<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Movimientos sociales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/movimientos-sociales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Movimientos sociales]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1012112/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Las protestas se extienden por Europa mientras la derecha culpa a la migración de los disturbios en Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/protestas-extienden-europa-derecha-culpa-migracion-disturbios-francia_1_13598229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbf9c5cc-6e56-4fd6-885c-cb935165fd97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las protestas se extienden por Europa mientras la derecha culpa a la migración de los disturbios en Francia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las protestas estudiantiles en Francia han dado paso a un movimiento más amplio que abarca desde descontento por el coste de la vida hasta los recortes en los servicios públicos, problemas que resuenan en otros países, como Italia o Portugal</p><p class="subtitle">Fin de semana caótico de disturbios y reivindicaciones en París: “Esto es lo que pasa cuando el Gobierno no escucha y reprime”
</p></div><p class="article-text">
        Un edificio del siglo XIX devorado por las llamas. La imagen del campanario del ayuntamiento de Limoges derrumb&aacute;ndose consumido por el fuego ha causado conmoci&oacute;n dentro y fuera de esta ciudad del centro de Francia despu&eacute;s de que el s&aacute;bado un grupo de individuos aprovechara la protesta que discurri&oacute; de forma pac&iacute;fica en la peque&ntilde;a localidad para atacar el edificio, provocando un incendio. En Lyon, otro edificio hist&oacute;rico, la oficina de Turismo, es ahora un cascar&oacute;n humeante. 
    </p><p class="article-text">
        Los disturbios, los choques con la polic&iacute;a y los saqueos en varias ciudades francesas <a href="https://www.eldiario.es/internacional/jornada-caotica-disturbios-reivindicaciones-paris-pasa-gobierno-no-escucha-reprime_1_13595669.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">durante las protestas contra el encarecimiento del coste de la vida</a> de este fin de semana, desarrolladas en un clima de fuerte tensi&oacute;n, han acaparado los titulares. Pero antes, cientos de miles de personas, muchas de ellas escolares y padres de familia, se hab&iacute;an unido a marchas en todo el pa&iacute;s que congregaron a numerosos grupos, incluidos sindicatos y simpatizantes del antiguo movimiento de los &lsquo;chalecos amarillos&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos l&iacute;deres pol&iacute;ticos europeos han aprovechado las im&aacute;genes de los altercados para reconducir el debate sobre las pol&iacute;ticas migratorias. Tras el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/dinamarca-polonia-e-italia-presionan-consejo-europeo-censure-regularizacion-migratoria-espana_1_13591978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fracaso pol&iacute;tico en el pasado Consejo Europeo</a> de Dinamarca, Polonia e Italia, que intentaron que la UE censurase la regularizaci&oacute;n migratoria de Espa&ntilde;a, los disturbios en las calles francesas han llevado a varios dirigentes europeos a colocar a la inmigraci&oacute;n en el centro del origen de la violencia, aunque no hay ninguna prueba de que hayan sido protagonizados por inmigrantes. Los discursos siguen la estela que han marcado el presidente de EEUU, Donald Trump,&nbsp;al relacionar a la poblaci&oacute;n inmigrante con los violentos disturbios: &ldquo;Los migrantes han tomado Francia. &iexcl;Deben CERRAR LAS FRONTERAS, R&Aacute;PIDO!&rdquo;, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/trump-protestas-francia-azuzar-racismo-ver-migracion-paris-sera-pronto-ciudad-musulmana_1_13598639.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">indic&oacute; en su red social Truth Social</a>.
    </p><p class="article-text">
        Los estudiantes franceses llevan un mes protestando contra el estado del sistema educativo y exigiendo la reparaci&oacute;n de edificios deteriorados &ndash;especialmente en los barrios m&aacute;s desfavorecidos&ndash;, clases con menos alumnos y reformas en un sistema de admisi&oacute;n universitaria muy criticado. Desde entonces, las protestas y bloqueos estudiantiles se han convertido en el centro de una constelaci&oacute;n de cuestiones diversas, que van desde el coste de la vida hasta el precio del combustible y los recortes en los servicios p&uacute;blicos. Problemas que cobran vida en otros pa&iacute;ses, desde Italia a Portugal, donde los j&oacute;venes tambi&eacute;n han salido a la calle en los &uacute;ltimos d&iacute;as en protestas que se multiplican por Europa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las derechas tratan de islamizar todo y en el caso franc&eacute;s presentan la violencia como un mero resultado de la inmigraci&oacute;n musulmana. Uno de los elementos que unen a las extremas derechas &ndash;bastante diferentes entre s&iacute;&ndash; es la idea de la decadencia de Occidente, pensada en clave identitaria: una &eacute;lite globalista le abre la puerta a los b&aacute;rbaros para mantenerse en el poder&rdquo;, explica a elDiario.es el historiador Pablo Stefanoni, autor de los libros <em>&iquest;La rebeld&iacute;a se volvi&oacute; de derechas? y Un fantasma recorre el mundo. </em>
    </p><h2 class="article-text">De Bruselas a Mil&aacute;n, pasando por Lisboa</h2><p class="article-text">
        Los estudiantes franceses han inspirado protestas en la vecina B&eacute;lgica, donde los j&oacute;venes est&aacute;n expresando su preocupaci&oacute;n por los recortes en materia de educaci&oacute;n, as&iacute; como por las condiciones laborales, los servicios p&uacute;blicos y la desigualdad. Varios cientos de personas protestaron en Bruselas el s&aacute;bado entre consignas antifascistas. Tambi&eacute;n salieron a la calle en Lieja. Las manifestaciones se iniciaron pac&iacute;ficamente, formadas por j&oacute;venes, profesores y sindicalistas. Sin embargo, a mediod&iacute;a se empezaron a producir enfrentamientos con la polic&iacute;a durante la marcha de los manifestantes. La polic&iacute;a utiliz&oacute; ca&ntilde;ones de agua y gases lacrim&oacute;genos contra los participantes en la capital, mientras que algunos de los asistentes destrozaron mobiliario p&uacute;blico, veh&iacute;culos y prendieron fuego a un contenedor.
    </p><p class="article-text">
        En Mil&aacute;n, as&iacute; como otras ciudades cercanas como Tur&iacute;n o Bolonia, se han vivido este fin de semana manifestaciones contra el encarecimiento de la vida. La marcha que tuvo lugar el s&aacute;bado en el centro de la capital econ&oacute;mica del norte italiano tambi&eacute;n comenz&oacute; pac&iacute;ficamente y deriv&oacute; en disturbios y enfrentamientos con la polic&iacute;a, que respondi&oacute; con cargas, gases lacrim&oacute;genos y ca&ntilde;ones de agua. Un total de 271 personas fueron detenidas, el 80% de ellas menores de edad, seg&uacute;n informa Ansa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera ministra Giorgia Meloni declar&oacute; que los &ldquo;delincuentes&rdquo; se &ldquo;aprovechan&rdquo; de las &ldquo;manifestaciones para buscar el enfrentamiento y sembrar el caos&rdquo;. En las redes sociales ha nacido un nuevo perfil, llamado &lsquo;Movimiento 17 de octubre', que ha convocado a una concentraci&oacute;n todos los s&aacute;bados a las 15:00 &ldquo;hasta la ca&iacute;da de este Gobierno&rdquo;. &ldquo;Somos los de las plazas. Los que solo vemos violencia en la porra de los polis. Violentos sois vosotros, que nos hab&eacute;is negado el futuro: lo vamos a recuperar&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        El descontento de los j&oacute;venes llega hasta Albania, donde los manifestantes est&aacute;n exigiendo la dimisi&oacute;n del primer ministro del pa&iacute;s, Edi Rama. Las movilizaciones comenzaron con marchas de estudiantes universitarios y alumnos de secundaria, que denuncian el elevado coste de los estudios, el deterioro de las instalaciones educativas, la falta de ayudas econ&oacute;micas y las escasas oportunidades laborales tras la graduaci&oacute;n. Sin embargo, las reivindicaciones han evolucionado hasta convertirse en un movimiento m&aacute;s amplio contra la corrupci&oacute;n y el Gobierno.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las protestas abordan cuestiones diferentes (la educación en Francia, la vivienda en Portugal). Y, si bien es cierto que las demandas no son tan uniformes como lo fueron, por ejemplo, en la oleada de manifestaciones contra la austeridad, en el fondo comparten características similares: un descontento ante los elevados niveles de desigualdad y la imposibilidad de acceder a derechos que antes se consideraban pilares de la ciudadanía, como la educación o la vivienda</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vicente Valentim</span>
                                        <span>—</span> Profesor adjunto de Ciencias Políticas en IE University
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El s&aacute;bado, los asistentes arrojaron adoquines, c&oacute;cteles molotov y artefactos pirot&eacute;cnicos a los agentes, e incendiaron coches y papeleras, utiliz&aacute;ndolos como barricadas en llamas para impedir el avance policial. La polic&iacute;a dispar&oacute; balas de goma y gases lacrim&oacute;genos. Los disturbios se producen tras meses de protestas antigubernamentales en la naci&oacute;n balc&aacute;nica, la llamada Revoluci&oacute;n de los Flamencos, desencadenada inicialmente por un controvertido proyecto tur&iacute;stico vinculado a la familia del presidente estadounidense, Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Entretanto, en Lisboa, los manifestantes han instalado un campamento de tiendas de campa&ntilde;a siguiendo la estela de las acampadas en Espa&ntilde;a por el derecho a la vivienda, as&iacute; como en la ciudad de Oporto. Cientos de personas se congregaron por la noche en la plaza del Rossio para denunciar la imposibilidad de acceder a una vivienda asequible y las pol&iacute;ticas del Gobierno conservador de Lu&iacute;s Montenegro. Lo hicieron tras una marcha que hab&iacute;a reunido a miles de asistentes en todo el pa&iacute;s para reclamar mejoras salariales y medidas contra el aumento del costo de la vida. Los acampados, en su mayor&iacute;a j&oacute;venes, han decidido mantener la ocupaci&oacute;n de la plaza mientras no obtengan respuestas concretas a sus reivindicaciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c8417740-863b-44d8-8f07-5642e45ebf02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Decenas de manifestantes este 17 de octubre, en la Plaza Rossio, durante la protesta de vivienda &#039;¿Harto? ¡Entonces monta tu tienda de campaña!&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Decenas de manifestantes este 17 de octubre, en la Plaza Rossio, durante la protesta de vivienda &#039;¿Harto? ¡Entonces monta tu tienda de campaña!&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Las protestas abordan cuestiones diferentes (la educaci&oacute;n en Francia, la vivienda en Portugal). Y, si bien es cierto que las demandas no son tan uniformes como lo fueron, por ejemplo, en la oleada de manifestaciones contra la austeridad, en el fondo comparten caracter&iacute;sticas similares: un descontento ante los elevados niveles de desigualdad y la imposibilidad de acceder a derechos que antes se consideraban pilares de la ciudadan&iacute;a, como la educaci&oacute;n o la vivienda&rdquo;, dice a elDiario.es Vicente Valentim, profesor adjunto de Ciencias Pol&iacute;ticas en IE University
    </p><p class="article-text">
        El experto recuerda que, hist&oacute;ricamente, ha sido frecuente que las protestas se propaguen en diferentes pa&iacute;ses. &ldquo;Sin embargo, esto solo ocurre cuando las causas estructurales que las originan son similares. En algunos casos, la reivindicaci&oacute;n es exactamente la misma. En otros, aunque la demanda concreta difiera, existe una insatisfacci&oacute;n subyacente com&uacute;n respecto a la capacidad de respuesta de los sistemas pol&iacute;ticos, la desigualdad y el acceso a derechos fundamentales; es precisamente este trasfondo compartido lo que permite que dichas protestas se extiendan&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Discurso antimigraci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        A juicio de Valentim, es la derecha la que tiene &ldquo;mucho que perder&rdquo;. &ldquo;El clima pol&iacute;tico actual en Europa se inclina claramente hacia la derecha; no obstante, resulta sorprendente lo desconectados que han estado los partidos de derecha ante esta situaci&oacute;n&rdquo;. Seg&uacute;n su an&aacute;lisis, estas protestas &ldquo;tienen el potencial de seguir produci&eacute;ndose y de dominar el debate pol&iacute;tico durante muchos meses&rdquo;. &ldquo;A menos que la derecha rectifique su rumbo, tiene mucho que perder en el plano electoral&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Pero, durante las &uacute;ltimas horas, el rumbo de buena parte de la derecha europea ha sido aprovechar la expansi&oacute;n de las protestas para colar el discurso antimigraci&oacute;n. El canciller austriaco, Christian Stocker, ha se&ntilde;alado en la red social X que &ldquo;lo que comenz&oacute; en Francia e Italia como protesta fue apropiada por v&aacute;ndalos violentos. Las manifestaciones han dado paso a violencia cruda, saqueos y destrucci&oacute;n intencionada&rdquo;, para posteriormente vincular estas actuaciones &ldquo;con la migraci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;. &ldquo;Se han tra&iacute;do a Europa actitudes y conflictos que no son los nuestros. Defenderemos de manera consecuente nuestra forma de vida. Quien no comparta nuestros valores no tiene cabida en Austria&rdquo;, ha a&ntilde;adido. Stocker ha sido uno de los dirigentes europeos que ha colocado las pol&iacute;ticas m&aacute;s duras contra la inmigraci&oacute;n como eje de su Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, con las im&aacute;genes del ayuntamiento de Limoges en llamas, el primer ministro de Hungr&iacute;a, Peter Magyar, apuntaba en X que &ldquo;ante esta destrucci&oacute;n sin sentido y esta violencia injustificada, quiz&aacute; ahora todo el mundo comprenda por qu&eacute; Hungr&iacute;a defiende el enfoque m&aacute;s estricto posible en materia migratoria y por qu&eacute; no cederemos a ninguna presi&oacute;n para relajar la protecci&oacute;n de nuestras fronteras ni nuestra pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n&rdquo;. Pese a que en el Consejo Europeo pasado no se aprobaron medidas para endurecer a&uacute;n m&aacute;s las pol&iacute;ticas contra la inmigraci&oacute;n, Magyar subray&oacute;: &ldquo;Me alegra que la actual cumbre de la UE haya dejado claro que la inmensa mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses europeos han abierto los ojos y quieren romper con las pol&iacute;ticas permisivas del pasado. Esperamos que no sea demasiado tarde&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2111758709063868799?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el primer ministro polaco, Donald Tusk, aunque sin mencionar a Francia, public&oacute; en X que &ldquo;Polonia no repetir&aacute; los errores de otros pa&iacute;ses europeos, ni pagar&aacute; por ellos&rdquo;. &ldquo;Defendemos con firmeza la frontera contra la migraci&oacute;n ilegal, tenemos nuestra propia pol&iacute;tica de asilo (no aceptamos solicitudes), deportamos a quienes violan la ley polaca. En materia de seguridad seremos implacables. Esto es lo que les dije a los l&iacute;deres de Europa en Bruselas&rdquo;. Polonia fue uno de los pa&iacute;ses, junto a Dinamarca e Italia, que plantearon sin &eacute;xito una declaraci&oacute;n en&eacute;rgica contra la regularizaci&oacute;n llevada a cabo por el Ejecutivo de Pedro S&aacute;nchez durante la cumbre europea.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la formaci&oacute;n de ultraderecha Vox ha sido la que ha recogido la estrategia de relacionar la inmigraci&oacute;n con los actos vand&aacute;licos en Francia. Isabel P&eacute;rez Mori&ntilde;o, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, se&ntilde;alaba en X: &ldquo;Lo de Francia es el preludio de lo que ocurrir&aacute; en Espa&ntilde;a si no frenamos la invasi&oacute;n este 29N. &iexcl;Es la hora de la remigraci&oacute;n masiva!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el eurodiputado de ultraderecha, Hermann Tertsch, acusaba a la Comisi&oacute;n Europea de intentar &ldquo;ocultar las acciones criminales de la ultraizquierda y las hordas africanas en toda Europa es el ejemplo m&aacute;s s&oacute;rdido y perverso de desinformaci&oacute;n que se da en este continente&rdquo;, a pesar de que en la mayor&iacute;a de los medios de comunicaci&oacute;n se han podido ver las im&aacute;genes de los destrozos. Los dirigentes de Vox han estado especialmente activos recogiendo im&aacute;genes de los sucesos violentos en Francia. Tanto que el l&iacute;der de la formaci&oacute;n de ultraderecha, <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/vox-difunde-imagen-falsa-ancianos-semidesnudos-protestas-francia-partio-cuenta-israel_132_13596760.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Santiago Abascal, lanz&oacute; en redes unas im&aacute;genes falsas como si fueran hechos ocurridos en Francia</a>, cuando realmente estaban creadas con inteligencia artificial.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;El grado de enojo aumenta en Francia&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Mientras tanto, Aitana, vecina de Par&iacute;s, lleva participando en las movilizaciones desde el 17 de septiembre, cuando se produjo la primera protesta en un instituto de las afueras de la capital por &ldquo;solidaridad&rdquo; con las demandas de los estudiantes, entre ellas un aumento del presupuesto para la educaci&oacute;n. Pero a la joven de 27 a&ntilde;os tambi&eacute;n le mueve este malestar m&aacute;s amplio en el que convergen varias luchas. &ldquo;El s&aacute;bado me manifest&eacute; contra los 10 a&ntilde;os de neoliberalismo de Macron y contra todo lo que ha supuesto en t&eacute;rminos de destrucci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos&rdquo;, dice a elDiario.es. &ldquo;La vida est&aacute; car&iacute;sima. Es imposible encontrar pisos a precios normales, asequibles. Es imposible hacer una compra por menos de 35 euros. Es imposible desplazarse porque el coste del transporte p&uacute;blico es elevad&iacute;simo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asegura que no ha visto tal nivel de intensidad en las movilizaciones desde que lleg&oacute; al pa&iacute;s en 2017 &ndash;poco despu&eacute;s, estall&oacute; el movimiento de los &lsquo;chalecos amarillos&rsquo;&ndash;. &ldquo;Las protestas del s&aacute;bado fueron completamente in&eacute;ditas, por la intensidad y por la determinaci&oacute;n de los j&oacute;venes, me ha sorprendido much&iacute;simo&rdquo;, afirma la joven, de origen espa&ntilde;ol, que vive cerca de la Plaza de la Rep&uacute;blica, epicentro de las protestas. &ldquo;Es cierto que ha habido da&ntilde;os. Mi barrio est&aacute; destrozado, pero la mayor&iacute;a de los manifestantes no cometen actos de vandalismo. El 99% de las personas que se manifestaron lo hicieron de manera pac&iacute;fica y leg&iacute;tima. Y pienso que la situaci&oacute;n la cre&oacute; en parte el propio ministro del Interior, porque prohibi&oacute; el recorrido inicial de la manifestaci&oacute;n y lo cambi&oacute; varias veces en los d&iacute;as previos, lo que tambi&eacute;n gener&oacute; mucha confusi&oacute;n entre los manifestantes e hizo que desde el principio fuese un caos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La represi&oacute;n policial, con varios casos de adolescentes gravemente heridos desde que comenzaron las protestas, tambi&eacute;n ha alimentado la ira de muchos manifestantes. Este s&aacute;bado, otro joven que participaba en una manifestaci&oacute;n en la ciudad de Saint &Eacute;tienne perdi&oacute; una mano al explotarle una granada que, seg&uacute;n algunas informaciones, recogi&oacute; despu&eacute;s de haberla lanzado la polic&iacute;a. Una chica de 17 a&ntilde;os ha perdido un ojo en el marco de las protestas en la localidad de Mulhouse, una lesi&oacute;n que la Fiscal&iacute;a ha encargado investigar a la Inspecci&oacute;n General de la Polic&iacute;a Nacional. El n&uacute;mero de detenciones ha sido notablemente alto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida está carísima. Es imposible encontrar pisos a precios normales, asequibles. Es imposible hacer una compra por menos de 35 euros. Es imposible desplazarse porque el coste del transporte público es elevadísimo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aitana</span>
                                        <span>—</span> Manifestante y vecina de París, 27 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno no hace m&aacute;s que avivar el fuego respondiendo con una represi&oacute;n policial que no hemos visto en a&ntilde;os, tambi&eacute;n contra menores de 13, 14 y 15 a&ntilde;os. Antes dejaban que la gente se manifestara y luego reprim&iacute;an. Ahora, incluso antes de llegar a la manifestaci&oacute;n, tiran pancartas a la basura, inspeccionan las mochilas y proh&iacute;ben entrar directamente en la manifestaci&oacute;n. Desde el minuto uno hubo maniobras de intimidaci&oacute;n. A m&iacute; me identificaron por primera vez en mi vida porque me puse a grabar cuando estaban zurrando a un chico&rdquo;, cuenta Aitana. &ldquo;Esto genera mucho enfado. Y la represi&oacute;n es cada vez m&aacute;s dura, es toda la respuesta que tienen&rdquo;, opina.
    </p><p class="article-text">
        El ministro franc&eacute;s del Interior, Laurent Nu&ntilde;ez, ha estado bajo presi&oacute;n por la actuaci&oacute;n policial. Este lunes, ha admitido que las fuerzas de seguridad &ldquo;perdieron el control&rdquo; en algunas grandes ciudades durante los disturbios y ha dicho que los efectivos policiales desplegados fueron insuficientes ante la magnitud de los saqueos y otros actos violentos registrados al margen de las manifestaciones. El presidente Emmanuel Macron ha rechazado su dimisi&oacute;n y le ha pedido que introduzca &ldquo;nuevos m&eacute;todos de actuaci&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n el El&iacute;seo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El grado de enojo aumenta a&ntilde;o tras a&ntilde;o y este verano, seg&uacute;n algunos indicadores, ha superado la ansiedad como sentimiento dominante. El conflicto social a menudo comienza donde no se espera. Este es el caso de los estudiantes de secundaria que, sin embargo, expresan una profunda incomodidad (disminuci&oacute;n de la salud mental, condiciones de trabajo, perspectivas de vida, etc.)&rdquo;, dice a este medio Olivier Rouquan, profesor asociado del Centro de Estudios e Investigaciones de Ciencias Administrativas y Pol&iacute;ticas (Cersa) de Par&iacute;s. &ldquo;El Estado es ineficaz frente a la violencia y se ha vuelto d&eacute;bil para responder r&aacute;pidamente a las expectativas espec&iacute;ficas de los estudiantes de secundaria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un contexto preelectoral, con las presidenciales en seis meses, desde el Gobierno y la presidencia han culpado a la &ldquo;ultraizquierda&rdquo;, mientras la extrema derecha de Marine Le Pen se frota las manos, asegurando que son ellos los que representan &ldquo;la Francia del orden&rdquo;. El primer ministro, S&eacute;bastien Lecornu, ha comparecido este lunes ante los medios tras una reuni&oacute;n de crisis y ha anunciado <a href="https://www.eldiario.es/internacional/gobierno-frances-anuncia-toques-queda-ciudades-disturbios-semana_1_13596961.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la puesta en marcha de toques de queda</a> &ldquo;parciales&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Icíar Gutiérrez, Rodrigo Ponce de León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/protestas-extienden-europa-derecha-culpa-migracion-disturbios-francia_1_13598229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Oct 2026 19:54:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bbf9c5cc-6e56-4fd6-885c-cb935165fd97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3068182" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bbf9c5cc-6e56-4fd6-885c-cb935165fd97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3068182" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las protestas se extienden por Europa mientras la derecha culpa a la migración de los disturbios en Francia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bbf9c5cc-6e56-4fd6-885c-cb935165fd97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Francia,Protestas,Albania,Portugal,Italia,Movimientos sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La esperanza del pueblo va en bicicleta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/esperanza-pueblo-bicicleta_132_13576056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efaec433-b42f-4eee-a112-cf7892f0c06d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La esperanza del pueblo va en bicicleta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Pues sí, la esperanza del pueblo va en bicicleta. El destino lo tiene claro: la democracia, la justicia, la igualdad, la libertad, la inclusión, los derechos humanos (incluyendo el derecho a la vivienda), los servicios públicos, la protección del medio ambiente, la memoria histórica, la paz, la cultura, la fraternidad, la sororidad…"</p><p class="subtitle">Todos los artículos del Colectivo Puente Madera</p></div><p class="article-text">
        Pues s&iacute;, la esperanza del pueblo va en bicicleta. El destino lo tiene claro: la democracia, la justicia, la igualdad, la libertad, la inclusi&oacute;n, los derechos humanos (incluyendo el derecho a la vivienda), los servicios p&uacute;blicos (la educaci&oacute;n p&uacute;blica, la sanidad p&uacute;blica, la atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable), la protecci&oacute;n del medio ambiente, la memoria hist&oacute;rica, la paz, la cultura, la fraternidad, la sororidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La bicicleta de la esperanza del pueblo tiene dos ruedas. Una rueda es el activismo y los movimientos sociales. Son imprescindibles para avanzar en el camino. En ellos se debate, se analiza, se conversa y se hacen propuestas. Y lo que es m&aacute;s importante: la gente se conoce, interact&uacute;a, trabaja en red y teje nuevas realidades. Siempre hay problemas, lo sabemos. Experimentan fluctuaciones. Aparecen y desaparecen. Se desgastan. Todos los colectivos humanos experimentan conflictos. Pero constituyen la conciencia de la sociedad y la fuerza motriz que impulsa los cambios. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso estamos francamente contentos de que, por ejemplo, se hayan creado, hace unos d&iacute;as, la Plataforma Albacete por el Derecho a la Vivienda y la <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/vivienda/nace-castilla-mancha-plataforma-reclamar-respuesta-integral-crisis-vivienda_1_13549032.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plataforma por el Derecho a la Vivienda de Castilla-La Mancha</a>. Y por eso celebramos que plazas de toda Espa&ntilde;a sigan ocupadas por personas de todas las edades que se rebelan contra el capitalismo depredador que nos quieren imponer como si no hubiese alternativa.
    </p><p class="article-text">
        La bicicleta de la esperanza del pueblo necesita otra rueda para funcionar. Esa rueda est&aacute; compuesta por los y las representantes pol&iacute;ticos que, en el seno de las administraciones p&uacute;blicas (ayuntamientos, diputaciones, parlamentos regionales, Congreso&hellip;), defienden los valores arriba mencionados. A ellas y ellos se deben las iniciativas legislativas (mociones, ordenanzas, decretos, leyes&hellip;) que, al menos en ciertas ocasiones, permiten materializar las aspiraciones y las demandas de los movimientos sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n las organizaciones pol&iacute;ticas tienen pegas, por supuesto. A veces se instalan en las instituciones y se distancian de la calle. A veces pierden demasiado tiempo en est&eacute;riles debates internos. A veces el tribalismo les conduce a una fragmentaci&oacute;n autodestructiva y contraria a los intereses que dicen defender. A veces surgen personalismos que arrasan con todo, o con casi todo&hellip; Es decir, aqu&iacute; nadie es perfecto, y si alguien se cree perfecto, que levante la mano y haga el rid&iacute;culo. Pero estas organizaciones (de izquierdas, progresistas o como se les quiera llamar) son necesarias porque, claro, si en las plazas se reivindican los contratos de alquiler indefinidos, pero en el parlamento las derechas tienen mayor&iacute;a y votan en contra, la bicicleta de la esperanza del pueblo se frena en seco y vuelca. Y <a href="https://www.eldiario.es/economia/maricarmen-mujer-prendio-revuelta-vivienda-espana-precipito-elecciones_1_13570143.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las Maricarmenes de todo el mundo</a> lloran desde el cielo o desde la tierra.
    </p><p class="article-text">
        De manera que, para que las dos ruedas rueden, no queda m&aacute;s remedio que engrasar los engranajes de la bicicleta de la esperanza del pueblo. &iquest;C&oacute;mo? Pues, por ejemplo, mejorando la comunicaci&oacute;n entre los movimientos sociales y las organizaciones pol&iacute;ticas. Sent&aacute;ndose a hablar, tomando nota, adquiriendo compromisos&hellip; &iquest;C&oacute;mo? Favoreciendo que los y las activistas est&eacute;n presentes en las asambleas y listas electorales de los partidos o coaliciones de izquierdas. 
    </p><p class="article-text">
        Nos consta que en muchas ocasiones ya es as&iacute; porque las personas comprometidas participan en diversas causas justas, no en una sola. &iquest;C&oacute;mo? Impidiendo que los representantes pol&iacute;ticos se perpet&uacute;en en los cargos mediante la limitaci&oacute;n de mandatos y mediante la posibilidad peri&oacute;dica de revocarlos. &iquest;C&oacute;mo? Renunciando al sectarismo y a los personalismos. &iquest;Y c&oacute;mo? Jo, pues yendo a votar. El voto es la cadena que une los pi&ntilde;ones y el plato de la bicicleta de la esperanza del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la esperanza de las oligarqu&iacute;as, de los amos del mundo, de los ricachones de toda la vida, de quienes aceptan la desigualdad como algo natural, de quienes niegan los derechos humanos a los m&aacute;s pobres, de quienes quieren privatizar los servicios p&uacute;blicos, de quienes no dudan en destruir el planeta a cambio de obtener un beneficio econ&oacute;mico, de quienes fomentan las guerras, de quienes siembran el odio (el racismo, la xenofobia, la LGTBIQ+fobia)&hellip; no va en bicicleta. Va en carroza, o en limusina, o en yate, como esos que fueron a reconquistar Ceuta botell&iacute;n en mano. Son veh&iacute;culos superlujosos, es cierto. Pero, como dir&iacute;a nuestro paisano Jos&eacute; Mota, &ldquo;no hagas cuentas&rdquo;: no hay sitio para ti en ellos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e37772bb-d13e-40b6-a556-e3057d3293a4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Colectivo Puente Madera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Colectivo Puente Madera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        (*) <em>El Colectivo Puente Madera est&aacute; formado por Esteban Ortiz, Vanessa P&eacute;rez, El&iacute;as Rovira y Javier S&aacute;nchez</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Colectivo Puente Madera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/esperanza-pueblo-bicicleta_132_13576056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 05:12:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/efaec433-b42f-4eee-a112-cf7892f0c06d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="519748" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/efaec433-b42f-4eee-a112-cf7892f0c06d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="519748" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La esperanza del pueblo va en bicicleta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/efaec433-b42f-4eee-a112-cf7892f0c06d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Movimientos sociales,Democracia,Servicios públicos,Igualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miles de cántabros plantan cara a la crisis de la vivienda: Mila y Luis ni siquiera pudieron elegir dónde querían vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/miles-cantabros-plantan-cara-crisis-vivienda-mila-luis-siquiera-pudieron-elegir-querian-vivir_1_13559291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/456e8065-2319-410e-8793-67b4a590c16a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x761y458.jpg" width="1200" height="675" alt="Miles de cántabros plantan cara a la crisis de la vivienda: Mila y Luis ni siquiera pudieron elegir dónde querían vivir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los manifestantes llegaron hasta la Consejería de Vivienda para exigir al gobierno autonómico y los ayuntamientos que declaren zonas tensionadas, que controlen los pisos turísticos, que eliminen 'las oficinas antiokupación' y que hagan públicas las listas de personas inscritas para acceder a una vivienda</p><p class="subtitle">Antecedentes - La alcaldesa de Santander dice que los acampados “están privatizando” la Plaza Porticada con sus tiendas de campaña</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Esto se tiene que equilibrar de alguna manera&rdquo;, reclama Mercedes Conde. Una mujer de 70 a&ntilde;os que ya tiene el piso pagado despu&eacute;s de trabajar 42 a&ntilde;os pero que ha participado en la concentraci&oacute;n por el derecho a la vivienda en Santander &ldquo;porque esto es un desgobierno&rdquo;. &ldquo;Los mayores buitres se sientan en el Congreso&rdquo;, espet&oacute; a pocos metros de donde el delegado del Gobierno de Cantabria, Pedro Casares, hac&iacute;a declaraciones a los medios de comunicaci&oacute;n y a quien los convocantes de la concentraci&oacute;n han exigido &ldquo;que proteja el derecho de reuni&oacute;n y manifestaci&oacute;n y deje de reprimir los movimientos sociales por medide la brutalidad policial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Miles de c&aacute;ntabros han salido a la calle en Santander por el derecho a la vivienda y contra la especulaci&oacute;n inmobiliaria en respuesta a la convocatoria nacional del Sindicato de Inquilinas con dos s&iacute;mbolos: el recuerdo de Amparo, la anciana que hace una d&eacute;cada plant&oacute; cara a un desahucio administrativo, y los vecinos de la calle Hermanos Calder&oacute;n cuyos pisos de alquiler asequible han pasado a manos de del fondo Mosaic al que han denunciado por acosarles para que se vayan de sus viviendas. El Ayuntamiento de Santander derrib&oacute; la casa de Amparo mientras agonizaba en el hospital, &ldquo;pero los vecinos de Hermanos Calder&oacute;n tienen que resistir&rdquo;, insiste una pareja joven que protesta cerca de su pancarta. 
    </p><p class="article-text">
        La concentraci&oacute;n -convocada por el Sindicato de Vivienda de Cantabria, y secundada por IU, UGT o el movimiento ciudadano de la Plaza Porticada, entre otros- fue sumando a partir de las doce de la ma&ntilde;ana cada vez m&aacute;s personas, en una comunidad profundamente afectada por la crisis de la vivienda y la turistificaci&oacute;n, donde el precio de los alquileres fijos se ha incrementando tanto que ya resulta inaccesible, unido a la escasa oferta. Los propietarios mayoritariamente prefieren el alquiler de temporada y los pisos tur&iacute;sticos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/841eac14-1870-49ff-8f39-8d0eff288161_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Manifestación por el derecho a la vivienda de Santander."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manifestación por el derecho a la vivienda de Santander.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;Ni siquiera pudimos elegir donde quer&iacute;amos vivir&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Si nos organizamos, no hay nadie que nos pare&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Esto es un chantaje!&rdquo; y &ldquo;ni gente sin casas, ni casas sin gente&rdquo;, coreaban los asistentes. La proclama m&aacute;s repetida: &ldquo;Hace falta ya una huelga de alquileres, hace falta ya una huelga general&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy aqu&iacute; porque apoyo las reivindicaciones, aunque no estoy afectado por la situaci&oacute;n de la vivienda es un problema de toda la sociedad&rdquo;, explica Pedro Su&aacute;rez. Otros protagonistas m&aacute;s j&oacute;venes de la protesta como Mila y Luis padecen en primera persona los efectos de la especulaci&oacute;n del mercado inmobiliario. &ldquo;Nos ten&iacute;amos que ir de nuestra casa porque el banco se la vendi&oacute; a un fondo y aunque segu&iacute;amos pagando el alquiler no paraban de presionarnos para que nos fu&eacute;semos&rdquo; -narran- &ldquo;pero era imposible, hemos tardado un a&ntilde;o en poder encontrar un alquiler fijo&rdquo;. El piso del extrarradio de Santander en el que viven ahora &ldquo;se lleva el 60% de lo que ganamos entre los dos y ni siquiera pudimos elegir donde quer&iacute;amos vivir: tuvimos que conformarnos con el &uacute;nico que acept&oacute; alquil&aacute;rnoslo, con dos ni&ntilde;os y un perro, para todo el a&ntilde;o&rdquo;, lamentan.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xbh694a" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de media hora de concentraci&oacute;n, una columna de miles de personas enfil&oacute; la avenida central de Santander hacia la cuesta de Ruamayor rumbo a la sede de la Consejer&iacute;a de Vivienda del Gobierno de Cantabria para exigir al Gobierno del Partido Popular &ldquo;que proteja nuestro territorio frente la especulaci&oacute;n del suelo y los fondos buitres&rdquo;. En este sentido, han pedido al Gobierno auton&oacute;mico y a los ayuntamientos que hagan uso de sus competencias en vivienda, que regulen el mercado declarando zonas tensionadas de alquiler &ldquo;y que dejen de conceder licencias de viviendas de uso tur&iacute;stico y persiga las ilegales&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gobierno progresista, c&oacute;mplice rentista&rdquo;, &ldquo;Media dimisi&oacute;n&rdquo; o &ldquo;la soluci&oacute;n es la expropiaci&oacute;n&rdquo;, coreaban los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de numerosos representantes de colectivos sociales y rostros de la cultura como la poeta Ana Garc&iacute;a Negrete, participaron en la concentraci&oacute;n el secretario general de UGT, Mariano Carmona, que ayer emiti&oacute; un comunicado de apoyo a la movilizaci&oacute;n; el delegado del Gobierno Pedro Casares, el coordinador de Izquierda Unida, Israel Ruiz Salm&oacute;n, o los concejales de Santander Daniel Fern&aacute;ndez (PSOE) y Keruin Mant&iacute;nez (IU) adem&aacute;s de miembros de Comisiones Obreras. 
    </p><h2 class="article-text">Listado p&uacute;blico de GESVICAN</h2><p class="article-text">
        Los convocantes han exigido tambi&eacute;n que GESVICAN, la empresa p&uacute;blica de vivienda de Cantabria, haga p&uacute;blica la lista de personas inscritas y el listado total de viviendas con las que cuenta. &ldquo;Y que elimine su oficina antiokupaci&oacute;n&rdquo;, han exigido entre aplausos. &ldquo;Cantabria tiene competencias y tiene que hacer uso de ellas para mejorar la vida de la gente que vive aqu&iacute; y no para tenderle una alfombra a quien est&aacute; de paso&rdquo;, han reprochado. 
    </p><p class="article-text">
        Haciendo sonar sus llaves y al grito de 'Acabemos con el negocio de la vivienda!', los miles de participantes -los convocantes estiman cinco mil y la pol&iacute;cia dos mil- han llegado a la Consejer&iacute;a de Vivienda, en la esquina de Ruamayor con la Rampa de Sotileza mientras los manifestantes -despu&eacute;s de hora y media- segu&iacute;an ocupando toda la cuesta hasta la calle Calvo Sotelo. La cabeza de la manifestaci&oacute;n se ha encontrado con la cola al regresar bajando la Cuesta del Hospital hacia la Plaza Porticada. Un espacio a rebosar donde est&aacute; instalada la acampada ciudadana desde el lunes, con el reproche de la alcaldesa de santander que ha enviado a la Polic&iacute;a Local para tramitar multas porque esan &ldquo;privatizando&rdquo; con sus tiendas una plaza p&uacute;blica. Ahora ya hay cerca de 40.
    </p><p class="article-text">
        Desde ah&iacute; se ha le&iacute;do un manifiesto. &ldquo;Aqu&iacute; seguiremos hasta que se tomen medidas que tengan impacto real en la vida de las personas&rdquo;, ha proclamado la voz de Yaiza entre sonoros aplausos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Agüero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/miles-cantabros-plantan-cara-crisis-vivienda-mila-luis-siquiera-pudieron-elegir-querian-vivir_1_13559291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 14:03:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/456e8065-2319-410e-8793-67b4a590c16a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x761y458.jpg" length="1460108" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/456e8065-2319-410e-8793-67b4a590c16a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x761y458.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1460108" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Miles de cántabros plantan cara a la crisis de la vivienda: Mila y Luis ni siquiera pudieron elegir dónde querían vivir]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/456e8065-2319-410e-8793-67b4a590c16a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x761y458.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Vivienda,Urbanismo,Movimientos sociales,Protestas ciudadanas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Virginia Woolf a Maricarmen: las mujeres necesitamos casas propias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cuarto-propio/virginia-woolf-maricarmen-mujeres-necesitamos-casas-propias_132_13547860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/320ead80-87fc-4461-8d35-44134611fd89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x601y230.jpg" width="1200" height="675" alt="De Virginia Woolf a Maricarmen: las mujeres necesitamos casas propias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada semana, Ana Requena te envía el boletín 'Cuarto Propio' en el que desarrolla temas de actualidad con una mirada feminista, recopila noticias sobre igualdad y género, y lanza recomendaciones
</p><p class="subtitle">Suscríbete - Si quieres recibir 'Cuarto Propio' cada semana en tu correo electrónico solo tienes que suscribirte de forma gratuita en este enlace
</p></div><p class="article-text">
        Hola, 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s? Seguramente a ti tambi&eacute;n te ha tocado estos d&iacute;as el corazoncito el caso de Maricarmen y toda la solidaridad y la indignaci&oacute;n desatada. Maricarmen ha sido la historia con nombre propio que ha terminado de colmar el vaso de la rabia. Mientras escribo esto, el Gobierno aprueba los decretos sobre vivienda, el Sindicato de Inquilinas pide solo uno y ya anuncia m&aacute;s movilizaciones para el fin de semana, y la acampada de Sol contin&uacute;a, repleta de gente.
    </p><p class="article-text">
        Este bolet&iacute;n tom&oacute; su nombre de uno de los ensayos m&aacute;s conocidos de Virginia Woolf: 'Cuarto Propio'. He pensado mucho estos d&iacute;as en c&oacute;mo conecta aquella petici&oacute;n de Woolf con las reivindicaciones de hoy. La escritora ped&iacute;a un cuarto propio o una habitaci&oacute;n propia y 500 libras al a&ntilde;o para permitir que las mujeres pudieran desarrollar su talento. La petici&oacute;n de Woolf estaba muy relacionado con la literatura y el pensamiento; en el texto ella habla de escritoras y de las condiciones m&iacute;nimas necesarias para poder sentarse a escribir y dedicar tiempo a plasmar una idea. Tambi&eacute;n recibi&oacute; cr&iacute;ticas posteriores, por ejemplo, <a href="https://revistacomun.com/blog/un-millon-de-cuartos-propios-cronica-de-una-presentacion-y-dialogo-con-el-tiempo-ajeno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>de la escritora Alice Walker</strong></a>, que recordaba c&oacute;mo esa reivindicaci&oacute;n ya ten&iacute;a algunos sesgos de partida porque obviaba que las mujeres negras, durante mucho tiempo, ni siquiera hab&iacute;an sido due&ntilde;as de s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Pero, de alguna manera, ese cuarto propio nos habla tambi&eacute;n de nuestra realidad hoy. Porque, sin un buen pu&ntilde;ado de billetes al mes y sin una vivienda (no un cuarto, sino una casa), la independencia es imposible o es a medias. Desde ah&iacute;, tus decisiones son m&aacute;s tus decisiones y menos una respuesta ajustada al contexto. Pedir una pol&iacute;tica que haga de la vivienda el derecho que es, el bien necesario para llevar a cabo nuestros proyectos de vida, es tambi&eacute;n una aspiraci&oacute;n feminista. De qu&eacute; manera si no podemos blindar la autonom&iacute;a de las mujeres en un mundo que a&uacute;n nos carga mayoritariamente con los trabajos de cuidados no pagados y que nos resta posibilidades econ&oacute;micas y laborales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, hace un tiempo publiqu&eacute; <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emancipan-pareja-solos-acceso-vivienda-ver-desigualdad-genero_1_13122130.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>un art&iacute;culo sobre c&oacute;mo la emancipaci&oacute;n</strong></a> de las mujeres suele pasar m&aacute;s por la pareja que por las amigas o por vivir sola, justo lo contrario que en el caso de los hombres. Detr&aacute;s de esa diferencia hay razones econ&oacute;micas y laborales, tambi&eacute;n pueden estar pesando algunos estereotipos de g&eacute;nero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f36642d7-1a9f-4255-83be-66e5e40910e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una mujer participa en una manifestación durante el Día de Acción Global por la Despenalización y Legalización del Derecho al Aborto, como respuesta a las iniciativas respaldadas por el nuevo Gobierno que buscan limitar el acceso a los derechos sexuales y reproductivos, este lunes en Bogotá (Colombia). EFE/ Adriana Lancheros"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una mujer participa en una manifestación durante el Día de Acción Global por la Despenalización y Legalización del Derecho al Aborto, como respuesta a las iniciativas respaldadas por el nuevo Gobierno que buscan limitar el acceso a los derechos sexuales y reproductivos, este lunes en Bogotá (Colombia). EFE/ Adriana Lancheros                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este 28 de septiembre era el D&iacute;a Internacional por el Aborto Seguro y Gratuito y&nbsp;el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Arg&uuml;ello, aprovechaba, nada menos, para <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/lider-obispos-equipara-crisis-vivienda-aborto-desahucio-consecuencias-irreversibles_1_13543056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>equiparar los desahucios con el aborto</strong></a>. En un texto, el l&iacute;der de los obispos criticaba &ldquo;el desahucio del vientre materno provocado mediante el aborto&rdquo;, que calificaba como &ldquo;un desahucio de consecuencias irreversibles&rdquo;. Desde luego, ya sabemos que hay quienes est&aacute;n m&aacute;s preocupados por controlar los cuerpos de las mujeres que por controlar los precios de las viviendas para que las mujeres puedan decidir sus proyectos de vida y para que las criaturas que nacen tengan lugares dignos donde crecer y criarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arg&uuml;ello criticaba tambi&eacute;n la&nbsp;&ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ministerio-sanidad-lanza-primera-campana-aborto-democracia-tienes-derecho-hacerlo-publica_1_13528217.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>campa&ntilde;a moralista del Gobierno</strong></a>&rdquo; sobre el aborto. Y es que el Ministerio de Sanidad ha lanzado <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ministerio-sanidad-lanza-primera-campana-aborto-democracia-tienes-derecho-hacerlo-publica_1_13528217.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>la primera campa&ntilde;a institucional de la democracia</strong></a> para defender el derecho a decidir y el derecho a interrumpir el embarazo en la sanidad p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Te puede interesar</h2><p class="article-text">
        Me ha parecido interesant&iacute;simo <a href="https://www.pikaramagazine.com/2026/09/en-defensa-del-sexo-casual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>este texto de Beatriz Gimeno</strong></a> en defensa&nbsp;del sexo casual. Gimeno alerta de c&oacute;mo est&aacute; ganando terreno un discurso conservador sobre el sexo como un lugar en el que solo podemos encontrar peligro y cu&aacute;les son los riesgos de ese repliegue, que tambi&eacute;n se encuentra en algunas voces feministas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/falta-medicamentos-menopausia-interrumpe-tratamientos-miles-mujeres_1_13537435.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>problemas de suministro</strong></a> con los f&aacute;rmacos de terapia hormonal sustitutiva que se se utilizan para la menopausia. Esos problemas est&aacute;n haciendo que muchas mujeres tengan que peregrinar por las farmacias y, a&uacute;n as&iacute;, est&eacute;n encontrando muchas dificultades para encontrarlos. El impacto de quedarse sin tratamiento y tener que interrumpirlo <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/sobrevivir-tratamiento-menopausia-hay-mujeres-afrontando-dias-zombis_1_13546592.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>no es poca cosa</strong></a>: &ldquo;Hay mujeres afrontando sus d&iacute;as como zombis&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hemos hablado mucho &uacute;ltimamente sobre la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos y ten&iacute;amos pendiente publicar un tema sobre la letra peque&ntilde;a de la congelaci&oacute;n. El tratamiento que implica, lo que se suele obviar en este discurso, las garant&iacute;as a medias que supone... <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/letra-pequena-congelacion-ovulos-no-seguro-embarazo-supone-acudir-despues-reproduccion-asistida_1_13525856.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>todo lo tienes aqu&iacute;.</strong></a>
    </p><h2 class="article-text">Un cl&aacute;sico</h2><p class="article-text">
        Esta canci&oacute;n es un cl&aacute;sico que, de vez en cuando, me da por escuchar mucho. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mQZmCJUSC6g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>You're so vain</strong></a>, de Carly Simon, que es preciosa, que mola cantarla a gritos y en la que la cantante hablaba de un hombre encantado de conocerse y que, probablemente, al escuchar la canci&oacute;n pensar&iacute;a que iba dirigida a &eacute;l. &iquest;A qui&eacute;n se la escribi&oacute;? <a href="https://www.lavanguardia.com/musica/20200506/48996396616/el-reto-carly-simon-youre-so-vain-cancion-misterio.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hay varias teor&iacute;as</strong></a>. Lo que est&aacute; claro es que esta canci&oacute;n nos la&nbsp;dej&oacute; a todas (y le encanta a mi padre).
    </p><p class="article-text">
        Un abrazo.
    </p><p class="article-text">
        Ana
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Requena Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cuarto-propio/virginia-woolf-maricarmen-mujeres-necesitamos-casas-propias_132_13547860.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2026 08:18:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/320ead80-87fc-4461-8d35-44134611fd89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x601y230.jpg" length="581023" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/320ead80-87fc-4461-8d35-44134611fd89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x601y230.jpg" type="image/jpeg" fileSize="581023" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De Virginia Woolf a Maricarmen: las mujeres necesitamos casas propias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/320ead80-87fc-4461-8d35-44134611fd89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x601y230.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Maricarmen,Vivienda,Movimientos sociales,Desigualdad de género,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un grupo de apoyo mutuo para vivir juntos hasta el final: "Envejecer acompañado da sentido a la vida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/grupo-apoyo-mutuo-vivir-final-envejecer-acompanado-da-sentido-vida_1_13526741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccf643e1-02e4-4e0d-a366-ac95a9f87c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x863y371.jpg" width="1200" height="675" alt="Un grupo de apoyo mutuo para vivir juntos hasta el final: &quot;Envejecer acompañado da sentido a la vida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez más personas mayores se decantan por crear grupos de ayuda mutua con el compromiso de acompañarse unos a otros. Varios integrantes de un grupo de Poble Nou, en Barcelona, relatan sus deseos y anhelos ahora que viven y disfrutan su vejez</p><p class="subtitle">Una nueva arquitectura para el futuro: cómo hacer que la ciudad sea amigable con la vejez
</p></div><p class="article-text">
        Aceptar la muerte, la propia y la de los allegados, vivir los &uacute;ltimos a&ntilde;os con curiosidad, sortear la idea de sufrir alguna demencia, disfrutar del tiempo con actividades con las que aprender y no solo entretenerse. Son realidades que atraviesan cada vez m&aacute;s personas en su vejez &mdash;seg&uacute;n el INE, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/pais-envejece-red-publica-residencias-empresa-privada-negocio-increible_1_13412509.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espa&ntilde;a alcanzar&aacute; un m&aacute;ximo de personas mayores de 65 a&ntilde;os en 2076</a>, con el 30,9 % de la poblaci&oacute;n&mdash; y para las que prepararse para una vida m&aacute;s reposada y con ciertas limitaciones pasa por la construcci&oacute;n de comunidad. As&iacute; lo defienden, y practican, en el <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/logrono/despierta-logrono-acompana-detectar-personas-perfil-soledad-riesgo-programacion-agosto_1_13427196.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupo de ayuda mutua</a> del barrio de Poble Nou, en Barcelona, donde todos sus integrantes tienen el compromiso de acompa&ntilde;arse si alguien lo necesita.  
    </p><p class="article-text">
        Anna Freixas dice que no es que envejezca, es que ya es vieja. Y lo dice el mismo d&iacute;a en que cumple 80 a&ntilde;os. Llega a esta edad con retos, desaf&iacute;os, alegr&iacute;as, con y sin dificultades. &ldquo;Yo ya he vivido momentos muy complicados a mis 20, 30 o 40 a&ntilde;os. Ahora algunas cosas se simplifican y otras se complican, como siempre ha ocurrido&rdquo;, comenta esta profesora universitaria jubilada. 
    </p><p class="article-text">
        La tambi&eacute;n geront&oacute;loga feminista, una de las personas que integra el grupo de ayuda mutua de Poble Nou, donde se estableci&oacute; tras vivir m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas en C&oacute;rdoba, reconoce que uno de sus principales retos actuales es enfrentar la p&eacute;rdida de las personas queridas. &ldquo;Cuando tienes 30 a&ntilde;os vas a bodas, con 80 vas a <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/documental-entierro-digno-cementerios-1-000-habilitados-rito-musulman_1_12895856.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entierros</a>&rdquo;, comenta con cierta socarroner&iacute;a.  
    </p><p class="article-text">
        Este es uno de los aspectos en los que la comunidad se yergue como una muleta sin la que afrontar estas experiencias ser&iacute;a mucho m&aacute;s complicado: &ldquo;Envejecer acompa&ntilde;ado es infinitamente m&aacute;s ligero que hacerlo solo. Da sentido a la vida, te aleja de ti al no estar tan ensimismado, piensas m&aacute;s en y con los dem&aacute;s&rdquo;, a&ntilde;ade la tambi&eacute;n autora de &ldquo;Yo, vieja&rdquo; (Capit&aacute;n Swing, 2021). Ella, que en la monograf&iacute;a se decanta por utilizar t&eacute;rminos como 'veterana', 's&eacute;nior', 'pionera', 'longeva' y 'viejales' en lugar de 'anciana', 'mayor' o 'abuela', sabe bien que la construcci&oacute;n de esa comunidad &ldquo;tampoco cae del cielo&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_50p_1150361.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_50p_1150361.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_75p_1150361.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_75p_1150361.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_default_1150361.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_default_1150361.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9da78031-ac6a-46ff-a91b-4ac625ee6cac_source-aspect-ratio_default_1150361.jpg"
                    alt="La escritora Anna Freixas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Anna Freixas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Sin miedo a la soledad</h2><p class="article-text">
        Su alegr&iacute;a llega al despertar y ver que hay un nuevo d&iacute;a por delante. &ldquo;Envejecer con curiosidad es importante&rdquo;, afirma. Adem&aacute;s, siempre habr&aacute; una cosa que les distinguir&aacute; de aquella ciudadan&iacute;a m&aacute;s joven. &ldquo;Nosotras conocemos el buen hacer, sabemos c&oacute;mo se hacen las cosas y c&oacute;mo no se deben hacer, lo que contribuye a la civilizaci&oacute;n de una manera muy importante&rdquo;, abunda. Freixas, de todas formas, admite que tiene algo de miedo a c&oacute;mo ser&aacute; el final del trayecto, tal y como define la vida. &ldquo;No lo vivo con un sentimiento tr&aacute;gico, sino realista. Sab&iacute;amos que &iacute;bamos a morir, esto estaba en el programa desde que nacimos&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Mari Pla es su compa&ntilde;era de grupo de ayuda mutua. Ella fue la art&iacute;fice de esta iniciativa, que busca no dejar atr&aacute;s a ninguna de las personas s&eacute;nior del barrio. Valenciana de nacimiento, afirma a sus 73 a&ntilde;os que &ldquo;todo comienza cuando ya pasa un tiempo tras la jubilaci&oacute;n, ah&iacute; te preguntas qu&eacute; hacer con tu vida&rdquo;. Tras un proyecto frustrado de cohabitaci&oacute;n junto a otras personas que decidieron envejecer juntas, esta antigua enfermera comunitaria impuls&oacute; un taller de envejecimiento activo en la asociaci&oacute;n vecinal del barrio, el germen del grupo de ayuda mutua.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No tengo ning&uacute;n miedo a morir, es lo natural. S&iacute; siento cierto temor a las incertezas de lo que me espera en relaci&oacute;n con el mundo cognitivo, a la posible p&eacute;rdida de capacidad mental, pero no tengo temor a hacerme m&aacute;s vieja de lo que soy&rdquo;, se explaya. La <a href="https://www.eldiario.es/era/problema-influencers-soledad-presumen-no-amigos-pareja_1_13359325.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">soledad</a> es otro de los puntos que Pla menciona al hablar de miedos, aunque asegura que se ve aplacado por la comunidad. &ldquo;El objetivo es acompa&ntilde;arnos y transmitir unos valores, hacer nuevas amistades en el barrio. Si le pasa algo a cualquiera de nosotros, ah&iacute; estaremos para acompa&ntilde;ar. Aqu&iacute; nadie se queda solo&rdquo;, destaca certera.
    </p><p class="article-text">
        Esta valenciana asentada en Barcelona desde hace apenas unos diez a&ntilde;os sostiene que &ldquo;en casa no se aprende, se aprende fuera&rdquo;, en relaci&oacute;n con su defensa de no perder la actividad seg&uacute;n se vayan cumpliendo a&ntilde;os. &ldquo;Y no quiero ir a actividades que me entretengan, yo quiero aprender&rdquo;, reclama. As&iacute; ha sucedido con la pintura de acuarela o cada vez que se enfrenta a la elaboraci&oacute;n de una receta nueva. &ldquo;Uno de los grandes valores de esta etapa es el tiempo. Hay que saber gestionarlo sin que pienses que lo pierdes&rdquo;, agrega.
    </p><h2 class="article-text">Hacia el envejecimiento digno</h2><p class="article-text">
        Merche Delgado, de 66 a&ntilde;os, ha trabajado de muchas cosas, pero se jubil&oacute; como subalterna en la Diputaci&oacute;n de Barcelona hace un a&ntilde;o. &ldquo;La vida te tiene que sorprender, tengas la edad que tengas&rdquo;, introduce. Ella tambi&eacute;n piensa que &ldquo;la comunidad hay que conservarla, regarla, intentar estar lo mejor posible con la gente que te rodea&rdquo;. Dice que no le tiene miedo a nada, excepto al dolor. &ldquo;No temo a la muerte, pero s&iacute; a sufrir, o al dolor de que a mis hijos les pasase algo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un estimulante para Delgado son las actividades intergeneracionales. &ldquo;Parece que al hacerte mayor solo te puedes juntar con gente mayor&rdquo;, como si eso fuera un compartimento estanco de un sector de la poblaci&oacute;n y no comportara todo un grupo heterog&eacute;neo de experiencias, deseos y anhelos. &ldquo;Dentro de 20 a&ntilde;os quiz&aacute; me habr&eacute; muerto, que es lo que toca, pero dentro de diez seguir&eacute; con vida, aprendiendo, relacion&aacute;ndome con la gente y haciendo mis siestas, que me encantan, y viviendo, pero viviendo con conocimiento y emotividad, con ganas de hacer cosas&rdquo;, se explaya.
    </p><p class="article-text">
        Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de llegar a Poble Nou, Josep Mar&iacute;a Gordillo es uno de los pocos hombres que componen el grupo de ayuda mutua del barrio. Maestro de escuela retirado, a sus 73 a&ntilde;os aclara que es consciente de que la vida tiene un l&iacute;mite. Eso no es &oacute;bice para que siga viviendo centrado en determinadas preocupaciones e intereses, pues Gordillo est&aacute; ligado al activismo social. &ldquo;En absoluto me preocupa la muerte. Adem&aacute;s, todo aquello que has adquirido a lo largo de la vida te ayuda a reinterpretar las cosas de otra manera&rdquo;, esgrime.
    </p><p class="article-text">
        Una de sus principales reclamaciones es un envejecimiento digno, una meta que se ve enturbiada por el <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/edadismo-ultima-frontera-discriminacion_132_13018508.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">edadismo</a> que impregna la sociedad. &ldquo;Todav&iacute;a hay muchos estigmas y estereotipos, ideas prefijadas sobre las personas mayores cuando cada uno y cada una somos absolutamente diferentes por nuestras posibilidades f&iacute;sicas y mentales y por nuestros intereses&rdquo;, se queja.
    </p><p class="article-text">
        Lourdes Casanovas lleva viviendo en Poble Nou los 74 a&ntilde;os que cuenta su vida. Tambi&eacute;n maestra jubilada, siempre estuvo acompa&ntilde;ada de diversos grupos. &ldquo;Quiz&aacute; soy la que voy a menos cosas de ocio, pero el objetivo es el compromiso, y eso lo tienen por mi parte. Nos iremos ayudando unos a otros seg&uacute;n surjan limitaciones&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Hay cosas que echa de menos, claro. Viajar y tener m&aacute;s movilidad personal son dos de ellas. Asimismo, le perturba la idea de terminar sus d&iacute;as con dolor o que pueda acecharle alguna <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/demencia-no-cosa-edad-natural-inevitable-envejecemos_1_10523293.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">demencia</a>. &ldquo;Si llega un momento que no conozco a mi gente, mejor morir, que se termine la vida&rdquo;, sostiene. &ldquo;Me gustar&iacute;a saber vivir bien la p&eacute;rdida de amistades. Lo veo con mi madre, que tiene 100 a&ntilde;os, quien dice que de sus amigos de verdad solo queda ella, aunque ha tenido la capacidad de ir haciendo amistades m&aacute;s j&oacute;venes&rdquo;, finaliza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/grupo-apoyo-mutuo-vivir-final-envejecer-acompanado-da-sentido-vida_1_13526741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 11:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ccf643e1-02e4-4e0d-a366-ac95a9f87c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x863y371.jpg" length="243081" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ccf643e1-02e4-4e0d-a366-ac95a9f87c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x863y371.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243081" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un grupo de apoyo mutuo para vivir juntos hasta el final: "Envejecer acompañado da sentido a la vida"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ccf643e1-02e4-4e0d-a366-ac95a9f87c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x863y371.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sociedad,Soledad,Tercera edad,Movimientos sociales,Muerte,Cohesión social,Activismo,Envejecimiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Gobierno vasco contrata por 11.819,28 euros una "simulación" de las afecciones de tráfico en el entorno de Andoain]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/gobierno-vasco-contrata-11-819-28-euros-simulacion-afecciones-trafico-entorno-andoain_1_13434071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b97f72b2-8f6f-4190-8dae-3f396ede0f45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Gobierno vasco contrata por 11.819,28 euros una &quot;simulación&quot; de las afecciones de tráfico en el entorno de Andoain"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ingartek Consulting será la encargada del proyecto, que coincide con la controversia en el municipio guipuzcoano por el millonario proyecto del 'lazo' de Bazkardo</p><p class="subtitle">El PSE-EE de Andoain reafirma su rechazo al 'lazo' viario propuesto por la Diputación de Gipuzkoa</p></div><p class="article-text">
        El Departamento de Seguridad del Gobierno vasco ha contratado &ldquo;trabajos de simulaci&oacute;n de tr&aacute;fico&rdquo; en la confluencia de las carreteras N-I y A-15, a la altura de Andoain, &ldquo;sentido Ir&uacute;n&rdquo;. El estudio t&eacute;cnico pretende analizar los flujos circulatorios en un nudo que soporta una carga de tr&aacute;fico significativa. Se da la circunstancia de que esto llega en un contexto de tensi&oacute;n elevada a nivel social y pol&iacute;tico del municipio guipuzcoano debido a los desacuerdos que existen con respecto al denominado 'lazo' de Bazkardo, una nueva infraestructura viaria proyectada por la Diputaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La adjudicaci&oacute;n &mdash;sin concurso por su cantidad&mdash; se ha formalizado el pasado 30 de julio de 2026 bajo la forma del contrato menor. El Ejecutivo auton&oacute;mico abonar&aacute; un importe total de 11.819,28 euros a la empresa Ingartek Consulting, cuya labor pretende ser finalizada antes 31 de diciembre de 2026. Este tipo de an&aacute;lisis t&eacute;cnicos coinciden con lo estipulado en la nueva de Movilidad Sostenible de 2025, la cual promueve el uso de evidencias y datos para la planificaci&oacute;n de infraestructuras.
    </p><p class="article-text">
        Una representante de la plataforma Errespetatu Andoain le ha se&ntilde;alado a este medio que la informaci&oacute;n proporcionada por las instituciones &ldquo;no especifica&rdquo; con claridad si el &aacute;mbito de estudio se limita a la conexi&oacute;n de la autov&iacute;a de Navarra, la A-15, con la N-I en direcci&oacute;n Ir&uacute;n o si afectar&aacute; al proyecto del &lsquo;lazo&rsquo; en el otro extremo del pueblo. A su vez, ha comentado que est&aacute;n a la espera de una respuesta por parte de la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa sobre la cantidad total de las alegaciones presentadas. Hace m&aacute;s de 10 d&iacute;as la plataforma solicit&oacute; a la entidad foral la informaci&oacute;n. Actualmente, solo son conocedores de 2.828 alegaciones que se tramitaron a trav&eacute;s del registro municipal de Andoain.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto de fondo se basa en el rechazo de una parte de la ciudadan&iacute;a al proyecto del 'lazo' de Bazkardo, una obra presupuestada en 57 millones de euros que busca eliminar las retenciones diarias. Errespetatu Andoain considera que este plan es un &ldquo;parche&rdquo; y que las instituciones est&aacute;n &ldquo;vendiendo humo&rdquo; con im&aacute;genes generadas por inteligencia artificial que carecen de rigor t&eacute;cnico. Como alternativa, los vecinos defienden una variante exterior, basada en un dise&ntilde;o de 2011, actualizado en 2024, que alejar&iacute;a el tr&aacute;fico de alta capacidad del casco urbano para mitigar la contaminaci&oacute;n ac&uacute;stica en la zona residencial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Laura Ferreira Niño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/gobierno-vasco-contrata-11-819-28-euros-simulacion-afecciones-trafico-entorno-andoain_1_13434071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2026 19:46:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b97f72b2-8f6f-4190-8dae-3f396ede0f45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="286954" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b97f72b2-8f6f-4190-8dae-3f396ede0f45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="286954" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Gobierno vasco contrata por 11.819,28 euros una "simulación" de las afecciones de tráfico en el entorno de Andoain]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b97f72b2-8f6f-4190-8dae-3f396ede0f45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Gipuzkoa,Diputaciones,Carreteras,Obras públicas,Movimientos sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cacerolada y una gran comida como presión al alcalde de Donostia para que retire el veto a las cenas solidarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/cacerolada-gran-comida-presion-alcalde-donostia-retire-veto-cenas-solidarias_1_13416417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7434912d-06eb-4099-ab64-7e9e6b17eefb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x996y620.jpg" width="1200" height="675" alt="Cacerolada y una gran comida como presión al alcalde de Donostia para que retire el veto a las cenas solidarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La iniciativa KAS, que se verá con Insausti este jueves para tratar de reconducir la situación, señala a PNV, PSE-EE y PP por “fomentar el miedo y el odio”</p></div><p class="article-text">
        La segunda noche sin cenas solidarias en Donostia tras la prohibici&oacute;n del alcalde del PNV, Jon Insausti, ha sido sustituida por una cacerolada de protesta y por gente cenando en medio de la plaza de la Constituci&oacute;n. KAS (Kaleko Afari Solidarioak, la promotora de la iniciativa) ha rellenado con centenares de personas la plaza del antiguo ayuntamiento este mi&eacute;rcoles por la tarde-noche. Este jueves seguir&aacute;n en la pelea y &ldquo;finalmente&rdquo; tendr&aacute;n una reuni&oacute;n con Insausti. Los portavoces de la iniciativa han exigido &ldquo;retirar la prohibici&oacute;n&rdquo; de su actividad solidaria, de la que eran beneficiarias unas 300 personas, y han recordado las propuestas que han puesto sobre la mesa para alcanzar &ldquo;una alternativa conjunta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se avis&oacute; como una concentraci&oacute;n ruidosa, con cacerolas, se ha transformado en una manifestaci&oacute;n y en una cena. La iniciativa ha partido desde la Constituci&oacute;n hasta la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa y ha vuelto a su punto de partida, donde se ha celebrado una cena conjunta. Entre cacerolazos y tambores, los manifestantes andaban cogidos de las manos por las calles mientras gritaban a una voz &ldquo;cenar no es un delito&rdquo; o &ldquo;nadie es ilegal&rdquo;. Se encontraban presentes desde voluntarios hasta personas que apoyan la iniciativa, incluyendo algunas que disfrutaban de las cenas cada noche.
    </p><p class="article-text">
        Al volver a la plaza de la Constituci&oacute;n, los portavoces de KAS han compartido su molestia ante la falta de respeto hacia su labor. Partiendo de la frase que dijo Insausti durante su rueda de prensa de este martes &ndash;&ldquo;humanismo s&iacute;, exigencia tambi&eacute;n&rdquo;&ndash;, KAS ha declarado que humanismo es lo realizado en &ldquo;seis a&ntilde;os&rdquo; y exigencia &ldquo;es lo que se puede pedir al alcalde&rdquo;. La iniciativa ha criticado a Insausti, a su partido el PNV, a sus socios del PSE-EE y al PP, que siempre se ha opuesto, por &ldquo;fomentar miedo, el odio&rdquo; y la criminalizaci&oacute;n de la pobreza. El regidor ha llegado a decir que hay datos que muestran que crece la delincuencia donde se producen los repartos y la oposici&oacute;n de izquierdas le ha acusado de comprar el marco de la ultraderecha.
    </p><p class="article-text">
        Voluntarios de KAS le han comentado a este peri&oacute;dico su decepci&oacute;n ante la decisi&oacute;n del Ayuntamiento. Uno de ellos ha confesado no tener &ldquo;esperanza de que se llegue a un acuerdo con el alcalde&rdquo;, sobre todo al ver que &ldquo;ha priorizado prohibir&rdquo; antes que nada. Con cierto nivel de indignaci&oacute;n, una trabajadora social le explica a elDiario.es/Euskadi que &ldquo;cuando hay hambre&rdquo; aumenta la tensi&oacute;n, insistiendo en la &ldquo;falta de empat&iacute;a&rdquo; por parte de las autoridades. Adicionalmente, cree que el trabajo municipal puede &ldquo;ser complementado&rdquo; por iniciativas como &eacute;sta: &ldquo;Una cosa no tiene que quitar la otra&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Laura Ferreira Niño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/cacerolada-gran-comida-presion-alcalde-donostia-retire-veto-cenas-solidarias_1_13416417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2026 20:37:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7434912d-06eb-4099-ab64-7e9e6b17eefb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x996y620.jpg" length="1148634" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7434912d-06eb-4099-ab64-7e9e6b17eefb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x996y620.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1148634" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cacerolada y una gran comida como presión al alcalde de Donostia para que retire el veto a las cenas solidarias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7434912d-06eb-4099-ab64-7e9e6b17eefb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x996y620.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Gipuzkoa,Donostia,Jon Insausti,Movimientos ciudadanos,Movimientos sociales,Pobreza,Manifestaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donostia pone fin a las cenas solidarias y el alcalde Insausti les atribuye un incremento de la criminalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/donostia-pone-cenas-solidarias-alcalde-insausti-les-atribuye-incremento-criminalidad_1_13412601.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce4d06e7-042e-48c0-8899-92856c65ddfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x834y333.jpg" width="1200" height="675" alt="Donostia pone fin a las cenas solidarias y el alcalde Insausti les atribuye un incremento de la criminalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del orden de 300 personas recibían comida y ahora el reparto ha quedado prohibido y la oposición acusa al PNV de haber comprado el marco de derecha y extrema derecha</p><p class="subtitle">El alquiler da una tregua en Donostia con una bajada del 3,7%, pero la renta media en Bilbao pasa ya de los 1.000 euros</p></div><p class="article-text">
        Tras seis a&ntilde;os de movilizaci&oacute;n social para paliar el hambre de m&aacute;s de 300 personas sin hogar, el Ayuntamiento de Donostia ha prohibido el reparto de cenas en la v&iacute;a p&uacute;blica por parte de la iniciativa ciudadana voluntaria Kaleko Afari Solidarioak (KAS). La resoluci&oacute;n municipal, firmada este lunes, fue comunicada esa misma noche por agentes de la Guardia Municipal en los puntos de reparto de la plaza de la Constituci&oacute;n, la plaza de Gipuzkoa y el entorno de Anoeta. El documento oficial fundamenta la decisi&oacute;n en informes t&eacute;cnicos de los departamentos de Salud P&uacute;blica, Seguridad Ciudadana y Espacio P&uacute;blico, estableciendo el cese de la actividad a partir de este martes.
    </p><p class="article-text">
        El alcalde, Jon Insausti, del PNV, ha justificado la medida se&ntilde;alando que la decisi&oacute;n nace de una &ldquo;reflexi&oacute;n rigurosa, sosegada y serena&rdquo;. El primer edil ha explicado que, aunque no cuestiona el origen solidario de la iniciativa, considera que &ldquo;una comida al d&iacute;a no es suficiente para garantizar una inclusi&oacute;n social&rdquo; y que es necesario transitar hacia pasos estructurados desde la v&iacute;a administrativa. Insausti ha calificado este replanteamiento como un &ldquo;ejercicio sano y necesario&rdquo; para adaptar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a las necesidades actuales de acompa&ntilde;amiento.
    </p><p class="article-text">
        Pero la prohibici&oacute;n se ha sustentado tambi&eacute;n en datos sobre &ldquo;convivencia y seguridad&rdquo;. Seg&uacute;n ha detallado el alcalde, tras el cese de los repartos en el barrio de Egia en octubre de 2024 la delincuencia en la zona descendi&oacute; un 20%, mientras que en los actuales puntos de reparto las intervenciones policiales se han duplicado. Diferentes voces, incluida EH Bildu, principal fuerza de la oposici&oacute;n, o IU, han acusado al regidor del PNV de comprar los argumentos de la derecha y de la extrema derecha. El PSE-EE, socio de coalici&oacute;n del PNV, s&iacute; apoya estas medidas del alcalde.
    </p><p class="article-text">
        Como alternativa, Insausti ha anunciado un refuerzo de 500.000 euros adicionales para los servicios sociales, elevando la inversi&oacute;n total a dos millones de euros anuales con el apoyo del Gobierno vasco. Este presupuesto potenciar&aacute; el programa Otorduak, que permite canjear tickets por platos en establecimientos colaboradores. Se anuncia un incremento de la capacidad de 316 a 416 comidas diarias. El alcalde ha admitido que esta opci&oacute;n &ldquo;no es suficiente&rdquo;, mas la ha defendido como un &ldquo;punto de partida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro detalle que ha introducido Insausti es que las cenas, supuestamente, no son &uacute;nicamente repartidas a personas arraigadas en la ciudad, sino provenientes de otros municipios. &ldquo;Donostia no puede sola&rdquo;, ha asegurado. El programa Otorduak requerir&aacute; un m&iacute;nimo de empadronamiento para poder acceder a &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2714eaf1-878f-4c94-8d9e-f1482d47b1d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imanol Lasa, ajustando la corbata de Jon Insausti, en los jardines de Ajuria Enea"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imanol Lasa, ajustando la corbata de Jon Insausti, en los jardines de Ajuria Enea                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Preguntado por los periodistas sobre c&oacute;mo se buscar&aacute; esa colaboraci&oacute;n con otros muncipios, el alcalde ha anunciado que la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa convocar&aacute; a los concejales de servicios sociales de los ayuntamientos para coordinar una estrategia conjunta. Ha confirmado la asistencia de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Idoeta, la concejala de servicios sociales y acci&oacute;n comunitaria de Donostia.
    </p><h2 class="article-text">KAS denuncia &ldquo;falta de respeto&rdquo; y exige un plan integral</h2><p class="article-text">
        La respuesta de la iniciativa social no se ha hecho esperar. Tras la comparecencia del alcalde, una multitud se ha concentrado frente al Ayuntamiento para denunciar lo que consideran una actuaci&oacute;n marcada por la &ldquo;falta de respeto y responsabilidad&rdquo;. Portavoces del grupo KAS han criticado que la administraci&oacute;n no haya buscado una interlocuci&oacute;n directa con el colectivo antes de emitir una orden que deja sin alimento a centenares de personas &ldquo;de un d&iacute;a para otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la iniciativa han asegurado que ni bajo el mandato de Eneko Goia, tambi&eacute;n del PNV, ni ahora con Insausti el Gobierno municipal ha mostrado &ldquo;disposici&oacute;n a colaborar&rdquo; para mejorar esta red voluntaria. Asimismo, han acusado al consistorio de carecer de un &ldquo;plan integral&rdquo; real, afirmando que la comida ofrecida en recursos municipales sigue siendo insuficiente para atender la demanda.
    </p><p class="article-text">
        Entre los asistentes, un usuario habitual de las cenas ha querido expresar su angustia ante los medios: &ldquo;&iquest;Ad&oacute;nde vamos a ir ahora? &iquest;A qui&eacute;n le ha hecho da&ntilde;o un plato de comida?&rdquo;, ha lamentado. Ha descrito a los voluntarios como su &uacute;nica &ldquo;familia&rdquo; en la ciudad. Ante la gravedad de la situaci&oacute;n, el colectivo ha solicitado una reuni&oacute;n urgente con el alcalde y ha asegurado que seguir&aacute; luchando por el derecho a la alimentaci&oacute;n, convocando una nueva movilizaci&oacute;n, una cacerolada, para este mi&eacute;rcoles a las 20.00 horas en la plaza de la Constituci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Laura Ferreira Niño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/donostia-pone-cenas-solidarias-alcalde-insausti-les-atribuye-incremento-criminalidad_1_13412601.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 19:45:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ce4d06e7-042e-48c0-8899-92856c65ddfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x834y333.jpg" length="1034800" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ce4d06e7-042e-48c0-8899-92856c65ddfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x834y333.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1034800" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Donostia pone fin a las cenas solidarias y el alcalde Insausti les atribuye un incremento de la criminalidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ce4d06e7-042e-48c0-8899-92856c65ddfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x834y333.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Gipuzkoa,Donostia,Jon Insausti,Servicios sociales,Protestas ciudadanas,Movimientos sociales,Movimientos ciudadanos,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo un meme de cucarachas se convirtió en el mayor desafío al poder del Gobierno indio: "Ya no tenemos miedo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/meme-cucarachas-convirtio-mayor-desafio-gobierno-indio-no-miedo_1_13410303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fd44c9e-73fc-40af-9915-280543830dca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x767y1058.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo un meme de cucarachas se convirtió en el mayor desafío al poder del Gobierno indio: &quot;Ya no tenemos miedo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La maquinaria propagandística del primer ministro Nareandra Modi se ha tambaleado por las protestas juveniles que han logrado la destitución del ministro de Educación </p><p class="subtitle">El movimiento juvenil “Cucarachas” desconvoca sus protestas tras la dimisión del ministro de Educación indio
</p></div><p class="article-text">
        Se escucha un grito de alegr&iacute;a cuando el cartel con la cara de Narendra Modi es arrojado al suelo en el centro de Nueva Deli. Luego, llegan los pisotones. &ldquo;Ladr&oacute;n, ladr&oacute;n&rdquo;, corea una multitud entregada mientras aplasta contra el suelo embarrado la imagen del primer ministro de India.
    </p><p class="article-text">
        Solo una semana antes, una escena as&iacute; habr&iacute;a sido pr&aacute;cticamente inimaginable en la capital india. En los 12 a&ntilde;os que llevan en el poder Modi y su formaci&oacute;n, el Partido Popular de la India (BJP, por sus siglas en ingl&eacute;s), criticar al gobierno ha sido considerado como un acto peligroso. Las voces disidentes han sido aplastadas de manera rutinaria, r&aacute;pida y eficaz.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que llegaron las 'cucarachas&rsquo;.<a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/rebelion-cucarachas-han-estallado-detras-masivas-protestas-juveniles-india_1_13394210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> El movimiento que comenz&oacute; como un meme de Internet</a> se convirti&oacute; r&aacute;pidamente en uno de los desaf&iacute;os m&aacute;s inesperados y relevantes contra el poder de Modi, instigado por una generaci&oacute;n de j&oacute;venes hartos que, sorprendentemente, no temen al Gobierno. Con el humor como el arma m&aacute;s poderosa, los insultos a Modi han proliferado por Internet en forma de memes y <em>reels </em>de Instagram donde la generaci&oacute;n Z de la India vilipendia al gobierno.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Dar&eacute; la vida por esta causa si es necesario&rdquo;</h2><p class="article-text">
        El eje central de la protesta comenz&oacute; siendo la educaci&oacute;n y el esc&aacute;ndalo por la filtraci&oacute;n de un examen para entrar en la carrera de Medicina, con la renuncia de Dharmendra Pradhan, ministro de Educaci&oacute;n, como su demanda principal &ndash;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/dimite-ministro-educacion-indio-presion-movimiento-juvenil-cucarachas_1_13406618.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">renunci&oacute; el s&aacute;bado</a>, en una victoria para el movimiento&ndash;. Pero se ha convertido en una lucha mayor por recuperar la tambaleante democracia del pa&iacute;s despu&eacute;s de la represi&oacute;n que sufrieron los que acudieron a la protesta pac&iacute;fica de la semana pasada en Nueva Deli: los recibieron con porras, gases lacrim&oacute;genos y perdigones, adem&aacute;s de supuestos maltratos a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Aniruddh Gautam, de 21 a&ntilde;os y estudiante de Derecho en la capital, fue uno de los que se atrevieron a participar en las protestas. &ldquo;Me hab&iacute;an dado plaza para estudiar en una universidad brit&aacute;nica pero eleg&iacute; quedarme en la India porque creo en mi pa&iacute;s&rdquo;, dice. &ldquo;Este Gobierno le ha arrebatado a los j&oacute;venes sus sue&ntilde;os y esperanzas; hay j&oacute;venes que han muerto por culpa de sus errores, dar&eacute; la vida por esta causa si es necesario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que Modi se enfrenta a protestas. En 2019 estall&oacute; una contra una divisiva ley de ciudadan&iacute;a, y en 2020 hubo una huelga generalizada de agricultores. Pero los analistas creen <a href="https://www.eldiario.es/internacional/eva-borreguero-experta-india-movimiento-cucarachas-claro-aviso-gobierno-modi_128_13388298.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que el movimiento de &lsquo;las cucarachas&rsquo; ha planteado</a> un desaf&iacute;o m&aacute;s complejo para el gobierno.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Son hábiles porque han hecho que las protestas sean profundamente patrióticas y han arrebatado al BJP la carta del nacionalismo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Tavleen Singh</span>
                                        <span>—</span> Analista política
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los fracasos del Ministerio de Educaci&oacute;n, y la filtraci&oacute;n de los ex&aacute;menes de acceso son temas que unen a los votantes de los dos partidos y preocupan al caladero de votos m&aacute;s importante e Modi: las familias hind&uacute;es de clase alta.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de ni&ntilde;os y estudiantes golpeados por la polic&iacute;a generaron malestar incluso entre las filas del BJP. &ldquo;Modi siempre ha sido muy bueno para superar las crisis&rdquo;, dice la analista pol&iacute;tica Tavleen Singh. &ldquo;Pero hablo con personas bastante cercanas a &eacute;l y todo el mundo est&aacute; verdaderamente confuso, sin saber qu&eacute; va a pasar a continuaci&oacute;n; dicen que Modi ha estado escuchando a la gente equivocada y que ha malinterpretado por completo el sentir popular&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno ha desacreditado otras protestas acus&aacute;ndolas de v&iacute;nculos con terroristas musulmanes o paquistan&iacute;es, o con fuerzas oscuras en el extranjero. Pero la naturaleza profundamente secular de las &uacute;ltimas manifestaciones hace imposible repetir la estrategia. En las manifestaciones de las 'cucarachas' han participado personas de todas las religiones y clases sociales, entre ellos muchos hijos de simpatizantes del BJP.
    </p><h2 class="article-text">Los l&iacute;mites de la maquinaria del BJP</h2><p class="article-text">
        Hind&uacute;es y musulmanes comieron y rezaron juntos en los lugares de protesta de la capital. Un cocinero musulm&aacute;n se ha convertido en una celebridad por dar de comer a los manifestantes; y se han organizado comedores comunitarios dentro de los <em>gurdwaras </em>[lugares de culto de los sijs]. &ldquo;Son h&aacute;biles porque han hecho que las protestas sean profundamente patri&oacute;ticas y han arrebatado al BJP la carta del nacionalismo&rdquo;, dice Singh. &ldquo;Tambi&eacute;n han recuperado el secularismo de manos del BJP, la religi&oacute;n la est&aacute;n usando para unir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s relevante es que el BJP se ha topado con los l&iacute;mites de su propia maquinaria de propaganda. Tras una d&eacute;cada en la que han prevalecido los medios cooptados que siguen la l&iacute;nea del Gobierno, los manifestantes de la Generaci&oacute;n Z han creado su propio ecosistema informativo en las redes, dejando de manifiesto la marcada disonancia entre lo que ellos viven sobre el terreno y lo que emiten los canales convencionales de noticias, conocidos como los medios <em>godi</em> (perritos falderos).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestros medios son repugnantes, han divulgado mentiras una noche tras otra para tratar de acabar con nuestro movimiento llam&aacute;ndonos terroristas, pakistan&iacute;es, y antinacionales&rdquo;, dice Sanna, de 26 a&ntilde;os. &ldquo;Por desgracia para ellos, aqu&iacute; estamos difundiendo el mensaje&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1147810.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1147810.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1147810.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1147810.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147810.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147810.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9eac2fa4-1801-4b22-b2c9-03dc508bcdc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147810.jpg"
                    alt="Manifestantes del Partido Janta de las Cucarachas (CJP) en una manifestación en Nueva Deli en junio."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manifestantes del Partido Janta de las Cucarachas (CJP) en una manifestación en Nueva Deli en junio.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El joven pol&iacute;tico Anish Gawande es uno de los impulsores del &lsquo;movimiento de las cucarachas&rsquo;. En su opini&oacute;n, las protestas multitudinarias han estallado porque &ldquo;cada vez m&aacute;s, los j&oacute;venes no ven un futuro prometedor para s&iacute; mismos en este pa&iacute;s&rdquo;. &ldquo;Toda una generaci&oacute;n de j&oacute;venes indios con aspiraciones, entre los que me incluyo, creci&oacute; con la idea de que el pa&iacute;s avanzaba hacia el progreso, por m&aacute;s que tuviera defectos y necesitara mejorar&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;[Ahora] nos enfrentamos a la amarga realidad de que todo lo que el BJP nos vendi&oacute; en 2014 nunca se materializ&oacute;; las promesas hechas en los &uacute;ltimos 12 a&ntilde;os se han incumplido una y otra vez, y el derrumbe de esa ilusi&oacute;n est&aacute; desatando una rabia reprimida sin igual&rdquo;, a&ntilde;ade. En su opini&oacute;n, el movimiento representa un desaf&iacute;o innegable para el poder del BJP. &ldquo;Implica un duro despertar para el gobierno, comprender que no puede silenciar para siempre al pueblo de la India&rdquo;, opina. 
    </p><h2 class="article-text">De parodia a movimiento</h2><p class="article-text">
        Ccuando surgi&oacute; a principios de mayo, a la Administraci&oacute;n Modi le result&oacute; f&aacute;cil quitarle importancia al Partido Popular de las Cucarachas [CJP, por sus siglas en ingl&eacute;s], cuyo nombre era una burla deliberada al gobernante Partido Popular de la India.
    </p><p class="article-text">
        Abhijit Dipke, de 30 a&ntilde;os, acababa de terminar un m&aacute;ster en la Universidad de Boston cuando lo cre&oacute;. Su intenci&oacute;n original era publicar una p&aacute;gina web de parodia en respuesta al presidente del Tribunal Supremo de la India, Surya Kant, que durante una vista se hab&iacute;a referido a las multitudes de j&oacute;venes desempleados y activistas como &ldquo;par&aacute;sitos&rdquo; y &ldquo;cucarachas&rdquo; (Kant neg&oacute; posteriormente haber hecho esa comparaci&oacute;n). El eslogan original del CJP era: &ldquo;Una voz para los vagos, los desempleados y los adictos a Internet&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero los j&oacute;venes indios lo hicieron suyo, con decenas de millones de seguidores por Internet, y Dipke comprendi&oacute; que la s&aacute;tira era mejor mecanismo que la pol&iacute;tica convencional para representar sus frustraciones. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_50p_1147812.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_50p_1147812.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_75p_1147812.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_75p_1147812.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_default_1147812.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_default_1147812.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/92ec736e-a725-40ad-bf80-912f2852af19_16-9-aspect-ratio_default_1147812.jpg"
                    alt="El fundador del movimiento satírico Juvenil de la India CJP, Abhijeet Dipke (segundo por la derecha), con un retrato de Mahatma Gandhi y B.R. Ambedkar durante una manifestación en junio en Nueva Deli."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El fundador del movimiento satírico Juvenil de la India CJP, Abhijeet Dipke (segundo por la derecha), con un retrato de Mahatma Gandhi y B.R. Ambedkar durante una manifestación en junio en Nueva Deli.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Dos d&iacute;as antes del supuesto comentario de Kant sobre las &lsquo;cucarachas&rsquo;, la vida de m&aacute;s de dos millones de estudiantes se vio trastocada cuando se supo que un examen de admisi&oacute;n a la facultad de medicina, muy competitivo, hab&iacute;a sido filtrado y vendido por millones de rupias. Alrededor de 2,2 millones de estudiantes tendr&iacute;an que presentarse otra vez a la agotadora prueba, compitiendo por solo 130.000 plazas. Para algunos, aquello fue demasiado. M&aacute;s de una docena se quitaron la vida.
    </p><p class="article-text">
        No era la primera vez que ocurr&iacute;a algo as&iacute;. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, decenas de filtraciones han empa&ntilde;ado la reputaci&oacute;n de esos ex&aacute;menes y otros similares. El Gobierno cre&oacute; la agencia encargada de los ex&aacute;menes, pero nadie hab&iacute;a rendido cuentas por ninguno de los casos.
    </p><h2 class="article-text">Crecimiento y represi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        A principios de junio, Dipke regres&oacute; a Delhi y formaliz&oacute; los objetivos fundamentales del CJP: que alguien se hiciera responsable por la filtraci&oacute;n de los ex&aacute;menes, que el ministro Pradhan dimitiera, y que se acometiera la reforma de un sistema de educaci&oacute;n superior corrupto, cr&oacute;nicamente infrafinanciado, y que sistem&aacute;ticamente deja de lado millones de j&oacute;venes indios.
    </p><p class="article-text">
        A la primera manifestaci&oacute;n del CJP en Nueva Deli acudieron apenas varios cientos de personas. Pero cuando regresaron a finales de junio, los manifestantes juraron que no se mover&iacute;an del lugar de la protesta hasta que Modi destituyera al ministro de Educaci&oacute;n. Esta vez, el CJP contaba con un personaje nuevo y emblem&aacute;tico: el reconocido ingeniero y activista indio Sonam Wangchuk.
    </p><p class="article-text">
        Wangchuk ya se hab&iacute;a manifestado contra la represi&oacute;n del Gobierno de Modi contra los disidentes: fue encarcelado en 2025 por una protesta, en virtud de las leyes antiterroristas. Evocando las huelgas de hambre protagonizadas por Mahatma Gandhi durante la lucha por la independencia, Wangchuk anunci&oacute; su propia huelga de hambre en solidaridad con las &lsquo;cucarachas&rsquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/88c380f9-45e9-4a9c-b33d-bbb4d726bac9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Centenares de simpatizantes del movimiento juvenil &#039;Partido de las Cucarachas&#039; en una marcha."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Centenares de simpatizantes del movimiento juvenil &#039;Partido de las Cucarachas&#039; en una marcha.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En un principio, el Gobierno de Modi opt&oacute; por no reaccionar. Hasta que en el vig&eacute;simo d&iacute;a de la huelga de hambre de Wangchuk, la Polic&iacute;a de Nueva Deli lo desaloj&oacute; violentamente, arrastr&aacute;ndolo en contra de su voluntad hasta el hospital. Un clamor popular de indignaci&oacute;n impuls&oacute; entonces al movimiento y, en vez de las 10.000 personas que hab&iacute;a calculado la polic&iacute;a de la capital, se estima que aparecieron unas 100.000, muchas de ellas coreando el nombre de Wangchuk.
    </p><p class="article-text">
        La manifestaci&oacute;n fue un punto de inflexi&oacute;n crucial en Nueva Deli, una expresi&oacute;n de disconformidad que no ocurr&iacute;a desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os. Para muchos de los j&oacute;venes, fue su primera protesta y una especie de despertar pol&iacute;tico. Lloraban de emoci&oacute;n abrumados por la solidaridad y se abanicaban unos a otros para refrescarse del calor.
    </p><p class="article-text">
        Con el aumento del n&uacute;mero de manifestantes, la polic&iacute;a se vio superada en n&uacute;mero y comenz&oacute; a recurrir a t&aacute;cticas brutales para impedir una marcha hacia el Parlamento. Reprimieron a los j&oacute;venes con gases lacrim&oacute;genos, porras y, al parecer, escopetas de perdigones, dando lugar a im&aacute;genes espeluznantes y endureciendo a&uacute;n m&aacute;s la postura de muchos manifestantes.
    </p><p class="article-text">
        Deeksha Mishra, de 17 a&ntilde;os, fue una de las manifestantes. Hab&iacute;a acudido por su hermana, que so&ntilde;aba con ser m&eacute;dica y hab&iacute;a ca&iacute;do en depresi&oacute;n tras la filtraci&oacute;n de los ex&aacute;menes. &ldquo;La vi perder su sue&ntilde;o y su pasi&oacute;n, y supe que ten&iacute;a que venir&rdquo;, dice Mishra. &ldquo;Vinimos pac&iacute;ficamente, pero nos trataron como a terroristas; la polic&iacute;a nos golpe&oacute; con mucha dureza; hab&iacute;a gente con la sangre corri&eacute;ndole por la cabeza, con la nariz rota...&rdquo;. Cientos de personas terminaron en el hospital ese d&iacute;a. Algunas, en la unidad de cuidados intensivos.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as despu&eacute;s, Mishra asegur&oacute; que ahora luchaba por algo m&aacute;s que las filtraciones. &ldquo;Es por la corrupci&oacute;n, por nuestra democracia moribunda&rdquo;, dijo. &ldquo;El Gobierno quiere seguir ignor&aacute;ndonos hasta que la protesta se apague, pero eso no va a suceder; ya no tenemos miedo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Acostumbrado a gobernar con impunidad&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Modi prometi&oacute; medidas r&aacute;pidas contra los responsables de las filtraciones y el s&aacute;bado acept&oacute; la renuncia del ministro. Seg&uacute;n los analistas, la situaci&oacute;n no era sencilla. Pradhan era uno de los ministros m&aacute;s leales y pol&iacute;ticamente importantes. Para este l&iacute;der autoritario, destituirlo pod&iacute;a ser percibido como un signo de debilidad y afectar a la lealtad de su gabinete.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dedda987-5ad4-4acd-b2a7-58bc728bd20e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El primer ministro de la India, Narendra Modi. "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El primer ministro de la India, Narendra Modi.                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Queda por ver hasta qu&eacute; punto el movimiento de las &lsquo;cucarachas&rsquo; afecta a la capacidad de Modi para atraer votos. A&uacute;n le quedan tres a&ntilde;os de mandato y hace poco gan&oacute; una serie de elecciones estatales cruciales. Pero como afirma el analista pol&iacute;tico y columnista Pratap Bhanu Mehta, &ldquo;lo m&aacute;s importante de este movimiento es que ha levantado el muro del miedo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este Gobierno est&aacute; acostumbrado a gobernar con impunidad&rdquo;, dice. &ldquo;Les va a resultar dif&iacute;cil recuperar una autoridad que nadie discuta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Francisco de Z&aacute;rate. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo ha sido actualizado por la redacci&oacute;n de elDiario.es.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hannah Ellis-Petersen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/meme-cucarachas-convirtio-mayor-desafio-gobierno-indio-no-miedo_1_13410303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 20:04:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3fd44c9e-73fc-40af-9915-280543830dca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x767y1058.jpg" length="1409926" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3fd44c9e-73fc-40af-9915-280543830dca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x767y1058.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1409926" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cómo un meme de cucarachas se convirtió en el mayor desafío al poder del Gobierno indio: "Ya no tenemos miedo"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3fd44c9e-73fc-40af-9915-280543830dca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x767y1058.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[India,Movimientos sociales,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leonor, Josefa i centenars de persones majors es queden sense el seu casal després d'un desnonament: "Vam sortir amb el 'tacataca' i els cotxets"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/leonor-josefa-i-centenars-persones-majors-queden-sense-seu-casal-despres-d-desnonament-vam-sortir-amb-tacataca-i-els-cotxets_1_13386719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" width="1200" height="675" alt="Leonor, Josefa i centenars de persones majors es queden sense el seu casal després d&#039;un desnonament: &quot;Vam sortir amb el &#039;tacataca&#039; i els cotxets&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mentre desenes d'usuaris participaven en un taller de memòria, una comitiva judicial i diversos efectius policials van irrompre al local, ubicat a Palma i que pertany a un banc. Les persones grans denuncien que cada vegada és més difícil ser autònoms i que es queden "sense lloc on anar"</p><p class="subtitle">Viure sense oficines bancàries ni caixers: "Ens tenen completament abandonats"
</p></div><p class="article-text">
        &Eacute;s mig mat&iacute; i el sol cau a plom sobre el barri palmes&agrave; de Son Cladera. Amb prou feines hi ha moviment als carrers, nom&eacute;s el murmuri que arriba des d'una petita pla&ccedil;a on, assegudes a la terrassa d'un bar de tota la vida, conversen diverses dones. Des de fa dues setmanes, aquest &eacute;s el seu punt de trobada habitual. L'anterior el van perdre el passat 2 de juliol, quan una comissi&oacute; judicial, acompanyada per agents de la Policia Nacional, va executar el desallotjament de La Cala, el local on, durant m&eacute;s de tres d&egrave;cades, van ballar, jugar al bingo, celebrar dinars populars i, sobretot, van trobar companyia. All&agrave; on, fins fa dues setmanes, els ve&iuml;ns entraven i sortien constantment, avui nom&eacute;s hi queda una persiana abaixada. &ldquo;Han llevat la diversi&oacute; a molta gent&rdquo;, lamenta Fidela, una de les antigues usu&agrave;ries.
    </p><p class="article-text">
        A Son Cladera, un barri de 7.500 habitants sorgit a mitjan anys seixanta arran de l'expansi&oacute; urbana de Palma, la ferida del desallotjament continua ben oberta. El que va comen&ccedil;ar com un litigi entre l'associaci&oacute; de gent gran i la propietat de l'immoble ha acabat convertint-se en el reflex d'un malestar m&eacute;s profund: el d'un ve&iuml;nat que veu desapar&egrave;ixer progressivament els espais que articulaven la vida comunit&agrave;ria i altres serveis b&agrave;sics, com les sucursals banc&agrave;ries. &ldquo;A m&eacute;s del casal, ens han llevat els dos bancs que ten&iacute;em. Ara depenem dels nostres familiars per poder anar a treure doblers&rdquo;, explica Fidela.
    </p><p class="article-text">
        Fidela Pedregal feia d&egrave;cades que estava vinculada al casal, que comptava amb m&eacute;s de 300 usuaris. Hi anava dues vegades per setmana &ldquo;per aix&ograve; del cap&rdquo; -en refer&egrave;ncia als tallers de mem&ograve;ria- i compartia les tardes amb altres ve&iuml;ns entre activitats, festes i partides de bingo. Asseguda a la terrassa del bar M&agrave;laga, on cada mat&iacute; es reuneix amb Josefa, Leonor i altres ve&iuml;nes que tamb&eacute; freq&uuml;entaven La Cala, lamenta que el tancament ha deixat moltes persones grans del barri &ldquo;sense cap lloc on anar-hi&rdquo;. Considera que, d'un dia per l'altre, ha desaparegut un espai que durant anys havia servit per combatre la soledat i mantenir activa la gent gran. &ldquo;Ens han abandonat&rdquo;, conclou.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A més del casal, ens han pres els dos bancs que teníem. Ara depenem dels nostres familiars per poder anar a treure diners</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fidela</span>
                                        <span>—</span> Usuària de La Cala i veïna de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_50p_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_50p_1147516.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_75p_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_75p_1147516.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.jpg"
                    alt="La persiana baixada del casal La Cala s&#039;ha convertit en el símbol d&#039;un barri que lamenta haver perdut el principal espai de socialització de les seves persones majors"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La persiana baixada del casal La Cala s&#039;ha convertit en el símbol d&#039;un barri que lamenta haver perdut el principal espai de socialització de les seves persones majors                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fidela Pedregal, antiga usuària de La Cala: &quot;Han tret la diversió de molta gent&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fidela Pedregal, antiga usuària de La Cala: &quot;Han tret la diversió de molta gent&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El passat 2 de juliol, mentre desenes d'usuaris participaven en un taller de mem&ograve;ria, la comitiva judicial i els efectius policials van irrompre a l'edifici per executar el llan&ccedil;ament. En q&uuml;esti&oacute; de minuts, les activitats van quedar interrompudes i els assistents van haver d'abandonar el local entre el desconcert i la incertesa. Els cartells de balls, excursions i tallers que encara pengen a les finestres s&oacute;n l'&uacute;nic vestigi de la intensa activitat que durant d&egrave;cades va acollir el casal, avui convertit en el s&iacute;mbol d'una realitat que va m&eacute;s enll&agrave; d'aquest cas i que planteja interrogants sobre el futur dels espais comunitaris per a la gent gran i la vulnerabilitat de nombroses associacions que desenvolupen la seva tasca social en immobles de titularitat privada.
    </p><p class="article-text">
        L'origen del conflicte es remunta al deute acumulat per l'anterior junta directiva amb la Fundaci&oacute; Sa Nostra, propiet&agrave;ria de l'immoble des del 2020. Despr&eacute;s de diversos impagaments del lloguer, la Fundaci&oacute; va iniciar un procediment judicial per recuperar la possessi&oacute; del local. El 2024, ambdues parts van assolir un acord que va permetre suspendre un primer llan&ccedil;ament i va donar marge a la nova junta gestora per intentar regularitzar la situaci&oacute; econ&ograve;mica. A canvi, l'associaci&oacute; assumia una s&egrave;rie d'obligacions, entre les quals el pagament d'un lloguer de 2.200 euros mensuals, una quantitat destinada a cobrir tant la renda ordin&agrave;ria com l'amortitzaci&oacute; progressiva del deute acumulat, que rondava els 30.000 euros. El pacte va ser avalat per l'assemblea de socis, tot i que una part dels associats s'hi va oposar en considerar que deixava l'entitat en una situaci&oacute; de vulnerabilitat davant la propietat. Finalment, per&ograve;, el desnonament es va acabar executant.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Els usuaris de La Cala, concentrats a les portes del local després de ser desallotjats"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Els usuaris de La Cala, concentrats a les portes del local després de ser desallotjats                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        elDiario.es s'ha posat en contacte amb la Fundaci&oacute; Sa Nostra per con&egrave;ixer, entre altres q&uuml;estions, quines comunicacions va mantenir amb l'associaci&oacute; gestora en relaci&oacute; amb la data del desallotjament, quins incompliments concrets van motivar finalment l'execuci&oacute; del llan&ccedil;ament, si es van plantejar alternatives per evitar-lo un cop iniciat el procediment judicial i quin &uacute;s preveu donar a l'immoble a partir d'ara. Tanmateix, no ha obtingut resposta fins al moment de la publicaci&oacute; d'aquest reportatge.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Nom&eacute;s queden els metges i tres farm&agrave;cies&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Al costat de Fidela seu Josefa, que confessa que troba a faltar la rutina que durant anys va marcar les seves tardes. Anava al casal per jugar al bingo, comprar loteria i compartir unes hores amb els seus ve&iuml;ns, tot i que reconeix que evitava tornar sola a casa quan es feia fosc perqu&egrave; el trajecte li feia por. No va presenciar el desallotjament, ja que es va produir al mat&iacute;, per&ograve; ha reconstru&iuml;t el que va passar a partir dels relats dels seus antics companys i dels v&iacute;deos que van circular r&agrave;pidament pel barri.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hi havia persones que van haver de sortir de pressa amb el <em>tacataca</em> i els cotxets. Va ser una falta de respecte. Diuen que arreglaran la situaci&oacute;, per&ograve; no ho s&eacute;. M'han dit que ja han comprat el local per fer-hi pisos&rdquo;, afirma. Per a ella, el tancament del casal &eacute;s un episodi m&eacute;s del progressiu abandonament que, al seu parer, pateix Son Cladera. &ldquo;L'&uacute;nic que ens queda s&oacute;n els metges i tres farm&agrave;cies&rdquo;, lamenta, conven&ccedil;uda que les persones grans s&oacute;n les principals perjudicades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Josefa, sobre el desnonament: &quot;Hi havia persones que van haver de sortir de pressa amb el &#039;tacataca&#039; i els cotxets. Va ser una falta de respecte&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Josefa, sobre el desnonament: &quot;Hi havia persones que van haver de sortir de pressa amb el &#039;tacataca&#039; i els cotxets. Va ser una falta de respecte&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;M'han mort&rdquo;, afirma en la mateixa l&iacute;nia Isabel, a punt de fer 90 anys. Al portal de casa seva, a pocs metres del casal, descriu el tancament com un dur cop a la seva rutina. Recorda les tardes de bingo, els tallers de mem&ograve;ria i les converses que, fins fa tot just unes setmanes, omplien el local. Hi participava en les activitats de mem&ograve;ria i hi passava les tardes jugant al bingo abans de tornar a casa.
    </p><p class="article-text">
        Asseguda al costat de Fidela i Josefa, Leonor explica que estava vinculada al casal des de pr&agrave;cticament els seus inicis. Recorda que l'associaci&oacute; va comen&ccedil;ar en un local m&eacute;s petit abans de traslladar-se a l'edifici del qual ara ha estat desallotjada. &ldquo;Era molt gran: tenia un menjador enorme, una cuina enorme i un pati molt gran&rdquo;, rememora. Cada diumenge s'hi organitzaven dinars, s'hi celebraven festes i actes com la darrera missa rociera. &ldquo;Els dissabtes feien pa i bunyols. Ens donava la vida&rdquo;, recorda amb nost&agrave;lgia, resumint en una sola frase la intensa activitat social que durant d&egrave;cades va acollir el casal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Els dissabtes feien pa i bunyols. Ens donava la vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Leonor</span>
                                        <span>—</span> Usuària de La Cala i veïna de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Isabel, que està a punt de fer 90 anys, descriu el tancament com un dur cop al seu dia a dia mentre evoca les tardes de bingo, els tallers de memòria i les converses"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Isabel, que està a punt de fer 90 anys, descriu el tancament com un dur cop al seu dia a dia mentre evoca les tardes de bingo, els tallers de memòria i les converses                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Leonor: . &quot;Els dissabtes feien pa i bunyols. Ens donava la vida&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Leonor: . &quot;Els dissabtes feien pa i bunyols. Ens donava la vida&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        L'Ana tamb&eacute; troba a faltar la rutina que havia constru&iuml;t al voltant de La Cala. Hi jugava al bingo, llegia la premsa i, sobretot, hi trobava un espai on conversar amb les seves amigues. Ara confia que l'associaci&oacute; aconsegueixi un nou local on reprendre les activitats. &ldquo;Tant de bo en trobin un altre. &Eacute;s una pena el que ha passat&rdquo;, lamenta. Al seu parer, el tancament del casal se suma a la desaparici&oacute; d'altres serveis essencials a Son Cladera, com les oficines banc&agrave;ries, una circumst&agrave;ncia que, assegura, ha incrementat la depend&egrave;ncia de moltes persones grans. &ldquo;Ara depenen d'alg&uacute; que els dugui a algun lloc o que els faci les gestions&rdquo;, resumeix.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tant de bo trobin un altre local. És una pena el que ha passat</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana</span>
                                        <span>—</span> Usuària de La Cala i veïna de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Els barris no interessen&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        En un banc de la mateixa pla&ccedil;a, en Jos&eacute; i en Salvador xerren amb altres ve&iuml;ns. En Jos&eacute; lamenta que el tancament ha perjudicat persones grans com un dels seus familiars, que assistia amb freq&uuml;&egrave;ncia als tallers de mem&ograve;ria i que, despr&eacute;s del desnonament, ara dep&egrave;n que les seves filles l'acompanyin a un altre centre. &ldquo;Tot sol no hi pot anar&rdquo;, explica, conven&ccedil;ut que el desnonament ha complicat la vida quotidiana de molts usuaris que trobaven a La Cala un espai proper i accessible.
    </p><p class="article-text">
        En Salvador, per la seva banda, sost&eacute; que el problema reflecteix l'abandonament que, al seu parer, pateix Son Cladera. Lamenta la desaparici&oacute; de serveis al barri, critica la manca de pres&egrave;ncia policial i retreu a les administracions que no hagin trobat una soluci&oacute; abans del desnonament. &ldquo;Els barris no interessen&rdquo;, afirma. Tamb&eacute; defensa que l'associaci&oacute; havia aconseguit sanejar la seva situaci&oacute; econ&ograve;mica i considera que les persones grans han acabat pagant les conseq&uuml;&egrave;ncies d'un conflicte que, segons ell, s'hauria pogut resoldre d'una altra manera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="En Joan i en Diumenge conversen en un dels bancs de Son Cladera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                En Joan i en Diumenge conversen en un dels bancs de Son Cladera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La imatge d&#039;un veí sol a la plaça de Son Cladera resumeix el buit que, lamenten els seus antics usuaris, ha deixat el tancament del casal La Cala"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La imatge d&#039;un veí sol a la plaça de Son Cladera resumeix el buit que, lamenten els seus antics usuaris, ha deixat el tancament del casal La Cala                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La junta gestora: &ldquo;Seguirem lluitant&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        La presidenta de la junta gestora de La Cala, Yusmelis Coronado, assegura que l'associaci&oacute; no dona la batalla per perduda. &ldquo;Continuarem lluitant&rdquo;, afirma en declaracions a elDiario.es, conven&ccedil;uda que encara hi ha opcions per recuperar el casal. Sost&eacute;, fins i tot, que el cas podria establir un precedent per a altres entitats. Coronado confia que el tancament no sigui definitiu, ja que, despr&eacute;s del llan&ccedil;ament, van rebre una comunicaci&oacute; del jutjat en qu&egrave; se'ls informava que revisaria la documentaci&oacute; del procediment i que els havia concedit un termini d'entre quatre i deu dies h&agrave;bils per fer-ho.
    </p><p class="article-text">
        Tot i aix&ograve;, lamenta que la resoluci&oacute; s'estigui endarrerint a causa del per&iacute;ode de vacances. &ldquo;Ens ho prendrem com unes vacances i esperarem, perqu&egrave; continuarem lluitant&rdquo;, assenyala, tot i que reconeix que l'espera &ldquo;es fa eterna&rdquo; per a uns usuaris que fa setmanes que no poden accedir al local.
    </p><p class="article-text">
        En aquest sentit, lamenta que qui m&eacute;s est&agrave; patint les conseq&uuml;&egrave;ncies del tancament s&oacute;n les persones grans. &ldquo;Ara no saben on anar&rdquo;, afirma. Explica que moltes hi acudien cada tarda per refugiar-se de la calor, compartir unes hores de companyia i participar en tallers o activitats l&uacute;diques. &ldquo;Els han pres aix&ograve;&rdquo;, lamenta. Al seu parer, el tancament del local s'afegeix a la desaparici&oacute; d'altres serveis b&agrave;sics del barri, com les sucursals banc&agrave;ries, una situaci&oacute; que, assegura, deixa molts ve&iuml;ns d'edat avan&ccedil;ada en una posici&oacute; de m&eacute;s depend&egrave;ncia. &ldquo;Els han deixat abandonats&rdquo;, conclou.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una veïna asseguda en un dels bancs del barri"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una veïna asseguda en un dels bancs del barri                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Façana del casal La Cala"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Façana del casal La Cala                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En els darrers anys s'han succe&iuml;t les protestes, les concentracions i les crides per evitar el desnonament de La Cala. Despr&eacute;s de con&egrave;ixer la demanda de desnonament, l'Associaci&oacute; de Ve&iuml;ns de Son Cladera es va bolcar en la defensa del casal i va comen&ccedil;ar a organitzar mobilitzacions i campanyes de suport per intentar aturar-ne el tancament. &ldquo;Avui s&oacute;n ells els qui fan fora; per&ograve; dem&agrave; tots serem grans i ens agradaria mantenir els nostres espais de conviv&egrave;ncia amb seguretat jur&iacute;dica i una pol&iacute;tica social humanit&agrave;ria, sabent que es respecten els drets i les obligacions de tothom&rdquo;, expressava l'entitat en un missatge dif&oacute;s a Facebook l'abril de 2024.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La presidenta de la gestora de La Cala, Yusmelis Coronado, lamenta que els qui més estan patint les conseqüències del tancament són els més grans: &quot;Ara no saben on anar&quot;. Explica que molts acudien cada tarda al casal per escapar de la calor, compartir unes hores de companyia i participar en tallers o activitats lúdiques</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despr&eacute;s del desallotjament del casal, diversos socis i ve&iuml;ns de Son Cladera han fet p&uacute;bliques cartes obertes en qu&egrave; q&uuml;estionen tant l'actuaci&oacute; de la Fundaci&oacute; Sa Nostra com la gesti&oacute; de l'advocat de l'associaci&oacute;. Un dels socis, Juan S&aacute;nchez, retreu a la Fundaci&oacute; que trenqu&eacute;s amb el model de cessi&oacute; gratu&iuml;ta del local, vigent durant tres d&egrave;cades, despr&eacute;s d'assumir-ne la gesti&oacute; el 2020 i d'imposar un contracte de lloguer a l'associaci&oacute;. Segons explica, el deute es va generar durant el mandat de l'anterior junta directiva, que va deixar de pagar les rendes, i va ser la posterior junta gestora la que va assumir el comprom&iacute;s de sanejar la situaci&oacute; econ&ograve;mica i garantir la continu&iuml;tat de l'activitat del casal.
    </p><div id="fb-root"></div><script async defer src="https://connect.facebook.net/es_ES/sdk.js#xfbml=1&version=v19.0"></script><div class="fb-post" data-href="https://www.facebook.com/AvSonCladera/posts/pfbid02pNsbAGJAaow3cHZAykT6hbHxrVJot37mEqQPtGNHrpxEwzvLJkRB8TAH1WVTtSmTl?locale=es_ES"></div><p class="article-text">
        S&aacute;nchez defensa que, durant els dos &uacute;ltims anys, l'associaci&oacute; ha abonat pr&agrave;cticament tot el deute acumulat despr&eacute;s de duplicar la quota mensual que pagava a la Fundaci&oacute;. Per aix&ograve;, considera que el desallotjament no respon a un impagament, sin&oacute; a la voluntat de recuperar l'immoble. A la carta tamb&eacute; acusa la Fundaci&oacute; Sa Nostra d'haver aprofitat el contracte signat amb la junta gestora per recuperar el local i deixar &ldquo;al carrer&rdquo; m&eacute;s de 250 persones grans, una actuaci&oacute; que considera incompatible amb els fins socials que proclama l'entitat i que, al seu parer, contradiu l'esperit dels seus propis estatuts.
    </p><p class="article-text">
        D'altra banda, assegura que la voluntat majorit&agrave;ria de l'assemblea era esgotar totes les vies per continuar al local, inclosa la possibilitat de resistir-se al llan&ccedil;ament si calia. En refer&egrave;ncia a l'advocat de la junta gestora, li retreu no haver informat els socis de la data prevista per a l'execuci&oacute; del desnonament. &ldquo;Si hagu&eacute;s avisat del que faria el jutge, quan el jutge es va presentar al local l'hauria trobat ple de gent negant-se a sortir&rdquo;, escriu.
    </p><p class="article-text">
        Coronado, tanmateix, rebutja aquestes cr&iacute;tiques i assegura que el desallotjament va agafar per sorpresa fins i tot la mateixa entitat, ja que la comunicaci&oacute; judicial va arribar amb molt poc marge. Segons explica, el lletrat va rebre la notificaci&oacute; la tarda anterior i, quan van voler reaccionar, la comissi&oacute; judicial ja s'havia presentat al casal a primera hora del mat&iacute;. &ldquo;No va donar temps a res. No entenem que actu&iuml;n d'aquesta manera&rdquo;, lamenta. La presidenta de la junta gestora insisteix que la prioritat de l'entitat sempre ha estat defensar els interessos dels usuaris i assegura que continuaran lluitant per recuperar el local.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cartells d&#039;activitats que encara pengen de les finestres"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cartells d&#039;activitats que encara pengen de les finestres                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Possible cessi&oacute; municipal</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>Per la seva banda</strong>, consultades per aquest diari, fonts de l'Ajuntament de Palma expliquen que el Consistori va posar, en el seu moment, el Casal de Barri de Son Cladera a disposici&oacute; dels responsables de La Cala, per&ograve; que l'entitat va rebutjar la proposta. L'Ajuntament recorda que el seu paper consisteix a cedir espais municipals perqu&egrave; s'hi puguin desenvolupar activitats.
    </p><p class="article-text">
        Coronado, tanmateix, retreu que el que es va posar sobre la taula va ser &uacute;nicament una sala insuficient per desenvolupar l'activitat habitual de La Cala. &ldquo;No era adequada per al que nosaltres fem&rdquo;, sost&eacute;. Assegura que t&egrave;cnics municipals van arribar a estudiar la possibilitat d'ampliar aquest espai, per&ograve; van concloure que no era viable. La presidenta de la junta gestora recorda que el casal acollia activitats di&agrave;ries i reunia un nombre d'usuaris molt superior al que podia assumir aquell equipament.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Desallotjament &ldquo;inhum&agrave;&rdquo; i &ldquo;antidemocr&agrave;tic&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        La Uni&oacute; d'Associacions de Mallorca (UAM) tamb&eacute; s'ha sumat a les cr&iacute;tiques pel desallotjament del casal de La Cala. En un comunicat p&uacute;blic signat pel seu president, Pere Felip Buades, l'entitat assegura que no pot quedar-se &ldquo;amb els bra&ccedil;os plegats&rdquo; davant el &ldquo;tancament inadequat i infame&rdquo; del local, &ldquo;m&agrave;xim tenint en compte que La Cala &eacute;s l'associaci&oacute; de persones grans que m&eacute;s activitats duu a terme&rdquo; i que aplega el nombre m&eacute;s gran de socis i s&ograve;cies de les Illes Balears. Tot i assegurar que respecta la resoluci&oacute; judicial que ha perm&egrave;s executar el llan&ccedil;ament, afirma que no la comparteix i la qualifica d'&ldquo;inhumana&rdquo;, &ldquo;anticristiana&rdquo;, &ldquo;antidemocr&agrave;tica&rdquo;, &ldquo;immoral&rdquo;, &ldquo;caciquil&rdquo; i &ldquo;il&middot;legal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute; mateix, l'organitzaci&oacute; ha reptat p&uacute;blicament la Fundaci&oacute; Sa Nostra a mantenir un debat p&uacute;blic &ldquo;quan vulgui i on vulgui, amb la finalitat d'exposar lliurement i democr&agrave;ticament els respectius punts de vista&rdquo;. En la mateixa nota, adverteix que, si l'entitat declina participar-hi, interpretar&agrave; aquesta decisi&oacute; com una manca de voluntat d'oferir explicacions p&uacute;bliques sobre el cas.
    </p><p class="article-text">
        La UAM assenyala, a m&eacute;s, que aquest assumpte ser&agrave; abordat en el ple municipal d'aquest mes de juliol i sost&eacute; que tots els grups pol&iacute;tics tenen el deure de posicionar-se en defensa de l'associaci&oacute;. &ldquo;Aqu&iacute; no valdran les abstencions&rdquo;, afirma en un altre comunicat, en qu&egrave; considera que no donar suport a La Cala equivaldria a girar l'esquena a una entitat que defineix com a &ldquo;mod&egrave;lica&rdquo; i un &ldquo;referent&rdquo; del moviment associatiu de les Illes Balears.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Façana de La Cala, ja amb les portes tancades"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Façana de La Cala, ja amb les portes tancades                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Manca de mobilitzaci&oacute; social</strong></h2><p class="article-text">
        Mentrestant, Stop Desnonaments Mallorca ha carregat durament contra el desallotjament del casal de persones grans de Son Cladera, que qualifica de &ldquo;brutal&rdquo;, i responsabilitza la propiet&agrave;ria de l'immoble del que ha passat. La plataforma recorda que durant els darrers anys ha donat suport a les reivindicacions de l'associaci&oacute; per conservar el local, difonent les convocat&ograve;ries i participant, en la mesura de les seves possibilitats, en les mobilitzacions organitzades en defensa del casal. Tot i aix&ograve;, el col&middot;lectiu tamb&eacute; marca dist&agrave;ncies amb la gesti&oacute; de l'actual direcci&oacute; de l'associaci&oacute;. Al seu parer, tant la majoria de la junta directiva com l'assemblea de socis que va donar suport a l'acord subscrit el 2024 amb la Fundaci&oacute; Sa Nostra &ldquo;es van equivocar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        L'organitzaci&oacute; lamenta que, en la reuni&oacute; en qu&egrave; es va aprovar aquell acord, prevalgu&eacute;s el criteri de l'advocat per damunt del d'altres socis que, tot i no ser juristes, comptaven, segons sost&eacute; el col&middot;lectiu, amb assessorament jur&iacute;dic i amb l'experi&egrave;ncia acumulada despr&eacute;s d'anys de lluita ve&iuml;nal. Al seu entendre, la direcci&oacute; tamb&eacute; es va equivocar en no tornar a convocar els socis per valorar l'evoluci&oacute; del conflicte i en optar per transmetre un missatge de tranquil&middot;litat mentre el procediment judicial continuava avan&ccedil;ant. Aix&iacute; mateix, sost&eacute; que la manca d'informaci&oacute; pr&egrave;via sobre la data del llan&ccedil;ament va impedir organitzar una mobilitzaci&oacute; ve&iuml;nal que, segons defensa, hauria pogut intentar evitar el desallotjament.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un dels carrers que vertebren Son Cladera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un dels carrers que vertebren Son Cladera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En aquest context, el col&middot;lectiu defensa que l'estrat&egrave;gia per recuperar el casal s'ha de basar en la mobilitzaci&oacute; social i en la col&middot;laboraci&oacute; entre entitats, i aposta per obrir una nova etapa sustentada en la unitat del barri. Amb aquest objectiu, ha demanat la convocat&ograve;ria d'una reuni&oacute; p&uacute;blica entre la junta de l'associaci&oacute; de persones grans, Stop Desnonaments SONKLA, l'Associaci&oacute; de Ve&iuml;ns de Son Cladera i qualsevol altre col&middot;lectiu o ve&iacute; que vulgui sumar-se a la defensa del casal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esperem que, pel b&eacute; de l'associaci&oacute;, del casal i de les persones grans, la junta rectifiqui i passi a confiar en la mobilitzaci&oacute; del barri i en les aliances amb altres col&middot;lectius que volem donar suport a la recuperaci&oacute; del local i a la defensa d'un barri digne&rdquo;, subratlla. La plataforma reivindica la necessitat que les decisions puguin ser debatudes i q&uuml;estionades dins els moviments ve&iuml;nals i socials i reitera la seva disposici&oacute; a continuar donant suport a la recuperaci&oacute; d'un espai que considera fonamental per a la vida comunit&agrave;ria de Son Cladera.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;s enll&agrave; de la batalla judicial, Josefa, Ana, Isabel, Leonor i la resta d'usuaris del casal comparteixen una mateixa reivindicaci&oacute;: recuperar un espai que consideren imprescindible per mantenir viva la conviv&egrave;ncia a Son Cladera. Per a ells, La Cala no era nom&eacute;s un casal de persones grans; era el lloc on omplien les tardes, feien amistats i continuaven sentint-se part d'un barri que avui, diuen, &eacute;s una mica m&eacute;s pobre que fa dues setmanes. &ldquo;Jo ja vaig cap als noranta anys i aix&ograve; era l'&uacute;nic que tenia per sortir de casa&rdquo;, conclou Isabel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros, Francisco Ubilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/leonor-josefa-i-centenars-persones-majors-queden-sense-seu-casal-despres-d-desnonament-vam-sortir-amb-tacataca-i-els-cotxets_1_13386719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 06:47:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" length="1526799" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1526799" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Leonor, Josefa i centenars de persones majors es queden sense el seu casal després d'un desnonament: "Vam sortir amb el 'tacataca' i els cotxets"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tercera edad,Personas mayores,Exclusión social,Ancianos,Movimientos sociales,Centros sociales,Acción social,Desahucios,Desalojos,Islas Baleares,Mallorca,Palma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leonor, Josefa y cientos de mayores se quedan sin su 'casal' tras un desahucio: "Salimos con el tacataca y los carritos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/leonor-josefa-cientos-mayores-quedan-casal-desahucio-salimos-tacataca-carritos_1_13381796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" width="1200" height="675" alt="Leonor, Josefa y cientos de mayores se quedan sin su &#039;casal&#039; tras un desahucio: &quot;Salimos con el tacataca y los carritos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras decenas de usuarios participaban en un taller de memoria, una comitiva judicial y varios efectivos policiales irrumpieron en el local, ubicado en Palma y que pertenece a un banco. Las personas mayores denuncian que cada vez es más difícil ser autónomos y que se quedan "sin sitio a donde ir"</p><p class="subtitle">Vivir sin oficinas bancarias ni cajeros: “Nos tienen completamente abandonados”
</p></div><p class="article-text">
        Es media ma&ntilde;ana y el sol cae a plomo sobre la barriada palmesana de Son Cladera. Apenas hay movimiento en las calles, solo el murmullo que llega desde una peque&ntilde;a plaza donde, sentadas en la terraza de un bar de toda la vida, conversan varias mujeres. Desde hace dos semanas es su punto de encuentro habitual. El anterior lo perdieron el pasado 2 de julio, cuando una comisi&oacute;n judicial y varios agentes de la Polic&iacute;a Nacional ejecutaron el desalojo de La Cala, el local en el que, durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, bailaron, jugaron al bingo, celebraron comidas populares y, sobre todo, encontraron compa&ntilde;&iacute;a. All&iacute; donde, hasta hace dos semanas, los vecinos entraban y sal&iacute;an, hoy solo queda una persiana bajada. &ldquo;Han quitado la diversi&oacute;n de mucha gente&rdquo;, lamenta Fidela, una de las antiguas usuarias.
    </p><p class="article-text">
        En Son Cladera, un barrio de 7.500 habitantes surgido a mediados de los sesenta al calor de la expansi&oacute;n urbana de Palma, la herida del desalojo a&uacute;n contin&uacute;a abierta. Y es que lo que comenz&oacute; como un litigio entre la asociaci&oacute;n de mayores y la propiedad del inmueble ha acabado convirti&eacute;ndose en la m&aacute;xima expresi&oacute;n de un malestar m&aacute;s profundo: el de un vecindario que llora la desaparici&oacute;n progresiva de los espacios que articulaban su vida comunitaria y la p&eacute;rdida de otros servicios b&aacute;sicos como las sucursales bancarias. &ldquo;Adem&aacute;s del casal, nos han quitado los dos bancos que ten&iacute;amos. Ahora dependemos de nuestros familiares para poder ir a sacar dinero&rdquo;, prosigue Fidela. 
    </p><p class="article-text">
        Fidela Pedregal llevaba d&eacute;cadas vinculada al casal, que contaba con m&aacute;s de 300 usuarios. All&iacute; acud&iacute;a dos veces por semana &ldquo;para lo de la cabeza&rdquo; -en alusi&oacute;n a los talleres de memoria- y compart&iacute;a las tardes con otros vecinos entre actividades, fiestas y partidas de bingo. Sentada en la terraza del bar M&aacute;laga, donde cada ma&ntilde;ana se re&uacute;ne con Josefa, Leonor y otras vecinas que tambi&eacute;n frecuentaban La Cala, lamenta que el cierre ha dejado a muchas personas mayores del barrio &ldquo;sin sitio a donde ir&rdquo;, recriminando que un espacio que durante a&ntilde;os sirvi&oacute; para combatir la soledad y mantener activa a la gente mayor haya desaparecido de un d&iacute;a para otro. &ldquo;Nos han abandonado&rdquo;, abunda.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Además del casal, nos han quitado los dos bancos que teníamos. Ahora dependemos de nuestros familiares para poder ir a sacar dinero</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fidela</span>
                                        <span>—</span> Usuaria de La Cala y vecina de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_50p_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_50p_1147516.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_75p_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_75p_1147516.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3de770f-e429-479c-8f27-3230830dd8e1_4-3-aspect-ratio_default_1147516.jpg"
                    alt="La persiana bajada del casal La Cala se ha convertido en el símbolo de un barrio que lamenta haber perdido el principal espacio de socialización de sus personas mayores"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La persiana bajada del casal La Cala se ha convertido en el símbolo de un barrio que lamenta haber perdido el principal espacio de socialización de sus personas mayores                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68a77eeb-8378-4780-a49a-c668e9c10b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fidela Pedregal, antigua usuaria de La Cala: &quot;Han quitado la diversión de mucha gente&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fidela Pedregal, antigua usuaria de La Cala: &quot;Han quitado la diversión de mucha gente&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El pasado 2 de julio, mientras decenas de usuarios participaban en un taller de memoria, la comitiva judicial y los efectivos policiales irrumpieron en el edificio para ejecutar el lanzamiento. En cuesti&oacute;n de minutos, las actividades quedaron interrumpidas y los asistentes tuvieron que abandonar el local entre el desconcierto y la incertidumbre. Los carteles de bailes, excursiones y talleres que a&uacute;n cuelgan de las ventanas son el &uacute;nico vestigio de la intensa actividad que durante d&eacute;cadas acogi&oacute; el casal, reconvertido en el s&iacute;mbolo de una realidad que va m&aacute;s all&aacute; del caso y que plantea interrogantes en torno al futuro de los espacios comunitarios para las personas mayores y sobre la vulnerabilidad de numerosas asociaciones que desarrollan su labor social en inmuebles de titularidad privada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cuestión de minutos, las actividades quedaron interrumpidas y los asistentes tuvieron que abandonar el local entre el desconcierto y la incertidumbre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El origen del conflicto se remonta a la deuda acumulada por la anterior junta directiva con la Fundaci&oacute; Sa Nostra, propietaria del inmueble desde 2020. Tras varios impagos del alquiler, la Fundaci&oacute; inici&oacute; un procedimiento judicial para recuperar el local. En 2024, ambas partes alcanzaron un acuerdo que permiti&oacute; suspender un primer intento de desalojo y dio margen a la nueva junta gestora para intentar regularizar la situaci&oacute;n econ&oacute;mica. A cambio, la asociaci&oacute;n asum&iacute;a una serie de obligaciones, entre ellas el pago de un arrendamiento de 2.200 euros al mes, una cantidad destinada a cubrir tanto la renta corriente como la amortizaci&oacute;n progresiva de la deuda acumulada, que rondaba los 30.000. El pacto fue respaldado por la asamblea de socios, pero una parte de los asociados se opuso al considerar que dejaba a la entidad en una posici&oacute;n de vulnerabilidad frente a la propiedad. El desahucio, finalmente, acab&oacute; por llegar. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6eff20a4-0f48-453c-9367-a15ea4a2420e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los usuarios de La Cala, concentrados a las puertas del local tras ser desalojados"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los usuarios de La Cala, concentrados a las puertas del local tras ser desalojados                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        elDiario.es se ha puesto en contacto con la Fundaci&oacute; Sa Nostra para conocer, entre otras cuestiones, qu&eacute; comunicaciones mantuvo con la asociaci&oacute;n gestora respecto a la fecha del desalojo, qu&eacute; incumplimientos concretos motivaron finalmente la ejecuci&oacute;n del mismo, si existieron propuestas o alternativas para evitarlo una vez iniciado el procedimiento judicial y qu&eacute; uso tiene previsto dar al inmueble a partir de ahora, pero no ha obtenido respuesta hasta el momento de la publicaci&oacute;n de este reportaje.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Solo quedan los m&eacute;dicos y tres farmacias&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Al lado de Fidela est&aacute; sentada Josefa, quien confiesa que echa de menos la rutina que durante a&ntilde;os marc&oacute; sus tardes. Acud&iacute;a al casal para jugar al bingo, comprar la loter&iacute;a y compartir unas horas con sus vecinos, aunque reconoce que evitaba volver sola de noche porque el camino hasta su casa le daba miedo. No presenci&oacute; el desalojo, ya que se produjo por la ma&ntilde;ana, pero ha escuchado a sus antiguos compa&ntilde;eros narrar lo sucedido, plasmado adem&aacute;s en varios v&iacute;deos que corrieron como la p&oacute;lvora. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hab&iacute;a personas que tuvieron que salir deprisa con el <em>tacataca </em>y los carritos. Fue una falta de respeto. Dicen que recompondr&aacute;n la situaci&oacute;n, pero no lo s&eacute;. Me han dicho que ya han comprado el local para hacer pisos&rdquo;, prosigue. Para ella, el cierre del casal es un cap&iacute;tulo m&aacute;s del progresivo abandono que, a su juicio, sufre Son Cladera. &ldquo;Lo &uacute;nico que nos queda son los m&eacute;dicos y tres farmacias&rdquo;, denuncia, convencida de que las personas mayores son las principales perjudicadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1648282a-9606-477c-b536-661bd5cd8cab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Josefa, sobre el desalojo: &quot;Había personas que tuvieron que salir deprisa con el tacataca y los carritos. Fue una falta de respeto&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Josefa, sobre el desalojo: &quot;Había personas que tuvieron que salir deprisa con el tacataca y los carritos. Fue una falta de respeto&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me han matado&rdquo;, afirma en la misma l&iacute;nea Isabel, a punto de cumplir 90 a&ntilde;os. En el portal de su casa, pr&oacute;ximo al casal, describe el cierre como un duro golpe a su d&iacute;a a d&iacute;a mientras recuerda las tardes de bingo, los talleres de memoria y las conversaciones que hasta hace apenas unas semanas llenaban el local. All&iacute; participaba en las actividades de memoria y pasaba ratos jugando al bingo antes de regresar a casa. 
    </p><p class="article-text">
        Sentada junto a Fidela y Josefa, Leonor explica que llevaba vinculada al casal desde pr&aacute;cticamente sus or&iacute;genes. Recuerda que el club comenz&oacute; en un local m&aacute;s peque&ntilde;o hasta trasladarse al edificio del que ahora ha sido desalojado. &ldquo;Era muy grande: ten&iacute;a un comedor muy grande, una cocina muy grande, un patio grande&rdquo;, rememora. All&iacute; se celebraban comidas dominicales, fiestas y actos como la &uacute;ltima misa rociera. &ldquo;Los s&aacute;bados hac&iacute;an pan y bollitos. Nos daba la vida&rdquo;, recuerda, resumiendo con nostalgia la intensa actividad social que albergabael edificio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los sábados hacían pan y bollitos. Nos daba la vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Leonor</span>
                                        <span>—</span> Usuaria de La Cala y vecina de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ddc3e101-fa53-4f08-af43-b651b5d06bc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Isabel, quien está a punto de cumplir 90 años, describe el cierre como un duro golpe a su día a día mientras evoca las tardes de bingo, los talleres de memoria y las conversaciones"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Isabel, quien está a punto de cumplir 90 años, describe el cierre como un duro golpe a su día a día mientras evoca las tardes de bingo, los talleres de memoria y las conversaciones                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2e827c0d-2a57-406c-964d-164365be9ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Leonor: . &quot;Los sábados hacían pan y bollitos. Nos daba la vida&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Leonor: . &quot;Los sábados hacían pan y bollitos. Nos daba la vida&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ana tambi&eacute;n echa de menos la rutina que hab&iacute;a construido alrededor de La Cala. All&iacute; jugaba al bingo, le&iacute;a la prensa y, sobre todo, encontraba un lugar donde conversar con sus amigas. Ahora conf&iacute;a en que la asociaci&oacute;n consiga un nuevo espacio para retomar las actividades. &ldquo;Ojal&aacute; encuentren otro local. Es una pena lo que ha pasado&rdquo;, lamenta. A su juicio, el cierre del casal se suma a la desaparici&oacute;n de otros servicios esenciales en Son Cladera, como las oficinas bancarias, una circunstancia que, advierte, ha aumentado la dependencia de muchas personas mayores. &ldquo;Ahora dependen ya de alguien que les lleve a alg&uacute;n sitio o que les haga las gestiones&rdquo;, resume.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ojalá encuentren otro local. Es una pena lo que ha pasado</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana</span>
                                        <span>—</span> Usuaria de La Cala y vecina de Son Cladera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Los barrios no interesan&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        En un banco de la misma plaza, Jos&eacute; y Domingo charlan con otros vecinos. Jos&eacute; lamenta que el cierre ha perjudicado a personas mayores como uno de sus familiares, que asist&iacute;a con frecuencia a los talleres de memoria y que, tras el desalojo, depende ahora de que sus hijas lo lleven a otro centro. &ldquo;Solo no puede ir&rdquo;, explica, convencido de que el desalojo ha complicado la vida cotidiana de muchos usuarios que encontraban en La Cala un espacio cercano y accesible.
    </p><p class="article-text">
        Salvador, por su parte, sostiene que el problema refleja el abandono que, a su juicio, sufre Son Cladera. Lamenta la desaparici&oacute;n de servicios en el barrio, critica la falta de presencia policial y reprocha a las administraciones no haber encontrado una soluci&oacute;n antes del desalojo. &ldquo;Los barrios no interesan&rdquo;, afirma Salvador, quien tambi&eacute;n defiende que la asociaci&oacute;n hab&iacute;a conseguido sanear su situaci&oacute;n econ&oacute;mica y considera que las personas mayores han terminado pagando las consecuencias de un conflicto que, entiende, podr&iacute;a haberse resuelto de otra manera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3823dc36-b50e-4234-87f4-6f905ff96f11_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="José y Domingo conversan en uno de los bancos de Son Cladera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                José y Domingo conversan en uno de los bancos de Son Cladera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e19c4196-3762-442e-9ffe-a858e22b030e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La imagen de un vecino solo en la plaza de Son Cladera resume el vacío que, lamentan sus antiguos usuarios, ha dejado el cierre del casal La Cala"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La imagen de un vecino solo en la plaza de Son Cladera resume el vacío que, lamentan sus antiguos usuarios, ha dejado el cierre del casal La Cala                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La junta gestora: &ldquo;Seguiremos luchando&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        La presidenta de la junta gestora de La Cala, Yusmelis Coronado, asegura que la asociaci&oacute;n no da la batalla por perdida. &ldquo;Seguiremos luchando&rdquo;, afirma en declaraciones a elDiario.es, convencida de que todav&iacute;a existen opciones para recuperar el casal. Sostiene, incluso, que el caso puede sentar un precedente para otras entidades. Coronado conf&iacute;a en que el cierre no sea definitivo dado que, tras el lanzamiento, recibieron la comunicaci&oacute;n de que el Juzgado revisar&iacute;a la documentaci&oacute;n del procedimiento y que &eacute;ste les ha otorgado un plazo de entre cuatro y diez d&iacute;as h&aacute;biles para hacerlo. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lamenta que la resoluci&oacute;n se est&eacute; demorando por el periodo vacacional. &ldquo;Lo tomaremos como unas vacaciones y a esperar, porque seguiremos luchando&rdquo;, se&ntilde;ala, aunque reconoce que la espera &ldquo;se hace una eternidad&rdquo; para unos usuarios que llevan semanas sin poder acceder al local.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, lamenta que quienes m&aacute;s est&aacute;n sufriendo las consecuencias del cierre son las personas mayores. &ldquo;Ahora no saben d&oacute;nde ir&rdquo;, afirma. Explica que muchas acud&iacute;an cada tarde al casal para escapar del calor, compartir unas horas de compa&ntilde;&iacute;a y participar en talleres o actividades l&uacute;dicas. &ldquo;Les han cortado esto&rdquo;, lamenta. A su juicio, el cierre del local se suma a la desaparici&oacute;n de otros servicios b&aacute;sicos del barrio, como las comentadas sucursales bancarias, una situaci&oacute;n que, asegura, deja a muchos vecinos de edad avanzada en una posici&oacute;n de mayor dependencia. &ldquo;Los han dejado abandonados&rdquo;, concluye.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c1a24c89-b267-4a99-bae7-f5028b927551_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una vecina sentada en uno de los bancos de la barriada"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una vecina sentada en uno de los bancos de la barriada                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef97ac16-df22-4c85-bc2f-76a66d62d052_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fachada del casal La Cala"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fachada del casal La Cala                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han sucedido las protestas, las concentraciones y los llamamientos contra el desalojo de La Cala. Tras conocer la demanda de desahucio, la Asciaci&oacute;n de Vecinos de Son Cladera se volc&oacute; en la defensa del casal y comenz&oacute; a organizar movilizaciones y campa&ntilde;as de apoyo para tratar de frenar el cierre. &ldquo;Hoy son ellos a quienes echan a la calle; pero ma&ntilde;ana todos seremos mayores y nos gustar&iacute;a mantener nuestros espacios de convivencia con seguridad jur&iacute;dica y pol&iacute;tica social humanitaria, sabiendo que se respetan los derechos y obligaciones de todos&rdquo;, expresaba en un mensaje difundido en Facebook en abril de 2024.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La presidenta de la gestora de La Cala, Yusmelis Coronado, lamenta que quienes más están sufriendo las consecuencias del cierre son los mayores: &quot;Ahora no saben dónde ir&quot;. Explica que muchos acudían cada tarde al casal para escapar del calor, compartir unas horas de compañía y participar en talleres o actividades lúdicas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tras el desalojo del casal, varios socios y vecinos de Son Cladera han hecho p&uacute;blicas cartas abiertas en las que cuestionan tanto la actuaci&oacute;n de la Fundaci&oacute; Sa Nostra como la gesti&oacute;n del abogado de la asociaci&oacute;n. Uno de los socios, Juan S&aacute;nchez, critica que la Fundaci&oacute; rompiese con el modelo de cesi&oacute;n gratuita del local que hab&iacute;a estado vigente durante tres d&eacute;cadas tras asumir la gesti&oacute;n del inmueble en 2020 e imponer un alquiler a la asociaci&oacute;n. Como relata, la deuda se origin&oacute; durante la etapa de la anterior junta directiva, que dej&oacute; de abonar las rentas, y fue la posterior junta gestora la que asumi&oacute; el compromiso de sanear la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y mantener la actividad del casal.
    </p><div id="fb-root"></div><script async defer src="https://connect.facebook.net/es_ES/sdk.js#xfbml=1&version=v19.0"></script><div class="fb-post" data-href="https://www.facebook.com/AvSonCladera/posts/pfbid02pNsbAGJAaow3cHZAykT6hbHxrVJot37mEqQPtGNHrpxEwzvLJkRB8TAH1WVTtSmTl?locale=es_ES"></div><p class="article-text">
        S&aacute;nchez defiende que, durante los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, la asociaci&oacute;n ha abonado pr&aacute;cticamente toda la deuda acumulada al duplicar la cuota mensual que pagaba a la Fundaci&oacute;n, por lo que considera que el desalojo no responde a un impago, sino al inter&eacute;s de recuperar el inmueble. En la carta acusa adem&aacute;s a la Fundaci&oacute; Sa Nostra de haber aprovechado el contrato firmado con la junta gestora para hacerse con el local y dejar &ldquo;en la calle&rdquo; a m&aacute;s de 250 personas mayores, una actuaci&oacute;n que considera incompatible con los fines sociales que proclama la entidad y que, a su juicio, contradice el esp&iacute;ritu de sus propios estatutos.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, asegura que la voluntad mayoritaria de la asamblea era agotar todas las v&iacute;as para permanecer en el local, incluida la posibilidad de resistir al lanzamiento si fuera necesario. Dirigi&eacute;ndose al abogado de la gestora, le reprocha no haber informado a los socios de la fecha prevista para la ejecuci&oacute;n del desahucio. &ldquo;Si hubiera avisado de lo que har&iacute;a el juez, cuando el juez se present&oacute; en el local se lo habr&iacute;a encontrado lleno de gente neg&aacute;ndose a salir&rdquo;, escribe.
    </p><p class="article-text">
        Coronado, sin embargo, rechaza las cr&iacute;ticas y asegura que el desalojo cogi&oacute; por sorpresa incluso a la propia entidad, alegando que la comunicaci&oacute;n judicial lleg&oacute; con muy escaso margen. Seg&uacute;n afirma, el letrado recibi&oacute; la notificaci&oacute;n la tarde anterior y, para cuando quisieron reaccionar, la comisi&oacute;n judicial ya se hab&iacute;a presentado en el casal a primera hora de la ma&ntilde;ana. &ldquo;No dio tiempo a nada. No entendemos que act&uacute;en de esa manera&rdquo;, lamenta. La m&aacute;xima responsable de la gestora incide en que la prioridad de &eacute;sta siempre ha sido defender los intereses de los usuarios, por lo que, asevera, continuar&aacute;n luchando para recuperar el local.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/896aa3e5-364d-4d86-8a36-e8eb52d0d371_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carteles de actividades que aún cuelgan de las ventanas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carteles de actividades que aún cuelgan de las ventanas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Posible cesi&oacute;n municipal</strong></h2><p class="article-text">
        Por su parte, consultadas por este diario, fuentes del Ayuntamiento de Palma explican que el Consistorio, en su momento, puso a disposici&oacute;n de los responsables de La Cala el Casal de Barri de Son Cladera, pero que la propuesta fue rechazada por la entidad. El Ayuntamiento recuerda que su papel consiste en ceder espacios municipales para el desarrollo de actividades. 
    </p><p class="article-text">
        Coronado recrimina, sin embargo, que lo que se puso sobre la mesa fue &uacute;nicamente una sala insuficiente para desarrollar la actividad habitual de La Cala. &ldquo;No era adecuada para lo que nosotros hacemos&rdquo;, sostiene. Asegura que t&eacute;cnicos municipales llegaron a estudiar la posibilidad de ampliar ese espacio, pero concluyeron que no era viable. La presidenta de la gestora recuerda que el casal acog&iacute;a actividades diarias y reun&iacute;a a un n&uacute;mero de usuarios muy superior al que permitir&iacute;a ese emplazamiento.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Desalojo &ldquo;inhumano&rdquo; y &ldquo;antidemocr&aacute;tico&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n de Asociaciones de Mallorca (UAM) tambi&eacute;n se ha sumado a las cr&iacute;ticas por el desalojo del casal de La Cala. En un comunicado p&uacute;blico firmado por su presidente, Pere Felip Buades, la entidad asegura que no puede quedarse &ldquo;con los brazos cruzados&rdquo; ante el &ldquo;inadecuado e infame&rdquo; cierre del local, &ldquo;m&aacute;xime teniendo en cuenta que La Cala es la asociaci&oacute;n de <em>gent gran</em> [personas mayores en catal&aacute;n] que m&aacute;s actividades viene realizando&rdquo; y que aglutina al mayor n&uacute;mero de socios y socias de Balears. Aunque asegura respetar la resoluci&oacute;n judicial que ha permitido ejecutar el lanzamiento, se&ntilde;ala que no la comparte y la califica de &ldquo;inhumana&rdquo;, &ldquo;anticristiana&rdquo;, &ldquo;antidemocr&aacute;tica&rdquo;, &ldquo;inmoral&rdquo;, &ldquo;caciquil&rdquo; e &ldquo;ilegal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, la organizaci&oacute;n ha retado p&uacute;blicamente a la Fundaci&oacute; Sa Nostra a mantener un debate p&uacute;blico &ldquo;cuando quiera y donde quiera, con el fin de exponer libre y democr&aacute;ticamente los consiguientes puntos de vista por ambas partes&rdquo;. En la misma nota, advierte de que, si la entidad declina participar en ese debate, interpretar&aacute; esa decisi&oacute;n como una falta de voluntad para dar explicaciones p&uacute;blicas sobre el caso. 
    </p><p class="article-text">
        La UAM se&ntilde;ala adem&aacute;s que este asunto ser&aacute; abordado en el pleno municipal de este mes de julio y sostiene que todos los grupos pol&iacute;ticos tienen la obligaci&oacute;n de posicionarse en defensa de la asociaci&oacute;n. &ldquo;Aqu&iacute; no valdr&aacute;n las abstenciones&rdquo;, afirma en otro comunicado, en el que considera que no apoyar a La Cala equivaldr&iacute;a a dar la espalda a una entidad que define como &ldquo;mod&eacute;lica&rdquo; y un &ldquo;referente&rdquo; para el movimiento asociativo de Balears.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1386b6b1-a78e-4298-b883-c28873126d92_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fachada de La Cala, ya con las puertas cerradas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fachada de La Cala, ya con las puertas cerradas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Falta de movilizaci&oacute;n social</strong></h2><p class="article-text">
        Mientras tanto, Stop Desahucios ha cargado duramente contra el desalojo del casal de personas mayores de Son Cladera, que califica de &ldquo;brutal&rdquo;, y responsabiliza a la entidad propietaria del inmueble. La plataforma recuerda que durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha respaldado las reivindicaciones de la asociaci&oacute;n para conservar el local, difundiendo convocatorias y participando, en la medida de sus posibilidades, en las movilizaciones convocadas en defensa del casal. No obstante, el colectivo tambi&eacute;n marca distancias con la gesti&oacute;n de la actual direcci&oacute;n de la asociaci&oacute;n. En su opini&oacute;n, tanto la mayor&iacute;a de la junta directiva como la asamblea de socios que respald&oacute; el acuerdo suscrito en 2024 con la Fundaci&oacute; Sa Nostra &ldquo;se equivocaron&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n lamenta que, en la reuni&oacute;n en la que se aprob&oacute; aquel el acuerdo, prevaleciera el criterio del abogado frente al de otros socios que, pese a no ser juristas, contaban -asevera- con asesoramiento legal y con la experiencia acumulada de a&ntilde;os de lucha vecinal. A su juicio, la direcci&oacute;n tambi&eacute;n err&oacute; al no volver a convocar a los socios para valorar la evoluci&oacute;n del conflicto y al optar por transmitir un mensaje de tranquilidad mientras avanzaba el procedimiento judicial. Asimismo, sostiene que la falta de informaci&oacute;n previa sobre la fecha del lanzamiento impidi&oacute; organizar una movilizaci&oacute;n vecinal que, en su opini&oacute;n, podr&iacute;a haber tratado de evitar el desalojo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0ddd62be-6965-40eb-b59e-7717f11a1d7a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una de las calles que vertebran Son Cladera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una de las calles que vertebran Son Cladera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En este contexto, el colectivo defiende que la estrategia para recuperar el casal debe basarse en la movilizaci&oacute;n social y en la colaboraci&oacute;n entre entidades, por lo que propone abrir una nueva etapa basada en la unidad del barrio. Para ello, ha solicitado la celebraci&oacute;n de una reuni&oacute;n p&uacute;blica entre la junta de la asociaci&oacute;n de personas mayores, Stop Desahucios SONKLA (su rama en Son Cladera), la asociaci&oacute;n de vecinos y cualquier otro colectivo o vecino que quiera sumarse a la defensa del casal. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esperemos que por el bien de la asociaci&oacute;n, del casal, de los mayores, la junta rectifique y pase a confiar en la movilizaci&oacute;n del barrio y alianzas con otros colectivos que queremos apoyar la recuperaci&oacute;n del local y la defensa de un barrio digno&rdquo;, subraya. La plataforma reivindica la necesidad de que las decisiones puedan ser debatidas y cuestionadas dentro de los movimientos vecinales y sociales y reitera su disposici&oacute;n a seguir apoyando la preservaci&oacute;n un espacio que considera fundamental para la vida comunitaria de Son Cladera.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la batalla judicial, Josefa, Ana, Isabel, Leonor y el resto de usuarios del casal comparten una misma reivindicaci&oacute;n: recuperar un lugar que consideran imprescindible para mantener viva la convivencia en Son Cladera. Para ellos, La Cala no era solo un casal de personas mayores: era el espacio donde llenaban las tardes, hac&iacute;an amistades y segu&iacute;an sinti&eacute;ndose parte de un barrio que hoy, dicen, es un poco m&aacute;s pobre que hace dos semanas. &ldquo;Yo ya voy para noventa a&ntilde;os y esto era lo &uacute;nico que ten&iacute;a para salir de casa&rdquo;, concluye Isabel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros, Francisco Ubilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/leonor-josefa-cientos-mayores-quedan-casal-desahucio-salimos-tacataca-carritos_1_13381796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 19:44:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" length="1526799" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1526799" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Leonor, Josefa y cientos de mayores se quedan sin su 'casal' tras un desahucio: "Salimos con el tacataca y los carritos"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/82af38ee-30cd-4dbd-9ad9-309177fc26a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1098y491.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tercera edad,Personas mayores,Exclusión social,Ancianos,Movimientos sociales,Centros sociales,Acción social,Desahucios,Desalojos,Islas Baleares,Mallorca,Palma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Movimiento Antirrepresivo de Madrid, tras sufrir tres infiltraciones policiales: "Es otra forma de represión"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/movimiento-antirrepresivo-madrid-sufrir-tres-infiltraciones-policiales-forma-represion_1_13259744.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d7371aa-44a5-4c0d-8be1-c5fce99ce7dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x795y396.jpg" width="1200" height="675" alt="El Movimiento Antirrepresivo de Madrid, tras sufrir tres infiltraciones policiales: &quot;Es otra forma de represión&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres integrantes de la organización repasan su historia y reflexionan sobre por qué el Estado siempre ha intentado espiarles, lo que consideran que reafirma su tesis de que en España "no hay libertad"</p><p class="subtitle">Un juez investiga por “grupo criminal” a seis independentistas por pintar la comisaría de un policía infiltrado</p></div><p class="article-text">
        Sergio, Mar&iacute;a y F&aacute;tima tienen, como m&iacute;nimo, dos cosas en com&uacute;n: son polic&iacute;as nacionales y han estado infiltrados en el Movimiento Antirrepresivo de Madrid (MAR Madrid). Este colectivo, creado hace ocho a&ntilde;os para aunar las luchas y defender lo que entienden como &ldquo;presos pol&iacute;ticos&rdquo;, se ha visto en la picota del Estado durante gran parte de su existencia. <a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> pas&oacute; una tarde con tres de sus integrantes rodeados de carteles pol&iacute;ticos y mientras varias personas acuden a su clase de guitarra e intercambio de idiomas en el centro social okupado La Rosa. Hablaron de su historia, las manifestaciones que terminaron en cargas y la solidaridad entre colectivos. Tambi&eacute;n de la escucha necesaria para afrontar con cuidados las infiltraciones y c&oacute;mo estas acciones policiales golpean al colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/politica/concentracion-sol-pide-valtonyc-prision_1_2776901.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las movilizaciones a favor de la libertad de Valtonyc</a>, rapero que en 2018 se exili&oacute; en B&eacute;lgica tras ser condenado por enaltecimiento del terrorismo y sus autores y humillaci&oacute;n a sus v&iacute;ctimas y calumnias e injurias graves al rey, fueron el germen de la creaci&oacute;n del MAR Madrid en 2018. &ldquo;Vimos que no era operante el crear una asamblea por cada caso represivo que iba saliendo. Quer&iacute;amos algo perenne donde poder estar organizados, donde no hacer un trabajo solo reactivo, sino tambi&eacute;n lanzar nuestras propias campa&ntilde;as&rdquo;, completa Unai, activista que integra el colectivo desde el principio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3c843150-764b-434f-bc4c-2ad5fcac9911_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Programa del Movimiento Antirrepresivo de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Programa del Movimiento Antirrepresivo de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El primer gran hito que recuerdan los activistas del MAR Madrid fue la manifestaci&oacute;n en octubre de aquel a&ntilde;o por la amnist&iacute;a total de los &ldquo;presos pol&iacute;ticos&rdquo;. &ldquo;Hac&iacute;a d&eacute;cadas que Madrid no sal&iacute;a a la calle por una demanda as&iacute;&rdquo;, recalca Marco Fern&aacute;ndez, otro de sus integrantes. Seg&uacute;n definen, un preso pol&iacute;tico es &ldquo;cualquier persona antifascista, que al final engloba todo activista de izquierdas, encarcelada por llevar a cabo una lucha pol&iacute;tica colectiva y organizada&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El proc&eacute;s, Hasel y el apoyo a otros colectivos</h2><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s, su habitual manifestaci&oacute;n de octubre coincidi&oacute; con la sentencia a los presos del proc&eacute;s catal&aacute;n, lo que conllev&oacute; una asistencia inusitada a la protesta. &ldquo;El Mundo, que no es muy af&iacute;n a nosotros, dijo que &eacute;ramos 7.000 personas, as&iacute; que yo calculo que podr&iacute;amos ser el doble&rdquo;, comenta Fern&aacute;ndez. Aquella movilizaci&oacute;n de 2019 termin&oacute; con un intento de corte de la Gran V&iacute;a de la capital y duras cargas policiales en Callao, donde los agentes gasearon a manifestantes y periodistas. M&aacute;s de una decena de personas terminaron detenidas. Antes, el mismo d&iacute;a en que se hizo p&uacute;blica la sentencia, <a href="https://www.publico.es/politica/tildan-montaje-policial-caso-activista-carcel-manifestacion-madrid-sentencia-proces.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dani Gallardo</a> hab&iacute;a ca&iacute;do detenido en una protesta similar, convocada tambi&eacute;n por el MAR Madrid, en la Puerta del Sol.
    </p><p class="article-text">
        La persecuci&oacute;n judicial al rapero Pablo Hasel hizo que el MAR Madrid volviera a salir a las calles en 2021. &ldquo;Convocamos una gran movilizaci&oacute;n en Sol y, el s&aacute;bado siguiente, en Callao. Para entonces, ya hab&iacute;amos sufrido una campa&ntilde;a medi&aacute;tica tremenda y una guerra psicol&oacute;gica brutal&rdquo;, recuerda el mismo Fern&aacute;ndez. Uri, una de sus compa&ntilde;eras, a&ntilde;ade que un mes despu&eacute;s intentaron responder con una manifestaci&oacute;n organizada con m&aacute;s colectivos. En aquella ocasi&oacute;n, se vieron rodeados de agentes y de unidades de intervenci&oacute;n policial llegadas a la capital incluso de otras provincias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da1809c2-c4e3-4192-b5b4-2fefd86fdfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Movimiento Antirrepresivo de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Movimiento Antirrepresivo de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mientras hacen el turno que una vez al mes les toca en La Rosa, ubicada en la calle de Toledo de la capital, los tres activistas relatan que sus acciones suelen estar basadas en la agitaci&oacute;n y propaganda a base del reparto de panfletos, pintadas en las paredes, charlas de formaci&oacute;n, jornadas antirrepresivas y convocatoria de manifestaciones. Por otro lado, a lo largo de su existencia han prestado apoyo a colectivos como Extinction Rebellion, Futuro Vegetal, 8M Tetu&aacute;n, el colectivo de presos pol&iacute;ticos antifascistas y sindicatos. Tambi&eacute;n impulsaron el grupo de apoyo madrile&ntilde;o a <a href="https://www.eldiario.es/economia/solidaridad-6-suiza-vuelve-retumbar-madrid-condena-afecta-clase-trabajadora_1_12037775.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las 6 de la Suiza</a> y fundaron el podcast La Mecha, donde entrevistan a activistas, abogados y periodistas.
    </p><h2 class="article-text">Ocho puntos a reivindicar</h2><p class="article-text">
        La principal exigencia del MAR Madrid es la &ldquo;liberaci&oacute;n de todos los presos pol&iacute;ticos sin distinci&oacute;n, sin importar sus m&eacute;todos de lucha y sin tener que pedir perd&oacute;n ni estar arrepentidos&rdquo;. En su programa aparecen otras demandas como un &ldquo;amplio indulto para los presos sociales o comunes&rdquo;, el retorno de los exiliados y la derogaci&oacute;n de todas las leyes represivas, &ldquo;y no solo la ley mordaza, sino tambi&eacute;n la ley de Extranjer&iacute;a, de Huelga, de Partidos y pactos antiterroristas&rdquo;, matiza Fern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, exigen la disoluci&oacute;n de la Audiencia Nacional y el cierre de los centros de internamiento para extranjeros, el derecho de autodeterminaci&oacute;n de las naciones, la erradicaci&oacute;n de la tortura y los malos tratos, adem&aacute;s de un &ldquo;castigo ejemplar para los torturadores&rdquo;, una &ldquo;verdadera&rdquo; memoria hist&oacute;rica y el sobreseimiento y anulaci&oacute;n de todos los procesos judiciales abiertos por causas pol&iacute;ticas y sociales, as&iacute; como la devoluci&oacute;n de todas las sanciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aec3c378-4bed-42f1-8be5-8d3ac5baa537_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Infiltración policial en movimientos políticos de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Infiltración policial en movimientos políticos de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Enfrentar las infiltraciones desde lo colectivo</h2><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el MAR Madrid ha sufrido varias infiltraciones policiales. La primera la destap&oacute; <a href="https://www.elsaltodiario.com/policia/seis-anos-infiltrado-movimientos-sociales-madrilenos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Salto</a>. Sergio hab&iacute;a estado espiando al MAR Madrid y Distrito 14 desde 2015 hasta 2021. La segunda, publicada por <a href="https://www.eldiario.es/politica/policia-espio-colectivos-sociales-madrilenos-durante-tres-anos-agente-infiltrada_1_11312665.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> en 2024, lleg&oacute; entre 2020 y 2023, cuando Mar&iacute;a se introdujo en el MAR Madrid y Distrito 104. Este mismo mayo, <a href="https://www.elsaltodiario.com/violencia-policial/una-policia-se-infiltro-durante-un-ano-espiar-protestas-palestina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Salto</a> ha desenmascarado a F&aacute;tima, que se integr&oacute; en el MAR Madrid, Anticapitalistas y BDS a Israel desde 2023 a 2025.
    </p><p class="article-text">
        Uri asegura que el colectivo lo ha llevado &ldquo;con bastante calma, aunque suene sorprendente&rdquo;, y recalca que &ldquo;todas las personas infiltradas proced&iacute;an de otros colectivos&rdquo;. As&iacute; se explica la activista: &ldquo;No quiero decir que en otros sitios se haga peor la gesti&oacute;n de detectar infiltrados ni que nosotros seamos m&aacute;s listos. Simplemente, es para dejar ver que es una cosa que pasa, que ha pasado y que pasar&aacute; siempre, por desgracia, porque es otra forma de represi&oacute;n&rdquo;. Esta din&aacute;mica de infiltraciones lleva a pensar al MAR Madrid que &ldquo;algo bueno debe significar si para el Estado somos tan relevantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobreponerse a este tipo de impactos es algo que el colectivo ha aprendido a hacer a trav&eacute;s de la escucha, los cuidados y el apoyo mutuo, as&iacute; como en la confianza y camarader&iacute;a entre compa&ntilde;eros. &ldquo;Hay que hablarlo con tranquilidad, tratar los miedos que cada persona puede tener y saber que esto no pasa porque s&iacute;, que no nos pasa solo a nosotros, y que es muy importante estar preparados para la represi&oacute;n&rdquo;, confirma Fern&aacute;ndez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3e7c6500-56e2-4d7d-a9ec-77b0c30827c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Bandera del Movimiento Antirrepresivo de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Bandera del Movimiento Antirrepresivo de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Luchar contra la desconfianza</h2><p class="article-text">
        Tratar la infiltraci&oacute;n desde la colectividad tambi&eacute;n lleva a no caer en la paranoia. &ldquo;El Estado ya tiene mucha informaci&oacute;n de ti. Lo que no podemos hacer es caer en el miedo&rdquo;, agrega Unai. Se refiere a un colectivo que en su presentaci&oacute;n p&uacute;blica advirti&oacute; que no aceptar&iacute;an ning&uacute;n integrante que no viniera de otra organizaci&oacute;n. &ldquo;Hace mucho m&aacute;s da&ntilde;o tener tanto miedo como para tomar esa decisi&oacute;n que la informaci&oacute;n que pueda sacar la Polic&iacute;a de una infiltraci&oacute;n. Ah&iacute; s&iacute; que ya ha ganado la Polic&iacute;a&rdquo;, opina.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, Uri subraya que &ldquo;todo&rdquo; lo que hacen y cuentan &ldquo;ya lo sabe todo el mundo&rdquo; y que siempre firman sus acciones. &ldquo;A nosotros no nos da verg&uuml;enza decir que defendemos a los presos pol&iacute;ticos, que nos vas a ver parando desahucios o que vamos a ir a manifestaciones antifascistas&rdquo;, ilustra la integrante del colectivo. Fern&aacute;ndez, por su parte, apunta que las infiltraciones son ejemplo de la falta del derecho a la libre organizaci&oacute;n: &ldquo;No caemos en la paranoia, pero esto lo seguimos denunciando. Nosotros siempre hablamos de la falta de derechos y libertades en Espa&ntilde;a, y aqu&iacute; hay una falta del derecho a la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica independiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los integrantes del MAR Madrid tiene causas pendientes con la justicia. Siempre que se ha intentado recabar la perspectiva de la Polic&iacute;a Nacional sobre estas infiltraciones, no han respondido. El Ministerio del Interior siempre ha contestado lo mismo: &ldquo;Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado garantizan la seguridad y el libre ejercicio de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, en el marco del art&iacute;culo 104 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola, como corresponde a su funci&oacute;n en el Estado de Derecho. Act&uacute;an siempre en esos t&eacute;rminos, con estricto sometimiento al ordenamiento jur&iacute;dico&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fde26c6c-fa81-4464-8c17-e5a46a6ecf96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Textos de información antirrepresiva del MAR"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Textos de información antirrepresiva del MAR                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Un Estado que siempre los mira</h2><p class="article-text">
        El estreno de la pel&iacute;cula <em>La infiltrada</em> en 2024 suscit&oacute; grandes cr&iacute;ticas en colectivos como el MAR Madrid. Cuando dicen que son artefactos culturales para &ldquo;blanquear&rdquo; estas pr&aacute;cticas, agregan que saben que Silvia, la &uacute;ltima agente que form&oacute; parte del colectivo, se identificaba con la pel&iacute;cula y enviaba el tr&aacute;iler a su c&iacute;rculo m&aacute;s cercano para explicar cu&aacute;l era su cometido real. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros utilizamos cauces pac&iacute;ficos, pero es que vemos mal cualquier infiltraci&oacute;n policial en cualquier movimiento, al igual que nos oponemos a cualquier tortura o condena judicial&rdquo;, reconoce Uri. El &uacute;ltimo espionaje realizado ha tenido lugar en Catalunya, donde <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/mossos-evitan-confirmar-si-infiltraron-agentes-asamblea-profesores_1_13205260.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dos agentes de los Mossos</a> espiaron una asamblea de profesores en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de Fern&aacute;ndez, el haber sufrido tres infiltraciones en el &uacute;ltimo tiempo connota que el MAR Madrid siempre ha estado en el punto de mira del Estado, seg&uacute;n sus propios t&eacute;rminos. &ldquo;Esto prueba que estamos en lo cierto en lo que denunciamos, que no hay democracia, que no hay libertad, que hay represi&oacute;n&hellip; Y eso le hace da&ntilde;o al Estado&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/movimiento-antirrepresivo-madrid-sufrir-tres-infiltraciones-policiales-forma-represion_1_13259744.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 20:05:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7d7371aa-44a5-4c0d-8be1-c5fce99ce7dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x795y396.jpg" length="149468" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7d7371aa-44a5-4c0d-8be1-c5fce99ce7dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x795y396.jpg" type="image/jpeg" fileSize="149468" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Movimiento Antirrepresivo de Madrid, tras sufrir tres infiltraciones policiales: "Es otra forma de represión"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7d7371aa-44a5-4c0d-8be1-c5fce99ce7dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x795y396.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Policía,Movimientos sociales,Ley Mordaza,Represión policial,Represión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comienzan una recogida de firmas para acabar con el "veto político" en fiestas a los colectivos relacionados con GKS]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/comienzan-recogida-firmas-acabar-veto-politico-fiestas-colectivos-relacionados-gks_1_13252091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac244fcc-e407-402e-91e5-7fe14454809f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comienzan una recogida de firmas para acabar con el &quot;veto político&quot; en fiestas a los colectivos relacionados con GKS"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el movimiento socialista denuncian que "el argumentario"de la izquierda abertzale para no dejar que participen en las txosnas en Bilbao o Vitoria "no está claro" y va "cambiando" desde la falta de espacio hasta los problemas de "convivencia" o la "conflictividad"</p><p class="subtitle">El diccionario de siglas alrededor de GKS, el “movimiento socialista” que ha convocado movilizaciones en Bilbao y Pamplona
</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os intentando participar como una m&aacute;s de Bilboko Konpartsak en Aste Nagusia, Luberri, colectivo relacionado con el Movimiento Socialista o Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), ha iniciado una recogida de firmas para acabar con lo que denominan un &ldquo;veto pol&iacute;tico&rdquo;. &ldquo;Pese a haber trasladado durante meses propuestas concretas para encauzar la situaci&oacute;n y fomentar el di&aacute;logo, este a&ntilde;o Luberri se vuelve a quedar fuera de Bilboko Konpartsak. El principal motivo de este bloqueo es la actitud de la izquierda abertzale, a la que acusamos de priorizar intereses pol&iacute;ticos ajenos a las fiestas y de haber alimentado desde el inicio el veto hacia Luberri debido a su relaci&oacute;n con el Movimiento Socialista&rdquo;, advierten desde la comparsa, que este martes han protagonizado una concentraci&oacute;n de protesta en el Arenal de Bilbao. 
    </p><p class="article-text">
        Desde Luberri sostienen que desde la primera negativa a participar en fiestas como el resto de comparsas, &ldquo;se ha mostrado p&uacute;blicamente su desacuerdo con la decisi&oacute;n, al considerar imposible permanecer en silencio ante una situaci&oacute;n injusta&rdquo;. &ldquo;Aun as&iacute;, nunca hemos dejado de aportar a las fiestas populares de Bilbao. Durante estos a&ntilde;os hemos mantenido su actividad cotidiana y hemos seguido organizando iniciativas festivas, como programaciones de Aste Nagusia, actividades junto a otras comparsas o carnavales. Todo ello ha servido para demostrar que nuestra participaci&oacute;n enriquece las fiestas y que mantenemos una relaci&oacute;n de colaboraci&oacute;n con numerosas comparsas&rdquo;, admiten desde el colectivo. 
    </p><p class="article-text">
        Bilbao no es el &uacute;nico lugar en el que los colectivos relacionados con GKS no pueden participar de forma igualitaria en fiestas, seg&uacute;n denuncian. En Vitoria, explican, el &ldquo;veto&rdquo; para participar en las fiestas de la Virgen Blanca existe desde hace seis a&ntilde;os. Karla Pisano, miembro del Movimiento Socialista y del Sindicato de Vivienda Socialista explica a este peri&oacute;dico que eso ocurre por la &ldquo;correlaci&oacute;n de fuerzas en cuanto a votos&rdquo; dentro de las comisiones de txosnas. En el caso de Vitoria, la izquierda abertzale cuenta una mayor presencia en los colectivos que componen Gazteizko Txosnak que votan por no incluir a GKS aplicando esa mayor&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En Bilbao, las 28 comparsas &ldquo;votaron que s&iacute;&rdquo; el primer a&ntilde;o. &ldquo;En Bilbao hay muchas comparsas con distintos colectivos y las txosnas cercanas a la izquierda abertzale no son la mayor&iacute;a. Entonces, el primer a&ntilde;o hubo una actitud favorable a que particip&aacute;ramos, pero colectivos cercanos a la izquierda abertzale pidieron que no se votara en ese momento y que se nos pusiera un periodo de prueba de un a&ntilde;o. Aprovecharon ese tiempo para hacer dos cosas: por un lado, difamar al movimiento socialista en las diferentes txosnas y, por otro lado, para cambiar la f&oacute;rmula misma de la votaci&oacute;n. En estos momentos, m&aacute;s o menos hay mitad de apoyos y mitad de detractores entre las comparsas, pero el a&ntilde;o pasado cambiaron los mecanismos de votaci&oacute;n y ahora es necesario 75% de votos afirmativos para que entremos. En Vitoria efectivamente aplican esa mayor&iacute;a y en Bilbao, donde la situaci&oacute;n es diferente y hay m&aacute;s comparsas que participan en la comisi&oacute;n de fiestas de Bilboko Konpartsak cambiaron los propios estatutos para poder evitar que accedi&eacute;ramos a las txosnas. Ahora, de 28 comparsas, unas seis o siete comparsas ejercen pr&aacute;cticamente un veto, porque se necesita ese 75% para entrar&rdquo;, detalla Pisano. 
    </p><p class="article-text">
        Preguntada por las razones que ofrecen para justificar la negativa a que puedan participar, Pisano reconoce que &ldquo;el argumentario no est&aacute; claro&rdquo;. &ldquo;No ha habido declaraciones por parte de las comisiones festivas p&uacute;blicamente, solo en el caso de Vitoria hubo una lectura. Con el tiempo han ido cambiando de argumentario. Cuando desde el Sindicato de Vivienda Socialista solicitamos la entrada en la comisi&oacute;n de fiestas de Vitoria, lo primero que se nos dijo fue que no hab&iacute;a espacio. Este era un argumento t&eacute;cnico que enseguida se demostr&oacute; falaz, porque despu&eacute;s de que nosotros hici&eacute;ramos la solicitud han entrado m&aacute;s colectivos, por lo tanto, no hay ning&uacute;n problema de espacio y, de hecho, en estos seis a&ntilde;os ha habido colectivos que han dejado de poner txosna&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las razones que alegan para no dejarles entrar son los &ldquo;problemas de convivencia&rdquo;. &ldquo;Luego alegaron problemas de trabajo en com&uacute;n, cooperaci&oacute;n y de convivencia en general con el movimiento socialista. Hay que tener en cuenta que hace seis a&ntilde;os nosotros como movimiento o el sindicato, por ejemplo, se acaba de crear. Entonces, no tanta gente nos conoc&iacute;a y no hac&iacute;amos tanto trabajo. Pero en estos seis a&ntilde;os el argumento de la falta de colaboraci&oacute;n con nosotros o la dificultad de trabajar con nosotros es algo que no se puede justificar porque colaboramos activamente con muchas de las organizaciones que est&aacute;n dentro de esa comisi&oacute;n festiva o fuera, incluso de forma permanente en plataformas, como puede ser en el apoyo a Palestina o en la cuesti&oacute;n de la vivienda. Entonces, esa especie de acusaci&oacute;n de que con nosotros no se puede trabajar tambi&eacute;n se viene abajo&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el tercer argumento que defienden para que no entren en Bilboko Konpartsak o Gasteizko txosnak es que &ldquo;son conflictivos&rdquo;. &ldquo;Dicen que somos conflictivos. En Bilbao, por ejemplo, ahora aluden a que el hecho mismo de haber denunciado que existe un veto pol&iacute;tico genera desconfianza hacia nosotros. Es una especie de argumentaci&oacute;n creada a posteriori, que dice que como hemos hecho una campa&ntilde;a denunciando esta situaci&oacute;n, somos conflictivos. Y eso que la denuncia no ha sido a la primera de cambio, que hemos estado a&ntilde;o y medio intentando solucionarlo por todas las v&iacute;as internas habidas y por haber y no hay manera&rdquo;, lamenta Pisano, que defiende que en otros lugares como pueblos como Hernani, Azpeitia e incluso barrios de Vitoria como Arana o Zabalgana, participan sin ning&uacute;n problema en las comisiones de fiestas. 
    </p><p class="article-text">
        Pisano tambi&eacute;n lamenta que los ataques contra su colectivo, adem&aacute;s de en las txosnas, tambi&eacute;n llega hasta las redes sociales. &ldquo;Muchas veces por parte de cuentas relacionadas con la izquierda abertzale se han utilizado las redes sociales para verter toda una serie de difamaciones, incluso personales, contra portavoces de algunas organizaciones, como yo misma. Simplemente, nos desmarcamos de ese tipo de formas de hacer pol&iacute;tica y que hay que entender que la cr&iacute;tica pol&iacute;tica nunca puede ser tomada como un insulto. El movimiento socialista, desde su nacimiento, evidentemente que es cr&iacute;tico con la hoja de ruta estrat&eacute;gica de la izquierda abertzale. Pero esto no puede ser &oacute;bice para que haya barra libre para cualquier tipo de m&eacute;todo que rompe con unos m&iacute;nimos, en nuestra opini&oacute;n, de lo que deber&iacute;a ser la pol&iacute;tica en las organizaciones de izquierdas, que es b&aacute;sicamente la libre participaci&oacute;n en los espacios comunes. Ni tampoco deber&iacute;a ser una cr&iacute;tica basada en difamaciones o en acosos a trav&eacute;s de redes sociales&rdquo;, denuncia. 
    </p><p class="article-text">
        Desde Luberri defienden que la mayor&iacute;a de personas que conocen la situaci&oacute;n est&aacute;n a favor de una soluci&oacute;n, algo que, seg&uacute;n afirman, se ha reflejado en el apoyo mostrado por numerosas comparsas, agentes del movimiento popular y personas del &aacute;mbito cultural. Asimismo, consideran que para gran parte de la ciudadan&iacute;a bilba&iacute;na resulta &ldquo;incomprensible dejar fuera de las fiestas a cientos de j&oacute;venes organizados&rdquo;. Por ello, han puesto en marcha una recogida de firmas con una petici&oacute;n concreta: que se reconozca el derecho de Luberri a participar con normalidad en Bilboko Konpartsak, en coherencia con el car&aacute;cter popular, plural y participativo de Aste Nagusia y para ello han creado la p&aacute;gina web Luberrikeskubideadu.com para recoger firmas. 
    </p><p class="article-text">
        No es la primera iniciativa que llevan a cabo para acabar con el &ldquo;veto pol&iacute;tico en fiestas&rdquo;. En verano de 2024, alrededor de 150 agentes del mundo de la cultura vasca encabezados por la actriz Itziar itu&ntilde;o y por el escritor Bernardo Atxaga suscribieron un manifiesto de apoyo al denominado movimiento socialista, cuya marca m&aacute;s reconocida es GKS, y en contra de los &ldquo;vetos&rdquo; en las fiestas de verano, particularmente en Bilbao y Vitoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El manifiesto, cuyo t&iacute;tulo en castellano era 'Porque amamos las fiestas populares, los y las artistas estamos en contra de los vetos y queremos una soluci&oacute;n, tanto en Bilbao como en Gasteiz', se&ntilde;alaba que es preciso un &ldquo;respeto a la diversidad&rdquo; en las celebraciones &ldquo;por encima de las diferencias ideol&oacute;gicas&rdquo;. &ldquo;Nos preocupa la prohibici&oacute;n impuesta a algunos colectivos en las Konpartsak de Bilbao y en la comisi&oacute;n de txosnas de Gasteiz. Tambi&eacute;n somos y queremos ser parte de las fiestas populares, por lo que queremos trasladar p&uacute;blicamente esta preocupaci&oacute;n y abrir v&iacute;as para solucionar la situaci&oacute;n. La participaci&oacute;n en las fiestas populares debe ser un derecho universal, por lo que nos resultan incomprensibles los vetos impuestos a la Konpartsa Luberri en Bilbao y a GKS y al Sindicato de Vivienda en Gasteiz. Las fiestas populares deber&iacute;an ser un espacio para que cada uno, con su car&aacute;cter y sus reivindicaciones, pueda disfrutar y celebrar, con tolerancia mutua&rdquo;, recog&iacute;a el manifiesto en el que adem&aacute;s de Itu&ntilde;o e Atxaga, en la lista aparec&iacute;an otros nombres reconocibles como Fermin Muguruza, Natxo de Felipe, Joseba Sarrionandia, Leire Bilbao, Amets Arzallus, Mireia Gabilondo, Jone Laspiur, Karra Elejalde, Ainhoa Larra&ntilde;aga, Merina Gris, Hofe, Olaia Inziarte o Antton Telleria.
    </p><p class="article-text">
        Desde Bilboko Konpartsak indican a este peri&oacute;dico que &ldquo;por el momento&rdquo; no van a realizar declaraciones sobre este tema, y en caso de hacerlo, enviar&aacute;n una nota de prensa a todos los medios de comunicaci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maialen Ferreira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/comienzan-recogida-firmas-acabar-veto-politico-fiestas-colectivos-relacionados-gks_1_13252091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 18:54:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac244fcc-e407-402e-91e5-7fe14454809f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="271055" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac244fcc-e407-402e-91e5-7fe14454809f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="271055" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Comienzan una recogida de firmas para acabar con el "veto político" en fiestas a los colectivos relacionados con GKS]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac244fcc-e407-402e-91e5-7fe14454809f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Bizkaia,Álava,Fiestas,Fiestas populares,Movimientos sociales,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[VIII aniversario de la fundación del movimiento ciudadano Cuenca Ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viii-aniversario-fundacion-movimiento-ciudadano-cuenca-ahora_132_13161192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71aa13fd-98c0-473a-b77e-a6e69e63575d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="VIII aniversario de la fundación del movimiento ciudadano Cuenca Ahora"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Muy probablemente nos presentaremos de nuevo a las elecciones municipales y autonómicas del próximo año con el ánimo de incrementar ostensiblemente nuestra representación electoral en los pueblos de la provincia"</p></div><p class="article-text">
        En la primavera de 2018, hace ya ocho a&ntilde;os, un grupo de ciudadanos conquenses preocupados por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y medioambiental de nuestra provincia y sus graves problemas estructurales, decidimos, a semejanza de <em>Teruel Existe</em> y <em>&iexcl;Soria Ya!</em>, poner en marcha una asociaci&oacute;n de car&aacute;cter transversal e inclusiva, abierta a todas las ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas, para combatir el grave desequilibrio territorial y demogr&aacute;fico existente en Espa&ntilde;a, cuyos efectos son fundamentalmente la despoblaci&oacute;n y la discriminaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de unos territorios con respecto a otros. 
    </p><p class="article-text">
        Creamos una asociaci&oacute;n que convinimos en llamar <em>Cuenca Ahora</em> con la que se pretend&iacute;a potenciar y aglutinar a toda la sociedad civil conquense en la lucha contra los graves problemas estructurales de la provincia. En definitiva, unir a la sociedad civil conquense en torno a una serie de objetivos, entre los que destacaba la aprobaci&oacute;n en el Congreso de los Diputados de un Pacto de Estado contra la Despoblaci&oacute;n y el reequilibrio territorial y demogr&aacute;fico de Espa&ntilde;a, buscando la cohesi&oacute;n territorial de nuestro pa&iacute;s, reformulando las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, que han discriminado a nuestra provincia y han provocado el &eacute;xodo poblacional a otros territorios. 
    </p><p class="article-text">
        Cuenca en el a&ntilde;o 1935 ten&iacute;a 315.000 habitantes, hoy est&aacute; en torno a los 198.000, ten&iacute;a m&aacute;s habitantes que &Aacute;lava o Castell&oacute;n, por poner un ejemplo de evoluci&oacute;n social y de riqueza.
    </p><p class="article-text">
        Propon&iacute;amos para la ciudadan&iacute;a conquense un contrato social que afrontara los graves problemas estructurales que padec&iacute;a y padece Cuenca. Pretend&iacute;amos que los conquenses tomaran conciencia de su situaci&oacute;n y se comprometieran en cambiarla o, m&aacute;s pronto que tarde, ser&iacute;amos borrados de 'mapa', conformando un agujero negro entre Madrid y Valencia. 
    </p><p class="article-text">
        La asociaci&oacute;n estaba abierta y est&aacute; a todas las personas que quieran comprometerse con estos objetivos. Quer&iacute;amos demostrarnos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s que los conquenses estamos vivos, que Cuenca est&aacute; viva. Ser proactivos, no solo reactivos, siendo nuestra voluntad proponer proyectos de desarrollo para nuestra provincia que devuelvan la ilusi&oacute;n y la confianza a esta tierra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pretendíamos que los conquenses tomaran conciencia de su situación y se comprometieran en cambiarla o, más pronto que tarde, seríamos borrados de &#039;mapa&#039;, conformando un agujero negro entre Madrid y Valencia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Empezamos nuestra andadura organizando, el 23 de mayo de 2018, una jornada de debate sobre tres problemas principales: la despoblaci&oacute;n, el trasvase Tajo-Segura y el Almac&eacute;n Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares. 
    </p><p class="article-text">
        R&aacute;pidamente, nos incorporamos al movimiento ciudadano de la Espa&ntilde;a Vaciada, junto con Teruel Existe y &iexcl;Soria Ya!, y participamos en <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/castilla-la-mancha-despoblacion-abandono-espana_1_1621537.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la gran manifestaci&oacute;n del 31 de mayo de 2019</a> contra la despoblaci&oacute;n de nuestros territorios que aglutin&oacute; en Madrid a m&aacute;s de cien mil personas. Esa gran manifestaci&oacute;n qued&oacute; en nuestros corazones como un hito hist&oacute;rico y un rayo de luz para el futuro de nuestras tierras y nuestras gentes, para nuestros pueblos y ciudades peque&ntilde;as y medianas, todas ellas pertenecientes a la Espa&ntilde;a del interior, que otrora fueron villas y pueblos habitados, ricos en historia, patrimonio y cultura. 
    </p><p class="article-text">
        Entendimos que, si quer&iacute;amos cambiar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, deb&iacute;amos estar junto con las dem&aacute;s provincias y comarcas escasamente pobladas que ten&iacute;an los mismos o parecidos problemas de p&eacute;rdida sist&eacute;mica poblacional. Participamos de forma activa, tanto cuantitativa como cualitativamente, en las mesas de trabajo de la Espa&ntilde;a vaciada para elaborar las 101 medidas de desarrollo de nuestros territorios. Nuestra labor siempre ha sido propositiva, intentando sumar y siendo respetuosos con todos los actores y agentes pol&iacute;ticos y sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos opuesto al cierre y desmantelamiento del tren convencional Madrid-Valencia, a la proliferaci&oacute;n masiva de macro granjas en la provincia, al peligroso almac&eacute;n de residuos industriales, a la instalaci&oacute;n indiscriminada de placas solares y molinos de viento generadores de electricidad, al continuo expolio del agua y  a los trasvases del Tajo al Segura y al del pantano de Alarc&oacute;n a Valencia (somos una provincia rica en agricultura y gran potencial de la industria agroalimentaria, pero nos falta el agua que enriquece a otros territorios), en suma, nos oponemos a ser territorio de sacrificio para el desarrollo de otros. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos propuesto la reformulaci&oacute;n del mapa sanitario y hospitalario y la comarcalizaci&oacute;n administrativa de la provincia. Hemos sido dinamizadores de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y propuesto todos los a&ntilde;os partidas financieras espec&iacute;ficas en los Presupuestos Generales del Estado para atender nuestras necesidades de inversi&oacute;n e infraestructuras y la discriminaci&oacute;n fiscal positiva para los nuestros habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Consideramos que los problemas estructurales de nuestra provincia no son de derechas ni de izquierdas, en ese mundo tan reduccionista en el que nos han metido los aparatos de los partidos tradicionales, que es una forma de combustible para su propia existencia y enga&ntilde;o masivo de los ciudadanos, lo cual sacrifica la idea de comunidad y bien com&uacute;n de todos ellos en beneficio de los pol&iacute;ticos profesionales y de la partitocracia, que solo buscan obtener y mantener un sueldo, en la inmensa mayor&iacute;a de los casos sin experiencia profesional o acad&eacute;mica anterior, o insuficiente para desarrollar las funciones p&uacute;blicas que desempe&ntilde;an. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Entendimos que, si queríamos cambiar las políticas públicas, debíamos estar junto con las demás provincias y comarcas escasamente pobladas que tenían los mismos o parecidos problemas de pérdida sistémica poblacional</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por ello, reafirmamos nuestro car&aacute;cter esencial de movimiento ciudadano transversal e inclusivo de todos los conquenses que quieran luchar por su tierra para que puedan tener un proyecto de vida en ella con sus familias y no se vean obligados a emigrar, al mismo tiempo que pueda resultar atractivo el retorno de los que se fueron y la llegada de nuevos pobladores. Somos absolutamente necesarios para nuestra provincia.
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n de nuestro movimiento ciudadano y del conjunto de movimientos de la denominada Espa&ntilde;a vaciada, en particular de Teruel Existe y &iexcl;Soria Ya! nos ha llevado a intentar tener representaci&oacute;n en las instituciones, a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n electoral. De esta manera, <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cuenca-ahora-marca-electoral-espana-vaciada-castilla-mancha_1_9990616.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presentamos listas electorales a las elecciones auton&oacute;micas y municipales</a> de 2023 en la provincia de Cuenca, consiguiendo nueve concejales y tres alcald&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Para Cuenca Ahora la presentaci&oacute;n a las elecciones es un hecho absolutamente coyuntural y ocasional, que de ninguna manera forma parte de nuestros objetivos fundacionales, limitado solo en el tiempo y por necesidades imperiosas de que la voz de la Espa&ntilde;a vaciada y olvidada se escuche en los distintos foros con competencias legislativas para cambiar la din&aacute;mica del desequilibrio demogr&aacute;fico y territorial actual. 
    </p><p class="article-text">
        Por ello, muy probablemente nos presentaremos de nuevo a las elecciones municipales y auton&oacute;micas del pr&oacute;ximo a&ntilde;o con el &aacute;nimo de incrementar ostensiblemente nuestra representaci&oacute;n electoral en los pueblos de la provincia, poder incidir en la composici&oacute;n de la Diputaci&oacute;n Provincial y tener representaci&oacute;n en las Cortes regionales, &uacute;nica manera de cambiar la din&aacute;mica actual del bipartidismo rampante e imperante.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cruz Fernández Mariscal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viii-aniversario-fundacion-movimiento-ciudadano-cuenca-ahora_132_13161192.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 05:08:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/71aa13fd-98c0-473a-b77e-a6e69e63575d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="464279" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/71aa13fd-98c0-473a-b77e-a6e69e63575d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="464279" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[VIII aniversario de la fundación del movimiento ciudadano Cuenca Ahora]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/71aa13fd-98c0-473a-b77e-a6e69e63575d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[España vaciada,Elecciones Municipales,Elecciones Autonómicas,Movimientos sociales,Partidos Políticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guía de las manifestaciones del 8M en Navarra: horarios y recorridos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/guia-manifestaciones-8m-navarra-horarios-recorridos_1_13040698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79ff4020-4419-49d8-ba01-cd64e4aecfec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guía de las manifestaciones del 8M en Navarra: horarios y recorridos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por primera vez el movimiento feminista estará dividido en dos convocatorias diferentes en Pamplona</p><p class="subtitle">Asociaciones dividen el 8M en Euskadi en dos plataformas y rompen con “medio siglo de unidad” en el movimiento feminista
</p></div><p class="article-text">
        El movimiento feminista se manifestar&aacute; este 8 de marzo, D&iacute;a Internacional de la Mujer, en Pamplona. Por primera vez lo har&aacute; dividido y en dos convocatorias diferenciadas.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, est&aacute; la convocatoria del Movimiento Feminista de Euskal Herria, que partir&aacute; desde las 12:00 desde el Parque de Antoniutti&nbsp;para construir una &ldquo;Euskal Herria feminista, anticapitalista y antiracista&rdquo;. &ldquo;Juntas y juntes combatimos el sistema capitalista cisheteropatriarcal colonialista y racista&rdquo;, expresaban en un comunicado. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Contra el imperialismo, la extrema derecha y el fascismo que destruyen derechos, precarizan vidas, generan m&aacute;s desigualdad y se&ntilde;alan a mujeres, disidencias, personas migradas y racializadas como enemigas. Frente a su l&oacute;gica de la guerra y su miseria, respondemos con organizaci&oacute;n y feminismo antifascista, internacionalista, antirracista. Juntas somos m&aacute;s fuertes&rdquo;, concluyen.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, la Coordinadora 8M&ndash;Euskal Herriko Mugimendu Feminista, ha convocado la manifestaci&oacute;n a las 12:30 en la Plaza San Francisco. Organizaci&oacute;n creada a partir de la escisi&oacute;n del Movimiento Feminista de Euskal Herria y, seg&uacute;n describen ellas mismas, compuesta por mujeres &ldquo;comprometidas en la defensa y protecci&oacute;n de derechos basados en el sexo&rdquo; y adem&aacute;s defienden la abolici&oacute;n de la prostituci&oacute;n y la pornograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva red compuesta por varias asociaciones tiene como uno de sus objetivos &ldquo;recuperar la agenda feminista y situar a las mujeres como sujeto hist&oacute;rico del feminismo&rdquo;, frente a lo que consideran una &ldquo;suplantaci&oacute;n en determinadas organizaciones que se autodenominan feministas&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Convocatoria de Tudela</h2><p class="article-text">
        En Tudela, la concentraci&oacute;n ciudadana tendr&aacute; lugar el 8 de marzo a las 12:45 en la Plaza de los Fueros. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es Navarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/guia-manifestaciones-8m-navarra-horarios-recorridos_1_13040698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 16:13:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/79ff4020-4419-49d8-ba01-cd64e4aecfec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3067167" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/79ff4020-4419-49d8-ba01-cd64e4aecfec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3067167" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Guía de las manifestaciones del 8M en Navarra: horarios y recorridos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/79ff4020-4419-49d8-ba01-cd64e4aecfec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M,Navarra,Pamplona,Movimientos sociales,Patriarcado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'casal' de izquierdas de Ripoll denuncia "tasas abusivas" por parte del gobierno de Sílvia Orriols]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/casal-izquierdas-ripoll-denuncia-tasas-abusivas-parte-gobierno-silvia-orriols_1_12952522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4536cfa7-a73f-44c8-bfc1-6ba5c6885d92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El &#039;casal&#039; de izquierdas de Ripoll denuncia &quot;tasas abusivas&quot; por parte del gobierno de Sílvia Orriols"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los colectivos que se agrupan en el centro La Metxa vinculan las trabas municipales con su ideología: "Somos su oposición en la calle. No les interesa que organicemos actos"</p><p class="subtitle">La derecha española se rinde en halagos a Aliança Catalana: “Al final Sílvia Orriols va a salvar España”
</p></div><p class="article-text">
        El <em>casal </em>popular La Metxa, que agrupa a colectivos libertarios y de la izquierda independentista catalana, ha denunciado que el Ayuntamiento de Ripoll, encabezado por la ultraderechista <a href="https://www.eldiario.es/temas/silvia-orriols/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">S&iacute;lvia Orriols,</a> les pone &ldquo;limitaciones constantes&rdquo; y &ldquo;tasas abusivas&rdquo; para desarrollar su actividad pol&iacute;tica en el municipio, y lo ha vinculado a su ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Somos su oposici&oacute;n en la calle. No les interesa que organicemos actos&rdquo;, ha asegurado Eduard, miembro del <em>casal</em>, en un acto p&uacute;blico celebrado este s&aacute;bado en Ripoll y que ha seguido de cerca la alcaldesa y diputada en el Parlament, informa la Ag&egrave;ncia Catalana de Not&iacute;cies (ACN).
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la entidad, desde que Alian&ccedil;a Catalana est&aacute; en el gobierno tienen problemas burocr&aacute;ticos que antes no ten&iacute;an. Tambi&eacute;n han alertado de que esta discriminaci&oacute;n podr&iacute;a afectar a otras entidades y lo han asociado al &ldquo;modus operandi de la extrema derecha&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Estas trabas se han traducido, ha expuesto el <em>casal</em>, en dificultades para poder usar el espacio p&uacute;blico y en retrasos administrativos que acaban condicionando la organizaci&oacute;n de sus actividades. &ldquo;Como no somos favorables a su sinton&iacute;a ideol&oacute;gica, las trabas son frecuentes&rdquo;, ha afirmado Eduard.
    </p><p class="article-text">
        Los miembros del casal han puesto como ejemplo el torneo deportivo antirracista que organizan desde hace a&ntilde;os. Para la edici&oacute;n de 2025, solicitaron el permiso municipal con meses de antelaci&oacute;n, pero no recibieron la autorizaci&oacute;n favorable hasta dos d&iacute;as antes de la fecha prevista. &ldquo;Log&iacute;sticamente era inviable seguir adelante&rdquo;, han lamentado. Finalmente, optaron por buscar una alternativa fuera de Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        El casal tambi&eacute;n denuncia la aplicaci&oacute;n de tasas que califican de &ldquo;abusivas&rdquo;, como las exigidas recientemente para un almuerzo popular con recital de poes&iacute;a, con un coste superior a los 1.100 euros entre el uso del espacio p&uacute;blico y el material municipal, pese a haber presentado toda la documentaci&oacute;n requerida.
    </p><p class="article-text">
        El <em>casal </em>ha iniciado la campa&ntilde;a 'Ripoll, zona represiva', en cuyo marco se organizar&aacute;n actividades de sensibilizaci&oacute;n en los pr&oacute;ximos meses. &ldquo;Estamos aqu&iacute; para denunciarlo, para advertir de lo que puede llegar a venir, pero tambi&eacute;n para empezar a construir un discurso alternativo y de una forma de hacer que se aleje de las imposiciones&rdquo;, han indicado.
    </p><p class="article-text">
        Desde La Metxa tambi&eacute;n recuerdan que en 2024 tuvieron que cerrar durante unos meses despu&eacute;s de los requisitos del Ayuntamiento de Ripoll, que orden&oacute; su clausura.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el Ayuntamiento de Ripoll niega cualquier acoso. La alcaldesa, Silvia Orriols, asegura que el gobierno municipal &ldquo;no persigue ni reprime la disidencia&rdquo; y que su actuaci&oacute;n se limita a hacer cumplir las ordenanzas municipales.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el consistorio, los integrantes del <em>casal </em>&ldquo;llevan a&ntilde;os pintando las paredes con tachaduras y encartelando fachadas y vidrieras de comercios&rdquo;, lo que, seg&uacute;n afirma, contribuye a dar una mala imagen del municipio. Bajo su mandato, estas pr&aacute;cticas ya no gozan de la &ldquo;impunidad&rdquo; que, mantiene el Ayuntamiento, ten&iacute;an en etapas anteriores. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al uso de material municipal, el Ayuntamiento ha afirmado que el <em>casal </em>lo ha solicitado &ldquo;continuamente&rdquo;, que &ldquo;son cuatro gatos&rdquo; y que la cesi&oacute;n y transporte de este material supone un coste &ldquo;que corre a cargo de los contribuyentes&rdquo;. La cesi&oacute;n gratuita de material, ha alegado, solo se da en aquellas actividades en las que el consistorio colabora directamente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es Catalunya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/casal-izquierdas-ripoll-denuncia-tasas-abusivas-parte-gobierno-silvia-orriols_1_12952522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 13:39:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4536cfa7-a73f-44c8-bfc1-6ba5c6885d92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3866605" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4536cfa7-a73f-44c8-bfc1-6ba5c6885d92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3866605" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El 'casal' de izquierdas de Ripoll denuncia "tasas abusivas" por parte del gobierno de Sílvia Orriols]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4536cfa7-a73f-44c8-bfc1-6ba5c6885d92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Movimientos sociales,Ultraderecha,Silvia Orriols,Aliança Catalana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Documental | Entierro digno: solo dos cementerios de cada 1.000 están habilitados para el rito musulmán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/documental-entierro-digno-cementerios-1-000-habilitados-rito-musulman_1_12895856.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b40832fc-d9bf-4052-ab02-8928f24ba06f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Documental | Entierro digno: solo dos cementerios de cada 1.000 están habilitados para el rito musulmán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un microdocumental de la asociación ciudadana Entierro Digno expone la falta de cementerios adaptados para más de 2 millones de personas musulmanas. Ha sido realizado en colaboración con MOVEMENTS, una nueva plataforma tecnológica para causas sociales
</p><p class="subtitle">Los musulmanes de seis comunidades autónomas no tienen dónde enterrar a sus muertos: “Es nuestro derecho”</p></div><p class="article-text">
        Con el t&iacute;tulo <a href="https://entierro-digno.movements.mov/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">'Entierro digno'</a>, la asociaci&oacute;n ciudadana del mismo nombre presenta este lunes un microdocumental que busca poner de manifiesto una realidad que se desconoce o se ignora en Espa&ntilde;a: la falta de cementerios adaptados a los enterramientos seg&uacute;n el rito isl&aacute;mico para m&aacute;s de dos millones de personas musulmanas. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la asociaci&oacute;n Entierro Digno, en Espa&ntilde;a hay 17.850 cementerios, pero solo dos de cada 1.000 est&aacute;n habilitados para enterrar a los musulmanes de acuerdo con sus rituales. El microdocumental contextualiza este problema estructural en nuestro pa&iacute;s y, adem&aacute;s, pone el foco en el impacto humano de esta situaci&oacute;n que vulnera el derecho a la libertad religiosa, tal y como denuncia ese colectivo ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        El documental ha sido realizado con la colaboraci&oacute;n de MOVEMENTS e Iberian Media y se estrena en el marco de la presentaci&oacute;n oficial de <a href="https://movements.mov/es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">MOVEMENTS, una nueva plataforma tecnol&oacute;gica</a> que busca apoyar causas sociales y ayudar a que se sostengan en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el equipo fundador de MOVEMENTS, la herramienta es &ldquo;un sistema operativo para agentes de cambio, que permite transformar una causa puntual en un movimiento autosostenible, integrando en un &uacute;nico entorno de activaci&oacute;n ciudadana, comunidad, contenidos, eventos y financiaci&oacute;n recurrente&rdquo;. &ldquo;El gran cuello de botella del cambio social ya no es la movilizaci&oacute;n inicial, sino la capacidad de sostener el impacto en el tiempo. MOVEMENTS nace para resolver ese problema desde la tecnolog&iacute;a&rdquo;, explica en un comunicado Francisco Polo, uno de los dos cofundadores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/documental-entierro-digno-cementerios-1-000-habilitados-rito-musulman_1_12895856.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2026 20:35:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b40832fc-d9bf-4052-ab02-8928f24ba06f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="701239" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b40832fc-d9bf-4052-ab02-8928f24ba06f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="701239" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Documental | Entierro digno: solo dos cementerios de cada 1.000 están habilitados para el rito musulmán]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b40832fc-d9bf-4052-ab02-8928f24ba06f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Documentales,Movimientos sociales,Musulmanes,Cementerios,Tecnología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obreros antifranquistas subidos a una chimenea: medio siglo de la histórica huelga en As Pontes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/obreros-antifranquistas-subidos-chimenea-medio-siglo-historica-huelga-as-pontes_1_12854384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/163e9ae8-3deb-46c5-8e44-890c8a8a1fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Obreros antifranquistas subidos a una chimenea: medio siglo de la histórica huelga en As Pontes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">6.000 trabajadores pararon durante un mes la construcción de la central térmica durante los estertores del franquismo en un conflicto en el que la extrema izquierda jugó papel central </p><p class="subtitle">Hemeroteca - Carlos Núñez, el comunista gallego formado en la URSS que conoció a Víctor Jara, dirigió las huelgas del 72 y fue edil en Vigo </p></div><p class="article-text">
        Miguel Bola&ntilde;os y Jos&eacute; Luis Muruz&aacute;bal, <em>Muru</em>, no dudaron. El partido lo hab&iacute;a acordado y ellos acataban la disciplina colectiva: escalar&iacute;an hasta lo alto de la chimenea en construcci&oacute;n de la central t&eacute;rmica de As Pontes (A Coru&ntilde;a, Galicia). La dictadura agonizaba, era agosto de 1975, y la resistencia antifranquista deb&iacute;a salir de las sombras. La propaganda por el hecho. Esa era la consigna del Partido del Trabajo (PT), organizaci&oacute;n de orientaci&oacute;n mao&iacute;sta con importante predicamento en la Transici&oacute;n y uno de los motores, junto a una incipiente izquierda nacionalista gallega, de la hist&oacute;rica huelga de As Pontes. La que vio como Bola&ntilde;os y Muru se encaramaban a una chimenea que alcanz&oacute; los 356 metros de altura -la m&aacute;s alta de Europa- y culminaban as&iacute; m&aacute;s de 20 d&iacute;as de paro obrero. El objetivo eran mejoras laborales pero la acci&oacute;n simb&oacute;lica, y lo que supuso para la rearticulaci&oacute;n del sindicalismo gallego, lo tatu&oacute; en la historia.
    </p><p class="article-text">
        La localidad, en el interior de la provincia de A Coru&ntilde;a, no llegaba entonces a los 10.000 habitantes. Seis mil trabajadores secundaron la protesta. &ldquo;Miles de personas se concentraban en un pueblo peque&ntilde;o, llegados de muchos lugares para construir la central. No era f&aacute;cil ni siquiera encontrar donde dormir, todo barracones y barrizales&rdquo;, relata a elDiario.es Luis Burgos, abogado jubilado y en 1975 secretario de organizaci&oacute;n del PT en Galicia. Clandestino, claro. &ldquo;Ese ambiente era propicio para que prosperase el tema sindical&rdquo;, a&ntilde;ade. A inicios de aquel a&ntilde;o, el &uacute;ltimo de la vida de Franco, su partido hab&iacute;a aprobado una nueva estrategia. El r&eacute;gimen se ca&iacute;a a pedazos, en parte empujado por la conflictividad pol&iacute;tico laboral, y la extrema izquierda buscaba salir a la luz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decidimos hacer cosas espectaculares para llamar la atenci&oacute;n, asumiendo riesgos. A Muru siempre se le ocurr&iacute;a algo. Acordamos lo de la chimenea&rdquo;, recuerda. Ni Muruz&aacute;bal ni Burgos eran exactamente militante de base. Ambos formaban parte del Comit&eacute; Central del PT -una de las formaciones m&aacute;s activas a la izquierda del Partido Comunista- a nivel estatal. Tambi&eacute;n estaban en el tajo: Muru como calderero en una auxiliar de Astano, en Ferrol, desplazado a As Pontes, y Burgos en las obras de otra central t&eacute;rmica, la de Sab&oacute;n, en Arteixo (A Coru&ntilde;a). 
    </p><p class="article-text">
        Los riesgos asumidos, m&aacute;s all&aacute; de la haza&ntilde;a f&iacute;sica de subir a lo alto de la central en construcci&oacute;n, se materializaron cuando la Guardia Civil despleg&oacute; incluso un helic&oacute;ptero para detener a Muru y a Bola&ntilde;os, los dos escaladores. Aquel acto, de enorme repercusi&oacute;n en su d&iacute;a, fue, en todo caso, el estertor de una huelga de 21 d&iacute;as que hab&iacute;a sacudido al r&eacute;gimen y ocupado planas en una prensa que, a&uacute;n sometida a censura, ya no era capaz de esconder la intens&iacute;sima agitaci&oacute;n obrera.
    </p><h2 class="article-text">Paco V&aacute;zquez 'largocaballerista'</h2><p class="article-text">
        &ldquo;La huelga fue un fracaso desde el punto de vista de las reivindicaciones concretas. Pero s&iacute; tuvo un efecto pol&iacute;tico y sindical&rdquo;. Habla con este peri&oacute;dico Miguel Campuzano, que en 1975 ten&iacute;a 19 a&ntilde;os y militaba en la Uni&oacute;n do Povo Galego (UPG) -un partido nacionalista y marxista origen del actual BNG- y en su rama estudiantil, Estudantes Revolucionarios Galegos (ERGA). Campuzano estaba en segundo de Filosof&iacute;a y Ciencias de la Educaci&oacute;n, y en el verano trabajaba en las obras de As Pontes junto a su camarada Xos&eacute; Manuel D&iacute;az, de 17 a&ntilde;os y todav&iacute;a en el instituto. &ldquo;El PT hab&iacute;a ideado un m&eacute;todo de agitaci&oacute;n obrera bastante mec&aacute;nico pero eficaz&rdquo;, explica, &ldquo;elaboraba en asamblea una tabla de reivindicaciones, se la presentaba a la patronal y si esta no respond&iacute;a, huelga&rdquo;. Los dos nacionalistas asist&iacute;an a las asambleas, observaban e intentaban difundir su causa.
    </p><p class="article-text">
        En el agosto caliente de hace 50 a&ntilde;os, los trabajadores de la obra de As Pontes, asalariados de decenas de auxiliares, decidieron presionar directamente a la asociaci&oacute;n de empresas. Reclamaban las 40 horas semanales, un aumento salarial lineal o que las compa&ntilde;&iacute;as se hiciesen cargo del IRPF y las cotizaciones. La patronal se neg&oacute;. Que cada empresa negocie por separado, aleg&oacute;. La gente del PT, integrada en Comisiones Obreras, segu&iacute;a su manual y propuso la huelga, relata Campuzano, que ha reconstruido la historia del paro en varios art&iacute;culos. La direcci&oacute;n del sindicato, controlada por el Partido Comunista, no la quer&iacute;a. &ldquo;Y nosotros, por consejo de nuestros enlaces en Ferrol (Lois R&iacute;os y Elvira Souto), donde una t&aacute;ctica similar fracasara, no empuj&aacute;bamos&rdquo;, afirma. Las habilidades dial&eacute;cticas de Muruz&aacute;bal y Bola&ntilde;os se impusieron. El 6 de agosto de 1975 comenz&oacute; el paro. La represi&oacute;n no se hizo esperar: a los dos d&iacute;as ya hab&iacute;a cientos de despedidos.
    </p><p class="article-text">
        Las asambleas obreras se suced&iacute;an. La patronal no ced&iacute;a, los operarios tampoco. En el conflicto mediaba Inspecci&oacute;n de Trabajo que, contra todo pron&oacute;stico, no fue neutral. Dos j&oacute;venes inspectores, reci&eacute;n aprobadas sus oposiciones, se inclinaban del lado de los huelguistas: Carlos Dom&eacute;nech y un Francisco V&aacute;zquez que entonces se autodefin&iacute;a como <em>largocaballerista</em> y ya en democracia fue alcalde de A Coru&ntilde;a por el PSOE. <a href="https://www.eldiario.es/galicia/francisco-vazquez-historico-socialista-entendia-fraga-ahora-coquetea-extrema-derecha_1_10583475.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En la actualidad sus posiciones convergen a menudo con las de Vox</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Campuzano recuerda como en el fragor de las batallas se enteraron de otro acontecimiento decisivo de aquellos meses fren&eacute;ticos: <a href="https://www.eldiario.es/galicia/politica/moncho-reboiras-lider-nacionalista-gallego-policia-franquista-asesino-tres-disparos-espalda_130_8310311.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la polic&iacute;a franquista hab&iacute;a asesinado en Ferrol a su compa&ntilde;ero de filas Moncho Reboiras</a>. &ldquo;Uno de los hermanos Aneiros [significados miembros del Partido Comunista en el &aacute;rea de Ferrolterra] lleg&oacute; de Ferrol y nos dijo 'cuidado, esta noche mataron un t&iacute;o a tiros', como diciendo 'es uno de los vuestros&rdquo;, hace memoria. Era el 12 de agosto. Lois R&iacute;os nunca acudi&oacute; a la cita que, en As Pontes, hab&iacute;a acordado con Campuzano y D&iacute;az para entregarles propaganda. Formaba parte, junto a Souto, del comando de Reboiras. Consigui&oacute; escapar del cerco policial. 
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as pasaron y la huelga entr&oacute; en un callej&oacute;n sin salida. A finales de ese mes, y sin haber conseguido la readmisi&oacute;n de los despedidos, una asamblea dominada por los comunistas decidi&oacute; finalizar la huelga. &ldquo;Durante los &uacute;ltimos d&iacute;as es cuando Muru y Bola&ntilde;os se suben a la chimenea para intentar dar la vuelta a la situaci&oacute;n. Fue un gesto simb&oacute;lico y qued&oacute; para la historia&rdquo;, asegura Campuzano.
    </p><h2 class="article-text">Ra&iacute;ces del sindicalismo nacionalista</h2><p class="article-text">
        El viejo sindicalista insiste en el valor cualitativo de la protesta de As Pontes. &Eacute;l y D&iacute;az tambi&eacute;n impulsaban entonces el Sindicato Obreiro Galego (SOG), una de las primeras experiencias sindicales ligadas a la izquierda nacionalista gallega. El ensayista y profesor Ant&oacute;n Baamonde, articulista de elDiario.es, comparte su impresi&oacute;n. Baamonde era un estudiante del instituto de Vilalba (Terra Cha, Lugo), su localidad natal, y militante de ERGA. &ldquo;Vilalba y As Pontes [a 24 kil&oacute;metros de distancia] ten&iacute;an mucha relaci&oacute;n entonces. Y muchos amigos iban a As Pontes a trabajar unos meses. La construcci&oacute;n de la central t&eacute;rmica y todas las auxiliares ofrec&iacute;an muchas oportunidades laborales&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><p class="article-text">
        Su labor, recuerda, consist&iacute;a en hacer pintadas de apoyo a los huelguistas o repartir propaganda a la entrada de las factor&iacute;as. &ldquo;Era un tiempo de efervescencia pol&iacute;tica. Todo el mundo estaba metido en algo. Hab&iacute;a relaci&oacute;n con los curas de los Comit&eacute;s de Axuda &aacute; Loita Labrega y con la gente de Cristi&aacute;ns polo Socialismo. Si t&uacute; conoc&iacute;as a alguien que trabajaba en un taller de As Pontes, intentabas meterlo en el asunto&rdquo;, dice. As Pontes viv&iacute;a un ciclo de proletarizaci&oacute;n: gente que llegaba del mundo agrario para trabajar en la f&aacute;bricas. Y en ese ambiente, Baamonde tambi&eacute;n menciona las primeras pintadas del Sindicato Obreiro Galego, por ejemplo. No existen fotograf&iacute;as del conflicto, solo memorias individuales. O, por lo menos, nadie ha localizado im&aacute;genes. &ldquo;No se sacaban fotos. Como mucho, las sacar&iacute;a la Guardia Civil&rdquo;, ironiza Luis Burgos, &ldquo;infiltraban agentes en las asambleas, pero a menudo los identific&aacute;bamos y los ech&aacute;bamos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef527442-0839-41ca-b910-56600d12e522_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una imagen de la huelga de la construcción de Lugo en 1977 en la que se puede ver a Xosé Manuel Díaz, dos años antes activo sindicalista en el paro obrero de As Pontes"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una imagen de la huelga de la construcción de Lugo en 1977 en la que se puede ver a Xosé Manuel Díaz, dos años antes activo sindicalista en el paro obrero de As Pontes                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al repasar lo sucedido aquel agosto, Campuzano insiste en su importancia cualitativa y para el desarrollo del sindicalismo gallego, en concreto de su rama nacionalista. &ldquo;Personas que nos conocimos en aquel momento y en aquel lugar despu&eacute;s tuvimos un papel importante en la conformaci&oacute;n de la CIG&rdquo;, asegura. La Confederaci&oacute;n Intersindical Galega es, en la actualidad, la primera central de la comunidad por n&uacute;mero de delegados y de afiliados. Se fund&oacute; en 1993, pero las dos corrientes que nutrieron su principal antecesora, la Intersindical Nacional de Traballadores de Galicia (INTG), hab&iacute;an confluido en As Pontes: los militantes del PT integrados en Comisiones Obreras y que al poco tiempo se escindieron como CSUT y despu&eacute;s se transformaron en la Central de Traballadores de Galicia; y el SOG, impulsado por la UPG, y m&aacute;s tarde Intersindical Nacional Galega.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Compartiamos una forma de ser y de vivir. Eramos rupturistas de verdad, no est&aacute;bamos por la ruptura pactada del Partido Comunista&rdquo;, considera Campuzano, &ldquo;nosotros, los nacionalistas, aprendimos mucho de las t&aacute;cticas de Muruz&aacute;bal y Bola&ntilde;os, gente vital y combativa, que se acercaron a nosotros no por la cuesti&oacute;n nacional, sino por la de clase&rdquo;. &ldquo;El Sindicato Obreiro era entonces peque&ntilde;o, muy clandestino&rdquo;, argumenta Burgos, &ldquo;pero coincid&iacute;amos en el objetivo de acelerar la ruptura democr&aacute;tica. Al final no pudo ser&rdquo;. Las ra&iacute;ces de un importante sindicato y la memoria de un agudo episodio de lucha obrera en el tr&aacute;nsito de la dictadura a la democracia, eso s&iacute; pudo ser en agosto de 1975. 
    </p><p class="article-text">
        La central t&eacute;rmica de As Pontes comenz&oacute; a funcionar en 1976 y dej&oacute; de hacerlo en octubre de 2023. La chimenea a la que escalaron Muruz&aacute;bal y Bola&ntilde;os todav&iacute;a domina la silueta de la localidad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Salgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/obreros-antifranquistas-subidos-chimenea-medio-siglo-historica-huelga-as-pontes_1_12854384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/163e9ae8-3deb-46c5-8e44-890c8a8a1fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1084167" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/163e9ae8-3deb-46c5-8e44-890c8a8a1fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1084167" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Obreros antifranquistas subidos a una chimenea: medio siglo de la histórica huelga en As Pontes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/163e9ae8-3deb-46c5-8e44-890c8a8a1fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Galicia,Memoria Histórica,Movimientos sociales,Sindicalismo,CIG – Confederación Intersindical Galega,Franquismo,Dictadura,Dictadura franquista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento estudiantil de Serbia salta de las calles a las urnas tras un año de protestas: "Vamos a tumbar el régimen"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/movimiento-estudiantil-serbia-salta-calles-urnas-ano-protestas-tumbar-regimen_1_12835193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b74177be-af59-4e7e-80fa-857f87096abe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento estudiantil de Serbia salta de las calles a las urnas tras un año de protestas: &quot;Vamos a tumbar el régimen&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que comenzó hace un año como un movimiento protesta por el derrumbe de parte de la estación de tren de la ciudad de Novi Sad —que acabó con 16 muertos—, pretende tomar el poder presentándose a las próximas elecciones</p><p class="subtitle">El viaje de Serbia al autoritarismo mientras llama a las puertas de la UE
</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Este movimiento se est&aacute; convirtiendo en un movimiento pol&iacute;tico; los estudiantes tenemos nuestra lista [de candidatos] y esperamos que todo termine con las elecciones&rdquo;, dec&iacute;a Vlad&iacute;mir en las marchas de Novi Sad justo un a&ntilde;o despu&eacute;s del incidente en la estaci&oacute;n de tren de esta ciudad al norte de Serbia que acab&oacute; con la muerte de 16 personas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Aquel accidente deton&oacute; unas protestas estudiantiles que exig&iacute;an, en primer lugar, la rendici&oacute;n de cuentas, la publicaci&oacute;n de todos los documentos relacionados con la reconstrucci&oacute;n de la estaci&oacute;n de tren de Novi Sad y la investigaci&oacute;n y la exigencia de responsabilidades penales para los responsables del derrumbe. Conforme se fue consolidando el movimiento, las exigencias fueron creciendo, desde el procesamiento de quienes atacaron a estudiantes en manifestaciones posteriores, hasta la convocatoria de unas elecciones que, esperan, hagan caer al Partido Progresista Serbio (SNS) de Vu&#269;i&#263;, en el poder desde 2012.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Los estudiantes consiguieron </span><a href="https://www.eldiario.es/internacional/dimite-primer-ministro-serbio-medio-ola-protestas-gobierno_1_11999192.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">tumbar</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> al ministro de Infraestructuras, Goran Vesi&#263;, y </span><a href="https://www.eldiario.es/internacional/dimite-primer-ministro-serbio-medio-ola-protestas-gobierno_1_11999192.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">posteriormente al primer ministro</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, Milo&scaron; Vu&#269;evi&#263;, pero no fue suficiente. Quieren tumbar el r&eacute;gimen y han elaborado una lista de candidatos seleccionada por cada facultad para acabar con el Gobierno en las pr&oacute;ximas elecciones. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5b95d07e-07b8-4d49-b2f3-339df786c81a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Dos jóvenes se manifiestan junto a la estación de Novi Sad en las movilizaciones convocadas coincidiendo con el aniversario del derrumbre parcial de la estación de tren"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Dos jóvenes se manifiestan junto a la estación de Novi Sad en las movilizaciones convocadas coincidiendo con el aniversario del derrumbre parcial de la estación de tren                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Hubo varios momentos en los que pens&eacute; que el movimiento se desvanecer&iacute;a. Por ejemplo, despu&eacute;s del pasado A&ntilde;o Nuevo, pero no fue as&iacute;. Tambi&eacute;n pens&eacute; que despu&eacute;s del 15 de marzo, cuando tuvimos la protesta m&aacute;s grande, el movimiento empezar&iacute;a a apagarse lentamente. Y tampoco ocurri&oacute;. Pens&eacute; que durante el verano pasar&iacute;a, porque es cuando la gente se va de vacaciones, no fue as&iacute;. Tambi&eacute;n lo pens&eacute; durante los ex&aacute;menes. Tampoco pas&oacute;. El movimiento ha sabido ser lo suficientemente resiliente como para superar todos esos momentos, y aqu&iacute; seguimos&rdquo;, cuenta Luka Markovi&#263;, estudiante de Derecho y parte del movimiento estudiantil. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">No ha sido la primera vez, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que la poblaci&oacute;n se ha levantado contra el gobierno de Vu&#269;i&#263; en Serbia. En 2023, tras los tiroteos en colegios y masacres en Mladenovac y otras localidades &mdash;que dejaron decenas de muertos&mdash; se cre&oacute; el movimiento </span><a href="https://protivnasilja.rs/en/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">&lsquo;Serbia contra la violencia&rsquo;</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, que ped&iacute;a el fin de la cultura de la violencia en el pa&iacute;s, pero que acab&oacute; controlado por los partidos opositores al Partido Progresista Serbio (SNS). No consigui&oacute; nada. Tampoco consiguieron nada las </span><a href="https://www.theguardian.com/world/2024/jan/04/serbia-opposition-doubles-down-on-election-claims-as-full-results-released" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">protestas</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> surgidas del fraude electoral de las locales de diciembre de 2023 en Belgrado, a pesar de la certificaci&oacute;n de irregularidades por observadores internacionales.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:transparent;">La f&oacute;rmula de los estudiantes</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Con este panorama, los estudiantes demandan la repetici&oacute;n electoral con un solo objetivo: tumbar el sistema. &ldquo;Nuestro deseo no es formar un partido pol&iacute;tico, estar en el poder o convertirnos en una nueva parte del sistema. El objetivo del movimiento es traer un cambio permanente. No vamos a seguir los pasos de los partidos pol&iacute;ticos tradicionales que han decepcionado a la gente una y otra vez&rdquo;, admite Markovi&#263;, quien clarifica que no quiere solo dar ideas abstractas. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No convocan elecciones anticipadas porque saben que, cuando finalmente lleguen, perderán. El régimen ha llegado a su fin. Vamos a hacer caer el régimen, solo necesitamos confirmarlo en las elecciones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luka Markovic</span>
                                        <span>—</span> estudiante de Derecho y manifestante
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Y es que los estudiantes tienen dise&ntilde;ados los siguientes pasos: ya han creado su lista de candidatos para las pr&oacute;ximas elecciones, sean anticipadas o no. Sin embargo, no se presentan como un partido pol&iacute;tico, sino como un &ldquo;grupo de ciudadanos&rdquo; (en serbio, </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>grupa gra&#273;ana</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">). La ley electoral serbia permite que las listas electorales sean presentadas por un partido pol&iacute;tico, una coalici&oacute;n o, como en este caso, un grupo de ciudadanos &mdash;deben reunir un umbral m&iacute;nimo de firmas de ciudadanos para apoyar la lista&mdash;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La f&oacute;rmula que han usado los estudiantes ha sido sencilla: cada facultad ha elegido sus candidatos &mdash;quienes no son estudiantes&mdash; y se ha conformado la lista que formar&aacute; este grupo ciudadano, la cual no anunciar&aacute;n hasta que se sepa la fecha de las pr&oacute;ximas elecciones. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Una vez presentada, &ldquo;tendr&aacute;n la responsabilidad de crear una plataforma anticorrupci&oacute;n para limpiar el desastre y, finalmente, hacer justicia a las v&iacute;ctimas de la ca&iacute;da de la marquesina. Ser&aacute; [un grupo] puntual, con el objetivo de recuperar la democracia parlamentaria y las elecciones peri&oacute;dicas. Esto es importante porque no somos un movimiento ideol&oacute;gico; nuestro objetivo es la lucha contra la corrupci&oacute;n y una reforma judicial&rdquo;, explica el representante del movimiento. </span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:transparent;">El &eacute;xito del movimento estudiantil</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Es en esta apoliticidad donde reside el &eacute;xito de las protestas &mdash;desde finales de 2024 hasta 2025 se han registrado m&aacute;s de 10.000 manifestaciones en m&aacute;s de 630 localidades del pa&iacute;s&mdash;. El movimiento surgi&oacute; desde las trincheras, en este caso las facultades; fue siempre horizontal y, de igual manera, impersonal &mdash;nunca hubo una cara o figura protagonista&mdash;. Adem&aacute;s, no permitieron a ning&uacute;n frente pol&iacute;tico adue&ntilde;arse de este &mdash;a diferencia de movilizaciones anteriores&mdash; y sus peticiones, como dicen, no son ideol&oacute;gicas, solo piden el respeto a la Constituci&oacute;n. &ldquo;Esa es nuestra gran diferencia: valor y creencia en la democracia&rdquo;. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/81609e98-9bfd-42f0-aab4-664dc778e125_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un manifestante antigubernamental enciende una bengala durante una manifestación en Belgrado, Serbia, el 2 de noviembre de 2025."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un manifestante antigubernamental enciende una bengala durante una manifestación en Belgrado, Serbia, el 2 de noviembre de 2025.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">En este a&ntilde;o de protestas se han extrapolado muchas lecciones del movimiento estudiantil en Serbia, as&iacute; como del Gobierno de Aleksandar Vu&#269;i&#263;. Los estudiantes han sabido organizarse; han creado </span><a href="https://blokade.org/sr-lat/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">plataformas</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> donde poder seguir las movilizaciones, sus reclamos siempre han sido claros y democr&aacute;ticos. Adem&aacute;s, sus acciones se han mantenido pac&iacute;ficas y han buscado el respeto de la ley y la Constituci&oacute;n serbia. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Por el contrario, la represi&oacute;n estatal contra ellos ha sido dram&aacute;tica desde sus inicios. Primero, y </span><a href="https://n1info.rs/english/news/vucic-says-colored-revolution-over-makes-demands/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">en palabras</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> del presidente serbio, estas protestas est&aacute;n orquestadas desde Occidente &mdash;parad&oacute;jico cuando hasta hace escasamente tres meses la UE no solo no se </span><a href="https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-10-2025-0248_ES.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">hab&iacute;a pronunciado</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> sobre las mismas, si no que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n hab&iacute;a </span><a href="https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/statement_25_2388" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">mostrado su apoyo</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> a Vu&#269;i&#263;&mdash;. Pero, una vez se vio que el movimiento no se desvanec&iacute;a, empezar&iacute;a una continua represi&oacute;n violenta contra los estudiantes: Amnist&iacute;a Internacional </span><a href="https://www.amnesty.org/en/latest/news/2025/07/serbia-authorities-must-end-unlawful-use-of-force-against-protesters-and-investigate-reports-of-police-violence/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">ha denunciado</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> el uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, agresiones f&iacute;sicas y hospitalizaci&oacute;n de j&oacute;venes que protestaban pac&iacute;ficamente. &ldquo;Todos conoc&iacute;amos los riesgos cuando nos metimos en esto. Por desgracia ya sabemos que los reg&iacute;menes autoritarios no van a jugar limpio&rdquo;, lamenta Luka. </span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Vamos a hacer caer el r&eacute;gimen&rdquo;</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ha pasado un a&ntilde;o, dos meses y dos semanas desde el inicio de las movilizaciones de los estudiantes en Serbia, que ya suponen la mayor movilizaci&oacute;n civil desde la era de Slobodan Milosevi&#263;. No ha habido un solo d&iacute;a en el que los estudiantes no hayan salido a la calle, las plataformas siguen convocando concentraciones, las facultades siguen organiz&aacute;ndose, el apoyo sigue llegando desde todas partes, no solo de Serbia, sino de todos los Balcanes, pero Vu&#269;i&#263; se niega a convocar elecciones anticipadas.</span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las calles ya no exigen simplemente la caída de un hombre, sino que expresan una exasperación más amplia: contra la corrupción, contra la represión, contra un sistema que ha estado aplastando y empobreciendo durante décadas. Están surgiendo nuevas formas de organización: desde estudiantes hasta trabajadores del sector público, desde maestros hasta obreros de fábricas. Un movimiento está tomando forma. Aún no está estructurado, aún está encontrando su camino, pero existe</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ivica Mladenović</span>
                                        <span>—</span> politólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Un hecho importante cuando convocar elecciones ha sido uno de los mecanismos favoritos del presidente serbio para mantenerse en el poder. Desde que lleg&oacute; al poder en 2012 ha llamado a las urnas cinco veces (a nivel nacional), de las cuales cuatro han sido anticipadas. &ldquo;No convocan elecciones anticipadas porque saben que, cuando finalmente lleguen, perder&aacute;n. El r&eacute;gimen ha llegado a su fin&rdquo; tiene claro Luka, &ldquo;Vamos a hacer caer el r&eacute;gimen, solo necesitamos confirmarlo en las elecciones&rdquo;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El pasado 9 de diciembre hubo otra concentraci&oacute;n a las puertas de la Facultad de Agricultura, el mismo d&iacute;a que se cumpl&iacute;a un a&ntilde;o de su bloqueo por las movilizaciones. &ldquo;Se cumple un a&ntilde;o del bloqueo de la Facultad de Agricultura. Queremos pasar por las calles y el camino en el que aprendimos lo que significan la uni&oacute;n y la verdadera solidaridad&rdquo;, se </span><a href="https://www.instagram.com/p/DR_vvupipGH/?hl=es&amp;img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">le&iacute;a</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> en la convocatoria a la protesta. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El calendario de movilizaciones estudiantiles en Serbia sigue actualiz&aacute;ndose diariamente. </span>
    </p><h2 class="article-text">El sistema serbio: clientelismo y abuso de poder </h2><p class="article-text">
        En febrero de este a&ntilde;o, el doctor en Ciencias Pol&iacute;ticas e investigador del Laboratorio de Teor&iacute;as Pol&iacute;ticas (LabToP) y del Instituto de Filosof&iacute;a y Teor&iacute;a Social de Belgrado, Ivica Mladenovi&#263;, <a href="https://www.contretemps.eu/serbie-fin-regne-vucic-eternel-recommencement/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escrib&iacute;a</a>: &ldquo;Las calles ya no exigen simplemente la ca&iacute;da de un hombre, sino que expresan una exasperaci&oacute;n m&aacute;s amplia: contra la corrupci&oacute;n, contra la represi&oacute;n, contra un sistema que ha estado aplastando y empobreciendo durante d&eacute;cadas. Est&aacute;n surgiendo nuevas formas de organizaci&oacute;n: desde estudiantes hasta trabajadores del sector p&uacute;blico, desde maestros hasta obreros de f&aacute;bricas. Un movimiento est&aacute; tomando forma. A&uacute;n no est&aacute; estructurado, a&uacute;n est&aacute; encontrando su camino, pero existe&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente estaba, en muchos sentidos, decepcionada con los partidos pol&iacute;ticos tradicionales; sab&iacute;an que nunca ser&iacute;an capaces de ser el motor del cambio. Y hay un deseo genuino de cambio y de compromiso. Se ve el movimiento estudiantil como una especie de esperanza&rdquo;, explica Luka. 
    </p><p class="article-text">
        El espectro pol&iacute;tico de Serbia se encuentra manchado por la <a href="https://crta.rs/wp-content/uploads/2023/12/Network-of-political-pressures-SWC.pdf?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">corrupci&oacute;n y el clientelismo</a>, donde la lealtad al partido gobernante se convierte en la moneda m&aacute;s valiosa; y los recursos p&uacute;blicos, en herramienta de poder. Las redes clientelares manejan pr&aacute;cticamente todas las esferas del Estado: administraci&oacute;n p&uacute;blica, empresas estatales, organismos reguladores, instituciones sociales y servicios p&uacute;blicos. En este sentido, a cambio de su apoyo [al partido], quienes forman parte de esas redes reciben favores: contratos p&uacute;blicos, empleos dentro del aparato estatal, licencias, trato preferencial, acceso privilegiado a servicios y &mdash;con frecuencia&mdash; impunidad frente a la ley. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la distinci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado se diluye: decisiones sobre infraestructuras, licitaciones, ayudas sociales o subvenciones quedan sujetas no al inter&eacute;s general, sino a la l&oacute;gica del poder. Y es aqu&iacute; donde los estudiantes encuentran la explicaci&oacute;n a lo que ocurri&oacute; aquel 1 de noviembre de 2024 en Novi Sad. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que lo que hacemos es enviar un mensaje de que no toleramos &mdash;y que la gente no deber&iacute;a tolerar&mdash; la corrupci&oacute;n y el abuso de poder. Y que t&uacute;, como individuo, eres importante y deber&iacute;as involucrarte en c&oacute;mo se gestionan las cosas&rdquo;, analiza el estudiante de Derecho. 
    </p><p class="article-text">
        En su <a href="https://freedomhouse.org/country/serbia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> m&aacute;s reciente, Freedom House cataloga a Serbia como &ldquo;parcialmente libre&rdquo;, es decir, aunque formalmente existen elecciones multipartidistas, en la pr&aacute;ctica los derechos pol&iacute;ticos y las libertades civiles han sido erosionados. Desde hace a&ntilde;os, la separaci&oacute;n de poderes sufre un retroceso evidente: el poder judicial ha perdido la independencia; Aleksandar Vu&#269;i&#263; y su partido ejercen un control casi total sobre los medios de comunicaci&oacute;n; y el ejecutivo &mdash; tambi&eacute;n bajo Vu&#269;i&#263; &mdash; ha concentrado amplios poderes, debilitando los mecanismos institucionales de control.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Moreno Guerrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/movimiento-estudiantil-serbia-salta-calles-urnas-ano-protestas-tumbar-regimen_1_12835193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Dec 2025 20:33:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b74177be-af59-4e7e-80fa-857f87096abe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2205530" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b74177be-af59-4e7e-80fa-857f87096abe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2205530" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El movimiento estudiantil de Serbia salta de las calles a las urnas tras un año de protestas: "Vamos a tumbar el régimen"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b74177be-af59-4e7e-80fa-857f87096abe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Serbia,Estudiantes,Movimientos sociales,Manifestaciones,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rutger Bregman: "La izquierda es muy buena en señalar injusticias, pero puede ser una excusa para no hacer nada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/rutger-bregman-izquierda-buena-senalar-injusticias-excusa-no_128_12818327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36a44273-8b05-490b-a738-aec6a6cc7341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x136y212.jpg" width="1200" height="675" alt="Rutger Bregman: &quot;La izquierda es muy buena en señalar injusticias, pero puede ser una excusa para no hacer nada&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El intelectual holandés acaba de publicar 'Ambición moral', una llamada a la acción individual y colectiva con el foco puesto en obtener resultados: "A la gente que sufre opresión, desigualdad o pobreza le da igual que tengas pureza moral, lo que quieren es que ganes"</p><p class="subtitle">El historiador Rutger Bregman denuncia que la BBC le ha “censurado” una frase crítica sobre Trump
</p></div><p class="article-text">
        El historiador y periodista Rutger Bregman (Westerschouwen, Pa&iacute;ses Bajos, 1988) se ha convertido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en un incordio para las &eacute;lites. En 2019, su intervenci&oacute;n en el Foro de Davos se volvi&oacute; viral, al defender ante las &eacute;lites m&aacute;s poderosas del mundo que los ricos &ldquo;no pagan su parte&rdquo; y defender la justicia fiscal. Hace una semana, una intervenci&oacute;n cr&iacute;tica con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que le tiene en el punto de mira, fue censurada. En el eje de sus discursos est&aacute;n los impuestos y una renta b&aacute;sica universal, pero con su &uacute;ltimo libro, 'Ambici&oacute;n moral' (Editorial Pen&iacute;nsula), este intelectual holand&eacute;s pone el foco en lo que los individuos pueden hacer en su d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Bregman ha creado una Escuela de Ambici&oacute;n Moral, donde ha invertido la mitad de sus ahorros y con la que pretende atraer el talento para ponerlo al servicio del bien com&uacute;n y atajar el &ldquo;desperdicio de talento&rdquo; que se produce en algunas de las industrias m&aacute;s poderosas del planeta, &ldquo;que no convierten el mundo en un lugar mejor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qu&eacute; llama 'ambici&oacute;n moral'?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como especie, nos enfrentamos a problemas enormes, como la amenaza gigantesca del clima; la pr&oacute;xima pandemia, que puede estar a la vuelta de la esquina; la pobreza global, que probablemente vaya a peor; o los miles de millones de animales que sufren en macrogranjas, una de las mayores atrocidades morales de nuestro tiempo. La lista es enorme, pero hay muy pocas personas trabajando para solucionar estos problemas. Es un gran desperdicio de talento, con millones de personas atascadas en trabajos que no convierten el mundo en un lugar mejor. El ant&iacute;doto es la ambici&oacute;n moral, el deseo de utilizar tu tiempo y tu talento, pero tambi&eacute;n tu acceso a ciertas redes, tu capital cultural y financiero y todos tus privilegios, para marcar la diferencia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El 17% de la poblaci&oacute;n cree que su trabajo no contribuye en nada a la sociedad. &iquest;En qu&eacute; trabajan estas personas y qu&eacute; dice esto del sistema econ&oacute;mico actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En realidad, es peor. El 8% est&aacute; seguro de que su trabajo no tiene ning&uacute;n tipo de impacto social. Si est&aacute;n en huelga, a nadie le importar&iacute;a. Un 17% tiene dudas de que su trabajo aporte valor al mundo. Si lo sumas, un cuarto de la fuerza laboral cree que est&aacute; malgastando su tiempo. Un amigo, que estudia en la Universidad de Oxford, habla del Tri&aacute;ngulo de las Bermudas: lo que ve en Harvard, Princeton y Yale, las universidades m&aacute;s prestigiosas del mundo, es que la mayor&iacute;a de los chavales terminan en consultor&iacute;a, finanzas o derecho societario. Ganan mucho dinero, pero son carreras aburridas que no marcan la diferencia en la lucha contra los problemas reales. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Existe una relaci&oacute;n entre salario e inmoralidad del trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo un estudio que cruza los sueldos de ciertos profesionales con lo morales o inmorales que son esos sectores, seg&uacute;n la poblaci&oacute;n general. Cuanto m&aacute;s dinero ganas, m&aacute;s probable es que tu trabajo se considere inmoral. Un ejemplo f&aacute;cil es el tabaco. Probablemente sea la industria m&aacute;s cruel que existe, responsable de millones de muertes al a&ntilde;o, pero con salarios muy por encima de la media. Si lo piensas, es comprensible, porque trabajar en Philip Morris puede ser una de las cosas m&aacute;s pat&eacute;ticas que hacer con tu vida: te est&aacute;n pagando, b&aacute;sicamente, para que los j&oacute;venes se enganchen. Para superar esa verg&uuml;enza, necesitas una compensaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Teniendo en cuenta que la poblaci&oacute;n necesita tener unas necesidades b&aacute;sicas resueltas, &iquest;hasta qu&eacute; punto un individuo puede generar un cambio real en contra de un sistema econ&oacute;mico y unas estructuras de poder muy potentes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera observaci&oacute;n es que hay muchos libros sobre <em>mindfulness</em>, que te ense&ntilde;ar&aacute;n a ser m&aacute;s feliz, estar m&aacute;s relajado, productivo, etc., pero este no es necesariamente uno de ellos. Es un libro duro, que escrib&iacute; inicialmente para m&iacute; mismo, cuando sent&iacute;a que necesitaba una patada en el culo. La segunda es que hay mucha gente de izquierdas muy buena a la hora de se&ntilde;alar los problemas del sistema y las injusticias estructurales del capitalismo, del patriarcado, etc., pero existe el riesgo de que eso se convierta en una excusa para no hacer nada. A lo largo de mi carrera me han fascinado estos peque&ntilde;os grupos de ciudadanos comprometidos, que han logrado algunos de los mayores cambios de la historia, desde los abolicionistas a las sufragistas. Todos empezaron con un grupo reducido de personas, as&iacute; que siempre me ha parecido muy superficial y falto de esperanza creer que la gente no puede generar cambios o que es neoliberal pensar que los individuos no pueden marchar la diferencia. El comportamiento es contagioso, podemos inspirarnos los unos a los otros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estamos viendo el colapso total de las organizaciones progresistas, totalmente ineficaces a la hora de obtener resultados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La pureza ideol&oacute;gica de una parte de la izquierda ayuda a conseguir cambios reales o frena avances m&aacute;s factibles pero no tan estructurales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os han sido catastr&oacute;ficos. Hemos visto el auge de movimientos muy importantes, como el Black Lives Matters, el MeToo, Fridays for Future o Occupy Wall Street, que han generado resultados&hellip; variados, siendo amable, porque alguno no ha supuesto ning&uacute;n cambio legal. Eso contrasta con los movimientos por los derechos civiles de los a&ntilde;os 60, liderados por gente como Rosa Parks o Martin Luther King, que cambiaron la vida de los americanos negros con grandes reformas legislativas. Hace unos a&ntilde;os el mundo se volvi&oacute; woke, pero lo que estamos viendo hoy, especialmente en Estados Unidos, es el colapso total de las organizaciones progresistas, totalmente ineficaces a la hora de obtener resultados. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, la derecha ha sido muy estrat&eacute;gica en la lucha contra el aborto. Empezaron hace 30 a&ntilde;os y han construido todo un ecosistema de oposici&oacute;n, impulsando miles de juicios que han creado la v&iacute;a para acabar con la ley en todo el pa&iacute;s. Mientras tanto, &iquest;qu&eacute; est&aacute; haciendo la izquierda? En lugar de estar en las barricadas, est&aacute;n luchando unos contra otros. A la gente que sufre opresi&oacute;n, desigualdad o pobreza le da igual que tengas raz&oacute;n o pureza moral, lo que quieren es que ganes, aunque esos signifique hacer cosas contraintuitivas o generar coaliciones con gente que no te cae bien. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro dice que la protesta moderna consiste en &ldquo;clics y likes esperando que otros hagan algo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; papel juegan las redes, donde vemos campa&ntilde;as muy bien estructuradas, generalmente de extrema derecha?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el libro pongo el ejemplo de la marcha de Washington en los a&ntilde;os 60. Fue muy dif&iacute;cil de organizar, porque la gente no ten&iacute;a Twitter, Facebook ni Instagram. Hab&iacute;a todo un aparato trabajando con listas, direcciones, n&uacute;mero de tel&eacute;fono y tratando de distribuir toda esa informaci&oacute;n. Eso garantizaba que lo que suced&iacute;a era m&aacute;s duradero y sostenible y esas redes no desaparecieron tras la protesta. La iron&iacute;a de Twitter es que, cuando se lanz&oacute;, todo el mundo pens&oacute; que ser&iacute;a la edad dorada de los movimientos sociales y que la gente con poder temblar&iacute;a ante las masas. Hemos visto que ha sido, m&aacute;s o menos, lo contrario. Ha habido un aumento de las protestas, pero cada vez m&aacute;s ineficaces.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Un ecosistema dentro de la derecha cree que la democracia tiene que ser destruida&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Dice que el progreso moral no es lineal, &iquest;qu&eacute; lectura hace del auge de gobiernos reaccionarios, de Trump y Milei o del auge de la extrema derecha en Europa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es mucho m&aacute;s preocupante de lo que la gente parece entender. Si cogi&eacute;ramos un libro sobre una explosi&oacute;n autoritaria y la ca&iacute;da de la democracia, en los primeros cap&iacute;tulos leer&iacute;amos lo que est&aacute; pasando en el mundo ahora mismo. He estado un a&ntilde;o viviendo en Nueva York y uno de los motivos por los que he regresado a Holanda es que, como inmigrante, estaba preocupado por mi familia y por poder expresar mis opiniones con franqueza. Cuando aterric&eacute; en &Aacute;msterdam, mi cara apareci&oacute; en la portada del <em>Daily Mail</em> con un titular de que la Casa Blanca no estaba contenta conmigo porque hab&iacute;a dicho que Trump era el presidente m&aacute;s corrupto de la historia de Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        La frase fue <a href="https://www.eldiario.es/internacional/historiador-rutger-bregman-denuncia-bbc-le-censurado-frase-critica-trump_1_12794640.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">censurada</a> una semana despu&eacute;s por la BBC, para que te hagas una idea de la cobard&iacute;a de estas instituciones. Las cosas que d&aacute;bamos por hecho hace un tiempo, como la libertad de organizarte o de expresi&oacute;n, est&aacute; claramente amenazada porque hay un ecosistema dentro de la derecha que cree que la democracia tiene que ser destruida. En el libro hablo de Peter Thiel, al frente de la construcci&oacute;n de esa alianza y que financi&oacute; directamente las pol&iacute;ticas de Bush. Han sido muy claros y est&aacute;n mucho mejor organizados, financiados e ideol&oacute;gicamente preparados. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La BBC reconoci&oacute; esa autocensura. &iquest;Se ha vuelto a poner en contacto con usted?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es tremendamente ir&oacute;nico, porque la propia BBC me pidi&oacute; dar cuatro conferencias sobre los desaf&iacute;os a los que nos enfrentamos como humanidad. La primera iba sobre la cobard&iacute;a de las instituciones que se ponen de rodillas ante el autoritarismo... censuraron la clase de la censura, despu&eacute;s de haber pasado un proceso editorial de meses. Claramente, se ve&iacute;an amenazados por la administraci&oacute;n Trump y el Consejo Legal de Estados Unidos. Es un principio de la dictadura, nunca hab&iacute;a vivido algo as&iacute;. En la grabaci&oacute;n de audio mi voz desaparece, escuchas el momento del corte y, dos o tres minutos despu&eacute;s, se me escucha hablar sobre la cobard&iacute;a de las &eacute;lites occidentales. Me pareci&oacute; una experiencia tremenda, pero van a emitir las otras tres conferencias. No culpo a los periodistas de la cadena, que han hecho un trabajo incre&iacute;ble. Es una decisi&oacute;n que, evidentemente, viene de arriba. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Algunos avances tecnol&oacute;gicos surgen de esa ambici&oacute;n moral. En un contexto de grandes revoluciones en torno a temas como la inteligencia artificial y la automatizaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; pol&iacute;ticas garantizan que esos avances no concentren a&uacute;n m&aacute;s la riqueza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Soy un socialdem&oacute;crata europeo chapado a la antigua, que cree en una econom&iacute;a mixta. Esto significa que hay que dar espacio a los emprendedores para innovar. A la vez, necesitas un sector p&uacute;blico s&oacute;lido y potente, porque las mayores innovaciones y el bienestar de la poblaci&oacute;n se ve garantizado por la sanidad, la lucha contra la pobreza, etc. Lo que vemos hoy es que el equilibrio ha desaparecido por completo y la desigualdad se ha salido de control. Hay especulaci&oacute;n por todas partes y los mercados est&aacute;n descontrolados, pero tenemos una cura. Lo dije hace seis a&ntilde;os en Davos: impuestos, impuestos, impuestos. Es todo lo que necesitamos, muchos m&aacute;s impuestos para los ricos. Lo puedo repetir hasta que me muera y la mayor&iacute;a de la gente est&aacute; de acuerdo. El 80% de la poblaci&oacute;n piensa que los ricos deber&iacute;an pagar m&aacute;s. Para pasar de A a B hace falta talento, por eso estamos intentando reclutar a gente inteligente que trabaja para las grandes firmas. Somos los Robin Hood del talento. Estamos haciendo lobby y trabajamos, por ejemplo, con Gabriel Zucman, un economista franc&eacute;s que est&aacute; liderando este encargo. Es ciencia para hacer cohetes, pero la soluci&oacute;n es que los ricos paguen m&aacute;s impuestos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando se habla de justicia fiscal, muchas veces el argumento predominante es otro: que los impuestos no se gestionan bien o, en el caso de Espa&ntilde;a, que es un infierno fiscal &mdash;algo que contradicen los datos&mdash;. &iquest;C&oacute;mo se combate ese discurso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empezamos la entrevista hablando sobre trabajos de mierda. Si escarbas en los datos, los empleados en el sector privado tienen tres veces m&aacute;s posibilidades de considerar que su trabajo es una mierda que en el p&uacute;blico. Tenemos que trasladar el mensaje de que el sector p&uacute;blico genera mucha m&aacute;s riqueza que el privado, seg&uacute;n la gente que trabaja en &eacute;l. Es l&oacute;gico, porque el Gobierno financia buena parte de la sanidad y la educaci&oacute;n, servicios incre&iacute;blemente esenciales. A la vez, tenemos que exigir excelencia a nuestros gestores, para que la gente no quiera trabajar en McKinsey, sino en el Gobierno, la empresa m&aacute;s prestigiosa de todas. Para eso puedes hacer <em>fellowships</em>, para atraer a los j&oacute;venes, y pagar m&aacute;s. Esto es m&aacute;s pol&eacute;mico entre la izquierda, pero si trabajas para una administraci&oacute;n en un tema social s&uacute;per importante, no entiendo por qu&eacute; deber&iacute;as ganar menos que alguien que vende Coca-Cola. Si pagas en cacahuetes, atraes a monos. Hay que generar una cultura de excelencia dentro del gobierno, para que a la gente m&aacute;s lista y talentosa le parezca atractivo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_50p_1131849.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_50p_1131849.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_75p_1131849.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_75p_1131849.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_default_1131849.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_default_1131849.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b0339154-7800-4632-a6c8-fa40ff0c9856_source-aspect-ratio_default_1131849.jpg"
                    alt="&#039;Ambición moral&#039; (Editorial Península)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Ambición moral&#039; (Editorial Península)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Noriega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/rutger-bregman-izquierda-buena-senalar-injusticias-excusa-no_128_12818327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Dec 2025 20:38:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/36a44273-8b05-490b-a738-aec6a6cc7341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x136y212.jpg" length="11205" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/36a44273-8b05-490b-a738-aec6a6cc7341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x136y212.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11205" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Rutger Bregman: "La izquierda es muy buena en señalar injusticias, pero puede ser una excusa para no hacer nada"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/36a44273-8b05-490b-a738-aec6a6cc7341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x136y212.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Activismo,Movimientos sociales,BBC,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
