de familiares que habitan el sencillo edificio de adobe y de madera en el que viven todos juntos. Se levanta antes de que salga el sol y acaba de trabajar mucho despu&eacute;s de que se haya puesto. Mientras tanto, Lal pasea con las manos en los bolsillos, fuma, charla con los amigos y trastea con el m&oacute;vil. Lo &ldquo;normal&rdquo;, vaya.
    </p><p class="article-text">
        Cuando est&aacute;n juntos aseguran sentirse satisfechos de sus vidas. Pero cuando ella habla sola reconoce que se arrepiente de lo que hizo. De hecho, ahora es secretaria del grupo de madres de Lakshminagar, un peque&ntilde;o pueblo en el distrito occidental de Doti. &ldquo;Nos reunimos para compartir informaci&oacute;n sobre salud prenatal y vacunas, c&oacute;mo cuidar de los hijos o c&oacute;mo ahorrar dinero&rdquo;, explica con un hilillo de voz.
    </p><p class="article-text">
        En estos grupos, promovidos por el propio Gobierno y por Unicef como medio de transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n vital para el desarrollo de la comunidad, ha aprendido, dice, los peligros a los que se enfrent&oacute; por protagonizar un matrimonio infantil, que afecta todav&iacute;a al 37% de las mujeres nepalesas. &ldquo;S&eacute; que podr&iacute;a haber muerto por haberme quedado embarazada tan pronto y por no haber acudido a recibir asistencia sanitaria&rdquo;, cuenta, avergonzada tambi&eacute;n por haber abandonado la escuela en sexto curso.
    </p><p class="article-text">
        Pero el suyo es un caso similar al de muchos millones. No es de los m&aacute;s sangrantes. De hecho,&nbsp;<a href="https://www.phpnepal.org.np/media/pdf/Nepal-Demographic-Health-Survey-NDHS-2016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las estad&iacute;sticas de Nepal</a> demuestran que incluso superar los cinco a&ntilde;os de edad ya es un logro importante. Porque 21 neonatos mueren por cada&nbsp;1.000 nacidos vivos, y otros 18 m&aacute;s fallecen antes de alcanzar el lustro de vida. Entre quienes salen adelante y tienen menos de 15 a&ntilde;os, 770.000 no est&aacute;n escolarizados y m&aacute;s de un tercio trabaja &ndash;un 80% de ellos lo hace en empleos de riesgo&ndash;. Adem&aacute;s, Unicef estima que 12.000 ni&ntilde;as y ni&ntilde;os son v&iacute;ctima del tr&aacute;fico de personas cada a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Estos datos esconden grandes diferencias regionales. Mientras las estad&iacute;sticas de las principales ciudades y de la capital, Katmand&uacute;, han mejorado considerablemente, los de distritos remotos como Doti todav&iacute;a resultan descorazonadores. All&iacute; la mortalidad infantil supera la barrera de 40 por cada 1.000.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las&nbsp;localidades que tratan de obtener el distintivo de &ldquo;id&oacute;nea para la infancia&rdquo; tienen por delante muchos problemas que mitigar. De momento, solo tres lo han conseguido, y cabe la posibilidad de que los datos hayan sido &lsquo;cocinados&rsquo; por las Autoridades para colgarse la medalla. &ldquo;No ser&iacute;a la primera vez&rdquo;, reconoce Pudasaini, que recalca que Unicef no tiene autoridad para verificar los datos, solo para apoyar en la consecuci&oacute;n de los objetivos.
    </p><p class="article-text">
        Lakshminagar es una de las localidades que est&aacute;n m&aacute;s cerca de lograr el reconocimiento. Sin embargo, todav&iacute;a queda mucho por hacer para que el pueblo sea ideal. De hecho, en el peque&ntilde;o ambulatorio situado en un sencillo edificio de hormig&oacute;n, las enfermeras &ndash;ni siquiera hay un m&eacute;dico&ndash;critican que las infraestructuras son insuficientes y est&aacute;n en mal estado.
    </p><p class="article-text">
        Solo hace falta echar un vistazo para convencerse de que no mienten. En las estanter&iacute;as faltan medicamentos esenciales, no hay siquiera un f&oacute;rceps entre el material m&eacute;dico y las camas est&aacute;n corro&iacute;das y no pueden inclinarse. Aqu&iacute;, una incubadora es algo de ciencia ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s, debido a lo dispersa que est&aacute; la poblaci&oacute;n y a la falta de transporte p&uacute;blico, muchas mujeres tienen que caminar hasta cinco horas para llegar aqu&iacute;. As&iacute; que muchas paren antes de llegar, por el camino&rdquo;, cuenta Pabitra Awasthi, la matrona que ha asistido gran parte de los 56 partos registrado en el centro entre enero y octubre de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los casos complicados no los podemos atender y los tenemos que referir al hospital de Dhanghadi -una ciudad situada a cuatro horas de carretera-. Afortunadamente, en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os no hemos tenido ninguna muerte de beb&eacute;s o de madres en este centro&rdquo;, apostilla con una sonrisa poco antes de prestar atenci&oacute;n al latido del feto que crece en el vientre de una embarazada de seis meses.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s optimistas son en la escuela, aunque el d&iacute;a de nuestra visita es el primero despu&eacute;s de una fiesta nacional y apenas acude a clase la mitad de los alumnos. Eso s&iacute;, la otra mitad se cuadra seriamente frente a la ense&ntilde;a nacional y aguanta estoicamente al sol una larga perorata de su director, que hace hincapi&eacute; en la necesidad de respetarse los unos a los otros.
    </p><p class="article-text">
        Si no lo hacen por las buenas, lo har&aacute;n por las malas, porque en la escuela creen que, en ocasiones, una torta es mejor que cualquier otro remedio. &ldquo;Tratamos de evitarlo siempre, pero a veces no es posible&rdquo;, reconoce un profesor. As&iacute; se entiende que el 82% de los ni&ntilde;os nepaleses sufran lo que se conoce como 'disciplina violenta'.
    </p><p class="article-text">
        La violencia machista es otra lacra muy arraigada en el pa&iacute;s del Himalaya. La ha experimentado un tercio de las mujeres casadas, y un 43% de las encuestadas por Unicef considera que en ocasiones est&aacute; justificada la violencia del marido hacia ellas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1a92a7fa-5249-4a1d-9ddb-2f7857d16bc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En este contexto, un grupo de ni&ntilde;as de Lakshminagar ha decidido desafiar al machismo imperante jugando al voleibol. &ldquo;El deporte es donde vemos m&aacute;s disparidad entre chicos y chicas. Ellos parece que tienen todo el derecho a practicarlo, mientras que nosotras debemos dedicarnos a otras labores. Pero tambi&eacute;n nos gusta jugar, as&iacute; que hemos creado un equipo&rdquo;, cuenta Burga Bohara, de 16 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tanto ella como su compa&ntilde;era Basanti Sand, de la misma edad, aseguran que no permitir&aacute;n que sus padres las casen antes de la edad legal -20 a&ntilde;os- y que su idea es escapar de Lakshminagar en cuanto puedan. &ldquo;Las zonas rurales de Nepal no ofrecen ninguna oportunidad a la juventud&rdquo;, sentencian.
    </p><p class="article-text">
        Puede que la localidad en la que juegan al voleibol y ganan a sus compa&ntilde;eros varones pronto cuelgue el cartel de 'Child Friendly', pero sobre el terreno se demuestra que queda mucho camino por delante para que haga honor a la realidad. No obstante, el establecimiento de objetivos concretos y la dotaci&oacute;n econ&oacute;mica para su consecuci&oacute;n est&aacute; obteniendo resultados positivos, pero, como apunta Pudasaini, &ldquo;lentos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para cientos de miles de ni&ntilde;os, los cambios pueden llegar demasiado tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/nepal_1_3059244.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Nov 2017 19:03:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/df652703-a16d-4665-8e46-f50c89d6cd11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="802506" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/df652703-a16d-4665-8e46-f50c89d6cd11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="802506" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Con cuántos problemas hay que acabar para alcanzar una sociedad "idónea" para la infancia?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/df652703-a16d-4665-8e46-f50c89d6cd11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nepal,Matrimonio infantil,UNICEF]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran salto atrás de China: el bloqueo del Internet sin censura preocupa a los activistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/salto-china-bloqueo-acceso-internet_1_3265585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59b09ada-358c-4b0f-b045-d7d7e29bfe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran salto atrás de China: el bloqueo del Internet sin censura preocupa a los activistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pekín ha anunciado el cierre de las VPN, el software que permite saltar el veto de las autoridades, mientras incrementa la persecución de todo tipo de activismo, de la que el fallecido Liu Xiaobo es la víctima más prominente</p><p class="subtitle">Las empresas extranjeras también critican la falta de reformas y confirman que China se cierra en sí misma</p><p class="subtitle">Al menos 49 periodistas y blogueros permanecen encarcelados en prisiones chinas</p></div><p class="article-text">
        Una de las primeras sensaciones que asaltan al extranjero reci&eacute;n llegado a China es la del aislamiento: nada m&aacute;s aterrizar y encender su tel&eacute;fono m&oacute;vil, comprobar&aacute; que casi ning&uacute;n elemento de su vida cibern&eacute;tica funciona. No podr&aacute; acceder a su correo electr&oacute;nico de Gmail, ni a redes sociales habituales como Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco podr&aacute; hacer preguntas a Google, ni orientarse a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n de mapas del gigante estadounidense de Internet. Y tendr&aacute; que informarse a trav&eacute;s de un peque&ntilde;o &ndash;y menguante&ndash; abanico de medios de comunicaci&oacute;n internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a esta sensaci&oacute;n de aislamiento le seguir&aacute; otra de sorpresa al ver que la poblaci&oacute;n china est&aacute; permanentemente enganchada al m&oacute;vil. Los 1.400 millones de habitantes del pa&iacute;s m&aacute;s poblado del mundo navegan en la intranet china, donde reinan las alternativas locales que ofrecen todos esos servicios que el extranjero echa en falta: Baidu es Google, Weibo es Twitter, WeChat es Facebook, Instagram y WhatsApp, Alipay es Paypal, Youku es YouTube, y as&iacute; hasta el infinito.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, todas estas empresas tienen un denominador com&uacute;n: cumplen la legislaci&oacute;n china. Esto quiere decir que comparten todos los datos privados con el gobierno chino, filtran los resultados de sus b&uacute;squedas de acuerdo con los designios del Partido Comunista, y permiten que los censores intervengan a su antojo en sus contenidos.
    </p><p class="article-text">
        De momento, la salvaci&oacute;n de quienes quieren acceder en China a una Red libre tiene tres letras: VPN. Son las siglas de Virtual Private Network (Red Virtual Privada), el <em>software</em> que permite saltar lo que se conoce como la 'Gran Muralla Cibern&eacute;tica' para poder navegar por todos esos servicios que veta Pek&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los proveedores de estos programas y las autoridades chinas llevan a&ntilde;os jugando al gato y al rat&oacute;n, pero la ciberpolic&iacute;a podr&iacute;a marcarse pronto el tanto de la victoria. Seg&uacute;n anunci&oacute; <em>Bloomberg</em> a principios de julio, los dirigentes chinos han decidido cortar por lo sano y exigir que todos los proveedores de datos &ndash;que son de titularidad p&uacute;blica&ndash; <a href="http://www.eldiario.es/theguardian/China-bloqueara-completamente-internet-censura_0_664233769.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">corten de ra&iacute;z el acceso a estas VPN personales </a>de aqu&iacute; a febrero del a&ntilde;o que viene.
    </p><p class="article-text">
        Si se llega a este extremo, las consecuencias pueden ser muy importantes. Y no solo porque un buen n&uacute;mero de extranjeros decida marcharse del pa&iacute;s &ndash;algo que muchos se plantean despu&eacute;s de conocer el plan de China&ndash; o porque resulte m&aacute;s dif&iacute;cil atraer talento for&aacute;neo a China, sino porque puede tener un importante impacto econ&oacute;mico en las empresas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/58fb3ce5-d71d-48e5-ac52-3244d3dc14a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Muchas utilizan estas VPN para acceder a servicios y usuarios en el extranjero, y un 49% de las compa&ntilde;&iacute;as europeas establecidas en el gigante asi&aacute;tico afirman &ndash;seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe anual de la C&aacute;mara de Comercio Europea&ndash; que las trabas en Internet ya afectan a su negocio. Ese porcentaje aumenta hasta el 76,4% en el caso de las empresas estadounidenses incluso sin que exista todav&iacute;a un bloqueo total.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, si se alcanza ese extremo, tambi&eacute;n se dificultar&iacute;a el trabajo de cient&iacute;ficos y acad&eacute;micos, que tendr&iacute;an muchas m&aacute;s dificultades para acceder al conocimiento fuera de sus fronteras. &ldquo;Ya es un engorro porque las VPN son poco estables y apenas podemos acceder a sitios de descarga de archivos sin ellas. Muchas veces nos env&iacute;an estudios o informes utilizando servicios como Dropbox, que no funcionan en China&rdquo;  explica un profesor de la Universidad de Fudan, en Shangh&aacute;i, que prefiere mantenerse en el anonimato. &ldquo;Que se aumenten las restricciones ser&aacute; negativo para todos y afectar&aacute; al desarrollo tecnol&oacute;gico y cient&iacute;fico del pa&iacute;s&rdquo;, opina en una conversaci&oacute;n con eldiario.es.
    </p><h3 class="article-text">La represi&oacute;n contra los activistas no cesa</h3><p class="article-text">
        En definitiva, la medida aislar&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s a China y acercar&iacute;a su modelo al de Corea del Norte. &ldquo;Es una muestra m&aacute;s de c&oacute;mo el r&eacute;gimen chino se encierra en s&iacute; mismo&rdquo;, comenta Leung Chung-hang, parlamentario del partido independentista Youngspiration en Hong Kong. &ldquo;Y es tambi&eacute;n una prueba de que ni ha puesto en marcha las reformas que todos esperaban, ni lo har&aacute;&rdquo;, sentencia.
    </p><p class="article-text">
        No en vano, en 1980, cuando Deng Xiaoping decidi&oacute; acabar con el mao&iacute;smo que hab&iacute;a llevado la ruina a China, los analistas extranjeros coincidieron en un punto: es solo cuesti&oacute;n de tiempo que la apertura econ&oacute;mica propicie reformas pol&iacute;ticas. La mayor&iacute;a aseguraba que la demanda de democracia llegar&iacute;a cuando los chinos lograsen saciar el hambre. Es una cuesti&oacute;n de prioridades, dec&iacute;an. El movimiento estudiantil de 1989, que acab&oacute; en la matanza de Tiananmen, fue uno de los chispazos que vaticinaron muchos. Y quiz&aacute; tambi&eacute;n el &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, todo tipo de activismo ha recibido la misma respuesta: un pu&ntilde;o de acero. Da igual que sean feministas que protestan contra el acoso sexual en el transporte p&uacute;blico, obreros que exigen el justo pago de sus pensiones, activistas que investigan las condiciones laborales en f&aacute;bricas que producen art&iacute;culos para las empresas de Ivanka Trump, o disidentes que reclaman la instauraci&oacute;n de una democracia. Todos acaban detenidos o entre rejas, <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/abogados-derechos-humanos-carcel-China_0_605789983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acusados muchas veces de dos delitos cuya definici&oacute;n es lo suficientemente imprecisa</a> para servir de arma contra todo aquel que resulta inc&oacute;modo para el Gobierno: la subversi&oacute;n contra el Estado y provocar des&oacute;rdenes sociales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3f1a3b8-3cf2-41b9-bab9-5ead6a717a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El primero es el que se utiliz&oacute; para condenar a once a&ntilde;os de prisi&oacute;n <a href="http://www.eldiario.es/theguardian/Liu-Xiaobo-prisionero-politico-China_0_662134654.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo</a>, cuyo &uacute;nico crimen fue exigir que se cumpla el art&iacute;culo 35 de la propia Constituci&oacute;n china &ndash;que ampara libertades como la de prensa o la de expresi&oacute;n&ndash; y pedir en la Carta 08 una transici&oacute;n hacia la democracia parlamentaria.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de haber cumplido 8 a&ntilde;os en la c&aacute;rcel, el pasado 13 de julio <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Muere-Nobel-Paz-Liu-Xiaobo_0_664584190.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Liu muri&oacute; en el hospital de Shenyang en el que recib&iacute;a tratamiento por el c&aacute;ncer de h&iacute;gado terminal</a> que se le diagnostic&oacute; demasiado tarde en prisi&oacute;n y se convirti&oacute; en el primer galardonado con un Nobel que muere cautivo desde 1938, cuando Carl von Ossietzky muri&oacute; bajo custodia en la Alemania nazi.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Internet es la ventana al mundo en esta caja sellada&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El afamado artista Ai Weiwei, que fue uno de los 600 firmantes del texto coescrito por Liu, tambi&eacute;n sabe lo que supone enfrentarse al r&eacute;gimen chino. De hecho, sufri&oacute; un traumatismo craneoencef&aacute;lico grave provocado por el golpe de un miembro de las fuerzas de seguridad chinas despu&eacute;s de investigar lo sucedido en las escuelas que se derrumbaron durante el terremoto de Sichuan, en 2008, y tuvo que ser operado en Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s desapareci&oacute; sin dejar rastro durante los 81 d&iacute;as en los que estuvo retenido de forma ilegal antes de que se formalizasen cargos contra su empresa por evasi&oacute;n fiscal. &Eacute;l asegura que todo tiene que ver con su exigencia de reformas pol&iacute;ticas que no llegan.
    </p><p class="article-text">
        Para Ai, Internet es la herramienta m&aacute;s poderosa en el camino hacia la democracia. &ldquo;Es la &uacute;nica ventana al mundo en esta caja sellada, y el &uacute;nico elemento que puede impulsar un cambio. Por eso le preocupa al Gobierno, que trata de silenciar Internet para que el pueblo no pueda expresarse&rdquo;, analiza en una entrevista con este medio. &ldquo;Mientras tanto, el mundo dice: 'Dejemos a China que se desarrolle y ya se democratizar&aacute;'. Pero yo digo: 'Si no haces algo por la democracia eres parte del crimen'. El cambio nunca llegar&aacute; si nos quedamos mirando&rdquo;, prosigue.
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente, para Ai y para prominentes activistas como Hu Jia, que a menudo utilizan las redes sociales extranjeras para hacer llegar su mensaje fuera de China &ndash;dentro no tiene ning&uacute;n predicamento&ndash;, el posible bloqueo de las VPN puede suponer un gran golpe.
    </p><p class="article-text">
        De momento, el ministerio de Industria y de las Tecnolog&iacute;as de la Informaci&oacute;n ha negado que vaya a prohibirlas todas, pero s&iacute; ha recordado que su uso solo est&aacute; autorizado a quienes tienen la licencia correspondiente. En la pr&aacute;ctica, eso quiere decir que se tratar&aacute; de mitigar el impacto econ&oacute;mico de la medida, pero no el que tendr&aacute; entre quienes desean acceder a informaci&oacute;n global libre.
    </p><h3 class="article-text">La batalla por el ciberespacio chino</h3><p class="article-text">
        Aunque siempre ha estado censurado y vigilado, la actual batalla en el ciberespacio chino se remonta a 2010, cuando Google decidi&oacute; dejar de plegarse a la legislaci&oacute;n china que le obligaba a filtrar los resultados de sus b&uacute;squedas. Durante un tiempo estuvo redirigiendo el tr&aacute;fico de la China continental a su buscador en Hong Kong &ndash;donde Internet es libre&ndash;, pero Pek&iacute;n termin&oacute; por bloquear todos sus servicios: desde el buscador, hasta el correo electr&oacute;nico, pasando por el 'mercado' de aplicaciones Google Play. Desde entonces, en varias ocasiones se ha rumoreado el retorno de Google, pero todav&iacute;a no se ha producido.
    </p><p class="article-text">
        Quien s&iacute; ha anunciado recientemente el establecimiento de un servidor en China es Apple. Y ha confirmado que acatar&aacute; las leyes, incluida la nueva y pol&eacute;mica Ley de Seguridad Nacional. De esta forma, si el Gobierno requiere informaci&oacute;n privada sobre sus usuarios, la multinacional americana tendr&aacute; que proporcion&aacute;rsela.
    </p><p class="article-text">
        Es una decisi&oacute;n que contrasta con sus reiteradas negativas a colaborar con las autoridades estadounidenses y que muchos han interpretado como una victoria de los dirigentes chinos sobre la empresa californiana, que tiene en China su principal motor de crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Como apunta Ai, este reci&eacute;n adquirido poder econ&oacute;mico es una de las principales razones por las que China puede permitirse actuar con arrogancia y sin temor a represalias internacionales. Atr&aacute;s ha quedado la posibilidad de que se le impongan sanciones, como se hizo tras la matanza de Tiananmen. Ahora China es el principal actor del comercio internacional y la segunda potencia mundial. No hay quien le tosa.
    </p><p class="article-text">
        Y no parece que su presidente, Xi Jinping, tenga intenci&oacute;n alguna de dar un golpe de tim&oacute;n. De hecho, cuando asumi&oacute; el cargo en 2013, muchos se refirieron a &eacute;l con el calificativo de reformista. Creyeron que iba a convertirse en el hombre que relajase el sistema pol&iacute;tico chino. Sin embargo, a punto de acabar su primer mandato, lo que ha hecho ha sido acumular poder hasta alcanzar el mismo nivel que Mao Zedong y Deng Xiaoping, y acrecentar la represi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><h3 class="article-text">49 periodistas y blogueros encarcelados</h3><p class="article-text">
        Es una percepci&oacute;n que comparten los responsables del informe gubernamental canadiense al que hace unos d&iacute;as tuvo acceso la prensa de ese pa&iacute;s. En &eacute;l se dice tajantemente que &ldquo;en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os el respeto a los derechos humanos en China vive un claro retroceso&rdquo;. El estudio afirma que libertades como la de prensa o la de expresi&oacute;n est&aacute;n seriamente amenazadas, y recoge diversas razones para sustentar esta conclusi&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/075042a6-c3ba-4f5d-bf74-62d312921ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por ejemplo, &ldquo;en marzo de 2016, el presidente Xi Jinping visit&oacute; las principales cadenas de televisi&oacute;n del pa&iacute;s y dijo a sus periodistas que deben estar al servicio del Partido Comunista y respetar su liderazgo&rdquo;. Adem&aacute;s, el informe tambi&eacute;n recalca que &ldquo;Sina y Tencent &ndash;dos de las principales empresas de Internet del pa&iacute;s&ndash; tienen ahora prohibido publicar noticias propias, lo cual otorga a la prensa estatal &ndash;controlada directamente por el Partido&ndash; el monopolio de la informaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al menos 49 periodistas y blogueros est&aacute;n en c&aacute;rceles chinas, y los periodistas extranjeros a menudo critican que sufren el acoso de las autoridades, e incluso detenciones arbitrarias, mientras hacen su trabajo. El estudio tambi&eacute;n refleja la preocupaci&oacute;n por la libertad religiosa despu&eacute;s de que cientos de cruces de iglesias cristianas hayan sido retiradas &ldquo;bajo el pretexto de que son estructuras ilegales&rdquo;. El &uacute;nico aspecto positivo que ve el gobierno canadiense es la estimada reducci&oacute;n en el n&uacute;mero de ejecuciones, <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/ejecuciones-caen-mundo-AI_0_632036822.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que sigue siendo un secreto de Estado</a>.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la comunidad internacional calla. Se acabaron las cumbres en las que jefes de Estado criticaban a China por su falta de respeto hacia los derechos humanos. Ahora, como mucho, los comunicados al respecto los emiten instituciones de tercera categor&iacute;a. Y la raz&oacute;n de este vuelco es muy clara: hay demasiados intereses en juego. Sobre todo econ&oacute;micos. Pero, curiosamente, las empresas extranjeras establecidas en China tambi&eacute;n se quejan de que cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil hacer dinero all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El presidente Xi Jinping se erige en adalid de la globalizaci&oacute;n en Davos y habla sobre las bondades del libre comercio, pero en China pone en pr&aacute;ctica todo lo contrario&rdquo;, critica Carlo D&rsquo;andrea, vicepresidente de la C&aacute;mara de Comercio Europea, que present&oacute; el &uacute;ltimo informe anual de la instituci&oacute;n en mayo. &ldquo;La era dorada para las empresas en China ha acabado&rdquo;, sentencia.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n, afirma D&rsquo;andrea, est&aacute; tambi&eacute;n en el incumplimiento de las reformas econ&oacute;micas que el propio Xi prometi&oacute;. Y en el establecimiento de nuevas barreras proteccionistas. &ldquo;Nuestra reacci&oacute;n no puede ser aumentar el proteccionismo europeo sino presionar a China para que abra sus puertas como prometi&oacute;&rdquo;, declara el empresario. Desafortunadamente, tambi&eacute;n reconoce que quiz&aacute; ya sea demasiado tarde para que esa presi&oacute;n, si llega en alg&uacute;n momento, surta efecto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/salto-china-bloqueo-acceso-internet_1_3265585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Jul 2017 19:12:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/59b09ada-358c-4b0f-b045-d7d7e29bfe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="604693" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/59b09ada-358c-4b0f-b045-d7d7e29bfe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="604693" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El gran salto atrás de China: el bloqueo del Internet sin censura preocupa a los activistas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/59b09ada-358c-4b0f-b045-d7d7e29bfe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[China,Derechos Humanos,Represión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere el Nobel de la Paz y preso político chino Liu Xiaobo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/muere-nobel-paz-liu-xiaobo_1_3281838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70c2bb01-aceb-439a-9818-d8bfdcdb326d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere el Nobel de la Paz y preso político chino Liu Xiaobo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Liu Xiaobo ha muerto este jueves bajo custodia en un hospital del norte de China tras haber sido recientemente excarcelado por un cáncer terminal</p><p class="subtitle">Las autoridades chinas se negaron a concederle la libertad  para recibir tratamiento en el extranjero</p><p class="subtitle">El escritor chino ganó el Nobel de la Paz en 2010 después de haber redactado la Carta 08, pero su lucha por la democracia en China comenzó dos décadas antes</p></div><p class="article-text">
        El Nobel de la Paz chino, Liu Xiaobo, ha muerto este jueves bajo custodia en un hospital del norte del pa&iacute;s,<a href="http://www.eldiario.es/theguardian/Liu-Xiaobo-prisionero-politico-China_0_662134654.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> tras haber sido recientemente excarcelado por un c&aacute;ncer</a> terminal, seg&uacute;n un comunicado oficial. Sus demandas de reformas le han terminado costando la vida.
    </p><p class="article-text">
        Un c&aacute;ncer de h&iacute;gado, diagnosticado demasiado tarde el 23 de mayo, y la negativa de las autoridades a concederle la libertad para recibir tratamiento en el extranjero hicieron que uno de los activistas m&aacute;s prominentes de la segunda potencia mundial acabase en estado cr&iacute;tico, con un fallo org&aacute;nico m&uacute;ltiple y gran dificultad para respirar. Sus familiares se negaron a mantenerlo con vida de forma artificial, raz&oacute;n por la que los m&eacute;dicos consideraban que su fallecimiento era solo cuesti&oacute;n de tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        De nada sirvieron las t&iacute;midas voces que desde la comunidad internacional pidieron su liberaci&oacute;n. Entre los jefes de Estado, solo la canciller alemana, Angela Merkel, pidi&oacute; a China que mostrase &ldquo;algo de humanidad&rdquo; con Liu. Pero, como recalc&oacute; un art&iacute;culo del diario oficialista Global Times, &ldquo;China ya tiene confianza en s&iacute; misma y fuerza suficiente como para no doblegarse ante la presi&oacute;n internacional&rdquo;. Aunque eso suponga, como apunt&oacute; el disidente Hu Jia, cometer &ldquo;un asesinato pol&iacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Liu Xiaobo nunca pens&oacute; que lo arrestar&iacute;an por redactar junto a otros activistas chinos la Carta 08, un texto inspirado en la Carta 77 checoslovaca que fue publicado a finales de 2008, coincidiendo con el 60&ordm; aniversario de la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, para exigir reformas pol&iacute;ticas en China.
    </p><p class="article-text">
        Mucho menos pudo prever que eso acarrear&iacute;a una condena a once a&ntilde;os de prisi&oacute;n por &ldquo;incitar a la subversi&oacute;n contra el Estado&rdquo;. Recibi&oacute; esa sentencia en 2009, meses antes de recibir el Premio Nobel de la Paz &ldquo;por su larga y no violenta lucha en favor de los derechos fundamentales en China&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/29a4f812-e15a-4137-bf17-35a2d0dee8b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nacido en 1955 en la ciudad nororiental de Changchun, Liu descubri&oacute; la sinraz&oacute;n del mao&iacute;smo que va a acabar con &eacute;l nada m&aacute;s entrar en la adolescencia. Antes de comenzar la ense&ntilde;anza secundaria, fue enviado al campo para trabajar en una granja durante la onerosa Revoluci&oacute;n Cultural.
    </p><p class="article-text">
        Tras su regreso a casa, estuvo empleado en una empresa de construcci&oacute;n hasta que pudo matricularse en la Universidad de Jilin para estudiar Literatura China, su pasi&oacute;n. Tras licenciarse, Liu comenz&oacute; una exitosa carrera como escritor y continu&oacute; estudiando hasta completar su doctorado en la Universidad Normal de Pek&iacute;n, donde comenz&oacute; a trabajar como profesor.
    </p><p class="article-text">
        Su bi&oacute;grafo, Yu Jie, recuerda al joven Liu como un hombre bohemio y donju&aacute;n que siempre encontraba tiempo para el 'hanky panky'. Pero tambi&eacute;n como un gran profesional devoto de su trabajo. No en vano, sus escritos y su incipiente activismo prodemocracia fueron lo que le convirtieron en profesor invitado en Oslo, Haw&aacute;i, y en la Columbia University de Nueva York, que es donde estaba impartiendo clase cuando estall&oacute; la revoluci&oacute;n estudiantil de Tiananm&eacute;n.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Aunque termine sufriendo, continuar&eacute; luchando&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En cuanto tuvo noticia de lo que suced&iacute;a, no lo dud&oacute; ni un momento. En abril de 1989 dej&oacute; su trabajo para volar a Pek&iacute;n, donde particip&oacute; de forma muy activa en las protestas. &ldquo;Aunque termine sufriendo una interminable serie de tragedias, continuar&eacute; luchando y mostrar&eacute; mi oposici&oacute;n a la dictadura&rdquo;, dijo en una premonitoria entrevista previa a la matanza.
    </p><p class="article-text">
        El 2 de junio de aquel a&ntilde;o, Liu comenz&oacute; una huelga de hambre junto a otros activistas. Dos d&iacute;as despu&eacute;s, la situaci&oacute;n se torn&oacute; extremadamente violenta y &eacute;l, consciente del peligro que exist&iacute;a, negoci&oacute; con el Ej&eacute;rcito la retirada de un importante grupo de estudiantes. Los historiadores concuerdan que, a la postre, fue una decisi&oacute;n que salv&oacute; numerosas vidas.
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente, despu&eacute;s de rechazar el asilo pol&iacute;tico en Australia, acabo entre rejas por primera vez. Se le consider&oacute; culpable de llevar a cabo &ldquo;acciones de propaganda contrarrevolucionaria&rdquo; y no fue liberado hasta enero de 1991. Curiosamente, durante su primer cautiverio sucedi&oacute; algo que cambi&oacute; la vida de Liu para siempre: se divorci&oacute; de su primera mujer.
    </p><h3 class="article-text">La importancia de su esposa, la poetisa Liu Xia</h3><p class="article-text">
        La poetisa Liu Xia hizo lo propio con su primer marido. Fueron unos primeros pasos aparentemente fortuitos que propiciaron, a su salida de prisi&oacute;n, que ambos iniciasen una historia de amor incondicional que se ha mantenido hasta el final. &ldquo;He encontrado toda la belleza del mundo en esta mujer&rdquo;, dijo &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Se hab&iacute;an conocido a principios de los 80 porque compart&iacute;an c&iacute;rculos intelectuales similares, y, aunque ella no ten&iacute;a car&aacute;cter pol&iacute;tico, la llama no tard&oacute; en prender. Liu antepuso su lucha a su vida privada y no tard&oacute; en volver a encontrarse con las autoridades, que lo ten&iacute;an permanentemente vigilado. En 1995 pas&oacute; siete meses detenido sin cargos, estrategia habitual en el aparato de represi&oacute;n chino, y en 1996 fue un paso m&aacute;s all&aacute; en su confrontaci&oacute;n con el r&eacute;gimen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/36df1a5b-6eef-4250-812d-efdfe5322c6c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Junto a otros disidentes, Liu exigi&oacute; que se cumpliese el art&iacute;culo 35 de la Constituci&oacute;n y que se otorgasen derechos fundamentales reconocidos te&oacute;ricamente por la Carta Magna, como las libertades de prensa, expresi&oacute;n y manifestaci&oacute;n. Tambi&eacute;n reclam&oacute; la posibilidad de establecer diferentes partidos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El grupo incluso exigi&oacute; el procesamiento de Jiang Zemin, que entonces ostentaba los cargos de presidente de la Rep&uacute;blica Popular y secretario general del Partido Comunista, por haber hecho declaraciones anticonstitucionales al afirmar que el Ej&eacute;rcito es el &ldquo;l&iacute;der absoluto&rdquo; del Partido y no del Estado. L&oacute;gicamente, Liu fue apresado de nuevo. Esta vez su sentencia aument&oacute; hasta los tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Eso no evit&oacute; que Liu y Liu se casaran en 1996, cuando &eacute;l estaba encerrado en un campo de trabajos forzados. Y como ambos han recordado en varias ocasiones, despu&eacute;s de haber logrado esquivar todas las trabas que les puso el Gobierno para contraer matrimonio, la boda no estuvo exenta de un contratiempo surrealista: la c&aacute;mara del fot&oacute;grafo que deb&iacute;a retratarlos juntos para el Libro de Familia no funcionaba.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, mucho antes de que se popularizaran las herramientas digitales de retoque fotogr&aacute;fico, los Liu tuvieron que juntar dos instant&aacute;neas individuales de forma artesanal para obtener la imagen que requer&iacute;a el certificado de matrimonio. Y el banquete lo sirvieron en la cantina de lo que ella calific&oacute; como &ldquo;campo de concentraci&oacute;n&rdquo;: arroz con verduras y unos trozos de pollo.
    </p><h3 class="article-text">Una vida condenada a entrar en prisi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        La pareja nunca tuvo hijos porque Liu no quer&iacute;a que viesen a su padre arrestado una y otra vez. El activista sab&iacute;a que estaba condenado a continuar entrando en prisi&oacute;n de forma intermitente, porque ten&iacute;a muy claro que no lo iban a callar. &ldquo;Creo que en una dictadura si quieres ser una persona con dignidad, debes luchar por los derechos humanos&rdquo;, se reafirm&oacute; durante una conversaci&oacute;n en 2007. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, sell&oacute; su suerte.
    </p><p class="article-text">
        Junto a otros activistas e intelectuales, hasta 600 terminaron firm&aacute;ndola, incluidos artistas del renombre de Ai Weiwei, Liu colabor&oacute; en la redacci&oacute;n de la Carta 08, que se limitaba a pedir una reforma de la Constituci&oacute;n que acabase con el partido &uacute;nico y facilitase la transici&oacute;n a una democracia parlamentaria. Liu, que siempre hab&iacute;a criticado duramente al Partido Comunista por aferrarse al poder, fue arrestado dos d&iacute;as antes de la publicaci&oacute;n del documento.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de meses detenido, el d&iacute;a de Navidad de 2009, una fecha elegida para reducir el impacto medi&aacute;tico internacional &ndash;algo que ha sucedido con muchas decisiones pol&eacute;micas de China, tomadas cuando los corresponsales cogen vacaciones o publicadas a altas horas de la noche&ndash;, Liu recibi&oacute; su &uacute;ltima sentencia. Y se le conden&oacute;, precisamente, por uno de los delitos que quer&iacute;a abolir. Once a&ntilde;os de prisi&oacute;n que terminaron convirti&eacute;ndose en pena de muerte.
    </p><h3 class="article-text">El Premio Nobel no abland&oacute; a los dirigentes chinos</h3><p class="article-text">
        Ni siquiera la concesi&oacute;n del Premio Nobel de la Paz, en cuya ceremonia Liu estuvo presente a trav&eacute;s de una silla vac&iacute;a, sirvi&oacute; para ablandar a los dirigentes chinos, que siempre se han referido al disidente como &ldquo;un criminal convicto&rdquo;. Es m&aacute;s, lo que consigui&oacute; el galard&oacute;n es que China y Noruega se enfrentasen en un agrio conflicto diplom&aacute;tico que ha durado a&ntilde;os, y que Liu Xia fuese puesta bajo arresto domiciliario, a pesar de que no se han presentado nunca cargos contra ella.
    </p><p class="article-text">
        Aislada del mundo desde 2010, sus allegados aseguran que cay&oacute; en una grave depresi&oacute;n hace ya varios a&ntilde;os, que se ha agudizado por la muerte de varios allegados, y que en 2014 sufri&oacute; un infarto. Sin duda, la situaci&oacute;n de su marido ser&aacute; otro duro golpe para una mujer que ha sido condenada por amar de forma incondicional. &ldquo;Lo m&aacute;s dif&iacute;cil no es ser un activista, sino ser el familiar de un activista&rdquo;, admiti&oacute; &eacute;l antes de ingresar en prisi&oacute;n por &uacute;ltima vez.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo el sufrimiento, Liu Xiaobo nunca perdi&oacute; la esperanza. &ldquo;Estoy convencido de que el progreso democr&aacute;tico en China no se detendr&aacute;. Estoy lleno de optimismo y espero ver en el futuro una China libre. Porque no existe ninguna fuerza capaz de detener la lucha por la libertad, China terminar&aacute; convirti&eacute;ndose en un Estado de derecho donde reinen los derechos humanos&rdquo;, afirm&oacute; en un comunicado publicado tras el &uacute;ltimo juicio.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, &eacute;l ya no ver&aacute; la China con la que so&ntilde;&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/muere-nobel-paz-liu-xiaobo_1_3281838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jul 2017 13:54:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/70c2bb01-aceb-439a-9818-d8bfdcdb326d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="332634" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/70c2bb01-aceb-439a-9818-d8bfdcdb326d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="332634" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Muere el Nobel de la Paz y preso político chino Liu Xiaobo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/70c2bb01-aceb-439a-9818-d8bfdcdb326d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nobel de la Paz,China]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La progresiva "muerte del Estado de derecho" en Hong Kong]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/progresiva-muerte-derecho-hong-kong_1_3318319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f46bedb-4de1-4f03-859e-fccbacfd74be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La progresiva &quot;muerte del Estado de derecho&quot; en Hong Kong"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los activistas pro democracia advierten del deterioro del modelo 'un país, dos sistemas' que hace 20 años sirvió para integrar la excolonia británica en China</p><p class="subtitle">Solo un 3% de los jóvenes honkoneses se sienten chinos, el porcentaje más bajo desde 1997</p><p class="subtitle">La amenaza sobre la libertad de expresión o el incumplimiento de la promesa de unas elecciones democráticas libres son algunas de las principales denuncias</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hay razones de sobra para estar preocupados por el futuro de Hong Kong&rdquo;. Nicholas Bequelin, director de Amnist&iacute;a Internacional en Extremo Oriente, no tiene dudas al respecto. El pr&oacute;ximo 1 de julio&nbsp;se cumplir&aacute;n 20 a&ntilde;os desde que la ciudad fue devuelta a China por parte del Reino Unido, y es evidente la erosi&oacute;n de la particular f&oacute;rmula adoptada por ambos pa&iacute;ses para preservar la identidad de esta ciudad de siete millones de habitantes.
    </p><p class="article-text">
        El lema 'un pa&iacute;s, dos sistemas', acu&ntilde;ado para integrar el modelo capitalista de Hong Kong en un pa&iacute;s comunista como China, protege libertades como la de prensa o la de manifestaci&oacute;n y otorga una amplia autonom&iacute;a a este centro financiero mundial. Pero varios acontecimientos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os hacen pensar que Hong Kong cada vez se parecer&aacute; m&aacute;s a China y no al rev&eacute;s, como vaticinaron los m&aacute;s pesimistas en 1997.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El m&aacute;s importante ha sido la detenci&oacute;n&nbsp;ilegal en Hong Kong de varios libreros y de un empresario&rdquo;, apunta Bequelin. No en vano, la Declaraci&oacute;n Conjunta firmada por Reino Unido y China contempla que las fuerzas de seguridad del gigante asi&aacute;tico no tienen jurisdicci&oacute;n en Hong Kong, que cuenta con sus propios cuerpos policiales, no as&iacute; militares. &ldquo;Se trata de una violaci&oacute;n de ese acuerdo y as&iacute; lo ha reconocido tambi&eacute;n, por primera vez en la historia, el Parlamento brit&aacute;nico, que realiza un informe semestral para analizar el desarrollo de Hong Kong&rdquo;, apunta el activista.
    </p><p class="article-text">
        En total, en 2015 desaparecieron misteriosamente<a href="http://www.eldiario.es/internacional/Protesta-Hong-Kong-desaparicion-China_0_469653169.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> cinco editores y libreros especializados en publicaciones cr&iacute;ticas</a> con el Partido Comunista. Casi todos fueron detenidos en Hong Kong sin el conocimiento ni permiso&nbsp;de las autoridades de la Regi&oacute;n Administrativa Especial, pero tambi&eacute;n hubo un caso en Tailandia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d435eb4-b23f-413a-a2fd-f09bb0a798a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Reaparecieron despu&eacute;s, tras haber sido trasladados a China para su interrogatorio. Uno de ellos, Gui Minhai, de nacionalidad sueca, incluso fue obligado a reconocer un viejo delito &ndash;un accidente de tr&aacute;fico&ndash; en una confesi&oacute;n televisada. A&uacute;n sigue en prisi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Mi padre est&aacute; encarcelado sin acceso a un abogado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Su hija, Angela Gui, critic&oacute; hace unos d&iacute;as en un <a href="https://www.theguardian.com/world/2017/jun/22/britain-is-looking-away-as-china-tramples-on-the-freedom-of-hong-kong-and-my-father" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo publicado por The Guardian</a>&nbsp;el continuo ataque que sufren las libertades en Hong Kong. &ldquo;Pronto mi padre habr&aacute; pasado dos a&ntilde;os encarcelado sin acceso a un abogado o a los servicios consulares suecos, y sin tener contacto con su familia&rdquo;, detalla Gui. Es un caso que refleja &ldquo;la muerte del Estado de derecho en Hong Kong&rdquo;, afirma la joven.
    </p><p class="article-text">
        Gui tambi&eacute;n recuerda que seis candidatos en las pasadas elecciones al consejo auton&oacute;mico &ndash;el Ejecutivo local&ndash; fueron vetados por Pek&iacute;n, y que los dos 'localistas' del partido Youngspiration que s&iacute; lograron un esca&ntilde;o fueron finalmente privados de &eacute;l por no leer correctamente el texto de la jura del cargo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Declaraci&oacute;n Conjunta se redact&oacute; para garantizar que ning&uacute;n hongkon&eacute;s tuviese que temer una llamada a la puerta a medianoche. Pero la realidad es que lo que ha sucedido a mi padre le puede pasar a cualquiera que las autoridades chinas quieran silenciar o llevar frente a su sistema de justicia&rdquo;, sentencia Gui.
    </p><p class="article-text">
        No es la &uacute;nica que teme por el futuro de Hong Kong. La multitudinaria Revoluci&oacute;n de los Paraguas de 2014, liderada por grupos estudiantiles y partidos 'localistas' que luchan por defender la idiosincrasia de la ciudad, demostr&oacute; durante los casi tres meses que dur&oacute; la ocupaci&oacute;n de varias calles del centro que el descontento va en aumento y es mayoritario entre la juventud.
    </p><h3 class="article-text">Solo un 3% de los j&oacute;venes&nbsp;se siente chino</h3><p class="article-text">
        La encuesta anual sobre identidad nacional de la Universidad de Hong Kong lo confirm&oacute;: solo un 3,1% de quienes tienen entre 18 y 29 a&ntilde;os se sienten chinos, el porcentaje m&aacute;s bajo desde 1997. La cifra aumenta hasta el 21% si se incluye a toda la poblaci&oacute;n de la ciudad, pero tambi&eacute;n los m&aacute;s mayores recelan cada vez m&aacute;s del gobierno central.
    </p><p class="article-text">
        Mientras en 2008 un 53,1% de los hongkoneses confiaba en Pek&iacute;n, en 2015 la tortilla hab&iacute;a dado la vuelta y el 40% recelaba del gobierno que dirige el presidente Xi Jinping. Ahora cuenta solo con la confianza de un 35,2% de la poblaci&oacute;n hongkonesa. Y Bequelin avanza que &ldquo;la tensi&oacute;n con el gobierno central va a continuar creciendo r&aacute;pidamente&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/89f5c584-6efb-4271-9155-c2f828c83b03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El director de Amnist&iacute;a Internacional en Extremo Oriente justifica su pesimismo con la frustraci&oacute;n que provoca el incumplimiento de la promesa de unas <a href="http://www.eldiario.es/theguardian/Elecciones-Hong-Kong-ciudadanos-multinacionales_0_625037879.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elecciones democr&aacute;ticas libres y justas</a>. &ldquo;Es algo que est&aacute; recogido en la Ley B&aacute;sica (equivalente a la Constituci&oacute;n de Hong Kong), pero que no se ha materializado por completo. El Gobierno esperaba contar con una mayor&iacute;a favorable a sus pol&iacute;ticas y que eso asegurase un jefe del Ejecutivo proPek&iacute;n. Como no ha sido as&iacute;, han modificado las normas para introducir un filtro por el que pasen solo los candidatos que sean aceptables para el Partido Comunista. Eso no es democracia&rdquo;, sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Bequelin contin&uacute;a con una larga lista de agravios hacia Hong Kong: &ldquo;La libertad de expresi&oacute;n est&aacute; amenazada. Pek&iacute;n tilda de separatistas opciones pol&iacute;ticas razonables, y confunde la lealtad al pa&iacute;s con la lealtad al Partido Comunista. Con la idea del patriotismo, el Gobierno lo que exige es lealtad pol&iacute;tica. As&iacute;, cada vez vemos una mayor politizaci&oacute;n de la Administraci&oacute;n local, que antes era neutral. Es un clima que propicia la radicalizaci&oacute;n de las ideas pol&iacute;ticas de quienes se sienten oprimidos, y nosotros constatamos que se est&aacute; llevando a cabo una brutal persecuci&oacute;n de activistas que luchan por ideales leg&iacute;timos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La visi&oacute;n de&nbsp;China</h3><p class="article-text">
        Desde Pek&iacute;n las cosas se ven de forma muy diferente. En v&iacute;speras de la conmemoraci&oacute;n del 20&ordm; aniversario de la devoluci&oacute;n a China, la prensa oficial y oficialista alaba la trayectoria que ha seguido la excolonia brit&aacute;nica. Y utiliza para ello datos econ&oacute;micos. Una de las razones que m&aacute;s se esgrimen en China para afirmar que Hong Kong se ha beneficiado de su vuelta a la patria es el hecho de que eso le permiti&oacute; capear el temporal que provoc&oacute; la crisis financiera de Asia en 1997 y la crisis econ&oacute;mica global iniciada en Estados Unidos hace una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El principio 'un pa&iacute;s, dos sistemas' ha sido un &eacute;xito total&rdquo;, afirm&oacute; a la agencia de noticias Xinhua el director de la Oficina de Enlace del gobierno central en Hong Kong, Zhang Xiaoming. &ldquo;El papel del gobierno central en la Regi&oacute;n Administrativa Especial se est&aacute; desarrollando de forma fluida. La soberan&iacute;a se ha completado y la seguridad nacional se ha preservado. La integraci&oacute;n de Hong Kong en China ha sido beneficiosa para ambos&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. &ldquo;Adem&aacute;s, la poblaci&oacute;n disfruta de un grado de libertad sin precedente&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4fc536b8-920d-42d2-ab29-f5156c50922d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por su parte, el diario Global Times, controlado por el Partido Comunista, ha publicado un art&iacute;culo en el que incide en el aumento del comercio de Hong Kong con China. El hecho de pertenecer a la segunda potencia mundial, que hace 20 a&ntilde;os ni siquiera pertenec&iacute;a al grupo de los diez pa&iacute;ses m&aacute;s poderosos del mundo, se interpreta como algo positivo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ese poder reci&eacute;n adquirido es precisamente lo que Angela Gui considera un peligro. Sobre todo en lo que se refiere a la presi&oacute;n que puede ejercer la comunidad internacional para preservar las libertades de Hong Kong. &ldquo;Theresa May a menudo enfatiza la importancia de los valores brit&aacute;nicos en sus discursos. Pero el silencio de Gran Breta&ntilde;a en relaci&oacute;n con Hong Kong demuestra la facilidad con la que se olvidan esos valores. Me preocupan las implicaciones globales que tiene el que se permita a China saltarse un tratado tan importante. Y temo que en el futuro veamos muchos m&aacute;s secuestros&nbsp;como el de mi padre, porque el Reino Unido ahora solo habla de comercio&rdquo;, sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Bequelin tambi&eacute;n considera que el ascenso de China es un arma de doble filo. &ldquo;Se ha visto con el turismo, por ejemplo. Por un lado, supone la llegada de mucho dinero. Pero, por otro lado, que 60 millones de chinos del continente visiten Hong Kong cada a&ntilde;o crea graves fricciones con la poblaci&oacute;n local &ndash;una campa&ntilde;a contra ellos los equiparaba a una plaga de langostas&ndash;. Por otro lado, los establecimientos dirigidos a la poblaci&oacute;n nativa mueren y el sector inmobiliario se ha convertido en una locura. Hong Kong es la ciudad m&aacute;s cara del mundo en el &aacute;mbito de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la ciudad est&aacute; perdiendo competitividad en asuntos vitales como la innovaci&oacute;n o los puertos, y &ldquo;los j&oacute;venes se ven privados de oportunidades laborales, con sueldos bajos que impiden su emancipaci&oacute;n&rdquo;. Eso &uacute;ltimo explica que un 60% de los menores de 30 a&ntilde;os tenga entre sus planes emigrar.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuese poco, Bequelin tambi&eacute;n considera que existe una estrategia del gobierno de Pek&iacute;n &ldquo;para sustituir a las elites econ&oacute;micas de Hong Kong por otras de la China continental&rdquo;. Las estad&iacute;sticas tambi&eacute;n demuestran que Hong Kong es cada vez menos relevante para el Gran Drag&oacute;n. En 1997 supon&iacute;a un 19% del PIB de toda China, pero ahora aporta solo el 2% y su peso contin&uacute;a cayendo. Por todo ello, el representante de Amnist&iacute;a Internacional resume su visi&oacute;n del futuro de Hong Kong haciendo un s&iacute;mil con un fen&oacute;meno meteorol&oacute;gico muy com&uacute;n en la excolonia: &ldquo;Se avecina un tif&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/progresiva-muerte-derecho-hong-kong_1_3318319.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jun 2017 19:02:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0f46bedb-4de1-4f03-859e-fccbacfd74be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39967" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0f46bedb-4de1-4f03-859e-fccbacfd74be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39967" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La progresiva "muerte del Estado de derecho" en Hong Kong]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0f46bedb-4de1-4f03-859e-fccbacfd74be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libertad de expresión,Hong Kong,China,Activismo,Librerías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La decepción con la Premio Nobel Aung San Suu Kyi marchita la ilusión democrática en Birmania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ilusion-democratica-marchita-birmania_1_3345439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6002cdda-8479-4a40-b4ff-18f2ea629b5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La decepción con la Premio Nobel Aung San Suu Kyi marchita la ilusión democrática en Birmania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis humanitaria de la minoría de los rohingya, la guerra contra grupos étnicos armados y la desigualdad lastran el balance del primer aniversario del Gobierno de Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz</p><p class="subtitle">"Creíamos que su trayectoria personal garantizaba un gobierno justo, pero puede ser que nos hayamos equivocado", comenta un activista</p><p class="subtitle">"Todo el mundo quiere construir hoteles y promocionar el turismo, pero quienes poseen tierra y edificios son los que cambiaron sus uniformes por el traje y la corbata"</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;o y medio, cuando fue a votar en unas elecciones generales por primera vez en su vida, Moe Thway no pod&iacute;a contener su emoci&oacute;n. Miembro fundador de Generation Wave, un grupo de j&oacute;venes activistas democr&aacute;ticos que naci&oacute; en 2007 al calor de la Revoluci&oacute;n Azafr&aacute;n, sent&iacute;a que ese momento cambiar&iacute;a el rumbo de Myanmar para siempre. Y que la lucha iba a culminar con &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        La antigua Birmania estaba a punto de acudir a las urnas para elegir a su primer presidente democr&aacute;tico desde 1962, y el &uacute;nico voto imaginable era el de la Liga Nacional para la Democracia (LND). &ldquo;No importa que la Constituci&oacute;n redactada por los militares impida que su l&iacute;der, Aung San Suu Kyi, se presente como candidata &ndash;porque sus hijos tienen pasaporte extranjero&ndash;. Sabemos que ella ejercer&aacute; el poder a trav&eacute;s de Htin Kyaw&rdquo;, coment&oacute; entonces a este periodista.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, <a href="http://www.eldiario.es/internacional/gobernante-Birmania-Paz-Suu-Kyi_0_450405581.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el candidato de la LND arras&oacute; en los comicios </a>y en marzo del a&ntilde;o pasado fue investido presidente con 360 votos de un total de 652. &ldquo;El Ej&eacute;rcito se reserva un 25% de los esca&ntilde;os, que le otorgan poder de veto en la reforma de la Constituci&oacute;n, y se adjudica tres de los ministerios clave. Va a ser dif&iacute;cil introducir reformas, pero esperamos ver cambios importantes de forma inmediata&rdquo;, augur&oacute; el joven activista prodemocracia.
    </p><p class="article-text">
        Muchos como &eacute;l salieron a festejar en las calles la culminaci&oacute;n de uno de los procesos de democratizaci&oacute;n m&aacute;s inusuales de la historia. De hecho, fue la propia Junta Militar la que decidi&oacute; iniciarlo en 2010 de forma pac&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, Moe Thway ya no se muestra tan entusiasta. Es uno de los muchos birmanos que comienzan a ver las sombras del Gobierno. Tampoco faltan los que est&aacute;n <a href="http://www.guerraeterna.com/la-inmensa-decepcion-de-aung-san-suu-kyi/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decepcionados</a>&nbsp;con 'la Dama', como se conoce a Suu Kyi. Fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1991 despu&eacute;s de haber ganado unas elecciones democr&aacute;ticas cuyo resultado los militares no acataron, y pas&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada bajo arresto domiciliario. Pero se demuestra que eso no garantiza dotes excepcionales para la presidencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cre&iacute;amos que su trayectoria y experiencia personal garantizaban un gobierno justo, implicado en la soluci&oacute;n de los m&uacute;ltiples problemas que acucian al pa&iacute;s. Pero puede ser que nos hayamos equivocado&rdquo;, afirma ahora.
    </p><p class="article-text">
        El fundador de Generation Wave no es, ni mucho menos, el &uacute;nico que critica a la presidenta en la sombra. Al contrario, los ataques se multiplican por todo el mundo, y el aura m&iacute;stica que envolv&iacute;a a Suu Kyi parece haber desaparecido. Es m&aacute;s, lo impensable ha sucedido: las manifestaciones en su contra aumentan y la LND solo obtuvo nueve de los diecinueve esca&ntilde;os en liza en las pasadas elecciones parciales de abril. Es, sin duda, una diferencia brutal con los resultados de 2012, cuando logr&oacute; 43 de los 44 en juego.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Los pobres son ahora m&aacute;s pobres&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n se ha deteriorado hasta el punto de que la propia Suu Kyi reconoci&oacute; sus errores durante un discurso televisado con motivo del primer aniversario de su acceso al poder. &ldquo;Si cre&eacute;is que no soy lo suficientemente buena para el pa&iacute;s y el pueblo, si alguien o alguna organizaci&oacute;n cree que lo puede hacer mejor que nosotros, estamos dispuestos a dimitir&rdquo;, afirm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El problema, apuntan muchos, es que no existe alternativa. Y, mientras tanto, las desigualdades avanzan en el terreno econ&oacute;mico, las libertades contin&uacute;an erosion&aacute;ndose como nadie pudo haber predicho, y ninguna de las graves lacras sociopol&iacute;ticas del pa&iacute;s recibe soluci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0e611863-3982-4b7c-8cce-33bf13851bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Si se miran las estad&iacute;sticas macroecon&oacute;micas, Birmania&nbsp;es un caso de &eacute;xito. Un buen ejemplo de c&oacute;mo la democracia se refleja en el crecimiento econ&oacute;mico. Pero los n&uacute;meros esconden la verdad: que los realmente beneficiados por la bonanza son unos pocos y que, precisamente, son los que est&aacute;n relacionados con el r&eacute;gimen militar anterior&rdquo;, critica Zin Mar Lin, una de las integrantes de la Brave New Burma Federation.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los precios de la vivienda, por ejemplo, se han disparado. Todo el mundo quiere construir hoteles y promocionar el turismo, pero quienes poseen tierra y edificios son los que cambiaron sus uniformes por el traje y la corbata. Los pobres son ahora m&aacute;s pobres&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">Ataques a la libertad de prensa</h3><p class="article-text">
        Por otro lado, las libertades que la poblaci&oacute;n esperaba en esta nueva etapa no cristalizan. Es m&aacute;s, activistas prodemocracia y periodistas de toda &iacute;ndole se han manifestado p&uacute;blicamente en contra de la secci&oacute;n 66(d) de la Ley de Telecomunicaciones, que fue aprobada en 2013 y que castiga la difamaci&oacute;n en la prensa o en redes sociales con penas de hasta tres a&ntilde;os de prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La redacci&oacute;n del texto legal es lo suficientemente vaga y amplia como para que sea f&aacute;cil encausar a quienes resultan inc&oacute;modos para el poder, y as&iacute; se ha hecho en m&aacute;s de medio centenar de casos contra periodistas, blogueros, y activistas. Incluso prominentes figuras de la LND, como U Myo Yan Naung Thein, han sido imputados por <em>posts</em> en Facebook o Twitter. Su delito es criticar al Gobierno o al Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vamos hacia atr&aacute;s en lo que a la libertad de expresi&oacute;n se refiere&rdquo;, asegura un periodista de <em>Frontier</em>, uno de los medios m&aacute;s cr&iacute;ticos con la ley, que pide mantener su identidad en el anonimato.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El art&iacute;culo 66d est&aacute; dise&ntilde;ado, lo mismo que la Constituci&oacute;n, para otorgar al Ejecutivo poderes que son propios de una dictadura. Pretende meter miedo a los medios de comunicaci&oacute;n y lograr as&iacute; que los periodistas se autocensuren. Curiosamente, el Gobierno de Suu Kyi podr&iacute;a tratar de derogar la ley, pero incluso se ha negado a discutir esa posibilidad&rdquo;, apostilla por correo electr&oacute;nico.
    </p><h3 class="article-text">La &ldquo;brutal&rdquo; guerra contra grupos &eacute;tnicos armados</h3><p class="article-text">
        En cualquier caso, todos estos problemas quedan reducidos a nimiedades si se comparan con los dos grandes frentes que el nuevo gobierno democr&aacute;tico tiene abiertos en la periferia del pa&iacute;s, y en los que no ha logrado avances significativos. Por un lado, est&aacute; <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/memoria/Desterrados-propia-tierra_0_144886384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la tragedia humanitaria de los rohingya</a>, la minor&iacute;a musulmana que habita sobre todo en el Estado occidental de Rakhine y que Naciones Unidas considera la etnia m&aacute;s perseguida del mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4c103c78-875b-40c4-adc0-c27ad02ed7a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por otro lado, contin&uacute;a abierto el conflicto b&eacute;lico que enfrenta al Ej&eacute;rcito con una veintena de grupos &eacute;tnicos armados. La mayor&iacute;a firm&oacute; acuerdos de alto al fuego antes de la celebraci&oacute;n de las elecciones democr&aacute;ticas, pero algunos, como el Kachin Independence Army (KIA), siguen librando sangrientos combates que han provocado decenas de miles de desplazados internos.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de estos &uacute;ltimos tampoco ha cambiado. &ldquo;Esper&aacute;bamos una mejor&iacute;a importante con la llegada de Aung San Suu Kyi, y la seguimos esperando, pero lo cierto es que la violencia ha aumentado y que el Gobierno ha cortado v&iacute;as humanitarias que antes s&iacute; estaban abiertas&rdquo;, denunci&oacute; Mark Cutts, de la Oficina para la Coordinaci&oacute;n de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (UNOCHA), en una entrevista con Al Jazeera. &ldquo;Es imprescindible que la gente que est&aacute; sufriendo pueda acceder a la ayuda&rdquo;, sentenci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En la zona que controla el KIA la situaci&oacute;n de los desplazados es desesperada. En el campo de Jeyang, por ejemplo, malviven unos 8.500 miembros de la etnia kachin &ndash;cristiana&ndash; que han tenido que abandonar sus viviendas ante el avance de las tropas del Gobierno.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Ni&nbsp;siquiera los birmanos se enteran de lo que pasa aqu&iacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La brutalidad que mueve a los militares birmanos es inimaginable. Contin&uacute;an arrasando pueblos enteros, donde las mujeres son violadas y las viviendas saqueadas o destruidas. El mundo no sabe lo que sucede aqu&iacute;, y, lo que es todav&iacute;a peor, ni siquiera los birmanos se enteran&rdquo;, se lamenta Labang Dai Pisa, director del organismo que administra los campos en los que ya han encontrado refugio 85.000 desplazados.
    </p><p class="article-text">
        En Laiza, el principal basti&oacute;n del KIA y ciudad fronteriza con China, las ametralladoras y los lanzagranadas est&aacute;n presentes en cada esquina. Y en los centros de adiestramiento de las afueras tampoco hay tregua. Cientos de adolescentes se entrenan con fusiles de madera para aprender a empu&ntilde;ar una versi&oacute;n casera del Kalashnikov AK&ndash;47.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el Ej&eacute;rcito contin&uacute;a arrebatando posiciones al KIA y dejando un reguero de muertos en su avance. &ldquo;El Gobierno propone un alto al fuego a nivel nacional, como el que ha firmado con otros grupos, para dar comienzo a un proceso de paz. A nosotros nos parece bien, pero las hostilidades no cesan y tenemos que defendernos&rdquo;, explica el general de los insurrectos, Gun Maw. Como muchos otros grupos armados, el KIA lleva combatiendo al Ej&eacute;rcito desde la independencia de Birmania, y exige la creaci&oacute;n de un estado federal descentralizado.
    </p><h3 class="article-text">Los rohingya: la mancha m&aacute;s oscura de&nbsp;Suu Kyi</h3><p class="article-text">
        250 kil&oacute;metros al suroeste, la guerra es muy diferente. En el Estado de Rakhine se libra lo que muchos consideran una<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Escenas-limpieza-etnica-Birmania_12_260493949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> limpieza &eacute;tnica</a>. Los budistas bamar, con el pol&eacute;mico monje<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/ira-Buda_0_318819021.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Ashin Wirathu</a> al frente &ndash;que se autodenomin&oacute; el Bin Laden birmano&ndash;, rechazan de plano a la etnia rohingya, y exigen su devoluci&oacute;n a Bangladesh, un pa&iacute;s que tampoco los reconoce como ciudadanos propios a pesar de que ah&iacute; est&aacute; su origen.
    </p><p class="article-text">
        Los sistem&aacute;ticos casos de torturas, violaciones, y discriminaci&oacute;n de todo tipo que sufren los rohingya han propiciado la creaci&oacute;n de grupos guerrilleros extremistas que combaten tambi&eacute;n a las fuerzas del estado.
    </p><p class="article-text">
        Mientras unos y otros se enfrentan con balas e interpretaciones interesadas de la historia, unos 140.000 civiles rohingya malviven en campos de refugiados que no cumplen los est&aacute;ndares m&iacute;nimos de nutrici&oacute;n, asistencia sanitaria, y educaci&oacute;n. As&iacute;, la muerte se ha convertido en el desagradable vecino de todos, y a miles de ni&ntilde;os se les ha arrebatado el futuro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/906f3b9c-766d-453b-bc8e-2a4d315930eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin duda, los rohingya son la mancha m&aacute;s oscura en la figura de Suu Kyi. A pesar de que la Dama ha prometido en diferentes ocasiones respetar los derechos humanos y proporcionar asistencia humanitaria a todos los ciudadanos, se niega a condenar la situaci&oacute;n que vive esta etnia.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, la LND ni siquiera considera que se deba utilizar el t&eacute;rmino rohingya para referirse a quienes tacha de bengal&iacute;es que inmigraron de forma ilegal. &ldquo;La comunidad internacional nos presiona para que los llamemos as&iacute;, pero no entendemos por qu&eacute;. Son bengal&iacute;es&rdquo;, zanja U Nyan Win, uno de los dirigentes del partido de Suu Kyi que estuvo tres a&ntilde;os encarcelado sin juicio durante la dictadura. &ldquo;En cualquier caso, somos partidarios de enmendar la Ley de Nacionalidad de 1982 para que los bengal&iacute;es dejen de ser ap&aacute;tridas y se desactive as&iacute; el conflicto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Posiblemente, el problema est&aacute; en que se han puesto excesivas esperanzas en una sola persona. Suu Kyi no es una diosa, sino una pol&iacute;tica. Se debe a sus votantes, como cualquier otro. Y tiene las manos atadas en muchas ocasiones porque el Ej&eacute;rcito mantiene su poder de veto&rdquo;, explica en tono conciliador Tort Reign, un activista de la minor&iacute;a &eacute;tnica Naga.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un a&ntilde;o puede parecer mucho tiempo, pero no es nada si tenemos en cuenta que salimos de medio siglo de dictadura. Hay que tener paciencia y dar un voto de confianza a quien ha sacrificado tanto de su vida por el pa&iacute;s. Juzguemos a Suu Kyi dentro de un lustro&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ilusion-democratica-marchita-birmania_1_3345439.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jun 2017 18:18:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6002cdda-8479-4a40-b4ff-18f2ea629b5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="421781" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6002cdda-8479-4a40-b4ff-18f2ea629b5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="421781" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La decepción con la Premio Nobel Aung San Suu Kyi marchita la ilusión democrática en Birmania]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6002cdda-8479-4a40-b4ff-18f2ea629b5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Birmania,Myanmar,Aung San Suu Kyi,Rohingya]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Australia planea retirar el pasaporte a los pederastas para evitar abusos en países pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/australia-prohibir-pederestas-extranjero-asiaticos_1_3368315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9050012c-1beb-4c5c-9990-bb1ba23ae1ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Australia planea retirar el pasaporte a los pederastas para evitar abusos en países pobres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Parlamento australiano aprobará este mes una proposición de ley que prohibiría viajar a 20.000 australianos inscritos en el Registro Nacional de Depredadores Infantiles</p><p class="subtitle">Los casos en el sudeste asiático, como la condena a un australiano de 70 años que abusó de 11 niñas en Indonesia, han llevado a Australia a actuar</p><p class="subtitle">"Incluso quienes no tienen intención de abusar de niños pueden terminar haciéndolo si se dan condiciones favorables para ello", recuerda la ONG camboyana APLE</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Muchos pederastas occidentales pasan desapercibidos y no cometen delitos en sus pa&iacute;ses de origen, pero aprovechan la pobreza y la implementaci&oacute;n laxa de las leyes en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo para abusar de ni&ntilde;os sin pagar las consecuencias&rdquo;. Seila Samleang, director ejecutivo de la ONG camboyana APLE (Action Pour Les Enfants, Acci&oacute;n para la infancia, en franc&eacute;s), explica rotundo la raz&oacute;n que ha llevado a Australia a convertirse en el primer pa&iacute;s del mundo que propone una ley para retirar el pasaporte a los ped&oacute;filos listados en el Registro Nacional de Depredadores Infantiles.
    </p><p class="article-text">
        Si la proposici&oacute;n&nbsp;de ley que ha hecho el senador Derryn Hinch se aprueba en el Parlamento este mes, algo que se da por seguro ante la falta de oposici&oacute;n, m&aacute;s de 20.000 australianos tendr&aacute;n prohibidos todos sus viajes al extranjero. 3.200 de los listados en el registro han cometido delitos graves y, por ello, nunca saldr&aacute;n de esa base de datos. As&iacute; que no podr&aacute;n salir de Australia de por vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es la medida m&aacute;s dura que jam&aacute;s se ha tomado para combatir el turismo sexual. Queremos evitar que nuestros ciudadanos abusen de ni&ntilde;os en pa&iacute;ses m&aacute;s vulnerables&rdquo;, recalc&oacute; el pasado martes el ministro australiano de Justicia, Michael Keenan.
    </p><p class="article-text">
        El pol&iacute;tico reconoci&oacute; que las leyes actuales son &ldquo;completamente inadecuadas&rdquo;&nbsp;&ndash;seg&uacute;n estad&iacute;sticas oficiales, el a&ntilde;o pasado 800 de estos depredadores viajaron fuera de Australia, la mitad de ellos salt&aacute;ndose la obligatoriedad de dar cuenta de ello&ndash;, y urgi&oacute; a que se aprueben r&aacute;pido las enmiendas del C&oacute;digo Penal y de la normativa que regula la emisi&oacute;n de pasaportes.
    </p><p class="article-text">
        Samleang, que ha pasado m&aacute;s de una d&eacute;cada combatiendo a pederastas extranjeros en Camboya, uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s vulnerables, aplaude la iniciativa y lanza una inc&oacute;moda pregunta: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n se atrever&aacute; a seguir los pasos de Australia?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que muchos pa&iacute;ses asi&aacute;ticos &ndash;sobre todo en el sureste del continente&ndash; y latinoamericanos han endurecido las penas que imponen a los pederastas, y aunque se trata de un delito que se puede perseguir incluso en los pa&iacute;ses de origen de quienes lo perpetran, el turismo sexual todav&iacute;a no es un mal del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Lo confirman las estad&iacute;sticas que Samleang esgrime. Solo en 2016, APLE rescat&oacute; a 27 v&iacute;ctimas de abusos sexuales, represent&oacute; a 82 m&aacute;s en casos que vieron los tribunales, y fue vital para la condena de 17 personas que cometieron abusos a menores. Desafortunadamente, son todav&iacute;a pocos si se tiene en cuenta que la ONG afirma haber recibido 95 denuncias a trav&eacute;s de su l&iacute;nea de ayuda.
    </p><h3 class="article-text">Un australiano&nbsp;abus&oacute;&nbsp;de 11 ni&ntilde;as en Bali</h3><p class="article-text">
        Precisamente, son este tipo de casos en el sudeste asi&aacute;tico los que han llevado a Australia a actuar. El &uacute;ltimo, en octubre del a&ntilde;o pasado, se cerr&oacute; con la condena a 15 a&ntilde;os de prisi&oacute;n de un australiano de 70 a&ntilde;os, Robert Andrew Fiddes Ellis, por haber abusado de 11 ni&ntilde;as con edades comprendidas entre los 8 y los 17 a&ntilde;os en la tur&iacute;stica isla indonesia de Bali.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque muchos de los pederastas responden al perfil de anciano solitario que predomina en el imaginario colectivo, no hay que olvidar que existen muchos otros tipos que pasan m&aacute;s desapercibidos. Incluso quienes no tienen intenci&oacute;n de abusar de ni&ntilde;os pueden terminar haci&eacute;ndolo si se dan condiciones favorables para ello&rdquo;, comenta Samleang en Phnom Penh.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en un reciente viaje a la capital camboyana, este periodista pudo confirmar que, aunque no resulta tan evidente como hace a&ntilde;os, todav&iacute;a hay burdeles y proxenetas que ofrecen sexo con &ldquo;ni&ntilde;as muy j&oacute;venes&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El &ldquo;aqu&iacute;, a los 14 ya son mujeres&rdquo; como justificaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El alcohol y la desinhibici&oacute;n que provoca la sensaci&oacute;n de impunidad hacen que incluso j&oacute;venes se sientan tentados de mantener relaciones sexuales con menores, aunque no siempre vayan buscando ni&ntilde;os. Curiosamente, la justificaci&oacute;n del &ldquo;es que aqu&iacute; a los 14 ya son mujeres&rdquo; todav&iacute;a se escucha en algunos c&iacute;rculos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, APLE constata que el endurecimiento de las penas y una mayor implementaci&oacute;n de las leyes ha provocado profundos cambios en el 'modus operandi' de los pederastas. Ya no buscan a sus v&iacute;ctimas en parques o entre ni&ntilde;os de la calle.
    </p><h3 class="article-text">Una ONG como tapadera de un ped&oacute;filo</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora se hacen pasar por voluntarios de ONG o profesores de ingl&eacute;s. Van a comunidades pobres y se ganan la confianza de la familia en el &aacute;mbito privado, que es tambi&eacute;n en el que cometen los abusos. As&iacute;, es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil conseguir pruebas que los incriminen&rdquo;, explica Khoem Vando, uno de los investigadores de APLE.
    </p><p class="article-text">
        Un caso paradigm&aacute;tico de este cambio es el de Nick Griffin, un ped&oacute;filo brit&aacute;nico que pas&oacute; desapercibido gracias a la tapadera de la ONG que cre&oacute;, el Fondo para Orfanatos de Camboya. El centro de acogida que construy&oacute; lleg&oacute; a estar habitado por un centenar de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y fue el escenario perfecto para cometer sus abusos. Realiz&oacute; tocamientos y forz&oacute; a practicar sexo oral a siete de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de ser condenado en 2011 y de ser extraditado al Reino Unido un a&ntilde;o despu&eacute;s, se descubri&oacute; que antes ya hab&iacute;a violado a una adolescente en su pa&iacute;s. La ley propuesta por Australia podr&iacute;a evitar que gente como &eacute;l cometiese delitos en el extranjero.
    </p><h3 class="article-text">Investigaci&oacute;n sobre&nbsp;un espa&ntilde;ol en Camboya</h3><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay espa&ntilde;oles entre los depredadores que ha perseguido APLE. Uno de ellos es F.P.C., que fue condenado 'in absentia' a seis a&ntilde;os de prisi&oacute;n. Las autoridades espa&ntilde;olas lo arrestaron en 2010 y pas&oacute; 74 d&iacute;as en la c&aacute;rcel de Valdemoro. Pero el tribunal camboyano no respondi&oacute; a la comisi&oacute;n rogatoria enviada por el juzgado espa&ntilde;ol responsable del caso y la Polic&iacute;a no encontr&oacute; pruebas incriminatorias en sus ordenadores y discos duros, as&iacute; que qued&oacute; en libertad.
    </p><p class="article-text">
        Samleang sostiene que es un buen ejemplo de c&oacute;mo los enrevesados entresijos de la justicia internacional logran que pederastas convictos est&eacute;n en libertad sin cargos. Sin embargo, fuentes judiciales espa&ntilde;olas consideran que el caso es muy endeble porque se sustenta en un solo testimonio &ndash;el del adolescente abusado&ndash; al que ni siquiera ha examinado un m&eacute;dico forense.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que resulta muy complicado lograr pruebas. Muchas v&iacute;ctimas, amedrentadas y estigmatizadas, llevan el abuso y la humillaci&oacute;n en silencio. Y los equipos de investigaci&oacute;n en pa&iacute;ses empobrecidos tampoco realizan su labor con los est&aacute;ndares m&aacute;s avanzados, raz&oacute;n por la que un juez extranjero puede poner objeciones l&oacute;gicas a la aplicaci&oacute;n en casa de una sentencia dictada fuera.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la propia APLE ha sido acusada por diferentes encausados de fabricar pruebas para lograr m&aacute;s convicciones y recaudar as&iacute; m&aacute;s donaciones, algo que sus miembros niegan rotundamente.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Europa deber&iacute;a seguir los pasos de Australia?</h3><p class="article-text">
        La propuesta australiana podr&iacute;a resolver la mayor&iacute;a de estos problemas, raz&oacute;n por la que es l&oacute;gico preguntarse si Europa deber&iacute;a seguir sus pasos y cercenar uno de los derechos de sus ciudadanos en caso de que hayan cometido abusos sexuales, incluso despu&eacute;s de haber cumplido su condena por ello. Se trata de&nbsp;una medida mucho m&aacute;s comedida que la castraci&oacute;n qu&iacute;mica, cuya adopci&oacute;n se ha aprobado en Indonesia y en Corea del Sur para cr&iacute;menes sexuales.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, el turismo sexual supone solo una peque&ntilde;a parte de todos los casos de pederastia y de abusos sexuales a menores registrados&nbsp;en el mundo. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo estudio realizado en Camboya, el 5,6% de los ni&ntilde;os y el 4,4% de las ni&ntilde;as del reino j&eacute;mer han sufrido alg&uacute;n tipo de abuso sexual, un elevado porcentaje que no se explica sin tenerlo en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las agresiones se produce&nbsp;en el hogar y es perpetrada por familiares o amigos. Es un hecho global que tambi&eacute;n se refleja en las detenciones practicadas durante 2016 en Camboya, donde ocho de los imputados fueron extranjeros y nueve&nbsp;locales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Obviamente, el cambio m&aacute;s importante se tiene que dar en las sociedades locales y est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con el valor que otorgan a la infancia y a la mujer&rdquo;, apunta Samleang. Eso s&iacute;, el grano de arena que aporta Australia ser&aacute; bienvenido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/australia-prohibir-pederestas-extranjero-asiaticos_1_3368315.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jun 2017 18:39:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9050012c-1beb-4c5c-9990-bb1ba23ae1ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1980102" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9050012c-1beb-4c5c-9990-bb1ba23ae1ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1980102" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Australia planea retirar el pasaporte a los pederastas para evitar abusos en países pobres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9050012c-1beb-4c5c-9990-bb1ba23ae1ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Australia,Camboya,Pederastia,Abusos a menores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro historias que explican por qué India es uno de los peores países para las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gran-drama-nacer-mujer-india_1_2560499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d97a0406-de6a-45ae-82af-7062127fa8a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=" Vanita trabajando en el taller de artesanía e incapaz de contener las lágrimas durante la entrevista. / Zigor Aldama"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vanita, Laxmi, Suseelamma y Navaneetha tuvieron que huir para no sufrir abusos, matrimonios forzosos o violaciones, incluso por parte de sus familiares</p><p class="subtitle">Una encuesta realizada hace tres años entre 370 especialistas en temas de género apuntó que India es el peor país del G-20 para ser mujer</p><p class="subtitle">A pesar de ser un Estado democrático que les otorga los mismos derechos en la Constitución, las mujeres indias son discriminadas, maltratadas y utilizadas como mercancía</p></div><p class="article-text">
        <strong>Vanita</strong> sufre una discriminaci&oacute;n triple: por su discapacidad f&iacute;sica, por pertenecer a una minor&iacute;a tribal, y por ser mujer. El suyo es un drama que refleja bien los diferentes obst&aacute;culos a los que se enfrentan las mujeres de India, un pa&iacute;s en el que son discriminadas incluso antes de nacer. No en vano, la popularizaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a para determinar el sexo de un feto ha hecho que haya quien se gana la vida en las zonas rurales con un equipo de ecograf&iacute;a que lleva de casa en casa, en busca de embarazadas. Si descubren que en el vientre se gesta una ni&ntilde;a, muchas son forzadas a abortar. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, mientras en el mundo nacen de media 106 varones por cada 100 mujeres, en el pa&iacute;s hind&uacute; ellos son 112. Se estima que en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas <a href="http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(11)60649-1/abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">12 millones de ni&ntilde;as no han llegado a nacer por esta pr&aacute;ctica del feticidio</a>. Afortunadamente para Vanita, que ahora tiene 21 a&ntilde;os y cuatro hermanos, sus padres no supieron cu&aacute;l ser&iacute;a su sexo cuando se guarec&iacute;a en el &uacute;tero. Su verdadera pesadilla se pospuso hasta que cumpli&oacute; los 15 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue cuando muri&oacute; mi madre. Tuvo un accidente en un auto-rickshaw (triciclo motorizado utilizado a modo de taxi) que volc&oacute;, y no pudieron salvarla&rdquo;, recuerda entre sollozos. &ldquo;Mi padre solo tard&oacute; tres meses en volver a contraer matrimonio. Se cas&oacute; con una hermana de mi madre que me maltrataba y con la que ya manten&iacute;a antes una relaci&oacute;n secreta. Entonces, todo cambi&oacute;. Mi padre me dijo que ten&iacute;a que dejar los estudios y ponerme a trabajar, as&iacute; que me fui al campo como jornalera, donde me pagaban 100 rupias (1,4 euros) al d&iacute;a. Pero como yo no aprobaba su relaci&oacute;n con mi t&iacute;a, ella decidi&oacute; quitarme de en medio cas&aacute;ndome con otro t&iacute;o m&iacute;o, mucho mayor que yo&rdquo;. La ley india permite estas uniones entre familiares, pero Vanita se neg&oacute;. Para forzarla, su madrastra dio con una soluci&oacute;n demasiado habitual: pidi&oacute; al pretendiente que la violara para que no pudiese rechazar el matrimonio tras haber perdido la virginidad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n estad&iacute;sticas oficiales, <a href="http://timesofindia.indiatimes.com/india/One-rape-every-30-minutes-in-India/articleshow/39128982.cms" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cada media hora una mujer es violada</a> en India. Y estas cifras no incluyen los abusos sexuales que se dan dentro del matrimonio, <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/asia/india/10824964/Rape-in-marriage-not-a-crime-Indian-court-rules.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">porque no son considerados delito</a>. Desafortunadamente, muchas veces ni siquiera se investigan los casos que s&iacute; est&aacute;n tipificados como cr&iacute;menes. Se demostr&oacute; el a&ntilde;o pasado, cuando los habitantes del distrito de Badaun, ubicado en el estado norte&ntilde;o de Uttar Pradesh, encontraron ahorcadas a dos primas adolescentes que hab&iacute;an desaparecido la noche anterior. Seg&uacute;n cont&oacute; una de sus madres, iban en busca de un lugar suficientemente apartado como para pasar desapercibidas mientras defecaban, ya que no ten&iacute;an acceso a un retrete. 
    </p><p class="article-text">
        El informe preliminar que public&oacute; la prensa local se&ntilde;al&oacute; que las dos chicas fueron interceptadas por un grupo de cinco hombres que las violaron repetidamente y que luego, seg&uacute;n a&ntilde;adi&oacute; el examen forense, las colgaron de un &aacute;rbol de mango hasta provocar su muerte. Sin embargo, la pol&eacute;mica conclusi&oacute;n oficial final determin&oacute; que se hab&iacute;an suicidado.
    </p><p class="article-text">
        En muchos casos, la Polic&iacute;a acepta sobornos de los delincuentes para no investigar el caso o para llegar a conclusiones err&oacute;neas que los exculpen. Y hay ocasiones en las que son los propios agentes quienes ejercen la violencia contra la mujer, sea o no de &iacute;ndole sexual. El &uacute;ltimo caso se dio el pasado d&iacute;a 6 en el estado de Uttar Pradesh, donde una mujer muri&oacute;, presuntamente, a causa de las quemaduras que le provocaron varios polic&iacute;as que <a href="http://www.bbc.com/news/world-asia-india-33422227" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le prendieron fuego cuando ella se neg&oacute; a pagarles un soborno</a>. Y no es la primera vez que sucede. As&iacute;, el estigma y la desprotecci&oacute;n policial y judicial que acecha a las v&iacute;ctimas hacen que muchas ni siquiera denuncien su caso. 
    </p><p class="article-text">
        La lacra de los abusos sexuales no sabe de edad y tampoco es exclusiva de las zonas rurales. Un estudio revel&oacute; en 2011 numerosos casos de ni&ntilde;as de menos de 10 a&ntilde;os que fueron violadas mientras buscaban un v&aacute;ter p&uacute;blico en las barriadas de la capital, Nueva Delhi. El informe transcribi&oacute; entrevistas con algunas de sus madres que contaron c&oacute;mo ten&iacute;an que enfrentarse a sus atacantes y exponerse a una violencia que puede resultar mortal. Se demostr&oacute; con el caso que m&aacute;s ha conmocionado al pa&iacute;s: el de Jyoti Singh. 
    </p><h3 class="article-text">Cierto cambio a ra&iacute;z del horror</h3><p class="article-text">
        Esta joven estudiante de medicina se subi&oacute; a un autob&uacute;s en Delhi la noche del 16 de diciembre de 2012 para regresar a casa con un amigo despu&eacute;s de haber visto una pel&iacute;cula en el cine. Los ocupantes del veh&iacute;culo privado, amigos que hab&iacute;an estado bebiendo, decidieron entonces golpear a su acompa&ntilde;ante var&oacute;n y violarla. No s&oacute;lo abusaron sexualmente de ella, tambi&eacute;n le introdujeron una barra de acero por el ano hasta que sus intestinos quedaron al aire. Los tiraron a una cuneta y Jyoti muri&oacute; tras dos eternas semanas de agon&iacute;a en un hospital de Singapur. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las manifestaciones de rabia que se extendieron por el pa&iacute;s, y de la condena a muerte de los acusados mayores de edad, el problema persiste. &ldquo;No obstante, se evidencia un cambio social derivado de esta terrible historia en el hecho de que cada vez hay m&aacute;s casos que se denuncian&rdquo;, explica Doreen Reddy, directora del programa de Mujer de la Fundaci&oacute;n Vicente Ferrer (FVF) en la ciudad sure&ntilde;a de Anantapur. &ldquo;Pero hace falta un cambio de mentalidad mucho m&aacute;s profundo en sectores de la sociedad, como la Polic&iacute;a, que son parte intr&iacute;nseca del patriarcado indio. Ponen reglas a las mujeres pero no a los hombres, y luego las culpan a ellas de los cr&iacute;menes que sufren&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/554f79c2-c503-4ff2-aac8-7d45c1cf566f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Vanita fue afortunada. Se enter&oacute; del plan que urd&iacute;a su madrastra y decidi&oacute; preservar su dignidad. &ldquo;Hice polvo las pulseras de cristal que suelo llevar y me lo beb&iacute; para suicidarme&rdquo;, cuenta. En un hospital de la FVF consiguieron salvarle la vida, pero desde entonces su familia le ha dado la espalda. &ldquo;Ahora me han buscado otro pretendiente. Ya est&aacute; casado, pero como no tiene hijos puede contraer matrimonio otra vez. S&eacute; que ser&aacute; dif&iacute;cil encontrar a alguien que me acepte con mi discapacidad, pero yo no lo quiero. Es gordo y viejo, as&iacute; que lo he rechazado&rdquo;. Vanita sufri&oacute; un episodio de fiebre cerebral que le provoc&oacute; la par&aacute;lisis en la mano derecha y en la pierna izquierda. No es muy evidente, y apenas afecta a su movilidad, pero en la India rural supone una pesada losa social.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la mujer es poco m&aacute;s que una mercanc&iacute;a. Y el hecho de que la dote tenga tanta importancia as&iacute; lo confirma. &ldquo;Es un gran problema, pero, afortunadamente, entre las mujeres con mayor formaci&oacute;n est&aacute; desapareciendo. De hecho, hay algunas que se niegan a contraer matrimonio si existe la exigencia de la dote. Se da sobre todo en las ciudades, que van muy por delante en lo relativo a los derechos de la mujer, pero confiamos en que se vaya trasladando tambi&eacute;n al campo&rdquo;, explica Reddy. &ldquo;En cualquier caso, lo m&aacute;s importante es lograr que las mujeres sean econ&oacute;micamente independientes. Porque eso les permitir&aacute; tomar sus propias decisiones sin tener que depender de una familia que quiz&aacute; las mantenga deliberadamente malnutridas y sin formaci&oacute;n&rdquo;. Es un objetivo todav&iacute;a muy lejano, porque ellas suponen s&oacute;lo un tercio de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa, y ese porcentaje incluso cay&oacute; del 37% en 2005 al 29% en 2010.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la FVF hace tiempo que dise&ntilde;&oacute; un programa para dar trabajo a mujeres con discapacidad como Vanita, las m&aacute;s vulnerables, que ahora se encarga de producir objetos de artesan&iacute;a que luego vende la propia Fundaci&oacute;n. Su compa&ntilde;era <strong>Laxmi Devi</strong> es un buen ejemplo de la fuerza que estas mujeres adquieren por el simple hecho de ganar dinero con su trabajo. A ella la polio la conden&oacute; a vivir a rastras cuando s&oacute;lo ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os. Era un lastre para su familia, tambi&eacute;n desestructurada, y en ocasiones sufr&iacute;a discriminaci&oacute;n. Ahora, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os trabajando en la FVF, su salario es suficiente como para cuidar de su madre, que sufre una discapacidad mental leve. &ldquo;S&eacute; que nadie querr&aacute; casarse conmigo, pero por lo menos me siento &uacute;til&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres a las que acoge la FVF son la excepci&oacute;n de una sociedad cruel en la que imperan todav&iacute;a los matrimonios infantiles y el tr&aacute;fico de personas para la prostituci&oacute;n. Lo sabe bien <strong>Suseelamma Nirugutta</strong>, que qued&oacute; viuda cinco d&iacute;as despu&eacute;s de haber dado a luz a su segunda hija. Sin posibilidad de obtener ingresos y en una muestra de excesiva ingenuidad, acept&oacute; la oferta de una mujer que le prometi&oacute; un trabajo decente en la capital, Nueva Delhi, adonde fue con su hija peque&ntilde;a, de s&oacute;lo a&ntilde;o y medio. &ldquo;Nos llevaron a una casa en la que yo trabajaba como sirvienta y en la que me ofrec&iacute;an alcohol y carne. Soy vegetariana y nunca bebo, as&iacute; que no acept&eacute;&rdquo;. Pero un d&iacute;a la forzaron, y tres d&iacute;as estuvo con mareos. &ldquo;Me dijeron que me iban a llevar al hospital, pero acab&eacute; en un sal&oacute;n de belleza donde me maquillaron y me dieron ropa sexy. All&iacute; me amenazaron con matarnos a mi hija y a m&iacute; si no hac&iacute;a lo que me dec&iacute;an&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3f85543f-2d35-4f26-b03e-585cb2f674cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nirugutta cay&oacute; por el precipicio de la prostituci&oacute;n. Pero no por mucho tiempo. &ldquo;Durante una redada nos metieron a unas 25 chicas en un cuarto secreto. Como hac&iacute;a much&iacute;simo calor y apenas se pod&iacute;a respirar, una comenz&oacute; a gritar y la Polic&iacute;a nos encontr&oacute;&rdquo;. En cualquier otro pa&iacute;s, su liberaci&oacute;n habr&iacute;a sido motivo de celebraci&oacute;n, pero en India no. Nirugutta acab&oacute; en la c&aacute;rcel, donde estuvo encerrada tres a&ntilde;os despu&eacute;s de que la 'madame' del burdel la acusara de haber traficado con mujeres. M&aacute;s adelante fue internada con su hija en un centro de acogida, donde conoci&oacute; a decenas de mujeres v&iacute;ctima de trata, hasta que consigui&oacute; probar su inocencia y fue liberada. &ldquo;Pero no pod&iacute;a regresar a Chinapalli &ndash;el pueblo del estado de Andhra Pradesh del que es originaria&ndash; porque no ten&iacute;a dinero, as&iacute; que ped&iacute; a un Polic&iacute;a que me ayudase a encontrar un trabajo para ahorrar durante unos meses y regresar con algo de dinero para que nadie sospechase. Mi familia cre&iacute;a que hab&iacute;a muerto&rdquo;, recuerda. 
    </p><h3 class="article-text">La losa del matrimonio infantil</h3><p class="article-text">
        La suya es una historia que comparten miles de mujeres, y no siempre tiene un final tan feliz. Una encuesta realizada hace tres a&ntilde;os entre 370 especialistas en temas de g&eacute;nero <a href="http://in.reuters.com/article/2012/06/13/g20-women-idINDEE85C00420120613" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apunt&oacute; que India es el peor pa&iacute;s del G-20 para ser mujer</a>. <a href="http://www.catalyst.org/knowledge/women-labour-force-india" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las estad&iacute;sticas dejan claro el porqu&eacute;</a>: 56.000 mujeres mueren al a&ntilde;o dando a luz, muchas son apartadas de la escuela, algo que se hace evidente en la tasa de alfabetizaci&oacute;n (55% frente al 77% de los hombres), de media ganan un 62% del salario del hombre, y un 57% de los adolescentes (52% en el caso de las chicas) considera aceptable pegar a la mujer, un hecho que aument&oacute; un 7,1% entre 2010 y 2011. Y quien se sorprenda de que las leyes del pa&iacute;s no protejan m&aacute;s a la mujer quiz&aacute; no necesita m&aacute;s que ver la composici&oacute;n del Parlamento para entender por qu&eacute;: s&oacute;lo un 11% de los diputados son mujeres.
    </p><p class="article-text">
        En gran medida, todos estos males tienen su origen en otro dato escalofriante: en torno al 45% de las ni&ntilde;as contraen matrimonio antes de los 18 a&ntilde;os. <strong>Navaneetha Harijana</strong> habr&iacute;a sido una de ellas si no fuese por la intervenci&oacute;n de la FVF, que consigui&oacute; detener la boda cuando s&oacute;lo faltaba una semana para su celebraci&oacute;n. Sucedi&oacute; hace un a&ntilde;o, cuando ella ten&iacute;a 15. Su padre escuch&oacute; los rumores de que se hab&iacute;a enamorado de un chico y le orden&oacute; dejar de acudir a la escuela para casarla con su t&iacute;o. Su madre, que tambi&eacute;n contrajo matrimonio cuando le lleg&oacute; la primera menstruaci&oacute;n y qued&oacute; embarazada a los 15, accedi&oacute;. &ldquo;Pens&eacute; que ser&iacute;a lo mejor para ella, porque as&iacute; no tendr&iacute;a que preocuparse de ganarse la vida&rdquo;, comenta Narusamma Harijana. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi marido, adem&aacute;s, est&aacute; preocupado por el tema de la dote, porque cuanto m&aacute;s mayor sea la ni&ntilde;a, m&aacute;s dinero hay que ofrecer, y nosotros somos pobres&rdquo;. Tambi&eacute;n son una familia que ejemplifica bien la media del entorno rural: &ldquo;Mi marido se emborracha casi todas las noches desde los 17 a&ntilde;os, y me golpea a menudo. Si hablo, me pega porque hablo; si callo, me pega porque no hablo. Una vez incluso tem&iacute; por la vida de mi beb&eacute; porque me pate&oacute; el vientre&rdquo;. Al final, despu&eacute;s del nacimiento de Navaneetha, decidi&oacute; aceptar las 500 rupias (7,10 euros) que el Gobierno ofrece como incentivo y se someti&oacute; a una ligadura de trompas para evitar m&aacute;s cargas familiares.
    </p><p class="article-text">
        Pero el marido, temeroso de un 'matrimonio por amor', se empe&ntilde;&oacute; en casar a la Navaneetha. Ella reconoce que se hab&iacute;a enamorado, y que le habr&iacute;a gustado mantener la relaci&oacute;n. Pero se lo prohibieron. Afortunadamente, alguien inform&oacute; a la FVF, y sus cooperantes trataron de convencer a la familia de que no la casaran. Ante la negativa, la chica fue internada en un centro de menores y la Fundaci&oacute;n amenaz&oacute; con denunciar la ceremonia ante la Polic&iacute;a. Porque, aunque parezca mentira, en India la edad legal para contraer matrimonio son los 18 a&ntilde;os, dos menos si los novios cuentan con el consentimiento de los padres. Claro que, en lo que respecta a la mujer, una cosa es lo que dicta la ley y otra muy diferente c&oacute;mo se lleva a la pr&aacute;ctica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gran-drama-nacer-mujer-india_1_2560499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2015 18:07:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d97a0406-de6a-45ae-82af-7062127fa8a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="460006" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d97a0406-de6a-45ae-82af-7062127fa8a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="460006" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cuatro historias que explican por qué India es uno de los peores países para las mujeres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d97a0406-de6a-45ae-82af-7062127fa8a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[India,Discriminación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[FOTOS | El drama de nacer mujer en India]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/fotos_3_2556064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="FOTOS | El drama de nacer mujer en India"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de ser un Estado democrático que les otorga los mismos derechos en la Constitución, las mujeres indias son discriminadas, maltratadas y utilizadas como mercancía</p><p class="subtitle">En gran medida, estos males tienen su origen en un dato escalofriante: en torno al 45% de las niñas contraen matrimonio antes de los 18 años</p><p class="subtitle">Narasamma Harijana aceptó casar a su hija con 15 años. Ella contrajo matrimonio a esa edad: "Mi marido se emborracha casi todas las noches desde los 17 años, y me golpea a menudo"</p></div><p class="article-text">
        A pesar de ser un Estado democr&aacute;tico que les otorga los mismos derechos en la Constituci&oacute;n, las mujeres indias son discriminadas, maltratadas y utilizadas como mercanc&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        En gran medida, estos males tienen su origen en un dato escalofriante: en torno al 45% de las ni&ntilde;as contraen matrimonio antes de los 18 a&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        Narasamma Harijana acept&oacute; casar a su hija con 15 a&ntilde;os. Ella contrajo matrimonio a esa edad: &ldquo;Mi marido se emborracha casi todas las noches desde los 17 a&ntilde;os, y me golpea a menudo&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/fotos_3_2556064.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2015 18:06:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="675550" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="675550" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[FOTOS | El drama de nacer mujer en India]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9bbd7beb-ffe3-4566-9e05-398fb218ae0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[India,Discriminación,Fundación Vicente Ferrer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una tragedia previsible pero inevitable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/tragedia-previsible-inevitable_1_2698818.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/acc92a48-b7ce-4750-9652-c60d701230df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Varios hombres buscan entre los restos del edificio en el que vivían enseres que todavía sean de valor. Entre los tres de la fotografía perdieron a cinco familiares en Dujiangyan./ Zigor Aldama."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un informe de 2001 ya advirtió de que la capital nepalesa, Katmandú, era la ciudad más vulnerable del mundo frente a terremotos</p><p class="subtitle">Mientras los países empobrecidos han sufrido entre 2001 y 2015 sólo ocho terremotos más que los ricos, allí se han contabilizado más de 160.000 muertos frente a sólo mil que dejaron en los países más avanzados</p><p class="subtitle">Ahora que Nepal permanece en paz y con un proceso de democratización casi concluido, es un buen momento para mejorar sus estructuras de cara a los futuros desastres que llegarán</p><p class="subtitle">FOTOGALERÍA | Cuando la tierra sacude Asia</p></div><p class="article-text">
        Provoca gran dolor ver las magn&iacute;ficas plazas de las ciudades hist&oacute;ricas de Patan y Bhaktapur, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, reducidas a escombros. Pero m&aacute;s triste todav&iacute;a es la p&eacute;rdida de casi 5.000 vidas humanas, una cifra que seguramente continuar&aacute; aumentando de forma proporcional al avance de los equipos de rescate que todav&iacute;a no han conseguido acceder al epicentro del terremoto que el pasado s&aacute;bado sacudi&oacute; Nepal con una fuerza de 7,8 grados en la escala de Richter. Como suele ser habitual en estos casos, la tragedia ha sorprendido al mundo. Pero lo cierto es que estaba prevista desde hac&iacute;a mucho tiempo. Hab&iacute;a sucedido antes y, desafortunadamente, se volver&aacute; a repetir.
    </p><p class="article-text">
        Desde el aire se ha podido comprobar que pueblos enteros han quedado completamente destruidos, y, para colmo de males, ahora est&aacute;n aislados por los aludes y los corrimientos de tierra que el se&iacute;smo ha provocado en el techo del mundo. Con los hospitales desbordados y faltos de medicamentos y de personal, las v&iacute;ctimas est&aacute;n condenadas a una tensa espera en la que muchos perder&aacute;n la vida. De hecho, el Gobierno ya ha anunciado que <a href="http://www.eldiario.es/internacional/ministro-Nepal-victimas-terremoto-superar_0_382161864.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cifra final de v&iacute;ctimas mortales podr&iacute;a superar las 10.000</a>.
    </p><p class="article-text">
        El desastre no es nuevo y tampoco ser&aacute; el &uacute;ltimo. Las causas son variadas. L&oacute;gicamente, la principal es el choque de las placas tect&oacute;nicas de India y de Eurasia. Precisamente, ese es el fen&oacute;meno que dio lugar a la cordillera del Himalaya hace unos 65 millones de a&ntilde;os, y la tierra todav&iacute;a hoy contin&uacute;a desplaz&aacute;ndose entre cuatro y cinco cent&iacute;metros al a&ntilde;o. As&iacute;, cada 75 a&ntilde;os un gran se&iacute;smo suele azotar el pa&iacute;s. Es un momento en el que se libera tanta energ&iacute;a como la de 20 explosiones termonucleares, y as&iacute; la Tierra encuentra un ef&iacute;mero equilibrio. El &uacute;ltimo gran temblor se registr&oacute; en 1934, de forma que era s&oacute;lo cuesti&oacute;n de tiempo &ndash;poco&ndash; que se volviese a desatar la furia del planeta. 
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que no hay nada que el ser humano pueda hacer al respecto. Pero s&iacute; puede aspirar a mitigar los da&ntilde;os del terremoto con una buena preparaci&oacute;n de los n&uacute;cleos urbanos y con la formaci&oacute;n de equipos de rescate profesionales. Claro que eso supone disponer de medios materiales que resultan extremadamente caros y que Nepal, uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres de Asia, no puede permitirse. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ha sido inevitable, completamente inevitable&rdquo;,&nbsp;<a href="http://www.bloomberg.com/news/articles/2015-04-28/nepal-building-code-author-says-disaster-was-waiting-to-happen" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cont&oacute; a Bloomberg</a> Richard Sharpe, un ingeniero neozeland&eacute;s especializado en terremotos que hace 20 a&ntilde;os particip&oacute; en la redacci&oacute;n del manual de construcci&oacute;n de Nepal. &ldquo;Lo dif&iacute;cil es ponerlo en pr&aacute;ctica. El pa&iacute;s ha tenido tanta inestabilidad pol&iacute;tica -primero una larga y cruenta guerra civil y luego el fin de la monarqu&iacute;a- que no ha existido voluntad a la hora de implementar las reglas&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. As&iacute;,&nbsp;<a href="http://www.forbes.com/2007/12/04/earthquakes-india-japan-biz-cx_db_1203earthquakes.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe de 2001 ya advirti&oacute;</a> de que la capital nepalesa, Katmand&uacute;, era la ciudad m&aacute;s vulnerable del mundo frente a terremotos.
    </p><p class="article-text">
        La cruel realidad demuestra que un se&iacute;smo de caracter&iacute;sticas como las del que se desat&oacute; el pasado s&aacute;bado puede tener consecuencias muy diferentes dependiendo de d&oacute;nde se produzca. Y, sin duda, el grado de desarrollo de los diferentes lugares es inversamente proporcional al da&ntilde;o que va a causar. Por ejemplo, en Jap&oacute;n, un pa&iacute;s situado en una de las zonas s&iacute;smicas m&aacute;s activas del planeta,&nbsp;<a href="http://www.abc.es/20110313/internacional/rc-circulo-muerte-201103131212.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conocida como el c&iacute;rculo de fuego del Pac&iacute;fico</a>, el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas habr&iacute;a sido muy inferior gracias&nbsp;<a href="http://www.siecorp.com/lfe/EERI-LFE.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al estricto est&aacute;ndar de construcci&oacute;n</a> por el que se rigen todos los edificios modernos. &ldquo;Al pa&iacute;s le llev&oacute; m&aacute;s de 70 a&ntilde;os llegar a la situaci&oacute;n en la que se encuentra ahora. Hace falta tiempo e inversi&oacute;n. Hay que ir paso a paso&rdquo;, afirm&oacute; Kenji Sawada, director ejecutivo de la Sociedad Japonesa para el Aislamiento S&iacute;smico. Pero hay que dar el primer paso, claro.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, mientras los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo han sufrido 28 terremotos de fuerza superior a grado 7 entre 2001 y 2015, s&oacute;lo ocho m&aacute;s que los que han sacudido al mundo desarrollado, all&iacute; se han contabilizado m&aacute;s de 160.000 muertos frente a s&oacute;lo mil que dejaron en los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados &ndash;sin contabilizar las v&iacute;ctimas por tsunamis y seg&uacute;n los datos del Instituto Geol&oacute;gico de Estados Unidos&ndash;. El mundo desarrollado ha conseguido&nbsp;<a href="http://geohaz.org/issue/vulnerable-communities" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reducir la mortalidad de estas tragedias diez veces m&aacute;s r&aacute;pido</a> que los estados m&aacute;s pobres.
    </p><p class="article-text">
         Desafortunadamente, pocos pa&iacute;ses aprenden de los errores de sus vecinos, y varias de las megal&oacute;polis m&aacute;s pobladas de Asia viven al borde del precipicio. Desde Delhi hasta Dacca, pasando por Islamabad, las principales capitales del subcontinente indio podr&iacute;an quedar reducidas a escombros con un se&iacute;smo incluso m&aacute;s leve que el de Nepal. Los muertos sumar&iacute;an cientos de miles.
    </p><h3 class="article-text">La excepci&oacute;n China</h3><p class="article-text">
        China es la excepci&oacute;n a esta triste regla. En 2008 el gigante asi&aacute;tico sufri&oacute; una de sus peores cat&aacute;strofes naturales en Sichuan, donde un terremoto que caus&oacute; 87.000 muertos dej&oacute; en evidencia varios asuntos preocupantes: en primer lugar, que el gran desarrollo econ&oacute;mico que ha vivido el pa&iacute;s en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas ha sido muy desigual, y, en segundo lugar, que la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica no s&oacute;lo tiene un impacto econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n mata. Es lo que sucedi&oacute; en los 5.000 centros educativos que se vinieron abajo por culpa de los materiales de baja calidad que se hab&iacute;an utilizado en su construcci&oacute;n. La diferencia del costo con los que se hab&iacute;a previsto utilizar se la llevaron gerifaltes del Partido Comunista que incluso tuvieron que arrodillarse ante la multitud para pedir perd&oacute;n y evitar ser linchados hasta la muerte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/106c640e-c462-4dd7-a2ad-b0e24559881f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No obstante, aquel terremoto tambi&eacute;n marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n en c&oacute;mo China encara una crisis de esta magnitud. A diferencia de lo sucedido en Nepal, Pek&iacute;n moviliz&oacute; todos los medios a su alcance en pocas horas gracias a la calidad de las infraestructuras de transporte que el pa&iacute;s ha ido construyendo, y cientos de miles de dispositivos militares lograron rescatar a tiempo a cientos de supervivientes. Adem&aacute;s, hospitales de campa&ntilde;a bien dotados sirvieron para paliar la congesti&oacute;n en los centros sanitarios. A la postre, el se&iacute;smo tambi&eacute;n tuvo un impacto positivo: las viviendas en las que se ha reubicado a cientos de miles de damnificados han sido erigidas para resistir un envite como aquel, y los requisitos para edificar en todo el pa&iacute;s se han endurecido.
    </p><p class="article-text">
        Har&aacute; bien Nepal en aprender de China. Seg&uacute;n diferentes estimaciones, la devastaci&oacute;n provocada por el terremoto le costar&aacute; en torno al 20% de su PIB, y la reconstrucci&oacute;n llevar&aacute; una d&eacute;cada. Preocupan tambi&eacute;n las centrales hidroel&eacute;ctricas a las que todav&iacute;a no se ha podido acceder para comprobar los da&ntilde;os que han sufrido, ya que proporcionan la energ&iacute;a &ndash;siempre escasa&ndash; que el pa&iacute;s necesita desesperadamente para continuar con su desarrollo econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, en esta ocasi&oacute;n m&aacute;s que nunca, el pa&iacute;s requiere&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/ayudar-emergencia-Nepal_0_381812012.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ayuda internacional urgente</a> que no huya cuando hayan desaparecido los medios de comunicaci&oacute;n que ahora dedican sus portadas al desastre. Porque la tierra volver&aacute; a romperse en Nepal, y contener la devastaci&oacute;n que provocar&aacute; est&aacute; en manos de quienes pueden ayudar a reconstruir pueblos y ciudades con el cuidado que requiere el riesgo que sufre el pa&iacute;s. Ahora, en paz y con el proceso de democratizaci&oacute;n casi concluido, es un buen momento para hacerlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f6ca110-497e-4890-b424-5a42fe0686c8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         Afortunadamente, se trata de un territorio relativamente poco poblado y de una econom&iacute;a peque&ntilde;a, en la que cualquier contribuci&oacute;n puede marcar una gran diferencia. Nepal puede servir de ejemplo para otros pa&iacute;ses que viven con el mismo peligro y no parecen hacer nada para evitarlo. &ldquo;No podemos esperar a que un terremoto destruya nuestras ciudades para darnos cuenta de que tenemos que ponernos a evitar esta tragedia ya&rdquo;, me explic&oacute;, indignado, un ingeniero paquistan&iacute; cuando cubr&iacute; el se&iacute;smo que dej&oacute; 79.000 muertos en el norte de ese pa&iacute;s en 2005. &ldquo;Que miles de personas, sobre todo ni&ntilde;os, hayan muerto porque no ha habido voluntad pol&iacute;tica para evitarlo es una verg&uuml;enza para el ser humano&rdquo;, criticaba un maestro al que entrevist&eacute; tras el terremoto de Sichuan. Desafortunadamente, parece que s&oacute;lo se pasa a la acci&oacute;n cuando los muertos se amontonan. Y, a veces, ni siquiera entonces.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zigor Aldama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/tragedia-previsible-inevitable_1_2698818.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2015 18:17:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/acc92a48-b7ce-4750-9652-c60d701230df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1157540" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/acc92a48-b7ce-4750-9652-c60d701230df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1157540" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Una tragedia previsible pero inevitable]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/acc92a48-b7ce-4750-9652-c60d701230df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Terremotos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
