Esa canción que no te quitas de la cabeza podría ser IA: cómo saber si está hecha por un humano
Puede que no sepas quién es Sienna Rose, pero tres canciones bajo su nombre han llegado a estar entre los 50 temas más escuchados del día en Spotify. No te preocupes, es normal que no sepas mucho sobre su existencia: no tiene identidad pública, tampoco cuenta con perfil en redes sociales y su presencia en internet es nula. Esta invisibilidad como artista responde a que detrás de lo que aparenta ser una cantante de soul se encuentra una inteligencia artificial, que ni siquiera advierte de que lo es. De hecho, ojear las listas de éxitos de las principales plataformas de streaming y que aparezcan canciones hechas con IA se ha vuelto algo cada vez más común.
El problema radica en que empieza a ser frecuente que la gente escuche este tipo de temas creyendo que quien los canta es una persona real. Según un estudio del servicio de streaming Deezer, el 97% de los oyentes no sabe distinguir entre música generada por IA y música hecha por humanos en una prueba a ciegas con dos canciones de IA y una real. A Spotify le interesa elegir las canciones que escuchas, pero el aumento en sus playlists de aquellas hechas con inteligencia artificial ha elevado todavía más la preocupación del sector. Tanto es así que Echoberyl, grupo francés que se ha convertido en una referencia dentro de la música electrónica y darkwave, ha hecho un llamamiento a la industria.
La banda integrada por Cecilia Dassonneville y Adriano Iacoangeli —que tocará en Madrid el próximo 16 de mayo— propone una acción sencilla que ayuda a saber si algo ha sido creado o no por humanos: identificar cada lanzamiento con una etiqueta que señale que no se ha utilizado la IA, una idea que consideran importante “por respeto al público”. “La gente se siente traicionada cuando descubre que un artista al que han escuchado y apoyado es en realidad falso. En un mundo de apariencias, la sinceridad puede ser la última salvaguarda”, declara Dassonneville a elDiario.es, añadiendo que “también es una forma de destacar el trabajo de artistas que luchan mucho por ganarse la vida con esta profesión y que ven cómo se copia su obra”.
Advertencia: 100% hecho por humanos
Esta etiqueta es similar a lo que se hace actualmente con el “Parental Advisory: Explicit Content”, un sello en la portada de los discos que informa a los consumidores sobre la presencia de lenguaje fuerte, contenido sexual, violencia o referencias al consumo de drogas en grabaciones de audio. Adriano Iacoangeli argumenta que no ve “por qué no se debería aplicar el mismo concepto a la IA generativa” y explica que esta etiqueta podría llamarse “No IA Used (No se ha usado IA)”, pero que hay quien ha sugerido alternativas como “100% hecho por humanos” por temor a la negación en la frase que ellos propusieron.
“Hoy en día no deberíamos ser demasiado sutiles al respecto, porque hay muchísima gente haciendo trampa, ganando mucho dinero con ello, y que hará todo lo posible por ocultar que la están haciendo”, detalla el músico, que celebra junto a Dassonneville que la mayoría de compañeros ha respondido de forma muy positiva a la propuesta y está dispuesta a apoyarla. “Esto es muy tranquilizador y nos da esperanza”, confiesa la vocalista, que teme que el trabajo de los artistas quede eclipsado por la inteligencia artificial. “Crear música requiere tiempo y dedicación. Con la IA, todo va más rápido, por eso se han publicado tantas canciones generadas por IA durante el último año”, comenta.
Estas canciones perjudican de manera directa al resto de artistas, sobre todo porque, en plataformas como Spotify, a los autores no se les paga una tarifa fija por reproducción, sino en función del streamshare. Spotify explica en qué consiste: “Calculamos el streamshare sumando el número total de reproducciones en un mes determinado. Si un artista representa el 1% de todas las reproducciones en un país concreto, sus titulares de derechos reciben el 1% de las regalías de grabación que pagamos allí”. Esto significa que cuantas más canciones se publiquen en general, menos vale cada reproducción individual. Si aumenta el porcentaje de canciones con IA, el resto de artistas gana cada vez menos.
“Sin embargo, esperamos que crear música de forma orgánica pueda, en última instancia, ayudar a los artistas a destacar, ya que la música generada por IA no es muy creativa y, por lo general, imita otras canciones”, cuenta Dassonneville, siendo esta la razón por la que proponen que se indique claramente una distinción que haga a los oyentes poder tomar su propia decisión. Aun así, más allá esto, Iacoangeli considera que “se debería impedir a las grandes corporaciones de software —propiedad de personas cuya única experiencia es escribir código— entrar en mercados como la música, la ilustración y la literatura, que no son su ámbito de competencia”.
Bandcamp, la principal plataforma de música independiente, prohibió la IA en su catálogo a inicios de año, por lo que todo lo que se escuche ahí está hecho por humanos. “Si encuentras música o audio que parezca haber sido creado total o parcialmente mediante inteligencia artificial generativa, o que dependa en gran medida de ella, utiliza nuestras herramientas de denuncia para que nuestro equipo revise el contenido. Nos reservamos el derecho de eliminar cualquier música si sospechamos que ha sido generada por IA”, alegó Bandcamp en un comunicado, destacando que “la música es mucho más que un producto de consumo” y que “los músicos son más que meros productores de sonido”.
Por su parte, Deezer alertó la semana pasada de que recibe al día casi 75.000 canciones generadas por IA al día, lo que representa aproximadamente el 44% de sus publicaciones diarias. Es por ello que ha optado por informar a sus usuarios de si están escuchando o no a una persona real con un cartel bajo el disco o la canción. Spotify y Apple Music también trabajan en implementar elementos similares. “Si alguien es feliz escuchando música cliché generada por una máquina y fantaseando con la imagen provocativa de un cantante creado en un ordenador, es su problema”, dice Adriano Iacoangeli. “Pero si el público empieza a evitar ese contenido, entonces tomarán medidas para limitar sus pérdidas en publicidad y suscripciones”, declara el artista. De hecho, YouTube ha empezado a desmonetizar activamente los canales que dependen mucho del contenido generado por IA.
Los artistas, a la acción
La propuesta de Echoberyl no es la única que ha surgido en los últimos meses con tal de combatir el auge de la inteligencia artificial. Como acción reivindicativa, el grupo británico-australiano Dead Can Dance, del que forma parte Lisa Gerrard, la autora de bandas sonoras como Gladiator, ha anunciado su vuelta con nuevos temas, pero no los publicarán en plataformas como Spotify: “Hemos decidido dejar de apoyar a las plataformas de streaming que siguen explotando a los artistas y promoviendo la música generada por IA”.
La banda ha alegado que a partir de ahora venderá su música a través de Bandcamp, una “plataforma que sigue apoyando a los artistas independientes y que, de forma encomiable, ha prohibido toda forma de música generada por IA, una tecnología que amenaza la esencia misma de nuestra profesión”. Ya ha lanzado dos canciones, Our Day Will Come y Death Cults, y todo lo recaudado con la primera de ellas irá destinado a la organización médica palestina MAP (Medical Aid for Palestinians). “MAP realiza una labor increíble proporcionando atención médica, así como alimentos y ayuda nutricional al pueblo palestino”, ha recalcado Dead Can Dance en redes sociales.
Asimismo, para protegerse de la IA, Taylor Swift ha solicitado el registro de su voz e imagen como marca. Se trata de una decisión tomada por la artista después de haber experimentado de primera mano cómo se han viralizado versiones de sus canciones o temas que imitan su voz con inteligencia artificial, además de imágenes falsas difundidas por Trump que pretendían demostrar que tanto ella como sus fans lo respaldaban. Por su parte, Echoberyl ha defendido que “la falta de recursos estimula la imaginación”: “Siempre existe la posibilidad de crear algo. Creo que es mucho mejor ser sincero y trabajar con lo que se tiene, aunque el resultado sea imperfecto. Ahora solo parece importar el éxito del resultado final. Todo empieza a parecer igual. Eso es muy triste y empobrece un poco el mundo”.
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