Hoteles rurales, aparcamientos disuasorios y huertos de ocio: el plan del PP para “revitalizar” la huerta de València
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Las alquerías abandonadas podrán ser hoteles rurales o apartamentos turísticos. Las zonas de huerta más degradadas, aparcamientos disuasorios vinculados al transporte público. Las zonas con mayor protección, “huertos de ocio” o sociales. Incluso cabe, en las zonas en desuso, construir una hípica. Son algunos de los detalles del plan que el PP proyecta para la huerta de València, que arranca su exposición pública.
El Ayuntamiento de València aprobó este jueves someter al proceso participativo la memoria para adaptar el plan municipal al plan aprobado por la Generalitat Valenciana, que modificó la ley de la huerta con los votos de PP y Vox. El equipo de gobierno de María José Catalá —con cuyo voto también se aprobó en las Corts dicha modificación— asegura que el proceso busca el encaje jurídico de las normas que regulan los usos de la huerta y de las infraestructuras agrícolas. En la práctica, la norma hará compatible el uso turístico y deportivo de espacios en huerta protegida. “Abre la posibilidad de la recuperación de huerta abandonada y de las alquerías y viviendas agrícolas”, apuntó el concejal de Urbanismo, Juan Giner, en la presentación del proceso.
El plan prevé distintos niveles de protección de la huerta, con medidas más o menos restrictivas. Este puzzle normativo es ya una seña de identidad del gobierno de Catalá, que habla de niveles de “candados” para los apartamentos turísticos y divide las ZAS de Russafa por calles. Una fórmula que crea confusión en los procesos de análisis y participación ciudadana.
Aún así, en la zona más protegida se permitirán usos terciarios (restauración, alojamiento turístico rural y venta directa de los agricultores locales) en construcciones tradicionales con la condición de que la superficie libre de parcela se destine al cultivo y se mantenga en buen estado.
La propuesta ha encendido las alarmas de los colectivos que luchan por la conservación del territorio. Per l'Horta destaca la posibilidad de facilitar la implantación de alojamientos turísticos, hostelería y otras actividades terciarias en plena huerta, “en un momento en que la ciudad ya sufre una fuerte presión turistificadora”. Según denuncian, “la experiencia acumulada en los últimos años demuestra que estas actividades comportan problemas de movilidad, incremento del tráfico privado, aparcamientos improvisados, saturación de caminos”.
En el pleno, el PSPV ha defendido que el plan municipal podría ser “más restrictivo”. Es “una amalgama de usos que no tiene que ver con la huerta productiva”, ha replicado Elisa Valía.
En compromís, Sergi Campillo ha denunciado que “es una adaptación regresiva”, “un desficaci”. “Vamos a turistificar también la huerta”, ha criticado el concejal, que ha insistido en la inconveniencia “de abrir la puerta a nuevos usos y a la transformación de un espacio clave para la soberanía alimentaria y el equilibrio ambiental de València”.
En el pleno han participado agrupaciones vecinales y entidades sociales, muy críticas con el modelo planteado, que han pedido retirar la propuesta y presentarán alegaciones.
“Revitalizar no es especular”
El edil de Urbanismo, Juan Giner, ha insistido en que “revitalizar no es especular”. Defiende que la huerta degradada sea compatible con otros usos para recuperarla. El edil aseguró que las medidas se aplican únicamente a la huerta más degradada de la periferia metropolitana, indicada en el PAT como zona H3, y ya estaban vigentes desde 2018. “Esta adaptación no rebaja ni un ápice la protección de la huerta de València. Lo que sí hace es abrir la posibilidad de recuperar alquerías y viviendas tradicionales para darles un uso vinculado con el cultivo de las tierras y con su conservación”, apuntó el edil de Urbanismo.
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