Netflix y Luis Tosar estrenan 'Salvador': nazis ricos, nazis pobres y una reflexión incómoda sobre la democracia

Los actores Alejandro Casaseca y Luis Tosar en una escena de 'Salvador'

Gabriel Arias Romero

El primer capítulo de Salvador es difícil de ver, no por su calidad, que sobresale en muchos aspectos, sino por la historia que en él se cuenta. Hay tanto odio y tanta injusticia en la nueva serie española de Netflix –estrenada este viernes 6 de febrero–, que lo lógico es que el espectador sienta la necesidad de apagar la pantalla en más de una ocasión. Pero hacerlo sería un error, algo así como agachar la mirada ante un peligro inminente.

Salvador es un viaje al corazón de la extrema derecha, un retrato de ficción con altas dosis de realidad sobre el fenómeno político que ha puesto en jaque a nuestra democracia. Es un relato crudo, está cargado de violencia y tiene escenas absolutamente desagradables, escenas que provocan una tremenda sensación de impotencia. Es una historia incómoda por muchos motivos, pero no tendría sentido abordar este tema sin mostrar sus dramáticas consecuencias y sin aproximarse hasta el origen del problema.

El actor Luis Tosar interpreta al personaje principal de la serie, un médico madrileño que trata de superar un pasado lleno de errores cuando la vida le golpea con un descubrimiento totalmente inesperado: su hija Milena, que ha resultado gravemente herida en una pelea entre hinchas de fútbol, pertenece a un grupo neonazi. Superado por la realidad, Salvador se pregunta cómo es posible que la joven tenga valores tan extremistas si él es una persona totalmente pacífica y tolerante. No le entra en la cabeza que Milena haya convertido a los White Souls en su nueva familia, en su única y peligrosa familia. En realidad, todo tiene una explicación, pero la verdad es sumamente dolorosa.

Una reflexión incómoda sobre el auge de la extrema derecha

Salvador no es una simple historia sobre radicales, no es un panfleto vacío sobre el auge de la extrema derecha. Nada es gratuito en esta historia creada por Aitor Gabilondo, que ha dibujado una compleja panorámica sobre un fenómeno realmente preocupante. Compleja porque no es fácil hablar de política ante una sociedad tan polarizada como la nuestra, menos aún cuando los discursos extremistas se normalizan allí donde no hace mucho tiempo eran condenados. Y compleja porque va más allá de la superficie, porque expone sin pudor su diagnóstico del problema.

Luis Tosar, Guillermo Las Heras y Fariba Sheikhan en una escena de 'Salvador'

Aunque el creador de Patria y Entrevías ofrece un relato bastante plural en el que todos los personajes tienen motivos para ser como son, Salvador no es un documental ni un ejercicio de neutralidad. Gabilondo se moja y toma partido por la democracia, pero no lo hace con una venda en los ojos. Reconoce los fallos del sistema y sugiere que su salvación (y la de todos, en definitiva) dependerá del esfuerzo que este haga para enmendar sus errores. Solo así dejaremos sin munición a los poderosos diablos que trabajan para devolvernos a un mundo en blanco y negro.

Por eso es incómoda la serie más allá de sus escenas de violencia sinsentido. Es incómoda porque nos pide que reflexionemos, que hagamos autocrítica y apliquemos soluciones. Lo contrario sería dar la espalda al peligro, y no es esa la forma más inteligente de prevenir sus consecuencias.

Salvador es una historia sobre nazis ricos y nazis pobres, sobre gente defraudada por un sistema que se ha debilitado desde dentro y al que han bombardeado desde fuera. Es una historia sobre ideas nobles e intereses espurios, sobre víctimas, verdugos y soldados. Cuando nos sentimos defraudados por aquello en lo que creemos, siempre hay alguien dispuesto a utilizar nuestro dolor, nuestra rabia y nuestra indignación.

César Mateo, Marco Marini, Leonor Watling y Claudia Salas en una escena de 'Salvador'

Una de las grandes producciones españolas de Netflix

A nivel narrativo, Salvador es una serie bastante potente. Sus ocho capítulos rondan los 50 minutos de duración, quizá demasiado para una audiencia malacostumbrada a la brevedad y el impacto, pero la historia tiene ritmo y escenas de acción trepidantes. De eso va sobrada.

De la dirección se ha encargado Daniel Calparsoro, reconocida firma del thriller español con títulos como Cien años de perdón y Asalto al Banco Central. La puesta en escena que nos ofrece en esta ocasión es notable, a la altura de las grandes producciones de Netflix. De hecho, posiblemente sea uno de los grandes trabajos que la plataforma ha llevado a cabo en nuestro país.

A nivel interpretativo destaca no solo por el aplomo de Luis Tosar, su actor protagonista, sino por el reparto en su conjunto. Claudia Salas, Leonor Watling, Fariba Sheikhan, Patricia Vico, Richard Holmes, Pedro Casablanc, Candela Arestegui, César Mateo, Alejandro Casaseca, Marco Marini y Lucas Ares completan el cartel de la serie.

Salvador es una producción de Alea Media y se estrena en Netflix este viernes 6 de febrero.

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