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    <title><![CDATA[elDiario.es - Enrique Rey]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/enrique-rey/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Enrique Rey]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un drama íntimo, un golpe para la comunidad: cuando cierra tu bar de confianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/drama-intimo-golpe-comunidad-cierra-bar-confianza_1_12297411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c423c96-6e32-4451-b325-363a2d96ddf8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un drama íntimo, un golpe para la comunidad: cuando cierra tu bar de confianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cierre de cualquier bar, más allá del impacto sentimental para sus habituales, supone también un mazazo sobre la vida en común de los barrios</p><p class="subtitle">'Gastrificación' o por qué acabamos comiendo exactamente lo mismo en cualquier restaurante</p></div><p class="article-text">
        Aurora echa de menos las patatas asadas del Ca&ntilde;izo que, como el Jesuso con su plancha infatigable, cerr&oacute; hace un par de a&ntilde;os en el barrio de Santa Eulalia, m&aacute;s conocido en Murcia &mdash;no sabemos por cu&aacute;nto tiempo&mdash; como &ldquo;las Tascas&rdquo;. Juan Luis, que vive en Oporto, se queja de que en aquella ciudad ya no quedan caf&eacute;s como los de antes, donde se pod&iacute;a trabajar tranquilo: ahora todos esos locales se han transformado en un escenario as&eacute;ptico sobre el que los <em>expats</em> gritan en ingl&eacute;s a trav&eacute;s de sus auriculares inal&aacute;mbricos. Nuria bromea para sobrellevar su duelo: dentro de lo malo, al menos su madre no lleg&oacute; a ver su terraza favorita de Laredo cerrar este &uacute;ltimo verano, porque eso s&iacute; que habr&iacute;a sido un disgusto. E Inma se queja de que ya nunca m&aacute;s podr&aacute; entrar en el Bar Rosa, frente al Circo Prize de Madrid, y pedir la mejor tortilla de la zona; en este caso, el cierre fue por jubilaci&oacute;n. Ya lo cantaban Astrud en <em>Acordarnos</em>: todos tenemos un bar y puede que su desaparici&oacute;n, llegado el momento, &ldquo;nos d&eacute; igual&rdquo;, pero luego pasan los a&ntilde;os, ponen un Starbucks y &ldquo;nos da tanta rabia que parece nostalgia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el INE, entre 2010 y 2024, en Espa&ntilde;a abandonaron su actividad unos 40.000 bares. Suponiendo a veinte parroquianos con recuerdos significativos por cada uno, podemos imaginar casi un mill&oacute;n de novelas que estar&iacute;an por escribir. Pero el cierre de cualquier bar, m&aacute;s all&aacute; del impacto sentimental para sus habituales, supone tambi&eacute;n un mazazo sobre la vida en com&uacute;n de los barrios. &ldquo;Los bares son espacios de sociabilidad semip&uacute;blica&rdquo;, explica a elDiario.es el antrop&oacute;logo Manuel Delgado. &ldquo;Aquellos a los que <em>se va</em> corresponden a una vida social de proximidad, asociable a lo que llamamos vida de barrio. <em>Se baja</em> a ciertos bares que est&aacute;n a la puerta de casa o cerca y que son prolongaciones del propio domicilio&rdquo;, contin&uacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con Delgado coinciden algunos arquitectos y urbanistas como Paula Olea, Andr&eacute;s Jaque o (ya desde los ochenta) Toyo Ito, que han escrito sobre la &ldquo;domesticaci&oacute;n de lo urbano&rdquo;, es decir, sobre c&oacute;mo a medida que las viviendas ofrecen menos comodidades o intimidad (sucede en los pisos compartidos), muchos inquilinos incorporan espacios como los propios bares, gimnasios y bibliotecas a sus rutinas dom&eacute;sticas. Eso s&iacute;, este fen&oacute;meno ya se dio en otras &eacute;pocas, y es que el fr&iacute;o (y no solo las tertulias) tambi&eacute;n empujaba a los vecinos de las ciudades de finales del s. XIX hacia las concurridas mesas de caf&eacute;s y tabernas. Hoy la novedad consiste en que es el mismo mecanismo &mdash;la especulaci&oacute;n inmobiliaria&mdash; que fuerza a los ciudadanos a salir de sus <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/pisos-mr-wonderful-perversion-cuqui-alquilar-viviendas-minipisos_1_10203219.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casas insuficientes</a> el que tambi&eacute;n obliga a cerrar a muchos de los establecimientos que estaban acogi&eacute;ndolos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los bares son espacios de sociabilidad semipública. Aquellos a los que se va corresponden a una vida social de proximidad, asociable a lo que llamamos vida de barrio</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Manuel Delgado</span>
                                        <span>—</span> antropólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una pieza fundamental de las ciudades</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.diariodesevilla.es/opinion/articulos/mejor_0_2003761887.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En un art&iacute;culo reciente</a>, la escritora Carmen Camacho lamentaba la desaparici&oacute;n del Bar Goma. Situado junto al cementerio de San Fernando, en Sevilla, all&iacute; los sobres de az&uacute;car no daban &ldquo;gracias por venir&rdquo;, sino que indicaban que &ldquo;aqu&iacute; se est&aacute; mejor que all&iacute;&rdquo;; no se sabe si refiri&eacute;ndose al propio bar, bastante desali&ntilde;ado seg&uacute;n cuentan, o al mundo de los vivos frente a otras posibles dimensiones. &ldquo;Donde antes se abr&iacute;a un bar cualquiera, con su est&eacute;tica normalmente fortuita, sus due&ntilde;os malajes y sus parroquianos dispuestos a perder todo el tiempo que les fuera posible, ahora se emplazan, sustituy&eacute;ndolos, <a href="https://www.eldiario.es/viajes/gastrificacion-gentrificacion-gastronomia_1_10542001.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">locales de nadie</a>, de vasos de cart&oacute;n y est&eacute;tica quir&uacute;rgica&rdquo;, se&ntilde;ala Camacho en su texto, dando voz a todos esos vecinos que lamentan del cierre de un bar conocido y su transformaci&oacute;n en algo que les resulta extra&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        A casi nadie le importa que los locales m&aacute;s nuevos, reci&eacute;n inaugurados o reformados tengan mejor aspecto que aquellos a los que sustituyen. El bar habitual no tiene por qu&eacute; ser un establecimiento impecable con una decoraci&oacute;n exquisita porque, muchas veces, es precisamente la dejadez en ciertos detalles la que sugiere unos precios asequibles o buena disposici&oacute;n para hacer favores. O lo que es lo mismo: resulta m&aacute;s f&aacute;cil que quien lleva a&ntilde;os atendi&eacute;ndote y est&aacute; al frente de su propio negocio te dedique un rato y te saque de un apuro a que lo haga el camarero que apenas ha trabajado durante un par de meses en una franquicia y que no tiene ning&uacute;n margen para apartarse un segundo de su puesto o de sus funciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Javier Rodr&iacute;guez L&oacute;pez es hijo de tabernero y lleva varias d&eacute;cadas regentando el Restaurante Miguel &Aacute;ngel, en el distrito de Hortaleza (Madrid). Rodr&iacute;guez recuerda haber hecho &ldquo;muchos favores extra&ntilde;os a sus clientes&rdquo;, por ejemplo, &ldquo;firmar salvoconductos para que sus familias, cuando llegasen a sus casas, supieran a qu&eacute; hora hab&iacute;an salido del bar exactamente; o esconder a algunos en la cocina porque ven&iacute;an busc&aacute;ndolos&rdquo;. &ldquo;Series como <em>Cheers</em> o <em>Los ladrones van a la oficina </em>me parecen una tonter&iacute;a comparadas con lo que vivo a diario en el bar&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez insiste en que lo fundamental es que &ldquo;en un bar te sientas como en casa&rdquo;, y eso incluye ofrecer a los clientes aquello que &mdash;porque viven solos o porque su entorno no es el m&aacute;s acogedor&mdash; no encuentran en su hogar, apoyo emocional incluido. &ldquo;De un cliente fiel conozco su estado de &aacute;nimo en cuanto aparece por la puerta&rdquo;, asegura el hostelero. &ldquo;Si est&aacute; mal intento mejorarlo o cambiarlo; y si est&aacute; bien, intento mantenerlo. De quien simplemente pasa por aqu&iacute; tambi&eacute;n s&eacute; su estado de &aacute;nimo, pero no intento cambiarlo&rdquo;, reconoce.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">De un cliente fiel conozco su estado de ánimo en cuanto aparece por la puerta. Si está mal intento mejorarlo o cambiarlo; y si está bien, intento mantenerlo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Rodríguez López</span>
                                        <span>—</span> hostelero (restaurante Miguel Ángel, Madrid)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Moncho Fern&aacute;ndez es un documentalista vigu&eacute;s que durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha vivido entre Malasa&ntilde;a (Madrid) y Gr&agrave;cia (Barcelona), as&iacute; que ha asistido en primera fila a intensos procesos de gentrificaci&oacute;n y a la invasi&oacute;n de la <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decoraci&oacute;n algor&iacute;tmica</a>. Por su parte, &eacute;l se resiste a entrar en los locales m&aacute;s vistosos: &ldquo;Cuando digo que un bar me gusta y es emblem&aacute;tico, quiero decir, por supuesto, cutre y ro&ntilde;oso&rdquo;, afirma el gallego. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es posible que cuando usamos adjetivos como emblem&aacute;tico o pintoresco para referirnos a estos bares no se trate m&aacute;s que de eufemismos para definir una mezcla de ruidoso, heterog&eacute;neo y seguramente antihigi&eacute;nico que, lejos de ser un defecto, supone la garant&iacute;a de estar alejado del concurrido circuito <em>mainstream</em> que aglutina turistas, modernos con &iacute;nfulas y dem&aacute;s fauna arribista que puebla otros locales en los que ciertamente no queremos estar y en los que de todos modos tendr&iacute;amos que pelearnos absurdamente para que nos dejasen entrar&rdquo;, relata Fern&aacute;ndez, que admite que pone en pr&aacute;ctica &ldquo;una especie de elitismo invertido&rdquo; detectable en muchos j&oacute;venes de su generaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                A medida que las viviendas ofrecen menos comodidades o intimidad, muchos inquilinos incorporan espacios como los propios bares, gimnasios y bibliotecas a sus rutinas domésticas.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Pol&iacute;ticas de &ldquo;borramiento&rdquo; y garitos</h2><p class="article-text">
        <em>El hombre de la multitud</em>, quiz&aacute; el relato m&aacute;s famoso de Edgar Allan Poe, comienza con su narrador y protagonista contemplando el trasiego de las calles de Londres tras los ventanales de un caf&eacute;. La mirada de este personaje, tal y como han se&ntilde;alado autores como Baudelaire, es la primera del llamado &ldquo;sujeto moderno&rdquo; y se despliega, no por casualidad, desde un local semip&uacute;blico que resulta ideal para ver sin ser visto. Aunque los caf&eacute;s fueron el h&aacute;bitat de artistas y bohemios, que aprovechaban sus peque&ntilde;as mesas para concentrarse en sus tareas solitarias, hoy las diferencias entre estos establecimientos y los bares (m&aacute;s castizos) o las tabernas (m&aacute;s proletarias: con mesa corrida) son min&uacute;sculas. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, como demuestra Google N&rsquo;Gram, la palabra &ldquo;bar&rdquo; se populariza a partir de los a&ntilde;os noventa del s.XX casi como comod&iacute;n, y no se encuentra, por ejemplo, en la obra de P&iacute;o Baroja, que en sus novelas llama &ldquo;tabernas&rdquo; o &ldquo;cafetines&rdquo; a todos los establecimientos donde se serv&iacute;an bebidas en el Madrid de principios del s.XX. Otra palabra que despega durante los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os es &ldquo;garito&rdquo;, cuya segunda acepci&oacute;n seg&uacute;n la RAE (&ldquo;establecimiento de diversi&oacute;n, especialmente el de mala fama&rdquo;) es hoy la m&aacute;s usada.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;garito&rdquo; es un bar con peor fama porque resulta escandaloso para algunos y fundamental para la socializaci&oacute;n de otros. Donde hay o hubo un garito suele haber una historia de resistencia como las que la profesora y activista Alba G&aacute;lvez est&aacute; recogiendo en su proyecto <em>Mapeo Queer</em>. En este caso, G&aacute;lvez y sus colaboradores est&aacute;n trazando una geograf&iacute;a <em>queer </em>de la ciudad de Murcia (un proceso similar se podr&iacute;a llevar a cabo sobre cualquier otra capital espa&ntilde;ola); algo as&iacute; como un registro de los lugares que son o han sido importantes para el colectivo. Ana Gim&eacute;nez particip&oacute; en la primera sesi&oacute;n de trabajo y recuerda que all&iacute; se habl&oacute;, sobre todo, de bares (o garitos) que forman parte de una memoria compartida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el centro de la ciudad hab&iacute;a muchos bares que hicieron comunidad <em>queer</em> y que han desaparecido. Algunos cerraron por circunstancias variadas, pero otros lo hicieron por <em>pol&iacute;ticas de borramiento</em>, porque, por ejemplo, no les renovaron la licencia. Con la excusa de los ruidos se ha castigado especialmente a los bares <em>queer</em>&rdquo;, explica Gim&eacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        Si en las ciudades contempor&aacute;neas cualquier bar peque&ntilde;o lo tiene dif&iacute;cil, la situaci&oacute;n es incluso peor para los espacios disidentes. &ldquo;Hace unos veinte a&ntilde;os hab&iacute;a mucha oferta; mientras que ahora hay mucha demanda, con un colectivo muy amplio y muy diverso, pero menos oferta, porque ya no existe ning&uacute;n un espacio que se autodetermine <em>de ambiente</em>. Existen espacios <em>gay friendly</em>, pero all&iacute; hemos visto de todo: hasta delitos de odio. En los noventa hab&iacute;a m&aacute;s espacios y m&aacute;s combativos. Y en los dosmiles, cuando aparecieron las aplicaciones y las citas por Internet, hubo un repunte, con cafeter&iacute;as que se utilizaban para quedar en un entorno seguro con quienes conoc&iacute;as en los chats&rdquo;, recuerda la murciana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el centro de la ciudad había muchos bares que hicieron comunidad queer y que han desaparecido. Algunos cerraron por circunstancias variadas, pero otros lo hicieron por políticas de borramiento, porque, por ejemplo, no les renovaron la licencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Giménez</span>
                                        <span>—</span> partipante en el proyecto &#039;Mapeo Queer&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; que el cierre de un bar puede suponer un disgusto &iacute;ntimo (como cuando se rompe una pareja y un mont&oacute;n de rutinas, gestos y palabras se esfuman), pero tambi&eacute;n un retroceso enorme para toda una comunidad. Si la vida urbana, tal y como afirma Richard Sennet en <em>Construir y habitar</em>, est&aacute; hecha de relaciones informales, casualidades y espontaneidad entre personas que no se conocen, el bar ser&iacute;a uno de sus centros de gravedad: el lugar donde los extra&ntilde;os se encuentran, charlan y piensan en com&uacute;n. Pero si, como prefieren verla otros, la vida de las ciudades consiste en las costumbres de cada vecino, las redes de apoyo y los v&iacute;nculos forjados con el tiempo, el bar (especialmente el de barrio) seguir&iacute;a teniendo un papel protagonista. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que los bares son los &uacute;nicos lugares en los que se puede no ser nadie para la persona que acaba de entrar y, sin embargo, conservar tu nombre y tu apellido (o quiz&aacute; un apodo cari&ntilde;oso) ante el camarero que te atiende cada ma&ntilde;ana. El antrop&oacute;logo Delgado tiene claro que donde acaban los bares termina tambi&eacute;n la vida, y zanja: &ldquo;Cuantos m&aacute;s bares, m&aacute;s vida social; cuanta m&aacute;s vida social, m&aacute;s bares. Hay lugares donde no hay bares, como por ejemplo ciertos complejos urbanos en los que la gente suele salir poco o nada. O en bloques o urbanizaciones en los que la vida social se limita a espacios interiores cerrados al exterior. Lo mejor ser&iacute;a decir que all&iacute;, donde no hay bares, sencillamente, no hay vida&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/drama-intimo-golpe-comunidad-cierra-bar-confianza_1_12297411.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 May 2025 20:35:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un drama íntimo, un golpe para la comunidad: cuando cierra tu bar de confianza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudades,Urbanismo,Gentrificación,Turismo,Vivienda,Relaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Manifestando abundancia": por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/manifestando-abundancia-nuevos-gurus-financieros-establecen-relacion-religiosa-dinero_1_12167938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75c29cd3-558c-40b7-92b1-101664363b35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Manifestando abundancia&quot;: por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siempre ha existido el pensamiento mágico y ahora se nutre de creencias 'new age'. Pero, ¿qué tiene que ver con los coches de lujo? ¿Cuándo se mezcló la espiritualidad más o menos extravagante con la codicia y el exhibicionismo más descarados? </p><p class="subtitle">Dentro de la 'experiencia' Mario Alonso Puig, el médico que recomienda enfrentarse a carcinomas o a problemas económicos con meditación</p></div><p class="article-text">
        Aunque parecen pertenecer a universos distintos, los comerciantes y navegantes de sociedades ind&iacute;genas como las que Bronis&#322;aw Malinowski, uno de los padres de la etnograf&iacute;a, describi&oacute; en sus trabajos, tienen algunas cosas en com&uacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los </a><a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>coaches</em></a> o mentores financieros que triunfan desde hace algunos a&ntilde;os en redes como Instagram y TikTok. Aquel antrop&oacute;logo estudi&oacute; unas organizaciones en las que los procesos productivos y la magia estaban sorprendentemente unidos. Para los ind&iacute;genas, el recitado de palabras m&aacute;gicas era indispensable antes de trabajos como la preparaci&oacute;n de sus canoas o el cultivo de sus huertos. &ldquo;La creencia en la magia &mdash;escribi&oacute; el antrop&oacute;logo en 1922&mdash; es una de las grandes fuerzas psicol&oacute;gicas que cooperan en la organizaci&oacute;n y sistematizaci&oacute;n del esfuerzo econ&oacute;mico en las islas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De modo similar, la creencia en la<em> Ley de la atracci&oacute;n</em> (o en que los pensamientos e invocaciones influyen en la realidad) es la base de muchos de los consejos que con menor &ndash;&ldquo;si quieres, puedes&rdquo;&ndash; o mayor &ndash;&ldquo;rep&iacute;tete a ti mismo que eres un Lamborghini&rdquo;&ndash; intensidad difunden los nuevos gur&uacute;s de las finanzas personales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Amadeo Llados, un <a href="https://www.eldiario.es/era/amadeo-llados-jovenes-que-dejan-su-negocio_1_11413188.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">supuesto gur&uacute; del &eacute;xito personal</a>, habla de &ldquo;mentalidad de abundancia&rdquo;, TikTok se llena de <a href="https://www.eldiario.es/era/politica-del-malestar-alicia-valdes_1_11962026.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">personas &ldquo;manifestando&rdquo;</a>, es decir, atrayendo mediante conjuros o mantras las riquezas que anhelan; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Zwk33d92yks" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Christian Brasser insiste</a> en que &ldquo;escribir tus objetivos ayuda a vibrar a la frecuencia de aquello que deseamos&rdquo; y varias celebridades brit&aacute;nicas como Dua Lipa contribuyeron a que <em>manifest</em> fuera declarada como palabra del a&ntilde;o 2024 por los editores del Cambridge Dictionary. Siempre ha existido el pensamiento m&aacute;gico y ahora se nutre de creencias <em>new age</em>. Pero, &iquest;qu&eacute; tiene que ver con los coches de lujo? &iquest;Cu&aacute;ndo se mezcl&oacute; la espiritualidad m&aacute;s o menos extravagante con la codicia y el exhibicionismo m&aacute;s descarados? &iquest;No era el capitalismo un sistema econ&oacute;mico implacable, pero, al menos, m&aacute;s racional o menos arbitrario que otros reg&iacute;menes?
    </p><p class="article-text">
        Aunque, a principios del siglo XX, autores como Freud (que habla de ello en <em>T&oacute;tem y tab&uacute;)</em> estaban convencidos de que todas las sociedades atraviesan un proceso evolutivo con tres etapas bien diferenciadas: animismo y magia, pensamiento religioso y concepci&oacute;n cient&iacute;fica del mundo; hace d&eacute;cadas que las ciencias sociales cuestionan esta noci&oacute;n lineal de progreso. Y no es necesario acudir a ejemplos lejanos: en la actualidad ya conviven la Inteligencia Artificial (algoritmos que convierten el deseo en c&aacute;lculos matem&aacute;ticos), los criterios de optimizaci&oacute;n empresarial m&aacute;s minuciosos y la creencia en el poder de &ldquo;manifestar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>best-seller</em> <em>El Secreto</em>, publicado por la australiana Rhonda Bhyrne en 2006 solo aviv&oacute; una hoguera cuya llama hab&iacute;a prendido mucho antes, con publicaciones como <em>Las 7 leyes espirituales del &eacute;xito</em>, del gur&uacute; Deepak Chopra (1994). En su libro, que aborda creencias hind&uacute;es como el <em>karma</em>, Chopra escribe cosas como: &ldquo;Cuando das las gracias como si ya hubieras recibido lo que quieres, est&aacute;s emitiendo una poderosa se&ntilde;al al Universo&rdquo;. En 2025 y despu&eacute;s de la crisis de 2008, de la que un par de generaciones nunca han podido recuperarse, lo que le piden al &ldquo;Universo&rdquo; los j&oacute;venes que llegan a ese tipo de textos es dinero.
    </p><h2 class="article-text">El dinero como religi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Una superstici&oacute;n que afecta por igual a gente con creencias <em>libertarias</em> y a gente con creencias de izquierdas es que el emprendimiento es el camino f&aacute;cil al dinero. Una sociedad en la cual el ascensor social est&aacute; averiado necesita creer en cosas&rdquo;, explica Antonio J. Rodr&iacute;guez, escritor y autor de <em>El dios celoso</em>, un ensayo que relaciona las categor&iacute;as de monopolio econ&oacute;mico, monogamia relacional y monote&iacute;smo religioso. &ldquo;Hoy nos hemos cre&iacute;do la ficci&oacute;n del emprendedor, que est&aacute; en todas partes: virales de TikTok, podcasts populares&hellip; pero tambi&eacute;n artistas o creadores de contenido, que no dejan de ser empresarios de s&iacute; mismos&rdquo;, contin&uacute;a el autor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos hist&oacute;ricos, la aparici&oacute;n del genio emprendedor que acumula riqueza (y la transformaci&oacute;n de esta figura en modelo &eacute;tico) es muy reciente. En 1748, el fundador de Estados Unidos de origen puritano Benjamin Franklin escribi&oacute; unos <a href="https://vidateoretica.wordpress.com/2014/03/10/carta-a-un-joven-comerciante/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos para un joven comerciante</a> basados en la contenci&oacute;n y, tambi&eacute;n, en levantarse a trabajar a las cinco de la madrugada para satisfacer a los acreedores. Es alrededor de esas fechas cuando, en comunidades protestantes o calvinistas, el enriquecimiento personal se convirti&oacute; en &ldquo;una profesi&oacute;n y un fin obligatorio para el hombre&rdquo;, en palabras del soci&oacute;logo Max Weber. Este giro ins&oacute;lito &ldquo;contradec&iacute;a el sentimiento &eacute;tico de &eacute;pocas enteras de la historia&rdquo; durante las que la ganancia &ldquo;fue solo un medio para la satisfacci&oacute;n de necesidades materiales&rdquo; y no una obligaci&oacute;n o &ldquo;modo de conducir la vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no se trata de decir que, si te esfuerzas mucho, te irá bien; sino que, si te esfuerzas mucho, podrás comprar un boleto de lotería: puede que te toque, pero lo normal es que pierdas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Medina-Vicent</span>
                                        <span>—</span> Profesora en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy la situaci&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s confusa porque los valores que, en conjunto, formaban la idea del m&eacute;rito, como la austeridad o el sacrificio, se est&aacute;n revelando in&uacute;tiles, pero el mandato sobre la acumulaci&oacute;n y el beneficio se renueva y adopta nuevas formas para cada generaci&oacute;n. &ldquo;A estas alturas del juego creo que ha quedado demostrado que el m&eacute;rito por s&iacute; mismo no es la garant&iacute;a del &eacute;xito social y econ&oacute;mico. Al tiempo que el talento, si no se encuentra en el contexto adecuado, en el que se pueda invertir en &eacute;l, no garantiza tampoco nada&rdquo;, expone Marta Medina-Vicent, profesora en el Departamento de Filosof&iacute;a y Sociolog&iacute;a de la Universitat Jaume I y especialista en <em>management </em>y g&eacute;nero. &ldquo;Ya no se trata de decir que, si te esfuerzas mucho, te ir&aacute; bien; sino que, si te esfuerzas mucho, podr&aacute;s comprar un boleto de loter&iacute;a: puede que te toque, pero lo normal es que pierdas. Se trata de una circunstancia que psicol&oacute;gicamente empuja a las personas al l&iacute;mite&rdquo;, a&ntilde;ade Rodr&iacute;guez.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n del pensamiento m&aacute;gico o de la superstici&oacute;n en nuestras sociedades tecnificadas suele atribuirse a la exposici&oacute;n a circunstancias y procesos que escapan al control o a la comprensi&oacute;n del supersticioso. Cuando ese pensamiento m&aacute;gico se sofistica y se mezcla con creencias asentadas, da lugar a planteamientos religiosos sincr&eacute;ticos. &ldquo;La imposibilidad o dificultad de llegar a saber c&oacute;mo funciona realmente el sistema econ&oacute;mico nos puede dar la sensaci&oacute;n de que se trata de algo incontrolable y que, por tanto, estamos sujetos a un destino sobre el que poco podemos hacer&rdquo;, dice Medina-Vicent.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto se parece mucho a la concepci&oacute;n religiosa sobre el mundo, donde es finalmente Dios quien decide qu&eacute; vida vamos a tener. Sin embargo, s&iacute; que tenemos la posibilidad de hacernos agradables a Dios para que nos brinde grandezas y bienestar. Por esta raz&oacute;n, quiz&aacute;s emergen estos discursos del deseo para conseguir &eacute;xito social y econ&oacute;mico, una l&oacute;gica que ser&iacute;a similar a la de rezar para hacernos agradables a la mirada de Dios&rdquo;, a&ntilde;ade la profesora.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Dicho y hecho: manifestar o los conjuros para atraer la fortuna</h2><p class="article-text">
        Los antrop&oacute;logos suelen ser muy cautos a la hora de hablar de constantes en su disciplina, de esos posibles patrones que, reproducidos por grupos humanos de cualquier &eacute;poca y territorio constituir&iacute;an algo as&iacute; como los &ldquo;ingredientes&rdquo; de la naturaleza humana. Si se les tira de la lengua, hablar&aacute;n de la m&uacute;sica, de la decoraci&oacute;n de los hogares&hellip; y tanto de la creencia en instancias invisibles o esp&iacute;ritus (animismo) como de la capacidad para transmitir informaci&oacute;n mediante s&iacute;mbolos (lenguaje). As&iacute; que la combinaci&oacute;n de estos elementos (fuerzas sobrenaturales y palabras) aparece en casi todos los sistemas sociales conocidos. Por ejemplo, el Evangelio de Juan comienza con el sugerente y conocido vers&iacute;culo: &ldquo;En el principio exist&iacute;a el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DHoWg63Bf-c/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Manifestar es un uso m&aacute;gico del lenguaje con mucho en com&uacute;n con otros conjuros e invocaciones que tambi&eacute;n ponen a instancias sobrenaturales a trabajar para nosotros. Pero, ahora que tantos <em>youtubers</em> hablan de estos temas con un crucifijo al cuello, &iquest;tiene todo esto algo que ver con la religi&oacute;n m&aacute;s ortodoxa? &ldquo;Siempre ha habido falsos profetas y siempre los habr&aacute;. A m&iacute; no se me ocurrir&iacute;a tergiversar las palabras de Dios, aunque es muy com&uacute;n apoyar lo que uno quiere con los libros sagrados, y no es &uacute;nica y exclusivamente una cuesti&oacute;n cristiana. Creo que usar a Dios para beneficio personal y proclamarte nuevo evangelista de las finanzas reescribiendo algunas ense&ntilde;anzas, tiene m&aacute;s de secta que de religioso&rdquo;, responde Javier S&aacute;nchez, te&oacute;logo cat&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Las afirmaciones positivas son las frases concretas mediante las que se <em>manifiesta</em>. Un par de ejemplos, <a href="https://www.gaia.com/es/article/afirmaciones-positivas-para-atraer-dinero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">extra&iacute;dos de una web cualquiera</a> que invita a &ldquo;practicarlas y observar c&oacute;mo tu relaci&oacute;n con el dinero se transforma positivamente&rdquo;: &ldquo;el dinero es bueno, lo amo y me ama&rdquo; o &ldquo;en mi realidad reina la abundancia&rdquo;. En este caso, las explicaciones de la web tienen que ver con interpretaciones esot&eacute;ricas de los principios de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, pero en el espacio entre la autoayuda, la psicolog&iacute;a, la econom&iacute;a y la magia, casi todo vale. Eso s&iacute;: donde hay palabras y peticiones, cabe recordar la cl&aacute;sica oraci&oacute;n cristiana, o esas ofrendas tan populares a santos y v&iacute;rgenes que, seg&uacute;n quienes se ponen en sus manos, son capaces de interceder por nosotros en situaciones de necesidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, &iquest;estamos ante la actualizaci&oacute;n de lo que hac&iacute;an nuestras abuelas cuando pon&iacute;an una vela y rezaban a San Pancracio? &iquest;Por qu&eacute; iba a estar &ldquo;lo de ah&iacute; arriba&rdquo; &mdash;el Dios cristiano, el Karma o el Universo&mdash; preocupado por atender las peticiones m&aacute;s ego&iacute;stas?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que usar a Dios para beneficio personal y proclamarte nuevo evangelista de las finanzas reescribiendo algunas enseñanzas, tiene más de secta que de religioso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Sánchez</span>
                                        <span>—</span> teólogo católico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;En cuanto a pedir, est&aacute; claro que Jes&uacute;s critica la opulencia y la codicia, pero invita en varios pasajes a pedir siempre e insistir&rdquo;, sigue S&aacute;nchez. &ldquo;La oraci&oacute;n no es m&aacute;s que poner de manifiesto lo que necesitamos y deseamos para otros. Cuando yo paso malos momentos, los convierto en oraci&oacute;n: grito de desesperaci&oacute;n o de angustia, acudo a Dios para buscar: lo primero, consuelo a mi dolor y lo segundo, benevolencia en lo que pido&rdquo;, contin&uacute;a el te&oacute;logo. En cuanto al ego&iacute;smo, S&aacute;nchez, siempre desde el punto de vista cat&oacute;lico, concluye: &ldquo;Ah&iacute; es donde veo uno de los problemas de las tendencias <em>new age</em> tan en boga: te convierten en tu propio Dios, que no es m&aacute;s que volver al pecado original&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su discurso y de la simbolog&iacute;a que portan, tanto para ateos como para creyentes es complicado ver a los nuevos gur&uacute;s de las finanzas como l&iacute;deres espirituales. Pero, &iquest;qui&eacute;n puede creer que son expertos en econom&iacute;a?
    </p><h2 class="article-text">En busca del p&uacute;blico m&aacute;s joven y vulnerable</h2><p class="article-text">
        La cuenta de Instagram <a href="https://www.instagram.com/humi_llados_oficial/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@humi_llados_oficial</a> recoge algunos de los peores momentos del mentor y sus seguidores. Hay de todo: desde discursos particularmente exc&eacute;ntricos hasta casos de &ldquo;alumnos&rdquo; que han terminado arruinados despu&eacute;s de aplicar las ense&ntilde;anzas del catal&aacute;n residente en Miami. Los comentarios bajo v&iacute;deos de afirmaciones tampoco dejan dudas: quienes recurren a ellos est&aacute;n desesperados. &ldquo;El recurso a este tipo de l&oacute;gicas por parte de los grupos m&aacute;s vulnerables procede de su propia precariedad&rdquo;, confirma Medina-Vicent.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El recurso a este tipo de lógicas por parte de los grupos más vulnerables procede de su propia precariedad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Medina-Vicent</span>
                                        <span>—</span> Profesora en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Hace no muchos a&ntilde;os se pusieron de moda aquellos <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>artistas del ligue</em></a><em> (pick-up artist)</em>. Todo este mundo de <em>coaches </em>de la venta es la continuaci&oacute;n l&oacute;gica de aquello: ambos se alimentan de un miedo at&aacute;vico (quedarse solo o morir en la indigencia) y lo sobrecalientan con un relato de masculinidad neandertal, con perd&oacute;n a los neandertales&rdquo;, apunta Rodr&iacute;guez, refiri&eacute;ndose a algunos mentores que recomiendan llamar con entusiasmo a cualquiera (desde particulares hasta directivos de empresas) para vender cualquier producto sin guardar m&iacute;nimamente las formas. &ldquo;Hab&iacute;a un v&iacute;deo que invitaba a entrar en la disco saludando a todo el mundo para aparentar <em>aura.</em> Pues ponerse a llamar a lo loco para vender es la misma chorrada. Desear vender y desear reciprocidad amorosa es comprensible, humano y saludable, pero del miedo a su ausencia surgen todos estos monstruos de Internet&rdquo;, se&ntilde;ala el escritor.
    </p><p class="article-text">
        Estos comportamientos impulsivos contrastan con la imagen severa y seria que tradicionalmente ha proyectado el mundo de los negocios. &iquest;Actitudes as&iacute; realmente ayudan a hacer contactos entre las &eacute;lites? &ldquo;Creo que las viejas &eacute;lites empresariales no precisan de estos discursos para mantenerse o continuar con sus negocios. De hecho, dir&iacute;a que todas estas im&aacute;genes del emprendedor exitoso, del esfuerzo, el sacrifico, etc. conviven con los m&aacute;s m&iacute;sticos centrados en el deseo. Las viejas &eacute;lites pueden mantenerse sin comprar estos &uacute;ltimos discursos, ya que disponen de la seguridad y el control necesarios para que su posici&oacute;n no se vea en riesgo&rdquo;, contesta Medina-Vicent.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;solo alguien que no conozca c&oacute;mo funciona realmente el sistema podr&iacute;a creer que <em>manifestar</em> o el entusiasmo desbocado son los caminos hacia el &eacute;xito empresarial? &ldquo;Alguien que no haya sufrido la precariedad actual no compra los discursos del <em>coaching</em>, ya que no los necesita para sobrevivir. En parte se trata de una cuesti&oacute;n generacional, y tambi&eacute;n de jerarqu&iacute;a de conocimientos. En las Escuelas de Negocios se siguen ense&ntilde;ando las l&oacute;gicas y los comportamientos econ&oacute;micos m&aacute;s racionales, mientras que en las redes sociales proliferan discursos irracionales. Pero es que se trata de espacios completamente diferentes, dirigidos a p&uacute;blicos completamente diferentes&rdquo;, contin&uacute;a la profesora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XVII, el fil&oacute;sofo Spinoza escribi&oacute; en su <em>Tratado Teol&oacute;gico-Pol&iacute;tico</em> que los hombres, debido a &ldquo;la urgencia de las circunstancias&rdquo; y &ldquo;a su ansia desmedida de los bienes inciertos de la fortuna&rdquo; fluct&uacute;an &ldquo;de forma lamentable&rdquo; entre la esperanza y el miedo y &ldquo;se muestran sumamente propensos a creer cualquier cosa&rdquo;. Hoy lo fundamental no son las creencias o quienes las difunden, sino las circunstancias urgentes que hay detr&aacute;s. O, tal y como concluye Medina-Vicent, discursos tan estrafalarios esconden crisis cada vez m&aacute;s profundas: &ldquo;Esta elasticidad en la emergencia de nuevos discursos neoliberales es una muestra de c&oacute;mo el sistema va cambiando, a la vez que demuestra que las crisis son cada vez m&aacute;s recurrentes y las soluciones a esas crisis adoptan cada vez formas m&aacute;s estramb&oacute;ticas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/manifestando-abundancia-nuevos-gurus-financieros-establecen-relacion-religiosa-dinero_1_12167938.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Mar 2025 20:56:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Manifestando abundancia": por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Redes sociales,Influencers]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del corazón al fueguito: ¿qué queremos decir cuando damos un 'like'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/corazon-fueguito-queremos-decir-damos-like_1_12022421.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba675930-a54b-45f2-9026-24474ff4f3e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del corazón al fueguito: ¿qué queremos decir cuando damos un &#039;like&#039;?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este gesto, implementado por todas las redes sociales, se ha convertido en un elemento imprescindible de las conversaciones online, a pesar de que un 'like' puede arrastrar tantos significados como usuarios que aprietan el botón, desde su versión más literal hasta la ironía o los primeros flirteos de una relación</p><p class="subtitle">El arte perdido del flirteo o cómo la saturación de las apps nos ha devuelto las ganas de ligar en persona
</p></div><p class="article-text">
        En <em>Yellow Submarine</em>, la pel&iacute;cula de animaci&oacute;n protagonizada por <em>The Beatles, </em>lo primero que le piden a Ringo Starr es que no toque el bot&oacute;n rojo. &Eacute;l, como era de esperar, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9I1QV0YzyPo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo presiona inmediatamente</a> y sale disparado. Nos encanta pulsar botones, incluso si no sabemos muy bien para qu&eacute; sirven. Lejos de submarinos psicod&eacute;licos, nos sucede, por ejemplo, con todos esos botones de &ldquo;me gusta&rdquo; o &ldquo;like&rdquo; que est&aacute;n estrat&eacute;gicamente colocados en Internet, especialmente en las plataformas, y que ya forman parte de su gram&aacute;tica. Los usamos sin parar y, aunque sabemos que disparan tanto la autoestima de quienes reciben esos <em>likes</em> como, despu&eacute;s de miles de millones de clics, las cotizaciones de las plataformas que los registran; en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, no conocemos muy bien las consecuencias de tanta pulsaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como casi siempre en este sector &mdash;que construye a su alrededor una mitolog&iacute;a llena de genios y villanos&mdash; no est&aacute; muy claro qui&eacute;n instal&oacute; el primer contador de <em>likes. </em>Tanto la plataforma de v&iacute;deo Vimeo como Friendfeed (una primitiva red social que termin&oacute; en manos de Facebook) se disputan el honor de haberlo implementado primero. Lo que s&iacute; est&aacute; documentado es que, en la propia Facebook, el bot&oacute;n fue idea de Leah Perlman y all&iacute; fue donde<em> </em>se convirti&oacute; en lo que es hoy, <a href="https://www.eldiario.es/era/significado-emojis-lenguaje-corporal-digital_1_11487099.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">transformando Internet</a> y, por tanto, el mundo. Perlman es hoy una dibujante de c&oacute;mics <a href="https://www.vice.com/en/article/the-inventor-of-the-like-button-wants-you-to-stop-worrying-about-likes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que no reniega de su invento, pero</a> que se preocupa de sus consecuencias sobre los usuarios: como cualquiera, ella tambi&eacute;n not&oacute; que estaba dando demasiada importancia al n&uacute;mero de <em>likes</em>.
    </p><p class="article-text">
        El <em>like, </em>que dura menos que un suspiro y tiene algo de explosi&oacute;n o calambrazo, es tanto un veh&iacute;culo para nuestros afectos como la unidad elemental alrededor de la que gira un enorme dispositivo contable de extracci&oacute;n de datos y beneficios. Entre estos dos polos que marcan los l&iacute;mites de su naturaleza bifurcada, el <em>like </em>(o su cantidad) tambi&eacute;n interviene en procesos relacionados con la vida laboral (que en muchas profesiones depende de la llamada &ldquo;marca personal&rdquo;, construida seguidor<em> </em>a seguidor) o con la sentimental.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esta situaci&oacute;n, lo ideal ser&iacute;a abolir el bot&oacute;n de &laquo;Me gusta&raquo;. Porque acabar&iacute;amos con la <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obsesi&oacute;n con los recuentos</a>, las t&eacute;cnicas rastreras para generar <em>engagement</em> y la jerarquizaci&oacute;n de la sociedad virtual&rdquo;, escribe el colectivo Proyecto Una en las conclusiones a su ensayo <a href="https://www.eldiario.es/era/confrontar-internet-big-tech-monetizadores-negocio-odio_128_11826308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La viralidad del mal</em></a><em> </em>(Descontrol). Sin embargo, aunque plataformas como Instagram permiten ocultar su contador, ninguna de las grandes tecnol&oacute;gicas parece dispuesta a prescindir de ellos. Adem&aacute;s, aunque a gran escala nadie duda de que los efectos de la desaparici&oacute;n del <em>like</em> ser&iacute;an positivos, a nivel usuario, nos perder&iacute;amos un intercambio muy rico de mensajes cifrados que van del <a href="https://www.eldiario.es/era/arte-perdido-flirteo-saturacion-apps-devuelto-ganas-ligar-persona_1_11808221.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">flirteo</a> a la venganza. Porque, &iquest;qu&eacute; significa exactamente un <em>like?</em>
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Cu&aacute;nta intimidad cabe en un 'me gusta'?</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Like, meme, gif, bit</em>&hellip; Internet est&aacute; repleto de unidades m&iacute;nimas de informaci&oacute;n con una notable recursividad. La condici&oacute;n esencial de estas unidades es la ligereza, la cual permite su difusi&oacute;n, edici&oacute;n y resignificaci&oacute;n inmediatas&rdquo;, explica Juan de Beatriz, poeta y ling&uuml;ista. Esta versatilidad del <em>like</em> para contenerlo casi todo y adaptarse a cualquier situaci&oacute;n comunicativa es una de sus fortalezas, tal y como tambi&eacute;n se&ntilde;ala Mina Malo, fil&oacute;sofa y parte del colectivo Observatorio Deseo: &ldquo;Unas de las claves del &eacute;xito de los <em>likes</em> se halla en su ambig&uuml;edad e incluso intraducibilidad. Cada uno es como una caja negra, no se sabe con exactitud qu&eacute; hay dentro y eso favorece la movilizaci&oacute;n de los deseos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estoy tan segura de la polisemia del <em>like&rdquo;</em>, opina la ilustradora Anastasia Bengoechea, c&eacute;lebre en redes como Monstruoespagueti. &ldquo;Yo dir&iacute;a que siempre son <em>de acuerdo</em> o <em>estoy contigo</em>, en tu equipo. Siempre hay un apoyo a lo que se sube o a lo que se dice. M&aacute;s que polis&eacute;micos, son una muestra de agrado con distintos tonos. Tambi&eacute;n veo muchos <em>likes</em> que se hacen por inter&eacute;s. Ah&iacute; hay mucho detalle, pero no se da <em>like</em> para joder a nadie&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Los contadores convierten los &#039;likes&#039; en una cifra visible, pero, cuando se intercambian en privado, en conversaciones entre usuarios o de &#039;story&#039; a &#039;story&#039;, tienen más que ver con los vínculos afectivos, el interés sincero y la intimidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ainhoa Marzol, periodista y analista de comportamientos <em>online</em> est&aacute; de acuerdo: &ldquo;Lo que quiere decir un <em>like</em> depende, y depende del que manda, del que recibe, de c&oacute;mo se quiera interpretar&hellip; S&iacute; que hay una parte muy estrat&eacute;gica, como ese <em>like</em> que pones a una persona que crees que est&aacute; enfadada contigo, o el que pones para que esa persona crea que t&uacute; no est&aacute;s enfadada. Pero lo que nunca me sale es dar <em>like </em>a una persona que me cae mal; sin embargo, en un post que no me hace mucha gracia de alguien que me cae bien, s&iacute; que lo pongo&rdquo;, confiesa.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1882532905081250197?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        As&iacute; que la ambig&uuml;edad del <em>like</em> no es tanta. Los contadores (y las listas que se pueden revisar) convierten los <em>likes </em>en una cifra visible pero, cuando se intercambian en privado, en conversaciones entre usuarios o de <em>story </em>a <em>story</em>, tienen m&aacute;s que ver con los v&iacute;nculos afectivos, el inter&eacute;s sincero y la intimidad (del simple &ldquo;pasaba por aqu&iacute;&rdquo; al enamoramiento m&aacute;s intenso) que con los negocios. Con todo, aunque esos <em>likes</em> privados<em> </em>siempre son esencialmente positivos, los hay m&aacute;s y menos desconcertantes porque, como recuerda Mina Malo, &ldquo;el deseo siempre es oscuro&rdquo;. &ldquo;A veces se mantiene la interacci&oacute;n digital con viejos amantes como si esa interacci&oacute;n fuera una suerte de relaci&oacute;n paralela (con <em>likes</em> en teor&iacute;a no deseados). Las historias quedan reducidas a esas interacciones por redes en las que queda mal ser espont&aacute;neo y lo m&aacute;s sutil es el lenguaje del <em>like</em>&rdquo;, ejemplifica la fil&oacute;sofa. 
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo &ldquo;lenguaje del <em>like&rdquo;</em> aparece durante el inicio del flirteo y es una herramienta pr&aacute;ctica para lograr visibilidad en contextos acelerados o cuando no se tiene la confianza suficiente para iniciar una conversaci&oacute;n (que puede acabar surgiendo tras decenas de <em>likes</em> de un lado a otro).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los <em>likes</em> no comprometen a quien los env&iacute;a ni interrumpen a quien los recibe y solo resultan intempestivos en casos extremos, como cuando parten de emisores con los que no se guarda ninguna relaci&oacute;n o durante situaciones de ciberacoso. As&iacute; que son especialmente &uacute;tiles para los t&iacute;midos en cualquier contexto virtual. Las (ya no tan) recientes variaciones sobre el <em>like</em> (del <em>smiley </em>&#128512; al <em>fueguito </em>&#128293;) se pueden entender as&iacute;: un c&oacute;digo para los que prefieren no escribir por miedo a quedar en evidencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para quienes sentimos ansiedad digital, el <em>like</em> es una herramienta para no gastar combustible social y, sin embargo, no dejar las cosas en visto y no dar una impresi&oacute;n negativa en las conversaciones <em>online&rdquo;</em>, explica Marzol. &ldquo;Yo agradezco mucho poder dar <em>like</em> a mensajes sueltos en todas partes, algo que no s&eacute; d&oacute;nde empez&oacute;. Poder acabar una conversaci&oacute;n con un <em>like</em> al final me parece un gran invento cuando no quiero salir de mi caparaz&oacute;n&rdquo;, apunta, aludiendo a esos 'me gusta' que desde hace poco se pueden aplicar sobre una conversaci&oacute;n de WhatsApp o Facebook.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Para quienes sentimos ansiedad digital, el like es una herramienta para no gastar combustible social y, sin embargo, no dejar las cosas en visto y no dar una impresión negativa en las conversaciones online</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque hay quien tambi&eacute;n sufre por si sus 'me gusta' son malinterpretados (preocup&aacute;ndose, por ejemplo, de si la persona que recibe corazoncitos y otros iconos en sus Stories creer&aacute; que existe una intenci&oacute;n rom&aacute;ntica donde solo hay amabilidad), todas las fuentes coinciden en que eso no importa: nunca sobra o, lo que es lo mismo, jam&aacute;s llegan a ser demasiados. A este respecto, Juan de Beatriz tiene claro que &ldquo;el <em>like</em> que m&aacute;s duele es el <em>like</em> ausente&rdquo;, y lo desarrolla: &ldquo;Me refiero tanto al<em> like</em> que en otro tiempo tuvo cuerpo, carta de naturaleza, pero que hoy ya no existe, como a ese <em>like</em> que no llega de tu <em>crush</em>. El <em>like</em> ausente s&iacute; que admite reformulaciones: <em>like</em> de viejos amigos, <em>likes</em> de exparejas, <em>likes</em> de familiares distantes. Aqu&iacute; est&aacute; operando un da&ntilde;o causado por la incomunicaci&oacute;n que se acent&uacute;a porque el <em>like, </em>como el <em>smiley, </em>son unidades positivas, el combustible necesario para que siga funcionando el <a href="https://www.eldiario.es/era/positivismo-toxico_1_10603952.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exceso de positividad</a> que rige las redes sociales. Los antiguos dec&iacute;an que lo m&aacute;s doloroso es lo que no se dice, y llevaban raz&oacute;n&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1805498038439333928?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">El <em>like</em> p&uacute;blico como moneda digital</h2><p class="article-text">
        Como uniendo los puntos en un libro de pasatiempos &mdash;o, mejor, haciendo peque&ntilde;os agujeritos en el papel con un punz&oacute;n&mdash; se podr&iacute;a llegar a dibujar el retrato de alguien a trav&eacute;s de sus <em>likes. </em>Los <em>likes</em> funcionan por acumulaci&oacute;n, hasta que la silueta que forman<em> </em>se convierte en la imagen p&uacute;blica de quien pulsaba el bot&oacute;n. Tanto es as&iacute; que, en junio de 2024, X (antes Twitter) decidi&oacute; ocultar el historial de <em>likes</em> de sus usuarios. Seg&uacute;n directivos de la compa&ntilde;&iacute;a, el cambio sirvi&oacute; para que millones de tuiteros se sintieran m&aacute;s libres (menos presionados por las expectativas ajenas) a la hora de elegir qu&eacute; contenidos eleg&iacute;an premiar, aunque, en realidad, aquella fue otra de las maniobras de Musk para estimular los peores instintos de sus usuarios.
    </p><p class="article-text">
        En el historial de b&uacute;squedas de cualquiera (o en sus conversaciones con IAs) pueden aparecer palabras desconcertantes, peticiones incoherentes, intereses inesperados o zonas de sombra. Al contrario, en el historial de <em>likes</em>, cuando es p&uacute;blico, solo encontramos aquello que deseamos conscientemente y que, adem&aacute;s, queremos que los dem&aacute;s sepan que deseamos o apoyamos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El like que más duele es el like ausente. El que en otro tiempo tuvo cuerpo, carta de naturaleza, pero que hoy ya no existe, como a ese like que no llega de tu crush</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan de Beatriz</span>
                                        <span>—</span> poeta y lingüista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, entonces, es: &iquest;por qu&eacute; deseamos lo que deseamos y exhibimos ese deseo? &ldquo;Para Ren&eacute; Girard deseamos las cosas porque otros las desean. El objeto en s&iacute; (unas gafas de sol, unas vacaciones o un anillo) es un pretexto&rdquo;, contesta Malo. &ldquo;La estructura del deseo es triangular. El deseo engendra deseo; tambi&eacute;n sucede as&iacute; en redes: ponemos un 'me gusta', un comentario, una reacci&oacute;n&hellip; con ello contribuimos a una bola de nieve que hace a los contenidos m&aacute;s visibles y m&aacute;s deseables&rdquo;, explica la fil&oacute;sofa.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de imitaci&oacute;n contagiosa podr&iacute;a explicar todos esos <em>likes</em> p&uacute;blicos que otorgamos a marcas en las que no tenemos especial inter&eacute;s o a estrellas que es evidente que no manejan sus redes y no necesitan nuestro empuj&oacute;n. &ldquo;No comprendo el acto reflejo, por ejemplo, de dar <em>like</em> a publicaciones rutinarias de figuras p&uacute;blicas (l&eacute;ase Messi, Karol G o Lana del Rey&hellip;). Cuando veo ese like de un conocido, amontonado entre miles de <em>likes </em>clicados <em>urbi et orbi,</em> siento incomprensi&oacute;n y acostumbro a preguntarme: &iquest;Estoy perdiendo el paso con el signo de nuestro tiempo? &iquest;Por qu&eacute; arrojar tu corazoncito hacia la nada, bajo un selfi HD de una cuenta verificada? &iquest;Hay en el <em>like</em> una pulsi&oacute;n 'deseante' entre admirador y admirado?&rdquo;, comenta de Beatriz.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El like es un símbolo de validación externa: yo soy quién soy porque los demás lo validan. Las redes nos enseñan a desear, orientando nuestros deseos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;es posible escapar de estas din&aacute;micas colectivas que, vistas de cerca, rozan el absurdo? &ldquo;El <em>like</em> es un s&iacute;mbolo de validaci&oacute;n externa: yo soy quien soy porque los dem&aacute;s lo validan. Las redes nos ense&ntilde;an a desear, orientando nuestros deseos. La atenci&oacute;n permite reeducar el deseo y dirigirlo hacia lo aut&eacute;nticamente vivo y luminoso. La cuesti&oacute;n no es qui&eacute;nes creemos que somos, sino en qu&eacute; queremos convertirnos. Por esta raz&oacute;n, el uso consciente de lo digital es un acto de resistencia&rdquo;, expone Malo, insistiendo en que debemos distribuir nuestra atenci&oacute;n de manera m&aacute;s exigente. 
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, no debemos enga&ntilde;arnos: mientras usemos los <em>likes</em>, no importa hacia d&oacute;nde, formaremos parte de un proyecto que escapa a nuestro control. El investigador en cultura digital Alejandro P&eacute;rez-Paredes lo tiene claro: &ldquo;El&nbsp;'me gusta'&nbsp;es otro de los mecanismos del proyecto hist&oacute;rico moderno que Max Weber denomin&oacute;&nbsp;racionalizaci&oacute;n del mundo. En el fondo, un&nbsp;'me gusta'&nbsp;es solo un &iacute;tem de una metodolog&iacute;a sesgada cuya intenci&oacute;n es calcular, cuantificar, procesos de relaciones humanas masivas, espont&aacute;neas y virtuales en los espacios&nbsp;<em>online</em>, para as&iacute; poder asignar un precio a la publicidad de los productos de consumo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Puede que los vivamos de manera muy distinta: existe una distancia infinita entre el <em>like </em>que significa presencia, disponibilidad y apoyo para un amigo, el que enviamos para que alguien a quien deseamos nos preste atenci&oacute;n, el que reconoce un post ingenioso o un discurso interesante y el que colocamos bajo la &uacute;ltima publicaci&oacute;n de Cristiano Ronaldo o Dua Lipa; sin embargo, las plataformas no los distinguen. Para ellas, unos y otros son lo mismo: combustible para su maquinaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/corazon-fueguito-queremos-decir-damos-like_1_12022421.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2025 21:23:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del corazón al fueguito: ¿qué queremos decir cuando damos un 'like'?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Facebook,Instagram,Twitter,TikTok]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la conversación de ascensor al grupo de WhatsApp: ¿hablas con tus vecinos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/conversacion-ascensor-grupo-whatsapp-hablas-vecinos_1_11896115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7392a8d-6369-4dd3-81b5-b6a0d8c80148_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la conversación de ascensor al grupo de WhatsApp: ¿hablas con tus vecinos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay una sensación generalizada de que los vínculos vecinales se deterioran, pero también un resurgir de la conversación en torno a estos y su valor que va tomando protagonismo: "Sentirse parte de algo creo que es más reconfortante y tranquilizador que no hacerlo"</p><p class="subtitle">Gente que siempre está escuchando algo: ¿es sano acumular más de 30.000 minutos en Spotify?
</p></div><p class="article-text">
        Hay quien apenas reconocer&iacute;a el rostro de aquel con quien comparte descansillo en un edificio de apartamentos y quien, como en algunas zonas rurales, vive a kil&oacute;metros de su vecino m&aacute;s cercano y, no obstante, es consciente hasta de sus alergias. Tambi&eacute;n, ante la pregunta que encabeza este art&iacute;culo (&iquest;hablas con tus vecinos?), algunos &mdash;empezando por el gremio de administradores de fincas&mdash; se echan las manos a la cabeza porque han comprobado hasta qu&eacute; punto una mala relaci&oacute;n entre vecinos puede dar de s&iacute; convirti&eacute;ndose en una fuente inagotable de problemas menores, proporcionando <em>memes</em> y contenido divertido &ndash;como aquel <a href="https://www.astiberri.com/products/drama-en-el-portal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Drama en el portal</em></a>&ndash; o escalar hasta transformarse en <em>true crime</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el municipalismo en pol&iacute;tica y, m&aacute;s en general, la &eacute;tica del cuidado, han hecho que las relaciones de vecindad recuperen algo de protagonismo, hay una sensaci&oacute;n generalizada de que son lazos que se est&aacute;n perdiendo. Y eso que, como demuestran la literatura y el cine de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, hasta hace poco los vecinos hab&iacute;an ocupado buena parte de nuestros esfuerzos sociales. Por ejemplo, <em>La forja de un rebelde </em>(1941), de Arturo Barea, es una obra llena de s&aacute;banas tendidas al sol y de vecinos de Lavapi&eacute;s. Tambi&eacute;n hay muchas s&aacute;banas en el cine italiano <em>(Una jornada particular </em>presenta<em> </em>el encuentro entre vecinos en el tendedero) o en la literatura de Natalia Ginzburg, por m&aacute;s que su padre, aburguesado y bonach&oacute;n, considerase que charlar con sus vecinos era, como tantas otras cosas, &ldquo;propio de palurdos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Redes de apoyo que resurgen en forma de grupo de WhatsApp</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Soy muy simp&aacute;tica con todos porque siempre temo haberles molestado con algo, que es lo que hacemos todos como vecinos. Me llevo con dos o tres: la expresidenta, el que acaba de abrir un bar en el barrio y un se&ntilde;or muy pesado que descubri&oacute; que hago m&uacute;sica. Uno se lleva con sus vecinos por inter&eacute;s, no es plan de idealizarlo, pero es &uacute;til y bueno&rdquo;, confiesa Andrea Gasca, vecina del barrio de Legazpi, en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Buena parte de las relaciones entre vecinos se establecen por puro pragmatismo, un 'inter&eacute;s' relativo a asuntos cotidianos percibidos como insignificantes. Sin embargo, cuando se habla de movimientos y asociaciones capaces de producir grandes cambios en los barrios, lo m&aacute;s habitual es que pensemos en los a&ntilde;os setenta del siglo XX, aquellos en que se desarrolla la reciente pel&iacute;cula <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/47-pelicula-cuenta-historia-torre-baro-barrio-barcelones-siente-abandonado_1_11631198.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El 47</em></a><a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/47-pelicula-cuenta-historia-torre-baro-barrio-barcelones-siente-abandonado_1_11631198.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, ambientada en Torre Bar&oacute;</a> (Barcelona). Pero estas organizaciones siguen existiendo y sus miembros no son pesimistas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno se lleva con sus vecinos por interés, no es plan de idealizarlo, pero es útil y bueno</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Andrea Gasca</span>
                                        <span>—</span> vecina de Legazpi (Madrid)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Miguel S&aacute;nchez es uno de los fundadores de la Asociaci&oacute;n Vecinal La Roqueta, en Val&egrave;ncia, y comenta: &ldquo;Las asociaciones son espacios envejecidos porque no se ha transmitido el apego al barrio a generaciones que quiz&aacute; no echan ra&iacute;ces o se mueven m&aacute;s. Pero hay que volver a creer en ellas. Yo empec&eacute; pensando que hab&iacute;a cosas que no se pod&iacute;an pedir, que no cambiar&iacute;an, y he aprendido que muchas cosas, aunque lleven tiempo, son posibles&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&aacute;nchez tambi&eacute;n cree que todav&iacute;a se puede tener una relaci&oacute;n cercana entre vecinos: &ldquo;Es necesario generar un espacio compartido pregunt&aacute;ndonos qu&eacute; es lo com&uacute;n. Esos objetivos y esas inquietudes comunes generan confianza&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Este activista piensa que la incomunicaci&oacute;n no es tan profunda como parece y conf&iacute;a en las nuevas tecnolog&iacute;as para acercar vecinos: &ldquo;Tengo cuarenta a&ntilde;os y siempre he escuchado eso de que ya no se habla como antes: que hab&iacute;a otro tipo de relaci&oacute;n, antes la gente era m&aacute;s cercana&hellip; Si siempre nos hemos comunicado poco en las escaleras, &iquest;cu&aacute;ndo fue esa buena &eacute;poca? A nivel personal, hemos traspasado muchas fronteras para empezar a comunicarnos por WhatsApp. Da igual la edad que tengamos, todo el mundo tiene m&oacute;vil y ante cualquier problema, los diez de la escalera estamos hablando por WhatsApp&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los grupos de WhatsApp se han convertido en los espacios vecinales por excelencia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sea a nivel de escalera, de urbanizaci&oacute;n o de barrio. &ldquo;Como todos los espacios de comunicaci&oacute;n <em>online, </em>son un espacio social m&aacute;s, que tiene sus caracter&iacute;sticas concretas en t&eacute;rminos de ritmos, de horarios, de formatos, de lenguajes&hellip;&rdquo;, indica la antrop&oacute;loga <a href="https://traficantes.net/autorxs/guti%C3%A9rrez-cueli-in%C3%A9s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">In&eacute;s G. Cueli</a>. &ldquo;En estos grupos de WhatsApp se reproducen din&aacute;micas y roles de poder y de control social que est&aacute;n tambi&eacute;n en los espacios <em>offline, </em>y en este sentido no hay que entenderlos como una cosa fuera de la sociedad, sino que es la sociedad en s&iacute; tomando forma&rdquo;, contin&uacute;a. Entonces, &iquest;qu&eacute; pasa en ellos? &iquest;Estamos charlando all&iacute; todo lo que no charlamos en el portal?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las asociaciones son espacios envejecidos porque no se ha transmitido el apego al barrio a generaciones que quizá no echan raíces o se mueven más. Pero hay que volver a creer en ellas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miguel Sánchez</span>
                                        <span>—</span> Asociación Vecinal La Roqueta (València)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;En los m&aacute;s recientes en los que he participado &mdash;recuerda Cueli&mdash;, vecinas del PAU se organizaron para leer novelas con una perspectiva feminista. Es decir, hay grupos que tienen un club de lectura feminista, a la vez que nos encontramos con el grupo m&aacute;s oficial de la comunidad, en el que se vierten las quejas dominantes: uso del parking, piscina, puertas abiertas, seguridad&hellip; Pero tambi&eacute;n, y esto me gust&oacute; mucho descubrirlo, hay grupos de personas solteras, o que no tienen hijos, que protestan un poco por el poder que tienen las familias. Estas personas solteras tienen grupos para comunicarse, para quedar, para ligar o para servir de contrapoder en las urbanizaciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, estos espacios virtuales tambi&eacute;n se relacionan con foros online de cada barrio y con las asociaciones tradicionales, difundiendo sus iniciativas presenciales. &ldquo;Reproducen toda la complejidad de la vida social: de las relaciones de poder a la ayuda mutua. La cosa va desde la organizaci&oacute;n para llevar a las criaturas al cole o para resolver los deberes hasta esos espacios tan grises como los grupos de colegas en los que simplemente nos contamos la vida cuando le robamos un rato al trabajo para tomar una cerveza&rdquo;, concluye Cueli.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dime d&oacute;nde vives y te dir&eacute; qui&eacute;n eres</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me gusta vivir en lugares en los que puedo pararme un rato a charlar en el rellano, que me recojan un paquete si no estoy en casa o resintonizar la tele de una vecina que no se aclara mucho con el mando&rdquo;, cuenta Marina G&oacute;mez, vecina del barrio de Vistabella, en Murcia. &ldquo;No s&eacute; si es un v&iacute;nculo tan intenso como para llamarlo red de cuidados, pero sentirse parte de algo creo que es m&aacute;s reconfortante y tranquilizador que no hacerlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque todos los testimonios recogidos aqu&iacute; coinciden en que lo deseable es, como m&iacute;nimo, mantener esa relaci&oacute;n cordial con los vecinos, esto no siempre ocurre. Seg&uacute;n explica D&eacute;bora &Aacute;vila, profesora en el Departamento de Antropolog&iacute;a Social de la UCM, estamos ante relaciones muy deterioradas: &ldquo;El r&eacute;gimen neoliberal nos ha robado el tiempo, ha sustra&iacute;do nuestra capacidad para tener tiempo libre que no sea productivo (en el sentido de reproducci&oacute;n laboral o de cuidados). Ante cualquier dificultad o escollo buscamos soluciones individuales: antes pedimos dinero a un banco que a una compa&ntilde;era. Ya no comprendemos que los problemas no son individuales, sino sociales, y eso hace que, salvo en comunidades pol&iacute;ticas, los v&iacute;nculos que van m&aacute;s all&aacute; de <a href="https://www.eldiario.es/era/pasar-navidad-familia-elegida_1_10802752.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo familiar (que viene dado)</a> o de lo instrumental (colegio, trabajo&hellip;) sean tan dif&iacute;ciles de construir&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay grupos que tienen un club de lectura feminista, grupos más oficiales de la comunidad donde se vierten las quejas: uso del parking, piscina, seguridad… También de personas solteras, o sin hijos, que protestan por el poder que tienen las familias</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Inés G. Cueli</span>
                                        <span>—</span> antropóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero las relaciones entre vecinos nunca han sido del todo pac&iacute;ficas y cuando aparecieron estas dificultades para su desarrollo, ya arrastraban algunas contradicciones fundamentales. Como se&ntilde;ala el antrop&oacute;logo Manuel Delgado, la ciudad impone a sus habitantes &ldquo;cierta desatenci&oacute;n cort&eacute;s o indiferencia que funda un orden social basado en el extra&ntilde;amiento mutuo&rdquo;. Pero esa &ldquo;indefinici&oacute;n m&iacute;nima&rdquo; no es universal, sino que solo la disfrutan quienes act&uacute;an &ldquo;con el aspecto y los modales de la clase media&rdquo;. As&iacute; que en la noci&oacute;n misma de ciudad se encuentra la idea de que, para que nosotros podamos ser individuos aut&oacute;nomos, nuestros vecinos deben ser extra&ntilde;os (pero no mucho). Incluso dentro del mismo edificio, la tensi&oacute;n entre quienes se parecen entre s&iacute; y quienes son percibidos como distintos es determinante.
    </p><p class="article-text">
        Como explica la tambi&eacute;n antrop&oacute;loga In&eacute;s G. Cueli: &ldquo;Los grupos de personas homog&eacute;neos son los grupos en los que m&aacute;s nos gusta estar y en los que m&aacute;s participamos. Y habitualmente los grupos m&aacute;s heterog&eacute;neos, m&aacute;s diversos, nos suelen dar m&aacute;s pereza y nos gustan menos, justamente porque en ellos se recoge esa diversidad que entra&ntilde;a siempre diferentes puntos de vista, diferentes necesidades y tambi&eacute;n diferentes conflictos&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Los peligros de los grupos: vigilancia y control</h2><p class="article-text">
        &ldquo;En las buenas calles ha de haber gente a diferentes horas&rdquo;, escribi&oacute; Jane Jacobs en su cl&aacute;sico <em>Muerte y vida de las grandes ciudades</em>. A lo largo de todo su ensayo, la urbanista da mucha importancia a que todas las zonas de la ciudad combinen diferentes usos (trabajo, ocio, vivienda&hellip;), algo que favorece la circulaci&oacute;n de personas en todos los horarios. Seg&uacute;n Jacobs, esta presencia continuada de ciudadanos enfrascados en distintas tareas es la que mejor garantiza la seguridad en el espacio p&uacute;blico porque genera una vigilancia espont&aacute;nea y no agresiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La seguridad es uno de las preocupaciones principales en las organizaciones vecinales y quien firma este texto, miembro tambi&eacute;n del grupo de <em>WhatsApp</em> de su barrio, fue testigo de c&oacute;mo, ante un problema de robos en coches y furgonetas, el tono de la conversaci&oacute;n se transform&oacute;: los mensajes sobre parques y jardines desaparecieron y el grupo se llen&oacute; de consignas racistas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ha habido un vaciamiento de todo tipo de recursos en los barrios y eso, que es intencionado, hace que solo quede la polic&iacute;a&rdquo;, se&ntilde;ala &Aacute;vila. &ldquo;La polic&iacute;a es el &uacute;nico ente institucional que responde. A la hora de enfocar cualquier problema de eso que llaman convivencia (y que es una forma de camuflar el racismo) en barrios tensionados donde hay mucha desigualdad, el automatismo es siempre el policial. Hay una hipervigilancia y amplificaci&oacute;n de los problemas en los grupos vecinales: que algunos ni&ntilde;os lleguen al cole sin comer o que haya personas sin techo en las calles, no genera alarmismo, pero que se da&ntilde;en dos coches s&iacute;; eso es el dispositivo securitario&rdquo;, expone la profesora.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los espacios son importantes, pero necesitamos recuperar la dimensión colectiva de la vida y recuperar nuestro tiempo: sustraer tiempo de trabajo para ganar tiempo de vida.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Débora Ávila</span>
                                        <span>—</span> profesora en el departamente de Antrolopología Social (UCM)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; que, en periodos de tensi&oacute;n, los grupos de vecinos de WhatsApp y sus conversaciones pueden servir para difundir el p&aacute;nico o para elaborar respuestas violentas como las patrullas vecinales: &ldquo;El miedo es un sentimiento que no sabemos controlar. Uno de los problemas es que no tenemos una narrativa com&uacute;n que resignifique las violencias, las conecte y nos explique por qu&eacute; se queman esos coches o esos chavales beben en el parque. La ausencia de esas narrativas y de v&iacute;nculos sociales hace que los discursos policiales o la autoorganizaci&oacute;n den miedo porque estos s&iacute; que conectan con una narrativa en marcha de guerra global contra las personas migradas&rdquo;, asegura &Aacute;vila.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qu&eacute; se puede hacer para evitar la <em>deriva securitaria</em> y, de paso, estrechar los lazos con nuestros vecinos? Responde tambi&eacute;n la antrop&oacute;loga: &ldquo;Los espacios son importantes, pero necesitamos recuperar la dimensi&oacute;n colectiva de la vida y recuperar nuestro tiempo: sustraer tiempo de trabajo para ganar tiempo de vida. La forma de transitar a una mayor confianza es encontrar tareas que nos unan desde lo concreto. Tiempo, tareas en com&uacute;n y visi&oacute;n colectiva, esas ser&iacute;an las claves para que el miedo y la desconfianza tiendan a desaparecer. Solo el contacto y el trabajo en com&uacute;n sirven como vacuna contra esa deriva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ingl&eacute;s, se llama <em>&ldquo;small talk&rdquo;</em> a esa conversaci&oacute;n ligera e intrascendente que rellena silencios entre desconocidos, una expresi&oacute;n que en espa&ntilde;ol se suele traducir como &ldquo;charla de ascensor&rdquo;. Puede que lo que nos decimos en los ascensores sea el paradigma de la banalidad, pero, dentro o fuera de ellos, todav&iacute;a hay muchas cosas importantes sobre las que hablar con nuestros vecinos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/conversacion-ascensor-grupo-whatsapp-hablas-vecinos_1_11896115.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Dec 2024 21:12:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la conversación de ascensor al grupo de WhatsApp: ¿hablas con tus vecinos?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Vecinos,Vivienda,Whatsapp,Sociedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Perdona que no conteste": ¿existe una forma adecuada de dejar en visto?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/perdona-no-conteste-existe-forma-adecuada-visto_1_11774555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68cfff0b-c80d-4f2d-a70c-ef0df45f20e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Perdona que no conteste&quot;: ¿existe una forma adecuada de dejar en visto?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de notificaciones, recibidas a diario por apps de mensajería, de citas, redes sociales o mails de trabajo, nos obligan a adaptar nuestra forma de sentir y comunicarnos. ¿A qué mensajes damos prioridad y cuáles dejamos sin respuesta? ¿Cómo son los vínculos que establecemos a partir de estas conversaciones aceleradas y entrecortadas? </p><p class="subtitle">Entrevista - Sarah Jaffe: "Fomentar el amor al trabajo es una forma de hacernos seguir trabajando para que Bezos acumule dinero"</p></div><p class="article-text">
        A menudo, los periodistas <em>freelance</em> no recibimos respuesta cuando proponemos un tema. Puede que, simplemente, la persona de la que dependemos en la redacci&oacute;n est&eacute; demasiado ocupada para contestar, o que no sea demasiado asertiva y prefiera que su silencio se interprete como un &ldquo;no&rdquo;. Pero la mayor&iacute;a de las veces sucede lo primero: tras unas horas de ansiedad, enseguida se descubre que el silencio no signific&oacute; que el tema no encajase, sino que, del otro lado, no hab&iacute;a un segundo para leer esa propuesta que, tras algo de insistencia, saldr&aacute; adelante.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, peor lo tienen los responsables de comunicaci&oacute;n de editoriales y discogr&aacute;ficas &mdash;aunque sucede en todos los sectores&mdash;: muchas veces elaboran correos personalizados que muy raramente el <em>freelance </em>responde. &ldquo;Pero eso no es nada &mdash;podr&iacute;an a&ntilde;adir a coro las madres postergadas, los amantes desairados, los viejos compa&ntilde;eros de clase, los posibles pasajeros de tu &uacute;ltimo viaje publicado en Blablacar o ese <em>match </em>de Tinder del que ya no te acuerdas&mdash;, a m&iacute; hace a&ntilde;os que nadie me responde a nada&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la era del exceso de informaci&oacute;n, las notificaciones se acumulan. Ya no es solo ese buz&oacute;n de entrada de correo electr&oacute;nico rebosante de mensajes sin leer &ndash;hay quien se acostumbra a que se acumulen por miles; quiz&aacute; sea un rasgo de car&aacute;cter&ndash;, sino que hoy, todos los dispositivos desbordan avisos y recados a trav&eacute;s de todas sus aplicaciones, y son muchas.
    </p><p class="article-text">
        Algunos de esos mensajes son de car&aacute;cter comercial o producto de automatismos, pero muchos otros los ha escrito una persona, y no cualquiera: un amigo, un familiar, un jefe, un cliente, un compa&ntilde;ero o un subordinado, quiz&aacute; nuestro m&eacute;dico o un desconocido cuyo piso queremos alquilar. Es imposible atenderlos todos, as&iacute; que tal saturaci&oacute;n implica, necesariamente, establecer un orden y unas prioridades: unas jerarqu&iacute;as. Es decir, consciente o inconscientemente, desde hace algunos a&ntilde;os, el ciudadano com&uacute;n ha tenido que elaborar su propia estrategia de comunicaci&oacute;n como en tiempos de canales menos inmediatos y de conexiones intermitentes solo ten&iacute;an que hacerlo las organizaciones complejas como grandes empresas o instituciones p&uacute;blicas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde hace unos años, el ciudadano común ha tenido que elaborar su propia estrategia de comunicación como en tiempos de canales menos inmediatos y de conexiones intermitentes solo tenían que hacerlo las organizaciones complejas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por supuesto, como la mayor&iacute;a estamos atados a dispositivos (el mismo tel&eacute;fono y el mismo ordenador) con los que gestionamos tanto nuestros asuntos personales (y dentro de estos, los m&aacute;s superficiales y los m&aacute;s &iacute;ntimos) como profesionales, los distintos apartados de nuestras vidas se mezclan, al menos ante nuestros ojos y entre nuestros dedos, con una promiscuidad ins&oacute;lita: ahora contesto al tutor de mi hija, ahora a mi propia jefa o a un ligue olvidado. Y eso, cuando respondemos, porque la sobrecarga hace que siempre sea m&aacute;s c&oacute;modo lanzar mensajes a una audiencia potencialmente infinita (un tuit o una foto en un Instagram p&uacute;blico), que establecer comunicaciones bidireccionales, m&aacute;s exigentes.
    </p><p class="article-text">
        Las interfaces (entendidas como los mecanismos y los l&iacute;mites de las tecnolog&iacute;as que usamos) tienen mucho que ver y es que, si hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os para chatear a trav&eacute;s de MSN Messenger era necesario encender el m&oacute;dem y decidir con qui&eacute;n quer&iacute;as iniciar una conversaci&oacute;n &ndash;esa persona tambi&eacute;n deb&iacute;a estar conectada&ndash;, y aquello provoc&oacute; que toda una generaci&oacute;n se pusiera de acuerdo para sentarse frente al ordenador justo despu&eacute;s de comer, al salir del instituto; ahora no hay un segundo que perder y lo m&aacute;s com&uacute;n es posponer indefinidamente las conversaciones entre dos, tal y <a href="https://www.eldiario.es/era/llamar-superinvasivo-generacion-zeta-telefono-mensajes_1_10452431.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como ha sucedido con las llamadas </a>y comienza a pasar con el <em>chateo</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Hubo un tiempo en que el que para chatear había que encender el módem, ver quién más estaba en ese momento &#039;online&#039; y enviar un zumbido para que saludara."
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            <span class="title">
                Hubo un tiempo en que el que para chatear había que encender el módem, ver quién más estaba en ese momento &#039;online&#039; y enviar un zumbido para que saludara.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En una de sus conocidas cartas a Milena, Kafka escribi&oacute; cu&aacute;nto le preocupaba &ldquo;la multiplicaci&oacute;n de los fantasmas&rdquo; provocada por la comunicaci&oacute;n a distancia e inventos como el correo, el tel&eacute;fono y la telegraf&iacute;a sin hilos: &ldquo;Escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas&rdquo;, se lamentaba. Justo como previ&oacute; el checo, un siglo m&aacute;s tarde, esos fantasmas son muchos m&aacute;s y m&aacute;s poderosos. En una situaci&oacute;n as&iacute;: &iquest;Cu&aacute;les son los besos que llegan? &iquest;A qu&eacute; mensajes damos prioridad y cu&aacute;les dejamos sin respuesta? &iquest;C&oacute;mo son los v&iacute;nculos que establecemos a partir de nuestras conversaciones aceleradas y entrecortadas y de nuestra atenci&oacute;n en crisis?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Como la mayoría estamos atados a dispositivos con los que gestionamos tanto nuestros asuntos personales como profesionales, los distintos apartados de nuestras vidas se mezclan con una promiscuidad insólita: ahora contesto al tutor de mi hija, ahora a mi propia jefa o a un ligue olvidado</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando la comunicaci&oacute;n empresarial y la personal aceleran al mismo ritmo</h2><p class="article-text">
        Solo alguien muy seguro de su posici&oacute;n econ&oacute;mica y laboral puede permitirse usar a diario un <em>dumbphone </em>(uno de esos m&oacute;viles que &uacute;nicamente pueden enviar y recibir llamadas y SMS). De hecho, existe todo un mercado de estos &ldquo;tel&eacute;fonos tontos&rdquo; de lujo con modelos de m&aacute;s de 500 euros. Es cierto que cualquier Nokia &mdash;siguen vendi&eacute;ndose&mdash; de menos de 30 euros contar&aacute; con exactamente las mismas funciones (se trata de que sean pocas). Pero cualquier diferencia de precio de unos cientos de euros parece peque&ntilde;a comparada con la devastaci&oacute;n que un aparato as&iacute; podr&iacute;a causar en la vida de un trabajador corriente, alejado de su correo electr&oacute;nico, del refuerzo de esa 'marca personal' en redes de la que depende parte de su trayectoria laboral y, ay, de tantos servicios, cupones y descuentos a los que solo se puede acceder a trav&eacute;s de <em>apps.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La competitividad en un contexto precario dificulta la desconexi&oacute;n. Muchos trabajadores tienen miedo; si el trabajador sabe, o cree que, si no es &eacute;l el que est&aacute; conectado, atento al m&oacute;vil, lo har&aacute; otro, es dif&iacute;cil desconectar. Es una inercia impuesta por la estructura: una forma de anular la conciencia colectiva&rdquo;, explica Tania Brandariz, doctora en periodismo y directora del M&aacute;ster en Marketing y Publicidad Digital en la Universidad Nebrija. &ldquo;Si tenemos 20 mensajes sin responder en WhatsApp, es coherente que se caiga en un bucle de acumulaci&oacute;n que reduce el inter&eacute;s. Cuando se responda, entonces, se har&aacute; de forma automatizada. No podemos dar respuestas medidas, pausadas, sencillamente porque no tenemos tiempo&rdquo;, contin&uacute;a la experta.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Si hace 15 años para chatear era necesario encender el módem y decidir con quién iniciar una conversación; ahora no hay un segundo que perder y lo común es posponer indefinidamente las conversaciones entre dos, como ha sucedido con las llamadas y comienza a pasar con el chateo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sobre el fen&oacute;meno de la aceleraci&oacute;n, que nos obliga a comprimir cada vez m&aacute;s tareas en periodos de tiempo m&aacute;s peque&ntilde;os, se ha escrito mucho &ndash;por ejemplo, sirve como eje para el pensamiento del fil&oacute;sofo Hartmut Rosa&ndash;. Por supuesto, tal como desarrolla Brandariz, esta aceleraci&oacute;n tambi&eacute;n afecta al &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n: &ldquo;La forma que tenemos de comunicar en el entorno <em>online</em> est&aacute; atravesada por esa l&oacute;gica, pero tambi&eacute;n por la de la marca personal. Las propias plataformas est&aacute;n concebidas para simplificar el mensaje: v&iacute;deos cortos, contenido espectacularizado. Esto conecta, una vez m&aacute;s, con la idea de que la gente no tiene tiempo, as&iacute; que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/relacion-crisis-atencion-fascismo-autoritarismo-atrae-personas-incapaces-concentrarse_1_9857641.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">luchamos por su atenci&oacute;n</a>. Internet ha democratizado la informaci&oacute;n, pero si entendemos la comunicaci&oacute;n como una conversaci&oacute;n, dir&iacute;a que est&aacute; muy lejos de haber democratizado el conocimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema, contin&uacute;a Brandariz, es que en un contexto as&iacute;, &ldquo;vivimos en el presentismo de lo que no puede esperar, as&iacute; que somos incapaces de proyectar hacia delante&rdquo;. &ldquo;Se responde a lo que se tiene que dar soluci&oacute;n inmediata y se posponen conversaciones que no son urgentes desde la l&oacute;gica del mercado, de la inmediatez, pero que s&iacute; nos permitir&iacute;an, parad&oacute;jicamente, abstraernos de esos mandatos del mercado y, de alguna forma, revertirlos. Se me ocurre, por ejemplo, contestar un mensaje a tu madre, a tu padre o a un amigo. Son mensajes que pueden dar m&aacute;s pereza, que casi nunca son urgentes, pero son justo estas personas las que nos salvan, despu&eacute;s, en un mal d&iacute;a de trabajo. Sin embargo, como siempre est&aacute;n ah&iacute;, creemos que no se van a ir (como si pudi&eacute;semos controlarlo; tambi&eacute;n de esto va nuestra coyuntura: de creer que tenemos el control absoluto de las cosas)&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Si tenemos 20 mensajes sin responder en WhatsApp, es coherente que se caiga en un bucle de acumulación que reduce el interés. Cuando se responda, entonces, se hará de forma automatizada. No podemos dar respuestas medidas, pausadas, sencillamente porque no tenemos tiempo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Tania Brandariz</span>
                                        <span>—</span> doctora en periodismo y profesora (Universidad Nebrija)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://hbr.org/sponsored/2023/05/why-overhauling-internal-communications-could-be-your-greatest-revenue-driver" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algunos estudios afirman</a> que las empresas estadounidenses pierden 2000 millones de d&oacute;lares anuales como consecuencia de la falta de pericia comunicativa de sus ejecutivos, empe&ntilde;ados en duplicar informaciones, ser poco sint&eacute;ticos y saturar a sus trabajadores. <a href="https://hbr.org/2023/05/reducing-information-overload-in-your-organization" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Otras fuentes</a> se&ntilde;alan que, de media, un trabajador americano pierde cuatro horas por semana leyendo informaciones in&uacute;tiles proporcionadas por su propia empresa. Dentro de estos &aacute;mbitos, se comienza a apostar por unos flujos de informaci&oacute;n m&aacute;s lentos y a menor escala, es decir, por revertir el fen&oacute;meno de la sobreinformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si a nivel empresarial los consejos para lograrlo est&aacute;n claros (evitar la informaci&oacute;n basura y consensuar protocolos pr&aacute;cticos), a nivel personal, resulta mucho m&aacute;s complicado: &ldquo;Tendr&iacute;amos que repensar qu&eacute; es tan urgente. Y entender tambi&eacute;n que, quiz&aacute;, uno no tiene la necesidad de desconectar, pero es probable que quien reciba el mensaje s&iacute;. Tambi&eacute;n se trata, en el fondo, de un ejercicio de empat&iacute;a&rdquo;, apunta Brandariz. Eso s&iacute;, concluye: &ldquo;No se debe caer en la culpabilizaci&oacute;n del ciudadano. El ciudadano sobrevive con la realidad que viene dada. Es muy dif&iacute;cil sobreponerse a las estructuras, aunque hay espacio para el empoderamiento&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La interfaz hace al usuario (y no al rev&eacute;s)</h2><p class="article-text">
        Aunque tiene fama de autor herm&eacute;tico, una frase de Wittgenstein ha llegado a imprimirse en tazas y camisetas: &ldquo;Los l&iacute;mites de mi lenguaje son los l&iacute;mites de mi mundo&rdquo;. Simplific&aacute;ndolo mucho, el vien&eacute;s se refer&iacute;a a que buena parte de nuestro pensamiento y nuestras relaciones con el entorno se formulan a trav&eacute;s del lenguaje, as&iacute; que sus posibilidades son las que marcan el alcance de esos pensamientos y de esas relaciones. Y quien dice &ldquo;lenguaje&rdquo;, dice tambi&eacute;n los dispositivos, plataformas y aplicaciones a trav&eacute;s de los que las palabras se reproducen y transmiten. As&iacute; que las interfaces estar&iacute;an influyendo, tambi&eacute;n, en el tipo de mensajes que enviamos y hasta en lo que concebimos; o lo que es lo mismo: cuanto m&aacute;s usamos Twitter (X), con su l&iacute;mite de caracteres, m&aacute;s f&aacute;cil es que nuestros pensamientos adquieran forma de tuit.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Contestar a tu madre, a tu padre o a un amigo. Son mensajes que pueden dar más pereza, que casi nunca son urgentes, pero son justo estas personas las que nos salvan, después, en un mal día de trabajo. Sin embargo, como siempre están ahí, creemos que no se van a ir</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Tania Brandariz</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga y escritora <a href="https://www.eldiario.es/cultura/lola-lopez-mondejar-gana-premio-anagrama-ensayo-alegato-homogeneizacion-digital-identidades-cat_1_11712872.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lola L&oacute;pez Mond&eacute;jar,</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/lola-lopez-mondejar-gana-premio-anagrama-ensayo-alegato-homogeneizacion-digital-identidades-cat_1_11712872.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> </em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/lola-lopez-mondejar-gana-premio-anagrama-ensayo-alegato-homogeneizacion-digital-identidades-cat_1_11712872.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autora de</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/lola-lopez-mondejar-gana-premio-anagrama-ensayo-alegato-homogeneizacion-digital-identidades-cat_1_11712872.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> Sin relato</em></a><em> </em>(una cr&iacute;tica a la revoluci&oacute;n digital), reciente Premio Anagrama de Ensayo, comparte esta tesis y explica que algo tan sencillo como los emoticonos &ldquo;viene a sustituir la b&uacute;squeda de la palabra apropiada para responder a un mensaje&rdquo;. Seg&uacute;n Mond&eacute;jar, cuando no precisamos, cuando no matizamos nuestras emociones porque usamos formas de comunicaci&oacute;n econ&oacute;micas, estar&iacute;amos &ldquo;acabando con la profundidad de la comunicaci&oacute;n misma, algo que uniformiza nuestros mensajes y nuestra individualidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema es m&aacute;s grave de lo que parece, y afecta al n&uacute;cleo de nuestra manera de sentir: &ldquo;Esa conversaci&oacute;n contigo mismo que conlleva la b&uacute;squeda de la palabra m&aacute;s justa para la expresi&oacute;n de una emoci&oacute;n o para la narraci&oacute;n de un acontecimiento biogr&aacute;fico crea nuestro mundo interior, nuestra intimidad, que depende del uso del lenguaje interior. Sin ese lenguaje interior todo queda en un limbo, queda por fuera de lo simb&oacute;lico y se olvida f&aacute;cilmente o, de ser inmanejable el monto de emoci&oacute;n que conlleva, se transforma en s&iacute;ntomas&rdquo;, detalla la escritora.
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            <span class="title">
                Solo alguien muy seguro de su posición económica y laboral puede permitirse usar a diario un &#039;dumbphone&#039;. O cómo el Nokia 3310 regresó convertido en símbolo de estatus.                            </span>
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        Pero el funcionamiento simplificado y acelerado de las redes y los dispositivos no supone solo un empobrecimiento de nuestra propia conciencia y nuestra capacidad expresiva, sino que tambi&eacute;n dificulta el establecimiento de v&iacute;nculos s&oacute;lidos entre dos individuos. Una vez m&aacute;s, tal y como sucedi&oacute; en las primeras grandes ciudades capitalistas durante el s. XIX, pero esta vez en las redes, el hombre en la multitud se encuentra solo y es incapaz de relacionarse con los dem&aacute;s: &ldquo;Hemos perdido capacidad de atenci&oacute;n y de escucha, la comunicaci&oacute;n que establecemos en las redes sociales es unidireccional, busca un reconocimiento que necesitamos como seres humanos, pero no un intercambio con un otro singular y concreto, que responda a nuestro mensaje desde su propia subjetividad. El otro a su vez busca su propio reconocimiento en nosotros&rdquo;, detalla Mond&eacute;jar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Hemos perdido capacidad de atención y de escucha, la comunicación que establecemos en las redes sociales es unidireccional, busca un reconocimiento que necesitamos como seres humanos, pero no un intercambio con un otro singular y concreto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lola López Mondéjar</span>
                                        <span>—</span> Premio Anagrama de Ensayo 2024 por &#039;Sin relato&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No por casualidad, fen&oacute;menos como el <em>ghosting </em>(y su modalidad de baja intensidad: dejar en visto) han proliferado recientemente, y es que cada vez escasean m&aacute;s las herramientas y la disposici&oacute;n para enfrentar conversaciones complicadas o exigentes como son, precisamente, las que ponen en palabras las dificultades o el acabamiento de una relaci&oacute;n rom&aacute;ntica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto tiene que ver con lo que he llamado el <em>anhelo de no fricci&oacute;n</em> que produce a la larga el uso sistem&aacute;tico de las redes, que lleva a muchos usuarios a instalarse en un mundo autocomplaciente y a huir de la frustraci&oacute;n&rdquo;, contin&uacute;a Mond&eacute;jar. &ldquo;He exportado el concepto de fricci&oacute;n de Anne Lowenhaupt Tsing a las relaciones humanas. Tsing observ&oacute; que cuando dos o m&aacute;s culturas interaccionan se producen zonas de compromiso inc&oacute;modo, un espacio de intercambio que puede ser conflictivo, pero tambi&eacute;n creativo, y dar lugar a transformaciones en todas las partes. Al huir de esa fricci&oacute;n en las interacciones personales nos negamos tambi&eacute;n la posibilidad de aprender de los intercambios profundos con los otros, de los que nos alejamos porque, necesariamente, el roce con el otro disminuye nuestro narcisismo&rdquo;, afirma la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, al menos desde la invenci&oacute;n de la imprenta y el desarrollo de la modernidad, el exceso de informaci&oacute;n se ha gestionado de distintas formas (enciclopedia, bibliotecas, gabinetes de curiosidades&hellip;), este nunca hab&iacute;a tenido consecuencias tan profundas tanto para las comunicaciones que se env&iacute;an y reciben como para quienes se comunican. &iquest;C&oacute;mo hemos llegado a este punto? Responde Mond&eacute;jar: &ldquo;Las grandes empresas digitales solo tienen como objetivo ganar dinero, y nosotros nos hemos convertido en su fuente de ingresos m&aacute;s rentable. Adem&aacute;s, acaparan nuestra atenci&oacute;n, nos vac&iacute;an de nuestra singularidad, nos roban nuestros datos para negociar con ellos y nos convierten en meros loros estoc&aacute;sticos (como llam&oacute; Emily Bender a los grandes modelos ling&uuml;&iacute;sticos) que hablan, pero no razonan&rdquo;. &ldquo;Somos nosotros quienes hoy corremos el riesgo de convertirnos en m&aacute;quinas y de pensar y hablar como ellas, sustituyendo el lenguaje humano por el lenguaje de las m&aacute;quinas, y el pensamiento dial&eacute;ctico y cr&iacute;tico al que aspir&aacute;bamos desde la modernidad, a un estancamiento en modos binarios de pensar&rdquo;, advierte la escritora.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe alguna manera de oponerse a todas estas inercias? Tenerlas en cuenta y ser consciente de ellas es el primer paso. Y, si bien, renunciar al uso de plataformas es un privilegio que pocos pueden permitirse, todav&iacute;a podemos elegir qu&eacute; tipo de conversaciones proponemos y a qu&eacute; y a qui&eacute;nes dedicamos una respuesta r&aacute;pida o una escucha atenta. Podemos, en definitiva, seguir eligiendo cuidadosamente las palabras y luchando contra la aceleraci&oacute;n tambi&eacute;n en este &aacute;mbito. Eso s&iacute;: es complicado ser optimista y lo cierto es que Kafka, hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os, no lo fue demasiado cuando escribi&oacute;, respecto a aquellos fantasmas que ya entonces hab&iacute;a detectado emboscados en toda comunicaci&oacute;n a distancia: &ldquo;Los fantasmas no se morir&aacute;n de hambre y nosotros, en cambio, pereceremos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/perdona-no-conteste-existe-forma-adecuada-visto_1_11774555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Oct 2024 20:56:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Perdona que no conteste": ¿existe una forma adecuada de dejar en visto?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Apps,Lenguaje,Telefonía móvil,Relaciones,Estilo de vida,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Más transporte público y menos Lamborghini": cómo un coche se ha convertido en símbolo del 'triunfo' online]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/transporte-publico-lamborghini-coche-convertido-simbolo-triunfo-online_1_11634261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5f2e646-4e81-449e-b13f-5ebd914ecabe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Más transporte público y menos Lamborghini&quot;: cómo un coche se ha convertido en símbolo del &#039;triunfo&#039; online"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana, durante el acto de apertura del curso político, Pedro Sánchez sintetizaba su promesa de una fiscalidad más progesista con esa frase ahora convertida en 'trending topic'. La mención no parece casual: es la marca de coches favorita de los pseudogurús de las finanzas que atraen a millones de jóvenes con sus discursos ultraliberales en las redes</p><p class="subtitle">Pável Dúrov y los "hombres de alto valor": la nueva idea de éxito pasa por el culto al cuerpo y el ultraliberalismo</p></div><p class="article-text">
        En <em>Water Boy</em>, uno de sus temas m&aacute;s populares, el cantante Pimp Flaco afirma que &ldquo;quiere un Lamborghini pa' pasear lento&rdquo;. En vista de que Spotify ofrece decenas de canciones tituladas <em>Lambo</em> o <em>Lamborghini</em>, algunas firmadas por artistas tan populares como Skrillex o Farruko, parece que la aspiraci&oacute;n del trapero barcelon&eacute;s es muy com&uacute;n entre quienes se dedican a la m&uacute;sica urbana. Eso o que, m&aacute;s all&aacute; de lo que quiera conducir cada uno (los temas que contienen la palabra Ferrari son menos y acumulan menos reproducciones), todos esos m&uacute;sicos y especialmente los traperos, han sabido aprovechar &ndash;y de paso reforzar&ndash; la enorme popularidad de la marca de coches deportivos entre los miembros de su generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>Lambos </em>son los coches de los reggaetoneros (de Bad Bunny a Omar Montes; todos tienen uno), de los <a href="https://www.eldiario.es/era/llados-evento-madrid-aranjuez-mil-euros_1_11377854.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pseudogur&uacute;s financieros como Llados</a>, de los <em>influencers</em> <em>fitness</em> como Christian Vidal o de los <em>youtubers</em> de videojuegos, como AlphaSniper97. Unos veh&iacute;culos que nuevos no bajan de los 200.000 euros y seg&uacute;n el modelo llegan a costar varios millones, y cuya potencia &mdash;por tanto, de manera aproximada, tambi&eacute;n sus emisiones de gases contaminantes y su consumo de combustible&mdash;, como m&iacute;nimo, cuadruplica la potencia media del parque m&oacute;vil en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Son coches que, en realidad, resulta muy dif&iacute;cil ver circulando por nuestras carreteras pero que est&aacute;n por todas partes en las redes sociales. Con su dise&ntilde;o anguloso, espectacular y extravagante, con su precio y su potencia disparatados, con su toro en el frontal &ndash;adem&aacute;s, el nombre de cada modelo es tambi&eacute;n una referencia al mundo taurino&ndash;, el Lamborghini es, en tiempo de cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas y de aumento de la desigualdad econ&oacute;mica, el coche favorito de Internet.
    </p><p class="article-text">
        Y no es que sea la primera vez que una o varias generaciones se obsesionan con un coche de lujo en concreto. Algunos recordar&aacute;n con especial cari&ntilde;o el Ferrari Testarrosa de <em>Miami Vice </em>en el que Sonny Crockett y Ricardo Tubbs escuchaban a Phil Collins. Mientras que otros, m&aacute;s mayores, apuntar&aacute;n que las estrellas del rock brit&aacute;nico, de John Lennon a Elton John, pasando por Keith Moon, enseguida se compraron un Rolls Royce, imitando a los arist&oacute;cratas de su pa&iacute;s (un gesto con algo de desaf&iacute;o o de usurpaci&oacute;n). Sin embargo, aquellas modas estuvieron m&aacute;s conectadas con la cultura de su tiempo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Suenan muy diferente y atraen muchas miradas. Son coches de futbolista y de &#039;youtuber&#039;. Coches de gente poco discreta, a la que no le importa que le vean al volante. Además, son muy extremos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joan Dalmau</span>
                                        <span>—</span> periodista especializado en motor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El Lamborghini, por su parte, parece circular en sentido contrario: mientras el ciudadano com&uacute;n intenta ahorrar para su primer <a href="https://www.eldiario.es/temas/coches-electricos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coche el&eacute;ctrico</a> o reclama mejoras en el transporte p&uacute;blico, mientras el cambio clim&aacute;tico empuja el Reloj del Apocalipsis y nos coloca a noventa segundos del fin del mundo &ndash;es un c&aacute;lculo simb&oacute;lico con el que los cient&iacute;ficos tratan de llamar la atenci&oacute;n sobre los problemas m&aacute;s acuciantes que enfrenta la humanidad&ndash;, los <em>Lambos</em> pegan acelerones, echan humo y derrapan en cada rinc&oacute;n de YouTube, TikTok e Instagram.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que cuenta un Lamborghini</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Hola, somos las cosas, no es que los dem&aacute;s no nos oigan, es que solo te hablamos a ti&rdquo;, cantaba el grupo logro&ntilde;&eacute;s Espanto en <em>Las Voces</em>. Pero eso no es del todo cierto, y es que las cosas nos hablan a absolutamente todos. Especialmente los autom&oacute;viles. En <em>El sistema de los objetos, </em>ya en 1967, el fil&oacute;sofo Jean Baudrillard dedic&oacute; decenas de p&aacute;ginas al valor simb&oacute;lico del autom&oacute;vil. Para el franc&eacute;s, cualquier coche &ldquo;es un objeto sublime que abre una suerte de par&eacute;ntesis absoluto a la cotidianidad de todos los dem&aacute;s objetos&rdquo;, y es que, tal y como se pregunta: &ldquo;&iquest;Que le quiten a uno la licencia de conducir no es hoy una suerte de excomuni&oacute;n, de castraci&oacute;n social?&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7309164871499713824"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Baudrillard expone el valor er&oacute;tico del veh&iacute;culo privado (&ldquo;un erotismo narcisista de comuni&oacute;n con el mismo objeto&rdquo;) e insiste en una forma de intimidad nueva, muy distinta de la del hogar y la familia, que solo se despliega durante la conducci&oacute;n: &ldquo;Su intimidad es la del metabolismo acelerado del tiempo y del espacio, y es, a la vez, el lugar siempre posible del accidente en el que culmina el azar, una posibilidad jam&aacute;s realizada, pero siempre involuntariamente asumida de antemano&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si cualquier veh&iacute;culo pone en marcha todo un caudal de flujos simb&oacute;licos y culturales, los coches de lujo, como expresi&oacute;n del sistema productivo al cuadrado, lo hacen mucho m&aacute;s. &ldquo;Existe un v&iacute;nculo muy claro entre los veh&iacute;culos de motor y las cuestiones de clase&rdquo;, explica la escritora y periodista Raquel Pel&aacute;ez, autora de <a href="https://blackiebooks.org/catalogo/raquel-pelaez-quiero-no-puedo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Quiero y no puedo. Una historia de los pijos de Espa&ntilde;a</em></a><a href="https://blackiebooks.org/catalogo/raquel-pelaez-quiero-no-puedo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> que publica este septiembre<em> </em>Blackie Books. &ldquo;Por ejemplo, el RACE (Real Club Autom&oacute;vil de Espa&ntilde;a) lo fundaron los nobles espa&ntilde;oles que adquirieron los primeros autom&oacute;viles para ayudarse en una red de carreteras pr&aacute;cticamente inexistente que solo pod&iacute;an usar ellos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El del Lamborghini me parece más bien un caso de quiero y no puedo. Sirve de afirmación para unos individuos que han triunfado en algún ámbito pero que no tienen acceso a los lugares donde están las verdaderas élites</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Andrea Greppi</span>
                                        <span>—</span> editor de &#039;Nuevas élites, elitismo viejo&#039; (Pensamiento)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estos v&iacute;nculos entre las clases altas y el autom&oacute;vil (transformados, tras el desarrollo del fordismo, en v&iacute;nculos entre ellas y determinados fabricantes, tan fuertes que llegan a constituir <em>habitus </em>o esquemas de obrar asociados a la posici&oacute;n social), contin&uacute;an vivos y muchas veces se traducen en pol&iacute;ticas comunicativas muy espec&iacute;ficas: &ldquo;La propia Lamborghini, aunque no le hace ascos, ni mucho menos, a la difusi&oacute;n que le dan sus clientes m&aacute;s extrovertidos, suele dirigirse a un cliente menos conocido, de gran poder econ&oacute;mico, que quiere el coche para divertirse puntualmente en salidas o circuito&rdquo;, comenta Joan Dalmau, periodista del motor en Coches.net con gran experiencia como probador. &ldquo;La marca s&iacute; hace publicidad, pero escoge los soportes. No la encontrar&aacute;s en televisi&oacute;n o en un <em>banner</em> de internet, pero s&iacute; en revistas caras de lujo o en patrocinios elegidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; tienen de especial sus coches adem&aacute;s de lo que salta a la vista? &ldquo;Suenan muy diferente y atraen muchas miradas. Son coches de futbolista y de <em>youtuber</em>, efectivamente. Coches de gente poco discreta, a la que no le importa que le vean al volante. Adem&aacute;s, son muy extremos. Hay Ferrari extremos&nbsp;y Aston Martin extremos, pero no todos lo son y en cambio, todos los Lamborghini s&iacute;. No es tanto un tema de dureza, pero s&iacute; de radicalidad en todo, en el dise&ntilde;o, en la posici&oacute;n de conducci&oacute;n, en el sonido y en las prestaciones&rdquo;, a&ntilde;ade Dalmau.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Amadeo Llados conduciendo un Lamborghini a su salida del evento en Aranjuez.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>El p&uacute;blico recibe lo que el p&uacute;blico quiere</strong></h2><p class="article-text">
        En 1982, la artista Jenny Holzer se hizo famosa cuando proyect&oacute; en medio de Times Square la frase <em>&ldquo;protect me from what I want&rdquo;</em> (prot&eacute;geme de lo que quiero). Diecisiete a&ntilde;os despu&eacute;s, Holzer, ya en la &eacute;lite del arte contempor&aacute;neo, era invitada por BMW a estampar su mensaje presuntamente anticapitalista en la carrocer&iacute;a de un coche de carreras, dando lugar a una de las contradicciones que m&aacute;s gusta citar a los te&oacute;ricos de la posmodernidad.
    </p><p class="article-text">
        En diciembre 2020, sin marcas de por medio, pero retransmiti&eacute;ndolo a trav&eacute;s de Twitch, el rapero italiano Fedez daba vueltas por Mil&aacute;n a bordo de su Lambo. Buscaba a &ldquo;gente con aspecto de estar pas&aacute;ndolo mal&rdquo;, es decir, a pobres, y cuando encontraba a alguno aparcaba su deportivo en doble fila y <a href="https://www.eldiario.es/era/pornomiseria-poverty-porn-videos-influencers-monetizan-pobreza_1_10376893.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le daba un paquete de billetes con mil euros</a>. El gesto &mdash;dar limosna desde un coche cuyo valor es superior a diez a&ntilde;os del salario medio italiano&mdash; fue muy criticado, pero el rapero e <em>influencer </em>nunca entendi&oacute; por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los rasgos de las &eacute;lites, sus signos de reconocimiento o las cosas que determinan su estatus, nunca han sido pac&iacute;ficos, sino que siempre han estado en disputa. Eso s&iacute;, las &eacute;lites contempor&aacute;neas se caracterizan, sobre todo, por su fragmentaci&oacute;n, porque no hay una sola &eacute;lite sino que son m&uacute;ltiples, con signos de distinci&oacute;n diferentes&rdquo;, explica Andrea Greppi, profesor de Filosof&iacute;a del Derecho y editor de <a href="https://www.circulobellasartes.com/libros/nuevas-elites-viejo-elitismo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nuevas &eacute;lites, elitismo viejo</em></a><em> </em>(Pensamiento).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un cierto tipo de derecha anarcocapitalista y criptolibertaria el mito del hombre hecho a sí mismo es lo máximo y este se expresa mediante posesiones caras</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Raquel Peláez</span>
                                        <span>—</span> autora de &#039;Quiero y no puedo. Una historia de los pijos de España&#039; (Blackie Books)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;se podr&iacute;a decir que quienes conducen un<em> Lambo</em> forman parte de la &eacute;lite social de nuestros d&iacute;as, o de al menos una de ellas? Greppi no est&aacute; tan seguro, considera que este caso es m&aacute;s bien un fen&oacute;meno viral: &ldquo;El del Lamborghini me parece m&aacute;s bien un caso de quiero y no puedo. Un caso concreto que sirve de afirmaci&oacute;n para unos individuos que han triunfado en alg&uacute;n &aacute;mbito pero que no tienen acceso a los lugares donde est&aacute;n las verdaderas &eacute;lites. Hoy la cuesti&oacute;n de la ostentaci&oacute;n est&aacute; mediada por la visibilidad en las redes y eso contribuye a enturbiar todav&iacute;a m&aacute;s el panorama simb&oacute;lico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pel&aacute;ez est&aacute; de acuerdo: &ldquo;Creo que las redes sociales han facilitado hacer ostentaci&oacute;n de bienes y patrimonios que realmente no se poseen y crean realidades paralelas aspiracionales&rdquo;. Pero entonces, y contra lo que dice el t&oacute;pico, &iquest;no ostentamos m&aacute;s que nunca? &ldquo;No lo creo &mdash;responde la escritora&mdash;. La ostentaci&oacute;n no es hoy m&aacute;s acusada que nunca. Ya la Roma epic&uacute;rea fue un buen foll&oacute;n. Pero yendo a referencias m&aacute;s modernas, hemos vivido la Marbella de Gil y del caso Malaya. Hemos conocido el Estados Unidos de <em>Dinast&iacute;a</em>, pa&iacute;s que por otro lado ha presidido Donald Trump, un hombre conocido por su espectacular ostentaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/CsRNrOjtwqv/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/CsRNrOjtwqv/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/CsRNrOjtwqv/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Christian Vidal (@toretevidal)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Y, sin embargo, quienes pasan tiempo en redes sociales est&aacute;n cada vez m&aacute;s expuestos a creadores de contenido que muestran su elevado nivel de vida <em>(Lambos,</em> yates, aviones privados&hellip;) de manera imp&uacute;dica e irresponsable a ojos de cualquiera que se preocupe por el cambio clim&aacute;tico o por el reparto de la riqueza.
    </p><p class="article-text">
        No es ninguna conspiraci&oacute;n, como aclara el profesor Greppi, sino, de nuevo, el resultado de un mundo fragmentado: &ldquo;Entre esos creadores de contenido y los due&ntilde;os de las plataformas donde los cuelgan, no existe ning&uacute;n v&iacute;nculo, no hay contacto, pertenecen a universos distintos. Para quienes dirigen las plataformas los <em>influencers</em> son mercanc&iacute;as perfectamente fungibles, sin ning&uacute;n tipo de solidaridad entre ellos. Ni siquiera les interesa lo que suben. Pero este es un fen&oacute;meno general: las &eacute;lites est&aacute;n desconectadas entre s&iacute; y no hay puentes entre ellas, a diferencia de lo que pod&iacute;a suceder en la vieja sociedad burguesa, cuando el rico empresario aspiraba a casarse con la hija del noble venido a menos o el hidalgo aspiraba a que su hijo llegara a ocupar una c&aacute;tedra. Esas conexiones entre &eacute;lites dirigentes son las que se han debilitado o han desaparecido&rdquo;. &ldquo;Eso s&iacute; &mdash;aclara&mdash;, la izquierda a veces se vuelve nost&aacute;lgica de cuando las &eacute;lites estaban comprometidas, pero yo no comparto esa idea. Creo que lo central es oponerse a la expansi&oacute;n de las nuevas &eacute;lites para oponerse a la expansi&oacute;n del capitalismo, que produce formas de desigualdad intolerables&rdquo;. &nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conduce y </strong><em><strong>frontea</strong></em></h2><p class="article-text">
        Lo llaman <em>fronteo</em> y es lo que hace Kanye West cuando se compara con Einstein o Picasso, pero tambi&eacute;n lo que hace Morad cuando aparece en su barrio con un Lamborghini Urus y hace felices a decenas de ni&ntilde;os. <em>Frontear</em> es presumir y forma parte de la cultura hip-hop: seg&uacute;n sus c&oacute;digos, cuando alguien logra algo, es leg&iacute;timo y hasta deseable que exhiba sus trofeos. En casos como el de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/morad-numero-ninos_129_10855819.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Morad</a>, de origen muy humilde y siempre cerca de quienes le han visto crecer, el fronteo tiene algo de justicia po&eacute;tica. En otros, puede servir para legitimar la desigualdad, y es que quien <em>frontea</em> est&aacute; proclamando que dispone de algo que los dem&aacute;s no tienen, algo todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil de obtener que un <em>Lambo </em>o un yate: talento.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El talento, como la creatividad, es uno de los mitos centrales de las sociedades postcapitalistas y uno de los ingredientes indispensables en los relatos alrededor de quienes se proclaman &ldquo;hechos a s&iacute; mismos&rdquo;. Las narrativas sobre el talento (mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de medir que el esfuerzo o el m&eacute;rito, para los que s&iacute; que existen indicadores objetivos) se adaptan a la perfecci&oacute;n a un sistema econ&oacute;mico y a un mercado de trabajo tambi&eacute;n ca&oacute;tico y desregulado, y siempre suenan mejor si terminan al volante de un <em>Lambo.</em> 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, el <em>Lambo</em> es siempre la guinda en las historias (llenas de testosterona) de quienes <a href="https://www.eldiario.es/era/amadeo-llados-jovenes-que-dejan-su-negocio_1_11413188.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dicen haber vencido al sistema</a>; una especie de venganza veloz, amarilla y llamativa que se clava como una flecha directa al coraz&oacute;n de quienes dudan del poder del individuo. &ldquo;Hay gente que todo lo convierte en una expresi&oacute;n de ira, de comer a follar. En un cierto tipo de derecha anarcocapitalista y criptolibertaria el mito del hombre hecho a s&iacute; mismo es lo m&aacute;ximo y este se expresa mediante posesiones caras. Para ellos, los seguidores de Milei o <a href="https://www.eldiario.es/politica/jueza-pide-fiscalia-supremo-denuncie-alvise-perez-amenazarla_1_11631749.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alvise</a>, tener cosas que cuestan mucha pasta pueden ser una forma de decir: eh mira, Estado protector, no te necesito&rdquo;, apunta Pel&aacute;ez.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Lambo es siempre la guinda en las historias (llenas de testosterona) de quienes dicen haber vencido al sistema; una especie de venganza veloz, amarilla y llamativa que se clava como una flecha directa al corazón de quienes dudan del poder del individuo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Est&aacute; visto que el <em>Lambo</em> es un objeto que, como una masa dentro de un campo gravitatorio, modifica todo el campo social a su alrededor. Un objeto, adem&aacute;s, muy presente en el <em>scroll </em>cotidiano de <a href="https://www.eldiario.es/era/llados-canovas-trampa-gurus-libertad-financiera_1_11255546.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">millones de j&oacute;venes</a>. Pero, en la vida fuera de las pantallas, son muy pocos los que se han sentado al volante de uno y han podido comprobar qu&eacute; se siente al arrancarlo &ndash;en Espa&ntilde;a, entre 2011 y 2023 se han matriculado 264, seg&uacute;n recoge <a href="https://es.statista.com/estadisticas/812342/matriculaciones-de-automoviles-lamborghini-espana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Statista</a>&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es tan especial? Joan Dalmau ha conducido muchos supercoches, incluidos todos los &uacute;ltimos lanzamientos de la marca italiana. Despu&eacute;s de a&ntilde;os como probador, estas son sus impresiones: &ldquo;Las pruebas de coches de superlujo te dejan siempre tres sensaciones. La primera es lo apasionante que resulta la tecnolog&iacute;a y hasta d&oacute;nde puede llegar. Esta es la positiva. Las otras dos no lo son tanto. Siempre tienes ganas de devolverlos enseguida. Coches incre&iacute;bles, s&iacute;, pero nada adaptados a un uso habitual: es f&aacute;cil rascar, golpear, son una cruz para aparcar... Adem&aacute;s, cuando llevas 200 o 300 mil euros entre manos, quieres quit&aacute;rtelos de encima r&aacute;pido, por lo que pueda pasar. Y la &uacute;ltima es pensar: &iquest;Hacen falta? &iquest;Realmente es necesaria esta exhibici&oacute;n de tecnolog&iacute;a para un objeto que sirve esencialmente para transportarnos y cuyas&nbsp;limitaciones de uso son tan grandes? Es evidente que se puede decir lo mismo de un yate, de un reloj de un mill&oacute;n de euros, de un traje caro o de una suite de superlujo. No hacen falta&rdquo;. Es una buena conclusi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/transporte-publico-lamborghini-coche-convertido-simbolo-triunfo-online_1_11634261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Sep 2024 20:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Más transporte público y menos Lamborghini": cómo un coche se ha convertido en símbolo del 'triunfo' online]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Redes,Redes sociales,Internet,Coches,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No importa el cartel, no importa la música: cómo irse de festival se ha convertido en una experiencia a explotar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/festivales-de-musica-como-experiencia_1_11508895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0701c58-e4c8-4e61-bb58-12f3a745fb34_16-9-discover-aspect-ratio_default_1098624.jpg" width="903" height="508" alt="Mad Cool 2022 (Madrid)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los festivales grandes son hoy, en el mejor de los casos, contenedores de actuaciones que permiten escuchar en pocas horas a varias de tus bandas favoritas o que ayudan a desconectar de la rutina. En el peor, reproducen las mismas dinámicas de consumo, aceleración y exhibicionismo presentes en la ciudad contemporánea</p><p class="subtitle">Más de 100 festivales de música cancelados, ¿se ha pinchado la burbuja?</p></div><p class="article-text">
        <em>Chamanes el&eacute;ctricos en la fiesta del sol </em>(Random House), la &uacute;ltima novela de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/monica-ojeda-sentarse-escribir-acto-sumamente-politico_1_10932417.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&oacute;nica Ojeda</a>, tiene por escenario la quinta edici&oacute;n del Festival Ruido Solar, un encuentro &mdash;imaginario&mdash; de artistas sonoros entre volcanes andinos que coincidir&iacute;a con la celebraci&oacute;n del Inti Raymi (la fiesta del Sol de las comunidades ind&iacute;genas de Ecuador y Per&uacute;). En el festival hay m&uacute;sicos, poetas y chamanes, y las protagonistas, Noa y Nicole son dos j&oacute;venes criadas en la ciudad que comienzan a asomarse a s&iacute; mismas entre instrumentos retrofuturistas, sonidos de vanguardia y rituales ancestrales. Como ellas, pero en entornos muy distintos (por ejemplo, la playa de El Arenal en Burriana, donde se celebra el <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/once-detenidos-festival-arenal-sound-violencia-genero-agresion-sexual_1_10435221.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Arenal Sound</a> o el Parc del F&ograve;rum de Barcelona, que desde hace a&ntilde;os alberga el <a href="https://www.eldiario.es/temas/primavera-sound/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primavera Sound</a>), muchos chicos y chicas est&aacute;n viviendo ciertas cosas &mdash;el trance ante un altavoz, el entusiasmo por determinado grupo, <a href="https://www.eldiario.es/era/como-sincerarse-con-una-amistad_1_11476063.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la amistad amplificada</a>, la iniciaci&oacute;n en las drogas&mdash; por primera vez durante un festival de m&uacute;sica. Los adultos acuden a ellos buscando recuperar todas esas experiencias.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://librotea.eldiario.es/libros/chamanes-electricos-en-la-fiesta-del-sol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Chamanes el&eacute;ctricos</em></a> es una novela oportuna porque recuerda que detr&aacute;s de los festivales &mdash;hoy, en su mayor&iacute;a, invadidos por las marcas y <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/malaga/cala-mijas-anuncia-no-habra-festival-acusa-ayuntamiento-no-pagar-edicion-2023_1_11323064.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las instituciones</a>&mdash; existe una larga tradici&oacute;n que conecta con viejas ceremonias (en Europa, por ejemplo, el carnaval) y con todas las formas de socializaci&oacute;n que, desde hace cientos de siglos, han aprovechado el poder de la percusi&oacute;n y el ritmo. Sin remontarse tanto, los festivales en su forma contempor&aacute;nea (concentraci&oacute;n de actuaciones en poco tiempo y dentro del mismo recinto al aire libre) han existido, al menos, desde el <a href="https://www.nypl.org/blog/2018/09/25/carnival-swing-jazz-randalls-island-stadium-photos-1938" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carnival of swing</a><em> </em>que en 1938 reuni&oacute; en la isla de Randall (Nueva York) a figuras del jazz como Lester Young y Duke Ellington, y su desarrollo ha corrido en paralelo al de la m&uacute;sica rock y pop convirti&eacute;ndose, en algunos casos (Leeds 1969 o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/todas-lecciones-aprendidas-woodstock-macrofestival_1_1407261.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Woodstock 1969</a>), en mitos de la contracultura.
    </p><p class="article-text">
        Pero, tal y como ha sucedido con buena parte de los fen&oacute;menos popularizados durante los a&ntilde;os de la contracultura, la mayor&iacute;a de los festivales de m&uacute;sica grandes hace tiempo que perdieron su esp&iacute;ritu revolucionario o su relevancia pol&iacute;tica. Hoy, en el mejor de los casos, son contenedores de actuaciones que permiten que el aficionado escuche en pocas horas a varias de sus bandas favoritas o que ayudan a desconectar de la rutina a miles de personas que experimentan en un entorno controlado sensaciones (de la ebriedad a la interacci&oacute;n con desconocidos) inviables durante el d&iacute;a a d&iacute;a; y, en el peor, reproducen las <a href="https://www.eldiario.es/era/la-cultura-del-sold-out-capitalismo-ocio-entretenimiento_129_10889460.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mismas din&aacute;micas de consumo, aceleraci&oacute;n y exhibicionismo</a> presentes en el resto de la ciudad contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Si en 2023 Nando Cruz cuestionaba en su ensayo <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/nando-cruz-macrofestival-espacio-hostil-si-gusta-musica_1_10291173.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Macrofestivales: El agujero negro de la m&uacute;sica</em></a> (Pen&iacute;nsula) un modelo que consideraba agotado por motivos art&iacute;sticos, econ&oacute;micos y medioambientales, esta misma temporada ya han surgido varias pol&eacute;micas que parecen reforzar las tesis del cr&iacute;tico y escritor: la desesperaci&oacute;n de Damon Albarn, de Blur, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/ruido-desinteres-abuso-movil-falta-respeto-artista-conciertos-individuo-tirano_1_11313370.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ante la indiferencia del p&uacute;blico</a> del <em>Coachella</em>; las publicaciones de varios <em>influencers</em> durante el Primavera Sound, centradas en la ropa de uno de los patrocinadores, o la proliferaci&oacute;n de zonas VIP con mal sonido pero mejor oferta gastron&oacute;mica son se&ntilde;ales de una deriva que empieza a incomodar a buena parte de los asistentes y no solo a los m&aacute;s puristas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ir a un festival a pasarlo bien sin importar quien toque es válido, siempre que se mantenga un respeto a artistas y público. El enfado de un músico cuando es ignorado puede ser comprensible hasta cierto punto (...) Si aceptas participar en ciertos festivales convertidos en otra cosa, tienes que saber a lo que te arriesgas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Antonio Mata</span>
                                        <span>—</span> coorganizador del Canela Party
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>La m&uacute;sica o la experiencia</strong></h3><p class="article-text">
        Uno de los pocos estudios sobre la cuesti&oacute;n, <a href="https://shura.shu.ac.uk/10365/1/Capturing_Emotion._Accepted_February_2014.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llevado a cabo en 2014 por la Universidad de Sheffield</a>, dibuja, a partir de decenas de entrevistas, un esquema de las emociones que surgen entre los asistentes a festivales. Seg&uacute;n este modelo, el p&uacute;blico que vive estresado o saturado por su ritmo de trabajo experimenta una sensaci&oacute;n de anticipaci&oacute;n desde varios d&iacute;as antes del evento, que unas horas antes se convierte en expectaci&oacute;n y, ya despu&eacute;s de la experiencia, en satisfacci&oacute;n asociada a ciertos recuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        Tal y como indica el <em>paper</em>, introducirse en un ciclo as&iacute; puede ser muy beneficioso para cualquier marca que comercialice productos relacionados con el placer o el hedonismo. Pero no son solo las empresas, especialmente las comercializadoras de bebidas alcoh&oacute;licas, las que han convertido los festivales en escaparates. La obsesi&oacute;n con la marca personal (que convierte a cada ciudadano en vendedor de s&iacute; mismo), tambi&eacute;n empuja a muchos asistentes a un lugar del que esperan extraer cierto reconocimiento o capital social; es el caso de las <em>celebrities</em> en el Coachella o el Burning Man y de tantos asistentes an&oacute;nimos que exhiben en redes su capacidad para introducirse en esos entornos tan exclusivos.
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                    alt="Damon Albarn (Blur) se enfada con el público del Coachella por no saberse la canción (2024)."
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            <span class="title">
                Damon Albarn (Blur) se enfada con el público del Coachella por no saberse la canción (2024).                            </span>
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        Por supuesto, adem&aacute;s de la rentabilidad (buscada por los patrocinadores y por particulares obsesionados con esta marca personal), existe otro motivo m&aacute;s all&aacute; de la m&uacute;sica para acudir a un festival: las ganas de fiesta. Bien sea un cumplea&ntilde;os, una <a href="https://www.eldiario.es/era/despedidas-de-solteros_1_10979762.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">despedida de soltero</a> o una graduaci&oacute;n, el festival ofrece una fiesta m&aacute;s grande en la que integrar una celebraci&oacute;n que pudo haber sido privada. &ldquo;Ir a un festival a pasarlo bien sin importar quien toque es v&aacute;lido, siempre y cuando se mantenga un respeto a los artistas y al resto del p&uacute;blico. El enfado de un m&uacute;sico cuando es ignorado puede ser comprensible hasta cierto punto, aunque hay que mantener siempre la humildad y saber d&oacute;nde est&aacute;s tocando. Si aceptas participar en ciertos festivales convertidos en otra cosa, tienes que saber a lo que te arriesgas&rdquo;, comenta Antonio Mata, cofundador y coorganizador del <a href="https://canelaparty.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canela Party</a>.
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sicos como Pol Rodellar, del <a href="https://mujeres.bandcamp.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupo barcelon&eacute;s Mujeres</a>, tampoco se han llegado a enfadar jam&aacute;s con su p&uacute;blico: &ldquo;Nosotros hacemos una m&uacute;sica bastante bailable y disfrutable sin ser vergonzosa, as&iacute; que la gente, nos conozca o no, goza del directo y se deja llevar. Pero es parte de este trabajo sobrellevar ciertas situaciones inc&oacute;modas y nos ha pasado: no todo son focos y &eacute;xito, a veces toca hacer un concierto inc&oacute;modo en una boda, otras un evento de mierda de una marca o en una fiesta de empresa y otras tocar en un festival a primera hora con medio p&uacute;blico cogiendo sitio para ver el cabeza de cartel. Son males muy menores comparados con el tedio de la oficina, la dureza de currar en una f&aacute;brica o el tener que aguantar el cretinismo de ciertos jefes&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El crecimiento casi exponencial de la competencia hace que los festivales deban ofrecer más cosas aparte de la música para diferenciarse del resto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joan Vich Montaner</span>
                                        <span>—</span> trabajador del FIB durante 25 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde <a href="https://melenas.bandcamp.com/album/ahora-remixes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Melenas</a>, otra <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/melenas-echamos-mujeres-produccion-estudios-grabacion_1_11253895.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">banda acostumbrada a girar por festivales de toda Europa</a>, coinciden: la culpa, si algo no va seg&uacute;n lo previsto, nunca es del p&uacute;blico. &ldquo;Los festivales tienen mucho m&aacute;s aforo que una sala as&iacute; que es normal que haya gente que vaya m&aacute;s por la experiencia social y festiva, y que con ver a dos o tres grupos les baste. Alguna vez nos hemos encontrado con una audiencia un poco m&aacute;s dispersa &mdash;recuerdan desde la banda de Pamplona&mdash;, que quiz&aacute;s no viene a verte a ti y est&aacute; a otra cosa, pero siempre hay quien te est&aacute; descubriendo en ese momento y disfruta; y es guay percibir eso y conectar con esas personas desde el escenario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;de d&oacute;nde puede venir esa sensaci&oacute;n de que la m&uacute;sica, entre <em>foodtrucks</em> y puestos de venta, cada vez importa menos? &ldquo;El crecimiento casi exponencial de la competencia hace que los festivales deban ofrecer m&aacute;s cosas aparte de la m&uacute;sica para diferenciarse del resto&rdquo;, explica <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/operacion-corazon-abierto-festival-benicassim_1_9239273.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joan Vich Montaner, con 25 a&ntilde;os de experiencia en el FIB</a>, en el que ha desempe&ntilde;ado todo tipo de labores (incluida la de director) y cuya cr&oacute;nica emocional del periplo narra en <a href="https://www.librosdelko.com/collections/joan-vich" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Aqu&iacute; viv&iacute;a yo</em></a><a href="https://www.librosdelko.com/collections/joan-vich" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (Libros del KO)</a>.&nbsp;&ldquo;Es preferible eso a la lucha por las exclusivas de artistas &mdash;contin&uacute;a&mdash;. Si mejora o no la experiencia es una sensaci&oacute;n subjetiva, a m&iacute; personalmente me suele molestar todo lo que se escape de lo estrictamente musical, pero tampoco me gusta ver cinco conciertos seguidos sin tiempo a saborearlos, as&iacute; que igual ir a un festival no es lo m&aacute;s apropiado si solo quieres ver m&uacute;sica y nada m&aacute;s&rdquo;.
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            <span class="title">
                Sonorama (Aranda del Duero, Burgos).                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Los malabarismos de los organizadores</strong></h3><p class="article-text">
        Acceder hoy al recinto de un festival supone entrar en un espacio repleto de publicidad, donde cada cent&iacute;metro cuadrado est&aacute; cubierto por el logotipo de un patrocinador, como si cada panel junto a los escenarios fuera la carrocer&iacute;a de un F&oacute;rmula 1. Es algo que todav&iacute;a genera recelo y suspicacias, pero que replica lo que tambi&eacute;n sucede afuera, como apunta Rodellar: &ldquo;Casi todo a nuestro alrededor funciona as&iacute;, la diferencia es que en los festivales la presencia de las marcas y los patrocinadores se evidencia mucho m&aacute;s y, qu&eacute; diablos, siempre apetece criticar este noviazgo de la cosa cultural con la cosa capitalista&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los festivales tienen mucho más aforo que una sala así que es normal que haya gente que vaya más por la experiencia social y festiva, y que con ver a dos o tres grupos les baste</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Melenas</span>
                                        <span>—</span> banda
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Para muchos festivales &mdash;sigue el bajista de Mujeres&mdash;, crecer (atraer a m&aacute;s p&uacute;blico) ha supuesto recurrir a la contrataci&oacute;n de grandes cabezas de cartel muy <em>mainstream</em> que les ha obligado a ampliar el espacio y recurrir a grandes marcas para poder pagar todo este desfase. Personalmente estoy totalmente en contra del crecimiento&rdquo;. Vich coincide y apunta que muchas concesiones son necesarias para sacar adelante los proyectos m&aacute;s masivos: &ldquo;Cuanto m&aacute;s crece un proyecto, m&aacute;s concesiones va a tener que hacer. La decisi&oacute;n est&aacute; en crecer o no crecer. Y el volumen de ese crecimiento supongo que depende de la ambici&oacute;n de cada uno. Hoy en d&iacute;a me temo que las marcas son imprescindibles para poder mantener una cierta estabilidad en los proyectos y no depender &uacute;nicamente de la venta de entradas, que puede ser muy vol&aacute;til&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe un v&iacute;nculo todav&iacute;a m&aacute;s escabroso entre el circuito de festivales y el del gran capital que aquel que puedan establecer con determinadas marcas en forma de patrocinio (una pr&aacute;ctica casi inofensiva para asistentes y trabajadores): <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/festivales-espanoles-vez-manos-empresas_1_9914069.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los fondos de inversi&oacute;n han entrado de lleno en el negocio</a> y cualquier bajada en los n&uacute;meros amenaza la personalidad o la supervivencia de cada uno de los festivales que han comprado. &ldquo;El hecho de que acaparen un porcentaje cada vez mayor de los eventos a celebrar y que compitan con otros grandes grupos empresariales por quedarse con su parte del pastel provoca una concentraci&oacute;n de medios y que los costes de producci&oacute;n, incluidos los cach&eacute;s de los artistas, se inflen de forma artificial. Por otro lado, la pol&iacute;tica de imponer exclusividad en determinados artistas impide que el p&uacute;blico los pueda disfrutar en salas de conciertos, reduciendo el circuito&rdquo;, explica Mata.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los patrocinios y las ayudas p&uacute;blicas ayudan a salir adelante y reducen esa brecha, pero en nuestra opini&oacute;n no todo vale. Esos colaboradores no deben contradecir los principios de los organizadores y, por ende, del festival. No digo que sea f&aacute;cil sortear el mar de contradicciones en el que vivimos, pero s&iacute; que hay que tratar de hacerlo&rdquo;, concluye Mata, para quien la organizaci&oacute;n del Canela Party no es su actividad profesional principal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Primavera Sound 2024 (Barcelona).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Y los grupos, d&oacute;nde quedan? &iquest;Prevalecen todav&iacute;a los criterios art&iacute;sticos o mandan las agencias de <em>management?</em> &iquest;Est&aacute;n adaptando sus propuestas para encajar m&aacute;s en los grandes escenarios?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute; claro que hay artistas 'de festival' &mdash;contesta Vich&mdash;, que se pueden disfrutar o por lo menos comprender en ese contexto pero que me cuesta imaginar escuchando c&oacute;modamente en tu casa. Hay un formato que funciona y muchos, much&iacute;simos grupos que aspiran a eso (quiz&aacute; porque lo que quieren realmente es formar parte de la far&aacute;ndula, no expresarse a trav&eacute;s del arte). En cuanto a las agencias, son m&aacute;s da&ntilde;inas las exclusividades que sus condiciones. Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s estrictos con las exclusividades para los artistas, comparado con otros pa&iacute;ses de nuestro entorno, en algunos casos llegan a ser de m&aacute;s de doce meses&rdquo;. Una exclusividad tan larga, por ejemplo, impedir&iacute;a que un grupo mediano que ha tocado en un festival en determinada ciudad en mayo, pudiera regresar en diciembre de ese mismo a&ntilde;o a una sala en la misma ciudad, perjudicando tanto a la banda como a la escena local.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Está claro que hay artistas &#039;de festival&#039;, que se pueden disfrutar o por lo menos comprender en ese contexto pero que me cuesta imaginar escuchando cómodamente en tu casa. Hay un formato que funciona y muchos, muchísimos grupos que aspiran a eso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joan Vich Montanera</span>
                                        <span>—</span> autor de &#039;Aquí vivía yo&#039; (Libros del KO)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Iban oscuros bajo la noche&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        En su texto <a href="https://cajanegraeditora.com.ar/libros/raving/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Raving </em></a><a href="https://cajanegraeditora.com.ar/libros/raving/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(Caja Negra)</a>, la acad&eacute;mica y escritora McKenzie Wark compara las primeras raves con las &ldquo;situaciones construidas&rdquo; que idearon los situacionistas, es decir, con espacios y formas de relaci&oacute;n que permitir&iacute;an, mientras est&aacute;n desarroll&aacute;ndose, <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;atisbar c&oacute;mo podr&iacute;a ser la vida tras la abolici&oacute;n del espect&aacute;culo y el capitalismo&rdquo;, prefigurando la utop&iacute;a. Sumergidos de lleno en las din&aacute;micas del espect&aacute;culo y el capitalismo, los grandes festivales tienen poco o nada de &ldquo;situaci&oacute;n construida&rdquo;, pero siguen siendo lugares excepcionales donde las reglas se diluyen o cambian, sujetos a su propia l&oacute;gica y donde se manifiestan con especial viveza las contradicciones de las sociedades que los celebran.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; que, como las c&aacute;rceles y otros sistemas cerrados, los festivales se ajustan a la perfecci&oacute;n a la definici&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>heterotop&iacute;a</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que dio Michel Foucault. </span>&ldquo;Hace d&eacute;cadas se hablaba de estas ideas o de la construcci&oacute;n de ciudades ef&iacute;meras, de construir un espacio hecho para las personas donde no hab&iacute;a nada. Se levantan todas estas estructuras y todos esos equipamientos para emular una ciudad real. Al final estas ciudades ef&iacute;meras llenas de potencialidad y posibilidades han terminado cogiendo <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo peor de las ciudades: convertir el espacio transitable en un espacio vendible</a>, acentuar la diferencia de clases, apostar por <a href="https://www.eldiario.es/era/ana-geranios-verano-sin-vacaciones_128_11401278.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la turistificaci&oacute;n y convertir al ciudadano en un consumidor</a>&rdquo;, comenta Rodellar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Primavera Sound 2024 (Barcelona).                            </span>
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      <p class="quote-text">Estas ciudades efímeras llenas de potencialidad y posibilidades han terminado cogiendo lo peor de las ciudades: convertir el espacio transitable en un espacio vendible, acentuar la diferencia de clases, apostar por la turistificación y convertir al ciudadano en un consumidor</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pol Rodellar</span>
                                        <span>—</span> bajista de Mujeres
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con todo, aunque buena parte de su potencial pol&iacute;tico haya sido derrochado o desactivado y sea dif&iacute;cil que un festival comercial resulte tan significativo para sus asistentes como el Ruido Solar lo fue para las protagonistas de la novela de Ojeda, en los festivales siguen ocurriendo muchas cosas que no siempre tienen que ver con el consumo. Son lugares donde se baila con desconocidos, se convive en la zona de acampada, se siente la vibraci&oacute;n del aire cuando el bater&iacute;a pisa su pedal o se pierde a los amigos y se deambula de madrugada entre focos y altavoces como Eneas y la Sibila en los versos de Virgilio (&ldquo;iban oscuros bajo la noche sola entre las sombras&rdquo;). El tiempo nocturno tan distinto del tiempo productivo, el reencuentro con los amigos perdidos o los nuevos amigos hechos durante el proceso, siempre merecen la pena. Y es que, como concluye Joan Vich: &ldquo;El festival ha sustituido a la fiesta mayor para mucha gente&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/festivales-de-musica-como-experiencia_1_11508895.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jul 2024 20:38:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No importa el cartel, no importa la música: cómo irse de festival se ha convertido en una experiencia a explotar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festivales de música,Música,Cultura,Ocio,Tendencias,Fondos buitre,Consumo,Conciertos,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La desaparición del verano como lo conocíamos: por qué ya no vivimos las vacaciones como antes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/desaparicion-verano-conociamos-no-vivimos-vacaciones_1_11466774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3392abb-4ef3-4570-95dd-548166c851e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desaparición del verano como lo conocíamos: por qué ya no vivimos las vacaciones como antes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La condiciones de trabajo y condiciones materiales parecen conspirar contra el verano 'lento': “Los tiempos de la desconexión un mes con la familia en la playa no volverán”, afirma José Mansilla</p><p class="subtitle">Los malos turistas son los demás: ¿estamos dispuestos a dejar de ser parte del problema de la turistificación?</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que se escucha en <em>El agua,</em> la pel&iacute;cula de Elena L&oacute;pez Riera, es el canto de los grillos. Enseguida, de la oscuridad surge una fiesta y se ve a adolescentes que agitan abanicos y barras fluorescentes mientras bailan <em>Fiebre </em>de Bad Gyal. Cuando amanece, esos mismos j&oacute;venes se tumban, aburridos y cansados, en ca&ntilde;averales a orillas del R&iacute;o Segura. Chupan MDMA, apuran las &uacute;ltimas copas con desgana y uno comenta: &ldquo;Cuando acabe el verano, a m&iacute; me molar&iacute;a empezar una nueva vida&rdquo;. &ldquo;Coger lo que se escapa&rdquo;, responde su amiga. Esa fiesta ha terminado, pero el verano acaba de empezar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a ser solo una convenci&oacute;n o clich&eacute;, es decir, un recurso eficaz para armar ficciones: muchas pel&iacute;culas o novelas comienzan cuando el curso acaba, aprieta el calor, y con &eacute;l aflojan las obligaciones (o surgen otras nuevas). Pero si estas cuestiones resuenan en nosotros con una intensidad que va m&aacute;s all&aacute; de la sugesti&oacute;n del cine y la literatura es porque todos, cuando se acerca la noche de San Juan, lo notamos en mayor o menor medida: un temblor especial, un sentimiento (o emoci&oacute;n modelada por la cultura: tambi&eacute;n nos afectan los anuncios de cerveza) que se renueva cada a&ntilde;o, una ilusi&oacute;n y una euforia casi m&iacute;sticas. Llega el verano y con &eacute;l todo se transforma: las noches son m&aacute;s largas, las comidas m&aacute;s frescas, el car&aacute;cter m&aacute;s abierto y hasta los olores y los ruidos de la ciudad mejoran: algunos ratos se distinguen la dama de noche y el jazm&iacute;n o las chicharras.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todos, cuando se acerca la noche de San Juan, lo notamos en mayor o menor medida: un temblor especial, un sentimiento que se renueva cada año, una ilusión y una euforia casi místicas. Llega el verano y con él todo se transforma</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sobre todo, cambian los ritmos. El estudiante de vacaciones (y el trabajador afortunado cuyo descanso dura varias semanas) ingresan en otro tiempo: uno m&aacute;s denso, que fluye con una viscosidad distinta y que es m&aacute;s capaz, por tanto, de contener experiencias significativas o de subrayar sensaciones que habitualmente no se perciben. Pero incluso quien debe seguir produciendo, siempre que su profesi&oacute;n no est&eacute; relacionada con el turismo o con la hosteler&iacute;a, nota que a su alrededor todo se ha ralentizado: bastantes comercios han cerrado, los correos electr&oacute;nicos tardan en llegar y los horarios de trabajo se acortan. Algunas tardes, despu&eacute;s de la oficina, se puede ir a la playa o a la piscina.
    </p><p class="article-text">
        Las cosas fueron as&iacute;, de acuerdo con todas esas novelas y pel&iacute;culas (impresiona la Roma desierta de <em>Il Sorpasso</em>, estrenada en 1962) y seg&uacute;n tantos testimonios y recuerdos, al menos hasta hace pocos a&ntilde;os (o veranos). Hoy, no est&aacute; tan claro. Tal y como alerta el fil&oacute;sofo Hartmut Rosa en su <em>Teor&iacute;a general de la aceleraci&oacute;n, </em>los v&iacute;nculos temporales se han roto incluso para miembros de una misma generaci&oacute;n. Y si la vida virtual y la nueva divisi&oacute;n del trabajo est&aacute;n atomizando la experiencia del tiempo, tambi&eacute;n est&aacute;n haciendo que peligren los rituales celebrados peri&oacute;dicamente y los lazos y el sentido que generaban: se tambalea el verano de hogueras, chiringuito y horchata.
    </p><p class="article-text">
        Pero el fen&oacute;meno no es solo filos&oacute;fico o se da &uacute;nicamente en los &ldquo;cuartos propios conectados&rdquo; (la expresi&oacute;n es de Remedios Zafra) donde cada usuario experimenta un tiempo distinto a la luz de las pantallas. La excepcionalidad del verano (o de esa versi&oacute;n del verano que buscar acercarse a su propio mito) est&aacute; tambi&eacute;n amenazada, al menos en los pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos, por un sistema econ&oacute;mico que depende demasiado del turismo. En la &uacute;ltima Encuesta de Condiciones de Vida del INE, un 33,1% de los espa&ntilde;oles declar&oacute; no poder permitirse &ldquo;ir de vacaciones al menos una semana al a&ntilde;o&rdquo;. Ese porcentaje de ciudadanos sin vacaciones supera el 40% en tres comunidades aut&oacute;nomas (Andaluc&iacute;a, Canarias y Murcia) que, parad&oacute;jicamente, son algunas de las que m&aacute;s presumen de kil&oacute;metros de playa y de horas de sol.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Descansar para trabajar?</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Aquellos tiempos de la desconexi&oacute;n del verano durante un mes con toda la familia en la playa no van a volver&rdquo;, explica el antrop&oacute;logo Jos&eacute; Mansilla. &ldquo;Hay que tener en cuenta sobre qu&eacute; se constru&iacute;a eso &mdash;contin&uacute;a&mdash;. Sobre una autoexplotaci&oacute;n muy fuerte, sobre una dedicaci&oacute;n total de la mujer a los cuidados y sobre unas condiciones laborales que hoy tambi&eacute;n son escasas. Ahora no nos acordamos porque el turismo se ha diversificado mucho, pero la mercantilizaci&oacute;n del verano era para lo que se ha llamado la reproducci&oacute;n, es decir, descanso para volver con m&aacute;s ganas al trabajo. En cuanto se rompe el equilibrio entre capital y trabajo, sobre todo a partir de los a&ntilde;os setenta y ochenta, a las empresas les da igual que t&uacute; descanses, lo &uacute;nico que quieren es que est&eacute;s all&iacute; y que produzcas. Si tienes que ir a terapia, pues ya te la buscas t&uacute;, pero hay que rendir al m&aacute;ximo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La fil&oacute;sofa Josefa Ros, investigadora en la Universidad Complutense y autora de <em>La enfermedad del aburrimiento</em>, tambi&eacute;n cree que los largos periodos vacacionales est&aacute;n desapareciendo: &ldquo;Yo no recuerdo haber tenido m&aacute;s de tres d&iacute;as seguidos de vacaciones nunca&rdquo;. Eso s&iacute;, Ros defiende que cualquier momento en el que cambie la proporci&oacute;n de lo que ella llama &ldquo;tiempo del deber (dedicado a las obligaciones)&rdquo; y &ldquo;tiempo del poder (dedicado a la libre realizaci&oacute;n de las cosas que deseamos)&rdquo; ya introduce algo de veraneo entendido &ldquo;como una inversi&oacute;n de la carga de los tiempos&rdquo;. &ldquo;As&iacute; que podr&iacute;as veranear incluso dentro de tu casa &mdash;comenta la fil&oacute;sofa&mdash;, siempre que accedas a ese estado en el que el tiempo del poder es mayoritario&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fotograma de &#039;La virgen de agosto&#039;                            </span>
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        &iquest;Pero es posible reducir el tiempo dedicado a las obligaciones en alg&uacute;n momento? Cada vez menos. Al menos para aut&oacute;nomos como Crist&oacute;bal Fort&uacute;nez, dibujante, precisamente, de los Cuadernos de actividades para adultos de Blackie Books, que comenta que no es capaz de terminar una semana de vacaciones sin pensar en los trabajos que deber&iacute;a ir empezando si no quiere &ldquo;llegar agobiado a septiembre&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De nuevo, condiciones de trabajo y condiciones materiales parecen conspirar contra el verano lento, y es que aquellas segundas residencias relativamente populares entre las familias espa&ntilde;olas (un 15% sigue disponiendo de una de ellas seg&uacute;n el Banco de Espa&ntilde;a) desde los setenta (m&aacute;s de dos millones se construyeron entre 1970 y 1991) resultan inaccesibles para los grupos de edad m&aacute;s j&oacute;venes, que ni siquiera han podido adquirir su primera vivienda. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no sirven aquellas costumbres de los abuelos que cada día de vacaciones bajan a la playa a la misma hora. Ahora también tenemos que demostrar a los demás que estamos haciendo una gestión exitosa de ese tiempo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los h&aacute;bitos de consumo tampoco ayudan a que el verano se viva como antes: &ldquo;Ya no sirven aquellas costumbres de los abuelos que cada d&iacute;a de vacaciones bajan a la playa a la misma hora o a la misma hora se acuestan para dormir la siesta, formando una rutina&rdquo;, contin&uacute;a Ros. &ldquo;Nuestra tendencia en la actualidad no es solo la de disfrutar del tiempo del poder. Hay m&aacute;s: tambi&eacute;n tenemos que demostrar a los dem&aacute;s que estamos haciendo una gesti&oacute;n exitosa de ese tiempo. Es una manera de autoafirmarnos: el mundo debe saber que estamos aprovechando bien ese recurso tan escaso e improbable que es nuestro tiempo de vida. Lo &uacute;ltimo que queremos es tener la sensaci&oacute;n de que estamos desperdiciando el tiempo. La temporalidad lenta y viscosa ya no sirve para colmar esa necesidad actual de completar un &aacute;lbum de experiencias &uacute;nico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Instagram, cuya mec&aacute;nica es, efectivamente, la del viejo &aacute;lbum, es el ejemplo m&aacute;s socorrido para ilustrar todo lo anterior, pero tambi&eacute;n sirve para comprobar c&oacute;mo la falta de sincronizaci&oacute;n con la que se organiza el a&ntilde;o diluye un poco la experiencia del verano. Cualquier d&iacute;a de la semana, durante cualquier &eacute;poca del a&ntilde;o, alguno de nuestros contactos (quiz&aacute; nosotros mismos) estar&aacute; de viaje, generando la sensaci&oacute;n de que cualquier momento es susceptible de convertirse en vacaciones y es que, seg&uacute;n explica Mansilla: &ldquo;En cuanto la industria tur&iacute;stica comienza a desbordar los patrones del fordismo para continuar creciendo necesita que la gente no solo viaje en verano, sino que viaje en cualquier momento (esa famosa palabra: la desestacionalizaci&oacute;n). Ahora ya no se confunde veranear con viajar, sino viajar con cualquier cosa&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vista general de la playa de Levante de Benidorm el pasado mayo. EFE/Morell                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Un estado de &aacute;nimo, un mito contempor&aacute;neo</h3><p class="article-text">
        En su ensayo <em>Los demonios del mediod&iacute;a</em>, el escritor y soci&oacute;logo Roger Caillois explica que los demonios, seg&uacute;n la tradici&oacute;n mediterr&aacute;nea, suelen aparecer en verano, justo cuando &ldquo;con el sol en su c&eacute;nit, las cosas no arrojan sombra&rdquo;. La posible presencia de sirenas, lot&oacute;fagos, &iacute;ncubos y s&uacute;cubos (y tambi&eacute;n de las cigarras, consagradas en la Antigua Grecia a Apolo) daban a las horas de m&aacute;s calor un car&aacute;cter sobrehumano y maravilloso. El mito del verano contempor&aacute;neo no incluye a criaturas fant&aacute;sticas y est&aacute; construido, m&aacute;s bien, con vidrio, cemento y crema solar, pero conserva esa inclinaci&oacute;n hacia lo inesperado y lo ins&oacute;lito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Oriol Villar, creativo publicitario y guionista, es el responsable de la campa&ntilde;a Mediterr&aacute;neamente, de Estrella Damm y lleva, por tanto, m&aacute;s de quince a&ntilde;os desarrollando (o al menos apuntalando) la idea de verano en el imaginario espa&ntilde;ol. &ldquo;Ya es evidente que nuestro spot es un rito &mdash;declara&mdash;. Antes de que llegue el solsticio, cuando est&aacute; a punto de llegar el verano, enviamos el mensaje de que hay que disfrutarlo. Si sale antes, muchos estudiantes que preparan la Selectividad nos responsabilizan de sus malas notas, dicen que las ganas de largarse les genera un despiste. Pero en general, creo que te da un extra de fuerza para aguantar hasta las vacaciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Preguntado por la objeci&oacute;n m&aacute;s habitual que se pone a sus anuncios (&ldquo;nadie vive nunca un verano tan perfecto&rdquo;), Villar responde que es consciente de ello y comprende &ldquo;que ning&uacute;n verano es tan bonito&rdquo;, pero no cree que sus trabajos &ldquo;sean m&aacute;s irreales que la suma de recuerdos que alguien puede tener en la cabeza de sus mejores veranos&rdquo;. &ldquo;Cuando se trata de c&oacute;mo recordar el verano, funcionamos como en los res&uacute;menes de los partidos de f&uacute;tbol y nosotros solo tenemos tres minutos, as&iacute; que mostramos los <em>highlights</em>; somos como los editores de todas esas im&aacute;genes positivas que t&uacute; has podido grabar durante uno o varios veranos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por motivos evidentes, algo que nunca aparece en los spots de las cerveceras son esos periodos de aburrimiento que, al menos hasta hace poco, resultaban inherentes al verano. &ldquo;Yo suelo explicarme el aburrimiento como tener hambre y no saber de qu&eacute;. Y justo en ese sentido creo que no hay que estar siempre saciados/as, que es lo que nos ocurre, tenemos una sobreabundancia de cosas que nos hace sentir llenas sin saber apreciar un poco las ganas, porque ya ni las tenemos, de puro hartazgo y facilidad&rdquo;, declara la fil&oacute;sofa y escritora Azahara Alonso, autora de <em>Gozo</em>. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fotograma de la película &#039;Manolito Gafotas&#039;                            </span>
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        Eso s&iacute;, cuando asociamos el verano con un aburrimiento de naturaleza positiva (ese que ayudaba, por ejemplo, a completar largas lecturas), quiz&aacute; estamos, m&aacute;s bien, buscando recuperar el tiempo de la infancia, cuando, entre otras cosas, depend&iacute;amos menos de las pantallas: &ldquo;Yo s&iacute; los confundo, pienso que felizmente &mdash;contin&uacute;a Alonso&mdash;. En la infancia y en la adolescencia mi forma de vivir era en general m&aacute;s despreocupada y por eso no ten&iacute;a prisa, el tiempo era m&aacute;s pl&aacute;stico y flexible, especialmente en los veranos, donde dispon&iacute;a de m&aacute;s libertad de movimiento&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si además te pasas una gran parte del verano mirando el móvil por trabajo o por inercia, tu tiempo libre desaparece haciendo exactamente lo mismo que el resto del año</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otra vez, el trabajo es el factor que m&aacute;s nos aleja de aquella libertad a&ntilde;orada y es que, aunque distintas sentencias dictadas en Espa&ntilde;a protegen el derecho a la &ldquo;desconexi&oacute;n digital&rdquo; de los empleados, en la pr&aacute;ctica o para los aut&oacute;nomos, &eacute;sta casi nunca se produce y los correos electr&oacute;nicos, las llamadas y las notificaciones siguen llegando. La desconexi&oacute;n, incluso parcial, empieza a ser imposible y eso tambi&eacute;n es una amenaza para el verano: &ldquo;Puede que el verano ya no sea tan largo como era, pero es que si adem&aacute;s te pasas una gran parte del mismo mirando el m&oacute;vil (por trabajo o por inercia), tu tiempo libre desaparece haciendo exactamente lo mismo que haces el resto del a&ntilde;o&rdquo;, constata Fort&uacute;nez.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Pero alguna vez existi&oacute;?&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Bajo la canci&oacute;n <em>Summertime Sadness </em>de Lana del Rey, en Youtube, miles de comentarios hablan de nostalgia por un verano que ya no volver&aacute;. Algunos usuarios van m&aacute;s all&aacute; y escriben que la canci&oacute;n es capaz de hacerles sentir melancol&iacute;a por un verano &ldquo;que ni siquiera han vivido&rdquo;. &ldquo;Podemos sentir nostalgia y anhelo por cosas que ni siquiera sabemos c&oacute;mo han sido m&aacute;s all&aacute; de c&oacute;mo se representan en nuestra mente. Pero es que, adem&aacute;s, nuestros recuerdos est&aacute;n siempre muy distorsionados. Nuestro cerebro enseguida archiva las peores partes y las rememora de formas mucho menos v&iacute;vidas que los mejores momentos&rdquo;, expone Ros.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;el recuerdo de nuestro mejor verano es fiel a aquel verano? Contesta la fil&oacute;sofa recordando a Her&aacute;clito: &ldquo;Claro que no, el verano que recuerdas existi&oacute;, pero ese recuerdo no es fiel y no se puede reproducir o revivir. Lo &uacute;nico que no se nos permite a los humanos es quedarnos estancados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si a nivel individual es m&aacute;s que posible que aquel &ldquo;verano de tu vida&rdquo; sea un espejismo, a nivel social resulta todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil hablar de &ldquo;veranos gozosos para las clases trabajadoras&rdquo;, salvo durante periodos muy limitados. &ldquo;Es una cosa que perteneci&oacute; al fordismo, aunque todav&iacute;a hay condiciones mejores y peores. Precisamente, en las ciudades y los trabajos m&aacute;s relacionados con el turismo es donde existe mayor precariedad&rdquo;, se&ntilde;ala Mansilla, que a&ntilde;ade que ser&iacute;a ingenuo ignorar que &ldquo;el poder se manifiesta siempre, tambi&eacute;n cuando estamos de vacaciones, y uno de los elementos de ese poder son precisamente las desigualdades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la pregunta, aunque resulte aterradora, es pertinente: &iquest;este a&ntilde;o habr&aacute; verano? Con el turismo registrando m&aacute;ximos hist&oacute;ricos y previsiones de ocupaci&oacute;n de r&eacute;cord para julio y agosto, todo parece indicar que s&iacute;. Adem&aacute;s, la AEMET ya ha anunciado que, seg&uacute;n sus modelos, las temperaturas ser&aacute;n incluso m&aacute;s sofocantes que durante los mismos meses de 2023. Sin duda habr&aacute; verano, la cuesti&oacute;n es para qui&eacute;n habr&aacute; veraneo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/desaparicion-verano-conociamos-no-vivimos-vacaciones_1_11466774.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jun 2024 20:45:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La desaparición del verano como lo conocíamos: por qué ya no vivimos las vacaciones como antes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones,Tiempo,Trabajo,verano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["El silencio y la desconexión digital son un lujo": el malestar de una sociedad que enferma por el ruido constante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/silencio-desconexion-digital-son-lujo_1_11265780.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f29dd11-efe0-4e48-8966-feae4f3c93f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;El silencio y la desconexión digital son un lujo&quot;: el malestar de una sociedad que enferma por el ruido constante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pedro Bravo publica '¡Silencio! Manifiesto contra el ruido, la inquietud y la prisa' (En Debate), un ensayo conciso que ofrece un recorrido por todos esos males contemporáneos que, precisamente porque ya lo impregnan todo, resultan inaudibles en medio del estruendo</p><p class="subtitle">Dejarlo todo para ganar 15 euros al mes: la trampa de los pseudogurús de la libertad financiera que captan a jóvenes</p></div><p class="article-text">
        No est&aacute; bien empezar una pieza espantando lectores, pero Pedro Bravo avisa, tanto sobre su libro como sobre esta entrevista: decepcionar&aacute;n a quienes busquen soluciones. En cambio, quien necesite palabras para nombrar muchos de sus propios malestares y de los que detecta su alrededor, har&aacute; bien en asomarse a <a href="https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/336105-ebook-silencio-9788419951281" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iexcl;Silencio! Manifiesto contra el ruido, la inquietud y la prisa</em></a><a href="https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/336105-ebook-silencio-9788419951281" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>(En Debate). 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Silencio! </em>es un recorrido a trav&eacute;s de todos esos males contempor&aacute;neos que, precisamente porque ya lo impregnan todo, resultan invisibles &ndash;o, perd&oacute;n por el sesgo visual, inaudibles en medio del estruendo&ndash;. Y es que el texto se aprovecha del concepto que le da t&iacute;tulo y de su opuesto (el ruido) para se&ntilde;alar en muchas direcciones, incluidas las m&aacute;s literales: este peque&ntilde;o ensayo comienza explicando c&oacute;mo el ruido urbano se enmascara a s&iacute; mismo y nos enferma.
    </p><p class="article-text">
        Con la misma perversidad con la que se comporta este ruido (procedente de los coches, de las f&aacute;bricas y de cada proceso productivo), otros fen&oacute;menos similares e igual de indeseables (la prisa, la distracci&oacute;n o la autoexigencia) tambi&eacute;n terminan confundidos con nosotros mismos, con nuestras rutinas o con nuestros deseos. Solo mediante la atenci&oacute;n, defiende Bravo, seremos capaces de detectarlos, aislarlos y resistirnos a ellos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la f&oacute;rmula parece sencilla: atender para resistir y resistir para que empiecen a cambiar las cosas. Aqu&iacute; est&aacute; desarrollada de forma breve y directa, lejos de otros ensayos que necesitan cientos de p&aacute;ginas para arropar un &uacute;nico hallazgo de inter&eacute;s. En <em>&iexcl;Silencio!</em> los cap&iacute;tulos son cortos, todos tienen la misma importancia y el final es casi abrupto. El autor &ndash;no pod&iacute;a ser de otro modo&ndash; se calla pronto, pero, eso s&iacute;, deja tras de s&iacute; decenas de referencias y un silencio f&eacute;rtil.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El formato de este libro es una media distancia muy manejable en unos tiempos sin apenas revistas para temas ambiciosos en los que, del otro lado, tambi&eacute;n abundan los ensayos que se alargan demasiado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi libro queda un poco en el l&iacute;mite, no es largo, pero quiz&aacute; no sea lo suficientemente corto, aunque aguanta bien este tama&ntilde;o. Soy malo calculando palabras, pero debe de estar alrededor de 30.000. En la industria editorial como en la audiovisual, a veces se alargan los productos precisamente porque son productos y as&iacute; resultan m&aacute;s rentables. Adem&aacute;s, tenemos poco tiempo y hay mucho ruido, as&iacute; que para que un ensayo aguante una lectura larga tiene que ser muy bueno, como Piketty, que adem&aacute;s tiene un p&uacute;blico cautivo. Tambi&eacute;n cuentan las dificultades para escribirlo: quienes escribimos, en cuanto a precariedad, estamos tan mal como los <em>riders</em> de Glovo. Ojal&aacute; pudi&eacute;ramos todos escribir libros largos, pero la mayor&iacute;a lo tenemos que hacer robando horas a las cosas con las que realmente nos ganamos la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quienes escribimos, en cuanto a precariedad, estamos tan mal como los &#039;riders&#039; de Glovo. Ojalá pudiéramos todos escribir libros largos, pero la mayoría lo tenemos que hacer robando horas a las cosas con las que realmente nos ganamos la vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En la parte inicial hablas sobre </strong><a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/tu-mejor-yo/contaminacion-acustica-consecuencias-salud_1_10546418.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>el ruido como fen&oacute;meno f&iacute;sico</strong></a><strong> (y social). Un peaje que pagamos sin pensar en &eacute;l, pero sufriendo sus efectos nocivos. &iquest;Es quiz&aacute; el efecto m&aacute;s inmediato de una forma de vida que proyecta el resto de externalidades negativas m&aacute;s lejos (contaminaci&oacute;n, desigualdad&hellip;)?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El ruido f&iacute;sico es consecuencia de procesos industriales, causa o efecto de procesos econ&oacute;micos, y, en el fondo, todos esos procesos son siempre producto de <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ciudad como modelo econ&oacute;mico</a> que conquista otros territorios. Desde las ciudades emitimos el imperialismo sonoro (un concepto de Murray Schafer) y el ruido se concentra en ellas. Sometemos a la apisonadora del estruendo urbano incluso a la naturaleza salvaje sobre la que pasan aviones, pero es en el propio espacio urbano donde m&aacute;s lo sufrimos. Ni siquiera nos damos cuenta porque es tan constante, permanente y alto que no lo percibimos, y es que el ruido se esconde en s&iacute; mismo para hacernos da&ntilde;o. Por ejemplo, el paso de los coches constante nos enferma. Hay gente que est&aacute; tan acostumbrada al sonido de los coches que no puede dormir sin &eacute;l y lo compara con la playa. Ya, pero ese es un contexto natural ante el que tu cuerpo reacciona con tranquilidad; en cambio, el ruido de los coches produce una alerta o un estr&eacute;s innecesarios y tu sistema inmunol&oacute;gico se resiente. Se puede parecer al ruido de la playa, pero es justo lo contrario porque te enferma.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/bece0f1f-868a-4fb5-aa39-d4db761f7db9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Todo ese ruido resulta de un sistema econ&oacute;mico basado en el crecimiento que obliga a acelerar cada vez m&aacute;s. &iquest;Estamos no solo acelerando, sino devor&aacute;ndonos a nosotros mismos? </strong><a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/mapa-miles-locales-madrid-han-convertido-viviendas-alza-precios-pandemia-turismo_1_11212200.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Pisos en locales</strong></a><strong>, ajustes cada vez mayores para m&aacute;rgenes m&aacute;s peque&ntilde;os&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un modelo que consiste en el aprovechamiento de lo que queda. Pero creo que existen varias capas en eso tan impersonal que llamamos modelo econ&oacute;mico. Incluso empresas como Uber tienen varias capas de comportamiento. La primera es algo que suelo llamar 'capitalismo ficci&oacute;n': una traslaci&oacute;n del relato a la econom&iacute;a. Esas empresas van de ronda de financiaci&oacute;n en ronda de financiaci&oacute;n sin demostrar nunca su rentabilidad. Adem&aacute;s, muchas empresas de la presunta nueva econom&iacute;a tienen una facilidad pasmosa para saltarse descaradamente las legislaciones locales: <a href="https://www.eldiario.es/economia/trabajo-multa-primera-vez-glovo-incumplir-ley-rider-falsos-autonomos_1_10847863.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Glovo incumple la Ley Rider</a>, igual que Airbnb hace a&ntilde;os no quiso entregar las cuentas al Ministerio de Hacienda. Y en el modelo econ&oacute;mico tambi&eacute;n hay dos capas: un proceso de innovaci&oacute;n y de aceleraci&oacute;n muy tecnol&oacute;gico y mediado por los intereses de las empresas, no por los del bien com&uacute;n y un comportamiento mucho m&aacute;s l&iacute;quido para reba&ntilde;arlo todo (peque&ntilde;os locales, los resquicios o las peque&ntilde;as lentitudes de la ley), porque el modelo es muy r&aacute;pido y la burocracia legislativa, muy lenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, hay un modelo acelerado que tiene que ver con la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n, la inteligencia artificial, la gesti&oacute;n de los datos o la salud y luego est&aacute; ese capitalismo que se extiende como un alien&iacute;gena hasta cualquier rinc&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hasta qu&eacute; punto las redes sociales transmiten la idea de que no podemos parar nunca de construirnos? &iquest;C&oacute;mo detenernos cuando la sensaci&oacute;n es la de que hay una competencia feroz por espacios y recursos cada vez m&aacute;s limitados?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchos estamos anhelando ese momento en que no necesitemos contarlo todo por redes sociales. Anhelamos ese momento en que no necesitemos hablar todo el rato de nosotros mismos para ganarnos mejor la vida. A partir de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-no-seas-tu-mismo/334856" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una reflexi&oacute;n de Eudald Espluga</a>, explico que el hecho de que todos seamos unas peque&ntilde;as <em>startups</em> de nosotros mismos nos hace muy pesados. Yo mismo lo soy: tendr&eacute; que compartir esta entrevista en cuanto la publiques y, seguramente, por dentro estar&eacute; pensando &ldquo;qu&eacute; pesado soy&rdquo;. Y esto, aparte de ser t&oacute;xico y nocivo, es un puto co&ntilde;azo. 
    </p><p class="article-text">
        El silencio siempre ha sido un lujo porque cuando el ruido se expande por las ciudades, los que manejan los medios de producci&oacute;n se a&iacute;slan en el campo o en grandes casas. Pues con la desconexi&oacute;n [digital] sucede lo mismo: cu&aacute;ntas veces hemos le&iacute;do eso de que los hijos de los <em>popes</em> de Silicon Valley no utilizan aparatos hasta que son muy mayores. Eso solo se lo pueden permitir ellos porque aqu&iacute; enseguida tenemos que darle el m&oacute;vil al ni&ntilde;o para poder trabajar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El paso de los coches constante nos enferma. Hay gente que está tan acostumbrada al sonido de los coches que no puede dormir sin él y lo compara con la playa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Hasta qu&eacute; punto los Bartleby o quienes renuncian pueden estar conden&aacute;ndose a arbitrariedades y dependencias peores. &iquest;Qu&eacute; opinas de eso de que la clase obrera solo dispone de su fuerza de trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno de <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gran-dimision_129_8511692.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Gran Renuncia</a> no solo tiene que ver con lo laboral, sino tambi&eacute;n con todo lo de alrededor, como la emergencia habitacional. Si trabajas en una cafeter&iacute;a y tienes que recorrer 80 kil&oacute;metros cada d&iacute;a, te vas a plantear dejarlo. Buena parte de la Gran Renuncia tiene que ver con esos procesos transversales y complejos. Eso s&iacute;, tambi&eacute;n hace falta preguntarse &ldquo;qu&eacute; trabajo&rdquo;. Aqu&iacute; pongo el ejemplo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/wim-wenders-harto-desesperado-mundo_1_10829823.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Perfect Days</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/wim-wenders-harto-desesperado-mundo_1_10829823.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, de Wim Wenders</a>. Es una pel&iacute;cula que recoge un esp&iacute;ritu de resistencia y disidencia ante la presi&oacute;n. El protagonista est&aacute; en lo m&aacute;s bajo de la escala social, porque limpia ba&ntilde;os, pero trabaja como un artesano. En el libro escribo contra <a href="https://www.eldiario.es/economia/eduardo-vara-vocacion-excusa-trabajadores-comprometan-razonable_128_11243701.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el trabajo como trampa</a> y, sin embargo, podr&iacute;a desarrollar una mirada admirativa hacia este personaje. Cualquier trabajo que nos guste puede ser ese trabajo que nos hace mejores. Pero no s&eacute; qu&eacute; bien nos hacen todos estos trabajos que son para ganarnos la vida o para crear marca personal. Creo que forman parte de la trampa general. De hecho, Richard Sennet lleva contando desde hace a&ntilde;os que hay cada vez <a href="https://www.eldiario.es/era/el-descontento-generacional-trabajo_128_10844835.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">menos fidelidad a las empresas o a los trabajos</a>; el proceso de la Gran Renuncia no es nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, aparece tambi&eacute;n en </strong><em><strong>Bullshit jobs </strong></em><strong>de David Graeber: enviar e-mails todo el rato, en trabajos que no aportan nada ni a ti ni a la sociedad, como guarder&iacute;as para adultos. Adem&aacute;s, tampoco es que el sistema est&eacute; cumpliendo sus propias promesas&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y por a&ntilde;adidura llega la inteligencia artificial para hacer trabajos, dentro de unos a&ntilde;os, como el tuyo y como el m&iacute;o. Entonces, todo este esfuerzo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y siglos, &iquest;para qu&eacute;? Ese orgullo personal de haber hecho el trabajo muy bien, &iquest;d&oacute;nde queda? Ese trabajo tan importante, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;? Y hay una tendencia muy generalizada a pensar en el <em>homo</em> como el <em>homo faber</em>, y yo no s&eacute; si es as&iacute;: nuestra gen&eacute;tica es de animal, aunque pensemos que no somos animales; estamos dise&ntilde;ados para cazar, para recolectar, y eso no es trabajar, eso es otra cosa, por eso nos salen dolores en las manos, etc. Yo no soy proselitista del <em>homo faber</em>, yo creo que nosotros tambi&eacute;n podemos vivir sin trabajar perfectamente, dedicados a la contemplaci&oacute;n, a la conversaci&oacute;n, a entender el entorno y a hacer otras cosas; lo que pasa es que, dicho esto, es absolutamente imposible. Yo digo esto, pero cuelgo y tengo que acompa&ntilde;ar a mi hijo al m&eacute;dico y lo que tengo que hacer es trabajar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y este enfado se puede canalizar impugn&aacute;ndolo todo, o como </strong><a href="https://www.eldiario.es/era/llados-canovas-trampa-gurus-libertad-financiera_1_11255546.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>esos gur&uacute;s pintorescos que lo que piden es acelerar m&aacute;s, madrugar m&aacute;s y hacer flexiones&hellip;</strong></a><strong> No s&eacute; si conoces este fen&oacute;meno y lo consideras preocupante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En todos los <em>streamers</em>, sean del g&eacute;nero que sean, hay un rasgo com&uacute;n: el rollo de salir de la zona de confort, de venderse a s&iacute; mismos a trav&eacute;s del esfuerzo que hacen para su canal. Enseguida te ense&ntilde;an su casa, su coche o esa cosa dorada que da YouTube por tener no s&eacute; cu&aacute;ntos seguidores. Transmiten un individualismo y una cultura del esfuerzo que no se han inventado ellos pero que est&aacute;n desarrollando. Y es que los <em>youtubers</em> de <em>fitness</em> hablan de <em>fitness</em> y de eso; los de tatuajes, de tatuajes y de eso; los de pol&iacute;tica, de pol&iacute;tica y de eso; es decir, todos hablan desde el individualismo y hacen proselitismo de la cultura del esfuerzo. Y siempre hablan desde su primer plano. Eso va a forjar un car&aacute;cter y cierta incredulidad ante los datos que demuestran que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ascensor-social-educacion-roto-vidas-marcadas-codigo-postal-cuna_1_10347009.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el ascensor social est&aacute; roto</a>. Eso s&iacute;, ellos no son los responsables, esto es un proceso hist&oacute;rico. La realidad es que cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil ascender en la escala social y, sin embargo, toda esta cultura proyecta la impresi&oacute;n de que la gente est&aacute; haci&eacute;ndose rica sin parar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Muchos estamos anhelando ese momento en que no necesitemos contarlo todo por redes sociales. Anhelamos ese momento en que no necesitemos hablar todo el rato de nosotros mismos para ganarnos mejor la vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; trampa hay en esas proyecciones que hacemos sobre un pasado imaginado en el que todo era m&aacute;s f&aacute;cil? &iquest;Hay algo que recuperar del pasado fordista? Tambi&eacute;n estamos enfangados en una discusi&oacute;n permanente sobre c&oacute;mo se viv&iacute;a antes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, yo no soy nada nost&aacute;lgico. He escrito un libro que con la excusa del silencio es un poco punki y antisistema, va contra todo. De hecho, todos los cap&iacute;tulos van contra algo y, al final, en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, hago lo que no se espera de un escritor de ensayo, que es decir: &ldquo;Yo no voy a aportar soluciones y no voy a decir ni lo que hay que hacer ni que debemos volver atr&aacute;s&rdquo;. No volver&iacute;a ni a la &eacute;poca fordista, ni a la anterior a la revoluci&oacute;n industrial. Lo que sugiero es que estemos m&aacute;s conectados con nosotros mismos y con el entorno. Y creo que el camino es el silencio como resistencia al ruido, a la velocidad, a la prisa y a la inquietud. No propongo que seamos lamas en un monasterio budista, sino que nos demos cuenta de que, yendo m&aacute;s despacio, tambi&eacute;n estamos m&aacute;s atentos a los otros y a lo otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; cito a Simone Weil y a Amador Fern&aacute;ndez Savater, que relacionan la atenci&oacute;n con el amor. Si atender es poner el foco en algo o en alguien, pero tambi&eacute;n cuidar de algo o de alguien, existe una l&iacute;nea de ida y vuelta que conecta con el amor: atender es amar y amar es atender. Si estamos en la era del ruido, la inquietud y la prisa, estamos distra&iacute;dos y, por lo tanto, no estamos atentos, as&iacute; que tampoco estamos am&aacute;ndonos de verdad. Creo que eso no es tanto regresar a una posici&oacute;n o ir hacia otra, sino encontrar nuestro sitio. &iquest;Es revolucionario? No, aunque he escrito un libro pol&iacute;tico en el que, a diferencia de mucha gente de los movimientos sociales defiendo que es bueno atenderse a uno mismo para que el cambio termine yendo de lo individual a lo colectivo. Evidentemente, no estoy proponiendo soluciones a todos nuestros problemas, pero qu&eacute; voy a proponer yo; c&oacute;mo un se&ntilde;or que escribe en sus ratos libres un libro de 168 p&aacute;ginas va a dar soluciones concretas a la gente.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El silencio siempre ha sido un lujo porque cuando el ruido se expande por las ciudades, los que manejan los medios de producción se aíslan en el campo o en grandes casas. Pues con la desconexión [digital] sucede lo mismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Defiendes que no pasa nada por ser pesimista. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, dentro del ecologismo, se est&aacute; debatiendo sobre si es mejor comunicar la gravedad y la inminencia del colapso medioambiental u ofrecer perspectivas m&aacute;s esperanzadoras. &iquest;C&oacute;mo te posicionas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vemos el colapso como si fuera un evento, cuando es un proceso, y no me atrever&iacute;a a decir que no est&eacute; sucediendo ya: un colapso no solo clim&aacute;tico sino tambi&eacute;n econ&oacute;mico. Llevamos m&aacute;s de la mitad de nuestras vidas hablando de esto, con la sensaci&oacute;n de que el futuro es imposible. Lo que sostengo es que en estas circunstancias el optimismo es un imperativo del modelo y del sistema. As&iacute; que las argumentaciones de Emilio Santiago y otros ecologistas o de quien, en una reuni&oacute;n, llama cenizos a quien dice las cosas como son, responden a dos fen&oacute;menos: nuestro cerebro funciona convirtiendo la vida en relatos que acaban bien. Los relatos a los que estamos acostumbrados, incluso los sue&ntilde;os, nos ense&ntilde;an que alguien vendr&aacute; a salvarnos. Y el otro: decir que somos capaces de arreglarlo tiene que ver con nuestro antropocentrismo narcisista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad piensa que hemos venido a ser los m&aacute;s listos del planeta, a esclavizar al resto de seres, a carg&aacute;rnoslos y, adem&aacute;s, decimos que a &uacute;ltima hora seremos capaces de salvarlo. Suena demasiado a guion, cuando la vida es una sucesi&oacute;n de casualidades. El optimismo solo obliga a acelerar. Y sostengo, como sostiene Lynn Margulis, que si el final de todo individuo es morir, cuanto m&aacute;s r&aacute;pido vayas, antes llega ese fin. Lo que se dec&iacute;a en la &eacute;poca del punk (&ldquo;deja un cad&aacute;ver bonito&rdquo;) nos cuadra bastante como especie. Llevamos en el planeta una cantidad de tiempo min&uacute;scula y ya pensamos que estamos en un proceso de extinci&oacute;n. Pero, por fuerte que suene&hellip; &iquest;y qu&eacute;? &iquest;Cu&aacute;l es el problema si desaparecemos como especie? Si la mayor parte de las especies, no solo las que nos hemos cargado nosotros, han ido desapareciendo. Si cada uno de nosotros vamos a morir. &iquest;Y qu&eacute;? Ese optimismo en muchos casos es forzado para no alarmar, pero igual no nos merecemos salvarnos a nosotros mismos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/silencio-desconexion-digital-son-lujo_1_11265780.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2024 19:26:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["El silencio y la desconexión digital son un lujo": el malestar de una sociedad que enferma por el ruido constante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ruido,Libros,Literatura,Ensayos,Sociedad,Tecnología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De 'Callejeros' a YouTube: cómo el contenido sobre barriadas y territorios empobrecidos actualiza viejos estigmas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/callejeros-youtube-contenido-barriadas-empobrecidos-sesgos-estigmas_1_11241048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa4309fa-21f2-456a-bd59-6841be0ac9f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De &#039;Callejeros&#039; a YouTube: cómo el contenido sobre barriadas y territorios empobrecidos actualiza viejos estigmas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El discurso dominante sobre las zonas invisibles de la ciudad (o visibles solo a través de la rentabilización mediática de la violencia) no es inocente y contribuye, en forma de bucle perverso, al mismo deterioro que solo muy superficialmente estaría denunciando</p><p class="subtitle">"La precariedad infantiliza": por qué la generación de quienes rondan la treintena no termina de sentirse adulta</p></div><p class="article-text">
        En uno de sus v&iacute;deos, Guillem, m&aacute;s conocido como BCN A PIE DE CALLE (su nombre de usuario en YouTube, donde tiene 145.000 suscriptores) entrevista a Raquel, una joven estudiante de periodismo que pasa la tarde junto a sus amigos <a href="https://www.youtube.com/watch?v=a_xhpFtaXT4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el barrio de Los Pajaritos, en Sevilla</a>. Guillem le pregunta si considera que <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/callejeros-nueva-temporada-cuatro-reportajes-fecha-estreno-vecinos-molestos_1_10976486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el programa </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/callejeros-nueva-temporada-cuatro-reportajes-fecha-estreno-vecinos-molestos_1_10976486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Callejeros</em></a> es periodismo. Raquel lo tiene claro: por lo que a ella respecta, ni <em>Callejeros</em> ni proyectos similares lo son. &ldquo;El periodismo necesita hechos veraces y que no se oculte o se modifique la informaci&oacute;n, y eso aqu&iacute; lo hacen mucho&rdquo;, zanja la joven.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se busca &ldquo;barrio de Los Pajaritos Sevilla&rdquo; en Google algunas de las primeras entradas tienen por titular &ldquo;los ni&ntilde;os crecen entre drogas, crimen y pobreza&rdquo; (Telecinco) o &ldquo;ME QUIEREN PEGAR en el BARRIO con M&Aacute;S HOMICIDIOS de SEVILLA&rdquo; (Zazza, otro <em>youtuber</em> muy popular). Los Pajaritos es una de las zonas con menos renta de Espa&ntilde;a, pero como pretenden demostrar trabajos como el de Guillem, alejado en su enfoque de los ejemplos anteriores, all&iacute;, adem&aacute;s de pobreza, hay mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.akal.com/libro/los-condenados-de-la-ciudad_52918/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y estado</em></a><em> </em>(Siglo XXI, 2007) es un ensayo del soci&oacute;logo Lo&iuml;c Wacquant centrado en lo que desde fuera se conoce como &ldquo;los barrios salvajes y prohibidos de la ciudad&rdquo;: &ldquo;territorios de privaci&oacute;n y abandono de los que hay que huir y es necesario temer pues constituyen focos de violencia, vicios y disoluci&oacute;n social&rdquo;. Una de las primeras cosas que explica el franc&eacute;s es que en estas zonas, adem&aacute;s de los muchos problemas causados por &ldquo;la erosi&oacute;n de un Estado del Bienestar en retroceso en todas las metr&oacute;polis del primer mundo&rdquo;, el sesgo medi&aacute;tico termina reproduciendo la estigmatizaci&oacute;n territorial antisolidaria que, a su vez, contribuye al deterioro de las ya precarias condiciones de vida de sus habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Pierre Bourdieu lo advirti&oacute; antes cuando afirm&oacute; que &ldquo;el espacio social est&aacute; inscrito simult&aacute;neamente en las estructuras espaciales y en las estructuras mentales&rdquo; y que a partir de esas estructuras mentales surge la &ldquo;violencia simb&oacute;lica&rdquo; que medios y sociedad practican contra los habitantes de los espacios urbanos m&aacute;s desfavorecidos. O, lo que es lo mismo: el discurso dominante sobre las zonas invisibles de la ciudad (o visibles solo a trav&eacute;s de la rentabilizaci&oacute;n de la violencia) no es inocente y contribuye, en forma de bucle perverso, al mismo deterioro que solo muy superficialmente estar&iacute;a denunciando.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos ser&iacute;an interminables y podr&iacute;an incluir tanto a los higienistas bienintencionados de finales del S.XIX que con sus prejuicios alimentaron involuntariamente ciertos estigmas sobre las periferias hasta a los <em>youtubers</em> m&aacute;s recientes y no tan altruistas que estar&iacute;an ganando seguidores a costa de mostrar lo m&aacute;s escabroso de lo que sucede en las afueras. En cualquier caso, aunque la cuesti&oacute;n de la representaci&oacute;n de la pobreza &mdash;en este caso, urbana&mdash; es tan antigua como la propia prensa o el g&eacute;nero documental, Internet ha actualizado el debate y est&aacute; sirviendo como soporte para representaciones y discursos que &mdash;como en tantos otros campos&mdash; parec&iacute;an superados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El discurso dominante sobre las zonas invisibles de la ciudad (o visibles solo a través de la rentabilización de la violencia) no es inocente y contribuye, en forma de bucle perverso, al mismo deterioro que solo muy superficialmente estaría denunciando</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A la vez que el estado de bienestar se repliega y nuevos problemas de descomposici&oacute;n social aparecen y se cronifican, en la red, casi con la iron&iacute;a de aquellas estrategias fatales a las que se refer&iacute;a Baudrillard, los discursos individualistas despegan. Unos relatos que encuentran en el emprendedor solitario a su h&eacute;roe y en el desheredado o en el habitante precarizado del gueto al necesario antagonista culpable de su propia miseria.
    </p><p class="article-text">
        En el <a href="https://traficantes.net/libros/diccionario-de-las-periferias" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Diccionario de las periferias. M&eacute;todos y saberes aut&oacute;nomos desde los barrios</em></a><em>,</em> del colectivo Carabancheleando (Traficantes de Sue&ntilde;os, 2017), se dice que &ldquo;representaciones medi&aacute;ticas del tipo del programa <em>Callejeros</em> actualizan la devaluaci&oacute;n simb&oacute;lica que acompa&ntilde;a a la material&rdquo; y Pasolini escribi&oacute; hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os que &ldquo;l<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">a responsabilidad de la televisi&oacute;n en la destrucci&oacute;n de una vida propia y sustancialmente libre en las periferias es enorme. No solamente en cuanto medio t&eacute;cnico, sino en cuanto instrumento del poder y poder en s&iacute; misma&rdquo;. Tanto tiempo despu&eacute;s, cuando la econom&iacute;a de mercado ha llegado incluso m&aacute;s lejos de lo que el poeta italiano lleg&oacute; a imaginar tiene sentido sustituir la palabra &ldquo;televisi&oacute;n&rdquo; por &ldquo;YouTube&rdquo; o el programa </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Callejeros</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> por el nombre del canal de alguno de los creadores de contenido presuntamente social m&aacute;s populares. </span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text"><strong>Violencia y responsabilidad individual</strong></h3><p class="article-text">
        Elisa Brey es profesora de Sociolog&iacute;a en la Facultad de Ciencias de la Informaci&oacute;n de la UCM y cree que piezas como las de Zazza (de nuevo, el m&aacute;s conocido de quienes se internan donde &ldquo;hay peligro&rdquo;, seg&uacute;n dice en la descripci&oacute;n de su canal) no son neutras en absoluto. &ldquo;En su contenido se puede captar la espectacularizaci&oacute;n de la violencia, busca el hecho violento, la calle donde han sucedido peleas o asesinatos, tiene un objetivo muy delimitado y no sale de ah&iacute;. A su vez, ofrece contenido descontextualizado y donde el fracaso se presenta como un hecho individual, no colectivo. Eso permite al espectador distanciarse de la poblaci&oacute;n que no crea empat&iacute;a con los que aparecen en el v&iacute;deo. Incluso si le llegan a decir a Zazza que son seguidores suyos, les ignora. En general, adopta un discurso de rechazo excluyente, haciendo hincapi&eacute; en los vicios de los hombres j&oacute;venes, que aparecen consumiendo droga y alcohol en el espacio p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        In&eacute;s Guti&eacute;rrez Cueli, antrop&oacute;loga especializada en periferias urbanas, est&aacute; de acuerdo: &ldquo;Enfocan lo m&aacute;s morboso: suciedad, ruido, presi&oacute;n policial... y no las causas estructurales de esos desajustes: poblaci&oacute;n expulsada del mercado laboral, trabajos extremadamente precarios, muy poca inversi&oacute;n de las administraciones p&uacute;blicas que no cuidan el espacio p&uacute;blico ni rehabilitan viviendas. Si no se habla de desigualdad social, no se est&aacute; explicando el origen de esas situaciones tan llamativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Guillem prefiere no opinar sobre otros creadores de contenido, pero explica que &eacute;l siempre indaga para saber &ldquo;por qu&eacute; pasa lo que pasa&rdquo; y nunca mostrar&iacute;a, por ejemplo, un punto de venta de droga &ldquo;sin ense&ntilde;ar tambi&eacute;n a qu&eacute; problemas responde eso&rdquo;. &ldquo;Nunca eres pobre porque quieres, y la pobreza lleva a tener muchos problemas&rdquo;, comenta este <em>youtuber</em> que est&aacute; especialmente sensibilizado con el sinhogarismo y parte del convencimiento de que &ldquo;la vivienda es un derecho, no un bien para especular&rdquo;. &ldquo;En mis v&iacute;deos se puede ver a personas como Jose, un tipo que tom&oacute; malas decisiones, acab&oacute; en la c&aacute;rcel y al salir se encontr&oacute; en la calle. En Espa&ntilde;a no hay un verdadero estado del bienestar, el peso de los cuidados lo aportan las familias y si cuando tienes problemas no tienes una familia que te ampara, es muy f&aacute;cil quedarte en la calle&rdquo;, opina.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">En su contenido [del &#039;youtuber&#039; Zazza] se puede captar la espectacularización de la violencia, busca el hecho violento, la calle donde han sucedido peleas o asesinatos (...) Contenido descontextualizado donde el fracaso se presenta como un hecho individual</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elisa Brey</span>
                                        <span>—</span> profesora de Sociología en la UCM 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En cuanto a los propios barrios, la antrop&oacute;loga Guti&eacute;rrez Cueli recuerda que &ldquo;las zonas m&aacute;s estigmatizadas acogen la mano de obra m&aacute;s precarizada y tambi&eacute;n a los expulsados y expulsadas del sistema de trabajo. Tambi&eacute;n son lugares de relegaci&oacute;n donde se agolpa lo que la ciudad no quiere o esconde, incluso en forma de plantas potabilizadoras o vertederos y ese tipo de equipamientos. Lo curioso es que todo eso es absolutamente imprescindible para que el resto de la ciudad funcione y personas tan necesarias como las que hacen las camas de los hoteles, limpian el hospital o se manchan las manos poniendo hormig&oacute;n muchas veces viven all&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qu&eacute; sentido tendr&iacute;a a&ntilde;adir a la falta de inversi&oacute;n todo un discurso medi&aacute;tico que se&ntilde;ala y estigmatiza? Por un lado, esos relatos son solo una pieza m&aacute;s de todo un sistema de pensamiento o ideolog&iacute;a que, entre otras muchas cosas, defiende y difunde la idea de que la riqueza es la consecuencia inmediata del m&eacute;rito y de la capacidad de sacrificio y, por tanto, la pobreza lo ser&iacute;a de la ausencia de esas y de otras virtudes. Y, por otro, ese discurso cumple, est&eacute;n al tanto quienes lo propagan o no, otra funci&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s concreta, seg&uacute;n explica la soci&oacute;loga Elisa Brey: &ldquo;La puesta en escena los pone a una distancia suficiente, detr&aacute;s de la c&aacute;mara, para que no sean un peligro real, pero constituyen un peligro suficiente para que aceptemos recortes y pr&aacute;cticas represivas que les afectan a ellos m&aacute;s directamente. A excepci&oacute;n de las clases m&aacute;s acomodadas de la sociedad, estos recortes de derechos pueden afectar a cualquiera&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, precisamente porque &ldquo;en este contexto neoliberal, de retirada del estado y de lo p&uacute;blico se ha generado una competici&oacute;n entre grupos pr&oacute;ximos por recursos escasos&rdquo;, advierte Guti&eacute;rrez Cueli, &ldquo;no debemos lanzarnos contra los discursos de las clases medias-bajas cuando intentan diferenciarse de las m&aacute;s marginalizadas&rdquo;. &ldquo;Las &eacute;lites &mdash;insiste la antrop&oacute;loga&mdash; no est&aacute;n afectadas por lo que pasa en los barrios pobres, m&aacute;s all&aacute; de tener un chivo expiatorio. Pero a quienes viven en las zonas algo mejores de esos barrios pobres o a su costado, s&iacute; que les afectan en su vida cotidiana. La ciudad est&aacute; organizada a partir de la desigualdad en la distribuci&oacute;n de los recursos y los bienes materiales, pero tambi&eacute;n inmateriales. Y en esta distribuci&oacute;n desigual es leg&iacute;timo que las familias tejan sus estrategias&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Enfocan lo más morboso: suciedad, ruido, presión policial... y no las causas estructurales de esos desajustes (población expulsada del mercado laboral, trabajos extremadamente precarios, muy poca inversión de las administraciones públicas...)</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Inés Gutiérrez Cueli</span>
                                        <span>—</span> antropóloga especializada en periferias urbanas
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Girar la c&aacute;mara, escuchar</strong></h3><p class="article-text">
        El derribo del complejo de viviendas sociales de Pruitt-Igoe en San Luis (Estados Unidos), en 1972, es considerado por muchos te&oacute;ricos como el inicio de un nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico, est&eacute;tico y social: la posmodernidad. Las viviendas de Pruitt-Igoe, proyectadas por el arquitecto Minoru Yamasaki, hab&iacute;an servido para realojar a poblaci&oacute;n de bajos ingresos a principios de los cincuenta, pero durante los a&ntilde;os siguientes la dejadez de las administraciones aceler&oacute; su deterioro. Cuando se demolieron, la barriada era una zona violenta y ya se hab&iacute;a impuesto la idea tramposa de que los responsables de aquel fracaso hab&iacute;an sido sus propios habitantes. Fue el inicio del fin de las grandes iniciativas p&uacute;blicas en Estados Unidos (una tendencia que pronto llegar&iacute;a a Europa) y es que si Vacquant afirma que &ldquo;las transformaciones en un barrio jam&aacute;s hallar&aacute;n su fuente y principio en el seno del barrio en cuesti&oacute;n&rdquo;, muchas veces sus consecuencias tambi&eacute;n llegan mucho m&aacute;s lejos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Esos relatos son una pieza más de todo un sistema de pensamiento que defiende y difunde la idea de que la riqueza es consecuencia inmediata del mérito y de la capacidad de sacrificio, y la pobreza lo sería de la ausencia de esas y otras virtudes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta cuesti&oacute;n de la responsabilidad es fundamental para entender el tratamiento medi&aacute;tico sobre las zonas desfavorecidas. El artista Eduardo Balanza, conductor de la <em>performance</em> Radio Cobra (&ldquo;la radio en directo de onda m&aacute;s corta del mundo: solo la escuchas si te acercas&rdquo;) tambi&eacute;n ha trabajado en barriadas de toda Espa&ntilde;a. &ldquo;La &uacute;nica forma de acceder es a trav&eacute;s de la convivencia. Si eres parte de su entorno, aunque sea moment&aacute;neamente, todos se confiesan, te cuentan su realidad y cosas sumergidas sobre las que no sabr&iacute;as ni preguntar. Yo siempre me he introducido a trav&eacute;s de intermediarios, de asociaciones bien implantadas como CEPAIM&rdquo;, relata. &ldquo;Son zonas que se definen por oposici&oacute;n a la ciudad: no siguen las mismas reglas. Son diferentes y lo hacen notar. Los cantaores del Esp&iacute;ritu Santo hablan de sus h&eacute;roes, de sus miserias, tienen su propia identidad y la filtran, en ese caso a trav&eacute;s del cante jondo, otros lo har&aacute;n a trav&eacute;s del hip hop&hellip; Me interesa mucho conectar con esa periferia porque mantienen secretos, tienen formas de entender el tiempo y la existencia distintas. Sin exotismos y muy cerca de tu propia comunidad&rdquo;.
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                Demolición de las viviendas de Pruitt-Igoe en San Luis (Estados Unidos), en 1972.                            </span>
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        Balanza, despu&eacute;s de a&ntilde;os trabajando con comunidades estigmatizadas dice que &ldquo;se ha pasado la lija muchas veces&rdquo;. Con todo, nadie est&aacute; libre de reproducir partes del discurso dominante y es que, como indica Brey: &ldquo;Las personas funcionamos con un sesgo de confirmaci&oacute;n que nos hace m&aacute;s atentos a la informaci&oacute;n que confirma lo que ya opinamos&rdquo;. La profesora ha elaborado cuatro recomendaciones para abordar este tipo de contenidos, una especie de c&oacute;digo de buenas pr&aacute;cticas para el tratamiento informativo de los territorios desfavorecidos en redes sociales: &ldquo;En primer lugar, dar voz a los protagonistas, sin aplicar preconcepciones y prejuicios propios, sino dejando que ellos mismos interpreten su realidad social. En segundo, pasar temporadas en el barrio, implic&aacute;ndose en iniciativas vecinales, plataformas, asociaciones, etc., con el fin de participar del bien social para la colectividad, y no solamente generar un bien individual en t&eacute;rminos de ingresos econ&oacute;micos utilizando la imagen del otro. Tambi&eacute;n se puede entregar una c&aacute;mara de foto o de v&iacute;deo a los habitantes del barrio, o pedirles que graben y fotograf&iacute;en contenidos de su vida cotidiana para luego compartirlos en el canal y, por &uacute;ltimo, ejemplos en grandes urbes de Am&eacute;rica Latina donde se pintan las casas de colores, como en el cerro de San Crist&oacute;bal, en Lima, o en la periferia sur de Madrid, en San Crist&oacute;bal, demuestran que el arte dignifica el espacio y que una intervenci&oacute;n en el terreno, implicando a la poblaci&oacute;n, especialmente a los m&aacute;s j&oacute;venes es muy beneficiosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mayor o menor medida, Guillem, como otros creadores poco sensacionalistas, ya estaba aplicando estas orientaciones, centr&aacute;ndose en la desigualdad social que los dem&aacute;s ocultan o convierten en espect&aacute;culo. Para terminar, le pido que sea optimista, pero enseguida le vuelve a cambiar la voz: &ldquo;Es esperanzador ver a gente de los barrios humildes que ha logrado cumplir sus sue&ntilde;os, como ser cantante, o que Jose por fin haya conseguido una vivienda. Pero no hay que olvidar que all&iacute; la mayor&iacute;a de la gente, por mucho que tenga sue&ntilde;os, no los va a lograr cumplir nunca&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Mar 2024 21:13:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De 'Callejeros' a YouTube: cómo el contenido sobre barriadas y territorios empobrecidos actualiza viejos estigmas]]></media:title>
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