'El caballero de los Siete Reinos' muestra en su episodio 3 lo peor (y lo mejor) de los Targaryen… y deja una gran revelación
En cada hombre hay muchos hombres. Tenía que hacerlo. Lord Lyonel Baratheon
El tercer capítulo de El caballero de los Siete Reinos es el más impactante de los que llevamos hasta la fecha, y nos deja un combate a caballo espectacular y traumático, un enfrentamiento nocturno truculento y una gran revelación de vital importancia no solo para esta historia, sino para todo el universo de Juego de tronos (y de Canción de hielo y fuego). Nos muestra, además, lo cruel que puede llegar a ser un príncipe engreído. Y nos deja atrapados con su final, con la duda de hacia dónde se va a dirigir ahora la serie de HBO Max, pues han cambiado la disposición de las piezas sobre el tablero.
Gran parte del encanto de los dos primeros episodios residía en su potente punto de partida: la muerte de ser Arlan y la relación de amistad que nacía entre una pareja improbable, la formada por Dunk y Egg, además de presentar ese tono entre la comedia y el drama tan particular y logrado, que juega constantemente con los contrastes: el que ya se aprecia en la primera secuencia, que pasa de un entierro en un día de lluvia a un hermoso día soleado. Esos capítulos nos habían desarrollado la personalidad de los protagonistas y presentado el Poniente de la época. Pero en esta entrega, además de compartir con los personajes bocadillos de huevo y panceta o una sidra, veremos cómo de verdad se les empiezan a complicar las cosas, y cómo su destino parece ligado al de los hombres y mujeres más poderosos de todo el reino.
AVISO SPOILERS: A continuación se revelan detalles relevantes del capítulo 3 de 'El caballero de los Siete Reinos'
Análisis del capítulo 3 de 'El caballero de los Siete Reinos'
El episodio, que ya hemos podido ver en verTele, deja claro desde su título (El escudero) que va a centrarse en el personaje de Egg, ese niño calvo y pequeñajo que, sin embargo, es muy espabilado e inteligente, y que pone una gran voluntad y dedicación a sus tareas, al menos cuando quiere. Todo comienza con Egg, que se despierta mientras el caballero errante al que sirve, ser Duncan el alto, sigue dormido. Todavía no ha amanecido, pero el niño decide ponerse en marcha, y se interna en el bosque llevando las riendas de Trueno, el caballo con el que ser Duncan pretende competir en las justas del torneo de Vado Ceniza. Uno de los planos del chico caminando con el corcel entre los árboles es de los más bellos que hemos visto hasta ahora en la serie.
Los caballos vuelven a tener aquí una gran importancia: recordemos que el primer plano que vemos en El caballero de los Siete Reinos es, precisamente, de los tres caballos que acompañaban a Dunk y al ya difunto ser Arlan. Y una de las escenas más tristes y emotivas del segundo epidodio fue aquella en la que ser Duncan vende a Pasoquedo, la yegua con la que hablaba muy a menudo, para tener dinero con el que poder comprarse una armadura para participar en el torneo. “Si gano, volveré y te recuperaré, te lo prometo”, le dice al despedirse de ella, justo antes de pedirle a su nuevo dueño, a cambio de unas monedas, que le de a Pasoquedo avena para cenar… y una manzana.
Recordemos que el objetivo de ser Duncan en el torneo de Vado Ceniza es más bien modesto: ganar al menos un combate con el que llamar la atención de algún señor que quiera contratarlo. Egg sabe que ser Duncan necesita toda la ayuda que pueda, y por eso se pone a entrenar a Trueno. Después de algún momento bastante divertido, el entrenamiento progresa, pero se interrumpe cuando aparece un misterioso caballero que camina descalzo. Al hombre le falta un ojo, y la serie no se ahorra contarnos cómo lo perdió en una justa con todo lujo de detalles, y nos ofrece una de las imágenes más extremas llenas de humor negro de todo el universo de Juego de tronos: la del hombre cargando a caballo con un ojo colgando.
El caballero toma a Egg por ladrón, pero valora la osadía del niño, que no se amilana ante él, y que además lo reconoce: es ser Robyn Rhysling, uno de los caballeros más extremos de los Siete Reinos. Cuando le dice a Egg que no conoce en absoluto a ese tal ser Duncan el Alto al que el chico dice servir, Egg responde de forma contundente: “Lo conocerás”.
A su regreso, Duncan parece molesto con el niño por haberse ido por allí con el caballo sin avisarle. Le habla con dureza, pero enseguida se arrepiente, lo que parece ya una constante: Dunk reproduce con el chico lo que ha aprendido ser Arlan. Sin embargo, y por mucho cariño que le tuviera a su mentor, Duncan es mucho más tierno y amable: a pesar de que amenace a Egg con collejas, es incapaz de maltratarlo. Además, no deja de aprender del chico.
Dunk se encarga de comprar algo de comer para él y para el chico (George R. R. Martin siempre ha sabido cómo describir la comida de forma muy apetecible en sus libros, y parece que Ira Parker y su equipo saben cómo mostrarla en pantalla), y van juntos a ver unas justas. Se ve que la relación entre los dos va de maravilla: se permiten hasta burlarse el uno del otro imitándose con cariño, y sin enfadarse. Por lo demás, el maestro de justas del señor de Vado Ceniza le ofrece a Dunk amañar un combate, una idea que a Dunk no le gusta nada, pero que promete valorar.
El capítulo 3 se vuelve mucho más sombrío cuando aparece de nuevo en pantalla Aerion Targaryen. Se acerca hasta su primo Valarr, quizá para desafiarlo en las justas, todo ante la mirada atenta del padre de este: Baelor Rompelanzas Targaryen, mano del rey y heredero del trono. Pero Aerion pasa de largo -sin ahorrarse un desprecio, eso sí- y decide retar finalmente a ser Humfrey Harding.
Egg, que siempre se muestra muy apasionado en los combates, en este parece más afectado que nunca, y llega a gritar: “Mátalo”, en apoyo a ser Humfrey. Pero es Aerion Targaryen el que vence, aunque haciendo trampas: con una lanza más larga de lo normal ataca directamente al caballo de su oponente: el animal muere entre horribles gritos, pero antes cae sobre su jinete, al que destroza la pierna.
El público enfurece y descarga su rabia contra Aerion. Su tío el príncipe Baelor intenta mantener la calma, aunque no logra ocultar su rabia y su disgusto. La multitud termina por invadir el campo de justas, hasta que llegan los guardias de los Capas Blancas a reprimir los disturbios. (Estos personajes se nos muestran, por cierto, con el atuendo blanco con el que Martin nos los describe en los libros, algo que no hicieron ni Juego de tronos ni La casa del dragón).
El niño pide a ser Duncan marcharse de allí, y Dunk intenta animarle a su manera, diciendo básicamente que los accidentes suceden en las justas. Pero Egg sabe que Aerion atacó al caballo completamente a propósito. De nuevo, es mucho menos inocente que Duncan, que parece creer siempre más en lo que concuerda con lo que le han inculcado que lo que ve con sus propios ojos. Pero resulta que en Poniente hay caballeros mezquinos y príncipes crueles.
El capítulo expande también el universo de Poniente, por ejemplo, cuando Egg canta mientras talla un madero unos versos que hablan sobre la rebelión de los Fuegoscuro, una rama bastarda de los Targaryen que intentaron en sucesivas ocasiones llegar al trono. O a través del discurso sobre política de Raymun Fossoway cuando se toma con Dunk una sidra: considera a todos los Targaryen invasores y tiranos, y a sus costumbres, bárbaras e inmundas.
AVISO SPOILERS: Se revela la gran sorpresa del capítulo
Raymun y Dunk hablan de los hijos perdidos del príncipe Maekar Targaryen, pero Egg los interrumpe para avisar de que Aerion Targaryen está atacando a Tanselle, la titiritera que había sido tan amable con ellos, y de la que Dunk había quedado prendado. Cuando ser Duncan se acerca al lugar, se encuentra con que la guardia personal del príncipe está destrozando la carpa de la compañía de Tanselle. Al parecer, Aerion se había puesto hecho una furia al ver que representan en una función la muerte de un dragón: como este animal es símbolo de los Targaryen, lo interpreta como un acto de traición. Ser Duncan llega justo en el momento de ver cómo Aerion le rompe un dedo a la chica… y ahora es él el que se enfada de verdad.
Ser Duncan el alto golpea dos veces con dureza al príncipe Targaryen, hasta que suelta a Tanselle. Y, a pesar de ser reducido por los guardias, cuando Aerion saca un cuchillo todavía logra soltarle una contundente patada en la boca que le hace al príncipe perder un diente. Dunk es finalmente atrapado, y Aerion, con una calma que resulta terrorífica, se prepara para dar al caballero errante un terrible castigo. En el momento en el que van a destrozarle la boca al protagonista, Egg interviene… Aerion parece que lo reconoce, y hasta los guardias obedecen al chico. El niño no era ningún huérfano de la plebe, sino Aegon Targaryen: uno de los dos hijos que se le habían extraviado a Maekar, y hermano de ese mismo Aerion con el que se había enfrentado ser Duncan. “¿Qué ha pasado con tu pelo?”, pregunta. “Me lo corté porque no quería parecerme a ti, hermano”.
Pues sí, ahora ya conocemos por fin uno de los grandes secretos de la serie: Egg es de sangre real. De ahí que conociera tan bien las distintas casas nobles; y por eso quizá fantaseaba con una vida como caballero lejos de la corte. Esa es la razón por la que se marchaba en el segundo capítulo cuando veía el emblema de los Targaryen: no quería ser descubierto. Y por eso está tan obsesionado con los Fuegoscuro: fueron su padre y su tío, Maekar y Baelor, entre otros, quienes tuvieron que sofocar su rebelión y ganar la guerra.
Egg es el hermano de otro viejo conocido de la saga: el maestre Aemon
En el episodio se nos menciona de pasada, pero el tercero de los hermanos de Egg (él es el cuarto hijo) se marchó para hacerse maestre. No es otro que Aemon, que aparece en Juego de tronos y en la saga de Canción de hielo y fuego ya anciano y ciego, como maestre en el Muro, junto a Jon Snow y a Samwell Tarly. De hecho, en uno de los pasajes más emocionantes de la serie y de los libros, Aemon, a punto de morir, llama entre sollozos a su hermano: “Egg, he soñado que era viejo”.
El propio maestre también menciona a Egg cuando le da uno de los consejos más importantes a Jon Nieve cuando lo nombran lord comandante de la Guardia de la Noche: “Mata al niño, y que nazca el hombre”. (Y que conste que sobre el futuro de Duncan también nos da pistas Aemon en los libros; y, en la serie, Jaime y Joffrey).
Con toda la información que ahora tenemos es especialmente interesante la escena de la profecía de la adivina (o bruja) con la que Dunk y Egg se cruzan en Vado Ceniza, que se ofrece a leerles el porvenir. A ser Duncan le augura un gran futuro, y más riquezas que a un Lannister. Y a Egg le dice que será rey, aunque fallecerá en un gran fuego. Que los gusanos se alimentarán de sus cenizas, y que sus enemigos celebrarán su caída. El momento resulta escalofriante, sobre todo para el niño. Por suerte, la tensión se rebaja cuando a Dunk le da un ataque de risa.
En ese momento, claro, ser Duncan no sabe que el chico es de la familia real, de ahí que no se lo tome en serio. Pero Egg (o Aegon) sabe que ser rey es una posibilidad, aunque muy lejana, pues está bastante abajo en la línea de sucesión. George R. R. Martin ha expresado en más de una ocasión que le gusta que las profecías de sus historias se cumplan, aunque no de la manera en la que piensan los personajes. ¿Será esta una de ellas? (Si eres impaciente, puedes buscar en internet las palabras Refugio Estival, pero es mucho más agradable enterarse del devenir de los personajes a través de los libros).
El episodio cierra por todo lo alto con Tanselle, Aerion, el menor de los Fossoway, los guardias y, sobre todo, Dunk mirando asombrados a Egg, mientras entra una música más solemne de la que habíamos escuchado hasta ahora en la serie. Y se nos abren muchos interrogantes: ¿qué va a hacer ahora Maekar una vez que ha aparecido al menos uno de sus dos hijos perdidos? ¿Cómo va a llevar la familia Targaryen que un caballero errante haya herido a uno de sus miembros? ¿Puede ser que el afán de ser Duncan por destacarse en el torneo no haya sido más que un macguffin, la excusa narrativa que hacía mover la trama de inicio, y que ahora la serie vaya a ir por otros derroteros? ¿Se cumplirá aquí la máxima que hizo famosa a la saga de que ninguna acción noble, pero estúpida, se queda sin consecuencias? Lo único que tenemos claro, como señala Tanselle, es que todo hombre es un bufón… y todo hombre es un caballero.