El SUV eléctrico que une la elegancia japonesa con el placer de conducción europeo

En un mercado de coches eléctricos en el que las prestaciones empiezan a parecerse cada vez más, el diseño se ha convertido en una de las principales formas de marcar diferencias. Mazda ha elegido precisamente ese terreno para dar personalidad al nuevo CX-6e, un SUV eléctrico de tamaño medio que lleva algunos de los principios estéticos de la cultura japonesa más allá de la carrocería y los extiende al habitáculo y a la relación entre el coche y sus ocupantes.

La base sigue siendo el lenguaje Kodo, Alma del movimiento, que desde hace años define el diseño de la marca, aunque aquí adopta una interpretación adaptada a la movilidad eléctrica. Las superficies son limpias y la silueta busca transmitir movimiento incluso con el coche detenido. El frontal conserva la característica forma de ala de Mazda, ahora acompañada de una firma luminosa que cambia durante la apertura del vehículo o mientras se recarga la batería.

La aerodinámica también condiciona buena parte de esas formas. Las entradas de aire del frontal, los conductos integrados en los pilares posteriores o los retrovisores digitales disponibles en el acabado Takumi Plus ayudan a conducir el flujo de aire alrededor de una carrocería de 4,85 metros de longitud. Los voladizos relativamente cortos y una distancia entre ejes de 2,90 metros completan unas proporciones más próximas a las de un SUV estilizado que a las de un todocamino convencional.

El diseño japonés también se traslada al interior

Esa búsqueda de una identidad propia continúa al abrir las puertas. El interior toma como referencia el concepto japonés ma, que concede valor al espacio vacío y a la relación entre los distintos elementos. En la práctica, se traduce en un salpicadero muy horizontal, pocas interrupciones visuales y una iluminación que recorre el habitáculo. El techo panorámico de 1,05 metros cuadrados contribuye a reforzar la sensación de amplitud, mientras que la distancia entre ejes deja un espacio para las piernas de 990 milímetros en las plazas posteriores.

Mazda también recurre a otra idea procedente de la cultura japonesa, el omotenashi, asociada a una forma de hospitalidad basada en anticiparse a las necesidades de quien llega. El CX-6e interpreta ese principio mediante una secuencia de bienvenida que se activa al detectar la llave. Las puertas se desbloquean, aparecen los tiradores, se despliegan los retrovisores y el asiento del conductor retrocede para facilitar el acceso antes de recuperar automáticamente su posición.

La tecnología ocupa, pese a esa voluntad de simplificación visual, un papel protagonista. Una pantalla panorámica táctil de 26 pulgadas y resolución 5K se extiende desde la zona central hacia el lado del acompañante y puede dividirse para mostrar contenidos diferentes. Se completa con proyección de información sobre el parabrisas, compatibilidad inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto y un sistema de sonido de 23 altavoces. El vehículo admite además órdenes de voz mediante Hey Mazda y determinados controles gestuales.

258 CV y hasta 484 kilómetros de autonomía

Bajo la carrocería se encuentra una batería LFP de 78 kWh que alimenta un motor situado en el eje posterior. Desarrolla 258 CV y 290 Nm, por lo que el CX-6e adopta una configuración de propulsión trasera. Acelera de 0 a 100 kilómetros por hora en 7,9 segundos con las llantas de 19 pulgadas y alcanza una velocidad máxima de 185 km/h. Más relevante en el uso cotidiano es su autonomía homologada, que llega a 484 kilómetros WLTP en la versión Takumi y queda en 468 kilómetros en el Takumi Plus con llantas de 21 pulgadas y retrovisores digitales.

La recarga rápida en corriente continua alcanza los 200 kW, suficientes según Mazda para pasar del 10 al 80 % de batería en 24 minutos en condiciones óptimas. En corriente alterna admite hasta 11 kW y equipa de serie una bomba de calor, encargada tanto de acondicionar la batería como de mejorar la eficiencia de la climatización.

El desarrollo para Europa ha ido más allá de adaptar equipamientos. Mazda asegura haber trabajado específicamente sobre la respuesta del acelerador, la dirección, la suspensión, el frenado regenerativo y el comportamiento acústico para adecuarlos a las carreteras y preferencias del mercado europeo. Es una parte importante de la personalidad que la marca quiere conservar en su transición al coche eléctrico, resumida en su conocido concepto Jinba Ittai, la conexión entre quien conduce y el vehículo.

La practicidad tampoco queda relegada por el diseño. El maletero ofrece hasta 468 litros de capacidad cargando hasta el techo y alcanza 1.434 litros con los asientos posteriores abatidos. A ello se suma un segundo compartimento delantero de 80 litros, especialmente útil para guardar los cables de carga y otros bultos de menor tamaño.

Con el CX-6e, Mazda plantea así una forma particular de entrar en uno de los segmentos más competidos del automóvil eléctrico. No se trata únicamente de ofrecer autonomía, potencia o conectividad, sino de envolverlas en una propuesta reconocible. La estética japonesa deja de ser en este caso una referencia decorativa para convertirse en el hilo que conecta la carrocería, el espacio interior y hasta la manera en que el coche recibe a quien se pone al volante.