De la soga a la humillación de activistas de la Flotilla: las polémicas del ministro racista más incendiario de Netanyahu
El incendiario ministro israelí Itamar Ben Gvir ha vuelto a protagonizar otro escándalo esta semana y ha provocado una crisis diplomática con numerosos gobiernos después de haber difundido imágenes en las que se ve cómo trata de forma vejatoria a los activistas de la Flotilla rumbo a Gaza que estaban retenidos en Israel.
“¡Bienvenidos a Israel, somos los dueños!”, se escucha a Ben Gvir decirles a decenas de activistas maniatados y arrodillados con la frente en el suelo, mientras sonríe y ondea una bandera israelí. En el vídeo que él mismo colgó en sus redes, se ven a algunos uniformados zarandeando a los detenidos.
No es la primera vez que el titular de Seguridad Nacional insulta y humilla a tripulantes de las distintas misiones de la Flotilla que han intentado romper el bloqueo naval sobre la Franja, incluidos ciudadanos de países europeos y de otros socios de Israel.
Tampoco es su primera controversia. Ben Gvir se ha dado a conocer en los últimos años por sus exabruptos y su postura abiertamente racista respecto a los palestinos, protagonizando numerosas polémicas que han puesto en evidencia al Gobierno de Benjamín Netanyahu.
Desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, el ministro de Seguridad Nacional ha pedido la expulsión y la aniquilación de los gazatíes y ha impulsado todo tipo de políticas represivas y discriminatorias hacia la población palestina, explotando la radicalización de la sociedad israelí y los deseos de venganza tras el asalto del grupo islamista.
Sus posturas no son una excepción en el Ejecutivo de coalición ultraderechista liderado por Netanyahu, pero Ben Gvir ha llamado la atención por expresarlas sin tapujos y, muchas veces, por escenificarlas de forma exagerada, alardeando de ello en redes sociales y acaparando titulares. Junto al también ultraderechista Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, está sancionado por varios países, entre ellos España.
Agitador desde joven
El ahora ministro, que vive en un asentamiento en la Cisjordania ocupada, empezó a militar de joven en un movimiento de extrema derecha y antipalestino llamado Kach, que fue ilegalizado en Israel en 1994. Sin embargo, la ideología kahanista está muy presente en la política israelí y ha ganado peso desde que Ben Gvir y otros partidos radicales llegaron al poder a finales de 2022, en coalición con el derechista Likud –dirigido por Netanyahu–.
El partido que lidera Ben Gvir desde 2019, Otzma Yehudit (Poder judío), ganó seis escaños en las elecciones generales de 2022 y consiguió tres carteras ministeriales, incluida la de Seguridad Nacional, con muchas competencias en asuntos relacionados con los palestinos. Netanyahu le ha ofrecido amplios poderes y le ha permitido casi todas sus salidas de tono públicas, aunque el miércoles mostró su desacuerdo por el trato degradante a los tripulantes de la Flotilla, en una muy poco común reprimenda a su ministro.
Ben Gvir nació en Israel en 1976, de una familia judía originaria de Irak. Durante su adolescencia, le marcó el estallido de la primera Intifada palestina (1987-1993) y empezó a adoptar posturas radicales. Se opuso frontalmente al proceso de paz que llevó a los Acuerdos de Oslo en 1993 y era uno de los activistas de derecha que se movilizaron contra la aplicación de los mismos.
En otoño de 1995, tuvo su primer momento de fama cuando apareció en la televisión con el emblema metálico del Cadillac del entonces primer ministro Yitzhak Rabin. El líder que firmó la paz con los palestinos fue asesinado poco después por un extremista judío en Tel Aviv.
Su reputación de provocador hizo que, incluso, el Ejército de Israel no lo considerara apto para hacer el servicio militar, una mancha en su historial. Ahora, como encargado de las fuerzas de seguridad israelíes, alaba estos cuerpos y les ha concedido más prerrogativas para, entre otras cosas, reprimir las protestas contra el Gobierno.
La soga como símbolo cruel
En el historial del líder supremacista también figura ser uno de los principales promotores de la pena de muerte para la población palestina, un tema que ha protagonizado varias de sus polémicas más recientes, en las que ha glorificado sin disimulo el ahorcamiento de los prisioneros.
El pasado marzo, cuando el Parlamento aprobó la ley de pena capital como castigo por “actos de terrorismo”, diseñada específicamente para aplicarse a los palestinos –y criticada a nivel internacional como discriminatoria, racista y una grave vulneración de los derechos humanos–, el ministro lo celebró con una botella de champán en el edificio. Si bien un ujier le impidió descorcharla en el hemiciclo, luego brindó en el pasillo: “Que ejecutemos al mayor número posible de terroristas”.
En una exhibición de crueldad, su símbolo más usado para esta cruzada ha sido la soga, que ha lucido en la solapa en forma de pin dorado durante el debate del proyecto de ley en la Knéset.
A principios de mayo, Ben Gvir celebró su 50º cumpleaños con un pastel decorado con una soga que le entregó su esposa, como mostró un vídeo grabado durante la fiesta que él mismo compartió en su Instagram. “Me repugnan las imágenes de un ministro israelí que glorifica la violencia con la imagen de una soga en la solapa y en su tarta de cumpleaños. Celebrar las ejecuciones es despreciable”, criticó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.
En otro episodio reciente de mal gusto que presenta a sus seguidores como humor, publicó un vídeo en el que afirmaba que “sueña” con sogas, con un montaje de imágenes generadas por IA de objetos cotidianos con forma de este instrumento de ejecución.
Reparto de armas a civiles
El ministro de Seguridad también ha hecho del reparto de armas y licencias una de sus principales políticas. En los primeros días de la guerra de castigo contra Gaza, su ministerio compró 10.000 rifles para repartirlos a civiles en los pueblos fronterizos del país, asentamientos y algunas ciudades con gran población árabe. En el primer aniversario de la guerra, Ben Gvir elevó la cifra a 120.000 rifles.
El político ultra ha dado licencias de armas a todos los ciudadanos israelíes de algunas ciudades simplemente por el hecho de vivir en esa ciudad y recientemente ha anunciado que hará lo propio con los residentes en Jerusalén, aunque aclaró que solo lo tendrán los residentes en los barrios judíos. “Esto es un intento de hacer que cualquier ciudadano pueda tener un arma solo por ser judío”, denunciaba Haartez en un editorial. “El próximo desastre es solo cuestión de tiempo. Y, como siempre, los sectores más vulnerables de la sociedad —los niños, los árabes y las mujeres— pagarán las consecuencias”, concluía el periódico israelí.
Sin pan ni duchas para los presos palestinos
Tras cerrar las panaderías de las prisiones que servían pan a los presos palestinos, Ben Gvir publicó un vídeo en sus redes sociales comiendo pan. “Los presos no pueden tener ese privilegio ¿Cómo pueden tener pan fresco a diario? Es absurdo”, decía en el vídeo.
El ministro ha presumido de hacer miserable la vida de los detenidos y redujo las comidas, el tiempo de las duchas y aumentó los cortes de electricidad. En septiembre de 2025 el Tribunal Supremo dictaminó que los presos en cárceles israelíes no reciben la comida suficiente para asegurar “un nivel básico de existencia” y ordenó al Gobierno revocar la política del ministro.
Actualmente, hay 9.400 presos palestinos en cárceles israelíes, según datos de la ONG Addameer. De ellos, 360 son menores y 3.376 están en detención administrativa, que en la práctica permite encerrar de manera indefinida a palestinos sin ser juzgados.
Visitas al lugar sagrado de los musulmanes
Siempre escoltado por policías y, a veces, acompañado por colonos judíos, Ben Gvir no ha dejado de hacer provocadoras visitas a la Explanada de las Mezquitas, donde se encuentra el templo de Al Aqsa –de gran importancia religiosa y simbólica para los musulmanes y los palestinos–. La última de ella fue el 14 de mayo, cuando desplegó la bandera israelí en el recinto sagrado y aseguró que pertenece a este país.
La Explanada de las Mezquitas está en la parte oriental de Jerusalén, ocupada y anexionada por Israel, cuya jurisdicción sobre esta área y sobre el recinto religioso no reconoce la comunidad internacional.
Las fuerzas de seguridad supervisadas por Ben Gvir controlan los accesos a toda la zona y, de forma arbitraria, impiden el acceso a los fieles palestinos.
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