<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Era]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Era]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/microsite/519056/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Anatomía de la violencia digital tras el caso Komanche: el clic que separa un comentario del linchamiento en las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/anatomia-violencia-digital-caso-komanche-clic-separa-comentario-linchamiento-redes_1_13622342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf84e27a-15d3-4d03-874d-e6ae76e07c1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154188.jpg" width="1066" height="600" alt="Anatomía de la violencia digital tras el caso Komanche: el clic que separa un comentario del linchamiento en las redes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre el algoritmo que rentabiliza el conflicto, la falta de moderación de las plataformas y la complicidad del espectador: las claves para entender y frenar el acoso en internet</p><p class="subtitle">El Black Mirror de Simón Pérez, la espiral de autodestrucción en directo del asesor de las 'hipotecas a tipo fijo'</p></div><p class="article-text">
        Cualquier cosa que compartas en internet puede ser utilizada en tu contra. Basta una foto, un comentario desafortunado o incluso un retuit para que las redes sociales se conviertan en el tribunal multitudinario de un juicio sumar&iacute;simo donde todo el mundo tiene una opini&oacute;n que expresar. Miles de pantallas iluminadas a la vez, cientos de notificaciones, decenas de comentarios, reproches, burlas, insultos que se multiplican: as&iacute; suele recibirse una campa&ntilde;a de ciberacoso, no solo contra personas p&uacute;blicas o con muchos seguidores, tambi&eacute;n hacia ciudadanos an&oacute;nimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes m&aacute;s se exponen al ojo p&uacute;blico llevan tiempo alertando de una espiral de agresividad digital que parece no dejar de crecer, como tambi&eacute;n lo hacen sus estragos en la salud mental. Actores internacionales como Tom Holland, Barry Keoghan o Selena G&oacute;mez han reconocido p&uacute;blicamente el impacto psicol&oacute;gico sufrido a causa de comentarios recibidos, tambi&eacute;n <em>influencers</em> como Lola Lolita, Mar Lucas o Carlos Peguer han necesitado distanciarse de las redes en momentos en los que sus notificaciones se volvieron especialmente da&ntilde;inas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, la comunidad <em>streamer</em> se ha posicionado firmemente contra estas din&aacute;micas tras la muerte del creador de contenido <a href="https://www.eldiario.es/spin/muere-30-anos-komanche-popular-streamer-habla-hispana-salto-fama-squid-craft-games-pm_1_13614917.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Komanche</a> que, acusado de abuso sexual, recibi&oacute; durante meses una violenta campa&ntilde;a de odio de la que alertaron algunos de sus compa&ntilde;eros, como Ibai Llanos. <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39054819/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los estudios confirman</a> adem&aacute;s que la peor parte se la llevan las mujeres, que se enfrentan m&aacute;s a determinadas agresiones como la sextorsi&oacute;n, los <em>deepfakes</em> u otros contenidos generados con IA y terminan habitando internet con menor libertad.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Del comentario al acoso</h2><p class="article-text">
        En el inicio del acoso hay, por definici&oacute;n acad&eacute;mica, &ldquo;una conducta proactiva injustificada, cruel y repetitiva&rdquo;, se&ntilde;ala la profesora Rosario Ortega Ruiz, catedr&aacute;tica de Psicolog&iacute;a, miembro de la Academia de Psicolog&iacute;a de Espa&ntilde;a y una de las pioneras en la investigaci&oacute;n del <em>ciberbullying</em> en nuestro pa&iacute;s. Ni cualquier comentario desagradable es acoso, ni la exposici&oacute;n p&uacute;blica justifica el hostigamiento, pero todo empieza con una conducta gratuita que busca deliberadamente hacer da&ntilde;o.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los agresores utilizan deliberadamente un lenguaje muy básico, equivalente a un nivel de lectura de educación primaria, con el objetivo de evitar el pensamiento crítico, manipular las emociones y facilitar la difusión masiva</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elias Said-Hung</span>
                                        <span>—</span> Catedrático de Ciencias Sociales en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El paso que separa una cr&iacute;tica o una opini&oacute;n puntual en redes de un linchamiento no suele recorrerse de manera totalmente espont&aacute;nea. &ldquo;El principal mecanismo es la falsa espontaneidad. Lo que aparenta ser un estallido de indignaci&oacute;n ciudadana suele ser, en realidad, una campa&ntilde;a coordinada por grupos que act&uacute;an como <em>nano influencers</em> (cuentas que rondan los 1.000 seguidores)&rdquo;, explica Elias Said-Hung, catedr&aacute;tico de Ciencias Sociales en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) e investigador principal del grupo Hatemedia, un observatorio sobre el odio en Internet.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para garantizar que la campa&ntilde;a cale y se viralice, los agresores utilizan deliberadamente un lenguaje muy b&aacute;sico, equivalente a un nivel de lectura de educaci&oacute;n primaria, con el objetivo de evitar el pensamiento cr&iacute;tico, manipular las emociones y facilitar la difusi&oacute;n masiva del ataque contra colectivos vulnerables&rdquo;, apunta el soci&oacute;logo.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Mal de muchos?</h2><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; personas que en su vida cotidiana jam&aacute;s insultar&iacute;an a un desconocido se unen a linchamientos virtuales? Resulta inevitable en este punto citar &ldquo;la banalidad del mal&rdquo; a la que se refiri&oacute; Hannah Arendt para describir el funcionamiento del nazismo como consecuencia de que personas que en principio no son malvadas ni psic&oacute;patas act&uacute;en de forma irreflexiva dentro del sistema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el espacio digital convergen, adem&aacute;s, tres factores destructivos que facilitan esa &ldquo;desinhibici&oacute;n online&rdquo;, seg&uacute;n Alia Gonz&aacute;lez Jano, psic&oacute;loga, formadora y coordinadora del grupo Psicolog&iacute;a en el Entorno Online de COP Madrid: &ldquo;La sensaci&oacute;n de anonimato, porque es m&aacute;s f&aacute;cil atreverse cuando nadie nos ve; la asincron&iacute;a, porque no recibimos respuestas inmediatas; y la inexistencia de lenguaje no verbal&rdquo;, b&aacute;sico en la comunicaci&oacute;n humana.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todos estos ingredientes fulminan la empatía hacia la persona a la que van dirigidos los insultos o comentarios, sin olvidar que las emociones negativas se viralizan con mayor facilidad que las positivas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alia González Jano</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga del grupo Psicología en el Entorno Online de COP Madrid
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Todos estos ingredientes fulminan la empat&iacute;a hacia la persona a la que van dirigidos los insultos o comentarios, sin olvidar que las emociones negativas se viralizan con mayor facilidad que las positivas&rdquo;, expone la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        A esta desconexi&oacute;n emp&aacute;tica con frecuencia se suman la deshumanizaci&oacute;n y la construcci&oacute;n de un enemigo com&uacute;n. Ya sea un creador de contenido, un pol&iacute;tico o un ciudadano an&oacute;nimo, el proceso pasa por convertir a la persona en el s&iacute;mbolo de un colectivo entero al que se quiere atacar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por ejemplo, cuando se ataca a mujeres con cargos p&uacute;blicos, rara vez se debate su gesti&oacute;n, se recurre al insulto sexista sistem&aacute;tico y a la desacreditaci&oacute;n intelectual, porque el objetivo no es solo anular a esa mujer en concreto, sino lanzar un mensaje silenciador y ejemplarizante a todas las dem&aacute;s&rdquo;, argumenta Elias Said-Hung.
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo defiende tambi&eacute;n que existe &ldquo;una falsa percepci&oacute;n de multitud&rdquo; impulsada por usuarios hiperactivos con gran capacidad de difusi&oacute;n y &ldquo;cuentas kamikaze, perfiles extremadamente radicalizados que asumen el riesgo de lanzar ataques muy violentos para crear una ilusi&oacute;n de consenso&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La inmensa mayoría de los ataques se camuflan como odio de ‘baja intensidad’, una violencia simbólica que las plataformas no suelen borrar pero que normaliza el prejuicio en el día a día</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elias Said-Hung</span>
                                        <span>—</span> Sociólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La clave de que esta din&aacute;mica persista es que la inmensa mayor&iacute;a de los ataques se camuflan como odio de &lsquo;baja intensidad&rsquo;, es decir, falta de civismo o insultos cotidianos, una violencia simb&oacute;lica que las plataformas no suelen borrar, pero que normaliza el prejuicio en el d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;, asegura Said-Hung.
    </p><h2 class="article-text">D&oacute;nde cae la responsabilidad&nbsp;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Las propias redes sociales cuyo algoritmo no conocemos sesgan el movimiento de la comunicaci&oacute;n en la red, es decir, su algoritmo estimula respuestas que hacen que se contin&uacute;e esa agresi&oacute;n&rdquo;, afirma la profesora Rosario Ortega Ruiz, que cree que este funcionamiento y su consumo impulsivo favorecen tambi&eacute;n otros fen&oacute;menos como los bulos o el robo de identidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El algoritmo est&aacute; pensado para que yo vea algo que me interese porque, por ejemplo, es terrible o es tan mentira que no me pueda reprimir y tenga que contestar y as&iacute; vaya escalando la espiral de violencia. &iquest;Esto a qui&eacute;n interesa? A quien dise&ntilde;a el algoritmo&rdquo;, reflexiona la investigadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a la idea extendida de que internet es un territorio sin ley, Borja Adsuara, abogado especializado en derecho digital, recuerda que el ordenamiento jur&iacute;dico dispone de herramientas para perseguir el hostigamiento digital, aunque con frecuencia tropiece con cuellos de botella operativos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Leyes tenemos a patadas, lo que hay que hacer es aplicarlas y para aplicarlas se necesitan medios</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Borja Adsuara</span>
                                        <span>—</span> Abogado especializado en derecho digital
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Las plataformas est&aacute;n obligadas a actuar con diligencia en cuanto tienen conocimiento efectivo de que hay un contenido o una actividad il&iacute;cita, seg&uacute;n el Reglamento Europeo de Servicios Digitales&rdquo;, asegura. Tambi&eacute;n la Agencia Espa&ntilde;ola de Protecci&oacute;n de Datos (AEPD) dispone de un canal prioritario para solicitar la retirada urgente de contenidos sexuales o violentos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Leyes tenemos a patadas, lo que hay que hacer es aplicarlas y para aplicarlas se necesitan medios. Por ejemplo, el Reglamento Europeo de Servicios Digitales est&aacute; en vigor desde febrero de 2024, pero en Espa&ntilde;a todav&iacute;a no se le han dado las competencias a la CNMC, que es la autoridad supervisora de su aplicaci&oacute;n&rdquo;, reivindica el abogado, que insta a denunciar por un lado, la cuenta y el contenido ante la propia red social para que se retire de inmediato; y por otro, en comisar&iacute;a con un informe pericial para formalizar la denuncia penal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esas cuentas no son tan an&oacute;nimas como creen, son en realidad pseud&oacute;nimos, porque el administrador de la plataforma sabe perfectamente qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de la IP que identifica al dispositivo que se conecta&rdquo;, subraya Adsuara. &ldquo;Por lo que pueden perseguirse, identificarse, juzgarse y condenarse&rdquo;, resume el abogado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estamos ante un fenómeno 24/7, en cualquier momento la víctima puede recibir un insulto, una humillación o un mensaje ofensivo a través de redes sociales o servicios de mensajería</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alia González Jano</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando el ciberacoso se desata, las consecuencias psicol&oacute;gicas son demoledoras. &ldquo;Estamos ante un fen&oacute;meno 24/7, 24 horas los siete d&iacute;as de la semana, lo que quiere decir que en cualquier momento la v&iacute;ctima puede recibir un insulto, una humillaci&oacute;n o un mensaje ofensivo a trav&eacute;s de redes sociales o servicios de mensajer&iacute;a&rdquo;, destaca Alia Gonz&aacute;lez Jano, por lo que la v&iacute;ctima no encuentra refugio ni en su propio hogar, a diferencia del acoso presencial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las consecuencias suelen ser estados de hipervigilancia, ansiedad generalizada, posibles cuadros de estr&eacute;s postraum&aacute;tico, depresi&oacute;n e ideas suicidas si el malestar persiste, afecta al funcionamiento cotidiano o aparece desesperanza&rdquo;, enumera la psic&oacute;loga, que recomienda buscar ayuda profesional y valorar con seriedad y urgencia estos s&iacute;ntomas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La evidencia cl&iacute;nica confirma que el linchamiento digital act&uacute;a como un detonante de enorme violencia psicol&oacute;gica capaz de dinamitar la resistencia emocional de una persona. En el &aacute;mbito jur&iacute;dico, esta din&aacute;mica multitudinaria recibe el nombre de &ldquo;ataque en enjambre&rdquo; y a esa met&aacute;fora recurre Adsuara: &ldquo;Si una avispa te pica, te escuece; pero si te pican 1.000 avispas a la vez, te matan&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Abandonar la complicidad</h2><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 172 ter del C&oacute;digo Penal tipifica el acoso insistente y reiterado en interacciones individuales, pero la Fiscal&iacute;a General del Estado considera que tambi&eacute;n puede aplicarse al acoso en enjambre. Adem&aacute;s, en casos donde se difunden im&aacute;genes o v&iacute;deos &iacute;ntimos sin consentimiento, el experto distingue la conducta delictiva de compartir la imagen sin permiso y la conducta delictiva de quienes ayudan a difundirla a&ntilde;adiendo comentarios vejatorios. Un simple <em>me gusta</em> dif&iacute;cilmente acarrea consecuencias legales, pero compartir o comentar activamente contenido il&iacute;cito s&iacute; puede generar responsabilidad civil.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En las formaciones siempre clasifico los contenidos de Internet como los colores de un sem&aacute;foro. En el color verde estar&iacute;an aquellos contenidos did&aacute;cticos y constructivos, en el rojo aquellos contenidos que claramente son violentos o inapropiados y en el &aacute;mbar aquellos contenidos que exigen unos segundos de pensamiento cr&iacute;tico, como podr&iacute;a ser un meme o un <em>sticker</em> de un compa&ntilde;ero que, aunque pretenda ser gracioso, intenta ridiculizarlo. Estos contenidos no deber&iacute;amos compartirlos nunca, deber&iacute;a ser una parte de la cibereducaci&oacute;n imprescindible desde la infancia&rdquo;, defiende Gonz&aacute;lez Jano.
    </p><p class="article-text">
        Los expertos coinciden en la falta de educaci&oacute;n, prevenci&oacute;n y &eacute;tica digital, as&iacute; como en que interrumpir la espiral del odio pasa por abandonar la pasividad y convertirse en <em>upstander</em> o defensor activo. Para la psic&oacute;loga, &ldquo;esto implica no dar <em>like</em>, no comentar, abandonar grupos de mensajer&iacute;a donde se perpetre acoso e intervenir publicando comentarios de apoyo positivo hacia la persona hostigada para romper la sensaci&oacute;n de consenso violento&rdquo;. Cada vez que abrimos una aplicaci&oacute;n formamos parte de un ecosistema donde la frontera entre el espectador y el agresor es sumamente delgada. Romper la cadena del odio est&aacute; en el poder individual, al alcance de un solo clic que decidimos no hacer.
    </p><p class="article-text">
        <em>En Espa&ntilde;a, el tel&eacute;fono de atenci&oacute;n a la conducta suicida es la l&iacute;nea 024. Este tel&eacute;fono es un servicio de alcance nacional, gratuito y confidencial. Tanto el n&uacute;mero como el chat en l&iacute;nea est&aacute;n disponibles las 24 horas del d&iacute;a, los 365 d&iacute;as del a&ntilde;o. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/anatomia-violencia-digital-caso-komanche-clic-separa-comentario-linchamiento-redes_1_13622342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Oct 2026 22:40:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bf84e27a-15d3-4d03-874d-e6ae76e07c1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154188.jpg" length="263737" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bf84e27a-15d3-4d03-874d-e6ae76e07c1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154188.jpg" type="image/jpeg" fileSize="263737" width="1066" height="600"/>
      <media:title><![CDATA[Anatomía de la violencia digital tras el caso Komanche: el clic que separa un comentario del linchamiento en las redes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bf84e27a-15d3-4d03-874d-e6ae76e07c1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154188.jpg" width="1066" height="600"/>
      <media:keywords><![CDATA[Internet,Influencers,Redes sociales,Acoso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué es el discernimiento, una de las herramientas básicas de la inteligencia emocional, según una psicóloga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/discernimiento-herramientas-basicas-inteligencia-emocional-psicologa-xp_1_13614954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55f556a9-3305-45ad-96d8-f96c3bd59d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y505.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué es el discernimiento, una de las herramientas básicas de la inteligencia emocional, según una psicóloga"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta habilidad cognitiva nos ayuda a tomar mejores decisiones, saber lo que nos conviene y establecer límites saludables sin sentir culpa</p><p class="subtitle">“Necesitar apoyo no nos hace menos capaces”: cómo pedir ayuda sin sentirnos culpables, según un psicólogo</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos que tomar decisiones. Aceptamos el compromiso y el valor de decidir una cosa y no otra. No solo son decisiones morales, sino tambi&eacute;n relacionales y educativas. Y aqu&iacute; es donde necesitamos el discernimiento. Bajo este t&eacute;rmino se esconde una habilidad y una capacidad de percibir diferencias, sopesar interpretaciones contrapuestas, regular la reactividad emocional y retrasar la toma de conclusiones precipitadas para llegar a una interpretaci&oacute;n m&aacute;s precisa.
    </p><p class="article-text">
        El discernimiento requiere adem&aacute;s tolerar la ambig&uuml;edad en lugar de eliminarla, e implica la voluntad de revisar en lugar de defender. Por tanto, refleja una gran flexibilidad y la capacidad de transitar entre perspectivas y considerar varias posibilidades sin decantarse por una sola de forma prematura.
    </p><h2 class="article-text">Discernimiento, la br&uacute;jula interna que nos da claridad</h2><p class="article-text">
        &ldquo;El discernimiento es la capacidad de pararnos a comprender una situaci&oacute;n antes de actuar, diferenciando lo que pensamos, lo que sentimos y lo que realmente est&aacute; ocurriendo para poder tomar una decisi&oacute;n ajustada a lo que necesitamos y a nuestros valores&rdquo;, explica la psic&oacute;loga <a href="https://nagorepsico.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nagore Garc&iacute;a Ortega</a>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de ayudarnos a distinguir si algo est&aacute; bien o mal, el discernimiento va un poco m&aacute;s all&aacute;, porque nos permite &ldquo;valorar diferentes elementos de una situaci&oacute;n, distinguir cu&aacute;les son relevantes y cu&aacute;les no, y elegir c&oacute;mo queremos responder&rdquo;, a&ntilde;ade Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; dice nuestra intuici&oacute;n? &iquest;Y nuestra cabeza? &iquest;Y las personas de nuestro entorno? Todas estas &lsquo;voces&rsquo; pueden aportar claridad a nuestras decisiones, pero requieren escuchar, guardar silencio y estar consciente. Para Garc&iacute;a, &ldquo;el discernimiento est&aacute; relacionado con procesos como la metacognici&oacute;n, es decir, la capacidad de observar nuestros propios pensamientos y con algunas funciones ejecutivas implicadas en la toma de decisiones y el control de la conducta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Garc&iacute;a toma como ejemplo cuando tenemos un conflicto con otra persona. &ldquo;Discernir no ser&iacute;a actuar inmediatamente desde el enfado ni tampoco ignorarlo, sino preguntarnos &lsquo;&iquest;qu&eacute; ha ocurrido realmente?&rsquo;, &lsquo;&iquest;qu&eacute; estoy interpretando?&rsquo;, &lsquo;&iquest;qu&eacute; estoy sintiendo?&rsquo;, &lsquo;&iquest;qu&eacute; necesito y qu&eacute; respuesta ser&iacute;a coherente conmigo?&rsquo;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sin la capacidad de discernir, las personas nos volvemos cognitivamente fr&aacute;giles. Confundimos firmeza con fortaleza y rigidez con perspicacia. Es como si el discernimiento funcionara como el amortiguador de la mente que permite soportar la presi&oacute;n sin que se produzca una fractura.
    </p><h2 class="article-text">La diferencia entre discernir y pensar demasiado</h2><p class="article-text">
        El discernimiento nos conduce a pasos concretos. Es la capacidad de tomar decisiones inteligentes sobre las mejores maneras de superar las dificultades, de separar lo importante de lo irrelevante o de diferenciar entre dos opciones similares. Una capacidad que dista mucho de analizar algo de forma obsesiva. &ldquo;La diferencia fundamental est&aacute; en que discernir nos ayuda a avanzar, mientras que pensar en exceso puede dejarnos atrapados&rdquo;, afirma Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vida nos exige evaluar comportamientos, reconocer riesgos y elegir, por ejemplo, en qui&eacute;n confiar. El discernimiento nos ayuda a pasar de la experiencia a la decisi&oacute;n. Comparamos lo que sucede con lo que sabemos, estimamos lo que podr&iacute;a ocurrir y decidimos si continuar, retirarnos o solicitar m&aacute;s informaci&oacute;n. &ldquo;Cuando discernimos, analizamos una situaci&oacute;n con un prop&oacute;sito: comprenderla mejor y poder tomar una decisi&oacute;n, aunque no tengamos una certeza absoluta&rdquo;, reconoce Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no ocurre con el <a href="https://www.eldiario.es/era/pensamiento-rumiante-psicologa-genera-agotamiento-mayor-intensidad-emociones-negativas-xp_1_13151105.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pensamiento rumiante</a>, que suele llevar impl&iacute;cita una b&uacute;squeda de la certeza o de control que es dif&iacute;cil de alcanzar. &ldquo;Damos vueltas a las mismas preguntas, revisamos otra vez lo ocurrido y buscamos una respuesta definitiva que nos permita sentirnos completamente seguros&rdquo;, admite Garc&iacute;a, seg&uacute;n la cual discernir no es tanto una cuesti&oacute;n de cu&aacute;nto pensamos, sino de c&oacute;mo pensamos y qu&eacute; funci&oacute;n cumple ese pensamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el discernimiento acepta que &ldquo;siempre habr&aacute; cierta incertidumbre, mientras que el pensamiento repetitivo puede convertirse en una estrategia para intentar reducir la incertidumbre que parad&oacute;jicamente termina manteni&eacute;ndonos m&aacute;s preocupados&rdquo;, advierte Garc&iacute;a. Y es que la incertidumbre no siempre impide una respuesta razonable: podemos decidir que un acuerdo debe modificarse aun sin estar seguros de los motivos que lo impulsan.
    </p><p class="article-text">
        Para distinguir si entramos en este pensamiento repetitivo en lugar de discernir, la experta aconseja hacernos esta pregunta: &iquest;Pensar sobre una cosa determinada nos est&aacute; ayudando a comprender y decidir, o estamos intentando conseguir una certeza que probablemente no voy a poder obtener?
    </p><h2 class="article-text">Discernir: la conexi&oacute;n con establecer l&iacute;mites saludables</h2><p class="article-text">
        El discernimiento es el paso previo para poner l&iacute;mites. Y hacerlo de forma equilibrada no es f&aacute;cil. El objetivo, en toda decisi&oacute;n, no es llegar a l&iacute;mites m&aacute;s fuertes, sino m&aacute;s acertados. Primero necesitamos &ldquo;saber d&oacute;nde estamos nosotros y d&oacute;nde empieza el otro: qu&eacute; necesitamos, qu&eacute; podemos ofrecer, qu&eacute; no queremos aceptar y qu&eacute; consecuencias tiene para nosotros mantener una determinada situaci&oacute;n&rdquo;, afirma Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;mites aclaran d&oacute;nde terminamos nosotros y d&oacute;nde empieza la otra persona y nos permite ir un poco m&aacute;s all&aacute; de la simple emoci&oacute;n del momento, adem&aacute;s de evitar el contagio emocional y la codependencia.
    </p><p class="article-text">
        Para Garc&iacute;a, podemos sentir culpa cuando decimos que no, o miedo a decepcionar a alguien, &ldquo;pero sentir culpa no significa necesariamente que estemos haciendo algo incorrecto&rdquo;. Y aqu&iacute; entra en juego la diferencia entre &lsquo;no quiero hacerlo&rsquo;, &lsquo;no puedo hacerlo&rsquo; y &lsquo;creo que deber&iacute;a hacerlo porque temo lo que pueda pensar la otra persona&rsquo;. &ldquo;Esa diferenciaci&oacute;n favorece unos l&iacute;mites m&aacute;s coherentes y menos reactivos&rdquo;, explica la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Esta capacidad de establecer l&iacute;mites sanos implica tambi&eacute;n respetar pensamientos, creencias y valores distintos a los propios, sin sentirnos obligados a aceptarlos ni sentirnos atacados cuando alguien expresa una opini&oacute;n distinta. &ldquo;Est&aacute; relacionado con la asertividad, es decir, poder expresar nuestras necesidades y derechos respetando al mismo tiempo los de los dem&aacute;s&rdquo;, afirma Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una habilidad que se puede entrenar</h2><p class="article-text">
        El discernimiento es una habilidad que se puede desarrollar, malinterpretar o perder temporalmente, ya que no es una cualidad permanente ni una insignia que se obtiene mediante la convicci&oacute;n. Seg&uacute;n Garc&iacute;a, &ldquo;hay personas que pueden presentar determinadas diferencias en aspectos relacionados con la regulaci&oacute;n emocional, la impulsividad, la flexibilidad cognitiva o la capacidad de planificaci&oacute;n. Pero el discernimiento no es una capacidad fija con la que nacemos o no: se puede desarrollar y entrenar a lo largo de la vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entrenar el discernimiento implica desarrollar la capacidad de pausar, observar, procesar la informaci&oacute;n sin sesgos autom&aacute;ticos y tomar decisiones conscientes. Necesitamos la experiencia, el aprendizaje y la capacidad de reflexionar para poder tomar mejores decisiones. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>

    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/discernimiento-herramientas-basicas-inteligencia-emocional-psicologa-xp_1_13614954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2026 15:02:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/55f556a9-3305-45ad-96d8-f96c3bd59d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y505.jpg" length="4073512" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/55f556a9-3305-45ad-96d8-f96c3bd59d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y505.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4073512" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué es el discernimiento, una de las herramientas básicas de la inteligencia emocional, según una psicóloga]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/55f556a9-3305-45ad-96d8-f96c3bd59d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y505.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Bienestar emocional,Inteligencia emocional,Relaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Necesitar apoyo no nos hace menos capaces”: cómo pedir ayuda sin sentirnos culpables, según un psicólogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/necesitar-apoyo-no-capaces-pedir-ayuda-sentirnos-culpables-psicologo-xp_1_13609132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37b5b4d3-8ecf-4eb7-9b52-6a186e95f8b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1560y296.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Necesitar apoyo no nos hace menos capaces”: cómo pedir ayuda sin sentirnos culpables, según un psicólogo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acercarnos a la persona correcta en el momento adecuado nos ayudará a que el favor sea concedido y que nadie se resienta por nuestra petición
</p><p class="subtitle">“Es una inversión directa en longevidad”: la psicóloga Carmen Prieto explica la importancia de cuidar nuestros vínculos</p></div><p class="article-text">
        Parece un acto simple, pero pedir ayuda no siempre lo es. Todos necesitamos ayuda alguna vez: quiz&aacute;s nos sintamos abrumados por un reto laboral y nos vendr&iacute;a bien la perspectiva de un compa&ntilde;ero. O necesitamos flexibilidad de horario porque estamos pasando por un mal momento personal. O sencillamente nos ir&iacute;a genial hablar con alguien. 
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo, muchas personas no piden ayuda a menos que est&eacute;n en una situaci&oacute;n desesperada, porque no quieren molestar a nadie o porque temen que les digan que no. Otras piensan que pedir ayuda o alg&uacute;n favor, por peque&ntilde;o que sea, nos hace parecer incompetentes e incluso vulnerables. Muchas veces, el problema es que no sabemos c&oacute;mo pedirla, as&iacute; que no lo hacemos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pedir ayuda implica reconocer que necesitamos algo de otra persona y esto nos coloca en una posici&oacute;n de cierta vulnerabilidad&rdquo;, reconoce <a href="https://francrubiopsicologo.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franc Rubio Rodr&iacute;guez</a>, psic&oacute;logo. Aunque sea un peque&ntilde;o favor, &ldquo;pueden aparecer pensamientos como &lsquo;no quiero molestar&rsquo;, &lsquo;deber&iacute;a poder hacerlo solo&rsquo; o &lsquo;van a pensar que no soy capaz&rsquo;&rdquo;, admite Rubio. 
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la dificultad de pedir ayuda suele haber &ldquo;verg&uuml;enza o miedo a mostrarnos necesitados porque hemos asociado mucho la autonom&iacute;a con &lsquo;poder con todo&rsquo;, cuando en realidad una persona aut&oacute;noma tambi&eacute;n puede reconocer sus l&iacute;mites y apoyarse en los dem&aacute;s cuando lo necesita&rdquo;, reconoce Rubio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solemos pensar que la gente rechazar&aacute; nuestras peticiones o nos menospreciar&aacute;, as&iacute; que no pedimos ayuda tan a menudo como deber&iacute;amos. Pero la negativa a hacerlo &ldquo;depende de cada persona, y muchas veces no nos asustan tanto el &lsquo;no&rsquo; como lo que interpretamos que ese &lsquo;no&rsquo; dice sobre nosotros. Podemos vivirlo como &lsquo;no le importo&rsquo;, &lsquo;soy una carga&rsquo; o &lsquo;no deber&iacute;a haber pedido nada&rsquo;&rdquo;, afirma Rubio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lejos de esta creencia y tal y como demuestra esta investigaci&oacute;n publicada en <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/09567976221097615" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Psychological Science</a>, por lo general solemos subestimar la disposici&oacute;n de los dem&aacute;s a ayudar, cuando en realidad se ha demostrado que cuando las personas realizan actos de bondad, aumenta el bienestar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existe una exigencia interna de tener que poder con todo, lo que nos lleva muchas veces a ser m&aacute;s duros con nosotros mismos de lo que ser&iacute;amos con otra persona&rdquo;, afirma Rubio para referirse a otro de los motivos por los que nos cuesta pedir ayuda. Porque, cuando es un amigo el que necesita ayuda, &ldquo;probablemente no pensar&iacute;amos que es d&eacute;bil, pero si somos nosotros quienes la necesitamos, s&iacute; podemos juzgarnos de esa manera&rdquo;, reconoce el experto. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que sea importante no solo preguntarnos &ldquo;&lsquo;&iquest;me da miedo que me diga que no?&rsquo; sino tambi&eacute;n &lsquo;&iquest;qu&eacute; significar&iacute;a para m&iacute; que me dijera que no?&rsquo;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo elegir bien la persona con peticiones peque&ntilde;as y concretas</h2><p class="article-text">
        La ayuda que necesitamos en un momento determinado puede variar desde algo relativamente sencillo, como cubrir un turno de trabajo, que nos lleven a alg&uacute;n sitio o pedir consejo, hasta algo m&aacute;s importante, como ayuda para el cuidado de un hijo, un peque&ntilde;o pr&eacute;stamo econ&oacute;mico o apoyo para un problema m&eacute;dico. Sea cual sea el reto, contar con la ayuda de otros puede ahorrarnos tiempo y esfuerzo, adem&aacute;s de brindarnos el apoyo emocional que tanto necesitamos.
    </p><p class="article-text">
        Para Rubio, el objetivo no es tanto el hecho de que pedir ayuda nos haga sentir cierta incomodidad, si bien &ldquo;al principio puede aparecer verg&uuml;enza, miedo o sensaci&oacute;n de estar molestando: podemos aprender a hacerlo incluso sintiendo eso&rdquo;. Para empezar, recomienda recurrir a &ldquo;personas de confianza con peticiones peque&ntilde;as y concretas: &lsquo;&iquest;Puedes acompa&ntilde;arme?&rsquo;, &lsquo;&iquest;Tienes diez minutos para escucharme&rsquo;?, &lsquo;&iquest;Me puedes echar una mano con esto?&rsquo;. Es m&aacute;s f&aacute;cil empezar as&iacute; que esperar a encontrarnos en una situaci&oacute;n l&iacute;mite&rdquo;, reconoce Rubio.
    </p><p class="article-text">
        Acercarse a la persona correcta en el momento adecuado nos ayudar&aacute; a que el favor sea concedido y que nadie se resienta por nuestra petici&oacute;n. Por tanto, antes de contactar con alguien es fundamental tomarnos un tiempo para considerar si esa persona realmente nos puede ayudar.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las claves que apunta Rubio es detenernos antes y preguntarnos: &lsquo;&iquest;Qu&eacute; necesito realmente?&rsquo; y &lsquo;&iquest;Qu&eacute; me estoy diciendo por necesitarlo?&rsquo;. &ldquo;Muchas veces descubrimos que el problema no est&aacute; en la petici&oacute;n sino en c&oacute;mo nos juzgamos por tener una necesidad&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones se basan en dar y recibir, por lo que no debemos pensar en aceptar ayuda como una deuda inc&oacute;moda. Porque, como reconoce Rubio, &ldquo;con el tiempo vamos acumulando experiencias nuevas: pedimos algo, la otra persona responde con normalidad y comprobamos que necesitar apoyo no nos hace menos capaces&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Aprender a aceptar la ayuda, quiz&aacute;s m&aacute;s importante que pedirla</h2><p class="article-text">
        Aprender a recibir ayuda a veces cuesta. Pero, una vez la pedimos y nos la dan, &iquest;c&oacute;mo podemos gestionar la vulnerabilidad que podemos sentir al dejarnos cuidar? Para Rubio, recibir ayuda puede resultar inc&oacute;modo: algunas personas sienten que tienen que devolver el favor, le quitan importancia o demuestran que en realidad no necesitaban tanto esa ayuda. &ldquo;En estos momentos puede ser &uacute;til hacer algo aparentemente sencillo: permitirse recibirla, no intentar compensarla inmediatamente, no justificarse y poder decir simplemente: &lsquo;gracias, me ha ayudado mucho&rsquo;&rdquo;, afirma el psic&oacute;logo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La capacidad de pedir y aceptar ayuda es una valiosa habilidad porque cargar con una gran responsabilidad sin los recursos o el apoyo adecuados puede provocar agotamiento. De hecho, las <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2921311/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones</a> en este campo han demostrado que la falta de apoyo social puede estar directamente relacionada con una mala salud mental y f&iacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dejarnos cuidar supone aceptar durante un momento que no tenemos que sostenerlo todo nosotros solos. Y eso puede generar mucha vulnerabilidad, especialmente en personas acostumbradas a ser quienes ayudan o quienes siempre se mantienen fuertes&rdquo;, matiza Rubio.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el experto apunta que puede ser una experiencia muy importante. &ldquo;Comprobar que podemos mostrar una necesidad, que alguien puede responder a ella y que eso no nos convierte en d&eacute;biles ni nos hace perder autonom&iacute;a es importante, como lo es entender que sentirnos capaces de cuidar de nosotros mismos y permitir que otros nos cuiden no son cosas incompatibles&rdquo;, concluye Rubio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>



    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/necesitar-apoyo-no-capaces-pedir-ayuda-sentirnos-culpables-psicologo-xp_1_13609132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Oct 2026 07:59:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/37b5b4d3-8ecf-4eb7-9b52-6a186e95f8b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1560y296.jpg" length="1640701" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/37b5b4d3-8ecf-4eb7-9b52-6a186e95f8b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1560y296.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1640701" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Necesitar apoyo no nos hace menos capaces”: cómo pedir ayuda sin sentirnos culpables, según un psicólogo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/37b5b4d3-8ecf-4eb7-9b52-6a186e95f8b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1560y296.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Psicología,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cronotipos y el cambio de hora: ¿a quién afecta más, a búhos o alondras?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cronotipos-cambio-hora-afecta-buhos-alondras_1_13608514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e5110f8-3fa7-49d2-9b9e-230e2122085a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cronotipos y el cambio de hora: ¿a quién afecta más, a búhos o a alondras?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los relojes se retrasan una hora, el domingo no es igual para todos, y hay quienes pueden encajarlo peor</p><p class="subtitle">Cambio de hora de invierno: un experto en sueño explica por qué gusta menos, pero nos sienta mucho mejor</p></div><p class="article-text">
        Este fin de semana hemos retrasado nuestros relojes una hora. Muchas personas lo interpretan como una hora extra de sue&ntilde;o, pero la experiencia del pr&oacute;ximo lunes puede que no sea igual para todos. Mientras unos llegar&aacute;n al trabajo casi como si no hubiera pasado nada, otros se arrastrar&aacute;n durante d&iacute;as, como si fueran a destiempo con el mundo, un malestar que los cient&iacute;ficos llaman<em>&nbsp;jet lag</em>&nbsp;social. La explicaci&oacute;n est&aacute; en los cronotipos, una preferencia biol&oacute;gica que determina si somos m&aacute;s de madrugar o de trasnochar, b&uacute;hos o alondras.
    </p><h2 class="article-text">El cambio de hora y por qu&eacute; ya no tiene tanto sentido</h2><p class="article-text">
        El cambio de hora tiene su origen en la Primera Guerra Mundial, cuando varios pa&iacute;ses europeos decidieron aprovechar mejor la luz solar para reducir el consumo de combustible usado para la iluminaci&oacute;n. Los estudios m&aacute;s recientes muestran que <a href="https://www.science.org/content/article/does-daylight-saving-time-make-sense-scientists-debate-pros-and-cons" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ese ahorro es insignificante</a> en la era de la iluminaci&oacute;n LED y, al contrario, sus efectos sobre la salud son preocupantes.
    </p><p class="article-text">
        Cada transici&oacute;n al horario de verano implica perder una hora de sue&ntilde;o. Un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18971502/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio publicado en 2008</a>&nbsp;ya document&oacute; que en los d&iacute;as siguientes al cambio de horario de primavera aumentan los ingresos hospitalarios por infarto agudo de miocardio. El cambio de octubre a&ntilde;ade una hora, pero tambi&eacute;n fuerza al organismo a reajustar su reloj interno, algo que puede tener efectos negativos en las personas m&aacute;s vulnerables.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo nos afecta el cambio de hora</h2><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a, el cambio de horario de octubre se vive como una adaptaci&oacute;n gradual. &ldquo;Es un mini&nbsp;<em>jet lag</em>, es muy poca diferencia, solo de una hora&rdquo;, dice la doctora Celia Garc&iacute;a Malo, neur&oacute;loga especialista en medicina del sue&ntilde;o y cronobiolog&iacute;a. Pero incluso esa peque&ntilde;a perturbaci&oacute;n puede tener su impacto. &ldquo;Hay personas que son m&aacute;s vulnerables, sobre todo <a href="https://www.eldiario.es/nidos/reloj-interno-no-cambia-dia-ayudar-ninos-combatir-efectos-cambio-hora-xp_1_13608612.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los ni&ntilde;os</a>, los ancianos o personas que tienen trastornos previos del sue&ntilde;o. Adem&aacute;s, para un cierto porcentaje de personas que llegan a la consulta, este cambio de hora a veces act&uacute;a como un detonante de una crisis de insomnio&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo es el que act&uacute;a en otras perturbaciones del sue&ntilde;o. &ldquo;Al igual que despu&eacute;s de los viajes en los que sufrimos&nbsp;<em>jet lag</em>, o si hay alguna circunstancia estresante como un examen, una mudanza, una reuni&oacute;n, con el cambio de hora pasa a veces lo mismo. Es como si el cerebro aprendiera un patr&oacute;n err&oacute;neo&rdquo;, explica la doctora Garc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os son especialmente sensibles a los cambios de hora porque sus ritmos circadianos son m&aacute;s r&iacute;gidos y su capacidad de ajuste es menor. Las personas mayores tienen una arquitectura del sue&ntilde;o m&aacute;s fr&aacute;gil, m&aacute;s propensa a las interrupciones y a una menor duraci&oacute;n, y cualquier perturbaci&oacute;n del horario puede tener repercusiones durante m&aacute;s d&iacute;as. El grupo de mayor riesgo son las personas que ya padecen de insomnio cr&oacute;nico, <a href="https://www.eldiario.es/era/no-son-ronquidos-aparece-apnea-sueno-detectarla_1_13068219.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apnea del sue&ntilde;o</a> o trastornos del ritmo circadiano. Para ellos, el cambio de hora puede ser la chispa que reactive un problema que ya estaba bajo control.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay personas que son más vulnerables, sobre todo los niños, los ancianos o personas que tienen trastornos previos del sueño</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Celia García Malo</span>
                                        <span>—</span> neuróloga especialista en sueño
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Los cronotipos y los cambios de hora</h2><p class="article-text">
        El cronotipo es la preferencia circadiana de cada individuo: la tendencia biol&oacute;gica a funcionar mejor por la ma&ntilde;ana (matutino o alondra), por la tardenoche (vespertino o b&uacute;ho) o en un punto intermedio. Aunque se suele bromear con unos y otros, y socialmente se considera <a href="https://www.eldiario.es/era/club-5-manana-madrugar-secreto-vida-mejor_1_11575431.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s virtuoso ser madrugador</a>, el cronotipo no es un capricho ni pereza. &ldquo;No es un trastorno, es una forma de biolog&iacute;a, de hecho, es una variante gen&eacute;tica&rdquo;, confirma la doctora Garc&iacute;a. En su origen se supone que es una adaptaci&oacute;n evolutiva. En los <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28701566/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupos humanos ancestrales</a>, la diversidad de cronotipos garantizaba que no todo el mundo se durmiera a la vez, lo que quiere decir que siempre hab&iacute;a alguien vigilando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad moderna aplica el mismo baremo a todo el mundo: madrugar y entrar al trabajo temprano, con la excepci&oacute;n de los profesionales liberales. Sin embargo, un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34549270/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">metaan&aacute;lisis con casi 380.000 participantes</a>&nbsp;confirm&oacute; que el cronotipo vespertino, el trasnochador, se asocia con mayor riesgo de diabetes, depresi&oacute;n y enfermedad cardiovascular, en buena parte por el desajuste circadiano cr&oacute;nico que sufren los b&uacute;hos al adaptarse a horarios dise&ntilde;ados para alondras.
    </p><p class="article-text">
        El cronotipo tambi&eacute;n hace que el cambio de hora no afecte por igual a madrugadores y trasnochadores. La exposici&oacute;n a la luz del d&iacute;a es el factor principal para que el organismo pueda ajustarse cuando hay un desplazamiento. En un reciente <a href="https://www.nature.com/articles/s41598-024-65705-x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo sobre el cambio de hora</a> se concluye que el sistema circadiano humano necesita varios d&iacute;as para adaptarse por completo a un cambio de hora, y que las personas con un cronotipo m&aacute;s tard&iacute;o se adaptan m&aacute;s lentamente. Otro <a href="https://doi.org/10.1038/s41598-021-94459-z" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio en Scientific Reports</a>&nbsp;de 2021 analiz&oacute; el ajuste circadiano tras el cambio de hora de primavera seg&uacute;n el genotipo circadiano. Los b&uacute;hos tardaron significativamente m&aacute;s en sincronizarse que quienes tienen un cronotipo matutino, que se ajustaron en pocos d&iacute;as.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La exposición a la luz del día es el factor principal para que el organismo pueda ajustarse cuando hay un desplazamiento</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Por qu&eacute; los b&uacute;hos lo tienen m&aacute;s dif&iacute;cil con el cambio de hora</h2><p class="article-text">
        El cambio de primavera, que adelanta el reloj, es el m&aacute;s problem&aacute;tico para los b&uacute;hos, ya que les roba una hora de sue&ntilde;o en el momento en que ya de por s&iacute; les cuesta irse a dormir temprano. &ldquo;En verano, cuando son las 10 de la noche y todav&iacute;a hay luz, a una persona con tendencia a la vespertinidad seguramente le va a costar m&aacute;s todav&iacute;a dormir&rdquo;, explica el doctor Miguel &Aacute;ngel S&aacute;nchez Gonz&aacute;lez, psiquiatra especialista en trastornos del sue&ntilde;o y autor del libro <em>Sue&ntilde;o, insomnio y salud: manual de instrucciones </em>(Catarata).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el cambio de horario de invierno tambi&eacute;n es problem&aacute;tico para los trasnochadores. Si la luz del d&iacute;a es el principal instrumento regulador, quienes se levantan m&aacute;s tarde est&aacute;n en desventaja. &ldquo;Pasan menos horas de exposici&oacute;n a la luz del sol por la ma&ntilde;ana, que es uno de los factores que m&aacute;s sincroniza los ritmos circadianos. Esto hace que tarden m&aacute;s en acomodarse al cambio de horario en invierno&rdquo;, corrobora la doctora Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El remedio m&aacute;s eficaz es precisamente la luz matinal, es decir, forzarse a madrugar un poco para aprovecharla mejor. Adem&aacute;s, adelantar&nbsp;los horarios de comida unos d&iacute;as antes del cambio, sobre todo en ni&ntilde;os y mayores, puede suavizar la transici&oacute;n. &ldquo;El sistema cerebral se modula por la luz, y la luz al principio de la ma&ntilde;ana adelanta la fase de sue&ntilde;o. De hecho, eso lo utilizamos terap&eacute;uticamente en los tratamientos&rdquo;, explica el doctor S&aacute;nchez.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En verano, cuando son las 10 de la noche y todavía hay luz, a una persona con tendencia a la vespertinidad seguramente le va a costar más todavía dormir</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miguel Ángel Sánchez González</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra especialista en trastornos del sueño
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Espa&ntilde;a sigue en el huso horario equivocado</h2><p class="article-text">
        Hay un factor que complica los cambios de hora de manera particular en Espa&ntilde;a. El pa&iacute;s lleva desde la Segunda Guerra Mundial funcionando con una hora de adelanto respecto a su posici&oacute;n geogr&aacute;fica. El meridiano de Greenwich pasa por la Comunidad Valenciana, lo que significa que la hora solar espa&ntilde;ola corresponde a la de Portugal y el Reino Unido, no a la de Centroeuropa. Esta anomal&iacute;a,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/espana-propone-union-europea-acabar-cambio-hora-estacional_1_12697060.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya debatida en la UE</a>, fue instaurada en 1940 durante la dictadura de Franco, y nunca se corrigi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias se han podido medir con estudios.&nbsp;Un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39524605/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">an&aacute;lisis publicado en 2024</a>,&nbsp;con casi 10.000 adultos, document&oacute; que los espa&ntilde;oles se acuestan entre 2,4 y 3,2 horas m&aacute;s tarde que lo que dicta la oscuridad natural, una desincronizaci&oacute;n cr&oacute;nica que se suma al efecto de los cambios de horario.
    </p><p class="article-text">
        La Sociedad Espa&ntilde;ola del Sue&ntilde;o (SES) se ha <a href="https://ses.org.es/wp-content/uploads/2018/10/ses-posicionamiento-cambio-de-hora.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">posicionado oficialmente</a> a favor de mantener el horario de invierno todo el a&ntilde;o. &ldquo;Lo que se considera mejor para nuestra salud es no cambiar la hora y mantener todo el a&ntilde;o el horario de invierno, porque es el m&aacute;s alineado con nuestras necesidades biol&oacute;gicas como seres humanos, que son exposici&oacute;n a la luz y actividad por la ma&ntilde;ana y, por la tarde, al anochecer, estar tranquilos y relajados para favorecer el buen sue&ntilde;o&rdquo;, explica la doctora Garc&iacute;a Malo.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre si mantener el horario de verano o el de invierno es, en el fondo, un debate sobre salud p&uacute;blica. No se trata de tener m&aacute;s o menos horas de sol, ya que esas no cambian, sino de qu&eacute; hora marca el reloj cuando amanece. Especialmente para los b&uacute;hos de un pa&iacute;s que ya vive con el reloj adelantado, suprimir el cambio de primavera y quedarse con el horario de invierno es la posibilidad de dormir a su hora.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01HFSDFR890RA6K4CR4BC3DGV8"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío Pescador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cronotipos-cambio-hora-afecta-buhos-alondras_1_13608514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Oct 2026 20:25:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3e5110f8-3fa7-49d2-9b9e-230e2122085a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="71392" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3e5110f8-3fa7-49d2-9b9e-230e2122085a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="71392" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los cronotipos y el cambio de hora: ¿a quién afecta más, a búhos o alondras?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3e5110f8-3fa7-49d2-9b9e-230e2122085a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sueño,Trastornos del sueño,Cambio horario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Me lo merezco”: qué dice de nosotros la cultura de los pequeños caprichos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/merezco-dice-cultura-pequenos-caprichos_1_13607722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f46fa8e-9bf8-4990-9e1b-9de9a5578b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1030y210.jpg" width="1200" height="675" alt="“Me lo merezco”: qué dice de nosotros la cultura de los pequeños caprichos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un tercio de los españoles estaría dispuesto a endeudarse ligeramente para hacerse un autorregalo. ¿Cuándo podemos considerar que se nos han ido de las manos?</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        La mayor parte de la poblaci&oacute;n de nuestro pa&iacute;s no puede permitirse hoy en d&iacute;a lo considerado como b&aacute;sico: comprar una casa, tener hijos, formar una familia y ahorrar para la jubilaci&oacute;n. Parad&oacute;jicamente, s&iacute; que puede permitirse algunos lujos innecesarios como tomarse un caf&eacute; de especialidad de cinco euros, una cena en un restaurante de moda, una prenda de edici&oacute;n limitada o una entrada para un concierto con un precio de tres d&iacute;gitos.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n es la expresi&oacute;n de una tendencia bautizada por los especialistas como &ldquo;<em>treatonomics</em>&rdquo; o cultura de los peque&ntilde;os caprichos. Un <em>modus operandi </em>adoptado por crecientes capas de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Su lema: algo parecido a &ldquo;porque yo lo valgo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante las enormes tensiones que la mayor&iacute;a de nosotros sufrimos en el trabajo o en la vida, muchos optan por permitirse un caprichito de vez en cuando (o casi todos los d&iacute;as) a pesar de que, en algunos casos, no sea bueno ni para su salud ni, especialmente, para su econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos de la consultora de marketing Kantar, el <a href="https://www.kantar.com/es/Inspiracion/Servicios-investigacion/Estas-son-las-10-tendencias-de-marketing-para-2026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">91% de los consumidores</a> considera importante darse caprichos que les aporten placer, confort o alegr&iacute;a, mientras que un 33% afirma que incluso estar&iacute;a dispuesto a endeudarse ligeramente si ese gasto le proporciona disfrute. Hace dos a&ntilde;os, esta cifra era seis puntos menor. &iquest;Qu&eacute; nos est&aacute; pasando?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El 91% de los consumidores considera importante darse caprichos que les aporten placer, confort o alegría, mientras que un 33% afirma que incluso estaría dispuesto a endeudarse ligeramente por ello</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La extensi&oacute;n del &ldquo;efecto pintalabios&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que llamamos <em>treatonomics</em> no es nuevo, sino que tiene un antecedente claro en el denominado 'efecto pintalabios', observado hist&oacute;ricamente en &eacute;pocas de incertidumbre econ&oacute;mica, cuando los consumidores reducen las grandes compras, pero siguen comprando peque&ntilde;os lujos asequibles&rdquo;, explica Teresa de Ledesma, directora de marketing de la divisi&oacute;n Insights de Kantar. &ldquo;Lo novedoso es que ya no estamos ante una reacci&oacute;n puntual a una crisis, sino ante un comportamiento m&aacute;s estructural y normalizado. La indulgencia se ha integrado en nuestra rutina cotidiana como una estrategia de <a href="https://www.eldiario.es/era/confundimos-cuidarnos-buena-persona-sociologo-explica-falla-idea-bienestar_1_13565667.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bienestar emocional</a> y <a href="https://www.eldiario.es/era/si-autocuidado-autocuidado-dorada-industria-bienestar-culpa_1_10765220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autocuidado</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los datos de la consultora relacionan la facilidad con la que muchos se conceden esos peque&ntilde;os placeres con las grandes metas vitales que hoy en d&iacute;a parecen imposibles de alcanzar o han dejado de interesarnos, como comprar una vivienda o tener hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, De Ledesma apunta que &ldquo;el hecho de que para una parte de la poblaci&oacute;n estas cosas parezcan tan lejanas, favorece la b&uacute;squeda de recompensas inmediatas y asequibles. En cierta manera, sustituimos, al menos moment&aacute;neamente, grandes hitos vitales por satisfacciones cotidianas m&aacute;s accesibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, el contexto de incertidumbre econ&oacute;mica juega un papel clave. Los datos cuadran: en el tercer trimestre de 2026, seg&uacute;n el informe<em> </em><a href="https://www.kantar.com/es/campaigns/informe-panorama-sobre-la-perspectiva-de-confianza-del-consumidor-espanol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Panorama</em></a><a href="https://www.kantar.com/es/campaigns/informe-panorama-sobre-la-perspectiva-de-confianza-del-consumidor-espanol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de Kantar</a>, solo el 14% de los espa&ntilde;oles considera que es un buen momento para realizar grandes compras y apenas el 10% cree que lo es para comprar una primera vivienda. &ldquo;La incertidumbre sobre la econom&iacute;a futura sigue presente y condiciona las decisiones de gasto importantes&rdquo;, resume la experta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cierta manera, sustituimos, al menos momentáneamente, grandes hitos vitales por satisfacciones cotidianas más accesibles</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa de Ledesma</span>
                                        <span>—</span> directora de marketing de la división Insights de Kantar
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El permiso para disfrutar</h2><p class="article-text">
        No obstante, &iquest;este dejarnos llevar por los peque&ntilde;os placeres puede llegar a suponer un problema? &iquest;Podemos llegar a depender tanto de ese Pumpkin Spice Latte de seis euros que no podamos sobrellevar el d&iacute;a sin comprarlo?
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga <a href="https://www.ags-psicologosmadrid.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Beatriz Molina</a>, especialista en consumo, los peque&ntilde;os placeres no suponen, en principio, un problema: &ldquo;Nos permiten salir de la rutina, disfrutar del momento y dedicar un espacio a cosas que nos gustan. Y eso tambi&eacute;n es importante, porque no todo lo que hacemos tiene que ser &uacute;til o productivo&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        El matiz podr&iacute;a estar en el origen del impulso. &ldquo;Conviene observar si recurrimos a ello constantemente para esquivar emociones que nos resultan dif&iacute;ciles de soportar. En ese caso, podemos estar dejando de atender lo que realmente necesitamos&rdquo;, sostiene la experta. Que estrenar unas Nike Moon no sustituya a la terapia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/eac01ac9-7f07-4dd7-96bf-1a5bc18444f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La imposibilidad de acceder a grandes compras que se perciben como metas lejanas, como por ejemplo una vivienda, favorece entre una parte de la población la búsqueda de recompensas inmediatas y asequibles."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La imposibilidad de acceder a grandes compras que se perciben como metas lejanas, como por ejemplo una vivienda, favorece entre una parte de la población la búsqueda de recompensas inmediatas y asequibles.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero para la psic&oacute;loga las compras y los caprichos cumplen m&aacute;s funciones. &ldquo;Es algo bastante com&uacute;n sentir que tenemos poco control sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Y cuando no podemos cambiar determinadas circunstancias de nuestra vida, buscamos peque&ntilde;as cosas sobre las que s&iacute; podemos decidir&rdquo;, dice Molina. &ldquo;Darnos un capricho puede proporcionarnos esa sensaci&oacute;n de control. Aunque podr&iacute;a haber un problema si ese alivio nos lleva a tomar decisiones que despu&eacute;s aumentar&aacute;n nuestra inseguridad, por ejemplo, gastando un dinero que necesitamos para otras cosas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Redes, ediciones limitadas y FOMO</h2><p class="article-text">
        No hay que ser ning&uacute;n experto para adivinar que la cultura de los peque&ntilde;os caprichos no habr&iacute;a llegado a manifestarse de una forma tan clara de no existir las redes sociales. Un perfume de marca, una bolsa de Trader Joe&rsquo;s o un <em>brunch</em> se disfruta un poco m&aacute;s si se comparte y se ense&ntilde;a en redes. Lo que provoca, a su vez, que muchos otros las deseen y contin&uacute;en con la cadena.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las redes sociales son un acelerador muy importante de esta tendencia&rdquo;, opina De Ledesma. &ldquo;Convierten los peque&ntilde;os placeres en comportamientos visibles, aspiracionales y compartibles&rdquo;. Las marcas conocen perfectamente estos mecanismos y los utilizan para promocionar <a href="https://www.eldiario.es/era/fiebre-colas-marcas-venden-perder-tiempo-productos-merece-pena_1_13503728.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ediciones limitadas</a> y para fomentar el <a href="https://www.eldiario.es/era/vendi-cromos-comprarme-piso-inmersos-dorada-coleccionismo_1_13176810.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coleccionismo</a> o la sensaci&oacute;n de oportunidad &uacute;nica. &ldquo;Muchas marcas han aprendido a explotar ese impacto&rdquo;, confirma De Ledesma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Conviene observar si recurrimos a ello constantemente para esquivar emociones que nos resultan difíciles de soportar. En ese caso, podemos estar dejando de atender lo que realmente necesitamos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Beatriz Molina</span>
                                        <span>—</span> psicóloga especializada en consumo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el terreno personal, Molina apunta que gracias a las redes &ldquo;estamos viendo continuamente lo que otros compran, los sitios a los que van o las experiencias que viven. Y es f&aacute;cil empezar a comparar nuestra vida con lo que vemos, aunque sepamos que solo estamos viendo una parte&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la comparaci&oacute;n se suma la urgencia de lo exclusivo: &ldquo;Cuando algo se presenta como exclusivo o disponible durante poco tiempo, podemos sentir cierta urgencia por conseguirlo. Tambi&eacute;n influye el miedo a quedarnos fuera, porque todos necesitamos sentir que pertenecemos. Una forma de detectar eso es preguntarnos: &iquest;seguir&iacute;amos deseando ese producto aunque nadie supiera que lo tenemos?&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">Cuando el placer deja de ser un placer</h2><p class="article-text">
        Nadie se arruina por un caf&eacute; ni por una gorra de los New York Knicks de edici&oacute;n limitada. El problema, seg&uacute;n la psic&oacute;loga, no suele estar en el precio de cada capricho, sino en la sensaci&oacute;n de que el capricho ha dejado de ser una elecci&oacute;n. Es entonces cuando conviene prestar atenci&oacute;n. La se&ntilde;al m&aacute;s clara es, seg&uacute;n Molina, &ldquo;sentir que estamos perdiendo <a href="https://www.eldiario.es/era/adictiva-azucar-temu-apps-compras-engancharte-ofertas_1_12486049.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el control sobre nuestras compras</a>. Por ejemplo, cuando compramos m&aacute;s de lo que ten&iacute;amos pensado, nos proponemos dejar de hacerlo y no lo conseguimos, o seguimos comprando a pesar de que nos est&aacute; generando problemas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y advierte de que el problema no depende del importe: &ldquo;Puede ocurrir aunque sean cantidades peque&ntilde;as. No es solo una cuesti&oacute;n de dinero, sino de la frecuencia, de c&oacute;mo nos sentimos con esa conducta y de las consecuencias. Cuando empezamos a sentir que no podemos controlarlo, nos genera un malestar importante o afecta a nuestra econom&iacute;a y nuestras relaciones, es recomendable buscar ayuda profesional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La terapeuta concluye con una reivindicaci&oacute;n que hoy en d&iacute;a est&aacute; bastante olvidada y que tambi&eacute;n puede ayudar mucho a aquellos que cuentan con un presupuesto limitado para gastar en cosas superfluas: que parte del placer est&aacute; en la espera. &ldquo;Pensar en una cena especial, preparar un viaje o imaginar algo que queremos comprarnos puede hacernos ilusi&oacute;n incluso antes de tenerlo. La dopamina interviene especialmente en esos procesos de motivaci&oacute;n. Por eso, a veces, la ilusi&oacute;n previa es mayor que la satisfacci&oacute;n que sentimos despu&eacute;s&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/merezco-dice-cultura-pequenos-caprichos_1_13607722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2026 20:11:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6f46fa8e-9bf8-4990-9e1b-9de9a5578b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1030y210.jpg" length="174960" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6f46fa8e-9bf8-4990-9e1b-9de9a5578b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1030y210.jpg" type="image/jpeg" fileSize="174960" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Me lo merezco”: qué dice de nosotros la cultura de los pequeños caprichos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6f46fa8e-9bf8-4990-9e1b-9de9a5578b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1030y210.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Consumo,Dinero,Compras,Psicología,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cinco-claves-psicologa-experta-pareja-frenar-discusiones-orden-casa-xp_1_13607157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ca9c92a-63e8-4a1b-bc5a-f3f92cc314e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x935y351.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diana Sánchez explica el trasfondo emocional detrás de los reproches y aporta fórmulas para llegar a acuerdos de convivencia: “Depende de la interacción de cada persona con su regulación emocional, socialización y personalidad”</p><p class="subtitle">Ni el olor de tu bocata ni saber a quién votas: manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público</p></div><p class="article-text">
        Unos calcetines en el suelo, un mont&oacute;n de ropa sobre una silla o una pila de platos sin fregar pueden ser simplemente tareas pendientes o pueden convertirse en la mecha que encienda un reproche o una tensi&oacute;n acumulada. El orden es el origen habitual de discusiones en <a href="https://www.ikea.com/es/es/newsroom/corporate-news/el-orden-origen-de-discusiones-en-el-17-de-los-hogares-espanoles-pubb8a1abb0/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 17% de los hogares</a> espa&ntilde;oles, seg&uacute;n el estudio <em>H&aacute;bitos y Actitudes hacia el orden en los hogares espa&ntilde;oles</em> elaborado por Ikea, que tambi&eacute;n recoge que el 52% de los espa&ntilde;oles siente culpa por no saber gestionarlo mejor y el 32% experimenta ansiedad directamente vinculada al caos dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Detr&aacute;s de todas estas discusiones, lo que nos encontramos en terapia de pareja es que hay un conflicto que tiene que ver mucho con los estilos de apego: uno puede sentir que no se le tiene en cuenta, que sus necesidades no son importantes para el otro, y la otra parte suele sentir que no es suficiente porque no hace las cosas lo suficientemente bien nunca&rdquo;, explica Diana S&aacute;nchez, directora de <a href="https://psicologosentorrelodones.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Psic&oacute;logas en Torrelodones </a>y terapeuta de pareja, que asegura que cada parte interpreta la situaci&oacute;n desde su propia herida.
    </p><p class="article-text">
        A este choque en c&oacute;mo cada uno percibe el desorden se suma la respuesta biol&oacute;gica de cada cual. &ldquo;Hay personas que experimentan el desorden f&iacute;sico como una especie de sobrecarga ambiental que les eleva incluso el cortisol, mientras que el orden espacial les da sensaci&oacute;n de control cognitivo y autorregulaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala la especialista, que contrapone el ejemplo de quien convive c&oacute;modamente con el caos y no lo percibe como amenazante, sino como funcional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<a href="https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2025.102672" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hay estudios</a> que dicen que la tolerancia al desorden depende tambi&eacute;n de la interacci&oacute;n que cada persona tenga entre su regulaci&oacute;n emocional, la socializaci&oacute;n y la personalidad. Es bastante curioso porque la necesidad individual frente a la tolerancia al desorden tiene que ver con c&oacute;mo hemos aprendido a regularnos con el estr&eacute;s&rdquo;, apunta la psic&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Romper el c&iacute;rculo de la discusi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando las discusiones se convierten en c&iacute;clicas, normalmente estamos repitiendo lo que llamamos un 'tango', una especie de baile en el cual yo te digo y t&uacute; me respondes, pero entramos en un bucle infinito de malestar&rdquo;, ilustra S&aacute;nchez sobre estas din&aacute;micas que pueden ser dif&iacute;ciles de romper si perpetuamos los reproches. &ldquo;Quiz&aacute; el error m&aacute;s com&uacute;n es intentar querer que la otra persona haga las cosas exactamente como nosotros las hacemos o como nosotros deseamos que las hagan&rdquo;, advierte la especialista.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que el desorden llega a condicionar la vida social de casi dos de cada cinco espa&ntilde;oles, seg&uacute;n el estudio citado, existe un amplio margen para el entendimiento, ya que el 76% de los encuestados se muestra abierto a negociar la convivencia con el desorden ajeno. &iquest;C&oacute;mo transformar esas broncas en acuerdos?&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Buscar el momento para hablar</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Lo primero es hablarlo mucho, no en el momento de los enfados, sino en otro momento, y buscar soluciones consensuadas&rdquo;, aconseja S&aacute;nchez, que alerta de que abordar el problema en pleno enfado solo alimenta el conflicto.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Explicar el porqu&eacute;</h2><p class="article-text">
        Exponer la necesidad profunda que hay detr&aacute;s de una petici&oacute;n cambia la disposici&oacute;n del otro, defiende la terapeuta: &ldquo;Cuando uno le explica al otro por qu&eacute; le ha pedido hacer una cosa y por qu&eacute; se la pide de una determinada manera, el otro lo entiende y lo hace, porque sabe por qu&eacute; lo est&aacute; haciendo de esa manera&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Ponerse en el lugar del otro</h2><p class="article-text">
        Si hay una reacci&oacute;n desmedida es pertinente tratar de desescalar y preguntarse si esa reacci&oacute;n responde al momento presente o a vulnerabilidades pasadas. &ldquo;Lo que puede ser para nosotros algo que no tiene importancia, a la otra persona le puede estar detonando con otras cosas mucho m&aacute;s profundas&rdquo;, explica la especialista. &ldquo;Hay que negociar sintiendo que yo puedo dar, pero que tambi&eacute;n puedo recibir&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ejercitar la paciencia</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Roma no se construye en dos d&iacute;as; es poquito a poquito alcanzando peque&ntilde;as cosas y reconstruyendo&rdquo;, recalca la psic&oacute;loga, que asegura que modificar h&aacute;bitos arraigados requiere tiempo y progresividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de lo anterior, S&aacute;nchez abre la puerta a pedir ayuda cuando la situaci&oacute;n sobrepasa los recursos de la pareja. &ldquo;Ya no digo de forma externa, que tambi&eacute;n si es posible, pero a veces incluso a los propios hijos, que pueden ayudar a establecer esos consensos&rdquo;, concluye.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cinco-claves-psicologa-experta-pareja-frenar-discusiones-orden-casa-xp_1_13607157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2026 14:38:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6ca9c92a-63e8-4a1b-bc5a-f3f92cc314e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x935y351.jpg" length="6545854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6ca9c92a-63e8-4a1b-bc5a-f3f92cc314e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x935y351.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6545854" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6ca9c92a-63e8-4a1b-bc5a-f3f92cc314e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x935y351.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Psicología,Hogar,Pareja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni el olor de tu bocata ni saber a quién votas: manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/olor-bocata-votas-manual-convivencia-supervivencia-transporte-publico_1_13603978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ee60427-4374-4b17-8349-859ba3885a2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1153851.jpg" width="1038" height="584" alt="Manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Expertas y usuarios frecuentes apuntan las claves de civismo urbano para llegar a destino sin perder la fe en la humanidad desde primera hora</p><p class="subtitle">“La gente ya no se pasa de forma espontánea”: por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa</p></div><p class="article-text">
        Hay pocas cosas que pongan tan a prueba el humor y la estabilidad matutinas como el transporte p&uacute;blico en hora punta. No (solo) por la espera, los retrasos o las aver&iacute;as imprevistas, sino por ese rato en el que toca compartir espacio f&iacute;sico y aire respirado con tal densidad de desconocidos apretados que uno empieza a plantearse d&oacute;nde acaba su cuerpo y empieza el del otro. Precisamente con el prop&oacute;sito de arrojar luz sobre esa cuesti&oacute;n, de d&oacute;nde terminan las libertades individuales y empiezan las de la persona de al lado, nace este manual pr&aacute;ctico y de consenso para recordar normas sociales de convivencia y resolver dilemas cotidianos del transporte p&uacute;blico sin perder los nervios.
    </p><h2 class="article-text">El sacrosanto &lsquo;dejar salir antes de entrar&rsquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Con lo que no puedo es con la gente que no deja salir antes de entrar. Tanto cuando voy a entrar y me est&aacute;n empujando por detr&aacute;s, como cuando voy a salir y se abalanzan sin dejar espacio para pasar&rdquo;, se queja Elena, usuaria del metro de Madrid. Para Pilar Mui&ntilde;os, vicepresidenta de la Asociaci&oacute;n de T&eacute;cnicos de Protocolo de Galicia que reivindica que el protocolo va m&aacute;s all&aacute; de los buenos modales, no se trata solo de una norma b&aacute;sica de cortes&iacute;a social, como podr&iacute;a ser saludar al conductor del autob&uacute;s, sino de &ldquo;un principio esencial de orden f&iacute;sico para garantizar la fluidez de los flujos de paso y evitar pisotones y empujones innecesarios&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La guerra por el espacio y el arte de sentarse</h2><p class="article-text">
        En el transporte p&uacute;blico el espacio es un bien escaso por el que constantemente se libran batallas silenciosas, que tambi&eacute;n son pol&iacute;tica. <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5171163&amp;utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Existen estudios</a> que se&ntilde;alan que los hombres heterosexuales tienden a desarrollar con mayor frecuencia conductas de apropiaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, mientras que las mujeres y otras identidades suelen adoptar estrategias para hacerse m&aacute;s peque&ntilde;as. El llamado <em>manspreading</em> o despatarre masculino, que tambi&eacute;n incluye la ocupaci&oacute;n de reposabrazos, es una queja tan constante entre las usuarias que los autobuses madrile&ntilde;os incluyeron en 2017 <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ayuntamiento-madrid-pegatinas-manspreading-municipales_1_3360178.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una advertencia</a> sobre esta pr&aacute;ctica en su carteler&iacute;a. Incluso las redes sociales est&aacute;n llenas de v&iacute;deos que comparten su frustraci&oacute;n por este micromachismo internacional.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="tiktok-embed" cite="https://www.tiktok.com/@annikaldr/video/7427193643607313697" data-video-id="7427193643607313697" style="max-width: 605px;min-width: 325px;" > <section> <a target="_blank" title="@annikaldr" href="https://www.tiktok.com/@annikaldr?refer=embed">@annikaldr</a> Feminine rage 🙂 <a title="men" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/men?refer=embed">#men</a> <a title="manspreading" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/manspreading?refer=embed">#manspreading</a> <a title="menspreading" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/menspreading?refer=embed">#menspreading</a> <a title="db" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/db?refer=embed">#db</a> <a title="femininerage" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/femininerage?refer=embed">#femininerage</a> <a title="rage" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/rage?refer=embed">#rage</a> <a title="fyp" target="_blank" href="https://www.tiktok.com/tag/fyp?refer=embed">#fyp</a> <a target="_blank" title="♬ AAAAAAAAA - ☆" href="https://www.tiktok.com/music/AAAAAAAAA-7165617181834824453?refer=embed">♬ AAAAAAAAA - ☆</a> </section> </blockquote> <script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La lucha por tu espacio vital en el autob&uacute;s es continua; desde los que abren las piernas y se meten en tu asiento a quienes echan el respaldo hacia atr&aacute;s sin mirar y te aplastan, cuando los asientos ya son de por s&iacute; son enanos y para personas grandes es un horror, una sensaci&oacute;n de tener que ir casi plegada&rdquo;, valora Rosario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Mar&iacute;a Jos&eacute; G&oacute;mez Verd&uacute;, experta en protocolo y etiqueta, la norma es jam&aacute;s tomar una decisi&oacute;n de forma unilateral: &ldquo;En un espacio compartido hay que preguntar siempre al de atr&aacute;s antes de reclinar el respaldo, porque esa persona puede tener un caf&eacute; en la bandeja o el port&aacute;til abierto y podemos provocar un percance&rdquo;. Precepto tambi&eacute;n aplicable si se quiere abrir la ventana, bajar la persiana o cualquier acci&oacute;n que afecte a m&aacute;s personas que a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Una mochila a la espalda en hora punta puede convertirse en maquinaria de demolici&oacute;n si no se est&aacute; atento a esquivar a tiempo los giros de quien la lleva, por eso, quit&aacute;rsela no es una cortes&iacute;a sino una norma indicada en la propia carteler&iacute;a. &ldquo;Deber&iacute;an quitarse de la espalda al entrar y colocarse entre las piernas en el suelo, o bien en los portaequipajes superiores&rdquo;, se&ntilde;ala Pilar Mu&iacute;&ntilde;os.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un espacio compartido hay que preguntar siempre al de atrás antes de reclinar el respaldo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María José Gómez Verdú</span>
                                        <span>—</span> experta en protocolo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hay de dejarla en el asiento contiguo? Para la experta, solo est&aacute; justificado si el veh&iacute;culo est&aacute; semivac&iacute;o y debe retirarse de forma proactiva si empieza a llenarse. &ldquo;Un asiento es para un pasajero, no para un objeto que debe ir en los espacios habilitados para eso&rdquo;, defiende. &ldquo;Otra cuesti&oacute;n esencial es ceder nuestro asiento, no solo a personas mayores o embarazadas, sino a cualquier persona que muestre signos de fatiga, lesi&oacute;n o carga&rdquo;, apostilla.
    </p><h2 class="article-text">Ante el conflicto ac&uacute;stico</h2><p class="article-text">
        El silencio es otro de los bienes m&aacute;s vulnerables en el transporte compartido. &ldquo;Salgo de trabajar cansada, con hambre y sue&ntilde;o, y tengo que aguantar a un rapero, por llamarlo de alguna forma, dici&eacute;ndome 'venga, chica, sonr&iacute;e&rdquo;, expone Elena, que cree que ese tipo de actuaciones deber&iacute;an restringirse al and&eacute;n, que es un lugar m&aacute;s abierto, y ser menos invasivas para una mejor convivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los trovadores del metro, Marina, otra usuaria, confiesa no soportar a &ldquo;la gente que habla por tel&eacute;fono en el vag&oacute;n como si fuesen solos&rdquo;, convirtiendo el tren en su despacho y dando la nota (de voz), como satiriz&oacute; en su d&iacute;a el d&uacute;o <a href="https://www.youtube.com/watch?v=NOK5l8TsN7Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pantomima Full</a> con un personaje que da para an&aacute;lisis sociol&oacute;gico. Para Rafael es importante tener en cuenta que hay personas que sufren mucho ciertos ruidos: &ldquo;Yo no me meto en el metro sin auriculares con cancelaci&oacute;n de sonido, aunque no est&eacute; escuchando nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n es muy frecuente la gente que ve v&iacute;deos en alto o directamente pel&iacute;culas, sin auriculares&rdquo;, a&ntilde;ade Marina. Un tema por el que Rosario asegura haberse cambiado &ldquo;much&iacute;simas veces&rdquo; de vag&oacute;n, &ldquo;sobre todo v&iacute;deos de pol&iacute;tica o m&iacute;tines que yo no tengo por qu&eacute; escuchar, no tengo que escuchar nada, pero eso menos, porque est&aacute; interfiriendo en mi &aacute;mbito privado y no me interesa tu opini&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;, expresa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Salgo de trabajar cansada, con hambre y sueño, y tengo que aguantar a un rapero, por llamarlo de alguna forma, diciéndome &#039;venga, chica, sonríe&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ante estas situaciones, Mar&iacute;a Jos&eacute; G&oacute;mez Verd&uacute; recuerda que el hecho de no viajar en un &ldquo;vag&oacute;n silencio&rdquo; no otorga carta blanca para montar un espect&aacute;culo. &ldquo;Si entra una llamada, el tel&eacute;fono se atiende en un tono de voz muy bajo o la persona se desplaza al pasillo que conecta los vagones. En el resto del tren no est&aacute; prohibido hablar, pero tampoco quiere decir que se acepte hacer ruido&rdquo;, matiza.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Gastronom&iacute;a a bordo y otros olores</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Hay dos cosas que deber&iacute;an estar prohibidas: los bocadillos de chorizo y las patatas a la vinagreta&rdquo;, sentencia Mar&iacute;a. Marina, por su parte, relata haber vivido situaciones extremas en este sentido, como que un viajero sacara la cuchara y se pusiera a comer un potaje a su lado. &ldquo;Por lo menos que te pregunten, yo soy al&eacute;rgica a frutos secos y me ha pasado que un se&ntilde;or se ponga a comer cacahuetes y tener que moverme&rdquo;, recuerda la usuaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo similar le pasa a Rosario, cel&iacute;aca, con los pasajeros que sueltan migas de pan. &ldquo;Me parece bastante peligroso, pero puedo llegar a entender que alguien se coma un s&aacute;ndwich o algo que no desprenda part&iacute;culas ni olores fuertes. Yo me quedo una hora y media m&aacute;s en el trabajo por no comer en el tren porque me parece muy desagradable&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; opinan las expertas? Para G&oacute;mez Verd&uacute; en el transporte p&uacute;blico urbano o de corta distancia directamente no se deber&iacute;a comer: &ldquo;Un caramelo o una barrita consumidos r&aacute;pidamente son aceptables, pero desempaquetar un bocadillo o un t&aacute;per est&aacute; fuera de lugar, es preferible esperar a llegar o hacerlo en la estaci&oacute;n antes de subirte&rdquo;. En la misma l&iacute;nea, Mu&iacute;&ntilde;os puntualiza que en viajes de media o larga distancia donde s&iacute; est&eacute; permitido, debe elegirse &ldquo;alg&uacute;n <em>snack</em> sencillo, como peque&ntilde;os s&aacute;ndwiches o fruta ya troceada procurando recoger de inmediato cualquier residuo&rdquo;. &ldquo;El transporte p&uacute;blico no es el comedor de nuestra casa ni un espacio de p&iacute;cnic&rdquo;, aclara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay olores muy molestos m&aacute;s all&aacute; de la comida: de tabaco, alcohol, corporales, de maquillaje, lacas o colonias, por no hablar de basura, directamente. Yo, de hecho, he dejado de usar perfume por no molestar a otras personas, porque entiendo que si vas cerca de alguien a las siete de la ma&ntilde;ana, puede molestar&rdquo;, reconoce Rafael. La experta en etiqueta Mar&iacute;a Jos&eacute; G&oacute;mez Verd&uacute; invita a ejercitar la empat&iacute;a ante un mal olor corporal y ponerse en el lugar de la persona que ocupa el asiento de al lado: &ldquo;Es una situaci&oacute;n delicada e involuntaria; no sabes de d&oacute;nde viene esa persona o si ha estado trabajando doce horas seguidas en condiciones duras. Al ser algo puntual en un trayecto, debemos ser comprensivos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay olores muy molestos más allá de la comida: de tabaco, alcohol, corporales, de maquillaje, lacas o colonias, por no hablar de basura, directamente. Yo, de hecho, he dejado de usar perfume por no molestar a otras personas, porque entiendo que si vas cerca de alguien a las siete de la mañana, puede ser molesto</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Lidiar con el incivismo&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La lista de reivindicaciones es bastante m&aacute;s larga, incluye quejas por quien no respeta la numeraci&oacute;n de los asientos, por los padres que no prestan atenci&oacute;n a sus hijos o por los gritos de las <a href="https://www.eldiario.es/era/despedidas-de-solteros_1_10979762.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">despedidas de soltero</a> y se extiende hacia miradas que incomodan e incluso situaciones violentas. La habilidad definitiva del usuario frecuente que proponen las expertas para la mayor&iacute;a de estos casos es la asertividad y romper la barrera del miedo a hablar con la persona que tenemos al lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Depende muchas veces de la situaci&oacute;n en la que nos vayamos a encontrar, pero recomiendo empezar la frase diciendo &lsquo;perdona&rsquo;, por ejemplo: &lsquo;Perdona, &iquest;te molestar&iacute;a bajar el volumen, por favor, o ponerte los auriculares que lo llevas muy alto?&rsquo; Es una forma de entrar suave y educadamente&rdquo;, recomienda G&oacute;mez Verd&uacute;. Mu&iacute;&ntilde;os concuerda con mostrar firmeza en el contenido y la m&aacute;xima educaci&oacute;n en las formas: &ldquo;La f&oacute;rmula correcta es dirigirse a ella con una sonrisa, contacto visual directo y una frase en positivo, por ejemplo: &lsquo;Disculpa, &iquest;te importar&iacute;a cerrar un poco las piernas? Es que me resulta inc&oacute;modo, gracias&rdquo;. &ldquo;En la mayor&iacute;a de los casos, la persona reacciona por pura verg&uuml;enza social&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Ambas expertas est&aacute;n de acuerdo en no entrar en discusiones directas. &ldquo;Una vez dado un primer aviso amable sin resultado, si la conducta es especialmente molesta lo correcto es acudir al conductor, al revisor o al personal de seguridad&rdquo;, afirma Mu&iacute;&ntilde;os, ya que son las autoridades competentes por ley para hacer cumplir el orden en ese viaje compartido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, algo tan poco frecuente en las grandes ciudades como la comunicaci&oacute;n de cortes&iacute;a, dar los buenos d&iacute;as a quien se sienta al lado en el cercan&iacute;as, preguntar a alguien mayor si necesita ayuda con una bolsa o consultar antes de abrir la ventana, es uno de los aspectos se&ntilde;alados de manera positiva por los usuarios consultados. &ldquo;Al final se agradece mucho la buena educaci&oacute;n y los buenos actos&rdquo;, concluye Marina en tono optimista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/olor-bocata-votas-manual-convivencia-supervivencia-transporte-publico_1_13603978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Oct 2026 19:53:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8ee60427-4374-4b17-8349-859ba3885a2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1153851.jpg" length="142516" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8ee60427-4374-4b17-8349-859ba3885a2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1153851.jpg" type="image/jpeg" fileSize="142516" width="1038" height="584"/>
      <media:title><![CDATA[Ni el olor de tu bocata ni saber a quién votas: manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8ee60427-4374-4b17-8349-859ba3885a2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1153851.jpg" width="1038" height="584"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Viajes,Transporte público,Metro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Google, yo no lo recuerdo así: por qué he empezado a imprimir mis fotos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/google-no-recuerdo-he-empezado-imprimir-fotos_129_13600949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56a00e96-2611-48ee-bbd6-65192b723997_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Google, yo no lo recuerdo así: por qué he empezado a imprimir mis fotos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las plataformas no solo guardan nuestras fotos, también seleccionan qué pasado nos devuelven y moldean lo que consideramos "recuerdos". Volver al álbum de papel ha sido para mí una forma de recuperar parte de esa tarea y de preguntarme cuánto quiero seguir delegando</p><p class="subtitle">La fantasía de vivir como en los 2000: “Echamos de menos unas relaciones más humanas”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;He empezado a imprimir fotos&rdquo;, fui avisando a mis amistades, como quien hace una confesi&oacute;n. Quienes no mostraron sorpresa ante mi revelaci&oacute;n hab&iacute;an pasado por un proceso similar: querer disputar a las grandes plataformas una parte de nuestra cotidianidad. En el camino empec&eacute; a preguntarte cu&aacute;nto llevaba delegando la tarea de construir mi memoria y qu&eacute; hab&iacute;a perdido por el camino.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Gracias, Google, pero yo no lo recuerdo as&iacute;</h2><p class="article-text">
        En enero fui madre. Desde entonces, en mi tel&eacute;fono conviven im&aacute;genes para consultar una duda a mi matrona de referencia con fotograf&iacute;as que aspiran a congelar un momento. Algunas tienen la caducidad de una conversaci&oacute;n; otras son c&aacute;psulas del tiempo, pensadas incluso para sobrevivirme. Todas acaban juntas.
    </p><p class="article-text">
        Otras estaban dirigidas, sobre todo, a m&iacute; misma. Celebraban los momentos en que me reconoc&iacute;a en la maternidad, como leyendo un libro mientras amamantaba o volviendo a llevar las u&ntilde;as de gel. Tambi&eacute;n hab&iacute;a capturas de pantalla para cuando tuviera tiempo: ensayos que quer&iacute;a consultar, ideas sobre las que escribir... En esas im&aacute;genes buscaba un punto de apoyo para no perderme en los primeros meses de la maternidad y, sobre todo, en el mandato social sobre c&oacute;mo deb&iacute;a ser madre.
    </p><p class="article-text">
        La acad&eacute;mica Jos&eacute; van Dijck, especializada en medios y cultura digital, viene estudiando c&oacute;mo con su desarrollo digital <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1470357207084865" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la fotograf&iacute;a ha ido reforzado</a> sus funciones de comunicaci&oacute;n y construcci&oacute;n de la identidad frente a su tradicional papel como archivo de la memoria familiar. La transformaci&oacute;n del m&oacute;vil, esa pr&oacute;tesis digital que llevamos integrada, facilita y potencia esos usos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En enero fui madre. Desde entonces, en mi teléfono conviven imágenes para consultar una duda a mi matrona de referencia con fotografías que aspiran a congelar un momento. Algunas tienen la caducidad de una conversación; otras son cápsulas del tiempo. Pero todas acaban juntas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras la fotograf&iacute;a hab&iacute;a ido ganando significado para m&iacute;, Google Fotos empez&oacute; a devolverme una selecci&oacute;n a la que llamaba &ldquo;recuerdos&rdquo;. Reconoc&iacute;a las im&aacute;genes y las fechas eran correctas, pero hab&iacute;a un fallo en la Matrix: no funcionaban como archivo, no representaban el relato de esos meses, no eran, por tanto, recuerdos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;lbumes fotogr&aacute;ficos como archivo de recuerdos siempre son una selecci&oacute;n y organizaci&oacute;n de im&aacute;genes para recrear un pasado. Lo que ocurre con los servicios como Google Fotos es que, como muestran <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/2056305120978968" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diferentes investigaciones</a>, el archivo ha tomado la iniciativa: como una rebeli&oacute;n de una m&aacute;quina que adquiere autoconciencia. &iquest;Quer&iacute;a delegar esa funci&oacute;n? Y a&uacute;n m&aacute;s, &iquest;quer&iacute;a entregar a las empresas que poseen y dirigen esas m&aacute;quinas la selecci&oacute;n y almacenaje de mis recuerdos?
    </p><h2 class="article-text">Mis recuerdos, su negocio</h2><p class="article-text">
        En<em> </em><a href="https://redesnuestras.net/las-redes-son-nuestras/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las redes son nuestras</em></a><em>,</em> Marta G. Franco reconstruye c&oacute;mo una red levantada tambi&eacute;n mediante recursos p&uacute;blicos y <a href="https://www.eldiario.es/era/internautas-usuarios-momento-internet-dejo-sitio-acudir-divertirnos_1_13114086.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo colectivo</a> termin&oacute; concentrada en negocios privados donde se busca la f&oacute;rmula de monetizar al m&aacute;ximo nuestra experiencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero se cre&oacute; la necesidad. Google Fotos permiti&oacute; durante a&ntilde;os guardar fotograf&iacute;as comprimidas sin l&iacute;mite y de forma gratuita. En 2021, las nuevas fotos y v&iacute;deos que sub&iacute;amos empezaron a contar para el l&iacute;mite de almacenamiento gratuito. Al alcanzarlo, tocaba elegir entre borrar, trasladar archivos o pagar por m&aacute;s espacio. La gratuidad hab&iacute;a sido la invitaci&oacute;n; ahora la mudanza exig&iacute;a tiempo y esfuerzo por lo que en muchos casos se opt&oacute; por&nbsp;permanecer y pagar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Google Fotos empezó a devolverme una selección a la que llamaba &quot;recuerdos&quot;. Reconocía las imágenes y las fechas eran correctas, pero había un fallo en la Matrix: no funcionaban como archivo, no representaban el relato de esos meses, no eran, por tanto, recuerdos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En paralelo a estos cambios, el servicio, como afirma el investigador&nbsp;JeongHyun Lee, iba convirtiendo el archivo en <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/2056305120978968" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un lugar al que volver</a> a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n de im&aacute;genes, la composici&oacute;n de recuerdos y la invitaci&oacute;n a interactuar con ellos. Sus herramientas atend&iacute;an tanto al uso tradicional de la fotograf&iacute;a &mdash;ofertando fotolibros&mdash; como a su funci&oacute;n en la era de las plataformas: convertirlos en contenido listo para compartir y ser visto. El v&iacute;nculo afectivo con nuestras im&aacute;genes y el deseo de mostrarlas encontraban acomodo en un mismo servicio.
    </p><h2 class="article-text">La glotoner&iacute;a de la memoria digital</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/era/remedios-zafra-el-informe_128_11401940.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Remedios Zafra</a> escribe en <em>El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital</em> sobre &ldquo;la imposible saciedad ante la glotoner&iacute;a de querer tenerlo todo&rdquo;. Pienso en mi galer&iacute;a, &iquest;tengo tiempo para recorrer todas las fotograf&iacute;as de todos esos momentos? &iquest;Son todos esos momentos un instante para el recuerdo? &iquest;Tendr&eacute; las horas para leer todo lo que he almacenado en capturas de pantalla?
    </p><p class="article-text">
        Esa acumulaci&oacute;n encuentra una respuesta muy conveniente en los servicios que la alojan. Si tengo demasiadas fotograf&iacute;as, una herramienta las ordena; si no encuentro nada, reconoce caras y lugares; si no vuelvo a mirarlas, me prepara recuerdos. <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/memory-mind-and-media/article/on-some-promises-of-personal-memory-algorithmisation/5D23785DCE4FED1A8B34EC7D11A6E4FE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Diferentes art&iacute;culos</a> han alertado sobre esa&nbsp;circularidad: Google Fotos y Apple Fotos ofrecen gestionar una abundancia que sus propias herramientas permiten seguir aumentando. Cuanto m&aacute;s crece el archivo, m&aacute;s necesito ayuda para recorrerlo: nos aportan tanto la necesidad como la soluci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_50p_1153756.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_50p_1153756.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_75p_1153756.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_75p_1153756.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_default_1153756.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_default_1153756.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9f71d1d3-3b13-4314-9969-3bf49867d104_3-4-aspect-ratio_default_1153756.jpg"
                    alt="La promesa de guardarlo todo desplaza la pregunta de “¿esto merece conservase?” a “¿cuánto espacio más contrato?”."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La promesa de guardarlo todo desplaza la pregunta de “¿esto merece conservase?” a “¿cuánto espacio más contrato?”.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero esa disponibilidad tiene cuerpo. Anna Reading propone <a href="https://doi.org/10.1177/0163443714532980" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudiar la memoria digital</a> desde las infraestructuras y las relaciones econ&oacute;micas que permiten capturarla, hacerla circular y almacenarla. Por su parte Tung-Hui Hu examina la distancia entre <a href="https://mitpress.mit.edu/9780262029513/a-prehistory-of-the-cloud/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la nube que imaginamos</a> &mdash;ligera, ubicua&mdash; y sus instalaciones f&iacute;sicas. Mientras nos ofrecen el espacio infinitamente ampliable&nbsp;se oculta que <a href="https://www.eldiario.es/economia/centros-datos-empujan-demanda-electrica-grandes-consumidores-espana_1_13497452.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los recursos que sostienen esa posibilidad s&iacute; tienen l&iacute;mites</a> y una huella ecol&oacute;gica, social y colonial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La promesa de guardarlo todo desplaza as&iacute; la pregunta de &ldquo;&iquest;esto merece conservase?&rdquo; a &ldquo;&iquest;cu&aacute;nto espacio m&aacute;s contrato?&rdquo;. Quiz&aacute;s deber&iacute;amos empezar a preguntarnos por qu&eacute; hemos terminado confundiendo cuidar nuestros recuerdos con seguir ampliando el lugar donde los acumulamos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pienso en mi galería, ¿tengo tiempo para recorrer todas las fotografías de todos esos momentos? ¿Son todos esos momentos un instante para el recuerdo? ¿Tendré las horas para leer todo lo que he almacenado en capturas de pantalla?</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Qu&eacute; fue antes: &iquest;el recuerdo o la red social?</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Si no est&aacute; en Instagram, no ha pasado&rdquo;, brome&aacute;bamos en mi grupo de amigas. El chiste mezclaba dos deseos: conservar una experiencia y mostrar que la hab&iacute;amos vivido. Lo segundo exig&iacute;a encontrar el encuadre. &iquest;Qui&eacute;n no ha esperado para dar un bocado a que alguien hiciera la foto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La investigadora Elisa Serafinelli <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/2056305120940799" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">describe</a> c&oacute;mo compartir fotograf&iacute;as produce archivos de memoria personales y colectivos en red. A una imagen se suman los comentarios que recibi&oacute;, la amiga que la comparti&oacute;, la conversaci&oacute;n que abri&oacute;. Recuerdo la transformaci&oacute;n de Tuenti en operador de telefon&iacute;a hace diez a&ntilde;os y la avalancha de descargas de im&aacute;genes entre la gente de mi entorno. &ldquo;Me est&aacute;n robando mi pasado&rdquo;, lleg&oacute; a decir una amiga expresando que no podr&iacute;a recuperar todo lo que se hab&iacute;a volcado y generado en esa red social. Como afirman Proyecto Una en <a href="https://www.eldiario.es/era/confrontar-internet-big-tech-monetizadores-negocio-odio_128_11826308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su libro </a><a href="https://www.eldiario.es/era/confrontar-internet-big-tech-monetizadores-negocio-odio_128_11826308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La viralidad del mal</em></a><em>, </em>que nuestras experiencias comunes en las redes sociales se conviertan en una parte inseparable de nuestra existencia no es un drama, la dependencia de las grandes plataformas, s&iacute;. En entrevistas y publicaciones, las activistas aportan la imagen del piso de alquiler para entender las redes sociales: podemos hacer hogar en ellas, pero al final la decisi&oacute;n sobre nuestra vivienda est&aacute; fuera de nuestro alcance y en el marco de las l&oacute;gicas de mercado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5d458e8f-6731-4211-b036-068962f4fa80_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ya lo dijo @kawaiiposting."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ya lo dijo @kawaiiposting.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero las plataformas tambi&eacute;n intervienen antes de que esas im&aacute;genes lleguen al archivo, como muestran los <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0898589818304212" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> cr&iacute;ticos sobre medios digitales, las promesas de creatividad y control conviven con opciones de narraci&oacute;n predise&ntilde;adas musicales, de formato, de estilo&hellip; A su vez los algoritmos y filtros participan en ese aprendizaje,&nbsp;premian unas vidas y <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/cirugias-instagram-ves-pone-labios-filtro-quiero_1_8729208.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">unos cuerpos</a> contribuyendo a unos est&aacute;ndares imposibles. Igual que <a href="https://www.eldiario.es/viajes/videos-restaurantes-enganchan-culpa-comas-partes_1_12161016.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un bar prepara un rinc&oacute;n</a> para que lo fotografiemos, podemos acabar preparando&nbsp;nuestros recuerdos, al igual que nuestras experiencias y nuestros cuerpos, para que sean<em> instagrameables.</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizás deberíamos empezar a preguntarnos por qué hemos terminado confundiendo cuidar nuestros recuerdos con seguir ampliando el lugar donde los acumulamos</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Volver al &aacute;lbum</h2><p class="article-text">
        En sus textos, Marta G. Franco y Proyecto UNA nos animan a recuperar internet y recuerdan que nuestra salida de las grandes tecnol&oacute;gicas tendr&aacute; que ser colectiva. Mientras tanto, he encontrado mi peque&ntilde;a resistencia en una impresora de fotos y un &aacute;lbum.
    </p><p class="article-text">
        Unas semanas despu&eacute;s de empezarlo me encontr&eacute; con una publicaci&oacute;n de <a href="https://www.instagram.com/libreromarica/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Oacute;scar Romero</a>, librero de Mary Read, que a partir de una&nbsp;rese&ntilde;a de la obra <em>Un deseo desmesurado de amistad</em> nos propon&iacute;a crear recuerdos a los que volver advirti&eacute;ndonos que &ldquo;las redes, en contra de lo que parece nos est&aacute;n quitando nuestra historia&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Cuando le pregunt&eacute; sobre esa publicaci&oacute;n, a&ntilde;adi&oacute; algo: las plataformas no solo almacenan nuestros recuerdos, tambi&eacute;n los moldean. Al seleccionar qu&eacute; imprimir descubri&oacute; que muchas de las im&aacute;genes elegidas eran precisamente las que &ldquo;ni muerta habr&iacute;a publicado&rdquo;: imperfectas, pero felices. A esa distancia entre lo publicable y lo memorable suma la fragilidad de dejar nuestro archivo en manos de una plataforma y, desde una memoria <em>queer,</em> recuerda que a veces todo lo que quedaba de &ldquo;tu t&iacute;a la bollera&rdquo; era una caja de fotos. Los soportes que elegimos para guardar nuestra memoria condicionan qu&eacute; podr&aacute; sobrevivir de ella y qui&eacute;n podr&aacute; encontrarlo despu&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/86a40f94-3c99-4e65-9d4d-25390a052eb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los soportes que elegimos para guardar nuestra memoria condicionan qué podrá sobrevivir de ella y quién podrá encontrarlo después."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los soportes que elegimos para guardar nuestra memoria condicionan qué podrá sobrevivir de ella y quién podrá encontrarlo después.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al empezar mi &aacute;lbum recordaba la propuesta de Alba Lafarga en <a href="https://www.cccb.org/es/w/articulos/jardines-digitales-el-fin-del-scroll-infinito" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Jardines digitales: el fin del scroll infinito</em></a> donde nos animaba a cultivar espacios personales en los que guardar y relacionar intereses sin la urgencia de publicar. En mi caso la materialidad anal&oacute;gica me ha permitido distanciarme de los tiempos y los c&aacute;nones de lo <em>instagrameable</em>. M&aacute;s que buscar la reacci&oacute;n y la interacci&oacute;n se impone mi narraci&oacute;n, acompa&ntilde;o las im&aacute;genes de texto donde transcribo la emoci&oacute;n del momento que representa la imagen o la reflexi&oacute;n que me provoca, mi voz se convierte en el algoritmo que guiar&aacute; las futuras revisiones. Sabiendo que ser&aacute; observado m&aacute;s adelante, he incluido anotaciones sobre su elaboraci&oacute;n. Es un archivo de lo vivido, pero tambi&eacute;n del proceso de decidir c&oacute;mo quiero recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        Lo digital no ha desaparecido del &aacute;lbum: hay capturas de conversaciones en aplicaciones de mensajer&iacute;a, publicaciones de redes sociales y referencias a momentos vividos en esos espacios. En parte, he trasladado al papel mi archivo digital y los afectos que fui construyendo all&iacute;. Tambi&eacute;n hay alg&uacute;n filtro y textos que recuerdan al Instagram de hace diez a&ntilde;os. Cada tiempo tiene su lenguaje y este lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada siendo el m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        No he resuelto&nbsp;la concentraci&oacute;n de poder de las tecnol&oacute;gicas, pero ahora puedo conservar mis recuerdos sin que navegarlos o compartirlos dependa de aceptar las condiciones de una gran empresa.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina López Baena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/google-no-recuerdo-he-empezado-imprimir-fotos_129_13600949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Oct 2026 19:36:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/56a00e96-2611-48ee-bbd6-65192b723997_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="431172" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/56a00e96-2611-48ee-bbd6-65192b723997_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="431172" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Google, yo no lo recuerdo así: por qué he empezado a imprimir mis fotos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/56a00e96-2611-48ee-bbd6-65192b723997_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Tecnología,Google,Apple,Fotografía,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“El problema es sentir que nunca es suficiente”: el coste emocional de ser muy perfeccionista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/problema-sentir-nunca-suficiente-coste-emocional-personalidad-perfeccionista-no-saludable-xp_1_13596518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bcc6463-85f5-462d-a07e-f9518373a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1316y369.jpg" width="1200" height="675" alt="“El problema es sentir que nunca es suficiente”: el coste emocional de ser muy perfeccionista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El perfeccionista busca un control excesivo sobre su entorno, sin posibilidad de fracaso, por lo que la principal desventaja de esta expectativa es su imposibilidad</p><p class="subtitle">Marisol Sánchez, psicóloga, explica por qué el ejercicio es tan efectivo frente a la ansiedad: “Puede reducir los niveles de cortisol”</p></div><p class="article-text">
        Frases como &ldquo;puedes lograrlo todo&rdquo;, &ldquo;s&eacute; la mejor versi&oacute;n de ti mismo&rdquo; o &ldquo;nunca te conformes&rdquo; nos bombardean de forma constante desde redes sociales, entornos acad&eacute;micos y laborales. Si bien pueden parecer motivadoras, tambi&eacute;n alimentan un fen&oacute;meno cada vez m&aacute;s com&uacute;n: la autoexigencia y el perfeccionismo excesivos. Y, aunque el perfeccionismo se ha relacionado con rasgos positivos como el orden, el compromiso y la excelencia, en ocasiones, en lugar de promover el bienestar, es un comportamiento que puede convertirse en un obst&aacute;culo emocional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Asociaci&oacute;n Americana de Psicolog&iacute;a lo define como &ldquo;la tendencia a exigir a los dem&aacute;s o a uno mismo un nivel de desempe&ntilde;o extremadamente alto o incluso impecable, superior al que requiere la situaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; coste emocional tiene todo esto cuando no se gestiona bien? &iquest;Cu&aacute;ndo se convierte el perfeccionismo en un inconveniente? 
    </p><h2 class="article-text">El coste emocional de una personalidad perfeccionista no saludable</h2><p class="article-text">
        Es importante distinguir entre dos tipos de perfeccionismo. Estamos frente a un arma de doble filo: puede ser la fuerza que mueve a una persona exitosa o puede convertirse en una verdadera carga.
    </p><p class="article-text">
        Como explica <a href="https://www.psicoglobal.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raquel Rodr&iacute;guez Cort&eacute;s</a>, psic&oacute;loga, por un lado est&aacute; el &ldquo;perfeccionismo adaptativo, sano o funcional, que es aquel en el que la persona intenta buscar la excelencia, es decir, se pone metas altas, pero a la vez es consciente de cu&aacute;les son sus limitaciones, por lo que podr&iacute;amos decir que es positivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de perfeccionismo implica fijarse metas ambiciosas pero disfrutar del proceso de mejora sin caer en la autocr&iacute;tica destructiva. Establecer metas ambiciosas no es perjudicial, al contrario, pueden favorecer el aprendizaje, el desarrollo profesional, la creatividad y el logro personal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El perfeccionismo desadaptativo o no saludable es el que puede llegar a ser un problema, porque la persona se pone metas que son inalcanzables o que, si son alcanzables, las vive constantemente como insuficientes. Esto provoca una frustraci&oacute;n muy grande, e incluso puede provocar <a href="https://www.eldiario.es/era/seis-herramientas-psicologa-procrastinar-evitamos-tarea-haya-razon-xp_1_13486683.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">procrastinaci&oacute;n</a>, porque el miedo a no poder llegar genera par&aacute;lisis&rdquo;, afirma Rodr&iacute;guez. 
    </p><p class="article-text">
        Es un tipo de perfeccionismo que muchas veces se caracteriza por el miedo al fracaso, la intolerancia a los errores y una necesidad constante de aprobaci&oacute;n externa. Su coste emocional puede ser elevado, generando &ldquo;problemas de autoestima, insatisfacci&oacute;n personal constante, agotamiento, descuido de otras &aacute;reas de la vida, problemas laborales o acad&eacute;micos, dificultad para delegar tareas en otras personas y, sobre todo, ansiedad&rdquo;, advierte Rodr&iacute;guez. 
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n en este campo sugiere que el perfeccionismo y la ansiedad suelen ir de la mano.&nbsp;Lo demuestra este metaan&aacute;lisis publicado en <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28026869/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Journal of Clinic Psychology</a>, seg&uacute;n el cual las personas diagnosticadas con ansiedad generalizada tienden a presentar rasgos m&aacute;s perfeccionistas que la media, y tanto esta como el perfeccionismo se basan en una intolerancia a la incertidumbre. El perfeccionista busca un control excesivo sobre su entorno, sin posibilidad de fracaso, por lo que la principal desventaja de esta expectativa es su imposibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Como admite Rodr&iacute;guez, el problema no est&aacute; tanto &ldquo;en querer hacer las cosas bien, sino en sentir que nunca es suficiente&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Rasgos de una personalidad muy perfeccionista</h2><p class="article-text">
        Las personas que se consideran perfeccionistas muchas veces no se mueven por la b&uacute;squeda de la perfecci&oacute;n ni intentan ser perfectos, sino que lo que las impulsa es evitar el fracaso. Algunas <a href="https://hewittlab.psych.ubc.ca/measures-3/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones</a> afirman que quienes sienten la presi&oacute;n social para alcanzar la perfecci&oacute;n tienden a pensar que, cuanto mejor lo hagan, m&aacute;s se espera de ellos. Y as&iacute;, esa b&uacute;squeda no termina nunca.&nbsp;Seg&uacute;n Rodr&iacute;guez, detr&aacute;s de una personalidad perfeccionista suelen encontrarse ciertos rasgos de personalidad como:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Autoestima inestable: &ldquo;la autoestima de estas personas suele depender de lo que consiguen&rdquo;, afirma Rodr&iacute;guez. Es decir, si consiguen la meta que se proponen, pueden tener una buena autoestima, pero si no lo logran &ldquo;se sienten muy mal porque no se valoran por qui&eacute;nes son, sino por lo que consiguen&rdquo;.&nbsp;</li>
                                    <li>Inseguridad: en ocasiones el origen de ponerse metas altas &ldquo;est&aacute; en demostrar a los dem&aacute;s que se es v&aacute;lido, es decir, se ponen metas altas para que los dem&aacute;s no puedan descubrir que no son lo suficientemente buenos&rdquo;, admite Rodr&iacute;guez.</li>
                                    <li>Necesidad de control: &ldquo;detr&aacute;s de un exceso de atenci&oacute;n a los detalles y autoexigencia suele estar la creencia de &lsquo;si lo reviso todo, estar&eacute; a salvo del caos&rsquo;&rdquo;, explica la experta.&nbsp;</li>
                                    <li>Cr&iacute;tico interno: muchas veces &ldquo;detr&aacute;s del perfeccionismo hay una voz mental autoexigente. Son personas a las que les cuesta permitirse la autocompasi&oacute;n, es decir, cuando fallan, se juzgan y se castigan como si fueran sus peores enemigos&rdquo;, advierte Rodr&iacute;guez.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Para un perfeccionista en exceso, nunca es suficiente, as&iacute; que se enfrasca en los detalles que lo frustran. Muchas veces, a&uacute;n cuando alcanzan su objetivo y logran el &eacute;xito, pueden llegar a creer que podr&iacute;an haberlo hecho mejor. Tambi&eacute;n encuentra fallos en la forma en que ellos, o los dem&aacute;s, ejecutan algo. Pero siempre hay algo que falla, aunque el resultado sea el que esperaban.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Consejos para alguien demasiado perfeccionista</h2><p class="article-text">
        Una de las primeras recomendaciones que da Rodr&iacute;guez para alguien que es demasiado perfeccionista es &ldquo;trabajar la creencia o el miedo que hay detr&aacute;s del perfeccionismo desadaptativo: si una persona lo es por el miedo o lo que pensar&aacute;n los otros, es importante trabajar esos pensamientos y creencias subyacentes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La regulaci&oacute;n emocional se convierte en una herramienta clave. Pero regular las emociones no significa reprimirlas, sino reconocerlas, comprenderlas y gestionarlas de forma saludable. Implica saber cu&aacute;ndo parar, identificar cu&aacute;ndo una emoci&oacute;n como la culpa por no rendir al nivel que creemos merecer, afecta nuestro bienestar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n podemos practicar t&eacute;cnicas de <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/respiracion-diafragmatica-mejorar-salud-animo-xp_1_13566683.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">respiraci&oacute;n y relajaci&oacute;n</a>, fortalecer la autoestima a trav&eacute;s de la aceptaci&oacute;n propia y la autocompasi&oacute;n, buscar el punto medio con el objetivo de dejar atr&aacute;s la rigidez o el pensamiento dicot&oacute;mico, trabajar la tolerancia a la frustraci&oacute;n y aceptar que el error es algo natural y que, muchas veces, forma parte del proceso&rdquo;, afirma Rodr&iacute;guez.
    </p><p class="article-text">
        Celebrar los logros, por peque&ntilde;os que sean, refuerza el bienestar y aumenta la autoestima. Permitirnos cometer errores nos ayuda a tolerar la imperfecci&oacute;n y es una se&ntilde;al de madurez emocional.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/problema-sentir-nunca-suficiente-coste-emocional-personalidad-perfeccionista-no-saludable-xp_1_13596518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Oct 2026 14:53:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6bcc6463-85f5-462d-a07e-f9518373a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1316y369.jpg" length="2487194" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6bcc6463-85f5-462d-a07e-f9518373a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1316y369.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2487194" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“El problema es sentir que nunca es suficiente”: el coste emocional de ser muy perfeccionista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6bcc6463-85f5-462d-a07e-f9518373a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1316y369.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Bienestar,Salud,Bienestar emocional,Inteligencia emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo": cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sabotea-voluntad-miedo-vencer-procrastinacion-filosofo-simon-may_1_13592559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c58e9789-ec8e-472d-a362-85118aa41dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x410y271.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo&quot;: cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de ‘El poder de lo cuqui’ publica ahora ‘¡Salta! Una nueva filosofía para vencer a la procrastinación’, donde defiende que no procrastinamos lo que nos da igual, sino lo que más nos importa, y propone varias vías, alejadas de la autoayuda, para dejar de hacerlo</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        El verdadero problema de la procrastinaci&oacute;n, sostiene el fil&oacute;sofo brit&aacute;nico Simon May, no es por qu&eacute; aplazamos la limpieza de nuestra casa o la declaraci&oacute;n de la renta, sino por qu&eacute; evitamos a la persona que nos gusta, aparcamos nuestra vocaci&oacute;n m&aacute;s profunda o posponemos un cambio de vida que nos resulta urgente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es el punto de partida de<em> </em><a href="http://www.alphadecay.org/libro/salta/?utm_source=nuevoslibros.com&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=semana-2026-40&amp;utm_content=salta-simon-may" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iexcl;Salta! Una nueva filosof&iacute;a para vencer a la procrastinaci&oacute;n </em></a>(Alpha Decay, con traducci&oacute;n de Albert Fuentes), un nuevo ensayo del autor del c&eacute;lebre <em>El poder de lo cuqui</em>, con el que pretende plantar cara a la mayor&iacute;a de los manuales de autoayuda que nos prometen ser m&aacute;s eficientes.
    </p><p class="article-text">
        Su tesis es que la procrastinaci&oacute;n no nace, como pensamos de manera intuitiva, de la pereza o de la falta de disciplina, sino de conflictos m&aacute;s profundos, como el miedo al fracaso, al &eacute;xito o a la propia vulnerabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para vencerla, May propone siete v&iacute;as que parten de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica, religiosa y literaria: desde adoptar un esp&iacute;ritu l&uacute;dico y asumir nuestra mortalidad hasta convertir el arrepentimiento y el aburrimiento en nuestros aliados. Como si fuera una especie de judo mental, el propio impulso de posponer, lejos de ser un simple obst&aacute;culo, puede ayudarnos a identificar nuestras verdaderas prioridades, seg&uacute;n el autor ingl&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">La importancia que pesa</h2><p class="article-text">
        May inicia su ensayo partiendo de lo que llama &ldquo;motivaci&oacute;n saboteada&rdquo;: quien procrastina no suele carecer de metas, sino que est&aacute; obsesionado con ellas. Y por eso las evita. &ldquo;Cuando no hacemos lo que m&aacute;s queremos, a menudo es por una raz&oacute;n: el peso insoportable que tiene para nosotros esa gran prioridad vital&rdquo;, explica. De su consecuci&oacute;n dependen, dice, &ldquo;el valor y el sentido de nuestra vida&rdquo;, nuestra felicidad, nuestra autoestima y la estima de los dem&aacute;s. &ldquo;De modo que la importancia misma de la prioridad se convierte en una raz&oacute;n para no ponernos con ella&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque claro, en realidad no la abandonamos, la posponemos. &ldquo;Es una forma de convencernos de que en realidad no la estamos dejando, porque seguro que acabaremos llegando a ella&rdquo;, afirma May.
    </p><p class="article-text">
        Ese peso adopta muchas formas. Puede ser la dedicaci&oacute;n que exige, o el posible fracaso y su posterior humillaci&oacute;n, a menudo agravados por el perfeccionismo. O, al contrario, tememos el &eacute;xito, porque entonces no quedar&aacute; nada por lo que luchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        May recuerda que, seg&uacute;n Freud, hay quien enferma precisamente cuando se cumple un deseo largamente acariciado. Es lo que el austriaco llamaba fracaso al triunfar. &ldquo;Muchas de las causas de la procrastinaci&oacute;n tienen su ra&iacute;z en el miedo. Porque nada sabotea m&aacute;s nuestra voluntad que el miedo&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando no hacemos lo que más queremos, a menudo es por una razón: el peso insoportable que tiene para nosotros esa gran prioridad vital</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El abogado artista, pero sin obra</h2><p class="article-text">
        Por las p&aacute;ginas del libro de May desfilan grandes procrastinadores que han acabado triunfando en la vida pero no en las cosas que hab&iacute;an querido. Por ejemplo, un abogado que pas&oacute; a&ntilde;os prepar&aacute;ndose para ser artista, montando un estudio impresionante, pero que nunca lleg&oacute; a crear nada. &ldquo;A eso lo llamo 'procrastinaci&oacute;n triunfante' porque tuvo una carrera fenomenalmente exitosa en el derecho, aunque para &eacute;l solo era una forma de aplazar su verdadera vocaci&oacute;n, que era convertirse en artista&rdquo;, recuerda May.
    </p><p class="article-text">
        Para colmo, aquel hombre segu&iacute;a las reglas de oro de la productividad que predican muchos libros de autoayuda: formular prioridades, dividirlas en pasos, ponerles plazo o alejar las distracciones. Con ellas triunf&oacute; como abogado y con ellas se &ldquo;hizo&rdquo; artista: &ldquo;Seg&uacute;n un calendario preciso, asisti&oacute; a una escuela de arte junto a estudiantes d&eacute;cadas m&aacute;s j&oacute;venes, alquil&oacute; y reform&oacute; el estudio perfecto y empez&oacute; a trabajar en su obra. Pero, despu&eacute;s de haber hecho todo el trabajo preparatorio a la perfecci&oacute;n, nunca termin&oacute; una sola pieza. En definitiva, la literatura de la productividad no le ayud&oacute;&rdquo;, afirma el autor. Tampoco ayudar&iacute;a, a&ntilde;ade, a quien huye de un gran amor para refugiarse en otro m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p><h2 class="article-text">Los dos cultos</h2><p class="article-text">
        May describe nuestra &eacute;poca como la edad de oro del procrastinador debido principalmente a la existencia de dos &ldquo;cultos&rdquo;: el del trabajo y el de la autonom&iacute;a. El primero, impulsado seg&uacute;n &eacute;l por la Reforma Protestante del siglo XVI, &ldquo;ha permitido enormes aumentos de libertad y oportunidades&rdquo;. Pero en muchos pa&iacute;ses occidentales &ldquo;ha convertido a millones de personas en m&aacute;quinas rob&oacute;ticas de productividad, esclavas de la deidad del rendimiento incesante&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La identidad de grandes capas de la poblaci&oacute;n depende de una corriente ininterrumpida de logros. Hasta <a href="https://www.eldiario.es/era/agendar-dia-mes-revisar-relacion-convirtiendo-amor-proyecto-empresarial_1_13328496.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el amor</a> o <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la crianza parecen ya un trabajo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el culto a la autonom&iacute;a tambi&eacute;n se vuelve en nuestra contra. &ldquo;Nos lleva a tener la impresi&oacute;n de que podemos ejercer un control casi total sobre nuestra vida&rdquo;, afirma el profesor. &ldquo;Pero cuando esas expectativas se frustran, nos sentimos desbordados e impotentes y enseguida nos culpamos de ser d&eacute;biles de voluntad&rdquo;. El resultado, resume, es &ldquo;desmoralizarnos y agravar la procrastinaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Hazlo como una evasi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Una de las propuestas m&aacute;s revolucionarias de May consiste en realizar el juego mental de replantear la prioridad principal como una actividad secundaria, de escape. Imaginemos que queremos escribir una novela. El truco para hacerlo ser&iacute;a plante&aacute;rnoslo como si hacerlo fuera procrastinar.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, parece un truco demasiado dif&iacute;cil de realizar. &ldquo;S&iacute;, es un truco complejo, &iexcl;pero desde luego es factible!&rdquo;, responde. &Eacute;l mismo confiesa que escribi&oacute; este libro usando esta t&eacute;cnica. &ldquo;Convencerme de que escribir es una evasi&oacute;n de lo que de verdad deber&iacute;a estar haciendo&rdquo;, confiesa. &ldquo;Una forma de diversi&oacute;n&rdquo;. Y cita al humorista Robert Benchley: &ldquo;Cualquiera puede hacer cualquier cantidad de trabajo siempre que no sea el trabajo que se supone que debe estar haciendo en ese momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algo que es exactamente lo contrario del consejo habitual en la literatura de autoayuda, que insiste en la importancia de poner prioridades. May recomienda concentrarse en el momento y no en el logro futuro: &ldquo;Hay que centrarse en el disfrute y no en las recompensas que una tarea pueda traer cuando est&eacute; terminada&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay que centrarse en el disfrute y no en las recompensas que una tarea pueda traer cuando esté terminada</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Reconocimiento y perfecci&oacute;n, sin obsesi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Otras dos de las estrategias que propone el autor son liberarse de la necesidad de reconocimiento y del perfeccionismo, lo que tambi&eacute;n parece complejo, porque parece que estamos programados para buscar ambos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        May corrige el planteamiento: &ldquo;No sugiero liberarnos de ellos, sino solo moderarlos&rdquo;. El reconocimiento es &ldquo;una necesidad humana absolutamente vital desde la infancia&rdquo;, reconoce. El problema llega cuando el af&aacute;n de aprobaci&oacute;n nos lleva a moldearnos a las preferencias ajenas y perder de vista qui&eacute;nes somos, como ya advirti&oacute; Jean-Jacques Rousseau. &ldquo;Adem&aacute;s esa es una recompensa fr&aacute;gil: puede no llegar, puede ser fruto de una mala interpretaci&oacute;n o desvanecerse enseguida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el perfeccionismo, nos pide tener cuidado: &ldquo;La perfecci&oacute;n, entendida como una meta predeterminada que no se puede mejorar, &iexcl;no existe! Buscarla es perseguir un espejismo y encerrarnos en una prisi&oacute;n de ideas fijas en la que ahogamos el experimento, la evoluci&oacute;n, la individualidad, la espontaneidad, lo irregular, lo l&uacute;dico y lo inesperado&rdquo;, sostiene.
    </p><h2 class="article-text">Juego, aburrimiento y atenci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu del juego es, dice May, otro ant&iacute;doto contra el bloqueo cuando la tarea se vuelve terriblemente opresiva y la mente se congela. No se refiere a hacer el tonto ni a renunciar a la disciplina, sino a una mentalidad exploratoria que afloje un poco, mediante un esfuerzo de imaginaci&oacute;n, la aburrida mentalidad de la lista de tareas.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;no es casi imposible aburrirse hoy en d&iacute;a sumidos como estamos en la guerra por nuestra atenci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hacemos, por ejemplo, con las redes sociales? &ldquo;Las redes pueden aplazar nuestro ajuste de cuentas con el aburrimiento, pero no pueden eliminar el aburrimiento con una prioridad que nos importa y en la que no logramos avanzar&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La atención es la clave para tener una relación genuina con la realidad, y esto es fundamental para superar el tedio adormecedor de este momento que subyace en el corazón de la procrastinación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si escuchamos con cuidado a nuestro aburrimiento, nos daremos cuenta de que nos est&aacute; susurrando preguntas sobre si nuestras prioridades son las adecuadas. Entonces puede convertirse en &ldquo;una poderosa fuente de nueva motivaci&oacute;n&rdquo;, explica May. &ldquo;&iexcl;El aburrimiento puede ense&ntilde;arnos mucho sobre nosotros mismos!&rdquo;, exclama. &ldquo;La procrastinaci&oacute;n que lo provoc&oacute; deja de ser una maldici&oacute;n y se convierte en nuestra mayor bendici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero de todas las armas para combatir la procrastinaci&oacute;n, May cree que la m&aacute;s potente es la atenci&oacute;n. &ldquo;Una concentraci&oacute;n inmersiva, paciente y abierta en lo que tenemos delante, sea un trabajo, un ser humano, un &aacute;rbol o un tema musical&rdquo;, se&ntilde;ala y pone de ejemplo que &ldquo;Plat&oacute;n, S&eacute;neca, los primeros budistas o pensadores del siglo XX como Simone Weil han se&ntilde;alado la importancia de cultivar la atenci&oacute;n. Es la clave para tener una relaci&oacute;n genuina con la realidad, y esto es fundamental para superar el tedio adormecedor de este momento que subyace en el coraz&oacute;n de la procrastinaci&oacute;n. Si tuviera que elegir una sola t&eacute;cnica para superar la procrastinaci&oacute;n, ser&iacute;a esta&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sabotea-voluntad-miedo-vencer-procrastinacion-filosofo-simon-may_1_13592559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 22:28:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c58e9789-ec8e-472d-a362-85118aa41dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x410y271.jpg" length="578938" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c58e9789-ec8e-472d-a362-85118aa41dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x410y271.jpg" type="image/jpeg" fileSize="578938" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo": cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c58e9789-ec8e-472d-a362-85118aa41dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x410y271.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Psicología,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/escena-pelicula-favorita-ayudarte-terapia_1_13585855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebc67129-0f91-49d7-aef0-e90038216620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x378y405.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicólogo Jesús Rivero, coautor del libro 'Psicosecuencias', enseña cómo descubrir los pliegues psicológicos del cine para poder utilizarlos en consulta
</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        Comprar una entrada de cine o encender la televisi&oacute;n despu&eacute;s de cenar y dejar el m&oacute;vil en modo avi&oacute;n puede ser un h&aacute;bito cotidiano de pura evasi&oacute;n. Apagar las luces, acallar las preocupaciones del d&iacute;a y dejar que las vivencias de un personaje centren nuestra atenci&oacute;n durante un par de horas. Sin embargo, hay quien en una secuencia cinematogr&aacute;fica de apenas tres minutos consigue todo lo contrario: no huir de los problemas, sino mirarlos de frente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas cosas pueden resultarnos terap&eacute;uticas en la vida cotidiana, pero eso no es un proceso de terapia. Por eso nosotros no prescribimos pel&iacute;culas; lo que hacemos es analizar peque&ntilde;os fragmentos que funcionan como un recurso cl&iacute;nico preciso dentro de un tratamiento individualizado&rdquo;, dice el psic&oacute;logo sanitario Jes&uacute;s Rivero, coautor junto al tambi&eacute;n psic&oacute;logo y guionista Fernando Samper del libro <em>Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia</em> (Ediciones Psara, 2026).
    </p><p class="article-text">
        El manual, gestado tras a&ntilde;os de experiencia en consulta y formaci&oacute;n docente de ambos profesionales de la plataforma <a href="https://yees.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">yees!</a>, recopila una selecci&oacute;n totalmente heterog&eacute;nea de cien escenas de pel&iacute;culas, series y cortometrajes, con sus respectivas fichas t&eacute;cnicas, orientadas a trabajar problemas tan frecuentes como fobias, depresiones o la baja autoestima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una secuencia concreta puede reflejar con exactitud el comportamiento que una persona tiene, el que teme tener o el que desea modificar&rdquo;, explica Rivero, especializado en el an&aacute;lisis de conducta y las terapias contextuales. &ldquo;Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la verg&uuml;enza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma din&aacute;mica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva: ya no es algo 'm&iacute;o' que me abruma, sino algo que observo desde fuera y que puedo analizar con distancia&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de aproximaci&oacute;n indirecta es especialmente &uacute;til con pacientes que se encuentran estancados o les cuesta poner en palabras vivencias traum&aacute;ticas. &ldquo;No es necesario conocer la pel&iacute;cula entera ni ser un apasionado del s&eacute;ptimo arte&rdquo;, defiende el psic&oacute;logo. &ldquo;La secuencia funciona por s&iacute; misma dentro de la sesi&oacute;n y lo que ocurre en esos tres minutos de metraje basta para detonar el objetivo terap&eacute;utico que estamos trabajando&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Los cien fragmentos del manual recorren la historia audiovisual en orden cronol&oacute;gica desde el Hollywood dorado con <em>Ciudadano Kane</em> (1941) de Orson Welles, a la televisi&oacute;n espa&ntilde;ola m&aacute;s contempor&aacute;nea con <em>F&iacute;sica o Qu&iacute;mica: las nuevas generaciones </em>(2025), que retoma el universo de la serie original emitida entre 2008 y 2011.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Organizarlo por temas habr&iacute;a significado restringir el propio recurso&rdquo;, argumenta Rivero sobre la estructura del libro. &ldquo;Una misma escena puede servir para objetivos cl&iacute;nicos muy diferentes en funci&oacute;n del paciente y el momento del proceso. Preferimos mantener una estructura cronol&oacute;gica y a&ntilde;adir al final un &iacute;ndice tem&aacute;tico orientativo, invitando a que cada terapeuta elabore su propio mapa&rdquo;, justifica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Preguntado sobre a qu&eacute; personaje de ficci&oacute;n le gustar&iacute;a recibir en su consulta de Gij&oacute;n, Rivero revela su cari&ntilde;o por Fox Mulder, el agente de la serie <em>Expediente X:</em> &ldquo;Con todo el trauma no resuelto en torno a la desaparici&oacute;n de su hermana, arrastra una carga enorme de sufrimiento que condiciona cada una de las decisiones de su vida&rdquo;. En el plano infantil, se decanta por un cl&aacute;sico de los ochenta: &ldquo;Bastian, de <em>La historia interminable,</em> es un ni&ntilde;o golpeado por el acoso escolar que busca refugio desesperado en la fantas&iacute;a de los libros. Trabajar con &eacute;l desde la psicolog&iacute;a infantil ser&iacute;a fascinante&rdquo;. &ldquo;Son personajes que a m&iacute; personalmente me gustan y que no me importar&iacute;a poder ayudarles, si ellos lo decidieran as&iacute;&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_50p_1153311.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_50p_1153311.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_75p_1153311.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_75p_1153311.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_default_1153311.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_default_1153311.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b837a1e8-f3f0-4364-a695-ff6203a56c0d_source-aspect-ratio_default_1153311.jpg"
                    alt="El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de &#039;Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia&#039; (Ediciones Psara, 2026)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de &#039;Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia&#039; (Ediciones Psara, 2026).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Annie Hall, Tibur&oacute;n, Los Simpson, El Resplandor, Buscando a Nemo, Cisne negro, La red social </em>o<em> Los Vengadores</em> conviven entre las p&aacute;ginas de este libro, concebido como un manual de recursos para psic&oacute;logos, que ha terminado desbordando las paredes de la consulta. &ldquo;Inicialmente, lo enfocamos para el trabajo en sesi&oacute;n, pero nos llega un gran <em>feedback</em> de personas ajenas a la psicolog&iacute;a a las que el libro les permite ver el cine de otra manera&rdquo;, afirma Rivero, que cree que cualquier lector curioso puede disfrutar descubriendo los pliegues psicol&oacute;gicos que esconden sus pel&iacute;culas favoritas, aunque insiste en que no se trata de una gu&iacute;a de autoayuda ni autoterapia para aplicarse uno mismo. &ldquo;Incluso desde el mundo del cine, directores, guionistas, incluso actrices y actores nos han dicho que les sirve tambi&eacute;n para poder ver la repercusi&oacute;n que puede tener aquello que est&aacute;n mostrando en pantalla, c&oacute;mo construir los guiones o c&oacute;mo dirigir&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este libro no le dice al profesional 'usa esta pel&iacute;cula para la ansiedad' o 'aplica esta otra para la depresi&oacute;n'. Nosotros facilitamos el an&aacute;lisis de la secuencia y el trabajo previo, pero el terapeuta tiene que moldear el recurso en funci&oacute;n de la persona que tiene delante. La psicolog&iacute;a rigurosa exige contextualizar siempre&rdquo;, advierte el especialista. &ldquo;No somos nada fans de las recetas en psicolog&iacute;a&rdquo;, asegura con rotundidad, ante la tendencia de las soluciones f&aacute;ciles y el consumo r&aacute;pido de autoayuda en cuanto a la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        Tras la gran acogida y el inter&eacute;s por <em>Psicosecuencias</em> desde m&aacute;s all&aacute; de la psicolog&iacute;a, Jes&uacute;s Rivero y Fernando Samper han empezado grabar un videopodcast divulgativo con el mismo nombre. &ldquo;En cada episodio analizaremos una secuencia acompa&ntilde;ados por invitados del &aacute;mbito de la cultura, el cine, el deporte o las artes esc&eacute;nicas. Queremos cruzar miradas: ver qu&eacute; descubre un psic&oacute;logo en una escena, pero tambi&eacute;n qu&eacute; aprecia en ella un actor o un deportista de &eacute;lite. En definitiva, invitar a la gente a mirar el cine con otros ojos&rdquo;, adelanta Rivero, que declara que no estar&aacute; enfocado &uacute;nicamente a especialistas, sino que ser&aacute; accesible para todos los p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender en detalle el m&eacute;todo planteado por <em>Psicosecuencias</em>, a modo de ejemplo, Rivero analiza para elDiario.es cinco escenas m&iacute;ticas, desde la conducta y la emocionalidad, lejos de juzgar su est&eacute;tica o de la pura cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica.
    </p><h2 class="article-text"><em>Casablanca</em> y el duelo bloqueado</h2><p class="article-text">
        En la escena final del aeropuerto, Rick Blaine renuncia a su deseo personal por un bien mayor. &ldquo;Con esa serenidad, Rick evita entrar en contacto con el miedo y la tristeza que le produce la despedida. Act&uacute;a seg&uacute;n las normas de su &eacute;poca, que ped&iacute;an a un hombre cumplir con su deber sin mostrar debilidad. As&iacute; protege su imagen, pero se queda sin llorar la p&eacute;rdida y el duelo se atasca&rdquo;, observa el psic&oacute;logo, que aunque cree injusto juzgar a Rick con los criterios actuales, ante esa imagen del hombre fuerte, &ldquo;decir que algo me est&aacute; doliendo permite que los dem&aacute;s sepan c&oacute;mo estamos y puedan acompa&ntilde;arnos&rdquo;, valora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d87b8b91-1505-4709-a7f7-72ab5e112c48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotograma de Casablanca."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotograma de Casablanca.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><em>Pulp Fiction</em> y la comunicaci&oacute;n informal&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En la primera escena de la pel&iacute;cula se muestra a Vincent y Jules charlando distendidamente en el coche sobre comida r&aacute;pida y si es aceptable echar mayonesa a las patatas, justo antes de una situaci&oacute;n de alto riesgo. &ldquo;Esa charla les ayuda a bajar la tensi&oacute;n y a llegar al momento dif&iacute;cil sinti&eacute;ndose parte de un equipo. Cuando el trabajo exige mucho, el apoyo de los compa&ntilde;eros amortigua el estr&eacute;s y, con el tiempo, ayuda a prevenir el agotamiento profesional&rdquo;, considera el especialista, dejando a un lado el trabajo que realizan ambos compa&ntilde;eros. &ldquo;Su humor les sirve para aguantar la presi&oacute;n y no indica que se tomen a la ligera lo que est&aacute; en juego&rdquo;, explica Rivero, que cree conveniente cuidar esos ratos en los equipos de trabajo, ya que &ldquo;despu&eacute;s de hablar del fin de semana a veces resulta m&aacute;s f&aacute;cil decir &lsquo;&uacute;ltimamente estoy bastante agobiado'&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/77605aba-97f3-46f4-830f-c72fa5136294_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotograma de &#039;Pulp Fiction&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotograma de &#039;Pulp Fiction&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><em>The Office</em> y las formas del acoso laboral</h2><p class="article-text">
        En el segundo episodio de la segunda temporada de la serie estadounidense, Michael Scott confiesa que asigna a sus empleados personajes de <em>Friends</em>. M&aacute;s tarde, insiste en que un v&iacute;deo obsceno de un mono no ofende a nadie y, por &uacute;ltimo, Todd Packer, un amigo suyo que viene de fuera, hace un comentario despectivo sobre la orientaci&oacute;n sexual de Jim, un empleado. &ldquo;Los personajes son tan exagerados que es f&aacute;cil pensar &lsquo;yo no soy as&iacute;&rsquo;, pero el episodio sirve para reconocer las versiones peque&ntilde;as de acoso laboral, como el mote que nadie eligi&oacute; o los comentarios sobre el aspecto de una compa&ntilde;era&rdquo;, detalla Rivero, que distingue tres formas distintas de acoso, de la menos a la m&aacute;s expl&iacute;cita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decir &lsquo;era una broma&rsquo; explica la intenci&oacute;n de quien habl&oacute;, pero deja sin atender c&oacute;mo lo vivi&oacute; quien la recibi&oacute;. Si la empresa tolera estas conductas, se repiten y van a m&aacute;s&rdquo;, declara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0157ad90-8987-4066-bae7-eae56374eee7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotograma de &#039;The Office&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotograma de &#039;The Office&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><em>Her</em> y la ansiedad tecnol&oacute;gica</h2><p class="article-text">
        Cuando Theodore intenta comunicarse con Samantha, su sistema operativo, pero no obtiene respuesta y recibe el mensaje de &ldquo;sistema operativo no encontrado&rdquo;, entra en p&aacute;nico, reinicia el dispositivo de forma compulsiva y corre desesperado. &ldquo;Theodore reacciona como alguien a quien le retiran de golpe aquello de lo que depende: se angustia, la busca con desesperaci&oacute;n y su cuerpo se altera por completo. Cuanto m&aacute;s ocupa un aparato el lugar de las personas, m&aacute;s indefenso queda uno cuando falla&rdquo;, aporta el psic&oacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Algo de lo que vive Theodore aparece cuando revisamos una y otra vez si alguien ha contestado un mensaje, o cuando sentimos que el d&iacute;a depende de recibir una respuesta. El riesgo crece cuando casi todo el bienestar pasa por un solo contacto y la tecnolog&iacute;a ocupa el sitio de las personas cercanas. Tener otras relaciones y actividades propias da m&aacute;s sitios donde apoyarse cuando uno falla&rdquo;, compara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ece3a433-b40f-4944-a353-bc432c8a977a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotograma de &#039;Her&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotograma de &#039;Her&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><em>Call me by your name</em> y la validaci&oacute;n emocional</h2><p class="article-text">
        El potent&iacute;simo mon&oacute;logo de Mr. Perlman, el padre de Elio, cuando al final de la pel&iacute;cula, le habla a su hijo de la naturaleza del dolor, para acompa&ntilde;arlo y ayudarlo a comprender su tristeza. &ldquo;El padre no intenta arreglar la situaci&oacute;n ni le pide que pase p&aacute;gina. Le dice que esa tristeza refleja la alegr&iacute;a y la conexi&oacute;n que ha vivido, y le pide que no se cierre para dejar de sufrir. As&iacute; le transmite que su dolor tiene sentido y que puede sentirlo&rdquo;, examina Rivero, que anima a ayudar a los dem&aacute;s de la misma manera, sin quitar importancia a lo que sienten &ldquo;o, simplemente, qued&aacute;ndonos a su lado en silencio&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El experto tambi&eacute;n advierte de que es posible sentir envidia o pena al ver la escena si nunca se cont&oacute; con una figura as&iacute;. &ldquo;Conviene tomarla como ejemplo de lo que ayuda y no como la medida de lo que debi&oacute; ser su pasado&rdquo;, concluye. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4d131896-7235-4344-899a-608ae4beb4ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotograma de &#039;Call me by your name&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotograma de &#039;Call me by your name&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/escena-pelicula-favorita-ayudarte-terapia_1_13585855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 20:03:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ebc67129-0f91-49d7-aef0-e90038216620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x378y405.jpg" length="130836" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ebc67129-0f91-49d7-aef0-e90038216620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x378y405.jpg" type="image/jpeg" fileSize="130836" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ebc67129-0f91-49d7-aef0-e90038216620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x378y405.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Salud mental,Cine,Terapia,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: "La gente dio por hecho que reharía mi vida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/duelos-margen-no-valida-dolor-muerte-amiga-companero-animal_1_13581987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6246bd07-9aec-409b-820d-b4dd286f89be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1265y258.jpg" width="1200" height="675" alt="El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: &quot;La gente dio por hecho que reharía mi vida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La importancia de una pérdida no siempre se corresponde con el lugar que ocupa socialmente la persona fallecida: amigos, compañeros de trabajo, familiares y parejas jóvenes también atraviesan duelos que pueden quedar sin reconocimiento</p><p class="subtitle">Cuando la burocracia después de una muerte no te deja vivir tu duelo en paz</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os falleci&oacute; uno de los mejores amigos de mi padre, de esos a los que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/tia-favorita-figura-importante-ninos-adolescentes_1_12950375.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llamas t&iacute;o</a>. Cuando muri&oacute;, sent&iacute; que el dolor que sufr&iacute;a no me correspond&iacute;a, que mi padre ten&iacute;a reservados todos los derechos sobre su duelo. Solo mis padres me preguntaron qu&eacute; tal estaba y me acompa&ntilde;aron en la p&eacute;rdida, desde fuera creo que me daba hasta verg&uuml;enza decir que estaba mal porque hab&iacute;a muerto un amigo de mi padre&rdquo;. Camila, que ahora tiene 30 a&ntilde;os, recuerda con pena haber sentido que no ten&iacute;a &ldquo;derecho a estar triste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elena ten&iacute;a 18 a&ntilde;os cuando muri&oacute; Carlos, su primer amor, con quien hab&iacute;a mantenido una relaci&oacute;n durante tres a&ntilde;os. Aunque siempre ha sentido el apoyo de su familia, cree que su entorno no lleg&oacute; a comprender la dimensi&oacute;n de su p&eacute;rdida, en parte por la juventud de ambos. &ldquo;Se me invalid&oacute; much&iacute;simo por el hecho de ser una chica tan joven que acababa de perder a su novio. La gente dio por hecho que iba a rehacer mi vida&rdquo;, recuerda. Considera que por tratarse de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/adolescencia-sexualidad-dejo-hijo-traiga-pareja-dormir-casa_1_12919390.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una relaci&oacute;n adolescente</a> se dio por hecho que el duelo ser&iacute;a m&aacute;s breve y menos intenso, algo que no se correspond&iacute;a con lo que estaba viviendo. &ldquo;Yo siempre lo he dicho: Carlos es la primera persona de la que me enamor&eacute; y siempre va a ser mi primer amor. La relaci&oacute;n dur&oacute; tres a&ntilde;os y los sentimientos fueron muy intensos&rdquo;, explica. A d&iacute;a de hoy, todav&iacute;a lamenta que ser tan joven hiciera que su duelo se tomara menos en serio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las p&eacute;rdidas de Camila y Elena son distintas, ambas reflejan c&oacute;mo el reconocimiento social del duelo no siempre se corresponde con la importancia del v&iacute;nculo que se ha perdido. En el caso de Camila, hizo que sintiera que su dolor no le correspond&iacute;a; en el de Elena, aunque la muerte de una pareja suele estar socialmente reconocida, su juventud y el car&aacute;cter adolescente de la relaci&oacute;n restaron importancia a su p&eacute;rdida. Existe, as&iacute;, una especie de jerarqu&iacute;a social en torno a la muerte: mientras que la p&eacute;rdida de un progenitor o de una pareja consolidada tiene un lugar claramente reconocido &mdash;tambi&eacute;n en nuestro vocabulario, con palabras como &ldquo;hu&eacute;rfana&rdquo; o &ldquo;viudo&rdquo;&mdash;, hay otros v&iacute;nculos y circunstancias que ni siquiera se nombran.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se me invalidó muchísimo por el hecho de ser una chica tan joven que acababa de perder a su novio. La gente dio por hecho que iba a rehacer mi vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Noelia G&oacute;mez L&oacute;pez, psic&oacute;loga especializada en trauma y apego en la <a href="https://napsicologiaintegradora.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cl&iacute;nica NA Psicolog&iacute;a Integradora</a> habla de la existencia de un &ldquo;term&oacute;metro que mide de alguna manera el dolor o importancia seg&uacute;n la relaci&oacute;n que tenemos con la persona fallecida&rdquo;. Esto hace que la p&eacute;rdida de un hijo la percibamos como devastadora para sus padres &mdash;de hecho, ocupa un espacio en nuestra literatura con obras como <em>Hamnet</em>&mdash;. Sin embargo, &ldquo;la p&eacute;rdida de un t&iacute;o, un hermano o un amigo no suele tener tanto espacio ni reconocimiento emocional en nuestra sociedad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay que cuantificar el dolor por el lugar que ubica en un &aacute;rbol geneal&oacute;gico la persona que hemos perdido, sino por el lugar que alguien ocupa en nuestra vida&rdquo;, explica Mar Arg&uuml;ello Arbe, psic&oacute;loga en <a href="https://www.psicologiamadrid.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Madrid Cepsim,</a> quien recuerda que &ldquo;perdemos a la persona, pero tambi&eacute;n al mundo que exist&iacute;a con ella&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta jerarqu&iacute;a no solo afecta a los v&iacute;nculos familiares. Tambi&eacute;n puede hacer invisible el duelo por alguien que, sobre el papel, es simplemente un compa&ntilde;ero de trabajo. Isabel, de 35 a&ntilde;os, perdi&oacute; a un compa&ntilde;ero este verano. Y aunque admite que &ldquo;en el tanatorio no era capaz de reconocer a todos los miembros de su familia&rdquo;, se sent&iacute;a parte de su vida y de su d&iacute;a a d&iacute;a. &ldquo;Al final es alguien con quien compartes muchos momentos y muchas horas al d&iacute;a, compartes frustraciones y estr&eacute;s, pero tambi&eacute;n logros. La cotidianidad une mucho, y no siempre hay mucha comprensi&oacute;n cuando expresas el dolor de esa p&eacute;rdida&rdquo;, explica. De hecho, sinti&oacute; &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo; y reparo al confesar a su c&iacute;rculo que estaba pasando por &ldquo;una mala &eacute;poca&rdquo;. Le daba miedo que dijeran que era solo &ldquo;un compa&ntilde;ero de trabajo&rdquo;, &ldquo;como si no conociera qu&eacute; es lo que desayunaba todos los d&iacute;as y cu&aacute;ndo ten&iacute;an m&eacute;dico sus hijos&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las psic&oacute;logas hablan de &ldquo;duelos desautorizados o no reconocidos&rdquo; para aquellos procesos de duelo que invalida la sociedad. <a href="https://noeliaramos.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Noelia Ramos,</a> terapeuta especialista en procesos de duelo y muerte, incluye los duelos por personas que no tienen primer grado de consanguinidad, que no son padres ni hijos, &ldquo;pero que pueden afectarnos igualmente&rdquo;: un t&iacute;o o t&iacute;a, un hermano/a, sobrino, una amistad o incluso p&eacute;rdidas perinatales. Esto puede hacer que &ldquo;las personas dolientes sientan todas las emociones propias de un duelo, pero callan, no se autorizan a ellas mismas&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay que cuantificar el dolor por el lugar que ubica en un árbol genealógico la persona que hemos perdido, sino por el lugar que alguien ocupa en nuestra vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mar Argüello Arbe</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando la sociedad ignora la p&eacute;rdida</h2><p class="article-text">
        Cuando se vive una p&eacute;rdida que sale de los l&iacute;mites de la orfandad o la viudedad, &ldquo;la respuesta social m&aacute;s com&uacute;n es ofrecer menos espacio y apoyo emocional&rdquo;, explica la especialista en trauma G&oacute;mez L&oacute;pez. &ldquo;Damos por sentado que el duelo de esa persona deber&iacute;a ser m&aacute;s &lsquo;f&aacute;cil&rsquo; porque lo medimos con ese &lsquo;term&oacute;metro&rsquo;, sin entender qu&eacute; significaba realmente el fallecido para la persona y qu&eacute; papel ten&iacute;a en su vida&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad tiene un papel clave a la hora de dar &ldquo;m&aacute;s o menos legitimidad en la forma de pensar y sentir una p&eacute;rdida&rdquo;. Como sostiene Arg&uuml;ello Arbe, cuando se experimenta &ldquo;esa sensaci&oacute;n de desautorizaci&oacute;n&rdquo; el dolor se ti&ntilde;e de culpa, de verg&uuml;enza. Esto hace que las personas afectadas no sientan que tienen &ldquo;el permiso&rdquo; para sentirse as&iacute;, llorar o despedirse de la forma que necesitan. G&oacute;mez L&oacute;pez a&ntilde;ade que ante la falta de validaci&oacute;n, &ldquo;la persona acaba sintiendo que &lsquo;no es para tanto&rdquo;, haciendo que se cuestione sus propias emociones &ldquo;al no entender por qu&eacute; le afecta tanto una p&eacute;rdida que socialmente se minimiza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si una persona experimenta una p&eacute;rdida real y devastadora pero su entorno social, familiar o cultural no valida ni legitima ese dolor es cuando, seg&uacute;n Arg&uuml;ello Arbe, &ldquo;se genera una brecha entre la realidad interna del doliente y la mirada de afuera&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Isabel, de 35 años, perdió este verano a un compañero de trabajo: &#039;La cotidianidad une mucho, y no siempre hay mucha comprensión cuando expresas el dolor de esa pérdida&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El duelo no entiende de especies, solo de ausencias</h2><p class="article-text">
        Para Javier, la infancia y la adolescencia estuvieron marcadas por un severo acoso. En esos a&ntilde;os, su perro Eric, un cruce de galgo y labrador, se convirti&oacute; en su principal refugio: era quien lo recib&iacute;a con alegr&iacute;a cuando regresaba a casa llorando tras sufrir <em>bullying</em>. Cuando Javier ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, Eric falleci&oacute; repentinamente, una experiencia que describe como si le &ldquo;arrebataran una parte del alma&rdquo;. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, su perrita Chloe, una labradora negra, se convirti&oacute; en su sost&eacute;n durante una profunda depresi&oacute;n en la que Javier lleg&oacute; a contemplar quitarse la vida. Tras la p&eacute;rdida de estos compa&ntilde;eros y la de su posterior perro Sauron, Javier se enfrent&oacute; a la incomprensi&oacute;n de un entorno social y laboral que suele minimizar este tipo de muertes con comentarios como &ldquo;era solo un perro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando hablamos de v&iacute;nculos, lo esencial tiene que ver con la estabilidad, seguridad y afecto. Y estos elementos pueden existir perfectamente en la relaci&oacute;n que establecemos con los animales con los que convivimos&rdquo;. As&iacute; explica Andrea Vila Almui&ntilde;a, psic&oacute;loga especializada en duelo, trauma y violencia de g&eacute;nero, c&oacute;mo por el estilo de vida que llevamos habitualmente, es com&uacute;n que &ldquo;ellos sean con quienes pasamos la mayor parte del tiempo y, por tanto, con quienes tengamos m&aacute;s recuerdos, m&aacute;s rutinas establecidas, mayor entendimiento&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Arg&uuml;ello Arbe a&ntilde;ade c&oacute;mo estos animales &ldquo;representan lo que entendemos por el amor incondicional, y ese amor estructura nuestras rutinas, los silencios y nuestra ternura m&aacute;s primitiva&rdquo;. Para ella, &ldquo;su muerte puede romper el hogar por dentro&rdquo;, y apunta: &ldquo;Bajo mi punto de vista, el dolor no entiende de especies, solo de ausencias&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El dolor frente a la l&oacute;gica de la productividad</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Toda acci&oacute;n que implique supeditar la productividad a la salud, sea emocional o f&iacute;sica, es de vital importancia&rdquo;. Para Andrea Vila Almui&ntilde;a, los <a href="https://www.eldiario.es/era/disparidad-permisos-trabajo-fallecimiento-enfermedad-boda_1_11248111.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">permisos laborales</a> o la flexibilidad que te den en tu lugar de trabajo para que puedas procesar a nivel emocional una p&eacute;rdida son muy importantes, &ldquo;no solo por el espacio de sanaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n que brindan, sino tambi&eacute;n por el elemento de validaci&oacute;n que suponen&rdquo;. Deja claro que &ldquo;nuestro cerebro no rinde de la misma manera cuando necesita invertir recursos y energ&iacute;a en atravesar un proceso de p&eacute;rdida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, sin embargo, no todas las p&eacute;rdidas reciben el <a href="https://www.eldiario.es/era/duelo-tiempo-superar-muerte-ser-querido_1_10695737.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mismo reconocimiento</a> laboral. El <a href="https://www.boe.es/buscar/pdf/2015/BOE-A-2015-11430-consolidado.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estatuto de los Trabajadores</a> establece dos d&iacute;as de permiso retribuido por el fallecimiento &ldquo;del c&oacute;nyuge, pareja de hecho o de un familiar hasta segundo grado de consanguinidad o afinidad&rdquo;, que se ampl&iacute;an a cuatro cuando es necesario desplazarse [la <a href="https://www.eldiario.es/economia/yolanda-diaz-anuncia-ampliacion-permiso-fallecimiento-10-dias-nuevo-cuidados-paliativos_1_12669210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ampliaci&oacute;n del permiso a 10 d&iacute;as</a> que avanzaba el Ministerio de Trabajo ha quedado de momento congelada y con futuro incierto ante la reciente disoluci&oacute;n de las Cortes por el adelanto electoral]. La norma contempla as&iacute; la muerte de padres, hijos, abuelos, nietos o hermanos, entre otros familiares, pero no la de una amiga, un amigo, un t&iacute;o o una t&iacute;a, un compa&ntilde;ero de trabajo o un animal de compa&ntilde;&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras la p&eacute;rdida de sus perros, Javier ha vivido en primera persona<strong> </strong>la incomprensi&oacute;n laboral. Cuenta a elDiario.es que tras el fallecimiento de uno de sus compa&ntilde;eros de vida consigui&oacute; &uacute;nicamente un d&iacute;a de asuntos propios y dos de sus propias vacaciones para transitar el duelo. Despu&eacute;s, se vio obligado a continuar con su rutina habitual y a esconderse en el ba&ntilde;o para poder llorar ante la falta de empat&iacute;a de sus compa&ntilde;eros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes atraviesan p&eacute;rdidas que quedan en los m&aacute;rgenes de lo contemplado por la ley pueden verse obligados a recurrir a una baja por incapacidad temporal. Pero Noelia Ramos recuerda que &ldquo;el duelo no es una enfermedad, es un proceso muy doloroso, un proceso natural que todos vivimos&rdquo;. El problema llega cuando &ldquo;el tiempo que se nos concede para no tener que ir a trabajar es muy inferior en comparaci&oacute;n con todas las emociones y vivencias que atravesamos&rdquo;. A este proceso de duelo en muchas ocasiones se a&ntilde;aden adem&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/era/burocracia-despues-muerte-no-deja-vivir-duelo-paz_1_12958951.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los tr&aacute;mites y procesos administrativos</a> que se requieren tras un fallecimiento. Un tiempo a&ntilde;adido que dif&iacute;cilmente cabe en los dos o cuatro d&iacute;as de permiso que se contemplan.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El duelo no es una enfermedad, es un proceso muy doloroso, un proceso natural que todos vivimos (...) El tiempo que se nos concede para no tener que ir a trabajar es muy inferior en comparación con todas las emociones y vivencias que atravesamos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Noelia Ramos</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En esta misma l&iacute;nea, Mar Arg&uuml;ello Arbe invita a &ldquo;cuestionarnos la exigencia de que todo tenga un tiempo, un protocolo, una concreci&oacute;n&rdquo;, porque &ldquo;el dolor tiene su propia l&oacute;gica, que no es la l&oacute;gica de la productividad&rdquo;. El proceso de duelo entra en conflicto con una sociedad que nos pide seguir produciendo incluso cuando nuestra vida se ha detenido por dentro. Por ello, define &ldquo;un permiso laboral digno&rdquo; no como &ldquo;solo un descanso legal&rdquo;, sino como &ldquo;el reconocimiento social para que cada persona transite su p&eacute;rdida&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Dar espacio, comprensi&oacute;n y naturalidad al duelo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Somos una sociedad que vive totalmente de espaldas a la muerte&rdquo;, sentencia Ramos. La psic&oacute;loga aboga por integrar esta realidad dentro de nuestras vidas, para poder as&iacute; &ldquo;acompa&ntilde;ar en las p&eacute;rdidas de una manera tranquila, calmada, serena&rdquo;. No hablar de la muerte hace que se genere, tab&uacute;, miedo e incomprensi&oacute;n, que puede traducirse en &ldquo;invalidaci&oacute;n de estos sentimientos&rdquo; &mdash;tanto a nivel social como legislativo&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Vila Almui&ntilde;a encuentra fundamental &ldquo;cambiar todo lo que tiene que ver con reconocer y respetar el dolor de la persona afectada&rdquo;. Muchas personas que pasan por un duelo menos comentado o &ldquo;aceptado socialmente&rdquo; se sienten incomprendidas, solas y juzgadas, y son estas emociones &ldquo;las que entorpecen el proceso natural y dificultan que la persona lo viva de una manera saludable&rdquo;. El camino a seguir pasa por &ldquo;dar cabida a estas otras realidades&rdquo;, &ldquo;ya sea mostr&aacute;ndonos disponibles emocionalmente para la otra persona (escuchar, acompa&ntilde;ar, interesarse&hellip;) o creando espacios que validen y reconozcan esas p&eacute;rdidas (medidas o permisos laborales o estudiantiles, adaptaciones a nivel escolar&hellip;)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque reconocer un duelo no significa determinar cu&aacute;nto debe durar ni establecer qu&eacute; p&eacute;rdida merece m&aacute;s dolor que otra. Significa, sencillamente, reconocer que alguien ha perdido a una persona o a un animal importante en su vida y que necesita tiempo y espacio para asimilarlo. Tambi&eacute;n cuando esa p&eacute;rdida no tiene un nombre para la sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anabel Cuevas Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/duelos-margen-no-valida-dolor-muerte-amiga-companero-animal_1_13581987.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 20:57:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6246bd07-9aec-409b-820d-b4dd286f89be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1265y258.jpg" length="213360" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6246bd07-9aec-409b-820d-b4dd286f89be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1265y258.jpg" type="image/jpeg" fileSize="213360" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: "La gente dio por hecho que reharía mi vida"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6246bd07-9aec-409b-820d-b4dd286f89be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1265y258.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Duelo,Salud mental,Psicología,Animales domésticos,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad": una psicóloga explica cómo abordar una ruptura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/convertirse-reorganizacion-identidad-psicologa-explica-abordar-ruptura-xp_1_13582442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85ba9dce-7987-4294-bdef-cc78cf5b757a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x658y514.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad&quot;: una psicóloga explica cómo abordar una ruptura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de una separación, algunas personas no solo sienten que han perdido a su pareja, sino también toda la red de apoyos y rutinas que formaba parte de su vida en común</p><p class="subtitle">Cómo volver al sexo, al amor y a las citas después de mucho tiempo en una relación</p></div><p class="article-text">
        Todas las rupturas duelen. Es imposible estar preparado para superar una, m&aacute;s a&uacute;n si se trata de una relaci&oacute;n de muchos a&ntilde;os. Cuando hemos estado con alguien durante gran parte de nuestra vida, puede ser dif&iacute;cil imaginar nuestro d&iacute;a a d&iacute;a sin esa persona, por no hablar de los cambios en la din&aacute;mica de las amistades o el apoyo de las familias. La vida entera da un vuelco. Explorar la vida de nuevo solos, por separado, puede ser aterrador al principio, por lo que es clave aprender a hacerlo de la manera m&aacute;s saludable para todos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando termina una relaci&oacute;n de muchos a&ntilde;os no hacemos un &uacute;nico duelo, sino varios al mismo tiempo: hacemos duelo por la persona, por la vida que ten&iacute;amos con ella, por las rutinas, por los proyectos compartidos, por determinados v&iacute;nculos y, sobre todo, por la versi&oacute;n de nosotros mismos que exist&iacute;a dentro de esa relaci&oacute;n&rdquo;, afirma Sara Navarrete, psic&oacute;loga y directora del <a href="https://snpsicologovalencia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro de Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica</a> de Val&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Navarrete a&ntilde;ade que los a&ntilde;os de convivencia han significado la construcci&oacute;n de una red conjunta muy poderosa. &ldquo;Se construye inevitablemente un &lsquo;nosotros&rsquo;; hay decisiones, costumbres, espacios e incluso una manera de imaginar el futuro que se hace en plural&rdquo;. Muchas veces, en la construcci&oacute;n de este &lsquo;nosotros&rsquo;, ha quedado en un segundo plano el &lsquo;yo&rsquo;, &ldquo;por eso, despu&eacute;s de una separaci&oacute;n, algunas personas no solo sienten que han perdido a su pareja, sino algo mucho m&aacute;s profundo, &lsquo;ya no saben qui&eacute;n son sin esta persona&rsquo;&rdquo;, explica la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        La persona con la que hasta ahora compart&iacute;amos la vida no desaparece, sigue estando ah&iacute;, &ldquo;pero deja de ocupar el lugar que ten&iacute;a, lo que puede generar mucha ambivalencia y hacer que el proceso sea emocionalmente complejo&rdquo;, advierte Navarrete. Los sentimientos, adem&aacute;s, pueden ser contrapuestos: &ldquo;Podemos echar de menos a alguien y, al mismo tiempo, saber que no queremos volver. Extra&ntilde;ar no siempre significa haberse equivocado al separarse&rdquo;, afirma la experta.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Contacto cero o mantener cierta relaci&oacute;n para amortiguar el golpe?</h2><p class="article-text">
        Tras una separaci&oacute;n, es posible que algunas personas se pregunten si deben intentar seguir siendo amigos o si es mejor dar por terminada la relaci&oacute;n de forma definitiva. Si bien es posible que una relaci&oacute;n evolucione hacia una amistad, saber si esto es lo m&aacute;s adecuado requiere cierta reflexi&oacute;n. &ldquo;Hay una pregunta m&aacute;s &uacute;til que deber&iacute;amos hacernos: &iquest;el contacto nos ayuda a aceptar la separaci&oacute;n o, por el contrario, nos lleva a seguir neg&aacute;ndola?&rdquo;, dice Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Si el contacto causa m&aacute;s da&ntilde;o que beneficio, conviene terminar la relaci&oacute;n definitivamente porque es &ldquo;como intentar cerrar una herida mientras la estamos abriendo continuamente&rdquo;, afirma Navarrete. Si mantener el contacto significa mantener una esperanza que no lleva a ning&uacute;n lugar, lo m&aacute;s probable es que necesitemos tomar distancia e interpretarla como una &ldquo;herramienta de protecci&oacute;n emocional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre si hay ni&ntilde;os, propiedades u otras cuestiones comunes? En estos casos, el contacto cero es pr&aacute;cticamente imposible, por lo que el objetivo ser&iacute;a mantener lo que Navarrete denomina &ldquo;contacto funcional, es decir, comunicarnos sobre aquello que necesitamos resolver, de manera clara y respetuosa, pero sin usar esas cuestiones como excusa para mantener la intimidad emocional de la pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es importante entender que &ldquo;no podemos pedir a la misma persona de la que nos estamos separando que siga regulando el dolor que nos produce separarnos de ella, aunque el impulso de buscarla cuando estamos mal sea completamente comprensible. Parte del proceso consiste en aprender a regularnos fuera de ese v&iacute;nculo y encontrar otras fuentes de apoyo&rdquo;, explica Navarrete.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo gestionar la p&eacute;rdida y el distanciamiento de los v&iacute;nculos comunes</h2><p class="article-text">
        La familia pol&iacute;tica y los amigos comunes forman parte de nuestra red de apoyo. Al separarnos, esta red tambi&eacute;n sufre y se ve alterada. No se habla mucho de esta p&eacute;rdida, pese a que &ldquo;cuando termina una relaci&oacute;n larga no solo perdemos una pareja: perdemos todo un ecosistema afectivo&rdquo;, afirma Navarrete. No es f&aacute;cil decir adi&oacute;s a una persona, menos a&uacute;n hacerlo de familiares, amigos, vacaciones compartidas, personas que llevan a&ntilde;os con nosotros y que, &ldquo;de repente, no sabemos qu&eacute; lugar van a ocupar. Y eso tambi&eacute;n se llora&rdquo;, explica la experta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termina una relaci&oacute;n no tiene por qu&eacute; acabar todo lo dem&aacute;s de forma instant&aacute;nea; tampoco debemos intentar conservarlos pese a todo. &ldquo;Cada v&iacute;nculo puede recolocarse de una forma distinta&rdquo;, afirma la experta. Algunos se mantendr&aacute;n inalterables, otros se distanciar&aacute;n sin que ello suponga ni una traici&oacute;n ni nada parecido. Todo se acaba recolocando, algunas relaciones continuar&aacute;n y otras terminar&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede ser un buen momento para &ldquo;empezar a construir la red que necesitamos para nuestra nueva etapa: recuperar amistades, fortalecer relaciones propias, conocer gente nueva y volver a ocupar espacios que sean nuestros. La ruptura puede ense&ntilde;arnos que nuestra vida afectiva necesita m&aacute;s de un pilar&rdquo;, explica Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Superar una ruptura no consiste solo en aprender a vivir sin el otro. &ldquo;Tambi&eacute;n consiste en aprender qui&eacute;n eres t&uacute; ahora. Tras 20 o 30 a&ntilde;os no se trata de recuperar a la persona que eras antes de conocer a tu pareja, porque probablemente esa persona ya no exista: se trata de construir una identidad actualizada: qu&eacute; me gusta hoy, qu&eacute; necesito, qu&eacute; quiero conservar de mi vida anterior y qu&eacute; quiero hacer de otra manera&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ni pasar p&aacute;gina sin m&aacute;s ni &lsquo;mi vida se ha acabado&rsquo;</h2><p class="article-text">
        El fin de una relaci&oacute;n consolidada de varios a&ntilde;os no debe minimizarse. &ldquo;No estamos pasando p&aacute;gina: en muchas ocasiones estamos terminando un cap&iacute;tulo enorme de nuestra biograf&iacute;a. Y necesitamos tiempo para integrar lo vivido&rdquo;, advierte Navarrete. Tampoco se acaba todo, aunque al principio pueda parecerlo y ni siquiera pensemos que podemos seguir adelante. Ha terminado una parte importante de nuestra vida, pero no &ldquo;nuestra capacidad de construir una vida significativa&rdquo;, dice la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Si la ruptura nos encuentra en una etapa madura de nuestra vida, puede parecer que &ldquo;&rsquo;ya es demasiado tarde&rsquo;&rdquo; para empezar de nuevo, para viajar, conocer gente&hellip; y este pensamiento &ldquo;puede ser m&aacute;s limitante que la propia edad&rdquo;, matiza Navarrete. La clave estar&iacute;a, seg&uacute;n la experta, en trabajar en dos direcciones: &ldquo;Permitirnos estar tristes, echar de menos, sentir rabia, miedo o incertidumbre sin exigirnos estar bien inmediatamente; y empezar cuanto antes a introducir peque&ntilde;os elementos de construcci&oacute;n de futuro, como recuperar una actividad abandonada, organizar un viaje, volver a llamar a alguien o cambiar una rutina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de entender que &ldquo;una ruptura en la madurez no tiene por qu&eacute; ser solo la p&eacute;rdida de la vida que conoc&iacute;amos; puede convertirse tambi&eacute;n en una reorganizaci&oacute;n profunda de nuestra identidad&rdquo;, afirma Navarrete.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>



    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/convertirse-reorganizacion-identidad-psicologa-explica-abordar-ruptura-xp_1_13582442.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 14:35:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/85ba9dce-7987-4294-bdef-cc78cf5b757a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x658y514.jpg" length="1422480" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/85ba9dce-7987-4294-bdef-cc78cf5b757a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x658y514.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1422480" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad": una psicóloga explica cómo abordar una ruptura]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/85ba9dce-7987-4294-bdef-cc78cf5b757a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x658y514.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Bienestar emocional,Psicología,Salud,familias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La gente ya no se pasa de forma espontánea": por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gente-no-pasa-forma-espontanea-perdiendo-costumbre-invitar-amigos-casa_1_13575957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/336ff780-de91-4b92-b12b-8a6c006b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x640y157.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;La gente ya no se pasa de forma espontánea&quot;: por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes era bastante habitual pasarse por casa de los vecinos a tomar un café o invitar a los amigos a cenar. Pero ya no tanto. ¿Qué hay detrás de este cambio? ¿Y hasta qué punto es perjudicial?</p><p class="subtitle">¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad</p></div><p class="article-text">
        Antes era bastante habitual pasarse por casa de los vecinos a tomar un caf&eacute; o invitar a los amigos a cenar. Pero ya no es as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; hay detr&aacute;s de este cambio? &iquest;Y hasta qu&eacute; punto es perjudicial?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me<strong> </strong>encantaba recibir invitados en casa hace a&ntilde;os, antes de tener hijos, cuando mi casa no estaba llena de juguetes y ten&iacute;a mucho tiempo para planificarlo todo y hacer la compra&rdquo;, dice Rehanna, de 41 a&ntilde;os, de Birmingham. Ahora, si quiere ponerse al d&iacute;a con sus amigos, prefiere salir. &ldquo;No puedo recibir invitados y cocinar al mismo tiempo, as&iacute; que, si tengo gente en casa, suelo poner un picoteo fr&iacute;o que he preparado con antelaci&oacute;n. Hay tantos restaurantes realmente buenos donde vivo que prefiero salir y probar algo nuevo antes que preparar uno de mis platos cl&aacute;sicos en casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Personalmente, nunca dir&iacute;a que no a un picoteo fr&iacute;o, pero la historia de Rehanna no es nada inusual. En Estados Unidos, el n&uacute;mero de personas que reciben habitualmente a amigos o familiares descendi&oacute; del 42 % en 1975 al 12 % en 2026 &mdash;<a href="https://www.derekthompson.org/p/the-death-of-the-american-host?utm_source=post-email-title&amp;publication_id=2880588&amp;post_id=217589543&amp;utm_campaign=email-post-title&amp;isFreemail=true&amp;r=7h875&amp;triedRedirect=true&amp;utm_medium=email" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una ca&iacute;da del 70 % en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os</a>&mdash;. En el Reino Unido, las cifras no son mucho mejores: el a&ntilde;o pasado, una encuesta realizada a 2.000 adultos revel&oacute; que m&aacute;s de <a href="https://www.mirror.co.uk/lifestyle/four-10-brits-admit-avoid-35828851" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuatro de cada diez</a> brit&aacute;nicos evitan recibir invitados en casa debido a la limpieza que ello conlleva.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque la chef Nigella Lawson ha vuelto a las pantallas de televisi&oacute;n para demostrar su destreza culinaria en <em>The Great British Bake Off,</em> no hace mucho que la autoproclamada &ldquo;diosa del hogar&rdquo; revel&oacute; que incluso ella hab&iacute;a <a href="https://www.thetimes.com/life-style/food-drink/article/nigella-lawson-why-i-dont-do-dinner-parties-now-58t2rmk20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;perdido la costumbre&rdquo; de organizar cenas formales</a>. [Respecto a Espa&ntilde;a, una peque&ntilde;a muestra sobre 1.000 personas recogida por AEG este mismo a&ntilde;o en once pa&iacute;ses europeos, indica que estamos en la media en cuanto a la <a href="https://www.electroluxgroup.com/en/news/segun-aeg-los-espanoles-somos-los-europeos-que-mas-nos-estresamos-al-cocinar-como-anfitriones-51/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">frecuencia al recibir invitados</a> (el 54% lo hace una vez al mes, indican), pero, sin embargo, somos los m&aacute;s exigentes al respecto: el 51% dice sentirse estresado al cocinar para otros].
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nos hemos vuelto tan reacios a invitar a otras personas a nuestras casas? &iquest;Y qu&eacute; perdemos al limitarnos a vernos en &ldquo;terceros espacios&rdquo; comunes?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando eres el anfitri&oacute;n, a menudo te sientes como si fueras un mero espectador de la velada de tus amigos&rdquo;, afirma Simon, de 37 a&ntilde;os, de Glasgow. En el pasado, se ha dado cuenta de que, como anfitri&oacute;n, dedic&oacute; tanto tiempo a asegurarse de que sus invitados estuvieran bien atendidos que le resultaba dif&iacute;cil conectar con ellos m&aacute;s all&aacute; de un nivel superficial.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando eres el anfitrión, a menudo te sientes como si fueras un mero espectador de la velada de tus amigos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;No est&aacute;s plenamente presente porque o bien intentas anticiparte a sus pr&oacute;ximas necesidades o ni siquiera est&aacute;s en la misma habitaci&oacute;n: vas y vienes de la nevera y simplemente no puedes profundizar en la conversaci&oacute;n. Puede dar la sensaci&oacute;n de que todos los dem&aacute;s tienen m&aacute;s v&iacute;nculo en ese momento, porque el anfitri&oacute;n est&aacute; un poquito al margen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No siempre nos hemos sentido as&iacute; a la hora de recibir visitas. De hecho, el antrop&oacute;logo <a href="https://www.magd.ox.ac.uk/people/professor-robin-dunbar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Robin Dunbar</a>, m&aacute;s conocido por el <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dunbar%27s_number" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;n&uacute;mero de Dunbar&rdquo; </a>&mdash;una teor&iacute;a que sugiere que los seres humanos solo pueden mantener realmente unas 150 relaciones sociales estables a la vez&mdash;, cree que, si pudi&eacute;ramos elegir, seguir&iacute;amos prefiriendo recibir visitas en casa, pero las circunstancias a menudo se confabulan en contra de ello. &ldquo;Una de las razones es que nuestras redes sociales pueden haberse dispersado a medida que las ciudades se han hecho m&aacute;s grandes&rdquo;, afirma. &ldquo;Si vivimos en pueblos y ciudades m&aacute;s peque&ntilde;os, es f&aacute;cil reunirnos para quedadas informales. Existe lo que se conoce como la regla de los 30 minutos: si alguien vive a m&aacute;s de 30 minutos de distancia, pr&aacute;cticamente dejamos de verlo con regularidad. El tiempo y el esfuerzo necesarios se vuelven excesivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es una idea con la que coincide Kamalyn Kaur, psicoterapeuta y miembro de la Asociaci&oacute;n Brit&aacute;nica de Asesoramiento y Psicoterapia. &ldquo;Soy de los a&ntilde;os 80 y, cuando era m&aacute;s joven, la gente sol&iacute;a pasarse por casa de mis padres, aunque solo fuera media hora, para tomar un t&eacute;&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; a los veinte y pocos a&ntilde;os, se dio cuenta de que los invitados hab&iacute;an empezado a llamar por tel&eacute;fono con antelaci&oacute;n, y las visitas a casa se convirtieron m&aacute;s bien en un evento concertado de antemano, &ldquo;lo cual est&aacute; bien porque se respeta el tiempo, la energ&iacute;a y el espacio de los dem&aacute;s, pero el inconveniente es que la gente ya no se pasa por casa de forma espont&aacute;nea; todo tiene que requerir <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/ansiedad-hiperplanificacion-ocio-convirtio-pesadilla-colas-entradas-anticipadas_1_10225327.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mucha planificaci&oacute;n</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluso para quienes han disfrutado de la diversi&oacute;n de una velada exitosa, puede resultar m&aacute;s intimidante que inspirador. &ldquo;Mi madre, de la generaci&oacute;n del <em>baby boom,</em> era una anfitriona incre&iacute;ble y siempre organizaba fiestas espectaculares y muy elaboradas&rdquo;, cuenta Caz (nombre ficticio), que pas&oacute; su infancia al margen de esas reuniones, asom&aacute;ndose por la puerta. &ldquo;Estar a la altura de eso me parece imposible. Adem&aacute;s, aunque ella dec&iacute;a que disfrutaba mucho siendo anfitriona, siempre estaba muy estresada antes de las fiestas y nos gritaba a todos constantemente, y yo no quiero hacer eso&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_50p_1153057.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_50p_1153057.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_75p_1153057.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_75p_1153057.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_default_1153057.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_default_1153057.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9acff651-5b64-4597-8b2f-7400def8af50_source-aspect-ratio_default_1153057.jpg"
                    alt="&quot;Mi madre, de la generación del baby boom, era una anfitriona increíble y siempre organizaba fiestas espectaculares (...) Aunque ella decía que disfrutaba mucho siendo anfitriona, siempre estaba muy estresada antes de las fiestas&quot;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;Mi madre, de la generación del baby boom, era una anfitriona increíble y siempre organizaba fiestas espectaculares (...) Aunque ella decía que disfrutaba mucho siendo anfitriona, siempre estaba muy estresada antes de las fiestas&quot;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; el gasto: aunque la mayor&iacute;a de nosotros solemos gastar mucho menos en una comida casera que en un restaurante, la cosa cambia cuando hay que dar de comer a un grupo numeroso. En 2023, <a href="https://retailtimes.co.uk/eating-out-offers-diners-better-value-than-hosting-at-home-thefork-study-shows/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Retail Times inform&oacute;</a>, bas&aacute;ndose en datos de la web de reservas de restaurantes The Fork, de que preparar una cena de tres platos en casa para un grupo de seis personas sol&iacute;a costarle al anfitri&oacute;n m&aacute;s de 96 euros, en comparaci&oacute;n con el coste medio por persona en un restaurante, que era de poco m&aacute;s de 35 euros.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de este a&ntilde;o, The Spectator afirm&oacute; que las cenas entre amigos tambi&eacute;n estaban desapareciendo &ldquo;a causa de la maldici&oacute;n moderna de las 'restricciones alimentarias'&rdquo;; tanto las <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10708184/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intolerancias alimentarias</a> como las restricciones voluntarias parecen haber aumentado en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, por lo que cocinar para otros puede parecer, sin duda, un reto mayor.
    </p><p class="article-text">
        Las expectativas suelen ser m&aacute;s altas cuando se recibe a invitados, no solo en lo que respecta a la comida, sino tambi&eacute;n al ambiente del hogar. Me atrever&iacute;a a decir que el auge de la <a href="https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2025/dec/02/the-art-of-tablescaping-jess-cartner-morley" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decoraci&oacute;n de mesas</a> tiene mucho que ver en ello, y un r&aacute;pido vistazo a los Reels de Instagram revela muchos otros &ldquo;requisitos&rdquo; para que la velada sea un &eacute;xito: c&oacute;cteles con elaboradas decoraciones, velas c&oacute;nicas de moda, men&uacute;s escritos a mano, una mesa de comedor enorme. Mientras que antes los anfitriones quiz&aacute; se limitaban a pasar un pa&ntilde;o r&aacute;pido por las superficies y a vaciar las papeleras, ahora hay consejos para crear la lista de reproducci&oacute;n perfecta y normas para dise&ntilde;ar un &ldquo;tema&rdquo; est&eacute;ticamente agradable.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7583742530689191181"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recibir invitados ha empezado a parecer un trabajo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Therese Lum</span>
                                        <span>—</span> chef
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que hay mucha presi&oacute;n sobre la gente para que tenga hogares 'presentables'&rdquo;, afirma Kaur. &ldquo;En las redes sociales, ves a todo el mundo con esas casas incre&iacute;bles, al estilo de mansiones. Eso crea expectativas poco realistas sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser un hogar. La gente puede empezar a preocuparse porque su casa no cumpla con ese est&aacute;ndar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Caz tiene dos hijos menores de 10 a&ntilde;os y dice que, por eso, su casa es siempre &ldquo;una aut&eacute;ntica pesadilla&rdquo;. Por supuesto, a sus amigos no les importa en realidad el desorden. &ldquo;Lo s&eacute; en lo m&aacute;s profundo de mi coraz&oacute;n&rdquo;, admite, &ldquo;pero eso no impide que me sienta avergonzada cada vez que viene alguien a casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La chef afincada en S&iacute;dney Therese Lum tambi&eacute;n cita los programas de cocina de la tele como una de las razones por las que muchos pueden sentir que una cena debe ser una producci&oacute;n de cinco platos perfectamente organizada. &ldquo;Si a eso le sumamos los pisos peque&ntilde;os, las semanas ajetreadas y el coste de dar de comer a un grupo numeroso, salir a comer fuera empieza a parecer m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;, afirma. &ldquo;Recibir invitados ha empezado a parecer un trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Derek Thompson, que analiz&oacute; los datos estadounidenses para <a href="https://www.theatlantic.com/ideas/2026/10/americans-socialization-dinner-decline-hosting/688846/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Atlantic</a>, plantea la idea de que los estilos de crianza m&aacute;s intensivos podr&iacute;an ser en parte responsables del descenso de las cenas en casa. &ldquo;Los estadounidenses sol&iacute;an tener muchos hijos a los que cuidaban de forma m&aacute;s espor&aacute;dica&rdquo;, sugiere. &ldquo;Ahora tienen menos hijos, a los que dedican cada minuto de su vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dunbar est&aacute; de acuerdo en l&iacute;neas generales: &ldquo;Hasta la d&eacute;cada de 1960, cosas como los deberes del colegio eran limitados, y los ni&ntilde;os se las apa&ntilde;aban m&aacute;s o menos solos: jugaban juntos en la calle y solo aparec&iacute;an cuando necesitaban comer. Ahora, los ni&ntilde;os est&aacute;n pegados a ti hasta que se van a la universidad&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que ahora hay un &ldquo;flujo interminable&rdquo; de clubes y actividades extraescolares en las que se anima a los ni&ntilde;os a participar, lo que significa que &ldquo;las familias tienen que estar disponibles para hacer muchos traslados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, desde la pandemia y el auge del teletrabajo, mucha gente ha empezado a percibir su espacio vital de otra manera. Socializar en casa puede parecer m&aacute;s bien como organizar una cena en la oficina. Como dice Kaur: &ldquo;Quieres un cambio, si no, no parece un descanso. Es m&aacute;s dif&iacute;cil desconectar mentalmente&rdquo;. Pero incluso antes de la COVID, la proliferaci&oacute;n de todo lo relacionado con el <a href="https://www.eldiario.es/spin/descubre-hygge-daneses-han-conseguido-felices-mundo-pm_1_12150277.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>hygge</em></a> &mdash;el concepto dan&eacute;s centrado en la comodidad&mdash; anim&oacute; a gran parte del mundo occidental a considerar el hogar como un lugar al que retirarse y relajarse, en lugar de invitar a otros a entrar. &ldquo;Tu hogar es tu lugar acogedor, por lo que socializar all&iacute; puede parecer una intromisi&oacute;n en tu espacio privado&rdquo;, afirma Kaur.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde la pandemia y el auge del teletrabajo, mucha gente ha empezado a percibir su espacio vital de otra manera. Socializar en casa puede parecer más bien como organizar una cena en la oficina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Thompson tambi&eacute;n aborda la idea de que ahora &ldquo;es demasiado divertido estar solo en casa&rdquo;. Mientras que antes quiz&aacute; invit&aacute;bamos a amigos a casa para combatir el aburrimiento &mdash;y nos enfrent&aacute;bamos a la presi&oacute;n social de asistir a esos eventos, aunque no nos importaran mucho los anfitriones&mdash;, hoy estamos &ldquo;envueltos en fortalezas de entretenimiento personalizadas&rdquo;. Sin embargo, esto no significa que ya no nos beneficiemos de las relaciones sociales: la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud informa de que <a href="https://www.who.int/teams/social-determinants-of-health/demographic-change-and-healthy-ageing/social-isolation-and-loneliness" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el aislamiento y la soledad est&aacute;n ahora muy extendidos</a>, lo que a su vez puede tener un impacto significativo en la salud f&iacute;sica y mental, aunque no estemos &ldquo;aburridos&rdquo; como tal.
    </p><p class="article-text">
        En el extremo opuesto del espectro, est&aacute; el problema de, por decirlo sin rodeos, los invitados que se quedan m&aacute;s tiempo del debido. &ldquo;A mi mujer y a m&iacute; nos gusta recibir invitados en circunstancias muy controladas&rdquo;, dice Simon. &ldquo;Solemos invitar a gente a tomar unas copas antes de salir a cenar porque as&iacute; se establece una hora de finalizaci&oacute;n. Recibir invitados en casa puede significar perder el control sobre cu&aacute;ndo termina la noche: si alguien quiere quedarse all&iacute; bebiendo whisky hasta las tres de la madrugada, te sientes un poco obligado a acompa&ntilde;arles&rdquo;. Est&aacute; claro que hay una raz&oacute;n por la que la frase &ldquo;Por favor, marchaos antes de las 21:00&rdquo; se ha convertido en una especie de <a href="https://www.google.com/search?sca_esv=5defce9e8cee4e33&amp;sxsrf=APpeQntcOwFnIJH2l8HabFr00InXH557kw:1791212201424&amp;q=please+leave+by+9&amp;source=lnms&amp;fbs=ABfTbFXXq5_lq1-qc-RNbCT-iVCvZUY4OllCx8eHi2DBbGa2PoUPiBop7GRck9_ggqJeBKll0uNH5-o_DmiqZYfdMFHSMQ7m9lGiXMmoLpyBCvs0fha8MLwauUu8kFshyTso0QBo6MY16pqU4X1dTMTrNg9ApjhzIQeQBlgg6wvH3FcHuQIBlKneyhHb6sxS5ocPBAFfn_cSJbP7xHZe8X-kF1YhjEA2TluvUe36mxBQ4kuJe4Zr-Eg&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwi6su63kaOXAxXGV0EAHfYsHeoQ0pQJegQIDhAB&amp;biw=2271&amp;bih=1186&amp;dpr=1" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">motivo recurrente</a> en los accesorios de decoraci&oacute;n de interiores en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Kaur reconoce que, como anfitriona, puede resultar dif&iacute;cil hacer otra cosa que no sea esperar a que la velada llegue a su fin de forma natural. &ldquo;Me encanta irme a la cama a las ocho y media, pero para mis amigos puede que sea justo cuando empiezan a animarse&rdquo;, afirma. &ldquo;Puede resultar realmente agobiante tener gente en tu espacio y no poder pedirles que se vayan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deber&iacute;amos simplemente aceptar que ahora es mucho m&aacute;s f&aacute;cil, menos estresante y, a veces, m&aacute;s barato salir?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una cierta vulnerabilidad en dejar que alguien te vea en tu propia casa, y al no recibir a nadie en casa revelamos menos de nosotros mismos a los dem&aacute;s, lo que a su vez puede afectar a la profundidad de nuestra amistad&rdquo;, advierte Kaur. Sin duda, hay algo m&aacute;s &iacute;ntimo en ponerse al d&iacute;a con un amigo en su sof&aacute;: un atisbo de lo que ocurre entre bastidores en su vida que te costar&iacute;a mucho obtener en un espacio m&aacute;s neutral.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como es una de las cosas más generosas que se pueden hacer, crea un tipo de conexión que es difícil de conseguir en cualquier otro sitio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Kaur recibe a gente en casa con frecuencia, pero dice que eso se debe en gran parte a que conoce a sus amigos m&aacute;s cercanos desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. &ldquo;Todos hemos crecido juntos; nos hemos visto en lo mejor y en lo peor&rdquo;, afirma. &ldquo;He estado en casa de una amiga con el suelo cubierto de cien piezas de Lego porque sus hijos hab&iacute;an estado jugando con ellas. Y mi amiga me dice: &rdquo;S&iacute;, pues tendr&aacute;s que pasar por ah&iacute;&ldquo;&rdquo;. Sin embargo, reconoce que, para algunas personas, recibir invitados &mdash;ya sea una velada bien planificada o una reuni&oacute;n espont&aacute;nea&mdash; puede seguir siendo una fuente de ansiedad. &ldquo;Siempre animar&iacute;a a la gente a hacer lo que mejor se adapte a sus propios niveles de energ&iacute;a y a su salud mental&rdquo;, afirma. &ldquo;De lo contrario, resulta contraproducente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lum, por su parte, cree que el esfuerzo que supone recibir invitados es precisamente lo que hace que merezca tanto la pena. &ldquo;Como es una de las cosas m&aacute;s generosas que se pueden hacer, crea un tipo de conexi&oacute;n que es dif&iacute;cil de conseguir en cualquier otro sitio&rdquo;, afirma. &ldquo;En mi familia, la comida siempre fue nuestra forma de demostrar amor, y compartir la mesa sigue significando eso para m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene tener en cuenta que salir, sobre todo a cenar o a tomar algo, suele implicar seguir las normas del local. &ldquo;En casa nadie te apremia para que te levantes de la mesa, y la conversaci&oacute;n fluye a su aire&rdquo;, dice Lum. &ldquo;Mis mejores veladas casi siempre han tenido lugar alrededor de la mesa de la cocina de alguien. Los invitados no recuerdan si las servilletas hac&iacute;an juego; recuerdan sentirse bien atendidos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leah Harper]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gente-no-pasa-forma-espontanea-perdiendo-costumbre-invitar-amigos-casa_1_13575957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 20:40:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/336ff780-de91-4b92-b12b-8a6c006b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x640y157.jpg" length="102787" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/336ff780-de91-4b92-b12b-8a6c006b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x640y157.jpg" type="image/jpeg" fileSize="102787" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["La gente ya no se pasa de forma espontánea": por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/336ff780-de91-4b92-b12b-8a6c006b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x640y157.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Hogar,Ocio,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Tengo un cotilleo": por qué chafardear nos puede hacer bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cotilleo-chafardear_1_13571563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7874e750-640e-4103-b5fb-a6d7f7217395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Tengo un cotilleo&quot;: por qué chafardear nos puede hacer bien"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este acto tan común de hablar de la vida de otra gente a sus espaldas se señala como algo reprochable pero, aunque puede serlo, también tiene partes positivas: refuerza vínculos personales, eleva los niveles de oxitocina y ayuda a tejer una red de protección</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        Hay pocos mensajes tan golosos como el que dice: &ldquo;Tengo un cotilleo&rdquo;. El ser humano quiere saber y pocos se negar&aacute;n a conocer esa informaci&oacute;n. El chisme tiene el atractivo del secreto, de la complicidad. Quiz&aacute; lo que se cuente no sea relevante ni demasiado interesante, pero la expectaci&oacute;n genera emoci&oacute;n y eso siempre es agradable. Este acto tan com&uacute;n de hablar de la vida de otra gente a sus espaldas se se&ntilde;ala como algo reprochable pero, aunque puede serlo, tambi&eacute;n tiene partes positivas: refuerza v&iacute;nculos personales, eleva los niveles de oxitocina y ayuda a tejer una red de protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es complicado deshacerse de la culpa. La escritora Hilary Leichter acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &lsquo;resaca de zorra&rsquo; en su libro <em>Algo temporal</em>. Seg&uacute;n su definici&oacute;n, se trata de: &ldquo;La resaca que tienes por las ma&ntilde;anas despu&eacute;s de haberte pasado la noche entera soltando mierda, diciendo estupideces, actuando como una enorme y tremenda imb&eacute;cil, permitiendo que todas las cosas horribles que ten&iacute;as en la cabeza salieran por alg&uacute;n motivo de tu boca babosa&rdquo;. Las periodistas Anna Pacheco y Andrea Gumes lo analizaron en su podcast <a href="https://open.spotify.com/episode/4hV4qYLC1mP2PjjLclua6D?si=cb81ecb3158b4e03&amp;nd=1&amp;dlsi=36a1274c209f4a53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ciberlocutorio</a> y su audiencia se sinti&oacute; tan identificada que incluso <a href="https://www.eldiario.es/era/resaca-zorra-energia-hombre-divorciado-ciberlocutorio-ayudo-entender-internet-mundo_1_13371465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han hecho gorras con la expresi&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Cotillear de la gente a sus espaldas (o hablar demasiado de una misma, porque esto tambi&eacute;n entra en el concepto de Leichter) es el aut&eacute;ntico placer culpable, y no ser fan de alg&uacute;n grupo de m&uacute;sica hortera. Se puede hablar mal de personas a las que se conozca poco, pero tambi&eacute;n de amigos cercanos o individuos a los que se aprecie, sin tener intenciones perversas, pero s&iacute; da&ntilde;inas. De ah&iacute; que, despu&eacute;s de una sesi&oacute;n de chafardeo intenso, pueda aparecer un sentimiento de desasosiego que no es otra cosa que culpabilidad. Cotillear tambi&eacute;n tiene aspectos positivos, como se ha visto hasta ahora. &iquest;Es posible que exista una manera &eacute;tica de chismorrear?
    </p><h2 class="article-text">Lo dice la ciencia</h2><p class="article-text">
        Alicia Otero Garc&iacute;a es profesora de Patolog&iacute;a Animal de la Facultad de Veterinaria y tambi&eacute;n integrante del grupo RISArchers. Son un centenar de investigadoras e investigadores monologuistas de la Universidad de Zaragoza que combinan sus conocimientos cient&iacute;ficos con el humor. Este mundo, quiz&aacute;s poco conocido fuera del &aacute;mbito acad&eacute;mico, tiene sus propios cert&aacute;menes internacionales como Solo de Ciencia, que organiza la Fundaci&oacute;n Espa&ntilde;ola para la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a (FECYT). Otero gan&oacute; la edici&oacute;n de 2025, que se celebr&oacute; en Quito, con su soliloquio sobre el chismorreo <em>Gossip sapiens</em>.
    </p><p class="article-text">
        Como investigadora en enfermedades neurodegenerativas, le gusta que sus mon&oacute;logos trasladen el funcionamiento del cerebro a situaciones cotidianas. La clave para captar el inter&eacute;s del p&uacute;blico es escoger un tema que apele a todo el mundo y el chismorreo es una cuesti&oacute;n &ldquo;con la que cualquier persona puede identificarse, independientemente del contexto cultural&rdquo;, dice. Lo pens&oacute; mucho antes de decantarse por el chisme porque es una de las cosas &ldquo;m&aacute;s universales&rdquo; que se le ocurri&oacute; y el triunfo en el concurso demostr&oacute; que ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La base cient&iacute;fica de su discurso es que el chismorreo &ldquo;es una de las bases de nuestra evoluci&oacute;n como humanos&rdquo;. Seg&uacute;n comenta, &ldquo;los v&iacute;nculos entre personas se refuerzan m&aacute;s al compartir chismes negativos, ya que incrementan bastante la oxitocina, lo que proporciona sensaci&oacute;n de complicidad entre las personas que comparten el cotilleo&rdquo;. Es la misma hormona que refuerza la uni&oacute;n entre una madre y su cr&iacute;a, para que nos hagamos a la idea. No es la &uacute;nica cient&iacute;fica que se ha adentrado en los misterios del chafardeo. Ella menciona a <a href="https://www.frankmcandrew.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Francis T. McAndrew,</a> muy conocido por su investigaci&oacute;n en psicolog&iacute;a evolutiva, que es un &ldquo;gran defensor del papel antropol&oacute;gico del chisme&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El cotilleo es una de las bases de nuestra evolución como humanos. Los vínculos entre personas se refuerzan más al compartir chismes negativos, ya que incrementan bastante la oxitocina, lo que proporciona sensación de complicidad entre quienes lo comparten</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alicia Otero García</span>
                                        <span>—</span> investigadora e integrante de RISArchers
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otros cient&iacute;ficos que ahondaron en la cuesti&oacute;n han sido Konrad Rudnicki, Charlotte J. De Backer y Carolyn Declerck, un equipo de la Universidad de Amberes. En <a href="https://www.nature.com/articles/s41598-023-30126-9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a>  publicado en Nature en 2023 midieron las alteraciones de los niveles hormonales despu&eacute;s del cotilleo y, aunque el chisme no disminuye los niveles de cortisol por s&iacute; mismo, s&iacute; produce cambios fisiol&oacute;gicos y puede resultar una actividad social m&aacute;s estimulante que otras. Asimismo, los investigadores Helena Alicart, David Cucurell y Josep Marco-Pallar&eacute;s publicaron en 2020 los resultados de un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31917324/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de neuroimagen</a> que muestra que el chismorreo provoca la activaci&oacute;n de &aacute;reas similares de la red de recompensa y que &lsquo;el salseo&rsquo; se recuerda mejor que una informaci&oacute;n nuestra.
    </p><h2 class="article-text">Te lo cuento en el descanso</h2><p class="article-text">
        Antonio no tiene dudas a la hora de afirmar que &ldquo;desde luego un buen cotilleo une mucho, crea un v&iacute;nculo con la persona a la que se lo est&aacute;s contando o te lo cuenta&rdquo;. &Eacute;l se&ntilde;ala que esto ocurre en el &aacute;mbito laboral y lo practica con asiduidad, aunque suelen ser comentarios inofensivos: &ldquo;Son cosas que tarde o temprano ser&iacute;an de dominio p&uacute;blico de todas maneras&rdquo;. En los centros de trabajo los chismes pueden ser acerca de relaciones sentimentales entre compa&ntilde;eros, pero tambi&eacute;n sobre cambios en la estructura de poder de la empresa o movimientos que pueden afectar a los trabajadores. De esa informaci&oacute;n puede salir una acci&oacute;n sindical o mecanismos de protecci&oacute;n ante el acoso laboral.
    </p><p class="article-text">
        Esto tambi&eacute;n puede extenderse a los barrios, donde el cotilleo suele ser una actividad frecuente. Al menos, en los que a&uacute;n quedan vecinos y no se han convertido en un parque de atracciones para turistas. En aquellos lugares en los que se re&uacute;nen quienes habitan la zona &mdash;como puede ser el mercado, los parques o el bar de abajo&mdash; circula la informaci&oacute;n y un comentario a priori malicioso puede hacer sonar la alarma sobre la situaci&oacute;n de alguien. Una an&eacute;cdota real: en una peluquer&iacute;a a la que varias mujeres acuden el mismo d&iacute;a de la semana, una de ellas falta a su cita. La sesi&oacute;n de chismorreo comienza con el comentario de &ldquo;su hijo se ha ido a vivir con la novia y ya no se le ve nunca&rdquo;, despu&eacute;s otra comenta que la &uacute;ltima vez que la hab&iacute;a visto ten&iacute;a mala cara y otra a&ntilde;ade que no hab&iacute;a pasado por la panader&iacute;a como siempre. Al final, una de ellas va a su casa y esta le dice que est&aacute; enferma, pero que no quer&iacute;a llamar a su hijo para no preocuparlo. Y la red de cuidados se pone en marcha.
    </p><p class="article-text">
        En este caso concreto se da tambi&eacute;n la peculiaridad de que el chismorreo se da entre mujeres en un lugar de reuni&oacute;n en el que no entran hombres: est&aacute; regentado por una peluquera y no tiene clientes masculinos. Aunque no est&eacute; pensado como tal, ese local es un centro de reuni&oacute;n seguro en el que incluso hay cierta confidencialidad entre la trabajadora y las clientas habituales. No quiere decir que el secreto vaya a quedar entre los rulos y los secadores, ni mucho menos, pero si ah&iacute; se crea el ambiente adecuado para soltar intimidades, por algo ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente, el chismorreo ha quedado asociado a las mujeres, a las clases populares y a determinados espacios de sociabilidad cotidiana: la cocina, el balc&oacute;n, el mercado, el lavadero, la plaza&rdquo;, apunta Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez, historiadora, activista feminista y parte del podcast <a href="https://open.spotify.com/show/3lVnO9ZqFWYofm7c4tUpqB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Radiobajeras</a>. Pero cuando las mismas pr&aacute;cticas se dan en ambientes masculinizados los t&eacute;rminos cambian y ya no se trata de chisme sino de &ldquo;informaci&oacute;n, confidencia, rumor, <em>networking,</em> intercambio de contactos, diplomacia y hasta espionaje&rdquo;, completa. El g&eacute;nero y la clase social son esenciales para entender por qu&eacute; el cotilleo se ha denostado de forma hist&oacute;rica: &ldquo;Cuando la conversaci&oacute;n circula entre determinados sujetos y en determinados espacios, se considera conocimiento &uacute;til. Cuando la protagonizan mujeres y disidencias, se convierte en &lsquo;marujeo&rsquo;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El centro de datos m&aacute;s grande</h2><p class="article-text">
        Una de las frases m&aacute;s celebradas &mdash;y tiene muchas&mdash; de la periodista y escritora Luc&iacute;a Lijtmaer es: &ldquo;No olvid&eacute;is nunca esto: las mujeres hablamos entre nosotras, y tenemos un disco duro que flipas con toda esa informaci&oacute;n&rdquo;. La pronunci&oacute; en un episodio del podcast Deforme Semanal, que comparte con Isabel Calder&oacute;n. Hablaban de datos referidos a los hombres con los que hab&iacute;an tenido alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n sexual o sentimental: en caso de que intentasen cualquier maniobra contra ellas o con alguna de sus amigas, est&aacute;n armadas con artiller&iacute;a suficiente como para anularle en un pesta&ntilde;eo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Históricamente, el chismorreo ha quedado asociado a las mujeres, a las clases populares y a determinados espacios de sociabilidad cotidiana: la cocina, el balcón, el mercado, el lavadero, la plaza</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Yendéh R. Martínez</span>
                                        <span>—</span> historiadora, activista feminista y parte del podcast Radiobajeras
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Marisa est&aacute; convencida de que el cotilleo sirve como red de seguridad y, de hecho, tiene una an&eacute;cdota que sirve como ilustraci&oacute;n de la advertencia de Lijtmaer: &ldquo;Una chica empez&oacute; a hablar con un t&iacute;o por una <em>app</em> y se lo cont&oacute; a su amiga. A esta, por ciertos datos, se le encendi&oacute; la bombilla y me escribi&oacute;. Result&oacute; que era el exnovio de una amiga m&iacute;a que est&aacute; en juicios por maltrato y se lo hab&iacute;a ocultado a la chica de la <em>app,</em> adem&aacute;s de que ten&iacute;a hijos&rdquo;. Ella puntualiza que hay que contrastar la informaci&oacute;n y asegurarte de que es ver&iacute;dica, pero un chisme: &ldquo;Puede salvarte de una bala&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez hay que remontarse muy lejos en el tiempo para entender por qu&eacute; estas uniones beneficiosas para las mujeres se intentan denostar en la sociedad. &ldquo;En los primeros siglos de la Edad Moderna, encontramos mujeres construyendo v&iacute;nculos muy fuertes de confianza, reciprocidad e intimidad entre ellas que compart&iacute;an cuidados, crianza, conocimientos y una parte fundamental de su vida afectiva&rdquo;, sostiene. En muchos casos, las relaciones eran m&aacute;s fuertes que las que ten&iacute;an con sus maridos, que posiblemente no hab&iacute;an escogido y en los que, a veces, ni siquiera estaban conformadas por el amor. &ldquo;La comadre era una figura de comunidad, de apoyo y de confianza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la persecuci&oacute;n de la brujer&iacute;a que comienza en el siglo XV: &ldquo;No bastaba con controlar a las mujeres mediante la instituci&oacute;n matrimonial o religiosa. Hab&iacute;a que vigilar qu&eacute; hac&iacute;an cuando estaban juntas, qu&eacute; sab&iacute;an, qu&eacute; compart&iacute;an y, sobre todo, qu&eacute; se contaban. Una reuni&oacute;n de mujeres pod&iacute;a convertirse en un aquelarre&rdquo;, sostiene. De la bruja se pasa a la mujer de &lsquo;mala vida&rsquo; y, finalmente, a una reuni&oacute;n de chismosas. Un grupo de &lsquo;marujas&rsquo;. &ldquo;Durante siglos se ha intentado convertir en habladur&iacute;a aquello que, entre otras cosas, nos permiti&oacute; a las mujeres saber m&aacute;s unas de otras, cuidarnos y reconocernos como iguales&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Esto lleva a una conclusi&oacute;n: &ldquo;La pregunta de si el cotilleo es &eacute;tico o no, est&aacute; atravesada por una cuesti&oacute;n de poder&rdquo;, declara Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez y concluye que: &ldquo;La discusi&oacute;n sobre los l&iacute;mites, la responsabilidad y las consecuencias de se&ntilde;alar p&uacute;blicamente a alguien es leg&iacute;tima, pero resulta significativo que hist&oacute;ricamente haya existido y siga existiendo tanta resistencia a reconocer el valor del propio acto de contar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cotilleo-chafardear_1_13571563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2026 20:34:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7874e750-640e-4103-b5fb-a6d7f7217395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="208267" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7874e750-640e-4103-b5fb-a6d7f7217395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="208267" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Tengo un cotilleo": por qué chafardear nos puede hacer bien]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7874e750-640e-4103-b5fb-a6d7f7217395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Sociedad,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Confundimos cuidarnos con ser buena persona": el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/confundimos-cuidarnos-buena-persona-sociologo-explica-falla-idea-bienestar_1_13565667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5063e42-8539-406a-ac33-5069102efc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x376y236.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Confundimos cuidarnos con ser buena persona&quot;: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Gatopardo edita en español 'El síndrome del bienestar', el ensayo de los investigadores Carl Cederström y André Spicer
que pronosticó el ascenso del 'wellness' como obsesión colectiva y mandato individual</p><p class="subtitle">“¡Todo lo que te han contado es mentira!”: cómo ciertas corrientes del bienestar conectan con la conspiranoia</p></div><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda de la felicidad atraviesa nuestros d&iacute;as. No es un ideal nuevo, pero la forma en la que se manifiesta, &ndash;casi como un imperativo o misi&oacute;n individual&ndash;, se ha ido definiendo como una invitaci&oacute;n a implicarse en actividades de bienestar (<em>wellness</em>) muy relacionadas con mantener un cuerpo sano, en forma, y una mente tan activa como productiva. Este es el fen&oacute;meno que analizan los acad&eacute;micos Carl Cederstr&ouml;m y Andr&eacute; Spicer en su ensayo <a href="https://gatopardoediciones.es/libros/el-sindrome-del-bienestar/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El s&iacute;ndrome del bienestar </a>(Gatopardo). Un bienestar que se traduce en jornadas de gimnasio, sesiones de yoga en la oficina, una obsesi&oacute;n por contar calor&iacute;as y cuidar el cuerpo como quien pone a punto una m&aacute;quina, pero que tambi&eacute;n se recrea en <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">registrar y medir</a> el tiempo de ocio y esparcimiento cultural en t&eacute;rminos de productividad. Algo que encuentra un reflejo en miles de <em>apps</em> de dise&ntilde;o amable que a diario utilizamos para aprender idiomas, registrar las pel&iacute;culas que vemos, medir la cantidad de libros que leemos, o compartir los kil&oacute;metros que hemos recorrido en nuestra &uacute;ltima sesi&oacute;n de <em>running</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el libro vio la luz originalmente corr&iacute;a el a&ntilde;o 2015 y muchas de las pr&aacute;cticas tras las cuales los autores percib&iacute;an una pauta com&uacute;n todav&iacute;a no estaban tan extendidas y normalizadas como lo est&aacute;n ahora. M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, el soci&oacute;logo Carl Cederstr&ouml;m, docente en la Stockholm Business School admite, en una entrevista con elDiario.es, estar sorprendido no s&oacute;lo por c&oacute;mo no se ha mantenido esta forma tan singular de entender el bienestar, sino por c&oacute;mo estos aspectos se han exacerbado. &ldquo;En aquel momento observ&aacute;bamos cosas que suced&iacute;an casi en los m&aacute;rgenes, pero en las que ve&iacute;amos enraizarse algo mayor. Hoy se aprecia claramente c&oacute;mo la tecnolog&iacute;a o las redes sociales se han puesto al servicio de la optimizaci&oacute;n personal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el transcurso de estos a&ntilde;os han tenido lugar episodios de transcendencia de tan profundo calado como la pandemia covid-19. &ldquo;Durante la pandemia, la gente literalmente se encerr&oacute; en su propio miniuniverso. Para bien o para mal, conectaron con diferentes <a href="https://www.eldiario.es/era/bienestar-terapias-alternativas-fascismo-teorias-conspiracion_1_10429021.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">t&eacute;cnicas de bienestar</a> para sobrellevar la situaci&oacute;n&rdquo;, expone Cederstr&ouml;m, que observ&oacute; en este per&iacute;odo casi una met&aacute;fora de c&oacute;mo la gente se comenzar&iacute;a a relacionar con el mundo: &ldquo;Tienes tu peque&ntilde;a isla de la que cuidas mientras esperas a ver si afuera el mundo sobrevive o no. Y realmente vivimos en un capitalismo salvaje con pocas nociones de compromiso colectivo, de igualdad, diversidad&hellip; Ideas que han sufrido mucho en el transcurso de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las técnicas de bienestar pueden ayudarte a mejorar tu vida de muchas maneras, el problema es creer que quienes no comparten contigo esos valores son malas personas. Muchos, por sus circunstancias, no pueden regirse por esos estándares</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando ser muy productivos adquiere un matiz moral</h2><p class="article-text">
        La invitaci&oacute;n a <a href="https://www.eldiario.es/era/mejor-version-desarrollo-personal_1_10862658.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">optimizarnos a trav&eacute;s de actividades de bienestar</a>, como si fu&eacute;ramos la versi&oacute;n beta de un <em>software</em> en desarrollo, hoy se encuentra por doquier. Desde una notificaci&oacute;n <em>push</em> en tu tel&eacute;fono inteligente recordando esa lecci&oacute;n de idiomas diaria a la empresa en la que trabajas organizando una sesi&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/era/offboarding-team-building-lenguaje-laboral-pervertido-eufemismos_1_10736202.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>team building</em></a><em>.</em> Pero no es algo que se haya originado en nuestros d&iacute;as, sino que se trata de un movimiento que, explica Cederstr&ouml;m, toma forma en los 70, vive momentos &aacute;lgidos m&aacute;s tarde tambi&eacute;n, en los a&ntilde;os 2000, y hoy, para el autor, se hace presente de muchas maneras, en cada rinc&oacute;n de nuestra sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Su mayor riesgo seg&uacute;n el investigador, sin embargo, es la lectura moral que adquiere: &ldquo;Vivimos un momento en el que confundimos sentirse bien con ser buena persona&rdquo;, sentencia Cederstr&ouml;m. &ldquo;Creemos que si cuidamos de nuestra salud y vamos al gimnasio estamos haciendo el bien, que si te comprometes a intentar pensar y mirar el mundo de manera m&aacute;s positiva, eres bueno. Son cosas distintas. Las t&eacute;cnicas de bienestar pueden ayudarte a mejorar tu vida de muchas maneras, pero lo problem&aacute;tico es cuando empiezas a creer que quienes no comparten contigo esos valores son malas personas. Y son muchas las personas que por sus circunstancias o diferentes razones no pueden regirse por esos est&aacute;ndares. Entonces normalizamos formas de discriminaci&oacute;n. Al convertir cuestiones sociales y pol&iacute;ticas en asuntos privados, despolitizamos asuntos muy importantes en nuestra sociedad.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n por la desigualdad se manifiesta en la tesis de <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em>. Al fin y al cabo, la clase social y el contexto personal define tambi&eacute;n la capacidad de una persona para sumarse a estas actividades de bienestar o crecimiento personal. &ldquo;El libro es una cr&iacute;tica a esta creencia de que moralmente eres mejor persona por involucrarte en estas pr&aacute;cticas&rdquo;, resume Cederstr&ouml;m. &ldquo;En la literatura empresarial, la relaci&oacute;n entre felicidad y productividad lleva siendo una creencia muy s&oacute;lida desde los a&ntilde;os 20 y 30. Pero s&oacute;lo necesitas pensar en los diferentes empleos que existen para darte cuenta de que es una idea delirante. Una limpiadora de hotel infeliz puede ser inmensamente productiva, o los esclavos que construyeron las pir&aacute;mides, por ejemplo, ser&iacute;a injusto decir que no fueron productivos. El libro es una cr&iacute;tica, una mirada esc&eacute;ptica, a obsesionarse con la idea felicidad y salud. Son cosas estupendas, claro, por eso son tan populares, pero el concepto de felicidad y salud es tan amplio que puede relacionarse con casi cualquier cosa.&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">La felicidad como preocupaci&oacute;n social</h2><p class="article-text">
        En 2010, el entonces Primer Ministro de Reino Unido, David Cameron, lanz&oacute; una imposible campa&ntilde;a de dos millones de libras para desentra&ntilde;ar algo tan ambiguo y relativo como el &iacute;ndice de felicidad de sus conciudadanos. Unas 200.000 personas fueron encuestadas para registrar un nuevo paisaje estad&iacute;stico del territorio que, seg&uacute;n la voluntad de Cameron, servir&iacute;a para completar el del PIB. Si bien la iniciativa invest&iacute;a de cuesti&oacute;n p&uacute;blica lo que hasta entonces se entend&iacute;a como algo personal, tal y como apuntan Cederstr&ouml;m y Spicer, no ten&iacute;a intenci&oacute;n de trazar un v&iacute;nculo entre la felicidad y las circunstancias socioecon&oacute;micas vigentes. El tamiz moralizante del s&iacute;ndrome del bienestar logra responsabilizar a cada individuo de la b&uacute;squeda de su propia felicidad, as&iacute; como del fracaso de no alcanzarla.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la literatura empresarial, la relación entre felicidad y productividad lleva siendo una creencia muy sólida desde los años 20 y 30. Pero es una idea delirante: una limpiadora de hotel infeliz puede ser inmensamente productiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ante la pregunta de si este enfoque individualista da&ntilde;a nuestra capacidad colectiva para articular resistencias al sistema, Cederstr&ouml;m llama a valorar emociones como la decepci&oacute;n y la ira. &ldquo;Puedes alimentar una forma de resistencia colectiva a partir de diversos tipos de emociones&rdquo;, sostiene. &ldquo;La ira, por supuesto, es una de las m&aacute;s exitosas. Si analizas los levantamientos pol&iacute;ticos, a menudo parten de un descontento o una decepci&oacute;n con el estado del mundo. Es importante mirar el mundo con decepci&oacute;n de vez en cuando&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La intersecci&oacute;n de g&eacute;nero bajo el s&iacute;ndrome del bienestar</h2><p class="article-text">
        La lectura de <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em> admite muchas perspectivas y puede resultar especialmente intensa desde seg&uacute;n qu&eacute; lugares. Al analizar c&oacute;mo el bienestar y la salud suelen ser juzgados a partir de la apariencia f&iacute;sica, es inevitable que esta reflexi&oacute;n apele de forma incisiva a la experiencia femenina de crecer en relaci&oacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/era/clara-nuno-periodista-escritora-gente-guapa-trata-mejor-arma-doble-filo_1_13016793.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exigentes modelos de belleza</a>. Sus autores son conscientes de esto. Por un lado, Cederstr&ouml;m opina que como hombres blancos han podido escribir sobre este tema desde una menor vigilancia, &ldquo;y eso de por s&iacute; ya es bastante elocuente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro, observa una evoluci&oacute;n en la relaci&oacute;n del movimiento de bienestar seg&uacute;n el g&eacute;nero: &ldquo;El movimiento de <em>wellness</em> mantiene una interesante relaci&oacute;n con lo femenino y lo masculino. El g&eacute;nero de autoayuda ha sido predominantemente dirigido hacia las consumidoras, as&iacute; como <a href="https://www.eldiario.es/era/sanar-trauma-cursillo-tres-dias-marta-sader-analiza-auge-espiritualidad-liquida_1_13254649.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la literatura New Age</a>, en libros del tipo de Deepak Chopra. Pero a mediados de los 2000 cada vez m&aacute;s y m&aacute;s hombres comienzan a implicarse tambi&eacute;n en el movimiento de <em>wellness</em>, aunque lo hacen de una manera m&aacute;s tecnol&oacute;gica, como una auto optimizaci&oacute;n. El tipo de persona que recaba datos con pulseras de actividad, pensando su propio cuerpo con mentalidad de ingeniero, aplicando principios matem&aacute;ticos para mejorarse. As&iacute; que en el momento en el que escribimos el libro, ya se produc&iacute;a un choque interesante entre lo masculino y lo femenino en el mundo del bienestar&rdquo;, desarrolla Cederstr&ouml;m. &ldquo;Ahora ves muchos hombres j&oacute;venes completamente <a href="https://www.eldiario.es/era/no-hay-avergonzarse-vanidoso-auge-estandares-belleza-masculina-imposibles_1_13060297.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obsesionados con sus cuerpos y apariencia</a>, y gente siguiendo los <a href="https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos</a> de la manosfera. Se trata de una experiencia con la que no me siento identificado porque no es c&oacute;mo me crie. Crec&iacute; en un mundo en el que la barrera entre chicos y chicas era muy peque&ntilde;a, los chicos ten&iacute;amos amigas muy cercanas y tambi&eacute;n al rev&eacute;s. Ahora parece que es al contrario.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em> es una aguda y documentada cr&iacute;tica al fen&oacute;meno global que nos ha hecho comprender nuestro cuerpo y mente casi como extensiones tecnol&oacute;gicas al servicio de nuestra felicidad. Un texto que llama a poner en cuesti&oacute;n la filosof&iacute;a que nos anima a optimizar nuestro tiempo de vida para convertirnos en alguien m&aacute;s productivo, y sobre todo, una reivindicaci&oacute;n para dejar de entender que m&aacute;s productividad es sin&oacute;nimo de vivir con mayor plenitud.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Correa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/confundimos-cuidarnos-buena-persona-sociologo-explica-falla-idea-bienestar_1_13565667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 20:02:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c5063e42-8539-406a-ac33-5069102efc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x376y236.jpg" length="747595" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c5063e42-8539-406a-ac33-5069102efc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x376y236.jpg" type="image/jpeg" fileSize="747595" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Confundimos cuidarnos con ser buena persona": el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c5063e42-8539-406a-ac33-5069102efc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x376y236.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Bienestar,Tendencias,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e739af09-bf3d-487e-894a-57b4ecf230ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x515y328.jpg" width="1200" height="675" alt="No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En TikTok proliferan los vídeos protagonizados por chavales que aseguran que el 'pheromone maxxing' solo les ha traído éxitos entre las chicas, un fenómeno que se enmarca dentro de otras tendencias en redes que captan atención hablando de "maximizar" testosterona bajo una idea de la masculinidad que algunas voces expertas señalan como "reduccionistas" y "conectadas con el mundo incel"</p><p class="subtitle">“Una lloradita y a seguir”: el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Dej&eacute; de lavarme el pelo por completo y ahora, sin iron&iacute;a, recibo m&aacute;s cumplidos sobre c&oacute;mo huele y c&oacute;mo se ve. La maximizaci&oacute;n de las feromonas es la clave&rdquo;. Niko, el autor de <a href="http://tiktok.com/@nikodemkosowski/video/7581085899895721238?referer_url=www.usatoday.com%2F&amp;refer=embed&amp;embed_source=121374463%2C121468991%2C121439635%2C121749182%2C121433650%2C121404359%2C121497414%2C122349556%2C122221973%2C122122240%2C121351166%2C121811500%2C121960941%2C122122244%2C122122243%2C122122242%2C121487028%2C122258714%2C121331973%2C120811592%2C120810756%2C121885509%3Bnull%3Bembed_comment_button&amp;referer_video_id=7581085899895721238" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este v&iacute;deo viral de TikTok</a>, dedica su cuenta al culto al cuerpo: concretamente el suyo. Dado que la red social china no dispone, de momento, de tarjeta rascable de fragancias microencapsuladas como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=2B2HE-e8wYY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Odorama que John Waters ide&oacute;</a> para el estreno de <em>Polyester</em> en 1981, tiene m&aacute;s de 20.000 seguidores. Su contenido est&aacute; volcado a la tendencia del <em>T-maxxing</em> (o <em>testosterone-maxxing),</em> un fen&oacute;meno que invita a moldear el cuerpo y a poner en pr&aacute;ctica rutinas variopintas para &ldquo;maximizar la testosterona&rdquo; y elevar la autoestima masculina. Algunas pueden ser ciertamente saludables, como hacer mucho deporte; otras est&aacute;n a medio camino entre la astracanada y la magufer&iacute;a, como comer cebolla cruda.
    </p><p class="article-text">
        Una de las nuevas directrices de esta pendiente viral es dejar de ducharse para &ldquo;atraer m&aacute;s mujeres&rdquo;, selv&aacute;tica metonimia de &ldquo;ligar&rdquo; que el atavismo digital ha vuelto a poner en circulaci&oacute;n. Niko no est&aacute; solo en el ejercicio del <em>pheromone maxxing</em>, como se ha bautizado el fen&oacute;meno. &ldquo;Desde que empec&eacute; con esto, dej&eacute; de usar colonia. Y he estado recibiendo cada vez m&aacute;s cumplidos que nunca gracias a mi repugnante olor a cebolla. Todos haremos <em>pheromone maxxing</em> en 2026&rdquo;, asegura <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rsxHJ4/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raphael</a>, un joven estadounidense.&nbsp;
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7581085899895721238"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Aunque da un poco de verg&uuml;enza preguntarse en serio por las condiciones afrodis&iacute;acas de la falta de higiene, siempre conviene consultar a los expertos. El deseo humano no es nunca un puzle de preguntas f&aacute;ciles. La sex&oacute;loga viguesa Emma Placer organiz&oacute; en el a&ntilde;o 2015 una &ldquo;fiesta de las feromonas&rdquo; como colof&oacute;n para unos talleres que impart&iacute;a, en un intento por experimentar hasta qu&eacute; punto el &oacute;rgano vomeronasal, estructura quimiosensorial que en algunos animales, particularmente los roedores, sirve para detectar feromonas, pod&iacute;a funcionar tambi&eacute;n en los seres humanos como m&eacute;todo en busca de una persona compatible.
    </p><p class="article-text">
        Once a&ntilde;os despu&eacute;s, digerida ya la literatura cient&iacute;fica que se ha ido produciendo desde entonces, admite recordar aquella experiencia con un punto de retraimiento. &ldquo;Con el tiempo, hasta me parece una cosa bastante rancia. No hay una respuesta cient&iacute;fica y no hay evidencia sobre esto. No hay <a href="https://theconversation.com/feromonas-humanas-de-verdad-existen-223876" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nada determinante</a> que diga que las feromonas humanas sexuales existen. El deseo es una cuesti&oacute;n psicol&oacute;gica m&aacute;s que qu&iacute;mica&rdquo;, nos dice hoy la sex&oacute;loga. Por tanto, descarta cualquier base cient&iacute;fica para el <em>pheromone maxxing</em>. &ldquo;El ser humano tiene filias y gustos sexuales que, a veces, son extremos. Y por qu&eacute; no: puede haber alguna mujer o alg&uacute;n hombre a quienes esa falta de higiene masculina, el olor a gimnasio, le ponga. Pero como hay muchos hombres a los que les pone el olor de la menstruaci&oacute;n. Son filias, gustos personales que est&aacute;n ah&iacute; pese a que se salgan de la norma&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay una respuesta científica y no hay evidencia sobre esto. No hay nada determinante que diga que las feromonas humanas sexuales existen. El deseo es una cuestión psicológica más que química</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Emma Placer</span>
                                        <span>—</span> sexóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Emma Placer s&iacute; alerta sobre los posibles v&iacute;nculos entre la filosof&iacute;a <em>maxxing</em> y las nuevas manifestaciones de misoginia<em> online</em> que llevan a&ntilde;os propag&aacute;ndose entre los m&aacute;s j&oacute;venes. &ldquo;Es un concepto muy reduccionista de la atracci&oacute;n. Al final, lo que te dicen es que si consigues determinados rasgos f&iacute;sicos, una mand&iacute;bula perfecta o un cierto nivel hormonal, pasar&aacute;s a ser m&aacute;s atractivo para las mujeres. Y eso encaja con un sistema heteropatriarcal conectado con el mundo <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/misoginia-podria-tener-culpable-capitalismo_129_2119526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>incel</em></a><em>.</em> Intentan convertir algo tan variado y complejo como el deseo en una f&oacute;rmula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Vanessa Rodr&iacute;guez Pousada, presidenta de Sogasex (Sociedade Galega de Sexolog&iacute;a), es experta en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica con j&oacute;venes y ha desempe&ntilde;ado buena parte de su actividad acad&eacute;mica y divulgativa en el estudio del cuerpo adolescente como espejo de nuestro tiempo. En su opini&oacute;n, el<em> pheromone maxxing</em> se conecta con el movimiento<em> incel</em> en que &ldquo;cree que el aspecto determina el &eacute;xito a la hora de ligar&rdquo; y &ldquo;el entendimiento de la sexualidad humana desde un posicionamiento binarista, hombre-mujer, y heterosexual, de hombres para ligar con mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese pensamiento biologicista y binarista responde a una idea de la sexualidad m&aacute;s animal que humana, pero Pousada, pese a estas coincidencias, nos anima a no adscribir necesariamente el <em>pheromone maxxin</em>g solo al territorio de la manosfera. &ldquo;Se puede seguir esta tendencia sin que la persona que lo haga tenga nada que ver con el movimiento <em>incel</em> o sea machista. Es una tendencia que se ha hecho viral en TikTok, y desde ah&iacute; las personas adolescentes pueden engancharse a ella no tanto como un posicionamiento ideol&oacute;gico, sino por curiosidad, por hacer la broma, por presi&oacute;n de grupo o, incluso, por provocaci&oacute;n. La rebeld&iacute;a, la curiosidad, el querer probar cosas nuevas, son caracter&iacute;sticas propias de la adolescencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7660267667864997133"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La experta no cree que debamos llevarnos las manos a la cabeza si vemos a un adolescente de nuestro entorno seguir esta tendencia. &ldquo;Los adultos nos alarmamos con mucha facilidad ante las modas adolescentes porque no las entendemos&rdquo;, dice, y pone como ejemplo la <a href="https://www.eldiario.es/era/espejismo-therian-distraccion-viral-trasfondo-politico_1_13013967.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fiebre</a><a href="https://www.eldiario.es/era/espejismo-therian-distraccion-viral-trasfondo-politico_1_13013967.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> therian</em></a> o las batallas para <a href="https://www.eldiario.es/era/farmear-aura-consiste-tendencia-viral-partes_1_13463278.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">farmear aura</a>. &ldquo;Aunque este caso tenga que ver con un tema de higiene, lo que hay que hacer no es alarmarse, sino fomentar el di&aacute;logo con los adolescentes, preguntarles por qu&eacute; lo hacen, qu&eacute; creen que van a conseguir con eso, si les est&aacute;n dando resultados&hellip; Hay que conversar con ellos antes que rega&ntilde;arles, porque eso puede ser incluso motivador: saltarse la norma es estimulante a esas edades&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vanessa Rodr&iacute;guez Pousada denuncia que &ldquo;los fundamentos biologicistas siempre se han usado en la ciencia y los marcos de pensamiento para explicar determinadas conductas&rdquo; y llama a salir de ese c&iacute;rculo vicioso. Del mismo modo que tambi&eacute;n hay feminismos de marcado eje biologicista, resulta natural que la reacci&oacute;n neomachista apunte en esta direcci&oacute;n. &ldquo;Es importante abordar al ser humano desde un entendimiento biopsicosocial e incluso tecnol&oacute;gico, porque las tecnolog&iacute;as que van apareciendo van modificando nuestro cuerpo, nuestro pensamiento y nuestras conductas. Evidentemente, la biolog&iacute;a influye, pero no se ampara en un marco binarista&rdquo;, defiende Pousada.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga cree que no hay una &uacute;nica causa que pueda explicar el efecto atrayente que el v&oacute;rtex de la manosfera ejerce sobre los m&aacute;s j&oacute;venes, si bien &ldquo;hay rasgos de las adolescencias actuales que no hab&iacute;a en otras &eacute;pocas&rdquo;. Pousada cita como uno de los m&aacute;s rese&ntilde;ables la soledad. &ldquo;Los adolescentes son el grupo de edad <a href="https://www.soledades.es/estudios/estudio-sobre-juventud-y-soledad-no-deseada-en-espana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con mayor sentimiento de soledad no deseada</a>, por encima de las personas de mayor edad, lo cual llama la atenci&oacute;n. Este tipo de<a href="https://www.eldiario.es/un-tema-al-dia/podcast-manosfera-colmenas-machismo-internet_132_9731643.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> grupos [manosf&eacute;ricos]</a> quiz&aacute;s les ofrecen formar algo de comunidad; sentir que forman parte de algo. A veces vemos perfiles de j&oacute;venes excluidos de otros grupos que encuentran ah&iacute; un lugar. Eso puede ser muy atrayente: somos seres sociales&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se puede seguir esta tendencia sin que la persona que lo haga tenga nada que ver con el movimiento incel o sea machista. Es una tendencia que se ha hecho viral en TikTok, y desde ahí las personas adolescentes pueden engancharse a ella no tanto como un posicionamiento ideológico sino por curiosidad, por hacer la broma, por presión de grupo o, incluso, por provocación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vanessa Rodríguez Pousada</span>
                                        <span>—</span> presidenta de la Sociedade Galega de Sexología
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;An&eacute;cdota o categor&iacute;a?</h2><p class="article-text">
        Aunque las voces expertas tratan de mitigar la alarma ante el <em>pheromone maxxing</em> y evidencian el efecto perverso que el se&ntilde;alamiento y la exclusi&oacute;n pueden obrar sobre los esponjosos cerebros del florecimiento pubescente, no cuesta entender por qu&eacute; el pheromone<em> maxxing</em> ha causado furor medi&aacute;tico. Salvo en aquellos entornos miserables donde el acceso al agua corriente es un lujo, la gente que no se ba&ntilde;a hace (s&iacute;) gracia. El hecho de que la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n elija ba&ntilde;arse, consciente de las virtudes higi&eacute;nicas y cosm&eacute;ticas de la abluci&oacute;n, y sobre todo consciente del efecto social contraindicado del hedor, emborracha de soberbia a todo aquel que se encuentre con un disidente y le empuja a alzar un &iacute;ndice burl&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, detr&aacute;s de esta bufonada puede haber movimientos profundos en el mundo de la masculinidad. &iquest;Qu&eacute; ha pasado entre los creadores de contenido <em>bro</em> para que se est&eacute;n viralizando conductas grotescas como no lavarse para ligar? &ldquo;Con total sinceridad digo que la estupidez y el narcisismo masculino han existido siempre&rdquo;, explica el soci&oacute;logo especializado en teor&iacute;a cr&iacute;tica feminista y masculinidades Olmo Morales. &ldquo;Es verdad que hoy en d&iacute;a se reproducen como el micelio si se crean las condiciones necesarias y, desgraciadamente, las hay. El viraje biologicista que estamos observando y que torpemente intenta justificar la desigualdad entre hombres y mujeres est&aacute; siendo impulsado por estudios neurocient&iacute;ficos cuestionables en su dise&ntilde;o, pero que de la mano de las noticias falsas caminan con cada vez menos pudor entre las cabezas pseudopensantes que los reproducen en la barra del bar o en v&iacute;deos que se viralizan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; nos adentramos en el verdadero pantano de esta problem&aacute;tica. Porque s&iacute;, todos tenemos claro que un adolescente que deja de ba&ntilde;arse guiado por los consejos <em>tiktokeros</em> de un <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gur&uacute; de la seducci&oacute;n</a> es un fen&oacute;meno f&aacute;cilmente empaquetable dentro del caj&oacute;n de &ldquo;Lo Machista&rdquo;, pero &iquest;hasta qu&eacute; punto se trata de una an&eacute;cdota que, amplificada por el jij&iacute;-jaj&aacute;, opaca la categor&iacute;a de otras opresiones m&aacute;s severas? El hombre que renuncia al ba&ntilde;o para autoafirmarse es una figura grotesca, casi monstruosa, de la que podr&iacute;a re&iacute;rse una ampl&iacute;sima mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Con todo, cuesta imaginar, de verdad, al columnista m&aacute;s mis&oacute;gino de la derecha preconizando las bondades de la falta de higiene, lo que nos lleva a cuestionar hasta qu&eacute; punto es perverso poner el foco en estos fen&oacute;menos virales extremos. &iquest;Corremos el riesgo de favorecer que se sigan perpetuando vicios patriarcales complejos y dif&iacute;ciles de tratar mientras nos re&iacute;mos de las gansadas de TikTok que, en el fondo, no son hegem&oacute;nicas?
    </p><p class="article-text">
        Olmo Morales cree que s&iacute;: &ldquo;Mientras el feminismo se&ntilde;ala la inequidad estructural que sufren las mujeres y la explotaci&oacute;n cotidiana que hacemos los hombres de ellas, la sociedad sigue mirando el dedo en vez de la luna y se queda con estas tontadas rid&iacute;culas&rdquo;, apunta el soci&oacute;logo. &ldquo;Que haya personajes masculinos teniendo este tipo de pr&aacute;cticas individuales, adem&aacute;s de inocuo para las mujeres es totalmente residual. M&aacute;s que inocuo, constituye en s&iacute; mismo un aviso a navegantes de &lsquo;por ah&iacute; no es&rsquo;. El problema es que desviar el foco hacia estos casos nos supone al resto de hombres que estamos a las ant&iacute;podas de ello un salvaguardo. Los hombres comunes, los del machismo sutil y no por ello menos efectivo sino en todo caso m&aacute;s efectivo, y los machistas violentos que no caen en estos retos ni tendencias, estamos encantados con que se dediquen p&aacute;ginas a estos seres grotescos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El problema es que desviar el foco hacia estos casos nos supone al resto de hombres que estamos a las antípodas de ello un salvaguardo (...)  Se genera esa figura del monstruo que nos sirve para desidentificarnos con el machismo y que lejos de promover que los hombres nos cuestionemos nos lleva a acomodarnos porque ‘yo no soy como ese&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Olmo Morales</span>
                                        <span>—</span> sociólogo especializado en teoría crítica feminista y masculinidades
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que el <em>pheromone maxxing</em> sea caricaturesco y minoritario, es un <em>trend</em> que tiene como foco a los m&aacute;s j&oacute;venes. &iquest;No es acaso posible refutar o contextualizar algo as&iacute; sin hacerle el caldo gordo a la maquinaria mis&oacute;gina que pone en marcha estos retos? &iquest;O supone siempre una p&eacute;rdida de tiempo y energ&iacute;a que encima ayuda a dar relevancia a una an&eacute;cdota y a que muchos hombres se sientan reafirmados en su <em>aliadismo</em> porque, vaya, a ellos nunca se les ocurrir&iacute;a dejar de ba&ntilde;arse (mientras siguen perpetuando otras conductas cuestionables m&aacute;s complejas)?
    </p><p class="article-text">
        Olmo Morales insiste en que &ldquo;a los hombres nos conviene que se viralicen este tipo contenidos porque se&ntilde;ala tendencias absurdas que responden a un modelo de masculinidad esperp&eacute;ntico&rdquo;. Especializado en los peligros del discurso beat&iacute;fico sobre la nueva masculinidad, el acad&eacute;mico teme que esta insistencia en la caricatura del hombre cavernario &ndash;y apestoso&ndash; ayude a sostener el mantra de que el motor de la inequidad que los hombres reproducen es la ausencia de contacto con la propia vulnerabilidad o la falta de autoconocimiento a nivel emocional. &ldquo;Estos dos temas, cuando se juntan, son tremendamente peligrosos para las mujeres y tremendamente beneficiosos para nosotros. Por un lado, se genera esa figura del monstruo que nos sirve para desidentificarnos con el machismo y que lejos de promover que los hombres nos cuestionemos nos lleva a acomodarnos porque &lsquo;yo no soy como ese&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El origen del t&eacute;rmino</h2><p class="article-text">
        Las advertencias de Morales, ciertamente severas, enlazan con la siempre golosa pol&eacute;mica de la risa c&oacute;mplice: ese re&iacute;r que antes de satirizar, legitima. En los &uacute;ltimos meses, las piezas period&iacute;sticas no han dejado de sucederse sobre el <em>pheromone maxxing</em>, siempre con un deje de guasa. Cuando la moda de no lavarse el pelo para ligar fue tratada en Antena 3 Noticias, la cadena lo anunci&oacute; con uno de esos chascarrillos tan vinculados al carisma de su presentador m&aacute;s hist&oacute;rico: <a href="https://www.antena3.com/noticias/salud/ciencia-desmonta-nueva-ocurrencia-viral-lavarse-pelo-potenciar-atractivo-mas-instintivo_202609136aa6949b7486a40f2c9c4ed2.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;A Mat&iacute;as Prats no le mola un pelo esta nueva tendencia&rdquo;</a>. Este mismo reportaje que encara ahora su recta final no es inocente tampoco. De igual modo, la industria de la creaci&oacute;n de contenido se est&aacute; aprovechando del valor al alza del <em>pheromone maxxing</em> en la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n para &ldquo;desmontar&rdquo; sus preceptos, desde <a href="https://www.instagram.com/reels/DdhKdhAg7qh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">farmac&eacute;uticos</a> a <a href="https://www.instagram.com/reels/Dd1RdqqIRtn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enfermeros</a>. &iquest;Hundimos nuestras narices aqu&iacute; por responsabilidad informativa o por oportunismo? No ser&aacute; la primera vez en la historia de la comunicaci&oacute;n que la respuesta tome un poco de ambas, pero para entender la pertinencia de abordar c&oacute;mo un fen&oacute;meno puede escalar del disparate a la autoayuda, conviene ir a la ra&iacute;z de todo.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras se&ntilde;ales que Internet emite sobre el <em>pheromone maxxing</em> nos llevan hasta la cuenta de TikTok de <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rsupam/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un usuario llamado FluffDumpster</a>. En 2024, public&oacute; un v&iacute;deo que puede entenderse como el manifiesto fundacional de esta tendencia. &ldquo;No apesto, estoy maximizando mis feromonas. Los chicos de clase no lo entienden, as&iacute; que no me sorprende que vosotros, los de TikTok, tampoco lo hag&aacute;is&rdquo;. El f&iacute;sico de Isaac &ndash;nombre real del joven detr&aacute;s de esta cuenta&ndash; no est&aacute;, a diferencia de los de otros profetas ferom&oacute;nicos como los que abr&iacute;an este reportaje, tallado en el gimnasio: es un joven desali&ntilde;ado.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7352962089637465387"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Sus v&iacute;deos, muchos de ellos grabados en sorprendente colaboraci&oacute;n con su madre, abordan la odisea del <em>pheromone maxxing</em> con un &aacute;ngulo m&aacute;s o menos humor&iacute;stico: la madre ri&ntilde;endo al hijo por no lavarse, etc&eacute;tera. Hay v&iacute;deos en los que afirma haber pasado per&iacute;odos semanas sin ducharse y otros en los que presume de hacer experimentos con heces y orina para maximizar su qu&iacute;mica masculina. No est&aacute; claro cu&aacute;nto hay de creencia genuina y cu&aacute;nto de s&aacute;tira o<em> rage bait </em>en la l&iacute;nea editorial de Isaac; tampoco si el <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rnVrMM/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pie afectado por una enfermedad</a> similar a la escarlatina que muestra en una de sus publicaciones es real u obra de un sofisticado maquillaje.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima publicaci&oacute;n de la cuenta en la que sale Isaac es de febrero de 2025. En diciembre, su madre public&oacute; un <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rWy2yb/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deo disfrazada</a> de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/charlie-kirk-joven-activista-comentarista-referente-maga-asesinado-tenia-hilo-directo-trump_1_12593944.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Charlie Kirk</a> y, ante la insistencia de sus seguidores, impacientes por ver de nuevo a su hijo en acci&oacute;n, escribi&oacute;: &ldquo;Informo con gran pesar de que Isaac falleci&oacute; hace siete meses. Pens&eacute; que esto [la publicaci&oacute;n del disfraz] es algo que &eacute;l hubiera querido&rdquo;.&nbsp;En la p&aacute;gina de Reddit de Fluffdumpster, un usuario <a href="https://www.reddit.com/r/fluffdumpster/comments/1u2dm0w/is_fluffdumpster_still_alive/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ahondaba en la cuesti&oacute;n</a> hace solo cuatro meses: &ldquo;Lamento tener que decir esto, pero Isaac falleci&oacute; a finales del a&ntilde;o pasado debido a una infecci&oacute;n contra la que hab&iacute;a estado luchando durante alg&uacute;n tiempo. Todos han guardado bastante silencio, tratando simplemente de seguir adelante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, es posible que el propio Isaac est&eacute; detr&aacute;s de esta <em>performance; </em>que, agotada la v&iacute;a de provocar mediante el asco, haya optado por fingir su muerte. De hecho, la falta de informaci&oacute;n real y verificable en la prensa estadounidense sobre el asunto hacen que esta sea la opci&oacute;n m&aacute;s veros&iacute;mil, porque cualquier otra alternativa resultar&iacute;a incalificable. &iquest;Qui&eacute;n en su sano juicio honrar&iacute;a la muerte de su hijo disfraz&aacute;ndose del cad&aacute;ver baleado de Charlie Kirk? Ahora bien, incluso asumiendo que el origen del <em>pheromone maxxing</em> es una <em>trolleada</em> de un joven de la Am&eacute;rica profunda y su madre sedientos de atenci&oacute;n, es necesario entender c&oacute;mo su pantomima puede deturparse a golpe de<em> reel</em> hasta conseguir que chulos de gimnasio pongan en pr&aacute;ctica sus m&eacute;todos, ellos s&iacute;, completamente en serio.
    </p><p class="article-text">
        Puede que dentro de unos meses nadie se acuerde del <em>pheromone maxxing</em>. Probablemente, tampoco importe demasiado cu&aacute;ntos j&oacute;venes decidieron pasar unas semanas sin ducharse siguiendo los consejos de un desconocido de TikTok. Lo que s&iacute; merece atenci&oacute;n es la facilidad con la que una ocurrencia as&iacute; encuentra audiencia, se desprende de la iron&iacute;a marginal con la que naci&oacute; y termina convertida en una explicaci&oacute;n aparentemente seria sobre el deseo y la masculinidad. El olor, en este caso, no viene solo del cuerpo: tambi&eacute;n emana de las ci&eacute;nagas del algoritmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anxo F. Couceiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 21:10:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e739af09-bf3d-487e-894a-57b4ecf230ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x515y328.jpg" length="636842" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e739af09-bf3d-487e-894a-57b4ecf230ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x515y328.jpg" type="image/jpeg" fileSize="636842" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e739af09-bf3d-487e-894a-57b4ecf230ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x515y328.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,TikTok,Tendencias,Adolescentes,Jóvenes,Misoginia,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No hay que sentirse culpable": dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-hay-sentirse-culpable-dormir-tarde-semana-bueno-salud_1_13556582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7938deb-73b1-4adc-9ef5-1a015d404fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No hay que sentirse culpable&quot;: dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las recomendaciones tradicionales hacen hincapié en los riesgos de dormir hasta tarde, pero unos 90 minutos más podrían prevenir la hipertensión arterial, según apunta una nueva investigación</p><p class="subtitle">Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar</p></div><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, los expertos han destacado los riesgos de quedarse en la cama hasta tarde, advirtiendo de que <a href="https://www.eldiario.es/era/deuda-de-sueno_1_10426331.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recuperar el sue&ntilde;o perdido</a> durante el fin de semana puede alterar el reloj biol&oacute;gico y provocar efectos adversos para la salud.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, un an&aacute;lisis ha aportado una matizaci&oacute;n alentadora a ese consejo: si no se abusa de ello, quedarse en la cama hasta tarde los fines de semana puede ser beneficioso, con un tiempo ideal de 1 hora y 27 minutos adicionales en la cama para protegerse contra la hipertensi&oacute;n arterial.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los expertos siguen coincidiendo en que establecer una rutina fija para acostarse y levantarse es fundamental para mantener una buena salud. Sin embargo, un nuevo estudio revela que recuperar una cantidad moderada de sue&ntilde;o &mdash;entre una y dos horas extra&mdash; tras una semana larga se asocia con una menor prevalencia de hipertensi&oacute;n arterial.
    </p><p class="article-text">
        A nivel mundial, m&aacute;s de 1.300 millones de personas padecen hipertensi&oacute;n. Estas personas se enfrentan a un riesgo mucho mayor de sufrir un infarto, un ictus, una enfermedad renal o una muerte prematura.
    </p><p class="article-text">
        Aunque otras medidas para evitar la hipertensi&oacute;n siguen siendo fundamentales &mdash;como mantenerse activo, mantener un peso saludable y llevar una alimentaci&oacute;n adecuada&mdash;, el estudio sugiere que la gente ya no deber&iacute;a sentirse culpable por levantarse tarde los fines de semana, seg&uacute;n los expertos.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n <a href="https://test-digital-congress.escardio.org/esc-congress/speakers/1446560" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se present&oacute;</a> en M&uacute;nich, en el congreso anual de la Sociedad Europea de Cardiolog&iacute;a, el mayor congreso sobre cardiolog&iacute;a del mundo.
    </p><p class="article-text">
        La autora del estudio, la doctora Nawon Lee, de la Universidad de Corea en Se&uacute;l, afirma que &ldquo;no dormir lo suficiente supone un estr&eacute;s adicional para el cuerpo. Hace que el coraz&oacute;n y los vasos sangu&iacute;neos trabajen m&aacute;s y puede aumentar la presi&oacute;n arterial. Dormir un poco m&aacute;s el fin de semana puede dar al cuerpo la oportunidad de recuperarse y reducir parte de ese estr&eacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente no deber&iacute;a sentirse perezosa ni culpable por dormir un poco m&aacute;s el fin de semana. Si no han podido dormir lo suficiente durante la semana, dormir un poco m&aacute;s el fin de semana puede ser simplemente la forma que tiene el cuerpo de recuperarse de esa p&eacute;rdida de sue&ntilde;o&rdquo;, explica. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El análisis identifica la marca de referencia de 1 hora y 27 minutos como la cantidad ideal de sueño de recuperación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El estudio analiz&oacute; a 40.000 adultos de Corea del Sur durante un periodo de siete a&ntilde;os. El sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n del fin de semana se defini&oacute; como la diferencia entre la duraci&oacute;n del sue&ntilde;o durante el fin de semana y la de los d&iacute;as laborables.
    </p><p class="article-text">
        En general, el sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n del fin de semana se asoci&oacute; con una reducci&oacute;n del 6% en el riesgo de hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se observ&oacute; un beneficio ligeramente mayor en las personas consideradas f&iacute;sicamente inactivas. Estas ten&iacute;an un 6,9% menos de probabilidades de padecer hipertensi&oacute;n si se quedaban en la cama hasta m&aacute;s tarde los fines de semana.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis identifica la marca de referencia de 1 hora y 27 minutos como la cantidad ideal de sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n, se&ntilde;ala Lee. Una persona que duerma esta cantidad extra de tiempo tendr&iacute;a un 9% menos de probabilidades de padecer hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se sabe que no dormir lo suficiente impide que la presi&oacute;n arterial baje por la noche, lo que aumenta el riesgo de desarrollar hipertensi&oacute;n. Los expertos ya hab&iacute;an destacado anteriormente la importancia de tener un horario regular para acostarse y levantarse, y hab&iacute;an descartado la idea de que se pueda recuperar el sue&ntilde;o perdido durante el fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque la nueva investigaci&oacute;n ha demostrado que recuperar algo de sue&ntilde;o podr&iacute;a mejorar la salud card&iacute;aca, dormir en exceso podr&iacute;a ser perjudicial, advierte Lee. Por ejemplo, las personas que duermen m&aacute;s de cuatro horas adicionales durante el fin de semana presentan mayor riesgo de hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que recuperar moderadamente el sue&ntilde;o perdido durante el fin de semana puede tener un efecto protector porque, en las personas que sufren privaci&oacute;n de sue&ntilde;o entre semana, el beneficio de compensar la falta de sue&ntilde;o puede superar el posible perjuicio derivado de tener un horario de sue&ntilde;o irregular&rdquo;, afirma Lee.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recuperar moderadamente el sueño perdido durante el fin de semana puede tener un efecto protector porque, en las personas que sufren privación de sueño entre semana, el beneficio de compensar la falta de sueño puede superar el posible perjuicio derivado de tener un horario de sueño irregular</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nawon Lee</span>
                                        <span>—</span> doctora de la Universidad de Corea en Seúl y autora del estudio
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, cuando el sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n durante el fin de semana se vuelve excesivo, el grado de irregularidad en el sue&ntilde;o y la alteraci&oacute;n del ritmo circadiano pueden aumentar, lo que podr&iacute;a contrarrestar ese beneficio&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Mantener un horario de sue&ntilde;o regular sigue siendo importante, pero recuperar una cantidad moderada de sue&ntilde;o puede ser beneficioso, en lugar de algo por lo que sentirse mal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La doctora Sonya Babu-Narayan, cardi&oacute;loga especialista y directora cl&iacute;nica de la British Heart Foundation, que no ha participado en la investigaci&oacute;n, dice: &ldquo;A muchos de nosotros nos cuesta dormir lo suficiente entre semana debido al trabajo, la familia y los compromisos sociales, por lo que es natural que disfrutemos de dormir hasta tarde el fin de semana para recuperar el sue&ntilde;o perdido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este estudio no es una luz verde para dejar de lado la actividad f&iacute;sica, pero, por ahora, quiz&aacute; no tengamos por qu&eacute; sentirnos culpables por levantarnos tarde el fin de semana&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrew Gregory]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-hay-sentirse-culpable-dormir-tarde-semana-bueno-salud_1_13556582.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 20:47:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b7938deb-73b1-4adc-9ef5-1a015d404fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="59083" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b7938deb-73b1-4adc-9ef5-1a015d404fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="59083" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["No hay que sentirse culpable": dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b7938deb-73b1-4adc-9ef5-1a015d404fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sueño,Descanso,Dormir,Bienestar,Salud,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Una lloradita y a seguir": el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/lloradita-seguir-meme-normalizado-colapsar-trabajo_1_13553185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bed099eb-95d9-4ff7-8ebc-0d362295b675_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x764y297.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Una lloradita y a seguir&quot;: el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La expresión, que pivota entre la normalización y banalización del llanto, se ha extendido entre las generaciones más jóvenes, que ven cómo su situación no les permite frenar ni siquiera cuando la presión o el malestar les hace romper a llorar</p><p class="subtitle">Cuando tienes la sensación de “ir tarde en la vida”: no tener piso o hijos a los 35 no es culpa tuya</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Pero eso no le ha pasado a todo el mundo alguna vez en el trabajo?&rdquo;. Esa fue una de las respuestas que recib&iacute; al preguntar por la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo;. Tras la proliferaci&oacute;n de memes, <em>stickers</em> y v&iacute;deos que repiten este mantra, aparecen historias personales que hablan de situaciones l&iacute;mite en ambientes laborales, de exigencias acad&eacute;micas o cuando se practica un deporte. La realidad es que algo impacta de forma grave en la persona cuando esta no tiene ni el tiempo ni el espacio para digerir ciertas emociones. Hemos perdido el miedo a llorar y a decir que lloramos, pero le seguimos quitando importancia. La liberaci&oacute;n moment&aacute;nea de las l&aacute;grimas no combate la presi&oacute;n externa que imposibilita la correcta y necesaria canalizaci&oacute;n emocional. Y los ritmos obligados tampoco ayudan.
    </p><p class="article-text">
        Roc&iacute;o tiene 28 a&ntilde;os y hace dos trabajaba como dependienta en una firma francesa de moda en Madrid. &ldquo;Un d&iacute;a mi jefe me dijo delante de unos clientes que si no hab&iacute;a pensado en operarme algunas partes de mi cuerpo, y me las empez&oacute; a se&ntilde;alar. No supe c&oacute;mo contestar&rdquo;, recuerda esta maestra de pedagog&iacute;a terap&eacute;utica. En cuanto pudo, se fue al ba&ntilde;o. &ldquo;Me sent&iacute;a mal, culpable, y ah&iacute; s&iacute;: lloradita y a seguir&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de situaciones suelen aparecer en entornos de alta presi&oacute;n en los que la persona afectada no tiene una red de apoyo presente. &ldquo;Tambi&eacute;n te sabe mal pedir ayuda, o piensas que es algo que tienes que llevar t&uacute; sola&rdquo;, opina Andrea, profesora en una academia de Getafe. A sus 34 a&ntilde;os, todav&iacute;a rememora aquellos momentos en los que lloraba sola por la muerte de su abuelo antes de enfrentar una clase. &ldquo;Parece que cada vez nos intentan hacer m&aacute;s independientes, cuando estos malos tragos muchas veces son menos malos si estamos acompa&ntilde;adas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Laura no conoc&iacute;a la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; cuando en numerosas ocasiones ya la hab&iacute;a puesto en pr&aacute;ctica. Tiene 32 a&ntilde;os y es una profesional de la comunicaci&oacute;n y las redes sociales. &ldquo;Lo peor es cuando tienes un problema de salud mental y la sanidad p&uacute;blica no te acompa&ntilde;a como debe, y tienes que ir a la privada para seguir viviendo. No puedes no trabajar, especialmente cuando eres aut&oacute;noma. Lloras y luego vas a reuniones con los ojos rojos&rdquo;, dice por su experiencia. Desde su punto de vista, que esta realidad est&eacute; tan extendida es un claro s&iacute;ntoma del sistema: &ldquo;No s&eacute; si a los ricos les pasar&aacute; lo mismo&rdquo;, comenta con iron&iacute;a esta madrile&ntilde;a.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DWAtw1Wjg11/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        De todas formas, a veces la cosa va m&aacute;s all&aacute; de la &ldquo;lloradita&rdquo;: &ldquo;Hay experiencias que nos pueden desbordar mucho m&aacute;s, que nuestro cerebro no consigue digerir o integrar, y no se trata de llorar y seguir todos los d&iacute;as, sino que hay que ir m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, esgrima Paula Mui&ntilde;os, vocal del Col&middot;legi Oficial de Psicologia de la Comunitat Valenciana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay experiencias que nos pueden desbordar mucho más, que nuestro cerebro no consigue digerir o integrar, y no se trata de llorar y seguir todos los días, sino que hay que ir más allá</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Paula Muiños</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El humor y la invalidaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Decir &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; es ponerle algo de humor a la situaci&oacute;n y quitarle importancia al mismo tiempo para Laura. &ldquo;Es la l&oacute;gica del mercado, que no deja espacio para las emociones. Solo producir, producir y producir&rdquo;, explica. Es lo que tambi&eacute;n piensa Raquel Masa, psic&oacute;loga sanitaria de Bilbao que esgrime que la expresi&oacute;n supone incluso un proceso de invalidaci&oacute;n emocional. &ldquo;No tengo tiempo para procesar lo que me pasa, me doy un minuto de tregua y luego a seguir como si nada&rdquo;, abunda. &ldquo;Una cosa es normalizar el llanto y otra banalizarlo&rdquo;, precisa su compa&ntilde;era Paula Mui&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n laboral es lo que ha hecho que Hugo, uno de los pocos hombres que ha respondido al llamado de hacer p&uacute;blico estos momentos de vulnerabilidad, explotara varias veces en los <em>sets</em> de rodaje. A sus 22 a&ntilde;os, este integrante de los equipos de direcci&oacute;n de producciones audiovisuales habla de &ldquo;exigencias brutales&rdquo; de 12 horas ininterrumpidas trabajando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las nuevas generaciones somos m&aacute;s conscientes de esto. Cuando coincido con gente de mi edad en los rodajes, lo entendemos muy bien. Cuando me ha pasado o le ha pasado a alguien, siempre hemos intentado acompa&ntilde;arnos, aunque sabemos que esto de tener que seguir a toda costa es neoliberalismo puro&rdquo;, desarrolla. En este sentido, Masa, psic&oacute;loga, agrega que los j&oacute;venes son una generaci&oacute;n que en mayor medida identifica y reconoce algo m&aacute;s el proceso de identificaci&oacute;n y reconocimiento de una emoci&oacute;n, pero con poco espacio para validarla y procesarla.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Reacciones emocionales personales</h2><p class="article-text">
        Marta, periodista de 31 a&ntilde;os, cuenta que algunas veces, mientras est&aacute; con amigos o en casa trabajando, le asalta una emoci&oacute;n que le empa&ntilde;a los ojos: &ldquo;Ah&iacute; lloras un poquito y buscas un abrazo y contin&uacute;as con tu vida. De alguna manera entiendes que no puedes quedarte estancada para que no genere un malestar mayor&rdquo;, admite. Como comunicadora en zona de conflicto, ha vivido situaciones de gran injusticia e impunidad. &ldquo;El llanto tiene un componente liberador, es tu propio cuerpo deshaci&eacute;ndose de una parte de &eacute;l mismo, no s&eacute;&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando coincido con gente de mi edad en los rodajes, lo entendemos muy bien. Cuando me ha pasado o le ha pasado a alguien, siempre hemos intentado acompañarnos, aunque sabemos que esto de tener que seguir a toda costa es neoliberalismo puro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Hugo</span>
                                        <span>—</span> 22 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La crianza tambi&eacute;n es otra de las realidades que puede llevar al l&iacute;mite. &ldquo;Compaginar el inicio de la escuela infantil o el colegio con mi trabajo es horroroso. En julio avis&eacute; en el trabajo de que necesitar&iacute;a algo de flexibilidad en septiembre, pero a finales de agosto ya todo el mundo ten&iacute;a muchos y muy buenos proyectos y nadie se acordaba de lo que dije&rdquo;, enuncia Carla, vecina de 33 a&ntilde;os de Pinto con dos peque&ntilde;os a su cargo que muchas veces se acuesta con l&aacute;grimas en los ojos. &ldquo;Acompa&ntilde;ar a tu hijo al cole no es un derecho, por ahora, y tu jefe solo piensa en el &uacute;ltimo trimestre del a&ntilde;o&rdquo;, agrega con enfado. En su caso, encuentra un alivio en sus amigas, con quien se intercambia <em>stickers</em> por WhatsApp con mensajes como &ldquo;una lloradita y a seguir existiendo&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DX8f085uWBK/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Hablar de manera desenfadada del lloro es un avance para Anna Romeu, psic&oacute;loga especializada en gesti&oacute;n emocional. A ojos de esta especialista, la expresi&oacute;n explicita una realidad ocultada en muchas ocasiones y, por otro lado, le pone final en el tiempo. &ldquo;Me gusta porque termina la acci&oacute;n, no nos vamos a pasar todo el d&iacute;a llorando, ni el mundo se acaba&rdquo;, determina. Esta integrante del Colegio Oficial de Psicolog&iacute;a de Catalunya admite tambi&eacute;n que hay otra lectura: &ldquo;No me gusta tanto que se pueda llegar a tomar a la ligera el hecho de llorar o sentir. Cada una de las reacciones emocionales son personales e intransferibles, con intensidades diferentes, y todas son v&aacute;lidas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un malestar m&aacute;s amplio detr&aacute;s</h2><p class="article-text">
        A Alba, el estr&eacute;s por el estudio de unas oposiciones le ha pasado factura. Esta joven de 26 a&ntilde;os, asentada en C&aacute;diz, decidi&oacute; dejar de lado el estudio durante dos semanas para poderse recomponer de la ruptura de una relaci&oacute;n con quien durante seis a&ntilde;os fue su pareja. &ldquo;El duelo no lo haces en dos semanas, as&iacute; que yo estaba estudiando la misma oposici&oacute;n que &eacute;l aprob&oacute; y, de repente, me acordaba de cualquier cosa de nosotros y lloraba. Me daba cinco minutos y segu&iacute;a estudiando, porque adem&aacute;s no dejaba de pensar que si no suspender&iacute;a y no tendr&iacute;a trabajo&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Esta graduada en Ciencias Pol&iacute;ticas y Estudios Internacionales sostiene que no tener espacio para mostrar los sentimientos &ldquo;va en la l&iacute;nea de hacer de menos c&oacute;mo nos sentimos para evitar abordar nuestra situaci&oacute;n, verlo como algo moment&aacute;neo, cuando es s&iacute;ntoma de un malestar mucho m&aacute;s general&rdquo;. La psic&oacute;loga Mui&ntilde;os, por su parte, valora que detr&aacute;s de &ldquo;una lloradita&rdquo; puede haber una forma de resiliencia, pero tambi&eacute;n algo m&aacute;s, como si se estuviera tapando alguna situaci&oacute;n compleja o un malestar m&aacute;s amplio.
    </p><p class="article-text">
        A A&iacute;da nunca se le olvidar&aacute; el d&iacute;a que su padre le dijo que padec&iacute;a c&aacute;ncer. Ella tiene 34 a&ntilde;os y se dedica a la consultor&iacute;a: &ldquo;Recib&iacute; la llamada en el trabajo y tuve que hacer como si nada, disimul&eacute;. Conforme colgu&eacute;, me fui al ba&ntilde;o y habl&eacute; con mi hermana, que estaba en una situaci&oacute;n similar. En un cuarto de hora, me lav&eacute; la cara y volv&iacute; a mi mesa&rdquo;, detalla.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DTYMpVvjhC9/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Introducir el factor risa de la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; para abordar realidades y momentos tan complicados no es algo positivo para A&iacute;da. &ldquo;Las cosas graves deber&iacute;an mantenerse en la gravedad, que el cerebro sepa reaccionar ante ellas, que no se lo tome a broma. Esta expresi&oacute;n meme es muy siglo XXI, para descargar la importancia que tiene realmente&rdquo;, apunta. Masa, integrante del Colegio Oficial de Psicolog&iacute;a de Bizkaia, recalca que el humor puede ser un mecanismo &ldquo;muy bueno&rdquo; para hacer frente a algo cuando no hay tiempo de interiorizarlo, pero siempre y cuando despu&eacute;s exista tiempo para procesar lo ocurrido.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta expresión meme es muy siglo XXI, para descargar la importancia que tiene realmente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aída</span>
                                        <span>—</span> 34 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Que el entorno sostenga</h2><p class="article-text">
        Para Ana, los diez meses que estuvo trabajando en una agencia de relaciones p&uacute;blicas fueron &ldquo;diez meses de lloradita y a seguir&rdquo;, asegura. Esta redactora t&eacute;cnica en una empresa de electromedicina detalla que su jefa le trataba mal continuamente. &ldquo;Estamos tan apretados en nuestra vida con la familia, el trabajo, el dinero o lo que sea, que al final uno tiene que tragar y seguir&rdquo;, profundiza.
    </p><p class="article-text">
        Masa dice que la soluci&oacute;n pasa por poder reconocer la emoci&oacute;n y ser consciente de ella. &ldquo;Si uno tiene un mal d&iacute;a, quiz&aacute; puede llegar al trabajo y decirse a s&iacute; mismo que ir&aacute; m&aacute;s lento. Nos tenemos que validar como individuos&rdquo;, explica. De todas formas, como todo, tiene un componente comunitario: &ldquo;El entorno deber&iacute;a saber leer que a esa persona le sucede algo y que ser&aacute; importante sostenerla, acompa&ntilde;arla&rdquo;, finaliza la experta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/lloradita-seguir-meme-normalizado-colapsar-trabajo_1_13553185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Oct 2026 20:05:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bed099eb-95d9-4ff7-8ebc-0d362295b675_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x764y297.jpg" length="655695" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bed099eb-95d9-4ff7-8ebc-0d362295b675_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x764y297.jpg" type="image/jpeg" fileSize="655695" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Una lloradita y a seguir": el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bed099eb-95d9-4ff7-8ebc-0d362295b675_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x764y297.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Internet,Memes,Salud mental,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Alerta flequillo": el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alerta-flequillo-corte-pelo-pasado-insulto-machista-reivindicacion-feminista_129_13547388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7db3565-fabc-488d-8f33-ba16ff017259_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x798y344.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Alerta flequillo&quot;: el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Popularizado primero en las redes sociales argentinas, el “alerta flequillo” ha llegado también a la manosfera española convirtiendo los flequillos cortos en seña de identidad para atacar a mujeres que intervienen en el debate público</p><p class="subtitle">De las gradas antifas a los 'looks' de influencers: qué ha pasado con las Adidas Samba</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Alerta flequillo&rdquo;, &ldquo;tu flequillo te delata&rdquo;. Estos son algunos de los comentarios que Virginia Mendoza, dise&ntilde;adora, ilustradora y un tercio del&nbsp;podcast feminista <a href="https://www.instagram.com/radiobajeras_/?hl=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Radiobajeras</em></a> estaba acostumbrada a recibir al publicar v&iacute;deos en su perfil. Este verano, al sumarse a un <em>trend</em> de redes que consist&iacute;a en grabarse cort&aacute;ndose el flequillo precisamente como burla a esos insultos, recibi&oacute; acoso <em>online</em> durante semanas. &ldquo;Se unieron los<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/catalunya/acoso-incel-experta-videojuegos-vez-tirarte-tejos-tiraba-bocadillo_1_13063550.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>incel,</em></a> los mis&oacute;ginos y los fascistas y, de repente, mi post era ForoCoches&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le ocurri&oacute; a Mendoza no es una experiencia aislada. &ldquo;La primera vez que vi un v&iacute;deo sobre la 'alerta flequillo', no lo pod&iacute;a creer&rdquo; explica Inma T., peluquera y creadora del fanzine punk <em>Murcia Tropikal</em>. &ldquo;Me di por aludida y sent&iacute; que a m&iacute;, y a muchas mujeres, se nos se&ntilde;alaba y ridiculizaba de una manera que nunca hab&iacute;a vivido. Y, sobre todo, con un apoyo en red desorbitado&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82
C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida por 𝑽𝒊𝒓𝒈𝒊𝒏𝒊𝒂 𝑴𝒆𝒏𝒅𝒐𝒛𝒂 (@virginiamendoza.ds)</a></p></div></blockquote>
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        La &ldquo;alerta&rdquo; apunta a los flequillos m&aacute;s cortos que dejan las cejas a la vista y desaf&iacute;an la feminidad normativa. El pelo, como la <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/13505084251383289?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n feminista</a> especializada ha estudiado, funciona como una se&ntilde;al de g&eacute;nero sometida a vigilancia que persigue un canon de docilidad y deseabilidad para la mirada masculina. La burla y el se&ntilde;alamiento a los flequillos que rompen con ese canon es, por tanto, una forma de disciplinarlos. Como explica la peluquera Inma T., esto se produce en un contexto de desaparici&oacute;n de este tipo de flequillos a favor de la proliferaci&oacute;n de las est&eacute;ticas de las <a href="https://www.eldiario.es/era/clean-girls-estetica-portuguesa-obsesion-categorizarse-constantemente_1_12388524.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>clean girls</em></a> (chicas limpias, de aspecto depurado) o las<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/era/manosfera-tradwifes-contenido-ultraconservador-convertido-negocio_1_11563998.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>tradwives</em></a><em> </em>que popularizan las redes. El fascismo est&eacute;tico convive as&iacute; con la aparici&oacute;n del fen&oacute;meno &ldquo;alerta flequillo&rdquo;, retroaliment&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s ha pasado para que un corte de pelo transforme un espacio digital como el Instagram personal de una mujer en un foro de la <a href="https://www.eldiario.es/un-tema-al-dia/podcast-manosfera-colmenas-machismo-internet_132_9731643.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manosfera</a>?
    </p><h2 class="article-text">De Argentina a Espa&ntilde;a: viaje por la manosfera internacional</h2><p class="article-text">
        En sus visitas recientes a Argentina, especialmente tras la llegada de Milei al poder, activistas e investigadoras espa&ntilde;olas como Alicia Vald&eacute;s y Anita Fuentes, ve&iacute;an con sorpresa c&oacute;mo&nbsp;sus flequillos eran&nbsp;motivo de conversaci&oacute;n. Sus compa&ntilde;eras les preguntaban si recib&iacute;an ataques por su corte de pelo bajo el llamado &ldquo;alerta flequillo&rdquo;. Esta expresi&oacute;n se hab&iacute;a extendido en redes para se&ntilde;alar y ridiculizar a mujeres identificadas como feministas.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto espa&ntilde;ol, lo m&aacute;s parecido era la asociaci&oacute;n de los flequillos cortos &ldquo;borrokas&rdquo;, sin embargo, estos c&oacute;digos no hab&iacute;an alcanzado tanta capacidad de penetraci&oacute;n y, sobre todo, no se hab&iacute;an convertido en un c&oacute;digo espec&iacute;ficamente dirigido contra las feministas.
    </p><p class="article-text">
        La periodista argentina <a href="https://www.instagram.com/cel_murillo/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Celeste Murillo</a> explica que busc&oacute; con entusiasmo esa relaci&oacute;n directa entre feminismo y flequillo que anunciaba la manosfera. Lo que descubri&oacute; es que el origen de esta asociaci&oacute;n se encuentra en los ataques que desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os reciben las participantes de las movilizaciones de <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/multitud-volvio-calles-basta-de-matarnos_1_13273624.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Ni Una Menos</a> contra la violencia machista y de la <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/feminismos-eleccion-libertad-derechos-riesgo_1_10551087.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Marea Verde</a> por la legalizaci&oacute;n del aborto. No encontr&oacute; que ese peinado fuera mayoritario entre ellas, lo que descubri&oacute; es que se les hab&iacute;a atribuido una asociaci&oacute;n con los flequillos cortos desde posiciones antifeministas para caricaturizarlas mediante c&oacute;digos est&eacute;ticos de desobediencia de g&eacute;nero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los últimos años, de repente, de manera impuesta y de manera externa, se me ha dicho que llevar el flequillo de determinada manera indicaba o implicaba una serie de aspectos de mi personalidad o de mi posicionamiento político</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alicia Valdés</span>
                                        <span>—</span> politóloga e investigadora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo llega al contexto espa&ntilde;ol? &ldquo;Tiene que ver con el modelo de negocio de las redes&rdquo;, responde <a href="https://www.instagram.com/anitafuentex/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anita Fuentes</a>, investigadora de la Universidad Complutense especializada en misoginia <em>online</em>, feminismo y capitalismo digital. &ldquo;Al compartir idioma con los pa&iacute;ses latinoamericanos, los algoritmos de plataformas como TikTok o Instagram tratan el espacio hispanohablante como un &uacute;nico mercado de atenci&oacute;n y acaban recomendando aqu&iacute; contenidos que han tenido &eacute;xito en pa&iacute;ses como Argentina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La extrema derecha de ambos lados del Atl&aacute;ntico est&aacute; estrechamente conectada y, a su vez, Argentina se ha convertido en un centro de producci&oacute;n intelectual del movimiento ultraconservador&rdquo;, a&ntilde;ade Fuentes. De este modo, el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; recala en nuestras pantallas como parte de una red internacional de ideolog&iacute;a reaccionaria, cargada del imaginario argentino del actual gobierno que se articula en t&eacute;rminos de una batalla cultural donde las feministas y &ldquo;zurdas&rdquo; son uno de los principales objetivos a batir de forma que el marcado de las primeras fue r&aacute;pidamente extensible a cualquier mujer de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro contexto se encontr&oacute; con un terreno abonado: c&oacute;digos propios que ya asociaban determinados flequillos con posiciones pol&iacute;ticas y una misoginia <em>online</em> que ya ven&iacute;a castigando la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/auge-violencias-machistas-online-ataques-feministas-intensifican-respuestas_1_13081557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">participaci&oacute;n de las mujeres</a> en la esfera p&uacute;blica digital.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7571480189461450002"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">C&oacute;mo se construye un c&oacute;digo antifeminista</h2><p class="article-text">
        La asociaci&oacute;n no necesita ser cierta para funcionar: necesita repetirse hasta que determinados flequillos puedan ser le&iacute;dos como feministas o de izquierdas sin necesidad de explicar la relaci&oacute;n. &ldquo;Es en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando de repente, de manera impuesta y de manera externa, se me ha dicho que llevar el flequillo de determinada manera indicaba o implicaba una serie de aspectos de mi personalidad o de mi posicionamiento pol&iacute;tico&rdquo;, comenta a este medio Alicia Vald&eacute;s, investigadora, directora de la escuela de pensamiento <a href="https://aliciavaldes.info/lagrima" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La&middot;grima</a> y autora del reciente ensayo <a href="https://www.eldiario.es/era/alicia-valdes-ultraderecha-canalizando-malestar-hombres-jovenes-discursos-antifeministas_1_13261190.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Auge. G&eacute;nero, juventud y extrema derecha</em></a><em> </em>(Debate).
    </p><p class="article-text">
        Elisa Garc&iacute;a-Mingo y Silvia D&iacute;az Fern&aacute;ndez introducen en su <a href="https://www.centroreinasofia.org/publicacion/jovenes-en-la-manosfera/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> <em>J&oacute;venes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepci&oacute;n que tienen los hombres j&oacute;venes de la violencia sexual</em> el concepto de &ldquo;polinizaci&oacute;n&rdquo; para explicar esta capacidad de los discursos antifeministas de extender sus marcos y c&oacute;digos. A trav&eacute;s de la circulaci&oacute;n y del uso repetido en espacios digitales, estos c&oacute;digos pueden llegar a ser reconocibles sin necesidad de explicar su origen o significado en profundidad.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;alerta flequillo&rdquo; encontr&oacute; en las comunidades antifeministas digitales un espacio especialmente propicio: aportaba un nuevo c&oacute;digo de se&ntilde;alamiento mis&oacute;gino con un funcionamiento extremadamente simple, la conversi&oacute;n de un rasgo est&eacute;tico en un marcador pol&iacute;tico e identitario, que permit&iacute;a tanto atacar a las feministas como aplicar un disciplinamiento a todas aquellas mujeres que participaban del espacio p&uacute;blico y/o ten&iacute;an una est&eacute;tica subversiva.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Gracias a ese código compartido, quienes encuentran la contraseña —porque la buscan o porque aparece en su pantalla— pueden identificar un objetivo sin necesidad de contexto y sumarse al acoso sin necesidad de coordinación previa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada vez que Celeste Murillo postea o cuelga un v&iacute;deo considera que hay alt&iacute;simas probabilidades de que un var&oacute;n le comente &ldquo;alerta flequillo&rdquo; como una forma de oponerse a su opini&oacute;n. &ldquo;Creo que el contexto de un ecosistema digital antifeminista le otorga una l&oacute;gica interna al insulto 'alerta flequillo', todos entienden de qu&eacute; est&aacute;n hablando porque en sus foros circulan argumentos, ideas e im&aacute;genes que alimentan sus discursos en las redes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para los espacios digitales de la manosfera el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; encajaba perfectamente en su repertorio de actuaci&oacute;n. Lionel Delgado Ontivero y Alejandro S&aacute;nchez-Sicilia en la <a href="https://revistaprismasocial.es/ps/article/view/4958" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> <em>Subversi&oacute;n antifeminista: an&aacute;lisis audiovisual de la Manosfera en redes sociales</em> los describen como espacios digitales con capacidad para transformar debates pol&iacute;ticos complejos en contenidos sencillos, reconocibles y f&aacute;cilmente reproducibles en redes sociales. Ese mecanismo que facilita la difusi&oacute;n y asimilaci&oacute;n&nbsp;convive con&nbsp;el se&ntilde;alamiento, la demonizaci&oacute;n y la ridiculizaci&oacute;n del feminismo y de las feministas a trav&eacute;s del humor ofensivo, los memes, la descontextualizaci&oacute;n o la cultura del &ldquo;zasca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma la propia arquitectura de unas plataformas donde <a href="https://www.eldiario.es/era/confrontar-internet-big-tech-monetizadores-negocio-odio_128_11826308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuanto m&aacute;s sencillo y virulento es el mensaje m&aacute;s premiado</a> y difundido resulta porque genera m&aacute;s interacci&oacute;n y, por tanto, m&aacute;s ingresos.&nbsp;Esta posibilidad de monetizaci&oacute;n es la que hace tan lucrativo el acoso a mujeres y lleva a afirmar a Anita Fuentes que &ldquo;la misoginia <em>online</em> est&aacute; en el ADN del modelo de negocio de las plataformas de Silicon Valley&rdquo;. As&iacute;, el fen&oacute;meno &ldquo;alerta flequillo&rdquo; no solo encontr&oacute; las puertas digitales abiertas: le hab&iacute;an puesto una alfombra roja.
    </p><h2 class="article-text">Una contrase&ntilde;a para la manosfera</h2><p class="article-text">
        La potencialidad del c&oacute;digo &ldquo;alerta flequillo&rdquo; reside tanto en su capacidad de difusi&oacute;n y de polinizaci&oacute;n, como en su capacidad para condensar diferentes formas de se&ntilde;alamiento y castigo en solo dos palabras.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, atacar a las mujeres de izquierdas mediante insultos que se reducen a la dimensi&oacute;n est&eacute;tica no es &uacute;nicamente un disciplinamiento de c&oacute;digos de g&eacute;nero, tiene adem&aacute;s &ldquo;la finalidad de infravalorar o quitarle peso y valor a nuestra capacidad cognitiva en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos&rdquo;, se&ntilde;ala Alicia Vald&eacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-loJYahY1PZA-4674', 'youtube', 'loJYahY1PZA', document.getElementById('yt-loJYahY1PZA-4674'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-loJYahY1PZA-4674 src="https://www.youtube.com/embed/loJYahY1PZA?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s su facilidad de activaci&oacute;n y su referencia al repertorio m&aacute;s cl&aacute;sico de la manosfera: las burlas sobre el aspecto de las mujeres y su&nbsp;hostigamiento buscando silenciarlas y expulsarlas lo han convertido en una herramienta muy &uacute;til para movilizar el acoso mis&oacute;gino m&aacute;s all&aacute; de las feministas y las mujeres de izquierdas. Celeste Murillo ha documentado casos en Argentina en los que tambi&eacute;n se ha dirigido contra mujeres de derechas porque, afirma, &ldquo;ante todo, funciona para invalidar la voz de las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, al reducir movimientos sociales o corrientes pol&iacute;ticas a determinados elementos est&eacute;ticos, posibilita&nbsp;tanto su simplificaci&oacute;n y ridiculizaci&oacute;n como facilita su identificaci&oacute;n. De esta forma se reducen los esfuerzos necesarios para perseguir determinados posicionamientos, marcos y expresiones: el conocimiento feminista y la agenda de izquierdas en particular, y la participaci&oacute;n de las mujeres en general.
    </p><p class="article-text">
        Pero la estrategia no acaba aqu&iacute;. Como identifican tanto Alicia Vald&eacute;s como Anita Fuentes, el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; opera como una estrategia de marcaje de objetivos, una contrase&ntilde;a&nbsp;de la manosfera que llama al ataque. Gracias a ese c&oacute;digo compartido, quienes encuentran la contrase&ntilde;a &mdash;porque la buscan o porque aparece en su pantalla&mdash; pueden identificar un objetivo sin necesidad de contexto y sumarse al acoso sin necesidad de coordinaci&oacute;n previa, sabi&eacute;ndose adem&aacute;s participantes de un ataque compartido.
    </p><h2 class="article-text">Militancia capilar</h2><p class="article-text">
        La viralidad y la virulencia de estos ataques refuerzan el sentido de pertenencia a un grupo de quienes comparten la&nbsp;contrase&ntilde;a. Pero el c&oacute;digo tambi&eacute;n opera en sentido contrario. Al marcar a las feministas por un rasgo est&eacute;tico, la manosfera ha contribuido a convertirlo en un s&iacute;mbolo reconocible. Llevar un flequillo corto puede ser ahora, para algunas feministas, una elecci&oacute;n subversiva y una forma consciente de identificarse con el movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Para Celeste Murillo, esta reapropiaci&oacute;n ya se encuentra asentada en Argentina, donde las feministas han establecido una relaci&oacute;n identitaria con el flequillo. Un ejemplo es <a href="https://www.instagram.com/reel/DZK442TOH8q/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la performance</a> de Lala Brillos en la &uacute;ltima marcha de <em>Ni Una Menos</em>, donde como una suerte de ritual de iniciaci&oacute;n en los feminismos, iba cortando con una m&aacute;quina de afeitar el flequillo de las asistentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a parece que se est&aacute; recorriendo un camino similar. Las c&oacute;micas y creadoras de contenido la Prados, Adela por Dios y Lu Antimorbo han nombrado a su nueva secci&oacute;n en Carne Cruda sobre feminismo, clase y humor precisamente <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/alerta-flequillos-adela-dios-prados-lu-antimorbo-carne-cruda_132_13483301.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Alerta flequillos&rdquo;</a>, en el v&iacute;deo mencionado al principio de este art&iacute;culo Virginia Mendoza viraliz&oacute; la expresi&oacute;n: &ldquo;El flequillo es trinchera&rdquo;, mientras que la creadora de contenido <a href="https://www.youtube.com/shorts/loJYahY1PZA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estupenda M&aacute;rquez</a> hab&iacute;a hecho lo propio un a&ntilde;o antes con &ldquo;militancia capilar&rdquo;. De tanto repetir que el flequillo nos delataba, puede que hayan terminado por conseguirlo. Solo que no exactamente como esperaban.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina López Baena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alerta-flequillo-corte-pelo-pasado-insulto-machista-reivindicacion-feminista_129_13547388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 20:31:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b7db3565-fabc-488d-8f33-ba16ff017259_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x798y344.jpg" length="721002" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b7db3565-fabc-488d-8f33-ba16ff017259_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x798y344.jpg" type="image/jpeg" fileSize="721002" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Alerta flequillo": el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b7db3565-fabc-488d-8f33-ba16ff017259_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x798y344.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Internet,Misoginia,Feminismo,Cabello]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
