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Qué diría Gandhi sobre Palestina y la resistencia a la ocupación

Refugiados palestinos en Gaza tratan de embarcar en dirección Líbano y Egipto.

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Mahatma Gandhi no vio nacer el Estado de Israel porque fue asesinado solo unos meses antes, en enero de 1948. Pero el conflicto no comenzó con la ocupación de Palestina, ni siquiera con el nacimiento del Estado de Israel, sino mucho antes. Y Gandhi ya se había pronunciado al respecto. 

Era 1938, con Hitler en el poder liderando la persecución contra los judíos y tan solo unos días después de la infame Noche de los Cristales Rotos, Gandhi escribió en su periódico Harijan (terminó popularizado por él para dignificar a las personas de las castas más bajas de India) para denunciar la situación. “Pero esta simpatía no me ciega ante las exigencias de justicia”, dijo. “El clamor por un hogar nacional para los judíos no me convence completamente”.

“Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido en que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses. Lo que está sucediendo hoy en Palestina no puede justificarse mediante ningún código moral de comportamiento”, escribió. Palestina vivía entonces la Gran Revuelta árabe contra el mandato británico y su apoyo al sionismo. “Sería un crimen contra la humanidad reducir a los orgullosos árabes para que Palestina pudiera así ser restituida a los judíos, parcial o totalmente, como su hogar nacional”.

Palestinos bajo custodia de las fuerzas israelíes durante la guerra del 48.

¿Qué diría Gandhi si supiera que la verdadera limpieza étnica comenzaría inmediatamente después de la creación del Estado de Israel y se extendería hasta hoy como elemento intrínseco del proyecto colonial de Israel? Las palabras de Gandhi me recuerdan al famoso debate sobre el “derecho de Israel a existir”, que varios académicos cuestionan. Es un derecho que no existe en la legislación internacional. “Se trata de una manipulación del discurso que obliga a los palestinos a ofrecer garantías teóricas antes incluso de que se puedan escuchar sus verdaderas reivindicaciones políticas”, escribe Rawan Abhari, investigador del Quincy Institute for Responsible Statecraft. 

Como ha argumentado el escritor palestino Mohammed El-Kurd, este planteamiento obliga a los palestinos y a otros a caer en una trampa retórica. En lugar de abordar el despojo, la ocupación o la desigualdad de derechos, se les exige primero que realicen una declaración moral que asegure al mundo que no buscan la violencia antes de que sus reivindicaciones políticas puedan siquiera ser escuchadas. El resultado es un debate que sustituye las realidades materiales del dominio militar, el desplazamiento y la apatridia por promesas abstractas.

Elijamos la paz en lugar de la confrontación excepto en casos en los que no podamos proceder o avanzar. Entonces, si la única alternativa es la violencia, usaremos la violencia

Nelson Mandela Gaza (1999)

El filósofo francés Gilles Deleuze abordó la cuestión de la creación del Estado de Israel en un artículo en 1988 en el que afirmaba: “Los americanos hicieron de ello toda una superproducción hollywoodiense. El Estado de Israel se establecía en una tierra vacía, que esperaba desde hacía mucho tiempo al antiguo pueblo hebreo, con unos pocos fantasmas árabes venidos de otra parte, guardianes de piedras dormidas”.

En 1946, en un nuevo artículo en su periódico, Gandhi insistió: “[Los judíos] han cometido un grave error al intentar imponerse en Palestina con la ayuda de EEUU y Gran Bretaña, más aún ahora sirviéndose abiertamente del terrorismo [...] A nadie extrañará que me solidarice con los judíos en su triste y nada envidiable situación, pero uno podría pensar que la adversidad les habría enseñado lecciones de paz ¿Por qué tienen que depender del dinero estadounidense o de las armas británicas para imponerse en una tierra inhóspita? ¿Por qué recurrir al terrorismo para asegurar un desembarco por la fuerza en Palestina?”.

Qué diría ahora Gandhi si supiera que hoy son EEUU y Alemania quienes suministran el 90% de las importaciones de armas a Israel. Esas armas que le sirven para cometer un genocidio en Gaza y seguir expandiendo su ocupación y su régimen de apartheid en Cisjordania. 

Sobre la resistencia pacífica

Nelson Mandela, durante su visita a Palestina en 1999 junto a Yasser Arafat, líder de la OLP.

El máximo exponente de la resistencia no violenta, escribía ya en 1938: “Según los cánones aceptados sobre el bien y el mal, nada puede decirse contra la resistencia árabe frente a una abrumadora desigualdad”. Gandhi, uno de los líderes espirituales y políticos clave que impulsó la independencia de la India del Imperio británico basó su estrategia en el satyagraha (la no violencia y la desobediencia civil), buscando la expulsión británica a través de la presión moral y la resistencia pacífica.

Otro de los grandes iconos mundiales de la paz y la lucha contra la injusticia, Nelson Mandela, no dudó en apoyar la causa palestina tras conseguir abolir el régimen de apartheid en Sudáfrica. En una visita a Gaza en 1999, declaró: “Elijamos la paz en lugar de la confrontación excepto en casos en los que no podamos proceder o avanzar. Entonces, si la única alternativa es la violencia, usaremos la violencia”.

He hablado de esto con Jeff Halper, activista israelí e icono actual de la resistencia pacífica en Palestina. “Participé activamente en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, incluyendo un breve encarcelamiento en Misisipi, fui objetor de conciencia durante la guerra de Vietnam y participé en la resistencia durante todos estos años en Palestina, incluyendo mi famoso acto de interponerme frente a las excavadoras para combatir la demolición de viviendas”, me cuenta Halper. Era una resistencia arriesgada: en 2003 una excavadora israelí mató a la activista pacifista estadounidense Rachel Corrie cuando intentaba parar demoliciones en la ciudad de Rafah, en Gaza, que hoy, 23 años después, es un montón de escombros porque ha sido totalmente destruida durante el genocidio israelí.

“Las personas tienen derecho a la resistencia armada contra la opresión y la lucha por la liberación es lo más importante, siempre y cuando, por supuesto, la ‘violencia’ sea disciplinada y estratégica, y no simplemente un ataque descontrolado. El Congreso Nacional Africano de Mandela tenía un brazo militar. Él es un buen ejemplo del enfoque integrado”, dice Halper. 

Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido en que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses. Lo que está sucediendo hoy en Palestina no puede justificarse mediante ningún código moral de comportamiento

Mahatma Gandhi 1938

“El Gandhi de los palestinos, Mubarak Awad, fue expulsado hace 30 años y vive en Estados Unidos. También me preocupa que se espere que los débiles y oprimidos actúen de forma no violenta, considerando su resistencia armada como ‘terrorismo’, mientras que los Estados tienen libertad para emplear una fuerza militar y policial masiva”, concluye.

Lo primero que tenemos que hacer para entender este conflicto es enmarcarlo correctamente. Esto no es una guerra, sino un proyecto colonial de Israel. Como me decía Halper: “Al principio yo veía esto como un conflicto entre dos grupos nacionales, por lo que el tema principal era cómo negociar algún tipo de acuerdo. Así lo sigue viendo hoy buena parte de la izquierda, pero ahora entiendo que con el colonialismo, este marco no funciona. Es algo unilateral. No hay conflicto porque no hay dos partes. Los sionistas vinieron aquí para hacerse con la tierra, desplazar a los palestinos y transformar Palestina en Israel. Esa es su agenda. La izquierda debería entender, y creo que todavía no ha llegado a ese punto, que la ocupación no va a terminar. Es la esencia del sionismo”. 

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Portada

La idea de este boletín y las citas a Gandhi y Deleuze nacen de una preciosa iniciativa de la editorial Bauplan que, con motivo de su tercer aniversario y bajo el concepto de “editar también es tomar posición”, ha publicado el librito Justicia palestina con textos de ambos autores para regalarlo en librerías hasta agotar existencias. Aprovecha y echa un ojo al catálogo de la editorial porque para mí ha sido un bonito descubrimiento.

Relacionado con el mito de la creación del Estado de Israel te recomiendo ver el documental The True story of the creation of Israel, de Muhammad Shehada, investigador del European Council on Foreign Relations, que trata de desmontar las mentiras de este periodo de la mano de las palabras de los líderes israelíes, sus diarios personales, archivos del Ejército y el testimonio de sus propios soldados y comandantes. Está en inglés y con subtítulos en inglés.

Gracias por llegar hasta aquí.

¡Hasta la semana que viene!

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