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    <title><![CDATA[elDiario.es - Diego Cobo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/diego-cobo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Diego Cobo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El día a día en la ecoaldea Valyter un año después: "Es una alternativa a la vida competitiva de la ciudad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/dia-dia-ecoaldea-valyter-ano-despues-alternativa-vida-competitiva-ciudad_1_12324068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73988f22-2d38-465c-afed-4d8de7cf5c77_16-9-discover-aspect-ratio_default_1118453.jpg" width="4240" height="2385" alt="El día a día en la ecoaldea Valyter un año después: &quot;Es una alternativa a la vida competitiva de la ciudad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por esta esta iniciativa social, ubicada en Entrambasaguas, han pasado más de una treintena de voluntarios de varios países que trabajan la tierra y comparten una visión común sobre la naturaleza</p><p class="subtitle">Reportaje - La voz de los últimos pasiegos aislados: “Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora ¿a quién recurres?”</p></div><p class="article-text">
        Todo acab&oacute; por empezar cuando Juan Garay durmi&oacute; junto a su madre en este lugar. Era el a&ntilde;o 2021, hab&iacute;a buscado alojamiento para pasar unos d&iacute;as y encontr&oacute; este encantador rinc&oacute;n abrazado por casta&ntilde;os, robles, fresnos, acebos, nogales, hayas, laureles, sauces o acacias. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, compr&oacute; las cinco hect&aacute;reas en las que el r&iacute;o Aguanaz pega sus primeros brincos. Quienes conocen de cerca a este m&eacute;dico y cooperante de profesi&oacute;n dicen que es incombustible. 
    </p><p class="article-text">
        Solo hace falta seguir la carretera 652 que une Entrambasaguas y Ria&ntilde;o, tomar un desv&iacute;o por un camino asfaltado a la altura de San Antonio, tomar otra senda pedregosa, atravesar un peque&ntilde;o puente y ascender hasta Valyter para comprobar que el hombre de manos manchadas de tierra y eterna sonrisa tiene el dep&oacute;sito lleno. Lo sabe el visitante, el curioso, el simpatizante o el candidato a emboscarse en este rinconcito de Trasmiera.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.valyter.es/la-ecoaldea" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Valyter es la ecoaldea</a> de la que Juan es fundador: dos a&ntilde;os despu&eacute;s de adquirir los terrenos y las construcciones principales, sus propias ra&iacute;ces comenzaron a expandirse a no tantos kil&oacute;metros de Santander, la ciudad en la que hab&iacute;a nacido su madre. Venir a Cantabria fue uno de los &uacute;ltimos deseos de ella, as&iacute; que su hijo cumpli&oacute; sus intenciones y encontr&oacute; el lugar definitivo en el que, tras una larga conversaci&oacute;n, las lluvias y el paso del mediod&iacute;a, admitir&aacute; escuetamente c&oacute;mo se siente: &ldquo;Estoy feliz. Estoy bien&rdquo;. Pero Valyter, acr&oacute;nimo de <em>Valent&iacute;a y Ternura,</em> una de sus novelas, tambi&eacute;n es el empe&ntilde;o personal y colectivo de un viaje de vuelta a los v&iacute;nculos que alguna vez gobernaron las sociedades. &ldquo;La relaci&oacute;n humana&rdquo;, observa Juan, &ldquo;es ahora diferente a los peque&ntilde;os grupos que hasta entonces se relacionaban m&aacute;s internamente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Esas viejas din&aacute;micas sociales y culturales ya no son las mismas; la densidad de poblaci&oacute;n o el sistema econ&oacute;mico, tampoco. Y eso implica retos que esta utop&iacute;a encaramada a una loma de un verde el&eacute;ctrico est&aacute; dispuesta a desafiar. Porque toda la perversidad de esas circunstancias cambiantes y deshumanizadas son la que han ido espoleando, durante d&eacute;cadas, a este pionero de lo com&uacute;n a abrirse paso entre matorrales y alguna dificultad. &Eacute;l se pregunt&oacute; sus inclinaciones, esas que ahora responde en voz alta: &ldquo;Yo quiero y casi necesito, &eacute;ticamente, compartir&rdquo;.
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                Juan Garay, fundador de la ecoaldea Valyter.                            </span>
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        Su pasado profesional desemboc&oacute; en la Comisi&oacute;n Europea despu&eacute;s de trabajar otras casi dos d&eacute;cadas entre ONG y la academia. Su &uacute;ltimo trabajo fue como responsable de Cooperaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea en Cuba, donde acab&oacute; llenando el zurr&oacute;n de su visi&oacute;n humanista y se agot&oacute; su paciencia con las instituciones. Tras <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ue-viro-posicion-espana-gaza-15-meses-23-000-muertos-despues_1_12319266.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la decisi&oacute;n que la comunidad internacional no tom&oacute;</a> acerca de las matanzas de Israel en Gaza, entonces, &eacute;l renunci&oacute; a su puesto de funcionario. Por eso ahora le enerva que <a href="https://www.facebook.com/reel/672066072075484" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Borrell dijera recientemente</a> que Europa permanec&iacute;a impasible ante el genocidio cuando &eacute;l mismo se lo hab&iacute;a reprochado personalmente: &ldquo;No pod&iacute;a seguir apoyando un genocidio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Esa &ldquo;camisa de fuerza&rdquo; que aprisiona las instituciones fue la que Juan rompi&oacute; despu&eacute;s de ir alzando la voz y ahora vuelca en un proyecto en el que ha reiniciado su propia existencia. Y a pesar de que se apart&oacute; de ese mundo de <em>briefings </em>y di&aacute;logos pol&iacute;ticos, desde su refugio sigue copresidiendo el <a href="https://www.sustainablehealthequity.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sustainable Health Equity Movement</a> (SHEM), dando clases y conferencias, realizando trabajo voluntario, escribiendo, componiendo m&uacute;sica o aullando por una justicia verdadera.
    </p><p class="article-text">
        Entre todas las luces de Valyter, su &ldquo;&eacute;tica de la equidad&rdquo; es quiz&aacute;s la m&aacute;s potente. Lo escancia en esta experiencia, un laboratorio de lo com&uacute;n que aspira a convertirse en espejo de un mundo sin dinero, propiedad o transacciones comerciales. Los voluntarios aqu&iacute; <em>pagan</em> sus estancias con cuatro horas de trabajo diario. No hay cuotas para los m&aacute;s de<strong> </strong>60 socios de la asociaci&oacute;n. Un par de platos de comida templan el est&oacute;mago del visitante y en el puchero siempre hay caf&eacute; para repartir. Esa necesidad de compartir es el punto convergente en Valyter, pero tambi&eacute;n la &uacute;nica f&oacute;rmula que destilan las intenciones de Juan. &ldquo;La propiedad propia me genera malestar&rdquo;, dice, &ldquo;y por supuesto me genera mucho malestar la acumulaci&oacute;n de algunas personas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Por el buen camino</strong></h2><p class="article-text">
        El pasado mes de marzo, <a href="https://www.santandercreativa.com/eventos/xii-semana-de-la-felicidad-lo-suficiente-no-mas-con-juan-garay" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">durante la charla de Juan Garay en la 'Semana de la felicidad'</a>, celebrada en Santander (en 2012 la ONU estableci&oacute; el 20 de marzo como D&iacute;a de la Felicidad), una se&ntilde;ora del p&uacute;blico le pregunt&oacute; a otra sobre lo que estaban hablando. La amiga le mir&oacute; y le dijo: &ldquo;No s&eacute;, pero dicen que van descalzos&rdquo;. Ha pasado un a&ntilde;o desde que Valyter echara a andar como asociaci&oacute;n y el proyecto va derram&aacute;ndose en actividades y vida. Antes tuvieron que estar listas las seis viviendas (Empat&iacute;a, Alma, Bondad, Valent&iacute;a, Ternura y Sue&ntilde;os) dotados de un sistema de temperatura y humedad, los caminos inspirados en otros tantos nombres sugerentes, el gallinero, los edificios principales con cocinas, lavander&iacute;a, talleres o una zona cubierta de actividades. 
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                Un chico trabaja en los bancales de la ecoaldea Valyter.                            </span>
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        Antes de revolucionar este rinc&oacute;n de Entrambasaguas en el que yo no he visto a nadie descalzo, tuvo que estar todo a punto. Desde entonces han llegado m&aacute;s de una treintena de voluntarios de Argentina, Francia, Dinamarca, Inglaterra, Croacia, Estados Unidos, Alemania, Italia o M&eacute;xico siguiendo su rastro en plataformas como <a href="https://wwoof.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Worldwide Opportunities on Organic Farms (WWOOF)</a> o <a href="https://www.workaway.info/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Workaway</a>. Ante tal cantidad de solicitudes, de hecho, Valyter ha tenido que frenar las candidaturas.
    </p><p class="article-text">
        En la aldea hay seis casas que pueden albergar a dos decenas de personas, y la idea es que la mitad de esas plazas se cubran por habitantes permanentes. El resto, hombres y mujeres que pasen aqu&iacute; semanas para ir macerando el esp&iacute;ritu aldeano. &ldquo;Cada persona que viene te aporta cultura, ideas, tareas en com&uacute;n: cuando compartes el trabajo, y la comida, y una actividad de ocio, y luego una tertulia, y luego sentimientos, en poco tiempo se desarrolla una relaci&oacute;n emp&aacute;tica muy fuerte&rdquo;, observa Juan en un descanso que se toma mientras desbroza el campo en el que plantar&aacute;, siguiendo l&iacute;neas de nivel, cientos de semillas ma&iacute;z hopi. 
    </p><p class="article-text">
        Y eso tambi&eacute;n es una resistencia: es mayo y en la comarca se comienzan a roturar campos para sembrar ma&iacute;z transg&eacute;nico. Junto a los enormes tractores que &ldquo;violan&rdquo; la tierra con &ldquo;sus penes curvos de hierro, erectos en la fundici&oacute;n&rdquo;, como Steinbeck narraba en <em>Las uvas de la ira</em>, se <a href="https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/diez-anos-herbicida-glifosato_132_12046076.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espolvorea glifosato</a>, un herbicida que deja la tierra arrasada y un largo debate acerca de su carcinogenicidad.&nbsp;Juan, que ha sido profesor de salud global en Berkeley, California, donde conoci&oacute; a Miguel Altieri, uno de los investigadores que acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino de &ldquo;agroecolog&iacute;a&rdquo;, cuestiona la agricultura convencional. En Valyter no entran t&oacute;xicos, se generan la menor cantidad de residuos posible, se hacen los jabones artesanalmente, se produce compost de todos los desperdicios, se dan vuelta a los modelos de producci&oacute;n y derroche y se recicla todo lo que se puede reciclar.
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                    alt="En la aldea Valyter hay unos 60 bancales sembrados de hortalizas."
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                En la aldea Valyter hay unos 60 bancales sembrados de hortalizas.                            </span>
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        La primera asamblea de la asociaci&oacute;n se celebr&oacute; recientemente y se hizo balance de los logros, se admitieron a un buen pu&ntilde;ado m&aacute;s de socios y se mir&oacute; al futuro. Dos meses despu&eacute;s, los avances siguen su ritmo, y a los diez kilovatios de energ&iacute;a solar instalados que alimentan el sistema de aerotermia de las casas, se suma la conexi&oacute;n a la red de agua despu&eacute;s de estar en un limbo legal. Hay colmenas, 150 &aacute;rboles frutales, 60 bancales que proveer&aacute;n la mitad del alimento. Tambi&eacute;n ha habido avances en las din&aacute;micas sociales, existe una buena relaci&oacute;n con los ganaderos que circundan los terrenos y el sistema de rotaci&oacute;n de visitantes est&aacute; funcionando, aunque la comunidad echa de menos un mayor di&aacute;logo y colaboraci&oacute;n con las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco ha habido grandes problemas con los aldeanos para sostener la vida comunitaria. Antes de comenzar la estancia, a los futuros habitantes se les hace una especie de entrevista para observar su sinton&iacute;a con el ideario y la gu&iacute;a de convivencia, br&uacute;jula de este proyecto, y cuyos fundamentos son compartir y realizar las tareas comunes. &ldquo;Y eso significa cuidar de la naturaleza y nutrirnos de ella&rdquo;, sostiene Juan, que apunta a que han existido excepciones &mdash;no m&aacute;s de un diez por ciento&mdash; de personas que se han marchado antes de tiempo. Cree que, en esos casos, no ha estado claro el compromiso.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Muchas comunidades ut&oacute;picas no han llegado a buen puerto por exceso de idealismo&hellip;&mdash; deslizo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, es verdad. [Robert] Owen, por ejemplo, lo dice muy bien. C&oacute;mo no hubo una falta de conocimiento, liderazgo y cohesi&oacute;n en su grupo. Primero, si hay un liderazgo fuerte, se sienten como que est&aacute;n limitadas. Y luego, si no hay un liderazgo, el proceso anarquista lleva a inercias a veces muy perezosas. Aqu&iacute; tenemos una intenci&oacute;n muy fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Muchas ecoaldeas cobran por actividades, por visitas guiadas que aqu&iacute; se han vuelto aut&oacute;nomas gracias <a href="https://docs.google.com/document/d/11yexcdldc0Du0iuNRkqWk49xdnB0_SG1/edit#heading=h.hfds9hn7bq8a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a la elaboraci&oacute;n de un plano</a>, por la comida, por el alojamiento o por la escuela. Esa relaci&oacute;n con el dinero, sin embargo, no tiene cabida en esas tierras. &ldquo;Ese no es el concepto: el concepto es trueque y compartir&rdquo;, afirma Juan. Hay quienes insisten en que se cobre un poco, puesto que una peque&ntilde;a aportaci&oacute;n, ese esfuerzo, conllevar&iacute;a tambi&eacute;n un aprecio por el latido de esta tierra. Pero &eacute;l ya cerr&oacute; esa puerta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un proyecto alternativo</strong></h2><p class="article-text">
        En el devenir de Valyter se han establecido alianza con organizaciones ecologistas de Cantabria, como <a href="https://www.eldiario.es/temas/ecologistas-en-accion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ecologistas en Acci&oacute;n</a>, <a href="https://solabria.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Solabria</a> o <a href="https://www.instagram.com/simientes_infinitas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Simientes Infinitas</a>. Ciertamente, el proyecto trasciende los paquetes ideol&oacute;gicos, aunque las bases est&aacute;n asentadas en la carta de valores que los aldeanos deben de firmar. La propuesta de un modelo alternativo de humanidad est&aacute; inscrita en el horizonte de las acciones. Cuando Juan ve las peleas de acusaciones pol&iacute;ticas, por ejemplo, se dice que es una energ&iacute;a muy mal gastada. &ldquo;&iquest;No?&rdquo;, se pregunta al tiempo que propone alternativas: estar en armon&iacute;a, saber disfrutar con simplicidad, compartir en comunidad: &ldquo;No hay mucho m&aacute;s&rdquo;. Entre los simpatizantes de la ecoaldea hay perfiles diversos cuyo af&aacute;n com&uacute;n es la atracci&oacute;n por la naturaleza y una vida alejada de la dictadura de mandamientos externos. Ante el batiburrillo de etiquetas, Juan se despoja de todas y ondea esos valores en armon&iacute;a con la naturaleza.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una mujer leyendo en su tiempo libre en Valyter.                            </span>
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        Sus posturas igualitarias, sin embargo, tienen que ver con el <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rompamos-tabu-hablemos-decrecimiento_129_11815380.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decrecimiento</a>, un concepto a la sombra de los l&iacute;mites planetarios. Cree que el ser humano est&aacute; generando los desequilibrios del planeta, aunque conozca de cerca a quienes pongan a remojo esas afirmaciones. &ldquo;Pero, sea lo que sea, el ser humano, en relaci&oacute;n a la biomasa que ocupa de vertebrados, no deber&iacute;a ocupar mucho m&aacute;s y ya es muy generoso una tercera parte de la Tierra. Y ahora ocupa el 80 por ciento&rdquo;, asegura. 
    </p><p class="article-text">
        En sus reflexiones, incorpora datos que ha calculado concienzudamente, como el hecho de que podamos vivir en un tercio de la superficie del planeta, del que solo se cultivar&iacute;a la tercera parte (o incluso quinta), que una hect&aacute;rea bien gestionada puede generar comida para 15 personas y, sin embargo, el sistema agr&iacute;cola dedica una hect&aacute;rea por habitante; que se deber&iacute;a de requerir la dedicaci&oacute;n total y manual de dos personas por hect&aacute;rea o que el 10 por ciento de las personas deber&iacute;an de trabajar en el campo frente al 1 por ciento actual.
    </p><p class="article-text">
        Pero dar la vuelta a todas esas din&aacute;micas implica una inusual l&oacute;gica que &eacute;l comparte con un meditado arsenal de argumentos y pr&aacute;cticas. El ser humano, en Valyter, ocupa un tercio de la superficie, como el modelo que propone. Este microcosmos, as&iacute;, se presenta como un ensayo del mundo o anhelado. &ldquo;Una especie de peque&ntilde;a prueba piloto que pueda demostrar que esto es posible, que es posible vivir comiendo sano de tu trabajo y en comunidad, y con criterios que son replicables&rdquo;, resume, &ldquo;porque si yo tengo un sitio que es precioso, pero que es inasequible econ&oacute;micamente y de todo tipo de vista para otros, no estoy haciendo justicia a lo que yo quiero proponer al mundo&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Plano para los visitantes de Valyter.                            </span>
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        <a href="https://www.facebook.com/story.php?story_fbid=10233668161064074&amp;id=1180890916&amp;rdid=4vTfI0rzTxmDkyZZ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hay veces que Juan tiene (y escribe)</a> sue&ntilde;os, y los convierte en planes de transformaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. En esos sue&ntilde;os da cifras concretas: rehabilitaci&oacute;n de 100.000 viviendas rurales, dejar en paz el 90 por ciento del territorio, formar comunidades de diez personas con cinco hect&aacute;reas de cultivos y 15 de restauraci&oacute;n, garantizar alimentos sanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero todo eso implica romper creencias muy asentadas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Desde la Revoluci&oacute;n Verde se instaur&oacute; un poco el concepto de que sin la tecnolog&iacute;a la humanidad no puede nutrirse de manera adecuada. Hay much&iacute;sima evidencia de que eso no es verdadero: los m&eacute;todos de labranza, y los m&eacute;todos que desde hace 50 a&ntilde;os se van utilizando de abonos, herbicidas o pesticidas, est&aacute;n realmente da&ntilde;ando much&iacute;simo el suelo.
    </p><p class="article-text">
        Entre las prioridades que se asoman por el horizonte de Valyter est&aacute; la creaci&oacute;n de un bosque escuela en el que profesores como &Aacute;lvaro o M&oacute;nica se prodigar&aacute;n en ense&ntilde;anzas a cambio de modelar el futuro. Los padres, por su parte, realizar&aacute;n labores de campo o participar&aacute;n en la propia construcci&oacute;n de la escuela del mismo modo que los aldeanos ahora levantan un invernadero de madera. Las actividades culturales en el anfiteatro natural ir&aacute;n al alza, se incorporar&aacute; la artesan&iacute;a e hilander&iacute;a y se tratar&aacute; de revolucionar la visi&oacute;n popular acerca del eucalipto, un &aacute;rbol que cubre parte de Valyter y las fincas de alrededor. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo va ese &aacute;rbol a tener un car&aacute;cter malo?&rdquo;, se pregunta Juan antes de se&ntilde;alar que el problema es su monocultivo, no la especie en s&iacute;. Por eso van a clarear esas masas y practicar la <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/piedra-de-toque/jaime-otero-agricultor-bosque-encontramos-leccion-sociologia-natural-aplicable_132_9646519.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">agricultura sintr&oacute;pica</a> con especies como la moringa, el jengibre o la c&uacute;rcuma. La idea, pues, es dotar al futuro bosque de otra vida.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conexi&oacute;n con el exterior</strong></h2><p class="article-text">
        Valyter aspira a la autosuficiencia, aunque los prop&oacute;sitos primordiales sean estar en equilibrio &ldquo;entre la persona y la comunidad&rdquo;, &ldquo;entre la comunidad y la naturaleza&rdquo;, &ldquo;y juntos con el mundo&rdquo;. Pero Juan tambi&eacute;n admite que, a pesar de vivir al margen de las din&aacute;micas sociales y pol&iacute;ticas, no pretenden ser una burbuja. &ldquo;Queremos contribuir, pagar nuestros impuestos, colaborar con ideas incluso de un mejor mundo&rdquo;, sigue detallando, aunque algunas de las propuestas hayan pinchado en hueso: repartir la riqueza no resuena en todos los que pretenden vivir al margen. 
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            <span class="title">
                Letrero en la entrada de la ecoaldea Valyter.                            </span>
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        La conexi&oacute;n con el exterior es inevitable, y el fundador de la aldea explica que ni tienen inter&eacute;s en quebrar el contrato social con el Estado, ni romper el intercambio de conocimientos ni desconectarse por completo del sistema de consumo: &ldquo;Siempre vamos a necesitar algo, alg&uacute;n chip o alg&uacute;n metal, o algunas cosas que nosotros no podremos producir&rdquo;. A cambio, s&iacute; admite vivir aislado, en armon&iacute;a con el entorno y los mirlos, petirrojos o chochines que cantan al amanecer. Quienes habitan la aldea aseguran que es muy dif&iacute;cil sacarle de ella.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as se consumen aqu&iacute; con lentitud, como si el tiempo se extendiese, para alguien que despu&eacute;s de vivir de cerca la pol&iacute;tica y ha comprobado las jerarqu&iacute;as en reg&iacute;menes capitalistas y comunistas &mdash;la misma danza entre poder y sumisi&oacute;n&mdash;, ha acabado entre dos arces. Este es el lugar m&aacute;s significativo: reposan las cenizas de sus padres. El escarlata del arce japon&eacute;s, el color con el que su padre sol&iacute;a pintar, explota en esta lluviosa primavera. Juan lo plant&oacute; y el &aacute;rbol ech&oacute; sus primeras hojas el d&iacute;a del padre: &ldquo;Por eso es tambi&eacute;n esto como una especie de tributo a los que nos procedieron&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una aldeana cocina en las instalaciones de Valyter.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La herencia de los de antes supone la orientaci&oacute;n definitiva en este recorrido vital que lleva a Juan Garay, adscrito al cuidado a la tierra y la comunidad, a pasar sus noches en 'La Simplicidad', la caba&ntilde;a de madera forrada de adobe, lana de oveja y calentada por una estufa de le&ntilde;a. No tiene agua corriente, ni ba&ntilde;o, ni armarios, ni demasiados objetos, apenas una guitarra, alg&uacute;n libro y un cuadro pintado por su padre. Es un ficus gigante al que una multitud acude en procesi&oacute;n. &Eacute;l lo aclara: &ldquo;Es el &aacute;rbol en el que se apoy&oacute; Siddhartha, Buda, a meditar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta &ldquo;incubadora&rdquo;, en fin, es una especie de p&oacute;cima dispuesta a ser replicable en otros sitios en el que m&aacute;s personas puedan acceder a la tierra y a una vida en comunidad de mayores que quieren ayudar y sentirse verdaderamente &uacute;tiles y &ldquo;j&oacute;venes que buscan una alternativa a la vida competitiva de la ciudad&rdquo;. Al fin y al cabo, como en la novela que da nombre a la aldea, el objetivo de este campesino que recibe ense&ntilde;anzas concentradas de agricultura y biolog&iacute;a por parte de sus miembros, sigue avanzando en los sue&ntilde;os que ya dej&oacute; por escrito:&nbsp;&ldquo;Las ecoaldeas prove&iacute;an, sin propiedad, el agua limpia, el alimento sano, el refugio natural, la energ&iacute;a limpia y la m&aacute;s esencial necesidad humana: los abrazos. La colaboraci&oacute;n global prove&iacute;a de m&aacute;s saberes y unos pocos bienes comunes globales&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/dia-dia-ecoaldea-valyter-ano-despues-alternativa-vida-competitiva-ciudad_1_12324068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 May 2025 20:11:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El día a día en la ecoaldea Valyter un año después: "Es una alternativa a la vida competitiva de la ciudad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecología,Medio ambiente,Naturaleza,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santander, memoria de una ciudad eternamente literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/santander-memoria-ciudad-eternamente-literaria_1_12227805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c77f3d2-1e78-431b-8d36-93028841fa9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santander, memoria de una ciudad eternamente literaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La capital cántabra siempre ha estado vinculada a grandes escritores y poetas. Algunos nacieron en la ciudad, otros se han instalado en ella y muchos otros más han paseado por sus calles</p><p class="subtitle">Reportaje  - José Hierro: el poeta que hizo versos en el ruido de los bares entre hilos de humo y Chinchón</p></div><p class="article-text">
        A Santander se llega en verso. Pedro Salinas moj&oacute; su inspiraci&oacute;n en el mar para arder en los versos de <em>La voz a ti debida</em>, aunque tambi&eacute;n se comparti&oacute; entre los sobrios mensajes a su esposa y las fervientes y alborotadas cartas a su amante desde &ldquo;el Palacio de la Alegr&iacute;a&rdquo;, como Katherine Whitmore llamaba al Palacio de La Magdalena. El gran poeta del amor, ese que anhelaba &ldquo;disponer libremente de los elementos del mundo&rdquo; a su antojo para mimar a su amada, al que el amor elev&oacute; (&ldquo;mi ser es m&aacute;s alto&rdquo;), el que cre&iacute;a que su destino era estar siempre dando las gracias a su enamorada estadounidense, el que se despertaba a altas horas de la madrugada y, asustado, se preguntaba si ella le querr&iacute;a a&uacute;n, el que escrib&iacute;a el nombre de Katherine en la playa, donde jugaba a las palas, y, en fin, aquel que en el tren de vuelta a Madrid escribi&oacute; que ella lat&iacute;a en &eacute;l &ldquo;con todo el fuego de la vida&rdquo;, escribi&oacute; algunos de los versos m&aacute;s apasionados del &uacute;ltimo siglo desde Santander.
    </p><p class="article-text">
        En la inauguraci&oacute;n de la Universidad Internacional de Verano de Santander en agosto de 1933 hubo poetas, ministros, historiadores, profesores y un &ldquo;contingente de se&ntilde;oritas alumnas y alumnos santanderinos que estudian en las Universidades de Madrid, Salamanca, Zaragoza y Valladolid&rdquo;, seg&uacute;n <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000901464" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el peri&oacute;dico </a><a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000901464" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Cant&aacute;brico</em></a>. Salinas fue su primer secretario, y a pesar de que el trabajo lo absorb&iacute;a, aquel intenso cansancio acad&eacute;mico le descansaba de sus labores en Madrid: &ldquo;Me canso de otro modo&rdquo;. Entre los profesores de los cursos estaban primeras espadas del verso, como Jorge Guill&eacute;n o D&aacute;maso Alonso, que lleg&oacute; a Santander con la dificultad de encontrar alojamiento. No se acordaba muy bien de la ciudad, pero quer&iacute;a alojarse en un lugar colmado de paz y cerca de la biblioteca. &ldquo;&iquest;Hay mucha distancia al Sardinero?&rdquo;, le preguntaba al amigo que le ayud&oacute; a encontrar posada a &eacute;l y a su madre.
    </p><p class="article-text">
        En su casi siglo de historia, en las aulas y tribunas de la hoy conocida como Universidad Internacional Men&eacute;ndez Pelayo (UIMP) han dejado su impronta, y a veces sus versos, un sinf&iacute;n de escritores de toda condici&oacute;n: Jos&eacute; Ortega y Gasset, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno, Octavio Paz, Jorge Luis Borges o Jos&eacute; Saramago. El fil&oacute;sofo salmantino, por ejemplo, pas&oacute; diez d&iacute;as en La Magdalena durante el verano de 1934, donde encaramado sobre el oleaje, le brotaron versos de resonancias m&iacute;sticas que sus amigos editaron en <a href="https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000201049&amp;page=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cuaderno de La Magdalena</em></a><em>,</em> como aquellos dedicados al Sardinero: &ldquo;Respira el solano aporte/ de halagos claros de oriente&hellip;&rdquo;. O la despedida a La Magdalena: &ldquo;Adi&oacute;s, adi&oacute;s, Magdalena/ junto a la mar, siempre ni&ntilde;a/ que aunque a las veces nos ri&ntilde;a/ ri&ntilde;a es de madre, serena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esta pen&iacute;nsula que hab&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/sale-subasta-3-500-euros-coleccion-cartas-fotografias-familia-real-palacio-magdalena_1_9639335.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recostado sue&ntilde;os de reyes</a> y pesadillas <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/retar-silencio-combatir-olvido-memoria-campo-concentracion-magdalena-resurge-santander_1_11252539.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de represaliados</a> est&aacute; atornillada la estela de Federico Garc&iacute;a Lorca. El poeta granadino hab&iacute;a venido a Cantabria por primera vez el a&ntilde;o anterior a la inauguraci&oacute;n de la universidad, como recog&iacute;a un anuncio de <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2001006782" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la &uacute;ltima p&aacute;gina de </a><a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2001006782" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Voz de Cantabria</em></a>: &ldquo;El d&iacute;a 15 llegar&aacute; a Santander La Barraca, que, como saben nuestros lectores, recorre, subvencionada por el Estado, los caminos de Espa&ntilde;a en popular cruzada de cultura&rdquo;. Pero el cielo del imprevisible verano norte&ntilde;o se derrumb&oacute; y el grupo de teatro de Lorca no pudo actuar en aquella cita programada en Santillana del Mar. Lorca se tuvo que <em>conformar</em> con visitar Altamira y calentarse alrededor del fuego y la conversaci&oacute;n. Los tres a&ntilde;os siguientes, sin embargo, la compa&ntilde;&iacute;a regres&oacute; para actuar en Las Caballerizas de la Universidad con <em>Entremeses,</em> de Cervantes, <em>Fuenteovejuna</em>, de Lope de Vega, <em>La vida es un sue&ntilde;o</em>, de Calder&oacute;n o <em>El Burlador de Sevilla</em>, de Tirso de Molina ante audiencias que alcanzaban los 2.000 espectadores.
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                Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, en Las Caballerizas de La Magdalena durante la visita de La Barraca.                            </span>
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        En su primer verano en Santander, en 1933, La Barraca actuar&iacute;a cuatro tardes, aunque finalmente se suspendi&oacute; una de ellas debido al retraso por el accidente que la compa&ntilde;&iacute;a hab&iacute;a sufrido en la carretera. Los j&oacute;venes recibieron el ataque del p&uacute;blico y algunos peri&oacute;dicos, y el alcalde de la ciudad tuvo que salir a dar explicaciones en la prensa, mientras que <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000901505" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Cant&aacute;brico</em></a> les excus&oacute; explicando que no eran una empresa; tambi&eacute;n aleg&oacute; que las relaciones entre el Ayuntamiento y La Barraca eran art&iacute;sticas y culturales, pero no industriales. &ldquo;Ni exist&iacute;a contrato, sino un simple convenio, avalado por la caballerosidad de los estudiantes&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a una nota que subrayaba que el Consistorio hab&iacute;a pagado los gastos de alojamiento de los &ldquo;comediantes que han resucitado el vivir trashumante de la vieja far&aacute;ndula espa&ntilde;ola, por los cuatro d&iacute;as que hab&iacute;an de actuar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito de La Barraca en Santander fue tal que otro peri&oacute;dico, <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2001007107" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Voz de Cantabria</em></a>, dijo que sus obras hab&iacute;an llegado incluso a quienes se hab&iacute;an acercado a ellas con prejuicios. Lorca, adem&aacute;s, tuvo tiempo para fatigar el muelle de la ciudad en sus paseos en Santander, donde llor&oacute; la muerte del torero Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as. El a&ntilde;o siguiente, en el verano de 1935, en el Aula Magna de la universidad de verano, ley&oacute; las eleg&iacute;as (<em>Llanto por Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as)</em> dedicadas a su amigo:<em> </em>&ldquo;El oto&ntilde;o vendr&aacute; con caracolas,/ uva de niebla y montes agrupados,/ pero nadie querr&aacute; mirar tus ojos/ porque te has muerto para siempre&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una mezcla de procedencias</strong></h2><p class="article-text">
        A La Magdalena sol&iacute;an venir amigos y conocidos para presentar sus respetos a la pl&eacute;tora de artistas, fil&oacute;sofos, escritores y poetas que desfilaban por los cursos de verano. Jos&eacute; Mar&iacute;a de Coss&iacute;o, c&aacute;ntabro de adopci&oacute;n, por ejemplo, era uno de ellos, e invit&oacute; a Lorca y su compa&ntilde;&iacute;a de teatro a su casona de Tudanca. El grupo no actu&oacute; y, aparte de merendar, Coss&iacute;o se tuvo que conformar con Lorca subido a un &aacute;rbol desde el que vociferaba versos. Tanto Coss&iacute;o como Gerardo Diego fueron profesores de La Magdalena. El poeta santanderino era amigo y &ldquo;camarada&rdquo; de Lorca, como escribi&oacute; Lorca al &ldquo;gran poeta&rdquo; en la dedicatoria manuscrita del <em>Romancero Gitano, </em>as&iacute; que en casa del santanderino alguna vez tocaron el piano y cantaron &mdash;Diego m&uacute;sica cl&aacute;sica, Lorca folclore andaluz&mdash; con arrebatadora pasi&oacute;n.
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                    alt="Estatua del intelectual Marcelino Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional."
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                Estatua del intelectual Marcelino Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional.                            </span>
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        Pero el encanto literario de Santander excede las verdes ondulaciones de La Magdalena, donde Manuel Aza&ntilde;a fue invitado a pasar la noche. El por entonces presidente del Consejo de Ministros se encontraba de viaje y era tarde, as&iacute; que le propusieron dormir en la universidad, aunque &eacute;l, temeroso, dijo que si se quedaba en &ldquo;este maravilloso Santander&rdquo; no ser&iacute;a capaz de irse. Adem&aacute;s de sus escritores y poetas nativos, la ciudad ha sido un im&aacute;n literario a lo largo del siglo XX. Son legi&oacute;n los artistas que han degustado y descrito paisajes elevados ya a im&aacute;genes celestiales. Los caf&eacute;s Ancora o Boulevard eran centro de peregrinaci&oacute;n, aunque las figuras locales han esculpido en letra muchos de esos escenarios traducidos en tinta. Gerardo Diego jam&aacute;s se cans&oacute; de honrar su ciudad, a la que consagr&oacute; tantos versos. A la bah&iacute;a, a las playas, al mar, a Puertochico, a la niebla o al end&eacute;mico viento sur: &ldquo;La luz se cierne en mineralog&iacute;as&rdquo;. Pero tambi&eacute;n dedic&oacute; versos a escritores que han engrasado la memoria de Santander, como Jos&eacute; de Ciria y Escalante, Concha Espina, Jos&eacute; del R&iacute;o &lsquo;Pick&rsquo;, Jes&uacute;s Cancio o Mar&iacute;a Teresa de Huidobro, algunos de ellos con monumentos en la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        La amistad del poeta con Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo y su hermano tambi&eacute;n acab&oacute; en poemas. Porque sobre el escritor, intelectual y fil&oacute;logo sentado en la silla &ldquo;l&rdquo; de la Real Academia Espa&ntilde;ola y que llegar&iacute;a a dirigir la Biblioteca Nacional, alguna vez gir&oacute; toda la cultura santanderina. Muri&oacute; joven, pero su legado qued&oacute; resguardado en su erudici&oacute;n y en la memoria de la Sociedad la Sociedad Men&eacute;ndez Pelayo, que organizaba cursos antes del nacimiento de la universidad de verano. All&iacute; se dejaban caer D&aacute;maso Alonso, Gerardo Diego, Jos&eacute; Mar&iacute;a de Coss&iacute;o o el propio Federico Garc&iacute;a Lorca. En la puesta de largo de la sociedad en 1918, seis a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Men&eacute;ndez Pelayo, su presidente dijo que la sociedad organizar&iacute;a conferencias, cursillos, concursos y editar&iacute;an &ldquo;toda clase de publicaciones en consonancia con el objeto de la sociedad&rdquo;, que era &ldquo;promover, fomentar y auxiliar los trabajos literarios referentes al estudio bibibliogr&aacute;fico y cr&iacute;tico de don Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo y de sus obras y del estudio de la Historia y Literatura Espa&ntilde;ola&rdquo;.
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                Interior de la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander.                            </span>
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        Por esa misma &eacute;poca se fund&oacute; el Ateneo de Santander, que, a lo largo de las d&eacute;cadas, fue cambiando de ubicaci&oacute;n y alberg&oacute; conferencias de Miguel de Unamuno, Manuel Machado, Eugenio d&rsquo; Ors, Juli&aacute;n Mar&iacute;as o Blas de Otero un d&iacute;a primaveral de 1956, en el que el poeta hizo muchos &mdash;demasiados&mdash; silencios. Ya en los a&ntilde;os sesenta, en su 50 aniversario, <em>La Hoja del Lunes</em> rese&ntilde;&oacute; que el Ateneo iba a celebrar sus bodas de plata con un desfile de &ldquo;hombres eminentes de las Letras, las Ciencias y la Artes, de toda Espa&ntilde;a: fil&oacute;sofos, cr&iacute;ticos, profesores, acad&eacute;micos&rdquo;. Y eso, como continuaba la <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2001000882" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">secci&oacute;n de don Siseando</a> del peri&oacute;dico, &ldquo;da un tono intelectual muy elevado a Santander, y de ello han tomado muy buena nota en Madrid y en provincias&rdquo;. A ese &ldquo;Ateneo de provincias&rdquo; han seguido llegando escritores, respirando y exhalando una ciudad en cuyas calles hay recuerdos, a veces encriptados y otras descarnados. No todo el mundo sabe que el poeta Le&oacute;n Felipe estudi&oacute; el Bachillerato en Cantabria y lleg&oacute; a abrir dos farmacias en Santander, la primera en la calle San Francisco y la segunda en la Plaza de la Esperanza, donde organizaba encuentros literarios con Gerardo Diego, Men&eacute;ndez Pelayo o Jos&eacute; del R&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        La misma ciudad que dar&iacute;a alas a un (futuro) poeta que lamentaba que, muerto ya don Quijote, todo el mundo estuviera cuerdo, &ldquo;terrible, horriblemente cuerdo&rdquo;, acab&oacute; en la c&aacute;rcel en Santander por impago. Lo record&oacute; en aquellos versos entresacados de <em>Escuela</em>: &ldquo;Viv&iacute; tres a&ntilde;os en la c&aacute;rcel&hellip;/ no como prisionero pol&iacute;tico,/ sino como delincuente vulgar...&rdquo;. Hemingway tambi&eacute;n vagabunde&oacute; por Santander, a donde lleg&oacute; procedente de La Habana en 1933, el mismo a&ntilde;o que <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/desmemoriados/john-passos-santander-jornada-movilizacion-socialista_132_11800463.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Dos Passos se dej&oacute; ver en un viejo Fiat</a> mientras recorr&iacute;a una porci&oacute;n de Espa&ntilde;a junto a su mujer. Azor&iacute;n, sin embargo, lo hizo en tren. Era agosto de 1904 y estaba conociendo balnearios del norte para escribir una serie de art&iacute;culos. En aquel <em>Veraneo sentimental </em>visit&oacute; Santander despu&eacute;s de beber agua en Solares y antes de descansar en Ontaneda, donde lo detuvieron al confundirle con un anarquista. &ldquo;&iquest;Dejar&eacute; yo pasar en silencio todos los incidentes y detalles de este lance?&rdquo;, se preguntaba. Aunque el tren que lo llevar&iacute;a por la noche hasta el balneario de Ontaneda se acercaba &ldquo;fosco en la campi&ntilde;a fosca&rdquo;, de Santander le fascin&oacute; todo. Y si en uno de sus art&iacute;culos en el peri&oacute;dico <em>Espa&ntilde;a</em> hurgaba en los detalles de la catedral, admiraba un r&oacute;tulo en el que ley&oacute; &lsquo;botica&rsquo; en lugar de &lsquo;farmacia&rsquo; y le cautiv&oacute; el faro de Mouro (&ldquo;un diminuto diamante en la negrura&rdquo;), en otro art&iacute;culo desde El Sardinero se deshizo en adjetivos hacia un mar &ldquo;glauco, negruzco, tranquilo, inm&oacute;vil&rdquo; que &ldquo;cobraba tonalidades de a&ntilde;il, de verde intenso y obscuro&rdquo; y unas olas de &ldquo;afilados lomos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El primer verano comenzaba bien. Azor&iacute;n regres&oacute; a Cantabria el siguiente agosto y fue a Polanco a visitar a Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda. Pero al llegar a la casona y saber que el escritor c&aacute;ntabro estaba muy enfermo, no quiso molestarle. Pereda, sin embargo, le mand&oacute; a pasar y le confes&oacute; que le quedaba poca vida: &ldquo;Yo estoy fuera del mundo&rdquo;. Aquella visita al &lsquo;universo Pereda&rsquo; le sirvi&oacute; a Azor&iacute;n para imaginar las novelas en las que el escritor hab&iacute;a empapado su imaginaci&oacute;n para tallar, palabras mediante, las buc&oacute;licas escenas que Azor&iacute;n admiraba a su paso. &ldquo;Pereda&rdquo;, escribi&oacute; Azor&iacute;n en un art&iacute;culo en el que describe el paisaje de maizales, huertas y prados verdes, &ldquo;es un soberbio, poderoso dibujante de luz y sombras, a lo Rembrandt&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un retrato realista</strong></h2><p class="article-text">
        Santander vierte mucho de su pret&eacute;rito encanto en la figura de Pereda. A &eacute;l hay dedicados jardines, un monumento, un paseo, un antiguo teatro ya demolido o una placa. Los episodios y lugares que pint&oacute; en <em>Nubes de est&iacute;o </em>o <em>Sotileza</em> atraviesan el esp&iacute;ritu de la ciudad. En <em>Sotileza</em>, por ejemplo, enciende la luz de plazas, muelles, barrios, iglesias,&nbsp; promontorios, islas de la bah&iacute;a y, sobre todo, de la vida de los pescadores. La familia del escritor se hab&iacute;a trasladado al cogollo hist&oacute;rico de Santander, no muy lejos del Poblado Pesquero de Sotileza, es decir, del Barrio Pesquero, cuando &eacute;l era un ni&ntilde;o. La novela, as&iacute;, es un palpitante homenaje al barrio de pescadores, cuyas referencias, como en toda la ciudad, son constantes.
    </p><p class="article-text">
        Pereda esparci&oacute; sus palabras en novelas y art&iacute;culos de costumbres publicados en<em> La Abeja Monta&ntilde;esa</em> desde que, en su primera contribuci&oacute;n el 28 de febrero de 1858, publicara un poema: &ldquo;El amor verdadero no reconoce l&iacute;mites ni obedece m&aacute;s que al coraz&oacute;n&hellip;&rdquo;. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, recopil&oacute; algunos de los art&iacute;culos y los public&oacute; bajo el nombre de <em>Escenas Monta&ntilde;esas</em>, aunque<strong> </strong>todo ese amor acumulado a la <em>tierruca</em> y sus gentes no debi&oacute; de permear del todo ciertos aspectos de su esp&iacute;ritu conservador, como la lengua. En su <em>Informe sobre el dialecto monta&ntilde;&eacute;s</em>, enviado a la Real Academia Espa&ntilde;ola en 1875, hizo un minucioso an&aacute;lisis del lenguaje de Cantabria. &ldquo;Este pueblo no habla, sino que canta&rdquo;, dec&iacute;a al inicio de un escrito a la comisi&oacute;n que r&aacute;pidamente advert&iacute;a: &ldquo;De todas las de Espa&ntilde;a que no tienen dialecto propio, y aun exceptuando entre las que le tienen, &uacute;nicamente aquellas en las cuales se habla vascuence, la de Santander es, a no dudar, la que m&aacute;s desnaturaliza y afea el castellano en su lenguaje com&uacute;n&rdquo;.
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                Los primeros años de la UIMP durante la etapa de Pedro Salinas convirtió a Santander en un foco cultural.                            </span>
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        El rastro de Pereda, acad&eacute;mico de la RAE cuyo ingreso descorch&oacute; con un discurso, claro, sobre las novelas regionales, fue inmenso. Uno de quienes lo absorbieron fue Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, que atra&iacute;do por las <em>Escenas Monta&ntilde;esas </em>comenz&oacute; a frecuentar Santander. Durante dos d&eacute;cadas, se aloj&oacute; en posadas y habitaciones hasta adquirir y levantar su templo en la Avenida de la Reina Victoria. San Quint&iacute;n fue su refugio, el templo en el que recib&iacute;a amigos c&aacute;ntabros, como Men&eacute;ndez Pelayo, Am&oacute;s de Escalante o Pereda, donde cuidaba de sus animales, escrib&iacute;a desde las cinco de la ma&ntilde;ana y recib&iacute;a a todo tipo de amigos y alguna amante, como Pardo Baz&aacute;n. Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, Pablo Iglesias o Mar&iacute;a Guerrero fueron algunos de los invitados del escritor canario cuyo amor por una porci&oacute;n de la tierra clav&oacute; aqu&iacute;. Eso, al menos, es lo que expres&oacute; en un homenaje en el Gran Hotel Continental en 1893: &ldquo;Nacido en otros climas, mi destino quiere hacerme monta&ntilde;&eacute;s de coraz&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria escribi&oacute; unas novelas y ambient&oacute; otras, como <em>Gloria</em> y <em>Marianela</em>, trabaj&oacute; en los <em>Episodios Nacionales</em> y germin&oacute; <em>Cuarenta leguas por Cantabria</em>, la consecuencia de un viaje que hab&iacute;a hecho con Pereda por el oeste de Cantabria. Tambi&eacute;n public&oacute; art&iacute;culos en <em>La Abeja Monta&ntilde;esa</em>, al igual que su &iacute;ntimo amigo Pereda, y fue recibido por Alfonso XIII en el Palacio de La Magdalena. Tambi&eacute;n recibi&oacute; cr&iacute;ticas por su vida y obra. El peri&oacute;dico <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000868972" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Atalaya</em></a><em> </em>intent&oacute; desprestigiar a un progresista Gald&oacute;s tras el homenaje que organiz&oacute; <em>El Atl&aacute;ntico</em> en su casa. En un art&iacute;culo formulado en torno a un di&aacute;logo entre una madre y su hija titulado <em>La casa de Gald&oacute;s</em>, adem&aacute;s de mencionar la presencia de una mascarilla de Voltaire, dec&iacute;a: &ldquo;Y ese gran novelista que sabe pintar y bordar y hacer figuritas a navaja&hellip; ese hombre que tanto sabe, &iquest;ser&aacute; posible que no sepa rezar?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A aquel episodio le siguieron m&aacute;s ataques y defensas entre peri&oacute;dicos ideol&oacute;gicamente rivales, y eso enerv&oacute; a algunos. &ldquo;El gran campe&oacute;n del catolicismo en Espa&ntilde;a, el gran Men&eacute;ndez Pelayo&rdquo;, dec&iacute;a <em>El Atl&aacute;ntico</em>, que combate las tendencias filos&oacute;ficas de Gald&oacute;s, le enaltece como literato&ldquo;. A&ntilde;os despu&eacute;s, de hecho, la Iglesia descargar&iacute;a contra &eacute;l por su obra teatral <em>Electra</em>. <em>La Atalaya</em> se sum&oacute; de nuevo a la gresca: &rdquo;&iexcl;Qu&eacute; cosas dicen los peri&oacute;dicos en honor de Gald&oacute;s!, los gacetilleros de la revoluci&oacute;n&ldquo;. Esas posturas filos&oacute;ficas fueron las que desencantaron a Antonio L&oacute;pez, marqu&eacute;s de Comillas, que lo admir&oacute; hasta que Gald&oacute;s se declar&oacute; republicano. Sus barcos de la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica, que hasta entonces hac&iacute;an sonar la bocina cuando entraban por la bocana del puerto, dejaron de saludarlo cuando pasaban frente a la casa, ya desaparecida, de vistas privilegiadas a los arenales de la bah&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Y, siempre, poes&iacute;a</strong></h2><p class="article-text">
        Gerardo Diego se fue a dar clases &ldquo;a muchas leguas de este Santander m&iacute;o&rdquo; y dej&oacute; un reguero de amigos y disc&iacute;pulos. <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/matilde-camus-voz-tiempo_132_3558819.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Matilde Camus</a> fue su alumna en el Instituto Santa Clara y el poeta se convirti&oacute;, desde entonces, en una especie de padrino que aplaudir&iacute;a la obra de aquella chica embadurnada de olor a mar y tierra. Sus versos siempre llenaron libretas, pero tuvo que cumplir 40 a&ntilde;os para publicar <em>Voces,</em> su primer libro de poemas. Camus no solo agit&oacute; la escena cultural de una ciudad encerrada en s&iacute; misma a pesar de los personajes que trajeron sus mareas con versos y vida abiertas. Presidi&oacute; la secci&oacute;n de literatura del Ateneo, hurg&oacute; en la historia de Cantabria y recobr&oacute; la memoria de sus gentes; una labor que se desparram&oacute; en decenas de libros (m&aacute;s de treinta solo de poes&iacute;a) que enriquecen la memoria po&eacute;tica de Santander.
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                El poeta José Hierro en Santander.                            </span>
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        Algo m&aacute;s sutiles son las referencias de Jos&eacute; Hierro a la ciudad de su infancia. Fue el gran disc&iacute;pulo de Gerardo Diego, y aunque su producci&oacute;n no fue tan vasta como la de Camus (tres d&eacute;cadas de silencio sucedieron al <em>Libro de las alucinaciones),</em> su electricidad existencial sacude la segunda mitad del siglo XX. El poeta, asiduo de La Magdalena, <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/jose-hierro-poeta-hizo-versos-ruido-bares-hilos-humo-chinchon_1_11610761.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sol&iacute;a escribir en bares</a>, nublado por cortinas de humo de tabaco y aroma a orujo ante la impasible mirada de los paisanos. Vivi&oacute; en Madrid, pero <em>vivi&oacute;</em> en Santander, la ciudad que llen&oacute; sus versos de sal y recuerdos y oto&ntilde;os y cielos grises y alegr&iacute;a. A Santander, s&iacute;, le debe sus recuerdos, sus palabras enredadas en el mar, la melod&iacute;a de sus versos, las noches en el puerto o aquel &ldquo;viento sur que aproxima los montes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la vida de esta ciudad acorralada por el mar y una cadena monta&ntilde;osa mantiene su vieja cadencia, y siguen alzando el vuelo escritores, aves de paso o nativas semillas, su esp&iacute;ritu desafiar&aacute; un molde provinciano a ratos resquebrajado. El pasado de Santander y sus h&eacute;roes literarios lo reclaman y, quiz&aacute;s as&iacute;, como en el poema de Jos&eacute; Hierro tendido en la cama aquella tarde, la ciudad tambi&eacute;n vuelva a so&ntilde;ar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/santander-memoria-ciudad-eternamente-literaria_1_12227805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2025 20:33:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santander, memoria de una ciudad eternamente literaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Santander,Literatura,Lectura,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida de Manuel Rodrigo Anabitarte, "el mejor palillero de España"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/vida-manuel-rodrigo-anabitarte-mejor-palillero-espana_1_12223659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eaba177d-e72a-481e-84bf-cd4dfa3cd391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida de Manuel Rodrigo Anabitarte, &quot;el mejor palillero de España&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este artesano cántabro de 95 años, cuyas castañuelas subieron al escenario con Lucero Tena o Mariemma, hizo gran amistad con artistas de los años 50 y 60 y es memoria viva de la escena cultural de Santander</p><p class="subtitle">El regreso del último vaquero que emigró a América: “Yo sabía que lo que estaba haciendo era en beneficio de la ganadería”</p></div><p class="article-text">
        Es extra&ntilde;o. Es extra&ntilde;o rebuscar m&eacute;ritos en quien, en lugar de exhibirlos, dice que lo suyo &ldquo;se acab&oacute; hace muchos a&ntilde;os&rdquo;. Es desconcertante. Desconcierta saber que, el hombre que llega junto a su mujer dando pasitos bajo una hilera de magnolios y se enreda 20 minutos en an&eacute;cdotas dispersas, podr&iacute;a presumir de las manos que tocaron sus instrumentos. 
    </p><p class="article-text">
        Asombra saber que ese hombre y esta mujer que vertieron sus vidas la una en la otra hace casi ocho d&eacute;cadas conozcan el inconsciente de esta ciudad encerrada en s&iacute; misma. Y, sin embargo, este matrimonio, puntual a su cita en una cafeter&iacute;a &mdash;las seis menos cinco&mdash; desde hace 29 a&ntilde;os, ir&aacute; desenrollando el pergamino de su propia historia, que es la de Santander.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya eres viejo&mdash; dice ella.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y t&uacute;&mdash; responde &eacute;l&mdash;, &iquest;qu&eacute; eres?
    </p><p class="article-text">
        Ambos tienen 95 a&ntilde;os. Sus pasos son lentos, pero no torpes. Sus memorias, prodigiosas y ambos complementan sus oraciones. Cuando Manuel Rodrigo Anabitarte recuerda que lleg&oacute; un momento en que hac&iacute;a palillos o casta&ntilde;uelas para tantas bailarinas, Carmen Zamanillo P&eacute;rez dice que ahora tiene muchos para hacer, pero ya no puede. Y cuando ella explica que han mantenido muchas relaciones con el mundo del arte, &eacute;l dice que ellos son de los pocos supervivientes de un tiempo dorado y casi ajeno. Tan extra&ntilde;o, desconcertante y asombroso que, en la primera media hora de este encuentro ba&ntilde;ado en la memoria musical, se han sucedido historias, parentescos y recuerdos sin que yo a&uacute;n me haya aclarado sobre su actividad. Su respuesta tampoco ayudar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Usted, entonces, hac&iacute;a palillos, principalmente&mdash;, digo para centrar una conversaci&oacute;n dispersa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no&mdash;, responde, y me confunde a&uacute;n m&aacute;s&mdash;. Principalmente, me dedicaba a trabajar en la fundici&oacute;n de Nueva Monta&ntilde;a Quijano como modelista. Lo otro era un complemento; un complemento que empez&oacute; para m&iacute; porque yo bailaba flamenco.
    </p><p class="article-text">
        Manuel Rodrigo tuvo una idea. Los palillos flamencos, elaborados con granadino, &eacute;bano o palo santo, se desafinaban por las contracciones y dilataciones de la madera, un material vivo. Las bailarinas, bajo la ropa interior, se las colocaban en los pechos para evitar que la madera las ensordase, y que pens&oacute; que deb&iacute;a crear una tecnolog&iacute;a capaz de evitar esos problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a elaborarlas con papel y tela prensados empapados en resina epoxi, y as&iacute;, l&aacute;mina a l&aacute;mina, lograba el grosor adecuado. &ldquo;Era un trabajo tremendo&rdquo;, recuerda. Pero despu&eacute;s de recorrer con palabras sus inicios, juergas y artistas, Manuel dice que lo importante es comenzar por el principio: su padre. La pregunta, entonces, es obligada: c&oacute;mo a un hombre de finales del XIX, nacido en la Plaza de Ca&ntilde;ad&iacute;o de Santander, le dio por esas artes:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es que es muy largo todo&hellip;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un arte heredado</strong></h2><p class="article-text">
        Hay que rebobinar los genes de Manuel Rodrigo para hallar su arte. Su abuelo paterno viv&iacute;a en Zamora, donde estudiaba en el seminario. Pero en los ariscos campos de aquel tiempo, la familia hab&iacute;a escrito su destino. &Eacute;l no se conform&oacute; y, despu&eacute;s de discusiones y un hartazgo que lo consumi&oacute;, se plant&oacute; en Santander. Aqu&iacute; encontr&oacute; acomodo como sacrist&aacute;n en la iglesia de Santa Luc&iacute;a, reci&eacute;n inaugurada (1868), aunque pronto huy&oacute; de unas labores que detestaba. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Manuel Rodrigo pasea por Santander.                            </span>
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        Aquel chaval, finalmente, se instal&oacute; en la Plaza de Ca&ntilde;ad&iacute;o, entr&oacute; al Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras y form&oacute; una familia. Su vida, sin embargo, se acab&oacute; antes de lo esperado, y el padre de Manuel tuvo que reba&ntilde;ar las oportunidades del camino desde que se qued&oacute; hu&eacute;rfano a los nueve a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        En Santander lo 'recogi&oacute;' un tornero, que le ense&ntilde;&oacute; el oficio a base de castigos. Se hart&oacute;, como su padre en el seminario, y se larg&oacute; a un taller de Madrid al mismo tiempo &mdash;y aqu&iacute; empieza la historia&mdash; que actuaba en el Teatro Eslava sustituyendo a los actores que enfermaban. Manuel, ahora, recuerda la &uacute;ltima estrofa de una coplilla que su padre le dedic&oacute; a Madrid:
    </p><p class="article-text">
        <em>No me digas que eres hoy</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>m&aacute;s graciosa y m&aacute;s salada</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que cuando yo iba corriendo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a la &uacute;ltima al Eslava.</em>
    </p><p class="article-text">
        Su padre se fue a Cuba en 1900, volvi&oacute; a Santander 27 a&ntilde;os despu&eacute;s para crear su estirpe y revel&oacute; sus pulsiones art&iacute;sticas. &ldquo;Mi padre&rdquo;, dice Manuel, &ldquo;era muy flamenco&rdquo;. Los vecinos se paraban en la escalera de su casa para escuchar cantar a una familia espoleada por un hombre que bailaba chotis en una ciudad donde nadie sab&iacute;a bailar chotis y que cantaba al amanecer, como los pajarillos. 
    </p><p class="article-text">
        Luego, en el taller de madera que el <em>pater familias</em> hab&iacute;a montado en la calle Cisneros, su hijo menor fue afinando el tacto de unos dedos que pronto perfeccionaron la t&eacute;cnica como tornero, ebanista, carpintero y tallista en el local. Fuera de &eacute;l, el flamenco le arrebataba el coraz&oacute;n. Pero su inicio como artesano es m&aacute;s n&iacute;tido a&uacute;n: los palillos que elabor&oacute; para Mar&iacute;a del Carmen Luzuriaga. Ella hab&iacute;a visto que Manuel usaba sus propios instrumentos al bailar y le pidi&oacute; unos palillos de acacia, &ldquo;una madera pobre, pero muy musical&rdquo;, con los que la santanderina bail&oacute; bajo el escrutinio de su t&iacute;o, que acompa&ntilde;aba con el piano a <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/mariemma-grandes-danza-espanola-muere_1_5617430.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mariemmma, una de las grandes bailarinas del siglo XX</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Al terminar el n&uacute;mero, Enrique Luzuriaga le pregunt&oacute; a su sobrina por los palillos y le pidi&oacute; a aquel chico de 16 o 18 a&ntilde;os &ldquo;una exclusiva&rdquo;. Pero Manuel Rodrigo no pod&iacute;a otorgar una exclusiva de algo que no sab&iacute;a si hac&iacute;a bien o mal. Al menos, aquellas piezas le sirvieron como prototipo para vender los primeros pares a las amigas de la bailarina y para que la voz de que un joven c&aacute;ntabro se las ingeniaba para hacer instrumentos afinad&iacute;simos llegara a Madrid, &ldquo;y jo&eacute;&rdquo;, sus palillos &mdash;el par de machos en la mano izquierda, las hembras en la izquierda&mdash; comenzaron a resta&ntilde;ar en las compa&ntilde;&iacute;as de <a href="https://www.revistalaflamenca.com/en-la-memoria-pilar-lopez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pilar L&oacute;pez</a>, Mariemma o <a href="https://www.danza.es/multimedia/biografias/luis-perez-davila-luisillo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luisillo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Manuel comenzaba el oficio.
    </p><p class="article-text">
        Aquella receta innovadora a base de papel prensado y fibra de vidrio o tela prensada con resinas no estaba escrita. Pero las ocurrencias, la curiosidad, su intuici&oacute;n, la experimentaci&oacute;n y su devoci&oacute;n por el flamenco confluyeron en unas elaboraciones que esquivaban la humedad de las maderas blandas y la dif&iacute;cil afinaci&oacute;n de las duras. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde lleg&oacute; su suerte: un d&iacute;a, en el servicio el&eacute;ctrico de Nueva Monta&ntilde;a Quijano, la acer&iacute;a que sigue operando a las afueras de Santander, vio una placa para aislar cuadros el&eacute;ctricos. Indag&oacute;, y supo que lo fabricaban en Valencia. Entonces se dijo que ten&iacute;a que hacerse con una de ellas. Lo dice tantos a&ntilde;os despu&eacute;s con la sorpresa en una expresi&oacute;n que casi se le resbala de los labios: &ldquo;Las cosas pasan de una forma&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Monta&ntilde;a le recibi&oacute; el director de la planta, que se extra&ntilde;&oacute; ante una petici&oacute;n que cay&oacute; en gracia, ya que su hija hab&iacute;a aprendido a tocar la guitarra en C&aacute;diz, donde &eacute;l hab&iacute;a trabajado. El director, entonces, le proporcion&oacute; la primera de las muchas placas de papel y fibra de vidrio que le ahorraron horas y semanas de trabajo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La pasión por la música la heredó de su padre, que vivió casi 30 años en Cuba."
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            <span class="title">
                La pasión por la música la heredó de su padre, que vivió casi 30 años en Cuba.                            </span>
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        Su inquieto ingenio, sin embargo, se volvi&oacute; a revolver y sigui&oacute; cociendo nuevas f&oacute;rmulas que no siempre resultaron, como el d&iacute;a en que prepar&oacute; un brebaje con clorato de potasio, empleado en explosivos. Su hija le alarm&oacute; al ver la humareda del recipiente y &eacute;l lo tir&oacute; por la ventana antes de que todo saltara por los aires. En otra ocasi&oacute;n quiso producir en cadena mediante un sistema de colada, lo que le permitir&iacute;a elaborar &mdash;esos eran sus c&aacute;lculos&mdash; seis palillos en media hora. Y, aunque no lo consigui&oacute;, sigui&oacute; trabajando met&oacute;dicamente y produciendo, en el local de debajo de casa, con la ayuda de su esposa, que los lijaba y met&iacute;a al horno, seis, siete u ocho pares de trabajo los domingos. 
    </p><p class="article-text">
        Al rozar la hora del tren a Madrid, Carmen sal&iacute;a corriendo con los instrumentos para entreg&aacute;rselos a un encargado que los llevaba a las academias o al representante. Eso, le digo, debi&oacute; de darles dinero. &ldquo;En lo que ganaba un domingo haciendo palillos&rdquo;, dice, &ldquo;ganaba m&aacute;s que todo el mes en la f&aacute;brica&rdquo;. Un par de palillos artesanos con la t&eacute;cnica y materiales que &eacute;l empleaba, dice su esposa, pueden alcanzar ahora los 6.000 euros. &Eacute;l se concede un ir&oacute;nico disparate entre carcajadas: &ldquo;A lo mejor me empacho y me da por hacer palillos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El resultado de su decantación artística ha sido cientos de palillos, quizás miles, vendidos en España, Sudáfrica, Siria, Japón, países de América Latina o Italia a lo largo de medio siglo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Porque los palillos le permitieron hinchar la hacienda, y si en alg&uacute;n momento tuvo la tentaci&oacute;n de dejar la f&aacute;brica y volcarse en el otro oficio, pronto la desech&oacute;: &ldquo;Hab&iacute;a cosas bailando por ah&iacute;&rdquo;. Las dudas, las hijas en edad de estudio, una probable mudanza a Madrid que habr&iacute;a multiplicado sus ingresos y su reputaci&oacute;n pero no su paz. El resultado de su decantaci&oacute;n art&iacute;stica ha sido cientos de palillos, quiz&aacute;s miles, vendidos en Espa&ntilde;a, Sud&aacute;frica, Siria, Jap&oacute;n, pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina o Italia a lo largo de medio siglo. Las de tela prensada son m&aacute;s flamencas y las de papel, m&aacute;s musicales, aunque su t&eacute;cnica com&uacute;n (un agujero en la parte superior y en el lugar preciso: ni un mil&iacute;metro arriba ni abajo), regresaba a la sencillez cuando las atravesaba con un cord&oacute;n de cortina.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Unos palillos elaborados por Manuel Rodrigo.                            </span>
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        Las casta&ntilde;uelas, que llegaron a Espa&ntilde;a de mano de los fenicios hace casi 3.000 a&ntilde;os, se conocen como palillos en Andaluc&iacute;a, aunque Manuel aclara la diferencia entre las casta&ntilde;uelas o tarra&ntilde;uelas, que no tienen afinaci&oacute;n, y los palillos, que s&iacute; la llevan. &Eacute;l tuvo que aprender a elaborar los palillos en diferentes escalas musicales, rebanando madera, lijando y ahuecando la parte c&oacute;ncava de las piezas para amoldarlas al tono de cada profesional. 
    </p><p class="article-text">
        Pero antes que las casta&ntilde;uelas, Manuel se familiariz&oacute; con los cr&oacute;talos, que su padre hac&iacute;a de marfil y maderas tropicales y siempre estuvieron vinculados a la m&uacute;sica popular. Algo cambi&oacute; a partir del siglo XVII, cuando comenzaron aparecer casta&ntilde;uelas en composiciones de m&uacute;sica cl&aacute;sica. Las piezas musicales espec&iacute;ficas, entonces, se erigieron como un instrumento por s&iacute; mismo, como el pasaje que Wagner compuso para <em>Tannhauser</em>. En Espa&ntilde;a, Alb&eacute;niz hizo sus <em>Suite para casta&ntilde;uelas y orquesta</em>, Manuel de Falla las introdujo en la &oacute;pera <em>La vida breve</em> y<em> </em>Joaqu&iacute;n Rodrigo compuso <em>Dos Danzas Espa&ntilde;olas </em>para Lucero Tena, la bailarina mexicana cuyo maestro Domingo Jos&eacute; Samperio era un c&aacute;ntabro que hab&iacute;a migrado a M&eacute;xico tras la Guerra Civil. 
    </p><p class="article-text">
        A Lucero Tena, de hecho, Manuel le hizo doce pares de palillos en 1966 para acompa&ntilde;ar piezas cl&aacute;sicas<em>.</em> &Eacute;l a&uacute;n guarda con cari&ntilde;o la fotograf&iacute;a de ella con una dedicatoria de aquel a&ntilde;o: &ldquo;Con sincero afecto para Manuel&rdquo;. El folclore c&aacute;ntabro tambi&eacute;n emplea casta&ntilde;uelas en sus jotas, en la danza de los picayos, en las lanzas de Ruiloba o en el Pericote y el trepelet&eacute;; tambi&eacute;n en <em>El Romance del Conde de Lara</em>, donde 26 hombres tocan las casta&ntilde;uelas y diez mujeres, la pandereta. &ldquo;Hay en esta estampa&rdquo;, escribe Jos&eacute; Luis Ocejo en <a href="https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/HEMEROTECA/ETNOGRAFIA/etnografia-y-folklore-10_1979-1980.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Perspectiva de la m&uacute;sica en Cantabria</em></a>, &ldquo;gracia, se&ntilde;or&iacute;o, movimientos &aacute;giles, recato y encanto&rdquo;.<em>&nbsp;</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Dedicatoria de la bailarina Lucero Tena.                            </span>
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        Manuel y su esposa muestran recuerdos, m&aacute;s an&eacute;cdotas y palillos de tela y papel que &eacute;l golpea, <em>cloc, cloc</em>, con alegr&iacute;a. Ense&ntilde;an fotograf&iacute;as de cuando eran j&oacute;venes. Muestran recuerdos de otro tiempo y dedicatorias de bailarinas, como la que le dispens&oacute; <a href="https://www.danza.es/multimedia/biografias/victoria-eugenia-betty" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Victoria Eugenia, Betty</a>: &ldquo;Para Manuel Rodrigo, el mejor palillero de Espa&ntilde;a, con mi admiraci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pilar L&oacute;pez le encarg&oacute; unos palillos que &eacute;l ajust&oacute; a una complicada coreograf&iacute;a de su compa&ntilde;&iacute;a (&ldquo;unas filigranas&rdquo;, dice) mientras que su o&iacute;do afin&oacute; un cuerpo entero de baile de la compa&ntilde;&iacute;a de Luisillo que, por fin, discerni&oacute; aquel &ldquo;revoltijo de sonidos de mil demonios&rdquo; haciendo los palillos de los hombres en una clave y los de las mujeres en otra. En su trayectoria, adem&aacute;s, se permiti&oacute; rechazar la petici&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/triunfar-hollywood-carcel-blasfemo-vida-alucinante-antonio-bailarin_1_8365340.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio El Bailar&iacute;n</a>, quien le pidi&oacute; unos instrumentos. Pero Manuel, que le hab&iacute;a visto lanzar al p&uacute;blico unos palillos que le hab&iacute;a regalado, se neg&oacute;. Si los quer&iacute;a, le dijo, ten&iacute;a que pag&aacute;rselos, y le cobraba el doble de lo que sol&iacute;a pedir.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso, a estas alturas, le pellizca el &aacute;nimo: los zapateos en colmaos casi clandestinos de Madrid, las visitas a academias de Madrid como La Quica, las noches gloriosas en el <a href="https://cepadesantander.wordpress.com/2015/05/03/jazz-en-santander-el-drink-club-y-los-hnos-calderon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Drink Club de Santander</a>, el arte de <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/cultura-musica_132_5685452.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Amaya</a>, casada con un c&aacute;ntabro y cuyo suegro, Jos&eacute; Ag&uuml;ero, organizaba tertulias en el Paseo Pereda, la estampa de Camar&oacute;n en la guitarrer&iacute;a madrile&ntilde;a de los hermanos Conde, los ojos &ldquo;preciosos&rdquo; de Marisol, los bailes con la sociedad cultural <em>Los amigos del arte</em>, las serenatas que daba de madrugada a las novias de amigos y que esta suave tarde primaveral entona en voz baja:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mujer, abre tu ventana</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para que escuches mi voz</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que est&aacute; cantando el que te ama</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con el permiso de Dios.</em>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Memoria viva de Santander</strong></h2><p class="article-text">
        Cuando llevaba un bigotillo ralo y unas cejas pobladas, Manuel bail&oacute; para la nieta del presidente de Ecuador en el <em>Drink Club</em>, el templo del jazz que los hermanos Calder&oacute;n abrieron en 1959 en el R&iacute;o de la Pila de Santander. Un bailar&iacute;n enferm&oacute; y se tuvo que subir al escenario que &eacute;l mismo hab&iacute;a hecho de madera cubierta por una plancha de zinc. Ha cantado boleros, de mesa en mesa, en restaurantes. Ha hecho f&eacute;retros tallados para una funeraria. Ha acompa&ntilde;ado (y ayudado) al pintor Fernando Calder&oacute;n, &iacute;ntimo amigo, en alg&uacute;n cuadro. Se aficion&oacute; a la fotograf&iacute;a. Despu&eacute;s de escuchar cantar a Raphael en la escuela de Manuel Gordillo, en Madrid, movi&oacute; hilos para traerlo al Teatro Pereda en 1962, donde le maquill&oacute; sin saber maquillar. Elabor&oacute; una dulzaina de acacia. Un dise&ntilde;o de farolas suyo llen&oacute; media Espa&ntilde;a y <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cifesa-productora-valenciana-creo-star-system-posguerra-franquista_1_8734116.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una productora, Cifesa</a>, le ofreci&oacute; un contrato para ir a Madrid despu&eacute;s de escucharle cantar a &eacute;l y a sus hermanos. Y eso, en los a&ntilde;os de la posguerra, sonaba a broma. Y as&iacute; se lo tom&oacute; su padre.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha ocurrido en las siguientes d&eacute;cadas es ya savia cultural de la ciudad. &Eacute;l lo recuerda con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica, y si en alg&uacute;n momento le patina alg&uacute;n nombre, r&aacute;pidamente regresa a un sendero impropio de alguien que va camino del siglo de vida. Hay quienes le dicen que escriba su autobiograf&iacute;a para compartir el patrimonio que Santander lleg&oacute; albergar, pero &eacute;l dice que se olvidar&iacute;a de much&iacute;sima gente: &ldquo;Son 95 a&ntilde;os y son muchos para acordarse de todo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque escuchando a un hombre que se escurr&iacute;a a clases de dibujo art&iacute;stico tras las sesiones de dibujo industrial y cuyos recuerdos resultan tan insospechados (&iquest;existi&oacute; esa ciudad alguna vez?), es dif&iacute;cil detectar lagunas en la memoria de quien sube y baja por las d&eacute;cadas al tiempo que nombra plazas, calles, rampas, escaleras, callejones y parques. En esa letan&iacute;a de locales (Bar Burgal&eacute;s, Centro Andaluz, Bodega Jerezana), la academia de Maribel Armengou o de guitarristas como Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez o Alejandro Mart&iacute;n, disuelve ahora sus recuerdos y una nostalgia que, a ratos, mantiene bajo llave.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque ha sido mi vida.
    </p><p class="article-text">
        En esta p&oacute;cima abrev&oacute; este hombre que empez&oacute; a trabajar a los nueve a&ntilde;os, que ense&ntilde;&oacute; a leer a su mujer y que ensanch&oacute; su horizonte en sus frecuentes estancias en Madrid. La capital aviv&oacute; sus pasiones y conocimiento, especialmente de flamenco, aunque en su &uacute;ltimo viaje, hace ya m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, muchas de sus referencias, como los tablaos en los que &ldquo;remataba&rdquo; la noche, ya no exist&iacute;an. 
    </p><p class="article-text">
        Dice saber todo el flamenco: &ldquo;Los palos, las derivaciones. Todo&rdquo;. Hay veces que hace alg&uacute;n paso en casa, aunque ya no zapatea con la misma furia, cuando el sobrino del guitarrista Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez, vecino de abajo, escuchaba aquel concierto en morse. Tampoco le entran ya los pies en las botas con puntera de clavos que le regal&oacute; un chico puertorrique&ntilde;o que muri&oacute; en la Guerra de Vietnam.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero es todo tan largo que una semana despu&eacute;s nos volvemos a ver, a las seis menos cinco, en el lugar exacto:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;T&uacute; pregunta lo que quieras&mdash; dir&aacute; dos o tres o cuatro veces a lo largo del encuentro.
    </p><p class="article-text">
        Basta con insinuar unos puntos suspensivos para que &eacute;l llene un silencio al que se le van cayendo las escamas. As&iacute; se van sucediendo confidencias, historias p&uacute;blicas e intrahistorias &iacute;ntimas. Pocos saben que hay una porci&oacute;n de &eacute;l en las estatuas que custodian la Caja de Ahorros de la Plaza Porticada, pues Agust&iacute;n de la Herr&aacute;n Matorras las esculpi&oacute; a partir de unos bocetos que Fernando Calder&oacute;n realiz&oacute; despu&eacute;s de escudri&ntilde;ar y fotografiar las posturas de una bailarina que Manuel llev&oacute; al Drink Club. Su apellido tambi&eacute;n est&aacute; inscrito en la historia del Muelle de la Naos, que Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda describi&oacute; en sus <em>Escenas Monta&ntilde;esas</em> como &ldquo;el basurero del muelle nuevo y el cementerio de sus despojos&rdquo;. Su bisabuelo regentaba la Veler&iacute;a de Anabitarte, que prove&iacute;a velas para goletas en la Calle Azogues, cuando el mar entraba a los pies del Banco de Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Han pasado m&aacute;s de treinta a&ntilde;os desde que el diario Alerta le dedicara un art&iacute;culo en el que Manuel Rodrigo dec&iacute;a que en casa no ten&iacute;a palillos. Y Manuel vuelve a admitir que no tiene ninguno y que los guardan sus hijas: &ldquo;Son cosas que te hacen recrear otras que te rompen el alma&rdquo;. Hay otras confesiones que requieren tiempo. Pero al fin, despu&eacute;s de cincuenta a&ntilde;os de palillos y bailes, este artesano que llen&oacute; academias y tablaos con sus propias creaciones, dice que &eacute;l solo quer&iacute;a cantar flamenco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/vida-manuel-rodrigo-anabitarte-mejor-palillero-espana_1_12223659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2025 19:14:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida de Manuel Rodrigo Anabitarte, "el mejor palillero de España"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Cantabria,Santander,Flamenco]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre el desprecio a un legado histórico y la leyenda negra de sus fortunas: el olvido del fenómeno de los indianos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/desprecio-legado-historico-leyenda-negra-fortunas-olvido-fenomeno-indianos_1_11930467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8155b81f-ccec-4c38-87be-d00cc33a98eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre el desprecio a un legado histórico y la leyenda negra de sus fortunas: el olvido del fenómeno de los indianos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La memoria de aquellos que triunfaron el siglo pasado en América y regresaron a Cantabria, unos con la filantropía como bandera y otros con un oscuro pasado a sus espaldas, naufraga en la indiferencia</p><p class="subtitle">Reportaje - Filántropos, emprendedores... y negreros: Cantabria mantiene viva la memoria de los esclavistas que hicieron fortuna con el 'oro negro'</p></div><p class="article-text">
        No hay casa sin palmera ni magnolio. No hay estancia sin maderas tropicales. No hay dos plantas que no est&eacute;n unidas por escaleras nobles. Hay jardines con fuentes, bustos y alg&uacute;n capricho; tambi&eacute;n un misterioso aire ex&oacute;tico que revolucion&oacute; peque&ntilde;as localidades que apenas se acuerdan de ellos. &ldquo;En Cantabria no hay un museo: no se trata el fen&oacute;meno indiano, se ha vivido ajeno a &eacute;l&rdquo;, dice Ana Cagigas, responsable de la Finca del Marqu&eacute;s de Valdecilla, en Medio Cudeyo. En las 15 hect&aacute;reas de prados y arboledas, con cenador, invernadero y varias edificaciones &#8213;cocheras, casas de invitados, la vivienda de su sobrina, cuadras&hellip;&#8213; est&aacute; la residencia de Ram&oacute;n Pelayo de la Torriente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una vida dedicada a la industria del az&uacute;car en Cuba y, con la nostalgia coce&aacute;ndole y un t&iacute;tulo nobiliario bajo el brazo, el hombre que hab&iacute;a acumulado una ingente fortuna, regres&oacute; definitivamente, en 1920, al pueblo que lo hab&iacute;a visto nacer 70 a&ntilde;os antes. &ldquo;Hace falta que conozcan la figura del marqu&eacute;s&rdquo;, proclama esta t&eacute;cnica de Patrimonio, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha inventariado 6.000 objetos de la finca, desde piezas de vajilla a porcelanas, pasando por pinturas o muebles. Porque el abandono antes de que el Ayuntamiento de Medio Cudeyo adquiriera el recinto en 2003, dice, era &ldquo;absoluto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El de la localidad de Valdecilla es el &uacute;nico museo en Cantabria dedicado al fen&oacute;meno hist&oacute;rico a pesar de que &ldquo;la emigraci&oacute;n a pa&iacute;ses americanos que se desplaza por el puerto de Santander&rdquo;, como afirmaba el informe del Inspector de Emigraci&oacute;n de 1917, &ldquo;es met&oacute;dica y encauzada ya de antiguo&rdquo;. Pero lo que la cornisa cant&aacute;brica vivi&oacute; entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue brutal: de los casi 200.000 c&aacute;ntabros que, seg&uacute;n Consuelo Soldevilla, migraron a Am&eacute;rica entre 1845 y 1936, cerca de un tercio lo hicieron en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os del siglo XIX. &ldquo;Si es que en Cantabria nadie habla de indianos, y sigue sin haber nada&rdquo;, insiste Cagigas, cuyo trabajo se vuelca en esta colina soleada donde la Cantabria rural da sus primeros sorbos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Aspecto actual de la finca del marqués de Valdecilla."
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            <span class="title">
                Aspecto actual de la finca del marqués de Valdecilla.                            </span>
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        El de Ram&oacute;n Pelayo es quiz&aacute;s el ejemplo m&aacute;s laureado en Cantabria de un movimiento migratorio que alcanz&oacute; cotas inimaginables en apenas unas d&eacute;cadas. El n&uacute;mero de c&aacute;ntabros que fueron, hicieron fortuna y regresaron a su tierra, sin embargo, no es excesivo, aunque, como afirma el historiador Tom&aacute;s P&eacute;rez Vejo en <a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/cuadernos_del_norte/pdf/m2/m2_17.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Indianos de Cantabria</em></a><em>, </em>&ldquo;solo se es indiano si se triunfa&rdquo;. Y de regreso a sus lugares, aquellos &lsquo;triunfadores&rsquo; plantaron sus casas, a veces exuberantes pero nunca discretas, sembraron palmeras y magnolios y modelaron jardines que en estas tierras agr&iacute;colas sonaban casi a provocaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esos s&iacute;mbolos de riqueza, sin embargo, son solo el escaparate de una herencia mayor cuyo eco resuena en el origen oscuro de algunas de esas fortunas: Antonio L&oacute;pez y L&oacute;pez, Pedro Mart&iacute;nez P&eacute;rez de Ter&aacute;n o Juan Manuel de Manzanedo hicieron fortuna <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/filantropos-emprendedores-negreros-cantabria-mantiene-viva-memoria-esclavistas-hicieron-fortuna-oro-negro_1_9676875.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vali&eacute;ndose del comercio de esclavos</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que la cornisa cantábrica vivió entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue brutal: de los casi 200.000 cántabros que, según Consuelo Soldevilla, migraron a América entre 1845 y 1936, cerca de un tercio lo hicieron en los últimos 15 años del siglo XIX</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En su estudio de la cultura en Cantabria durante la carrera universitaria de Historia, por ejemplo, todo le llevaba a Enrique Rodr&iacute;guez Pereda al marqu&eacute;s de Valdecilla. Ese fue el inicio de un inter&eacute;s del universo indiano que iba desembocando en donaciones generos&iacute;simas, inauguraci&oacute;n de escuelas, iniciativas culturales, centros ben&eacute;ficos, peri&oacute;dicos editados en las viejas colonias, creaci&oacute;n de sociedades regionales y el resto de consecuencias de aquellas fortunas monta&ntilde;esas. As&iacute; lleg&oacute; el a&ntilde;o 2022, cuando comenz&oacute; a preparar una conferencia sobre Ram&oacute;n Pelayo para las <em>Jornadas Hist&oacute;ricas Marqu&eacute;s de Valdecilla,</em> y hall&oacute; &ldquo;una informaci&oacute;n demasiado importante&rdquo;. Poco despu&eacute;s comenz&oacute; su tesis doctoral sobre aquel ilustre vecino de Medio Cudeyo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los indianos est&aacute;n completamente abandonados, es muy dif&iacute;cil que encuentres nada&rdquo;, explica el investigador. Hurgando en la biograf&iacute;a del marqu&eacute;s de Valdecilla, adem&aacute;s, se dio de bruces con el estereotipo de migrante que, siguiendo impulsos juveniles, se embarca hacia Am&eacute;rica y, desde posiciones humildes, acaba ascendiendo a la c&uacute;spide econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s de acogida. Pero tambi&eacute;n vio que aquel personaje no cab&iacute;a en el molde cl&aacute;sico. Viv&iacute;a en Cuba y manten&iacute;a su v&iacute;nculo con Cantabria, s&iacute;, pero su cultura, su acci&oacute;n pol&iacute;tica y sus intereses estaban en Estados Unidos, pues incluso lleg&oacute; a tener relaci&oacute;n con Henry Ford.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tiene un papel mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que se podr&iacute;a esperar de los indianos&rdquo;, explica Rodr&iacute;guez. El marqu&eacute;s de Valdecilla desarroll&oacute; la filantrop&iacute;a y, adem&aacute;s del hospital al que acab&oacute; dando nombre, financi&oacute; m&aacute;s de 50 escuelas en toda Cantabria, carreteras o la urbanizaci&oacute;n de su propio pueblo. <em>La Monta&ntilde;a</em>, la revista que se editaba semanalmente en Cuba, <a href="https://prensahistorica.mcu.es/latinoamerica/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000881053" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le dedicaba un homenaje</a> tras aportar 500.000 pesetas para la construcci&oacute;n del Hotel Reina Victoria de Santander: &ldquo;La monta&ntilde;a sabe honrarse honrando a sus hijos m&aacute;s distinguidos. Lo contrario ser&iacute;a olvidar la tradicional lealtad monta&ntilde;esa y eso no es propio de nuestro solar&rdquo;. Aquel texto de febrero de 1916 daba cuenta de &ldquo;sus incontables rasgos de filantrop&iacute;a&rdquo; y reconoc&iacute;a &ldquo;la deuda que la provincia tiene contra&iacute;da con el gran monta&ntilde;&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, insiste el historiador, el movimiento indiano est&aacute; desatendido. De aquellas jornadas en Valdecilla salieron un libro y la tesis doctoral en la que est&aacute; embarcado y que le est&aacute; llevando (y llevar&aacute;) a archivos de Cantabria, Madrid, Toledo, Estados Unidos y Cuba. Su trabajo pretende llenar el agujero en el que caen tantos investigadores: &ldquo;No hay estudios que nos permitan conocer con detalle cu&aacute;l es la acci&oacute;n de los indianos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cantabria, tierra de indianos</strong></h2><p class="article-text">
        Aunque Cantabria es tierra de indianos desde que Col&oacute;n pis&oacute; Am&eacute;rica, el fen&oacute;meno migratorio acab&oacute; explotando a finales del siglo XIX. El principal destino de los c&aacute;ntabros era Cuba, seguido, a mucha distancia, de M&eacute;xico y Argentina: la poblaci&oacute;n europea se hab&iacute;a doblado en un siglo, generando una presi&oacute;n poblacional que las econom&iacute;as agr&iacute;colas dif&iacute;cilmente pod&iacute;an asumir. Cantabria no daba m&aacute;s de s&iacute; y Am&eacute;rica estaba &lsquo;por hacerse&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del oc&eacute;ano, en duras traves&iacute;as, llegaron aquellos so&ntilde;adores, espoleados por la necesidad y los sue&ntilde;os de juventud, que en Cantabria tiene nombres como Jer&oacute;nimo Mateo de la Parra, Francisco Gonz&aacute;lez Camino, Avelino Guti&eacute;rrez, Antonio Trueba Barqu&iacute;n, Francisco P&eacute;rez Venero o Laureano Falla. Su impacto fue tan enorme en sus pueblos de origen que, incluso bien entrado el siglo XX, los ni&ntilde;os a&uacute;n so&ntilde;aban con ser indianos. Eran sus modelos a seguir, aunque su idealizaci&oacute;n tambi&eacute;n ha sacado brillo a la vida de esos hombres y pocas mujeres que iban, hinchaban su hacienda y volv&iacute;an ya convertidos en seres casi mitol&oacute;gicos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su impacto fue tan enorme en sus pueblos de origen que, incluso bien entrado el siglo XX, los niños aún soñaban con ser indianos. Eran sus modelos a seguir, aunque su idealización también ha sacado brillo a la vida de esos hombres y pocas mujeres que iban, hinchaban su hacienda y volvían ya convertidos en seres casi mitológicos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jes&uacute;s Lav&iacute;n, que ha archivado monta&ntilde;as de documentaci&oacute;n del marqu&eacute;s de Valdecilla y que ha ido a Cuba un par de veces en misi&oacute;n geneal&oacute;gica, posee cartas de una t&iacute;a abuela en las que va proclamando la buena vida, pero una de las &uacute;ltimas misivas, antes de regresar, destap&oacute; su verdadera condici&oacute;n: &ldquo;Se vive mejor en Socabarga con cuatro vacas y teniendo una casa propia que aqu&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La utop&iacute;a que aliment&oacute; a los casi seis millones de europeos que emigraron a Am&eacute;rica se trunc&oacute; en carne propia: se calcula que regresaron la mitad de ellos. Muchos se quedaron para siempre y, aunque hubo quienes hicieron fortuna, algunos vali&eacute;ndose del tr&aacute;fico negrero y otros empleando mano de obra barata una vez abolido el comercio de esclavos, no hay demasiados triunfadores. &ldquo;No son tantos&rdquo;, admite Mar&iacute;a Jes&uacute;s Lav&iacute;n, que al ir hablando de valles y comarcas de Cantabria, al mencionar Soba, Selaya, Trasmiera o Santo&ntilde;a, cuenta ejemplos con los dedos de una mano. Por eso, el foco de investigaci&oacute;n de la archivera de Medio Cudeyo se ha ampliado: &ldquo;Descubr&iacute; que hab&iacute;a que centrarse en una visi&oacute;n no solo de indianos, sino de los que van a trabajar con ellos. Cu&aacute;l es su papel y si consiguen algo o no&rdquo;.
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                    alt="Portada y primera página de un ejemplar &#039;La Montaña&#039;."
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                Portada y primera página de un ejemplar &#039;La Montaña&#039;.                            </span>
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        Su herencia, adem&aacute;s de una arquitectura no siempre bien conservada, se ha diluido en la sociedad del siglo XX. Una de las l&iacute;neas de investigaci&oacute;n de Rodr&iacute;guez Pereda, de hecho, es su papel en los imaginarios regionales. El historiador dice que los c&aacute;ntabros en Cuba creaban sus centros monta&ntilde;eses y no se un&iacute;an a los castellanos, afianzando su cohesi&oacute;n seg&uacute;n su procedencia. &ldquo;No son decisiones muy meditadas: ellos son monta&ntilde;eses&rdquo;, expone.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese sentimiento de nostalgia les hac&iacute;a envolverse en su pasado y su tierra, sus costumbres y su lenguaje com&uacute;n. Pero la supervivencia en el camino de espinas de la migraci&oacute;n tambi&eacute;n les hac&iacute;a adornar la dura realidad de la Cantabria rural. &ldquo;El profundo sentimiento de a&ntilde;oranza hizo que idealizaran cosas que quiz&aacute; no fueran tan idealizables&rdquo;, explica Rodr&iacute;guez. Ese proceso de idealizaci&oacute;n, afirma, contribuy&oacute; a la difusi&oacute;n de los afianzamientos regionales que estaban en construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias para Cantabria, adem&aacute;s de su silenciosa influencia, est&aacute; en los sue&ntilde;os aventureros y emprendedores de los c&aacute;ntabros en una tierra de pocas posibilidades, donde los pueblos se vaciaban, llegada la primavera, a trabajar el campo a Castilla. La migraci&oacute;n de Am&eacute;rica mandaba remesas que manten&iacute;an el leve pulso de la regi&oacute;n, aunque la pregunta es cu&aacute;l fue el beneficio de las grand&iacute;simas fortunas amasadas, con el az&uacute;car, los esclavos, el tabaco o sus inversiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del reguero de construcciones y escuelas que alfabetizaron a Cantabria en un tiempo en el que el estado no cubr&iacute;a ese papel, P&eacute;rez Vejo apunta que, al instalarse en Cantabria, ya viejos y cansados, los indianos cerraban el grifo y se convert&iacute;an en rentistas. &ldquo;Su aportaci&oacute;n en ideas y capital al desarrollo econ&oacute;mico de Cantabria va a ser, salvo raras excepciones, pr&aacute;cticamente nula&rdquo;, escribe.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los indianos y su olvido</strong></h2><p class="article-text">
        Todos coinciden en que el movimiento indiano est&aacute; en el olvido a pesar de su relevancia, equiparable o mayor al fen&oacute;meno que se honra en Asturias. No hay mucha informaci&oacute;n, y eso a pesar de la poderosa influencia pol&iacute;tica a nivel local y provincial de estos hombres de negocios. Enrique Rodr&iacute;guez afirma que el indiano es un &ldquo;elemento disruptivo en sus comunidades&rdquo;, ya que remueve las r&iacute;gidas estructuras sociales de la &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        No solo es la casa indiana con sus jardines o la urbanizaci&oacute;n del pueblo en el que se asientan para sentir que la prosperidad les acompa&ntilde;a. No es &uacute;nicamente la tra&iacute;da de aguas y la pavimentaci&oacute;n de la calle que impulsa la salubridad de su comunidad. Ni siquiera es la financiaci&oacute;n de escuelas, carreteras o la casa consistorial. Al haber ascendido socialmente por m&eacute;ritos propios y en tierras lejanas, los indianos no necesitaban de las relaciones locales con la vieja nobleza para <em>llegar a ser.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jes&uacute;s Lav&iacute;n, a trav&eacute;s de las cartas del marqu&eacute;s de Valdecilla, ha comprobado ese car&aacute;cter independiente, de ir por libre, que ha contribuido a su silencio en unas tierras lideradas por apellidos con solera. &ldquo;Si de repente te llega un grupo a Cantabria [los indianos] que, no solo no participa, sino que te hacen saber que no les interesa tu c&iacute;rculo, pero t&uacute; como burgues&iacute;a tienes que estar detr&aacute;s de ellos para pedirles dinero&hellip;&rdquo;, desliza el historiador. Esa especie de rivalidad, dice Rodr&iacute;guez, no est&aacute; estudiada a nivel provincial.&nbsp;
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                El marqués de Valdecilla, en Cuba.                            </span>
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        Lo que s&iacute; se sabe es que los indianos conoc&iacute;an mundo y su espejo, lejos de ser ciudades espa&ntilde;olas, estaba en Nueva York o La Habana. La prensa era el altavoz de su buena reputaci&oacute;n y sus actos, aunque barnizados por la mitolog&iacute;a indiana, han dejado una imagen de pulcritud al margen de quienes comerciaron con esclavos. &ldquo;Son elites cosmopolitas de verdad, una &eacute;lite transnacional y trasatl&aacute;ntica, y conocen las dos culturas m&aacute;s potentes del momento, la anglosajona y la francesa, adem&aacute;s de la alemana&rdquo;, prosigue Rodr&iacute;guez Pereda.
    </p><p class="article-text">
        Y, aun as&iacute;, invadidos por la nostalgia y la vejez, muchos sin familia, hubo quienes regresaron a peque&ntilde;os pueblos como Valdecilla para perpetuar su reputaci&oacute;n a trav&eacute;s de donaciones. Con matices, seg&uacute;n Mar&iacute;a Jes&uacute;s Lav&iacute;n: &ldquo;Donde hab&iacute;a gente pudiente no encuentras escuelas de Ram&oacute;n Pelayo: &eacute;l dec&iacute;a que no iba a dar dinero en pueblos donde otros pod&iacute;an dar dinero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mejor ejemplo de esa rivalidad, cuya recompensa se cosechaba a trav&eacute;s de prestigio y popularidad, es aquel t&iacute;tulo de la largu&iacute;sima ristra de donaciones que realiz&oacute; el indiano Ger&oacute;nimo P&eacute;rez S&aacute;inz de la Maza, cuya enumeraci&oacute;n de gestos, incluidos el buen pellizco para construir el Palacio de La Magdalena o carreteras en Soba, lo anteced&iacute;a una breve y lapidaria frase: &ldquo;Filantrop&iacute;as Monta&ntilde;esas que se publican para que se imiten&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/desprecio-legado-historico-leyenda-negra-fortunas-olvido-fenomeno-indianos_1_11930467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jan 2025 23:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre el desprecio a un legado histórico y la leyenda negra de sus fortunas: el olvido del fenómeno de los indianos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,América,Migraciones,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El regreso del último vaquero que emigró a América: “Yo sabía que lo que estaba haciendo era en beneficio de la ganadería”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/regreso-ultimo-vaquero-emigro-america-sabia-haciendo-beneficio-ganaderia_1_11878218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b95595d-7f31-4722-94b7-bb774e2c6740_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El regreso del último vaquero que emigró a América: “Yo sabía que lo que estaba haciendo era en beneficio de la ganadería”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fernando Sánchez García, que se formó en transferencia embrionaria durante casi dos décadas en Estados Unidos y Canadá, fue fichado en 1990 por el Gobierno de Cantabria que presidía Juan Hormaechea para mejorar la cabaña ganadera</p><p class="subtitle">Perfil - El agricultor 'cautivo' de los tomates: “Desde los años 60, la industria ha dicho: 'dejad la naturaleza que aquí estoy yo'”</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en el que un hombre de sombrero de ala ancha y hebilla de cintur&oacute;n de plata vot&oacute; a Jimmy Carter. Y hubo un tiempo en el que la nostalgia por el pueblo que llevaba en la sangre lo atorment&oacute;. Tambi&eacute;n hubo un tiempo en el que el hombre que espera sentado en la galer&iacute;a de una cafeter&iacute;a y saluda con vigor se enfad&oacute; con Richard Nixon. Esta imagen, moldeada por la imaginaci&oacute;n, es exactamente la del hombre de la localidad c&aacute;ntabra de Pech&oacute;n que ahora, rayando la cima de los 80 a&ntilde;os, estrecha la mano en son de amistad: pantalones vaqueros, camisa negra, una chaqueta tostada, frases de aires <em>tex-mex</em> y una amabilidad desbordante. Porque hubo un tiempo en que la mirada de Fernando S&aacute;nchez Garc&iacute;a, que a&uacute;n no hab&iacute;a arrastrado los pies m&aacute;s all&aacute; de Madrid o Sevilla ni sab&iacute;a gota de ingl&eacute;s, sinti&oacute; la necesidad de seguir la tradici&oacute;n familiar. Se acerc&oacute; al padre, lo mir&oacute; fijamente, y le dijo: &ldquo;Pap&aacute;, me voy a Am&eacute;rica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquella urgencia le pic&oacute; a comienzos de los a&ntilde;os 70 y su padre no le puso obst&aacute;culos: rendirse al destino de su linaje no estaba en discusi&oacute;n. &ldquo;Para m&iacute;&rdquo;, afirma convencido, &ldquo;la emigraci&oacute;n supuso un favor que Dios me dio: la ganader&iacute;a era mi vocaci&oacute;n&rdquo;. Porque las vacas son su mundo: por las vacas va saludando en ingl&eacute;s a los paisanos, por las vacas viste esos <em>jeans, </em>por las vacas tiene la nacionalidad estadounidense, por las vacas recorri&oacute; Am&eacute;rica de sur a norte, por las vacas sinti&oacute; nostalgia de su Pech&oacute;n. Por las vacas, quiz&aacute;s, le asome la cicatriz en el p&oacute;mulo derecho: &ldquo;Nunca me he peleado con nadie&rdquo;, admite, &ldquo;tan solo en el trabajo con toros y caballos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Las vacas, entonces, han sido tu vida.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Las vacas me lo han dado todo! &ndash;responde con fuerza&ndash;. Bueno, y mis padres y mis estudios. Y ser fiel a mi vocaci&oacute;n. Lo que yo echaba de menos en Madrid era mi vida rural desde que nac&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Su acento universal, pellizcado por la brisa del Cant&aacute;brico, delata su sangre de Pech&oacute;n, aunque su primer a&ntilde;o de vida lo pas&oacute; entre el asfalto y traj&iacute;n del barrio madrile&ntilde;o de Legazpi. De regreso a casa, su padre comenz&oacute; a conducir un taxi, aunque una d&eacute;cada despu&eacute;s cogi&oacute; los b&aacute;rtulos y, junto a su mujer y sus cuatro hijos, regres&oacute; a Madrid. Aquel joven peg&oacute; el estir&oacute;n y avanz&oacute; en sus estudios al tiempo que ayudaba a su padre en el bar Oliva. All&iacute; hizo el servicio militar, se diplom&oacute; como oficial industrial (Rama del Metal y Especialidad de Ajustador-Matricero, seg&uacute;n el t&iacute;tulo de Ense&ntilde;anza Profesional que cuelga en la pared de su buhardilla) y all&iacute;, antes que la resignaci&oacute;n consumiera su esperanza, desvisti&oacute; ante su padre el secreto de migrar: &ldquo;Entramos en Madrid, pero Madrid no entr&oacute; en nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Am&eacute;rica estaba esper&aacute;ndolo: esta vez, s&iacute;, iba a entrar de lleno en &eacute;l hasta especializarse en una rama de la ganader&iacute;a (transferencia embrionaria) que apenas se conoc&iacute;a en Espa&ntilde;a. &Eacute;l se planta frente a los posibles elogios y dice, la primera de muchas veces en una cronolog&iacute;a, que todo lo cuenta con humildad. &ldquo;Cuando eres fiel a tu vocaci&oacute;n&hellip;&rdquo;, a&ntilde;ade sin revestir sus comentarios de importancia, encogi&eacute;ndose de hombros, como uno de esos consejos de Rilke al joven poeta: &ldquo;Y si de ese retorno hacia dentro, de esa inmersi&oacute;n en su propio mundo, surgen versos, no se le ocurrir&aacute; preguntar a nadie si son buenos o no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fernando <em>solo</em> escuch&oacute; el &iacute;ntimo p&aacute;lpito de su sangre.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Entre el campo y el laboratorio</strong></h2><p class="article-text">
        Fernando mezcla en sus palabras a&ntilde;os y ranchos, viejas camionetas <em>Chevy</em>, padrinos y favores durante los 18 a&ntilde;os que pas&oacute; coleccionando estudios en transferencia embrionaria y fecundaci&oacute;n in vitro y credenciales para conseguir la nacionalidad estadounidense. En su memoria guarda miles de acres de tierra y diplomas en <em>colleges</em> de Texas, Canad&aacute; o Colorado que se alborotan en su boca, aunque el esfuerzo por respetar el cauce de los hechos, entre an&eacute;cdotas y reflexiones, resulta un galimat&iacute;as. &ldquo;Para entenderlo&rdquo;, asegura, &ldquo;tienes que estar conmigo un mes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es la primera vez que lo asegura: un mes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La biograf&iacute;a que desgrana en su propia boca, en mi recuerdo impreso en la memoria de este hombre paseando con otro sombrero y la misma certeza por las callejuelas de Pech&oacute;n hace unos a&ntilde;os, la cruz de Santo Toribio en la solapa de su chaqueta y las palabras disueltas en fe, los telefonazos de hace varias semanas (y los mensajes de semanas despu&eacute;s), entonces, dan paso a una confianza que agrietan al rubor inicial que a veces quiebra la primera impresi&oacute;n. Eso permite, por ejemplo, preguntarle si siempre fue cristiano, aunque lejos de revolverse, &eacute;l responde con una combinaci&oacute;n de agrado e incredulidad: &ldquo;Pero qu&eacute; preguntas haces&rdquo;, dice. &ldquo;&iquest;Le haces las preguntas as&iacute; a la gente?&rdquo;.
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                Fernando Sánchez García camina por un prado en Pechón.                            </span>
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        La conversaci&oacute;n va aflojando las bridas de la formalidad mientras Fernando clama contra los tiempos actuales y la desorientaci&oacute;n de los j&oacute;venes, o comparte confidencias y lamenta que los claretanos, recientemente, abandonaron Pech&oacute;n despu&eacute;s de 80 a&ntilde;os de presencia. Ahora busca misas en San Vicente de la Barquera porque en Pech&oacute;n ya solo hay servicios religiosos cada dos semanas, aunque todas las noches, antes de entrar en el nebuloso mundo de los sue&ntilde;os, formula sus oraciones y s&uacute;plicas. Pero la vida le devuelve otra cosa y &eacute;l, con la cabeza gacha, vuelve al camino de la fe y la confianza. &ldquo;Dios te da lo que te conviene&rdquo;, dice alegre, &ldquo;no lo que le pides&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las vacas, la historia de su pueblo, la insistencia en que sus palabras brotan de la humildad, su certeza en la providencia, el sol que se asoma al mediod&iacute;a y una conversaci&oacute;n que le hace despojarse de la chaqueta. Suenan tambores de hambre y le propongo comer en la cafeter&iacute;a en la que me recibi&oacute; con su chaqueta, con su nostalgia, con el profundo deseo de transmitir sus vivencias y el conocimiento de su hiperespecializaci&oacute;n. &ldquo;All&iacute; le dicen embri&oacute;n <em>transfer</em>&rdquo;, dice antes de preguntarme si s&eacute; ingl&eacute;s. La respuesta le arranca una sonrisa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yeah&mdash; dice&mdash;, you are so lucky.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El largo camino de regreso</strong></h2><p class="article-text">
        Al principio fue Texas. El se&ntilde;or W.W. Callan, propietario de un inmenso rancho en Waco y su primer padrino en Estados Unidos, escribi&oacute; una carta de recomendaci&oacute;n &ldquo;a quien corresponda&rdquo; informando de que aquel joven de 27 a&ntilde;os acudir&iacute;a a su granja para aprender sobre el negocio ganadero. Estudiar&iacute;a en el Texas State Technical Institute y trabajar&iacute;a los fines de semana en la granja. Aquel apoyo supon&iacute;a respaldar a Fernando en sus gastos y comenzar la preparaci&oacute;n que casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s le har&iacute;an regresar ya convertido en pionero de la transferencia embrionaria. &ldquo;Nosotros velaremos para que no sea una carga para ninguna agencia p&uacute;blica mientras est&eacute; en Callan Ranch&rdquo;, continuaba el texto de abril de 1972.
    </p><p class="article-text">
        Durante su siguiente parada, en Canad&aacute;, impuls&oacute; su formaci&oacute;n y experiencia en transferencia embrionaria antes de regresar a Estados Unidos, trabajar en granjas de Wisconsin (Elm Park Farm, Pinehurs Farm, Kranzdale Farm), Illinois o California y completar su formaci&oacute;n en Fort Collins, Colorado, el gozne que le permitir&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s volver a Pech&oacute;n, aunque antes de replegar las velas, un viejo conocido tent&oacute; a su destino.&nbsp;
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                Álbum de fotos de su etapa en América.                            </span>
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        Era un d&iacute;a de 1988, Fernando estaba pelando las patas de un animal durante un concurso en Wisconsin, y aquel italiano de castellano alegre, Bruno Rosetti, se le acerc&oacute; para saludarle y pedirle 30.000 dosis de Sult&aacute;n, un toro semental. Fernando, extra&ntilde;ado, le dijo que por qu&eacute; le estaba diciendo eso a &eacute;l, si aquel portentoso Holstein estaba en Eastern Breeders, en Ontario. El italiano le mir&oacute;: &ldquo;No, est&aacute; en tu pueblo&rdquo;. Fernando a&uacute;n se desternilla al recordar aquel momento: el entonces presidente de Cantabria, Juan Hormaechea, lo acababa de comprar por 110 millones de pesetas.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, por fin, lleg&oacute; su momento: a la camioneta en la que recorr&iacute;a el rancho le lleg&oacute; el graznido de la radio diciendo que alguien hab&iacute;a llamado al rancho preguntando por &eacute;l. El <em>cowboy </em>colg&oacute;<em>, </em>puso rumbo<em> </em>a la oficina de administraci&oacute;n y devolvi&oacute; la llamada al tel&eacute;fono registrado. Era el Gobierno de Cantabria, que quer&iacute;a reunirse con &eacute;l. El camino de vuelta a casa, despu&eacute;s de casi 20 a&ntilde;os de dedicaci&oacute;n desaforada, se allanaba en el horizonte.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Y siempre la nostalgia</strong></h2><p class="article-text">
        Los hombres y mujeres que, a mediados del siglo XIX, pusieron rumbo a Andaluc&iacute;a, dejaron tiritando muchas zonas del oriente de Cantabria. Aquellas oleadas de hombres y mujeres conocidos como j&aacute;ndalos abrieron bodegas, tabernas y ultramarinos en las ciudades del sur, siempre a cuestas con sus apellidos y el amor a su tierra. Fernando, m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, no defraud&oacute; a la historia y a&uacute;n hoy, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, sigue honrando la vida rural de sus ancestros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa legi&oacute;n de apellidos &mdash;Estrada, D&iacute;az, Garc&iacute;a&mdash; se fueron y a veces volvieron, ya convertidos en reminiscencia de un tiempo en el que la prosperidad jam&aacute;s estaba en casa. El destino de este S&aacute;nchez Garc&iacute;a no fue muy diferente y, antes de regresar al lugar del que nunca se acab&oacute; de marchar, sigui&oacute; fatigando ranchos que afinaron su formaci&oacute;n en la transferencia embrionaria y que devolvi&oacute; a su tierra de la mano del Centro Primario de Selecci&oacute;n y Mejora Gen&eacute;tica de Torrelavega. All&iacute;, asegura, se desempe&ntilde;&oacute; con libertad: &ldquo;Si todas las <em>hijas</em> m&iacute;as estuvieran juntas no cabr&iacute;an en Cantabria&rdquo;, bromea Fernando, cuyas labores de trasplante lo tuvieron realizando transferencias embrionarias de vacas tudancas, monchinas o pasiegas mediante m&eacute;todos que influyeron en el resto de Espa&ntilde;a. &ldquo;Yo sab&iacute;a que lo que estaba haciendo era en beneficio de la ganader&iacute;a&rdquo;, admite.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y t&uacute; aprendiste todos esos conocimientos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Joder! &mdash;me reprende cari&ntilde;osamente&mdash;. En Fort Collins, &iexcl;te lo dije antes!
    </p><p class="article-text">
        Y, entre im&aacute;genes de ovocitos, la foto dedicada del pr&iacute;ncipe Felipe junto a &eacute;l, vestido de buzo azul en las instalaciones ganaderas del Gobierno de Cantabria, otras de su juventud, racimos de an&eacute;cdotas y otros tantos de dudas, Fernando vuelve a insistir en el tiempo que necesito para entender su historia: &ldquo;T&uacute; tienes que estar conmigo un mes&rdquo;. Captar sus viajes por Colombia, Guatemala, M&eacute;xico o escanciar su paso por las asociaciones de vaca frisona de Espa&ntilde;a y la American Embryo Transfer Association, de la que fue socio fundador, requiere zambullirse en el oc&eacute;ano de documentos que guarda en carpetas o estudiar los m&eacute;ritos que ordena en las paredes de su buhardilla de Pech&oacute;n, aunque &eacute;l lance la misma advertencia: &ldquo;No te inventes nada ni pongas tonter&iacute;as de halagos, porque lo m&iacute;o es lo m&aacute;s humilde que te puedas imaginar. &iquest;Sabes por qu&eacute;? Porque he sido fiel a mi vocaci&oacute;n&rdquo;.
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                    alt="Documentos, fotos y objetos de Fernando en Pechón."
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                Documentos, fotos y objetos de Fernando en Pechón.                            </span>
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        Pero las bifurcaciones que tom&oacute; siguiendo esa vocaci&oacute;n las ha ido comprendiendo con el tiempo. Cuando John Crown, juez de la Corte de Chicago y propietario de Golden Oaks, le dijo que ten&iacute;a que dejar de trabajar en su granja, Fernando cay&oacute; en un s&uacute;bito desconsuelo que la siguiente frase de M&iacute;ster Crown aplac&oacute;: pero te he conseguido un empleo en el rancho del orfanato de Loyal Order of Moose, y eso te servir&aacute; para conseguir la nacionalidad estadounidense. Fernando todav&iacute;a se emociona al recordar c&oacute;mo todas las piezas del puzle encajaron en ese momento: a eso se refer&iacute;a cuando me hab&iacute;a dicho que Dios te da lo que te conviene, no lo que quieres.
    </p><p class="article-text">
        Pero el reverso de su pasi&oacute;n ha sido la soledad. A &eacute;l se le cae de los labios la &ldquo;solitude&rdquo; del emigrante del mismo modo que levanta la mano para saludar en ingl&eacute;s o como le dice al camarero que su plato est&aacute; &ldquo;verdaderamente tasty&rdquo;. Medio siglo despu&eacute;s de caer en Texas y comprobar que el ingl&eacute;s era un espejismo en tierras hispanas, las reminiscencias de aquella aleaci&oacute;n de espa&ntilde;ol e ingl&eacute;s flotan hoy en su territorio. Son las cosas de la emigraci&oacute;n. &ldquo;Todos, en Pech&oacute;n, somos emigrantes&rdquo;, asegura: &ldquo;Quiz&aacute; el &uacute;ltimo emigrante a Am&eacute;rica haya sido yo. Yo&hellip; y mis hermanos&rdquo;. Su madre hab&iacute;a nacido en La Habana y su abuelo paterno estuvo en Cuba muchos a&ntilde;os, as&iacute; que este hombre de alma peregrina y cristiana, nieto y bisnieto de comerciantes, le sigue agitando la ausencia de sus padres durante su etapa americana. Esa fue, admite, &ldquo;la m&aacute;s grande penuria&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fernando, junto a un rebaño de vacas.                            </span>
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        Fernando, ya sin chaqueta sobre los hombros, posa el sombrero en la mesa, se santigua t&iacute;midamente y, antes de dar cuenta de los dos platos, responde a la duda de si, entre tanto amor a Am&eacute;rica, una tierra cuyo esp&iacute;ritu sorbi&oacute;, no podr&iacute;a haberse quedado all&iacute;. &Eacute;l responde que la oferta econ&oacute;mica de Cantabria era interesante, aunque seguidamente, en el en&eacute;simo pescoz&oacute;n verbal a su interlocutor, vuelve al punto de partida: &ldquo;Joder, te lo dije antes: &iexcl;la nostalgia!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el regazo de Pech&oacute;n, comenz&oacute; a impulsar y recuperar las tradicionales celebraciones de Santa Clara y San Sebasti&aacute;n. Para &ldquo;sacar lo atrasado&rdquo;, canta en cuatro corales distintas. Sigue ayudando a quienes le preguntan sobre vacas o acuden a &eacute;l como un or&aacute;culo ganadero. Presume de <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/vaca-ariel-protagoniza-entrega-medalla-plata-cantabria-granja-sat-ceceno_1_10043416.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una </a><a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/vaca-ariel-protagoniza-entrega-medalla-plata-cantabria-granja-sat-ceceno_1_10043416.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>nieta</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/vaca-ariel-protagoniza-entrega-medalla-plata-cantabria-granja-sat-ceceno_1_10043416.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> frisona, Ariel, campeona de Europa</a> durante tres ediciones. Ha escrito un libro, de venta en el pueblo, titulado <em>Forma de hablar y pensamiento de Pech&oacute;n</em>, que recoge el lenguaje indescifrable del que ahora expone alguna expresi&oacute;n y que las nuevas generaciones ni hablan ni entienden: &ldquo;Me engarm&eacute; en una &aacute;rguma y pegu&eacute; una tambaz&aacute; por aquel ganzial&rdquo;, &ldquo;Jalando del verde con las trencas me di un cutianu con el cuarter&oacute;n&rdquo;, &ldquo;Estaba all&iacute; reblagau en aquel resquilu de la moria, en el carreju de la seja voiendo a las gaviotas&rdquo;.
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                Foto de Fernando y Felipe de Borbón, dedicada por el entonces príncipe de Asturias.                            </span>
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        Entre medias, saluda a cada una de las personas que encuentra a su paso y, a falta de simpat&iacute;as pol&iacute;ticas, elogia a los ganaderos: &ldquo;Ya podr&iacute;an ser, los pol&iacute;ticos y los funcionarios, como los ganaderos&rdquo;. Tambi&eacute;n asoma una fugaz muestra de orgullo, y como una excepci&oacute;n u orgullo, dice que puedo preguntar a cualquiera de ellos sobre el &ldquo;americano de Pech&oacute;n&rdquo;: Jes&uacute;s Ruiz Lav&iacute;n, de Navajeda, que coincidi&oacute; con &eacute;l en alguna reuni&oacute;n, me dir&aacute; que era &ldquo;muy entendido&rdquo; y Jos&eacute; Ram&oacute;n Guti&eacute;rrez Rebolledo, de Argomilla de Cay&oacute;n, admitir&aacute; que Fernando fue un pionero, que hac&iacute;a el trabajo que har&iacute;an tres personas y que su descomunal conocimiento le llevaba a impartir conferencias a ganaderos y veterinarios.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, a pesar de horas de conversaci&oacute;n y de mojar los labios en aperitivo, comida, confesiones y la luz del atardecer, Fernando seguir&aacute; diciendo en voz alta que nada de eso ser&aacute; suficiente para atrapar el fiel reflejo de su vida. &ldquo;Imposible, no lo puedes captar&rdquo;, concluye antes de continuar con unas mismas palabras que, de tantas veces repetidas, no necesita completar: &ldquo;Tendr&iacute;as que estar conmigo&hellip;&rdquo;.<strong> </strong>&iquest;Un mes?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/regreso-ultimo-vaquero-emigro-america-sabia-haciendo-beneficio-ganaderia_1_11878218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2024 21:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El regreso del último vaquero que emigró a América: “Yo sabía que lo que estaba haciendo era en beneficio de la ganadería”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Ganadería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'arte' de la genealogía: rastreando el origen de nuestros antepasados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/arte-genealogia-rastreando-origen-antepasados_1_11811558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c33f599-aeb8-48f8-9b34-bef6157078bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105832.jpg" width="3255" height="1831" alt="El &#039;arte&#039; de la genealogía: rastreando el origen de nuestros antepasados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Asociación Cántabra de Genealogía restaura la memoria y guía en el proceso de búsqueda de familiares en archivos históricos, aunque sus miembros admiten las trabas para investigar y la indiferencia de algunas instituciones: "No se tiene la idea de que tú les estás dando la vida"</p><p class="subtitle">Reportaje - La voz de los últimos pasiegos aislados: “Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora ¿a quién recurres?”</p></div><p class="article-text">
        A Maite S&aacute;nchez de Gurtubay le suelen decir en casa que deje el mundo de los muertos y vuelva al de los vivos, pero ella, en lugar de regresar al cauce del tiempo, se sigue enredando en las ramas del &aacute;rbol geneal&oacute;gico. &ldquo;Los muertos no dan disgustos&rdquo;, dice con una sonrisa, &ldquo;solo alegr&iacute;as cuando los encuentro&rdquo;. Maite lleva m&aacute;s de tres lustros recorriendo ciudades, ayuntamientos, archivos hist&oacute;ricos, juzgados de paz, parroquias y reales chanciller&iacute;as, aunque esa pasi&oacute;n que la tiene hurgando en el pasado brot&oacute; de una semilla de frustraci&oacute;n. Ella estaba completando los eslabones de su propio linaje cuando uni&oacute; sus fuerzas a las de Joaqu&iacute;n Polo y Mar&iacute;a Jos&eacute; Lavid despu&eacute;s de estrellarse, una y otra vez, con las barreras burocr&aacute;ticas que les imped&iacute;a rebobinar su propia historia. As&iacute;, en el a&ntilde;o 2007, crearon la <a href="http://www.ascagen.es/ascagen/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n C&aacute;ntabra de Genealog&iacute;a (Ascagen)</a>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestro papel es buscar herramientas para que la gente investigue: queremos que haya medios y facilitarlos&rdquo;, explica Joaqu&iacute;n, cuya idea siempre fue clara: organic&eacute;monos para pellizcar el &aacute;nimo de la sociedad y que la gente pueda seguir el rastro de su sangre hasta las &uacute;ltimas consecuencias. As&iacute; naci&oacute; una asociaci&oacute;n que hoy agrupa a unos 70 miembros y cuya liturgia com&uacute;n &mdash;&ldquo;el mundo de los muertos&rdquo;&mdash; se honra el primer mi&eacute;rcoles de cada mes. Ese fue el primer paso: conocer su propia historia. Joaqu&iacute;n, por ejemplo, ha llegado al a&ntilde;o 1.300 en una de sus ramas; Maite, al siglo XII. Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga, el actual presidente de la asociaci&oacute;n, ha logrado enlazar una porci&oacute;n de sus genes con el duque de Cantabria, del siglo VIII. Pero la genealog&iacute;a es un pozo sin fondo en el que el horizonte es Atapuerca, o Ad&aacute;n, para los creyentes.
    </p><p class="article-text">
        Desbrozar el camino, sin embargo, ha sido una labor cansada, por lo que la avanzadilla de genealogistas, despu&eacute;s de ahondar en la trastienda de sus apellidos, se lanzaron a recuperar documentos. En ese peregrinar por municipios y siglos se han llevado las manos a la cabeza al comprobar las dificultades para llevar a cabo su tarea. La raz&oacute;n: &ldquo;Porque das trabajo&rdquo;. En las instituciones se encontraron que el Registro Civil no facilitaba datos para realizar el &aacute;rbol geneal&oacute;gico, que en los archivos hist&oacute;ricos hac&iacute;a falta carn&eacute; de investigador, que ciertos ayuntamientos peque&ntilde;os ni siquiera conoc&iacute;an la existencia de su archivo hist&oacute;rico en sus dependencias y en cuyos s&oacute;tanos encontraban legajos comidos por la humedad y los bichos. Una vez, de hecho, Maite y Joaqu&iacute;n hallaron en un ayuntamiento &mdash;dicen el qu&eacute;, ocultan el d&oacute;nde&mdash; padrones del siglo XVIII en una caja con los disfraces de Navidad. Era el colmo de la indiferencia. &ldquo;&iexcl;Pues depos&iacute;talo en el archivo hist&oacute;rico!&rdquo;, espetan.
    </p><p class="article-text">
        El Registro Civil, donde se recogen fechas de nacimiento, matrimonio y defunci&oacute;n, unidades b&aacute;sicas de la disciplina, comenz&oacute; en 1870, por lo que la informaci&oacute;n anterior descansa en archivos eclesi&aacute;sticos, cuyo acceso depende de la parroquia donde est&eacute;n la fe de bautismo o el certificado de defunci&oacute;n. Pero el &iacute;mpetu de la asociaci&oacute;n ha ido esquivando problemas y, entre kil&oacute;metros y paciencia, han logrado actualizar el inventario de padrones que realiz&oacute; en 1998 el director del Archivo Hist&oacute;rico Provincial de Cantabria, Manuel Vaquerizo. En esas idas y venidas, y en tantas horas desempolvando legajos, revisaron censos de los archivos municipales, preguntaron y regresaron a los ayuntamientos. &ldquo;Y<strong> </strong>aquello fue desolador&rdquo;, dice Maite. El recibimiento, m&aacute;s que de agradecimiento por facilitar el trabajo, dicen, fue hostil. &ldquo;&Iacute;bamos a estorbar&rdquo;, explica. &ldquo;Y probablemente era verdad: no tienen recursos ni humanos ni materiales para sostener sus archivos hist&oacute;ricos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Padrón de los vecinos de los nuevos pueblos de Cayón, de 1824"
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                Padrón de los vecinos de los nuevos pueblos de Cayón, de 1824                            </span>
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        Pero esa acusaci&oacute;n expendida contra ayuntamientos peque&ntilde;os que olvidan su legado se ve compensada por la conservaci&oacute;n de archivos de las corporaciones m&aacute;s grandes. Dicen que sus fondos son &ldquo;fant&aacute;sticos&rdquo;, aunque el acceso a veces no sea siempre sea sencillo. &ldquo;Pero cuando vas a un ayuntamiento peque&ntilde;o y preguntas por unos archivos&rdquo;, explica Joaqu&iacute;n, &ldquo;y est&aacute;n pensando del archivo del d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;. Cuando los miembros de Ascagen les dicen que se refieren a los archivos hist&oacute;ricos, entonces les responden que s&iacute;, que tienen lo de los a&ntilde;os cuarenta. Joaqu&iacute;n y Maite se r&iacute;en al definir qu&eacute; es un archivo hist&oacute;rico, pues sus pesquisas se detienen en 1900. Son las condiciones legales para liberar informaci&oacute;n (&ldquo;una manera de quitarte de en medio&rdquo;, opinan). Hay veces que les dejan rebuscar en dependencias municipales entre archivos sin orden ni cuidado con el hallazgo de verdaderas joyas que luego han depositado en el <a href="https://www.culturadecantabria.com/archivo-historico" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Archivo Hist&oacute;rico Provincial de Cantabria</a>, aunque en otras ocasiones les han denegado el acceso.
    </p><p class="article-text">
        En otras ocasiones aparece alg&uacute;n auxilio, como el alguacil jubilado de un ayuntamiento que acude a la llamada cuando lo necesitan. Pero el inter&eacute;s desinflado y la falta de curiosidad mantienen la investigaci&oacute;n en un estado casi larvario.&nbsp;Piensan que no hay un inter&eacute;s y curiosidad general. &ldquo;Otro gallo cantar&iacute;a si todos lo hici&eacute;ramos [el &aacute;rbol geneal&oacute;gico] y vi&eacute;ramos que en nuestra familia ha habido emigrantes, si todos vieran que los que hoy est&aacute;n aqu&iacute;, ayer estaban all&iacute;. Y nunca puedas juzgar todo lo que encuentras con la mentalidad de ahora&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Archivos privados</strong></h2><p class="article-text">
        Los genealogistas profundizan en un sinf&iacute;n de documentos. No solo son archivos municipales, el registro civil, protocolos notariales, hemerotecas de peri&oacute;dicos o actas de matrimonio y defunci&oacute;n que sirven como caladero de datos. Los Archivos Generales del Ej&eacute;rcito, la Chanciller&iacute;a de Valladolid, las fuentes orales o los valios&iacute;simos archivos parroquiales, que a partir del siglo XVI se vieron obligados a llevar libros de bautismo, matrimonio y defunci&oacute;n, tambi&eacute;n resultan fundamentales, y esa voz de biograf&iacute;as escondidas acab&oacute; por estallar en manos de los mormones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los &Uacute;ltimos D&iacute;as, como es conocida la instituci&oacute;n, microfilm&oacute; en los a&ntilde;os ochenta millones de censos, certificados o testamentos en su af&aacute;n por escudri&ntilde;ar la sangre de sus ancestros: miles de datos de esos datos obtenidos en expedientes eclesi&aacute;sticos, incluidos la mayor&iacute;a de los 10.000 vol&uacute;menes del obispado de Santander, est&aacute;n disponibles en el <a href="https://www.familysearch.org/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desv&aacute;n del proyecto Family Search</a>, la p&aacute;gina web en la que hallar migas de pan del camino a los ancestros. 
    </p><p class="article-text">
        Ese trabajo es solo un fragmento de las colecciones en los que los miembros de Ascagen indagan, pues entre los ac&oacute;litos de la genealog&iacute;a hay verdadero talento. En la asociaci&oacute;n dicen que Javier Polanco, recientemente fallecido, ten&iacute;a un pie investigador en C&aacute;diz, por lo que las consultas al foro siempre desembocaban en fugaces y casi m&aacute;gicas respuestas. En la otra punta del hilo, los archivos privados est&aacute;n en la mirada de Ascagen: la f&oacute;rmula de su cuidado supone la eficacia de su coste. &ldquo;Incentiva el cuidado y el mimo&rdquo;, dice Joaqu&iacute;n, &ldquo;tratando de que est&eacute;n abiertos al p&uacute;blico para que al ayuntamiento le interese conservar ese patrimonio familiar&rdquo;. As&iacute;, aunque solo sea por un beneficio econ&oacute;mico, a las instituciones les interesar&iacute;a dar dinero: &ldquo;Aunque sea privado, es un patrimonio de Cantabria, y la funci&oacute;n de Cantabria es atenderlo. Pero no se tiene la idea de que t&uacute; les est&aacute;s dando la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre estancias en instituciones y hogares, estos registradores del ayer tambi&eacute;n rebuscan, catalogan, ordenan y escanean documentos de los que luego dejan copia al interesado, con una condici&oacute;n: una parte de los archivos rescatados tienen que ser depositados en el archivo hist&oacute;rico. Y ese traj&iacute;n de legajos y hojas sueltas les suelen reportar sorpresas, como el inmenso bot&iacute;n que han ordenado en los &uacute;ltimos tiempos: dos metros y medio lineales de documentaci&oacute;n que un hombre, ya mayor &mdash;vuelven a ocultar el qui&eacute;n, y cuando se les escapa piden no hacer caso&mdash; ten&iacute;a en casa. Toda esa memoria impresa, incluidas 60.000 fotograf&iacute;as, las hab&iacute;a organizado su padre. Cuando terminaron de hojear aquel tesoro, el hombre les invit&oacute; a enredar en tres cajones de papeles desordenados. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Entre estancias en instituciones y hogares, estos registradores del ayer también rebuscan, catalogan, ordenan y escanean documentos de los que luego dejan copia al interesado, con una condición: una parte de los archivos rescatados tienen que ser depositados en el archivo histórico</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los genealogistas alucinaron al ver que, entre copias de pleitos de hidalgu&iacute;a, papeles de la Guerra de la Independencia y una excelente documentaci&oacute;n de afrancesados, impresionantes herencias y papeles de una familia plagada de alcaldes e incluso de un secretario del Secreto de la Santa Inquisici&oacute;n, tambi&eacute;n hab&iacute;a un documento original del siglo XVI. &ldquo;&Eacute;l sab&iacute;a que ten&iacute;a, pero no tanto&rdquo;, dicen los miembros de Ascagen, quienes despu&eacute;s de un a&ntilde;o y medio de trabajo acabaron la labor de ordenar, limpiar y digitalizar los documentos que encontraron alborotados. &ldquo;Nuestro mayor inter&eacute;s est&aacute; en los archivos familiares, que se van disgregando y al final van a la basura&rdquo;, lamentan los miembros de la asociaci&oacute;n, que (por fin) celebran la recuperaci&oacute;n del archivo que incluso lleg&oacute; a sorprender al propietario. Esas historias son mucho m&aacute;s comunes de lo que se cree: &ldquo;A lo mejor tienen en el desv&aacute;n un arca, como en todas las casas antiguamente, con los papeles con las escrituras, el pleito de hidalgu&iacute;a, pero lo echan al fuego&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este silencioso trabajo de encajar piezas, la sorpresa al ir completando ausencias e interrogantes se agradece con alegr&iacute;a. Sucede cuando los eslabones van uni&eacute;ndose y sucede cuando se va poniendo &ldquo;m&uacute;sculos y &oacute;rganos&rdquo; al &aacute;rbol geneal&oacute;gico. La &iacute;ntima historia de una familia, cuyos secretos confiesan los testamentos o contratos matrimoniales, abundan en las entretelas de la historia. Un a&ntilde;o de mortandad infantil puede revelar una epidemia; una disminuci&oacute;n de poblaci&oacute;n, una oleada migratoria o una guerra. Los frutos de las pesquisas recogen frutos insospechados a pesar de las dificultades para rebuscar en archivos o el desinter&eacute;s de las instituciones. Ellos a&uacute;n no entienden c&oacute;mo el proyecto <a href="https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/5750/Todo%20el%20patrimonio.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ontolog&iacute;a del patrimonio de Cantabria</a>,<strong> </strong>impulsado por la Universidad de Cantabria y la Fundaci&oacute;n Bot&iacute;n, metiera la cabeza en la tierra. El objetivo era facilitar el acceso a un oc&eacute;ano de informaci&oacute;n despu&eacute;s de digitalizar miles de p&aacute;ginas de documentos sobre el patrimonio hist&oacute;rico, etnogr&aacute;fico o cient&iacute;fico. &ldquo;Y al final&rdquo;, explican, &ldquo;han secuestrado un mont&oacute;n de documentaci&oacute;n que antes, aunque dificultosamente, estaba a disposici&oacute;n del p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Uno de los libros más completos sobre los apellidos de Cantabria.                            </span>
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        A pesar de los papeles que acaban en el fuego, los expedientes que amarillean en s&oacute;tanos y algunos impedimentos para sonsacar datos, Maite dice que Cantabria es un territorio afortunado para profundizar en la genealog&iacute;a. A los ya cl&aacute;sicos estudiosos de la materia, desde <a href="https://www.bne.es/es/autores/escagedo-salmon-mateo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mateo Escagedo Salm&oacute;n</a> (<em>Solares monta&ntilde;eses: viejos linajes de la provincia de Santander</em>) a la trascripci&oacute;n del padr&oacute;n de Marqu&eacute;s de la Ensenada de <a href="https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/BIBLIOTECA/EDICION_CEM/MazaSolano_PADRONES_1.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tom&aacute;s Maza Solano</a> o el <a href="https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/BIBLIOTECA/Diccionario-apellidos-escudos-Cantabria-opt-red.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Diccionario de apellidos y escudos de Cantabria</em></a><em>, </em>de<em> </em>Carmen Gonz&aacute;lez Echegaray, se unen los archivos de los mormones del archivo diocesano de Santander. Airear los documentos es una condici&oacute;n necesaria que no siempre se cumple. &ldquo;El sentido de conservar un archivo es que se consulte, si no se consulta es in&uacute;til&rdquo;, afirman los genealogistas, que a veces se chocan con el sentido de la propiedad: &ldquo;Es nuestro&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un trabajo de fondo</strong></h2><p class="article-text">
        Al correo de Ascagen llega un goteo de mensajes. Maite los va abriendo, desenrolla las dudas y responde echando mano de la memoria o documentos. Hay c&aacute;ntabros que quieren reconectar con su tierra o completar su linaje, aunque la mayor&iacute;a de las consultas tienen fines pr&aacute;cticos, como conseguir la nacionalidad. Pero esos anhelos de escarbar en las ra&iacute;ces de la sangre tambi&eacute;n tienen su lugar: un 20% del m&aacute;s del centenar de correos que reciben al a&ntilde;o tienen fines ut&oacute;picos. &ldquo;La utop&iacute;a es utop&iacute;a, pero generalmente obedece a un inter&eacute;s pr&aacute;ctico&rdquo;, justifica Joaqu&iacute;n, que r&aacute;pidamente delata su condici&oacute;n: &ldquo;Nosotros somos ut&oacute;picos&rdquo;. Y ese trabajo gustoso les cuesta &ldquo;un past&oacute;n&rdquo; que asumen con alegr&iacute;a cuando recuperan archivos, completan l&iacute;neas sucesorias o comprueban c&oacute;mo recurren a ellos quienes alguna vez perdieron sus lazos con Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        En este oasis de datos se hallan indianos y generales con sangre de La Monta&ntilde;a que honraron su tierra en cualquier parte del planeta, aunque hay un tel&oacute;n de fondo en este encuentro con los genealogistas: la falta de amor propio por Cantabria. &ldquo;Lo c&aacute;ntabro, no s&eacute; por qu&eacute;, es una cosa difuminada&rdquo;, dice Joaqu&iacute;n, &ldquo;y eso es un problema pol&iacute;tico: los distintos gobiernos deber&iacute;an de incentivar el amor por Cantabria&rdquo;. Ese lamento de contornos tristes se vuelve admiraci&oacute;n a los vecinos del este y oeste de la comunidad. Maite, que lo define como &ldquo;pasi&oacute;n por lo suyo&rdquo;, dice que las autonom&iacute;as vecinas cuidan a su di&aacute;spora mientras que Joaqu&iacute;n concluye que en el Pa&iacute;s Vasco &mdash;y lo dice con todas las letras&mdash; &ldquo;se ha cuidado mucho el arraigo de la gente, cosa que en Cantabria no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute;? No s&eacute;. Si t&uacute; coges el libro de escudos de Cantabria de Carmen Gonz&aacute;lez Echegaray, ver&aacute;s que han desaparecido much&iacute;simos. Y cuando vas por las carreteras ves muchas casonas en ruinas.
    </p><p class="article-text">
        Esa indiferencia que a ratos se vuelve &ldquo;desprecio&rdquo; en boca de Maite y Joaqu&iacute;n se estampa con una documentaci&oacute;n riqu&iacute;sima a nivel nacional. Los archivos delatan el pasado y sus cuitas, y el paso hacia adelante de Ascagen marca un hito en la historia de la genealog&iacute;a regional: en su haber se encuentra el impulso de la digitalizaci&oacute;n de los <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=1029118" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">boletines oficiales de la provincia</a>, adem&aacute;s de haber trascrito el Padr&oacute;n de Polic&iacute;a de 1824. Han editado libros, publican una revista semestral que imprime la Consejer&iacute;a de Cultura y est&aacute;n inmersos en un proyecto sobre el ADN pasiego y de Campoo, adem&aacute;s de abundar en los linajes de Cantabria y en la herencia de aquellos hombres y mujeres flamencos que, a partir del siglo XVII, llegaron a Li&eacute;rganes y La Cavada. 
    </p><p class="article-text">
        El arte de afinar otro tiempo da claves y cambia guiones al comprobar, por ejemplo, que el apellido Cam&uacute;s, viene de un barrio de Santander a pesar de considerarse franc&eacute;s. Al igual que Sobaler, cuya procedencia se atribuy&oacute; a Catalu&ntilde;a a pesar de que, ya en el siglo XVI, fuera un barrio de Bezana. En el siglo XVIII, mientras en Trasmiera los europeos que ven&iacute;an a las f&aacute;bricas de ca&ntilde;ones continuaban transmitiendo su ristra de apellidos (Baldor, Bern&oacute;, Budar, Lomb&oacute; o Marqu&eacute;), en Santander llegaron nuevas hornadas de apellidos: la ciudad pas&oacute; a ser obispado, la econom&iacute;a se expandi&oacute; con el comercio y la industria, y el puerto se convirti&oacute; en el enlace principal con Am&eacute;rica. Los peri&oacute;dicos no se cansaban de anunciar, entre esquelas, elixires estomacales y noticias de &uacute;ltima hora,&nbsp;<a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000885449" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">viajes a La Habana y Veracruz, Sevilla o Marsella</a>. La explosi&oacute;n demogr&aacute;fica fue evidente: 1.200 habitantes a finales del siglo, el doble que cinco d&eacute;cadas antes. Con ellos, los apellidos. Muchos de ellos de los territorios vecinos, de Catalu&ntilde;a o Andaluc&iacute;a, pero tambi&eacute;n de Francia, Arag&oacute;n o de Italia, aunque como admite Gonz&aacute;lez Echegaray en el pr&oacute;logo de su <em>Diccionario de apellidos y escudos de Cantabria</em>, &ldquo;es totalmente imposible mencionar&rdquo; todas las procedencias.
    </p><p class="article-text">
        La genealog&iacute;a responde a preguntas acumuladas en el olvido que las investigaciones de la asociaci&oacute;n tratan de responder. El &aacute;rbol es un esqueleto cuyos &oacute;rganos est&aacute;n dispersos en los siglos, las casas y los archivos que los fundadores de Ascagen siguen recorriendo desde antes de que en <a href="http://www.ascagen.es/revista/Revista_ASCAGEN_N_1.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquel primer editorial</a>, en la primavera de 2009, reconocieran que la &ldquo;falta de experiencia&rdquo; ser&iacute;a compensada &ldquo;con una gran dosis de ilusi&oacute;n&rdquo;. Esa es la huella de un camino que, dicen, &ldquo;empieza como afici&oacute;n y acaba como obsesi&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/arte-genealogia-rastreando-origen-antepasados_1_11811558.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2024 21:01:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 'arte' de la genealogía: rastreando el origen de nuestros antepasados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Historia,Patrimonio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La avispa asiática pone en jaque a los apicultores: "Colmena que coge, colmena que arrasa"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/avispa-asiatica-pone-jaque-apicultores-colmena-coge-colmena-arrasa_1_11744115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87ec9f6a-60d2-403e-bcdf-91715a0893e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La avispa asiática pone en jaque a los apicultores: &quot;Colmena que coge, colmena que arrasa&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los productores de miel de Cantabria, en su mayoría de pequeñas dimensiones, están desplazando su producción al interior de la comunidad, donde la amenaza de la 'Vespa velutina' es menor</p><p class="subtitle">Archivo - La abeja se muere también en Euskadi: la sequía y la avispa asiática acorralan a 30.000 colmenas</p></div><p class="article-text">
        Es una escena ya habitual: nubes de avispas picando la fruta, restos de miel en los artilugios de las colmenas, rondando los vasos de bebida dulce. Cuando los primeros ejemplares de <em>Vespa velutina</em> se comenzaron a ver por Cantabria se supo poco, pero de la curiosidad y el desconcierto al ver aquellos cuatro primeros ejemplares en una colmena del oriente de la comunidad en 2014 pronto se pas&oacute; a la preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay colmenas de las que no se est&aacute; cogiendo nada de miel: la <em>velutina</em> ataca a las abejas y no salen a volar&rdquo;, dice Mari Mar Merino, presidenta de la Asociaci&oacute;n Monta&ntilde;esa de Apicultores (AMA). Las suyas, como la mayor&iacute;a de las 10.000 colmenas de los 400 miembros de la asociaci&oacute;n, ha sufrido los embates de la especie invasiva, y esa nueva realidad, especialmente dram&aacute;tica para los peque&ntilde;os apicultores, ha ido sofisticando sus estrategias. 
    </p><p class="article-text">
        Todos los viernes, por el Mercado Nacional de Ganados de Torrelavega, sede de la AMA, desfilan veinte, treinta o cuarenta apicultores que comparten pericia y lamentos. Todo atravesado por el cambio clim&aacute;tico y los caprichosos impulsos que impone a la floraci&oacute;n y segregaci&oacute;n de n&eacute;ctar; unas alteraciones que obligan a los apicultores a comprar jarabes de glucosa y una pasta dulce, parecida al<em> fondant</em>, que ha aumentado el precio un 80%, explica Merino, quien proclama que &ldquo;ahora mismo la apicultura est&aacute; en horas bajas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la secuencia de los destrozos del avisp&oacute;n asi&aacute;tico: espera a que las abejas regresen a las colmenas cargadas de polen, las atacan y, una vez en el suelo, las decapitan y se llevan el t&oacute;rax a sus nidos para dar de comer a las larvas. Las abejas, cercadas por la amenaza, optan por no salir de sus refugios, lo que implica una falta de alimento y limitaci&oacute;n de procreaci&oacute;n, ya que necesitan volar para que los z&aacute;nganos las fecunden. 
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n, la presidenta de los apicultores c&aacute;ntabros explica que est&aacute; habiendo mucha mortandad: &ldquo;Colmena que coge, colmena que arrasa&rdquo;. Una <em>Vespa velutina</em> puede matar medio centenar de abejas de miel al d&iacute;a. Es su comida predilecta, pues casi el 80% de su dieta consiste en abejas mel&iacute;feras, y entre las cinco clases de abejas que producen miel &mdash;hay 20.000 especies&mdash; se incluye la abeja negra (<em>Apis mellifera).</em> El car&aacute;cter gregario de la especie, adem&aacute;s, hace que la avispa invasora ahorre energ&iacute;a a la hora de cazarlas: la eficiencia del esfuerzo.
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                    alt="En 2022 se retiraron en Cantabria 3.000 nidos de avispa asiática."
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            <span class="title">
                En 2022 se retiraron en Cantabria 3.000 nidos de avispa asiática.                            </span>
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        En su men&uacute;, sin embargo, incluye otros insectos que les aporta prote&iacute;na y frutas de los que extraen glucosa. Las vi&ntilde;as, las manzanas o los ar&aacute;ndanos se han convertido en un fest&iacute;n dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de la introducci&oacute;n de la avispa en Europa. No se sabe exactamente c&oacute;mo lleg&oacute; al continente, aunque <a href="https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/publicaciones/estrategias/estrategia_vespavelutina_tcm30-69976.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Estrategia para el control, gesti&oacute;n y posible erradicaci&oacute;n del Avisp&oacute;n asi&aacute;tico</a>, elaborado por el Ministerio de Agricultura en 2014, sugiere que lo hizo a Francia a bordo de un barco de mercanc&iacute;as antes de 2004 mientras hibernaba. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute; comenz&oacute; a multiplicar su descendencia, en este (otro) g&eacute;nesis de aires apocal&iacute;pticos, &ldquo;como las estrellas del cielo&rdquo;, por Francia, B&eacute;lgica y el norte de Espa&ntilde;a. De hecho, la primera vez que se vio una <em>velutina </em>en el pa&iacute;s fue en un pueblo de Navarra en el a&ntilde;o 2011. Pero a su imparable avance natural, que ronda los 60 kil&oacute;metros al a&ntilde;o, otros elementos han facilitado su dispersi&oacute;n, como el tr&aacute;fico de mercanc&iacute;as que r&aacute;pidamente llev&oacute; a insectos a Galicia. El conocimiento y rastreo de la especie, al menos, ha ido arrojando conocimiento sobre su comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        En su colonizaci&oacute;n hacia el sur, la <em>vespa velutina</em> ya ha alcanzado las provincias del norte de Castilla y Le&oacute;n, aunque hay otra especie de avispa invasora &mdash;el avisp&oacute;n oriental&mdash; que est&aacute; causando id&eacute;nticos problemas en el sur del pa&iacute;s. Cuando se encuentren, dice Mari Mar Merino, su esperanza guarda un as en la manga: que se maten entre ellas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Aprendiendo a convivir</strong></h2><p class="article-text">
        La avispa, adem&aacute;s de arruinar y mermar cosechas de miel y frutas, est&aacute; generando problemas ecol&oacute;gicos y humanos, aunque aquel documento del Ministerio suavizaba las consecuencias al afirmar que no afectar&iacute;a a otros polinizadores silvestres, &ldquo;y menos al conjunto del servicio ecosist&eacute;mico de polinizaci&oacute;n&rdquo;. Los inmensos nidos que cuelgan de los &aacute;rboles, sin embargo, suelen recordar su inc&oacute;moda presencia: en el a&ntilde;o 2022 se retiraron en Cantabria cerca de 3.000.
    </p><p class="article-text">
        Las fuertes rachas de viento sur de hace tan solo unos d&iacute;as tiraron muchos de esos nidos de siete u ocho kilos y hasta un metro de altura que pueden albergar m&aacute;s de 1.500 ejemplares. Muchos de ellos se encuentran entre la mara&ntilde;a de &aacute;rboles, aunque los aleros de las casas y otros sitios protegidos son lugares en los que tambi&eacute;n arman sus casas esta especie. &ldquo;Este a&ntilde;o se ha visto un peque&ntilde;o declive y se nota que hay algo menos: el trampeo subvencionado est&aacute; funcionando&rdquo;, asegura Isidro Herrera, gerente de Sercant, que naci&oacute; hace siete a&ntilde;os en un contexto de &ldquo;miedo&rdquo; y &ldquo;desconocimiento&rdquo; para retirar nidos y atrapar avispas reina mediante trampeo selectivo. 
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                Los nidos de avispa asiática pueden alcanzar un metro de altura.                            </span>
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        La empresa, que trabaja especialmente para ayuntamientos, tambi&eacute;n sale al rescate de particulares que llaman para retirar nidos de sus casas despu&eacute;s de insistir con la Administraci&oacute;n. D&iacute;as atr&aacute;s, afirma Herrera, tuvieron que eliminar un nido en Santander despu&eacute;s de dos meses de espera a alguien que no lleg&oacute;. Los propietarios de la vivienda hab&iacute;an llamado al 112, que ramifica las llamadas a los ayuntamientos, que suelen contratar a empresas privadas cuando no tienen un servicio p&uacute;blico como bomberos.
    </p><p class="article-text">
        Los datos aseguran que por cada nido que se localiza, las avispas habr&aacute;n formado diez m&aacute;s al a&ntilde;o siguiente. En este c&uacute;mulo y baile de cifras, Isidro Herrera dice que una avispa reina deja 40 reinas m&aacute;s para el a&ntilde;o siguiente, aunque admite que &ldquo;no hay ciencia exacta&rdquo; para este mundo. El Centro de Investigaci&oacute;n Ecol&oacute;gica y Aplicaciones Forestales, por su parte, afirma que un nido puede producir&nbsp;500 nuevas reinas al a&ntilde;o siguiente. 
    </p><p class="article-text">
        El trampeo de avispas reina en su ciclo temprano, por lo tanto, es fundamental para frenar su expansi&oacute;n, por lo que <a href="https://dgmontes.org/documents/16835/4612832/Protocolo+Velutina+Cantabria+Abril+2018.pdf/1993ba1a-c6b9-2f8a-0ea0-fa36ba698406" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el protocolo de vigilancia y control el avisp&oacute;n asi&aacute;tico en Cantabria</a> lo legisl&oacute; en 2018. El texto incid&iacute;a en las trampas y medidas de prevenci&oacute;n de las colmenas de abejas de miel, como reducir las piquetas para que no entrara el avisp&oacute;n, no dejar restos de miel en los cuadros o la instalaci&oacute;n de mallas frente a las colmenas. <a href="https://www.cantabria.es/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_DETALLE/16401/36058687" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las ayudas del Gobierno auton&oacute;mico</a> para los ayuntamientos, unido a los m&eacute;todos usados por paisanos y apicultores en primavera, cuando las reinas se han despertado del invierno y las obreras comienzan a construir los nidos secundarios, limita su expansi&oacute;n. Pero si las avispas logran esquivar el trampeo y sus obreras comienzan a hacer los nidos secundarios, donde alimentar&aacute;n a las larvas, sus esfuerzos depredadores para suministrarlas miel se redoblan. Y con ello sus consecuencias para las abejas. La destrucci&oacute;n a trav&eacute;s de vectores congelados se vuelve un consuelo en tiempos en los que la &uacute;nica alternativa es convivir con la especie y mitigar sus da&ntilde;os. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un oficio milenario</strong></h2><p class="article-text">
        Oto&ntilde;o es tiempo de balance. Los apicultores realizan catas y recogen la miel, a veces cambian los planes. Tom&aacute;s Cacho, como la mayor&iacute;a de apicultores con colmenas en la costa, tuvo que cargar con sus abejas y alejarlas de la presencia masiva de las <em>velutina.</em> La trashumancia se ha convertido tambi&eacute;n en una pr&aacute;ctica para los apicultores como reba&ntilde;os en busca de prados frescos. Pero a la inversa: Li&eacute;bana, Campoo o Valderredible se han convertido en refugio clim&aacute;tico para las abejas. Cacho, que etiquet&oacute; y empez&oacute; a comercializar su Miel de Cab&aacute;rceno en 2004, tiene 200 colmenas cuyo trasiego le mantiene entre Obreg&oacute;n, Valderredible y Li&eacute;bana. &ldquo;La avispa ha influido totalmente [en la decisi&oacute;n de traslado]&rdquo;, explica Cacho, que se inici&oacute; en las artes de la apicultura hace m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas y cofund&oacute; <a href="https://amapicultores.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la feria de apicultura</a> que este fin de semana celebra una nueva edici&oacute;n en Torrelavega. Dice que es una de las m&aacute;s importantes del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En enero o febrero, cuando la <em>velutina</em> haya desaparecido &mdash;las obreras muertas, la reina aletargada&mdash;, el apicultor volver&aacute; a bajar las abejas a Obreg&oacute;n, aunque los inviernos m&aacute;s suaves tambi&eacute;n le est&aacute;n animando a dejarlas en las zonas de interior de Cantabria. All&iacute; pecorean brezo, cuya miel es la m&aacute;s preciada, a diferencia de la procedente de las flores de eucalipto y el campo de zonas costeras. El eucalipto comienza a florecer en noviembre y las abejas, aqu&iacute; abajo, trabajar&aacute;n el invierno sin el aliento amenazante de su depredadora. Pero llegar&aacute; el verano, la avispa asi&aacute;tica estar&aacute; ocupada plenamente en alimentar a sus cr&iacute;as y la temporada de matanzas marcar&aacute; sus cifras m&aacute;ximas: &ldquo;En junio o julio la vuelvo a subir, si no me las matan otra vez&rdquo;. Ya le ha sucedido: entre mudanzas y visitas a sus colmenas, dej&oacute; dos colmenas en el campamento base, cerca de la costa. Al regresar al colmenar, se dio cuenta de que hab&iacute;an desaparecido. La primavera fr&iacute;a y lluviosa, que oblig&oacute; a Tom&aacute;s a alimentarlas hasta el mes de julio, tambi&eacute;n contribuy&oacute; al desastre.
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            <span class="title">
                La mayoría de apicultores han trasladado sus colmenas al interior de Cantabria.                            </span>
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        Al principio se dijo que la avispa asi&aacute;tica no sobrepasar&iacute;a los 600 metros, aunque en las zonas de monta&ntilde;a ya se ha visto a la <em>velutina</em>. &ldquo;Fue incre&iacute;ble lo r&aacute;pido que aparecieron aqu&iacute;&rdquo;, recuerda Javier de Celis, presidente de la&nbsp;Asociaci&oacute;n de Apicultores Campurrianos (Apicam), cuyos 400 socios tienen unas 6.000 colmenas. Las avispas, asegura De Celis, ya han sobrepasado los 1.000 metros de altura, aunque admite que &ldquo;no llegan a ser un grave problema que paralizan, como en la costa&rdquo;. Su conquista, a&ntilde;o a a&ntilde;o, tambi&eacute;n ha contribuido el esparcimiento de la especie invasora que pueden venir en las colmenas que se instalan en la temporada estival: &ldquo;Quieras o no, puede subir alguna reina en alguna colmena y las dispersamos nosotros mismos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, este a&ntilde;o no ha sido mala temporada en el sur de Cantabria por la ausencia, o disimulo, de la<em> velutina</em>. El apicultor afirma que en las &uacute;ltimas y recientes labores de limpieza los avispones han roto su pacto con el silencio y han acudido, en masa, a los restos de miel en los extractores o maduradores. Pero comparado con la costa, donde la recolecci&oacute;n es desastrosa, la producci&oacute;n de miel ha sido un &eacute;xito. A pesar de la <em>velutina, </em>de las alteraciones del clima, de la presencia extra&ntilde;a (y a veces ilegal) de otros apicultores. Porque esa es otra de las amenazas en la comarca campurriana. Javier de Celis explica c&oacute;mo hay camiones procedentes de Valencia, Extremadura o Andaluc&iacute;a que &ldquo;llegan con 200 colmenas y las plantan en cualquier sitio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tiene sentido econ&oacute;mico: a finales de primavera, cuando la sequ&iacute;a comienza a apretar y el alimento a escasear en amplias regiones del pa&iacute;s, las empresas instalan sus cajas en sitios donde las abejas, por s&iacute; mismas, salen a pecorear brezo, lo m&aacute;s apreciado. &ldquo;Haces un negocio redondo&rdquo;, resume el apicultor. El problema, asegura, es que quitan la miel a las abejas que se pasan el resto del a&ntilde;o en estas zonas del interior de Cantabria, donde las abejas, a diferencia de en la costa, s&iacute; hibernan. De Celis explica que las abejas for&aacute;neas, al llegar a su nuevo emplazamiento, &ldquo;salen a orientarse, localizan el peque&ntilde;o colmenar, que a&uacute;n est&aacute; a medio desarrollar por el clima, les huele a miel y las pueden atacar&rdquo;.
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                La miel de brezo es la más apreciada.                            </span>
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        En las grandes extensiones de Campoo y Valderredible, al menos, el brezo suministra flores para miles de polinizadores. Una colmena puede contener 80.000 abejas en su m&aacute;ximo apogeo, aunque la mezcla de amenazas &mdash;especies invasoras, de un &aacute;caro conocido como varroa, las lluvias, las bajas temperaturas, la presencia del oso en la cordillera y de las colmenas de apicultores de fuera&mdash; est&aacute; complicando un sector que, en su inmensa mayor&iacute;a en Cantabria, pertenece a explotaciones peque&ntilde;as y familiares de menos de 150 colmenas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una de las cosas que interesan es quitar al peque&ntilde;o apicultor, ya que la Administraci&oacute;n controla mejor al que da una subvenci&oacute;n que a quien no se la da&rdquo;, argumenta De Celis, que menciona el <a href="https://www.mapa.gob.es/es/ganaderia/temas/produccion-y-mercados-ganaderos/sectores-ganaderos/apicola/pna.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plan Nacional Ap&iacute;cola</a> o las primas por la polinizaci&oacute;n a explotaciones de menos de 15 colmenas. Pero esos fondos ca&iacute;dos desde la Uni&oacute;n Europea y repartidos por las comunidades aut&oacute;nomas, explica, no suelen llegar al peque&ntilde;o apicultor. &ldquo;Y seguir&aacute; siendo una actividad de lo m&aacute;s oculta que se pueda&rdquo;, detalla antes de explicar la diferencia con otros &aacute;mbitos del sector primario: &ldquo;Las vacas se ven mucho, pero una colmena muy buena que ha dado tres alzas de miel est&aacute; en la sombra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los 20 kilos de miel por colmena que alguna vez se fij&oacute; en el imaginario apicultor se ha vuelto una quimera mientras los apicultores buscan (y encuentran) las rendijas de la supervivencia entre embates del clima y nidos de <em>velutina</em>, cuya existencia parece no tener fin. &ldquo;Hay que seguir con el trampeo&rdquo;, dice Tom&aacute;s Cacho, &ldquo;y tener suerte de que caigan bastantes para que el a&ntilde;o siguiente haya menos&rdquo;. Alg&uacute;n d&iacute;a, quiz&aacute;s, puedan regresar a las cosechas de miel en la costa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/avispa-asiatica-pone-jaque-apicultores-colmena-coge-colmena-arrasa_1_11744115.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Oct 2024 19:24:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La avispa asiática pone en jaque a los apicultores: "Colmena que coge, colmena que arrasa"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Apicultura,Abejas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La escuela hogar de uno de los valles más incomunicados de Cantabria: "En la zona rural es un sacrificio tremendo estudiar"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/escuela-hogar-valles-incomunicados-cantabria-zona-rural-sacrificio-tremendo-estudiar_1_11690463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/deed65bb-fe7f-4e80-8b4c-69e15841e79e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La escuela hogar de uno de los valles más incomunicados de Cantabria: &quot;En la zona rural es un sacrificio tremendo estudiar&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Madres-profesoras del colegio rural en el que 22 niños y niñas viven de lunes a viernes: "Intentamos enseñar que salgan fuera, que conozcan lo que hay, que valoren lo que tienen aquí y que vuelvan"</p></div><p class="article-text">
        En Soba hay 27 pueblos y una poblaci&oacute;n dispersa entre praderas y riscos calizos. En este valle c&aacute;ntabro, adem&aacute;s, los tiempos modernos han ido menguando los oficios pegados a la tierra, se ha ido reduciendo dr&aacute;sticamente la cantidad de habitantes y se ha echado el cierre de escuelas (Herada, Villar,&nbsp;Quintana, Valcaba, Ca&ntilde;edo, Regules, Santayana, Rehoyos...) impulsadas&nbsp;por la nostalgia y el dinero de aquellos indianos que albergaban la esperanza de que sus paisanos prosperaran como ellos:&nbsp;Jacinto Mart&iacute;nez de la Concha desde M&eacute;xico, Gaspar de Soto y Zorrilla desde la actual Colombia o el Capit&aacute;n Roque de la Pe&ntilde;a y Sarabia desde Los &Aacute;ngeles. El colegio de Quintana, de hecho, se bautiz&oacute; con el nombre de otro ilustre vecino que pas&oacute; d&eacute;cadas en Argentina y regres&oacute; a Cantabria con el amor a su tierra intacto. Cuando el colegio&nbsp;Jer&oacute;nimo P&eacute;rez Sainz de la Maza&nbsp;se inaugur&oacute; en 1982, hab&iacute;a 200 alumnos, aunque las matr&iacute;culas del centro cuatro d&eacute;cadas m&aacute;s tarde son cuatro veces menos en un municipio que lleg&oacute; a tener m&aacute;s de 3.000 habitantes. Hoy, seg&uacute;n el &uacute;ltimo padr&oacute;n, hay 1.100 habitantes en todo el Valle de Soba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero este centro clavado entre el r&iacute;o G&aacute;ndara y los Collados del As&oacute;n tiene una particularidad, ya que en su escuela hogar, anexa al colegio, conviven 22 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de entre 3 y 17 a&ntilde;os debido a las circunstancias&nbsp;&mdash;el aislamiento, la distancia, las carambolas de la conciliaci&oacute;n familiar&mdash;&nbsp;que imponen el tercer municipio en extensi&oacute;n m&aacute;s grande de Cantabria.&nbsp;La mayor&iacute;a de ellos pertenecen a las poblaciones m&aacute;s remotas de uno de los valles m&aacute;s despoblados y desconocidos de la comunidad: pueblos encaramados en montes, carreteras de monta&ntilde;a y una abrupta geograf&iacute;a que multiplica los kil&oacute;metros. Por eso, cuando en enero de 1983 se abri&oacute; la escuela hogar, aquel centenar de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que habitaban los lugares m&aacute;s aislados daban un enorme paso al estudiar junto al lugar en el que viv&iacute;an de lunes a viernes. &ldquo;Esto es como una casa, pero multiplicado por veinte&rdquo;, bromea Rosal&iacute;a Ruiz Laso, que lleg&oacute; al colegio como profesora en 1991, le inspir&oacute; el proyecto de la escuela hogar y decidi&oacute; que &eacute;ste ser&iacute;a su destino. Su anhelo, sin embargo, tuvo que esperar siete a&ntilde;os, cuando finalmente consigui&oacute; la plaza. &ldquo;Me siento m&aacute;s de aqu&iacute; que de donde vivo&rdquo;, admite con una sonrisa.
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                Escuela hogar en el valle de Soba.                            </span>
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        Hoy es mi&eacute;rcoles, d&iacute;a de coordinaci&oacute;n y relevo. Rosal&iacute;a habla en zapatillas de casa con Ana Bel&eacute;n P&eacute;rez Rivero, la directora, en una sala con sof&aacute;s, ordenadores y libros. En los dos primeros d&iacute;as de la semana, Rosal&iacute;a se ocupa de los chicos mientras que los jueves y viernes Ana Bel&eacute;n toma el relevo. Esta ma&ntilde;ana, pues, mantiene a ambas profesoras hablando de los alumnos. &ldquo;De si han desayunado, si han hecho deberes, si tienen enfermedades&rdquo;, enumeran. Ambas son veteranas: si Rosal&iacute;a lleva 26 a&ntilde;os trabajando en Soba, Ana Bel&eacute;n ha iniciado su curso n&uacute;mero 34. &ldquo;No fue una decisi&oacute;n pensada&rdquo;, adelanta la directora, a quien Soba se le present&oacute; en el horizonte como una oportunidad para desembarcar en (su) Cantabria. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de llegar a la escuela e instalarse en el valle, conoc&iacute;a a las personas que trabajaban en la escuela hogar, aunque la naturaleza de este proyecto que lleg&oacute; a tener varias r&eacute;plicas en Cantabria y hoy solo se mantienen las de Soba, Li&eacute;bana y Heras, acab&oacute; por conquistarla. Hoy no lo cambiar&iacute;a por nada. Su trabajo consiste en esa interminable sucesi&oacute;n de tareas que caben entre las tres y media de la tarde, cuando los profesores terminan su jornada, hasta que empiezan las clases al d&iacute;a siguiente: jugar, deberes, re&ntilde;ir, cenar, consolarles cuando est&aacute;n tristes, dormir con los m&aacute;s peque&ntilde;os. En fin, dice Rosal&iacute;a, &ldquo;una experiencia fant&aacute;stica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las dos madres-profesoras podr&iacute;an haber cambiado de destino en cualquier momento. Los a&ntilde;os les han hecho sumar puntos, pero el amor por un oficio que excede los muros del trabajo las mantiene con el compromiso en alto en un valle de inviernos descarnados y silencio sepulcral. No extra&ntilde;a que las sustituciones de la compa&ntilde;era o de alg&uacute;n profesor que la nieve ha impedido llegar al colegio se acepten con naturalidad. &ldquo;Soy de esos casos raros en los que alguien disfruta de su trabajo&rdquo;, bromea Rosal&iacute;a, que cada lunes que se adentra en el valle culebreando por las carreteras desde su casa trae algo de ropa de reserva. Por si acaso. Ana Bel&eacute;n, vive en el valle y lo tiene m&aacute;s f&aacute;cil. Los alumnos, y sus familias, son sus vecinos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una experiencia diferente</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Este es un territorio privilegiado&rdquo;, admite Javier Bringas, profesor del colegio. Sus andanzas en el mundo educativo comenzaron en la escuela rural de La Sota, en San Pedro del Romeral, hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. All&iacute; daba clase a casi 40 alumnos, de todas las edades, en la misma aula. &ldquo;Y se trabajaba muy bien&rdquo;, recuerda. Luego cay&oacute; en este centro que sustituy&oacute; al resto de escuelas que segu&iacute;an abiertas en el valle. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se concentraron los profesores, las especialidades y la eficacia, aunque el mandamiento de la escuela rural sigue marcando la pauta educativa: &eacute;l es tutor de ocho alumnos de tercero y cuarto de Primaria que estudian en el mismo aula, con permiso de asignaturas en las que se desdobla el grupo. &ldquo;Y no lo cambiaba, &iquest;eh?&rdquo;, advierte. El contacto con los chicos y chicas y sus familias es una primera ventaja propia de estos entornos: &ldquo;En la zona rural, no te voy decir que nos tengan en consideraci&oacute;n como hace 50 a&ntilde;os, pero la figura del maestro se respeta y se da bastante importancia: lo primero que nos preguntan los padres no es si lo hace bien o mal, sino si se porta bien&rdquo;.
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                Belén Pérez, directora del colegio Jerónimo Pérez Sainz de la Maza.                            </span>
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        Sus palabras celebran continuamente las bondades de la educaci&oacute;n rural, como Rosal&iacute;a y Ana Bel&eacute;n, las ventajas del progreso y los recursos con los que se dotan las escuelas rurales a pesar de alguna gotera en el polideportivo y alg&uacute;n canal&oacute;n ajado. De la gratitud por trabajar en un centro as&iacute; y las oportunidades que supone estrechar las desigualdades que vivi&oacute; en aquella caba&ntilde;a-escuela de los Montes del Pas. Como Bel&eacute;n P&eacute;rez, la directora del colegio, que lleg&oacute; de Madrid a estos valles y ech&oacute; ra&iacute;ces aqu&iacute;, que conoce los entresijos de los alumnos y cree que actualmente se est&aacute; cuidando la escuela rural. &ldquo;Una de las cosas de las que se han dado cuenta&rdquo;, afirma, &ldquo;es que si no estuvieran los colegios rurales, habr&iacute;a la mitad de la poblaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los alumnos del colegio viven en sus casas o en la escuela hogar, pero varios de los menores que viven en la escuela estudian Secundaria en Ramales y el Bachillerato en Ampuero, a&uacute;n m&aacute;s lejos. Un autob&uacute;s que recorre el valle los recoge en la puerta del colegio, donde les devuelve a las cuatro de la tarde. Los kil&oacute;metros y el tiempo confabulan contra el estudio en la comarca, as&iacute; que la apertura de la escuela hogar alivi&oacute; las dificultades de estudio en zonas donde el abandono escolar, en favor de tareas del campo, era notable. &ldquo;En la zona rural es un sacrificio tremendo estudiar&rdquo;, opina Javier, que al igual que sus compa&ntilde;eras, dice que quienes estudian m&aacute;s all&aacute; de la etapa obligatoria es por una f&eacute;rrea voluntad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las caracter&iacute;sticas propias de la geograf&iacute;a, as&iacute;, dominan la educaci&oacute;n rural, por lo que las diferencias con el sistema en entornos m&aacute;s urbanos son palpables. No solo es el apoyo familiar, sino los valores que provienen del mayor contacto con los mayores y la naturaleza, aunque la directora del colegio tambi&eacute;n reconoce que hay limitaciones en el acceso al ocio cultural. &ldquo;Pero tenemos m&aacute;s tiempo&rdquo;, dice como contrapeso. El trato con los alumnos es casi maternal (existe incluso un aula de un a&ntilde;o, con seis matriculados), la relaci&oacute;n con los padres suele ser telef&oacute;nica y las tareas educativas, especialmente en la escuela hogar, rompen cualquier muro estanco. 
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez trataron de dividirse las tareas entre las responsables, pero el experimento dur&oacute; un trimestre y todos volvieron a hacer de todo. Tampoco las actividades extraescolares se alejan mucho del colegio. A cambio, el robledal de San Pedro o el Parque Natural Collados del As&oacute;n, cuyos monitores colaboran activamente con el centro, son escenarios familiares. Los paisajes salvajes, a ratos domesticados por la actividad ganadera y un turismo cada vez m&aacute;s recurrente, envuelven este entorno que los profesores no se cansan de admirar. Hay veces que les dicen que, si este colegio estuviera m&aacute;s cerca de Santander, m&aacute;s profesores querr&iacute;an trabajar aqu&iacute;.&nbsp;Pero al escucharlo, ellos siempre piensan lo mismo: &ldquo;Si esto estuviera m&aacute;s cerca de la ciudad, esto no ser&iacute;a esto&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Soba es el tercer municipio más grande de Cantabria.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Una gran familia</h2><p class="article-text">
        A la una de la tarde, Ana Mar&iacute;a y Laura ya han preparado la comida y merienda. El humor, la visita del panadero que ha tra&iacute;do 18 panes y la alegr&iacute;a llenan el ambiente de la cocina. Ana Mar&iacute;a entr&oacute; a trabajar hace 25 a&ntilde;os, aunque su compa&ntilde;era lleva apenas tres a&ntilde;os. Hoy cuentan 52 comensales mientras que las monitoras cuidan de los m&aacute;s peque&ntilde;os y controlan a los mayores. Los ni&ntilde;os, sentados por edades, creando su propio barullo. Hay muchos hermanos, hijos de antiguos alumnos del colegio y de la escuela hogar. Laya, que ayer cumpli&oacute; ocho a&ntilde;os y esta tarde celebrar&aacute; su cumplea&ntilde;os, lanza preguntas, aunque la timidez por la visita de un extra&ntilde;o que se acerca a ellos ruboriza a ni&ntilde;as como Natalia, que siente verg&uuml;enza. &ldquo;No sabe por qu&eacute;&rdquo;, interpreta Alex.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y t&uacute; lo sabes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Menos a&uacute;n &mdash;responde.
    </p><p class="article-text">
        En otra mesa los ni&ntilde;os se r&iacute;en y distraen. En la del fondo, dos ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os comen con la ayuda de una monitora. Los profesores ya han acabado y se van a tomar el caf&eacute; al bar cercano, en La G&aacute;ndara, en el que les atiende un antiguo alumno. Ese v&iacute;nculo con sus viejos pupilos es una satisfacci&oacute;n para unos profesores fieles a los viejos afectos cuyo rastro mantienen visible. El de &Oacute;scar, sin embargo, es muy f&aacute;cil seguir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ana María y Laura preparan la comida para cincuenta personas en la escuela de Soba."
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                Ana María y Laura preparan la comida para cincuenta personas en la escuela de Soba.                            </span>
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        &Oacute;scar Zorrilla es uno de esos antiguos alumnos que sinti&oacute; en sus adentros lo que Bel&eacute;n, la directora de la escuela, admite tantos a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Lo que intentamos es ense&ntilde;ar que salgan fuera, que conozcan lo que hay, que valoren lo que tienen aqu&iacute; y que vuelvan&rdquo;. Son chicos del Valle de Soba que estudian la Secundaria en Ramales, el Bachillerato en Ampuero o la Universidad en Santander. A todos los lugares, sin embargo, llevan su orgullo de valle, aunque esas obligaciones acad&eacute;micas o laborales les mantengan alejados de una comarca donde m&aacute;s de la mitad de su poblaci&oacute;n activa trabaja la agricultura o ganader&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Ese peque&ntilde;o exilio, entonces, lo apaciguan viniendo mucho y junt&aacute;ndose entre ellos. Eso afirma &Oacute;scar, cuyo latido sobano jam&aacute;s se apag&oacute;. &ldquo;Los que han estudiado una carrera no viven en el valle porque no hay trabajo&rdquo;, admite, &ldquo;pero acaban volviendo mucho m&aacute;s tiempo cuando pueden. Y, normalmente les ves aqu&iacute; el fin de semana&rdquo;. &Eacute;l, que pas&oacute; diez a&ntilde;os en el colegio, regres&oacute; con su licenciatura debajo del brazo y un empleo del lugar en el que cerr&oacute; el c&iacute;rculo de sus anhelos: &ldquo;Yo ten&iacute;a muy claro que quer&iacute;a regresar, y no me voy&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Habitación de los alumnos en la escuela hogar de Soba.                            </span>
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        La uni&oacute;n entre alumnos del Jer&oacute;nimo se sigue consolidando todos los a&ntilde;os, admite &Oacute;scar, que mantiene engrasada la relaci&oacute;n con los ni&ntilde;os de su generaci&oacute;n. La mezcla entre edades, el reducido de n&uacute;mero de alumnos y ese amor por la tierra les unen m&aacute;s all&aacute; de sus cursos. La escuela y la relaci&oacute;n de los estudiantes y los vecinos del valle es m&aacute;s cercana, y ese s&iacute;mbolo de conexi&oacute;n son las puertas (f&iacute;sicas) siempre abiertas de la escuela. Es la gran familia a la que ya pertenecen un par de generaciones de alumnos. Un ejemplo: cuando llegaba el viernes, cuenta &Oacute;scar, los ni&ntilde;os no se quer&iacute;an ir a casa, aunque Ana Bel&eacute;n y Rosal&iacute;a, escuchan la afirmaci&oacute;n y, corrigiendo a los tiempos pasados, como si nada hubiera cambiado, dicen al un&iacute;sono: &ldquo;Y los hay&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Panorámica del Valle de Soba.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Sep 2024 21:31:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La escuela hogar de uno de los valles más incomunicados de Cantabria: "En la zona rural es un sacrificio tremendo estudiar"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Despoblación,Despoblación rural,Escuelas rurales,Educación]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La voz de los últimos pasiegos aislados: "Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora ¿a quién recurres?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/voz-ultimos-pasiegos-aislados-pasaba-echaba-mano-ahora-recurres_1_11633335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15ae8d4b-adaf-4155-a9bd-d4b55f9054e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1101492.jpg" width="4240" height="2385" alt="La voz de los últimos pasiegos aislados: &quot;Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora ¿a quién recurres?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Álvaro López es uno de los dos únicos vecinos que aún viven de manera permanente en Aldano, en San Pedro del Romeral. La soledad, el trabajo y el silencio marcan una vida a la vieja usanza</p><p class="subtitle">Entrevista  - José Javier Gómez, escritor: “Lo pasiego vende por los contrabandistas, las nodrizas, los sobaos y su idiosincrasia”</p></div><p class="article-text">
        A &Aacute;lvaro L&oacute;pez lo unen al mundo la radio y su memoria, aunque hace dos semanas que las voces salidas del transistor se fueron difuminando hasta fundirse en el silencio. Su memoria, sin embargo, es un espejo retrovisor en el que las escenas se suceden con una nitidez a prueba de archivo. &Eacute;l reconoce la buena la salud de esa parte de s&iacute; mismo que lo lleva a enlazar en voz alta, una y otra vez, nevadas, riadas, rayos y reba&ntilde;os de nubes. Porque la vida en Aldano, un manojo de caba&ntilde;as dispersas en las laderas del municipio c&aacute;ntabro de San Pedro del Romeral, late al ritmo de la misma tierra.
    </p><p class="article-text">
        El camino a casa de &Aacute;lvaro es tan enigm&aacute;tico como estos montes, en el l&iacute;mite con la provincia de Burgos, que durante siglos permanecieron incomunicados. La cita con uno de los dos &uacute;nicos vecinos instalados de forma permanente en Aldano &mdash;con permiso de una joven pareja recientemente instalada&mdash; es a las tres, quiz&aacute;s a las tres y media o cuatro. Las nubes se apelotonan contra el puerto de La Bragu&iacute;a y la carretera se va estrechando durante los &uacute;ltimos 12 kil&oacute;metros hasta convertirse en una pista de hierba con rodadas. 
    </p><p class="article-text">
        Los viajeros que se asomaban por los Montes de Pas hund&iacute;an las piernas en la nieve y el barro, como <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000899416" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribieron los reporteros de El Cant&aacute;brico</a> en noviembre de 1926 al mencionar &ldquo;los sinsabores sufridos durante las horas empleadas en realizar el viaje por caminos dif&iacute;ciles y solitarios, con tiempo inclemente&rdquo;. En los a&ntilde;os setenta, cansados de las penurias, los vecinos abrieron un camino por el que comenz&oacute; a llegar el correo, los v&iacute;veres y la primera cabina telef&oacute;nica a lomos de animales. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la conexi&oacute;n al mundo por tel&eacute;fono, en 1985, instalaron la luz el&eacute;ctrica, y eso era entrar en la modernidad. &ldquo;Nos parec&iacute;a raro&rdquo;, reconoce &Aacute;lvaro, que en sus primeros 37 a&ntilde;os de vida se hab&iacute;a alumbrado con un candil de petr&oacute;leo y, m&aacute;s tarde, uno de carburo, como en las minas: &ldquo;Pero as&iacute; es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro espera a la entrada de su caba&ntilde;a junto a dos perras, la amenaza de lluvia y grandes dosis de paciencia que en &eacute;l parecen domesticadas. El &uacute;nico vecino vive a medio kil&oacute;metro, por lo que hay semanas en las que no cruza palabras con nadie, as&iacute; que aprovecha la llegada del panadero los martes y la de otro hombre que viene &ldquo;con leche y vino&rdquo; los jueves para pegar la hebra. Todo el silencio acumulado en horas de sosiego, pues, se derraman en este encuentro entre prados, la compa&ntilde;&iacute;a de las perras y varias caba&ntilde;as de su propiedad.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Usted, entonces, es un terrateniente &mdash;bromeo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Lo de aqu&iacute; no vale nada &mdash;responde con seriedad&mdash;. Antes s&iacute;, pero ahora no: no pidas nada porque resulta que no tiene valor.
    </p><p class="article-text">
        El hombre que en ese momento se envuelve en nostalgia tiene 74 a&ntilde;os, un cabello blanco mudando a dorado y una alegr&iacute;a poco disimulada. &Eacute;l dice que no le queda m&aacute;s remedio que estar contento, que ese humor viene de sus tiempos de juventud, cuando altern&oacute; el ganado en estas tierras con el trabajo en una helader&iacute;a y asando casta&ntilde;as en Vitoria. Pero lleg&oacute; un momento en el que tuvo que definir su destino y tom&oacute; el camino de sus antepasados. 
    </p><p class="article-text">
        El de los L&oacute;pez-Ortiz era, de hecho, el principal linaje de Aldano, con ocho cabezas de familia de las 46 que hab&iacute;a en 1754, seg&uacute;n el Padr&oacute;n de Hidalgu&iacute;a de Entrambasmestas. M&aacute;s de tres siglos despu&eacute;s y sin dinero para invertir, &Aacute;lvaro fue reuniendo animales hasta acumular m&aacute;s de 70 ovejas y varias decenas de vacas, de las que hoy solo mantiene cuatro que rumian uno de los prados. Porque &Aacute;lvaro tambi&eacute;n est&aacute; cansado. Dice que ya no orde&ntilde;a, que apenas cultiva, que ya no llena los pajares ni los pisan los ni&ntilde;os, como se hac&iacute;a cuando los montones llegaban al techo Y, sin embargo, tambi&eacute;n dice que del lugar en el que ha nacido no se mueve, algo que me hab&iacute;a advertido uno de sus sobrinos: ni las nevadas, ni la pandemia, ni su caminar inclinado, ni sus obligaciones de segar a dalle y meter la hierba a belorta (brazadas de verde en varas de avellano) ni la sordera que me obliga a hablarle a gritos le arrancar&aacute;n de esta tierra. 
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            <span class="title">
                El ganadero Álvaro López caminando por sus fincas.                            </span>
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        Todos los d&iacute;as asciende la ladera repleta de frutales, enormes limacos, uno de los pinos insignes que su padre plant&oacute; en 1946 y hayas centenarias hasta llegar a la finca en la que pastan sus vacas. &ldquo;Hay que verlas: eso no es de ahora, es de siempre&rdquo;, dice junto a la caba&ntilde;a donde guarda el forraje y se ha echado tantas siestas. &ldquo;Yo te voy a ser claro&rdquo;, se sincera refugi&aacute;ndose de la lluvia que por fin aparece y donde almacena la hierba. &ldquo;Yo sin hacer nada estar&iacute;a peor. A veces me dicen que para qu&eacute; trabajo. &iquest;Pero qu&eacute; haces todo el d&iacute;a en casa? Nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero no se ha querido marchar de aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No &mdash;dice encogi&eacute;ndose de hombros, con naturalidad&mdash; porque ten&iacute;a el ganado ah&iacute;, me gustaba, y me marchar&eacute; el d&iacute;a que haya que marchar <em>pa&rsquo; all&aacute;</em>. Pero no vamos a pensar en eso...
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una poblaci&oacute;n en declive</strong></h2><p class="article-text">
        No solo los montes que rodean Aldano tienen nombre. Tambi&eacute;n el bosque espigado de casta&ntilde;os, robles, hayas y avellanos que reverdecen estos prados. O los r&iacute;os (Troja y Aldano) que descienden alegres. Y el Pozo Negro donde el agua, rumbo a Riolangos, remolonea. No solo su perra Negrita tiene nombre, aunque la otra perra est&eacute; sin bautizar. Su casa se llama Catialuca, y eso a pesar de que apenas se conozcan ya los hogares por el nombre que les dieron sus primeros moradores. Aqu&iacute; crecieron &Aacute;lvaro y sus cuatro hermanos, que cuidaban el ganado, sembraban ma&iacute;z, alubias y patatas, y se cruzaban con alguno de los 170 vecinos que a&uacute;n poblaban Aldano en 1960. &ldquo;Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora &iquest;a qui&eacute;n recurres?&rdquo;
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                    alt="Álvaro contempla sus cuatro vacas en un día lluvioso en Aldano."
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                Álvaro contempla sus cuatro vacas en un día lluvioso en Aldano.                            </span>
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        El &eacute;xodo de los a&ntilde;os setenta acab&oacute; por vaciar Aldano. A &Aacute;lvaro, enfrascado en el trabajo, no le sedujeron las promesas de una vida m&aacute;s universal. Sus pasos fueron por senderos rurales a Ontaneda, Entrambasmestas o San Pedro del Romeral, aunque a veces lamenta no haber andado mucho m&aacute;s all&aacute; de los Montes de Pas, Vitoria, Bilbao, algo de Navarra y un poco de Asturias. &ldquo;Pero si no se puede, no pasa nada&rdquo;, dice con esa alegr&iacute;a cuyo aroma, m&aacute;s que de resignaci&oacute;n, resulta de estoica aceptaci&oacute;n. &ldquo;Y hablar con el que sabe&rdquo;, matiza, &ldquo;porque si es uno que no sabe, &iquest;para qu&eacute; le vas a preguntar?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ese ha sido el mandamiento que ha intuido desde que se fue a trabajar a Vitoria y un hombre le regal&oacute; una revista en la que ley&oacute; que un neozeland&eacute;s hab&iacute;a conquistado el Everest en 1953. As&iacute; fue buscando &ldquo;gente que sab&iacute;a&rdquo; para nutrir su curiosidad y anhelos, y as&iacute; encontr&oacute; en San Pedro del Romeral a un ingeniero que hab&iacute;a trabajado en la Pen&iacute;nsula Escandinava y le contaba f&aacute;bulas de aquellos mundos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La casa de Álvaro está en un lugar bastante inaccesible en la montaña pasiega.                            </span>
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        La tarde avanza y la lluvia arrecia. Los prados est&aacute;n empapados y la hierba, alta. &Aacute;lvaro zigzaguea por una ladera con el cuerpo encorvado mientras la conversaci&oacute;n se entremezcla con su respiraci&oacute;n y sus jadeos y los bramidos para apartar a los animales de su paso: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; envidiosa eres!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;marcha!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;quita!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;z&aacute;ngana!&rdquo;. Este hombre vivaz y amable que dej&oacute; la escuela a los 13 a&ntilde;os maneja datos, frases que resultan sentencias y alocuciones que parecen discursos filos&oacute;ficos, adem&aacute;s de emplear continuamente palabras tan en desuso como sonoras: coster&oacute;n, empallar, vell&oacute;n, caco. &Eacute;l lo atribuye a su amor por la lectura y la compa&ntilde;&iacute;a de una radio que debe de reparar para suministrarse algo de actualidad. Lleva dos semanas sin saber qu&eacute; sucede all&aacute; afuera. &Eacute;l, sin embargo, prefiere leer sobre geograf&iacute;a: &ldquo;La historia no tanto porque parte de ello es mentira. La geograf&iacute;a, sin embargo, es verdad&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Su memoria tambi&eacute;n es verdad. En un momento, conservarla en buen estado, aunque sus recuerdos, vividos o escuchados, suelen llevar adosados alg&uacute;n evento atmosf&eacute;rico. Menciona los dos metros de nieve que cayeron en 1945 y el m&aacute;s de metro y medio de 1917, adem&aacute;s de abarcar riadas, fiebres tifoideas y rayos que han partido robles, reba&ntilde;os enteros de ovejas y la vida de un chico de 12 a&ntilde;os. Desde que el joven muri&oacute; a comienzos de los setenta, &Aacute;lvaro siente pavor por las tormentas que le arrinconaban en el fondo de la caba&ntilde;a. Otras veces apela a lugares que alberga en su imaginaci&oacute;n, como Nueva Caledonia o el Puerto de Piqueras, en Soria, donde ha escuchado que hay pinos: &ldquo;Y aqu&iacute; en el [Castro] Valnera no puede haberlos porque no hay tierra y no pueden enganchar. Y all&iacute;, le&iacute; yo, s&iacute;. Y ser&iacute;a verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No solo &Aacute;lvaro ha alumbrado la historia de Aldano. Los peri&oacute;dicos tambi&eacute;n han recogido su latido a lo largo del siglo XX, desde la gran nevada de marzo de 1925 que dej&oacute; &ldquo;bell&iacute;simo el panorama que ofrecen las monta&ntilde;as&rdquo; a manadas de lobos merodeando por los pueblos. Pero si el nombre de este reducto pasiego saltaba a las p&aacute;ginas de prensa se deb&iacute;a a acontecimientos extraordinarios en un territorio ex&oacute;tico para la ciudad. El peri&oacute;dico El Cant&aacute;brico, de hecho, mencionaba en un art&iacute;culo de 1933 la &ldquo;resignaci&oacute;n m&iacute;stica, muy propia a apoderarse de los esp&iacute;ritus en aquellas soledades de la regi&oacute;n de Pas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los accidentes, los incendios de casas, la creaci&oacute;n del servicio de correos en 1905, &ldquo;con obligaci&oacute;n de recoger y entregar en la estaci&oacute;n de Ontaneda y servir a Aldano&rdquo; o una &ldquo;corta fraudulenta de maderas&rdquo; eran materia prima que a veces salpicaba la prensa regional; un car&aacute;cter tan ajeno a la vida urbana que los peri&oacute;dicos tambi&eacute;n se tomaban licencias l&uacute;dicas, como la denuncia a cuatro chicos por parte de un hombre que El Cant&aacute;brico acab&oacute; despachando as&iacute;: &ldquo;Total: paseo de la Guardia Civil, visita de los se&ntilde;ores L&oacute;pez y compa&ntilde;&iacute;a al se&ntilde;or juez municipal y, color&iacute;n colorado, esta es la juerga de los de Aldano&rdquo;.
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                Álvaro López, bajo una intensa lluvia.                            </span>
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        Pero aqu&iacute; ya no hay diversi&oacute;n. Los vecinos se fueron, la escuela cerr&oacute; en 1973 y Benjam&iacute;n, el padre de &Aacute;lvaro, comenz&oacute; a dar clase a los tres ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos de maestro en la cocina de su casa. El cementerio hab&iacute;a dejado de recibir muertos cinco a&ntilde;os antes y la iglesia se cay&oacute; poco despu&eacute;s. El antiguo centro de Aldano, conocido como Los Picones, qued&oacute; sepultado por el monte y el olvido. &Aacute;lvaro prefiere no descender el sendero hacia R&iacute;olangos donde se enreda el r&iacute;o Adano, ya que la tristeza lo acabar&iacute;a de consumir: &ldquo;Claro que da pena, pero va a ser as&iacute;. Todo est&aacute; llamado a caerse y terminar en zarzales como esto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un futuro incierto</strong></h2><p class="article-text">
        A principios del siglo XXI, hubo intentos de resucitar la memoria del pueblo. Se cre&oacute; una pe&ntilde;a bol&iacute;stica y se instal&oacute; la Virgen de las Nieves, tallada en piedra arenisca, en un cruce de caminos. No hab&iacute;a iglesia, pero la patrona a la que se honra a finales de octubre constitu&iacute;a un nuevo centro neur&aacute;lgico en el que, al menos, la gente volv&iacute;a una vez al a&ntilde;o. Hay acuerdos: los dos &uacute;nicos vecinos son los anfitriones, &Aacute;lvaro remueve las casta&ntilde;as a mano en un movimiento singular, el cura da una misa en un lugar improvisado y todos reavivan el pasado. 
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro dice entre risas que ese d&iacute;a habla todo lo que no ha hablado el resto del a&ntilde;o. Esa es la excepci&oacute;n que vive Aldano antes de que el invierno se eche sobre el valle. &ldquo;Hay que estar habituado&rdquo;, dice de nuevo, &ldquo;porque la vida aqu&iacute; ha sido dura&rdquo;.<strong> </strong>Y el consuelo social aqu&iacute; es inexistente. El &uacute;nico bar en doce kil&oacute;metros a la redonda cerr&oacute; la semana pasada, las cartas llegan con cuentagotas a casa del vecino, que fue cartero, como su padre y su abuelo. Una soledad, en fin, que a ratos le remueve y, en un momento, le hace dudar de esta vida espartana. Al preguntarle si seguir&iacute;a viviendo en este retiro si pudiera elegir, por primera vez, muestra una breve duda, aunque esa tibia afirmaci&oacute;n r&aacute;pidamente gira a un &ldquo;pero tampoco lo s&eacute;&rdquo; para exhibir la en&eacute;sima muestra de entereza seguidamente: &ldquo;A m&iacute;, al fin y al cabo, quejas tampoco tengo, porque la vida me lo ha solucionado. Y si yo me qued&eacute; en esto es porque me gustaba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La casa en la que lee, acaricia a sus dos perras y el gato, cocina y sue&ntilde;a est&aacute; a 745 metros sobre el nivel del mar, un dato extra&iacute;do de los operarios que trajeron la luz en 1985. Las paredes y el techo de la cocina est&aacute;n cubiertas por una gruesa p&aacute;tina de holl&iacute;n que envuelve todo: una mesa, un fog&oacute;n, una radio, un tel&eacute;fono fijo y tres sillas, como Thoreau en su caba&ntilde;a de Walden: &ldquo;Una para la soledad, dos para la amistad, tres para la sociedad&rdquo;. Yo me siento en un tronco y bajo esta penumbra resquebrajada por un ventanuco y la bombilla espero a que &Aacute;lvaro, que ha desaparecido con sigilo, regrese tras rebuscar y traer los libros de geograf&iacute;a de los que se aprende capitales y desmenuza continentes. Guarda los doce vol&uacute;menes de la enciclopedia Salvat como un tesoro. Pero despu&eacute;s de mostrarlo y manosear un par de vol&uacute;menes fugazmente, las vuelve a guardar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Álvaro, en su casa, rodeado de enciclopedias de geografía.                            </span>
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        Un gato ma&uacute;lla y las perras se alborotan. &Eacute;l vuelve a bramar contra sus animales: &ldquo;&iexcl;Ay, &iexcl;qu&eacute; sinverg&uuml;enza eres, b&aacute;jate de ah&iacute;!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;bajad de ah&iacute;, que me romp&eacute;is todo!&rdquo; o &ldquo;&iexcl;deja de <em>lamber </em>ah&iacute;&rdquo; antes de que se acomoden en su rinc&oacute;n y me explique la naturaleza de las continuas &oacute;rdenes a sus compa&ntilde;eras: &ldquo;Son un poco envidiosas porque quieren que las est&eacute; todo el d&iacute;a sobando a las dos. Pero eso, bueno, es ley de vida. No son malas, eso no, ni quiero tampoco&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para apaciguar los <em>lambidos</em>, &eacute;l distribuye las caricias hasta que la oscuridad se espesa afuera y las perras se enroscan. &Aacute;lvaro sabe, entonces, que ya no saldr&aacute;n de casa: hervir&aacute; una sopa de fideos y dar&aacute; a los animales una comida de regusto algo amargo. La nevera no funciona y la lavadora &ldquo;no da vueltas&rdquo;. Y el electricista a&uacute;n no se ha asomado por Catialuca. Yo me asom&eacute; esta tarde, cuando aquel hombre apostado en la puerta de su caba&ntilde;a quemaba la espera junto a sus perras, la amenaza de lluvia y sus pensamientos, y no se ve&iacute;a nada: la bombilla tambi&eacute;n estaba estropeada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Interior de la vivienda de Álvaro López en Aldano.                            </span>
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        La tarde se ha consumido casi por completo y, antes de despedirse con un sencillo gesto, sin importancia, hace muestra de su prodigiosa memoria y recita los versos que ley&oacute; en la hoja de un calendario mientras custodiaba a los nabos de las ovejas en marzo de 1961. Los versos fluyen con una ligereza impropia de quien los guarda en la cabeza desde hace m&aacute;s de 60 a&ntilde;os. Paladea los versos, contempla mi asombro y al acabar de carrerilla el poema, y a rebufo de la declamaci&oacute;n, se arranca con 'La vida es sue&ntilde;o':
    </p><p class="article-text">
        <em>Es verdad, pues: reprimamos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> esta fiera condici&oacute;n,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> esta furia, esta ambici&oacute;n,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> por si alguna vez so&ntilde;amos&hellip;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/voz-ultimos-pasiegos-aislados-pasaba-echaba-mano-ahora-recurres_1_11633335.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Sep 2024 19:27:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La voz de los últimos pasiegos aislados: "Antes pasaba algo y cualquiera te echaba una mano; pero ahora ¿a quién recurres?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Despoblación,Medio rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El oratorio de San Millán de la Cogolla podría estar en Valderredible: “Si no hemos rozado la tumba, poco le falta”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/oratorio-san-millan-cogolla-valderredible-si-no-hemos-rozado-tumba-le-falta_1_11604688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37a6a42a-277d-4276-9f56-29ea0f895680_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El oratorio de San Millán de la Cogolla podría estar en Valderredible: “Si no hemos rozado la tumba, poco le falta”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un equipo de arqueólogos asegura que el yacimiento que han excavado por tercer verano consecutivo en un pequeño reducto palentino podría ser el santuario ubicado históricamente en el Monasterio de Suso</p><p class="subtitle">Reportaje - Los más de 3.500 petroglifos descubiertos por aficionados aumentan el patrimonio rupestre de Cantabria</p></div><p class="article-text">
        El grupo es grande, alegre, intuitivo. Brindan antes de comer, visitan arroyuelos por las tardes y charlan sobre su objetivo com&uacute;n a todas horas. &ldquo;Ahora nos falta encontrar al Santo Grial&rdquo;, dice Manuel durante la comida. &ldquo;Pero eso es un objeto, y ya tenemos el lugar&rdquo;, matiza Carlos.
    </p><p class="article-text">
        Manuel es pausado. David y Jes&uacute;s, callados. Eulogio, sin embargo, se prodiga en bromas. Rodolfo es actor de teatro y Ana desprende un sencillo pero prodigioso saber. Y Carlos Lamalfa, director de una &ldquo;excavaci&oacute;n at&iacute;pica dentro del mundo arqueol&oacute;gico&rdquo;, es locuaz. Entre el tintineo de paletillas y los mugidos de una excavadora, Lamalfa recuerda que la campa&ntilde;a de Berzosilla, en la zona de Valderredible, est&aacute; siendo &ldquo;espectacular&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es el tercer verano que este batiburrillo de amigos de procedencias dispares trabaja bajo el aval del <a href="https://institutosautuola.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instituto de Prehistoria y Arqueolog&iacute;a Sautuola</a> mientras consiguen fondos, sacan toneladas de tierra y afinan una l&oacute;gica que a Lamalfa, que ha trabajado en Juli&oacute;briga, Herrera de Pisuerga o el castillo de Arg&uuml;eso de la mano de ilustres arque&oacute;logos como Miguel &Aacute;ngel Garc&iacute;a Guinea o Ces&aacute;reo P&eacute;rez; que ha colaborado con el departamento de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria y el Centro de Estudios del Rom&aacute;nico; que ha publicado decenas de art&iacute;culos <a href="https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=170669" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en revistas arqueol&oacute;gicas</a>, que ha escrito poemas aplaudidos por Jos&eacute; Hierro y ha agitado el avispero pol&iacute;tico y judicial de la comarca y alrededores, le est&aacute; llevando a lanzar una hip&oacute;tesis vertiginosa: este cenobio colectivo, excavado en piedra arenisca y compuesto por cuatro cub&iacute;culos en torno a un gran patio, es el oratorio de San Mill&aacute;n de la Cogolla. El Santo Grial, pues, ser&iacute;a su tumba vac&iacute;a. &ldquo;Si ah&iacute; no la hemos rozado&rdquo;, explica un optimista Lamalfa frente al cub&iacute;culo que recibe los primeros rayos de sol, &ldquo;poco le falta&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Aspecto de la excavación en Berzosilla.                            </span>
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        El director de la excavaci&oacute;n ha hurgado las tierras de medio Valderredible, aunque durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os lo ha hecho junto a Javier Pe&ntilde;il, codirector de esta aventura &mdash;&ldquo;no hemos estado en ning&uacute;n lado y hemos estado en todos&rdquo;, bromea&mdash; que comenz&oacute; al llegar a sus o&iacute;dos que un vecino hab&iacute;a hundido la pierna en un boquete. Su olfato le dijo inmediatamente que, en aquel min&uacute;sculo pueblo de Palencia, una excepci&oacute;n administrativa en Valderredible, &ldquo;hab&iacute;a tomate&rdquo;. La alianza entre Pe&ntilde;il y Lamalfa, entonces, desemboc&oacute; en una excavaci&oacute;n que lo desaf&iacute;a todo. Pero d&eacute;cadas de singular trayectoria profesional, incluida el activismo y la abogac&iacute;a, le han ejercitado m&uacute;sculo para plantear su hip&oacute;tesis y sostener una m&aacute;s que probable guerra dial&eacute;ctica de guerrillas. 
    </p><p class="article-text">
        Lamalfa tiene 71 a&ntilde;os y una habilidad felina. Sube y baja las escaleras met&aacute;licas que van al patio, gatea por la galer&iacute;a que han abierto hasta los pelda&ntilde;os, acaricia las paredes del templo como si fueran de terciopelo y no de &aacute;spera arenisca y habla con un entusiasmo casi m&aacute;gico en el yacimiento, por tel&eacute;fono o en el alojamiento en el que el equipo duerme, fantasea y bebe vino artesano, como los romanos. &Eacute;l, por si acaso, asegura que no les transmite todo lo que sabe o imagina para no asustarles, aunque la l&iacute;nea roja de la superficie que abarca la excavaci&oacute;n bajo nuestros pies sugiere que esto es solo el inicio de un delirio colectivo. 
    </p><p class="article-text">
        Luego, cuando re&uacute;nan fondos para seguir alimentando al grupo, alquilar material y seguir rebuscando en la historia, sajar&aacute;n la plancha de hormig&oacute;n, retranquear&aacute;n el muro de piedra, extraer&aacute;n m&aacute;s kilos de cer&aacute;mica en una zona donde la alfarer&iacute;a marc&oacute; su car&aacute;cter durante la Edad Media y podr&aacute;n abrir m&aacute;s agujeros en este peque&ntilde;o enclave del coraz&oacute;n de Valderredible. En la entrada del pueblo, por ejemplo, ya han arrastrado la m&aacute;quina que lee el subsuelo con resultados esperanzadores, con permiso del margen de error de la tecnolog&iacute;a: bajo tierra, esparcidos por Berzosilla, se intuyen m&aacute;s cub&iacute;culos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Labores de vaciado del yacimiento de Berzosilla.                            </span>
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        Pero a&uacute;n es agosto y, durante el pen&uacute;ltimo d&iacute;a de trabajo bajo un sol fulgurante que hoy apenas castiga, se contempla el poso de los siglos a pesar de que unos vecinos comenten que el grupo se ir&aacute; y dejar&aacute; la excavaci&oacute;n reposando, como destartalada. Carlos Lamalfa, entonces, redactar&aacute; el proyecto para recibir fondos, acopiar&aacute; el &aacute;nimo para perge&ntilde;ar el correspondiente art&iacute;culo cient&iacute;fico y seguir&aacute; defendiendo la singularidad de un hallazgo que apunta al siglo VI. El cenobio, explica, bien podr&iacute;a haberse dividido en un oratorio, otro cub&iacute;culo dedicado al bautismo, un dormitorio colectivo y otra zona de servicio con objetos lit&uacute;rgicos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esa secuencia, agitada por la fugaz duda que se le escapa en un instante, se resuelve al afirmar que esto solo puede ser el oratorio de San Mill&aacute;n. &ldquo;Es que es totalmente diferente a todo lo que hay en Valderredible&rdquo;, insiste Lamalfa antes de subrayar c&oacute;mo se conocen iglesias excavadas en roca junto a un cub&iacute;culo o grupos de eremitorios de ascetas, pero no se han hallado espacios de esta compleja estructura. Y eso, en uno de los valles con m&aacute;s arquitectura rupestre de la Pen&iacute;nsula, es ya algo excepcional: &ldquo;Yo creo que hay tanto rupestre en Valderredible porque hay un seguimiento a San Mill&aacute;n: es la l&oacute;gica que se me ocurre en vista de lo que hay&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una pol&eacute;mica garantizada</strong></h2><p class="article-text">
        Carlos Lamalfa conoc&iacute;a la hip&oacute;tesis de que el oratorio de San Mill&aacute;n, que vino al mundo en el a&ntilde;o 474 bajo el nombre de Emiliano, pod&iacute;a estar en Valderredible. Lo sab&iacute;a de refil&oacute;n, aunque tras avanzar durante la tercera campa&ntilde;a en Berzosilla y comprobar la disposici&oacute;n original del yacimiento, &ldquo;en medio de Valderredible y totalmente diferente al resto&rdquo;, esa lejana teor&iacute;a se fue convirtiendo en &iacute;ntima certeza.
    </p><p class="article-text">
        El origen del rumor lo desat&oacute; el ling&uuml;ista Gregory Kaplan, que en <a href="https://www.cantabria.es/web/consejeria-de-educacion/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_DETALLE/16413/3087619" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El culto a San Mill&aacute;n en Valderredible</em></a>, editado y patrocinado en 2007 por el Gobierno de Miguel &Aacute;ngel Revilla (PRC), asegur&oacute; que aquel pastor de ovejas nacido en Berceo acab&oacute; sus d&iacute;as en Valderredible. El investigador estadounidense basaba su argumentaci&oacute;n en la hagiograf&iacute;a que San Braulio hab&iacute;a escrito 70 a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte. <em>Vita Sancti Emiliani</em> es la primera y m&aacute;s fiable fuente sobre la vida del eremita, y Kaplan realiza una relectura que avala la vida asc&eacute;tica de San Mill&aacute;n en Valderredible durante sus &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas de vida. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El director de la excavación está ampliando las tesis de Kaplan.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Para situar el oratorio en Valderredible, el profesor de la Universidad de Tennessee se basa en curaciones que Emiliano realiz&oacute; a mujeres llegadas de Amaia, la antigua capital de los c&aacute;ntabros, situada a 20 kil&oacute;metros de aqu&iacute;, a la presencia de la criada de un senador del gobierno local antes de la conquista visigoda de estas tierras en 574 o a las palabras de San Braulio acerca de la curaci&oacute;n de los senadores Nepociano y Proesia: &ldquo;No hay entre los c&aacute;ntabros quien no pudiera haberlo visto u o&iacute;do&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lamalfa refuerza esa tesis al asegurar que los pasos de huida de Emiliano ten&iacute;an que haberle llevado lejos del Monasterio de San Mill&aacute;n de Suso, donde se ha situado tradicionalmente su oratorio. Emiliano hab&iacute;a sido enviado a Berceo, su pueblo natal, por el obispo de Zaragoza despu&eacute;s de ganarse una reputaci&oacute;n entre los adeptos que acud&iacute;an a visitarlo en el monte Distercio, en las cercan&iacute;as del monasterio de San Mill&aacute;n de la Cogolla, donde se hab&iacute;a retirado despu&eacute;s de iniciarse espiritualmente. 
    </p><p class="article-text">
        Su inc&oacute;lume compromiso con la fe, sin embargo, le llev&oacute; a actuar en contra de los intereses de la iglesia y fue expulsado de la instituci&oacute;n. Lamalfa cree la persecuci&oacute;n lo hizo huir r&iacute;o Ebro arriba para alejarse de las amenazas en lugar de instalarse en San Mill&aacute;n de la Cogolla, como siempre se ha sostenido, tan cerca de Berceo, de donde huy&oacute;. La comunidad asc&eacute;tica en torno a &eacute;l, por lo tanto, se habr&iacute;a as&iacute; formado en Valderredible y no en La Rioja. &ldquo;Cantabria fue tribal hasta el siglo VIII&rdquo;, razona el arque&oacute;logo, que recuerda que la Iglesia a&uacute;n no se hab&iacute;a instalado en el territorio c&aacute;ntabro debido a la penetraci&oacute;n y fortaleza de vieja espiritualidad de las tribus colectivistas que la habitaban.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Uno de los cubículos de la excavación de Berzosilla, que podría ser un posible oratorio."
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            <span class="title">
                Uno de los cubículos de la excavación de Berzosilla, que podría ser un posible oratorio.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Pero la tesis de Kaplan, ampliada ahora por Lamalfa, fue r&aacute;pidamente refutada en un art&iacute;culo escrito por <a href="https://revistanivelcero.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/08/nc_12_08.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enrique Guti&eacute;rrez Cuenca y Jos&eacute; &Aacute;ngel Hierro G&aacute;rate</a>, quienes aseguraban que la biograf&iacute;a de San Mill&aacute;n se limitaba a La Rioja. San Braulio escribe en su texto que el santo habitaba en el <em>castellum Bilibium</em>, y seg&uacute;n los autores del art&iacute;culo, el castillo est&aacute; relacionado con las pe&ntilde;as Bilibio, en Haro, en cuyas alturas hay restos arqueol&oacute;gicos. Tambi&eacute;n sostienen que el monte Distercio se ubica en el monte del Castillo, muy cerca del monasterio de Suso, y atajan el argumento del profesor americano al asegurar que San Braulio &ldquo;proporciona una informaci&oacute;n que, por s&iacute; sola, echa por tierra el fundamento de todas las tesis de Kaplan&rdquo;. Lamalfa, sin embargo, asegura que el art&iacute;culo publicado en <a href="https://revistanivelcero.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nivel Cero</a>, la revista arqueol&oacute;gica del extinto grupo ATTICA, descartaba la posibilidad de que el oratorio estuviese en Valderredible sin aportar datos concretos. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y si no fuera el oratorio&hellip;?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es un cenobio colectivo espiritual, sin duda &mdash;asegura el director de la excavaci&oacute;n&mdash;. Podr&iacute;a haber otra posibilidad, pero como arque&oacute;logo no la conozco. 
    </p><p class="article-text">
        Otros cinco o seis arque&oacute;logos que han visitado el yacimiento han expendido sugerencias que a Lamalfa no le encajan. Podr&iacute;a ser un lagar, le han dicho, un taller cer&aacute;mico o una serrer&iacute;a. Podr&iacute;a ser, en fin, un lugar dedicado al trabajo. Pero ese patio, estos cub&iacute;culos, esos retalles al este, esos pelda&ntilde;os que entran por un lado y salen por otro, le susurran que su arquitectura no encaja ni en el molde moderno ni en el medieval. Solo puede pertenecer al rupestre. &ldquo;Todos sabemos que es algo gordo&rdquo;, asegura. &ldquo;La cuesti&oacute;n es saber qu&eacute;&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Horizonte combativo</strong></h2><p class="article-text">
        Si Carlos Lamalfa pudiera vivir en otro tiempo lo har&iacute;a en la Edad del Bronce, aunque su &uacute;ltima aventura le ha llevado a la Berzosilla de 574. Solo se asomar&iacute;a diez minutos a trav&eacute;s de la excavaci&oacute;n entre el rechinar met&aacute;lico de herramientas y el bramido de un John Deere con solera. Es la en&eacute;sima vez que afirma no haber visto nada igual y la primera que confirma una sospecha: que el rupestre del valle tiene que ver con la peregrinaci&oacute;n a Valderredible que sigui&oacute; a la muerte de San Mill&aacute;n, muy anterior a la peregrinaci&oacute;n a Santiago. Lamalfa, de hecho, cree que las iglesias y celdas rupestres del valle, formadas por arcos de herradura, posteriores al siglo VI, y no b&oacute;vedas de medio ca&ntilde;&oacute;n como las del cenobio hallado, tienen que ver con el im&aacute;n espiritual que supuso el oratorio de Emiliano.
    </p><p class="article-text">
        En Valderredible, ciertamente, hay iglesias rupestres, como la de Arroyuelos, Campoo de Ebro o Santa Mar&iacute;a de Valverde. Pero tambi&eacute;n se han estudiado grupos de celdas erem&iacute;ticas en Sobrepenilla y Villamo&ntilde;ico que nada tienen que ver con esta estructura, as&iacute; que, entre el torbellino de pensamientos surgidos de Berzosilla, el grupo busca pruebas, alg&uacute;n punto, una tumba vac&iacute;a, algo &mdash;el Santo Grial&mdash; donde el siglo VI se muestre sin tapujos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ana, consultando la brújula tras intuir una estrella en el suelo."
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                Ana, consultando la brújula tras intuir una estrella en el suelo.                            </span>
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        Lamalfa est&aacute; convencido de que llegar&aacute; ese momento, pero tambi&eacute;n sabe (y asume) que al art&iacute;culo que ya humea en su cerebro le seguir&aacute; una tromba de cr&iacute;ticas y acusaciones casi de blasfemia. No le preocupan las reyertas que puedan surgir al apoyar la tesis de aroma pol&iacute;tico-regionalista de Kaplan, puesto que el yacimiento se encuentra en un reducto de Palencia. El investigador americano lleg&oacute; a acusar de &ldquo;postura antic&aacute;ntabra&rdquo; a Gonzalo de Berceo debido a las mutilaciones a las que, seg&uacute;n Kaplan, someti&oacute; su biograf&iacute;a del siglo XII a San Mill&aacute;n para desvincular su vida de Cantabria (que en tiempos de Emiliano se desparramaba por las actuales Asturias, Burgos, Le&oacute;n y Palencia) en favor de La Rioja.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Lamalfa sabe que si contin&uacute;a ampliando el radio de b&uacute;squeda y logra friccionar el druida y el arque&oacute;logo de su cabeza (&ldquo;solo es pensar como ellos&rdquo;, asegura) hasta lograr una chispa, su tesis mover&aacute; los s&oacute;lidos cimientos de un fragmento de la historia. Tener las riendas de la excavaci&oacute;n es una garant&iacute;a para demostrar que la iglesia cat&oacute;lica no es el cristianismo y que el turismo de reliquias, motor de las econom&iacute;as locales, fundament&oacute; aquella tergiversaci&oacute;n. Pero en alg&uacute;n momento de esta sucesi&oacute;n de confesiones se asoma el temor a que el proyecto, si prosperan los hallazgos y la reputaci&oacute;n, pueda ser arrebatado. &ldquo;Lo que viene despu&eacute;s es la cuesti&oacute;n&rdquo;, repite una y otra vez, &ldquo;pues si entra dinero tambi&eacute;n empieza a entrar gente&rdquo;. Su consuelo es la ley no escrita de que el director de una excavaci&oacute;n mantiene el tim&oacute;n hasta el final porque a los arque&oacute;logos les interesan los descubrimientos, &ldquo;la materia prima para ir a congresos&rdquo;, no recoger el testigo de un yacimiento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                David, miembro del equipo, trabaja junto al yacimiento.                            </span>
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        Pero la ley no est&aacute; escrita y, en los a&ntilde;os noventa, cuando <a href="https://www.vacarizu.es/Cuadernos/Cuaderno_20/Conjunto_arqueologico_San_Pantaleon.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">excavaron la necr&oacute;polis de San Pantale&oacute;n</a>, el equipo compr&oacute; los terrenos para evitar interferencias: la sombra de la expropiaci&oacute;n siempre puede acechar. &ldquo;Pero eso es m&aacute;s complicado porque yo soy arque&oacute;logo y abogado&rdquo;, dice antes de dejar una breve pausa. Entonces toma aliento, muda el tono combativo de sus palabras y dice que la vida le ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;: &ldquo;Por algo ser&aacute;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/oratorio-san-millan-cogolla-valderredible-si-no-hemos-rozado-tumba-le-falta_1_11604688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2024 21:04:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El oratorio de San Millán de la Cogolla podría estar en Valderredible: “Si no hemos rozado la tumba, poco le falta”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Valderredible,Arqueología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vanesa Fernández, panderetera: "Prefiero que hagan una escenificación del folclore antes de que se muera"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/vanesa-fernandez-panderetera-prefiero-hagan-escenificacion-folclore-muera_1_11452122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2bbeda84-9a88-4fbb-a7eb-3295e620221c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vanesa Fernández, panderetera: &quot;Prefiero que hagan una escenificación del folclore antes de que se muera&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La folclorista mantiene viva la música tradicional con un instrumento cuyo uso en Cantabria está documentado desde hace más de cinco siglos: clases, actuaciones y estudio de las mayores son su manera de mantener vivo el legado popular</p><p class="subtitle">Perfil - Fidel González, el rabelista de Proaño: "Los de antes sabían mucho aunque no supieran nada, pero no se les hace caso"</p></div><p class="article-text">
        Las sonajas met&aacute;licas retumban a los pies del Puerto de Alisas. La m&uacute;sica se escapa de los muros de mamposter&iacute;a de las antiguas escuelas del Barrio de Arriba, donde Vanesa Fern&aacute;ndez repite la secuencia, <em>centro, aro, centro, aro, centro, aro, aro, aro</em>, hasta que la docena de alumnas y alg&uacute;n alumno funden sus sonidos en el suyo. 
    </p><p class="article-text">
        Su voz aguda, tras las indicaciones, se eleva por encima de la pandereta y comienza a entonar <em>La Lola</em>, una letra que conoci&oacute; en boca de Josefa Guti&eacute;rrez, una panderetera de Selaya.
    </p><p class="article-text">
        <em>All&aacute; arriba, en aquel alto,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hay un piment&oacute;n florido,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mocitos que vais a rolda,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no le pis&eacute;is el roc&iacute;o.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es jueves y el grupo alterna el ensayo con bromas y alg&uacute;n comentario. Es la naturaleza de esta fiesta que todas las semanas se sucede en un edificio centenario de Riotuerto en el que Vanesa, que creci&oacute; entre la m&uacute;sica del D&uacute;o Cantabria y la Ronda Garcilaso, se deja la voz y las manos. Es lo que me hab&iacute;a dicho unos d&iacute;as antes entre el verde el&eacute;ctrico de los prados de finales de primavera, cuando apareci&oacute; con dos panderetas manoseadas, pasi&oacute;n desbordante y una confesi&oacute;n que descorcha su biograf&iacute;a: &ldquo;Mi vida es el folclore&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Era la carta de presentaci&oacute;n de esta solariega de 34 a&ntilde;os que se adentr&oacute; en el mundo del folclore &ldquo;de rebote&rdquo;, cuando quemaba el tiempo hasta que su hermano mayor sal&iacute;a de las actividades extraescolares en el colegio. Pero en la espera, aquella ni&ntilde;a que a&uacute;n no hab&iacute;a alcanzado Primaria atornillaba la mirada en las clases de danzas regionales, cuya profesora, vecina del barrio, la invitaba a participar. Antes, sin embargo, tuvieron que derribarse los muros de la paciencia para que su madre accediera a que la ni&ntilde;a cumpliera con su destino; un destino inevitable. &ldquo;Si no tienes la suerte de nacer en una familia a la que le guste la tradici&oacute;n y a ti te guste, es muy dif&iacute;cil meterse en el folclore&rdquo;, admite. Ella cumpli&oacute; las dos condiciones: su padre cantaba canciones monta&ntilde;esas que a ella le removieron. Con la voz de la sangre intacta y las ense&ntilde;anzas de la profesora, Vanesa comenz&oacute; su camino en la m&uacute;sica popular. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vanesa Fera se introdujo en el folclore a los cinco años.                            </span>
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        Iniciarse en el folclore tiene algo de resistencia, soledad y de ir a contracorriente. Llevar la pandereta en el coche, tambi&eacute;n. Ella, que empez&oacute; aporreando la caja de galletas danesas en la que su madre guardaba las monedas de la leche que vend&iacute;a, asume esa extra&ntilde;a pasi&oacute;n que le hace seguir el rastro a romer&iacute;as, fiestas y ferias all&aacute; donde una pandereta retumba. M&aacute;s tarde, cuando obtuvo el carn&eacute; de conducir, empez&oacute; a frecuentar tabernas de Carmona, Bielva o Reinosa, donde la tradici&oacute;n se manten&iacute;a en tonadas y jotas. En Cabu&eacute;rniga, Nansa o Campoo sol&iacute;a encontrar nichos de m&uacute;sica popular que, en el resto de Cantabria, eran dif&iacute;ciles de hallar. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te buscabas la vida para seguir aprendiendo&rdquo;, dice tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, &ldquo;porque de Torrelavega para ac&aacute; estaba vac&iacute;o: el folclore era inexistente&rdquo;.&nbsp;No es extra&ntilde;o que, a lo largo de este encuentro, Vanesa se detenga, una y otra vez, en esas inc&oacute;gnitas: no sabe por qu&eacute; se ha ido perdiendo la pandereta, no tiene ni idea de porqu&eacute; ha desaparecido en lugares donde se tocaba y ya no se encuentre ni un testimonio, no entiende c&oacute;mo un pueblo puede darle la espalda a aquello que lo ha moldeado. Ella, por si acaso, sigue preguntando a sus alumnos. Pero ellos &mdash;ellas&mdash; le devuelven la misma inc&oacute;gnita. Incluso en Soba, donde hay registros del uso extendido de la pandereta, dice, no ha sido capaz de encontrar testimonios: &ldquo;Se ha perdido todo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas que Soltxu, con quien Vanesa se form&oacute; entre 2003 y 2005 en la escuela de folclore de Medio Cudeyo, comenz&oacute; a recorrer Cantabria en busca de pandereteras. As&iacute; grab&oacute; en sus salones y cocinas a Malena, de Rionansa; a Bondad Amor, de Lantueno; a Angelines y Sarito, de Alo&ntilde;os; a M&oacute;nica Rodr&iacute;guez, de Olea; a Amelia, de Aldea de Ebro; o a Florinda, de San Vicente del Monte. Ellas eran supervivientes de un tiempo en el que el sonido de aquellas pieles de oveja o cabrito tensadas por un anillo de madera impregnaban las fiestas populares.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un grupo de alumnas en clase de pandereta."
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                Un grupo de alumnas en clase de pandereta.                            </span>
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        No es extra&ntilde;o que Vanesa, desbordada por el folclore y sus consecuencias, se rindiera despu&eacute;s de alg&uacute;n coqueteo con la gaita: no pod&iacute;a soplar y cantar al mismo tiempo. Aquella generaci&oacute;n que Soltxu grab&oacute; con urgencia, a veces a contraluz y con planos extra&ntilde;os, ha ido desapareciendo. Al menos, suspira Vanesa, aquel patrimonio no se perdi&oacute; gracias a la labor de su maestra. A ella, sin embargo, le llegan soplos de mujeres que tocan el instrumento, aunque lamenta que esas perlas del acervo cultural no sean apreciadas ni siquiera para sus amigos: hace poco, por ejemplo, descubri&oacute; que la t&iacute;a abuela de una amiga tocaba la pandereta. Pero lo supo despu&eacute;s de llegar a Quiqui gracias a una sobrina de la panderetera a la que daba clases en Cay&oacute;n. &ldquo;Lo que tienes cerca no le das ning&uacute;n m&eacute;rito&rdquo;, observa. &ldquo;Y la gente no da ninguna importancia a decir que su abuela toca la pandereta. No se valora&rdquo;. Quiqui se ha sumado as&iacute; a la n&oacute;mina de pandereteras de Alo&ntilde;os, Angelines y Sarito, identificadas por las apasionadas al instrumento.
    </p><p class="article-text">
        En el mundo rural no siempre se ha sabido enaltecer el talento (voz, pandereta, baile) del folclore. Es algo que le sorprende a Vanesa cuando llega a casas de se&ntilde;oras y, entre horas de an&eacute;cdotas, caf&eacute;s y m&uacute;sica, muestran asombro por la visita de quienes anhelan arte y consejo. Ella tira de recuerdos de infancia. &ldquo;Si mi padre cantaba en el bar, la gente pensaba que estaba borracho&rdquo;, dice Vanesa antes de responderse a s&iacute; misma con orgullo: &ldquo;No, es que igual canta bien y est&aacute; manteniendo las tradiciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, treinta panderetas fueron a cenar a un restaurante de Santander y sacaron los instrumentos. El grupo de la mesa de al lado, entre risas, ve&iacute;a el espect&aacute;culo de voz y pandereta ajeno. Esa distancia, a ratos desprecio -&ldquo;para ellos &eacute;ramos un circo&rdquo;, dice- tampoco es una nueva revelaci&oacute;n, como mostraba aquel art&iacute;culo publicado en un peri&oacute;dico de principios de siglo pasado en el que el plumilla despachaba el arte diciendo que &ldquo;la pandereta se aporrea y suena&rdquo;. Hubo contrapeso, como el que ejerci&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda en <em>El sabor de la tierruca </em>al hablar de aquellas &ldquo;mozas de buena mano&rdquo; que tocaban la pandereta.
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                Vanesa Fera muestra su pandereta desgastada.                            </span>
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        El instrumento, ciertamente, es un artefacto sencillo y humilde de madera, piel de oveja o cabrito y sonajas met&aacute;licas que, para Sixto C&oacute;rdova, sacerdote y recopilador de tradiciones en su <em>Cancionero Popular de Santander, </em>&ldquo;cifra realmente el car&aacute;cter monta&ntilde;&eacute;s&rdquo;. En la voluminosa obra de mitad del siglo XX dice que la pandereta &ldquo;es la preferida de las cantadoras, porque se deja manejar a placer y se somete a su impresi&oacute;n soberano, mejor que cualquier otro instrumento acompa&ntilde;ante&rdquo;. Su uso estuvo tan extendido, era tan democr&aacute;tico y estaba tan arraigado en el pueblo que su valor qued&oacute; sepultado por otros instrumentos, como el pito y el tambor, en los d&iacute;as de fiesta grande. 
    </p><p class="article-text">
        A las mujeres, que cantaban a la salida de misa y contaban amores, que celebraban el &uacute;ltimo d&iacute;a de siega, que amenizaban las largas caminatas a las romer&iacute;as y compart&iacute;an la pandereta en una tradici&oacute;n centenaria, que jam&aacute;s recib&iacute;an dinero por engrasar el alma de la tradici&oacute;n, eran sustituidas por grupos o picayos a los que se contrataba: la muestra definitiva del desprecio. Por eso, Vanesa ejerce su derecho a dudar o ignorar, por en&eacute;sima vez, por qu&eacute; la pandereta y la m&uacute;sica tradicional, que siempre predomin&oacute; en los pueblos, se margin&oacute;, aunque despu&eacute;s de rebuscar en su memoria, extrae una triste reflexi&oacute;n: &ldquo;Yo te lo digo como lo sent&iacute; cuando era joven: es cosa de paletos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una larga historia</strong></h3><p class="article-text">
        La pandereta aparece en el G&eacute;nesis con el nombre de adufe, ya que los testimonios aseguran que el pandero fue tra&iacute;do a Espa&ntilde;a por los &aacute;rabes. Su existencia, adem&aacute;s de en el Antiguo Egipto, se ha encontrado en un antiguo mosaico de Pompeya. Y aunque <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/sociedad/fallece-lines-vejo-panderetera-caloca_1_6080043.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lines Vejo, la legendaria panderetera de Caloca</a>, le cont&oacute; a la etnomusic&oacute;loga italiana Grazia Tuzi a finales de los noventa el mito de origen de la pandereta, que asegura que el instrumento naci&oacute; del amor de un ni&ntilde;o a un cordero, que muri&oacute; y &eacute;l conserv&oacute; su piel, la puso a secar y escuch&oacute; el tamborileo de un p&aacute;jaro sobre ella junto a su caba&ntilde;a, las primeras referencias en Cantabria tienen m&aacute;s de cinco siglos. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando Carlos I lleg&oacute; a San Vicente de la Barquera en 1517, le recibi&oacute; un grupo de pandereteras. M&aacute;s de cien a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1623, otro grupo de mujeres recibi&oacute; a Sir Richard Wynn, un cortesano gal&eacute;s que iba rumbo a Madrid y que, despu&eacute;s de pasar por Santander y despellejar a sus habitantes, a quienes tachaba de sumisos ante el rey, fue recibido por m&uacute;sica salida de &ldquo;una cosa parecida a la cabeza de un tambor que tocan con los dedos&rdquo;, como se lee en la cr&oacute;nica de su visita, que continuaba: &ldquo;As&iacute;, manteni&eacute;ndose en c&iacute;rculo con las manos, dan vueltas sin ninguna otra variaci&oacute;n, cantando todos juntos con tal discordancia que r&aacute;pidamente nos agotaron a todos los que les contempl&aacute;bamos de pie. Sus mujeres acostumbran a jugar a un juego bien conocido en Inglaterra, pinan bolos y lanzan una bola contra ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las viejas referencias a esta m&uacute;sica tradicional que acompa&ntilde;a bailes &ldquo;a lo suelto&rdquo;, es decir, jota, rueda, al pericote de Tresviso o el tepeletr&eacute;; bailes &ldquo;a lo agarrau&rdquo; como vals, <em>panceau</em>, el tango o las habaneras; y ceremonias religiosas, como los picayos y los ramos, se esparcen en la cultura popular, aunque a finales del XIX, en pleno enaltecimiento nost&aacute;lgico de la identidad propia, el semanario Campoo organiz&oacute; el primer certamen regional de pandereteras. Luego vinieron muchas demostraciones m&aacute;s antes de que se fuera perdieron el car&aacute;cter de aquellas fiestas con pandereta que Jos&eacute; Sim&oacute;n Cabarga, en la <a href="https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/BIBLIOTECA/EDICION_OTROS/guia-santander-simon-cabarga_1946.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gu&iacute;a de Santander</em></a>, cre&iacute;a que aportaban sensibilidad y alegr&iacute;a a las tonadas. &ldquo;Son canciones de romer&iacute;a de las fiestas aldeanas, en las que las voces, las sonajas y las panderetas&rdquo;, continuaba en la publicaci&oacute;n de 1946, &ldquo;mueven al optimismo y al regocijo&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez, leemos en Sim&oacute;n Cabarga y confirma Vanesa, la pandereta son&oacute; desde Li&eacute;bana a Cabu&eacute;rniga, de Trasmiera a San Vicente de la Barquera pasando por Tudanca, Vega de Pas, el Valle del Nansa y Campoo. <a href="https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/BIBLIOTECA/EDICION_OTROS/catalogo_hemeroteca_montanesa_1809-1976_1977.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El sinf&iacute;n de peri&oacute;dicos locales</a> que se publicaron en Cantabria entre finales del siglo XIX y principios del XX daban cuenta de fiestas y romer&iacute;as en las que se le&iacute;an referencias a la pandereta, como las cr&oacute;nicas en El As&oacute;n, La Antorcha de Laredo, El Eco de Carriedo, El Ebro, El Besaya, El Sol de Castro o La Voz de Li&eacute;bana, que el 20 de junio de 1909 informaba de la romer&iacute;a de San Pelayo, donde se &ldquo;alternan los desaf&iacute;os de bolos, los bailes a los alto y a lo bajo y a lo ligero, amenizados, o por la pandereta cl&aacute;sica, o por la t&iacute;pica y chillona gaita&rdquo;. Solo en Cabez&oacute;n de la Sal, una de las comarcas con mayor tradici&oacute;n folcl&oacute;rica donde se siguen entonando canciones de pena, amor, de campo o emigraci&oacute;n, lleg&oacute; a haber hasta seis peri&oacute;dicos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una alumna toca la pandereta y canta en clase."
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            <span class="title">
                Una alumna toca la pandereta y canta en clase.                            </span>
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        Vanesa calcula que en Cantabria hay mil personas que saben tocar la pandereta, y algunas decenas correr&aacute;n de su cuenta: su tes&oacute;n le lleva de lunes a jueves a dar clases de en Guriezo, Cay&oacute;n, La Cavada y Arnuero, adem&aacute;s de coordinar el grupo de danzas de Riotuerto. Pero ese anhelo de revivir lo que brot&oacute; del pueblo tiene sus tiempos y sus decepciones, y ella a&uacute;n recuerda el ya lejano d&iacute;a en el que, en el colegio, les pidieron que llevaran una canci&oacute;n monta&ntilde;esa. Todos echaron mano de <em>La Fuente de Cacho</em> y <em>Cuatro Pa&ntilde;uelucos</em>, como si las miles de composiciones populares &mdash;Sixto C&oacute;rdova compil&oacute; m&aacute;s de 1.500&mdash; se redujeran al himno oficioso del Racing y a otra pieza que sol&iacute;a cantarse en el autob&uacute;s durante las excursiones escolares. Y nada m&aacute;s. Hubo un compa&ntilde;ero, sin embargo, que se sali&oacute; del camino y mostr&oacute; <em>Arrolla bien tus panojos,</em> que Vanesa comienza a entonar. Ella llev&oacute; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=zy27pLc1Nc4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;"><em>Callejuca</em></span></a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=zy27pLc1Nc4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;">, </span></a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=zy27pLc1Nc4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;"><em>Callejuca</em></span></a><em>, </em>del D&uacute;o Cantabria, cuyo canto se entremezclada con el de los mirlos en esta tarde lluviosa:
    </p><p class="article-text">
        <em>Callejuca, callejuca, las veces que te he rondado</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y las que te rondar&eacute;, si no me llevas soldado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A la puerta llaman, mira a ver qui&eacute;n es&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        Ese poso de tradici&oacute;n es el que lleva por toda Cantabria a pesar de la &ldquo;dejadez&rdquo; pol&iacute;tica como profesora y junto a <em>Alegr&iacute;a Cantabria,</em> el grupo de canci&oacute;n monta&ntilde;esa que forma con su padre, Santiago Fern&aacute;ndez, adem&aacute;s de Luis Camus y Beatriz Garc&iacute;a. &ldquo;Los de abajo hacemos lo que podemos: no hay ning&uacute;n tipo de ayuda&rdquo;, lamenta la panderetera, que cuenta c&oacute;mo hay ayuntamientos que les niegan espacios para ensayar. &iquest;De verdad? &ldquo;De hecho&rdquo;, responde, &ldquo;suele ser as&iacute;&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Lo cotidiano como excepcional</strong></h3><p class="article-text">
        Santiago Fern&aacute;ndez cantaba mientras orde&ntilde;aba, cuando iba a segar o cuando iba a los bares, unas escenas que Vanesa trata de bajar del escenario e incorporar a la cotidianidad. Por esa raz&oacute;n, si alguien le acusa de idealizar el folclore, ella se defiende con aplomo: &ldquo;No lo estoy idealizando porque he crecido as&iacute;&rdquo;. S&iacute; admite que la pandereta no sonaba a diario en los pueblos, pero s&iacute; que su uso estaba lo suficientemente enraizado en la cultura, como le cuentan las &uacute;ltimas mujeres que cantaron en bodas y romer&iacute;as bajo cajigas y la mirada atenta de los curas. A ellas acude para descifrar canciones, vivencias y recuerdos. 
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x90ghr6" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Y gracias a ese dep&oacute;sito va moldeando su visi&oacute;n del folclore, asociado a coreograf&iacute;as y trajes de monta&ntilde;esa de finales del siglo XVIII empleados en d&iacute;as de fiesta. Es muy espectacular, admite, pero no deja de ser una parafernalia. &ldquo;No es imprescindible ponerse un traje de monta&ntilde;esa para bailar una jota o tocar la pandereta&rdquo;, se sincera. No es que ella reniegue del traje que tambi&eacute;n usa cuando act&uacute;a en los pueblos, pero s&iacute; cree que marca una distancia con quienes no se han iniciado en las artes populares, limitando su participaci&oacute;n en algo radicalmente democr&aacute;tico. Su inclinaci&oacute;n podr&iacute;a asemejarse al lema de <em>El Correo de Cantabria</em>, &ldquo;todo por la Monta&ntilde;a y para la Monta&ntilde;a&rdquo;, un peri&oacute;dico de finales de siglo XIX en el que Enrique Rodr&iacute;guez Sol&iacute;s escribi&oacute; <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000904973&amp;interno=S&amp;posicion=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo dedicado a las monta&ntilde;esas</a> en el que apuntaba que &ldquo;la mujer del pueblo tiene en toda la Monta&ntilde;a gran afici&oacute;n: las casadas al juego de la brisca; y las solteras, a bailar y tocar la pandereta. D&iacute;galo el cantar:
    </p><p class="article-text">
        <em>A m&iacute; me pari&oacute; mi madre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para que fuera,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para que fuera,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de todas las del baile</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>panderetera,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>panderetera&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres no iban vestidas con el traje de fiesta a la salida de misa, por lo que una de las batallas de Vanesa es advertir que los grupos de danzas no emulan a aquellas mujeres an&oacute;nimas, sino que lo &ldquo;escenifican&rdquo;. Su visi&oacute;n templada, sin embargo, le lleva a aceptar ese mal menor: &ldquo;Yo prefiero que hagan una escenificaci&oacute;n antes de que se muera el folclore&rdquo;. En su continua b&uacute;squeda de pureza, Vanesa sigue manteniendo encuentros con vecinas de Alo&ntilde;os o escuchando viejas grabaciones que suenan como psicofon&iacute;as, dice entre risas, para descifrar los toques de pandereta seg&uacute;n su sonido. A sus alumnos, alumnas en su mayor&iacute;a, les muestra medio centenar de canciones <em>a lo pesao</em>, <em>a lo ligero</em>, <em>panceao </em>o <em>a lo agarrao</em> con la pandereta que condensan las esencias monta&ntilde;esas mientras mantiene el rumbo de su b&uacute;squeda cristalina que la escenificaci&oacute;n alter&oacute;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El grupo de pandereteras de Riotuerto tiene cuatro hombres."
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                El grupo de pandereteras de Riotuerto tiene cuatro hombres.                            </span>
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        As&iacute; ha buceado en grabaciones de Jes&uacute;s Garc&iacute;a Preciado o de Alan Lomax, el prestigioso etnomusic&oacute;logo estadounidense que fatig&oacute; el sur de su pa&iacute;s grabando a los grandes del blues y lleg&oacute; a Cantabria en noviembre de 1952. Lomax hab&iacute;a escuchado la danza de Ibio en Zaragoza durante las fiestas de El Pilar, as&iacute; que decidi&oacute; explorar Polaciones y Li&eacute;bana durante un breve par&eacute;ntesis mientras recorr&iacute;a Asturias. Tras la visita de Lomax, cuyo archivo sonoro se encuentra en la biblioteca del congreso de Estados Unidos, el fot&oacute;grafo Eusebio Bustamante, que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado al estudioso, escribi&oacute; al presidente del Centro de Estudios Monta&ntilde;eses inform&aacute;ndole sobre la visita (incluido el escrutinio al que fue sometido por &nbsp;la Guardia Civil&hellip;) y alg&uacute;n matiz acerca de las grabaciones de <a href="https://archive.culturalequity.org/field-work/spain-1952-1953/uznayo-de-polaciones-1152/aqui-me-pongo-cantar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un grupo de chicas tocando la pandereta</a> en Uznayo, Polaciones: &ldquo;Fue una cosa estupenda lo bonito que result&oacute; y lo bien reproducido que quedaba. Es l&aacute;stima que estas cosas nos las tengan que hacer los extranjeros ya que nosotros mismos las deb&iacute;amos hacer.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Varias pandereteras tratan ahora de &ldquo;descontaminar&rdquo; lo que alguna vez se estandariz&oacute; para divulgarlo en escuelas de folclore. &ldquo;Eso es por lo que estamos tirando todos a d&iacute;a de hoy&rdquo;, apunta la solariega. A un compa&ntilde;ero, dice, le ha ca&iacute;do alguna tromba de cr&iacute;ticas al pretender recoger cancionero virgen, que no ha sido interpretado por grupos y se encuentra sin coreograf&iacute;as elaboradas, para transmitirlo con la misma transparencia de su contexto. Porque en los descubrimientos del folclore, sometidos al eterno roce, no hay nada prestablecido. 
    </p><p class="article-text">
        A veces se sorprende Vanesa al encontrar la misma canci&oacute;n, en dos lugares distintos, con la misma letra y diferente son. Pero, al fin y al cabo, en la cultura popular, sometida a las leyes de la interacci&oacute;n y el misterio, se aprend&iacute;a por imitaci&oacute;n. &ldquo;Dec&iacute;an: &lsquo;Mira, esto se hace as&iacute;: <em>tiquit&iacute;tiquit&iacute;&rsquo;</em>, y t&uacute; te quedabas con el <em>tiquit&iacute;tiquit&iacute;</em>&rdquo;. La manera que Vanesa tiene ahora de cumplir el compromiso de los de antes es estudiando las grabaciones de las mujeres que han ido conociendo. La pregunta es si ese trabajo de fondo, como aquella teor&iacute;a econ&oacute;mica, se derrame hasta llegar a las nuevas generaciones, aunque su esperanza, cuando act&uacute;a en romer&iacute;as y los m&aacute;s j&oacute;venes le preguntan qu&eacute; lleva en los pies, se tambalee:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Unas pu&ntilde;eteras albarcas, chico!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/vanesa-fernandez-panderetera-prefiero-hagan-escenificacion-folclore-muera_1_11452122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jun 2024 20:09:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vanesa Fernández, panderetera: "Prefiero que hagan una escenificación del folclore antes de que se muera"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Folclore,Cantabria,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fidel García, operador de cabina de la Filmoteca de Cantabria: "Ahora, en un día, aprendes lo que antes era un oficio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/fidel-garcia-operador-cabina-filmoteca-cantabria-ahora-dia-aprendes-oficio_1_11393818.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce90352a-005c-4118-a135-b272fb9e3f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1095776.jpg" width="4240" height="2385" alt="Fidel García, operador de cabina de la Filmoteca de Cantabria: &quot;Ahora, en un día, aprendes lo que antes era un oficio&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proyeccionista, que lleva trabajando casi cuatro décadas en salas de la comunidad autónoma, mantiene su pasión en un contexto de modernización que no aplaude: "El cine, para mí, es esto: 35 milímetros"</p><p class="subtitle">Agustín Aguirre, cuatro décadas forjando hierro en Cabuérniga: “Estos oficios no deberían de perderse porque igual hay que volver a ellos”
</p></div><p class="article-text">
        El hombre que saluda en el umbral de la Filmoteca de Cantabria tiene las manos en los bolsillos y los ojos embadurnados en miles de pel&iacute;culas. La luz primaveral se consume afuera, pero en su guarida no entra el sol ni el ruido ni el tamborileo de la lluvia, solo los gritos de unas escenas que en la pantalla se vuelven demasiado reales. La cita con el hombre que estrecha la mano y ahora sube las escaleras del antiguo cine Bonifaz de Santander comienza con la misma naturalidad que hab&iacute;a adelantado por tel&eacute;fono una semana antes (&ldquo;Ven cuando quieras, que no me voy a maquillar&rdquo;) y esa fina rebeld&iacute;a ante el rumor de que se va a jubilar. &ldquo;Qu&eacute; man&iacute;a&rdquo;, dice &eacute;l, &ldquo;si a m&iacute; todav&iacute;a me quedan dos a&ntilde;os&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando Fidel Garc&iacute;a cruce los 65, se despoje de su chaqueta negra oficial y deje de proyectar pel&iacute;culas en la Filmoteca de Cantabria, sin embargo, seguir&aacute; saciando la sed de sus pupilas desde alguna de las 170 butacas de la sala santanderina. Por supuesto. &ldquo;No tiene nada que ver estar en la cabina o en la sala. Es como los camareros: no es lo mismo estar delante o detr&aacute;s de la barra&rdquo;, justifica Fidel.
    </p><p class="article-text">
        El suyo es un oficio que ya apenas existe y al que se subi&oacute; en la &uacute;ltima llamada. Era 1985 y a&uacute;n hab&iacute;a profesionales cuyo t&iacute;tulo lo despachaba la asociaci&oacute;n de operadores de cabina, as&iacute; que a Fidel le dieron un libro y se fue a Madrid para examinarse y poder ascender por la jerarqu&iacute;a (ayudante de cabina, operador, jefe de cabina) del gremio. Pero aquel viaje no dio sus frutos porque ya no se hac&iacute;an ex&aacute;menes. Entonces cogi&oacute; sus b&aacute;rtulos y se volvi&oacute; a Santander, donde comenz&oacute; a trabajar en el cine Coliseum. 
    </p><p class="article-text">
        Han pasado 38 a&ntilde;os desde que aquel joven que se inici&oacute; como utilero de teatro pusiera su primera pel&iacute;cula, y ah&iacute; &mdash;aqu&iacute;<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash; </span>sigue, en una alargada y estrecha sala de proyecci&oacute;n recalentada por los 4.000 vatios de la l&aacute;mpara de un proyector y adornada con carteles de <em>Casablanca</em>, <em>Tibur&oacute;n</em>, <em>Taxi Driver</em>, <em>Jackie Brown</em>, <em>Centauros del desierto</em>, <em>El milagro de Candeal</em>, <em>The Artist</em>, <em>Pulp Fiction</em>, <em>Mujeres al borde de un ataque de nervios</em>, <em>El padrino</em>, <em>El gran dictador</em> o <em>La naranja mec&aacute;nica</em>, entre otros. 
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                    alt="Aspecto de la cabina de la Filmoteca de Cantabria en la que trabaja Fidel."
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            <span class="title">
                Aspecto de la cabina de la Filmoteca de Cantabria en la que trabaja Fidel.                            </span>
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        A veces se llega a los pies de un cin&eacute;filo con la idea de escuchar escenas perge&ntilde;adas por Truffaut, Godard, Bergman, Kurosawa o Fritz Lang y se acaba encontrando a un hombre que te estrecha la mano, te abronca al sugerirle que se va a jubilar y desgrana sus pasiones cinematogr&aacute;ficas. A Fidel le gustan las pel&iacute;culas de terror e <em>Indiana Jones</em>. No ha visto esas del coche, &ldquo;que son como diez, &iquest;eh?&rdquo;, en referencia <em>The Fast and the Furious</em>. Adora <em>Ben-Hur </em>y<em> La guerra de las galaxias.</em> &ldquo;Las de acci&oacute;n de superh&eacute;roes ya no&rdquo;. <em>Los diez mandamientos</em> y los musicales est&aacute;n en su altar. A las de vampiros ni se asoma, &ldquo;evidentemente&rdquo;. &iquest;La comedia? &ldquo;Impepinable&rdquo;. Se durmi&oacute; durante la primera entrega de <em>El Se&ntilde;or de los Anillos </em>a la una de la madrugada y vio <em>Blade Runner</em> en Barcelona en 1982. Ha logrado proyectar <em>Chitty Chitty Bang Bang</em> las pasadas navidades, una pel&iacute;cula que le pellizc&oacute; el alma con ocho a&ntilde;os. El anterior director de la Filmoteca tambi&eacute;n escuch&oacute; su sugerencia y le concedi&oacute; proyectar <em>Lo que el viento se llev&oacute;</em>. A Fidel, adem&aacute;s, le gusta la ciencia ficci&oacute;n y no acaba de entender por qu&eacute; el cine espa&ntilde;ol suele naufragar, desde el ciclo de Bu&ntilde;uel que descorch&oacute; la inauguraci&oacute;n de esta sala en 2001 al de Berlanga de 2019.
    </p><p class="article-text">
        Hace 40 minutos que ha comenzado una pel&iacute;cula turca de los a&ntilde;os 60 en blanco y negro; algo menos esta conversaci&oacute;n. Fidel ojea continuamente la sala del proyector, y emplea los siguientes 60 minutos en vigilar la pantalla, bajar al s&oacute;tano donde guardan algunas pel&iacute;culas en bobinas, como <em>Primos</em>, recordar sus inicios, honrar los buenos tiempos y lamentar los malos. &ldquo;El cine, para m&iacute;, es esto: 35 mil&iacute;metros. Lo otro, ya&hellip;&rdquo;, dice. Pero lo que &eacute;l llama cine es ya una excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las pel&iacute;culas digitales acabaron por colonizar la industria hace una d&eacute;cada, aunque las filmotecas y cineclubes resistieron con pel&iacute;culas anal&oacute;gicas que cada vez les cuesta m&aacute;s conseguir en distribuidoras. &Eacute;l no niega la calidad del cine digital, pero la nostalgia de aquel ni&ntilde;o que ech&oacute; los dientes entre pel&iacute;culas de El Zorro y Joselito en el cine de la santanderina calle Cervantes le mantiene atado a ese universo. No hay nada, ni las potentes l&aacute;mparas de xen&oacute;n del proyector digital ni la &uacute;ltima tecnolog&iacute;a led, que pueda vencer a lo que &eacute;l llama &ldquo;cine&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la Filmoteca, ahora rebautizada en honor al cineasta Mario Camus, hay un proyector digital y otro anal&oacute;gico, con su ruleta de lentes que proyectan, seg&uacute;n los formatos, en 1,85, en 2,35 en 1,33, en formato cuadrado y en 1,66. Pero la mayor&iacute;a de t&iacute;tulos est&aacute;n digitalizados y las labores de empalme, revisi&oacute;n del sonido y montaje en una sola bobina se ha sustituido por un disco duro o un enlace para descargar el archivo. &ldquo;Ahora, en un d&iacute;a, aprendes lo que antes era un oficio&rdquo;, se apena. 
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                Fidel muestra la banda de sonido de rollo.                            </span>
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        Hay meses que tiene la fortuna de proyectar varias pel&iacute;culas en anal&oacute;gico, aunque luego se pueden encadenar semanas donde no vuelve a ver una sola bobina. Los viejos trabajos de rollos esparcidos, olor a acetona, prisas de &uacute;ltima hora por el retraso del repartidor y el sonido de carraca del proyector ya solo brillan en el recuerdo que esta tarde puede paladear antes de desmontar la &uacute;ltima pel&iacute;cula anal&oacute;gica. Al acabar el filme turco, entonces, coloca un rollo de 35 mil&iacute;metros en el proyector, lo enciende &ldquo;y ahora ya&hellip;&rdquo;. Un estruendoso ruido satura el espacio; es un constante martilleo que se incrusta en el cerebro.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por eso llevas tapones?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Son aud&iacute;fonos &mdash;corrige &eacute;l&mdash;. Imag&iacute;nate en el cine Coliseum, era este ruido por tres proyectores.
    </p><p class="article-text">
        Al apagar el aparato, el descanso es colosal. Fidel desmonta la inmensa rueda y la coloca en la mesa de montaje, donde va quitando el celo, sigue anhelando el viejo mundo y acaba introduciendo los m&aacute;s de 3.000 metros de pel&iacute;cula de las siete bobinas en un viejo saco &ldquo;ininflamable&rdquo; y lanza su en&eacute;sima muestra de nostalgia: &ldquo;As&iacute; ha venido el cine toda la vida&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Cine para minor&iacute;as</strong></h3><p class="article-text">
        Fidel dice que la filmoteca es para minor&iacute;as. El silencio sepulcral, los t&iacute;tulos cuidados, los ciclos extra&ntilde;os y siempre el respeto al espectador. En m&aacute;s de 20 a&ntilde;os de vida en este espacio, solo ha anulado la sesi&oacute;n dos veces, ya que incluso ha proyectado la pel&iacute;cula cuando hab&iacute;a solo una persona. El cine es un derecho. Ese p&uacute;blico de filmoteca, m&aacute;s mayor, m&aacute;s exigente y m&aacute;s nost&aacute;lgico, dice Fidel, que sonr&iacute;e incluso cuando una pel&iacute;cula anal&oacute;gica aparece algo deteriorada. Ese ligero movimiento en la proyecci&oacute;n de los rollos, los empalmes de las cintas o incluso el peque&ntilde;o ray&oacute;n en un fotograma es bienvenido. &ldquo;Pero que se ven muy bien, &iquest;eh?&rdquo;, defiende.
    </p><p class="article-text">
        Tras el cierre del Coliseum en 1999 y una peque&ntilde;a experiencia en los cines Pereda de Torrelavega, se ofert&oacute; la plaza de operador de cabina en la Filmoteca de Cantabria, a la que &eacute;l aspir&oacute;. En 2001, dice chasqueando la lengua, le toc&oacute; la loter&iacute;a: &ldquo;Esto es una maravilla. Ver pel&iacute;culas de toda clase y todas las &eacute;pocas en versi&oacute;n original es una maravilla&rdquo;. Pero todo, vuelve a insistir, ha cambiado. La pandemia tambi&eacute;n ha trastocado el consumo de pel&iacute;culas en el cine y reducido el n&uacute;mero de sesiones entre semana. &ldquo;La manera de ver pel&iacute;culas ha cambiado y, desde la pandemia, ha pegado un baj&oacute;n brutal. En las sesiones de noche, las salas est&aacute;n vac&iacute;as. El cambio es brutal&rdquo;. Y eso que Santander, dice, fue cin&eacute;fila. Ya no: las salas de 1.500 y 2.000 butacas, como las del Capitol y el Coliseum, los estrenos en los que ten&iacute;a que bajar de la cabina para ayudar a cortar las entradas y las sesiones de &uacute;ltima hora han dado paso a botes de palomitas, butacones e incluso cenas que sustituyen el puro placer del cine.
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                La sala de la Filmoteca de Cantabria vacía antes de una proyección.                            </span>
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        Esa constelaci&oacute;n de cines desperdigados en la ciudad que fueron desapareciendo manten&iacute;an un pulso que el proyeccionista mantiene con viveza a pesar de que hubieran desaparecido cuando &eacute;l naci&oacute;. Porque en Santander, dice, lleg&oacute; a haber 14 o 15 salas que &eacute;l sabe ubicar, desde el sal&oacute;n Pradera, el Pabell&oacute;n Narb&oacute;n, el cine M&oacute;naco o Alameda, al Sotileza o el Teatro Pereda. El desarrollo urbano, el fuego que consumi&oacute; el Liceo o la demolici&oacute;n ha dejado a la capital c&aacute;ntabra en una orfandad de edificios cl&aacute;sicos de cines y teatros. La estrategia de Fidel, pues, ha sido replegarse en ese pasado que tintinea en su biograf&iacute;a o en los archivos que suele rebuscar en la biblioteca. Sabe que el Capitol, por ejemplo, se reabri&oacute; en 1980 con<em> Fuga de Alcatraz y </em>cerr&oacute;  un jueves de 2002 con <em>Minority Report.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pero la vida tambi&eacute;n tiene sus carambolas y quiso que &eacute;l viviera junto al Capitol, al que considera mejor cine, hoy reconvertido en un supermercado en el que se deja caer y, en lugar de estantes atiborrados de latas y detergentes, ve las salas del cine. &ldquo;Pero eso&rdquo;, se disculpa, &ldquo;ya es cosa m&iacute;a&rdquo;. Quiz&aacute;s, s&iacute;, sea cosa suya habitar cines decorados con cortinas y mucho oficio. Lo llama &ldquo;esencia del cine&rdquo;, sustituido por salas negras y en grada, todas iguales. &ldquo;Las pel&iacute;culas se ven muy bien&rdquo;, admite, &ldquo;pero ha perdido la magia de las salas&rdquo;. &Eacute;l prefiere el &iacute;ntimo refugio desde el que manosea los rollos, apaga las luces y el martilleo del proyector le asesta el en&eacute;simo golpe en su oscura madriguera: &ldquo;Esto es una gozada. Las cabinas de los cines eran zulos: los operadores estaban alcoholizados o estaban locos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una biograf&iacute;a singular</strong></h3><p class="article-text">
        En las m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de profesi&oacute;n, Fidel ha participado en ciclos extravagantes y ha proyectado pel&iacute;culas infinitas. Se ha divertido. Se ha aburrido. Recuerda con cari&ntilde;o (era el cine, era su cine) un marat&oacute;n en el Coliseum que empez&oacute; a las cuatro y media de la tarde y termin&oacute; a las siete de la ma&ntilde;ana en las que los espectadores no pod&iacute;an salir y jugaban a las cartas en las escaleras cuando no les interesaba alguno de los t&iacute;tulos con el bocadillo en la mano mientras los proyeccionistas abr&iacute;an botellas de champ&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las m&aacute;s de dos d&eacute;cadas en la Filmoteca de Cantabria, levantada en el mismo lugar que se comenzaron a proyectar pel&iacute;culas en 1929, tambi&eacute;n le han dado a Fidel experiencias exc&eacute;ntricas e iniciativas originales, desde proyecciones de cine mudo con piano, como <em>Nosferatu</em>, o un vertiginoso ciclo de cine indio o la reciente proyecci&oacute;n de <em>Samsara,</em> una pel&iacute;cula &ldquo;muy m&iacute;stica&rdquo; en la que los espectadores ten&iacute;an que cerrar los ojos durante 15 minutos. Ahora se prepara para lo que vendr&aacute; en breves con la <em>L&rsquo; Amour fou</em>, un ladrillo rom&aacute;ntico de m&aacute;s de cuatro horas. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l justifica este tipo de elecciones. &ldquo;Lo que pasa es que las filmotecas tienen que ser m&aacute;s raras&rdquo;, dice, aunque tambi&eacute;n entiende que en Santander no pueda limitarse &uacute;nicamente a un cine tan singular como en Madrid, donde adem&aacute;s cultivar un archivo, una cuenta pendiente en Santander, han pasado pel&iacute;culas como <em>El E.T.E. y el Oto</em>, una parodia de <em>E.T</em>. de los hermanos Calatrava cuya puntuaci&oacute;n en Filmaffinity es de 2. &ldquo;Pero puede hacerlo en una sesi&oacute;n de cine friki y poner pel&iacute;culas infumables, que se han puesto aqu&iacute; alguna&rdquo;, argumenta. Otras veces, las rarezas le han jugado malas pasadas que han pasado desapercibidas, como aquella vez que mont&oacute; una pel&iacute;cula japonesa, quiz&aacute;s de Yasujir&#333; Ozu, con instrucciones que no entendi&oacute;. Durante la tercera proyecci&oacute;n, el profesor Antonio Santos, especialista en cine japon&eacute;s, le dijo que hab&iacute;a cambiado el orden de los rollos. Pero despu&eacute;s de advertirle, le dijo que estuviera tranquilo: esas cosas tambi&eacute;n pasaban en el festival de Cannes. 
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                Instrucciones en la cabina de la Filmoteca de Cantabria.                            </span>
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        La digitalizaci&oacute;n facilit&oacute; el trabajo y elimin&oacute; errores de montaje y fallos en los fotogramas. Pero al mismo tiempo hundi&oacute; el oficio y golpe&oacute; los planes y gozos de Fidel, que tuvo que reconvertirse. &ldquo;Me cost&oacute; un poco. Es olvidarte absolutamente de todo y empezar de cero, el vocabulario, los sistemas. No tiene nada que ver&rdquo;, reconoce. Porque ese universo de rollos &ldquo;ininflamables&rdquo; y ruido de carraca le ha otorgado demasiadas satisfacciones. El cine de verano ambulante que, durante un pu&ntilde;ado de veranos, proyectaba pel&iacute;culas en los pueblos m&aacute;s rec&oacute;nditos de Cantabria es una de las experiencias m&aacute;s gratas que recuerda. Los vecinos llegaban en tractor hasta la pantalla hinchable, como en Lamas&oacute;n, o le dec&iacute;an, como aquel ni&ntilde;o de Vega de Pas, que si no sal&iacute;an vacas en la pantalla no ir&iacute;a nadie. Pero los vecinos iban y disfrutaban de proyecciones que Fidel manejaba desde la cabina de un cami&oacute;n. Son los breves consuelos de quien ve derrumbarse su mundo y trata de salvarse.
    </p><p class="article-text">
        A la Filmoteca tambi&eacute;n vienen colegios a quienes este viejo Tot&oacute;, el ni&ntilde;o de <em>Cinema Paradiso,</em> les suministra su pasi&oacute;n por el cine. A los alumnos trata de evangelizarlos en el cine a trav&eacute;s de alg&uacute;n cortometraje de Buster Keaton durante sesiones que acaban derram&aacute;ndose en carcajadas compartidas mientras &eacute;l maldice, por lo bajo, c&oacute;mo las plataformas digitales est&aacute;n sustituyendo a esa experiencia &ldquo;m&aacute;gica&rdquo; que otorga el cine. &ldquo;Los ni&ntilde;os no tienen oportunidad de ver una pel&iacute;cula de Charlot ni en la tele&rdquo;, lamenta. Son peque&ntilde;as dosis de esperanza a las que se aferra tras los sucesivos naufragios de las salas, la digitalizaci&oacute;n y ese conglomerado de experiencias a&ntilde;adidas &mdash;butacones, palomitas, cena&mdash; que ensombrecen el poder del cine. 
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;un, dos, tres&rdquo; que sincroniza con Laura, su compa&ntilde;era en la cabina, para apagar las luces desde un interruptor es una maniobra desfasada en cines donde la tecnolog&iacute;a enciende el proyector, apaga las luces sola y cierra las puertas. No es extra&ntilde;o, as&iacute;, que Fidel vuelva a sentenciar que &ldquo;la profesi&oacute;n desaparece&rdquo;, aunque en alg&uacute;n momento tira del hilo y trae ese pron&oacute;stico al presente: &ldquo;Ya no existe&rdquo;. &Eacute;l es un superviviente que acab&oacute; trabajando donde quer&iacute;a, en el cine, sin saber que exist&iacute;a un oficio hoy amenazado por pel&iacute;culas en televisiones, en tel&eacute;fonos (&ldquo;una aberraci&oacute;n&rdquo;) y refritos. &Eacute;l, por su parte, trata de predicar con el ejemplo: cuando los campamentos de verano van a la filmoteca y proyecta <em>Tibur&oacute;n</em>, muestra una sonrisa burlona al saber que esas sensaciones vencen cualquier otra. Es la mejor defensa que lanza en este mar de amenazas. Fidel, como Aute, tiene la respuesta: &ldquo;M&aacute;s cine por favor&rdquo;. Pero entonces deja una breve pausa y matiza: &ldquo;Pero cine en el cine&rdquo;.
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                Fidel García lleva trabajando 23 años en la Filmoteca de Cantabria.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/fidel-garcia-operador-cabina-filmoteca-cantabria-ahora-dia-aprendes-oficio_1_11393818.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 May 2024 20:03:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fidel García, operador de cabina de la Filmoteca de Cantabria: "Ahora, en un día, aprendes lo que antes era un oficio"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cantabria,Filmoteca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[César Rendueles, ensayista: "Todo confabula para que nos comportemos como egoístas racionales"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/cesar-rendueles-ensayista-confabula-comportemos-egoistas-racionales_1_11336106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0136a6c2-a646-4819-a282-33e53078b598_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="César Rendueles, ensayista: &quot;Todo confabula para que nos comportemos como egoístas racionales&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sociólogo y filósofo analiza en su último libro el pasado y presente de los bienes comunes, cuya propiedad colectiva sigue sufriendo continuas tentaciones de privatización</p><p class="subtitle">Entrevista - Carissa Véliz, filósofa: “La privacidad nos protege de potenciales abusos de poder”
</p></div><p class="article-text">
        C&eacute;sar Rendueles presenta este viernes, a las 19.30 horas en la librer&iacute;a La Vor&aacute;gine de Santander, <a href="https://www.akal.com/libro/comuntopia_53616/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Comuntop&iacute;a. Comunes, postcapitalismo y transici&oacute;n ecosocial </em></a><a href="https://www.akal.com/libro/comuntopia_53616/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(Akal</a><a href="https://www.akal.com/libro/comuntopia_53616/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>)</em></a><em>.</em> El foro es conocido para este soci&oacute;logo y fil&oacute;sofo de verbo y prosa amable cuya obra &mdash;<em>Contra la igualdad de oportunidades</em>, <em>Capitalismo canalla</em> o <em>Sociofobia</em>&mdash; destila un compromiso sin ambages. Los comunes, esos recursos que pertenecen al conjunto de la sociedad y que durante diferentes procesos hist&oacute;ricos se han ido concentrando en pocas manos, son aqu&iacute; el centro de un an&aacute;lisis en el que el profesor universitario desmenuza y en el que presenta las condiciones de solidaridad, cooperaci&oacute;n o bienestar que sustentan su funcionamiento eficaz: en Espa&ntilde;a, hay ejemplos de agua o bosques que forman parte de esa propiedad colectiva en continua amenaza. Su situaci&oacute;n, perseguida hist&oacute;ricamente, se presenta ahora como una herramienta para la gesti&oacute;n de bienes comunes en un horizonte (&iquest;un presente?) de desigualdad, escasez y guerra por los recursos. 
    </p><p class="article-text">
        Rendueles, cient&iacute;fico del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CSIC), dice que se ha ido encontrando en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas con &ldquo;ideas, discursos y conceptos&rdquo; relacionados con los comunes de manera dispersa, en varias disciplinas, que presenta en su nuevo artefacto. &ldquo;Yo he querido ofrecer lo que a m&iacute; me hubiera gustado tener para entrar a ese campo de una manera ordenada&rdquo;, resume al comienzo de esta conversaci&oacute;n en la que mantiene el mismo tono amable de su &uacute;ltimo libro. Porque sorprende: sorprende ese tono conciliador de un autor que siempre ha agitado las condiciones y bases socioecon&oacute;micas del sistema. Ese equilibrio y reposo, justifica &eacute;l, es una estrategia para hacerlo m&aacute;s accesible, aunque alg&uacute;n compa&ntilde;ero, como el activista Xan L&oacute;pez, ha llegado a decir que estas p&aacute;ginas son &ldquo;demasiado ecu&aacute;nimes&rdquo;. &Eacute;l se r&iacute;e y dice que es el primer libro que escribe &ldquo;con tono expositivo&rdquo;. Al adentrarse en <em>Comuntop&iacute;a</em>, sin embargo, uno se da cuenta de que ese envoltorio no eclipsa a la realidad que Rendueles analiza con rigor hist&oacute;rico y compromiso transformador. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si bien el estilo del libro es</strong><em><strong> </strong></em><strong>equilibrado, la propuesta de los comunes es radical por s&iacute; misma: vivimos bajo el ala de entidades supranacionales y multinacionales mientras que los bienes comunales han estado vinculados hist&oacute;ricamente a nivel local. &iquest;Es una provocaci&oacute;n o una necesidad hablar de ello?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que las instituciones tradicionales han estado muy atadas a lo local, pero hay una serie de intervenciones novedosas relacionadas con los comunes de la naturaleza que apuntan m&aacute;s bien a una cierta propiedad colectiva del conjunto de la humanidad: son bienes que estar&iacute;an por encima de la soberan&iacute;a de un estado. Si bien es cierta esa ligaz&oacute;n con lo local, es algo que estamos debatiendo y no sabemos muy bien hasta d&oacute;nde puede llegar. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En lo que no hay duda es que ha existido una persecuci&oacute;n hacia los bienes comunes, incluyendo la expulsi&oacute;n de miles de campesinos de sus tierras en la Inglaterra del siglo XVII&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Totalmente. Durante los procesos de modernizaci&oacute;n, ha sido una obsesi&oacute;n la destrucci&oacute;n de los bienes comunes. Adem&aacute;s, es un proceso absolutamente global durante los procesos de creaci&oacute;n de sociedades de mercado: no necesariamente han entra&ntilde;ado la destrucci&oacute;n de la propiedad p&uacute;blica, pero s&iacute; de la propiedad com&uacute;n porque se consideraba que era incompatible con el tipo de mentalidad con la que concurrimos al mercado. La destrucci&oacute;n de los bienes comunales contin&uacute;a a d&iacute;a de hoy en diferentes partes del mundo y son constantemente amenazados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una parte de los bienes públicos, como la sanidad o la educación pública, son recursos colectivos que nos hacen más fuertes frente al mercado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Otra de las constantes del libro es ese impulso colaborativo, altruista, que desaf&iacute;a las teor&iacute;as econ&oacute;micas cl&aacute;sicas. Pero esas teor&iacute;as siguen dominando las mentes occidentales. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que predicen las teor&iacute;as neocl&aacute;sicas es que los comunes son imposibles. Por decirlo con un refr&aacute;n, ser&iacute;a que &ldquo;nadie cuida de lo que no es de nadie&rdquo;: si nada es de mi propiedad privada, todo el mundo que tiene acceso lo va a explotar hasta que desaparezca. Pero eso tiene un truco, que es identificar la propiedad colectiva como propiedad de nadie. Y eso no es as&iacute;: ha habido much&iacute;simos recursos comunes para los que se ha encontrado alguna forma de gesti&oacute;n colectiva, por ejemplo, de pastos, agua, bancos de pesca o bosques. Eso ha permitido preservar, durante muchos siglos, esos recursos sin amenazar su supervivencia. Los comunes han sido un elemento central en la subsistencia de aquellas personas que no ten&iacute;an otras formas de propiedad m&aacute;s que la colectiva, y por eso ha sido tan importante la destrucci&oacute;n de los comunes en los procesos de modernizaci&oacute;n: para que la gente que no ten&iacute;a otra forma de propiedad se viera obligada a acudir al mercado de trabajo. Ha sido una estrategia muy clara de proletarizaci&oacute;n. Una parte de los bienes p&uacute;blicos, como la sanidad o la educaci&oacute;n p&uacute;blica, son recursos colectivos que nos hacen m&aacute;s fuertes frente al mercado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar de esos embates, sin embargo, sorprende que la gesti&oacute;n comunal siga manteni&eacute;ndose siglos despu&eacute;s. La inglesa</strong><em><strong> Charter of the Forest, </strong></em><strong>por ejemplo, es de 1215. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Los bienes comunes tienen inconvenientes respecto los bienes p&uacute;blicos, pero suelen m&aacute;s resistentes a la privatizaci&oacute;n. Para privatizar un bien p&uacute;blico estatal solo hace falta un decreto, pero privatizar los comunes suele ser muy complejo. En Espa&ntilde;a perviven muchos bienes comunes ya que la propiedad es muy compleja, est&aacute; muy atomizada y legalmente son m&aacute;s complicados de desmontar: o haces una expropiaci&oacute;n violenta, que es lo que ha pasado siempre, o requiere de procesos muy complicados. Son bienes duraderos porque son muy dif&iacute;ciles de establecer, pero son muy resistentes al paso del tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo encajan los comunes con lo que hoy entendemos por libertad, que suele venir condicionado con las din&aacute;micas econ&oacute;micas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los comunes proporcionan a la gente la capacidad de autogesti&oacute;n y es muy importante para su subsistencia. Lo que diferencia a un bien publico com&uacute;n de uno estatal es la capacidad de participaci&oacute;n en un sentido duro. Proporcionan libertad porque te dan m&aacute;s capacidad de negociaci&oacute;n. La propiedad, en el fondo, da libertad y autonom&iacute;a. La propiedad colectiva es algo as&iacute; como ser &ldquo;millonarios colectivos&rdquo;. A lo largo de historia, la gente ha reivindicado los comunes porque sent&iacute;an que les estaban robando un poder pol&iacute;tico, una capacidad de decidir sobre su vida, aunque a veces se les ofreciera a cambio incluso un salario m&aacute;s alto. Pero sab&iacute;an que perd&iacute;an capacidad de decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar del tono equilibrado de </strong><em><strong>Comuntop&iacute;a</strong></em><strong>, en la argumentaci&oacute;n es cierto que va al grano. En un momento, incluso, escribe: &ldquo;El pasado oculto de la sociedad de mercado es la expropiaci&oacute;n salvaje de la propiedad comunal&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que los procesos de expropiaci&oacute;n de la propiedad comunal est&aacute;n en la ra&iacute;z hist&oacute;rica de casi cualquier proceso de transici&oacute;n de sociedad precapitalistas a capitalistas. Esto, adem&aacute;s, tiene una moraleja, y es que transforma la propiedad privada convencional. Al destruir los comunes no solo nos privamos de formas m&aacute;s complejas y ricas de propiedad colectiva que las que conocemos, sino formas mas ricas de propiedad privada. Ideas de la propiedad privada que no implica, por ejemplo, que puedas hacer lo que te d&eacute; la gana con tu propiedad. Sucede cuando se debate sobre la vivienda y se dice que cualquiera pueda entrar a tu casa, como si no hubiera un abanico de formas de propiedad privada posibles. Pero la propiedad, como la posibilidad de tener veinte pisos vac&iacute;os, tiene que entra&ntilde;ar ciertas responsabilidades p&uacute;blicas, y eso tambi&eacute;n lo perdimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro, de hecho, lo menciona as&iacute;: &ldquo;Si los comunes no forman parte de nuestro men&uacute; pol&iacute;tico es porque esa opci&oacute;n ha sido excluida meticulosamente de nuestra dieta colectiva. &iquest;Por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil salirse de esa dualidad mercado-estado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, tenemos un men&uacute; en torno a la propiedad muy pobre porque de alguna forma, durante varios siglos, todo nuestro ambiente pol&iacute;tico ha confabulado para que solo se den estas dos opciones. Los que pusieron en marcha estos procesos violentos de expropiaci&oacute;n de la propiedad comunal e instauraron formas de propiedad privada muy limitadas crearon, al mismo tiempo, formas estatales de intervenci&oacute;n muy autoritarias. Son dos caras de la misma moneda, ya que los mismos que defienden la privatizaci&oacute;n salvaje defienden una versi&oacute;n de lo p&uacute;blico muy autoritario. Lo necesitan: los procesos de privatizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n hubieran sido imposibles sin la creaci&oacute;n de herramientas estatales a gran escala muy agresivas y autoritarias. La idea de que la era dorada del estado surgi&oacute; a lo largo de los procesos de mercantilizaci&oacute;n es un gran mito. Fueron ellos quienes crearon el gran estado; nosotros lo domesticamos.
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                    alt="Rendueles acaba de publicar el libro &#039;Comuntopía. Comunes, postcapitalismo y transición ecosocial."
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            <span class="title">
                Rendueles acaba de publicar el libro &#039;Comuntopía. Comunes, postcapitalismo y transición ecosocial.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>En el libro desmonta otros mitos, como el que para que se pueda gestionar un bien com&uacute;n se necesita una sociedad estable, homog&eacute;nea y sin conflicto como las precapitalistas. Pero esas sociedades no encajan en ese ideal&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una cierta imagen de los comunes como una especie de utop&iacute;a, concordia, ausencia de conflictos. Pero normalmente ocurre al rev&eacute;s: las instituciones comunales surgen donde existen graves amenazas de conflicto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y de escasez&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo del agua en Valencia es muy bueno: un sitio semi&aacute;rido, con grave amenaza de sequ&iacute;a y donde la gesti&oacute;n el agua es muy complicada, aparecen instituciones que tratan de regular ese conflicto y encontrar soluciones justas. Lo que s&iacute; es cierto es que pensar ese tipo de soluciones a gran escala, en sociedades de masa, complejas culturalmente y gran desarrollo tecnol&oacute;gico, es diferente. Pero creo que es m&aacute;s sensato ver esos procesos en t&eacute;rminos de continuidad que en t&eacute;rminos de fractura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otro de los mitos que derrumba es que el individualismo exacerbado no vino de la mano de las sociedades complejas tecnol&oacute;gicamente, sino de los contrataques neoliberales de los 80.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que muchas veces hay una visi&oacute;n muy t&oacute;pica, muy na&iacute;f, de las sociedades precapitalistas como sociedad muy cohesionadas, org&aacute;nicas y marcadas por una solidaridad radical. Pero los habitantes de esas sociedades seguro que eran perfectamente capaces de ser ego&iacute;stas racionales y de entender la naturaleza como una fuente de beneficio extractivista, igual que nosotros, ocasionalmente, somos capaces de ver a los dem&aacute;s como gente con la que entablar proyectos en com&uacute;n o entender que los ecosistemas forman parte de nuestra vida. Lo que yo creo es que, a nuestro alrededor, hay todo un entramado institucional que inclinan la balanza en la direcci&oacute;n del individualismo o el extractivismo del mismo modo que en otras sociedades precapitalistas hab&iacute;a todo un entramado institucional cooperativo que inclinaba la balanza en esa direcci&oacute;n. No es tanto una cuesti&oacute;n cultural como el tipo de relaciones sociales e institucionales que hacen m&aacute;s probable que se den ciertas estrategias en vez de otras. Todo a nuestro alrededor confabula para que nos comportemos como ego&iacute;stas racionales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; existe una especie de empe&ntilde;o en mirar siempre al futuro y no a aquellos aspectos de la tradici&oacute;n que nos unen? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que forma parte de la propia l&oacute;gica del mercado, de esta especie de direccionalidad que nos hace mirar hacia un horizonte de crecimiento infinito donde vemos a la historia como una trituradora que va dejando escombros a su paso y todo lo que queda es un vertedero que no se puede aprovechar. Y esto genera una dial&eacute;ctica donde la &uacute;nica alternativa es una especie de tradicionalismo reaccionario en el que la opci&oacute;n es idolatrar el pasado, con una nostalgia idiota, y no pensar en una forma razonable de que el pasado es un dep&oacute;sito de posibilidades, que hay cosas que podemos aprovechar y otras de las que deber&iacute;amos de huir despavoridamente. Esa dicotom&iacute;a es muy actual. Elegir entre un progreso suicida o un tradicionalismo reaccionario es algo de nuestros tiempos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y, sin embargo, su mirada es optimista al mencionar que los comunes no son programas irrealizables, sino que puede funcionar incluso entre las mentes racional ego&iacute;stas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiene que ver con ciertas visiones que identifican a los comunales con una visi&oacute;n cultural, una manera de entender el mundo y una sensibilidad. Pero tiene mucho m&aacute;s que ver con un tipo de institucionalidad, una serie de reglas que hacen que, al formar parte de un determinado entorno social, aunque seas muy ego&iacute;sta, no te sientas tentado para convertirte en un gorr&oacute;n o en defraudar porque te resultar&iacute;a muy costoso y te resulta m&aacute;s c&oacute;modo formar parte de ese entorno cooperativo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo cierto es que nos vamos a enfrentar al dilema de compartir los recursos disponibles o matar por ellos. La cuestión es si somos capaces de poner en marcha un horizonte alternativo a esa guerra total ecofascista y que a la gente esté dispuesta a dar pasos arriesgados en esa dirección</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En un contexto de cambio clim&aacute;tico y escasez de recursos, &iquest;son los comunes m&aacute;s necesarios que nunca? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Como el libro de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/naomi-klein-green-new-deal_1_1324818.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Naomi Klein</a> [Esto lo cambia todo], yo creo que la crisis ecosocial lo cambia todo. Durante mucho tiempo, la paciencia era para quien se la pudiera permitir, pero ahora mismo nadie puede permitirse ser paciente. La crisis nos interpela a todos y amenaza el futuro de la humanidad; tambi&eacute;n es verdad que cambia las estrategias disponibles. Lo que muchas veces ofrecieron las tradiciones pol&iacute;ticas anticapitalistas era la posibilidad de un futuro de abundancia, donde la riqueza fuera mejor distribuida. Eso es muy poco realista en estos momentos salvo para gente que est&eacute; viviendo muy mal. Pero en Occidente es un programa poco realista. El desaf&iacute;o de hoy es convencer a la gente de que se adhiera a un programa de &ldquo;austeridad justa&rdquo; en el que seamos capaces de mejorar en ciertos sentidos, como tener m&aacute;s tiempo libre, m&aacute;s seguridad o m&aacute;s capacidad de intervenci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero en otros &aacute;mbitos no vamos a tener acceso a ciertos bienes o servicios que hoy damos por descontado. Los comunes, en todo caso, no son una panacea: vamos a necesitar un abanico muy grande de intervenci&oacute;n institucional que incluye la intervenci&oacute;n estatal a gran escala.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todas las propuestas transformadoras pasan por m&aacute;s democracia, un cambio de conciencia o decrecimiento econ&oacute;mico. Los comunes tambi&eacute;n: aqu&iacute; s&iacute; se mira al pasado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el fondo es una reelaboraci&oacute;n de un programa muy cl&aacute;sico dentro de la izquierda radical o de la tradici&oacute;n emancipadora: los proyectos de esas tradiciones pol&iacute;ticas siempre han abogado por una combinaci&oacute;n de igualdad y democracia radical que entra&ntilde;aba la capacidad de autogesti&oacute;n, una intervenci&oacute;n democr&aacute;tica. Una mayor libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la narraci&oacute;n de resistencia de los comunes hay un aroma a lucha de clases, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En parte es eso. Son distintos episodios, pero el <em>consejismo</em>, en el fondo tiene mucho que ver con esto: hay una inspiraci&oacute;n muy grande de la tradici&oacute;n <em>consejista</em> en la herencia de los comunes. Lo que pasa es que eso se va reformulando en distintos momentos de la historia y de diferentes maneras. En la Yugoslavia de los a&ntilde;os setenta hay una reedici&oacute;n de esta tradici&oacute;n de una reivindicaci&oacute;n de la autogesti&oacute;n directa, y eso es algo que va reapareciendo en muy distintos contextos a lo largo de la historia, como la tradici&oacute;n cooperativista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estamos llegando, pues, a eso que Tomas de Aquino afirm&oacute; hace ocho siglos y usted menciona: &ldquo;En caso de necesidad, todo es com&uacute;n&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; sea verdad y fuera por circunstancias m&aacute;s felices y no a causa de la emergencia ecosocial. Pero lo cierto es que nos vamos a enfrentar al dilema de compartir los recursos disponibles o matar por ellos. Al final el dilema va a ser o alg&uacute;n tipo de reparto comunalizado de los recursos o un tipo de ecofascismo; alg&uacute;n tipo de guerra por la supervivencia, y ya sabemos que la derecha radical est&aacute; muy c&oacute;moda en el segundo de los escenarios. La cuesti&oacute;n es si somos capaces de poner en marcha un horizonte alternativo a esa guerra total ecofascista y que a la gente est&eacute; dispuesta a dar pasos arriesgados en esa direcci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/cesar-rendueles-ensayista-confabula-comportemos-egoistas-racionales_1_11336106.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 May 2024 19:24:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[César Rendueles, ensayista: "Todo confabula para que nos comportemos como egoístas racionales"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Capitalismo,Ecologismo,Ensayos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La amenaza sobre el futuro de los consultorios médicos: "No me he movilizado nunca, pero esto era ya sangrante"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amenaza-futuro-consultorios-medicos-mira-no-he-movilizado-sangrante_1_11311868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebe618c9-4308-42e9-a7a9-05f7cf2033a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La amenaza sobre el futuro de los consultorios médicos: &quot;No me he movilizado nunca, pero esto era ya sangrante&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ausencia de médicos, una población con limitaciones de movilidad y la gestión política forman un cóctel explosivo para los centros sanitarios en el mundo rural: “Lo que ahora no se está haciendo es ni gestionar a los médicos que hay ni se están buscando fuera”</p></div><p class="article-text">
        Neifred Villegas consult&oacute; el GPS al llegar a casa y comprob&oacute; que hab&iacute;a pasado dos horas y media en la carretera: un tercio de su jornada laboral. Neifred es m&eacute;dico rural, esa figura docta en dolores y mano izquierda. Todas las ma&ntilde;anas, tras pasar consulta en el centro de salud de Ontaneda, se sube al coche y conduce durante media hora hasta San Pedro del Romeral. All&iacute; hay 350 pacientes a quienes revisa, cuida o lee cartas de la Seguridad Social. &ldquo;Cualquier cosa que se salga de la luz y el agua&rdquo;, dice, &ldquo;eres su apoyo&rdquo;. Como en cualquier otro n&uacute;cleo rural de c&oacute;digos tan distintos y vida m&aacute;s pausada, en San Pedro la m&eacute;dico se enfrenta a una dispersi&oacute;n monumental que le tiene enredada, en sus visitas a domicilios, en carreteras y caminos rurales buena parte de su jornada. Son las reglas de la profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los consultorios rurales son mucho m&aacute;s que un surtidor de remedios. Son punto de reuni&oacute;n y encuentro. Los paisanos conocen el coche de los m&eacute;dicos, les esperan, les preguntan, les cuentan su vida. Neifred Villegas dice que trabajar entre estos montes ondulados &ldquo;es muy bonito&rdquo; y que &ldquo;la mayor&iacute;a de las personas son agradecidas&rdquo;. Y &ldquo;muy homog&eacute;neas&rdquo;: se han dejado la vida en el campo, los j&oacute;venes se han ido, las lumbalgias desfilan por la sala y sus pacientes &mdash;la mitad de ellos de m&aacute;s de 70 a&ntilde;os&mdash; consultan mucho. Pero tambi&eacute;n dice que a pesar de esa dureza casi cong&eacute;nita, existe un problema a la hora de movilizarse: &ldquo;Muchos no conducen y tienen a uno o dos j&oacute;venes que les mueven, pero la realidad es que necesitan de este sistema sanitario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/cantabria-40-pueblos-medico_1_10985863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay cuarenta consultorios rurales sin m&eacute;dico</a>. Son centros que asisten a pocos o muchos cientos de personas que se ven obligados a desplazarse al centro de salud del que depende su puesto m&aacute;s cercano. Hay una raz&oacute;n: no hay bolsa de sustituci&oacute;n de m&eacute;dicos. Pero en los n&uacute;cleos rurales, donde la edad media de los habitantes es elevada y las consultas son m&aacute;s frecuentes por definici&oacute;n, el acceso al profesional sanitario es fundamental. La amenaza de su cierre planea ahora m&aacute;s que nunca tras las palabras del consejero de Salud de Cantabria, C&eacute;sar Pascual (PP): <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/pascual-senala-modelo-actual-consultorios-rurales-no-futuro_1_11243758.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;El modelo actual no tiene futuro&rdquo;.</a> La m&eacute;dico de San Pedro del Romeral, amante de eso que define como &ldquo;la ruralidad&rdquo;, reconoce que esa escasez es incuestionable, y eso les tiene a los m&eacute;dicos de la comarca haciendo carambolas para no dejar tirados a sus pacientes. Pero ese esfuerzo de apalabrar visitas a domicilios o consultorios, afirma, corre de su cuenta y riesgo.
    </p><p class="article-text">
        En Ria&ntilde;o, por ejemplo, est&aacute;n intentando reabrir el consultorio. Entre Entrambasaguas y este peque&ntilde;o pueblo de poco m&aacute;s de 150 vecinos a los pies de Fuente Las Varas apenas hay diez kil&oacute;metros que el silencio y la dispersi&oacute;n alejan a&uacute;n m&aacute;s. A la orilla de la carretera, el puesto de salud, levantado a finales de los a&ntilde;os noventa, duerme desde hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os. Al menos, dice Mar&iacute;a Ch&aacute;vez, presidenta de la Junta Vecinal, lo llevan utilizando tres a&ntilde;os como centro de actividades. Hay en el pueblo voces que piden reabrirlo como centro sanitario y otras que mantienen una aparente indiferencia, ya que mantienen su m&eacute;dico de cabecera en Sol&oacute;rzano, Solares o Santander. 
    </p><p class="article-text">
        El consultorio apenas funcion&oacute; tres a&ntilde;os. Se comenzaron a dar recetas electr&oacute;nicas y en la Cantabria rural de comienzos de siglo agarrar una pizca de internet era milagroso. La m&eacute;dico que ven&iacute;a un par de d&iacute;as al mes arm&oacute; el petate, dicen en Ria&ntilde;o, y se larg&oacute;. Sanidad, entonces, desmantel&oacute; el equipamiento y dej&oacute; un silencio que los vecinos, al saber que el edificio pertenec&iacute;a a la junta vecinal y no al ayuntamiento, y a pesar de que segu&iacute;a cedido a Sanidad, se encargaron de mantener. &ldquo;Pero el otro detonante es que la gente no asist&iacute;a&rdquo;, dice Mar&iacute;a Ch&aacute;vez.
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                    alt="Consulta de la doctora de Solórzano."
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                Consulta de la doctora de Solórzano.                            </span>
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        La semana pasada, dos representantes de la Consejer&iacute;a de Sanidad visitaron el consultorio. Entraron por la puerta abierta en un costado, accedieron al vest&iacute;bulo con mesas, sillas, m&aacute;quinas de coser y una televisi&oacute;n; accedieron a las tres habitaciones provistas de fregaderos y armarios que alguna vez guardaron gasas, y se sorprendieron del buen estado del edificio. Mar&iacute;a, que admite estar presionando para que traigan un m&eacute;dico un d&iacute;a a la semana, les pregunt&oacute; si esa futura asistencia ser&iacute;a compatible con los talleres de costura, cer&aacute;mica y plantas medicinales; si los viernes a las seis, los mayores del pueblo podr&iacute;an seguir jugando aqu&iacute; la partida. Ellas le respondieron que los dos habit&aacute;culos m&eacute;dicos se cerrar&iacute;an con llave y podr&iacute;an seguir las actividades. Mar&iacute;a celebra ahora la decisi&oacute;n de la Consejer&iacute;a, a&uacute;n en proceso, aunque tambi&eacute;n duda de la eficacia de la medida. &ldquo;Lo vamos a intentar: si funciona, bienvenido sea, pero si no funciona vamos a pedir el cambio de uso del edificio&rdquo;, explica, y remarca que, durante la anterior cobertura m&eacute;dica en Ria&ntilde;o &mdash;dos d&iacute;as al mes &mdash;, el servicio hizo aguas: &ldquo;Tampoco funcionaba bien: yo me acuerdo que, cada vez que tocaba y hab&iacute;a gente que no ten&iacute;a coche y esperaba, pero si ten&iacute;an emergencia no pod&iacute;an esperar: solo era para una consulta muy por encima&rdquo;. La presidenta, as&iacute;, mantiene una dial&eacute;ctica (presionar por la presencia m&eacute;dica al tiempo de incidir en su dudosa viabilidad) que resulta algo confusa:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero entonces, &iquest;est&aacute;s a favor de que vuelva el m&eacute;dico?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo estoy a favor de demostrar si funciona o no, y de una vez tomar una medida. Si no, seguiremos en la misma situaci&oacute;n: un edificio en el que no podemos hacer algo formalmente, como un centro de d&iacute;a o de ocio.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; parece claro es que la asistencia vendr&iacute;a de Sol&oacute;rzano. Es decir, se recurrir&iacute;a a lo que Neifred expresa as&iacute;: &ldquo;Se desviste un santo para vestir otro&rdquo;. Porque en Ria&ntilde;o no hay bar ni farmacia ni m&eacute;dico ni enfermera. Hay nuevos pobladores que huyen de los calores de la meseta en verano, una asociaci&oacute;n de amigos que agita la vida local, una preciosa bolera y unas antiguas escuelas. En Ria&ntilde;o hay, en fin, una especie de esperanza para que la m&eacute;dico de Sol&oacute;rzano venga una vez a la semana.
    </p><p class="article-text">
        Sol&oacute;rzano es la localidad m&aacute;s poblada (unos 700 habitantes) del municipio al que da nombre. Se encuentra a ocho kil&oacute;metros de Ria&ntilde;o, una distancia bien conocida por quienes acuden aqu&iacute; al consultorio. Un hombre sentado en su garaje con el port&oacute;n abierto dice que est&aacute; muy contento con la nueva doctora que, unos minutos despu&eacute;s, atiende en el consultorio a un hombre que acaba de pasar por manos de &ldquo;la practicante&rdquo;. En la sala de espera hay otras cuatro personas: una m&iacute;nima representaci&oacute;n de los 870 pacientes a quienes les corresponde este centro. Luc&iacute;a Gonz&aacute;lez viene de lunes a jueves, aunque dos d&iacute;as a la semana reparte la jornada entre el puesto de salud y la residencia de ancianos de Gama. Apenas hay demoras de un d&iacute;a en la atenci&oacute;n, dice Gonz&aacute;lez, aunque el mayor desaf&iacute;o de su trabajo es la dispersi&oacute;n. &ldquo;El problema es que hay m&aacute;s de 150 mayores de 75 a&ntilde;os, y muchos son inmovilizados&rdquo;, afirma. Y eso, afirma, repercute en que hay mayor lista de espera en los domicilios que en el propio puesto de salud. 
    </p><p class="article-text">
        Los consultorios, dicen las m&eacute;dicas rurales consultadas, funcionan bien. Las listas de espera son exiguas y los pacientes est&aacute;n satisfechos. El trato es cari&ntilde;oso, la nobleza es sobresaliente y los pobladores son duros. Luc&iacute;a Gonz&aacute;lez dice que la gente de aqu&iacute; no quiere ir al hospital y aguantan los quebrantos apretando los dientes en casa. Pero ambas coinciden en la dificultad de movilizaci&oacute;n de los mayores y en la ausencia de m&eacute;dicos para realizar sustituciones. La m&eacute;dico de Sol&oacute;rzano apunta al desaf&iacute;o que supondr&aacute; la jubilaci&oacute;n de unos cuarenta m&eacute;dicos de Atenci&oacute;n Primaria, aunque tambi&eacute;n la imposibilidad de asumir a la poblaci&oacute;n desplazada de vacaciones y segundas residencias. En Semana Santa, su consultorio asumi&oacute; una cartilla de mil desplazados, mientras que el verano pasado, en el centro de salud de Santo&ntilde;a y en el consultorio de Noja, que multiplica su poblaci&oacute;n un 3.000 por ciento, se ve&iacute;an 60 pacientes al d&iacute;a: &ldquo;No bajaban de esas cifras&rdquo;. El m&aacute;ximo, por ley, es de 35.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gesti&oacute;n de recursos o desmantelamiento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cantabria est&aacute; dividida <a href="https://www.scsalud.es/area-de-influencia-gap" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en cuatro &aacute;reas de salud</a> (Santander, Laredo, Reinosa y Torrelavega) que despliega su asistencia a trav&eacute;s de 42 centros de salud. Esos centros, adem&aacute;s, se extienden mediante 109 consultorios rurales. La ausencia de sustitutos <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/salud-aclara-vecinos-penagos-si-reciben-asistencia-medica-alcalde-no-dice_1_10498109.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mantuvo a Penagos sin m&eacute;dico</a> m&aacute;s de ocho meses. El pueblo comenz&oacute; unas protestas en las que se involucraron much&iacute;simos vecinos, como la mujer que este mediod&iacute;a sale del puesto de salud y particip&oacute; en varias manifestaciones. &ldquo;Mira que no me he movilizado nunca&rdquo;, dice, &ldquo;pero es que esto era ya sangrante: no es cualquier cosa, es la salud de las personas&rdquo;. La vecina prefiere no dar su nombre, pero s&iacute; explica los detalles de tantos meses en los que primero tuvieron que desplazarse a Sar&oacute;n y m&aacute;s tarde, despu&eacute;s de muchas quejas, ven&iacute;an m&eacute;dicos que hac&iacute;an peonadas por las tardes. &ldquo;As&iacute; nos hemos estado apa&ntilde;ando, pero ha sido un proceso&rdquo;, afirma la mujer que aprendi&oacute; a protestar y prefiere no dar su nombre (&ldquo;porque no importa, &iquest;no?&rdquo;). 
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Penagos, una poblaci&oacute;n de m&aacute;s de 2.000 personas, las reivindicaciones surtieron efecto, pero en localidades despobladas y dispersas donde la lucha com&uacute;n es anecd&oacute;tica, la presi&oacute;n medi&aacute;tica es invisible y el peso electoral resulta insignificante, el buen abastecimiento de los puestos de salud es m&aacute;s dif&iacute;cil. &ldquo;No hay m&eacute;dicos, es verdad, pero no los ha habido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Lo que ahora no se est&aacute; haciendo es ni gestionar a los m&eacute;dicos que hay ni se est&aacute;n buscando fuera&rdquo;, explica Ra&uacute;l Pesquera, diputado del PSOE en el Parlamento de Cantabria y m&eacute;dico en el consultorio de Lia&ntilde;o. Hoy, un jueves de mediados de abril, el consultorio est&aacute; cerrado. El puesto de salud, que pertenece al &aacute;rea de Astillero, abre dos d&iacute;as a la semana, aunque el m&eacute;dico admite que hay un desequilibrio en favor de Astillero, donde pasa la mayor&iacute;a de su tiempo de trabajo, entre el cupo de pacientes y la cantidad de horas que destina a cada centro.
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            <span class="title">
                El consultorio de Riaño lleva cerrado más de 15 años.                            </span>
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        Pesquera, adem&aacute;s, subraya el problema y acaricia la soluci&oacute;n de los consultorios ante la ausencia de m&eacute;dicos, que es desplazar a un profesional al consultorio y no a decenas de pacientes al centro de salud. &ldquo;Pero a los m&eacute;dicos no se les dice que tienen que ir al consultorio al que pertenece porque hacer eso supone gestionar y aqu&iacute; no queremos pelearnos con los m&eacute;dicos: ese es el problema&rdquo;, afirma. Aun as&iacute;, el sanitario y pol&iacute;tico considera que los consultorios sufren el mismo problema que los centros de salud, que es el d&eacute;ficit de profesionales. Solo hay una <em>peque&ntilde;a</em> diferencia que abre una inmensa brecha: mientras que, ante la baja o vacaciones de un profesional, en un centro de salud se distribuyen los pacientes entre el resto de m&eacute;dicos, en un consultorio, al no existir m&aacute;s doctores, los pacientes deben moverse al centro de salud del que depende su consultorio.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://biweb.scsalud.es/extensions/ap-medicos/ap-medicos.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las estad&iacute;sticas en Atenci&oacute;n Primaria,</a> dice Pesquera, no son malas. Un recorrido por las cifras disponibles en tiempos de espera o cupos de pacientes as&iacute; lo refleja, aunque la gesti&oacute;n o los servicios de urgencia, que consumen el 40 por ciento de los m&eacute;dicos de la Atenci&oacute;n Primaria, argumenta, frenan la eficiencia en el uso de los recursos humanos. Los Servicios de Urgencias de Atenci&oacute;n Primaria (SUAP), por ejemplo, son independientes y no pasan consulta por las ma&ntilde;anas. &ldquo;No es lo mismo el servicio de urgencias de Castro Urdiales o de Sar&oacute;n&rdquo;, justifica Pesquera, &ldquo;que el de Mataporquera, que se ven seis pacientes de media al d&iacute;a y va un paciente en horario nocturno cada 15 d&iacute;as&rdquo;. Ese servicio, expone, podr&iacute;a ser prestado por los m&eacute;dicos que atienden por la ma&ntilde;ana: &ldquo;Pero eso supone una reorganizaci&oacute;n de los servicios de urgencias, y eso significa conflicto&rdquo;. Por eso, ante tantas soluciones en la conversaci&oacute;n, cabe recordarle que &eacute;l fue consejero de Sanidad hasta el a&ntilde;o pasado y que el nuevo Gobierno lleva menos de un a&ntilde;o. &ldquo;S&iacute;&rdquo;, admite, &ldquo;y ese era el plan que ten&iacute;amos. Y por eso nos hicieron una huelga los servicios de urgencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La autocobertura, que implica repartirse el trabajo cuando se ausenta un profesional, no alcanza a los consultorios. La amenaza, pues, es muy palpable. &ldquo;El problema en la priorizaci&oacute;n es que tienes que tener en cuenta la equidad, y la priorizaci&oacute;n aqu&iacute; se hace en base a los intereses de los profesionales, no de los ciudadanos: quiz&aacute; hay que incentivar trabajar en un consultorio, como ofrecer un complemento&rdquo;, resuelve el m&eacute;dico de Lia&ntilde;o. &ldquo;Yo soy partidaria de mantenerlos&rdquo;, dice Gonz&aacute;lez, &ldquo;pero creo que a lo mejor llega un momento en el que no vamos a poder y, quiz&aacute;s, haya que centralizar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En la Cantabria rural, adem&aacute;s, el envejecimiento es un ingrediente m&aacute;s en este conglomerado de retos que incluye el desplazamiento de los mayores. &ldquo;En las zonas rurales salen a su huerta, pero las habilidades sociales para coger un transporte y movilizarse, hay que practicarlas, y aunque ellos son muy espabilados, esa habilidad social no la tienen&rdquo;, dice Neifred. La doctora de San Pedro del Romeral, amante de su destino y su trabajo, tampoco cree que sea f&aacute;cil aniquilar el necesario entramado de consultorios rurales. &ldquo;Poco a poco nos vamos comiendo cositas y la situaci&oacute;n es peor cada vez: antes las vacaciones te las cubr&iacute;an, ahora si pides unas vacaciones con sustituci&oacute;n, te lo deniegan de una vez por falta de sustitutos, y eso lo tenemos asumido desde hace un a&ntilde;o&rdquo;. Neifred no cree que sea f&aacute;cil desmantelar los consultorios, pero tras la ristra de argumentos en favor de su necesidad, lanza un pron&oacute;stico no muy esperanzador: &ldquo;No es f&aacute;cil desmontarlos, pero se va a lograr&rdquo;.
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                Interior del consultorio de Riaño.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amenaza-futuro-consultorios-medicos-mira-no-he-movilizado-sangrante_1_11311868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Apr 2024 19:43:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La amenaza sobre el futuro de los consultorios médicos: "No me he movilizado nunca, pero esto era ya sangrante"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Consultorio,Salud,Cantabria,Despoblación rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En primera línea contra el fuego en una comarca que arde una y otra vez: "Niño, saca el chisquero que estos ya se van"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/primera-linea-fuego-comarca-arde-vez-nino-saca-chisquero_1_11246420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74f47106-7955-489a-9204-de123b61d6e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En primera línea contra el fuego en una comarca que arde una y otra vez: &quot;Niño, saca el chisquero que estos ya se van&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Cantabria hay 36 cuadrillas de bomberos forestales que se enfrentan, durante 12 horas seguidas, a duros trabajos de extinción. La mayoría de fuegos, debido a la abrupta orografía, son apagados en el cuerpo a cuerpo</p><p class="subtitle">Primera parte - Cantabria arde en invierno: “Hay alarma por los incendios, pero el mayor problema vendrá cuando aquí no quede nadie”</p><p class="subtitle">Segunda parte - Cuando a los autores de los incendios los protege el miedo: “Si denuncias a un vecino se acabó la tranquilidad para el resto de tu vida”
</p></div><p class="article-text">
        Una docena de bomberos forestales enfundados en trajes amarillos espera la llamada improbable. El &uacute;ltimo incendio lo extinguieron hace dos d&iacute;as, pero esta tarde aletargada comparten merienda y conversaci&oacute;n mientras miran las alertas de reojo. En cualquier momento se marchitar&aacute; el nivel 2 y regresar&aacute;n a sus labores ordinarias, a sus horarios ordinarios y a su vida ordinaria, si es que apagar fuegos en Miera-Pisue&ntilde;a, la comarca que m&aacute;s arde en Cantabria, es una tarea excepcional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los bomberos que aguardan esa llamada cada vez m&aacute;s improbable en Vega de Villafufre &mdash;las nubes oscurecieron el cielo, el viento par&oacute; y los incendiarios saben que el monte no arde bien&mdash; dicen que sofocan llamas unos 120 d&iacute;as del a&ntilde;o, aunque si se encadenan meses sedientos, el n&uacute;mero de d&iacute;as apagando incendios se hincha con facilidad. Uno de ellos dice que esta zona debe de ser l&iacute;der en incendios o en superficie quemada. Un compa&ntilde;ero, entonces, interviene: &ldquo;O las dos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ambos tienen raz&oacute;n: Miera-Pisue&ntilde;a encabeza ambas estad&iacute;sticas.<a href="https://boc.cantabria.es/boces/verAnuncioAction.do?idAnuBlob=387109" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> El Plan Estrat&eacute;gico de Prevenci&oacute;n y Lucha contra Incendios Forestales (PEPLIF)</a> atribuye a la zona &lsquo;Interior Oriental&rsquo;, que abarca los valles de Pas, Pisue&ntilde;a, Miera y As&oacute;n<strong>,</strong> el 44 por ciento de los incendios entre 2016 y 2021, trece puntos m&aacute;s que &lsquo;Interior Occidental&rsquo;, compuesta por Nansa, Saja y Besaya; al mirar la superficie quemada, la diferencia se dispara: 58,5 por ciento frente al 27,5 por ciento.
    </p><p class="article-text">
        La nave en Vega de Villafufre es fr&iacute;a. Dos camiones cargados con 3.000 y 4.000 litros de agua duermen con el motor apagado, el dep&oacute;sito lleno y las mangueras enrolladas. Una hilera de desbrozadoras se descuelga de la pared. Y trajes, <em>batefuegos</em>, chaquetas y botas de r&iacute;o. El corrillo de hombres est&aacute; comandado por un veterano capataz que observa, calla y debe de otorgar porque solo abre la boca para refrescar una an&eacute;cdota. Al finalizar las labores de extinci&oacute;n, recuerda un compa&ntilde;ero, la cuadrilla se subi&oacute; a la camioneta y, antes de abandonar la zona, escuch&oacute; la voz firme de una paisana que &eacute;l reproduce antes de volver a <em>ausentarse</em>: &ldquo;Ni&ntilde;o, saca el chisquero que estos ya se marchan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El resto de bomberos son m&aacute;s j&oacute;venes. Se ponen el casco, la linterna, el cubrecuellos. Les toco las perneras y las botas dur&iacute;simas. Miro estos camiones salvajes y sus detalles: ruedas de monte, carrocer&iacute;a resistente, surtidores que escupen menos agua y con m&aacute;s presi&oacute;n que los camiones urbanos. Carlos es locuaz. Gabriel y Aurelio tambi&eacute;n. A Alfredo, que estos d&iacute;as est&aacute; de libranza, me une la tecnolog&iacute;a. Yo le escribo y &eacute;l me cuenta, yo le respondo y &eacute;l me resuelve dudas: esa es la din&aacute;mica. &ldquo;Porque el tiempo ahora mismo no lo deja arder y los incendiarios lo saben&rdquo;. &ldquo;No ven venir el problema que vamos a dejar en herencia a nuestros hijos&rdquo;. &ldquo;Se est&aacute; escapando la temporada de puntillas, yo creo que como se den las condiciones &oacute;ptimas se va a armar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora, en esta fr&iacute;a nave donde se cuela alguna reivindicaci&oacute;n laboral, la tarde transcurre entre conversaciones y una merienda a la que me resisto y me acaban endilgando. Los bomberos en guardia, me digo, tienen el don de la fraternidad. As&iacute; llega la noche y las lluvias y la expectativa de que una llamada les levante del asiento y corran hacia las camionetas aparcadas en la puerta con sus equipos y la incertidumbre se marchita definitivamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy mascar&aacute;n el bocadillo sin que se les indigeste con la primera bocanada de humo. Hoy el hambre no les morder&aacute; el est&oacute;mago ni les har&aacute; desfallecer, como aquella noche en la que a dos de ellos, en nivel 1 de guardia &mdash;siete d&iacute;as, 24 horas localizados, 15 minutos en el punto de encuentro&mdash; una llamada les sac&oacute; de la cena en sus casas y el amanecer les agarr&oacute; luchando contra el fuego y el ayuno. Pero hoy no les llamar&aacute;n: no se someter&aacute;n a las altas temperaturas ni a la autoridad del agente forestal, director de extinci&oacute;n. Tampoco el calor exagerado les envolver&aacute; el cuerpo, que cubren con unos monos que, a la vista y tacto, no parecen demasiado sofisticados. Ellos lo matizan: son ligeros para trabajar doce horas seguidas y sentir el calor que les sirve como indicador de riesgo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La mayoría de fuegos se apagan con batefuegos.                            </span>
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        La inmensa mayor&iacute;a de incendios los apagan en un cuerpo a cuerpo, ya que los montes escarpados apenas permiten acercar los veh&iacute;culos autobomba a pesar de que logren llevar el agua a cientos de metros empalmando mangueras. As&iacute;, su trabajo de extinci&oacute;n no requiere m&aacute;s instrumentos que esas palas de metal y goma con la que golpean el suelo y agotan el ox&iacute;geno. Es una danza con ese fuego de baja intensidad que arrasa el ecosistema de matorral. Este tipo de incendios, adem&aacute;s, determina la altura de las llamas, aunque el sempiterno viento sur que enciende deseos incendiarios a veces ponga a los operarios en serias dificultades: &ldquo;Con mucho viento a veces no te tienes ni en pie. Normalmente siempre act&uacute;as, pero hay otras veces que hay que esperar. Es un riesgo controlado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un riesgo controlado: los bomberos aseguran que los guardas forestales no les ponen en riesgo y, si las llamas est&aacute;n a merced de las caprichosas r&aacute;fagas de viento, ellos retroceden. Porque el fuego corre m&aacute;s y, a pesar de tener claras las zonas de evacuaci&oacute;n y definida una estrategia previa, puede existir riesgo de atrapamiento, como aquellos<a href="https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/provincias/zamora/meses-medio-incendio-castilla-leon-da-extinguido-fuego-arrasa-sierra-culebra-15-junio_1_9270394.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> incendios de Zamora en el verano de 2022</a> en los que Gabriel trabaj&oacute; como voluntario y donde quemaban franjas alrededor de los pueblos para que el fuego saliera intencionado y no entrara desaforado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces murieron cuatro personas y ardieron 30.000 hect&aacute;reas, tres veces m&aacute;s de lo que se quema en Cantabria en un solo a&ntilde;o. Pero aqu&iacute; ya han ardido caba&ntilde;as ganaderas debido al estado de abandono del campo, a la ausencia de relevo generacional, a los matorrales que llegan a las puertas mismas de los pueblos y las zarzas que trepan por las paredes. Aun as&iacute;, los fuegos apocal&iacute;pticos que arrasaron la Sierra de la Culebra o<a href="https://www.eldiario.es/internacional/incendios-california-muertos-hectareas-quemadas_1_3137059.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> California</a> no son propios de tierras h&uacute;medas donde los incendios se concentran en invierno. Pero a lomos del cambio clim&aacute;tico, esa amenaza se puede hacer palpable: &ldquo;Llegar&aacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cambio de percepci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era ni&ntilde;o, ten&iacute;a un libro interactivo titulado <em>El fuego, &iquest;amigo o enemigo?</em> que explicaba c&oacute;mo los seres humanos &ldquo;robaron&rdquo; el fuego a la naturaleza para domesticarlo. Aquel instrumento educativo hac&iacute;a un repaso por el universo del fuego, la mitolog&iacute;a, el uso en la cocina o las tres condiciones &mdash;ox&iacute;geno, calor y combustible&mdash; que posibilita un incendio. En las zonas donde el uso del fuego siempre ha sido com&uacute;n su presencia no suele alterar los &aacute;nimos de los habitantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los bomberos de Pisue&ntilde;a saben que los paisanos &ldquo;de Sar&oacute;n para arriba&rdquo; no llaman a emergencias si ven alg&uacute;n foco. &ldquo;Y si llaman&rdquo;, matizan, &ldquo;es que no son de aqu&iacute;&rdquo;. En esas cuestiones b&aacute;sicas nos educaron a los ni&ntilde;os de los a&ntilde;os noventa, una d&eacute;cada en la que empez&oacute; a cambiar la percepci&oacute;n despu&eacute;s de los nefastos incendios que reventaron los indicadores. Solo en los dos a&ntilde;os m&aacute;s nefastos de la d&eacute;cada, 1985 y 1989, <a href="https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/incendios_forestales_espania_1989_tcm30-132573.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ardieron casi un mill&oacute;n de hect&aacute;reas</a> en Espa&ntilde;a, es decir, dos, tres, seis y hasta diez veces m&aacute;s hect&aacute;reas que durante el mismo per&iacute;odo en las dos d&eacute;cadas anteriores.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El que da lumbre al monte suele hacerlo de noche porque sabe que es cuando se nos complica la extinción
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aquellas cat&aacute;strofes impulsaron la campa&ntilde;a<a href="https://www.youtube.com/watch?v=FfXa162Hy8k" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=FfXa162Hy8k" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Todos contra el fuego</em></a>, cuyo &eacute;xito fue contundente. &ldquo;Pero tambi&eacute;n fue un poco perverso: empezamos a ver el fuego como algo malo, cuando hay un tipo de fuego que no es destructivo&rdquo;, explica ahora Jorge Garc&iacute;a, t&eacute;cnico de Capacitaci&oacute;n y Operaciones de la<a href="https://www.paucostafoundation.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Fundaci&oacute;n Pau Costa</a>. Este c&aacute;ntabro con amplia experiencia en incendios dice que el fuego comenz&oacute; a prohibirse, y eso se tradujo en que su uso tradicional para &ldquo;domesticar&rdquo; y &ldquo;fabricar&rdquo; paisajes pasara a la clandestinidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ganadero que regeneraba pastos, pues, empez&oacute; a quemar de noche, tratando de calcinar la mayor superficie posible de un solo <em>cerillazo</em> para exponerse el menos tiempo posible: lo que hac&iacute;a era un delito. Esa mentalidad cal&oacute; en una sociedad cada vez m&aacute;s urbana y ajena a los retos del mundo rural. &ldquo;Este conocimiento del uso del fuego no se transmite en escuelas forestales&rdquo;, contin&uacute;a Garc&iacute;a, &ldquo;y lo que ha visto la generaci&oacute;n que viene ahora es al padre escondido para pegarle fuego al monte. El uso tradicional se ha perdido. No justifico lo que hacen, pero s&iacute; hay claves&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los bomberos forestales de Miera Pisueña, de guardia en la base de Pisueña."
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                Los bomberos forestales de Miera Pisueña, de guardia en la base de Pisueña.                            </span>
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        Horas de conversaciones y explicaciones con expertos, autoridades ambientales, t&eacute;cnicos, profesionales y ganaderos han cambiado la percepci&oacute;n de los incendios en quien teclea estas palabras. Todos coinciden en que la ciudad solo se da por aludida cuando arde la falda norte de Pe&ntilde;a Cabarga, a la vista de Santander, y su resplandor altera la noche y el humo nubla el horizonte. Esas escenas que a un kil&oacute;metro de distancia crispan los nervios y sobre laderas taladradas por d&eacute;cadas de miner&iacute;a ponen a prueba a bomberos forestales son las que a&ntilde;aden confusi&oacute;n sobre el fuego: la inmensa mayor&iacute;a de incendios de Cantabria tienen la intenci&oacute;n de regenerar pasto y, seg&uacute;n el investigador Juan Busqu&eacute;, &ldquo;la mayor&iacute;a no son malos desde el punto de vista ambiental y no van a mermar los recursos naturales, que el m&aacute;s importante es el suelo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La trampa de la simplificaci&oacute;n ha sido un cepo en el que tambi&eacute;n han ca&iacute;do los pol&iacute;ticos, cuya posici&oacute;n no siempre se conoce. &iquest;Qui&eacute;n quiere enemistarse con sus votantes de &aacute;reas rurales? &ldquo;No hay un posicionamiento claro a la hora de cambiar el problema&rdquo;, expresa Garc&iacute;a, &ldquo;sino que [la clase pol&iacute;tica] juega un poco en funci&oacute;n de las circunstancias: intenta apoyar al ganadero, pero no puede hacer caso omiso cuando arden 15.000 hect&aacute;reas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese fue la superficie que se calcin&oacute; en 2021, una cifra que recordaba a 2015, cuando se volvi&oacute; a superar esa cifra y ardieron,<a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/hectareas-cantabria-incendios-forestales-diciembre_1_4247079.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> en tan solo dos semanas</a>, 10.000 hect&aacute;reas. La Viesca emiti&oacute; sus destellos junto a Torrelavega y Pe&ntilde;a Cabarga frente a Santander. Los hidroaviones enviados por el Gobierno central en febrero de 2019, maniobrando durante horas a la vista de la capital y sorbiendo agua de la bah&iacute;a visibilizaron a&uacute;n m&aacute;s el problema. Ese a&ntilde;o se quemaron m&aacute;s de 11.000 hect&aacute;reas con un d&iacute;a en el que se provocaron m&aacute;s de cien incendios. El decreto de quemas prescritas, aprobado en 2021, fue una de las medidas que emergieron para encauzar unas pr&aacute;cticas tan viejas como &uacute;tiles, tan presentes como arraigadas. Garc&iacute;a, que trabaja en la formaci&oacute;n integral de incendios y los dispositivos de emergencias, dice que el fuego puede usarse bien o mal. &Eacute;l solo &ldquo;est&aacute; ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los Equipos de Prevenci&oacute;n Integral de Incendios Forestales (EPRIF) forman parte del papel de concientizaci&oacute;n. Los EPRIF de Cantabria est&aacute;n en el valle del Pas y, entre sus trabajos solicitados por la comunidad al Ministerio de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, que provee de estos equipos, adem&aacute;s de la supervisi&oacute;n de quemas controladas, est&aacute; la organizaci&oacute;n de cursos para lograr el certificado de &lsquo;jefe de quema&rsquo; que exige el decreto de 2021. A los cursos, organizados por la Direcci&oacute;n General de Montes y Biodiversidad, acuden ganaderos y alg&uacute;n maderista, aunque sus dos t&eacute;cnicos y dos capataces se muevan por toda la comunidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Celia Herr&aacute;ez, t&eacute;cnico del equipo, reconoce que los asistentes se inscriben a los cursos por convencimiento o para lograr la autorizaci&oacute;n. Son cuatro horas de clases te&oacute;ricas y otras cuatro pr&aacute;cticas que siempre empiezan con un anuncio: no van a ense&ntilde;arles a quemar porque ellos lo saben hacer mejor. &ldquo;Nosotros podemos actuar sobre esa gente&rdquo;, detalla Herr&aacute;ez, &ldquo;y si pueden quemar de forma autorizada no lo va a hacer ilegalmente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cambiar las costumbres, sin embargo, es un trabajo arduo, y esa es la encomienda que las EPRIF est&aacute;n desarrollando en lugares donde la administraci&oacute;n no siempre es bien recibida: demasiadas normas, demasiados problemas, demasiados enemigos. Las EPRIF, dice la miembro del equipo, son vistos como aliados all&aacute; donde la autoridad ambiental genera rechazo, aunque no todos los territorios son igual de permeables. Hay quien quema mejor y hay quien quema peor. Hay quien quema con sentido y hay quien quema por despecho. Entre las variadas razones que he escuchado hasta ahora, desde la habitual regeneraci&oacute;n de pastos hasta las venganzas o la costumbre de mantener limpio el monte sin m&aacute;s af&aacute;n que la pulcritud, pasando por quemar cotos de caza para mover a la fauna o plantaciones de eucaliptus para entretener a los bomberos mientras arden los pastos, nunca hab&iacute;a escuchado que alguien pudiera prender fuego tras pincharse las piernas con escajos y emprenderla con el monte. Pero son cosas que tambi&eacute;n suceden.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los protagonistas de la extinci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        En las trece comarcas forestales en las que se divide Cantabria hay 36 cuadrillas compuestas por seis bomberos y un capataz. Por eso, cuando se les desplaza de territorio debido a la multiplicaci&oacute;n de focos, ellos se entregan con fe ciega al jefe del grupo. Los montes tienen cuevas, torcas, agujeros; se desprenden piedras, hay precipicios y se huele el miedo en territorios que no conocen milim&eacute;tricamente. &ldquo;El que da lumbre al monte suele hacerlo de noche: sabe que es entonces cuando se nos complica la extinci&oacute;n&rdquo;, dice Rosaura Campuzano, Chaori, capataz de una cuadrilla de Cabu&eacute;rniga. Buena parte de su trabajo transcurre de noche, cuando los incendiarios aprovechan la oscuridad para que su fechor&iacute;a sea lo m&aacute;s eficaz posible. Los d&iacute;as festivos y las nochebuenas y nocheviejas en las que sopla el sur son d&iacute;as predilectos para prender fuego por la mayor escasez de recursos.
    </p><p class="article-text">
        Chaori es una referencia en toda Cantabria a pesar de que sus primeros pasos como trabajadora forestal los diera por casualidad. El guarda, que estaba buscando gente para trabajar en el monte, se present&oacute; en su casa familiar de Ruente para reclutar a un hermano. Sus padres le dijeron que no, pero a cambio, se llev&oacute; la intenci&oacute;n de Chaori de incorporarse al Instituto para la Conservaci&oacute;n de la Naturaleza (ICONA) con la duda de si una mujer pod&iacute;a realizar aquellas labores. As&iacute;, realizando el<a href="https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/servicios/banco-datos-naturaleza/informacion-disponible/ifn2.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> segundo inventario forestal nacional</a>, comenz&oacute; Chaori su andadura en el monte.
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                Tres bomberos apuran la extinción de un incendio.                            </span>
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        Han pasado 38 a&ntilde;os y esta pionera,<a href="https://www.eldiario.es/cantabria/sociedad/chaori-cantabra-pertenecer-cuadrillas-forestales_1_1488233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> condecorada por el rey al Orden al M&eacute;rito Civil</a>,&nbsp; sigue surcando montes y fuegos. Cuando no est&aacute;n apagando incendios mantiene pistas, desbroza cortafuegos, coloca estacas para que el ganado no salga a la carretera o planta eucaliptos o pinos, aunque las cuadrillas reivindiquen su papel como &lsquo;bomberos forestales&rsquo; y traten de sacudirse el de &lsquo;operarios de montes&rsquo; que llevan adherido a la espalda. En sus cuatro d&eacute;cadas ha visto el paso de las estaciones en el coraz&oacute;n del Cabu&eacute;rniga y las diferentes etapas en la extinci&oacute;n de incendios, desde quemar zonas amenazadas para que el fuego no avanzara hasta tener que apagar &ldquo;absolutamente todo&rdquo;, calcinando zonas anexas al fuego porque saben que la ladera arder&aacute; igualmente: si un paisano quiere quemar, dice, lo va a quemar en uno o varios d&iacute;as. Pero la va a quemar, as&iacute; que los bomberos se han adelantado para no tener que realizar otro despliegue.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, dice Chaori, han vuelto a concentrar los esfuerzos en extinguir el fuego en zonas de mayor valor ecol&oacute;gico: si no alcanzan a apagar todo, al menos salvan lo que m&aacute;s importa. Otras veces, sin embargo, la ferocidad del fuego hace inviable su extinci&oacute;n. &ldquo;El fuego es un elemento poderoso y si tienes un viento fuerte puede m&aacute;s que t&uacute;&rdquo;, dice. &ldquo;Algunos quieren que nos arriesguemos para apagar incendios que est&aacute;n en zonas inaccesibles, pero hay veces que los fuegos, sencillamente, no se pueden apagar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria apenas se dan &lsquo;grandes incendios&rsquo; (m&aacute;s de 500 hect&aacute;reas) y los m&aacute;s comunes son de menos de 25 hect&aacute;reas. La superficie media, sin embargo, se ha doblado y &ldquo;cada vez cuesta m&aacute;s apagarlos&rdquo;. Las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF), del Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, apoyan en los fuegos m&aacute;s dif&iacute;ciles. En Cabu&eacute;rniga est&aacute;n destinados unos 25 profesionales procedentes de otras diez BRIF del pa&iacute;s: en los tres meses que pasan en Cantabria llegan a trabajar m&aacute;s d&iacute;as apagando incendios que en el resto del a&ntilde;o en otras zonas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n Octavio, el t&eacute;cnico de Tragsa, la empresa p&uacute;blica que coordina las BRIF, explica que<strong> </strong>en Cabu&eacute;rniga no hay per&iacute;odo de activaci&oacute;n como en el resto de bases del pa&iacute;s, de las que cuatro, por la naturaleza de los incendios en el norte, se activan en invierno. El apoyo en Cantabria, explica, se despliega durante un periodo &ldquo;excepcional&rdquo; de tres meses. Sus cuadrillas se desplazan en helic&oacute;ptero para llegar a zonas complicadas donde los aviones que alguna vez envi&oacute; el Gobierno central no eran tan operativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cantabria tiene una problem&aacute;tica de incendios muy determinada en unos meses en invierno&rdquo;, dice Octavio, que recuerda que el modelo de las BRIF se inici&oacute; en el centro y sur del pa&iacute;s y se fue extendiendo hasta llegar a Ruente en 2006. Aqu&iacute; se mueven en un radio de 50 kil&oacute;metros, por lo que pellizcan zonas de Asturias, Palencia y Burgos con permiso del calendario: entre febrero y abril se concentran casi las tres cuartas partes de los incendios; con permiso, tambi&eacute;n, del fuego en Cabu&eacute;rniga, el tercer municipio que m&aacute;s arde en Cantabria, solo superado por Vega de Pas y Soba.
    </p><p class="article-text">
        Y, aun as&iacute;, arrastrando el cansancio por tierra o aire, Chaori insiste en que los bomberos forestales no son h&eacute;roes. Puede que haya ultramaratonianos entre ellos, y los hay, pero su trabajo es an&oacute;nimo y la cultura popular no ha arrastrado su labor a la categor&iacute;a rom&aacute;ntica, por ejemplo, de los <em>smokejumpers</em>, el grupo de bomberos paracaidistas estadounidenses. Norman Maclean sigui&oacute; su rastro para reconstruir el incendio de Mann Gulch, en Montana, en el que murieron doce de los quince paracaidistas de &eacute;lite, y lo volc&oacute; en<a href="https://www.pepitas.net/libro/la-montana-en-llamas?fbclid=IwAR0kjS8n1KX0YVsQnGIGUmj7djWBdLfE44IPwswkTWDY-6LRZbrAKW7mAxQ_aem_Ac-waHJcTcFSnl_Uzxbm2Izixs4bxKVFjSVNYL18becoHmmGfjPop3clwPZ3G787n4Rh_AG_pQ96UzizBKoazm_W" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.pepitas.net/libro/la-montana-en-llamas?fbclid=IwAR0kjS8n1KX0YVsQnGIGUmj7djWBdLfE44IPwswkTWDY-6LRZbrAKW7mAxQ_aem_Ac-waHJcTcFSnl_Uzxbm2Izixs4bxKVFjSVNYL18becoHmmGfjPop3clwPZ3G787n4Rh_AG_pQ96UzizBKoazm_W" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La monta&ntilde;a en llamas</em></a><em> </em>con una gu&iacute;a como principio: &ldquo;El narrador, a diferencia del historiador, debe dejarse llevar por la compasi&oacute;n, adondequiera que esta le conduzca. Debe ser capaz de acompa&ntilde;ar a sus personajes, incluso al interior del humo y del fuego, y dar testimonio de lo que sienten y piensen, aun cuando ni ellos mismos lo sepan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El contexto y el conflicto del fuego en Cantabria es distinto; las labores de extinci&oacute;n, tambi&eacute;n. Pero quien se adentra en este laberinto de fuego, conflictos y preguntas tambi&eacute;n se enfrenta a peque&ntilde;as decisiones que apenas exceden los muros de la conciencia. Es lo que me sucedi&oacute; cuando<a href="https://www.eldiario.es/cantabria/cantabria-arde-invierno-hay-alarma-incendios-mayor-problema-vendra-no-quede-nadie_1_10991565.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> aquel alcalde me despach&oacute; respecto a los incendios</a> y, en lugar de desplegar el dedo acusador de las palabras, reflexion&eacute; sobre el sentido de escribir sobre los incendios de mi tierra. El narrador, dec&iacute;a Maclean, tiene un claro deber. Estos incendios que queman matorral suelen ser de baja intensidad y no hace falta, como el escritor estadounidense, aprender c&oacute;mo debi&oacute; de ser morir en el calor del infierno. Aqu&iacute; hay luxaciones, esguinces y torceduras, y hasta la conversaci&oacute;n con Chaori nunca ha muerto ning&uacute;n bombero. Apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s, sin embargo, <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/bombero-forestal-muere-trabajaba-extincion-incendio-monte-cabuerniga_1_11220735.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juli&aacute;n, compa&ntilde;ero suyo, cay&oacute; desplomado al acabar de sofocar unas llamas</a>. A ella, que ha vivido cientos de incendios, a&uacute;n le retumba en la memoria el incendio de 20 hect&aacute;reas de eucaliptal en Rucandio. Las r&aacute;fagas de viento sur alcanzaron los 80 kil&oacute;metros por hora y se tuvieron que desalojar varias casas: &ldquo;Pasamos una noche infernal, conseguimos apagarlo al lado del pueblo, con un acceso mal&iacute;simo. Y con el nerviosismo de toda la gente del pueblo, en la plaza, pendiente&rdquo;. Despu&eacute;s de trabajar 12 horas con el humo empapando la ropa y los pulmones, cuesta imaginar c&oacute;mo se llega a casa. Ella se adelanta: &ldquo;Hecha polvo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Cantabria le queda a&uacute;n un mes de incendios. Luego vendr&aacute; mayo y la superficie quemada caer&aacute; en picado. A la primavera ya no le dar&iacute;a tiempo a regenerar el pasto, la tierra estar&aacute; m&aacute;s caliente y los destrozos al suelo ser&iacute;an mayores. Los miembros de las BRIF de Ruente se ir&aacute;n a otros pagos, los bomberos forestales volver&aacute;n a los desbroces y el ganado comer&aacute; los pastos brillantes. Es el ciclo repetido que tantos esfuerzos tratan de quebrar. &ldquo;Igual hay que empezar a hablar de prevenci&oacute;n y de ver el monte como algo protector y no como algo productor &uacute;nicamente&rdquo;, concluye Chaori, que despu&eacute;s de apagar un incendio, satisfecha, rumia para s&iacute; misma el &uacute;ltimo pensamiento del d&iacute;a: &ldquo;Hemos podido con esto una vez m&aacute;s&rdquo;.
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                Resplandor de un incendio.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/primera-linea-fuego-comarca-arde-vez-nino-saca-chisquero_1_11246420.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Mar 2024 20:02:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En primera línea contra el fuego en una comarca que arde una y otra vez: "Niño, saca el chisquero que estos ya se van"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Incendios forestales,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando a los autores de los incendios los protege el miedo: "Si denuncias a un vecino se acabó la tranquilidad para el resto de tu vida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/virginia-carracedo-experta-incendios-numero-condenas-irrelevante-relacion-cantidad-fuegos_1_11216771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55c1bd62-17e1-485c-a1e5-c83e6c6db5a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando a los autores de los incendios los protege el miedo: &quot;Si denuncias a un vecino se acabó la tranquilidad para el resto de tu vida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La inmensa mayoría de incendios son intencionados, aunque la dificultad en identificar a los autores limita las investigaciones. Hay corrientes que condenan el uso del fuego, pero también hay experimentos cuyos resultados animan a realizar quemas
</p><p class="subtitle">Primera parte - Cantabria arde en invierno: “Hay alarma por los incendios, pero el mayor problema vendrá cuando aquí no quede nadie”</p></div><p class="article-text">
        Los vecinos de Miera miran al cielo para nutrir las tierras. Sus padres les dijeron que hab&iacute;a que aportar al campo la sobredosis de potasio de las cenizas de la lumbre en la primera luna menguante de febrero. Lo han hecho durante d&eacute;cadas, pero al asomarse por las ramas de sus &aacute;rboles geneal&oacute;gicos, el conocimiento tradicional emite un eco sordo: los j&oacute;venes ya no est&aacute;n aqu&iacute;. Es una secuencia repetida en los pueblos de Cantabria en los que las oportunidades se fueron apagando lentamente. Hay quienes se fustigan por ello, ya que las generaciones que perdieron ganado y &aacute;nimo convencieron a sus hijos de que buscaran el pan en mundos m&aacute;s amables. El relevo generacional, as&iacute;, se atasc&oacute; en el cambio de siglo. La vida rural tambi&eacute;n: las lindes de las fincas, siempre tan claras, empezaron a desdibujarse entre matorrales cada vez m&aacute;s densos.
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s G&oacute;mez, un antiguo pescador y cazador que ahora se dedica a recorrer la cuenca del Miera y a <em>recibir</em> a p&aacute;jaros en su jard&iacute;n, dice que ya no quedan ganaderos. &ldquo;El ganadero es una persona que tiene animales que puede controlar en un espacio que tambi&eacute;n puede controlar&rdquo;, resume en su casa de Li&eacute;rganes. Y, bajo ese criterio, no caben los que acumulan decenas de vacas esparcidas en montes p&uacute;blicos sin vigilancia permanente. Porque ya no quedan ganaderos, se lamenta: &ldquo;Yo hablo con ellos, y he estado trabajando con ellos, y veo lo que hay&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las estad&iacute;sticas, los informes y las opiniones de expertos tambi&eacute;n reflejan &ldquo;lo que hay&rdquo; en Cantabria: que la mayor&iacute;a de incendios est&aacute;n asociados a la quema de matorrales y regeneraci&oacute;n de pastos para uso ganadero. Aunque esos mismos informes y opiniones que se&ntilde;alan al sector ganadero para domar tierras salvajes tambi&eacute;n apuntan a esos protagonistas para gestionar el monte. &ldquo;Gracias a esta actividad se mantienen espacios ecol&oacute;gicos de extraordinario valor y biodiversidad, siendo, sin duda, la mejor herramienta de prevenci&oacute;n de incendios forestales al realizar una acci&oacute;n continua de descarga de combustible a trav&eacute;s del pastoreo&rdquo;, dice un<a href="https://dgmontes.org/documents/16835/7538995/Documento+divulgativo+PEPLIF.pdf/1fdeced8-c1e8-4461-2287-df94d129fab1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> documento divulgativo del Plan Estrat&eacute;gico de Prevenci&oacute;n y Lucha contra Incendios Forestales (PEPLIF)</a>. <a href="https://boc.cantabria.es/boces/verAnuncioAction.do?idAnuBlob=387109" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El nuevo PEPLIF (2023-2027)</a> es claro: el 97% de los incendios forestales son intencionados, de los que casi un 85% est&aacute;n relacionados con la ganader&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se quema un poco m&aacute;s sin control porque te pueden meter un multazo&rdquo;, admite Fernando Maza, de Miera. &ldquo;Antes se quemaba y se controlaba el fuego de d&iacute;a, pero la gente ya no se arriesga y quema de noche&rdquo;. Esa clandestinidad forzada por las circunstancias es la que calcina en Cantabria m&aacute;s de 9.000 hect&aacute;reas todos los a&ntilde;os: a los autores los conocen los vecinos y los protege el temor. Javier Manrique, decano del Colegio Oficial de Ingenieros T&eacute;cnicos Forestales de Cantabria, dice que, si denuncias al vecino en un pueblo, &ldquo;se te ha acabado la tranquilidad para el resto de tu vida&rdquo;, mientras que Rafael V&aacute;zquez, capit&aacute;n jefe de la Guardia Civil en el Servicio de Protecci&oacute;n de la Naturaleza (Seprona) en Cantabria, explica que &ldquo;hay muchas m&aacute;s personas que no colaboran por miedo&rdquo; a pesar de que, en los pueblos, se conozcan todos.&nbsp;&nbsp;
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                El escajo predomina en el ecosistema de matorral.                            </span>
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        En este recorrido por el universo del fuego han salido nombres, apellidos y apodos de autores de incendios. Yo he visto iniciar uno en las faldas de Pe&ntilde;a Pelada despu&eacute;s de que mi anfitri&oacute;n me dijera que cualquier d&iacute;a arder&iacute;an esas laderas. Un hombre tambi&eacute;n me ha dicho c&oacute;mo, recientemente, sub&iacute;a por una carretera mientras ard&iacute;a el monte y bajaban sus (supuestos) autores y otro vecino me ha contado c&oacute;mo un eucaliptal ardi&oacute; junto a la casa de su (supuesto) autor. Pero el capit&aacute;n del Seprona dice que saberlo no es suficiente y, por esa raz&oacute;n, explica que &ldquo;eso de que todo el mundo lo sabe en los pueblos es la letra peque&ntilde;a: a m&iacute; lo que me hace falta es que esas personas me digan qui&eacute;n ha sido, me cuente los detalles y lo firme. Una cosa es saber y otra es que lo pongan y lo firmen. Son cosas diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En estas tierras escarpadas hay incendios, respeto y desconfianza a la autoridad. Ser&aacute; el pasado: en los tiempos del fulgor sider&uacute;rgico de Li&eacute;rganes y La Cavada que esquilm&oacute; los bosques gracias a aquella dotaci&oacute;n de montes que cuid&oacute; con esmero el destino de la madera, las multas y castigos eran habituales entre quienes se prove&iacute;an &mdash;sus casas, sus aperos de labranza, su le&ntilde;a&mdash; de recursos del entorno. La vigilancia y el escarmiento privaron as&iacute; a los habitantes de sus propias tradiciones. Y ese poso, afirman muchos, qued&oacute; flotando en esta atm&oacute;sfera empa&ntilde;ada de humo y lavada por las lluvias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Enrique Merino recorre las pistas forestales de la cuenca del r&iacute;o Miera ojo avizor. Dice que la presencia de la autoridad es disuasoria y, si alguien pretendiera quemar el monte y supiera que un agente del medio natural ronda la zona, buscar&aacute; otro momento para realizar la fechor&iacute;a. Es dif&iacute;cil ver a alguien en el instante en que coloca y prende una mecha unida a una caja de cerillas, una botella con gasolina o una pastilla de parafina, como se hace &uacute;ltimamente, aunque &eacute;l s&iacute; recuerda el d&iacute;a en que recibi&oacute; el aviso de que un hombre estaba prendiendo fuego mientras iba caminando. Enrique y otros guardas forestales lo identificaron y denunciaron. &ldquo;El factor sorpresa est&aacute; ah&iacute;&rdquo;, reconoce. &ldquo;Hay veces que puedes ir por una zona y ver a alg&uacute;n paisano&rdquo;.
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                Enrique Merino, agente del medio natural.                            </span>
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        Pero en los juicios, como cualquier acusado por cualquier otro delito, el incendiario puede desentenderse. Enrique Merino no puede dar detalles de uno de esos casos que lo llevar&aacute;n a testificar al juzgado en cualquier momento sobre aquel vecino al que s&iacute; pudo identificar: es parte de sus atribuciones como agente de la autoridad. &ldquo;Hay veces que conoces a gente conflictiva&rdquo;, dice, &ldquo;pero no tienes pruebas para incriminar a esa persona&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El guarda forestal lleva cuatro a&ntilde;os trabajando en la cuenca del Miera y dice que existen tensiones entre quienes tratan de esquivar la normativa de r&iacute;os, caza o fuego y la autoridad ambiental que &eacute;l representa. El coche que conduce y su traje oliva crean cierta suspicacia, aunque en sus rutas tambi&eacute;n ha logrado disolver la fr&iacute;a distancia para ampliar las costumbres y opiniones de la vida local. As&iacute; ha logrado saber que los habitantes del Miera lamentan el uso indiscriminado del fuego y as&iacute; ha escuchado decir que si estas pe&ntilde;as siempre han ardido, podr&aacute;n seguir haci&eacute;ndolo. Pero los ojos acostumbrados al uso del fuego, dice Enrique, no siempre ven los lentos procesos de degradaci&oacute;n. Si solo se trata de eliminar brezos, escajos, helechos y zarzas, afirman. Si el fuego no influye en la fertilidad del suelo, aseguran.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que pregunt&eacute; entre vecinos de Miera. Ellos me respondieron con certeza: &ldquo;No le debe influir cuando ese pasto que echa es buen&iacute;simo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una casu&iacute;stica &ldquo;muy compleja&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando confluyen los tres elementos del tri&aacute;ngulo del fuego &mdash;ox&iacute;geno, combustible con poca humedad y un medio de ignici&oacute;n&mdash; se activa el nivel 2 de alerta de incendios. Los agentes forestales, entonces, arman guardias, como las cuadrillas de bomberos y los t&eacute;cnicos: son esos d&iacute;as de viento sur que resecan el combustible y los incendiarios prenden matorrales y el fuego se descontrola. Esta es, precisamente, la definici&oacute;n de incendio. La inmensa mayor&iacute;a de incendios son intencionados, aunque adem&aacute;s de la regeneraci&oacute;n de pastos y la eliminaci&oacute;n de vegetaci&oacute;n que enturbia los prados, se provocan fuegos para controlar a la poblaci&oacute;n de jabal&iacute; o de lobo, quemar vegetaci&oacute;n de explotaciones madereras, limpiar el monte y expandir el horizonte o para vengarse. S&iacute;: el 0,6 por ciento de los incendios en Cantabria est&aacute;n causados por el odio al semejante. Tambi&eacute;n hay accidentes &mdash;pocos&mdash;, rayos &mdash;dos incendios causados entre 2016 y 2021&mdash; e incluso existe alg&uacute;n pir&oacute;mano que disfruta observando el fuego, aunque ese caj&oacute;n de sastre en el que a veces se vierten las motivaciones de incendios solo sirva para no entrar en detalles. Porque el magma de causas es tan variado como incierto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada persona que quema tiene un motivo concreto&rdquo;, expresa la ge&oacute;grafa Virginia Carracedo, que prosigue: &ldquo;Es imprescindible desarrollar la investigaci&oacute;n de causas y motivaciones para prevenir. En la actualidad, la mayor parte de las causas son &lsquo;supuestas&rsquo;&rdquo;. En su tesis doctoral sobre los incendios forestales en Cantabria y la gesti&oacute;n del fuego, la investigadora asegura que fue a partir del siglo XVIII, tras siglos de deforestaci&oacute;n, cuando se comenz&oacute; a ejercer un mayor control sobre el monte. Carracedo, sin embargo, tambi&eacute;n expone que esa presi&oacute;n sobre la poblaci&oacute;n rural ha generado un conflicto que no ha logrado paliar el problema, &ldquo;sino que otras pol&iacute;ticas posteriores han permitido que se contin&uacute;e&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de incendios, de hecho, se ha duplicado en la &uacute;ltima d&eacute;cada y la superficie media de cada uno de ellos tambi&eacute;n se ha doblado. El &eacute;xodo rural y la decadencia del sector primario, por su parte, han aportado m&aacute;s combustible a ese tri&aacute;ngulo del fuego cuyas razones profundas se mantienen en la sombra: la profesora asegura que &ldquo;no se investigan&rdquo; las causas y el agente forestal reconoce que la &ldquo;casu&iacute;stica es muy compleja&rdquo;. El capit&aacute;n de la Guardia Civil, por su parte, admite que el Seprona se acerca a las investigaciones con &ldquo;mentalidad abierta&rdquo; para estudiar cada uno de los casos. &ldquo;Si no vamos con esa mentalidad&rdquo;, explica, &ldquo;nos podemos equivocar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay una raz&oacute;n ganadera que siempre planea en conversaciones e informes sin zambullirse en el fondo, y es donde abunda Javier Manrique: detr&aacute;s de muchos incendios se encuentran las ayudas europeas de la PAC. &ldquo;Se requiere un n&uacute;mero de hect&aacute;reas para recibir la subvenci&oacute;n, que son derechos, y esas hect&aacute;reas tienen que estar libre de matorral&rdquo;, desmenuza Manrique, que contin&uacute;a: &ldquo;Si eso es as&iacute;, la propia estructura incitar&iacute;a a los incendios no teniendo la necesidad para alimentar el ganado, pero s&iacute; para recibir las subvenciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ayudas se conceden en funci&oacute;n de varios criterios que definen los pastos ganaderos. Las pendientes del terreno, la altura y densidad del matorral o el color del terreno, que discrimina pistas, est&aacute;n bajo el ojo de la Sigpac, la herramienta que escruta el terreno. Estos fondos europeos tambi&eacute;n excluyen zonas quemadas: si hay un monte que ha ardido durante el a&ntilde;o natural en el que se pide la ayuda, no se contabiliza. El Gobierno de Cantabria, adem&aacute;s, acota zonas quemadas (unas 300 hect&aacute;reas al a&ntilde;o) hasta que se regenere el pasto, un per&iacute;odo que suele establecer en cinco a&ntilde;os. Pero a pesar de que la superficie se descuente de las ayudas, expone Manrique, esa limitaci&oacute;n es insuficiente &ldquo;porque se va rotando la zona quemada y no afecta a la subvenci&oacute;n&rdquo;. &Eacute;l propone una alternativa para garantizar la subsistencia de los ganaderos: desligar las subvenciones de la superficie pastable para no obligarlos a limpiar el matorral mediante quemas.
    </p><p class="article-text">
        La tradici&oacute;n manda, y en la memoria de la cuenca del Miera se hallan muchos incendios, a veces promovidos por causas tan presentes a&uacute;n, y alg&uacute;n hist&oacute;rico castigo. En 1784, dos labradores quemaron un matorral en el que se escond&iacute;a un zorro que hab&iacute;a matado dos ovejas. El fuego, sin embargo, alcanz&oacute; un roble y el Tribunal de La Cavada, adem&aacute;s de requisarles &ldquo;una s&aacute;bana y otra prenda&rdquo; como &uacute;nicos bienes que pose&iacute;an, les conden&oacute; a dos a&ntilde;os en una c&aacute;rcel en &Aacute;frica, aunque despu&eacute;s de la mediaci&oacute;n de Madrid, esa pena se conmut&oacute; por un destierro de esos mismos dos a&ntilde;os a seis leguas de su casa. La condena a Manuel Guti&eacute;rrez y Antonio Cuesta tiene poco que ver con las consecuencias que hoy caen sobre los incendiarios, aunque el C&oacute;digo Penal establezca penas de hasta cinco a&ntilde;os para autores de incendios intencionados de masas forestales y hasta 20 si hay peligro para los humanos. &ldquo;Pero no es lo mismo que te juzguen por una causa intencionada que por una negligencia, que es lo que en la mayor parte de los casos acaba en los tribunales&rdquo;, aclara Carracedo. &ldquo;Las cifras nos muestran que el n&uacute;mero de condenas es irrelevante en relaci&oacute;n con el n&uacute;mero de incendios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La memoria <em>Medio ambiente y Urbanismo </em>de 2020, de la Fiscal&iacute;a General del Estado, cifra en tres imputados por incendios forestales en Cantabria ese a&ntilde;o, cinco el anterior y dos en 2018, en un per&iacute;odo en el que se produjeron, seg&uacute;n el PEPLIF, 673, 773 y 565 incendios forestales respectivamente. &ldquo;No podemos llegar a la investigaci&oacute;n de causas al por menor de todos los incendios, sino donde hay indicios: a veces dan frutos y a veces no&rdquo;, reconoce Enrique Merino.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El fuego como aliado</strong></h3><p class="article-text">
        <a href="https://www.cantabria.es/web/direccion-general-desarrollo-rural/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_DETALLE/16413/9220046" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La finca de La Jerrizuela</a> es el prototipo de paisaje de media monta&ntilde;a, aunque sus decenas de sectores sean un experimento que el Centro de Investigaci&oacute;n y Formaci&oacute;n Agrarias (CIFA) lleva desarrollando desde hace seis a&ntilde;os. Juan Busqu&eacute; dice que ese ecosistema de matorral, que ocupa 60.o00 hect&aacute;reas de Cantabria, est&aacute; &ldquo;muy mal gestionado&rdquo;. Despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n en alta monta&ntilde;a, Juan Busqu&eacute; comenz&oacute; a trabajar en este tipo de entorno que sufre, una y otra vez, incendios forestales. Hay pruebas que delatan la cicatriz del fuego a simple vista, pero hay otros rasgos, disimulados al ojo profano, que advierten de avances en temas de pastoreo en un ecosistema &ldquo;en v&iacute;as de declive en su utilizaci&oacute;n y valor productivo&rdquo;, como lo define Busqu&eacute;: el abandono, los incendios, la degradaci&oacute;n del suelo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El CIFA lleva experimentando con ganado propio desde 2016."
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                El CIFA lleva experimentando con ganado propio desde 2016.                            </span>
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        Aqu&iacute; se estudia el suelo, la vegetaci&oacute;n y el comportamiento de un centenar de ovejas y cabras. &ldquo;Hay ciertos tipos de ganado&rdquo;, dice Busqu&eacute; ampar&aacute;ndose en experimentos previos de Galicia y Asturias, &ldquo;que son mucho mejores para aprovechar este ecosistema de brezal y escajos&rdquo;. El investigador, miembro de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Pastos, ve el escajo o tojo como una &ldquo;planta tot&eacute;mica&rdquo; donde otros la maldicen, y por eso disfruta con esos tallos espinosos y flores amarillas que explotan en invierno: es una de las pocas maneras de fijar nitr&oacute;geno en un suelo empobrecido al que no se adaptar&iacute;a ninguna otra leguminosa. La pronunciaci&oacute;n de Ulex, que en esta visita a la finca en el Valle de Buelna escuchar&eacute; decenas de veces, es un poderoso aliado en la gesti&oacute;n del monte y mejora de los pastos a pesar de que las yeguas y las vacas no lo coman.
    </p><p class="article-text">
        El Ulex predomina en la media monta&ntilde;a y alimenta a las cabras, aunque su presencia en los pastos sea castigada por las subvenciones de la PAC y requiera de una gesti&oacute;n tan novedosa como antigua. La soluci&oacute;n del CIFA para su aprovechamiento es el pastoreo guiado. &ldquo;Nosotros vamos hacia sistemas tradicionales ya desaparecidos. En Francia, por ejemplo, el pastoreo est&aacute; promovido por la Administraci&oacute;n, ya que est&aacute; demostrado que marca la diferencia: el monte va a ser menos inflamable y va a mejorar la biodiversidad y el valor nutritivo de las plantas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alio Carral es uno de los dos pastores que trabajan en el proyecto. Su misi&oacute;n no es solo pastorear y dar &oacute;rdenes a los perros que espantan animales salvajes, sino observar: observar y anotar. Alio aprendi&oacute; el oficio entre vacas de su familia, cabras de Navarra, ovejas del Pas y estudios en producci&oacute;n agroecol&oacute;gica. Luego lleg&oacute; a estas vaguadas para no dejar de aprender de cerca. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alio Carral, pastor en el proyecto del CIFA.                            </span>
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        &Eacute;l, dice sonriente, debe de ser uno de los pocos pastores que existen en Cantabria. Pastorear y registrar todo cada veinte minutos &mdash;lo que comen, el tiempo que le dedican, cu&aacute;nto tiempo est&aacute;n de pie, cu&aacute;nto paciendo y cu&aacute;nto desplaz&aacute;ndose, el viento, la lluvia&mdash; es su oficio. Un pastor, asegura, tiene que ser observador, &ldquo;pero tener que anotarlo te hace mucho m&aacute;s consciente&rdquo;. Los aprendizajes de la dieta en funci&oacute;n de la temporada y la planificaci&oacute;n en las zonas de pastoreo los ha ido aprendiendo junto al resto del equipo.
    </p><p class="article-text">
        Apostar por este sistema, sin embargo, requiere de una revoluci&oacute;n del sector, &ldquo;pero qu&eacute; sector no se ha revolucionado ya&rdquo;, dice Busqu&eacute;, que subraya la necesidad de incorporar en la ecuaci&oacute;n de la rentabilidad todos los servicios ecosist&eacute;micos m&aacute;s all&aacute; de la productividad del reba&ntilde;o, es decir, la mejora de la biodiversidad, la vida rural, los puestos de trabajo o la eliminaci&oacute;n de combustible inflamable del monte. &ldquo;El problema es que esos otros servicios los tiene que pagar la administraci&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;, explica el investigador, que prosigue: &ldquo;Se tiene que cuantificar y, en base a medirlo correctamente, pagar a un ganadero que lo hace bien y no a 15 que lo hacen menos bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pastoreo, en estas 120 hect&aacute;reas, no puede separarse del uso del fuego a pesar de que no todos los t&eacute;cnicos lo defiendan como herramienta ganadera. Juan Busqu&eacute; est&aacute; tratando de demostrar que, mediante su uso adecuado en lugares donde no haya mucho combustible y no se queme materia org&aacute;nica, su rastro no empeora el suelo. &ldquo;Lo que quiero remarcar&rdquo;, aclara, &ldquo;es que la mayor&iacute;a de incendios en Cantabria no son malos desde el punto de vista ambiental y no van a mermar los recursos naturales, que el m&aacute;s importante es el suelo&rdquo;. Sus palabras est&aacute;n avaladas por quemas experimentales donde los matorrales han alcanzado 700 grados mientras que la vegetaci&oacute;n del suelo solo sub&iacute;a tres grados. La barrera, asegura, es que este incipiente conocimiento no se ha esparcido demasiado, pero estos experimentos son un golpe en la mesa de los prejuicios entre quienes condenan al fuego. No saben lo que &eacute;l ha ido aprendiendo: el alto valor nutritivo de las plantas tras un incendio, la fertilidad del suelo gracias a la materia org&aacute;nica que se quema, el papel del fuego en la limpieza de biomasa muerta, el valor nutritivo de los brotes de escajo en primavera (&ldquo;m&aacute;s de un 20 por ciento de prote&iacute;na bruta: una barbaridad&rdquo;), la limpieza de zonas inaccesibles para cualquier tipo de ganado y costos&iacute;simas de desbrozar en lugares con fuertes pendientes (unos 1.500 euros por hect&aacute;rea) y, resumiendo, c&oacute;mo el pastoreo desemboca en la alimentaci&oacute;n del ganado en terrenos pobres y, adem&aacute;s, retarda la <em>matorralizaci&oacute;n</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Franjas fértiles en mitad de los matorrales de La Jerrizuela.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2021, en Cantabria<a href="https://boc.cantabria.es/boces/verAnuncioAction.do?idAnuBlob=359395" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> se aprob&oacute; una orden de quemas prescritas de monte</a>, tanto de pastizal-matorral como de restos forestales. Si el fuego se asomar&aacute; inevitablemente, piensan muchos, es mejor planificarlo. La opini&oacute;n extendida es que si el monte se deja a su aire acabar&aacute; convirti&eacute;ndose en bosque siguiendo el curso de su evoluci&oacute;n de matorral, arbustos y &aacute;rboles. El problema es que el matorral es combustible y que seg&uacute;n la llamada &lsquo;paradoja de la extinci&oacute;n&rsquo;, al impedir que se queme el monte, la biomasa aumenta y se est&aacute; provocando unas condiciones m&aacute;s peligrosas por la gran cantidad de combustible.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y nunca podr&iacute;a convertirse en bosque?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si no ha habido bosques en 100 o 200 a&ntilde;os, no hay banco de semillas de las plantas del bosque, aunque podr&iacute;an llevarlas los p&aacute;jaros. Pero el suelo ha cambiado: se acidific&oacute; con la deforestaci&oacute;n, perdi&oacute; la fertilidad que suelen tener los suelos de bosque y las plantas m&aacute;s exigentes no van a encontrar esos nutrientes.
    </p><p class="article-text">
        En estos suelos podzoles, el brezal y el escajo toman el protagonismo que robles y fresnos no tienen. Esas dos franjas verdes que encienden las vaguadas de La Jerrizuela en mitad del matorral son fruto de ese sistema de pastoreo que Juan Busqu&eacute; sue&ntilde;a con exportar al sector. &ldquo;Lo que hay que hacer&rdquo;, concluye, &ldquo;es ir recuperando los suelos poco a poco, y la mejor herramienta es en base a un sistema ganadero: cuando en muchas zonas dejaron de haber herb&iacute;voros, los bosques se cerraron demasiado. Y los herb&iacute;voros hacen una funci&oacute;n de mantener el bosque&rdquo;. &Eacute;l, por su parte, se desga&ntilde;ita en demostrarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/virginia-carracedo-experta-incendios-numero-condenas-irrelevante-relacion-cantidad-fuegos_1_11216771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Mar 2024 19:45:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando a los autores de los incendios los protege el miedo: "Si denuncias a un vecino se acabó la tranquilidad para el resto de tu vida"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Incendios forestales,Medio ambiente,Despoblación rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cantabria arde en invierno: "Hay alarma por los incendios, pero el mayor problema vendrá cuando aquí no quede nadie"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabria-arde-invierno-hay-alarma-incendios-mayor-problema-vendra-no-quede-nadie_1_10991565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64933731-73ba-4a76-a838-1d9f7c1211f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cantabria arde en invierno: &quot;Hay alarma por los incendios, pero el mayor problema vendrá cuando aquí no quede nadie&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todos los años se queman 10.000 hectáreas de monte mientras los fuegos se han duplicado en la última década. Nos adentramos en la comarca del Pisueña-Miera, la más afectada</p><p class="subtitle">Antecedentes - La España resecada por el cambio climático arde con más violencia</p></div><p class="article-text">
        Las laderas de La Torneriza y el Castriu deber&iacute;an de lucir un verde m&aacute;s intenso.&nbsp;La nieve, quiz&aacute;s, colorear el Portillo de Lunada. Y el r&iacute;o Miera, sin duda, deber&iacute;a de llevar m&aacute;s agua. Pero <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/febrero-septimo-calido-ultimos-63-anos-cantabria_1_10982054.html#:~:text=Febrero%20result%C3%B3%20un%20mes%20muy,Estatal%20de%20Meteorolog%C3%ADa%20(AEMET)." target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este febrero ha sido c&aacute;lido</a> (2,4 grados por encima del promedio) y, en las tres primeras semanas de mes, no ha llovido demasiado. Tampoco hay viento y el cielo tiene esa timidez contenida que precede a d&iacute;as convulsos. En unos d&iacute;as regresar&aacute;n las lluvias, los aguaceros, las alertas amarillas y naranjas. El invierno.
    </p><p class="article-text">
        Los paisanos est&aacute;n acostumbrados a ver remolonear el humo y los parches de matorral calcinados porque el fuego, en tierras de media monta&ntilde;a, siempre ha servido para domar el paisaje. Pero la ra&iacute;z de este asunto, dicen en el peque&ntilde;o pueblo de Miera, es el abandono de zonas rurales. &ldquo;Hay una gran alarma por los incendios, pero el mayor problema vendr&aacute; el d&iacute;a en que aqu&iacute; no quede nadie: entonces entrar&aacute;n los fuegos. Pero en los pueblos no corres ning&uacute;n riesgo&rdquo;, asegura Fernando Maza cuando le pregunto sobre ellos. Fernando deja pasar un segundo y, entonces, matiza: &ldquo;Mientras se mantengan las fincas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las capas del paisaje ganadero en la cuenca alta y media del Miera es repetido: un r&iacute;o que discurre por una pendiente brusca, el bosque que hunde sus ra&iacute;ces en la ribera, fincas verdes de perfecta geometr&iacute;a, arboledas alborotadas y pe&ntilde;as rocosas en las que rumian cada vez menos animales. &ldquo;Donde antes hab&iacute;a cabras y ovejas ya no hay nada y, de la que los ganaderos terminen abandonando esto, todo se va a quedar como monte y bardal&rdquo;, contin&uacute;a este vecino en una ma&ntilde;ana de calma, solitaria, en la que solo se escucha el campaneo de la iglesia barroca Santa Mar&iacute;a de la Asunci&oacute;n, el altavoz de una furgoneta anunciando fruta de temporada, el rumor de alg&uacute;n tractor y el lamento de una mujer. 
    </p><p class="article-text">
        Porque a apenas 35 kil&oacute;metros de Santander, se defiende la vecina, lo rural se repliega olvidado o despreciado: &ldquo;Desde una silla t&uacute; no sabes c&oacute;mo son las cosas; desde una oficina, menos&rdquo;. Fernando lo remata: &ldquo;No han hecho nada, y lo saben. Desde que entramos en el mercado com&uacute;n sab&iacute;an que estas zonas se iban a deprimir y a abandonar. All&iacute; [en Santander, en Madrid, en Bruselas] hay t&eacute;cnicos, ingenieros agr&oacute;nomos, y sab&iacute;an perfectamente que era la ruina de esto. Y se ha confirmado&rdquo;. A la vecina a&uacute;n se le remueven las v&iacute;sceras al recordar una reciente inspecci&oacute;n de bienestar animal en la que el veterinario, con una carpeta de folios bajo el brazo, se sent&oacute; entre unas vacas a verlas comer. &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">No es l&oacute;gico&rdquo;, dice ella, criada entre ganado, nieve y trabajo. &ldquo;T&uacute; metes a las vacas a la cuadra, vas al prado, les siegas el verde haga sol o llueve y se lo llevas con el tractor donde entre y, sino al cu&eacute;vano, &iquest;y qui&eacute;n est&aacute; maltratado?&rdquo;.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Ovejas pastando en Lunada.                            </span>
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        Esas &ldquo;cosas&rdquo; de las que hablan giran siempre en torno al sector primario, aunque la actividad no pueda estirarse en un municipio que se vaci&oacute; con fuerza en los a&ntilde;os setenta y que se ha seguido vaciando. Entre todos los barrios de Mirones y Miera no suman 400 personas &mdash;hace un siglo hab&iacute;a casi cuatro veces m&aacute;s de poblaci&oacute;n&mdash; que conservan vacas, una colecci&oacute;n de apellidos oriundos y unos pastos cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles de mantener a raya. La soluci&oacute;n que proponen para limpiar los pastos es la que siempre se ha empleado: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">Hacer quemas constantemente y tenerlo todo limpio&rdquo;.</span> Porque <span class="highlight" style="--color:white;">los pueblos se desangran, el n&uacute;mero de cabezas de ganado cae y los reba&ntilde;os necesitan menos espacio. </span>
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, si no se trabajan las fincas, las zarzas, los escajos y la maleza colonizar&aacute; el territorio. Fernando, que lleg&oacute; a tener m&aacute;s de 20 vacas, por ejemplo, ya solo tiene dos y Tom&aacute;s, que ha bajado al barrio, a&uacute;n tiene un pu&ntilde;ado de ellas. Para ellos, el fuego es una herramienta m&aacute;s para quemar rastrojos apilados y contribuir a mantener ese tapiz que envuelve a las poblaciones. En caso de producirse un incendio en zonas de matorral, explican, el fuego no avanzar&iacute;a por estas tierras verdes que envuelven las casas. &ldquo;Pero si se empieza a abandonar&rdquo;, detallan, &ldquo;se une con lo de arriba y ah&iacute; s&iacute; puede quemarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los incendios son &ldquo;el fuego que se extiende sin control sobre combustibles forestales situados en el monte&rdquo;, seg&uacute;n la legislaci&oacute;n nacional. Pero las escenas de fuegos que enturbian el aire &mdash;hay que diferenciar quemas de incendios&mdash; son tan naturales como este paisaje k&aacute;rstico que dos siglos de deforestaci&oacute;n que emplearon la madera para alimentar la siderurgia de Li&eacute;rganes y La Cavada dejaron al descubierto. Lo que m&aacute;s preocupa es la decadencia de los pueblos. &ldquo;Llega un momento, cuando no hay relevo generacional, en que hay cosas que no puedes activar. Esto hay que mamarlo de peque&ntilde;o&rdquo;, dice Fernando, que reconoce que ahora se quema m&aacute;s que antes.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y los incendios? &mdash;insisto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Puede entrar un incendio si no se pace &mdash;intercede otro vecino&mdash;. Pero si hay poco matorral, el fuego pasa por encima y se quema un poco. Ahora ya, si tiene mucho, entonces se quema hasta la tierra. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Monte quemado en Miera                            </span>
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        Los matorrales, la tierra, el humo en las pe&ntilde;as, el abandono de actividades tradicionales, el olvido (o desprecio) de las zonas rurales y el fuego: febrero cerr&oacute; con m&aacute;s de 150 incendios en toda Cantabria. Este a&ntilde;o, dicen en la zona, las llamas se han cebado con el vecino valle de Soba. Pero yo sigo surcando este territorio acompasado por el latido del Miera, contin&uacute;o atravesando pe&ntilde;as que custodian el valle y avanzo m&aacute;s all&aacute; de San Roque de Riomiera, cuyas espaldas est&aacute;n abrasadas. A finales de enero ardieron los pastos de Lunada y ese rastro de ceniza a&uacute;n no ha sido cubierto por la nieve. El fuego descontrolado, sin embargo, es puntual a su cita: cuando se anuncian d&iacute;as de viento sur y los agentes forestales activan las alarmas, el monte arde. 
    </p><p class="article-text">
        El pasado 14 de febrero, por ejemplo, hab&iacute;a viento sur. Yo hab&iacute;a llegado a la casa de un profesor de universidad en la cuenca del Miera para ahondar en su ecosistema. Eran las seis de la tarde y Pe&ntilde;a Pelada estaba tocada por el color ros&aacute;ceo del atardecer. Asomados a la ventana, donde las laderas del pico luc&iacute;an tostadas, mi anfitri&oacute;n me dijo que cualquier d&iacute;a arder&iacute;an, ya que el ciclo de incendios se repite cada cuatro o cinco a&ntilde;os, cuando los helechos y escajos han crecido y ya estorban. Solo dos horas despu&eacute;s, un l&aacute;tigo de fuego danzaba por la oscuridad. El profesor llam&oacute; al 112, donde le dijeron que ya hab&iacute;an dado parte del incendio en la otra vertiente de la monta&ntilde;a. Pero esa noche, seg&uacute;n supe d&iacute;as despu&eacute;s, no hab&iacute;a cuadrillas y no se pudo extinguir el fuego. El viento sur, que aquella noche chasque&oacute; las ramas de los &aacute;rboles, aviv&oacute; las llamas y afeit&oacute; las cortezas de eucaliptos, se par&oacute; a la ma&ntilde;ana siguiente y comenz&oacute; a llover. El agua sofoc&oacute; los rescoldos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un tema mucho más complejo de lo que todo el mundo (rural y urbano) piensa. El problema es que no hay una única solución y no hay un único malo. Las soluciones son complejas y afectan a varios sectores que son complicados de conciliar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Virginia Carracedo</span>
                                        <span>—</span> Profesora de Geografía de la Universidad de Cantabria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ha pasado una semana y, en el d&iacute;a previo a las lluvias, los aguaceros y las alertas &mdash;el invierno&mdash;, le pregunto a uno de los alcaldes de la zona, que come en la mesa de enfrente, sobre los incendios de Miera. &Eacute;l, inc&oacute;modo, dice fugazmente que los fuegos han sido por Soba y que los de aqu&iacute; eran simplemente provocados por el viento (&iquest;?). Virginia Carracedo, profesora de Geograf&iacute;a de la Universidad de Cantabria (UC), me hab&iacute;a dicho que este asunto ten&iacute;a muchos &aacute;ngulos y no se abordaba desde una visi&oacute;n integral. Y tras una ma&ntilde;ana conversando con vecinos que se parten la espalda segando el verde en pendientes exageradas, queriendo ocultar su nombre (&ldquo;en los pueblos peque&ntilde;os es todo muy comentado, es todo muy personal&rdquo;, me dijo uno de ellos); despu&eacute;s de que aquellos hombres y mujeres me explicaran las exigencias y penurias para llevar a cabo sus actividades y despu&eacute;s de que aquel alcalde me despachase en medio minuto y yo prefiriera no insistir, regres&eacute; a mi asiento con las ganas de continuar desinfladas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Aspecto de Lunada calcinada.                            </span>
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        Cada cual cumple su papel y &eacute;l hizo el suyo: desentenderse. Yo, tambi&eacute;n: preguntarme qu&eacute; persegu&iacute;a al escribir sobre los incendios. Entonces le escrib&iacute; a Virginia, algo zarandeado, para decirle que el hecho de mentar este tema creaba alergia. &ldquo;Yo no estoy en contra ni a favor (&iexcl;qu&eacute; osad&iacute;a!)&rdquo;, continuaba en mi mensaje, &ldquo;solo quiero comprender: el problema es cuando uno cree que sabe&rdquo;. Ella, que hasta ese momento hab&iacute;a mantenido una sana suspicacia por el posible tratamiento de los incendios en un reportaje period&iacute;stico, tecle&oacute; una sonrisa y un mensaje de vuelta: &ldquo;Es un tema mucho m&aacute;s complejo de lo que todo el mundo (rural y urbano) piensa. El problema es que no hay una &uacute;nica soluci&oacute;n y no hay un &uacute;nico malo. Las soluciones son complejas y afectan a varios sectores que son complicados de conciliar&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un contexto dif&iacute;cil </strong></h3><p class="article-text">
        Cantabria arde, y arde mucho. En su tesis doctoral sobre los incendios y gesti&oacute;n del fuego en Cantabria, Virginia Carracedo se&ntilde;ala que la comunidad es &ldquo;una de las regiones m&aacute;s afectadas por los incendios forestales tanto a escala nacional como a la europea&rdquo;. Todos los a&ntilde;os se queman 10.000 hect&aacute;reas de monte, la mayor&iacute;a compuestas de matorral, el ecosistema predominante en la parte media de monta&ntilde;a. Si la media entre 1991 y 2010 era de menos de 400 incendios, esa cifra se ha duplicado en parte porque los registros son m&aacute;s minuciosos y en parte porque se quema m&aacute;s que antes. &ldquo;El que aumente el n&uacute;mero de incendios tiene relaci&oacute;n con la falta de prevenci&oacute;n&rdquo;, me aclara ahora Carracedo, &ldquo;ya que cada persona que quema tiene un motivo concreto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La investigadora, miembro del Departamento de Geograf&iacute;a, Urbanismo y Ordenaci&oacute;n del Territorio de la Universidad de Cantabria (UC), reconoce que abordar el problema implica una &ldquo;visi&oacute;n transversal y de empat&iacute;a&rdquo;, y eso supone un esfuerzo no siempre dispuesto a ejercer. De hecho, empiezo a escuchar y leer posturas tan enfrentadas en cuanto al uso del fuego como herramienta de gesti&oacute;n del territorio. Son ramas del mismo tronco que ella resume en dos visiones opuestas: quienes est&aacute;n anclados al pasado y quienes miran el futuro. Es ah&iacute; donde entran las quemas controladas, ya que el fuego siempre se ha empleado y, como explica Carracedo, &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">en ning&uacute;n lugar del mundo donde el fuego se haya utilizado durante siglos o milenios se ha conseguido que se deje de usar&rdquo;.</span> Aun as&iacute;, la profesora <span class="highlight" style="--color:white;">dice que no hay una llave maestra, sino &ldquo;un conjunto de medidas que se pueden y deben llevar a cabo, que no resultan excluyentes y que hay que adaptar a cada territorio&rdquo;.</span>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mayoría de los incendios son intencionados y tienen detrás una problemática ganadera. Se busca regenerar pastos o que no se pierdan derechos de ayudas de la PAC. Es una fotografía de la realidad y a partir de ahí se pueden buscar muchas explicaciones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Manrique</span>
                                        <span>—</span> Decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales de Cantabria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los incendios en Cantabria se concentraron, el a&ntilde;o pasado, en los meses de febrero, marzo y abril, desafiando a la l&oacute;gica de que el fuego se propaga con mayor facilidad durante los meses m&aacute;s secos. Pero solo ese dato da pistas sobre su naturaleza. &ldquo;Es evidente que la mayor&iacute;a de los incendios son intencionados y tienen detr&aacute;s una problem&aacute;tica ganadera&rdquo;, </span>disecciona Javier Manrique, <span class="highlight" style="--color:white;">decano del Colegio de Ingenieros T&eacute;cnicos Forestales de Cantabria</span>, que a&ntilde;ade que &ldquo;el <span class="highlight" style="--color:white;">fin que se busca es regenerar pastos o que no se pierdan derechos de ayuda de la PAC, aunque hay incluso algunas causas posibles relacionadas con la presencia del lobo. Pero siempre hay detr&aacute;s una animosidad ganadera&rdquo;. Manrique insiste en que no pretende criminalizar al sector y que si no existieran los ganaderos &ldquo;habr&iacute;a que inventarlos&rdquo;, pero no reh&uacute;ye los hechos. &ldquo;Es una fotograf&iacute;a de la realidad, y a partir de ah&iacute; se pueden buscar muchas explicaciones&rdquo;, resume. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El ingeniero, que tambi&eacute;n ocup&oacute; el cargo de director general de Montes y Conservaci&oacute;n de la Naturaleza del Gobierno de Cantabria, admite que en la comarca de Miera no ha habido m&aacute;s incendios que otros a&ntilde;os, pero son zonas inaccesibles donde, en muchas ocasiones, solo se puede atacar el fuego desde aire; tampoco se queman zonas arboladas, de gran valor ecol&oacute;gico, &ldquo;as&iacute; que simplemente se controla y se vigila para que no vaya a m&aacute;s&rdquo;. </span>
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            <span class="title">
                Quema de matorrales en una peña.                            </span>
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        Entre la sabidur&iacute;a popular hay intuiciones poderosas y desatinos grotescos. Hay quienes se burlan de que un helic&oacute;ptero descargara, durante un incendio en la zona, unas cuantas cestas de agua y dejaran activo el fuego. Pero el riesgo para las cuadrillas, el comportamiento del fuego, la efectividad del agua sobre rocas calizas y otros elementos que Manrique explica se escapan a la aparente l&oacute;gica. El hecho de que los incendios quemen cada vez m&aacute;s superficie &mdash;20 o 25 hect&aacute;reas de media, sostiene&mdash; no es algo que obsesione en lugares donde el humo siempre empa&ntilde;&oacute; el horizonte. Yo, al menos, no escucho en este recorrido por territorios h&uacute;medos voces que consideren al fuego como un problema. &ldquo;Ya, ya&rdquo;, justifica Manrique, &ldquo;es que es un problema social que en Cantabria no se hable de incendios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los hornos de la industria sider&uacute;rgica se tragaron diez millones de &aacute;rboles durante los siglos XVII y XVIII, por lo que los suelos perdieron propiedades y ganaron acidez. Hoy, en el Miera, se observa el producto de siglos de lluvias y fuego: cuando el agua cae con fuerza, los mismos r&iacute;os que m&aacute;s r&aacute;pidamente se cargan debido a las tierras erosionadas, provocan inundaciones aguas abajo; una situaci&oacute;n agravada por la ausencia de masas forestales en las cabeceras del As&oacute;n, Miera y Pas, las cuencas donde se concentran la mayor cantidad de incendios. El a&ntilde;o pasado, la comarca Pisue&ntilde;a-Miera sufri&oacute; 179 mientras que la cuenca del Pas sufri&oacute; 174. Los incendios, la deforestaci&oacute;n y las inundaciones, pues, mantienen un s&oacute;lido v&iacute;nculo que hay que desmenuzar, del mismo modo que las relaciones entre el mundo rural y urbano est&aacute;n destinados a entenderse. &ldquo;Es cierto que hay legislaci&oacute;n que va en contra de la gente del campo, y tienen demasiadas obligaciones legales. Pero no todo lo que se ha hecho toda la vida es bueno. Y quemar sistem&aacute;ticamente no es bueno&rdquo;, reconoce Manrique.
    </p><p class="article-text">
        A Jes&uacute;s G&oacute;mez, por ejemplo, las llamas le han quemado el estacado de su finca de Rubalcaba. Jes&uacute;s lleva m&aacute;s de dos d&eacute;cadas transformando una hect&aacute;rea que perteneci&oacute; a su bisabuela en un bosque aut&oacute;ctono de robles, abedules, hayas y acebos; una labor que le han servido a un millar de &aacute;rboles dar el estir&oacute;n. Con alguna reposici&oacute;n: el fuego, claro, que ha amenazado esta extensi&oacute;n de s&iacute; mismo. Jes&uacute;s ya no pesca ni caza, pero haber fatigado durante d&eacute;cadas la cuenca del r&iacute;o Miera le ha hecho sorber estas humedades, estos incendios, estas discusiones: &ldquo;Un cazador y un pescador est&aacute; en el medio y sabe por d&oacute;nde fallan las cosas. El que no lo sabe es el que no est&aacute; aqu&iacute;&rdquo;. Ahora se define como naturalista &ldquo;m&aacute;s que nada&rdquo; y &eacute;l, que lleva tres a&ntilde;os rodando un documental sobre el Miera, va repartiendo responsabilidades de los incendios y degradaci&oacute;n a leyes poco ambiciosas, pol&iacute;ticos que no arriesgan, t&eacute;cnicos que no ordenan, subordinados que no se la juegan, agentes de la autoridad que no la ejercen y ganaderos que queman pastos. &ldquo;El contexto es que arde todo&rdquo;, admite. &ldquo;Toda la vida se ha quemado, pero lo de ahora es exagerado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y t&uacute; conoces a gente que quema? 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, y &eacute;ste &mdash;dice en referencia al amigo que nos acompa&ntilde;a&mdash;. Los que quieras.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando despu&eacute;s de una oleada de incendios se anunci&oacute; que hab&iacute;an detenido a once personas en toda Cantabria, recuerda, a &eacute;l le entr&oacute; la risa: cualquiera conoce a once en este mismo lugar. La pregunta, entonces, es por qu&eacute; los incendios siguen aumentando a pesar de leyes, de las investigaciones y de los medios de extinci&oacute;n. Javier Manrique me hab&iacute;a dicho que el asunto ten&iacute;a &ldquo;much&iacute;simas aristas&rdquo; y una parte de &ldquo;incomprensi&oacute;n mutua&rdquo; entre pueblos y la ciudad, mientras que Virginia Carracedo me hab&iacute;a explicado que la gesti&oacute;n est&aacute; &ldquo;completamente orientada a la extinci&oacute;n, que es lo que renta pol&iacute;ticamente y muy poco a la prevenci&oacute;n, que es lo que evitar&iacute;a que se generaran tantos incendios&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s, ahora, asegura que los responsables pol&iacute;ticos no van a hurgar en un problema debido a los intereses electorales y, para ello, recurre a un caso paradigm&aacute;tico: c&oacute;mo <a href="https://www.europapress.es/cantabria/noticia-gobierno-no-podra-ejercer-acusacion-contra-bombero-voluntario-ramales-personarse-fuera-plazo-20200524134337.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Gobierno se person&oacute; fuera de plazo</a> en el caso del jefe de Protecci&oacute;n Civil de Ramales que quem&oacute; 140 hect&aacute;reas en 2019. &Eacute;l, mientras tanto, prefiere reforestar su finca, merodear por la cuenca en la que naci&oacute; y contemplar a los p&aacute;jaros que acuden a los comederos de su jard&iacute;n. Un jilguero l&uacute;gano se posa junto a la ventana y &eacute;l, feliz, lamenta que en un mes se vayan de aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero mientras est&eacute;n &mdash;dice seriamente, orgulloso&mdash;, trato de ayudarles por todos los perjuicios que he ocasionado en toda mi evoluci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El valle del Miera se despliega desde su sal&oacute;n y los p&aacute;jaros revolotean entre los comederos colgados de los &aacute;rboles. Una estufa quema le&ntilde;a mientras las manchas calcinadas del horizonte comienzan a cubrirse de nieve.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabria-arde-invierno-hay-alarma-incendios-mayor-problema-vendra-no-quede-nadie_1_10991565.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Mar 2024 20:31:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cantabria arde en invierno: "Hay alarma por los incendios, pero el mayor problema vendrá cuando aquí no quede nadie"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Incendios,Medio ambiente,Ganadería,Agricultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La huella de la minería en Reocín: “Es imposible reabrir el pozo. Lo tuvimos que cerrar corriendo porque se venía abajo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/huella-mineria-reocin-imposible-reabrir-pozo-tuvimos-cerrar-corriendo-venia-abajo_1_10931082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0089e9ec-b5cb-4108-a0c7-bea8192f6f3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La huella de la minería en Reocín: “Es imposible reabrir el pozo. Lo tuvimos que cerrar corriendo porque se venía abajo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En siglo y medio se extrajeron 100 millones de toneladas de zinc de la comarca del Besaya. Las viejas instalaciones y el entorno se muestran, dos décadas después del cierre, como un paisaje desolado</p><p class="subtitle">Antecedentes - Revilla entierra el proyecto de extracción de zinc en Cantabria que prometía 2.000 empleos y una inversión de 600 millones</p></div><p class="article-text">
        El pueblo de Mijarojos es un anfiteatro con vistas al pasado. Como si fuera una confabulaci&oacute;n, todo est&aacute; aqu&iacute; dispuesto para arder en el recuerdo: edificios tapiados y embargados por alg&uacute;n banco, alg&uacute;n poste de luz torcido, la yedra asfixiando las falsas acacias, las calles agarradas a la ladera y alg&uacute;n vecino que se descuelga por la historia. Son los menos, porque el escenario, este horizonte tan cercano a los primeros bloques de viviendas, refleja muchos matices. No es una met&aacute;fora: en 2005, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de cerrar la mina de zinc, las aguas subterr&aacute;neas comenzaron a llenar el socav&oacute;n de 3.500 metros de largo y 800 de ancho que dej&oacute; la salvaje extracci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, uno de los d&iacute;as de febrero m&aacute;s c&aacute;lidos de los &uacute;ltimos tiempos, un grupo de tres amigos pasean al filo de ese recuerdo. Y tampoco es una met&aacute;fora: a pesar de que ninguno de ellos se manch&oacute; las manos con esta tierra, llevan pisando sus bordes casi todos los d&iacute;as de los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os. Pero dan tantos detalles &mdash;hist&oacute;ricos, humanos, t&eacute;cnicos&mdash; que el visitante comienza a entender que el siglo y medio de actividad en Reoc&iacute;n ha atravesado cielos y generaciones. &ldquo;Cerraron porque no era rentable por los precios y la competencia&rdquo;, dice Rafa. Javier: &ldquo;El terreno, casas y dem&aacute;s son todav&iacute;a de la mina. Y prados que tienen dados a cincuenta a&ntilde;os&rdquo;. &iquest;Y la promesa de reapertura?, pregunto. &ldquo;Ah&iacute; entra la pol&iacute;tica&rdquo;, responde &Aacute;ngel. &ldquo;Se limpiaron tres o cuatro millones de euros, y carretera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una historia, en fin, que se mueve entre los tiempos en los que la mina empleaba a 3.000 personas y el abandono anunciando por penachos de plumeros. Al clausurar la actividad en 2003, Asturiana de Zinc reubic&oacute; a buena parte de los casi 200 empleados que a&uacute;n resist&iacute;an en n&oacute;mina, vendi&oacute; m&aacute;s de diez hect&aacute;reas de terrenos, edificios y documentaci&oacute;n al Gobierno de Cantabria y acord&oacute; restaurar los ecosistemas. Tambi&eacute;n mantuvo el bombeo de las aguas que manaba del subsuelo. Porque el agua siempre fue uno de los asuntos m&aacute;s importantes y, por eso, la empresa centr&oacute; sus fuerzas en conocer su procedencia, sacarla de la mina y reducir el coste de sacarla. 
    </p><p class="article-text">
        Tras varios estudios, concluyeron que la mayor&iacute;a de las aguas proven&iacute;a del r&iacute;o Saja y no pod&iacute;an desviarla, as&iacute; que solo pod&iacute;an seguir bombe&aacute;ndola. Cuando dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde dejaron de succionar y verter en el r&iacute;o Saja los 1.200 litros por segundo, las aguas empezaron a discurrir por las galer&iacute;as. <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/1028/la-inundacion-de-la-mina-de-reocin-es-un-error/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No sirvieron los mensajes de organizaciones como Ecologistas en Acci&oacute;n</a>, que hab&iacute;a advertido que los metales se disolver&iacute;an y penetrar&iacute;an en los acu&iacute;feros y que los terrenos podr&iacute;an derrumbarse. La organizaci&oacute;n, que solicitaba al Gobierno un plan de cierre, tambi&eacute;n adjunt&oacute; un documento en el que el Centro de Investigaci&oacute;n del Medio Ambiente (CIMA) confirmaba la presencia de niveles elevados de zinc, plomo, cadmio y ars&eacute;nico en alguno de los diques de la mina. Pero el plan de inundaci&oacute;n continu&oacute; y, litro a litro, El Zanj&oacute;n se convirti&oacute;, cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en <a href="https://www.chcantabrico.es/lagos/lago-de-reocin" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el segundo embalse m&aacute;s grande de Cantabria</a>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El socavón es hoy el segundo embalse de toda Cantabria.                            </span>
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        &ldquo;La mina es un acu&iacute;fero&rdquo;, dice Jos&eacute; Fernando Ingelmo. &ldquo;Cuando yo trabajaba all&iacute;, se bombeaban m&aacute;s de 3.000 litros por segundo: ibas barrenando e iba saliendo agua. Yo me acuerdo que hab&iacute;a fuentes por todos lados en Reoc&iacute;n. Desaparecieron, claro&rdquo;. Jos&eacute; Fernando, que pas&oacute; 28 a&ntilde;os trabajando en la mina, dice que no ha habido problemas medioambientales y que la mina, nunca mejor dicho, fue una mina para la comarca. Las empresas formaban a los j&oacute;venes, muchos pudieron estudiar en la Universidad y se inaugur&oacute; la Facultad de Minas sobre unos terrenos de la propia empresa en Torres,  unos poco kil&oacute;metros. Corr&iacute;an mediados de los a&ntilde;os cincuenta y el mineral se extra&iacute;a de las galer&iacute;as bajo tierra por las que Jos&eacute; Fernando, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, trabajar&iacute;a a casi 600 metros de profundidad. Pero el nuevo rumbo t&eacute;cnico y las exigencias econ&oacute;micas de los a&ntilde;os setenta devolvieron a cientos de trabajadores a la superficie hasta abrir el inmenso socav&oacute;n. Es el rastro de la miner&iacute;a a cielo abierto que oblig&oacute; a realojar a decenas de personas del pueblo de Reoc&iacute;n en las localidades de alrededor.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y cree que ha merecido la pena?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues no &mdash;dice Jos&eacute; Fernando&mdash;, lo de cielo abierto, no: El problema fue cuando empezaron a explotar fuera: ah&iacute; hab&iacute;a un pueblo de la leche, y se lo cepillaron cuando empezaron a explotar la mina a cielo abierto.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una historia &uacute;nica</strong></h3><p class="article-text">
        La vena de zinc fue descubierta por un ingeniero belga a mediados del siglo XIX. El carruaje en el que viajaba de Guip&uacute;zcoa a Asturias se estrope&oacute; y tuvo que realizar una parada t&eacute;cnica en Torrelavega, as&iacute; que Jules Hauzeur aprovech&oacute; aquellos d&iacute;as veraniegos para explorar los alrededores. Sus pasos y curiosidad le llevaron a Reoc&iacute;n, a apenas cuatro kil&oacute;metros de la ciudad, donde le llamaron la atenci&oacute;n algunas casas con calamina entre los materiales con los que hab&iacute;an sido construidas. Pregunt&oacute; a los vecinos, tir&oacute; del hilo y acab&oacute; descubriendo la inmensa vena que durante siglo y medio modific&oacute; el paisaje, emple&oacute; a miles de personas y cambi&oacute; el destino de la comarca.
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                Carreteras desguazadas en el entorno de la mina.                            </span>
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        La explotaci&oacute;n corri&oacute; a cargo de la Real Compa&ntilde;&iacute;a Asturiana de Minas, de capital belga, y comenz&oacute; a explotarse a cielo abierto. En 1890 ya se hab&iacute;a extra&iacute;do un mill&oacute;n de toneladas de calamina y alg&uacute;n secreto que desvel&oacute; un pasado a&uacute;n m&aacute;s remoto, como las dos monedas romanas que fueron a parar a &ldquo;un tal Rebolledo de Torrelavega&rdquo;. Se titube&oacute; a la hora de concluir si en tiempos del Imperio se hab&iacute;a extra&iacute;do calamina o plomo, pero la antigua explotaci&oacute;n minera, al menos, se confirm&oacute; al aparecer tambi&eacute;n galer&iacute;as sujetas con madera de roble. El siglo XIX daba sus &uacute;ltimos zarpazos y, con los suelos ya escarbados, empezaron a asomarse otros minerales con zinc, como la blenda, as&iacute; que la actividad minera sigui&oacute; bajo tierra. Eran los inicios de ese universo subterr&aacute;neo que agujere&oacute; el subsuelo en varias direcciones.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento de la explotaci&oacute;n, entonces, exigi&oacute; abrir el pozo Santa Amelia. El ascensor bajaba a los trabajadores y maquinaria 300 metros, aunque esa estructura que hoy se oxida a la intemperie solo fuera una m&aacute;s entre las instalaciones introducidas que posicionaron a Reoc&iacute;n como una mina pionera de Europa. El tren, que conectaba la mina con el cargadero de Hinojedo, o el lavadero de flotaci&oacute;n diferencial, siguieron otorgando prestigio mundial a la mina.
    </p><p class="article-text">
        En la biograf&iacute;a de esta mina, sin embargo, tambi&eacute;n hay heridas. En agosto de 1960 se rompi&oacute; un dique, vertiendo miles de toneladas de residuos al r&iacute;o Besaya. Murieron 18 personas. C&aacute;ndido Zunzunegui llevaba una d&eacute;cada trabajando en el yacimiento y cobrando a veces mucho, a veces nada. &Eacute;l, que hab&iacute;a entrado a la Real Compa&ntilde;&iacute;a Asturiana de Minas junto a su hermano mellizo para burlar el servicio militar, a&uacute;n recuerda el v&eacute;rtigo que le sub&iacute;a por el est&oacute;mago cuando bajaba en la &ldquo;jaula&rdquo; de Santa Amelia o los &ldquo;trisquidos&rdquo; en la mina. Ahora tiene 88 a&ntilde;os y dice que podr&iacute;a estar muerto. &ldquo;Aquello lo sab&iacute;an bien las ratas: cuando se estaba hundiendo la mina, los compa&ntilde;eros del relevo de las dos nos dijeron que las ratas estaban saliendo para afuera: son muy listas&rdquo;, dice: &ldquo;Yo pesqu&eacute; a correr por toda la mies aquella y no par&eacute; hasta aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Cándido Zunzunegui se salvó del hundimiento de la mina de 1965.                            </span>
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        &ldquo;Aqu&iacute;&rdquo; es la casa en la que sigue viviendo este hombre de cabellos n&iacute;veos que no recuerda qu&eacute; d&iacute;a se salv&oacute; del derrumbe (7 de enero de 1965). No hubo v&iacute;ctimas, aunque el barrio de Pomares desapareci&oacute;. &ldquo;Y nada m&aacute;s eso&rdquo;, resume frente a un paisaje que &eacute;l segaba para las vacas. &ldquo;Ya nada&rdquo;, se lamenta, &ldquo;ya se jodi&oacute;. Es todo relleno&rdquo;. Al finalizar las operaciones, la empresa prometi&oacute; regenerar los terrenos y el Gobierno de Cantabria, que adquiri&oacute; m&aacute;s de diez hect&aacute;reas de tierras y edificios, rehabilit&oacute; las antiguas oficinas y talleres. Pero El Zanj&oacute;n y las tierras bald&iacute;as con permiso de amplios fragmentos restaurados, como el parque de La Viesca, siguen ah&iacute;: un paisaje solitario y algo desvencijado, unas galer&iacute;as que rellenaron a base de hormig&oacute;n y que me hacen sugerirle a C&aacute;ndido que este ecosistema de metales y balsas de decantaci&oacute;n sepultadas bajo tierra estar&aacute; envenenado. &iquest;No? &ldquo;Y silicosis y todo&rdquo;, resuelve antes de admitir que a &eacute;l le diagnosticaron el primer grado de la enfermedad. &ldquo;Me lo dio don Manuel Lahera, uno de Santander&rdquo;, dice, &ldquo;y encima le quer&iacute;an meter a la c&aacute;rcel por descubrirlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        C&aacute;ndido explica que &eacute;l y sus compa&ntilde;eros acudieron a la empresa para denunciarlo, aunque tampoco recuerda cu&aacute;ndo (&ldquo;har&aacute; 40 a&ntilde;os&rdquo;). S&iacute; recuerda que, en lugar de jubilarlo pese a los tres a&ntilde;os que estuvo de baja, lo sacaron de la mina y lo llevaron a bombear blenda, arena y agua a un dique hasta el d&iacute;a de su jubilaci&oacute;n 44 a&ntilde;os despu&eacute;s de cargar una vagoneta por primera vez. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Viejas instalaciones de la mina de Reocín.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Pocos a&ntilde;os antes, ya con Asturiana de Zinc a cargo de la explotaci&oacute;n, un derrumbe mat&oacute; a un trabajador de 35 a&ntilde;os y un grupo de compa&ntilde;eros se encerr&oacute; en Santa Amelia para reivindicar mejoras en la seguridad y en las condiciones econ&oacute;micas mientras la familia y amigos les bajaban comida y &aacute;nimos. Quiz&aacute;s, por el v&eacute;rtigo en el est&oacute;mago al bajar al pozo, C&aacute;ndido se mantiene alejado del castillete que se oxida a la intemperie. &ldquo;Yo no voy ni por all&iacute;&rdquo;, explica. &ldquo;Creo que est&aacute; la jaula que nos sub&iacute;a y bajaba. Pero ni he vuelto ni vuelvo: me da respeto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su en&eacute;simo conato de despedida, vuelve a decir que eso es todo y, aunque no ha vuelto ni volver&aacute; a acercarse a la mina &mdash;las ratas, los <em>trisquidos</em>, el vac&iacute;o en el est&oacute;mago&mdash; el horizonte de agua y bocados irregulares lo deja sin escapatoria. &ldquo;Siempre he sido valiente yo&rdquo;, dice, &ldquo;pero as&iacute; es la vida, hijo&rdquo;. &Eacute;l ya no bordea la mina: &eacute;l se zambull&oacute; en su historia.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un fugaz espejismo</strong></h3><p class="article-text">
        La propietaria del antiguo bar Taranc&oacute;n a&ntilde;ora los tiempos en que conoc&iacute;a a los paisanos. Ahora cuenta con los dedos de la mano los vecinos que le saludan al salir a la calle, los mineros que se fueron con sus hijos al jubilarse, los que se han muerto. La prosperidad flu&iacute;a en el bar y en el entusiasmo colectivo, cuando buena parte de estos bloques aferrados a las calles empinadas no exist&iacute;an. Esa nostalgia, la de un tiempo con traj&iacute;n, currantes e ingenieros, es compartida.
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                Viviendas abandonadas en la mina.                            </span>
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        La tonelada de zinc rondaba en 2003 los 500 euros y la rentabilidad se antojaba imposible, pero hacia 2017 la cotizaci&oacute;n se hab&iacute;a multiplicado por seis y el Gobierno de Cantabria imagin&oacute; que aquella vena a&uacute;n podr&iacute;a dar m&aacute;s de s&iacute;. Vino <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/politica/psoe-revilla-promesas-ilusiones-ciudadanos_1_1184828.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una empresa con promesas de la mano</a>,&nbsp; prometieron m&aacute;s de cien sondeos y solo realizaron un pu&ntilde;ado y el espejismo de reflotar una industria extinta volvi&oacute; al desv&aacute;n de los recuerdos tras inflar la esperanza de muchos vecinos. Y echarse en contra a buena parte de la sociedad. Un ge&oacute;logo, por ejemplo, dijo que la nueva explotaci&oacute;n podr&iacute;a hundir las cuevas de Altamira, pero los pol&iacute;ticos siguieron el guion y modificaron la Ley del Suelo para dar v&iacute;a libre a la explotaci&oacute;n del subsuelo r&uacute;stico para actividades mineras. 
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, las 20 millones de toneladas que promet&iacute;an extraer en dos d&eacute;cadas, <a href="https://www.europapress.es/cantabria/noticia-emerita-resources-invertira-600-millones-creara-2000-empleos-solo-construir-mina-zinc-besaya-20171201164842.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">unidos a los 2.000 empleos y 600 millones de inversi&oacute;n</a>, supon&iacute;a la respuesta m&aacute;gica para una comarca castigada por el declive econ&oacute;mico y el &eacute;xodo. Todo ello, claro, revestido de promesas de buenas pr&aacute;cticas que no alterar&iacute;an el entorno. &ldquo;Creemos que no es un buen comienzo negar la evidencia: cualquier actividad extractiva genera impactos diversos. Hubiera sido mejor inicio reconocer los impactos y afirmar que la empresa los va a minimizar o compensar&rdquo;, volvi&oacute; a protestar Ecologistas en Acci&oacute;n, que llam&oacute; a sopesar los beneficios y perjuicios despu&eacute;s del &ldquo;precipitado&rdquo; cierre de la mina. El nuevo idilio de la imaginaci&oacute;n volvi&oacute; a tropezar con la vieja realidad, y las promesas incumplidas por Cant&aacute;brica del Zinc, la promotora constituida para el proyecto de Reoc&iacute;n, se evaporaron; la comarca del Besaya regres&oacute; a su latido de desesperanza industrial. El paisaje, por su parte, sigui&oacute; en este paisaje desolado que <a href="https://www.cantabria.es/web/comunicados/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_DETALLE/16413/25016581" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el de Recuperaci&oacute;n, Transformaci&oacute;n y Resiliencia promete ahora restaurar</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es imposible abrir esto: cuando se cerr&oacute; ya tuvimos que hacerlo corriendo porque se ven&iacute;a todo abajo&rdquo;, dice Jos&eacute; Fernando. &ldquo;Empezaron a pegar tiros al aire&rdquo;, dice uno de los tres amigos que caminan todos los d&iacute;as por las rebabas de la mina su pasado. Despu&eacute;s de cien millones de toneladas de zinc extra&iacute;dos en siglo y medio de vida, la mina se convirti&oacute; as&iacute; en un mito repleto de aventuras a las que se quiso regresar tiempo despu&eacute;s. Pero el tiempo de aquellos h&eacute;roes y dioses ya hab&iacute;a pasado: el tiempo dir&aacute; si se aprendieron sus ense&ntilde;anzas.
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            <span class="title">
                Aspecto actual de El Zanjón.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/huella-mineria-reocin-imposible-reabrir-pozo-tuvimos-cerrar-corriendo-venia-abajo_1_10931082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Feb 2024 21:03:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La huella de la minería en Reocín: “Es imposible reabrir el pozo. Lo tuvimos que cerrar corriendo porque se venía abajo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Minería]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Fernando Valladares, ecólogo del CSIC: "El futuro se puede resumir en tres escenarios: autoritarismo, no hacer nada o transformarnos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/fernando-valladares-ecologo-csic-futuro-resumir-tres-escenarios-autoritarismo-no-transformarnos_1_10917798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4d6335c-43ea-4dcc-9c3d-59d8e0d5775e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1089759.jpg" width="1278" height="719" alt="Fernando Valladares, ecólogo del CSIC: &quot;El futuro se puede resumir en tres escenarios: autoritarismo, no hacer nada o transformarnos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El científico y divulgador, que presenta su nuevo libro en Santander, apela a nuestra relación con la naturaleza para revertir las dinámicas actuales: "El decrecimiento va a ocurrir: la única opción que tenemos es anticiparnos, planificarlo y tomar medidas de acompañamiento para suavizar los impactos en los sectores más afectados"</p></div><p class="article-text">
        Tratar de reducir una conversaci&oacute;n con Fernando Valladares es un reto dif&iacute;cil. Su libro,&nbsp;<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-recivilizacion/380533" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La recivilizaci&oacute;n. Desaf&iacute;os, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo</em></a><em>,&nbsp;</em>que presenta&nbsp;<a href="https://lavoragine.net/eventos/la-recivilizacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este martes, a las 19.30 horas en librer&iacute;a La Vor&aacute;gine</a>, es un artefacto que primero otea el panorama, luego desciende para analizar un mundo desconchado, analiza los frenos que no permiten el cambio y m&aacute;s tarde sugiere soluciones. Valladares no esquiva su compromiso con los acontecimientos y datos que danzan por las p&aacute;ginas: un sistema alimentario perverso, una agricultura ag&oacute;nica, el derroche energ&eacute;tico, los excesos del sistema financiero, el impulso altruista y el ego&iacute;smo, la fe en la tecnolog&iacute;a para resolver los retos (y no hacer nada) o el cambio individual como condici&oacute;n de la transformaci&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        Pero debajo de estas circunstancias, como una corriente subterr&aacute;nea, se encuentra nuestra relaci&oacute;n con la naturaleza: la llave de todo. Sus p&aacute;rrafos, de hecho, extienden los tent&aacute;culos a todas las dimensiones habidas. Esta reflexi&oacute;n en voz alta que ya va por la cuarta edici&oacute;n es el grito de un cient&iacute;fico que, despu&eacute;s de tres d&eacute;cadas entre&nbsp;<em>papers</em>, clases y laboratorios, decidi&oacute; romper las barreras de la ciencia para tratar llegar a la sociedad. Y en eso anda. Ahora se asombra al ver c&oacute;mo los economistas han salido &ldquo;estresaditos&rdquo; del Foro de Davos al constatar que&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/economia/policrisis-interconexion-lesiona-cooperacion-global_1_10833851.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estamos inmersos en una&nbsp;</a><a href="https://www.eldiario.es/economia/policrisis-interconexion-lesiona-cooperacion-global_1_10833851.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>policrisis</em></a>. &ldquo;Pues bienvenidos&rdquo;, bromea Valladares, &ldquo;porque mis estudiantes llevan a&ntilde;os sabiendo que estamos en una&nbsp;<em>policrisis</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La ciencia no acostumbra a expresarse con activismo. Sin embargo, usted toma partido. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; es una progresi&oacute;n muy natural. Yo empec&eacute; en la ciencia hace muchos a&ntilde;os, donde el impacto es dentro del mundo cient&iacute;fico, y me he ido cargando de argumentos al ver el l&iacute;o en el que nos est&aacute;bamos metiendo en materia ambiental. Al principio, uno dice: &ldquo;Es cuesti&oacute;n de explicarlo bien&rdquo;. Luego piensas: &ldquo;Pero a qui&eacute;n se lo explico&rdquo;. Y, as&iacute;, te vas volviendo un poco m&aacute;s radical, intentando que alguien importante te escuche. Pero hace cuatro o cinco a&ntilde;os decid&iacute; dar un salto m&aacute;s activo en la divulgaci&oacute;n, y eso me llev&oacute; al activismo: la humanidad no se est&aacute; atendiendo como uno cree que debe de estarlo. Durante el Gobierno de Trump, que empez&oacute; a tomar represalias directas contra los cient&iacute;ficos que dec&iacute;an cosas inconvenientes para la econom&iacute;a, una llamada me acab&oacute; por impulsar. Fueron varias revistas, tipo&nbsp;<em>Nature</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Science,</em>&nbsp;que nos pidieron a los cient&iacute;ficos europeos que sali&eacute;ramos de nuestro confort e hici&eacute;ramos lo que ellos no pod&iacute;an hacer por las represalias.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tu voz como científico es una más en el mundo de las redes sociales, por muchos premios y reconocimientos que tengas. Un alocado de cualquier sitio puede tener más eco aunque esté perfectamente desinformado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Sin embargo, en un momento duda de la eficacia del mensaje desde el estrado cient&iacute;fico&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como cient&iacute;fico entrenado, dudo un poco de todo. El lenguaje promediado, calculado y racional de la ciencia en debates tiene su utilidad, pero hay veces que me desespera: ya no s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s puedo decir. Yo, como divulgador, busco s&iacute;miles, narrativas o met&aacute;foras para decir lo que est&aacute; pasando, pero eso no termina de mover a la gente: tu voz como cient&iacute;fico es una m&aacute;s en el mundo de las redes sociales, por muchos premios y reconocimientos que tengas. Un alocado de cualquier sitio puede tener m&aacute;s eco aunque est&eacute; perfectamente desinformado. En esos momentos, entonces, uno duda: &iquest;Se nos escucha? &iquest;Qu&eacute; tenemos que hacer los cient&iacute;ficos?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Tenemos el diagn&oacute;stico y conocemos la soluci&oacute;n&rdquo;, escribe en el libro. &iquest;A partir de d&oacute;nde se puede empezar a escuchar? Ya hemos sobrepasado el grado y medio de calentamiento con respecto a la era preindustrial, por ejemplo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; introduces factores como el arte o las emociones que trascienden a la ciencia, porque el dato del grado y medio se puede contar de muchas maneras a distintas audiencias. Lo he ido aprendiendo con los a&ntilde;os: qu&eacute; tono y acompa&ntilde;ado de qu&eacute; argumento puede tener m&aacute;s peso un dato que a los cient&iacute;ficos especializados nos alarma. No sabes muy bien c&oacute;mo contar algo que est&aacute; pasando sobre la marcha o si debes hablar m&aacute;s bien de las implicaciones del aumento de temperatura, pero te puedes sentir inc&oacute;modo porque, por otro lado, son cosas que no se saben muy bien. &iquest;Tenemos que entrar en esos detalles? &iquest;O el exceso de datos no nos permite entender el fondo de la cuesti&oacute;n? Depende a qui&eacute;n te dirijas pones el &eacute;nfasis en los impactos econ&oacute;micos, en los sociales, en los sanitarios. Si me dirijo a las nuevas generaciones, por ejemplo, les digo que han usado su agua y su dinero sin consultarles: el agua del subsuelo es de las generaciones futuras. Yo intento enfatizar unos argumentos o consecuencias dependiendo de a qui&eacute;n me dirija, y lo que escribo en siete p&aacute;ginas como cient&iacute;fico, como divulgador tengo que ocupar setenta. La densidad cient&iacute;fica hay que esponjarla, narrarla, explicarla.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El decrecimiento, por ejemplo, va a ocurrir: la única opción que tenemos es anticiparnos, planificarlo y tomar medidas de acompañamiento para suavizar los impactos en los sectores más afectados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Una de las virtudes de&nbsp;</strong><em><strong>La Recivilizaci&oacute;n</strong></em><strong>&nbsp;es la aportaci&oacute;n de soluciones integrales, pero eso implica ir a la ra&iacute;z. Usted desmonta todo el entramado capitalista y propone la v&iacute;a de decrecimiento en un mundo que habla de la ampliaci&oacute;n del&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiario.es/economia/pedro-sanchez-anuncia-ampliacion-barajas-sera-aeropuerto-potencial-crecimiento-europa_1_10868728.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Aeropuerto de Barajas</strong></a><strong>&nbsp;o del&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/plan-inversiones-puerto-santander-2027-contempla-216-millones-145-son-publicos_1_10641166.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Puerto de Santander</strong></a><strong>. &iquest;Tienen futuro esas propuestas por la v&iacute;a de la conciencia y no del autoritarismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El c&oacute;mo se implementen merecer&iacute;a otro libro. Pero yo propongo pasar del diagn&oacute;stico a todo lo que podemos ganar si hacemos algunas de las propuestas; tambi&eacute;n explico por qu&eacute; no avanzamos. Es una reflexi&oacute;n interesante: las trampas que nos hacemos a nosotros mismos, c&oacute;mo nos enga&ntilde;amos y c&oacute;mo pretendemos pensar que todo va mejor de lo que realmente va. Y todo eso tiene una dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica, una patol&oacute;gica, una econ&oacute;mica, otra ego&iacute;sta... El futuro se puede resumir en tres escenarios: autoritarismo, no hacer nada o transformarnos. El libro desarrolla la idea de transformarnos, pero las otras opciones est&aacute;n ah&iacute; y nosotros vamos por la v&iacute;a de no hacer nada eficaz. Eso tiene sus consecuencias. La propuesta de la transformaci&oacute;n, que implica un decrecimiento, es que no sea una cuesti&oacute;n de arriba a abajo solamente, sino que tiene que haber valent&iacute;a de los gobiernos en sus estrategias y que la ciudadan&iacute;a pidiera medidas m&aacute;s decididas. El decrecimiento, por ejemplo, va a ocurrir: la &uacute;nica opci&oacute;n que tenemos es anticiparnos, planificarlo y tomar medidas de acompa&ntilde;amiento para suavizar los impactos en los sectores m&aacute;s afectados. Es nuestro &uacute;nico margen de acci&oacute;n. Mis propuestas no son una soluci&oacute;n m&aacute;gica, perfecta y global, sino algo a lo que hay que aspirar. Pero creo que podemos evitar un colapso global, generalizado, contra todos los limites planetarios. De momento hemos reventado seis de los nueve limites planetarios: ahora podemos quedarnos cerca de esos l&iacute;mites o rebasarlos por mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho, maneja en el libro diferentes fases de colapso, pero ya estamos viendo colapsos a nivel local, como islas hundidas por la subida del nivel del mar o tierras empachadas de fertilizantes que ya no dan m&aacute;s de s&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y colapsos sociales y colapsos energ&eacute;ticos como los grandes apagones. El apag&oacute;n de Francia del a&ntilde;o pasado fue un peque&ntilde;o ejemplo de colapso energ&eacute;tico. Muchas veces no somos muy realistas con esas escenas de colapsos que estamos teniendo, como&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/problemas-suministro-reino-unido-brexit-mcdonald-s-queda-batidos_1_8242997.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los fallos en la cadena de suministro de Reino Unido</a>, que en momentos determinados han obligado a los supermercados a poner fotos de los productos para que parezca que no hay escasez. Ya estamos teniendo im&aacute;genes, no solo son los sistemas naturales los que colapsan, como&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/catalunya/catalunya-declara-emergencia-sequia_1_10883273.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el fre&aacute;tico de Barcelona</a>, que est&aacute; por los suelos, adem&aacute;s, contaminado. Hay muchas m&aacute;s piezas. Podemos ponernos una venda, podemos verlo y no reaccionar o lo que propongo yo: verlo, que no nos tiemblen demasiado las piernas, y evitar las consecuencias m&aacute;s tremendas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Escuch&aacute;ndole, me viene a la mente que son m&aacute;s peligrosos quienes tratan de &ldquo;emborronar&rdquo; y &ldquo;edulcorar&rdquo; la realidad, como lo define, a quienes la niegan&hellip; &iquest;Lo cree as&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los negacionistas, de hecho, se van reinventando hacia esas otras formas. Una de ellas son los&nbsp;<em>retardistas</em>, que no niegan el cambio clim&aacute;tico pero no le dan tanta prioridad. Eso es muy peligroso, ya que es una versi&oacute;n refinada del negacionismo: cuando no puedes convencer a los otros de que esto no existe, dices que existe, pero no es tan grave. Y eso le encaja a mucha gente. As&iacute; vamos perdiendo tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los economistas aferrados al PIB no abarcan muchas &aacute;reas de la vida que s&iacute; proponen los&nbsp;</strong><a href="https://lasaluddelahumanidad.com/t2-pildora-3-los-objetivos-de-desarrollo-interior/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Objetivos de Desarrollo Interior (ODI)</strong></a><strong>, que incluyen dimensiones emocionales y sociales, y usted cita. Pienso en pueblos ind&iacute;genas que viven en armon&iacute;a&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es muy triste c&oacute;mo estamos exterminando a culturas que s&iacute; viven en equilibrio con el medio ambiente y que se entienden a s&iacute; mismos como parte de la naturaleza. Eso es lo que la ciencia de la ecolog&iacute;a est&aacute; intentando demostrar: que somos naturaleza. Nuestra cosmovisi&oacute;n nos ha puesto en una posici&oacute;n de &ldquo;especie elegida&rdquo; y la naturaleza ha sido un objeto para nuestro disfrute. Esa justificaci&oacute;n para destruir la naturaleza es el origen de la insostenibilidad. Hay tres huidas del ser humano que nos hacen enfrentar la&nbsp;<em>policrisis</em>&nbsp;que vivimos m&aacute;s solos que nunca: primero huimos de ella, d&aacute;ndole la espalda y machac&aacute;ndola; luego hemos huido de los dem&aacute;s, y los individuos estamos muy laxamente conectados entre s&iacute;; y la tercera huida es la de abandonarnos a nosotros mismos. Estamos en guerra con nosotros mismos: somos individuos desequilibrados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se sabe que invirtiendo en la conservaci&oacute;n de la naturaleza hay un ahorro incluso en t&eacute;rminos puramente econ&oacute;micos. &iquest;Por qu&eacute; existe, entonces, este cortoplacismo?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los impactos econ&oacute;micos del cambio clim&aacute;tico crecen m&aacute;s r&aacute;pido que los propios eventos extremos, seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Meteorol&oacute;gica Mundial. Prevenir la salud y evitar entrar al hospital cuesta mucho menos que tratar a una persona cuando ya est&aacute; enferma. Pongo muchos ejemplos de este desfase temporal: buscamos el rendimiento en el corto plazo, y es parad&oacute;jico porque la naturaleza es muy rentable, pero en el medio y largo plazo. En el corto plazo son m&aacute;s rentables los pelotazos o la sobreexplotaci&oacute;n por un turismo no sostenible de un espacio natural. Muchos y muy diferentes trabajos sobre espacios protegidos y servicios ecosist&eacute;micos convergen en que la rentabilidad de la naturaleza es entre cien y mil veces. Por cada euro que pones, recibes entre cien y mil de ella. La cuesti&oacute;n es que todos los estudios, incluso algunos de agricultura generativa, tambi&eacute;n muestran resultados as&iacute;, ya que se acaban ahorrando pesticidas y combustible, y se mantiene la producci&oacute;n. Entonces, &iquest;por qu&eacute; eso no se hace?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se va a eliminar la reducción de pesticidas para aliviar temporalmente las revueltas y se va a seguir permitiendo a los agricultores que envenenen. Pero ellos son los primeros en sufrir el veneno del glifosato</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La agricultura, de hecho, es un elemento fundamental del libro debido al peso econ&oacute;mico y ecol&oacute;gico. &iquest;C&oacute;mo ve este aspecto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La agricultura lleva aparejada una serie de disparates, y&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/economia/radiografia-agricultura-espana-gigantes-sector-ganan-pequenas-explotaciones-luchan-sobrevivir_1_10910987.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estos d&iacute;as est&aacute;n saltando los remaches de los agricultores</a>. Cuando la econom&iacute;a tiembla, saltan los remaches del medio ambiente y de las clases m&aacute;s pobres, y estamos viendo que van a saltar las dos. Se va a&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/economia/comision-europea-retira-ley-reducir-pesticidas-plena-revuelta-agraria_1_10898656.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">eliminar la reducci&oacute;n de pesticidas</a>&nbsp;para aliviar temporalmente las revueltas y se va a seguir permitiendo a los agricultores que envenenen. Pero ellos son los primeros en sufrir el veneno del glifosato. Es el reflejo de no querer abordar el problema de fondo, y hay una tremenda paradoja: producimos el doble de la comida que necesitamos y generamos millones de muertos por inanici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por esa raz&oacute;n comentaba que es un libro activista: asegura que el negocio de la industria de la alimentaci&oacute;n no es alimentar a la gente, sino enriquecer a empresas y crear monopolios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo estamos viendo. En algunos programas con alta audiencia en los que participo me provocan, y me encanta porque digo cu&aacute;les son las soluciones: que alguien pare los beneficios obscenos de los intermediarios y los inversores deslocalizados, a quienes les da igual invertir en comida, en construcciones o en f&oacute;rmula uno. Buscan la rentabilidad r&aacute;pida de su dinero, y los intermediarios establecen unas reglas del juego duras para el sector, a quienes pagan sus productos a p&eacute;rdidas. Y, de fondo, est&aacute; la coartada de que producen comida y hay que seguir produciendo comida. Los agricultores est&aacute;n atrapados en mensajes muy contradictorios, porque hay veces que, cuando queremos protegerles, les suena todo lo contrario, como cuando afirmo que hay que producir la mitad de comida, pero hay que pag&aacute;rsela mejor; eso, junto con medidas fiscales y arancelarias que evitaran la asimetr&iacute;a. Si las naranjas que vienen de Sud&aacute;frica son m&aacute;s baratas que las que vienen de Valencia es porque se producen en unas condiciones ambientales y sociales que se saltan todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Son &ldquo;econom&iacute;a de escala&rdquo;&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a de escala es de esas cosas que hay que entender para aplicarla justamente al rev&eacute;s: hay que hacer producir menos y m&aacute;s caro. Con el trigo y la invasi&oacute;n de Ucrania, se ha encarecido el precio del cereal. Y aqu&iacute; en Espa&ntilde;a producimos mucho cereal, pero las macrogranjas compran cereal de Ucrania y no de aqu&iacute; porque, por econom&iacute;a de escala, sale m&aacute;s barato el granero global.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted se&ntilde;ala que a la derecha se la identifica con libertad y felicidad frente a una izquierda prohibicionista y aguafiestas. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;n politizados temas tan fundamentales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay partes del libro que se han quedado en el caj&oacute;n porque iba a parecer algo solo pol&iacute;tico, y como tendemos a politizarlo todo con una pol&iacute;tica de bajos vuelos... La izquierda nace perdedora en muchos aspectos en esta sociedad donde predomina la testosterona y la violencia. La izquierda es mucho m&aacute;s reflexiva y autocr&iacute;tica, y de entrada la propia izquierda es su peor enemigo a la hora de conseguir un poco de peso pol&iacute;tico en el debate: seg&uacute;n como se diga desde las izquierdas y seg&uacute;n c&oacute;mo la derecha simplifique ese mensaje, al final suena que las izquierdas son el &ldquo;no, no, no&rdquo;. Si queremos llegar a mucha gente con independencia del color pol&iacute;tico hay que entender c&oacute;mo funcionan el cerebro, las emociones, c&oacute;mo la gente se posiciona y entender que no todo el mundo tiene tiempo para leer a Nietzsche ni aspirar a que el cambio venga de una sociedad erudita.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El problema de la sociedad es que acaba normalizando muchas cosas porque cree que no hay alternativa, y lo que propongo es provocar alternativas. El capitalismo lo hemos decidido nosotros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo se combina esa &ldquo;sociedad que rebosa sensatez&rdquo;, como sostiene, con una sociedad que vota en contra de sus intereses objetivos, que es la conservaci&oacute;n de la especie y de su casa, que es el planeta?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese es uno de los puntos de optimismo que desarrollo en primera persona: un tri&aacute;ngulo entre conocimiento, sensatez y sabidur&iacute;a. La sensatez es eso que emana cuando uno tiene tiempo: un pastor o una persona que vive despacio quiz&aacute;s no tenga mucho conocimiento o sabidur&iacute;a, pero tiene sensatez. Para que se exprese la sensatez hacen falta ciertas condiciones, y uno de los ingredientes es el tiempo. Lo que yo intento en debates o conversaciones donde se piensa muy distinto es jugar al despiste y generar situaciones en que la persona se vea obligada a pensar y que ejerza su propia sensatez, solo que a veces no le damos la oportunidad a que emerja. El problema de la sociedad es que acaba normalizando muchas cosas porque cree que no hay alternativa, y lo que propongo en el libro es provocar alternativas. El capitalismo lo hemos decidido nosotros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay vida m&aacute;s all&aacute; del sistema capitalista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La arbitrariedad de muchas cosas con las que funciona la sociedad es algo que requerir&iacute;a que mir&aacute;ramos en la distancia. Estamos tan metidos en la econom&iacute;a que no nos damos cuenta de que hay otras varas de medir.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/fernando-valladares-ecologo-csic-futuro-resumir-tres-escenarios-autoritarismo-no-transformarnos_1_10917798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Feb 2024 06:47:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fernando Valladares, ecólogo del CSIC: "El futuro se puede resumir en tres escenarios: autoritarismo, no hacer nada o transformarnos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Cultura,Ecologismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Los humedales han sido hábitats amenazados y destruidos, pero ahora estamos en el proceso inverso"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/humedales-han-sido-habitats-amenazados-destruidos-ahora-proceso-inverso_1_10887609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4349006-4f6d-44d3-b15e-16558207d68b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1089024.jpg" width="4600" height="2588" alt="&quot;Los humedales han sido hábitats amenazados y destruidos, pero ahora estamos en el proceso inverso&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque estos cuerpos de agua enfrentan diferentes retos en todo el planeta, en las dos últimas décadas se han restaurado un sinfín de ecosistemas que el invierno pasado atrajeron a 68 especies de aves diferentes a Cantabria</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que se destrozaron los humedales de Cantabria. La bah&iacute;a de Santander, bocado a bocado, fue perdiendo superficie:<a href="https://reunido.uniovi.es/index.php/TDG/article/view/12962/11819" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las aguas, que alguna vez se desparramaron por m&aacute;s de 45 kil&oacute;metros cuadrados</a> se vieron reducidas a casi la mitad de espacio. A cambio, ese paisaje de &ldquo;agua malva, basa roja&rdquo; que Gerardo Diego describi&oacute; en sus versos a El Astillero fue colonizado lentamente, rellenos y desecaciones mediante, por edificios, industrias, el aeropuerto, el puerto y pastizales. El mapa de la bah&iacute;a y sus r&iacute;as que dibujaron los marinos Antonio Ar&eacute;valo y Bernardo del Campo es, casi dos siglos despu&eacute;s, irreconocible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco Santo&ntilde;a, el principal humedal de la costa cant&aacute;brica, se ha librado de la huella humana; al punto que la justicia europea tuvo que obligar a Espa&ntilde;a a proteger sus marismas como Zona de Especial Protecci&oacute;n para las Aves mientras que las aguas de la r&iacute;a de San Mart&iacute;n de la Arena, en Requejada, que durante d&eacute;cadas estuvo empachada de vertidos t&oacute;xicos, se encuentra en v&iacute;as de declararse &Aacute;rea Natural de Especial Inter&eacute;s.&nbsp;Son apuntes en el D&iacute;a Internacional de los Humedales. La<a href="https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/ecosistemas-y-conectividad/conservacion-de-humedales/ch_hum_convenio_ramsar.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> convenci&oacute;n</a>, a la que Espa&ntilde;a se uni&oacute; una d&eacute;cada m&aacute;s tarde con Do&ntilde;ana y las Tablas de Daimiel, fue firmada el 2 de febrero de 1971 y actualmente incluye 76 humedales de todo el pa&iacute;s, incluidas las Marismas de Santo&ntilde;a, Victoria y Joyel.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los humedales han sido h&aacute;bitats amenazados y destruidos, pero ahora estamos en el proceso inverso&rdquo;, dice Felipe Gonz&aacute;lez, de SEO-Birdlife, que celebra la restauraci&oacute;n de zonas degradadas en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y para respaldar esa tendencia se refugia en el principal indicador, que es la presencia de aves.<a href="https://www.researchgate.net/publication/377240789_Resumen_de_los_censos_de_aves_acuaticas_invernantes_en_los_humedales_de_Cantabria_2017-_2023" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> El censo de aves acu&aacute;ticas invernantes</a> de la organizaci&oacute;n, que se realiza todos los meses de enero, muestra ese aumento entre 1997 y 2011. Aun as&iacute;, las tendencias var&iacute;an mucho, ya que entre las poco m&aacute;s de 20.000 aves contabilizadas en 1998 hasta las m&aacute;s de 55.000 de 2009 se han sucedido picos y valles, aunque se observa el aumento de aves a partir de los trabajos de recuperaci&oacute;n de humedales a finales de los noventa, como las marismas de Astillero, donde la sociedad ornitol&oacute;gica tiene su sede.
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            <span class="title">
                Las espátulas son las aves emblemáticas de las Marismas de Santoña.                            </span>
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        Aun as&iacute;, Gonz&aacute;lez cree que es necesario hablar de humedales con una &ldquo;perspectiva hist&oacute;rica&rdquo;, ya que la degradaci&oacute;n de los h&aacute;bitats hizo desaparecer a muchas especies que han regresado tras largos a&ntilde;os de ausencia. &ldquo;Mucha gente da por hecho que la conservaci&oacute;n de las marismas est&aacute; ganada&rdquo;, asegura, &ldquo;pero hay que ver de d&oacute;nde venimos&rdquo;. Todos los humedales, explica, ya est&aacute;n blindados por la ley, y por eso el &uacute;ltimo &ldquo;caso flagrante&rdquo; de destrucci&oacute;n en Cantabria,<a href="https://www.eldiario.es/cantabria/justicia-ordena-paralizacion-relleno-marismas-raos-han-finalizado-obras_1_6096712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el relleno de las marismas de Raos</a>, fue paralizado por la justicia despu&eacute;s de un recurso de Ecologistas en Acci&oacute;n. Pero los rellenos a los que fue sometido el estuario de manera tan com&uacute;n durante el siglo XIX y comienzos del XX es dif&iacute;cil volver a contemplarlos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las mejoras de los humedales han generado una mejora de la biodiversidad notable&rdquo;, apunta Carlos S&aacute;nchez, presidente de la Fundaci&oacute;n Naturaleza y Hombre, que destaca la presencia de aves que no se ve&iacute;an hace tiempo en la bah&iacute;a como el &aacute;guila pescadora, el aguilucho lagunero o el avetoro. Pero, al mismo tiempo, S&aacute;nchez lanza una advertencia: &ldquo;No se deber&iacute;a de poder dar ni un mordisco m&aacute;s a la Bah&iacute;a de Santander: no se deber&iacute;a utilizar para expandir la actividad humana. Con toda la crisis ambiental, nos debe hacer reflexionar que debemos cuidar los humedales tan productivos para la diversidad y los humanos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un oasis ornitol&oacute;gico</strong></h3><p class="article-text">
        Hay en toda la geograf&iacute;a de Cantabria una constelaci&oacute;n de humedales. Son marismas, r&iacute;as, bah&iacute;as, pozas, embalses, pantanos y vaguadas en las que el a&ntilde;o pasado invernaron 32.000 aves de 68 especies. El acuerdo final de<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ue-acuerda-ley-restaurar-naturaleza-intentaron-tumbar-pp-extrema-derecha_1_10672811.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> la Ley de Restauraci&oacute;n de la Naturaleza,</a> que promete reparar el 80% de los h&aacute;bitats da&ntilde;ados de la Uni&oacute;n Europea, trae nuevas esperanzas para estas zonas protegidas. Un ejemplo: seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n R&iacute;a, en 2016 solo se hab&iacute;a recuperado el 3% del espacio ganado al mar, por lo que a&uacute;n hay margen para seguir progresando.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos coletazos de esa degradaci&oacute;n, cuyo punto de inicio en la Bah&iacute;a de Santander se sit&uacute;a en 1837 con permiso de alguna actuaci&oacute;n durante la Edad Media, se detuvo a finales del siglo pasado. Felipe Gonz&aacute;lez dice que en Cantabria &ldquo;se ha destruido mucho&rdquo; hist&oacute;ricamente, aunque el camino inverso de recuperaci&oacute;n, cuyos efectos se observan en una mayor riqueza de flora y fauna, tambi&eacute;n est&aacute; atrayendo a un buen n&uacute;mero de aficionados a los ilustres habitantes de estos ecosistemas.&nbsp;
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            <span class="title">
                Aficionados avistando aves en el Puntal de Laredo.                            </span>
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        &ldquo;Se va haciendo una labor importante de restauraci&oacute;n de los humedales, que son puntos importantes para las aves en sus rutas migratorias&rdquo;, explica<a href="https://nosinmisprismaticos.blogspot.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Ernesto Villodas, gu&iacute;a ornitol&oacute;gico</a>. Ernesto es aficionado a las aves desde los 13 a&ntilde;os, aunque hace dos cre&oacute; una empresa ecotur&iacute;stica. Solo en las marismas de Santo&ntilde;a y la campi&ntilde;a ha contabilizado unas 200 especies de aves, aunque &eacute;l distribuye su tiempo &mdash;y sus rutas&mdash; dependiendo de la estaci&oacute;n: si en invierno y durante los pasos migratorios pasa las horas en la marisma, en primavera y verano acude m&aacute;s al campo y las monta&ntilde;as. En las m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas en las marismas de Santo&ntilde;a ha visto su evoluci&oacute;n: desde la concepci&oacute;n de los humedales como focos de infecci&oacute;n contra los que hab&iacute;a que luchar al para&iacute;so natural del presente. &ldquo;Estos &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;, explica, &ldquo;estamos m&aacute;s sensibilizados y se van dando pasos para que esto mejore&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El D&iacute;a de los Humedales trata de seguir esa labor de concienciaci&oacute;n sobre la importancia de estos ecosistemas. Seg&uacute;n Naciones Unidas, los humedales son &ldquo;unos de los ecosistemas que sufren mayor deterioro, p&eacute;rdida y degradaci&oacute;n&rdquo;, algo que tambi&eacute;n subraya Carlos S&aacute;nchez: &ldquo;Los humedales se pierden a una velocidad mayor que los bosques a nivel global&rdquo;. El proceso de deterioro masivo en Cantabria se ha frenado, aunque los problemas de aguas residuales de Santo&ntilde;a siguen intoxicando el entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ernesto dice que hay aves que cada vez se dejan ver menos, como el zampull&iacute;n cuellirojo, aunque otras especies, como la barnacla carinegra, ha multiplicado su presencia hasta llegar a los mil ejemplares este a&ntilde;o. Pero a pesar de la mayor sensibilizaci&oacute;n, el pajarero, como se conoce a los aficionados de aves, cree que se podr&iacute;a aumentar la vigilancia y conservaci&oacute;n de un ecosistema muy tur&iacute;stico y repleto de actividades humanas. &ldquo;No est&aacute; demasiado protegido pensando en las aves. La gente, en general, est&aacute; concienciada, pero a veces falta informaci&oacute;n de c&oacute;mo actuar y comportarnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La huella de las actividades humanas ha sido el principal impacto de estos h&aacute;bitats que, en torno a la bah&iacute;a, se descuid&oacute; durante d&eacute;cadas. Los sedimentos de la industria minera que en el siglo XIX alcanz&oacute; cotas inimaginables acab&oacute; por colmatar buena parte de la bah&iacute;a y la r&iacute;a de Sol&iacute;a debido al lavado del hierro. Esa zona industrial fue una de las &aacute;reas incluidas en<a href="https://anilloverde.wordpress.com/2020/11/16/el-anillo-verde-consigue-controlar-la-planta-invasora-onagraria-ludwigia-peploides-en-la-marisma-de-alday/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el Proyecto LIFE Anillo Verde de la Bah&iacute;a de Santander</a>, coordinado por la Fundaci&oacute;n Naturaleza y Hombre. Las actuaciones, llevadas a cabo entre 2015 y 2020, regeneraron 200 hect&aacute;reas de diez espacios degradados en torno a la bah&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trat&oacute; de humedales litorales (Marismas de Alday, Marisma de Engoa y Ensenada de San Bartolom&eacute;, R&iacute;a de Sol&iacute;a), humedales interiores (Poz&oacute;n de la Yesera Pozos de Valcaba), encinares relictos (Pe&ntilde;as Negras, El Monter&iacute;n, Paraje de la Cueva del Juyo, Sierra del Pendo-Cavid&oacute;n) e islas (La Campanuca, Pe&ntilde;a Rabiosa, San Juan). En el proceso, se luch&oacute; contra m&aacute;s de 150 hect&aacute;reas de especies invasoras arranc&aacute;ndolas de ra&iacute;z o introduciendo ganado, como en Alday, se desbrozaron los espacios, se acondicionaron caminos y se extirparon las falsas acacias que colonizaban el bosque de ribera en la r&iacute;a de Sol&iacute;a, que junto a la chilca, el plumero y la onagraria son las principales amenazas for&aacute;neas de estos ecosistemas que proveen de recursos a los animales y al ser humano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proyecto, de hecho, tambi&eacute;n incluy&oacute; censos de aves y el control de las plantaciones realizadas, alimentando as&iacute; la informaci&oacute;n y contribuyendo a la educaci&oacute;n ambiental. El responsable de la Fundaci&oacute;n Naturaleza y Hombre, a cuatro a&ntilde;os de la finalizaci&oacute;n del proyecto, dice que la visi&oacute;n de los humedales ha mejorado por parte de la poblaci&oacute;n. &ldquo;Pero la realidad es que no podemos decir que gozan de un estado de salud de lo m&aacute;s favorable&rdquo;, a&ntilde;ade. Su trabajo de conservaci&oacute;n y eliminaci&oacute;n de especies invasoras en Alday, Engoa, las r&iacute;as de Sol&iacute;a y Tejera, el Poz&oacute;n de la Dolores o la r&iacute;a de Cubas sigue contribuyendo a estos procesos de restauraci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Horizontes de los humedales</strong></h3><p class="article-text">
        Aunque el tiempo de destrucci&oacute;n de humedales en Cantabria se clausur&oacute; hace dos d&eacute;cadas, estos cuerpos de aguas afrontan otros retos. El cambio clim&aacute;tico y sus problemas derivados constituyen ahora su principal desaf&iacute;o. &ldquo;Porque al hablar de los humedales hay que tener la perspectiva hist&oacute;rica: hay que ver de d&oacute;nde venimos&rdquo;, insiste Felipe Gonz&aacute;lez, que considera que los municipios mantienen el compromiso de recuperar lugares degradados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo censo de SEO-Birdlife, realizado en 15 humedales de toda Cantabria, se citan la disminuci&oacute;n de migraciones al sur de las aves, aunque lo asocian a causas globales y no locales, adem&aacute;s de mencionar c&oacute;mo el cambio clim&aacute;tico afecta a las zonas de nidificaci&oacute;n en el norte; ese mismo censo comprob&oacute; el aumento de las aves cuando se restauraron sus hogares tambi&eacute;n recogi&oacute; un lento declive desde entonces. Las causas son variadas.
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                Estado actual de las Marismas Blancas.                            </span>
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        <a href="https://web.unican.es/noticias/Paginas/2023/09/plan-bahia.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Plan de Gesti&oacute;n Integrada de la Bah&iacute;a de Santander</a>, financiado por el Programa de Ciencias Marinas, pretende abordar los nuevos desaf&iacute;os desde todos los &aacute;ngulos. El proyecto naci&oacute; a ra&iacute;z de la Mesa de la Bah&iacute;a y actualmente est&aacute; embarcado en un amplio proceso de diagn&oacute;stico. Para ello, las investigadoras del Instituto de Hidr&aacute;ulica Ambiental de la Universidad de Cantabria (IH), la instituci&oacute;n que coordina el Plan Bah&iacute;a, est&aacute; inmersa en una serie de reuniones con diferentes sectores involucrados en la vida de la bah&iacute;a para realizar el diagn&oacute;stico integral, desde mariscadores, al sector tur&iacute;stico o asociaciones de vecinos de los siete municipios del entorno del estuario. &ldquo;En la bah&iacute;a hay muchos usos, muchas actividades y muchos organismos competentes: es un espacio multiusos y multiactividades y hay que integrarlo todo&rdquo;, asegura Mar&iacute;a Recio, investigadora del programa, que recuerda que la bah&iacute;a hay que verla como una unidad org&aacute;nica: &ldquo;Lo que se hace en un punto de la bah&iacute;a, afecta al resto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, las dos responsables del Plan Bah&iacute;a, que han recopilado informes t&eacute;cnicos ya realizados por el IH y otras instituciones, est&aacute;n siendo provistas de informaci&oacute;n por los principales agentes de la vida en torno a la bah&iacute;a. Sus aguas, s&iacute;, est&aacute;n m&aacute;s claras y limpias, y han regresado aves emblem&aacute;ticas. Pero los efectos del cambio clim&aacute;tico sobre su temperatura tienen consecuencias para el desarrollo de ciertas especies, como las almejas. La reducci&oacute;n de la superficie del estuario y los efectos en las corrientes, adem&aacute;s, ha provocado modificaciones en la sedimentaci&oacute;n. &ldquo;Un estuario es como un vaso, que se llena de agua y se vac&iacute;a&rdquo;, ejemplifica la bi&oacute;loga. &ldquo;Pero si el vaso lo haces m&aacute;s peque&ntilde;o, el agua sale con menos fuerza: en estos momentos el agua ya no tiene tanta fuerza para arrastrar todos los sedimentos y se produce una <em>arenizaci&oacute;n</em> de la bah&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si el saneamiento de la bah&iacute;a supuso un punto de inflexi&oacute;n para la calidad de sus aguas y la biodiversidad, el nuevo proyecto, un plan pionero en Espa&ntilde;a que se estirar&aacute; hasta finales del 2025, acabar&aacute; en una respuesta que abarcar&aacute; la parte ambiental, f&iacute;sica y de gobernanza para un estuario bajo la tutela de un sinf&iacute;n de administraciones. Las 52 especies de aves que invernaron el a&ntilde;o pasado quiz&aacute;s constituyan el mejor term&oacute;metro de su evoluci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Cobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/humedales-han-sido-habitats-amenazados-destruidos-ahora-proceso-inverso_1_10887609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Feb 2024 23:03:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Los humedales han sido hábitats amenazados y destruidos, pero ahora estamos en el proceso inverso"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Cambio climático,Cantabria]]></media:keywords>
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