<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Libros]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Libros]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/cultura/libros/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La Feria del Libro de Madrid cancela una charla sobre la visión marroquí del Sáhara para evitar "posiciones políticas unilaterales"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/feria-libro-madrid-cancela-charla-vision-marroqui-sahara-evitar-posiciones-politicas-unilaterales_1_13290133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c7efe80-1939-498a-823f-fd7a9dcdce49_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144972.jpg" width="5606" height="3153" alt="La Feria del Libro de Madrid cancela una charla sobre la visión marroquí del Sáhara para evitar &quot;posiciones políticas unilaterales&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Representación del Frente Polisario en España había pedido la cancelación del evento, titulado 'Sáhara: patrimonio, identidad y vías de desarrollo a la luz de las transformaciones contemporáneas'</p><p class="subtitle">Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/la-feria-del-libro-de-madrid-de-2025-baja-ligeramente-en-ventas-pero-estima-haber-superado-el-millon-de-visitantes-unicos_1_12396526.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Feria del Libro de Madrid</a> ha decidido retirar de su programaci&oacute;n una charla titulada <em>S&aacute;hara: patrimonio, identidad y v&iacute;as de desarrollo a la luz de las transformaciones contempor&aacute;neas</em>, programada para esta tarde. La actividad ten&iacute;a como objetivo analizar &ldquo;las caracter&iacute;sticas del S&aacute;hara marroqu&iacute;&rdquo;, entre las que destacan el &ldquo;hassaniya en la escuela marroqu&iacute;, modelo de desarrollo de las provincias del Sur de Marruecos o la econom&iacute;a mar&iacute;tima en el sur de Marruecos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n ha considerado que dicha actividad &ldquo;nunca debi&oacute; formar parte de la programaci&oacute;n&rdquo; y que la misma &ldquo;no se ajusta a los criterios de pluralidad, neutralidad institucional y sensibilidad exigibles en un espacio cultural de car&aacute;cter p&uacute;blico y abierto&rdquo;. &ldquo;La inclusi&oacute;n de esta actividad responde a un fallo en los mecanismos internos de supervisi&oacute;n y validaci&oacute;n de contenidos, circunstancia que lamentamos. Tan pronto como se detect&oacute; esta situaci&oacute;n, la organizaci&oacute;n procedi&oacute; a retirar el acto de la programaci&oacute;n cultural&rdquo;, ha informado la Feria del Libro en un comunicado.
    </p><p class="article-text">
        La Representaci&oacute;n del Frente Polisario en Espa&ntilde;a, delegaci&oacute;n oficial del movimiento de liberaci&oacute;n nacional del S&aacute;hara Occidental, hab&iacute;a pedido la cancelaci&oacute;n del evento. Su delegado y representante, Abdulah Arabi, hab&iacute;a alertado en un comunicado que &ldquo;actos de este tipo contribuyen, de manera evidente, a la estrategia de asimilaci&oacute;n cultural y territorial llevada a cabo por Marruecos, con especial ah&iacute;nco durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Feria defiende que se trata de un &ldquo;espacio dedicado al libro, la cultura y el di&aacute;logo&rdquo; y que, por ende, &ldquo;no debe convertirse en veh&iacute;culo de promoci&oacute;n de posiciones pol&iacute;ticas unilaterales sobre conflictos internacionales&rdquo;. La organizaci&oacute;n ha prometido que reforzar&aacute;n los &ldquo;procedimientos de validaci&oacute;n de actividades para evitar que situaciones similares puedan producirse en el futuro&rdquo; y lamenta las &ldquo;molestias y la preocupaci&oacute;n que esta circunstancia haya podido generar entre patrocinadores, participantes, medios de comunicaci&oacute;n, entidades colaboradoras y p&uacute;blico asistente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Queremos dejar constancia de que, aunque la actividad estaba prevista en el Espacio Talento a bordo, Iberia no ha participado en su organizaci&oacute;n, selecci&oacute;n, programaci&oacute;n ni contenido, permaneciendo completamente ajena a la misma en todo momento&rdquo;, ha concludio la Feria del Libro de Madrid su comunicado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/feria-libro-madrid-cancela-charla-vision-marroqui-sahara-evitar-posiciones-politicas-unilaterales_1_13290133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 10:35:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9c7efe80-1939-498a-823f-fd7a9dcdce49_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144972.jpg" length="5442414" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9c7efe80-1939-498a-823f-fd7a9dcdce49_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144972.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5442414" width="5606" height="3153"/>
      <media:title><![CDATA[La Feria del Libro de Madrid cancela una charla sobre la visión marroquí del Sáhara para evitar "posiciones políticas unilaterales"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9c7efe80-1939-498a-823f-fd7a9dcdce49_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144972.jpg" width="5606" height="3153"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Feria del Libro,Madrid,Sáhara]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/julian-barnes-premio-princesa-asturias-letras-2026_1_13289803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63512739-761d-4c8e-a9d5-9979e6ec0e97_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144963.jpg" width="6716" height="3778" alt="Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de 'El sentido de un final', 'El ruido del tiempo' o la reciente 'Despedidas' toma el relevo al escritor catalán Eduardo Mendoza, galardonado el año pasado</p><p class="subtitle">Julian Barnes: “Ser divertido es una buena manera de ser serio”</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/julian-barnes-divertido-buena-manera-serio_1_13215499.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Julian Barnes</a> ha sido galardonado con el&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/asturias/pequenas-cosas-serrat-empatia-satrapi-premios-princesa-asturias-piden-paz-palabra_1_11765297.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Princesa de Asturias</a>&nbsp;de las Letras 2026, seg&uacute;n ha hecho p&uacute;blico este mi&eacute;rcoles la instituci&oacute;n. El escritor brit&aacute;nico toma el relevo al&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eduardo-mendoza-he-considerado-artista-si-artesano_1_13139711.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autor catal&aacute;n Eduardo Mendoza</a>, que recibi&oacute; la misma distinci&oacute;n&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eduardo-mendoza-premio-princesa-asturias-artes-2025_1_12297361.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el pasado 2025</a>. El reconocimiento est&aacute; dotado de una escultura de Joan Mir&oacute; &mdash;s&iacute;mbolo de la condecoraci&oacute;n&mdash;, un diploma acreditativo, una insignia y la cantidad en met&aacute;lico de 50.000 euros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su obra reelabora con mirada europe&iacute;sta la historia del arte hasta alcanzar un estilo &uacute;nico que lo caracteriza dentro de una generaci&oacute;n de escritores brit&aacute;nicos especialmente brillantes&rdquo;, ha alegado el jurado, destacando su &ldquo;condici&oacute;n de extraordinario narrador y ensayista dotado de humor, iron&iacute;a y de un optimismo melanc&oacute;lico y un pesimismo alegre&rdquo;. &ldquo;Barnes ofrece una visi&oacute;n l&uacute;cida, c&aacute;lida y compasiva del g&eacute;nero humano y emplea la memoria como configuradora de identidad sin renunciar a la imaginaci&oacute;n, con el amor como principio esencial&rdquo;, ha a&ntilde;adido.
    </p><p class="article-text">
        El aclamado escritor se hizo con el prestigioso <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/julian-barnes-booker-sense-ending_1_5537315.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Booker en 2011</a> por su novela corta <em>El sentido de un final</em>, una meditaci&oacute;n sobre el envejecimiento y la memoria. Este fue el cuarto intento del autor de hacerse con esta distinci&oacute;n. La primera nominaci&oacute;n la logr&oacute; en 1984 con la obra <em>El loro de Flaubert</em>, en la que Barnes ya comenzaba a mezclar la biograf&iacute;a, el ensayo y la ficci&oacute;n, una de las caracter&iacute;sticas que acabar&iacute;an definiendo su literatura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/50df5ea7-64d3-44b7-9997-29ae80ad945c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, el autor volver&iacute;a a ser nominado por <em>Inglaterra, Inglaterra</em>, publicada en 1998, una novela que se nutre de la s&aacute;tira para hacer una cr&iacute;tica al nacionalismo y la mercantilizaci&oacute;n. Asimismo, Barnes opt&oacute; al galard&oacute;n en 2005 con <em>Arthur y George</em>, un libro de tem&aacute;tica hist&oacute;rica basado en un caso real, en el que relata el encuentro entre Sir Arthur Conan Doyle (creador de <em>Sherlock Holmes</em>) y George Edalji, un abogado de origen indio acusado injustamente de mutilar ganado y enviar cartas an&oacute;nimas en la Inglaterra de principios del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, este a&ntilde;o se cumple una d&eacute;cada desde el lanzamiento de <em>El ruido del tiempo</em>, una novela biogr&aacute;fica que narra la historia del compositor ruso Dmitri Shostak&oacute;vich, explorando la compleja y peligrosa relaci&oacute;n entre el arte y el poder bajo el r&eacute;gimen dictatorial de Stalin.  M&aacute;s adelante, en 2018, lanzar&iacute;a <em>La &uacute;nica historia</em>, una historia de amor truncada ambientada en la sociedad inglesa de clase media conservadora.
    </p><p class="article-text">
        Barnes ha vuelto a jugar con los l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n en la que se supone que es su &uacute;ltima novela, <em>Despedidas</em>. Si falla en su prop&oacute;sito y vuelve al ruedo, su pr&oacute;ximo libro se titular&aacute; &ldquo;Perdonad, pero solo era una broma&rdquo;, coment&oacute; con gracia en la <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/julian-barnes-divertido-buena-manera-serio_1_13215499.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presentaci&oacute;n de la obra</a> en Barcelona. Se trata de un trabajo memorial&iacute;stico que contiene una historia de amor dividida en dos segmentos separados por cuatro d&eacute;cadas, la muerte de su mujer Pat Kavanagh en 2008, el diagn&oacute;stico y convivencia con su propio c&aacute;ncer de sangre (en principio, cronificado), experiencias ajenas o los recuerdos autobiogr&aacute;ficos involuntarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/julian-barnes-premio-princesa-asturias-letras-2026_1_13289803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 10:01:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/63512739-761d-4c8e-a9d5-9979e6ec0e97_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144963.jpg" length="5807454" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/63512739-761d-4c8e-a9d5-9979e6ec0e97_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144963.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5807454" width="6716" height="3778"/>
      <media:title><![CDATA[Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/63512739-761d-4c8e-a9d5-9979e6ec0e97_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144963.jpg" width="6716" height="3778"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Premios,Premios Princesa de Asturias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mar-marchis-fundadora-fantasma-jot-down-dejarse-ver-veia_1_13288004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c935c48c-b5ee-49b3-9a51-e8478f676490_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista Daniel Verdú publica una novela periodística sobre la misteriosa editora, fallecida en 2022, cuya familia no ha aprobado el proyecto</p><p class="subtitle">Pedro Almodóvar anuncia 'El hombre que solo escribía en los aviones', su primera novela
</p></div><p class="article-text">
        Es imposible serlo todo en una vida. Quiz&aacute;, por eso, Mar de Marchis se invent&oacute; cuantas necesit&oacute; para lograr su objetivo: crear una revista gobernada por el periodismo lento, los textos largos acompa&ntilde;ados por una est&eacute;tica en blanco y negro y unas plumas convencidas de que s&iacute;, que ese era el nuevo lugar en el que intentar hacerlo bonito. El nacimiento de la revista Jot Down se produjo en un momento irrepetible, adelanta el periodista Daniel Verd&uacute;, que acaba de publicar <em>La bola</em> (Alfaguara, 2026), su primer libro.
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de esta obra de narrativa basada en hechos reales, tal y como la ha catalogado la editorial, da buena cuenta de por d&oacute;nde van los tiros. Durante much&iacute;simo tiempo, y todav&iacute;a hoy, la imagen de la bola negra n&uacute;mero ocho del billar fue la que se asoci&oacute; a aquella editora por ser la que utilizaba en su perfil de Twitter. Tras esa imagen que ha acabado ligada a la revista se escond&iacute;an, en realidad, Shizuka, Bluevelvet, Isabella, Jun y Libertad. Y todas eran Mar de Marchis, tres palabras que en su DNI se convierten en cuatro: Mar&iacute;a Jes&uacute;s Marhuenda Irastorza (Alicante, 1968).
    </p><p class="article-text">
        Este es el principio. Eran los a&ntilde;os 2000 y Mar olfateaba lo que pasaba en la red, en aquellos foros como Aer&oacute;pago, creado por un periodista y un abogado valenciano. Aquella &ldquo;hembra alfa&rdquo; del foro, tal y como la denomina Verd&uacute;, pronto comenz&oacute; a perge&ntilde;ar la idea de hacer algo diferente, rompedor. As&iacute; naci&oacute; el germen de lo que luego se llegar&iacute;a a comparar con la revista The New Yorker. No lo hizo sola. 25 puros Partagas 8-9-8 que le llegaron a Enric Gonz&aacute;lez durante su corresponsal&iacute;a en Jerusal&eacute;n fueron suficientes para que el afamado periodista se sumara al barco. Verd&uacute; asegura que Gonz&aacute;lez fue &ldquo;una pieza fundamental&rdquo; para el &eacute;xito de la revista desde el primer momento. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4f48abe0-0648-46aa-b438-3b0547b56cb6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Jot Down comenz&oacute; a editarse en formato digital en mayo de 2011, y el mismo mes del a&ntilde;o siguiente apareci&oacute; el primer n&uacute;mero en papel, justo una d&eacute;cada antes de que Mar falleciera. Fernando Savater, El Roto, Maruja Torres, Arturo P&eacute;rez Reverte y Soledad Gallego-D&iacute;az fueron de las primeras espadas, afiladas como plumas, que salieron a la palestra en aquella ocasi&oacute;n. Para entonces, tanto Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez, editor de Esquire, y Arcadi Espada, periodista, hab&iacute;an rechazado dirigir la cabecera. El segundo, adem&aacute;s, tras molestarse por recibir fotos sugerentes por parte de ella y sus numerosas negativas a verse en persona.
    </p><h2 class="article-text">Dejarles colgados</h2><p class="article-text">
        La editora, aunque no se ahorr&oacute; comentarios contra el peri&oacute;dico del que emanaban muchos de los autores que luego se pasearon por su revista, firm&oacute; otro gran hito al cerrar un acuerdo con Antonio Ca&ntilde;o, director de El Pa&iacute;s. La revista Jot Down Smart sali&oacute; junto al peri&oacute;dico un domingo al mes a partir de octubre de 2015 durante casi cuatro a&ntilde;os en lo que fue la primera experiencia con los contenidos del diario externalizados. Con Ca&ntilde;o charlaba todas las semanas, propon&iacute;a enfoques y recomendaba contrataciones. Era la mujer que susurraba al director. A &eacute;l tambi&eacute;n le dej&oacute; tirado en varias ocasiones. Nunca se llegaron a ver.
    </p><p class="article-text">
        Decir algo negativo sobre la forma de Jot Down ser&iacute;a intentar mentir. El contenido de la revista, complaciente cuanto menos en sus entrevistas, es otro tema. &ldquo;Son m&aacute;s conversaciones que entrevistas. Los personajes con los que lidiaban remaban a favor, no eran entrevistas para pillarles o denunciar algo, sino una conversaci&oacute;n atractiva para que el lector pasara un buen rato. Yo no s&eacute; si eran complacientes, pero s&iacute; eran agradables para el entrevistado&rdquo;, desarrolla Verd&uacute;. 
    </p><p class="article-text">
        En ese mismo contenido nunca se lleg&oacute; a ver el texto que escribi&oacute; el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, a quien Mar no public&oacute; a pesar de haberle pedido la colaboraci&oacute;n por medio del veterano periodista Juan Cruz. El escritor Javier Cercas tambi&eacute;n experiment&oacute; algo parecido. 
    </p><h2 class="article-text">Las malas artes</h2><p class="article-text">
        Verd&uacute; asegura al principio de su libro que &ldquo;lo que le contabas [a Mar], era evidente, engordaba un sistema de informaci&oacute;n que espolvoreaba en otras conversaciones. Pero daba igual. Era divertida, compulsiva, agotadoramente insistente, ir&oacute;nica, descarada y sorprendente. Y si algo sonaba a trola, ah, era una broma&rdquo;. Pero la broma se vino abajo.
    </p><p class="article-text">
        Desde el principio, Mar se hizo pasar por una mujer de treinta y tantos a&ntilde;os, rubia y de ojos verdes. De esa mujer consigui&oacute; fotograf&iacute;as de su cuerpo, de sus manos y de sus labios, tambi&eacute;n en ropa interior, y hasta v&iacute;deos. Seg&uacute;n recoge Verd&uacute;, el material acab&oacute; repartido entre los contactos que Mar almacenaba en su m&oacute;vil, a quienes intentaba retener cada vez que ve&iacute;a que se le escapaban, mayormente por su agorafobia e imposibilidad de coincidir en persona. Esa mujer era de su pueblo, Santa Pola. Se llamaba Aurora e iba a su casa, un &aacute;tico, como peluquera. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2421y2218.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2421y2218.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2421y2218.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2421y2218.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2421y2218.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2421y2218.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/805eddfb-dee2-4e82-9f93-f9363c92f624_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2421y2218.jpg"
                    alt="El periodista Daniel Verdú"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El periodista Daniel Verdú                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las mentiras no se pueden convertir en bromas para todo el mundo todo el rato. En 2017, el periodista Alfredo Pascual public&oacute; en El Confidencial la identidad real de Mar, a pesar de la negativa de esta a admitir la veracidad de la informaci&oacute;n en un primer momento. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, Mar recibi&oacute; a Braulio Garc&iacute;a Ja&eacute;n, enviado de Vanity Fair, en casa de unos amigos que viv&iacute;an en Donosti. La editora justific&oacute; as&iacute; el enga&ntilde;o en aquella conversaci&oacute;n: &ldquo;Si yo hubiera llamado a Enric Gonz&aacute;lez y le digo: 'Hola, me llamo Marhuenda, soy agoraf&oacute;bica y voy a montar una revista, &iquest;quieres colaborar conmigo?', nadie me habr&iacute;a dicho que s&iacute;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Roma, el principio del fin</h2><p class="article-text">
        Las vicisitudes se suced&iacute;an y Mar encontr&oacute; en Roma el lugar perfecto en el que vivir. Todo cambi&oacute; el Viernes Santo de 2021. Aquel 2 de abril se desplom&oacute; en la calle. El 27 de mayo de 2022, Mar se desped&iacute;a de la vida en una cama de un hospital de Palma de Mallorca.
    </p><p class="article-text">
        Enric Gonz&aacute;lez se vio con Mar, por primera vez, en febrero de 2013. Lleg&oacute; a este olimpo de los elegidos despu&eacute;s de varias negativas por parte de ella. Verd&uacute; escribe que &ldquo;no hubo una sola Mar. Ni dos. Cada una de las personas que le trat&oacute; y nunca la vio ten&iacute;a la suya. Aunque pudieran ser c&oacute;mplices y v&iacute;ctimas de su fantas&iacute;a a la vez&rdquo;. Eso fue lo que escribi&oacute; el mismo Gonz&aacute;lez en la necrol&oacute;gica que public&oacute; por su fallecimiento: &ldquo;Yo fui v&iacute;ctima de aquella fantas&iacute;a y luego c&oacute;mplice&rdquo;. &ldquo;Sin entenderla, creo que nunca me he entendido tan bien con nadie&rdquo;, reconoci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ni la familia de Mar ni su socio, a quien conoci&oacute; en aquel foro primigenio y que ahora sigue al frente de la revista, han querido saber nada del trabajo que preparaba el corresponsal de El Pa&iacute;s. Por otro lado, la aparici&oacute;n de <em>La bola</em> ha levantado opiniones airadas en X. M&aacute;s all&aacute; de las peque&ntilde;as cuitas entre periodistas que hablan de periodistas que escriben de periodistas, desde el perfil que antes gestionaba Mar (@JotDownSpain, con 263.000 seguidores) han publicado mensajes como este: &ldquo;El libro es un desprop&oacute;sito lleno de an&eacute;cdotas mal contadas o directamente <em>fakes.</em> Mar hubiera preferido mil veces un libelo cruel bien escrito que este ox&iacute;moron denominado por Alfaguara como &rdquo;ficci&oacute;n basada en hechos reales&ldquo;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, &Aacute;ngel L. Fern&aacute;ndez ha publicado un editorial en la versi&oacute;n digital de la revista en el que llega a afirmar que &ldquo;lo que tenemos es un retrato de una ausencia levantado casi por completo con las voces de quienes ten&iacute;an cuentas pendientes con su recuerdo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante este extremo, Verd&uacute;, que ha borrado la aplicaci&oacute;n de X de su iPhone por unos d&iacute;as, responde que entiende que pueda estar cabreada aquella gente a la que no ha obedecido. &ldquo;Pero creo que nadie puede tener el sentido de la propiedad de una historia. Las historias no le pertenecen a nadie y las puede contar quien quiera siempre que se haga desde la transparencia y la honestidad&rdquo;, resuelve.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sabe si por completo, pero as&iacute; se cierra algo m&aacute;s el c&iacute;rculo de misterio y enigma que siempre rode&oacute; a Mar de Marchis, aquella mujer que en un mundo tan masculino como el del periodismo logr&oacute; armar una revista a&uacute;n con vida a trav&eacute;s de tes&oacute;n, convencimiento y algo de saber qu&eacute; decir a qui&eacute;n y cu&aacute;ndo. De todas formas, todav&iacute;a queda la imagen de esa bola n&uacute;mero ocho, la bola negra, la &uacute;ltima, la que con ni rayadas ni con lisas va, la que determina qui&eacute;n pierde y gana la partida. Solo depende de en qu&eacute; agujero se cuele, y Mar se col&oacute; en infinitud de ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mar-marchis-fundadora-fantasma-jot-down-dejarse-ver-veia_1_13288004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 19:41:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c935c48c-b5ee-49b3-9a51-e8478f676490_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="246798" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c935c48c-b5ee-49b3-9a51-e8478f676490_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="246798" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c935c48c-b5ee-49b3-9a51-e8478f676490_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Periodismo,Periodistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pedro Almodóvar anuncia 'El hombre que solo escribía en los aviones', su primera novela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pedro-almodovar-anuncia-hombre-escribia-aviones-primera-novela_1_13286325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb8a2fb2-f667-400d-be2e-af15a500e6bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedro Almodóvar anuncia &#039;El hombre que solo escribía en los aviones&#039;, su primera novela"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la publicación de su libro de relatos 'El último sueño', el cineasta regresa al sector literario con una novela en la que pretende explorar "caminos poco transitados en el mundo de la ficción"</p><p class="subtitle">Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/amarga-navidad-pedro-almodovar-reflexiona-responsabilidad-creativa-brillante-arriesgada_129_13080306.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pedro Almod&oacute;var</a> ha anunciado su primera novela, <em>El hombre que solo escrib&iacute;a en los aviones</em>. Se publicar&aacute; el pr&oacute;ximo 29 de octubre de la mano de Reservoir Books y supondr&aacute; su vuelta al sector literario tras el lanzamiento en 2023 del libro de relatos <em>El &uacute;ltimo sue&ntilde;o</em>. La editorial ha adelantado que su pr&oacute;xima obra ser&aacute; una &ldquo;narraci&oacute;n sinuosa que se adentra con cierto frenes&iacute; en una selva de experiencias y lecturas, de tramas inventadas y de ideas prestadas&rdquo;, explorando &ldquo;caminos poco transitados en el mundo de la ficci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La historia de <em>El hombre que solo escrib&iacute;a en los aviones</em> girar&aacute; en torno al personaje de Flavio Guijarro, un &ldquo;hombre que ha pasado media vida reinvent&aacute;ndose&rdquo;, seg&uacute;n reza la sinopsis de la obra. &ldquo;Ha tenido decenas de aficiones, pero pocas veces han culminado en una profesi&oacute;n; la de actor es la que ha logrado cultivar con m&aacute;s o menos fortuna. En un viaje de promoci&oacute;n, sin embargo, a diez mil metros de altura, descubre tard&iacute;amente una nueva vocaci&oacute;n: la escritura&rdquo;, contin&uacute;a la premisa del libro.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9ae2418f-bf5f-49c8-8516-b131f263a73d_source-aspect-ratio_default_1144878.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Desde entonces va a dedicarse en cuerpo y alma a combatir sus bloqueos creativos y perseguir ese sue&ntilde;o&hellip; que irremediablemente se le escapa de las manos en cuanto se acerca el momento de poner el punto final. Acudir&aacute; en busca de inspiraci&oacute;n a los lugares m&aacute;s insospechados y, para su sorpresa, descubrir&aacute; una ins&oacute;lita aptitud como coach de actores. Lo que no imagina es ad&oacute;nde puede conducirlo esta nueva etapa de su vida, ni qu&eacute; futuro le espera a su incipiente historia de amor con el actor m&aacute;s exitoso del momento&rdquo;, concluye la sinopsis. 
    </p><p class="article-text">
        En su anterior trabajo literario,&nbsp;<em>El &uacute;ltimo sue&ntilde;o</em>, Almod&oacute;var brinda la m&aacute;xima informaci&oacute;n sobre &eacute;l &ldquo;como cineasta, como fabulador (como escritor)&rdquo;, y del modo en que su vida &ldquo;hace que una cosa y otra se mezclen&rdquo;. Se trataron de relatos in&eacute;ditos que comienzan con sus primeros coqueteos con la ficci&oacute;n, como <em>Vida y muerte de Miguel,</em>&nbsp;una especie de&nbsp;<em>Benjamin Button</em>&nbsp;escrito con menos de 20 a&ntilde;os debajo de una parra y con un conejo desollado colgando de una cuerda en Madrigalejos.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/vida-muerte-miguel-relato-pedro-almodovar-libro-ultimo-sueno_1_10106524.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los socios y lectores de elDiario.es pueden leer uno de esos relatos</a>,&nbsp;<em>Vida y muerte de Miguel</em>.
    </p><p class="article-text">
        Este no es el &uacute;nico proyecto de Pedro Almod&oacute;var para este a&ntilde;o, pues hace unos meses volvi&oacute; a los cines con <em>Amarga Navidad</em>, una pel&iacute;cula que tambi&eacute;n compiti&oacute; en la Secci&oacute;n Oficial del Festival de Cannes. Su estructura, donde una historia contiene a la siguiente, ha llevado al director a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pedro-almodovar-analiza-escenas-clave-amarga-navidad_1_13088679.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reflexionar sobre la responsabilidad del artista</a> y hasta qu&eacute; punto un creador est&aacute; legitimado a vampirizar a los que tiene a su alrededor pese a que esa sea su inspiraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pedro-almodovar-anuncia-hombre-escribia-aviones-primera-novela_1_13286325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 08:33:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eb8a2fb2-f667-400d-be2e-af15a500e6bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5151793" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eb8a2fb2-f667-400d-be2e-af15a500e6bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5151793" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Pedro Almodóvar anuncia 'El hombre que solo escribía en los aviones', su primera novela]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eb8a2fb2-f667-400d-be2e-af15a500e6bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Editoriales,Pedro Almodóvar,Novela,Ficción,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/colegio-biblioteca-nuevos-lectores-forman-redes-tiktok-no-estaria_1_13283359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c96dd522-c029-49ab-8573-19cf5d3716b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144845.jpg" width="3500" height="1969" alt="Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fenómeno de TikTok e Instagram como aplicaciones que fomentan la lectura entre los más jóvenes se palpa en la Feria del Libro de Madrid. "Mis padres me dicen que paso mucho rato en el móvil, pero saben que no estoy haciendo el tonto", dice una joven</p><p class="subtitle">Cornelia Funke, la escritora superventas que niega las estadísticas: “No reflejan la sed de libros de los jóvenes”</p></div><p class="article-text">
        Acaba de llegar al Parque del Retiro, mira la fila gigante de personas que tiene delante y se resigna a ponerse al final. Sabe que es muy probable que se vaya sin la firma de su escritora favorita porque el tiempo es limitado y las colas se cortan de golpe, pero aun as&iacute; est&aacute; dispuesta a esperar durante horas para intentarlo. Steisy Milei Le&oacute;n, de 14 a&ntilde;os, se mantiene en su sitio impulsada &uacute;nicamente por su admiraci&oacute;n hacia Inma Rubiales y la &ldquo;esperanza de poder conocerla&rdquo; en la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/la-feria-del-libro-de-madrid-de-2025-baja-ligeramente-en-ventas-pero-estima-haber-superado-el-millon-de-visitantes-unicos_1_12396526.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Feria del Libro de Madrid</a>. Se trata de una autora que ha congregado alrededor de 300 personas en el que supone un fen&oacute;meno de masas que no se organiza a trav&eacute;s de los medios tradicionales ni en bibliotecas, sino en los m&oacute;viles de los adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que Milei Le&oacute;n viene de vivir una experiencia similar haciendo cola para Myriam M. Lejardi, otra escritora a la que conoci&oacute; mediante redes sociales y de la que se ha quedado sin firma despu&eacute;s de tres horas esperando, el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/perversion-algoritmos-internet-no-deja-azar-chat-gpt-hay-vacios-informacion-adrede-cat_128_12555659.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inter&eacute;s por desvirtualizarlas</a> vence a la desilusi&oacute;n e incluso se ha presentado sola. &ldquo;Cuando esperas y no consigues verlas se hace complicado&rdquo;, confiesa a elDiario.es, pero merece la pena &ldquo;por los nervios que hay por ver c&oacute;mo son y hablar con ellas sobre sus libros&rdquo;. Para saciar esta incertidumbre hay que transportarse al principio de la fila &mdash;centenares de lectores de distancia con respecto al puesto que ocupa Milei Le&oacute;n&mdash;, donde hay quien lleva ya m&aacute;s de cinco horas soportando las altas temperaturas de junio.
    </p><p class="article-text">
        A falta de diez minutos para que empiece la firma, las primeras fans que ser&aacute;n las afortunadas en ver a Inma Rubiales miran el reloj impacientes. Lo hacen de pie, tras haber pasado sentadas todo el d&iacute;a en un rinc&oacute;n del Paseo de los Coches y haber recogido sus cosas. Para entretenerse hab&iacute;an montado sobre el asfalto un campamento improvisado en el que extienden sus mantas, sacan barajas de cartas, se ponen a leer sus novelas o hasta comparten entre ellas sus citas favoritas y las subrayan. No importa que la capital est&eacute; colapsada por cortes de tr&aacute;fico ni que a pocos kil&oacute;metros coincidan la visita del Papa y los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/negocio-guardacolas-conciertos-bad-bunny-jovenes-pegan-madrugon-diez-euros-hora_1_13273238.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conciertos de Bad Bunny</a>, pues aqu&iacute; lo &uacute;nico que guarda relevancia son los libros y todas las conversaciones giran en torno a estos.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xadytpy" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Para ellas, Inma Rubiales es una amiga. As&iacute; se lo transmite tambi&eacute;n la escritora cuando lo primero que hace al llegar al Retiro es pasarse a saludarlas, salt&aacute;ndose cualquier tipo de protocolo. La autora se acerca a las lectoras que se encuentran al inicio de la fila, las abraza y les pide que busquen los tramos de sombra para protegerse del calor. Adem&aacute;s, las anima a alzar sus ejemplares para un v&iacute;deo que publicar&aacute; en su perfil de Instagram y TikTok. Daniela Barrio, una fan de 15 a&ntilde;os que ha viajado desde Parla para estar en la Feria, es el ejemplo perfecto del &eacute;xito de esta t&aacute;ctica. Su pasi&oacute;n por los libros no naci&oacute; en el colegio, sino navegando por su aplicaci&oacute;n favorita: &ldquo;Sin TikTok no estar&iacute;a aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La lectora, que se aficion&oacute; a las historias de Rubiales el a&ntilde;o pasado, explica que ver el contenido que suben otras personas de su edad a Internet es lo que la empuja a consumir literatura. &ldquo;Me salen v&iacute;deos de TikTok de gente leyendo o recomendando libros, y entonces voy a comprarlos&rdquo;, se&ntilde;ala la joven. Pese al tiempo que pasa pegada a la pantalla buscando estas novedades, su familia ha terminado por comprender que hay un beneficio cultural detr&aacute;s de ese uso del tel&eacute;fono: &ldquo;Mis padres me dicen que paso mucho rato en el m&oacute;vil, que es verdad, y a veces dicen que estoy perdiendo el tiempo, pero normalmente saben que no estoy haciendo el tonto&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5d79e958-a486-419f-84eb-ebe775331fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Las fans de Inma Rubiales esperan en la cola de su firma"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Las fans de Inma Rubiales esperan en la cola de su firma                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, los v&iacute;deos que se viralizan en TikTok e Instagram no solo son de recomendaciones, pues los j&oacute;venes se graban en casa reaccionando a pasajes de la novela, comentando sus impresiones, teorizando sobre las pr&oacute;ximas entregas u ordenando las estanter&iacute;as. Se trata de un mundo tan amplio dentro de estas aplicaciones que tienen sus propios nombres: BookTok y Bookstagram (quienes publican este contenido se llaman <em>booktokers </em>o <em>bookstagrammers </em>en vez de <em>tiktokers </em>o <em>instagrammers)</em>. Pero el impacto va mucho m&aacute;s all&aacute; de comprar o leer una novela; su verdadero poder est&aacute; en la capacidad de unir a adolescentes de distintas partes del mundo que no se conocen.
    </p><p class="article-text">
        Irene Reyes, de 17 a&ntilde;os, est&aacute; haciendo cola acompa&ntilde;ada de tres chicas a las que nunca antes hab&iacute;a visto en persona. &ldquo;Las conoc&iacute; de TikTok porque nos seguimos, tenemos contenido similar&rdquo;, se&ntilde;ala a este peri&oacute;dico. &ldquo;Al principio da un poquito de verg&uuml;enza, porque al final las conoces a trav&eacute;s de una pantalla, pero son muy buenas experiencias&rdquo;, afirma la lectora, que a&ntilde;ade que llevan mensaje&aacute;ndose por Internet varios meses. No es la &uacute;nica que ha vivido esto, pues Milei Le&oacute;n tambi&eacute;n tiene un grupo en WhatsApp con gente con la que empez&oacute; a escribirse a trav&eacute;s de las redes sociales. &ldquo;Hablamos sobre libros, sobre Inma... es muy bonito conectar con personas que te entienden&rdquo;, detalla.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7648310170874826006"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Por su parte, Ic&iacute;ar Pulido, de 17 a&ntilde;os, argumenta que estas comunidades le sirven para romper el hielo y conectar con otras personas de forma m&aacute;s inmediata. &ldquo;A m&iacute; me salen cuentas de chicas que hacen rese&ntilde;as de un libro o que debaten sobre <em>spoilers</em>&rdquo;, cuenta. Cuando llega a la Feria y se encuentra con fans que ven los mismos v&iacute;deos, entablar conversaci&oacute;n surge de manera natural: &ldquo;Al principio est&aacute;s nerviosa, pero como leen los libros de la misma autora que t&uacute;, pues comentas todo y se forma un v&iacute;nculo. Alguna amiga s&iacute; que he hecho as&iacute;&rdquo;. La interacci&oacute;n, como indica Daniela Barrio, sigue en Internet: &ldquo;Acabamos de conseguir contactos de gente que no conoc&iacute;amos de nada. Nos hemos puesto a hacernos fotos entre nosotras y luego nos hemos seguido en Instagram&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Al otro lado del fen&oacute;meno</h2><p class="article-text">
        Inma Rubiales se encuentra al otro lado de este gran fen&oacute;meno literario y conoce muy bien los mecanismos que mueven a su comunidad porque, adem&aacute;s de escribir historias de &eacute;xito, ha estudiado la carrera de Publicidad. Nacida en 2002, ha crecido con las redes sociales, por lo que para ella tienen la misma importancia que le dan sus lectores. A d&iacute;a de hoy acumula 250.000 seguidores solo en Instagram. &ldquo;Me sigue suponiendo un choque cuando 60.000 personas le dan <em>like </em>a un post. &iexcl;Eso es como un campo de f&uacute;tbol!&rdquo;, declara a este peri&oacute;dico. &ldquo;Luego, cuando esa gente viene a una firma, te das cuenta de que todo es real, que esa gente que me escribe a trav&eacute;s de Instagram tiene cara, boca, ojos y nariz y han venido desde donde sea&rdquo;, agrega.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/df9e3d16-25e3-4f46-bcf7-251ff70fd86b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Inma Rubiales firma a una lectora en la Feria del Libro de Madrid, en 2026"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Inma Rubiales firma a una lectora en la Feria del Libro de Madrid, en 2026                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Su forma de entender la literatura no es un caso aislado, sino que forma parte de una nueva generaci&oacute;n de j&oacute;venes escritoras espa&ntilde;olas que hacen pi&ntilde;a, se apoyan en las redes y celebran su triunfo. En este grupo de autoras se encuentran nombres como Emma Gil, que con solo 17 a&ntilde;os compagina sus estudios con la publicaci&oacute;n de sus novelas rom&aacute;nticas, o Cherry Chic, que arrastra a miles de seguidoras fieles gracias a su naturalidad en Internet. Todas ellas han construido un v&iacute;nculo basado en la confianza absoluta, hasta el punto de que los anuncios oficiales de las instituciones pasan a un segundo plano.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una editorial no puede conseguir que un libro sea un fenómeno de TikTok, es algo totalmente espontáneo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Inma Rubiales</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Hay veces que, cuando voy a hacer una firma en alguna ciudad, el Ayuntamiento se adelanta y anuncia la firma antes de que la anuncie yo. Las chicas cogen, me env&iacute;an captura de pantalla de la publicaci&oacute;n y me preguntan si es verdad. Es como: 'D&iacute;melo t&uacute;, que eres en quien realmente conf&iacute;o'&rdquo;, explica Inma Rubiales. Esta revoluci&oacute;n ha cambiado por completo las din&aacute;micas de la industria literaria, con mayor peso por parte de las j&oacute;venes lectoras. &ldquo;Ahora mismo entras en la Casa del Libro y en la puerta tienes una estanter&iacute;a que se llama 'Fen&oacute;menos de TikTok'. Son libros que se han hecho famosos gracias a las chavalas&rdquo;, cuenta. &ldquo;Una editorial no puede conseguir que un libro sea un fen&oacute;meno de TikTok, es algo totalmente espont&aacute;neo&rdquo;, a&ntilde;ade la autora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/eb665c67-6652-46ac-a4f2-b25d28bb7c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cola de Inma Rubiales en la Feria del Libro de Madrid de 2023"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cola de Inma Rubiales en la Feria del Libro de Madrid de 2023                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Asimismo, Inma Rubiales defiende el uso de las nuevas tecnolog&iacute;as para promover el h&aacute;bito lector, incluso si a las generaciones m&aacute;s adultas les cuesta comprenderlo. &ldquo;Me da cierta impotencia cuando me dicen que los j&oacute;venes no leen por culpa del m&oacute;vil&rdquo;, dice la escritora, aludiendo a que son el <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/literatura-futuro-generacion-z-hay-comunidad-enorme-lectores-escritores-jovenes_1_11303486.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segmento de la poblaci&oacute;n que m&aacute;s lee</a>, seg&uacute;n los informes. &ldquo;De hecho, utilizan el m&oacute;vil para fomentar la lectura. Coge las redes sociales, m&eacute;tete en Bookstagram y ver&aacute;s millones de publicaciones de chicas que hacen rese&ntilde;as y suben frases de libros. Esas plataformas, tanto BookTok como Bookstagram, est&aacute;n revolucionando el mercado editorial&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Como sabe qui&eacute;n es el p&uacute;blico al que se dirige &mdash;el <a href="https://www.eldiario.es/spin/llama-romantasy-genero-editorial-conquistando-legion-jovenes-lectores-pm_1_12651451.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>romantasy</em></a>, el g&eacute;nero del que escribe, tiene un porcentaje abrumadoramente mayoritario de <a href="https://efe.com/cultura/2026-06-07/romantasy-feria-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lectoras menores de 16 a&ntilde;os</a>&mdash;, Rubiales asume su responsabilidad y apuesta por abordar en sus textos temas como la salud mental o las relaciones sanas. &ldquo;No escribo para ense&ntilde;ar a nadie, pero es cierto que es un p&uacute;blico muy influenciable y uno siempre tiene la presi&oacute;n de hacer las cosas bien y transmitir los mensajes de manera correcta&rdquo;, apunta la autora, que en su &uacute;ltima obra, <em>Un amigo gratis,</em> aborda el <em>bullying</em>. &ldquo;Mi madre, que es psic&oacute;loga, lo estuvo leyendo cap&iacute;tulo a cap&iacute;tulo para ir valorando si se estaba tratando bien&rdquo;, explica. &ldquo;Tambi&eacute;n he hablado sobre adicciones y he acudido a la Asociaci&oacute;n de Alcoh&oacute;licos Rehabilitados de Almendralejo, de mi pueblo, para hablar con el presidente y que me echara un cable&rdquo;, comenta.
    </p><p class="article-text">
        Su mayor esfuerzo se concentra en los modelos afectivos que traslada a las adolescentes a trav&eacute;s de sus historias rom&aacute;nticas, intentando evitar que se normalicen conductas peligrosas o t&oacute;xicas dentro del noviazgo. Y parece que funciona. Ic&iacute;ar Pulido reconoce que &ldquo;son historias que ayudan a que veas la realidad y las cosas que est&aacute;n mal&rdquo;. &ldquo;A una amiga m&iacute;a le ha pasado. Ha le&iacute;do un libro suyo y gracias a esa historia ha podido salir de la situaci&oacute;n&rdquo;, celebra la joven. Steisy Milei Le&oacute;n est&aacute; de acuerdo: &ldquo;Es muy importante poder definir qu&eacute; es una relaci&oacute;n sana porque as&iacute; te ayuda a no pasar por eso&rdquo;. Y, mientras tanto, ambas seguir&aacute;n dej&aacute;ndose apasionar por la lectura gracias al algoritmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/colegio-biblioteca-nuevos-lectores-forman-redes-tiktok-no-estaria_1_13283359.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 19:58:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c96dd522-c029-49ab-8573-19cf5d3716b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144845.jpg" length="4487926" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c96dd522-c029-49ab-8573-19cf5d3716b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144845.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4487926" width="3500" height="1969"/>
      <media:title><![CDATA[Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c96dd522-c029-49ab-8573-19cf5d3716b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144845.jpg" width="3500" height="1969"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,TikTok,Instagram,Influencers,Jóvenes,Feria del Libro,Madrid,Libros,Literatura juvenil,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 50 años de 'Entrevista con el vampiro', una novela ya inmortal como sus personajes, que reaparecen en la serie 'El vampiro Lestat' de AMC </p><p class="subtitle">El vampiro Lestat, entre las 13 series de la semana</p></div><p class="article-text">
        Mucho hab&iacute;a llovido desde que Bram Stoker public&oacute; su obra maestra cuando Anne Rice (Nueva Orleans, 1941 - Rancho Mirage, California, 2021), por entonces una escritora en ciernes que acababa de perder a su hija de cinco a&ntilde;os por una leucemia, decidi&oacute; escribir una novela sobre vampiros. <em>Entrevista con el vampiro</em> (1976), cuyo &eacute;xito fue fulgurante, dio comienzo a un ciclo que sumar&iacute;a un total de trece vol&uacute;menes, <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> (1976-2018), que no hay que confundir con la saga hom&oacute;nima de L. J. Smith. La autora, que durante el intenso proceso de redacci&oacute;n se documentaba de d&iacute;a y escrib&iacute;a de noche, se alej&oacute; del arquetipo de <em>Dr&aacute;cula</em> (1897) e introdujo un nuevo modelo de vampiro en la cultura popular que influy&oacute; en autoras como Stephenie Meyer o Charlaine Harris.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la publicaci&oacute;n estuvo en manos de Ediciones B, con traducci&oacute;n de Marcelo Covi&aacute;n Fasce. No obstante, es probable que muchos conozcan la obra no por el original de Anne Rice, sino por la adaptaci&oacute;n de 1994 a cargo de Neil Jordan, que inmortaliz&oacute; a unos j&oacute;venes Tom Cruise, Brad Pitt, Antonio Banderas y Kirsten Dunst como los cuatro vampiros protagonistas, unas criaturas de aspecto andr&oacute;gino y sensual que cautivaron al p&uacute;blico juvenil y establecieron, con su est&eacute;tica g&oacute;tica, un nuevo paradigma del g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        De forma m&aacute;s reciente, en 2022, se hizo una serie de televisi&oacute;n dirigida por Rolin Jones y <a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este lunes 8 de junio AMC+ estrena </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/series-semana-8-junio-estrenos-el-inmortal-final-movistar-todos-nuestros-anos-prime-video_1_13274127.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El vampiro Lestat,</em></a> adaptaci&oacute;n del segundo volumen de <em>Cr&oacute;nicas vamp&iacute;ricas</em> en el que el inmortal al que hace referencia el t&iacute;tulo se convierte en estrella del rock. De un modo u otro, su historia sigue presente cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n, por lo que merece la pena analizar algunas claves de esta reinvenci&oacute;n del mito.
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n invent&oacute; al vampiro</h2><p class="article-text">
        En su origen, y aunque cada cultura tiene sus variantes, el vampiro se presentaba como una criatura siniestra, poco m&aacute;s que un monstruo macabro que atacaba con sa&ntilde;a a unas v&iacute;ctimas inocentes. Durante la Edad Media, a ra&iacute;z de las grandes epidemias, arraig&oacute; en el folclore europeo la figura del vampiro ligada a personajes hist&oacute;ricos, que dio lugar a numerosas supersticiones y acusaciones. Sin embargo, fue en la regi&oacute;n de Transilvania donde se fragu&oacute; el mito que ha moldeado el imaginario occidental, gracias al legendario pr&iacute;ncipe Vlad III de Valaquia, el Empalador, la base del Conde Dr&aacute;cula de Bram Stoker. Un vampiro cruel y poderoso que se debilita con el sol, el ajo y los crucifijos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/02e64d73-3731-49f2-b384-1c6f4d83b43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Béla Lugosi interpretando a Drácula."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Béla Lugosi interpretando a Drácula.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Junto con <em>Dr&aacute;cula</em> (1897), hubo dos t&iacute;tulos en la literatura moderna que asentaron esta figura: el cuento <em>El vampiro</em> (1816), del malogrado John Polidori &ndash;que surgi&oacute; en aquel emblem&aacute;tico verano en Villa Diodati orquestado por <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/crueldad-adulterio-e-incesto-byron-enamorado-perfila-edna-brien_1_11383925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lord Byron</a> que tambi&eacute;n inspir&oacute; el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (1818) de Mary Shelley</a>&ndash;, y <em>Carmilla</em> (1872), de J. T. Sheridan Le Fanu, inspirada en la legendaria condesa Elizabeth B&aacute;thory, a quien se atribuye la tortura y la muerte de miles de chicas j&oacute;venes, de quienes se dec&iacute;a que extra&iacute;a la sangre para usarla como ant&iacute;doto de belleza, una suerte de fuente de la eterna juventud. 
    </p><p class="article-text">
        Esos vampiros decimon&oacute;nicos ya ten&iacute;an un lado seductor, que Anne Rice potencia con sus libros. <em>Entrevista con el vampiro</em> parte de la t&aacute;ctica cl&aacute;sica del personaje que cuenta su historia a un interlocutor que solo interviene de forma t&iacute;mida al comienzo y al final del relato &ndash;como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/frankenstein-libro-mary-shelley-nacio-pesadilla-regresa-sintoma-crisis-contemporanea_1_12748031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frankenstein</em></a>, a prop&oacute;sito&ndash; para contar la vida de Louis de Pointe, un vampiro de m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Su periplo comenz&oacute; en Nueva Orleans en el siglo XVIII, cuando era el propietario de una plantaci&oacute;n. La muerte de su hermano menor le sumi&oacute; en una crisis, y en ese estado se cruz&oacute; en su camino el misterioso Lestat de Lioncourt, un vampiro que lo convierte en uno de los suyos, y con quien vive un intenso romance a lo largo de un siglo.
    </p><h2 class="article-text">Criaturas de la noche sure&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Los vampiros de Anne Rice siguen ligados a la noche, la transgresi&oacute;n y la sangre, pero ni el ajo, ni las estacas, ni la luz los da&ntilde;an. La autora introduce variaciones con respecto al modelo europeo; del mismo modo, el escenario difiere tambi&eacute;n del paraje donde vive el Conde Dr&aacute;cula: una plantaci&oacute;n del sur de Estados Unidos, que da pie a tratar la cuesti&oacute;n de la esclavitud, las supersticiones y los rituales del lugar. En cierto punto de la historia, los protagonistas viajan a Europa en busca de sus ancestros. All&iacute;, entran en escena otros vampiros, con particularidades diferentes en sus costumbres, como el seductor Armand, que enreda todav&iacute;a m&aacute;s el conflicto amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La principal novedad, con todo, es la &ldquo;humanizaci&oacute;n&rdquo; del vampiro, al menos del reci&eacute;n convertido Louis: a diferencia de Lestat, que se alimenta de sangre humana, lo hace con animales; como har&aacute;n sus hom&oacute;logos de <em>Crep&uacute;sculo</em> (2005), de Stephenie Meyer. Su nueva condici&oacute;n le genera un problema moral: su mente sigue funcionando seg&uacute;n los valores de la sociedad humana, pero el cuerpo, el <em>instinto</em>, lo empuja en una direcci&oacute;n que no le gusta, porque, para &eacute;l, matar sigue siendo un pecado. En su intento por no degradarse, se reprime, pese a la tensi&oacute;n constante en la que vive.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea0e8888-dea2-4d7b-92f9-73fdb3e5fef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lestat haciendo crowdsurfing en la nueva serie de AMC+."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lestat haciendo crowdsurfing en la nueva serie de AMC+.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El hecho de conseguir que los vampiros resulten, adem&aacute;s, sensuales y atractivos, tiene algo que ver con esta dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica: es necesario dotarlos de personalidad, de matices, de sombras, para que fascinen al lector y no sean meros monstruos matarifes. La atracci&oacute;n, los remordimientos, la culpa, la tentaci&oacute;n o el trauma son algunas de las emociones que experimentan, y que hacen del libro una novela llena de pasiones, unas pasiones que tambi&eacute;n despierta &mdash;en un polo u otro: las cr&iacute;ticas nunca fueron un&aacute;nimes&mdash; en los lectores. Y, por supuesto, est&aacute; la erotizaci&oacute;n del vampiro, aqu&iacute; un ser asexuado para el que no existen tab&uacute;s cuando se trata de amar.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;t&oacute;xico&rdquo; se quedar&iacute;a corta si tuvi&eacute;ramos que juzgar el tipo de relaci&oacute;n que establecen los personajes. Buena parte de la pol&eacute;mica que rodea la obra se debe, no en vano, a todas las fronteras que cruza, como el homoerotismo o, incluso, cierta pederastia al introducir el personaje de Claudia, una vampira convertida a los cinco a&ntilde;os, que madura como cualquier mujer pero que mantiene el mismo cuerpo, que no crece ni crecer&aacute;; otro ejemplo del sufrimiento que padecen estos vampiros. Y hay, adem&aacute;s, tri&aacute;ngulos, alianzas entre amantes y tentativas de venganza; todo gira en la corriente de un amor obsesivo, que en un periodo tan largo da tantos giros que el inter&eacute;s del lector no decae.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9624fa21-70dd-4bff-8d73-cfce83e24cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tom Cruise en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tom Cruise en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y, cuando se habla de amor, hay que hablar tambi&eacute;n de soledad. La herida incurable del vampiro, una criatura que se siente tentada por la inmortalidad para luego descubrir que, en la pr&aacute;ctica, trae m&aacute;s desdicha que placer. La naturaleza eterna, adem&aacute;s, frustra sus pretensiones de romper por completo con el otro cuando la situaci&oacute;n no es grata. Y, en otro orden de cosas, los empuja a matar a m&aacute;s humanos, en un intento desesperado por tener compa&ntilde;&iacute;a. El vampiro es, desde esta perspectiva, un ser d&eacute;bil, impulsivo, voluble, con un profundo dolor enquistado imposible de sanar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Entrevista con el vampiro</em> es una novela oscura, porque oscuras eran las circunstancias de la autora cuando la escribi&oacute;: sumida en una grave depresi&oacute;n por la p&eacute;rdida de su hija, el libro, que tuvo su origen en un relato escrito a&ntilde;os antes, fue un refugio y a la vez tuvo un efecto cat&aacute;rtico en ella. De alg&uacute;n modo, su inclinaci&oacute;n por los extremos &mdash;la soledad y el apego enfermizo, la muerte y la pulsi&oacute;n sexual, el amor y la destrucci&oacute;n, la culpa y el castigo, la carnalidad y el esp&iacute;ritu, la lujuria y la moral&mdash; act&uacute;a asimismo sobre el lector como la buena narrativa g&oacute;tica, que a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, de las atm&oacute;sferas l&uacute;gubres, la pasi&oacute;n encendida y los escenarios t&eacute;tricos, canaliza el lado m&aacute;s turbio del ser humano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/efd834af-2f36-4eb8-9ccd-fda32e6ad578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Brad Pitt y Kirsten Dunst en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Brad Pitt y Kirsten Dunst en &#039;Entrevista con el vampiro&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y es que los vampiros, como los zombis, son las criaturas que mejor parecen captar el aire de estos tiempos: seres narcisistas, atractivos en la apariencia y seductores por sus promesas, pero atormentados consigo mismos y chup&oacute;pteros con los dem&aacute;s. La est&eacute;tica s&oacute;rdida de su mundo no deja de ser un reflejo de su alma doliente y p&eacute;rfida, que ejerce tanta fascinaci&oacute;n como miedo. Nadie quiere toparse con un &ldquo;vampiro&rdquo; de carne y hueso, pero disfrutarlo en los mundos de la imaginaci&oacute;n es, nunca mejor dicho, otra historia. Y, adem&aacute;s de las nuevas versiones que llegan a las librer&iacute;as y al cine, esta <em>Entrevista con el vampiro </em>de Anne Rice, convertida ya en todo cl&aacute;sico moderno, sigue siendo una lectura capaz de levantar pasiones entre los lectores, para bien o para mal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bellos-gays-rockeros-lestat-vampiros-anne-rice-rejuvenecieron-mito_1_13278117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="394588" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="394588" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Bellos, gays y rockeros: Lestat y otros vampiros de Anne Rice que rejuvenecieron el mito]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5820a48d-c61e-45e7-96cc-dc4caf27ae2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura de terror,Cine de terror,Series de televisión,Series,Novela,Fantasía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cornelia Funke, la escritora superventas que niega las estadísticas: "No reflejan la sed de libros de los jóvenes"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cornelia-funke-escritora-superventas-niega-estadisticas-no-reflejan-sed-libros-jovenes_1_13279555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8afa8a1b-033e-40e9-b45f-4b6a9fc1f30f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144692.jpg" width="2808" height="1580" alt="Cornelia Funke, la escritora superventas que niega las estadísticas: &quot;No reflejan la sed de libros de los jóvenes&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora alemana regresa al universo de 'Mundo de tinta' con la cuarta entrega de la saga. "Me impresiona la política progresista de España", aplaude en su visita a Madrid para presentar el libro</p><p class="subtitle">El negocio del ‘guardacolas’ en los conciertos de Bad Bunny: dos jóvenes se pegan el madrugón a diez euros la hora
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No solo el momento actual es peligroso, siempre hemos tenido que luchar por el poder de las palabras&rdquo;. Cornelia Funke lleva haci&eacute;ndolo d&eacute;cadas a trav&eacute;s de sus libros, con sagas convertidas en fen&oacute;menos como <em>Mundo de Tinta, Reckless</em> y <em>El jinete de drag&oacute;n</em>. A la primera acaba de regresar con su cuarta entrega, <em>Venganza de Tinta </em>(Ediciones Siruela), en la que se ha reencontrado con personajes como Dedo Polvoriento y el Pr&iacute;ncipe Negro, con una novela en la que la capacidad transformadora de la lengua vuelve a ser la gran protagonista. La escritora alemana ha visitado <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/agenda/guia-util-feria-libro-2026-madrid-fechas-horarios-casetas-firmas-destacadas-jornada_1_13243057.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Madrid</a> para presentar el volumen, que es tambi&eacute;n una reivindicaci&oacute;n del p&uacute;blico que la ha convertido en una autora superventas, los j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Coraz&oacute;n de tinta</em>, el primer t&iacute;tulo de la serie, se public&oacute; en 2003, &eacute;poca en la que ya pensaba que el mundo era &ldquo;un lugar peligroso&rdquo;. &ldquo;No solamente lo es el momento actual. Siempre hemos tenido que luchar por el poder de la palabra&rdquo;, recuerda al tiempo que considera que lo que s&iacute; ha cambiado, es que ahora lo ve con &ldquo;m&aacute;s claridad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando escrib&iacute; los otros libros hab&iacute;a mucha oscuridad en otras partes del mundo, lo que pasa es que ahora est&aacute; m&aacute;s cerca de nosotros. Quiz&aacute;s por eso lo vemos mejor&rdquo;, plantea. La autora lamenta que hasta ahora haya imperado la &ldquo;visi&oacute;n blanca del mundo&rdquo; y celebra: &ldquo;Me alegra que nos hayamos quitado las gafas que nos imped&iacute;an ver el mundo tal y como era y ser capaces de ver lo que hemos hecho. El colonialismo viene de Europa. Gracias a haber vivido en Estados Unidos he podido entender que muchas de las mal&iacute;simas ideas que hay all&iacute;, en realidad vienen de aqu&iacute;&rdquo;, reconoce. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entiendo mejor los monstruos de Europa porque nac&iacute; en Europa, y son terribles&rdquo;, a&ntilde;ade. Funke, que naci&oacute; en Alemania, vivi&oacute; durante a&ntilde;os en California y lleva desde 2018 en la Toscana, donde desarrolla el programa Artist un Residence, una iniciativa en la que une a escritores, ilustradores, m&uacute;sicos y ambientalistas para que puedan llevar a cabo sus proyectos. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d117379f-3e4d-4b59-b154-31e95d3554d2_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Me mud&eacute; a Italia cuando ten&iacute;an un Gobierno socialista y ahora tenemos a <a href="https://www.eldiario.es/opinion/giorgia-meloni-si-no-gustan-principios-final_129_13104352.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Meloni</a>. No creo que sea tan mala como <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/trump-echa-cabezadita-medio-conferencia-despacho-oval_132_13278066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Trump</a>, pero me impresiona mucho la pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a&rdquo;, compara, &ldquo;c&oacute;mo est&aacute;n abiertos a la inmigraci&oacute;n o la situaci&oacute;n del feminismo. Espa&ntilde;a es el pa&iacute;s m&aacute;s progresista de Europa, es esperanzador c&oacute;mo no est&aacute;n volviendo a las viejas costumbres&rdquo;. &ldquo;No estamos en un momento en el que tengamos que tener miedo a nuestras palabras. Tenemos que defender nuestros valores. Soy alemana y s&eacute; muy buen c&oacute;mo se pueden perder. No hace falta que se repita la historia&rdquo;, advierte. Y en este contexto, Funke es una ferviente defensora del papel que juega la literatura para empujar y dar esperanza a la sociedad.
    </p><h2 class="article-text">La literatura como &ldquo;consuelo&rdquo; y &ldquo;refugio&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La autora comparte que desde su propia experiencia, recibe mensajes a trav&eacute;s de redes sociales, entre los que apareci&oacute; un joven de quince a&ntilde;os al que acababan de diagnosticar c&aacute;ncer y le agradec&iacute;a que encontraba &ldquo;consuelo&rdquo; en sus novelas. &ldquo;Mis lectores me han ense&ntilde;ado que en mis palabras han encontrado refugio. Ahora que tengo la edad que tengo, 67 a&ntilde;os, me he dado cuenta de lo dif&iacute;cil que puede ser el mundo y lo complicado que es ser humano&rdquo;, reflexiona antes de reivindicar que &ldquo;contar historias es una de las tareas m&aacute;s importantes del mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La escritora revisit&oacute; las tres primeras entregas de <em>Mundo de Tinta</em> mientras planteaba la cuarta, tras crear su propio sello de audiolibros con el que ha iniciado el lanzamiento en castellano de sus sagas; y escucharlo le hizo darse cuenta de que hab&iacute;a olvidado muchas cosas: &ldquo;Hab&iacute;a entrado en caminos muy oscuros dentro del universo de Tinta, y pens&eacute; que quiz&aacute;s pod&iacute;a aportar algo de luz con esta nueva historia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Cr&iacute;tica hacia J.K. Rowling</h2><p class="article-text">
        Al citar a autoras superventas de literatura fant&aacute;stica juvenil, Cornelia Funke comparte ranking con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/j-k-rowling-dice-emma-watson-ignorante-desacuerdo-trans_1_12641942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J.K. Rowling</a> que, m&aacute;s all&aacute; del &eacute;xito de <em>Harry Potter</em>, lleva a&ntilde;os siendo foco de atenci&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/emma-watson-habla-primera-vez-publicamente-disputas-j-k-rowling-acerca-personas-trans_1_12633341.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde que expresara p&uacute;blicamente</a> que, para ella, las mujeres trans no son mujeres. Postura que la escritora alemana rechaza por completo. &ldquo;Me molesta mucho que me comparen con J.K. Rowling, especialmente por sus opiniones sobre las personas transg&eacute;nero. Estoy en shock porque no entiendo c&oacute;mo puede rechazar a tantos lectores, es una traici&oacute;n hacia ellos&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me molesta que me comparen con  JK Rowling por su transfobia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cornelia Funke</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La autora comparte que su hija tambi&eacute;n fue una de las miles de seguidoras de los libros de <em>Harry Potter</em>, y precisamente por ello no comprende que &ldquo;rechace as&iacute; a sus lectores, ver que es capaz de decir algunas cosas&rdquo;. &ldquo;No quiero que me comparen con J.K. Rowling&rdquo;, zanja. 
    </p><h2 class="article-text">Sed insaciable por la literatura</h2><p class="article-text">
        Quienes considera que no han cambiado desde que comenzara su carrera literaria es su p&uacute;blico. &ldquo;Es sorprendente porque yo ya tengo una edad, y pensaba que lo natural ser&iacute;a haber pasado de moda, pero est&aacute; siendo lo opuesto. A mis 67 estoy en la c&uacute;spide de mi carrera&rdquo;, celebra la autora, que pese a que conoce &ldquo;los datos&rdquo; respecto a los h&aacute;bitos de lectura, preocupantes entre los j&oacute;venes, opina que estos no coinciden con lo que posteriormente encuentra en sus lectores: &ldquo;Lo que yo siento no es lo que reflejan las estad&iacute;sticas. No muestran su sed de libros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En mi experiencia siento que hay la misma pasi&oacute;n, la misma devoci&oacute;n por los libros. Hay muchos blogueros j&oacute;venes, en Instagram, tiktokers, creadores de contenido que hablan de libros. Y escritores. Seguramente se escribe m&aacute;s de lo que se habla&rdquo;, indica para defender que &ldquo;la palabra est&aacute; en un momento muy potente hoy en d&iacute;a&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144676.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144676.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144676.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144676.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144676.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144676.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/61fe4d3f-20e3-4584-be07-fdcfdc5dccc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144676.jpg"
                    alt="La escritora alemana Cornelia Funke publica &#039;Venganza de Tinta&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora alemana Cornelia Funke publica &#039;Venganza de Tinta&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La escritora explica a su vez que las novelas tienen que tener cabida a todos los temas posibles, y que independientemente de la edad para la que est&eacute;n planteadas, no debe haber un ejercicio de autocensura en cuanto a qu&eacute; abordar &ldquo;porque no lo vaya a entender algo, sino por lo que les pueda aburrir&rdquo;. En su caso, independientemente de si las obras son escritas o ilustradas, si el objetivo es que llegue a ni&ntilde;os de tres a&ntilde;os, aborda asuntos que vayan a ser de su inter&eacute;s, que &ldquo;quiz&aacute;s no pasan por matrimonios dif&iacute;ciles o el amor rom&aacute;ntico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si escribo <em>El jinete del drag&oacute;n</em> tengo en mi cabeza a los ni&ntilde;os diez a&ntilde;os, por lo que me centro m&aacute;s en la aventura y no tanto en de qui&eacute;n se enamoran los personajes. Y si escribo <em>Reckless, </em>que es para adultos, s&iacute; que todo gira en torno al amor&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no tiene en cuenta el sentarse a escribir es en &ldquo;el mensaje o la met&aacute;fora&rdquo; que puedan ir impl&iacute;citos en sus textos: &ldquo;Si los hay, es una decisi&oacute;n que toma la propia historia. Por supuesto que pienso en mi tiempo y el estado actual del mundo. Si soy buena narradora, la historia va a ser un espejo. Puedo aportar lo que experimento cada d&iacute;a pero la historia tiene que tener vida propia, sino ser&iacute;a una herramienta y no quiero que sea as&iacute;&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Sin temor a la IA</h2><p class="article-text">
        Cornelia Funke ha convivido igualmente con la irrupci&oacute;n de la inteligencia artificial y su consecuente influencia en la industria editorial, aunque no la teme. La alemana valora que la &ldquo;primera ventaja&rdquo; que tienen los escritores es &ldquo;la propia experiencia humana&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No me parece que la IA esté siendo peor que nosotros, puede que acabe hasta acabe teniendo más moral</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cornelia Funke</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos hechos de carne y hueso. Tenemos un tipo de dolor y de alegr&iacute;a distintos. Y s&iacute;, hemos creado la IA, no podemos culpar al mundo por ello. Es verdad que el mundo ha creado bestias salvajes y enfermedades que nos pueden matar. Muchos escritores nos advirtieron en el pasado de lo que pasar&iacute;a, nuestra especie nos ha ense&ntilde;ado que siempre que podemos hacer algo, acabamos haci&eacute;ndolo. &iquest;Podemos construir una bomba? Lo acabamos haciendo&rdquo;, critica. 
    </p><p class="article-text">
        La autora lamenta que las personas &ldquo;nos creamos por encima de las dem&aacute;s especies&rdquo;: &ldquo;Va a suponer nuestra ca&iacute;da si no nos metemos en la cabeza que no somos mejores que el resto, simplemente somos diferentes. Por ahora no me parece que la IA est&eacute; siendo peor que nosotros, puede que hasta acabe teniendo m&aacute;s moral que nosotros&rdquo;. Funke insiste en que &ldquo;no hay que temerla porque el miedo no lleva a ning&uacute;n sitio&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cornelia-funke-escritora-superventas-niega-estadisticas-no-reflejan-sed-libros-jovenes_1_13279555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 20:29:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8afa8a1b-033e-40e9-b45f-4b6a9fc1f30f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144692.jpg" length="2179321" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8afa8a1b-033e-40e9-b45f-4b6a9fc1f30f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144692.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2179321" width="2808" height="1580"/>
      <media:title><![CDATA[Cornelia Funke, la escritora superventas que niega las estadísticas: "No reflejan la sed de libros de los jóvenes"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8afa8a1b-033e-40e9-b45f-4b6a9fc1f30f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144692.jpg" width="2808" height="1580"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura fantástica,Literatura juvenil,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" width="1200" height="675" alt="Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor francés rehúye las entrevistas y las fotografías, no ha dejado que la obtención del galardón más prestigioso de la literatura le desvíe de su camino</p><p class="subtitle">Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal</p></div><p class="article-text">
        Hay escritores que parecen escribir siempre el mismo libro, como si cada nuevo intento fuera un paso m&aacute;s hacia esa obra maestra que (casi) todo autor aspira a escribir. O, m&aacute;s bien, como si su relaci&oacute;n con la literatura fuera inseparable de una determinada materia, de un universo literario que condensa las obsesiones de su creador, y que suele tener sus ra&iacute;ces en la memoria de quien escribe. En el fondo, la obra maestra no es tanto un t&iacute;tulo en particular como el conjunto que conforman todos sus trabajos, del primero al &uacute;ltimo. Porque cada uno se acerca al misterio desde un &aacute;ngulo distinto: el escritor se convierte en una suerte de cineasta que, c&aacute;mara en mano, se acerca y se aleja del objetivo, tantea, da vueltas, crea efectos visuales, corre, va despacio, se marea. 
    </p><p class="article-text">
        El objetivo siempre es el mismo, y quien lo graba tambi&eacute;n; lo &uacute;nico que cambia es la perspectiva, que juega con la luz y la sombra, reflejo de la inexactitud de esa memoria-fuente de donde brota todo. El escritor teje diferentes relatos que dialogan entre ellos, que van encajando como piezas de un rompecabezas que conforma una imagen siempre incompleta de s&iacute; mismo. A ese tipo de autor, o se le ama o se le odia. Es comprensible: o cada nueva incursi&oacute;n en su obra es un regreso a un territorio, un lenguaje, que el lector percibe como propios, que ha hecho suyos; o bien son diferentes accesos a un laberinto del que no se halla la salida porque no entiende las indicaciones.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), flamante <a href="https://www.eldiario.es/cultura/patrick-modiano-nobel-literatura_1_4598712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ganador del Premio Nobel de Literatura 2014</a>, en una decisi&oacute;n que gener&oacute; bastante consenso entre cr&iacute;tica y lectores, pertenece a esa estirpe de literatos. En su caso, sus temas gravitan en torno al Par&iacute;s de mediados del siglo XX, desde la Ocupaci&oacute;n alemana &ndash;que &eacute;l no conoci&oacute;, pero que explora porque ese fue el Par&iacute;s donde se conocieron sus padres&ndash; a los a&ntilde;os sesenta, la &eacute;poca de su juventud; la figura del padre, rodeada de preguntas; y, por extensi&oacute;n, los personajes marginales de ese pasado, que emergen como espectros que el narrador trata de interrogar sin llegar a conocerlos nunca del todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/46def886-51e1-484a-b4a5-196f36eef025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Anuncio del Premio Nobel de Literatura 2014"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Anuncio del Premio Nobel de Literatura 2014                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esos motivos literarios son el medio por el que canaliza su b&uacute;squeda de identidad, la del autor-narrador, porque el protagonista suele ser un <em>alter ego</em> que, a partir de un hallazgo o un encuentro, comienza a excavar en la memoria, no con el rigor del documentalista, sino con la cualidad personal del escritor literario, ese ejercicio en el que los recuerdos se funden con el sue&ntilde;o, la imaginaci&oacute;n y la ilusi&oacute;n. Gracias a esta confluencia, Modiano ha (re)creado un Par&iacute;s &uacute;nico, de atm&oacute;sfera <em>noir</em>, con la elegancia del cine cl&aacute;sico, donde la investigaci&oacute;n detectivesca no es sino un pretexto para ir al encuentro de esa b&uacute;squeda de identidad que, al final, es la b&uacute;squeda de identidad colectiva, de una sociedad, de un tiempo, de un lugar; de un mundo que fue y, de alg&uacute;n modo, forma parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Como suele sucederles a los autores distinguidos por la Academia Sueca, los libros que escriben tras recibir el galard&oacute;n no llegan a contarse entre los m&aacute;s emblem&aacute;ticos de su trayectoria, a pesar de la atenci&oacute;n medi&aacute;tica que genera cada nuevo lanzamiento suyo. Como si, cuando se logra el Nobel, ya estuviera todo hecho, los t&iacute;tulos destacados de su carrera se repiten un art&iacute;culo tras otro: la <em>Trilog&iacute;a de la Ocupaci&oacute;n</em> (1968-1972), <em>Calle de las tiendas oscuras</em> (1978), <em>Dora Bruder</em> (1997), <em>Un pedigr&iacute;</em> (2005), <em>En el caf&eacute; de la juventud perdida</em> (2007). Y, aunque tal vez merezcan ese honor; el autor no termina ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos escritores admiten que el Premio Nobel los bloque&oacute;, que escribir ya no volvi&oacute; a ser lo mismo, por no hablar de una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica: Abdulrazak Gurnah, distinguido en 2021, dijo que fue tal la atenci&oacute;n recibida (petici&oacute;n de entrevistas, conferencias, etc.) que durante meses las obligaciones derivadas de la literatura le robaron el tiempo para escribir. Claro que Modiano no tiene ese problema, porque siempre ha sido, como sus personajes, un tanto esquivo: no hace viajes de promoci&oacute;n y apenas concede entrevistas. T&iacute;mido y discreto, ir a Estocolmo para recoger el premio fue toda una haza&ntilde;a para &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6a14a4dc-d395-411c-96e5-268f7959c4d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Patrick Modiano posa con la medalla y el diploma de durante la ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre de 2014"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Patrick Modiano posa con la medalla y el diploma de durante la ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre de 2014                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El lugar natural de un escritor no es otro que su escritorio, y a este ha permanecido fiel Modiano todos estos a&ntilde;os. La proyecci&oacute;n mundial del Nobel no lo nubl&oacute;, porque hab&iacute;a algo m&aacute;s fuerte que los <em>flashes:</em> su compromiso con la literatura, su voluntad de escribir, de continuar expandiendo ese universo de sombras y extra&ntilde;amiento de su literatura, esas circunvalaciones por el pasado que en el fondo son caminos para descubrirse a s&iacute; mismo y a quienes lo rodean. Comenz&oacute; a escribir (y a publicar) tan joven &ndash;ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os cuando vio la luz <em>El lugar de la estrella</em> (1968)&ndash; que no concibe vivir sin hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2014, a&ntilde;o de la concesi&oacute;n del Nobel, ha publicado cinco libros, que Anagrama edita en castellano a buen ritmo, y siempre de la mano de la traductora Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia, que es una garant&iacute;a de buen hacer en s&iacute; misma <em>(La bailarina</em> ha sido traducida al catal&aacute;n por Merc&egrave; Ubach). Apenas unos d&iacute;as antes del fallo del premio, se public&oacute; la edici&oacute;n en franc&eacute;s de <em>Para que no te pierdas en el barrio</em>, que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a al a&ntilde;o siguiente: este texto es un concentrado de Modiano en estado puro, con su <em>alter ego</em> Jean como protagonista, un escritor que, a partir de un encuentro, comienza a divagar, rebuscando en el pasado de ese hombre, tratando de evocar im&aacute;genes de un mundo que ya no existe.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/446ff92b-3c4a-451d-9bdf-bded5eea759f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Luego vino <em>Recuerdos durmientes</em> (2017), una exploraci&oacute;n de las relaciones de un joven introvertido con seis mujeres durante los a&ntilde;os sesenta en Par&iacute;s. El t&iacute;tulo resume bien su concepci&oacute;n del hecho literario: a ra&iacute;z de un encuentro o un hallazgo fortuito, se desvela algo que permanec&iacute;a dormido, y ese es el billete para volver a adentrarse en la memoria. En <em>Tinta simp&aacute;tica</em> (2019), vuelve a ser una mujer el objetivo de sus pesquisas, esta vez motivadas por el encargo de una agencia de detectives. <em>Chevreuse</em> (2021) lleva a Jean a un lugar, a la casa donde creci&oacute;, y, de ah&iacute;, a esas zonas borrosas que solo vio de refil&oacute;n, a los misterios del hogar y de quienes lo habitan.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4b46d8ff-1a03-4954-bc67-ab26857a16fa_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El pasado mayo se ha publicado en castellano y catal&aacute;n <em>La bailarina</em> (2023), otro ejemplo de Modiano en estado puro: el narrador, un hombre enamorado de una bailarina, se acerca a ese mundo en el Par&iacute;s de los a&ntilde;os sesenta. La danza, la disciplina, la vida de entrega y sacrificio de la mujer por consagraci&oacute;n a un arte; pero tambi&eacute;n, y sobre todo, la evocaci&oacute;n de un ayer que dej&oacute; cicatrices, de los locales nocturnos, de los pasajes fr&iacute;os y oscuros. Como en todas sus novelas, estos viajes por el pasado devienen una forma de interrogarse c&oacute;mo vivir, c&oacute;mo seguir viviendo en el presente, con esas heridas que a&uacute;n escuecen.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9232cd3c-e574-4466-b508-e059a8348e6e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En 2025 se public&oacute; <em>70 bis, entr&eacute;e des artistes</em>, un libro escrito junto al m&uacute;sico Christian Mazzalai en el que el hallazgo de una caja de recuerdos (fotograf&iacute;as, cartas, anuncios y otros documentos a&ntilde;ejos) impulsa la investigaci&oacute;n de un edificio de Montparnasse por el que se cruzaron artistas, diletantes y bohemios de toda &iacute;ndole. Modiano se convierte en un arque&oacute;logo de la memoria que no aspira a la exactitud ni a comprenderlo todo, sino a seguir interrog&aacute;ndose, como el poeta so&ntilde;ador en su eterna exploraci&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que el proyecto le entusiasmara: le dio la oportunidad de hacer algo nuevo sin dejar de hacer lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Modiano, aun apoy&aacute;ndose a menudo en los planteamientos del g&eacute;nero polic&iacute;aco, se sabe llevar esa b&uacute;squeda a su terreno, porque, m&aacute;s que esclarecer un misterio, lo suyo va de seguir dando vueltas en torno a &eacute;l, como el <em>fl&acirc;neur</em> que no se cansa de pasear aunque las calles est&eacute;n a oscuras y no distinga los rostros, apenas las siluetas. Con estos mimbres, el autor logra acercarse a una verdad m&aacute;s profunda que cualquier explicaci&oacute;n concreta; eso es, ni m&aacute;s ni menos, que la literatura.
    </p><p class="article-text">
        El lector que le perdiera la pista tras el Nobel puede regresar a &eacute;l tranquilo: Modiano ha seguido su rumbo, sin perder fuelle. Todas sus novelas, las de hoy como las de ayer, son puertas de acceso a ese Par&iacute;s de la juventud perdida, tierra de fantasmas y h&eacute;roes ca&iacute;dos. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/diez-lecciones-henry-david-thoreau-vivir-mejor-siglo-xxi-bueno-salvaje_1_12682066.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry David Thoreau</a> dec&iacute;a que lo m&aacute;s importante, en la vida, es comportarse de forma coherente con respecto a los principios propios. En ese sentido, Modiano ha cumplido a rajatabla: ha seguido vagando por la memoria, y ha creado un lugar que los lectores han hecho suyo, un lugar seguro. Ya pueden venir modas, pol&eacute;micas, ruido, envidias y otras hierbas del c&iacute;rculo literario; pase lo que pase, &eacute;l seguir&aacute; ah&iacute;, faro de solitarios errantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/patrick-modiano-despues-premio-nobel-escritor-fiel-si_1_13272480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" length="1808319" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1808319" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dde71edc-e5aa-4ffd-8890-0c71be115737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1809y777.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nobel de Literatura,Premios Nobel,Literatura,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura como refugio contra la “agresividad de la frontera”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/literatura-refugio-agresividad-frontera_1_13268000.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3f1121e-6681-48fe-9181-83e8b933c9b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La literatura como refugio contra la “agresividad de la frontera”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la Feria del Libro de Madrid se han reconocido los relatos escritos por migrantes en una convocatoria impulsada por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado</p><p class="subtitle">La exposición que repara la ausencia de arte sobre el dolor de las mujeres: “Lo hay en torno a las heridas de guerra y merece la misma atención”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A veces el deseo m&aacute;s grande no es cambiar el futuro, sino volver por un momento al pasado y vivir otra vez lo m&aacute;s querido&rdquo;. Se trata de una reflexi&oacute;n que ha acompa&ntilde;ado a Hanna Babylko desde que llegara a Espa&ntilde;a en 2024. La joven, de 25 a&ntilde;os, reside en Tenerife despu&eacute;s de haber tenido que abandonar Ucrania por la invasi&oacute;n rusa. Lo hizo vi&eacute;ndose obligada a separarse de su familia y, por ende, dejando toda su vida atr&aacute;s. &ldquo;Al principio fue muy dif&iacute;cil. Estaba sola, sin amigos. No conoc&iacute;a a nadie aqu&iacute;&rdquo;, confiesa a elDiario.es. Sin embargo, aunque la adaptaci&oacute;n fue complicada, pronto encontrar&iacute;a una v&iacute;a que le servir&iacute;a de apoyo: las palabras.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que no conoc&iacute;a mucho del idioma a su llegada, Babylko ha encontrado un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amparo tan valioso en la literatura</a> que la ha llevado a convertirse en una de las ganadoras del concurso de relatos cortos de la Comisi&oacute;n Espa&ntilde;ola de Ayuda al Refugiado. Su propuesta, <em>El d&iacute;a que volver a verla</em>, no solo muestra sus logros con respecto al aprendizaje del espa&ntilde;ol, pues tambi&eacute;n pone en evidencia c&oacute;mo se puede encontrar <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/unai-sordo-ficcion-trabajo-secundario-historias-comienzan-volver-casa_1_13251470.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">compa&ntilde;&iacute;a a trav&eacute;s de las historias</a>. &ldquo;Nunca hab&iacute;a escrito, era mi primera vez&rdquo;, reconoce la joven, que considera que haber dado el paso a hacerlo ha sido &ldquo;muy importante&rdquo;. &ldquo;A trav&eacute;s de los relatos podemos decir todos los sentimientos que guardamos en el alma&rdquo;, a&ntilde;ade. La entrega de premios se ha celebrado en la Biblioteca P&uacute;blica Eugenio Tr&iacute;as, en el marco de la Feria del Libro de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que ahora tiene lejos a su familia, Hanna Babylko ha decidido homenajearla sobre el papel, acord&aacute;ndose especialmente de su abuela. &ldquo;La perd&iacute; cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os y me gustar&iacute;a mucho poder hablar con ella. Usar la escritura para recordar el tiempo que pasaba con ella en la infancia me da calor y cari&ntilde;o&rdquo;, explica la joven. &ldquo;Me da seguridad y apoyo porque ella siempre estaba ah&iacute; para m&iacute;&rdquo;, agrega sobre la importancia de aludir a la infancia. Es algo que, adem&aacute;s, expresa en su relato, protagonizado por el personaje de Anna. &ldquo;Quer&iacute;a recordar cada detalle: su voz, sus manos, su sonrisa, c&oacute;mo caminaba. Cada minuto era precioso&rdquo;, escribe. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144395.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144395.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144395.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144395.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144395.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144395.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ff54a49b-eee7-41f6-8df0-02e55e91a49d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144395.jpg"
                    alt="Hanna Babylko y Mamadou Wague, en la Feria del Libro de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Hanna Babylko y Mamadou Wague, en la Feria del Libro de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Por su parte, Mamadou Wague tambi&eacute;n recurre a la literatura para mantener presente a su familia, inspir&aacute;ndose en este caso en su abuelo. El autor, de 26 a&ntilde;os, vive en Sevilla desde 2025, pues tuvo que irse de Mal&iacute; por razones de seguridad. Esto lo oblig&oacute; irremediablemente a aprender a estar a tanta distancia de sus seres queridos. &ldquo;Me gustar&iacute;a estar con mi familia, pero la situaci&oacute;n nos lo est&aacute; impidiendo y hay que aceptarlo&rdquo;, declara a este peri&oacute;dico, se&ntilde;alando que &ldquo;no es f&aacute;cil&rdquo; pero celebrando que existan personas que lo hayan ayudado en su nueva vida en el pa&iacute;s. &ldquo;Me encanta aprender siempre&rdquo;, indica sobre su inter&eacute;s por la literatura desde el primer d&iacute;a que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        En tanto que Hanna Babylko ha sido la ganadora de relato en la categor&iacute;a intermedia, Wague ha hecho lo propio en la modalidad avanzada. Su texto, titulado <em>Aissata y el r&iacute;o seco,</em> aborda el &ldquo;esfuerzo&rdquo; y la &ldquo;convivencia&rdquo;. Son dos palabras que constantemente le ense&ntilde;aba su abuelo cuando era un ni&ntilde;o y que se han vuelto todav&iacute;a m&aacute;s significativas cuando mira todo con perspectiva desde el presente. La historia, de hecho, est&aacute; inspirada en todo aquello que le contaba su abuela durante la infancia. &ldquo;En este momento s&eacute; que &eacute;l estar&iacute;a orgulloso de m&iacute;, porque he podido contar ese relato que &eacute;l no pudo&rdquo;, apunta. &ldquo;Es una oportunidad para hablar y exponer lo que sentimos&rdquo;, afirma.
    </p><h2 class="article-text">La necesidad de mantener las puertas abiertas</h2><p class="article-text">
        El acto de entrega de premios del certamen ha contado como invitado con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/garcia-montero-critica-rae-manos-experto-llevar-negocios_1_12669804.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Garc&iacute;a Montero</a>, director del Instituto Cervantes. &ldquo;Estamos en una sociedad en la que es muy importante ir quit&aacute;ndole agresividad a la frontera. Tenemos que ir conoci&eacute;ndonos a nosotros mismos, pero sabiendo que en ese nosotros las puertas est&aacute;n abiertas y que cualquier intento de cerrarla es un intento que va contra la dignidad humana&rdquo;, ha comentado, detallando que &ldquo;la literatura es mucho m&aacute;s que un diccionario&rdquo;. &ldquo;La literatura reconoce todo lo que cabe en las palabras: nuestros valores, nuestros recuerdos, nuestros sentimientos y nuestro compromiso con el mundo&rdquo;, ha a&ntilde;adido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_50p_1144398.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_50p_1144398.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_75p_1144398.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_75p_1144398.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_default_1144398.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_default_1144398.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6cda2e0d-bbcf-4613-a5e5-769f815914fb_16-9-aspect-ratio_default_1144398.jpg"
                    alt="Mamadou Wague lee su relato"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Mamadou Wague lee su relato                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Luis Garc&iacute;a Montero ha abogado a la relevancia de &ldquo;comprender la diferencia que hay entre la propia soledad y el aislamiento&rdquo;: &ldquo;Cuando aprendemos a meditar lo que cabe en nuestra palabra, sabemos que no estamos aislados porque las palabras nos abren las puertas y las ventanas. Son un di&aacute;logo con el mundo, con la otra realidad&rdquo;. Este ha apuntado que cuando se viven &ldquo;situaciones de desarraigo&rdquo;, es necesario &ldquo;determinar las din&aacute;micas y poder participar o desarrollarse en otra lengua&rdquo;. &ldquo;No se trata de olvidarnos de nosotros mismos, sino tambi&eacute;n de sentirnos incluidos en un nosotros m&aacute;s abierto, distinto&rdquo;, ha alegado.
    </p><p class="article-text">
        El director del Instituto Cervantes ha argumentado que es &ldquo;muy importante&rdquo; que haya proyectos como este que inviten a aquellas personas que no han tenido el espa&ntilde;ol como lengua materna a escribir en espa&ntilde;ol y sentirse acogidos e integrados en la nueva realidad que viven. Por su parte, Carlos Berzosa, presidente de CEAR, agradece a los profesores &ldquo;el esfuerzo que supone ense&ntilde;ar el idioma&rdquo;. &ldquo;Hay muchos escritores catalanes que aprendieron a hablar catal&aacute;n en su casa, pero les cuesta escribir en catal&aacute;n porque no lo estudiaron durante la &eacute;poca en la que estaba prohibido estudiarlo en Espa&ntilde;a por la dictadura&rdquo;, ha declarado.
    </p><p class="article-text">
        Carmen Ruiz, coordinadora estatal del &aacute;rea de Inclusi&oacute;n de CEAR, ha aseverado que &ldquo;aprender el idioma no es &uacute;nicamente aprender vocabulario, gram&aacute;tica o pronunciaci&oacute;n&rdquo;, sino que &ldquo;aprender una lengua nueva es tambi&eacute;n ganar autonom&iacute;a, poder expresar lo que se necesita, defender tus derechos, crear v&iacute;nculos y empezar, sobre todo, a construir un lugar propio en la nueva sociedad de acogida&rdquo;. Asimismo, Ruiz ha reivindicado el concurso porque &ldquo;convierte el aprendizaje del idioma en una experiencia creativa, emocional y colectiva&rdquo;: &ldquo;Cada relato nos recuerda que detr&aacute;s de cada proceso de aprendizaje hay una vida, una trayectoria, una p&eacute;rdida o una esperanza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/literatura-refugio-agresividad-frontera_1_13268000.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 17:04:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b3f1121e-6681-48fe-9181-83e8b933c9b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2318498" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b3f1121e-6681-48fe-9181-83e8b933c9b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2318498" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La literatura como refugio contra la “agresividad de la frontera”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b3f1121e-6681-48fe-9181-83e8b933c9b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Relato corto,Feria del Libro,Migraciones,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" width="1080" height="608" alt="Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘El volumen del tiempo’ es el proyecto narrativo de esta autora danesa compuesto por siete volúmenes que explora algunos de los conflictos existenciales más acuciantes de nuestra sociedad</p><p class="subtitle">Entrevista - Teo Lucadamo: “Claro que hay música para fascistas, los conciertos de esa peña son mítines de Vox”</p></div><p class="article-text">
        No ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que, m&aacute;s pronto que tarde, el Premio Nobel de Literatura volviera a recaer, despu&eacute;s de distinguir al noruego <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/leer-jon-fosse-premio-nobel-puntos-aparte_1_10573378.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jon Fosse</a> en 2023, en un escritor n&oacute;rdico, y no porque los suecos tengan predilecci&oacute;n por sus vecinos: autores como la islandesa Au&eth;ur Ava &Oacute;lafsd&oacute;ttir, la finesa Sofi Oksanen, la danesa Kristen Thorup y los noruegos Vigdis Hjorth, Karl Ove Knausg&aring;rd y Per Petterson llevan a&ntilde;os acumulando m&eacute;ritos. Y, a ellos, hay que sumarles otro nombre, el de la danesa que est&aacute; escribiendo uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la actualidad, una obra con potencial para hacer historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> es el nombre con el que la Solvej Balle (Bovrup, S&oslash;nderjylland, 1962) ha bautizado su ciclo narrativo en curso, del que est&aacute;n previstos siete tomos. En dan&eacute;s, comenzaron a editarse en 2020, y en 2025 ya se hab&iacute;an publicado seis; mientras que en Espa&ntilde;a disponemos por ahora de los tres primeros, publicados por Anagrama con traducci&oacute;n al castellano de Victoria Alonso y al catal&aacute;n de Maria Rosich. Solvej Balle ya ten&iacute;a una trayectoria a sus espaldas cuando comenz&oacute; a escribirlo, pero ha sido este proyecto el que le ha permitido consagrarse y darse a conocer a nivel internacional. Entre los reconocimientos que ha recibido, destacan el Premio de Literatura del Consejo N&oacute;rdico 2022 y, por su traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, la nominaci&oacute;n al Premio Booker 2025.
    </p><p class="article-text">
        Una obra literaria de esta magnitud suele acaparar la atenci&oacute;n de inmediato; al fin y al cabo, su creadora est&aacute; dedicando una parte sustancial de sus a&ntilde;os a ella &ndash;incluso cuando los vol&uacute;menes no son demasiado extensos: estos tienen en torno a doscientas p&aacute;ginas&ndash;, por lo que se tiende a pensar que, como m&iacute;nimo, algo tendr&aacute;, no ser&aacute; un librito trivial. Ahora bien, amplitud no es sin&oacute;nimo de excelencia: algunos escritores, precisamente, naufragan cuando emprenden &ldquo;la gran novela&rdquo; por un exceso de autoconciencia. Por fortuna, no es el caso de Solvej Balle con <em>El volumen del tiempo</em>.
    </p><h2 class="article-text">Atrapada en el tiempo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Era dieciocho de noviembre por cuarta vez y en aquel momento ya supe que aquel d&iacute;a tampoco iba a permanecer en su recuerdo&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara Selter y su marido Thomas son una pareja de anticuarios especializados en libros ilustrados del siglo XVIII. Durante un viaje de trabajo a Par&iacute;s, ella, que viajaba sola, se hace una peque&ntilde;a quemadura con una estufa de gas. Despu&eacute;s, se acuesta en el hotel con la intenci&oacute;n de continuar su itinerario la pr&oacute;xima jornada. Sin embargo, cuando a la ma&ntilde;ana siguiente se despierta, se da cuenta de que el calendario sigue marcando el mismo d&iacute;a: 18 de noviembre. Ella recuerda que ya ha vivido esa fecha, pero todo se repite. Los dem&aacute;s, los que est&aacute;n a su alrededor, no la han vivido; para ellos, es 18 de noviembre por primera vez, las horas no han transcurrido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d9a5974d-f39f-4d84-8cdb-dee8f7a78e6d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando comienza la narraci&oacute;n, donde nos habla ella misma en primera persona, la protagonista ya lleva m&aacute;s de cien repeticiones de aquel fat&iacute;dico 18 de noviembre, su particular d&iacute;a de la marmota. Ese es el primer acierto de la autora: nos ahorra todo el momento de incredulidad, conocemos a una protagonista ya curtida en lo que ocurre, que ha tenido oportunidades para poner a prueba su situaci&oacute;n y tratar de solucionarla. Sin &eacute;xito, claro: al inicio de la narraci&oacute;n, ha regresado a su casa, donde se instala en la habitaci&oacute;n de invitados, que ha convertido en una especie de b&uacute;nker.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;c&oacute;mo ha llegado hasta ah&iacute;? En un principio, Tara repasa cada paso que dio aquel d&iacute;a, en el que solo detecta dos posibles anomal&iacute;as: el sestercio romano que adquiri&oacute; y la quemadura. Sin embargo, aun introduciendo min&uacute;sculas variaciones &ndash;las que dependen tan solo de ella misma, no de los dem&aacute;s&ndash;, permanece en el bucle. No encuentra la causa, si es que la hay, de modo que no sabe c&oacute;mo actuar, d&oacute;nde hallar la rendija por la que se col&oacute;, si es que se puede hablar en estos t&eacute;rminos. La tragedia es que no existe siquiera un lenguaje con el que referirse a lo que le ocurre; esto solo era algo de ciencia ficci&oacute;n 
    </p><h2 class="article-text">Soledad, envejecimiento, miedo</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Viv&iacute;amos en dos tiempos diferentes, simplemente eso. Eran dos tiempos cuyos m&aacute;rgenes se hab&iacute;an desbordado. Y en alg&uacute;n punto los r&iacute;os se encuentran y corren juntos&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tara es consciente de que, mientras ella permanece atrapada, es probable que el resto de la humanidad est&eacute; <em>avanzando</em>, es decir, que en una suerte de dimensi&oacute;n paralela los d&iacute;as transcurran con normalidad y la gente viva nuevas experiencias. Esa &ldquo;gente&rdquo; incluye su c&iacute;rculo &iacute;ntimo: su marido. La gesti&oacute;n de una pareja en la que sus integrantes no pueden acoplarse es un punto fuerte de este ciclo: de entrada, al ver que por s&iacute; misma no logra revertir la situaci&oacute;n, Tara decide regresar a casa (aunque el 18 de noviembre se repita en el calendario, ella tiene libertad de movimiento para no hacer las mismas acciones que la primera vez) para contarle lo que le ocurre.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/122af901-d44e-4164-b139-ee0445e5a115_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por supuesto, eso implica muchos intentos, porque a la incredulidad esperable se suma la dificultad a&ntilde;adida de tener que repetirle lo mismo durante d&iacute;as, hasta que, por fin, se dan las circunstancias para tramar un plan juntos que la saque del limbo. Solo que &ndash;y se sabe de antemano&ndash; nada da sus frutos; la protagonista sigue en el mismo d&iacute;a. Con todo, estos intentos, y, por extensi&oacute;n, las tensiones emocionales que generan, son lo que nutre la novela: aunque carezca de una acci&oacute;n progresiva al uso, en ese dar vueltas en c&iacute;rculos mantiene la atenci&oacute;n del lector (y tiene m&eacute;rito, dada la vastedad del ciclo).
    </p><p class="article-text">
        Tara se da cuenta de que, a diferencia de las personas con quienes interact&uacute;a, que siguen igual que estaban ese 18 de noviembre original, ella cambia, el cuerpo sigue el curso de la naturaleza: la quemadura se quema, el cabello crece. Hay un momento en el que Tara teme envejecer mientras su marido &ndash;el marido con el que puede interactuar desde su plano&ndash; permanece congelado en la mediana edad. Claro que no hace falta irse al plano f&iacute;sico para temer el distanciamiento entre ellos: si ella se reincorporara al orden natural, se habr&iacute;a perdido tantas vivencias que ser&iacute;a casi como despertar de un coma. No puede compararse con un preso, porque ni siquiera desde la c&aacute;rcel est&aacute;n tan desconectados.
    </p><p class="article-text">
        El miedo a que su marido perciba el desajuste &ndash;los cambios en ella, comportamientos dif&iacute;ciles de justificar incluidos&ndash;, junto con su propia frustraci&oacute;n por no poder disfrutar de su relaci&oacute;n como deber&iacute;a, la conducen a confinarse en ese cuarto. Est&aacute; sola, porque no conoce a nadie que se halle en aquel estado. Como quien no quiere la cosa, Solvej Balle condensa muchos terrores contempor&aacute;neos en este planteamiento imposible: la soledad no deseada; la inseguridad en muchos niveles; la sensaci&oacute;n de vivir como un h&aacute;mster en la rueda, repitiendo d&iacute;a tras d&iacute;a lo mismo sin estar <em>en el presente</em>; la falta de conexi&oacute;n con los dem&aacute;s, pese a encontrarnos rodeados de sus identidades virtuales.
    </p><h2 class="article-text">Entre la supervivencia y la b&uacute;squeda interior</h2><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En lugar de movernos vacilantes, con precauci&oacute;n, en un asombro continuo, vamos por la vida como si nada hubiera pasado, subestimamos lo extraordinario, y el v&eacute;rtigo solo aparece cuando la existencia se muestra como lo que es: inveros&iacute;mil, imprevisible, extraordinaria&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de envejecer, se produce otra evoluci&oacute;n de naturaleza fisiol&oacute;gica: la comida que toma desaparece, lo que implica que los estantes de los supermercados y tiendas se van vaciando a medida que consume. Esto, adem&aacute;s de un problema log&iacute;stico, amenaza su supervivencia, por lo que, a la manera de un Robinson Crusoe, Tara debe convertirse en una superviviente, solo que en una isla tan grande como el planeta Tierra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/50785722-d454-4129-a43d-1fa267bf6e56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Estas dificultades que se van a&ntilde;adiendo a la historia, como el jugador que supera niveles de un videojuego &ndash;otro paralelismo con la realidad&ndash;, o como el viejo juego de las sillas en el que cada vez quedan menos sitios donde sentarse, son esenciales para mantener e incluso incrementar la tensi&oacute;n narrativa; y, cuando hablamos del salto de un libro a otro, el reto se vuelve m&aacute;s importante. La autora consigue algo muy complicado, como es dotar de dinamismo una trama est&aacute;tica: la receta del cambio en la continuidad funciona.
    </p><p class="article-text">
        Y funciona porque va acompa&ntilde;ada de una prosa clara, incisiva y nada proclive al sentimentalismo, ni siquiera al hablar de amor (porque, y esto es todo un acontecimiento en una obra literaria actual, Tara y Thomas se quieren, son un matrimonio bien avenido que no estaba atravesando ninguna crisis aquel 18 de noviembre). Reflexiva, tambi&eacute;n, porque la b&uacute;squeda de Tara tiene mucho de meditaci&oacute;n existencial: parad&oacute;jicamente (o no), ha tenido que pararse el tiempo para que pudiera detenerse a analizar su vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>El volumen del tiempo</em> no puede inscribirse en el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n seg&uacute;n los c&oacute;digos tradicionales, pero es, como las buenas novelas de esta categor&iacute;a, filos&oacute;fica e inquietante, porque interpela de forma directa nuestro presente. Captar ese c&uacute;mulo de malestares y concentrarlos en la peripecia de un solo personaje es otro de sus m&eacute;ritos. Sin duda, hay mucho que decir &ndash;y habr&aacute; m&aacute;s cuando se haya publicado por completo&ndash; de esta obra. De momento, qu&eacute;dense con el nombre de la autora, Solvej Balle, porque ella s&iacute; que tiene un futuro real por vivir, y va a estar lleno de reconocimientos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/solvej-balle-narradora-analiza-vida-atrapada-bucle-temporal_1_13265122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 19:35:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" length="253106" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" type="image/jpeg" fileSize="253106" width="1080" height="608"/>
      <media:title><![CDATA[Solvej Balle, la narradora que analiza la vida atrapada en un bucle temporal]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e9d9a8bc-df60-482b-b02b-f3aa443d88b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144269.jpg" width="1080" height="608"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" width="2366" height="1331" alt="Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La investigadora Urmila Seshagiri encontró una versión de un manuscrito de 1908 desconocida hasta la fecha, que se presenta como una tentativa de primera novela</p><p class="subtitle">Entrevista - Shego: “Si el PP no nos llama para tocar por decir lo que pensamos, qué pena, es lo que hay”
</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos muchas identidades a lo largo de la vida. Por eso hubo un tiempo en el que los genios (a&uacute;n) no eran genios, sino seres humanos corrientes que trabajaban codo con codo para ofrecer lo mejor de s&iacute; mismos al mundo. Por eso, aunque no lo parezca, hubo un tiempo en el que <a href="https://www.eldiario.es/spin/libro-inedito-virginia-woolf-publicado-trabajo-perdido-the-life-of-violet-pm_1_12686873.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> (Londres, 1882 - Sussex, 1941) no era (todav&iacute;a) Virginia Woolf, y no (solo) porque no se hubiera casado con Leonard Woolf, de quien tomar&iacute;a el apellido, sino por hallarse en la fase embrionaria de una escritora en potencia, esto es, la fase de ensayo y error; de escribir sin la expectativa de publicar, tan solo de continuar aprendiendo.
    </p><p class="article-text">
        Urmila Seshagiri, estudiosa de la escritora inglesa, dio por casualidad con el manuscrito de un texto titulado <em>La vida de Violet</em>, conservado en una casa de campo de Wiltshire y fechado en 1908. La Biblioteca P&uacute;blica de Nueva York (NYPL) guardaba un relato con el mismo t&iacute;tulo, pero correspondiente a una versi&oacute;n de 1907. Este primer borrador ya se conoc&iacute;a entre los acad&eacute;micos, y no pasaba de considerarse una composici&oacute;n primeriza. Sin embargo, la edici&oacute;n revisada de 1908 inclu&iacute;a nuevas correcciones que, a juicio de la investigadora, otorgan valor al original y hacen de &eacute;l una obra m&aacute;s acabada.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se public&oacute; por primera vez en ingl&eacute;s, y ahora llega a nuestras librer&iacute;as de la mano de Lumen, en esa misma edici&oacute;n de Urmila Seshagiri y con traducci&oacute;n de Ana Mata Buil. <em>La vida de Violet</em> puede leerse como el embri&oacute;n de una novela, dividida en tres partes que son casi cuentos independientes, vinculados solo por girar en torno a un mismo personaje. Este personaje, precisamente, es lo m&aacute;s revelador de este manuscrito: Violet, una &ldquo;giganta&rdquo; que rompe algo m&aacute;s que las convenciones est&eacute;ticas de su tiempo. Est&aacute; inspirada en Mary Violet Dickinson (1865 - 1948), amiga de la autora (que en efecto med&iacute;a m&aacute;s de un metro ochenta). Se conocieron en 1902, cuando Virginia Woolf ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y todav&iacute;a no hab&iacute;a comenzado a publicar.
    </p><p class="article-text">
        En el primer cap&iacute;tulo, o relato, se narra la llegada al mundo de esta hero&iacute;na tan curiosa y su posterior presentaci&oacute;n en sociedad, que no deja de ser un segundo nacimiento. Pero, lejos de repetir el patr&oacute;n de la comedia de costumbres al uso, la autora &ldquo;revienta&rdquo; todas las convenciones con una voz narrativa burlesca, que a trav&eacute;s de un humor afilado saca punta a los usos de la alta sociedad, y siempre con el foco puesto en la situaci&oacute;n de las mujeres, aunque sin dramatizar. Por ejemplo, escribe: &ldquo;La dama sacudi&oacute; el abanico como un abanico sacudir&iacute;a la trompa, y, en efecto, su posici&oacute;n en el sal&oacute;n de baile era tan se&ntilde;alada que se le permit&iacute;an las libertades que los monos, las ovejas y los burros conceden al Rey de las Bestias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s sugerentes y refinados son los pasajes en los que describe las flores, importantes en la vida de la protagonista (y de la autora, como se refleja en su obra). La segunda parte se titula, precisamente, <em>El jard&iacute;n m&aacute;gico</em>, y lleva a la giganta a otro escenario: &ldquo;Si hay dos cosas que s&eacute; acerca de las damas aristocr&aacute;ticas inglesas, y una es que tienen salud, y la otra que tienen casas en el campo&rdquo;. En esa casa, Violet lee libros y se pierde entre las plantas (no es de extra&ntilde;ar que se entendiera tan bien con Woolf). En un momento dado, deja caer una sentencia que parece un anticipo del ensayo m&aacute;s influyente de la escritora: &ldquo;&ndash;&iquest;No le parece, Violet&hellip;, que ser&iacute;a muy bonito&hellip;? / &ndash;&iquest;Tener una casa propia? &iexcl;S&iacute;, mi querida se&ntilde;ora!&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2ba299d1-21a3-46d6-b707-41535646957c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El aire de cuento de estas tres piezas breves (o, para ser exactos, del personaje principal, de quien se enfatizan los atributos a trav&eacute;s del lenguaje aleg&oacute;rico), se refuerza en la tercera, <em>Cuento para dormir</em>, que reviste una atm&oacute;sfera m&aacute;s m&aacute;gica, aunque sin perder ese tono mordaz. Adem&aacute;s del retrato de una protagonista que rompe moldes, la novela destaca porque ya se entrev&eacute; la mirada incisiva de la autora hacia el universo femenino, y en concreto el de la amistad entre mujeres &ndash;la editora ve en Violet una predecesora de Vita Sackville-West, la amiga m&aacute;s especial de Woolf&ndash;, unas mujeres que no se limitan a hacer sus labores y practicar los pasos de baile con primor, sino que se r&iacute;en con fuerza, tienen una mente inquieta y cultivan una vida (exterior) m&aacute;s rica de lo que se espera de ellas y una vida (interior) menos d&oacute;cil de lo que sus mayores querr&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, como se suele decir de las primeras obras, <em>La vida de Violet</em> contiene las semillas de lo que luego germinar&aacute;. El estilo a&uacute;n est&aacute; por pulir, pero incluso en este tono que roza la caricatura se atisban sutilezas, alumbramientos y digresiones muy propios de Woolf, de la Woolf que en su plenitud renov&oacute; las formas y firm&oacute; obras como <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em> (1925) o <em>Las olas</em> (1931). Le falta empaque en la construcci&oacute;n narrativa, pero el nervio ya estaba ah&iacute;. Resulta curioso, adem&aacute;s, descubrir el lado c&oacute;mico de la joven Woolf, una escritora de quien ha trascendido una imagen seria, incluso imponente, en parte por la exigencia de su obra, en parte porque, al igual que ocurre con <a href="https://www.eldiario.es/spin/tragedia-personal-legado-marco-generaciones-poeta-cambio-mirada-salud-mental-sylvia-plath-pm_1_12982644.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sylvia Plath</a>, su suicidio parece haberle dejado para la posteridad una fama de mujer atormentada y triste, aunque (y sus diarios y cartas lo prueban, lo mismo que Plath) tuvo etapas muy luminosas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una escritora en construcci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de <em>La vida de Violet</em> coincide con una nueva selecci&oacute;n de sus primeros relatos, <em>La marca de la pared</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Ainize Salaberri, Magdalena Palmer y Colectivo Woolf BdL), acompa&ntilde;ada de un <a href="https://elpais.com/cultura/2012/02/10/actualidad/1328869927_186909.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, que se recupera a modo de pr&oacute;logo. Este peque&ntilde;o volumen comprende siete textos, fechados entre 1892 y 1924 &ndash;es decir, terminan justo antes de la publicaci&oacute;n de su primera gran novela, <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em>, en 1925&ndash; y permite ver la evoluci&oacute;n de una escritora en ciernes, que va experimentando hasta lograr, en las &uacute;ltimas piezas, un nivel excelso.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e69a554e-b1ee-4983-b232-78f7fc2a3634_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El primer relato, y su continuaci&oacute;n, escritos cuando era apenas una ni&ntilde;a, se lee un poco en consonancia con <em>La vida de Violet</em>: tiene una gran dosis de comicidad, pero incluso en este intento tan juvenil se vislumbran fogonazos, detalles que denotan una capacidad inusual para la observaci&oacute;n de la naturaleza humana, para ir m&aacute;s all&aacute; de las turbulencias de una misma. Es una Virginia Woolf irreverente y juguetona; probablemente esa es la clave, que <em>juega</em>, aprende jugando, se divierte al escribir, y en esa disposici&oacute;n es cuando se puede explorar la creatividad y, a la larga, llegar a aportar algo de veras novedoso.
    </p><p class="article-text">
        Su universo narrativo es el mismo de siempre: aristocracia, casas se&ntilde;oriales, vicisitudes de las din&aacute;micas dom&eacute;sticas, flores; pero &mdash;y esto tambi&eacute;n es lo mismo de siempre&mdash; en ella no importa tanto el qu&eacute; como el c&oacute;mo, puesto que es la cadencia de su voz, las sinuosidades del punto de vista, la fluidez de esa cadena que rompe los preceptos cl&aacute;sicos sobre los tiempos narrativos, lo que arrastra al lector por sus p&aacute;ginas. Como en <em>La marca en la pared</em> (1917), donde basta una mujer observando lo que parece una mancha en la pared para hilvanar una meditaci&oacute;n hipn&oacute;tica y de culminaci&oacute;n magistral. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n <em>La se&ntilde;ora Dalloway en Bond Street</em> (1923) y <em>El vestido nuevo </em>(1924), dos textos espl&eacute;ndidos que complementan su novela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/27e80b9b-5512-4159-80ef-c75afa988f65_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; somos con respecto a los escritores que nos han inspirado?&rdquo;, se pregunta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/reivindicacion-bibliotecas-publicas-hizo-ali-smith-refugio-brujula-azar_1_11689469.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ali Smith</a> en la conferencia que pronunci&oacute; en el Festival Literario de Cambridge en 2023, a prop&oacute;sito de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> (1929), editada como <em>Una Woolf propia</em> (N&oacute;rdica, 2026, trad. Magdalena Palmer). Ella quiz&aacute; sea, junto con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/jeanette-winterson-gran-autora-transgrede-limites-lenguaje-generos_1_11486816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jeanette Winterson</a> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/rachel-cusk-pregunta-origen-creadoras-desfile-mujeres-deban-volverse-violentas_1_12148835.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rachel Cusk</a>, la heredera m&aacute;s clara de Virginia Woolf: lleva un paso m&aacute;s all&aacute; &mdash;porque para ser heredera de Woolf no basta, desde luego, con imitarla&mdash; su b&uacute;squeda de nuevas formas de expresi&oacute;n, sus rupturas, su evocaci&oacute;n de un imaginario magn&eacute;tico y genuino, hasta en un g&eacute;nero como el ensayo. Y, como ella, tiene tambi&eacute;n su lado humor&iacute;stico, que se divierte explorando, probando, <em>jugando</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno tiene con un escritor esa suerte de &ldquo;entendimiento&rdquo; que la autora escocesa experiment&oacute; con Woolf, de inmediato surge la necesidad de leer <em>todo</em> lo publicado por &eacute;l, y todo es todo, desde sus inicios torpes hasta sus finales indignos (si los hubiera). Hoy, gracias al rescate de <em>La vida de Violet</em>, la cohorte de seguidores de Woolf puede penetrar a&uacute;n m&aacute;s en su proceso de formaci&oacute;n, a&ntilde;adir un nombre m&aacute;s al mapa de las amigas que conformaron su mundo y nutrieron su narrativa. Sin exagerar en cuanto a sus m&eacute;ritos &mdash;no se convertir&aacute; en una obra imprescindible&mdash;, no deja de ser un aperitivo de lo que estaba por venir; un diamante en bruto, en definitiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 20:05:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" length="1398715" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1398715" width="2366" height="1331"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando Virginia Woolf era un diamante en bruto: sale a la luz ‘La vida de Violet’, un texto inédito de su juventud]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4b7eeeb5-4937-43cb-9006-e3697a506a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144123.jpg" width="2366" height="1331"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,Relato,Virginia Woolf,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la iniciativa de la editorial Barrett de publicar una colección de libros ‘a ciegas’, analizamos otros casos recientes de obras de autoría desconocida</p><p class="subtitle">Entrevista - Alberto Velasco, bailarín: “Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos”</p></div><p class="article-text">
        Cuando somos ni&ntilde;os, no nos preguntamos por la autor&iacute;a de una obra literaria: nuestro primer contacto con la literatura suelen ser esos <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuentos</a> que, aunque se editen bajo el nombre de quien los recopil&oacute;, son el resultado de una larga tradici&oacute;n oral en la que han sufrido numerosas variaciones. M&aacute;s adelante, con los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-titulos-literatura-infantil-juvenil-regalar-dia-libro_1_13160834.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libros para primeros lectores</a>, los escritores son percibidos como poco m&aacute;s que un nombre que aparece en la cubierta, el nombre de alguien vivo o muerto, qu&eacute; m&aacute;s da; lo &uacute;nico que nos importa es el relato.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con los a&ntilde;os esa &ldquo;pureza&rdquo;, por as&iacute; decir, se pierde. El autor comienza a ser un elemento destacado en torno al acto de leer, bien porque desde las clases de literatura obligan a aprenderse unas l&iacute;neas de su biograf&iacute;a, bien porque como lectores aficionados nos interesamos por ellos e incluso acudimos a sus firmas. El anonimato queda relegado a cl&aacute;sicos como el <em>Lazarillo de Tormes</em>, sobre los que de hecho ya existen indicios sobre su autor&iacute;a; o como un fen&oacute;meno hist&oacute;rico, como las escritoras que se escondieron bajo un seud&oacute;nimo masculino para que sus publicaciones se tomaran en serio, como Caterina Albert (V&iacute;ctor Catal&agrave;) o Mary Ann Evans (George Eliot).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los grandes cl&aacute;sicos, hoy es muy dif&iacute;cil dar con un libro del que no se sepa nada sobre el autor. A las transformaciones socioculturales &mdash;la consolidaci&oacute;n de la obra de autor en la narrativa moderna frente a la tradici&oacute;n oral&mdash; se ha sumado la exposici&oacute;n (&iquest;explotaci&oacute;n?) medi&aacute;tica, que desde la existencia de Internet y las redes sociales va en aumento. El escritor no se limita a escribir: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/sally-rooney-sara-mesa-nuevos-escritores-no-necesitan-redes-sociales-triunfar_1_12900220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n se dedica a promocionarse</a>, por su cuenta o siguiendo las indicaciones de su editorial (entrevistas, presentaciones, v&iacute;deos, conferencias y cualquier tipo de evento). A veces, el n&uacute;mero de seguidores que acumula en las redes se convierte en un valor a&ntilde;adido para que las editoriales apuesten por &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">El reto de no comprometer la propia imagen</h2><p class="article-text">
        En estas circunstancias, el lector puede a&ntilde;orar la ingenuidad del ni&ntilde;o que se enfrentaba a la lectura sin prejuicios de ning&uacute;n tipo. Ahora, es inevitable tener alguna referencia del escritor, sea por una entrevista que hemos le&iacute;do, porque nos resulta simp&aacute;tico en Twitter o porque ha salido en televisi&oacute;n. No llegamos v&iacute;rgenes al libro. El escritor, por su parte, debe sacrificar tiempo de escritura en hacer de promotor de s&iacute; mismo, a riesgo de que la imagen proyectada perjudique la percepci&oacute;n del lector sobre su obra. No todos se saben desenvolver con la prensa, ni son derroches de simpat&iacute;a, ni est&aacute;n siempre de humor para escribir largas dedicatorias o pararse a charlar con el lector. Sus atributos personales no mejoran ni empeoran el libro, pero condicionan su recorrido.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es: &iquest;se puede publicar un libro e incluso desarrollar una carrera literaria en pleno siglo XXI sin comprometer la propia imagen? La respuesta es que, aunque no sea sencillo ni habitual, no es imposible, no. Ah&iacute; van algunos ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Los libros &lsquo;a ciegas&rsquo; de Barrett. </strong>Esta peque&ntilde;a editorial sevillana, ya conocida por asumir riesgos como su <a href="https://editorialbarrett.org/catalogo/editora-por-un-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">editor por un libro</a>, celebra su d&eacute;cimo aniversario con el <a href="https://www.eldiario.es/sevilla/catalogo-ciegas-libros-anonimos-exito-fracaso-novelista-no-depende-promocion_1_13168715.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lanzamiento de ocho t&iacute;tulos sin identificar a su autor</a>, que puede ser un debutante o un veterano que ha mostrado su complicidad con el proyecto. No obstante, cabe preguntarse si este anonimato se mantendr&aacute;, o las identidades saldr&aacute;n a la luz al cabo de un a&ntilde;o (de momento, la editorial ya impulsa <a href="https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1458681409597063&amp;set=pb.100063656547001.-2207520000&amp;type=3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juegos para adivinarlas</a>), por no hablar de que una iniciativa como esta ser&iacute;a dif&iacute;cil de hacer en un sello grande e influyente.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c698fd9-bbc2-41cc-94f1-00cbaf68f797_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>2. El caso Elena Ferrante.</strong> Ella &mdash;en femenino porque, sea quien sea, ha elegido firmar como mujer&mdash; es el paradigma de c&oacute;mo dejar que la obra circule verdaderamente sola. Al contrario de la sospecha de que se trata de una estrategia de <em>marketing</em>, la autora empez&oacute; a publicar en los a&ntilde;os noventa, pero la fama internacional no le lleg&oacute; hasta cerca de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La amiga estupenda</em></a> (2011-2014); de ser una estrategia, ser&iacute;a la peor de todas, porque adem&aacute;s se cree, no sin fundamento, que le ha costado premios (algunas organizaciones exigen la asistencia de los autores premiados). 
    </p><p class="article-text">
        En entrevistas por escrito, ha dejado entrever que en su juventud tuvo una mala experiencia con algo relacionado con la exposici&oacute;n medi&aacute;tica, de ah&iacute; que optara por estar al margen. Y aun as&iacute;, no la han dejado tranquila: en cuanto comenz&oacute; a despegar, se sucedieron los rumores, y el summum lleg&oacute; con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/elena-ferrante-anita-raja_1_3805140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la bochornosa investigaci&oacute;n de las cuentas bancarias de una colaboradora de la editorial</a> para se&ntilde;alarla como el nombre detr&aacute;s de Ferrante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La pol&eacute;mica de Carmen Mola. </strong>En este caso, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/carmen-mola-fenomeno-sangriento-no-penalizo-gran-secreto_1_9612042.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al tr&iacute;o Jorge D&iacute;az, Agust&iacute;n Mart&iacute;nez y Antonio Mercero</a> s&iacute; le interes&oacute; salir del anonimato: para embolsarse el Premio Planeta, por un lado, y para impulsar sus carreras individuales, que hasta entonces hab&iacute;an pasado desapercibidas. Mucha gente se llev&oacute; las manos a la cabeza porque tres hombres osaran firmar con un nombre de mujer &mdash;se dijo que formaba parte de una campa&ntilde;a, como si por ser mujer hoy fuera m&aacute;s f&aacute;cil publicar ficci&oacute;n criminal; como si a Lorenzo Silva, V&iacute;ctor del &Aacute;rbol, Juan G&oacute;mez-Jurado, C&eacute;sar P&eacute;rez Gellida y Javier Castillo no les leyera nadie&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, ten&iacute;a tambi&eacute;n un sentido pr&aacute;ctico: un libro con tres autores desconocidos, para m&aacute;s inri de nombres y apellidos comunes, ser&iacute;a de todo menos comercial. En las obras de autor&iacute;a m&uacute;ltiple, el seud&oacute;nimo tiene justificaci&oacute;n, tanto si se conoce a los escritores como si no (otro ejemplo reciente es el de Trist&aacute;n Paniagua y <em>Yo presidente</em>, obra basada en hechos reales de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/1001818-tristan-paniagua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tres autores</a> que han trabajado en pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. El famoso enmascarado.</strong> Durante su primera etapa como escritor, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/maximo-pradera-no-falta-ignorante-retrogrado-ayuda_1_13170274.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;ximo Pradera</a> se ocult&oacute; bajo el seud&oacute;nimo Joseph Jelinek para publicar una serie de novelas de intriga en las que la m&uacute;sica ten&iacute;a un papel destacado. Cuando alguien popular tiene intenci&oacute;n de labrarse una carrera literaria, o al menos de ser tomado en serio al publicar un libro, puede optar por renunciar a las ganancias que le reportar&iacute;a su nombre aut&eacute;ntico (y su presencia f&iacute;sica en la campa&ntilde;a de lanzamiento) y firmar con seud&oacute;nimo. Eso s&iacute;, como le ocurri&oacute; a M&aacute;ximo Pradera, es posible que los rumores (fundados) sobre su identidad no tardaran en aparecer. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/j-k-rowling-trans-incomoda-harry-potter_1_8895179.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J. K. Rowling</a> &mdash;por aquel entonces toda una estrella medi&aacute;tica&mdash;, quiso saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a con sus manuscritos si no los firmara ella, as&iacute; que se camufl&oacute; como Robert Galbraith para publicar un ciclo de novelas de intriga de corte m&aacute;s adulto. La descubrieron pronto, pero mantiene el seud&oacute;nimo para diferenciar esta obra de su narrativa para ni&ntilde;os y j&oacute;venes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3e7fc0e6-d6d2-4fb8-8aae-fd692dec92f1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>5. Protecci&oacute;n del periodista de investigaci&oacute;n.</strong> A principios de este siglo, t&iacute;tulos como <em>Diario de un skin</em> (2003) o <em>El a&ntilde;o que trafiqu&eacute; con mujeres</em> (2004) se colaron entre los &eacute;xitos de ventas. Los firmaba un tal Antonio Salas, seud&oacute;nimo de, dice la biograf&iacute;a, un periodista de investigaci&oacute;n espa&ntilde;ol que, por los riesgos asumidos durante su trabajo, no puede revelar su nombre. Los hay que, en cambio, publicaron a cara descubierta, como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-no-justicia-condena-tarda-16-anos-llegar_128_12472936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roberto Saviano</a> (<em>Gomorra</em>) o, sin salir de Espa&ntilde;a, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/justicia-alejarse-pulsiones-taparse-sociedad_128_1920383.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nacho Carretero</a> (<em>Fari&ntilde;a</em>) o <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/ejercito-esencia-franquista-gobierno_128_2911352.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Gonzalo Segura</a> (<em>Un paso al frente</em>); aunque, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-saviano-logra-condena-mafiosos-amenazaron-muerte-inicios-rompe-llorar-juicio_1_12463937.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a juzgar por el coste personal que puede tener para ellos</a>, quiz&aacute; alguno hoy optar&iacute;a por hacer como Antonio Salas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Protecci&oacute;n de la intimidad propia o de la familia.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a> debut&oacute; con <em>D&iacute;as sin hambre</em> (2001), una novela inspirada en la anorexia que sufri&oacute; en su juventud, por la que lleg&oacute; a estar ingresada en una cl&iacute;nica. Ese primer libro, tan doloroso para ella y para su familia, se public&oacute; bajo el seud&oacute;nimo de Lou Delvig. Como la autora ten&iacute;a la intenci&oacute;n de seguir escribiendo, sin embargo, el seud&oacute;nimo desapareci&oacute; en las ediciones sucesivas. De haberse quedado en la autora de ese &uacute;nico libro, ser&iacute;a entendible que ella, con una vida ajena al mundo de las letras, prefiriera mantenerse al margen de &eacute;l una vez ya hab&iacute;a volcado sus recuerdos en &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Los escritores profesionales no suelen esconderse al exponer su intimidad, por mucho que en ocasiones algunos familiares se molesten, como le ocurri&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/karl-ove-knausgaard-escritura-constante-sentimiento-fracaso_1_10160653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Karl Ove Knausg&aring;rd</a> o a la propia <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/delphine-vigan-no-dar-gracias-agradecer-implica-reconocer-deuda_1_7266139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Delphine de Vigan</a>, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con su obra m&aacute;s celebrada, <em>Nada se opone a la noche</em> (2011). Otro caso es el de Freida McFadden, autora del <em>thriller</em> superventas <em>La asistenta</em> (2022): siempre admiti&oacute; el uso de ese seud&oacute;nimo para separar su carrera literaria, con esa inclinaci&oacute;n por los temas oscuros, de su trabajo como m&eacute;dica especializada en lesiones cerebrales. Tem&iacute;a que un &aacute;mbito interfiriera en su proyecci&oacute;n profesional, de modo que, aun escribiendo ficci&oacute;n, no ha revelado <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/autora-asistenta-freida-mcfadden-desvela-identidad-cansada-secreto_1_13129982.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su verdadero nombre, Sara Cohen, hasta este 2026</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. El se&ntilde;or que se hizo pasar por jovencita.</strong> Sergi Puertas rondaba la cincuentena cuando, con algunas novelas publicadas en editoriales peque&ntilde;as sin repercusi&oacute;n, llam&oacute; a la puerta de Impedimenta firmando con un nombre de mujer y adjuntando la fotograf&iacute;a de una joven atractiva. Hab&iacute;a movido ese manuscrito por diferentes editoriales, Impedimenta incluida, sin &eacute;xito, de modo que, frustrado, y viendo que las escritoras parec&iacute;an estar en un momento de eclosi&oacute;n, decidi&oacute; intentarlo con un seud&oacute;nimo. Esta vez, la editorial quiso publicarlo.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica no se desat&oacute; porque el autor se sincer&oacute; con sus editores y el libro <a href="https://impedimenta.es/producto/estabulario" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue publicado con su nombre</a>, pero luego ha contado su historia <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-10-19/carmen-mola-planeta-impedimenta_3308954/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en los medios</a>. A su lado, lo de Carmen Mola no pasa de juego inocente. Y, s&iacute;, este caso deber&iacute;a hacernos pensar: a las editoriales, pero tambi&eacute;n a nosotros como lectores: &iquest;Hasta qu&eacute; punto nos influyen los factores de afinidad (de g&eacute;nero, ideolog&iacute;a, edad u otros) a la hora de elegir a qu&eacute; autor leemos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo más probable es que quien publique hoy bajo seudónimo tenga, en la práctica, poca repercusión, lo mismo que la inmensa mayoría de escritores no anónimos que publican todos los años</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>8. Una faceta secundaria.</strong> Algunos escritores eligen separar de forma deliberada, por motivos de g&eacute;nero, una parte de su producci&oacute;n: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/john-banville-irlandes-latigo-catolica_1_4840764.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Banville</a> se convierte en Benjamin Black cuando escribe novela negra, al igual que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a> en las novelas que firm&oacute; como Rosamond Smith y Lauren Kelly; Flavia Company se desdobla en Haru o Andrea Mayo para explorar diferentes registros; la escritora de literatura infantil y webc&oacute;mic Ursula Venon adopt&oacute; el seud&oacute;nimo T. Kingfisher al comenzar a publicar para j&oacute;venes y adultos; Luisa Etxenike es Antonia Lassa cuando publica historias de suspense. Son solo unos pocos ejemplos de una pr&aacute;ctica bastante extendida, sobre todo en &aacute;mbitos como la novela negra o la rom&aacute;ntica. Eso s&iacute;, rara vez el autor se esconde de verdad; tan solo utiliza un seud&oacute;nimo para separar estilos o g&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. El escritor tan prol&iacute;fico que su editorial no da abasto.</strong> <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a> ha publicado algunas novelas como Richard Bachman. Por una parte, en la industria editorial no es habitual publicar m&aacute;s de un libro al a&ntilde;o de un mismo autor (y esto ya es excepcional, al alcance solo de privilegiados como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/metamorfosis-amelie-nothomb-jesucristo-enfurece-laicos-religiosos_1_8729534.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Am&eacute;lie Nothomb</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11751233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joyce Carol Oates</a>), y ya se sabe que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a>, sobre todo en su juventud, escrib&iacute;a a un ritmo desaforado. Por otro lado, dado que el &eacute;xito le lleg&oacute; muy pronto, sent&iacute;a curiosidad por saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a si sus libros no llevaran su nombre (hoy podr&iacute;a apuntarse al experimento de Barrett). Se invent&oacute; una biograf&iacute;a que justificara la ausencia medi&aacute;tica del autor, y public&oacute; varias novelas. Sin embargo, le ocurri&oacute; como a Elena Ferrante: dieron con &eacute;l tras investigar sus cuentas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Lorenzo C. Acebedo, &iquest;el pr&oacute;ximo en seguir los pasos de Carmen Mola?</strong> La biograf&iacute;a de este autor asegura que bajo el seud&oacute;nimo se esconde alguien que &ldquo;abandon&oacute; en su juventud los estudios teol&oacute;gicos por el retiro monacal y, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, el retiro monacal por una mujer&rdquo;. En 2023, public&oacute; <em>La taberna de Silos</em>, la primera entrega de una trilog&iacute;a con ecos de Umberto Eco, cuyo protagonista, nada menos que Gonzalo de Berceo, trata de resolver el asesinato de un monje en el monasterio. Se trata de una novela con mayor textura literaria, adem&aacute;s de humor inteligente, de lo que el argumento deja entrever, por lo que enseguida se sospech&oacute; que quien firma es en realidad un escritor consumado, tal vez alguien que con su nombre no vende demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Las pesquisas apuntan a nombres como <a href="https://www.eldiario.es/autores/rafael_reig/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rafael Reig</a>, <a href="https://www.eldiario.es/autores/antonio_orejudo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Orejudo</a> u <a href="https://www.eldiario.es/autores/oscar-esquivias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Oacute;scar Esquivias</a>; los dos primeros publican en Tusquets, la misma editorial que ha dado a conocer al misterioso Lorenzo C. Acebedo. Un sello que, por cierto, forma parte del Grupo Planeta. Qui&eacute;n sabe, como a veces el Premio Planeta distingue a <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/eduardo-mendoza-gana-premio-planeta_1_5191573.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un escritor de verdad,</a> y no tiene reparos en premiar libros que son <a href="https://www.rtve.es/noticias/20121015/lorenzo-silva-gana-premio-planeta-2012-mara-torres-finalista/570400.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la continuaci&oacute;n de una serie en curso</a>, tal vez aprovechen la publicaci&oacute;n de la tercera entrega del improvisado detective riojano para desvelar el secreto.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, estos son solo casos que han tenido cierta trascendencia. Lo m&aacute;s probable es que quien publique hoy bajo seud&oacute;nimo tenga, en la pr&aacute;ctica, poca repercusi&oacute;n, lo mismo que la inmensa mayor&iacute;a de escritores no an&oacute;nimos que publican todos los a&ntilde;os. Abrirse camino en el mundo literario cuesta, y jugar a hacerse el misterioso no garantiza ni mucho menos el &eacute;xito, como tampoco lo aseguran un gran n&uacute;mero de seguidores en las redes o una significativa presencia medi&aacute;tica (m&aacute;s de uno se asombrar&iacute;a al conocer las cifras de ventas reales de algunos de estos autores). En definitiva, al final, como siempre, lo &uacute;nico que cuenta es tener una verdadera devoci&oacute;n por el oficio; de lo contrario, entrar en el circuito editorial, con o sin m&aacute;scara, no compensa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sentido-anonimato-literatura-siglo-xxi_1_13259322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="479820" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="479820" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Qué sentido tiene el anonimato en la literatura en el siglo XXI?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6c7faff3-9ef7-4d4b-9200-224e89eb33c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El editor que 'descubrió' a Chaves Nogales encuentra nuevos relatos del periodista firmados con seudónimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/editor-descubrio-chaves-nogales-encuentra-nuevos-relatos-periodista-firmados-seudonimos_1_13254892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77fa666a-7e02-430c-af25-3d179ad808e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El editor que &#039;descubrió&#039; a Chaves Nogales encuentra nuevos relatos del periodista firmados con seudónimos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los ocho textos, decididamente prorrepublicanos, aparecieron en la revista Madrid, un periódico en formato sábana de ocho páginas confeccionado en París entre diciembre de 1937 y marzo de 1938</p><p class="subtitle">“Cariño, ¿cómo podríamos desarrollarlo de forma magistral?”: el terremoto cultural sobre el uso de IA provocado por una Nobel de Literatura</p></div><p class="article-text">
        Un padre que pierde a su hija peque&ntilde;a entre los escombros que deja un bombardeo sobre Bizkaia; un aviador de la zona controlada por los sublevados que se niega a repetir la haza&ntilde;a que supuso Gernika; un falangista que, en el &uacute;ltimo instante, destruye el material de guerra con el que hasta ese momento sus camaradas pretenden tomar Madrid. Los ocho relatos in&eacute;ditos escritos por Manuel Chaves Nogales que ahora salen a la luz en <em>Guerra total. Episodios de la guerra civil espa&ntilde;ola </em>(Renacimiento, 2026) dejan entrever a un periodista afanado en la tarea de transmitir a la poblaci&oacute;n francesa el horror que se cern&iacute;a sobre Europa y que ya hab&iacute;a comenzado con la participaci&oacute;n de nazis alemanes y fascistas italianos en el pa&iacute;s vecino.
    </p><p class="article-text">
        Abelardo Linares, editor del volumen y responsable del 'descubrimiento' de Chaves Nogales tras d&eacute;cadas de ostracismo, asegura que estos episodios se pueden considerar la continuaci&oacute;n del recuperado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y ya archiconocido <em>A sangre y fuego. H&eacute;roes, bestias y m&aacute;rtires de Espa&ntilde;a</em> con la caracter&iacute;stica de que todos ellos aparecieron rubricados por hasta nueve firmas diferentes. En este caso, los relatos se publicaron entre diciembre de 1937 y marzo de 1938. Vieron la luz en Madrid. Semanario espa&ntilde;ol de Par&iacute;s para toda Francia, un peri&oacute;dico en formato s&aacute;bana de ocho p&aacute;ginas. Creado por Chaves Nogales y otros periodistas tras el final de Rep&uacute;blica, un medio similar en el que el periodista sevillano tambi&eacute;n particip&oacute; y que se imprimi&oacute; en Niza entre junio y agosto de 1937, tuvo una tirada de 13 n&uacute;meros.
    </p><p class="article-text">
        Tras cuatro d&eacute;cadas de estudio sobre la obra y figura de Chaves Nogales, quien fallecer&iacute;a en Londres en 1944 a la temprana edad de 46 a&ntilde;os, Linares apunta que el hallazgo de los textos ha sido pura casualidad. Los primeros que public&oacute; Chaves Nogales en Madrid, <em>El refugio</em> y <em>Hospital de sangre,</em> vieron la luz en la revista argentina Bohemia entre octubre y noviembre de 1937, los &uacute;nicos dos textos que no son in&eacute;ditos. Un mes despu&eacute;s, ya apareci&oacute; Madrid en las calles francesas, por lo que la serie de cuentos la continu&oacute; en este medio. 
    </p><p class="article-text">
        En la nueva cabecera, en total, vieron la luz 11 relatos, entre los que se cuentan <em>Bigornia </em>y <em>La gesta de los caballistas,</em> ya incluidos en <em>A sangre y fuego,</em> pero desconocidos en el pa&iacute;s galo. Completan la lista <em>El refugio, El traidor, La &uacute;ltima lecci&oacute;n, Timidez, Tragedia en la sierra de Pancorvo, Carabinero, La tanguera</em> y <em>Lo de Badajoz&hellip;.</em> La edici&oacute;n de Renacimiento tambi&eacute;n recoge <em>Hospital de sangre, </em>que no apareci&oacute; en Madrid. 
    </p><h2 class="article-text">Preocupado por el uso partidista de sus relatos</h2><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n que acompa&ntilde;aba a Chaves Nogales sobre la participaci&oacute;n nazi-fascista en la Guerra Civil espa&ntilde;ola aparece por primera vez en uno de sus cuentos, en <em>El traidor.</em> En el relato, un aviador que lucha junto a los rebeldes en Vitoria no aprueba la participaci&oacute;n de los alemanes en la contienda. Cuando recibe la orden de bombardear el pueblo de Plencia (Bizakia), y tras lo sucedido en Gernika, &eacute;l ordena lanzar las bombas al mar. &ldquo;Chaves Nogales sab&iacute;a que la derecha francesa y la prensa comercial del pa&iacute;s apoyaban mayoritariamente a los sublevados, y quer&iacute;a avisar de los peligros que eso entra&ntilde;aba&rdquo;, explica Linares en conversaci&oacute;n con elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia que en <em>A sangre y fuego</em>, los textos que ahora ven la luz en <em>Guerra total </em>son meramente prorrepublicanos y situados en la retaguardia franquista, adem&aacute;s de algo m&aacute;s breves. Seg&uacute;n el editor, esto es as&iacute; porque Chaves Nogales quiso evitar por todos los medios que sus escritos volvieran a utilizarse por el bando rebelde para denunciar las supuestas tropel&iacute;as de los oficiales leales a la Rep&uacute;blica, tal y como inmortaliz&oacute; en un pasaje publicado en <em>A sangre y fuego,</em> dentro del relato <em>&iexcl;Masacre, masacre! </em>que se replic&oacute; en m&aacute;s de 40 peri&oacute;dicos, sobre todo aquellos ligados a la Falange.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b2aeafcb-4b34-4952-a7a7-1b6ce01a36ad_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La lejan&iacute;a con la que Chaves Nogales vivi&oacute; la contienda a partir de enero de 1937, cuando finalmente pas&oacute; a Francia desde Barcelona tras haber dejado atr&aacute;s la capital en noviembre de 1936, no es &oacute;bice para que el realismo y la narraci&oacute;n fidedigna de los hechos sean una caracter&iacute;stica principal de los relatos. 
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Linares recalca la concreci&oacute;n que el periodista exhibe en relatos como <em>La tanguera, </em>ambientado en Sevilla. &ldquo;Ah&iacute; hay detalles que, si no fuera sevillano, no podr&iacute;an figurar&rdquo;, defiende. Algo similar ocurre con <em>Carabinero,</em> ambientado en Barcelona, ciudad en la que vivi&oacute;. M&aacute;s all&aacute; de las localizaciones ya mencionadas, aparecen la Galicia rural con <em>La &uacute;ltima lecci&oacute;n,</em> la entonces Castilla la Vieja con <em>Timidez </em>y <em>Tragedia en la sierra de Pancorvo, </em>y Extremadura en <em>Lo de Badajoz&hellip;</em>
    </p><h2 class="article-text">El enigma de las firmas</h2><p class="article-text">
        Linares asegura que Chaves Nogales ten&iacute;a una capacidad de trabajo &ldquo;tremenda&rdquo;. De otra forma, no podr&iacute;a haberse echado a la espalda la composici&oacute;n de las p&aacute;ginas centrales de Madrid, en las que en cada n&uacute;mero se publicaba un reportaje central o investigaci&oacute;n sobre la situaci&oacute;n europea del momento y la contienda en Espa&ntilde;a y donde el periodista lleg&oacute; a utilizar ocho seud&oacute;nimos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He localizado algunas secciones con relatos m&aacute;s breves entre los que se cuentan algunos de Chaves Nogales, aunque sin su firma. La &uacute;nica forma de desentra&ntilde;ar la autor&iacute;a es por el estilo empleado&rdquo;, comenta el editor, quien exclama que &ldquo;entre la publicaci&oacute;n de <em>A sangre y fuego</em> y los textos de <em>Guerra total </em>no pas&oacute; ni un a&ntilde;o. Su estructura, su final tr&aacute;gico, su tono, son similares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este experto afirma rotundamente que los ocho textos in&eacute;ditos que ahora se publican bajo el t&iacute;tulo de <em>Guerra tota</em>l son obra del periodista sevillano, tal y como desarrolla en un extenso y certero ep&iacute;logo a la edici&oacute;n despu&eacute;s de un arduo e intrincado an&aacute;lisis de los relatos, y eso que vieron la luz con ocho firmas diferentes, correspondientes a seis personas y dos seud&oacute;nimos. 
    </p><p class="article-text">
        El relato <em>El traidor</em> apareci&oacute; firmado por Eduardo Borr&aacute;s, periodista y dramaturgo anarquista barcelon&eacute;s; <em>La &uacute;ltima lecci&oacute;n</em> y <em>La tanguera, </em>por Enrique Albrit, seud&oacute;nimo del mismo Borr&aacute;s; <em>Carabinero,</em> por Rafael Delgado, cenetista, escritor y periodista refugiado en Par&iacute;s; <em>Timidez, </em>por Lumo Reva, seud&oacute;nimo de Delgado; y <em>Un excelente verdugo,</em> por Fernando de la Milla, autor jerezano afincado en Par&iacute;s que ya hab&iacute;a trabajado con Chaves Nogales. 
    </p><p class="article-text">
        Les siguen <em>Tragedia en la sierra de Pancorvo</em>, firmado por Antonio Ruiz Vilaplana, conocido por Chaves Nogales por su paso por el peri&oacute;dico Ahora, y<em> Lo de Badajoz&hellip;, </em>que apareci&oacute; publicado con el nombre de Rafael D. Almagro, de quien Linares no ha encontrado huella alguna. <em>El Refugio</em> vio la luz, este s&iacute;, con la firma de Chaves Nogales. 
    </p><p class="article-text">
        Linares aclara que esto sucedi&oacute; as&iacute; porque &ldquo;Chaves Nogales no quer&iacute;a que en cada n&uacute;mero apareciera un relato suyo porque se devaluar&iacute;a el semanario y, si fueran todo seud&oacute;nimos que no existen, ser&iacute;a demasiado llamativo&rdquo;. El especialista precisa que Chaves Nogales decidi&oacute; firmarles los cuentos a compa&ntilde;eros periodistas que no se dedicaban a escribir ese tipo de relatos. &ldquo;Son narradores extraordinarios a los que, obviamente, avisaba antes de estampar su firma&rdquo;, completa el autor del ep&iacute;logo.
    </p><h2 class="article-text">Una IA reafirma la autor&iacute;a de Chaves Nogales</h2><p class="article-text">
        A favor de esta tesis de Linares se ha posicionado hasta una inteligencia artificial que ha analizado cientos de escritos digitalizados que obran en poder del editor. Los resultados obtenidos indican que Linares est&aacute; en lo cierto: los relatos aparecidos bajo otros nombres en Madrid tambi&eacute;n son obra de Chaves Nogales.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de lo policiaco y novelesco del asunto, esta primera edici&oacute;n de <em>Guerra total </em>prueba c&oacute;mo este periodista que se define a s&iacute; mismo como prorrepublicano, antifascista, antirrevolucionario y anticomunista en el pr&oacute;logo de <em>A sangre y fuego</em> intent&oacute;, a trav&eacute;s de su pluma, alertar en Francia de los horrores que se avecinaban con el triunfo de la reacci&oacute;n en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, el trabajo que ahora presenta la editorial Renacimiento, acompa&ntilde;ado por los dibujos originales de Josep Bartol&iacute;, constituye un paso m&aacute;s en el conocimiento de este periodista y escritor. Quiz&aacute; no sea el &uacute;ltimo. &ldquo;Creo que tengo material in&eacute;dito de Chaves Nogales para publicar m&aacute;s de 15 tomos&rdquo;, concluye Linares.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/editor-descubrio-chaves-nogales-encuentra-nuevos-relatos-periodista-firmados-seudonimos_1_13254892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 20:39:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/77fa666a-7e02-430c-af25-3d179ad808e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="199324" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/77fa666a-7e02-430c-af25-3d179ad808e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="199324" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El editor que 'descubrió' a Chaves Nogales encuentra nuevos relatos del periodista firmados con seudónimos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/77fa666a-7e02-430c-af25-3d179ad808e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Manuel Chaves Nogales,Periodismo,Guerra Civil Española,Exilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unai Sordo: “En la ficción el trabajo es secundario, las historias comienzan al volver a casa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/unai-sordo-ficcion-trabajo-secundario-historias-comienzan-volver-casa_1_13251470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f878e60-bf13-4b97-8a79-593590ec235a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unai Sordo: “En la ficción el trabajo es secundario, las historias comienzan al volver a casa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un sindicalista infiltrado en la literatura, el secretario general de CCOO trenza una novela que ahonda en la explotación de los trabajadores en centros logísticos y también en las vidas destrozadas por la exposición al amianto</p><p class="subtitle">La biografía que al fin sitúa a Miguel Hernández en el curso de la Historia refleja su dignidad hasta la muerte
</p></div><p class="article-text">
        En los veranos, cuando Unai Sordo puede quitarse por unas semanas el r&oacute;tulo bajo su nombre de secretario general de Comisi&oacute;n Obreras, se convierte en escritor. A &eacute;l le da pudor considerarse tal cosa, pero utiliza la literatura para reflejar los conflictos de su tiempo, luego es escritor.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, su producci&oacute;n publicada consta de un libro de cuentos y una novela que tambi&eacute;n fue construida a partir de textos cortos <em>&mdash;Al norte</em> (Hoja de Lata, 2026)&mdash; pero que encuentra una estructura que los liga para darle un sentido final. Al poner el trabajo en el centro del relato, la obra de Sordo engancha con la novela proletaria de los a&ntilde;os treinta (C&eacute;sar M. Arconada), que salta al realismo social de finales de los cincuenta (Armando L&oacute;pez Salinas o Jes&uacute;s L&oacute;pez Pacheco) y que reaparece en la novela pol&iacute;tica actual (Isaac Rosa, Bel&eacute;n Gopegui o Marta Sanz, que le escribe el pr&oacute;logo).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; le mueve a escribir ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un hobby, una afici&oacute;n que viene de lejos. Por mi trabajo, me expreso mucho hacia afuera, hacia el p&uacute;blico, pero en unos c&oacute;digos bastante constre&ntilde;idos, porque hablo de derecho laboral, de sindicalismo, de pol&iacute;tica, de sociedad, pero la narrativa me permite expresar sentimientos y reflexionar sobre aquello a lo que me dedico, pero desde otra perspectiva que quiz&aacute;s incluso puede llegar a otra gente. Tambi&eacute;n es la forma que m&aacute;s me desconecta la cabeza de las cosas cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Desde cu&aacute;ndo escribe?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde cr&iacute;o. Es una forma de expresarme en la que siempre he estado muy c&oacute;modo. Aunque esto tambi&eacute;n me da un poco de pudor, porque muchas de las cosas que he escrito, aunque est&aacute;n ficcionadas, tienen reminiscencias de mi vida. Seg&uacute;n va pasando el tiempo, te atreves a decir cosas que, si no, ya no las vas a contar nunca m&aacute;s que en c&iacute;rculos muy &iacute;ntimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se vence el pudor cuando se tiene un cargo tan notorio como el suyo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En parte utilizando la ficci&oacute;n como una tapadera. No todo el mundo sabe qu&eacute; de lo que se dice en el libro son recuerdos o qu&eacute; inventado. Me cuesta, en la vida p&uacute;blica, hablar demasiado de m&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_50p_1143873.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_50p_1143873.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_75p_1143873.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_75p_1143873.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_default_1143873.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_default_1143873.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/22efd44e-0184-4a7a-acb1-277dc8d2790d_16-9-aspect-ratio_default_1143873.jpg"
                    alt="Unai Sordo, durante la entrevista con elDiario.es"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Unai Sordo, durante la entrevista con elDiario.es                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hay algo de su memoria familiar en el tema del desplazamiento de los trabajadores, que es uno de los temas del libro.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me interesaba evocar a la gente que se ha tenido que mover para ganarse la vida. Recordar el periodo de necesidad y de cierta pobreza en la que nos desarrollamos los que nacimos en los a&ntilde;os 70. Me mosquea much&iacute;simo la gente que intenta hacer una lectura de que la vida hace cuarenta o cincuenta a&ntilde;os era una vida mejor, m&aacute;s feliz y m&aacute;s segura. Los setenta y ochenta fueron a&ntilde;os de much&iacute;sima pobreza entre la gente normal y creo que nuestros padres y nuestras madres echaron una especie de barniz sobre aquellas situaciones de necesidad, un poco para protegernos.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de hacer una apolog&iacute;a de la pobreza o del pobrismo, pero s&iacute; de recuperar esa idea de d&oacute;nde venimos. Nosotros venimos de portales y de barrios donde la gente, cuando se quedaba en paro, los vecinos nos ten&iacute;amos que ayudar d&aacute;ndonos comida porque si no, no llegabas a fin de mes con una comida encima de la mesa. No pasa nada por decir esto. Forma parte de la biograf&iacute;a de este pa&iacute;s, o al menos de los barrios de gente trabajadora de este pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hemos heredado una cultura de la Transici&oacute;n que nos ha creado falsos recuerdos sobre que en la Transici&oacute;n todo era divertido, combinado con un mercado al que no le gusta que se contradiga esa idea.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Imagino que hay personas que viv&iacute;an en Madrid que no saben lo que fue la movida madrile&ntilde;a. El que ten&iacute;a 17 a&ntilde;os se divirti&oacute; mucho porque ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. Pero Espa&ntilde;a era otra cosa. Espa&ntilde;a no era psicodelia y noche. Era gente que no llegaba a fin de mes. Era un 30% de paro, era droga, era hero&iacute;na, eran comunidades donde la gente se apoyaba de forma mutua porque si no hab&iacute;a situaci&oacute;n de necesidad. Era un pa&iacute;s mucho menos postmoderno de como a veces quieren venderte desde una cierta &eacute;lite, que yo respeto mucho y que tiene muchos elementos de inter&eacute;s cultural, pero tirar por elevaci&oacute;n a que aquello era la Espa&ntilde;a en los 70 o los 80, desde luego no era donde yo viv&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0674c820-1f52-4daa-905c-ed42d896a844_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Unai Sordo, dirigente sindical y autor de la novela &#039;Al norte&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Unai Sordo, dirigente sindical y autor de la novela &#039;Al norte&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No se habla de esto en la ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que ausencia de ficci&oacute;n, creo que hay ausencia en la memoria del pa&iacute;s. Esto se construy&oacute; a partir de los 90 y de los primeros 2000. Espa&ntilde;a, cuando tiene esa especie de boom econ&oacute;mico que, como luego se demostr&oacute;, estaba bastante sustentado en pies de barro, se opaca esa historia previa que seguramente no es muy sexy, no es muy bonita. Es un pa&iacute;s donde la gente tiene mal las dentaduras y no tiene dinero para ir a los dentistas. Esto parece que cuesta decirlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A veces en la narrativa espa&ntilde;ola se demonizan a algunos autores, se dice que hacen activismo en lugar de literatura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como se supone que yo tengo que hacer activismo y militancia, desde ah&iacute; tengo la excusa para construir algo con alguna pretensi&oacute;n literaria, y me permite aportar porque tengo una experiencia vital en algunas cosas que seguramente un autor al uso tampoco la puede tener, como el conocimiento de las enfermedades profesionales o de c&oacute;mo se hace la acci&oacute;n sindical en los centros de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En el libro salen personajes inventados pero casos reales. Parte viene de un trabajo de recopilaci&oacute;n que hicimos en su d&iacute;a en Euskadi sobre muchas personas que hab&iacute;an sido afectadas por enfermedades que proven&iacute;an del contacto con el amianto, historias dram&aacute;ticas y que se conocen poco. La vida real tiene historias que muchas veces superan lo que se pueda decir desde la ficci&oacute;n y la distop&iacute;a. El libro puede parecer muy dist&oacute;pico, pero las partes que lo parecen, ya est&aacute;n superadas por la realidad. Y de hecho, la historia de las capas en el libro aparentemente m&aacute;s dist&oacute;pica es la m&aacute;s real.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/25d1f1bd-1bf0-4180-ae22-ddcc03f2cc22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Unai Sordo, durante la entrevista en su despacho con elDiario.es"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Unai Sordo, durante la entrevista en su despacho con elDiario.es                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Los conflictos laborales, la explotaci&oacute;n, es algo central en su novela. No es habitual.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n del trabajo de la gente que aparece en las pel&iacute;culas y en las series es absolutamente limitada, es algo secundario. Las cosas que se cuentan son las que suceden fuera del trabajo, en relaciones interpersonales que eluden el elemento laboral, el elemento econ&oacute;mico, el elemento de conflicto de clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No se sabe de d&oacute;nde viene el dinero para comprar el coche que el protagonista est&aacute; conduciendo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todas las historias comienzan cuando llegas a casa del trabajo. El mundo es mucho m&aacute;s igualitario fuera del trabajo que dentro. Se supone que todos somos ciudadanos en igualdad de condiciones hasta que entras en el puesto de trabajo, donde hay una relaci&oacute;n de jerarqu&iacute;a y dependencia impensable fuera del trabajo. Creo que da pie a muchas narrativas, tiene muchas posibilidades, pero no est&aacute; particularmente trabajado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y cuando vemos historias que suceden en el mundo del trabajo, normalmente lo importante es una trama que no tiene que ver con el trabajo, como una trama rom&aacute;ntica o emociones personales como la envidia o lo que sea, pero que no est&aacute;n realmente arraigadas al conflicto de clase.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es el h&aacute;bitat, como mucho es el ecosistema en el que se da la historia. Pero no hay propiamente un v&iacute;nculo entre la relaci&oacute;n que determina el trabajo y que haya una relaci&oacute;n de dependencia en el trabajo con la historia. Una de las cosas que he intentado en el libro es contrastar c&oacute;mo se vive en el trabajo cl&aacute;sico, en el trabajo industrial, en los pueblos, respecto al mundo actual, mucho m&aacute;s l&iacute;quido, mucho m&aacute;s impredecible.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2758edf9-81c6-4995-ada4-5a146d46ced2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Unai Sordo, en las inmediaciones de su despacho, el día de la entrevista"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Unai Sordo, en las inmediaciones de su despacho, el día de la entrevista                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La historia de los </strong><em><strong>flexworkers </strong></em><strong>de Holanda, trabajadores con turnos y horarios controlados por un algoritmo, existe?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es la m&aacute;s real porque est&aacute; basada en un <a href="https://www.ucm.es/doctorado/sociologiayantropologia/file/bienvenidos-al-norte-colectivo-arosa-sun" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe que hicieron un grupo de soci&oacute;logos</a>, el Colectivo Arosa Sun, basado en entrevistas con chavales y chavalas j&oacute;venes espa&ntilde;oles que se hab&iacute;an desplazado a los centros log&iacute;sticos de Pa&iacute;ses Bajos a trabajar. Y algunas de las historias del libro son reproducci&oacute;n de lo que ellos les dicen en el informe. El otro d&iacute;a me escribi&oacute; un chaval dici&eacute;ndome que estaba deseando leer el libro porque &eacute;l hab&iacute;a sido uno de los esclavos de Waalwijk. La inteligencia artificial y los algoritmos que hoy parecen una distop&iacute;a capaz de gobernar la vida entera de los trabajadores ya estaba en el a&ntilde;o 2017.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Le sirve la literatura para manejar la frustraci&oacute;n que pueda producir que, aunque usted pueda hacer muchas cosas como secretario general de un sindicato, quiz&aacute;s no tantas como le gustar&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en el tema de las enfermedades que aparecen en el libro, poco puedes hacer. Puedes intentar que se repare el da&ntilde;o causado, como estamos ahora intentando con el tema del amianto. Por su propia definici&oacute;n son enfermedades que han tenido periodos de latencia enormes, a veces de varias d&eacute;cadas, y las personas que aparecen con esas enfermedades contrajeron los elementos que se las han provocado hace 30 o 40 a&ntilde;os. Hay aut&eacute;nticos dramas humanos.
    </p><p class="article-text">
        Los que aparecen en el libro se quedan peque&ntilde;os al lado de lo que ha podido vivir mucha gente que ha llevado una vida muy dura, que ha emigrado, que ha trabajado, que se ha dejado la vida por trabajar y que cuando a lo mejor se estaba jubilando, le ha surgido un c&aacute;ncer de pleura que se lo ha llevado por delante en cuesti&oacute;n de un a&ntilde;o, con unos sufrimientos absolutamente bestiales. El drama del desarraigo, por un lado, y del sufrimiento de la clase trabajadora, por otro. La gente trabajadora a lo largo de la historia, sufre. Afortunadamente se vive ahora mucho mejor que hace 40 o 100 a&ntilde;os, de forma indiscutible, pero se sufre. Tampoco pasa nada por decirlo, en un momento que se ha querido postergar el sufrimiento y que se genera una idea id&iacute;lica de las v&iacute;ctimas. Es que la gente las pasa canutas para vivir. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/unai-sordo-ficcion-trabajo-secundario-historias-comienzan-volver-casa_1_13251470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 19:36:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9f878e60-bf13-4b97-8a79-593590ec235a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9308195" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9f878e60-bf13-4b97-8a79-593590ec235a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9308195" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Unai Sordo: “En la ficción el trabajo es secundario, las historias comienzan al volver a casa”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9f878e60-bf13-4b97-8a79-593590ec235a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Unai Sordo,Literatura,Trabajo,Trabajadores,Explotación laboral,Enfermedades profesionales,CCOO - Comisiones Obreras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La biografía que al fin sitúa a Miguel Hernández en el curso de la Historia refleja su dignidad hasta la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/biografia-situa-miguel-hernandez-curso-historia-refleja-dignidad-muerte_1_13244135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/820f1d9d-8ce3-48c0-9a71-7b27d05fa852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x856y329.jpg" width="1200" height="675" alt="La biografía que al fin sitúa a Miguel Hernández en el curso de la Historia refleja su dignidad hasta la muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mario Amorós publica en Akal la primera biográfía del poeta de Orihuela escrita por un historiador, de manera que refleja cómo la historia política y social atraviesa, determina y constituye a un sujeto que habita las contradicciones de su tiempo</p><p class="subtitle">Ian Gibson: “La actitud de la familia no ha ayudado nada a que se encuentren los huesos de Lorca”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es la primera biograf&iacute;a de Miguel Hern&aacute;ndez escrita por un historiador&rdquo;, afirma Mario Amor&oacute;s, en una clara declaraci&oacute;n de intenciones, en el pr&oacute;logo de <em>Un poeta en la Historia</em>, la biograf&iacute;a que sobre el poeta de Orihuela acaba de publicar en Akal.
    </p><p class="article-text">
        La mirada &ndash;y el m&eacute;todo&ndash; del historiador aporta rigor a la reconstrucci&oacute;n de la vida de Miguel Hern&aacute;ndez, siempre apoyada en las fuentes que consulta y contrasta, y respaldada en el vaciado de nuevos archivos que aportan informaci&oacute;n in&eacute;dita, y que contribuyen a ampliar el conocimiento sobre la vida del poeta, a confirmar hip&oacute;tesis o desterrar mitos.
    </p><p class="article-text">
        Si un suceso aparece en el texto es porque ha sido previamente contrastado; y si no aparece es porque no hay prueba documental que permita verificarlo, por veros&iacute;mil que sea, o por asumido que est&eacute; entre bi&oacute;grafos y lectores. No se llenan los huecos con imaginaci&oacute;n ni conjeturas. En <em>Un poeta en la Historia </em>la literatura la pone &uacute;nicamente Miguel Hern&aacute;ndez, o se encuentra en el pulso narrativo de un texto que fluye para acompa&ntilde;ar a un lector que se deja atrapar por su prosa amena y clara.
    </p><p class="article-text">
        La mayor aportaci&oacute;n de Mario Amor&oacute;s al conocimiento de la vida de Miguel Hern&aacute;ndez deriva de la consulta del Fondo Documental Germ&aacute;n Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile. La &ldquo;conexi&oacute;n chilena&rdquo; de Amor&oacute;s, familiarizado con los archivos nacionales de Chile, de cuyos fondos se ha servido para componer anteriormente las biograf&iacute;as de Salvador Allende, Pablo Neruda, V&iacute;ctor Jara o Pinochet, le permite ahora rescatar, o restablecer, la &ldquo;conexi&oacute;n chilena&rdquo; de Miguel Hern&aacute;ndez, aunque el poeta oriolano nunca llegara a pisar suelo americano.
    </p><p class="article-text">
        Amor&oacute;s ha tenido acceso a las casi cuatro mil p&aacute;ginas de un fondo que incluye las once cartas que Miguel Hern&aacute;ndez dirigi&oacute; al diplom&aacute;tico chileno entre junio de 1939 y enero de 1942, as&iacute; como otros escritos, como la correspondencia que Vergara Donoso mantuvo con Vicente Aleixandre o Rafael S&aacute;nchez Mazas, y que Amor&oacute;s descubri&oacute; en 2015, cuando investigaba, precisamente, para la biograf&iacute;a de Pablo Neruda, <em>El pr&iacute;ncipe de los poetas, </em>que public&oacute; en 2015. &ldquo;Estas cartas iluminan de manera definitiva varios aspectos sobre los que prevalec&iacute;an las dudas y las especulaciones y faltaba la certeza del respaldo documental&rdquo;, apunta Amor&oacute;s en su biograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Germ&aacute;n Vergara Donoso, que se defin&iacute;a como hombre pol&iacute;ticamente de derechas, pero con fondo social y nulas simpat&iacute;as hacia el fascismo, apenas vio una sola vez a Miguel Hern&aacute;ndez, pero sinti&oacute; por el poeta una gran admiraci&oacute;n y se forj&oacute; entre ellos un s&oacute;lido v&iacute;nculo humano, m&aacute;s all&aacute; de sus diferencias concretas, y una gran amistad epistolar. Las gestiones de &ldquo;su querido t&iacute;o&rdquo;, como as&iacute; se dirig&iacute;a a &eacute;l Hern&aacute;ndez en sus cartas, fueron esenciales para lograr la conmutaci&oacute;n de la pena de muerte que el consejo de guerra franquista le impuso al poeta el 18 de enero de 1940.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mario Amorós recoge la carta que Dionisio Ridruejo dirige al ministro de Educación Nacional para alertar de las graves consecuencias que pesarían sobre la imagen del régimen la ejecución de Miguel Hernández</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Vergara Donoso escribi&oacute; al ministro sin cartera <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/sanchez-mazas-falangista-responsable-espana-resucito-fusilamiento-fallido_1_12513840.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rafael S&aacute;nchez Mazas</a> para interesarse por la situaci&oacute;n de Miguel Hern&aacute;ndez que, sometido a un chantaje por parte del franquismo, sab&iacute;a que no se pod&iacute;a permitir el lujo de fusilar al escritor y repetir un nuevo &ldquo;caso Lorca&rdquo;. Amor&oacute;s recoge en <em>Un poeta en la Historia </em>la carta que Dionisio Ridruejo dirige a Jos&eacute; Ib&aacute;&ntilde;ez Mart&iacute;n, ministro de Educaci&oacute;n Nacional, para alertar de las graves consecuencias que pesar&iacute;an sobre la imagen del r&eacute;gimen la ejecuci&oacute;n de Miguel Hern&aacute;ndez: &ldquo;El poeta &ndash;gran poeta&ndash; Miguel Hern&aacute;ndez ha sido condenado a muerte por acusaciones graves. La ejecuci&oacute;n de la sentencia, aun siendo justa, ser&iacute;a peligrosa para nosotros, porque podr&iacute;a ser la nueva versi&oacute;n del &rdquo;caso Lorca&ldquo;, en orden a la propaganda. Aparte de eso y por puras razones de humanidad, siempre es bueno evitar la muerte de un hombre. Como esta tarde hay consejo, &iquest;quieres interceder por &eacute;l ante el Caudillo? A Rafael [S&aacute;nchez Mazas] se lo he rogado igualmente. Ser&iacute;a una pena que por un descuido desapareciese un poeta importante y se diese un arma al enemigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece que todo ello respond&iacute;a a una retorcida estrategia por parte del r&eacute;gimen. La espada de Damocles de la pena de muerte pendiendo sobre la cabeza del poeta deb&iacute;a empujar a Miguel Hern&aacute;ndez a pronunciar p&uacute;blicamente su arrepentimiento por haber participado en la defensa de la Rep&uacute;blica y proclamar su adhesi&oacute;n al r&eacute;gimen. Sus amigos falangistas, como Dionisio Ridruejo o Ernesto Gim&eacute;nez Caballero, le visitaron en las c&aacute;rceles de Torrijos y Oca&ntilde;a para negociar la revisi&oacute;n de su condena e incluso para prometerle su libertad a cambio de retractarse.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Miguel Hernández, enarbolando la bandera de la dignidad, no se vendió, no se sometió a tan indigno chantaje. Finalmente, y de todos modos, la pena de muerte se conmutó por una condena a treinta años de cárcel que su muerte temprana no le dejaron cumplir</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Miguel Hern&aacute;ndez, enarbolando la bandera de la dignidad, no se vendi&oacute;, no se someti&oacute; a tan indigno chantaje. Finalmente, y de todos modos, la pena de muerte se conmut&oacute; por una condena a treinta a&ntilde;os de c&aacute;rcel que su muerte temprana no le dejaron cumplir. Como dec&iacute;a V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, muri&oacute; de tuberculosis y comunismo, es decir, por mantenerse firme en la defensa de sus ideas y por una enfermedad acrecentada por el &ldquo;turismo carcelario&rdquo; y las precarias e insalubres condiciones de las c&aacute;rceles franquistas, donde los presos conviv&iacute;an hacinados y en compa&ntilde;&iacute;a de las ratas.
    </p><p class="article-text">
        Josefina Manresa, la mujer de Miguel Hern&aacute;ndez, que siempre fue muy tibia a la hora de reconocer la militancia del poeta, que siempre prefiri&oacute; describirlo en su dimensi&oacute;n m&aacute;s po&eacute;tica que pol&iacute;tica, y que incluso lleg&oacute; a negar que Hern&aacute;ndez hubiese llegado a tener el carnet del Partido Comunista (hecho hoy m&aacute;s que probado y fuera de toda duda), acaso para proteger su legado y para protegerse en un mundo desmemoriado y hostil, en la intimidad de las cartas dirigidas a Germ&aacute;n Vergara Donoso muestra su versi&oacute;n m&aacute;s descarnada, como prueba la escrita en abril de 1942, y que aporta Amor&oacute;s del fondo chileno: &ldquo;(&hellip;) Lo que hicieron con &eacute;l fue asesinarlo. Le dieron una muerte lenta y dolorosa, sistema muy peculiar en esta gente sin entra&ntilde;as e inhumana porque hubo mil medios para poder haber evitado su muerte, pero como les estorbaba y lo que quer&iacute;an eran quitarlo del medio, pues desde el principio fue mal atendido&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/820f1d9d-8ce3-48c0-9a71-7b27d05fa852_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La vida de Miguel Hern&aacute;ndez ha sido ya contada por otros bi&oacute;grafos. Antes de la de Mario Amor&oacute;s, y todav&iacute;a en 1975, Manuel Mu&ntilde;oz Hidalgo public&oacute; <em>C&oacute;mo fue Miguel Hern&aacute;ndez</em>. Un joven Rafael Chirbes, en la revista <em>Ozono</em>, y como muy bien recoge &Aacute;lvaro D&iacute;az Ventas en la antolog&iacute;a de art&iacute;culos de Chirbes, titulada <em>Asen&shy;tir y desestabilizar. Cr&oacute;nica contracultural de la transici&oacute;n</em>, acusaba esta biograf&iacute;a de desactivar pol&iacute;ticamente a Hern&aacute;ndez, mostr&aacute;ndolo como un muchacho ingenuo y sin ideolog&iacute;a que se dej&oacute; llevar por su debilidad y por las circunstancias sin nunca terminar de comprender lo que estaba en juego.
    </p><p class="article-text">
        Luego vino la biograf&iacute;a de Jos&eacute; Luis Ferris, <em>Pasiones, c&aacute;rcel y muerte de un poeta, </em>en 2002 (corregida y aumentada en 2022), una aut&eacute;ntica obra de referencia entre los estudios hernandianos, que no solo supo recorrer paso a paso la vida p&uacute;blica del poeta, y conectarla con su poes&iacute;a, sino tambi&eacute;n acceder a parcelas desconocidas de su vida privada, incluso &iacute;ntima.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Rafael Chirbes acusaba a la primera biografía de Miguel Hernández, publicada en 1975, de desactivar políticamente al poeta, mostrándolo como un muchacho ingenuo y sin ideología que se dejó llevar por su debilidad y por las circunstancias sin nunca terminar de comprender lo que estaba en juego</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2010, Eutimio Mart&iacute;n, en plena celebraci&oacute;n del centenario del nacimiento del poeta, public&oacute; <em>El oficio del poeta</em>, un libro asimismo imprescindible en la que se ofrece una imagen de Miguel Hern&aacute;ndez muy atento a la norma literaria que reg&iacute;a en cada momento para, en funci&oacute;n de esta, construir su propia po&eacute;tica y aprender a moverse y a posicionarse en el campo literario para ocupar un lugar privilegiado en el mismo. Cabe destacar tambi&eacute;n los primeros acercamientos de Mar&iacute;a de Gracia Ifach o Concha Zardoya, adem&aacute;s de los trabajos de Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Dario Puccini o, m&aacute;s recientemente, Andr&eacute;s Sorel, cuyas aportaciones al conocimiento de la vida del poeta fueron sin duda relevantes e imprescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Con <em>Un poeta en la Historia: vida de Miguel Hern&aacute;ndez </em>se ampl&iacute;an y se completan algunos episodios de su biograf&iacute;a de gran importancia para entender su compromiso pol&iacute;tico. Pero lo m&aacute;s importante es que, a diferencia de las biograf&iacute;as anteriores, Mario Amor&oacute;s, como historiador, inscribe al poeta, efectivamente y como el t&iacute;tulo anuncia, en la Historia; no en el contexto hist&oacute;rico, sino &ndash;y vale la pena insistir&ndash; en la Historia. 
    </p><p class="article-text">
        Porque no se trata de mostrar un contexto hist&oacute;rico como un escenario en el que el biografiado se mueve y act&uacute;a con relativa autonom&iacute;a, sino el modo en que la historia &ndash;pol&iacute;tica y social&ndash; atraviesa, determina y constituye a un sujeto que habita las contradicciones de una coyuntura hist&oacute;rica espec&iacute;fica y las despliega en su producci&oacute;n po&eacute;tica. Adem&aacute;s de mostrarnos un ser humano con sus complejidades, con sus dudas y sus miedos, y tambi&eacute;n con sus certezas y compromisos, Amor&oacute;s y <em>Un poeta en la Historia </em>nos muestra un sujeto hist&oacute;rico que, como no puede ser de otro modo, vive hist&oacute;ricamente el tiempo que le toc&oacute; vivir y escribir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/biografia-situa-miguel-hernandez-curso-historia-refleja-dignidad-muerte_1_13244135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 19:52:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/820f1d9d-8ce3-48c0-9a71-7b27d05fa852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x856y329.jpg" length="341743" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/820f1d9d-8ce3-48c0-9a71-7b27d05fa852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x856y329.jpg" type="image/jpeg" fileSize="341743" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La biografía que al fin sitúa a Miguel Hernández en el curso de la Historia refleja su dignidad hasta la muerte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/820f1d9d-8ce3-48c0-9a71-7b27d05fa852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x856y329.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Miguel Hernández,Franquismo,Biografías,Ensayos,Historia de España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" width="1600" height="900" alt="Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siruela recupera ‘Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido’ (1973), que analiza cómo la ficción perpetúa el rol de víctima de la mujer de clase media</p><p class="subtitle">El cine seguirá costando dos euros los martes para los mayores de 65 años
</p></div><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de este libro lo podr&iacute;a pronunciar una mujer de hoy, porque, por desgracia, <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/hombre-mata-expareja-pleno-dia-calle-figueres-policia-le-detiene-lugar-hechos_1_13233392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cr&iacute;menes machistas no dejan de poblar los titulares</a>. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que estos asesinatos, estas din&aacute;micas de violencia contra las mujeres, se camuflaban, se escond&iacute;an (algo que a&uacute;n sucede en algunas partes del mundo). En el siglo XX, estaban tan normalizadas en las conductas sociales que ni siquiera se percib&iacute;an como los abusos que son. En ese contexto, muchas obras culturales, de forma consciente o inconsciente, actuaron como una herramienta para perpetuar el <em>statu quo</em>, incluso cuando esta cultura era producida por y para ellas. Es m&aacute;s: <em>sobre todo</em> actuaba as&iacute; cuando se dirig&iacute;a a ellas; para ser exactos, al subgrupo de mujeres blancas de clase media.
    </p><p class="article-text">
        El ama de casa de clase media encarnaba el tipo de p&uacute;blico con cierta formaci&oacute;n (pero no demasiada) e inquietudes culturales (o m&aacute;s bien mucho tiempo libre, mucho tiempo para aburrirse) que, adem&aacute;s, contaba con el dinero (del salario del marido) para adquirir, en este caso, las novelitas con las que entretenerse. &ldquo;Novelitas&rdquo;, porque de lo que se ocupa <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/formas-historicas-ridiculizar-escritoras_1_1853978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joanna Russ</a> (Nueva York, 1937-Tucson, 2011) en el ensayo <em>Alguien me quiere asesinar&hellip; y creo que es mi marido</em> (1973) es de ese corpus de ficci&oacute;n de consumo, tan abundante en clich&eacute;s, que, m&aacute;s que por su calidad, interesa como fuente de estudio de los valores y costumbres inherentes a una &eacute;poca, una clase social, un pa&iacute;s: mujer blanca occidental de clase media, a mediados del siglo XX, en Estados Unidos.
    </p><h2 class="article-text">La virtud de la mujer casada</h2><p class="article-text">
        El llamado &ldquo;g&oacute;tico moderno&rdquo; vivi&oacute; una eclosi&oacute;n en la novela popular de aquel tiempo, de forma similar a la que han experimentado el romance o los relatos de testimonios en otros periodos. Eran publicaciones baratas, en edici&oacute;n de bolsillo, con cubiertas <em>kitsch</em> que identificaban el g&eacute;nero de manera f&aacute;cil e inmediata. Su contenido era tan previsible como su dise&ntilde;o: un tipo de ficci&oacute;n que, siguiendo la estela de cl&aacute;sicos como <em>Jane Eyre</em> o <em>Rebecca</em>, presenta a una hero&iacute;na que, desde que contrae matrimonio y convive con su marido, comienza a descubrir que este no es quien pensaba que era.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d1f7fd23-b801-4f65-8972-db0418cb1ca9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La rutina de la mujer, lejos de emular la imagen id&iacute;lica de una joven reci&eacute;n casada, se vuelve inquietante. La protagonista se halla recelosa, sospecha de todo. En su centro se debate una contradicci&oacute;n: est&aacute; entre el amor hacia su esposo y el miedo que empieza a sentir. Adem&aacute;s, los clich&eacute;s del g&eacute;nero llevan la situaci&oacute;n al extremo: el hombre, por definici&oacute;n, es siempre una figura poderosa, alguien m&aacute;s maduro, resolutivo, un agente activo en la sociedad; mientras que ella, condenada a ser la eterna <em>chica</em>, es, adem&aacute;s de inexperta y sin opciones de escapar del hogar, una joven sin familia que la apoye, sin amigos, sin referentes; en suma, est&aacute; desamparada. Incluso la casa se le revela hostil: una vivienda grande, imponente y misteriosa, donde ya se hab&iacute;an establecido unas normas antes de su llegada, y donde ella no deja de sentirse una intrusa.
    </p><p class="article-text">
        Situaciones extremas para apelar al dramatismo m&aacute;s barato y sentimental: ah&iacute; estaba la receta para despertar emociones en las vidas mon&oacute;tonas de las lectoras. En las novelas que analiza la autora, el enigma en torno al hombre tiene que ver, como en los cl&aacute;sicos, con una cuesti&oacute;n moral: un tab&uacute; que se intenta encubrir, lo que da pie al miedo, a esas elucubraciones de la mujer ingenua a quien no se revela nada, que solo puede escuchar a hurtadillas y completar lo que no sabe con la imaginaci&oacute;n, que suele inducir m&aacute;s de la cuenta. La actividad il&iacute;cita del marido, por consiguiente, a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n de lo &ldquo;prohibido&rdquo; al relato, esto es, una perversi&oacute;n del orden apacible que buscaba la hero&iacute;na.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una expresi&oacute;n directa de la situaci&oacute;n tradicional de la mujer [&hellip;] y ofrece la clase exacta de lectura de evasi&oacute;n que necesitan las mujeres de clase media creyentes en la m&iacute;stica de la feminidad, sin conllevar elementos que vayan m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, afirma Joanna Russ, escritora, acad&eacute;mica y cr&iacute;tica literaria conocida sobre todo por su novela de ciencia ficci&oacute;n feminista <em>El hombre hembra</em> (1975) y el ensayo <em>C&oacute;mo acabar con la escritura de las mujeres</em> (1983). De alg&uacute;n modo, con su desarrollo previsible y la condici&oacute;n de v&iacute;ctima sin remedio de la protagonista, que no pasa de ser un sujeto pasivo, esas ficciones <em>confirman</em> el corpus de creencias socialmente aceptadas sobre el matrimonio, la vida conyugal y la moral puritana.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d93e4538-2006-4614-a7cb-2098c8e5fca0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Son textos que no esquivan la sexualidad, pero esta se plantea siempre desde un enfoque conservador, con la protagonista como la joven virgen e inmaculada que se escandaliza ante cualquier sospecha de desviaci&oacute;n moral. En contraste con esos picos emocionales, las novelas se prodigan en descripciones del vestuario y la decoraci&oacute;n (siempre de lujo), adem&aacute;s de las comidas: esos elementos en los que la mujer de casa media se sostiene en su d&iacute;a a d&iacute;a, aquello en lo que deviene una experta, que puede mantener bajo control y le confiere una seguridad de la que carece en el aspecto &iacute;ntimo. El mensaje impl&iacute;cito es claro: reforzar la imagen de la mujer como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pucheros-libros-amas-casa-impulsaron-clubes-lectura-80_1_12234840.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ama de casa</a>, de se&ntilde;ora feliz con sus labores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&oacute;tico moderno es una suerte de paranoia justificada&rdquo;, concluye la autora, &ldquo;la gente <em>tiene </em>la intenci&oacute;n de hacerte cosas horribles; <em>no puedes</em> confiar en tu marido [&hellip;]; las motivaciones de todo el mundo <em>son</em> ladinas y retorcidas, y solo estando en guardia de forma <em>sumamente</em> rigurosa podr&aacute;s arrancar alguna migaja de felicidad en las fauces de la destrucci&oacute;n&rdquo;. En otras palabras: se promueve el rol de una mujer pasiva, miedosa y desconfiada, lo que la lleva a encerrarse m&aacute;s en s&iacute; misma y a renunciar a la rebeld&iacute;a. Es lo contrario de lo que fomentan los relatos de sororidad: tejer v&iacute;nculos para saber que no est&aacute;n solas, que no son las &uacute;nicas que sufren, que existen otras formas de estar en el mundo y que est&aacute; en sus manos la posibilidad de cambiar su realidad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ac832931-9c0f-49ed-954b-11d6eca7af56_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A diferencia de la gran literatura, donde las protagonistas, pese a enfrentarse a situaciones amenazantes, se distingu&iacute;an por su determinaci&oacute;n &mdash;la propia Jane Eyre es un ejemplo de ello&mdash;, las novelitas de consumo r&aacute;pido no corren riesgos, perpet&uacute;en el clich&eacute;, por lo que no suponen ning&uacute;n desaf&iacute;o para la lectora. No pretenden provocar en ella una reacci&oacute;n ni despertar su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico; al contrario: velan por su supuesta integridad, le confirman lo que ya conoce o intuye por otros medios. Su &uacute;nica &ldquo;aventura&rdquo; posible es la historia de amor, y en ella concentran sus pensamientos, mientras procuran vestir bien y mantener la casa arreglada para actuar conforme a lo que se espera de ellas. En suma, se persiste en el concepto tradicional de &ldquo;virtud&rdquo;: &ldquo;Mi valor sexual es mi valor personal y es respetado por todo el mundo, salvo por los malvados y las malvadas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Del g&oacute;tico moderno a la novela negra contempor&aacute;nea</h2><p class="article-text">
        Hoy la ficci&oacute;n popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato econ&oacute;mico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales. Del mismo modo que la novela rom&aacute;ntica cambi&oacute; de traje y pas&oacute; a primera l&iacute;nea tras el fen&oacute;meno de <em>Cincuenta sombras de Grey</em> (2011), de E. L. James, los relatos de tintes oscuros, que remueven los bajos fondos de la sociedad, ya no corresponden al g&oacute;tico de los a&ntilde;os cincuenta, sino que han adoptado las pautas de la novela negra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy la ficción popular se ha sofisticado: ya no se mueve en formato económico por los circuitos de serie B, sino que se viste con las sobrecubiertas brillantes de grandes sellos comerciales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&iacute;, hace a&ntilde;os que la novela negra y el <em>thriller</em> son los g&eacute;neros de moda, le&iacute;dos tanto por ellos como por ellas, pero los estudios confirman que la mayor&iacute;a de lectores de ficci&oacute;n son <a href="https://www.gremieditors.cat/wp-content/uploads/2020/07/2020-Informe-Mujeres-Que-Leen-en-Espan%CC%83a-Julio-2020-EntreEditores.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres de mediana edad</a>. El an&aacute;lisis de Joanna Russ, hoy, podr&iacute;a trasladarse ah&iacute;, porque estas obras suelen tener un elemento en com&uacute;n muy significativo: las v&iacute;ctimas del crimen, con frecuencia, son mujeres, casi siempre j&oacute;venes de las que, adem&aacute;s, han abusado, cuyos cuerpos aparecen con se&ntilde;ales de una violencia que roza el sadismo. Hay autores (y autoras) que se recrean en la descripci&oacute;n escabrosa del cuerpo y la pulsi&oacute;n sexual hasta extremos que van m&aacute;s all&aacute; de lo que justifica el hecho literario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe un sesgo patriarcal en el t&oacute;pico de la chica asesinada? Podemos aventurarnos a decir que s&iacute;: no deja de ser una versi&oacute;n actual del martirio de la virgen beatificada, una muchacha &ldquo;inocente&rdquo;, &ldquo;bella&rdquo; y &ldquo;en la flor de la vida&rdquo;, cuyo asesinato escandaliza m&aacute;s, causa m&aacute;s conmoci&oacute;n social que si se tratara de alguien m&aacute;s maduro, de vuelta de todo; alguien que, quiz&aacute;, se defendi&oacute;. Tampoco se puede obviar la naturaleza morbosa de la descripci&oacute;n del cad&aacute;ver: a pesar de narrar una atrocidad (o quiz&aacute; precisamente por ello), se busca, con el detalle, perturbar a&uacute;n m&aacute;s al lector, recalcando la dimensi&oacute;n obscena del crimen, del criminal, sobre el que no existe redenci&oacute;n posible.
    </p><p class="article-text">
        Este clich&eacute; persiste incluso cuando la investigadora al mando es una mujer. El caso de <em>Los hombres que no amaban a las mujeres</em> (2005), el libro de Stieg Larsson con el que se inici&oacute; esta tendencia (o que, al menos, la pone en el centro del mercado), resulta paradigm&aacute;tico en este sentido: el periodista Mikael Blomkvist recurre, para investigar el caso, a Lisbeth Salander, una joven <em>hacker</em>. Adem&aacute;s de situar a la mujer <em>por debajo</em> del protagonista (es su <em>colaboradora</em>, no la investigadora principal; y es m&aacute;s joven, y con menos contactos, y se la toman menos en serio que a &eacute;l), ella re&uacute;ne la doble condici&oacute;n de v&iacute;ctima, por su pasado, y vengadora, por el modo en el que canaliza ese trauma.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/025e37aa-eb22-4754-af4e-d28d3ab0d339_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Lisbeth Salander, a diferencia de la mujer casada del g&oacute;tico moderno, es una chica con estudios, de mente brillante y con una profesi&oacute;n pionera, unos valores m&aacute;s acordes con los de la lectora media de hoy, que, como ella, es una mujer formada, con inquietudes y una vida m&aacute;s all&aacute; del hogar. Lisbeth, adem&aacute;s, no viste seg&uacute;n los c&aacute;nones asociados a la feminidad, sino que usa la ropa como expresi&oacute;n de una identidad subversiva, rebelde a conciencia, que no busca complacer la mirada masculina heterosexual. Sus aficiones, la inform&aacute;tica, no se corresponden tampoco a las actividades de esparcimiento que se han asociado por tradici&oacute;n a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Por estos motivos, se ha aplaudido a Lisbeth Salander como referente del feminismo, un modelo m&aacute;s inspirador e independiente que las mujeres tradicionales. Sin embargo, ese mito es cuestionable, porque la joven tambi&eacute;n representa una serie de fragilidades, marcadas por los abusos sufridos, como el car&aacute;cter antisocial, el miedo a los hombres (disfrazado de odio) o el temor a comprometerse. Su identidad se articula por reacci&oacute;n a lo que le ha hecho da&ntilde;o, no tanto por una b&uacute;squeda interior de s&iacute; misma. En s&iacute;ntesis: no es pasiva, como las hero&iacute;nas de anta&ntilde;o, y su mundo es m&aacute;s expansivo; ahora bien, su perfil psicol&oacute;gico y su <em>modus operandi</em> distan mucho de ser mod&eacute;licos, salvo que una aspire a (re)construirse sobre la rabia y la venganza.
    </p><p class="article-text">
        De un modo u otro, el miedo, el crimen y el esc&aacute;ndalo siguen abundando en la ficci&oacute;n comercial. Por mucho que a menudo se venda como entretenimientos intrascendentes, cuando un t&oacute;pico se repite tanto y tiene una amplia acogida cabe preguntarse qu&eacute; nos est&aacute; diciendo de nosotros como sociedad, qu&eacute; nos quiere transmitir. Joanna Russ respondi&oacute; a esta pregunta con respecto al g&eacute;nero predominante a mediados del siglo XX; en la actualidad los desaf&iacute;os para las mujeres han cambiado, y la literatura tambi&eacute;n, pero ensayos como el suyo ponen de relieve la necesidad de no perder de vista la ideolog&iacute;a impl&iacute;cita, de ra&iacute;z patriarcal, que mantienen buena parte de esas novelas, por mucho que sus autoras o sus protagonistas se presenten como &ldquo;feministas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mujeres-tuvieron-miedo-maridos-joanna-russ-topicos-gotico-moderno_1_13233764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" length="255178" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" type="image/jpeg" fileSize="255178" width="1600" height="900"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando las mujeres tuvieron miedo de sus maridos: Joanna Russ y los tópicos del gótico moderno]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2e7007c9-74da-4b09-842a-db6d91e9c23c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143364.jpg" width="1600" height="900"/>
      <media:keywords><![CDATA[Novela,Literatura,Novela negra,Feminismo,Escritores,Libros,Mujer,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ian Gibson: "La actitud de la familia no ha ayudado nada a que se encuentren los huesos de Lorca"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/ian-gibson-actitud-familia-no-ayudado-encuentren-huesos-lorca_128_13232890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4b67487-bebc-49d3-912d-095d78497979_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143379.jpg" width="5970" height="3358" alt="Ian Gibson: &quot;La actitud de la familia no ha ayudado nada a que se encuentren los huesos de Lorca&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El hispanista publica 'No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido', en el que repasa los intentos fallidos de hallar los restos del poeta y denuncia la pasividad de las instituciones o la oposición de sus herederos: "Hay que volver e investigar en profundidad", defiende </p><p class="subtitle">Unos versos inéditos atribuidos a Lorca aparecen en uno de sus manuscritos
</p></div><p class="article-text">
        Ian Gibson (Dubl&iacute;n, 1939) lleva toda la vida estudiando a Federico Garc&iacute;a Lorca. El hispanista ten&iacute;a 18 a&ntilde;os cuando sinti&oacute; la primera conexi&oacute;n con el universo lorquiano en una librer&iacute;a de ocasi&oacute;n de su ciudad natal. Nunca lo abandon&oacute;. Lleg&oacute; a Granada en 1965 con la intenci&oacute;n de hacer una tesis sobre la literatura del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/versos-ineditos-atribuidos-lorca-aparecen-manuscritos_1_13147457.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">poeta espa&ntilde;ol m&aacute;s universal</a>, pero acab&oacute; investigando su asesinato y el posible paradero de sus restos, que se cree que fueron arrojados a alg&uacute;n lugar de Alfacar (Granada), tras ser fusilado por los franquistas. El crimen se cometi&oacute; el 18 de agosto de 1936, solo un mes despu&eacute;s de que un grupo de militares encabezados por Franco se sublevaran contra la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La obra de Lorca es admirada en todo el mundo y ha sido traducida a decenas de idiomas, pero su cuerpo nunca ha sido encontrado a pesar de las b&uacute;squedas oficiales que se han llevado a cabo desde 2009. Al enigma vuelve otra vez el hispanista en <em>No me encontraron. La fosa de Lorca: cr&oacute;nica de un olvido</em>, que publica la editorial Aguilar este 21 de mayo y en el que repasa los &ldquo;errores, ineficacias y silencios&rdquo; que han rodeado a los intentos de encontrar los restos, algo a lo que desde el principio se ha opuesto la familia del poeta. &ldquo;Tenemos que saber d&oacute;nde est&aacute;n &eacute;l y el resto de los miles de represaliados desaparecidos porque Lorca los representa a todos&rdquo;, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ian-gibson-irlandes-relato-vidas-lorca-dali-bunuel-machado-cuenta-ahora_1_10034791.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apunta Gibson.</a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>90 a&ntilde;os despu&eacute;s de su asesinato hay una pregunta que sigue haci&eacute;ndose mucha gente: &iquest;c&oacute;mo es posible que los restos de Lorca no hayan aparecido a&uacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una verg&uuml;enza que casi un siglo despu&eacute;s no se hayan localizado, pero no es solo Lorca. Hablamos de un pa&iacute;s que tiene miles de v&iacute;ctimas de la dictadura franquista todav&iacute;a en cunetas. Aqu&iacute; todav&iacute;a la derecha habla de que se reabren heridas, pero en realidad es que no se han cerrado y este pa&iacute;s solo se reconciliar&aacute; cuando tengamos todos los cuerpos decentemente enterrados. Cuando vas a una exhumaci&oacute;n te das cuenta de que no hay deseo de venganza, sino de encontrar al abuelo. Lorca es el poeta y dramaturgo espa&ntilde;ol m&aacute;s conocido a nivel mundial, traducido a m&aacute;s de 40 idiomas: representa a <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/fusilados-siguen-tierra-espana-hay-exhumar-2-000-fosas-guerra-civil-franquismo_1_12820701.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esa Espa&ntilde;a que todav&iacute;a hay que buscar. </a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; supondr&iacute;a encontrar sus huesos? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a un alivio y algo acorde con su obra, que emana amor hacia el pr&oacute;jimo. Tenemos que saber d&oacute;nde est&aacute;n &eacute;l y el resto porque para m&iacute; Lorca los representa a todos. No para ponerle un monumento excesivo ni nada parecido, pero los huesos pueden revelar informaci&oacute;n, por ejemplo, si sufri&oacute; tortura. Es nuestra obligaci&oacute;n &eacute;tica e hist&oacute;rica encontrarlo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6fe615e9-e977-4679-89b6-b93e0ecb24a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gibson señala varias fotografías incluidas en el libro &#039;No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido&#039; durante la entrevista."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gibson señala varias fotografías incluidas en el libro &#039;No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido&#039; durante la entrevista.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Se han hecho varios intentos de b&uacute;squeda en Alfacar, el primero en 2009, en el lugar que le se&ntilde;al&oacute; a usted y a otras personas Manuel Castilla, el hombre que dijo haberle enterrado, sin embargo, solo se hall&oacute; una roca. &iquest;Por qu&eacute; cree que las prospecciones no han tenido &eacute;xito?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa es la pregunta. Las b&uacute;squedas no se han hecho bien, no han sido rigurosas ni se ha investigado suficientemente. En 2008 supimos que cuando se construy&oacute; el parque Federico Garc&iacute;a Lorca en Alfacar en 1986, la Diputaci&oacute;n de Granada hall&oacute; huesos que fueron enterrados de nuevo en otra parte del parque. Sin embargo, comunicar este hallazgo al juez pod&iacute;a hacer que se paralizara la obra y ya hab&iacute;a una fecha elegida para la inauguraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Su principal teor&iacute;a es que estos podr&iacute;an ser los restos del poeta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, es una posibilidad, una hip&oacute;tesis, algo que no se puede asegurar, pero que al menos s&iacute; debe investigarse a fondo. Seg&uacute;n algunos testimonios, llegaron a aparecer trozos de madera que podr&iacute;an ser de la muleta de Di&oacute;scoro Galindo, el maestro republicano que fue fusilado junto a Lorca y dos anarquistas. Ahora esto puede sonar como algo inventado, pero tal vez no... No lo sabemos. Lo que parece probable, seg&uacute;n varios testimonios, es que los restos debieron trasladarse a donde hoy est&aacute; la fuente monumental del parque, pero esta posibilidad no se ha explorado con rigurosidad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Con lo que ya se sabe, &iquest;cu&aacute;les creen que deben ser los pr&oacute;ximos pasos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin lugar a dudas, hay que volver a Alfacar. Buscar en la fuente y en toda la zona porque tambi&eacute;n hay otros puntos en los que podr&iacute;a estar. Un pa&iacute;s civilizado no puede permitirse esto en 2026. Se ha buscado mucho, lo s&eacute;, pero habr&iacute;a que poner todos los recursos en intentar encontrar a Lorca y a todas las personas que quedan. No fueron criminales, eran inocentes que luchaban por la Rep&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La familia de Lorca siempre se ha opuesto a buscar sus restos. En un inicio, uno de sus sobrinos hablaba de &ldquo;profanaci&oacute;n&rdquo; y tem&iacute;a que se convirtiera en un &ldquo;circo medi&aacute;tico&rdquo;. M&aacute;s actualmente, apuntan a que el poeta no debe distinguirse de los dem&aacute;s. Esto abre un debate sobre hasta qu&eacute; punto la familia debe decidir o condicionar el proceso de b&uacute;squeda. &iquest;Entiende la posici&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La actitud de la familia no ha ayudado nada. Lorca pertenece a todos los que le aman y no es solo de sus progenitores ni de sus hermanos ni sus familiares, pertenece al mundo. Es mi opini&oacute;n. Ellos lo ven de otra manera. Han llegado a decir que no se necesitan los huesos, que no nos van a ense&ntilde;ar nada, pero eso no es verdad. Parece que uno de sus asesinos fue diciendo por toda Granada que le hab&iacute;a dado dos tiros en el culo por maric&oacute;n. &iquest;No interesa saber c&oacute;mo mataron al poeta espa&ntilde;ol m&aacute;s grande de todos los tiempos? A m&iacute; s&iacute;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3a2b3c2-82ad-4aab-85bf-9078d9632975_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El hispanista Ian Gibson, en un momento de la entrevista con elDiario.es."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El hispanista Ian Gibson, en un momento de la entrevista con elDiario.es.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que la posici&oacute;n de la familia ha influido de alguna manera en que no se lleguen a encontrar los restos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en parte porque nadie quer&iacute;a molestar a la familia. Y eso ha propiciado silencio y opacidad. En la primera b&uacute;squeda, la de 2009, debido a la resistencia de la familia lo que se dijo es que no se buscaba a Lorca, sino al resto. Empezar as&iacute; cuando obviamente lo que se hac&iacute;a principalmente era intentar encontrarle a &eacute;l es empezar mal. Al principio tuve buena relaci&oacute;n con ellos y su hermana Isabel apoy&oacute; mi proyecto de biograf&iacute;a (publicada en dos tomos en 1985 y 1987), pero fue aflorando el tema de su homosexualidad y se fue complicando. Para m&iacute; era central, pero entonces era tab&uacute; y se silenciaba. Una mujer burguesa granadina lleg&oacute; a decirme que si hubiera sabido que era gay, no habr&iacute;a entrado en su casa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muchas de las personas que fueron arrojadas a enterramientos clandestinos no podr&aacute;n ya ser recuperadas porque las fosas son inaccesibles y sobre ellas se ha construido desde viviendas a infraestructura municipal. &iquest;Puede que algo as&iacute; haya pasado con Lorca?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es posible, no lo niego porque muy cerca, a muy pocos metros, al otro lado del camino, hay una urbanizaci&oacute;n llamada El Caracolar. All&iacute; en 2014 un jardinero encontr&oacute; de forma fortuita un cr&aacute;neo y avis&oacute; a la Guardia Civil, pero no se supo mucho m&aacute;s. Es posible que debajo de ese edificio haya restos porque siempre se ha dicho que cerca de la acequia que pasa por delante se situaba una zona de enterramientos de fusilados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre el paradero de Lorca ha habido todo tipo de teor&iacute;as, se ha llegado a decir que est&aacute; enterrado con su padre en Nueva York. &iquest;Es un tema especialmente abonado para los rumores?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde luego. Yo no pod&iacute;a ir a Granada sin que alguien me dijera algo sobre los restos. Se ha llegado a decir que lo llevaron a una iglesia y que se demoli&oacute;, que realmente no lo mataron y 'se lo llevaron' unas monjas... Todo tipo de teor&iacute;as con las que si se hiciera una investigaci&oacute;n rigurosa, se terminar&iacute;a. Desde hace mucho tiempo hay muchos bulos y ni siquiera est&aacute;bamos a&uacute;n en la era de las <em>fake news</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Lorca lo mataron por ser homosexual, apoyar a la Rep&uacute;blica y atreverse a hacerlo en p&uacute;blico. Ante el auge de la extrema derecha, &iquest;hasta qu&eacute; punto est&aacute; en peligro lo logrado en memoria hist&oacute;rica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo est&aacute;, la ultraderecha con el apoyo de la derecha del PP ya han declarado sus intenciones. Buscan olvidar el pasado y, como dec&iacute;a antes, no reabrir heridas en favor supuestamente de hacer a Espa&ntilde;a grande. Todo ese discurso que tiene que ver con el imperialismo y la nostalgia, el querer conquistar y convencer a los dem&aacute;s con estas ideas me parece repugnante, trasnochado y peligroso. Lorca represent&oacute; lo contrario. Sus manifestaciones, conferencias, recitales y su obra son revolucionarias, quiere cambiar la sociedad y lucha por la gente. Los franquistas tomaron nota r&aacute;pido y eso no se puede olvidar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/023a536a-d9ca-42e4-8777-f39ccac88cd8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ian Gibson: &quot;Las manifestaciones, conferencias, recitales y obra de Lorca son revolucionarias&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ian Gibson: &quot;Las manifestaciones, conferencias, recitales y obra de Lorca son revolucionarias&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Al final del libro enumera una serie de reflexiones a modo de ideas. La primera es la creaci&oacute;n de una comisi&oacute;n de expertos nombrada por el Gobierno que revise toda la documentaci&oacute;n del caso y vuelva a buscar. El actual Ejecutivo, en manos del PSOE y Sumar, lleva desde 2018 en el poder. &iquest;Deber&iacute;a haber dado m&aacute;s pasos en este sentido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; tendr&iacute;a que haber tomado cartas en el asunto de una forma m&aacute;s firme y decisiva. Las b&uacute;squedas han fracasado por ineficacia y yo creo que a nivel institucional hay en general cierta verg&uuml;enza por ello. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su primer libro sobre Lorca lo public&oacute; en Par&iacute;s en 1971. Sufre lo que usted mismo llama &ldquo;lorcaman&iacute;a&rdquo;. &iquest;De d&oacute;nde viene? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a 18 a&ntilde;os ten&iacute;a el sue&ntilde;o de ser Catedr&aacute;tico de Franc&eacute;s, hab&iacute;a que elegir otro idioma y fue el espa&ntilde;ol. Un d&iacute;a en una librer&iacute;a de ocasi&oacute;n en Dubl&iacute;n me top&eacute; con unos libros de autores espa&ntilde;oles: <em>C&aacute;ntico </em>de Jorge Guill&eacute;n, <em>La voz a ti debida</em> de Pedro Salinas y el <em>Romancero Gitano</em> de un tal Garc&iacute;a Lorca. Los compr&eacute;, me encontr&eacute; con el <em>Romance de la Luna Luna</em> y me enganch&eacute; al momento. No conoc&iacute;a todas las palabras, pero capt&eacute; lo que pasaba. Le&iacute; los versos en los que dice 'El jinete se acercaba / tocando el tambor del llano&ldquo; y pens&eacute;: '&iquest;c&oacute;mo puede un jinete tocar el tambor a la vez?'. Hasta que entend&iacute; que eran los cascos de los caballos. Fue mi primer descubrimiento de lo que es una imagen po&eacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Borraz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/ian-gibson-actitud-familia-no-ayudado-encuentren-huesos-lorca_128_13232890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f4b67487-bebc-49d3-912d-095d78497979_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143379.jpg" length="9559319" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f4b67487-bebc-49d3-912d-095d78497979_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143379.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9559319" width="5970" height="3358"/>
      <media:title><![CDATA[Ian Gibson: "La actitud de la familia no ha ayudado nada a que se encuentren los huesos de Lorca"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f4b67487-bebc-49d3-912d-095d78497979_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143379.jpg" width="5970" height="3358"/>
      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca,Franquismo,Dictadura franquista,Fosas del franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 30 años de la publicación de esta emblemática novela de fantasía épica que marcó el regreso literario de la barcelonesa tras décadas de silencio</p><p class="subtitle">La “libertad radical” de Ana María Matute, una escritora siempre al lado de los débiles</p></div><p class="article-text">
        La historia se ha contado muchas veces: tras su separaci&oacute;n, en una &eacute;poca en la que las mujeres perd&iacute;an todo derecho de custodia, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Mar&iacute;a Matute</a> (Barcelona, 1925-2014) tuvo que bregar para mantener la relaci&oacute;n con su hijo, que hab&iacute;a quedado a cargo de su ex (siempre le estuvo agradecida a su suegra, a prop&oacute;sito, que le permit&iacute;a verlo: al final, el entendimiento llega entre mujeres, entre madres). Como resultado, cay&oacute; en una grave depresi&oacute;n, que fren&oacute; su hasta entonces fulgurante carrera literaria &ndash;antes de cumplir los cuarenta a&ntilde;os ya hab&iacute;a publicado t&iacute;tulos tan emblem&aacute;ticos como <em>Peque&ntilde;o teatro</em> (1954), <em>Luci&eacute;rnagas</em> (1955), <em>Los hijos muertos</em> (1958) o <em>Primera memoria</em> (1960)&ndash;, que la llev&oacute; a un periodo de bloqueo creativo que se alarg&oacute; m&aacute;s de dos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Durante ese tiempo, su agente, Carmen Balcells, esa mezcla de hada madrina y abogada irredenta cuando se trataba de defender los derechos de sus autores, la mantuvo durante sus problemas econ&oacute;micos y la anim&oacute; a perseverar en la escritura de la gran novela que ten&iacute;a entre manos. No era, como sus obras previas, una evocaci&oacute;n de la Guerra Civil o la posguerra, periodos negros que marcaron a la escritora, sino algo distinto, una novela de fantas&iacute;a de tintes medievales a la vieja usanza, como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-maria-matute-nina-eterna-fascinada-bosques-guerra-le-hizo-perder-inocencia_1_12483686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquellos relatos que fascinaron a Ana Mar&iacute;a Matute desde peque&ntilde;a</a>. Teniendo en cuenta que el g&eacute;nero no contaba con demasiados adeptos en Espa&ntilde;a, y no era habitual que lo cultivaran los novelistas de las corrientes principales, aquel apoyo parec&iacute;a un salto de fe, una confianza ciega absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Y, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, se puede decir que vali&oacute; la pena. Una vez m&aacute;s, Carmen Balcells acert&oacute; de lleno: esa novela, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> (1996), no solo ser&iacute;a el gran libro de la vida de Ana Mar&iacute;a Matute, sino que se convirti&oacute; en el favorito de muchos lectores, que en muchos casos la descubrieron siendo j&oacute;venes, gracias a las aventuras de este elenco de personajes. La escritora regres&oacute; por la puerta grande, haciendo lo que siempre hab&iacute;a querido hacer, sin ce&ntilde;irse a modas ni a lo que le hab&iacute;a funcionado antes. En realidad, lo que le hab&iacute;a funcionado era su buen hacer literario, algo que no desapareci&oacute;, sino que alcanz&oacute; otras cotas. Los lectores veteranos comprobaron que segu&iacute;a siendo una de las mejores; y los j&oacute;venes descubrieron en ella a una aliada que entend&iacute;a su mundo.
    </p><h2 class="article-text">Las claves de una lectura capaz de salvar de muchos des&aacute;nimos</h2><p class="article-text">
        <strong>1. Un cuento de hadas para adultos.</strong> Ana Mar&iacute;a Matute llev&oacute; el imaginario fant&aacute;stico de los Hermanos Grimm y compa&ntilde;&iacute;a (el original, es decir, el <em>oscuro</em>, el que no tiene un final feliz) a un nivel superlativo. <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela redonda, <em>total</em>, en la que tienen cabida batallas, romances, hechizos, metamorfosis, viajes, amores y lujurias, matrimonios e incestos, conquistas y traiciones, princesas, caballeros, magos, trasgos y otras criaturas fascinantes. Es algo as&iacute; como la novela que todo adulto que una vez fue un ni&ntilde;o embelesado por los cuentos quiere leer. Un regalo. Y un reto, porque no es una obra f&aacute;cil de leer, pero conf&iacute;a en el lector (y eso es otra forma de regalo).
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Un viaje de resistencia, tambi&eacute;n para el lector. </strong>Umberto Eco escribi&oacute;, en las notas finales de <em>El nombre de la rosa</em> (1980), que hab&iacute;a concebido la novela como un viaje en el que el lector deb&iacute;a ascender unos primeros escalones arduos, de modo similar al mito de la caverna de Plat&oacute;n, para llegar m&aacute;s tarde a disfrutarla en plenitud. Con esta novela puede suceder algo parecido: los primeros episodios narran la g&eacute;nesis del reino, todo su legado, una parte en la que las historias personales apenas tienen continuidad. Eso, junto con la complejidad del estilo, que evoca el tono de las narraciones medievales, puede de entrada desalentar a algunos lectores. Aun as&iacute;, merece la pena seguir, porque llegar&aacute; un momento en el que esos hilos confluyan al final y toda la historia cobre un gran sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La Reina Ardid, una extraordinaria protagonista femenina.</strong> Se podr&iacute;a decir que la autora jug&oacute; al despiste al poner el nombre del monarca en el t&iacute;tulo, cuando de hecho la gran protagonista de la novela, y sin duda uno de los mejores personajes femeninos que jam&aacute;s se han escrito, es la excepcional Ardid. Desde su entrada en escena, como la ni&ntilde;a desamparada con sed por aprender, somos testigos de su evoluci&oacute;n hasta convertirse en una mujer poderosa, aunque no por ello imbatible, ni exenta de equivocarse. Ardid es el personaje m&aacute;s inteligente, pero tambi&eacute;n tiene miedos, es vulnerable. No le faltan aliados ni amigos: ni est&aacute; sola ni niega la necesidad constante de aprender de los dem&aacute;s. Es leal, pac&iacute;fica; y en su trayectoria se intuye mucho la de la propia Ana Mar&iacute;a Matute.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b78b1d6c-cea5-46dd-a85a-f2aac0913b96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La escritora Ana María Matute"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Ana María Matute                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>4. Reivindicaci&oacute;n del g&eacute;nero.</strong> Durante muchos a&ntilde;os se ha escuchado, incluso en boca de pretendidos eruditos, que en Espa&ntilde;a no se escribe (buena) fantas&iacute;a. No solo es falso, sino que ignoran que una de sus mejores autoras inscribi&oacute; una de sus obras maestras en &eacute;l. Porque Ana Mar&iacute;a Matute amaba la maravilla de los cuentos de hadas, el imaginario medieval, las novelas de caballer&iacute;as, todo ese universo m&aacute;gico que de peque&ntilde;a le hab&iacute;a permitido sobrellevar su etapa de ni&ntilde;a enfermiza y m&aacute;s adelante escapar por un rato de la desolaci&oacute;n de la guerra. Con esta novela construy&oacute; un mundo propio con gui&ntilde;os a los cl&aacute;sicos que se erige como un monumento del g&eacute;nero para lectores asiduos y puntuales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. El ingenio por delante de la fuerza bruta.</strong> No es una novela sobre la Guerra Civil ni la posguerra, o al menos no de forma realista, pero, desde luego, los hechos que marcaron a la autora est&aacute;n presentes en ella, lo mismo que su mensaje pacifista. La Reina Ardid, a diferencia de sus predecesores, no aspira a sumar territorios a sus feudos ni a aniquilar a los dem&aacute;s con su ej&eacute;rcito; al contrario, aboga por el entendimiento, el respeto que puede dar pie a intercambios enriquecedores para ambas partes, empezando por una existencia tranquila en la que la gente sencilla pueda prosperar. Desde el principio, a trav&eacute;s de este personaje se lanza un alegato a favor del estudio, el aprendizaje y el cultivo de la mente, que por supuesto exige esfuerzo, dedicaci&oacute;n y paciencia, en contraste con el entreno de la fuerza bruta. Es asimismo un elogio de la (hoy tan denostada) figura del maestro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La fantasía épica ha sido, a lo largo de su historia, un género muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>6. Conciencia feminista.</strong> La fantas&iacute;a &eacute;pica ha sido, a lo largo de su historia, un g&eacute;nero muy masculino, tanto por sus autores como por sus temas predominantes. Sin renunciar a buena parte de ese imaginario de luchas y espadas &ndash;merecen una menci&oacute;n especial los dibujos que la propia autora hizo, durante el proceso de escritura, de las armaduras y la disposici&oacute;n de los ej&eacute;rcitos&ndash;, Ana Mar&iacute;a Matute los narra con otro enfoque, en el que Ardid y otros personajes femeninos memorables (como Tontina, Ondina o Gudrilkja) dan cabida a asuntos menos tratados en el g&eacute;nero, como el rol de una reina madre, las ambiciones de las mujeres o la relaci&oacute;n con su imagen y el envejecimiento. Tambi&eacute;n merecen una menci&oacute;n los personajes masculinos que se salen del canon del h&eacute;roe y se definen por otras cualidades, como la emoci&oacute;n (Alm&iacute;bar) o la sabidur&iacute;a (Hechicero).
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. La madurez como etapa de plenitud.</strong> En el g&eacute;nero fant&aacute;stico abundan asimismo los protagonistas j&oacute;venes, tanto en los h&eacute;roes que afrontan su particular viaje de iniciaci&oacute;n a la vida adulta como en las (bellas) doncellas en apuros que son salvadas por un pr&iacute;ncipe encantador (e igualmente hermoso). En <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em>, no obstante, vemos a Ardid crecer hasta convertirse en una mujer madura, que, lejos de hacerse a un lado, contin&uacute;a activa, como la reina soberana poderosa que es. Es interesante conocerla en diferentes etapas, con sus consiguientes retos, sin idealizar ni la juventud ni la veteran&iacute;a, porque en todo momento somos humanos imperfectos. Tampoco es casual que los personajes m&aacute;s instruidos, los <em>brujos</em>, sean el Hechicero y la abuela de Ondina, ambos ancianos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Mensaje poderoso sobre el amor y el olvido.</strong> Es dif&iacute;cil resumir en pocas l&iacute;neas todo lo abarca esta monumental novela, pero se pueden destacar dos puntos: la imposibilidad de Gud&uacute; de sentir amor de verdad, del apego a alguien por un sentimiento genuino, algo que contrasta con la trayectoria de otros personajes. Todos, sin embargo, son una suerte de n&aacute;ufragos condenados al olvido, con un final similar al de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>. De alg&uacute;n modo, nos recuerda la naturaleza ef&iacute;mera de la existencia humana; y nos recuerda que, puestos a desaparecer, m&aacute;s vale haber vivido sin coraza, y sin estar pendiente de la pretendida posteridad, que dedicarse a sembrar el odio y el temor en los semejantes. En otras palabras: un s&iacute; rotundo al amor y a las segundas oportunidades en etapas tard&iacute;as de la vida (la autora lo sab&iacute;a bien), aunque su desenlace no sea el de un cuento de Disney.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_50p_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_50p_1143235.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_75p_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_75p_1143235.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9679e0a4-a4bb-4eef-981b-af635703833b_16-9-aspect-ratio_default_1143235.jpg"
                    alt="La escritora Ana María Matute"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Ana María Matute                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>9. El sentido del humor.</strong> <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> es una novela muy oscura, muy cruenta, con personajes toscos, hura&ntilde;os y vengativos que act&uacute;an con una ferocidad despiadada. Y en su trasfondo se tratan asuntos complejos, llenos de aristas y controvertidos; nada de moralejas amables. Con todo, como los grandes maestros, la autora salpica la obra con un sano sentido del humor, por ejemplo, en la original elecci&oacute;n de los nombres de los personajes, que tanto por significado como por sonoridad dan pistas (o trampas) sobre su car&aacute;cter (Ardid, Alm&iacute;bar, Predilecto Furcio, Tontina). Esas humoradas, en forma de iron&iacute;a, tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en la narraci&oacute;n, que no da puntada sin hilo y deja caer alg&uacute;n que otro gui&ntilde;o. Ana Mar&iacute;a Matute no tiene un estilo simple, pero, cuando se conecta con ella, cada frase de su prosa deviene un aut&eacute;ntico deleite.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. La fantas&iacute;a como met&aacute;fora del trauma.</strong> &iquest;Qu&eacute; son los cuentos de hadas sino un armaz&oacute;n de s&iacute;mbolos con los que el ni&ntilde;o comienza a entender los misterios humanos? &iquest;Acaso no son las novelas de fantas&iacute;a y ciencia ficci&oacute;n unos retratos atinad&iacute;simos de los conflictos presentes en la sociedad contempor&aacute;nea? Los hechizos, las metamorfosis, los personajes mitol&oacute;gicos y el sentido de la maravilla en general nunca han sido un recurso decorativo, sino que est&aacute;n cargados de significado, y, cuando se eligen con inteligencia, pueden alcanzar tanta o m&aacute;s penetraci&oacute;n que una novela realista. Por ello, en el fondo, <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> no es tan distinta de sus predecesoras: difiere en la forma, pero en el fondo no deja de ser la culminaci&oacute;n de lo que siempre estuvo en su obra: la infancia rota por la guerra, la violencia del ser humano hacia sus semejantes, la fuerza del amor para elevar el esp&iacute;ritu humano, el desgarro de la p&eacute;rdida, la depresi&oacute;n, el refugio de los libros y el estudio, la amistad, el olvido, la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Bonus track</strong></em>. Para quienes ya hayan le&iacute;do <em>Olvidado Rey Gud&uacute;</em> &ndash;o quienes se nieguen en redondo a sumergirse en una novela de fantas&iacute;a (&iexcl;all&aacute; ellos!)&ndash;, ah&iacute; van dos sugerencias de la misma autora: <em>Los hijos muertos</em> (1958), otra novela extensa, escrita con esa prosa rica en matices, s&iacute;mbolos e im&aacute;genes, que, como bien dec&iacute;a Almudena Grandes, es una de las&nbsp;mejores obras que se han escrito sobre la Guerra Civil espa&ntilde;ola; y, para los que no tengan &aacute;nimo para una aventura de largo aliento, pero no renuncien a un toque de maravilla, los cuentos reunidos en el volumen <em>La puerta de la luna</em>: Ana Mar&iacute;a Matute tambi&eacute;n fue una cuentista fabulosa, una faceta que no se le reconoce lo suficiente. Sea como sea, no hay que dejar de leer a la autora. Ella s&iacute; que no debe caer en el olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/olvidado-rey-gudu-obra-maestra-salvo-ana-maria-matute-salvar_1_13228713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1063098" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1063098" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Olvidado Rey Gudú’, la obra maestra que salvó a Ana María Matute (y que también te puede salvar a ti)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b79ba82f-78c4-45c9-8ee8-e20a757b70b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Escritores,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una edición sin erratas ni censura de 'Tiempo de silencio' se publica sin consentimiento de los herederos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/edicion-erratas-censura-tiempo-silencio-publica-consentimiento-herederos_1_13222083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/464fcce8-3517-4bc9-918c-5566b67c2c39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una edición sin erratas ni censura de &#039;Tiempo de silencio&#039; se publica sin consentimiento de los herederos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Además, los hijos de Luis Martín-Santos, que tienen prevista una edición de su obra cumbre en 2028, consiguieron eliminar algunos pasajes de una biografía publicada en 2009 que ahora ve la luz al completo</p><p class="subtitle">Santiago Alba Rico: “Cuando tu propósito en la literatura es transformar el mundo, no lo transformas”
</p></div><p class="article-text">
        No solo se trata de los errores que la edici&oacute;n de <em>Tiempo de silencio </em>arrastra desde su publicaci&oacute;n en 1962, sino del esfuerzo por parte de los herederos de Luis Mart&iacute;n-Santos de evitar la publicaci&oacute;n de ciertos pasajes de una biograf&iacute;a a cambio de autorizar la publicaci&oacute;n de citas y documentos in&eacute;ditos regidos a&uacute;n bajo los derechos de autor. Los movimientos de Roc&iacute;o y Luis Mart&iacute;n-Santos Laff&oacute;n respecto a la obra de su padre dejan tras de s&iacute; varias pol&eacute;micas en las que la legalidad se cruza con el derecho y el inter&eacute;s general de la sociedad al acceso a la cultura, seg&uacute;n los especialistas.
    </p><p class="article-text">
        La obra magna de Mart&iacute;n-Santos se public&oacute; en la editorial Seix Barral despu&eacute;s de que la censura franquista eliminara algunos pasajes. &ldquo;Cuando la publicaron, se basaron en la copia mecanogr&aacute;fica del manuscrito, plagada de errores y equivocaciones&rdquo;, dice Alfonso Rey, profesor em&eacute;rito de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y estudioso que lleva cuatro d&eacute;cadas analizando dicha novela.
    </p><p class="article-text">
        En aquel momento, el escritor, natural del protectorado espa&ntilde;ol de Marruecos, no tuvo ocasi&oacute;n de ir a Barcelona y no lleg&oacute; a corregir las galeradas a tiempo. Para la segunda edici&oacute;n, &ldquo;algo m&aacute;s esmerada&rdquo;, seg&uacute;n Rey, ya hab&iacute;a fallecido el autor, tambi&eacute;n reconocido por sus contribuciones a la psiquiatr&iacute;a. &ldquo;Y as&iacute; es como ha llegado hasta nuestros d&iacute;as una edici&oacute;n con defectos que nunca se han enmendado&rdquo;, a&ntilde;ade. En 2014, apareci&oacute; en el Archivo General de la Administraci&oacute;n de Alcal&aacute; de Henares el manuscrito. Seg&uacute;n el profesor universitario, se demostr&oacute; que &ldquo;la impresi&oacute;n inicial fue m&aacute;s defectuosa de lo que se cre&iacute;a&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ba9846bc-ce16-444c-96dd-b3c55ad47fa9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A&ntilde;os antes, Rey ya hab&iacute;a escrito una edici&oacute;n cr&iacute;tica y anotada de la novela a petici&oacute;n del fil&oacute;logo Francisco Rico, quien hab&iacute;a conseguido el benepl&aacute;cito de los herederos de Mart&iacute;n-Santos, sus hijos Roc&iacute;o, Luis y Juan Pablo. Los dos primeros gestionan la obra de su progenitor. Se public&oacute; en la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos y Modernos de la editorial Cr&iacute;tica en el 2000. &ldquo;Realizamos aquel libro con la presunci&oacute;n de que iba a sustituir al de Seix Barral, pero no fue as&iacute;. No tengo pruebas fehacientes, pero todo hace pensar que los herederos se opusieron a ello. Mi impresi&oacute;n es que consent&iacute;an que mi libro saliera, pero solo en una editorial m&aacute;s peque&ntilde;a&rdquo;, a&ntilde;ade el investigador. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/fede7605-d755-486a-a4dc-2881987f8829_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cr&iacute;tica cerr&oacute; su colecci&oacute;n de Cl&aacute;sicos y Modernos, por lo que el libro de Rey termin&oacute; descatalogado despu&eacute;s de su reedici&oacute;n en 2005. Con el descubrimiento de 2014, el estudioso volvi&oacute; a intentar publicar la novela sin errores en Seix Barral. En esta ocasi&oacute;n, Roc&iacute;o y Luis se negaron a ello expl&iacute;citamente. Ni siquiera diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con la celebraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Mart&iacute;n-Santos, sali&oacute; a la luz la edici&oacute;n tal y como la hab&iacute;a perge&ntilde;ado el autor originalmente. La edici&oacute;n que public&oacute; Seix Barral en 2024 reproduce los mismos errores que acompa&ntilde;an al texto desde hace 60 a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text">Sin erratas, pero no oficial</h2><p class="article-text">
        &ldquo;No me acuerdo&rdquo; es la respuesta que Roc&iacute;o Mart&iacute;n-Santos da a elDiario.es cuando se le pregunta por lo ocurrido con la edici&oacute;n de Rey a principios de siglo. &ldquo;S&iacute; s&eacute; que nos escribi&oacute; para sacar una edici&oacute;n ampliada de ese libro. Le contestamos que lo sent&iacute;amos mucho, pero que no pod&iacute;amos autorizarlo porque ten&iacute;amos unos compromisos adquiridos con Seix Barral y Galaxia Gutenberg&rdquo; a&ntilde;ade. Esta &uacute;ltima editorial se est&aacute; encargando de la publicaci&oacute;n de las obras completas de Mart&iacute;n-Santos, que comenzaron a ver la luz en 2022 y cuyo &uacute;ltimo volumen llegar&aacute; a las librer&iacute;as en 2028. La obra con la que culminar&aacute;n la serie es una edici&oacute;n cr&iacute;tica oficial de <em>Tiempo de silencio, </em>que &ldquo;restituir&aacute; fielmente todas las carencias de las ediciones anteriores&rdquo;, seg&uacute;n la hija del autor.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/0fb7f9e4-4308-4925-bd9a-a351f481f26a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero Rey no se qued&oacute; parado. Se ha autoeditado su propio libro, <em>Edici&oacute;n cr&iacute;tica de 'Tiempo de silencio'</em> (Letrame, 2026), como si fuera una actualizaci&oacute;n del que vio la luz en 2005, aunque esta vez sin la autorizaci&oacute;n de Roc&iacute;o y Luis Mart&iacute;n-Santos Laff&oacute;n. Los fragmentos censurados que ya se pueden leer gracias al trabajo de este profesor de la USC son de un marcado cariz pol&iacute;tico. Por ejemplo, cuando el protagonista de <em>Tiempo de silencio</em> es liberado en la Direcci&oacute;n General de Seguridad, ve a unos estudiantes j&oacute;venes con muy mal aspecto. Le pregunta al polic&iacute;a que va con &eacute;l que qui&eacute;nes son. Aunque Mart&iacute;n-Santos escribi&oacute; que eran unos estudiantes que hab&iacute;an repartido octavillas, en referencia a los estudiantes detenidos por las protestas universitarias de aquellos a&ntilde;os, la edici&oacute;n de Seix Barral reprodujo que la respuesta fue que &ldquo;eran unos chalaos&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/0d08599f-604f-4573-9a7e-1efc4d573ad7_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Otros ejemplos tienen un car&aacute;cter m&aacute;s estil&iacute;stico. Para Rey, esto pudo ser un &ldquo;descuido&rdquo; del cajista a la hora de preparar la impresi&oacute;n. Son gazapos como publicar &ldquo;educada&rdquo; en lugar de &ldquo;adecuada&rdquo; y &ldquo;c&aacute;scara&rdquo; en lugar de &ldquo;m&aacute;scara&rdquo;. Se trata de errores incluso con resultado c&oacute;mico. Mientras que el original recoge &ldquo;cuadraditos de queso con pimienta, aceitunas rellenas, galletitas saladas, salm&oacute;n ahumado, salchichas enanas calientes y hojaldres&rdquo;, en la edici&oacute;n de Seix Barral aparece el fragmento &ldquo;cuadraditos de queso con pimienta, aceitunas enanas calientes y hojaldres&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">La cancelaci&oacute;n en la biograf&iacute;a</h2><p class="article-text">
        No es la &uacute;nica pol&eacute;mica que ha sorteado la obra de Mart&iacute;n-Santos a cuenta del uso de los derechos de propiedad intelectual de los que gozan sus herederos. Jos&eacute; L&aacute;zaro, escritor y director de Hed&oacute;nica, una revista literaria, biografi&oacute; a Mart&iacute;n-Santos antes de encontrarse con las cortapisas de Roc&iacute;o y Luis Mart&iacute;n-Santos, a pesar de haber colaborado junto a la primera en algunos trabajos en los a&ntilde;os 90 y primera d&eacute;cada de este siglo. En 2004 le propuso a la heredera escribir la vida de su padre. Respondi&oacute; que no habr&iacute;a problema.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7e50cc6e-6896-477b-9225-6d8c8a191c64_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando concluy&oacute; la primera versi&oacute;n del libro en 2008, al que la editorial Tusquets le acabar&iacute;a concediendo el XXI Premio Comillas de Historia, Biograf&iacute;a y Memorias, le facilit&oacute; el original mecanoscrito a la hija. Lo sucedido lo relata el mismo L&aacute;zaro en el pr&oacute;logo de la nueva edici&oacute;n que este a&ntilde;o ha publicado de la biograf&iacute;a: &ldquo;Roc&iacute;o me ofreci&oacute; una hermosa selecci&oacute;n de fotograf&iacute;as familiares para ilustrar el libro y me indic&oacute;, sin necesidad de l&aacute;piz rojo, cu&aacute;les eran las p&aacute;ginas y p&aacute;rrafos del original que yo ten&iacute;a que 'cancelar' [a&uacute;n no se utilizaba ese eufemismo] para que ella me autorizase el resto de las citas y documentos incluidos en la obra que en aquel momento eran in&eacute;ditos y ten&iacute;an, por tanto, derechos de autor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, Roc&iacute;o Mart&iacute;n-Santos contrargumenta: &ldquo;No nos parec&iacute;a adecuado que pretendiera publicar en medio de una biograf&iacute;a un importante cuerpo de in&eacute;ditos sin un estudio ponderado de profesionales especializados&rdquo;. &ldquo;Hablamos con Tusquets y lo entendieron perfectamente. Decidimos hacer uso de nuestros derechos y que no se publicara material in&eacute;dito&rdquo;, agrega la heredera, con tal aversi&oacute;n al pr&oacute;logo explicativo escrito por L&aacute;zaro que prefiere no escuchar ning&uacute;n fragmento del mismo.
    </p><h2 class="article-text">Cuatro obras in&eacute;ditas ya publicadas</h2><p class="article-text">
        Entre los pasajes a suprimir se encontraba la descripci&oacute;n y comentario de texto de cuatro obras in&eacute;ditas en poder de L&aacute;zaro. &ldquo;Y eran obras importantes para entender la evoluci&oacute;n de Mart&iacute;n-Santos antes de escribir <em>Tiempo de silencio&rdquo;,</em> asegura este profesor de Humanidades M&eacute;dicas en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid (UAM), ya jubilado. Se trataba de la novela juvenil <em>El vientre hinchado</em> y las obras de teatro <em>Viaje hasta el l&iacute;mite, Claudia</em> e <em>Irma.</em> &Eacute;l lleg&oacute; a tener esos trabajos tras la cesi&oacute;n de los mismos por parte de Josefa Rezola, la &uacute;ltima pareja de Mart&iacute;n-Santos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/72de8ed6-0314-4b3f-90a4-648755ace38b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Otro pasaje parcialmente &ldquo;cancelado&rdquo;, tal y como los denomina el mismo L&aacute;zaro, fue la relaci&oacute;n con la comunidad Osho, en California, de Luis Mart&iacute;n-Santos Laff&oacute;n, hijo del autor, quien s&iacute; colabor&oacute; en un primer momento con el bi&oacute;grafo. &ldquo;Nos guste o no, Osho le hizo una terapia que le permiti&oacute; reorientar su vida en un sentido muy positivo. No tengo respeto por las sectas orientaloides, pero ah&iacute; est&aacute;n las pruebas. Yo en el libro digo que Luis hijo se benefici&oacute; de alguna forma con Osho del tipo de psicoterapia que su padre plante&oacute;&rdquo;, defiende. Ante dicho extremo, Roc&iacute;o responde: &ldquo;No ven&iacute;a a cuento introducir en una biograf&iacute;a de mi padre una entrevista inmensa sobre la vida de uno de mis hermanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el antiguo profesor de la UAM accedi&oacute; a eliminar los fragmentos que Roc&iacute;o le hab&iacute;a pedido y el libro sali&oacute; bajo el t&iacute;tulo <em>Vidas y muertes de Luis Mart&iacute;n-Santos</em> (Tusquets, 2009). &ldquo;Si no lo hac&iacute;a as&iacute;, no me autorizaban a publicar el otro material in&eacute;dito, y sin ese material no hab&iacute;a libro&rdquo;, reconoce. Tras salir a la luz oficialmente en los vol&uacute;menes de Galaxia Gutenberg las cuatro obras que L&aacute;zaro conoci&oacute; en 2008, el bi&oacute;grafo entiende que ya no hay problema en abordarlas. Por eso, ha decidido publicar la biograf&iacute;a original bajo el mismo t&iacute;tulo, sin la &ldquo;cancelaci&oacute;n&rdquo; de Roc&iacute;o, en la editorial Triacastela, sello creado hace tres d&eacute;cadas por una fundaci&oacute;n no lucrativa de la que L&aacute;zaro es el secretario de su patronato.
    </p><h2 class="article-text">Consecuencias para la investigaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Malmierca, abogada especializada en propiedad intelectual, detalla que los causahabientes o herederos de la obra in&eacute;dita de un autor tienen la facultad de divulgar o no esa obra. &ldquo;Aqu&iacute; se desvela la tensi&oacute;n que siempre existe entre los derechos de los autores y sus herederos y el inter&eacute;s general de la sociedad en el acceso a la cultura&rdquo;, prosigue. En el caso de Mart&iacute;n-Santos, sus hijos decidir&aacute;n qu&eacute; y c&oacute;mo se publica la obra de su padre hasta que trascurran 80 a&ntilde;os de la muerte del psiquiatra, acaecida en 1964.
    </p><p class="article-text">
        La tambi&eacute;n asesora jur&iacute;dica de la Asociaci&oacute;n de Editores de Madrid remarca que la ley prev&eacute; que el conflicto se pueda judicializar. &ldquo;Un juez podr&iacute;a llegar a adoptar medidas para garantizar el derecho a la cultura, aunque llevarlo a la pr&aacute;ctica es complicado porque hay que ver el inter&eacute;s leg&iacute;timo y que esas medidas no supongan un perjuicio injustificado a los derechos de los herederos&rdquo;, se explaya.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de lo sucedido con los in&eacute;ditos, Malmierca a&ntilde;ade que, en este caso, entra en juego la protecci&oacute;n a la intimidad u honorabilidad familiar. &ldquo;El autor tiene dos opciones. O solicitar a un juez que adopte las medidas pertinentes para hacer p&uacute;blico algo que se ha demostrado de gran valor o negociar con la familia o el biografiado&rdquo;, apunta. Seg&uacute;n la especialista, en ocasiones, es mejor ceder ante la eliminaci&oacute;n de un contenido y contar con la familia para acceder a otro tipo de contenido que, si no fuera de esta forma, ser&iacute;a imposible de conocer.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo ocurrido es legal. Ellos tienen unos derechos legales que hacen que tengan que autorizar la publicaci&oacute;n de ciertos asuntos sobre la obra de su padre, pero eso lo han utilizado para exigir que se sacaran aspectos que no ten&iacute;an nada que ver con la obra&rdquo;, desarrolla L&aacute;zaro. Por eso, uno de sus objetivos es abrir un debate sobre las consecuencias que esta potestad de los herederos tiene en la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica, cultural y editorial sobre los autores. &ldquo;Tienen un poder incre&iacute;ble, hasta para elegir qu&eacute; se expone de ellos y qu&eacute; no&rdquo;, subraya.
    </p><h2 class="article-text">La edici&oacute;n oficial, para 2028</h2><p class="article-text">
        Respecto a lo que se expone, L&aacute;zaro se refiere a la muestra que la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a dedic&oacute; al escritor en 2024 con motivo del centenario de su nacimiento. Denominada <em>Tiempo de libertad, </em>estuvo comisariada por Juli&agrave; Guillamon, quien asegura que se mantuvo al margen de la disputa. &ldquo;Me dediqu&eacute; a montar una exposici&oacute;n did&aacute;ctica que fuera agradecida para el p&uacute;blico y no entr&eacute; en esas batallas&rdquo;, afirma a este medio. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n dice que &ldquo;la familia Mart&iacute;n-Santos fue la verdadera comisaria porque Luis y Roc&iacute;o supervisaron todos los contenidos&rdquo;, por lo que &eacute;l tuvo un papel m&aacute;s t&eacute;cnico. Ni los libros de Rey ni de L&aacute;zaro estuvieron presentes en la muestra. Roc&iacute;o exclama que &ldquo;no le vieron sentido&rdquo; a aludir a estos trabajos cuando ya perge&ntilde;aban la publicaci&oacute;n de las obras completas de su padre.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, Galaxia Gutenberg se est&aacute; encargando de publicar las obras completas de Mart&iacute;n-Santos, que concitan textos de narrativa breve, novelas, teatro, psiquiatr&iacute;a, ensayo y poes&iacute;a en ocho vol&uacute;menes. Terminar&aacute;n en 2028 con la edici&oacute;n cr&iacute;tica oficial de <em>Tiempo de silencio</em> y <em>Tiempo de destrucci&oacute;n, </em>a cargo de Domingo R&oacute;denas, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/edicion-erratas-censura-tiempo-silencio-publica-consentimiento-herederos_1_13222083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2026 22:49:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/464fcce8-3517-4bc9-918c-5566b67c2c39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="292807" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/464fcce8-3517-4bc9-918c-5566b67c2c39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="292807" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una edición sin erratas ni censura de 'Tiempo de silencio' se publica sin consentimiento de los herederos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/464fcce8-3517-4bc9-918c-5566b67c2c39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Propiedad intelectual,Biografías,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Paula Maia, finalista del premio Booker: “El mundo sigue siendo cruel y peligroso, nada ha cambiado”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-paula-maia-finalista-premio-booker-mundo-sigue-cruel-peligroso-cambiado_1_13222643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a94e7d5a-acf5-4164-b11e-109a2fe3eb8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143040.jpg" width="2048" height="1152" alt="Ana Paula Maia, finalista del premio Booker: “El mundo sigue siendo cruel y peligroso, nada ha cambiado”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora opta al codiciado galardón con 'Así en la tierra como debajo de la tierra', una obra que narra el exterminio que tuvo lugar en América y en la que reflexiona sobre la eficacia del punitivismo</p><p class="subtitle">La doble jornada, el cansancio, el 'mansplaining': réquiem por todas las escritoras que no fueron</p></div><p class="article-text">
        Pensar d&oacute;nde se encuentra el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/iciar-bollain-juana-macias-reivindican-cine-contar-atrocidad-violencia-embellecerla_1_11854310.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">l&iacute;mite de la atrocidad humana</a> puede ser escalofriante. Pero la escritora brasile&ntilde;a Ana Paula Maia se caracteriza por su valent&iacute;a a la hora de enfrentarse a los terrores reales y, en apenas cien p&aacute;ginas, ha desarrollado una novela que hiela la sangre, titulada <em>Assim na terra como embaixo da terra</em>. Emplazada en una c&aacute;rcel situada en medio de la nada y olvidada por el resto de la humanidad, la trama gana en intensidad con la lentitud adecuada para que no se pierdan las ganas de soltar el libro. Gracias a esa pericia, la autora figura en la lista de los seis finalistas al <a href="https://www.eldiario.es/cultura/espanola-eva-baltasar-mexicana-guadalupe-nettel-aspiran-booker_1_10033504.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">International Booker Prize 2026</a>.
    </p><p class="article-text">
        Este galard&oacute;n brit&aacute;nico se concede a t&iacute;tulos de ficci&oacute;n en lengua extranjera traducidos al ingl&eacute;s en el a&ntilde;o anterior. La traductora de Ana Paula Maia es Padma Viswanathan (Charco Press), y ambas se repartir&iacute;an las 50.000 libras esterlinas a partes iguales en el caso de ganar el premio que se otorga el pr&oacute;ximo 19 de mayo. En Espa&ntilde;a, la novela se puede encontrar en las librer&iacute;as desde hace algunas semanas con el t&iacute;tulo <em>As&iacute; en la tierra como debajo de la tierra</em>, traducida por Cristian De N&aacute;poli. La editorial Eterna Cadencia la ha tra&iacute;do al pa&iacute;s ahora, aunque en Argentina la incorpor&oacute; a su cat&aacute;logo el mismo a&ntilde;o que se public&oacute; originalmente, en 2017.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta historia fue escrita entre 2015 y principios de 2016. Dediqu&eacute; unos seis o siete meses a trabajar en ella&rdquo;, explica Ana Paula Maia a elDiario.es. Es su sexto t&iacute;tulo y en este aparece Bronco Gil, un personaje que ya hab&iacute;a transitado por otro libro anterior, <em>De ganados y de hombres</em> (2013). Desde entonces sinti&oacute; la necesidad de contar su vida y lo hizo en la novela que ahora compite por el premio. Aunque m&aacute;s all&aacute; de las experiencias de Gil, el libro trata &ldquo;sobre el exterminio que tuvo lugar en Am&eacute;rica&rdquo;, matiza.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/7d3de204-c65b-4e7c-a2ba-acb1e7ef3e5f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La autora declara que el proceso de escritura fue &ldquo;intenso, sin duda&rdquo;. Para elaborar este trabajo estudi&oacute; acerca del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-reinsertar-presos-programa-gobierno-conmuta-penas-trabajos-sector_1_12836775.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema penitenciario</a>, los barcos de esclavos que llegaban a Am&eacute;rica, las relaciones de poder y el papel del Estado en su pa&iacute;s. &ldquo;Soy concisa en mis palabras y en mi escritura. Pero esto refleja el sadismo y la escasez que rodean a estos personajes&rdquo;, dice.&nbsp;Los presos del penal que describe la escritora llevan puesta una tobillera que explota si salen del recinto. Algo que solo ocurre si el director se lo permite, lo que no suele ser una buena noticia. En ese espacio hubo cientos de condenados, pero en el momento de la narraci&oacute;n queda apenas una decena. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, nadie se preocupa de qu&eacute; puede ser lo que ocurre, puesto que la ubicaci&oacute;n de la c&aacute;rcel no tiene tanto que ver con cuestiones log&iacute;sticas sino ideol&oacute;gicas. &ldquo;All&iacute; hab&iacute;a una plantaci&oacute;n donde personas tra&iacute;das de &Aacute;frica <a href="https://www.eldiario.es/cultura/espanol-bozal-legado-linguistico-esclavos-africanos_1_11844145.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">eran esclavizadas d&iacute;a y noche</a> en trabajos forzados, torturadas y asesinadas con gran crueldad&rdquo;, desarrolla la escritora. Cuando la esclavitud se prohibi&oacute; en Brasil en 1888 gracias a la Ley &Aacute;urea, el terreno sirvi&oacute; de base para encerrar a criminales, pero el esp&iacute;ritu del pasado sangriento sigui&oacute; impregnando su realidad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las condenas no consist&iacute;an solo en la privaci&oacute;n de libertad, sino que hab&iacute;a otras formas de represalia menos ortodoxas, por decirlo de alguna manera. Las consecuencias de estas pr&aacute;cticas se escond&iacute;an convenientemente por si a alg&uacute;n mando superior al alcaide le daba por pasar por all&iacute;. La historia de <em>As&iacute; en la tierra como debajo de la tierra</em> le sirve a la autora para reflexionar sobre la eficacia del punitivismo, un tema muy cuestionado en la actualidad. &ldquo;Quien comete un crimen debe ser juzgado y castigado. Pero es com&uacute;n ver que el castigo se extralimita y revela nuestra peor cara. La pena debe existir, pero la masacre excesiva y maliciosa es para el deleite de los psic&oacute;patas&rdquo;, mantiene.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, se extrae que la reinserci&oacute;n en la sociedad despu&eacute;s de la estancia entre rejas no va m&aacute;s all&aacute; del discurso. Una vez atraviesan la puerta del penal, los presos entran en el olvido de la sociedad: &ldquo;Lo vemos a diario. Algunos merecen ser olvidados, pues son despreciables. Pero no la mayor&iacute;a. Algunos anhelan una nueva oportunidad para hacer las cosas de manera diferente y son ignorados atrozmente&rdquo;. De ah&iacute; que los pensamientos sobre qu&eacute; suceder&aacute; tras el encarcelamiento sean, en ocasiones, trabas para los prisioneros. &iquest;Puede ser mejor la c&aacute;rcel que una vida en libertad pero sin opciones de supervivencia digna?
    </p><h2 class="article-text">Una voz propia</h2><p class="article-text">
        Todos los personajes de <em>As&iacute; en la tierra como debajo de la tierra</em> son varones, una particularidad habitual en las ficciones de la autora. No es la &uacute;nica que utiliza la voz masculina para narrar sus tramas, por supuesto, pero llama la atenci&oacute;n. &ldquo;Siempre he escrito sobre personajes masculinos. Es un h&aacute;bito, una pr&aacute;ctica que se ha vuelto muy natural&rdquo;, comenta. Ponerse en la piel de un hombre le ayuda a tomar la distancia que necesita para erigir relatos sobre espacios conflictivos y cuyos ambientes son dif&iacute;ciles de soportar. &ldquo;Mis personajes son problem&aacute;ticos porque cualquiera que camina sobre este mundo carga con sus propios demonios&rdquo;, argumenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado casi una d&eacute;cada desde que la novela lleg&oacute; a manos de los lectores por primera vez en su lengua original. Desde entonces, la realidad se ha puesto a&uacute;n m&aacute;s patas arriba con guerras como la de Rusia contra Ucrania, la de EEUU contra Ir&aacute;n o el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/poetas-palestinos-dan-voz-sufre-genocidio-gaza-grito-sale-debajo-escombros_1_12749084.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">genocidio palestino</a> en Gaza por parte de Israel. Por nombrar solo algunos de los sucesos que tienen lugar ahora mismo. A la pregunta de c&oacute;mo considera que este libro encaja en la actualidad, Ana Paula Maia responde: &ldquo;Creo que el mundo sigue siendo cruel y peligroso. Nada ha cambiado. Vivimos en una colonia penal; basta con mirar a nuestro alrededor&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El International Booker Prize 2026</h2><p class="article-text">
        Esa visi&oacute;n, adem&aacute;s de la calidad de su escritura, la ha colocado en la &lsquo;lista corta&rsquo; del prestigioso International Booker Prize 2026. Es la &uacute;nica autora latinoamericana, porque <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/gabriela-cabezon-camara-escritora-argentina-espana-debe-pedir-perdon-pueblos-originarios-devolver-oro_1_10735536.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara</a> figuraba en la &lsquo;lista larga&rsquo; de preseleccionados con su novela <em>Las ni&ntilde;as del naranjel</em>, pero no consigui&oacute; pasar el filtro final. Sin embargo, Maia considera que la literatura latinoamericana, especialmente de autoras femeninas, vive un buen momento. &ldquo;Es un movimiento en auge. Tenemos grandes escritoras, cada una m&aacute;s poderosa que la anterior. Es una literatura poderosa, desafiante y valiente&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, de los doce finalistas del galard&oacute;n (seis escritores y seis traductores) la mayor&iacute;a son mujeres: cinco escritoras y cuatro traductoras. Los trabajos llegan de ocho pa&iacute;ses: Brasil, Bulgaria, Canad&aacute;, Francia, Alemania, Taiw&aacute;n, Reino Unido y EEUU. &ldquo;Si bien hay desgarro, brutalidad y aislamiento en estas historias, su impacto perdurable es revitalizador&rdquo;, dice Natasha Brown, presidenta del jurado en esta edici&oacute;n. Ya solo con haber sido seleccionados para optar al premio, la obra de estos autores y autoras recibir&aacute; un impulso considerable: adem&aacute;s de expandirse en el mercado anglosaj&oacute;n, que en la faja de los ejemplares aparezca &ldquo;finalista del International Booker Prize 2026&rdquo; es un im&aacute;n para los posibles lectores.
    </p><p class="article-text">
        Ana Paula Maia considera que tiene unos competidores &ldquo;excelentes y talentosos&rdquo;, aunque a&uacute;n no ha le&iacute;do sus libros. Lo har&aacute; cuando se traduzcan al portugu&eacute;s, algo que probablemente suceda pronto. De momento, est&aacute; &ldquo;muy feliz e impactada&rdquo;. &ldquo;Es un logro enorme estar entre los finalistas. Espero que ayude a abrir camino a otros escritores brasile&ntilde;os. Tenemos una literatura diversa&rdquo;, concluye.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ana-paula-maia-finalista-premio-booker-mundo-sigue-cruel-peligroso-cambiado_1_13222643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 19:48:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a94e7d5a-acf5-4164-b11e-109a2fe3eb8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143040.jpg" length="221131" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a94e7d5a-acf5-4164-b11e-109a2fe3eb8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143040.jpg" type="image/jpeg" fileSize="221131" width="2048" height="1152"/>
      <media:title><![CDATA[Ana Paula Maia, finalista del premio Booker: “El mundo sigue siendo cruel y peligroso, nada ha cambiado”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a94e7d5a-acf5-4164-b11e-109a2fe3eb8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143040.jpg" width="2048" height="1152"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Escritores,Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
