Mil euros para pasar cuatro horas con Llados, pseudogurú de la libertad financiera: “¡Me has cambiado la vida, 'bro'!”

Amadeo Llados saliendo de su evento en el Casino de Aranjuez.

Daniel Alonso Viña

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De entre la multitud sale un hombre que ronda los 30 años, se quita la mochila, la deja en el suelo y se pone a hacer flexiones. Va vestido con un chándal negro y unas gafas de sol tan gruesas como sus dedos. Tiene la barba perfilada y un finísimo degradado en el pelo. Es sábado, son las 8.30 de la mañana y en el exterior del Gran Casino de Aranjuez se ha reunido un nutrido grupo de gente.

Están esperando al profeta de los fucking burpees, al pseudogurú financiero que vende con insultos y descalificaciones la promesa de una vida alejada de los “fucking mileuristas” y la “fucking panza”. Se llama Amadeo Llados y tiene 32 años, 1,3 millones de seguidores en Instagram, muchos tatuajes y –dice– varios coches de lujo y una casa en Miami. Su modelo de negocio es peculiar: promete ingresos extraordinarios a sus seguidores si pagan una mensualidad de 50 euros y dedican parte de su tiempo a promocionar su contenido y conseguir así nuevos “afiliados”.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, diez flexiones hace el asistente recién llegado sobre el asfalto. La gente se gira fascinada, divertida, motivada. “Pues yo también le doy”, dice otro de ellos mientras se tira al suelo y empieza a hacer flexiones. Luego se une otro más, y otro. Así hasta que hay siete personas haciendo flexiones y burpees en el suelo. El burpee es un ejercicio que consiste en hacer una flexión, levantarse, dar un salto y volver a empezar. Sin embargo, la versión de Llados es sin salto porque el salto es de “fucking pobres”, repite una y otra vez en sus redes sociales. Cosas de millonarios. Después de unos minutos, los más motivados se cansan de hacer burpees sin salto y las cosas vuelven a la normalidad.

Ya son casi las nueve. Abren la verja del Gran Casino y los afiliados al Club Jefazos, los que han pagado los 1.000 euros que indicaban en la web del Evento Tu1millon [sic] empiezan a entrar a la conferencia. El encargado de darles paso dice a este medio que son entre 150 y 200 personas las que han venido hoy aquí.

David Fernández, funcionario de 31 años, es uno de ellos. Está en el nivel más bajo dentro del club (ha pagado 1.000 euros para ser miembro, asegura), así que solo podrá asistir a las “masterclass” que se imparten de 9.00 a 13.00 horas. El acceso al resto de actividades que culminarán la jornada está restringido a los miembros con acceso “VIP” y “DIAMANTE”. “Llados me cambió la vida”, cuenta. “Yo estaba en un mindset [estado mental] muy malo y sus vídeos me ayudaron a cambiar. La gente solo ve los coches de lujo, pero realmente es algo psicológico”. Empezó a seguirle en diciembre del año pasado, después de ver el que ya es conocido como el “vídeo del croissant”. Llados decía así: “Entro en una cafetería, miro a un lado y veo, literalmente, pan con mermelada; miro al otro lado, croissant con fucking café; miro al otro lado, panza, panza, panza, mileurista, mileurista, mileurista. Es como fuck, yo no puedo durar mucho aquí, ¿sabes?”. 

El vídeo se expandió como la pólvora por Internet y recibió muchísimas críticas, pero también llegó a gente como Fernández. “Todo se puede lograr, ese es el mensaje que transmite”, sentencia el joven, que encontró en ese vídeo una fuente de inspiración. Christian Vázquez, de unos 35 años, ha venido desde Lima, Perú, para ver a su ídolo, pero solo tiene entrada para el evento general. No le ha dado tiempo a conseguir la entrada más exclusiva. Esa, según cuentan algunos de los asistentes a elDiario.es, cuesta 5.000 euros –en la web no se especifica el precio– y da acceso al resto de actividades, que consisten en una cena y coaching personalizado con Llados en un grupo reducido.

Todo se puede lograr, ese es el mensaje que transmite

Christian Vázquez ha venido desde Perú para asistir al evento

Vázquez cuenta que empezó el programa hace seis meses y ya ha creado su propio Club Jefazos con más de 100 personas inscritas. Sigue el método que Llados predica a rajatabla: “Hay que vibrar superalto y no fallar, seguir todos los días con la disciplina. Yo antes era indisciplinado, pero Llados me ha cambiado la vida”, asegura entusiasmado.

Y entonces llega el gran predicador en su Lamborghini dorado. El coche ruge de potencia y la gente ruge con él mientras intentan hacerse la foto para Instagram. Vázquez se quita la camiseta y en su pecho aparece un tatuaje enorme: “EL JEFAZO”. Móvil en mano y grabando, el joven motivador se acerca hasta la puerta de Llados: “¡Me has cambiado la vida, bro! ¡Me has cambiado la vida, superjefazo!”. Llados se saca una foto con Vázquez, le choca la mano y desaparece hacia la zona restringida donde el resto de “superjefes” están aparcando sus deportivos.

El discípulo, todavía emocionado, levanta las manos en alto y, ante todos los que le miran fascinados, grita: “¡Es una puta locura, sentí su energía!”. Luego se dispersan. Los que tienen entrada acceden al evento y los que no, aparentemente más jóvenes, se quedan fuera esperando a que vuelva a salir.

El discípulo, todavía emocionado, levanta las manos en alto y, ante todos los que le miran fascinados, grita: '¡Es una puta locura, sentí su energía!

“Aprende en este Evento como he ido de un Hostal a un Bugatti en 7 años” [sic], dice la página web. “Esto no lo aprenderás en la universidad, esto no lo aprenderás en ningún otro lado ¡porque nadie lo ha hecho! Nadie lo ha documentado desde el hostal, desde fregar platos, desde obrero... al Bugatti, la mansión, el jet privado, el megayate, el físico de mis sueños, la mujer de mis sueños, las amigas de mis sueños... ¡Ahora te toca a ti aprender para que seas el siguiente JEFAZO!”.

Las conferencias que Llados imparte esta mañana en un casino en Aranjuez (Madrid) se presentan como “masterclass” y versan sobre temas tan poco concretos como variopintos: relaciones y marketing, hábitos y salud, educación financiera para “escapar de la Matrix”, espíritu (“conecta con tu alma para redescubrir quién eres y encontrar tu propósito”) o desarrollo de marca personal (“el mundo se mueve con atención, aprende cómo me hice uno de los hombres más conocidos de Internet”). 

La ideología sin patas de este personaje tan mediático y controvertido ya se ha analizado en varios artículos y reportajes audiovisuales. Su estilo de personaje inquebrantable y su quebradizo mensaje se suman al auge de las filosofías individualistas que han encontrado su nicho en jóvenes vulnerables y con pocos recursos. Lourdes, que está esperando a que su hijo de 20 años salga del casino, explica a este medio que el chico paga 50 euros al mes por el 'privilegio' de promocionar la filosofía de Llados en sus propias redes sociales. Si consigue algún suscriptor más, le pagan el 30% de los beneficios que genere. Han venido desde Bilbao, ella es enfermera de urgencias y asegura que los 50 euros mensuales que paga su hijo le han dado pase al evento, aunque el resto de asistente preguntados por este periódico dicen que, conforme lo anunciado en la web, había que pagar al menos 1.000 para acceder y formar parte del “club”.

Las conferencias que Llados imparte en este evento se presentan como 'masterclass' y versan sobre temas tan poco concretos como variopintos: relaciones y marketing, hábitos y salud, educación financiera para 'escapar de la Matrix' o espíritu ('conecta con tu alma para redescubrir quién eres y encontrar tu propósito')

“Que la gente se cuide me parece bien, pero no a costa de tener que pagarle a él y tener que vender sus productos. Son mentes que están sin hacer, y si encuentran algo que les motiva en un momento en el que se sienten vulnerables, pues les engancha”, explica Lourdes, que lleva casi un año viendo cómo su hijo es succionado por el universo Llados. “Es que mi hijo ya habla como él. Le pregunto: ¿cómo estás?, y me dice 'ganando', ¡pero cómo que ganando! Te he preguntado que cómo estás. Y es cierto que ahora se ha puesto cachas y tiene una vida más sana, pero ya no sale con los amigos porque, según él, solo van a beber, y encima dice que ya no necesita a la gente para ser feliz”, cuenta. “Es que Llados no puede decir esas cosas en mentes de gente tan joven”.

Después de cuatro horas de conferencias, termina el evento y empieza a salir la gente. Es difícil sacar algo concreto de lo que ha sucedido ahí dentro. No tanto porque haya pasado algo turbio, sino porque quizás no ha pasado. “Unas pequeñas clases de marca personal, relaciones, salud, físico, tema económico también”, esboza Andrei Dulca, de 25 años, conductor de VTC. Sigue a Llados desde hace un año y forma parte de la masa de personas que pagan para promocionar su contenido por el 30% de porcentaje sobre las ventas conseguidas. “Mucha gente se ríe, pero para mí ha sido una gran ayuda. He vuelto a hacer deporte, he aprendido lo que es la disciplina, dejar la fiesta, el fumar, rodearte de gente que no te aporta”. También entró en este mundo por el vídeo del croissant. Un amigo se lo mandó de broma.

No ha dicho nada nuevo, es lo mismo que en los vídeos. Es la energía que hay ahí dentro, ha sido como salir de un spa. Lo que ha contado no es nada nuevo, pero verle ahí delante motiva muchísimo

Asistente al evento

El hijo de Lourdes por fin aparece. “Ya podemos ir de vuelta a Bilbao”, dice ella, más harta que cansada. Quizás sin darse cuenta, su hijo revela la verdad sobre lo que ha pasado ahí dentro en las cuatro horas de “masterclass”. “No ha dicho nada nuevo, es lo mismo que en los vídeos. Es la energía que hay ahí dentro, ha sido como salir de un spa. Lo que ha contado no es nada nuevo, pero verle ahí delante motiva muchísimo”, dice su hijo, más tímido que motivado después de esta catarsis.

Por la pradera frente al Gran Casino pasea el expansivo Vázquez mientras cuenta su experiencia. Dos horas más tarde, después de la comida con Llados a la que solo se han quedado los clientes VIP y DIAMANTE (los que más pagan), sale el coche dorado de Llados. Ahí está Vázquez, esperándole para conseguir más fotos. Y las consigue. Hace calor, ha quitado la capota de su lambo y no tiene escapatoria. Vázquez se quita la camiseta otra vez, se hace una foto con él y con su novia. Y al terminar, grita: “¿Lo vieron? Me reconoció. Ya me puedo ir contento a Perú”.

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