Eva Borreguero, experta en la India: “El movimiento de las 'cucarachas' es un claro aviso para el Gobierno de Modi”
En las apenas 140 páginas de India. La nueva potencia global (Península), la profesora de Ciencia Política de la UCM Eva Borreguero sale airosa del reto de resumir de manera didáctica —con un formato de preguntas y respuestas salpicado de mapas y gráficos— los grandes trazos de la historia contemporánea y evolución del segundo gigante asiático, que hace sombra a China.
Especializada en el estudio de Asia Meridional, la autora sobrevuela el periodo colonial, la independencia y la complicada relación resultante con el vecino paquistaní, examina las tensiones identitarias internas y el auge del nacionalismo hindú (sobre el que elaboró su tesis doctoral), se detiene en la política de no alineamiento durante la guerra fría y analiza la creciente afinidad con Occidente ante el recelo por la preponderancia china.
Borreguero valora la potencia de una democracia improbable y con tensiones —las actuales protestas estudiantiles de las autodenominadas “cucarachas” son, en ese sentido, un “claro aviso”— pero que ante todos los augurios funestos y los retos a los que se ha enfrentado, se mantiene en pie. “Es el país más difícil de predecir”, reconoce la autora, que más que certezas plantea un contexto para acertar con las preguntas.
La primera pregunta deriva del propio título del libro. ¿Cómo pasa la India a ser una potencia global?
El libro podría plantearse como un interrogante: ¿es la India una potencia global? Cuando se piensa en ello, la idea de fondo es si la India superará a China o no. Es una incógnita, pero sí que es una potencia global en el sentido de que es la cuarta economía del mundo, el país más poblado del planeta, la mayor democracia y un país que acaba de firmar un acuerdo con la Unión Europea que nos da un mercado de 2.000 millones de consumidores.
Al principio del libro, habla de los orígenes de la civilización india y se detiene en el momento colonial y la cuestión de las castas en la sociedad. ¿El paso colonial las exacerbó o las moduló?
Las castas son la organización social milenaria de la India propia e inherente, la nativa. La presencia colonial hace ambas cosas. Por una parte, las exacerba por su propio sistema moderno de clasificación y definición. Por otra, reduce las desigualdades, porque los británicos introducen valores de liberalismo universales, de igualdad de los individuos de cara a entrar en el ejército o a la educación.
Aunque las castas son anteriores, los ingleses pueden haberlas reforzado conceptualmente. La prueba es que la India se ha independizado y las castas se han reforzado. No han podido eliminarlas; al contrario, se han reforzado a través de políticas que estaban dirigidas, paradójicamente, a erradicarlas, como la discriminación positiva. Grupos que antes no tenían estatus de casta atrasada, como musulmanes o cristianos, se acogen a la categoría de casta atrasada o de intocable, porque esto da unas cuotas de beneficio para la administración pública.
¿Y no hay una perspectiva de que se vayan diluyendo?
No, las castas son un sistema que, al mismo tiempo, es maleable, flexible y cambiante. La población india ve la propia identidad de casta como algo rico, diverso y positivo. Hay mucho dinamismo: hay partidos de casta baja que han podido movilizar la opinión pública de las castas atrasadas y conseguir mayores beneficios. Pero es muy importante distinguir entre casta e intocabilidad. Lo que la Constitución prohíbe es la intocabilidad. Eso sí que está abolido e incluso ha habido un presidente que era dalit, [K. R. Narayanan (1997-2002)]. Es un concepto que significa “oprimido”, pero que tiene una connotación de reivindicación, incluso de orgullo.
El nacionalismo hindú busca crear un monoteísmo cultural cohesionado a imitación del cristianismo o el islam
El [Partido Popular Indio] BJP de Narendra Modi, el presidente, se basa en el hinduismo político. El escritor Pancaj Mishra habla de que el hinduismo es un fenómeno relativamente contemporáneo, que es en parte una ficción que no representa la riqueza de la cultura original. Sin embargo, hoy es preponderante.
Lo reciente es la idea de aglutinar toda una diversidad en un término. Tiene mucho que ver con el periodo colonial. Cuando los británicos hacen un censo en la India a finales del siglo XIX, porque quieren saber la composición religiosa y cultural del país, se encuentran que la población musulmana se define como musulmana, de un modo u otro. Y el resto, los que ahora son hindúes, no dicen: “Yo soy hindú”. Dicen: “Yo sigo a este gurú de esta casta”.
Esto, políticamente, genera una conciencia por parte de los dirigentes hindúes de que están divididos frente a una minoría musulmana que se autoidentifica con una única identidad. El hinduismo existe como universo cultural, lo que pasa es que no es un monoteísmo. Hay millones de dioses, hay innumerables escuelas filosóficas, pero comparten una serie de ideas y conceptos que permiten hablar de hinduismo como religión. La ideas de dharma —el orden moral— samsara o karma.
Es un proceso propio de la modernidad aglutinar esta diversidad, que tiene elementos comunes, de cara a los aspectos de la democracia y la representación política en el espacio público.
Pero con Modi hay casi una identificación entre la pertenencia a esta tradición hinduista y la esencia misma de lo indio; o sea, una religión nacional.
Se ha ido avanzando hacia esa homogeneización. El autor francés Christophe Jaffrelot dice que lo que busca el nacionalismo hindú es crear un monoteísmo cultural cohesionado en torno a un dios, que sería Rama, a una fecha, que sería la de construcción del Templo de Ayodhya, a un libro... A imitación del cristianismo y el islam, porque entienden que eso les da una organización sociopolítica mucho más efectiva.
El nacionalismo hindú ha ido avanzando electoralmente, la población lo ha ido apoyando porque se siente identificada con eso. Hay que entender que las dinámicas propias del subcontinente indio (India, Pakistán, Bangladés, también Sri Lanka) tienen que ver con la identidad religiosa. Nosotros en Europa pensamos que las identidades son lingüísticas. En el caso de Asia Meridional, las fuerzas que movilizan son no tanto la religión en sí como las identidades religiosas.
Quizá la comparación no se sostiene, pero al leerlo me ha recordado a nuestro nacionalcatolicismo.
Tiene los elementos de los nacionalismos culturales, étnicos y lingüísticos. Es un elemento de homogeneización frente a un otro distinto. Y esa homogeneización puede ser religiosa, puede ser lingüística, puede ser cultural. También existe un nacionalismo secular, que representa el partido del Congreso Nacional Indio, que defiende el principio territorial: cualquier persona que nace en la India es india, al margen de su identidad.
¿Ve una democracia ya consolidada? ¿Existe un riesgo de retroceso con Modi?
Con Modi ha habido pérdidas en la libertad de prensa y en las libertades de las minorías, de las relaciones entre musulmanes y cristianos. Hay líderes con rasgos de autoritarismo, pero es una democracia. Lo que dicen los indios es que no todas las democracias son iguales, que Europa tiene un sistema, que la India tiene otro y que hay que entender que estas dinámicas son propias de la India y del subcontinente.
El año pasado marcó un punto de inflexión importantísimo, que es la implicación de China apoyando a Pakistán
Respecto a los roces constantes entre India y Pakistán, observa que están relacionados con el control de los recursos hídricos.
Eso es importantísimo. El conflicto de Cachemira enfrenta a India y Pakistán, pero también incluye a China, que en 1962 se anexiona el Aksai Chin. Esta área conecta el Tíbet con Xinjiang, las dos zonas de carácter independentista de China. El Tíbet es la mayor fuente de reserva de aguas del planeta después de los polos. Entonces tiene las fuentes de los grandes ríos: el Indo, el Brahmaputra, el Mekong; o sea, Pakistán, India, Bangladés y el sudeste asiático. El agua que va principalmente a Pakistán pasa por Cachemira. Y la creciente necesidad de agua va a generar tensiones.
En todo caso, el origen del conflicto de Cachemira tiene un componente identitario esencial, pues la partición se hace a partir de los territorios con mayoría musulmana. La independencia fue un proceso muy complejo porque había dos tipos de territorios, uno administrado directamente por los ingleses y luego 556 principados que tenían que elegir si incorporarse a un país o a otro. En Cachemira la población era de mayoría musulmana y el príncipe, hindú, no se pronunciaba, parecía que buscaba una independencia. En un momento dado, fuerzas apoyadas por Pakistán atacan y empieza la guerra. Hoy Pakistán siente que su identidad está incompleta, y la India lo mismo, pero a la inversa: defiende que tener una región de mayoría musulmana corrobora su naturaleza de Estado secular.
El enfrentamiento fronterizo del año pasado fue el primero en el que Pakistán no fue derrotado de forma clara. En parte se dice que por la ayuda militar de China en forma de aviones.
Sí, el año pasado marcó un punto de inflexión importantísimo, que es la implicación de China apoyando a Pakistán. Primero con material militar y después con declaraciones en las que el Gobierno chino dijo abiertamente que apoyaba a Pakistán. Eso no lo había hecho antes. De nuevo, tenemos esas tres potencias nucleares con un conflicto no resuelto y vemos una escalada, además de una mayor inversión en armamento que eleva el riesgo.
China tiene otros conflictos territoriales con India en los que no está implicado Pakistán.
Por ejemplo, en Arunachal Pradesh (al noreste), al que denominan “sur del Tíbet”. Hay territorios disputados en varios tramos a lo largo de la frontera porque no hubo acuerdo con su diseño. Han tenido numerosos enfrentamientos. Pero además de la rivalidad fronteriza, también la tienen en el Índico y en el Pacífico, donde India también compite por tener una mayor presencia.
Además, India ve como un cerco la presencia de puertos comerciales chinos en Sri Lanka, en Gwadar —en Pakistán, un ramal esencial que la conecta con el Índico— o en Chittagong, en Bangladesh.
La India fue uno de países del movimiento de los no alineados. En el libro explica que históricamente ha querido triangular entre distintas alianzas, pero que parece que paulatinamente se va inclinando más hacia el bloque occidental.
En la Guerra Fría, aunque la India defendía una política de no alineamiento, estuvo de facto muy alineada con la URSS, que era su fuente de armas principal. Esto empezó a cambiar cuando la URSS invade Afganistán, lo que coloca a la India en una posición muy complicada porque no podía denunciar la invasión soviética. Ello a su vez atrae a EEUU hacia Pakistán.
Luego India se encuentra con la supernova que es la caída de la URSS. Frente a la percepción de la amenaza de China, entiende que tiene que cambiar sus alianzas. Y pasa de este no alineamiento teórico, que luego en la práctica no lo era, hacia una posición de multialineamiento o lo que ellos definen como autonomía estratégica. Esto le ha permitido sostener relaciones con países como Irán, Israel, Rusia —que sigue siendo un socio importante— o EEUU. El acercamiento de India a EEUU tiene que ver con su percepción de amenaza de China.
¿Qué consecuencias ha tenido la guerra de Irán para la India?
Ha preocupado mucho en términos de recursos energéticos, porque la mayoría del gas y el petróleo que se consume pasa por el estrecho de Ormuz. Ha habido inflación, y el Gobierno de Modi ha lanzado una campaña para que la gente comparta transporte público y consuma menos.
Por otra parte, EEUU e India se distanciaron con el anuncio de aranceles en 2025 y ahora ha habido un deshielo tras una reunión entre Modi y Trump, que ha dicho que visitará el país, en la que hablaron de la protección de los marinos indios —muy numerosos, enrolados en barcos en todo el mundo—.
India, como ha sido un país colonizado y que ha tenido una experiencia de destrucción de la industria por la presencia de poderes coloniales dentro del país, sigue teniendo una percepción de vulnerabilidad y protege mucho sus mercados. Esto para EEUU, para Trump, claramente fue un motivo de descontento. Otro es la posición de autonomía estratégica cuando apoya a Rusia o no dice nada al respecto de Ucrania. Pero, como dice Marco Rubio, la alianza tiene intereses comunes muy importantes. Y eso es sólido, aunque luego haya desavenencias. Que Trump recibiese al mariscal paquistaní Asif Munir [en el medio de la escalada del año pasado con India] fue incomprensible.
Eso se percibió con alarma.
India se sintió muy humillada, evidentemente, y apareció después la fotografía de Modi con Putin y con Xi, además de una serie de gestos como diciendo: “Somos una potencia que según donde nos coloquemos tenemos una influencia”.
Pero la relación con EEUU es sólida. ¿Qué puede ir cambiando? Nunca se sabe. Lo que está haciendo ahora India es acercarse a potencias medias como la UE, Japón o Corea que son democracias liberales y que, dentro de esta disyuntiva entre China y EEUU, están sumando fuerzas porque entienden que hay una vía de colaboración interesante.
La alianza con EEUU es sólida, aunque luego haya desavenencias
El libro habla de que en los últimos 30 años han mejorado mucho los indicadores económicos y también los de pobreza. Menciona la cifra del Banco Mundial de 2021, según la cual seguía habiendo un 12% de pobreza extrema. China, aunque haya dudas sobre la metodología, anuncia que la ha erradicado por completo. ¿A qué se debe esta disparidad?
La economía india se liberaliza bastante más tarde que China, a partir de 1991, y China lo hace una década antes. India se ha ido incorporando tardíamente y a otro ritmo, porque la India es una democracia, donde las decisiones tienen que ser consensuadas y eso las retrasa. La India ha reducido la pobreza muchísimo, pero las estructuras de reparto de riqueza se mantienen bastante iguales. Los porcentajes de desigualdad estructuralmente son muy parecidos.
También hay grandes diferencias territoriales.
Sí, hay mucha diferencia por factores muy diversos, como la demografía. Por ejemplo, el estado de Uttar Pradesh, en el norte, es el que tiene mayor concentración de población, pero con unos niveles de pobreza mayores que estados del sur, como Kerala, al que llaman la excepción de la India por sus buenos indicadores en igualdad de género, alfabetización, etcétera.
Y tiene una presencia en particular de comunistas en la política institucional.
Efectivamente. Kerala y Bengala, de hecho, han sido los únicos estados con gobiernos comunistas electos. Otros estados, como Gujarat, se abrieron rápidamente a atraer capital extranjero, que potenció un desarrollo industrial enorme —esto lo hizo Modi cuando estaba a cargo de Gujarat—, mientras que Bihar está mucho más atrasado. Tiene que ver con la propia dinámica interna y evolución del país.
El movimiento de las 'cucarachas' pone de manifiesto un descontento amplio entre sectores de la juventud que aspiran a tener un trabajo y ven en la educación el ascensor social que les puede permitir unas mejores condiciones de vida
¿Dónde situaría en cinco años a la economía india, si tuviese que hacer un pronóstico?
Es difícil de predecir porque la incertidumbre global es absoluta. ¿Qué efecto van a tener la inteligencia artificial y la robótica en los empleos? Es algo que también afecta a China.
Pero China tiene una mayor base industrial.
Por supuesto, China es la fábrica del mundo. India lo está intentando con el programa Make in India, con la visión China Plus One, que trata de atraer a India como productora alternativa a China. El analista Fareed Zakaria dijo que, en cinco años, India ha pasado a producir la mitad de los iPhone del mundo. Esto era impensable hace unos años, cuando se pensaba que el modelo chino era irreemplazable para producir este tipo de productos.
Pero al mismo tiempo tiene estos desafíos internos en materia de educación, que tiene una necesidad enorme de fomentar entre la población joven. Aunque el crecimiento demográfico en términos relativos se reduce, pasarán unos años hasta que esto se traduzca en el absoluto. Entonces, toda esa gente que se incorpora al mercado supone un estrés económico. Con estos desafíos, veremos cómo se maneja India, pero es el país más difícil de predecir. Diré que cuando India se independizó, todos los analistas internacionales auguraron que la democracia no duraría. “India no va a resistir, se va a fragmentar esto de la democracia de India, esto no va a existir”. Pero ha resistido.
¿De qué tratan las recientes protestas masivas del Partido de las “cucarachas”? ¿Es una simple manifestación estudiantil o puede tener repercusiones de calado? ¿Sería algo equiparable al 15-M español o no tiene esa trascendencia?
Estamos ante un movimiento que pone de manifiesto un descontento amplio entre sectores de la juventud que aspiran a tener un trabajo y ven en la educación el ascensor social que les puede permitir unas mejores condiciones de vida. Esto es especialmente relevante dado que la India tiene, por su pirámide demográfica, una tasa de población joven alta y, por otra, la educación se considera la principal herramienta de movilidad social, el ascensor que permite aspirar a mejores condiciones de vida y riqueza.
El movimiento de las “cucarachas” se asemeja a otras protestas de la Generación Z que hemos visto en la región (Sri Lanka, Nepal, Bangladés) de jóvenes que están muy enfadados por la falta de empleo y hartos de la corrupción de la clase política.
Además, se ha convertido en una plataforma que está dando visibilidad a distintas causas. Esto, por un lado, le puede dar una dimensión mayor y ser un valor positivo, pero por otro puede debilitar su transición hacia una formación política efectiva, dada la complejidad de como opera el sistema de partidos de la India. Por ahora no es equiparable al 15-M, si bien representa un claro aviso y desafío para el Gobierno.
Esta entrevista se ha editado y acortado para mayor claridad.
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