Qué es el phonk, la música que escuchas todo el rato (sin querer) y que tiene más reproducciones que Bad Bunny o Taylor Swift
Cada día, millones de personas pasan horas viendo vídeos cortos en el móvil. Algunos de ellos, comparten una música intensa, pesada, diseñada específicamente para subrayar el momento culminante del vídeo. La mayoría de quienes escuchan esa música no sabría decir cómo se llama ese estilo musical, ni siquiera que pertenezca a un género concreto. Sin embargo, esas mismas piezas se repiten miles de veces al día en vídeos de TikTok, YouTube Shorts o Instagram Reels. Son como las montañas lejanas del paisaje sonoro de internet. Y tiene un nombre. Se llama phonk.
El phonk está hoy en día por todas partes y su uso genera millones de dólares a sus creadores, pero, a diferencia de otros géneros musicales como el reguetón o el k-pop, su auge resulta casi invisible. Se dice que la primera superestrella de la historia de la música fue Franz Liszt. En la década de 1840, el austriaco causaba sensación. Sus fans se contaban por miles y sus apariciones públicas generaban casos de histeria. Este fenómeno se llegó a bautizar en la época como la “Lisztomanía”, ilustre predecesora de la célebre “Beatlemanía”.
Casi se podría decir que, desde entonces, la industria musical ha seguido funcionando de la misma manera, alrededor de grandes superestrellas como Elvis, Sinatra o Michael Jackson, cuyos grandes lanzamientos discográficos, entrevistas en televisión y giras mundiales mastodónticas marcaban la actualidad musical y las modas. Sin embargo, la nueva realidad de internet podría estar empezando a alterar ese sistema. Según datos citados por The New York Times, el artista con mayor audiencia en YouTube durante el pasado mes de enero no fue ni Bad Bunny ni Taylor Swift. Fue Slxughter, un productor de phonk originario de Rusia del que estoy casi seguro de que nunca había escuchado hablar.
Los vídeos en la plataforma de Slxughter, a pesar de tener decenas de millones de reproducciones, no llegan a las cifras de los grandes artistas del mainstream. Pero el secreto está en los vídeos verticales. Kevin Meenan, responsable de tendencias musicales en YouTube, explicó al periódico neoyorkino que la audiencia mensual que ellos miden combina las visualizaciones de la plataforma tradicional con el consumo dentro de shorts, los vídeos cortos similares a los reels o las publicaciones de TikTok que tiene la plataforma. Este detalle altera por completo el mapa de popularidad. Sumando así la difusión a través de shorts, la música de Slxughter fue escuchada en enero por 981 millones de usuarios únicos, más del doble que Taylor Swift y más de seis veces la audiencia de Bad Bunny durante ese mismo mes.
De los casetes de Memphis al algoritmo
En contra de lo que podría parecer, el phonk no es un fenómeno surgido al calor del algoritmo y la viralidad, sino que tiene raíces profundas en la música negra de hace 40 años. En concreto, en la escena del rap de la ciudad Memphis a finales de los años ochenta y noventa, cuando productores como Tommy Wright III o Three 6 Mafia empezaron a desarrollar un sonido oscuro y minimalista basado en bajos pesados, loops hipnóticos y una estética deliberadamente cruda y siniestra.
En aquel momento se trataba de una música de alcance casi exclusivamente local. Muchas de esas grabaciones ni siquiera se publicaban, sino que circulaban en cintas de casete entre una comunidad muy reducida de personas. Lo que nadie podía imaginar es que décadas más tarde esos sonidos serían redescubiertos por jóvenes productores que trabajaban desde sus ordenadores a miles de kilómetros de distancia. Aquellas oscuras grabaciones (y otras más populares) de rap de Memphis acabaron cayendo en manos de productores rusos y de Europa del Este que, en la década de 2010, comenzaron a integrarlas y mezclarlas con ritmos más actuales.
Esto dio lugar a una mutación que resultó a la postre decisiva para el phonk. Conocido como drift phonk (de drift, derrape en inglés), este género comenzó a ser la banda sonora de los vídeos de coches derrapando y haciendo acrobacias (muchos creados en la antigua Unión Soviética) que comenzaron a extenderse por las nacientes redes sociales. Con esa transformación, el género se volvió más rápido, más electrónico y poco a poco fue adoptando una estructura pensada para funcionar dentro de clips muy breves.
La típica pieza de drift phonk comienza con una introducción de unos breves segundos que genera tensión antes de que aparezca un marcado golpe de bajo. Un subidón repentino que es fácil hacer coincidir con el momento culminante del vídeo al que acompaña. Con el tiempo, esa estrecha relación entre vídeo y música, ha producido una simbiosis creativa única en la historia de la música. Y no precisamente para bien.
El algoritmo como brújula creativa
Según le contó a The New York Times Tyler Blatchley, fundador del sello Black 17 Media, que representa a algunos de los artistas más importantes del género, su proceso creativo es sencillo. “Son productores que habitualmente trabajan en su habitación”, explica. “Cada día chequean las redes para ver qué tipo de música está promocionando en algoritmo y ajustan el tipo de música que producen basándose en ello”. Posteriormente suben sus temas a las redes esperando que se viralicen.
Esa dinámica ha creado una especie de circuito cerrado entre la creación musical y el comportamiento de los usuarios y los algoritmos. Si una determinada estructura de melodía funciona bien en vídeos de diez segundos, más y más productores empezarán a reproducir ese patrón. Las canciones se diseñan pensando en el instante exacto en el que un clip revelará su momento clave. El phonk se ha ido perfeccionando para ser una herramienta perfecta para el vídeo corto, pero también un bodrio en términos creativos.
No obstante, el sistema funciona a las mil maravillas. Según Blatchley, muchos creadores de phonk han ganado más de cinco millones de dólares gracias a los royalties que estas canciones generan en las redes sociales. En los últimos años, su empresa ha pagado más de 140 millones de dólares a sus representados, productores provenientes de países como Rusia, Ucrania o Kazajistán. El efecto llamada de estas ganancias ha hecho también que surjan creadores de phonk por todo el mundo, generando nuevas encarnaciones del género como por ejemplo el Brazilian phonk, que fusiona el drift phonk con el funk carioca.
El género musical omnipresente en internet
El phonk ha logrado expandirse con tanta rapidez porque encaja con muchos tipos de contenido, aunque suele estar más presente en el enfocado hacia lo que habitualmente se conoce como la “machosfera”. Aparece casi siempre en vídeos de coches, pero también en montajes de anime, clips de videojuegos, entrenamientos de gimnasio, recopilaciones deportivas o contenido motivacional. El género, por tanto, no ha necesitado de grandes conciertos ni de presencia en festivales para convertirse en un fenómeno global. Su territorio natural es el flujo constante de vídeos cortos que circulan por internet. Eso hace que su presencia en la cultura haya pasado casi desapercibida hasta ahora.
Pero las enormes cantidades de dinero que se están moviendo a su alrededor, han hecho levantar las orejas a la industria de la música más clásica. Un ejemplo de ello es el del reconocido músico y productor Diplo, siempre alerta de las nuevas tendencias, que acaba de sacar un disco que define como un homenaje al phonk, titulado de forma bastante clara D00mscrvll (de doomscroll, el acto de mirar compulsivamente las redes sociales que acaba generando ansiedad y pesimismo). El mismo Diplo ha contribuido a llevar el phonk al gran público introduciéndolo en alguno de sus trabajos para músicos mainstream, como ha hecho en la canción Like Jennie de la estrella del k-pop Jennie.
Este espectacular éxito del phonk también ha generado críticas dentro de la propia escena. Algunos productores consideran que la versión actual del género, que gira sobre sí misma basándose en criterios puramente económicos, se ha convertido en una fórmula repetitiva diseñada exclusivamente para acumular reproducciones.
Un análisis publicado por Kieran Press-Reynolds en Pitchfork describe con bastante dureza el momento actual del estilo como “un vertedero globalizado, sin rostro e insustancial”. Es probable, además, que el impacto de la inteligencia artificial empeore todavía más la situación al acelerar la creación de nuevas melodías con solo unos clics de ratón.
Aun así, el género sigue creciendo y expandiéndose. Y también dando algunos nuevos ejemplos dignos de destacar. Pitchfork destaca el tema Ultraphunk de Dashie, que cuenta con millones de reproducciones, y que compara con “la banda sonora de un duelo de gladiadores en el año 2275”. Todavía es pronto para saber si el phonk se acabará convirtiendo en un género más o si su importancia se diluirá, quedando como una anomalía en la historia de la música.
El auge del estilo coincide con un cambio profundo en la forma de consumir música y de ganar dinero con ella. Cada vez más, las canciones, sea cual sea su estilo, se conciben pensando en el ecosistema de los vídeos cortos de internet y no tanto en la construcción de álbumes conceptuales. De cualquier modo, ambas lógicas no son necesariamente incompatibles.
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