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Julieta Venegas confiesa en sus memorias la lucha para no ser “la mujer que se esperaba” de ella

La cantante Julieta Venegas presenta 'Norteña', sus memorias

Francisco Gámiz

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Hace varias décadas, dos niñas en una habitación de Tijuana (México) escuchaban una y otra vez un casete que les había traído su padre. El casete, que apareció en casa poco tiempo después de que este encontrara a sus hijas besando a sus respectivos novios, reproducía en bucle una conferencia sobre la “perdición de las mujeres si se relacionaban con hombres antes del matrimonio”. Un día que el padre las encontró con las manos en los cuerpos, las niñas tuvieron que escuchar la conferencia cien veces y transcribirla a máquina. Ellas eran Julieta Venegas y su hermana Yvonne, y este uno de los sucesos que rememora la cantante en su libro de memorias Norteña (Las Afueras, 2026).

La primera incursión de la intérprete en el sector literario es un relato sobre su juventud, donde ahonda en cómo sus vivencias la hicieron alcanzar una voz propia capaz de conectar con personas de todo el mundo. Aquel casete, que su hermana y ella acabaron aborreciendo, fue uno de los detonantes de la libertad que acabaría caracterizando el arte de Julieta Venegas. Tanto fue así que, cuando ambas descubrieron que el casete era tan solo una cinta endeble, la desenrollaron y la destrozaron. “Toda la vida he escrito diarios, pero siempre ocultando mucho tras todas las cosas que decía”, cuenta la autora en un encuentro con un número reducido de medios. “Este ha sido un ejercicio de sacarme el pudor, de aceptación”, reconoce.

Aunque la artista mexicana señala que las canciones le han dado la posibilidad de ser autobiográfica porque son “muy abiertas a interpretación”, apunta que serlo a través de la narrativa es más complicado. Pese a esto, Venegas se abre por completo con respecto a las dinámicas familiares, que se vuelven un eje importante de Norteña. “A los padres mexicanos les viene muy bien que las mujeres escribamos memorias sobre ellos porque la figura del padre siempre ha sido muy importante en la cultura latinoamericana”, afirma la autora, agregando que la relación con su padre ha cambiado mucho con los años y “se ha podido revisar porque se ha deconstruido muchas veces”.

Esta evolución en sus relaciones, que Julieta Venegas confiesa que ha supuesto una gran enseñanza tanto para ella como para su hermana, se une también al hecho de que crecieron en Tijuana, una ciudad de la que cuenta que crecer allí es “hacerlo en dos lugares a la vez”. Todo ello ha impactado en la perspectiva de Venegas sobre aquello que la rodea, pues la obra lleva al lector a una fila infinita de coches frente a la frontera con EEUU, que ella define en el libro como un “micromundo con su propia dinámica”. Entre vendedores de figuras de yeso de Jesucristo y señores cantando rancheras con bocinas gigantes, la cantante aprendió lo que es la espera.

La compositora de Limón y sal recuerda la frontera como una “cicatriz latente”, un espacio de mezcla cultural donde “The Cure se llevaba bien con Juan Gabriel”, pues lo estadounidense era omnipresente y ambos mundos se fusionaban constantemente. “Crecí con muchos contrastes”, explica Julieta Venegas. “Tenía esta mezcolanza de la cotidianidad de EEUU, porque en Tijuana se siente esa presencia. No había internet, pero veía tele gringa en vez de mexicana, escuchaba música en inglés y en español...”, declara, comentando que cuando naces en un país no te visualizas habiendo nacido en otro. “Yo no imagino mi vida sin tener esas diferencias, que eran elementos de tensión”, argumenta.

Más adelante, cuando la cantante llegó con 21 años a Ciudad de México, vivió en una “minicasa” que no tenía llave. Allí conoció la “soledad feliz y triste”, como escribe en sus memorias, un espacio necesario para convertirse en adulta que impulsó su creatividad y que contrasta con la crisis de vivienda que imposibilita a las nuevas generaciones de artistas poder independizarse. “Se está moviendo tanto el mundo con la gentrificación que de repente ya no sabemos dónde se acomoda esa comunidad que conocíamos, dónde se acomoda la gente que un día estaba en un lugar y que tuvo que mudarse”, reflexiona Venegas.

Hay algo muy racional en la expresividad femenina que tiene que ver con la sexualidad, con el cuerpo, y que es también muy natural

Julieta Venegas Cantante

Echando la vista atrás, la artista rememora cómo desde su primer disco, Aquí (1997), fue la “más pudorosa del mundo”. Sin embargo, cuenta que era la forma que había elegido de expresar su feminidad. “Hay algo muy racional en la expresividad femenina que tiene que ver con la sexualidad, con el cuerpo, y que también es muy natural”, justifica la mexicana. Para ella, era prioritario tener la opción de mostrarse a través de las canciones: “Éramos pocas mujeres compositoras y yo siempre remarqué mucho eso. Hay algo en la composición femenina que sí marca una diferencia y sí marca un espacio que quizás en la televisión o en la radio no se entendía tanto, pues no era música comercial”.

No obstante, Julieta Venegas considera que la situación en la industria es ahora “muy diferente” y “superinteresante”. “Estamos en un momento de despliegue muy bonito. Ya no hay tanto juicio o de tener que estar haciendo algo de una manera determinada”, indica la cantante. Sin embargo, apunta que “sigue habiendo la cuestión de sentirte como la impostora”: “Es una sensación con la que tenemos que pelear mucho. Es increíble que a estas alturas de mi vida la siga teniendo presente. A mí me tomó mucho tiempo liberarme de un montón de capas de inseguridades, de decir, 'esto es lo que soy y no la mujer que se esperaba de mí'”.

Pese a que la artista sostiene que a las mujeres les toca “pasar por muchas luchas internas y pelear por llegar a un lugar específico”, asegura que “las plataformas han abierto el mercado y hay fenómenos tanto masculinos como femeninos”. “Ya no hay tantos filtros como antes y los proyectos se desarrollan de otra manera. Antes sí había más gente, como los porteros, que dictaban quién sonaba en la radio o a quién iban a firmar en la discográfica, pero ahora la independencia te permite llegar de otras maneras”, declara Julieta Venegas. La cantante, de hecho, no abandona la música: lanzará un disco en los próximos meses con el mismo título, Norteña.

Las memorias de la artista se publicarán en cinco editoriales diferentes (Almadía en México, Blatt&Ríos en Argentina, La Pollera en Chile, Laguna en Colombia y Las Afueras en España) en vez de firmar por un gran grupo. “Admiro mucho las editoriales independientes. Todas las editoriales con las que estamos trabajando son editoriales que quiero mucho y admiro”, detalla la cantante. “Siempre he sentido que las independientes se acercan de otra manera a lo que publican. Se me hace bonito hacerlo así en vez de buscar a una multinacional. Ya he trabajado con multinacionales haciendo discos, por lo que ese camino ya me lo sé”, explica. Julieta Venegas indica que la experiencia trabajando con estas editoriales independientes ha sido “muy enriquecedora” y destaca que tienen “otra manera de trabajar los libros”.

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