Orbán pierde las elecciones en Hungría y reconoce el fin de su reinado tras 16 años en el poder
El líder ultraconservador y faro de la extrema derecha mundial, Viktor Orbán, ha perdido las elecciones generales en Hungría en una jornada histórica que pone fin a un reinado de 16 años con supermayorías de dos tercios, lo que le ha permitido dirigir Hungría sin apenas controles y frenos democráticos. La jornada histórica quedó reflejada en la alta participación, la más elevada desde la transición a la democracia.
“Tengo ganas de llorar”, decía Linda tras emitir su voto. Con un 85% escrutado, Tisza, liderado por Péter Magyar, obtiene 138 escaños, según las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral Nacional. Cinco escaños por encima de la supermayoría cualificada de dos tercios en el Parlamento. Fidesz se quedaría con 55 diputados y la extrema derecha de Mi Hazank, 7.
La participación ha superado el 77,8%, por encima del total de 2018 y 2022. Fuentes cercanas de Tisza ya señalaban desde el principio de la noche que alcanzarían la mayoreía cualificada. Muy pronto, la plaza frente al Parlamento en la orilla opuesta del Danubio se llenó de gente para celbrar la victoria y escuchar a Péter Magyar.
“La tarea que tenemos por delante está clara: el peso del gobierno no nos agobia, hay que fortalecer a la comunidad”, ha afirmado Orbán reconociendo su derrota. “Dos millones y medio de votantes han depositado su confianza en nosotros y nunca les defraudaremos”. Magyar ha informado que Orbán ya le ha llamado para felicitarle por su victoria, lo que pone fin a las dudas que existían entre algunos analistas sobre si aceptaría la derrota electoral.
“Es el rércord de participación desde la transición a la democracia. Gracias a todos, independientemente de a quién han votado”, ha señalado Magyar. “Parece que este partido inhumano perderá y Hungría será libre de nuevo”, ha añadido.
El Parlamento se compone de 199 escaños y la mayoría cualificada está en 133. El margen de victoria es fundamental para la oposición. Orbán ha construido su régimen a partir de esa supermayoría con 15 reformas constitucionales, cambios en el poder judicial, en la ley electoral... Los analistas señalan que si el partido opositor, Tisza, no llega a esa cifra, tendría muy difícil desmantelar el sistema Orbán, que además cuenta con el favor de prácticamente todos los medios de comunicación y una poderosa élite de oligarcas.
“El sisema político creado en Hungría tiene muchos elementos ajenos a la política electoral. Las decisiones se toman fuera del Parlamento. Orbán puede gobernar por decreto y lo hace aunque tenga supermayoría”, dice Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017. Orbán declaró el estado de peligro en 2022 por la guerra en Ucrania y eso le ha permitido avanzar en su agenda hasta hoy.
“En el estudio de cambios de régimen esto se denomina 'enclaves autoritarios'. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, explica. “Orbán ha creado una élite económica nacional. Expulsó a las cadenas minoristas internacionales, como bancos, constructoras... y dirigió ese dinero a su familia, amigos, empresarios amigos”, añade el experto, que dice que ahora está por ver cómo reacciona Tisza controlando todos esos resortes de poder absoluto construidos por Orbán.
“Independientemente del resultado, lo que la UE tendrá que reconocer es que el proceso de toma de decisiones tiene que reformarse. Si no es Orbán, mañana será otro quien puede bloquear decisiones importantres”, explica el rector.
Zsuzsanna Szelényi, investigadora del Central European University Democracy Institute, explica que “Tisza no será el renacimiento de una alternativa liberal o socialdemócrata coherente. Más bien, es el vehículo en el que casi todos los opositores a Orbán están depositando ahora sus esperanzas. Liberales e izquierdistas pueden votarlo, no porque el partido refleje sus posiciones ideológicas, sino porque es el único instrumento plausible de cambio. Esa es la mayor advertencia que Hungría transmite a Europa: cuando las instituciones democráticas se deterioran durante el tiempo suficiente, las elecciones dejan de ser contiendas entre programas y se convierten en referendos desesperados sobre si el cambio político es posible”.
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