Cómo los artistas construyen (o destruyen) su imperio a través de la imagen que proyectan
La cultura pop está repleta de polémicas que fortalecen y destruyen el imperio de los artistas. Esta semana le ha tocado a Chappell Roan, cuyo equipo de seguridad ha sido acusado por el futbolista Jorginho de hacer llorar a su hijastra, pues supuestamente estaban alojados en el mismo hotel y le pidió que no molestara a la cantante. Tras las críticas, la artista ha optado por explicarse a través de varios vídeos publicados en Instagram, afirmando desde la cama que no era su guardaespaldas y que no siente “odio” por los niños. Se trata de otra controversia que constata que la autenticidad, además de poder ensalzar a las estrellas, es aquello que las sostiene en el pop contemporáneo.
Las redes sociales empujan a los artistas a mostrarse cercanos y espontáneos, evidenciando a través de stories que son mucho más que meros intérpretes de los hits del momento. Sin embargo, esa misma visibilidad alimenta el escrutinio público, por lo que, mientras que la exposición les permite conectar mejor con sus fans y humanizar su imagen, al mismo tiempo genera una contradicción: cuanto más enseñan de sí mismos, más difícil les resulta delimitar su vida privada, volviéndose en su contra cuando intentan reclamar intimidad. Consiste en todo un espectáculo que continúa fuera del escenario y que el músico y sociólogo Hans Laguna recorre en el ensayo Yo siendo yo (Anagrama, 2026).
Analizando cómo la identidad se define y se explota en una industria que exige la reinvención constante, sobre todo a las mujeres, y aportando las claves respecto a por qué se ha convertido en uno de los activos más valiosos para cualquier cantante, Hans Laguna cuenta los secretos detrás de la imagen que proyectan las estrellas del pop. Unos secretos de los que “somos víctimas y cómplices”, puesto que las estrellas y quienes las seguimos formamos parte del mismo juego. “Lo que hacen estas figuras lo hacemos nosotros a pequeña escala. Todos estamos metidos en las redes sociales y todos, de alguna forma, construimos un personaje para el consumo público”, señala el autor a elDiario.es.

Como ocurre con los cantantes que utilizan aplicaciones como TikTok o Instagram para proyectar una imagen determinada a su comunidad de fans, también nosotros nos vemos cada vez más atravesados por esos mismos problemas identitarios: hasta qué punto somos fieles a nosotros mismos en nuestra vida diaria y social, y hasta qué punto el personaje que construimos en redes nos representa realmente. “Las estrellas del pop llevan estas inquietudes a la arena pública de una forma muy evidente, pero lo interesante es que no es algo ajeno a los demás”, apunta Hans Laguna, que agrega que “el sistema nos lleva a construir una marca personal que rentabilizamos a nivel laboral”.
Es por ello que, para alcanzar una mayor empatía y fidelidad por parte de sus seguidores, los artistas moldean una personalidad de atributos entre los cuales destaca la autenticidad. Uno de los casos a los que alude el autor es el de Rosalía, quien ha logrado una gran relevancia cultural y social más allá del panorama musical porque ha conseguido mostrar una “imagen de mujer autónoma e independiente que hace lo que le da la gana”. “Eso le permite colaborar con un montón de marcas y capitalizarlo. Es el ejemplo de que construir una imagen de persona auténtica hoy en día es un negocio”, detalla.
Rosalía no es la única que lo hace, teniendo en cuenta que incluso se ve con buenos ojos. “Antes, hacer publicidad era un anatema, pero ahora la Generación Z lo acepta porque están demostrando su triunfo social y celebran que lo estén petando”, indica Hans Laguna. La anomalía en este aspecto la presenta Taylor Swift, la figura que lo inspiró a escribir Yo siendo yo tras ver el documental Miss Americana (Netflix, 2020). Según Forbes, la creadora de The Life of a Showgirl tiene un patrimonio neto de 2 mil millones de dólares, convirtiéndola en la artista más rica del mundo y la primera en alcanzar dicho estatus gracias únicamente a sus giras y su catálogo, sin necesidad de patrocinios o asociaciones.
Aunque no es negativo que la mayoría de artistas se vinculen con otras empresas, Hans Laguna subraya que si sobrepasan ciertos límites puede ser peligroso. “Debe haber una coherencia entre la marca con la que se asocian y su marca personal”, argumenta. Si no, corren el riesgo de que sus movimientos sean tildados de hipócritas, como le sucedió a Aitana al asegurar que ni ella misma podría comerse el menú que sacó con McDonald's porque es celíaca. La intérprete, además, alegó el verano pasado que no ganaba dinero con sus conciertos en estadios, algo que responde a la paradoja de que, en tanto que las estrellas del pop son más capitalistas que nunca, proyectan el discurso de que son auténticas y no hacen las cosas por beneficiarse económicamente.
“Es un malabarismo al que estamos acostumbrándonos, pero es una anomalía histórica que debería llamarnos la atención”, comenta Hans Laguna, que asevera que es una situación que está cada vez más normalizada. “Están jugando a eso y cada vez es más obvio que son máquinas de hacer dinero y de colaborar con marcas. Quizás precisamente por ello necesitan al mismo tiempo construir una imagen que se mantenga al margen de esto y convencernos de que en realidad tienen una necesidad expresiva”, reflexiona.
El posicionamiento político
Otra de las consecuencias de la exposición de los artistas es el reclamo por parte de sus seguidores de pronunciarse sobre los problemas políticos y sociales. Rosalía se vio obligada a apoyar públicamente a Palestina después de la polémica desatada en redes sociales que señalaba a la cantante por no haberse manifestado al respecto. “El hecho de no haber usado mi plataforma de forma alineada con el estilo o expectativas ajenas no significa en absoluto que no condene lo que está pasando en Palestina”, indicaba la catalana. Hans Laguna afirma que “las estrellas son más conscientes de que no tienen un cheque en blanco, sino que saben que los fans pueden reaccionar”.
El autor critica que estos artistas, que “viven del engagement que han generado con sus públicos, con su audiencia en redes, provocando relaciones parasociales”, se molesten “cuando el público les exige determinadas actitudes o les afea ciertas conductas”: “Es como que solo lo quieren para lo bueno y no para lo malo. Parece que tienen nostalgia de unos tiempos en los que podían hacer cualquier cosa sin tener que rendir cuentas”.
En EEUU, no obstante, sí es más normal que los cantantes tomen partido. Elton John y Katy Perry, por ejemplo, hicieron campaña para Hillary Clinton en 2016, mientras que Taylor Swift y Beyoncé han hecho lo propio en 2024 apoyando a Kamala Harris frente a Donald Trump. “¿Cómo puedo subirme al escenario y decir '¡Feliz mes del Orgullo a todos!' y no hacer nada mientras la gente, literalmente, va a por el cuello [de la comunidad LGBT]?'”, advertía Swift en su documental. “Es interesante que las estrellas perciban que tienen que ir con más cuidado, puesto que ahora los fans ejercen poder de influencia sobre ellos”, apunta Hans Laguna.
Aun así, el escritor advierte que “hay una base de fans muy fieles que les van a defender hagan lo que hagan”. Se ve constantemente con las polémicas a las que se enfrentan en internet, e incluso con informaciones tan delicadas como la denuncia de dos extrabajadoras de Julio Iglesias acusando al cantante de agresiones sexuales. “El caso de Julio Iglesias es muy particular porque es una estrella de la vieja escuela y, justo al final de su vida, ha surgido un escándalo bastante desagradable del que fue una locura la repercusión”, dice Hans Laguna, conocido también por su obra sobre el intérprete Hey! Julio Iglesias y la conquista de América (Contra, 2022).
“Cuando alguien es muy fan, psicológicamente intenta encajar la nueva información en sus creencias previas. El fenómeno fan es muy diverso: hay muy fieles, otros más escépticos, algunos críticos y otros menos. Cuando hablamos de la audiencia, hablamos de una masa muy heterogénea. Las estrellas tienen que ir navegando esa diversidad”, argumenta el autor, que hace alusión a que hay personas que olvidan rápidamente. A través de Instagram, el futbolista Jorginho le recriminó a Chappell Roan el trato a su fandom: “Sin tus fans no serías nada”. Sin embargo, más allá de que los seguidores recuerden o no esta polémica en unos meses, el juego de las estrellas ya no solo depende de lo que hagan con su micrófono encima del escenario, sino su capacidad para gestionar las expectativas de un público cada vez más activo y dividido.
0