La banalidad del mal
Cuando Hanna Arendt asistió, en 1961, como periodista al juicio contra el nazi Adolf Eichmann se sorprendió por no descubrir a un sádico y sí encontrar en uno de los principales organizadores del Holocausto a un burócrata mediocre y anodino que simplemente seguía órdenes y era incapaz de pensar de forma crítica. De ahí surgió su estudio sobre La banalidad del mal en el que concluyó que el derrumbe moral de las personas no siempre nace de la crueldad o la vileza, sino de la ausencia de pensamiento. Toda una advertencia sobre lo que puede suceder cuando se abandona la responsabilidad de reflexionar.
Vito Quiles, como Eichmann, cumple el papel de soldado diligente más atento a las órdenes que recibe que a las consecuencias éticas o penales de sus actos. O no. A saber. Lo que es seguro es que está convencido de que el acoso, el señalamiento, la intimidación y la violencia verbal que ejerce sobre políticos y periodistas que no orbitan en su misma tribu es una acción justificada ante la supuesta amenaza que todos ellos representan para la idea de España que tienen sus pagadores.
De ahí que el PP de Feijóo, con Miguel Tellado y Ester Muñoz a la cabeza, defiendan con ahínco al agitador que el miércoles acorraló dentro de un restaurante a la esposa del presidente del Gobierno y entienda que su papel, además de legítimo es necesario y corresponde al de un buen español que cumple con su deber.
“Yo he visto unas imágenes donde creo intuir que el agredido es un periodista. No conozco otras imágenes que dibujen una escena distinta. Las imágenes que todos los españoles hemos podido ver son unas en las que una militante socialista, agredía, y hay que ver de qué forma, a un periodista”, afirmó el secretario general del PP
Quiles es un operador de la derecha y la ultraderecha que nada tiene que ver con el noble oficio del periodismo que dice ejercer. El telonero de los mítines del PP no pregunta, ni analiza, ni explica, ni opina, ni busca la verdad. Lo suyo no es el periodismo. Es la provocación, el acoso, el matonismo y el fanatismo. Simplemente, es un pieza más al servicio de la causa del anti sanchismo con una manifiesta incapacidad para pensar en las consecuencias de sus actos por muy violentos que sean.
Con todo, lo grave es que ni Vito Quiles ni quienes le amparan -desde el periodismo y la política- no se reconocen como elementos perturbadores de la democracia, sino como garantes de una España en la que solo caben ellos y en la que empieza a abrirse paso, sin condena social, la inquietante posibilidad de que se cometan atrocidades.
La irresponsabilidad del PP al exigir explicaciones a las amigas de Begoña Gómez que intentaron reducir a Quiles para que cejara en su hostigamiento, en lugar de pedirlas al agitador que cumple órdenes de una empresa financiada por los gobiernos populares es una señal más de hasta dónde está dispuesto a llegar Feijóo en su campaña de acoso y derribo a este Gobierno. ¿Qué será lo próximo? ¿Serán Tellado o Múñoz los siguientes en perseguir a la esposa del presidente del Gobierno?
Si Quiles campa todavía a sus anchas por las dependencias del Congreso, con credencial de informador, es gracias a la defensa que el PP hizo en la Mesa de su labor como agitador. Y, aunque tiene un expediente sancionador abierto por violar las normas de acceso y conducta en la Cámara Baja y se arriesga a la pérdida temporal de su acreditación, sabe que su cercanía a la derecha y la ultraderecha, además de la complicidad de algunos de los agentes de seguridad que custodian las dependencias parlamentarias, le garantiza la entrada cuando quiera y cómo quiera. Tiempo al tiempo.
Al menos, como Eichmann tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados. Y no solo una vez, ni dos.
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