PERFIL
El 'caso Leire' devuelve al foco judicial a Zarrías, último patriarca del 'Antiguo Testamento' del socialismo andaluz
En el PSOE andaluz más veterano nunca han entendido el sobrenombre de “fontanera de Ferraz” para Leire Díez, una desconocida en el partido hasta hace unos meses. “Fontanero era Gaspar [Zarrías]; fontanero era Luis [Pizarro]”, dicen, cuando el término se usaba más para desenredar (o enredar) entuertos entre bambalinas.
La vida política de Gaspar Zarrías (Madrid, 1955) está ligada a la de Manuel Chaves, presidente socialista de Andalucía durante 19 años, entre 1990 y 2009. Entró como diputado en el Parlamento que inauguró la autonomía andaluza, en 1982, y se mantuvo allí hasta 2009, cuando Chaves abandonó el Palacio de San Telmo y se llevó consigo a su todopoderoso número dos al Ministerio de Política Territorial del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Zarrías es un referente del llamado “Antiguo Testamento” del socialismo andaluz, junto a otras firmas ilustres del 'chavismo', como Luis Pizarro o el fallecido Alfonso Perales, que bautizó a los hombres del círculo más estrecho al presidente como los “Pink Floyd”, cuando la sede del Gobierno andaluz estaba en la Casa Rosa, un palacete de 1894 situado en la Avenida de la Palmera, en Sevilla.
Durante dos décadas lo fue todo en la política, el consejero de la Presidencia que más poder concentró de la etapa socialista, pieza clave en cinco de los seis gobiernos de Chaves. Está en todas las firmas, pero también en todas las estrategias de autopromoción y marketing de la Junta, como aquella Andalucía imparable que luego el PP usaría como un boomerang contra los socialistas en plena crisis económica.
Era el perfil duro que suele apuntalar a un líder de carácter sereno, moderado, institucional, como lo fue entonces Chaves, como lo es hoy quien ocupa su sillón, el popular Juanma Moreno. Fue durante 16 años secretario provincial del PSOE de Jaén, uno de los principales graneros de votos socialistas en Andalucía, una agrupación que aún manda mucho en la federación más numerosa del partido.
Entre finales de los 90 y la primera década de los 2000, es difícil encontrar fotografías de inauguraciones oficiales, negociaciones con los sindicatos o pactos de calado (con la Iglesia, con las cajas de ahorro, con los comunistas...) en las que no aparezca Gaspar Zarrías. Todo pasaba por él y él coordinaba toda la acción del Gobierno andaluz.
Se afilió al PSOE con 17 años en la clandestinidad, cuando Franco aún no había muerto, en 1972. La Dictadura fascista fusiló a su abuelo Gaspar, alcalde de Cazalilla, un municipio de la campiña jiennense de menos de 800 habitantes, del que él mismo fue concejal. También encarceló y desterró a su padre, Juan, que fue regidor del mismo pueblo, y que había visto cómo acribillaban a su progenitor.
En las guerras intestinas que vivió el PSOE a finales de los años 80 y principios de los 90 estuvo contra los guerristas (y perdió), luego permaneció en la ejecutiva del entonces secretario general y presidente de la Junta José Rodríguez de la Borbolla, hasta que en 1990 llega Manolo Chaves -“candidato a palos”- para sucederle.
Zarrías era senador cuando Chaves le ofrece la cartera de Industria en un momento complicadísimo en el que Andalucía, aplastada por la crisis de entonces, empieza a desindustrializar lo poco que tenía: son los años difíciles de huelgas y movilizaciones en Astilleros, en Santana Motor, en Cárnicas Molina... En todas esas trincheras estaba aquel señor bajito con tanto poder.
En el 96 el expresidente andaluz lo asciende a consejero de la Presidencia y ya nunca volverá a bajar escalones en el organigrama de la Junta de Andalucía. Era vicepresidente político cuando Chaves entrega la sucesión del gobierno y del PSOE andaluz a su amigo, el vicepresidente económico, José Antonio Griñán, con el que Zarrías nunca llegó a entenderse.
Poco después de marchar a la capital de España se afeitó el bigote, alterando la imagen icónica que existe de él en el hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento andaluz: de baja estatura, calvo, con bigote, siempre con paso acelerado, hiperactivo, de voz grave, un político en la estela (al menos literaria) de Fouché o de Maquiavelo, “perejil de todas las salsas”. Una de esas saltas le acaba de salpicar a él y al PSOE este miércoles, cuando agentes de la UCO han irrumpido en la sede federal en busca de documentación en el marco de una investigación que pilota la Audiencia Nacional sobre supuestas maniobras contra fiscales y cargos policiales.
Una aparente “trama para desestabilizar procesos judiciales” contra el partido. Hubo, de hecho, un proceso judicial en Andalucía que se dilató 15 años y que desestabilizó tanto a los gobiernos socialistas de entonces que terminaron perdiendo el poder, después de 37 años ininterrumpidos al frente. El caso ERE, que sentó en el banquillo a dos expresidentes andaluces y otros 20 altos cargos de sus gobiernos, fue una investigación por corrupción que se llevó por delante a la cúpula de varios gobiernos socialistas, e hizo un daño reputacional y emocional al partido del que aún hoy no se ha recuperado.
Zarrías ya fue condenado por prevaricación ante el Tribunal Supremo e inhabilitado nueve años para ostentar cargo público por su implicación en el macrofraude de los ERE. El Constitucional anuló parcialmente las condenas y permitió rehabilitar políticamente a los expresidentes y a algunos de los exconsejeros acusados, entre ellos el exvicepresidente político. El llamado 'caso Leire' es una especie de boomerang de aquel “calvario”, que devuelve a Zarrías al foco judicial del que tanto le costó salir.
Ahora vuelve a estar imputado por el juez Santiago Pedraz en el marco de una operación que investiga al exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, la exmilitante y exconcejal socialista Leire Díez, el empresario Javier Pérez Dolset, y el abogado Ismael Oliver –que defendió a Koldo García– por delitos de organización criminal, varios delitos de cohecho, revelación de secretos, inducción al falso testimonio, acusación falsa, falsedad en documento mercantil, prevaricación, tráfico de influencias y delito contra las instituciones del Estado.
El pasado abril, Zarrías compareció como testigo en otra causa judicial, la que dirige un juez de Madrid que investiga a Leire Díez por delitos de tráfico de influencias y cohecho. En esa comparecencia, el exvicepresidente de la Junta de Andalucía explicó que tuvo contratada durante cuatro meses a la exmilitante del PSOE después de que ella le pidiera apoyo económico porque estaba culminando una investigación en la que pretendía demostrar la participación del excomisario José Manuel Villarejo en el inicio del procedimiento del caso ERE. Le pagó 16.000 euros aunque el trabajo no cumplió con sus expectativas porque contenía únicamente información que ya era pública.
De todos los rivales políticos que ha tenido Zarrías en Andalucía destacan dos eternos perdedores en todas las elecciones que disputaron a Chaves y luego a Griñán: Javier Arenas y su escudero Antonio Sanz, que hoy es el 'Zarrías' de Juanma Moreno, consejero de la Presidencia con tantas funciones, responsabilidades y poder como entonces tuvo el exlíder del PSOE de Jaén. Los encontronazos que vivieron en el Parlamento andaluz son una precuela de la discordia política de estos días, pero sin el condimento ni la caja de resonancia de las redes sociales ni la instantaneidad de los vídeos con sus peleas dialécticas.
En 2015 Zarrías entregó su acta de diputado y siguió ejerciendo la abogadía en su despacho de Madrid, vinculado siempre al PSOE, donde lleva militando 54 años. “No me arrepiento de nada, porque ni siquiera el hecho que desembocó en el caso de los ERE significó algo de lo que yo fuera consciente”, dijo en una entrevista con el diario Jaén, el año que abandonó la primera línea política.
Ante el Tribunal Supremo tuvo que responder 145 preguntas y el hombre más poderoso del Gobierno andaluz minimizó al máximo la imagen que todos tenían de ese poder omnímodo, a mero “coordinador” de las consejerías. “No sé si era todopoderoso o no, me limitaba a cumplir con mi obligación, que era estar allá donde se me demandaba”, explicó.
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